Congreso del partido Comunista chino con el secretario general partido Xi Jinping al frente

La VI sesión plenaria del XIX Comité Central del Partido Comunista de China (del 8 al 11 de noviembre) ha supuesto la última gran reunión del PCCh antes del Congreso de 2022. En ella se reafirmó el lugar que el Partido guarda para el Presidente Xi en la narrativa histórica.

 

El Partido Comunista de China (PCCh) es, por su mando ininterrumpido desde hace más de siete décadas y por las dimensiones económicas, políticas, militares y demográficas de la República Popular China, uno de los más importantes aparatos partidistas en el mundo. En anchura de la base militante, únicamente el Bharatiya Janata Party (BJP) de Modi en India le hace competencia; en lo que a la longevidad de su tarea directiva nacional se refiere, tan solo un puñado de gobiernos socialistas como el del Partido Comunista de Cuba o el del Partido del Trabajo de Corea se le equiparan; al respecto de su rol en espacios de gobernanza internacional, cuesta imaginar una organización que se le asemeje, más allá de los partidos Republicano y Demócrata estadounidense; y al pensar en el calado ideológico y cultural que de facto ejerce dentro de sus fronteras, el PCCh supera a movimientos políticos de profunda impronta nacional como el peronismo argentino o la socialdemocracia sueca de la posguerra.

La centralidad que el Partido Comunista de China juega a nivel nacional e internacional exige considerarlo de forma integral, estudiando sus procedimientos de toma de decisión, su particular comprensión del proyecto socialista y la forma que adopta la teoría marxista nacional luego de pasar todos los filtros de debate y pensamiento de la organización. Bajo tal premisa, es importante poner en correcta consideración la sexta sesión plenaria del XIX Comité Central del Partido Comunista de China que tuvo lugar del 8 al 11 de noviembre, pues ha sido en la práctica la última gran reunión del ciclo político quinquenal del país.

La sesión venía a ser una suerte de preludio de cara al Congreso del PCCh en 2022, afianzando las expectativas que se tienen al respecto de un Congreso que apunta a ser uno de los más importantes desde la fundación del Partido. Varios son los elementos que definen el clima político chino en los últimos meses y que configuran el marco general dentro del cual tiene lugar el encuentro: gestión nacional e internacional de la pandemia y de la campaña de vacunación, manejo regulatorio del sector tecnológico, abordaje estatal de la complicada situación de los sectores inmobiliario y energético, pugna con el capital y el gobierno estadounidenses y con la casi totalidad de los Estados centrales del capitalismo mundial, tensiones diplomático-militares con Taiwán y con Tsai Ing-wen, etc.

La dimensión histórica de Xi Jinping

Con todo, ni la posición ni el proyecto del Presidente Xi como conjunto parecen estar sobre la mesa de discusión de cara a 2022. Reducción de las desigualdades, ampliación de acceso al consumo y afianzamiento y profundización de las reformas estructurales en lo organizativo, político, social y económico; estas son las grandes líneas maestras del plan de Xi Jinping para cumplir aquella máxima del Partido encarnada en la que es concebida como su misión fundacional: “buscar la felicidad del pueblo chino y la revitalización de la nación china” a través de la edificación de un país socialista moderno y de la defensa del denominado “socialismo con peculiaridades chinas” —una puesta en común de los postulados clásicos del marxismo (fundamentalmente aquellos teorizados por Marx, Engels y Lenin) junto con los aportes primero de Mao y, posteriormente, de Deng Xiaoping y Xi Jinping.

Habiéndose abolido ya los límites de mandatos para el máximo puesto director del Partido, el Congreso de 2022 presumiblemente verá el intento del hoy Presidente Xi por renovar su posición. El micro ciclo político chino que abarca la reunión del Buró Político en octubre, la reciente sexta sesión plenaria y el próximo Congreso del año que viene, enmarcado en sí mismo como el cierre de la segunda etapa de Xi Jinping al frente del PCCh y de la República Popular, parece encaminado a reafirmar la figura del Presidente Xi como el tercer gran líder de la historia del proceso revolucionario. Sin ir más lejos, en una nota publicada por Xinhua en las fechas de la sesión, se exponía que “a la edad de 59 años, Xi fue ascendido a la posición más alta del Partido en noviembre de 2012. Alrededor de un mes después, Xi desafió el frío del invierno para visitar a los habitantes pobres de Hebei. Se sentó con los aldeanos y les preguntó sobre sus ingresos y si tenían suficiente comida, colchas y carbón para mantenerse calientes durante el invierno. Xi dijo que su corazón se apretó cuando vio que algunos aldeanos todavía estaban luchando para llegar a fin de mes.” La épica revolucionaria se vincula cada vez más con la figura de Xi Jinping.

Tanto es así que, como respuesta al cumplimiento de los cien años desde la fundación del Partido (1921-2021) y en consonancia con los diversos actos que han tenido lugar a lo largo del 2021, la sesión dio de sí una nueva resolución sobre su propia historia. Este procedimiento, lejos de traducirse como una simple anécdota o como un mero gesto de autorreivindicación, coloca sobre el papel a Xi a la altura de Deng y de Mao en un aspecto clave: la narrativa histórica de la Revolución China. Solo dos documentos de este estilo fueron redactados de forma oficial previamente: el primero, en 1945, asentó la obra teórica de Mao como la brújula ideológica; el segundo, en 1981, reconoció la dimensión histórica de Deng Xiaoping como director del proceso de transformación y reordenación del proyecto socialista nacional. El documento salido de la sesión, inmediatamente previa al Congreso, asegura al Presidente Xi un puesto del más alto rango en la historiografía del PCCh e instaura su visión económica, política, social, ideológica como la palabra rectora del plan general que se describió más arriba y como la más indicada articulación teórica para el análisis de la realidad concreta de China en nuestros días. De hecho, el comunicado aprobado en la sesión defiende enarbolar “la gran bandera del socialismo con peculiaridades chinas y persistiendo en guiarse por el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping, el importante pensamiento de la triple representatividad, la concepción científica del desarrollo y el pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva era” .

No obstante, y como cabría esperar en un organismo vivo como lo es el Partido Comunista de China, con una profunda impantación territorial, más de 90 millones de miembros y con un más que constatable historial de profundas discusiones internas, ni la figura ni el proyecto de Xi Jinping son capaces de instalar consensos absolutamente cerrados. El contexto a la interna del Partido en este cierre de la segunda etapa de Xi es el de un liderazgo con algunos cuestionamientos. El marco general de las disputas contemporáneas se entiende sobre la siguiente ecuación: el gobierno chino cree ampliamente en el desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo bajo el control político y económico del Partido Comunista, aunque no quedan perfectamente definidos aspectos como el de la limitación del poder de los grandes grupos capitalistas o el de la duración de este desarrollo de las fuerzas productivas. ¿Cuánto avance capitalista es suficiente? ¿Qué equilibrio de poder Estado/Partido – capitalistas es correcto para que los primeros concentren capacidad dirigente sin que los segundos ‘escapen’ o se vuelvan menos competitivos?

Preguntas de semejante calado dan de sí distintas respuestas y, en consecuencia, distintas praxis que, resueltas mediante distintos grados de confrontación, se forjan por dentro de los límites establecidos por el PCCh, que continúa siendo el actor político central del país. Se entiende que Xi está llevando a cabo un giro “a la izquierda” que se traduce en una intensificación de los esfuerzos regulatorios que caen sobre el capital concentrado nacional e internacional. Este camino escogido por el Presidente encuentra dos principales respuestas: la primera, cercana al capital concentrado nacional, tendente a la defensa de las políticas de liberalización y profundización de lo que entienden como las condiciones más favorables para el desarrollo capitalista y su inherente concentración de capital; la segunda, menos relevante, viene “por izquierda” y se vincula con sectores que reivindican una suerte de vuelta al maoísmo. En cualquier caso, y aunque las tendencias opuestas o semi opuestas al sector de Xi disponen en conjunto de una cierta relevancia, puede afirmarse con certeza que ni el Presidente ni su proyecto están cerca de ser puestos firmemente en entredicho.

Más allá de la costa

La situación con Taiwan y las pretensiones de la República Popular sobre la isla no se modificaron en absoluto durante la sesión. Para el PCCh, recuperar materialmente su control en el marco simbólico de “una sola China” es fundamental para cerrar la narrativa de la recuperación de la soberanía nacional luego del “siglo” de humillación (1939-1949) bajo el accionar de las potencias imperiales. A su vez, la intensificación de los ejercicios militares conjuntos cerca de la costa china llevados a cabo por Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, aliados de Taiwán, así como los movimientos de China cerca de Taiwán dan pie a una sentir especialmente tenso en el seno de una situación de difícil gobernanza internacional. La línea defendida por el Estado chino es clara; este mismo jueves desde el propio gobierno apeló a Washington al respecto del asunto Taiwán insistiendo en que “la reunificación de China es la tendencia indetenible de la historia”. Así, nada hace sospechar que de cara al Congreso en 2022 tenga lugar una significativa modificación en el fondo de la cuestión.

Desde luego, el contexto general del cierre de ciclo en lo que a Estados Unidos se refiere es de un contraste apabullante: a la profunda interdependencia mutua en materia económica se le debe oponer un denso conflicto político, diplomático y, cada vez en mayor medida, ideológico. El mismo responde a las lógicas habituales de la relación entre la gran potencia central de la economía-mundo, Estados Unidos, y una potencia semi periférica emergente con la particularidad de sus espectaculares dimensiones demográficas, militares y de acceso a recursos, China. La cumbre tampoco realizó ningún apunte especialmente relevante al respecto de la Unión Europea, con la cual China continuará tratando de tejer alianzas país a país a través del comercio y las inversiones compartidas.

Como cierre, no dejan de ser interesantes algunos de los conceptos hallados en el comunicado oficial y que ilustran profundamente el proyecto de medio y largo plazo del PCCh y de Xi Jinping. Aparece, por ejemplo, el término “civilización ecológica”, mediante el cual el Partido pretende definir las estrategias en pos de un desarrollo de las fuerzas productivas tendente cada vez más a la armonización ambiental. También otros de hondo calado como la “democracia popular” o “imperio de la ley del socialismo con características chinas”, así como la defensa de la “construcción social”, gracias a la cual “la vida del pueblo ha mejorado en todos los sentidos, el nivel de la socialización, del imperio de la ley, de la inteligentización y de la especialización de la gobernanza social se ha elevado sustancialmente, y la buena situación de que el pueblo vive en paz y trabaja contento, y la sociedad se mantiene estable y en orden se ha desarrollado, continuándose así el milagro de una estabilidad social duradera”. Queda patente que de la sesión salió un Xi Jinping reforzado en su imagen, su proyecto y su narrativa, además de haber sido reafirmadas las pretensiones de la República Popular en la escala internacional. Si algo cambia antes del Congreso de 2022 está todavía por ver.

Por Eduardo García Granado

@eduggara

14 nov 2021

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Fuentes: La marea climática [Foto: El presidente de la COP26, Alok Sharma. Foto: Dominika Zarzycka/Sipa USA]

La presidencia de la COP26, en manos de Reino Unido, ha publicado durante la madrugada un texto preliminar fruto de las negociaciones entre países. Las mayores novedades son obviedades y se siguen sin establecer planes concretos para la mitigación ni para la financiación de los países en desarrollo.

Habemus primer borrador oficial de la COP26. Esta madrugada, con nocturnidad y alevosía, la presidencia de la cumbre del clima, a cargo de Reino Unido, ha publicado el texto de decisión. Sobre él, ahora, deberán opinar y trabajar los gobiernos hasta llegar a un acuerdo definitivo.

A pesar de los múltiples efectos y desastres que ya ocurren por la crisis climática, y de los diversos análisis que apuntan a un calentamiento cercano a los 3 ºC, el documento difundido deja para el año que viene la tarea de que las naciones establezcan objetivos más fuertes de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de cara a 2030. Esto tiene un nombre: retardismo.

Una de las grandes novedades del borrador es, sorprendentemente, la referencia al carbón y a los combustibles fósiles, términos que ni siquiera menciona el Acuerdo de París. En concreto, el texto de la COP26 hecho público hoy insta a los países a «acelerar la eliminación del carbón y de las subvenciones a los combustibles fósiles». Sin embargo, no se alude de forma explícita ni al gas ni al petróleo, los otros grandes responsables del calentamiento de la atmósfera.

El texto de siete páginas reconoce –tal y como se viene repitiendo durante años– que «los impactos del cambio climático serán mucho menores con un aumento de la temperatura de 1,5 °C en comparación con un aumento de 2 °C». Por ello, apela a «proseguir los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C, reconociendo que esto requiere una acción significativa y eficaz por parte de todas las Partes en esta década crítica». Asimismo, el borrador señala, «con gran preocupación», el hecho de que las emisiones mundiales van camino de aumentar un 13,7% para finales de la década.

Es por eso que el borrador insta a los países que aún no han presentado contribuciones nacionales –conocidas como NDC, es decir, los planes climáticos– nuevas o actualizadas a que lo hagan de forma urgente, «antes de la COP27 (prevista para noviembre de 2022)». Además, se hace un llamamiento a celebrar una cumbre de alto nivel previa a la próxima COP para elevar la ambición. Otro ejemplo, por tanto, de dejadez en cuanto a acción climática: las NDC mejoradas deberían haberse presentado a finales de 2020.

La financiación sigue estancada en la COP26

La presidencia de la COP26 pide a los países desarrollados a que «al menos dupliquen» la financiación para ayudar a los llamados países en desarrollo. Hasta ahora, este punto sigue encallado en unas promesas de dinero que no terminan de materializarse –ni para adaptarse ni para mitigar el cambio climático, pero tampoco para hacer frente a los daños y pérdidas por eventos extremos que ya ocurren–. Por ejemplo, se prometieron 100.000 millones de dólares al año a partir de 2020 y esto no se la logrado.

Con la COP26 en sus últimos días, que el primer texto sea ya de por sí tan descafeinado preocupaba a organizaciones y especialistas. Hoy, claro, auguran un acuerdo final mucho peor. «Tras más de diez días de negociación, el borrador que presenta la Presidencia no dice nada que no supiéramos antes de venir. Ya sabíamos que los compromisos y la financiación eran insuficientes. Lo que se esperaba de los países es que solucionaran eso en esta cumbre y, a la luz de los textos presentados, no lo están haciendo», lamenta Javier Andaluz, responsable de cambio climático en Ecologistas en Acción.

También ha sido muy crítica con el documento difundido Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace Internacional: «El texto debe ser mucho más sólido en cuanto a la financiación y la adaptación, y debe incluir cifras reales de cientos de miles de millones, con un plan de entrega para que los países más ricos apoyen a las naciones menos desarrolladas». Además, ya avisa: «Aunque el texto pide que se acelere la eliminación de las subvenciones al carbón y a los combustibles fósiles, los demoledores gobiernos de Arabia Saudí y Australia se esforzarán por eliminar esta parte antes de que se cierre la conferencia».

La realidad es que este borrador –centrado en los artículos 4, 7 y 9– hace referencia a cuestiones obvias que ya deberían estar más que asimiladas, como que los malos a combatir son los combustibles fósiles. Por el contrario, no figura en él nada sobre fechas y acciones concretas en cuanto a la financiación, eje central de la justicia climática, tan abandonada. Tampoco sobre los mercados de carbono, una cuestión que recoge el epígrafe 6 del Acuerdo de París y que debería definirse de una vez en esta cumbre.

Por último, llama la atención la insistencia en no superar los 1,5 ºC de calentamiento, un objetivo ahora mismo irreal y lejos de cualquier proyección. Este martes, 9 de noviembre, Climate Action Tracker publicaba su habitual análisis desgranando los planes climáticos de los países. En él se reafirma lo anunciado hace unas semanas por la ONU: incluso teniendo en cuenta los anuncios de la COP26 –y suponiendo que se cumplan a rajatabla, algo bastante improbable–, la temperatura subirá para finales de siglo entre 2,4 y 2,7 ºC.

11/11/2021

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/primer-borrador-texto-decision-cop26/

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Martes, 09 Noviembre 2021 05:58

La farsa

La farsa

La "querida ciudad verde" –significado de Glasgow en gaélico– fue elegida como el lugar para la última mascarada verde. Los asistentes poderosos un día maldijeron a Trump por abandonar los acuerdos de París. Esos mismos poderosos también los abandonaron, incumpliéndolos. La "cumbre" de la COP1 tuvo lugar en Berlín en 1995. A la par de las 26 "cumbres", el cambio climático avanzó depredando el planeta, mediante el fácil expediente del incumplimiento de los acuerdos. En la COP26, China, EU, Australia, India, rechazaron abandonar el uso del carbón en sus actividades industriales y comerciales.

Las responsabilidades por país, son muy distintas. Así lo muestra el incisivo estudio del antropólogo suazi Jason Hickel "Quantifying national responsibility for climate breakdown", publicado por The Lancet (https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S2542-5196%2820%2930196-0). La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) incluye el principio de "responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas". En el marco de la Cmnucc el cálculo se centra en las emisiones territoriales anuales actuales. Hickel señala una impostura en ese método.

Existe consenso en que 350 ppm (partes por millón) de CO2 atmosférico, es el límite planetario seguro. Actualmente es de 415 ppm. La última vez que se registró en la Tierra una concentración así fue hace entre 3 y 5 millones de años. La temperatura era entonces de dos a tres grados más cálida y el nivel del mar entre 10 y 20 metros superior al actual, pero no había humanos. Las concentraciones de CO2 superaron las 350 ppm en 1990. El exceso sobre 350 ppm causó lo que Hickel llama ruptura climática.

Hickel calcula las proporciones de ese exceso, atribuibles a cada país, a partir del total del CO2 acumulado desde 1850. En su estudio el norte global comprende a Estados Unidos (EU), Canadá, Unión Europea (UE, 28 miembros), Israel, Australia, Nueva Zelanda, y Japón. El sur global incluye a América Latina, África, Oeste Medio y Asia. La distribución del exceso: EU, 40 por ciento; UE28, 29 por ciento; resto de UE, 13; resto del norte global, 10; sur global, 8 por ciento. Los países que causan el rebasamiento del límite, además producen daños aterradores continuos sobre los de baja emisión, la inmensa mayoría. Hay países ricos deudores de reparaciones climáticas y países acreedores. ­Hickel lo ha estimado. La ruptura climática continuará abrasando y ahogando a los seres humanos. Todo mil veces peor en el sur global. La farsa en la "cumbre" también continuará.

Nací en Jicaltepec, Veracruz, un pueblito de unos 500 habitantes a la vera del río Nautla, poblado por sucesivas olas de labriegos franceses, a partir de 1834 y campesinos llegados del Totonacapan. Vivieron ahí mis bisabuelos y abuelos maternos: una vida campesina de franca estrechez sin apremio alimentario. Entre mis cuatro y 12 años volví dos veces por año con mi familia. Después volví solo, unas ocho o 10 veces hasta los años 90. Dos veces más, después del año 2000. Vi la destrucción. De niño me deslumbré mil veces con la selva veracruzana, con las parvadas de loros y de guacamayas; con los colectivos de monos aulladores desplazándose velozmente por los árboles; con las enormes iguanas de colores; con los árboles inmensos de caoba, cedro, guayacán, huanacastle y todos los árboles frutales imaginables.

A partir de los años 60 comenzó el derrumbe. En esos años los estadunidenses consumían enormes cantidades de carne de res, que importaban. Apareció la plaga de los ganaderos rapando las selvas de la margen derecha del río Nautla, acaparando tierras de los campesinos, creando conflictos agrarios sin fin. Lo mismo ocurría en zonas cada vez mayores del país. El clima comenzó a cambiar, el río estaba cada vez más contaminado y su agua, antes potable, dejó de ser; las acamallas, desaparecieron. Los tremendos arribazones de pez bobo, cesaron. Cuando era niño los campesinos de Jicaltepec sabían hacer todo. Cultivar maíz, chile, calabaza, plátano, hortalizas, legumbres. Mi abuelo hizo su casa de guayacán y piso de tierra apisonada, su cayuco de roble, domó algún caballo, mató cerdos, cultivó por años y años su parcela de casi tres hectáreas. El ultraje capitalista acabó con todo lo que una vez fue.

Lo que veía en el nivel micro, ocurría de mil modos en el sur global. Leo a Julian Aguon: “En mi rincón, Micronesia, los hechos son aterradores. Estamos asistiendo a una subida del nivel del mar dos o tres veces superior a la media mundial. Algunos científicos creen que la mayoría de nuestros países con atolones de coral de baja altitud podrían ser inhabitables a partir de 2030… En Fiji, el gobierno lleva su propia lista de la muerte: un registro oficial de todas las aldeas que podrían tener que ser reubicadas debido a la subida del nivel del mar… Cuando hablé con Sailosi Ramatu, el jefe de la aldea, en julio, me dijo que el traslado fue lo más duro para los ancianos… No todos hicieron el viaje…”

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Martes, 09 Noviembre 2021 05:21

La vuelta de los Chalecos Amarillos

Asamblea de Asambleas de los “chalecos amarillos” a principios de abril de 2019 en Saint Nazaire (Francia). Foto de Yves Monteil de la web Reporterre

¿Qué queda del movimiento que encendió las calles de París y puso contra las cuerdas al gobierno de Macron entre finales de 2018 y principios de 2019?

Ante el aumento histórico del precio de la gasolina, el gas y la electricidad en Francia, muchas son las voces que pronostican el posible regreso masivo de los chalecos amarillos a las calles. Sin embargo, ¿es esto posible? ¿Y qué queda de este movimiento que encendió las calles de París y puso contra las cuerdas al gobierno de Macron entre finales de 2018 y principios de 2019?

En primer lugar, hay razones para no sobredimensionar esta pretendida vuelta del movimiento, empezando por la durísima represión vivida en carne propia. Recordemos que en los dos primeros meses de chalecos amarillos hubo más personas mutiladas por la actuación policial que en los diez años anteriores. El balance humano, sólo hasta abril 2019, es de un muerto, tres personas en coma, cinco perdieron una mano y 23 perdieron un ojo.

Pero es que a la represión policial se une la represión judicial (juicios exprés), la represión de los servicios de inteligencia (dosieres, escuchas, captación de datos, etc.) y la represión administrativa encarnada principalmente por la polémica “ley antidisturbios”, que facilita detenciones en las manifestaciones y permite castigar con hasta 15.000 euros o con una pena de prisión a quien se tape la cara. No es muy difícil de imaginar lo que todo esto supone para los que tienen menos recursos.

También hay otras razones más endógenas al movimiento que nos hacen ser precavidos: desgaste de una militancia muy intensa con efectos laborales y lo que el sociólogo Peter Berger llama una limpieza afectiva, es decir, las separaciones sentimentales, amicales o familiares que se han producido a causa de un movimiento muy exigente y polémico en el seno de las estructuras familiares y de sociabilidad cotidiana. Además en varias rotondas ocupadas, con el paso del tiempo y los cambios en la opinión pública, reaparecieron las divisiones sociales o políticas que se habían puesto en suspenso garantizando la unidad y su éxito inicial. La manifestación de las diferencias políticas entre participantes, pero también de clase (entre las fracciones más estables y las más frágiles de las clases populares) hicieron mella en un movimiento que fue perdiendo apoyo social al ser, sobre todo, asociado a la violencia.

Dicho esto, también hay razones para pensar que una re-movilización es posible. Hay todavía rotondas activas, chalecos amarillos que manifiestan en otros conflictos sociales, los grupos de Facebook siguen ahí y existen acciones que se preparan desde los anuncios de las subidas de precio o eventos que se organizan para el tercer aniversario del movimiento. Por lo general los militantes siguen en contacto, debaten y esperan el momento adecuado para salir a la calle. Entre los chalecos amarillos encontramos una parte considerable de primo-manifestantes y entre estos hay muchos para los que el movimiento ha supuesto más bien una socialización agonística y están dispuestos a todo para enfrentase al ejecutivo. Muchas de estas personas que no estaban “interesadas por la política” ahora también miran con lupa las decisiones del ejecutivo y pueden re-movilizarse.

A partir de sus estudios sobre el movimiento feminista, la socióloga Verta Taylor nos invita a pensar la continuidad de los movimientos sociales según sus ciclos de movilización, postulando que se parecen más a una montaña rusa y son bastante dependientes de los ciclos de atención mediática. Y observa como algunos movimientos sociales devienen “estructuras durmientes” que se re-activan con contextos políticos favorables. ¿Y qué mejor contexto que el de una subida histórica de los precios de la electricidad, el gas y la gasolina? Unas reformas como estas, mal medidas, pueden ser la chispa que reavive la protesta y la legitimidad pública de los chalecos amarillos.

Como ha dicho el historiador económico Adam Tooze, “la lección de la crisis de los chalecos amarillos no es que la tarificación del carbono sea imposible, sino que hay que hacerlo siendo conscientes de los efectos distributivos". En esto reside la clave de la cuestión, en saber si Macron ha aprendido la lección. ¿Actuará como en 2018 con etnocentrismo de clase, es decir menospreciando u obviando los efectos en desigualdad de estas subidas, o tratará de corregir este impacto desproporcional para evitar un nueva crisis política justo antes de las elecciones?

Con los chalecos amarillos como protagonistas o no, lo que está claro es que una movilización social semejante sería condición de posibilidad para volver a situar la cuestión social en el centro del debate y despejar el marco dominante seguridad/migración, que favorece a la dupla Macron y Zemmour, de cara a las elecciones de 2022

Por Aldo Rubert

Es investigador en la Universidad de Lausanne y en el INRAE.

9 nov 2021

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Según el historiador Niall Ferguson, en caso de que Kamala Harris fuera candidata a la presidencia en 2024 –cuando Joe Biden tendría 82 años– sería fácilmente derrotada por Trump, que tendría 78 años. En la imagen de ayer en la Sala del Comedor del Estado de la Casa Blanca, el presidente estadunidense habla sobre la ley de infraestructura. Foto Ap

En vísperas de la elección de Virginia, comenté: "Quizá el verdadero mapa de ruta y cronograma del COP26 se decida en la elección crucial a gobernador de Virginia; no en Glasgow ni en Roma" (https://bit.ly/2ZXEC7L). Fue precisamente lo que sucedió con la debacle tectónica de Biden/Kamala Harris(KH), los Clinton y Soros (https://bit.ly/3EPqEDA).

La óptima autocrítica del Partido Demócrata proviene del connotado estratega electoral James Carville, quien encumbró a Bill Clinton e inculpó al "estúpido wokenismo" del desastre: "No vean sólo a Virginia y Nueva Jersey. Vean Long Island, Buffalo, vean Mineápolis, vean aún más a Seattle, Washington. Me refiero a la insanidad de desfondar a la policía, quitar el nombre de Abraham Lincoln de las escuelas, la gente ve eso. Y realmente tiene un efecto supresivo contra los demócratas en todo el país. Algunas de estas personas necesitan ir a un centro para desintoxicarse (sic) del wokenismo. Necesitamos cambiar esto y no estar cambiando diccionarios y leyes" (https://fxn.ws/3wiYRbI).

Vale la pena sopesar el punto de vista del historiador financiero (sic) Niall Ferguson (NF) sobre el probable retorno del trumpismo en 2022, con su recuperación de la Cámara de Representantes y del Senado, así como con la presidencia en 2024 (Daily Mail, 5/11/21).

NF –autor del panegírico libro La Casa de los Rothschild (https://amzn.to/3k8dSrZ), quien se define sin rubor como "miembro plenamente pagado (sic) por la mafia imperialista" (https://bit.ly/3qeGyn2)– suele ser muy errático en su prospectiva debido a su proselitista y solipsista sesgo propagandístico carente de antítesis dialéctica.

NF tolera en forma piadosa a Biden –para nada un "presidente transformador"– cuando debió ser el candidato en lugar de Hillary Clinton, y no cuatro años después, mientras despedaza a la malhadada KH, cuya única gracia –si la tuviera, ya que ha fracasado en todos los temas que le han sido encomendados: desde la migración, pasando por su fallida gira en el sudeste asiático hasta su "apoyo" al perdedor gobernador saliente de Virginia Terry McAuliffe(TM)– fue haber sido una "cercana amiga" de Beau, el hijo de Biden, "que murió de cáncer en 2015".

NF es muy severo contra KH, hoy de 57 años, quien en caso de ser la candidata a la presidencia del Partido Demócrata en 2024 –cuando Biden tendría 82 años–, sería fácilmente derrotada por Trump, que tendría 78 años.

La derrota del gobernador banquero TM de Virginia –donde pesó intensamente el tema de la educación y el papel de los padres–, conspicuo operador de los Clinton, no es menor, ya que representa(ba) a uno de los principales controladores de la maquinaria electoral y financiera del Partido Demócrata.

Según NF, el triunfador gobernador de Virginia, Glenn Youngkin(GY) –banquero del Grupo Carlyle, cercano al nepotismo dinástico de los Bush–, "movilizó la base rural de Trump y ganó a muchos moderados suburbanos, en especial a las mujeres(sic) blancas que habían votado por Biden hace un año".

Le faltó a NF señalar el crucial voto "latino" que se volcó por GY y por su primer fiscal estatal Jason Miyares, además de un importante sector afro que votó por la ex marine (también casada con un marine) la hoy vicegobernadora afrojamaiquina Winsome Sears, favorable al porte de armas ligeras y apologista del "sueño estadunidense" –en contraste con la mayoría afro que enarbola el wokenismo–. También le faltó a NF señalar el voto de los "independientes" a favor de GY.

Señales del mundo posVirginia: la "bipartidista"(sic) Enmienda de Infraestructura, despedazada por el exagerado financierismo, fue aprobada gracias a 13 votos republicanos, pese a la férrea oposición de las seis "progresistas" del SQUAD, las grandes perdedoras del 3 de noviembre.

El peor error que cometió KH, íntima de los Clinton (Bill y Hillary), del que se arrepentirá toda su vida, fue haber definido estratégicamente que la elección en Virginia representa(ba) la ruta triunfal a las elecciones de 2022 y 2024 (https://politi.co/3D4RSG1). El 3 de noviembre Estados Unidos giró al "centro-derecha".

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El rechazo al empleo, en el centro de la crisis

La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos publicó un dato en agosto que llama la atención: 4.3 millones de trabajadores dejaron sus empleos tan sólo en ese mes, representando casi 4 por ciento de la fuerza laboral (https://bit.ly/3w9QOhg). No se trata de trabajadores despedidos por su patrones, sino que abandonaron voluntariamente el empleo.

En ese país, desde abril, unos 20 millones de trabajadores abandonaron sus empleos y hubo un récord de jubilaciones, cuya cifra se duplicó frente a 2019 (https://pewrsr.ch/3CFpQ3w). “En 38 países de la OCDE, hay 20 millones menos de trabajadores activos que antes de la pandemia; 14 millones han abandonado el mercado laboral, ni trabajan ni buscan empleo. En comparación con 2019, hay 3 millones más de jóvenes entre los que no trabajan y no estudian” (https://bit.ly/3k2cTt8).

La construcción de viviendas ha caído a mínimos “no sólo por el aumento de los precios de los materiales y los retrasos en la entrega, sino por la falta de mano de obra” (https://bit.ly/3CJFn2g). En Reino Unido hay casi un millón de puestos de trabajo sin cubrir (https://bit.ly/3q0ZKoi). Según The Financial Times, se necesitan 400 mil camioneros en Europa para regularizar el transporte de carga.

Según el Nobel de Economía Paul Krugman, durante la pandemia los trabajadores realizaron un notable aprendizaje. El desorden de trabajo creado por la pandemia fue una experiencia en la que muchos “se dieron cuenta, en sus meses de inactividad forzosa, de cuánto odiaban sus antiguos trabajos” (https://bit.ly/3BKJjyE).

Desde las grandes luchas del movimiento obrero y sindical de la década de 1960, no se observaba un abandono tan masivo de los puestos de trabajo. Ahora se trata de un movimiento de base, sin dirección, pero contundente en el sentido de que muchos trabajadores rechazan la “esclavitud asalariada”, como definió Lenin el empleo.

Es cierto que luego de aquel momento luminoso para los trabajadores, el capitalismo fue capaz de recomponer la dominación, sobre nuevas bases como el toyotismo y la automatización del trabajo fabril, pero también expulsando camadas enteras de jóvenes del mercado laboral. Las nuevas tecnologías puestas al servicio de la acumulación de capital, precarizaron el empleo y provocaron una caída de los salarios, condiciones contra las que ahora se rebelan millones.

Creo que de este movimiento tenemos algunas cosas para aprender. Primero recordar, en línea con Silvia Federici y otras personas, que el trabajo asalariado no es el camino de la emancipación, como erróneamente hemos considerado por mucho tiempo, en particular quienes provenimos del campo marxista. Cada vez contamos con más y más emprendimientos capaces de crear puestos de trabajo por fuera del mercado capitalista, con pequeñas iniciativas tanto en la producción como en los servicios. Cientos de miles de personas realizan trabajos creados por colectivos autogestionados, donde controlan sus tiempos y modos de hacer, sin capataces ni patrones, con base en la ayuda mutua, la cooperación y el espíritu comunitario. Se dirá que son pocos y marginales, si se mira la gran producción del capital, pero se olvida que los movimientos antisistémicos siempre nacen en los márgenes, nunca en el centro.

La segunda es la importancia estratégica de esta forma de trabajo, cuando es colectiva. Los pueblos originarios, por ejemplo, muchos campesinos y habitantes de las periferias urbanas realizan trabajos no asalariados con los que consiguen vivir dignamente. ¿Existe alguna relación entre la notable capacidad de resistencia, de lucha y de transformación de los pueblos originarios, y el hecho de que trabajan comunitariamente?

En Brasil, por ejemplo, estos pueblos representan 1 por ciento de la población total, pero son el principal actor colectivo contra el cambio climático y la preservación de la vida, así como un sujeto colectivo capaz de interpelar al sistema con tal potencia como para que las clases dominantes lo consideren enemigo a derrotar.

La tercera, en este repaso, consiste en la escala, como nos enseña Fernand Braudel. El capitalismo es hijo de la gran escala; recién pudo desplegar sus alas con la conquista de América que abrió las compuertas del mercado global. En la pequeña escala, la comunidad, la aldea, el capitalismo puede, sólo puede, ser acotado y mantenido a raya.

La fábrica, con miles de trabajadores, y el campo, con miles de hectáreas de monocultivos, necesitan ser gestionados por “especialistas”, ya que las comunidades no pueden controlar la masividad. Esos personajes son los futuros burgueses una vez llegados al poder estatal. En todo caso, son un obstáculo para los cambios, como lo demuestran las luchas del siglo XX.

Estamos ante un recodo de la historia. Ante las brumas que nos rodean en la tormenta, sólo la ética y una lectura acertada de la historia y del presente, pueden alumbrar el camino de los pueblos.

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Frontera agrícola en la Amazonía.

Críticas de las organizaciones ecologistas al acuerdo, voluntario y no vinculante, firmado por cien países para frenar la deforestación de cara a 2030.

Grandes anuncios y titulares se promulgan siempre en las cumbres del clima, aunque todos tienen su letra pequeña. Un centenar de naciones del mundo se ha comprometido a frenar la deforestación para el año 2030, en lo que ya se ha considerado el primer gran acuerdo de la Cumbre del Clima de Glasgow (COP26).

El plan supone una inversión de 10.300 millones de euros públicos, a ser aportados por una docena de países entre 2021 y 2025, además de otros 7.200 de inversión privada, con el fin no solo de frenar la pérdida de masa boscosa en el planeta, sino de revertirla mediante la restauración de amplias extensiones degradadas.

El acuerdo, que sustituye a la Declaración de Nueva York sobre los Bosques de 2014, ha sido firmado por los países que albergan el 85% de las masas boscosas del planeta, incluido el que se ha erigido en los últimos años como el gran devorador del principal pulmón del planeta: Brasil, una nación que no firmó la mencionada Declaración en 2014.

Hechos, no palabras

Más allá del titular, desde las organizaciones ecologistas se muestran escépticas, más cuando la Declaración de Nueva York tenía el objetivo de “reducir a la mitad la pérdida anual de bosques naturales para 2020 y esforzarse para alcanzar la cero deforestación en 2030”. Tal objetivo no se ha cumplido, ya que, según señala el informe Estado de los Bosques del Mundo 2020, realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), entre 2015 y 2020 la tasa de deforestación global se estima en unas 10 millones de hectáreas anuales, frente a las 12 del lustro anterior. “Los nuevos anuncios sobre las cadenas de suministro parecen carecer de fuerza y es poco probable que reviertan los años de fracaso empresarial en esta materia”, remarcan desde Greenpeace.

Desde posiciones ecologistas se muestran muy críticas con el hecho de que el acuerdo es voluntario y no vinculante, lo que puede hacer que quede en papel mojado como la anterior declaración, a pesar de que en esta ocasión Brasil síha firmado el documento.

“Hay una muy buena razón por la que Bolsonaro se sintió cómodo firmando este nuevo acuerdo. Permite otra década de destrucción de bosques y no es vinculante”, denuncia Carolina Pasquali, directora ejecutiva de Greenpeace Brasil. “Mientras tanto, la Amazonia ya está al borde y no puede sobrevivir a años más de deforestación. Los pueblos indígenas piden que se proteja el 80% del Amazonas para 2025, y tienen razón, es lo que se necesita. El clima y el mundo natural no pueden permitirse este acuerdo”.

Bolsonaro sigue en el poder

El nodo brasileño de la organización ecologista denuncia que las emisiones de gases de efecto invernadero de Brasil aumentaron un 9,5% en 2020, impulsadas por la destrucción de la Amazonia y resultado de las decisiones políticas deliberadas del gobierno de Bolsonaro. “Teniendo en cuenta su historial, hay pocas posibilidades de que acate este acuerdo totalmente voluntario e impulse políticas que sitúen a Brasil en la senda del cumplimiento del nuevo compromiso. De hecho, actualmente está tratando de impulsar un paquete legislativo que aceleraría la pérdida de bosques”, denuncian.

Brasil es una de las naciones que amenaza con reventar las negociaciones de la COP26 si no se escuchan sus demandas de cara a sacar un acuerdo sobre el artículo 6 del Acuerdo de París, relativo a los mecanismos de carbono y los mercados de emisiones globales conforme a sus intereses. “Con este artículo, Brasil demanda la creación de herramientas de mercado para poder seguir desarrollando su política económica y de desarrollo aunque continúe con la deforestación del Amazonas”, denuncian desde Ecologistas en Acción.

El paquete aprobado en el acuerdo tiene otras importantes lagunas, en opinión de los ecologistas, como la falta de medidas para reducir la demanda de carne y productos lácteos industriales, una industria que está provocando la destrucción de los ecosistemas a través de la producción ganadera y el uso de soja para la alimentación animal.

 “Hasta que no pongamos fin a la expansión de la agricultura industrial, empecemos a avanzar hacia dietas basadas en plantas y reduzcamos la cantidad de carne y lácteos industriales que consumimos, los derechos de los pueblos indígenas seguirán amenazados y la naturaleza seguirá siendo destruida, en lugar de tener la oportunidad de restaurarse y recuperarse”, señalaba la responsable de bosques de Greenpeace Reino Unido, Anna Jones.

Mínima fracción

A pesar de que, en el contexto de la COP26, se acaba de anunciar nuevos fondos a países con grandes zonas forestales, “las sumas que se presentan son una pequeña fracción de lo que se necesita para proteger la naturaleza a nivel mundial”, continúa Jones.

Aunque el acuerdo menciona expresamente la necesidad de cuidar la cuenca del río Congo, el Gobierno de la República Democrática del Congo levantó el pasado julio la moratoria sobre nuevas concesiones de tala, por lo que a los activistas les preocupa que la oferta de nuevos fondos no esté supeditada al restablecimiento de la prohibición.

“El levantamiento de la moratoria pone en peligro un área de bosque tropical del tamaño de Francia, amenaza a las comunidades indígenas y locales y arriesga futuros brotes de enfermedades zoonóticas que pueden causar pandemias”, señalan desde Greenpeace África. “Con tanto en juego, cualquier nuevo dinero sólo debería ofrecerse al gobierno de la RDC si se restablece la prohibición de nuevas concesiones de tala”, finalizan.   

El acuerdo incluye el compromiso de los los países que representan el 75% del comercio global de productos vinculados a la pérdida de bosques de reducir la deforestación, así como el de los CEO de las 30 instituciones financieras del mundo de eliminar antes de 2030 todas sus inversiones relacionadas con la pérdida de masa boscosa.

Por Pablo Rivas

@PabloRCebo

2 nov 2021

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El congresista colombiano, cuando participó en el seminario internacional Los partidos y una nueva sociedad, con el tema Crisis del neoliberalismo, el 23 de octubre pasado.Foto José Antonio López

El legislador esboza el ambiente que floreció en su país a la sombra del tratado que puso fin a la guerra que duró casi medio siglo. Por ejemplo, con los paramilitares –expone– se busca no una negociación política, sino un diálogo para que acaten la ley

 

Se acerca el quinto aniversario de los Acuerdos de Paz en Colombia, pactos que el presidente Iván Duque y el entorno de Álvaro Uribe han intentado destruir, bloquear, desprestigiar. Y que, sin embargo –asegura el senador por el Polo Democrático Iván Cepeda– han tenido efectos políticos, culturales y sociales que permiten pensar, "por primera vez en la historia republicana del país, en la posibilidad del triunfo de una coalición de centroizquierda" en las elecciones de marzo de 2022.

Cepeda, quien forma parte del directorio del Pacto Histórico, una de las dos coaliciones que enfrentarán a conservadores y uribistas en los próximos comicios, describe en entrevista con este diario el nuevo ambiente que floreció en Colombia bajo la sombra del acuerdo que puso fin a la guerra que se prolongó casi medio siglo: un realineamiento de todas las fuerzas en favor o en contra de la paz; un clima de continuas movilizaciones y protestas sociales; un sistema de justicia transicional inédito que, pese a navegar a contracorriente, ha tenido grandes avances.

El simple hecho de que los acuerdos se mantengan, luego del asesinato más de 300 ex guerrilleros y líderes sociales, "es un triunfo del pueblo colombiano", que lo sostiene "a pesar de todo". Y ese "a pesar de todo" significa que de enero a septiembre de 2021 se registran al menos 50 masacres, centenares de asesinatos de defensores del ambiente y los derechos humanos. "Lo que el gobierno llama paz con legalidad son palabras huecas."

Lo que propone para las elecciones del año próximo: apuntalar un proceso de paz que ponga en marcha procesos que incluyan al Ejército de Liberación Nacional (ELN), a grupos del paramilitarismo que sobreviven y a sectores del narcotráfico. "No a través de una negociación política, por supuesto, sino de procesos de sometimiento pacífico a la ley."

(El Pacto Histórico es una amplia alianza de fuerzas de izquierda que van desde Colombia Humana, del ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro, hasta el partido de las ex FARC, pasando por Polo Democrático, Unión Patriótica y otros. Coalición de la Esperanza agrupa a liberales, verdes y fuerzas de centro, e incluye a figuras como Ingrid Betancourt.)

Lo que falta: paramilitares y narcotráfico

–En la ecuación para ampliar los efectos de los Acuerdos de Paz incluye al paramilitarismo. ¿Cómo?

–En el discurso de Uribe, este proceso de los acuerdos paz ha sido como entregarles el poder a los ex guerrilleros. Pero lo cierto es que Uribe, en su momento, quiso entregar literalmente el país a los paramilitares. De ello resultó que hubo entre 30 y 40 por ciento de los congresistas elegidos por los paramilitares. Y que terminó con 70 de ellos en las cárceles. Si se logró juzgar por sus crímenes a los paramilitares fue por los movimientos de víctimas, jueces y fiscales honestos, los periodistas valientes, que promovieron el examen de la verdad y que logramos parar la paramilitarización de Colombia.

–¿Y cuál es el proceso que se propone con ellos?

–No una negociación política, sino un diálogo para que acaten la ley. Si dejan las armas, dejan el negocio y contribuyen a reparar a las víctimas, obviamente el procedimiento judicial tiene que ser benigno.

–Sobre el tema de la configuración política ¿Cómo va el proceso con las ex FARC?

–El balance es variopinto. [El partido] Comunes es el resultado político del acuerdo de paz. Su incorporación ha tenido problemas y retrocesos, no sólo por los ataques, sino por la propia lógica después de 50 años de guerra. Pero la realidad es que están en el Congreso y las otras fuerzas políticas, incluso la extrema derecha, han tenido que acatar.

–El acuerdo de paz colom­biano no se pactó sobre amnistías ni a guerrilleros ni a represores del Estado. ¿Cómo va ese proceso de justicia transicional?

–Es un sistema de justicia inédito. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) es un tribunal con una comisión de la verdad y una unidad de búsqueda de personas desaparecidas, fruto de un acuerdo entre adversarios que vienen de una guerra muy larga.

“Se le ha querido mostrar como un tribunal sin garras y ni dientes y no es así. En sus salas se están procesando siete macrocasos. Están siendo juzgadas 13 mil personas ligadas a los crímenes de guerra que se cometieron durante el conflicto armado, en su mayoría guerrilleros, pero también 2 mil 500 militares y civiles.

“Ya hay resultados muy importanes. Por ejemplo, el juicio contra los jefes de las FARC por secuestro ha permitido documentar hasta 20 mil casos, algo que no había podido ser establecido. Los ex guerrilleros han hecho una petición pública de perdón a las víctimas y lo que sigue es la sanción.

“Hay otro auto que se sigue contra el ejército por los falsos positivos. Son 6 mil 402 personas, en su mayoría jóvenes que fueron prácticamente secuestrados por el ejército, ejecutados, vestidos con uniformes de la guerrilla y sus cadáveres presentados como bajas terroristas. Además se ha documentado que los cementerios en las zonas de conflicto fueron utilizados para esconder en fosas comunes los cuerpos de víctimas. La unidad de búsqueda ha desenterrado e identificado a centenares de personas. Yo mismo, con mi equipo, investigué seis de esos cementerios con más de dos mil casos.

“La comisión de la verdad es el tercer elemento de este sistema y se apresta a presentar su informe, al menos 10 mil testimonios de víctimas del conflicto armado.

“Cuando terminen su trabajo vamos a tener, yo no diría que toda la verdad, pero sí avances supremamente importantes. Por eso es una mentira impúdica lo que dicen Uribe y Duque de que los acuerdos de paz crearon un sistema de impunidad. Es exactamente lo contrario.

“Uribe teme a la JEP. Cuando se termine este proceso se revelará lo que ocurrió durante su gobierno con los falsos positivos, algo monstuoso. Por eso ha emprendido una batalla feroz contra los magistrados y la Corte Suprema de Justicia.

“Por otra parte, su pupilo, Duque, ha conducido un gobierno desastroso. Todas las políticas que ha querido poner en marcha han recibido un rotundo rechazo popular. Como su intento de gravar los alimentos básicos en un país con 40 por ciento de pobreza y 15 por ciento de desempleo.

"Esto desató un ciclo de protestas sociales que sigue hasta ahora. Y a ello respondió con una violencia inusitada, echando mano del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), que ya es sinónimo de violación a los derechos humanos, que ha dejado sin ojos, muertos o asesinados a decenas de jóvenes."

–Muy importante también hacer el balance de lo que ha significado el movimiento por los derechos humanos en Colombia.

–En pocas palabras: sin el movimiento de los derechos humanos en Colombia muchas comunidades habrían desaparecido, muchas más personas habrían muerto. El movimiento ha sido un cinturón de protección y contención para muchas poblaciones y ha develado el rostro criminal del poder político y del conflicto armado en Colombia.

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Activistas hacen una performance contra los combustibles fósiles en los aledaños del pabellón donde se celebrará la COP26. — Russell Cheyne / REUTERS

Las restricciones sanitarias y el elevado precio de los hoteles marcan la Cumbre del Clima. Las ONG temen que todo ello se traduzca en una sobrerrepresentación de los países industrializados, tanto en el plano político como en el social.

 

La pandemia amenaza el desarrollo igualitario de la Cumbre del Clima de Glasgow. El ritmo de vacunación asimétrico y la escalada de contagios en las islas británicas se han convertido en un impedimento más para que los países del Sur Global puedan acceder Escocia a debatir sobre el futuro del planeta. En septiembre de 2021, la Red de Acción Climática (CAN, por siglas en inglés), la plataforma internacional que aglutina a más de mil organizaciones sociales, advertía de ello y pedía una nueva suspensión del evento: "Es evidente que una conferencia global segura, inclusiva y justa a principios de noviembre será imposible".

Pese a todo, lo COP26 se celebrará. El Gobierno británico ha asegurado que costeará los gastos de hoteles relacionados al periodo de cuarentena de aquellas personas que vengan de zonas de riesgo y ha colaborado estrechamente con la ONU para vacunar al mayor número de personas que asistan a Escocia. Una medida que se ha tomado tras considerar que esta cumbre no puede volver a aplazarse un año más.

Los esfuerzos de los organizadores no han sido suficientes y la COP26 parece estar marcada sí o sí por la emergencia sanitaria. Tanto es así que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) cerró casi un mes antes el portal de acreditación para periodistas señalando la necesidad reducir el aforo para evitar brotes de covid. También las delegaciones de las organizaciones ambientales han visto afectada su presencia. Tatiana Nuño, responsable de Energía y Clima de Greenpeace, señala que desde 2014 esta es la primera COP que va a perderse. "Tenemos menos acceso a acreditaciones y hemos tenido que repartirlas entre las delegaciones de los países del Sur Global para tratar de evitar que haya una sobrerrepresentación de los países industrializados", argumenta la activista, que seguirá desde Madrid las negociaciones.

"Los altos signatarios de los países del Sur Global seguramente hayan recibido sus dosis, pero tenemos un montón de representantes de la sociedad civil, que son primordiales en estas negociaciones, que no van a poder estar.
Abordar la cumbre dentro del protocolo de covid es difícil aunque haya ayudas", sostiene Javier Andaluz, portavoz de Ecologistas en Acción, para quien las ayudas del Gobierno británico para pagar periodos de cuarentena obligatoria son insuficientes.

Por si las restricciones sanitarias no fueran ya un gran impedimento, el coste de las estancias en Glasgow se ha disparado, como ya ocurrió en la cumbre de Madrid de 2019. A principios de octubre, The Guardian ya alertaba de esta burbuja de precios y de cómo estaba llegando a afectar incluso a organismos internacionales como la OMS, que ha tenido que gastar más de 2000.000 dólares en alquilar un espacio de 60 metros cuadrados para dar conferencias sobre salud y crisis climática en el marco de la COP26. "Incluso para nosotros, los precios de los vuelos y luego de los hoteles son cuatro veces más altos que en años anteriores", decía un funcionario de esta organización. Las tarifas se habrían disparado hasta un 30% en comparación con la cumbre de Madrid en 2019.

Las restricciones de aforo y el elevado precio hotelero ponen en duda la asistencia de todas las organizaciones sociales y medios de comunicación, que deberán seguir en streaming las negociaciones, privados de la información que se destila en los pasillos de estos encuentros multilaterales.

Quiénes sí asistirán y quiénes no

La CAN se ha organizado para que las acreditaciones de los observadores se repartan de la forma más equitativa, de tal forma que los activistas de los países más afectados por la crisis climática puedan asistir presencialmente. No obstante, las calles serán también un lugar de protesta importante donde los jóvenes volverán a plasmar su fuerza social, tal y como ya ocurrió en Madrid. En ese sentido, Greta Thunberg, la cara visible de Fridays For Future, asistirá en Glasgow a una gran manifestación convocada el 5 de noviembre, donde también se podrá a ver a la ugandesa Vanesa Nakate, la otra gran cara visible del movimiento juvenil.

A nivel político, serán las primeras negociaciones después de la era Trump. EEUU volverá a los plenarios donde se negocia la hoja de reglas del Acuerdo de París, después de que Joe Biden decidiera volver al tratado del que el mandatario conservador se salió al poco de llegar a la Casa Blanca. El presidente norteamericano, de hecho, viajará a Glasgow y asistirá a las negociaciones. No acudirán, por otro lado, ni Vladimir Putin ni Xi Jinping, lo que no implica que estos países den la espalda a la lucha contra la crisis climática, pues sí que habrá presencia de delegaciones rusas y chinas en Escocia. De hecho, las conversaciones casi nunca son abordadas por los primeros ministros.

En España, como ya ocurrió en la anterior convención, será la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, y la directora de la Oficina Española de Cambio Climático (OECC), Valvanera Ulargui, quienes encabecen la delegación. Pedro Sánchez, por su parte, estará presente en algunas de las conversaciones y será, además, el primer jefe de Gobierno en intervenir en el primer plenario de alto nivel del 1 de noviembre.

En este encuentro se espera que los equipos negociadores consigan elevar la ambición en la lucha climática. Así, los países presentarán y actualizarán sus planes de descarbonización para tratar de reducir aún más las emisiones de CO2 de cara a 2030. Quedan también en el tintero otros retos que se arrastran de la COP25 de Madrid, como la creación de un mercado de carbono internacional o la financiación del Fondo Verde de Adaptación para los países más expuestos a la crisis climática

29/10/2021 22:31

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Fuentes: Rebelión [Imagen: Ponencia plenaria de Víctor Galaz del Centro de Resiliencia de la Universidad de Estocolmo (Suecia)]

– 500 profesionales de la ecología se han reunido durante cuatro días en el XV Congreso Nacional de la AEET, para compartir los conocimientos más actuales en ecología y entender las respuestas de los ecosistemas ante las perturbaciones del cambio global.

– El motivo central de este Congreso celebrado en Plasencia es “la puesta en valor de la ecología” y la puesta en práctica de los conocimientos generados dentro de esta área científica. “Desde la ecología tenemos claro qué podemos hacer para revertir o atenuar los efectos negativos del cambio global, por eso demandamos que se ponga en práctica el conocimiento ecológico generado”, ha declarado Ignasi Bartomeus, presidente de la AEET.

– Durante este evento se han compartido más de 450 trabajos científicos para profundizar en procesos ecológicos globales como la degradación de los ecosistemas, las emisiones de carbono, la pérdida de biodiversidad o la inseguridad alimentaria.

500 profesionales de la ecología se han reunido durante cuatro días en el XV Congreso Nacional de la Asociación Española de Ecología Terrestre, un evento para el intercambio de los conocimientos ecológicos más actuales y desde el cual se reclama “la puesta en valor de la ecología”, como ciencia capaz de dar respuesta a los efectos negativos del cambio global. “Desde la ecología tenemos señales muy claras de que es el momento de actuar y tenemos claro qué podemos hacer para revertir o atenuar los efectos negativos del cambio global, por eso demandamos que se ponga en práctica el conocimiento ecológico generado”, segúnha declarado Ignasi Bartomeus, presidente de la AEET.

  

Sesión científica sobre Inteligencia Artificial

En este encuentro celebrado en el Palacio de Congresos de Plasencia del 18 al 21 de octubre, se han compartido 450 trabajos científicos que son clave para entender cómo funcionan los cambios detectados en la naturaleza, tanto a nivel local como global, para que “a partir de este conocimiento científico podamos tomar las mejores decisiones de cara a que estos cambios no nos afecten en negativo o que sepamos aprovechar aquellas oportunidades que nos pueda brindar la naturaleza”, según ha explicado Gerardo Moreno, profesor de la Universidad de Extremadura y miembro del Comité Organizador del congreso.

Los temas tratados en el Congreso se han centrado principalmente en cómo la ecología puede ayudarnos a entender y enfrentarnos a retos derivados del cambio global tales como la degradación de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad, los cambios en el uso del suelo, la inseguridad alimentaria o la mejora de la gestión y conocimiento de los ecosistemas, entre otros.

La ceremonia de apertura de este congreso contó con la participación de Antonio Hidalgo, Rector de la Universidad de Extremadura; Jesús Alonso, Secretario General de Ciencia, Tecnología, Innovación y Universidad de Extremadura; Fernando Pizarro, Alcalde de Plasencia e Ignasi Bartomeus, Presidente de la AEET.

Un evento que ha sido impulsado por la Asociación Española de Ecología Terrestre (AEET), la cual aúna a más de 800 profesionales de la ecología y el medio ambiente terrestre, con el apoyo de la Universidad de Extremadura y el Instituto de Investigación de la Dehesa (Indehesa), así como de la Junta de Extremadura y de las entidades Fundecyt PCTEX y AllGenetics.

Desde la ecología estamos trabajando para medir y entender los riesgos a los que nos enfrentamos”

Durante estos cuatro días se han dado cita personas expertas en todas las áreas de la ecología terrestre, entre las que destacan científicos y científicas de reconocido prestigio nacional e internacional como Sara Varela de la Universidad de Vigo, investigadora que lidera el proyecto de predicción «Mapas Lab», quien ha resaltado el papel fundamental de la ecología en la actualidad: “la naturaleza está cambiando y desde la ecología estamos trabajando en medir y entender los riesgos a los que nos enfrentamos, para que el impacto sea el menor posible”, según ha apuntado en declaraciones durante el congreso.

Por su parte, Marta Goberna del Departamento de Medio Ambiente y Agronomía del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), investigadora que coordina el proyecto europeo EJP SOIL, ha señalado algunas de las barreras a las que se enfrenta la comunidad científica a la hora de poner en práctica los conocimientos generados: “nos encontramos con dificultades a la hora de transmitir a la sociedad que hay determinadas prácticas humanas que rompen los equilibrios naturales, lo que frena el impulso de actividades que respeten este equilibrio”, ha explicado.

A este respecto, desde la AEET han destacado que para conseguir “ese equilibrio con la naturaleza, no podemos seguir mirando a corto plazo”, ya que según explica Ignasi Bartomeus, los retos del cambio global requieren de una visión holística que mire a la totalidad del problema.

La importancia de la ecología en una sociedad global

En este evento se han celebrado dieciséis sesiones temáticas centradas en profundizar sobre procesos y cambios ecológicos que se están dando a nivel mundial, para comprender de forma conjuntacómo responderán los ecosistemas a lo largo del tiempo ante las perturbaciones derivadas del cambio global y poner en marcha estrategias de mitigación.“La sociedad mundial se enfrenta a desafíos medioambientales comunes como la COVID 19 o el cambio climático, lo que demuestra la vital importancia de la ecología a nivel global, el motivo central de este Congreso”, tal y como ha señalado la AEET.

Es por eso, que las sesiones han estado focalizadas en cuestiones globales tan relevantes hoy día como: la recuperación y restauración a gran escala de ecosistemas degradados para mitigar el cambio climático; las respuestas de la ecología del paisaje para hacer frente a dos procesos globales que ponen en compromiso la conservación de los ecosistemas como son la intensificación agraria o expansión urbana y el abandono o renaturalización; la función de los sistemas agrícolas para mejorar la seguridad alimentaria; la relación de la biodiversidad y el bienestar humano para avanzar hacia una sociedad más sostenible; la era del big data y su valor para el seguimiento de la biodiversidad; los avances tecnológicos para predecir de una forma más precisa los impactos humanos sobre procesos tan relevantes como el intercambio genético entre poblaciones, la polinización, la dispersión de semillas;el potencial y límites de la Eco-informática para abordar problemas ecológicos complejos; o los últimos avances en el estudio de un recurso tan valioso como el agua, captación, almacenaje, transporte y redistribución del agua en el ecosistema terrestre.

Mesa Redonda «Ecología en la educación», en el XV Congreso Nacional de la AEET

La transferencia de conocimientos científicos a la sociedad ha sido otro asunto clave de este Congreso, donde se ha visto la “necesidad urgente” de educar en ecología a las futuras generaciones o la difusión e intercambio de conocimientos ecológicos para la gestión pública y social de los ecosistemas. En este sentido, la AEET ha otorgado durante este congreso los Premios Luis Balaguer a la investigadora Montse Vilà, especializada en el estudio de los impactos de plantas invasoras, y a Fernando Valladares, profesor investigador del CSIC que dirige el grupo de Ecología y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, por su excelente trayectoria y transferencia de conocimientos ecológicos a la sociedad.

Para entrevistas pueden contactar con Alba Villanueva (637 873 604)

Publicado: 23/10/2021

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