Viernes, 03 Junio 2022 04:58

Vive AL crisis educativa sin precedente

Vive AL crisis educativa sin precedente

América Latina vive una crisis educativa "sin precedente". A dos años de los cierres de escuelas por el inicio de la pandemia, no todos los niños, niñas y adolescentes han vuelto, y quienes lo han hecho muestran un rezago de entre 12 y 20 meses en el aprendizaje, advirtieron organizaciones internacionales, al tiempo que exhortaron a los gobiernos de la región a mantener abiertos los centros educativos frente a nuevas olas de covid-19.

En América Latina se dio uno de los cierres de escuelas más prolongados en el mundo, lo que afectó a 170 millones de infantes y adolescentes que cursan educación básica. "La crisis educativa no ha terminado, sólo se ha vuelto menos visible", enfatizaron el Banco Mundial, el Diálogo Interamericano, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

"De no tomarse acciones urgentes, inmediatas y firmes para la recuperación educativa, millones de estudiantes en toda la región están en riesgo de abandonar la escuela por no tener el nivel de aprendizaje suficiente para seguir con sus estudios. Una generación entera podría sufrir consecuencias profundas y duraderas a nivel educativo, social y económico", alertaron.

Al menos cuatro gobiernos de América Latina –Chile, Ecuador, Argentina y Honduras– respondieron a la convocatoria de la organizaciones para, entre otras medidas, mantener las escuelas abiertas frente a nuevas olas de covid-19. El objetivo es integrar a todos los niños y niñas que abandonaron la escuela y asegurar que permanezcan en ella.

También se pondrán en marcha estrategias para localizar a estudiantes fuera de la escuela e invitarlos a reintegrarse, se establecerán sistemas de alerta temprana para identificar a aquellos en riesgo de abandono y se les apoyará para que permanezcan en ella.

Además, se busca garantizar un adecuado financiamiento del sector y contar con suficiente personal en todo el rubro educativo.

Las organizaciones recalcaron que se requiere un "renovado compromiso político y financiero, y realizar acciones concretas ahora para evitar una catástrofe generacional".

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Martes, 31 Mayo 2022 05:38

La importancia de China

La importancia de China

China marcará la diferencia en el crecimiento mundial a lo largo de esta década. El problema es que por primera vez en más de 40 años esta economía puede entrar en recesión, debido al confinamiento por el covid-19 y la invasión de Rusia a Ucrania.

La actual crisis política dividió al mundo en dos bloques. Por un lado, Occidente que lucha por la autosuficiencia en hidrocarburos, materias primas y productos elaborados; y, por el otro, los países vinculados con Rusia, entre los que se encuentran China e India.

Hace apenas medio siglo pensar en que un país como China podría incorporarse a la globalización y crecer a niveles cercanos a 10 por ciento anual durante décadas parecía un sueño, pero las reformas llevadas a cabo por Deng Xiao Ping tras la muerte de Mao y la caída de la "Banda de los Cuatro", hizo posible esta realidad.

Deng impulsó una nueva filosofía bajo el siguiente principio: "No importa si el gato es negro o blanco, mientras pueda cazar ratones es un buen gato". Bajo esta idea se enfocó en el mercado, en la productividad y en la competencia. Desde entonces el país transformó radicalmente su economía.

China se ha convertido en uno de los mayores motores de desarrollo al ser un importante consumidor de todo tipo de bienes y servicios y al ser la principal fábrica global. Esta nación comenzó a crecer en forma ininterrumpida a partir de 1979, a diferencia de Occidente que vive ciclos de auge, estancamiento y recesión. El gigante asiático se incorporó a la Organización Mundial de Comercio en 2003 y a la fecha representa 25 por ciento de los intercambios globales.

Por desgracia, el mundo cambió en los pasados tres años y puso un alto en el camino a la globalización por un creciente proteccionismo y por la ruptura de cadenas de producción y distribución. Para colmo de males se generó un rechazo a los productos chinos por motivos ideológicos.

En la medida en que Occidente frene el comercio con China limitará el crecimiento de la economía mundial y los costos de todo tipo de mercancías se incrementarán

Vivimos momentos de definiciones, entre la apertura y el proteccionismo. Esperemos que China no entre en recesión y que prevalezcan los mercados abiertos.

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Sábado, 28 Mayo 2022 06:29

China, ¿quo vadis?

Un hombre con equipo de protección habla por teléfono en la calle, frente al cartel del presidente chino Xi Jinping, en medio del bloqueo de Covid-19 en Shanghái, China, el 23 de mayo de 2022.

China se encuentra ante una encrucijada: aliviar los confinamientos y restricciones al movimiento laboral o encerrarse aún más.

China afronta el pulso que le está lanzando Estados Unidos en Asia con un acercamiento a Rusia que no acaba de cuajar, amenazas abiertas sobre Taiwán y escarceos estratégicos en la cuenca del Pacífico. Todo ello bajo la espada de Damocles de un inexorable declive económico derivado de las duras restricciones y confinamientos impuestos por la política Covid-Cero del presidente Xi Jinping.

La tensión entre Pekín y Washington se disparó esta semana después de que el presidente estadounidense, Joe Biden, asegurara en Japón que una eventual invasión china de Taiwán tendría una respuesta militar estadounidense. Las declaraciones de Biden el pasado lunes quizá respondieron a un exceso de entusiasmo ante una pregunta de la prensa, pero fueron entendidas en China como una amenaza que no gustó nada. Menos aún cuando los líderes del llamado grupo Quad, que agrupa a Estados Unidos, Japón, Australia e India, indicaron un día después en Tokio que no aceptarán la provocación de ningún país que trate de cambiar el actual equilibrio de fuerzas en Asia y el Pacífico.

Los primeros ministros de Australia, Anthony Albanese; Japón, Fumio Kishida, e India, Narendra Modi, junto con el propio Joe Biden, apostaron por una región Indo-Pacífica "abierta y libre de coacciones". Los miembros del grupo Quad mostraron su preocupación por los pasos que está dando China en Asia. "No podemos permitir que algo así ocurra en la región Indo-Pacífica", afirmó Kishida en referencia a la guerra de Ucrania y en alusión a Taiwán.

El jueves, el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, añadió más leña al fuego y anunció que la Administración Biden no solo pretende parar a Rusia en Ucrania sino contrarrestar la mayor amenaza de todas: China. Según dijo Blinken en un discurso en la Universidad George Washington, China es el único país con el poder tecnológico, económico y militar suficiente "para remodelar el orden internacional".

El mismo día en que el presidente estadounidense se comprometía a defender a Taiwán contra un eventual ataque chino, la Oficina de Asuntos Taiwaneses en el Consejo de Estado chino acusaba a Estados Unidos de "estar jugando con fuego" y de incrementar la tensión en el estrecho de Taiwán con su protección de la isla rebelde. La ira de Pekín se incrementó cuando unas filtraciones a la prensa occidental pusieron de manifiesto esta semana el espeluznante alcance de la represión china en la región noroccidental de Xinjiang contra la minoría uigur.

Los apercibimientos chinos, con aviones o barcos de guerra surcando los mares cercanos a Taiwán, son habituales. No lo son tanto los recientes pasos dados por Pekín en el Pacífico. A fines de marzo, China y las islas Salomón pergeñaron el marco de un tratado bilateral de cooperación que incluye visitas de la Armada china a ese archipiélago del Pacífico, el envío de policías para ayudar a mantener el orden y la posibilidad de que fuerzas de seguridad del gigante asiático recalen en esas islas para proteger a las empresas chinas y su personal.

Estos días, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, hace una gira por varias pequeñas naciones del Pacífico con promesas de préstamos e inversiones en infraestructuras, a la par que niega que la intención de Pekín sea construir una base naval militar en alguna de estas islas. El presidente de los Estados Federados de Micronesia, David Panuelo, ya ha mostrado su preocupación ante esa estrategia china y ha advertido de que los planes de Pekín de expansión militar y económica en el Pacífico elevan el riesgo de conflicto con Estados Unidos y sus aliados.

Lo cierto es que la creciente actividad china en el Pacífico sigue los pasos de los propios avances de Estados Unidos en la región. En la visita de Biden a Japón, se anunció la creación del llamado Marco Económico del Indopacífico para la Prosperidad (IPEF), destinado a impulsar el comercio, la inversión, la promoción de las energías no contaminantes, la creación de nuevas infraestructuras, el impulso de normativas fiscales comunes y la lucha contra la corrupción.

Además de Estados Unidos y Japón, el IPEF está formado por Australia, Brunei, Corea del Sur, India, Indonesia, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam. Las economías de estos países representan el 40% del PIB del planeta, un auténtico desafío para el poder emergente de China y tan anunciado sorpasso a Estados Unidos como primera potencia económica del planeta. Los efectos colaterales de la guerra de Ucrania y la pandemia de la covid han retrasado tal adelantamiento.

El primer ministro chino, Li Keqiang, ha reconocido que los rebrotes del coronavirus han puesto contra las cuerdas a la economía de su país con mucha más saña que las primeras etapas de la pandemia en 2020. Según Li, será necesario impulsar nuevos planes de estabilidad y creación de empleo compatibles con las restricciones y los implacables confinamientos aplicados hasta ahora, que han hecho tambalearse el comercio, la producción industrial, el consumo, el suministro de bienes básicos y las exportaciones.

El confinamiento durante dos meses de los 26 millones de habitantes de Shanghai, la ciudad motor de China, ha provocado daños que podrían ser irreparables para la economía del gigante asiático, al menos durante los próximos años. De momento se desvanece el objetivo de crecimiento inicialmente previsto para este año en un 5,5%.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) reduce ese crecimiento hasta el 4,4 %. Otros analistas son más pesimistas, como los expertos de Bloomberg Economics, que estiman que apenas se pasará del 2%. Hay que tener en cuenta que llueve sobre mojado y que los daños causados por la pandemia de covid en China se han añadido al impacto que tuvo en este país la crisis inmobiliaria mundial, tras el colapso de Evergrande y el efecto dominó que la caída de esta corporación tuvo sobre el sector, que ocupaba casi el 30% del PIB chino.

Si se confirmaran tales pronósticos, la economía de Estados Unidos crecería este año por encima de la de China por primera vez desde 1976 y rozaría el 3%. La economía estadounidense no solo no ha sido maltratada por la pandemia como la de su rival asiático, sino que incluso la guerra de Ucrania ha abierto nuevos sectores de negocio, como la venta del gas licuado estadounidense a los países europeos dependientes de los hidrocarburos rusos, o el importante negocio de las armas entregadas a Ucrania para hacer frente a Rusia. Los países de la OTAN están "donando" parte de su arsenal a los ucranianos para que resistan a los rusos y lo están supliendo con nuevo material estadounidense que, en buena parte, han de pagar.

China se encuentra ante una encrucijada: aliviar los confinamientos y restricciones al movimiento laboral o encerrarse aún más. En Shanghai se está reduciendo la presión de la pandemia, pero en Pekín suenan las alarmas ante un crecimiento de los casos. En estos momentos no parece posible compensar el desplome del yuan con políticas monetarias adecuadas, mantener la tolerancia cero con la enfermedad y, al tiempo, apuntalar el crecimiento. En tal situación, el horizonte de la recesión no parece tan lejano, alentada por la creciente brecha de desigualdad económica y social. La bajada de la tasa de natalidad también ofrece un negro panorama para una población necesitada de mucha mano de obra activa que genere los ya amenazados fondos de las pensiones.

Una de las máximas del pensamiento clásico chino apuesta por la búsqueda de oportunidades en los tiempos de crisis. La guerra de Ucrania y la pugna económica y de sanciones entre Occidente y Rusia llevará al desabastecimiento de gas y petróleo rusos en Europa y al trasvase de esos hidrocarburos a las industrias y hogares chinos. Ese trasiego, que ya se está produciendo y a precios muy bajos, permitirá alimentar las reservas estratégicas del que hoy día es el primer importador de crudo del mundo. Para el próximo invierno la economía del país asiático se verá con menos dificultades energéticas que sus competidores europeos y, de una forma u otra, podría revertir esta ventaja en los precios y en la producción industrial y tecnológica.

El problema aparece a la hora de garantizar a corto y medio plazo ese transporte de gas y petróleos rusos hasta el territorio chino. También es una dificultad la caída que en la demanda interna de hidrocarburos ha tenido la política de confinamiento estricto por la covid. Pero el mayor de los hándicaps reside en la propia estabilidad de una Rusia sometida al desgaste de la guerra y en los riesgos que podría correr la Administración de Vladímir Putin si se prolonga el conflicto. El eventual cambio de Gobierno en Rusia como resultado del conflicto ucraniano preocupa mucho en Pekín, que no quisiera ver repetida en su vecino del norte la experiencia del acercamiento ucraniano a un Occidente que mira con mucha avidez al patio trasero de China en el Pacífico.

madrid

28/05/2022 08:43

Juan Antonio Sanz

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La economista india expuso en Davos. Imagen: AFP

Gina Gopinath, subdirectora del FMI, advirtió que el conflicto entre Rusia y Ucrania impactó negativamente sobre el proceso de crecimiento económico mundial, que ahora muestra un panorama sombrío para los próximos dos años. Las expectativas no lucen muy alentadoras, señaló, porque han surgido "problemas graves a nivel global, como alteraciones en las cadenas de suministros o la alta inflación". 

Fue durante su exposición en el Foro Económico de Davos, Suiza, en un panel que la economista nacida en Calcuta (India) y formada profesionalmente en Estados Unidos, compartió con la profesora italiana Mariana Mazzucato. Gopinath apuntó también que "si bien los niveles de deuda de los gobiernos están aumentando en todo el mundo, con la carga de la deuda en los mercados emergentes aumentando rápidamente, hasta el momento no hay evidencia de una crisis sistémica, pero hay riesgos por delante". 

En cambio, la vicedirectora gerente del Fondo admitió que "las perspectivas para los precios de los alimentos son una gran preocupación". "La guerra en Ucrania ha sido un revés en el proceso de recuperación mundial. Tuvimos una fuerte rebaja en la tasa de crecimiento global y el mundo continúa enfrentando vientos en contra porque tenemos una crisis del costo de vida. Los precios de los productos básicos, entre ellos el combustible y los alimentos, están subiendo en todo el mundo", apuntó ante una audiencia compuesta por representantes de las más influyentes empresas y "think tanks" del mundo.

Las recientes adversidades en la economía global han llevado a algunos Estados a establecer diversos mecanismos, comentó, como el aumento de los tipos de interés, para contener la inflación luego de un periodo de bajas tasas y abundante liquidez para forzar la recuperación económica.

"La alta inflación está llevando a los bancos centrales a subir las tasas de interés, es lo que deben hacer, pero ello tendrá consecuencias para las finanzas y el comercio mundial", agregó Gopinath. A su vez, desechó la idea de la supresión de los aumentos salariales como una medida que pueda ser eficaz para controlar los aumentos de precios. 

Sin embargo, a pesar de mostrar un panorama sombrío para los próximos años por la convergencia de factores que impactan en la economía, la representante del organismo no descarta el crecimiento a mediano plazo. Mientras las economías avanzadas alcanzarían para 2024 el lugar  "adonde habrían estado en ausencia de pandemia", las economías emergentes y en desarrollo, "según nuestras estimaciones, estarían para entonces todavía un cinco por ciento por debajo del nivel que hubieran alcanzado, de no haber sido afectados por la pandemia".

Si bien las últimas proyecciones del FMI anticipan que la inflación eventualmente se desacelerará, Gopinath señaló que "esto puede llevar tiempo, incluso en los Estados Unidos". La funcionaria recomendó a los países "que no tomen medidas proteccionistas en respuesta a la guerra en Ucrania, diciendo que esto dañaría las perspectivas de crecimiento a largo plazo", en referencia a que varias naciones ya han restringido el comercio de alimentos, energía y otros productos básicos clave este año.

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Los ricos se reúnen en Davos. “Beneficiarse del sufrimiento”: el brutal informe sobre el crecimiento de la desigualdad

Así se llama el informe de la Fundación Oxfam presentado este lunes, horas antes del Foro de Davos. Refleja con datos incuestionables cómo creció la riqueza en medio de la pandemia y la crisis alimentaria creciente. Antes del evento, el FMI adelantó que se vienen “más calamidades”. En los 4 días que durará, 60 mil personas morirán por falta de acceso a la salud.

 

El Foro Económico Mundial volverá a reunirse este lunes de forma presencial después de dos años. Como siempre será en Davos, Suiza. El evento reunirá a más de 2.000 líderes políticos, empresariales y distintas organizaciones de un mundo dominado por la pandemia del coronavirus y los efectos de la guerra en Ucrania.

Entre sus principales oradores estarán el canciller de Alemania, Olaf Scholz, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky y la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva. Fue ella la que, hace algunas horas, publicó un documento con definiciones preocupantes. "La economía global enfrenta quizás su mayor prueba desde la Segunda Guerra Mundial. Nos enfrentamos a una confluencia potencial de calamidades" dice.

La preocupación es cierta. La crisis internacional se profundiza con la guerra, los problemas energéticos, la inflación y otros problemas que arrastra la economía mundial. Pero los rostros de los líderes compartirán las muecas de preocupación con algunas sonrisas. Las calamidades son más tempano que tarde descargadas sobre los pueblos del mundo. Peor aún: para los capitalistas se transforman en oportunidades para hacer negocios.

Así lo confirma un informe de la ONG Oxfman publicado, justamente, en los inicios del Foro. El título resume los brutales datos que acumula la investigación: “Beneficiarse del sufrimiento”.

Allí desnuda, con datos incontrastables, cómo crece la pobreza extrema en el mundo, al mismo ritmo que la riqueza extrema. Si uno toma como parámetro la duración del Foro de Davos, 4 días, en ese tiempo las fortunas de los empresarios de la energía y de la alimentación aumentarán en dos mil millones de dólares. Si lo vemos del otro lado, 3 millones de personas caerán en la pobreza extrema. Morirán 60 mil personas por falta de acceso a los sistema de salud.

Todo eso pasará en solo 96 horas. Mientras los líderes proyectan sus power point sobre calamidades y precios de alimentos y energía. Mientras comen manjares reunidos en edificios luminosos y climatizados. “Qué bárbaro el aumento del trigo y el gas” dirán en 100 idiomas.

El informe de Oxfam retoma algo que se conoce: la pandemia significó una crisis sanitaria, social y económica, pero en ella se potenciaron las desigualdades entre las clases. El informe brinda nuevos datos que no dan otra cosa que bronca. Después de la pandemia:

  • · Solo 10 personas poseen más que el 40% de la población global
  • · Los multimillonarios se enriquecieron en los últimos 2 años lo que antes les había llevado 23 años
  • · Los multimillonarios de la alimentación y la energía son 453.000 millones de dólares más ricos que hace dos años
  • · 263 millones de personas cayeron en la "pobreza extrema" en 2022
  • · Surgieron 62 nuevos milmillonarios en la industria alimentaria
  • · Esas ganancias y concentración están contribuyendo a la subida de los precios; se estima que en EEUU han influido en un 60 % al aumento de la inflación

Para tener otra imagen concreta, Oxfam lo resume así: “una persona perteneciente a la mitad más pobre de la población mundial tardaría 112 años en ganar lo que alguien del 1 % más rico en un año”.

La pandemia es el capitalismo

Las crecientes fortunas no contradicen la preocupación de algunos de los líderes que estarán en Davos. Y de los que no estarán también. The Economist, uno de los diarios más conservadores e influyentes del mundo sacó estos días una editorial titulada: “La catástrofe alimentaria que se avecina”. Y agrega que “la guerra está inclinando a un mundo frágil hacia el hambre masiva”. Sin dejar de responsabilizar a Putin de toda la situación, olvidando el rol de la Otan en el conflicto, insiste en que “alimentar a un mundo frágil es asunto de todos”. Es que, con olfato de clase, sabe que todo puede convertirse en un combo explosivo. Las disputas comerciales pueden traer más tensiones geopolíticas, pero además desesperación y tensiones sociales: el hambre y los tarifazos han parido rebeliones a lo largo de la historia.

Al final del informe, Oxfam, sugiere que "los Gobiernos deben tomar medidas urgentes para poner freno a la riqueza extrema. Deben elevar sin demora la tributación sobre la riqueza, el capital y los beneficios “caídos del cielo” de grandes empresas, e invertir este dinero en la protección de la población con mayores necesidades y en la reducción de las desigualdades y el sufrimiento".

Es lo mismo que plantea la ONG cada Foro de Davos. Seguramente desde la buena voluntad. Pero siempre con el mismo resultado: Oxfam les habla con el corazón y los poderosos le contestan con el bolsillo. Tarifazos, inflación, hambre, precarización, guerras comerciales y ahora encima misiles.

La pandemia es el capitalismo. Las calamidades las genera el capitalismo. Un sistema basado, justamente, en la apropiación privada de todo lo que produce la humanidad. Que convierte en lucro los servicios básicos. Que transforma la salud en un negocio aún en la peor de las pandemias. Que le roba el tiempo y el fruto de su trabajo a trabajadoras y campesinos. Que llena barcos de alimentos delante de pibes hambrientos.

Los que enumera Oxfman son los mismos crímenes sociales que denunciaba Federico Engels en los inicios de la Revolución industrial: “cuando la sociedad quita a millares de seres humanos los medios de existencia indispensables entonces lo que se comete es un crimen”. A pesar del desarrollo de la ciencia y la tecnología, con servicios que podrían hacer mejor la vida de la población, del aumento de la productividad para alimentar al planeta, las desigualdades son tan criminales como hace un siglo y medio.

El contraste nos devuelve a un debate que generó el discurso de la vicepresidenta Cristina Kirchner, cuando afirmó que “el capitalismo se ha demostrado como el sistema más eficiente y eficaz para la producción de bienes y servicios”, solo hay que “regularlo, controlarlo”.

Como decíamos entonces, “es necesario plantear la perspectiva de un nuevo régimen económico y social, donde la propiedad de las grandes industrias, el transporte, la energía y el conjunto de los medios de producción deje de ser privada y pase a ser pública y social. Con esos medios de producción dirigidos por sus trabajadores y trabajadoras, de manera democrática, coordinando y planificando la producción y el funcionamiento en común con la población, en función de las necesidades de las mayorías. Una reorganización social de este tipo podría dar solución a problemas agudos, como el hambre que afecta a una gran porción de la sociedad”.

La clase trabajadora y los pobres del mundo necesita sus “foros”, reuniones y asambleas para discutir como terminar con este sistema criminal y pelear por esa nueva sociedad. Es la única salida.

Lucho Aguilar@Lucho_Aguilar

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Prueba PCR en el albergue del estadio Indira Gandhi, en Nueva Delhi, India. Foto Afp

Ginebra. El covid-19 provocó entre 13 y casi 17 millones de muertes en el mundo de enero de 2020 a diciembre de 2021, alrededor del triple del total de los balances oficiales, estimó ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS), al mostrar la devastación de la peor pandemia vivida en el planeta desde hace un siglo.

Nuevos datos de la OMS muestran que el balance total asociado directa o indirectamente con la pandemia en el lapso mencionado es de 14.9 millones de muertes (con un margen de variación de entre 13.3 y 16.6 millones). La recolección de datos fue irregular o incluso inexistente en algunos países, indicó la agencia Afp. La OMS consideró que seis de cada 10 muertes no son registradas a nivel mundial.

La sobremortalidad se calculó haciendo la diferencia entre el número de decesos reales en ese periodo y la cifra considerada normal sin que haya una pandemia, basándose en las estadísticas.

En el caso de México, el organismo reporta 626 mil 217 decesos. Al respecto, el gobierno de México ha informado sobre el exceso de mortalidad desde julio de 2020, afirmó Hugo López-Gatell, subsecretairo de Prevención y Promoción de la Salud, que a diciembre de 2021 reportaba 689 mil 298 muertes.

El funcionario destacó que el análisis de la OMS se realizó con la misma metodología utilizada por México, por lo que sus resultados son similares al trabajo de la Secretaría de Salud, el Instituto Nacional de Salud Pública, el Instituto Mexicano del Seguro Social y la Organización Panamericana de la Salud.

El número en el exceso de mortalidad se obtiene del registro de decesos confirmados con prueba de laboratorio y la revisión de actas de defunción. También están las pérdidas de vidas por causa de otras enfermedades no atendidas durante la emergencia sanitaria, sea por la "perturbación" que hubo en la prestación de servicios médicos o porque las personas decidieron no acudir a las unidades médicas, comentó el subsecretario de Salud.

El reporte oficial más reciente de la Ssa señala que las muertes esperadas desde el inicio de la pandemia, por diferentes causas, eran un millón 474 mil 338, y se registraron 2 millones 163 mil 636. De ahí se obtiene la cifra de 689 mil 298, que representa el exceso de mortalidad. De éstas, 70 por ciento se atribuyen al coronavirus.

En tanto, de acuerdo con el reporte semanal del 2 de mayo de 2022, suman 324 mil 334 decesos confirmados con prueba de laboratorio.

Desde el inicio de la pandemia, las cifras de los países miembros reunidas por la OMS daban un total de 5.4 millones de fallecidos por covid-19 en estos dos años, pero desde hace mucho, la agencia de la ONU advirtió que estas cifras estaban lejos de ser reales.

Del promedio de los 14.9 millones de muertos excedentes, de acuerdo con las estimaciones de la OMS, 5.99 millones están en el sudeste de Asia, 3.25 en Europa, 3.23 en América, 1.25 en África, 1.08 en el Mediterráneo oriental y 0.12 millones en el Pacífico occidental. Destacó que 84 por ciento se centraron en el sudeste en las tres primeras regiones.

India, Rusia, Indonesia y EU, con mayor mortalidad

Según las estimaciones de la OMS, 68 por ciento de este exceso de mortalidad se concentró en 10 países: India (4.7 millones), Rusia e Indonesia (más de un millón cada uno) y Estados Unidos (932 mil); siguen Brasil (681 mil 267), México (626 mil 217), Perú (289 mil 668), Turquía (264 mil 41), Egipto (251 mil 102) y Sudáfrica (238 mil 671).

"Estos números, que obligan a reflexionar, subrayan no solamente el impacto de la pandemia, sino la necesidad de todos los países de invertir en sistemas de salud más fuertes", declaró el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Las causas indirectas pueden deberse a estructuras de salud sobrecargadas y forzadas, por ejemplo, a retardar procedimientos quirúrgicos o sesiones de quimioterapia para los enfermos de cáncer. No obstante, los confinamientos también evitaron muertes como las causadas por accidentes de tránsito.

Restringen vacuna J&J

Los reguladores estadunidenses limitaron estrictamente quién puede recibir la vacuna contra el covid-19 desarrollada por Johnson & Johnson, debido al riesgo persistente de que surjan coágulos sanguíneos raros, pero graves.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos anunció que la vacuna sólo debería ser administrada a adultos que no puedan recibir otra o soliciten específicamente la de J&J.

(Con información de Ángeles Cruz)

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Fuentes: CTXT [Imagen: Acumulación de barcos frente al puerto de Shanghai el 25 de abril de 2022. MARINETRAFFIC]

El confinamiento de la macrourbe china paraliza su puerto, el mayor del mundo. Gigantes como Apple, Xiaomi y Tesla se han visto obligados a paros parciales

Todos los días nos acercamos a nuestros comercios y al consumir, sin darnos cuenta, consumamos auténticas proezas. Raramente pensamos en la tecnología y en la planificación que implica que nuestras estanterías estén llenas de uvas de Chile, carne irlandesa, trigo ruso, lino africano o teléfonos made in China. Raramente nos detenemos a pensar que nuestro móvil utiliza metales procedentes de Zaire, Ruanda, Bolivia, Rusia…, que todos estos componentes han sido enviados en trenes y barcos a China, donde han sido ensamblados en macrofactorías y posteriormente embarcados a su vez y distribuidos por todo el planeta. Hemos normalizado vivir en ciudades que importan más del 94% de sus insumos desde más de 100 kilómetros de distancia y en las que la más mínima falla, unas estanterías vacías durante unos pocos días, se convierte en una ofensa a nuestro modo de vida, un síntoma de desorden y caos social. Exigimos (coléricamente) el abastecimiento continuo.

Desde hace poco más de un cuarto de siglo nos sostiene una compleja cadena de extracción, producción, logística y distribución. Una cadena que en realidad es una red, en la que se extraen materias primas de países africanos o latinoamericanos, se transforman en productos en las fábricas del mundo (China, India, Bangladesh, Corea…) y se distribuyen mayormente en el occidente europeo y norteamericano. Todo este entramado se sostiene por una hiperproducción en lugares claves como China, por mano de obra barata en países como Bangladesh, Vietnam, China, y por un tráfico marítimo que incrementa sus volúmenes exponencialmente cada año. El “milagro” económico se basa en el aprovechamiento de los costes más baratos en cualquier espacio del mundo y en una circulación continua de los recursos. Es por eso que en Europa hemos asistido al cierre progresivo de nuestras fábricas y a su traslado a países más económicos para las grandes corporaciones: la externalización. Somos rentistas financieros, países de servicios o productores sobrecualificados, pero ya no somos la Europa industrial del siglo XX. Ya tuve ocasión de reflexionar con ustedes sobre la llamada crisis de suministros, en realidad, los síntomas de que toda esta red comienza a llegar a sus límites y no puede prometer un crecimiento perpetuo. Es en este contexto en el que asistimos a los cuellos de botella o al fallo de los eslabones débiles del sistema, como el provocado por el cierre de Shanghai.

Lo habrán oído, el Gobierno chino ha cerrado la mayor parte de Shanghai por la expansión de la covid en la macrourbe. Hablamos de más de 26 millones de personas confinadas en lo que es uno de los núcleos centrales de la producción y logística de la cadena de suministros mundial. El cierre, lógicamente, ha afectado al puerto de Shanghai-Yangshan, el mayor del mundo: más de 24 kilómetros de instalaciones y muelles que dan entrada y salida a más de 52 millones de contenedores TEU cada año. Shanghai procesaba en febrero el 20% del tráfico mundial de contenedores cada día.

El 19 de abril, cerca de 506 barcos portacontenedores gigantes, decenas de petroleros y un gran número de graneleros y barcos mineraleros esperaban su oportunidad de cargar o descargar en las aguas cercanas al puerto. Un mero síntoma de lo que estaba ocurriendo. Tras decretar el cierre parcial de la ciudad a finales de marzo y el cierre total el 15 de abril, los trabajadores de las principales macrofactorías y los trabajadores portuarios fueron confinados en sus centros de producción. Es decir, para varios millones de trabajadores la burbuja de confinamiento no es su hogar, sino su empresa, en la cual quedan anclados para que continúe la cadena de producción y exportación, muchas veces en condiciones de salubridad y vida cercanas a la esclavitud. Tesla corp. anunció que procedía a poner duchas y a garantizar tres comidas al día a sus trabajadores, lo que nos da un indicio de que no todas las factorías o instalaciones están cumpliendo con este “estándar” de humanidad. Aun así, el transporte terrestre no circula normalmente, por lo que las factorías de producción de gigantes como Apple, Xiaomi, Tesla y otros se han visto abocadas a paros parciales. Los barcos asumen incrementos de demoras de un 75%, días de retraso, lo que a su vez supone un aumento de los fletes, los seguros marítimos, los pagos por estadía en los muelles, las operaciones de estiba y el propio sostenimiento de las tripulaciones. Miles de contenedores refrigerados con productos perecederos o con químicos peligrosos se acumulan, constituyendo una amenaza creciente. Pese a todos los esfuerzos, el número de contenedores en espera es un 195% mayor que en el mes de febrero y la desviación a otros puertos no es solución, porque las fábricas están ahí, deseando verter en las bodegas sus excedentes. Ninguna flota de transporte terrestre puede compensar ese desplazamiento de volúmenes y ningún puerto cercano puede procesar la avalancha de demanda procedente de Shanghai.

Ninguna flota terrestre puede compensar ese desplazamiento de volúmenes y ningún puerto cercano puede procesar la demanda procedente de Shanghai

Algún día nos llegarán los relatos de qué ha supuesto para los trabajadores de Shanghai este confinamiento. Qué precio humano ha tenido que sigamos recibiendo nuestros teléfonos y televisores. Pero, de momento, en los núcleos financieros de Occidente se hacen cuentas sobre lo que nos va a costar el cierre de Shanghai. Las agencias internacionales más prestigiosas ya nos explican que sólo la gran ciudad china podría aportar de un 1 a un 2% de inflación anual a la economía global. Lo que es más difícil saber es si alguien está haciendo cuentas sobre si el sistema de externalización es sostenible. Sobre si es razonable continuar concentrando la producción lejos de su destino, alargando las líneas de transporte, incrementando el volumen de los puertos hasta el infinito y dependiendo de unas líneas de suministro que, al final, son frágiles y pueden verse afectadas por circunstancias imprevisibles: un barco atascado en el canal de Suez, una epidemia en una ciudad, una guerra o una catástrofe natural, quizás. Nuestro ingenio para resolver de manera eficiente el problema de poner una manzana en su supermercado quizás debería comenzar a considerar con más humildad nuestros límites y pensar que la naturaleza está ahí para recordárnoslos. Mientras tanto, asistimos al espectáculo de un atasco en el mar de China.

27/04/2022

Marina Echebarría Sáenz es catedrática de Derecho Mercantil.

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Sube la cifra de muertos por covid en Shanghái y Beijing comienza test masivos

Shanghái extrema las medidas de su confinamiento en medio de un repunte de la cifra de fallecidos mientras Beijing comenzó hoy a hacer test masivos y a cerrar urbanizaciones para evitar la propagación de covid en la capital china.

 

La metrópolis oriental anunció este lunes la muerte de otras 51 personas por covid, con lo que la ciudad suma un total de 138 fallecidos desde que decretó hace un mes un confinamiento masivo para atajar un abrupto aumento de casos.

El vicedirector de la comisión sanitaria de Shanghai, Zhao Dandan, enfatizó hoy en que la edad media de los decesos es de unos 81,1 años y que todos ellos tenían alguna enfermedad o patología previa a infectarse con el nuevo coronavirus.

Zhao avisó de que la situación epidémica sigue siendo "grave y compleja" en Shanghái y destacó que la cifra diaria de contagios sigue siendo "alta" después de que se anunciasen 2.472 nuevos positivos y 16.983 casos asintomáticos detectados el domingo.

El funcionario agregó que la ciudad hará otra ronda de test a sus 25 millones de residentes con el objetivo de frenar la curva de contagios "lo más rápido posible".

Entretanto, la última polémica en Shanghái la ha protagonizado el levantamiento de unas enormes vallas verdes -de unos dos metros de altura- en algunas urbanizaciones para impedir que los residentes salgan de sus casas.

Las redes sociales recogieron este fin de semana imágenes de personas confinadas que criticaban desde el balcón a los trabajadores que, enfundados en trajes blancos de protección, erigían estas cercas y protestaban ante la hipótesis de un incendio dado que no podrían salir de sus hogares de ninguna manera.

Algunas de estas vallas se levantaron en complejos residenciales en los que se han detectado positivos y la razón, según las autoridades municipales, es que algunas zonas deben activar un "confinamiento duro" y evitar a toda costa que la gente salga y así evitar nuevos contagios.

Pruebas masivas y confinamientos selectivos en Beijing

Entretanto, el resto del país continúa acumulando nuevos contagios, con casos de transmisión comunitaria en las provincias nororientales de Jilin (79) y Heilongjiang (26), en las surorientales Jiangxi y Zhejiang, ambas con 14, y la capital, Beijing, también con 14 positivos confirmados al margen de los asintomáticos.

Ahora, el número total de contagiados sintomáticos activos en la China continental asciende a 29.178 y la preocupación se ha extendido en Beijing, donde su mayor distrito, Chaoyang, que concentra desde embajadas a rascacielos de negocios, ha exigido a quienes vivan o trabajen en la zona que se sometan a tres pruebas de ácido nucleico durante esta semana.

En las calles del distrito se formaron hoy colas kilométricas para hacerse el test en las garitas designadas a tal efecto, y también se han cerrado ’de facto’ algunas urbanizaciones.

El miedo a que la capital china acabe de nuevo confinada o que llegue a los niveles de Shanghái ha provocado compras masivas en los supermercados -dejando algunos de ellos completamente vacíos- y consejos en las redes sociales sobre qué comprar en caso de cuarentena generalizada.

La ciudad también ha suspendido los grupos turísticos a partir de este lunes -a menos de una semana de cuatro días festivos por el puente del 1 de mayo- y exigido a las agencias de viajes que reembolsen el importe de los paquetes de viajes.

Pese a la alta transmisibilidad de la variante ómicron, China continúa aplicando su estricta política de "tolerancia cero" para atajar esta última oleada de casos, que está provocando cifras récord de contagios no vistas desde el inicio de la pandemia.

Con todo, los rebrotes están siendo muy diferentes al primer brote registrado en China en la ciudad de Wuhan, cuando la tasa de mortalidad sobrepasó el 5 por ciento, según explicó ayer en la televisión estatal el epidemiólogo chino Zhang Wenhong: "La tasa de mortalidad en Shanghái se mantiene en el 0,178 %", aseguró Zhang.

La prensa oficial reconoce que "China ha atestiguado un prominente incremento de rebrotes en todo el país", con más de 500.000 contagios desde marzo, pese a lo cual el país debe "insistir en la política de ’covid cero’ y garantizar la salud de la población en la mayor medida posible".

Según opina hoy el diario Global Times, "hay que actuar" y "ser lo más rápidos en la medida de lo posible" para impedir la propagación del virus, algo que, destaca el periódico, lograron ciudades como Cantón tras detectar sus primeros casos.

"Un confinamiento total solo se puede poner en marcha cuando la propagación está en una fase avanzada o si se detecta temprano pero no se controla de forma decidida. Debemos ser incisivos e identificar a tiempo las fuentes de infección para evitar repuntes", acota el rotativo.

China a las puertas de una crisis sanitaria y social

El Gobierno ahora enfrenta una situación inédita de contagios desde el inicio de la pandemia, con un creciente malestar social que se puede convertir en una bomba de tiempo. Recientemente salieron a la luz las brutales condiciones laborales de los trabajadores chinos bajo el confinamiento. Un caso emblemático es el de Tesla y Foxxcon.

Según un informe del China Labour Bulletin mientras que millones están confinados en sus edificios y departamentos "Los trabajadores industriales viven en sus fábricas para seguir produciendo, los repartidores de alimentos duermen en la calle y trabajan todo el día y el personal médico muere por exceso de trabajo".

El mismo informe señala que en Shanghái, los trabajadores de la salud fueron llamados en medio de la noche y que trabajaron largas horas con equipo de protección insuficiente y sin descansos, administrando pruebas de PCR a la población.

Para los repartidores de entrega de alimentos la situación no fue diferente, se han enfrentado a decisiones difíciles: o encerrarse en sus casa y no tener ingresos o dormir en las calles para continuar trabajando. Se ha informado que estos trabajadores duermen en tiendas de campaña, debajo de puentes y en estaciones de autobuses, especialmente porque otras formas de refugio.

En otra localidad al sureste del país, Shenzhen, uno de los centros industriales más importantes del país y que había sido confinado el mes pasado, los trabajadores industriales han sido encerrados en su lugar de trabajo, viviendo y durmiendo allí para que la producción no se detenga. Los informes señalan que duermen en los terrenos de la fábrica, ya sea en carpas o en camas improvisadas hechas con elementos que tienen a mano, como cajas de cartón, en las instalaciones del gigante Foxconn, conocido por ser el mayor ensamblador mundial de los iPhone.

En las redes sociales chinas circularon algunos videos denunciando la situación que se vive. Tanto de los que se encuentran confinados bajo estricta vigilancia y sometidos a las arbitrariedades del Gobierno, como de los trabajadores esenciales, cada vez más, que trabajan y viven en condiciones denigrantes.

El confinamiento masivo de las estrégicas megaciudades chinas está generando enormes problemas al Gobierno chino que le teme más a un cataclismo económico y social que a la pandemia de coronavirus.

Lunes 25 de abril

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Banco Mundial: Mayoría de mercados emergentes y economías en desarrollo están mal preparados para crisis de deuda que se avecina

“En los próximos 12 meses, una decena de economías en desarrollo podría no estar en condiciones de atender el servicio de su deuda, lo que generaría la mayor oleada de crisis de la deuda en las economías en desarrollo en una generación”, advirtió el BM en un tuit. Foto: Tomada de bancomundial.org.

El Banco Mundial ha advertido que la depreciación monetaria y la inflación están golpeando con fuerza a los pobres, a lo que se suma que la deuda de los países en desarrollo ha aumentado marcadamente hasta alcanzar el nivel máximo de los últimos 50 años y hoy es alrededor del 250% de los ingresos públicos.

Durante un discurso este martes en Varsovia, previo a las Reuniones de Primavera de 2022, el presidente del BM, David Malpass, afirmó que, en un escenario agravado por la crisis de la covid, la guerra en Ucrania y sus consecuencias “también han generado una escasez repentina de energía, fertilizantes y alimentos (…) Incluso las personas que se encuentran geográficamente lejos de este conflicto sienten sus impactos”.

Malpass señaló que las alzas de los precios de los alimentos “afectan a todos y tienen consecuencias devastadoras para los más pobres y vulnerables. Se prevé que, por cada punto porcentual de aumento en los precios de los alimentos, 10 millones de personas caerán en la pobreza extrema”.

El presidente del BM advirtió que en 2022, antes del comienzo de la guerra en Ucrania, la recuperación ya estaba perdiendo impulso debido al aumento de la inflación y a los persistentes cuellos de botella en la oferta.

Según las previsiones, en 2023 las economías avanzadas prácticamente regresarían a las tasas de crecimiento anteriores a la pandemia, mientras que las economías en desarrollo están muy rezagadas.

“Las alzas de los precios de los alimentos afectan a todos y tienen consecuencias devastadoras para los más pobres y vulnerables (...) Las alteraciones en el comercio ya han provocado que los precios de los cereales y los productos básicos se disparen. Las exportaciones de trigo desde los puertos del mar Negro han mermado de forma abrupta. Y la intensa sequía de América del Sur está reduciendo la producción mundial de alimentos.

“(...) Hay otros factores que agudizan los actuales problemas en la oferta de alimentos: el suministro de fertilizantes, los precios de la energía y las restricciones a la exportación de alimentos impuestas por los propios países”, dijo el presidente del Banco Mundial.

“La violencia no se limita a Ucrania”, dijo el número uno del Banco Mundial, y precisó que este año, 39 de los 189 países miembros del Grupo Banco Mundial están atravesando situaciones de conflicto abierto o muestran niveles de fragilidad inquietantes.

“El número de personas que vive en zonas de conflicto casi se duplicó entre 2007 y 2020. En la actualidad, en Oriente Medio y Norte de África, una de cada cinco personas vive en una zona afectada por conflictos. Este deterioro de la seguridad ha provocado un aumento en el número de refugiados, que en la última década se elevó a más del doble hasta superar los 30 millones en 2020”.

Añadió que “cada una de las crisis en curso afecta más a las personas vulnerables, a menudo mujeres y niñas. Y, mientras tanto, seguimos padeciendo las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de una pandemia mundial y de los cierres económicos. Se han perdido millones de vidas, y millones más sufren debido a los enormes retrocesos en el desarrollo, que afectaron especialmente a los pobres”.

Según Malpass, “nunca tantos países estuvieron en recesión al mismo tiempo, con las consiguientes pérdidas de capital, empleos y medios de subsistencia. Paralelamente, la inflación continúa acelerándose y reduce los ingresos reales de los hogares de todo el mundo, en especial de los pobres.

“Las políticas monetarias y fiscales de excepción que las economías avanzadas han estado implementando para estimular su demanda, combinadas con las limitaciones y alteraciones de la oferta, han impulsado los aumentos de precios y han agravado la desigualdad en todo el mundo”.

Mencionó la probabilidad de que la pobreza continúe aumentando en 2022 debido a los efectos de la inflación, la depreciación de la moneda y la suba de los precios de los alimentos, y alertó sobre la crisis de deuda que se avecina.

Según el presidente del BM, las vulnerabilidades derivadas de la deuda son particularmente graves en los países de ingreso bajo: el 60% de ellos ya se encuentra sobreendeudado o presenta un alto riesgo de caer en esa situación.

“La mayoría de los mercados emergentes y las economías en desarrollo están mal preparados para enfrentar la crisis de deuda que se avecina”, dijo.

“Las economías avanzadas con sistemas de protección social bien desarrollados están protegiendo a una parte de su población de los daños causados por la inflación y los bloqueos comerciales, pero los países más pobres cuentan con recursos fiscales limitados y sus sistemas para apoyar a los necesitados son deficientes.

“La depreciación monetaria y la inflación están golpeando con fuerza a los pobres, lo que está provocando rápidos aumentos de las tasas de pobreza en 2022”, añadió.

13 abril 2022

(Con información de Banco Mundial)

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"Tsunami-hondakinak" (Residuos de tsunami), pintura acrílica sobre madera de Txaro Arrazola

Las guerras son parte de una normalidad capitalista que se enfrenta a sus límites estructurales prefigurando un futuro de control elitista de la escasez.

Un economista neoliberal, a preguntas de una periodista sobre las conexiones entre las tres grandes crisis del siglo XXI (la financiera, la pandemia y la guerra de Ucrania) contestó -sin despeinarse- que él no era supersticioso y que obviamente esas crisis no tienen nada que ver unas con otras. Se trataría entonces de una suma acumulada de mala suerte, una mala racha mundial y nada más. Una sucesión de cisnes negros, como llamó el libanés Nassim Taleb a casos atípicos fuera de las expectativas regulares, pero con un impacto extremo, como podían ser -según este autor- el atentado de las torres gemelas en Nueva York, o el asesinato del Archiduque de Austria en Sarajevo, que precipitó la primera guerra mundial.

Podría discutirse si la pandemia fue un suceso de este tipo, aunque ya había numerosos científicos del ramo que venían avisando; puede que la jugada de tahúr mafioso de Putin fuera poco predecible; incluso, podría decirse, que la explosión de la burbuja especulativa inmobiliaria en EEUU no fue prevista por la mayoría de economistas; aunque -seguramente- todo ello habla más bien de la ceguera e incompetencia de los economistas, las autoridades sanitarias o los líderes políticos que de la imprevisibilidad de estos acontecimientos. En todo caso, el hecho de que hayan sucedido de forma tan seguida, sin darnos respiro, ya debería hacernos sospechar de que algo no anda del todo bien en el mundo y que seguramente alguna relación habrá entre tanta catástrofe junta.

Dicho de otro modo, cuando en un estanque todos los nuevos cisnes nacen negros, son los blancos quienes se van convirtiendo en rara avis. En ese sentido, parece bastante obvio, que aun siendo acontecimientos muy diferentes, lo que los hace similares es el marco en el que se producen: un mundo envuelto en profundas crisis, donde la resiliencia del sistema es tan baja que permite -cuando no provoca- situaciones agudas de inestabilidad de distinto tipo cada vez más frecuentes. Hay que ser muy miope para no ver esto, o bien ser un teólogo de la economía de mercado y la globalización neoliberal, que no ve más allá de sus números y cuentas (sólo sumas y multiplicaciones por cierto) confundido por su fe ciega en el poder mágico de la mano invisible y el crecimiento económico infinito.

En todo caso, a pesar de lo que podría parecer, la pregunta sobre cisnes blancos o negros, lejos de ser baladí es clave; yo diría incluso que es “la pregunta”. Si estamos ante ocasionales cisnes negros bastará con actuar de la manera habitual en estos casos: cambios de los tipos de interés, vacunas y misiles stinger. Si por el contrario el problema es un estanque contaminado, casi seco, y superpoblado de cisnes tiznados y furiosos luchando por las escasas migajas de pan, las soluciones tendrán que ser otras. Si es así -y todo parece indicar que lo es- no habrá más remedio que drenar y sanear el estanque, pues en nuestro caso la posibilidad de volar a lugares menos inhóspitos no existe más allá de locas fantasías delirantes de multimillonarios dementes.

Planteando la pregunta de otra manera ¿Estamos ante acontecimientos que preceden y aceleran el colapso global que anuncian cada vez más expertos e intelectuales críticos? ¿Vivimos en momentos pre y pro colapso? Carlos Taibo (y no es el único) intuye que estamos ya en las primeras fases del derrumbe global y relativamente rápido del sistema neoliberal globalizado, o Incluso del sistema capitalista tal y como lo conocemos.

La disyuntiva entre decadencia o colapso, que plantea Taibo, podría estar dilucidándose ahora mismo a favor del segundo. Aunque, seguramente, la caída no será en todas partes igual, ni necesariamente al mismo tiempo en todas partes. Además, en la realidad, las dicotomías nunca son tan absolutas como sobre el papel, y una decadencia rápida o un colapso paulatino no se distinguen tanto al fin y al cabo. Esto se entiende mejor si estudiamos otros colapsos anteriores, como el ineludible del Imperio Romano, donde vemos -como ahora- estas diferencias de tiempos y lugares (oriente y occidente), pero también descubrimos que las nuevas relaciones sociales-económicas-políticas del futuro ya se prefiguraban durante los tiempos del colapso/decadencia.

Es difícil diagnosticar el huracán desde su ojo, pero cada vez más voces autorizadas avisan de que las fuerzas desatadas del colapso en marcha prefiguran un nuevo sistema, que sin saber muy bien cómo será, llamamos de forma preventiva ecofascismo, o gestión autoritaria de la escasez en beneficio de las élites, y esto tiene mucho que ver con las guerras que vivimos, también la de Ucrania.

Para empezar, debemos entender que el estado-guerra es el estado natural del ecofascismo. Es decir, las guerras son funcionales a este sistema, que no podría existir sin ellas: sin un enemigo (externo o interno) contra el que combatir y al que culpar de todos los males. Sería entonces la forma política dominante de un capitalismo oligopólico, que algunos llaman neo-feudal, basado en el Estado-empresa, altamente financiarizado y digitalizado, que se alimenta del expolio de personas, pueblos y bienes comunes para continuar creciendo. Un sistema que está llegando a sus límites estructurales.

Las nuevas guerras del siglo XXI: periféricas, continuas, latentes, digitalizadas, interpuestas, privatizadas, hibridas… buscan el posicionamiento de las potencias globales y regionales -incluidas transnacionales y poderes corporativos- con alianzas a menudo cambiantes y agendas propias. Con el objetivo del control de los recursos escasos en sus zonas de producción y distribución, estableciendo para ello contratos y alianzas con agentes locales armados. Tal vez las guerras de hoy no sean más que el estado natural de las cosas en esta fase del capitalismo.

Algunos analistas han dicho que la guerra de Ucrania es una rara avis (un cisne negro) que nos retrotrae a las guerras del siglo XX, pero ese análisis no deja de ser muy superficial, basado en estudios de estrategia militar sin profundizar en su contexto. No hay más que ver sus características, como guerra interpuesta para dirimir conflictos de intereses de las grandes potencias globales, su fase de “latencia” desde 2014 hasta ahora, la utilización de milicias, mercenarios y nuevas armas robóticas…, la guerra financiera, estados policía sancionando a nacionales extranjeros, sanciones o sobornos a países implicados, la utilización de flujos migratorios como arma, el papel activo de grandes multinacionales en el conflicto, la exhibición comercial armamentística en el mercado mundial… para darse cuenta de que estamos en una guerra del siglo XXI.

Sin embargo, tal vez sea la visión del gas y el petróleo ruso, surcando con normalidad el campo de batalla hasta llegar a los consumidores europeos, la imagen más gráfica de la esencia de la guerra de Ucrania; es decir, entendida como parte de la economía-guerra posmoderna y no como economía de guerra, en la acepción tradicional del concepto, que supone siempre una cierta excepcionalidad frente a una normalidad de relativa paz. Desde luego, en el capitalismo se ha utilizado siempre la guerra como elemento regenerador de la economía, pero en esta fase de su desarrollo, la guerra: permanente, periférica y privatizada… tiende a constituirse como su estado natural, en un ecosistema propicio de estados fallidos y explosión del desorden social.

Obviamente, todo ello no descarta la posibilidad de una gran conflagración mundial, incluso nuclear, pues como bien dice el refrán quien juega con fuego al final se quema, y desde luego -como apunta Noam Chomsky- evitarlo debería ser ahora mismo nuestra máxima prioridad. Deberíamos hacerlo sin dejar de lado la construcción de las bases de una alternativa democrática, equitativa e igualitaria -es decir ecofeminista- frente al ecofascismo que viene, que debe ser combatido en todos los frentes: político, ideológico, cultural, económico…

Todo ello no puede obviar, sin embargo, la necesidad urgente de crear una corriente mundial antibelicista transversal, que se deje pelos en la gatera si es necesario, pero que consiga acumular la fuerza y la unidad de acción necesaria para oponernos a la deriva suicida de la humanidad, pues, como dijo Rosa Luxemburgo: la paz es la revolución del proletariado mundial.

Por Juan Ibarrondo

Escritor

13 abr 2022

Publicado enEconomía