Lecciones de la Covid-19. (Lo que aprendimos del Coronavirus)

 “Sólo en épocas de sufrimiento y privaciones se nos muestra qué nos pertenece, qué nos sigue siendo fiel y no puede sernos arrebatado.”

Herman Hesse. El arte del ocio.

Por Álvaro Restrepo Betancur*

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Múltiples, variadas y valiosas son las enseñanzas que, sobre todo en el incierto terreno ontológico, nos va dejando esta pandemia. Lo primero que nos enseña (más preciso sería el término “recuerda”) es que somos finitos, que nuestra existencia es deleznable y efímera. “Seres de un día somos”, es la serena y trágica sentencia de los griegos. Justo: la primera gran lección que nos deja, en tono de advertencia, la Covid-19 es que somos efímeros. Que lo sepan los obsesivos por el poder, los adictos al control. Que lo sepa nuestra decadente sociedad materialista y pragmática, de espaldas a la humanidad y al espíritu, ciega para el pensamiento, sin tiempo (la velocidad y la prisa se lo impiden) para la interioridad y la reflexión.

Para acabar con el falso orgullo humano, el filósofo Claude Lévi–Strauss dijo en su hora una frase sentencial: “El mundo comenzó sin el hombre y terminará sin el hombre”. Por esta época incierta y devastadora de pandemia, he recordado otras expresiones de poetas y filósofos (cantos de sirenas en el insondable mar del espíritu) que nos advierten de nuestra esencial finitud. Nos hablan de esa situación límite que es la muerte (idea nuclear, piedra angular del existencialismo). En el alba del pensamiento, el poeta Píndaro, dando testimonio del sentimiento trágico griego decía (como afirmamos al inicio de esta meditación): “Seres de un día somos”. Otra célebre sentencia es la de Epicuro: “Comamos y bebamos que mañana moriremos” (¡nada más alejado de cualquier concepción vulgar y materialista, como la que puede campear en nuestros tiempos de decadencia!). Y en un tono ecsistenciario, a caballo entre lo poético y lo filosófico, afirmaba Martin Heidegger en Ser y Tiempo: “Desde el momento en que nace, el hombre es demasiado viejo para la muerte”. Nos habla además, en ese grueso, difícil y monumental libro de filosofía (desde esos interminables círculos y rodeos del pensamiento, del lenguaje que vuelve sobre sí mismo) bella y serenamente nos habla de esa “nada viajera” que somos. Y en nuestras tierras, un vikingo de trópico, nuestro poeta don León de Greiff, ese gigante, ese Rey de la Selva poética le canta (con caústico respeto) a la muerte: “Señora muerte que se va llevando / todo lo bueno que en nosotros topa / mientras atrás vamos quedando el resto / gente mísera de tropa”.

Evoquemos igualmente en estos apuntes en torno a esta primera gran lección, la ya clásica, legendaria advertencia de Jorge Manrique (el no menos legendario poeta español) en las Coplas a la muerte de su padre: “Avive el seso y despierte / cómo se nos va la vida / cómo se viene la muerte…tan callando.”

Ciertamente, la actual pandemia nos recuerda (nos advierte más bien) que el hilo entre la vida y la muerte es muy delgado. Y esto es bueno que nos lo recuerde un virus tan incierto, con un gran, aterrador poder de expansión, como el coronavirus, en una época como la nuestra, época de “la estupidez y la locura “ (Umberto Eco), absolutamente demencial, gobernada por los políticos y los empresarios mediocres, decadentes (expresión, en tono nietzscheano, de George Steiner, en su bello libro Lenguaje y silencio) donde, en una obsesión por la producción, lo material y lo útil, se aniquila la vida del espíritu, se vapulea lo humano. Sí. Es saludable que nos lo recuerde, para que nos despojemos de falsos ropajes (“Yo sé qué hay detrás de las ropas”, decía, no menos caústico, el poeta de la democracia Walt Whitmann, y canta asimismo Antonio Machado: “¡Oh calavera vacía! / ¡y pensar que todo era / dentro de ti, calavera!”), para que abandonemos las inhumanas y grises armaduras de la seriedad, para que asumamos (con levedad y alegría, como nietzscheanos danzarines) la vida como lo que es : un juego mágico y maravilloso, único, irrepetible.

“El hombre libre en todo piensa menos en la muerte”, es la sabia advertencia de ese pesimista reflexivo que era Spinoza. Sabiduría es también que aprendamos, como lo revela Marguerite Yourcenar (Memorias de Adriano) a “penetrar en la muerte con los ojos abiertos”. El incierto e inmensurable fenómeno de la muerte (con sus luces y sombras) muestra, devela ese límite (ontológico) al que hace referencia Eugenio Trías en La política y su sombra, sí, precisa nuestros límites y esencial finitud, pero a la vez (en bella paradoja) devela nuestras potencialidades, si se le mira no ya desde lo óntico, desde lo fáctico, es decir, en tanto muerte orgánica, en tanto cesación de la vida, sino desde lo ontológico y metafísico, en tanto muerte humanizada (a la manera de Hegel, a la manera de la “muerte propia” e intransferible de Martin Heidegger, de poetas y escritores como Rainer María Rilke, Bataille, Blanchot, entre otros, a la manera, pues, de esa muerte ec-sistenciaria, constitutiva de la estructura de nuestro ser. Vista desde este horizonte ontológico, la existencia es trascendencia, es una “posibilidad imposible” (M. Heidegger), y en ese sentido somos “seres para la muerte” (otra vez M. Heidegger). La pandemia me ha puesto (nos ha puesto) a pensar y a sentir en este particular e insondable asunto.

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Otra de las grandes enseñanzas tiene que ver con el reconocimiento de que somos esencialmente espíritu (trascendemos, nuestro ser se despliega en la temporalidad). Hegel es el filósofo de la modernidad que nos enseña que el hombre es también espíritu. Esta contingencia, que nos confina al silencio y al refugio en la intimidad personal y familiar, así lo alecciona. Hegel no lo afirmaba en el parcial y parcializado contexto religioso, sino en el más amplio (hondo) sentido humanizante y metafísico. El ser humano se halla (en esta época de afanes materiales) hundido, empobrecido, alienado, casi que aniquilada su subjetividad, en el mundo de la necesidad, ese mundo que Hegel denomina biológico, mundo de la animalidad. Volver, pues, la mirada sobre nuestro ser, navegar en nuestra interioridad, bañar nuestros sentimientos y nuestros pensamientos en las inciertas aguas del silencio, lanzar la mirada al vasto, incierto e insondable horizonte ontológico como una forma de humanizar las relaciones con lo otro y con los otros, como una manera de restituirle un sentido al azar de la vida, allende los pobres y frágiles lazos de posesión y consumo que nos atan al mundo y a las cosas, en una atmósfera asfixiante de vulgar materialismo y consumismo, donde lo único que importa es lo útil y en donde el ser humano es un medio, no un fin (que en realidad debería ser, según el noble ideal kantiano).

En este contexto, es importante el llamado de atención que hiciera el Papa, en los albores de la pandemia, frente a una sociedad líquida, de prisas y afanes, de acelere, en la que, para sus gobernantes y empresarios, lo que realmente importa es la producción. ¿Dónde lo humano? ¿Dónde queda el inconmensurable valor de la humanidad? El drama que hoy vivimos planetariamente, nos lleva a poner el acento en nuestra esencial y fundamental condición espiritual.

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No somos seres aislados. Estamos conectados con el otro y con lo otro. Este es un aprendizaje que surge en esta pandemia, develadora de la existencia de una indisciplina social en casi todos los rincones del planeta. “Nos falta disciplina en casa, en la escuela, en las calles, en el tránsito”, leemos en Cartas a quien pretende enseñar, de Paulo Freire. En nuestro país, esta indisciplina, esta falta de sentido social es aterradora.

En este contexto, son altamente significativas las preguntas que formulaba un científico ambientalista colombiano. “¿Cómo vivimos?” “¿Cómo interactuamos?” “¿Cómo trabajamos?”. Más allá de unas posibles respuestas, lo importante de estos interrogantes está en la invitación para que tomemos conciencia de que, en tanto individuaos, hacemos parte de un ecosistema, somos expresión de una totalidad (socionatural). Ciertamente: hacemos parte de una sociedad y de una naturaleza que nos demandan lazos de compromiso, sin por ello tener que renunciar a nuestra individualidad e identidad. La armonía con el entorno es aquí la gran tarea.

El ser humano es sujeto de derechos y de deberes (lo cual no significa, en una actitud medieval, condicionar el respeto de los derechos al cumplimiento de los deberes) y por lo mismo, debe potenciar y afianzar en su cotidianidad la disciplina social, término tan importante en la pedagogía crítica de Paulo Freire. Esa disciplina (social) no ha de ser entendida desde lo restrictivo, desde lo prohibitivo, ni desde una perspectiva servilista sino desde una conciencia política que luche, en el sentido fuerte y riguroso del término, por la consolidación y materialización de una verdadera, auténtica democracia, en la que todos participemos con criterios de libertad, justicia, igualdad y seguridad. Aquí la escuela (que siempre se ha movido en una concepción restringida y miope de la disciplina, como mero control, como simple obediencia y aconductamiento, sin ninguna mediación desde la reflexión crítica) tiene una gran responsabilidad: formar desde una auténtica y reflexiva educación ciudadana, en el compromiso y la disciplina social.

Tomo prestada una expresión de Umberto Eco: asistimos a una licuación de lo social. Esto lo devela y lo enseña la actual contingencia. Debemos repensar y rescatar la noción de comunidad, salvarla de la crisis a la que se ha sometido por parte de la sociedad líquida emanada de esa oscura, opaca fuente que es la incierta posmodernidad. Leamos, a manera de ilustración, este categórico, contundente título de Umberto Eco (De la estupidez a la locura. 2016): “Con la crisis del concepto de comunidad surge un individualismo desenfrenado, en el que nadie es ya compañero de nadie, sino antagonista del que hay que guardarse. Este ´subjetivismo´ ha minado las bases de la modernidad, la ha vuelto frágil y eso da lugar a una situación en la que, al no haber puntos de referencia, todo se disuelve en una especie de liquidez. Se pierde la certeza del derecho (la magistratura se percibe como enemiga) y las únicas soluciones para el individuo sin puntos de referencia son aparecer sea como sea, aparecer como valor, y el consumismo.” (op.cit.p.10). Y se pregunta el connotado semiólogo, pensador y escritor italiano “¿Hay algún modo de sobrevivir a la liquidez?”. “Lo hay [responde], y consiste justamente en ser conscientes de que vivimos en una sociedad líquida que, para ser entendida y tal vez superada, exige nuevos instrumentos. El problema es que la política y en gran parte la intelligentsia todavía no ha comprendido el alcance del fenómeno.” (Íbid. P.11).

Comprendamos, como señala Eco, el alcance de nuestra actual situación, develada por la pandemia que nos ha tocado en suerte. Hagamos un esfuerzo para cambiar de actitud y de mentalidad. No es con palabras manidas, que suenan a hueco, como esa repetida, pragmática, utilitarista y monótona expresión “reinventarse”. La solución a esta crisis no está en la fraseología ideologizada ni en los medios tecnológicos y virtuales; está más allá, en la mentalidad, en lo esencial, en la vuelta a los referentes y valores de la modernidad que nos hablan de esa dimensión del espíritu, de la humanidad y su dignificación; está en la búsqueda de libertad, justicia, igualdad, equidad y seguridad, tan resquebrajadas, como lo desnuda la pandemia, en nuestros tiempos de decadencia y desesperanza.

Así construiremos comunidad. Así construiremos disciplina social, que no se logra desde lo coercitivo y restrictivo sino desde el formativo horizonte de lo democrático. Así saldremos de la irresponsabilidad, el egoísmo negativo y el nefasto subjetivismo.

Por estos días de pandemia vuelvo al clásico Aristóteles. El hombre es un Zoom Politikon, un animal social o político, dice el estagirita. No puede vivir solo o aislado, como un ermitaño. Sería (dice Aristóteles en su Política) un diablo o un ángel, y no es ninguna de esas cosas. Volver a nuestras más nobles referencias, a nuestras raíces, a los tejidos de nuestra comunidad, esa es la gran tarea. Cito a Antonio Tovar, en el Prólogo de su singular y sugerente libro Vida de Sócrates (1999): “Mas creemos que es para el hombre el mayor enriquecimiento el de convencerle de que cuanto más se corte de sus raíces, cuanto más declaradamente se aísle de sus nutricios culturales, tanto más pierde y de tantas más viejas virtudes se priva. Aquella definición aristotélica de ´animal político´ no quiere decir otra cosa sino que el hombre, en lo que se diferencia esencialmente de los demás animales, es en que nace sujeto a una ciudad; es decir, irremediablemente dentro de una historia.” (op.cit.p.20).

Conciencia de nuestra particular situación social, conciencia de nuestra tradición, de nuestra historia, de nuestras más esenciales referencias es lo que se nos pide en tiempos de pandemia. Raigambre a una comunidad, en tanto seres políticos, en la que somos sujetos de derechos y deberes, es esta una de las grandes lecciones que nos queda. He ahí, entonces, el gran reto: “armonizar con la ciudadanía”, armonizar con nuestro entorno, esa verdadera, auténtica patria, la canettiana provincia. Eso es bueno, es saludable tenerlo presente en este momento de caótica licuación, y de fetichización de la enajenante globalización.

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Cuidar nuestra “casa del ser”, proteger el ecosistema, “armonizar con la naturaleza”, es la otra gran enseñanza que, voz en alto, nos grita esta pandemia. Son muchas las voces que hacen consenso en este aspecto tan urgente y vital. El encierro, el confinamiento al que se ha visto abocada la humanidad le ha permitido un respiro a la naturaleza. Hemos visto, física o virtualmente, a través de las pantallas televisivas, la desprevenida, inopinada presencia de la fauna en el silencio y abandono de las playas y todo tipo de escenarios naturales. El aire de las ciudades se ha visto más limpio y purificado. Todo esto son signos, indicios (un llamado de atención) para que nos comprometamos, de manera radical y decisiva, con el cuidado de la naturaleza y de la vida en todas sus formas. Conscientes de que además de unos derechos humanos, que deben ser defendidos y respetados, también los animales y el mundo, también la naturaleza tienen derechos, como seres sintientes que son. Tejer la convivencia, dialogar, convivir en armonía con el otro y con lo otro es la tarea pendiente. ¿Aprenderemos en verdad la lección? El tiempo, juez imparcial, implacable lo dirá. Lo cierto es que hay que empezar a dar pasos seguros en este sentido. Construir ciudades inteligentes, sostenibles; asumir con inteligencia y lucidez creadora las crisis y los conflictos; abandonar las posturas violentas y de explotación, con respecto a los demás seres humanos y a las cosas es, en una noble, generosa visión cosmopolita (que no globalizada) saberse ciudadano del mundo, habitante de esa nuestra única y común casa que es (utilizo aquí una expresión cara a Heidegger) “la casa del ser “. Cito, en extenso, y sin pretender abusar del amable lector, un revelador y edificante título de George Steiner, en su bella autobiografía intelectual Errata. El examen de una vida (2011): “Todos somos invitados de la vida. Ningún ser humano conoce el significado de su creación, salvo en el sentido más primitivo y biológico. Ningún hombre, ninguna mujer conocen el propósito, si es que posee alguno, la posible significación de su ´arrojamiento´ al misterio de la existencia. ¿Por qué no hay nada? ¿Por qué soy? Somos invitados de este planeta, de un tejido infinitamente complejo y acaso aleatorio de procesos y mutaciones evolutivas que, en innumerables lugares podrían haber sido de otro modo o podrían haber presenciado nuestra extinción. Y hemos resultado ser invitados vandálicos, que asolamos, explotamos y destruimos otros recursos y a otras especies. Estamos convirtiendo en un vertedero de residuos tóxicos este entorno de extraña belleza, intrincadamente organizado, y también el espacio exterior. Por inspirado que sea, el movimiento ecologista, que junto con la reciente sensibilización hacia los derechos de la infancia y de los animales constituye uno de los capítulos más luminosos de este siglo, tal vez haya llegado demasiado tarde.

“Pero incluso el vándalo es un invitado en una casa del ser que no ha construido y cuyo diseño, con todas las connotaciones del término, se le escapa. Ahora debemos aprender a ser mutuamente invitados los unos de los otros en lo que queda de esta herida y superpoblada tierra. Nuestras guerras, nuestras limpiezas étnicas, los arsenales para la matanza que florecen incluso en los Estados más desvalidos son territoriales. Las ideologías y los odios mutuos que éstos generan son territorios de la mente. Los hombres que han asesinado desde siempre los unos a los otros por una franja de tierra, bajo banderas de distintos colores que enarbolan como estandartes, por pequeños matices en sus lenguas o dialectos (…) la historia ha presenciado la interminable aplicación del desprecio recíproco a motivos con frecuencia triviales e irracionales (…) la segregación y el genocidio (…) Los árboles tienen raíces; los hombres y las mujeres piernas. Y con ellas cruzan la barrera de la estulticia delimitada con alambradas, que son las fronteras; con ellas visitan y en ellas habitan entre el resto de la humanidad en calidad de invitados. Hay un personaje fundamental en las leyendas, numerosas en la Biblia, pero también la mitología griega y en otras mitologías: el extranjero en la puerta, el visitante que llama al atardecer tras su viaje. En las fábulas esta llamada es a menudo la de un dios oculto o un emisario divino que pone a prueba nuestra hospitalidad. Quisiera pensar en estos visitantes como en los auténticos seres humanos que debemos proponernos ser, si es que deseamos sobrevivir” (op.cit.p.74 y sgtes).

Bellas, elocuentes, aleccionadoras, edificantes palabras sin duda, surgidas de una mentalidad contemporánea hondamente crítica  y reflexiva como lo es George Steiner. Su pesimismo reflexivo, a la manera de un Spinoza de nuestros tiempos, se pregunta si acaso sea tarde. Es tarde para el hombre, afirmaba (en tono serenamente pesimista) el escritor y poeta colombiano William Ospina. ¿Tendremos una segunda oportunidad sobre tierra?, indaguemos como en un eco macondiano. Construyamos. Démonos esa oportunidad. Hagamos que no sea tarde. Sólo de nuestra marcada decisión depende que no sea tarde. ¡Que así sea!

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Esta pandemia ha desnudado, en el contexto social, otras pandemias. En ello coinciden muchas voces, cuando señalan pandemias como las desigualdades e injusticias sociales, la precariedad en el sistema de salud, la violencia con todos sus matices y oscuras, sombrías tonalidades, marcada por el sistemático y siempre sospechoso asesinato de líderes sociales, y ahora de nuestros niños y jóvenes e  igualmente marcada también por los feminicidios. A estas pandemias se suman otras: la falta de oportunidades y de equidad, la desesperanza, el abandono y el olvido (por parte de un Estado indolente, que se dice, en “la constitución de papel”, social y de derecho) en el que se tiene a la educación en rincones apartados en nuestro país, incluso en las zonas marginales (marrones) de nuestras ciudades, donde los estudiantes carecen de acceso a la virtualidad, a eso que alguien llama “miseria digital”, sí, la precariedad de la virtualidad. Todo esto ha quedado claramente evidenciado. Podríamos, en una enumeración casi sin término, relacionar otras pandemias. Como telón de fondo, unos empresarios y políticos mediocres (a quienes les queda grande el término), más preocupados por la producción que por lo humano, en el no menos sombrío contexto del neoliberalismo o capitalismo salvaje. Igualmente, como telón de fondo, un Estado (el nuestro) limosnero, caritativo, “estimulador del individualismo egoísta y competitivo”, carente (no es su interés) de un proyecto estructural serio que garantice el bienestar y seguridad, y que hoy, por exigencia misma de la pandemia, se siente cómodo, a sus anchas, decretando medidas restrictivas que ojalá, como alertaba en una entrevista televisiva el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, no se nos vayan, dada la debilidad de nuestras democracias, a quedar para siempre. Recordemos, en este contexto del abandono y la pobreza, la cínica y horrorosa afirmación, en estos tiempos de pandemia, de uno de esos políticos y funcionarios mediocres que decía: “la pobreza es una actitud mental”. Con posturas así, con qué moral y autoridad vamos a hablar de Estado social, con qué criterios vamos a hablar de Estado solidario y justo. Tal la retórica de un estado y de una sociedad que, en esta contingencia, ha develado, ha desnudado su ineficacia e indolencia. Su rechazo y estigmatización de un derecho legítimo, constitucional, como las manifestaciones y protestas así lo revela, así lo expresa.

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Pensemos ahora en el lugar de la educación, y específicamente de la escuela, en el contexto de estas nuestras pandemias, ubicados desde lo local y lo mundial. Muchas de estas cosas no sucederían si el estado le diera el verdadero apoyo a ese derecho esencial que es la educación. Muchas de estas cosas no pasarían si, como ha debido ser hace tiempo, la sociedad escuchara a la escuela, atendiera a su labor formativa, y se uniera a sus clamores y necesidades. Pero también es cierto que, insisto, muchas de estas cosas no pasarían, si la escuela se articulara más a lo social, dejando de ser la escuela burbuja, interesada sólo por un pseudoacademicismo. No olvidemos, como lo señala uno de nuestros pedagogos, Marco Raúl Mejía, que el acto pedagógico es esencialmente político, en el sentido fuerte y amplio del término. En este sentido, nos vemos obligados a descubrir tras esta pandemia, una paradoja: la escuela moderna es la escuela feudal, centrada en las posturas tradicionalistas, en el panóptico (la vigilancia, el disciplinamiento y el control). Sí. Está básicamente centrada en el confinamiento disciplinar. Pero además, como se ha afirmado, está obsesionada con su pseudoacademicismo, de espaldas al mundo, omitiendo las nefastas condiciones de la sociedad (el hambre extrema, la corrupción, el desempleo, la desigualdad, la violencia, y otras tantas pandemias como hemos reiterado). Para utilizar un término pandémico, la nuestra es una escuela inmune a los virus sociales. Estimuladora de la desigualdad. Desde la alharaca y el ruido, desde el humillo de la llamada virtualidad lo que se hace es impartir, como lo expresaba al inicio de esta pandemia la Rectora de un colegio rural en este país de sombra, educación tradicional mediada; lo que se hace es trasladar el panóptico físico, presencial, al panóptico tecnológico, virtual. Ya no es el ojo de carne del capataz, del jefe como lo nombra la voz del servilismo, si no el ojo electrónico, la tribu virtualizada del Gran Hermano de Orwell, diríamos con Umberto Eco. Sí. La tribu enjuiciadora que, como si apareciera oculta detrás de un matorral, irrumpe (vigilante, censurante) importunando, impertérrita, el libre y espontáneo quehacer.

Con cinismo, esta escuela se infla, se llena de aire, y se pregona, a todos los vientos, como “escuela nueva”. Esta la escuela feudal, la escuela nueva que no es nueva, con “cambios para no cambiar”, según la expresión del pedagogo español Miguel Fernández Pérez, en su voluminoso e interesante libro Las tareas de la profesión de enseñar, no es nueva, repetimos, porque sus ciegas y tercas posturas se cierran al auténtico cambio que sólo es posible desde lo humano, desde ese vasto horizonte del Espíritu, desde ese vernos “cara acara”, como lo enfatizan pensadores de la talla de Umberto Eco y George Steiner, leyendo, además, y en comunidad, la palabra y el mundo (Paulo Freire), con sus múltiples matices, límites, dificultades, complejidades y retos planteados.

Ahora bien, la denominada virtualidad (teletrabajo que llaman, léase teleactivismo, telepragmatismo, teleexplotación) tiene sus hondas repercusiones en el sentido y la práctica de las protestas, de las justas exigencias en lo social y, específicamente, en lo educacional. En el supuesto de un implemento de la virtualidad, nuestras protestas ya no serían en vivo, en el “cara a cara”, en el contacto humano e inmediato de la resistencia. Sería más bien la opaca teleresistencia, el paro virtual, el simulacro electrónico de la indignación, que nos trae a la memoria otras simulaciones, otros simulacros como las llamadas clases remotas o el simulacro de la democracia y los controles políticos, en las opacas sesiones virtuales del Congreso, que en tales condiciones ya no es el Congreso (¡Oh indigencia!), sí, el simulacro de la indignación, en el asilamiento y el distanciamiento, en el sombrío confinamiento, que puede (¡Oh peligro!) romper los frágiles hilos de nuestra débil, formal democracia; simulacro electrónico de la indignación, sin mayor fuerza, de los inconformes, de los resistentes a la enajenación y a la negación (vulneración) de los derechos humanos. Eso sería como debilitar, borrar, casi que aniquilar la vieja y siempre nueva consigna: “La unión hace la fuerza”, que hemos leído en la obra maestra de Gabriel García Márquez (El coronel no tiene quien le escriba). Los olvidados de la tierra, los condenados a la soledad, al confinamiento del despojo quedarían confinados, ahora en tiempos de pandemia y aislamiento, a esa hórrida mediación virtual (trabajo en casa y teletrabajo) con sus indomables olas de intermitencia. Sí. Separados, aislados, desconectados del presente, de esa fuerza irreductible que es la cotidianidad, el mundo de lo inmediato. Por esta época de pandemia, permanecemos evaporados, borrados, anulados, licuados, diluidos en la mediación.

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Recapitulemos. Esta pandemia ha sido aleccionadora en muchos sentidos. Ha puesto el acento en la finitud y en lo efímero y deleznable de nuestra existencia. Nos ha enseñado además, como hemos dicho, que “no basta con nuestras convicciones existenciales”, pues somos seres sociales. Armonizar, establecer conexiones y sintonías al interior de la duplicidad de la vida privada y la proyección pública, entre la persona y la ciudad, así como entre lo ideal y lo real, asunto éste tan importante al cual hace referencia Eugenio Trías, en su importante y revelador libro La política y su sombra. Cito, a este respecto, al filósofo: “Y es que la inteligencia no se satisface únicamente con las modalidades de realidad que se le presentan. Apuntan también a aquellas posibilidades respecto a las cuales cabe la forma de una construcción de nosotros mismos, o de sintonía entre lo que somos en tanto que personas, la ética correspondiente a esa personalidad, y la proyección de la persona en su relación con la ciudad, de manera que pueda dibujarse el ámbito de una posible filosofía política esclarecida por esta estructura de correlación entre el hombre y la ciudad, para usar los propios términos platónicos. Y en ese doble plano de lo ideal y lo real que puede dar lugar también a referencias utópicas, como sucedió en el renacimiento o entre los socialistas del pasado siglo. Esa duplicidad de lo ideal y lo real es algo que forma parte de nuestra conciencia, como también esta duplicidad de la persona y la ciudad. Sin este componente personal la sociedad se nos derrumba, y la conciencia de sociedad pierde toda su relevancia.” (op.cit.p.p.27-28).

En este contexto, valores como libertad, justicia, igualdad, equidad, solidaridad, seguridad (la cual no debe ser sobrevalorada, pues, como advierte Trías, se podrían aniquilar los otros valores) y cooperación, son de suma importancia. Algunos de ellos son valores e ideales orientadores, reguladores, que nos permiten (si se concretan y materializan) crecer y potenciar en lo personal y en lo social. La actual pandemia ha desnudado serias debilidades y carencias en este sentido, dejando como lección  que debemos mejorar mucho en este aspecto. Desafortunadamente, la realidad así lo muestra, muchos de estos términos están, por así decirlo en palabras de Trías, ensombrecidos, distorsionados y enrarecidos, por una situación de enajenamiento asfixiante.

Repensar, desde el ontológico concepto de límite, desarrollado por el pensador Eugenio Trías, y que nada tiene que ver con lo restrictivo, repensar, digo, desde este concepto la condición humana, a la cual le es (dice el filósofo) inherente, de manera natural y espontánea la conducta inhumana, eso nos puede ayudar mucho en el crecimiento personal y social. Proyectar luz desde esa parte de sombra es la tarea que nos queda en el arduo camino de la humanización. Sólo desde una actitud crítica y reflexiva podemos hacer luces que orienten nuestra marcha, nuestro sinuoso trasegar en la sombría modernidad, tan aniquiladora de los valores e ideales antes señalados. Por ello es importante no sólo mencionar sino rescatar, aquí, el gran valor que tiene actualmente la defensa de la democracia, ese otro sombrío término en nuestra época sombría. La democracia ha devenido palabra hueca, manida, trillada, mero mito, simple formulismo y formalismo. Tenemos que dotarla, desde lo personal y lo colectivo, de sentido; debemos darle contenido, su real significado. No puede seguir siendo, pues, una simple palabra al uso y abuso de las élites para someter al pueblo a “la servidumbre voluntaria”. Sabemos que en la realidad no existe, pero en lo ideal está en vigencia; es una  tarea urgente su conquista; hay que luchar denodadamente, con ímpetu y esfuerzo, para que sea una realidad, para que se materialice. No es hora de predicarla, ni de fundamentarla. Es hora de salir (a las calles) en su defensa, exhortaba en su momento Norberto Bobbio, quien también en su hora había afirmado: “decir que la democracia no existe, no es un argumento en su contra; es un argumento a su favor”. De ello se infiere que debemos comprometernos en su defensa, que es nuestra tarea, como apuntaba este filósofo de la democracia, construirla día a día. Aquí resuena, nuevamente, el eco de la dualidad, de la sintonía entre lo ideal y lo real. Esta conciencia de lo social y de lo democrático (que incluye también el derecho a disentir) nos queda como lección fundamental en estos tiempos de pandemia en que, a través de Decretos excepcionales, hemos visto restringidos algunos de nuestros derechos, como estrategia para contener la expansión del virus. Medidas, muchas de ellas, necesarias sin duda alguna, pero que nos enseñan a valorar la democracia en su real dimensión, y a afirmar el valor de esa fuerza irreductible, lo expreso en el sentido nietzscheano del término, que es la vida, en tiempos de sometimiento del ser humano y de aniquilación de la subjetividad, a través de esa no menos aniquilante obsesión por el trabajo (la producción), ese otro posadánico mito al uso y abuso de la explotación, y la sospechosa, pandémica calidad, otra palabra ideologizada, hueca y sombría, sobre todo si se le mira en los intangibles e inconmensurables términos del conocimiento, el pensamiento y la educación.

El confinamiento nos enseñó que en lugar de calles desiertas, abandonadas por el pánico y el miedo a la pandemia, al “enemigo invisible” que llaman, mejor las calles vivas, agitadas reclamando democracia, haciendo uso del derecho constitucional a la libre asociación y a la huelga. Fue ese el testimonio que dio uno de los líderes estudiantiles del país, en pasadas movilizaciones: “Estamos reclamando democracia”. Y democracia es libertad, justicia, equidad, igualdad y seguridad social. Democracia es oportunidades y respeto, garantía por los derechos humanos. Democracia es la expresión real y concreta de esos ideales a fin de dignificar y humanizar la condición humana. Pero como dice Paulo Freire, en Cartas a quien pretende enseñar, hay que lucharla, conquistarla. Citemos este título de nuestro pedagogo: “No se recibe democracia de regalo. Se lucha por la democracia. No se rompen las amarras que nos impiden ser con una paciencia de buenas maneras sino con el pueblo movilizándose, organizándose, conscientemente crítico.”  (op.cit.p.131). no puede haber palabras más apropiadas, ante una atmósfera creciente de despolitización de la protesta, con expresiones ideologizadas, inhibidoras, como la de “vandalismo”. Con este tipo de lenguaje, lo único que se pretende es legitimar, normalizar y naturalizar el sometimiento y la explotación (la violencia legitimada, oficializada, institucionalizada).

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Concluyo estas provisionales reflexiones en derredor de las lecciones o enseñanzas de la Covid-19, enfatizando en la importancia que debemos conceder a la vida interior.  Este es quizá el mensaje más significativo que nos queda en esta pandemia. Valorar, por encima de las posturas pragmáticas y utilitaristas, el “auténtico y hermoso mundo del espíritu” (Herman Hesse). Valorar asimismo, la vida sencilla. “Seamos más simples. Seamos menos artificiosos”, aleccionaba en su momento David H. Thoureau. Nuestra sociedad, alienada por las carreras, los absurdos afanes, la velocidad y las obsesiones productivas; enajenada por ese otro gran fetiche y mito sombrío que es el trabajo, negada para los vitales y enriquecedores espacios del ocio, esta clase de sociedad tiene mucho que aprender en este sentido si en realidad queremos hablar de cambios y transformaciones profundas que afirmen el sentido de lo humano, que nos blinde contra las acciones o conductas inhumanas que, como señalan tanto Eugenio Trías como George Steiner, amenazan siempre nuestra existencia, pues son inherentes a la condición humana, surgen (en cualquier momento) de manera natral, espontánea. Lo humano y lo inhumano se han manifestado históricamente en un dramático juego  dialéctico. Nuestro deber es luchar para que, sobre esta tierra, predomine lo humano, y en este sentido la vida interior (extraña y rara planta que sólo florece en los insondables horizontes del silencio y la contemplación) debe ganar cada vez más espacios y posibilidades.

No es con palabras huecas, como hemos afirmado antes, no es con discursos opacos, pragmáticos, utilitaristas e ideologizados, no es con palabrejas (antiestéticas, casi grotescas) o términos manidos (que son un cliché) como “reinventarse”, “empoderarse”, “resiliencia”, “proactivo”, “experticia”, y “nueva normalidad”, entre otros; sí, no es con palabras vacías, no es llenándonos la boca con el humillo de estas expresiones, que sólo pretenden mover hacia una existencia productiva, servil, utilitarista, no es con ello que vamos a generar  auténticas transformaciones. Es más bien con un cambio profundo de mentalidad que podemos innovar de manera esencial y radical. Es desde la mentalidad, desde la potencia de nuestra subjetividad (en el sentido fuerte del término), es desde lo esencial que podemos cambiar. La tecnología sólo es un medio. La virtualidad, tan sobrevalorada por estos días, no propicia por sí sola, reales, verdaderas transformaciones. Si no cambiamos nuestras formas y maneras de sentir y de pensar, no habrá en la pospandemia, ningún cambio. Esto sólo surge de un largo proceso, de una paciente y constante lucha que nos lleve a cortar raíces. En lo personal, no creo que haya ningún cambio. Tomo prestada una frase de Umberto Eco: seguiremos habitando el reino  de la estupidez y la locura. La humanidad va, como advertía también en su momento el poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti, hacia el suicidio. En este sentido, prefiero ser pesimista reflexivo en lugar de un optimista ingenuo. Valga recordar, en este contexto, las palabras del periodista del Caribe colombiano Oscar Montes, quien nos dice que “las herramientas no pueden ser más importantes que la esencia” y la esencia, para él, la constituyen los valores, las ideas, los principios que orientan nuestras vidas. Lo importante es el pensamiento, que en ningún momento puede ser reemplazado por una herramienta, llámese móvil o celular, computador o como se quiera denominar. Lo importante es el entendimiento, la comprensión y la reflexión. Estas meditaciones del periodista caribeño acompañan, ilustran este apunte esencial: la vida del pensamiento, verdadera acción al decir de Aristóteles, la vida del espíritu es lo determinante para la construcción de una verdadera transformación y una dignificación de la condición humana. Reitero: es esta una de las grandes lecciones que nos quedan tras esta pandemia, tras esta grave, seria contingencia.

Afirmemos, entonces, que esta contingencia mundial nos pide, nos exige un alto en el camino, a fin de reflexionar y reconducir nuestras vidas. Para ello nos ha puesto de cara a ese (en palabras de George Steiner) “severo examinador que es el silencio”. Abandonar el ruido y el acelere (pandemias de nuestra época) para dedicarnos a la observación, a la contemplación y la reflexión. De ese ruido pandémico y enajenador, nos dice Steiner en Errata. Examen de una vida: “El ruido –industrial, tecnológico, electrónico, amplificado hasta rayar la locura (el ‘delirio’)- es la peste bubónica del populismo capitalista.” (op.cit.p.p.178-179). Volver, pues, a la vida interior, a la intimidad, al espíritu que es libertad (y eso también nos lo ha enseñado Hegel) de la mano del “profundo y ancho silencio”; guiados por “el grande, pesado, paciente e impasible sonido del silencio” (expresiones, todas ellas, que tomo prestadas de Patrick Rothfuss, en su bella novela El temor de un hombre sabio); sí, orientados por esa incierta fuente de donde emana y gravita el pensamiento, por (vuelvo a expresarme en palabras de Rothfuss) “la calma inmensa y resonante del silencio”. Nuestras solitarias meditaciones, nuestras silenciosas y aisladas ensoñaciones nos dictan que hay que mejorar como humanos. El cuidado (acudo aquí a un término caro al pensamiento occidental, que se origina en los griegos, pasando contemporáneamente por Heidegger y por Michel Foucault), el cuidado, digo, es la gran exhortación que nos hace esta pandemia que es la Covid-19 o coronavirus. Autocuidado o cuidado de sí, cuidado de la naturaleza y el entorno social, cuidado de esta nuestra común morada que es “la casa del ser”. Armonizar con la vida en todas sus manifestaciones y expresiones. Tomar conciencia (y aquí soy reiterativo) acerca de que las conductas  inhumanas, siempre presentes en ese drama que es la historia, deben aprovecharse, como sugiere Eugenio Trías en La polítca y su sombra, para mejorar la condición humana, deben ser aprovechadas como fuente de aprendizaje para una mejor convivencia humana. Y en nuestra sociedad colombiana, donde estas irracionales y ciegas conductas proliferan, sí que es necesario. ¿Aprenderemos realmente de estas enseñanzas que nos deja la pandemia? ¿Estaremos a la altura de estas exigencias? Ese otro grave examinador que es el tiempo lo dirá.

 

Referentes

  • FREIRE, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar. ed. 6ª. México: siglo veintiuno. 2000. Traducción de Stella Mastrangelo. pgs. 141
  • HESSE, Hermann. El arte del ocio. ed. 4ª. Barcelona: Planeta. 1981. Traducción por Feliu Formosa y Mireia Bofill. pgs. 332
  • ECO, Umberto. De la estupidez a la locura. Bogotá: Lumen. 2016. Traducción de Helena Lozano Miralles y María Pons Irazazábal. pgs. 497
  • ROTHFUSS, Patrick. El temor de un hombre sabio. ed. 3ª. Barcelona: Plaza y Janés. 2011. Traducción de Gemma Rovira. pgs. 1.197
  • STEINER, George. Errata. El examen de una vida. Barcelona: Siruela. 2011. Traducción de Catalina Martínez Muñoz. pgs. 216
  • ________________________ Lecciones de los maestros. ed. 2ª. Barcelona: Siruela. 2011. Traducción de María Condor. pgs. 187
  • TOVAR, Antonio. Vida de Sócrates. Madrid: Alianza. 1999. pgs. 498
  • TRÍAS, Eugenio. La política y su sombra. Barcelona: Anagrama. 2005. pgs. 163

Por Álvaro Restrepo Betancu, licenciado en Filosofía y Letras. UPB.

Especialista en Cultura Política: Pedagogía de los derechos humanos. UNAULA.

Exprofesor universitario.

Escritor independiente.

Publicado enSociedad
Miércoles, 11 Agosto 2021 05:57

La crisis de una Sudáfrica que se rebela

La crisis de una Sudáfrica que se rebela

Desde el encarcelamiento del ex-presidente Jacob Zuma, ocurrido el 7 de julio, una nueva ola de violentas protestas sacude a Sudáfrica. La crisis actual es el punto culminante de un proceso socioeconómico y político de despojo que se extendió durante dos décadas en Sudáfrica y que ha creado un terreno fértil para la rebelión de numerosos actores sociales.

Desde el encarcelamiento del ex-presidente Jacob Zuma, ocurrido el 7 de julio, una nueva ola de violentas protestas sacudió a Sudáfrica. Como consecuencia de ellas, han muerto hasta ahora más de 200 personas y han sido detenidas casi 2.600. Es posible que el detonante haya sido la detención de Zuma, pero no es la única causa y tampoco es lo que realmente preocupa a la población.

La crisis actual es el punto culminante de un proceso socioeconómico y político de despojo que se extendió durante dos décadas en Sudáfrica y que ha creado un terreno fértil para la rebelión de los desposeídos, de instigadores con motivaciones políticas o de oportunistas. La crisis debe evaluarse en el contexto de este despojo y de la desigualdad que prevalecen ignorando clases y divisiones étnicas y de género, y que han creado un profundo desequilibrio de poder. Estos factores –agravados por el desempleo y la pobreza– impiden que la democracia se desarrolle plenamente en Sudáfrica, e incluso amenazan con desestabilizarla.

Después de casi tres décadas de democracia, Sudáfrica se enfrenta a varias crisis. El modelo sudafricano de sociedad no funciona para la mayoría de la población. En cuanto a la distribución del ingreso, el país tiene un coeficiente de Gini de 0,7, lo que lo convierte en uno de los países con mayor desigualdad. La distribución de la riqueza es aún más desequilibrada y tiene un índice de Gini de 0,95. Se estima que la mitad de la riqueza total está en manos del porcentaje más rico de la población; el 10% más rico posee por lo menos entre 90% y 95% por ciento de la riqueza.

Como consecuencia de la falta de cambios estructurales, la situación económica de Sudáfrica era precaria aun antes de la pandemia. La tasa de desempleo se mantuvo siempre alta; en el cuarto trimestre de 2019 fue de 29,1%. La pobreza está muy extendida. En 2015, 30,4 millones de personas, 55,5% de la población, vivían por debajo del umbral oficial de pobreza. En los hogares manejados por mujeres, la proporción era significativamente mayor que en las familias con un hombre como jefe de hogar. Una cuarta parte de la población, 13,8 millones de personas, vivían en la pobreza extrema y no podía permitirse alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades materiales básicas.

La curva de crecimiento de Sudáfrica ha sido descendente durante más de diez años. Entre 2011 y 2018, el crecimiento económico promedió apenas 1,7%. En 2019, el país entró en recesión por tercera vez desde 1994. Varios factores fueron responsables de esto, incluida la recesión mundial posterior a la crisis financiera mundial, la caída de los precios de las materias primas, la desindustrialización, la captura del Estado (léase: la corrupción sistémica), los recortes presupuestarios, una política macroeconómica restrictiva y la caída de la inversión como resultado del estancamiento económico y el poco confiable suministro eléctrico.

Cada vez más personas encuentran en el Estado un instrumento para el enriquecimiento propio despiadado. Las instituciones estatales son saqueadas y vaciadas. Esta realidad es el caldo de cultivo de la aguda crisis de gobernabilidad en Sudáfrica. La combinación de crisis económicas y políticas está provocando que la confianza en el orden constitucional disminuya cada vez más.

Cuando comenzó la crisis provocada por el coronavirus, Sudáfrica ya estaba en recesión. En abril de 2020, el presidente Cyril Ramaphosa anunció un paquete de rescate concebido para ayudar a trabajadores, empresas y hogares durante la pandemia. El paquete, dotado de fondos superiores a los 30.000 millones de dólares, fue una luz de esperanza para el país, pero esta se apagó rápidamente. Hubo una serie de problemas con la puesta en práctica del programa y para julio de 2021 solo se había ejecutado 41% de las partidas. Es que el presupuesto anual no contemplaba esas erogaciones. El presupuesto complementario de 2020 solo cubrió una parte. La mayoría del paquete de rescate se financió con recursos existentes o fondos extrapresupuestarios. No obstante, el hecho de que se hiciera creer a la ciudadanía que se inyectarían en la economía los 30.000 millones de dólares como dinero en efectivo avivó las violentas protestas. El público tuvo la impresión de que el «estímulo» fue en gran parte saqueado.

En la actualidad, Sudáfrica vive la tercera ola de la pandemia. La mayor parte de las medidas de ayuda ya se han implementado. Mientras el gobierno está apenas comenzando su programa de vacunación, la cantidad de personas infectadas con coronavirus va en aumento. La tercera ola y los confinamientos asociados a esta afectaron a Sudáfrica en un momento en que los sectores más frágiles de la población han sufrido pérdida de ingresos y están sometidos a un enorme agotamiento. En enero de 2021, según una encuesta reciente, 39% de los hogares se quedó sin dinero para comprar alimentos y 17% sufrió hambre con el paso de las semanas. El programa de ayuda pandémica Alivio Social del Sufrimiento (Social Relief of Distress, SRD), una asignación de dinero en efectivo introducida como parte del primer paquete de alivio para adultos desempleados que no reciben ningún otro beneficio social, ha finalizado. Los precios de los alimentos muestran una creciente inflación. Se han interrumpido los programas de alimentación escolar de los que dependen muchos niños y niñas. Debido a los disturbios, los alimentos escasean en algunas zonas.

Se cree que la tercera ola, reforzada por las protestas, provocará una merma de la actividad económica. Después de que el PIB se redujera 7% en 2020, la economía continúa recortando empleos. La tasa de desempleo alcanzó un nivel récord de 32,6%. Es un círculo vicioso: los disturbios generan más crisis, y las crisis, más disturbios.

Para peor, el Ministerio de Finanzas de Sudáfrica insiste en su política de austeridad, defendida por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y gran parte de la prensa empresarial. La sociedad civil critica las duras medidas de austeridad a las que el gobierno sudafricano recurre desde hace varios años para intentar reducir la deuda externa y calmar a las agencias calificadoras de riesgo. Esto se hace fundamentalmente a expensas de los beneficios sociales esenciales y la implementación de los derechos económicos y sociales.

Es probable que el gobierno de Sudáfrica insista en sus planes de consolidación y –como se anunció en febrero de 2021– reduzca el gasto no requerido para el servicio de la deuda en un promedio de 5,2% en términos reales cada año. Los recortes presupuestarios tienen como resultado un menor gasto per cápita y recortes reales en servicios públicos, tales como la atención médica, la educación y la cultura. El presidente declaró hace poco que cualquier nueva medida de emergencia se incluiría dentro del presupuesto existente. En vista de la apremiante necesidad social, que se ve enormemente agravada por la pandemia y ahora también por las violentas protestas, esto es de una enorme irresponsabilidad.

El gobierno sudafricano está pasando de una crisis a otra, pero no está yendo al fondo de las causas políticas y económicas que subyacen a estas crisis. Las disputas internas del partido gobernante, el Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), por ejemplo, son una pesada carga para el país y deben resolverse con determinación. En este contexto, también es necesario un compromiso renovado con la Carta de la Libertad de 1955 y la Constitución de Sudáfrica, que consideran un orden económico más justo como un factor decisivo en la liberación política.

En el corto plazo, el gobierno de Sudáfrica debe garantizar los medios de subsistencia y apoyar la economía. Las medidas de ayuda a empresas, empleados y particulares que han llegado a su fin deben ser renovadas y reajustarse para que estén a la altura de la pandemia y la crisis actual en el país.

Tales medidas no son posibles con la actual política de austeridad. Las políticas de austeridad deben terminar y se deben priorizar los derechos sociales y económicos. Esto debe estar vinculado a una transformación económica efectiva que beneficie a la mayoría de la población. El statu quo de Sudáfrica no puede ser tomado, ni remotamente, como una forma de liberación política.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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París fue el centro de las protestas contra el pasaporte sanitario.. Imagen: EFE

Más de 230 mil personas salieron a las calles

Desde el lunes en adelante será necesario presentar un certificado de vacunación, un test PCR negativo o un certificado de recuperación de la enfermedad para poder acceder a los cafés y restaurantes, salas de espectáculo y ferias profesionales.

 

Más de 230 mil personas salieron a las calles en diferentes ciudades de Francia para protestar en contra de las medidas sanitarias para controlar la propagación de covid-19, como la vacunación obligatoria para el personal sanitario y el pase sanitario (certificado de vacunación o test negativo de coronavirus) para ingresar a cafés, restaurantes, y viajes de larga de distancia en bus, tren o avión.

Las marchas fueron convocadas en más de 150 ciudades de Francia y en total participaron cerca de 237 mil personas. La cifra total supera a las 204 mil personas que salieron a las calles la semana pasada.  En París se movilizaron unos 17 mil manifestantes, según informó el ministerio de Interior. En el departamento de Provenza-Alpes-Costa Azul, en la costa Mediterránea, al menos 37.000 personas se manifestaron en ciudades como Toulon, Niza o Marsella. La mayoría de marchas fueron pacíficas pero en Lyon hubo siete detenidos por lanzar proyectiles. El ministerio de Interior informó de 35 detenidos y siete agentes con heridas leves.

"Macron, no quiero tu pase (sanitario)" y "Macron, no queremos ni verte" fueron algunas de las consignas en el centro de París, en una protesta que contó con "chalecos amarillos" entre los participantes. "El problema con el pase sanitario es que nos lo están imponiendo", lamentaba Alexandre Fourez, un empleado de marketing de 34 años.

Las marchas  vuelven dos días después de la entrada en vigor de gran parte de las medidas. Este jueves el Tribunal Constitucional respaldó la extensión del pase sanitario a más espacios públicos y la obligación de que se vacune el personal sanitario.

A partir del próximo lunes, será necesario presentar un certificado de vacunación, un test PCR negativo o un certificado de recuperación de la enfermedad para poder acceder a los cafés y restaurantes, salas de espectáculo y ferias profesionales. Los empleados de escuelas y universidades, así como los estudiantes universitarios, también deberán tener este certificado que, a partir del 1 de septiembre, será necesario para vuelos domésticos y trenes de larga distancia.

Las medidas impulsadas por Macron buscan apurar la campaña de vacunación que hasta el momento alcanzó a 44 millones de franceses con al menos una dosis (cerca del 66 por ciento de la población) y como una forma de presionar a las personas renuentes a inmunizarse contra la covid-19. Según las autoridades sanitarias el país ya registra más de 120 mil muertes desde el inicio de la pandemia. En las últimas 24 horas hubo 32 muertes y más de 25 mil contagios. Según el sitio web Covid Tracker, actualmente Francia registra una media de 146 ingresos diarios a las Unidades de Cuidades Intensivos.

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Lunes, 02 Agosto 2021 09:29

Perdida en la enfermedad pandémica

Perdida en la enfermedad pandémica

Covid es el virus,

el capitalismo la pandemia y la organización

es la respuesta.

Lo grita el mundo.

Lloro. Por todo y por nada. En la cama boca abajo, en la ducha acurrucada, en los marcos de las puertas y frente al espejo. Yo lloro a lo grande, con quejido, con fuerza abdominal, con mocos, incluso, lloré con un chorro de sangre saliendo por mi nariz, cuando acribillaron a bala a la Minga Indígena en Cali e hirieron a Daniela. 

Siendo una llorona completa, no había tenido nunca miedo de llorar. No es que me guste llorar delante de la gente, y me he arrepentido de mostrar mis bellas lágrimas ante seres poco empáticos, egocéntricos y arrogantes, pero esa incomodidad no se parece ni de cerca al miedo. El temor que sentía al acto de llorar, pasando quizá el cuarto día con el covid-19 en mi cuerpo, me congelaba el alma. 

Quería llorar porque me dolían las caderas y las piernas y nada me quitaba ese terrible dolor, y quería llorar porque estaba sola, y también llorar por no poder llorar. Sentía miedo de no poder respirar si lloraba, miedo de que se me liberara la congestión terrible que se afincó en algún lugar de mi cabeza y eso fuera un mal síntoma, o al menos un mal precedente para la recuperación de una gripa que no tiene nada que ver con la gripa “normal”, porque dura un montón y te manda a la cama diciéndote que ya no eres más dueña de tu cuerpo. Es como un bicho inteligente que aparece y desaparece cuando se le da la gana, que te da tregua en las mañanas, pero te golpea en las noches, cuando todo se pone en calma. 

El Taita Víctor sabe decir que en la noche no hay silencio, porque en su lengua no hay cómo traducir lo que en Occidente es la ausencia de sonido, y pues no, algo siempre esta sonando. Y en la calma, cuando llega la noche, la enfermedad encuentra su momento para revelarse con más fuerza, para decirte ¿Me recuerdas?, soy yo la demonia que viene a mostrarte qué se siente estar viva y muerta al tiempo. 

Así he entendido la enfermedad hasta ahora, como una maestra. Si bien una nunca quiere estar enferma, al cuerpo le hace falta mostrar lo que tiene; sus fortalezas, sus defensas y su vulnerabilidad, Pero, ¿qué tenía que enseñarme el covid-19?

Hasta el momento he tenido una confianza excesiva en mi cuerpo. No acostumbro a tomar fármacos de ninguna índole; ni antibióticos, ni analgésicos, ni antidepresivos, y no como animales. Me considero más o menos saludable, pero después de un año y medio de vivir una vida al revés, el ejercicio desapareció y las rutinas se esfumaron. Con el paro nacional, me olvidé de que estamos en medio de un virus pandémico, me relajé, me descuidé y me puse en ‘bandeja de plata’ para que un bicho que va muy orondo, determinando a quiénes pesca, en efecto nos pescara. 

Tengo una teoría sobre cómo y por qué me contagié, que casa perfecta con la idea de este virus como un artefacto químico y espiritual que nos reveló el colapso del capitalismo como lo conocemos y nos puso en una guerra entre la vida y la muerte, pues tuve un bajón emocional el 18 de junio. Un ataque de pánico que me hizo acostar sobre la tierra para respirar y repetirme frenéticamente que todo estaría bien; así no tuviera casa, así no tuviera plantas, así tuviera un montón de cosas innecesarias, así estuvieran matando gente en los barrios en una larga noche que no cesa, y así el mundo no parara de decirme que por favor parara. 

Mi cuerpo y mi corazón quedaron listos para cualquier cosa inmunda que quisiera apoderarse de ellos. Ocho días después sentí el inicio de una “gripita”, y me eché flores por creer que como siempre, no me había tumbado, sino que se sentía suave y pasaría al otro día. Pero esas jactancias se vinieron abajo cuando cuatro días después me sentí extremadamente ajena en mi propio cuerpo. 

El cerebro estaba tensionado, como un motor a media marcha, completamente bloqueado. La piel hipersensible. Los oídos, raros. La frente, inaguantable. No había tos, no había fiebre. Solo frio. Ganas de llorar, miedo a llorar. Miedo a morirme por darme cuenta de que respirar es un gran privilegio. ¿Qué no intuía esto antes?

La posibilidad de morir siempre me ha rondado la cabeza, pero morirme cuando yo quiera, así que fue inevitable no culparme por pensar en todo lo que podría pasarme si mi cuerpo no respondía, si mi arrogante juventud se veía burlada por este habitante extraño, este otro poseyéndome desde el cerebro, que podía arrancarme la capacidad de decidir, de seguir gestionándome la vida y la muerte. 

Todo el covid es una congestión-contención. Congestión en la nariz, congestión en el pecho, contención de los olores, contención en los gustos. Como un detenimiento, una pausa de miles de microsegundos en el que el mundo para, hacia adentro. Como la tierra misma moviéndose espasmódicamente en este mundo tan desencantado para decirte: ¡Piensa!  Pero, ¿cómo si no encuentro las ideas?

Es también contención de los gobiernos, contención de los recursos, de la información, de la democracia y las libertades. Contención para ver a los otres, contención de tocar a los otres. Construcción de la frontera. Erguimiento de tu cuerpo como un nuevo límite, y por decisión ajena. 

Así lo describió Paul Preciado; tu cuerpo individual como nuevo territorio de una agresiva política de frontera. Todo lo que la humanidad occidental ha ensayado para configurar una biopolítica del poder, ahora adentro de tu cuerpo. Ya lo había experimentado visitando a mis amigas al otro lado de la puerta, dejando cariños y hierbas, pero no había dimensionado la asfixia de la frontera en mi propia nariz y de un aire que respiré únicamente yo por casi quince días, queriendo estar en las calles con las compas para, paradójicamente, derribar fronteras. 

Entonces, la guerra que nos declaró esta enfermedad es energética, orgánica y por ello también es química. Es entre cuerpos, aparatos, entidades y cosas, y el espíritu de todas esas cosas y de todas nosotras, que seguimos resistiendo desde el cuerpo colectivo. 

Yo (el triunfo del biopoder en ese vocablo), tenía que aprender a pedir ayuda. Tenía que activar la cadena de afectos, que es grandísima, llena de fueguitos y colores, cada quien con su propia vibra, pero cada uno y una en su propia presencia… y estar presente yo (de nuevo), así, enferma, demandando cuidado y sintiéndome “carga” porque una voz ancestral me dice que hay que ser productiva, incluso, produciendo la resistencia. Pero no, está bien parar, que pare esta locomotora y que entendamos los ritmos de la vida, en comunidad, en juntanza. 

Gracias a todos y todas las que me cuidaron. 

*Decirle a una mujer que es una perdida es decirle que ha incumplido con todo lo que se esperaba de ella, así que nosotras queremos reivindicar ese perderse de las mujeres, porque han fracturado el molde patriarcal que las acecha. En Relatos de Mujeres Perdidas presentaremos tres narraciones acerca de la experimentación de la enfermedad de la Covid-19. 

A las mujeres se nos ha endilgado la responsabilidad del cuidado y se nos ha remitido al escenario doméstico como jaula, para proveer afectos, comida, medicina y todo lo necesario para la supervivencia de otres y de nosotras mismas. Allí también hemos construido resistencias, saberes, brujerías. ¿Cómo aparecen estas herramientas cuando somos nosotras las que nos enfermamos?

Estas narrativas nos dejarán ver algo de ello. Están hiladas como un tritono disonante y subversivo, figura musical que se ha considerado siniestra desde el Medioevo, y las mujeres que aquí tejen sus historias, se han hecho cada vez más feministas y más siniestras. En sus historias perdidas encontraron algo de conexión con su identidad y potencia, así que aquí está la primera entrega de nuestro sexto tritono. 

 

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Publicado enEdición Nº282
Continúan las protestas en Guatemala contra el presidente y la fiscal general

Las rutas de Guatemala continúan bloqueadas por segundo día consecutivo para exigir la renuncia del presidente Alejandro Giammattei, presuntamente implicado en casos de corrupción,  y de la fiscal general, Consuelo Porras, cuya decisión de destituir al titular de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI), Juan Francisco Sandoval, fue ampliamente rechazada por la sociedad guatemalteca.

"Este Gobierno está lleno de incompetentes, ladrones, corruptos, asesinos. Renuncien ya", expresó uno de los ciudadanos que participó en el bloqueo de una ruta principal en el municipio de Chisec, del departamento norteño de Alta Verapaz, citado por el diario Prensa Libre. Este viernes se registraron manifestaciones en los departamentos de Retalhuleu y Suchitepéquez (sur), Quiché (noroeste) y Alta Verapaz (norte), informó la Dirección General de Protección y Seguridad Vial.

Según consgina el matutino Prensa Libre, pobladores de 20 comunidades se concentraron sobre el puente Carlos Castillo Armas, en el kilómetro 178.5, Santa Cruz Muluá. “Seguimos con nuestra lucha, estamos conscientes que afectamos a una parte de la población, pero es necesario ya no callar más y hacernos escuchar”, expresó uno de los líderes comunitarios al matutino guatemalteco. “La cosecha de este año fue mala, perdimos la mayor parte de nuestros cultivos y seguimos esperando el subsidio que ofrece el gobierno, nos hemos endeudado, pagamos nuestros impuestos, nuestras comunidades han sido olvidadas”, añadió.

Los pobladores luego liberaron el paso del puente y se movilizaron en una multitudinaria caminata. “El pueblo está en las calles exigiendo la renuncia del presidente de la República y de la fiscal general Consuelo Porras, exigimos que sean devueltos los millones que han robado, nos hemos cansado de tanta corrupción”, afirmaron desde el Consejo de Líderes Comunitarios.

En las manifestaciones exigen la renuncia de Giammattei por su presunta implicación en casos de corrupción y por una gestión deficiente para hacer frente a la pandemia de la covid-19 en Guatemala. En Centroamérica es el país que registra el mayor número de muertes por coronavirus con más de 10 mil fallecidos. Hasta el momento el país sólo ha recibido 550 mil dosis de la vacuna.

Mientras que la decisión de la fiscal Porras de destituir a Sandoval también fue rechazada por la población guatemalteca. El exfiscal de la FECI había tenido un papel importante por su trabajo junto a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) que llevó al desmantelamiento de más de 60 estructuras de corrupción del Estado entre 2014 y 2018, incluyendo la captura del expresidente Otto Pérez Molina en 2015. Durante su gestión al frente de la FECI imputó a más de 200 personas entre diputados, ministros, funcionarios, miembros de la élite empresarial y presidentes y expresidentes.

Sandoval, que tras su destitución abandonó el país por temor a su integridad física, aseguró en un rueda de prensa antes de dejar el país, que la fiscal general, Consuelo Porras detuvo y atrasó investigaciones en casos de corrupción que involucran a Giammattei y su gobierno.

Este viernes la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de Guatemala admitió tramitar un amparo presentado por diputados de varias bancadas tras la decisión de Porras de destituir a Sandoval. Los diputados informaron que la CSJ otorgó un plazo de 48 horas al miniserio Público de Porras para que rinda un informe sobre el despido de Sandoval.

Mientras que la repercusión internacional por la destitución de Sandoval suma voces. A través de un comunicado conjunto las embajadas de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Suecia y Suiza acreditadas en Guatemala, y miembros del Grupo de Países Donantes G13, exigieron al gobierno retomar la lucha contra la corrupción y la impunidad. “Lamentamos las acciones de la fiscal general en la reciente destitución del Fiscal Especial Contra la Impunidad. Este hecho se percibe como parte de un patrón de inestabilidad y debilitamiento institucional que afecta el estado de derecho en Guatemala”, afirmaron en el texto.

 “Aquellos que trabajan contra la impunidad y la corrupción tales como la Procuraduría de Derechos Humanos, los fiscales y los jueces independientes, deben gozar del más fuerte apoyo y de todas las garantías y protecciones posibles para poder llevar a cabo su trabajo de forma independiente y eficaz”, agregaron.

Sandoval viajó a Washington tras su destitución y exilio de Guatemala. Este viernes, el abogado se reunió con la subsecretaria de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Julie Chung, quien remarcó la importancia de fortalecer las instituciones y luchar contra la corrupción.

Este jueves la titular del ministerio Público, Consuelo Porras, envío una carta al secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, en la que justificó la destitución del  jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad. Según Porras la decisión de remover a Sandoval de su cargo fue debido a sus reiterados desacatos a las órdenes que se le giraban.  El Departamento de Estado había criticado la decisión de la fiscal general, afirmando que Sandoval era reconocido como campeón anticorrupción

30/07/2021

Publicado enInternacional
Un anciano es trasladado para recibir atención médica en Bangkok, Tailandia.Foto Afp

Las infecciones han aumentado 80% en todas las regiones del mundo en el último mes, señala el organismo

 

Washington. El mundo corre el riesgo de perder los logros alcanzados en la lucha anti-Covid a medida que se propaga la variante delta, pero las vacunas aprobadas aún son eficaces contra la enfermedad, indicó ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos advirtieron que la variante delta es tan transmisible como la varicela y que podría causar una enfermedad grave, según el Washington Post, que cita un documento interno de los CDC.

Las infecciones por Covid-19 han aumentado en 80 por ciento en las últimas cuatro semanas en la mayoría de las regiones del mundo, informó el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Las muertes en África –donde sólo 1.5 por ciento de la población está inoculada– se incrementaron 80 por ciento en el mismo periodo.

"Los logros alcanzados con mucho esfuerzo están en peligro o se están perdiendo, y los sistemas sanitarios de muchos países se están viendo desbordados", informó Adhanom Ghebreyesus en una conferencia de prensa.

La variante delta se ha detectado en 132 países, convirtiéndose en la dominante en el mundo, de acuerdo con la OMS.

"Las vacunas aprobadas por la OMS proporcionan una protección significativa contra la enfermedad grave y la hospitalización de todas las variantes, incluida delta", sostuvo el principal experto en emergencias de la OMS, Mike Ryan.

Maria van Kerkhove, directora técnica de la OMS para el Covid-19, declaró que delta es aproximadamente 50 por ciento más transmisible que las variantes ancestrales del SARS-CoV-2, identificado por primera vez en China a finales de 2019.

Algunos países han informado de un aumento de las tasas de hospitalización, pero no se han registrado tasas de mortalidad más elevadas por la variante delta, agregó.

Por otra parte, una serie de diapositivas de los CDC subrayaron que "la guerra cambió" a causa de delta. La directora de los CDC, Rochelle Walenksy, citó esta presentación esta semana para justificar el retorno al uso de mascarillas en lugares de alto riesgo.

Los CDC publicaron un informe preliminar sobre un evento de sobrepropagación en Massachusetts, en el cual casi las tres cuartas partes de las personas que asistieron a diversos actos públicos estaban vacunadas.

Una de sus conclusiones más relevantes es que los brotes en vacunados son altamente contagiosos, según datos que provienen de estudios anteriores y del análisis del brote por delta en Provincetown, Massachusetts.

Los expertos se apoyan en un número denominado "umbral del ciclo" (CT), que indica cuánta carga viral tiene una persona. Cuanto menor es el número, mayor es la carga. En Provincetown "no hubo diferencia en los valores medios de CT en los casos de vacunados y no vacunados", indicó el texto.

Otro documento interno indicó que delta era aproximadamente tan transmisible como la varicela, mientras que una variante temprana estaba más cerca del resfriado común. Además indica que podría causar una enfermedad más severa.

La agencia de salud señaló que los no vacunados tienen tres veces más probabilidades de infectarse y más de 10 veces de probabilidad de enfermar gravemente o morir por dicha mutación.

Es muy probable que la protección que ofrecen las vacunas y la enfermedad potencialmente grave disminuyan con el tiempo, por lo que las campañas de inmunización continuarán durante los próximos años, indicaron científicos al grupo consultivo del gobierno británico.

Las personas que no han sido vacunadas representan al menos 85 por ciento de los hospitalizados en Francia y 78 por ciento de los decesos a causa del virus.

Un viajero proveniente de Perú que no cumplió el aislamiento obligatorio a su llegada a Argentina, y que era portador de la variante delta, contagió al menos a 13 personas en Córdoba, donde además fueron aisladas 160 personas con las que tuvo contacto.

El Salvador inició la inmunización de los mayores de 12 años y embarazadas desde las 16 semanas de gestación, en momentos en que el país reporta un incremento de contagios y fallecidos por la enfermedad.

"El más extenso contagio desde Wuhan". Así es como los medios estatales en China describen un nuevo brote debido a delta que se detectó por primera vez en la ciudad china de Najing y que se ha propagado a cinco provincias y Pekín.

Australia desplegó cientos de efectivos del ejército para hacer cumplir la cuarentena en Sídney.

La pandemia ha dejado en el mundo 197 millones 228 mil 998 casos confirmados y 4 millones 206 mil 208 fallecidos, de acuerdo con la Universidad Johns Hopkins.

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Sábado, 31 Julio 2021 06:20

Inédito aumento de remesas

Inédito aumento de remesas

Las medidas para reducir el riesgo de contagio de Covid-19 en términos positivos implica reconocer que 11.1 por ciento de los trabajos del sector salud de la Unión Europea fueron realizados por migrantes, y que en Estados Unidos la fuerza laboral migrante en sectores esenciales fue mayor; durante 2020 representó más de 16 por ciento en el sector salud, 19.8 por ciento del sector agrícola y 11.7 en manufactura de alimentos. Paralelamente, los impactos negativos de la pandemia no sólo afectaron la actividad económica, sino que también la migración y las remesas internacionales. Las afectaciones incluyeron la postergación de migraciones planeadas, el cierre de fronteras de los países de origen, tránsito y destino y la interrupción o ralentización de trámites migratorios.

Los protocolos anunciados en enero de 2019 por la administración de Donald Trump, conocidos como Quédate en México, restricciones que afectaron el flujo de migrantes e hicieron que más de 71 mil personas tuvieran que permanecer en México para culminar su trámite de asilo, concentrándose en las principales ciudades fronterizas del lado mexicano. Fue hasta el presente año cuando el presidente Joe Biden acabó con esos protocolos.

En abril de 2020 el número de aprehensiones e inadmisiones llegó a su menor nivel desde abril de 2017, expresión directa del flujo migratororio. Los migrantes mexicanos padecieron los efectos de la crisis sanitaria, tanto en términos de salud (3 mil 384 fallecimientos por Covid-19) como económicos, al alcanzar una tasa de desempleo de 17 por ciento en abril de 2020.

Uno de los asuntos trascendentes de la migración internacional son los dineros que los migrantes envían a los familiares que residen en su país de origen. Se conocen como remesas y pueden llegar a ser fundamentales para el sostén de una familia y amplian sus vínculos sociales, pero además pueden generar dependencia económica de alcance local y nacional cuando representan un porcentaje alto del producto interno bruto. De ahí la importancia de estudiar los montos, las condiciones de su transferencia y el uso que se dé a estos recursos.

Debido al Covid-19 se vio disminuido el volumen de las remesas en diversos países. La estimación global es que de 2020 a 2021 los envíos disminuirán alrededor de 7 por ciento respecto de 2019, sería la caída más grande desde 1970. Sin embargo, en América Latina y el Caribe las remesas sólo se contrajeron 0.2 por ciento en 2020.

El Banco Mundial estima que en 2020 una cuarta parte de las remesas del mundo llegaron a India, China y México, y otra cuarta parte se dirigió a otros 7 países. En uno de cada 10 países crecieron las remesas; México, Pakistán y Bangladesh, entre ellos.

El aumento de remesas en México es una tendencia que lleva más de una década. Los hogares receptores aumentaron 3.6 por ciento en 2010 y 5.1 por ciento en 2020. Desde 2003 el país presenta una dependencia de remesas nunca vista, equivalente a 3.8 por ciento del PIB. En 2020 llegaron a su máximo histórico al alcanzar 40.6 mil millones de dólares, lo que representa un incremento de 11.4 por ciento a tasa anual. Noventa y uno y medio por ciento provinieron de Estados Unidos, 98.9 por ciento se enviaron vía transferencia electrónica. Para este año se estima que las remesas aumentarán 21.7 por ciento, llegarán a los 49 mil 400 millones de dólares a fines de 2021.

Algunas de las hipótesis que buscan explicar el comportamiento ascendente de las remesas mexicanas apuntan al tipo de cambio con la moneda estadunidense y a la necesidad de repatriar ahorros, a que algunos migrantes ya retirados piensan regresar al país y otros decidieron retornar ante el Covid-19. También se llega a afirmar que se debe al aumento del empleo relacionado con el mayor acceso de migrantes a la seguridad social en Estados Unidos. Y para otros es reflejo de la recuperación de la economía en el país del norte, por los estímulos fiscales brindados durante la pandemia.

La información de esta co­laboración se toma del Anuario de migración y remesas México 2021, presentado el pasado 14 de julio; un esfuerzo entre la Secretaría General del Consejo Nacional de Población (Conapo), la Fundación BBVA y BBVA Research. En esta ocasión, los textos hacen énfasis en los efectos de la pandemia por el COVID-19: un panorama de la migración global y de la población estudiantil internacional; perfil sociodemográfico de la migración mexicana contemporánea y de la población residente nacida en el extranjero, la inmigrante reciente, la de migración circular, en tránsito con origen en otros países, así como en refugio. Se abordan las condiciones de salud relacionadas con la pandemia de la población mexicana en Estados Unidos, así como un acercamiento a la migración internacional de niños y adolescentes. Finalmente, se analiza la variación de las remesas y se incluye un perfil estadístico sobre migración y remesas para cada una de las entidades del país. La publicación completa se puede consultar en https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/653479/Anuario_Migracion_y_Remesas_2021.pdf

Gabriela Rodríguez, Secretaria general del Consejo Nacional de Población

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Deberían escuelas ser las "últimas en cerrar y las primeras en abrir": Unicef

Al menos un tercio de los menores en edad escolar no tienen condiciones de acceso al aprendizaje a distancia en regiones como América Latina, Asia y África. En total, 600 millones de niños y adolescentes aún se ven afectados por el cierre de las escuelas, advierte el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en un nuevo llamado a abrir los centros escolares.

En la región, advierte, 18 países y territorios mantienen los cierres totales o parciales, aunque reconoce que los gobiernos enfrentan una "disyuntiva imposible: cerrar sus comunidades o ayudar a facilitar la propagación masiva de una enfermedad peligrosa".

Sin embargo, subraya, las escuelas deberían ser las "últimas en cerrar y las primeras en abrir" y los planteles de primaria y secundaria "no están entre las principales impulsoras de la transmisión".

Por ello, el organismo multinacional instó a los estados miembros a aplicar diversas medidas, entre ellas abrir los centros de enseñanza “lo antes posible, y su reapertura no ha de depender de la vacunación de todos los profesores y alumnos.

"La vacunación de los trabajadores de primera línea y de quienes corren más riesgo de sufrir enfermedades graves y de morir continuará siendo una prioridad".

Pide a los gobiernos y los donantes garantizar los presupuestos destinados a la educación, pues –destaca– en la medida en que las escuelas vuelven a abrir sus puertas, "es necesario ampliar el número de niños matriculados e incluir a los que no asistían a clase antes de la pandemia de Covid-19".

Esta acción, afirma, puede realizarse eliminando las barreras financieras, proporcionando recursos de aprendizaje, ajustando los requisitos de inscripción y ofreciendo programas flexibles, tanto en los planteles como en los programas no formales, y advierte que matricular a todos los nuevos alumnos en la escuela, independientemente de su edad, "es una estrategia clave".

 

No se inscribieron 5.2 millones de alumnos: Inegi

 

En su Encuesta para la Medición del Impacto Covid-19 en la Educación (Ecovid-ED), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) estimó que al menos 5.2 millones de alumnos de tres a 29 años no se inscribieron en el ciclo escolar 2020-2021 debido a la pandemia de Covid-19 y por la falta de recursos. De ellos, 2.5 millones son mujeres.

Agrega que entre la población de seis a 12 años, en edad de cursar la primaria, 217 mil estudiantes abandonaron las aulas por la pandemia, 50 mil más por falta de dinero o recursos y 258 mil por otras razones.

Entre los adolescentes de 13 a 15 años que cursaban la secundaria, 306 mil dejaron de ir a clases por el Covid-19, 71 mil por falta de dinero o recursos, 37 mil porque debían trabajar y 285 mil por otras razones.

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El negocio de las vacunas: Pfizer ganó 10.440 millones de dólares en seis meses

Pfizer anunció este miércoles una ganancia récord impulsado por las vacunas anticovid. El avance de la variante delta y la posibilidad de inocular una tercera dosis de la vacuna sube aún más las expectativas a futuro. Mientras el mundo atraviesa una grave crisis económica, social y sanitaria, los grandes laboratorios suman ganancias millonarias en base a aportes y contratos anticipados de los Estados, y el lobby para evitar que se liberen las patentes.

 

La farmacéutica Pfizer anunció este miércoles que ha obtenido un beneficio neto de 10.440 millones de dólares en el primer semestre de 2021, un 53 % más respecto al mismo tramo del año pasado, impulsada por su vacuna contra la covid-19 que desarrolló junto a la alemana BioNTech, y además mejoró sus previsiones de negocio.

Con la variante delta aumentando los contagios en Asia y Europa, las farmacéuticas especulan con vender millones de dosis extra a medida que algunos países evalúan una tercera inoculación de la vacuna, mientras que gran parte de los países más pobres aún no avanzaron con la primera dosis.

Pfizer reveló que su facturación en los primeros seis meses de 2021 ascendió a 33.559 millones, un 68 % más interanual, por las ventas de la vacuna anticovid en el segundo y más reciente trimestre.

"El segundo trimestre ha sido extraordinario de varias maneras. Más visiblemente, la velocidad y eficiencia de nuestros esfuerzos con BioNTech para ayudar a vacunar al mundo contra la covid-19 no tienen precedentes, y se han distribuido más de 1.000 millones de dosis de BNT162b2 globalmente", señaló su máximo ejecutivo, Albert Bourla.

De acuerdo con el desglose de sus cuentas, en el segundo trimestre Pfizer logró 7.800 millones en ventas directas e ingresos conjuntos de la vacuna contra el coronavirus, un buen resultado que ha llevado a la firma a revisar al alza sus estimaciones para el conjunto del año.

La compañía anticipa ingresar este año 33.500 millones de dólares solo gracias a la vacuna, atribuibles a las 2.100 millones de dosis que se ha comprometido a entregar según sus contratos firmados hasta mitad de julio.

"Según las proyecciones actuales, Pfizer y BioNTech esperan fabricar en total hasta 3.000 millones de dosis hasta finales de diciembre de 2021, sujetas a procesos continuados de mejora, a la expansión de sus instalaciones actuales y a la suma de nuevos suministradores y fabricantes contratados", sostiene la nota.

En las previsiones del conjunto de la empresa para 2021, Pfizer ha elevado sus estimaciones de ingreso hasta un rango entre 78.000 y 80.000 millones, notablemente superior a los 72.500 millones que manejaba antes.

El negocio del Covid

A Pfizer y el resto de las farmacéuticas no les importa el efecto devastador de la pandemia sino las ganancias que se pueden asegurar. Para esto cuentas con tres armas infalibles: la financiación estatal, las compras anticipadas y el bloqueo de la liberación de patentes.

El conglomerado Pfizer/BioNTech recibió un 13% de subsidios del Estado Alemán para la investigación y desarrollo de la vacuna. El 50% del total que los subsidios que el estado alemán destinó a los laboratorios fue a parar al desarrollo de la Pfizer. Unos 400 millones de dólares del total de los 3.000 millones invertidos por la empresa.

Si bien este número puede parecer bajo, incluso en relación al financiamiento estatal (es decir pagado con los aportes de los aportes e impuestos de la población de esos países) de otras vacunas, Pfizer logró contratos millonarios por anticipado, empezando por Estados Unidos.

Ese país fue uno de los que más impactó en el negocio y las ganancias de Pfizer. Antes de saber siquiera si la vacuna sería efectiva o no, Estados Unidos había comprometido en compras por anticipado $2.000 millones por las primeras 100 millones de dosis. A este contrato le siguieron las sucesivas aprobaciones de otras regiones, como Reino Unido o la Unión Europea, también vinculadas a programas de compras masivas.

Es decir, su inversión estaba 100% asegurada incluso antes de conocer su efectividad. Además, a estos contratos de compra por anticipado se puede sumar el financiamiento de deuda privada, como sucedió con la UE y BioNTech, por 100 millones de euros.

Por último, los grandes laboratorios y farmacéuticas cuentan con una tercera carta que les garantiza sus ganancias, incluso cuando esto significa retrasar la vacunación para gran parte del mundo. Se trata de la negativa de la Organización Mundial de Comercio a liberar la patentes de las vacunas. Este pedido, solicitado por India y Sudáfrica el año pasado fue desestimado primero y luego enviado a una comisión y nunca prosperó.

La liberación de las patentes permitiría la producción masiva de vacunas en todos los laboratorios del mundo que estén en condiciones de hacerlo y por lo tanto un aceleramiento de la vacunación en todo el planeta. Pero esto no ocurre por la presión ejercida por las empresas del llamado Big Pharma, que han ganado la pulseada aún cuando eso significa no solo un faltante de vacunas a nivel mundial sino la aparición de nuevas variantes más contagiosas como la actual variante delta.

Esto hizo que hasta ahora el 75% de las vacunas producidas se administraran en apenas 10 países, mientras que el 1% de las personas de los países con menores ingresos han recibido solo una dosis (y el 99% nada), lo que ya ha provocado el surgimiento de variantes como la delta.

Mientas que los empresarios farmacéuticos ven en las nuevas variantes del virus la posibilidad de aumentar aún más sus ganancias con una tercera dosis, esto genera un nuevo desabastecimiento al renovarse el circulo vicioso por el que las principales potencias comienzan a acaparar más vacunas. Esto permite que en los países en los que la vacunación es baja o inexistente la alta circulación del virus pueda provocar nuevas mutaciones que terminen por volver obsoletas a algunas de las vacunas actuales.

La irracionalidad capitalista, que pone por delante las ganancias por sobre la vida de millones de personas en todo el mundo, no solo es responsable por la administración desastrosa de la pandemia, sino por la lentitud en la vacunación al privilegiar el negocio de los laboratorios y no liberar las patentes.

Juan Andrés Gallardo@juanagallardo1

Miércoles 28 de julio | 11:41

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El costo humano de los juegos olímpicos bajo la pandemia

La pesadilla que muchos responsables médicos temían sobre los Juegos Olímpicos, se viene cumpliendo, tal como lo predijeron también muchos responsables médicos.

Se necesitaría una hoja de cálculo Excel para enumerar todos los casos de Covid-19 que ya están afectando los Juegos, incluso dentro de la villa olímpica. Y hemos podido apreciar la triste indiferencia del presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, ante la posibilidad de que el virus perturbe los Juegos o infecte a la población vulnerable de Tokio. La doctora Annie Sparrow resumió la opinión de muchos expertos reducidos al silencio en un tuit: «Sólo palabras y nada de acción». Sobre el COI, Annie Sparrow dijo: «en todo el proceso, la ciencia ha sido ignorada».

Esta «indiferencia» pone en peligro vidas humanas no sólo dentro del recinto olímpico, sino también fuera de él. Según las estadísticas del gobierno, sólo el 22% de la población japonesa está totalmente vacunada. A medida que se acerca la ceremonia de inauguración de Tokio 2020, el viernes 23 de julio, los niveles de Covid en la ciudad anfitriona siguen aumentando en lo que constituye una quinta oleada, agravada por la invasión de la cepa Delta, altamente transmisible. Las olimpiadas son sumamente impopulares en el área metropolitana de Tokio, de 37 millones de habitantes,  por una muy buena razón: podrían provocar una cantidad de muertes y enfermos totalmente evitables.

Mientras tanto, para esquivar los llamados a la anulación de los Juegos, Thomas Bach utilizó a los atletas participantes en las Olimpiadas como escudos humanos: «El COI no abandonará nunca a los atletas, si hubiéramos anulado los Juegos habríamos perdido a toda una generación de deportistas. Por lo tanto, para nosotros, la cancelación  no era realmente una opción». Sin embargo, muchos atletas ya quedaron «perdidos» para estos juegos por culpa del Covid, entre ellos un miembro del equipo de gimnasia de Estados Unidos, la estrella del tenis Coco Gauff y varios jugadores de básquetbol estadounidenses, entre los cuales las estrellas Bradley Beal y Zach Lavine. Y no hablemos de la pérdida de vidas que podría producirse en Tokio después de que los 80.000 «invitados» olímpicos hayan vuelto a sus casas y que las lentejuelas y oropeles hayan sido barridos.

Por una parte, Thomas Bach admitió que, con respecto al Covid, «no alcanzaremos el 100% de eficacia». Eso sería poner el nivel demasiado alto. El asombro de los responsables médicos y de los defensores del sentido común fue grande cuando afirmó que el riesgo de que un atleta que haya contraído el virus lo transmita a otros en la villa olímpica o en otras partes del país es «nulo».

Thomas Bach añadió: «Estamos convencidos de que una vez que el pueblo japonés vea a los atletas japoneses desempeñarse en estas Olimpiadas, la actitud va a ser menos agresiva.» En otras palabras, es probable que algunas

personas tengan que sacrificar su salud -y tal vez incluso su vida-, pero los Juegos deben continuar.

El COI insiste en que su papel es «celebrar a los atletas» y dice que los pone en primer lugar. Pero la realización de los Juegos Olímpicos durante una pandemia sanitaria mundial los deja en último lugar. Como un loro ensayando para el «Día de la Marmota» [una comedia fantástica de Harold Ramis, 1993, también llamada «El hechizo del tiempo»], el COI dice que los Juegos Olímpicos de Tokio son «seguros». Que se lo digan a los futbolistas sudafricanos que dieron positivo por coronavirus en la villa olímpica. O a las 71 personas -atletas o miembros de delegaciones olímpicas [87 oficialmente el 21 de julio]- a las que se les diagnosticó el virus desde que aterrizaron.

El COI es responsable de poner en peligro la vida de los participantes en los Juegos. Sólo el COI tiene la facultad de cancelar los Juegos, gracias al contrato leonino firmado con la ciudad anfitriona. Thomas Bach dijo: «Lo que hará que estos Juegos sean históricos es la demostración de que pueden celebrarse con seguridad, incluso en las circunstancias planteadas por esta pandemia».

Decir que esto suena a hueco para los japoneses es quedarse muy corto. Satoko Itani, profesora de la Universidad de Kansai (Japón), declaró a The Nation: «Estoy muy preocupada por el desastre que estos Juegos Olímpicos ya han provocado en la sociedad japonesa. Todas las pruebas circunstanciales sugieren que, por ser Japón el país anfitrión de los Juegos Olímpicos, el gobierno minimizó la gravedad de esta pandemia y por lo tanto, no logró frenar la propagación del virus cuando tenía la posibilidad de hacerlo, lo que ya ha causado demasiadas muertes. Ahora, la población japonesa observa cada día nuevos casos de Covid-19 relacionados con los visitantes olímpicos. También estamos viendo que la llamada «burbuja» olímpica no funciona. Estoy consternada. Tokio 2020 está poniendo en peligro vidas humanas porque propaga el virus y porque absorbe los recursos públicos que necesitamos desesperadamente para recuperarnos de la pandemia y de otras catástrofes naturales que tienen lugar con frecuencia en nuestro país.» [Por no mencionar la política gubernamental que multiplica los esfuerzos, pero son esfuerzos para ocultar los efectos aún muy presentes de la catástrofe de Fukushima, como ilustran los documentales emitidos en el canal franco alemán Arte – Nota de A l’encontre].

Los Juegos de Tokio tendrían que servir de advertencia a los anfitriones olímpicos de todo el mundo. Los Juegos no sólo llamaron la atención sobre los problemas olímpicos endémicos (los gastos, el desplazamiento de los habitantes populares, la militarización del espacio público y el «greenwashing»), sino que también pusieron de manifiesto la supresión de toda ética por parte de la banda itinerante de los barones del deporte que dirige el COI y la corrupción, tanto legal como ilegal, permitida por ese grupo. Con la organización de los Juegos, el COI le demuestra al mundo entero el carácter microscópico de su ética.

Satoko Itani, refiriéndose a Thomas Bach, refleja un amplio sentimiento en Japón cuando dice: «La gente aquí estaba furiosa por su arrogancia y su negligencia. Lo que resulta particularmente chocante es que fue a Hiroshima y a Nagasaki sin respetar un periodo de cuarentena de dos semanas, pese a la oposición de los hibakusha [sobrevivientes de las bombas atómicas lanzadas por EE.UU. en Hiroshima y Nagasaki]. No quieren que su experiencia sea utilizada para «pacificar» los Juegos Olímpicos. Si Bach quiere de verdad crear un mundo pacífico, debe empezar por escuchar a la gente. El hecho de imponer su propia voluntad a alguien o de hablar sin conocer lo que siente profundamente la gente no es más que lo contrario de cualquier pacificación».

Lejos de ser un acto de «pacificación», se trata de un probable caso de contagio masivo que puede afectar a una población que, en su mayoría, no está vacunada. No es un acto de paz. Es un acto de guerra. (Artículo publicado en The Nation, 21-7-2021 https://www.thenation.com/)

 

Por Dave Zirin, Jules Boykoff | 28/07/2021

Dave Zirin es redactor responsable de deportes en The Nation y es también autor de varios libros, entre los que podemos citar Game Over: How Politics Has Turned the Sports World Upside Down (The New Press, 2013).

Jules Boykoff es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad del Pacífico en Oregón. Ha publicado cuatro libros, el más reciente es NOlympians: Inside the Fight Against Capitalist Mega-Sports in Los Angeles, Tokyo (Fernwood Publishing, abril 2020)

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