Lunes, 01 Noviembre 2021 07:10

Qué susto

La celebración de Día de Muertos se infiltra cada vez más en Estados Unidos. En Los Ángeles, California,el sábado el festejo incluyó la tradicional Danza Chicomecóatl.Foto Afp

Es Halloween y el susto está por todas partes.

Este país desde sus orígenes se ha definido en gran medida en torno al temor ante "lo otro", sus políticos han justificado guerras, invasiones, intervenciones, tortura, genocidios de indígenas, esclavitud, discriminacion y un fervor armamentista sin igual hasta hoy día. Casi todo organizado en torno a una constante "amenaza" que casi siempre proviene del exterior. El enemigo, como en casi todos los países, es "demonizado" –la amenaza mexicana, la "amarilla", la "roja" (primero indígenas, después comunismo)– y así nutriendo más guerras, olas antimigrantes, xenofobia y una percepción del crimen vinculado a minorías y a los "otros" (con ello se ha llegado a ser el país más encarcelado del mundo).

El país más poderoso de la historia es aparentemente el país más asustado del mundo.

Por eso Estados Unidos necesita el presupuesto militar más masivo del planeta (más grande que el total combinado de los próximos 11 países con mayor gasto militar), el temor siempre ha sido entre las mejores armas de los políticos para justificar y mantener su poder y las guerras casi constantes a lo largo de la historia de este país.

Pero este Halloween, los principales demonios y monstruos, "enemigos" y otros que amenazan a este país ya no provienen de "afuera", no son extranjeros, ni extraterrestres, ni están disfrazados de otras cosas, sino que son estadunidenses. Según el consenso de las agencias de inteligencia y de seguridad interna y de una amplia gama de analistas políticos, la mayor amenaza a Estados Unidos hoy día proviene de extremistas blancos y sus promotores, entre ellos el ex presidente Donald Trump y sus aliados. "Cuando visitaba Estados Unidos en los 60 y 70, tenía que firmar una declaración de que no tenía la intención de derrocar al gobierno estadunidense por la fuerza. Nunca me di cuenta que ésta sólo se aplicaba a los extranjeros", tuiteó recientemente el gran cómico inglés John Cleese, integrante de Monty Python.

Las investigaciones en curso sobre el atentado de golpe de Estado del 6 de enero continúan revelando una red cada vez mayor de complicidades entre agrupaciones extremistas de derecha y legisladores federales y asesores republicanos. El Washington Post, en una amplia investigación, concluye que ese día sólo fue una parte del "asalto por el presidente Donald Trump sobre la democracia estadunidense" que impulsó desde meses antes y que esa "insurrección no fue un acto espontáneo ni un evento aislado. Fue una batalla sobre una guerra más amplia en torno a la verdad y sobre el futuro de la democracia estadunidense" (https://www.washingtonpost.com/politics/interactive/2021/jan-6-insurrection-capitol/).

Hace una semana una gama extraordinaria de prominentes escritores, académicos y analistas conservadores tradicionales, centristas y liberales publicaron una Carta Abierta en Defensa de la Democracia deplorando el asalto por fuerzas trumpistas al proceso político-electoral. “Instamos a todos los ciudadanos responsables a quienes les importa la democracia –funcionarios públicos, periodistas, educadores, activistas, sociedad en general– a hacer de la defensa de la democracia una prioridad. Ahora es el momento para que líderes de todos tipo… se presenten a ofrecer su apoyo a la República”, escribieron.

Durante los años de Trump y ahora con el Partido Republicano subordinado a su proyecto neofascista, voces desde Noam Chomsky hasta las de ex generales –en sí algo inusitado– han repetido que el experimento democrático estadunidense está más amenazado hoy que nunca desde la Guerra Civil, algo que podría tener graves consecuencias internacionales.

Mientras el Halloween desafortunadamente ha contaminado a México desde hace años, el Día de Muertos está infiltrando cada vez más a Estados Unidos. Tal vez eso abre la posibilidad de convocar a los grandes defensores de este pueblo de migrantes –con cempasúchil y copal y tal vez un poco de whisky también– a acompañar la lucha para rescatar sus principios democráticos y para dejar de asustarse y, con ello, asustar a todos a su alrededor.

Harry Belafonte. Zombie Jamboree. https://open.spotify.com/track/1WC367oL0q70xpMlGuy90b?si=d65cce3040c44968

Publicado enInternacional
La ONU condena el asesinato de dos adolescentes venezolanos en Colombia

Eran migrantes y fueron baleados después de haber sido señalados de robar en un almacén

Jaime Marthey, defensor de pueblo del departamento Norte de Santander donde ocurrieron los homicidios, aseguró que los jóvenes fueron sorprendidos robando ropa en Tibú, una población fronteriza con Venezuela.

 

La ONU y autoridades colombianas investigan el asesinato de dos adolescentes venezolanos de 12 y 18 años, que fueron baleados luego de haber sido señalados de robar un almacén en una violenta región cocalera del noreste del país, según diversas fuentes divulgadas este lunes.

En videos y fotos difundidas en redes sociales, se ve a los adolescentes con aire afligido, las manos atadas hacia adelante con cinta adhesiva mientras una persona fuera de cámara los acusa de "ladroncitos".

"Lamentablemente son muchachos muy jovencitos, no queremos verlos mañana por allá tirados en alguna orilla de las carreteras", dice la voz anónima.

Los cuerpos de los adolescentes fueron encontrados más tarde en una zona rural, aparentemente baleados y con las manos todavía amarradas.

Un cartón con la palabra "ladrones" escrita a mano reposaba sobre el cuerpo del más pequeño, tirado bocabajo con una mochila roja.

Jaime Marthey, defensor de pueblo del departamento Norte de Santander donde ocurrieron los homicidios, aseguró que los jóvenes fueron sorprendidos robando ropa en Tibú, una población fronteriza con Venezuela.

Los comerciantes los ataron, pero luego "fueron arrebatados (...) por un grupo armado ilegal que se los llevó con un destino desconocido donde luego aparecieron muertos", agregó Marthey en entrevista con Blu Radio.

Según el defensor, los jóvenes eran migrantes que huyeron de la crisis económica de Venezuela.

El coronel de la policía, Carlos Martínez, responsabilizó a las disidencias de la exguerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) que se apartaron del acuerdo de paz firmado en 2016 y aseguró que se adelantan pesquisas para esclarecer el crimen.

La oficina de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia rechazó el homicidio del menor de 12 años y pidió a las autoridades "investigar estos hechos".

El convulso municipio de Tibú concentra la mayor cantidad de narcocultivos de Colombia con más de 19.000 hectáreas sembradas de hoja de coca, según la ONU.

Disidentes de la otrora guerrilla de las FARC, rebeldes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y narcos de origen paramilitar se disputan el territorio a sangre y fuego para controlar el negocio de la coca.

Organizaciones no gubernamentales como la internacional Human Rights Watch han denunciado que miles de migrantes venezolanos llegan a la región por el precario control de los pasos fronterizos y terminan atrapados en el conflicto armado colombiano.

12 de octubre de 2021

Publicado enColombia
De un país en guerra a otro en conflicto, los 4.000 afganos que acogerá Colombia por mandato de Biden

El servilismo de Colombia con EEUU es histórico y llegó a su cenit con el ‘Plan Colombia’, un programa multimillonario de ayuda militar para combatir a las guerrillas bajo la excusa del narcotráfico. Se puso en marcha en 2001, en plena ‘guerra contra el terror’ tras el 11-S. Ahora, Joe Biden pide a Colombia que acoja a 4.000 afganos en un país saturado de migrantes venezolanos y desplazados internos a causa de la violencia crónica y con una crisis agudizada por la covid-19.

 

"Cuando lo pierdes todo, pierdes hasta el miedo". Así respondía en 2016 un hombre libio, de mediana edad, durante su viaje en un ferry hacia Atenas tras haber arriesgado su vida en el mar Egeo para llegar a Europa. La mal llamada ‘crisis de refugiados’ estaba en pleno apogeo y su epicentro era Grecia, lugar de tránsito de miles de personas en busca de asilo. Buena parte de esas oleadas de refugiados y migrantes fueron causa de las guerras desatadas en Oriente Medio y África a raíz de la ‘guerra global contra el terror’ que George W. Bush provocó e inició en respuesta a los fatídicos atentados yihadistas en Nueva York y Washington. En 2001, hace ahora 20 años, cambió el mundo.

Antes de dejar la Casa Blanca, Donald Trump anunció que tras 20 años en Afganistán, el primer país al que EEUU envió tropas tras el 11-S, el Ejército estadounidense se iba a retirar. Llegó Joe Biden a la Presidencia y siguió el plan: el objetivo era estar fuera del país de los talibanes en agosto de 2021. A EEUU le siguieron el resto de países con tropas, entre ellos España. Lo que no esperaban Biden y sus aliados occidentales es que los talibanes se iban a hacer con el control y en menos de dos semanas tomarían, sin resistencia, la capital, Kabul. El resto lo hemos visto en los medios de comunicación de todo el mundo durante este mes de agosto. De repente, la humanidad abre los ojos y se topa con un conflicto olvidado de consecuencias impredecibles.

"Desde 2015, cuando se redujo el número de tropas extranjeras, los medios de comunicación han ignorado en gran medida a Afganistán, pero la guerra se volvió más violenta y las bajas civiles alcanzaron niveles récord. Sólo ahora, con los talibanes en Kabul, vuelve la atención’, afirma a Público Ross Eventon, economista e investigador de la Universidad colombiana del Rosario. El experto recuerda que un alto porcentaje de los migrantes que llegaban a Europa en 2015 eran de origen afgano como consecuencia del incremento de los bombardeos de Estados Unidos, lo que originó un fuerte desplazamiento de personas hacia países vecinos, como Irán y Pakistán.

Ahora, tras la caótica salida de las tropas de EEUU y sus aliados de Afganistán, se avecina otra crisis humanitaria de envergadura, a causa del regreso de los talibanes al poder pero también por las disputas internas y la presencia de grupos yihadistas como el Estado Islámico de Jorosán y Al Qaeda, más radicales incluso que los talibanes. No se sabe a ciencia cierta cuántos afganos han abandonado su país este mes de agosto, por tierra y aire, pero nadie niega que son cientos de miles. En este contexto, Biden, principal artífice de la peor evacuación de su historia, ha hecho un llamamiento a multitud de gobiernos para que acojan refugiados, y ha incluido a varios de Latinoamérica, que se ven sometidos al imperativo americano.

Colombia, el país con más desplazados internos y segundo receptor de migrantes

Sólo Colombia, el principal socio de EEUU en la región, ha de recibir "temporalmente" a unos cuatro mil afganos, quienes llegarán a un país que desde 2017 ha recibido dos millones de venezolanos, teniendo en cuenta que ambas naciones comparten una gigantesca frontera de 2.000 kilómetros. Colombia es epicentro de la crisis migratoria venezolana y no ha tenido capacidad para asimilar el problema tanto política como socialmente. Según ACNUR, Colombia es el segundo país que alberga el mayor mayor número de refugiados y migrantes en el mundo, después de Turquía, que acoge a cerca de cuatro millones de sirios.

Colombia se ve abocada ahora a dar respuesta a EEUU e ignorar con esta decisión su propio conflicto interno (y armado). Sólo en 2021, en este país se han contabilizado 67 masacres y 112 asesinatos de líderes sociales, según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz). Además, los colombianos siguen inmersos en una insatisfacción generalizada hacia la política del presidente Iván Duque, la desaprobación supera el 60%, según las encuestas realizadas tras la protesta social y las huelgas desatadas desde el pasado mes de abril.

Lo curioso es que Colombia y Afganistán están entre los países con mayor número de desplazados internos a causa de la violencia. Según ACNUR, Colombia es el primero en el ranking mundial, con más de ocho millones, a lo que se ha sumado en los últimos años el esfuerzo prolongado de acoger a cerca de dos millones de venezolanos.

En cuanto a las oleadas globales de refugiados, más de dos tercios provienen de cinco países: Siria, Venezuela, Afganistán, Sudán del Sur y Myanmar, también según datos de ACNUR. La paradoja es que quienes acogen a esos migrantes son naciones pobres, en desarrollo o de renta media; sólo una minoría va a países ricos.

Si Colombia alberga ahora a miles de afganos, por mucho que estén amparados por EEUU y se hable de ‘temporalidad’, inexacta todavía, éstos habrán abandonado un país en guerra para ser acogidos en otro con un conflicto armado enquistado, ubicado en América Latina, es decir, a miles de kilómetros de Asia, donde se habla español, una nación que no pertenece ni a Europa, ni es Estados Unidos o Canadá, los destinos que esperan estos nuevos refugiados. Los afganos se encontrarán en un país donde la violencia es endémica y sistemática, con una migración masiva sin precedentes, donde la pandemia ha hecho mella en la economía, en la sociedad y en la política.

Además no es fácil instalarse en Colombia, sirva de ejemplo que la regularización de los venezolanos pasa por conseguir el Permiso Especial de Permanencia (PEP), que otorga el Departamento de Migración. Decenas de miles de venezolanos, de bajos recursos, llegan a Colombia como pueden (de forma ilegal) y después siguen su camino hacia otros países como Ecuador, Perú o Chile, atraviesan fronteras a pie tras caminar por trochas durante días y semanas. Es el caso de Rosa Castro, quien, junto a sus hijos de 14 y 16 años, vivió un año y medio de pandemia en Colombia como migrante venezolana y después viajó a Perú para encontrar una manera de subsistir con su familia. El peligro es evidente, atravesó, sola con sus dos hijos, y a pie, las fronteras de Colombia, Ecuador y Perú, según detalló a Público. Otro foco de tensión migratoria en Colombia se da en su frontera con Panamá, el conocido ‘tapón del Darién’, donde se agolpan personas que han surcado miles de kilómetros -incluso africanas- en sus ansias de llegar a Estados Unidos a través de la insegura Centroamérica y México.

EEUU lo paga todo, pero no será suficiente

Ross Eventon considera que Estados Unidos está utilizando a Colombia para mejorar la imagen de su mejor aliado en Latinoamérica, después de las críticas recibidas por la fuerte represión policial contra las protestas ocurridas este 2021, y teniendo en cuenta que en 2022 se celebrarán elecciones presidenciales. "Dado que todo está pagado por Estados Unidos es más una maniobra de la Administración de Biden que un gesto humanitario de Colombia", destaca, al explicar que será USAID (Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional) quien asumirá todos los costos.

Una opinión que contrasta con la visión de la periodista Giannina Torres, periodista especializada con experiencia en gestión de proyectos con organismos internacionales en Colombia, que asegura que la recepción de afganos, planeada entre el Gobierno de Colombia en articulación con Washington, es una iniciativa que demuestra la apertura y la solidaridad del país, tal y como se ha hecho con el recibimiento de la población migrante venezolana.

"El contexto en el que se da este recibimiento de mujeres y familias es el acuerdo entre Colombia y Estados Unidos, se trata de un sistema de protección temporal en el que se está avanzando logísticamente desde el gobierno en coordinación con las autoridades estadounidenses para garantizar alojamiento, alimentación y atención psicosocial de las familias afganas’, enfatiza Torres. En el caso de que lleguen mujeres afganas, la periodista colombiana advierte de que se debe dar una respuesta rápida porque los retos son enormes, la estabilización de las mujeres que llegan de un contexto de guerra requiere de acciones de apoyo psicosocial y de acompañamiento.

Torres reconoce que Colombia afronta profundas dificultades sociales y económicas, pero está convencida de que la experiencia de la migración venezolana "puede servir para atender a las familias afganas". En definitiva, considera positivo el rápido y generoso acuerdo para que Colombia acoja temporalmente a los afganos mientras se tramita su estancia legal en Estados Unidos, al ajustarse a los principios de "humanidad y solidaridad".

¿Y si EEUU falla y los afganos tienen que quedarse en Colombia?

Giannina Torres explica que, en ese caso, el Gobierno tendría que tomar medidas adicionales para garantizar la integración socio-económica real de las familias afganas: ofrecer cursos de español, oportunidades de acceso a ofertas laborales, subsidios o ayudas temporales y acceso a la educación. Pero insiste en que, en principio, la protección es temporal, según el compromiso de Estados Unidos, que sería el receptor final de esta población.

Rocío Castañeda, desde el área de Comunicaciones de ACNUR en Bogotá, es cauta y se limita a manifestar a Público que son los gobiernos de Estados Unidos y Colombia los responsables de organizar la llegada y estadía temporal de los afganos y afganas. "Por el momento, ACNUR no ha recibido solicitudes oficiales de apoyo al Gobierno colombiano ni a la embajada de Estados Unidos en Colombia; sin embargo, estamos dispuestos a prestar la asistencia humanitaria", afirma Castañeda.

En este contexto, hay muchas incógnitas por despejar: el número exacto de refugiados afganos que llegaría a Colombia, tampoco se conoce la fecha de arribo, ni los procesos de asilo con Estados Unidos, ni la duración de la estadía en el país sudamericano. Eso sí, el Gobierno ha confirmado que se aceptarán las reglas del juego que imponga Estados Unidos y que se ubicarían en ciudades como Bogotá, Cali y Barranquilla.

Y, mientras tanto, nadie pregunta ahora a los afganos si quieren terminar en Colombia, en el caso de que EEUU los abandone a su suerte en este país latinoamericano, cuando su búsqueda de asilo se dirigía a Europa o Estados Unidos tras escapar de Afganistán.

El servilismo colombiano a la Casa Blanca

Para entender por qué Colombia tiene que asumir la llegada de afganos pese a su situación de vulnerabilidad, hay que tener en cuenta que la intromisión de EEUU en Latinoamérica es de larga data. El hegemón que surgió tras la II Guerra Mundial y durante la Guerra Fría usó las tierras americanas más allá del río Bravo como laboratorio para aplicar desde golpes de Estado hasta intervenciones militares directas o indirectas. El objetivo era eliminar cualquier atisbo de comunismo, el llamado ‘enemigo interno’ y disponer de privilegios comerciales a través de chantajes arancelarios. Los métodos no han importado nunca. Más allá de las dictaduras que amparó Washington en el Cono Sur, Colombia ha sido aliado incondicional de la Casa Blanca siempre, bajo la excusa de recibir ayudar en la lucha contra el narcotráfico. Todo empezó en 1971, cuando Richard Nixon declaró su 'guerra contra las drogas’ que terminó derivando, con George W. Bush, en una ‘guerra contra el terror’ tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El Plan Colombia fue decisivo: un programa de ayuda militar que pactaron Andrés Pastrana y Bill Clinton, pero que ejecutaron George W. Bush y Álvaro Uribe a partir de 2001. A través de este acuerdo, Colombia recibió en 15 años, hasta 2016, unos diez mil millones de dólares que financiaron la Política de Defensa y Seguridad Democrática de Álvaro Uribe (2002-2010), la que colocó a Colombia en una de las etapas más oscuras en términos de violaciones de los derechos humanos.

El Plan Colombia fue un pretexto para encubrir una intervención estadounidense: "Se trata de una guerra social de la globalización neoliberal en el marco del recorrido hegemonista de EEUU como potencia político-militar. Es diferente a lo que aparenta ser, es un proyecto que combina lo militar con lo político, lo institucional y jurídico con lo económico, que postula una idea de gobernabilidad sin cambios democráticos ni reformas sociales", escribió hace ahora 20 años el exsecretario general del Partido Comunista de Colombia Jaime Caycedo Turriago en el libro 'Plan Colombia: Ensayos críticos’, en un texto titulado "Nuevo modelo de dominación colonial".

Si miramos a Afganistán ahora cuadra esa idea de "gobernabilidad sin cambios democráticos ni reformas sociales". Washington está agotando sus recursos y ya acumula muchos fracasos (sumemos a la ‘guerra global contra el terror’ su otra ‘guerra contra las drogas’ de Nixon). Pero no cesa en su presión, ahora pide a Colombia que le ayude a gestionar el aluvión de refugiados afganos y que acoja, en un país hostil para ese pueblo asiático, a 4.000 de ellos. El presidente Iván Duque solo puede responder "SÍ" a Biden, no puede traicionar a su padrino político, Álvaro Uribe, quien recibió miles de millones para su guerra contra las guerrillas. El patio trasero de EEUU sigue abierto.

 

Bogotá/Madrid

30/08/2021 22:24

Fátima Martínez//twitter.com/@FatimaMG">@@FatimaMG / Esther Rebollo@estherrebollo

Publicado enColombia
La reciente estrategia migratoria de Biden consiste en expulsar a los centroamericanos sin documentos en un viaje sin escalas a la frontera con Guatemala. En la imagen, familias retornadas en el albergue de esta nación. Foto: cdc.gov

La población blanca disminuyó por primera vez desde que se hace el registro

 

Nueva York. El explosivo crecimiento de la población latina en Estados Unidos contra la merma de la cifra de ciudadanos blancos fue una de las conclusiones sobresalientes del censo 2020. La población en general aumentó 7.4 por ciento en la década reciente, el incremento más bajo desde la depresión de 1930.

El porcentaje de blancos disminuyó asimismo de 63.7 por ciento de hace 11 años a 57.8 por ciento de 2020. Los blancos siguen siendo el grupo étnico o racial más grande, aunque no en California, donde 39.4 por ciento son latinos y 34.7, blancos.

Algunos demógrafos dicen que el porcentaje de habitantes blancos es esa nación no está disminuyendo tanto sino que ya no se identifica como totalmente blanco y asume una identidad multirracial. La cantidad de personas que dijeron pertenecer a dos o más razas casi se cuadriplicó, de 9 millones en 2010 a 33.8 millones reportado en el censo reciente, lo que representa 10 por ciento de los estadunidenses.

Ese aumento fue impulsado por el boom poblacional de latinos que aumentó en casi un cuarto en 10 años. A título de comparación, el crecimiento del resto de la población fue de 4.3 por ciento.

Hay 62.1 millones de latinoamericanos en el país, que representan 18.7 por ciento. En 2010, eran 16.3 por ciento. Los estados donde hubo un mayor crecimiento de la comunidad hispana fueron Florida, Texas, Nueva York, Illinois y California. La cifra de habitantes blancos en ese estado sureño se desplomó 24 por ciento entre 2010 y 2020, lo que confirma que es uno de los tres estados –junto con Nuevo México y Hawaii– donde no son el grupo étnico más numeroso.

Los de origen asiático, mientras tanto, son un tercio más y hoy suman 24 millones de personas.

Los hispanos, asiáticos y personas de dos o más razas son los únicos sectores menores de edad que crecen, declaró William Frey, del Programa de Políticas Metropolitanas de Brookings. Muchas de estas minorías jóvenes son importantes para nuestro futuro crecimiento, no sólo el de la población joven sino para nuestra futura fuerza laboral.

Los hispanos representaron aproximadamente la mitad del aumento poblacional de Estados Unidos.

El censo de 2020 confirmó lo que sabemos desde hace años: el futuro del país es latino, afirmó Arturo Vargas, director del Fondo Educativo de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Elegidos y Designados.

El conteo demográfico se hace cada 10 años desde 1790 y ésta es la primera vez en que la cantidad de blancos bajó, de 196 millones de 2010 a 191 millones de 2020.

Los latinos superaron a los blancos como el grupo étnico más grande de California en 2014.

Los datos estadísticos recientes muestran que la comunidad latina de California avanzó 11 por ciento hasta alcanzar 15.5 millones de personas, lo que supone casi 40 por ciento de los cerca de 40 millones de residentes del estado.

Biden aprieta la tuerca contra migrantes centroamericanos

Por otra parte, defensores de los migrantes criticaron ayer las políticas de asilo del presidente Joe Biden, pues consideraron que las expulsiones en la frontera sur y otras medidas disuasorias eran crueles, ilegales e ineficaces.

En una carta dirigida a Biden y a funcionarios de alto rango, más de 100 organizaciones instaron al presidente demócrata a restablecer la capacidad de todos los migrantes para solicitar asilo en Estados Unidos y evitar cualquier nueva política que limite el acceso.

Prometiendo un enfoque más humano, Biden ha revertido muchas de las políticas restrictivas de su predecesor republicano, Donald Trump.

Sin embargo, el mandatario demócrata ha mantenido un decreto conocido como Título 42, una de las medidas más limitantes de Trump que permite a las autoridades estadunidenses expulsar a los migrantes atrapados al cruzar la frontera de vuelta a México.

Cientos de personas centroamericanas en movilidad –muchas familias con niños– retornadas por Estados Unidos en vuelos hacia el sur de México han sido arrojadas esta semana a un remoto puesto de avanzada en la jungla, en la frontera con Guatemala.

Entran a esa nación centroamericana con niños en brazos y sus pocas pertenencias en bolsas de plástico, la mayoría reconocen estar desorientados por su repentina llegada a un tercer país en 24 horas. En parte, ése es el punto. La nueva medida de Estados Unidos tiene como objetivo disuadirlos de intentar llegar a la frontera estadunidense.

Entre los expulsados hay hondureños y salvadoreños. Algunos comienzan a caminar hacia el sur, piden aventón o buscan un autobús si tienen dinero.

La siguiente comunidad es pequeña, está a 18 kilómetros y en el medio sólo hay una jungla interrumpida por ranchos amurallados. Algunos de los migrantes aseguran que volverán a intentar llegar al gran vecino del norte.

Publicado enInternacional
Sábado, 07 Agosto 2021 05:15

La muerte de la Convención de Ginebra

La muerte de la Convención de Ginebra

 Asistimos hoy al progresivo y obvio (por obvio no menos grave) desmantelamiento del derecho internacional humanitario. Tratamos como criminales a quienes brindan ayuda humanitaria. Parecen ellos los verdaderos “criminales”. Tal es el nivel de nuestro retroceso. Del procesamiento de Scott Warren en Arizona (su delito fue dejar agua y frazadas a migrantes desesperados en el desierto), o de Carola Rackete en Italia, cuyo único “crimen” fue evitar que decenas de chicos se ahogaran en el mar mediterráneo, hasta la acusación y criminalización de una fiscal internacional (Fatou Bensouda), vemos cómo lo que entendíamos como “ayuda humanitaria”, como “derecho básico”, como “humanidad”, va perdiendo cada día su lugar. Su espacio. Incluso, empieza a ser visto como un crimen. Como una “amenaza”. Como una “excusa”. Un profesor de geografía que reparte frazadas es un “criminal”.

Los cuatro convenios de Ginebra, base moderna de tal derecho, tienen por misión prioritaria, aunque no única, la de proteger a las víctimas de los conflictos armados. Estos convenios (cuya última modificación, producto de la posguerra, entró en vigencia en 1950), intentaron o intentan ponerle un límite a la barbarie armada. Intentaban que los combatientes enemigos (amén del resguardo de la población civil y de la Cruz Roja) también tuvieran derechos. Hoy vemos cómo esos derechos se recortan y desmantelan tanto en el plano interno como internacional. Se matan civiles. Se dejan morir ahogados miles de víctimas que escapan de conflictos armados. Se atacan hospitales. Se matan combatientes que huyen. Todo sin consecuencias reales. El derecho internacional público parece no tener nada concreto para decir. Se bombardean países, se violentan fronteras, se cometen “errores” llamados “colaterales”, se arrasan países sin consecuencias. Esos delitos no parecen “graves”. Eso nadie lo juzga.

El derecho internacional se encuentra en un laberinto. La célebre “intervención humanitaria” fue tan mal usada, para justificar tanta barbarie y tantas guerras “preventivas” de algunos Estados (poderosos, cuyos crímenes nunca son, por supuesto, juzgados), que debió cambiarse su nombre: hoy se habla de responsabilidad de “proteger” (R2P) de parte de los Estados. Se cambió el nombre porque ya nadie creía en la intervención “humanitaria”. Ya daba vergüenza presentar invasiones con intereses inconfesables (encontrar armas de destrucción masiva...) como intervenciones “humanitarias”. Pero no parece que estemos tampoco “protegiendo” mucho a los miles de migrantes desesperados que escapan con lo puesto de los conflictos que se viven en sus propios países (muchos a instancias de guerras comerciales encubiertas donde las potencias juegan un rol cierto, aunque no claro); huyen desesperados con lo puesto, como la familia de Aylan Kurdi (rechazada por Canadá, donde paradójicamente nace la R2P) y los estados “civilizados” no hacen nada por ellos. Al contrario. Los quieren "frenar". Les dan la espalda. Los dejan morir ahogados. (“Llame a Malta” fue la recomendación que la guardia italiana dio a un bote precario que pedía auxilio antes de naufragar, tras lo cual murieron ahogados sus 500 ocupantes. Esto sucede en el mundo “civilizado” de hoy). 

El derecho penal internacional calla. Sostenemos tantas burocracias elegantes y caras, tantos foros de “cooperación”, tantas Cortes de Justicia. Nada de eso sirve. Se habla de un supuesto (hipócrita) derecho de “salida” para tolerar el respeto multicultural. Pero lo cierto es que cuando esas personas “salen” de sus culturas (países), huyendo de la violencia (sobre todo las mujeres, como advierte Susan Moller Okin, cuando se pregunta “Is Multiculturalism Bad for Women?), las democracias “civilizadas” de Europa, que predican el “respeto” cultural, no les abren las puertas. No tienen respuesta para ellas. Las deportan. Cuando no las dejan morir en el océano junto a sus hijos. Es menester terminar ya con esta hipocresía. ¡Cuesta vidas! ¿Quién no vio el cadáver del chico flotando que llevaba las notas de la escuela cosidas a su ropa para que Europa pudiera ver que él era un buen estudiante y merecía una oportunidad? ¿Quién no vio en el fondo del océano a la madre abrazada a su hijo? ¿Qué tiene para decir el derecho internacional de eso? ¿Dónde está el crimen? ¿Quién lo comete? ¿No nos da vergüenza? ¿Cuándo serán juzgados esos delitos? Es tal la inversión y el miedo de las burocracias “jurídicas” a dar un paso (como el de Fatou Bensouda), que terminamos en el absurdo de acusar, por miedo, como “criminal” al único que ayuda a salvar vidas: Scott Warren. El derecho internacional nunca estuvo tan agachado como lo está hoy. Tenía algo de razón Julio Maier cuando pensaba en tirar su título de abogado a la basura. A veces, todos sentimos ganas de hacer eso.

Por Guido Leonardo Croxatto

06/08/2021

Guido Leonardo Croxatto es director nacional de la Escuela del Cuerpo de Abogados del Estado (ECAE/PTN).

Publicado enInternacional
Sábado, 31 Julio 2021 06:20

Inédito aumento de remesas

Inédito aumento de remesas

Las medidas para reducir el riesgo de contagio de Covid-19 en términos positivos implica reconocer que 11.1 por ciento de los trabajos del sector salud de la Unión Europea fueron realizados por migrantes, y que en Estados Unidos la fuerza laboral migrante en sectores esenciales fue mayor; durante 2020 representó más de 16 por ciento en el sector salud, 19.8 por ciento del sector agrícola y 11.7 en manufactura de alimentos. Paralelamente, los impactos negativos de la pandemia no sólo afectaron la actividad económica, sino que también la migración y las remesas internacionales. Las afectaciones incluyeron la postergación de migraciones planeadas, el cierre de fronteras de los países de origen, tránsito y destino y la interrupción o ralentización de trámites migratorios.

Los protocolos anunciados en enero de 2019 por la administración de Donald Trump, conocidos como Quédate en México, restricciones que afectaron el flujo de migrantes e hicieron que más de 71 mil personas tuvieran que permanecer en México para culminar su trámite de asilo, concentrándose en las principales ciudades fronterizas del lado mexicano. Fue hasta el presente año cuando el presidente Joe Biden acabó con esos protocolos.

En abril de 2020 el número de aprehensiones e inadmisiones llegó a su menor nivel desde abril de 2017, expresión directa del flujo migratororio. Los migrantes mexicanos padecieron los efectos de la crisis sanitaria, tanto en términos de salud (3 mil 384 fallecimientos por Covid-19) como económicos, al alcanzar una tasa de desempleo de 17 por ciento en abril de 2020.

Uno de los asuntos trascendentes de la migración internacional son los dineros que los migrantes envían a los familiares que residen en su país de origen. Se conocen como remesas y pueden llegar a ser fundamentales para el sostén de una familia y amplian sus vínculos sociales, pero además pueden generar dependencia económica de alcance local y nacional cuando representan un porcentaje alto del producto interno bruto. De ahí la importancia de estudiar los montos, las condiciones de su transferencia y el uso que se dé a estos recursos.

Debido al Covid-19 se vio disminuido el volumen de las remesas en diversos países. La estimación global es que de 2020 a 2021 los envíos disminuirán alrededor de 7 por ciento respecto de 2019, sería la caída más grande desde 1970. Sin embargo, en América Latina y el Caribe las remesas sólo se contrajeron 0.2 por ciento en 2020.

El Banco Mundial estima que en 2020 una cuarta parte de las remesas del mundo llegaron a India, China y México, y otra cuarta parte se dirigió a otros 7 países. En uno de cada 10 países crecieron las remesas; México, Pakistán y Bangladesh, entre ellos.

El aumento de remesas en México es una tendencia que lleva más de una década. Los hogares receptores aumentaron 3.6 por ciento en 2010 y 5.1 por ciento en 2020. Desde 2003 el país presenta una dependencia de remesas nunca vista, equivalente a 3.8 por ciento del PIB. En 2020 llegaron a su máximo histórico al alcanzar 40.6 mil millones de dólares, lo que representa un incremento de 11.4 por ciento a tasa anual. Noventa y uno y medio por ciento provinieron de Estados Unidos, 98.9 por ciento se enviaron vía transferencia electrónica. Para este año se estima que las remesas aumentarán 21.7 por ciento, llegarán a los 49 mil 400 millones de dólares a fines de 2021.

Algunas de las hipótesis que buscan explicar el comportamiento ascendente de las remesas mexicanas apuntan al tipo de cambio con la moneda estadunidense y a la necesidad de repatriar ahorros, a que algunos migrantes ya retirados piensan regresar al país y otros decidieron retornar ante el Covid-19. También se llega a afirmar que se debe al aumento del empleo relacionado con el mayor acceso de migrantes a la seguridad social en Estados Unidos. Y para otros es reflejo de la recuperación de la economía en el país del norte, por los estímulos fiscales brindados durante la pandemia.

La información de esta co­laboración se toma del Anuario de migración y remesas México 2021, presentado el pasado 14 de julio; un esfuerzo entre la Secretaría General del Consejo Nacional de Población (Conapo), la Fundación BBVA y BBVA Research. En esta ocasión, los textos hacen énfasis en los efectos de la pandemia por el COVID-19: un panorama de la migración global y de la población estudiantil internacional; perfil sociodemográfico de la migración mexicana contemporánea y de la población residente nacida en el extranjero, la inmigrante reciente, la de migración circular, en tránsito con origen en otros países, así como en refugio. Se abordan las condiciones de salud relacionadas con la pandemia de la población mexicana en Estados Unidos, así como un acercamiento a la migración internacional de niños y adolescentes. Finalmente, se analiza la variación de las remesas y se incluye un perfil estadístico sobre migración y remesas para cada una de las entidades del país. La publicación completa se puede consultar en https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/653479/Anuario_Migracion_y_Remesas_2021.pdf

Gabriela Rodríguez, Secretaria general del Consejo Nacional de Población

Publicado enEconomía
Bukele anuncia planes para convertir El Salvador en el primer país en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal

El mandatario declaró que la próxima semana enviará al Congreso un proyecto de ley al respecto.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció que planea convertir a su país en el primer Estado en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal en su territorio.

El mandatario declaró en un video, transmitido durante la conferencia Bitcoin 2021 en Miami que la próxima semana enviará al Congreso un proyecto de ley al respecto.

"A corto plazo, esto generará empleos y ayudará a proporcionar la inclusión financiera de miles [de personas] fuera de la economía formal", indicó.

Jack Mallers, fundador de la plataforma de pagos Strike, señaló que la compañía trabaja con las autoridades salvadoreñas para realizar la iniciativa.

"Lo que es transformador aquí es que el bitcóin es tanto el mayor activo de reserva jamás creado, como una red monetaria superior. Tener el bitcóin proporciona una manera de proteger a las economías en desarrollo de posibles impactos [derivados] de la inflación de su moneda fíat", declaró.

En el contexto de la noticia, la CNBC informa que aproximadamente un 70% de los ciudadanos salvadoreños no tienen cuentas bancarias o tarjetas de crédito. Señala que más del 20% del producto interno bruto de la nación consiste en el dinero que los migrantes envían a sus casas, mientras que los servicios de transferencias internacionales pueden solicitar el pago de un 10% o más de la suma en concepto de comisiones.

Publicado: 5 jun 2021

Publicado enInternacional
Joseph Biden, Venezuela y América latina

La dimensión de la crisis que parece corroer a Estados Unidos quedó expuesta en tres miércoles consecutivos de enero. El día 6, una movilización convocada por el presidente Donald Trump tomó el Capitolio, el 13 fue aprobado el segundo impeachment contra Trump en la cámara de Representantes, y el 20 ocurrió la toma de posesión del presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris con un despliegue de 25 mil efectivos en la ciudad de Washington.

El país atraviesa una superposición de crisis que no logra ocultar. En el tiempo de un año se vio la incapacidad de enfrentar la pandemia, la violencia sistémica de las fuerzas policiales sobre la población afroamericana, los levantamientos y movilizaciones contra esa violencia, las respuestas aún más represivas, la acción de milicias armadas en su mayoría de supremacistas blancos, la defensa de esas organizaciones por parte de Trump, el desconocimiento de los resultados electorales de Trump y una mayoría de sus votantes, las falencias estructurales del sistema electoral, hasta los hechos de un enero que quedará en la historia.

Biden asumió en ese marco con un discurso de apelación a la unidad, la necesidad del reencuentro nacional, con un gabinete que, en términos de imagen, busca proyectarse como progresista: una mujer vicepresidenta, un afroamericano, Lloyd Austin, al frente de la secretaría de Defensa, una mujer indígena, Deb Haaland en la secretaría de Interior, un cubano-americano, Alejandro Mayorkas, en la Seguridad Nacional, una mujer transgénero, Rachel Levine, como asistente de salud.

Pero la multiculturalidad, el primer plano de las denominadas minorías en el gobierno, no indica cuáles serán las políticas, algo que no augura cambios progresistas en vista de los recorridos de hombres y mujeres que están en puestos claves de la nueva administración. Un repaso por las trayectorias de Biden, el secretario de Estado, Antony Blinken, la subsecretaria de Asuntos Políticos, Victoria Nuland, la directora de la USAID, Samantha Power, el secretario de la CIA, William Burns, y el mismo Austin -que proviene además de la contratista militar Raytheon- muestran una historia de realización directa o apoyo de acciones armadas abiertas o encubiertas en Iraq, Siria, Libia, Yemen y Ucrania, para mencionar algunos casos.

Biden se encuentra ante dos objetivos centrales. Por un lado, recomponer las crisis internas, en el orden de lo económico, sanitario, y la fractura social que con Trump -emergente de esa misma crisis- adquirió nuevas formas y radicalidades que, todo indica, continuarán. Y si el nuevo presidente apeló a la unidad, también volvió a referirse al concepto de “terroristas internos”, en un posible punto de inflexión en una política interna de criminalización y vigilancia que podrá extenderse hasta donde lo permita el término “terrorista”, es decir, hasta donde lo necesite la administración y los poderes generalmente invisibles que, en los últimos meses, emergieron por momentos a la luz.

Por otro lado, el nuevo gobierno está ante la necesidad de recomponer el frente externo, tanto en el regreso a multilateralidades abandonadas por Trump, como el Acuerdo Climático de París -reingreso ya decretado por Biden-, y la Organización Mundial de la Salud, como en la reconstrucción de la imagen y mitología internacional estadounidense que se encuentra en decaída internacional, buscando encabezar un autoproclamado eje democrático, así como la recuperación de espacios perdidos ante el crecimiento de potencias, como China y Rusia, que continuaron su avance durante el 2020 en varias partes del mapa, como en nuestro continente.

América Latina

Blinken, interrogado por Marco Rubio en el Senado, sostuvo la necesidad de “aumentar la presión sobre el régimen del brutal dictador” Nicolás Maduro, en una audiencia en el Senado el día martes, en la cual expuso cuáles serán las líneas de política exterior. Las palabras de Blinken no fueron sorpresivas: se anticipa que la probabilidad más grande sea que la nueva administración no realice grandes cambios en su narrativa pública hacia Venezuela, y que el asunto no sea prioridad en medio del incendio estadounidense y asuntos exteriores prioritarios, como China, Rusia o Irán.

Sin embargo, tras el posible mantenimiento de un discurso similar ante el expediente Venezuela que ha sido bipartidista, también se anticipa que podrían ocurrir modificaciones en el abordaje, en el regreso de diálogos y, tal vez, de acuerdos. Uno de los hombres señalados como centrales esa nueva posibilidad es Gregory Meeks, nuevo presidente de Asuntos Exteriores de la cámara de Representantes, que fue parte de la fundación del Grupo de Boston, un grupo entre parlamentarios venezolanos y estadounidenses creado tras el golpe de Estado en abril del 2002. Meeks, quien estuvo en Caracas en el funeral de Hugo Chávez y luego dos veces más, aparece como un actor de la trama, casi siempre invisible, de acercamientos, intentos de diálogos y mediaciones, que suelen ocurrir entre ambos países.

Venezuela será uno de los temas centrales de América Latina, un continente bajo disputas e inestabilidades. La victoria de Biden representa una derrota de la apuesta política del presidente Jair Bolsonaro, quien manifestó una y otra vez su cercanía con Trump, así como del partido del gobierno de Colombia, el Centro Democrático, conducido por Álvaro Uribe, señalado de hacer campaña en el estado Florida a favor del ahora ex presidente. Este escenario, si bien anticipa posibles tensiones, las mismas, a menudo maximizadas mediática y políticamente, no deben hacer perder de vista que existen acuerdos políticos permanentes que no se modifican sustancialmente con cambios de administración en la Casa Blanca y la superficie del departamento de Estado.

El punto en el cual puede ocurrir un cambio significativo es en el caso Cuba, donde la diferencia entre la administración de Barack Obama, que abrió un acercamiento, y la de Trump, que redobló el bloqueo, fue significativa. El plan de Biden, según se anticipó, es el de regresar a las claves desarrolladas con la isla con el anterior gobierno demócrata, es decir cuando él era vicepresidente.

El nuevo gobierno estadounidense asume en medio de crisis extraordinaria y una geopolítica en reconfiguración y sin marcha atrás. La posibilidad de continuidades, de reproducción de mecanismos, como la infiltración en los poderes judiciales en América Latina para desarrollar el lawfare, con el objetivo de garantizar los intereses estadounidenses en nuestra región, parece más probable que un giro sorpresivo.


Cómo será, y cómo no será, la relación de Biden con América Latina

Alfredo Grieco y Bavio

21 de enero de 2021 14:21h

El único pasaje de sus memorias donde Barack Obama menciona a América Latina es una anécdota. Extenuado, en una cena siente que se va a caer dormido bajo el efecto narcótico de una repetitiva perorata de Sebastián Piñera. El presidente chileno, como un latino estereotipado, habla sin sentido de la proporción sobre una bebida estereotipadamente latina que también genera somnolencia: el vino. Había un tema, sin embargo, que lo mantuvo despierto al presidente demócrata de EEUU: Libia. Si generalizáramos a partir de este relato, para Obama, América Latina es un lugar donde él no quiere estar, ni siquiera en pensamiento, porque le roba lucidez y energía para ocuparse de las cuestiones verdaderamente importantes, que están en otro lado. A pesar de que fue su vicepresidente durante dos mandatos, y de que ha reinstalado en puestos claves del gobierno a tantos y tantos ex colaboradores de Obama, nadie cree que Joe Biden busque apartar de sus pensamientos a Latinoamérica, región a la que viajó 16 veces, más que cualquier otro funcionario de su rango. La pregunta es si en los cuatro años que empiezan podrá hacer mucho más que pensar.

Joe Biden es un presidente que llega al poder sin un slogan. Sin una consigna que lo identifique y que señale la dirección y el sentido que buscar darle a su gobierno. O peor: sí tiene un slogan: el de Donald Trump, America First! Si eligiera uno propio, mentiría. Toda la política exterior de su mandato se verá absorbida, sin permitirse digresión ni desvío, por EEUU. Por el COVID-19 en EEUU y por la recesión económica en EEUU. Todos los días y noches será America First! Es cruel: el slogan más falso e inutilizable para Biden es el que cantaba Obama: Yes, We Can. La política internacional deberá hacer frente a los males que trajo el America First!, sin jamás eludir las desgracias, más persistentes por más antiguas, que dejó el Yes, We Can. No podrá deshacerse del America First!, mientras que el Yes, We Can seguirá en el tacho de basura de la Historia. Si en 2011 a Obama lo adormecía Chile, y no lo dejaba dormir Libia, no se podía considerar extraño a la guerra en el norte de África. Era una consecuencia de su política personal de exportación de una democracia que a sus ojos exhibía como primer mérito y último progreso el haberlo elegido a él, un afrodescendiente, como presidente. El aliento a las primaveras árabes había prendido fuegos que ni anticipó ni extinguió, porque siguen encendidos. El septuagenario Biden podría indicar que es muy democrático que EEUU, votándolo a él, le rehusara un segundo período presidencial a Trump, su más joven rival, que lo dejó solo el día de la transmisión de mando. Es difícil representarse a Piñera, en su nuevo mandato, discurseando sobre exportaciones vinícolas con Biden –el empresario chileno sabe qué ilusiones perder.  

Las únicas acciones que se pueden dar por descontadas de la presidencia Biden con respecto a América Latina son aquellas que la nueva administración demócrata considera que serán redituables porque le aliviarán problemas aun al costo de que les creen más y mayores problemas a los países latinoamericanos concernidos.

A la construcción del costoso muro en la frontera con México le llega su fin el primer día de gobierno. También son suprimidas o sustituidas desde el minuto uno todas las normativas trumpistas sobre la situación de los migrantes sin papeles en el interior del país, la de quienes solicitan asilo del otro lado del muro en suelo mexicano así como las regla del juego para quienes aleguen derecho de asilo y para las familias separadas a un y otro lado del muro. Todo será más humano, prometen, y todo invita a creer que será así.

Caravanas y guerras

La migración hacia el sur de la frontera, desde México y sobre todo desde Centroamérica y el Caribe, es una situación para la cual las soluciones que Trump puso en vigor resultaron onerosas para el fisco, lesivas para los derechos y la dignidad humanos, y dañinas para la imagen de EEUU en el mundo. También fueron onerosas las consecuencias no deseadas de esas medidas, la judicialización de los reclamos, las indemnizaciones, el derroche de recursos humanos administrativos, militares, de fuerzas de seguridad. Sin embargo, la cuestión del flujo de migrantes latinoamericanos no se resuelve de por sí con el enervar de una vez, el primer día, y al mismo tiempo, todas juntas, las soluciones brutales, pero ineficaces, puestas en vigor por la administración anterior.

Objetivo proclamado de la administración Biden es dar fin a las caravanas de migrantes económicos que huyen de las violencias políticas de sus países de origen. Los métodos elegidos por Trump fueron recusados con horror, y son abandonados con orgullo. Pero el equipo de transición de la nueva administración detectó una dificultad estructural en las políticas de fronteras, insalvable por el remplazo de viejos métodos por otros nuevos. La cuestión migratoria no se puede resolver en el límite internacional, porque ahí la espiral de la represión genera, demasiado cerca de EEUU, cuando no ya dentro de EEEU, renovadas violencias y violaciones de derechos humanos. El problema, decidieron, ir a resolverlo cuando y donde la caravana arranca su marcha, porque si empieza a marchar, cada día que pasa es política y económicamente más costoso. El equipo de Biden diseñó un plan de ejecución inmediata para dotar de fondos y asegurar créditos en entidades multinacionales para Guatemala, Honduras y El Salvador. 

Básicamente, en su estructura, Biden enfrenta la migración orientado por el mismo principio que guió la guerra contra las drogas de EEUU en América Latina. Como no se podía derrotar el tráfico ni frenar el consumo en suelo de EEUU –demasiada sangre norteamericana era derramada, la corrupción ensuciaba a las autoridades locales, la imagen nacional se deterioraba-, tropas y agencias federales se encaminaron a destruir cultivos de coca en Colombia o Bolivia, donde presionaron para que los campesinos se las arreglaran con cultivos y actividades económicas compensatorias, a la vez que financiaban programas de gobernabilidad para las autoridades que dejaran libertad de acción a la DEA. Con pareja diplomacia del dólar, la administración Biden buscará fortalecer el arraigo de potenciales migrantes en sus comunidades, que hoy por hoy son muy expulsivas. Por vías políticas se procurará un saneamiento de las instituciones en esos países centroamericanos, el financiamiento de comisiones locales independientes de verdad y justicia que investiguen la corrupción, el asesoramiento de las fuerzas armadas y de seguridad el combate contra la delincuencia, el crimen organizado, sin olvidar el narcotráfico. La administración trazó planes detallados para la creación de una entidad anticorrupción multilateral centroamericana, que sirva de sostén y referencia para las fiscalías de todos los Estados nacionales desde Panamá hasta Guatemala.

En esta iniciativa coordinada para Centroamérica no es imposible reconocer resonancias de la doctrina de la exportación de la democracia de tiempos de Obama. Aunque ahora la democracia no sea el fin –ni siquiera de palabra-, sino un medio al que se le pronostica un buen rendimiento en su tarea de reforzar la soberanía y seguridad nacionales de EEUU. El buen éxito en Centroamérica no luce asegurado de antemano -ni el de la vía económica ni el de la vía política. Pero por ahora es el proyecto cardinal de la administración Biden con respecto a América Latina.

Coexistencia ¿pacífica?

Para Trump, en Latinoamérica ‘democracia’ era un arma de fuego que se usaba para disparar contra Venezuela, Cuba y Nicaragua. Tres países con los cuales Biden buscará la coexistencia más pacífica posible, si esto fuera posible. Cuba será retirada, también de inmediato, de la lista de naciones que patrocinan el terrorismo, donde la había reubicado la Secretaría de Estado de Trump pocas semanas atrás.

En América Latina murieron más de medio millón de personas por COVID-19: sólo Europa tiene más muertes. Pero el país americano con más decesos, 400 mil, es EEUU. Biden hizo de la ofensiva contra la pandemia una prioridad absoluta y había sido su cliché de campaña electoral. Se ofrece ahora como unzona de forzada colaboración internacional con sus vecinos para la administración que se instala en Washington.

El de la salud es un área mayor de competencia estratégica en la rivalidad global de EEUU con China que Biden mantendrá en su propia administración America First! Pero como Biden está urgido por proveerse de un número de dosis suficientes para una campaña de inmunización masiva en EEUU, 100 millones de dosis aplicadas en los primeros 100 días, no tendrá nada que decir de la compra de vacunas a China por Latinoamérica: lo que no quiere el primer presidente católico de EEUU desde J.F. Kennedy es que se las pidan a él.

Otro capítulo clave de la plataforma electoral de Biden que lo obligará a relacionarse con la región es su agenda verde frente al cambio climático. La reincorporación de EEUU al acuerdo de París es otra de las medidas cancelatorias del primer día de gobierno. Ni hallará ni espera felicitaciones o sostén de dos presidentes que llegaron a ser, por caminos inconexos, aliados de Trump, el brasileño y el mexicano.

Biden ha declarado que conformará un fondo de 20 mil millones de dólares para la protección ecológica de la cuenca del Amazonas. Tal programa no es bienvenido por Jair Bolsonaro, pero tampoco por la mayoría de los brasileños, que miran con alarmada sospecha toda beneficencia exterior focalizada en la selva y la cuenca amazónicas como un ataque camuflado contra la soberanía nacional secundado por una subrepticia pero inocultable codicia de rapiñas y despojos.

Los entusiasmos de EEUU en pro de formas limpias de energía reciben habitualmente desprecio o sorna de Andrés Manuel López Obrador. El político que evoca al nacionalista Lázaro Cárdenas hace del monopolio estatal mexicano de la explotación de hidrocarburos una de las bases más inconmovibles de su gobierno y de su credo.

Es dudoso que Biden dedique tiempo o esfuerzo a vencer esas desconfianzas brasileñas o mexicanas. Cuando Trump asumió, varios países latinoamericanos, especialmente Brasil y México, temieron que el nuevo presidente se metiera con ellos. Ahora, es al revés: si algo parece temer el nuevo presidente norteamericano es que se metan con él. 

Publicado enInternacional
Migrantes hondureños que intentan llegar a Estados Unidos, en Entre Ríos, Guatemala , 1 de octubre de 2020.Foto: Stringer / Reuters

Al menos 2.000 personas entraron en el país tras romper una barrera de seguridad.

 

El presidente de Guatemala, Alejandro Giammatte, ha ordenado la detención inmediata de los miles de migrantes hondureños que entraron este jueves en el país en una caravana que pretende cruzar el país rumbo a EE.UU.

Al menos 2.000 personas, incluidos menores y adolescentes, ingresaron a Guatemala la tarde de este jueves, tras romper una barrera de seguridad en la frontera del Corinto, en el departamento de Izabal.

"En medio de la emergencia sanitaria actual, nuestro deber es garantizar la vida de nuestros ciudadanos ante grupos que pueden vulnerar la seguridad y la vida, por lo que se tomarán las medidas junto con Honduras para contener la violación de las fronteras", escribió el mandatario en su cuenta de Twitter.

Debido a la pandemia de covid-19 y al riesgo que genera la aglomeración de personas para la propagación de la enfermedad, Giammatte declaró estado de prevención por 15 días en los departamentos de Izabal, Petén, Zacapa, Chiquimula, Jutiapa y El Progreso. "Somos respetuosos del derecho humano de migrar, pero no seremos tolerantes de la forma violenta e ilegal de ingresar a nuestro país", aseguró.

Según el Instituto Guatemalteco de Migración (IGM), los inmigrantes no presentaron prueba de PCR para descartar que tienen covid-19, incumpliendo así los protocolos definidos para prevenir la propagación del  coronavirus. Asimismo, muchos de ellos no contaban con documentos de identidad o pasaportes, recogen medios locales. 

El Ministerio de Salud Pública de Guatemala reportó este jueves 663 nuevos casos de coronavirus en la última jornada, lo que eleva la cifra total de contagios confirmados a  92.409. La enfermedad ha causado más de 3.200 muertes.

Publicado: 2 oct 2020 01:39 GMT

Publicado enInternacional
Más de 37 millones de desplazados por guerras ‘contra el terror’ de EU

Nueva York. Entre 37 y 59 millones de personas han sido desplazadas por la llamada “guerra global contra el terror” de Estados Unidos desde 2001 al presente -más que en cualquier otra guerra o desastre a lo largo del siglo 20 con la excepción de la Segunda Guerra Mundial- según una nueva investigación del Instituto Watson de la Universidad Brown presentada hoy.

La investigación del reconocido proyecto Costos de Guerra calcula que por lo menos 37 millones de personas huyeron de sus hogares en las ocho guerras más violentas lanzadas por Estados Unidos, o en las que ha participado, desde octubre de 2001 cuando lanzó la primera de éstas contra Afganistán y después la invasión de Irak en 2003.

“Al final, desplazar a 37 millones -y tal vez hasta 59 millones- presenta la interrogante de quién tiene la responsabilidad para reparar los daños padecidos por los desplazados”, afirma el informe, “Creando refugiados: desplazamiento causado por las guerras pos-11/9 de Estados Unidos”.

El informe afirma que los desplazados -aquellos obligados a abandonar sus hogares para buscar refugio en otros países o ser desplazados internos dentro de su propio país- como resultado de las guerras realizadas por las fuerzas armadas de Estados Unidos desde 2001 superan por mucho los provocados por cualquier otra guerra o desastre desde 1900, con la excepción de la Segunda Guerra Mundial.

El número total es equivalente a hacer huir de sus hogares y tierras a casi toda la población de Canadá o toda California.

Los desplazados, combinando refugiados que salieron del país y los internos, en Afganistán es de por lo menos 5.3 millones (un 26 por ciento de la población antes de la guerra), para Irak es de 9.2 millones (37 por ciento de la población), Siria, 7.1 millones (37), Pakistán 3.7 millones, Libia 1.2 millones, Yemen 4.4 millones, Somalia 4.2 millones y Filipinas 1.7 millones.

“Cualquier número es limitado en reflejar el daño del desplazamiento. Las personas detrás de los números son difíciles de ver, y los números no pueden comunicar cómo se puede sentir uno al perder su hogar, sus pertenencias, su comunidad y tanto más. El desplazamiento ha causado daño incalculable a individuos, familias, pueblos, ciudades, regiones y países completos de manera física, emocional y económica”, afirman los investigadores.

Y estos números son sólo los de las ocho guerras más violentas ya que las fuerzas armadas de Estados Unidos han participado en conflictos armados en por lo menos 24 países dede 2001.

El proyecto Costos de Guerra también calcula de manera constante los costos humanos y económicos de las guerras estadunidenses pos-11s. Las tabulaciones más actualizadas (noviembre 2019) registran un total de entre 770 mil a 800 mil muertos por violencia directa de las guerras en Afganistán, Irak y Paquistán, incluyendo unos 335 mil civiles, y 536 periodistas o trabajadores de medios. Un número aún superior pero no contabilizado ha perecido por consecuencias indirectas de estas guerras.

Más de 7 mil combatientes estadunidenses han perecido en esas tres guerras, y cientos de miles más han sido heridos a lo largo de los últimos 19 años.

Desde 2001 hasta el año fiscal 2020, el gobierno de Estados Unidos ha dedicado 6.4 billones de dólares en las guerras en Afganistán, Paquistán e Irak.

El presidente George W. Bush anunció su “guerra global contra el terror” poco después de los atentados por Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001, y ahora es la guerra más larga en la historia del país.

Washington está por iniciar el vigésimo año de su llamada “guerra contra el terror” el 7 de octubre cuando inició sus operaciones bélicas en Afganistán.

David Brooks, Corresponsal | martes, 08 sep 2020 18:07

Para consular la investigación y otros datos: https://watson.brown.edu/costsofwar/

Publicado enInternacional
Página 1 de 13