Jueves, 25 Julio 2013 05:57

Huelga en la Drummond

Huelga en la Drummond

Los cerca de 10 mil trabajadores del complejo carbonífero de la Drummond en Colombia paralizaron sus labores desde ayer miércoles a las 5:55 de la tarde, momento en que Sintramienergética, sindicato que lidera la huelga, decretó la hora cero.

 

La huelga había sido aprobada el miércoles de la semana pasada por el 98% de los trabajadores sindicalizados, luego de agotada la etapa de negociación directa con su prórroga, sin que se llegara a un acuerdo que pusiera fin al conflicto laboral.

 

Ayer tuvieron lugar los últimos contactos entre las partes con la mediación del  Viceministro del Trabajo José Noé Ríos, pero la empresa no mejoró su oferta. “Lo último que nos ofrecieron está por debajo de las expectativas de los trabajadores, son propuestas muy irrisorias”, explicó a esta agencia Luis Manuel Mendoza, presidente de la subdirectiva de Sintramienergética en El Paso.                                                          


La parálisis afecta a las minas Pibbenow y El Descanso ubicadas en el corregimiento La Loma, municipio El Paso, departamento del Cesar, y al puerto de embarque en Ciénaga, Magdalena, donde los trabajadores ya instalaron carpas y están en el despliegue logístico propio de una huelga.

 

Se recuerda que la última huelga en esta multinacional estadounidense en Colombia fue en el 2008 y duró 7 días. Y esta es la segunda que este año se presenta en el sector carbonífero, y se suma a la parálisis que a principios de este años afectó al Cerrejón, donde la huelga de sus trabajadores se extendió durante un mes.

 


Por su parte Johny Ojeda, miembro de la comisión negociadora por Sintramienergética, señaló que durante los 40 días de negociaciones sólo se alcanzaron a revisar 8 puntos de los 70 solicitados. “La empresa no se tomó la molestia siquiera de revisar las necesidades más sentidas de los trabajadores en el petitorio. En una posición radical y prepotente dice que no está en condiciones económicas de solucionar las modestas peticiones de los trabajadores”, agregó.

 


En la última propuesta que puso sobre la mesa el día de ayer, la empresa accedió a aumentar a 7 millones el bono por la firma de la convención a 3 años, y en  la parte salarial sólo accedió a un aumento del 4.75% para el primer año, el IPC + 1.25% para el segundo, y el IPC + 1.5% para el tercer año. El sindicato había pedido, para empezar la negociación, el 10.7% de aumento.

 


El complejo carbonífero de la Drummond es, después de El Cerrejón, el segundo del país, y extrae el 29% del carbón nacional, unas 26 millones de toneladas al año. De ahí que un cese de actividades puede afectar el desempeño de la economía de Colombia, actualmente el 4º exportador mundial de carbón, al provocar un incumplimiento de la meta de producción, fijada para este año en 94 millones de

 

toneladas.
Según datos de la misma empresa, la huelga acarrea pérdidas totales diarias por $4.298 millones, discriminadas así: $2.258 millones por regalías, $1.834 millones por impuestos y $206 millones por la participación de la ANI en la tarifa férrea.

 


Desde el 2010 la Drummond ha crecido en Colombia un 30%, crecimiento en el que ha sido fundamental la labor de los trabajadores, por lo que éstos ahora exigen que se les tenga en cuenta y se mejore su calidad de vida.

 

Sintramientergética es un sindicato de industria que son sus 2.856 trabajadores afiliados es mayoritario en la Drummond.

 

Pliego de peticiones:

 

El punto central del pliego, y el que condicionó los demás puntos por parte del sindicato, es el cambio de forma de pago. Se exige que el pago sea por salario básico mensual en lugar de por horas.

 

Ocurre que en los 18 años que la Drummond lleva operando en Colombia, a los trabajadores se les ha pagado por horas, en jornadas de 12 horas durante 7 días de la semana con 4 días de descanso. Así ha sido siempre y los trabajadores se acostumbraron a eso. El problema es que en el último año, por su conveniencia la empresa a la jornada de 8 horas, lo que afecta los ingresos de los trabajadores.

 

Otro tema importante del pliego tiene que ver con la garantía de reubicación y estabilidad laboral para los 400 trabajadores que quedarán cesantes cuando, por fin, entre en funcionamiento el nuevo sistema de carga en el puerto de Ciénaga; cambio que por cierto la empresa hace rato debió hacer, y por eso ha estado en pugna con el Ministerio de Medio Ambiente por no cumplir aún con el decreto que le obliga a usar el cargue directo del carbón que exporta, en vez de embarcarlo a través de las barcazas, las cuales implican cantidades significativas de contaminación en las zonas cercanas al puerto de Santa Marta. Por eso recientemente le fue suspendida durante varias semanas la licencia ambiental.

 

También en el pliego hay temas relacionados con seguridad industrial y condiciones de salud. En el historial de la Drummond en Colombia se contabilizan 20 muertos por accidentes de trabajo. También hay cerca de 400 trabajadores enfermos, con patologías de origen profesional. Algunos de ellos han sido reubicados, pero con jornada de trabajo reducidas. Por ello el sindicato considera que las políticas de seguridad industrial deben mejorar, pero la empresa se niega a revisarlas porque sostiene que no acepta coadministración con los trabajadores.

 

Otro punto que el sindicato plasmó en el petitorio, y que la empresa no quiso tocar en la mesa, es el de los despidos y procesos disciplinarios contra miembros de juntas directivas en los últimos 3 años.

 

La Drummond

 

La multinacional Drummond, cuya sede principal se encuentra en Alabama, EE.UU, tiene más de 75 años de experiencia en el mercado de producción de carbón. A finales de los años 80 Gary Drummond, dueño de esta carbonífera, adquirió las concesiones mineras para una vasta área en el departamento de Cesar, donde el desarrollo del proyecto carbonífero empezó a principios de los años 90.

 

Al igual que su competidor, El Cerrejón, ha promovido altos crecimientos en términos de producción, pasando de exportar un millón de toneladas de carbón en 1995, a 26 millones en 2012.

 

Cuenta con cerca de 10 mil trabajadores, 4.000 de ellos con contrato a término indefinido y el resto por empresas contratistas y a término fijo.

 

En el año 2012 obtuvo ingresos netos de 600 mil millones, a pesar de que el precio del carbón se desaceleró.

 

La clase dirigente de Colombia le ha otorgado muchos favores, como reducciones tributarios y arancelarias y la ampliación de sus concesiones, En años recientes, el Gobierno le entregó una nueva concesión minera, ampliando su área de producción en otros 17 mil hectáreas. De esta manera queda con el 30% de todas las reservas carboníferas del país, y se hizo a la mina a cielo abierto más grande de Latinoamérica, por encima de El Cerrejón.

 

Sin embargo, tiene fuertes cuestionamientos por las “trampas” que le ha hecho el Estado, a sus trabajadores y las comunidades que viven en las zonas donde extrae el carbón.

 

Por ENS, Agencia de Información Laboral

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Se dice que el sindicalismo carga una grave crisis desde hace por lo menos 30 años. Durante esas mismas tres décadas se anuncia su renovación, para lo cual se han abocado distintos análisis: flexibilización y precarización laboral, neoliberalismo, trabajo por cuenta propia, recorte de garantías laborales, desindustrialización, economía informal, "debilidad del sujeto". Estas y otras muchas categorías y explicaciones han servido para acercarse al núcleo de esta crisis. Pero más allá de si el diagnóstico es efectivo, lo cierto es que la crisis se prolonga.


Desde las direcciones de estos sindicatos, el tema se ha abordado con inquietud o preocupación, pero sin resultados efectivos. Lo refleja con toda luz la pervivencia de tres centrales que se disputan el millón de trabajadores sindicalizados, esto sin relacionar la Confederación de Pensionados de Colombia, modelo organizativo que todavía separa trabajadores efectivos de los jubilados.

 

Entre las medidas implementadas para intentar el recambio sindical, está la decisión de superar los sindicatos de base pasando a los de industria, hasta ahora con resultados precarios; lo mismo sucede con su dirigencia: la continuidad en la dirección de la CUT ha sido tal que los bloques instalados en el ejecutivo nacional practicamente se conservan inamovibles, desde hace varios años, en su número y rostros. Lo mismo sucede en Fecode (ver más adelante). Otra medida es la democratización de su funcionamiento interno, para lo cual se realizan elecciones abiertas y simultáneas, del orden nacional, departamental y municipal. Así sucedió el pasado 7 de junio, cuando la Central Unitaria de Trabajadores (CUT, 700 sindicatos inscritos) y la Federación Colombiana de Educadores (Fecode) llamaron a todos sus afiliados y afiliadas para que eligieran a sus dirigentes para las diversas juntas en que están integrados.

 

En esta oportunidad, con mayor intensidad que en otras ocasiones, la consulta pública asombró a propios y extraños, tanto por la abstención registrada, como por el voto en blanco en ciudades como Bogotá, así como por el cúmulo de denuncias registradas, votos anulados y, en general, corrupción electoral.

 

Los votos

 

El total de la votación registrada refleja la crisis que se carga, que no es muy distinta a la del conjunto nacional. Por la Junta Nacional de la CUT depositaron su voto 268.000 trabajadores y trabajadoras, de 535 afiliados/as, de los cuales 466.000 estaban habilitados para sufragar, es decir, votó el 57,5 por ciento de las personas afiliadas; 31.815 los registraron en blanco; pero los votos por listas inscritas tan sólo fueron 236.191, los otros aparecen depositados por personas afiliadas a un sindicato de base pero no así a la Central de Trabajadores.

 

Se dice que la crisis del sindicalismo no dista mucho de la nacional, y en efecto, detállese que el nivel de votación es más o menos similar al que se registra en los comicios nacionales, es decir, el nivel de inconformidad con la dirigencia política tradicional y con la que encabeza los sindicatos va de la mano, lo cual puede significar varias cosas, entre ellas, que mucha gente asocia en sus métodos a la dirigencia sindical con la política tradicional, de ahí que les indilgue prácticas recurrentes de clientelismo, corrupción, manipulación, favorecimiento de sus fuerzas políticas y amigos, etcétera.

 

De parte de la dirigencia sindical no se reconoce estos señalamientos, y siempre insiste en la necesaria renovación del gremio. Pero lo cierto es que la dirección sindical persiste en prácticas organizativas y vicios políticos y de otra índole que son los que explican la permanencia casi eterna de ciertos dirigentes, la manipulación para conservarse en ciertas dignidades, pero también la misma despolitización de las personas afiliadas a distintos sindicatos.

 

De hecho, por ejemplo, pese a que se reclama para otros escenarios, para los comicios sindicales no existe el voto programático, y las campañas para motivar al voto no pasan de ser reuniones donde poco se educa y mucho se promete, reuniones que no se repiten luego de pasada la coyuntura electoral, y donde el o la candidata "amarra" votos a punto de comprometerse con mandados o favores para sus representados. Esto es común, por ejemplo, dentro del magisterio.

 

Pero tampoco se garantiza, con excepción de la Asociación Distrital de Educadores, la contratación de veedurías externas para que vigilen el voto y su conteo o reconteo; mientras tanto, pese a que la CUT lo solicitó, la Registraduría Nacional del Estado Civil, y el mismo gobierno nacional se niegan, bajo el supuesto "respeto" de la autonomía sindical, a financiar la contratación de veedurías así como a la realización de procesos educativos –sobre el procedimiento electoral– para los propios sindicalistas.

 

Entre los requerimientos que se exigen para afuera, y que tampoco se garantizan hacia adentro, está el conteo de los votos. Como se sabe, entre más trascurra tiempo sin resultados efectivos, más oportunidad hay para el fraude. Pues bien, en estas elecciones, luego de una semana de efectuada la consulta no se tenían resultados totales. Sin duda alguna, algo que se tiene que solucionar a como de lugar. Así mismo el transporte de las urnas, su sellamiento y su deposito en lugar seguro.

 

Fecode

 

Es obligatorio detallar la votación dentro de la Federación pues, como se sabe, es el mayor sindicato del país, casi la mitad de la misma CUT.

 

Respondieron al llamado de su organización gremial, o votaron, 153.186 docentes; en blanco sumaron 20.253, nulos fueron 3.351 y no marcados 634. El número total de habilitados para votar (de un total de 223.000 afiliados/as) sumaban 208.000 personas: es decir, la abstención representó el 26,35 por ciento.

 

Llama la atención de la votación en Bogotá, donde conceden un compensatorio de un día por ir a las urnas. Con un potencial de 23.358 docentes habilitados para concurrir a las urnas depositaron su voto 14.787 lo que indica que la abstención fue del 36,69 por ciento; el voto en blanco sumó 4.750 papeletas. Sin duda, estos registros señalan a todas luces una gran inconformidad de la base con su dirección sindical. No es para menos. En las negociaciones que hasta junio pasado se llevaron a cabo entre el Gobierno nacional y la Fecode un sector no pequeño de docentes –los conocidos como del 1278– esperaban que sus aspiraciones fueran incorporadas en los debates adelantados con el Ministerio de Educación, pero esto no sucedió.

 

El ambiente entre los docentes incorporados por este decreto pareciera ser de disposición para una lucha frontal contra el Gobierno de turno –o así lo dejan entrever algunos de sus voceros–, pero la dirección de la Federación no lo interpretó así. El nivel y tipo de votos depositados refleja la opinión y expectativas del gremio. Pero lo que si es seguro es que dentro de la Fecode se escenifica –aún de manera larvada– una disputa entre dos generaciones de trabajadores/as: los antiguos –muchos de estos esperando y anhelando la jubilación– y los nuevos, en su inmensa mayoría sin tradición de lucha ni politización efectiva, pero que padecen inestabilidad laboral, desmejora en ingresos y alto ritmo de trabajo bajo las órdenes de gerentes, y no de directores de los centros educativos, a los que están inscritos.

 

Las denuncias y la anulación de votos


No fueron pocas las denuncias presentadas y los votos anulados, producto de ello dirigentes sindicales ficticios, que en otros comicios habían sido "elegidos" o "ratificados", en esa ocasión fueron descabezados. Entre los casos más sonados está el del candidato por la Unión Nacional de Trabajadores del Transporte.

 

Las denuncias y los conceptos del Tribunal Nacional Electoral –nombrado e integrado de una lista seleccionada y acordada por mismo ejecutivo nacional de la CUT– no dejan dudas que se presentó manipulación del voto. Grave. Siempre se ha criticado lo electoral por farsa y parece que en este caso no fue la excepción.

 

Ante todo lo sucedido en este ejercicio "democrático" queda un reto para el conjunto del sindicalismo, y en especial para su dirigencia y las fuerzas políticas que representan: no se podrá superar la crisis que se carga mientras no se superen las prácticas heredadas de un sistema político espurreo. Como tarea inicial para que así sea está la renovación de su dirigencia y la politización de toda, o por lo menos la mayoría de sus afiliados, ganando con ello un acercamiento cotidiano entre base y dirección, que vaya mucho más allá de ciertas coyunturas, abriendo las puertas de todas las organizaciones a la participación efectiva de quienes las integran. Así debe ser. Negarse a este giro es autoinmolarse.

 

Quedan pendientes otras medidas también urgentes, como conectarse con los llamados trabajadores ilustrados, con todos aquellos que laboran por cuenta propia, con los que viven del rebusque, insertarse en el territorio y levantar procesos organizativos, producción y vida digna, para que el cambio y la representación dentro del ejercicio sindical se acerquen a la realidad.

 

Mientras esto se torna realidad, hay que mirar con estupor la manipulación y los vicios políticos ejercidos por quienes levantan banderas de cambio y justicia social.

 

Publicado enEdición N°193
Comienza en Colombia juicio ético contra multinacional Pacific Rubiales

Organizaciones no gubernamentales y líderes políticos de Puerto Gaitán, municipio ubicado en el departamento de Meta (al centro de Colombia), desarrollan este sábado un juicio ético y político contra la multinacional canadiense Pacific Rubiales.


 
El corresponsal de teleSUR en Colombia, Paul Bacarés, informó desde el lugar de los hechos que el juicio contra la multinacional es porque ésta “ha hecho una política de despojos en contra de la comunidad”.


 
La comunidad de la entidad está denunciando que dicha empresa ha despojado a la comunidad indígena Sikuani, “una comunidad indígena que ha vivido en estás tierras por más de cien años”, señaló el periodista.


 
Los habitantes de la zona también están denunciando la problemática ambiental que están sufriendo los ríos y las fuentes hídricas en la zona donde opera la multinacional.


 
Las denuncias están siendo presentadas en una audiencia pública en Puerto Gaitán, para luego ser presentadas ante un juicio que se realizará los días 15, 16 y 17 de agosto, en contra de la mencionada empresa.


 
En el juicio participarán funcionarios de Pacific Rubiales, así como defensores de la comunidad, “que van a poner en la mesa las quejas que hay en contra de la multinacional que según los habitantes ha despojado del territorio a los campesinos y está haciendo muchísimas afectaciones ambientales en la zona y lo que más preocupa a la comunidad es que se está extinguiendo a una comunidad indígena”, señaló Bacarés.


 
El pasado 30 de junio el presidente de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), Rafael Ramírez, advirtió que la transnacional petrolera canadiense Pacific Rubiales “financia y conspira abiertamente” contra el Gobierno Bolivariano de ese país suramericano.

 

13 julio 2013


 
(Con información de Telesur)

Publicado enColombia
Sábado, 22 Junio 2013 16:29

Simón y Magnolia

Simón y Magnolia

Después de un sosiego lo suficientemente acogedor, como para olvidar durante unas pocas horas la despiadada e inclemente realidad cotidiana, un runrún que con el paso de los segundos pareciera pedir con más fuerza libertad, anuncia de manera intensa que ya son las 6:00 de la mañana de un día cualquiera de mayo. Un nuevo día, uno que para otros pudiera ser oportunidad para apreciar el espectacular amanecer, pero para ella sólo es un día más, otro donde debe dejar a un lado el placer de la cobija y del descanso para abandonar su cama y disponerse a 12 o más horas de trabajo en el taller de confecciones.

 

Y así lo hace. Desde las primeras luces del día el tiempo apura, hay que dejar la casa ordenada y algo de alimento para su pequeño de 8 años, y aunque lleva 3 largos años en la misma rutina, aún se le desgarra el alma todas las mañanas al dejarlo solo, encomendado al Espíritu Santo. Aquí la escoba para el aseo, allí la olla al fogón para calentar la aguapanela, más allá el llamado al hijo para que se levante, luego de lo cual, pasados unos segundos, recuerda que hace algunas noches el pequeño muestra desánimo en sus estudios y le cuenta que varios de sus compañeros de clase han dejado de asistir, y él tampoco quiere seguir en la escuela, ¿para qué perder tiempo en lo que poco sirve? ¡Vaya pensamiento, un niño razonando como un adulto!

 

La rutina la gana. El baño propio, sin tiempo suficiente para gozar la frescura del agua que vitaliza, y el aseo del hijo, dan paso al desayuno –si es que un pan con aguapanela es digno de ese nombre–, para de inmediato salir de la casa. Con las preocupaciones que la confunden, toma el bus que la lleva al taller con aspecto de campo de concentración. Al ingresar la sensación que experimenta es la misma de todos los días: no hay alegría ni tranquilidad en los rostros de sus compañeros de labor, todos los cuales exteriorizan conformismo, caras cansadas, miradas distraídas, pensamientos que abruman.

 

El reloj colgado en la pared central, desde donde se domina todo el taller marca las 8:00 a.m., y la jornada laboral empieza, ni un segundo se puede perder, allí está el supervisor que controla, ordena, apabulla. Ahora deberán trascurrir 12 horas y 30 minutos para poder salir de regreso a casa, al reencuentro con su hijo. Las horas pasarán, una a una, entre miles de costuras, pulidas de hilos sueltos como hilachas, jirones de flores y demás pinturas decorativas en las telas, sesiones de planchado que intentan borrar arrugas de largas jornadas de trabajo mal remuneradas, procesos todos estos que asaltan la razón y convierten a los trabajadores, entre los cuales se encuentra Magnolia, en máquinas que funcionan en cadena y que no paran hasta que no se les ordene.

 

Cuando el reloj da toda la vuelta a los números, y de nuevo marca las 8, pero ahora de la noche, más treinta minutos, sin mayor energía para terminar el día, Magnolia abandona el taller. En su mente está Simón, que ojalá haya comido bien y realizado las tareas de la escuela, que ojalá deje a un lado esas ideas de no estudiar. Pero también está presente en su mente el deseo de la quincena, para recibir los pocos pesos que gana y poder cumplir con las deudas que la ahogan. Quincena, ¡día de pago!, exclaman algunos de los que cuentan con un trabajo seguro, bien pago y con una jornada de trabajo menos extensa, que seguramente no pertenecen a ese 51,6 por cierto de trabajadores informales que tiene Colombia en sus 13 principales ciudades1. O como ella, que hace parte de ese 52,1 por ciento que cuenta con educación secundaria, pero que por "cosas de la vida" no pudo acceder a la educación superior2.

 

¡Quincena! De todas las deudas la que más le duele es la del arriendo, pues llevaba 3 años pagándolo en una casa que no es ni sería suya, y no podía evitar recordar a su esposo –y padre de Simón–, cuando estuvieron a punto de tener su casa propia, sueño que se esfumó cuando él, que trabajaba por cuenta propia vendiendo frutas y verduras en el centro de la ciudad, en un momento de confrontación con las personas de espacio público sufrió un accidente que le costó la vida. Como ella, Simón lo recordaba con cariño, incluso entre el poco conocimiento de cifras que Magnolia tenía, concluía que si su esposo aún viviera pertenecería al 57,7 por ciento de trabajadores independientes, sin empleo, sin garantías laborales, sin salario fijo, sin seguridad social, en fin, sin trabajo digno, que ahora llenan todas las calles y plazas públicas de todo el país3.

Los pensamientos vuelan, y el cansancio, ahondado por el movimiento del bus, la adormece. Por fin el barrio y a lo lejos su casa, donde debe esta su hijo. Con el deseo de verlo y poder compartir con él la comida, acelera el paso. Pero en el camino aparece un vecino cercano que poco le agrada, padre de uno de los niños que estudia con su hijo, precisamente uno de aquellos que han dejado de asistir a clase. El saludo rutinario va y viene, pero, como nunca había sucedido, la curiosidad no le permite guardar silencio y la pregunta por la inasistencia escolar del niño llena el ambiente de miradas formales y saludos de rutina. La respuesta fue aterradora, al recibirla Magnolia prosigue su camino, más confundida, preguntándose, "¿cómo puede ser posible que los padres le nieguen la asistencia escolar a sus hijos, para que empiecen ha aportar económicamente en la casa?".

 

Ella veía a los niños, por aquí y por allá, rebuscándose: vendiendo confites en semáforos, buses y algunas esquinas, limpiando parabrisas de señores ricos e insensibles al tema, haciendo espectáculos en circos ambulantes o, peor aún, mendigando, y sus grandes ojos verdes se le llenaban de lágrimas con el sólo hecho de imaginarse a Simón en semejante situación. En este trance, meditando sobre la difícil situación que vivían cada día más y más familias, con la amargura que le oprimía el pecho, finalmente concluyó que por más difícil que fuera su situación jamás obligaría a su hijo a realizar tales actividades a cambio de dinero, y eso que no estaba considerando la más peligrosa y atroz... ¡la prostitución!, dado que la mayoría de niños y niñas se encontraban en esta hoguera maldita.

 

Magnolia no acostumbraba ver noticias, el poco tiempo que le quedaba en las noches y el exorbitante cansancio que la invadía no la estimulaban a ello, pero ahora, en la puerta de su casa, afanada por abrir para ver a su hijo, recuerda que en algún canal de televisión había escuchado una noticia referente a la problemática de los niños trabajadores, donde destacaban que en ciudades como Montería, Bucaramanga, Cúcuta, Neiva, Ibagué, Pasto, Villavicencio, Armenia y Manizales, era donde había más infancia trabajadora. Pero Magnolia no sabía que de 11'288.000 niños de todo el país, 1'465.000 laboran hasta 15 horas diarias, sin contar con tiempo para estudiar4.

 

Mientras meditaba sobre estos sinsabores de la vida que sufren los más pobres, abrió de manera mecánica la puerta de su casa y una vez adentro, al ver a su hijo lo abrazó de manera instintiva. Lo besó, y lo invitó a que la escuchara, con la intención de hacerle notar la necesidad de estudiar y los enormes riesgos de empezar a rebuscarse, en un trabajo que no tiene nada de digno.

 

Pero Simón, que siempre fue una caja de sorpresas, respondió de manera impactante y espontánea que él quería trabajar, como sus compañeros, para ¡poder tener su propio sustento!

 

La mirada de la madre colmó con ternura y tristeza a su hijo, y de manera ingeniosa le relató el verdadero panorama de muchos niños no solo del barrio, la ciudad o el país, sino también de países como Guatemala, México, Argentina, Chile, Brasil y muchos otros más que tratan de enfrentar la realidad y no tienen ni la más mínima remuneración, por lo cual no pueden garantizarse su propio sustento. En realidad, son esclavos modernos, aprisionados por una realidad que nos les permite gozar su niñez ni crecer con la satisfacción de sus derechos cubiertos y garantizados por toda la sociedad.

 

Simón, con una actitud de niño engañado asintió de manera tímida –recostando su cuerpo sobre su madre–, diciendo en voz bajita que de ahora en adelante solo estudiaría, que sería muy juicioso, cuidándose solo como siempre.

 

La noche lo cubría todo, el minutero del reloj avanzaba sin reparar en la noche, el cansancio invitaba a la cama, y la cercanía de una nueva jornada de trabajo exigía que así fuera. Con un beso de tranquilidad la madre acostó a su hijo, cubriendo con las cobijas también su cuerpo, sus tristezas y sus sueños de una vida mejor para ellos, como para quienes siempre han sido negados de la esperanza.

 

1 http://www.eltiempo.com/colombia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12506108.html

2 ibídem.

3 ibídem.

4 http://www.eluniversal.com.co/cartagena/nacional/en-colombia-hay-mas-de-1400000-ninos-trabajadores-88510

 

Publicado enEdición 192
¿Clases emergentes para economías emergentes?

El estudio del Banco Mundial “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”, del que los medios de comunicación han hecho algunos adelantos, es apenas uno de los muchos trabajos que tanto las entidades multilaterales como la academia convencional han publicado en la segunda década de este siglo, intentando mostrar, luego del efecto demoledor de la última crisis, que pese a todo los humanos nunca hemos estado mejor que ahora.

 

El fuerte descontento que impulsó, en los países del centro capitalista, movimientos como los Indignados y Ocupantes de Wall Street, y que sintetizó las nuevas condiciones sociales en su lema de 99-1, desnudó la aceleración de la concentración de la riqueza en la cúpula de los mil millonarios, la persistente pérdida de los ingresos de los asalariados y la emergencia de una sociedad polarizada entre quienes lo poseen todo y quienes apenas subsisten. La práctica extinción de la llamada clase media, constituida en lo esencial por técnicos y profesionales del sector formal, ya fueran dependientes o independientes, o por microempresarios con ingresos que superaban la media, es una de las consecuencias del nuevo modelo que lamentan tanto los políticos como los académicos del sector menos conservador del establecimiento, que ven en ese hecho una de las posibles fuentes de inestabilidad futura, pues atribuyen a esas “clases medias” el papel de amortiguador social y de apoyo al statu quo.

 

El presidente de USA, Barak Obama, en el discurso de posesión de su segundo mandato, afirmaba que era obligación de su generación reconstituir una clase media próspera y creciente. Creó por decreto el grupo de trabajo de la clase media (Middle Class Task Force), que integra a varias agencias federales con el objetivo de fortalecer al grupo social que supuestamente es el sostén del sistema de valores de esa nación. De otro lado, sicólogos evolucionistas como Steven Pinker y zoólogos como Matt Ridley (ver su libro el Optimista Racional) intentan mostrar, desde la academia, que el progreso humano es una realidad irreversible y que “todo tiempo presente es mejor”. La razón de esa ofensiva de los “optimistas”, es el intento de contener la reacción que ha provocado la creciente conciencia de las personas del común que han logrado identificar en la acelerada concentración del ingreso, la verdadera causa de las crisis de los últimos veinte años. De lo que se trata, entonces, es de convencer a las personas que pese a estar sin trabajo estable, amenazados de expulsión de sus casas por el no pago de las hipotecas así como verse forzados a entrar en el mundo del rebusque, su situación es mejor que la de los hombres del paleolítico y de la edad media, y que por tanto no se justifica queja alguna.

 

Esto último –que además es discutible como ya lo hiciera evidente Marshall Shalins con su definición de sociedad opulenta, a la que según él se puede llegar por dos caminos “o bien produciendo mucho, o bien deseando poco”–, si se aceptara para la discusión, no desmiente que los últimos diez años han significado un deterioro extendido y generalizado de bastas capas de las clases subordinadas, que “medias” o “bajas” han terminado cediendo parte de su ingreso a los grupos dominantes.

 


¿Fin de la clase media en el corazón del capital?

 

La misma denominación de “media” para ese grupo social nos indica que su definición es relativa y como algunos señalan, residual. Se trata de un grupo “ni-ni”, ni pobres ni ricos, independientemente de lo que con esto último se quiera definir. Pero, más allá de la discusión, lo cierto es que apuntalar la idea que no se es pobre, es un objetivo que los gobiernos se proponen como parte de su legitimación, por lo que el llamado Estado del Bienestar se encargó de asociar la propiedad de ciertos bienes durables (como casa, carro y electrodomésticos), y el consumo de servicios como la educación y los viajes de placer a cierto estatus de “integrado social”, que distinguió con el apelativo de clase media y a quienes inoculó con toda la batería ideológica de la “democracia” y la “libertad”, como las verdaderas causas que se escondían detrás de su condición de incluidos. Escapar del horror de la pobreza pasaba, entonces, por la defensa a ultranza del sistema.

 

Los ingresos que definen las líneas de pobreza son altamente arbitrarios. El límite de la indigencia se considera en 1,25 dólares diarios (aproximadamente $2.375 pesos colombianos), que a una persona en nuestro país no le alcanzaría para transportarse al sitio de trabajo y regresar a la casa (según el Banco Mundial 1.300 millones de personas viven con ese ingreso o menos). El umbral de la pobreza moderada, según esta última institución, es de cuatro dólares diarios (aproximadamente 7.600 pesos colombianos) que en Colombia cubriría los dos viajes que le permitirían desplazarse al trabajo y mal comer cualquier cosa, sin disponer para gastos de vivienda, vestuario y los demás servicios básicos.

 

En Nueva York, ese umbral sube a 21,5 dólares de acuerdo con lo definido por la alcaldía de la ciudad, aunque para el gobierno federal de USA el límite es 15,85 dólares. La organización que engloba los comedores sociales de Nueva York, La Coalición Contra el Hambre (Coalition Against Hunger), estima que el número de personas que han caído bajo el umbral de la pobreza en esa ciudad es de 1,6 millones, es decir una de cada cinco. En Europa las cifras no son más halagüeñas, según la agencia Eurostat, 115 millones de personas, 23,4% del total de la fuerza de trabajo de la Europa de los veintisiete, se encontraba en riesgo de pobreza o en exclusión social. 8% de esas personas tenían severas privaciones materiales y el 10% vivía en hogares cuyos miembros tenían tan sólo empleo ocasional.

 

El promedio de la tasa de ocupación en Grecia alcanzó en febrero de éste año el 27%, mientras que ese índice llegó a 64,2% entre los menores de 25 años. En España, la tasa de desocupaciones hoy del 27,2% (6,2 millones de desempleados) alcanza entre los menores de 25 años el 57%, mientras que 1,9 millones de hogares tienen a todos sus integrantes sin empleo. En la Eurozona, la tasa promedio es del 12% y el número de desempleados llega a 19 millones, sin que se vislumbre algún descenso significativo en el corto plazo.

 

El mileurismo (los que ganan mil euros), un término que aparece en España en el 2005 como una queja sobre la situación laboral de los jóvenes, se ha extendido a los obreros de todas las edades y orígenes y a profesionales marcados con el paro, o a los recién egresados. En Francia, la desocupación entre los babylosers (bebés perdedores), universitarios graduados jóvenes, ha pasado del 6% a comienzos de los setenta del siglo pasado al 30% actual. Y en Grecia, uno de los países europeos más golpeados por la crisis, los mileuristas han sido sustituidos por “la generación de los 700 euros”. Estos hechos parecen darle la razón a autores como Massimo Gaggi y Eduardo Narduzzi, quienes en su libro El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste (publicado en español en el 2006) pronosticaban una homogeneización por lo bajo de las clases subordinadas, para las que ya se comenzaban a diseñar los productos lowcost (bajo coste).

 

Parece más que evidente, entonces, que los últimos diez años en las sociedades del centro capitalista han significado un espectacular retroceso, y que independientemente de que se acepte para la discusión que se sale ganando en una comparación con la humanidad de la edad de piedra, a la manera como lo hacen Pinker y Ridley, la década anterior es prueba que “el nivel de vida” en el capitalismo está sujeto a los “caprichos” de la acumulación.

 

Los emergentes ¿la otra cara?

 

Que la deslocalización de buena parte de la producción industrial hacía países de la periferia ha significado un reajuste de la distribución del producto a escala mundial es también un hecho innegable, siendo quizá los grandes ganadores del juego algunos países asiáticos como China y Corea del Sur. Eso ha significado, sin lugar a dudas, la aparición de una nueva población urbana y el acceso de una cantidad significativa de personas al consumo de cierto tipo de bienes de reciente tecnología, en lo que se denominan países emergentes.

 

Sin embargo, ese ingreso ha estado signado por una asimetría social creciente en dichas naciones que ha permitido que una pequeña élite se lleve la parte del león. En China, por ejemplo, en los años setenta la sociedad era prácticamente igualitaria, mientras que en 2012 el coeficiente de Gini se situó en 0,474, según la oficina nacional de estadísticas, aunque para instituciones como el Centro de Investigación y Estadísticas de la Universidad de Finanzas y Económicas de Chengdu, en 2010 ese índice era ya del 0,61 (cero representa la igualdad total mientras que uno la desigualdad absoluta). Para Brasil ese índice es del 54,7, mientras que para Rusia es 40,1 y en la India es 36,8 (de los llamados países desarrollados el Gini más bajo lo ostenta Noruega con 22,5, estimándose el promedio de la desigualdad mundial en 0,63).

 

En 2011, en la República Popular China el número de millonarios se estimó en 562.405, mientras que las personas con activos individuales entre 100 mil y un millón de dólares, se calculaba en poco más de diez millones (0,7% de la población), según la revista Forbes.

 

En América Latina, el Banco Mundial anunciaba con bombos y platillos que la clase media había aumentado de 100 a 150 millones entre el 2000 y el 2010, estableciendo el rango de ingresos para ese grupo entre 10 y 50 dólares diarios, y se inventaba la clase de los vulnerables, como aquellos cuyo ingreso no los ubica en el escalón de la pobreza (menos de 4 dólares diarios), pero tampoco en la clase media, pues su ingreso fluctúa entre 4 y 10 dólares diarios, y además muestra probabilidades superiores al 10% de recaer en la pobreza.

 

El gran salto, como se puede observar en el cuadro, consiste en que el 21% de quienes se encontraban en la miseria se volvieron “vulnerables”, es decir que pasaron a ganar entre 120 y 300 dólares mensuales (muy lejos de los umbrales de pobreza como los de USA que fluctúan entre 476 y 645). Y, de otro lado, el “salto” del 18,2% de quienes eran vulnerables a clase media, que pudieron pasar de ganar 300 dólares a ganar un poco más de eso, o como máximo 1.500 al mes.

 

En otras palabras, según el cuadro, el 60% de las personas del subcontinente vive con menos de 10 dólares diarios (aproximadamente $19.000 pesos colombianos, valor cercano al salario mínimo). Así mismo, el estudio reconoce que el cambio de pobres a vulnerables como de vulnerables a clase media, se debió a que las economías crecieron por efecto de las mejoras en los precios de las materias primas (el 66% de las personas que pasaron de pobres a vulnerables y el 74% de quienes pasaron de vulnerables a clase media lo hicieron debido al crecimiento económico), contribuyendo muy poco la redistribución del ingreso en esas variaciones permaneciendo, por tanto, el grado de desigualdad casi inalterado. Como muestra de esto vale la pena destacar el caso de Chile, que se cita siempre como un ejemplo exitoso, hasta el punto de haber ingresado en el club de los “desarrollados”, y que de acuerdo con las definiciones oficiales de pobreza la redujo de cerca del 40%, a comienzos de la década de los noventa, hasta poco menos de 15% en la actualidad, mientras que el coeficiente Gini tan sólo varió de 0,56 a 0,55 (el de los países de la OCDE es de 0, 32%, el club al que supuestamente Chile hizo su ingreso).

 

En las cifras de los “ascensos” de clase, los subsidios derivados del modelo neo-extractivista juegan un papel importante en nuestra región, y a eso es a lo que se refieren las estadísticas, en la gran mayoría de los casos, cuando hablan de reducción de la pobreza debida al crecimiento. Ahora bien, cabe preguntarse ¿dada la volatilidad de los precios de las materias primas, no es la gran masa de latinoamericanos vulnerable? ¿No debería llamárseles mejor la clase “submarino” (Waterboarding) en homología a la tortura legalizada por USA del ahogamiento simulado de prisioneros a los que se lleva hasta el límite de la muerte para dejarlos luego respirar un poco y sumergirlos nuevamente en la asfixia? ¿El concepto de flexibilidad en las relaciones laborales no está acaso concebido bajo el principio de exclusión-inclusión sistemática y continuada de los trabajadores? El hoy tienes trabajo e ingresos y mañana no, ¿no es acaso una asfixia social continua en la marginación?

 

A medida que se acerca la fecha de plazo para el cumplimiento de las llamadas metas de milenio (2015), los trabajos que “prueban” que nos encontramos en un camino de incesantes mejoras no cesará, y los ecos criollos de los Pinker y Ridley mostrarán su erudición “espantando” el pesimismo. En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos, en el mes de abril, declaraba que el país había dejado de ser el campeón de la desigualdad y exhibía como gran logro el descenso del Gini de 0,54 en 2011 a 0,53 en 2012, y minimizaba la aceleración de la desindustrialización, la caída de las exportaciones y el acortamiento de la “bonanza” minera que ya se hace evidente y sobre el que llamaba recientemente la atención la Asociación de Instituciones Financieras (ANIF).

 

Lo que se quiere barrer debajo de la alfombra, es que convertir la población del mundo en “clase media”, según los estándares del capitalismo, es una distopía suicida. Si tomamos como ejemplo el objeto símbolo de esa “clase media”, el automóvil, es fácil entenderlo. Hoy se estima que el parque automotor ronda los mil millones de vehículos en el mundo con la mayor circulación en los EE.UU, que ronda los 300 millones de automotores (poco menos de un auto por persona), por lo que si los llamados BRIC alcanzaran ese nivel de consumo la circulación de vehículos, tan sólo en esos países, sería cercana a los tres mil millones, ¿es posible la sostenibilidad del planeta bajo esos parámetros, incluso si nos limitamos a mirar el gasto de energía y de acero?

 

Ya es claro para los analistas más serios que lo que hace agua es un mundo que mide el deber ser por las cantidades consumidas. La FAO acaba de publicar el estudio “Insectos comestibles: perspectivas de futuro para la seguridad alimentaria y la alimentación del ganado”, en una muestra más que los “recursos tradicionales” comienzan a dar señales de agotamiento. Que el planeta es limitado y no un hueco sin fondo de riquezas infinitas, es un principio que nos debe permear a todos, para empezar a entender que la redistribución del producto y el trabajo, y no el crecimiento por el crecimiento, son las estrategias a seguir si de verdad aspiramos a un futuro verdaderamente amable.

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Lunes, 25 Febrero 2013 06:27

El adiós

El adiós

John Berger cuenta en su ensayo Cada vez que decimos adiós, que durante el último siglo nunca jamás tanta gente ha viajado en este planeta, algunos por voluntad propia, por motivos de turismo y viajes de negocios, pero la gran mayoría bajo coerción: los desplazados, los refugiados, y “ola tras ola de emigrantes, ya sea por razones políticas o económicas, pero emigrando para sobrevivir. El nuestro es un siglo de viaje a fuerza. Iría más allá y diría que el nuestro es un siglo de desapariciones. El siglo de la gente que no puede hacer otra cosa que ver a otros, quienes eran cercanos, desaparecer en el horizonte”. Argumenta que por eso el cine es el arte que más define al último siglo, ya que es un arte que nos lleva a otro lugar.

 

Tal vez por ello la celebración de los premios Óscar es uno de los espectáculos más vistos por la humanidad, ya que, como dice Berger, es una especie de “refugio global”.

 

No se sabe cuántos inmigrantes en este país vieron la ceremonia de los Óscares, ya que sus refugios aquí están cada vez más expuestos, y miles están en la cárcel por el simple hecho de haber dicho adiós a su familia y amigos, y cruzar una línea.

 

Pero el show político sobre los inmigrantes y qué hacer con ellos –los 11 millones de indocumentados anónimos, parte de los 40.4 millones de inmigrantes de todo el mundo (el grupo más grande es de México, con un total de 11.7 millones, 29 por ciento de todos los inmigrantes) que están aquí, muchos de ellos familiares de los ilegales– se pone en escena todos los días en Washington y en decenas de estados por todo el país.

 

La retórica política ha cambiado. El presidente, después de romper su promesa durante sus primeros cuatro años, ahora ha declarado prioridad inmediata una “reforma migratoria integral”. Los republicanos, que habían sido el obstáculo a cualquier iniciativa de legalización de los indocumentados, también se están sumando al juego. Todo resultado de la pasada elección, donde ambos partidos descubrieron que sus futuros dependerán cada vez mas de lo que se llama el “voto latino”. Sin embargo, nada está garantizado.

 

Mientras avanza el debate, la retórica tan bonita de que éste es “un país de inmigrantes” suele ocultar algunos de los hechos que marcan la vida cotidiana de los inmigrantes, sobre todo los indocumentados.

 

Por ejemplo, mientras Barack Obama afirma que es hora de que Estados Unidos reconozca la contribución de estos inmigrantes a la riqueza económica, social y cultural del país, en los hechos estas palabras se traducen en otra cosa: ningún presidente ha deportado a tantos inmigrantes, con ello dividiendo familias, rompiendo comunidades, destrozando tejidos humanos, anulando sueños y generando temor, pánico y sospecha del “otro”.

 

Obama deportó a más inmigrantes en sus primeros cuatro años que George W. Bush en ocho en la Casa Blanca. El New York Times reporta que para finales de este año las deportaciones con Obama llegarán a 2 millones, casi el mismo total que todas las deportaciones en Estados Unidos entre 1892 y 1997. En promedio, el presidente está deportando unos 400 mil al año, un nivel récord.

 


No sólo eso: hay un incremento dramático de procesos judiciales contra inmigrantes, lo cual ha nutrido un sistema de detención nacional creciente para esta comunidad, con más de 250 centros de detención, en los cuales se mantuvieron más de 400 mil personas, la mayoría sin acusación penal alguna en contra. Durante la última década han estado detenidos más de 3 millones de inmigrantes en total, reportó Human Rights Watch. Ahora, el ingreso y el reingreso ilegal a Estados Unidos se ha vuelto el delito federal más fiscalizado en este país.

 

Obama y su gente explican que la intensificación de sus esfuerzos de “control fronterizo” y de detener y deportar inmigrantes es necesario para descalificar los argumentos republicanos de que antes de cualquier reforma migratoria es necesario lograr tener una “frontera segura”. “¿Quién les cree? Todos hemos escuchado eso de la reforma migratoria durante los últimos años y no se ve nada; lo único que sí se ve todos los días en nuestras comunidades es más gente detenida y deportada”, comenta un activista de derechos de los inmigrantes. Estas palabras se escuchan en todos los puntos del país.

 

La semana pasada, mientras la secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano, estaba por hacer una presentación ante un comité del Senado, un inmigrante en el público se puso de pie y gritó: “¡has destruido nuestra comunidad!”, y en eso otras voces estallaron en el salón legislativo: “¡alto a las deportaciones!”

 

O sea, aquí hay un adiós doble: primero el difícil y peligroso al emigrar de algún punto a este país, y de repente, la familia y comunidad aquí tienen que decir adiós, de nuevo, a los que son deportados, o por lo menos preparar la despedida cada vez que un “indocumentado” –un padre, una madre, una hermana, una tía, un hijo– salga a la escuela, al trabajo, a la esquina por leche, ya que no se sabe si regresará. Desde 2010 el gobierno ha deportado a más de 200 mil padres de niños que son ciudadanos estadunidenses, según un informe del American Immigration Council.

 

“Algunos de nosotros somos ilegales, y algunos no somos deseados…/Nos persiguen como criminales…como asaltantes…/Morimos en tus montes, morimos en tus desiertos/morimos en tus valles y morimos en tus llanos/Morimos bajo tus árboles y morimos en tus arbustos/De ambos lados de la frontera, morimos igual…/Adiós a mi Juan, adiós Rosalita/adiós mis amigos Jesús y María/No tendrán nombres cuando vuelen en ese gran avión/Lo único que serán llamados será ‘deportados’”. De la canción Deportee, de Woody Guthrie, escrita a finales de los años 40.

 

¿Cuántos adioses más tenemos que decir, tanto aquí como en los países que exportan seres humanos como parte de un modelo económico, antes de que podamos decir “bienvenidos”?

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Colombia, reforma tributaria y salario mínimo

Todo parece indicar que el proyecto de Reforma Tributaria será definitivamente Ley de la República. El ministro Cárdenas se habrá anotado un triunfo importantísimo en el corto tiempo que lleva ejerciendo la cartera de Hacienda, mientras  Juan Ricardo Ortega, –el afamado director de la DIAN–, se trepa en el “rating” de los que más hablan.

Mucho se ha dicho de la reforma tributaria, de cómo va a repercutir sobre las condiciones de vida de los pobres y las utilidades de los ricos. Los pobres, incluidos los de la clase media, que son muchos, verán reducidos sus salarios por cuenta de una mayor carga tributaria, tal y como lo denunció el senador conservador Juan Mario Laserna. Los ricos, los realmente ricos, que son pocos, verán efectivamente reducida su carga tributaria en 9,2%.  Es lo que en Colombia llamamos equidad.

Actualmente los ricos, según la ley tributaria, deben contribuir al fisco con un 33% de sus utilidades netas, pero ellos contribuyen efectivamente sólo con el 24% promedio. Los otros, pobre ricos, lo hacen a una tasa efectiva un poco más baja, 11% cuando la ley ordena hacerlo a una tasa del 15%.


Lo cierto es que la reforma tributaria reduce los costos laborales de las empresas en un margen que oscila entre el 42 y el 47 por ciento. Claro, la incidencia de la medida varía según el sector económico en el que se ubican los beneficiarios y la intensidad de mano de obra requerida. Medida que, en opinión de los técnicos especializados en el tema, se verá reflejada cada final de año en el incremento de las utilidades de los más ricos, en contraste con los más pobres, que, por el contrario, verán reducidos ostensiblemente sus ingresos familiares.


Ahora mismo, como cada final de año, se discute en la Comisión –permanente- de Concertación Salarial y Laboral el “salario mínimo” de los –cada vez menos– trabajadores que cuentan con algún tipo de contrato en Colombia. A la Comisión llegarán los empresarios (los ricos), junto con el Gobierno, en una contienda desigual, a discutir con los trabajadores (los pobres), el reajuste salarial para el año 2013. El sainete ya se conoce, pese a lo cual los trabajadores intentan –seguramente con la mejor buena voluntad– ponerse de acuerdo con la patronal sobre cuál debe ser la remuneración mensual por el trabajo.  Resultado de dicha contienda el Gobierno deberá emitir un decreto mediante el cual fije el precio del salario para el próximo año.  En contraste, y en otro lugar, mediante aprobación de una Ley, el Gobierno Santos, en común acuerdo con el Congreso de la República que controla con el 94 por ciento de los votos, define los términos en que se incrementará la tasa de acumulación de capital.


No es menos que paradójico. En dos escenarios distintos: uno, el Congreso de la República, del que son excluidos los pobres, y otro, la Comisión –permanente- de Concertación Salarial y Laboral, en el que los trabajadores son “invitados de piedra”, se definen los términos de remuneración del trabajo y del capital. En ambos casos la posición dominante, la empresarial, con un enorme poder de influencia y coacción, y la del Gobierno que favorece los intereses de su clase, o lo que es lo mismo, los del capital, se ensaña perniciosa sobre los pobres, incluidos los pobres de la clase media.    


Conclusión: de lo que se trata con la fijación del salario mínimo y la reforma tributaria es de maximizar la utilidad, o lo que es lo mismo, incrementar la tasa media de renta. Alcanzar ese que es un objetivo “loable”, por demás, en la perspectiva de la moral del empresariado –rico- y poderoso– inevitablemente implica modificar las reglas formales de distribución del excedente de producción, del que participa el Estado por medio de los impuestos, por eso la Reforma Tributaria. Simple: maximizar la utilidad equivale –del otro lado de la ecuación– a reducir costos, lo que implica reducir la tasa del salario real a la que se remunera el trabajo en Colombia.  Así sucede aquí y en Grecia…

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Lunes, 03 Diciembre 2012 07:07

Señales de vida

Señales de vida

Trabajadores de los restaurantes de comida rápida en Nueva York lanzaron una campaña para demandar un salario digno, mientras hace una semana, en cientos de actos a lo largo del país, trabajadores de Walmart y aliados comunitarios realizaron un breve paro de labores y manifestaciones. Ambos actos no tuvieron precedente en este país.

 

Aproximadamente 500 trabajadores participaron con cientos de simpatizantes y aliados comunitarios y sindicales en cientos de actos en las afueras de las tiendas Walmart por todo el país el viernes negro, en demanda de mejores salarios, mayor participación en la toma de decisiones sobre condiciones y horarios, seguro de salud y más. La empresa comercial más grande del mundo (sólo en Estados Unidos tiene cerca de un millón 400 mil empleados) intentó reducir las dimensiones de lo sucedido, pero los trabajadores y aliados afirman que fue sólo un primer aviso de una iniciativa que se ha ampliado en el último año, y algo que jamás ha enfrentado la empresa –conocida como una de las más antisindicales– en sus 50 años de existencia.

 

Pocos días después un incendio en una fábrica de confección en Bangladesh, Tazreen, donde se fabricaba ropa para Walmart, entre otras empresas, causó la muerte de 112 trabajadores. Cuando el incendio empezó, cundió el pánico porque no había salidas de emergencia de la maquiladora. Primero Walmart afirmó que no tenía ninguna relación con esa fábrica, pero después de que trabajadores de ésta difundieron fotos de las etiquetas de la ropa que fabricaban, tuvo que admitir que esa empresa era su subcontratista.

 

El incendio no fue nada nuevo. Durante las últimas dos décadas se han originado por lo menos 33 incendios en ese tipo de maquiladoras en Bangladesh, que han cobrado la vida de cerca de 500 trabajadores. Ese es el precio de la ropa barata que se vende en Walmart, Gap y otras empresas, señalan defensores de derechos laborales en ambos países. El gran éxito de Walmart está basado en reducir precios a lo más barato, lo cual implica pagar lo mínimo a los que fabrican sus productos en el extranjero y a sus trabajadores que los venden aquí.

 

Esas maquiladoras antes se concentraban en Nueva York, donde hace un siglo era la capital de la industria de la confección. Hace un siglo, en 1911, se incendió una maquila, Triangle Shirtwaist, a una cuadra del parque de Washington Square. Las salidas de emergencia tenían candado y muchos trabajadores –en su mayoría mujeres jóvenes (algunas de 14 años) inmigrantes italianas y judías– se lanzaron por las ventanas desde 10 pisos arriba. Murieron 146. La tragedia sacudió al país y generó un movimiento de reforma que impulsó algunas de las primeras leyes de salud y seguridad en el trabajo, así como la organización de un poderoso sindicato nacional: ILGWU. “Ahora el traslado global de producción ha permitido a empresas de venta al menudeo como Gap y Walmart regresar el reloj a 1911, recreando en lugares como Bangladesh las condiciones brutales y los costos muy reducidos que prevalecían en los tiempos del incendio de Triangle”, afirmó Scott Nova, director del Consorcio de Derechos de los Trabajadores.

 


Robert Reich, secretario del Trabajo en el gobierno de Bill Clinton y experto en políticas públicas, comenta que hace 50 años el empleador privado más grande del país era General Motors, que pagaba a sus empleados un sueldo por hora equivalente aproximadamente a 50 (incluyendo beneficios de pensión y salud) dólares actuales. Hoy, agregó, el empleador más grande del país es Walmart, cuyo empleado promedio gana 8.81 la hora, mientras un tercio de sus empleados trabajan menos de 28 horas a la semana y por lo tanto no califican para obtener beneficios. Reich agrega que Walmart tuvo ingresos por 16 mil millones en 2011, mucho de lo cual enriqueció a los accionistas de la empresa, incluida la familia de su fundador, Sam Walton. Señala que la riqueza de la familia Walton excede a la de 40 por ciento de las familias que están hasta abajo de la pirámide económica combinadas.

 

Mientras tanto, en otro sector de salarios mínimos, en Nueva York se lanzó el esfuerzo más ambicioso hasta ahora para sindicalizar a trabajadores del sector de “comida rápida” en este país. La iniciativa Fast Food Forward está encabezada por una amplia coalición de organizaciones comunitarias, de derechos civiles y sindicatos en Nueva York. La iniciativa, anunciada el jueves, busca sindicalizar a trabajadores de Taco Bell, Burger King, McDonald’s, Domino’s Pizza y más en esta ciudad.

 

La rama de comida rápida en este país es una industria con valor de 200 mil millones de dólares. La campaña señala que el año pasado el ejecutivo en jefe de Wendy’s fue remunerado con 16 y medio millones, mientras sus trabajadores ganan menos de 20 mil dólares al año. Muchos sólo ganan 8 dólares o menos la hora, y la campaña tiene el objetivo de elevar ese nivel salarial a 15 dólares por hora. Se calcula que unos 50 mil trabajadores están empleados en esa industria en Nueva York. A la vez, esta iniciativa afirma que forma parte de la lucha a nivel nacional por trabajadores de salarios bajos en varios sectores, como los de Walmart.

 

Reich, como tantos analistas más, señala que uno de los grandes factores en el desplome en los ingresos y beneficios para trabajadores y la dramática concentración de riqueza en el país tiene que ver con el debilitamiento de los sindicatos. Más de un tercio de los trabajadores del sector privado estaban sindicalizados en los años 50; hoy menos de 7 por ciento pertenece a un gremio.

 

Pero con estas iniciativas y múltiples esfuerzos más locales, pero igualmente vitales en varias esquinas del país, tal vez no es el fin de los sindicatos. Y vale subrayar que, como siempre en la historia de este país, parte del nuevo movimiento laboral está encabezado por inmigrantes. No pocos se preguntan si estas nuevas iniciativas son señales de vida para el sindicalismo en Estados Unidos.

Trabajadores de los restaurantes de comida rápida en Nueva York lanzaron una campaña para demandar un salario digno, mientras hace una semana, en cientos de actos a lo largo del país, trabajadores de Walmart y aliados comunitarios realizaron un breve paro de labores y manifestaciones. Ambos actos no tuvieron precedente en este país.

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Viernes, 30 Noviembre 2012 11:55

La reforma tributaria. ¡Que ‘mamera’!

La reforma tributaria. ¡Que ‘mamera’!

En todas y para todas las cosas de la vida, siempre hay una primera vez. Es lo que sucede con el proyecto de reforma tributaria elaborado por el actual Gobierno, en cuya confección –por primera vez– no participaron directamente los técnicos de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian).
 
Hasta ahora la unidad de estudios económicos de la entidad realizaba los análisis que consistían en la modelación econométrica de escenarios tributarios con y sin reforma tributaria. A su vez, la Dirección (hoy) de Gestión Jurídica aportaba el acervo de conocimiento técnico jurídico con el que se le daba forma al texto de proyecto de ley.

En el actual proyecto de reforma la ausencia de estos aportes es notoria. A juicio del Representante a la Cámara Ángel Custodio Cabrera, “el texto de la reforma inicialmente radicada el Congresos mostraba fallos en la redacción de los artículos”. Una deficiencia menor, si se la compara con la evidente ausencia de datos o información confiable con la cual el Gobierno ha pretendido apoyar la sustentación técnica de la propuesta de reforma radicada ante el Congreso.

Deficiencia mayor. Pero más lo es –incluso inédito– que el director de la Dirección de Impuestos de un país, como lo es el señor Juan Ricardo Ortega,  reconozca, de manera cínica y sin vergüenza alguna, que a la hora de sustentar el proyecto de reforma tributaria, carece de estudios técnicos que la soporten pues le da “mamera” hacer ese tipo de análisis.

Ortega no se sonroja. El director de la Dian no le vio problema en responderle con su verdad, muestra del sentido de la responsabilidad política y civil que en el manejo de la política tributaria y la Dian tiene el alto funcionario de la administración Santos: “No le puedo dar un estudio. El tiempo que requiere hacer un estudio técnico de esos, es enorme. Yo tengo muy poquito tiempo (…) como a mi me da “mamera” hacer esa modulación porque es muy compleja (…)”.

Como quien dice, el director de la Dian no sólo se come a cuento a los parlamentarios –por los que ha mostrado en repetidas oportunidades su sentimiento de aversión–, sino que, al parecer, ha engañado al ministro Mauricio Cárdenas, su jefe. De paso, muestra su talante de “niño bien” para el que la clase social es un valor moral.



Sin duda, la actitud del señor Ortega, que no es nueva, raya con la irresponsabilidad política, y ese acto, que repite en privado, es un agravio que merece, por lo menos. un llamado de atención pública por parte del presidente Santos. Pero en el alto Gobierno, ya se sabe, entre unos y otros, se cubren.

No es para menos. En estos momentos el país demanda que los funcionarios del Estado posean, en especial aquellos que tienen a su cargo importantes responsabilidades, además de formación técnica, real compromiso con el país, madures, respeto por la diferencia y sensatez. Características de las que precisamente adolece el actual director de la Dian. Porque, permítannos decirlo: la respuesta que dio el alto funcionario no fue menos que penosa y grosera. Luego, para colmo de males, los estudiantes del Sena y las trabajadoras del Icbf salieron a deberle (al aludir a la grabación donde quedó soportado su cinismo): “A mí me engañaron grabando una reunión en la cual yo estaba tratando de hacer pensar a unos muchachos, un poco agresivos, que para hacerlos pensar traté de plantear escenarios ridículos para poderlos llevar a una reflexión de un tema muy difícil”.

Al señor Ortega le acomoda la frase aquella con la que el rey Juan Carlos increpó a Chávez: “porqué no te callas”.

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El País declara 3 días de huelga en protesta por despidos masivos

Madrid, 5 de noviembre. Una amplia mayoría (92 por ciento) de la redacción del periódico español El País iniciará a partir de este martes una huelga de tres días para protestar por el despido masivo de más de una tercera parte de la plantilla (149 trabajadores). La decisión, inédita en la historia del rotativo, se produce en un clima de fractura total entre la directiva y la redacción, que está en pie de guerra ante las medidas adoptadas por los ejecutivos del Grupo Prisa, empresa editora del periódico, que se encuentra en el peor momento financiero de su historia.

 

Grupo Prisa, con una deuda de más de 5 mil millones de dólares, administrado por ejecutivos de confianza de los bancos acreedores –como Banco Santander y HSBC– y fondos de inversión estadunidenses como Liberty, está desmantelando poco a poco el emporio mediático-editorial que fundó Jesús de Polanco, el empresario que construyó uno de los grupos más influyentes de España, con editoriales, periódicos generales, deportivos y económicos, así como emisoras de radio, televisiones y hasta influencia en el negocio del cine.

 

El valor de la compañía se ha precipitado al vacío, al perder más de 95.5 por ciento de su valor en menos de cinco años. Es decir, que si la empresa estaba valorada en 4 mil 500 millones de dólares en 2008, hoy en día su valor no supera los 250 millones de dólares.

 

A pesar de que El País siempre había registrado beneficios, desde enero hasta septiembre de 2012 tuvo pérdidas superiores a 5.8 millones de euros, lo que sirvió de argumento para que el director Javier Moreno presentara a nombre del presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, un drástico recorte que mutilará la redacción en una tercera parte.

 

Ante esta situación, el Comité de Empresa –que representa a la mayoría de los 490 periodistas que trabajan en la redacción–, por primera vez en la historia del periódico, decidió someter a votación una propuesta de tres días consecutivos de huelga ante las negociaciones fallidas entre trabajadores y directiva, la cual se mantiene inflexible en llevar hasta el final el recorte laboral.

 

El resultado fue que nueve de cada diez periodistas votaron a favor de la huelga, que empezará este martes y terminará el jueves. Todavía no se sabe si se publicará el periódico, ya que la dirección no ha permitido informar en sus páginas sobre la medida adoptada por los redactores y no se sabe si intentará sacar a la calle el periódico.

 


La medida de los trabajadores se debe a que tienen el tiempo en contra, ya que el límite que marca la ley para terminar la negociación y evitar el despido masivo acaba el viernes, con lo que a partir de ese día se harán efectivos los despidos.

 

Para añadir más tensión a la creciente fractura entre la dirección y la redacción, destacados colaboradores del periódico firmaron una carta de apoyo a los trabajadores. Entre los firmantes se encuentran algunas de las plumas más promovidas por la dirección del Grupo Prisa, como el Nobel Mario Vargas Llosa, el escritor Javier Marías, además del chileno Jorge Edwards, Diego Galán, Jordi Gracia, Almudena Grandes, Elvira Lindo, Diego Manrique, Josep Ramoneda, Fernando Savater y David Trueba, entre otros. Todos ellos no sólo expresan su malestar por el plan de despidos masivos, sino también por las denuncias de censuras y amenazas que protagonizó la dirección del diario.

 

En el documento de apoyo, los intelectuales advierten: “Nosotros, colaboradores del diario El País, queremos manifestar nuestra inquietud y malestar por los casos de censura que ha denunciado el comité profesional en los últimos días vinculados al ERE, que afectaría a un tercio de la plantilla. Creemos que estos episodios suponen un paso más en el deterioro de los valores fundacionales de un diario crucial para las libertades y la democracia española, que hoy es más necesario que nunca ante la profunda crisis económica, política e institucional que viven España y Europa”.

 

La indignación entre los periodistas de El País crece por días, ante la postura inflexible de la dirección, a la que recordaron: “La censura la ejercían en la dictadura franquista personajillos de la más baja estofa, cuya escasez de luces abría amplias avenidas al ridículo del régimen. Manejaban la tijera con tamaña grosería, que en muchas ocasiones el resultado era la risa general. Las cosas no han cambiado. La naturaleza de los de la tijera es siempre la misma”.

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