Domingo, 28 Noviembre 2021 11:31

La segunda oleada progresista latinoamericana

En Caracollo, partidarios del gobierno boliviano participaron en la Marcha por la Patria el martes pasado. Foto Ap

El mundo está atravesando una transición política-económica estructural. El viejo consenso globalista de libre mercado, austeridad fiscal y privatización que encandiló a la sociedad mundial durante 30 años, hoy se ve cansado y carece de optimismo ante el porvenir. La crisis económica de 2008, el largo estancamiento desde entonces, pero principalmente el lockdown de 2020 han erosionado el monopolio del horizonte predictivo colectivo que legitimó el neoliberalismo mundial. Hoy, otras narrativas políticas reclaman la expectativa social: flexibilización cuantitativa para emitir billetes sin límite; Green New Deal, proteccionismo para relanzar el empleo nacional, Estado fuerte, mayor déficit fiscal, más impuestos a las grandes fortunas, etc., son las nuevas ideas-fuerza que cada vez son más mencionadas por políticos, académicos, líderes sociales y la prensa del mundo entero. Se desvanecen las viejas certidumbres imaginadas que organizaron el mundo desde 1980, aunque tampoco hay nuevas que reclamen con éxito duradero el monopolio de la esperanza de futuro. Y mientras tanto, en esta irresolución de imaginar un mañana más allá de la catástrofe, la experiencia subjetiva de un tiempo suspendido carente de destino satisfactorio agobia el espíritu social.

América Latina se adelantó a estas búsquedas mundiales hace más de una década. Los cambios sociales y gubernamentales en Brasil, Venezuela, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, dieron cuerpo a esta "primera oleada" de gobiernos progresistas y de izquierda que se plantearon salir del neoliberalismo. Más allá de ciertas limitaciones y contradicciones, el progresismo latinoamericano apostó a unas reformas de primera generación que logró tasas de crecimiento económico entre 3 y 5 por ciento, superiores a las registradas en tiempos anteriores. Paralelamente, se redistribuyó de manera vigorosa la riqueza, lo que permitió sacar de la pobreza a 70 millones de latinoamericanos y de la extrema pobreza a 10 millones. La desigualdad cayó de 0.54 a 0.48, en la escala de Gini y se aplicó un incremento sostenido del salario y de los derechos sociales de los sectores más vulnerables de la población que inclinó la balanza del poder social en favor del trabajo. Algunos países procedieron a ampliar los bienes comunes de la sociedad mediante la nacionalización de sectores estratégicos de la economía y, como en el caso de Bolivia, se dio paso a la descolonización más radical de la historia, al lograr que los sectores indígena-populares se constituyan en el bloque de dirección del poder estatal.

Esta primera oleada progresista que amplió la democracia con la irrupción de lo popular en la toma de decisiones, se sostuvo sobre un flujo de grandes movilizaciones sociales, descrédito generalizado de las políticas neoliberales, emergencia de liderazgos carismáticos portadores de una mirada audaz del futuro y un estado de estupor de las viejas élites gobernantes.

La segunda oleada progresista

La primera oleada del progresismo latinoamericano comenzó a perder fuerza a mediados de la segunda década del siglo XXI, en gran parte, por cumplimiento de las reformas de primera generación aplicadas.

El progresismo cambió la tasa de participación del excedente económico en favor de las clases laboriosas y el Estado, pero no la estructura productiva de la economía. Esto inicialmente le permitió transformar la estructura social de los países mediante la notable ampliación de las "clases medias", ahora con mayoritaria presencia de familias provenientes de sectores populares e indígenas. Pero la masificación de "ingresos medios", la extendida profesionalización de primera generación, el acceso a servicios básicos y vivienda propia, etc., modificó no sólo las formas organizativas y comunicaciones de una parte del bloque popular, sino también su subjetividad aspiracional. Incorporar estas nuevas demandas y darle sostenibilidad económica en el marco programático de mayor igualdad social, requería modificar el modo de acumulación económica y las fuentes tributarias de retención estatal del excedente.

La incomprensión en el progresismo de su propia obra y la tardanza en plantarse los nuevos ejes de articulación entre el trabajo, el Estado y el capital, dieron paso desde 2015 a un regreso parcial del ya enmohecido programa neoliberal. Pero, inevitablemente, este tampoco duró mucho. No había novedad ni expansivo optimismo en la creencia religiosa en el mercado, sólo un revanchismo enfurecido de un "libre mercado" crepuscular que desempolvaba lo realizado en los años 90 del siglo XX: volver a privatizar, a desregular el salario y concentrar la riqueza.

Ello dio pie a la segunda oleada progresista que desde 2019 viene acumulando victorias electorales en México, Argentina, Bolivia, Perú y extraordinarias revueltas sociales en Chile y Colombia. Esto enmudeció esa suerte de teleología especulativa sobre el "fin del ciclo progresista". La presencia popular en la historia no se mueve por ciclos, sino por oleadas. Pero claro, la segunda oleada no es la repetición de la primera. Sus características son distintas y su duración también.

En primer lugar, estas nuevas victorias electorales no son fruto de grandes movilizaciones sociales catárticas que por su sola presencia habilitan un espacio cultural creativo y expansivo de expectativas transformadoras sobre las que puede navegar el decisionismo gubernamental. El nuevo progresismo resulta de una concurrencia electoral de defensa de derechos agraviados o conculcados por el neoliberalismo enfurecido, no de una voluntad colectiva de ampliarlos, por ahora. Es lo nacional-popular en su fase pasiva o descendente.

Es como si ahora los sectores populares depositaran en las iniciativas de gobierno el alcance de sus prerrogativas y dejaran, de momento, la acción colectiva como el gran constructor de reformas. Ciertamente, el "gran encierro" mundial de 2020 ha limitado las movilizaciones, pero curiosamente no para las fuerzas conservadoras o sectores populares allí donde no hay gobiernos progresistas, como Colombia, Chile y Brasil.

Una segunda característica del nuevo progresismo es que llega al gobierno encabezado por liderazgos administrativos que se han propuesto gestionar de mejor forma en favor de los sectores populares, las vigentes instituciones del Estado o aquellas heredadas de la primera oleada; por tanto, no vienen a crear unas nuevas. Dicho de otra manera, no son liderazgos carismáticos, como en el primer progresismo que fue dirigido por presidentes que fomentaron una relación efervescente, emotiva con sus electores y disruptivas con el viejo orden. Sin embargo, la ausencia de "relación carismática" de los nuevos líderes no es un defecto sino una cualidad del actual tiempo progresista, pues fue por esa virtud que fueron elegidos por sus agrupaciones políticas para postularse al gobierno y, también, por lo que lograron obtener la victoria electoral. En términos weberianos, es la manera específica en que se rutiniza el carisma, aunque la contraparte de ello será que ya no puedan monopolizar la representación de lo nacional-popular.

En tercer lugar, el nuevo progresismo forma ya parte del sistema de partidos de gobierno, en cuyo interior lucha por ser dirigente. Por tanto, no busca desplazar el viejo sistema político y construir uno nuevo como en la primera época, lo que entonces le permitió objetivamente enarbolar las banderas del cambio y de la transgresión por exterioridad al "sistema tradicional". Lo que ahora se proponen es estabilizarlo preservando su predominancia, lo que los lleva a una práctica moderada y agonista de la política.

En cuarto lugar, la nueva oleada progresista tiene al frente a unos opositores políticos cada vez más escorados hacia la extrema derecha. Las derechas políticas han superado la derrota moral y política de la primera oleada progresista y, aprendiendo de sus errores, ocupan las calles, las redes y levantan banderas de cambio.

Han cobrado fuerza social mediante implosiones discursivas reguladas que las ha llevado a enroscarse en discursos antiindígena, antifeminista, antiigualitarista y anti-Estado. Abandonando la pretensión de valores universales, se han refugiado en trincheras o cruzadas ideológicas. Ya no ofrecen un horizonte cargado de optimismo y persuasión, sino de revancha contra los igualados y exclusión de quienes se considera son los culpables del desquiciamiento del viejo orden moral del mundo: los "populistas igualados", los "indígenas y cholos con poder", las mujeres "soliviantadas", los migrantes pobres, los comunistas redivivos…

Esta actual radicalización de las derechas neoliberales no es un acto de opción discursiva, sino de representación política de un notable giro cultural en las clases medias tradicionales, con efecto en sectores populares. De una tolerancia y hasta simpatía hacia la igualdad hace 15 años atrás, la opinión pública construida en torno a las clases medias tradicionales ha ido girando hacia posiciones cada vez más intolerantes y antidemocráticas ancladas en el miedo. Las fronteras de lo decible públicamente han mutado y el soterrado desprecio por lo popular de años atrás ha sido sustituido por un desembozado racismo y anti-igualitarismo convertidos en valores públicos.

La melancolía por un antiguo orden social abandonado y el miedo a perder grandes o pequeños privilegios de clase o de casta ante la avalancha plebeya han arrojado a estas clases medias a abrazar salvacionismos político-religiosos que prometen restablecer la autoridad patriarcal en la familia, la inmutabilidad de las jerarquías de estirpe en la sociedad y el mando de la propiedad privada en la economía ante un mundo incierto que ha extraviado su destino. Es un tiempo de politización reaccionaria, fascistoide, de sectores tradicionales de la clase media

Y finalmente, en quinto lugar, el nuevo progresismo afronta no sólo las consecuencias sociales del "gran encierro" planetario que 2020 desplomó la economía mundial sino, en medio de ello, el agotamiento de las reformas progresistas de primera generación.

Esto conlleva una situación paradojal de unos liderazgos progresistas para una gestión de rutina en tiempos de crisis económicas, médicas y sociales extraordinarias.

Pero, además, globalmente se está en momentos de horizontes minimalistas o estancados: ni el neoliberalismo en su versión autoritaria logra superar sus contradicciones para irradiarse nuevamente ni los diversos progresismos logran consolidarse hegemónicamente. Esto hace prever un tiempo caótico de victorias y derrotas temporales de cada una de estas u otras opciones.

Sin embargo, la sociedad no puede vivir indefinidamente en la indefinición de horizontes predictivos duraderos. Más pronto que tarde, de una u otra manera, las sociedades apostarán por una salida, la que sea. Y para que el porvenir no sea el desastre o un oscurantismo planetario con clases medias rezando por "orden" a la puerta de los cuarteles como en Bolivia, el progresismo debe apostar a producir un nuevo programa de reformas de segunda generación que, articuladas en torno a la ampliación de la igualdad y la democratización de la riqueza, propugne una nueva matriz productiva para el crecimiento y bienestar económicos.

Pero, además, con ello, ayudar a impulsar un nuevo momento histórico de reforma moral e intelectual de lo nacional-popular, de hegemonía cultural y movilización colectiva, hoy ausentes, sin los cuales es imposible imaginar triunfos políticos duraderos.

Por Álvaro Garcia Linera. Fragmentos del discurso pronunciado en la Universidad Nacional de La Rioja, Argentina, al recibir el nombramiento de doctor honoris causa, el 5 de noviembre pasado.

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Martes, 09 Noviembre 2021 05:21

La vuelta de los Chalecos Amarillos

Asamblea de Asambleas de los “chalecos amarillos” a principios de abril de 2019 en Saint Nazaire (Francia). Foto de Yves Monteil de la web Reporterre

¿Qué queda del movimiento que encendió las calles de París y puso contra las cuerdas al gobierno de Macron entre finales de 2018 y principios de 2019?

Ante el aumento histórico del precio de la gasolina, el gas y la electricidad en Francia, muchas son las voces que pronostican el posible regreso masivo de los chalecos amarillos a las calles. Sin embargo, ¿es esto posible? ¿Y qué queda de este movimiento que encendió las calles de París y puso contra las cuerdas al gobierno de Macron entre finales de 2018 y principios de 2019?

En primer lugar, hay razones para no sobredimensionar esta pretendida vuelta del movimiento, empezando por la durísima represión vivida en carne propia. Recordemos que en los dos primeros meses de chalecos amarillos hubo más personas mutiladas por la actuación policial que en los diez años anteriores. El balance humano, sólo hasta abril 2019, es de un muerto, tres personas en coma, cinco perdieron una mano y 23 perdieron un ojo.

Pero es que a la represión policial se une la represión judicial (juicios exprés), la represión de los servicios de inteligencia (dosieres, escuchas, captación de datos, etc.) y la represión administrativa encarnada principalmente por la polémica “ley antidisturbios”, que facilita detenciones en las manifestaciones y permite castigar con hasta 15.000 euros o con una pena de prisión a quien se tape la cara. No es muy difícil de imaginar lo que todo esto supone para los que tienen menos recursos.

También hay otras razones más endógenas al movimiento que nos hacen ser precavidos: desgaste de una militancia muy intensa con efectos laborales y lo que el sociólogo Peter Berger llama una limpieza afectiva, es decir, las separaciones sentimentales, amicales o familiares que se han producido a causa de un movimiento muy exigente y polémico en el seno de las estructuras familiares y de sociabilidad cotidiana. Además en varias rotondas ocupadas, con el paso del tiempo y los cambios en la opinión pública, reaparecieron las divisiones sociales o políticas que se habían puesto en suspenso garantizando la unidad y su éxito inicial. La manifestación de las diferencias políticas entre participantes, pero también de clase (entre las fracciones más estables y las más frágiles de las clases populares) hicieron mella en un movimiento que fue perdiendo apoyo social al ser, sobre todo, asociado a la violencia.

Dicho esto, también hay razones para pensar que una re-movilización es posible. Hay todavía rotondas activas, chalecos amarillos que manifiestan en otros conflictos sociales, los grupos de Facebook siguen ahí y existen acciones que se preparan desde los anuncios de las subidas de precio o eventos que se organizan para el tercer aniversario del movimiento. Por lo general los militantes siguen en contacto, debaten y esperan el momento adecuado para salir a la calle. Entre los chalecos amarillos encontramos una parte considerable de primo-manifestantes y entre estos hay muchos para los que el movimiento ha supuesto más bien una socialización agonística y están dispuestos a todo para enfrentase al ejecutivo. Muchas de estas personas que no estaban “interesadas por la política” ahora también miran con lupa las decisiones del ejecutivo y pueden re-movilizarse.

A partir de sus estudios sobre el movimiento feminista, la socióloga Verta Taylor nos invita a pensar la continuidad de los movimientos sociales según sus ciclos de movilización, postulando que se parecen más a una montaña rusa y son bastante dependientes de los ciclos de atención mediática. Y observa como algunos movimientos sociales devienen “estructuras durmientes” que se re-activan con contextos políticos favorables. ¿Y qué mejor contexto que el de una subida histórica de los precios de la electricidad, el gas y la gasolina? Unas reformas como estas, mal medidas, pueden ser la chispa que reavive la protesta y la legitimidad pública de los chalecos amarillos.

Como ha dicho el historiador económico Adam Tooze, “la lección de la crisis de los chalecos amarillos no es que la tarificación del carbono sea imposible, sino que hay que hacerlo siendo conscientes de los efectos distributivos". En esto reside la clave de la cuestión, en saber si Macron ha aprendido la lección. ¿Actuará como en 2018 con etnocentrismo de clase, es decir menospreciando u obviando los efectos en desigualdad de estas subidas, o tratará de corregir este impacto desproporcional para evitar un nueva crisis política justo antes de las elecciones?

Con los chalecos amarillos como protagonistas o no, lo que está claro es que una movilización social semejante sería condición de posibilidad para volver a situar la cuestión social en el centro del debate y despejar el marco dominante seguridad/migración, que favorece a la dupla Macron y Zemmour, de cara a las elecciones de 2022

Por Aldo Rubert

Es investigador en la Universidad de Lausanne y en el INRAE.

9 nov 2021

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Viernes, 22 Octubre 2021 06:20

La Constituyente, de rodillas

La Constituyente, de rodillas

La declaración de los estados de excepción en Chile y Ecuador es la mejor muestra del fracaso de las mal llamadas democracias. En Ecuador sucede luego de que los Papeles de Pandora revelaron que el presidente Guillermo Lasso tiene cuentas ocultas en paraísos fiscales y blinda a militares y policías de cualquier juicio por sus actuaciones.

En Chile, el presidente Sebastián Piñera envía soldados, tanques y helicópteros de guerra a territorio mapuche, para frenar la recuperación de tierras del movimiento. Este hecho se produce mientras la Convención Constituyente sesiona para redactar un texto que supere la carta heredada del régimen de Pinochet.

Lo más objetable es que la mayoría de izquierda de la Constituyente, los movimientos sociales que la integran y el sector de los pueblos originarios que decidieron participar, apenas han hecho declaraciones sin tomar ninguna medida enérgica contra el estado de excepción.

Meses atrás dije que la Constituyente sería la tumba de los movimientos (https://bit.ly/3C0mHuT). Estaba equivocado. En realidad, la lucha popular está mostrando los límites del proceso iniciado en noviembre de 2019 para desviar la lucha callejera hacia las instituciones.

El 12 de octubre, la Comunidad Autónoma de Temucuicui difundió un comunicado donde nombra la realidad en los términos más claros. “Es la demostración objetiva del fracaso de la Convención Constitucional y los escaños reservados, donde la lucha histórica del pueblo mapuche ha sido relativizada y reducida a una abstracción de "pueblos"; ahora en plena discusión y proclamación del Estado plurinacional se ha declarado oficialmente la militarización y la continuación del genocidio del cual el pueblo mapuche ha sido víctima de manera histórica” (https://bit.ly/3mVgTw8).

En un comunicado del 16 de octubre, la Coordinadora Arauco Malleco reafirma su línea histórica de "recuperaciones con base en el control territorial y la transformación de estos lugares, recuperando espacios vitales para la vida mapuche" (https://bit.ly/3jl8eT0).

El texto, firmado por decenas de comunidades, agrega que "el enemigo es el gran capital-extractivista inserto en nuestros territorios y no iglesias, ni el campesinado común", y considera que "la militarización impuesta por este gobierno fascista responde al avance sustantivo del proceso de recuperación político y territoriales".

En los hechos, la declaración del estado de excepción pretende frenar la recuperación de tierras que se viene multiplicando en los dos últimos años. De hecho, en los primeros meses de 2021 se ocuparon cinco veces más fundos que el año anterior y la movilización del pueblo mapuche no hace más que intensificarse.

Se pueden sacar algunas conclusiones de esta deriva del Estado de Chile, de la parálisis de la Constituyente y de la persistencia de las comunidades autónomas.

La primera es que el gobierno de Sebastián Piñera y el Estado no encuentran más recursos que repetir y profundizar la militarización para resolver un conflicto histórico. A mediano y largo plazo, no conseguirán sus objetivos, como viene sucediendo cada vez que reprimen. Todo lo contrario, conseguirán más apoyo y solidaridad con el pueblo-nación mapuche.

La segunda consiste en el fracaso de la Convención Constituyente. Por un lado, está siendo paralizada por la derecha y la extrema derecha que buscan su fracaso. Pero, sobre todo, por la debilidad de las y los constituyentes que responden a la izquierda y a los movimientos sociales, que no atinan a tomar medidas drásticas, por lo menos tan radicales como la decisión del gobierno de enviar al ejército a territorio mapuche.

Piñera siguió la onda de los camioneros que paralizaron la circulación en el sur, exigiendo medidas ante el avance del sabotaje mapuche al transporte. Un gremio ultraderechista, que vive del despojo del territorio por el modelo extractivo de grandes plantaciones de pinos para la exportación.

Pero el fracaso de la convención es, también, la derrota de la gran maniobra para conducir la lucha de calles al redil de las instituciones, empeño en el que destacó Gabril Boric, el candidato de la izquierda a la presidencia en las próximas elecciones de noviembre. En rigor, Boric traicionó la lucha de millones de personas contra el modelo pospinochetista, ya que firmó un Acuerdo por la Paz Social y nueva Constitución sin consultar ni siquiera a su propio partido.

La tercera conclusión, es la fundamental: como demuestra la amplia movilización del 18 de octubre, en el segundo aniversario de la revuelta, amplios sectores de la juventud chilena están retomando el camino de la calle para expresar su rechazo al neoliberalismo militarista chileno. Hubo dos muertos, pero Boric "condenó tajantemente los destrozos, saqueos y enfrentamientos" (https://bit.ly/3G1gT6L).

Es evidente que si llega a la presidencia va a continuar con el extractivismo, seguirá militarizando territorio mapuche y reprimirá con la misma dureza a quienes sigan en las calles.

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La multiplicación de los gobiernos autónomos

El pueblo shipibo-konibo de Perú ha formado su propio gobierno autónomo y llama al gobierno de Pedro Castillo a que lo reconozca oficialmente, como señala una carta abierta publicada el 16 de setiembre.

El Consejo Shipibo Konibo Xetebo (Coshicox) de la Amazonía peruana informó sobre el Gobierno Autónomo del Pueblo Shipibo-Konibo y exige reconocimiento “al mismo nivel político y administrativo que los gobiernos regionales”. Las propuestas que detallan en su carta son “resultados de acuerdos políticos con nuestras bases y son parte de la plataforma de negociación de los pueblos indígenas en su relación con el Estado y que han sido continuamente postergados”.

Exigen además que se reconozcan “nuestros propios órganos representativos que funcionan como instancias de deliberación política”, así como las normas jurídicas creadas por las comunidades y nuestro territorio integral como nacionalidad indígena y no a nivel comunal”.

Estos puntos son centrales porque la legislación peruana reconoce las comunidades y hasta los territorios de los pueblos, pero no así las naciones y las formas de autogobierno a escala supra comunitaria.

Aseguran que las guardas indígenas que han formado son la versión amazónica de las rondas campesinas, surgidas hace medio siglo en la sierra andina para la defensa de las comunidades campesinas, y destacan que esas guardias de autodefensa hoy son más necesarias que nunca para “proteger la Amazonía de invasiones de traficantes de tierras, deforestación y otras actividades como las explotaciones mineras e hidrocarburíferas” que violan las autonomías.

Las comunidades Shipibo-Konibo están asentadas en los departamentos de Ucayali, Madre de Dios, Loreto y Huánuco y abarcan una población de casi 33 mil habitantes, siendo uno de los pueblos más numerosos de la Amazonía peruana.

El pueblo Shipibo demanda el reconocimiento de 2,4 millones de hectáreas, está asentado de forma dispersa y no continua como suele suceder con los pueblos amazónicos (https://www.coshikox.pe/). Cuenta con un sistema propio de comunicación a través de informativos diarios de radio, con programas económicos de cooperativas de banano y de productos orgánicos y crearon un Banco Shipibo que ha realizado préstamos a más de 300 artesanas para que puedan mejorar su producción.

Los emprendimientos económicos tienen por objetivo “soportar el proceso político de independencia y autogobierno a través de acciones económicas basadas sobre el apoyo mutuo entre productores”, según señala su página. Se puedan ver algunos videos para comprender mejor el entorno de los pueblos que ahora se proclaman gobiernos autónomos, como “Canaán: la tierra prometida” (https://www.youtube.com/watch?v=PPkTP-HV_IE&t=72s) y “Uchunya” (https://www.youtube.com/watch?v=RqAOMBeux6A), que permiten acercarse a realidades, identidades y culturas de los pueblos amazónicos, que enarbolan formas de resistencia distintas a las que conocemos pero convergentes con ellas.

“El dinero hoy lo tenemos y mañana ya no. Nuestro territorio lo vamos a tener de por vida y nunca se va a terminar”, dice una mujer autoridad de Santa Clara de Uchunya.

Es evidente que para quienes aspiran a gobernar naciones, provincias o ciudades, las autonomías de los pueblos originarios suenan a poco: escasa población, asentada en territorios remotos lejos de los centros del poder de arriba. No son atractivos para la estrategia de conquistar el poder, ni para rejuntar votos ni para acarrear militantes.

Sin embargo, en los últimos años estamos asistiendo a una notable expansión de las autonomías de los pueblos. Como hemos visto en otras ocasiones, las autodefensas comunitarias que develan la existencia de procesos autonómicos, comenzaron en las regiones de tierras altas, se fueron expandiendo por las tierras bajas, pero también fueron adoptadas por los pueblos negros y campesinos.

Desde la revuelta colombiana de este año, comienzan a organizarse “guardias urbanas” en grandes ciudades como Cali, formas de organización que demandarán largos procesos de aprendizajes colectivos. Sin embargo, como los gobiernos autónomos, las formas de organización no estatales ya están caminando, se multiplican en un proceso imparable, interminable.

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Guerra y caos arriba; resistencia y dignidad abajo

Desde la distancia no se pueden aportar análisis tan precisos y ajustados como los que aparecen en el comunicado del EZLN, del 19 de setiembre, "Chiapas al borde de la guerra civil" (https://bit.ly/3krmlH6). Tampoco un bordado de datos como los que integran el artículo de Luis Hernández Navarro, "El infierno chiapaneco" (https://bit.ly/3ksil9l).

Sólo quisiera enmarcar la agresión a las bases de apoyo zapatistas, en particular, y a los pueblos originarios de Chiapas y de otras geografías, en general, en la estrategia de "guerra perpetua" definida por el Pentágono, que se despliega en estos momentos con una tremenda capacidad destructiva.

La contrainsurgencia ha mutado tanto como la guerra. En Vietnam, el Pentágono creó las "aldeas estratégicas", donde encarceló a 8.5 millones de campesinos, 55 por ciento de la población total de Vietnam del Sur (https://bit.ly/3kwjmxm). Era la forma de aislar a la guerrilla para evitar que se moviera como "pez en el agua", según el aserto de Mao.

En las guerras actuales no se trata de "quitarle el agua al pez", como se hizo hasta la derrota de Estados Unidos en el sudeste asiático, sino de enturbiar y envenenar el agua, para que nadie pueda vivir en paz, y así el capital sigue destruyendo "creativamente", territorios y pueblos, para seguir acumulando.

Lo primero a tener en cuenta es que la guerra dejó de ser un medio para convertirse en un fin. Antes las guerras pretendían derrotar enemigos para instalar una paz que permitiera la continuidad y fluidez de la acumulación de capital. Ahora la guerra es el fin, porque el capital acumula despojando, robando, destruyendo.

Los ingenieros de la guerra, los que tienen una visión más clara y descarnada de las necesidades del capital y del imperio, para seguir siendo el poder dominante, no andan con vueltas. El teniente coronel Ralph Peters, en un texto diáfano como "Constant conflict" (Conflicto constante), publicado en la revista militar Parameters en 1997, enseña la brutalidad conceptual del Pentágono (https://bit.ly/39pEHBY).

La democracia es apenas "esa hábil forma liberal de imperialismo". Peters recomienda la guerra sucia para mantener la dominación, y destaca que "no habrá paz", ya que "durante el resto de nuestras vidas habrá múltiples conflictos en formas mutantes en todo el mundo".

La "guerra perpetua" del Pentágono busca "mantener el mundo seguro para nuestra economía y abierto a nuestro asalto cultural", con un ejército bien informado capaz de "negar ventajas militares a nuestros oponentes". Es evidente que cuando el capitalismo se convirtió en sinónimo de guerra, el pensamiento militar es el que define los modos de actuar y los pasos a seguir.

No se le puede negar precisión y lucidez a estos análisis, por más que resulten repugnantes. La "guerra perpetua" busca eliminar porciones enteras de la población, a la que consideran sobrante, como ha sido analizado por el subcomandante Marcos, en el texto "¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?", hace ya más de dos décadas (https://bit.ly/3hSKwfS).

Que la guerra se haya convertido en el fin del sistema, cambia las cosas de raíz. El mejor escenario para comprender la "guerra perpetua" es Siria, donde no hay potencias mejores ni peores, ni regímenes o gobiernos aceptables; donde las milicias kurdas defienden a su pueblo de un amplio espectro de enemigos: desde los ejércitos de Turquía y Siria hasta las bandas del Estado Islámico y otros grupos terroristas.

Como en Chiapas, estos grupos no surgieron espontáneamente, sino arropados por el Estado, sostenidos por los más diversos gobiernos, incluso por los que se denominan progresistas. Sencillamente, porque son formas sistémicas de dominación, o sea los modos de mantener a los capitalistas en el lugar de mandones.

Asumir que la guerra será para un largo periodo histórico, plagado de tormentas sistémicas, supone decidir el tipo de organización y las formas de lucha adecuadas a esta nueva situación. Si la guerra busca instalar el caos, debemos ser principio de orden y claridad en nuestros territorios. Si quieren instalar la muerte de pueblos y de geografías, defendamos la vida en todo tiempo y lugar.

Por supuesto que los gobiernos progresistas no comprenden el peligro, porque sueñan con poder gobernar a las mafias narcoparamilitares. No perciben que esas mafias están dispuestas a enfilar sus armas contra esos mismos gobiernos que miran para otro lado, mientras disparan contra los pueblos. Cuando adviertan el error, será demasiado tarde.

Entre los de abajo, lo primero es la cohesión comunitaria y el apego a los territorios en resistencia. Aunque elegimos transitar el camino de la lucha pacífica, no somos pacifistas, no renunciamos a defendernos. En cierto momento hace falta un "tatequieto", un ya basta colectivo que ponga las cosas en su sitio.

El potente comunicado del EZLN nos alerta de la cercanía de esos momentos. Cada quien, en su geografía, estamos alertados.

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Marcha del movimiento Ocupa Wall Street por Nueva York, en octubre de 2011. Foto Ap/Archivo

Nueva York. Hace 10 años estalló Ocupa Wall Street, cuya presencia física duró solo un par de meses pero cuyo impacto sigue retumbando por Estados Unidos al cambiar la narrativa política con su famoso lema de “somos el 99%” colocando la injusticia económica al centro del debate sobre la democratización del pais y nutrir algunos de los movimientos progresistas sociales y electorales sin precedente a lo largo de esta última década.

Respondiendo a un llamado por un revista independiente activista, Adbusters, a que 20 mil manifestantes tomaran Wall Street el 17 de septiembre del 2011, sólo unos cientos de jóvenes respondieron. Se encontraron con una masiva presencia policiaca estableciendo un perímetro de seguridad de cuadras alrededor de Wall Street pero que en efecto logró el objetivo de los manifestantes - poner bajo sitio el símbolo del capitalismo, la Bolsa de Valores de Nueva York. Hasta la famosa escultura del toro de Wall Street sería asignada protección policiaca de 24 horas durante esos dos meses.

Al ser impedidos llegar a Wall Street, los manifestantes procedieron al Parque Zuccotti a unas cuatro cuadras, una plaza a un lado de Broadway, el cual tomaron re-bautizando el lugar como “Plaza Libertad”. Durante los primeros días instalaron una cocina popular, una biblioteca, una carpa de asistencia medica y empezaron a organizar foros. Todos los días realizaban una “asamblea general” en las cuales toda decisión se tomaba por consenso en su experimento de organización horizontal sin líderes.

Identificaron como su inspiración al movimiento de los Indignados en España, la Primavera Arabe, y las movilizaciones estudiantiles en Chile y reconocieron como sus antepasados inmediatos al movimiento altermundista de fines de los noventa y algunos tenían como referencia al EZLN y nuevas expresiones en Sudamérica.

Se asombraron de que eran percibidos como una amenaza tan peligrosa que las autoridades asignaron a cientos de policías y agentes para protegerse de lo que era un movimiento no violento y al inicio muy blanco y de clase media. Pero sus filas fueron creciendo y diversificándose tanto en color como de edades.

En los primeros días de repente apareció una brigada de trabajadores del sindicato del transporte publico de varias razas y etnias coreando “somos el 99%”. Con los días, se empezaron a sumar integrantes de otras organizaciones y movimientos incluyendo los de otros gremios - telefonistas, maestros, electricistas, jornaleros - como agrupaciones de derechos civiles, activistas gay, veteranos de guerra, religiosos, anarquistas, activistas comunitarios, académicos y artistas.

El cambio se notó en las conversaciones e intercambios, los idiomas y sobre todo en el ritmo de los incesantes tambores, que ahora ya hacían bailar.

El comedor popular daba de comer a todos de manera gratuita, gracias a donativos de todo el pais, se coordinaron proyectos de difusión y comunicación incluyendo un periódico impreso de alta calidad llamada The Occupied Wall Street Journal, se organizaron grupos de trabajo y hasta una “universidad” sobre temas de todo tipo. Aparecieron y participaron líderes sociales e intelectuales y artistas de renombre entre ellos Jesse Jackson, Pete Seeger, el presidente de la central obrera nacional Rich Trumka, Tom Morello, Michael Moore, Naomi Klein y en otras ciudades participaron Noam Chomsky y Cornel West.

En uno de los foros de Ocupa en Nueva York, Arundhati Roy declaró que “lo que ustedes han logrado desde el 17 de septiembre… es introducir nueva imaginación, un nuevo idioma político, en el corazón del imperio. Ustedes han reintroducido el derecho a soñar’.

Realizaban acciones directas diarias, marchas, bailes, acciones directas no violentas y algunas aventuras y travesuras con gran humor [https://theyesmen.org/project/occupybullfight/video] y producian videos con nombres tramposos para difundir sus mensajes [https://vimeo.com/30476100].

Ocupa Wall Street se multiplicó y en un momento llegó a tener presencia en más de 100 ciudades y pueblos - desde Filadelfia a Boston, Chicago, Oakland, Phoenix y Washington y hasta Alaska - con diversas expresiones y dimensiones como en otros 82 países, incluyendo brevemente en México.

El sociólogo Immanuel Wallerstein proclamó que era en su momento “el acontecimiento politico más importante de Estados Unidos desde los levantamientos del ’68, de los cuales es descendiente…” [https://www.jornada.com.mx/2011/10/22/politica/036a1pol]. Jesse Jackson, al acompañarlos declaró que los manifestantes eran “los hijos de la campaña de los pobres” de Martin Luther King.

La autora y analista Rebecca Solnit registró que fue el primer momento unplugged de la generación que nació enchufada a las computadoras y las redes cibernéticas, porque por primera vez se reunieron fisicamente, podían verse, enojarse, enamorarse y organizarse en persona. Entre sus logros, escribió en el primer aniversario de ese estallido, fue el “articular, clara e incontrovertiblemente, y a todo volumen, que espantoso y destructivo es el actual sistema económico. Nombrar algo es una acción poderosa… hablar la verdad cambia la realidad (…) Los astutos de Ocupa trajeron a un caballo de Troya lleno de la verdad a la ciudadela de Wall Street”.

Dos meses más tarde, la policía logró reprimir y desmantelar el campamento en la Plaza Libertad, llegando con gases y equipo anti-motín y tirando a la basura cientos de libros. “No pueden desalojar una idea cuyo momento ha llegado” fue la respuesta en pancartas.

Diez años después se debate el impacto real de Ocupa. Un lider veterano de diversas luchas sociales, desde el sindicalismo democrático en los setenta, el movimiento Arcoiris de Jackson, a la fundación de un partido politico de izquierda, comento a La Jornada esta semana que se tiene que reconocer que “Ocupa puso la desigualdad sobre la mesa - ellos cambiaron [el debate politico] sobre ese tema mas en tres meses que nosotros en 30 años”.

Muchos jóvenes que despertaron políticamente con ese movimiento se han sumado a una amplia gama de nuevas iniciativas, desde cooperativas de trabajadores a nuevos movimientos ambientalistas [ver el nuevo llamado de Adbusters https://www.adbusters.org] al movimiento por las vidas negras a nuevas organizaciones poltiico-electorales e incluso han ganado puestos electorales.

De hecho, varios veteranos de Ocupa participaron en las dos campañas presidenciales del socialista democratico Bernie Sanders quien retomo y puso al centro del mensaje de su movimiento el vocabulario hecho masivo por Ocupa de defender el 99% contra el control antidemocrático del 1% mas rico de la economía y la política en este pais.

El enfoque sobre la injusticia económica, el 1% contra el 99% promovido por Ocupa Wall Street sigue siendo un eje central de la disputa política, económica y social de Estados Unidos 10 años después.

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Martes, 14 Septiembre 2021 05:47

El EZLN por ahora rompe el cerco racista

El subcomandante Moisés, con otras delegadas del EZLN.Foto Roberto García Ortiz

La compañía zapatista aerotransportada, llamada La Extemporánea, con 177 integrantes, salió de la Ciudad de México ayer, con destino a Viena, Austria, con escala en Madrid. No fue sencillo vencer el racismo estructural en torno a la posibilidad de que cualquier persona en el país obtenga un pasaporte. Fue necesaria la denuncia y exhibición pública del discurso y descalificaciones de empleados públicos encargados de las oficinas de trámite de pasaportes, los cuales tenían tras de sí el “respaldo “de la cadena originada desde el registro de nacimiento de los solicitantes zapatistas, a la cual por cierto no es ajena gran cantidad de mexicanos que no representan el ideal urbano y clasista detrás de los requisitos de acreditación. Se constituyeron así en personas bajo sospecha. ¿Por qué y para qué pretendían un pasaporte? Juicios culturales plagados de ofensas. Por fortuna, con la denuncia se logró una intervención oficial de funcionarios, tanto en Relaciones Exteriores como en Gobernación, para ir superando obstáculos. Si a ello sumamos el contexto de pandemia, el acceso a vacunas potenciados en requisitos de ingreso a países europeos, podemos imaginar el desafío a la voluntad que implicó concretar esta fase de la Travesía por la Vida. Ciertamente los numerosos colectivos europeos en paralelo al acompañamiento al escuadrón marítimo 421, que regresó al país el pasado sábado, han realizado gestiones de respaldo para las medidas que en su caso deban cubrirse al arribar a Viena.

El EZLN informó que La Extemporánea, nombrada así por el calificativo recurrente que recibieron por sus registros de nacimiento, “está organizada en 28 equipos de Escucha y Palabra, formados por cuatro-cinco compas cada uno; uno de juego y travesura y uno coordinador, por lo que podrá cubrir 28 rincones de la geografía europea en forma simultánea. [...] Días después se incorporará la delegación del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno y el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua”.

Como evidencia de la congruencia proverbial que les caracteriza, los zapatistas promovieron "por qué sí a la consulta y sí a la pregunta". Con ello iniciaron la Campaña Nacional por la Verdad y la Justicia. Y hoy dedican este esfuerzo de la travesía “a todas las desaparecidas, a las familias que sufren su ausencia y, sobre todo, a las mujeres y hombres que luchan por encontrarlas y conseguir la verdad y justicia que todos necesitamos y merecemos. Justamente han traído consigo desde Chiapas las actas de las asambleas de las comunidades zapatistas, no zapatistas y antizapatistas, con sus acuerdos sobre el apoyo a la lucha por verdad y justicia para las víctimas de la violencia, según la consulta realizada el pasado 1º de agosto.

Por otra parte, ante la cacería de migrantes que en los últimos días se ha producido en Chiapas, el pasado 4 septiembre los subcomandantes Moisés y Galeano difundieron un enérgico llamado denominado "Contra la xenofobia y el racismo, la lucha por la vida". Desmontaron los argumentos oficiales para mostrar el trasfondo de esta política, pues tiene ese rango, vinculada a los acuerdos con el gobierno estadunidense. Es inaceptable señalar que sólo dos agentes de migración golpearon a migrantes y fueron suspendidos. Las imágenes de la persecución a las caravanas, por elementos de la Guardia Nacional y empleados del Instituto Nacional de Migración están en lo que una vez se llamaron benditas redes sociales. Como muestra de su solidaridad, que nos evoca aquella que organizaron en favor de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Chiapas en los días de intensa movilización, ahora informaron que tanto las 12 juntas de Buen Gobierno como la Comisión Sexta, reunieron una cantidad "de paga" para hacerla llegar a los albergues y organizaciones de trabajo humanitario con migrantes en Chiapas.

En Europa se están encontrando también el estigma y persecución a migrantes, la lucha contra megaproyectos y tantas realidades de luchas que ahora se articulan para recibir dignamente a los zapatistas que van a escucharles y a aprender. Objetivamente están acercándose al concepto central de que el capitalismo no se da en un solo país.

Falta conocer a detalle el balance de la actividad intensa que desplegó el comando marítimo Escuadrón 421, que navegó en el mar durante siete semanas en la ruta inversa a quienes se dijo llegaron a conquistarnos y hoy se responde no nos conquistaron, así lo afirmaron en el inicio del año 501 de la resistencia y en el arduo despliegue en las tierras de la Europa insumisa durante tres meses.

Las muestras de racismo estructural aquí enunciadas, incluida la persecución de migrantes, en especial los haitianos fácilmente perseguibles por su color de piel, son sólo un ejemplo ante el que está naturalizado en la sociedad mayoritaria. Toda una tarea para integrarlo con la lucha anticapitalista sin reduccionismos.

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La delegación zapatista en su llegada a Galicia, España

El primer grupo volverá el sábado a México después de haber realizado un viaje de cuatro meses.

Unos van y otros regresan. Lo que es un hecho es que, pese a múltiples trabas burocráticas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) sigue adelante con una histórica gira que bautizó "La travesía por la vida", y a través de la cual una delegación ya visitó España, Francia y Suiza para compartir "dolores y rabias" y estrechar lazos con colectivos sociales.

Se trata del Escuadrón 421 que partió el 3 de mayo desde la costa mexicana y atravesó el Atlántico para desembarcar 52 días después en la provincia española de Galicia.

Uno de los puntos culminantes del viaje fue la conmemoración por el 500 aniversario de la caída de Tenochtitlán, el imperio azteca, que, bajo el lema "no nos conquistaron", realizaron el 13 de agosto en Madrid, es decir, en la tierra de los invasores.  

Mañana, este grupo, que está conformado por cuatro mujeres, dos varones y una persona trans, todos ellos indígenas y zapatistas, regresará a México, para continuar la lucha y la organización desde Chiapas, en las montañas del sureste en donde en 1994 se presentó una guerrilla que hoy se ha reconvertido en un movimiento social.

Son días agitados para el EZLN, porque este viernes llegó a la Ciudad de México la delegación que toma la posta y que está conformada por 177 zapatistas de raíz maya, que el próximo lunes partirá en dos aviones rumbo a Austria para continuar la gira europea.

Agenda

El nuevo contingente fue bautizado como "La extemporánea", en una irónica alusión a los pretextos que dieron las autoridades mexicanas para postergar la entrega de pasaportes que requerían 62 viajeros, a quienes les decía que eran "extemporáneos", lo que en muchos casos implica que sus actas de nacimiento fueron emitidas después de los tres años de vida, una situación común en los pueblos indígenas y que, en este caso, servía como pretexto para obstaculizar los trámites.

"La extemporánea" va encabezada por el Subcomandante Moisés, principal dirigente de esta organización, y quien detalló en un comunicado los pormenores del viaje.

"Después de infinidad de trámites, obstáculos y problemas, anunciamos que la compañía zapatista aerotransportada, a la que hemos llamado 'La Extemporánea', saldrá de la Ciudad de México con rumbo a Europa el próximo día 13 de septiembre del 2021. El destino es la ciudad de Viena, en la geografía que llaman Austria, y viajaremos en dos grupos", precisó.

También explicó que la delegación está organizada en 28 equipos de Escucha y Palabra, uno de Juego y Travesura y uno Coordinador. Todos se dispersarán, ya que la intención es cubrir 28 rincones de la geografía europea en forma simultánea.

Unos días después de su llegada a Viena, agregó, se incorporarán a ellos otro grupo del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno y el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua: "Junto a esa delegación de esas organizaciones hermanas, continuaremos el trabajo iniciado por el llamado Escuadrón 421".

El Subcomandante aclaró que este esfuerzo está dedicado a todas las personas desaparecidas en México, (que actualmente superan las 90.000), a las familias que sufren su ausencia y, sobre todo, a las mujeres y hombres que luchan por encontrarlas y conseguir verdad y justicia.

"Sepan que su ejemplo, su incansable trabajo y su no rendirse, no venderse y no claudicar, son para nosotros, los pueblos zapatistas, una lección de dignidad humana y de compromiso auténtico en la lucha por la vida", señaló.

El anuncio

En octubre del año pasado, el subcomandante Moisés explicó que en 2021 se cumplirían los 20 años de la Marcha del Color de la Tierra que el EZLN realizó en México. En conmemoración de la fecha, ahora navegarían y caminarían "para decirle al planeta que, en el mundo que sentimos en nuestro corazón colectivo, hay lugar para todas, todos, todoas. Simple y sencillamente porque ese mundo sólo es posible si todas, todos, todoas, luchamos por levantarlo".

"La travesía por la vida" fue confirmada el 1 de enero, al cumplirse el 27 aniversario de la sorpresiva irrupción del EZLN, la guerrilla mexicana que después mutó a movimiento político y que desde su aparición pública goza de gran popularidad a nivel internacional.

En una declaración difundida ese día, los zapatistas explicaron que habían establecido múltiples contactos por diversos medios. "Somos mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, travestis, transexuales, intersexuales, queer y más, hombres, grupos, colectivos, asociaciones, organizaciones, movimientos sociales, pueblos originarios, asociaciones barriales, comunidades y un largo etcétera que nos da identidad", señalaron.

Al reconocer que las diferencias entre tantos grupos son variadas, desde las distancias, geografías, culturas, clases sociales, dogmas y más, también destacaron que hay puntos de acuerdo.

"Solo nos unen muy pocas cosas: El que hacemos nuestros los dolores de la tierra: la violencia contra las mujeres; la persecución y desprecio a los diferentes en su identidad afectiva, emocional, sexual; el aniquilamiento de la niñez; el genocidio contra los originarios; el racismo; el militarismo; la explotación; el despojo; la destrucción de la naturaleza", señalaron.

Además, afirmaron que coinciden en el entendimiento de que hay un responsable de estos dolores. "El verdugo es un sistema explotador, patriarcal, piramidal, racista, ladrón y criminal: el capitalismo. El conocimiento de que no es posible reformar este sistema, educarlo, atenuarlo, limarlo, domesticarlo, humanizarlo. El compromiso de luchar, en todas partes y a todas horas –cada quien en su terreno-, contra este sistema hasta destruirlo por completo. La supervivencia de la humanidad depende de la destrucción del capitalismo. No nos rendimos, no estamos a la venta y no claudicamos", advirtieron.

Otra certeza compartida, dijeron, es que la lucha por la humanidad es mundial. "Así como la destrucción en curso no reconoce fronteras, nacionalidades, banderas, lenguas, culturas, razas; así la lucha por la humanidad es en todas partes, todo el tiempo. La convicción de que son muchos los mundos que viven y luchan en el mundo. Y que toda pretensión de homogeneidad y hegemonía atenta contra la esencia del ser humano: la libertad. La igualdad de la humanidad está en el respeto a la diferencia. En su diversidad está su semejanza", afirmaron.

Publicado: 10 sep 2021

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La travesía zapatista desborda al movimiento antiglobalización

Propongo pensar la Travesía por la Vida que organiza el EZLN como la superación del movimiento antiglobalización que despegó en la década de 1990, recuperando las tradiciones de movilización internacionalista, pero, a su vez, superando algunas de las limitaciones que permitieron que fuera neutralizado.

A finales de la década de 1980 comenzaron a realizarse encuentros y concentraciones de los movimientos contra la globalización, en cada ocasión en que se producían cumbres del Banco Mundial, del FMI y otros organismos internacionales. En la década de 1990, nacieron coordinaciones internacionales, como Vía Campesina (1992) y la Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras (ATTAC, en 1998). Ese año nacieron la Acción Global de los Pueblos contra el Libre Comercio y la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En 1999 se organizaron grandes manifestaciones en Seattle, donde más de 50 mil manifestantes consiguieron abortar la reunión de la OMC. En adelante, cada reunión del G-7 o de los diversos organismos internacionales se topó con una “contracumbre”, cuya máxima expresión se dio en Génova en 2001, donde el movimiento sufrió una brutal represión.

En 2001 se realizó el Primer Foro Social Mundial en Porto Alegre, que fue replicado durante años en diversas ciudades del mundo. Fueron encuentros de movimientos, ONG y partidos donde predominaron la heterogeneidad y la diversidad por abajo y una tendencia homogeneizadora en las instancias de coordinación.

Como señala un excelente trabajo de tres miembros de Ecologistas en Acción (Luis González Reyes, Tom Kucharz y Beatriz Sevilla), estos encuentros estuvieron “en la génesis del siguiente ciclo de luchas, que fue cualitativamente y cuantitativamente más importante: el movimiento indignado y de ocupación de plazas que eclosionó entre 2008 y 2011 en diferentes países”(https://bit.ly/2VaElvk).

El movimiento contra la globalización, nombre que prefieren al de “alterglobalizador” o “altermundialista”, porque la globalización capitalista es “la única existente”, no consiguió sostenerse en el tiempo, en gran medida porque buena parte de sus referentes, en particular después de la crisis de 2008, optaron por incrustarse en las instituciones, como sucedió con Syriza en Grecia, con Podemos en España y en los países latinoamericanos donde hubo gobiernos progresistas.

Así, las potentes luchas en América Latina, así como el 15-M en la península ibérica y la primavera árabe, se diluyeron entre las contraofensivas de las derechas y la esterilidad del juego parlamentario. Lo cierto es que aquellas coordinaciones y contracumbres, con que se respondía a las cumbres del sistema, desaparecieron del mapa político.

Por el contrario, los zapatistas que convocaron el Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, en 1996 en La Realidad, nunca dejaron de organizar reuniones internacionales en estos 25 años, incluyendo la Escuelita que fue mucho más que un encuentro: una convivencia para el aprendizaje entre los de abajo en las comunidades, municipios autónomos y caracoles.

Creo que la Travesía por la Vida es la superación de las experiencias que acabo de reseñar de forma brevísima e incompleta. Lo es por varias razones.

La primera, porque supera el concepto de “ciclo de movilización” o “ciclo de protesta”, concepto acuñado por el sociólogo Sidney Tarrow para explicar la acumulación de acciones en breve tiempo. Cuando finaliza un ciclo sobreviene la desorganización, la crisis del movimiento, su cooptación por el Estado o los partidos y las luchas decaen hasta casi desaparecer. Superar el ciclo implica la organización permanente, sin descanso, aunque la movilización no lo sea.

La segunda, consiste en ir más allá de la movilización reactiva contra gobiernos e instituciones, para presentarles demandas o impedir ciertas iniciativas. Se reacciona a la agenda del poder que, siendo necesaria e imprescindible para ponernos en movimiento, al no conseguir crear una agenda propia, nos deja como prisioneros de las iniciativas de arriba.

A mi modo de ver, esta es una de las mayores debilidades de los movimientos porque de ese modo no consiguen construir lo propio, lo que nos termina volviendo funcionales al sistema de dominación. El FMI y el Banco Mundial tienen su agenda, la van manejando a su modo y con sus tiempos, pero nosotros necesitamos nuestros tiempos y agendas para ser verdaderamente autónomos.

Por último, la Travesía por la Vida profundiza los modos anticapitalistas, contra el patriarcado y el colonialismo porque son encuentros entre los abajos, en los espacios cotidianos de quienes resisten, pagados por quienes luchan y no por ONG y gobiernos, para hablar de nuestras limitaciones y el modo de superarlas.

Quiero entender la travesía como un inmenso abrazo colectivo, para hacernos comunidades más fuertes, enfrentando juntas la tormenta.

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Domingo, 18 Julio 2021 05:16

La revolución como problema

La revolución como problema

Pertenezco a la generación que creció influenciada por el clima político y cultural de la revolución cubana. Me contagié del entusiasmo que generaba, en particular, la figura del Che, quien no dudó en dejar las comodidades de la vida urbana posrevolucionaria para caminar selvas y montañas, porque «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución».

Hoy Cuba atraviesa una situación compleja, que me lleva a reflexionar en varios tiempos sobre la coyuntura, la estructura y el concepto mismo de revolución.

I

La soberanía nacional es intocable, tanto como el derecho de las naciones a su autodeterminación. La soberanía de una nación no depende de quién esté en el gobierno. Nadie tiene derecho a intervenir o subvertir el gobierno de una nación ajena.

El bloqueo a Cuba es inaceptable, como los intentos por derrocar la revolución, sistemáticos y continuos desde hace seis décadas. Nunca pedimos una intervención extranjera para poner fin a las dictaduras del Cono Sur, porque confiamos en que los pueblos deben decidir su futuro. Por eso tampoco pedimos que regímenes oprobiosos y genocidas (como el de Arabia Saudita, entre muchos otros) sean derrocados con invasiones militares.

Cuba tiene derecho a que se la deje en paz, como sucede con todas las naciones del mundo. Solo dos países apoyan el bloqueo: Israel y Estados Unidos.

II

La crisis actual tiene causas precisas. En 2020 la economía registró una contracción del 8,5 por ciento, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. La industria cayó 11,2 por ciento y el agro, 12 por ciento. La crisis del turismo es tremenda y repercute en toda la sociedad: en 2019 Cuba recibió 4,2 millones de turistas, en 2020 apenas 1,2 millones. En el primer semestre de este año solo recibió 122 mil turistas, según datos recabados por la periodista chilena Francisca Guerrero.

El turismo aporta en torno al 10 por ciento del PBI, emplea al 11 por ciento de la población activa y es la segunda fuente de divisas. La escasez de divisas crea enormes dificultades para la importación de alimentos: Cuba debe importar el 70 por ciento de la comida que consume, mientras los precios internacionales crecieron un 40 por ciento en un año.

El llamado ordenamiento cambiario, que eliminó las tasas diferenciadas con las que se cambiaban los pesos cubanos por dólares, decidido en enero, aunque necesario y deseable, llegó tarde y en un momento de aguda escasez de dólares. Lo cierto es que la población tiene grandes dificultades para acceder a bienes básicos.

Inflación y apagones son el corolario de viejos problemas nunca resueltos (como el deterioro de las infraestructuras) y de improvisaciones en la aplicación de cambios largamente postergados.

El bloqueo es un gran problema para Cuba. Pero no todos sus problemas pueden reducirse al bloqueo. Un problema del que no se quiere hablar, no solo en Cuba, es el de la revolución como problema. O sea, del Estado como palanca de un mundo nuevo.

III

Creíamos que la revolución era la solución a los males del capitalismo. No fue. Quizá la obra mayor de las revoluciones haya sido empujar al capitalismo a reformarse, limando durante cierto tiempo sus aristas más extremas, aquellas que todo lo confían al mantra del mercado autorregulador, que lleva a millones a la pobreza y la desesperación.

Revolución fue siempre sinónimo de conquista del Estado, como herramienta para caminar hacia el socialismo. Originalmente el socialismo debía ser, ni más ni menos, el poder de los trabajadores para superar la alienación que supone la separación entre los productores y el producto de su trabajo. Sin embargo, socialismo se volvió sinónimo de concentración de los medios de producción y de cambio en el Estado, controlado por una burocracia que, en todos los casos, devino en una nueva clase dominante, casi siempre ineficaz y corrupta.

El pensamiento crítico se sometió a esta nueva burguesía, o como quiera denominarse a esa casta burocrática que, no siendo propietaria, tiene la capacidad de gestionar los medios de producción a su antojo, sin rendir cuentas más que a otros burócratas, sin que los trabajadores, privados de formas de organización y de expresión autónomas, puedan incidir en las decisiones. Sin libertades democráticas, los Estados socialistas (contradicción semántica evidente) devinieron en Estados autocráticos y totalitarios, no muy diferentes a las dictaduras que sufrimos y a las democracias que no nos permiten elegir el modelo económico que nos gobierna, sino apenas a representantes ungidos gracias a costosas campañas publicitarias.

Las revoluciones socialistas y de liberación nacional, y aun los movimientos emancipatorios, se autodestruyeron en el rompeolas de los Estados: al institucionalizarse y perder su carácter transgresor y superador del estado actual de cosas; al relegitimar un sistema-mundo que pretendían desbordar; al trasmutar, por la vía institucional, la potencia rebelde de las clases populares en impulso para la conversión de los burócratas en nuevos opresores.

Como sostuvieron Fernand Braudel e Immanuel Wallerstein, y ahora Abdullah Öcalan, el Estado nación es la forma de poder propia de la civilización capitalista. Por lo tanto, dice el líder kurdo, la lucha antiestatal es más importante que la lucha de clases, y esto no tiene nada que ver con el anarquismo, sino con la experiencia de más de un siglo de socialismo. Es revolucionario el trabajador que se resiste a ser proletario, que lucha contra el estatus de trabajador, porque esa lucha apunta a superar y no a reproducir el sistema actual.

Para hacer política centrada en el Estado, las categorías de hegemonía y homogeneidad son centrales. La primera es una forma de dominación, sin más, aunque el progresismo y la izquierda crean que supera al leninismo. La segunda es una pretensión de quienes, desde arriba, quieren llevar a los pueblos de las narices. Agrietados el patriarcado y el colonialismo interno, hoy es imposible una sociedad homogénea, porque las mujeres, los jóvenes y todo tipo de disidencias (desde las culturales hasta las sexuales) rechazan el aplanamiento de las diferencias y diversidades.

Imponer homogeneidad con base en la hegemonía es una apuesta al autoritarismo, ya sea a través del mercado o del partido de Estado. La forma ideal de dominación es aquella que se presenta como democrática (simplemente porque hay elecciones), pero encarcela a la población en un modelo económico que vulnera su propia vida.

IV

La revolución socialista es cuestión del pasado, no es el futuro de la humanidad. Tampoco lo es el capitalismo. El binarismo capitalismo/socialismo ya no funciona como organizador y ordenador de los conflictos sociales.

Mientras las izquierdas siguen prisioneras de su visión estadocéntrica, los sectores más activos y creativos de las sociedades latinoamericanas (feministas, pueblos originarios, jóvenes críticos) ya no se referencian en Cuba, como lo hizo mi generación, sino en luchas concretas como las revueltas chilena o colombiana, en el zapatismo y en los mapuches, en ritmos raperos y en sueños de libertad imposibles en la Nicaragua de Ortega y en la Cuba del Partido, en la Colombia de los paramilitares o en el Brasil de Bolsonaro.

17 julio 2021

 

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