Luis Arce deroga la ley antilavado que motivó paros y protestas en Bolivia

El presidente argumentó que "el país no quiere más zozobra e incertidumbre"

La dirigencia de derecha, encabezada por Luis Fernando Camacho, se atribuyó una victoria y confirmó su intención de continuar con la medida de fuerza pese al anuncio.

El presidente de Bolivia, Luis Arce, anunció la derogación de la ley antilavado que motivó un paro, marchas y bloqueos en algunas regiones del país por parte de gremios y comités cívicos y confió en que desde el lunes la situación se normalice. En una conferencia de prensa desde la sede de gobierno, el presidente dio a conocer la decisión porque "el país no quiere más zozobra e incertidumbre innecesariamente". La dirigencia de derecha que está detrás del paro, encabezada por Luis Fernando Camacho, se atribuyó una victoria y confirmó su intención de continuar con la medida de fuerza pese al anuncio.

"Escuchando las demandas del pueblo boliviano, las demandas sectoriales, hemos tomado la decisión de abrogar la Ley 1386 a objeto de, primero, allanar el camino para que no exista el mayor pretexto para seguir enlutando, para seguir maltratando, para seguir paralizando nuestra economía", dijo Arce. El gobierno boliviano mantuvo el sábado un diálogo con algunos sectores con el fin de desarticular las movilizaciones iniciadas el lunes por comerciantes informales, transportistas, comités cívicos y plataformas ciudadanas contra la ley de Estrategia Nacional de Lucha contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas y el Financiamiento al Terrorismo.

Según Arce, los transportistas y comerciantes informales que cumplieron la huelga "se han visto perjudicados en sus ingresos" y sostuvo que el Ejecutivo tiene que velar por que la economía continúe recuperándose. "Lo que ha pasado está generando miedo, zozobra e incertidumbre innecesariamente en el país producto de que hay sectores que tienen otros intereses más allá de los que marcan las necesidades e inquietudes de los sectores sociales", insistió.

"Movilización permanente"

Al participar este domingo de un multitudinario evento en la localidad altiplánica de Peñas para conmemorar los 240 años de la muerte de Tupac Katari, quien lideró las rebeliones indígenas contra la colonia española, Arce le pidió a la militancia del MAS una "movilización permanente" contra el "enemigo". El mandatario destacó a Katari como un "estratega" que "sabía cuándo avanzar, cuándo detenerse, cuándo ir al ataque y cuándo ir a la defensiva", algo que han "heredado" y siguen aplicando porque "la  "resistencia indígena continúa y no es en vano".

Por su parte el expresidente Evo Morales respaldó la decisión del gobierno: "Saludamos la decisión de nuestro hermano presidente de abrogar la Ley 1386 junto a las organizaciones sociales que son la base del Proceso de Cambio", escribió Morales en Twitter. "Nuestra política es gobernar obedeciendo al pueblo y proteger la vida y la economía ante los aprestos golpistas", agregó Morales, quien fue derrocado en un golpe de Estado en 2019, se exilió en Argentina y retornó a Bolivia tras la asunción de Arce en 2020.

La derecha festeja y pide mantener el paro

En el otro extremo el presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, Rómulo Calvo, manifestó en redes sociales que la "lucha de unidad ha comenzado a dar sus frutos" pero no ha terminado, por lo que pidió a los movilizados en esa región mantener "los puntos de bloqueo". Este sector se reunirá con otros movilizados en las próximas horas para analizar el anuncio presidencial y tomar nuevas definiciones.

En tanto el gobernador cruceño, Luis Fernando Camacho, uno de los principales impulsores del golpe contra Morales, se atribuyó un triunfo por la derogación de la ley. "Luis Arce quiso camuflar su derrota y dijo que "decidió" abrogar la ley 1386. Falso, no decidió nada, lo hizo porque el pueblo movilizado lo exigió. No tenía opción. Fin del comunicado", señaló por Twitter.

La resistida ley, aprobada en agosto, establecía que la estrategia contra la legitimación de ganancias ilícitas y el financiamiento del terrorismo "podrá ser ajustada por el Ejecutivo (...) mediante decreto". Esto fue lo que particularmente generó inquietud en la oposición, que temía que fuera usada como herramienta de persecución política.

A lo largo de la semana se registraron violentos enfrentamientos entre los manifestantes, la policía y grupos afines al oficialismo que intentaban disipar las protestas dejando un centenar de detenidos, varios heridos y un muerto en circunstancias aún confusas. Los principales disturbios ocurrieron en los departamentos de Santa Cruz y Potosí, en el sudoeste del país, pero se vieron manifestaciones en todo el territorio.

Valoración del gobierno

El paro se inició el lunes pasado y coincidió con el primer año de gobierno de Luis Arce. Según se desprende de una encuesta realizada por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), el 55 por ciento de la población boliviana valora positivamente la gestión del Ejecutivo. La cifra fue aún más alta cuando se preguntó por la gestión de la pandemia (76 por ciento) y por la política social (62 por ciento). La imagen del presidente Arce también tiene una valoración positiva elevada, en torno al 47 por ciento, por encima de la mayoría de los presidentes en la región de acuerdo a los sondeos que habitualmente realiza Celag.

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El pueblo, el gobierno y las realidades paralelas en Cuba

Sobre las protestas sociales del 11 de julio de 2021 en Cuba, hay muchas versiones e interpretaciones. La verdad suele ser un concepto flexible que se ajusta al punto de vista, la posición y el deseo de los distintos actores sociales, dentro y fuera de la isla. Lo cierto es que, en un contexto de creciente precariedad de la vida, diferentes sectores, sobre todo humildes, salieron a las calles en un hecho inédito. 

Sobre los sucesos del 11 de julio de 2021 en Cuba, podría decirse que el consenso se reduce a que ese día miles de personas salieron a las calles. Es todo. Quiénes eran, qué buscaban, por qué salieron, qué pasó durante y después, etc. son cuestiones en disputa. Para unos, fueron protestas sociales espontáneas, un estallido ante la crítica situación nacional; para el gobierno, fueron disturbios en los que participaron mercenarios, contrarrevolucionarios y revolucionarios «confundidos» por la propaganda mediática enemiga. Para unos, fue un día histórico, por primera vez de forma masiva después de 1959 el pueblo salía a las calles a reclamar cambios; para el gobierno, fue una jornada heroica que demostró, a través de la respuesta oficialista, el respaldo a la Revolución. La realidad es que fueron las dos cosas. Cualquier elección que opte solo por ver un lado desconoce parte de la verdad. En un intento de objetividad, los hechos de ese día podrían sintetizarse así:

- En horas cercanas al mediodía, en el poblado de San Antonio de los Baños, a 35 kilómetros de La Habana, un grupo de personas reunidas frente a la iglesia comenzaron a manifestar sus insatisfacciones sociales y políticas.

- Las redes sociales esparcieron la noticia; en cuestión de horas, la llama se extendió a otras localidades y las manifestaciones llegaron a ser más de 60 en todas las provincias del país.

- El presidente Miguel Díaz-Canel llegó a San Antonio de los Baños junto con un equipo de gobierno para tratar de controlar la situación.

- En la tarde, en televisión nacional, el presidente informó de los sucesos y cerró sus palabras con la polémica frase: «¡La orden de combate está dada! ¡A la calle los revolucionarios!».

- En las calles hubo protestas pacíficas, enfrentamientos, expresiones a favor y en contra del gobierno. También hubo saqueos de tiendas en divisas y acciones contra la policía. En cada territorio tuvieron características diferentes.

- Se interrumpieron los servicios de datos móviles y se bloqueó el acceso a plataformas como Facebook y WhatsApp.

- Las fuerzas del orden público respondieron contra los manifestantes con violencia excesiva en algunos casos, en especial contra aquellos que documentaban los sucesos.

- Al final del día, los manifestantes se replegaron y quedó un saldo de cientos de detenidos. Todavía hoy se desconocen los números totales.Sin embargo, estos elementos no son suficientes para comprender la diversidad de actores, intereses y acontecimientos que se extendieron después del 11 de julio, en un escenario político que lleva años alimentando la polarización. Este no fue un hecho aislado o inexplicable; se reconozca o no, la protesta fue un parteaguas, un golpe de efecto incuestionable para quienes intentan mirar a otro lado o tapar el sol con un dedo. La realidad se impuso ante quienes piensan que la sociedad cubana es la misma de hace 20 años, confiada y utópica. Puso en evidencia la fractura del pacto social y su calado.

El pueblo, dividido

No hubo permiso para protestar o manifestarse. Tampoco organización ni liderazgo, aunque el discurso oficial cuestione que las movilizaciones fueran espontáneas. El elemento sorpresa hizo posibles los hechos, pues jugó con la capacidad de reacción del poder y lo descolocó.

El derecho a manifestación está reconocido en el artículo 56 de la Constitución aprobada en 2019, pero en la práctica no existen instrumentos legales que establezcan las formas de ejercitarlo. No hay reglas claras sobre cómo se puede ejercer ese derecho. Pensar en obtener permisos para organizar una protesta como la del 11 de julio no cabe en el contexto cubano; sin embargo, tampoco esto deslegitima o ilegaliza los hechos. A ello se suma la falta de experiencia popular en las calles.

Aspirar a que los reclamos fueran un acto de civismo ejemplar, con objetivos establecidos y comedidos, como un mecanismo de reloj, es cuanto menos absurdo. No fue así en ningún bando. Fueron protestas reactivas, emocionales y cuya marca fue la «bravuconería» nacional.

Es importante mirar también a los sujetos de las acciones. Salieron a las calles personas de todas las edades, desde adolescentes hasta ancianos provenientes, en lo fundamental, de barrios humildes. A la calle no salieron las elites intelectuales o artísticas, aunque hubo alguna representación de esos sectores; allí estaba una parte de las personas que hacen largas filas para acceder a bienes de primera necesidad, quienes se han cansado, quienes están desempleados, quienes a pesar de más 60 años de Revolución cargan sobre sus espaldas la herencia de la desigualdad racial, los colectivos lgbti+ y otros sujetos con derechos pospuestos o vulnerados, quienes han sido marginados por la sociedad, quienes no tienen formas de comunicación directa con el poder, las hijas y los hijos de la cultura del reguetón. Allí estuvo la clase popular, la menos favorecida. Ahí también hay un mensaje, porque en la Revolución «de los humildes y para los humildes» siguen siendo ellos los más olvidados e incomprendidos.

Gritaban diversas consignas, algunas históricas como «El pueblo unido jamás será vencido», y también «Díaz-Canel, singao», «Patria y vida», o simplemente «comida», «medicinas», o «democracia». La más extendida fue «libertad», que podría apelar a un sentido de dignidad que para cada uno tiene un significado distinto. También se oía, de vez en vez, «No tenemos miedo». Este era un acto de valor, un atrevimiento, y el colectivo lo sabía; aunque nadie se detendría a pensar en las consecuencias en ese instante, tampoco era posible preverlas.

En voz baja, al compañero de al lado a veces se le escuchaba: «¿Hasta cuándo?», «Esto no hay quien lo aguante», y se asentía. Era un sentimiento compartido, el tema más popular entre dos cubanos cualesquiera en el último año.

Los escenarios de las protestas fueron las zonas céntricas y los barrios pobres. En La Habana, por ejemplo, se concentraron en 10 de Octubre, Centro Habana, Habana Vieja. Municipios con alta densidad poblacional, con las peores condiciones de vivienda y grandes contrastes sociales. Las zonas residenciales, como el municipio Playa, donde viven muchos de los dirigentes, empresarios y diplomáticos, no fue un espacio del levantamiento. En algunas fotos, se observa a las personas con brazos en alto, en señal de paz. Aunque no fue generalizado, para una parte no despreciable de quienes asistieron sí era una intención.

También estuvieron los representantes de organizaciones políticas y de masas, los dirigentes de la Juventud y del Partido Comunista, los trabajadores estatales, los «revolucionarios» para defenderse y «rescatar» las calles. Para evidenciar, en el espacio público, el respaldo al gobierno. El contrapeso. Llevaban banderas, afiches e incluso equipos de sonido. A la protesta, una contraprotesta, que tuvo tintes de violencia, pero esta sí fue «legítima».

Cuando Díaz-Canel explicó al día siguiente que su llamado a recuperar las calles «para los revolucionarios» no fue para enfrentar al pueblo, sino para defender la Revolución y denunció que «los manifestantes respondieron con violencia y el pueblo se defiende», redujo su concepción del pueblo solo a los «revolucionarios» y parcializó su responsabilidad hacia toda la población cubana; incluso los «delincuentes», «mercenarios» y «confundidos» son parte de ese pueblo. Y justificó la violencia siempre que fuera para «defender a la Revolución». Dividió. Del mismo modo, el gobierno divide a la sociedad entre los de afuera y los de adentro, despojando a los primeros de toda participación en la política del país, aunque contribuyan con sus remesas de forma decisiva a los ingresos de la economía nacional, aunque sigan siendo cubanos.

Hay migrantes cubanos en todo el mundo; ese es uno de los signos de la nación. Según las investigaciones demográficas, han emigrado por razones principalmente económicas, pero cuando una persona decide abandonar su tierra y su familia porque es incapaz de satisfacer allí sus necesidades materiales y espirituales, en especial en un país en el cual todo está mediado por la ideología, sus motivos son también políticos. Por eso, el día 11 y los sucesivos, las acciones trascendieron las fronteras nacionales y hubo expresiones simbólicas en ciudades como Madrid, Barcelona, Toronto, Ciudad de México, Santiago de Chile, Miami, Washington y otras. El pueblo que participó con reclamos legítimos y que ha sido víctima de una criminalización posterior, de juicios –en algunos casos, sin abogado, según reconoció el medio oficial Cubadebate1, de multas y otros abusos físicos y psicológicos, es un pueblo más herido.

La política, invisible

En Cuba hay más de una realidad, como también hay más de una opinión política, pero la mayoría de ellas son invisibles ante la hegemonía oficial. La «unidad» se ha convertido en un concepto teórico y abstracto. Por unidad se entiende la imposibilidad de expresarse en contra del poder dominante, no digamos ya presionar o ejercer contrapoder. Expresarse es un signo de herejía. Por tanto, esa búsqueda de «unidad» deriva en actos discriminatorios, excluyentes y marginalizadores. Para la política cubana, «todo el que no está conmigo, está contra mí».

El gobierno actúa a la defensiva, más que a la ofensiva. Vive del pasado y eso le pasa factura. En los últimos años, los esfuerzos de la política se han centrado en tratar de mantener las conquistas alcanzadas. El proyecto de justicia social con acceso universal y gratuito a la educación y la salud, seguridad social, garantías de empleo, salario y alimentación básica, no ha sido sostenible. Con los años, lejos de avanzar, se retrocede. 

Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución (conocidos como los «Lineamientos»), Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social 2030, Tarea Ordenamiento… Un plan tras otro, un congreso del Partido tras otro, un fracaso tras otro. La economía cubana no logra impactar de forma positiva en la vida material de las personas, no tiene logros visibles, no crece lo suficiente. Mientras, continúan las inversiones en la construcción de nuevos hoteles –incluso en pandemia– y la agricultura no despega.

La política de los últimos años es grosera, gritona, sobre todo en el ámbito internacional. Diplomáticos que dan gritos en la Organización de las Naciones Unidas (onu)2, que interrumpen e impiden el debate como acto de defensa; políticos que quedan en ridículo repitiendo consignas vacías, omitiendo hechos de la realidad nacional y dando respuestas evasivas a la prensa3. A eso se suman escándalos por el derroche y la especulación de familiares de los principales dirigentes4. Todo ello es un dardo directo contra la credibilidad oficial. Además, el discurso no conecta con una parte importante de la ciudadanía que necesita nuevos códigos. Necesita un presidente que le hable directo al pueblo, y no que mande señales al enemigo o regañe a los dirigentes en televisión nacional. Necesita una política con identidad propia.

En el caso del 11 de julio, el discurso oficial fue cambiando de la arrogancia a la conciliación. Pero sin ceder. Ambiguo. Se tomaron medidas, temporales, muy reclamadas por la población, como la libre importación de alimentos y medicinas y la asignación de una libreta de abastecimiento –con la que el gobierno distribuye una cuota básica de alimentos y aseo– a aquellas personas que la necesitan: más de 200.0005. Pero se aclaró que esas medidas no eran resultado de las protestas. Mientras al pueblo se le sigue pidiendo que confíe, hay errores que no se reconocen, hay cambios de opinión que no se pueden prever, hay inestabilidad en las decisiones políticas, demoras en el marco legal, uso discrecional de la ley con intereses políticos, burocracia, silencio, falta de transparencia pública, falta de fiscalización y control popular, entre otras cosas. Hoy el contexto ha cambiado, ya no están los dirigentes históricos. Por tanto, la legitimidad de los actuales actores políticos es cuestionada en cada decisión, se les exige creatividad y capacidad y, sobre todo, ser medianamente eficientes en superar el bloqueo impuesto por Estados Unidos hace más de 60 años. Una condición injusta y cruel que afecta tanto al gobierno como al pueblo cubanos, pero que no depende de transformaciones internas y tampoco puede ser una justificación inmovilista para el desarrollo nacional. Desconocer las causas y la legitimidad de la protesta como un derecho, justificar la violencia, ocultar información sobre los procesos penales y los detenidos y criminalizar a todos los participantes construye una realidad paralela, de laboratorio, que solo funciona en una burbuja política. 

La política necesita ser más transparente, pública, expresar sus contradicciones como la realidad para que represente y solucione. Una falsa unidad, que esconde la basura bajo la alfombra, impide a la sociedad ser operativa y práctica. Una política invisible envenena sus posibilidades de cambio y transformación; la invalida ante hechos como el 11 de julio y a futuro.

Las fuerzas del orden, sin límites

Es cierto que en el resto de América Latina, eeuu e incluso Europa la brutalidad policial, en la represión de las protestas callejeras, es mayor que en Cuba. Pero eso tampoco justifica los excesos de las fuerzas del orden. No hay reportes de gases lacrimógenos ni otros métodos antidisturbios, pero sí hubo lesiones y disparos. En las calles estaban la policía, los militares, las fuerzas especiales y gran número de oficiales vestidos de civil, algunos armados. Además, sacaron a jóvenes en periodo de servicio militar –que no pueden negarse a cumplir órdenes– vestidos de civil y con palos. Salieron, en general, con deseos e intenciones de dar golpes, actuaron con rabia, con desquite. Se sentían con derecho a reprimir y a expresar su fuerza –no siempre para defenderse–. Este hecho es, quizá, el más grave de los ocurridos el 11 de julio. Un límite peligroso que no se debió cruzar, pero se necesitaba que alguien lo estableciera y no pasó. Nadie recordó que el principal encargo policial es proteger al pueblo. Esto pone sobre la mesa, además, otros temas, como la compra de armamento militar, el gasto de defensa, los protocolos de las fuerzas policiales y su actuación ante hechos sociales; cuestiones que debieran formar parte de la agenda pública. 

Como resultado de las protestas, oficialmente solo falleció una persona: Diubis Laurencio Tejeda, de 36 años. En la nota del Ministerio del Interior, se hacía referencia a sus antecedentes penales, como si eso justificara su muerte. Pero la violencia no solo ocurrió en las calles, continuó durante las detenciones en las estaciones policiales: maltratos, abusos de poder, restricción de alimentos y ausencia de derechos constitucionales han sido parte de los testimonios en días posteriores6. De hecho, la represión selectiva, más que la represión masiva, ha sido la estrategia de la Seguridad del Estado durante décadas. Hasta el momento, no ha habido un pronunciamiento oficial que proponga o reconozca alguna revisión pública a las fuerzas del orden por su actuación durante las protestas.

Los medios de comunicación, protagonistas

La principal fuente de información de la que hoy disponemos sobre los hechos es resultado de reportes ciudadanos. Videos y fotos que los propios participantes compartieron por redes sociales nutren el relato de los hechos. Con toda certeza, la apertura en Cuba del acceso a internet habilitó otras posibilidades para la expansión de las protestas. Antes de diciembre de 2018, cuando se abrió el servicio de datos móviles, y sin las experiencias de articulación ciudadana que han ocurrido después, es probable que las protestas no hubieran ocurrido, al menos no como ocurrieron. 

En el espacio digital, sobre todo en Twitter, en los días anteriores se había posicionado el hashtag #sosmatanzas, derivando en #soscuba, a raíz de la situación sanitaria, y se sumaron influencers y personalidades internacionales7 para hablar de ayuda humanitaria. Estas acciones también fueron denunciadas por el gobierno como parte de la guerra mediática. El acceso a internet como catalizador y herramienta de articulación explica el blackout de datos móviles durante el 11 de julio y los días posteriores como una medida represiva para limitar la comunicación.

La polarización en el ámbito mediático cubano, sobre todo en el espacio de redes sociales, donde prevalece un discurso de odio y posiciones poco favorables al diálogo, tanto en contra como a favor del gobierno, tergiversa, magnifica o desconoce los sucesos. Las desinformaciones asociadas a las protestas no tardaron en aparecer e involucraron a prestigiosos medios, como el diario abc de España, que se hizo eco de una supuesta fuga de Raúl Castro8. Videos de otras fechas, supuestos asesinatos, así como frases e imágenes descontextualizadas todavía circulan en la web. 

Por su parte, los medios oficiales cubanos solo cuentan la versión gubernamental. Ni la televisión nacional –como es habitual– ni ningún otro medio hicieron una cobertura propia de los sucesos. Tiempo después, mostraron imágenes de los «mítines revolucionarios» y reprodujeron, sin un solo cuestionamiento o ampliación, el discurso oficial, omitiendo parte de los hechos. Solo después de que el gobierno habla de un tema, la prensa oficial publica algo al respecto.

Desde el propio día 11, el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba publicó que los miembros de esa organización estarían «junto al pueblo cubano en defensa de su honra y de sus derechos y alertándolo del grave escenario de guerra de cuarta generación y mezquino y mentiroso cerco mediático que se le impone al país». De esta manera, hacía patente la postura oficial frente a los hechos: la justificación de lo ocurrido debido a «una agresión comunicacional orquestada desde el exterior».

Los siempre presentes intereses externos

La vida en Cuba, guste o no, está estrechamente vinculada a la política estadounidense. De ella dependen desde el funcionamiento del gobierno hasta las familias. Por tanto, la relación entre eeuu y Cuba, en la que intervienen múltiples actores de ambos lados y tensan en distintas direcciones, es permanente, aunque no siempre pública. La existencia del bloqueo económico, comercial y financiero hace más de 60 años, el financiamiento sostenido a programas contra el gobierno de la isla, las declaraciones del ex-presidente Barack Obama en 2017 sobre «un cambio de estrategia, no de objetivo», las 243 medidas adicionales aprobadas por Donald Trump y el cierre de la embajada en La Habana son solo algunos ejemplos de la incidencia estadounidense en la actual situación económica y social de Cuba. 

Por tanto, las protestas también fueron el marco para que un grupo de intereses externos contrarios al gobierno se afilaran los dientes, proclamando que la hora de Cuba había llegado y tratando de escalar los hechos para forzar una situación de ingobernabilidad. Se pagaron e incentivaron actos de vandalismo y violencia. Algo clásico, que no por reiterado deja de ser cierto. Pero su existencia tampoco anula otros intereses legítimos. 

La intervención extranjera y una guerra civil no son opciones deseables por la mayoría del país, aunque muchas veces desde el exterior se vean como «la solución a todos los males».

El 12 de julio, el presidente de eeuu, Joe Biden, declaró en un comunicado de la Casa Blanca que apoyaba al pueblo de Cuba en su llamado a la libertad, aunque descartó una intervención militar. Para el jueves 22, impuso nuevas sanciones al ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, Álvaro López Miera, y a la Brigada Especial Nacional del Ministerio del Interior cubano al incluirlos en la lista negra de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (ofac), lo que les prohíbe acceder al sistema financiero estadounidense9. El 31 de julio se reunió con representantes de la comunidad cubanoamericana.

Otros actores internacionales –gobiernos, organizaciones y partidos– se han pronunciado sobre los hechos que despiertan la curiosidad, el interés y la solidaridad con la isla, que ha tenido un importante papel en la geopolítica internacional y sobre la que el mundo tiene pasiones encontradas.

Interpretar el significado de las protestas solo como resultado de un «golpe blando» orquestado desde eeuu y como una acción de manipulación mediática desconoce la complejidad, la responsabilidad y las múltiples motivaciones de quienes se expresaron en el interior del país. Establece una distancia política con una parte creciente de la ciudadanía, desconoce el derecho a la manifestación –lo que se ha hecho más evidente en las sanciones impuestas a los participantes– y niega la posibilidad de un diálogo sincero y crítico sobre la situación actual del país, las prioridades establecidas y las demandas sociales. Reduce, en síntesis, las posibilidades de participación real. 

El 11 de julio ocurrió un hecho inédito para Cuba, más allá de simplificaciones y visiones segmentadas, que presionó y demostró que la sociedad no está inmóvil. 

La polarización se alimenta y robustece cada día: es política de Estado, es respuesta ciudadana, es resultado de conflictos históricos enquistados. Las causas inmediatas de las protestas están relacionadas con un agravamiento de las condiciones materiales del país y una precarización creciente de la vida10. Crisis económica, dolarización de la economía, disminución de la capacidad adquisitiva del salario, escasez de medicinas y alimentos, roturas e inestabilidad del suministro de agua potable y de electricidad, colapso del sistema sanitario ante el aumento de casos de covid-19; pero también hay desgaste político, cansancio, falta de confianza y, sobre todo, de esperanza.

  • 1.

Oscar Figueredo Reinaldo: «Así marchan las investigaciones penales tras los sucesos del 11 de julio en Cuba» en Cubadebate, 4/8/2021.

  • 2.

«Cuba usa gritos y ruido para acallar denuncia de eeuu sobre presos políticos» en Agencia EFE, 16/10/2018.

  • 3.

Glenda Boza Ibarra: «Canciller cubano: manipulación, omisión y medias verdades» en eltoque, 15/7/2021.

  • 4.

«Nieto de Fidel Castro publicó video tras polémica por conducir un Mercedes Benz» en Semana, 5/3/2021.

  • 5.

AAVV: «Detalles sobre las medidas económicas anunciadas por el Gobierno cubano» en Cubadebate, 16/7/2021.

  • 6.

Eloy Viera Cañive: «El testimonio de Gabriela Zequeira describe un acto de tortura» en eltoque, 30/7/2021.

  • 7.

«SOS Matanzas ¿cómo puedo ayudar?» en vistar, 9/7/2021.

  • 8.

DeFacto: «Desinformaciones en el contexto de las protestas» en eltoque, 21/7/2021.

  • 9.

Aamer Madhani y Matthew Lee: «Estados Unidos anuncia nuevas sanciones a Cuba» en Los Angeles Times, 22/7/2021.

  • 10.
  1. Dominguez Delgado: «¿Por qué estallaron las protestas en Cuba?» en eltoque, 13/7/2021.
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Presidente de Ecuador decreta estado de excepción para enfrentar delincuencia

El presidente ecuatoriano, Guillermo Lasso, decretó el estado de excepción en todo el país, como una medida para enfrentar el incremento de la delincuencia en varias ciudades del país andino.

"De inmediato nuestras Fuerzas Armadas y Policiales se sentirán con fuerza en las calles porque estamos decretando el estado de excepción en todo el territorio nacional, con especial énfasis en aquellas provincias donde los indicadores de violencia lo justifican", dijo Lasso en un mensaje difundido por la Secretaría de Comunicación a través de varios medios.

El presidente añadió que durante el estado de excepción se realizarán controles de armas, inspecciones, patrullajes las 24 horas del día y requisas de droga, entre otras acciones.

"Daremos a las fuerzas del orden el respaldo necesario para llevar a cabo su lucha contra el crimen", dijo el presidente.

Como parte de esas acciones, el Gobierno planea crear una Unidad de Defensa Legal de la Fuerza Pública, "entidad que se dedicará a la protección exclusiva de los miembros de la Policía y de las Fuerzas Armadas, que sean demandados por cumplir con su deber".

El presidente añadió que ningún miembro de las fuerzas del orden tendrá que endeudarse para defenderse ante la justicia, que debe intimidar al delincuente y no a la Policía.

El Gobierno también indultará a policías y militares que hayan sido injustamente condenados por cumplir con su labor.

"Juntos llevaremos la batalla al hampa, donde sea que se esconda", sentenció el Presidente.

El presidente añadió que ningún miembro de las fuerzas del orden tendrá que endeudarse para defenderse ante la justicia, que debe intimidar al delincuente y no a la Policía.

El anuncio de Lasso se da luego de que el domingo, en la ciudad costera de Guayaquil (oeste), un niño de 11 años murió durante un asalto en un restaurante de un centro comercial.

Los delincuentes amenazaban con pistolas a los comensales para obligarles a entregar sus pertenencias.

Según comentaron testigos a medios locales, el niño murió por el impacto de una bala perdida, tras producirse un enfrentamiento entre los asaltantes y un Policía que se encontraba en el local.

El mandatario dijo que si bien nadie podrá reparar la pérdida de esa vida, hay que implementar acciones para terminar con la violencia que arrebató la vida a ese niño y a muchos ecuatorianos.

Lasso afirmó que Ecuador dejó de ser un país de tránsito de drogas para ser también un país de consumo, lo que se refleja en la cantidad de crímenes, que tienen relación directa o indirecta, con ese delito, así como con actos de sicariato y diversas formas de violencia.

"Más del 70% de las muertes violentas que hoy ocurren en Guayas están relacionadas con el tráfico de drogas", aseguró el mandatario.

La violencia que viven varias ciudades ecuatorianas también se siente en las cárceles ecuatorianas, entre las que enfrentamientos de diversas bandas delincuenciales dejan en lo que va del año más de 230 muertes y decenas de heridos.

El gobierno y analistas locales atribuyen esa violencia a luchas entre bandas ligadas a cárteles internacionales del narcotráfico, que se disputan territorio y poder.

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América del Sur: una periferia convulsionada

América del Sur es la región más castigada del planeta como efecto del coronavirus. Una gran depresión económica de arrastre y un creciente malestar social, agravados por la pandemia, hacen al actual estado de convulsión, que se expresa en protestas sociales. Al mismo tiempo, se observa en este delicado escenario un incremento de la presencia de Estados Unidos y de China que, desde diferentes prismas, observan con atención la espiral de inestabilidad e intentan demarcar diversas formas de control.

«Quien ha visto vaciarse todo, casi sabe de qué se llena todo», escribió Antonio Porchia, escritor ítalo-argentino, en 19431. Para una región como América del Sur, que ingresó en un estado de convulsión en 2019 por distintos motivos, que ha visto desmantelados en ese mismo año organismos regionales como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y mecanismos de gobernanza como el Consejo Suramericano de Salud, y que se encuentra más vulnerable y expuesta a la rivalidad entre Estados Unidos y China desde que Washington decidió apostar a frenar la ascendente influencia económica, financiera, comercial y tecnológica de Beijing en su periferia, es una necesidad clave conocer lo que se vació para aspirar a llenarlo. 

Indicar de qué forma y por qué razones América del Sur se ha convertido en la región más castigada del planeta a causa de la pandemia de coronavirus no es una parada sencilla. El momento actual es singular en muchos sentidos. ¿A qué se debe el impacto desproporcionado de la pandemia en la región? ¿En qué medida ello obedece a causas endógenas? ¿Cuáles son los puntos candentes que las principales potencias, Washington y Beijing, están observando? ¿Contribuye la presencia ubicua de potencias extrarregionales a la erupción de este volcán? ¿Cómo se puede canalizar un impulso constructivo centrípeto que no sea meramente restaurador de fórmulas pasadas y responda adecuadamente a los desafíos actuales?

Algo se rompió

A fines de junio de 2021, América del Sur acumula más de 75.000 casos de covid-19 por cada millón de habitantes, casi 10.000 más que América del Norte y por encima de esa cifra respecto a Europa. Los 985.346 muertos contabilizados oficialmente por causa de la enfermedad son equivalentes a una proporción de 25,3% del total mundial, a pesar de que la población sudamericana representa solo 5,5% del total global. Una tesis extendida sobre las razones de este descalabro es que los efectos de la pandemia se habrían agudizado por el mayor costo relativo socioeconómico –en comparación con los países desarrollados– de implementar medidas de aislamiento social preventivo y obligatorio. Desde el inicio de la pandemia, los gobiernos debieron buscar un delicado equilibrio entre los objetivos de salud pública, cumpliendo a la vez con el mandato conferido por la población para conservar los medios de subsistencia y la actividad económica. Sin embargo, ¿cuáles han sido los condicionantes estructurales previos?

La pandemia de covid-19 llegó a América del Sur con el trasfondo de una gran crisis de arrastre. La región estaba en su peor crisis en casi un siglo antes de 2020. Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el sexenio 2014-2019 fue uno de los de menor crecimiento desde que hay registro, solo comparable con los que incluyen a la Primera Guerra Mundial o la Gran Depresión. El crecimiento promedio fue de solo 0,3% y el crecimiento por habitante fue negativo. De esa manera, la pandemia llegó en el peor de los escenarios y llevó a la mayor contracción del pib desde 1900 y a que se registrara en América del Sur el desempeño más pobre entre las regiones en desarrollo. Como si esto no bastara, el descalabro social conforma un cóctel explosivo con los desequilibrios económicos. En el último año, la tasa de pobreza alcanzó el 33,7%, la desigualdad en la distribución del ingreso aumentó el equivalente a 2,9% del índice de Gini y la inseguridad alimentaria llegó a 40,4% de la población, lo que significa una proporción de 65 millones de personas2. La situación, por lo tanto, no solo es de declinación, sino de un contrato social fracturado, tal como lo refleja el fuerte deterioro de los indicadores económicos y sociales.

Previo a la pandemia, ya se observaba una considerable inconformidad de los sudamericanos con la persistente desigualdad y una insatisfacción con el funcionamiento de la política. Esto se ha traducido en demandas de mayor igualdad y no discriminación, y en algunos casos, en procesos de movilización social. Las protestas sociales que estallaron a fines de 2019 en Chile, Ecuador y Bolivia siguieron su paso firme en Perú, Brasil y Colombia, pese al contexto de plena ebullición de casos de covid-19. La erupción de este volcán es un subproducto de un creciente malestar social que deviene de la exacerbación de una situación de efervescencia previa, concatenada con una variedad de causas políticas, económicas y sociales. Según un estudio de la Cepal3, el aumento de las frustraciones de la ciudadanía está relacionado con el deterioro socioeconómico, que se traslada a un cuestionamiento generalizado de la distribución del bienestar, el acceso a la salud, la educación o la protección social y la desigualdad social; con las debilidades político-institucionales, que se expresan en una insatisfacción con la representación política; y con la evaluación negativa de las relaciones sociales, manifestada en experiencias de individualismo exacerbado, polarización ideológica y vivencias de discriminación. La fractura está expuesta.

En esa dirección, es menester observar que el concepto de pandemia no solo es insuficiente, sino que podría ser acotado e inútil para demarcar el fin de un evento cuya duración aparentemente será mucho mayor que el tiempo que lleve la inmunización colectiva de América Latina. En el actual contexto, es correcto hablar de «malestar en la sindemia». El concepto de sindemia admite varias acepciones. Una de ellas es la suma de dos o más epidemias concurrentes o secuenciales que exacerban el pronóstico y la carga de una enfermedad. Un ejemplo reciente es el comienzo de la circulación comunitaria y simultánea de las nuevas variantes de covid-19 propias de la región (Lambda y p1) y de otras regiones (Delta). Otra acepción refiere al neologismo creado mediante la unión de las palabras «sinergia» y «epidemia», que fuera acuñado por la antropóloga Merrill Singer a mediados de la década de 19904. Las sindemias son fenómenos biosociales que suelen ser consecuencia de una inequidad sanitaria previa causada por factores como la desigualdad social, la pobreza o la violencia estructural. La figura se parece a una matrioshka, la muñeca icono de la cultura rusa, en la que una pieza madre contiene varias piezas más hasta llegar a la pieza semilla. En ese sentido, la crisis pandémica es solo una capa exterior, mientras que en el núcleo están los desequilibrios económicos, sociales y ambientales.

La región, por lo tanto, inició una nueva década con tres grandes y complejos desafíos: una gran depresión de arrastre, un creciente malestar social expresado en movilizaciones sociales y el impacto de una sindemia cuyo final es todavía incierto. La llegada de la vacuna regeneró esperanzas, pero no solucionó las cuestiones de fondo. Tanto por los problemas estructurales de índole social y económica como a raíz de la pandemia, en la región se experimenta un gran deterioro de las condiciones de vida, que se observa en indicadores objetivos que tienen correlato en expresiones subjetivas de malestar. Mientras América del Sur atraviesa aún el coronavirus con diferentes ritmos de vacunación en los países, ¿estamos ad portas de una nueva ola de inestabilidad social e institucional? ¿Expresan las movilizaciones en Chile, Ecuador, Perú, Brasil y Colombia distintas aristas de una ruptura del contrato social en la región? ¿Qué implicancias tiene y tendrá esta «gran convulsión» en la geopolítica regional?

EE.UU. y la «presencia por evangelización»

Los principales objetivos históricos de Washington en la región han sido garantizar su seguridad y propender a una estabilidad deseada. Para lograrlo, aplicó premios y castigos, políticas de «buena vecindad» y de «gran garrote», mediante un amplio abanico de instrumentos que van desde la ayuda y el financiamiento al recurso a la coerción diplomática, la ocupación física o la instalación de bases militares. Hoy la preocupación palpable de Washington se expresa en la percepción de que las causas de la fragilidad regional pueden ser múltiples, no solo político-institucionales, sino también sociales, económicas y ambientales. Aun en países que demuestran solidez institucional, el deterioro de la situación socioeconómica y/o el malestar social a raíz de la pandemia pueden ser fuente de crisis e inestabilidades varias.

Esta situación de «periferia convulsionada» no solo implica un mayor peso de las relaciones de jerarquía entre centro y periferia, sino también la peculiaridad de que las elites regionales son hoy más vulnerables a la «tensión emocional» que implica la disputa eeuu-China. En 1950, cuatro años después de enviar su famoso cable al secretario de Estado estadounidense George Marshall en el que detallaba sus puntos de vista sobre la Unión Soviética y la política estadounidense al respecto, George Kennan envió otro memorando al secretario de Estado Dean Acheson en el que incluyó una serie de afirmaciones notables sobre la importancia de América Latina para eeuu ante una eventual guerra con la urss5. La relevancia de la región –sostenía Kennan– no guardaba en sustancia relación con la presencia de bases militares, tampoco con la defensa del Canal de Panamá y el reaseguro de la presencia naval en dos océanos; en esencia, radicaba en «la posibilidad de que las actitudes de los latinoamericanos puedan influir en la tendencia política general de la comunidad internacional». En pocas palabras, habría sido un golpe profundo a la moral de Washington que la región se sumase al bando opositor. Estas recomendaciones de Kennan, que apuntaban a restaurar el dominio y la presencia estadounidenses en la región sobre la base de que era importante «mantener la realidad de que somos un gran poder y que los latinoamericanos nos necesitan más de lo que nosotros a ellos», hoy parecen cobrar vigencia6. ¿En qué medida pesa en la actualidad el factor psicológico en la disputa entre eeuu y China? ¿Da esto pie a una suerte de estrategia de evangelización desde Washington sobre los paraísos que ofrece el país del Norte frente al infierno que implicaría para la región alinearse con China?

La «Guía estratégica provisional de seguridad nacional» dada a conocer por el gobierno de Joe Biden el 3 de marzo pasado define a China como «el único competidor», una condición de gran rival que no difiere en esencia de lo expresado por la administración Trump. Si bien el gobierno de Biden inició sus primeros contactos en América Latina con México y Centroamérica como prioridad, ha comprendido, en el marco de la rivalidad con China y la creciente presencia de este país en América del Sur, que es importante desarrollar una estrategia hacia la región que aborde tanto los fenómenos de la convulsión como de la penetración. Las principales señales de alarma en el primer año de gobierno parecen estar en el riesgo de una espiral de inestabilidad regional que genere condiciones para la penetración de actores externos, primordialmente China. Ese diagnóstico aparece también en una alocución del 16 de marzo pasado del jefe del Comando Sur, Craig Faller:

Hay una espiral acelerada de inestabilidad que se apodera de la región a medida que la pandemia ha aumentado la fragilidad. América Latina y el Caribe han sufrido una de las tasas de mortalidad por covid-19 más altas del mundo, y durante mis viajes a la región, fui testigo de la profunda tensión física y emocional que están experimentando las naciones. (…) Inmediatamente después de las protestas públicas generalizadas contra los gobiernos en toda la región a fines de 2019, estas pérdidas por el covid-19, junto con agravantes socioeconómicos de larga data y corrupción, han creado las condiciones para una inestabilidad y disturbios aún mayores entre nuestros países socios. Estas condiciones crean una región más frágil que sirve como terreno fértil para que nuestros competidores promuevan sus propios intereses, tanto malignos como legítimos, lo que hace que este desafío sea aún más complejo. Incluso algunos de nuestros socios más fuertes corren el riesgo de inestabilidad debido a esta confluencia de factores (…).7

Si bien no existe un documento de referencia, los lineamientos para América del Sur se pueden inferir de la visita a Brasil y Argentina del asesor de Seguridad Nacional de eeuu, Jack Sullivan, en agosto de este año; o bien de las declaraciones públicas de los funcionarios de menor rango del Departamento de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional. Una de las máximas preocupaciones de eeuu que aparecen en el corto plazo es el posible desembarco en la región de la tecnología 5g, de la mano de las empresas de telecomunicaciones chinas Huawei y zte. Así, la opción del veto a las «telcos» chinas ha sido presentada como un «auxilio» para que los países de la región eviten caer en los tentáculos «malignos» y no transparentes de China. No se trata, sin embargo, de una confrontación nueva, sino de algo que se remonta ya a la presidencia de Barack Obama, cuyo gobierno inició las primeras investigaciones sobre las firmas chinas8, y continuó con Donald Trump en la Casa Blanca, cuando se aplicaron las primeras restricciones y sanciones9.

La disputa tecnológica encuentra también su correlato en la diplomacia de vacunas. En esa dirección, la estrategia de donaciones a la región dispuesta por el secretario de Estado Anthony Blinken busca reaccionar y contrarrestar el avance de las vacunas de China y Rusia, mientras se habilita el apoyo logístico a los laboratorios farmacéuticos estadounidenses en competencia con los chinos y los rusos por el acceso a mercados. Como se observa en el cuadro 1, las prioridades de las donaciones en la subregión han sido extender el salvataje a Paraguay –único país que mantiene su lealtad a Taiwán en el histórico diferendo–, apoyar a Uruguay –en tratativas para un acuerdo comercial amplio con Washington– y asistir a Ecuador y Colombia –países de importancia en la dimensión militar–. No es novedad entonces que los intereses estratégicos y económicos de Washington se entrelacen en un mismo canal, combinando componentes defensivos (reacción) y ofensivos (presencia).A diferencia del periodo de la Posguerra Fría, en el actual escenario de disputa con Beijing Washington no asume exclusivamente un rol de monitoreador férreo y/o de soporte de la estabilidad, sino que se muestra decidido a extender una «presencia por evangelización», de manera similar al Imperio español, con el objetivo de ejercer una mayor influencia política sobre los gobiernos y contrarrestar el avance económico, comercial y financiero de China sobre su «patio trasero». En ese sentido, Washington apela al mantra de la democracia y la transparencia no solo para rivalizar con el modelo político de China, sino también para intentar frenar su creciente poderío económico en la región. ¿Posee hoy Washington los recursos suficientes para ofrecer incentivos y generar oportunidades económicas alternativas a Beijing? ¿Está eeuu en condiciones de proveer bienes públicos a una región necesitada de ellos? Una extensión de la influencia estadounidense podría sacar provecho de las condiciones de una América Latina con pobre volumen diplomático y en el momento de menor expresión política de mecanismos regionales de gobernanza, en una coyuntura en que se los necesita mucho. Sin embargo, no se vislumbra en el corto plazo que Washington pueda proporcionar alternativas competitivas frente a Beijing en materia de financiamiento, infraestructura y transferencia tecnológica.

 

 

China y la «presencia por factorías»

La presencia de China en América del Sur reúne algunas variables atípicas. Su esencia radica en la extensión de cuatro procesos concomitantes: el de transformación de su política exterior, el de internacionalización de su Estado, el de internacionalización de sus empresas y el de incremento del rol internacional de sus provincias y ciudades. Esto implica el paso de una proyección originalmente centrada en la clave Estado-Estado hacia una suerte de «presencia por factorías» de corte económico, pragmático y más caótica en su penetración, siguiendo el modelo expansionista del Imperio portugués. Las factorías de los portugueses se construían para centralizar y así dominar el comercio local de productos hacia Europa; hoy los proyectos de infraestructura de Beijing propenden a hacer más fluido el comercio de materias primas hacia Asia y China continental. Mientras Washington mantiene una presencia esencialmente política y militar ejercida de manera vertical, Beijing se proyecta sobre un rango mayor de actores y de manera más descentralizada, priorizando los lazos económicos, financieros y comerciales con gobiernos subnacionales.

Esta lógica de «presencia por factorías» está estrechamente ligada al máximo proyecto de expansión geopolítica de Beijing: la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Se dan en el caso de la diplomacia de vacunas todos los factores que se anotan habitualmente para mostrar expansión de poder económico. En efecto, de un total de 19 países miembros en América Latina de esta plataforma, diez recibieron vacunas chinas, una proporción que equivale a más de 50%. Es preciso señalar también que no solo las exportaciones fueron fluidas hacia miembros de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, sino que incluso la política de donaciones se centró en esos destinos, tal como muestran los casos de Venezuela, Guyana, Ecuador y Bolivia (cuadro 2). Por otra parte, Uruguay y Chile, los primeros países sudamericanos en sumarse a la Iniciativa en 2018, fueron los que avanzaron de manera más rápida en los procesos de inmunización a partir de la importación de vacunas de la firma privada china Sinovac, tras haber sido, en el caso chileno, lugar de ensayo de ese laboratorio. Posteriormente, ambos países fueron el conducto para llevar las vacunas chinas a Paraguay y a la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), pese a las trabas diplomáticas por el reconocimiento de Asunción a Taiwán.

Además de la consolidación de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en la región, Beijing busca influir en las condiciones de acceso al mercado en países con los que mantiene un estatus de asociación estratégica amplia, como Argentina y Brasil. Las prioridades son asegurar la continuidad de proyectos estratégicos, promover inversiones en infraestructura, apalancar la transferencia tecnológica de última generación y contribuir a la internacionalización del renminbi, la moneda china. Esto ha habilitado, por ejemplo, la celebración de acuerdos de exportación de vacunas con los gobiernos provinciales de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Jujuy, Entre Ríos, Mendoza y Ciudad de Buenos Aires en Argentina y con el estado de San Pablo en Brasil, así como la suscripción de contratos para la producción local con laboratorios argentinos y brasileños10. Por otra parte, Beijing no solo ha intentado penetrar en espacios relegados por Washington en la región, sino que ha avanzado en las relaciones bilaterales con aliados tradicionales de eeuu como Colombia. Este último país ha dado un paso histórico al apoyar a Beijing en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas poco tiempo después de haber recibido vacunas chinas11.

 

 

En esencia, la «presencia por factorías» de Beijing busca apuntalar una diplomacia económica que habilite y/o asegure el acceso al mercado de las empresas chinas. En congruencia con ello, China posee una visión sobre la estabilidad regional por la vía del control de mercados y la penetración económica, comercial y financiera para influir en los gobiernos. A raíz de la crisis de Venezuela en la región y a medida que se incrementan los desafíos de la economía china hacia adentro y prevalece un enfoque centrado en la expansión del consumo interno, esa posición sobre la incidencia económica en la estabilidad ha ganado más espacio en la política exterior china, considerando de manera prudente potenciales riesgos políticos e impactos en las inversiones. La perspectiva china de la estabilidad está centrada en las condiciones y posiciones del capital de sus empresas y en las posibilidades de internacionalización del renminbi antes que en la institucionalidad o la garantía de un tipo de régimen político. En esa dirección, se ponderan las fortalezas estatales y la capacidad de control asociada a los recursos del Estado.

Hacia un «multilateralismo de bienestar»

La condición de «periferia convulsionada» de América del Sur se acentúa por agravantes socioeconómicos, debilidades político-institucionales y fracturas sociales, profundizadas por la pandemia. Mientras se procura avanzar en la inmunización en la mayoría de los países, se profundizan las desigualdades, el malestar social y las demandas sobre la representación política. Como ya se ha observado en las protestas sociales de 2021 en Perú, Brasil y Colombia, el escenario social es complejo, por lo que es de esperar que sigan surgiendo nuevos desafíos a la capacidad de control de los gobiernos. Al mismo tiempo, se trata de problemáticas transversales que, en los casos en que recrudecen la violencia política y la represión policial, pueden poner en jaque la estabilidad regional en su conjunto. El telón de fondo es una gran sindemia con profundas consecuencias nacionales y regionales, mientras reemergen desafíos económicos, sociales y ambientales, un fenómeno que aparenta ser mucho más duradero que la pandemia. Está claro que cuestiones como el monitoreo de las fronteras, el acceso a vacunas o la resolución pacífica de conflictos seguirán siendo claves y no podrán sortearse desde la lógica unilateral del «sálvese quien pueda» que ha predominado en la pandemia. Afrontar la «gran convulsión» para evitar el colapso, y en un escenario de incremento de la presencia de eeuu y China, exige y exigirá por sobre todo concertación política regional.

Pese al complejo escenario, existen diversas señales de esperanza y espacios de oportunidad que es preciso remarcar, ya que, en palabras de Norbert Lechner, «el malestar puede ser leído como una crítica tácita (no verbalizada) del estado de cosas y, simultáneamente, como una búsqueda de alternativas»12. Como hemos sostenido en estas páginas con Mónica Hirst, la crisis del regionalismo es un escollo para que se avance hacia una agenda regional de bienestar e inclusión social necesaria e imprescindible para encontrar la puerta de salida de la sindemia13. El «multilateralismo de bienestar» puede ofrecer normativas y narrativas centrípetas, así como espacios para la concertación política que permitan abordar de manera colectiva los desafíos comunes. La región necesita hoy más que nunca bienes públicos globales y regionales para aspirar a un «nuevo contrato social» que asegure servicios públicos universales y de calidad y amplíe el acceso a ellos. No obstante, con un menor grado de pretensión, podría optarse por impulsar iniciativas puntuales de cooperación técnica bilateral y triangular basadas en los pilares de coherencia en las políticas macroeconómicas, seguridad alimentaria, generación de empleo, inclusión social, igualdad de género, transición justa energética y acceso a la salud y a la educación. Un aporte allí parece fundamental, no solo para reducir las brechas de bienestar, sino como un camino para revertir las tendencias a la inestabilidad y la desintegración de la región.

 

Relacionados

1. Porchia: Voces reunidas, Alción Editora, Córdoba, 2016.

2 Cepal: «La paradoja de la recuperación en América Latina y el Caribe. Crecimiento con persistentes problemas estructurales: desigualdad, pobreza, poca inversión y baja productividad», Informe Especial Covid-19 No 11, 7/2021.

3. Cepal: Panorama social de América Latina 2020, Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2021.

4. Singer: Introduction to Syndemics: A Critical Systems Approach to Public and Community Health, John Wiley & Sons, San Francisco, 2009.

5. Juan Tokatlian: «Latin America Between Kennan and Obama» en Project Syndicate, 15/5/2015.

6. «Memorandum by the Counselor of the Department (Kennan) to the Secretary of State, Washington», 29/3/1950, disponible en https://resources.primarysource.org/c.php?g=767969&p=5508195.

7. Declaración del almirante Craig S. Faller, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos ante el 117mo Congreso del Comité de Servicios Armados del Senado, 16/5/2021, disponible en www.southcom.mil/.

8. La primera vez que las «telcos» chinas fueron categorizadas como amenaza a la seguridad fue en 2012, en el informe «Investigative Report on the us National Security – Issues Posed by Chinese Telecommunications Companies Huawei and zte», elaborado por un comité del Congreso y disponible en https://stacks.stanford.edu/file/druid:rm226yb7473/huawei-zte%20investigative %20report%20(final).pdf">https://stacks.stanford.edu/fi...

9. En abril de 2018, Trump prohibió otorgar subvenciones a empresas estadounidenses que compren equipos de Huawei y ZTE y, a través de la Ley de Autorización de la Defensa Nacional de 2019, impulsó un veto provisional a la compra de equipos de estas empresas.

10. «Qué provincias buscan comprar vacunas por su cuenta y con quién negocian» en El Cronista, 30/5/2021.

11. «Colombia aplaude los avances en derechos humanos de China» en El Tiempo, 24/3/2021.

12 Lechner: «Desafíos de un desarrollo humano: individualización y capital social» en Instituciones y Desarrollo vol. 7, 2000.

13 Hirst y B. Malacalza: «¿Podrá reinventarse el multilateralismo? El orden internacional y el coronavirus» en Nueva Sociedad No 287, 5-6/2020, disponible en www.nuso.org.

 

Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad 295, Septiembre - Octubre 2021, ISSN: 0251-3552

Publicado enInternacional
Sábado, 18 Septiembre 2021 06:32

Una feria de vanidades

Viñeta de Matador dedicada al presidente colombiano y su moneda (tomada del canal de Instagram del autor)

Ni libros ni medallas, que no les confundan. En Colombia no ha lugar para ferias, aunque se sigan dando. Hoy imperan las balas, las que su policía dispara contra la población por ejercer su derecho a la protesta, y las monedas, las que el propio presidente se ha dedicado para que su imagen quede grabada en algún sitio más allá de en los anales de la estulticia.

A este aprendiz de político, que sigue los dictados de su maestro, lo que le importa es figurar, que hablen de él aunque sea mal. Por eso se dedicó a presentador de televisión, a exprimir la economía con sus promesas naranjas y a formar parte de la numismática nacional. Revisen lo bien que lo retrata Matador en sus viñetas.

No deberíamos equivocar el objetivo de las manifestaciones, o al menos no dejar como diana solamente al presidente colombiano. Habría que preguntarse de quién ha sido la idea de concederle una condecoración española al gobernante más inútil de la historia del país. Pero también, de quién ha partido, en estos tristes tiempos que corren, nombrar a Colombia como país invitado de la Feria del Libro de Madrid. Sin ir más lejos, acaba de vetar al periodista y escritor Daniel Samper Ospina impidiéndole participar en un programa de televisión en el que el gobernante iba a someterse a las preguntas de los medios.

Durante el gobierno de este señor, al que el Estado español condecora y recibe con honores, se han sucedido cientos de asesinatos de líderes sociales (Indepaz reporta 116 solamente en lo que va de año), que en muchos casos también eran defensores ambientales de esa diversidad y vitalidad que aparece en el logo de la Feria; se han producido numerosas masacres, que el “insigne” presidente ha cambiado por el eufemismo de homicidios colectivos; se han reprimido con violencia, mucha más de la habitual y con participación de civiles disparando a sus paisanas y paisanos, las manifestaciones populares para reclamar paz, trabajo y dignidad; se han incumplido los acuerdos de La Habana que terminaron con los enfrentamientos con la guerrilla de las FARC-EP, que, a pesar de haber abandonado las armas, sigue poniendo una parte importante de los muertos; se ha negado a reconocer púbicamente, y a ponerle algún remedio, a algo que la mayoría ya sabía pero que los gobernantes no querían saber, que fueron seis mil cuatrocientos dos los falsos positivos, personas asesinadas y  presentadas como bajas en combate, entre 2002 y 2008, y se han seguido dando los mismos o más casos de corrupción de siempre, el último el protagonizado por la ya exministra de las TIC que ha hecho desaparecer 70 mil millones de pesos (aproximadamente 15 millones de euros al cambio actual) que deberían haber servido para llevar conectividad a las áreas rurales, mayoría todavía en el territorio, en las que niñas y niños no tienen acceso a internet (por cierto, la susodicha no se merece que su apellido se convierta en verbo, aunque sea para recordarnos que ha robado). Y podríamos seguir enumerando.

Por suerte, la creatividad y el arte colombianos, no sólo su literatura, también su cine, su fotografía, su teatro, su música, su pintura y su escultura, están muy por encima de sus políticos y las políticas que practican, de sus legisladores y sus inacciones y de sus jueces y sus sentencias. Pero si el Gobierno colombiano invita a la Feria de Madrid a autoras y autores “neutros”, que otros organismos en el Estado español (ya sean organizaciones sociales, partidos políticos o editoriales) inviten al personal crítico para hacer contrapeso. No solamente o las y los conocidos, sino a toda una pléyade de jóvenes, y no tanto, que llenan la producción literaria, las salas de exposiciones, los teatros y los múltiples festivales al parque y a las calles que se dan en todo el país.

Si es el Gobierno español el que le premia, habría que sancionarle por anteponer los posibles beneficios económicos a la defensa de los derechos humanos y las libertades públicas. Claro, porque detrás de esa medalla debe haber un montón de intereses comerciales para que los buitres empresariales españoles “invadan” económicamente el país andino y echen a los cóndores de allá, a pesar de las muchas águilas negras que sobrevuelan el cielo colombiano.

Creo que es a todas luces injustificable el reconocimiento ofrecido al presidente de Colombia, tanto el de carácter político dado por el Gobierno español como el premio literario que supone que un presidente censurador represente a su país en la Feria del Libro de Madrid.

17SEP2021

Publicado enCultura
Doble Ruedas. Historia de un encapuchado en silla de ruedas

Una historia de amor y rabia. Un testimonio de vida, a pesar de las limitaciones. Un relato de amor por los que ya no están físicamente pero seguirán presentes en la memoria de lucha. Una convicción de que lo no logrado en esta coyuntura será conquistado en un fututo no lejano. Desde la silla con la que logra movilizarse un joven, al que la violencia delincuencial le cortó sus sueños de triunfar por medio del fútbol, nos adentra en parte de la lucha vivida en meses de resistencia, esa que tomó cuerpo después del 28A.

 

Finales de junio de 2021, oriente de Cali, Avenida Simón Bolívar, punto de resistencia Apocalipso, cuatro de la tarde. El ambiente estaba caldeado, los jóvenes se encontraban en sus puntos de control esperando la arremetida, que como en las últimas ocasiones sería perpetrada por la triada Policía, Goes y paramilitares. El ambiente no era muy distinto en el punto de Puerto Madera, ubicado a pocos kilómetros de Apocalipso, siguiendo la gigantesca avenida que se mantenía completamente taponada por barricadas.

Parecía que estábamos en la hora y lugar equivocado. Nuestra intención era entregar a las personas que estaban allí algunos ejemplares de la edición especial del periódico desdeabajo dedicada al alzamiento social/popular y juvenil en Cali. Algunas madres comunitarias nos recibieron y comentaron la situación. Eran ellas quienes tenían el contexto de todo lo que sucedía en el punto, pues, aunque no estaban en la primera línea, sí hacían parte fundamental del cuidado comunitario del lugar y gracias a ellas había alimentación, cuidados de salud, como también había hombros y abrazos para llorar, contar y mitigar las penas.

Al ver los periódicos, los jóvenes primera línea y la comunidad empezaron a acercarse, todo el mundo quería llevarse un ejemplar. En ese momento la tensión que sentíamos en el ambiente se mezcló con la amabilidad, amistad y alegría de quienes estaban en el punto de resistencia; fue ahí que nos percatamos que sí era una buena hora y lugar para estar.

 

 


Apocalipso

En medio de la multitud se nos acercó Doble Ruedas, un joven encapuchado que se movilizaba en una silla de ruedas. Todo el mundo lo quería y admiraba. Nos presentamos y sin dudarlo decidió darnos un recorrido para tomar algunas fotografías por el punto de resistencia que permanecía junto al almacén Éxito de Calipso, convertido en un centro de violación de los derechos humanos, con denuncias incluso de torturas padecidas por jóvenes en algunos días del pasado mes de mayo, almacén que ahora permanecía cerrado, aunque en su interior se mantenía una especie de estación de la “fuerza pública”.

Junto a Doble Ruedas nos acompañaron varios jóvenes primera línea y habitantes de la comunidad que decidieron brindarnos seguridad con su compañía. Al subirnos a la estación del MIO podíamos ver francotiradores apostados en el edificio donde funciona el Éxito, también algunas tanquetas del Esmad. Tomamos varias fotografías de los murales que ahora llenaban la Avenida, así como de los lugares de memoria en homenaje a quienes habían sido asesinados en medio de las arremetidas de la “fuerza pública”. El escenario era tan crudo que en un momento del recorrido alcanzaron a decirnos que en un lugar de la avenida habían caído más de 7 personas en una sola noche.


Doble Ruedas

Tiene 26 años y se reconoce como un discapacitado que está luchando por sus derechos, negados, al no acceder a terapias para su recuperación. Siempre con la capucha puesta y atento a lo que ocurría a su alrededor, Doble Ruedas, sin dejar de mostar en sus ojos la seguridad de saber lo que estaba sucediendo, nos contó su historia.

Siempre fue amante del fútbol, su pasión, jugaba en las divisiones inferiores del América de Cali. Un 3 de enero salió de su casa a las 6 de la mañana para un entrenamiento, y se encontró con lo que no esperaba: dos personas que le dijeron que entregara la bicicleta en la que se movilizaba, la misma que su madre le había regalado en navidad. “Ya podés imaginarte mi respuesta”. Al negarse recibió ocho puñaladas, una de las cuales le afectó la médula espinal y otra el pulmón izquierdo.

Su estado de salud no le impidió ser parte fundamental del punto de resistencia de Calipso, su apoyo fue permanente para las primeras líneas y la comunidad, por lo que permaneció cuidado y protegido como un tesoro. En medio de toda esta coyuntura encontró alegrías como también tuvo que que vivir experiencias de intenso dolor, por ejemplo despedir amigos que fueron asesinados por la policía. Su relato nos dice:

“La comunidad, como las personas de la resistencia, gente de nosotros, gente de la primera línea, me tratan como hermanito. Cuando escuchan que pasa algo conmigo todo el mundo corre a ayudarme, me sacan de primero en todo, mejor dicho me atienden de la mejor manera, me tratan excelentemente bien. Gracias al paro nacional conocí gente que se ha convertido en familia para mí; antes tenía amigos, en los cuales ya no confío, ahorita confío en estas personas que no les da miedo ir hasta un lugar en donde están dando bala para sacarme, esos son mis amigos, las personas que están dispuestas a dar la vida como yo lo haría por ellos.

Así fue Erik. Él seguro me está escuchando, un compañero de barra del América de Cali. Éramos como uña y mugre, donde jugaba el equipo para allá íbamos. El día que lo asesinaron estábamos juntos, yo le dije: hermano, me muevo porque esto se va a poner malo. Él me dijo que no se iba a ir, me empecé a ir y cuando llegué al puente llegó mi papá y las personas que no me dejan quedar hasta tarde, y ahí nos fuimos. En ese momento escuchamos el taztazeo, la plomacera y fue hasta el otro día que me di cuenta que a mi compañero Erik lo había matado la policía”.

 

 

Amor comunitario

La noche empezaba a sembrarse y las luces de Apocalipso comenzaban a encenderse. Algunas personas nos decían que por seguridad era hora de salir del barrio. Escuchabámos sus razones pero aún teníamos labor por realizar. Rodeados de muchas personas de la comunidad, la entrevista a Doble Ruedas seguía su rumbo. Al preguntarle, ¿por qué decidiste participar en esta coyuntura?, no dudó en respondernos:

“Me conmovió cuando vi que la policía empezó a dar bala, por eso me vine a apoyar a los muchachos, a ver si eran capaz de poder matar a una persona discapacitada. Hoy creo que sí son capaces de matar a una persona en mi estado, ya lo han demostrado, nada más recuerda que fueron capaces de violar a una muchacha, entonces cualquier cosa pueden hacer”.

– ¿Cuál es tu función en el punto de resistencia?
“Yo no me considero de la primera línea porque no puedo pelear, no puedo correr, no puedo tirar piedras, más bien me hago atrás ayudándolos con la leche, ayudándolos a llevar a la enfermería, eso es lo que yo hago, ayudarlos a que no se me ahoguen por los gases que nos tira la policía”.

La escena y relato que estábamos presenciando estaba tan llena de amor, que seguramente quienes allí estaban no lo podían notar. Doble Ruedas nos contó que en medio de los múltiples ataques recibidos en Apocalipso por parte de la “fuerza pública”, su silla de ruedas se deterioró a tal punto que la comunidad se reunió y recolectó el dinero para comprarle una nueva:

“Yo le doy gracias a la comunidad de Calipso, Sorrento, Yira Castro, Sindical, Villa Blanca. Gracias a ellos que me donaron una silla de ruedas nueva, porque la que tengo en este momentico la tengo prácticamente para el combate o sea para la guerra, y ya está deteriorada. Pero gracias a la comunidad ahora tengo una silla nueva muy buena, muy bacana, pero lo importante ahorita es volver a ponerme de pie, lo que me hace falta son mis terapias para mi recuperación”.

 

 

Barrio adentro

Preocupado por el futuro que vendrá después de levantar el punto de resistencia de Apocalipso, Doble Ruedas hace una evaluación de lo vivido en esta coyuntura, y el trabajo que está por venir en el ejercicio denominado “barrio adentro”**:

“Vamos a levantar el punto, pero no es así por así. Mirá, yo estoy inconforme y estoy luchando por mi salud, pero también por una vida digna para mi papá de 60 años y mi mamá de 50, pero también por mi hermano que trabaja todo el día y se gana un mínimo y de eso tiene que sacar para pagar arriendo y todos los gastos de la casa.

Ahorita me siento intimidado porque cuando se levante este paro ya no le tendré confianza a la policía, ahora me va a dar miedo cuando me llamen y me requisen. También siento miedo de entregar este punto porque la verdad no quiero que esté en riesgo ni mi familia ni ninguno de mis compañeros.

Yo digo que en el fondo perdimos la batalla porque nos endulzaron con unos mercados, con unas bequitas y ya, ahora tenemos que dar nombres y datos, pero yo no voy a recibir eso porque sé que con eso me van a capturar.

Muchas personas que no estuvieron con nosotros, que no nos apoyaron en el paro, ahora la van es a tener que chupar (perdón) van a tener que aguantar lo que se viene, porque lo que se viene es mucho peor, todas las reformas que íbamos a tumbar nos la van a aplicar el doble, nosotros no hemos tumbado nada, antes todas las reformas las están remodelando para volverlas a poner. Todos los supuestos daños que hicimos nos lo van a cobrar duro.

Ahorita en el ejercicio de barrio adentro vamos a seguir haciendo pedagogía, actividades culturales, eventos de rap y diferentes actividades cada ocho días, esto lo vamos a seguir haciendo hasta que el presidente se dé cuenta que lo que estamos pidiendo es lo que necesitamos, porque ya estamos cansados que el rico sea más rico y el pobre sea más pobre, así es todos los días”.

–En ese momento lo interrumpimos para preguntarle, ¿volverías a salir a manifestarte?
“Vuelvo a salir las veces que me toque salir a luchar, vuelvo y lo hago pacíficamente como lo hice en esta primera vez, porque este es el primer paro en que participo y me siento orgulloso porque pude ver la cara de lo que yo quiero, lastimosamente no pudimos lograr lo que buscamos, pero sé que en cualquier momento se va a lograr… –su mirada que estaba dirigida hacia el infinito vuelve y se enfoca en nosotros y nos dice–. Compañero, sé que en cualquier momento se va a lograr que toda la corrupción se acabe, que ya se le dé un poquito más al pobre y que al rico le mermemos. Hoy en día mi hermana me dice que quién me manda meterme en esto, yo le digo, quién me manda no, esto es porque yo quise y voy a seguir y el día que me toque volver a salir a luchar y volverle a echar leche a mis compañeros para que no se ahoguen, lo haré”.

En ese momento Doble Ruedas decide mandarle un mensaje al presidente a través de nuestra grabadora, un mensaje que seguramente nunca le llegará a sus oídos por medio de nuestro medio, pero pese a ello igual lo dejamos para quienes estén leyendo el relato de quien a pesar de haber perdido la movilidad de sus piernas no sufrío igual percance en su cabeza.

 


En voz alta

“En este momentico al presidente no le importa si yo tengo hambre, si el compañero tiene hambre, si alguien aquí tiene donde vivir, si esta noche tenemos donde dormir, a él no le importa nada de eso. Hoy, seguramente, Duque puede llegar a su casa a descansar y ver su Netflix o lo que quiera. A mí me cortaron el internet y hasta todo… Pero una cosa si te digo, ¿por qué te olvidaste del pueblo si nosotros fuimos los que te ayudamos a subir allá? ¿por qué mandaste a matar a todos nuestros compañeros? Fuiste vos quien mandó a matar a todos nuestros compañeros que hoy están en el cielo por la lucha y por la resistencia”.

Al pronunciar estas últimas palabras se marca la rabia en su voz y en sus ojos el dolor. Nuevamente las personas que nos acompañan insisten sin excepción en que es momento de marcharnos. La tensión en el punto de Calipso subía de nivel. Siguiendo los conocimientos de quienes habitan este territorio decidimos empezar a despedirnos y Doble Ruedas dejó fluir todo su sentimiento:

“Quiero terminar dando un agradecimiento, aunque sé que no me van a escuchar, pero sé que están con nosotros. A nuestros compañeros capucha, gracias por tu lucha, en la tierra los estamos acompañando, los estamos recordando. Nunca los vamos a olvidar, y a las familias: nunca vamos a olvidar a sus hijos, a sus nietos, no los vamos a olvidar, muchas gracias por habernos acompañado, de todo corazón, muchas gracias de parte de este joven discapacitado que seguirá en la lucha las veces que me toque”.

 

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur. Fotografías.
** Barrio adentro fue la decisión que tomaron en los distintos puntos de resistencia de Cali para levantar los bloqueos. Significa que ahora quienes antes estaban en las barricadas se adentrarán barrio adentro para fortalecer los lazos y procesos comunitarios en cada territorio.

 

Publicado enEdición Nº282
Coche de los años 40/50 en playa de Guanabo (Cuba).

La Revolución se enfrenta a uno de sus nudos gordianos más trágicos. El conformado por una pinza que se alimenta del autoritarismo del PCC y la injerencia de EE.UU. y de una derecha que desde Miami busca una marcha versallesca sobre La Habana

 

La reciente explosión social que ha tenido lugar en Cuba debe enmarcarse en el tortuoso proceso de ajuste y adaptación que ha tenido que vivir la Revolución cubana desde los años noventa, cuando colapsó el esquema de inserción económica y geopolítica (el CAME y la URSS) en el que se había cimentado su modelo de desarrollo social, y con él su legitimidad política interna. 

Tras una década (la de los sesenta) de experimentación revolucionaria autóctona, un laboratorio de soberanía socialista tan audaz en sus propósitos como aleccionador en sus fracasos, que es interpretado hoy en discurso oficial como una era de romanticismo idealista, la revolución cubana se situó en la órbita del imperio soviético. De la URSS obtuvo Cuba un modelo económico basado en la planificación centralizada de la economía y también un mercado internacional con precios preferenciales, tanto para las exportaciones cubanas de azúcar y níquel como las insustituibles importaciones de una materia prima tan estratégica para el desarrollo industrial moderno como es el petróleo. La primacía de la planificación centralizada sobre el mercado y un comercio internacional basado en alianzas políticas más que en precios  (y por tanto muy vulnerable a las coyunturas políticas de los países aliados) han sido dos rasgos persistentes y profundamente problemáticos del sistema económico cubano. Pero mientras existió la URSS y el campo socialista, aunque el modelo presentaba notables disfuncionalidades económicas, permitió un crecimiento sostenido que alimentó uno de los desarrollos sociales más ambiciosos de la historia de América Latina. La masiva inclusión de sectores de población previamente excluida, la elevación del nivel de vida, y las políticas sanitarias, educativas o deportivas, fueron claves para forjar el pacto social tácito que cimentó la revolución cubana como proceso con suficiente legitimidad social como para ser estable: el monopolio autoritario del poder político en manos del PCC a cambio de defensa de la soberanía nacional y avances en justicia social. 

Pero en 1991, y tras perder el paraguas del comercio protegido y ventajoso del campo socialista, Cuba se vio de pronto arrojada al mercado mundial para el que no estaba preparada. Lo hizo además en las condiciones desfavorables de un bloqueo norteamericano recrudecido (leyes Torricelli y Helms-Burton). Las consecuencias del trauma de los noventa fueron inmensas.  Cuba se vio obligada a redirigir su modelo apostando por el turismo, la apertura a las remesas de los cubanos emigrados (un duro golpe a la autoestima económica de la Revolución) y a la inversión extranjera. También, en el plano interno, abriendo espacio al mercado frente al plan (mercados agropecuarios, trabajos por cuenta propia) en un pulso ambivalente y contradictorio que tres décadas después está lejos de haber sido resuelto satisfactoriamente.  

La colaboración con la Revolución Bolivariana a partir de la llegada al poder de Chávez en el 2000 dio a Cuba una bocanada de oxígeno, especialmente en su dimensión energética (petróleo), que ha sido crucial y que llevó incluso a parte de la dirigencia cubana, con Fidel Castro al frente, a fantasear con la posibilidad de un retorno a los códigos de gobernanza pre-años noventa (lo que fue llamado la Batalla de Ideas). Pero la reorientación del viejo modelo de planificación económica (que hoy la propia dirigencia cubana considera obsoleto) hacia alguna forma de economía socialista que debía dejar espacios amplios al mercado y la iniciativa privada era inevitable. La crisis venezolana, que lleva afectando a Cuba casi un lustro como símbolo de la misma piedra con la que siempre tropieza la Revolución, no ha hecho sino confirmar la necesidad de abandonar la búsqueda de alianzas comerciales ventajosas mediadas por afinidades geopolíticas. Que Cuba sea capaz de prosperar por su propio desempeño económico en el mercado mundial es un imperativo de supervivencia para el régimen.  

De este modo, Cuba transita oficialmente hoy hacia un socialismo de mercado que sigue el ejemplo asiático. Un proyecto que, en teoría, debe lograr elevar los niveles de vida salvaguardando a) el monopolio político del PCC y b) (más problemático desde una perspectiva transformadora) el espíritu de la revolución. La imagen inspiradora en la élite gobernante cubana es Vietnam. A diferencia de China, cuyo proceso de desarrollo se da a una escala que no está al alcance de Cuba, Vietnam es una nación que a través de las reformas económicas aperturistas (el Doi Moi) ha logrado enfrentar simultáneamente tanto  su estructura económica colonial como los efectos devastadores de la intervención militar de EE.UU., volviéndose una sociedad moderadamente próspera bajo el férreo control del Partido Comunista. Que esta es la hoja de ruta de la dirigencia cubana es algo que no alberga discusión. De hecho la reciente reforma constitucional cubana básicamente dio amparo legal a las reformas promercado aplicadas en Cuba desde la etapa raulista. La gran diferencia entre la vía cubana y el socialismo asiático ha sido la relativa lentitud, timidez y precaución demostrada por la primera. La explicación fundamental es que desde la óptica del gobierno cubano el desarrollo de cualquier pequeña o mediana burguesía nacional, un actor imprescindible en este esquema, es interpretado como un germen quintacolumnista potencialmente favorable a las políticas injerencistas de Miami y de EE.UU.  

En este proceso de construcción ambivalente de un socialismo de mercado se inscribe la eliminación del sistema de doble moneda y otras muchas reformas, en muchos casos fallidas y cuya responsabilidad central ha sido el desempeño del propio gobierno, que han acabado configurando una tormenta económica perfecta en un contexto de pandemia global.  Quizá el más importante de estos fracasos, dado el peso que tiene la importación de alimentos en el desequilibrio comercial de la economía cubana frente a su potencial de autosubsistencia, ha sido la recampesinización vigente desde 2008, y cuyos resultados han sido bastante modestos. 

El ajuste estructural de los años noventa, a pesar de que se hizo con cierta sensibilidad social (el objetivo era mantener vivas las políticas públicas en materia de educación y sanidad, así como una defensa nacional competente) tuvo efectos desgarradores que debían ser transitorios pero se volvieron crónicos. Destaco dos: la precarización material y el aumento de la desigualdad en un país oficialmente igualitarista (lo que generó además una esquizofrenia política en el discurso público ideológicamente explosiva). 

Una vez superada la odisea material del Periodo especial y su excepcionalidad, buena parte del pueblo cubano descubrió que su nueva vida cotidiana seguía siendo tremendamente difícil. Sin duda la aparición de un inmenso precariado cubano, personas cuyo salario no reproduce su fuerza de trabajo y deben conseguir ingresos extrasalariales para llegar a fin de mes, es el hecho sociológico central de la Cuba post-soviética. Esta emergencia del precariado cubano debe entenderse además con el telón de fondo de un proceso progresivo de recortes de subsidios y gratuidades por parte del Estado (empezando por la libreta de racionamiento de alimentación básica, que lleva años minimizándose y hoy está en vías de desaparición), sometido ahora a las presiones del mercado mundial tras décadas al margen, y además ahogado financieramente por el bloqueo norteamericano.

En la Cuba de después de los noventa básicamente se establecieron tres vías para obtener esos ingresos extrasalariales imprescindibles para sobrevivir: a) remesas de familiares en el extranjero; b) derramas de los sectores vinculados a la economía global (propinas turísticas, salarios más elevados asociados a las misiones médicas internacionalistas): c) un mercado negro y una economía sumergida gigantesca, muy compleja  y que alberga de todo, incluyendo fenómenos muy vergonzosos para el ideal revolucionario como ha sido el retorno de la prostitución. Este “de todo” incluye desde procesos de explotación laboral y acumulación originaria de tipo capitalista muy salvajes hasta procesos de redistribución familiar y comunitaria de la riqueza, de impronta ética socialista, muy interesantes.

Lo que nos conecta con la cuestión de la desigualdad. Cuba en los ochenta, con un índice de Gini de 0,24, era uno de los países más igualitarios del mundo. Los años noventa dispararon la desigualdad. En el 2016, fuentes oficiales reportaron un índice de Gini entre 0,4 y 0,45, un aumento drástico que coloca a Cuba, aproximadamente, en el promedio regional de América Latina. La isla hace mucho tiempo que ha dejado de ser un paraíso de igualdad social. 

Estas cifras estadísticas se traducen, en la vida cotidiana, en diferencias muy importantes entre distintos estratos sociales en lo que se refiere a niveles de vida y seguridad material. Por supuesto, existen privilegios vinculados a los grupos dirigentes y también a las Fuerzas Armadas. Pero las posibilidades económicas de quien recibe remesas de familiares emigrados y quién no las recibe son muy diferentes.  Además, por la propia estructura racial de la migración cubana, mayoritariamente blanca, la recepción de remesas tiene un sesgo racial evidente. Julio César Guanche afirmaba, en un texto fundamental para entender el contexto de la crisis reciente, que por cada dólar que recibe por vía remesa un cubano con piel negra se reciben tres dólares por parte de un cubano con fenotipo blanco. En Cuba la pobreza vuelve a solaparse hoy con estructuras racializadas de perfil colonial que la Revolución, a pesar de haber intentado desmontar, ha vuelto a reproducir.  Otros sectores muy vulnerables son las personas mayores y los hogares monomarentales, que cargan sobre sus hombros con una precariedad económica que se traduce también  en una crisis de cuidados de tintes dramáticos. Estos son algunos de los sectores que conforman una inmensa bolsa de población obligada a sobrevivir en un día a día marcado por condiciones materiales muy extremas, y que el reciente proceso inflacionario ha terminado de movilizar y sacar a las calles. 

Aquí debe añadirse la otra cuestión que lo atraviesa todo, la de los reclamos de apertura política ante los déficits democráticos del régimen, que en lo estructural puede entenderse como un proceso de deslegitimación progresivo y difícilmente reversible del proyecto revolucionario, que además tiene un componente generacional muy marcado.

Entre otras razones, el régimen resistió al difícil examen de los noventa porque contaba con una enorme legitimidad popular conquistada por el proceso masivo de inclusión social que supuso la Revolución y el efecto del liderazgo carismático de Fidel Castro en la construcción de consensos. Pero Raúl no es Fidel, y Díaz-Canel no es Raúl. Y las generaciones jóvenes, a diferencia de la base demográfica de los noventa, no tiene experiencia alguna de mejora material y social provocada por la Revolución. Más bien sucede al contrario: la memoria juvenil cubana solo ha conocido un contexto precario en lo material y opresivo en lo político en comparación con el marco de expectativas que impone tanto su nivel formativo como el curso de los tiempos.

Ante esta cuestión, la Revolución se enfrenta a uno de sus nudos gordianos más trágicos. El conformado por una pinza política perversa, que se retroalimenta constantemente, entre el autoritarismo del PCC y la injerencia de EE.UU. y de una derecha que al menos en Miami (porque la diáspora cubana es también muy compleja y no se reduce al reducto de extrema derecha del sur de Florida) busca una marcha versallesca sobre La Habana. Cuando las demandas y las aspiraciones democráticas de las generaciones más jóvenes de la revolución no pueden ser satisfechas sin suponer una enmienda a la totalidad del sistema político (incluso las que provienen de una izquierda declarada socialista), tenemos la otra cara del problema estructural que hoy carcome Cuba. Lo dice el intelectual cubano Julio César Guanche de modo magistral: el ambiente político en Cuba ha programado, “un algoritmo de la exclusión”, que etiqueta como contrarrevolucionarias amplias zonas de experiencia y saber social, “una máquina de producir enemigos, elefantes sobre las cristalerías de los complejos acuerdos sociales cubanos”. En este marco político autoritario cualquier crítica al gobierno, motivada por cuestiones materiales o por cuestiones ideológicas, no puede ser constructiva, no puede ser integrada, y tienden a encadenarse necesariamente hasta dar forma a un discurso impugnador totalizante de signo anticomunista. 

Esto último es muy importante para entender la enorme complejidad ideológica que se está movilizando en el estallido social, que hoy es un abanico muy heterogéneo que no se puede simplificar.  Así, por ejemplo, entre los manifestantes contra el gobierno los anarquistas cubanos llaman a luchar por igual contra el bloqueo (y la injerencia extranjera) y contra la dictadura.  Quién va a liderar esta explosión social de descontento está aún por dirimir. Por desgracia, son muchos años en los que el régimen ha ahogado y reprimido la crítica interna (incluyendo la socialista) como para que la derecha no juegue en este terreno con inmensa ventaja. En definitiva, aunque las protestas no son ni mucho menos protagonizadas por agentes de la CIA, el corsé autoritario del sistema político en Cuba y sus déficits democráticos potencian, paradójicamente, la oposición al régimen en su conjunto y facilita la agenda de la derecha. Es una especie de juego de espejos de profecías autocumplidas que tiene muy mal pronóstico. Porque, al mismo tiempo, tampoco se puede afirmar que la defensa del estatus quo descanse exclusivamente en una minoría privilegiada y su red clientelar. Aunque esté históricamente en sus horas más bajas, la fidelidad al régimen revolucionario de otra parte sustancial de la población hace pensar que, si no se cortocircuita, este tipo de binarismo sin matices, en el que al gobierno cubano le gusta desenvolverse, solo puede tender a desembocar en un conflicto civil. .

Llegados a este punto de la panorámica, vuelvo a la actualidad y la coyuntura para cerrar. Es evidente que la represión gubernamental no es el camino para gestionar el estallido social. O es un camino terrible de corto recorrido que debe ser condenado sin paliativos. También entre socialistas. Todos los presos deben ser puestos en libertad, la represión debe cesar y las protestas pacíficas deben ser permitidas.  En el medio plazo, además de medidas económicas de choque que corrijan los efectos más dramáticos de la carestía material, la única posibilidad viable es una solución política, que necesariamente pasará por corregir muchos de los déficits democráticos del sistema cubano, ampliando derechos y libertades tanto individuales como asociativas. 

Considero que esto debe defenderse aunque un proceso así pueda poner en riesgo algunos de los logros revolucionarios. Se trata de un peligro menor ante el hecho de que la mayor amenaza para esos logros revolucionarios es que una parte creciente del pueblo cubano los percibe como una carcasa cada vez más desgastada, vacía y asfixiante. Comparto en este punto, palabra por palabra, esta afirmación de Wilder Pérez Varona en su texto Unas palabras sobre la Cuba de los humildes:  “Esa posibilidad no es otra cosa que su derecho a ser y actuar como pueblo. Su derecho como soberano a la no intermediación. A ejercer su indelegable soberanía. Es derecho a ser inoportuno respecto a planes, estrategias y programas ajenos. Es derecho incluso a equivocarse. Un derecho supremo que nadie más posee en su nombre”. En la situación de Cuba, a cualquier sensibilidad transformadora le conviene atender a cierto principio de sentido común anarquista: cuando un Estado (con su monopolio de la violencia) reprime a un pueblo, uno debe ponerse de parte del pueblo. Aunque supuestamente estuviera equivocado. No quiero decir con esto, como dice el gobierno cubano, que el pueblo cubano lo esté o entre los manifestantes haya “revolucionarios confundidos” (el reconocimiento de este matiz por parte del gobierno no es irrelevante para desenredar la tensión). Afirmo que cuando el choque es entre las armas de policía y militares que reprimen y los cuerpos de un pueblo que se defiende, las consideraciones ideológicas respecto a los propósitos de ese pueblo, sin desaparecer, tienen que pasar a un segundo plano.   

Abrir el callejón sin salida de la Cuba de 2021 mediante una vía política negociada, que no pase ni por la represión ni por la injerencia extranjera, será un ejercicio de funambulismo. Y para esta tarea son los propios cubanos-as los que ya están hablando y proponiendo opciones de un modo mucho más claro del que yo podría hacer. Sirva de muestra el trabajo que están haciendo por ejemplo Julio César Guanche y Ailynn Torres, dos de los autores de referencia de los socialistas democráticos cubanos, en sus propios textos e intervenciones. 

Puede parecer complejo solidarizarse con el pueblo cubano y sus demandas justas, tanto ante la emergencia material como con sus denuncias contra la represión, y más allá de ello su sed legítima de cambios que democraticen el país, sin hacerle el juego a la ofensiva involucionista de la derecha global. Muchos compañeros socialistas parecen paralizados en un cruce de lealtades contradictorio que no saben resolver. Pero esta complejidad es la que nos toca pensar y ayudar a construir a los que compartimos por igual convicciones socialistas y convicciones democráticas y además amamos Cuba.  Lo mejor que puede pasar está situado dentro de esa línea delgada finísima, fragilísima. Y solo cabe acompañar a los amigos y amigas cubanas en el proceso de articularlo políticamente con sabiduría. 

25/07/2021

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Por Emilio Santiago Muiño es doctor en Antropología Social y máster en Antropología de Orientación Pública.

 

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23 de julio 2021

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Publicado enInternacional
Soldados custodian las calles de Cali, Colombia, luego que el presidente Iván Duque ordenara más presencia militar por los hechos de violencia presentados durante protestas por el Paro Nacional. EFE/ Ernesto Guzmán Jr

Este decreto fue expedido por el Gobierno nacional en la madrugada del 29 de mayo para reestablecer el orden en algunas capitales, cuando se cumplía un mes del paro nacional.

 

El Consejo de Estado de Colombia suspendió este viernes de manera provisional el decreto expedido por el Gobierno nacional que contempla la asistencia militar para afrontar y superar los problemas de orden público durante las protestas sociales que se desarrollan en el país.

Esta decisión del Consejo de Estado determina que el decreto 575 de 2021, expedido por Iván Duque en la madrugada del 29 de mayo, con la intención de reestablecer el orden en distintas ciudades del país en el marco de las manifestaciones sociales del paro nacional, se suspende hasta que se emita un veredicto con relación a la legalidad de este acto administrativo.

“La determinación obedece a una demanda que, en ejercicio de la acción de tutela, presentaron varios ciudadanos de Cali, que consideraron que la respuesta de las fuerzas policiales y militares a las alteraciones al orden público originadas en las manifestaciones ciudadanas y protestas en esa ciudad estaba poniendo en riesgo el ejercicio de su derecho a la protesta social, a la vida e integridad personal, al debido proceso y a no ser sometidos a desaparición forzada”, indicó el Consejo de Estado en un comunicado.

La determinación fue tomada por la Sección Cuarta del Consejo de Estado que, luego de conocer esta demanda en primera instancia, otorgó el amparo constitucional y ordenó la suspensión transitoria de este acto administrativo, mientras la Jurisdicción de lo Contencioso Administrativo determina si este acto se ajusta o no al derecho.

A su vez, ordenó al ministro de Defensa, Diego Molano, y al director de la Policía Nacional, general Jorge Luis Vargas, que a través de sus directivas sean acatados los protocolos establecidos para la protección de la protesta social y la reacción, uso y verificación de la fuerza legítima del Estado.

De igual forma, instó a los participantes de las mesas de diálogo a continuar con este proceso de concertación como medida para superar las problemáticas que han sido expuestas durante las movilizaciones contra el gobierno de Iván Duque desde el pasado 28 de abril.

“Se encontró que ese acto administrativo amenaza el derecho a la protesta social porque los hechos que se mencionan como perturbadores del orden público tienen que ver con disturbios internos, con seguridad ciudadana, con la protección y control de civiles, funciones que están a cargo de la Policía Nacional por mandato constitucional, mas no de las Fuerzas Militares”, indicó el Consejo de Estado.

De igual manera, la Sección Cuarta argumentó que si bien se puede limitar el derecho a la reunión y a la manifestación si se presentan graves afectaciones de orden público, en estos casos es admisible el uso de la fuerza policial, con criterios de necesidad y proporcionalidad, más no de las Fuerzas Militares.

Soldados prestan seguridad en medio de una manifestación de indígenas en Cali (Colombia). EFE/ Pablo Rodríguez

Por otra parte, la Sala se refirió al empleo de la fuerza y de armas de fuego, señalando que fueron reportadas 15 muertes producto de la violencia durante las protestas sociales, de las cuales tres fueron atribuibles a la fuerza pública, razón por la cual manifestó que si bien la Policía podía limitar algunos derechos de la protesta con el fin de retornar el orden, no se podía perder la garantía a la vida, integridad personal y debido proceso en estos hechos.

“La Sección Cuarta también resaltó que ese tipo de actuaciones por parte de la Policía Nacional deslegitiman su intervención en las manifestaciones pacíficas y desconocen los estándares internacionales y constitucionales que protegen el derecho a la protesta social y que, por lo tanto, debía concederse el amparo del derecho a la vida y a la integridad personal de los demandantes y demás manifestantes, al encontrarlos amenazados por el uso excesivo de la fuerza”, indicó el Consejo de Estado

23 de Julio de 2021

Publicado enColombia
Viernes, 23 Julio 2021 06:08

Un alarido

Un alarido

El escritor cubano Leonardo Padura pidió difundir este texto con su opinión sobre la situación en Cuba a partir de las protestas del domingo 11 de julio: "es el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas"

 

Parece muy posible que todo lo ocurrido en Cuba a partir del pasado domingo 11 de julio lo hayan alentado un número mayor o menor de personas opuestas al sistema, pagadas incluso algunas de ellas, con intenciones de desestabilizar el país y provocar una situación de caos e inseguridad. También es cierto que luego, como suele suceder en estos eventos, ocurrieron oportunistas y lamentables actos de vandalismo. Pero pienso que ni una ni otra evidencia le quitan un ápice de razón al alarido que hemos escuchado. Un grito que es también el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas.

Un grito que es también el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas.

A ese reclamo desesperado, las autoridades cubanas no deberían responder con las habituales consignas, repetidas durante años, y con las respuestas que esas autoridades quieren escuchar. Ni siquiera con explicaciones, por convincentes y necesarias que sean. Lo que se impone son las soluciones que muchos ciudadanos esperan o reclaman, unos manifestándose en la calle, otros opinando en las redes sociales y expresando su desencanto o inconformidad, muchos contando los pocos y devaluados pesos que tienen en sus empobrecidos bolsillos y muchos, muchos más, haciendo en resignado silencio colas de varias horas bajo el sol o la lluvia, con pandemia incluida, colas en los mercados para comprar alimentos, colas en las farmacias para comprar medicinas, colas para alcanzar el pan nuestro de cada día y para todo lo imaginable y necesario.

Creo que nadie con un mínimo de sentimiento de pertenencia, con un sentido de la soberanía, con una responsabilidad cívica puede querer (ni siquiera creer) que la solución de esos problemas venga de cualquier tipo de intervención extranjera, mucho menos de carácter militar, como han llegado a pedir algunos, y que, también es cierto, representa una amenaza que no deja de ser un escenario posible.

Creo además que cualquier cubano dentro o fuera de la isla sabe que el bloqueo o embargo comercial y financiero estadounidense, como quieran llamarlo, es real y se ha internacionalizado y recrudecido en los últimos años y que es un fardo demasiado pesado para la economía cubana (como lo sería para cualquier otra economía). Los que viven fuera de la isla y hoy mismo quieren ayudar a sus familiares en medio de una situación crítica, han podido comprobar que existe y cuánto existe al verse prácticamente imposibilitados de enviar una remesa a sus allegados, por solo citar una situación que afecta a muchos. Se trata de una vieja política que, por cierto (a veces algunos lo olvidan) prácticamente todo el mundo ha condenado por muchos años en sucesivas asambleas de Naciones Unidas.

Y creo que tampoco nadie puede negar que también se ha desatado una campaña mediática en la que, hasta de las formas más burdas, se han lanzado informaciones falsas que al principio y al final solo sirven para restar credibilidad a sus gestores.

Pero creo, junto con todo lo anterior, que los cubanos necesitan recuperar la esperanza y tener una imagen posible de su futuro. Si se pierde la esperanza se pierde el sentido de cualquier proyecto social humanista. Y la esperanza no se recupera con la fuerza. Se le rescata y alimenta con esas soluciones y los cambios y los diálogos sociales, que, por no llegar, han causado, entre otros muchos efectos devastadores, las ansias migratorias de tantos cubanos y ahora provocaron el grito de desesperación de gentes entre las que seguramente hubo personas pagadas y delincuentes oportunistas, aunque me niego a creer que en mi país, a estas alturas, pueda haber tanta gente, tantas personas nacidas y educadas entre nosotros que se vendan o delincan. Porque si así fuera, sería el resultado de la sociedad que los ha fomentado.

La manera espontánea, sin la atadura a ningún liderazgo, sin recibir nada a cambio ni robar nada en el camino, con que también una cantidad notable de personas se ha manifestado en las calles y en las redes, debe ser una advertencia y pienso que es una muestra alarmante de las distancias que se han abierto entre las esferas políticas dirigentes y la calle (y así lo han reconocido incluso dirigentes cubanos). Y es que solo así se explica que haya ocurrido lo que ha ocurrido, más en un país donde casi todo se sabe cuando quiere saberse, como todos también sabemos.

Para convencer y calmar a esos desesperados el método no puede ser las soluciones de fuerza y oscuridad, como imponer el apagón digital que ha cortado por días las comunicaciones de muchos, pero que sin embargo no ha impedido las conexiones de los que quieren decir algo, a favor o en contra. Mucho menos puede emplearse como argumento de convencimiento la respuesta violenta, en especial contra los no violentos. Y ya se sabe que la violencia puede ser no solo física.

Muchas cosas parecen estar hoy en juego. Quizás incluso si tras la tempestad regresa la calma. Tal vez los extremistas y fundamentalistas no logren imponer sus soluciones extremistas y fundamentalistas, y no se enraíce un peligroso estado de odio que ha ido creciendo en los últimos años.

Pero, en cualquier caso, resulta necesario que lleguen las soluciones, unas respuestas que no solo deberían ser de índole material sino también de carácter político, y así una Cuba inclusiva y mejor pueda atender las razones de este grito de desesperación y extravío de la esperanza que, en silencio pero con fuerza, desde antes del 11 de julio, venían dando muchos de nuestros compatriotas, esos lamentos que no fueron oídos y de cuyas lluvias surgieron estos lodos.

Como cubano que vive en Cuba y trabaja y crea en Cuba, asumo que es mi derecho pensar y opinar sobre el país en que vivo, trabajo y donde creo. Ya sé que en tiempos como este y por intentar decir una opinión, suele suceder que «Siempre se es reaccionario para alguien y rojo para alguien», como alguna vez dijera Claudio Sánchez Albornoz. También asumo ese riesgo, como hombre que pretende ser libre, que espera ser cada vez más libre.

Leonardo Padura

Escritor, periodista y guionista

16 de julio de 2021 21:55h

En Mantilla, 15 de julio de 2021. 

Publicado enInternacional
20 de julio: jornada de terror contra los jóvenes de Cali

Un nuevo día de terror fue lo vivido en Cali el pasado 20 de julio, donde el poder nuevamente mostró sus dientes en forma de paramilitarismo urbano e implementó un tratamiento de guerra contra la protesta social, dejando un saldo de un joven asesinado en el barrio Alcázares y varios heridos en la ciudad, evidenciando una y otra vez el terrorismo de Estado que se impone en Colombia como norma.

La jornada de movilización en la ciudad se llevó a cabo desde horas de la mañana. Alrededor de cinco movilizaciones salieron desde diversos puntos de la ciudad y tenían como sitio de llegada la antigua Loma de la cruz hoy rebautizada Loma de la dignidad, en donde se desarrollaría un evento cultural con múltiples presentaciones musicales y artísticas.


En el escenario había participación de jóvenes, niños y niñas, adultos mayores, mascotas y una diversidad de ciudadanía que festejaría este 20 de julio de una manera inédita, donde el militarismo no sería el principal protagonista, sino que la alegría popular se tomaría la calle en un gran festejo. Sin embargo, todo el evento fue transformado en caos producto de la incursión paramilitar y policial que arremetió contra la población.

Una fuente cercana a desdeabajo nos narró la situación de la siguiente manera: “Desde que salimos del “Paso del aguante” veníamos muy contentos, festejando, habíamos coordinado hasta que el Tránsito prestara apoyo, ellos iban cerrando las vías por dónde íbamos a pasar, solo se cerraban momentáneamente mientras nos movilizábamos. Cuando íbamos llegando a la Loma, en el puente de la quinta con 10, había una olla comunitaria, allí había niños, mascotas, adultos mayores y llegaron varios drones. De un momento a otro los muchachos empezaron a avisar que sobre la 10 había mucha policía y sobre la cuarta venían bajando unos seis muchachos como si fueran primera línea junto al Esmad, ellos nos empezaron a disparar con armas de fuego, entonces nos tocó tirarnos al piso y luego salir a correr porque al mismo tiempo empezaron a tirarnos gases, ahí se nos empezó a asfixiar la gente, todos los niños y ancianos tuvieron que respirar estos gases, que puedo decirte han sido unos de los peores que nos han tirado en todas las manifestaciones”.


El periodista José Alberto Tejada, director del Canal 2, denunció lo ocurrido en la noche del mismo día, donde comentó: “la jornada del 20 de julio, como se preveía ha sido una jornada criminal por parte del Estado colombiano, por parte del gobierno colombiano a tres niveles: el central, regional y local (…) hoy viendo el acto criminal que me tocó presenciar en la "Loma de la dignidad", donde fueron vilmente atacados, cantidad de muchachos y muchachas y personas de la comunidad que estaban allí esperando desde antes del mediodía a las manifestaciones que venían de varios lugares de la ciudad a aglutinarse en este punto emblemático de Cali, para hacer una gran fiesta (…) civiles de nuevo, entremezclados con la policía disparando a matar, disparándole a la comunidad. Hoy usaron de nuevo la maquina Venom” (1).


Paso del aguante

Mientras este era el escenario en la Loma de la cruz, en la maloca comunitaria Nicolás Guerrero se realizaba un operativo policial para ingresar al espacio y destruirlo. Desde las 2:30 de la tarde la comunidad se percató de la presencia de personas desconocidas, según nos cuenta Laura Guerrero, defensora de derechos humanos y madre del joven Nicolás Guerrero –asesinado en el mes de mayo–, “entre esas personas, dicen, que uno sacó un arma y le disparó a la policía, en ese momento fue cuando nos empezaron a lanzar gases lacrimógenos, todo quedó nublado, nadie veía nada y se escuchaban disparos. Lo que no nos explicamos es por qué la policía no cogió a la persona que les disparó de frente, sino que capturaron a un venezolano que iba pasando y a otro chico que pasó en la calle corriendo de los gases”.


Según Laura, el actuar de la “fuerza pública” era completamente arbitrario, así como agresivo, pues en ningún momento escuchaban razones y fue gracias a la exigencia de la comunidad y la mediación de distintos actores que se encontraban en el lugar (Procuraduría, defensores de derechos humanos y la ONU), que los policías y agentes del Esmad se retiraron. Sin embargo, cuando había pocas personas en la biblioteca y otros se encontraban almorzando, la arremetida volvió con más fuerza.


“Cuando tratamos de acercarnos nos dispararon nuevamente con sus gases, no nos permitían acercarnos ni sacar nada del espacio. Empezaron a violentar la puerta y al romperla entraron al espacio. Yo me acerqué como defensora de derechos humanos y al no valer nada para ellos, entonces me arrimé como la mamá de Nicolás y me planté en el lugar. En ese momento empiezan a decirme que me quite, que me fuera, pero yo no me dejaba quitar. Al ver la situación me empezaron a grabar la cara todo el tiempo, me echaron algo en el cuerpo y al preguntar qué era, se empezó a reír y no dieron ninguna explicación.


Al final llegó a mediar el secretario de educación e hicimos un acta donde nos encontramos como actores: la comunidad, el mayor de la policía, el secretario de educación y chicos de la primera línea. La idea es que tenemos plazo hasta el 29 de julio para establecer esta mesa y llegar a los acuerdos para que nos den un espacio para la biblioteca o nos asignen este que ya tenemos”.


Noche de terror

Los ánimos estaban caldeados desde la incursión a la biblioteca Nicolás Guerrero. En el barrio Alcázares, junto al cementerio del norte, los jóvenes comenzaron a enfrentarse con el Esmad minutos después de la agresión contra el espacio comunitario que genero indignación y rabia. Mundo, un joven primera línea que estuvo en el lugar nos cuenta que desde que llegó la noche la situación empezó a empeorar. Las balaceras eran constantes contra los manifestantes, disparos de fusil se escuchaban e impactaban el cuerpo de los jóvenes:

“Heridos de fusil hasta donde conté y pude cargar fueron cuatro, pero sé que fueron muchos más, a uno le destrozaron la pierna con las balas. Pero lo más impresionante que vi fue cuando llevábamos dos heridos cargados y comenzaron a gasearnos hasta dejarnos asfixiados, teníamos una cortina de humo que no nos dejaba ver y no pudimos más, nos tocó dejar el lugar. Tratamos de arrastrar el cuerpo de un muchacho herido, pero ahí nos empezaron a dar más bala, sabemos que en ese momento remataron en el piso a una persona, habían heridos por todo lado.


Cuando la cortina de humo se fue, ya no estaba ni el cuerpo ni la policía. No sabemos el nombre del muchacho, pero en mi Facebook grabé donde se ve la sangre y como lo arrastraron (2). Yo me replegué a las 2:30 de la mañana, hasta esa hora ellos seguían con el cuerpo, ahí cometí el error de dejar la moto en la calle y me la robaron, ahora no tengo como movilizarme, ando sin plata, sin saber que voy a hacer porque desde que empezó el paro me echaron de la casa”.


*Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur

1. Ver: https://www.facebook.com/canal2cali/videos/4453892187974614
2. Ver: https://www.facebook.com/kevinandres.canavalvalencia/videos/320730333061858/

 

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https://twitter.com/caliresiste_pn/status/1417664661256818691?s=20

 

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