Sergio Dávila, Prueba tipo PISA, https://www.flickr.com/photos/sergiodavila/8049235056/

El proceso de aprendizaje es un suceso dinámico y complejo, una vivencia que tiene que ver con las etapas de la vida y los entornos que se habitan, dinamizadas por medio de experiencias interdisciplinarias en el aula. Reducir esta dinámica y compleja experiencia a un suceso lineal, posible de evaluar y controlar por una máquina, es un imposible. Y evaluar tales experiencias, por medio de procesos como Pisa, sometido a un monopolio evaluativo a cargo de una multinacional, es un disparate.

Liquidar el monopolio absurdo de la evaluación es condición necesaria para transformar la actividad del aula en una experiencia interdisciplinaria de investigación a partir de la cual desarrollar los pertinentes recursos de evaluación y valoración. En ese orden, resulta un despropósito mantener la rutina institucional de aplicar las pruebas Pisa.

Confluencia de ciencias

En la década del 50 del siglo XX, confluyeron en las universidades norteamericanas un conjunto de programas de investigación: cibernética, inteligencia artificial, lingüística generativa, teoría de sistemas, sociología crítica. Se creó, entonces, la necesidad de repensar los problemas del conocimiento, su desarrollo histórico cultural y el modo íntimo y socialde construirlo. La psicología fue una de las disciplinas a vincular en ese emergente campo de investigación interdisciplinaria.

Noam Chomsky, quien desencadenaba en esos años una renovación en la investigación lingüística, interpeló a los psicólogos norteamericanos de la época. El lingüista había demostrado que todo enunciado dependía de la aplicación de un conjunto finito de reglas, las que, sin embargo, permiten una elaboración infinita de enunciados. Postuló, entonces, que tras cada desempeño lingüístico existía una competencia linguística.

Estas conceptualizaciones planteaban interrogantes que debían ser trabajados en cooperación con otras disciplinas. En lo concerniente con las competencias linguísticas la interpelación a la psicología era indispensable. Al buscar la cooperación de los psicólogos norteamericanos, constató que el programa de investigación dominante en la psicología de su país (el conductismo) era precario. En 1957 Skinner, la personalidad más destacada de la psicología norteamericana, había publicado su obra mayor: Conducta verbal, obra que criticó Chomsky ºmostrando la imposibilidad de investigar desde el conductismo funciones psíquicas complejas como el lenguaje y el pensamiento. Ante la ausencia de otro programa de investigación reivindicó la psicología racionalista cartesiana del siglo XVII. Estos debates fueron catalizadores del surgimiento de la llamada revolución cognitiva.

En debate

Veinte años después (1975), se organizó en Francia un debate entre Chomsky y Piaget. El propósito era, en el marco de la revolución cognitiva, encontrar consensos de principio entre la psicología y la lingüística que permitieran desarrollos investigativos significativos. Piaget, para iniciar el debate con Chomsky, planteó un acuerdo inicial, y sostuvo: “En un principio, estoy de acuerdo con él en lo que me parece su aportación básica a la psicología: que el lenguaje es un producto de la inteligencia o de la razón y no de un aprendizaje en el sentido behaviorista del término”1. Sin embargo, el encuentro no logró avanzar más allá de este punto inicial. El asunto que se tornó insuperable fue el relativo al carácter innato o construido de las competencias linguísticas. Las investigaciones y la teoría genética de Piaget fueron consideradas por Chomsky insuficientes para explicar el desarrollo del desempeño y la competencia linguística que él considera innatas.

Hoy, al inicio de la segunda década del siglo XXI, queremos rescatar la tesis de Piaget que asume el lenguaje y el pensamiento como una experiencia de la razón y de la inteligencia y no del aprendizaje. Esta conclusión que tiene implicaciones de diferente orden para las prácticas y disciplinas que se ocupan de investigar la génesis y el funcionamiento del lenguaje, el pensamiento, el intelecto y la razón no ha fructificado, sin embargo, en programas de investigación significativos. Sostenemos, entonces, que esto ha sido así, porque al diálogo entre psicólogos y lingüistas les falta un tercer interlocutor: los maestros.

Ahora, una perspectiva de trabajo que interpele efectivamente los aportes de Chomsky y Piaget a partir de programas de investigación en el aula, permitiría comprender la experiencia de conocer y las transformaciones en las competencias y desempeños lingüísticos en la niñez, la infancia y la primera juventud. Esta interlocución sólo la puede adelantar la comunidad pedagógica pero para hacerlo, maestras y maestros tendrían que romper con el esquema Enseñanza- Aprendizaje que regula toda práctica de enseñanza en el aula. Este esquema, hoy universal, muestra sus profundas limitaciones cuando se asume el punto de vista de Chomsky y Piaget. Al romper con el esquema la enseñanza sería pensar, conceptualizar y experimentar.

En Colombia se discute en ocasiones sobre la evaluación por competencias. ¿Por qué surge ese debate? Con propósitos de ubicación temporal, es necesario recordar que durante el último año del gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) se inició un proceso de contrarreforma legal en la educación colombiana. Recordemos que durante la década del 90 se llevaron a cabo un conjunto de transformaciones legales impulsadas por la comunidad académica ligada al movimiento pedagógico iniciado en el Congreso de Fecode realizado en Bucaramanga en 1982.

El primer acto de esas transformaciones se llevó a cabo en la Constituyente de 1991. Los enunciados constitucionales sobre educación, tuvieron un primer desarrollo en la Ley general (115 de 1994), la cual proporcionó los presupuestos legales para el Plan decenal de educación (1996). Y el Plan, a su vez, para la formulación de la propuesta de Expedición pedagógica (1999-2000). Estas acciones, aquí sumariamente reseñadas, crearon una situación nueva en la sociedad colombiana respecto a las políticas públicas en educación. Algunas instituciones y rutinas que eran funcionales en el pasado, tuvieron que ser repensadas. Una de esas rutinas fue el examen del Icfes, que respodia al viejo esquema de los tests de inteligencia, por lo cual tuvo que ser repensado.

Compentencia y desempeño

Para discutir la nueva propuesta de examen, el Icfes llamó a investigadores de distintas universidades pero especialmente de la Universidad Nacional. El proceso de trabajo concluyó en la necesidad de elaborar un examen que tuviera como eje conceptual la distinción chomskiana entre competencia y desempeño y, en consecuencia, la evaluación se adelantara por competencias.

El carácter genérico del examen colocó las preocupaciones sobre el tema de la evaluación por competencias en primer plano. El emergente debate en Colombia sobre las competencias tiene en ese hecho su antecedente inmediato. Pero la lógica del debate se ha definido por la función que las autoridades gubernamentales le han dado a la idea de evaluación, levantada a la condición de tribunal supremo. Y desde esa condición se justifican una serie de medidas de control administrativo, concebidas por tecnócratas de planeación nacional que piensan los asuntos educativos con el mismo esquema con el que se ordena el servicio domiciliario de agua, de teléfono o de recolección de las basuras.

Las tensiones derivadas de ese modo de utilizar por parte de la burocracia gubernamental la propuesta de evaluación por competencias, desencadenó una serie de alegatos absurdos. Se escucha decir, por ejemplo, que las competencias son un engendro neoliberal tendiente a imponerle a los maestros las tesis del mercado. Es evidente que es necesario sacar la discusión de ese terreno y ubicarla en el campo de programas de investigación, en los cuales cooperan lingüísticas y psicólogos, para resolver problemas que surgen de la acción de enseñar.

Se trata de comprender que la tarea de enseñar en la perspectiva de crear y enriquecer competencias implica comprometerse con un programa de investigación en el sentido de Imre Lakatos2. Hoy, cuando ya es una evidencia universal que la humanidad ha comenzado a vivir una nueva época histórica, que ya no es sostenible la vieja antinomia entre trabajo intelectual y trabajo físico, que existen objetos tecnológicos que nos liberan de las rutinas algorítmicas, la tarea de enseñar no puede seguir adelantándose con las inercias contenidas en el esquema Enseñanza- Aprendizaje (E-A).

En una perspectiva de trabajo que incorpore los aportes de Chomsky y Piaget a sus programas de investigación en el aula, los maestros no podrían mantenerse en el esquema E-A. El punto de partida sería una enseñanza sin aprendizaje (ESA), una enseñanza para pensar y conceptualizar.

Volviendo al debate: en el texto con el cual inicia las deliberaciones Piaget formula lo que considera el asunto central a debatir en los siguientes términos: “El problema reside, en elegir entre dos hipótesis: construcciones auténticas con aperturas sucesivas a nuevas posibilidades, o actualizaciones sucesivas de un conjunto de posibles presentes desde el principio” (p. 53). Es decir, se trata de aceptar un innatismo como lo hace Chomsky o de asumir unos supuestos constructivistas.

Si se asumen unos supuestos constructivistas, indica Piaget, es necesario tener en cuenta la siguiente dificultad: las formas linguísticas se tornan necesarias una vez culminada la experiencia de su construcción pero su desarrollo es singular y azaroso. Por su parte, Piaget sostiene: “[...] las construcciones que exige la formación de la razón se hacen progresivamente necesarias, mientras que cada una de ellas se inicia gracias a intentos diversos, en partes contingentes y que comportan una parte importante de irracionalidad.” (p. 57).

Piaget precisa su conceptualización cuando plantea que: “[...] las estructuras lógicas matemáticas, en su infinidad, no se pueden localizar ni en los objetos, ni en el sujeto en su origen. Así, pues, únicamente resulta aceptable un constructivismo cuya ardua tarea consiste en explicar a la vez el mecanismo de formación de las novedades y el carácter de necesidad lógica que estos adquieren en su desarrollo”. (p. 54).

Piaget insiste en diferentes momentos sobre este núcleo problemático. De modo sintético lo formula en las siguientes líneas: “El problema central es el de comprender, cómo se efectúan tales creaciones y por qué, siendo consecuencia de construcciones no predeterminadas, pueden durante el camino hacerse lógicamente necesarias”. (p. 51). Delimitado el asunto central a resolver, esboza sus conceptos centrales sobre el funcionamiento de la inteligencia, de la cual indica que tiene una función (la adaptación) que se alcanza por la mediación de dos ciclos que actuan de modo diferenciado pero que existen simultáneamente: el de asimilasión y el de acomodación.

Estas funciones se dan en la persona desde los primeros días de su existencia y su ejercicio va generando transformaciones que constituyen etapas de formación. En el lapso que va desde el momento del nacimiento hasta aproximadamente los dos años, la inteligencia es sensorio-motriz. Las estructuras lógicas construidas en ese lapso proporcionan la base sobre la cual se construye, a su vez, la inteligencia reflexiva, la cual está mediada linguísticamente. En ese sentido, la construcción de la función semiótica es decisiva para el desarrollo de la inteligencia reflexiva. Un rasgo central de la emergencia de esa función es el uso de significantes diferenciados de su significado. A ese respecto Piaget señala: “[...] la función semiótica debuta [...], cuando los significantes aparecen diferenciados de los significados y pueden corresponder a multiplicidad de estos”. (p. 56).

La finalidad última de la inteligencia reflexiva es la de asimilar el universo al yo y acomodar el yo al universo, dice Piaget. Las cosmologías tendrían una función orientadora básica en la actividad formadora de las nuevas generaciones, premisa que planteó Rodolfo Llinás hace un cuarto de siglo (1994) cuando la Misión de Sabios convocada por el presidente de entonces, César Gaviria, presentó su informe con el título “Colombia en el filo de la oportunidad”.

En ese proceso, la persona es simultáneamente espectador y protagonista de transformaciones sucesivas. La primera de ellas, es el tránsito de la inteligencia práctica a la inteligencia reflexiva. En la periodización de Piaget, la inteligencia reflexiva se inicia con una primera fase o estado de tipo preoperatorio (2 a 5 años), una segunda fase que llama de las operaciones concretas (de 7 a 12 años) y una fase donde el proceso llega a un estado estacionario, al que denomina de las operaciones formales (12 a 15 años). La función adaptativa y el doble ciclo de asimilasión y acomodación es para Piaget : “[...] enteramente general y se encuentra en los diferentes niveles del pensamiento científico”. (p. 52).

La fuente dinámica de los tránsitos de un estado a otro lo proporciona el ciclo de asimilasión. En términos de Piaget, la asimilasión “[...] se erige en motor del acto cognoscitivo” (p. 52). En el doble movimiento de asimilasión y de acomodación se construye el yo del sujeto, proceso que no fue motivo de investigación sistemática por parte de Piaget, pero sí es un proceso siempre presente en su conceptualización.

Un ejemplo claro de esa presencia es la siguiente reflexión de Piaget acerca de los esquemas de asimilasión construidos por el niño hacia los siete años: “[...] el niño reinventa para sí, alrededor de los 7 años, la reversibilidad, la transitividad, la recursividad, la reciprocidad de las relaciones, la inclusión de las clases, la conservación de los conjuntos numéricos, la medida, la organización de las referencias espaciales (coordenadas), los morfismos y ciertos functores, etc.; en otras palabras, todas las bases de la lógica y las matemáticas”. (p. 54).
Por último, en este texto Piaget postula la existencia de una función general de autoregulación intrínseca a los organismos y a la experiencia de conocer. En lo relativo al organismo, esa función general procura mantener su integración en cada momento y situación; el resultado es un estado de equilibrio homeostático. En el caso de la experiencia cognitiva, esa función general se orienta no a mantener un equilibrio sino a construir nuevos equilibrios. En su libro Biología y conocimiento, Piaget denomina homeorrético a ese equilibrio. Las personas que conocen tenderían a pasar de estados de menor a mayor equilibrio, de estados de menor complejidad conceptual a estados de mayor complejidad.

Planificar las experiencias

Ahora, una de las competencias inherentes a la función general de autoregulación es la abstracción. Para Piaget toda abstracción es, simultaneamente, una generalización. El psicológo y epistemólogo distingue tres tipos de abstracciones: La primera, la que opera sobre los objetos. En ella se abstraen (generalizan) las propiedades físicas de los objetos. A esta la denomina abstracción empírica. La segunda es la que opera sobre las acciones. En ella se abstraen (generalizan) las propiedades lógicas de la acción, A esta la denomina abstracción reflectora. La tercera es la que opera sobre los resultados de las dos primeras. En ella, dice Piaget, “[...] aunque se actué sólo sobre elementos ya construidos, constituye naturalmente una nueva construcción, puesto que dota de simultaneidad, mediante correspondencias transversales, a lo que hasta entonces estaba elaborado por vinculaciones sucesivas”. (p. 56). A esta abstracción Piagetre la llama flejada.

Este proceso es de orden psicogenético e histórico cultural, y desde el punto de vista de la enseñanza de las ciencias y las tecnologías pone en correspondencia los procesos biográficos y la historia de las ciencias. La enseñanza tendrá sus especificidades en cada ciclo de la historia personal, en correspondencia con las instituciones educativas y sus modos de funcionamiento. Los desarrollos que se han dado en el sistema educativo nuestro respecto a los ciclos es una premisa de gran importancia para adelantar procesos de investigación en el aula.

En el caso de la enseñanza de las ciencias, las artes y las profesiones en las universidades, esta puede ser asumida como investigación de los paralelismos entre el proceso psicogenético de los alumnos y el proceso histórico de configuración de las redes conceptuales que sostienen la existencia y transformación de las ciencias, las artes y profesiones.

La idea de la historicidad de las ciencias es un acontecimiento histórico reciente. Hasta mediados del siglo XX, la ciencia se asumió como la búsqueda de conocimientos absolutos y definitivos. Esta idea del conocimiento como un estado fue dando paso a la idea del conocimiento como una experiencia histórica asumida por las personas y la sociedad con sus instituciones. El programa de investigación de Piaget sobre la epistemología genética es uno de los momentos culminantes de ese cambio en el modo de pensar las ciencias. Así mismo el programa de investigación de Thomas Kuhn sobre la estructura de las revoluciones científicas.

En este nuevo orden de existencia, la actividad mediante la cual las nuevas generaciones enriquecen sus competencias y desempeños linguísticos para poder pensar las ciencias, las artes y las tecnologías, y poder así integrarse como miembros activos de las comunidades artísticas, científicas o profesionales, se convierte en una tarea decisiva de la sociedad.

Se trata, pues, de planificar las experiencias que permiten al estudiante que, por ejemplo ingresa a la universidad, asimilar los conocimientos y prácticas propias de una profesión o de una ciencia o un arte y lo convierten en integrante de las comunidades académicas respectivas. En síntesis, tenemos que el entorno institucional de esa experiencia es la universidad, su acción reguladora la enseñanza, su propósito enriquecer las competencias linguísticas de los estudiantes para pensar las ciencias, las profesiones y las tecnologías, y el horizonte temporal es el programa de formación o currículo y el programa de cada cátedra o asignatura.

El momento en el cual el conjunto de esas acciones y sus respectivos horizontes temporales se coordinan, es el trabajo de aula, en cuyo espacio la lógica del intercambio entre maestros y alumnos es fundamental. En ese acto se pone en movimiento el acumulado histórico de la profesión, las artes y las ciencias, y el modo como ese acumulado se expresa por el equipo de profesores que enseña. Esta lógica de trabajo investigativo es también pertinente para la formación de los estudiantes en el ciclo básico (primario y secundario) y en los grados 10 y 11 previos a la formación profesional, artística o científica.

En el debate actual acerca de las transformaciones de la institución escolar y universitaria, algunas agencias empresariales sostienen que el maestro puede ser sustituido por un dispositivo tecnológico. Skinner en la década del 50 del siglo pasado propuso una máquina de enseñar. Hoy se proponen máquinas virtuales de aprendizaje. En efecto, si se trata de organizar entornos de aprendizaje, esa tarea la pueden asumir máquinas (Machine Learnings). Las situaciones en las que el control de las ejecuciones puede instrumentarse, en correspondencia con las propiedades físicas de las superficies de los objetos y la reactividad de los organismos, se configuran en laboratorios de física y fisiología.

Los laboratorios de cibernética construyen robots que aprenden. Pero si se trata de enriquecer las competencias lingüísticas para pensar esos laboratorios y construirlos, esa tarea sólo la pueden asumir personas y grupos. El modo de evaluación de programas de investigación de la enseñanza de este tipo, no puede ser estandarizado al modo como lo hacen los exámenes Pisa.

El actual debate sobre los resultados alcanzados en esa evaluación, parte de presupuestos propios del Taylorismo, el Fordismo y el Skinerismo. Lo sorprendente es cómo la burocracia internacional, y empresas como Pearson, pueden imponerle a la sociedad global esas evaluaciones sin que se repare en lo insostenible de sus presupuestos conceptuales.

Pero existen otros presupuestos que mantienenen funcionamiento el entramado institucional local y global del proyecto: la codicia y la voluntad de control planetario de toda la educación. En su edición del 15 de agosto del año 2015 la revista The Economist informó que Pearson, su socio por décadas, había decidido retirarse. La razón: su tránsito hacia la industria de la educación. Sucedió que a Pearsons le entregaron la gestión, via plataforma digital, de los exámenes
Pisa, en aplicación desde el año 1998.

Liquidar ese monopolio absurdo es condición necesaria para transformar la actividad del aula en una experiencia interdisciplinaria de investigación a partir de la cual desarrollar los pertinentes recursos de evaluación y valoración. En ese orden, resulta un despropósito mantener la rutina institucional de aplicar las pruebas Pisa.

1 Piaget J., Chomsky N., Teorías del lenguaje. Grijalbo, Barcelona, 1979, p. 89.
2 Imre Lakatos. Matemático y filósofo de la ciencia nacido en Hungría. Propuso los programas de investigación como idea orientadora para investigar la experiencia científica.

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La urgencia de educar(nos) en la autodefensa

Cuando el sistema ha devenido en muerte. Cuando el capitalismo es sinónimo de riesgo para la vida, el medio ambiente y los pueblos. Cuando las grandes obras para acumular capital van de la mano de feminicidios y de genocidios, deberíamos pararnos a pensar cómo frenar este sistema para defender la vida.

Aun quienes sabemos desde tiempo atrás que el capitalismo se va deslizando por la pendiente de la guerra contra los pueblos, guerras permanentes no declaradas, tenemos dificultades para encontrar los modos de actuar, en colectivo, para poner impedir la locura que pretende hacer de la vida mera mercancía.

En primer lugar, descartamos las simetrías. Oponer la guerra a la guerra no es un buen camino, porque los muertos los ponen siempre los mismos: pueblos originarios y negros, mujeres y jóvenes de todos los colores de piel, campesinos, obreros y todo el abanico de los abajos. La experiencia reciente de las guerras latinoamericanas, me refiero a las guerras llamadas revolucionarias, debería convencernos de que la simetría es mal camino.

Pero también rechazamos la quietud y el pacifismo de poner la otra mejilla, ambos funcionales (al igual que la guerra) al sistema genocida y feminicida. Porque el capitalismo no va a caer solo, de muerte natural o por las supuestas "leyes" de la economía, de la historia o de lo que sea. El sistema debe ser derribado. El asunto es "cómo".

Un primer paso es la autodefensa colectiva, que pasa primero por estar organizados. Hay muchos modos y maneras de autodefendernos, como lo enseñan los pueblos latinoamericanos que han creado las más diversas formas de autodefensa para protegerse de grupos paramilitares, policiales y de las fuerzas armadas, pero también de las grandes mineras.

Nos han enseñado mal la historia. O la hemos aprendido mal y debemos recuperarla. Recién conocí que las sufragistas inglesas de comienzos del siglo XX contaban con grupos de autodefensa, gracias al trabajo de la feminista francesa Elsa Dorlin*.

Parte del movimiento, que se negaba a recurrir a la ley por considerar al Estado como principal instigador de las desigualdades, tomaba cursos de jiu-jitsu (arte defensivo con bastón). La autodefensa colectiva, argumenta Dorlin, "politiza los cuerpos, sin mediación, sin delegación, sin representación" (p. 112).

En una reciente entrevista, Dorlin destaca algo relacionado con la autodefensa que vale tanto para los chalecos amarillos franceses, como para los jóvenes de Cali, con quienes estos días pude compartir espacios de formación: se llega a un punto de inflexión cuando el poder desconsidera la vida de ciertas personas. Se trata de vidas que comprendieron que "ya no valen nada y que pueden reventar en medio del silencio y la indiferencia si no se sublevan" (https://bit.ly/3Kgpwfc).

Amplios sectores de la población tienen necesidad de defenderse colectivamente, porque no cuentan ni para el poder ni para el capital. Podemos nombrarlos de muchos modos: los de abajo, descartables, habitantes de la zona del no-ser, población sobrante; esa porción de la humanidad que sólo existe cuando se rebela.

Vale recordar el reciente aserto del periodista israelí Gideon Levy, sobre los palestinos: "Si no utilizan la violencia, el mundo entero se olvidará de ellos" (https://bit.ly/3x6Memh).

No toda autodefensa, apunta, ejerce la violencia, pero eso depende de las decisiones colectivas. Busca sobre todo asegurar la sobrevivencia colectiva, para lo cual es imprescindible frenar la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial contra los pueblos: megaminería, monocultivos, megaobras de infraestructura y especulación inmobiliaria urbana. En suma, todos los modos que hacen negocio con la vida.

La autodefensa, o cuidados en común, tiene una dimensión autoeducativa de sus miembros y de los pueblos y barrios que han decidido defenderse. El sistema ha mutado, al punto que es capaz de convertir las emociones más íntimas en mercancías**. Participar en la autodefensa colectiva nos debería ayudar a lidiar con estos nuevos modos de la acumulación por despojo.

La nueva generación de jóvenes zapatistas intentan usar la Internet en un sentido diferente al diseñado por el sistema. Con ello pretendo insinuar que las autodefensas trabajan tanto en la defensa material, colocando límites a los violentos, como en las subjetividades, desaprendiendo los modos de consumir impuestos con modos mucho más sutiles de violencia, pero que igual nos despojan de nuestros sentires e identidades.

Por último, la autodefensa es un arte de vida en medio de un sistema de muerte. Un modo de caminar sorteando obstáculos, enseñándonos a seguir siendo pueblos y seres humanos. No para conquistar algo como el poder, sino, simplemente, para seguir caminando como vidas que somos.

* Autodefensa. Una filosofía de la violencia, Txalaparta, 2019.

**Eva Illouz (comp.) Capitalismo, consumo y autenticidad. Las emociones como mercancía, Madrid, Katz, 2019.

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Martes, 15 Febrero 2022 05:04

Volver a tejernos y movilizarnos

Volver a tejernos y movilizarnos

En muchos rincones del continente se multiplican encuentros de colectivos autónomos y comunitarios, dejando atrás los momentos más duros del aislamiento, dispuestos a reencontrase y moverse otra vez para romper el aislamiento y seguir resistiendo los megaproyectos de muerte.

La Teia dos Povos (Red de Pueblos) de Brasil realiza en marzo un encuentro estatal en Rio Grande del Sur, donde pueblos originarios vienen recuperando tierras para asegurar la sobrevivencia de las comunidades. La convocatoria de la 1ª Jornada de Agroecología de ese estado, señala: “Sin la territorialización de las comunidades indígenas, campesinas, quilombolas y tradicionales es imposible tener una vida digna y que podamos vencer los dos principales desafíos que tenemos los de abajo: el hambre y el ecocidio que afecta a la tierra toda”.

La Teia tenia prevista su 7ª Jornada Nacional de Agroecología en Bahia, un gran encuentro nacional que organizan desde 2013, pero las grandes inundaciones que afectaron a ese estado, hicieron imposible el encuentro por el enorme daño que sufrieron las comunidades. Sin embargo, pusieron en marcha jornadas de solidaridad y ayuda mutua (mutirões solidarios) en los que volvieron a cultivar maíz, frijoles, bananos y los cultivos que había perdido por las inundaciones.

La Red Trashumante de Argentina vuelve a realizar encuentros presenciales, como tantos otros movimientos que han sido duramente golpeados por el aislamiento de la pandemia y por las políticas de cooptación del gobierno progresista. Se trata de un campamento nacional que es un primer paso para retomar los trabajos más allá de lo local, que se han mantenido durante estos meses.

También se está comenzando a tejer una red de colectivos autónomos, que empieza a dar sus primeros pasos para retomar la política de autonomía que se ha desgastado mucho en estos tiempos. Pequeños avances en momentos en los cuales arrecian las movilizaciones contra el acuerdo que firmó el gobierno con el FMI y contra los nuevos y viejos emprendimientos extractivos.

En Colombia se realizarán en marzo los primeros encuentros directos de la Alianza de Medios Independientes (AMI), conformada por cuatro colectivos de comunicación colombianos (Desde Abajo, Contagio Radio, Canal 2 de Cali y Kavilando), en la que también participa Desinformémonos. La alianza surgió en medio de la rebelión popular lanzada el 28 de abril, tuvo un punto alto en el seguimiento de las movilizaciones en Cali y en otras ciudades, y ahora se propone incluir a más medios alternativos y críticos.

También en Uruguay se realizan encuentros de comunidades entre febrero y abril, retomando una práctica de encuentros de abajo que había quedado suspendida durante la pandemia.

En este breve y muy incompleto resumen, quizá el logro mayor haya sido el “Encuentro nacional contra gasoductos y proyectos de muerte”, realizado el 15 y 16 de enero en Altepelmecalli, la antigua fábrica Bonafont recuperada por los habitantes de 22 comunidades organizados como Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de los Volcanes, en Puebla. Más de 15 movimientos del país se reunieron y pronunciaron contra el “decreto presidencial del 22 de noviembre de 2021” que legaliza el despojo y la imposición de megaproyectos.

Para conmemorar el aniversario de la clausura del pozo que les robaba el agua, las organizaciones que luchan contra hidroeléctricas, gasoductos y la extracción de agua y minerales, anunciaron una “Caravana de los pueblos por la vida y contra megaproyectos”, que partirá el 22 de marzo y llegará el 22 de abril al istmo de Tehuantepec, donde confraternizarán con los pueblos que resisten megaproyectos.

Como señalaron los zapatistas a convocar la Gira por la Vida, en octubre de 2020: “Que es tiempo de nuevo para que bailen los corazones, y que no sean ni su música ni sus pasos, los del lamento y la resignación”.

14 febrero 2022

Publicado enSociedad
Colombia es el país más peligroso para la defensa de los derechos humanos: Amnistía Internacional

Tras hacer un comparativo con países como Honduras, Mexico y Brasil, la organización con presencia en más de 150 países levanta una alarma y exhorta a los gobiernos a tomar medidas que garanticen la seguridad y que protejan la vida

 

El pasado 17 de enero, el cuerpo de Luz Marina Arteaga fue hallado sin vida. Arteaga era una de las defensoras de comunidades campesinas más conocidas del departamento del Meta. Antes de morir, había denunciado que en su región la situación de orden público era complicada por el abandono del Estado y el despojo territorial al que habían sometido a campesinos e indígenas grupos armados ilegales.

Las aseveraciones de ese entonces dieron luz verde a la Unidad Nacional de Protección para velar por la vida de esta lideresa que se encontraba amenazada y en abril del 2019 se impusieron entorno a ella una serie de medidas materiales para proteger su vida, pero no fueron suficientes.

Llevada por algo de temor, en octubre de 2019 Luz Marina denunció a la Fiscalía las amenazas en su contra y en 2020 alcanzó a informar a la Unidad Nacional de Protección que estas no eran las adecuadas. Nada fue suficiente.

La historia se repite con el caso del José Albeiro Camayo Güetio, excoordinador regional de la guardia indígena en el resguardo de Las Delicias, municipio de Buenos Aires, en el Cauca. El pasado 24 de enero, el Tejido de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos (TDVD) denunció su asesinato a manos de presuntos miembros de un grupo paramilitar que dispararon en contra de la comunidad después de que la guardia les había expulsado del territorio.

Aunque el caso de Arteaga sucedió en el Meta y el de Camayo en el Cauca, los hechos no son distantes. Hacen parte de una realidad que en Colombia se escucha a diario en los medios, pero que parece salirse de la manos de un Estado que se esfuerza pero que no logra garantizar la vida y que tampoco toma suficientes medidas para abatir los grupos armados, disidencias y delincuencia que ahora se disputan el territorio por el tráfico de sustancias ilegales.

El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz lo pone en cifras. Solo en enero de este año 15 líderes sociales y defensores de derechos humanos fueron asesinados en Colombia y al 29 de enero de 2022 se registró un total de trece masacres, que resultaron en la muerte de 39 personas que viven en zonas rurales en Colombia.

La situación ha hecho que Amnistía Internacional denuncie las políticas fallidas de prevención y protección y que en un listado de los países que considera más peligrosos para la defensa de los derechos humanos en años anteriores, posicione a Colombia como el país más peligroso.

“La protección de comunidades Indígenas, campesinas y afrodescendientes en Colombia es ineficaz porque no aborda las causas estructurales de la violencia y comúnmente se da sin la debida participación de quienes están en riesgo. Las personas defensoras de comunidades en riesgo están en una constante situación de desprotección, por lo que las amenazas, ataques y asesinatos son constantes en el país considerado el más peligroso para defender derechos humanos en el mundo”, afirmó Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional

México, Brasil y Honduras

Decir la verdad y defender la vida sigue siendo motivo de incomodidad para muchos. Sobre todo en México, en donde cuatro periodistas fueron asesinados y una defensora de los derechos humanos, que luchaba por el feminicidio de su hija en Temixco, Morelo,s pagó con sangre lo que significaba exigir algo de justicia.

En Honduras y Brasil las cifras son semejantes; tres defensores asesinados. En Honduras uno luchaba por los derechos de la comunidad trans, los otros defendían el territorio.

Por su parte, en Brasil fueron hallados los cuerpos de tres personas de una misma familia conocida por liberar crías de tortugas y por defender una causa: la protección ambiental.

La vida sigue, dirán unos, pero las cifras dan cuenta de un escenario que es aterrador. Por eso, para revertir la tendencia, Arias sugiere mayor compromiso de la justicia pues se trata de construir un futuro donde defender los derechos humanos no signifique arriesgar la vida.

“Los Estados tienen la obligación de investigar los asesinatos de manera pronta, exhaustiva independiente e imparcial, y con una línea de investigación principal que considere la labor de defensa de los derechos humanos o actividad periodística. Eliminar la impunidad en estos casos es crucial para lograr un entorno seguro para defender derechos humanos y enviar un mensaje claro de que estos actos no son tolerados”, señaló.

Con esto, se busca levantar alarmas en defensa de los derechos humanos y el periodismo independiente, pues aquellos que amenazan los intereses de unos cuantos son necesarios para ejercer control ante sistemas políticos y económicos que parecen indolentes y son negligentes ante la violencia que enfrentan.

2 de Febrero de 2022

Publicado enColombia
Sábado, 29 Enero 2022 06:07

Los pueblos y la guerra entre potencias

Los pueblos y la guerra entre potencias

Suenan tambores de guerra con una intensidad desconocida desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La tensión en Ucrania puede desembocar en un conflicto entre la OTAN, capitaneada por Estados Unidos, y Rusia, que no acepta el despliegue de armas en sus fronteras, al igual que Washington no toleró en la década de 1960 el despliegue de misiles en Cuba.

La situación en el mar del Sur de China y entre China y Taiwán es igualmente grave, aunque los frentes de guerra abiertos son numerosos: Yemen, Siria y Libia, entre los más destacados. Sin entrar a considerar las guerras contra los pueblos (Colombia, Guatemala y México entre las más destacadas en América Latina), el planeta atraviesa una situación muy peligrosa.

La pregunta es qué deben hacer los movimientos y los pueblos en movimiento ante un conflicto entre grandes potencias, en concreto Estados Unidos y Europa frente a China y Rusia. ¿Abstenerse? ¿Tomar partido? ¿Construir una agenda propia?

En la Primera Guerra Mundial (1914-18) la inmensa mayoría de las izquierdas se posicionaron con "sus" gobiernos y, por tanto, con "sus" clases dominantes para atacar a otros pueblos, en lo que fue la primera gran carnicería mundial, con saldo de 17 millones de muertos, 20 millones de heridos y mutilados, y una enorme cantidad de personas afectadas en su salud mental.

Antes de la guerra, Lenin afirmaba que una clase revolucionaria "no puede dejar de desear la derrota de su gobierno en una guerra reaccionaria". Cuando estalló la guerra defendió el "derrotismo", la derrota de la propia nación para acelerar la revolución. Transformar la guerra imperialista en guerra civil para derrocar a la clase dominante, fue la ruta trazada por Lenin y seguida, al principio, sólo por un puñado de internacionalistas.

Esta línea de actuación permitió a los revolucionarios rusos la conquista del poder en octubre de 1917, gracias al masivo levantamiento de obreros, soldados y campesinos, cansados de la guerra y del hambre.

¿Pueden los pueblos tomar un camino similar en estos tiempos en que se anuncia una guerra entre potencias nucleares?

Me parece evidente que no es deseable.

En primer lugar, desde los abajos debemos afirmar que no hay potencias buenas y potencias malas, que no apoyamos ni a Estados Unidos ni a Rusia ni a China. En la Segunda Guerra Mundial, los partidos comunistas optaron por apoyar a la URSS en vez de repetir la táctica de Lenin en la guerra anterior, porque dieron prioridad a la defensa de la "patria socialista".

Aclaración necesaria porque muchas personas creen que es mejor que ganen aquellos que se oponen al imperialismo estadunidense, lo que los lleva a apoyar a Rusia y China y, en ocasiones, a Irán o a cualquier nación que se oponga a las potencias occidentales.

En segundo lugar, creo que los movimientos y los pueblos deben oponerse a la guerra para profundizar su propia agenda: el arraigo territorial para ejercer la autonomía y el autogobierno, construyendo "mundos otros", nuevos y diferentes al capitalista, patriarcal y colonial.

En las guerras siempre pierden los pue­blos y ganan las grandes empresas capitalistas que se aprestan a rediseñar los territorios conquistados en su beneficio, explotando los bienes comunes para mercantilizarlos. Por eso es necesario boicotear las guerras, porque no existen las guerras justas, ya que las realmente existentes son guerras de despojo a través del genocidio.

Si es cierto que la guerra es la continuación de la política por otros medios, como dijo Clausewitz, el principal rasgo de la actual política de arriba es el despojo de los pueblos originarios, negros, campesinos y mestizos para acelerar la acumulación de capital.

En tercer lugar, los pueblos deben defenderse, lo que no es igual que participar en un guerra que no eligieron. Por lo que venimos aprendiendo del EZLN, de los pueblos mapuche, nasa/misak y otros de América Latina, así como de comunidades negras y campesinas, el mejor camino no consiste en responder a la guerra con guerra, porque la simetría nos desfigura como pueblos.

Porque "ellos" tienen armas muy sofisticadas y enormes ejércitos, estatales y privados, con formas militares tradicionales y con modos narcoparamilitares, que están atacando a los pueblos. Si respondemos con la violencia (que éticamente sería irreprochable), tomarán la iniciativa que más desean: el genocidio de pueblos enteros, como sucedió en el pasado reciente. Por propia experiencia de cinco siglos, los pueblos sólo confían en sus autodefensas: guardias indígenas, cimarronas y campesinas; policías comunitarias, rondas campesinas y guardianes de las lagunas, por mencionar apenas un puñado de defensas comunitarias. La tarea de los pueblos, en este periodo de guerras del capital, no es tomar el poder sino preservar la vida y cuidar la madre tierra, eludir los genocidios y no volvernos iguales a "ellos", que sería otra forma de ser derrotados.

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La resistencia indígena anticapitalista y la travesía zapatista

Hoy día, donde coloquemos la mirada sobre los pueblos indígenas, encontraremos la diversidad de sus resistencias. Cotidianas y puntuales, unas; estratégicas y de largo alcance, otras. A la vez observaremos, un patrón similar en las respuestas en curso por parte del Estado que, en general, hace caso omiso de la implicación que tendría respetar los derechos colectivos de dichos pueblos, en particular en los megaproyectos que ya han sido declarados de interés público y seguridad nacional.

Ubicando la resistencia de largo alcance, me refiero a la que durante este año inició el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), invitando al Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra de Morelos, Puebla y Tlaxcala. Recordemos el anuncio en octubre de 2020, de una más de las iniciativas políticas zapatistas, en este caso para recorrer el mundo y escuchar y compartir con sus iguales las luchas en curso, según sus circunstancias, contra el enemigo común que es el capitalismo, más allá de los gobiernos en turno. Y se preguntaron: “¿A quién importa que un pequeño, pequeñísimo, grupo de originarios, de indígenas, viva, es decir, luche? Porque resulta que vivimos. Que a pesar de paramilitares, pandemias, ‘megaproyectos’, mentiras, calumnias y olvidos, vivimos. Es decir, luchamos. Y en esto pensamos: en que continuamos luchando. Es decir, seguimos viviendo…caminaremos o navegaremos hasta suelos, mares y cielos remotos, buscando no la diferencia, no la superioridad, no la afrenta, mucho menos el perdón y la lástima. Iremos a encontrar lo que nos hace iguales…” (5/10/20). 

Esa declaración, se concretó y primero cruzó el Atlántico, desde Isla Mujeres el Escuadrón 421, en el navío denominado La Montaña y tres meses después cerca de 200 delegados arribaron y recorrieron la Europa rebautizada como insumisa, ello no sin tropiezos y racismos que en su momento fueron denunciados en torno a la aparente imposibilidad de obtener un pasaporte para iniciar la travesía por ser extemporáneos en su registro de nacimiento. 

El pasado 14 de diciembre el subcomandante Moisés dio cuenta del retorno sanos y salvos a las comunidades zapatistas en Chiapas y de otras entidades y ante todo dieron GRACIAS, sí, con mayúsculas, a los numerosos colectivos europeos que los recibieron, compartieron, alimentaron , hospedaron y cobijaron, y señaló que ahora toca revisar nuestros apuntes para informar a nuestros pueblos y comunidades de todo lo que aprendimos y recibimos de ustedes: sus historias, sus luchas y su insumiso existir. Y, sobre todo el abrazo de humanidad que recibimos de sus corazones. Todo lo que les llevamos fue de nuestros pueblos. Todo lo que recibimos de ustedes, es para nuestras comunidades. Ya compartirán públicamente los zapatistas lo que consideren de esta importante e inédita experiencia, podemos imaginar lo que serán los relatos en las comunidades. Viene a mi memoria el testimonio de nuestro querido Ronco, Ricardo Robles (†), al regreso a la Sierra Tarahumara de la delegación rarámuri que acompañó al cierre de la marcha El Color de la Tierra en el Zócalo de la Ciudad de México, el 11 de marzo de 2001. Con gran sorpresa informaron que somos muchos; se referían a los pueblos de todo el país y con orgullo agregaron y nos mencionaron. Quien conozca ese pueblo y esa región entenderá la dimensión de esa noticia. Y dos meses después se reunieron de nuevo en la sierra para analizar la contrarreforma indígena; El Ronco aclaró que sólo entre ellos y concluyeron con una palabra: esperanza. Lo cual sólo puede emanar de la conciencia de que el camino es largo y confían en su decisión de luchar, en su fortaleza y resistencia ante adversidades que han sufrido a lo largo de la historia.

Es muy claro que los pueblos indígenas no utilizan la unidad de medida de tiempo de la clase política, no les preocupa si están o no a la mitad del camino; en contrapartida, encontramos que a la sociedad en general y de manera lamentable, no le importa lo que pasa con los pueblos si logran cooptarlos o desmovilizarlos en nombre del llamado desarrollo que bien traducen como despojo. Su narrativa es muy otra y pueden coincidir en que el actual gobierno no es identificable con Gustavo Díaz Ordaz y, sin embargo, no olvidan que tiene una espina clavada con el asesinato impune de Samir Flores Soberanes, que sigue sin esclarecer y no es del pasado.

Así, tenemos a la vista la evidencia de que los problemas de los pueblos y de todos son mundiales, porque el capital no tiene nacionalidad, si acaso domicilio y ya les hicieron la visita a algunas empresas europeas para que se enteren de que deben rendir cuentas de su participación en megaproyectos en tierras mexicanas. Esta estrategia es un eslabón más de la resistencia que en sus ya próximos 28 años de presencia pública, el EZLN ha impulsado bajo el horizonte anticapitalista.

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Aire fresco para el progresismo latinoamericano

La contundente victoria de Gabriel Boric frena a la derecha en Chile y en la región. Ahora, el presidente más joven y con más votos de la historia democrática tendrá el desafío de poner en marcha un proyecto progresista que articule el cambio social y la defensa de los derechos humanos.

La contundente victoria de Gabriel Boric sobre José Antonio Kast (extrema derecha) confirma en las urnas —una vez más— la potencia del «reventón chileno» que atravesó transversalmente a toda la sociedad. Y, también hay que decirlo, revela un sistema electoral que lució impecable. Alrededor de las ocho de la noche (hora local) se conocían los resultados y el perdedor aceptaba su derrota. 

Chile pareció volver a su «normalidad»: la de las victorias electorales de fuerzas partidarias de transformaciones sociales en un sentido progresista. Sin equivocarse, los medios definen la elección como histórica. Y lo es. El triunfo de Apruebo Dignidad, nombre nacido de la anterior batalla política (la que logró poner en pie la Convención Constitucional), lleva inscripta la promesa de cambio. 

Los partidos que dirigieron la transición democrática post-Pinochet quedaron fuera de la contienda presidencial (si bien resistieron en las elecciones para diputados y senadores). Boric, el candidato de izquierda, arrasó con 60% en la Región Metropolitana y, de la mano de Izkia Siches, la joven ex-presidenta del Colegio Médico, uno de sus mejores fichajes para la campaña de la segunda vuelta, logró mejorar sus resultados en las regiones y consiguió casi 56% en la elección nacional.

En la primera vuelta, la centroizquierda fue desbordada desde la izquierda por Apruebo Dignidad (Frente Amplio y Partido Comunista) y la centroderecha naufragó electoralmente tras un segundo gobierno de Sebastián Piñera que nunca encontró un rumbo y terminó apoyando, casi sin condiciones, a un candidato que reivindicaba a Augusto Pinochet (con excepción de su política de derechos humanos —sic—). Pero esto no significa que, como titularon muchos medios internacionales, las elecciones chilenas enfrentaran «dos extremos». En el flanco derecho, en efecto, se puede hablar de un extremo. Fue la paradoja de esta elección: el «pinochetismo» de Kast —junto con sus posiciones conservadoras en el terreno de los derechos sexuales, las demandas LGBTI o el feminismo— apareció como más «transgresor» que el programa de Boric. Por eso convocaba al voto con la consigna «Atrévete»: porque hoy votar por él implicaba ir contra la corriente. Significaba, de hecho, manifestarse contra el nuevo sentido común que fue emergiendo al calor de las movilizaciones y de las olas feministas, de los movimientos contra las administradoras de fondos de pensiones (AFP), por el reconocimiento de los pueblos indígenas y en favor de la lucha contra el cambio climático y las «zonas de sacrificio».

En el caso de Boric, pese a ser el candidato de una alianza a la izquierda de la Concertación, su programa está lejos de ser radical. Es, más bien, la expresión de un proyecto de justicia social de tipo socialdemócrata en un país donde, pese a los avances en términos de lucha contra la pobreza, perviven formas de desigualdad social —y jerarquías étnicas y de clase— inaceptables junto a la mercantilización de la vida social. Por otro lado, pese a que Kast se presentaba como un candidato de «orden», todos sabían que el postulante de la derecha habría sido un presidente potencialmente desestabilizador, por su seguro enfrentamiento con la Convención Constitucional en funciones, pero también por la previsible resistencia en las calles. El «orden» en un país que, como se vio en la campaña y en la elevada participación electoral, sigue profundamente movilizado, rima con el cambio y no con los retrocesos conservadores que prometía Kast.

Más que a un radical, muchos en la izquierda consideran a Boric, de 35 años, como demasiado «amarillo», la forma clásica para referirse a las izquierdas reformistas. Y gran parte de su éxito en la segunda vuelta fue haber podido captar el apoyo de la Democracia Cristiana y del Partido Socialista, incluido el de la ex-presidenta Michelle Bachelet, hoy Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que viajó a Santiago a votar y llamó, mediante un video, a votar por Boric. Como ocurrió con Podemos en España, el Frente Amplio (surgido de las movilizaciones estudiantiles) criticó duramente la transición post-dictadura, pero no podía ganar sin el apoyo de las fuerzas que la dirigieron (solo que, a diferencia de España, sí logró dar el sorpasso frente a la vieja centroizquierda, al menos en la Presidencia, no así en el Congreso). Y menos aún podría gobernar, una tarea cada vez más difícil en una América Latina revuelta.

Ex-dirigente estudiantil y actualmente diputado, Boric llegó a la candidatura presidencial tras un periodo de crisis del Frente Amplio, luego de ganarle las primarias a Daniel Jadue, del Partido Comunista (el sistema electoral chileno favorece la conformación de coaliciones para participar juntas de las primarias y aprovechar los espacios publicitarios y la visibilidad que generan). En la campaña, el ahora presidente electo planteó un choque entre una nueva cultura de izquierda —con eje en los derechos humanos— y la vieja cultura comunista propia de la Guerra Fría, por ejemplo en temas como la crisis en Venezuela o Nicaragua. En uno de los debates con Jadue señaló: «El PC se va a arrepentir de su apoyo a Venezuela como Neruda se arrepintió de su Oda a Stalin». Ahí, Boric puede hacer la diferencia respecto de unas izquierdas latinoamericanas demasiado «campistas» (expresión para señalar a quienes ven el mundo como dos campos geopolíticos opuestos), que terminan mirando con desconfianza los discursos sobre derechos humanos en lugar de transformarlos en un instrumento de la batalla por un mundo más igualitario.

La candidatura de Boric sella una serie de victorias electorales de la idea de «cambio»: el masivo «Apruebo» a la necesidad de una Convención Constitucional en octubre de 2020, la elección de alcaldes y alcaldesas apenas treintañeros en varias ciudades del país y la propia composición de la Convención. Estos liderazgos reflejan un fuerte cambio generacional del cual es expresión el Frente Amplio, pero también las nuevas caras del PC como Irací Hassler, que hoy gobierna la comuna de Santiago Centro. Estos nuevos liderazgos son sociológicamente cercanos al Frente Amplio y plasman también el ascenso de nuevas camadas de mujeres feministas. De hecho, el PC chileno es uno de los pocos casos de un partido comunista en Occidente que, sin renunciar a su identidad, logró renovarse en términos generacionales, pero también de género.

Es posible que el posicionamiento del Frente Amplio en la Convención Constitucional, donde trabaja en coordinación con el PS y más que con el PC, anticipe algo de lo que viene: su lugar como pivote entre la izquierda del PC y la centroizquierda. En su campaña, Boric debió parecerse más a Bachelet que a Salvador Allende. Al final, el «reventón» no significó un giro hacia la izquierda tradicional ni añoranza hacia el pasado, y por eso el desafío del nuevo presidente será poder llevar adelante las banderas de transformación social, sobre todo la de un país más justo, pero sin sobreactuación. Boric captó en su campaña —que en la segunda vuelta penetró en el electorado moderado— que hay en las demandas de cambio más de «frustración relativa» que de añoranzas de la época allendista, aunque sin duda el ex-presidente brutalmente derrocado en 1973 constituyó para muchos una suerte de faro moral de las protestas.

Con un gobierno de Jair Bolsonaro cada vez más impopular, la derrota de Kast, aliado de Vox y otras fuerzas reaccionarias globales, constituye también un freno a la extrema derecha en la región. Con Boric en Chile, la izquierda latinoamericana suma un nuevo presidente —y hay quienes ya colocan a Brasil y hasta a Colombia en esta estela para 2022—. Pero esta «segunda ola» es mucho más heterogénea que la primera y, en general, de menor intensidad programática. Frente a una izquierda latinoamericana desgastada después de la primera «marea rosa», desde un país como Chile —más institucionalizado que otros en la región—, quizás Boric pueda mostrar una vía democrática radical e igualitaria capaz de construir instituciones de bienestar más sólidas (una agenda que tomó una nueva dimensión en la pandemia). Pero también puede significar aire fresco en términos de principios: el «populismo de izquierda» en la región terminó por quedar pegado a la decadencia política y moral del proyecto bolivariano. Y Boric tiene el desafío de mostrar que se puede avanzar en el campo social sin deteriorar la cultura cívica. Aunque eso no solo depende de él, sino también de la futura oposición (tanto política como social). El récord de votos que lo aupó a la Moneda sin duda le da un poder que nadie esperaba días antes de esta elección. 

«Esperamos hacerlo mejor», le dijo a Sebastián Piñera, de manera educada pero contundente, al aceptar un desayuno de transición. Poco después, ante una multitud, dio inicio a lo que sin duda es un nuevo ciclo. Posiblemente el fin de la transición tal como la conocíamos. 

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El ganador de la elección presidencial en Chile, Gabriel Boric, publicó el siguiente tuit: Hoy visitamos el Palacio de la Moneda por invitación del presidente (Sebastián) Piñera. Cuando estuve frente al busto de Salvador Allende pensé en los que, como él, estuvieron antes que nosotros. Sus sueños de un Chile mejor son los que vamos a seguir construyendo junto a todos ustedes. Foto tomada de Twitter

Se consolida el proceso constituyente // Épica, la reacción popular ante una posible regresión pinochetista // El país, en el umbral de un cambio profundo, señala analista

 

Santiago. Al día siguiente de la espectacular victoria de Gabriel Boric en las elecciones presidenciales de Chile, que con 11.74 puntos de ventaja y 4 millones 620 mil votos lo convierten en el más votado de la historia, el primero proveniente de una región que no sea la capital y el más joven en ser elegido, los analistas ensayan explicaciones acerca de la combinación de sucesos que llevaron a este momento de recambio generacional en la política.

Simultáneamente, Boric, quien en su discurso la noche del domingo comenzó a asumir la dimensión republicana que implica conducir al país, continuó con el rito de las formas correctas y participó este lunes en una reunión de dos horas con el presidente Sebastián Piñera, para acordar la coordinación de la transferencia del poder.

Tras ese encuentro, que ocurrió después del mediodía, el presidente electo buscó dar señales para despejar incertidumbres, habida cuenta de que los mercados financiero, accionario y el tipo de cambio, reaccionaron histéricamente: los títulos preferentes cayeron 6.2 por ciento –los más perjudicados fueron los de las mineras y de las administradoras de pensiones– y el peso perdió poco más de 4 por ciento para anotar su peor registro histórico (876 por dólar). Según los operadores, más que por el triunfo de Boric, que estaba internalizado, lo que revolvió las aguas fue la amplitud de su ventaja frente al ultraconservador José Antonio Kast (55.87 por ciento de los votos frente al 44.13).

Tras referirse brevemente al encuentro con Piñera –"fue una reunión con altura de miras, hoy estamos más conscientes de los tremendos desafíos que debemos abordar"–, el presidente electo afirmó: "estamos iniciando las conversaciones" para la integración del gabinete, y agregó que anunciará los nombres en no más de un mes.

"Hay que llevar adelante un proceso de chequeo y contra chequeo, para no equivocarse", explicó, prometiendo paridad de género y no de cuota entre los partidos; "vamos a incorporar a las personas más capacitadas, seguramente varios independientes".

Insistió en que habrá responsabilidad y convergencia fiscal porque "Chile requiere cuentas claras, una macroeconomía ordenada, porque si no, se termina retrocediendo. Gastos permanentes tienen que ser con ingresos permanentes, vamos a avanzar en reformas estructurales, pero paso a paso, para no desbarrancarnos".

Nuevo ciclo

Para Ernesto Águila, académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, el triunfo nítido del izquierdista sobre el candidato de la extrema derecha tiene importantes significados.

"Consolida el proceso constituyente en marcha y ratifica un camino de cambios progresistas de signo antineoliberal. Lo que viene no es fácil para el nuevo presidente porque el Parlamento se encuentra empatado y deberá hacer grandes esfuerzos para construir las mayorías necesarias para viabilizar su programa", dice.

También destaca que "la reacción y movilización popular ante el riesgo de una regresión pinochetista fue épica frente a un intervencionismo electoral del gobierno sin precedente".

Considera que el país "queda con este triunfo en el umbral de iniciar cambios profundos en manos de una nueva generación de políticos. Jóvenes que han demostrado capacidad para enfrentar situaciones adversas y que pueden abrir un nuevo ciclo en la política chilena".

También para Mauricio Morales, académico de la Universidad de Talca, el resultado electoral "implica un quiebre generacional y político crucial en la historia reciente de Chile, porque elegimos al presidente más joven, con más votos y que no proviene de los pactos políticos tradicionales dominantes desde los años 90".

Se produjo, dice, "un cambio muy brusco, apareció una coalición de izquierda con el Frente Amplio y el Partido Comunista que ahora se consolida poderosamente, que fue capaz de derrotar a la izquierda tradicional y a la derecha más radical, por tanto, la esperanza que encarna Boric pasa como ideario de izquierda por generar un país mucho más igualitario, con acceso a los recursos básicos y con mejoras sustantivas en pensiones, salud y educación".

"El recambio generacional es muy evidente, pasan a dominar la escena política personas en torno a los 35 y 40 años que vinieron desde los movimientos sociales y estudiantiles. Eso no lo consiguió la ex Concertación, lo cual es un fracaso para generar militancia que les permitiera sobrevivir".

Así, mientras el desempeño electoral de los partidos clásicos de la centroizquierda va a la baja –tres de ellos (la DC, los radicales y el PPD) están cerca de la muerte electoral– el Frente Amplio y el PC produjeron un cambio significativo, la construcción de un polo de izquierda muy desarrollado electoralmente.

Coincide en que la victoria de Boric es crucial para viabilizar el avance de la Convención Constitucional, que debe terminar su trabajo a más tardar en julio del próximo año para después ir a un plebiscito ratificatorio.

"En esta nueva etapa van a convivir un gobierno de izquierda con una Convención que tiene las misma características, hay congruencia programática e ideológica, por tanto debiera ser una relación de convivencia sana, lo cual no habría ocurrido con Kast", explica.

El mayor desafío para el nuevo gobierno será ampliar su base política en el Parlamento, porque la izquierda, desde marzo próximo, no tendrá las mayorías suficientes para aprobar proyectos de ley por sí sola.

"Boric tendrá que ser lo suficientemente hábil para ampliar su coalición incluyendo a personas de los partidos Socialista, del PPD, Radical e incluso de la DC, esa es la estrategia que debe utilizar: ampliar la coalición para tener un congreso mucho más favorable".

Pero advierte que "el presidente debe ser cuidadoso en no elevar demasiado las expectativas porque si los resultados no lo acompañan, puede haber una espiral de desaprobación y eso no va a contribuir al plebiscito de salida pronosticado para septiembre".

Al respecto, no se trata de minimizar o reducir los objetivos de gobierno por cuanto "hay un compromiso por escrito", sino que las personas entiendan que "los tiempos pueden variar, que el programa se cumplirá en un calendario que no será todo lo acelerado que quisiéramos".

Para el sociólogo Axel Callis, la inmensa votación de Boric se debe a que la gente despertó en términos políticos, cuando percibió que ciertas conquistas sociales corrían riesgo de perderse.

“Hay una apoliticidad peligrosa, el voto pragmático, la abstención, donde las personas dan por descontado que la democracia avanza, aunque sea lentamente. Después de la primera vuelta, sobre todo jóvenes, sintieron que algo de sus vidas podía cambiar, pero en un sentido negativo, si ganaba la ultraderecha, entonces muchos dijeron ‘atinemos, hay que impedir que Kast sea presidente’ y salieron a votar”.

Las manifestaciones de celebración, espontáneas, múltiples y muy numerosas, fueron "expresiones de esperanza pero también de alivio, de haber evitado que naciera algo que podía ser regresivo en términos valóricos y de derechos".

Asimismo, la inmensa votación que obtuvo Boric implica una gran responsabilidad, porque "en democracia cuando las cosas no se dan rápidamente te dejan caer. Mientras más acumulas a favor, también puedes acumular en contra, pasar del amor al odio y a la frustración es algo que está en el ser humano, su gran legitimidad de origen lo obliga a responder a esa enorme masa de votantes".

Por Aldo Anfossi

Especial para La Jornada

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Domingo, 28 Noviembre 2021 11:31

La segunda oleada progresista latinoamericana

En Caracollo, partidarios del gobierno boliviano participaron en la Marcha por la Patria el martes pasado. Foto Ap

El mundo está atravesando una transición política-económica estructural. El viejo consenso globalista de libre mercado, austeridad fiscal y privatización que encandiló a la sociedad mundial durante 30 años, hoy se ve cansado y carece de optimismo ante el porvenir. La crisis económica de 2008, el largo estancamiento desde entonces, pero principalmente el lockdown de 2020 han erosionado el monopolio del horizonte predictivo colectivo que legitimó el neoliberalismo mundial. Hoy, otras narrativas políticas reclaman la expectativa social: flexibilización cuantitativa para emitir billetes sin límite; Green New Deal, proteccionismo para relanzar el empleo nacional, Estado fuerte, mayor déficit fiscal, más impuestos a las grandes fortunas, etc., son las nuevas ideas-fuerza que cada vez son más mencionadas por políticos, académicos, líderes sociales y la prensa del mundo entero. Se desvanecen las viejas certidumbres imaginadas que organizaron el mundo desde 1980, aunque tampoco hay nuevas que reclamen con éxito duradero el monopolio de la esperanza de futuro. Y mientras tanto, en esta irresolución de imaginar un mañana más allá de la catástrofe, la experiencia subjetiva de un tiempo suspendido carente de destino satisfactorio agobia el espíritu social.

América Latina se adelantó a estas búsquedas mundiales hace más de una década. Los cambios sociales y gubernamentales en Brasil, Venezuela, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, dieron cuerpo a esta "primera oleada" de gobiernos progresistas y de izquierda que se plantearon salir del neoliberalismo. Más allá de ciertas limitaciones y contradicciones, el progresismo latinoamericano apostó a unas reformas de primera generación que logró tasas de crecimiento económico entre 3 y 5 por ciento, superiores a las registradas en tiempos anteriores. Paralelamente, se redistribuyó de manera vigorosa la riqueza, lo que permitió sacar de la pobreza a 70 millones de latinoamericanos y de la extrema pobreza a 10 millones. La desigualdad cayó de 0.54 a 0.48, en la escala de Gini y se aplicó un incremento sostenido del salario y de los derechos sociales de los sectores más vulnerables de la población que inclinó la balanza del poder social en favor del trabajo. Algunos países procedieron a ampliar los bienes comunes de la sociedad mediante la nacionalización de sectores estratégicos de la economía y, como en el caso de Bolivia, se dio paso a la descolonización más radical de la historia, al lograr que los sectores indígena-populares se constituyan en el bloque de dirección del poder estatal.

Esta primera oleada progresista que amplió la democracia con la irrupción de lo popular en la toma de decisiones, se sostuvo sobre un flujo de grandes movilizaciones sociales, descrédito generalizado de las políticas neoliberales, emergencia de liderazgos carismáticos portadores de una mirada audaz del futuro y un estado de estupor de las viejas élites gobernantes.

La segunda oleada progresista

La primera oleada del progresismo latinoamericano comenzó a perder fuerza a mediados de la segunda década del siglo XXI, en gran parte, por cumplimiento de las reformas de primera generación aplicadas.

El progresismo cambió la tasa de participación del excedente económico en favor de las clases laboriosas y el Estado, pero no la estructura productiva de la economía. Esto inicialmente le permitió transformar la estructura social de los países mediante la notable ampliación de las "clases medias", ahora con mayoritaria presencia de familias provenientes de sectores populares e indígenas. Pero la masificación de "ingresos medios", la extendida profesionalización de primera generación, el acceso a servicios básicos y vivienda propia, etc., modificó no sólo las formas organizativas y comunicaciones de una parte del bloque popular, sino también su subjetividad aspiracional. Incorporar estas nuevas demandas y darle sostenibilidad económica en el marco programático de mayor igualdad social, requería modificar el modo de acumulación económica y las fuentes tributarias de retención estatal del excedente.

La incomprensión en el progresismo de su propia obra y la tardanza en plantarse los nuevos ejes de articulación entre el trabajo, el Estado y el capital, dieron paso desde 2015 a un regreso parcial del ya enmohecido programa neoliberal. Pero, inevitablemente, este tampoco duró mucho. No había novedad ni expansivo optimismo en la creencia religiosa en el mercado, sólo un revanchismo enfurecido de un "libre mercado" crepuscular que desempolvaba lo realizado en los años 90 del siglo XX: volver a privatizar, a desregular el salario y concentrar la riqueza.

Ello dio pie a la segunda oleada progresista que desde 2019 viene acumulando victorias electorales en México, Argentina, Bolivia, Perú y extraordinarias revueltas sociales en Chile y Colombia. Esto enmudeció esa suerte de teleología especulativa sobre el "fin del ciclo progresista". La presencia popular en la historia no se mueve por ciclos, sino por oleadas. Pero claro, la segunda oleada no es la repetición de la primera. Sus características son distintas y su duración también.

En primer lugar, estas nuevas victorias electorales no son fruto de grandes movilizaciones sociales catárticas que por su sola presencia habilitan un espacio cultural creativo y expansivo de expectativas transformadoras sobre las que puede navegar el decisionismo gubernamental. El nuevo progresismo resulta de una concurrencia electoral de defensa de derechos agraviados o conculcados por el neoliberalismo enfurecido, no de una voluntad colectiva de ampliarlos, por ahora. Es lo nacional-popular en su fase pasiva o descendente.

Es como si ahora los sectores populares depositaran en las iniciativas de gobierno el alcance de sus prerrogativas y dejaran, de momento, la acción colectiva como el gran constructor de reformas. Ciertamente, el "gran encierro" mundial de 2020 ha limitado las movilizaciones, pero curiosamente no para las fuerzas conservadoras o sectores populares allí donde no hay gobiernos progresistas, como Colombia, Chile y Brasil.

Una segunda característica del nuevo progresismo es que llega al gobierno encabezado por liderazgos administrativos que se han propuesto gestionar de mejor forma en favor de los sectores populares, las vigentes instituciones del Estado o aquellas heredadas de la primera oleada; por tanto, no vienen a crear unas nuevas. Dicho de otra manera, no son liderazgos carismáticos, como en el primer progresismo que fue dirigido por presidentes que fomentaron una relación efervescente, emotiva con sus electores y disruptivas con el viejo orden. Sin embargo, la ausencia de "relación carismática" de los nuevos líderes no es un defecto sino una cualidad del actual tiempo progresista, pues fue por esa virtud que fueron elegidos por sus agrupaciones políticas para postularse al gobierno y, también, por lo que lograron obtener la victoria electoral. En términos weberianos, es la manera específica en que se rutiniza el carisma, aunque la contraparte de ello será que ya no puedan monopolizar la representación de lo nacional-popular.

En tercer lugar, el nuevo progresismo forma ya parte del sistema de partidos de gobierno, en cuyo interior lucha por ser dirigente. Por tanto, no busca desplazar el viejo sistema político y construir uno nuevo como en la primera época, lo que entonces le permitió objetivamente enarbolar las banderas del cambio y de la transgresión por exterioridad al "sistema tradicional". Lo que ahora se proponen es estabilizarlo preservando su predominancia, lo que los lleva a una práctica moderada y agonista de la política.

En cuarto lugar, la nueva oleada progresista tiene al frente a unos opositores políticos cada vez más escorados hacia la extrema derecha. Las derechas políticas han superado la derrota moral y política de la primera oleada progresista y, aprendiendo de sus errores, ocupan las calles, las redes y levantan banderas de cambio.

Han cobrado fuerza social mediante implosiones discursivas reguladas que las ha llevado a enroscarse en discursos antiindígena, antifeminista, antiigualitarista y anti-Estado. Abandonando la pretensión de valores universales, se han refugiado en trincheras o cruzadas ideológicas. Ya no ofrecen un horizonte cargado de optimismo y persuasión, sino de revancha contra los igualados y exclusión de quienes se considera son los culpables del desquiciamiento del viejo orden moral del mundo: los "populistas igualados", los "indígenas y cholos con poder", las mujeres "soliviantadas", los migrantes pobres, los comunistas redivivos…

Esta actual radicalización de las derechas neoliberales no es un acto de opción discursiva, sino de representación política de un notable giro cultural en las clases medias tradicionales, con efecto en sectores populares. De una tolerancia y hasta simpatía hacia la igualdad hace 15 años atrás, la opinión pública construida en torno a las clases medias tradicionales ha ido girando hacia posiciones cada vez más intolerantes y antidemocráticas ancladas en el miedo. Las fronteras de lo decible públicamente han mutado y el soterrado desprecio por lo popular de años atrás ha sido sustituido por un desembozado racismo y anti-igualitarismo convertidos en valores públicos.

La melancolía por un antiguo orden social abandonado y el miedo a perder grandes o pequeños privilegios de clase o de casta ante la avalancha plebeya han arrojado a estas clases medias a abrazar salvacionismos político-religiosos que prometen restablecer la autoridad patriarcal en la familia, la inmutabilidad de las jerarquías de estirpe en la sociedad y el mando de la propiedad privada en la economía ante un mundo incierto que ha extraviado su destino. Es un tiempo de politización reaccionaria, fascistoide, de sectores tradicionales de la clase media

Y finalmente, en quinto lugar, el nuevo progresismo afronta no sólo las consecuencias sociales del "gran encierro" planetario que 2020 desplomó la economía mundial sino, en medio de ello, el agotamiento de las reformas progresistas de primera generación.

Esto conlleva una situación paradojal de unos liderazgos progresistas para una gestión de rutina en tiempos de crisis económicas, médicas y sociales extraordinarias.

Pero, además, globalmente se está en momentos de horizontes minimalistas o estancados: ni el neoliberalismo en su versión autoritaria logra superar sus contradicciones para irradiarse nuevamente ni los diversos progresismos logran consolidarse hegemónicamente. Esto hace prever un tiempo caótico de victorias y derrotas temporales de cada una de estas u otras opciones.

Sin embargo, la sociedad no puede vivir indefinidamente en la indefinición de horizontes predictivos duraderos. Más pronto que tarde, de una u otra manera, las sociedades apostarán por una salida, la que sea. Y para que el porvenir no sea el desastre o un oscurantismo planetario con clases medias rezando por "orden" a la puerta de los cuarteles como en Bolivia, el progresismo debe apostar a producir un nuevo programa de reformas de segunda generación que, articuladas en torno a la ampliación de la igualdad y la democratización de la riqueza, propugne una nueva matriz productiva para el crecimiento y bienestar económicos.

Pero, además, con ello, ayudar a impulsar un nuevo momento histórico de reforma moral e intelectual de lo nacional-popular, de hegemonía cultural y movilización colectiva, hoy ausentes, sin los cuales es imposible imaginar triunfos políticos duraderos.

Por Álvaro Garcia Linera. Fragmentos del discurso pronunciado en la Universidad Nacional de La Rioja, Argentina, al recibir el nombramiento de doctor honoris causa, el 5 de noviembre pasado.

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Martes, 09 Noviembre 2021 05:21

La vuelta de los Chalecos Amarillos

Asamblea de Asambleas de los “chalecos amarillos” a principios de abril de 2019 en Saint Nazaire (Francia). Foto de Yves Monteil de la web Reporterre

¿Qué queda del movimiento que encendió las calles de París y puso contra las cuerdas al gobierno de Macron entre finales de 2018 y principios de 2019?

Ante el aumento histórico del precio de la gasolina, el gas y la electricidad en Francia, muchas son las voces que pronostican el posible regreso masivo de los chalecos amarillos a las calles. Sin embargo, ¿es esto posible? ¿Y qué queda de este movimiento que encendió las calles de París y puso contra las cuerdas al gobierno de Macron entre finales de 2018 y principios de 2019?

En primer lugar, hay razones para no sobredimensionar esta pretendida vuelta del movimiento, empezando por la durísima represión vivida en carne propia. Recordemos que en los dos primeros meses de chalecos amarillos hubo más personas mutiladas por la actuación policial que en los diez años anteriores. El balance humano, sólo hasta abril 2019, es de un muerto, tres personas en coma, cinco perdieron una mano y 23 perdieron un ojo.

Pero es que a la represión policial se une la represión judicial (juicios exprés), la represión de los servicios de inteligencia (dosieres, escuchas, captación de datos, etc.) y la represión administrativa encarnada principalmente por la polémica “ley antidisturbios”, que facilita detenciones en las manifestaciones y permite castigar con hasta 15.000 euros o con una pena de prisión a quien se tape la cara. No es muy difícil de imaginar lo que todo esto supone para los que tienen menos recursos.

También hay otras razones más endógenas al movimiento que nos hacen ser precavidos: desgaste de una militancia muy intensa con efectos laborales y lo que el sociólogo Peter Berger llama una limpieza afectiva, es decir, las separaciones sentimentales, amicales o familiares que se han producido a causa de un movimiento muy exigente y polémico en el seno de las estructuras familiares y de sociabilidad cotidiana. Además en varias rotondas ocupadas, con el paso del tiempo y los cambios en la opinión pública, reaparecieron las divisiones sociales o políticas que se habían puesto en suspenso garantizando la unidad y su éxito inicial. La manifestación de las diferencias políticas entre participantes, pero también de clase (entre las fracciones más estables y las más frágiles de las clases populares) hicieron mella en un movimiento que fue perdiendo apoyo social al ser, sobre todo, asociado a la violencia.

Dicho esto, también hay razones para pensar que una re-movilización es posible. Hay todavía rotondas activas, chalecos amarillos que manifiestan en otros conflictos sociales, los grupos de Facebook siguen ahí y existen acciones que se preparan desde los anuncios de las subidas de precio o eventos que se organizan para el tercer aniversario del movimiento. Por lo general los militantes siguen en contacto, debaten y esperan el momento adecuado para salir a la calle. Entre los chalecos amarillos encontramos una parte considerable de primo-manifestantes y entre estos hay muchos para los que el movimiento ha supuesto más bien una socialización agonística y están dispuestos a todo para enfrentase al ejecutivo. Muchas de estas personas que no estaban “interesadas por la política” ahora también miran con lupa las decisiones del ejecutivo y pueden re-movilizarse.

A partir de sus estudios sobre el movimiento feminista, la socióloga Verta Taylor nos invita a pensar la continuidad de los movimientos sociales según sus ciclos de movilización, postulando que se parecen más a una montaña rusa y son bastante dependientes de los ciclos de atención mediática. Y observa como algunos movimientos sociales devienen “estructuras durmientes” que se re-activan con contextos políticos favorables. ¿Y qué mejor contexto que el de una subida histórica de los precios de la electricidad, el gas y la gasolina? Unas reformas como estas, mal medidas, pueden ser la chispa que reavive la protesta y la legitimidad pública de los chalecos amarillos.

Como ha dicho el historiador económico Adam Tooze, “la lección de la crisis de los chalecos amarillos no es que la tarificación del carbono sea imposible, sino que hay que hacerlo siendo conscientes de los efectos distributivos". En esto reside la clave de la cuestión, en saber si Macron ha aprendido la lección. ¿Actuará como en 2018 con etnocentrismo de clase, es decir menospreciando u obviando los efectos en desigualdad de estas subidas, o tratará de corregir este impacto desproporcional para evitar un nueva crisis política justo antes de las elecciones?

Con los chalecos amarillos como protagonistas o no, lo que está claro es que una movilización social semejante sería condición de posibilidad para volver a situar la cuestión social en el centro del debate y despejar el marco dominante seguridad/migración, que favorece a la dupla Macron y Zemmour, de cara a las elecciones de 2022

Por Aldo Rubert

Es investigador en la Universidad de Lausanne y en el INRAE.

9 nov 2021

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