Un maniquí en la Feria Internacional de Defensa y Seguridad (FEINDEF) que se celebró en IFEMA, Madrid, el pasado 3 de noviembre de 2021. — Marta Fernández / EUROPA PRESS

Un informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) establece que las ventas de material militar por parte de las 100 compañías más importantes ascendieron a 531.000 millones de dólares en 2020. Navantia está entre ellas.

La crisis mundial desatada por la pandemia no ha podido con el negocio armamentístico, que ha demostrado su capacidad de seguir facturando inmensas cantidades de dinero incluso en una recesión económica planetaria. Así se desprende del informe que acaba de dar a conocer el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) con datos de 2020, otro año de grandes beneficios para la industria militar mundial.  

Según consta en el dossier elaborado por este prestigioso centro de investigación, "las ventas de armas y servicios militares de las 100 empresas más importantes ascendieron a 531.000 millones de dólares en 2020, lo que supone un aumento del 1,3% en términos reales en comparación con el año anterior". 

En esa línea, señala que 2020 fue el sexto año consecutivo de crecimiento de las ventas de armas de las denominadas "Top 100". "Las ventas de armas aumentaron incluso cuando la economía mundial se contrajo un 3,1% durante el primer año de la pandemia", remarca el organismo en su informe.

Alexandra Marksteiner, investigadora del Programa de Gasto Militar y Producción de Armas del SIPRI, sostiene que "los gigantes de la industria se vieron protegidos en gran medida por la demanda sostenida de bienes y servicios militares por parte de los gobiernos".

"En gran parte del mundo, el gasto militar creció y algunos gobiernos incluso aceleraron los pagos a la industria armamentística para mitigar el impacto de la crisis de la covid-19", afirmó. 

En cualquier caso, el documento destaca que "operar en el mercado militar no garantiza la inmunidad a los efectos de la pandemia". Por ejemplo, el fabricante de armas francés Thales "atribuyó una caída en las ventas de armas del 5,8% a
las interrupciones inducidas por el cierre en la primavera de 2020". "Algunas empresas también informaron de interrupciones en la cadena de suministro y retrasos en las entregas", añade.

En cuanto al ranking de las 100 principales compañías de este sector, el informe señala que Estados Unidos "fue de nuevo el país con más empresas clasificadas en la lista Top 100". En conjunto, las ventas de armas de las 41 empresas estadounidenses ascendieron a 285.000 millones de dólares –un aumento del 1,9% en comparación con 2019– y representaron el 54% de las ventas totales de armas de ese listado. "Desde 2018, las cinco primeras empresas del ranking tienen su sede en Estados Unidos", subraya el SIPRI.

Por su parte, las empresas chinas representaron el 13% del total de las ventas de armas en 2020, "por detrás de las compañías estadounidenses y por delante de las del Reino Unido, las terceras más importantes".

Entre otros datos, el informe señala que Navantia es la única compañía española que figura en el ranking de los 100 grandes vendedores de equipamiento militar. El astillero español ha logrado consolidarse en ese sector al calor de los negocios alcanzados con el régimen de Arabia Saudí para la construcción de cinco corbetas. De acuerdo al listado del SIPRI, se ubica actualmente en el puesto 84 del Top 100.

El estudio indica que "las 26 empresas armamentísticas europeas de la Top 100 representaron en conjunto el 21% del total de las ventas de armas, con 109.000 millones de dólares", mientras que las siete empresas británicas registraron unas ventas de armas de 37.500 millones de dólares en 2020, un 6,2% más que en 2019.

Las ventas de de BAE Systems –la única empresa europea que se ubica entre los 10 principales operadores– aumentaron un 6,6% hasta los 24.00 0millones de dólares. Asimismo "las ventas de armas de las seis empresas francesas que figuran en la lista de las Top 100 cayeron en su conjunto un 7,7%", afirma Lucie Béraud-Sudreau, directora del Programa de Gasto Militar y Producción de Armas del SIPRI.

06/12/2021 00:10

Por Danilo Albin@Danialri

Publicado enInternacional
Experto augura que el iPhone se volverá obsoleto y revela qué lo sustituirá y cuándo

El reconocido analista plantea la condición necesaria para que el nuevo dispositivo iguale las ventas del popular 'smartphone' de Apple.

Apple se está preparando para sustituir su móvil inteligente iPhone por otro dispositivo, que proporcionará las capacidades computacionales necesarias para satisfacer todas las exigencias del usuario del futuro.

El analista Ming-Chi Kuo, reconocido experto en la industria tecnológica, ha pronosticado la fecha en que aparecerá ese sustituto, e incluso prevé sus características.

En una carta a los inversores, a la que tuvo acceso el portal 9to5mac, Kuo señala que esto sucederá exactamente dentro de 10 años: en 2032 saldrá al mercado este dispositivo, y con mucha probabilidad consistirá en un casco o gafas de realidad aumentada, tecnología que superpone imágenes digitales en la visualización de la vida real.

Kuo subraya que el futuro dispositivo desplazará al 'smartphone' y contará, además, con capacidades de computación independiente comparables con la potencia del Mac, la legendaria computadora de Apple. En caso contrario, simplemente no podría igualar las ventas del iPhone.

"Actualmente hay más de 1.000 millones de usuarios activos de iPhone. Si el objetivo de Apple es sustituirlo en 10 años por una forma de realidad aumentada, esto significa que deberá vender al menos 1.000 millones de esos dispositivos en la siguiente década", explica el experto.

En caso de que el casco se posicione únicamente como un accesorio para el Mac o el iPhone, no se estaría favoreciendo el crecimiento del producto.

"Un casco de realidad aumentada que funcione de forma independiente significa que tendrá su propio ecosistema y proporcionará una experiencia de usuario más completa y flexible", detalla el experto.

En la misma carta, Kuo señala que una versión temprana de ese casco, que Apple prevé presentar ya el próximo año, contará con dos pantallas micro OLED 4K de Sony, lo que significa que soportará realidad virtual, tecnología de inmersión completa en el mundo digital.

Publicado: 27 nov 2021

Sábado, 27 Noviembre 2021 05:28

Netflix y la batalla ideológica

Netflix y la batalla ideológica

Consumir historias sutilmente ideologizadas, como las de las series, de forma inconsciente y constante, hace que interioricemos determinados pensamientos e ideas, e incluso que lleguemos a concebirlas como propias

 

Imagínate que llegas a casa después de un día de trabajo, universidad o simplemente de haber estado con tus amigos. Llegas, enciendes el ordenador o el televisor y abres Netflix. Después de estar un buen rato buscando una serie, quizás más tiempo que lo que dura un capítulo, decides poner un documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial.

En él, se exponen los errores del expresidente de Reino Unido [qué errores], Arthur Neville Chamberlain, y cómo llevó a que Alemania pudiera aumentar su influencia en Occidente. De repente, tu percepción sobre quién fue culpable de algunos hechos que acontecieron a estos errores cambia totalmente. ¿Por qué actuó de esa manera? ¿cómo se creyó las mentiras de Hitler? ¿por qué no renunció antes? etc. Tu percepción sobre el papel de Reino Unido en la guerra cambia por completo. Días más tarde, y sin saber muy bien por qué, decides investigar sobre el director del documental: Alejandro Bernard. Buscando en sus redes sociales, hay algo que te da mala espina y comienzas a indagar sobre su vida. Entonces, leyendo unos cuantos artículos, encuentras que parte de ese documental está financiado directamente por el Gobierno de un país en concreto, el cual es rival ideológico y económico con Reino Unido. De pronto, caes en la cuenta de lo que ha pasado.

Este ejemplo ficticio solo ilustra una guerra que se da cada día, cada hora y a cada segundo en nuestras vidas: la batalla ideológica. En resumidas cuentas, podríamos decir que la batalla ideológica es una constante por el pensamiento, donde las armas son los relatos y el objetivo es tu mente. Al igual que en el ejemplo del documental, esta batalla se da en casi la totalidad de nuestra vida: series, redes sociales, personajes influyentes, etc. Pero donde más se da esta batalla es, sin duda, en la política e su sentido más clásico.

En política, se lleva años realizando campañas ideológicas a través de los relatos; de hecho, en mi opinión, la política es esencialmente una batalla de relatos con el fin de construir realidades materiales. Porque, a fin de cuentas, si algo lo cree todo el mundo es más fácil que otros lo puedan llevar a cabo. Estas batallas pueden llegar a ser más o menos perceptibles. Todos estaremos de acuerdo, en que en el periodo de la Guerra Fría se enfrentaban dos modelos: el comunismo y el capitalismo. Propaganda, discursos e intromisión de mensajes en las líneas enemigas (y sobre todo en las propias), son las principales armas para esta batalla.

Pero no todas estas batallas se dan a la luz. De hecho, nuestra rutina está plagada de mensajes y relatos con el fin de cambiar nuestras percepciones. Ya sea qué marca compro, qué opino de la nueva medida del gobierno, o qué votaré el día de mañana.

Las formas de consumo ideológico se han ido transformando a lo largo de los años. Hollywood, por ejemplo, fue concebido como parte de la maquinaria ideológica de Occidente, con una efectividad innegable, moldeando el pensamiento y la visión de: qué fue, qué es y qué será el mundo. De hecho, plataformas como Netflix o HBO, parecen haber tomado su legado adaptándose a las nuevas formas de “entretenimiento” (audiovisuales). Es por eso que, muchos actores políticos, ya intentan acaparar el mercado del relato con el fin de construir no solamente una visión nacional, sino también internacional.

Higher Ground Productions, una productora estadounidense creada en 2018, ha firmado varios contratos para producir tanto series y películas como documentales exclusivos para Netflix. Lo curioso es que, esta productora, pertenece al ex presidente Barack Obama y a la ex primera dama, Michelle Obama; y es que, si hay alguien que haya entendido a la perfección cómo funciona la batalla ideológica son los Obama. A través de la firma de tres películas, cuatro series y varios documentales, no sólo buscan entretener a la audiencia de esa plataforma. Para Obama esto supone un paso más, no solamente para llevar su mensaje a nivel nacional, ligado a los intereses de su partido, sino también para construir una narrativa de alcance internacional. Recordemos que, actualmente, la plataforma cuenta con más de 208 millones de abonados, con el alcance y la influencia que esto supone. Y es que, en palabras de Ted Sarandos, director de contenido de Netflix: “Higher Ground están construyendo una compañía centrada en contar historias que ejemplifiquen sus valores”.

Además de la intervenciones directas de perfiles políticos, podemos observar como incluso las series denominadas “progres” o “anti establishment”, sucumben también a intereses partidistas. Es el caso de Broad City, una serie en la que dos estadunidenses veinteañeras viven aventuras relacionadas con sexo, drogas y alcohol. En uno de sus capítulos (3x05) no dudaron en hacer aparecer y dar publicidad electoral a la entonces candidata Hilary Clinton. Una intervención duramente criticada por los fans de la serie y una muestra más del interés que suscita el poder narrativo del audiovisual actual.

Pero si hay una narrativa que colma la mayoría de los productos de “entretenimiento”, esa es sin duda alguna la narrativa neoliberal. Historias de éxito, donde lo único que importa e influye parece ser el individuo. “O pisas o te pisan”, “la moral no te llega a ningún lado” o “si fracasas será por tu culpa'', son algunos de los mantras que se repiten una y otra vez. Se mitifica a personajes como Pablo Escobar en Narcos, a Frank Underwood en House of Cards o a Heisenberg en Breaking Bad. Estos son algunos de los muchos ejemplos de personajes manipuladores, egoístas y ruines que solo buscan su propio beneficio y son endiosados por los fans de las series. Una narrativa individualista y amoral que trata de centrar la visión y la comprensión de los hechos en el individuo.

Recordemos que el discurso político, en todas sus variantes, no se centra solo en los intereses construidos, sino que se emplea como herramienta para construir nuevos intereses, donde estos últimos siempre están guiados por la ideología. El entretenimiento se convierte en una batalla por el sentido y la percepción. “Siembra vientos y recogerás tempestades'', decía la Biblia, y es que, el poder constructor de realidades puede llegar a ser peligroso. Consumir historias sutilmente ideologizadas, como las de las series, de forma inconsciente y constante, hace que interioricemos determinados pensamientos e ideas, e incluso que lleguemos a concebirlas como propias, aún yendo en contra de nuestros principios o intereses.

Y aunque los medios para difundir el relato cambien, los instrumentos ideológicos se adaptan: desde Netflix y HBO hasta Facebook e Instagram, desde Twitter a los memes. Una batalla política, ideológica y de lucha por las percepciones que, por lo visto, resulta ser infinita. Y, al igual que en nuestra historia sobre Netflix, la observaremos y seremos víctimas de esta lucha desde la comodidad del sofá de nuestra casa.

26 nov 2021

Publicado enCultura
Que el presidente haya terminado llorando frente a las cámaras de televisión nos da una idea del fracaso de esta Cumbre

COP26. Entrevista al ecologista Antonio Elio Brailovsky

 

M.H: Acuerdos finales en la Cumbre del Clima en Glasgow. 

A.B: Digamos que la mejor síntesis fue el discurso del presidente de la Cumbre del clima que cuando hizo el resumen pidió perdón y se largó a llorar. Es difícil decir algo más claro, más nítido, una síntesis más expresiva que el presidente de la Cumbre llorando ante las cámaras del planeta entero.  

Lo que se logró son promesas que nadie sabe si van a cumplir y que nadie cree que se vayan a cumplir. Nos comprometemos a dejar de usar el carbón no lo firmaron, nos comprometemos a ir eliminando el petróleo no lo firmaron, y en vez de decir vamos a reducir las emisiones de gases invernadero siguen diciendo vamos a compensar las emisiones de gases de efecto invernadero por algún mecanismo que mientras contaminamos por un lado absorbe la contaminación por el otro y nadie cree que esos mecanismos funcionen. 

M.H: ¿De qué se trata el Fondo Verde por el clima, de 100.000 millones de dólares, prometido en 2009 para que estuviera provisto en 2020?  

A.B: Hace mucho que están prometiendo apoyar a los países del sur pero en principio el apoyo no deja de postergarse. Lo que están financiando es el apoyo a las grandes empresas del norte, pero lo que hace falta además de apoyar lo que quieran a sus propias empresas, es financiar infraestructura para aquellos que están sufriendo cada vez más inundaciones y sequías. Infraestructura o la migración porque ya son refugiados climáticos.  

Hay varias islas del Pacifico que ya dicen ‘no vamos a existir en pocos años’. Mientras están discutiendo cuestiones de dinero hay países que desaparecen y hay zonas donde se esperan miles o ciento de miles de refugiados climáticos.  

M.H: Son 100.000 millones de dólares que tengo entendido que son en carácter de préstamos. 

A.B: Y tampoco hay un compromiso de los que tenemos plata se la damos a los que les falta, porque además el enorme peso que tienen que hacer los pobres, que además han sido saqueados por la deuda externa, por las maniobras financieras y ese tipo de cosas ¿cómo lo van a financiar?  

Nadie sabe cómo van a financiar los pobres su adaptación a condiciones que son cada vez peores. Lo que uno espera del cambio climático es que los países pobres van a tener menos cosechas, justamente lo países con economías agropecuarias van a tener menos cosechas, su productividad va a bajar porque o van a tener poca agua o van a tener demasiada.  

Países que tenían un cierto nivel económico lo están perdiendo, y no se puede esperar que financien algo que va a ser realmente caro. 

Hidrógeno verde: prometieron una inversión de 8.000 millones de dólares para una tecnología que todavía no tienen 

M.H: Parece que a la Argentina le fue muy bien en esa Cumbre climática con un anuncio de inversiones que tienen que ver con el hidrógeno verde. ¿De qué se trata el hidrógeno verde? 

A.B: El hidrógeno es una forma limpia de combustible porque digamos que cuando uno quema gas natural uno está emitiendo gases tóxicos como residuo, cuando uno quema hidrógeno lo que emite es vapor de agua como residuo.  

El tema es cómo se produce hidrogeno, se produce como aprendimos en la escuela primaria poniendo un cable a cada lado con electrólisis del agua, pero producir hidrógeno consume muchísima electricidad y la electricidad está hecha con hidrocarburos, y es como inútil porque es cambiar la contaminación de lugar.  

Hidrógeno verde sería hacer electricidad con energía solar o eólica que sirva para producir hidrógeno. Esto está resuelto en teoría, en teoría estaba resuelto cuando usted y yo íbamos a la escuela primaria, el problema es que no están resueltos los costos.  

En este momento es escandalosamente caro la empresa que prometió tantos miles de millones de dólares en inversión, lo prometió para dentro de 4 años, y no tiene la tecnología desarrollada porque los costos en ningún lugar del mundo dan.  

Lo que sorprende es que prometieron una inversión de 8.000 millones de dólares para una tecnología que todavía no tienen. Para dar una comparación el mayor proyecto de hidrógeno verde en América latina son varias empresas que están radicadas en Chile y que se suponen van a invertir 50 millones de dólares.  

Entonces 50 millones los que están trabajando en eso contra 8.000 millones que están prometiendo estos tipos, uno dice va en serio o están tratando de blanquear la imagen de un conglomerado de empresas mineras que están entre las más contaminantes del mundo. 

Agreguemos que lo primero que pidieron fue un puerto franco, un lugar para importar lo que quieran sin que el Estado controle qué traen. Se parece mucho a un pedido de legalizar el contrabando, y se parece mucho a un intento de blanquear la imagen de un conjunto de empresas con muy mala imagen por contaminar.  

Yo no sé si a Argentina le fue bien. Creo que en eso hay un problema a discutir y es que hay que cuidar más al presidente, no puede ser que se le crea a un tipo que sabe de rugby que es el gestor de esta empresa.  

Lo que nos falta es un procedimiento institucional por el cual si alguien le acerca una carpeta al presidente se llama al Conicet y se le pide que haga una evaluación científico técnica de esto, ¿es viable no es viable? ¿Le creemos no le creemos? ¿Es una trampa?  ¿Es un engaño? ¿Va en serio? Y esto es lo que nos falta, que se incorpore a estas cosas el sistema científico argentino, obviamente el sistema científico estatal.   

M.H: ¿Podría hacer una síntesis de esta COP26?  

A.B: Empiezo por quiénes fueron. Tendrían que haber ido todos los países, pero para que fueran todos los países Inglaterra se comprometió a organizarse para mandar vacunas a los países que no tenían y flexibilizar las visas de los delegados de aquellos países que no tenían vacunas y se organizaran para que entren vacunados o se los vacunara ahí. Eso no se cumplió y entonces lo primero que hicieron fue sacarse de encima a los negros y a los pobres.  

Es la Convención del clima número 26 y nunca hubo tantos blancos y tan pocos negros, nunca hubo tantos países ricos y tan pocos países pobres. La delegación más grande no es la de ningún país sino la de los lobistas de las empresas contaminantes, principalmente las empresas petroleras que fueron a hablar con todas las delegaciones para convencer, para amenazar o para sobornar.  

Fue de esas cosas escandalosas, vergonzosas, donde empiezan prometiendo de todo y después no firman nada. Vuelvo a la parte inicial de esta conversación, que el presidente haya terminado llorando frente a las cámaras de televisión del mundo entero nos da una idea del nivel de fracaso de esta Cumbre.  

Por Mario Hernandez | 23/11/2021

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 20 Noviembre 2021 07:12

Tres grados para el incendio

Tres grados para el incendio

La falta de decisiones para detener el calentamiento global en la recién finalizada COP26 (reunión de ONU sobre el clima) conlleva que la temperatura global aumentará en promedio tres grados centígrados en este siglo, sobre la media preindustrial. Quizá suene poco, pero es un escenario catastrófico. Con el aumento de 1.1 °C que ya vivimos, hay decenas de miles de migrantes climáticos, incendios e inundaciones devastadoras, alteración de corrientes oceánicas y otros graves impactos. Aún así, en lugar de acciones reales, la COP26 avanzó en retóricas engañosas y de alto riesgo.

El hilo rojo con que los grandes contaminadores nos quieren hacer creer que están haciendo algo para enfrentar la crisis es el concepto "cero neto". Se refiere a que en lugar de reducciones reales de las emisiones de los gases de efecto invernadero (GEI), se puede seguir aumentando las emisiones si se las "compensa" con medidas tecnológicas o de mercado. Sin cambios reales, plantea hacer sumas y restas que resultarían en cero emisiones "netas" (https://tinyurl.com/ypsyfmhm).

Más de mil 500 empresas trasnacionales, incluidas las mayores petroleras y automotoras, las empresas de agronegocios y alimentarias, las mayores financieras y gestoras de activos, las gigantes tecnológicas han anunciado que alcanzarán "cero emisiones netas" entre 2040 y 2060. Esta lógica se basa en tres pilares: las llamadas "soluciones climáticas basadas en la naturaleza", que incluyen desde megaplantaciones y monocultivos a la apropiación, conversión y/o redefinición de todo tipo de áreas naturales y agrícolas como áreas prioritarias de captura de carbono; una serie de técnicas de geoingeniería (que aún no existen) desplegadas a gran escala para captar carbono o reflejar la luz solar para bajar la temperatura; nuevos mercados de carbono para comerciar créditos de carbono en suelos agrícolas, mares y humedales, junto a "compensaciones" por contaminación y destrucción del clima y la biodiversidad.

Cada pilar conlleva serios problemas. La suma de promesas realizadas planea usar más tierras y bosques de los que hay disponibles en el planeta, por lo que no funciona para enfrentar la crisis climática, pero alienta una ola global de acaparamientos y desplazamiento de comunidades de sus territorios (https://tinyurl.com/53y57kpj). Como no será suficiente, muchos de los mismos actores impulsan también peligrosas nuevas tecnologías para "aumentar la capacidad de la naturaleza" para absorber carbono (por ejemplo manipulación genética de cultivos, árboles, microbios del suelo) y para captar carbono de la atmósfera con geoingeniería.

Es muy preocupante que Estados Unidos y China, los dos mayores emisores de GEI globales, en su declaración conjunta a la COP26 incluyen la cooperación para "el despliegue y aplicación de tecnologías como la captura, uso y almacenamiento de carbono y la captura directa de aire (CCUS y DAC por sus siglas en inglés)" (https://tinyurl.com/9rd3w49h).

Son propuestas de geoingeniería que demandan enormes cantidades de energía, agua y ocupación de tierras, por lo que tomadas en su ciclo completo producen más GEI que los que dicen "capturar". La captura directa de aire se hace con grandes ventiladores que filtran aire y separan el CO₂ con solventes tóxicos. Este se podría volver a usar en combustibles u otros productos, o inyectarlo en fondos geológicos terrestres o marinos, como pozos petroleros (https://tinyurl.com/253hapnv). Más de 85 por ciento de los proyectos de captura y almacenamiento de carbono planean inyectar ese CO₂ para extraer reservas profundas de petróleo a las que antes no podían acceder, lo que resulta en mayor extracción y emisiones. Con otros usos, o emiten más gases de los que dicen capturar o sólo posponen por un corto tiempo volver a emitir los GEI.

Ambos procesos requieren nueva infraestructura, materiales, transportes y conllevan riesgos de contaminación tóxica: el CO₂ concentrado y líquido es tóxico para la vida humana, animal y vegetal, los solventes son tóxicos, etcétera. La alta demanda de energía resulta en el uso de más combustibles fósiles o de energía nuclear "altamente riesgosa y con desechos radioactivos que persisten miles de años" o en competencia por el uso de energías renovables que no existen en cantidad suficiente y son necesarias para actividades que eviten las emisiones existentes, no para contrarrestar nuevas (https://tinyurl.com/3dsx7578).

Además de riesgosas, son tecnologías que no existen o apenas están desarrolladas a escala. No está demostrada su eficiencia ni su viabilidad ecológica, económica o social. Es significativo que los principales inversores de ambas tecnologías son grandes petroleras, automotrices y mineras como Chevron, Exxon, Occidental, BHP Billiton, Shell, Total y Volkswagen, que esperan así justificar la explotación petrolera y recibir más subsidios públicos y nuevas ganancias en mercados de carbono, al clasificarlas como tecnologías climáticas (https://tinyurl.com/2djxf94v).

El concepto "cero emisiones netas" es una trampa letal, una coartada para que los contaminadores del clima y el ambiente no cambien nada y hagan nuevos negocios. Malgasta el poco tiempo que tenemos para enfrentar realmente la crisis climática. Por ello más de 700 organizaciones lanzaron en la COP26 un llamado global que exige a los gobiernos abandonar esa estafa y apoyar las soluciones reales, que sí existen. https://www.realsolutions-not-netzero.org/home

* investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
Viernes, 19 Noviembre 2021 06:09

Economía y declinación relativa

Economía y declinación relativa

Los datos del Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC), la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM permiten calibrar la declinación de Estados Unidos (EU). Si en 1950 EU representaba 50 por ciento del producto mundial bruto y 60 por ciento de la producción industrial del mundo, en 1999 las cifras ya eran de 20 y 25 por ciento, respectivamente. Su participación en las exportaciones de servicios comerciales, el sector de crecimiento más rápido de la economía mundial era de 24 por ciento en 2001, mientras la de la Unión Europea llegaba a 23 por ciento, pero si se incluyen las exportaciones intraeuropeas, la cifra ascendería a 40 por ciento.

En 2002 las firmas no estadunidenses ya dominaban las principales industrias, incluyendo nueve de las 10 empresas del sector eléctrico y electrónico del mundo; ocho de las 10 mayores productoras de vehículos motorizados y comercializadoras de gas y electricidad; siete de las 10 principales refinadoras de petróleo; seis de las principales 10 empresas de telecomunicaciones; cinco de las 10 principales firmas farmacéuticas; cuatro de las primeras seis productoras de químicos; cuatro de las principales siete aerolíneas. De los 25 bancos más grandes del mundo, 19 no eran de EU, aunque los dos más grandes en 2002 y 2003 fueron Citigroup y Bank of America.

En 2000, de las primeras 100 corporaciones del mundo, según su control de activos en el exterior, 23 eran de EU. Alemania, Francia, Reino Unido y Holanda, con un PNB siete décimos del de EU, tenían 40 y 16 eran firmas japonesas. En la década de los 90 las ventas al exterior de grandes empresas de EU, entre las primeras cien, pasaron de 30 a 25 por ciento y las de la UE pasaron de 41 a 46 por ciento . En 2001, el 21 por ciento de las acciones en inversión extranjera directa (IED) provenía de EU, en contraste con 47 por ciento que controlaban las firmas de la UE en 1960. Entre 1996 y 2001 el 15 por ciento de toda IED provenía de EU y 16 por ciento de Inglaterra. Juntas Francia, Bélgica y Luxemburgo manejaban 21 por ciento de las 25 fusiones y adquisiciones (F&A) más importantes en EU realizadas entre 1998 y 2000, cinco fueron hechas por firmas extranjeras (tres británicas, dos alemanas) Y de las principales 20 empresas realizando F&A internacionales entre 1987-2001, sólo dos eran de EU (General Electric y Citigroup) representando 5 por ciento del valor de toda las F&A del periodo

La sólida evidencia de analistas como Alejandro Dabat y Paulo Leal en torno a la declinación histórica, pone en evidencia algunos de los supuestos de los que en otra oportunidad califiqué como "globalismo pop" a saber:

  1. A) que el impacto del Estado se ha diluido ante el ímpetu de la globalización, al punto de que ya es crecientemente una presencia virtual,
  1. B) con igual falta de documentación se asume que se han constituido "empresas globales" desvinculadas del Estado, ya sea metropolitano o periférico proponiendo que las grandes firmas deambulan desarraigadas en el ámbito internacional con matrices y subsidiarias desreguladas, sin ordenamientos o espaldarazos estatales de corte económico, fiscal, contable o político-militar.

No existen referentes empíricos que apuntalen la noción de que se ha constituido un sistema mundial autorregulado y que, por tanto, la economía escapa a los controles políticos. Ya la debacle económico-financiera iniciada en 2007/2008 por enésima vez hizo trizas esa "sabiduría convencional".Tampoco hay base para afirmar que en "tal sistema global" las economías nacionales están subsumidas y rearticuladas en el sistema por medio de procesos y transacciones de un ente "global" que se autonomiza y desapega del medio ambiente social, en especial de la dinámica y creciente confrontación de clase que tiene su base en la explotación de la fuerza de trabajo de los recursos naturales, de los ecosistemas hasta su extinción.

Esa "sabiduría convencional" también sostiene que los mercados y la producción sólo son regulados por ellos mismos y que en general la economía global se autosistematiza, se autorreglamenta y se autorregula, por lo que el Estado nacional, sus mecanismos reguladores y de apoyos en torno a los actores económicos (primordialmente me refiero a la gran corporación, a los monopolios), el territorio y las fronteras así como la soberanía serían crecientemente irrelevantes u obsoletas. Este discurso del poder, desgastado por la misma dinámica de la crisis y de las realidades de la "presidencia imperial" en lo referido a la relación Estado/empresa en EU impulsó desde los años 80 del siglo XX una atmósfera de "inevitabilidad", de que se trata de "fuerzas de la naturaleza" como la gravedad y que la globalización es algo espontáneo, indiscernible de la estructura de poder.

Hoy ese discurso se ve letal: con el capitalismo vamos al abismo.(continuará).

Por John Saxe-Fernández

www.jsaxef.blogspot.com

Publicado enEconomía
Agroindustria, responsable de más de 50 por ciento de la contaminación mundial

El sistema agroindustrial -la forma de procesar los alimentos- produce entre el 44 y 57% de las emisiones contaminantes del mundo, dijo la Dra. Soffía Alarcón Díaz, especialista en cambio climático, al participar como ponente en el IV Congreso Ingeniería de Alimentos. Mtro. José Carlos Álvarez Rivero, organizado por la Sociedad de Alumnos de Ingeniería de Alimentos de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

En su conferencia, El cambio climático y su impacto en la seguridad alimentaria, explicó que la relación entre ambos se puede ver desde dos frentes: la oferta y la demanda.

La oferta. Es el sistema de producción agroindustrial, toda la cadena que sigue un alimento desde que sale del campo hasta que termina en la basura -los alimentos que no se terminan de comer-. Contempla seis fases: deforestación, producción agroindustrial, transporte, procesamiento, refrigeración y desecho.

  • Deforestación. Con la intención de tener terrenos cultivables se talan bosques, a lo que se llama expansión de la frontera agrícola, que es responsable del 70 al 90% de la deforestación mundial y de la emisión del 20% de los gases de efecto invernadero (por la falta de árboles que limpien el aire). Con la quema de los bosques la tierra en éstos pierde sus nutrientes y por ende su fertilidad durante uno o dos años.
  • Producción. Una vez que se tienen los cultivos, éstos pasan por varios procesos de fertilización o emisión de agrotóxicosque emiten otro gas de efecto invernadero, el óxido nitroso. Y respecto a la ganadería, la cría intensiva de animales -sobre todo los estabulados- provoca emisiones de metano.
  • Transporte. Una vez que el alimento está listo, se utiliza el transporte para llevarlo alrededor del mundo, que puede ser un proceso caro, largo y sin sentido. Por ejemplo, con la soya que se produce en Argentina se alimentan gallinas en China, que luego se exportan a Estados Unidos y que se terminan por consumir en México.
  • Procesamiento y envasado. Una vez que la carne se encuentra en su destino final, la industria alimentaria se encarga de transformarla en comida lista para llevarse a los supermercados -cuyas estanterías se llenan con miles de productos envasados-, donde se emiten gases de efecto invernadero, por el consumo de luz y de los gases utilizados para la refrigeración.
  • Las otras dos fases son la refrigeración, que implica el uso de medios para conservar los alimentos, y el desecho, el último momento de esta cadena.

Ante esta situación, ¿qué se puede hacer para que la gente internalice el cambio climático?; Soffía Alarcón mencionó que, como individuos, hay muchas cosas, por ejemplo: consumir alimentos orgánicos producidos a nivel local -que no usan agroquímicos, fertilizantes, ni recorren varios kilómetros al ser transportados-; reorientar la producción alimentaria hacia mercados más frescos, locales y saludables -lo que fomenta que los agricultores permanezcan en su tierra-; integrar la producción animal con la vegetal -vacas y gallinas ayudan a fertilizar la tierra-; y promover los huertos en casa y la agricultura climática inteligente.

Calentamiento global

Acerca del calentamiento global, la doctora Alarcón dijo que, debido a la actividad humana, en los últimos 120 años la temperatura de la Tierra ha aumentado más o menos 1.2 grados centígrados, y justo por eso, los años recientes han sido los más calientes -el récord de temperatura se registró en 2019-.

Y lo que se ha visto, es que desde 1980 ha aumentado el número de desastres naturales, que se catalogan en tipos: eventos geofísicos, eventos meteorológicos, eventos hidrometeorológicos y eventos climatológicos. Los primeros, los geofísicos, son tsunamis, sismos o la actividad volcánica, y no tienen origen antropogénico.

Pero los meteorológicos, hidrometeorológicos y climatológicos muy posiblemente tengan que ver con el hecho de que el clima de la Tierra está cambiando. Los eventos meteorológicos -como las tormentas tropicales- pasaron de ser menos de 200 a casi 400 por año; los hidrometereológicos, de 50 a casi 200; y los eventos climatológicos, como temperaturas extremas y sequía, seguirán aumentando.

Estos desastres naturales desde luego tienen un impacto en las actividades de los seres humanos, pero también en la biodiversidad, pues “estamos perdiendo más o menos cada 20 segundos una especie”, los incendios están arrasando con la biodiversidad, y hay inundaciones que impiden a los animales migrar fácilmente.

¿Qué se puede hacer en materia de cambio climático? Primero, evitar que la temperatura de la Tierra aumente más de 1.5 grados centígrados, para evitar los impactos del cambio climático catastrófico.

Como acciones de mitigación, es decir, las destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, se podría: reducir la quema de combustibles fósiles -por ejemplo, usando más la bicicleta que el auto-, mejorar la eficiencia energética -emplear focos led, energías renovables bajas en carbono, instalar paneles solares en los techos-, y proteger y restaurar los sumideros naturales, como océanos y bosques.

Entre los instrumentos basados en el mercado resultan útiles, entre otros, los cambios en los patrones de producción y consumo, es decir, que las personas prefieran elegir consumir algo orgánico o local a algo importado de un país lejano.

El reto es por demás grande, ya que a nivel global se tendría que lograr, para el 2030, que las emisiones de CO2 y de gases de efecto invernadero se reduzcan de 65 gigatoneladas por año a 5 gigatoneladas anuales.

18 noviembre 2021

Este material se comparte con autorización de la IBERO

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Jueves, 18 Noviembre 2021 06:15

La triple estafa de Glasgow

La triple estafa de Glasgow

Estados Unidos y la Unión Europea han anunciado su intención de despojar a 1.500 millones de personas, de otras regiones del mundo, de sus correspondientes cupos de emisiones 2021 – 2100. Una estafa cuyo valor comercial, a precios actuales, supera los 4 billones de dólares, 4 millones de millones.

Su anuncio es también una burla a lo acordado en Glasgow. Es un sabotaje anunciado a toda posibilidad de limitar el aumento de temperatura a 1,5°C.

Biden se presentó en Glasgow después de coordinar posiciones con el G7 y con el G20. Cuando reclamó su liderazgo mundial ante el reto del calentamiento global, ya la estrategia había sido acordada. Anunció entonces su compromiso con limitar el aumento de temperatura a 1,5°C. Para dar ejemplo, se compromete con emisiones netas cero para el 2050.

Uno a uno, los jefes de Estado y de Gobierno de Europa, incluyendo sus  reyes, reinas y príncipes, repitieron en coro: emisiones netas cero para el 2050.

China y Rusia asumieron el mismo compromiso, para el 2060. India para el 2070. Todos los medios de comunicación, al unísono, se lanzaron contra China y Rusia, por su irresponsabilidad. A India la insultaron. La misma acusación se difundió rápidamente por las redes. Son los malos.

En el caso de Estados Unidos, emisiones netas cero para el 2050 es un anuncio de su intención de emitir al menos 75 giga-toneladas netas de CO2 durante el período 2021-2050.

Biden y Kerry repitieron reiteradamente en Glasgow: follow the science, hagamos las cosas de acuerdo con la ciencia. Lo predican, pero no lo practican.

Una de las conclusiones más resaltantes del reciente informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, IPCC AR6 2021, es que para limitar el aumento de temperatura a 1,5°C, con al menos un 67% de probabilidad, es necesario limitar las emisiones globales a 400 giga-toneladas durante el período 2021-2100.

Si todas las personas tienen el mismo derecho, como tanto se pregona, el presupuesto de emisiones debe distribuirse entre la humanidad en partes iguales, todos iguales en derechos sobre un bien común: la capacidad de la atmósfera de albergar moléculas de CO2. El presupuesto de emisiones debe distribuirse entre los países en proporción con su población.

A Estados Unidos le corresponden así 17 gigatoneladas. Implica emisiones netas cero para el 2027 a más tardar.

El escenario que proponen Biden y Kerry, emisiones netas cero para el 2050, es una muestra de  irresponsabilidad internacional. Estados Unidos pretende auto adjudicarse 75 giga-toneladas, 58 giga-toneladas por encima del presupuesto que le corresponde, despojando a 1.116 millones de personas, de otras regiones del mundo, de sus correspondientes cupos de emisiones. Una estafa valorada en 3 billones de dólares a precios actuales, utilizando como precio de referencia el de la Unión Europea (US$ 50/ton CO2).

Es además una burla a la COP 26. Estados Unidos reclama para sí 75 giga-toneladas del presupuesto disponible de emisiones, el 19% del total. Pero su población es de apenas el 4% de la población mundial. Sólo le corresponden 17 giga-toneladas.

Estados Unidos reclama para sí 4,4 veces lo que efectivamente le corresponde. Si todos seguimos su iluminado ejemplo, llegaríamos a finales de siglo con un aumento de temperatura de al menos 3°C. Demuestra, una vez más, su desprecio por la preocupación internacional por la amenaza del calentamiento global y sus consecuencias, tal y como lo hizo Bush cuando se retiró arbitrariamente del Protocolo de Kioto en el 2001, y como lo hizo Trump cuando se retiró del Acuerdo de París en el 2017.

La Unión Europea de los 27 y el Reino Unido compiten con Estados Unidos en hipocresía. Pomposamente anuncian su objetivo: emisiones netas cero para el 2050. Reclaman para sí 50 giga-toneladas del presupuesto disponible de emisiones, el 12,5% del total, aunque su población es de apenas el 6,7% del total mundial. De esta manera, y siguiendo fielmente a Estados Unidos, la Unión Europea 28 pretende despojar a 447 millones de personas, de otras partes del mundo, de sus correspondientes cupos de emisiones. Una estafa valorada en 1,15 billones de dólares a precios actuales.

Biden y sus cómplices europeos también acordaron evadir cualquier referencia a las responsabilidades acumuladas en la gestación de la crisis climática actual.

Los países industrializados, con el 17% de la población mundial, son responsables por el 70% del calentamiento global acumulado entre 1900 y el 2020. Es entonces razonable que también contribuyan con el 70% de los costos para superar esta amenaza planetaria.

En su obsesión con China, los medios norteamericanos y europeos no cesan de señalarla como el gran irresponsable, el que emite más CO2, el que más contribuye al calentamiento global. Cuando en realidad, la contribución al calentamiento global acumulada hasta la fecha sólo por Estados Unidos supera la de China, India, África y América Latina juntos. Lo mismo ocurre con la contribución de la Unión Europea. Cuando se toma en consideración la población de cada pais, la comparación es vergonzosa.

Janet Yellen voló sobre Glasgow y develó la tercera estafa. Yellen tiene un doctorado en economía de la Universidad de Yale. Presidió la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, durante la administración Trump. Ahora es secretaria del tesoro,  equivalente a un ministro de economía. Declaró que el costo de la reconstrucción energética mundial, necesaria para alcanzar el objetivo de 1,5°C, se estima en 150 billones de dólares en los próximos 30 años, un promedio de 5 billones por año, 50 billones en los primeros 10 años. 

Más de la mitad de esta inversión corresponde a países en desarrollo, unos 3 billones por año durante 30 años consecutivos.

Sin embargo, mientras Yellen hacía su anuncio, en la COP 26 los países industrializados continuaban resistiéndose a cumplir con su compromiso, de hace 12 años, de aportar una limosna: 0,1 billón. Mientras los países en desarrollo competían por alguna parte de esa limosna.

Entretanto, continuamos en la senda del suicidio, hacia un aumento de temperatura de 2°C para el 2050 y 4°C para el 2100. La última vez que el promedio global estaba 2°C sobre el de la época preindustrial, fue en el período interglaciar Emiense, hace 125.000 años. El nivel del mar se encontraba entonces siete (7) metros sobre el que conocemos.

La última vez que la temperatura promedio se encontraba 4°C sobre el de la época preindustrial, el nivel del mar se encontraba 24 metros sobre el actual.

2°C es el límite entre lo peligroso y lo catastrófico. Hacia allá vamos, en apenas 30 años. Lo demás son promesas, todas incumplidas.

Glasgow ha sido una farsa. Una peligrosa decepción, especialmente para la juventud. Una explosiva traición a sus intereses. Una burla a toda la humanidad.

Ha servido también como escenario para perpetrar una gigantesca estafa.

No podemos, no debemos seguir permitiendo que políticos ineptos sigan fracasando, poniendo en creciente riesgo a toda la humanidad. Han fracasado durante 50 años, desde que en 1972 se acordó por primera vez atender esta emergencia en el seno de la ONU. Han transcurrido 30 años desde que se firmó el Acuerdo Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático,  en la Conferencia de Naciones Unidas para Ambiente y Desarrollo (UNCED) de 1992. Entre tanto, la amenaza se ha agigantado, alcanzando proporciones devastadoras.

La humanidad entera espera resultados creíbles, consistentes, verificables. Ahora. No farsas y estafas como las señaladas. Ni más promesas falsas.

Por Julio César Centeno | 18/11/2021

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Lunes, 15 Noviembre 2021 06:11

COP26: una vez más, ¡los fósiles mandan!

COP26: una vez más, ¡los fósiles mandan!

El fiasco de la cumbre de Glasgow

 

 [La cumbre del clima de la ONU -COP26- ha concluido hoy día 13 un acuerdo que se presenta al público como determinante para lograr limitar el calentamiento de la tierra en 1,5°C. Una afirmación que no se tiene en pie. Como botón de muestra, el titular de El Pais: "La cumbre del clima se cierra con un mensaje descafeinado contra el carbón y los combustibles fósiles". A falta de una valoración más completa del acuerdo definitivo, hoy publicamos estas dos valoraciones de urgencia de Daniel Tanuro y João Camargo]

¡Una vez más, los fósiles mandan!

Daniel Tanuro!

Evolución del proyecto de declaración final:

1ª versión: la COP "pide a las partes que aceleren la eliminación del carbón y el fin de las subvenciones a los combustibles fósiles

2ª versión: la COP "pide a las partes que aceleren el despliegue, el desarrollo y la difusión de tecnologías y la adopción de políticas para la transición a sistemas energéticos con bajas emisiones de carbono, entre otras cosas aumentando la cuota de generación de energía limpia y acelerando la eliminación de la generación de energía con carbón sin subvenciones, así como la eliminación de las subvenciones ineficientes a los combustibles fósiles"

Para decirlo claramente:

1- Lo que importa son las tecnologías verdes, no la salida de los combustibles fósiles, ni siquiera del carbón solamente;

2- El capitalismo puede seguir explotando las minas de carbón, e incluso abrir otras nuevas, siempre que las centrales eléctricas de carbón estén equipadas para capturar y almacenar el CO2 (CAC) o para utilizarlo en otros procesos industriales (UCC);

Nota: En esta frase no se especifica ni el plazo, ni la proporción de CO2 que se almacenará o utilizará, ni la permanencia del almacenamiento (la cuestión de las fugas) o del uso (¡una central eléctrica de carbón cuyo CO2 se utilizaría en la producción de refrescos cumple las condiciones establecidas en esta sección del texto!)

3- El colmo es el adjetivo ineficiente añadido para describir las subvenciones a los combustibles fósiles. ¿"ineficiente" desde qué punto de vista social y ecológico?

Dado que todo el enfoque es neoliberal hasta la médula, en la medida en que las finanzas están estructuralmente integradas en la elaboración de políticas climáticas (a través de Mark Carney, enviado especial de la ONU para la financiación del clima, ex gobernador del Banco de Inglaterra y arquitecto de Gfanz, la alianza financiera mundial para el cero [carbono]neto), plantear la pregunta es responderla.

Una subvención eficaz es una subvención a los capitalistas. Una subvención social es ineficaz, ya que no crea plusvalía. La subvención pública del gasóleo para la calefacción, tal como existe en Bélgica, por ejemplo, es bastante "''ineficaz'', ¿no?

¡Estamos esperando la versión final, que traerá más sorpresas y terminará de hacer caer las máscaras!

Basta de blablabla, ¡sólo la lucha pagará!

12/11/2021

https://www.facebook.com/hashtag/blahblahblah

Traducción: viento sur

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La COP ha muerto, ¡viva el movimiento!

João Camargo

La Conferencia de las Partes (COP) es una organización que vela por los planes del capitalismo mundial para la intensificación de la explotación. Para el movimiento por la justicia climática tiene que estar muerta, pues nuestra presencia en ella legitima un proceso que se dirige tanto contra nosotras y nosotros como contra el planeta.

Esta COP ha sido tan decepcionante como cualquiera de las anteriores. La inclusión de las palabras combustibles fósiles en la declaración final parece ser el único avance con respecto al pasado. Carece de sentido. Lo que es sumamente significativo es que las dos próximas COP tendrán lugar en Egipto y en los Emiratos Árabes Unidos. Esto implica nada más que una cosa para el movimiento por la justicia climática: no hay ficción posible que pueda hacernos creer que la COP es un proceso de alguna manera diferente de la Organización Mundial del Comercio y del G20. La COP es una organización que vela por los planes del capitalismo mundial para la intensificación de la explotación. Para el movimiento por la justicia climática tiene que estar muerta, pues nuestra presencia en ella legitima un proceso que se dirige tanto contra nosotras y nosotros como contra el planeta; por eso, el Acuerdo de Glasgow se formuló en 2020.

Hay algunos detalles crueles. La elección de Sharm-el-Sheik, un recóndito destino turístico en Egipto, para la celebración de la COP-27 es el escupitajo definitivo sobre la tumba de las gentes revolucionarias que 2011 tomaron la plaza Tahrir, derrocaron a Hosni Mubarak y más tarde fueron ahogadas en su propia sangre a manos de la dictadura militar del general Sisi. El lugar de entierro de la Primavera árabe, una ola revolucionaria alimentada por el cambio climático, la sequía, la falta de cosechas, el aumento de los precios de los alimentos causado por la escasez y la competencia de los biocombustibles, ha sido concebido, propuesto y finalmente aceptado para albergar la COP-27. Casi todo el mundo está gobernado por gobiernos reaccionarios que contemplan el cambio climático bajo uno o dos prismas: cómo puedo ayudar a las empresas privadas a ganar dinero con esto y/o cómo puedo conseguir que esto no perjudique a las empresas privadas. Hay gobiernos que no están en esta situación, pero su poder dentro de las salas es casi tan nimio como el de los y las activistas y las ONG.

El anuncio de que los Emiratos Árabes Unidos, un Estado petrolero gobernado por una familia real cleptócrata, será la siguiente sede, constituye la notificación final que ha recibido el movimiento por la justicia climática: se acabaron los simulacros de negociación, influencia o rendición de cuentas. Hasta las protestas simbólicas surgidas desde dentro de las COP y en las cumbres alternativas son prescindibles. No hace falta convencer al movimiento de que la táctica de influir en las autoridades y ejercer fuertes presiones institucionales ayuda a avanzar; si la experiencia histórica no ha sido suficiente, ahora nos lo han hecho saber. Glasgow ha sido la última COP.

A pesar de que el movimiento por la justicia climática tiene el recuerdo de la COP como un momento de encuentro, esto ya es historia. No habrá punto de encuentro en Sharm-el-Sheik, no habrá protestas, no acudirá la sociedad civil, salvo los probables títeres que puedan llevar los militares para llenar el escenario. En los EAU, las mujeres tendrán que inclinar la cabeza ante un Estado socialmente medieval, creado sobre la misma materia que ha creado el cambio climático, un Estado que pretende ampliar la producción de energías fósiles. La parte social de la COP es historia.

Y esto es un alivio. El movimiento por la justicia climática ha de dejar de hablar sobre la agenda capitalista ante el cambio climático, dejar de hablar de las falsas soluciones de todas las COP, todo lo habido desde 1992. No tenemos tiempo para elaborar narrativas opuestas a los mercados de carbono, a los impuestos sobre el carbono, al cero neto de emisiones, a las compensaciones: ¿no vimos durante todo ese tiempo que todo eso no significaba otra cosa que abrir nuevas fronteras de explotación, nuevas rondas de mercantilización y colonialismo? Todo esto ha estado ocurriendo en el momento mismo en que el clima se colapsa y lo único que funciona es lo único que ellos siempre han rechazado: prescindir de todos los combustibles fósiles. Ahora han tomado esta decisión por nosotras y nosotros. Las actividades de la COP eran un agujero negro para el movimiento y ahora nos han vetado el acceso.

Debimos habernos dado cuenta en Copenhague, cuando alguien se pavoneó de que el movimiento estaba muerto y de que estábamos bailando al son de ellos. Debimos habernos dado cuenta definitivamente el año pasado, cuando se pospuso la COP. Debemos darnos cuenta este año con el nuevo aplazamiento práctico, que es todo lo que la COP ofrecerá jamás: más tarde, más tarde, más tarde y en el próximo futuro, lo sentimos. El proceso de aplazamiento pretendía crear y ha creado conformidad. Todo esto ya es historia. Su agenda y su calendario ya no podrán ser ni serán más los nuestros. El movimiento por la justicia climática hemos de crear nuestra propia agenda y nuestros propios planes. Como movimiento, hemos de debatir sobre nuestro poder y nuestro programa, en vez de discutir sobre los planes oficiales de la COP y de cada gobierno. Nos hemos quitado de encima el ancla pesada que nos impedía ser el movimiento que de hecho acabará con el sistema capitalista.

12/11/2021

https://www.commondreams.org/views/2021/11/12/cop-dead-long-live-movement

Traducción: viento sur

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'Escena del crimen climático', reza una cinta colocada por activistas a la entrada de la COP26 de Glasgow.

Los países cierran un acuerdo después de que la cumbre del clima se alargase en una prórroga de más de 24 horas. 

 

Se hizo de rogar, pero llegó. Después de dos semanas de negociaciones técnicas y políticas las cerca de doscientas delegaciones presentes en Glasgow han sellado un acuerdo de mínimos para poder clausurar la Cumbre del Clima (COP26). Tras más de un día de prórroga, con un borrador de acuerdo de por medio, las Partes han conseguido un compromiso descafeinado para mantener la mención a los combustibles fósiles, incluyendo algunas de las presiones de países como Arabía Saudí, Australia, India o Venezuela, con economías muy vinculadas a la explotación de petróleo o carbón. "Hemos visto una gran cantidad de consensos, por imperfectos que sean", manifestaba el presidente de la COP, Alok Sharma, al término de uno de los últimos plenarios del día.

La COP26, sin embargo, ha fracasado en términos de justicia climática. Los países más empobrecidos, aquellos que padecen más las consecuencias del calentamiento acelerado del planeta, no han recibido el apoyo reclamado a las naciones poderosas para poner en marcha los mecanismos financieros con los que sufragar pérdidas y dalos por sequías, olas de calor o inundaciones extremas. La Unión Europea y los Estados Unidos han obstruido la creación de un fondo para que los países puedan recurrir a la hora de tener que afrontar las pérdidas por los efectos de la emergencia climática. El jefe de la delegación boliviana hizo una referencia al respecto en su última intervención, definiendo la dinámica de la cumbre como "países desarrollados tratando de crear nuevas reglas de un juego al que sólo ellos tienen recursos para jugar".

Los países enriquecidos tampoco han avanzado en la aportación de dinero al Fondo Verde de Adaptación para que los países en desarrollo pudieran transformar sus economías a la coyuntura de crisis climática. Deberían haber destinado 100.000 millones de dólares en 2020, pero no lo hicieron entonces y tampoco ahora. El resultado final de esta COP26 es que se insta a las regiones desarrolladas a duplicar de aquí a 2025 las cifras destinadas a las ayudas para adaptación.

"Las necesidades de las personas vulnerables han sido sacrificadas en el altar del egoísmo del mundo rico"

Tanto esto como las creación de un mecanismo de pérdidas y daños eran líneas rojas de los países africanos o de los pequeños Estados insulares, amenazados con desaparecer por la subida del nivel del mar. En la actualidad, los países africanos destinan una media de un 10% de su PIB en adaptación contra la crisis climática. Pese a todo, la diferencia entre lo que gastan y lo que realmente necesitan es de hasta el 80%, según un informe reciente recogido por The Guardian. Todo ello contrasta con el hecho de que este continente representa el 4% de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero, mientras que EEUU representa el 25% del total, la UE el 22% y China el 13%.

Mohamed Adow, director de Energía y Clima del Think Thank Power Shift África, ha valorado el acuerdo final con palabras contundentes que reflejan el descontento del Sur Global con texto final de Glasgow: "Las necesidades de las personas vulnerables del planeta han sido sacrificadas en el altar del egoísmo del mundo rico. El resultado es el reflejo de una COP celebrada en el mundo rico y contiene las prioridades del mundo rico".

Combustibles fósiles

El Pacto Climático de Glasgow tiene una mención histórica a los combustibles fósiles. Las grandes potencias gasistas, petroleras y carboneras han realizado una presión única para descafeinar la ambición de esta parte del texto. Y, en parte, lo han conseguido. El miércoles se publicaba un borrador sin precedentes –ni siquiera el Acuerdo de París conseguía tal contundencia– y se pedía a los países que eliminaran de manera gradual todas las inversiones a combustibles fósiles y carbón, para fomentar el despliegue de las renovables. El resultado final ha difuminado esta parte al incluir en el texto que se eliminarán las ayudas financieras que sean "ineficientes". Una palabra lo suficientemente ambigua para que las delegaciones más contaminantes puedan seguir apoyando sus intereses en las explotaciones de nuevos y viejos yacimientos.

India ha tratado de rebajar la fuerza del texto hasta el final y ha conseguido una concesión que deja una sensación amarga, al suavizar parte del vocabulario utilizado. De esta forma, el compromiso de Glasgow no hará referencia a "eliminar gradualmente", sino a "reducir gradualmente" las inversiones "ineficientes" en carbón, gas y petróleo. Pese a todo, esta es la primera vez desde que se firmó el Protocolo de Kioto en 1997 que los países hacen referencia en un texto de alto nivel a los combustibles fósiles, cuya quema es la principal causa del calentamiento acelerado del planeta.

Mayores recortes de emisiones

En el lado positivo, las Partes reconocen en el acuerdo que no están haciendo lo suficiente para mitigar las peores consecuencias de la crisis climática. Con los planes de descarbonización y de reducción de emisiones actuales el termómetro del planeta subirá 2,7ºC a finales de década. Por ello, los países han aprobado revisar sus NDC –Contribuciones Determinadas Nacionales–, que son las hojas de ruta de cada país para reducir sus emisiones de CO2. Deberán recortarlas un 45% respecto a los niveles de 2010 para el año 2030 si quieren mantener la subida del termómetro global por debajo del grado y medio.

Durante el desarrollo de la COP26 TheWashington Post publicó una importante investigación que ponía en entredicho que las mediciones de gases de efecto invernadero realizadas por los países y entregadas a la ONU se correspondan con las que emisiones reales. Según el artículo, las 197 partes adheridas al Acuerdo de París emiten cada año entre 8.000 y 13.000 toneladas de CO2 más de lo que declaran.  

Con todo ello, los países revisarán sus planes de reducción de emisión con la intención de elevar la ambición climática. El texto del acuerdo establece que en 2022 todas las partes deberán haber presentado nuevas hojas de ruta. Además, en 2025 los Gobiernos deberán revisar si los NDC presentados están sirviendo para mantener la subida global de temperaturas por debajo del umbral de 1,5ºC determinado por los científicos del IPCC. 

"Los planes de reducción de emisiones deberían haber llegado completados a Glasgow. Por un lado, el acuerdo tiene una cara buena, porque los países tienen que reflexionar sobre la necesidad de incrementar la ambición. Pero, por otro lado, supone una patada hacia adelante estableciendo un nuevo plazo", ha opinado Juan López de Uralde, presidente de la Comisión para la Transición Ecológica del Congreso y coordinador federal de Alianza Verde.

Se aprueba el 'Artículo 6' tras cinco años de debates

El desarrollo del Artículo 6 del Acuerdo de París ha llegado a su fin, después de cinco años de debates intensos por parte de los países. Este punto tiene que ver con la creación de un mercado global de carbono con el que los Estados y empresas autorizadas puedan invertir en reducciones de emisiones en otras partes del planeta. El principal escollo era la doble contabilidad –que tanto el país inversor como el receptor se apuntaran como propias las reducciones CO2– y en Glasgow se ha prohibido.

Por contra, se permitirá que los países mantengan en el nuevo mercado de carbono los créditos adquiridos en el Mecanismo de Desarrollo Limpio, una herramienta internacional de compra-venta de derechos de emisión aprobada en Kioto en la que sólo participaban los países industrializados.

13/11/2021 20:59 Actualizado: 13/11/2021 22:18

Alejandro Tena@AlxTena


El final de la COP26: ¿Cinismo o procrastinación? ¿Cooperar o perecer?

La cumbre concluye con un documento final que empeora el primer borrador que ya era poco ambicioso y se mostraba muy servil con los Estados más poderosos

Juan Bordera 12/11/2021

La vigésimosexta edición de la COP ha concluido. Durante casi dos semanas ha tenido lugar un evento para la historia, un tsunami en el que es fácil perderse, ahogarse y dejarse ir. Multitud de informes, artículos de prensa, datos de futuros escenarios que se contradicen unos a otros y acuerdos in extremis que parecen destinados a ser, sobre todo, simples maquillajes –color verde que destiñe– de un fracaso mayúsculo. De un teatro cargado de negocionismo. Y a la vez, con algunas notas para la esperanza. Activa y desobediente. La esperanza que pretenda esperar un milagro será más bien procrastinación. Justo lo que le ha sobrado a esta COP que tiene, como mínimo, dos almas.

He tenido la suerte de poder vivir desde dentro –un pie acreditado, en la zona azul del networking y los canapés– y desde fuera –el otro pie en las marchas, acciones disruptivas y contracumbres de los pueblos– el discurrir de la parte más burocrática y pomposa de la Cumbre del Clima de Glasgow, y también la de la organización de las acciones para desestabilizar la normalidad que nos lleva al precipicio, y levantar la voz por parte de los movimientos climáticos más atrevidos. A la vista de los resultados, he de decir que estos últimos son los que más han cumplido con su cometido. A no ser que pensemos que el trabajo de los primeros era precisamente retrasar la toma de decisiones imprescindibles. En cuyo caso, habrían tenido mucho más éxito. 

Pero las cosas no son nunca tan simples. Se podría decir que existen varios países que comparten interés en frenar los avances (Arabia Saudí, Brasil o Australia serían los peores ejemplos). También los hay –la mayoría– que buscan una imagen lo más verde que te quiero verde, pero a la vez quieren frenar un acuerdo en particular sobre, por ejemplo, el carbón (Estados Unidos y China) o el metano (Rusia, Australia, India, China) porque les perjudica especialmente. Y entre medias, hay un duelo que ya lleva tiempo siendo el principio de una Guerra Fría 2.0 –que seguramente irá siendo más caliente a medida que el planeta lo sea– y que marca casi todas las negociaciones: Estados Unidos y China. La trampa de Tucídides reloaded.  

La primera semana parecía discurrir como diseñada por una campaña de relaciones públicas –probablemente no solo lo parecía. Las noticias que se fueron lanzando a las agencias y desde las cuentas personales de los altos cargos pretendían transmitir la sensación de que quedar por debajo de dos grados centígrados estaba aún al alcance. Que el Acuerdo de París seguía vivo y que la cumbre estaba siendo un éxito. India, Rusia, China y otros países se adherían a compromisos “emisiones netas cero” (volveremos luego a este peligroso mantra) y más de un centenar de países a reducir las emisiones de metano al menos un 30% para 2030. También tuvo lugar en los primeros días un esperanzador acuerdo firmado por 137 países para acabar con la deforestación. Casi todos los medios se lanzaron a compartir entonces titulares sobre un estudio de la Universidad de Melbourne (casualmente Australia otra vez) que llegaba justo a tiempo para la fiesta y que, para la tranquilidad de las audiencias, reafirmaba la posibilidad de permanecer por debajo de los famosos y temibles dos grados. 

Otra cosa diseñada es la propia arquitectura del evento anglosajón. Habrá quien piense que el emplazamiento del pabellón ruso frente a la carpa de la preocupación por el metano (el acuerdo que más les perjudicaría y que por el momento se niegan a firmar) conformando la foto perfecta es casualidad. No será mi caso.

Y llegó el día 6 de noviembre que, como si de una perfecta bisagra se tratase, iba a partir la COP26 en dos. Mientras una marcha de entre 100.000 y 200.000 personas recorría la ciudad, una veintena de científicos y científicas de alto nivel, algunos con doctorados y publicaciones, se ponían sus batas y se encadenaban en el puente de George V, cortando durante horas una de las arterias del centro de Glasgow. Los responsables de esta acción y de otras tantas –algunas de las más disruptivas durante la COP como encolarse a la sede de Scottish Power, la filial de Iberdrola–, son el colectivo Scientist Rebellion, quienes filtraron a este periodista el contenido del informe del grupo III del IPCC que CTXT publicó en exclusiva. Me siento muy honrado de conocer a estas personas, y me parecen el ejemplo más esperanzador de lo que he visto en Glasgow. Gente de diversos puntos del planeta, que se sabe privilegiada, y que precisamente por ello, ante la urgencia de la situación y la pasividad del poder, da un paso más allá. No creo que haya otro camino.

Esto que sigue es simplemente una teoría, pero así como aquel estudio australiano llegó en el momento apropiado, una vez se demostró que ni la pandemia, ni los altos precios de una ciudad como Glasgow, ni la burocracia iban a poder frenar el resurgir del movimiento climático que se ha vivido en la COP26 –con más de 150 actos en la Cumbre de los Pueblos y otras tantas acciones disruptivas y marchas espontáneas– las campañas de información más atrevidas tuvieron lugar. Buscando presionar la recta final de las negociaciones. Justo el día después de la gran marcha, el 7 de noviembre, como legitimada por ella, The Washington Post publicaba una de esas investigaciones corales que necesitan semanas de trabajo: las emisiones contabilizadas por los países –y por tanto sus compromisos y acuerdos– no están contando una buena parte de las mismas. Esta investigación, que tiene toda la pinta de confirmarse con el tiempo, añadiría una cantidad de emisiones que estaría entre las de Estados Unidos y China, los dos grandes emisores. 

Y fueron justamente los dos contendientes en la Guerra Fría que se irá calentando quienes, a dos días de finalizar la cumbre, firmaron un acuerdo que, aunque absolutamente insuficiente y que habrá que ver en qué queda, al menos parece apuntar en la dirección correcta: cooperar o perecer debería ser el significado de COP. La atmósfera no tiene fronteras, pero sí tiene límites globales que afectan a la seguridad común y que ya han sido traspasados. No nos podemos permitir otra carrera de ningún tipo cuando lo que toca es frenar. 

Antes, el día 8 de noviembre, se publicó una nota de prensa de la cual se hizo eco medio mundo, que muestra el que quizá sea el dato más revelador de esta cumbre: si la delegación de los cabilderos y lobistas de los combustibles fósiles fuese un país, sería el equipo negociador más grande. Este dato explica mejor que ningún otro por qué hay tanta procrastinación, tanta resistencia a prohibir las subvenciones a los combustibles fósiles, o por qué hay un fórmula 1 (eléctrico) en el pasillo de entrada de la Cumbre del Clima en un momento en el que la urgencia es máxima y el tiempo para reaccionar casi inexistente. 

El día 9 llegó la contestación al optimismo de la primera semana con un informe de una de las organizaciones más fiables del mundo, Climate Action Tracker, que no deja espacio a posibilismos: aun teniendo en cuenta los acuerdos de la COP26 la temperatura subiría para fin de siglo entre 2,4 y 2,7 º C. Eso si se cumplen, que, como vamos a ver, realmente es casi imposible. El contexto de crisis energética está marcando estas negociaciones porque ahora que ya se están dando los primeros pasos en la transición, se ve, claramente, que ésta va a ser mucho más compleja de lo que la habían pintado algunos. Y nadie quiere que su fuente de ingresos –en el caso de ser productor– o de su estabilidad energética –en el caso de ser dependiente de un tipo concreto de recurso energético– falle o se encarezca mucho por los acuerdos.

En los últimos días hemos sabido también del enfrentamiento entre Alemania y Francia por el conflicto con la energía nuclear y el gas. La Francia nuclear de Macron querría que una energía de la que tanto depende su país fuera clasificada como verde. Alemania se niega de forma rotunda. Ya hizo ese paso lógico y se preparó para abandonar una energía que es una bomba para las siguientes generaciones, que además de sufrir una escasez energética tendrán que gestionar los residuos nucleares de la época de la Gran Fiesta. Por eso, Alemania pide que esa distinción se le otorgue al gas, el combustible de la transición, dicen. Entre todo ese ruido de sables y negociaciones, España ha hecho poco ruido, quizá temerosa de un invierno que se antoja complejo con la crisis energética y de suministros. No tenía pabellón propio, no ha querido entrar en la alianza de Dinamarca y Costa Rica para acabar con la extracción de gas y petróleo y tampoco ha firmado el acuerdo para poner fin a los coches contaminantes en 2035. 

En los pabellones de la procrastinación y el cinismo, durante estos días, se ha debatido mucho también sobre mercados de carbono –no sirven mucho, como especifican maravillosamente aquí Alfons Pérez y Nicola Sherer– y sobre el concepto clave de esta cumbre y parece ser que de los próximos años: emisiones netas cero. Eufemismo que cabría mejor reformular y traducir: reducciones de emisiones las mínimas. A través de mecanismos de compensación como los mercados de compraventa de emisiones, la necesaria plantación de árboles o las cuestionabilísimas tecnologías de secuestro y captura de carbono, los gobiernos pretenden enterrar el problema, y fiarlo todo a que más adelante un deus ex machina tecnológico permitirá hacer factible eso de las emisiones netas cero, que, a día de hoy, y viendo la gravedad de la crisis energética actual –al principio de la imprescindible transición que milagrosamente ha de ocurrir a la vez en todo el mundo–, es como creer en unicornios voladores de colores. Simplemente es la manera de seguir con la inercia sin grandes disrupciones, sin cuestionar el modelo. Pero si queremos un cambio, el sistema actual ha de morir. Y la COP de Glasgow, esperemos, por la cuenta que nos trae, ojalá haya sido el último estertor ostentoso de un capitalismo –cuidado con las mutaciones– que cada vez es más evidente que está incapacitado para solucionar el problema que ha creado. 

Buena prueba de ello es el segundo borrador del texto de decisión de la COP26, el documento final ha empeorado un primer borrador que ya era poco ambicioso y muy servil con los Estados más poderosos. No se arregla ni siquiera el tema de la financiación a los países en desarrollo, que lleva pendiente desde el acuerdo de 2009. Para que nos hagamos a la idea de para qué sirven muchos de estos acuerdos. 

La declaración que mejor ha resumido la cumbre y la urgencia de actuar la hizo Luis Arce, presidente legítimo de Bolivia: “La solución a la crisis climática no se logrará con más ‘capitalismo verde’, o más mercados globales de carbono. La solución es un cambio de civilización, para avanzar hacia un modelo alternativo al capitalismo”. 

El capitalismo, aunque a muchos les cueste decir esta palabra, es una gran parte del problema. Y mientras sea el modelo vigente, la salida será imposible. Arce no ha dicho nada que no hayan dicho ya antes tantos otros, pero ahora lo hace refrendado por el propio IPCC y la comunidad científica. Quizá ha llegado la hora de hacerle caso a esas voces. Y salir de dicotomías paralizantes. No es tan simple como “o capitalismo o comunismo”. En medio de esas dos posturas antagónicas hay matices, hay posibilidades infinitas y debería haber diversidad –mal que les pese a algunos esta preciosa palabra– de propuestas según los contextos culturales y materiales de cada zona del mundo. Viva la diversidad y muerte al cinismo y a la procrastinación. El año que viene en Egipto nos veremos. Algo saben por allí de crisis que acaban con la caída de una civilización entera.

Por Juan Bordera, guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.

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