Domingo, 20 Diciembre 2015 06:36

“Actuar más y hablar menos”

“Actuar más y hablar menos”

Según el geopolitólogo francés, hablar de terrorismo es hacerles un favor a los terroristas. Dice que la solución a la amenaza que plantea el Estado Islámico es fundamentalmente política y requiere de amplios acuerdos internacionales.

 

Bajo una apariencia engañosa de administración mundial, el sistema internacional está en pedazos. La guerra en Siria y en Irak, el hundimiento libio, el acrecentamiento del poder del Estado Islámico, el arraigo dramático del conflicto israelo-palestino o la confrontación entre las potencias occidentales y Rusia son apenas puntas de una madeja muy enredada. Los últimos años han mostrado un sistema internacional que funciona como un eslabón libre, fuera de todo consenso multilateral. ¿Cómo volver a componer un esbozo de coherencia para gestionar las crisis en vez de ampliarlas, tal y como ocurrió en Siria? Para el geopolitólogo Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París (IRIS), las potencias occidentales han perdido varias oportunidades de reformar un sistema que se fue quebrantando con la caída del Muro de Berlín y las sucesivas guerras del Golfo, la del 91 y la de 2003. El desastre está ante nosotros. En estos tiempos de profundas crisis internacionales, el especialista francés ve una ocasión importante de recomposición de ese sistema internacional a partir de las negociaciones sobre el clima. Sin embargo, tampoco obvia los problemas por granel que sacuden al mundo, empezando por el Estado Islámico y la, hasta ahora, imposibilidad de las potencias para adoptar un perfil común y combatirlo a través de una solución política. En esta entrevista con Página/12 realizada en París, Boniface analiza los grandes desafíos modernos, desde el Estado Islámico, el conflicto con Rusia, el acuerdo con Irán o la posición de la política exterior Argentina después de las elecciones.


Este especialista de las relaciones internacionales, autor de numerosos libros, tiene también una pasión popular: el fútbol. Si alguien le da una lista de jugadores y le pregunta cuál es el más grande, responde sin dudar: "Messi". Ha escrito más de un libro y varios artículos imperdibles sobre la geopolítica del fútbol o el fútbol y la globalización.

–¿Usted considera que en un mundo donde el sistema internacional está dañado, las negociaciones sobre el clima que tuvieron lugar en París dentro de la conferencia COP21 son una forma de recomponer ese sistema multilateral?


–A la comunidad internacional se le reprocha el hecho de que sea incapaz de poner término a la guerra civil en Siria, de resolver la crisis israelo palestina o de vencer al terrorismo. Al mismo tiempo, esa misma comunidad internacional fue incapaz de luchar contra el calentamiento del planeta, y ello cuando ya existe un acuerdo general político, científico, con las ONG y hasta con los industriales para admitir que el calentamiento del planeta es uno de los desafíos más graves que pesa sobre la humanidad y que la responsable de ese calentamiento es la actividad humana. Sin embargo, el sistema internacional no supo detener o ponerle límite a ese problema. Ahora bien, con la conferencia de París sobre el clima se puede empezar a hablar de nuevo de comunidad internacional. De hecho, lo que cambió fundamentalmente entre la precedente cumbre sobre el clima que tuvo lugar en Copenhague en 2009, y que fracasó, y la de París, es que dos países importantes para la lucha del calentamiento del planeta, Estados Unidos y China, cambiaron de posición. Cuando se firmó el protocolo de Kioto, este fue firmado únicamente por los Estados que representaban apenas el 15 por ciento de las emisiones de gases contaminantes. Un verdadero acuerdo requiere que todo el mundo participe. Los egoísmos nacionales no tienen más cabida frente a la urgencia de la situación.


–Sin embargo, frente a esa misma comunidad internacional, la opinión pública manifiesta una angustia creciente. Clima, guerras, terrorismo islamista radical, flujo de refugiados. Las respuestas de esa comunidad son desencontradas. El mejor ejemplo es lo que está pasando con el Estado Islámico en Siria e Irak.


–Con el Estado Islámico ocurre lo mismo que con el clima: únicamente juntos lograremos vencerlo. El Estado islámico no será vencido por un puñado de países. Por ahora, incluso si todo el mundo afirma que es una necesidad, todos no tienen ni las mismas prioridades, ni el mismo calendario en el combate contra el Estado Islámico. Es preciso trabajar en pos de un consenso para que, en vez de decir que el Estado Islámico es un enemigo, se diga cómo será neutralizado ese enemigo. En suma, existe un acuerdo entre todos para diagnosticar la enfermedad, pero no para definir la forma de curarla.


–¿De qué convergencia de errores críticos, de herencias coloniales y de estrategias disparatadas surge el Estado Islámico?

–No se debe negar la historia colonial. La herencia colonial existe, desde luego, y occidente debe tomarla en cuenta, pero no explica todo. No se puede resumir la situación a ese único dato. Si miramos lo que ocurre hoy se puede decir que el Estado Islámico tiene, de hecho, dos filiales, dos padres: el primero es la Guerra de Irak (2003), que se lanzó contra el terrorismo y a la cual Francia y Argentina se opusieron. Quienes estaban en contra de esa Guerra de Irak no lo hicieron porque respaldaban a Saddam Hussein, sino porque decían que esa guerra iba a aportar más desgracias que cosas positivas. Vemos bien que sin la Guerra de Irak y sin las decisiones estúpidas del administrador norteamericano nombrado en Irak, Paul Bremer, nada de esto hubiese ocurrido. Bremer decidió desmantelar todo el aparato del Estado iraquí pensando que todos los sunnitas eran ardientes partidarios de Saddam Hussein. Los sunnitas se sintieron rechazados. Eso dio lugar al surgimiento del Estado Islámico. Luego, del otro lado, está lo que pasó en Siria y la brutal represión del presidente Bashar al Assad. Al principio, en Siria, asistimos a una revolución pacífica. Pero Bashar al Assad va a convertir esa revolución en un asunto confesional y la va a militarizar con el argumento según el cual si la revuelta ganaba los alauitas y los cristianos serían eliminados. Seguidamente, Bashar al Assad procederá a internacionalizar ese conflicto cuando pidió ayuda a Rusia y a Irán. Hoy vemos cómo el Estado Islámico recluta combatientes a partir de la terrible represión de Bashar al Assad. Esa represión lleva a que muchos opositores que antes eran pacíficos se unan al EI diciéndose que, frente a la violencia del régimen, vamos a emplear métodos igualmente violentos. Desde luego, hay más razones que estas, pero se puede decir que los dos elementos claves que produjeron al Estado Islámico son estos: la Guerra de Irak en 2003 y la represión del régimen sirio después de 2011.


–La solución parece empantanada en la disputa ente las potencias y sus abismales divergencias.


–La solución es doble. Todos son hoy conscientes de que se requiere una solución política. Mientras el gobierno iraquí no sea más inclusivo, mientras los chiítas no cedan un poco de espacio a los sunitas, el estado Islámico seguirá reclutando en Irak. Y mientras Bashar al Assad siga en el poder ocurrirá lo mismo en Siria. Hay evidentemente una elemento militar para derrotar al Estado Islámico, pero vemos muy bien que la solución pasa antes que nada por lo político.


–Sin embargo, las monarquías del Golfo Pérsico también intervinieron en la guerra siria cuando, al principio, empezaron a armar a la oposición. Arabia Saudita y Qatar aparecen regularmente citados.

–Sí, es cierto, la militarización también los incumbe. Armaron a la oposición, pero no al Estado Islámico. Pero, por ejemplo, el papel de Arabia Saudita es más antiguo. Arabia Saudita financió a los predicadores, la construcción de escuelas coránicas, de mezquitas y a gente que propagaba una doctrina salafista. Pero desde 2001, Arabia Saudita cambió de política y hoy está incluso amenazada. Por eso hay que distinguir a Qatar y a Arabia Saudita. Incluso si ambos son wahabitas no tienen ni la misma gestión de sus asuntos internos, ni la misma política internacional. Se le pueden hacer muchos reproches a Arabia Saudita, pero no es lícito decir que financia al Estado Islámico. En la lucha contra el Estado Islámico, Arabia Saudita está de nuestro lado.


–¿Qué lugar ocupa el antagonismo entre chiítas y sunnitas en la aparición del Estado Islámico y en este conflicto?

–Existe una conexión, desde luego. En primer lugar porque el Estado Islámico prosperó con el rechazo a los sunitas en Bagdad y Damasco. El conflicto tiene, por consiguiente, una base confesional. Sin embargo, no comparto esa idea defendida por ciertas personas según la cual el mundo entero está separado entre sunitas y chiítas y que esta es la principal brecha. No. Por ejemplo, Irán ayudó a Hamás, que no es chiíta. Bashar al Assad es un alauita y un aliado estratégico contra el Irak de Saddam Hussein. En suma, la brecha existe pero no lo explica todo, excepto que cuando más pasa el tiempo esa brecha entre sunitas y chiítas se torna más importante.


–Ese terrorismo del Estado Islámico tiene otro perfil. ¿Cuál es la diferencia o la evolución entre el Estado Islámico y Al Qaida?

–La diferencia radica en que Al Qaida era una base presente en Afganistán pero no contaba con un territorio. El Estado Islámico cuenta con un territorio de 200 mil kilómetros cuadrados. Se trata de un terrorismo que es al mismo tiempo es territorializado y extraterritorial. El Estado Islámico ganó el combate contra Al Qaida. Las filiales que antes se aliaban a Al Qaida ahora se alían al Estado Islámico. Pero lo que cambia fundamentalmente es ese arraigo territorial a partir del cual el EI puede conseguir recursos que, por ejemplo, Al Qaida casi no tenía. El Estado Islámico obtuvo importante recursos exportando petróleo, o haciéndole pagar impuestos a las personas que viven en sus territorios. Ese dinero sirve para reclutar. El EI cuenta con un ejército de varias decenas de miles de hombres. Al Qaida nunca lo tuvo. En este sentido, el Estado Islámico es mucho más peligroso.


–Ese terrorismo de origen sunnita terminó por expandirse en Europa. Los atentados de París, en enero y noviembre de 2015, prueban que existe realmente un enorme problema, con varias cabezas.


–Sí, desde luego. Hemos sido alcanzados por el terrorismo, España en 2004, Gran Bretaña en 2005, Francia y Bélgica este año. La verdad consiste en admitir que un atentado puede tener lugar mañana mismo, en cualquier parte de Europa. Se pueden proteger 1000 lugares, pero los terroristas van a atacar el 1001. Es preciso integrar el hecho de que la amenaza persiste, sin plegarse a la paranoia ni cambiar de forma de vivir. Habrá que vivir con la amenaza terrorista como se vive con la amenaza de una enfermedad o de un accidente. Raymond Aron ya decía en 1962 que los terroristas tienen un impacto psicológico y mediático superior a su impacto estratégico. Nos golpearon, pero el país no fue invadido, no estamos de rodillas. Creo, sin embargo, que hablar tanto del terrorismo y los terroristas equivale a caer en la trampa que nos tienden. De lo contrario estamos dando la impresión de que los terroristas nos ganaron porque sólo hablamos de ellos. Habría que actuar más, y hablar menos para no suscitar nuevas vocaciones en personas que van a creer que son héroes. Cuando se muestran en primera plana las fotos de los terroristas eso les gusta. Siento que hace falta una reflexión colectiva acerca de un poco más de discreción mediática y política y mucha más acción, acción subterránea. De lo contrario, los terroristas se dirán: pusimos a Francia de rodillas, hay que continuar. Los atentados terroristas provocan muchas muertes, pero no borrar del mapa a Francia o la Argentina.


–A este pesado y sangriento antagonismo se le ha adherido otro: el que Occidente tiene con Rusia, que también juega su propio juego en el mapa de Medio Oriente. ¿No cree usted que, en Ucrania y otras repúblicas rusas a las cuales la Unión Europea les ofreció acuerdos estratégicos, Occidente provocó a Rusia sin medir demasiado las consecuencias? El presidente ruso siempre dice que, tras la caída del Muro de Berlín, Occidente no cumplió con sus promesas frente a Moscú.

–Está claro que hay responsabilidades occidentales, incluso si esto no exonera a Vladimir Putin de las suyas. Yo diría que nos perdimos el momento decisivo para construir un nuevo orden mundial. El momento exacto de ese corte remonta la cumbre del grupo de los 7, el G7, que tuvo lugar en julio de 1991. El dirigente soviético de entonces, Mijaíl Gorbachov, había aceptado sancionar a su aliado iraquí votando a favor de la intervención militar en Irak tras la invasión de Kuwait. Gorbachov antepuso el nuevo orden mundial a la protección de su aliado iraquí. En esa cumbre del G7 Gorbachov vino a pedir una ayuda de urgencia.

Francia y Alemania estaban de acuerdo, Estados Unidos y Japón no. Ambos apostaron por el otro dirigente ruso, Boris Yeltsin. En ese momento, Gorbachov les dijo: "Ustedes no me dan la ayuda, es la última vez que me ven a la cabeza de la Unión Soviética". Creo que la enorme responsabilidad que recae en Estados Unidos es haber preferido ser el ganador de la Guerra Fría en vez de ser el constructor de un nuevo orden mundial. Por eso a Washington le convino mucho Boris Yeltsin, que era un dirigente débil, que no estaba a la altura de un país como Rusia. Washington pensó que era más útil desmantelar el comunismo y terminó reemplazando un de- safío nacional ruso por un de- safío ideológico. En este sentido, Vladimir Putin, si bien es muy impopular en Occidente, en Rusia tiene dos categorías que lo apoyan: el consumidor y los patriotas rusos, quienes ya no tienen ese sentimiento de humillación.


–Otro de los grandes temas de la actualidad es el acuerdo entre Irán y las potencias tendiente a superar el diferendo a propósito del programa nuclear iraní. Es un hecho de grandes proporciones que parecía imposible.


–Se puede pensar que el acuerdo firmado con Irán el pasado 14 de julio es bueno porque evita la perspectiva de ataques contra Irán y también un Irán nuclear. A partir de ahora, todo consiste en saber si Irán se va a servir de ese acuerdo para seguir desestabilizando a sus vecinos o calmarse. En cuanto al tema de Irán y la Argentina, ese tema sobrepasa el marco bilateral. Todas las revelaciones sobre lo que ocurrió deben ser divulgadas. Es difícil escapar a los debates nacionales sobre las cuestiones internacionales. Lo que si se debe evitar es que se comprometa una acción internacional para sacar ventajas políticas partidistas.

–Concluyo con un tema de geopolítica latinoamericana. Hay nuevas autoridades en la Argentina, país que usted conoce, y se dio todo un debate sobre las alianzas regionales más idóneas: por un lado el Mercosur, por el otro un lazo más fuerte con Estados Unidos, sus políticas de libre cambio, o con la a Alianza del Pacífico. Digamos una política con la brújula puesta en la región y otra en Washington.

–La Argentina no puede cortarse de su medio ambiente regional. Sería un error dramático y no conforme a sus intereses. Se trataría de un error ideológico y la Argentina sería la primera víctima. En cuanto a si hay que estar en medio de los dos, pienso que la Argentina debe tener, claro está, relaciones con los Estados Unidos, pero como es un país más latinoamericano no creo que los argentinos acepten aparecer como demasiado dependientes de Estados Unidos.


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¡BASTA! El terrorismo islámico empezó mucho antes la invasión de Iraq y el Jihad es un proyecto que se inició en el siglo VII

Basta de los superficiales, mediocres, perezosos artículos, seudo-análisis y columnas de opinión que pecan por arrogancia cuando no se esconden tras un sentimiento de satisfacción inconfesable al ver el Occidente golpeado contando sus civiles caídos.

Basta de los que a media palabra expresan una empatía, un fresquito con el actuar de Daesh por la simple razón que se atacan a los países industrializados y que confunden su deseo reprimido y revanchista contra Europa con una estrategia religiosa y obscurantista que asesina, degollá y lapida ante todo a sus propios semejantes. Hasta ahora, el 80% de las víctimas de Daesh son musulmanes no radicalizados pero su meta principal es acabar con el mundo judeo-cristiano incluyendo todos los autores y periodistas de confesión católica que claman que el Occidente "se la busco", que es "una civilización del terror", etc. La única razón por la cual no se sienten aun un blanco de Daesh, no se sienten en peligro, solo se explica por la lejanía geográfica a la expansión jihadista del Califato.


Porque la Colombia católica y apostólica, país bajo el Concordato con el Vaticano hasta la reforma constitucional de 91, sería un verdadero "manjar" para el proyecto planetario de Daesh de exterminio de los "infieles". 

 

Porque en un caso como este, los argumentos como "nosotros también somos oprimidos por el Occidente" o "somos hermanos de opresión" no les inmutarían por nada a los jihadistas y no les haría perder impulso a sus espadas afiladas.


Porque su guerra no es política, no es económico-estratégica ni geo-estratégica, ni colonial como nosotros la entendemos, seamos oprimidos u opresores. Su guerra pulveriza nuestra moderna lógica, proviene de otra dimensión: es radicalmente religiosa y profética. Es estrictamente basada entre el Bien o en el Mal. Entre el "buen" musulmán o el infiel, el herético, el Kafir كافر .


Porque el único proyecto de Daesh es crear una civilización religioso-jurídica que data del VII o siglo cumpliendo al pie de la letra con los preceptos de Mahomet. Convertir el planeta a un islamismo obsoleto que daría solamente dos opciones a cualquiera de nosotros: la apostasía o la degollación.


Una vez el planeta islamizado con sus más retrogradas prácticas dejando tras de ella montañas de degollados y ríos de sangre, una vez cumplida la "profecía", una vez el mundo vuelto un solo Califato, entonces se cumplirá la predicción del Apocalipsis, el fin de los Tiempos, la meta suprema por la cual Daesh está combatiendo.

 

 


El Apocalipsis será la Revelación y el Islam quedará implantado para siempre.


Y si existe una responsabilidad del Occidente en la expansión del Jihad, no es la de haberlo engendrado en reacción a su política económico-estratégica sino en haber sub-estimado su fuerza y su determinación, no haber tenido suficientemente lucidez, haber pecado por prepotencia al apostar oportunistamente sobre fuerzas locales que aprovecharon la consecuente destabilización de esta región para consolidarse y poner en marcha su obra sagrada.


El Occidente pateo la caja de Pandora cuya tapa se abrió y su contenido se derramo.


En cuanto a las acusaciones de "a que se fue el Occidente a hacer allá", respondería: a hacer lo que el mundo siempre hizo o sea expenderse, someter y explotar o controlar las riquezas del otro. Lo que el humano siempre hizo sea en micro o en macro. ¡Que más hizo el paramilitarismo en Colombia con su contra-reforma agraria! Que más hace un propietario que cambia de lugar y a su favor a los mojones de su vecino! Que más hace un empleado que descredita a su colega con el fin de tomar su puesto!


El humano así que comporta. Los grupos así se comportan. Los partidos políticos así se comportan. Y las naciones así siempre se comportaron.


¿Y porque así es, está bien hacerlo? ¡No!


Pero hasta ahora ninguna fuerza ni revolución logro imponer otro modo comportamental aunque hayan logrado tomar el poder siempre terminaron repitiendo lo que hacía el vencido usurpador.


Y si algún "purista" mantiene que esto no puede seguir siendo así, es inaceptable, comparto su sueño, pero le sugiero que sea coherente y primero renegué de su apellido sea Rodríguez, Gómez, González, porque son apellidos heredados de la sangrienta colonización del continente por la Corona española, que renegué de su religión católica que mato a miles de musulmanes durante las Cruzadas, que bote a la basura su celular, su computador, su tableta... porque llevan tierras raras que provienen del saqueo de países en conflicto, que bote también el anillo con diamantico de su novia o esposa porque pueden ser "diamantes de sangre", que bote su pasaporte con visa a los EEUU o a la Unión europea porque es vergonzoso fraternizar con el enemigo y pisar estos territorios que imponen a los demás su "civilización del terror", etc.

 

 


O que espere tranquilamente a que lleguen los jihadistas a su puerta para explicarles en una charla cordial su concepto de lo admisible y lo inadmisible en este mundo. Que espere el momento en el cual pondrá una balada en fondo musical y les abrirá amablemente una botellita de cerveza fresca y que en vez de recibirla, lo decapitaran enseguida por doble "Haram" (pecado capital), por escuchar música y tomar alcohol...


Lo que justamente hacían los 130 parisinos muertos y los demás 350 gravemente heridos cuando ocurrieron los ataques del 13 de noviembre.


Unos escuchaban música en la sala del Bataclan mientras otros comían y bebían alcohol en unos restaurantes y sus respectivas terrazas. Sin olvidar los primeros atentados de aquella noche, frente al estadio de Francia en la periferia de Paris porque para Daesh el deporte y el football también son Haram.


Una sala de música, un espacio donde se consume alcohol y otro donde se practica un deporte. No hubo equivocación o precipitación en la elección de estos lugares. Menos una reivindicación política, partidista, retórica, filosófica o analítica.


Solamente, tres lugares de inmoralidad y vicio... de Haram... y centenares de balas de castigo por haber violado la Sharía. Código de conducta de lo autorizado y lo prohibido.

Al·lahu-àkbar...

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Sábado, 21 Noviembre 2015 17:22

Guerra sin frentes

Guerra sin frentes

Cuando el presidente Françoise Hollande declaró el 14 de noviembre, unas cuantas horas después de los atroces atentados en París –hasta la fecha sobrepasan 130 muertos–, que se "trataba de un acto de guerra en contra de Francia", acreditó involuntariamente el otro lado de la moneda que el mismo Hollande se había guardado desde un año y medio antes. ¿O cómo llamar a los bombardeos indiscriminados que la aviación militar francesa emprendió desde 2014 contra las poblaciones de civiles que han sostenido –y que al parecer siguen sosteniendo– al régimen de Assad en Siria? Juntas, las fuerzas aéreas de Francia y Estados Unidos han infligido más de 70 mil "bajas" a estas poblaciones, que ni siquiera cuentan con el mínimo de defensas aéreas. Para Hollande, la masacre sistemática de civiles sirios (y libios y congoleses hace algunos años) no parecía representar (hasta hace una semana) más que un ejercicio de esforzada pedagogía para introducir "los valores de la democracia" en aquellas sociedades. ¿Por suerte de qué artilugio semántico se trata del "apoyo a la lucha por la libertad" cuando se devasta a la población siria y de un "estado de guerra" cuando la violencia llega a las calles de París? En principio, esta falta de equidad semántica oculta dos condiciones peculiares que, al parecer, conforman hoy la parte más sólida (e indivisible) de las formas de violencia sistémica que caracterizan a las potencias actuales.

 

La primera es la pregunta si Hollande creía realmente que encabezaba un "gobierno de nadie" (el concepto es de Hanna Arendt y fue rescatado recientemente en un trabajo de María José Velasco) que no debía hacerse responsable de sus actos en Siria frente a la población francesa. El resultado habría sido probablemente que (hasta el viernes pasado) un número considerable de franceses se habría opuesto a los bombardeos civiles en Siria.


Y la segunda condición es esa ecuación donde el terrorismo de organizaciones como Isis parece encontrar su exacta contraparte (y oportunidad) en la mentalidad gubernativa –la gubernamentalidad– cada vez más racista de ciertas élites europeas.


Por lo visto, cuando Occidente actúa se trata de una "guerra", con la legitimidad que el concepto vuelve disponible. Y cuando el islam ataca se vuelve siempre una conspiración "terrorista" concebida por "fanáticos" e "inhumanos". Por lo pronto, siempre hay que al menos dudar de las guerras que se llevan a cabo en nombre de la "humanidad", porque suponen que el otro forma parte de la esfera de las "bestias".


En efecto, el Isis es una organización de corte cuasi fascista que ha encontrado los mecanismos para sumar la desesperación de amplios sectores de pobladores en Irak y Siria al proyecto de construcción de un Estado que renegocie los términos de la globalización en la región, un Estado regido por la lógica no muy "teológica" del mercado y la extracción de recursos naturales. Y, sin embargo, no expresa más que la deriva de un largo proceso, que se prolonga durante más de dos décadas, en que los estados occidentales –a los que se ha sumado recientemente Rusia– se han dedicado a destruir sistemáticamente las condiciones mínimas –entre las cuales se cuenta la existencia de un Estado nacional– que hagan posible garantizar la formación de frentes que salgan al paso a la acción y la ampliación del fundamentalismo político.


En principio, las terribles escenas de París no parecen ser más que la versión perfeccionada y ominosa de lo que se inició el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Una escena que no se cansa de repetirse a lo largo de estos años en Madrid, Londres, Indonesia, Malí... Y la pregunta sería qué es lo que ha hecho del choque terrorista (entre el Estado y las organizaciones siempre fantasmas) el factor dominante no sólo de las definiciones de la política internacional, sino de la propia política interior en las sociedades occidentales.


Al respecto, hay dos fenómenos que vale la pena resaltar.


El primero se encuentra en el itinerario que siguió la propia política europea a lo largo de este 2015. La primera parte del año fue definida por movimientos sociales como los de Grecia, España, Francia y Alemania, dedicados a imaginar cómo trastocar el orden social fraguado por los circuitos financieros. Y si la capitulación de Tsipras en Grecia y la mediatización de Podemos en España oscurecieron el problema, no así el cúmulo de iniciativas que los rodearon, iniciativas que están a punto de derribar al gobierno de Tsipras. Existen hoy en Europa sectores sociales que se encuentran ya en el umbral de ofrecer alternativas generales a esa construcción social regida por el discurso de la tecnocracia y los mercados.
En la segunda parte del año, el centro político se desplazó al tema de los refugiados. Toda la edificante tensión creada por la multiplicación de alternativas al sistema sucumbió frente a los lamentos humanitaristas de "salvar a los refugiados". La relación entre las dos partes es más que evidente. Europa se ha "americanizado" por la forma en que suprime lo que constituye el centro de su sociedad: el vértigo de lo político, suplantándolo con la amenaza siempre fresca de los "recién llegados".


En noviembre se abrió paso la culminación del segundo capítulo: la unificación brutal y súbita frente a la "amenaza del terrorismo". Unificación que va acompañada de las leyes de excepción más restrictivas desde la Segunda Guerra Mundial. Leyes dirigidas a inmovilizar a la propia población europea.


Hay, sin embargo, una ironía en todo esto: nadie puede dar un céntimo de credibilidad a un Estado que tiene –como el francés– aspiraciones expansionistas, si se presenta como víctima de su propia ineptitud.

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Sábado, 21 Noviembre 2015 08:01

Obnubilarse es perder

Obnubilarse es perder

Estamos asistiendo a un cambio de naturaleza de los conflictos internacionales. El adversario en este caso no es un Estado, por lo que no se puede seguir razonando en términos de diplomacia y enfrentamientos clásicos.


La intensidad de los procesos de radicalización yihadista alcanzó en Francia cotas sin precedentes, sobre todo entre jóvenes descendientes de inmigrantes musulmanes afectados por una explosiva combinación de insatisfacción existencial, privación relativa, odio inducido y crisis de identidad. Es una combinación entre estructuras sociales que fallan, recursos religiosos exacerbados y todo un argumentario que moviliza el repertorio de la opresión, de la injusticia y de la humillación entre una parte marginal de la juventud. Pensar que un ejército pueda hoy poner orden ahí donde el desorden viene de la descomposición social es un sinsentido.

 

Lo propio de la globalización hoy en día es que pone en relación entre sí a poderes fácticos (las multinacionales, las grandes empresas productoras de contenidos) y sobre todo a las sociedades. Y sí que es nuevo. Las redes sociales pasan a través de casi todas las fronteras. Vamos hacia un mundo donde lo intersocial probablemente se convierta en más importante que lo internacional. Las categorías de análisis deben ser renovadas: lo social y lo político están mezclados y no podemos seguir concibiendo la globalización sin una lógica de inclusión que no fabrique humillados.

 

Quizás una cuestión urgente es la reforma de las Naciones Unidas, para que funcione el multilateralismo a la luz de las nuevas realidades que enfrenta el mundo. Y es tarea de todos tratar de comprender de dónde viene esta "reivindicación social de la violencia", por qué estos llamados a la violencia tienen eco, adhesión y comprensión. Se está muy lejos de ello. Francia está ensangrentada y enlutada, pero los hechos inmediatos y coyunturales no pueden obnubilar la comprensión de las causas profundas que están detrás de ellos.

 

* Politóloga italiana residente en Montevideo. Formada en la Escuela de Ciencias Políticas (Sciences Po) de París.

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Sábado, 21 Noviembre 2015 07:43

"El EI es varias cosas a la vez"

"El EI es varias cosas a la vez"

"El EI es varias cosas a la vez, eso es lo interesante y dramático. Por un lado es una estructura militar eficaz. Controla mucho territorio, tanto en Irak como en Siria. Pero es, además, una estructura de asistencia social", dice en este entrevista el uruguayo Raúl Rosende, coordinador de ayuda humanitaria de la ONU en Siria.



P. ¿Dónde se encuentra actualmente?

R. En Gaziantep, al sur de Turquía, a media hora de la frontera con Siria. Antes estaba en Damasco, pero hay zonas en el norte a las que desde ahí no se puede llegar por falta de seguridad, y la onu abrió una oficina aquí. Viajo a Siria y a la región.

 

P. ¿Cuál es el trabajo de la oficina?

R. Básicamente coordinar la ayuda humanitaria que desarrollan las agencias de la Onu y las Ong. Coordinamos con los diferentes grupos y negociamos con el gobierno o con la oposición el acceso de la ayuda a las zonas más conflictivas, que es por lo general donde suele estar la población más necesitada.

 

P. ¿Tienen acceso a las zonas tomadas por el EI?

R. En general tenemos acceso a casi todo Siria, pero una de las zonas más difíciles es justamente la controlada por el EI. Son bastante renuentes a aceptar la ayuda de las Ong o de la Onu. En algunas zonas directamente no quieren que haya presencia internacional. En otras ponen límites muy grandes. Hubo casos de clínicas para mujeres y niños que intentaron convertirlas en clínicas para combatientes heridos. En esos casos las Ong dicen que no, y suspenden las operaciones en la zona. También hubo problemas grandes para vacunar. Con la guerra los servicios de salud han colapsado, y han resurgido enfermedades que estaban prácticamente erradicadas, como la polio.

 

P. Usted está en Siria desde 2012, ha visto surgir el Estado Islámico. ¿Cómo capta a sus integrantes?

R. El EI es varias cosas a la vez, eso es lo interesante y dramático. Por un lado es una estructura militar eficaz. Controla mucho territorio, tanto en Irak como en Siria. Pero es, además, una estructura de asistencia social. Trata de brindar servicios sociales para obtener el apoyo de la población, por eso disputan con las Ong. Además es una estructura económica. Ha hecho negocios que le depararon mucho dinero. En particular con el petróleo. Algunos estudios dicen que el 80 por ciento de la gasolina producida en el país viene de las zonas controladas por ellos. Y todo eso se da en el marco de grandes violaciones a los derechos humanos y un sistema de gobierno realmente muy duro y muy autoritario en las zonas que controlan.

 

P. ¿Podría describir la vida cotidiana en Siria hoy?

R. Depende del lugar. En Damasco, aunque parezca raro, si bien las condiciones ahora son más difíciles en lo económico, la gente va a trabajar, los comercios están abiertos. Pero en el resto del país la situación es muy mala. Los casos más dramáticos se dan en lugares que han estado sitiados, como barrios en la periferia de Damasco y algunos pueblos del norte que han estado cercados por el gobierno o la oposición. Esa gente está en las peores condiciones, en zonas relativamente pequeñas donde hay mucha violencia, muchos combates, y a la vez casi no hay ayuda, no hay qué comer, no hay asistencia médica, nada. En general te diría que lo cotidiano es la violencia, los ataques aéreos, lugares que han sido cañoneados, falta de abastecimiento, servicios sociales colapsados o mínimos... con respecto a la educación, se calcula que son millones los niños que han dejado de ir a la escuela. Entre el estado de guerra y las condiciones sociales la situación es terrible.

En las zonas del EI es aun peor. En general es un sistema de terror. Es muy difícil evaluar si tienen algún nivel de apoyo, porque nadie va a discrepar con ellos. El reclutamiento lo hicieron con eficacia. Una cosa interesante es que son un aparato propagandístico bastante fuerte. En las redes sociales, en el manejo de los medios electrónicos, son bastante modernos. Muchos dicen que el EI es medieval, en algunos aspectos sí, pero en otros es muy moderno, hasta posmoderno. A través de los medios, y siendo bastante eficaces en las comunicaciones, creo que han logrado reclutar también.

 

P. ¿Qué mensaje trasmiten?

R. Se presentan como la alternativa a una situación de caos. Frente a los otros actores, a los que acusan de ser malos religiosos y malos musulmanes, se presentan como los defensores del islam. En el marco de una guerra que genera mucha confusión, sobre todo a gente joven, con tantos grupos armados distintos, y el gobierno, el mensaje eventualmente puede ser bien recibido. Casi una generación de adolescentes y niños prácticamente lo único que han visto es la guerra. Ellos se presentan como una alternativa de estabilidad y pureza religiosa, que es un poco el eje de su narrativa.

 

P. ¿Hubo un recrudecimiento de la violencia a partir de los atentados en Francia?

R. Hay que tener en cuenta que esta guerra ha estado llevándose a cabo por cuatro años y medio, entonces la violencia y las matanzas colectivas son el pan de cada día para los sirios. Luego de los atentados hubo una intervención francesa en Racca, la "capital" del califato del EI, pero desde hacía varias semanas había un recrudecimiento del conflicto, sobre todo en la zona cercana a Alepo, la segunda ciudad más importante de Siria. Sólo en las últimas seis semanas 150 mil personas más han debido desplazarse, que se suman a los 6,5 millones de desplazados con anterioridad. Hay bombardeos de la fuerza aérea siria, y respuesta de la oposición. Y ahora está llegando el invierno, lo cual hace la tragedia mucho peor.

En los ataques han sido dañados muchos hospitales. En Siria vemos, como no hemos visto en otros conflictos en el mundo, el bombardeo muy frecuente, sistemático, a los hospitales y centros de salud. Entonces la ayuda a los nuevos desplazados también pasa por temas de salud, por reabrir los hospitales que han sido atacados, por preparar a la gente para el invierno.

 

P. ¿Ataques a los hospitales por parte de quién?

R. La mayoría de los reportes dicen que es por parte del gobierno, y en algunos casos que es la oposición al presidente Bashar al Asad.

 

P. Se estima en 100 por día el número de muertos civiles. ¿Es correcta esa cifra?

R. Sí. El número de muertos desde el comienzo de la guerra anda por los 250 mil, 230 mil, entonces se hace un cálculo y da alrededor de 100 por día. Son números terribles.

 

P. ¿Cómo evalúa el análisis que hace énfasis en el aspecto religioso del conflicto y lo plantea casi como un choque civilizatorio?

R. Yo lo evalúo como un conflicto muy complejo, donde hay muchos niveles. Se inició como un conflicto político, la oposición contra Bashar al Asad, pero a medida que pasó el tiempo se incorporaron otros elementos, y lamentablemente también hay sectarismo de parte de algunos grupos. El EI sería la expresión más concreta de eso.

 

P. ¿Cuál es a su entender la estrategia para terminar con el conflicto?

R. Hemos dicho siempre que acá se necesita una salida negociada, involucrando a la mayor cantidad de actores posibles, al menos el gobierno y la oposición moderada. Ahora hay intentos para lograr un acuerdo. Si se lograra habría mejores condiciones para combatir al EI. Lo claro es que hay que fortalecer la opción de una negociación. En la reunión de Viena hace unos días hubo una base de acuerdo en torno a una hoja de ruta que implicaría comenzar negociaciones directas entre oposición y gobierno en enero, tratar de negociar en la primera parte de 2016 un cese al fuego, luego discutir una reforma constitucional y eventualmente llegar en 2017 a elecciones. Es un principio de calendario que puede ser una esperanza en medio de todo el desastre que ha sido la guerra en Siria.

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Viernes, 20 Noviembre 2015 17:35

Negras tormentas agitan los aires

Negras tormentas agitan los aires

Cuando se haga la historia de estos años quizás haya quien ubique lo sucedido el 13 de noviembre de 2015 en París como uno de los episodios más espantosos, trágicos y simbólicos de la "tercera guerra mundial por retazos".


Cuando dentro de un tiempo se haga la historia de estos años quizás haya quien ubique lo sucedido el 13 de noviembre de 2015 en París como uno de los episodios más espantosos, trágicos y simbólicos de la "tercera guerra mundial por retazos" que habría venido teniendo lugar desde bastante tiempo atrás; otros apuntarán marginalmente que había habido, unas semanas antes, un hecho aun más trágico, con casi el doble de muertos, pero que curiosamente no había provocado en el planeta una emoción similar a la parisina: más de 220 personas habían volado por los aires producto de una bomba colocada por un terrorista suicida en un avión ruso; otros afirmarán, como escribió en el semanario digital francés Obs el politólogo marroquí Omar Saghi, que los atentados de París, tal vez también el del avión ruso, fueron expresión de la "primera guerra civil intercultural de la historia". Y muchos serán los que repararán, como lo hizo el también parisino diario Le Monde este miércoles 18, en las llamativas similitudes entre la declaración de "guerra al terrorismo" de François Hollande el 16 de noviembre de 2015 ante el Parlamento francés y la que realizara 14 años antes George W Bush ante el Congreso de Estados Unidos después de los atentados del 11 de setiembre, en los que casi 3 mil personas fueron asesinadas. La declaración bushiana fue seguida de un bombardeo masivo de la aviación estadounidense y británica en Afganistán y fue el comienzo de una deriva que llevó por un lado a la implicación cada vez mayor de Washington y sus aliados en la desestabilización de Irak, de Libia y luego de Siria, y por el otro a una modificación de la legislación interna que desembocaría en la Patriot Act, un compendio "antiterrorista" que sería calificado urbi et orbi de "liberticida". De la "guerra contra el terrorismo" bushiana nacieron las cárceles clandestinas de la Cia en países del este de Europa y de Asia, remedo de los chupaderos latinoamericanos de las décadas anteriores, y nació Guantánamo como megaprisión extraterritorial ajena a cualquier control.

Las masacres parisinas a cargo de comandos yihadistas fueron seguidas de bombardeos de la aviación francesa sobre Racca, la "capital" del Estado Islámico en Siria, y del anuncio por Hollande de una "continuación" (porque el proceso en Francia ya estaba iniciado) de las reformas de las leyes nacionales en un "sentido antiterrorista", incluyendo la modificación de la Constitución para otorgar plenos poderes al Ejecutivo en ocasiones particulares e introducir la figura de "état d'urgence" (estado de emergencia). Nada hace prever por el momento que se produzca en Francia una deriva autoritaria parecida a la que se verificó del otro lado del Atlántico, dice Le Monde ("Hollande remarcó su apego al respeto del Estado de derecho, en un marco en el que la ley de inteligencia –ya aprobada– ha sido muy criticada por la prensa por su carácter liberticida"). Sin embargo, partidos a la izquierda del gobernante PS, al tiempo que defendieron el derecho del Estado francés a adoptar disposiciones para "defender a la población", afirmaron que ese riesgo está más que latente, y publicaciones como Le Monde Diplomatique, Médiapart y otras hablaron, por ejemplo, de la existencia ya, en Francia, de un estado de "ebriedad guerrera", "comprensible, visto lo acontecido, pero lleno de peligros".

En un estado de emergencia, la distinción entre el Estado y el ejército se disuelve, escribe la filósofa estadounidense Judith Butler, que estaba en París cuando los ataques. "La gente quiere una policía militarizada para protegerla", y en ese ambiente todo se simplifica al máximo. "A los que comentan los eventos tratando de distinguir las diferentes comunidades musulmanas, con su diversidad de posiciones políticas, se les acusa de buscar 'matices': el enemigo debe ser completa y totalmente aniquilado, y las diferencias entre los musulmanes son cada vez más difíciles de discernir en los discursos públicos."

¿Qué quedará de las libertades de que se gozaba cuando se acabe la guerra contra el terrorismo?, se preguntó el franco-español Ignacio Ramonet (La cafetera, radiocable.com, jueves 19). ¿O esa guerra se convertirá tan permanente en Europa como en Estados Unidos?

***

Ya ha habido represalias contra mezquitas y otros lugares de culto musulmán en Francia, y legisladores de derecha y extrema derecha pidieron, basándose en que uno de los kamikazes que operaron en Francia habría entrado desde Grecia "colado" entre los refugiados, que se suspendiera la acogida de refugiados en Europa. En Estados Unidos ya se hizo: ayer jueves la Cámara de Diputados votó parar el ingreso de sirios e iraquíes. "Son vectores de terroristas, con ellos lo que hay hacer es pegarles un tiro en la cabeza y listo", dijo en España un alcalde del Partido Popular. Y en Inglaterra, en países del este de Europa, en Alemania, creció por estos días la demanda de una "Europa libre de refugiados". Que haya algún que otro yihadista o varios entre la masa de 800 mil migrantes que inundaron Europa en estos meses obviamente que es posible, pero serían excepciones: es de ellos, precisamente, que los refugiados sirios, iraquíes, yemenitas y otros escapan, y sería muy difícil pensar que "avezados terroristas", con medios económicos en abundancia, se lanzaran a atravesar el Mediterráneo en esos barquitos de cartón o barcotes herrumbrados utilizados por los candidatos al refugio. Menos que menos con Kalashnikov, bazucas, fusiles y granadas a bordo. "Los inmigrantes no vienen para hacer atentados", dice el italiano Claudio Lo Jacono, experto en islam de la universidad de Nápoles L'Orientale y director de la revista Oriente Moderno (Página 12, jueves 19). "La mayoría es pobre gente que está buscando sobrevivir, escapan de la guerra y del hambre." Y las armas se encuentran fácilmente en Europa. "Las ametralladoras Kalashnikov, como esas que usaron en los atentados de París, ya no son construidas mayormente por Rusia. Hay una fábrica por ejemplo en Pakistán. Y no cuestan ni siquiera mucho, unos 500 dólares. Además está el mercado libre de las armas que florece al margen de las religiones y de las ideologías."

 

Nubes oscuras nos impiden ver

 

¿De qué guerra se estaría hablando?, se preguntó entre muchos otros (véase nota de Santiago Alba Rico, página 16) el historiador francés Etienne Balibar en el diario Libération (miércoles 18). Y apuntó: "Sí, estamos en guerra. O mejor dicho, estamos dentro de la guerra. Golpeamos, nos golpean" y vendrán, "lamentablemente, nuevos golpes". "No es fácil definirla, porque está hecha de varios tipos de guerras, acumuladas en el tiempo. Guerras de Estado a Estado (o a seudoestados, como el Daesh). Guerras civiles nacionales y trasnacionales. Guerra de 'civilizaciones', o que al menos se presentan como tales. Guerras de intereses y de clientelas imperialistas. Guerras de religiones y de sectas, o que así se justifican. (...) Surgida en parte de las intervenciones estadounidenses en Oriente Medio, antes y después del 11 de setiembre de 2001, esta guerra de ahora se intensificó con la continuación de esas intervenciones, en las cuales hoy participan Francia y Rusia, cada una con sus objetivos. Hunde igualmente sus raíces en la feroz rivalidad entre estados que aspiran a la hegemonía regional: Irán, Arabia Saudita, Turquía, incluso Egipto, y de cierta manera Israel –hasta ahora la única potencia nuclear de la zona–. En una violenta catarsis colectiva, precipita todas las cuentas no saldadas de colonizaciones e imperios: minorías oprimidas o privilegiadas, fronteras trazadas de manera arbitraria, recursos minerales expropiados, zonas de influencia en disputa, gigantescos contratos de armamento. Lo peor, acaso, sea que esta guerra reactiva milenarios 'odios teológicos': los cismas del islam, el enfrentamiento entre monoteísmos y sus sucedáneos laicos. La riqueza demasiado grande, la miseria demasiado grande. Pero cuando el 'código' de la religión (o de la 'contrarreligión') se apodera de estos conflictos, la crueldad puede exceder todo límite, al convertir al enemigo en anatema. Monstruos de barbarie han surgido, que se refuerzan por la locura de su propia violencia –como el Estado Islámico con sus decapitaciones, sus violaciones de mujeres reducidas a la esclavitud, sus destrucciones de tesoros culturales de la humanidad–. Sin embargo, otras barbaries aparentemente más racionales también proliferan, como la 'guerra de los drones' del presidente Obama (premio Nobel de la paz), de la que ya se sabe que mata a nueve civiles por cada terrorista." Balibar agrega: "En esta guerra nómada, polimorfa, asimétrica, las poblaciones de las 'dos orillas' del Mediterráneo son tomadas como rehenes. Las víctimas de los atentados de París, luego de las de Madrid (2004), Londres, Moscú, Túnez, Ankara, Beirut, con sus familiares y sus vecinos, son rehenes. Los refugiados que buscan asilo o encuentran la muerte de a miles en las costas de Europa, son rehenes. Los kurdos ametrallados por el ejército turco son rehenes. Todos los ciudadanos de los países árabes son rehenes, atenazados entre el terrorismo de Estado, el yihadismo fanático y los bombardeos extranjeros".

Lo Jacono recuerda que Europa, y Occidente en general, no puede sorprenderse de que cada tanto broten desde Oriente pléyades de candidatos al combate directo contra los "cruzados", evocando actuales humillaciones para recuperar antiguas grandezas. "Imperios como el francés y el británico en el curso de los siglos XIX y XX crearon un fuerte sentimiento nacionalista en aquellos que no querían ser gobernados ni asimilados por Occidente, especialmente desde que el mundo árabe descubrió el petróleo", y desde entonces cerca del 5 por ciento del mundo musulmán (unos 60 millones de personas) "nutre sentimientos de odio hacia un Occidente prepotente y en vías de expansión ideológica gracias a la globalización económica y cultural". De esa enorme masa que abonaría las huestes del fundamentalismo musulmán "habría en origen un núcleo duro de entre 50 mil y 100 mil personas dispuestas al enfrentamiento armado, a la vía yihadista". Cuanto más se humille a sus países, más se los expolie y más se los bombardee, más serán, dice el italiano.

Algunos operan en Europa. No se sabe cuántos. Cientos, varios miles. Los servicios de inteligencia europeos calcularon en unos 5 mil el número de personas dispuestas a partir a Siria e Irak a hacer la yihad, la guerra santa. Y eventualmente a regresar a Europa para atentar contra sus propios connacionales, como sería el caso de los comandos que operaron en París. "Se trata por lo general de jóvenes nacidos aquí, ya no de padres sino de abuelos inmigrantes, y que se han socializado en Europa. Y hay también entre ellos europeos no inmigrantes", dice el periodista David Thomson, autor de la investigación Los franceses yihadistas (Des Arenes, París, 2015). "Por algún motivo todos ellos han quebrado, han encontrado motivos 'objetivos' para su radicalización, han pasado en muchos casos por la cárcel, pero indefectiblemente para poder atacar de la manera que lo hicieron, los que actuaron en París han debido tener una estadía sobre todo en Siria, donde aprendieron a tomar distancia con sus connacionales." El sociólogo franco-iraní Farad Josrojavar, director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y autor del libro Radicalización, sostiene que entre los yihadistas son cada vez más los europeos de pura cepa. No necesariamente "pobres". "Hay aquí, sobre todo en Francia, bolsones de pobreza" en los que no cuesta tanto que prenda la mecha de alguna "causa colectiva que permita la superación del estigma de la marginalización", pero entre 25 y 30 por ciento de los que han partido a Siria pertenecen a sectores medios, y el porcentaje de mujeres entre ellos es alto (Libération, miércoles 18). Por insólito e inentendible que parezca a primera vista, el EI les da un marco, y los capta operando no ya en los lugares de socialización "clásicos" de las comunidades musulmanas sino a través de las redes sociales. Thomson, que en su libro entrevistó a una veintena de jóvenes franceses partidos a Siria, dice que casi todos ellos "aprendieron el islam versión EI a través de Internet, lejos de las mezquitas y a espaldas de sus familias". Pocos son los que le prestan atención en Europa a este fenómeno, que "complejiza aun más las cosas" (véase también entrevista a Dante Matta, páginas 14 y 15) y hace "más difícil el combate al yihadismo de entre casa", apunta Josrojavar. "Hay que tener en cuenta, además, que prevenir nuevas acciones del tipo de las de París será extremadamente dificultoso. Operan en pequeños comandos, se mueven en cofradías, y están dispuestos a inmolarse. Ningún estado de emergencia detiene a un suicida."

***

¿Por qué Francia? Por nuevos y viejos odios, por su pasado colonial y por su presente belicista (la aviación francesa no sólo bombardea desde el año pasado los feudos yihadistas en Irak y en Siria sino que intervino en Libia y también en Mali y en República Centroafricana, contra otros grupos de cuño similar al EI). Pero también porque Francia representaría "lo más abominable para la ideología wahabita que inspira al yihadismo: uno de los estados más radicalmente laicos del planeta, a menudo hasta la intransigencia, y una sociedad abierta asimilada a una tierra de perversión" (Médiapart, miércoles 18). Los atentados del viernes 13 tomaron como blancos sitios simbólicos de esa "sociedad abierta", "de cruce" o multicultural, como boliches, salas de espectáculos, estadios, apunta el investigador Pierre Jean Luizard. "En los barrios atacados se puede ver a jóvenes franceses fumando y bebiendo y socializar con otros que van a la mezquita. Fue sobre todo eso lo que el EI pretendió quebrar", para forzar una reacción agresiva de la sociedad francesa y a un repliegue sobre sí mismos de los musulmanes, primer paso en su camino de "retorno a las fuentes", es decir de su regreso a las "tierras originales" del califato.

Ante la excepcionalidad radical que representaría el Daech (así le dicen al EI en Francia), ¿qué hacer? ¿Se puede extirpar de raíz, con bombardeos más o menos quirúrgicos a un movimiento que por algo nació, que por algo creció, que por algo se expande? Al yihadismo se lo puede vencer, claro que sí, dice Lo Jacomo, pero probablemente no por medios militares. Seguramente no por medios militares, apunta Balibar. No sólo por medios militares, cree Luizard. La ideal del final para el italiano: "Habrá bombardeos pero no creo que de por sí puedan resolver el problema, a no ser que se haga una guerra terrestre que llevaría a muchas muertes y que ni Estados Unidos, ni Francia ni el Reino Unido quieren hacer. Yo creo más en una respuesta que puede producirse a largo plazo, es decir, un cambio de la política internacional de Occidente. (...) Cambiar la política exterior significa cambiar el cerebro. Esa sí sería la respuesta definitiva. No se puede combatir a un terrorista que reclama por las injusticias en el mundo si se sigue siendo injusto. Encontrar una línea de política justa, tanto económica como cultural, sería la línea justa. Pero estos son cambios muy lentos, que pueden insumir generaciones".

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Europa, en camino de convertirse en Estado policial; riesgo de ataque químico en Francia

En toda Europa se anunciaron este jueves planes para coartar las libertades civiles y reinstalar los controles fronterizos.
Al anunciar una iniciativa para extender tres meses el estado de emergencia, el primer ministro francés, Manuel Valls, advirtió que el país enfrenta el riesgo de ataque químico por yihadistas. Valls afirmó que la macabra imaginación del Isis es ilimitada.
Miembros de la Asamblea Nacional aprobaron en primera lectura, por abrumadora mayoría, la iniciativa que impone el estado de emergencia por tres meses, la cual suspenderá las libertades civiles y dará a la policía poderes totales de cateo y aprehensión.


Funcionarios comentaron después que no había razón para sospechar una amenaza inmediata de ataque químico o biológico, pero que Valls cree necesario poner en guardia a la nación. Enmiendas sucesivas por la oposición de centro derecha endurecieron las propuestas al dar al gobierno el derecho de cerrar sitios web que haga apología del terrorismo y colocar rastreadores electrónicos a sospechosos en arresto domiciliario.


Valls también anunció que el gobierno abrirá pronto un campo de retención para jóvenes radicales que hayan decidido arrepentirse. El centro no sería un campo de internamiento de islamitas sospechosos ni de yihadistas nacidos en Francia que volvieran del extranjero, precisó. La ley de estado de emergencia –que ahora pasa al Senado– confiere al gobierno la facultad de investigar y detener por sospecha, sin necesidad de investigación formal o de orden judicial. Algunos políticos de izquierda y comentaristas han expresado temores de que Francia siga la misma ruta autoritaria que Estados Unidos después del 11-S.


El proyecto de ley también otorga al gobierno la atribución de prohibir manifestaciones públicas. Entre las primeras vícimas estarán dos marchas planeadas durante una conferencia sobre el clima global que se llevará a cabo en París a partir del 30 de noviembre.


El gobierno subraya, sin embargo, que ha excluido el control de la prensa, la radio y la televisión y la limitación del acceso a abogados defensores, medidas que se utilizaron cuando se puso en vigor la ley original de poderes de emergencia, durante la guerra de Argelia de 1955.


En Bruselas, el primer ministro Charles Michel reveló planes para gastar 400 millones de euros en medidas para enfrentar amenazas de terrorismo incubadas dentro del territorio, entre ellas encarcelamiento de combatientes que regresan de Siria y rastreo electrónico de radicales sospechosos. Necesitamos hacer más, necesitamos hacerlo mejor, declaró Michel al Parlamento belga horas después de que la policía lanzó operaciones sobre sospechosos en varios puntos de la capital.


Las propuestas proveen a los servicios de inteligencia y seguridad de Bélgica de más personal y nuevas tecnologías. Los fiscales tendrán la facultad de poner a sospechosos de terrorismo bajo custodia temporal por 72 horas, contra las 24 actuales. No acepto críticas orientadas a denigrar el trabajo de nuestros servicios de seguridad, advirtió. El gobierno también emitió una protesta diplomática privada a París, en la que sostiene que el yihadismo surgido dentro del propio territorio es un problema tan grande en Francia como en Bélgica.


Entre tanto, el director de la agencia de policía Europol ha admitido la probabilidad de que Europa enfrente nuevos ataques del Isis. En un discurso ante el Parlamento Europeo, Rob Wainwright aseveró que París representó una muy grave intensificación y un enemigo más sofisticado y amenazante que nunca.


Europol cuenta con una lista de 2 mil personas de las que se sabe que han viajado para combatir en Siria e Irak, si bien Wainwright reconoció que la cifra real podría llegar hasta 5 mil. Indicó que la base de datos contiene 10 mil nombres, de los cuales 2 mil son combatientes confirmados y el resto sospechosos o facilitadores.


Informó que Europol aumentará sus capacidades para enfrentar el problema, al abrir el próximo enero un nuevo centro de contraterrorismo que cubrirá todo el territorio de la Unión Europea. Este viernes, Suecia propondrá a la UE introducir controles biométricos de pasaportes en las fronteras de la zona de Schengen, hoy libre de pasaportes.
Traducción: Jorge Anaya

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Miércoles, 18 Noviembre 2015 11:40

Embriaguez guerrera

Embriaguez guerrera

El 13 de noviembre de 2015, una serie de tiroteos y explosiones, que han provocado la muerte de al menos 130 personas, han cubierto de luto París y Saint-Denis. Los autores de estos atentados, varios de ellos jóvenes franceses musulmanes, justificaron su actuación mencionando la intervención militar de su país en Siria contra la Organización del Estado Islámico (OEI, Daesh en árabe). Dos días más tarde, París ha procedido a llevar a cabo nuevos bombardeos contra las posiciones de la OEI en Siria, principalmente en la "capital" de la Organización, en Raqqa. Y, desde entonces, tanto el Gobierno francés como la oposición de derecha coinciden en la necesidad de multiplicar los "ataques" en Siria. Tampoco tienen opiniones mucho más distintas en cuanto a la urgencia de llevar a cabo una implacable "guerra"en el frente interno.

La única cuestión que parece que es objeto de debate entre ellos está relacionada con la composición de la coalición internacional para luchar contra la OEI. ¿Con o sin Rusia? ¿Con o sin Irán? ¿Con o sin el Gobierno sirio? Parece que la política exterior francesa, cuyo crédito se ha visto muy afectado por una sucesión de hipocresías y de torpezas, se suma en la actualidad a la idea de una alianza tan amplia como sea posible. Semejante posición es la que ahora defienden el ex presidente de la República, Nicolas Sarkozy, el ex primer ministro, François Fillon, y el ex ministro de Asuntos Exteriores, Alain Juppé. Todos ellos exigían aún hace algunos meses, o algunas semanas, la salida previa del presidente sirio Bachar el Asad; ahora, todos han renunciado a esta exigencia.

Sin embargo, la intervención militar francesa, decidida en solitario, sin debate público, sin otro tipo de participación por parte del Parlamento que el puramente decorativo y con un alineamiento mediático conforme a los hábitos del periodismo de guerra, plantea varias cuestiones de fondo.

En primer lugar, la existencia de una "coalición": ésta es tanto más amplia cuanto que los objetivos de guerra de sus principales miembros son diferentes, a veces de forma muy perceptible. Algunos participantes (Rusia, Irán, el Hezbolá libanés, etc.) quieren sobre todo mantener en el poder al régimen de El Asad aunque lo deteste gran parte de la población siria. A otros (Turquía y Arabia Saudí en particular), los cuales han mostrado complacencia hacia la OEI hasta que ésta se vuelve contra ellos, les gustaría asegurarse de que El Asad va a caer. ¿Cómo imaginar que este principal malentendido no desemboca en nuevas convulsiones en caso de una hipotética victoria de los aliados circunstanciales contra la OEI? ¿Habrá que pensar entonces en una nueva intervención para separar (o para destruir) a algunos de los antiguos aliados? Las atrocidades de la OEI están ampliamente documentadas, incluso por la propia Organización. No obstante, ésta fue bien acogida en las regiones suníes de Irak y de Siria cuyos habitantes habían sufrido la explotación y la tiranía de las milicias chiíes. Por mucho que les afecte la férula bajo la que sufren en este momento, estos habitantes no se sentirán necesariamente liberados por sus antiguos perseguidores.

La otra cuestión fundamental tiene que ver con la legitimidad y con la eficacia de las intervenciones militares occidentales incluso con respecto a los objetivos que se asignan. La OEI sólo es el avatar un poco más sangriento del salafismo yihadista promovido por el wahabismo de Arabia Saudí, una monarquía oscurantista que las capitales occidentales no dejan de agasajar. Por lo demás, a menos que se piense que el objetivo actual de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, etc. sea simplemente asegurarse que Oriente Próximo y las monarquías oscurantistas del Golfo seguirán constituyendo un mercado dinámico para sus industrias armamentísticas, ¿cómo no tener en mente el balance verdaderamente calamitoso de las últimas expediciones militares en las que han participado Washington, París, Londres, etc. o que estas capitales han apoyado?

Entre 1980 y 1988, durante la guerra entre Irán e Irak, los países del Golfo y las potencias occidentales ayudaron ampliamente al régimen de Sadam Hussein, esperando así debilitar a Irán. Objetivo conseguido a costa de un millón de víctimas. Quince años más tarde, en 2003, una coalición encabezada por Estados Unidos y Reino Unido (pero sin Francia) destruía el Irak de Sadam Hussein. El resultado: este país, o lo que queda de él, pasó a ser un aliado muy cercano... de Irán. Y varios cientos de miles de sus habitantes murieron principalmente en la continuación de los enfrentamientos confesionales entre suníes y chiíes. Para terminar de completar el desastre, la OEI controla una parte del territorio iraquí.

Mismo escenario en 2011 cuando, infringiendo el mandato de una resolución de la Organización de las Naciones Unidas, los occidentales provocaron la caída de Muamar el Gadafi. Así pretendían restablecer la democracia en Libia, como si esta preocupación hubiera determinado en algún momento la implementación de su política exterior en la región. En la actualidad, Libia ya no es un país, sino un territorio donde se enfrentan militarmente dos Gobiernos. Sirve como arsenal y como refugio a todo tipo de grupos terroristas, entre ellos a la OEI, y como factor de desestabilización regional. ¿Sería insolente reflexionar unos segundos –incluso más– sobre el balance de estas últimas intervenciones occidentales antes de poner en marcha una nueva con el evidente entusiasmo general? El año pasado, el propio presidente Barack Obama admitió en West Point: "Desde la Segunda Guerra Mundial, algunos de nuestros errores que más caros nos han costado no han venido de nuestra contención, sino de nuestra tendencia a precipitarnos hacia aventuras militares sin pensar en sus consecuencias".

Como siempre, el discurso de "guerra" se duplica con un dispositivo de seguridad y policial reforzado. Esto ha dado lugar a excesos en Estados Unidos ya conocidos. En Francia, ahora se tratan las cuestiones del restablecimiento de controles en las fronteras, de la privación de nacionalidad y de la modificación de la Constitución para, como acaba de explicar el Presidente de la República, "permitir a los poderes públicos actuar contra el terrorismo de guerra".

Por lo sucedido, nadie podría negar la necesidad de proteger los lugares públicos contra actos terroristas, ya que los atentados coordinados del 13 de noviembre acaban de poner de manifiesto un fallo evidente de los servicios de seguridad. Sin embargo, ¿hay que crear con prisas un nuevo arsenal de restricción de las libertades individuales, incluso cuando las leyes "antiterroristas" no han parado de sucederse una detrás de otra, a menudo endurecidas incluso antes de su implementación? Además, el actual clima de pánico y de demagogia con respecto a la seguridad favorece las sugerencias más inquietantes, como la de encarcelar a los "sospechosos" de yihadismo, o de radicalización, lo que llevaría a otorgar a la policía y a la Administración el derecho de hacer justicia, también para decidir de forma unilateral medidas privativas de libertad.

Después de una serie de crímenes premeditados que tenían como objetivo lugares de ocio y de sociabilidad un viernes por la noche, la emoción de la población francesa es comprensible. No obstante, los responsables políticos tienen la responsabilidad de reflexionar sobre los motivos de sus adversarios y sobre las dinámicas que ponen en marcha antes que desencadenar baladronadas con la efímera esperanza de confirmar su temblorosa popularidad.
Estamos lejos de esto.

 

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Sábado, 14 Noviembre 2015 06:50

También las guerras tienen reglas

También las guerras tienen reglas

Nadie discute que fue el ejército estadounidense el que en la madrugada del sábado 3 de octubre llevó a cabo el ataque aéreo contra un hospital de la ciudad de Kunduz, en Afganistán. El ataque contra el centro asistencial de Médicos Sin Fronteras, el Centro de Trauma de Kunduz, fue devastador y provocó la muerte de al menos 30 personas. Los pacientes de la única unidad de cuidados intensivos de la región murieron incinerados en sus camas. Integrantes del equipo médico perdieron la vida a causa de bombas de metralla que les arrancaron las extremidades. Al menos una persona fue decapitada por el impacto.

Mientras la gente huía del edificio en llamas, el helicóptero de combate aéreo AC-130 de Estados Unidos los masacraba desde el aire con armas automáticas. Médicos y otros integrantes del personal hospitalario recibieron disparos cuando corrían hacia otro sector del complejo intentando ponerse a salvo.


El Centro de Trauma de Kunduz estaba en el mismo lugar, practicando miles de cirugías y brindando tratamiento a decenas de miles de personas en la sala de emergencias, desde hacía cuatro años. Médicos Sin Fronteras, conocida internacionalmente por su nombre en francés Medecins Sans Frontieres o MSF, le había proporcionado en repetidas oportunidades las coordenadas de GPS exactas del hospital a funcionarios de gobierno de Estados Unidos y de Afganistán. Jason Cone, director ejecutivo de Médicos Sin Fronteras Estados Unidos dijo en el noticiero "Democracy Now!": "Como condición previa a la apertura del hospital, negociamos con Estados Unidos, con Afganistán y con la OTAN, así como con las fuerzas de la oposición, con el Talibán. Recibimos el apoyo de todos esos grupos para operar este hospital". Cone continuó: "Como parte de las negociaciones se acordó que proporcionaríamos nuestras coordenadas de GPS a las distintas partes. Se las proporcionamos incluso recientemente, el 29 de septiembre. Eso fue para reforzar el hecho de que sabíamos que estaban pasando cosas. Empezaban a llevarse a cabo más bombardeos y se nos dijo que esa era la forma de garantizar la protección de nuestras instalaciones".


El 29 de septiembre fue un día de gran importancia en Kunduz, donde se venían librando batallas por el control de la ciudad entre el Talibán y las fuerzas afganas desde el mes de abril. El 28 de septiembre, una unidad del Talibán de tan solo 500 hombres, según se informó, logró derrotar a los 7.000 soldados del Ejército Nacional Afgano allí apostados, tomando así el control de Kunduz. Fue la primera ciudad importante que el Talibán reconquistó desde el inicio de la invasión y posterior ocupación por parte de Estados Unidos en octubre de 2001, cuando los talibanes fueron expulsados del poder. Médicos Sin Fronteras sabía que la primera línea del conflicto les golpeaba la puerta y que el hospital se vería inundado por muchas víctimas más. Cone afirmó: "Este hospital estaba abierto desde hacía cuatro años. De hecho, esa noche se trataba probablemente del edificio más iluminado de toda la ciudad de Kunduz, que tiene una población de unas 300.000 personas, porque teníamos generadores funcionando esa noche. Por lo que estaba bien iluminado y resultaba fácilmente visible desde el cielo. Además, se trataba de uno de los edificios más conocidos de la zona".


Cuando le preguntamos si el ataque constituía un crímen de guerra, Jason Cone empleó las palabras precisas de un trabajador de ayuda humanitaria: "Se ha discutido mucho si se trató o no de un error. La intencionalidad o no no es necesariamente el umbral que hay que atravesar para que constituya una grave violación del derecho humanitario internacional. Si el ejército no logra distinguir entre blancos militares y civiles, como en este caso, desde nuestro punto de vista y en función de todo aquello que sabemos, consideramos que son culpables de violar el derecho humanitario internacional".


MSF llevó a cabo una exhaustiva investigación interna y compartió sus conclusiones con el gobierno de Estados Unidos, la OTAN y el gobierno afgano. Al día siguiente, la dieron a conocer públicamente. Cone sostuvo: "Es parte de nuestros esfuerzos para cooperar con la investigación. Pero aún así, sentimos que es necesario que se lleve a cabo una investigación independiente e imparcial del bombardeo". MSF solicitó al gobierno estadounidense que acepte la intervención de la Comisión Humanitaria Internacional, un organismo con sede en Suiza fundado hace casi un cuarto de siglo en el marco de la Convención de Ginebra con el cometido específico de investigar posibles crímenes de guerra. Hasta la fecha, nunca se le encomendó a la mencionada comisión que realice ninguna investigación. Paralelamente, quienes perpetraron el ataque, es decir el gobierno de Estados Unidos, la OTAN y el gobierno afgano, llevan a cabo sus propias investigaciones. El pedido público de Médicos Sin Fronteras de que se lleve a cabo una investigación independiente cuenta con el apoyo de una petición mundial que hasta el momento ha sido suscrita por 500.000 personas.


Tres semanas después del ataque registrado en Kunduz, otro hospital de Médicos Sin Fronteras sufrió un ataque; esta vez en Yemen. El hospital recibió varios ataques en el transcurso de dos horas, aún cuando en el techo figuraba el logo de MSF y las coordenadas de GPS habían sido proporcionadas en múltiples oportunidades a la coalición que encabeza Arabia Saudita. Todo indica que el Ejército de Arabia Saudita lanzó el ataque, haciendo uso de los bombarderos y las armas proporcionadas por Estados Unidos.


Cone afirmó en relación con el ataque en Yemen: "Definitivamente constituye una violación al derecho humanitario y hemos estado en contacto directo con autoridades saudíes en relación a ello. Desafortunadamente, han modificado su versión en varias oportunidades. Para nosotros, se trata simplemente de reforzar el hecho de que existe la Convención de Ginebra, de que esa Convención rige las leyes de guerra. No somos ingenuos. Somos conscientes de los riesgos de trabajar en zonas de guerra.

Venimos trabajando en ellas desde hace más de 40 años. Sin embargo, es necesario saber que los gobiernos continúan respetando esas reglas, porque son las reglas que nos permiten seguir enviando gente a las regiones en guerra para tratar a las víctimas".


El horror vivido durante el ataque al hospital de Kunduz nunca abandonará a la enfermera de MSF Lajos Zoltan Jecs, que dormía en un lugar seguro dentro del hospital cuando impactaron las bombas. "Intentamos entrar a uno de los edificios en llamas. No puedo describir lo que se vivía en el interior. No hay palabras para transmitir lo terrible que era. En la Unidad de Cuidados Intensivos había seis pacientes que se estaban quemando vivos en sus camas. Vimos morir a nuestros compañeros. A nuestro farmacéutico... La noche anterior había estado hablando con él y planificando el stock y después murió ahí en nuestra oficina", relató.


Por el momento, ninguno de los ataques contra los hospitales ha sido mencionado en los debates o foros presidenciales de Estados Unidos. Es necesario que se lleve a cabo una completa investigación de estos crímenes para hacer que los responsables rindan cuentas. Y es necesario que se lleve a cabo un profundo debate en este año de elecciones presidenciales para determinar si se permitirá que continúen perpetrándose ataques como estos que únicamente perpetúan el terror.


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Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Una bomba, posible causa de la caída del avión ruso, admite Obama

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, admitió este jueves la posibilidad de que una bomba hubiera causado la caída del avión de pasajeros ruso el sábado pasado en el desierto egipcio del Sinaí, que provocó la muerte de 224 personas.

 En entrevista radiofónica subrayó que analizaba muy seriamente la posibilidad de que una bomba a bordo haya sido la causa del estallido del Airbus A321 de la compañía rusa Metrojet, que viajaba de Sharm el Sheij a San Petersburgo, aunque destacó no tener certeza al respecto.

 Horas antes, Rusia dijo que las hipótesis sobre las causas de la caída del avión son meras especulaciones, después de que Estados Unidos y Gran Bretaña afirmaron que podría haber sido una bomba. También Egipto reiteró su exigencia de no sacar conclusiones hasta concluir las investigaciones.

 Cualquier versión sobre lo que ocurrió sólo puede presentarse como parte de la investigación y todavía no hemos oído ningún resultado de la indagatoria, señaló Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin.

 Peskov agregó que si alguien tiene algún dato serio, esperamos que lo facilite.

 Josh Earnest, vocero de la Casa Blanca, indicó que Estados Unidos no ha determinado el motivo de la caída del avión, y aclaró que no puede divulgar las hipótesis que manejan las agencias secretas de seguridad, pero agregó que la teoría de un atentado terrorista no ha sido descartada.

Añadió que el gobierno evalúa qué medidas puede adoptar para mejorar la seguridad en aviones que viajan a Estados Unidos. Un grupo vinculado al Estado Islámico (EI) se atribuyó el derribo del avión ruso, pero no ha mostrado pruebas.

El primer ministro británico, David Cameron, insistió este jueves en la posibilidad de que el accidente fue causado por una bomba, y así se lo comunicó al presidente ruso, Vladimir Putin, en una conversación telefónica.

Putin sugirió a Cameron esperar los resultados de la investigación oficial en curso, informó el Kremlin. Si bien Cameron admitió no tener confirmación de las agencias de inteligencias sobre el desplome del aparato a causa de una bomba, insistió en que no puede descartar esa posibilidad.

La comisión investigadora no ha visto hasta el momento ningún indicio respecto de esta hipótesis, aseguró también el ministro de Aviación Civil de Egipto, Hossam Kamal, quien consideró prematura la teoría de Cameron.

Tras reunirse con el presidente egipcio, Abdel Fattah al Sissi, en Londres, Cameron defendió su decisión de suspender los vuelos al balneario egipcio de Sharm el Sheij, junto al Mar Rojo, de donde despegó el avión. Creo que hemos hecho lo correcto, sostuvo.

No obstante, por la noche Londres autorizó el despegue de aviones desde Sharm el Sheij hacia el Reino Unido para repatriar a 20 mil británicos de la ciudad turística egipcia a partir de este este viernes. Se calcula un millón de británicos viajan a Egipto anualmente.

También las aerolíneas irlandesas, holandesas y alemanas suspendieron vuelos a Sharm el Sheij, al menos hasta el domingo.

En Londres, Al Sisi dijo que su país respondió inmediatamente a las exigencias británicas para garantizar la seguridad y aseguró que el aeropuerto de Sharm el Sheij es completamente seguro. Expresó su comprensión por las preocupaciones británicas y la seguridad de sus ciudadanos.

Mientras, en Rusia se celebraron los primeros entierros de víctimas del vuelo de Metrojet, cuya mayoría eran de San Petersburgo. Asimismo, la aviación civil rusa anunció que la noche de este jueves dará por concluida la búsqueda de restos en el lugar del accidente.

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