La venta de armas en EU creció durante la pandemia, de acuerdo con los Centros de Control de Enfermedades y Prevención.Foto Afp

Nueva York. Las muertes por armas de fuego alcanzaron la cifra más alta jamás registrada en Estados Unidos durante 2020, con un incremento de 35 por ciento en homicidios, cantidad no reportada desde 1994, reportaron los Centros de Control de Enfermedades y Prevención (CDC), principal autoridad federal sobre salud pública.

Más de 45 mil personas murieron en incidentes relacionados con armas de fuego durante el primer año de la pandemia. "Este es un incremento histórico", declaró Debra Houry, subdirectora de los CDC, al divulgar los datos en conferencia de prensa.

Aunque más de la mitad de las muertes por armas de fuego son suicidios, ese número se mantuvo casi igual en 2020, comparado con 2019. Pero fue el dramático incremento de homicidios con armas de fuego lo que elevó el total a niveles sin precedente.

Según los CDC, 79 por ciento de los homicidios y 53 por ciento de los suicidios estaban relacionados con armas en 2020. Excluyendo los suicidios, más de 19 mil personas murieron por balas en 2020, comparado con las más de 14 mil del año anterior.

Los CDC indicaron que las estadísticas demuestran "amplias disparidades" donde los homicidios con armas de fuego afectaron más a comunidades pobres, y sobre todo a jóvenes afroestadunidenses. A la vez, los homicidios por armas se incrementaron entre gente de todas edades, razas y género, y tanto en ciudades como zonas rurales en todas las regiones del país.

Los afroestadunidenses sufrieron más que cualquier otro segmento con un incremento de 40 por ciento en la tasa de homicidios, sobre todo los jóvenes; entre indígenas del país hubo un incremento de 27 por ciento y de casi 26 por ciento entre latinos, y 28 por ciento entre blancos. El único grupo donde hubo una reducción fue entre los asiático-estadunidenses, según las cifras de los CDC.

El incremento en muertes por armas de fuego está relacionado con la venta acelerada de armas en el país, con estadunidenses comprando armas más de lo normal al ampliarse la pandemia en 2020 y 2021, de acuerdo con los CDC (ver el informe: https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/71/wr/mm7119e1.htm?s_cid=mm7119e1_w).

Es el incremento anual en homicidios por armas más grande en la historia moderna del país, indicó el Centro para Soluciones de Violencia de Armas de la Universidad Johns Hopkins. "En 2020 se perdieron casi 5 mil vidas más en homicidios con armas que en 2019".

Las armas fueron la causa principal de muerte entre niños y adolescentes en 2020, tomando más vidas que el covid-19, accidentes automovilísticos o cáncer” para los menores de edad, afirma un informe de ese centro (https://publichealth.jhu.edu/2022/new-report-highlights-us-2020-gun-related-deaths-highest-number-ever-recorded-by-cdc-gun-homicides-increase-by-more-than-one-third).

Expertos e investigadores no han identificado las razones del incremento de la violencia, y sobre todo de los homicidios con armas de fuego en los últimos dos años, pero algunos señalan que la pandemia exacerbó muchas condiciones prexistentes, sobre todo en algunas comunidades más marginadas, que han elevado el nivel de violencia, incluyendo factores como la desigualdad económica y condiciones de pobreza, comentaron los CDC.

Otros sugieren que la polarización política en el país, ira contra la violencia oficial y el racismo sistémico, y la expresión más explícita de agrupaciones armadas, sobre todo las derechistas, han cultivado mayor violencia.

Los estadunidenses se matan entre sí con armas 25 veces más que otros países desarrollados, señala el centro Brady Campaign to Prevent Gun Violence.

La razón más citada por los que adquieren armas de fuego es la defensa individual, pero investigaciones de los últimos años confirman que en los hogares que tienen armas se incrementa de tres a cinco veces el riesgo de homicidio y suicidio.

Se calcula que hay más armas en manos privadas en Estados Unidos que población –de hecho, 120.5 armas por cada 100 residentes–, más de 390 millones, según cifras de 2018 por el Small Arms Survey. El Brady Campaign calcula que uno de cada tres adultos en Estados Unidos es dueño de un arma.

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Un hombre recibe una vacuna de refuerzo contra la covid-19 en Ciudad de México. — Sáshenka Gutiérrez / EFE

Pfizer estima que durante 2022 ingresará casi siete millones menos que en el año anterior por las dosis y Johnson & Johnson rehúsa ofrecer sus perspectivas de ventas debido al "excedente mundial de la oferta y la incertidumbre de la demanda".

La época dorada para los fabricantes de vacunas contra la covid-19 parece llegar a su fin. Con casi un 65% de la población mundial inoculada con al menos una dosis del fármaco, la caída de la demanda ya se nota en las previsiones de las grandes farmacéuticas, que durante el 2021 duplicaron los beneficios de todo el sector en años anteriores a la pandemia.

Y es que Pfizer, BioNTech, Moderna, AstraZeneca y Johnson & Johnson cerraron el último ejercicio con 65.600 millones de euros facturados gracias a la venta de viales de la vacuna contra el coronavirus, según informó El País. Unos números que quedan lejos de los esperados para este 2022. Pfizer estima que durante 2022 registrará unas ventas de 32.000 millones de dólares solo por la venta de su vacuna mientras el dato obtenido el año anterior fue de 36.781 millones.

Por su parte, Johnson & Johnson, la encargada de fabricar la vacuna Janssen ha anunciado este martes un beneficio neto de 5.149 millones de dólares en el primer trimestre de 2022, un 16,9% menos que los 6.197 millones del mismo periodo del año anterior. Así, Johnson & Johnson ha reducido sus perspectivas de ingresos globales para 2022 en torno a mil millones de dólares.

La multinacional estadounidense además dejará de ofrecer sus perspectivas de venta de su vacuna contra la covid-19 a debido al "excedente mundial de la oferta y la incertidumbre de la demanda", aunque sí que ha informado de que en los primeros meses del año se embolsó 457 millones de dólares por la venta de sus viales.

Polonia no aceptará ni pagará más dosis

El ministro de Sanidad polaco, Adam Niedzielski, ha anunciado este martes que Polonia no aceptará ni pagará más dosis de la vacuna contra la covid-19. "A finales de la semana pasada hicimos uso de la cláusula de fuerza mayor e informamos tanto a la Comisión Europea como al principal productor de vacunas de que nos negamos a aceptar estas vacunas por el momento y también nos negamos a pagar", ha explicado el miembro del Ejecutivo polaco. 

La negativa del Gobierno polaco a seguir adquiriendo viales anticipa, en palabras del titular de Sanidad, "un conflicto legal que ya está teniendo lugar". La causa: Polonia no puede rescindir directamente el contrato de suministro de vacunas, ya que las partes de los contratos son la Comisión Europea y los fabricantes de las vacunas. 

El valor del contrato para el suministro de vacunas a Polonia, cuyo mayor proveedor es Pfizer, hasta finales de 2023 asciende a más de 6.000 millones de zloty, unos 1.400 millones de dólares, de los cuales más de 2.000 millones corresponden al suministro en 2022, según recoge Reuters

El país ha registrado una menor aceptación de las vacunas que la mayor parte de la Unión Europea. En concreto, el 59% de la población ha sido vacunada con dos dosis y el 31% ha recibido una vacuna de refuerzo. Mientras, en España, el 82,3% de la población total en tiene la doble dosis. Esto ha generado un excedente de viales, parte de los cuales ya se han vendido o donado a otros países.

19/04/2022 21:43

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Sábado, 25 Diciembre 2021 07:28

MÁS LEÍDO 2021: Con brillo en los ojos

Graciela Gómez (Cortesía de la autora)

Como un tsunami, todo sucede ante nuestros ojos y con estupor pero no alcanzamos a reaccionar y la avalancha nos lleva hacia donde sus energías decidan; pataleamos, intentamos nadar para no ser llevados a las profundidades pero poco logramos. Nos hundimos, resistimos y el esfuerzo de todo nuestro cuerpo finalmente permite que flotemos. Ahí estamos, exhaustos, con la cabeza que de nuevo logra inhalar aire y así los agotados pulmones descansar; aguantamos, observamos, vamos llevados por el oleaje al tiempo que reflexionamos sobre qué hacer, sobre cómo impedir que las olas den cuenta de nuestra humanidad y al final logramos que la marea nos arroje a la orilla.


Con el covid-19, así estamos, como náufragos pero vivos. Aún.


Las aguas bajan un poco su potencia pero los vientos golpean ahora con fuerza, barriendo todo aquello que ha quedado fracturado. Casi desnudos, buscamos un refugio donde aguantar; nos protegemos; a los días, maltrechos, nos atrevemos a salir y reconocer el entorno. Observamos y comprobamos que hasta lo que considerábamos que resistiría el azote de los más fuertes huracanes está por el piso. Toca (re)construir todo –pensamos–, es un reto inmenso, pero hay que asumirlo, es la realidad. Ahora, sin tiempo que perder, corresponde levantar sobre nuevos cimientos lo derruido, sin contemplaciones, sin añorar las ruinas que van pisando nuestros pasos; construir, más que reconstruir, sobre nuevos planos, desechando los hasta hoy plasmados, fundir nuevas estructuras con la forma, cuerpo y dinámica dibujadas por los sueños de quienes estaban obligados a soportar como lastre lo antes existente.


Aguantamos. El estupor continúa acompañándonos pero no nos impide detallar el entorno ni ir comprendiendo lo que sucede. Estamos solos pero sabemos que contamos con una oportunidad para salir de la catástrofe: debemos buscar a otras muchas personas que con seguridad también han sobrevivido, debemos unir fuerzas y como sociedad impedir a toda costa quedar aislados, debemos pensar y actuar como comunidad, nunca más como simple individualidad, centrados en nuestros cortos intereses y necesidades, y así diseñar con todas las manos e imaginaciones la sociedad que queremos y la manera de hacerla realidad.


La oportunidad es única, pensamos, a pesar del dolor que nos aflige, en medio del marasmo al ir encontrando a nuestro paso, lento y temeroso, los cuerpos de familiares, amigos, conocidos y otros que no contaron con la fuerza corporal suficiente para salir airosos de este trance. Antes ya habían fallecido otros más al verse huérfanos de una verdadera red pública de salud que nos atendiera a plenitud. Las estructuras derruidas no nos causan pesar; su destrucción nos permite observar sin barniz alguno cómo estaban construidas, detallando los materiales usados en su estructuración, y de esta manera comprobar que estaban edificadas para servir los intereses de unos pocos y, por tanto, para el desfavorecimiento de los más. Es cierto: no hay pesar por la estructura en ruinas, pues su peso y su forma en realidad nos ahogaba, nos oprimía, nos negaba, impidiendo el encuentro social.


Continuamos el pausado recorrido, tropezando aquí y allá con bloques de cemento que nos obligan a retroceder y buscar otra ruta. En uno y otro lugar de nuestro recorrido, debemos vadear grandes pozos repletos de agua, así dejados por las furibundas aguas que batieron todo a su paso. Seguimos y vamos ganando claridad en nuestra mente. Nos llegan recuerdos no lejanos que nos permiten percatarnos de que ahora estamos ante la destrucción pero que en realidad, desde hace algún tiempo, los embates de grandes vientos estaban fracturando todo aquello que creíamos eterno.


En efecto, pensamos que el tsunami llegó con mucha fuerza, pero su destructora labor fue favorecida, con anterioridad, por fuertes vientos, temblores que no llegaban a terremotos, inundaciones propiciadas por ríos salidos de su cauce, derrumbes de cuerpos montañosos que fracturaron carreteras y puentes. En fin, hubo un antes que posibilitó la destrucción que paso a paso seguimos contemplando.


El covid-19, sí, la pandemia, pero desde antes nuestra estructura social estaba conmovida en todos sus entretejidos. Nuevas tecnologías estaban horadando la cotidianidad, así como el uso de nuevos materiales bioquímicos, biogenéticos; como otros que fueron dándoles vida a nuevas técnicas, en muchas ocasiones microscópicas, y con ellas permitiendo la irrupción de fenómenos comunicativos, novísimas formas de entrelazarnos y organizarnos como cuerpo social, en tiempo real, concentrando en un solo dispositivo que antes obligaba a la existencia de múltiples aparatos. La transformación del planeta –que antes nos parecía inmenso– es de tal magnitud que ahora la Tierra llega a nuestras retinas como una aldea.


Todo ello acontecía ante nuestros seres. En realidad, estábamos zarandeados en todas nuestras estructuras, mareados por la intensidad de lo que ocurría, pero nos aferrábamos a supuestas seguridades para no caer. Mas los efectos de todo ello ya habían roto, por ejemplo, el mundo del trabajo, arrojando al desempleo a millones de personas, desde entonces desnudos, viviendo a la intemperie y tratando de sobrevivir por cuenta propia, sin la protección de una institucionalidad que les permitiera incorporarse a otras formas de hacer y ser. El individualismo impuesto por el modelo social, económico, cultural, político, que imperaba (y así continuará siendo a pesar de las ruinas, siempre y cuando no encuentre sus sepultureros), solo les brindaba esa opción.


Es cierto, pensamos: en el pasado inmediato hubo una estructura de dominio que facilitó la destrucción que contemplamos. Fueron años durante los cuales fuertes vientos y lluvias, en ocasiones torrenciales, ablandaron todo, obligándonos incluso a cambiar partes no despreciables de nuestra cotidianidad, trabajando, por ejemplo, más de las ocho horas/día, corriendo de un trabajo a otro en el afán de reunir unos pesos más con los cuales cubrir de mejor manera la precaria existencia, sin derecho al goce ni la contemplación, unos pesos más para ponernos al día con el sistema financiero y así continuar en la burbuja de tener más de lo posible, resuelto todo ello individualmente, sin una institucionalidad común que nos abriera un horizonte colectivo, eficiente y de calidad para resolver lo fundamental: salud, educación, vivienda, alimento, transporte, recreación. El mensaje era claro: debíamos cambiar la forma de vivir y edificar un tipo de sociedad acorde con los cambios en marcha. En el viejo recipiente que teníamos ya no cabía el cuerpo que ahora había tomado forma.


Era aquella una decisión que para muchos no resultaba consciente; simplemente era el dejarnos llevar por la fuerza de la costumbre, la misma que aprovechaba el poder dominante, que controla, diseña y construye la estructura social que tenemos; que sí aprovechaba todos los cambios tecnológicos, producto de una nueva revolución industrial en marcha, la cuarta, para ahondar su potencial, su capacidad de dominio y de sometimiento, y con ello de control social.


La memoria va ubicándonos en su justo lugar. Caminamos, tratamos de no parar para que el frío y la humedad que cubre nuestro cuerpo no nos atrofie hasta destruirnos; sentimos el afán de nuestros órganos digestivos y sabemos que es necesario encontrar alimento para responder a su demanda, pero proseguimos, caminamos y vamos pensando.


En efecto, la destrucción venía desde antes, así como las tecnologías que permitían vigilarnos y controlarnos sin necesidad de otros miles de policías, uniformados o de civil; el registro era permanente y constante el fichaje. Ya nos habían advertido de ello Julian Assange, Edward Snowden y Chelsea Maninng.


Sorprendente todo ello. Habíamos perdido la privacidad, incluso la libertad, pero nada nos parecía anormal; hasta allá había llegado el potencial de lo que por décadas considerábamos un monstruo por batir, el Estado, cada día más interiorizado por la mentalidad colectiva en sus múltiples mecanismos; así como estaban interiorizados en sus variadas manifestaciones el poder y su microfísica. El dominio cada día era más sutil, y el covid-19 desató reacciones y formas de sobrevivir que multiplicaron en mucho lo que ya estaba en curso. El poder se hacía más asfixiante.


No podemos negarlo. Vivíamos ahogados, renunciando a derechos fundamentales que apenas unas décadas atrás habían movilizado a millones para su logro y su posterior defensa, con no pocas personas que habían brindado su vida para hacerlos realidad, y sin embargo el poder ahora los pisoteaba en múltiples formas, sin suscitar la reacción que se suponía despertaría.


¿Cómo había sucedido aquello? Tal vez la atomización social, estimulada por las formas que de modo lento pero con constancia habían adquirido nuestras ciudades –con sus barrios de otrora, territorios de encuentro y entrelazamiento social, transformados en conjuntos residenciales, sin memoria de lucha por el derecho a la vivienda, por un espacio público común, por servicios públicos de calidad–, lo habían favorecido; pero también la transformación de los parques y plazas, antes espacios de encuentro e intercambio humano y comercial, ahora convertidos en simples sitios de paso, reemplazados en sus funciones por esos no lugares llamados centros comerciales. Tal vez todo ello, además de otros muchos cambios, como los vividos en las fábricas que antes concentraban cientos e incluso miles de obreros, facilitando su encuentro y organización para plantar cara a la patronal y al gobierno por mejores salarios, por la reducción de la jornada de trabajo, por salario mínimo, por estabilidad laboral, por ejemplo.


Pero también las transformaciones vividas en el mundo de la cultura y que finalmente encerraron a cada cual ante la pantalla de televisión, ahora sin una fuerte oferta pública y sí privada, y luego ante la pantalla de la computadora, y tras pocos años ante la del móvil, tal vez todo ello y otros muchos sucesos que fueron presentándose e imponiéndose poco a poco, gota a gota, llevándonos a ser simples consumidores, facilitaron que la llegada de ese tsunami covid-19 arrinconara a la sociedad pero sin lograr que la misma comprendiera que, para evitar la aparición de nuevos tsunamis, está ante el indispensable reto de construir un cuerpo social totalmente diferente del aún existente, con fuertes diques que permitan el fortalecimiento de lo colectivo, la preeminencia de lo público no estatal, el reencuentro y el convivir con la naturaleza, el sentir y obrar a favor del conjunto humano, integrado como cuerpo, sin permitir que unos pocos dominen y amasen lo que es de todos pero que ellos han logrado apropiárselo, privatizándolo.


Caminamos. Para evitar la hipotermia, nos movemos en todo momento, también para distraer los afanes digestivos que a cada instante nos hacen sentir sus lamentos. Los recuerdos nos dan vuelta en la mente, el impacto de lo que seguimos viendo a nuestro paso nos permite confrontar pasado y presente, y pensar el hacer inmediato para un futuro indispensable.


Nos preguntamos ¿Es posible construir lo nuevo sin dar cuenta del pasado? ¿Cómo erigir las nuevas formas sin hacer común lo que hasta ahora nos fue arrebatado por el Estado, por un lado, pero por otro por los grandes conglomerados, por ejemplo, aquellos dedicados a la agricultura, al procesamiento y la comercialización de alimentos, a las farmacéuticas, a las comunicaciones?


¿Cómo lograr que la sociedad toda, que esos cientos y miles que hemos ido encontrando a nuestro paso, también confundidos, dolidos, desorientados, acepten la necesidad de discutir y decidir de manera colectiva cómo levantar nuevas estructuras sociales que sí protejan y velen por la totalidad que somos, sin permitir que unos pocos amasen fortunas que son, incluso, más de lo que pueden reunir y poner a su servicio cientos de millones de personas?


¿Cómo actuar sin renunciar a las nuevas tecnologías, a su potencial para hacer que la vida sea más llevadera, pero sin que la privacidad sea burlada por intereses particulares y supuestamente públicos que dicen protegernos? ¿Cómo hacer de verdad colectivos los múltiples saberes de la humanidad ahora privatizados, memoria colectiva de siglos de evolución, representados en formas de trabajar la tierra, en semillas que son la vida y la posibilidad de la diversidad, en la forma de procesar alimentos y de alimentarnos, sin perder el gusto por la diversidad de olores y sabores?


¿Cómo protegernos entre todos sin que alguien haga de la necesidad un negocio? ¿Cómo ser y vivir a plenitud, dejando a un lado el deslumbre por lo pasajero y superficial?


Los interrogantes van apareciendo con mayor frecuencia a medida que el encuentro con otros va dando paso al intercambio de ideas. Por unos minutos dejamos de caminar, tomamos asiento sobre pedruscos de irregular forma y compartimos ideas, lloramos por lo sufrido, pero nos regocijamos porque la vida deberá ser diferente. Soñamos, sabemos que no será fácil, que el peso de la costumbre es un lastre inmenso por superar, pero igualmente los infinitos canales de control y dominio que la vieja estructura, así esté en ruinas, tiene, controla y continúa afinando.


Los vientos bajan su intensidad, aunque no su silbido lastimero que por momentos despierta pánico en todo nuestro ser, trayendo un eco que nos hace temer por nuestras vidas, templando las fibras más íntimas del ser, motivando el aislamiento para de manera individual buscar solucionar lo que solo puede ser resuelto por la vía colectiva. “O todos o ninguno”, así lo había dicho hace décadas el poeta*.


Retomamos el camino. El frío no nos abandona, tampoco la incertidumbre, nos sentimos huérfanos, pero ya tenemos brillo en los ojos.

*Brecht, Bertolt, “O todos o ninguno”,
http://www.las2001noches.com/n145/

 

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Domingo, 07 Noviembre 2021 05:15

Agronegocios contra el clima

Agronegocios contra el clima

En el marco de la COP26 sobre clima, Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos, dos países con grave culpa por el caos climático, anunciaron su nuevo plan para la agricultura y alimentación mundial. México se sumó, gracias al secretario de Agricultura Víctor Villalobos, atento a promover actividades contaminantes en favor de las trasnacionales de agronegocios.

Llamado Misión de Innovación Agrícola para el Clima, (AIM4C, por sus siglas en inglés), el plan fue anunciado por Joe Biden el 2 de noviembre. Tiene más de 70 socios entre grandes empresas trasnacionales, como Bayer, Basf, Syngenta, PepsiCo, junto a la asociación global de las empresas de agrotóxicos Croplife, la asociación global de la industria biotecnológica BIO, la fundación Bill y Melinda Gates, el Foro Económico Mundial (Foro de Davos), además de países que le dieron su apoyo como México y Brasil. Los mayores causantes del caos climático y la devastación ambiental, social y económica en agricultura y alimentación ven este plan como un jugoso negocio.

Según Tom Vilsack, secretario de Agricultura de EU, ya cuentan con inversiones por 4 mil millones de dólares para relanzar el concepto de "agricultura climáticamente inteligente". Se refieren ahora a una nueva ola de digitalización, alta tecnología y robotización agrícola y de distribución alimentaria, a semillas, animales y microorganismos transgénicos, producción de carne sintética en laboratorio, así como mantener el alto uso de agrotóxicos, pero "administrados" con plataformas digitales e inteligencia artificial.

Esta batería de nuevas tecnologías digitales, robóticas y biotecnológicas apuntan a consolidar la pesada entrada de los titanes tecnológicos, como Microsoft, Amazon, Google y Facebook en agroalimentación, en acuerdos con los de agronegocios como Cargill, Bayer y John Deere para lograr mayor control de las actividades de las y los agricultores y trabajadores, así como una visión panorámica de territorios y recursos, desde sus drones y satélites.

El 4 de noviembre, la red global Climate Action Network (CAN), que reúne a mil 300 organizaciones, le otorgó a este proyecto el "Premio Fósil del Día", que se entrega en la COP26 a quienes aumentan el caos climático o impiden enfrentarlo. El texto que acompañó el irónico premio expresa “¿Creía Joe Biden que (...) no nos daríamos cuenta de que es un ardid para reformular la agricultura industrial y las tecnologías disruptivas como acción climática? Está clarísimo que es todo lo contrario y va en contra de cualquier principio de justicia, desarrollo sostenible y seguridad alimentaria. Este "regalo" de Biden a la COP26 es parte de una estratagema para excluir a los agricultores de la agricultura y sustituirlos por robots, semillas editadas genéticamente y aumentar las ganancias en tecnología para sus compinches de Silicon Valley”.

Sol Ortiz, enviada de Sader a la COP26, defendió por años los intereses de Monsanto, Syngenta y afines como anterior secretaria ejecutiva de la comisión de bioseguridad. Aunque fue retirada de ese cargo, tomando en cuenta su desempeño en favor de las trasnacionales y los transgénicos, así como por haber obstruido las consultas a los pueblos indígenas que defienden la apicultura y las abejas contra la contaminación tóxica en la Península de Yucatán, el secretario Villalobos la recuperó para los intereses del agronegocio y la impuso directora de Atención al cambio climático y de la Estrategia nacional de polinizadores (!) dentro de la Sader. En su primer día de intervenciones en la COP26, Ortiz aseguró que México apoya esa "agricultura climáticamente inteligente".

Paradójicamente, el proyecto AIM4C en el que se ha embarcado a México sin consultar a las y los campesinos, intenta hacer creer que va hacia un sistema agroalimentario con menores emisiones de carbono. Por el contrario, además de mantener las emisiones de gases de efecto invernadero por el alto uso de agrotóxicos derivados de petróleo, de metano y otros gases causados por los fertilizantes sintéticos, las actividades "digitales", la captura de datos, almacenamiento y procesamiento en nubes informáticas, además de generar mayor dependencia de los agricultores, demandan una monstruosa cantidad de energía.

Por ejemplo, informa el grupo ETC, Bayer-Monsanto presume tener actualmente más de 69 mil millones de datos tomados de sus aplicaciones agrícolas –por cuyo uso cobra a los agricultores, aunque se apropia de su información. La empresa estima que los sensores en equipos de cosecha recogen hasta 7 Giga bits de datos por hectárea. Un cálculo aproximado indica que para ello, solo en campos de maíz en Estados Unidos se gastaría 3 mil 300 millones de kilovatios/hora (es decir, 3.3 teravatios/hora), equivalente al consumo anual de electricidad de una nación como Senegal. Y ésto es sólo una empresa, actualmente todas las trasnacionales de agrotóxicos, semillas, fertilizantes, maquinaria, junto a las grandes tecnológicas venden sus plataformas digitales agrícolas (https://tinyurl.com/ynyezvz7).

A todas luces, la Misión de Innovación Agrícola (AIM4C) es una nueva forma de empeorar el grave caos climático y de paso minar la soberanía alimentaria.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Foto de archivo del 3 de mayo de un grupo de ciudadanos chilenos al hacer fila en la sucursal de una AFP, para realizar el tercer retiro de sus ahorros previsionales, en Santiago de Chile. Imagen: EFE

Aunque aún no se vislumbra el fin del sistema de pensiones establecido por la Dictadura, en Chile hay señales para pensarlo como el nerviosismo de las administradoras y las confesiones de ministros de Piñera de haber retirado el 10por ciento de sus aportes. Quedó más que claro que este modelo no funciona.

 

Aunque casi nadie lo dice abiertamente, el destino de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) en Chile parecen estar más cerca del fin que de alguna reforma cosmética para adaptarse a las demandas ciudadanas que las pusieron en el centro del Estallido Social iniciado en octubre de 2019 y que se ha traducido en tres retiros —cada uno con un tope del 10 por ciento— del dinero ahorrado para la vejez. Esta semana, con la aprobación en Diputados el martes pasado de un cuarto retiro, que ahora pasó al Senado, se ha reabierto un debate que cruza la campaña presidencial chilena.

Este sistema previsional, instaurado en 1981 en plena dictadura de Pinochet, obliga a los trabajadores a depositar el 10 por ciento de su sueldos a las administradoras, que los hacen en elegir entre cinco fondos (siendo el “A” el más riesgoso y el “E” el más conservador). No sólo cobran comisión, sino que también invierten dentro de Chile y en el extranjero, obteniendo ganancias que no se traspasan al trabajador. Al contrario, son estos últimos quienes asumen las pérdidas. No es casual que hasta el día de hoy se salven de este esquema carabineros y fuerzas armadas.

El candidato de Piñera reconoce haber retirado el 10 por ciento

El candidato oficialista Sebastián Sichel, quien cuenta con el respaldo del propio Sebastián Piñera quien predijo que será “un gran presidente”. En julio,en sintonía con Piñera, Sichel se declaró en contra del cuarto retiro anticipado y advirtió: “Voy a estar mirando quienes apoyan para cuando después pidan apoyos de vuelta en las campañas".

Ese tono amenazante, molestó transversalmente a la alianza oficialista de Unión Demócrata Independiente, Renovación Nacional y Evópoli y ha ido moderándose sobre todo porque Sichel no ha logrado superar en las encuestas a Gabriel Boric, candidato del conglomerado Apruebo Dignidad—integrado por el Partido C y el Frente Amplio, quien apoya el retiro.

Pero hay algo más, el hombre de derecha, que se presenta como alguien alejado de la política tradicional y de un pasado supuestamente humilde, ha sido acusado abiertamente de haber retirado su 10 por ciento, lo cual le hacostado el respaldo de varios diputados de su sector.

Sichel, en su estilo camaleónico, en un principio dijo que esto era una trampa. “No voy a caer en ese debate moral, porque creo que esa es incoherencia del sistema, mientras algunos salen a dar explicaciones, yo creo que al revés, creo que las explicaciones las deben dar quienes están aprobando el cuarto retiro”. Hasta que finalmente hoy afirmó en twitter que efectivamente sacó ese dinero pero que lo invirtió en una cuenta de Ahorro Previsional Voluntario (APV), perteneciente al mismo sistema de AFP. Además, emplazó sobre todo a Boric a responder si también ha retirado sus fondos. 

Lo delirante es que lo reconoce cuando hasta su propia vocera Katherine Martorell, exsubsecretaria de Prevención del Delito, o los ministros Rodrigo Cerda de Hacienda y Carolina Schmidt de Medio Ambiente, han dicho, en un ataque de sinceridad, que han sacado porcentajes del dinero correspondiente a sus pensiones.

 “La verdad, es que si se aprueba el cuarto retiro, cosa que espero que no pase, quiero discutir en serio por qué no retiramos el 100 por ciento de nuestros ahorros para guardarlos lejos de los burócratas y la política y administrarlo en cuentas separadas para nuestra pensión futura”, subió la apuesta Sichel 

Las AFP, nerviosas

Este caos ha repercutido profundamente en las AFP, que han debido adaptarse desde el primer retiro en julio de 2020. Si bien sus voceros comenzaron diciendo que era algo que perjudicaría la economía, llevando a Chile hacia un abismo abierto con el Estallido Social y la pandemia, actualmente las AFP han invertido en una mejor presencia en las redes sociales, enviando correos sobre las bondades de no retirar los fondos y adoptando un estilo de supuesta cercanía a las necesidades de sus afiliados.

Pero por dentro hay nerviosismo, muchas horas extra y caras largas ante una transformación de proporciones del viejo sistema de pensiones. Así, por ejemplo la AFP Provida, la más grande del país, ha llamando a reuniones de urgencia y presenciales con un mes de anticipación en agosto pasado. Aunque la razón esgrimida era que los trabajadores pudieran “verse las caras”, quizá haya un factor más pragmático y tendría que ver con que lidera la fuga de afiliados en pandemia y que su propietario, los estadounidenses de MetLife, estarían empezando a inquietarse con tanto retiro, cosa que posiblemente ocurre también con otras administradoras como Habitat o Plan Vital pertenecientes a Prudential Financial (EE.UU.) y Assicurazioni Generali (Italia).

El mediático empresario Juan Sutil, presidente de la Confederación de Producción y el Comercio, señaló en su acostumbrado tono apocalíptico que aprobar este retiro —que se tramita la próxima semana en la cámara alta— “significa quebrar las reglas del juego para las inversiones, para el emprendimiento, para el desarrollo y especialmente para el cumplimiento de las obligaciones que tiene Chile con los inversionistas extranjeros”.

De hecho, el dólar acaba de superar los 800 pesos chilenos, llegando a su mayor valor desde octubre de 2020, siendo una de las razones la incertidumbre ante el cuarto retiro y el futuro de las AFP. Una situación que contrasta con el desconfinamiento, la primavera y el fin del toque de queda que rápidamente va normalizando la vida en las grandes ciudades de Chile, aunque con la mascarilla y el alcohol gel. 

1 de octubre de 2021

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"Esta es nuestra casa" o "Fuera especuladores". Pintadas contra la especulación en la ciudad. Álvaro Minguito

El resultado del referéndum llevado a cabo este domingo es claro; su aplicación, no tanto. El nuevo gobierno de la capital dominado por los socialdemócratas se echaría atrás, según las previsiones.

 

El referéndum en la capital alemana sobre la expropiación de viviendas a grandes tenedores que posean más de 3.000 viviendas ha obtenido el respaldo del 56% de los participantes en dicha consulta. A ésta estaban llamados todos los ciudadanos residentes en la capital con la nacionalidad alemana, unos 2,47 millones de personas. De ellos, debían votar al menos 600.000 en la consulta y la mayoría de ellos hacerlo a favor. Cerca de un millón de berlineses votó el domingo a favor de la propuesta, impulsada por organizaciones de activistas y respaldada por Die Linke.

Con la aprobación de la propuesta, la pelota pasa al tejado del nuevo Senado de Berlín, que debería elaborar una ley para desarrollarlo, aunque no es vinculante. Los organizadores, la plataforma “Deutsche Wohnen & Co enteignen” (Expropiar a Deutsche Wohnen y cia., en español) explicaba el domingo por la noche en palabras de su portavoz Joanna Kusiak que “desatender la petición del referéndum sería un escándalo político”, al tiempo que constató que la organización de cientos de activistas para llevarlo a cabo podría ser más duradera: “Somos miles de personas activas. Nos hemos enfrentado a los poderosos y hemos ganado. No vamos a desaparecer tan pronto”.

La ley que debe desarrollar el nuevo Senado afectaría a unas 240.000 viviendas de la capital, es decir, las viviendas que posean grandes inmobiliarias que posean más de 3.000 pisos, afectando a una decena de empresas del sector. En las últimas elecciones de 2017, los berlineses votaron a favor de mantener el aeropuerto de Tegel, pero éste fue cerrado por el gobierno berlinés. Lo mismo podría ocurrir con la nueva consulta.

En el nuevo parlamento berlinés el partido socialdemócrata (SPD) sigue siendo la primera fuerza, con un 21% de los votos, seguido muy de cerca por el partido verde (Die Grüne) con casi 19%. La tercera fuerza es la conservadora CDU con el 18,1% de los votos y cuartos quedó La Izquierda (Die Linke) con un 14%. Los ultras de Alternativa por Alemania (AfD) consiguen un 8% y los ultracapitalistas del FDP obtuvieron el 7%. El gobierno será, de este modo, de nuevo un tripartido, que hasta ahora estaba formado por una coalición progresista de SPD, Grüne y Linke. Si este gobierno sigue y qué hará con el referéndum va a depender en buena medida de Franziska Giffey.

La hasta ahora Ministra de Familia en el gobierno de Merkel ha salvado el trasero al SPD en la capital con su popularidad, pero su conservadurismo es bien conocido. Ya durante la campaña electoral, Giffey ha asegurado que para mantener la coalición actual la cuestión de las expropiaciones podría ser decisiva. Giffey está en contra de reencaminar la propiedad de las viviendas al ayuntamiento, mientras que Die Grüne y Die Linke están a favor del contenido del referéndum. A nadie extrañaría que los socialdemócratas se aliasen con la derecha para frenar las medidas más a la izquierda de la actual coalición, que congeló los alquileres, además de establecer los comedores y las extraescolares, las guarderías y el transporte escolar gratuitos para todos los berlineses.

Ese será el primer escollo, que a día de hoy parece insalvable. El segundo sería el paso por la comprobación de la legalidad de una norma de estas características en el marco constitucional alemán. Aquí podría fallar la norma según un estudio encargado por una asociación cercana a la industria y publicado esta semana. Según éste, dejar fuera de la categoría de “grandes tenedores” a las cooperativas de arrendatarios, que en su mayoría poseen más de 3.000 viviendas, sería inconstitucional por no garantizar la igualdad ante la ley. También se asegura en dicho informe que Berlín no tendría competencias en la materia y que la medida entraría en colisión con el freno de la deuda constitucional.

27 sep 2021 08:29

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BMW, Mercedes y Volkswagen podrían ir al banquillo por alimentar la crisis climática

Greenpeace Germany y Deutsche Umwelthilfe protagonizarán acciones legales contra el corazón del sector automovilístico alemán. Quieren obligar a la industria a que acelere sus planes para dejar de fabricar motores de combustión interna.

 

Nuevo proyectil legal lanzado al corazón de la industria contaminante, esta vez en Alemania. Las organizaciones ecologistas Greenpeace Germany y Deutsche Umwelthilfe (DUH), junto a activistas de Fridays for Future, han anunciado acciones legales contra el corazón del sector automovilístico del país. El objetivo es conseguir que los fabricantes aceleren sus planes para dejar de fabricar motores de combustión interna y paren de fabricarlos antes de 2030 para descarbonizar las empresas en un 65% en dicho año.

Las organizaciones ecologistas han puesto la mira fija en el segundo mayor constructor de automóviles del planeta, Volkswagen, así como en los otros dos grandes gigantes del sector en el país: BMW y Mercedes-Benz. “Cualquiera que retrase la protección del clima daña a otros y, por lo tanto, actúa ilegalmente”, señalaba la abogada de los demandantes, Roda Verheten.

Los colectivos defensores del clima hacen uso así de una vía que ya les ha dado frutos: en abril el Tribunal Constitucional alemán obligó al Ejecutivo de Angela Merkel ha mejorar su ley climática, declarándola parcialmente inconstitucional, un hecho que se produjo tras la demanda de nueve jóvenes por la que afirmaban que la insuficiente protección del clima viola directamente las libertades y los derechos fundamentales de la ciudadanía. “El derecho civil puede y debe ayudarnos a evitar que las corporaciones destruyan nuestros medios de subsistencia y priven a nuestros hijos y nietos del derecho a un futuro seguro”, continuaba la letrada.

Sin darse por aludidos

Los demandantes denuncian que, a pesar de los compromisos internacionales, el consenso científico y el evidente aumento de fenómenos climáticos extremos, la industria automovilística alemana continúa vendiendo millones de vehículos diésel y gasolina. Los datos que maneja la Unión Europea responsabilizan al sector del transporte de más del 30% de las emisiones de CO2 en la UE. De ellas, un 72% proviene del tráfico rodado.

 “Con nuestras demandas, queremos lograr la salida del motor de combustión interna”, apuntaba  Barbara Metz, de DUH. Son medidas que los ecologistas consideran clave para que Alemania se mantenga dentro de sus compromisos internacionales y cumplir así su parte para que la temperatura global del planeta no supere los 1,5ºC de aumento respecto a los niveles preindustriales.

 “Si bien la gente sufre inundaciones y sequías provocadas por la crisis climática, la industria automotriz, a pesar de su enorme contribución al calentamiento global, parece no verse afectada“, denunciaba Martin Kaiser, director ejecutivo de Greenpeace Alemania. Para el responsable, el fallo del Constitucional alemán “representa un mandato para hacer cumplir de manera rápida y efectiva la protección legal de nuestros medios de vida comunes”.

Frenar los yacimientos

Los gigantes automovilísticos no son los únicos los únicos señalados. Las organizaciones ecologistas alemanas Greenpeace y DUH también emprenderán acciones judiciales contra la petrolera Wintershall Dea, a la que pretenden forzar a que deje de abrir nuevas explotaciones de petróleo y gas para el año 2026. Las organizaciones ecologistas acusan a la multinacional fósil de ser responsable de 80 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero cada año y de tener como objetivo aumentar su producción de combustibles fósiles en un 30 por ciento más durante los próximos dos años.

Precisamente, este lunes la petrolera alemana ha anunciado el hallazgo de una nueva acumulación de gas en el campo de Bergknapp (mar de Noruega) con entre 13 y 56 millones de barriles de petróleo equivalente.

Las cuatro corporaciones que se enfrentan a las acciones legales “contradicen los objetivos climáticos de París”, denuncian los activistas, remarcando que, según la sentencia del Constitucional, esos objetivos serían ilegales”.

Las compañías podrían sufrir el mismo varapalo que Royal Dutch Shell tuvo en mayo en los Países Bajos, cuando un tribunal de La Haya declaró culpable a la petrolera holandesa de la crisis climática, considerándola culpable del 2% de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero a nivel global y obligándola a reducir sus emisiones un 45% en diez años.

6 sep 2021 12:59

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Los Papeles de Afganistán: la "guerra contra la verdad" de EU, según The Washington Post

Más allá de los exorbitantes negocios de las omnipotentes empresas privadas de la industria de defensa de EU y de la bancocracia de Wall Street (https://bit.ly/3sQtCDf), el desastre militar de EU y la OTAN había sido escrito en el muro hace nueve años por las filtraciones a WikiLeaks del soldado estadunidense Bradley Manning, que exhibió 750 mil documentos sobre las atrocidades e inmundicias del ejército de EU en Afganistán (https://on.wsj.com/3sEN4CP).

Nueve años más tarde y dos años previos a la humillante derrota de EU y la OTAN frente a los talibanes, Craig Whitlock (CW), de The Washington Post ( WP), publicó los perturbadores Papeles de Afganistán y la Guerra contra la Verdad de EU en su catástrofe de Afganistán después de una ocupación de 20 años (https://wapo.st/3Di29z9). Ya hace casi dos años, CW subtituló en su clásico artículo que "los funcionarios de EU constantemente decían que estaban progresando" cuando "no era cierto y lo sabían". Después de una batalla legal de tres años, WP obtuvo la liberación de más de 2 mil documentos gracias a la enmienda de la libertad de información.

Ahora resulta que el zar de la "guerra de la mentira" en la Casa Blanca con Bush y Obama, general Douglas Lute (DL), “no sabía ( sic) qué estaba haciendo en Afganistán el ejército de EU” (no comenta nada sobre la OTAN). ¿A poco en la Casa Blanca ignoraron durante 20 años que Afganistán posee pletóricas reservas de litio y "tierras raras", sin contar el gran negocio del opio/morfina/heroína de la CIA, con la que financia(ba) sus operaciones clandestinas en la región (https://bit.ly/3mb7wKc)? El autodesinformado DL se lamenta, hasta ese entonces, de la muerte de 2 mil 400 y casi 21 mil heridos estadunidenses, pero se olvida de los decesos afganos. CW fustiga sin tapujos que "el gobierno de EU engañó en forma deliberada a la opinión pública" cuando “era común en el cuartel central militar de Kabul y en la Casa Blanca distorsionar ( sic) las estadísticas para aparentar que EU estaba ganando la guerra”.

A propósito, una de las principales armas letales del eje israelí-anglosajón versa sobre su "guerra de propaganda negra", salpicada de la "técnica Hasbara" –con sus influyentes "sayanim" (https://amzn.to/3kibT3l y https://amzn.to/2WgRxQ3), sembrados por doquier–, debido a su descomunal control de los multimedia, las redes sociales y Hollywood, en su "fase Netflix". ¡Todo un omnipotente conglomerado de la desinformación y sus fake news en la etapa geopolítica de la "pos-Verdad" (https://bit.ly/3B2JxBc).

Ni tarda ni perezosa, la legisladora estadunidense Tulsi Gabbard, en ese entonces, fustigó al “complejo militar-industrial, a los contratistas ( sic) y a las empresas consultoras ( sic)” de beneficiarse de una "estafa" ( ¡megasic!) que “despojó a los contribuyentes de MILLONES DE MILLONES de dólares ( trillions en anglosajón) desde el 11 de septiembre solamente en Afganistán” (https://bit.ly/3zbH0Uu).

Cabe señalar que el entonces vicepresidente Joe Biden se desmarcó nítidamente de la política de Obama: "Soy aquel que desde el inicio argumentó que era un gran, gran error colocar más tropas en Afganistán" (https://wapo.st/3j8D4hT). En efecto, el retiro del ejército de EU en Afganistán –que ya había sido acordado con el anterior presidente Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo (https://nyti.ms/2XOLpz6), en las negociaciones con los talibanes en Doha (Qatar)– fue una decisión plausiblemente correcta. El grave error de Biden consistió en no saber operar la evacuación militar ni de los civiles, donde abundan miles de colaboracionistas, contratistas, "traductores", consultores, mercenarios y narcoagentes encubiertos de la CIA.

Por cierto, según AP, los "costos de los intereses" ( sic) alcanzarán 2 millones de millones ( trillions en anglosajón) de dólares en los próximos nueve años y 6.5 millones de millones ( trillions) en 2050 (https://bit.ly/3sDDNKW). Siguen sin publicar WP/AP/Universidad Brown cuáles son los “fondos ( sic) prestamistas” que financiaron la "fallida" guerra de EU en Afganistán.

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Fútbol y hegemonía. De la Superliga al fútbol popular

El fútbol es el opio del pueblo. Tras esta sentencia seudomarxiana, aparentemente tajante, se esconden múltiples contradicciones. El fútbol, como el deporte en general, formaría parte de lo que Althusser denominaba “aparatos ideológicos del Estado”, reflejando los valores de la clase dominante (competitividad, individualismo, éxito a cualquier precio), y contribuyendo a asentar y extender su hegemonía en la vida diaria. Sin embargo, el carácter social de este deporte lo convierte también, con todos sus claroscuros, en un reflejo de valores alternativos (valoración de lo colectivo sobre lo individual, solidaridad, apoyo mutuo) y un instrumento, como el ocio, para la construcción de alternativas populares. Esta contradicción entre el carácter plebeyo del fútbol y su apropiación por las élites en el marco de una economía capitalista provoca numerosos equívocos entre la izquierda. Da pie a un cierto elitismo, muchas veces condescendiente, que desconfía del llamado deporte rey por su poder narcótico sobre las masas, por la masculinidad tradicional asociada a este deporte, por todo el obsceno negocio que mueve a su alrededor.

Sin embargo, alguien poco sospechoso de embrutecimiento intelectual como el propio Antonio Gramsci, en su artículo “El fútbol y el juego de la escoba” (1918) invitaba a los trabajadores a frecuentar los estadios frente a las tabernas y reivindicaba el fútbol como símbolo de modernidad frente a la degradación de los “juegos de cartas”. Contemplaba un partido de fútbol como emblema de la democracia porque se juega a cielo abierto y a los ojos del público, “el reino de la libertad humana al aire libre” (Gramsci, 2009).

Desde nuestro punto de vista, el fútbol es un campo de disputa, en el que la hegemonía de la clase dominante se puede ver cuestionada por los valores de las clases subalternas. Se trata, por tanto, de un ámbito más de la lucha de clases, y su desarrollo histórico responde a los avances y retrocesos en este proceso.

Orígenes y evolución del fútbol, un juego reapropiado por el neoliberalismo

El 4 de enero de 2017, los seguidores del Club Africano de Túnez desplegaron una pancarta en un partido contra el Paris Saint-Germain que rezaba: “Creado por el pobre, robado por el rico”. En pocas palabras se describía la trayectoria del deporte más popular del mundo.

Lo cierto es que el fútbol, en su origen, fue creado por las élites británicas, pero se vio rápidamente conquistado por las clases trabajadoras a la par que se arrancaba una conquista de la lucha, el fin de semana. Aparecía así como un espacio de ocio y sociabilidad de la clase obrera, “un juego de caballeros disputado por villanos”, como reza el célebre aforismo anglosajón. De hecho, el origen de muchos clubes tiene mucho que ver con la fábrica, como es el caso del Manchester United, fundado por ferroviarios, o el West Ham, por trabajadores del puerto de Londres.

El fútbol se transformó en una vía para salir del ambiente viciado de la fábrica, para trabajar en equipo e, incluso, para algunos trabajadores, en un medio para mejorar sus condiciones de vida. Todo ello bajo la mirada cada vez más despectiva de las clases dominantes, que observaban la identificación de la clase trabajadora inglesa con el fútbol en un marco social y político que simultáneamente encasillaba a la clase media en la práctica de otros deportes como el cricket, el rugby y el tenis. Estos orígenes y el debate sobre el falso amateurismo defendido por la aristocracia británica quedan bien reflejados en la serie de Netflix “Un juego de caballeros”.

A través de las relaciones comerciales tejidas por los ingleses, el fútbol se fue extendiendo por todo el mundo a finales del siglo XIX, convirtiéndose en un espacio de ocio con fuertes vínculos simbólicos y orgánicos con el movimiento obrero. Véase el caso de Argentinos Juniors, club porteño que procede del equipo Mártires de Chicago, fundado por obreros socialistas argentinos en homenaje a las víctimas de Haymarket.

A lo largo del siglo XX se crearon fuertes vínculos entre equipos de fútbol y ciudades o barrios obreros

De esta forma, a principios del siglo XX, el fútbol comenzó a formar parte esencial de la cultura obrera y asociativa, y de su tiempo de ocio, tanto en el césped como en las gradas. La clase obrera fue conquistando este espacio de manera paralela a la conquista de sus derechos, como el derecho al descanso dominical. El fútbol se convirtió así en el espacio de ocio y sociabilidad central de la clase obrera durante el fin de semana, una liturgia alternativa a la de las iglesias, estableciendo una comunión en las gradas.

Por eso las élites desconfiaron del fútbol, porque consideraron que un deporte que creían les pertenecía por derecho se transformaba en el deporte plebeyo de masas por excelencia. Debido a ese carácter plebeyo, el fútbol acabó convertido en algo más que goles y fueras de juego, devino un espacio de resistencias, de antirracismo, de anticolonialismo, de reivindicaciones de nación, de género y de clase. Un espacio de permanente disputa, tal como lo entendió el fascismo intentando instrumentalizarlo (véase el caso del Mundial organizado y ganado por la Italia de Mussolini en 1934). Un espacio complejo y contradictorio, de avances y retrocesos, tal y como le ocurrió al emergente fútbol femenino en el primer tercio del siglo XX en Francia y Gran Bretaña, que ante su éxito fue visto como una amenaza a los valores femeninos consagrados por la burguesía y, por tanto, se vio primero marginado y finalmente perseguido y desterrado.

A lo largo del siglo XX se crearon fuertes vínculos entre equipos de fútbol y ciudades o barrios obreros; la identificación con el club formaba parte de los imaginarios de esa cultura obrera, y esta identidad impregnaba de valores a la propia estructura del club. Por ejemplo, es muy conocido el caso del Liverpool, relatado por su exjugador Michael Robinson: “En el Liverpool está prohibido exteriorizar que tienes dinero. No puedes tener un coche opulento porque se entiende como una afrenta a la afición que trabaja duro para poder entrar en Anfield. A Robbie Fowler le hicieron devolver un Ferrari amarillo” 1/.

A finales del siglo XX, en paralelo con la contrarrevolución neoliberal de Thatcher y Reagan, las élites intentaron recuperar el fútbol como instrumento de control social, disciplinando el estadio, distanciando al aficionado, e imponiendo sus valores individualistas y mercantilistas a los equipos, convertidos en marcas que compiten en un mercado global. Los precios de las entradas se hicieron cada vez más caros (entre 1990 y 2008, el precio medio de una entrada de fútbol subió un 600% en Inglaterra). Los estadios, que antes eran centros de comunidad, acaban convertidos en centros comerciales que llevan el nombre de alguna multinacional de telefonía o aerolínea de Emiratos del Golfo. En su programa para el futuro del fútbol, la Federación de Fútbol afirmó que este debe atraer a “más consumidores pudientes de clase media” 2/.

El tránsito desde el fútbol como deporte popular al fútbol como negocio se ha visto acelerado en el siglo XXI. Ha habido una transformación, en paralelo con la derrota del movimiento obrero y la destrucción de las culturas obreras, en la que el deporte se ha convertido en un negocio y en un vehículo cultural neoliberal al servicio de la idea del éxito a cualquier precio. El peso de la afición en los clubes cada vez es menor, como bien dice Marcelo Bielsa, “el mundo del fútbol cada vez se parece más al empresario y menos al aficionado”.

El capitalismo, por tanto, capaz de convertir en mercancía cualquier aspecto de nuestras vidas, y por supuesto también la sociabilidad y el ocio, en su deriva neoliberal, se ha apropiado del mundo del fútbol con equipos que funcionan como multinacionales que cotizan en bolsa. Los jugadores se convierten en mercancías que generan millonarios ingresos por publicidad y cuantiosas comisiones a fondos de inversión que se hacen con sus derechos, utilizándolos como si fueran acciones en el mercado de valores. El arraigo del equipo con la comunidad deja de existir, solo cuenta el dinero, como muestran de forma descarnada los partidos sin público celebrados durante la pandemia. Uno de los ejemplos más grotescos de la aparición de clubes franquicia que funcionan como meras firmas comerciales es el del R.B. Leipzig alemán. La multinacional de bebidas Red Bull, que además posee otros cuatro equipos en Austria, Brasil, Ghana y EE UU, se hizo con el equipo local, el SSV Markranstädt, cambió su nombre por el de la empresa (Rasen Ballsport oficialmente, pero con las siglas R.B. de RedBull) y a golpe de talonario lo fue ascendiendo desde Quinta División hasta jugar la Champions League y alcanzar el subcampeonato de la Bundesliga. Eso sí, en cada partido como visitante tiene que soportar las iras de las aficiones rivales, que protestan contra este producto de marketing que representa todo lo contrario a transparencia, historia y participación de las aficiones.

La Superliga como expresión más cruda del fútbol negocio

Es en este contexto en el que surge la propuesta de Superliga, auspiciada por Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y dueño de una de las mayores empresas constructoras del mundo, ACS, contando con el apoyo financiero del banco estadounidense J.P. Morgan. Inicialmente doce clubes de fútbol (Real Madrid, Barcelona, Atlético, Milán, Arsenal, Chelsea, Inter, Juve, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham) lanzaron la idea, largamente acariciada, de crear una Superliga europea,  un club exclusivo y elitista de quince equipos que se repartirían el pastel del negocio, en una nueva vuelta de tuerca en la mercantilización del fútbol y su alejamiento de las clases populares. Un fútbol de ricos y para ricos. Una propuesta vendida con un discurso que explicita de forma directa los valores del neoliberalismo hegemónico con estas palabras de Florentino Pérez: “Si los de arriba tenemos dinero, fluye hasta todos”.

Fueron realmente las aficiones las que hicieron descarrilar el proyecto la misma semana de su anuncio

La propuesta desató una oleada de indignación, con el antagonismo de las organizaciones que dirigen las ligas nacionales europeas, la UEFA y la propia FIFA, llegando a escandalizar incluso al ministro de Cultura del Reino Unido: “Si la Premier y la UEFA no actúan, lo haremos nosotros”, declaró. Contrasta con la respuesta tremendamente laxa que dio el Gobierno español, en boca de José Manuel Franco, presidente del Consejo Superior de Deportes: “Es prematuro pronunciarse, vamos a escuchar primero a todas las partes”. Pero ni gobiernos ni estamentos futbolísticos seudomafiosos, con sus amenazas, consiguieron enterrar la Superliga. Fueron realmente las aficiones las que hicieron descarrilar el proyecto la misma semana de su anuncio, especialmente las de Chelsea y Liverpool, que salieron a las calles haciendo presión para que sus clubes se retiraran de la Superliga. Se puso de manifiesto esa relación contradictoria y compleja entre clubes en manos de fondos de inversión estadounidenses (como el Liverpool) o de magnates del gas sionistas (como Roman Abramovich, dueño del Chelsea) y aficiones formadas por clases populares que no aceptan que les roben su equipo en nombre de intereses económicos. También es un reflejo de la  capacidad movilizadora que aún tiene el fútbol, de su capacidad para generar identidades y repertorios de intervención política y social. De hecho, esta movilización del fútbol británico a raíz de la fracasada Superliga tuvo continuidad en la toma del estadio del Manchester United, Old Trafford, por parte de seguidores que pedían que los dueños estadounidenses, los Glezer, abandonaran el club y que este volviera a manos de sus socios.

Pero, en este caso, también debemos tener en cuenta las tensiones intracapitalistas que se dan en el marco del fútbol negocio, la lucha intestina por salvar beneficios amenazados, como reflejó de forma cruda el propio Florentino Pérez: “Hacemos esto para salvar el fútbol, que está en un momento crítico”. El órdago de la Superliga, fracasado de momento, forma parte de un conflicto entre élites financieras con vínculos políticos ante unos ingresos menguantes. Desde luego, estructuras clientelares y corruptas como la UEFA o la FIFA , con dirigentes procesados y encarcelados, no son ni mucho menos salvaguardas de la pureza del deporte rey frente a los doce clubes europeos que exigieron una parte mayor del pastel del fútbol negocio, sino responsables directas de su mercantilización.

Sin ir más lejos, la FIFA ha entregado la organización del Mundial de fútbol de 2022 a Qatar, un Estado de dudosas credenciales democráticas y nula tradición futbolística, a cambio seguramente de cuantiosos sobornos y comisiones. Además, según el diario The Guardian, en la construcción de los estadios para este evento han fallecido 6.500 trabajadores, todos ellos migrantes 3/. Podemos imaginar las condiciones en las que trabajaron, a más de 50 grados y sin ningún tipo de medida de seguridad. Los petrodólares se lavan con sangre.

Este ejemplo de degeneración del fútbol en manos de dirigentes para los que el calificativo de sátrapa se queda corto, resulta tan escandaloso que incluso un campeón del mundo con Alemania, como el jugador del Real Madrid Tony Kross, denunció las condiciones laborales en este país cuestionando la decisión de organizar un Mundial allí, y la federación noruega de fútbol propuso un boicot a la celebración de este Mundial. Sería interesante extender esta idea del boicot como denuncia de este modelo y lanzar una campaña de movilización entre clubes, jugadores y aficiones que visibilice la otra cara de este Mundial.

Alternativas: el fútbol popular, la democratización del fútbol y la construcción de comunidad frente al fútbol negocio 

En este panorama de fútbol globalizado e hipemercantilizado, ¿es posible imaginar alternativas? Hay contraejemplos que ponen sobre la mesa que otro fútbol es posible. Los clubes de fútbol popular autogestionados están cobrando un cierto auge en el fútbol español en los últimos tiempos como alternativa al fútbol negocio. Estos clubes se definen por su carácter asambleario, horizontal y democrático, cada socio es un voto y se toman decisiones sobre todos los aspectos, desde los fichajes hasta los patrocinios. Un ejemplo práctico de cómo la democracia se puede extender a todas las relaciones sociales. También se caracterizan por su conexión con el territorio y las clases populares, ya que en muchos casos se trata de clubes de barrio que ayudan a construir comunidad y transmitir valores a través de iniciativas antirracistas, antihomófobas o solidarias.

Los ejemplos son múltiples y diversos: Ceares, Unionistas, Ourense, Orihuela, Independiente de Vallecas, Ciudad de Murcia, Xerez, Rosal de Oviedo. Todos tienen en común que representan un deporte desde abajo frente al deporte mercantilizado, son propiedad de sus socios, no de constructoras, bancos o inmobiliarias. Es cierto que su número es pequeño, que son experiencias incipientes y que está por ver si el modelo se puede mantener con el ascenso a categorías superiores, pero el movimiento que se genera en torno a estos equipos, con una importante capacidad de arrastre a nivel local, con miles de socios y aficionados, con la capacidad de tejer redes, marcan el camino hacia un modelo alternativo de fútbol, máxime teniendo en cuenta que algunos de ellos surgen de las ruinas de históricos arruinados por seguir el modelo del fútbol negocio. Podrían jugar un papel similar al de la llamada economía social, como es el caso de las cooperativas, lo que muestra sus posibilidades pero también sus límites en el marco de una economía capitalista. En cualquier caso, contribuyen a generar la conciencia de que otro fútbol es posible, lo cual no es poco. 

También nos genera optimismo mirar hacia América Latina, donde el fútbol es casi más que una religión, que puede actuar como un factor de movilización e irrupción de masas en procesos constituyentes o incluso como contrapoder. Es el caso de Chile, en cuyas revueltas de 2019 fue destacado el papel que jugaron las aficiones del Colo Colo (con un importante grupo de mujeres organizadas) o Universidad de Chile. En el proceso que llevó a la elección de una Convención Constitucional participaron colectivos de aficionados organizando asambleas en las que se discutía desde el cambio de modelo de gestión de los clubes hasta un nuevo modelo político y social para el país. Mientras escribo estas líneas, plataformas de aficionados de los distintos clubes de Colombia participan en la primera línea de la revuelta contra la reforma tributaria del gobierno oligárquico de Iván Duque.

El fútbol actúa como vector de movilización, como tuvimos ocasión de comprobar durante la Primavera Árabe de 2011. Los ultras de clubes de fútbol egipcios como el Al Ahly estuvieron a pie de calle en las luchas que derribaron a Mubarak. El régimen nunca se lo perdonó y, en 2012, 72 de ellos fueron masacrados en el estadio de PortSaid. Las revueltas contra Erdogan del Parque Gezi consiguieron algo inédito, hermanar a las aficiones rivales de los tres grandes clubes de Estambul en la reivindicación de democracia: Fenerbahce, Galatasaray y Besiktas. Este mismo año, los jugadores de la selección de Myanmar participaron en las manifestaciones contra el golpe de Estado, llevando balones incluso, y decidieron renunciar a jugar en el combinado nacional mientras siga en el poder la Junta Militar: “Solo jugaremos en la calle mientras no consigamos la democracia” 4/.

El fútbol a pie de calle nos enseña el poder de este deporte. En los descampados de Senegal o en las playas de Brasil se desarrollan campeonatos alternativos de un fútbol desde abajo que llegan a tener más popularidad y a congregar más seguidores que las competiciones oficiales. Un ejemplo de que bajo la superficie, subterráneamente a ese fútbol mainstream de Superligas, FIFAs y UEFAs, el fútbol mantiene ese carácter esencial de disfrute, de elaboración colectiva y descaro plebeyo que nos remite a sus orígenes y que a pesar de la capacidad depredadora del capital, no nos podrán robar.

Que el fútbol moderno, o al menos la parte más visible y superficial de este fenómeno, está al servicio de las élites y del mantenimiento del statu quo es algo innegable. Pero también lo es que este deporte es un poderoso altavoz para las luchas de las clases populares que –y los diversos espacios, costumbres e instituciones que lo conforman– nos brindan múltiples oportunidades para la construcción de alternativas comunitaristas o para el ensayo de prácticas culturales contrahegemónicas. El deporte es un campo de disputa. Las canchas, trincheras desde las que imaginar y luchar por otro mundo posible.

Por Xaquín Pastoriza

19 agosto 2021 | VientoSur nº 176,

Xaquín Pastoriza es historiador y miembro del Consejo Asesor de viento sur

Notas

1/“La leyenda del Liverpool contada por Michael Robinson” en  Mundo Deportivo, 29/04/2019.

2/Jason Cowley, “The Last Game: Love, Deathand Football”, Londres, 2009. Citado en  Chavs, Owen Jones.

3/“Revealed: 6,500 migrant workers have died in Qatar since World Cupawarded”, en  The Guardian, 23/02/2021

Referencias

Colectivo Lucha de Pases, “Trincheras en la cancha”, artículo en El Salto, enero de 2018.

Correia, Michael (2019) Una Historia popular del fútbol. Asturies: Hoja de Lata.

Fernández, Brais y Pastoriza, Xaquín, “La Superliga europea o cómo el capitalismo sigue robándonos el fútbol”, disponible en: https://vientosur.info/la-superliga-europea-o-como-el-capitalismo-sigue-robandonos-el-futbol/.

Gramsci, Antonio (2009) Bajo la Mole: fragmentos de civilización. Madrid: Sequitur.

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Jueves, 12 Agosto 2021 06:17

Banalidad y razón

Banalidad y razón

Hoy es posible pensar que realizar una lectura de la sociedad contemporánea implica en cierto sentido dejar de lado una mirada meramente teórica de los fenómenos que día a día allí se desarrollan. Puesto que es el impulso emocional y el beneficio capitalista los elementos que estructuran gran parte cada una de las decisiones que se toman e inclusive de los caminos que se abordan desde el desarrollo tecnológico y científico. 


Cada vez se está más cerca de dar un mayor manejo a las células madre en busca del rejuvenecimiento del cuerpo, buscando prácticamente una vida en eterna belleza física; sin embargo, cuando se habla del abordaje que los laboratorios ofrecen para el tratamiento de las enfermedades llamadas "huérfanas", no deja de ser común la respuesta de una baja rentabilidad de dichos procesos.

Así pues, no existe una idea general del bienestar humano en función de la racionalidad, por el contrario, lo efímero aquí rodea principalmente aquello que puede ser masivo, rentable, económicamente importante. Si bien un ejemplo de ello es el manejo de las células madre y el desarrollo farmacológico, así es posible hallar otros tantos fenómenos en los que la banalidad triunfa sobre la razón, definiéndose así como una razón meramente instrumentalizada para la producción de valor, riqueza y algo de estupidez.

Ahora bien, ¿Qué lectura teórica se le puede dar a una sociedad impulsada por la emoción y el impacto de la moda en toda su expresión? ¿Será posible aplicar las lecturas psicoanalíticas de Freud o Lacan? ¿Pueden los teóricos del pasado afirmar la existencia de una patología mental común a todo aquél que se siente cómodo en el capitalismo? Muchos intentan comprender la razón de lo que ocurre, pues dicha inquietud hace parte de la naturaleza de algunos, sin embargo, la naturaleza de la mayoría parece fundamentarse en existir sin realizarse la más mínima pregunta a lo largo de su vida y en esto parece que falló rotundamente Descartes, no es "pienso luego soy", en la actualidad pareciera ser "posteo, recibo like, luego soy", la duda metódica ya no puede ser más el fundamento de la razón, en el estado en el que se encuentra la sociedad ha de existir una nueva mirada que instaure el valor de la existencia virtual, el valor del like, el empoderamiento del cuerpo ya no a través de la mente sino de las tetas y el culo como continentes de la silicona.

Así parece que la teoría está mandada a recoger, los discursos elaborados, comienzan a perder popularidad frente a la cantidad de likes que puede tener un cuerpo transformado a la luz de unas miradas estéticas antinatura. Pues la belleza eterna es más buscada que ls verdad y el saber se configura como relevante en función del valor económico que pueda tener. En definitiva la banalidad de la existencia humana está llegando a niveles que ni el más hedonista de los griegos hubiera podido imaginar. Todo se reduce a que una imagen vale más que mil palabras.

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