Lunes, 23 Abril 2018 05:59

Vanguardia

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Las mujeres son la vanguardia de la resistencia y rebelión en la era de Trump. Maestras, estudiantes, actrices, jornaleras, atletas, sindicalistas, entre otras, fueron las primeras en repudiar de manera masiva al nuevo régimen, y son las que podrían traducir la resistencia en cambio y con ello rescatar a este país.

Un presidente abiertamente misógino acusado de hostigamiento y abuso sexual por unas 20 mujeres, y que ha sido grabado hablando de su derecho, por ser famoso, a tocar los genitales de cualquier mujer, rodeado de otros que son cómplices en todo esto (incluidas varias mujeres), que promueve políticas formuladas por derechistas religiosos, ha detonado una respuesta masiva de mujeres en todos los ámbitos públicos. Vale recordar que la primera respuesta masiva a Trump fue la Marcha de las Mujeres al día siguiente de rendir protesta como presidente, cuando millones marcharon en Washington y otras ciudades y pueblos del país.

Dentro del ámbito formal del juego poítico, el número de mujeres que se han registrado o que han indicado que pronto serán candidatas electorales a nivel federal, estatal y municipal nunca ha sido mayor en la historia del país. Para los puestos federales hay por ahora 472 mujeres contendiendo para la Cámara de Representantes, y unas 57 para el Senado, casi el doble de las que se inscribieron para la pugna electoral de ambas cámaras en 2012. El número de mujeres que buscan una gubernatura también es sin precedente: 78. La abrumadora mayoría de las candidatas son demócratas, lo cual indica que la ascensión de Trump tiene mucho que ver con sus decisiones; muchas de ellas confirman eso, incluso varias dicen que esa fue la razón por la cual decidieron participar. Entre ellas, según expertos, también hay mayor diversidad de raza y con muchas más inmigrantes.

Hoy día, menos de 20 por ciento de curules en el Congreso están ocupadas por una mujer (del total de 535, sólo hay 22 en el Senado y 83 en la cámara baja), y todos esperan que eso cambiara en noviembre. Según EMILY’S List, organización demócrata de promoción de mujeres en el mundo político, unas 34 mil mujeres interesadas en concursar en elecciones a todos los niveles se comunicaron con la organización desde el día en que fue electo Trump. Stephanie Schrlock, directora de la organización liberal, declaró en una entrevista reciente que estas son mujeres que "desean cambiar el panorama político" para siempre, y que ella considera que esto es parte de la necesidad de "salvar nuestra democracia".

El movimiento magisterial que está sacudiendo las regiones pobres y más republicanas del país está compuesto en su gran mayoría de mujeres; 77 por ciento de la fuerza laboral de educación son mujeres a nivel nacional. Las huelgas y movilizaciones que han sorprendido –y asustado– a las cúpulas en estados como West Virginia, Kentucky, Oklahoma y ahora Arizona por su militancia no sólo exigen alzas salariales y mejores beneficios para los maestros, muchos de los cuales han tenido que trabajar en empleos secundarios para sobrevivir, sino por una mayor inversión en la educación pública. Estudiantes, sobre todo niñas, han declarado que sus maestras son sus "héroes", lo cual se ha manifestado en un creciente apoyo comunitario y, a la vez, una creciente alarma entre la cúpula política casi completamente masculina.

Hablando de estudiantes, Emma Gonzalez, de 18 años, sobreviviente del tiroteo masivo en la preparatoria en Parkland, Florida, y entre las líderes del nuevo movimiento estudiantil contra las armas los políticos que tanto las aman, fue seleccionada junto con cuatro de sus colegas por la revista Time la semana pasada como una de las 100 figuras más influyentes del año. Su discurso en la primera manifestación después de los hechos mortíferos se volvió viral, y su nueva cuenta de Twitter, @emma4change, ya tenía más seguidores a dos semanas de iniciarla que la de la @NRA, la Asociación Nacional del Rifle, una de las organizaciones más poderosas de este país.

Al mismo tiempo, el movimiento de hartazgo ante el hostigamiento, abuso y violencia sexual por hombres poderosos en todos los ámbitos –en la política (empezando con el ocupante de la Casa Blanca), en Hollywood (todo empezó con revelaciones obtenidas por periodistas sobre el famoso productor de cine Harvey Weinstein), en el mundo de la moda, el de los museos, en danza, en universidades y más– continúa sacudiendo a fondo a las principales instituciones e industrias del país, y sigue evolucionando en un movimiento bautizado con los hashtags #MeToo y #TimesUp.

Y una mujer ha generado cada vez mayor preocupación para el ocupante de la Casa Blanca: Stormy Daniels, cuyo nombre real es Stephanie Clifford, es la estrella de pornografía cuya lucha para anular un acuerdo para guardar silencio sobre su relación sexual con Trump ayudó a ampliar la investigación sobre posibles maniobras ilícitas del abogado personal del presidente. Daniels, por rehusar callar, ha sido blanco de ataques y amenazas por fanáticos trumpistas, pero ella ha respondido con gran franqueza, recientemente comentó: "no siento vergüenza, no me pueden bulear". Daniels informó que si gana su demanda contra Trump y su abogado, a nombre de ellos donará los 130 mil dólares que le pagaron por su silencio a Planned Parenthood, la organización de servicios de salud para mujeres sin recursos. Algunos indican que es posible que el último capítulo de esta presidencia será titulado: "actriz porno rescata la República".

Hay voces desde hace más de 150 años que regresan como ecos contemporáneos para responder a argumentos igual de añejos. La ex esclava y líder afroestadunidense Sojourner Truth, en un discurso en Ohio en 1851 sobre la igualdad, comentó: "Entonces un pequeño hombre vestido de negro allá atrás, él dice que las mujeres no pueden tener los mismos derechos que los hombres, ¡porque Cristo no fue mujer! ¿De dónde llegó tu Cristo, pero de dónde llegó tu Cristo? ¡De Dios y una mujer! El hombre no tuvo nada que ver con Él".

La vanguardia es sustantivo femenino.

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Amnistía Internacional denuncia la violencia contra la mujer que suponen las leyes contra el aborto en América Latina

"Tiene la obligación legal de proteger la salud y los derechos de las mujeres, no puede adoptar una posición neutral", pide el secretario general de Amnistía Internacional al presidente argentino

Las rigurosas políticas contrarias al aborto de América Latina se han traducido en muertes innecesarias de miles de mujeres, asegura el secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty. Por eso, Amnistía reclama un impulso decisivo para la legalización del aborto en toda la región.


"La criminalización del aborto es una forma de violencia contra las mujeres. No reduce el número de abortos, simplemente hace que el proceso sea más peligroso", dice Shetty a the Guardian en Buenas Aires, después de un encuentro con el presidente argentino, Mauricio Macri.


Durante una amplia entrevista, Shetty también ha advertido de que la polarización política, la crisis económica y un creciente desencanto con la democracia han llevado a una crisis de los derechos humanos en toda la región. "América Latina siempre fue vista como un área más avanzada en cuanto a derechos en comparación con Asia o África, pero acabamos de vivir un rápido retroceso", explica el especialista.


El tema principal de su encuentro con Macri fue el aborto, que sigue siendo un delito o está restringido en todos los países de América Latina, excepto Cuba y Uruguay. Seis países lo prohíben en todas las circunstancias, mientras que en otros nueve se permite solo cuando la vida de la mujer corre peligro.


Argentina es uno de los países de la región que, en estos momentos, está revisando las estrictas normas sobre el aborto. La semana pasada, el Congreso del país acogió el primer debate sobre el tema por primera vez en la historia, abriendo el camino a lo que probablemente será un largo proceso hacia la despenalización.


El director de Amnistía sostuvo que la restricción del aborto solo obliga a las mujeres a abortar de manera clandestina, lo que supone la principal causa de mortalidad materna en el país.


"En los últimos 25 años, han muerto más de 3.000 mujeres en Argentina como resultado solo de abortos clandestinos. Mientras el debate se produce en el Parlamento, siguen muriendo mujeres por esta causa", protesta Shetty.


Macri ha dicho que él personalmente se opone a la legalización del aborto, pero que permitirá a los parlamentarios de su partido conservador a votar en conciencia el proyecto de ley presentado recientemente que permitiría la interrupción voluntaria del embarazo en las primeras 14 semanas.


Sin embargo, con medio millón de abortos clandestinos cada año en el país, Shetty considera que esta neutralidad no es suficiente. Por eso ha pedido a Macri que apoye abiertamente la despenalización.


Una "posición neutral" no es suficiente


"Tiene la obligación legal de proteger la salud y los derechos de las mujeres, no puede adoptar una posición neutral", es lo que Shetty cuenta que dijo al presidente. Shetty hizo un análisis desalentador de la situación de los derechos humanos en América Latina, señalando el empeoramiento de la crisis humanitaria en Venezuela y la violencia fuera de control en Brasil.


"En Venezuela se está produciendo un sufrimiento extremo", asegura. "Un país que tenía un buen nivel de vida se derrumbó en dos o tres años. Es inimaginable la velocidad a la que pueden salir mal las cosas".


Shetty también ha comentado la preocupación que siente por la creciente polarización política en Brasil, donde las elecciones presidenciales de este año tendrán lugar en un contexto que se ha descrito como el mayor escándalo de corrupción de la historia.


Shetty cree que el asesinato el mes pasado de Marielle Franco –una incansable defensora de los derechos de los afrobrasileños, personas LGTBI, mujeres y grupos de bajos ingresos– fue un recordatorio del riesgo al que se exponen los activistas en toda la región.


Según explica, son los ciudadanos brasileños los que más sufren la violencia entre los narcos y las fuerzas de seguridad. Hace poco, el presidente Temer mandó al Ejército a hacerse cargo de la seguridad en Río de Janeiro, después de una escalada de crímenes violentos callejeros y enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes.


Los activistas han alertado de que la "intervención" puede conllevar todavía más muertes, sobre todo teniendo en cuenta que las fuerzas de seguridad brasileñas han estado implicadas en muertes extrajudiciales. "Un gran número de personas normales y corrientes están perdiendo la vida o están siendo acosadas a diario a causa de la guerra interna", dice Shetty.


Este año habrá elecciones presidenciales en seis países de la región y Shetty advierte de que, al igual que sucede en todo el mundo, la tentación del populismo avanza posiciones por culpa de un sistema democrático que ha fracasado a la hora de proporcionar seguridad económica de una manera continua.


"El modelo político no ha conducido a gobiernos inclusivos o responsables y el modelo económico ha dejado a partes significativas de la población atrás", cuenta. El director de Amnistía también cuenta que le preocupa el vulnerable proceso de paz en Colombia con los rebeldes de las FARC, que puso fin a 52 años de guerra civil, pero que sigue siendo profundamente impopular.


Muchos colombianos se opusieron con vehemencia al acuerdo, que en un primer momento fue rechazado en referéndum. A su vez los antiguos guerrilleros se sienten muy frustrados por la lenta implementación del acuerdo y temen por su propia seguridad. Desde que se firmó el pacto, han matado a 50 excombatientes o familiares de estos, mientras que se cree que 1.200 antiguos rebeldes han vuelto a las armas con grupos criminales.


"La única traza de esperanza real en medio de toda esta locura era Colombia, pero ahora la situación en este país también es muy frágil", concluye el experto.

 

Uki Goñi - Buenos Aires
16/04/2018 - 21:04h
Traducido por Cristina Armunia Berges

 

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Viaje a la dimensión político-estética del Encuentro de las Mujeres que Luchan

Agradezco a Helena Scully y Aura Sabina el haberme refrescado la memoria para consignar aquí algunos nombres.

 

El trayecto


El autobús 6 que salió del centro histórico de la Ciudad de México fue un rico trayecto de pláticas, canciones y música, lectura en voz alta y escritura. Sin contratiempos, lo que no veíamos era el momento de llegar. Por ello, desarrollamos irónicamente la teoría de las dos horas —que consistía en decirnos, pasadas ya las 15 horas de trayecto, que en 2 horas llegaríamos—. Nos llevó 22 horas y media alcanzar el caracol de Morelia, cerca de la ciudad de Altamirano, Chiapas. El tiempo estaba revuelto con nuestras ganas de llegar, el paisaje llenándonos las pupilas de bosques, selvas, montañas, ríos, lagos y lagunas, pueblos y encima cielos despejados. Los acentos e idiomas se multiplicaban —tan sólo cerca de mí, había mexicanas, colombianas, argentinas, españolas e italianas.


Durante la noche del día 7 de marzo, el juego que nos involucró a todas fue un cadáver exquisito de versos libres que cada una escribió. Con el compromiso de compartirlos, aquí (https://archive.org/details/aeml2018) están las fotos y el audio de la lectura por una de las compañeras.


Así comenzó nuestro encuentro.

 

 

Política estética desde las mujeres que luchan


En un mundo donde las mujeres no crearan literatura, música, imágenes, teatro, performances, videos, películas, etc., sólo veríamos tristemente la mitad de la creación y no dudo que la gran mayoría nos provocarían indignación porque acostumbran a dejarnos mal paradas. Pero las mujeres que luchan traen obras con las que nos podemos identificar sin fruncir el ceño o sin sentir un dolor resentido, u otro atorado, o una insatisfacción y disgusto por la omisión de las mujeres, o por el desprecio que nos dirigen por ser mujeres independientes, lesbianas, trans, negras, viejas o pobres... La mañana del 9 de marzo, el asombro me sobrecoge inesperadamente: un grupo de alrededor de 40 o más zapatistas de diferentes caracoles se reúne frente al templete principal para salir con cámaras y grabadoras a cada una de las actividades para hacer su memoria y llevarla a otras mujeres. ¿Cómo son sus políticas de archivo y memoria?, ¿cómo le harán para conservar y difundir estos materiales entre otras mujeres y sus comunidades?, me pregunto.


Como otras compañeras, no dudo en que requerimos darnos una cultura diferente, que nuestros procesos de concientización y politización implican nuestras sensibilidades para vivir mejor con nosotras mismas y para resistir la cultura sexista, violenta y discriminatoria de patriarcados/sistemas de opresión diferentes (liberales o neoliberales, conservadores o modernizados, indígenas u occidentalizados, capitalistas del primer o último mundo, del centro o de la periferia…).


Cuando una se pone a ver y revisar las artes de las mujeres que luchan, desde el principio sabe que esas artes no se separan de la vida ni del ideal de educar nuestra sensibilidad en una vida mejor para nosotras y nuestros mundos. El cambio social se teje con sensibilidades diferentes a las sexistas en cada cuerpo. Para algunas el arte es lo mismo que la política, pero con otros medios; para otras, arte y política utilizan medios similares y no tienen por qué distinguirlos. El “arte” no contiene la vastedad de prácticas feministas y de mujeres que luchan. En todo caso, no queda duda que las actividades del encuentro eran parte de nuestra educación estética, o si se prefiere, artística en un sentido político y vital.


Y si ello es así, todas somos entonces artífices de nosotras mismas, de nuestra sanación, de nuestra expresión por objetivos políticamente vitales y nos enseñamos formas diferentes de sentir y caminos para nuestras voces —para ser reconocidas, para expresar lo que nos pasa y sentimos, para denunciar, para acordar acciones con otras…

 

 


Para evitar el sesgo demasiado fantástico del encuentro, señalo aquí y no al final, que hubo disenso de parte de algunas mujeres por que se presentara un colectivo que ha actuado desde las instituciones y desde el generismo, que la corrupción institucional les dio recursos y se los quitó a proyectos y salarios de [email protected] compañ[email protected] y que tienen incluso actuaciones racistas que ya les han criticado. (¿Habrán cambiado?). También otras compañeras corearon “¡humildad, humildad, humildad!” a otras que subieron a la tarima durante el cierre. No se armaron broncas en ningún caso, o al menos en estos, por respeto al criterio de las zapatistas al abrirles el espacio y por no entorpecer las dinámicas de encuentro. Acerca de otros encuentros dentro del encuentro, algunas lesbianas feministas hablaron de seguir trabajando contra los protagonismos y seguir reuniéndose en sus lugares para lograr en un par de años acciones más coordinadas y extendidas. Otras hablamos de los retos que nos implica extender las redes y, luego con las palabras de la clausura, el no rendirnos, no vendernos, no claudicar. Vemos nuestras contradicciones, nuestras necesidades, oportunidades abiertas y callejones cerrados. Vemos a las zapatistas que, aunque vendan Bimbo, Gamesa y Coca-cola, platos de unicel, además de trabajar y comer de la tierra su maíz, su frijol y sus frutas, siguen adelante en el cambio de conciencia y de vida. No hay purismo ideológico (si lo hubo en nuestras historias, era eso: pura falsa conciencia), no hay caudillismo de mujeres, no hay pruebas previas al cambio social, sino la oportunidad presente y donde estemos de irnos construyendo-deconstruyendo-reconstruyendo…


Así que todo estaba para ver y considerar. No hay fórmulas para hacer o encaminar una revolución, pero escuché las palabras de una guatemalteca mayor de edad de la colectiva Actoras del Cambio que, con el trabajo que ha hecho con otras mujeres que sufrieron violencia sexual durante la guerra, la ha hecho volver a sentir su vagina. Escuché consignas creadas por mujeres y que también grité con mis compañeras, como la de “no estás sola”, “alerta, alerta, alerta que camina la lucha feminista por América Latina”. Escuché nombres de equipos que jugaron en las canchas como Gente de Berta, Las Chingonas, Las que lo Intentan, y otros que olvidé registrar y que se adornaban con lunas y brujería…

 

 


En la presentación de las obras de teatro de las zapatistas, una amiga, escritora y educadora popular, de las feministas en resistencia de Honduras, se preguntaba y nos preguntaba: ¿por qué no son panfletarias estas obras? Aventuré que no son representaciones estrictamente, sino que son ellas quienes, como en un ritual o performance, muestran la narración viva de su memoria, que así escribieron el parlamento y así lo escuchamos y vimos: como afirmación política de que el arte es vida y que está decisivamente de parte de la vida. Una compa zapa de Oventic, de unos cincuenta años, subraya que muchas de las actrices zapatistas se aprendieron los parlamentos de memoria, repitiéndolo una y otra vez, algunas —muy pocas— recurrieron a sus cuadernos. Pero no eran panfletos, aunque satirizaran el trabajo esclavo de Coca Cola, las informaciones tergiversadas de Televisa, a las fuerzas armadas que defienden el capital y que las atosigan. En una escena abrieron paraguas con los nombres de los males que les imponen —y que nos recorren a nosotras también— como las desapariciones o los feminicidios. Nos contaron en el escenario o fuera de él, entre otras cosas, cómo viven las diferencias, graduales y no mágicas, de ser mujeres, antes y a partir del zapatismo y que ya los hombres no pueden emborracharse y pegarles impunemente, y que los penalizan, según sentencie el caracol donde vivan.


En cada taller o charla, imperaba el trabajo por sentirnos a nosotras mismas, de sentir el cuerpo o la cuerpa y de escuchar las palabras propias o las de las otras. Asistí a rituales donde los olores del incienso o el copal, la danza o el canto se regalaban a las anfitrionas o se dedicaban a las ancestras o a la memoria de activistas indígenas de nuestro continente, como el dedicado a Berta Cáceres por Lorena Cabnal y la Red de Sanadoras Ancestrales del Feminismo Comunitario de Guatemala.


Frente a la arremetida sexista y misógina de los medios de comunicación, sonaron por todo el caracol el cuarteto de la banda de mujeres zapas Dignidad y Resistencia, los Batallones Femeninos de Ciudad Juárez, Mare Advertencia Lirika de Oaxaca. Me perdí los sones con jaranas de Ah Perrillas de Oaxaca. En los talleres o en la explanada, las mujeres cantaban, declamaban o leían o creaban poesía, sonaban la batucada, hacían danza… algunas aprendimos autodefensa, otras hicieron yoga…

En tres días, hubo quien se conmovió hasta las lágrimas, yo grité ¡ya basta! al ver una escena teatral de violencia, otras rieron en sus talleres, algunas se tocaron entre sí, otras más hicieron dibujos o cantaron, sin pena o con poca, porque igual dibujaron o cantaron. La gran mayoría estuvimos en expectativa por atender a las otras y, sobre todo el primer día, nos mirábamos a los ojos y nos saludábamos, aunque nos tropezáramos con las piedras de los caminos… En diferentes sentidos, nos desbordaron las actividades: porque algo nos paralizaba o nos estremecía cuando nos invitaban a hacer alguna tarea, porque había que correr de un lado al otro para llegar a tiempo, porque la palabra propia o de otras era dolorosa, o porque otras mujeres nos traían un mundo nuevo de historias y leyendas por descubrir... Una compañera zapatista me pidió tomarle un apunte, porque quien llevaba el taller decía muchas cosas interesantes que quería escribir y, mientras le dejaba algunas ideas en su cuaderno, hasta platicamos de los tiempos en que no usábamos kótex ni copas menstruales. No sé si faltaron traductoras para las que no hablaban español y no he visto las críticas de las zapatistas y compañeras de otros lados que no hablan bien el español. Algunas de las que compartieron un taller o plática se preocuparon por darse a entender y nos preguntaban a todas para asegurarse de que podían continuar, pero otras se vieron abrumadas por el tiempo y tenían que apresurarse. (Y del montón de actividades, por cierto, ¿alguien tendrá imágenes legibles de las mantas con las actividades del 9 y 10 de marzo? Eran enormes.)


Y en este despliegue político-estético, estaban las “exposiciones” —así llamaron las zapatistas al área externa de los muros de madera del pasillo entre el dormitorio y el auditorio—. Una de las dos mantas de actividades tan sólo daba cuenta de 16 nombres de colectivas y compañeras que abordaban acoso, maternidad, desapariciones, feminicidio, libertad sexual e insumisa, arte menstrual y vaginal, en medios variados como bordados, fotografía, gráfica, instalaciones. Pero hay que tomar en cuenta que sólo era una parte; no conservo la lista de “exposiciones” de la otra manta y, además, hubo cambios de última hora y no pude platicar con las compañeras de todas las muestras.


Como las obras quedaban expuestas al sereno de la madrugada, las compañeras encargadas desmontaban sus obras por la noche y, las volvían a colgar a la mañana siguiente. Entre las que pude detenerme un poco más, estaban: Vivas en la memoria, que honra a las mujeres asesinadas en México en mantas bordadas colectivamente; Al otro lado de la piel, de Sylvana González von Kunowsky que llevó una serie de fotografías que le permitió tomar una amiga durante el parto, y cuya cédula habla de sanación, parteras y de volver a la fotografía; ¡Viva la vulva!, un proyecto tijuanense en el que mujeres de diferentes lugares retrataron sus vulvas como quisieran, con un resultado imaginativo, reflexivo y lúdico; Féminas, de la colectiva bonaerense Bondi Fotográfico, exhibió imágenes de manifestaciones y retratos de mujeres que se acompañaron, entre otras palabras, de las siguientes: “Creemos que el cambio cultural es el eje central para repensarnos, despatriarcalizarnos y erradicar la violencia hacia las mujeres.” Laurene Praget de Francia nos compartió ¿Le has visto? / ¡Ni una más!, una serie de ilustraciones con retratos de mujeres desaparecidas en la Ciudad de México en 2013 y 2014, con el propósito de no olvidarnos de las más de diez mil mujeres que han desaparecido en los últimos cuatro años. Además, conocí al grupo Ah Perrillas, que llevaba, además de sus sones y jaranas, fotos y gráfica. Ah Perrillas se define como colectiva itinerante: algunas de ellas viajan y se entrelazan con otras mujeres y colectivas de Oaxaca, Puebla, la Ciudad de México, Veracruz, San Cristóbal y Chihuahua. Si no me equivoco en decirlo, además han colaborado con el Colectivo Altepee para trabajar la música de sones en contextos comunitarios y de los que llevan un buen registro fotográfico documental, además, con Altepee realizaron el video documental Compañeras de tarima (2016), en torno a cuatro mujeres mayores de edad de San Juan Evangelista, Veracruz, cuya pasión es el baile del huapango.

 


Además de estas exposiciones, vi intervenir uno de los edificios zapatistas, como la de la compañera chilena Anita que dejó un mural con simbología mapuche, o de las andaluzas que también hicieron el suyo con una mujer con la leyenda “Siembra rebeldía, cosecha libertad”, firmado con los nombres de Iris Serrano y Pallasos en Rebeldía. Pintaron en el mismo edificio que Anita y al lado de otras a quienes ya no pude registrar porque habían concluido los suyos. En el auditorio, unas norteamericanas crearon una pintura de más de 2 metros cuadrados al estilo zapatista. Y puedo fotografiar otro lienzo mientras lo pintan, es el hombre de maíz. Así, esta vez, me tocó ver pintar paredes y muros en las ya de por sí decoradas instalaciones de un caracol.

 

 


Toda revolución en la historia se precia de crear sus símbolos a través de creaciones que incluyen lo que sea necesario para recordarlas y hacer perdurar su aliento: canciones, murales, cuadernos, camisetas, bordados, documentales, carteles, versos, nombres de equipos que juegan en las canchas… En esta revolución de mujeres, no faltaron —y qué bueno porque las esperaba ver—, compañeras de diferentes procedencias que espontáneamente sacaran algunas de sus creaciones artesanales o de afiches feminista para vender o intercambiar.


Y por todos lados me encontraba con amigas o conocidas activistas, artistas, fotógrafas, videoastas, literatas, pensadoras, académicas que saben de los cuerpos y sentimientos de mujeres. Con algunas de ellas me crucé sólo una o dos veces, éramos más de siete mil mujeres en una zona grande del caracol.


Pensé en lo que me significaban los contrastes de estilo y formas de abordar la sexualidad femenina y la violencia sexual en las obras zapatistas de estilo más realista y en la metafórica de las guatemaltecas, tan liberadoras unas y otra. Pensé en la resolución de colectivos que no dar sus nombres individuales, pero sí el del colectivo para no alojar conflictos para abatir los protagonismos; pensé en otros que sí los mencionaban abiertamente y hablaban de otras formas de trabajar juntas. Pensé en lo que era la libertad y la seguridad del encuentro —tan contrastante del lugar donde vivo—, que rebasan la visión moderna, liberal y consumista de las ciudades, y que permitieron hacer fluir en el caracol el resultado de tres años de trabajo de las zapatistas y la disposición de quienes asistimos para encontrarnos.


Si faltan ejes temáticos políticos, si queremos participar en las tareas de reproducción durante el encuentro, o si fueron demasiados talleres, pláticas y proyecciones, ya verán las zapatistas por su lado, pero estamos invitadas y autoinvitadas a realizar los nuestros. Las zapatistas preguntaron si les salió bien, les contesto que sí: que salió muy bien y bien cansado y les deseo que sea mejor el próximo que preparen, si se animan. Me dio mucho gusto ver el futbol, el boli y el básquet, y ver a las defensas y equipos zapatistas que jugaban muy bien y tenían voz y decisiones propias. Y espero que también nos compartan los videos y audios que grabaron.

 

Conversaciones y escuchas


En la plática con Ah Perrillas, preguntaba sobre su formación. Me contestaron que el proceso para cada una de ellas ha sido diferente. Algunas han tomado talleres, otras se han ido formando para proyectos más grandes y alguna estudió artes visuales. El calendario gráfico Serpientes de la luna 2018 que expusieron en el exterior del auditorio fue un proyecto que esta vez convocó Janette Maritssa Huerta Calvario, artista visual. Se encargó de llevar la caravana itinerante. Las hojas del calendario no se realizaron en un mismo lugar. Y sobre si hacen prácticas de autoconciencia, me contaron que sí, que lo hacían durante el taller para que luego cada quien creara la propuesta de su estampa. También se organizaron y tendieron lazos con colectivos de diferentes ciudades para la impresión, distribución y presentación del calendario. Janette se acercó y relevó a la compañera con la que hablaba. Me dijo puntualmente lo que importa es que ellas son profesionales, se comprometen con su trabajo porque es su forma de vida. “A veces se piensa que porque estamos en estos espacios no somos profesionales… pero claro que somos profesionales, sólo que llevamos otro camino… que no sólo sea la institución colonial y dominante”, añade. Y sobre el reconocimiento que les dan otras compañeras y colectivos, me dice que lo tienen porque lo han tejido.


Respuesta diferente de la de Mónica Mayer y artistas feministas que en los años 70 y 80 del siglo pasado, porque el movimiento y la academia, el terreno lógico donde deberían haber sido reconocidas, no las tomaron en cuenta y apenas en este siglo XXI ha venido a subrayarse la cultura artística feminista y de mujeres de nuestra región. Las condiciones para las creadoras han cambiado, nuestra relación con el cuerpo, la creatividad y los sentimientos ya no es tan bipolar y masculinista (como cuando se divide nuestro cuerpo en dos partes generizadas, jerarquizadas y excluyentes: razón y cuerpo), y nos acercamos más a la cultura de las mujeres en la que los sentidos, los sentimientos y emociones, y su relación compleja con nuestra racionalidad, la creatividad y demás áreas corporales que sea necesario nombrar y con nuestras condiciones de vida se problematizan e investigan y hasta se ponen en armonía en algunas dinámicas.


Me imagino gozosa a Rosario Castellanos en medio de este encuentro en su Chiapas natal, ella que, con ironías e historia ante el androcentrismo de su tiempo, tanto defendió que existía la cultura femenina. Me la imagino así o quizás tan sólo proyecto mi gozo, pero qué bueno que la he leído y discutido.

 


Pero sigo platicando para conocerlas. Janette me dice que Ah Perrillas es un espacio de mujeres, donde no todas se definen como feministas. Pregunto por qué crearon una colectiva de mujeres y no siguieron trabajando en sus colectivas mixtas. Me precisa que ya trabajan en colectivas mixtas, pero decidieron crear Ah Perrillas: “necesitamos un espacio para ser nosotras, para hacer lo que nos prende. Es un espacio para jalarnos a nosotras sin estarnos cargando y tal vez en algunas cosas coincidimos bien con los compañeros”. “Hay cosas que a ellos no les prenden”. ¿Cómo qué? “Como hablar de salud o autocuidado.”


Me estoy despidiendo de las compañeras de la colectiva para ir a ver una obra de teatro y me apena ya no poder asistir a otro taller. Janette me dice que hay una presentación del libro Vivas Nos Queremos. Qué sorpresa. Sin dudarlo, cambio mis planes y me voy a escuchar hablar del libro y la campaña. Conozco el proyecto y fotos de la portada, pero no lo he hojeado. Llego a tiempo. No vi anunciado este evento, pero por fortuna están ahí y yo al fin puedo tomar el libro y pasar hoja a hoja. Comienzo a hacer preguntas y me piden que espere, que ya comienza la presentación. Estoy atenta y, para asegurar la memoria, activo la grabadora. El audio pueden escucharlo acá: https://archive.org/details/aeml2018.


El proyecto Vivas nos queremos inicialmente lo lanzaron Mujeres Grabando Resistencias (Mugres, se abrevian) de México. Cuando en su segunda edición lo hicieron público, las argentinas lo retomaron y extendieron por el sur.


Como carteles (en México) o pegatinas (en este formato, en Argentina principalmente), las imágenes se han llevado a las calles. Si alguna quiere pedirlas, hay que asumir el compromiso de mostrarlos en lugares públicos. La vía es hacer contacto en redes sociales con "Vivas Nos queremos - Argentina".

 


En fotos de prensa, he visto las estampas no sólo en los muros de Argentina y México, sino también han revestido los de la ciudad de Guatemala (entre otros lugares que seguramente luego conoceremos).


Las compas argentinas se encargaron de reunir fondos y hacer alianzas para llevar a cabo la selección y una impresión con gran calidad de este precioso material en que participan mujeres que tuvieran algo que compartir gráficamente —y miren que es así, porque muchas mujeres tenemos algo que decir o expresar gráficamente (simbólicamente) al respecto de "vivas nos queremos", y no importa que seamos o no artistas visuales o que tengamos un poco o un más de habilidad para grabar.


Es un libro que potencia nuestra confianza en nosotras mismas y nos pone a andar frente a las violencias machistas. A diferencia de gráficas y literatura hecha por hombres (para hombres), aquí podemos decir que nos identificamos con esta gráfica. Hay posturas políticas autónomas de nuestras libertades y cuerpos-territorio entre nosotras —placenteras y/o sororarias— o por retomar calles y espacios públicos sin acosos ni miedo. Hay afirmaciones de cuerpos —desnudos o vestidos— de diferentes edades, cabellos, atuendos, colores; los hay como brujas solas o en aquelarre, los hay con rostros tan felices de su acción de protesta como indignados ante la violencia. Saltan consignas antipatriarcales, anticapitalistas, antineoliberales y antirracistas. Y la memoria dignificante resalta las sonrisas cabales de Berta Cáceres, Amancay Diana Socayán, Laura Iglesias.


Como "la palabra revuelta" de las zapatistas al inicio del encuentro, porque vienen de mujeres de diferentes edades, lenguas, lugares e historias, así también estas imágenes son otras *revueltas*. Hay que imaginar que, al igual que el encuentro zapa, el libro trata de la reunión de mujeres diferentes que nos llamamos o no feministas, trans o no, lesbianas feministas o no, indígenas o no, viejas o no, gordas o no, veganas o carnívoras, que provenimos de aquí o allá, de lenguas fáciles o difíciles de entender, de procesos de autoconciencia diferentes, de la academia activista o de colectivas callejeras, de luchas concretas en nuestros mundos, de mujeres que preferimos o no acompañar lo que hacemos con los términos feminista, de mujeres, de género (no generistas)...


Diez textos breves y de plumas diferentes documentan tanto el proyecto del libro como de la campaña #VivasNosQueremos que lo precedió. Algunos de estos escritos se asoman a la creación colectiva que concibió algunas de las imágenes contenidas en la compilación, subrayan el hacer en común que atrajo a otras compañeras y les dio fuerza cuando salieron a las calles.


Con el libro en la mano y el instructivo para hacer un grabado, atravieso el caracol de estos montes verdes para alcanzar uno de los templetes al lado de las canchas. El encuentro en su dimensión político-estética es un universo en el que sigo encontrándome a otras mujeres y me sigo explorando. ■

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Huelga planetaria…gran logro de las luchas de las organizaciones de mujeres y de los feminismos

Declarar una guerra en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío. Con esta huelga enfrentaron la trivialización que diversas instituciones han hecho del día internacional dedicado a lucha por los derechos de las mujeres


Declarar una huelga en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío, equiparable solamente a las luchas que durante muchos años adelantaron los obreros y obreras del mundo para conquistar el 1 de Mayo como día internacional de la clase obrera.

 

En el 2017, las feministas y organizaciones de mujeres realizamos, por primera vez, una huelga planetaria contra el sistema patriarcal, contra la desigualdad del capitalismo neoliberal y contra las distintas formas de exclusión, aprovechando los medios y tecnologías como whatsapp y el internet, entre otros.

 

Con esta huelga enfrentamos y confrontamos la trivialización que los medios de comunicación, las empresas, los partidos y hasta los sindicatos han pretendido hacer del día internacional dedicado a la lucha por los derechos de las mujeres.A pesar de que el sentido de esta protesta mundial tiene variedad de interpretaciones y sentidos para las organizaciones y grupos que la promovemos en tantos lugares de la tierra, es claro que logramos emocionar a miles de mujeres, reconocerlas y valorar su aporte a la construcción de la riqueza material y espiritual y concitamos su indignación contra este destructivo orden sociosexual, contra esta civilización que amenaza la vida humana y no humana.

 

Se preguntarán algunas personas porque este 8M nos declaramos en huelga y nos fuimos a la calles, nos dedicamos a marchar, reír, cantar y lanzar nuestras arengas. ¿Contra quién fue esta huelga? ¿Acaso puede considerarse que el compañero, marido, amante, la familia, son los explotadores?

 

¡Sí! Radicalmente sí, cuando en la familia no hay un reparto democrático de las labores domésticas y se cree que la mamá, la esposa o compañera es la responsable del orden, del aseo, del bienestar común.


¡Sí! Absolutamente cierto, si el goce sexual es solo para el varón y si hacer el amor se convierte para la mujer en un acto forzado.

 

Sí! Si las hijas e hijos no comparten todas las tareas del hogar, según su edad y circunstancias, y si las adultas de la familia se ven obligadas a renunciar a su formación, educación, al disfrute del tiempo libre, para que las y los más jóvenes vivan “al ancho”, estudien, vayan a cine, salgan de rumba, mientras ellas se quedan en casa, limpiando, lavando, cocinando, empobreciéndose en todo sentido.

 

El 8M pretende justicia para las mujeres en el ahora, no en un hipotético futuro donde se producirá la liberación de las y los oprimidos. Busca erradicar esa primera esclavitud, que es por supuesto, la sujeción al trabajo gratuito, no remunerado que nos pretenden inculcar como parte del amor abnegado y sufrido, del amor romántico según el cual, debemos entregarlo todo, sin esperar nada a cambio.

 

Por eso, la huelga también se hace contra el orden global heteropatriarcal –un patriarcado en el que predominan los varones y la lógica heterosexual– que es depredador de la naturaleza, que destruye nuestras corporalidades, que nos somete a tráfico y explotación sexual desde la infancia, un orden civilizatorio al servicio de la acumulación de poder y riqueza para unos pocos, a costa de la miseria y dolor de millones de personas.

 

Por eso, la huelga fue realizada contra toda entidad o institución cómplice de este orden y de esta civilización, llámese pareja, familia, iglesia, partido, organización social, sindicato o movimiento barrial.

 

No fue fácil. Nosotras la hicimos en Colombia en medio de la contienda electoral en la cual las élites dueñas del país están concentradas en “atornillarse” a los cargos de elección popular por otro cuatrienio, mientras que los movimientos sociales y democráticos, enfrentan complejos y simultáneos escenarios: participan en la lucha electoral, demandan del gobierno de Santos cumplimiento a lo pactado mediante el Acuerdo de Paz con las Farc, apoyan un acuerdo similar con el Ejército de Liberación Nacional –Eln–, y, al mismo tiempo, esquivan las balas criminales que le disparan los enemigos de la paz, la ultraderecha, los paramilitares que se quedaron en la retaguardia esperando precisamente este momento.

 

Así que, ¿a quién le importa la guerra contra las mujeres, que de manera continua produce víctimas en los hogares, en las calles, en los colegios y universidades, en los ámbitos de la salud, la educación, el empleo, el ejercicio político, y, de manera agravada, en las regiones donde opera el narcotráfico y las bandas criminales?

 

Distintas modalidades de una guerra casi invisible

 

Las modalidades de daño que se utilizan en esta guerra del heteropatriarcado contra las mujeres, van desde las exclusiones en el mundo político, social, cultural y económico, hasta el exterminio físico y las lesiones que no son letales en forma inmediata y que ocasionan en las niñas, las jóvenes y adultas daño emocional permanente. Invisible, pero tangible: son vidas humanas destrozadas por largo tiempo, quizás para siempre.

 

Así ocurre con el abuso sexual infantil infringido por el padre (o personas a cargo de las y los menores), al interior del idealizado hogar o familia tradicional que afecta en forma determinante la capacidad de construirse una estructura del yo, esa que hace que alguien sienta que es alguien.

 

Esta violencia que no es imaginada. En el 2017, el Instituto de Medicina Legal practicó 17.908 exámenes médico legales por presunto delito sexual a menores de edad. El 84,2 por ciento de las víctimas eran niñas, entre los 10 a 14 años de edad, con 8.278 casos. Luego están las menores de 5 a 9 años.

 

A pesar de los esfuerzos de entidades internacionales y nacionales que buscan enfrentar esta problemática, poco hemos aprendido de las consecuencias que deja para toda la vida en quienes padecen esta vulneración. Como muestra la película realizada en 1997 “Bliss, el amor es extasis” (que puede verse en Netflix), la protagonista es violada a la edad de cinco años por su padre. En su vida adulta y de casada, esta mujer es desdichada y no puede identificar las razones por las cuales tiene una personalidad límite. No encuentra sustento en sí misma, depende de manera enfermiza de la aprobación y apoyo ajeno, y busca inconscientemente, reproducir el abuso sexual infantil vivido.

 

Herminia Hernáiz, Doctora en Psicología Clínica y Psicoanalista1, señala en relación con esta lesión emocional: “La intemporalidad del inconsciente hace que el trauma vivido se repita sin cesar como una forma de intentar resolverlo, sin embargo esa misma función de resolución deja como suspendido el proceso de convertirse en persona o la consolidación del ser”. En palabras simples, es un daño que es casi siempre irreversible y la posibilidad de que quien lo padece encuentre cualquier forma de gratificación, es remota. Las víctimas, mayoritariamente niñas, lo “borran” de la memoria, como una suerte de defensa para vivir con menos dolor y miedo, porque, como dice la protagonista de la película “quien tenía que protegerlas del daño, era el daño”.

 

Lamentablemente, estas y otras vulneraciones sexuales que padecen las mujeres en los distintos momentos de sus vidas, se tratan como si tuvieran fecha de vencimiento. Así que cuando algunas se han atrevido a denunciar a sus acosadores y violadores, pasados los años, cuando por fin tienen fuerza o están a salvo de ellos, son sometidas a toda clase de sospechas, como le ocurrió recientemente a la periodista Claudia Morales (El Espectador, enero 18 de 2018).



Cabe recordar que frente a la denuncia de tantas actrices estadounidenses contra los directores Harvey Weinstein, Bret Ratner, el realizador James Toback y los actores Dustin Hoffman y Kevin Spacey, se produjo un gran movimiento de solidaridad en Estados Unidos y otros lugares del mundo, expresado en las redes sociales como el “#me too” (a mí también) y en Francia el #Times up, (¡levántate!).

 

Mediante un manifiesto, cien actrices e intelectuales francesas destacadas, como Catherine Deneuve, expresaron su desacuerdo con la campaña. Advierten que si bien es cierto la violación es un delito, “defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual. Ahora estamos suficientemente advertidas para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el coqueteo torpe con el ataque sexual. En síntesis, consideran que “Los incidentes que pueden tener relación con el cuerpo de una mujer no necesariamente comprometen su dignidad y no deben, por muy difíciles que sean, convertirla necesariamente en una víctima perpetua”. Afirman que una mujer no es reductible a su cuerpo, así que lo que allí le ocurra, no puede ser definitivo. Se convierten, con tal afirmación en seguidoras de René Descartes, quien planteaba “pienso, luego existo”. Asimismo, se alinderan con la religión católica, para la cual lo que importa es salvar el alma, un orden abstracto que es mucho más importante que la materialidad del ser.

 

La división cuerpo/mente o cuerpo/alma afecta la integridad y dignidad del ser, que es consciencia incarnada, es decir, corporalidad. Para facilitar la comprensión de este concepto, recordemos que las especies animales si tienen cuerpo, pero no pueden dar cuenta de su biografía y de las experiencias vividas: por eso, solamente la especie humana no tiene un cuerpo, es corporalidad2.

 

En Colombia, por su parte, el columnista de Semana, Antonio Caballero, consideró “que tocar un coño y unas tetas” o robar un beso, no podía asimilarse al abuso sexual, en un intento por desprestigiar la palabra de las mujeres acosadas y abusadas sexualmente.

 

Tales planteamientos contribuyen a la impunidad del acoso y del abuso sexual. Cada mujer vulnerada se pregunta si tiene sentido denunciar, cuando no obtendrá justicia y en cambio, deberá soportar, además del sufrimiento ya vivido, el escarnio social y toda clase de comentarios mal intencionados sobre las razones por las cuáles tardó en denunciar. En algunas sociedades, las víctimas prefieren suicidarse, porque se las estigmatiza y expulsa de su comunidad, como si padeciesen una enfermedad contagiosa.

 

En este orden sociosexual patriarcal, la corporalidad, es decir la vida de ellas está al servicio de ellos. Las víctimas de todas las formas de abuso, acoso y explotación son principalmente quienes disponen de menores recursos de poder sexual, económico, político y cultural; vale decir, la mayoría de las campesinas, afrodescendientes, indígenas, raizales, palenqueras, rom, lesbianas transexuales intersexuales, habitantes de los barrios marginales, desempleadas, desarraigadas o desterritorializadas y mujeres con alguna discapacidad, es decir, las subordinadas y sometidas a las asimetrías del poder socioeconómico. Las más afectadas, dada su escasa capacidad para defenderse, son las niñas y las jóvenes, como lo recuerda sin velo alguno el rapto, violación y asesinato de la niña Yuliana Andrea Samboní por parte de Rafael Uribe Noguera, miembro de una familia acaudalada de la capital del país, suceso que recordó a todos y todas que en Colombia aún se paga el derecho de pernada por el cual no pocos oligarcas, mafiosos y otros personajes llegados a ricos, aún salen de cacería de mujeres de todas las edades como satisfacción del mismo.

 

El estudio publicado en agosto de 2017 que realizaron entre 2010 y 2015 varias Ongs, sobre una muestra de 142 municipios (mucho menos del 10 por ciento de los municipios que tiene Colombia) en los cuales hacen fuerte presencia la fuerza pública, guerrilla y paramilitares o Bacrim, muestra que la prevalencia de violencia sexual contra las mujeres fue del 18,36 por ciento, es decir, 875.437 mujeres fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual (Encuesta de prevalencia de violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano 2010-2015). Es fácil imaginar lo que puede estar ocurriendo en el resto del país…

 

Todos los bandos enfrentados en el conflicto armado utilizaron la violencia sexual como instrumento de guerra. Sin embargo, no hay que confundirse: las violencias contra las niñas, jóvenes y adultas se exacerban en el conflicto y postconflicto, pero no son producidas por estos. Hacen parte del orden sociosexual, es decir, del ordenamiento social que otorga a los varones el control sobre las corporalidades/vidas de las mujeres, sobre sus bienes, sobre su capacidad productiva y reproductiva.

 

Los saberes contribuyen al desconocimiento del trabajo de las mujeres

 

Como ocurre en toda contienda bélica, los distintos ámbitos del conocimiento, contribuyen a legitimar la desigualdad, explotación y dominación.

 

En un campo estratégico, como es el saber económico, se postula una tajante división entre el mundo de la producción mercantil, la que se comercializa, y el ámbito de la producción y reproducción de la vida, que se consume en los hogares y familias.

 

Los enfoques liberal y neoliberal tienden a mostrar a los seres humanos como una especie de hongos, que brotamos de la tierra, convertidos y convertidas en adultas o adultos, sin que nadie nos proporcione cuidados en las enfermedades infantiles, soporte afectivo y alimentario y estímulo para los aprendizajes básicos de sobrevivencia y convivencia social como el control de esfínteres, el auto-aseo, la auto-alimentación, el lenguaje mismo. Por lo tanto, tampoco existen las personas que limpian la ropa, las casas, hacen los alimentos, cuidan a menores, enfermas enfermos y mayores, quienes, en su mayoría, son mujeres.

 

Desde los años 80 del siglo anterior, las organizaciones de mujeres y las feministas luchamos por la valoración del trabajo invisible y no remunerado en la esfera familiar, y actualmente, este se contabiliza, a través de las llamadas Cuentas satelitales del trabajo doméstico no remunerado3. Porque este trabajo es indispensable para que funcione la humanidad, este 8M le dijimos al mundo: “Nosotras movemos el mundo, nosotras podemos pararlo”.

 

Para hacer posible otro orden civilizatorio el 8M demandamos políticas justas para las mujeres

 

Oxfam informa que 8 varones poseen la misma riqueza que las 3.500 millones de personas más pobres del planeta y que, de mantenerse el ritmo actual, “llevará 170 años para que se emplee a mujeres y hombres en la misma proporción, se les pague el mismo salario por el mismo trabajo, y tengan los mismos niveles de representación en puestos de dirección” (Oxfam, 2017).

 

Esta descomunal desigualdad hace parte de la concentración de poder y control sobre la sexualidad, la afectividad y la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del heteropatriarcado y es la condición para mantener la extrema vulnerabilidad de millones de mujeres, niñas y adultas en este planeta. Contra esta desigualdad paramos el 8 de marzo.

 

En estos años finales de la segunda década del siglo XXI, reconociendo las limitaciones de las políticas públicas de género, estamos retomando los ideales emancipatorios del feminismo de los años 70 del siglo pasado que el neoliberalismo intentó cooptar a través del discurso liviano o light de género.

 

En su mejor versión, el enfoque de género conduciría a reformas para el logro de la igualdad legal entre mujeres y hombres, y a una distribución más equilibrada del poder entre ellas y ellos, por medio de políticas públicas, que al estar insertas en Estados patriarcales capitalistas, ni siquiera disminuyen las brechas socioeconómicas. Tengamos en cuenta que pasados casi 25 años de la puesta en marcha del enfoque de género en las políticas públicas para las mujeres, la desigualdad salarial por razón de género en el mundo se mantiene en el 23 por ciento, es decir, las mujeres ganamos el 77 por ciento de lo que ganan los hombres (Fondo de Población de Naciones Unidas, 2017). Igualmente, en la mayor parte del mundo no somos más del 22 por ciento del poder político. Y el feminicidio, se ha convertido en una pandemia universal, que cada vez cobra vidas de mujeres más jóvenes.

 

A diferencia del enfoque de género, las feministas emancipatorias consideramos que hay que transformar el orden económico y la forma como se distribuye la riqueza, la propiedad de la tierra, de los medios de producción y el orden cultural y sexual sobre el cual está establecida esta sociedad.

 

Exigimos que todos los gobiernos del mundo acojan e impulsen tres componentes fundamentales para reducir la desigualdad –CRI: mayor inversión en el gasto social, reformas tributarias a favor de las mujeres y la protección, y avance en materia de derechos de las trabajadoras y trabajadores, según lo propuesto por Oxfam y Development Finance International (DFI).

 

Paramos el 8M para denunciar el femigenocidio, o genocidio de las mujeres el mundo y por qué la justicia para las niñas, las adultas las mayores.

 

El 8M paramos para construir un país y un mundo donde nacer mujer no sea una desgracia, donde no haya ablación del clítoris, como todavía ocurre en algunas comunidades indígenas de Colombia.


Nuestro paro asumió diversas formas: nos salimos de las casas, dejamos de hacer oficio, dejamos de hacer el amor para el disfrute ajeno, con el fin de dedicarnos a conquistar un lugar bajo el sol donde sea posible vivir sin miedo al abuso sexual por parte del padre, el hermano, el padrastro, el tío, el amigo cercano, el profesor, el jefe, el director o realizador de cine, o simplemente, el transeúnte que siente que las mujeres son un objeto para su deleite y control personal.

 

Decidimos que en el 8M nuestra mejor labor era hacer posible un lugar, donde por fin, nacer mujer no signifique tener que sacrificar el proyecto personal a la maternidad o esposidad.

 

Usamos nuestras voces, nuestras canciones y nuestros bailes para invitar a todas y todos a construir un mundo sin explotación ni subordinación, en el cual podamos decidir sobre nuestro placer, nuestro deseo y nuestra capacidad reproductiva, y elijamos con quién, para qué y cuándo tenemos relaciones sexuales.

 

El 8M invitamos, convocamos y movimos el planeta para que entre todas y todos transformemos las sociedades, erradiquemos de la vida humana al patriarcado, al capitalismo, al colonialismo, al extractivismo, al guerrerismo: las generaciones venideras tienen derecho a un mundo viable y con justicia para todas las niñas, las jóvenes y las adultas; durante este 8M, y las jornadas preparatorias se lo recordamos y se lo dijimos con claridad al mundo entero.

 


 

* Feminista por justicia emancipatoria y corporalizada- Economista, Especialista en Políticas Públicas y Género, Candidata a Magister en Filosofía, Doctora en Procesos Sociales y Políticos de América Latina-Colectiva Feministas Emancipatorias.
1 https://cinepsicoanalisisycultura.wordpress.com/2012/11/23/bliss-el-amor-es-extasis/
2 Corporalidad. Es una categoría que indica que no hay un antagonismo u oposición entre mente y cuerpo, como pretenden algunas iglesias y otros enfoques teóricos. En cada ser humano, está presente una rica y compleja historia y biografía humana: somos una consciencia que está incarnada y se expresa en la diversidad propia de la especie humana: el género, la etnia, la condición social y económica, la orientación/opción sexual, entre otras situaciones y condiciones. No es correcto decir: tengo un cuerpo, como quien posee cualquier objeto del cual puede tomar distancia. Somos corporalidad.
3 Ley 1413 del 2010, por medio de la cual se regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales con el objeto de medir la contribución de la mujer al desarrollo económico y social del país.

Publicado enColombia
Huelga planetaria…gran logro de las luchas de las organizaciones de mujeres y de los feminismos

Declarar una guerra en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío. Con esta huelga enfrentaron la trivialización que diversas instituciones han hecho del día internacional dedicado a lucha por los derechos de las mujeres


Declarar una huelga en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío, equiparable solamente a las luchas que durante muchos años adelantaron los obreros y obreras del mundo para conquistar el 1 de Mayo como día internacional de la clase obrera.

 

En el 2017, las feministas y organizaciones de mujeres realizamos, por primera vez, una huelga planetaria contra el sistema patriarcal, contra la desigualdad del capitalismo neoliberal y contra las distintas formas de exclusión, aprovechando los medios y tecnologías como whatsapp y el internet, entre otros.

 

Con esta huelga enfrentamos y confrontamos la trivialización que los medios de comunicación, las empresas, los partidos y hasta los sindicatos han pretendido hacer del día internacional dedicado a la lucha por los derechos de las mujeres.A pesar de que el sentido de esta protesta mundial tiene variedad de interpretaciones y sentidos para las organizaciones y grupos que la promovemos en tantos lugares de la tierra, es claro que logramos emocionar a miles de mujeres, reconocerlas y valorar su aporte a la construcción de la riqueza material y espiritual y concitamos su indignación contra este destructivo orden sociosexual, contra esta civilización que amenaza la vida humana y no humana.

 

Se preguntarán algunas personas porque este 8M nos declaramos en huelga y nos fuimos a la calles, nos dedicamos a marchar, reír, cantar y lanzar nuestras arengas. ¿Contra quién fue esta huelga? ¿Acaso puede considerarse que el compañero, marido, amante, la familia, son los explotadores?

 

¡Sí! Radicalmente sí, cuando en la familia no hay un reparto democrático de las labores domésticas y se cree que la mamá, la esposa o compañera es la responsable del orden, del aseo, del bienestar común.


¡Sí! Absolutamente cierto, si el goce sexual es solo para el varón y si hacer el amor se convierte para la mujer en un acto forzado.

 

Sí! Si las hijas e hijos no comparten todas las tareas del hogar, según su edad y circunstancias, y si las adultas de la familia se ven obligadas a renunciar a su formación, educación, al disfrute del tiempo libre, para que las y los más jóvenes vivan “al ancho”, estudien, vayan a cine, salgan de rumba, mientras ellas se quedan en casa, limpiando, lavando, cocinando, empobreciéndose en todo sentido.

 

El 8M pretende justicia para las mujeres en el ahora, no en un hipotético futuro donde se producirá la liberación de las y los oprimidos. Busca erradicar esa primera esclavitud, que es por supuesto, la sujeción al trabajo gratuito, no remunerado que nos pretenden inculcar como parte del amor abnegado y sufrido, del amor romántico según el cual, debemos entregarlo todo, sin esperar nada a cambio.

 

Por eso, la huelga también se hace contra el orden global heteropatriarcal –un patriarcado en el que predominan los varones y la lógica heterosexual– que es depredador de la naturaleza, que destruye nuestras corporalidades, que nos somete a tráfico y explotación sexual desde la infancia, un orden civilizatorio al servicio de la acumulación de poder y riqueza para unos pocos, a costa de la miseria y dolor de millones de personas.

 

Por eso, la huelga fue realizada contra toda entidad o institución cómplice de este orden y de esta civilización, llámese pareja, familia, iglesia, partido, organización social, sindicato o movimiento barrial.

 

No fue fácil. Nosotras la hicimos en Colombia en medio de la contienda electoral en la cual las élites dueñas del país están concentradas en “atornillarse” a los cargos de elección popular por otro cuatrienio, mientras que los movimientos sociales y democráticos, enfrentan complejos y simultáneos escenarios: participan en la lucha electoral, demandan del gobierno de Santos cumplimiento a lo pactado mediante el Acuerdo de Paz con las Farc, apoyan un acuerdo similar con el Ejército de Liberación Nacional –Eln–, y, al mismo tiempo, esquivan las balas criminales que le disparan los enemigos de la paz, la ultraderecha, los paramilitares que se quedaron en la retaguardia esperando precisamente este momento.

 

Así que, ¿a quién le importa la guerra contra las mujeres, que de manera continua produce víctimas en los hogares, en las calles, en los colegios y universidades, en los ámbitos de la salud, la educación, el empleo, el ejercicio político, y, de manera agravada, en las regiones donde opera el narcotráfico y las bandas criminales?

 

Distintas modalidades de una guerra casi invisible

 

Las modalidades de daño que se utilizan en esta guerra del heteropatriarcado contra las mujeres, van desde las exclusiones en el mundo político, social, cultural y económico, hasta el exterminio físico y las lesiones que no son letales en forma inmediata y que ocasionan en las niñas, las jóvenes y adultas daño emocional permanente. Invisible, pero tangible: son vidas humanas destrozadas por largo tiempo, quizás para siempre.

 

Así ocurre con el abuso sexual infantil infringido por el padre (o personas a cargo de las y los menores), al interior del idealizado hogar o familia tradicional que afecta en forma determinante la capacidad de construirse una estructura del yo, esa que hace que alguien sienta que es alguien.

 

Esta violencia que no es imaginada. En el 2017, el Instituto de Medicina Legal practicó 17.908 exámenes médico legales por presunto delito sexual a menores de edad. El 84,2 por ciento de las víctimas eran niñas, entre los 10 a 14 años de edad, con 8.278 casos. Luego están las menores de 5 a 9 años.

 

A pesar de los esfuerzos de entidades internacionales y nacionales que buscan enfrentar esta problemática, poco hemos aprendido de las consecuencias que deja para toda la vida en quienes padecen esta vulneración. Como muestra la película realizada en 1997 “Bliss, el amor es extasis” (que puede verse en Netflix), la protagonista es violada a la edad de cinco años por su padre. En su vida adulta y de casada, esta mujer es desdichada y no puede identificar las razones por las cuales tiene una personalidad límite. No encuentra sustento en sí misma, depende de manera enfermiza de la aprobación y apoyo ajeno, y busca inconscientemente, reproducir el abuso sexual infantil vivido.

 

Herminia Hernáiz, Doctora en Psicología Clínica y Psicoanalista1, señala en relación con esta lesión emocional: “La intemporalidad del inconsciente hace que el trauma vivido se repita sin cesar como una forma de intentar resolverlo, sin embargo esa misma función de resolución deja como suspendido el proceso de convertirse en persona o la consolidación del ser”. En palabras simples, es un daño que es casi siempre irreversible y la posibilidad de que quien lo padece encuentre cualquier forma de gratificación, es remota. Las víctimas, mayoritariamente niñas, lo “borran” de la memoria, como una suerte de defensa para vivir con menos dolor y miedo, porque, como dice la protagonista de la película “quien tenía que protegerlas del daño, era el daño”.

 

Lamentablemente, estas y otras vulneraciones sexuales que padecen las mujeres en los distintos momentos de sus vidas, se tratan como si tuvieran fecha de vencimiento. Así que cuando algunas se han atrevido a denunciar a sus acosadores y violadores, pasados los años, cuando por fin tienen fuerza o están a salvo de ellos, son sometidas a toda clase de sospechas, como le ocurrió recientemente a la periodista Claudia Morales (El Espectador, enero 18 de 2018).



Cabe recordar que frente a la denuncia de tantas actrices estadounidenses contra los directores Harvey Weinstein, Bret Ratner, el realizador James Toback y los actores Dustin Hoffman y Kevin Spacey, se produjo un gran movimiento de solidaridad en Estados Unidos y otros lugares del mundo, expresado en las redes sociales como el “#me too” (a mí también) y en Francia el #Times up, (¡levántate!).

 

Mediante un manifiesto, cien actrices e intelectuales francesas destacadas, como Catherine Deneuve, expresaron su desacuerdo con la campaña. Advierten que si bien es cierto la violación es un delito, “defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual. Ahora estamos suficientemente advertidas para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el coqueteo torpe con el ataque sexual. En síntesis, consideran que “Los incidentes que pueden tener relación con el cuerpo de una mujer no necesariamente comprometen su dignidad y no deben, por muy difíciles que sean, convertirla necesariamente en una víctima perpetua”. Afirman que una mujer no es reductible a su cuerpo, así que lo que allí le ocurra, no puede ser definitivo. Se convierten, con tal afirmación en seguidoras de René Descartes, quien planteaba “pienso, luego existo”. Asimismo, se alinderan con la religión católica, para la cual lo que importa es salvar el alma, un orden abstracto que es mucho más importante que la materialidad del ser.

 

La división cuerpo/mente o cuerpo/alma afecta la integridad y dignidad del ser, que es consciencia incarnada, es decir, corporalidad. Para facilitar la comprensión de este concepto, recordemos que las especies animales si tienen cuerpo, pero no pueden dar cuenta de su biografía y de las experiencias vividas: por eso, solamente la especie humana no tiene un cuerpo, es corporalidad2.

 

En Colombia, por su parte, el columnista de Semana, Antonio Caballero, consideró “que tocar un coño y unas tetas” o robar un beso, no podía asimilarse al abuso sexual, en un intento por desprestigiar la palabra de las mujeres acosadas y abusadas sexualmente.

 

Tales planteamientos contribuyen a la impunidad del acoso y del abuso sexual. Cada mujer vulnerada se pregunta si tiene sentido denunciar, cuando no obtendrá justicia y en cambio, deberá soportar, además del sufrimiento ya vivido, el escarnio social y toda clase de comentarios mal intencionados sobre las razones por las cuáles tardó en denunciar. En algunas sociedades, las víctimas prefieren suicidarse, porque se las estigmatiza y expulsa de su comunidad, como si padeciesen una enfermedad contagiosa.

 

En este orden sociosexual patriarcal, la corporalidad, es decir la vida de ellas está al servicio de ellos. Las víctimas de todas las formas de abuso, acoso y explotación son principalmente quienes disponen de menores recursos de poder sexual, económico, político y cultural; vale decir, la mayoría de las campesinas, afrodescendientes, indígenas, raizales, palenqueras, rom, lesbianas transexuales intersexuales, habitantes de los barrios marginales, desempleadas, desarraigadas o desterritorializadas y mujeres con alguna discapacidad, es decir, las subordinadas y sometidas a las asimetrías del poder socioeconómico. Las más afectadas, dada su escasa capacidad para defenderse, son las niñas y las jóvenes, como lo recuerda sin velo alguno el rapto, violación y asesinato de la niña Yuliana Andrea Samboní por parte de Rafael Uribe Noguera, miembro de una familia acaudalada de la capital del país, suceso que recordó a todos y todas que en Colombia aún se paga el derecho de pernada por el cual no pocos oligarcas, mafiosos y otros personajes llegados a ricos, aún salen de cacería de mujeres de todas las edades como satisfacción del mismo.

 

El estudio publicado en agosto de 2017 que realizaron entre 2010 y 2015 varias Ongs, sobre una muestra de 142 municipios (mucho menos del 10 por ciento de los municipios que tiene Colombia) en los cuales hacen fuerte presencia la fuerza pública, guerrilla y paramilitares o Bacrim, muestra que la prevalencia de violencia sexual contra las mujeres fue del 18,36 por ciento, es decir, 875.437 mujeres fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual (Encuesta de prevalencia de violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano 2010-2015). Es fácil imaginar lo que puede estar ocurriendo en el resto del país…

 

Todos los bandos enfrentados en el conflicto armado utilizaron la violencia sexual como instrumento de guerra. Sin embargo, no hay que confundirse: las violencias contra las niñas, jóvenes y adultas se exacerban en el conflicto y postconflicto, pero no son producidas por estos. Hacen parte del orden sociosexual, es decir, del ordenamiento social que otorga a los varones el control sobre las corporalidades/vidas de las mujeres, sobre sus bienes, sobre su capacidad productiva y reproductiva.

 

Los saberes contribuyen al desconocimiento del trabajo de las mujeres

 

Como ocurre en toda contienda bélica, los distintos ámbitos del conocimiento, contribuyen a legitimar la desigualdad, explotación y dominación.

 

En un campo estratégico, como es el saber económico, se postula una tajante división entre el mundo de la producción mercantil, la que se comercializa, y el ámbito de la producción y reproducción de la vida, que se consume en los hogares y familias.

 

Los enfoques liberal y neoliberal tienden a mostrar a los seres humanos como una especie de hongos, que brotamos de la tierra, convertidos y convertidas en adultas o adultos, sin que nadie nos proporcione cuidados en las enfermedades infantiles, soporte afectivo y alimentario y estímulo para los aprendizajes básicos de sobrevivencia y convivencia social como el control de esfínteres, el auto-aseo, la auto-alimentación, el lenguaje mismo. Por lo tanto, tampoco existen las personas que limpian la ropa, las casas, hacen los alimentos, cuidan a menores, enfermas enfermos y mayores, quienes, en su mayoría, son mujeres.

 

Desde los años 80 del siglo anterior, las organizaciones de mujeres y las feministas luchamos por la valoración del trabajo invisible y no remunerado en la esfera familiar, y actualmente, este se contabiliza, a través de las llamadas Cuentas satelitales del trabajo doméstico no remunerado3. Porque este trabajo es indispensable para que funcione la humanidad, este 8M le dijimos al mundo: “Nosotras movemos el mundo, nosotras podemos pararlo”.

 

Para hacer posible otro orden civilizatorio el 8M demandamos políticas justas para las mujeres

 

Oxfam informa que 8 varones poseen la misma riqueza que las 3.500 millones de personas más pobres del planeta y que, de mantenerse el ritmo actual, “llevará 170 años para que se emplee a mujeres y hombres en la misma proporción, se les pague el mismo salario por el mismo trabajo, y tengan los mismos niveles de representación en puestos de dirección” (Oxfam, 2017).

 

Esta descomunal desigualdad hace parte de la concentración de poder y control sobre la sexualidad, la afectividad y la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del heteropatriarcado y es la condición para mantener la extrema vulnerabilidad de millones de mujeres, niñas y adultas en este planeta. Contra esta desigualdad paramos el 8 de marzo.

 

En estos años finales de la segunda década del siglo XXI, reconociendo las limitaciones de las políticas públicas de género, estamos retomando los ideales emancipatorios del feminismo de los años 70 del siglo pasado que el neoliberalismo intentó cooptar a través del discurso liviano o light de género.

 

En su mejor versión, el enfoque de género conduciría a reformas para el logro de la igualdad legal entre mujeres y hombres, y a una distribución más equilibrada del poder entre ellas y ellos, por medio de políticas públicas, que al estar insertas en Estados patriarcales capitalistas, ni siquiera disminuyen las brechas socioeconómicas. Tengamos en cuenta que pasados casi 25 años de la puesta en marcha del enfoque de género en las políticas públicas para las mujeres, la desigualdad salarial por razón de género en el mundo se mantiene en el 23 por ciento, es decir, las mujeres ganamos el 77 por ciento de lo que ganan los hombres (Fondo de Población de Naciones Unidas, 2017). Igualmente, en la mayor parte del mundo no somos más del 22 por ciento del poder político. Y el feminicidio, se ha convertido en una pandemia universal, que cada vez cobra vidas de mujeres más jóvenes.

 

A diferencia del enfoque de género, las feministas emancipatorias consideramos que hay que transformar el orden económico y la forma como se distribuye la riqueza, la propiedad de la tierra, de los medios de producción y el orden cultural y sexual sobre el cual está establecida esta sociedad.

 

Exigimos que todos los gobiernos del mundo acojan e impulsen tres componentes fundamentales para reducir la desigualdad –CRI: mayor inversión en el gasto social, reformas tributarias a favor de las mujeres y la protección, y avance en materia de derechos de las trabajadoras y trabajadores, según lo propuesto por Oxfam y Development Finance International (DFI).

 

Paramos el 8M para denunciar el femigenocidio, o genocidio de las mujeres el mundo y por qué la justicia para las niñas, las adultas las mayores.

 

El 8M paramos para construir un país y un mundo donde nacer mujer no sea una desgracia, donde no haya ablación del clítoris, como todavía ocurre en algunas comunidades indígenas de Colombia.


Nuestro paro asumió diversas formas: nos salimos de las casas, dejamos de hacer oficio, dejamos de hacer el amor para el disfrute ajeno, con el fin de dedicarnos a conquistar un lugar bajo el sol donde sea posible vivir sin miedo al abuso sexual por parte del padre, el hermano, el padrastro, el tío, el amigo cercano, el profesor, el jefe, el director o realizador de cine, o simplemente, el transeúnte que siente que las mujeres son un objeto para su deleite y control personal.

 

Decidimos que en el 8M nuestra mejor labor era hacer posible un lugar, donde por fin, nacer mujer no signifique tener que sacrificar el proyecto personal a la maternidad o esposidad.

 

Usamos nuestras voces, nuestras canciones y nuestros bailes para invitar a todas y todos a construir un mundo sin explotación ni subordinación, en el cual podamos decidir sobre nuestro placer, nuestro deseo y nuestra capacidad reproductiva, y elijamos con quién, para qué y cuándo tenemos relaciones sexuales.

 

El 8M invitamos, convocamos y movimos el planeta para que entre todas y todos transformemos las sociedades, erradiquemos de la vida humana al patriarcado, al capitalismo, al colonialismo, al extractivismo, al guerrerismo: las generaciones venideras tienen derecho a un mundo viable y con justicia para todas las niñas, las jóvenes y las adultas; durante este 8M, y las jornadas preparatorias se lo recordamos y se lo dijimos con claridad al mundo entero.

 


 

* Feminista por justicia emancipatoria y corporalizada- Economista, Especialista en Políticas Públicas y Género, Candidata a Magister en Filosofía, Doctora en Procesos Sociales y Políticos de América Latina-Colectiva Feministas Emancipatorias.
1 https://cinepsicoanalisisycultura.wordpress.com/2012/11/23/bliss-el-amor-es-extasis/
2 Corporalidad. Es una categoría que indica que no hay un antagonismo u oposición entre mente y cuerpo, como pretenden algunas iglesias y otros enfoques teóricos. En cada ser humano, está presente una rica y compleja historia y biografía humana: somos una consciencia que está incarnada y se expresa en la diversidad propia de la especie humana: el género, la etnia, la condición social y económica, la orientación/opción sexual, entre otras situaciones y condiciones. No es correcto decir: tengo un cuerpo, como quien posee cualquier objeto del cual puede tomar distancia. Somos corporalidad.
3 Ley 1413 del 2010, por medio de la cual se regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales con el objeto de medir la contribución de la mujer al desarrollo económico y social del país.

Publicado enEdición Nº244
Jueves, 08 Marzo 2018 06:24

Girar

Girar

Tan enigmáticas somos, tan territorios íntimos y remotos, que así como hemos bajado la cabeza y dicho que sí y hemos olvidado ofensas para no contrariar al que nos había ofendido, así como hemos postergado nuestras amplitudes, también resultó que un día, uno más en muchos días extraordinarios de la historia humana, decidimos detener el mundo. Vaya propósito para estas criaturas quebradizas y anímicamente tuberculosas como esa dama que siempre se ahogaba en su camelia; vaya desquicio inesperado que comenzó a ocurrir hoy. No comenzó a ocurrir hoy, viene iniciándose desde hace siglos y seguirá. Las mujeres ya hemos soltado amarras porque hemos visto lo que siempre nos mantuvo quietas y muy cerca del muelle. Hemos visto que todo lo que durante siglos se nos ha dicho de nosotras (y tantas, tantas veces hemos creído como si ese dictado hubiese sido nuestra propia percepción), no era más que un hechizo mítico que comenzó en cada cultura y en cada continente a su modo, y en el nuestro, cuando en el relato original se nos hizo venir al mundo gracias a un pedazo de un varón.


Porque antes del falo fue la costilla. Las mujeres aparecimos cuando el hombre, que llegó antes al mundo, dice el relato, se sintió solo, y de una de sus costillas germinó una mujer. La primera reproducción humana de nuestra especie fue esa reproducción invertida, que sirvió luego para explicar míticamente la dominación. El patriarcado, que es el sistema, la perspectiva, la norma, la autoridad, la forma de explotación y discriminación inaugural de la humanidad, nos concibe inferiores y aunque las cosas hayan cambiado tanto, hay muchos planos paralelos en los que no han cambiado casi nada. Fuimos tributos entre reinos que se unían gracias al matrimonio, botines, herramientas y patos de la boda necesaria que decidiera el padre, el clan, el consejo de la tribu, la familia en cuyo centro estaba él. Fuimos las damas, las putas, las fregonas, las bailarinas virtuosas y las inhábiles, fuimos las que tallamos en las sombras las esculturas que firmaba un hombre, y también las que se metieron a monjas para no soportar toda una vida de obediencia al varón que nos tocara.


Fuimos las chinas que no podían hablar y que inventaron un alfabeto delirante esmaltado en los ángulos de sus abanicos. Fuimos las niñas africanas que sintieron la cuchilla entre sus piernas. Fuimos las Marilyn que le cantaron alguna vez el feliz cumpleaños al poder, y las que un día, aunque envidiadas por otras, descubrimos que estábamos completamente solas. Fuimos las que bailaron solas y se pusieron un pañuelo en la cabeza porque no se podía reclamar, pero sí dar vueltas y más vueltas a la pirámide mientras hombres armados gritaban “¡Circular!”. Circulamos. Y así como estamos seguras de que ninguna de nosotras ha olvidado jamás el aborto que se hizo, porque en cualquier biografía de mujer ese trance queda grabado como herida o una cicatriz, hace décadas reclamamos que todas tengamos las mismas posibilidades de abortar y no morir. Pero también somos las que no creemos que la maternidad sea nuestro destino obligado ni un síntoma psíquico repartido equitativamente en el género, las que vemos en las madres y en las abuelas el clímax del amor materno, el desaforado, el incontrolable amor materno, que baña hasta a los asesinos de los hijos, contra los que nunca se pidió más que justicia. Somos ésas aunque ellas empiecen a faltar. Esas nos parieron donándonos parte de la identidad femenina que es feminista porque una y otra cosa son mamushkas, no contrincantes.


“No soy feminista, soy femenina” es probablemente la frase que mejor sintetiza cómo las mujeres hemos mirado el patriarcado durante siglos con ojos ajenos, con los ojos del amo. Como si hubiera que renunciar a alguna parte que reconozcamos propia para admitir que somos además de otra manera. Somos de muchas maneras, pero hoy, en este mundo y como están las cosas, somos sobre todo las que advierten que algo hay que hacer. Que hay parar esta loca idea de supremacía que ahora ya nos da por sentadas pero no nos tiene por víctimas selectivas. La supremacía masculina ha derivado en una reacción conservadora que se especifica en la supremacía del hombre blanco. El que compra, tira o bendice las bombas que matarán a niños de pieles más oscuras y que viven en lugares que no importan. Esto tiene que parar. El que descerraja un disparo para que el muerto o la muerta aprendan quién manda acá. No alcanza la política ni la sociología ni el psicoanálisis ni las videncias ni las gargantas más poderosas para pegar el grito pertinente. Ya no somos nosotras en nuestro cuarto propio, ni nosotras detrás de la ventana. Somos las que salimos a defender el planeta, la mano que acaricia a la tierra que están envenenando. Ninguna de las pestes que cada día provocan tempestades, matanzas, crímenes, corrupción, guerras, mentiras en los diarios, es ajena al patriarcado. La verdadera costilla del patriarcado es el dolor

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No hay ningún motivo para seguir creyéndonos chimpancés que dependen del alfa para su supervivencia. Y mientras tanto, ellos, que son o no son alfa, que son muchas veces machos humillados y deshechos por otros machos más poderosos que ellos, proveedores con alacenas vacías, se van dividiendo entre los que matan y los que comprenden. Todo gira. Giramos. Y girando es que intentaremos seguir parando el mundo. Mientras giremos el mundo notará que está quieto, como ha estado quieto desde hace siglos, quieto en el mismo movimiento, en la misma manera de entender la fuerza y la debilidad. Todo gira y el paro de mujeres, que aprendieron de sus madres y de sus abuelas muchas veces la audacia pero tantas otras la abnegación doliente, es una danza nueva.


El mundo no se lo esperaba. Y sucedió. Un día, las mujeres rasgamos el velo y vimos el ilusionismo por el que tantas y tantas fueron a la hoguera, a la cárcel o a la tumba. Y todos los platos revoleados por el aire porque la comida estaba fría, y todos los exhibicionismos que nos obligaron a ver penes desde que fuimos niñas, y todos los papeles secundarios de todas las películas y todas las historias fueron de pronto un gran escándalo retrospectivo por los abusos que estaban basados en una idea antojadiza: debíamos dejarnos someter. Giramos, aunque estemos quietas, porque paradas danzan en nosotras los millones de mujeres que no tuvieron la fabulosa chance de gritar juntas que no, y que basta.

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El Salvador libera a una mujer condenada a 30 años por aborto


Teodora Vásquez, que fue sentenciada por homicidio agravado, ha cumplido diez años de cárcel

Teodora Vásquez siempre dijo que había sufrido un aborto espontáneo cuando estaba trabajando como limpiadora en un colegio. Un empleado del centro, que halló al feto en los baños, denunció que había sido intencionado y, todavía con la hemorrágia, se la llevaron detenida. Vásquez, que hoy tiene 34 años, fue condenada a 30 años de prisión por el homicidio agravado de su hija en El Salvador, que prohíbe la interrupción del embarazo en cualquier situación. Hoy, tras años de movilización de ONG y activistas de todo el mundo y tras las sucesivas críticas de la ONU, el Gobierno de El Salvador le ha conmutado la pena. Ha cumplido más de una década entre rejas. Una situación en la que —conocidas como "las 17"— aún permanecen más de una treintena de mujeres en el país centroamericano, con una de las legislaciones más restrictivas del mundo.


"Me siento muy contenta de regresar nuevamente con mi familia. Durante 10 años y siete meses estuve separada de ellos", ha dicho Vásquez visiblemente emocionada a la salida del penal de Ilopango, una cárcel de mujeres y uno de los centros penitenciarios más masificados del país. "Estoy ilusionada por seguir luchando por otras compañeras que están presas injustamente. Sé que mi esfuerzo ha valido la pena y estoy muy contenta por estar de nuevo con mi familia", ha declarado mientras se abrazaba a sus familiares y amigos, que se agolpaban para recibirla. Vásquez tiene un hijo que ha cumplido 14 años al que apenas ha podido ver durante sus años en prisión.


La Corte Suprema de Justicia y del Ministerio de Justicia y Seguridad (CSJ) del país centroamericano no ha precisado en qué fecha decidió la excarcelación de Vásquez, cuyo caso ha visibilizado la situación de las mujeres —sobre todo de las más pobres y vulnerables— en El Salvador. De hecho, hace apenas dos meses, un tribunal de San Salvador ratificó la pena de 30 años de prisión que había dictado en 2008. Sin embargo, en el fallo que dispone su liberación, la CSJ determina de manera unánime que “existen razones poderosas de justicia, equidad y de índole jurídicas que justifican favorecerla con la gracia de la conmutación”. La resolución del juzgado de San Salvador que cumplió con la orden de liberar a Vásquez, indicó también que la Corte consideró que "la prueba científica no permite determinar ninguna acción voluntaria que condujera a la muerte de la criatura que estaba gestando".


El caso de Vásquez, que ha argumentado que sufrió una emergencia obstétrica no atendida y que su juicio, que asistieron activistas y expertos en todo el mundo, estuvo además plagado de irregularidades y ha suscitado una enorme atención internacional. A su última vista asistieron un buen número de ONG y activistas globales que han exigido a El Salvador que revise su legislación sobre el aborto. También la ONU ha reclamado en múltiples ocasiones al Gobierno salvadoreño que modifique la normativa que prevé penas de entre ocho y 50 años de cárcel cuando, como en el caso de Vásquez, se considera homicidio agravado. O al menos que, mientras se abre el debate de la reforma, aplique una moratoria a las penas, como pidió hace unos días la relatora especial sobre ejecuciones extrajudiciales de la ONU, Agnes Callamard, que ha alertado de que genera muertes arbitrarias atribuibles al Estado.


Con esa presión internacional de fondo y algunos casos similares al de Vásquez, han hecho que el gobernante Frente Farabundo Martí abra el debate sobre la legislación. En octubre de 2016, propuso al Congreso la despenalización del aborto en los casos de violación, riesgo de muerte de la mujer o inviabilidad fetal. Mientras, la oposición ha pedido incrementar las penas hasta los 50 años de prisión.


"Continuaremos luchando por la revisión de las 30 mujeres encarceladas por las mismas causas”, ha afirmado Morena Herrera, histórica del movimiento feminista americano y una de las líderes de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto, que ha acompañado a Vásquez desde hace años. "La conmutación de la pena de Teodora es importante porque le permite regresar a su familia; sin embargo, no es suficiente porque no reconoce su inocencia. Es por ello que se realizarán acciones judiciales para demostrar que no cometió ningún delito y se le concedan medidas de reparación para su reinserción en la sociedad”, avisa.


Como El Salvador, otros países como Nicaragua, Honduras, Haití, Surinam, Andorra y Malta prohíben el aborto en todos los casos. Un veto total que, según distintos estudios, no solo no reduce el número de interrupciones del embarazo sino que las mueve a la clandestinidad y las hace más inseguras; un enorme riesgo de salud pública que provoca cada año miles de muertes.

 

San Salvador / Madrid 15 FEB 2018 - 18:10 COT

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Jueves, 15 Febrero 2018 06:33

La batalla feminista en el siglo XXI

La batalla feminista en el siglo XXI

Criticas y fortalezas del movimiento feminista del siglo XXI

 

El movimiento feminista, desde su surgimiento en términos formales en fines del siglo XIX, es marcado por hechos históricos y simbólicos importantes. Un proceso de lucha caracterizado por una radicalidad desde su conformación, en lo cual estuvieron presentes las protestas, las huelgas de hambre y que también costó –y sigue costando– la vida de muchas mujeres.

La lucha por el reconocimiento de la existencia de las mujeres –todas ellas– es el eje central del movimiento, los avances y las conquistas marcaron puntos de inflexión, lo que también permitió la apropiación de la identidad feminista. Un logro, muy probablemente, sin retorno. Más allá de lo reivindicatorio –la lucha por derechos y por igualdad de oportunidades–, las feministas lograron producir su propia reflexión crítica y su propia teoría.

La dinámica con la cual surgen los métodos de intervención y las formulaciones políticas en el movimiento, hace de los feminismos un conjunto potente y de difícil contestación. Por ello, muchas veces, las críticas en contra el movimiento o contra algunas formas más radicalizadas de intervención político-cultural son superficiales, objetivando la descalificación en lugar de dar el debate de fondo. La inserción de los debates feministas en el seno de sociedad genera, como es esperado de cualquier debate amplio, una serie de polémicas. Sin embargo, estas discusiones también afloran el carácter heteropatriarcal en las construcciones de las narrativas hegemónicas.

Así, lo que debería ser un debate saludable con fines de discutir las causas y consecuencias del sistema opresor, termina por reproducir y reafirmar la lógica vigente. El debate se transforma en más una herramienta de violencia en contra las mujeres. Todo esto sería un problema si no fuera por la característica multidialéctica del movimiento asociado a su alto enraizamiento social y activista. El feminismo, tiene su propio antídoto. La reacción a la criminalización y/o intento de descalificar al movimiento es instantánea. La batalla cultural está puesta y hay una nítida construcción de hegemonía feminista en curso. Esta construcción es amenazadora y también es un logro importante, además de evidente.

En los últimos meses, las críticas a los feminismos han tenido un lugar de destaque en muchos medios. La politización del movimiento he sido el punto de mayor crítica por parte de sectores conservadores de la sociedad. El hecho de no poder dar las discusiones genera una frustración por parte de quienes disputan el sentido común desde arriba –y que habitualmente lo ganan por su capacidad de llegada masiva–. Todavía, la batalla en contra los feminismos termina por fortalecer más aún al movimiento, porque devela la debilidad de impulsar una guerra sin sentido en la cual el odio hacia las mujeres salta a cada comentario machista.

El intento de debilitar el movimiento feminista, sin embargo, lo legitima. La reacción frente a la perdida de privilegios y de la exitosa campaña contra-sistémica es natural, una vez que el constante cuestionamiento pone en riesgo las estructuras del poder. Entre los innúmeros desafíos colocados para las feministas del siglo XXI, tal vez lo más importante sea lograr transitar los espacios de animosidad los cuales tienden a ponerse más acentuados a la medida que el movimiento gana más fuerza.

 

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Francia Márquez-Mina

 

 

Aquello que es político, en el mundo contemporáneo, no se puede seguir dando por sentado. Esta afirmación es ya, sin lugar a dudas, una posición política que se disputa el concepto en cuanto tal, pero también es una constatación: a partir de la segunda mitad del siglo xx la política ha sufrido toda clase de mutaciones heterogéneas, las cuales van del mundo de lo físico, técnico y orgánico al de lo que, a veces demasiado apresuradamente, se denomina “la cultura”. En campos como los Estudios sociales de la ciencia se alude a la politicidad y socialidad de máquinas y objetos (no solo a su “construcción social” o a que reflejen las intrincadas relaciones humanas); en los Estudios críticos animales se problematizan las relaciones de poder humano-animal y la dicotomía misma; en los Estudios feministas y de género se dice que existe todo un conjunto de políticas sexuales que atraviesan los más diversos ámbitos de la existencia... Y podríamos continuar la lista añadiendo ítems prácticamente interminables. De otro lado, la proliferación de luchas políticas alrededor del globo no deja de sorprender: emergen por todos lados luchas barriales, estudiantiles, feministas, decoloniales, ecologistas, animalistas, etc.

Este contexto nos ayuda a entender que hoy la política: 1) no tiene un lugar definido de antemano (como otrora lo fueron el Estado y los partidos) y 2) atraviesa una recomposición a nivel epistemológico/ontológico. Así, la política ha pasado de ser esa esfera común que, cual barco, debe ser gobernada o dirigida a buen puerto -clásica definición occidental que pone en el centro el problema del gobierno estatal y sus diferentes regímenes (democracia, oligarquía, aristocracia, monarquía, etc.)- para pasar a ser todo lo concerniente a las relaciones de poder y los respectivos órdenes tecno-bio-físico-sociales que éstas re/constituyen y deshacen continuamente. Órdenes que ciertamente pasan por el Estado, pero también por el “régimen heterosexual” y el “patriarcado”, el “especismo antropocéntrico”, el “mundo moderno/colonial” o la “colonialidad del poder”, etc. Probablemente este quiebre epistemológico/ontológico de la política fue impulsado por las y los socialistas/comunistas/anarquistas de antaño, así como por los potentes movimientos comunitarios (negros, indígenas, campesinos, etc.) que proliferan particularmente a lo largo y ancho de “América Latina”. Los primeros no han dejado de afirmar la importancia de un conjunto de relaciones de fuerza concernientes a la clase y a complejos órdenes que tienen que ver con la producción y reproducción de la vida (como el capitalismo), mientras los segundos nunca han dejado de considerar que su lucha es una lucha vital, una lucha de la vida comunitaria anclada espacialmente y no necesariamente antropocentrada.

Ejemplo contundente de la reconfiguración del concepto mismo de política es Francia Márquez-Mina. No obstante, los medios de comunicación, aquellos medios que han guardado un poco de decencia como para visibilizar a Francia, la han presentado simplemente como una defensora de los derechos humanos y de las comunidades afrodescendientes del norte del Cauca; más aún ahora que ha decidido incursionar en la esfera de la democracia representativa con su candidatura a la Cámara de Representantes por las comunidades negras. Pero volvamos a la cuestión que intento plantear.Si el anterior perfil, mediáticamente reproducido, se queda corto ante lo que encarna Francia esbásicamente en razón de que su hacer vital, es decir, su vida misma, “performa” o realiza un quiebre, tanto epistemológico como ontológico, de la política. En otras palabras, después de la irrupción de acontecimientos como Francia la política no puede seguir siendo lo mismo que antes, ni teniendo la misma racionalidad. Por supuesto, no se trata meramente de lo que ella ha provocado como individuo, sino de todo lo que se condensa en su nombre.

Quizá el primer gran quiebre de Francia es el hecho de concebir su candidatura como una manera de “hacer ruido” en la esfera público-estatal, de “ennegrecerla” un poco,pues para ella el Estado es una construcción históricamente occidental y colonial, que no solo ha tendido hacia el colonialismo externo, sino también hacia el interno. El Estado, así como el derecho, constituyen configuraciones blanco-mestizas, estructuralmente condicionadas por las relaciones de poder que se establecieron en la época de la colonización. Antes que un aliado, el Estado ha sido concebido por las comunidades afrodescendientes como un enemigo. Enemigo que primero fue la “herramienta” perfecta de las cruzadas civilizatorias y, posteriormente, de las desarrollistas y neodesarrollistas. Francia no se cansa de mostrar cómo, por ejemplo, losingenios azucareros, rostros del supuesto desarrollo actualmente avalado por el Estado, están en manos de quienes, genealógicamente, eran los antiguos esclavistas.De hecho, antes que hablar de un “desarrollo alternativo” prefiere referirse a las posibles “alternativas al desarrollo”. La pregunta que enseguida podría formularse sería entonces: ¿cómo es posible que alguien con una concepción tal del ámbito estatal se presente a las elecciones para ocupar un espacio en la Cámara de Representantes? La respuesta es relativamente sencilla. Francia no sueña con la “toma del poder” estatal, sino con generar ciertas interrupciones en su lógica que posibiliten la vida en los territorios que defiende, y eso hace toda la diferencia frente a la política profesional clásica.

Lo anterior me conduce al segundo quiebre. Esas interrupciones en la lógica estatal imperante se conectan con la resistencia y re-existencia territorial afrodescendiente del norte del Cauca, pero a su vez con otros movimientos, tanto latinoamericanos como globales. No es gratuita su cercanía con el famoso Black livesmatterestadounidense o con el movimiento de mujeres negras de Brasil.El quiebre radica en que ella sabe bien que el poder no es un fetiche, no es algo que se pueda tomar simplemente conquistando el Estado, sino que existen múltiples relaciones de poder serpenteantes que se cruzan y estratifican en diversos órdenes. Uno de ellos es, por supuesto, el Estado, pero también habla sin ambages del patriarcado, el racismo estructural y el capitalismo. Frente a esos grandes órdenes, su propuesta política consiste en: 1) generar resistencias, interrupciones, allí donde se pueda (en las universidades, las prácticas culinarias, la maternidad, la movilización en las calles, etc.) y 2) contribuir paralelamente a fraguar formas de vida (otros mundos o universos) con base en la recuperación creativa de todo aquello que históricamente ha sido aplastado. Y claro, las resistencias muchas veces coagulan en re-existencias, y viceversa.

Tercer quiebre: Pensar en términos de una relación fluida entre resistencias y re-existencias hace que la política no sea una política antropocentrada y mucho menos androcéntrica. Su defensa del territorio es, en realidad, la defensa de un conjunto de relaciones entre humanos y no humanos en movimiento constante. El territorio es la Vida misma que, en su “impersonalidad”, nos vive. Es el agua, la técnica, el sonido, los animales, las plantas, la comida y demás elementos en continua co-modificación. Francia tiene claro que los desplazamientos forzados, como al que ella fue sometida, y la violencia ejercida por diversos grupos armados, en particular por los paramilitares y las fuerzas del Estado, son maneras de desarmar esos complejos ensamblajes con el fin de instaurar y apuntalar los órdenes dominantes. Una vez desmembradas las formas de vida, que son al tiempo sistemas de apoyo mutuo y cuidado, a las pocas personas que quedan en los espacios la única alternativa inmediata que les parece viable consiste en regalarle su trabajo, su vida, al monocultivo, la guerra o la minería. Si en otras épocas los conquistadores destrozaban las formas de vida afro y las empleaban como fuerza de trabajo “bruta” para la extracción de oro, hoy la retórica del desarrollo es defendida por el Estado y sus ejércitos i/legales, quienes protegen a empresas como AngloGold Ashanti cuyo objetivo continúa siendo la extracción de oro con “mano de obra” semiesclava, a costa, una vez más, de las comunidades, en concreto, para este caso, de las del norte del Cauca. Francia Márquez denuncia todo esto y reconoce que lo que se está librando es toda una guerra entre formas de vida y mundos en movimiento. La violencia no es casual ni puramente irracional. En ese contexto, no duda en tomar distancia del modelo patriarcal y antropocentrado de familia occidental al defender necesidad de fortalecer vínculos de parentesco no sanguíneos. Reconoce, por ejemplo, al río Ovejas como una madre/padre, por lo que le duele que hoy esté envenenado con el mercurio usado para extraer oro, de la misma forma que otros 80 ríos se hallan envenenados en todo el país.

Aquí, por supuesto, tenemos otro quiebre:el auto-reconocimiento de Francia como afrodescendiente no tiene nada de esencialista, por el contrario, se basa en un tipo de memoria que intenta re-crear formas de vida alternativas a las hegemónicas. Su política no es ni identitaria ni anti-identitaria, sino que reta el mundo de las identidades al afirmarlas. Las itera o desplaza al repetirlas. Si el Estado necesita identidades asibles para gobernar, Francia corre más rápido. Se resiste tanto a la total indefinición, que históricamente se ha traducido en inexistencia, como a la definición externa del Estado y de ciertos antropólogos occidentales. También se resiste a ver los aspectos que caracterizan su devenir afro, su historia, como meramente culturales/artísticos y particularistas, pues, como ya dijimos, sabe que un tambor arrastra toda una forma de vida, y que esa forma de vida está constantemente asediada y en tensión. Los tambores, el canto, las historias personales, etc., no son accesorios en la política de Francia, son la política misma. Con esto llegamos al último quiebre: para ella, el ritmo de la política es el ritmo de la vida, en toda su complejidad. Cuando va a hablar de los temas que la apasionan, no duda en traer a colación su experiencia como madre o la experiencia de su propia madre. Explica cómo, ante la ausencia de los servicios de salud público-estatales, su madre ejerció sus conocimientos de partera, esa misma madre que no tiene huellas en los dedos por trabajar en la mina, que tuvo seis hijos y que trabajó también en “casas de familia” para sobrevivir. Como sabe que el ritmo de la política debe ser el ritmo mismo de la vida, se articula con otras fuerzas colectivas no con base en una identidad afro común presupuesta, sino en la medida en que comparte lugares vitales: el baile, la música, la comida, la partería, etc. Así llegó a conocer mujeres indígenas, blanco-mestizas y campesinas. Eso sí, siempre recordando que no todo elmundo está en posiciones de poder equivalentes y que eso condiciona cualquier eventual articulación.

Ciertamente lo mejor de la teoría política contemporánea ha sido escrito por una mujer del norte del Cauca, y todo con la tinta de su propio devenir vital.

 

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¿Conservadurismo o transformación? El lado izquierdo del feminismo

 

Reflexión crítica de la autora sobre cómo los temas feministas siguen sin hacerse propios en la izquierda a pesar de que ésta se nombre feminista.

 

Sería una obviedad decir que la izquierda europea tiene muchos retos. Lo que habría que acotar en este artículo sería qué considero “izquierda”. Pero como eso va a reducir drásticamente el abanico de personas a quienes dirigirme, voy a incluir de forma deliberada a toda persona que crea en un estado de derecho, en la justicia social, en los servicios públicos y en el reparto de la riqueza, en la no discriminación, etc. Esto, en el siglo XXI, incluye el feminismo, al menos formalmente.

Sabemos que esto es relativamente reciente, solo hay que revisar las fechas, por ejemplo, en las que se implantó el voto femenino en los distintos países europeos, y las posturas de los partidos de izquierda al respecto. Antes y después de esos hitos el feminismo ha librado y sigue librando en los partidos de izquierda una lucha feroz por el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Y esta lucha se ha dado en entornos a priori “aliados” de las mujeres.

A priori porque, desde la revolución francesa, lo de igualdad, libertad y fraternidad ha sido un club masculino en el que las mujeres hemos conseguido entrar con sangre, sudor y lágrimas. La frase “lo más parecido a un machista de derechas es un machista de izquierdas” acuñada por el feminismo no es un cliché, es el reflejo más fiel de una realidad que se ha prolongado décadas, tanto a nivel de partidos y organizaciones, como a nivel individual. Es el dudoso honor que se ha ganado a pulso la izquierda tras muchos años de ignorar el machismo y el patriarcado, de ver únicamente la opresión de clase y no la de género. Y no solo de no verla, también de ejercerla. La incansable lucha feminista, junto con una también infatigable labor pedagógica, han ido consiguiendo que el feminismo estuviera en la agenda de la izquierda, y que la conciencia feminista formara parte de su ideología.

Actualmente no hay partido que se considere de izquierda en Europa que no se denomine feminista y que no le de un puesto prioritario en sus programas a la agenda feminista. Y aquí vuelvo a los retos actuales de la izquierda europea. No entra en mi tarea ni conocimientos hacer un análisis político exhaustivo de las tres últimas décadas en Europa, pero todos somos conscientes de que, desde la caída del telón de acero y el fin del comunismo y de la Unión Soviética, el capitalismo en forma de neoliberalismo se ha desperezado y ha ido ganando terreno de forma inexorable.

El estado del bienestar se resquebraja en todo el continente, y para eso no han hecho falta guerras ni cataclismos, solo un plan social muy cuidadoso en el que por tierra, mar y aire (léase tv, prensa, educación, referentes, etc.) se nos vende un individualismo extremo combinado con el consumismo como única forma de vida y aspiración de la misma. Gentes que viven exclusivamente del dinero público nos dicen a todas horas que está feo que nosotros pretendamos lo mismo, que tenemos que cobrar menos, que la sanidad es muy cara, que las pensiones son insostenibles, y que no deberías aspirar a estudiar si no tienes dinero ni eres un genio.

La llamada socialdemocracia europea ha sido la izquierda más permeable a este mensaje, y es evidente cómo lo están pagando en las urnas, con millones de votantes que se han sentido huérfanos de representación. Afortunadamente, siguen quedando muchos ciudadanos que mantienen contra viento y marea una sólida conciencia de izquierda y de derechos sociales, que se siguen resistiendo cual aldea gala al mensaje neoliberal y fundan nuevos partidos, organizan huelgas, defienden la sanidad, la educación y las pensiones, el derecho a la vivienda y la solidaridad. Pero incluso en esos núcleos de maravillosa resistencia, el neoliberalismo ha encontrado el punto débil, la pequeña puerta por la que entrar, y no es otra que el feminismo.

Y lo está haciendo, esencialmente, a través de la prostitución y los vientres de alquiler. Perdón, que no estoy utilizando el neolenguaje y habrá quien se pierda; hablo del trabajo sexual y de la gestación por sustitución. Ahora mejor, ¿verdad? Ahora imaginad conmigo una persona de izquierda, obrera, concienciada y solidaria, que hace huelga frente a la reducción de sus derechos laborales, que apoya la marea blanca, la verde, que sale a la calle por los derechos de las personas refugiadas.

Imaginad que alguien le dijera: mira, hay personas que están dispuestas a trabajar 8 horas por 300 euros al mes, incluso por un plato de comida, y hay muchos empresarios que estarían encantados de tener trabajadores en esas condiciones, deberíamos cambiar la legislación laboral, porque esas personas están en su derecho de querer ser explotadas. ¿Os imagináis la carcajada, la indignación, el discurso sobre la alienación, sobre que el deseo de unos pocos no puede condenarnos a la esclavitud a todos?.

Ahora imaginad que esa persona que ha hecho la propuesta se autoproclama de izquierda y organiza charlas sobre el “trabajo no remunerado” y lo empoderante que es para un obrero decidir si así lo quiere trabajar por nada. ¿Alguien pensaría que es de izquierda?.

Ahora no imaginéis, ahora probad a decirle a esa misma persona de izquierda y concienciada, como he hecho yo, que hay que legalizar los vientres de alquiler porque hay mujeres que quieren gestar niños para otros por un sueldo y porque hay muchas personas que quieren pagar por tener descendencia genética. O decidle que hay que legalizar la prostitución porque hay mujeres que lo hacen de forma voluntaria. Y la respuesta en muchos casos será: bueno, si hay mujeres que quieren hacerlo ...

La explotación, alienación y falta de derechos que se detectan tan fácil y rápidamente en cualquier tema, se evaporan por arte de magia cuando hablamos de los derechos de las mujeres. Da igual que sea un número realmente ínfimo de mujeres el que está dispuesto a gestar altruistamente para otros, se está dispuesto a cambiar por ello la legislación aunque eso suponga poner en riesgo a millones de mujeres en todo el mundo.

Da igual que la trata y la esclavitud sean más del 90% de la realidad de la prostitución, y las desigualdades sociales y la marginación la causa de otro 9,99% “voluntario”. Si hay una sola mujer que quiera hacerlo, ¿por qué habríamos de ponerle trabas? Y ahora mirad alrededor y descubriréis mujeres y hombres que se dicen feministas defendiendo esto en todos los partidos de izquierda, con más o menos éxito.

Este artículo no pretender ser una reflexión en profundidad sobre los vientres de alquiler ni la prostitución, para eso necesitaría libros y documentales enteros, para eso ya están grandes mujeres como Mabel Lozano y como todas las que desde NoSomosVasijas e infinidad de asociaciones feministas ponen en imágenes y negro sobre blanco la realidad de estas viejas formas de explotación.

Porque no os engañéis, lo único novedoso de los vientres de alquiler es la tecnología genética, que las mujeres pobres paran hijos para los ricos es más viejo que el hilo negro.

Y si la explotación de las mujeres no os importa o no sois capaces de verla, si seguís pensando que “si las mujeres quieren hacerlo ...”, pensad al menos que el neoliberalismo no se va a detener en las mujeres, y que después de “El cuento de la criada” vendrán “Los santos inocentes”.

 

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/nueva-revolucion/el-lado-izquierdo-del-feminismo

 

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