Domingo, 14 Noviembre 2021 05:10

La ecología como teología política

La ecología como teología política

Freud definió alguna vez a la basura como "materia situada en un lugar equivocado". A una bolsa de plástico que contamina las aguas de un lago la llamamos "basura". La misma bolsa colocada en un basurero hace del lago un lugar "limpio". En efecto, la noción de basura no depende del material que la compone, sino del lugar en el que se encuentra. La diferencia reside en que una bolsa de plástico (o un millón de bolsas) en un lago ponen en peligro la vida de los seres (plantas y animales) que lo habitan. Una operación similar sucede con la definición de los peligros (léase: los materiales) que inducen la crisis ecológica actual.

Cuando se afirma que las emisiones de CO2 producidas por los combustibles fósiles ponen en peligro la vida en el planeta, ello se debe (al menos esto es lo que se suponía hasta 2018, un año entes de la pandemia del Covid-19) a que propician un efecto de invernadero en la atmósfera, es decir, un incremento de la temperatura terrestre. Hoy sabemos, después de que la pandemia detuvo durante seis meses a 70 por ciento del transporte vehicular en el mundo, con el descenso correspondiente del CO2 en la atmósfera, que este axioma es una verdad insignificante. La temperatura no descendió y el diámetro del hoyo de ozono incluso se ensanchó.

Y, sin embargo, la decisión reciente de la mayor parte de las corporaciones automotrices de cancelar los motores de combustión interna gradualmente hasta el año 2040, se anunció como el gran y "generoso" esfuerzo que habrán de realizar para salvarnos de la catástrofe final. Digámoslo sin rodeos: a la lógica del capital le importa un bledo la ecología. El mantra del CO2 se ha convertido en una simple y llana teología política. Además, en un discurso destinado a obligarnos (a través de leyes y políticas de Estado) a cambiar los automóviles actuales por vehículos eléctricos. Estamos hablando de mil 420 millones de automóviles en el planeta, sin contar los camiones y otras formas de transporte.

El relato del calentamiento global como probable fin del mundo ocupa hoy el mismo lugar que mantuvo vigente a la narrativa religiosa del Juicio Final hasta el siglo XVIII. La segunda permitió a la Iglesia gobernar durante siglos almas, cuerpos y bolsillos, y sólo quedaba rezar frente al impiadoso fin. La segunda está destinada a cubrir las fachadas de la recomposición acelerada (y probablemente brutal) de la estructura profunda de las sociedades de mercado. Pero como se trata del mundo moderno, debe ofrecer el espectáculo de que es posible actuar de alguna manera.

No es que no existan graves peligros que pueden poner en cuestionamiento los equilibrios ecológicos fundamentales. Pero mientras sean una garantía de la reproducción general del sistema, no aparecerán en los Acuerdos de París, ni en los mantras de la retórica política, ni (por ende) en la preocupación de la gente. Menciono tan sólo tres.

  1. Los reactores nucleares. Después de las catástrofes de Three Mile Island, Chernobyl y Fukushima sabemos que se trata de bombas de tiempo. Existen más de mil de ellos funcionando en todo el mundo. El aumento del precio del gas y el petróleo han llevado a muchos Estados a solicitar el aumento de su producción. Simplemente no existen para la actual agenda ecológica. Eso sí: ¡no tiremos bolsas de plástico en el mar!
  1. Las industrias de la ganadería. La masacre anual de más de 100 mil millones de vacas, cerdos y aves aseguran la reproducción de una veintena de ramas industriales y no sólo la alimentaria. Además, son las responsables de la deforestación y las emisiones de metano, que representan probablemente las verdaderas causas del cambio climático. Quienes han protestado contra el exterminio animal han encontrado la muerte.
  1. La industria farmacéutica. Es sin duda la más peligrosa de todas. Sus sustancias ingresan en nuestros cuerpos sin mediación alguna. La humanidad actual vive medicada de una u otra manera. Es la columna vertebral del poder virológico, cuya extensión hemos podido ya observar en la pandemia actual. Un anuncio en full action de la fuerza que aguarda al biopoder anticipado por Foucault.

El ecologismo de mercado ha devenido el fármaco ideológico central que convierte a los grandes complejos financiero-industriales en los supuestos salvadores de los desastres que de facto ellos mismos han producido. Sólo que bajo la mirada complaciente de los Estados que han encontrado en la teología política del ecologismo un nuevo horizonte para neutralizar los conflictos sociales. Al igual que alguna vez la Iglesia pretendía salvarnos del mal que ella misma inventó para redimirnos de él. ¿O no fue el infierno el invento de un religioso que hoy celebramos justificadamente como uno de los mayores literatos de Occidente, Dante?

Sólo una ecología crítica dedicada a explorar las profundidades actuales de las tecnologías del yo, del signo y del capital, podría arrojar otras luces sobre los verdaderos peligros ecológicos que acechan a nuestra época.

¿Hacia un nuevo paradigma de cooperación internacional para el desarrollo?

Gerardo Bracho*

Poco se sabe aún del "Plan mundial de fraternidad y bienestar" cuyos lineamientos expuso hace unos días el presidente López Obrador en la ONU. Pero podemos desde ya destacar que se funda en principios que, de consolidarse, ayudarían a sacar al paradigma de la cooperación internacional para el desarrollo de la postración en que se halla desde hace años. Este paradigma, que se consolidó en las primeras décadas de la posguerra, se fundó en una rígida división Norte-Sur (N-S): los países del Norte, identificados por el Banco Mundial como países de renta alta (hoy definida por un PIB per cápita mayor a 12 mil 695 dólares anuales) adquieren la responsabilidad de otorgar cada año 0.7 por ciento de su PIB en Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) para apoyar el desarrollo de las naciones del Sur, cuyo PIB per cápita está debajo de ese umbral.

El paradigma N-S siempre ha funcionado mal: muy pocos países se han graduado y superado dicho umbral y muy pocos donantes alcanzan o han logrado el famoso objetivo de 0.7 por ciento. Peor aún, ese paradigma ha venido encubriendo el franco retroceso en otras demandas históricas del Sur que se antojan más importantes que la propia ayuda, como el acceso a tecnologías o la construcción de regímenes de comercio y movimientos de capital conducentes al desarrollo. Pero si el paradigma N-S cojeaba, con los albores de este nuevo siglo entró en franca crisis. Ello básicamente por dos razones: primera, por la multiplicación de los llamados "males globales" generados por fenómenos como el cambio climático, la perdida de la biodiversidad, la contaminación de océanos y las pandemias, que afectan a todas las naciones, pobres y ricas. ¿Qué países y cómo deben combatir estos males? El paradigma N-S, centrado en el desarrollo de las naciones pobres, no ofrece respuesta y, segunda, por la irrupción en el escenario internacional de las potencias emergentes encabezadas por China que se despegaron del resto del Sur, pero sin graduarse y sin rebasar el umbral del desarrollo establecido por el paradigma N-S. ¿En estas circunstancias, era realmente posible seguir tratando a China o a México con el mismo rasero que a Angola o a Guatemala, todos ellos clasificados hoy como países de renta media con derecho a recibir AOD? Era evidente que no. Pero el paradigma tradicional N-S, con su rígida barrera entre donantes y receptores, tampoco ofrece una alternativa.

Con la brújula del paradigma N-S rota, todas las agendas de la cooperación internacional para el desarrollo, desde la superación de la pobreza y los Objetivos de Desarrollo Sostenible hasta el cambio climático y ahora la pandemia, vienen tropezando con la misma piedra: ¿Quién debe pagar y cuánto? ¿Cómo repartir la carga? Las naciones no se han podido poner de acuerdo. Las emergentes generan cooperación, muchas veces copiosa y generosa, pero una y otra vez han esquivado asumir responsabilidades concretas; reclamando, no sin razón, que ellos aún tienen mucha pobreza y capacidades limitadas. Las ricas, por su parte, explotando esa reticencia han tendido a diluir sus responsabilidades históricas. Por resultado, tenemos mucho menos cooperación internacional que la que requerimos y un paradigma N-S en crisis.

Es en este contexto que la propuesta de López Obrador incluye un elemento realmente innovador. Ésta invita a que cada uno de los países del G-20 aporten 0.2 por ciento de su PIB anual a un fondo administrado por la ONU para combatir la pobreza extrema en el mundo. Dada la composición mixta del G-20, la iniciativa conlleva un llamado a que las potencias emergentes del Sur miembros del grupo asuman compromisos concretos frente a los problemas comunes de la humanidad y del planeta. Este tipo de llamado no es nuevo. Sí lo es que venga de un líder de una potencia media como México. Es de suponer que esta iniciativa no incidirá en el viejo compromiso de los países ricos de aportar 0.7 por ciento de su PIB anual como AOD. De llegar a coexistir, estos dos esquemas apuntalarían a lo que se podría considerar un reparto "justo" de las cargas globales para combatir la pobreza extrema y fomentar el desarrollo: las naciones ricas del G-20 estarían dando 0.9 por ciento de su PIB (0.2 por ciento de su PIB al fondo que propone México y 0.7 por ciento como AOD) y las naciones emergentes del Sur, 0.2 por ciento, además de que éstas estarían recibiendo una parte (presumiblemente reducida) del nuevo fondo para combatir la pobreza extrema. De esta manera, las potencias emergentes asumirían responsabilidades adecuadas a sus circunstancias y capacidades en sintonía con el principio de "Responsabilidades Comunes, pero Diferenciadas" que el Sur viene impulsando desde hace años sin que a la fecha la haya podido aterrizar en esquemas concretos.

La iniciativa mexicana está a discusión. Uno puede preguntarse si en vez de utilizar al G-20 como referencia, no se debiese recurrir a las categorías de países de altos ingresos y naciones de ingreso medio alto del Banco Mundial, lo cual permitiría sumar a países como Suecia y Tailandia como donantes. También se puede cuestionar si las contribuciones que las naciones deben aportar son las adecuadas y si deben ser enteramente voluntarias o si es tiempo de considerar al menos parte de ellas como obligatorias, como las cuotas que se dan para pertenecer a la ONU.

Pero más allá de estos detalles, lo importante es destacar el principio que anima a la propuesta y que debería transportarse a otras agendas, empezando por la de cómo atajar los "males globales". No sabemos si la iniciativa de México, que incluye otros elementos novedosos, como llamar a los multimillonarios y a las grandes multinacionales a sumarse al esfuerzo, prosperará. Sí es posible vislumbrar que los principios que la animan abren la puerta a un nuevo paradigma post-N-S de cooperación internacional para el desarrollo.

* Especialista en temas de cooperación internacional y miembro del Servicio Exterior Mexicano.

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Un momento del diálogo entre Macron y Pesquet.

El diálogo con el presidente galo Emmanuel Macron

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, tuvo oportunidad de dialogar con un astronauta de la Estación Espacial Internacional, que le confirmó que a 400 kilómetros de altura es posible constatar el cambio climático.

“¿Usted ve realmente las consecuencias del cambio climático, alguna huella tangible?”, preguntó el mandatario galo, y el astronauta Thomas Pesquet contestó: “Desgraciadamente sí, señor presidente”

Ambos hablaron por videoconferencia y el cosmonauta aseguró que desde el espacio se aprecia “claramente la fragilidad de la Tierra” y “los efectos nocivos de las actividades humanas”.

En su diálogo con Macron, Pesquet precisó que "podíamos ver regiones enteras que se queman, Canadá, California cubierta por una nube de humo, las llamas a simple vista a 400 kilómetros de altitud, lo mismo en el sur de Francia y Grecia y en la cuenca mediterránea”. 

Pesquet, quien está a punto de concluir su segunda misión en la Estación Espacial Internacional también se refirió al "triste espectáculo de las tormentas tropicales que se encadenan”.

“¿Ha visto cambios respecto a su última misión?”, lo consultó Macron. “Sí, esos fenómenos meteorológicos se aceleran de manera preocupante”, respondió el astronauta.  

“Esperemos que se adopten las medidas necesarias para que el planeta siga siendo habitable para todo el mundo”, añadió Pesquet, quien le sugirió al mandatario francés continuar el diálogo cuando regrese a la Tierra. 

Por su parte, Macron estimó que "hay que acelerar mucho más los compromisos asumidos. Es el objetivo de esta COP26", subrayó en alusión al encuentro internacional que se realiza en Glasgow

5 de noviembre de 2021

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Frontera agrícola en la Amazonía.

Críticas de las organizaciones ecologistas al acuerdo, voluntario y no vinculante, firmado por cien países para frenar la deforestación de cara a 2030.

Grandes anuncios y titulares se promulgan siempre en las cumbres del clima, aunque todos tienen su letra pequeña. Un centenar de naciones del mundo se ha comprometido a frenar la deforestación para el año 2030, en lo que ya se ha considerado el primer gran acuerdo de la Cumbre del Clima de Glasgow (COP26).

El plan supone una inversión de 10.300 millones de euros públicos, a ser aportados por una docena de países entre 2021 y 2025, además de otros 7.200 de inversión privada, con el fin no solo de frenar la pérdida de masa boscosa en el planeta, sino de revertirla mediante la restauración de amplias extensiones degradadas.

El acuerdo, que sustituye a la Declaración de Nueva York sobre los Bosques de 2014, ha sido firmado por los países que albergan el 85% de las masas boscosas del planeta, incluido el que se ha erigido en los últimos años como el gran devorador del principal pulmón del planeta: Brasil, una nación que no firmó la mencionada Declaración en 2014.

Hechos, no palabras

Más allá del titular, desde las organizaciones ecologistas se muestran escépticas, más cuando la Declaración de Nueva York tenía el objetivo de “reducir a la mitad la pérdida anual de bosques naturales para 2020 y esforzarse para alcanzar la cero deforestación en 2030”. Tal objetivo no se ha cumplido, ya que, según señala el informe Estado de los Bosques del Mundo 2020, realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), entre 2015 y 2020 la tasa de deforestación global se estima en unas 10 millones de hectáreas anuales, frente a las 12 del lustro anterior. “Los nuevos anuncios sobre las cadenas de suministro parecen carecer de fuerza y es poco probable que reviertan los años de fracaso empresarial en esta materia”, remarcan desde Greenpeace.

Desde posiciones ecologistas se muestran muy críticas con el hecho de que el acuerdo es voluntario y no vinculante, lo que puede hacer que quede en papel mojado como la anterior declaración, a pesar de que en esta ocasión Brasil síha firmado el documento.

“Hay una muy buena razón por la que Bolsonaro se sintió cómodo firmando este nuevo acuerdo. Permite otra década de destrucción de bosques y no es vinculante”, denuncia Carolina Pasquali, directora ejecutiva de Greenpeace Brasil. “Mientras tanto, la Amazonia ya está al borde y no puede sobrevivir a años más de deforestación. Los pueblos indígenas piden que se proteja el 80% del Amazonas para 2025, y tienen razón, es lo que se necesita. El clima y el mundo natural no pueden permitirse este acuerdo”.

Bolsonaro sigue en el poder

El nodo brasileño de la organización ecologista denuncia que las emisiones de gases de efecto invernadero de Brasil aumentaron un 9,5% en 2020, impulsadas por la destrucción de la Amazonia y resultado de las decisiones políticas deliberadas del gobierno de Bolsonaro. “Teniendo en cuenta su historial, hay pocas posibilidades de que acate este acuerdo totalmente voluntario e impulse políticas que sitúen a Brasil en la senda del cumplimiento del nuevo compromiso. De hecho, actualmente está tratando de impulsar un paquete legislativo que aceleraría la pérdida de bosques”, denuncian.

Brasil es una de las naciones que amenaza con reventar las negociaciones de la COP26 si no se escuchan sus demandas de cara a sacar un acuerdo sobre el artículo 6 del Acuerdo de París, relativo a los mecanismos de carbono y los mercados de emisiones globales conforme a sus intereses. “Con este artículo, Brasil demanda la creación de herramientas de mercado para poder seguir desarrollando su política económica y de desarrollo aunque continúe con la deforestación del Amazonas”, denuncian desde Ecologistas en Acción.

El paquete aprobado en el acuerdo tiene otras importantes lagunas, en opinión de los ecologistas, como la falta de medidas para reducir la demanda de carne y productos lácteos industriales, una industria que está provocando la destrucción de los ecosistemas a través de la producción ganadera y el uso de soja para la alimentación animal.

 “Hasta que no pongamos fin a la expansión de la agricultura industrial, empecemos a avanzar hacia dietas basadas en plantas y reduzcamos la cantidad de carne y lácteos industriales que consumimos, los derechos de los pueblos indígenas seguirán amenazados y la naturaleza seguirá siendo destruida, en lugar de tener la oportunidad de restaurarse y recuperarse”, señalaba la responsable de bosques de Greenpeace Reino Unido, Anna Jones.

Mínima fracción

A pesar de que, en el contexto de la COP26, se acaba de anunciar nuevos fondos a países con grandes zonas forestales, “las sumas que se presentan son una pequeña fracción de lo que se necesita para proteger la naturaleza a nivel mundial”, continúa Jones.

Aunque el acuerdo menciona expresamente la necesidad de cuidar la cuenca del río Congo, el Gobierno de la República Democrática del Congo levantó el pasado julio la moratoria sobre nuevas concesiones de tala, por lo que a los activistas les preocupa que la oferta de nuevos fondos no esté supeditada al restablecimiento de la prohibición.

“El levantamiento de la moratoria pone en peligro un área de bosque tropical del tamaño de Francia, amenaza a las comunidades indígenas y locales y arriesga futuros brotes de enfermedades zoonóticas que pueden causar pandemias”, señalan desde Greenpeace África. “Con tanto en juego, cualquier nuevo dinero sólo debería ofrecerse al gobierno de la RDC si se restablece la prohibición de nuevas concesiones de tala”, finalizan.   

El acuerdo incluye el compromiso de los los países que representan el 75% del comercio global de productos vinculados a la pérdida de bosques de reducir la deforestación, así como el de los CEO de las 30 instituciones financieras del mundo de eliminar antes de 2030 todas sus inversiones relacionadas con la pérdida de masa boscosa.

Por Pablo Rivas

@PabloRCebo

2 nov 2021

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Martes, 02 Noviembre 2021 05:13

COP(rrupción) en la Cumbre del Clima

Plenario de apertura de la COP26

Estudiar el negacionismo climático siguiendo la pista del dinero enseña dónde reside verdaderamente el poder mundial

Este domingo 31 de octubre ha comenzado la cumbre del clima más importante de la historia, la COP26. Un nuevo asalto entre el conocimiento científico y el poder económico tendrá lugar en Glasgow hasta el próximo 12 de noviembre. Un combate entre la certeza de la urgencia y la eterna procrastinación del privilegio. Un duelo entre la vida y la muerte. No os quepa duda de que la cosa es así de seria. O el sistema o la vida. Ambas cosas no se podrán sostener a la vez porque se han demostrado incompatibles.

En esta ocasión, además, un nuevo escándalo se ha producido pocos días antes de la cumbre. Se ha descubierto que varios lobbies con intereses en el negocio de los combustibles fósiles han regado de dinero al presidente designado para el evento. Pero antes de relatarlo con más detalle, recordemos algunas frases para la historia que se han dicho, y contextualicemos algunos datos que hemos conocido desde la última cumbre. Ayudarán a entender en qué punto estamos y qué habría que hacer. 

Casi dos años han pasado ya desde aquella apresurada e improvisada COP25 que tuvo lugar en Madrid, debido a la  revuelta situación que se vivía en Chile, destino original de la misma. En estos dos años hemos escuchado al secretario general de la ONU, António Guterres, advertir de que el último informe del IPCC es un “código rojo para la humanidad”. Gracias a científicos de Scientist Rebellion, en CTXT publicamos en exclusiva una serie de filtraciones del grupo III del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) de la que hicieron eco medios como The Guardian y otros de más de 30 países.  En España solo una cadena de televisión se atrevió a tratar la noticia. El resto, nada. 

Quizá tenga bastante que ver con que en esos documentos se afirmaban cosas como: “No habría que construir ninguna nueva planta de carbón o gas, y las actuales deberían reducir su vida útil” o “Algunos científicos subrayan que el cambio climático está causado por el desarrollo industrial, y más concretamente, por el carácter del desarrollo social y económico producido por la naturaleza de la sociedad capitalista, que, por tanto, consideran insostenible”

La Agencia France-Presse (AFP) había sacado antes a la luz otro documento cuyo titular también se paseó por medio mundo: “La vida en la Tierra puede recuperarse de un cambio climático importante evolucionando hacia nuevas especies y creando nuevos ecosistemas. La humanidad no”. Esta filtración hace referencia al grupo II, el de impactos, cuyo informe saldrá en febrero del año que viene, un mes antes de que lo haga el del grupo III.

Tras conocer todas estas conclusiones, de una contundencia jamás vista en unos informes que se redactan por consenso –es decir, en los que se dejan de lado muchas opiniones más atrevidas--, se ha producido otra gran filtración gracias a Greenpeace. Esta nos ha permitido saber que ha habido 32.000 intentos de modificar el informe que logramos filtrar. Algunos de ellos son legítimos, realizados por parte de la propia comunidad científica durante el proceso. Otros no tanto, al proceder de lobbies y gobiernos que buscan claramente rebajar la contundencia de algunas expresiones del resumen para políticos –el único que pueden modificar, pero el único también que la inmensa mayoría de los periodistas y personas leen.

Gracias a tener las diferentes versiones del informe del grupo III, en marzo de 2022 podremos hacer algo que jamás se ha podido hacer antes: comparar el primer borrador con el informe definitivo. Y podremos hacerlo viendo los comentarios que han tenido lugar. Va a ser mucho más fácil e interesante que en anteriores informes desentrañar cuánta influencia han tenido realmente las presiones y qué han logrado modificar o eliminar de la parte más política y crucial del informe, las propuestas del grupo III. 

Quienes se atrevieron a decir que las filtraciones podrían no ser útiles deberían sin duda reconsiderar mejor sus palabras. Es indudable que han ayudado: muchos más ojos van a prestar atención al contenido del informe climático más importante del mundo gracias a ellas, y además permitirán analizar cosas nunca vistas, como qué peso real tienen los lobbies y los gobiernos.

Los científicos están empezando a rasgarse las batas y atreviéndose a correr cada vez más riesgos porque han comprendido que el mayor riesgo que corren es que todo siga como hasta ahora. En el propio IPCC cada vez son más conscientes de su tendencia a la moderación y de que, ante la magnitud de la tragedia y la pasividad de la política, hay que pasar a la acción. Las consecuencias todavía no han hecho más que mostrar sus primeras caricias en forma de récords de temperatura, como los casi 50 grados de Canadá o los casi 49 de Italia. También inundaciones y otros fenómenos extremos son cada vez más frecuentes y potentes. Ya tenemos incluso huracanes en el Mediterráneo, los llamados medicanes.  Y hagamos lo que hagamos hemos traspasado tantos límites que estos fenómenos empeorarán. La cuestión es cuánto queremos que empeoren y si seremos capaces de revertir alguna vez el daño ya causado, cosa que no parece muy probable si observamos el pensamiento mágico que suele nutrir las propuestas más habituales, basadas en tecnologías por desarrollar e imposibles de implementar a la escala necesaria o algún tipo de geoingeniería con consecuencias imprevisibles. El  último estertor de un sistema que se resiste a morir y que, de no cambiar rápido, lo hará matando. 

En este panorama ya de por sí dantesco, nos acabamos de enterar, gracias a la investigación del periodista Nafeez Ahmed, de que el designado como presidente de la Cumbre del Clima, el conservador Alok Sharma, recibió dos donaciones por valor de 10.000 libras del presidente del Foresight Group International, un conglomerado empresarial con intereses en el mundo del gas y el petróleo. También recibió otras donaciones de lobbies similares en el pasado. Además, Sharma, es conocido por haber votado generalmente contra las medidas necesarias para prevenir el cambio climático.

Habrá quien piense que este nuevo escándalo deslegitima la lucha medioambiental. Pero estará equivocado, porque es justo al revés. La constatación del interés del poder económico por controlar las cumbres climáticas y los informes más importantes demuestra que allí se juega un partido crucial, y legitima a los movimientos sociales y a la comunidad científica a ir un paso más allá. También debería obligar a los medios de comunicación a implicarse --y lo seguimos esperando--, pero sabemos que están controlados mayoritariamente por esos mismos intereses. Por eso no cuentan lo que tendrían que contar con la vehemencia que tendrían que hacerlo. Por eso algunas periodistas nos llegaron a confesar que jamás se habían sentido tan presionadas “desde arriba” para no tratar el contenido de las filtraciones en sus respectivos medios.

Porque en realidad todo esto no es nuevo: el negacionismo climático ha existido casi siempre. Desde 1950 las grandes petroleras, el gobierno de los Estados Unidos y el Pentágono ya sabían que las emisiones de dióxido de carbono llevarían a la Tierra a un cambio climático de alta peligrosidad a principios de este siglo. Y a partir de los años ochenta decidieron financiar una maquinaria de negación que, a su vez, se apoyaba tanto en la ya existente promoción de las bondades del liberalismo económico –más tarde neoliberalismo y ahora ultraliberalismo – como en la más particular negación de los perjuicios del tabaco para la salud.

En la maquinaria de negación y persuasión más poderosa jamás ideada, una tupida red de think tanks ha venido haciendo uso extensivo de la ya refinada industria de relaciones públicas, comunicación y publicidad, y de las dependencias económicas que genera, para penetrar no solo en los medios de comunicación sino también en asociaciones científicas y profesionales. E incluso en la universidad, condicionando paradigmas y currículos. Mediante grupos visibles (lobbies) y otros de apariencia espontánea, a quienes atribuimos inconscientemente buena fe, han aprendido y refinado distintas formas de pervertir el debate público racional. 

Comenzaron tras la II Guerra Mundial, proliferaron como respuesta a Mayo del 68 y se han consolidado hasta el punto de acabar no solo marcando los límites de lo debatible, sino sus propias reglas. Han penetrado en nuestras mentes, y conducen buena parte de nuestras cosmovisiones sin que apenas nos demos cuenta. Estudiar el negacionismo climático a fondo, siguiendo la pista del dinero, ofrece una perspectiva inmejorable de dónde reside verdaderamente el poder mundial. Una estimación conservadora de Robert Brulle de la Drexel University de lo que se invierte en negacionismo climático –estrictamente cambio climático, solo en los Estados Unidos– establece un promedio de cerca de mil millones de dólares anuales en la primera década de este siglo.

Muchos medios de comunicación dieron espacio a ese negacionismo insolente y estúpido, como ahora se lo dan ampliamente a su hijo bastardo: el negocionismo, el arte de hacer negocio cuando el problema ya no se puede negar. Y luego pasa lo que pasa: casi nadie se fía de los grandes medios y los científicos son la profesión más respetada. Por algo será. 

Las filtraciones y denuncias de corrupción son importantes porque contienen un mensaje inherente claro y necesario. Ahora son nuestros ojos los que os están vigilando a vosotros. A pesar de que sabemos lo que ocurre entre bambalinas, no podemos permitirnos el lujo de pensar ya de entrada que nada útil puede salir de esta COP, la primera en la que estará vigente el Acuerdo de París. Muchas personas estaremos ahí para tratar de presionar como podamos, con todas nuestras fuerzas. Aunque las COP suelen ser un fiasco porque están casi diseñadas para serlo, basta con que eso cambie una vez para que todo cambie. Y esa vez ha de ser en Glasgow, porque nos lo jugamos todo. Ya no hay tiempo.

por Juan Bordera / Ferran Puig Vilar 1/11/2021

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A tiempo y con la mayoría de las 197 delegaciones en sus puestos, ayer se desarrolló la plenaria inaugural.Foto Afp

Arranca la cumbre climática en escocia

 La mexicana Patricia Espinosa y Alok Sharma, presidente de la conferencia, ofrecieron la rueda de prensa inicial

 

Glasgow. Inició la Cumbre Climática de Glasgow (COP26), la que todos definen como "la última oportunidad" de salvar el planeta, la que tiene sobre la mesa dos objetivos prioritarios: impedir que el mundo se caliente más de 1.5 grados centígrados antes de que acabe el siglo y que se garanticen los fondos de financiación para los países en vías de desarrollo, que deberán superar los 100 mil millones de dólares anuales.

La diplomática mexicana Patricia Espinosa, como secretaria ejecutiva de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para el Cambio Climático, abrió las jornadas con un discurso en el que pidió "ambición" a las 197 delegaciones y reconoció que "todavía hay muchas diferencias" y "no será fácil". Por eso solicitó escuchar el "enojo justificado" de la juventud.

El centro de convenciones de Glasgow es un fortín de seguridad, ahora no sólo por la presencia de algunos de los máximos dirigentes del planeta –incluido el presidente de Estados Unidos, Joe Biden–, sino también por el miedo a que un repentino rebrote de Covid-19 haga interrumpir las sesiones de golpe.

Así que nadie entra a la zona acorazada de la COP26 si antes no se hizo una prueba de antígenos con resultado negativo y lo tienen que hacer cada día que acudan al recinto.

Además, hay que documentar y probar que no se procede de un país "en línea roja" (es decir, de alto riesgo), que se tiene la pauta de vacunación completa y que ha cumplido con todos los requisitos que estableció el gobierno de Reino Unido para cruzar sus fronteras.

Sólo así se puede ingresar al Centro de Convenciones, que es además la sede del primer gran encuentro de estas características en la era Covid. Se calcula que más de 25 mil personas entran y salen a diario.

A pesar de las complicaciones añadidas a un encuentro de esta complejidad, las sesiones iniciaron en hora y con la mayoría de las 197 delegaciones en sus puestos, antes del comienzo de las intensas negociaciones diplomáticas de los próximos días de cara a rubricar el ansiado texto de conclusiones, que reflejará a su vez el grado de compromiso y "ambición", según palabras de Espinosa, para atajar esta "grave crisis medioambiental" que vivimos.

Está en juego que el calentamiento del planeta siga derritiendo al ritmo actual buena parte del hielo de la Tierra, que siga subiendo el nivel del mar en todo el mundo y que aumente de forma considerable la probabilidad e intensidad de los fenómenos climáticos extremos.

En la primera rueda de prensa de la COP26, Patricia Espinosa, y el secretario de Estado británico y presidente de la conferencia, Alok Sharma, reconocieron que las "diferencias son profundas" entre las delegaciones, que a pesar de los esfuerzos de China por mejorar su plan actual, "aún es insuficiente y decepcionante", además de la ausencia de su presidente, Xi Jinping, pero que aun así todos coinciden en el mismo objetivo.

Tanto la diplomática mexicana como el británico explicaron que el primer gran consenso de la COP26 es precisamente ese: que todos reconocen ahora que la crisis climática es aguda, que las soluciones son urgentes y que probablemente "es la última oportunidad". Y recordaron cómo hace sólo una década el debate que había sobre la mesa era si existía o no el cambio climático.

Precisamente por eso apelaron a tener "una mayor ambición" para poner nuevos elementos en la agenda del cambio climático, a aumentar la reducción de las emisiones, a intentar modificar sobre la marcha los objetivos de la agenda climática para hacerla más eficiente y sobre todo para intentar reducir los daños de las catástrofes naturales por un clima extremo, que la sufren sobre todo los países en vías de desarrollo.

Prevén financiamiento de sólo 80 mil mdd

Insistieron en que de Glasgow tiene que salir un compromiso firme de financiación de los 100 mil millones de dólares anuales para adaptar las economías de los países más pobres a la nueva forma de producir y comerciar. De hecho, reconocieron que esta cantidad, siendo mucha, aún está por debajo de las necesidades reales, y que es probable que en pocos años se tenga que multiplicar por diez. Sharma reconoció que este año esa cifra se quedará en los 80 mil millones, 20 por ciento menos de lo previsto. Ahora las delegaciones irán fijando una a una sus posiciones, antes de entrar en la fase de las negociaciones, que pueden prolongarse más de diez días.

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Desplazamiento forzado por el conflicto armado en Colombia. Foto: Alcaldía Santander

La Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) afirmó que la crisis de seguridad en el país se debe a la expansión e incremento de los grupos armados ilegales

 

Durante los nueve primeros meses de 2021 se registró el desplazamiento forzado de más de 60.700 personas en Colombia, una cifra que triplica los datos recogidos durante todo 2020, según alertó este martes 26 de octubre la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).

Así lo evidencia el más reciente informe de la Oficina de las Naciones Unidas en Colombia titulado ‘Impacto y Tendencias Humanitarias entre enero y septiembre de 2021′, en el que advierte que el principal determinante de esta grave situación de seguridad en país se debe a la multiplicidad, incremento y expansión de los grupos armados ilegales.

“El nivel de respuesta complementaria de los socios humanitarios a la población afectada por desplazamientos masivos en 2021 ha sido del 41 %. En la mayoría de los casos se tiene respuesta con ayuda humanitaria inmediata (AHI) por parte de las administraciones locales y/o la Unidad para las Víctimas (UARIV). Sin embargo, quedan vacíos ya que en ocasiones no es suficiente o no se cubren todos los sectores con necesidades, especialmente en un contexto con más de 50.500 personas desplazadas en emergencias masivas, que no han podido retornan a sus lugares de origen”, advierte el informe.

A su vez, la OCHA indicó que en los últimos diez años, a excepción de 2013 y 2020, no se registraba un número tan alto de personas confinadas, debido a que entre enero y septiembre de 2021 se ha documentado que al menos 50.900 personas han sido forzadas a confinarse por el accionar y presencia de los grupos armados ilegales que hace presencia en los territorios.

Dentro de las zonas del país más afectadas por esta grave situación de seguridad se encuentran la región del Pacífico, en la que confluyen varios factores de riesgo como el recrudecimiento de la violencia y el conflicto armado en los territorios, así como el incremento de la migración ilegal, que han ocasionado una crisis humanitaria en varios municipios del Chocó, Nariño, Cauca y Valle del Cauca.

“Cabe resaltar que, la multiplicidad de emergencias ha desbordado la capacidad de respuesta de las administraciones locales, e inclusive algunas personas desplazadas optan por retornan a sus lugares de origen sin tener las garantías de seguridad para un retorno. Por esta razón las personas sufren nuevamente hechos victimizantes en un corto periodo de tiempo”, indica la oficina de la ONU.

A su vez, el informe alerta sobre el deterioro de la situación de seguridad en los departamentos de Córdoba, Bolívar y Sucre, debido a la reciente presencia e influencia de varios grupos armados organizados que han realizado varias amenazas en contra de la población con el propósito de imponer su control social en estas localidades.

En ese sentido, la OCHA indicó que la Defensoría del Pueblo ha emitido una alerta temprana de inminencia en el Amazonas, que evidencia el alto riesgo al que están expuestas las comunidades indígenas de La Pedrera por las recientes amenazas de reclutamiento y uso de menores por las disidencias de la desmovilizada guerrilla de las FARC que hace presencia en este territorio.

“Por otra parte, se evidenció que las principales preocupaciones de los migrantes y comunidades de acogida en la frontera con Panamá giran en torno al acceso a agua segura, condiciones de seguridad durante el trayecto por la selva del Darién, atención en salud, alimentación, acceso a otros bienes y servicios a precios más bajos y formas para poder realizar el tránsito hasta sus lugares de destino (EE.UU.) en menor tiempo y de forma digna”, concluyó el informe.

26 de Octubre de 2021

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Planta de energía Turow y mina de carbón de lignito Turow vistas en la frontera con la República Checa y Alemania. Fotografía de archivo. — Peter Byrne / PA Wire / Dpa / Europa Press

 

La concentración de CO en la atmósfera alcanzó en 2020 las 413,2 partes por millón.

25/10/2021 11:20 Actualizado: 25/10/2021 13:53

Público / Reuters

Un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha mostrado que los niveles de dióxido de carbono aumentaron a 413,2 partes por millón en 2020, lo que supone un incremento mayor que la tasa media de la última década, a pesar de un descenso temporal de las emisiones durante los confinamientos por la covid-19.

El secretario general de la OMM, Petteri Taalas, ha explicado que el ritmo actual de aumento de los gases que atrapan el calor provocaría un aumento de la temperatura "muy superior" al objetivo del Acuerdo de París de 2015 de 1,5 grados centígrados por encima de la media preindustrial en este siglo. "Estamos muy lejos de la meta", dijo.

"Tenemos que revisar nuestros sistemas industriales, energéticos y de transporte, así como todo nuestro modo de vida", añadió, y pidió un "dramático aumento" en los compromisos de los países en la conferencia COP26 que comienza el domingo.

Los países ricos no han cumplido su promesa de aportar 100.000 millones de dólares anuales en financiación del clima a los países más pobres

La ciudad escocesa de Glasgow está dando los últimos retoques antes de acoger las conversaciones sobre el clima, que pueden ser la última oportunidad del mundo para limitar el calentamiento global al límite máximo de 1,5-2 grados centígrados establecido en el Acuerdo de París.

Hay mucho en juego en la cumbre, tanto por el impacto en los medios de vida económicos de todo el mundo como por la futura estabilidad del sistema financiero mundial.

El príncipe heredero de Arabia Saudí declaró el sábado que el principal exportador de petróleo del mundo pretende alcanzar las emisiones "netas cero" de gases de efecto invernadero, producidas en su mayoría por la quema de combustibles fósiles, para 2060, 10 años más tarde que Estados Unidos. También dijo que duplicaría los recortes de emisiones que tiene previsto para lograrlo de aquí a 2030.

Es previsible que el gabinete de Australia adopte formalmente un objetivo de emisiones netas cero para 2050 cuando se reúna el lunes para revisar un acuerdo alcanzado entre los partidos del Gobierno de coalición del primer ministro Scott Morrison, según dijeron fuentes oficiales a Reuters.

La coalición en el poder ha estado dividida sobre cómo abordar el cambio climático, y el Gobierno sostiene que unos objetivos más estrictos dañarían la economía de 2 billones de dólares australianos (1,5 billones de dólares).

En Berlín, representantes de Alemania y Canadá tenían previsto presentar un plan sobre cómo los países ricos pueden ayudar a las naciones más pobres a financiar la reforma necesaria para hacer frente al cambio climático.

Hasta ahora, los países ricos no han cumplido su promesa de 2009 de aportar 100.000 millones de dólares anuales en financiación del clima a los países más pobres para 2020. Una encuesta realizada por Reuters entre economistas concluyó que para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de cero emisiones netas de carbono se necesitarán inversiones en una transición ecológica por valor del 2% al 3% de la producción mundial cada año hasta 2050, mucho menos que el coste económico de no hacer nada. En Londres, los activistas del clima reanudaron su campaña de bloqueo de las principales carreteras interrumpiendo el tráfico en el distrito financiero de la ciudad.

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Resultado del escaneo de un huevo de esos animales descubierto en la Patagonia, Argentina.Foto Afp

París. El comportamiento social de los grandes dinosaurios contribuyó a extender su dominación, según un estudio a partir de los descubrimientos en la Patagonia de una colonia de fósiles de más de 200 millones de años.

Hace 150 millones de años, los reyes incontestables del mundo animal eran los saurópodos, gigantescos herbívoros que pesaban entre ocho y 16 toneladas y medían entre 15 y 20 metros.

"Sabíamos que eran animales sociales, pero desconocíamos todo sobre sus ancestros", explicó el argentino Diego Pol, del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, en la Patagonia.

El estudio publicado ayer en Scientific Reports confirma que la capacidad para vivir en grupos ya existía 40 millones de años antes de lo observado en otras especies y que "pudo tener un papel" en el éxito de los saurópodos para colonizar zonas templadas.

El equipo centró sus excavaciones en Laguna Colorada, en el sur de Argentina, donde en los años 70 se descubrió gran cantidad de esqueletos de las crías de Mussaurus patagonicus.

Sacaron a la luz unos fósiles de hace 192 millones de años de 69 dinosaurios de todas las edades, desde embriones a adultos, así como más de 100 huevos fosilizados.

"Ya se conocían dos sitios de nidificación, en Sudáfrica y en China, más o menos de la misma época, pero no nos daban información adicional" sobre sus habitantes, añadió Pol. "Muchos animales ocupan el mismo nido sin que haya interacción social", sostuvo apoyándose en el ejemplo de las tortugas marinas.

Sin embargo, el análisis de Laguna Colorada cambia todo el escenario, según este paleontólogo, porque muestra "que no sólo era una colonia de nidificación, sino que estos animales pasaban buena parte de su existencia juntos".

Para probarlo había que saber primero si los huevos tenían relación con los esqueletos hallados. Un encuentro fortuito con el francés Vicent Fernández, que trabajaba en en el Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón en Grenoble, Francia, tuvo una importancia decisiva.

Análisis con rayos X

Los rayos X del ESRF de Grenoble tiene una intensidad "miles de millones de veces superior a la de un escáner industrial", destacó Fernández. Junto con Diego Pol tuvieron derecho a usarlo durante cuatro días con 30 huevos. Allí vieron algo que sería indetectable bajo las capas del producto fosilizado: "Los huesos aparecieron como por arte de magia".

El estudio de esos huevos, de apenas unos milímetros, reveló que “pertenecían al Mussaurus patagonicus”, indicó Pol.

Esta especie "tenía una estructura social bastante completa", agregó el paleontólogo. Se encontraban segregados por edad, algo que todavía se observa en las manadas de grandes herbívoros.

Los paleontólogos encontraron así agrupados esqueletos de crías, incluso recién nacidas, y más lejos, un grupo de 11 esqueletos de jóvenes dinosaurios, "unos contra otros, en posición de reposo", contó Pol, para quien seguramente murieron en un momento de sequía.

Un hombre camina a la orilla del río Huangpu cerca de una central eléctrica de carbón en Shanghai, China. — Aly Song / REUTERS

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) evidencia que los compromisos de los países para reducir el consumo de carbón, petróleo y gas no son suficientes para frenar la subida global de temperaturas.

19/10/2021 23:41

 

 

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha vuelto a advertir este miércoles que la producción y quema mundial de combustibles fósiles está alejada de los compromisos climáticos alcanzados en el Acuerdo de París. Un nuevo informe, publicado este miércoles por el organismo de la ONU y varias instituciones científicas, revela una peligrosa "brecha" entre los planes de descarbonización de los Gobiernos y los objetivos de reducción de emisiones de CO2 marcados por la ciencia para conseguir mantener el calentamiento del planeta por debajo de los 1,5º C.

Esta publicación de carácter anual llega a las puertas de la Cumbre del Clima de Glasgow (COP 26) y pone de manifiesto que el planeta producirá en 2030 un 110% de combustibles fósiles más de lo que debería para conseguir mantener la subida del termómetro global por debajo de los 1,5º C. Este porcentaje habla de la actual situación, pero también de la próxima década, pues para hacer esa estimación los expertos tienen en cuenta los compromisos que los países han presentado ante la ONU –las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional (NDC)– para cambiar su modelo económico en los años venideros.

"La producción mundial de combustibles fósiles debe comenzar a disminuir inmediata y abruptamente para ser coherente con la necesidad de limitar el calentamiento del planeta a largo plazo", expone el texto, cuyos datos y estimaciones apenas han variado desde los últimos años. 

Sólo el carbón ha experimentado un descenso moderado en su extracción actual y en las proyecciones a futuro. Tanto los compromisos nacionales como las proyecciones realizadas por los Gobiernos revelan que la producción de este material ha comenzado a decaer, pero no lo suficiente. En 2030, con los planes aprobados en la actualidad, el carbón llevará asociado unas 7 gigatoneladas de CO2 al año y la ciencia requiere que para entonces el volumen de emisiones asociadas a este mineral no superen las 2 GtCO2/año para mantener la subida de temperaturas por debajo del umbral del 1,5º C. Para finales de década, si no hay un viraje radical de las políticas energéticas globales, la quema de carbón estará un 240% por encima de los niveles requeridos por la ciencia y el Acuerdo de París.

En el caso del petróleo se sitúa en una tendencia al alza, superando para 2030 los 100 millones de barriles diarios. Para reducir la huella ambiental de este combustible se deberían generar, como mucho, unos 40 millones de barriles diarios. En otras palabras la brecha entre ciencia y producción capitalista será del 57% para finales de década. En el caso del gas, los planes de las grandes potencias apuntan a un crecimiento exponencial de su producción que, para 2030, podría estar un 73% por encima de las cantidades exigidas por la ciencia.

La pandemia de la covid 19 no ha movilizado las inversiones hacia las fuentes de energía renovable de la forma que se preveía. Más bien al contrario. Otra publicación reciente sobre el G20 demuestra que el dinero de los fondos de recuperación que estos países han destinado a las energías limpias es muy inferior al que han dedicado a actividades relacionadas con los combustibles fósiles. De 1,8 billones de dólares que se suman de los paquetes de recuperación de estos Estados, sólo 300.000 millones han ido destinadas a las finanzas verdes y al desarrollo de las renovables.

En ese sentido, la ONU pone el foco también sobre los países que componen el G20, pues son los responsables del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero a escala global. Por ello, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente pide a los Gobiernos que tomen medidas que ayuden a reducir la demanda de consumo de energías sucias y a reconducir sus planes de descarbonización, alineándolos con el espíritu del Acuerdo de París.

De los países que componen este grupo, tan sólo Indonesia y Reino Unido tenían planes en 2019 que contemplaban una reducción drástica de la generación de petróleo y gas. Este último, de hecho, ha anunciado este martes un plan para eliminar las calderas de gas de las viviendas del país financiando con 5.000 libras a los propietarios para el cambio de instalación.  Pese a ello, prácticamente la totalidad de los Gobiernos sigue apostando por estas fuentes de energía. La única nota positiva del informe la pone el carbón, cuya producción de aquí a 2030 descenderá en todos estos países salvo en India y Rusia, con subidas del 5% para finales de década.

"Este informe muestra una simple pero poderosa verdad: tenemos que dejar de extraer gas y petróleo del suelo", ha advertido Antonio Guterres, secretario general de la ONU. "Es urgente que todos los inversores públicos y privados trasladen su apoyo financiero del carbón hacia las renovables", ha reclamado.

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Científicos chinos han descrito al 'Terropterus xiushanensis', un antiguo crustáceo de un metro de longitud. Foto: Nanjing Institute of Geology and Palaeontology / Yang Dinghua.

Científicos chinos han descrito al “Terropterus xiushanensis”, un antiguo crustáceo de un metro de longitud que vivió en el supercontinente de Gondwana y fue uno de los principales depredadores del ecosistema marino del Silúrico temprano, informa LiveScience. 

Los restos de este antiguo escorpión marino, que vivió hace 435 millones de años en el sur de China, lo encontraron investigadores del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing en la formación de Xiushan, según un estudio que se publicará en la edición del 30 de noviembre de Science Bulletin.

“Con unas patas tan grandes y espinosas y probablemente un telson [último segmento del cuerpo de los crustáceos, situado después del abdomen] venenoso para atrapar y picar a la presa, es probable que el Terropterus desempeñara un papel importante como depredador superior en el ecosistema marino durante el Silúrico temprano”, sugiere el estudio.

Los euriptéridos, también conocidos como crustáceos o escorpiones marinos, son un grupo de artrópodos fósiles. Una de sus familias más destacadas fue la Mixopteridae, integrada por animales de un tamaño considerable y con un aspecto parecido al de los escorpiones modernos. Tenían unas extremidades largas y puntiagudas (el segundo y el tercer par) que les resultaban útiles para cazar.

Lamentablemente, nuestro conocimiento de estos animales se limita a cuatro especies de dos géneros descritos hace 80 años: el “Mixopterus kiaeri”, encontrado en Noruega, el 'M. multispinosus”, hallado en Nueva York, el “M. simonsoni”de Estonia y el “Lanarkopterus dolichoschelus”, descubierto en Escocia, sostiene el estudio.

El “Terropterus xiushanensis”, clasificado por los autores del nuevo estudio, es el primer Mixopteridae descrito del supercontinente de Gondwana, formado hace entre 530 y 750 millones de años después de que el supercontinente Pangea se dividiera en dos.

 

20 octubre 2021

(Con información de RT)

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