El secretario estadunidense de Estado, Antony Blinken (a la izquierda), y el secretario ruso del Exterior, Serguei Lavrov, se saludaron ayer, en un encuentro al margen de la reunión anual de cancilleres de los países de la OSCE. Foto Ap

El posible ingreso de Ucrania a la OTAN, y un probable ataque de Moscú a Kiev, temas que rebasan la diplomacia

Moscú. En lo que no deja de ser una amarga paradoja –cuando desde hace días prevalecía información esperanzadora sobre la siguiente cumbre a distancia, por videoconferencia, de los presidentes de Rusia y Estados Unidos, tentativamente este mismo diciembre, para dar luz verde al máximo nivel al comienzo de las labores de los grupos de trabajo de funcionarios y expertos de cada país que debatirán distintos aspectos del control de armamento y otros temas de seguridad–, poco faltó ayer para que los cancilleres ruso y estadunidense se mentaran la madre en su primer encuentro, cara a cara, desde mayo anterior.

Sucedió en Estocolmo, al margen de la reunión anual de los encargados de la diplomacia de los países que forman parte de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), donde Serguei Lavrov y Antony Blinken evidenciaron, en términos poco amistosos, que Moscú y Washington se culpan mutuamente de practicar políticas que vulneran su seguridad.

El catálogo de desencuentros es enorme, pero en este momento la agenda bilateral está dominada por el tema de Ucrania, cuyo hipotético ingreso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es para Rusia la principal línea roja que Estados Unidos y sus aliados no deben cruzar y, en el otro extremo, la OTAN se reserva el derecho a decidir si Ucrania cumplirá, algún día, los requisitos de admisión y no dejará sin consecuencias un ataque militar ruso contra su vecino eslavo.

Según trascendió, la discusión acerca de lo que está pasando en torno a Ucrania, en una cena a puerta cerrada de los ministros de relaciones exteriores, alcanzó momentos de enfrentamiento directo poco diplomático en que Lavrov, Blinken y el canciller ucranio, Dmytro Kuleba, se lanzaban argumentos cual bofetadas verbales y no pasó a mayores por la mediación de los demás asistentes.

Para Blinken, citado por agencias noticiosas occidentales después de su encuentro con Lavrov en Estocolmo, “es muy preocupante que Rusia tenga planes de agresión militar contra Ucrania”, algo que si sucede “tendrá muy graves consecuencias de alto impacto económico”, por lo cual advirtió a Lavrov que el ejército ruso “tiene que revisar su política en la frontera con Ucrania y retirarse a posiciones normales”.

Lavrov, citado a su vez por medios rusos, reviró: “si nuestros socios de la OTAN declaran que nadie tiene derecho a dictar a un país, que quiere ingresar en la OTAN, si puede hacerlo o no, nosotros nos basamos en uno de los principios esenciales del derecho internacional, que dice que cada Estado tiene el derecho de escoger las formas que considere oportunas para garantizar sus intereses legítimos en materia de seguridad” y, asimismo, aludió al concepto de “seguridad indivisible”, que es uno de los pilares de la OSCE.

El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, acorde con el anuncio que hizo el miércoles anterior el presidente Putin, adelantó que pronto su país presentará a la OTAN una propuesta de garantías de seguridad que deben ser vinculantes para todos los firmantes.

“En breve presentaremos a nuestros colegas occidentales propuestas concretas y confiamos en que se las tomen con seriedad. No quiero ni imaginarme que Occidente (Estados Unidos y aliados) se niegue a estudiar esta iniciativa”, subrayó Lavrov.

Añadió que el éxito de ésta depende de si los países de la OTAN “están realmente interesados en una desescalada de la tensión y dispuestos a cesar sus intentos unilaterales de ampliar su hegemonía, en particular a través de extender su infraestructura militar”.

A pesar de las desavenencias ostensibles, aún quedan resquicios que mantienen abierta la puerta del diálogo entre Rusia y Estados Unidos al coincidir Lavrov y Blinken en que una cumbre de sus jefes es necesaria para intentar negociar consensos que permitan rebajar la tensión.

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Perú: el gobierno de Pedro Castillo cumple cien días

En medio una guerra política desatada por la derecha y la prensa hegemónica

El presidente resaltó su política de apoyo, con créditos, ayuda técnica y acceso a mercados, a los pequeños productores, algo más de dos millones de familias campesinas.

 

Cien días agitados, enfrentando una guerra política desatada por la derecha, de ataques sin cesar de la prensa hegemónica, de una permanente amenaza golpista desde el Congreso opositor, y también de errores y divisiones internas, han marcado el inicio del gobierno del campesino, maestros rural y sindicalista Pedro Castillo. Este miércoles, Castillo hizo un balance de los primeros cien días de su gobierno desde la andina región de Ayacucho, en una plaza colmada de entusiasmo. Es la misma región en la cual en el primer día de su gobierno había hecho un juramento simbólico ante una multitud. Castillo comenzó su discurso de cerca de una hora remarcando que había sido elegido presidente porque la mayoría “quiere cambios, no para seguir haciendo lo mismo”. “Este es el gobierno del pueblo”, repitió varias veces. 

Con su inseparable sombrero blanco de paja y un poncho multicolor con motivos andinos, Castillo sorprendió cantando, antes de comenzar su discurso, parte de la popular canción ayacuchana Flor de Retama, que es un homenaje a los estudiantes muertos en es aplaza durante la represión policial a una protesta a fines de los años sesenta. Recordó que había asumido el gobierno con un país en grave crisis y una histórica exclusión de las mayorías. “Encontramos un Estado que siempre estuvo de espaldas al Perú profundo y a la agricultura. La salud y la educación nunca fueron un derecho, sino un servicio. Todos los gobiernos pasados siempre defraudaron al pueblo. Llegamos acá y encontramos un sistema de salud totalmente colapsado, que conllevó a que más de 200 mil peruanos fallecieran por la Covid – 19. Encontramos a más de tres millones de peruanos que habían perdido su trabajo y millones de hermanos que clamaban por una vacuna (contra la Covid - 19), cientos de conflictos sociales porque nunca fueron atendidos, pueblos olvidados que no tienen agua ni luz, escuelas y hospitales destrozados, postas de salud en completo abandono, miles de peruanos en situaciones de analfabetismo y desnutrición, una grave crisis por problemas de corrupción, graves problemas de inseguridad, delincuencia común”.

Balance

Después del duro diagnóstico, vino el balance de su gestión. “Hemos logrado cosas muy importantes”, se defendió de las críticas. “Pero con poca vergüenza -agregó- un sector me dice que no he hecho nada. Ellos que en doscientos años se dedicaron a robarle a nuestro país y no hicieron nada por la Patria, hoy quieren que un campesino entre al gobierno y en cien días resuelva los problemas del país”. Castillo alzó la voz: “Yo tengo una línea clara dada por el pueblo, estamos realizando cambios estructurales en el Estado para que este llegue a los que menos tienen. A mí nadie me pone la agenda, yo no tengo jefes, mi único jefe es el pueblo”. La plaza colmada aplaudió.

Castillo señaló que su gobierno ha iniciado la renegociación de los cuestionados contratos de explotación y comercialización del gas con el Consorcio Camisea, que integran las empresas argentinas Pluspetrol y Tecpetrol. Aseguró que esa renegociación, que apunta a priorizar el mercado interno para masificar el consumo del gas y mejorar los ingresos para el Estado, se hará dentro de la legislación vigente. Una vez más descartó estatizaciones. “Desde la campaña -recordó- me decían comunista y que les voy a quitar sus propiedades y sus ahorros. Han pasado cien días de gobierno, ¿a alguien le he quitado sus casas y sus ahorros, a alguien le he expropiado? Puras mentiras”.

Entre los principales logros de su gobierno, destacó el importante avance en la vacunación contra la Covid – 19. Cuando asumió la presidencia la cobertura de la vacunación alcanzaba solamente el 15 por ciento, ahora bordea el 60 por ciento. Dijo que para este año se proyecta un crecimiento del PIB de 11,9 por ciento “y hay analistas que dicen que podría ser mayor”, y aseguró que se han creado 300 mil puestos de trabajo en estos cien días. El primer campesino que llega a la presidencia resaltó su política de apoyo, con créditos, ayuda técnica y acceso a mercados, a los pequeños productores agrarios, algo más de dos millones de familias campesinas, el sector más pobre y excluido, en su mayoría de las zonas andinas. Su prioridad, señaló, es invertir en educación y salud.

Lucha contra la corrupción

Con seis expresidentes y otros altos funcionarios y políticos condenados o procesados por corrupción -entre ellos Keiko Fujimori, jefa de una bancada que encabeza la oposición golpista-, el presidente aseguró que la lucha contra la corrupción es una prioridad de su gobierno. Anunció que se venderá el avión presidencial.

La celebración por estos primeros cien días de gobierno le permitió a Castillo un entusiasta contacto popular en medio de una nueva crisis que enfrenta su gobierno, luego del intempestivo cambio de los comandantes generales del ejército y la fuerza aérea y las denuncias de ambos militares de que el ministro de Defensa y el secretario del presidente los habían presionado para el ascenso irregular de tres coroneles y un general, ascensos que no se dieron. Han dado a entender que por su negativo a esos ascensos fueron pasados al retiro. El titular de Defensa, Walter Ayala, que el lunes anunció su renuncia, pero sigue en el cargo sin que el presidente se haya pronunciado sobre su futuro, niega las afirmaciones de los militares y los ha acusado de prestarse al juego político de la oposición que busca destituir al presidente.

Sucesión de crisis

Esta es la última de una sucesión de crisis que ha enfrentado este gobierno en este corto tiempo. Crisis fogoneadas por la oposición, pero a las que el gobierno ha aportado con algunos errores y nombramientos que han sido un flanco fácil para los ataques. El primer gabinete ministerial, encabezado por el legislador oficialista Guido Bellido, que apostó al radicalismo verbal y a confrontar con la oposición y también con aliados del gobierno a los que consideraba moderados, se convirtió en fuente de varias crisis y puso al gobierno en problemas. Duró apenas poco más de dos meses. Castillo lo cambió por la exlegisladora de izquierda Mirtha Vásquez, que le dio un giro al gobierno, no a las propuestas de cambio, sino en el estilo, apostando por el diálogo y la concertación. Esto le abrió al gobierno posibilidades de un acercamiento a otros sectores, pero gatilló la ruptura en el partido oficialista Perú Libre, que vio con malestar la salida de Bellido, alto dirigente del partido.

La sorpresiva llegada a la presidencia de Castillo, que viene de los sectores más pobres y excluidos del país, ha despertado el entusiasmo y las esperanzas de los sectores populares, especialmente de los marginados de las zonas rurales, y el miedo y la rabia de la derecha, los medios y el poder económico. La oposición de derecha no le concede nada al gobierno, en estos cien días solo ha tendido críticas. Han sido cien días difíciles, de una esperanza que se mantiene, y de resistencia a las movidas desestabilizadoras.   

 

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Afganistán: fuerzas talibanes capturan la octava capital provincial en una semana

Hay más de cuatro mil heridos de guerra, según el Comité Internacional de la Cruz Roja

Las fuerzas talibanes tomaron el control de Pul-e-Khumri. Es la segunda capital provincial de Afganistán en caer este martes y la octava en menos de una semana. Mientras la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, pidió el cese de combates en Afganistán. La expresidenta chilena, afirmó que la toma de numerosas ciudades por parte de los talibanes "sembró el miedo y el pavor".

"Los talibanes están ahora en la ciudad, izaron su bandera en la plaza central y en la oficina del gobernador", anunció Mamoor Ahmadzai, diputado de la provincia de Baghlan, cuya capital es Pul-e Khumri. El legislador además precisó que las fuerzas afganas se habían retirado de la ciudad.

Avance talibán

Pul-e-Khumri, ubicada a unos 200 kilómetros de la capital Kabul, fue tomada este martes por los talibanes. Un poco antes los insurgentes habían tomado el control de la ciudad de Farah, al oeste del país, que se convirtió en la séptima capital provincial en ser capturada por las fuerzas talibanes. "Esta tarde (martes), los talibanes entraron en Farah tras haber combatido brevemente a las fuerzas de seguridad. Tomaron la oficina del gobernador y el cuartel general de la policía. Las fuerzas de seguridad se retiraron a una base militar", declaró Shahla Abubar, integrante del consejo provincial.

Hasta el momento, los insurgentes talibanes ya dominan seis de las nueve capitales provinciales del norte. Mientras que al sur del país tienen tomadas las ciudades de Zaranj y Farah al sudoeste. El domingo, en pocas horas tomaron control de Kunduz, un punto estratégico entre Kabul y Tayikistán. En tanto continúan los combates al sur del país con ciudades como Kandahar y Lashkar Gah asediadas desde hace días.

Conversaciones en Qatar

Por su parte, el gobierno estadounidense advirtió que un gobierno talibán que llegue al poder por la fuerza en Afganistán no será reconocido. El enviado de paz de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, viajó a Qatar “para ayudar a formular una respuesta internacional conjunta al rápido deterioro de la situación en Afganistán”, aseguró el Departamento de Estado en un comunicado de prensa.

La cancillería estadounidense informó este lunes que Khalilzad ya se encontraba en la capital qatarí, Doha, donde los talibanes mantienen una oficina política. Este martes también llegaron representantes de China, Reino Unido, Pakistán, Uzbekistán, Qatar, Naciones Unidas y la Unión Europea, que “presionarán para que se reduzca la violencia y se produzca un alto el fuego, y se comprometan a no reconocer un gobierno impuesto por la fuerza”, según indicó la diplomacia de EE.UU. en el comunicado.

Desde septiembre del año pasado la ciudad de Doha fue sede de las conversaciones entre el gobierno afgano y los talibanes. Los diálogos fueron establecidos en el acuerdo de paz firmado en febrero de 2020 por la insurgencia talibán y EE.UU. (sin la participación de las autoridades gubernamentales de Afganistán), meses antes de la retirada de las tropas extranjeras en el país.

Retirada de EE.UU. 

Con la salida de las tropas estadounidenses los talibanes lanzaron desde mayo una fuerte ofensiva con la que tomaron bajo su control vastas zonas rurales, y ahora apuntan a dominar las ciudades. En este sentido, la cancillería norteamericana  afirmó que Khalilzad “instará a los talibanes para que detengan su ofensiva militar y negocien un acuerdo político, que es el único camino hacia la estabilidad y el desarrollo en Afganistán”.

Preocupación de la ONU

Mientras que la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, pidió el cese de los combates en Afganistán. "Las partes deben dejar de luchar para evitar un mayor derramamiento de sangre. Los talibanes deben poner fin a las operaciones militares en las ciudades. A menos que todas las partes regresen a la mesa de negociaciones y alcance una solución pacífica, la situación ya atroz para tantos afganos solo empeorará", aseguró Bachelet en un comunicado de su oficina.

10/08/2021

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Funcionarios de seguridad paquistaníes hacen guardia mientras personas varadas en la frontera entre Pakistán y Afganistán esperan a su reapertura. — Akhter Gulfam / EFE

Con la evacuación de las tropas americanas casi completada, los talibanes han intensificado las ofensivas contra las capitales de provincia. Ya controlan la mayor parte del territorio del país y cada día son más fuertes. En estas circunstancias la resistencia de las tropas gubernamentales se presenta como una tarea imposible y para Occidente la gran incógnita es si el país volverá a ser un santuario para organizaciones terroristas.

09/08/2021 23:12

Eugenio García Gascón

En solo tres días desde el pasado viernes las milicias de los talibanes han capturado cinco capitales de provincia de Afganistán en una ofensiva que presenta todos los síntomas de que el gobierno de Kabul no podrá detenerla y que se decidirá con el avance de los talibanes en todos o casi todos los frentes, con una guerra civil prolongada o con las dos cosas.

Un representante talibán declaró el domingo que no existe ningún acuerdo de alto el fuego con las fuerzas gubernamentales puesto que si bien existía un pacto mediante el que los talibanes no atacarían las capitales de provincia, el pacto ha dejado de ser válido desde el momento en que han sido las fuerzas gubernamentales las que han violado el acuerdo. 

El domingo por la mañana los talibanes capturaron totalmente la ciudad de Kunduz, una localidad estratégica que se encuentra cerca de la frontera con Tayikistán, cerca de importantes yacimientos minerales y de gran importancia estratégica. Muchos residentes abandonaron la ciudad, así como los militares gubernamentales, y hay civiles que están huyendo a áreas controladas por los insurgentes. 

Este tipo de conquistas no solo confieren a los talibanes más territorio sino que minan la moral de las tropas de Kabul y de los civiles, muchos de los cuales están cruzando las fronteras con países vecinos en un éxodo que será largo y penoso. Aunque el gobierno anunció el lunes una contraofensiva, el avance talibán parece irresistible y no se detendrá aunque pierda momentáneamente en algunos frentes.

Además, con cada conquista se apropian de significativas cantidades de armas y material militar que abandonan las tropas de Kabul y que los hacen más fuertes, liberan a sus correligionarios presos en las cárceles gubernamentales, y también hace crecer el número de milicianos que quedan libres para sumarse a las siguientes ofensivas.

La ciudad de Kunduz, con más de 350.000 habitantes, ya cayó en manos talibanes en 2015 y 2016, pero entonces los insurgentes no lograron mantenerse debido a los bombardeos americanos. Ahora lo intentan de nuevo haciendo frente a la anunciada réplica de las tropas de Kabul, cuyos ánimos y moral están cada día más tocados. En cuanto a la intervención americana del domingo, fue muy limitada, debido a que los americanos solo cuentan con 650 efectivos en el país.

La ofensiva se intensificó a partir de mayo, cuando el presidente Joe Biden comunicó su firme decisión de abandonar el país a finales del corriente mes de agosto después de una presencia militar de dos décadas. Washington se ha dado cuenta de que su ejército no puede vencer a los talibanes, de manera que ha dejado a sus aliados solos y no hay duda de que estos no podrán resistir mucho antes del previsible colapso.

Si en los últimos meses las ofensivas se centraron en zonas rurales, respetando el acuerdo de no atacar las capitales de provincia, en la actualidad los talibanes han puesto sitio a más de una docena de capitales provinciales. Es muy difícil prever cuánto tiempo necesitarán para conquistarlas, pero el hecho de que cada día cuentan con más efectivos y más armamento indica que no tardará en continuar el goteo de caídas de capitales de los últimos días. 

El ministerio de Defensa confirmó que sus fuerzas están realizando una contraofensiva para retomar algunos de los lugares perdidos desde hace una semana, como emisoras de televisión y de radio, si bien parece imposible que estas operaciones detengan el avance talibán

Se da la circunstancia de que la ofensiva se está produciendo en el norte del país, en unas regiones que tradicionalmente han resistido con más energía a los talibanes. La pérdida de cinco capitales sugiere que incluso en las zonas más contrarias a los talibanes éstos son capaces de derrotar con facilidad a las fuerzas gubernamentales, lo que indica que sus avances serán más fáciles en otras zonas del país. 

En este contexto, los últimos destacamentos estadounidenses completarán la evacuación en los próximos días, de manera que las tropas de Kabul ya no contarán con apoyo extranjero, especialmente de la aviación, y será más sencilla la tarea de los talibanes en todos los frentes.

El futuro de Afganistán, cuya mayor parte del territorio ya controlan los talibanes, es más incierto que nunca y para Occidente la cuestión central es si se convertirá en un santuario para distintas organizaciones terroristas del tipo de Al Qaeda, justamente el motivo por el que Washington inició la invasión tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El diálogo entre Washington y los talibanes se ha desarrollado en los últimos años principalmente en Catar. Los americanos aspiran a obtener garantías en el sentido de que los talibanes no darán cobijo a grupos terroristas que amenacen a Occidente, algo que solo el tiempo dirá.

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EE.UU. y Rusia normalizan las relaciones diplómaticas tras la cumbre Biden-Putin

Ambos países acordaron el retorno de los embajadores

El presidente ruso dijo que la reunión fue "constructiva", mientras que su par estadounidense aseguró que a ambos no les interesa "una nueva Guerra Fría". En cambio, no se pusieron de acuerdo en torno a la situación del opositor Alexéi Navalni.

 

El apretón de manos entre el presidente estadounidense Joe Biden y su par ruso Vladimir Putin fue un buen resumen de la esperada cumbre de Ginebra, destinada a rebajar las tensiones entre ambos países y hallar algunos puntos de acuerdo. En concreto, ambos líderes anunciaron la normalización de las relaciones diplomáticas y destacaron que trabajarán en conjunto en temas como la ciberseguridad. En cambio, no se pusieron de acuerdo en torno a la situación del opositor ruso Alexéi Navalni. Los dos mandatarios llegaron con minutos de diferencia a la Villa La Grange, lugar del encuentro, y fueron recibidos por el presidente suizo Guy Parmelin.

Después de la reunión que duró casi cuatro horas, el presidente de Rusia dijo que la cumbre con Biden fue "constructiva". Rechazó las acusaciones del mandatario estadounidense respecto al envenenamiento y posterior detención de Navalni al decir que éste sabía que iba a ser detenido en Rusia y que "buscó deliberadamente ser arrestado". Por su parte Biden reveló que le aseguró a Putin que "las consecuencias serán devastadoras" para Rusia si muere Navalni. El presidente de Estados Unidos le dijo a Putin que su agenda no es en contra de Rusia, sino que "es por el pueblo estadounidense" y aseguró que a ambos no les interesa "una nueva Guerra Fría". 

"Considero que no hubo ninguna hostilidad aunque nuestras valoraciones difieran en muchos aspectos. Desde mi punto de vista, ambas partes demostraron el deseo de comprenderse el uno al otro y de buscar un acercamiento de las posiciones", afirmó Putin en rueda de prensa tras la esperada cumbre presidencial.

En cuanto a los embajadores de ambos países, Putin aseguró que "el problema está resuelto" y que "están volviendo a los lugares de servicio permanente". Los embajadores ruso y estadounidense habían abandonado Moscú y Washington en abril, luego de que la administración Biden impusiera una batería de sanciones contra el país euroasiático por sus "acciones desestabilizadoras", que incluían esfuerzos para "socavar las elecciones democráticas libres y justas" o "facilitar actividades cibernéticas maliciosas". 

En ese sentido, el mandatario ruso volvió a negar las acusaciones y anunció que Estados Unidos y Rusia comenzarán una ronda de consultas sobre estabilidad estratégica y ciberseguridad. Subrayó que en este ámbito "es necesario dejar de lado todo tipo de insinuación y empezar a trabajar a nivel de expertos".

Putin indicó que Rusia también sufre ciberataques y citó como ejemplo una agresión al sistema sanitario de una de las entidades federadas rusas. "Desde luego, vemos desde dónde proceden los ataques, vemos que este trabajo se coordina desde el ciberespacio de Estados Unidos", señaló. Al mismo tiempo, el mandatario ruso manifestó que no cree que el gobierno de Estados Unidos esté "interesado en manipulaciones de ese tipo"

Putin agregó que el líder opositor Alexei Navalni infringía deliberadamente las leyes rusas y era consciente de que su castigo sería la cárcel. "Los órganos del poder lo citaron pero él no se apersonó, ignoró la ley y fue declarado en búsqueda", planteó. Pese a ello, Navalni regresó a Rusia desde Alemania, donde se recuperaba del envenenamiento con un agente tóxico del grupo Novichok que sufrió en agosto de 2020, y posteriormente fue detenido.

A su turno el presidente Biden aseguró sobre la escala de su gira europea en Ginebra: "Hice lo que vine a hacer". El líder demócrata manifestó que le dijo a su par ruso que "los derechos humanos siempre estarán sobre la mesa". Además le "dejó en claro" a Putin que continuará planteando las preocupaciones de Estados Unidos sobre casos como el de Navalni.

El mandatario estadounidense, que ha visto como varias empresas e infraestructuras importantes de su país sufrían ciberataques en las últimas semanas, reveló a la prensa que le dio a Putin "una lista" de 16 entidades que "van del sector de la energía hasta nuestros sistemas de distribución de agua". Esas "infraestructuras cruciales" deben quedar al margen de ciberataques, aseguró.

Un periodista presente en la conferencia le pidió a Biden que responda a los dichos de Putin al comparar el encarcelamiento de opositores como Navalni con los cargos presentados contra quienes llevaron a cabo el asalto al Capitolio el pasado seis de enero. "Creo que es una comparación ridícula", dijo Biden. El presidente estadounidense enfatizó que había una gran diferencia entre asaltar el Capitolio con armas y amenazar a las fuerzas de seguridad o marchar por "el derecho a celebrar elecciones libres y justas" en Rusia.

Biden decidió no responder una pregunta respecto a si había reconsiderado su comentario de que el presidente Putin no tiene "alma", tal como afirmó después de una reunión de 2011 con el líder ruso. El mandatario demócrata sonrió, se puso los lentes de sol y empezó a alejarse del atril diciéndole a los periodistas: "Muchas gracias".

Sin embargo, Biden no se fue y decidió responder un par de preguntas más. Y pareció inquietarse cuando le preguntaron por qué estaba tan seguro de que Putin cambiaría su comportamiento, sobre todo luego de que el líder ruso rechazara estar involucrado en ataques cibernéticos y se negara a decir el nombre de Navalni durante su conferencia de prensa.

El presidente estadounidense afirmó que era una caracterización errónea de sus comentarios y respondió: "No estoy seguro de que cambie su comportamiento" ¿Dónde diablos? ¿Cuándo dije que tenía esa confianza?" preguntó y continuó un tanto ofuscado: "Lo que yo dije es, cambiará su comportamiento si el resto del mundo reacciona ante ellos (por Rusia) y eso disminuye su posición en el mundo".

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La cumbre que busca Trump de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, asentaría el nuevo orden tripolar del siglo XXI.Foto Ap

El influyente Sputnik difundió la "intrépida" propuesta de Trump para una “nueva iniciativa trilateral de control de armas con Rusia y China (https://bit.ly/2TL92TB)”.

La propuesta de Trump, proferida en el aniversario 50 del inoperante tratado NTP (No-Proliferación de Armas Nucleares) tiene como objetivo evitar una costosa carrera armamentista, que no conviene a EU ni a Rusia.

Trump fustigó a China por buscar duplicar su arsenal nuclear en la próxima década, mientras criticó a Rusia por estar desarrollando “costosos y desestabilizadores (sic) nuevos tipos de sistemas de lanzamiento ( delivery systems)”, en alusión a las armas hipersónicas con las que Rusia lleva una ventaja de una generación a EU.

El grave problema con los negociadores nucleares de EU, más que con Trump, radica en su falta de credibilidad e implementación de los acuerdos firmados: el caso del contencioso nuclear con Irán que pisoteó Trump, no se diga su salida unilateral del Tratado INF (Tratado de Armas Intermedias Nucleares) que dejó a Europa continental totalmente desvalida (https://bit.ly/38H3wXK), sin contar todas las trampas que se atragantó el cándido Gorbachov con Reagan.

El único tratado nuclear vigente para el control de armas nucleares es el “ nuevo START (Tratado de Reducción de Armas Nucleares Estratégicas)” de 2010, que expira en febrero de 2021, pero puede ser renovado otros cinco años.

Trump insiste en incorporar al tratado bilateral del "nuevo START" a China, que no tiene vela en ese entierro y que es muy probable lo deseche debido a su desproporcionada pequeñez frente a los magnos arsenales de Rusia y EU (https://bit.ly/2wz9Ov0).

El zar Vlady Putin ha propuesto extender el “ nuevo START” con EU "sin precondición alguna", a lo que Trump aún no ha dado respuesta porque insiste en incorporar a China (https://bit.ly/2TSivsm).

La trampa de Trump para incorporar a China a un acuerdo bilateral se debe quizá a que fue informado de los resultados de los recientes "juegos de guerra" en los que Rusia y China juntos propinan una paliza a EU (https://bit.ly/39A3ySb).

También la propuesta de Trump comporta una teatralidad electorera cuando desea convocar a una cumbre de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, todos ellos potencias nucleares (https://bit.ly/3cKrAft), lo que de facto asentaría el nuevo orden tripolar del siglo XXI con sus respectivas "esferas de influencia" que evoca en un reciente ensayo Graham Allison –un bizarro pensador híbrido que mezcla en forma forzada y contradictoria a Obama con Kissinger– donde Washington/Moscú/Beijing se reparten el planeta (https://bit.ly/32XGt9H).

Allison comenta que ante un "primer golpe" nuclear de EU, todavía Rusia y China tendrían la capacidad de represalias con un "segundo golpe" que aniquilaría "enteramente" a EU.

Los estrategas rusos vislumbran la "opción política de EU para iniciar un conflicto nuclear", debido a la reciente introducción de ojivas nucleares de “bajo rendimiento ( low-yield)” a su arsenal (https://bit.ly/2W4Lyf1).

Mas allá de los consabidos exorcismos maniqueos/lineales/daltónicos de la barata propaganda de EU con las dos caras de su misma moneda irredentista, sea con republicanos o demócratas por igual, ¿qué tanto conviene a China participar en un acuerdo trilateral?

Son más conocidas las jeremiadas cacofónicas de la propaganda estadunidense, debido a su oligopolio multimediático global, que las preocupaciones de sus "competidores geoestratégicos" cuando Rusia también tiene su propia lista de angustiantes preocupaciones sobre la política irredentista de EU y su amenazante panoplia armamentista: sistemas misilísticos de defensa, armas cibernéticas, armas de desarrollo en el espacio y armas convencionales avanzadas (https://bit.ly/2TM228T).

Un sector estratégico de EU aduce que China puede ser seducida a un acuerdo nuclear trilateral porque le concedería un estatus de superpotencia (https://bit.ly/2VS8BcB).

El mundo del siglo XXI será "tripolar", con sus "esferas de influencia" y "regionalismos geoeconómicos", o no lo será.

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El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan / Reuters

El diálogo para buscar una salida a la escalada militar en la provincia siria de Idlib no ha resultado, pero los contactos continuarán. Mientras, Erdogan amenaza con la contraofensiva, algo que creará el "peor escenario posible" según Rusia, que ya envía refuerzos. 

La tensión en el distrito sirio de Idlib se redobló el miércoles cuando el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, dio un ultimátum al gobierno de Damasco para que detenga de manera inmediata su ofensiva contra las milicias que operan en Idlib. Una acometida, formada en su mayor parte yihadistas radicales, que ha causado desde diciembre más de un millón de refugiados que han huido hacia la frontera turca.

En un discurso ante los diputados de su partido, Erdogan puso la fecha límite de finales de febrero para que el ejército sirio termine con su ofensiva y se retire a las líneas de alto el fuego acordadas en el cónclave de Sochi de septiembre de 2018. De lo contrario, Turquía, que en las últimas semanas ha estado concentrando tropas en su lado de la frontera, adoptará las medidas militares necesarias para desalojar al ejército sirio "cueste lo que cueste". "Es inminente", es "una cuestión de tiempo", recalcó. "Ya estamos en la cuenta atrás y enviando las últimas advertencias".

Turquía y Rusia han estado negociando en los últimos meses una solución al conflicto, si bien las posiciones están alejadas y la negociación no ha dado resultados. En estos momentos tampoco parece que vaya a conseguirse una solución a corto plazo. El acuerdo de Sochi preveía la creación de unos cuantos puestos militares de control turcos dentro de la provincia de Idlib, pero con el reciente avance sirio algunos de esos puestos se han quedado aislados.

El Kremlin por su parte dijo estar dispuesto a seguir negociando, pero subrayó que no está satisfecho con el "incumplimiento" del acuerdo de Sochi por parte de los turcos, especialmente en relación con los "ataques terroristas" de las milicias yihadistas de Idlib contra el ejército sirio y contra las instalaciones militares rusas. El Kremlin calificó una hipotética intervención militar turca en Idlib de "el peor escenario" posible.

"Si estamos hablando de una operación contra las legítimas autoridades de la República Siria y contra las fuerzas armadas de la República Siria, esto sería, por supuesto, el peor escenario" dijo el secretario de prensa del Kremlin Dmitry Peskov.

El ministro de Exteriores Sergei Lavrov insistió en que Turquía debe cumplir su parte del acuerdo y denunció que, transcurrido más de un año desde el cónclave de Sochi, Turquía ha sido incapaz de separar a la "oposición" de las "organizaciones terroristas", tal y como se comprometió. Tanto la "oposición" minoritaria como las "organizaciones terroristas" cuentan el apoyo de distintas potencias extranjeras, regionales y occidentales.

En los últimos días, la diplomacia turca se ha movido en diferentes frentes en busca de apoyo. Los turcos incluso han acudido a la OTAN para recabar su respaldo, pero sus relaciones con los países del tratado atlántico son frías y cuesta creer que estos vayan a salir en defensa de sus aliados turcos creándose un sinfín de problemas.

Turquía y Rusia se preparan para lo peor

Para complicar las cosas, el diario Al Quds al Arabi informó el miércoles, citando fuentes próximas a la base militar rusa de Hmeimim, que en las últimas horas Rusia ha enviado refuerzos militares a la base, una indicación de que Moscú, al igual que Turquía, se está preparando para el peor escenario posible.

Las fuentes revelaron que están llegando pesados y modernos tanques, lanzacohetes, artillería pesada y vehículos acorazados, así como bombas de varios tipos que habitualmente usan los modernos cazas Sukhoi. El rotativo de Londres añadió que también se ha observado la llegada de otro tipo de material militar, incluidos recursos para construir fortificaciones defensivas que podrían ser necesarios en el caso de un rápido deterioro de la situación

Rusia y Turquía comparten muchos puntos de vista e intereses en Oriente Próximo y, a pesar de los movimientos de tropas y de material militar, parece difícil de imaginar un conflicto directo en el que los dos países saldrían perdiendo. Ankara también compra a Rusia material militar avanzado para disgusto de Estados Unidos y la OTAN.

Turquía fue uno de los primeros países en implicarse en el conflicto sirio que se inició en marzo de 2011. Ankara jugó la carta de los Hermanos Musulmanes, que a la postre resultó perdedora, y más adelante apoyó a organizaciones islamistas radicales, algunas de ellas yihadistas, además de a los turcomanos, una minoría que vive en pueblos del norte de Siria.

El precio que ha tenido que pagar por el conflicto es elevado. Por una parte, varios millones de sirios han buscado refugio en Turquía y por otro lado tuvo que vérselas con los kurdos, con quienes alcanzó un considerable punto de tensión por contar estos con el apoyo de Estados Unidos e Israel. En los últimos años Turquía ha tratado de establecer una zona segura en la provincia de Idlib manteniendo vínculos con los yihadistas.

En los próximos días van a seguir los contactos entre Moscú y Ankara, y va a desvelarse si las amenazas de Erdogan son reales o no. En cualquier caso, está claro que la situación en Idlib no volverá a ser la que fue hasta noviembre pasado.

jerusalén

20/02/2020 07:56

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Medio Oriente: guerras, tensiones y acuerdos

El concepto geográfico de Medio Oriente fue cambiando a la par del tiempo histórico. Podríamos decir que esta zona, que recibe su nombre luego de la caída del imperio Otomano, es el punto de encuentro de tres continentes: Europa, África y Asia. En ese espacio conviven cuatro civilizaciones que se transformaron en estados modernos: Turquía, Israel, Egipto e Irán (Persia). Además, es el lugar de origen de las tres religiones monoteísta: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo. Su importancia gravitacional en términos geopolíticos se determina porque es una vía de comunicación del Mar Mediterráneo con el Mar Negro y el Mar Rojo, junto otras rutas marítimas y terrestres con Asia. Su importancia estratégica se debe a la cantidad de recursos energéticos que posee y las capacidades humanas que se manifiestan.

Casi todos los países comparten una religión madre, el islamismo en todas sus acepciones y uno solo el judaísmo con sus matices. El resto de las confesiones cohabitan en diferentes países en pliegues minoritarios.

Luego de la Segunda Guerra Mundial la región ordenó su mapa en distintos países, algunos con una impronta histórica, otros solo en experimentos cartográficos, donde el desafío fue construir una identidad de nación. Cuestión casi ausente en el mundo Árabe de la península Arábiga y en la medialuna fértil, donde hoy continúan conflictos de naturaleza étnica, religiosa, tribal y política. 

También perdura, en la región, otro conflicto invisibilizado que se prolonga en el tiempo: el Kurdistán como territorio y los kurdos como pueblo. El primero abarca una amplia faja de territorio con una población de 36 millones con cultura y lengua (kurdish) propia. Se expande a lo largo de la frontera de Turquía y Siria, atravesando el norte de Irak y llegando a la región caucásica del norte iraní. Estas cuestiones producen enfrentamientos dentro los países involucrados, pero es en Turquía donde la problemática tiene una dimensión mayor porque ahí vive el 45% de la población kurda. 

En este contexto está la presencia de Israel en la región con su tradición religiosa, cultural e institucional diferente si la comparamos con el mapa mayoritario de la zona. Con el paso del tiempo los israelíes mejoraron su posición regional a través de una estrategia que combinó su capacidad militar convencional, buena información para prevenir ataques contra su territorio más el arte diplomático de negociación bilateral con cada uno de los países árabes, comenzando por Egipto, continuando con Jordania y el Líbano. Mantiene una situación de guerra permanente con Siria, sobre todo después que Israel se apoderó, durante la guerra de los Seis Días, de las Alturas del Golán y del Mar de Galilea, reserva estratégica de agua dulce en un espacio desértico. Las virtudes señaladas hicieron del Estado de Israel, tras estar constantemente en el límite del abismo, no solo una potencia regional en todos los sentidos, sino que además hoy se plantea acciones diplomáticas en zonas ajenas a su pertenencia geográfica de modo de intensificar su presencia global. En ese marco regional se presenta como agente diferenciador en materia religiosa, política y económica. Sosteniendo no solo la defensa de los intereses de Occidente, sino también sus valores.

Una realidad objetiva determina que en el Medio Oriente se convive con guerras intra-árabes como las de Siria e intra-religiosas como las de Yemen contra Arabia Saudita, más los conflictos entre palestinos e israelíes en los territorios de Gaza y Cisjordania. La reconfiguración del nuevo escenario de Medio Oriente impone renovar categorías para definir a las naciones relevantes. La nueva geopolítica energética sobre combustibles fósiles define la presencia y retirada de países en la región. La capacidad adquirida sobre las tecnologías del shale oíl por parte de EE.UU, hace más relativa su presencia. Pero Medio Oriente contiene otros actores que influyen donde cada uno es parte del conflicto, pero también necesario para la solución. Las influencias de Arabia Saudita, Israel, Turquía, Irán y Egipto como participes territoriales; la constante resistencia de los pueblos sin estado como los kurdos y palestinos; la renovada presencia regional de Rusia protegiendo el régimen de Bashar al-Asad en Siria y consolidando un alianza con Turquía de enorme importancia geopolítica, hacen de la región el centro gravitatorio del balance mundial. Los intentos para probar una solución pacífica fueron explorados en un sinfín de oportunidades, con algunos buenos resultados temporarios.

En algún momento de su vida política, el ex primer ministro israelí Ben Gurión sostenía que el equilibrio en Medio Oriente se alcanzaría cuando las viejas civilizaciones constituidas en Estados modernos se pongan de acuerdo en una agenda común. En las capitales como Tel Aviv, Ankara, El Cairo, Riad y Teherán están las llaves de la paz. 

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Ni ambición, ni financiación, ni adaptación: las negociaciones de la COP25 se enquistan y todo apunta al fracaso

Los acuerdos de la Cumbre del Clima no llegan y la ONU pospone el plenario final hasta las 9.00 horas del sábado. La intención es la de salvar los puntos más determinantes para la lucha contra el cambio climático.

El escenario que se plantea en la Cumbre del Clima, a unas horas del cierre oficial, es el de un nuevo fracaso del multilateralismo. Tanto es así que las negociaciones cruciales siguen enquistadas y los acuerdos que se vendían al inicio del evento como imprescindibles parecen tan lejanos como imposibles. Aunque la ONU ha prolongado las negociaciones hasta el sábado, la realidad es que en los pasillos de Ifema se empieza a percibir cierta frustración debido al bloqueo constante de algunos países como Australia, Brasil o India en aspectos determinantes. 

"Los ojos de la gente están sobre nosotros, y seguiremos trabajando duro tanto tiempo como sea necesario", ha expresado Andrés Landerretche, coordinador de Presidencia de la COP25, en una rueda de prensa a última hora del viernes, dando a entender que las negociaciones se alargarán más de lo previsto. Lo que no se ha conseguido resolver en dos semanas, se intentará salvar en unas horas o, incluso, a lo largo del fin de semana, tal y como opinan algunos observadores, que ven con pesimismo el cierre de la cumbre.

El desarrollo de un sistema de mercados de carbono, los compromisos para la reducción de emisiones o las dotaciones económicas para la adaptación de los países más vulnerables al cambio climático son algunas de las claves que se tendrán que resolver en las próximas horas o, en el peor de los casos, posponerse para la siguiente cumbre de 2020.

El artículo 6 y los mercados de carbono

El principal escollo de las negociaciones tiene que ver con la creación de herramientas que den sentido al Artículo 6 del Acuerdo de París, un epígrafe con el que se pretende regular las emisiones de gases de efecto invernadero de los estados a través de un mercado de carbono. Se trata de un sistema que permite que los países que superen el tope de contaminación puedan comprar créditos de emisión a aquellos que no estados que sobrepasan los límites establecidos. 

El problema es que hay ciertos vacíos legales que no terminan de solucionarse, como es el caso de la doble contabilidad que permite que tanto el comprador como el vendedor se apunten una reducción de emisiones en cada transacción, lo cual hace que la herramienta carezca de sentido.

Según han compartido con los medios algunas organizaciones medioambientales y representantes del ámbito empresarial, el Artículo 6 no ha presentado ningún avance debido al bloqueo constante de Australia, Estados Unidos, India y Brasil, que mantienen una visión muy laxa de esta herramienta de control de emisiones, frente la postura, más ambiciosa, de la Unión Europea.

Adaptación y compensación de emisiones

Por otra parte, se plantean pocos avances en el diseño de un mecanismo de adaptación para los países más vulnerables al cambio climático. Según fuentes de la negociación, las trabas tienen que ver con cómo hacer que un porcentaje de los fondos de carbono se destine a la implementación de ayudas y planes de mitigación en los países que más sufren las consecuencias de la crisis climática. 

Lo mismo ocurre con la dotación de fondos para el Green Climate Fund al que los estados desarrollados se comprometieron a destinar una partida presupuestaria para garantizar que los países más empobrecidos puedan tejer mecanismos de resiliencia y adaptación al cambio climático. 

En este punto de las negociaciones, las discrepancias polarizan los plenarios en dos bloques: países desarrollados y países en desarrollo, quienes piden más esfuerzos a los gobiernos más poderosos.

Ambición

La presión social del último año y las advertencias de la ciencia llevaron a algunos países a anunciar, al inicio de la cumbre, que tratarían de aumentar su ambición climática y sus compromisos para reducir sus emisiones durante la COP25. De está forma, el camino se allanaría de cara a 2020, año en el que los países deberían haber presentado de manera oficial sus compromisos para la descarbonización de la economía.

Pero, según explican fuentes de la negociación, la realidad es que el bloqueo también ha llegado a este punto de las negociaciones, ya que hay determinadas delegaciones que se acogen a la literalidad del Acuerdo de París y reclaman que se posponga a 2023 la actualización de las Contribuciones Determinadas Nacionalmente (NDC), que no son otra cosa que las hojas de ruta que cada estado maneja para conseguir descender sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Por el momento tan sólo 73 países se han comprometido a mejorar en 2020 sus promesas de reducción de emisiones. España, por su parte, se ha comprometido a iniciar un proceso interno para presentar en ese mismo año sus compromisos climáticos. 

Plan de Acción de Género

La cita de Madrid se presentaba crucial para rediseñar el Plan de Acción de Género (PAG) que se aprobó por primera vez en la COP23 de 2017. Durante toda la cumbre, este punto ha contado con un bloqueo absoluto por parte del Grupo Africano. Sin embargo, el diálogo ha permitido que el plenario apruebe este viernes el documento, incluyendo todas las demandas de la sociedad civil. Esta es, quizá, una de las pocas noticias positivas del encuentro de Madrid, en tanto que se permitirá que la perspectiva de género se integre dentro de las políticas climáticas globales.

MADRID

13/12/2019 22:30 Actualizado: 14/12/2019 08:27

Por ALEJANDRO TENA

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 18 Agosto 2019 05:58

China y EEUU, ¿rivales o enemigos?

China y EEUU, ¿rivales o enemigos?

Hace un mes, el general Mark A. Milley afirmó que China será el principal rival de Estados Unidos para ‎los próximos 50-100 años. Lo hizo ante el Comité de Servicios Armados del Senado por ser el candidato de Trump como ‎próximo jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el oficial militar de mayor rango de las Fuerzas Armadas y principal asesor militar del Presidente. Milley fue cuidadoso en definir a China no como ‘enemigo’ sino como ‘competidor’, porque “el término ‘enemigo’ significa ‘estar en guerra’ y “queremos paz, no guerra, con China”. Concluyó afirmando que “algún historiador en 2119 va a mirar hacia atrás en este siglo y escribir un libro y el tema central de la historia será la relación entre Estados Unidos y China”.

Sin embargo, calificar de ‘rival’ puede no ser suficiente para evitar romper la paz si continúa agravándose la guerra comercial entre ambos. Si en lugar de avanzar 100 años a 2119 se retrocediera un siglo, las palabras vertidas por el entonces Presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson, el 5 de septiembre de 1919, al fin de la Primera Guerra Mundial, podrían servir de guía para las posibles consecuencias de una guerra comercial intensificada:

“Si cada nación va a ser nuestro rival (…) si decimos: ‘[E]stamos en este mundo para vivir solos y obtener lo que podamos de él a través de cualquier manera egoísta’ (…) ¿qué habremos obtenido? ¿Paz? Pero, mis conciudadanos, ¿hay algún hombre aquí o alguna mujer, déjenme decir hasta hay algún niño aquí, que no sabe que la semilla de la guerra en el mundo moderno es la rivalidad industrial y comercial?”

Wilson batallaba para que su país apoyara su proyecto de Liga de las Naciones que consideraba traería paz al mundo en base a su perspectiva liberal. No sería el caso; el Senado se lo negaría. No obstante, después de la segunda guerra mundial cobraría existencia como Naciones Unidas. Sería el inicio de lo que se entiende que fue la propuesta del Orden Liberal que EE.UU. ofrecería al mundo en contraposición al proyecto soviético. La caída de la URSS en 1991 marcaría el triunfo y la consagración del modelo liberal. Pero EE.UU. continuó procurando ‘rival-enemigo’: “la desaparición de la Unión Soviética dejó un gran agujero. La ‘guerra contra el terror’ fue un reemplazo inadecuado. Pero China cumple todos los requisitos” sostuvo, el 4 de junio pasado Martin Wolf, en su artículo “El inminente conflicto de 100 años entre Estados Unidos y China” en el Financial Times.

En estos momentos es su actual presidente Donald Trump el que es percibido como quien más está desmantelando ese orden liberal que hace tres décadas festejara su triunfo. Contra el alerta de Wilson, Trump procura reformar el mundo atropellando cualquier obstáculo a su egoísta cruzada cuyo único contenido es “América Primero”. Mientras la visibilidad mayor a la oposición a esta pretensión es el conflicto económico-comercial con China, el trasfondo geopolítico más profundo contiene también a Rusia como rival del país norteamericano.

Recientemente The Economist destacó que China y Rusia vienen profundizando lazos en su rivalidad en común contra EE.UU. El presente encuentro de estas dos naciones cuya rivalidad entre sí resultó clave para el fin de la Unión Soviética, luego de que Richard Nixon y Mao retomaron relaciones en 1971, es producto de lo que entiende Peter Conradi, entre varios autores, es el surgimiento de una nueva Guerra Fría. Por eso afirma: “Así como Estados Unidos se convulsionó con la pregunta de ‘¿Quién perdió a China?’ después de la victoria del presidente Mao sobre los nacionalistas en 1949, ahora debemos preguntarnos: ‘¿Quién perdió a Rusia?’”.

The Economist afirma que “hay diferencias cruciales entre el resentimiento de hoy y el combate mortal del pasado. Una es que la guerra fría fue una lucha sobre cuál modelo representaba el futuro para el mundo. La confrontación de hoy rechaza la idea de cualquier futuro singular. Rusia y China justifican su autoritarismo en base de la diferencia civilizatoria. No afirman que sus valores son universales; no aceptan los valores occidentales como tales”. Efectivamente, China y Rusia no sostienen que sus civilizaciones son portadoras de valores universales de la humanidad, sino solamente propios. Pero bajo esta postura, cuestionan que los valores de la civilización occidental lo sean. Así, en sus visiones, la calificación de The Economist de denominar sus sociedades de ‘autoritarias’ constituye un acto hipócrita occidental para imponerse sobre ellos. Por ejemplo, luego de la última matanza provocada por quien se identificó como parte de la supremacía blanca, China Radio International afirmó:

“Estados Unidos ha utilizado durante mucho tiempo los derechos humanos como un medio de presionar a otros países. Siempre que no esté satisfecho con algún país, publicará un informe de derechos humanos de ese país. Sin embargo, debe reflexionar sobre su propia situación de derechos humanos antes de criticar a otros países. Para muchos estadounidenses no blancos, el ‘sueño americano’ es en realidad una ‘pesadilla estadounidense’, ya que la supremacía blanca y la incitación al odio se han vuelto tan rampantes en el país”.

Por su parte, en abril, Russia Today objetó a Time su nota “El otro complot de Rusia” afirmando que “aparentemente trata sobre la construcción que hace Rusia de un ‘imperio de estados amorales’ en todo el mundo, pero en verdad esta común diatriba es en realidad una propaganda audaz para la política exterior de Estados Unidos y sus guerras para cambiar regímenes”. Más recientemente, denunció a la prensa occidental por su xenofobia, mencionando un “artículo reciente del New York Times que afirmaba que la corrupción está en el ‘ADN’ ruso y que compartir ‘no es la forma rusa’. Antes de eso, estaba James Clapper, ex Director de Inteligencia Nacional de EE. UU., diciéndole a NBC que los rusos están ‘impulsados genéticamente’ para mentir y engañar”.

La cuestión de ‘haber perdido Rusia’ hace referencia a que, tras la URSS, Boris Yeltsin inició un enamoramiento con Occidente liderado por su Canciller Andrey Kozyrev. Rusia pasó a adoptar instituciones occidentales y recomendaciones del FMI y de EE.UU. para convertirse en una ‘economía de mercado’. Pero también pensaba que sería incluida en sus pactos internacionales, como OTAN y la Unión Europea. Habiendo experimentado sucesivos rechazos, el mismo Kozyrev anunciaría el fin de la luna-de-miel con occidente. Tras la crisis de 1998, su sucesor Andrei Primakov, retoma una visión geopolítica en la política externa y anuncia el interés de acercarse a China e India. Para ese año, en el que entra políticamente en escena Vladimir Putin, el PBI ruso se había reducido al 71% del de 1992. Su tasa de mortalidad se disparó y redujo su población en 6 millones de personas en 10 años, la mitad debajo de la línea de pobreza. Rusia pasó a considerar que, más allá de sus deseos, occidente no tenía interés en incorporarla, y asumió una postura anti-occidental. La expansión de la Unión Europea y de la OTAN, incorporando países que eran de la Unión Soviética mientras se la excluía, pasó a ser entendido como un plan occidental de asfixiarla.

Para The Economist, la fortaleza de la alianza sino-ruso es puesta en duda por causa de los históricos deseos rusos, iniciados por Pedro ‘El Grande’ en el siglo XVII, en pertenecer al mundo occidental, a diferencia de China. Queda, así, en observar el ímpetu de esta identificación no-occidental entre ambos. Principalmente porque, como la publicación destaca, existe una gran diferencia de poder económico en favor de China. Además, el proyecto chino de la ‘Nueva Ruta de la Seda’ extiende su zona de influencia sobre Asia central que The Economist denomina ‘tradicional patio trasero ruso’.

Por eso apuesta a que ese carácter subalterno, ‘socio junior’, tarde o temprano empujará otra vez a Rusia a mirar hacia el oeste. En ese momento afirma que quien sea presidente de Estados Unidos deberá emular lo que hizo Nixon en 1971, cuando retomó las relaciones con Mao, quebradas desde su Revolución Comunista en 1949, y viajó a Pekín, dando un golpe fundamental a la URSS. En este caso, dice The Economist, el presidente de EE.UU. debería viajar a Moscú...

Sería la repetición de una jugada geopolítica que fue triunfal pero que en nada estuvo relacionada con valores liberales civilizatorios. No obstante, sí sería un paso lógico de parte quien está viendo cada vez más, no como rival, sino como ‘enemigo’ a China dentro del comercio liberal en la opinión de Wolf. Por eso concluye: “La ideología de China no es una amenaza para la democracia liberal como lo fue la Unión Soviética. Los demagogos de derecha son mucho más peligrosos”.

Por Andrés Ferrari Haines, profesor de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Brasil. @Argentreotros

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