Viernes, 08 Octubre 2021 05:50

Superar el capitalismo

Foto: Getty Images

Cada día aparecen más muestras que indican cómo la pandemia está revalorizando las políticas públicas, especialmente las dedicadas a la salud. Un ejemplo reciente ha sido la victoria electoral de los laboristas noruegos, un cambio que fortalece a los socialdemócratas, que en los países escandinavos ya gobiernan en Suecia y Dinamarca y en coalición en Finlandia. Los votantes rechazan las crecientes desigualdades generadas por un capitalismo desenfrenado que ha debilitado los sistemas de bienestar.

Los ciudadanos son conscientes de la vinculación entre las desigualdades y la salud. Una relación explícitamente señalada por el profesor Joan Benach, en La salud es política, (Icaria) al afirmar: “la razón de fondo de la pandemia hay que encontrarla en el capitalismo” por la “alteración global de ecosistemas asociada a la crisis climática”.

Las nefastas consecuencias de una economía dominada por un reducido número de compañías las vemos en el mercado eléctrico. En lo que va de año la factura de la luz ha aumentado más del 40% para los usuarios. Es un encarecimiento especialmente preocupante para las clases trabajadoras y las actividades intensivas en el uso de electricidad. La deficiente regulación ha permitido una financiarización de la producción y la comercialización de la electricidad que ha convertido estas actividades en una importante fuente de beneficios injustificados para especuladores.

Resulta inquietante la reacción de los lobbies empresariales contra las medidas del Gobierno, destinadas a regular un mercado eléctrico mal diseñado que provoca precios desorbitados y agrava las desigualdades.

Desregulación excesiva

En el mundo académico crecen las voces que censuran el aumento de las desigualdades causadas por un mercado desregulado que conduce a una concentración de riqueza. Paul Krugman, premio Nobel de Economía, sostiene: “la concentración extrema de ingresos es incompatible con la democracia”.  

Crecen las críticas a la excesiva concentración de la riqueza. La ecología, el feminismo y los cuidados pasan a primer plano

Resulta significativa la conversión experimentada por economistas como Thomas Piketty. “En la década de 1990”, explica en Viva el socialismo, (Deusto), “fui más liberal que socialista y no soportaba a los que se negaban decididamente a ver que la economía de mercado y la propiedad privada eran parte de la solución”.  Y “hete aquí  que, en 2020, el hipercapitalismo ha ido demasiado lejos. Ahora estoy convencido de que hay que pensar en la superación del capitalismo”. El economista francés apuesta para después de la pandemia por “una nueva forma de socialismo, participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico, mestizo y feminista”.

La idea de superar el capitalismo se extiende. La economista Lourdes Beneria ofrece su propia vía. En una luminosa conferencia titulada Los cuidados, el envejecimiento y la economía pospandémica, pronunciada en el Ayuntamiento de Barcelona con ocasión de la Diada de Catalunya, Beneria destacó la profunda transformación que ha sufrido el capitalismo. La catedrática emérita de la Universidad de Cornell (EE UU) explicó que el concepto de hombre económico que se enseña en las facultades de economía ha quedado anacrónico: “El hombre económico de Adam Smith era el pequeño emprendedor individualista que maximiza sus beneficios a través  de la mano invisible del mercado libre y competitivo” y que con este comportamiento contribuye automáticamente al crecimiento económico y a maximizar la riqueza de las naciones. Para Beneria, la economía ya no funciona así. Ahora, “los grandes protagonistas que dirigen la dinámica de las economías son las grandes empresas, los monopolios y oligopolios de la economía global, que imponen sus condiciones en lugar del mercado libre”. 

En su opinión, la pandemia nos ha hecho ver nuestra vulnerabilidad colectiva y nuestra interdependencia, no solo con todos los humanos y países, sino con el mismo plantea. Su alternativa al capitalismo es “un modelo de la mujer solidaria y el hombre solidario que puede representar una nueva generación de derechos humanos colectivos —el de la fraternidad, después de la libertad y la igualdad— que defienden los intereses de la paz, del patrimonio común de la humanidad y del medio ambiente”. Y en este nuevo paradigma, los cuidados —el trabajo no remunerado que se realiza en los hogares, de atención a niños, mayores y enfermos que realizan principalmente las mujeres— son decisivos. 

Se trata de una nueva sociedad que precisará el apoyo de instancias supranacionales, en nuestro caso de la Unión Europea.

08/10/2021

Andreu Missé. Director fundador y editorialista de Alternativas Económicas.

FuenteAlternativas económicas

Publicado enEconomía
 Un joven en un centro comunal de salud mental de Perú. — UNICEF

La organización de las Naciones Unidas para la Infancia hace un llamamiento para invertir en la protección de la salud mental de los más jóvenes. En el mundo, denuncia, sólo se destina el 2% del presupuesto de salud en ellos.

 

El Fondo de Naciones Unidad para la Infancia (UNICEF) ha exigido hoy a los gobiernos del mundo que incrementen los esfuerzos para proteger la salud mental de los más jóvenes. Denuncia que uno de cada siete adolescentes del mundo con edades comprendidas entre los 10 y los 19 años (el 13%) padecen un trastorno mental diagnosticado y que el suicidio es ya la quinta causa de muerte entre este grupo de edad, al que recurren anualmente casi 46.000 jóvenes. Sin embargo, los gobiernos del mundo dedican de media a la salud mental tan sólo un 2% de sus presupuestos de salud. 

El problema no es nuevo, pero la pandemia por la covid lo ha exacerbado y profundizado y ha puesto en primera línea la necesidad de atender la salud mental. Así lo desvela el Informe Estado mundial de la Infancia 2021, titulado En mi mente: promover, proteger y cuidar la salud mental de los niños mi mente, hacho público por UNICEF en la madrugada de este martes a nivel mundial. Es la primera vez que el estudio más importante y extenso que realiza las Naciones Unidad sobre la infancia se dedica en exclusiva al problema de la salud mental como la depresión, la ansiedad y el resto de dolencias que aquejan tanto a los más jóvenes como a sus cuidadores. 

Las consecuencias de la pandemia tienen un gran alcance, pero son solo la punta del iceberg. Incluso antes de la pandemia ya había demasiados niños y niñas abrumados por el peso de una serie de problemas de salud mental a los que no se había prestado atención. Los gobiernos están invirtiendo muy poco para atender estas necesidades esenciales. No se está dando suficiente importancia a la relación entre la salud mental y las consecuencias que se producen más adelante en la vida", afirma la directora ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore.

Se trata de un iceberg que se ha estado pasando por algo durante demasiado tiempo y a menos que se tomen medidas seguirá generando resultados desastrosos para los niños y las sociedades mucho después de que la pandemia haya terminado, resalta el informe.

Según el estudio, la ansiedad y la depresión representan alrededor del 40% de estos trastornos de salud mental diagnosticados. Los demás incluyen el trastorno por déficit de atención/hiperactividad, el trastorno de la conducta, la discapacidad intelectual, el trastorno bipolar, los trastornos alimentarios, el autismo, la esquizofrenia y un grupo de trastornos de la personalidad.

Desigualdades y recursos escasos

Si bien se trata de un problema global y que la escasez de recursos es generalizada, la investigación hace hincapié en las grandes desigualdades que existen a lo largo y ancho del planeta. En algunos de los países más pobres del mundo, los gobiernos destinan menos de dos céntimos al año por persona al tratamiento de la salud mental. Pero incluso en aquellos de ingresos medianos altos, el gasto anual es inferior a 3 dólares por persona. "Todas estas cifras son demasiado exiguas para tratar las enfermedades de salud mental de los niños, los adolescentes y los cuidadores, especialmente en el caso de quienes se enfrentan a problemas más graves de salud mental", afirma.

El informe también resalta la falta de medios y especialistas par tratar los problemas de salud mental. El número de psiquiatras especializados en el tratamiento de niños y adolescentes es inferior al 0,1 por 100.000 en todos los países, excepto en los de ingresos altos, donde la cifra era de 5,5 por 100.000.

Pero si el coste sobre la vida humana es incalculable, el que económico que supone no dedicar esfuerzos  es muy alto, el coste económico por no prestar atención a la salud mental también importante. Según el estudio, el coste económico que pagamos por este descuido es alto: alrededor de 340.200 millones de dólares al año, según los cálculos que realizaron para este informe David McDaid y Sara Evans-Lacko, del Departamento de Políticas de Salud de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres. "Se trata de una pérdida de 340.200 millones de dólares en potencial humano que podría destinarse a las economías de los países". 

Salud mental y pandemia

La pandemia se ha cobrado un alto precio. Según los primeros resultados de una encuesta internacional realizada por UNICEF y Gallup entre niños y adultos de 21 países  y cuyos datos adelanta el estudio de UICEF, una media de uno de cada cinco jóvenes de entre 15 y 24 años encuestados afirmó que a menudo se siente deprimido o tiene poco interés en realizar algún tipo de actividad.

En España, los resultados de la encuesta desvelan que el 58,3% de los jóvenes de entre 15 y 24 años reconocen sentirse preocupados, nerviosos o ansiosos "a menudo" y el 36,1% "a veces". Además, el 11,5% de dichos jóvenes asegura que están deprimidos o tienen poco interés en hacer cosas "a menudo" y el 68,2% "a veces".

En vista de estos datos, el presidente de UNICEF España, Gustavo Suárez Pertierra, ha pedido que "se apruebe cuanto antes la Estrategia de Salud Mental, y que tenga muy en cuenta a la infancia. "Es necesario que se cree un grupo permanente de infancia y salud mental que concrete la implementación de esa estrategia abordando las principales cuestiones que afectan a la salud
mental y el bienestar emocional de los niños, niñas y adolescentes. Además, deben aumentar los recursos especializados y los canales a través de los cuales puedan ser escuchados", ha añadido.

A nivel global UNICEF a los gobiernos romper el silencio que rodea a los problemas de salud mental, afrontando el estigma, promoviendo una mejor comprensión de la salud mental y tomando en serio las experiencias de los niños, las niñas y los jóvenes.

También exige que realicen una inversión urgente en la salud mental de los niños y adolescentes "en todos los sectores, no sólo en el de la salud". Aboga por llevar a cabo intervenciones que han demostrado su eficacia en ámbitos como la salud, la educación y la protección social, entre ellas los programas de crianza y los programas integrales en la escuela. Y pide que las sociedades rompan el silencio que rodea a la salud mental, aborden el estigma, promuevan la comprensión y se tomen en serio las experiencias de los niños y los jóvenes.

"La salud mental forma una parte integral de la salud física; no podemos permitirnos seguir considerándola de otra manera", ha afirmado Henrietta Fore. Y añadió que "hemos observado que, durante demasiado tiempo, tanto en los países ricos como en los pobres, no se han hecho los esfuerzos suficientes para comprender esta cuestión e invertir en ella, a pesar de que desempeña un papel fundamental para el potencial de todos los niños. Esto tiene que cambiar".

05/10/2021 07:23

 

Publicado enSociedad
Fotografía: calvox&periche, https://www.flickr.com/photos/calvox_periche/51181278224/

“Estos niños viven, pues, en lo virtual. Las ciencias cognitivas muestran que el uso de la red, la lectura o la escritura de mensajes con los pulgares, la consulta de Wikipedia o Facebook no estimulan las mismas neuronas ni las mismas zonas corticales que el uso del libro, de la tiza o del cuaderno. Pueden manipular varias informaciones a la vez. No conocen ni integran, ni sintetizan como nosotros, sus ascendientes”.

Ya no tienen la misma cabeza.
Michel Serrés (1).

 

Esta es una buena cita para arrancar este texto con el tema: “El maestro de hoy, entre la presencialidad y la virtualidad”. Sirven las afirmaciones de Serrés para colocar de forma rápida el marco general al tema al cual nos ha abocado la pandemia/sindemia (2) para la educación. En ese sentido, mi tesis es que el tema propuesto es solo una arista de las muchas que han colocado a la educación, a la escuela y a las diversas formas de la actuación humana en este momento de la historia de la humanidad.

En esta perspectiva, la educación y la escuela ya estaban en una profunda crisis antes de la sindemia. Lo único que hizo ésta fue agregarle nuevos elementos a su caracterización y que, desde mi visión, es un mundo que vivía tres grandes transformaciones y ahora se le agrega una cuarta, que también modifica el escenario en forma sustancial. Ellas serían:

Un cambio epocal que, a decir de Charpak, premio Nobel de física, representa una “mutación” no vista desde el neolítico, la revolución de la agricultura y el lenguaje oral (3).

El paso entre la tercera y la cuarta revolución industrial, la cual tiene 50 años de su transición entre ellas, cuando entre la primera y la segunda necesitamos 200 años para su desarrollo, visibilizando la velocidad de los cambios de este tiempo (4).

El surgimiento de un capitalismo cognitivo, el cual realiza sus grandes acumulaciones en el conocimiento y la ciencia convertidos en fuerza productiva, diferenciando entre los países centrales y los de la periferia, y una centralidad del trabajo humano, lo cual constituye su singularidad (5).

En medio de esas transformaciones aparece la sindemia y produce unos cuestionamientos más profundos al modelo civilizatorio construido por occidente y la modernidad (6).

Estas cuatro transformaciones concurren hoy para construir un escenario que pudiéramos caracterizar con un aforismo de Confucio: “la crisis es un instante entre dos claridades”. Y nosotros, los humanos de este tiempo de cualquier concepción política, teórica e ideológica, nos encontramos en ese “instante” en el cual son resignificadas y replanteadas muchas de las instituciones, imaginarios culturales, sistemas de mediaciones, soportes de la acción humana que habían constituido la sociedad en el sentido que nos señala Serrés en la cita introductoria, aporta indicios de un mundo que va a tener que ser reinventado en sus múltiples lugares desde la acción humana cotidiana hasta los grandes procesos productivos, pasando por sus instituciones y, desde luego, esos fundamentos nuevos exigen ser comprendidos y analizados como la base de cualquier acción en estos tiempos.

La educación y la escuela interpelados


Esos cambios epocales y el nuevo proyecto de control y poder han requerido transformar la educación y la escuela en el marco de la tercera revolución industrial (microelectrónica) que se desarrollaba con la construcción de una hegemonía cultural orientada por un mundo bipolar USA-URSS, que a nivel de educación impulsaba el paradigma curricular. Para el mundo que estaba bajo la influencia norteamericana se propició a finales de los años 70 una reforma curricular que, en el caso de Colombia, se respondió por parte de los grupos críticos y del sindicato nacional magisterial Fecode, constituyendo el movimiento pedagógico nacional, que incidirá en la política por su participación en la Constitución del 91, de la que hicieron parte los profesores Abel Rodríguez y Germán Toro, expresidentes de Fecode. De igual manera, la incidencia en la Ley general de educación (115 de 1994).

En ese período y al inicio de la cuarta revolución industrial (2008-2010), en los centros de poder del capitalismo y su proyecto de globalización –agenciado desde los organismos multilaterales: Banco Mundial, Ocde y en nuestros países el Banco Interamericano de Desarrollo, centrados en la homogeneización de la educación a nivel mundial– se impone la visión de la comisión de calidad de Estados Unidos, que busca dar respuesta al informe Una nación en riesgo (7) y a partir de allí se fijan los mínimos educativos para formar al ciudadano trabajador de este tiempo (Stem –acrónimo de Science, Technology, Engineering, Mathematics), que lleva a una ola de nuevas leyes de educación.

Este modelo orientará la idea de “aseguramiento de la calidad” de la educación desde las competencias y las pruebas estandarizadas mundiales organizadas por la Ocde (Pisa) y las correspondientes en cada país, pruebas “SABER” para nuestro caso. En ese intento de construir un sistema homogéneo para la educación, aparece la sindemia del coronavirus agregándole nuevos elementos a una sociedad y una escuela que ya vivían una profunda crisis.


La crisis es un instante entre dos claridades (8)


Para ser más claro, el “instante” del aforismo de Confucio se nos presenta cuando la sindemia obliga a que cerca de 1.500 millones de niños, niñas y jóvenes en el mundo deban recluirse en sus casas, de donde habían salido hace 200 años, para ir a una escuela que les prometía la formación que la familia no les podía dispensar. Ahora regresaban para que allí se cumplieran las tareas de una escuela que caminaba a pasos de tortuga para alcanzar los requerimientos que le exigían los criterios de calidad de un capitalismo cognitivo construido sobre otras bases. Es decir, esa escuela, en muchos casos señalada como “ineficiente”, “desactualizada”, debía atender a sus comunidades en condiciones extraordinarias.

De 169 millones de estudiantes latinoamericanos, 12 millones colombianos, se fueron a sus casas a intentar realizar las actividades que llevaban a cabo en los centros físicos y presenciales, y allí se encontraron que la desigualdad crónica del continente también lo era de la herramienta mediadora que ahora les plantean con nombres de digitalidad, virtualidad y muchos otros. Lo que otros expertos habían promovido como “educación en casa”, “enseñanza remota” y “educación a distancia” tenía serios problemas para ser llevado a cabo en solo uno de los factores, la infraestructura. En el mundo, la mitad de los chicos no contaban con la red ni con las herramientas. En América Latina (AL) el 37.5 por ciento no tenía acceso a internet. En nuestro país, el estudio de la Universidad Javeriana de diciembre de 2019 mostró que solo el 36.4 por ciento estarían en condiciones de hacerlo. Y un estudio reciente del BID mostró que en AL el retraso en conectividad se daba entre el 40 y el 50 por ciento (9), y que para superarlos requerían invertir 68.506 millones de dólares, y en nuestro país USD 5.809 millones. Como corolario, revisando el índice Gini de digitalidad en nuestro país, resulta que este es más desigual que el económico.

Además nos encontramos que el otro componente fundamental en este proceso, el humano, no estaba preparado para esa transición. Nuestros chicos, interpretados a través de teorías norteamericanas como “nativos digitales” (10), ahora, no solo ante el reto abierto por esta coyuntura, y a las deficiencias en infraestructura se suma que los más avezados eran solo nativos de redes sociales, consumidores de éstas por los lugares más pobres de información y juegos que, por lo cual, si íbamos a realizar algún trabajo con ellos, también había que incluir en la agenda una “desintoxicación” de la virtualidad.

A esto se sumaba que la formación en las nuevas tecnologías había sido muy pobre en la formación de maestras y maestros que fueron a la universidad en ese tránsito entre tercera y cuarta revolución industrial, y que quienes la habían recibido, contaban con una formación instrumental (ferretería) con alfabetización virtual para uso de estos en los contenidos tradicionales, que muy pocas veces daban cuenta de los sistemas inteligentes que permiten el funcionamiento de los aparatos: algoritmos, big data, pensamiento computacional, etcétera, para no hablar de la dificultad de colocar esas herramientas como constructoras de un nuevo sistema cultural mediado por lenguajes y reorganizadora de formas de conciencia, relaciones sociales, mediaciones educativas y dinámicas de socialización.

De igual manera, el llevar esa escuela en crisis a la casa quedó al desnudo la pobre propuesta de la escuela en aspectos no académicos para resolver pruebas y entonces apareció con mucha fuerza que el cuidado, el autocuidado, el tiempo interior, los asuntos afectivos y emocionales habían ido perdiendo espacio en nuestras niñas, niños y jóvenes, tanto en la escuela como en la universidad, ya que el tiempo laboral para obtener los mínimos vitales consumían el tiempo de padres y madres del continente, donde también el 36 por cieneto son hogares monoparentales, dependiendo del sector y los estratos sociales, llevando desventaja los grupos más vulnerables.


Ser maestro y maestra en tiempos de sindemia

El oficio se transformó sustancialmente y sus actores hicieron adecuaciones sobre la marcha para que esa escuela funcionara en casa, contando con las condiciones mínimas, y allí tuvieron que adecuar sus equipos, repotenciarlos, adquirir nuevos programas informáticos, todo ello sin presupuesto oficial. Y como pasa en el día a día de las instituciones educativas, algunos trasladaron los currículos oficiales presenciales a los sistemas del nuevo espacio en el cual debían trabajar. Otros buscaron los temas y los ampliaron a través de videos y enlaces de las plataformas y las nubes, y de algunos de los consorcios tecnológicos transnacionales.

También tomaron cuerpo algunas innovaciones en las dinámicas del aprendizaje; en zonas donde era imposible acudir a medios tecnológicos se apeló a radios comunitarias, guías enviadas a través de correos humanos a centros despoblados y rurales. En muchos casos, la imposibilidad de cubrirlos generó también grupos que quedaron desconectados de las actividades escolares en casa, emergiendo la vulnerabilidad que, como siempre, penaliza a los más empobrecidos. Allí las chicas y los chicos asumieron parte de las tareas del trabajo familiar, tanto en lo doméstico como en lo productivo.

De igual manera emergieron problemáticas asociadas a la cultura social de las comunidades, que se hacen más fuertes en los hogares en donde el maltrato toma múltiples formas, así como el abuso y las relaciones entre menores de edad que, en muchos casos, han generado un aumento en los embarazos adolescentes, situaciones que han producido una presión emocional, con sus consecuencias de estrés y agotamiento, sumado a infecciones del virus. No pueden dejarse de mencionar muchas maestras y maestros que aumentaron una jornada a las ya existentes, al tener que hacer el acompañamiento a las actividades escolares de sus hijas e hijos.

Lo más interesante de este tránsito es que esa escuela remota, virtual, o como se le llame, aparecía en la agenda de las grandes transnacionales de la tecnología como una resultante de la cuarta revolución industrial y con especificidad de la inteligencia artificial incorporada en los procesos del trabajo, la salud y la educación, lo que habría llevado a Kurzweil (11) (jefe de ingenieros de Google) y algunos CEOs del Valle de Silicón a prever que entre el 2005 y el 2030 una quinta revolución industrial centrada en la inteligencia artificial nos colocaría mayoritariamente en el teletrabajo, la teleeducación y la telesalud. Por eso, algunas corrientes críticas señalan que la pandemia aceleró un proceso que tiende a convertirse como de manera “natural” por el capitalismo cognitivo para la reorganización del trabajo en la sociedad.


La presencialidad es necesaria

“El experimento para ver cómo aprenden los niños con la educación remota” a que había aludido Erick Smith, asesor del senado norteamericano para inteligencia artificial y CEO y accionista de Alphabet, de la empresa Google, comienza a tener fisuras y mostró cómo el fin de la escuela de 200 años basada en la presencialidad no estaba agotado, y algunos de sus componentes eran fundamentales, y que se abría un modelo de educación “híbrido”, “multimodal”.

Una realidad que generó el debate sobre cómo garantizar ese regreso, lo que propició una discusión más compleja, ya que no era la disputa entre lo presencial y lo virtual sino que de nuevo aparecía la inexistencia de una educación neutra, toda vez que la misma está atravesada por los intereses de las personas que la hacen u orientan, y ello constituye la subjetividad y la ética de la acción humana. Ahora, en las condiciones de sindemia y el cómo garantizar el regreso con bioseguridad, aparecieron las aristas de un debate que tiene como fundamento los derechos entrecruzados en esta decisión: a la vida, a la salud, a la educación y los derechos preferentes de los niños.

Un debate que sirvió para que las viejas posiciones volvieran sobre los antiguos argumentos. Escuchamos a personas que ocuparon altos cargos en el Ministerio de Educación plantear que el problema era Fecode, y éstos respondieron que los problemas eran estructurales respecto a la infraestructura y la bioseguridad. También escuchamos a intelectuales y periodistas señalando la importancia de la presencialidad por sus aspectos socioemocionales. Otros señalábamos que volver a la vieja escuela sin modificaciones ni replanteamientos, para validar pruebas internacionales, era un salto al vacío.

Lo curioso es que todos y todas, desde diferentes lugares, coincidíamos en la importancia de la presencialidad, lo cual coloca en el centro del debate el tipo de mediaciones pedagógicas que entregan presencialidad y virtualidad, y la manera cómo ayudan a formar un ser humano integral en estos tiempos de cuarta revolución industrial, desde estos países del sur. Esta situación va a requerir de mucha autonomía en el actor de formación para nuevos liderazgos educativos y pedagógicos que entreguen resultados con los proyectos educativos institucionales pertinentes para formar ciudadanas y ciudadanos del mundo e hijos e hijas de la aldea.


Hacia una agenda de transición

Coherente con estas reflexiones, creo que existen unas tareas urgentes e inaplazables:

- Convertir la educación en un asunto de toda la sociedad, sacarla de ser solo para expertos y los actores de la misma.
- Recuperar los asuntos del Estado social de derecho, integrados en la Constitución del 91, en la que educación, salud, saneamiento básico y agua potable, con su respectiva financiación, fueron despojados por el acto legislativo 01 del 2002.
- Urge trabajar la perspectiva crítica de la pertinencia educativa con todos los actores de educación desde sus seis preguntas: ¿por qué educación y escuela en estos tiempos? ¿Para qué? ¿En dónde? ¿A quiénes? ¿Cuál? ¿Cómo?
- Resalta en su necesidad una educación para un ser humano integral, basada en sus capacidades y habilidades, en la que las competencias son subsidiarias de éstas.
- Convertir cada centro educativo e institución en una comunidad de práctica, aprendizaje, saber, conocimiento e investigación orientada a la innovación.
- Construir una formación integral que realice una alfabetización integrada de lo digital y de lo virtual, que la saque del uso instrumental, y que logre diferenciar entre tecnologías blandas y duras.
- Reconstruir los sentidos de lo público, reconociendo esa nueva gobernanza global del capitalismo cognitivo a través de las plataformas de las corporaciones tecnológicas, lo cual exige una actualización de la Ley general de educación.
- Reconstruir ejercicios de desaprendizaje que les permita repensar las prácticas y las teorías de la educación presencial y virtual.
- Reconocer las prácticas existentes que impulsan maestras y maestros desde los territorios como fundamento de las nuevas transformaciones.
- Iniciar conversaciones sobre el giro copernicano necesario en la formación de maestras y maestros para estos tiempos.

Permítanme terminar con una cita del pedagogo latinoamericano, referencia mundial, en la celebración de los 100 años de su natalicio:

Para mí es imposible conocer despreciando la intuición, los sentimientos, los sueños, los deseos, es mi cuerpo entero el que socialmente conoce. No puedo, en nombre de la exactitud y el rigor, negar mi cuerpo, mis sentimientos, mis pensamientos. Sé bien que conocer no es adivinar, pero conocer también pasa por adivinar. Lo que no tengo derecho a hacer si soy riguroso, serio, es quedar satisfecho con mi intuición. Debo someter el objeto de ella al filtro riguroso que merece, pero jamás despreciarlo, para mí la intuición forma parte del hacer y del pensar críticamente lo que se hace […] el desinterés por los sentimientos, como desvirtuadores de la investigación y de sus hallazgos, el miedo o la intuición, la negación categórica de la intuición y de la pasión, la creencia en los tecnicismos, todo esto termina por llevarnos al convencimiento de que cuanto más neutros seamos en nuestra acción, tanto más objetivos y eficaces, seremos: más exactos, más científicos Paulo Freire (12).

 

1 Michel Serrés, Pulgarcita, México, Fondo de Cultura Económica, 2014, p. 21.
2 Este término, desarrollado por Merrill Singer, se refiere a un momento en el cual dos o más enfermedades se entretejen haciendo un daño mayor que la suma de las dos. En este caso, la otra es la crisis social de la humanidad.
3 Charpak y Omnés, Sed sabios convertíos en profetas, Barcelona, Anagrama, 2005, pp. 15-16.
4 Mejía, M. R., Educación(es), escuela(s) y pedagogía(s) en la cuarta revolución industrial desde Nuestra América, Bogotá, Ediciones Desde Abajo, 2020.
5 Boutang, Y., Le capitalisme cognitif. La nouvelle grande transformation, París, Editions Amsterdam, 2014.
6 Santos B., La cruel pedagogía del virus, Buenos Aires, Clacso, 2020.
7 Departamento de Educación de Estados Unidos, A nation at risk. The imperative for educational reform, 1983.
8 Confucio.
9 BID, Índice de desarrollo de banda ancha, Washington, DC. 2021.
10 Prensky M., Teaching digital natives: partnering for real learning, California, Sage, 2010.
11 Kurzweil R., Cómo crear una mente, Berlín, Lola Books, 2013.
12 Freire Paulo, Educación en la ciudad, México, Siglo XXI editores, 1977, pp. 128-129.

*Planeta Paz, Expedición Pedagógica Nacional.

 

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Fotografía: calvox&periche, https://www.flickr.com/photos/calvox_periche/51181278224/

“Estos niños viven, pues, en lo virtual. Las ciencias cognitivas muestran que el uso de la red, la lectura o la escritura de mensajes con los pulgares, la consulta de Wikipedia o Facebook no estimulan las mismas neuronas ni las mismas zonas corticales que el uso del libro, de la tiza o del cuaderno. Pueden manipular varias informaciones a la vez. No conocen ni integran, ni sintetizan como nosotros, sus ascendientes”.

Ya no tienen la misma cabeza.
Michel Serrés (1).

 

Esta es una buena cita para arrancar este texto con el tema: “El maestro de hoy, entre la presencialidad y la virtualidad”. Sirven las afirmaciones de Serrés para colocar de forma rápida el marco general al tema al cual nos ha abocado la pandemia/sindemia (2) para la educación. En ese sentido, mi tesis es que el tema propuesto es solo una arista de las muchas que han colocado a la educación, a la escuela y a las diversas formas de la actuación humana en este momento de la historia de la humanidad.

En esta perspectiva, la educación y la escuela ya estaban en una profunda crisis antes de la sindemia. Lo único que hizo ésta fue agregarle nuevos elementos a su caracterización y que, desde mi visión, es un mundo que vivía tres grandes transformaciones y ahora se le agrega una cuarta, que también modifica el escenario en forma sustancial. Ellas serían:

Un cambio epocal que, a decir de Charpak, premio Nobel de física, representa una “mutación” no vista desde el neolítico, la revolución de la agricultura y el lenguaje oral (3).

El paso entre la tercera y la cuarta revolución industrial, la cual tiene 50 años de su transición entre ellas, cuando entre la primera y la segunda necesitamos 200 años para su desarrollo, visibilizando la velocidad de los cambios de este tiempo (4).

El surgimiento de un capitalismo cognitivo, el cual realiza sus grandes acumulaciones en el conocimiento y la ciencia convertidos en fuerza productiva, diferenciando entre los países centrales y los de la periferia, y una centralidad del trabajo humano, lo cual constituye su singularidad (5).

En medio de esas transformaciones aparece la sindemia y produce unos cuestionamientos más profundos al modelo civilizatorio construido por occidente y la modernidad (6).

Estas cuatro transformaciones concurren hoy para construir un escenario que pudiéramos caracterizar con un aforismo de Confucio: “la crisis es un instante entre dos claridades”. Y nosotros, los humanos de este tiempo de cualquier concepción política, teórica e ideológica, nos encontramos en ese “instante” en el cual son resignificadas y replanteadas muchas de las instituciones, imaginarios culturales, sistemas de mediaciones, soportes de la acción humana que habían constituido la sociedad en el sentido que nos señala Serrés en la cita introductoria, aporta indicios de un mundo que va a tener que ser reinventado en sus múltiples lugares desde la acción humana cotidiana hasta los grandes procesos productivos, pasando por sus instituciones y, desde luego, esos fundamentos nuevos exigen ser comprendidos y analizados como la base de cualquier acción en estos tiempos.

La educación y la escuela interpelados


Esos cambios epocales y el nuevo proyecto de control y poder han requerido transformar la educación y la escuela en el marco de la tercera revolución industrial (microelectrónica) que se desarrollaba con la construcción de una hegemonía cultural orientada por un mundo bipolar USA-URSS, que a nivel de educación impulsaba el paradigma curricular. Para el mundo que estaba bajo la influencia norteamericana se propició a finales de los años 70 una reforma curricular que, en el caso de Colombia, se respondió por parte de los grupos críticos y del sindicato nacional magisterial Fecode, constituyendo el movimiento pedagógico nacional, que incidirá en la política por su participación en la Constitución del 91, de la que hicieron parte los profesores Abel Rodríguez y Germán Toro, expresidentes de Fecode. De igual manera, la incidencia en la Ley general de educación (115 de 1994).

En ese período y al inicio de la cuarta revolución industrial (2008-2010), en los centros de poder del capitalismo y su proyecto de globalización –agenciado desde los organismos multilaterales: Banco Mundial, Ocde y en nuestros países el Banco Interamericano de Desarrollo, centrados en la homogeneización de la educación a nivel mundial– se impone la visión de la comisión de calidad de Estados Unidos, que busca dar respuesta al informe Una nación en riesgo (7) y a partir de allí se fijan los mínimos educativos para formar al ciudadano trabajador de este tiempo (Stem –acrónimo de Science, Technology, Engineering, Mathematics), que lleva a una ola de nuevas leyes de educación.

Este modelo orientará la idea de “aseguramiento de la calidad” de la educación desde las competencias y las pruebas estandarizadas mundiales organizadas por la Ocde (Pisa) y las correspondientes en cada país, pruebas “SABER” para nuestro caso. En ese intento de construir un sistema homogéneo para la educación, aparece la sindemia del coronavirus agregándole nuevos elementos a una sociedad y una escuela que ya vivían una profunda crisis.


La crisis es un instante entre dos claridades (8)


Para ser más claro, el “instante” del aforismo de Confucio se nos presenta cuando la sindemia obliga a que cerca de 1.500 millones de niños, niñas y jóvenes en el mundo deban recluirse en sus casas, de donde habían salido hace 200 años, para ir a una escuela que les prometía la formación que la familia no les podía dispensar. Ahora regresaban para que allí se cumplieran las tareas de una escuela que caminaba a pasos de tortuga para alcanzar los requerimientos que le exigían los criterios de calidad de un capitalismo cognitivo construido sobre otras bases. Es decir, esa escuela, en muchos casos señalada como “ineficiente”, “desactualizada”, debía atender a sus comunidades en condiciones extraordinarias.

De 169 millones de estudiantes latinoamericanos, 12 millones colombianos, se fueron a sus casas a intentar realizar las actividades que llevaban a cabo en los centros físicos y presenciales, y allí se encontraron que la desigualdad crónica del continente también lo era de la herramienta mediadora que ahora les plantean con nombres de digitalidad, virtualidad y muchos otros. Lo que otros expertos habían promovido como “educación en casa”, “enseñanza remota” y “educación a distancia” tenía serios problemas para ser llevado a cabo en solo uno de los factores, la infraestructura. En el mundo, la mitad de los chicos no contaban con la red ni con las herramientas. En América Latina (AL) el 37.5 por ciento no tenía acceso a internet. En nuestro país, el estudio de la Universidad Javeriana de diciembre de 2019 mostró que solo el 36.4 por ciento estarían en condiciones de hacerlo. Y un estudio reciente del BID mostró que en AL el retraso en conectividad se daba entre el 40 y el 50 por ciento (9), y que para superarlos requerían invertir 68.506 millones de dólares, y en nuestro país USD 5.809 millones. Como corolario, revisando el índice Gini de digitalidad en nuestro país, resulta que este es más desigual que el económico.

Además nos encontramos que el otro componente fundamental en este proceso, el humano, no estaba preparado para esa transición. Nuestros chicos, interpretados a través de teorías norteamericanas como “nativos digitales” (10), ahora, no solo ante el reto abierto por esta coyuntura, y a las deficiencias en infraestructura se suma que los más avezados eran solo nativos de redes sociales, consumidores de éstas por los lugares más pobres de información y juegos que, por lo cual, si íbamos a realizar algún trabajo con ellos, también había que incluir en la agenda una “desintoxicación” de la virtualidad.

A esto se sumaba que la formación en las nuevas tecnologías había sido muy pobre en la formación de maestras y maestros que fueron a la universidad en ese tránsito entre tercera y cuarta revolución industrial, y que quienes la habían recibido, contaban con una formación instrumental (ferretería) con alfabetización virtual para uso de estos en los contenidos tradicionales, que muy pocas veces daban cuenta de los sistemas inteligentes que permiten el funcionamiento de los aparatos: algoritmos, big data, pensamiento computacional, etcétera, para no hablar de la dificultad de colocar esas herramientas como constructoras de un nuevo sistema cultural mediado por lenguajes y reorganizadora de formas de conciencia, relaciones sociales, mediaciones educativas y dinámicas de socialización.

De igual manera, el llevar esa escuela en crisis a la casa quedó al desnudo la pobre propuesta de la escuela en aspectos no académicos para resolver pruebas y entonces apareció con mucha fuerza que el cuidado, el autocuidado, el tiempo interior, los asuntos afectivos y emocionales habían ido perdiendo espacio en nuestras niñas, niños y jóvenes, tanto en la escuela como en la universidad, ya que el tiempo laboral para obtener los mínimos vitales consumían el tiempo de padres y madres del continente, donde también el 36 por cieneto son hogares monoparentales, dependiendo del sector y los estratos sociales, llevando desventaja los grupos más vulnerables.


Ser maestro y maestra en tiempos de sindemia

El oficio se transformó sustancialmente y sus actores hicieron adecuaciones sobre la marcha para que esa escuela funcionara en casa, contando con las condiciones mínimas, y allí tuvieron que adecuar sus equipos, repotenciarlos, adquirir nuevos programas informáticos, todo ello sin presupuesto oficial. Y como pasa en el día a día de las instituciones educativas, algunos trasladaron los currículos oficiales presenciales a los sistemas del nuevo espacio en el cual debían trabajar. Otros buscaron los temas y los ampliaron a través de videos y enlaces de las plataformas y las nubes, y de algunos de los consorcios tecnológicos transnacionales.

También tomaron cuerpo algunas innovaciones en las dinámicas del aprendizaje; en zonas donde era imposible acudir a medios tecnológicos se apeló a radios comunitarias, guías enviadas a través de correos humanos a centros despoblados y rurales. En muchos casos, la imposibilidad de cubrirlos generó también grupos que quedaron desconectados de las actividades escolares en casa, emergiendo la vulnerabilidad que, como siempre, penaliza a los más empobrecidos. Allí las chicas y los chicos asumieron parte de las tareas del trabajo familiar, tanto en lo doméstico como en lo productivo.

De igual manera emergieron problemáticas asociadas a la cultura social de las comunidades, que se hacen más fuertes en los hogares en donde el maltrato toma múltiples formas, así como el abuso y las relaciones entre menores de edad que, en muchos casos, han generado un aumento en los embarazos adolescentes, situaciones que han producido una presión emocional, con sus consecuencias de estrés y agotamiento, sumado a infecciones del virus. No pueden dejarse de mencionar muchas maestras y maestros que aumentaron una jornada a las ya existentes, al tener que hacer el acompañamiento a las actividades escolares de sus hijas e hijos.

Lo más interesante de este tránsito es que esa escuela remota, virtual, o como se le llame, aparecía en la agenda de las grandes transnacionales de la tecnología como una resultante de la cuarta revolución industrial y con especificidad de la inteligencia artificial incorporada en los procesos del trabajo, la salud y la educación, lo que habría llevado a Kurzweil (11) (jefe de ingenieros de Google) y algunos CEOs del Valle de Silicón a prever que entre el 2005 y el 2030 una quinta revolución industrial centrada en la inteligencia artificial nos colocaría mayoritariamente en el teletrabajo, la teleeducación y la telesalud. Por eso, algunas corrientes críticas señalan que la pandemia aceleró un proceso que tiende a convertirse como de manera “natural” por el capitalismo cognitivo para la reorganización del trabajo en la sociedad.


La presencialidad es necesaria

“El experimento para ver cómo aprenden los niños con la educación remota” a que había aludido Erick Smith, asesor del senado norteamericano para inteligencia artificial y CEO y accionista de Alphabet, de la empresa Google, comienza a tener fisuras y mostró cómo el fin de la escuela de 200 años basada en la presencialidad no estaba agotado, y algunos de sus componentes eran fundamentales, y que se abría un modelo de educación “híbrido”, “multimodal”.

Una realidad que generó el debate sobre cómo garantizar ese regreso, lo que propició una discusión más compleja, ya que no era la disputa entre lo presencial y lo virtual sino que de nuevo aparecía la inexistencia de una educación neutra, toda vez que la misma está atravesada por los intereses de las personas que la hacen u orientan, y ello constituye la subjetividad y la ética de la acción humana. Ahora, en las condiciones de sindemia y el cómo garantizar el regreso con bioseguridad, aparecieron las aristas de un debate que tiene como fundamento los derechos entrecruzados en esta decisión: a la vida, a la salud, a la educación y los derechos preferentes de los niños.

Un debate que sirvió para que las viejas posiciones volvieran sobre los antiguos argumentos. Escuchamos a personas que ocuparon altos cargos en el Ministerio de Educación plantear que el problema era Fecode, y éstos respondieron que los problemas eran estructurales respecto a la infraestructura y la bioseguridad. También escuchamos a intelectuales y periodistas señalando la importancia de la presencialidad por sus aspectos socioemocionales. Otros señalábamos que volver a la vieja escuela sin modificaciones ni replanteamientos, para validar pruebas internacionales, era un salto al vacío.

Lo curioso es que todos y todas, desde diferentes lugares, coincidíamos en la importancia de la presencialidad, lo cual coloca en el centro del debate el tipo de mediaciones pedagógicas que entregan presencialidad y virtualidad, y la manera cómo ayudan a formar un ser humano integral en estos tiempos de cuarta revolución industrial, desde estos países del sur. Esta situación va a requerir de mucha autonomía en el actor de formación para nuevos liderazgos educativos y pedagógicos que entreguen resultados con los proyectos educativos institucionales pertinentes para formar ciudadanas y ciudadanos del mundo e hijos e hijas de la aldea.


Hacia una agenda de transición

Coherente con estas reflexiones, creo que existen unas tareas urgentes e inaplazables:

- Convertir la educación en un asunto de toda la sociedad, sacarla de ser solo para expertos y los actores de la misma.
- Recuperar los asuntos del Estado social de derecho, integrados en la Constitución del 91, en la que educación, salud, saneamiento básico y agua potable, con su respectiva financiación, fueron despojados por el acto legislativo 01 del 2002.
- Urge trabajar la perspectiva crítica de la pertinencia educativa con todos los actores de educación desde sus seis preguntas: ¿por qué educación y escuela en estos tiempos? ¿Para qué? ¿En dónde? ¿A quiénes? ¿Cuál? ¿Cómo?
- Resalta en su necesidad una educación para un ser humano integral, basada en sus capacidades y habilidades, en la que las competencias son subsidiarias de éstas.
- Convertir cada centro educativo e institución en una comunidad de práctica, aprendizaje, saber, conocimiento e investigación orientada a la innovación.
- Construir una formación integral que realice una alfabetización integrada de lo digital y de lo virtual, que la saque del uso instrumental, y que logre diferenciar entre tecnologías blandas y duras.
- Reconstruir los sentidos de lo público, reconociendo esa nueva gobernanza global del capitalismo cognitivo a través de las plataformas de las corporaciones tecnológicas, lo cual exige una actualización de la Ley general de educación.
- Reconstruir ejercicios de desaprendizaje que les permita repensar las prácticas y las teorías de la educación presencial y virtual.
- Reconocer las prácticas existentes que impulsan maestras y maestros desde los territorios como fundamento de las nuevas transformaciones.
- Iniciar conversaciones sobre el giro copernicano necesario en la formación de maestras y maestros para estos tiempos.

Permítanme terminar con una cita del pedagogo latinoamericano, referencia mundial, en la celebración de los 100 años de su natalicio:

Para mí es imposible conocer despreciando la intuición, los sentimientos, los sueños, los deseos, es mi cuerpo entero el que socialmente conoce. No puedo, en nombre de la exactitud y el rigor, negar mi cuerpo, mis sentimientos, mis pensamientos. Sé bien que conocer no es adivinar, pero conocer también pasa por adivinar. Lo que no tengo derecho a hacer si soy riguroso, serio, es quedar satisfecho con mi intuición. Debo someter el objeto de ella al filtro riguroso que merece, pero jamás despreciarlo, para mí la intuición forma parte del hacer y del pensar críticamente lo que se hace […] el desinterés por los sentimientos, como desvirtuadores de la investigación y de sus hallazgos, el miedo o la intuición, la negación categórica de la intuición y de la pasión, la creencia en los tecnicismos, todo esto termina por llevarnos al convencimiento de que cuanto más neutros seamos en nuestra acción, tanto más objetivos y eficaces, seremos: más exactos, más científicos Paulo Freire (12).

 

1 Michel Serrés, Pulgarcita, México, Fondo de Cultura Económica, 2014, p. 21.
2 Este término, desarrollado por Merrill Singer, se refiere a un momento en el cual dos o más enfermedades se entretejen haciendo un daño mayor que la suma de las dos. En este caso, la otra es la crisis social de la humanidad.
3 Charpak y Omnés, Sed sabios convertíos en profetas, Barcelona, Anagrama, 2005, pp. 15-16.
4 Mejía, M. R., Educación(es), escuela(s) y pedagogía(s) en la cuarta revolución industrial desde Nuestra América, Bogotá, Ediciones Desde Abajo, 2020.
5 Boutang, Y., Le capitalisme cognitif. La nouvelle grande transformation, París, Editions Amsterdam, 2014.
6 Santos B., La cruel pedagogía del virus, Buenos Aires, Clacso, 2020.
7 Departamento de Educación de Estados Unidos, A nation at risk. The imperative for educational reform, 1983.
8 Confucio.
9 BID, Índice de desarrollo de banda ancha, Washington, DC. 2021.
10 Prensky M., Teaching digital natives: partnering for real learning, California, Sage, 2010.
11 Kurzweil R., Cómo crear una mente, Berlín, Lola Books, 2013.
12 Freire Paulo, Educación en la ciudad, México, Siglo XXI editores, 1977, pp. 128-129.

*Planeta Paz, Expedición Pedagógica Nacional.

 

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Publicado enEdición Nº284
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Aunque la pandemia por covid-19 no ha finalizado y, para ser precisos, no finalizará ya que el virus no desaparecerá, como especie humana haremos adaptaciones, el virus también, pasando a una fase de endemia, es decir a una situación permanente de infección con el virus Sars-Cov-2 pero con una menor letalidad. Bien vale la pena reflexionar sobre las lecciones que va dejando una experiencia sanitaria y social de estas dimensiones.

 

Luego de más de un año y medio de haber declarado la OMS la pandemia por covid-19, y de establecer que se han contagiado en el mundo más de 220 millones de personas y muerto más de cuatro millones, con cerca de 5 millones de habitantes contagiados en Colombia*, así como más de 125 mil muertos, puede pensarse en un conjunto de enseñanzas que un fenómeno de esta magnitud puede dejar en diversos aspectos de la vida humana. Acá se reflexiona sobre las concernientes al tema de salud.


Entender las epidemias de manera compleja


Las epidemias y pandemias no pueden entenderse simplemente como un fenómeno de orden biológico en el que un microorganismo sea virus, bacteria u de otro tipo, contagia a individuos los cuales contagian a más hasta cubrir un porcentaje amplio de población en territorios determinados.

Las pandemias son dinámicas biológicas determinadas por procesos sociales, que tienen que ver principalmente con las formas como la sociedad se relaciona con la naturaleza, que en el periodo capitalista ha sido altamente depredadora, extrayendo intensamente recursos naturales. En particular, este modo de producción genera una reproducción acelerada de especies animales para el consumo humano (aves y cerdos, por ejemplo), que generan las condiciones para la mutación y propagación de microorganismos entre especies, llegando luego a la humana causando enfermedades zoonóticas, como la covid-19, el H1N1, el Sars, la Mers, el ébola, el VIH-Sida.

De otro lado, se ha entendido que diversas epidemias se conjugan al mismo tiempo, configurando un escenario de sindemia, que es mucho más lesivo al combinar, por ejemplo, la pandemia por covid-19 con la de la pobreza, el hambre, la falta de saneamiento básico, las desigualdades, los daños ambientales, potenciando los efectos negativos sobre la gente. Visión que refuerza la idea que la salud posee una determinación social establecida principalmente por las formas como se dan los procesos de producción y de reproducción social y que explica las formas desiguales como se distribuyen las epidemias afectando principalmente a los sectores más empobrecidos y marginados de la sociedad.

Entendida entonces las epidemias y pandemias de manera compleja, demandan respuestan amplias, integrales, que no se limitan a medidas de higiene pública, como los aislamientos, o de tecnología sanitaria, como las vacunas, sino que las recoge, pero teniendo que ir mucho más allá.

La incertidumbre de la ciencia, el valor de los múltiples saberes


Grandes tensiones y debates se han dado sobre el rol de la ciencia en este contexto de pandemia, encontrándose desde posturas ortodoxas que consideran que la ciencia es la que tiene la absoluta verdad sobre la base de las evidencias y la única que puede orientar qué hacer para enfrentar este fenómeno sanitario, descalificando cualquier otro tipo de conocimiento rotulándolo como no científico; hasta las que cuestionan fuertemente la ciencia frente a la falta de certeza en relación a esta dinámica epidemiológica.

Este periodo deja como enseñanza la necesidad de que quienes están dedicados a la ciencia asuman un nivel de humildad, reconociendo que ésta tiene unos alcances y aportes, pero que se mueve en planos de limitaciones e incertidumbres. Y que al aceptar esto, pueden reconocer otras formas de conocimiento que han actuado para el enfrentamiento de la pandemia, y sin que sean tampoco la solución absoluta, sí han aportado en su enfrentamiento.

De aceptarse esta enseñanza, queda como reto el impulso de una ciencia más cercana a la gente, sin verdades absolutas, con reconocimiento de sus límites, abierta a las críticas para poder avanzar y dispuesta a interactuar con otras formas de conocimiento que se construyen en la sociedad, lo que puede permitir comprender más ampliamente los fenómenos de la vida y gestar de mejor manera las respuestas que crisis de esta magnitud demandan.


La enorme fragilidad de la vida

Este periodo ha revelado de nuevo cuan frágil es la vida, de cómo estructuras biológicas altamente desarrolladas quedan subordinadas ante estructuras genéticas, que son sencillos segmentos de cadenas de proteínas que tienen una alta capacidad de adaptación en los cuerpos humanos para sobrevivir y mutar.

Estos segmentos de cadenas genéticas han generado un alto daño sobre la especie humana, revelando que no somos los reyes de la naturaleza y que debemos guardar humildad ante su simpleza, que nos logra subordinar.

La salud más que ausencia de enfermedad

Contagiarse con el virus Sars-CoV-2 no es igual para toda la gente: a la mayoría no le sucede nada, a otras le dan síntomas leves, a otras moderados y a otras severos, algunas de las cuales fallecen.

Por lo tanto, no existe una relación directa entre contacto con el virus y enfermedad, lo que debe permitir entender que no existe una relación unicausal entre virus y enfermedad, sino que existe una complejidad de causas dadas por una determinación social de la salud.

De otro lado, esto también lleva a entender que salud es no estar enfermo, que esa es una reducción de un concepto amplio y complejo, vinculado con la complejidad de la vida biológica y social.

Entender la salud de manera amplia debe conducir a romper con la medicalización de la vida, que ha llevado a que las dinámicas de salud-enfermedad se enfrenten exclusivamente desde el complejo médico-industrial-farmacéutico, en donde los individuos han perdido la autonomía sobre su cuerpo y el curso de su vida.

Asunto que tiene una connotación muy problemática en el sentido que la gente considera que para los problemas de salud, entiéndase enfermedades, se requiere una intervención de personal médico, ojalá especializado, tecnología médica y medicamentos. Una total subordinación al paradigma médico occidental.

Otra de las cosas que nos ha enseñado esta pandemia es que la salud es realmente una conjugación principalmente de cuidado, tanto individual como colectivo, conectada claramente con las expresiones de solidaridad. Han sido las medidas sustanciales de cuidado propio, cuidado de las familias, cuidado de las comunidades, tomando medidas para la contención del virus, las más útiles para su enfrentamiento.


La atención a la salud más allá de lo hospitalario


Bajo la visión hegemónica médica articulada a una atención altamente especializada, la respuesta a la pandemia se concentró principalmente en el ámbito hospitalario, en particular en la atención a las personas más críticas en unidades de cuidado intermedio e intensivo (UCI), sin impulsar decididamente medidas no hospitalarias, de salud colectiva, que tienen una enorme efectividad para evitar que la gente llegara a las UCI.
Este modelo hegemónico se explica y se sostiene, por estar altamente ligado con un enfoque mercantil de la salud, con enormes procesos de acumulación de capital producto de la atención especializada de la enfermedad y no precisamente por el impulso de acciones de promoción de la salud y prevención de la enfermedad.

Lo que revelan los lugares donde la contención de la pandemia ha sido más efectiva, es que tal logro corresponde a una acción territorial, articulada entre las instituciones y las comunidades, para rastrear, identificar, aislar y atender a las personas contagiadas.

La enseñanza entonces es que, en términos de respuestas para la atención de los problemas de salud, la clave está en el trabajo de promoción y prevención en los territorios, junto a las comunidades, y no en los ámbitos hospitalarios, que deben estar exclusivamente para aquellos casos que no se logran contener en la acción de atención territorial.


El valor de las y los trabajadores del sector de la salud

La respuesta institucional en salud tiene como pieza clave a las y los trabajadores; un sistema de salud no funciona sin ellas y ellos.

La pandemia develó las formas precarias en que hoy laboran unos y otras, destacados como héroes por ser quienes han estado en la primera línea de atención, pero tratados realmente como villanos en sus sitios de trabajo, tanto por la lógica gerencial empresarial indolente, como por la propia sociedad que los ha visto como fuente de contagio y porque son, en últimas, la cara visible de un sistema de salud injusto e inhumano.

La enseñanza en este aspecto es que sin dignificar su trabajo no es posible configurar adecuadas respuestas institucionales frente a los problemas de salud de las poblaciones.

La acción comunitaria produce salud

Frente a la debilidad o la ausencia del Estado en múltiples territorios, fueron las propias comunidades, con sus saberes y experiencias, y también sus desconocimientos, quienes actuaron para cuidar y proteger la salud y la vida de sus pobladores.

Se cocinó, se tejieron mascarillas, se cuidó a quienes enfermaron, se consiguieron medicamentos básicos para tratar los síntomas, se cerró el territorio, se cultivaron plantas y se emplearon recetas herbolarias, entre muchas otras cosas realizadas por las comunidades, tanto urbanas como rurales, para enfrentar la pandemia.

La enseñanza es básica: reconocer que la acción comunitaria es productora de salud, generadora de protección y bienestar, liderazgo fundamental para el cuidado de la salud y la vida; y que la institucionalidad debería comprender su valor para potenciarlo, no de forma instrumental, sino autónoma.

La salud pública más que la suma de higiene y epidemiología

Otra gran enseñanza: problemas de salud pública de esta magnitud no pueden manejarse solamente con medidas de higiene pública y con seguimientos epidemiológicos. Acá aspectos de protección social juegan un papel clave para permitir condiciones dignas de vida y soportes económicos para poder realizar aislamientos como los que demandan la contención del virus.

Esto debe llevar a entender la salud pública en una perspectiva mucho más amplia, que involucra la comprensión no solo de las dinámicas epidemiológicas sino también las sociales, ambientales y culturales, y al desarrollo de estructuras de protección social que le den soporte económico a la vida de las gentes.

Visión nueva, para cambios de fondo

La pandemia ha profundizado lo conocido como crisis civilizatoria, por lo cual requerimos rehacer, redimensionar, el proyecto como especie humana, sin esto no hay salida, lo que implica entre otros asuntos un cambio de fondo de las maneras de producir y consumir.

Sino rompemos el antropocentrismo, que ha colocado al ser humano como el centro de la naturaleza, cambiando por tanto la relación depredadora de la sociedad con la naturaleza, no será posible ir en otra dirección y lo que es peor, no tendremos oportunidad como especie ante los cambios ambientales planetarios que nos están llevando a un entorno no apto para la vida humana.

Así que esta pandemia no es un problema simplemente con el virus Sars-Cov-2, es un asunto muy profundo, originado por la acción antrópica, y que, pasada esta pandemia a fase endémica, vendrán nuevas formas de virus u otros microorganismos a generar nuevas epidemias, en tanto no se cambien sus causas estructurales.

El valor central que las sociedades deben impulsar hoy es la defensa de la vida, en sus múltiples expresiones: la humana, la de todas las especies vivas, la planetaria; lo cual demanda cambiar el orden social establecido y darle prioridad al establecimiento de redes de cuidado de la vida y la salud tejidas por las propias comunidades.

Se requiere cambiar el sistema de salud, el modo de atención y el quehacer de la salud pública, bajo la idea que la gestión en salud debe tener como eje principal la defensa de la vida.

Asimismo, deben territorializarse las acciones de salud pública y las atenciones a las personas, lo que implica romper con el modelo de aseguramiento que desterritorializa y pasar a un modo de acción en salud basado en la denominada atención primaria en salud.

A su vez, potenciar la estructuración de sistemas comunitarios de salud, que les den autonomía y soberanía sobre su salud y les permitan estructurar recursos de poder para establecer relaciones distintas con el Estado, en donde sus perspectivas, proyectos y demandas no quedan subordinadas.

Requerimos, entonces, una perspectiva radicalmente nueva para actuar, que lleve a descolonizar el pensamiento; a desmedicalizar la vida y permita recuperar el control sobre el cuerpo y la salud, en clave de soberanía; que desmercantilice la salud; que desindustrialice el modo de producción desarrollista rompiendo la idea que el desarrollo es crecimiento económico y acumulo de capital, y que dignifique la vida y el trabajo.

 

* Aunque hay que decir que ya formalmente el Instituto Nacional de Salud ha dicho que considera que 9 de cada 10 colombianos/as posiblemente se ha contagiado con el Sars-Cov-2, asunto muy posible dado el enorme subdiagnóstico y subregistro de casos y a una muy baja detección de casos asintomáticos.

 


Las 5D

Descolonizar el pensamiento
Desmedicalizar la vida
Desmercantilizar la salud
Desindustrializar el modo de producción desarrollista
Dignificar la vida y el trabajo


 

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Publicado enEdición Nº284
Lunes, 20 Septiembre 2021 05:34

Violencias

anderas blancas en el National Mall, cerca del Monumento a Washington. El proyecto de la artista Suzanne Brennan Firstenberg requirió más de 600 mil banderas blancas en miniatura para simbolizar las vidas perdidas por el Covid- 19 en Estados Unidos, donde las vacunas están disponibles para todos de manera gratuita.Foto Afp

Hay más de 670 mil banderitas blancas plantadas alrededor del Monumento de Washington marcando el número de muertes por Covid en Estados Unidos, un total que se incrementa por un promedio de otros mil 900 diarios. El total es ya el equivalente a todos los estadunidenses que murieron en las guerras mayores entre 1900 hasta hoy día.

Una de cada 500 personas en Estados Unidos ya han fallecido por la pandemia, la gran mayoría de manera innecesaria. Se reporta ahora que hospitales en varias regiones del país –en particular donde gobiernan políticos de derecha con poblaciones que favorecen a Trump– ya no tienen cupo con sus unidades de terapia intensiva al cien por ciento por la ola de nuevos contagios severos por gente que ha rehusado ser vacunada. Con ello están rechazando a otros casos severos, desde cáncer a operaciones urgentes y más, causando aún más muertes. Todo esto en un país donde está disponible, gratis y para quien la quiera, la vacuna. O sea, la emergencia de salud pública es por decisión política y desinformación activa, y no por el virus.

Asombra que la derecha –desde senadores y diputados federales a gobernadores y legisladores estatales– ha determinado que la muerte de aquellos que representan es un precio aceptable para ganar sus batallas de poder político. Han promovido la idea de que rechazar las vacunas y otras medidas para mitigar la pandemia incluyendo el uso obligado de cubrebocas y la distancia sana en lugares públicos, son intentos de los demócratas para imponer "controles" sobre la población y declaran que esta disputa es nada menos que la gran y gloriosa defensa de "la libertad". No falta los que afirman que estas medidas sanitarias, junto con intentos de ofrecer apoyos para los afectados por las consecuencias económicas de la pandemia, son parte de un complot "socialista".

Esta violencia política derechista que tiene un saldo de 2 mil vidas cada 24 horas ha sido nutrida e intensificada estos últimos años por Trump y sus cómplices republicanos dentro y ahora fuera de la Casa Blanca a nivel federal, como en diversos estados, con el propósito explícito de intentar frenar y hacer fracasar las principales iniciativas de demócratas y fuerzas progresistas es, en torno al Covid, una misión suicida (o por lo menos homicida).

Esa violencia se manifiesta de manera explícita con políticos armados y declarando guerra contra otros estadunidenses. La diputada federal ultraderechista Marge Green dice en un video publicitario que se dedicara hacer estallar la "agenda socialista" demócrata y se graba apuntado un rifle calibre .50 para disparar contra un coche que tiene pintado la palabra "socialismo", el cual explota (https://twitter.com/i/status/1439225130811539457). El gobernador de Georgia, Brian Kemp, en un video para su relección, se muestra armado, hace estallar un explosivo representando la agenda demócrata detrás de él, y amenaza que él personalmente acorralará con su camioneta y armas a “ ilegales criminales”.

Este tipo de políticos han intercalado los temas del rechazo de regulaciones gubernamentales en base de ciencia, el antiaborto, el derecho incondicional a las armas, la supresión del voto de las minorías y criminalizar a los inmigrantes y no pocos han agregado el veneno del supremacismo blanco, en una amenaza real a la democracia estadunidense; sus aliados más extremistas ya son calificados como la principal "amenaza terrorista" al país.

Y están logrando su objetivo. Una encuesta reciente de CNN revela que casi 80 por ciento de las filas republicanas siguen creyendo en la absoluta mentira de Trump de que perdió la eleccion sólo por fraude. Según ellos, los "enemigos" están invadiendo –tanto estadunidenses como inmigrantes– al país y ante ello llaman a montar una "defensa", incluso armada, de su patria.

La cada vez más extrema derecha en Estados Unidos como en tantos otros países está dispuesta a destruir no sólo el país (para rescatarlo) sino el planeta entero, y por lo tanto, la lucha en su contra ya no es un asunto local o nacional, sino trasnacional.

Childish Gambino. This is America. https://www.youtube.com/watch?v=VYOjWnS4cMY

Rage Against the Machine. Take the Power Back.https://www.youtube.com/watch?v=rMjjsjNBS_4

Publicado enInternacional
Nieves Rico y Laura Pautassi en la marcha por el aborto de junio 2018 en Buenos Aires.

Laura Pautassi y Nieves Rico hablan sobre la agenda de los cuidados en América Latina

Las especialistas remarcan la necesidad de valorizar el trabajo invisible y no pago de las mujeres, que con la pandemia se hizo más visible. Y explican el

 

"No hay nada hay nada peor que referir a un orden dado como 'normal'", dice Laura Pautassi en el libro Feminismos, cuidados e institucionalidad. Homenaje a Nieves Rico. Una frase feminista en un libro feminista que homenajea en vida a Rico por haber sido la gran promotora de la agenda de los cuidados en América Latina. Tanto Pautassi como Rico se preguntan a qué normalidad pospandemia nos quieren hacer volver si está claro que para las mujeres la previa no era un lugar apacible sino uno plagado de violencias, desigualdades y discriminación. Para pensar la pandemia y una salida que incluya a todes, las expertas hablan de un concepto novedoso, “sindemia”, que permite dar cuenta de la complejidad de la crisis que disparó la covid-19, no solo a nivel sanitario sino económico y social.

El libro Feminismos, cuidados e institucionalidad. Homenaje a Nieves Rico se acaba de publicar por Fundación Medife Edita. Habla de la agenda de los cuidados (el trabajo invisible que en general hacen las mujeres en las casas, limpiando, cocinando, cuidando niños y ancianos, etc; y también el trabajo rentado dedicado a cuidar a otros), una agenda que el feminismo traía hace años pero con la pandemia se puso en evidencia. Rico es antropóloga y doctora en Sociología y fue una promotora central de la agenda de los cuidados, tanto desde su lugar en la División de Asuntos de Género como de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), aportando a la promoción de los sistemas nacionales de cuidados en Uruguay y en Costa Rica y promoviendo los procesos en otros países de la región. Pautassi también es una referente en el impulso de los cuidados como un derecho humano. Es doctora en Sociología y Derecho Social e investigadora principal del Conicet e Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales A. Gioja. Fue consultora de organismos de Naciones Unidas donde trabajó cerca de Rico.

--Se ha dicho mucho sobre cómo la pandemia puso este tema en agenda. En esta vuelta a cierta normalidad, ¿se han logrado algún tipo de cambio o repetimos los mismos errores?

LP: --La pandemia mostró en una primera mirada que no se sabía lo que pasaba en el hogar con el enfoque de género. E inclusive visibilizándose, porque nadie puede decir a esta altura que no sabe lo que pasa adentro del hogar, no se avanzó en ninguna distribución sino al contrario. Entonces, la verdad que estamos peor, porque la concentración en un mismo espacio físico de trabajo productivo y reproductivo, o el trabajo remunerado y no remunerado, tensionó todavía más a los hogares, de hecho ocurrió un crecimiento de la violencia y sus múltiples manifestaciones. Sobre todo hay que destacar también que la pandemia generó muchísima violencia contra les niñes y adolescentes, ahí se ve un factor muy fuerte, sumado a las afectaciones que también hubo de la salud mental. Pero creo que lejos estamos de haberlo distribuido, ni hablo de la redistribución, y esto que es algo que venimos diciendo hace siglos, el problema es la desigualdad estructural. ¿Entonces de qué normalidad venimos hablando?

Ahora, si hay un aspecto interesante es que se habló de cuidados o sea, la estrategia comunicativa de cuidados fue muy interesante, probablemente no fuimos las feministas las que diseñamos las campañas pero hubo un tema muy interesante ahí de instalar el “cuidate”. Okey, ¿cómo se va a cuidar esa persona, qué herramientas hay para eso? Eso fue quizás lo que faltó.

--Ustedes hablan de sindemia, ¿qué implica este concepto?

NR: --Es muy importante entender que la pandemia se instala en América Latina en un escenario de desigualdades estructurales, entonces cuando empieza la pandemia, la expansión de este virus, pero sobre todo cuando empiezan las medidas que adoptan los distintos gobiernos, el distanciamiento, la cuarentena, los cierres de frontera, el lavarse las manos o comprar alcohol gel, mascarilla, junto con el “cuidate” y el “quedarse en casa” como consigna para superar esta situación, empezamos a ver que no le podíamos echar toda la culpa al virus de lo que estaba pasando con las mujeres, al interior de los hogares, con las trabajadoras domésticas que estaban perdiendo sus empleos y que no tenían apoyo estatal. Ahí tomamos un concepto que viene de la antropología médica y de la epidemiología crítica, que es un concepto muy nuevo, sindemia. Es un concepto que nos permite analizar la confluencia o la sinergia de riesgos y de amenazas, que producen que las personas y los individuos, en particular las mujeres, se vean afectados con una mayor vulnerabilidad, una mayor posibilidad de enfermarse, o una mayor posibilidad de que las restricciones asociadas a las medidas afecten su autonomía y sus derechos. Entonces traemos este concepto a las ciencias sociales, en particular para poder entender de mejor manera las consecuencias que las medidas políticas, sumadas a la crisis sanitaria, están teniendo sobre la población. Entonces nos permite comprender mejor qué les pasa a las mujeres que están en hogares en situación de pobreza. Por ejemplo, sabemos que América Latina es la región del mundo donde hay mayor mortalidad producto de la pandemia, asociada no al virus mismo sino a la sumatoria de otros riesgos y amenazas. Pero hay algo que también nos lleva a decir que no queremos una nueva normalidad, en la medida en que la normalidad era parte del problema; el pensar que vamos a volver a como estábamos antes, en particular para la problemática de cómo está organizado y distribuido el cuidado, para las mujeres no es una buena noticia. Porque como estábamos era parte de nuestro problema. Entonces también conceptualizar desde la sindemia nos permite entender mucho mejor los fenómenos, ver todas las variables que están actuando, darle una mirada interseccional o de cruce de clase, de pertenencia étnica, y al mismo tiempo ojalá nos permita hacer propuestas feministas y transformadoras para la pospandemia.

--¿Pueden adelantar algunas de esas propuestas?

LP: --Hay algunas propuestas bien interesantes que están elaborando los países, con algún apoyo en mayor o menor medida en otros casos, y también tenemos riesgos muy fuertes en el escenario pospandemia. Creo que el mayor riesgo lo tiene Uruguay en estos momentos, precisamente porque el cambio de gestión puso en tensión al sistema nacional de cuidados. O países como Brasil, con todo lo que está sucediendo, en donde ese avance se mezcla con los fundamentalismos religiosos que disputan políticas públicas, o el caso de México en donde se habla de rematernalizar los cuidados en las mujeres. Entonces tenemos esa situación, en el campo de los derechos humanos hablamos de la regresión, y esa regresividad en las políticas está prohibida.

Después tenemos otros escenarios que son mejores. En el caso de Argentina el cuidado entró directamente en la agenda, había algunas medidas antes y sobre todo la conformación con esta gestión del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad que puso el tema en agenda. También el Ministerio de Economía, por ejemplo, avanzó en que tenemos cálculos del aporte del trabajo no remunerado en el PBI, y esos cálculos en el aporte también muestran el escenario pandémico, cosa que es muy importante, porque nosotras veníamos diciendo que esa es la economía no monetaria, que en medio de la crisis traccionó la economía monetaria que estaba paralizada. Entonces por eso cuestionábamos tanto esos discursos de economía versus salud. Los derechos son interdependientes, no podemos poner esos dos derechos confrontados. Entonces de esa mano también se desplegó un proceso interesante en la Argentina, que es además de ponerlo en una agenda, empezar a debatirlo con parlamentos de cuidados, con producción de información que antes no teníamos, el compromiso de hacer una encuesta del uso del tiempo, el compromiso de que en el censo de población que se va a hacer en el próximo año esto exista, la instalación también de una Dirección nacional de cuidados, que eso es muy importante dentro de la institucionalidad, y también se convocó a una comisión de expertes para la creación de un proyecto de ley para un sistema nacional de cuidados que está en proceso, un proceso quizás de largo plazo. Hay también una mesa interinstitucional de cuidados previa a la pandemia, que no es una mesa de crisis y eso es algo que quiero destacar, me parece que una experiencia virtuosa es no ponerlo como crisis, sino como un momento en las crisis, y por eso el concepto de sindemia: es donde más se necesitan fortalecer proyectos y apuestas políticas.

Bogotá tiene un sistema distrital de cuidados que fortaleció fuertemente, en Chile está ahora en el debate constituyente y el derecho al cuidado es altamente factible que sea reconocido como un derecho. Entonces creo que ha habido, como siempre, luces y sombras, pero creo que estamos más en un camino de luces, por lo menos de instalar muy fuertemente a nivel social el tema.

--Más al nivel de las normas, ¿no?

LP: --No solo de las normas, el punto es ese, empezar con que las mujeres rompan con esa idea de la naturalización del cuidado, ahí me parece que hay un núcleo que tenemos que desandar fuertemente, que los varones empiecen a ejercer su responsabilidades y sus obligaciones en torno al cuidado. Una preocupación que compartimos con Nieves en este escenario sindémico de la crisis de los cuidados es que en la pospandemia ya cayó el empleo y los niveles de pobreza crecieron, y esto siempre afectó más a las mujeres y a los niñes, entonces en ese escenario pospandemia tenemos que fortalecer mucho más, pero también buscando un cambio cultural muy fuerte, cosa que las organizaciones sociales comunitarias en un deber virtuoso de solidaridad y sororidad lo han ejercido, y no hablo de virtuoso como de virtud sino que es un proceso que hay que apuntalar con políticas públicas.

--En su artículo usa una palabra interesante: la “elasticidad infinita” del trabajo de las mujeres...

LP: --Hace muchos años que venimos insistiendo con eso, hay una burocracia asistencial y un conjunto de políticas asentadas sobre ese concepto, en el cual las mujeres siempre van a bancar todo. Este es un punto muy fuerte para trabajar y en el cual la pandemia nos demostró que hay que terminar con las condicionalidades. Las familias sin tener conectividad hicieron lo imposible en los sectores vulnerables para garantizar que los chicos no salieran del sistema educativo. Lamentablemente se han salido del sistema educativo porque no se pudo garantizar, pero los hogares lo intentaron, ¿entonces qué me vienen a hablar de la condicionalidad? Como si para los sectores en condiciones de vulnerabilidad la educación no fuera un bien tan alto como para los sectores medios educados. Entonces ahí me parece que este es un momento para instalar también que esto tiene que salir de la agenda de las burocracias de las políticas sociales.

NR: --En este período ha quedado más claro que nunca la importancia de la economía no monetaria y es más, si la economía monetaria a partir de la pérdida del empleo, de la baja de la productividad y demás, ha decaído, evidentemente la economía no monetaria ha subido, y en el caso de Argentina el estudio que hizo el Ministerio de Economía lo muestra claramente: el aporte en relación al PIB del trabajo doméstico no remunerado y de cuidado ha aumentado en este período. Entonces creo que si una mayor conciencia de la importancia de la economía no monetaria también llevaría a pensar en presupuestos públicos y priorización de políticas públicas dirigidos a reconocer y valorizar esa economía no monetaria; eso es un ámbito en el que hay que trabajar.

--Ejemplo de eso podría ser la medida de sumar un año por cada hijo a las mujeres que se jubilan y no llegan a cumplir los años de aportes ¿no?

NR: --Claro, ahora esa es una experiencia que existe en Chile hace unos siete años, existe en Costa Rica y en varios países de la región, en donde hay un reconocimiento para la jubilación de las mujeres de hijos vivos. También lo hay en algunos países en el caso de disolución del matrimonio, si la mujer no tuvo ingresos a partir del mercado laboral también hay un reconocimiento dentro de la distribución de los bienes. Pienso en que hay medidas que se tomaron en este tiempo que podrían prolongarse, que no sean solamente medidas de contención, y que nos hacen mirar las cosas de otra manera. Un ejemplo es la ley de teletrabajo en el caso de Argentina, donde estipula el derecho a la desconexión que es algo sumamente importante y el derecho al cuidado de aquellas personas que estuvieran haciendo teletrabajo. Son cosas que antes, aunque hubiese trabajo a distancia, no estaban contempladas, ni en Argentina ni en otros países había normativas o derechos laborales al respecto. Que se haya por ejemplo adoptado ahora en este momento es interesante no solamente para este momento sino la concepción transformadora de que el trabajador y la trabajadora tienen hijos y no son huérfanos.

--Con las licencias pasa algo parecido. Están pensadas para el momento del nacimiento de hijos e hijas, y después es como si esas personas no existieran más...

NR: --Sí, aparte el tipo demográfico aumentó la esperanza de vida y demás, es muy normal hoy que un trabajador o trabajadora de 40 o 50 años tenga sus progenitores vivos a los cuales tenga que cuidar, podríamos decir. También creo que la pandemia cuando se instala en otras desigualdades estructurales dejó en claro lo difícil de nuestros sistemas de salud, y no solamente en los aspectos de gestión sino también en lo que implica el empleo en el sector de salud, que es un empleo feminizado en donde los ingresos y salarios que tienen las trabajadoras en enfermería y limpieza son bajos cuando uno los compara con otros sectores instalados. Creo que la gran propuesta, y que no es nueva, nos lleva a pensar en políticas universales claramente, superar un poco la demanda focalizada y apuntar hacia políticas universales que puedan garantizar desde el Estado el ejercicio del derecho al cuidado, en este caso.

--¿Alguna otra propuesta?

NR: --La Confederación de sindicatos de trabajadoras domésticas asalariadas de América Latina puso ahora el lema “cuida a quienes te cuidan”, creo que también tenemos una deuda enorme con la formalización y los derechos y mejores remuneraciones, con las trabajadoras domésticas asalariadas, que están aumentando además en la región. Durante mucho tiempo había descendido y ahora es el gran nicho donde se insertan las mujeres, sobre todo las mujeres de menores recursos, con menores niveles de instrucción, etcétera. Ahí tenemos una deuda, como tenemos una deuda con las mujeres de los sistemas de salud, y una deuda al interior de los hogares, que creo que el tema es que no hay que pensar que las soluciones son arreglos particulares, no es que Pepito arregla con Juanita y Juanita negocia, sino que esto es como sociedad, buscar nuevos pactos, alianzas, y un nuevo pacto sexual en donde la vieja división sexual del trabajo esté puesta en entredicho.

novedoso concepto de la "sindemia".

20 de septiembre de 2021

Publicado enSociedad
Martes, 14 Septiembre 2021 08:14

La pandemia va a juicio

Reiner Fuellmich

El abogado alemán Reiner Fuellmich es la cara visible de las demandas que se harán en tres continentes por el “escandaloso fraude en torno al coronavirus”. Denuncia que las medidas contra el covid llevaron a la ruina económica y que la inoculación masiva de la población mundial con vacunas experimentales es un crimen de lesa humanidad. Apunta al inadecuado uso de las pruebas de PCR como pilar del castillo de naipes que hay que derribar.

El abogado alemán Reiner Fuellmich está convencido de que ha recabado una cantidad suficiente de datos y evidencia que respaldan sus gravísimas denuncias: que la pandemia es un escandaloso fraude basado en pruebas de PCR que no fueron diseñadas para el uso que se les ha dado desde el comienzo de la crisis sanitaria y que la inoculación masiva de la población mundial con productos experimentales -junto con las arbitrarias medidas dispuestas para combatir el SARS-CoV-2- constituyen crímenes de lesa humanidad, incluso más graves que los ocurridos durante el tercer Reich. Como no podía ser de otra manera, el letrado fue acusado de negacionista y conspiracionista, aunque él no niega que haya un virus ni que éste sea potencialmente mortal.

Fuellmich -reconocido internacionalmente por haber ganado, entre otros, el juicio contra Volkswagen por la manipulación de los catalizadores de sus vehículos diésel- llegó a estas conclusiones junto con un grupo de colegas tras conformar un Comité alemán de investigación del Coronavirus mediante el cual entrevistaron, desde mayo de 2020, a numerosos científicos, médicos y especialistas de diversas áreas con vasta experiencia, que brindaron información clave para entender qué es lo que está pasando.

En una reciente entrevista con el escritor y periodista británico James Delingpole, quien le preguntó si tenía miedo o le preocupaba convertirse en un “blanco” por pararse “frente al crimen organizado al nivel más inimaginado”, reconoció: “Sí, pero no soy el único. Quizás por el trabajo que hemos hecho desde el Comité de investigación de Corona es que creo que estoy en posición de actuar como lo estoy haciendo. Pienso que no tengo opción, que nosotros no tenemos opción. Todos debemos combatir esto porque realmente -y nunca hubiera anticipado que diría algo así porque soy abogado- es una lucha del bien contra el mal”.

“Tengo protección de muchas personas. Y, aunque sea probablemente peligroso, está destinado a suceder así. Tengo una tarea que cumplir, al igual que todos los que están trabajando conmigo. Somos necesarios. Debemos hacerlo para detener esto”, explicó con absoluta claridad.

Según anticipó en esa entrevista, “habrá una serie de juicios que se iniciarán en las próximas dos o tres semanas en tres continentes y ahí veremos si los sistemas legales aún funcionan o si están completamente bajo el control de la otra parte, lo cual dudo que sea así”.  Para ello, Fuellmich conformó junto a más de 200 abogados de distintos países una red de colaboración internacional y ha puesto a disposición de ellos los documentos y testimonios de los expertos, recabados por el Comité alemán de Investigación del Coronavirus.

Pero ¿A quién o quiénes se refiere el letrado alemán cuando habla de “la otra parte”? Fuellmich aseguró que en este gran fraude hay grupos y personas con una agenda específica, que, entre otros objetivos, busca “la reducción de la población mundial -algo que probablemente logren mediante estas llamadas ‘vacunas’ sin testear y con serios efectos adversos-, la destrucción de la clase media y de las pequeñas y medianas empresas -que serán supuestamente tomadas por algunas de las grandes plataformas angloamericanas, como Amazon-“. Agregó que los lineamientos de esa “agenda” están a la vista de todos desde hace años y que basta con buscar en internet para encontrar videos y documentos que así lo evidencian. Como ejemplos mencionó el rol de la Fundación Bill & Melinda Gates y la Wellcome Trust.

“Mientras todos están mirando en dirección al coronavirus, la mayoría no ve lo que realmente está pasando o lo ven pero no entienden por qué está pasando”, alertó el letrado alemán para luego resaltar que “el hecho de que se haya desacreditado sistemáticamente en los medios de comunicación a estos científicos y expertos que hemos entrevistado, que ni siquiera se los invite a debatir y que si se habla con ellos en algún video, es muy probable que lo bajen de las redes sociales, ocurre porque la otra parte tiene realmente miedo y sabe que una vez que comience esta discusión, una vez que se mire hacia el otro lado, las otras personas podrían llegar a advertir esto también. Nada tiene que ver con la salud. Lo que algunos llaman ‘daños colaterales’ no son daños colaterales sino el daño pretendido. Lo único que les importa es el dinero y el poder”.

 

DERRIBAR EL CASTILLO DE NAIPES

 

El abogado reconoció que en esta trama siniestra, así como hay protagonistas, hay también “marionetas” contra las cuales él y sus colegas dirigirán sus demandas. Descuenta que a estas figuras visibles no se dudará en tirarlas “debajo de un autobús” cuando se las siente en el banquillo de los acusados. Entre otras, Fuellmich identificó a Christian Drosten -el virólogo alemán que desarrolló los tests de PCR para la supuesta detección de los casos de covid-19-, al veterinario Lothar H. Wieler, -director del Robert Koch Institut (equivalente alemán a los CDC de EE.UU.), y a Tedros Adhanom, director de la Organización Mundial de la Salud.  Apuntó que el epidemiólogo Anthony Fauci -principal asesor del gobierno estadounidense respecto de la actual pandemia- se encuentra en una situación similar.

“Al igual que los automóviles diésel de VW eran productos que funcionaban, pero eran defectuosos debido a un denominado dispositivo de desactivación porque no cumplían con las normas de emisiones, también las pruebas de PCR -que son productos perfectamente buenos en otros ámbitos- son productos defectuosos cuando se trata de diagnosticar infecciones”, contrastó Fuellmich en un video de 49 minutos en el que explica los fundamentos y antecedentes de las demandas colectivas que han planeado realizar en Estados Unidos y en Canadá. Si bien en este último país el Tribunal Superior de Ontario ha desestimado el caso presentado por el abogado Michael Swinwood, la medida ya ha sido apelada.

“Si destruimos las pruebas de PCR, luego eso será todo. No más infecciones. Todo el castillo de naipes caerá”, enfatizó el letrado alemán, quien relató a Delingpole el camino que condujo a la utilización de esta metodología para la detección de casos de covid-19, pese a no haber sido diseñada por el ya fallecido premio Nobel, Kary Mullis, para el diagnóstico de infecciones.

“Dos ex empleados de la OMS -uno de ellos, la doctoraAstrid Stückelberger-nos dijeron que a fines de enero de 2020 la industria farmacéutica presionó a la OMS para que anuncie una emergencia de salud pública de interés internacional durante una reunión. Esto era muy importante para ellos porque necesitaban este anuncio para cumplir con su agenda: lograr que todos se vacunaran. Y, para lograr que las personas se vacunaran con algo que ni siquiera es una vacuna sino una terapia génica experimental que nunca se ha probado antes, primero necesitaban la declaración de una emergencia de salud pública de interés internacional”, recordó Fuellmich, para luego añadir: “Esa sería la base para que Estados Unidos otorgara la aprobación de uso de emergencia o que Europa diera a esta droga una aprobación de uso condicional. Esto es lo que perseguían”.

“Sin embargo, en esa reunión mantenida a fines de enero no había casos. Entonces la mayoría de los participantes se preguntaban de qué se trataba esto si no ocurría nada malo. Dos semanas después, volvieron a reunirse y de repente tenían los casos. ¿Por qué? Porque mientras tanto Drosten proveyó su test de PCR y, al usarlo, lograron obtener miles de casos. Eso fue suficiente para declarar la emergencia de salud pública de interés internacional”, agregó.

Fuellmich aseveró que ahora saben cómo funcionó todo: “Tiene que ver con el alto porcentaje de falsos positivos que arroja el test de PCR cuando la muestra se somete a más de 35 ciclos de amplificación. Y este tipo (Drosten) dijo que su test tenía que someterse a 45 ciclos de amplificación”.

Los resultados positivos de las pruebas, al contrario de lo que afirman Drosten, Wieler o la OMS, no significan nada con respecto a las infecciones, como saben incluso los CDC de Estados Unidos (ver información en página 39 bajo el título "limitations"), insistió el abogado, quien puso de manifiesto que una serie de científicos muy respetados en todo el mundo asumen que nunca ha habido una pandemia de coronavirus, sino sólo una pandemia de la prueba PCR.

“Esta es la conclusión a la que han llegado muchos científicos alemanes, como los profesores Bhakdi, Reiss, Mölling, Hockertz, Walach y muchos otros, entre ellos el mencionado profesor John Ioannidis, y el premio Nobel, el profesor Michael Levitt de la Universidad de Stanford. La opinión más reciente es la del doctor Mike Yeadon, antiguo vicepresidente y director científico de Pfizer, que ocupó este cargo durante 16 años”, puntualizó.

Por otra parte, Fuellmich agregó que los confinamientos -tal como descubrieron Yeadon y sus colegas- no funcionan. “Suecia, con su enfoque de laissez-faire, y Gran Bretaña, con su estricto cierre, por ejemplo, tienen estadísticas de enfermedad y mortalidad completamente comparables. Lo mismo descubrieron los científicos estadounidenses en relación con los distintos estados de ese país: no hay ninguna diferencia en la incidencia de la enfermedad si un estado aplica un confinamiento o no”, destacó.

Para finalizar, el letrado confió en que estos escandalosos hechos en torno al coronavirus pronto se demostrarán como verdaderos, ya sea en un tribunal de justicia o en muchos tribunales de justicia de todo el mundo. “Estos son los hechos que arrancarán las máscaras de las caras de todos los responsables de estos crímenes. A los políticos que les creen a esos corruptos, estos hechos se les ofrecen como un salvavidas que puede ayudarles a reajustar su curso de acción y a iniciar la tan esperada discusión científica pública para no hundirse con esos charlatanes y criminales”, concluyó.

 


ANTECEDENTES

 

La actual situación de crisis por el covid-19 fue precedida por una serie de hechos que vale la pena recordar, según enfatizó el abogado alemán Reiner Fuellmich.

En ese sentido, apuntó que la definición de “pandemia” se cambió hace 12 años. Hasta ese momento, se consideraba pandemia cuando una enfermedad se había propagado en el mundo y había llevado a muchas afecciones serias y muertes. “De pronto, y por razones que nunca se explicaron, se estableció que era solo una enfermedad presente a nivel mundial. Ya no se requería de muchas afecciones serias ni muchas muertes para poder anunciar una pandemia”, recordó.

En opinión de Fuellmich, debido a estos cambios, “la OMS -que está íntimamente vinculada con la industria farmacéutica global- pudo declarar la gripe porcina como una pandemia en 2009. El resultado fue que se produjeron y vendieron en todo el mundo vacunas, sobre la base de contratos que se han mantenido en secreto hasta hoy”.

“Estas vacunas mostraron ser completamente innecesarias porque la gripe porcina resultó ser eventualmente un gripe leve y nunca se convirtió en el horroroso escenario que la industria farmacéutica y sus universidades afiliadas siguieron anunciando en que se convertiría, con millones de muertes que ocurrirían si las personas no se vacunaban”, prosiguió el letrado, quien enfatizó que esas vacunas también condujeron a problemas de salud serios: “Alrededor de 700 niños en Europa enfermaron de manera irreversible pornarcolepsia y ahora viven con severas discapacidades”.

En esa línea, Fuellmich hizo hincapié en que aquellas vacunas compradas con millones provenientes de las personas que pagan los impuestos, tuvieron que ser destruidas con todavía más dinero de quienes pagan impuestos. “Ya en ese entonces, durante la gripe porcina, el virólogo Christian Drosten fue uno de los quegeneró pánicoen la población repitiendo una y otra vez quela gripe porcina se cobraría miles e incluso millones de vidas en todo el mundo, aseveró.

“Al final, fue principalmente gracias al doctor Wolfgang Wodarg y sus esfuerzos como miembro del parlamento alemán y del Consejo Europeo que se le puso fin a ese engaño antes de que condujera a consecuencias aún más serias”, remató.

José Luis Jiménez, científico en la Universidad de Colorado, Estados Unidos.

Científico experto en aerosoles en la Universidad de Colorado, José Luis Jiménez acaba de participar en una investigación que confirma que el virus de la covid-19 se transmite mayoritariamente por el aire, frente al dogma que, se queja, difundió la OMS al comienzo de la pandemia.

 

José Luis Jiménez es Catedrático en Química y Ciencias Medioambientales en la Universidad de Colorado de Estados Unidos. Experto en aerosoles, ha participado en un reciente estudio multidisciplinar, publicado en la revista Science y que viene a reafirmar que el virus  SARS-CoV-2 se propaga y contagia principalmente al inhalar aerosoles cargados con partículas virales que pueden acumularse y permanecer en el aire varias horas. Este investigador insiste en que es el momento de desterrar mitos instalados y auspiciados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como que el virus se transmite por gotas gordas que caen al suelo o a superficies. “Hay cero casos demostrados de contagio por superficies”, cuenta a El Salto.

Tras vuestra investigación, queda demostrado que el covid no se contagia a través de superficies. No habéis reportado ningún caso de este tipo de contagio, ¿cierto?
Esto no es correcto. No está demostrado que no se contagie, lo que está demostrado es que es difícil contagiarse por superficies, no es imposible y es posible que alguien se haya contagiado así pero por ejemplo la CDC [Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades] dice muy claro que hay una probabilidad en 10.000, una cosa poco probable y la pandemia no se está transmitiendo por superficies. Si fuera por superficies, no estaríamos en una pandemia porque es un contagio difícil. Hay cero casos demostrados entre toda la comunidad científica y hay muchos casos que se han investigado donde tienen cámaras y ven lo que la gente ha hecho y no consiguen pillar un caso donde la transmisión haya sido por superficies, no es lo que está propagando la pandemia, no es en lo que tenemos que enfocar la mayoría de los esfuerzos. Seguir lavándonos las manos está bien,  pero desinfectar superficies es un desperdicio de tiempo y dinero que no sirve para nada y que contamina además. Lo que nos dice la CDC desde hace ya meses es que es necesario desinfectar superficies solo en la planta covid del hospital, o en casa si tienes un enfermo con covid y solo los interruptores de la luz y los pomos de las puertas, las superficies que tocan mucha gente. Pero incluso en el hospital no hace falta desinfectar las mesas. Entonces en un bar, en una clase, por supuesto que esto no hace falta. Simplemente lavarse las manos y ya está.

¿Qué hay del uso del hidrogel? ¿Seguiría siendo necesario?
El hidrogel es una forma de lavarse las manos cuando no tienes acceso a agua y jabón. Agua y jabón siempre es mejor. Lavarse las manos está bien, es una costumbre que debería llegar para quedarse porque no nos lavábamos las manos lo suficiente antes y es una buena  costumbre, no tanto por este virus, que como digo es difícil que se transmita por superficie, pero hay otros patógenos, los que se transmiten por la vía fecal-oral, que sí se transmiten por superficie y entonces es buena idea que sigamos lavándonos las manos, usando el hidrogel y nos acostumbremos a que esto sea una cosa frecuente sobre todo cuando salimos por ahí y tocamos muchas superficies: después de estar en el transporte público o después de darle la mano a alguien un poco de hidrogel es buena idea para limitar estos otros patógenos que también hacen daño.

¿Es posible el contagio boca a mano del virus del covid-19?
El contagio boca a mano es un contagio por superficie, uno se toca la boca, se toca la nariz que está infectada y luego le da la mano a alguien y esta otra persona tiene que tocarse el interior de los ojos, la nariz o la boca y además rápido porque  estos virus envueltos en lípidos solo sobreviven en las manos cinco minutos, entonces es una cosa difícil. No es imposible, pero no es lo que está propagando la pandemia. Es buena idea, más por otros patógenos, acostumbrarse a no tocarnos el interior del ojo, de la nariz o la boca y lavarnos las manos con frecuencia y usar hidrogel por razones generales de salud pública, pero no tenemos que obsesionarnos con eso, eso no es lo que  está propagando la pandemia.

Los colegios mantienen las pautas higiénicas del año pasado. Ante esta nueva evidencia, ¿deberían cambiar alguna?
Esto debería cambiarse. Se está haciendo mucha desinfección de superficies, por ejemplo, en un colegio de Andalucía no hacían más que mandarles gel hidroalcohólico en grandes cantidades que no podían usar y lo tenían apilado y sin embargo no les habían mandado nada para prevenir el contagio por el aire, que es la gran mayoría. El gel hidroalcohólico, los desinfectantes y la gente a la que se paga para estar desinfectando superficies cuesta dinero y si se deja de gastar ese dinero se puede invertir en las cosas que hacen falta para prevenir la transmisión por el aire. No es que sea una cosa imposible de abordar o que sea muy cara, se pueden hacer muchas cosas que son gratis o de bajo coste. Tener un medidor de CO2 por colegio, esto sería suficiente si se usa de forma inteligente. Por ejemplo, se les puede dar a los estudiantes de último curso como un proyecto para que vayan midiendo por todas las aulas unos cuantos días y rápidamente te das cuenta donde estás bien y dependiendo de las condiciones meteorológicas cuánto tienes que abrir las ventas y en qué sitios, como aulas en los sótanos mal ventiladas, sí que tienes que invertir y comprar un filtro, pero ya no estás comprando filtros a lo loco, que son caros.

Los políticos encuentran más fácil decir que no hay contagios y entonces ya no tienen que hacer nada. Y con mascarillas puestas de cualquier manera y abriendo las ventanas… En algunos sitios se está haciendo bien y en otros mal y se ignora porque no se le está explicando a la gente bien como es la transmisión y todavía estamos con los mitos que nos dijeron al principio de la pandemia de que es una transmisión por gotas que caen al suelo rápido y por superficies. Esto se ha demostrado que no es lo importante y que lo que transmite el virus es como un humo invisible que sale de algunos, no de todos los infectados, los que tienen carga viral alta, y que se queda flotando en el aire. Entonces está más concentrado cerca de la persona. Si hablas cerca de alguien, ahí tienes muchos números para contagiarte, y si compartes el aire en una habitación sobre todo bastante tiempo y mal ventilada pues te puedes infectar. Pero esto a los políticos les parece muy inconveniente porque entonces es difícil mantener abiertos un bar mal ventilado donde pasas mucho tiempo hablando sin mascarilla, un restaurante o un gimnasio si no haces más cosas. En los colegios no se quiere aceptar y hay una resistencia que no entiendo muy bien a tomar medidas más adecuadas.

Tras su investigación concluyen que el covid se transmite mayoritariamente por los aerosoles. ¿Qué son exactamente los aerosoles?
El virus, si uno está infectado, está presente en el fluido respiratorio que es el líquido que moja el interior de la nariz, la tráquea, los pulmones o en la saliva. Entonces para llegar a otra persona tiene que llegar o a los ojos, nariz y boca del otro o que la otra persona lo respire y se deposite en el sistema respiratorio. Va por el aire de una de estas dos maneras: como un proyectil, y esto es lo que llamamos las gotas, o como un humo que es lo que llamamos los aerosoles. Las gotas y los aerosoles los dos son pelotitas de saliva o de fluido respiratorio que vuelan por el aire.

Las gotas son más grandes, son visibles, son de más de 100 micras y sobre todo se producen más bien al gritar, al toser o al estornudar, las puedes ver con la luz adecuada y es un proyectil que va volando por el aire y te puedes contagiar si te pega dentro del ojo, de las fosas nasales o dentro de la boca. Si te pega en otro sitio no pasa nada, si cae al suelo no pasa nada y si cae a una superficie tampoco, pues ya hemos dicho que es muy difícil el contagio. Entonces, la gota tiene que acertar y tiene una oportunidad.

A la vez que salen estas gotas grandes, salen mil aerosoles por cada gota y estos son más pequeños y no se comportan como un proyectil, sino como el humo. El humo del tabaco es otro aerosol. Se queda flotando por el aire y la fricción del aire lo para, sigue las corrientes de aire, está muy concentrado justo delante del fumador y se acumula en una habitación mal ventilada. Pues estos son los aerosoles. Una vez que se explica ya lo entiendes muy bien. Tienes que pensar que la gente que te encuentras puede estar exhalando un humo invisible y al respirarlo tú mucho tiempo sin mascarilla te puedes infectar.

Entonces, ¿cuáles son las prácticas que debemos reforzar?
¿Qué harías para no respirar humo si estás en sitios donde estás compartiendo el aire con otras personas? Pues mucho mejor al aire libre que en una habitación mal ventilada.

También ponernos la mascarilla, que es un filtro, va a quitar parte de ese humo, tanto del que sale del fumador como del que entra. Y la mascarilla tiene que estar bien ajustada y que no deje huecos por los que entre o salga el humo sin filtrar. La distancia también funciona muy bien porque al alejarte del fumador evitas esa zona donde está muy concentrado el humo.

Si estás en un sitio interior y tienes que estar sí o sí, porque, por ejemplo, eres profesor, puedes hacer tres cosas: Ese aire que puede tener el virus flotando lo echas a fuera, eso es ventilar. O te quedas con el aire pero quitas el virus, y eso es filtrar. Y hay una tercera familia de técnicas: vamos a dejar el aire en la habitación pero lo vamos a matar, vamos a desinfectar el aire. Lo que recomendamos todos los expertos son las dos primeras cosas: ventilar funciona muy bien. Para saber si estás ventilando bien es muy útil medir el dióxido de carbono, el CO2, que se puede medir con unos medidores que cuestan 100 euros y que miden cada minuto y es muy fácil compartirlos, con uno por colegio es suficiente. Y esto es muchísimo menos dinero que lo que se está desperdiciando en usar demasiada calefacción si se abren demasiado las ventanas, o en gel hidroalcohólico o desinfectar superficies, que no sirve para nada. Y luego pues puedes poner un filtro en un ventilador y enchufas el ventilador a la pared. Ese ventilador mueve el aire por el filtro y el virus se queda ahí. Florentina Villanueva, que es una investigadora de la universidad de Salamanca,  ha hecho experimentos donde ponen un filtro HEPA en clases y luego lo sacan y le hacen un análisis PCR al filtro y ven que el virus se queda en el filtro.

Se pueden hacer de dos tipos. Los filtros HEPA comerciales son más caros y hay mucha gente que se está aprovechando y vendiéndolos demasiado caros y hay que tener cuidado, que sean de capacidad suficiente para el sitio donde estamos para filtrar el aire cinco veces por hora o las veces que sean necesarias y además tenerlos puestos siempre al máximo.

Y luego, como digo, también se pueden hacer con un ventilador al que le pegas un filtro. El investigador Javier Ballesteros de la Universidad de Zaragoza ha demostrado esto. En España hay mucho remilgo de las administraciones por si esto no está homologado, pero esto se podría hacer y ahorraría mucho dinero con respecto a los filtros comerciales.

¿Algún mito más que tengamos que desterrar?
Han sido 110 años, desde 1910, en los que los campos de las enfermedades infecciosas y epidemiología se han creído a pies juntillas que la transmisión por el aire es casi imposible y que las enfermedades respiratoria se transmiten por estas gotas pesadas que caen al suelo. ¿De dónde viene esto y por qué se creen este dogma tan fuerte que ha costado cuestionar durante la pandemia? Viene de un investigador norteamericano, Charles Chapin, que en 1910 escribe un libro solo 30 años después de que se ha aceptado la teoría de los gérmenes de Pasteur. Se ha acumulado mucha evidencia de que los gérmenes tienen que ir de una persona a otra y se ha investigado mucho para el cólera, tifus o tuberculosis. Unos van por el agua, otros van por los alimentos y Chapin tiene su propia teoría. Él dice, sin tener pruebas, que si una enfermedad se transmite mejor a corta distancia que esto es porque las gotas caen al suelo y que la transmisión por el aire es casi imposible. Esto se convierte en un dogma hasta en esta pandemia.

En la OMS cuando empezó la pandemia eran todos ‘chapinistas’, formaron un comité para ver como se transmitía este virus y había seis expertos en lavarse las manos en ese comité y cero expertos en transmisión por el aire. Ellos pensaban que sabían que era una cosa casi imposible. Se ha visto que esto era un error tremendo pero les ha costado muchísimo.

Lo que hemos publicado en Science hace dos semanas es que además esto de que la transmisión es sobre todo por aerosoles no es solo para la covid, es para todas las enfermedades respiratorias o casi todas. La gripe o los catarros también se propagan por el aire al inhalar aerosoles que contienen el virus. Y si uno va a la página web de la OMS o de la CDC hay todavía dice que no, que es por gotas que caen al suelo y por superficie. Esto está todo igual de desfasado y tenemos que darle la vuelta a la tortilla y todas estas medidas que estamos diciendo para la covid deben quedarse para siempre para luchar contra la gripe. 

En líneas generales, las medidas tomadas por el gobierno y por las autoridades en España ¿Han sido correctas? ¿Alguna es cuestionable?
Al principio de la pandemia seguían a la OMS. Luego se fue acumulando mucha evidencia de que no, eso era incorrecto e iba por el aire y ahí es donde les ha costado mucho aceptar. Por varias razones, primero porque los responsables son parte de esta cultura, de este estamento científico que se ha creído este dogma de 1910 de que es una enfermedad de gotas pesadas que caen al suelo y en superficies. No han entendido lo de los aerosoles. La gente de este campo durante más de 100 años no han estudiado los aerosoles porque son muy complicados. Y a la gente como yo que somos científicos de aerosoles nos han menospreciado, “como no eres médicos, tú que sabes de esto”. Nos han llamado varias veces ignorantes.

La OMS ha hecho mucho daño aceptándolo tan lentamente y luego diciendo tan tímidamente cómo se transmite esto de verdad. El 28 de marzo de 2020 dijeron a bombo y platillo que estaban seguros que este era un virus que se contagiaba por gotas que caen al suelo y por superficies y decir que iba por el aire era desinformación y nunca se han desdicho claramente. En noviembre de 2020 empezaron a decir que la ventilación era muy importante pero no decían por qué. En abril del 2021 ya por fin cambian la página web porque la evidencia es tan abrumadora que es escandaloso y ya aceptan que va por aerosoles, pero no lo han dicho claramente ni han promovido que necesitamos mejores mascarillas, ventilar, medidores de CO2 y quitarle énfasis a cosas como la desinfección de superficies o las mamparas laterales.

Las mamparas están bien en una situación, que es una situación de cajero: dos personas hablando, sale humo de una y está bien tener una mampara delante para que rompa ese flujo de humo. El humo va a ir alrededor de la mampara, pero sí que ayuda a que no respires el aire tan concentrado que sale de un infectado. Cuando se ponen en el lateral, por ejemplo en los pupitres u oficinas esto no solo no ayuda sino que duplica los contagios. Hay un estudio en Science de EE UU donde se vio que las escuelas que habían puesto mamparas laterales tenían el doble de contagios que las que no y esto se entiende muy bien. Las mamparas laterales atrapan el aire, si hay alguien con virus dificultan la ventilación y hay colegios en los que se ha desperdiciado mucho dinero. Esto habría que quitarlo lo antes posible en los sitios donde se ha puesto.

Siguiendo con lo de los gobiernos, es que no interesa. Para ellos la prioridad es la economía y no la salud, tienen una visión muy cortoplacista de abrir lo antes posible con las menores medidas posibles. Aunque en realidad no es tan difícil, hacer cosas al aire libre, abrir las ventanas, ajustarse bien la mascarilla, unos filtros… No son cosas muy difíciles comparadas con los costes de la pandemia pero sin embargo no se puede hacer, parece que les complica la situación y no lo quieren hacer.

Por Sara Plaza Casares

@SPlazaque
Coordinadora de sanidad
en El Salto.

13 sep 2021 06:09

Martes, 31 Agosto 2021 17:53

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enEdición Nº283
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