La transición energética y la guerra por los recursos del Sur Global

La transición energética en el Norte se hace, hasta ahora, a expensas de los indígenas y la naturaleza en el Sur global. La población local no se beneficia de las ganancias materiales generadas por la explotación de materias primas y está mayormente desprotegida ante sus negativas consecuencias sociales, económicas y ecológicas.

Mediante el uso de energías renovables y la electromovilidad, Alemania quiere hacer una contribución sustancial para lograr la neutralidad climática. La mayoría de los demás países de la Unión Europea, así como Estados Unidos y Canadá, también están siguiendo estrategias similares. En medio de toda la urgencia y el entusiasmo, rápidamente pasa a un segundo plano el hecho de que la transición energética requiere de grandes cantidades de metales y minerales como el litio, el cobre o las tierras raras.

Según cálculos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para 2021, el consumo de minerales y menas se multiplicará si se pretende alcanzar los objetivos fijados en el Acuerdo de París: un automóvil eléctrico promedio necesita seis veces más minerales que un automóvil con motor de combustión; una planta de energía eólica necesita, en comparación con una planta de energía a gas de rendimiento similar, nueve veces más minerales. Debido a la electromovilidad se calcula que la demanda de litio aumentará 40 veces para el año 2040; el uso de cobre, especialmente para cables eléctricos, se duplicará. Y la generación de energías renovables a partir de las energías eólica y solar hará que el uso de minerales se triplique. Los recursos actualmente explotados o las minas actualmente planificadas cubren solo 50% del litio y 80% del cobre requeridos. La transición energética a la que se aspira no será posible sin explotar nuevos recursos minerales.

La mayoría de los minerales y metales utilizados en Alemania y el resto de Europa provienen de América Latina. La región atrae en la actualidad las mayores inversiones en minería a escala mundial, ya que posee grandes yacimientos metalíferos, que son de especial importancia para la transición energética y la electromovilidad. En la actualidad se están explotando particularmente los yacimientos en el llamado «triángulo del litio», que comprende parte de Bolivia, Chile y Argentina y donde se estima que se encuentra 55% de las reservas mundiales de este metal. El litio se encuentra allí en lagos salados a una altitud de más de 5.000 metros, en ecosistemas únicos. Los tres países esperan superar la crisis económica agravada por la pandemia de coronavirus con el aumento de los ingresos provenientes de la extracción de este mineral. Sin embargo, la creciente explotación de los yacimientos de materias primas también conlleva el riesgo de conflictos sociales y daños ambientales considerables.

La extracción en el triángulo del litio supone, según los estudios actuales, impactos ambientales muy negativos. Además de la disminución del nivel de las aguas subterráneas debida a la alta demanda de agua, un particular problema es el arremolinamiento del viento sobre los residuos secos de productos químicos utilizados. Ambos fenómenos ponen en peligro tanto el medio ambiente como el sustento de las poblaciones a menudo indígenas que habitan el triángulo y viven principalmente de la agricultura. Si bien hay legislación ambiental en todos los países, su cumplimiento a menudo fracasa debido a la debilidad de las instituciones estatales y al gran interés de los gobiernos en la explotación de materias primas. Hacen grandes concesiones a las empresas mineras, en su mayoría extranjeras. Además, los mecanismos de participación para las consultas con los grupos indígenas suelen aplicarse de manera deficiente, si bien la mayoría de los países han ratificado acuerdos internacionales relevantes como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. En muchos países de América Latina, la falta de participación de los pobladores locales afectados es el punto de partida de enérgicas protestas e incluso violentos desmanes.

En general, la población local no se beneficia de las ganancias materiales generadas por la explotación de materias primas y está mayormente desprotegida ante sus negativas consecuencias sociales, económicas y ecológicas. Durante la fase de construcción de las minas se contrata a trabajadores locales, pero la explotación posterior queda en manos de trabajadores altamente calificados provenientes de otras regiones. La explotación en regiones por lo general remotas pone en peligro la forma de vida tradicional de los habitantes locales debido a la afluencia de proveedores de servicios de otras partes del país y el aumento de precios que tal afluencia conlleva.

Por lo tanto, existe el riesgo de que la necesaria reforma del sector energético en el Norte global contribuya a la ampliación de las desigualdades neocoloniales en el Sur global y amenace allí la sostenibilidad ecológica y social. Son precisamente los grupos poblacionales que menos contribuyen a la crisis climática los que más podrían sufrir las consecuencias del cambio económico. Por lo tanto, todos los involucrados deben colaborar para limitar todo lo que se pueda los efectos negativos y lograr beneficios para la sociedad en su conjunto.

Para ello, en los países donde se extraen recursos debe cumplirse con las normativas medioambientales vigentes. Con el fin de garantizar una amplia participación de la población local, por ejemplo, los estudios de impacto ambiental que preceden a cada nuevo proyecto minero deben ser elaborados objetivamente y puestos antes a disposición de la población, si fuera necesario, en los idiomas locales. Las decisiones, por ejemplo, sobre la aprobación de proyectos o las condiciones de producción no deben ser tomadas solo por la administración local o los inversores, sino que también deben ser discutidas con los afectados. El cumplimiento de las regulaciones ambientales, las eventuales indemnizaciones para la población local o los pagos compensatorios deben ser tenidos en cuenta en los costos totales de tales proyectos desde el principio.

En el comercio internacional de materias primas, los certificados que garantizan una extracción de materias primas respetuosa del medio ambiente y socialmente equilibrada tienen que desempeñar un papel más importante. Deben tenerse en cuenta las normas laborales internacionales, como las referidas a la salud y la seguridad en el trabajo, y la prohibición del trabajo infantil. Otros acuerdos y convenciones internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas, que, por ejemplo, establecen el derecho a un medio ambiente limpio, o el Acuerdo de Escazú sobre acceso a la información, participación política y acceso a la justicia en materia ambiental en América Latina y el Caribe, deberían ser parte de los acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales. Además, la Ley de Cadenas de Suministro que ya se ha aprobado en Alemania –y que todavía se está debatiendo en la Unión Europea– puede dar un nuevo impulso.

Los consumidores también juegan un papel importante: a través de sus decisiones de compra, por ejemplo, de automóviles nuevos y dispositivos tecnológicos, o mediante el consumo individual de energía. Sin embargo, son los países donde se refinan las materias primas los que deben estar en la primera línea de obligaciones a cumplir. El reciclaje y los ciclos cerrados de materias primas deberán cobrar importancia en las próximas décadas ante la escasez de ellas y los impactos climáticos asociados a su extracción. Solo de esta forma podrá evitarse que la protección del clima en los países industrializados occidentales se lleve a cabo a costa de grupos y ecosistemas desfavorecidos en América Latina y otras partes del mundo.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente: IPG

Publicado enMedio Ambiente
Abejas que son expuestas a químicos sufren efectos en varias generaciones

Clara Stuligross y Neal M. Williams, investigadores de la Universidad de California, hallaron que las abejas expuestas a una sola dosis de pesticida pueden requerir generaciones para recuperarse.

Según reveló su investigación, los productos químicos pueden producir efectos de arrastre que influyen en la reproducción y la dinámica de la población a lo largo del tiempo.

Los expertos afirmaron: “La disminución global de insectos es profundamente preocupante, en especial para grupos como las abejas, que brindan servicios importantes a la humanidad.

"La exposición a pesticidas, tanto en forma directa a las abejas forrajeras como a través de los efectos de arrastre de una pasada, redujo drásticamente su reproducción en 20 por ciento, exacerbando el impacto negativo en las tasas de crecimiento de la población."

Esto indica que pueden requerir múltiples generaciones para recuperarse de una sola exposición a pesticidas, publicó The Independent.

"Al igual que los humanos, las abejas no enfrentan un solo estrés o amenaza", señaló la autora principal, Clara Stuligross, candidata a doctora en ecología.

"Comprender cómo interactúan múltiples factores estresantes es importante, en especial para las poblaciones de abejas en los sistemas agrícolas, donde las silvestres están expuestas a pesticidas y los alimentos pueden ser escasos", sostuvo.

Las mejores fotografías de paisajes naturales del 2021

Paisaje nocturno: un rayo cae sobre la cima del Matterhorn. Foto: Paul Hammett

En las últimas horas se dieron a conocer los ganadores del concurso de fotografía de paisajes naturales 2021. Su objetivo “promover la mejor fotografía de paisajes de fotógrafos digitales y cinematográficos que valoran el realismo y la autenticidad en su trabajo”, con reglas establecidas para evitar técnicas de edición engañosas.

 

Ingresaron más de 1300 fotógrafos de 47 países. Los organizadores tuvieron la amabilidad de compartir los siguientes ganadores y finalistas del concurso de este año.

Ganador, Fotógrafo del año. Foto: Eric Bennett

 

Ganador, Fotografía del año: una imagen de paisaje hecha de un iceberg descansando en una playa de arena negra en Islandia, junto a una pequeña roca naranja. Foto: Steve Alterman

 

Ganador, Proyecto: "ASH" documenta los incendios sin precedentes en Tasmania en 2019. Foto: Matt Palmer

 

Ganador, Proyecto: "ASH" documenta los incendios sin precedentes en Tasmania en 2019. Foto: Matt Palmer

 

Ganador, Proyecto: "ASH" documenta los incendios sin precedentes en Tasmania en 2019. Foto: Matt Palmer

 

Ganador, Aéreo: una vista desde arriba, mirando hacia abajo a una característica del paisaje en el desierto australiano. Foto: Paul Hoelen

 

Finalista, Proyecto: "The Drakensberg", imágenes de las montañas Drakensberg en el sur de África. Foto: Carl Smorenburg

 

Finalista, Proyecto: "The Drakensberg", imágenes de las montañas Drakensberg en el sur de África. Foto: Carl Smorenburg

 

Ganador, íntimo y abstracto: una vista otoñal de álamos en las montañas del este de Sierra Nevada. Foto: Franka Gabler

 

Finalista, Fotógrafo del año. Foto: Ben Horne

 

Finalista, Fotógrafo del año. Foto: Ben Horne

 

Finalista, Fotógrafo del año . Foto: Ben Horne

 

+W C0 N0 B0 S0 W0 G0 F0 O0
T4 A3 M3 R1
country=US

 

C4 N5 B3 S3 W3 G4 F5 O3
T0 A4 M4 R5
country=GB

 

Ganador, Fotógrafo del año. Foto: Eric Bennett

 

Ganador, Fotógrafo del año. Foto: Eric Bennett

 

(Con información de The Atlantic)

Publicado enFotorreportajes
Cursillo acelerado de física cuántica, por el Nobel Serge Haroche

El Premio Nobel de Física Serge Haroche nos da un pequeño cursillo para entender qué es la física cuántica y cuáles han sido sus grandes hitos

 UN GATO VIVO Y MUERTO A LA VEZ

El físico Erwin Schrödinger ideó el experimento mental que sirve para entender las leyes de la física cuántica. Imaginemos un gato dentro de una caja opaca y cerrada donde también hay una botellita con gas cianuro y un mecanismo con un martillo que, en cuanto detecta un electrón, rompe la botellita. Puede que el mecanismo capture el electrón, el martillo rompa el frasco y el gas letal se esparza. En tal caso, si abrimos la caja, el gato aparecerá muerto. O puede que no. Y el gato aparecerá vivo. Hasta aquí todo es lógico. Estamos en el terreno de la física clásica, pero la cuántica nos desconcierta.

→ ¿Por qué? Porque el electrón es al mismo tiempo onda y partícula. Para entenderlo, sale disparado como una bala, pero también como una onda. Es decir, toma distintos caminos a la vez. Y, además, no se excluyen. Por eso, el electrón será detectado y el gato morirá. Y, al mismo tiempo, no será detectado y el gato seguirá vivo. A escala atómica, ambas probabilidades se cumplen de forma simultánea. El gato acaba vivo y muerto a la vez, y ambos estados son igual de reales.


→  «Un ordenador cuántico no es más que una caja con un gato muy gordo en su interior», ironiza Serge Haroche, Premio Nobel en 2012.


Repasamos con el físico francés los hitos de la mecánica cuántica

Año 1865 / Y SE HIZO LA LUZ

«La historia de la física cuántica nace con una pregunta que la humanidad se hace desde siempre. ¿Qué es la luz? Las primeras respuestas fueron de tipo religioso. Hasta que Maxwell describe la luz como una onda electromagnética –explica Haroche–. Afirma que fuera del espectro de la luz visible hay fenómenos invisibles».

1905 / LA DUALIDAD ONDA-PARTÍCULA

Cuando un objeto se calienta, irradia luz. El Sol, por ejemplo. En teoría, a mayor frecuencia, más energía irradiada. Con las ondas cortas (rayos infrarrojos) salen las cuentas, pero con las largas (ultravioletas) los resultados son disparatados. «Einstein se percata de que la física clásica no puede explicarlo. Y propone que en la luz, además de ondas, viajan paquetes de energía (fotones). Abre así la caja de Pandora».

1925-28 / LAS SUPERECUACIONES

Schrödinger, Heisenberg y Dirac desarrollan las ecuaciones de la teoría cuántica. El sentido común nos dice que una partícula no puede estar en dos posiciones a la vez. Y que dos partículas separadas por millones de años luz no deberían adivinarse los movimientos y ‘copiarse’ una a otra como si estuvieran frente a un espejo. «Pero es así. Las matemáticas salen. Desafían nuestra lógica, pero es la teoría más exitosa y potente que ha desarrollado la mente humana».

1926 / LOS DADOS DE DIOS

Los padres de la física cuántica no terminan de asimilar sus propias teorías. «Hay que tener en cuenta que no podían ver los átomos como nosotros…». Además, sus postulados solo funcionan a un nivel microscópico. «Eso es algo que fastidiaba a Einstein. Es como si hubiera tenido dos hijas: la teoría de la relatividad, su favorita, y la física cuántica, con la que no estaba nada contento. Por eso decía que Dios no juega a los dados». La metáfora es una crítica a la mecánica cuántica, que rechazaba por su aleatoriedad.

1960 en adelante / ¡CALLA Y CALCULA!

Una nueva generación de físicos empieza a aplicar las ecuaciones cuánticas en el mundo real. Total, si funcionan… Se inventa el rayo láser, la fibra óptica, los relojes atómicos, etcétera. «En mi época en la facultad, si alguien divagaba, el profesor le decía: ‘¡Calla y calcula!’. La gran paradoja es que esas leyes se basan en la aleatoriedad, pero dan resultados muy precisos. Un reloj atómico marca la hora con una exactitud de una fracción de segundo desde el Big Bang».

Domingo, 14 Noviembre 2021 05:10

La ecología como teología política

La ecología como teología política

Freud definió alguna vez a la basura como "materia situada en un lugar equivocado". A una bolsa de plástico que contamina las aguas de un lago la llamamos "basura". La misma bolsa colocada en un basurero hace del lago un lugar "limpio". En efecto, la noción de basura no depende del material que la compone, sino del lugar en el que se encuentra. La diferencia reside en que una bolsa de plástico (o un millón de bolsas) en un lago ponen en peligro la vida de los seres (plantas y animales) que lo habitan. Una operación similar sucede con la definición de los peligros (léase: los materiales) que inducen la crisis ecológica actual.

Cuando se afirma que las emisiones de CO2 producidas por los combustibles fósiles ponen en peligro la vida en el planeta, ello se debe (al menos esto es lo que se suponía hasta 2018, un año entes de la pandemia del Covid-19) a que propician un efecto de invernadero en la atmósfera, es decir, un incremento de la temperatura terrestre. Hoy sabemos, después de que la pandemia detuvo durante seis meses a 70 por ciento del transporte vehicular en el mundo, con el descenso correspondiente del CO2 en la atmósfera, que este axioma es una verdad insignificante. La temperatura no descendió y el diámetro del hoyo de ozono incluso se ensanchó.

Y, sin embargo, la decisión reciente de la mayor parte de las corporaciones automotrices de cancelar los motores de combustión interna gradualmente hasta el año 2040, se anunció como el gran y "generoso" esfuerzo que habrán de realizar para salvarnos de la catástrofe final. Digámoslo sin rodeos: a la lógica del capital le importa un bledo la ecología. El mantra del CO2 se ha convertido en una simple y llana teología política. Además, en un discurso destinado a obligarnos (a través de leyes y políticas de Estado) a cambiar los automóviles actuales por vehículos eléctricos. Estamos hablando de mil 420 millones de automóviles en el planeta, sin contar los camiones y otras formas de transporte.

El relato del calentamiento global como probable fin del mundo ocupa hoy el mismo lugar que mantuvo vigente a la narrativa religiosa del Juicio Final hasta el siglo XVIII. La segunda permitió a la Iglesia gobernar durante siglos almas, cuerpos y bolsillos, y sólo quedaba rezar frente al impiadoso fin. La segunda está destinada a cubrir las fachadas de la recomposición acelerada (y probablemente brutal) de la estructura profunda de las sociedades de mercado. Pero como se trata del mundo moderno, debe ofrecer el espectáculo de que es posible actuar de alguna manera.

No es que no existan graves peligros que pueden poner en cuestionamiento los equilibrios ecológicos fundamentales. Pero mientras sean una garantía de la reproducción general del sistema, no aparecerán en los Acuerdos de París, ni en los mantras de la retórica política, ni (por ende) en la preocupación de la gente. Menciono tan sólo tres.

  1. Los reactores nucleares. Después de las catástrofes de Three Mile Island, Chernobyl y Fukushima sabemos que se trata de bombas de tiempo. Existen más de mil de ellos funcionando en todo el mundo. El aumento del precio del gas y el petróleo han llevado a muchos Estados a solicitar el aumento de su producción. Simplemente no existen para la actual agenda ecológica. Eso sí: ¡no tiremos bolsas de plástico en el mar!
  1. Las industrias de la ganadería. La masacre anual de más de 100 mil millones de vacas, cerdos y aves aseguran la reproducción de una veintena de ramas industriales y no sólo la alimentaria. Además, son las responsables de la deforestación y las emisiones de metano, que representan probablemente las verdaderas causas del cambio climático. Quienes han protestado contra el exterminio animal han encontrado la muerte.
  1. La industria farmacéutica. Es sin duda la más peligrosa de todas. Sus sustancias ingresan en nuestros cuerpos sin mediación alguna. La humanidad actual vive medicada de una u otra manera. Es la columna vertebral del poder virológico, cuya extensión hemos podido ya observar en la pandemia actual. Un anuncio en full action de la fuerza que aguarda al biopoder anticipado por Foucault.

El ecologismo de mercado ha devenido el fármaco ideológico central que convierte a los grandes complejos financiero-industriales en los supuestos salvadores de los desastres que de facto ellos mismos han producido. Sólo que bajo la mirada complaciente de los Estados que han encontrado en la teología política del ecologismo un nuevo horizonte para neutralizar los conflictos sociales. Al igual que alguna vez la Iglesia pretendía salvarnos del mal que ella misma inventó para redimirnos de él. ¿O no fue el infierno el invento de un religioso que hoy celebramos justificadamente como uno de los mayores literatos de Occidente, Dante?

Sólo una ecología crítica dedicada a explorar las profundidades actuales de las tecnologías del yo, del signo y del capital, podría arrojar otras luces sobre los verdaderos peligros ecológicos que acechan a nuestra época.

¿Hacia un nuevo paradigma de cooperación internacional para el desarrollo?

Gerardo Bracho*

Poco se sabe aún del "Plan mundial de fraternidad y bienestar" cuyos lineamientos expuso hace unos días el presidente López Obrador en la ONU. Pero podemos desde ya destacar que se funda en principios que, de consolidarse, ayudarían a sacar al paradigma de la cooperación internacional para el desarrollo de la postración en que se halla desde hace años. Este paradigma, que se consolidó en las primeras décadas de la posguerra, se fundó en una rígida división Norte-Sur (N-S): los países del Norte, identificados por el Banco Mundial como países de renta alta (hoy definida por un PIB per cápita mayor a 12 mil 695 dólares anuales) adquieren la responsabilidad de otorgar cada año 0.7 por ciento de su PIB en Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) para apoyar el desarrollo de las naciones del Sur, cuyo PIB per cápita está debajo de ese umbral.

El paradigma N-S siempre ha funcionado mal: muy pocos países se han graduado y superado dicho umbral y muy pocos donantes alcanzan o han logrado el famoso objetivo de 0.7 por ciento. Peor aún, ese paradigma ha venido encubriendo el franco retroceso en otras demandas históricas del Sur que se antojan más importantes que la propia ayuda, como el acceso a tecnologías o la construcción de regímenes de comercio y movimientos de capital conducentes al desarrollo. Pero si el paradigma N-S cojeaba, con los albores de este nuevo siglo entró en franca crisis. Ello básicamente por dos razones: primera, por la multiplicación de los llamados "males globales" generados por fenómenos como el cambio climático, la perdida de la biodiversidad, la contaminación de océanos y las pandemias, que afectan a todas las naciones, pobres y ricas. ¿Qué países y cómo deben combatir estos males? El paradigma N-S, centrado en el desarrollo de las naciones pobres, no ofrece respuesta y, segunda, por la irrupción en el escenario internacional de las potencias emergentes encabezadas por China que se despegaron del resto del Sur, pero sin graduarse y sin rebasar el umbral del desarrollo establecido por el paradigma N-S. ¿En estas circunstancias, era realmente posible seguir tratando a China o a México con el mismo rasero que a Angola o a Guatemala, todos ellos clasificados hoy como países de renta media con derecho a recibir AOD? Era evidente que no. Pero el paradigma tradicional N-S, con su rígida barrera entre donantes y receptores, tampoco ofrece una alternativa.

Con la brújula del paradigma N-S rota, todas las agendas de la cooperación internacional para el desarrollo, desde la superación de la pobreza y los Objetivos de Desarrollo Sostenible hasta el cambio climático y ahora la pandemia, vienen tropezando con la misma piedra: ¿Quién debe pagar y cuánto? ¿Cómo repartir la carga? Las naciones no se han podido poner de acuerdo. Las emergentes generan cooperación, muchas veces copiosa y generosa, pero una y otra vez han esquivado asumir responsabilidades concretas; reclamando, no sin razón, que ellos aún tienen mucha pobreza y capacidades limitadas. Las ricas, por su parte, explotando esa reticencia han tendido a diluir sus responsabilidades históricas. Por resultado, tenemos mucho menos cooperación internacional que la que requerimos y un paradigma N-S en crisis.

Es en este contexto que la propuesta de López Obrador incluye un elemento realmente innovador. Ésta invita a que cada uno de los países del G-20 aporten 0.2 por ciento de su PIB anual a un fondo administrado por la ONU para combatir la pobreza extrema en el mundo. Dada la composición mixta del G-20, la iniciativa conlleva un llamado a que las potencias emergentes del Sur miembros del grupo asuman compromisos concretos frente a los problemas comunes de la humanidad y del planeta. Este tipo de llamado no es nuevo. Sí lo es que venga de un líder de una potencia media como México. Es de suponer que esta iniciativa no incidirá en el viejo compromiso de los países ricos de aportar 0.7 por ciento de su PIB anual como AOD. De llegar a coexistir, estos dos esquemas apuntalarían a lo que se podría considerar un reparto "justo" de las cargas globales para combatir la pobreza extrema y fomentar el desarrollo: las naciones ricas del G-20 estarían dando 0.9 por ciento de su PIB (0.2 por ciento de su PIB al fondo que propone México y 0.7 por ciento como AOD) y las naciones emergentes del Sur, 0.2 por ciento, además de que éstas estarían recibiendo una parte (presumiblemente reducida) del nuevo fondo para combatir la pobreza extrema. De esta manera, las potencias emergentes asumirían responsabilidades adecuadas a sus circunstancias y capacidades en sintonía con el principio de "Responsabilidades Comunes, pero Diferenciadas" que el Sur viene impulsando desde hace años sin que a la fecha la haya podido aterrizar en esquemas concretos.

La iniciativa mexicana está a discusión. Uno puede preguntarse si en vez de utilizar al G-20 como referencia, no se debiese recurrir a las categorías de países de altos ingresos y naciones de ingreso medio alto del Banco Mundial, lo cual permitiría sumar a países como Suecia y Tailandia como donantes. También se puede cuestionar si las contribuciones que las naciones deben aportar son las adecuadas y si deben ser enteramente voluntarias o si es tiempo de considerar al menos parte de ellas como obligatorias, como las cuotas que se dan para pertenecer a la ONU.

Pero más allá de estos detalles, lo importante es destacar el principio que anima a la propuesta y que debería transportarse a otras agendas, empezando por la de cómo atajar los "males globales". No sabemos si la iniciativa de México, que incluye otros elementos novedosos, como llamar a los multimillonarios y a las grandes multinacionales a sumarse al esfuerzo, prosperará. Sí es posible vislumbrar que los principios que la animan abren la puerta a un nuevo paradigma post-N-S de cooperación internacional para el desarrollo.

* Especialista en temas de cooperación internacional y miembro del Servicio Exterior Mexicano.

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Boris Johnson, en el discurso inaugural de la COP26.

La presidencia de la COP26 intenta sacar adelante un consenso para la aprobación de un texto que ha vuelto a ser descafeinado en la última versión entregada hoy, 12 de noviembre.

 

12 nov 2021 17:53

Escepticismo en la penúltima jornada de la COP26 de Glasgow. Pese a que la presidencia de la cumbre sigue tratando de que haya un acuerdo final, la principal noticia es que sigue sin haber acuerdo. El borrador entregado este mediodía por la presidencia de Alok Sharma no ha resuelto las dudas ni dentro ni fuera de la cumbre oficial.

Aunque se trata de pequeños matices, la revisión que el último borrador ha hecho sobre el texto anterior ha seguido rebajando el contenido de la propuesta de conclusiones. Del llamamiento a la “eliminación progresiva de la energía del carbón y de los subsidios ineficientes para los combustibles fósiles”, que suponía un hito en cuanto es la primera vez que se mencionaba esta posibilidad en las 26 cumbre sobre cambio climático, ha sido sustituida por una mención más vaga en un párrafo genérico sobre tecnología, obviando las advertencias científicas de que el 80% de los combustibles fósiles deben permanecer bajo el subsuelo para conseguir el objetivo marcado en la Cumbre de París, señalan desde Ecologistas en Acción. 

Irene Rubiera, delegada de esta organización en la COP26, cree que esta rebaja del texto permite que los responsables de la situación actual sigan funcionando como hasta ahora. La presión de países productores de petróleo como Arabia Saudí y Rusia ha sido fundamental para esta rebaja del contenido sobre el borrador anterior.

Oficialmente, la cumbre tendría que haber llegado a un consenso hoy a las 18h. El texto final debe ser aprobado por los 200 delegados de los países en Glasgow, pero el redactado, las correcciones y los añadidos se están produciendo a lo largo de toda la tarde.

La Alianza por la Solidaridad-ActionAid se suma a una lectura crítica del último borrador antes de la hora límite. Esta plataforma destaca como “inadmisible” que los cien mil millones de dólares del llamado Fondo Verde para el Clima que en 2020 debían ser destinados a la mitigación y adaptación al cambio climático, no sólo no se hayan conseguido en la fecha prevista, “sino que se aplazan”. Las organizaciones ecologistas exigen que se ponga fecha de inicio a un Fondo Verde para el Clima que fue aprobado en 2009 pero que aun no se ha puesto en marcha.

Tampoco hay garantías, y también se presiona para que entre en el texto final, para el avance de los Fondos para las pérdidas y los daños, destinados a cubrir los efectos inmediatos de los fenómenos asociados al cambio climático, tales como las sequías o las tormentas DANA.

Sí está previsto que el texto actualice el mantra de la reducción necesaria de 2ºC de aumento de la temperatura a 1,5 grados para mitigar los efectos del calentamiento global. Ecologistas en Acción subraya que la posición oficial de la cumbre debe incluir una revisión de los compromisos de reducción, adaptación y financiación de cada país que se produzca al menos cada cinco años para conseguir ese objetivo de que la temperatura de la tierra “solo” suba 1,5 grados en el corto plazo.

 El propio borrador especifica que el compromiso internacional de reducción de emisiones de dióxido de carbono dista mucho del objetivo de que en 2030 se hayan reducido un 45% las emisiones respecto al año de referencia de 2010. Un informe de la plataforma científica Climate Action Tracker ha detallado que, con los objetivos marcados en Glasgow, las emisiones globales de efecto invernadero en 2030 seguirán siendo aproximadamente el doble de lo necesario para conseguir el límite de 1,5º.

Como en otras ocasiones, las organizaciones sociales y ecologistas temen que la COP26 solo sea útil para lanzar de nuevo una patada a seguir hacia siguientes cumbres y no adquirir compromisos vinculantes. 

Publicado enMedio Ambiente
El diario.es [Foto: Manifestantes en Glasgow para exigir justicia climática global. Andrew Milligan]

Arabia Saudí, Rusia o Australia sacan las uñas y aguan en el último borrador la petición directa de acabar con el apoyo público a energías contaminantes: «Casi nadie entiende ya que se invierta dinero en financiar este gran problema que tenemos», ha afirmado la vicepresidenta tercera, Teresa Ribera

 

Dejar de alimentar la costra de gases invernadero a base de quemar combustibles fósiles es, según los científicos, la única manera de aplacar la crisis climática. Pero la inclusión de una línea en el borrador de acuerdo de la COP26 de Glasgow para abandonar las ayudas de dinero público al carbón, el petróleo o el gas ha provocado una reacción inmediata… para que se borre.

Arabia Saudí, pero no son los únicos, ha aglutinado esta postura para «descartar» cualquier mención a los combustibles fósiles en la decisión final. No es la única. A Rusia no le gusta que se utilice ese lenguaje, según van desgranando sus delegaciones. Sus peticiones han conseguido, de momento, tamizar esa petición directa: las negociaciones han admitido incorporar al texto que se diga que ese abandono de subvenciones se haga sobre las «ayudas ineficientes», dando por entendido que las hay eficientes. Además, le han añadido que se buscará acelerar el desarrollo de «tecnologías» que permitan, dicen, «transitar a sistemas energéticos de bajas emisiones [de CO2].

En el otro lado del cuadrilátero, también se «está haciendo una presión grandísima para que no caiga esa mención», según cuenta la vicepresidenta tercera del Gobierno, Teresa Ribera. La petición incluida por el presidente de la cumbre, Alok Sharma, fue de lo mejor recibido por los grupos ambientalistas desplazados a Glasgow. Incluso los más críticos con su borrador vieron con buenos ojos esta mención específica de acabar con el apoyo público al fósil.

En 2021 se ha certificado un rebote de las emisiones de CO2 provocadas por la obtención de energía. Se calcula que el total esté en 33 gigatoneladas, solo un poco por debajo de las 33,4 de 2019, justo antes del parón por la pandemia de COVID-19, según cálculos de la Organización Mundial de la Energía. Para contextualizar: en 2019, la parte de energía lanzó 33 de las 36 gigatoneladas de CO2 del mundo y en 2020 fueron 31 de las 34 gigatoneladas globales.

El análisis de esta organización de 2021 cuenta que el carbón va a generar este año 640 millones de toneladas más de CO2 que en 2020 para llegar a las 14,8 gigatoneladas. Con el gas se prevé llegar a un pico histórico de 7,15 gigatoneladas de gases de efecto invernadero. El petróleo (origen de la gasolina y el gasoil para el transporte por carretera o los combustibles aéreos y marítimos), aunque también va a recrecer en emisiones no alcanzará aún el nivel pre-pandemia.

Con esas cifras, Teresa Ribera ha explicado en un receso de las negociaciones de la cumbre que «casi nadie entiende ya que se invierta dinero en financiar este gran problema que tenemos». El problema es el cambio climático causado por la el calentamiento acelerado del planeta que viene provocado por la costra de gases lanzados a la atmósfera al quemar carbón, gas o petróleo.

Casi todos los países ponen dinero público que sostiene de una manera u otra a los combustibles fósiles. 370.000 millones de dólares en 2020, según la OCDE. Una buena parte se va a subvencionar el uso de combustibles ya sea con ayudas directas o con exenciones fiscales que abaratan el precio. Lo que pide el texto de borrador es ir abandonando estas subvenciones, no cortarlas de golpe.

Protagonistas del mercado mundial

¿Casi nadie? Arabia Saudí es el principal exportador de petróleo del mundo. En 2020 vendió crudo por valor de 113.000 millones de dólares. En segundo lugar se colocó Rusia con 72.000 millones. EEUU es el cuarto exportador. Respecto al gas, Rusia es el país que más exporta, perseguido por los EEUU. Arabia Saudí es el quinto exportador. Estos productos son los que luego reciben esas ayudas estatales.

Y para completar el juego, está Australia, que es el primer exportador de carbón mundial. Vendió mineral por valor de 32.000 millones de euros en 2020, el 39% del negocio global. Rusia también vende mucho carbón: 12.400 millones dólares. «No pueden ignorarse los intereses que tiene Australia aquí», analiza Richie Merzian, que fue negociador en las cumbres durante diez años… para Australia. Merzian apunta a que «se trata de un país desarrollado y, en lugar de apoyar a Reino Unido o EEUU para empujar hacia más ambición va arrastrando los pies».

Llamar al fin de la subvenciones fósiles fue una novedad en las cumbres climáticas. Que se mantenga o desaparezca ese objetivo hará, al menos en parte, de indicador sobre cómo han ido las cosas en la ciudad escocesa.  «Ahora dicen que el problema que tenemos no es la fuente energética, es decir los combustibles fósiles, sino la tecnologías que pueden ser ineficientes», analiza Javier Andaluz de Ecologistas en Acción. «Eso obvia absolutamente la realidad que nos han descrito los científicos: hace falta dejar el 80% de esos combustibles sin sacar del suelo. Mientras no se asuman estas indicaciones será muy difícil afrontar la crisis climática», remata.

«Se ha debilitado sin duda», añade el observador de Los Verdes, Florent Marcellesi. «No existen los combustibles fósiles eficientes, solo existen buenos combustibles fósiles si se mantienen debajo de la tierra y no los explotamos». Marcellesi admite que «al menos sí se mantiene la idea de que esta década es crucial y que hay que revisar los planes de reducción de emisiones para 2030. Los países están intentando rascar para su lado»

Por Raúl Rejón. //twitter.com/@raulrejon">@raulrejon

13/11/2021.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/paises-lideres-combustibles-fosiles-cuelan-artimana-glasgow-seguir-ayudas-petroleo-gas-carbon_1_8482001.html

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Manifestación por la justicia climática en Glasgow el 3 de noviembre, con motivo de la COP26. Francis Mckee (CC BY 2.0)

Solo dos jefes de Estado son menores de 35 años. Nuestra presencia en las instituciones es insignificante y, sin embargo, nuestra generación (y las venideras) son las que más sufrirán los efectos de la crisis climática

La Cumbre del Clima que está teniendo lugar estos días en Glasgow, la COP26, es un momento decisivo para el futuro de la humanidad. Esta conferencia se está desarrollando en el contexto de la denominada “nueva normalidad”, tras los peores momentos de la covid-19. Esta pandemia ha puesto de manifiesto las desiguales (e injustas) consecuencias que tiene una crisis global en diferentes partes del mundo y en las sociedades de cada país. No podemos permitir que suceda lo mismo con la crisis climática. Necesitamos acciones contundentes de manera inmediata. La ciencia lo tiene claro. Y la juventud también.

Del 28 al 31 de octubre tuvo lugar la 16ª Conferencia de la Juventud sobre el Cambio Climático (COY16). Esta conferencia está organizada anualmente por YOUNGO, la red juvenil oficial de Naciones Unidas, junto con multitud de voluntarios y voluntarias, y reúne a jóvenes de todo el mundo en los días previos a la COP. Sus objetivos son crear un espacio de intercambio global, establecer las demandas de la juventud y empoderar y capacitar a los jóvenes para defender estas demandas en las negociaciones.

La Declaración Mundial de la Juventud sobre el cambio climático

El resultado principal de la COY16 es el Global Youth Statement (La Declaración Mundial de la Juventud), un documento que representa las demandas de la juventud global a los líderes políticos de la COP26. Este documento, que ya ha sido firmado por más de 40.000 jóvenes, es el resultado de consultas realizadas a nivel nacional, de una conferencia virtual (vCOY) celebrada en agosto de este año, y de una encuesta online respondida por más de 2.000 instituciones educativas, organizaciones medioambientales y jóvenes individuos provenientes de más de 130 países. Todos estos datos han sido procesados y sintetizados durante el último mes por un equipo de más de 100 jóvenes que hemos dedicado horas y horas, pero sobre todo mucha pasión, energía y entusiasmo. Nuestro objetivo era crear un documento lo más representativo e inclusivo posible, siendo conscientes de que este año muchas personas no han podido asistir personalmente a este evento. Necesitamos más que nunca escuchar todas las voces.

Las más de 70 páginas están estructuradas en torno a quince temáticas diferentes entre las que se incluyen energía, finanzas, agricultura, movilidad o justicia climática. Nuestra principal reivindicación es la necesidad de incorporar la participación de la juventud en los procesos de gobernanza medioambiental y climática, ya que son estos procesos los que determinarán el futuro que vamos a heredar.

Más concretamente, los jóvenes exigimos una actualización de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs), de manera que los objetivos establecidos compartan los mismos plazos y aspiren a limitar el aumento de la temperatura media global a 1,5ºC. Esto requiere una eliminación drástica de los combustibles fósiles dentro del mix energético mundial, especialmente el carbón y el petróleo. A su vez, debe haber una transferencia de tecnología y conocimientos a los países del Sur Global, de manera que se asegure un acceso justo a energía limpia.

Con respecto a la financiación, instamos a que los países del Norte Global cumplan su compromiso de garantizar un flujo de financiación climática de 100.000 millones de dólares hacia acciones de mitigación y adaptación adecuadas a las necesidades locales de los países en desarrollo, así como un mayor foco en la subsanación de pérdidas y daños. Como Mia Mottley, primera ministra de Barbados, afirmó el pasado 1 de noviembre “el hecho de no proporcionar la financiación necesaria se mide en vidas y medios de subsistencia en nuestras comunidades. Esto es inmoral e injusto”. La justicia climática es precisamente otra de nuestras principales demandas. Si no queremos dejar a nadie atrás, es imprescindible proteger y promover los derechos humanos e incorporar los principios de justicia, equidad, diversidad e inclusión (JEDI) en la toma de decisiones.

Para alcanzar estos objetivos –y el resto de los que forman parte de la declaración–, es necesario un reconocimiento de la crisis climática como una crisis sociopolítica innegablemente interconectada con otras problemáticas sociales como la desigualdad de género o el racismo estructural. Solucionar la crisis climática requiere una transformación social sin precedentes basada en la cooperación y centrada en el bienestar humano y su prosperidad, y no el crecimiento económico o el poder.

Todas estas demandas fueron presentadas el pasado viernes 5 de noviembre en la COP26 dentro del día del empoderamiento juvenil y ciudadano a varios líderes políticos, entre ellos a Alok Sharma, el presidente de la COP26; Patricia Espinosa, secretaria general de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC); y Nicola Sturgeon, la primera ministra de Escocia. En este evento pudimos situar la importancia de la participación juvenil en el centro del diálogo climático internacional y conseguimos recibir el compromiso de líderes políticos para incorporar nuestras demandas en las negociaciones. De momento solo hemos recibido declaraciones de intenciones, pero ninguna acción concreta.

Estos días hemos visto algunos avances importantes como los compromisos de acabar con la deforestación, o reducir las emisiones de metano al menos un 30% en 2030, o el acuerdo suscrito por 40 países para poner fin a la energía proveniente del carbón. Apreciamos estas promesas, pero no son suficientes.

Las más de 100.000 personas que asistimos a la manifestación del pasado sábado por la justicia climática en Glasgow demostramos que la ciudadanía y la juventud no solo estamos listas para el cambio, sino que lo exigimos. Ahora, en los últimos días de la COP26, es el momento de que los líderes políticos cumplan con nuestras expectativas. Los jóvenes seguiremos presionando, en la COP26 y posteriormente.  

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Por Ester Galende Sánchez / Irene Pérez Beltrán 11/11/2021

Ester Galende e Irene Pérez forman parte del equipo coordinador de la Declaración de la Juventud Mundial.

Nota: El documento completo está disponible en inglés aquí. Las principales demandas políticas han sido traducidas a los otros cinco idiomas oficiales de Naciones Unidas y la versión en español puede encontrarse aquí.

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Martes, 09 Noviembre 2021 05:58

La farsa

La farsa

La "querida ciudad verde" –significado de Glasgow en gaélico– fue elegida como el lugar para la última mascarada verde. Los asistentes poderosos un día maldijeron a Trump por abandonar los acuerdos de París. Esos mismos poderosos también los abandonaron, incumpliéndolos. La "cumbre" de la COP1 tuvo lugar en Berlín en 1995. A la par de las 26 "cumbres", el cambio climático avanzó depredando el planeta, mediante el fácil expediente del incumplimiento de los acuerdos. En la COP26, China, EU, Australia, India, rechazaron abandonar el uso del carbón en sus actividades industriales y comerciales.

Las responsabilidades por país, son muy distintas. Así lo muestra el incisivo estudio del antropólogo suazi Jason Hickel "Quantifying national responsibility for climate breakdown", publicado por The Lancet (https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S2542-5196%2820%2930196-0). La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) incluye el principio de "responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas". En el marco de la Cmnucc el cálculo se centra en las emisiones territoriales anuales actuales. Hickel señala una impostura en ese método.

Existe consenso en que 350 ppm (partes por millón) de CO2 atmosférico, es el límite planetario seguro. Actualmente es de 415 ppm. La última vez que se registró en la Tierra una concentración así fue hace entre 3 y 5 millones de años. La temperatura era entonces de dos a tres grados más cálida y el nivel del mar entre 10 y 20 metros superior al actual, pero no había humanos. Las concentraciones de CO2 superaron las 350 ppm en 1990. El exceso sobre 350 ppm causó lo que Hickel llama ruptura climática.

Hickel calcula las proporciones de ese exceso, atribuibles a cada país, a partir del total del CO2 acumulado desde 1850. En su estudio el norte global comprende a Estados Unidos (EU), Canadá, Unión Europea (UE, 28 miembros), Israel, Australia, Nueva Zelanda, y Japón. El sur global incluye a América Latina, África, Oeste Medio y Asia. La distribución del exceso: EU, 40 por ciento; UE28, 29 por ciento; resto de UE, 13; resto del norte global, 10; sur global, 8 por ciento. Los países que causan el rebasamiento del límite, además producen daños aterradores continuos sobre los de baja emisión, la inmensa mayoría. Hay países ricos deudores de reparaciones climáticas y países acreedores. ­Hickel lo ha estimado. La ruptura climática continuará abrasando y ahogando a los seres humanos. Todo mil veces peor en el sur global. La farsa en la "cumbre" también continuará.

Nací en Jicaltepec, Veracruz, un pueblito de unos 500 habitantes a la vera del río Nautla, poblado por sucesivas olas de labriegos franceses, a partir de 1834 y campesinos llegados del Totonacapan. Vivieron ahí mis bisabuelos y abuelos maternos: una vida campesina de franca estrechez sin apremio alimentario. Entre mis cuatro y 12 años volví dos veces por año con mi familia. Después volví solo, unas ocho o 10 veces hasta los años 90. Dos veces más, después del año 2000. Vi la destrucción. De niño me deslumbré mil veces con la selva veracruzana, con las parvadas de loros y de guacamayas; con los colectivos de monos aulladores desplazándose velozmente por los árboles; con las enormes iguanas de colores; con los árboles inmensos de caoba, cedro, guayacán, huanacastle y todos los árboles frutales imaginables.

A partir de los años 60 comenzó el derrumbe. En esos años los estadunidenses consumían enormes cantidades de carne de res, que importaban. Apareció la plaga de los ganaderos rapando las selvas de la margen derecha del río Nautla, acaparando tierras de los campesinos, creando conflictos agrarios sin fin. Lo mismo ocurría en zonas cada vez mayores del país. El clima comenzó a cambiar, el río estaba cada vez más contaminado y su agua, antes potable, dejó de ser; las acamallas, desaparecieron. Los tremendos arribazones de pez bobo, cesaron. Cuando era niño los campesinos de Jicaltepec sabían hacer todo. Cultivar maíz, chile, calabaza, plátano, hortalizas, legumbres. Mi abuelo hizo su casa de guayacán y piso de tierra apisonada, su cayuco de roble, domó algún caballo, mató cerdos, cultivó por años y años su parcela de casi tres hectáreas. El ultraje capitalista acabó con todo lo que una vez fue.

Lo que veía en el nivel micro, ocurría de mil modos en el sur global. Leo a Julian Aguon: “En mi rincón, Micronesia, los hechos son aterradores. Estamos asistiendo a una subida del nivel del mar dos o tres veces superior a la media mundial. Algunos científicos creen que la mayoría de nuestros países con atolones de coral de baja altitud podrían ser inhabitables a partir de 2030… En Fiji, el gobierno lleva su propia lista de la muerte: un registro oficial de todas las aldeas que podrían tener que ser reubicadas debido a la subida del nivel del mar… Cuando hablé con Sailosi Ramatu, el jefe de la aldea, en julio, me dijo que el traslado fue lo más duro para los ancianos… No todos hicieron el viaje…”

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Banco Mundial, promotor del cambio climático

Ante las expectativas que genera la Conferencia de las Partes (COP26) en Glasgow, y el rol que presume jugar el Banco Mundial (BM) en aliviar la crisis climática, es necesario cuestionar el papel que juega en promover y defender a industrias extractivas y de combustibles fósiles.

Jake Hess, investigador del propio banco ha denunciado (https://bit.ly/3ENfrTU) que mientras el mundo necesita transitar a energías renovables, el BM ha gastado desde el acuerdo del clima de París en 2015, más de 12 mil millones de dólares (mmdd) para financiar proyectos de combustibles fósiles. Dice Hess que "tristemente, tengo poca confianza en que mi empleador vaya a convertirse en un líder climático" y cita una investigación (https://bit.ly/3GUCnT5) que acusa al BM de ser en "buena medida parte del problema". En ésta se desglosan los financiamientos por año y por parte de cada uno de los cuatro "brazos prestamistas" (sic) del banco. Para colmo, el BM es presidido por David Malpass, colocado en esa institución por Trump durante su gobierno, quien como éste ha negado la existencia del cambio climático.

En contraste con el BM, el reporte Una década de progreso hacia un futuro climático justo difundido por Both Ends (https://bit.ly/3GRg5lh), informa cómo más de 39.2 billones de dólares han sido desinvertidos en industrias de combustibles fósiles, "una suma mayor que el PBI de Estados Unidos y China juntos". Existen, según el reporte, mil 485 instituciones en 71 países comprometidos con desinvertir en industrias contaminantes, además de grandes ciudades unidas en el Foro de C40 Ciudades (https://www.c40.org/) incluyendo la Ciudad de México, Guadalajara y otras ciudades de América Latina y el Caribe, el cual fue fundado en 2005 por el entonces alcalde de Londres, Ken Livingston. Este movimiento incluye a organizaciones ecologistas de base, como 350.org, Rainforest Action y fundaciones filantrópicas como Ford y Mac Arthur y hasta al Consejo Mundial de Iglesias. Se argumenta en el reporte que la desinversión ha tenido éxito en hacer que las empresas de combustibles fósiles sean responsables del verdadero costo de su contaminación por emisiones de gases invernadero y en mermar su poder político.

Volviendo al peligro que representa el BM, ahora con su quinta institución, no de carácter "prestamista" (sic), sino de protección de inversiones y punitiva para gobiernos, el Centro Internacional de Arreglos de Disputas de Inversiones (el Ciadi, del que no me canso de escribir); en un artículo (https://bit.ly/3CLXc0t) expongo cómo el permitir que se sigan interponiendo demandas multimillonarias por regulaciones y políticas ambientales puede socavar los acuerdos que se lleguen a alcanzar en Glasgow.

El crecimiento de las demandas por parte de industrias extractivas ha sido exponencial en las últimas dos décadas. Desde 1995, estas empresas han ganado fallos por al menos 73 mmdd (cálculos propios con base en datos disponibles del Ciadi y Unctad. Otros tribunales de arbitraje no publican información sobre casos o laudos).

Las empresas extractivas no sólo son las que más utilizan el sistema de solución de controversias inversionista-Estado (ISDS por sus siglas en inglés), sino que también reciben las mayores recompensas. De los 14 fallos conocidos por más de mil millones de dólares, 11 favorecen a las industrias del petróleo, gas y minería. Hay al menos 82 casos de demandas pendientes interpuestas por industrias extractivas. De las 42 demandas de las que se dispone de información, las empresas exigen un total de 99 mmdd (71 mmdd por parte de empresas mineras y 28 mmdd por las de petróleo y gas). Cabe destacar que hay 40 demandas pendientes en que los montos reclamados no están disponibles al público, por lo que las cifras anteriores son meramente ilustrativas de la magnitud del problema. Pero puede afirmarse que hay al menos 14 casos por más de mil mmdd pendientes, con demandas por cantidades escandalosas, como 27 mmdd contra Congo, o 16.5 mmdd contra Colombia. Otro caso es el de TransCanada contra Estados Unidos en que la primera exige 16 mmdd por la cancelación del gobierno de Biden del controvertido oleoducto Keystone XL. Y México está en esta lista con la demanda de la estadunidense Odyssey Marine Exploration por 3.5 mmdd por habérsele negado un permiso de minería en subsuelos marinos del mar de Cortés.

Para combatir eficazmente el cambio climático, los gobiernos de todo el mundo necesitarán la flexibilidad para emprender una amplia gama de acciones, sin estar amenazados de costosas demandas corporativas. El sistema de demandas de inversionistas a estados no debe obstaculizar la obligación de enfrentar la amenaza existencial que acecha al mundo.

Lamentablemente, no sólo la credibilidad del BM está en duda, también la de los gobiernos que en las cumbres del clima se hacen de la vista gorda y se niegan a poner en la mesa el cómo los tratados de libre comercio y de inversiones (incluyendo el T-MEC) facilitan y protegen a las industrias contaminantes y ponen en riesgo el futuro del planeta. La solución está en continuar la desinversión en corporaciones extractivas que están destruyendo el planeta.

Por Manuel Pérez Rocha Loyo. investigador del Institute for Policy Studies de Washington D.C. www.ips-dc.org

Twitter: @ManuelPerezIPS

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