Senado Federal, https://www.flickr.com/photos/agenciasenado/49806875987/

Aunque la pandemia por covid-19 no ha finalizado y, para ser precisos, no finalizará ya que el virus no desaparecerá, como especie humana haremos adaptaciones, el virus también, pasando a una fase de endemia, es decir a una situación permanente de infección con el virus Sars-Cov-2 pero con una menor letalidad. Bien vale la pena reflexionar sobre las lecciones que va dejando una experiencia sanitaria y social de estas dimensiones.

 

Luego de más de un año y medio de haber declarado la OMS la pandemia por covid-19, y de establecer que se han contagiado en el mundo más de 220 millones de personas y muerto más de cuatro millones, con cerca de 5 millones de habitantes contagiados en Colombia*, así como más de 125 mil muertos, puede pensarse en un conjunto de enseñanzas que un fenómeno de esta magnitud puede dejar en diversos aspectos de la vida humana. Acá se reflexiona sobre las concernientes al tema de salud.


Entender las epidemias de manera compleja


Las epidemias y pandemias no pueden entenderse simplemente como un fenómeno de orden biológico en el que un microorganismo sea virus, bacteria u de otro tipo, contagia a individuos los cuales contagian a más hasta cubrir un porcentaje amplio de población en territorios determinados.

Las pandemias son dinámicas biológicas determinadas por procesos sociales, que tienen que ver principalmente con las formas como la sociedad se relaciona con la naturaleza, que en el periodo capitalista ha sido altamente depredadora, extrayendo intensamente recursos naturales. En particular, este modo de producción genera una reproducción acelerada de especies animales para el consumo humano (aves y cerdos, por ejemplo), que generan las condiciones para la mutación y propagación de microorganismos entre especies, llegando luego a la humana causando enfermedades zoonóticas, como la covid-19, el H1N1, el Sars, la Mers, el ébola, el VIH-Sida.

De otro lado, se ha entendido que diversas epidemias se conjugan al mismo tiempo, configurando un escenario de sindemia, que es mucho más lesivo al combinar, por ejemplo, la pandemia por covid-19 con la de la pobreza, el hambre, la falta de saneamiento básico, las desigualdades, los daños ambientales, potenciando los efectos negativos sobre la gente. Visión que refuerza la idea que la salud posee una determinación social establecida principalmente por las formas como se dan los procesos de producción y de reproducción social y que explica las formas desiguales como se distribuyen las epidemias afectando principalmente a los sectores más empobrecidos y marginados de la sociedad.

Entendida entonces las epidemias y pandemias de manera compleja, demandan respuestan amplias, integrales, que no se limitan a medidas de higiene pública, como los aislamientos, o de tecnología sanitaria, como las vacunas, sino que las recoge, pero teniendo que ir mucho más allá.

La incertidumbre de la ciencia, el valor de los múltiples saberes


Grandes tensiones y debates se han dado sobre el rol de la ciencia en este contexto de pandemia, encontrándose desde posturas ortodoxas que consideran que la ciencia es la que tiene la absoluta verdad sobre la base de las evidencias y la única que puede orientar qué hacer para enfrentar este fenómeno sanitario, descalificando cualquier otro tipo de conocimiento rotulándolo como no científico; hasta las que cuestionan fuertemente la ciencia frente a la falta de certeza en relación a esta dinámica epidemiológica.

Este periodo deja como enseñanza la necesidad de que quienes están dedicados a la ciencia asuman un nivel de humildad, reconociendo que ésta tiene unos alcances y aportes, pero que se mueve en planos de limitaciones e incertidumbres. Y que al aceptar esto, pueden reconocer otras formas de conocimiento que han actuado para el enfrentamiento de la pandemia, y sin que sean tampoco la solución absoluta, sí han aportado en su enfrentamiento.

De aceptarse esta enseñanza, queda como reto el impulso de una ciencia más cercana a la gente, sin verdades absolutas, con reconocimiento de sus límites, abierta a las críticas para poder avanzar y dispuesta a interactuar con otras formas de conocimiento que se construyen en la sociedad, lo que puede permitir comprender más ampliamente los fenómenos de la vida y gestar de mejor manera las respuestas que crisis de esta magnitud demandan.


La enorme fragilidad de la vida

Este periodo ha revelado de nuevo cuan frágil es la vida, de cómo estructuras biológicas altamente desarrolladas quedan subordinadas ante estructuras genéticas, que son sencillos segmentos de cadenas de proteínas que tienen una alta capacidad de adaptación en los cuerpos humanos para sobrevivir y mutar.

Estos segmentos de cadenas genéticas han generado un alto daño sobre la especie humana, revelando que no somos los reyes de la naturaleza y que debemos guardar humildad ante su simpleza, que nos logra subordinar.

La salud más que ausencia de enfermedad

Contagiarse con el virus Sars-CoV-2 no es igual para toda la gente: a la mayoría no le sucede nada, a otras le dan síntomas leves, a otras moderados y a otras severos, algunas de las cuales fallecen.

Por lo tanto, no existe una relación directa entre contacto con el virus y enfermedad, lo que debe permitir entender que no existe una relación unicausal entre virus y enfermedad, sino que existe una complejidad de causas dadas por una determinación social de la salud.

De otro lado, esto también lleva a entender que salud es no estar enfermo, que esa es una reducción de un concepto amplio y complejo, vinculado con la complejidad de la vida biológica y social.

Entender la salud de manera amplia debe conducir a romper con la medicalización de la vida, que ha llevado a que las dinámicas de salud-enfermedad se enfrenten exclusivamente desde el complejo médico-industrial-farmacéutico, en donde los individuos han perdido la autonomía sobre su cuerpo y el curso de su vida.

Asunto que tiene una connotación muy problemática en el sentido que la gente considera que para los problemas de salud, entiéndase enfermedades, se requiere una intervención de personal médico, ojalá especializado, tecnología médica y medicamentos. Una total subordinación al paradigma médico occidental.

Otra de las cosas que nos ha enseñado esta pandemia es que la salud es realmente una conjugación principalmente de cuidado, tanto individual como colectivo, conectada claramente con las expresiones de solidaridad. Han sido las medidas sustanciales de cuidado propio, cuidado de las familias, cuidado de las comunidades, tomando medidas para la contención del virus, las más útiles para su enfrentamiento.


La atención a la salud más allá de lo hospitalario


Bajo la visión hegemónica médica articulada a una atención altamente especializada, la respuesta a la pandemia se concentró principalmente en el ámbito hospitalario, en particular en la atención a las personas más críticas en unidades de cuidado intermedio e intensivo (UCI), sin impulsar decididamente medidas no hospitalarias, de salud colectiva, que tienen una enorme efectividad para evitar que la gente llegara a las UCI.
Este modelo hegemónico se explica y se sostiene, por estar altamente ligado con un enfoque mercantil de la salud, con enormes procesos de acumulación de capital producto de la atención especializada de la enfermedad y no precisamente por el impulso de acciones de promoción de la salud y prevención de la enfermedad.

Lo que revelan los lugares donde la contención de la pandemia ha sido más efectiva, es que tal logro corresponde a una acción territorial, articulada entre las instituciones y las comunidades, para rastrear, identificar, aislar y atender a las personas contagiadas.

La enseñanza entonces es que, en términos de respuestas para la atención de los problemas de salud, la clave está en el trabajo de promoción y prevención en los territorios, junto a las comunidades, y no en los ámbitos hospitalarios, que deben estar exclusivamente para aquellos casos que no se logran contener en la acción de atención territorial.


El valor de las y los trabajadores del sector de la salud

La respuesta institucional en salud tiene como pieza clave a las y los trabajadores; un sistema de salud no funciona sin ellas y ellos.

La pandemia develó las formas precarias en que hoy laboran unos y otras, destacados como héroes por ser quienes han estado en la primera línea de atención, pero tratados realmente como villanos en sus sitios de trabajo, tanto por la lógica gerencial empresarial indolente, como por la propia sociedad que los ha visto como fuente de contagio y porque son, en últimas, la cara visible de un sistema de salud injusto e inhumano.

La enseñanza en este aspecto es que sin dignificar su trabajo no es posible configurar adecuadas respuestas institucionales frente a los problemas de salud de las poblaciones.

La acción comunitaria produce salud

Frente a la debilidad o la ausencia del Estado en múltiples territorios, fueron las propias comunidades, con sus saberes y experiencias, y también sus desconocimientos, quienes actuaron para cuidar y proteger la salud y la vida de sus pobladores.

Se cocinó, se tejieron mascarillas, se cuidó a quienes enfermaron, se consiguieron medicamentos básicos para tratar los síntomas, se cerró el territorio, se cultivaron plantas y se emplearon recetas herbolarias, entre muchas otras cosas realizadas por las comunidades, tanto urbanas como rurales, para enfrentar la pandemia.

La enseñanza es básica: reconocer que la acción comunitaria es productora de salud, generadora de protección y bienestar, liderazgo fundamental para el cuidado de la salud y la vida; y que la institucionalidad debería comprender su valor para potenciarlo, no de forma instrumental, sino autónoma.

La salud pública más que la suma de higiene y epidemiología

Otra gran enseñanza: problemas de salud pública de esta magnitud no pueden manejarse solamente con medidas de higiene pública y con seguimientos epidemiológicos. Acá aspectos de protección social juegan un papel clave para permitir condiciones dignas de vida y soportes económicos para poder realizar aislamientos como los que demandan la contención del virus.

Esto debe llevar a entender la salud pública en una perspectiva mucho más amplia, que involucra la comprensión no solo de las dinámicas epidemiológicas sino también las sociales, ambientales y culturales, y al desarrollo de estructuras de protección social que le den soporte económico a la vida de las gentes.

Visión nueva, para cambios de fondo

La pandemia ha profundizado lo conocido como crisis civilizatoria, por lo cual requerimos rehacer, redimensionar, el proyecto como especie humana, sin esto no hay salida, lo que implica entre otros asuntos un cambio de fondo de las maneras de producir y consumir.

Sino rompemos el antropocentrismo, que ha colocado al ser humano como el centro de la naturaleza, cambiando por tanto la relación depredadora de la sociedad con la naturaleza, no será posible ir en otra dirección y lo que es peor, no tendremos oportunidad como especie ante los cambios ambientales planetarios que nos están llevando a un entorno no apto para la vida humana.

Así que esta pandemia no es un problema simplemente con el virus Sars-Cov-2, es un asunto muy profundo, originado por la acción antrópica, y que, pasada esta pandemia a fase endémica, vendrán nuevas formas de virus u otros microorganismos a generar nuevas epidemias, en tanto no se cambien sus causas estructurales.

El valor central que las sociedades deben impulsar hoy es la defensa de la vida, en sus múltiples expresiones: la humana, la de todas las especies vivas, la planetaria; lo cual demanda cambiar el orden social establecido y darle prioridad al establecimiento de redes de cuidado de la vida y la salud tejidas por las propias comunidades.

Se requiere cambiar el sistema de salud, el modo de atención y el quehacer de la salud pública, bajo la idea que la gestión en salud debe tener como eje principal la defensa de la vida.

Asimismo, deben territorializarse las acciones de salud pública y las atenciones a las personas, lo que implica romper con el modelo de aseguramiento que desterritorializa y pasar a un modo de acción en salud basado en la denominada atención primaria en salud.

A su vez, potenciar la estructuración de sistemas comunitarios de salud, que les den autonomía y soberanía sobre su salud y les permitan estructurar recursos de poder para establecer relaciones distintas con el Estado, en donde sus perspectivas, proyectos y demandas no quedan subordinadas.

Requerimos, entonces, una perspectiva radicalmente nueva para actuar, que lleve a descolonizar el pensamiento; a desmedicalizar la vida y permita recuperar el control sobre el cuerpo y la salud, en clave de soberanía; que desmercantilice la salud; que desindustrialice el modo de producción desarrollista rompiendo la idea que el desarrollo es crecimiento económico y acumulo de capital, y que dignifique la vida y el trabajo.

 

* Aunque hay que decir que ya formalmente el Instituto Nacional de Salud ha dicho que considera que 9 de cada 10 colombianos/as posiblemente se ha contagiado con el Sars-Cov-2, asunto muy posible dado el enorme subdiagnóstico y subregistro de casos y a una muy baja detección de casos asintomáticos.

 


Las 5D

Descolonizar el pensamiento
Desmedicalizar la vida
Desmercantilizar la salud
Desindustrializar el modo de producción desarrollista
Dignificar la vida y el trabajo


 

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Publicado enEdición Nº284
Lunes, 20 Septiembre 2021 05:34

Violencias

anderas blancas en el National Mall, cerca del Monumento a Washington. El proyecto de la artista Suzanne Brennan Firstenberg requirió más de 600 mil banderas blancas en miniatura para simbolizar las vidas perdidas por el Covid- 19 en Estados Unidos, donde las vacunas están disponibles para todos de manera gratuita.Foto Afp

Hay más de 670 mil banderitas blancas plantadas alrededor del Monumento de Washington marcando el número de muertes por Covid en Estados Unidos, un total que se incrementa por un promedio de otros mil 900 diarios. El total es ya el equivalente a todos los estadunidenses que murieron en las guerras mayores entre 1900 hasta hoy día.

Una de cada 500 personas en Estados Unidos ya han fallecido por la pandemia, la gran mayoría de manera innecesaria. Se reporta ahora que hospitales en varias regiones del país –en particular donde gobiernan políticos de derecha con poblaciones que favorecen a Trump– ya no tienen cupo con sus unidades de terapia intensiva al cien por ciento por la ola de nuevos contagios severos por gente que ha rehusado ser vacunada. Con ello están rechazando a otros casos severos, desde cáncer a operaciones urgentes y más, causando aún más muertes. Todo esto en un país donde está disponible, gratis y para quien la quiera, la vacuna. O sea, la emergencia de salud pública es por decisión política y desinformación activa, y no por el virus.

Asombra que la derecha –desde senadores y diputados federales a gobernadores y legisladores estatales– ha determinado que la muerte de aquellos que representan es un precio aceptable para ganar sus batallas de poder político. Han promovido la idea de que rechazar las vacunas y otras medidas para mitigar la pandemia incluyendo el uso obligado de cubrebocas y la distancia sana en lugares públicos, son intentos de los demócratas para imponer "controles" sobre la población y declaran que esta disputa es nada menos que la gran y gloriosa defensa de "la libertad". No falta los que afirman que estas medidas sanitarias, junto con intentos de ofrecer apoyos para los afectados por las consecuencias económicas de la pandemia, son parte de un complot "socialista".

Esta violencia política derechista que tiene un saldo de 2 mil vidas cada 24 horas ha sido nutrida e intensificada estos últimos años por Trump y sus cómplices republicanos dentro y ahora fuera de la Casa Blanca a nivel federal, como en diversos estados, con el propósito explícito de intentar frenar y hacer fracasar las principales iniciativas de demócratas y fuerzas progresistas es, en torno al Covid, una misión suicida (o por lo menos homicida).

Esa violencia se manifiesta de manera explícita con políticos armados y declarando guerra contra otros estadunidenses. La diputada federal ultraderechista Marge Green dice en un video publicitario que se dedicara hacer estallar la "agenda socialista" demócrata y se graba apuntado un rifle calibre .50 para disparar contra un coche que tiene pintado la palabra "socialismo", el cual explota (https://twitter.com/i/status/1439225130811539457). El gobernador de Georgia, Brian Kemp, en un video para su relección, se muestra armado, hace estallar un explosivo representando la agenda demócrata detrás de él, y amenaza que él personalmente acorralará con su camioneta y armas a “ ilegales criminales”.

Este tipo de políticos han intercalado los temas del rechazo de regulaciones gubernamentales en base de ciencia, el antiaborto, el derecho incondicional a las armas, la supresión del voto de las minorías y criminalizar a los inmigrantes y no pocos han agregado el veneno del supremacismo blanco, en una amenaza real a la democracia estadunidense; sus aliados más extremistas ya son calificados como la principal "amenaza terrorista" al país.

Y están logrando su objetivo. Una encuesta reciente de CNN revela que casi 80 por ciento de las filas republicanas siguen creyendo en la absoluta mentira de Trump de que perdió la eleccion sólo por fraude. Según ellos, los "enemigos" están invadiendo –tanto estadunidenses como inmigrantes– al país y ante ello llaman a montar una "defensa", incluso armada, de su patria.

La cada vez más extrema derecha en Estados Unidos como en tantos otros países está dispuesta a destruir no sólo el país (para rescatarlo) sino el planeta entero, y por lo tanto, la lucha en su contra ya no es un asunto local o nacional, sino trasnacional.

Childish Gambino. This is America. https://www.youtube.com/watch?v=VYOjWnS4cMY

Rage Against the Machine. Take the Power Back.https://www.youtube.com/watch?v=rMjjsjNBS_4

Publicado enInternacional
Nieves Rico y Laura Pautassi en la marcha por el aborto de junio 2018 en Buenos Aires.

Laura Pautassi y Nieves Rico hablan sobre la agenda de los cuidados en América Latina

Las especialistas remarcan la necesidad de valorizar el trabajo invisible y no pago de las mujeres, que con la pandemia se hizo más visible. Y explican el

 

"No hay nada hay nada peor que referir a un orden dado como 'normal'", dice Laura Pautassi en el libro Feminismos, cuidados e institucionalidad. Homenaje a Nieves Rico. Una frase feminista en un libro feminista que homenajea en vida a Rico por haber sido la gran promotora de la agenda de los cuidados en América Latina. Tanto Pautassi como Rico se preguntan a qué normalidad pospandemia nos quieren hacer volver si está claro que para las mujeres la previa no era un lugar apacible sino uno plagado de violencias, desigualdades y discriminación. Para pensar la pandemia y una salida que incluya a todes, las expertas hablan de un concepto novedoso, “sindemia”, que permite dar cuenta de la complejidad de la crisis que disparó la covid-19, no solo a nivel sanitario sino económico y social.

El libro Feminismos, cuidados e institucionalidad. Homenaje a Nieves Rico se acaba de publicar por Fundación Medife Edita. Habla de la agenda de los cuidados (el trabajo invisible que en general hacen las mujeres en las casas, limpiando, cocinando, cuidando niños y ancianos, etc; y también el trabajo rentado dedicado a cuidar a otros), una agenda que el feminismo traía hace años pero con la pandemia se puso en evidencia. Rico es antropóloga y doctora en Sociología y fue una promotora central de la agenda de los cuidados, tanto desde su lugar en la División de Asuntos de Género como de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), aportando a la promoción de los sistemas nacionales de cuidados en Uruguay y en Costa Rica y promoviendo los procesos en otros países de la región. Pautassi también es una referente en el impulso de los cuidados como un derecho humano. Es doctora en Sociología y Derecho Social e investigadora principal del Conicet e Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales A. Gioja. Fue consultora de organismos de Naciones Unidas donde trabajó cerca de Rico.

--Se ha dicho mucho sobre cómo la pandemia puso este tema en agenda. En esta vuelta a cierta normalidad, ¿se han logrado algún tipo de cambio o repetimos los mismos errores?

LP: --La pandemia mostró en una primera mirada que no se sabía lo que pasaba en el hogar con el enfoque de género. E inclusive visibilizándose, porque nadie puede decir a esta altura que no sabe lo que pasa adentro del hogar, no se avanzó en ninguna distribución sino al contrario. Entonces, la verdad que estamos peor, porque la concentración en un mismo espacio físico de trabajo productivo y reproductivo, o el trabajo remunerado y no remunerado, tensionó todavía más a los hogares, de hecho ocurrió un crecimiento de la violencia y sus múltiples manifestaciones. Sobre todo hay que destacar también que la pandemia generó muchísima violencia contra les niñes y adolescentes, ahí se ve un factor muy fuerte, sumado a las afectaciones que también hubo de la salud mental. Pero creo que lejos estamos de haberlo distribuido, ni hablo de la redistribución, y esto que es algo que venimos diciendo hace siglos, el problema es la desigualdad estructural. ¿Entonces de qué normalidad venimos hablando?

Ahora, si hay un aspecto interesante es que se habló de cuidados o sea, la estrategia comunicativa de cuidados fue muy interesante, probablemente no fuimos las feministas las que diseñamos las campañas pero hubo un tema muy interesante ahí de instalar el “cuidate”. Okey, ¿cómo se va a cuidar esa persona, qué herramientas hay para eso? Eso fue quizás lo que faltó.

--Ustedes hablan de sindemia, ¿qué implica este concepto?

NR: --Es muy importante entender que la pandemia se instala en América Latina en un escenario de desigualdades estructurales, entonces cuando empieza la pandemia, la expansión de este virus, pero sobre todo cuando empiezan las medidas que adoptan los distintos gobiernos, el distanciamiento, la cuarentena, los cierres de frontera, el lavarse las manos o comprar alcohol gel, mascarilla, junto con el “cuidate” y el “quedarse en casa” como consigna para superar esta situación, empezamos a ver que no le podíamos echar toda la culpa al virus de lo que estaba pasando con las mujeres, al interior de los hogares, con las trabajadoras domésticas que estaban perdiendo sus empleos y que no tenían apoyo estatal. Ahí tomamos un concepto que viene de la antropología médica y de la epidemiología crítica, que es un concepto muy nuevo, sindemia. Es un concepto que nos permite analizar la confluencia o la sinergia de riesgos y de amenazas, que producen que las personas y los individuos, en particular las mujeres, se vean afectados con una mayor vulnerabilidad, una mayor posibilidad de enfermarse, o una mayor posibilidad de que las restricciones asociadas a las medidas afecten su autonomía y sus derechos. Entonces traemos este concepto a las ciencias sociales, en particular para poder entender de mejor manera las consecuencias que las medidas políticas, sumadas a la crisis sanitaria, están teniendo sobre la población. Entonces nos permite comprender mejor qué les pasa a las mujeres que están en hogares en situación de pobreza. Por ejemplo, sabemos que América Latina es la región del mundo donde hay mayor mortalidad producto de la pandemia, asociada no al virus mismo sino a la sumatoria de otros riesgos y amenazas. Pero hay algo que también nos lleva a decir que no queremos una nueva normalidad, en la medida en que la normalidad era parte del problema; el pensar que vamos a volver a como estábamos antes, en particular para la problemática de cómo está organizado y distribuido el cuidado, para las mujeres no es una buena noticia. Porque como estábamos era parte de nuestro problema. Entonces también conceptualizar desde la sindemia nos permite entender mucho mejor los fenómenos, ver todas las variables que están actuando, darle una mirada interseccional o de cruce de clase, de pertenencia étnica, y al mismo tiempo ojalá nos permita hacer propuestas feministas y transformadoras para la pospandemia.

--¿Pueden adelantar algunas de esas propuestas?

LP: --Hay algunas propuestas bien interesantes que están elaborando los países, con algún apoyo en mayor o menor medida en otros casos, y también tenemos riesgos muy fuertes en el escenario pospandemia. Creo que el mayor riesgo lo tiene Uruguay en estos momentos, precisamente porque el cambio de gestión puso en tensión al sistema nacional de cuidados. O países como Brasil, con todo lo que está sucediendo, en donde ese avance se mezcla con los fundamentalismos religiosos que disputan políticas públicas, o el caso de México en donde se habla de rematernalizar los cuidados en las mujeres. Entonces tenemos esa situación, en el campo de los derechos humanos hablamos de la regresión, y esa regresividad en las políticas está prohibida.

Después tenemos otros escenarios que son mejores. En el caso de Argentina el cuidado entró directamente en la agenda, había algunas medidas antes y sobre todo la conformación con esta gestión del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad que puso el tema en agenda. También el Ministerio de Economía, por ejemplo, avanzó en que tenemos cálculos del aporte del trabajo no remunerado en el PBI, y esos cálculos en el aporte también muestran el escenario pandémico, cosa que es muy importante, porque nosotras veníamos diciendo que esa es la economía no monetaria, que en medio de la crisis traccionó la economía monetaria que estaba paralizada. Entonces por eso cuestionábamos tanto esos discursos de economía versus salud. Los derechos son interdependientes, no podemos poner esos dos derechos confrontados. Entonces de esa mano también se desplegó un proceso interesante en la Argentina, que es además de ponerlo en una agenda, empezar a debatirlo con parlamentos de cuidados, con producción de información que antes no teníamos, el compromiso de hacer una encuesta del uso del tiempo, el compromiso de que en el censo de población que se va a hacer en el próximo año esto exista, la instalación también de una Dirección nacional de cuidados, que eso es muy importante dentro de la institucionalidad, y también se convocó a una comisión de expertes para la creación de un proyecto de ley para un sistema nacional de cuidados que está en proceso, un proceso quizás de largo plazo. Hay también una mesa interinstitucional de cuidados previa a la pandemia, que no es una mesa de crisis y eso es algo que quiero destacar, me parece que una experiencia virtuosa es no ponerlo como crisis, sino como un momento en las crisis, y por eso el concepto de sindemia: es donde más se necesitan fortalecer proyectos y apuestas políticas.

Bogotá tiene un sistema distrital de cuidados que fortaleció fuertemente, en Chile está ahora en el debate constituyente y el derecho al cuidado es altamente factible que sea reconocido como un derecho. Entonces creo que ha habido, como siempre, luces y sombras, pero creo que estamos más en un camino de luces, por lo menos de instalar muy fuertemente a nivel social el tema.

--Más al nivel de las normas, ¿no?

LP: --No solo de las normas, el punto es ese, empezar con que las mujeres rompan con esa idea de la naturalización del cuidado, ahí me parece que hay un núcleo que tenemos que desandar fuertemente, que los varones empiecen a ejercer su responsabilidades y sus obligaciones en torno al cuidado. Una preocupación que compartimos con Nieves en este escenario sindémico de la crisis de los cuidados es que en la pospandemia ya cayó el empleo y los niveles de pobreza crecieron, y esto siempre afectó más a las mujeres y a los niñes, entonces en ese escenario pospandemia tenemos que fortalecer mucho más, pero también buscando un cambio cultural muy fuerte, cosa que las organizaciones sociales comunitarias en un deber virtuoso de solidaridad y sororidad lo han ejercido, y no hablo de virtuoso como de virtud sino que es un proceso que hay que apuntalar con políticas públicas.

--En su artículo usa una palabra interesante: la “elasticidad infinita” del trabajo de las mujeres...

LP: --Hace muchos años que venimos insistiendo con eso, hay una burocracia asistencial y un conjunto de políticas asentadas sobre ese concepto, en el cual las mujeres siempre van a bancar todo. Este es un punto muy fuerte para trabajar y en el cual la pandemia nos demostró que hay que terminar con las condicionalidades. Las familias sin tener conectividad hicieron lo imposible en los sectores vulnerables para garantizar que los chicos no salieran del sistema educativo. Lamentablemente se han salido del sistema educativo porque no se pudo garantizar, pero los hogares lo intentaron, ¿entonces qué me vienen a hablar de la condicionalidad? Como si para los sectores en condiciones de vulnerabilidad la educación no fuera un bien tan alto como para los sectores medios educados. Entonces ahí me parece que este es un momento para instalar también que esto tiene que salir de la agenda de las burocracias de las políticas sociales.

NR: --En este período ha quedado más claro que nunca la importancia de la economía no monetaria y es más, si la economía monetaria a partir de la pérdida del empleo, de la baja de la productividad y demás, ha decaído, evidentemente la economía no monetaria ha subido, y en el caso de Argentina el estudio que hizo el Ministerio de Economía lo muestra claramente: el aporte en relación al PIB del trabajo doméstico no remunerado y de cuidado ha aumentado en este período. Entonces creo que si una mayor conciencia de la importancia de la economía no monetaria también llevaría a pensar en presupuestos públicos y priorización de políticas públicas dirigidos a reconocer y valorizar esa economía no monetaria; eso es un ámbito en el que hay que trabajar.

--Ejemplo de eso podría ser la medida de sumar un año por cada hijo a las mujeres que se jubilan y no llegan a cumplir los años de aportes ¿no?

NR: --Claro, ahora esa es una experiencia que existe en Chile hace unos siete años, existe en Costa Rica y en varios países de la región, en donde hay un reconocimiento para la jubilación de las mujeres de hijos vivos. También lo hay en algunos países en el caso de disolución del matrimonio, si la mujer no tuvo ingresos a partir del mercado laboral también hay un reconocimiento dentro de la distribución de los bienes. Pienso en que hay medidas que se tomaron en este tiempo que podrían prolongarse, que no sean solamente medidas de contención, y que nos hacen mirar las cosas de otra manera. Un ejemplo es la ley de teletrabajo en el caso de Argentina, donde estipula el derecho a la desconexión que es algo sumamente importante y el derecho al cuidado de aquellas personas que estuvieran haciendo teletrabajo. Son cosas que antes, aunque hubiese trabajo a distancia, no estaban contempladas, ni en Argentina ni en otros países había normativas o derechos laborales al respecto. Que se haya por ejemplo adoptado ahora en este momento es interesante no solamente para este momento sino la concepción transformadora de que el trabajador y la trabajadora tienen hijos y no son huérfanos.

--Con las licencias pasa algo parecido. Están pensadas para el momento del nacimiento de hijos e hijas, y después es como si esas personas no existieran más...

NR: --Sí, aparte el tipo demográfico aumentó la esperanza de vida y demás, es muy normal hoy que un trabajador o trabajadora de 40 o 50 años tenga sus progenitores vivos a los cuales tenga que cuidar, podríamos decir. También creo que la pandemia cuando se instala en otras desigualdades estructurales dejó en claro lo difícil de nuestros sistemas de salud, y no solamente en los aspectos de gestión sino también en lo que implica el empleo en el sector de salud, que es un empleo feminizado en donde los ingresos y salarios que tienen las trabajadoras en enfermería y limpieza son bajos cuando uno los compara con otros sectores instalados. Creo que la gran propuesta, y que no es nueva, nos lleva a pensar en políticas universales claramente, superar un poco la demanda focalizada y apuntar hacia políticas universales que puedan garantizar desde el Estado el ejercicio del derecho al cuidado, en este caso.

--¿Alguna otra propuesta?

NR: --La Confederación de sindicatos de trabajadoras domésticas asalariadas de América Latina puso ahora el lema “cuida a quienes te cuidan”, creo que también tenemos una deuda enorme con la formalización y los derechos y mejores remuneraciones, con las trabajadoras domésticas asalariadas, que están aumentando además en la región. Durante mucho tiempo había descendido y ahora es el gran nicho donde se insertan las mujeres, sobre todo las mujeres de menores recursos, con menores niveles de instrucción, etcétera. Ahí tenemos una deuda, como tenemos una deuda con las mujeres de los sistemas de salud, y una deuda al interior de los hogares, que creo que el tema es que no hay que pensar que las soluciones son arreglos particulares, no es que Pepito arregla con Juanita y Juanita negocia, sino que esto es como sociedad, buscar nuevos pactos, alianzas, y un nuevo pacto sexual en donde la vieja división sexual del trabajo esté puesta en entredicho.

novedoso concepto de la "sindemia".

20 de septiembre de 2021

Publicado enSociedad
Martes, 14 Septiembre 2021 08:14

La pandemia va a juicio

Reiner Fuellmich

El abogado alemán Reiner Fuellmich es la cara visible de las demandas que se harán en tres continentes por el “escandaloso fraude en torno al coronavirus”. Denuncia que las medidas contra el covid llevaron a la ruina económica y que la inoculación masiva de la población mundial con vacunas experimentales es un crimen de lesa humanidad. Apunta al inadecuado uso de las pruebas de PCR como pilar del castillo de naipes que hay que derribar.

El abogado alemán Reiner Fuellmich está convencido de que ha recabado una cantidad suficiente de datos y evidencia que respaldan sus gravísimas denuncias: que la pandemia es un escandaloso fraude basado en pruebas de PCR que no fueron diseñadas para el uso que se les ha dado desde el comienzo de la crisis sanitaria y que la inoculación masiva de la población mundial con productos experimentales -junto con las arbitrarias medidas dispuestas para combatir el SARS-CoV-2- constituyen crímenes de lesa humanidad, incluso más graves que los ocurridos durante el tercer Reich. Como no podía ser de otra manera, el letrado fue acusado de negacionista y conspiracionista, aunque él no niega que haya un virus ni que éste sea potencialmente mortal.

Fuellmich -reconocido internacionalmente por haber ganado, entre otros, el juicio contra Volkswagen por la manipulación de los catalizadores de sus vehículos diésel- llegó a estas conclusiones junto con un grupo de colegas tras conformar un Comité alemán de investigación del Coronavirus mediante el cual entrevistaron, desde mayo de 2020, a numerosos científicos, médicos y especialistas de diversas áreas con vasta experiencia, que brindaron información clave para entender qué es lo que está pasando.

En una reciente entrevista con el escritor y periodista británico James Delingpole, quien le preguntó si tenía miedo o le preocupaba convertirse en un “blanco” por pararse “frente al crimen organizado al nivel más inimaginado”, reconoció: “Sí, pero no soy el único. Quizás por el trabajo que hemos hecho desde el Comité de investigación de Corona es que creo que estoy en posición de actuar como lo estoy haciendo. Pienso que no tengo opción, que nosotros no tenemos opción. Todos debemos combatir esto porque realmente -y nunca hubiera anticipado que diría algo así porque soy abogado- es una lucha del bien contra el mal”.

“Tengo protección de muchas personas. Y, aunque sea probablemente peligroso, está destinado a suceder así. Tengo una tarea que cumplir, al igual que todos los que están trabajando conmigo. Somos necesarios. Debemos hacerlo para detener esto”, explicó con absoluta claridad.

Según anticipó en esa entrevista, “habrá una serie de juicios que se iniciarán en las próximas dos o tres semanas en tres continentes y ahí veremos si los sistemas legales aún funcionan o si están completamente bajo el control de la otra parte, lo cual dudo que sea así”.  Para ello, Fuellmich conformó junto a más de 200 abogados de distintos países una red de colaboración internacional y ha puesto a disposición de ellos los documentos y testimonios de los expertos, recabados por el Comité alemán de Investigación del Coronavirus.

Pero ¿A quién o quiénes se refiere el letrado alemán cuando habla de “la otra parte”? Fuellmich aseguró que en este gran fraude hay grupos y personas con una agenda específica, que, entre otros objetivos, busca “la reducción de la población mundial -algo que probablemente logren mediante estas llamadas ‘vacunas’ sin testear y con serios efectos adversos-, la destrucción de la clase media y de las pequeñas y medianas empresas -que serán supuestamente tomadas por algunas de las grandes plataformas angloamericanas, como Amazon-“. Agregó que los lineamientos de esa “agenda” están a la vista de todos desde hace años y que basta con buscar en internet para encontrar videos y documentos que así lo evidencian. Como ejemplos mencionó el rol de la Fundación Bill & Melinda Gates y la Wellcome Trust.

“Mientras todos están mirando en dirección al coronavirus, la mayoría no ve lo que realmente está pasando o lo ven pero no entienden por qué está pasando”, alertó el letrado alemán para luego resaltar que “el hecho de que se haya desacreditado sistemáticamente en los medios de comunicación a estos científicos y expertos que hemos entrevistado, que ni siquiera se los invite a debatir y que si se habla con ellos en algún video, es muy probable que lo bajen de las redes sociales, ocurre porque la otra parte tiene realmente miedo y sabe que una vez que comience esta discusión, una vez que se mire hacia el otro lado, las otras personas podrían llegar a advertir esto también. Nada tiene que ver con la salud. Lo que algunos llaman ‘daños colaterales’ no son daños colaterales sino el daño pretendido. Lo único que les importa es el dinero y el poder”.

 

DERRIBAR EL CASTILLO DE NAIPES

 

El abogado reconoció que en esta trama siniestra, así como hay protagonistas, hay también “marionetas” contra las cuales él y sus colegas dirigirán sus demandas. Descuenta que a estas figuras visibles no se dudará en tirarlas “debajo de un autobús” cuando se las siente en el banquillo de los acusados. Entre otras, Fuellmich identificó a Christian Drosten -el virólogo alemán que desarrolló los tests de PCR para la supuesta detección de los casos de covid-19-, al veterinario Lothar H. Wieler, -director del Robert Koch Institut (equivalente alemán a los CDC de EE.UU.), y a Tedros Adhanom, director de la Organización Mundial de la Salud.  Apuntó que el epidemiólogo Anthony Fauci -principal asesor del gobierno estadounidense respecto de la actual pandemia- se encuentra en una situación similar.

“Al igual que los automóviles diésel de VW eran productos que funcionaban, pero eran defectuosos debido a un denominado dispositivo de desactivación porque no cumplían con las normas de emisiones, también las pruebas de PCR -que son productos perfectamente buenos en otros ámbitos- son productos defectuosos cuando se trata de diagnosticar infecciones”, contrastó Fuellmich en un video de 49 minutos en el que explica los fundamentos y antecedentes de las demandas colectivas que han planeado realizar en Estados Unidos y en Canadá. Si bien en este último país el Tribunal Superior de Ontario ha desestimado el caso presentado por el abogado Michael Swinwood, la medida ya ha sido apelada.

“Si destruimos las pruebas de PCR, luego eso será todo. No más infecciones. Todo el castillo de naipes caerá”, enfatizó el letrado alemán, quien relató a Delingpole el camino que condujo a la utilización de esta metodología para la detección de casos de covid-19, pese a no haber sido diseñada por el ya fallecido premio Nobel, Kary Mullis, para el diagnóstico de infecciones.

“Dos ex empleados de la OMS -uno de ellos, la doctoraAstrid Stückelberger-nos dijeron que a fines de enero de 2020 la industria farmacéutica presionó a la OMS para que anuncie una emergencia de salud pública de interés internacional durante una reunión. Esto era muy importante para ellos porque necesitaban este anuncio para cumplir con su agenda: lograr que todos se vacunaran. Y, para lograr que las personas se vacunaran con algo que ni siquiera es una vacuna sino una terapia génica experimental que nunca se ha probado antes, primero necesitaban la declaración de una emergencia de salud pública de interés internacional”, recordó Fuellmich, para luego añadir: “Esa sería la base para que Estados Unidos otorgara la aprobación de uso de emergencia o que Europa diera a esta droga una aprobación de uso condicional. Esto es lo que perseguían”.

“Sin embargo, en esa reunión mantenida a fines de enero no había casos. Entonces la mayoría de los participantes se preguntaban de qué se trataba esto si no ocurría nada malo. Dos semanas después, volvieron a reunirse y de repente tenían los casos. ¿Por qué? Porque mientras tanto Drosten proveyó su test de PCR y, al usarlo, lograron obtener miles de casos. Eso fue suficiente para declarar la emergencia de salud pública de interés internacional”, agregó.

Fuellmich aseveró que ahora saben cómo funcionó todo: “Tiene que ver con el alto porcentaje de falsos positivos que arroja el test de PCR cuando la muestra se somete a más de 35 ciclos de amplificación. Y este tipo (Drosten) dijo que su test tenía que someterse a 45 ciclos de amplificación”.

Los resultados positivos de las pruebas, al contrario de lo que afirman Drosten, Wieler o la OMS, no significan nada con respecto a las infecciones, como saben incluso los CDC de Estados Unidos (ver información en página 39 bajo el título "limitations"), insistió el abogado, quien puso de manifiesto que una serie de científicos muy respetados en todo el mundo asumen que nunca ha habido una pandemia de coronavirus, sino sólo una pandemia de la prueba PCR.

“Esta es la conclusión a la que han llegado muchos científicos alemanes, como los profesores Bhakdi, Reiss, Mölling, Hockertz, Walach y muchos otros, entre ellos el mencionado profesor John Ioannidis, y el premio Nobel, el profesor Michael Levitt de la Universidad de Stanford. La opinión más reciente es la del doctor Mike Yeadon, antiguo vicepresidente y director científico de Pfizer, que ocupó este cargo durante 16 años”, puntualizó.

Por otra parte, Fuellmich agregó que los confinamientos -tal como descubrieron Yeadon y sus colegas- no funcionan. “Suecia, con su enfoque de laissez-faire, y Gran Bretaña, con su estricto cierre, por ejemplo, tienen estadísticas de enfermedad y mortalidad completamente comparables. Lo mismo descubrieron los científicos estadounidenses en relación con los distintos estados de ese país: no hay ninguna diferencia en la incidencia de la enfermedad si un estado aplica un confinamiento o no”, destacó.

Para finalizar, el letrado confió en que estos escandalosos hechos en torno al coronavirus pronto se demostrarán como verdaderos, ya sea en un tribunal de justicia o en muchos tribunales de justicia de todo el mundo. “Estos son los hechos que arrancarán las máscaras de las caras de todos los responsables de estos crímenes. A los políticos que les creen a esos corruptos, estos hechos se les ofrecen como un salvavidas que puede ayudarles a reajustar su curso de acción y a iniciar la tan esperada discusión científica pública para no hundirse con esos charlatanes y criminales”, concluyó.

 


ANTECEDENTES

 

La actual situación de crisis por el covid-19 fue precedida por una serie de hechos que vale la pena recordar, según enfatizó el abogado alemán Reiner Fuellmich.

En ese sentido, apuntó que la definición de “pandemia” se cambió hace 12 años. Hasta ese momento, se consideraba pandemia cuando una enfermedad se había propagado en el mundo y había llevado a muchas afecciones serias y muertes. “De pronto, y por razones que nunca se explicaron, se estableció que era solo una enfermedad presente a nivel mundial. Ya no se requería de muchas afecciones serias ni muchas muertes para poder anunciar una pandemia”, recordó.

En opinión de Fuellmich, debido a estos cambios, “la OMS -que está íntimamente vinculada con la industria farmacéutica global- pudo declarar la gripe porcina como una pandemia en 2009. El resultado fue que se produjeron y vendieron en todo el mundo vacunas, sobre la base de contratos que se han mantenido en secreto hasta hoy”.

“Estas vacunas mostraron ser completamente innecesarias porque la gripe porcina resultó ser eventualmente un gripe leve y nunca se convirtió en el horroroso escenario que la industria farmacéutica y sus universidades afiliadas siguieron anunciando en que se convertiría, con millones de muertes que ocurrirían si las personas no se vacunaban”, prosiguió el letrado, quien enfatizó que esas vacunas también condujeron a problemas de salud serios: “Alrededor de 700 niños en Europa enfermaron de manera irreversible pornarcolepsia y ahora viven con severas discapacidades”.

En esa línea, Fuellmich hizo hincapié en que aquellas vacunas compradas con millones provenientes de las personas que pagan los impuestos, tuvieron que ser destruidas con todavía más dinero de quienes pagan impuestos. “Ya en ese entonces, durante la gripe porcina, el virólogo Christian Drosten fue uno de los quegeneró pánicoen la población repitiendo una y otra vez quela gripe porcina se cobraría miles e incluso millones de vidas en todo el mundo, aseveró.

“Al final, fue principalmente gracias al doctor Wolfgang Wodarg y sus esfuerzos como miembro del parlamento alemán y del Consejo Europeo que se le puso fin a ese engaño antes de que condujera a consecuencias aún más serias”, remató.

José Luis Jiménez, científico en la Universidad de Colorado, Estados Unidos.

Científico experto en aerosoles en la Universidad de Colorado, José Luis Jiménez acaba de participar en una investigación que confirma que el virus de la covid-19 se transmite mayoritariamente por el aire, frente al dogma que, se queja, difundió la OMS al comienzo de la pandemia.

 

José Luis Jiménez es Catedrático en Química y Ciencias Medioambientales en la Universidad de Colorado de Estados Unidos. Experto en aerosoles, ha participado en un reciente estudio multidisciplinar, publicado en la revista Science y que viene a reafirmar que el virus  SARS-CoV-2 se propaga y contagia principalmente al inhalar aerosoles cargados con partículas virales que pueden acumularse y permanecer en el aire varias horas. Este investigador insiste en que es el momento de desterrar mitos instalados y auspiciados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como que el virus se transmite por gotas gordas que caen al suelo o a superficies. “Hay cero casos demostrados de contagio por superficies”, cuenta a El Salto.

Tras vuestra investigación, queda demostrado que el covid no se contagia a través de superficies. No habéis reportado ningún caso de este tipo de contagio, ¿cierto?
Esto no es correcto. No está demostrado que no se contagie, lo que está demostrado es que es difícil contagiarse por superficies, no es imposible y es posible que alguien se haya contagiado así pero por ejemplo la CDC [Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades] dice muy claro que hay una probabilidad en 10.000, una cosa poco probable y la pandemia no se está transmitiendo por superficies. Si fuera por superficies, no estaríamos en una pandemia porque es un contagio difícil. Hay cero casos demostrados entre toda la comunidad científica y hay muchos casos que se han investigado donde tienen cámaras y ven lo que la gente ha hecho y no consiguen pillar un caso donde la transmisión haya sido por superficies, no es lo que está propagando la pandemia, no es en lo que tenemos que enfocar la mayoría de los esfuerzos. Seguir lavándonos las manos está bien,  pero desinfectar superficies es un desperdicio de tiempo y dinero que no sirve para nada y que contamina además. Lo que nos dice la CDC desde hace ya meses es que es necesario desinfectar superficies solo en la planta covid del hospital, o en casa si tienes un enfermo con covid y solo los interruptores de la luz y los pomos de las puertas, las superficies que tocan mucha gente. Pero incluso en el hospital no hace falta desinfectar las mesas. Entonces en un bar, en una clase, por supuesto que esto no hace falta. Simplemente lavarse las manos y ya está.

¿Qué hay del uso del hidrogel? ¿Seguiría siendo necesario?
El hidrogel es una forma de lavarse las manos cuando no tienes acceso a agua y jabón. Agua y jabón siempre es mejor. Lavarse las manos está bien, es una costumbre que debería llegar para quedarse porque no nos lavábamos las manos lo suficiente antes y es una buena  costumbre, no tanto por este virus, que como digo es difícil que se transmita por superficie, pero hay otros patógenos, los que se transmiten por la vía fecal-oral, que sí se transmiten por superficie y entonces es buena idea que sigamos lavándonos las manos, usando el hidrogel y nos acostumbremos a que esto sea una cosa frecuente sobre todo cuando salimos por ahí y tocamos muchas superficies: después de estar en el transporte público o después de darle la mano a alguien un poco de hidrogel es buena idea para limitar estos otros patógenos que también hacen daño.

¿Es posible el contagio boca a mano del virus del covid-19?
El contagio boca a mano es un contagio por superficie, uno se toca la boca, se toca la nariz que está infectada y luego le da la mano a alguien y esta otra persona tiene que tocarse el interior de los ojos, la nariz o la boca y además rápido porque  estos virus envueltos en lípidos solo sobreviven en las manos cinco minutos, entonces es una cosa difícil. No es imposible, pero no es lo que está propagando la pandemia. Es buena idea, más por otros patógenos, acostumbrarse a no tocarnos el interior del ojo, de la nariz o la boca y lavarnos las manos con frecuencia y usar hidrogel por razones generales de salud pública, pero no tenemos que obsesionarnos con eso, eso no es lo que  está propagando la pandemia.

Los colegios mantienen las pautas higiénicas del año pasado. Ante esta nueva evidencia, ¿deberían cambiar alguna?
Esto debería cambiarse. Se está haciendo mucha desinfección de superficies, por ejemplo, en un colegio de Andalucía no hacían más que mandarles gel hidroalcohólico en grandes cantidades que no podían usar y lo tenían apilado y sin embargo no les habían mandado nada para prevenir el contagio por el aire, que es la gran mayoría. El gel hidroalcohólico, los desinfectantes y la gente a la que se paga para estar desinfectando superficies cuesta dinero y si se deja de gastar ese dinero se puede invertir en las cosas que hacen falta para prevenir la transmisión por el aire. No es que sea una cosa imposible de abordar o que sea muy cara, se pueden hacer muchas cosas que son gratis o de bajo coste. Tener un medidor de CO2 por colegio, esto sería suficiente si se usa de forma inteligente. Por ejemplo, se les puede dar a los estudiantes de último curso como un proyecto para que vayan midiendo por todas las aulas unos cuantos días y rápidamente te das cuenta donde estás bien y dependiendo de las condiciones meteorológicas cuánto tienes que abrir las ventas y en qué sitios, como aulas en los sótanos mal ventiladas, sí que tienes que invertir y comprar un filtro, pero ya no estás comprando filtros a lo loco, que son caros.

Los políticos encuentran más fácil decir que no hay contagios y entonces ya no tienen que hacer nada. Y con mascarillas puestas de cualquier manera y abriendo las ventanas… En algunos sitios se está haciendo bien y en otros mal y se ignora porque no se le está explicando a la gente bien como es la transmisión y todavía estamos con los mitos que nos dijeron al principio de la pandemia de que es una transmisión por gotas que caen al suelo rápido y por superficies. Esto se ha demostrado que no es lo importante y que lo que transmite el virus es como un humo invisible que sale de algunos, no de todos los infectados, los que tienen carga viral alta, y que se queda flotando en el aire. Entonces está más concentrado cerca de la persona. Si hablas cerca de alguien, ahí tienes muchos números para contagiarte, y si compartes el aire en una habitación sobre todo bastante tiempo y mal ventilada pues te puedes infectar. Pero esto a los políticos les parece muy inconveniente porque entonces es difícil mantener abiertos un bar mal ventilado donde pasas mucho tiempo hablando sin mascarilla, un restaurante o un gimnasio si no haces más cosas. En los colegios no se quiere aceptar y hay una resistencia que no entiendo muy bien a tomar medidas más adecuadas.

Tras su investigación concluyen que el covid se transmite mayoritariamente por los aerosoles. ¿Qué son exactamente los aerosoles?
El virus, si uno está infectado, está presente en el fluido respiratorio que es el líquido que moja el interior de la nariz, la tráquea, los pulmones o en la saliva. Entonces para llegar a otra persona tiene que llegar o a los ojos, nariz y boca del otro o que la otra persona lo respire y se deposite en el sistema respiratorio. Va por el aire de una de estas dos maneras: como un proyectil, y esto es lo que llamamos las gotas, o como un humo que es lo que llamamos los aerosoles. Las gotas y los aerosoles los dos son pelotitas de saliva o de fluido respiratorio que vuelan por el aire.

Las gotas son más grandes, son visibles, son de más de 100 micras y sobre todo se producen más bien al gritar, al toser o al estornudar, las puedes ver con la luz adecuada y es un proyectil que va volando por el aire y te puedes contagiar si te pega dentro del ojo, de las fosas nasales o dentro de la boca. Si te pega en otro sitio no pasa nada, si cae al suelo no pasa nada y si cae a una superficie tampoco, pues ya hemos dicho que es muy difícil el contagio. Entonces, la gota tiene que acertar y tiene una oportunidad.

A la vez que salen estas gotas grandes, salen mil aerosoles por cada gota y estos son más pequeños y no se comportan como un proyectil, sino como el humo. El humo del tabaco es otro aerosol. Se queda flotando por el aire y la fricción del aire lo para, sigue las corrientes de aire, está muy concentrado justo delante del fumador y se acumula en una habitación mal ventilada. Pues estos son los aerosoles. Una vez que se explica ya lo entiendes muy bien. Tienes que pensar que la gente que te encuentras puede estar exhalando un humo invisible y al respirarlo tú mucho tiempo sin mascarilla te puedes infectar.

Entonces, ¿cuáles son las prácticas que debemos reforzar?
¿Qué harías para no respirar humo si estás en sitios donde estás compartiendo el aire con otras personas? Pues mucho mejor al aire libre que en una habitación mal ventilada.

También ponernos la mascarilla, que es un filtro, va a quitar parte de ese humo, tanto del que sale del fumador como del que entra. Y la mascarilla tiene que estar bien ajustada y que no deje huecos por los que entre o salga el humo sin filtrar. La distancia también funciona muy bien porque al alejarte del fumador evitas esa zona donde está muy concentrado el humo.

Si estás en un sitio interior y tienes que estar sí o sí, porque, por ejemplo, eres profesor, puedes hacer tres cosas: Ese aire que puede tener el virus flotando lo echas a fuera, eso es ventilar. O te quedas con el aire pero quitas el virus, y eso es filtrar. Y hay una tercera familia de técnicas: vamos a dejar el aire en la habitación pero lo vamos a matar, vamos a desinfectar el aire. Lo que recomendamos todos los expertos son las dos primeras cosas: ventilar funciona muy bien. Para saber si estás ventilando bien es muy útil medir el dióxido de carbono, el CO2, que se puede medir con unos medidores que cuestan 100 euros y que miden cada minuto y es muy fácil compartirlos, con uno por colegio es suficiente. Y esto es muchísimo menos dinero que lo que se está desperdiciando en usar demasiada calefacción si se abren demasiado las ventanas, o en gel hidroalcohólico o desinfectar superficies, que no sirve para nada. Y luego pues puedes poner un filtro en un ventilador y enchufas el ventilador a la pared. Ese ventilador mueve el aire por el filtro y el virus se queda ahí. Florentina Villanueva, que es una investigadora de la universidad de Salamanca,  ha hecho experimentos donde ponen un filtro HEPA en clases y luego lo sacan y le hacen un análisis PCR al filtro y ven que el virus se queda en el filtro.

Se pueden hacer de dos tipos. Los filtros HEPA comerciales son más caros y hay mucha gente que se está aprovechando y vendiéndolos demasiado caros y hay que tener cuidado, que sean de capacidad suficiente para el sitio donde estamos para filtrar el aire cinco veces por hora o las veces que sean necesarias y además tenerlos puestos siempre al máximo.

Y luego, como digo, también se pueden hacer con un ventilador al que le pegas un filtro. El investigador Javier Ballesteros de la Universidad de Zaragoza ha demostrado esto. En España hay mucho remilgo de las administraciones por si esto no está homologado, pero esto se podría hacer y ahorraría mucho dinero con respecto a los filtros comerciales.

¿Algún mito más que tengamos que desterrar?
Han sido 110 años, desde 1910, en los que los campos de las enfermedades infecciosas y epidemiología se han creído a pies juntillas que la transmisión por el aire es casi imposible y que las enfermedades respiratoria se transmiten por estas gotas pesadas que caen al suelo. ¿De dónde viene esto y por qué se creen este dogma tan fuerte que ha costado cuestionar durante la pandemia? Viene de un investigador norteamericano, Charles Chapin, que en 1910 escribe un libro solo 30 años después de que se ha aceptado la teoría de los gérmenes de Pasteur. Se ha acumulado mucha evidencia de que los gérmenes tienen que ir de una persona a otra y se ha investigado mucho para el cólera, tifus o tuberculosis. Unos van por el agua, otros van por los alimentos y Chapin tiene su propia teoría. Él dice, sin tener pruebas, que si una enfermedad se transmite mejor a corta distancia que esto es porque las gotas caen al suelo y que la transmisión por el aire es casi imposible. Esto se convierte en un dogma hasta en esta pandemia.

En la OMS cuando empezó la pandemia eran todos ‘chapinistas’, formaron un comité para ver como se transmitía este virus y había seis expertos en lavarse las manos en ese comité y cero expertos en transmisión por el aire. Ellos pensaban que sabían que era una cosa casi imposible. Se ha visto que esto era un error tremendo pero les ha costado muchísimo.

Lo que hemos publicado en Science hace dos semanas es que además esto de que la transmisión es sobre todo por aerosoles no es solo para la covid, es para todas las enfermedades respiratorias o casi todas. La gripe o los catarros también se propagan por el aire al inhalar aerosoles que contienen el virus. Y si uno va a la página web de la OMS o de la CDC hay todavía dice que no, que es por gotas que caen al suelo y por superficie. Esto está todo igual de desfasado y tenemos que darle la vuelta a la tortilla y todas estas medidas que estamos diciendo para la covid deben quedarse para siempre para luchar contra la gripe. 

En líneas generales, las medidas tomadas por el gobierno y por las autoridades en España ¿Han sido correctas? ¿Alguna es cuestionable?
Al principio de la pandemia seguían a la OMS. Luego se fue acumulando mucha evidencia de que no, eso era incorrecto e iba por el aire y ahí es donde les ha costado mucho aceptar. Por varias razones, primero porque los responsables son parte de esta cultura, de este estamento científico que se ha creído este dogma de 1910 de que es una enfermedad de gotas pesadas que caen al suelo y en superficies. No han entendido lo de los aerosoles. La gente de este campo durante más de 100 años no han estudiado los aerosoles porque son muy complicados. Y a la gente como yo que somos científicos de aerosoles nos han menospreciado, “como no eres médicos, tú que sabes de esto”. Nos han llamado varias veces ignorantes.

La OMS ha hecho mucho daño aceptándolo tan lentamente y luego diciendo tan tímidamente cómo se transmite esto de verdad. El 28 de marzo de 2020 dijeron a bombo y platillo que estaban seguros que este era un virus que se contagiaba por gotas que caen al suelo y por superficies y decir que iba por el aire era desinformación y nunca se han desdicho claramente. En noviembre de 2020 empezaron a decir que la ventilación era muy importante pero no decían por qué. En abril del 2021 ya por fin cambian la página web porque la evidencia es tan abrumadora que es escandaloso y ya aceptan que va por aerosoles, pero no lo han dicho claramente ni han promovido que necesitamos mejores mascarillas, ventilar, medidores de CO2 y quitarle énfasis a cosas como la desinfección de superficies o las mamparas laterales.

Las mamparas están bien en una situación, que es una situación de cajero: dos personas hablando, sale humo de una y está bien tener una mampara delante para que rompa ese flujo de humo. El humo va a ir alrededor de la mampara, pero sí que ayuda a que no respires el aire tan concentrado que sale de un infectado. Cuando se ponen en el lateral, por ejemplo en los pupitres u oficinas esto no solo no ayuda sino que duplica los contagios. Hay un estudio en Science de EE UU donde se vio que las escuelas que habían puesto mamparas laterales tenían el doble de contagios que las que no y esto se entiende muy bien. Las mamparas laterales atrapan el aire, si hay alguien con virus dificultan la ventilación y hay colegios en los que se ha desperdiciado mucho dinero. Esto habría que quitarlo lo antes posible en los sitios donde se ha puesto.

Siguiendo con lo de los gobiernos, es que no interesa. Para ellos la prioridad es la economía y no la salud, tienen una visión muy cortoplacista de abrir lo antes posible con las menores medidas posibles. Aunque en realidad no es tan difícil, hacer cosas al aire libre, abrir las ventanas, ajustarse bien la mascarilla, unos filtros… No son cosas muy difíciles comparadas con los costes de la pandemia pero sin embargo no se puede hacer, parece que les complica la situación y no lo quieren hacer.

Por Sara Plaza Casares

@SPlazaque
Coordinadora de sanidad
en El Salto.

13 sep 2021 06:09

Martes, 31 Agosto 2021 17:53

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enEdición Nº283
Miércoles, 01 Septiembre 2021 05:47

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enColombia
Domingo, 29 Agosto 2021 14:37

Covid-19: más que el pinchazo

Province of British Columbia, https://www.flickr.com/photos/bcgovphotos/50724940457/

Finales de 2019. Desde la fecha en que el “covid-19” “sorprendió” al mundo, el debate frente a las libertades individuales y personales, limitadas con fundamento en que es necesario combatirlo, controlarlo o al menos contener su avance, está al orden del día; un debate mucho más intenso a partir del mes de marzo del año 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el inicio de una pandemia.

Las prohibiciones impuestas desde el primer momento fueron extremas, por ejemplo, para movilizarse entre países y al interior del propio territorio; pero también se impusieron un conjunto de obligaciones de todo tipo, empezando por la exigencia de reportar información sensible e inscribirse en diferentes plataformas si se pretendía obtener autorización para salir de la residencia, una especie de bases de datos que encontró pronto rechazo social toda vez que no se sabía el paradero final de la misma, en fin, un conjunto de restricciones vividas y padecidas por todos.

Ahora surge otra, la obligación de vacunarse, y la posibilidad de limitar importantes derechos a quienes no la acepten. El debate en nuestro país y en el mundo entero está abierto, y parece que otra vez la libertad individual debe ceder. Diferentes naciones en el mundo ya impusieron el “pasaporte covid” o un “pase verde”, una especie de tarjeta sanitaria que se exige para entrar a un café, un restaurante, un cine, un gimnasio, un museo, para utilizar el transporte público, para subirse al tren o a un avión.

Está claro que la imposición de una obligación tal vulnera de forma evidente los principios que soportan a un Estado constitucional y democrático, que está fundado en la dignidad, la autonomía y el pluralismo. El Estado no puede, aún bajo el presupuesto de proteger a otros, obligar a una persona a vacunarse. 

Los mandatos constitucionales y convencionales en materia de derechos humanos, los tratados internacionales como la Convención Americana de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Declaración Universal de Derechos Humanos, son suficientes para sostener esta posición.

Incluso, si faltaran argumentos, la jurisprudencia los brinda, basta acudir a las sentencias de la Corte Constitucional para encontrarlos, porque en ella se ha reconocido que en una sociedad fundada en la inviolabilidad, dignidad y autonomía de las personas. toda intervención en el cuerpo de un individuo debe en principio contar con la autorización del propio afectado (principio de autonomía).
 
Es así como, en el caso nuestro, el Estado no puede obligar a la población colombiana a vacunarse, porque la facultad de tomar decisiones relativas a su salud es un derecho de carácter fundamental, como concreción del principio constitucional de pluralismo (artículos 1 y 7 de la Carta Política) y de los derechos fundamentales a la dignidad humana (artículo 1), al libre desarrollo de la personalidad (artículo 16), a la integridad personal (artículo 12) y a la salud (artículo 49). (Sentencia T–365 de 2017)

Del principio general de libertad emana el derecho específico de la autonomía de la persona que le permite tomar decisiones relativas a su salud. Los individuos son libres y agentes morales autónomos, es a ellos a quienes corresponde definir cómo entienden el cuidado de su salud.

Así las cosas, en materia de las vacunas, toda persona es autónoma y libre para elegir y decidir cuál opción seguir. La Constitución reconoce la existencia de diferentes concepciones de bien y de mundo, igualmente válidas, desde las cuales toda persona puede construir legítimamente un proyecto de vida.
 
Además, en materia médica el principio de pluralismo, reconocido en los artículos 1º y 7º de la Constitución, existen, dentro de ciertos límites, diversas formas igualmente válidas de entender y valorar en qué consiste la bondad de un determinado tratamiento médico.

Incluso, impedir a una persona decidir si se somete o se rehúsa a la administración de una vacuna atenta contra otro de los contenidos protegidos por el derecho a la dignidad humana, el cual se relaciona de forma innegable con el derecho a la integridad personal. En este sentido, si las personas son inviolables, sus cuerpos también lo son, por lo cual no pueden ser intervenidos sin su permiso. El individuo es titular de un derecho exclusivo sobre el propio cuerpo.

El propio derecho a la salud permite sostener que las personas no pueden ser sometidas a tratamientos y experimentos médicos no consensuales. Toda actuación destinada a instrumentalizar a la persona, impidiéndole que pueda tomar las decisiones que estime convenientes sobre su propio cuerpo, se muestra incluso abiertamente desproporcionada y contraria a los principios que informan la Constitución, razón de más para señalar que la vacuna no puede ser considerada obligatoria para sus destinatarios.

Acerca de la libre elección de vacunarse

No todas las personas se niegan a vacunarse, tanto es así que la vacunación empezó en nuestro país el 17 de febrero de 2021 y al inicio del mes de agosto alcanza cerca de 30 millones de dosis aplicadas, divididas de la siguiente manera: 16 millones primera dosis y 13 millones con el esquema completo.

Una libertad concretada, por ejemplo, en el actuar de aquellos ciudadanos más pudientes económicamente, quienes salieron con su núcleo familiar para los Estados Unidos en procura del biológico que consideraron, “libremente”, que era el mejor. Con una oferta variada, eligieron el que en su momento parecía el mejor. Hoy no se sabe. Pero ya están vacunados.

Los demás, aquellas personas que no pudieron salir buscando el sueño americano, materializado ahora en una vacuna, les tocó acá en la tierrita, según el turno y la existencia del biológico, aunque muchos ingeniosos, que se creen más avispados, maniobraron para que les aplicara el que consideraron el mejor. Entonces, ya se vacunaron, lo hicieron libremente, lo eligieron, no hay que obligarlos.

Otros ciudadanos no se niegan, solo exigen que los vacunen con el mismo biológico que utilizaron el presidente, los ministros, sus esposas, hijos y familiares más cercanos, algo así como que esta es la mejor prueba de que el biológico no producirá efectos negativos. Reclaman igualdad, y de esta manera aceptarían vacunarse sin objeción alguna.

Existe un grupo de personas que aún no se han vacunado porque reclaman, como condición previa, información confiable y suficiente, es decir una adecuada ilustración para decidir si se inoculan o no. Pero esta información no existe, falta tiempo para que los estudios arrojen algún resultado digno de crédito.

Un reclamo, un derecho, de manera alguna ilógico. Un reclamo que el Ministerio de Salud y Protección Social debe atender con información precisa sobre los efectos de la vacuna, positivos y negativos. El consentimiento informado, que materializa los principios constitucionales como la dignidad humana, el libre desarrollo de la personalidad, la libertad individual, el pluralismo, constituye un elemento determinante para la protección de los derechos a la salud y a la integridad de la persona humana.
 
Se trata de un derecho que consiste en ser informado de manera clara, objetiva, idónea y oportuna sobre aquellos procedimientos médicos que afecten en mayor o menor medida la vida y la integridad personal

Sin embargo, la información no ha sido clara, no se conocen los efectos secundarios de las vacunas, tanto a corto como a largo plazo. Esta información no ha sido suficiente, ni concluyente, ejemplo de lo cual es que las vacunas que en principio aseguraban que con dos dosis lograban su propósito, hoy afirman que para ello necesitarán una tercera, una variación que agrega elementos para que la población en general siga dudando de la veracidad de la información.

Ahora bien, para obligar a la vacunación el Ministerio de Salud sustenta que es necesario alcanzar la conocida inmunidad de rebaño, la cual aseguraban se obtendría con el 70 por ciento y ahora aseguran debe alcanzar al 90 por ciento, algo que parece casi imposible toda vez que la movilidad global, el comercio y el mercado no cejan en su frenesí. Algo aún más difícil de obtener de hacerse realidad lo afirmado por algunos expertos: que los vacunados serán los más afectados con las nuevas cepas.

Pero además porque los contagios proseguirán, como lo advierte Anthony Fauci –científico estrella de la Casa Blanca–, al confirmar que “infectarse tras vacunarse es inevitable”. Si así es, entonces ¿cómo se podrá alcanzar la inmunidad de rebaño si los vacunados tienen alto riesgo de contagiarse y contagiar a otros? Según se dice estamos frente a la ‘breakthrough infection’.

Pero hay más leña agregada al fuego, o al aceptable escepticismo de una franja social. Los estudios indican que las vacunas tienen una eficacia mayor al 50 evitando así que las personas infectadas sean hospitalizadas, ingresen a una UCI y en general disminuir la mortalidad por covid-19. Pero también indican que no son efectivas para no infectarse, y no ha sido descartado que una persona vacunada, una vez infectada, no lo trasmita a otros de sus congéneres.

Una realidad que impregna escepticismo al ya reinante entre jóvenes y adultos sobre la eficacia del biológico, mucho más cuando circulan reportes que certifican que el contagio con nuevas cepas del covid entre los vacunados viene en aumento. Incluso algunos expertos aseveran que la verdadera crisis sanitaria se está creando ahora con los vacunados. Algo que solo será verificado con el paso de los meses pero que, por lo pronto, se suma como agravante para lo relatado.

Eficacia limitada de las vacunas y efecto parcial y limitado además en el tiempo (sus productores indican que unas protegen con cierta seguridad por espacio de 9 meses, otros un poco menos) que motiva a galenos a recomendar no vacunar a niños, jóvenes y personas con buena salud, porque si han resistido al virus sin el biológico al interior de su humanidad es evidencia de poseer excelente capacidad de defensa.

Advertencias y evidencias que comienzan algunas de ellas a ser corroboradas. Por ejemplo, el tiempo efectivo de las vacunas: ante la perdida de eficacia con el paso de los meses y el surgimiento de nuevas cepas del covid-19 ahora los países imponen un refuerzo o tercera dosis, además de insistir en mantener la distancia, el uso de mascarilla y limitación de la interacción social para frenar las nuevas variantes, por ejemplo, la Delta, que es tan transmisible como la varicela.

Así las cosas y en tanto la información brindada por gobiernos y farmacéuticas no es confiable, es comprensible que un grupo de personas no quiera vacunarse.

Pero además de este segmento social, existen quienes nunca se vacunarían, ni contra el covid ni contra nada. Y su decisión tiene respaldo suficiente desde la legalidad. Y en todo momento reclaman que no se les limiten derechos de ninguna índole por elegir libremente qué hacer con su salud.

Como puede quedar claro con lo hasta acá escrito, y en tanto quienes ya están vacunados también pueden infectarse e infectar, las personas que decidan no vacunarse, no por ello son los que ponen en riesgo a los demás, por lo cual este riesgo no puede ser la sustentación para imponer como obligatoria la vacunación.

Estamos, por tanto, ante un complejo dilema, el cual puede concluir de ser tensado como profundización de las tendencias de disciplinamiento y control social cada vez más vertical que ahora se ventilan por doquier, tras las cuales parece respirar el mercado, almádana que con su peso inclina a los poderes reales a privilegiar la economía por sobre la libertad y otros derechos ya relacionados.

Un martillar que refuerza la voluntad de quienes aspiran a comprar, divertirse, gastar y consumir sin limitante alguna, y para lo cual están dispuestos a que se imponga y exija el pasaporte de vacunación. Una decisión, que también puede estar asociada a no estar inquietos por los factores reales que dieron origen al virus, ni al interrogante ¿cómo evitar que otra crisis de estas tome cuerpo?

Por el momento, en medio de la intensa pugna social que parece ir tomando cuerpo en países que ya han impuesto la obligación del pasaporte en cuestión, el celular como puerta trasera para un efectivo control social, entra a jugar su rol de manera abierta, al permitir el registro y verificación del disciplinamiento ahora desplegado contra toda razón por los factores reales de poder.

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Publicado enEdición Nº283
Lunes, 30 Agosto 2021 06:15

Covid-19: más que el pinchazo

Province of British Columbia, https://www.flickr.com/photos/bcgovphotos/50724940457/

Finales de 2019. Desde la fecha en que el “covid-19” “sorprendió” al mundo, el debate frente a las libertades individuales y personales, limitadas con fundamento en que es necesario combatirlo, controlarlo o al menos contener su avance, está al orden del día; un debate mucho más intenso a partir del mes de marzo del año 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el inicio de una pandemia.

Las prohibiciones impuestas desde el primer momento fueron extremas, por ejemplo, para movilizarse entre países y al interior del propio territorio; pero también se impusieron un conjunto de obligaciones de todo tipo, empezando por la exigencia de reportar información sensible e inscribirse en diferentes plataformas si se pretendía obtener autorización para salir de la residencia, una especie de bases de datos que encontró pronto rechazo social toda vez que no se sabía el paradero final de la misma, en fin, un conjunto de restricciones vividas y padecidas por todos.

Ahora surge otra, la obligación de vacunarse, y la posibilidad de limitar importantes derechos a quienes no la acepten. El debate en nuestro país y en el mundo entero está abierto, y parece que otra vez la libertad individual debe ceder. Diferentes naciones en el mundo ya impusieron el “pasaporte covid” o un “pase verde”, una especie de tarjeta sanitaria que se exige para entrar a un café, un restaurante, un cine, un gimnasio, un museo, para utilizar el transporte público, para subirse al tren o a un avión.

Está claro que la imposición de una obligación tal vulnera de forma evidente los principios que soportan a un Estado constitucional y democrático, que está fundado en la dignidad, la autonomía y el pluralismo. El Estado no puede, aún bajo el presupuesto de proteger a otros, obligar a una persona a vacunarse. 

Los mandatos constitucionales y convencionales en materia de derechos humanos, los tratados internacionales como la Convención Americana de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Declaración Universal de Derechos Humanos, son suficientes para sostener esta posición.

Incluso, si faltaran argumentos, la jurisprudencia los brinda, basta acudir a las sentencias de la Corte Constitucional para encontrarlos, porque en ella se ha reconocido que en una sociedad fundada en la inviolabilidad, dignidad y autonomía de las personas. toda intervención en el cuerpo de un individuo debe en principio contar con la autorización del propio afectado (principio de autonomía).
 
Es así como, en el caso nuestro, el Estado no puede obligar a la población colombiana a vacunarse, porque la facultad de tomar decisiones relativas a su salud es un derecho de carácter fundamental, como concreción del principio constitucional de pluralismo (artículos 1 y 7 de la Carta Política) y de los derechos fundamentales a la dignidad humana (artículo 1), al libre desarrollo de la personalidad (artículo 16), a la integridad personal (artículo 12) y a la salud (artículo 49). (Sentencia T–365 de 2017)

Del principio general de libertad emana el derecho específico de la autonomía de la persona que le permite tomar decisiones relativas a su salud. Los individuos son libres y agentes morales autónomos, es a ellos a quienes corresponde definir cómo entienden el cuidado de su salud.

Así las cosas, en materia de las vacunas, toda persona es autónoma y libre para elegir y decidir cuál opción seguir. La Constitución reconoce la existencia de diferentes concepciones de bien y de mundo, igualmente válidas, desde las cuales toda persona puede construir legítimamente un proyecto de vida.
 
Además, en materia médica el principio de pluralismo, reconocido en los artículos 1º y 7º de la Constitución, existen, dentro de ciertos límites, diversas formas igualmente válidas de entender y valorar en qué consiste la bondad de un determinado tratamiento médico.

Incluso, impedir a una persona decidir si se somete o se rehúsa a la administración de una vacuna atenta contra otro de los contenidos protegidos por el derecho a la dignidad humana, el cual se relaciona de forma innegable con el derecho a la integridad personal. En este sentido, si las personas son inviolables, sus cuerpos también lo son, por lo cual no pueden ser intervenidos sin su permiso. El individuo es titular de un derecho exclusivo sobre el propio cuerpo.

El propio derecho a la salud permite sostener que las personas no pueden ser sometidas a tratamientos y experimentos médicos no consensuales. Toda actuación destinada a instrumentalizar a la persona, impidiéndole que pueda tomar las decisiones que estime convenientes sobre su propio cuerpo, se muestra incluso abiertamente desproporcionada y contraria a los principios que informan la Constitución, razón de más para señalar que la vacuna no puede ser considerada obligatoria para sus destinatarios.

Acerca de la libre elección de vacunarse

No todas las personas se niegan a vacunarse, tanto es así que la vacunación empezó en nuestro país el 17 de febrero de 2021 y al inicio del mes de agosto alcanza cerca de 30 millones de dosis aplicadas, divididas de la siguiente manera: 16 millones primera dosis y 13 millones con el esquema completo.

Una libertad concretada, por ejemplo, en el actuar de aquellos ciudadanos más pudientes económicamente, quienes salieron con su núcleo familiar para los Estados Unidos en procura del biológico que consideraron, “libremente”, que era el mejor. Con una oferta variada, eligieron el que en su momento parecía el mejor. Hoy no se sabe. Pero ya están vacunados.

Los demás, aquellas personas que no pudieron salir buscando el sueño americano, materializado ahora en una vacuna, les tocó acá en la tierrita, según el turno y la existencia del biológico, aunque muchos ingeniosos, que se creen más avispados, maniobraron para que les aplicara el que consideraron el mejor. Entonces, ya se vacunaron, lo hicieron libremente, lo eligieron, no hay que obligarlos.

Otros ciudadanos no se niegan, solo exigen que los vacunen con el mismo biológico que utilizaron el presidente, los ministros, sus esposas, hijos y familiares más cercanos, algo así como que esta es la mejor prueba de que el biológico no producirá efectos negativos. Reclaman igualdad, y de esta manera aceptarían vacunarse sin objeción alguna.

Existe un grupo de personas que aún no se han vacunado porque reclaman, como condición previa, información confiable y suficiente, es decir una adecuada ilustración para decidir si se inoculan o no. Pero esta información no existe, falta tiempo para que los estudios arrojen algún resultado digno de crédito.

Un reclamo, un derecho, de manera alguna ilógico. Un reclamo que el Ministerio de Salud y Protección Social debe atender con información precisa sobre los efectos de la vacuna, positivos y negativos. El consentimiento informado, que materializa los principios constitucionales como la dignidad humana, el libre desarrollo de la personalidad, la libertad individual, el pluralismo, constituye un elemento determinante para la protección de los derechos a la salud y a la integridad de la persona humana.
 
Se trata de un derecho que consiste en ser informado de manera clara, objetiva, idónea y oportuna sobre aquellos procedimientos médicos que afecten en mayor o menor medida la vida y la integridad personal

Sin embargo, la información no ha sido clara, no se conocen los efectos secundarios de las vacunas, tanto a corto como a largo plazo. Esta información no ha sido suficiente, ni concluyente, ejemplo de lo cual es que las vacunas que en principio aseguraban que con dos dosis lograban su propósito, hoy afirman que para ello necesitarán una tercera, una variación que agrega elementos para que la población en general siga dudando de la veracidad de la información.

Ahora bien, para obligar a la vacunación el Ministerio de Salud sustenta que es necesario alcanzar la conocida inmunidad de rebaño, la cual aseguraban se obtendría con el 70 por ciento y ahora aseguran debe alcanzar al 90 por ciento, algo que parece casi imposible toda vez que la movilidad global, el comercio y el mercado no cejan en su frenesí. Algo aún más difícil de obtener de hacerse realidad lo afirmado por algunos expertos: que los vacunados serán los más afectados con las nuevas cepas.

Pero además porque los contagios proseguirán, como lo advierte Anthony Fauci –científico estrella de la Casa Blanca–, al confirmar que “infectarse tras vacunarse es inevitable”. Si así es, entonces ¿cómo se podrá alcanzar la inmunidad de rebaño si los vacunados tienen alto riesgo de contagiarse y contagiar a otros? Según se dice estamos frente a la ‘breakthrough infection’.

Pero hay más leña agregada al fuego, o al aceptable escepticismo de una franja social. Los estudios indican que las vacunas tienen una eficacia mayor al 50 evitando así que las personas infectadas sean hospitalizadas, ingresen a una UCI y en general disminuir la mortalidad por covid-19. Pero también indican que no son efectivas para no infectarse, y no ha sido descartado que una persona vacunada, una vez infectada, no lo trasmita a otros de sus congéneres.

Una realidad que impregna escepticismo al ya reinante entre jóvenes y adultos sobre la eficacia del biológico, mucho más cuando circulan reportes que certifican que el contagio con nuevas cepas del covid entre los vacunados viene en aumento. Incluso algunos expertos aseveran que la verdadera crisis sanitaria se está creando ahora con los vacunados. Algo que solo será verificado con el paso de los meses pero que, por lo pronto, se suma como agravante para lo relatado.

Eficacia limitada de las vacunas y efecto parcial y limitado además en el tiempo (sus productores indican que unas protegen con cierta seguridad por espacio de 9 meses, otros un poco menos) que motiva a galenos a recomendar no vacunar a niños, jóvenes y personas con buena salud, porque si han resistido al virus sin el biológico al interior de su humanidad es evidencia de poseer excelente capacidad de defensa.

Advertencias y evidencias que comienzan algunas de ellas a ser corroboradas. Por ejemplo, el tiempo efectivo de las vacunas: ante la perdida de eficacia con el paso de los meses y el surgimiento de nuevas cepas del covid-19 ahora los países imponen un refuerzo o tercera dosis, además de insistir en mantener la distancia, el uso de mascarilla y limitación de la interacción social para frenar las nuevas variantes, por ejemplo, la Delta, que es tan transmisible como la varicela.

Así las cosas y en tanto la información brindada por gobiernos y farmacéuticas no es confiable, es comprensible que un grupo de personas no quiera vacunarse.

Pero además de este segmento social, existen quienes nunca se vacunarían, ni contra el covid ni contra nada. Y su decisión tiene respaldo suficiente desde la legalidad. Y en todo momento reclaman que no se les limiten derechos de ninguna índole por elegir libremente qué hacer con su salud.

Como puede quedar claro con lo hasta acá escrito, y en tanto quienes ya están vacunados también pueden infectarse e infectar, las personas que decidan no vacunarse, no por ello son los que ponen en riesgo a los demás, por lo cual este riesgo no puede ser la sustentación para imponer como obligatoria la vacunación.

Estamos, por tanto, ante un complejo dilema, el cual puede concluir de ser tensado como profundización de las tendencias de disciplinamiento y control social cada vez más vertical que ahora se ventilan por doquier, tras las cuales parece respirar el mercado, almádana que con su peso inclina a los poderes reales a privilegiar la economía por sobre la libertad y otros derechos ya relacionados.

Un martillar que refuerza la voluntad de quienes aspiran a comprar, divertirse, gastar y consumir sin limitante alguna, y para lo cual están dispuestos a que se imponga y exija el pasaporte de vacunación. Una decisión, que también puede estar asociada a no estar inquietos por los factores reales que dieron origen al virus, ni al interrogante ¿cómo evitar que otra crisis de estas tome cuerpo?

Por el momento, en medio de la intensa pugna social que parece ir tomando cuerpo en países que ya han impuesto la obligación del pasaporte en cuestión, el celular como puerta trasera para un efectivo control social, entra a jugar su rol de manera abierta, al permitir el registro y verificación del disciplinamiento ahora desplegado contra toda razón por los factores reales de poder.

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Protestas, descontento y democracia en América Latina

Las protestas y estallidos sociales vienen marcando la coyuntura política latinoamericana. Luego de un paréntesis al comienzo de la pandemia de covid-19, han reemergido con fuerza en varios países de la región. Las movilizaciones no tienen, sin embargo, una direccionalidad única, ni un solo punto de llegada. Y vuelven a poner de relieve las tensiones entre desigualdades y democracia.

2019 será recordado como el año del estallido social en América Latina. En su último trimestre, emergieron protestas en Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia. El miedo al contagio de covid-19 pareció sofocarlas cuando la pandemia llegó a la región en 2020. Sin embargo, en Bolivia y en Colombia, el descontento pudo más que el miedo y la gente salió a las calles aun con pandemia1. En Perú y Paraguay, que habían vivido crisis institucionales en 2019, las protestas estallaron a fines de 2020 y principios de 2021, respectivamente. ¿Qué significan las manifestaciones de la ciudadanía en medio de una crisis sanitaria y económica? ¿Y qué nos dice su ausencia? En este artículo, intentaré esbozar algunas ideas sobre el significado del malestar social, así como potenciales escenarios para los sistemas políticos de la región, que reflejan diferentes modos de canalizar ese malestar y nos hablan de las promesas incumplidas de la transición democrática. 

Las transiciones democráticas de los años 80 ocurrieron en el contexto de una profunda crisis económica: la crisis de la deuda externa, que provocó una recesión tan grande que dio en llamarse a esos años la «década perdida» de América Latina. La interpretación de esta crisis como indicador de la inoperancia de los gobiernos autoritarios empujó la democratización de la región. Durante las transiciones, los politólogos se dividían entre dos temores. Había quienes pensaban que las jóvenes democracias no sobrevivirían a la pobreza y desigualdad que heredaban porque sus crisis fiscales no les dejarían atender las demandas de las mayorías excluidas que ganaban entonces el derecho a expresarse políticamente. Y por otro lado, estaban quienes temían que las elites que habían apoyado los golpes de sus aliados militares interrumpieran el proceso si no se contenían las demandas de esas mayorías excluidas2.

El despertar democrático no trajo redistribución para las mayorías que ganaron derechos políticos, sino procesos de ajuste económico y una ola de reformas de mercado que parecían inevitables cuando la caída del Muro de Berlín anunciaba el fin de la utopía comunista. Las elites económicas perdieron el miedo a la democracia, y si bien los militares se resistieron a los intentos de juzgar sus crímenes contra los derechos humanos, se mantuvo la paz social, ya fuera por miedo a la represión pasada o por el desgaste que implicaba la supervivencia económica, con el aumento de la pobreza y la informalidad que trajeron los años 90. Cuando las elites políticas parecían acordar en lo que se llamó el Consenso de Washington (reformas que incluían privatizaciones, desregulación y liberalización comercial), la resistencia de las clases populares empobrecidas comenzó a surgir y se agudizó con la crisis económica que caracterizó el último lustro del siglo xx. Si bien el descontento desbordó las calles, como durante el Caracazo en Venezuela o las llamadas «guerras» del gas y del agua en Bolivia, se expresó mayormente utilizando los canales políticos abiertos por la democracia; es decir, con el abandono de los partidos que promovían políticas de mercado y la búsqueda de otras alternativas. Esta estrategia democrática generó un aumento en la volatilidad electoral en busca de nuevas opciones y abrió paso a liderazgos que reconfiguraron totalmente los sistemas de partidos en Venezuela, Ecuador y Bolivia y, parcialmente, en Argentina y en Uruguay3. En otros casos, existía un partido que proveía una alternativa a la fuerza de gobierno, como en Brasil, pero allí no se produce una reconfiguración del sistema de partidos y el Partido de los Trabajadores (pt) no logra nunca mayorías legislativas, por lo que depende de gobiernos de coalición4. En todos estos casos, las novedades políticas polarizan los sistemas de partidos (incluso en Brasil, con el clivaje petismo/antipetismo). 

Con el nuevo milenio, llegaron los altos precios de las materias primas empujados por la demanda asiática que cambiaba la geopolítica mundial. Para Sudamérica, tan dependiente en recursos naturales, el maná caía del cielo. Además del aumento de la riqueza y su traslado a los mercados de trabajo, los recursos fiscales permitieron políticas redistributivas que facilitaron la reducción de la pobreza y la desigualdad, la expansión de la educación y la emergencia de una nueva clase media que aspiraba a la movilidad social, aunque era todavía muy vulnerable a cualquier shock negativo por su falta de ahorros y dependía de un Estado que garantizara servicios públicos y sociales de calidad5. La democracia, sin embargo, parecía por primera vez cumplir con la promesa de redistribución que los politólogos de la transición democrática habían imaginado como consecuencia lógica del cambio de régimen, pero sin el retorno a los golpes militares que los atemorizaba en los años 80. Mientras las clases populares aumentaban sus expectativas sociales y buscaban que la política las resolviera, las elites se centraban en la emergente tensión entre democracia y república. Todos parecían ignorar, sin embargo, las limitaciones de las mismas promesas que parecían cumplirse, con una educación que se expandía a un ritmo mayor que su calidad y un modelo de desarrollo que recaía en proyectos extractivistas que proveían recursos fiscales sin resolver la demanda de empleo ni tomar en serio los costos medioambientales, mayormente pagados por grupos vulnerables tanto rurales como urbanos. Pese a las mejoras en los mercados laborales, estos continuaron siendo altamente excluyentes y segmentados por la informalidad, mientras que reforzaban desigualdades sociales que se superponían a otras diferencias étnicas, de raza y de género. 

Con el fin del boom de las materias primas en 2014, comienza un proceso de reversión de las mejoras sociales respecto a la desigualdad y la pobreza. Las promesas de movilidad social a través de la educación, anhelo de la nueva clase media, se vuelven cada vez más difíciles de cumplir6. Más aún, esa nueva clase media comienza a percibir su vulnerabilidad frente a los shocks y la ausencia o deficiencia de los servicios públicos, en sociedades donde sus oportunidades laborales están marcadas por distancias sociales impuestas por origen, geografía, etnicidad, raza, informalidad y género. Al deterioro económico se le suma la inseguridad ciudadana, que pareciera agudizarse por la incapacidad e incluso la complicidad estatal con el crimen organizado, y a la desaceleración de las mejoras sociales se le agregan los escándalos de corrupción que llevaron a presidentes, vicepresidentes y otros funcionarios al procesamiento judicial. Llegamos entonces a 2019 con «vacas flacas» y un Estado que no puede compensar las debilidades del mercado. En lugar de poder reactivar a través del gasto, el sector público camina la senda del ajuste fiscal. Estos ajustes económicos encienden la mecha de la protesta en Ecuador, Chile y Colombia. En Bolivia, se trató de una crisis de legitimidad política7. Perú y Paraguay también vivieron crisis institucionales en 2019 (pero estas no se expresarían en protestas hasta ya entrada la crisis sanitaria provocada por la pandemia). El deterioro económico y el consiguiente malestar que provocaba no siempre se expresaron en las calles, sino que a veces resultaron en votos que castigaban al partido de gobierno, como sucedió en las elecciones presidenciales de 2019, que obligaron al recambio en Argentina (donde perdió la derecha) y en Uruguay (donde perdió la izquierda).

En 2020, llegó la pandemia. Las cuarentenas y el miedo acallaron las protestas, aunque sus causales solo empeoraron. La región no solo sufrió el impacto de la enfermedad que hizo epicentro en ella durante mucho tiempo, sino que además entró en recesión. En 2020 la economía latinoamericana cayó 7,7% según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)8. Esa caída tuvo un impacto desigual entre quienes podían trabajar remotamente y un gran sector de trabajadores informales que se quedaron de un día para el otro sin posibilidad de ganar el sustento. La región también fue la que más días de educación perdidos acumuló, lo que siguió profundizando la desigualdad entre quienes tienen acceso a tecnologías para educación remota y quienes no. La pobreza y el desempleo aumentaron, la corrupción se inmiscuyó en el manejo de la pandemia y, en muchos casos, las elites políticas siguieron mostrando falta de empatía con una población cada vez más angustiada. 

Hasta que el malestar explotó, y entonces los jóvenes encabezaron las protestas pese a la represión y la pandemia. Si bien en Bolivia las protestas habían continuado intermitentemente hasta que se convocó a la nueva elección presidencial, en Perú tomaron la forma de un estallido. El motivo fue que el Congreso (con poca legitimidad) declaró la vacancia del popular presidente interino Martín Vizcarra (recordemos que el presidente Pedro Pablo Kuczynski, elegido en 2016, había renunciado en 2018 para evitar una jugada similar). El enojo de la ciudadanía se manifestó en las calles y obligó a renunciar al presidente designado por el Congreso. Le siguieron las protestas de Paraguay en marzo de 2021 y la explosión de mayo en Colombia, donde la mecha fue encendida por una reforma impositiva y, pese a una brutal represión con muertos y desaparecidos, las protestas continúan un mes más tarde. La movilización refleja un descontento que nos remonta a los miedos de los «transitólogos» sobre la coexistencia de la democracia con una enorme desigualdad y pobreza. Y en este punto hay que pensar no solamente en los altos niveles de desigualdad, sino también en su trayectoria, que había parecido descendente hasta mediados de la década pasada. La politización de la desigualdad llega en un momento en que esa trayectoria se detiene y esto hace trizas las esperanzas de movilidad social, o al menos de mejora en el bienestar que había generado. Las nuevas generaciones ya no quieren volver a naturalizar la desigualdad y expresan su descontento políticamente (aunque también de otros modos que van más allá de este ensayo). En ese contexto de descontento social, podemos pensar en al menos tres escenarios políticos posibles para entender esquemáticamente las trayectorias de los países (aun reconociendo sus múltiples especificidades). 

El primer escenario es el de fragmentación o desestructuración política, donde el descontento popular con las elites políticas se expresa en las calles y electoralmente no encuentra un punto focal. Este escenario aparece en sistemas políticos con elites económicas poderosas, donde la estabilidad macroeconómica se mantuvo y los procesos de redistribución material y simbólica habilitados por el boom de las materias primas fueron sostenidos, pero no dramáticos. Chile es el caso paradigmático. El «octubre chileno» que estalló en 2019 movilizó a 20% de la población a las calles y forzó la celebración de un plebiscito para decidir sobre la necesidad de redactar una nueva Constitución. Los resultados electorales de la consulta de octubre de 2020 confirmaron el enojo de la ciudadanía, con un apoyo de 80% a la convocatoria de una Convención Constitucional (pese al muchísimo mayor apoyo financiero a la opción del rechazo). La elección de constituyentes, en mayo de 2021, volvió a señalar el descontento de la ciudadanía con los partidos tradicionales, ya que un tercio de los escaños quedó en manos de candidatos independientes. En Perú, jóvenes descontentos frente a una pelea palaciega que ignoraba la crisis sanitaria y económica del país salieron a las calles desafiando la pandemia en noviembre de 2020. El fastidio de la ciudadanía con esos políticos ajenos a su sufrimiento quedó plasmado en una elección presidencial en la que la fragmentación electoral fue tal, que el 18% que obtuvieron los votos blancos y nulos casi emparejó al candidato más votado, mientras que la segunda candidatura recibió 13% de apoyo electoral. En la segunda vuelta entre esos dos candidatos, Pedro Castillo y Keiko Fujimori, y con una campaña que polarizó a la opinión pública agitando el espectro del comunismo si ganaba el primero, el voto se dividió por clase social y geografía. Castillo ganó por menos de un punto porcentual9. En Colombia, también la ciudadanía se expresó en las calles retomando las protestas de 2019, pese a una represión brutal heredera de años de conflicto armado que había contenido durante mucho tiempo la movilización. Sin embargo, todavía es temprano para definir las consecuencias electorales de esa movilización. 

En Chile, Perú y Colombia, los jóvenes lideraron las protestas en el marco de una menor densidad organizativa de la sociedad civil y, por ende, la falta de representantes claros con capacidad para negociar salidas de la crisis. En estos casos no hay un liderazgo definido de las protestas, pero los jóvenes comparten su frustración frente a una educación superior cuyo costo no se condice necesariamente con su calidad, o con la provisión de habilidades que permitan un empleo digno y la movilidad social prometida por la expansión educativa. En los tres países, las anteriores protestas habían sido localizadas geográfica o temáticamente y no habían encontrado respuesta en el sistema político (incluso a veces la represión fue la única respuesta). Esta nueva ola de protestas, cuyas consecuencias todavía no terminan de vislumbrarse, se expandió a través del territorio y sorprendió a las elites políticas y económicas, que hasta entonces se habían sentido seguras. 

El segundo escenario es de continuidad de la polarización. En estos casos, los sistemas políticos ya sufrieron una crisis de representación de los partidos tradicionales en respuesta a las reformas de mercado de los años 90. Esas crisis permitieron la emergencia de nuevos liderazgos que prometían renovación y ocupaban el espacio de oposición a esas políticas, especialmente tras la recesión del último lustro del siglo xx. Los gobiernos de izquierda que llegaron con el recambio pudieron aprovechar el boom de las materias primas para beneficiarse del consiguiente crecimiento económico y redistribuir recursos más significativamente con el fin de compensar los efectos de las políticas anteriores en la estructura social. A los recursos fiscales del boom, estos nuevos liderazgos sumaron la explícita representación de los sectores populares formales e informales incluyendo diferentes grados de confrontación con las elites económicas. En los casos más personalistas, la concentración de poder generó tensiones importantes con la democracia, lo que dio paso a procesos de backsliding o erosiones incrementales que deterioraban el régimen democrático de un modo que no había sido previsto por los «transitólogos», como ocurrió en el caso de Venezuela10

Bolivia, Argentina y Ecuador representan el escenario de democracias con continuidad de la polarización (tal vez también Uruguay, aunque sin liderazgos personalistas). La polarización surgida de la anterior crisis de representación todavía organiza sus sistemas políticos, aunque está empezando a desarticularse en el caso ecuatoriano, donde el movimiento indígena y los jóvenes desconfían del correísmo y las protestas también estallaron en 2019 lideradas por el movimiento indígena. En estos países, los sectores populares están más organizados y las protestas se sostienen al ritmo de los ajustes, pero con liderazgos sociales que permiten la negociación y establecen límites a la política pública. El movimiento indígena en Ecuador y el piquetero11 en Argentina son ejemplos de esa capacidad, que permitió negociar el fin de las protestas sociales de 2019 en Ecuador y evitar su ocurrencia en Argentina ese mismo año (las protestas limitadas que se registraron durante la pandemia han representado hasta ahora a sectores de centroderecha de oposición al gobierno de Alberto Fernández). Incluso en Bolivia, donde la ruptura institucional emergió después de la movilización polarizada de sectores juveniles urbanos de clase media, las protestas organizadas por movimientos sociales asociados al Movimiento al Socialismo (mas) fueron claves para el retorno del calendario electoral incluso durante la pandemia. En este escenario, la organización de los sectores populares y la polarización social y política son todavía claves para comprender la protesta, aunque las consecuencias de la pandemia pueden modificar los patrones de polarización en el futuro. 

El tercer escenario de liderazgos reestructuradores del sistema político refleja también un descontento ciudadano con los partidos políticos tradicionales similar al del primer escenario. Sin embargo, en lugar de volcarse a las calles, este descontento encuentra un punto focal alrededor de un liderazgo electoral que se presenta como renovador y busca reestructurar el sistema político. El Salvador y México son casos emblemáticos. En ambos países, las transiciones tardías se combinaron con la gran dependencia de la economía estadounidense, expresada en la integración comercial, la migración y las remesas. Esa misma dependencia de Estados Unidos proveyó mecanismos de protección a las elites económicas que limitaron el alcance de los procesos de redistribución en los años 2000 y redujeron la volatilidad económica provocada por los ciclos de precios de materias primas presente en los otros dos escenarios12

En El Salvador y en México, los partidos políticos tradicionales no solo se mostraron incapaces de responder a las demandas de seguridad personal de la ciudadanía y a la necesidad de un modelo económico inclusivo, sino que también fueron salpicados por escándalos de corrupción. En ambos países, el descontento popular encontró un líder que los acusaba de «ser lo mismo» y prometía un mundo mejor, tal como había ocurrido en los países que entraron en crisis de representación a fin del siglo pasado, tras las reformas de mercado. 

El Partido Revolucionario Institucional (pri), el Partido Acción Nacional (pan) y el Partido de la Revolución Democrática (prd), que habían pactado la transición mexicana, fueron perdiendo capacidad para diferenciarse. Durante la presidencia del priísta Enrique Peña Nieto, el Pacto por México, firmado en 2012, acentuó el acercamiento entre estos tres partidos, que acordaron reformas políticas en busca de un crecimiento económico que venía eludiendo a México. Sin embargo, ni la economía mejoró, ni la violencia y la complicidad estatal (cuya visibilidad se incrementó con el caso de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa en 2014) disminuyeron. En la elección de 2018, el pan y el prd, nacidos a ambos lados del espectro ideológico del pri, respaldaron incluso al mismo candidato presidencial. Este acercamiento y su pobre desempeño aumentaron la credibilidad de la denuncia de Andrés Manuel López Obrador y le permitieron construir una identidad renovadora pese a su pasado priísta y perredista. Los escándalos de corrupción que salpicaban a los partidos solo hicieron más atractiva su oferta electoral y le permitieron alcanzar 53% de los votos en las elecciones presidenciales y controlar una mayoría en el Congreso. En las elecciones legislativas de junio de 2021, su coalición logró mantener la mayoría en el Congreso, aunque no obtuvo la supermayoría que buscaba para aprobar cambios constitucionales13. Sin embargo, las elecciones de gobernador muestran su expansión territorial, pese a haber tenido un revés significativo en su bastión de Ciudad de México.

En El Salvador, Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (fmln) habían firmado los acuerdos de paz que llevaron a la transición democrática y se alternaron en el gobierno sin poder resolver la creciente violencia contra la que terminaron usando similares políticas represivas. También ahí los escándalos de corrupción involucraron a presidentes de ambos partidos y señalaron la falta de conexión entre la política y las calles. Como en México, esta desconexión no resultó en una gran movilización popular, sino que se canalizó en el apoyo a la candidatura de Nayib Bukele, quien denunciaba a los dos partidos tradicionales (a pesar de haber empezado su carrera política en el fmln). Bukele logró un enorme apoyo popular y recibió 53% de los votos en la elección presidencial de 2019, sustentado en gran parte por el electorado más joven –elegido con 37 años, es el presidente más joven de la región–. En las elecciones legislativas de febrero de 2021, su liderazgo se confirmó en el apoyo a su nuevo partido, lo que empujó a los partidos tradicionales hacia la irrelevancia electoral y le permitió a Bukele el control del Congreso14

Los liderazgos de López Obrador y Bukele se parecen por su apoyo entre los más jóvenes y los más educados y por sus estrategias de concentración de poder personal a partir de su gran popularidad15. Ambos prometen cambiar sus sistemas políticos y se caracterizan por liderazgos personalistas. Si bien su concentración de poder puede amenazar los contrapesos de una democracia representativa, es también más fácil para los poderes económicos negociar cuando hay líderes que cuando se enfrenta el enojo generalizado que caracteriza a Chile, Perú y Colombia. Pese a que estos casos de liderazgo polarizador se parecen al segundo escenario, el contexto económico es diferente. Si bien los precios de las materias primas están subiendo nuevamente, esto no alcanza para cubrir las necesidades fiscales de la región en el marco de la pandemia, y es más difícil construir una coalición duradera sin tener recursos para distribuir, dados los altos niveles de pobreza e informalidad en la región. 

La pandemia abre un nuevo escenario de incertidumbre, que se suma a la multiplicidad de identidades políticas en una región donde al feminismo y las organizaciones lgbti+, a los movimientos indígenas y afrodescendientes y a la multiplicidad de organizaciones locales que resisten desastres ecológicos se les suman las nuevas iglesias evangélicas y movimientos conservadores locales que hacen incierta la lógica de la movilización democrática. La movilización empuja cambios políticos, pero no necesariamente conocemos su destino, ya que responde a ciclos de protesta y a la heterogeneidad de los actores que la empujan. 

La incertidumbre en la dirección de la protesta social es ilustrada por las movilizaciones de Brasil en 2013. Un grupo de jóvenes estudiantes inició la protesta en respuesta a un aumento en las tarifas de transporte. La represión policial contribuyó a expandir las movilizaciones, que ampliaron sus demandas al acceso y la calidad de los servicios públicos frente al gasto en estadios para el Mundial de Fútbol y las Olimpíadas, que Brasil buscaba utilizar para venderse al mundo. Aunque la presidenta Dilma Rousseff respondió a las demandas, su popularidad resultó afectada y su reelección en 2014 fue ajustada. La movilización, sin embargo, se expandió hacia grupos conservadores que saldrían posteriormente a las calles para pedir el juicio político de Rousseff, en un contexto de deterioro económico y alto impacto público de la corrupción (gracias a la operación Lava Jato). Esta movilización facilitó la defección de sus aliados de la coalición de gobierno, frente a lo cual el minoritario pt no pudo evitar el impeachment a la presidenta. En ese vacío se montó la candidatura de Jair Bolsonaro, quien prometió la renovación política, aunque a diferencia de México y El Salvador, llegó al poder gracias a alianzas con partidos tradicionales, en el contexto fragmentado de la política brasileña. La marea puede volver a cambiar, dados el gran descontento con Bolsonaro y la liberación del ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva; este último lidera, en este momento, las encuestas para la elección presidencial de 202216. Es decir, la movilización y el descontento popular no tienen una direccionalidad única, ni un único punto de llegada. 

La difícil convivencia entre democracia y desigualdad, agudizada por la reciente explosión de descontento en un contexto de crisis económica y sanitaria, resultó en los tres escenarios descriptos. Estos escenarios definen equilibrios inestables. Es verdad que la ciudadanía con demandas insatisfechas busca una democracia que la escuche, le preste atención y la siente a la mesa donde se toman las decisiones. Esa demanda de legitimidad democrática es más importante que los límites a la política pública que sugerían los «transitólogos» con miedo al retorno militar. Sin embargo, aunque esa legitimidad es necesaria para sostener la democracia, no es suficiente si no se asocia a una esperanza de mayor bienestar futuro, y este puede ser definido de muchas maneras dada la heterogeneidad de las demandas organizadas por el descontento. La democracia latinoamericana superó la transición, pero su consolidación requiere una combinación de inclusión y capacidad de respuesta que, esperemos, resulte de los procesos de movilización que está viviendo la región en este momento.

Nota: la autora agradece los comentarios de Ernesto Cabrera y la conversación en la sesión de «LASA 2021: Democracia y protesta social», con Aníbal Perez-Liñán, Rossana Castiglioni, Martín Tanaka y Felipe Burbano, 28/5/2021.

  • 1.

En el caso boliviano, las protestas de 2019 y 2020 fueron de diferente signo político: contra el gobierno de Evo Morales primero, y luego contra el de Jeanine Áñez por parte de fuerzas cercanas al ex-presidente exiliado en Argentina.

  • 2.

En la ciencia política estadounidense, Stephan Haggard y Robert Kaufman: The Political Economy of Democratic Transitions (Princeton UP, Princeton, 1995) es un ejemplo del primer grupo, mientras que Guillermo O’Donnell y Philippe Schmitter: Transitions from Authoritarian Rule. Tentative Conclusions About Uncertain Democracies (Johns Hopkins UP, Baltimore, 1986) es un ejemplo del segundo.

  • 3.

En Argentina, se fragmentaron el peronismo y su oposición, que perdió al radicalismo como punto focal, lo que dio lugar a la emergencia de nuevos partidos; en Uruguay, la llegada del Frente Amplio (FA) acabó con el bipartidismo de blancos y colorados. Tanto la facción kirchnerista del peronismo como el FA generarían nuevos ejes de polarización electoral.

  • 4.

Kenneth M. Roberts: Changing Course in Latin America: Party Systems in the Neoliberal Era, Cambridge UP, Cambridge, 2014; David J. Samuels y César Zucco: Partisans, Anti-Partisans, and Non-Partisans: Voting Behavior in Brazil, Cambridge UP, Cambridge, 2018.

  • 5.

M.V. Murillo, Virginia Oliveros y Milan Vaishnav: «Voting for the Left or Governing on the Left?» en S. Levitsky y K. Roberts (eds.): Latin American Left Turn, Johns Hopkins UP, Baltimore, 2011; Nora Lustig: «Desigualdad y política social en América Latina» en Corporación Andina de Fomento (CAF): El desafío del desarrollo in América Latina. Políticas para una región más productiva, integrada e inclusiva, CAF, Caracas, 2020.

  • 6.
  1. Lustig: ob. cit.
  • 7.

Las protestas en Bolivia se relacionan con la desconfianza frente al proceso electoral, porque el presidente Evo Morales ignoró la prohibición de ser reelecto pese a haber convocado y perdido un plebiscito al respecto. Las movilizaciones poselectorales, en conjunto con un motín policial, llevaron a que el ejército «sugiriera» la renuncia presidencial y a que se iniciara un proceso de sucesión no institucional. Nuevas protestas desafiaron la represión militar para pedir una normalización electoral y volvieron a hacerlo en pandemia, hasta la realización de una nueva elección presidencial en la que Morales no fue candidato, pero la fórmula de su partido, encabezada por el ex-ministro Luis Arce Catacora, obtuvo 55% de los votos.

  • 8.

Panorama social de América Latina 2020, Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2021.

  • 9.

Los votantes de menor ingreso y del interior apoyaron a Castillo, y los de mayor ingreso y de la región limeña, a Fujimori. La gobernabilidad será difícil porque Castillo solo cuenta con 28% de los escaños en el Congreso.

  • 10.

Nancy Bermeo: «On Democratic Backsliding» en Journal of Democracy vol. 27 No 1, 1/2016.

  • 11.

El movimiento piquetero nació a mediados de la década de 1990 para organizar a los desempleados y trabajadores informales, y llevó adelante cortes de rutas, ollas populares e incluso el reparto de asignaciones monetarias con diversos tipos de contraprestaciones en trabajo comunitario.

  • 12.

Daniela Campello y C. Zucco: The Volatility Curse, Cambridge UP, Cambridge, 2020; N. Lustig: ob. cit.

  • 13.

Esta caída es, sin embargo, menor que la sufrida en anteriores elecciones de medio término por el partido de gobierno y ocurre en un contexto de crisis sanitaria y sin mejora en los indicadores económicos o de seguridad.

  • 14.

Bukele usó de inmediato el control del Poder Legislativo para reemplazar a cinco jueces de la Corte Suprema con aliados, con lo que logró concentrar aún más poder. Ver Oscar Pocasangre: «Why El Salvador’s Multi-Party System Is on the Brink of Collapse» en El Faro, 24/2/2021 y Jimmy Alvarado, Roxana Lazo y Sergio Arauz: «Bukele usa a la nueva Asamblea para tomar control de la Sala de lo Constitucional y la Fiscalía» en El Faro, 2/5/2021.

  • 15.

Estos datos corresponden a la elección presidencial, y no a las legislativas. V. «La población salvadoreña en las elecciones presidenciales de 2019», Documento de Trabajo No 1/2019, Fundaungo, p. 40, y «4 datos que caracterizan a los electores que votaron por López Obrador» en Expansión, 10/7/2018. En el caso de México, en las elecciones legislativas de 2021 cae el apoyo a Morena entre los jóvenes y los más educados, y se mantiene un menor apoyo entre las mujeres, mientras que sube entre los más pobres. Ver Santiago Rodríguez: «Las grietas de Morena: jóvenes, mujeres y clases medias» en El País, 9/6/2021. 

  • 16.

Recordemos que un proceso judicial que no siguió el debido cauce le impidió presentarse como candidato frente a Bolsonaro y su anulación le permite hacerlo en la próxima elección.

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