Medios de EEUU publican los "Facebook papers" con impactantes revelaciones sobre sus redes sociales

Medios como el Washington Post, The Verge , Politico y The New York Times publican este lunes documentos internos de Facebook filtrados a autoridades estadounidenses.

Facebook es objeto este lunes de publicaciones de al menos una docena de medios de comunicación estadounidenses que dieron a conocer documentos internos de la empresa fundada por Mark Zuckerberg.

El gigante de las redes sociales se ha enfrentado a una tormenta de críticas después de que la denunciante Frances Haugen filtrara estudios internos que mostraban que la empresa conocía el daño potencial avivado por sus sitios, causando que legisladores apoyaran un mayor impulso a iniciativas para regular la actividad de Facebook.

Amigos en Vietnam

Algunos de los informes atribuyen al presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, acercamientos con autoridades de Vietnam para que la plataforma apoyara la censura estatal.

"Los documentos de Facebook son tan condenatorios, tan perturbadores, tan repugnantes, que sin dilación deberían conducir a una investigación a nivel federal", tuiteó la profesora de derecho Zephyr Teachout, de la Universidad de Fordham.


Organizaciones de noticias como The New York Times, Washington Post y Wired se encuentran entre las que ahora han recibido acceso al conjunto de documentos internos de Facebook, que Haugen filtró originalmente a las autoridades estadounidenses y que fueron la base de una serie de revelaciones también por parte del Wall Street Journal.

La defensa de Facebook

Facebook ha dicho que se trata de la publicación selectiva de algunos estudios internos destinados a proyectar la red social bajo una luz "oscura e inexacta".

El artículo del Washington Post publicado el lunes afirma que Zuckerberg había negociado personalmente una iniciativa del gobierno de Vietnam para limitar la propagación de los llamados mensajes "antiestatales". El diario también afirmó que Zuckerberg personalmente se opuso a publicar la versión en español de su módulo informativo sobre registro electoral previo a las pasadas elecciones estadounidenses, afirmando que haría que Facebook luciera parcializada en relación a las elecciones. Sin embargo, personas ligadas a Facebook han negado dicha información, compartiendo capturas de pantallas de dicho módulo en español.

Un informe de Politico calificó los documentos como un "tesoro para la lucha antimonopolio de Washington" contra la plataforma, revelando conversaciones internas de los empleados sobre el dominio global de Facebook.

El informe del sitio web The Verge, que Facebook se negó a confirmar, dice que la empresa tenía como objetivo mostrar su ambición de ser más que un sitio de redes sociales.

Por, Agencias. Lunes 25/10/2021

 

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Jueves, 14 Octubre 2021 05:13

El imperio Facebook

El imperio Facebook

Venta de datos, monopolización de la comunicación y jaque a la democracia

Verónica Sfrorzin, coordinadora del equipo técnico de Comunicación y Tecnología del PJ Nacional, profundizó en el estado de situación de las TICs (Tecnologías de la información y la comunicación), a raíz de la caída global de la corporación transnacional Facebook.

Los tres impactantes hechos salidos a la luz en los últimos días nos muestran la urgente e imperiosa necesidad de ordenar y regular el espectro digital por parte de los organismos globales, regionales y de los Estados, así como de una política activa por parte de los movimientos nacionales y populares en la región.

Una vez más, documentos internos de Facebook, esta vez filtrados por una ex trabajadora, Frances Haugen, nos muestran cómo esta red social prioriza sus ganancias por sobre el bienestar social, por sobre la salud mental de los jóvenes y cómo, incluso dentro de sus redes (gracias a la configuración de algoritmos a los cuales nadie tiene acceso), se fomentan adicciones, llegando a la manipulación social. Por otro lado, se “robaron” de Facebook más de 540 millones de registros los cuales terminaron en un foro de Hacker para ser vendidos al mejor postor. Mientras que el lunes 4 de octubre se produce una caída de las redes que son propiedad de Mark Zuckerberg: Facebook, Instagram, Messenger y WhatsApp.

¿Están concatenados los hechos? No de una manera lineal, sin duda; pero si muestran una lógica estructural que tenemos que problematizar para que nos permita ganar en grados de conciencia respecto de cuáles son las tareas históricas frente a estos grandes monopolios de internet y las tareas político institucionales de nuestro tiempo. Analicemos una por una. 


Se trata de los Datos

Un grupo de hacker sustrajeron los datos personales de más de 1.500 millones de usuarios de Facebook los cuales se encuentran a la venta en un foro; esto podría permitir a los ciberdelincuentes dirigirse a internautas de todo el mundo. Este hecho se viene repitiendo cada vez con mayor asiduidad, no olvidemos el caso de Cambridge Analytica.

Estos hackers, lejos están de los activistas-militantes de la red por causas como el software libre, sino que son pequeñas estructuras que lucran con la venta de información… digamos como Facebook, pero sin la construcción de un imperio de las TIC. Y justamente ese es el primero de los problemas: ¿por qué Facebook acapara todos estos datos de nosotros? ¿le paga a alguien por obteneros? ¿cuánta monetización logra con ellos? Todas preguntas sin respuestas mientras los datos no se tomen como una problemática global y se avance en reglamentaciones claras.

Un correo interno filtrado de Facebook, publicado por DataNews (un medio de comunicación belga) aclara: “esperamos más fugas de datos y creemos que es importante que se tome como algo normal”. Facebook tiene más de 2.320 millones de usuarios registrados alrededor de todo el mundo, la información de todos ellos es lo que está en disputa.

Las transnacionales de las TIC hacen fortunas con nuestros datos, se roban entre empresas y se revenden en el “mercado negro”; todo este descalabro es propio de la lógica del capitalismo financiero especulativo bajo un modelo neoliberal que utiliza sin ningún tipo de regulación y escrúpulos nuestra información personal. Esa información adquiere vital importancia para el desarrollo de la Inteligencia Artificial, para el mejoramiento continuo de los medios de producción que hacen que una mera información al azar, pueda tener un sentido y pueda utilizarse en un procesamiento en tiempo real para construir perfiles psico-sociales de la población y así vendernos mercancías, pero también para incrementar un mercado de futuros conductuales en donde se apuesta a cuál va a ser nuestro comportamiento y se manipula para que sea como se invirtió.

En este mundo, se desarrollan también un conjunto de hacker y empresas que consiguen datos, para su reventa y para la ciberdelincuencia más llana. 

Todo este mundo privado, clandestino, en donde se hacen fortunas es el que, desde los movimientos sociales, los activistas y los Estados Nacionales tenemos que poner sobre la mesa. Los Datos deben concebirse como Bienes Comunes, no como materias primas; en donde los Estados, bajo un sistema democrático de acceso a la información, deben ser los principales ordenadores y reguladores.

Este camino permite no solo la desmonopolización de las TIC, sino el fortalecimiento de la capacidad estatal en la planificación social, el desarrollo de políticas públicas y de la tecnología de la información y la comunicación y la IA al servicio de las mayorías.
La caída de los gigantes 

La caída de los servicios de Facebook se prolongó este lunes por espacio de más de seis horas e hizo que más de 3.500 millones de usuarios de todo el mundo no pudieran ingresar a sus cuentas personales.

En los 90 la supuesta ineficiencia de los servicios que estaban en manos del Estado fueron el caballito de batalla para impulsar sus privatizaciones; ¿la caída de Facebook nos puede permitir construir el distanciamiento necesario para poner en cuestión la monopolización de nuestras vías estratégicas de comunicación?

Ese lunes utilizamos las llamadas, el mail, Telegram estalló, vimos las alternativas más a mano con las que contábamos; descubrimos, por unas horas, que un mundo sin Facebook es posible. Las GAFAM en su desarrollo monopólico han intentado por todos los medios la construcción de un sistema ubicuo, sin principio, ni final; estas caídas, que muestran sus límites y los coloca en evidencia, los pone realmente nerviosos. 

Una situación, no menor, que entra en discusión son los sistemas de protocolos cerrados que utiliza la red social, versus otros sistemas de protocolos abiertos que utilizamos para comunicarnos, como en el mail . Esto que aparece como algo muy técnico, es sin duda un problema político, ya que hace al grado de monopolización de la comunicación en la web. No podemos ver el protocolo detrás de los servicios de Facebook, como no podemos ver la estructura de sus algoritmos, todo está sellado bajo el secreto comercial.

Lejos estamos de la comunicación como un derecho humano, cuando las herramientas que se utilizan para construirla son privadas, transnacionales y monopólicas. 

Facebook, el laboratorio social

Algunos autores hablan de que Facebook queda preso en un “modelo de negocios”, esto implicaría que puede cambiar su lógica. Desde mi punto de vista Facebook es parte de una nueva fracción de capital, que intenta imponer otra lógica de valorización. 

Esto implica que todas estas manifestaciones que Frances Haugen saca a la luz, pero que ya denuncio Snowden y Julián Assange, entre otros, no son excesos, sino que son manifestaciones de comportamientos estructurales que hacen a su lógica de acumulación. 

En este marco lo que nos muestran estas filtraciones, podemos sintetizarlo en: 

1) Las reglas acerca de cuál es la información circula en sus múltiples redes sociales las pone Facebook. Y hace “excepciones para personas poderosas”

2) A pesar de tener información acerca de las afectaciones en salud mental que produce el funcionamiento de los algoritmos en los adolescentes no ha hecho nada por revertirlo (ya que necesita que estén conectados a sus plataformas permanentemente para obtener los valiosos datos)

3) Se recompensan los contenidos más viralizados, más allá de que el contenido sean mensajes de odio y profundicen la polarización social. De manera estructural genera un estado de emocionalidad permanente en las sociedades. Como plantea Frances: «Facebook gana más dinero cuando se consume más contenido. La gente se involucra más con cosas que provocan una reacción emocional. Y a cuanta más rabia se les expone, más interactúan y más consumen»

Una sociedad disgregada, dividida, es una sociedad que queda a merced de los grandes poderes facticos, como las GAFAM ¿qué interés tendría Facebook de impedir que esto se produzca, siendo que también le permite su exorbitante valorización? 

La democracia 

Las GAFAM se han hecho dominantes y monopólicas en internet y en las TIC, y a su vez han avanzado en la apropiación de la comunicación, de la socialidad, podríamos decir: de la naturaleza humana. Estas corporaciones son hijas del modelo neoliberal financiero especulativo, no escapan a esta lógica y en este mundo nuevo, el de las TIC, sin reglas claras, avanzan exponencialmente para lograr sus objetivos geopolíticos.   

Podemos señalar algunos aspectos claves de este nuevo mundo que necesitan regulación político institucional urgente: a) los datos y el extractivismo de información; b) las escalas de estas corporaciones; c) la monopolización de las TIC; d) el contenido de internet; e) la regulación del espectro digital. 

El sistema alegal en el cual se manejan las GAFAM son un problema para muchos otros sectores del poder. The Wall Street Journal, cuyo dueño es News Corp (Roper Murdock), plantea: “sería bastante fácil concluir que Facebook es terriblemente poderoso y que solo podremos controlarlo con una intervención agresiva del gobierno.” Mientras que Joe Biden expone que plataformas como Facebook “están matando a la gente por la desinformación”. La desregulación ha llegado a un grado tan alto que ya hay una ofensiva por parte del parlamento de EE.UU. para desmonopolizar a estas corporaciones de las tecnologías.

El acuerdo sobre un impuesto mínimo global del 15% a las multinacionales, va a afectar directamente a corporaciones como Facebook y Amazon. Al mismo suscriben 136 países y es impulsado por Biden y Yelen (secretaria del Tesoro de Estados Unidos) también muestra la necesidad del propio capital, en medio de la crisis, de reconfigurar las reglas de juego internacionales. 

Así como se encuentran en juego millones de dólares y la posibilidad de generar una redistribución también se encuentran en juego miles de millones de datos personales y la democracia como sistema político institucional. Estas transnacionales cambian las reglas de juego, con manipulaciones, privilegiando la instalación masiva de mensajes en función de acuerdos políticos y utilizando los datos para inducirnos al candidato al que tenemos que votar. 

Estos hechos pueden ser (o no) una oportunidad para que, desde los estados, los movimientos sociales y la comunidad en general demos batalla y pongamos patas para arriba esta lógica del lucro a partir de nuestra naturaleza humana en las tecnologías de la información y la comunicación.

Por Verónica Sfrorzin | 14/10/2021

Fuentes: Agencia Paco Urondo

Verónica Sfrorzin.  Doctora en Comunicación por la UNLP y socióloga. Coordinadora del equipo técnico de Comunicación y Tecnología del PJ Nacional.

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Logo de Facebook en una pantalla rota. — Dado Ruvic / Reuters

Los gigantes de internet constituyen las empresas más valiosas del mundo desde hace años, y sus prácticas claramente contrarias a la competencia las hacen crecer más y más. Tanto en EEUU como en Europa buscan aplicar pronto nuevas reglas antimonopolio en el mercado digital para frenarlas e, incluso, trocearlas. La clave está en considerar los datos, y no el precio, como la remuneración real de estas plataformas.

 

La penúltima consecuencia de lo frágil que puede ser la última y brillante capa de internet, las redes sociales, la hemos visto esta semana con Facebook. Un fallo en un protocolo invisibilizó todo el universo de plataformas de la compañía, es decir, la propia red social, Instagram, WhatsApp, Oculus y demás. Con 2.300 millones de usuarios, —más de 3.500 millones si agregamos los perfiles de todas esas redes sociales— para medio planeta la caída de Facebook significó casi la caída de internet mismo. ¿Cómo se puede evitar éste y otros problemas derivados del gigantesco tamaño de esta multinacional?

Recientemente, un informe sobre economía digital de la Agencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) constataba que el alcance global que han logrado las grandes compañías de internet se basa, fundamentalmente, en el creciente acceso privilegiado a los datos. Estas compañías son Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet (Google), Facebook, Tencent y Alibaba, que acaparan un inmenso poder financiero, tecnológico y de mercado.

Tanto desde EEUU como desde Europa los poderes públicos se están dando cuenta de la dificultad de aplicar las normas antimonopolio a estos mastodontes empresariales, dado que no se pueden aplicar las normas del siglo XX a la realidad (digital) del sigo XXI. "Clarísimamente estas empresas han crecido tanto porque la normativa anticompetencia no ha funcionado, está pensada para evitar la concentración de empresas en perjuicio del precio", sostiene la abogada especializada en tecnología y privacidad Paloma Llaneza, que añade: "Como los servicios digitales son generalmente gratis, pues no parece que exista tal perjuicio".

En una conversación con Público, Llaneza, autora de 'Datanomics' (2019), insiste en que el problema principal para poder enfrentarse al gran poder de esas plataformas es que "se salen del esquema clásico de la competencia". De hecho, a uno y otro lado del Atlántico, los esfuerzos políticos y jurídicos se están encaminando hacia ahí, es decir, hacia una nueva definición de "competencia".

"Las normativas de competencia ya han obligado a grandes empresas a trocearse en el pasado", recuerda esta experta, tal fue el caso de AT&T en 1982, cuando fue forzada a vender varias subsidiarias. En este caso la escala es mucho mayor, porque hablamos de las compañías más grandes del mundo. La valoración por capital bursátil catapulta a Apple al primer lugar (de momento) con 2,03 billones de dólares (el PBI de Italia), seguida de Microsoft, y a continuación, Aramco (una petrolera saudí), Amazon, Alphabet (matriz de Google), Tencent, Facebook, Tesla y Alibaba.

Tradicionalmente, las normas sobre competencia en los mercados están pensados para evitar que dos o más actores lleguen a acuerdos en perjuicio del consumidor; es decir, una práctica que tratan de evitar es que se acuerden los precios de un bien (por ejemplo, la gasolina) entre las distribuidoras, de modo que es posible legalmente demostrar que esas prácticas existen (si existen) y los reguladores pueden actuar contra dichas prácticas.

Lo que sucede en las compañías digitales es que no suelen cobrar al consumidor final: proporcionan productos muy buenos, de alta calidad, fáciles de usar y rápidos, sin cobrar directamente. Nadie paga dinero por tener una cuenta en Facebook o Instagram. No hay un precio determinado, son 'gratis'.

Además, no sólo no acuerdan entre ellas nada sino que son competidoras, en el sentido tradicional del término. O bien, directamente, se compran entre ellas, como pasó en su día con Facebook cuando adquirió Instagram y WhatsApp. Compiten por un supuesto liderazgo en la innovación tecnológica.

Llaneza insiste en poner el foco en uno de los principales pasos para tratar de controlar a las multinacionales tecnológicas: la privacidad y la protección de datos. El Reglamento General de Protección de Datos europeo (RGPD), de aplicación directa desde mayo de 2018, describe cuál es el negocio de estas plataformas: la recopilación y el uso masivo de datos y metadatos. Y, de pronto, desde los reguladores de la competencia se dieron cuenta de que las normas existentes hasta ahora ya no eran eficaces para estos negocios.

Es decir, lo que la protección de los datos personales puso encima de la mesa fue el hecho de que la remuneración que obtienen las plataformas y redes sociales no tiene que ser dinero, sino los datos.

Ahogar a la competencia

Además, se llegó a la conclusión de que "la competitividad tiene que ver más con el hecho de que esta gigantes ahoguen a cualquier potencial competidor, bien imitándolos o bien directamente comprándolos a golpe de talonario", apunta Llaneza, que añade: "De esta manera no dejan espacio para otros incumbentes en el mercado, no hay apenas alternativas; y esas alternativas no se basan ya en el precio sino en una privacidad más reforzada", apunta.

"En EEUU hay una comisión en el Congreso que lleva más de un año investigando y ya ha llegado a la conclusión (PDF) de que, para controlar estas entidades, hay que trocearlas", señala la experta, que recuerda que si una de esas compañías estadounidense termina desmembrada, lo estará en todos los mercados el mundo. No estamos hablando de algo nuevo, sino de un movimiento que comienza a darse desde 2016 por parte de activistas que exigen que estas entidades se ajusten a una competencia justa.

Esta forma de abordar el problema del monopolio de estas plataformas tiene uno de sus claves en un 'paper' de Lina M. Khan, titulado "La paradoja antimonopolio de Amazon" (PDF) en el que se expone de forma muy clara cómo esa compañía se ha situado en el centro del comercio mundial escapando al escrutinio de los reguladores antimonopolio, y describe el modelo de ésta y otras plataformas: hacen que lo gratis (o un precio claramente predador) se vuelva racional, mientras asfixian a cualquier posible competidor.

Llaneza destaca que las normas comunitarias en la UE  "ya van a ir por ahí". Existen en concreto dos reglamentos europeos en marcha, uno sobre plataformas digitales y otro sobre mercados, que apuntan directamente a ese problema: el sistema de competencia actual no sirve para contrarrestar el poder de las tecnológicas, luego lo que hay que hacer es cambiar el sistema de competencia para ajustarlo a las nuevas necesidades del mercado.

La utopía que no fue

La utopía de internet, de una red descentralizada, democrática, libre y autogestionada, resuena en las cabezas de la generación que protagonizó la primera digitalización de las telecomunicaciones. Durante los años noventa, antes de la obsesión por la 'monetización', la red de redes era un espacio colaborativo, sin más normas que la llamada 'netiqueta' y en donde no importaba la comodidad, sino la libertad.

Pero desde hace años no hay espacio para la nostalgia. Desde que en 2007 el iPhone de Apple mostró el camino para llevar internet a los móviles a base de aplicaciones bien delimitadas y cercadas, la idea de una red de redes abierta resulta de alguna manera ingenua porque realmente nunca fue así. Por si fuera poco, las últimas revelaciones sobre cómo funciona por dentro el universo Facebook y el conocimiento efectivo que tiene de su "toxicidad" para los ciudadanos, gracias al testimonio de Frances Haugen, aumentan aún más el interés público de pedir explicaciones y cierto control a la empresa.

En una conversación telefónica, el informático Marcelino Madrigal plantea a Público una cuestión meramente práctica. "¿Hay alternativas a estos servicios? Pues claro que las hay, lo que pasa es que la gente quiere algo que use todo el mundo, por lo que la ventaja la tiene el primero que llega y da el campanazo", resume.

"Recordemos qué sucedió con el Messenger de Microsoft, si hubiese evolucionado el servicio sería ahora mismo el rey de la mensajería", apunta Madrigal, que recuerda que el auge de las redes sociales y de los gigantes de la red "parece fruto de una serie de catastróficas desdichas, estamos en un escenario fruto de decisiones equivocadas una tras otra: hay que recordar, por ejemplo, que el ascenso de WhatsApp fue, sencillamente, el precio disparatado de los mensajes SMS, de modo que nos la colaron por el bolsillo".

A pesar de que existen alternativas a casi todos los servicios que prestan estas grandes compañías, su tamaño y sus prácticas claramente anticompetitivas nos están conduciendo a escenarios inquietantes, como la aparente desconexión global de esta semana. "La dependencia que tenemos con los proveedores de servicios y plataformas es tan evidente que salta a la vista cuando sucede un evento como el que ha pasado con Facebook", razona este experto que, siempre alerta, apunta: "Cada uno debería valorar la información que maneja".

Casi nadie fuera de Facebook sabe lo que pasa dentro

Los gigantes de internet no sólo pueden ser perniciosos para el mercado sino, sobre todo, para las personas. Frances Haugen, la exempleada de Facebook que ha sacado a la luz las prácticas de la compañía, denunció en el Senado de EEUU que casi nadie de fuera de la firma sabe lo que pasa dentro de ella, donde se "engaña repetidamente" al público sobre los efectos nocivos de sus plataformas. Haugen explicó ante el subcomité de Protección al Consumidor, Seguridad de Productos y de Datos de dicha Cámara que el tiempo que estuvo trabajando en la empresa se dio cuenta de una "verdad devastadora": La compañía oculta información al público y a los Gobiernos, informa EFE. "Los documentos que he proporcionado al Congreso prueban que Facebook ha engañado al público de forma repetida sobre lo que su propia investigación revela acerca de la seguridad de los niños, la eficacia de su inteligencia artificial y su papel para expandir mensajes divisorios y extremistas", dijo.

Haugen compareció ante el subcomité de la Cámara Alta después de las filtraciones que ella misma hizo en los últimos días al diario The Wall Street Journal. La informante reveló su identidad en una entrevista emitida el domingo con el programa 60 minutos del canal de televisión CBS. La exempleada afirmó que ha decidido testificar ante el Congreso porque cree que los productos de Facebook dañan a los menores, fomentan la división y debilitan la democracia. “Los líderes de la compañía saben cómo hacer que Facebook e Instagram (propiedad de Facebook) sean más seguros, pero no harán los cambios necesarios porque anteponen sus beneficios astronómicos a la gente", denunció.

madrid

05/10/2021 21:58

Pablo Romero//twitter.com/@pabloromero">@@pabloromero

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"Esta es nuestra casa" o "Fuera especuladores". Pintadas contra la especulación en la ciudad. Álvaro Minguito

El resultado del referéndum llevado a cabo este domingo es claro; su aplicación, no tanto. El nuevo gobierno de la capital dominado por los socialdemócratas se echaría atrás, según las previsiones.

 

El referéndum en la capital alemana sobre la expropiación de viviendas a grandes tenedores que posean más de 3.000 viviendas ha obtenido el respaldo del 56% de los participantes en dicha consulta. A ésta estaban llamados todos los ciudadanos residentes en la capital con la nacionalidad alemana, unos 2,47 millones de personas. De ellos, debían votar al menos 600.000 en la consulta y la mayoría de ellos hacerlo a favor. Cerca de un millón de berlineses votó el domingo a favor de la propuesta, impulsada por organizaciones de activistas y respaldada por Die Linke.

Con la aprobación de la propuesta, la pelota pasa al tejado del nuevo Senado de Berlín, que debería elaborar una ley para desarrollarlo, aunque no es vinculante. Los organizadores, la plataforma “Deutsche Wohnen & Co enteignen” (Expropiar a Deutsche Wohnen y cia., en español) explicaba el domingo por la noche en palabras de su portavoz Joanna Kusiak que “desatender la petición del referéndum sería un escándalo político”, al tiempo que constató que la organización de cientos de activistas para llevarlo a cabo podría ser más duradera: “Somos miles de personas activas. Nos hemos enfrentado a los poderosos y hemos ganado. No vamos a desaparecer tan pronto”.

La ley que debe desarrollar el nuevo Senado afectaría a unas 240.000 viviendas de la capital, es decir, las viviendas que posean grandes inmobiliarias que posean más de 3.000 pisos, afectando a una decena de empresas del sector. En las últimas elecciones de 2017, los berlineses votaron a favor de mantener el aeropuerto de Tegel, pero éste fue cerrado por el gobierno berlinés. Lo mismo podría ocurrir con la nueva consulta.

En el nuevo parlamento berlinés el partido socialdemócrata (SPD) sigue siendo la primera fuerza, con un 21% de los votos, seguido muy de cerca por el partido verde (Die Grüne) con casi 19%. La tercera fuerza es la conservadora CDU con el 18,1% de los votos y cuartos quedó La Izquierda (Die Linke) con un 14%. Los ultras de Alternativa por Alemania (AfD) consiguen un 8% y los ultracapitalistas del FDP obtuvieron el 7%. El gobierno será, de este modo, de nuevo un tripartido, que hasta ahora estaba formado por una coalición progresista de SPD, Grüne y Linke. Si este gobierno sigue y qué hará con el referéndum va a depender en buena medida de Franziska Giffey.

La hasta ahora Ministra de Familia en el gobierno de Merkel ha salvado el trasero al SPD en la capital con su popularidad, pero su conservadurismo es bien conocido. Ya durante la campaña electoral, Giffey ha asegurado que para mantener la coalición actual la cuestión de las expropiaciones podría ser decisiva. Giffey está en contra de reencaminar la propiedad de las viviendas al ayuntamiento, mientras que Die Grüne y Die Linke están a favor del contenido del referéndum. A nadie extrañaría que los socialdemócratas se aliasen con la derecha para frenar las medidas más a la izquierda de la actual coalición, que congeló los alquileres, además de establecer los comedores y las extraescolares, las guarderías y el transporte escolar gratuitos para todos los berlineses.

Ese será el primer escollo, que a día de hoy parece insalvable. El segundo sería el paso por la comprobación de la legalidad de una norma de estas características en el marco constitucional alemán. Aquí podría fallar la norma según un estudio encargado por una asociación cercana a la industria y publicado esta semana. Según éste, dejar fuera de la categoría de “grandes tenedores” a las cooperativas de arrendatarios, que en su mayoría poseen más de 3.000 viviendas, sería inconstitucional por no garantizar la igualdad ante la ley. También se asegura en dicho informe que Berlín no tendría competencias en la materia y que la medida entraría en colisión con el freno de la deuda constitucional.

27 sep 2021 08:29

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Miércoles, 14 Julio 2021 05:37

Piratas pandémicos

Piratas pandémicos

Ganancias multimillonarias del sector farmacéutico mundial

La industria farmacéutica mundial es uno de los grandes ganadores de esta etapa marcada por la pandemia. Saca provechos multimillonarios por derecha e izquierda. Multiplica las ventas y se beneficia, al mismo tiempo, de suculentos fondos públicos destinados a la investigación.

La empresa Moderna anunció recientemente que las vacunas anti COVID 19 le significarán este año una facturación de 19.200 millones de dólares estadounidenses en tanto BioNTech proyecta 15.000 millones.  En mayo, Pfizer, hizo pública su proyección de 26.000 millones en ventas lo que representa casi el doble de los 15.000 millones que calculaba apenas hace algunos meses.

En el primer trimestre del 2021, Moderna contabilizó una ganancia de 1.200 millones de dólares a partir de la venta de sus vacunas, entre las más caras en el mercado internacional. En igual periodo, la Pfizer reconoció beneficios netos de 4.877 millones de dólares, un 45 % más que en el mismo momento del pasado año, gracias, en buena medida, a las ventas de su vacuna contra el COVID-19.

El periódico mexicano El Financiero anticipaba ya en mayo pasado que nueve empresas “farmacéuticas disfrutarán multimillonarias ganancias de hasta 190.000 millones de dólares”, si alcanzan las metas de producción previstas para 2021.

Cifras llamativas si se recuerda que, al inicio de la pandemia, algunas de esas firmas afirmaron no tener intención alguna de obtener ganancias con la producción de los medicamentos preventivos, tal como lo señala el analista suizo Dominik Gross en un reciente artículo publicado en le revista Global de Alianza Sur.

Sin embargo –acota el portavoz de la plataforma helvética que reúne a las más importantes ONG de cooperación al desarrollo del país–, estas cifras no son tan sorprendentes si se consideran los modelos y mecanismos de mercado empleados por los gigantes farmacéuticos.

La ONG Public Eye (mirada ciudadana) analizó recientemente estos modelos en su informe Big Pharma takes it all (Las grandes farmacéuticas se lo llevan todo) https://www.publiceye.ch/fileadmin/doc/Medikamente/2021_PublicEye_BigPharmaTakesItAll_Report.pdfY subraya, que uno de los principales instrumentos para maximizar los beneficios de la industria farmacéutica es la concesión de patentes sobre los principios activos de los medicamentos.

Por otra parte, el informe recuerda que en 2020 se inyectaron 93.000 millones de euros –más de 100.000 millones de dólares– de fondos públicos para la investigación y el desarrollo mundial de estos principios activos, como parte de una intensa cooperación con las universidades. Sin embargo, los derechos de patente aseguran que solo las empresas (co)desarrolladoras de estos principios se beneficien de los ingresos por la venta de los medicamentos.

No se autoriza a terceros a fabricar o vender los ingredientes activos sin adquirir una licencia de los propietarios. Estas normas están vigentes desde hace 25 años en el marco del Acuerdo ADPIC que regula los diferentes aspectos de los derechos de la propiedad intelectual relacionados con el comercio, recuerda Dominik Gross.  (https://www.wto.org/spanish/tratop_s/trips_s/t_agm0_s.htm).

Este Acuerdo se firmó en 1995 como producto de la presión de los países del Norte. Desde hace meses, numerosas naciones, organizaciones ciudadanas y la misma OMS (Organización Mundial de la Salud) advirtieron que este Acuerdo agrava el riesgo sanitario planetario. Ya que la protección a las patentes crea una escasez artificial de vacunas, lo que produce el aumento de los precios y dificulta así la eficaz y equitativa distribución entre todas las naciones. Llamaron y siguen exigiendo que, ante la emergencia pandémica, se libere ese derecho de patente y se permita democratizar la producción de vacunas en forma descentralizada allí donde se puedan fabricar.

El enfoque de las grandes transnacionales farmacéuticas perjudica especialmente a los habitantes de los países del Sur con bajos ingresos que no pueden permitirse una atención sanitaria ni vacunas costosas. Según el blog Our World in Data, al que hace referencia la revista Global, mientras que en América del Norte y Europa ya se han administrado, respectivamente, 58 y 43 vacunas por cada 100 habitantes, en África sólo se contabilizan 2 vacunas cada 100. Asia y Sudamérica se sitúan en un punto intermedio, con 18 y 24 vacunas administradas.

En una perspectiva a mediano plazo, según las previsiones publicadas por The Guardian – y retomadas recientemente en el sitio francés Statista, se calcula que Moderna será la empresa con mayores ventas de su vacuna por más de 35.000 millones de euros entre 2021 y 2023 (unos 43.000 millones de dólares). Las ventas de Pfizer, en ese mismo periodo, se proyectan en casi 20.000 millones de euros.

La misma fuente asegura que el costo medio mundial, a valores de marzo 2021, de las dos dosis, es de 31 euros (casi 37 dólares) tanto para la Pfizer/BioNTech como para la Moderna; 23 euros cuestan la Sinovac; 17 euros la producida por Gamaleya y 6 la de AstraZeneca. Una dosis única de la Johnson-Johnson oscila en los 8 euros.

¡Al abordaje!

La pandemia causa un impacto devastador en todo el mundo, pero especialmente en los países en desarrollo y emergentes. Las naciones ricas han acaparado casi todas las vacunas, tratamientos y pruebas disponibles en el mundo.

La desigualdad en el acceso a estos dispositivos médicos esenciales se debe a una escasez artificial creada por el sistema de monopolio farmacéutico basado en patentes. En lugar de cuestionar este modelo de negocio perjudicial, los países ricos lo defienden con vehemencia, denuncia Public Eye.

Y pone de manifiesto la hipocresía de esas naciones, así como de la industria farmacéutica, cuyas grandes declaraciones de solidaridad nunca han estado tan alejadas de la realidad como durante esta crisis sanitaria mundial. “Los Estados tienen el deber de proteger el derecho humano a la salud: deben intervenir para garantizar un acceso equitativo a las tecnologías médicas para combatir el COVID-19. Las soluciones existen; es una cuestión de voluntad política”, subraya la ONG helvética.

El Big Pharma takes it all analiza las diez estrategias utilizadas por los gigantes farmacéuticos para maximizar sus beneficios y aprovechar la crisis sanitaria en su beneficio, en detrimento del interés público.

Un punto de arranque de esas estrategias es la definición de las prioridades de investigación y desarrollo en función de la ganancia que obtendrán. El control abusivo de las patentes constituye otro pilar del modelo transnacional que prioriza, fundamentalmente, las necesidades de los países ricos y no el bien común planetario.

Como lo señala el estudio, “los gigantes farmacéuticos y los países ricos también son cómplices durante una pandemia como la de COVID-19. Las naciones ricas como Suiza firman acuerdos exclusivos (ndr: con esos gigantes) a precios excesivos y hacen recaer la carga de estos contratos opacos en la salud pública”, que paga el contribuyente con sus impuestos.

Todo esto, sin ninguna transparencia y rechazando la obligación de rendir cuentas; socializando los riesgos, pero “privatizando los beneficios”; aprovechando al máximo de los fondos públicos; imponiendo precios injustificables e incontestables y priorizando la distribución de dividendos por sobre la inversión en nuevos medicamentos.

La estrategia multinacional farmacéutica integra también el trabajo a gran escala de cabildeo y presiones en las esferas de decisión. En Estados Unidos, señala Big Pharma takes it all, el mayor mercado del mundo, 39 de los 40 representantes legislativos que han recibido las mayores contribuciones de las empresas farmacéuticas forman parte de los comités que se ocupan de las cuestiones parlamentarias relacionadas con la salud. También en Suiza, “los grupos de presión de la industria farmacéutica son omnipresentes y no están regulados”, y cualquier intento de reducir el precio de los medicamentos –que es uno de los más caros del mundo–, se enfrenta a una intensa resistencia, subraya.

Resistencia ciudadana

Sin poner en duda la importancia decisiva de la vacunación para enfrentar la pandemia, cada vez son más los actores de la sociedad civil planetaria que critican con vehemencia esta nueva ofensiva de las multinacionales del sector.
Y se pronuncian, como los autores del Pharma takes it all , a favor de medidas posibles, que están a la mano de gobiernos y empresas, para abaratar costos, democratizar la producción de vacunas y generalizar el derecho de cada ser humano a estar protegido contra el COVID-19.

Entre ellas, el apoyo al fondo común de acceso a la tecnología COVID-19 (C-TAP), lanzado por la Organización Mundial de la Salud como solución global para el acceso equitativo a pruebas de diagnóstico, tratamientos y vacunas. Así como el sostén a la solicitud de una exención temporal de determinados aspectos del Acuerdo ADPIC para productos médicos necesarios en el control pandémico. Instan –sobre todo a los países ricos—a no almacenar vacunas y apoyar el mecanismo internacional COVAX para la equidad de la distribución de las vacunas.

Como ejercicio básico de transparencia, proponen que se publiquen los contratos firmados con los fabricantes de vacunas. Y se pronuncian a favor de fomentar las iniciativas de ciencia abierta para un acceso equitativo a la prevención, al diagnóstico y al tratamiento de enfermedades. Y la necesidad de aplicar la resolución de la OMS sobre la mejora de la transparencia de los precios de los medicamentos.  La inversión pública en investigación y desarrollo debe estar sujeta a condiciones claras y a una política razonable de precios.

En síntesis, estos actores sociales del mundo entero denuncian a los piratas modernos del sector farmacéutico. Les exigen que bajen de sus naves, que entreguen sus espadas y dejen de aprovecharse del COVID 19 para maximizar sus beneficios. Que no impongan cláusulas de confidencialidad a los gobiernos y acepten que los contratos salgan a la luz pública.

El debate de sociedad está abierto y toca a su misma médula: la vida de la humanidad y el tipo de sistema de salud para asegurarla. Anteponiendo a los piratas modernos de la industria farma ávidos del botín con el hombre de a pie que exige gratuidad y reivindica un servicio de salud pública de calidad al servicio de todas y todos.

14/07/2021

Por Sergio Ferrari, desde Berna, Suiza.

Publicado enEconomía
La vigorosa demanda de chips proviene de sus asombrosas aplicaciones en inteligencia artificial, vehículos autónomos, computación, entre otros. En la imagen, línea de producción de General Motors en Coahuila. Foto José Carlo González

La guerra de los chips que inició Trump, y que ha proseguido Biden contra China, hasta ahora ha sido contrarrestada por Beijing mediante la deslocalización y sus empresas conjuntas en el sudeste asiático y en el circuito étnico chino (https://bit.ly/2SycMv4).

Según Che Pan (CP), de SCMP, con sede en Hong Kong, "las inversiones masivas en la manufactura de chips en Asia" se gesta "en medio de la carencia global de abasto debido a la creciente demanda de chips para empoderar los dispositivos 5G y los vehículos inteligentes" (https://bit.ly/3gUQzAK).

CP juzga que los gobiernos no se quedan atrás con el fin de “asegurar las cadenas de abasto de los chips en medio de la escalada ( sic) de la guerra tecnológica de Estados Unidos contra China”.

Las inversiones masivas provienen de Asia oriental, impulsadas por China y Taiwán, así como por "Japón y Singapur que buscan beneficiarse de la fuerte demanda de chips", mientras "Estados Unidos persiste en su manufactura de chips en suelo estadunidense".

GlobalFoundries –el cuarto fondo más grande del mundo, con sede en Estados Unidos– salió el año pasado de su planta en la ciudad china de Chengdu para instalarse en Singapur, que forma parte de lo que denominé hace mucho el circuito étnico chino: China, Taiwán, Hong Kong, Macao y Singapur–, donde invertirá 4 mil millones de dólares y cuenta con el respaldo de la agencia gubernamental Economic Development Board.

El mayor contratista manufacturero de chips del mundo, Taiwan Semiconductor Manufacturing Co (TSMC) –con planes para invertir 100 mil millones de dólares en los próximos tres años–, instalará su primera fábrica en Japón, donde el primer Yoshihide Suga ha colocado en lo más alto de su agenda el abasto de cadenas domésticas de chips.

Tanto China como Taiwán encabezan el liderazgo para instalar nuevas fábricas en el continente americano, Europa, Medio Oriente, Japón y Corea del Sur.

Amén de la ferocidad del rebrote de la pandemia del Covid-19, Taiwán padece una de las peores sequías en varias décadas, lo cual ha agudizado la carestía global de semiconductores.

SEMI –asociación que representa 2 mil 400 miembros de la industria de semiconductores– calcula el arranque de 19 fábricas de "alto volumen" de chips a finales de 2021 y de otras 10 en 2022: con China y Taiwán contando ocho fábricas cada una.

La vigorosa demanda de chips proviene de sus mirificas aplicaciones en inteligencia artificial, vehículos autónomos, computación de alta performatividad y de 5G hasta las comunicaciones 6G.

Según TrendForce, Taiwán ostenta 63 por ciento (¡mega- sic!) de la manufactura global de chips por "ingresos" en 2020 y se espera incremente a 65 por ciento en 2021 frente al estable 18 por ciento de Corea del Sur.

La escalada de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China impide que Beijing sea capaz de producir chips "avanzados" debido al bloqueo y las sanciones de Washington, por lo que la participación global de China en la manufactura de chips es probable que disminuya de 6 por ciento en 2020 a 5 por ciento en 2021.

Para paliar la guerra de semiconductores de Estados Unidos, el gobierno chino incentiva a grandes jugadores, como SMIC, a disminuir su dependencia en los chips importados.

SMIC construirá dos plantas en Beijing y Shenzhen con apoyo de las autoridades locales.

En Estados Unidos, el Senado aprobó la Enmienda de innovación y competencia para financiar con 52 mil millones de dólares –de un total de 250 mil millones para contrarrestar el descomunal avance tecnológico de China– la investigación, diseño y manufactura de chips (https://cnb.cx/2U6O05H).

Hasta ahora la Unión Europea se ha quedado lastimosamente confinada al “ outsou rcing (deslocalización o maquila)” de chips en la región asiática.

A propósito, el connotado investigador ruso Dmitry Orlov, experto en colapsología (https://bit.ly/3qucnpT), vaticina que la "crisis de los microchips disolverá el imperio estadunidense" ( https://bit.ly/2Tcqx2P ), mientras China nacionalizará las partes principales de su industria de semiconductores por ser "estratégicamente importante".

¿Llegará China a recuperar Taiwán con todo y sus microchips?

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El ‘chipagedón’, apocalipsis en el mundo digital

No hay microchips suficientes para abastecer el mercado. La rotura de ‘stock’ es planetaria. Se ha parado la producción de nuevas videoconsolas, teléfonos móviles y coches eléctricos. E incluso afecta a la geopolítica mundial. Le explicamos por qué se habla ya del ‘armagedón de los chips’.

 

Si pretende usted comprar la última videoconsola, es probable que tenga que esperar uno o dos años. ¿El nuevo modelo de teléfono móvil que ha salido al mercado? Se agotaron las existencias nada más ponerse a la venta. ¿El flamante coche eléctrico del que todos hablan? No hay stock. Póngase a la cola…

¿La razón? No hay microchips suficientes, a pesar de que las fábricas trabajan 24 horas, siete días a la semana. Y sin chips en su interior no funciona ningún producto electrónico. Si los datos son el petróleo de la economía digital, los chips son el motor. El problema es que solo tres compañías abastecen al mercado mundial: TSMC (Taiwán), Samsung (Corea del Sur) e Intel (Estados Unidos). Y puede que pronto sean dos, dados los problemas del gigante americano, que se ha quedado descolgado en la frenética carrera hacia la miniaturización que se inició hace sesenta años. Porque la tecnología para construir los semiconductores, que son cada vez más potentes, más densos y sobre todo más pequeños, se ha vuelto tan complicada y tan cara que nadie sabe, puede o quiere hacerlos, excepto los tres mencionados. Algunos expertos hablan ya, en términos apocalípticos, del ‘armagedón de los chips’ e incluso se han inventado una palabra: ‘chipagedón’. ¿Exageran? ¿O estamos ante un contratiempo tan inoportuno que puede cortocircuitar la economía mundial en plena recuperación?

Los primeros que se dieron cuenta de que algo iba mal fueron los early adopters. Esos clientes madrugadores que son los primeros en lanzarse a por las novedades. El director financiero de Sony, Hiroki Totoki, tuvo que salir a la palestra en pleno lanzamiento de la PlayStation 5 y disculparse por no poder satisfacer la demanda. El problema también afecta a la Xbox Series de Microsoft. Pero el impacto se nota en otras industrias. Apple tuvo que escalonar el lanzamiento del iPhone 12. Y eso que tiró de billetera para acumular una reserva de chips, pero no ha podido evitar los retrasos. Y así con miles de productos, sobre todo de gama alta.

Pero es la industria del automóvil la que se está llevando la peor parte. La escasez de chips (utilizados en los dispositivos del salpicadero, control de emisiones, sistemas de seguridad…) ha obligado a recortar la producción a muchas marcas. El sector de la automoción funciona con poco margen, así que no acumula suministros. Y redujo los pedidos de chips debido a la caída de las ventas por la pandemia. Pero a finales de 2020 las ventas se recuperaron antes de lo previsto. Las compañías de automoción descolgaron el teléfono y llamaron a los fabricantes de chips, pero se encontraron con que estos habían cambiado sus líneas de producción y reasignado los envíos a otros sectores. Y se tarda varios meses en reorganizar la fabricación y normalizar el suministro. Y hasta cuatro años en abrir una fábrica nueva. IBM, Intel y otros pronostican que hasta 2022 o incluso 2023 no se aliviará la situación.

La tormenta perfecta

Empezó siendo un problema logístico, pero algunos analistas temen que se esté incubando algo mucho peor: la tormenta perfecta. Un desajuste insalvable entre demanda y oferta. La primera es enorme y crecerá exponencialmente porque los móviles llevan cada vez más cámaras y mejores; por la transición al 5G y la generalización de la inteligencia artificial, el Internet de las cosas, los satélites, el streaming… Hay que sumar la moda de las criptomonedas y los mercados en línea, que exigen una potencia brutal de procesamiento… Y la oferta ya no puede satisfacer esa demanda. Se trata de una industria rígida, con dificultades para adaptarse. ¿Por qué? El sector responde con un chiste: «Fabricar un chip no es ingeniería de cohetes espaciales, es mucho más difícil».

Silicon Valley toma su nombre del ingrediente principal de los chips: el silicio. Es el segundo componente más abundante de la corteza terrestre, tras el oxígeno. El silicio está en la arena. Pero hay que refinarlo hasta un 99,9999999 por ciento de pureza. Tiene una rara cualidad: es semiconductor. Dependiendo de la carga eléctrica, unas veces aísla y otras conduce. Por eso, los microprocesadores se fabrican con silicio, ya que la informática utiliza un lenguaje binario, de unos y ceros. Si deja pasar la electricidad es igual a 1; si no: 0. El primer gran cliente de las empresas de Silicon Valley fue la industria militar. Cuando los microchips se inventaron, en 1958, su primera aplicación fueron los misiles. Poco a poco, los transistores y circuitos integrados contribuyeron a reducir aquellas computadoras mastodónticas que ocupaban una habitación hasta llegar al ordenador personal y, más tarde, el teléfono inteligente, que cabe en el bolsillo… Hoy se fabrican un billón de chips al año, esto es, 130 por cada habitante del planeta.

Esa reducción del tamaño de los equipos va acompasada con la miniaturización de los microprocesadores. Y se basa en la ley de Moore, formulada por el ingeniero Gordon Moore -cofundador de Intel- en 1965. La ley sostiene que la cantidad de componentes que se pueden meter en un chip de silicio se duplica cada dos años. Esta jibarización parecía no tener fin… pero lo tiene. A finales del siglo pasado dejamos atrás el micrómetro (la milésima parte de un milímetro) y hoy medimos los chips en nanómetros (millonésima de milímetro; para que se hagan una idea, un cabello humano tiene 60.000 nanómetros). Pero Intel las pasó canutas con la generación de los 7 nanómetros, ya en la frontera de la electrónica cuántica. Samsung y TSMC consiguieron saltar a los 5. La compañía taiwanesa lidera el paso a la generación de 3. Y muchos piensan que más allá de 2 nanómetros es imposible avanzar porque te das de cabeza contra un muro inexpugnable: el de la física.

Una alarmante concentración

La ley de Moore es fruto del optimismo y la fe en el progreso tecnológico. Predica que menos es más. Cuanto más pequeño, mejor. Garantizaba que siempre habría una nueva hornada de productos para sustituir a los que se nos hicieron viejos… ¡hace dos años! Así crece la economía. ¿Estamos ante el fin de la era del silicio? ¿Hay que buscar alternativas para seguir reduciendo los componentes o se trata de un modelo agotado que, irónicamente, está basado en que los recursos del planeta son inagotables y, por tanto, lo que hay que cambiar es el modelo?

Los expertos no se ponen de acuerdo, pero sí en que se abre un proceso de incertidumbre y lucha geopolítica. Como en tiempos de la Guerra Fría, dos potencias se amenazan con la destrucción mutuamente asegurada. En este caso, económica.

China importa chips por valor de 300.000 millones de dólares al año porque no tiene capacidad de fabricación para satisfacer sus propias necesidades. Y sus importaciones eran principalmente de Estados Unidos, hasta que la Casa Blanca le impuso un embargo comercial acusando a sus empresas de espionaje. Ahora busca la autosuficiencia con un plan multimillonario para no depender del exterior en 2025.

Estados Unidos también se está quedando atrás en la fabricación por los problemas de Intel. Y Europa está atrapada en ese fuego cruzado. La UE reconoce que depende de Estados Unidos para el diseño de los microprocesadores y de Asia para la producción. Y las grandes compañías tecnológicas del mundo (que diseñan sus propios chips, pero no los fabrican) se han percatado de la dependencia casi absoluta que tienen de Taiwán y Corea del Sur, que ya acaparan el 80 por ciento de la producción. Se está propiciando, como en otras actividades económicas, desde el comercio a la agricultura, «una alarmante concentración», advierte The Economist. Cada generación de chips es técnicamente más difícil de fabricar que la anterior y, debido al creciente costo de construir factorías, el número de fabricantes ha caído de más de 25 en el año 2000 a solo 3. Hay un antecedente inquietante: en el siglo XX, el mayor punto de estrangulamiento económico del mundo estaba en el estrecho de Ormuz, por donde circula la mayoría del petróleo. Hoy, la economía digital depende de otro ‘avispero’. China reclama Taiwán y amenaza con invadirlo. Y los surcoreanos tienen otro vecino no menos incómodo: el régimen despótico de Kim Jong-un.

¿Por qué TSMC y Samsung han conseguido dominar el mercado hasta quedarse solos? Por unas inversiones gigantescas en I+D, que ninguno de sus competidores puede permitirse, y por las conexiones entre sus cúpulas directivas y sus gobiernos respectivos, que les aseguran que sus planes a largo plazo tendrán respaldo presupuestario. TSMC fue fundada en 1987 y empezó siendo la única que fabrica chips personalizados a gusto del cliente. En cuanto a Samsung, su principal cliente en sus comienzos era… la propia Samsung, un conglomerado de empresas electrónicas liderado por una de las diez familias que ayudó a reconstruir el país tras la guerra con el norte. Fue el polémico Lee Kunhee, su expresidente (fallecido el año pasado), el que tuvo la visión de que para garantizar que sus teléfonos y televisores funcionaran no podían depender de los chips de terceros países. Este duopolio entre Taiwán y Corea podría empezar a utilizar su poder en la fijación de precios. Y reavivar la inflación, que llevaba años adormecida. «Algunos televisores ya cuestan un 30 por ciento más. Y solo es la punta del iceberg», advierte Wired. Pero lo que se cuestiona, en el fondo, es la capacidad de la globalización para proveer de todo (al menos, a los países ricos) en tiempo récord. Ya pasó al principio de la pandemia con el material sanitario… y con el papel higiénico. Quizá la lección es que habrá que establecer prioridades. Para empezar, aprender a distinguir entre las cosas necesarias y las que no lo son tanto.


La fábrica más cara del mundo

Las fábricas en las que se elaboran los microchips son de una enorme complejidad. Requieren unas condiciones higiénicas tan rigurosas como las de un laboratorio científico y un consumo energético como el de una ciudad. De ahí que haya pocas. Estados Unidos siempre estuvo más interesado en diseñar microprocesadores que en fabricarlos. La empresa de semiconductores más grande del mundo es TSMC, Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, y una de sus fábricas es la más cara del planeta. Se llama Fab 18 y está en el campus de Tainan, al sur de Taiwán. Ha costado 17.000 millones de dólares. Y su maquinaria y sus filtros de aire para mantener un ambiente estéril consumen tanta electricidad como una ciudad de 100.000 habitantes. TSMC está valorada en 228.000 millones de dólares y Apple, Visa, Disney o Alibaba no serían lo que son sin los procesadores que les suministra.

 Por Carlos Manuel Sánchez / Fotos: Getty Images y Cordon Press

Logo de TSMC

(Para una perspectiva general de la historia y la actualidad de la tecnología microelectrónica, recomiendo la lectura de "Microelectrónica. La historia de la mayor revolución silenciosa del siglo XX"; 2018, Ediciones Complutense)

La actual crisis de escasez de circuitos integrados (en lo que sigue CI o chips, en su terminología en inglés) que vive el mundo, ha puesto el foco sobre un fabricante de estos productos absolutamente desconocido para el público no especializado: Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (en lo que sigue, TSMC).  En el mundo de los semiconductores, esta empresa es el centro del universo. Es un gigante con un dominio absoluto sobre la fabricación mundial de chips de vanguardia. En este artículo detallo su historia y las razones de esta situación privilegiada.

  1. Breve historia de una gran desconocido

TSMC fue fundada en Taiwán en 1987 y fue la primera fábrica de CI del mundo que optó por un modelo de negocio desconocido hasta ese momento: no diseña los CI que fabrica (lo que se conoce en el sector como una "pure foundry" [1], denominación que recibe un fabricante que produce por encargo los CI diseñados por otras empresas) y desde hace más de una década es la empresa líder en ese campo, al que se han incorporado otros fabricantes desde entonces.

La mayoría de las empresas líderes en el sector del diseño de CI, pero que no tienen fabricación propia –lo que se conoce como los "fabless" (literalmente, sin fábrica)–, son clientes de TSMC: Advanced Micro Devices (AMD), Apple, Broadcom, MediaTek, Nvidia, Qualcomm, etc. De hecho, Apple es en estos momentos el cliente más importante de TSMC. Además, algunos fabricantes de chips que tienen fábricas propias como Intel, NXP, STMicroelectronics o Texas Instruments subcontratan parte de su producción a TSMC

Desde el 14 de septiembre de 2020, debido a las restricciones a la exportación por parte del Departamento de Comercio de Estados Unidos, TSMC ha dejado de suministrar chips a Huawei, que hasta ese momento representaba aproximadamente el 15% de la facturación del fabricante taiwanes. No obstante, los resultados de TSMC en 2020 fueron verdaderamente espectaculares, sobre todo si se considera la situación de pandemia global: ingresos netos de 17.600 millones de dólares USA, que supusieron un aumento del 57,5% respecto de 2019. El 27 de junio de 2020, la empresa de Taiwan se convirtió brevemente en la décima empresa más valiosa del mundo.

  1. La posición actual de liderazgo de TSMC

En la actualidad posee nueve fábricas en la propia Taiwán, más otra en construcción para los chips de la nueva generación de 3 nm y otras dos en China continental y va a instalar una fábrica en Arizona, Estados Unidos. Tiene una capacidad global de aproximadamente 13 millones de obleas de 300 mm por año y fabrica chips para clientes con nodos de proceso desde 130 nm a 5 nm. Ha sido la primera fábrica en comercializar chips de 7 nm y 5 nm, y estos últimos se usan en el nuevo Apple A14 Bionic, incorporado en el iPhone 12. 

En la actualidad, TSMC es una de las tres empresas a nivel mundial que está desarrollando chips de 5 nm y una de las dos únicas que es capaz de comercializar y vender estos chips a prácticamente todos los clientes que los requieran por todo el planeta. Desde sus orígenes, ha sido una empresa de perfil publicitario muy bajo, pero la enorme inversión que está realizando en tecnología de vanguardia y su creciente influencia, están atrayendo la atención de todo el planeta, especialmente en un momento en que la escasez global de chips ha forzado la desaceleración o incluso la suspensión de la producción de automóviles desde Japón a Europa y América.

Las empresas de chips de China continental (Semiconductor Manufacturing International Corporation es la mayor de todas) y el gigante de Estados Unidos en el sector, Global Foundries, que al igual que TSMC, son también "pure foundries", no han sido capaces de igualar las capacidades de fabricación de los chips de vanguardia del gigante taiwanes. Incluso el mayor fabricante de chips del mundo, Intel, está dispuesto a subcontratar parte de la producción de procesadores, su joya de la corona, a la empresa taiwanesa, debido a los problemas que arrastra desde 2018 con los chips de los nodos de 10 y 7 nm. Todo eso hace que TSMC sea en la actualidad posiblemente la empresa más importante del mundo y sus clientes comienzan a darse cuenta de que no están tratando con un proveedor tradicional: los fabricantes de automóviles han creído tradicionalmente que son los gigantes industriales del mundo, pero la situación actual está demostrando que los verdaderos gigantes son los fabricantes de chips.

TSMC ha pasado desapercibido durante mucho tiempo porque los chips que fabrica se comercializan bajo otras denominaciones por las  marcas que los diseñan, como Apple, AMD o Qualcomm. Sin embargo, la empresa controla más de la mitad del mercado mundial de chips hechos bajo demanda de los fabricantes que los diseñan y se está volviendo más dominante con cada nuevo nodo de tecnología [2]. Los chips de nodos maduros (28-65 nm, que son los nodos utilizados para producir la mayoría de los chips incorporados en automóviles) representan del 40 al 65 % de su capacidad de producción, pero copa casi el 90 % del mercado mundial de los nodos más avanzados actualmente en producción, 5-10 nm. La imagen lo muestra: 

Todas las fábricas de chips de vanguardia también producen chips de los nodos antiguos por varias razones: los fabricantes invierten enormes cantidades para construir fábricas líderes o para actualizar las ya existentes para poder fabricar chips de los nodos más avanzados, por lo que no es posible realizar una transición inmediata en la capacidad de fabricación a los nodos más avanzados. Las fábricas continúan vendiendo chips de los nodos antiguos a precios más bajos, especialmente a clientes para quienes el coste del chip es el criterio principal, ese es precisamente el caso del sector del automóvil, que necesita chips para componentes tales como la dirección asistida, los sensores de freno o las cámaras de estacionamiento, que se gestionan con chips que no son de vanguardia y que además, representan menos del 10% de las ventas totales de chips. En el extremo opuesto están los fabricantes de teléfonos móviles, para quienes disponer del chip de vanguardia es el requisito imprescindible para instalar en sus productos.

Pero dado que cada nuevo nodo requiere un desarrollo más desafiante desde el punto de vista tecnológico y una enorme inversión en nuevas capacidades de producción, la tendencia desde comienzos de siglo ha sido que muchos fabricantes de chips han ido abandonando la fabricación, centrándose en el diseño, dejando  la producción en manos de los "pure foundries" como TSMC. El problema para el sector es que en la actualidad solo TSMC y Samsung son capaces de fabricar los diseños más avanzados, lo que lleva a que la industria depende muy fuertemente de dos únicos fabricantes, especialmente cuando se llega a los chips de vanguardia y eso es muy arriesgado, por razones bastante evidentes.

  1. Preocupaciones globales motivadas por un fabricante global

La posición cada vez más dominante de TSMC en la fabricación de chips está comenzando a atraer la atención política. El impacto de la escasez de chips para automóviles −que necesitan entre 50 y 1000 chips en cada automóvil, dependiendo del modelo de vehículo−, está reforzando la presión de los gobiernos para acercar a sus países las cadenas de suministro, con objeto de hacerlas menos vulnerables a las interrupciones en escenarios como la pandemia de Covid-19. Esta preocupación se extiende por todo el planeta: Estados Unidos arrancó el compromiso de TSMC para instalarse en Arizona, pero en general hay una gran preocupación en todo el mundo, ya que si las principales capacidades de TSMC están solo en Taiwán, los riesgos son enormes: Taiwán es el centro de la lucha geoestratégica entre EEUU y China.

Incluso la UE aspira ahora a traer la producción de chips de vanguardia a Europa con una iniciativa que busca invertir en una planta de chips de 2 nm, la próxima generación de chips después de la nueva fábrica de 3 nm que TSMC está construyendo en el sur de Taiwán. Pero esto no resulta sencillo de llevar a la práctica para la empresa, ya que si cede a esta creciente presión, pondría a prueba su modelo de negocio. No obstante, queda por entender a qué se debe el enorme éxito industrial de TSMC, así como su posición de liderazgo mundial en el campo de la fabricación de circuitos integrados, cuestión esta que analizaré en un próximo artículo.

Por Ignacio Mártil

25 mayo, 2021

Ignacio Mártil
Catedrático de Electrónica de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Real Sociedad Española de Física


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[1] No salgo de mi asombro cada vez que veo traducido el término foundry por fundición, como si una fábrica de circuitos integrados fuera algo parecido a una fábrica de chapa de acero. La utilización indiscriminada del traductor de Google, útil en situaciones puntuales, conduce a este anglicismo muy poco afortunado. Nada hay más alejado de una industria de fabricación de circuitos integrados –que se lleva a cabo en salas limpias, donde las condiciones de asepsia son extraordinarias, muy superiores a las de un quirófano–, que una industria de fabricación de laminado de acero.

[2] Para entender qué es un "nodo tecnológico", recomiendo la lectura de este artículo.

Coches sumergidos bajo el agua después de las inundaciones provocadas por el huracán Iota en La Lima, Honduras, en noviembre de 2020. — Jorge Cabrera / Reuters

Un informe de Stop Funding Heat analiza los mecanismos de control que tiene la red social de Mark Zuckerberg para restringir contenidos que niegan la existencia de la crisis climática.

Facebook se ha convertido en un hervidero de desinformación y su CEO, Mark Zuckerberg, está tratando de solucionarlo. En los últimos años, la red social ha estrechado el cerco contra los discursos de odio y la publicación de contenidos –publicitarios o no– falsos. Tanto es así que en octubre de 2020 se prohibió y censuró todo contenido que pudiera minimizar o negar el holocausto judío. Sin embargo, la compañía no está poniendo demasiada voluntad en combatir otro tipo de discursos peligrosos como aquellos niegan la crisis climática. Así lo evidencia un informe de la organización Stop Funding Heat que denuncia la pasividad y la falta de algoritmos para controlar mensajes que contribuyan a la desinformación climática.

La investigación pone el foco sobre los estándares comunitarios de la red social, es decir, las normas que dictaminan qué se puede publicar y qué no. El cambio climático no aparece por ninguna parte y sólo hay una mención genérica a la desinformación. En cualquier caso, Facebook advierte de que no eliminará ningún contenido que sea falso desde el punto de vista informativo y simplemente penalizará su visualización en el muro de cada usuario. La compañía sólo contempla borrar contenidos en caso de que pongan en duda el holocausto, carguen contra las vacunas –medida tomada a raíz de la pandemia– o viertan mentiras sobre recuentos de votos –algo que se origina en el posicionamiento de Trump tras las elecciones de 2020–.

Pero este no es el punto más llamativo para los investigadores. Según Stop Funding Heat, la compañía fundada por Zuckerberg apenas tiene controles sobre el contenido publicitario, lo que abre las puertas a lobbies negacionistas. Sólo entre enero y junio de 2020 se detectaron en EEUU 51 anuncios que negaban que el cambio climático estuviera vinculado a la acción del hombre. En total, estos contenidos sumaron más de 8 millones de reacciones, lo que amplificó el mensaje por la red. Con todo ello, Facebook facturó, según la investigación, 42.000 dólares.

En noviembre de 2020 el diario británico The Independent desvelaba en una investigación cómo un grupo de expertos proBrexit vinculados al Centro de Estudios Galeses creó una cuenta en Facebook llamada Eco Central y gastó 3.000 libras en más de 200 anuncios que tuvieron un alcance de cerca de un millón de personas. Entre las publicaciones, se alteraba la imagen de Greta Thunberg, la activista ecologista sueca, y se calificaba como "eco-hipócrita" a David Attenborough, uno de los científicos y divulgadores naturalistas más conocidos de Reino Unido. En otra de las publicaciones difundida como contenido publicitario se afirmaba que "el cambio climático es un engaño perpetrado por políticos, medios de comunicación y celebridades".

Desde Facebook explican a Público que la desinformación relacionada con la crisis climática constituye un porcentaje muy bajo del conjunto de publicaciones que la red social detecta. Debido a la creciente preocupación social, la compañía ha realizado investigaciones para analizar las informaciones que se puedan publicar y asegura que, de todo el contenido relacionado con la emergencia climática, sólo una pequeña parte tiene un sesgo negacionista.

Si bien el informe destaca algunos errores, la empresa está tratando de avanzar y ha creado un Centro de Información de Ciencia del Clima donde una red de expertos revisa y califica los contenidos publicados para intentar penalizar aquellos que difundan mensajes que nieguen o desinformen sobre el problema climático. "Cuando califican este contenido como falso, agregamos una etiqueta de advertencia y reducimos su distribución para que menos personas puedan verlo", explica a Público un portavoz de Facebook. "También estamos tomando medidas contra las páginas, grupos y cuentas que continúan compartiendo afirmaciones falsas".

Desde Stop Funding Heat consideran que los esfuerzos que la compañía está haciendo son "débiles" y reclama que combata el negacionismo con la misma contundencia que lo hace con asuntos relacionados con el holocausto o el movimiento antivacunas. No obstante, la organización mira directamente a los Gobiernos, a quienes pide que implementen legislaciones que obliguen a plataformas como Facebook y otras redes sociales a endurecer sus mecanismos de control de desinformación.

Soldados israelíes trabajan en una unidad de artillería mientras dispara cerca de la frontera entre Israel y la Franja de Gaza, en el lado israelí. — Ammar Awad / Reuters

madrid

19/05/2021 22:52

Alejandro Tena@AlxTena

19/05/2021 22:55

Publicado enMedio Ambiente
Informe MacBride; enseñanza de la comunicación

Ya se veía venir una relación "conflictiva" entre el proceso de monopolización acelerada de los llamados "medios de comunicación" frente a los modelos educativos de los Estados. La Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación en su informe de 1980 (conocido como Informe MacBride) advierte: "una complicación adicional es el hecho de que las implicaciones de estos desequilibrios no se entienden correctamente y, en consecuencia, encontramos con frecuencia algunas generalizaciones universales y aplicaciones entre culturas que no son válidas", pág. 191.

Como en otros muchos casos paradójicos, la inversión gubernamental en educación otorga a la industria mass media una especie de "subsidio" bizarro que educa y expulsa a miles de jóvenes a las fauces de la industria mediática monopólica incapaz de ofrecer fuentes de trabajo suficientes, que no tiene interés en pagar salarios dignos y que se acostumbró a explotar a quien acepte (con placer o sin él) las reglas, la ética y la estética del mercado comunicacional. La cosa no es muy distinta cuando el empleador es el gobierno.

Hay una lista enorme de urgencias amontonadas gracias al olvido funcional, la indiferencia y la corrupción. Hay que abrir los libros, en todos los sentidos, mirar qué cuentas manejan en lo económico y en lo académico, ver sus deudas y sus inversiones, sus sueldos y los de todos, ver las tecnologías y las canonjías. Ver las postergaciones y sus razones, los silencios y los corrillos, hay que ver los documentos y los emolumentos. Revisar los contenidos teóricos, las prácticas, los casos concretos, las investigaciones, la experimentación… las publicaciones. A quién sirven, para qué. Abrir los libros para ver cómo se reparten los puntos y ascensos, las vacaciones, becas, apoyos didácticos. Cómo se negocian las investigaciones, las citas mutuas, cuántos puntos vale, cuánto vale asistir a congresos, cursos, posgrados… abrir los libros y sacar las cuentas en público y sin concesiones. "Los programas de enseñanza e investigación debieran incluir también el estudio de un nuevo orden mundial de la comunicación: sus parámetros actuales, sus propuestas para cambiar los patrones existentes": Informe MacBride, pág. 187.

Hay que ver en qué estado está la producción y repetición de conocimiento en las aulas, examinar qué se produce, expone, analiza… para enriquecer el conocimiento en colectivo, guiado por un programa científico. Verificar la independencia económica y política de la ciencia frente a ciertos devaneos mercantiles o sectarios, revisar su rigor y su capacidad de intervención social. revisar que el acto fundamental de la producción del conocimiento, de manera colectiva, crítica y dialéctica tenga por certeza la mayor pasión por la verdad y la fortaleza de la ciencia al servicio de la libertad humana y de su comunicación no alienada y desalienante. Verificar que las aulas y los talleres no sean indiferentes a lo que pasa en las calles, en las fábricas, en las cabezas de los pueblos. constatar que cuando el trabajo de producir conocimiento en comunicación se cumpla, con calidad y utilidad social, se pague un salario justo.

Mayormente, la educación en materia de "comunicación", pública o privada, es una mercancía más determinada por las leyes del mercado y las necesidades de control burgués sobre las masas. No pocas escuelas acomodan la teoría y la práctica académicas, no para intervenir en los problemas sociales centrales y sí, a cambio, para generar mano de obra acrítica y sumisa. Las "ciencias de la comunicación", cuyo rigor suele ser cuestionado, se producen, se venden y se compran como otro artículo cualquiera. Sus productores no son ajenos a la alienación. Fue advertido en 1980 “…la metodología deberá adaptarse a las condiciones, las tradiciones culturales y la estrategia de desarrollo locales”, pág 187.

En las escuelas de comunicación se reproduce la lucha de clases, hay profesionales del arribismo, de la mentira y de la explotación en contubernio con los burócratas (y viceversa). Esto significa que se produce lo vendible, que reina un clientelismo interesado sólo por los "puntos", las opiniones positivas y las colegiaturas antes que por el diagnóstico serio de los problemas y la ruta de las soluciones desde la ciencia. Se vende lo rentable, lo que da beneficio a los dueños o directivos. La educación en comunicación es un campo de entrenamiento no sólo para capacitar sirvientes económicos o lebreles burocráticos, ahí el ideal es el endiosamiento de la mercancía para ganar audiencias, vender mucho y consolidarse como "caballos de Troya" ideológicos en todo lugar y a cualquier hora. "Las circunstancias históricas en las que se desarrolló la investigación ayudaron a crear una situación de dependencia, agravada por lo inadecuado de la investigación extranjera para sus necesidades", pág. 190.

Y, sin embargo, en lucha desigual y combinada, también hay docentes, trabajadores, capaces de pelear codo a codo con los estudiantes por una educación emancipadora, científica de verdad y útil contra la alienación. Hay eruditos honestos, catedráticos serios, investigadores comprometidos y especialistas críticos muy diversos, en general mal pagados, mal tratados, ninguneados… docentes militantes de la honestidad teórica y estudiantes en actuación social plena, en lucha permanente por ese Nuevo Orden Mundial de la Comunicación y la Información (NOMIC) reclamado por el Informe MacBride en 1980. ¿Lo veremos?

Por, Fernando Buen Abad Domínguez, filósofo y director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride, Universidad Nacional de Lanús

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