Sábado, 11 Abril 2009 17:37

Parados por partida doble

Inesperadamente, los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgaron sobre el inmigrante ecuatoriano Diomedes Carrión, coceado por el paro, la pancreatitis, la ruina y la desesperanza. "Dice el doctor que lo mío es largo, pero no me da un veredicto de nada". Desde hace un año no puede enviar dinero a sus dos hijos en Quito, de 13 y 14 años, a quienes no ha visto desde 2001, el año del desembarco en España. "Vivo de mi señora, que trabaja por ahí, en un bar". La crisis económica ahorca a la familia Carrión y a los 780.000 inmigrantes registrados sin empleo en el cuarto trimestre de 2008, según la encuesta de población activa (EPA). "Me he comido el finiquito, los ahorros, y ya no tengo nada, y mi familia, allá, tampoco".

El drama del paro es doble entre los inmigrantes porque todos afrontan gastos en España, desde el alquiler o la compra de un piso hasta la diaria manutención, y gastos en origen, donde millones de parientes dependen de sus remesas de dinero para comer, escolarizarse o dormir bajo techo. La recesión agravó el trance al reducir el envío de remesas desde España, que cayeron el año pasado hasta los 7.840 millones de euros desde los 8.445 millones de euros de 2007, según el Banco de España. La disminución fue especialmente dura en Bolivia, Ecuador y Colombia, y este año será mucho más pronunciada porque la destrucción de empleo continúa.

Otro ecuatoriano abatido y triste relata su calvario en un banco de la calle de Oporto de Madrid. "Llevo siete años tratando de legalizarme y no me lo permiten. Me siento humillado", dice J. C., de 39 años, que no quiere ser identificado. "Ya me han rechazado dos solicitudes, pero sigo luchando". Los abusos cometidos con J. C., siempre a salto de mata entre los andamios y las cerrajerías, son frecuentes. "Si vienen los inspectores, les dices que me estás trabajando sólo por un día porque necesitas comer", le exigió un empleador. Su madre y hermano han vivido de los 250 euros mensuales enviados hasta finales de 2007, en que fue despedido definitivamente.

Paga 250 euros por una habitación, vive de las chapuzas y muestra una abultada carpeta de formularios, solicitudes y requerimientos administrativos. Paso a paso los cumple, pero el purgatorio lo está matando. Comenzó con 180 euros semanales en una constructora que quebró, y consiguió tajo después en una obra de Guadalajara hasta la inspección de Trabajo. "Me multaron a mí con 350 euros por estar trabajando... y el jefe me despidió". Detenido por la policía, ha dormido en los calabozos de comisaría, y renunció a la denuncia judicial en varias ocasiones porque temió la deportación. "Tengo un hijo de 18 años que nunca ha vivido conmigo, y soy la cabeza del hogar de mi madre y de mi hermano, de 22 años. Estoy un poco derrumbado, pero todavía tengo fuerzas".

La población inmigrante latinoamericana vive angustiada con la posibilidad de perder el piso, los ahorros, la educación de sus hijos y los sueños. El progresivo desplome de las remesas afecta a las sociedades que las necesitan, vapuleadas todas por la pobreza, la informalidad laboral y la ausencia de oportunidades. La mayoría las dedica a la comida, las ropas y el alojamiento, y el eventual sobrante es invertido en vivienda, pequeños negocios, educación y salud, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

A 8.543 kilómetros de Madrid, en Quito, Eulalia, madre de J. C., implora ayuda, en una conversación telefónica. "Sufro mucho, demasiado, porque él ha sido nuestro apoyo desde allá. Me ha mandado siempre para la comidita, y ahorita tengo que luchar, lucho solita, pero como ya estoy con mi edad (56 años) no me quieren dar trabajo. Trabajo de lo que sea, lavando o limpiando". La situación económica es tristísima y todos malviven apretados. "Pero soy fuerte y mi hijo es como yo, decidido y valiente. Si usted, como señor periodista, pudiera ayudarle...", agrega Eulalia. "Y dos hijos separados: uno estudiando aquí y el otro allá sin verlo en casi ocho años".

¿Y cómo se apaña usted? "Pues una sobrina me prestó una casita y aquí vivo". La mujer sueña con un terreno donde sus dos hijos puedan edificar una casa "para que nadie les mande salir cuando yo muera". Quisiera el regreso del hijo, pero se lo piensa dos veces, no está tan segura de que sea lo mejor porque "aquí tampoco hay trabajo". Antonio, de 22 años, hermano de J. C., estudiante de educación física en Quito, deberá ponerse a trabajar. "Estamos muy preocupados por él. Ha sido como un padre para mí, pero yo le diría que volviera".

El paro y la incertidumbre son corrosivos, según Juana Molano, psicóloga de la asociación humanitaria AESCO (América España Solidaridad y Cooperación), que ayuda a inmigrantes atormentados por la crisis y las deudas. "Todo eso genera muchos conflictos y tensiones internas, y hay familias, matrimonios y parejas que no han resistido y se rompieron. Es muy duro no poder cumplir con los proyectos que tenían al llegar a España". Y quienes somatizan el estrés y la ansiedad caen en el insomnio, la intolerancia y la agresividad. "A veces, las rupturas matrimoniales llevan a las situaciones de personas que se quedan solas con el compromiso del piso, de los hijos y de todo. Y la otra que ha vuelto a su país", dice Molano.

Las mujeres sin hijos pequeños a su cargo pueden encontrar trabajo en el servicio doméstico o en el cuarto de fregonas de la hostelería, pero los hombres no levantan cabeza y se desesperan. "Suelen venir a la consulta a informarse, y es muy valioso para ellos poder expresar en palabras sus sentimientos de angustia ante una persona que les escucha. Hacemos un seguimiento, un acompañamiento caso por caso, para ayudarles en lo que podamos, desde la búsqueda de comedores hasta hablar con los hijos de la situación", dice la psicóloga. El dilema de Diomedes Carrión, de 40 años, es arduo: lo echaron del taller de pintura cuando enfermó de gravedad. Recibe 650 euros de la Seguridad Social, y su esposa, limpiadora, suma otros seiscientos, pero un hijo de 15 meses limita la libertad laboral de la madre. Una hipoteca de 240.000 euros absorbe 1.500 euros mensuales. Las facturas del gas, electricidad, agua, etcétera, son casi impagables. Este mes se declarará insolvente y en mora.

"Sigo de baja médica. Mi jefe me despidió por enfermo. Antes mandaba a mis hijos 400 dólares mensuales, pero ya no puedo", dice. "La señora que cuidaba a mis hijos ya no quiere cuidármelos porque no he hecho un envío desde que caí enfermo hace ocho meses. Ahora me los cuida un hermano de mi señora, de favor". Diomedes tiene la voz cansina, trágicamente monocorde: "Seguimos rebuscando y rebuscando, pero ya no tengo más. Voy vendiendo cosas que tengo, la radio o lo que sea. Cualquier cosita que puede vender, la vendo para poder comer".

El colombiano Arlex Guillermo Guerra, de 39 años, también las pasa canutas, pero el patrimonio acumulado durante años de trabajo a destajo, de sol a sol, limita los estragos de la crisis. Le iba bien, con contratos fijos y buenos ingresos, hasta su despido de una mensajería en septiembre del pasado año. Cobrará 850 euros de paro hasta septiembre próximo. Vive con su esposa, que gana otros 800 de limpiadora, y tres hijos de 15, 10 y 8 años. "En septiembre me ahogo con los colegios y los uniformes". Independientemente de los cuantiosos gastos fijos, el crédito hipotecario de 190.000 euros se lleva 1.000 euros mensuales. Sus padres y un sobrino dependen de sus transferencias a la ciudad de Pereira, en las estribaciones de la cordillera de los Andes. "Les enviaba 170 euros, pero lo he tenido que dejar en 70, para que el chico no se quede tirado en los estudios. Su calidad de vida ha caído porque allá 170 euros es dinero. Antes también les enviábamos ropa en cajas de veinte kilos, pero eso se terminó".

El carácter emprendedor e infatigable de Arlex Guillermo le permitió comprar una excavadora, necesitada de unos repuestos de mil euros que no puede comprar, y dos casas en Colombia. El alquiler de una de ellas, 140 euros mensuales, sufraga los gastos de sus padres. Desde Pereira, Juan David, de 20 años, el sobrino, estudiante de tercer año en el Instituto Agropecuario de Colombia, cuenta que ha debido apretarse el cinturón, limitar el uso de la moto y aceptar "que ya no tengo las mismas capacidades de siempre". "El dinero de mi tío era muy importante. El transporte se me ha dificultado, y también las prácticas en el campo, ya que hay que pagarlas", agrega. Juan David compaginará trabajos de temporero con la universidad. "De momento, para ahorrar en combustible me voy el lunes en moto a la universidad y me quedo a dormir tres días en casa de un amigo que vive cerca y me colabora. No pude pagar el semestre de la universidad, que son 500 euros, porque mi tío sólo me pudo mandar 300 y el resto hay que financiarlo. De entrada ya me están cobrando intereses".

También en paro, también colombianas, Karen Delgado, de 28, y su hermana, de 36, madre soltera con un hijo de ocho años y otro de diez meses, viven con lo puesto a la espera de que amaine la tormenta. Karen, que trabajó de camarera, teleoperadora, administrativa y de lo que hiciera falta, perdió la última ocupación en octubre. Ahora saca unos 300 euros mensuales de aquí y allí, y su hermana, los 900 del paro, pero sólo la guardería privada, al negarles la pública, y el alquiler de la vivienda cuestan más de 1.300 euros. Otras facturan suman otros 400. No les llega ni de lejos, y las remesas a su madre y otros familiares en Colombia, que oscilaban entre los 150 y 200 euros, son ya imposibles. "Llevamos mucho tiempo en el exterior, siete u ocho años, y siempre hemos enviado dinero todos los meses a Colombia, pero desde hace siete meses, ni un céntimo. ¿De dónde? Apenas podemos con los pagos y ya vamos atrasadas". Al otro lado del Atlántico, la madre de las dos jóvenes, María Figueroa, de 56 años, lo lamenta "porque ellas me mantenían y mandaban la platica para la comida, para los servicios, para el teléfono, y ahora ya no me pueden mandar. De ellas dependíamos mi nieto y otros dos hijos, que cuando pueden alquilan el carro (coche), porque acá tampoco hay trabajo". María alquiló la habitación que ellas dejaron cuando partieron hacia España. "Esa ayuda que ya no tengo me tiene enferma. A veces me pongo a llorar todo el día porque no sé qué hacer. Por mucho que haga, no consigo trabajo. Si no hay para los jóvenes, imagínese para mí, que ya soy vieja".

Leonardo Clavos, boliviano de Tarija, de 49 años, mecánico electricista, todavía es joven y animoso, pero tampoco encuentra faena desde que perdió la última, en agosto del pasado año, en una empresa de aire acondicionado. No cobra el paro porque, aunque está a punto de regularizarse, aún es ilegal. Cada mañana, el evangelista Clavos se encomienda al Altísimo. "Me pongo en las manos de Dios y luego recién continuo mi labor cotidiana". La rutina es encontrar algo a toda costa, y volverá a Tarija si fracasa. En España desde 2005, tiene un hijo en el Ejército. Con los ingresos del chaval y los de su mujer, en torno a los 1.500 euros, la familia apenas sobrevive y debió recortar hasta los 100 euros su remesa a la empobrecida Bolivia, donde tres hijos, de 29, 25 y 15 años, dependen de ella. "Antes mandaba 350, 500 o más de mil. Mis hijos tienen que entender que ya no puedo y tienen que rebuscar por allí, que es muy difícil", reconoce Clavos. ¿Le ayuda mucho la fe? "Sí, claro. Todo por el amor de Dios, con eso andamos". -

Por, JUAN JESÚS AZNÁREZ 11/04/2009

'Parados por partida doble' es un reportaje del suplemento Domingo del 12 de abril de 2009

Publicado enInternacional
La situación de Rebeca Maldonado, ecuatoriana de 24 años, no es aún "desesperada". Vive en España desde 2007 y cuando llegó "todo era muy distinto". No tuvo problema en hallar trabajo. Hasta hace tres meses se desempeñaba como camarera en un bar del barrio de Salamanca de Madrid. La recesión mundial convenció al dueño de prescindir del personal y le obligó a atender personalmente el local. Desde entonces, Maldonado no ha podido lograr otro empleo. Enviaba a Ecuador 300 euros, poco más de la mitad de su salario. Ahora vive con la ayuda de sus amigos. No sabe hasta cuándo.
 
La omnipresente crisis económica global aterrizó en América Latina en la segunda mitad de 2008 y lo hizo para quedarse. Aunque la región parecía estar vacunada ante el tsunami que emergió de Wall Street, la realidad marcó otra pauta. Además del contagio financiero y comercial, hay una tercera vía que va a afectar a la economía latinoamericana: la caída del dinero enviado desde el extranjero. De todas las regiones emergentes, América Latina es la que más depende de las remesas.
 
Hasta ahora, los flujos de dinero enviados desde los países de destino de los migrantes podían llegar a compensar un periodo de bajo crecimiento en los países receptores. El freno en la economía mundial, sin embargo, no deja indemne a la región. La proyección de crecimiento que el Banco Mundial estima para América Latina ha caído de un 2,7% previsto el año pasado hasta un 0,3%.
 
Pero en esta ocasión, la crisis no ha sido causada por las economías emergentes. Por primera vez, la debacle se originó en el país del que parten la mayor parte de las remesas del mundo, Estados Unidos, y ha golpeado sin piedad al principal emisor europeo, España.
 
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala que los inmigrantes latinoamericanos enviaron a sus países 69.200 millones de dólares en 2008, lo que supone un incremento de tan sólo el 0,9% frente a 2007. Además, el presente año será el primero desde que el BID comenzó a estudiar los datos de envíos de dinero, en 2000, en que se registre una caída. Esta tendencia fue evidente en el último trimestre de 2008, cuando el dinero enviado desde el extranjero cayó un 2%. El derrumbe se agudizó el pasado mes de enero, con un desplome que oscila entre el 11% y el 13%, según los últimos datos del BID.
 
"La caída era esperada, y seguramente vaya a más, pero en cualquier caso su efecto va a ser mucho más moderado que el provocado por la vía comercial, donde la caída de ingresos supera ya el 20%, o por la vía financiera", matiza José Antonio Ocampo, ex secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y profesor de la Universidad de Columbia.

Cambio de vida

Aunque quizá en el plano macroeconómico el descenso de las remesas no se note, la esperada contracción del dinero enviado desde el extranjero trastocará la calidad de vida de muchas familias latinoamericanas. Según el último informe del BID, el envío de dinero desde el extranjero ha significado un revulsivo para luchar contra la pobreza. El 60% del dinero se utiliza para cubrir necesidades diarias como alimentos, vestimenta y alojamiento y, especialmente, gastos sanitarios. En América Latina no existe un sistema de Seguridad Social al estilo español. Un estudio de la Universidad de Maryland, realizado en 2007, expone que algunas poblaciones pequeñas dependen enteramente del dinero que llega de Estados Unidos y Europa. Es el caso de Chiquimitío, un pequeño pueblo ubicado al sur de México, que ha visto decrecer su población en más de la mitad. Las opciones para quienes se quedan son pocas.
 
¿Bastaría entonces sólo con adecuarse a la nueva realidad económica? En principio sí, pero ese sólo es muy relativo, tal y como explica Luis Jorge Garay, economista colombiano, que ha estudiado el efecto de las remesas en su país. "Los migrantes han adecuado sus patrones de vida al dinero que han ido ingresando todo este tiempo. Consumen más, por ejemplo; algunos han decidido no trabajar. Los neoliberales dicen que las remesas han producido una situación de aperezamiento en los países de origen, algo que es parcialmente cierto. Muchos hogares tendrán que cambiar sus patrones", argumenta Garay.
 
El cambio, sin embargo, no se produce ni se producirá de la noche a la mañana. Las remesas son un residuo, el dinero que mandan los migrantes una vez que han cubierto sus gastos básicos en el país de destino. ¿Cuál es el colchón que tienen para reducir su calidad de vida sin llegar a la mendicidad?El impacto de la caída del monto de dinero enviado será diferente dependiendo del país de origen del migrante. Los países andinos -Ecuador, Perú y Bolivia- van a ser los más damnificados por la disminución de las remesas.

Dependencia de España

Los más de 400.000 ecuatorianos que residen legalmente en España suponen la mayor colonia latinoamericana en el país; la segunda de extranjeros después de los marroquíes. De acuerdo con los datos del Banco Mundial, en 2008, la cantidad de remesas enviadas a Ecuador disminuyó un 10% respecto a 2007. Más aún, es el segundo país dependiente de las remesas de España, concretamente un 4% del producto interior bruto (PIB), sólo por detrás de Bolivia (las remesas que llegaron de España en 2007 representaron un 10% del PIB).
 
El Banco de España aún no ha publicado los datos de envíos de remesas del curso pasado. Sin embargo, los del segundo trimestre ya fueron sintomáticos de la huella que la crisis ha dejado en el envío de dinero. En ese periodo, las remesas habían caído un 7,3% en relación con la misma etapa de 2007. En total, de España partieron 1.773 millones de euros.
 
El principal problema que se avecina en 2009 es el imparable aumento del desempleo. Hasta ahora los sectores más golpeados han sido la construcción y la hostelería, que emplean al mayor número de inmigrantes. Pero no será el único factor que afecte al envío de las remesas. A Ecuador, como a El Salvador en Centroamérica, le va a pesar mucho tener una economía dolarizada. El primer semestre del año pasado, los ecuatorianos se beneficiaron de la fortaleza de la moneda europea, pero la caída de su valor frente al dólar en el resto de 2008 redujo el monto de sus remesas.

Economías dolarizadas

Las fluctuaciones en las tasas de cambio representan un factor importante en varias economías latinoamericanas, con efectos distintos. El peso mexicano y el real brasileño, por ejemplo, han perdido terreno frente al dólar estadounidense en los meses recientes, y como consecuencia, el dinero enviado desde Estados Unidos ha visto incrementado su poder adquisitivo.
 
La mayoría de los inmigrantes de países como Honduras, Nicaragua o El Salvador viven en Estados Unidos; los países centroamericanos, con economías dolarizadas, dependen directamente del valor de la moneda estadounidense.
 
"Si en México o en Colombia, por ejemplo, las remesas caen, pongamos, un 10%, pero la depreciación de la moneda es del 30%, tienen una compensación en torno al 20%", ilustra José Antonio Ocampo.
 
Las remesas representan un papel decisivo en las economías de la región. Según los datos del Banco Mundial, el país de América Latina que más depende de las remesas es Honduras. La cuarta parte de su PIB proviene del dinero enviado desde el extranjero. El organismo recuerda que es la quinta economía mundial con tal dependencia de las remesas.
 
México, que concentra un tercio del total de las remesas enviadas, es el principal receptor de América Latina. Sólo es superado en el mundo por China e India. Los 30 millones de personas de origen mexicano -algunos están nacionalizados- que viven en Estados Unidos no son ajenos a la crisis. Así lo corrobora José Díaz, presidente del Club Rafael Carrizal, miembro de la Asociación de Clubes Michoacanos en Chicago. Uno de cada 10 inmigrantes mexicanos en Estados Unidos proviene de Michoacán, un Estado al occidente de México. "Está muy difícil, [los estadounidenses] no quieren gastar", explica Díaz.

Sin retorno

Muchos trabajan en construcción, en restaurantes o en la agricultura. El freno en la economía les ha afectado por igual. Volver, sin embargo, no es una opción. "Más bien viajamos menos", cuenta. El retorno tampoco es una alternativa para Rebeca Maldonado, la ecuatoriana que vive en España. Cuando se le plantea la posibilidad de regresar, la respuesta es clara: "No. Allá siempre está peor".
 
La encrucijada a la que se enfrentan los Gobiernos de origen y de destino, especialmente en el caso de España, no es sencilla. La época actual evidencia la doble moral con la que han jugado los Ejecutivos desde que comenzó a agudizarse el fenómeno de la migración. En los momentos de mayor auge económico, todos ganaron, sobre todo algunos países de origen, que al poder liberarse de la responsabilidad de brindar empleo a personas que estaban en el paro, pudieron mejorar su calidad de vida. El problema viene ahora, cuando hay que apretarse el cinturón. Los países de donde partieron los migrantes suelen dar la callada por respuesta, no hablan de programas de repatriación. Y los de destino da la impresión de que cuantos más se vayan, mejor. "Pero sin ser correspondidos", puntualiza Garay.
 
¿Pueden hacer algo para paliar el efecto de la disminución de las remesas? "Las remesas de por sí generan desigualdad. Si encima una Administración decidiese compensar a los que no la reciben, ¿qué pasaría con los que nunca han tenido nada?", mantiene José Antonio Ocampo.
 
¿Qué puede llegar a ocurrir? En la medida en que las remesas bajan, la pobreza sube. Unido a la crisis global, lo que se avecina no es nada halagüeño. En esa búsqueda por encontrar el dinero para completar el que ya no viene de fuera, los analistas temen que entren en juego los sicarios, que ya han empezado a hacer actos de presencia, por ejemplo, en el eje cafetero colombiano, la región que va desde el sur de Antioquia hasta el norte del Cauca. Lo mismo que en México. "Allá los muchachos ya nomás se quieren dedicar a la droga", comenta Díaz.

Por, V. CALDERÓN / J. LAFUENTE - Madrid - 06/04/2009
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Miércoles, 12 Mayo 2010 16:36

Colombia recibió un 17% menos de remesas

Colombia recibió 901,2 millones de dólares en remesas en los tres primeros meses de 2010, mientras que al cierre del primer trimestre del año pasado se habían acumulado 1.095,3 millones.
 
Las remesas que llegaron a Colombia en el primer trimestre del año descendieron un 17% respecto al mismo periodo de 2009, posicionándose incluso por debajo de las recibidas entre enero y marzo de 2007, según un informe del Banco de la República difundido hoy.



Colombia recibió 901,2 millones de dólares en remesas en los tres primeros meses de 2010, mientras que al cierre del primer trimestre del año pasado se habían acumulado 1.095,3 millones.

En los ejercicios de 2008 y 2007 las cifras para el trimestre se situaron en 1.141 millones y 950,2, respectivamente.

Por países de origen, España y Estados Unidos son los que más aportan, con 37,2% y 35,5%, respectivamente, porcentajes que caen frente al primer trimestre del 2009, cuando fueron de 38,1% y 34,5%.



Sin embargo, las remesas que llegan desde el país norteamericano han repuntado respecto del último trimestre de 2009, cuando representaron un 32,4% del total, mientras que las provenientes de España siguen descendiendo, ya que en el anterior trimestre superaron los 40 puntos porcentuales.



Los envíos desde Venezuela descendieron también, ya que entre enero y marzo de 2009 se situaban en un 9,8%, mientras que en igual lapso de 2010 apenas llegaron al 6,9%.



En cuanto al Reino Unido, el cuarto país que más aporta, las cifras son más positivas, con un 3,2% en el periodo analizado de 2010 frente al 2,5% enviado en 2009.
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