Viernes, 23 Mayo 2014 10:37

Medellín, una ciudad superficial

Medellín, una ciudad superficial

Durante la realización del VII Foro Urbano Mundial (WUF) "Equidad Urbana en el Desarrollo – Ciudades para la Vida", convocado por la ONU, Medellín fue el centro del mundo. Como todo evento de gala, la ciudad fue adecuada para la ocasión: sus calles y parques relucían, disponibles para que todos los visitantes la gozaran. Los despojados de todo, los mal llamados "habitantes de la calle" (3.400 según reciente estudio de la U. de A., distintos de los otros 30 mil que están por largos intervalos en la calle pero aún no rompen del todo con sus familias) no ocupaban sus lugares habituales; no pocos de los vendedores ambulantes (quienes según las estadísticas representan más del 50 por ciento de los trabajadores de la urbe) tampoco eran visibles en todas las aceras, calles, esquinas; la basura era recogida a tiempo; las paredes relucían después del cepillo y agua recibida.

 

Pasados unos días todo parece que hubiera sido una ilusión. Idos los extranjeros todo regresa a la normalidad, y los cambios teorizados por unos y por otros en los salones del Centro de Convenciones aún no los aplican en la capital de la montaña.

 

Quizá muchas de las personas llegadas de más allá de nuestras fronteras, hombres o mujeres con apellidos como Smith, Nilsson, Larsenno y otros, en sus recorridos dirigidos vieron una ciudad como tacita de plata, urbe de apariencias. Con toda seguridad, unos y otros, cuando salieron de los aburridos Centros Comerciales del sur de Medellín no conocieron mujeres como Guillermina Granda (arriba derecha) y Alba Luz Muñoz (arriba izquierda) que llevan entre 35 y 48 años respectivamente vendiendo gomas de mascar y cigarrillos en la carrera Junín, con ventas diarias entre 3.000 y 4.000 pesos, dinero que "por arte de magia" tienen que estirar para cubrir pasajes, alimentación y el pago de impuestos, cotidianidad en la que además están obligadas a lidiar con los agentes de espacio público quienes –en su labor de control del espacio público– les impiden sentarse en alguna banca callejera mientras intentan vender, menudeado, dulces o cigarrillos al paso.

 

Ciudad de apariencias y realidades contradictorias, poblada por miles de experiencias de vida sometidas a la violación de todo tipo de derechos, donde la economía informal crece como espuma, informalidad revestida como trabajo a pesar de no garantizarle a quienes llenan sus estadísticas derecho a un salario básico, seguridad social, subsidio para el transporte, vacaciones, etcétera; fenómeno incontrolable potenciado por la globalización, la desaparición de la frágil industrialización que alguna vez conoció la ciudad, pero también la violencia rural, el robo de la tierra a los campesinos, su expulsión bajo amenaza de muerte, y la misma traducción de las urbes modernas en grandes supermercados donde las multinacionales y las grandes empresas locales buscan compradores para sus baratijas de todo tipo: sombrillas, venenos para plagas, bufandas, sombreros, ropa de todo tipo, relojes, cintas de cine de cartelera o clásico, calzado de contrabando o falsificado, flores, frutas y verduras.

 

Ciudad de apariencias y engaños, urbe de ensueños transitorios. Así la vieron los miles de visitantes que por unos días llegaron al Foro de las Naciones Unidas, la misma que para muchos de sus habituales habitantes es territorio de pesadilla, en particular para quienes a cada paso están a la caza de un peso para garantizarse el alimento diario.

 

Ellos y ellas, que ante la falta de otras opciones tomaron la calle, soportando los señalamientos y repetitivos ataques por parte de la Alcaldía local, institución que en la práctica los trata como invasores de lo público y usurpadores de impuestos –¿qué más impuesto que tener que pagar vacunas a las bacrim, "dueñas" del centro, y rendir cuentas a la subsecretaría de espacio público para poder laborar?– pero, vaya paradoja, al momento de rendir cuentas su rango crece, en ese momento son considerados como "trabajadores independientes" con una economía estable.

 

Pensarían los/as señores/as Smith, Nilsson o Larsenque que todas aquellas personas que transitan con caminar pausado, de calle en calle, cargando su chaza, o empujando un carrito con apariencia de coche para los bebés, o simplemente carretillas, vestidos con uniformes de marcas reconocidas como Claro, Bon Ice, Vive 100, entre otras, pese a estar en la calle cuentan con seguridad social e ingresos asegurados. ¡Ay!, puro buen corazón de burócrata internacional, así no es la realidad, la economía informal es un infierno diario, donde unos días se logran unos pesos y otros, incluso, puede pasarse raspado, pero en no pocas ocasiones termina trabajando para terceros, los mismos que determinan el "sueldo" que percibido por el esfuerzo diario.

 

Esto ocurre, por ejemplo, con los minuteros, obligados a tener hasta 10 celulares con planes de minutos ilimitados, a precios irrisorios que van desde 150 hasta 200 pesos, de los cuales solo 100 o 120 quedan para el vendedor. Teniendo en cuenta la fuerte competencia en este campo de las telecomunicaciones, dándose la "rareza" de encontrar un minutero a 10 pasos de distancia del otro, sumando la tan rumorada mafia que está detrás del negocio, pues ellos ponen los equipos, alguien los vende y luego ellos descuentan el capital y su parte; quedando así menos del 50 por ciento para quien les trabaja.

 

Imágenes de la cotidianidad, de una vida que no es en dignidad para todos los que llenan el Valle de Aburrá, pero que sí podría serlo, garantizando por esa vía la reducción de la desigualdad social que reina entre quienes acaparan el fruto del trabajo de miles y estos y estas, sometidos a la angustia de "Dios proveerá".

 

El centro de Medellín, ahora proporciona un mercado muy amplio, tan competido que a ratos parece que ya no hay a quién vender, no tanto por falta de transeúntes sino por falta de billetes en sus bolsillos, realidad que no es casual. La tasa de desempleo en la ciudad se presume es la más baja en los últimos 18 años, según la alcaldía de Medellín, lo que permite interrogar, si así fuera ¿estaría la mayoría de la población en el rebusque para poder subsistir, sometidos a condiciones de seguridad tan injustas? O, ¿será que realmente a los paisas no nos gusta trabajar?

 

¿Qué habrán pensado los y las ilustres visitantes si hubieran detallado el Parque Bolívar, La Veracruz, partes de la Avenida Oriental con La Playa, el Parque de Berrio y la Plaza Botero, ¿habrían considerado estas paradojas?

 

Estas son partes de una realidad cotidiana, de la urbe del ingenio y el emprendimiento, la que en proporción a su número de pobladores cuenta con más "habitantes de calle" en el país, donde los pocos centros día e instituciones para la rehabilitación no tienen las estructuras adecuadas para alojar a más de 5.000 personas en una noche y, peor aún, los métodos de reinserción social no son idóneos para aquellos que han perdido todo tipo de conexión familiar y en general social, pues de un 100 por ciento solo un 1 por ciento logra restablecer su vida.

 

Y entonces, ¿de qué nos sirvió el Foro Urbano Mundial?

 

Según Ricardo Arango, gerente del Foro Urbano Mundial, "(este) le permite llegar (a la capital de Antioquia) a las grandes ligas de ciudades como Barcelona, Río de Janeiro, Vancouver, Melbourne, Johannesburgo, ciudades que definen el futuro urbano [...]. El foro le genera beneficios económicos a Medellín y le permite aprender de las mejores prácticas urbanas del mundo".

 

La realidad abofetea a los administradores de este territorio, ciudad que, en comparación con urbes como Nápoles, antes de venderse ante el mundo –como un espacio de estructuras modernas y tecnología de primer nivel– debe asumir sus responsabilidades locales en materia de vida digna, garantizando todos sus derechos a sus pobladores, además de equilibrar el costoso nivel de vida con las desorbitantes cifras de personas en materia de miseria, pese, incluso, a contar con un trabajo asalariado.

Publicado enEdición Nº202
Una manifestación de 'sin techo' amenaza con sabotear el Mundial

 

"Si no cumplen con nuestras exigencias vamos a parar la Copa. Si no respetan nuestros derechos, el 12 de junio no habrá inauguración". La amenaza, recurrente, esta vez vino del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST), que protagonizó este jueves el tercer día de caos en las calles de São Paulo. La marcha, organizada con la Frente de Resistencia Urbana, fue calificada por los convocantes como "la mayor manifestación del año en la ciudad". La Policía Militar afirmó que cerca de 5.000 personas asistieron, mientras los organizadores elevaron el número a 20.000.

 

"Nosotros tenemos una propuesta clara. No sacar provecho del Mundial sin que sean respetados nuestros derechos. El balón está con el pueblo. Queremos nuestra rebanada del pastel y no migajas", afirmó Guillherme Boulos, líder del MTST, antes de atacar también las constructoras que serían, según él, las principales beneficiadas por el evento. La amenaza fue clara: "Nos dijeron en Brasilia que los recursos para vivienda acabaron, mientras los de la FIFA no. O aparece el dinero o el junio de la Copa se convertirá en un junio rojo [en referencia el color que identifica los movimientos populares]".

 

Entre los activistas también se encontraban estudiantes y grupos que, hace meses, levantaban la bandera contra la organización del Mundial en Brasil. La Frente de Resistencia Urbana, que también coordina organizaciones de trabajadores sin techo, reúne muchos otros movimientos sociales. Las reivindicaciones, reiteradas en tres protestas solo en este mes, abarcan, además de vivienda, salud, transporte y educación, una pensión vitalicia para las familias de los obreros muertos e incapacitados durante las obras de la Copa. En total, nueve trabajadores han muerto durante los trabajos realizados en los estadios que serán sede del torneo, cuyos gastos superan con diferencia los efectuados en los dos últimos mundiales en Sudáfrica y Alemania.

 

La protesta arrancó bajo el grito: "Copa sin pueblo, todos a la calle de nuevo" y mantuvo cerradas varias vías importantes de la ciudad brasileña durante horas punta. A las 19.00 horas, São Paulo, una de las metrópolis con el peor tráfico del mundo, registró 248 kilómetros de lentitud, un tránsito cercano al récord del año, alcanzado en el miércoles cuando los conductores y cobradores de autobuses estacionaron sus vehículos en medio de la calle para exigir mejores condiciones de trabajado.

 

En São Paulo existen hoy cerca de 290.000 edificios deshabitados, según la Secretaria Municipal de Habitación. A pesar de ello, casi 3,2 millones de personas viven en condiciones inadecuadas, de acuerdo con un informe municipal. Esto significa que o no son propietarios de la casa donde viven por haber sido construidas irregularmente —como las favelas—, pagan un alquiler excesivo en relación con su renta o viven en áreas de riesgo. Se trata del 30% de los más de 11 millones de habitantes de la ciudad.

 

A menos de un kilómetro del estadio en que se jugará el partido inaugural de la Copa, la Arena Corinthians (Itaquerão), hay una comunidad compuesta por 300 familias que esperan viviendas populares y viven con un alcantarillado abierto y con problemas de abastecimiento eléctrico. En la zona se instaló uno de los campamentos del MTST, que reúne actualmente 5.000 familias en la denominada "Copa do Povo [Copa del Pueblo]", que reclama una casa propia del programa federal Minha Casa Minha Vida.

 

La cercanía del torneo ha empujado a los trabajadores de los más diversos gremios —profesores, policías, conductores de transporte público— a convocar a la paralización de sus actividades para hacer una demostración de fuerza justo antes de que inicie la Copa. El pasado ocho, durante la primera manifestación del Frente de Resistencia Urbana, centenares de sin techo invadieron las sedes de las tres grandes constructoras en São Paulo: la Odebrecht, la Andrade Gutierrez y la OAS, todas responsables de obras de infraestructura para el Mundial. Entonces, los líderes de la protesta se reunieron con la presidenta Dilma Rousseff, que estaba de visita en la ciudad, quien se comprometió a encaminar sus reivindicaciones y ajustarlos a los programas del Gobierno federal. La marcha de este jueves es un aviso de que no han olvidado esa promesa.

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Miércoles, 23 Abril 2014 09:41

Realidades y retos que depara Medellín

Realidades y retos que depara Medellín

Medellín, ciudad laboratorio. Así reza una frase escrita en uno de los documentos oficiales con que fue citado en el Foro Urbano Mundial.

 

La frase desnuda la realidad de esta urbe. Si bien quienes la plasmaron sólo ven los desarrollos arquitectónicos y la oferta de servicios con que la ciudad trata de menguar las falencias reinantes en los barrios en temas como transporte, educación, recreación y otros aspectos, la verdad es que esta urbe también es laboratorio por la manera como se implementa en ella el control social.

 

En la capital de Antioquia, durante el año 2013, fueron desaparecidas 302 personas, de las cuales hasta ahora han aparecido muertas 32, es decir, que de 270 no se sabe qué pasó con ellas. Por esta modalidad de violencia fueron reportadas desaparecidas durante cuatro años (2010-2013) 2.536 personas, y de ellas aparecieron vivas 1.017, muertas 147, y siguen sin aparecer 1.272. Durante el año anterior fueron asesinadas en la misma ciudad 922 de sus pobladores.

 

No es casual que esta urbe sea la que reporte en Colombia el mayor número de víctimas en proporción a su número de habitantes. El 10,4 por ciento de las personas que viven allí es víctima de los grupos armados. Es decir, 250 mil habitantes, de los dos millones 400 mil que hay en la ciudad.

 

Esta realidad no pasa inadvertida para estudiosos del tema en el mundo. El portal de noticias estadounidense Business Insider clasifica a la "capital de la montaña" en el puesto 24 entre las 50 ciudades más violentas del mundo durante el 2013. Su tasa de homicidios es de 49,10 por cada 100 mil habitantes.

 

Esta es una parte del control social ejercido en este territorio. Pero el modelo de control social es mucho más amplio y diverso en sus modalidades de reproducción. La diversidad de expresiones del poder paramilitar allí reinante lleva a decir al propio Defensor del Pueblo que "todas las comunas de la ciudad están a merced de los delincuentes", y que "el problema latente de inseguridad no es sólo una percepción ciudadana; es real y se les debe garantizar a los habitantes de Medellín el goce y el disfrute de sus derechos".

 

El control social en ejercicio es tal que los paramilitares, las bandas y bacrim, como se les llama o identifica según su modalidad de operación, cobran vacunas en muchos de los barrios; extorsionan a comerciantes grandes, medianos y pequeños; regulan la vida hasta el punto de obligar a consumir ciertos productos que ellos mismos surten en tiendas y supermercados. Según estudios conocidos, por este solo concepto perciben 40 mil millones al año.

 

Su acción violenta llega al extremo de controlar quién puede transitar los territorios que controlan, a qué hora, levantando unas fronteras invisibles entre barrios que hacen temer lo peor a sus moradores. Cansados de esta realidad, o 'sancionados' por no cancelar la vacuna semanal (disfrazada de oferta de seguridad), el desplazamiento interurbano no para en esta ciudad, aunque sobre el mismo no hay cifras exactas.

 

El control social reinante en la capital de Antioquia se asemeja en mucho al funcionamiento típico de la mafia, donde no solo controlan casas de juego y oficinas de apuestas legales, el ejercicio de la prostitución, el surtido de narcóticos, el funcionamiento de bares y otros lugares de diversión, la renta de armas, el comercio de órganos humanos y otro tipo de ofertas ilegales sino también la vida diaria de la población, regulando los horarios de tránsito de quienes habitan ciertos territorios, así como los lugares para la compra de determinados productos de consumo diario.

 

De así ser, esta ciudad laboratorio está sirviendo para la implementación de un modelo de sometimiento social, violento e intimidatorio, que impide, reduce o limita la organización de la protesta social, permitiendo que el Estado continúe con sus desafueros en diversidad de aspectos. La ampliación de este modelo de control a muchos barrios informales y periféricos en distintas ciudades del país indica que esta puede ser una ruta aceptada por las autoridades nacionales, con lo cual tiene explicación que en muchos lugares la Policía se conforme con ver y "dejar hacer".

 

Pero no solo esta es la realidad que subyuga a quienes habitan esta urbe. Luego de ser por muchas décadas la ciudad industrial del país, ahora lo es del desempleo, con el 10 por ciento al finalizar 2013. Quien camine su centro histórico podrá asombrarse por la multitud que rebusca su pan diario por cuenta propia: mangos, piñas, jugos, películas, música, ropa, y otras baratijas llenan cientos de metros de las principales calles y avenidas.

 

Pero este esfuerzo de supervivencia, que desdice de la existencia y la legitimidad del Estado, se extiende por todos los barrios, donde sus pobladores tratan de sumar unos pesos para su familia ofertando arepas, empanadas, mazamorra y cualquier otro tipo de alimentos al por menor. En algunos barrios, la especialidad es la maquila en ropa. No son pocos los pobladores que terminan por virar hacia la oferta de estupefacientes por gramos, pues los ingresos son mayores, inmediatos y garantizados. En total, según el Dane, la informalidad alcanza al 46 por ciento de su población trabajadora.

 

En esta ciudad de contrastes, donde el narcotráfico profundizó sus raíces e impuso un modelo de consumo de élite desaforado, la concentración de la riqueza y la desigualdad social se respiran desde el primer momento que se la recorre. La vivienda deteriorada puede verse desde que el vehículo se adentra en la misma por cualquiera de sus fronteras, y así lo confirma una encuesta de 2012, hecha por la Alcaldía, que precisó que el 76,3 por ciento de las viviendas está ubicado en los estratos 1, 2 y 3, mientras el 4 representaba el 11,1 por ciento, mientras los estratos 5 y 6 representaban el 12,6. Es decir, mientras la mayor parte de su población corresponde a estratos con pocos recursos, un pequeño porcentaje de sus habitantes tiene gran poder adquisitivo. No es extraño que el coeficiente Gini alcance el 0,55 aunque Naciones Unidas asegure que bajó al 0,50.

 

La pobreza es tal, que una ciudad que le vende energía a todo el país y algunos países vecinos, cuenta con 40 mil hogares desconectados, en clara violación a un derecho fundamental; donde su empresa de servicios públicos más parece una multinacional que una entidad que haga honor a su nombre.

 

Se puede decir, por tanto, que además de ciudad laboratorio, Medellín lo es de contrastes y desigualdad. Urbe elegida para celebrar el Foro Urbano Mundial, más preocupada por ser una ciudad marketing y de eventos que por movilizar a sus habitantes para resolver entre todos, en acción de gobierno democrático profundo, los problemas que les afectan y que, sin así quererlo por parte de sus habitantes, termina trazando fronteras de insolidaridad entre los mismos pobres y excluidos, con lo cual Medellín también termina siendo, por distintos motivos, ciudad del conformismo.

 

Ahora el laboratorio en Medellín debe ser: ¿Cómo romper esta realidad?

Publicado enEdición Nº201
Latinoamérica: la más urbanizada del mundo, pero no la más planificada

Es la ciudad perfecta. No hay casi crimen, ni embotellamientos, ni contaminación o suciedad, y la basura se recoge a tiempo. El transporte público es puntual y siempre hay dónde sentarse. Es el triunfo de la planificación urbana.

 

La buena noticia: hay varias ciudades del mundo que podrían competir por el título de la Mejor Planificada; la mala: que ninguna es latinoamericana, al menos por ahora.


Zúrich, Singapur, Seúl, Búfalo (en Nueva York) aparecen constantemente en las discusiones y rankings especializados como las ciudades mejores planificadas del mundo. Y lo que las une es justamente la idea de que la ciudad es el "hogar" de sus residentes y que está allí para servirlos, y no para actuar como su enemigo.


Esto cobra particular relevancia en Latinoamérica, la región más urbanizada del mundo, donde 80% de la población –unos 450 millones de personas- vive en ciudades.


Si bien la inseguridad ciudadana aparece sistemáticamente entre las principales preocupaciones de los latinoamericanos, hay otro tipo de inseguridad de la que se habla poco pero que también supone una amenaza para el bienestar de los ciudadanos. Se trata, en efecto, de la estructura y organización de las ciudades.


Y es que los avances sociales y económicos de Latinoamérica durante la última década no vinieron acompañados de una mejor planificación de las grandes urbes, y algunos resultados visibles son el caótico transporte privado y público, la rápida urbanización sin respeto a los códigos de construcción, la deficiente provisión de servicios públicos, y la tugurización de los espacios, entre otros.


Esta situación también ha generado problemas para afrontar eventualidades naturales, como lo ha sido el reciente incendio en Valparaíso, Chile, las recurrentes inundaciones en Buenos Aires o los frecuentes desprendimientos en las favelas de Río de Janeiro. De acuerdo a estimaciones del Banco Mundial, las consecuencias de los fenómenos naturales representan un costo para la región de unos $2.000 millones anuales.


El déficit en planificación de las ciudades destaca aún más cuando se aprecia las siguientes estadísticas: para 2025 el 10% de la población mundial vivirá solo en 37 ciudades. Por ello, arquitectos, geógrafos, ingenieros y gobiernos de la región tienen el reto de planificar eficientemente sus centros urbanos para convertirlos en lugares más habitables y seguros.


"En Latinoamérica deberíamos pasar a una planificación más estratégica y sustentable que por un lado mitigue problemas existentes, como el riesgo de deslizamientos en montañas o falta de capacidad en los sistemas de drenaje, y por otro adapte a las ciudades para ser más resilientes frente a las amenazas climáticas", explica Santiago E. Arias, especialista en planificación urbana del Banco Mundial.

 

Los más expuestos


Las amenazas a la seguridad en las ciudades no solo provienen de los efectos de los desastres naturales, sino también tienen que ver con la construcción improvisada: por ejemplo, al construir casas en montañas con riesgo a deslizamientos o a la vera de ríos que suelen desbordarse después de fuertes lluvias.


A pesar de que la mayor parte de los habitantes de las ciudades están expuestos a esta serie de peligros, son los más pobres quienes se llevan la peor parte, ya que generalmente viven en casas más precarias y desprotegidas. Según un informe de ONU-Habitat de 2012, alrededor de 111 millones de latinoamericanos viven en barrios marginales.


Para paliar los riesgos que acechan a este amplio grupo de personas, varios países de la región están desarrollando proyectos para reforzar la seguridad en las zonas con habitantes vulnerables. La iniciativa CAPRA, por ejemplo, intenta mejorar a las formas de evaluar las amenazas climáticas en Colombia, Perú, Chile y países centroamericanos y del Caribe.


También el Centro de Innovación Climática del Caribe está ayudando a que países pequeños de la región estén mejor preparados para afrontar los efectos del cambio climático, a través de la creación de empresas sustentables.


De todas formas, los expertos coinciden en que aún hace falta una planificación urbana que integre a todos los sectores para hacer de las ciudades latinoamericanas lugares más seguros.


"Muchas ciudades de América Latina sufren los peores casos de congestión vehicular del mundo. Los problemas de agua y saneamiento han sido un gran problema en los tugurios. Más aún, el cambio climático aumentará los problemas de acceso al agua en la región", afirma Xiaomei Tan, experta del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, en inglés).


Estudios del Banco Mundial hablan de que territorios propensos a las sequías, especialmente en ciudades de Chile, México, Guatemala y El Salvador, serán aún más secos. De la misma manera, zonas con riesgo a inundaciones, como Argentina, Perú y Uruguay, deberán afrontar lluvias más intensas.


De una mejor planificación de las ciudades latinoamericanas dependerá que estas proyecciones tan poco alentadoras no se cumplan, y permanezcan solo como malos presagios.

 

por: Robert Valls. Productor online del Banco Mundial.

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Violencia, seguridad y desafíos políticos para la Revolución Bolivariana

La violencia y la "inseguridad ciudadana" en Venezuela se han convertido en temas principales de la agenda pública, en varios sentidos: tenemos altas tasas de homicidios (48) (2), de victimización (75) (3) y, sobre todo, una alta percepción de inseguridad ciudadana (60 %) (4).

 


Sin embargo, desde la práctica militante de Tiuna El Fuerte –una organización social juvenil de base, que trabaja con jóvenes de sectores populares desde la producción cultural contrahegemónica–, nos oponemos a hablar sobre los procesos de conflictividad violenta en Venezuela, bajo el término "seguridad", sobre todo porque esta concepción nos encierra en un debate colonizador que encubre mecanismos desarrollistas, tanto en gobiernos de orientación neoliberal como en gobiernos progresistas, e imposibilita pensar y reconocer las otras formas de habitar y configurar lo urbano, sus lugares relacionales y las apuestas de convivencia colectiva y popular.


No plantearemos nuestras reflexiones desde la mirada de las clases acomodadas, que construyen el campo social en función del enfrentamiento entre dos tipos ciudadanos: los ciudadanos, "la gente decente", educada y trabajadora, y los delincuentes, sujetos anormales y moralmente condenables, en su mayoría proveniente de clases populares, y frente a los cuales se debe actuar punitivamente.


Tampoco hablaremos desde la mirada del Estado, que tiende a comprender el problema como un asunto de gestión eficiente de factores de riesgo: reducción de homicidios a partir del control de factores situacionales y la activación de esquemas clásicos de prevención, que en todo el mundo han resultado ineficaces. Nos proponemos plantear preguntas y preocupaciones desde una perspectiva de clase, que contribuya a problematizar las comprensiones dominantes sobre la violencia, que tienden a individualizar las causas del problema, sin considerar las desigualdades y conflictos de clase, los sistemas de beneficios que están ocultos tras agendas económicas y políticas, y la violencia estructural e institucional que se escurre por todo el tejido social.


Si bien la "inseguridad ciudadana" es un problema que consensualmente pareciera afectar por igual a todas las clases sociales, lo cierto es que las clases populares urbanas son las más afectadas. Basta con mirar algunas cifras para darse cuenta que la expresión más cruenta de este conflicto, los homicidios, ocurre entre jóvenes de sectores populares urbanos. Sin embargo, aún cuando los homicidios constituyen el indicador más alarmante de este conflicto, éste aparece como un continuum que recorre la convivencia diaria entre vecinos, grupos y sectores que comparten una misma historia, un mismo territorio y, sobre todo, una misma clase.


La conflictividad violenta entre jóvenes de zonas populares urbanas es una violencia intraclase: un tipo de violencia soportada en la ilusión de un poder minúsculo contra los iguales o los más débiles, que no identifica la necesidad de articular esfuerzos para confrontar a los poderosos que subordinan, explotan y dominan. Este tipo de violencia puede decir muchas cosas, pero sobre todo indica cómo algunas de las fracturas sociales que produjo el neoliberalismo, al interior de las clases populares, siguen apareciendo como formaciones sociales refractarias a los procesos de cohesión y movilización social y política que se viven en Venezuela, a partir de la Revolución Bolivariana. Así, entendemos que uno los mayores desafíos políticos en Venezuela supone lograr que el Chavismo, como frente ofensivo al embate neoliberal, recomponga sus baterías de sentido a efectos de religar a estos sectores juveniles, que no vivieron la guerra económica y política contra el pueblo, sufrida durante los años ochenta y noventa en Latinoamérica.


Desde este punto de vista, la violencia criminal más que leerse como las conductas anómicas de un conjunto de muchachos desviados o alienados, tendría que ser leída como la expresión de un conflicto social más profundo que, en términos concretos, habla de dificultades vinculadas con los mecanismos de transmisión de clase, las formaciones culturales hegemónicas, así como con la transformación estructural del Sistema de Justicia.


En este sentido, en el nivel de las microsocialidades, preocupan los quiebres, distanciamientos y miedos entre generaciones, que se perciben entre sujetos en diversos contextos: maestras que prefieren el detector de metales en los liceos antes que dialogar, sin cuestionamientos morales previos, con sus estudiantes "difíciles"; las incomprensiones, cuestionamientos y mutuas exclusiones entre Consejos Comunales y grupos de jóvenes que usan armas y/o venden pequeñas cantidades de drogas en una comunidad. Toda esta conflictividad marcada por barreras morales compone un escenario débil para la transmisión cultural y, por ende, coloca en peligro la continuidad misma del Proyecto Bolivariano.


Paralelamente, las desregulaciones propias de la redistribución de la renta, la hegemonía del sector servicios y las importaciones generan espacios informalizados, favorables para la efervescencia de un capital descontrolado que, de la mano de las actividades ilegales (microtráfico de drogas), produce una economía multimillonaria que se mantiene sobre la base de la violencia criminal. En este contexto, el único fortalecido es el mercado, que viene a resolver, muy a su manera y conveniencia, el asunto de la inclusión cultural. El consumo cultural se convierte casi en el único mecanismo que iguala, pero perversamente; solo lo hace bajo la fórmula del espejismo: en una dimensión virtual que deja intactas las condiciones objetivas de subordinación.


Entre tanto, diremos que frente a este conflicto existe un plexo de posibilidades. Unas, las ya planteadas, las más institucionalistas, que apuntan hacia el crecimiento de las capacidades del Estado, para responder a las demandas de seguridad y justicia, en las que los agentes de represión y control, así como los administradores de justicia son fundamentales, a efectos de evitar contradicciones entre las actuaciones de un Estado social, que busca articular vínculos, reconstruir tejidos sociales, y un Estado penal, que aísla, fractura, discrimina y castiga. En este caso, la premisa es clara: Estado penal-policial mínimo, subordinado al Estado social.


Del otro lado del espectro, aparecen las salidas políticas –politizadoras– que se centran en oxigenar los sentidos aglutinadores del Chavismo, en el registro simbólico y social de las generaciones emergentes; pero no solo en la estricta esfera juvenil, sino como motor rearticulador de la clase y sus alternativas al neocolonialismo. Se trata de la recomposición de las fracturas en los niveles de las microrrelaciones, entre todos los diversos actores que comparten territorios, historias y condiciones materiales y culturales de vida; no en el sentido estrictamente comunitario, como sector que "tiene sus formas particulares de vida", sino como un bloque social que comparte la voluntad común de disputar permanente lógicas, sentidos y prácticas para constituir una vida social más justa, un Vivir bien/Buen vivir, "una noción de redistribución que favorezca mayor igualdad, equidad y/o armonía entre los diferentes" (5).

 

Por: Lorena Fréitez y María Eugenia Fréitez (1)

1 Las autoras son militantes de Tiuna El Fuerte, una organización urbano juvenil de Caracas, Venezuela, http://tiunaelfuerte.net/
2 Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz (2011).
3 Encuesta Nacional de Victimización y Seguridad Ciudadana (2009). Consejo Nacional de Prevención y Seguridad Ciudadana y del Instituto Nacional de Estadística (INE).
4 Encuesta Nacional de Victimización y Seguridad Ciudadana (2009). Consejo Nacional de Prevención y Seguridad Ciudadana y del Instituto Nacional de Estadística (INE).
5 Rodríguez, Mario: Vivir Bien/Buen Vivir desde contextos urbanos. En: Ponencia presentada en el Encuentro de movimientos y organizaciones urbanas "Vivir Bien/Buen Vivir desde contextos urbanos". El Alto, Bolivia, 2013.

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Ciudades patriarcales y modernidades alternativas

¿De qué forma podríamos caracterizar a las ciudades como patriarcales? ¿Cómo se transformarían las ciudades en una modernidad alternativa, es decir una modernidad no capitalista, pero también no patriarcal?


En México venimos desarrollando un seminario titulado "Modernidades alternativas y nuevo sentido común: anclajes prefigurativos de una modernidad no capitalista". Este seminario se guía por algunas claves que nos presenta Bolívar Echeverría, intelectual ecuatoriano, en su crítica a la modernidad. Pensamos que la modernidad existente es hegemónica, pero no es la única posible; más aún, no es la única existente. Queremos pensar las formas existentes no capitalistas de la modernidad. Esto conlleva a suponer que puede haber una modernidad alternativa, no capitalista, y a preguntar por la consistencia y posibilidades de una modernidad así, liberada de la impronta de la acumulación de capital y de la valorización del valor como horizonte de sentido.


Considero, junto con Echeverría, que la modernidad es una forma de totalización civilizatoria y que, como tal, se encuentra en curso: no es un proyecto único ni terminado o final. Pensada así, la modernidad pone en juego los elementos civilizatorios en su conjunto. La modernidad capitalista aparece, entonces, como una conjunción histórica que, por un tiempo determinado, totaliza la forma posible (la potencia) de la modernidad.


El patriarcado, entendido como sistema de dominación de lo masculino versus lo femenino, ha estado presente en la reflexión de este seminario sobre modernidades alternativas, pensado como un vínculo entre la disociación entre el valor y el valor de uso. Ahora bien, si pensamos la ciudad moderna, en el contexto de una modernidad alternativa, cabe preguntarse cómo ha sido la ciudad moderna capitalista y patriarcal. Revisemos algunos ejes de discusión, al respecto.


Primero, es posible constatar que la ciudad es una forma de organización de la vida cotidiana que segrega las diferencias de género, raza, clase. La ciudad segrega y organiza. En ese sentido, resulta oportuno preguntarse sobre el origen de la forma ciudad y qué significa su surgimiento.


Podríamos pensar que existe una articulación entre patriarcado y capitalismo en la forma ciudad. La forma ciudad da cuenta de una división que hoy nos marca; una tensión que se manifiesta de muy diversas maneras, como la separación entre la civilización material, algo que ocurre en el campo, y la civilización económica, algo que ocurre en la ciudad.


Es decir, la tensión ciudad-campo no solo implica la tensión entre lo urbano y lo campesino, sino también entre dos tipos de civilizaciones distintas: una, que ha estado más vinculada a la reproducción cualitativa de lo material, al cultivo; y otra, la urbe, que emerge como el centro de una civilización que, poco a poco, va a ser contraria a la primera.


La distinción entre campo-ciudad se materializa cuando la ciudad capitalista se come al campo. La ciudad contemporánea, en el capitalismo actual, es una forma ciudad que no quiere armonizar con el campo; al contrario, quiere incorporar urbanamente a todo su entorno.


Revisemos la diferencia entre las ciudades burguesas, que establecen una continuidad entre el campo y la ciudad, y las megalópolis de América Latina, donde la urbanización es infinita. Aquí, metafóricamente, podríamos pensar que el no balance entre la civilización económica y la material se traduce en esta forma ciudad que solamente quiere ampliarse.


Un historiador como Braudel plantearía: la forma ciudad es, en sí, parasitaria. ¿En qué sentido es parasitaria? La forma ciudad aparece junto al Estado y la escritura, y muy pronto subordina a las aldeas. Algunos historiadores dicen que en las aldeas hay una forma matriarcal de organización y de socialización, en contraposición con la ciudad que ya es, con el Estado, la escritura y el orden abstracto de la economía, un entorno más patriarcalizado.


En la forma aldea, amplia y disgregada, sustentada en la civilización material, hay cierta autosustentabilidad, que se pierde en la forma ciudad porque ésta, muy pronto, empieza a ser dependiente de conexiones que le son muy lejanas.


La forma ciudad es heterónoma, en ese sentido. ¿Y qué es lo que podría ser más interesante de plantear aquí? Cómo, en la forma ciudad, la Naturaleza se va convirtiendo en una externalidad. Y esa externalidad también nos separa de algo que subsiste en nuestras culturas: esta idea de la subjetividad de la Naturaleza, es decir, de la Naturaleza como sujeto; por ejemplo, las montañas como seres cuidadores y nuestra relación intersubjetiva con las montañas. Todo esto se va perdiendo en la ciudad y se vuelve externo.


A veces pensamos mucho en relación con el desarrollo y la modernidad, pero en medio de todo esto está la forma ciudad, como productora de subjetividades. La ciudad es un proyecto heteropoiético; es decir, interdependiente: depende del comercio lejano, de las colonias, de la materia prima, de los alimentos que se fabrican en otros lugares. Y se trata de la ruptura entre quien produce y quien consume. Esta ruptura se basa en la diferenciación entre una ciudad que podía controlar, hasta cierto punto, todo su proceso de reproducción, y una ciudad que es totalmente interdependiente de procesos que están más allá de ella. La ciudad es, entonces, la forma del proceso de globalización. Produce no solo la segregación interna, sino que es ahí donde aparecen y habitan "los pobres", la gente desposeída de todo.


La pérdida de la autosuficiencia va a la par de la división social del trabajo y la separación del trabajo manual e intelectual. También produce la separación, cada vez más radical, entre vida urbana y vida campesina o aldeana, y la sobrevaloración de la primera respecto de la segunda. La ciudad se relaciona de manera extractivista sobre su propio sustrato y el entorno natural (tierra, agua, aire, plantas y animales), y subordina la vida al productivismo y mercantilismo.


Javier Medina2 asevera que con las ciudades "el extractivismo da sus primeros pasos... talar los bosques son los primeros pasos del extractivismo". Y plantea que la forma ciudad da a luz un nuevo ser, abstracto y virtual, que no está arraigado y que tiene el sentido de crecimiento. Es en el entorno citadino donde se desarrolla ese deseo de solo crecer, en tanto modelo.


La ciudad también es el espacio del orden que se desordena, cuando es tomada por los movimientos, las mujeres, las masas, los jóvenes o los plebeyos; el espacio del orden capitalista y patriarcal, que quiere avasallar con todo sin conseguir todo.


Las ciudades están hechas para la circulación no de las personas, sino del capital, las mercancías, los objetos y los carros, es decir, la máquina. Las megaciudades latinoamericanas destrozan el entorno, sin ninguna planificación. En ese proceso no solo se está evacuando el campo, sino el horizonte de vida y los saberes. Sin embargo, en esas megalópolis desaforadas también ocurre la resistencia y la negativa a ser meros objetos circulando, cuerpos que transitan a los lugares de trabajo y regresan en la velocidad del tiempo citadino, a reponerse como mera fuerza de trabajo.


La simbiosis patriarcado –dominación masculina– y capitalismo ocurre en las ciudades como centros de poder. Se trata de una dominación espacial y funcional. En la ciudad se refleja la división sexual del trabajo, así como la valoración del ámbito de la producción –espacio público– sobre el de la reproducción –espacio privado–. Si bien es cierto que el espacio público es presentado como un espacio para todos, el imaginario social y la violencia de género impiden hablar de prácticas igualitarias ni de libertad en esos espacios de las ciudades. Ha sido muy estudiado cómo las ciudades para las mujeres son símbolo de inseguridad, y cómo se les propone cuidarse de no salir solas por las calles, a riesgo de ser vistas como trasgresoras. Habrá que reconocer, asimismo, que el dominio masculino privilegia un cierto tipo de masculinidad, una hegemónica que también es impuesta a muchos de los varones.


Ahora voy a hablar sobre cómo pensar una ciudad distinta, o cómo reconocer ejercicios para habitar y transformar las ciudades contemporáneas: pensar la ciudad como espacios en disputa, conglomerado de lugares simbólicos, trazos de historias múltiples; ciudades intervenidas por las pintas nocturnas, los grafitis, los monumentos alterados por constructores nocturnos, invisibles. Hacer pintas, manchar la ciudad, desordenarla e intervenirla es una manera de apropiarse de los espacios, darles la vuelta.


Por otra parte, tenemos el retorno al saber agrícola en la urbe, sobre todo en las generaciones jóvenes. Hay una intención de construir una ciudad en transición, donde se lucha por recuperar espacios, darles nueva vida colectiva, ampliar lo público, defender los parques, los árboles, ir en contra de los centros comerciales, refundar el derecho al ocio, al tiempo libre y los espacios que tenemos para ello en las ciudades; es decir, los espacios de disfrute, siendo esto una especie de recuperación de la vida cualitativa en medio de la urbe. Detener al sujeto del consumismo generado por la ciudad del capital.


Las mujeres somos objetivos centrales en las políticas consumistas del capital, sujetos del blanqueamiento implicado en esas políticas, para quienes no hay vida si no hay un mall, un gran centro comercial donde todo se puede satisfacer. Uno va al centro comercial, porque es súper eficiente, todo lo tiene ahí. El centro comercial como perspectiva de vida, con su homogenización del gusto. Actualmente, la gente se organiza en oposición a estas acciones de los monopolios privados o de los Estados.

En México hemos tenido batallas campales porque no se ponga una tienda ahí o porque, en lugar de la tienda, sea un parque. ¿Cómo pensar una ciudad en transición? Habrá que pensarla desde la producción de espacios más vinculados con el cuidado, el cuidado recíproco de todos con todos y con la integración del medioambiente. Una ciudad que, en lugar de pensar en la movilidad y la circulación del capital, a través de la ampliación de sus vialidades que restringen a los peatones, piense en hacer lo que las personas necesitan: escuelas, guarderías, que los barrios estén llenos de parques, vialidades para bicicletas, calles peatonales; acciones que ponen un alto a la velocidad de la máquina y a la circulación de la mercancía.

 

Ciudades verdes, donde proliferen las plantas desde los segundos pisos de las vialidades; los huertos urbanos en los edificios recuperados, en las colonias marginales; los jardines urbanos, los cultivos en las azoteas. Podemos imaginarnos una reapropiación de los conocimientos y las prácticas de la civilización material en el centro mismo de la civilización económica, que la vaya trastocando ahí, en el corazón de las ciudades con ningún diseño reconocible; hacer surgir el barrio, lo colectivo, lo vivo.

 

Por: Márgara Millán (1)
1 Ponencia en el conversatorio interno realizado en el marco del Encuentro Regional Feminismos y Mujeres populares, realizado del 4 al 6 de junio de 2013 en Quito Ecuador.

2 http://www.circuloachocalla.org/aldeas-matriarcalesciudades-patriarcales-redes-chacha-warmi-de-pueblos-en-transicion/

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Sábado, 05 Abril 2014 09:00

Un Brasil sin torniquetes

Un Brasil sin torniquetes

El pasaje gratuito, propuesto por el Movimiento Pasaje Gratis (MPL, por su sigla en portugués) es posible, pero implica grandes cambios en el modelo de financiación y gestión del transporte colectivo. Hubo un momento, a principios de los años noventa, durante el gobierno de la alcaldesa Luiza Erundina, en el que el pasaje gratuito fue lanzado como una alternativa en la ciudad de São Paulo.


El proyecto se denominó Tarifa Cero en aquella época. La propuesta consistía en que los recursos para implementar el proyecto provendrían de la introducción de un Impuesto Predial y Territorial Urbano (IPTU) gradual. Los inmuebles de hasta 50 metros cuadrados seguirían exentos de impuestos, mientras que los inmuebles más grandes y localizados en zonas más acomodadas de la ciudad pagarían más. El proyecto tropezó con la objeción de la mayoría de los concejales de la Cámara Municipal, que hicieron eco a la resistencia de nuestras élites ante políticas redistributivas. Otras iniciativas sí prosperaron. Agudos, municipio del interior del estado de São Paulo, practica el "torniquete gratis" hace diez años. También adoptaron la misma política otras dos ciudades del estado de Paraná: Ivaiporã y Pitanga. En todos estos casos, la financiación del transporte público utiliza los recursos de los impuestos de todos los contribuyentes.


Otra iniciativa de principios de los años noventa fue la creación del Impuesto al Transporte, semejante a un tributo introducido en la región metropolitana de París, y que se aplica a las grandes empresas que demandan del servicio público la movilización de recursos adicionales para atender, en gran número y en determinados horarios, la llegada y la salida de sus empleados. Este impuesto fue aprobado como ley en Campinas, y se acordó con los empresarios de buses que se destinaría exclusivamente a mejorar la infraestructura del transporte público, a saber: la construcción de corredores viales y de señalización. Sin embargo, la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (FIESP) se movilizó e interpuso un recurso alegando la inconstitucionalidad del impuesto. Logró una orden suspensiva y el asunto acabó ahí.


Su argumento fue que los empresarios no aceptaban pagar más impuestos. A partir de los años noventa, con el predominio de las políticas neoliberales, las empresas públicas de transporte, como la Compañía Municipal de Transportes Colectivos (CMTC) de São Paulo, fueron desactivadas, y esto abrió espacio para que empresas privadas ingresaran y explotaran comercialmente esos servicios. Los gobiernos municipales perdieron la capacidad de intervenir las empresas que no cumplieran sus contratos de concesión, y también desistieron de controlar los costos operacionales.


En cuanto a su capacidad para ejercer la fiscalización del servicio, el peso mismo y la importancia de los empresarios del sector inhiben una actuación pública republicana. La concentración del capital también afectó a ese sector, y, hoy en día, de los 14 mil buses que circulan por la ciudad, prácticamente la mitad pertenece solo a dos empresarios.


En Brasil, es el usuario quien paga, a través de la tarifa, los costos del transporte colectivo. El gobierno de São Paulo subsidia el 20 por ciento de ese valor, el 70 por ciento es pagado por quienes toman el bus, y el 10 por ciento restante es pagado por los empresarios, mediante el vale de transporte que conceden a sus empleados. La ecuación de "el que usa es únicamente el que paga" es perversa, pues excluye a un tercio de los ciudadanos de las áreas metropolitanas que carecen de recursos para costear el precio de la tarifa. Estos andan a pie y, unos pocos, en bicicleta. Tal modelo consagra la idea de que el transporte público es una mercancía, no un derecho. Solo quienes pagan tienen acceso al mismo.


Y las empresas que lo operan deben ser lucrativas. Incluso en el caso de las tarifas preferenciales (tercera edad, personas con necesidades especiales, media tarifa para estudiantes), que son una conquista social que debe mantenerse, sus costos costos, en lugar de ser pagados por todos los contribuyentes, son trasladados a la tarifa. Así, es el más pobre, el usuario del transporte colectivo, quien paga las tarifas preferenciales, no todos los ciudadanos.


Si tomamos como referencia a Estados Unidos y los países europeos, otra es la ecuación: más del 70 por ciento del costo del transporte colectivo es pagado por el contribuyente, y la tarifa cubre, como máximo, el 30 por ciento. Existen otros modelos de financiación del transporte público, y estos tienen que ser considerados en la formulación de una nueva política para el mejoramiento de la movilidad. Hay una creciente comprensión de que tenemos que evitar que nuestras ciudades terminen contaminadas y congestionadas por automóviles. La ecuación es mejorar el transporte público y frenar la circulación de automóviles. A partir de esa lógica, surge la propuesta de una inversión masiva de recursos en el mejoramiento del transporte colectivo, en combinación con el gravamen aplicado a la circulación de los automóviles.


Existen posibles iniciativas con impactos a corto plazo. En São Paulo, por ejemplo, la creación de 180 kilómetros de nuevos corredores viales de bus, con dos carriles en cada sentido, sustituiría 3,7 millones de viajes diarios en automóvil. Dichos corredores contribuirían significativamente a aligerar el tráfico, aumentar la velocidad de desplazamiento y reducir la contaminación. La discusión sobre las posibilidades de financiación de un cambio radical en las políticas de movilidad urbana, que pasa por priorizar el transporte colectivo con miras a transformarlo en un bien común, explora diversas alternativas.


Empieza por cuestionar la distribución de los recursos públicos en el pacto federativo. Hoy, el 60 por ciento de los impuestos queda en manos del gobierno federal, el 18 por ciento va a los municipios y el 22 por ciento, a los gobiernos de los estados. En Suecia, por ejemplo, la relación es la inversa: el 70 por ciento va a los municipios y el 30 por ciento va al gobierno central. Los gobiernos locales demandan una mayor cuota de recursos.


Otra propuesta para hacer viable esa política es la creación de una Contribución de Intervención en el Campo Económico (CIDE, por su sigla en portugués) municipal; tributo que incidiría sobre la comercialización de gasolina, diésel y alcohol etílico combustible. Esta puede ser una fuente de recursos complementaria para operar esos cambios en las políticas de movilidad. Otras exenciones de impuestos también pueden contribuir a eso, así como a los combustibles consumidos por los buses, que hoy corresponden al 20 por ciento del costo de la tarifa.


Pero lo más asombroso es cómo se desprecian ciertas fuentes de recursos garantizados, que podrían orientarse a la financiación de nuevas políticas de movilidad. Se estima que un tercio de los automóviles que circulan en São Paulo está en mora con el Impuesto sobre la Propiedad de Vehículos Automotores (IPVA), lo cual lleva también a la acumulación de multas sin pagar. El IPVA es un tributo que se reparte por mitades entre el gobierno del estado y el del municipio.


El Estado lo recauda y traslada su cuota al municipio. Esos impuestos atrasados, sumados a la cifra de multas por pagar, pueden llegar a más de 7 millardos de reales. ¿Por qué el Estado y el municipio no se ponen de acuerdo para intensificar el cobro de esos impuestos y los vinculan a un proyecto común de inversiones en el transporte público?


El pasaje gratuito, o tarifa cero, es posible. Se trata de trasladar el costo de los servicios públicos de transporte al bolsillo de la sociedad como un todo, y no al usuario; de quitarle el carácter mercantil a ese servicio público; de transformarlo en un bien público a disposición de todos. Entre esto y decir que va a ser introducido, hay camino que andar. Hay muchas fuerzas que se oponen. Sin embargo, las últimas semanas me hicieron cambiar de opinión, me hicieron dudar. Ya no me parece imposible que los movimientos de masas impongan el torniquete gratis.


Como sabemos, la construcción del Estado de bienestar solo fue posible por la presión de las masas, y eso es lo que estamos viendo en las calles de las principales ciudades.

 

por Silvio Caccia Bava*

* Director de Le Monde Diplomatique Brasil. El artículo original se encuentra en http://tarifazero.org/2013/07/08/um-brasil-sem-catracas/
(Traducción de Beatriz Peña Trujillo)

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El Alto y su resistencia a la visión uniforme de ciudad moderna

La construcción de la ciudad y, en particular, la de los espacios públicos es un elemento fundamental en la configuración de la vida urbana. La manera cómo la población se apropia de esos espacios y los habita o recrea desde sus propias prácticas culturales, determina la dinámica de la vida urbana.

 

El modelo e imaginario de "ciudad moderna" construido desde occidente aparece con mayor fuerza en el discurso de las personas, cuando se refieren a su visión y concepción de ciudad. Sin embargo, al adentramos en el marco de una investigación sobre las particularidades de la configuración práctica de la ciudad de El Alto, las maneras de habitarla, sus formas y su estilo propio, identificamos un discurso mucho más abigarrado.


Uno de los principales criterios del modelo de "ciudad moderna" –el antagonismo entre el campo y la ciudad–, se quiebra cuando los habitantes de El Alto miran la configuración de su propia ciudad estrechamente vinculada con lo rural, con la vida del campo: El Alto surgió a partir de los asentamientos de la gente que migraba del campo a la ciudad de La Paz. Es una ciudad constituida a partir de lo rural, que contiene, en su propia configuración urbana, mucho de la vida del campo.


El Alto es una ciudad autoconstruida; sus propios habitantes la edificaron y esa idea es expresada con un fuerte sentimiento de orgullo. No obstante, también se escucha que El Alto es una ciudad desordenada y caótica, sobre todo la zona de "La Ceja". La autoconstrucción y el desorden de la ciudad entran en tensión con la noción –también muy ligada con el modelo de "ciudad moderna"– de que toda ciudad requiere un "Plan de desarrollo urbano" que permita ordenarla y organizarla de acuerdo con un modelo de ciudad preconcebido.


En el caso de la ciudad de El Alto, se arguye que el desorden, el caos y la desorganización se deben a la falta de planificación, pero también a la falta de una "cultura urbana" de sus habitantes. Sin embargo, al analizar la estructura y dinámica de la ciudad, es posible advertir, dentro de ese caos, una convivencia que consigue un extraño equilibrio entre la conflictividad y la armonía.


Otra noción cargada de este enfoque de ciudad moderna es la de "espacio público": El espacio público debe ser cuidado y respetado por todos, debe tener un orden que permita a todos los actores convivir armónicamente en él... En la ciudad de El Alto, la estructuración del espacio público y las formas de habitarlo responden a otros criterios y concepciones.

 

Por ejemplo, no es extraño encontrar jardines enrejados con un gran letrero que dice: "Respete, no pise el pasto", y a toda una familia haciendo día de campo dentro ese jardín urbano. O ver a una mujer con su manta extendida haciendo secar sus "chuños" (papas deshidratadas) al sol, mientras el tráfico vehicular y peatonal circula a su alrededor. Otro ejemplo curioso del entrecruzamiento y convivencialidad entre prácticas urbanas y rurales en el espacio público es el que nos ofrece la escena protagonizada por aquellos personajes llamados "Cebras" y "Burritos", que encarnan el papel del educador cultural urbano2. Esta escena es protagonizada por jóvenes contratados, que se disfrazan de cebras o de burros, y se dedican a controlar el tránsito y a enseñar a los habitantes a vivir ordenadamente en la ciudad: cruzar por los pasos de cebra, respetar los semáforos. En el Alto podemos encontrar a estos personajes disputando el espacio con una recua de llamas que también circula por las calles y avenidas de la ciudad, compartiendo el espacio con el tráfico de personas, vehículos, policías, vendedores, artistas, etc.

 

La confluencia de dos lógicas distintas, la moderna occidental con la andina, también se puede constatar en el vínculo con la Naturaleza. En el discurso aparece la noción de Naturaleza como elemento ornamental y estético del espacio urbano; un adorno al que hay que cuidar y proteger. Pero, en la práctica, se puede apreciar un modo de relacionamiento distinto. Si bien la configuración urbana nos exige mantener cierta distancia con la Naturaleza, de "respeto" y cuidado, muchos habitantes de El Alto se vinculan con ella de la misma manera que lo hacen en el campo, en sus comunidades.
Las llamadas áreas verdes son un espacio para ser habitado, ocupado y usado. Allí se comparte y convive entre todos los seres y elementos que coexisten en ese espacio urbano. La mayoría de personas con quienes conversamos dice que es más importante tener más canchas, plazas y parques, que mercados y ferias. No obstante, esta supuesta preferencia responde a esa construcción imaginaria del modelo de ciudad moderna que a una necesidad real. En efecto, cuando se consulta sobre los espacios de mayor encuentro e intercambio, la gente coincide plenamente en que éstos son el mercado y la feria; lo que es fácil de corroborar con la simple observación de la dinámica urbana.


La ciudad de El Alto se caracteriza por su intensa actividad comercial y por lo diverso y creativo de las formas de vivir el comercio. Por ejemplo, en El Alto existe una de las ferias más grandes de Latinoamérica, la feria de la 16 de Julio, un destino infalible para todos lo que llegan a La Paz o El Alto.
En el Alto, la manera de vivir y relacionarse con el mercado está muy imbricada en todos los espacios públicos de la ciudad: en cualquier plaza, parque o cancha, o en sus alrededores, se instalan puestos de venta, ya sea de comida, verduras, ropa, etc. Estos espacios, que en los parámetros de urbanismo moderno deben ser claramente diferenciados en su infraestructura y en el uso que se le da –la plaza para pasear, el mercado para vender–, en la ciudad de El Alto aparecen entrelazados o yuxtapuestos.


En síntesis, el Alto, con más de medio siglo de vida urbana, se ha autoconstruido como una ciudad basada en lógicas que escapan a la visión dominante de la ciudad moderna. Sin duda, contiene mucho de este modelo, pero aún resiste orgullosa y creativa a la imposición de esos márgenes estrechos que moldean a las urbes en un mismo formato. Las diversas maneras de habitar la ciudad logran crear líneas de fuga a la normatividad y disciplinamiento urbano que se intenta imponer.

 

Autora: Paloma Gutiérrez (1)


1 Psicóloga boliviana, forma parte de la Red de Diversidad-Wayna Tambo, un colectivo de El Alto. Este artículo fue extraído de la investigación denominada "Vivir Bien, espacio público en El Alto" realizado en 2011
2 Una iniciativa emulada de la gestión municipal de Antanas Mockus, en Bogotá.

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Equidad urbana en el desarrollo – Ciudades para la Vida

El Foro Urbano Mundial es una iniciativa de Naciones Unidas y UN-Hábitat para promover el debate acerca de los temas apremiantes a los que se enfrentan hoy las ciudades y plantear alternativas para un desarrollo urbano sostenible. Esta reunión que se realiza cada 2 años cuenta con la asistencia de diversos entes y actores desde gobiernos y autoridades locales y nacionales, organizaciones no gubernamentales y sociales, organismos multilaterales hasta sectores académicos, profesionales y gremiales dedicados al estudio y la práctica en entornos urbanos. Según el Programa de AsentamientosHumanos de NacionesUnidas (ONU-Hábitat), setrata de un Forotécnico no-legislativoquese convoca para examinar los retosqueenfrenta el mundo en relación a los asentamientoshumanos, como la rápidaurbanización y suimpacto en lasciudades, las comunidades, las economías, en el cambioclimático y las políticas.Por tanto, la secuencia de foros ha retomado los contenidos de varios debates contemporáneos y ha influido en la definición de políticas urbanas alrededor del mundo en diferentes escalas.

 

La primera sesión del Foro se realizó en 2002 en Nairobi (Kenya) y tuvo un carácter más local, sin un gran despliegue mediático y sin un tema específico de debate de alta sensibilidad para el público. La segunda edición realizada en Barcelona (España) en 2004 se organizó alrededor la Globalización y la Cultura Urbana, esta versióntuvo una amplia cobertura por parte de diversos medios y se originó el Reporte del Estado de las Ciudades 2004-5.La tercera sesión realizada en Vancouver (Canadá) en 2006 se enfocó en el debate sobre Urbanización Sostenible y Ciudades Inclusivas enfatizando el problema del crecimiento urbano y la necesidad de respuesta por parte de los gobiernos para asegurar la planificación, el financiamiento y la gestión de las ciudades y las crecientes demandas de su población. La cuarta sesión celebrada en Nanjing (China) en 2008,se centró en la Innovación y Tecnología para una Urbanización Armoniosaqueimplica la sincronización e integración de diversas dimensiones en el desarrollo urbano: física, ambiental, cultural, histórica, social y económica. La quinta sesión realizada en Río de Janeiro (Brasil) en 2010, se centró en el debate acerca del Derecho a la Ciudad, los diversos enfoques y perspectivas acerca de la relevancia de este concepto y las alternativas para lograr una ciudad más inclusiva. En su sexta sesión, el Foro Urbano Mundial, realizado en Nápoles en 2012, debatió sobre el tema del Futuro Urbano, dividiendo el debate en 4 líneas temáticas: a) la forma urbana, b) equidad y prosperidad, c) la productividad en las ciudades y d) movilidad, energía y medio ambiente urbano. La revisión de estos cuatro capítulos se orientó a buscar iniciativas y prácticas exitosas que puedan ser compartidas para construir ciudades más democráticas, justas, sostenibles y humanas.

 

El Foro Urbano Mundial se ha promovido como un evento clave en el calendariointernacional para generar un debate de alto nivel sobre los retos urbanos contemporáneos, en cada edición de este encuentro, se aumenta el despliegue mediático y la visibilidad de actoresespecíficos relacionados con el tema de turno. Este evento supone también la revisión de los lineamientos sobre desarrollo urbano que UN-Hábitat y otros organismos multilaterales dan a las naciones del mundo y que hoy por hoy se centran en los alcances sobre mejoramiento de la calidad de vida urbana, un desarrollo urbano sostenible, la implementación de estrategias que contribuyan a superar las actuales condiciones de inequidad y que promuevan la prosperidad urbana.

 

El 7º Foro Urbano Mundial se realizará en la ciudad de Medellín entre los días 5 y 11 de abril del 2014 ytendrá como tema central la Equidad Urbana en el Desarrollo y Ciudades para la vida. Este evento se considera una antesala a dos discusiones muy importantes en la agenda de Naciones Unidas: por un lado, la discusión dela llamada Agenda de Desarrollo Post-2015, que definirá lo que viene después de las Metas del Milenio; y en segundo lugar, la agenda de la Conferencia Hábitat III que se llevará a cabo en 2016.

 

Este escenario recoge por lo menos a 160 países, cuya agenda esta mediada por Naciones Unidas y la ciudad anfitriona. La ONU centra su atención en laEquidad Urbana en el Desarrollo, en tanto que la ciudad de Medellín, desde su administración, avanza en posicionarla a través del City Marketing, con el slogan Ciudades para la vida.

 

En este contexto, no quedan recogidas todas las discusiones urbanas que merecen serconsideradas temas centrales de una agenda de trabajo mundial, por lo que continúan teniendo vigencia los temas vinculados con la profundización de un mundo de mercado bajo la egida del capital.

 

No siendo éste un Foro ajeno al mundo académico y social, esta convocatoria, síha suscitado grandes inquietudes entre investigadores y miembros de organizaciones locales, nacionales e internacionales. Surgieron preguntas sobre el sentido de participar en los espacios oficiales y propuestas como propiciar espacios alternativos, no participar o, incluso, promover la oposición. En sí, algunas de las posturas expresadas no eran descartables de tajo, oscilando éstas entre el escepticismo frente al impacto alcanzable por la participación desde la academia y la sociedad civil; resistencia y oposición ante las tendencias sociales globales del desarrollo y las instituciones que las representan; y dudas frente a la posible cooptación, contención o control institucional de los movimientos, expresiones y propuestas sociales y académicas.

 

Por ello se han ido organizando otras voces, procesos y dinámicas que de modo simultáneo se darán encuentro en la ciudad de Medellín y que han construido agendas alternas de discusión y trabajo. Las más significativas son dos: la organizada por la Universidad Nacional de Colombia en asocio con otros actores académicos y sociales denominada "Conocimiento y acción, por la vida la equidad y los derechos territoriales"; y la promovida por un conjunto de organizaciones y procesos sociales denominada Foro Social Urbano Alternativo y Popular.

 

La organizada por la Universidad Nacional de Colombia está prevista entre los días 5 al 11 de abril y contempla, además del desarrollo de un Seminario Nacional previo que se adelantó los días 20 y 21 de febrero en la sede de la Universidad de la ciudad de Manizales, la realización de los Debates A La Luz De La Luna los días 7 y 9 de abril, los Encuentros en el territorio, el 6 de abril, un Encuentro en RED de investigadores el día 8 de abril, y un Stand permanente de la Universidad durante todo el Foro. Estas dos últimas actividades están inscritas en el marco oficial del evento. Toda esta iniciativa se realiza en alianza con la Coalición Internacional del Hábitat (HIC), CLACSO, ACIUR, el INER de la Universidad de Antioquia, la Universidad Javeriana, la Corporación REGION, Fundación Social, entre otros. Las discusiones centrales se han estructurado en torno a cuatro grandes asuntos, referidos a situaciones y tendencias apremiantes que competen al campo del hábitat, la ciudad y el territorio. Dichos asuntos, que suelen producirse y darse simultáneamente en un mismo espacio, y reproducirse o exacerbarse mutuamente, concentran en sí, muchos de los temas polémicos concernientes a los procesos de exclusión, desestabilización, vulneración, despojo y expulsión territorial y del hábitat, reclamando nuevos debates, conocimientos y políticas. Los temas son:

 

  • • Hábitats y territorios en condición de olvido, invisibilizados o estigmatizados, en fronteras nacionales y periferias urbanas y rurales.
  • • Hábitats y territorios proclives al despojo por elitización (gentrificación territorial).
  • • Hábitats y territorios sometidos al desarraigo y a la desestructuración socio-espacial por conflictos urbanos y rurales.
  • • Hábitats y territorios impactados por los modelos de desarrollo urbano y acciones inmobiliarias.


Por su parte el Foro Social Urbano Alternativo y Popular, sesionara entre el 5 y el 9 de abril. Los convocantes son múltiples organizaciones locales, nacionales e internacionales vinculadas a redes internacionales, organizaciones, movimientos sociales, colectivos urbanos y populares, procesos sociales, barriales, territoriales, políticos entre otros . El punto de partida es reconocer que "Medellín es una de las ciudades más inequitativas de América Latina. Es excluyente, insegura, expulsa y desaloja de sus casas a quienes estorban o se oponen a la planeación urbanística que impone un modelo de ciudad innovadora y en función de los mercados. (...), donde las comunidades sufren la represión de las fuerzas del Estado, el control territorial de los "combos" y las bandas delincuenciales, o que son desplazadas mediante los mecanismos de la valorización y los planes de renovación urbana".

El 7º Foro Urbano Mundial vende el modelo de ciudad actual de Medellín como el camino a seguir, "bajo la retórica de la innovación, la competitividad y el empresarismo, que consolida el capital inmobiliario, el cual termina asumiendo en provecho propio, las grandes decisiones de la vida urbana, expresadas en los planes de ordenamiento territorial, los planes estratégicos de desarrollo, los planes parciales urbanísticos y el grueso de las políticas públicas que están referidas a lo urbano". Por ello estos "Planes de modernización que se llevan a cabo en el mundo están orientados por la globalización neoliberal, que convierte a las ciudades y al territorio en preciados botines para las inversiones de grandes capitales: un verdadero festín para las empresas constructoras, promotoras inmobiliarias y los bancos".

El Foro Alternativo busca aportar en la construcción de propuestas de ciudades incluyentes donde los derechos no sean mera retórica. Por ello se anuncia que se trabajará en denunciar "el espíritu del 7º Foro Urbano Mundial y en la renuncia de ONU-Hábitat al objetivo del milenio No.7-11 sobre la progresión de barrios marginales y a los desalojos de inquilinos, deudores hipotecarios y habitantes urbanos desprotegidos. Ello se hará a partir de la realización de una acción nacional e internacional de debate y movilización, que muestre "... la inconformidad y el rechazo a la forma como el capitalismo global viene construyendo-destruyendo las ciudades, posicionando nuestras problemáticas en la perspectiva de articularnos como movimiento social urbano global-local capaz de resistir y construir alterativas".


Este escenario trabajará en torno a tres PANELES: Crisis Urbana, Contextos y alternativas urbano-populares en América Latina y Democracia y Paz en la Ciudad, dos grupos de MESAS DE TRABAJO, las primeras entorno al Derecho a la Ciudad (Hábitat, Vivienda y Servicios Públicos Domiciliarios, Relación entre Territorios Urbanos y Rurales, Modelo Económico, Trabajo y Desempleo, Transporte Público y Movilidad, Ciudades Sustentables, Bienes Comunes y Justicia Ambiental, Planes de Vida y Ordenamiento Territorial, Militarización de la Vida y los Territorios, Diversidad Étnica, Resistencia Artística y Cultural, Habitando y resistiendo. Mujeres en contextos urbanos, y Diversidades y Disidencias Sexuales), y Agenda de Ciudad (¿Qué sujeto para la transformación de los territorios urbanos?, Lo organizativo: hacia un amplio y articulado movimiento social urbano, Agenda social y política: avanzar en elementos de un pliego de demandas de la ciudad, Estrategia de incidencia política).


Así mismo es fundamental construir análisis y propuestas frente a tres asuntos: Mega eventos y grandes proyectos urbanos, Impactos socio espaciales de los grandes proyectos urbanosy Agendas supranacionales de desarrollo urbano. Estasreflexiones, discusiones y debates buscancuestionar resultados y estudiar los aportesque este tipo de eventos produce en los escenarios locales.

Mega eventos y grandes proyectos urbanos: Este eje temático se centra en las exigencias de transformación urbana por cuenta de los mega eventos y busca problematizar las premisas sobre las que las ciudades plantean para insertarse en la agenda global de eventos paradigmáticos. En las últimas décadas las ciudades han planteado diversas estrategias de internacionalización en las que, asociadas al marketing urbano,subyacen los requerimientos de legitimación de actuaciones de los gobiernos locales. Las administraciones nacionales y locales fundamentan sus apuestas en ser anfitriones de eventos de gran escala por considerarlos catalizadores de cambios urbanos a partir de su legado infraestructural y su promoción como destino turístico de la ciudad sede del evento. Sin embargo, en varias localidades que han tenido experiencias, auspiciando principalmente eventos deportivos de gran magnitud, se ha evidenciado la resistencia de movimientos sociales basados en cuestionamientos a las prioridades del gasto público y el nivel de participación ciudadana en estas agendas de transformación urbana.

Impactos socio espaciales de los grandes proyectos urbanos: Este eje temático apunta a debatir las implicaciones territoriales que acarrean las intervenciones urbanas de gran escala y develar sus contradicciones internas. La tendencia dominante de guiar la restructuración urbana basada en la re-valorización inmobiliaria reconfigura las condiciones socio espaciales y provoca una disputa por el espacio urbano. En el contexto Latinoamericano ha emergido recientemente un interés por explicar y contextualizar las teorías sobre la elitización urbana - gentrification – en un contraste empírico los procesos de movilidad poblacional y los cambios en las rentas del suelo producidos por cuenta de grandes proyectos urbanos de diversa índole. A la vez, el estudio de los impactos socio espaciales da cuenta de los actores e intereses políticos que le dan forma a la agenda de transformación urbana y los cambios en las estructuras de poder que gobiernan este tipo de intervenciones, posicionando las alianzas público privadas y regímenes de excepcionalidad como las estrategias de gestión preferidas para llevar a cabo dichas operaciones urbanísticas.

Agendas supranacionales de desarrollo urbano: Este eje temático busca interrogar los modelos de intervención urbana propuestos desde las instituciones supranacionales y develar los procesos de movilización de políticas urbanas en ciertos círculos de experticia. Por tanto, se propone indagar en las dinámicas de Gobernanza multiescalar como un escenario de negociación de enfoques y agendas de las políticas urbanas. En este sentido, se propone un espacio para la visibilización de prácticas, proyectos e iniciativas que aportan a los intereses de un desarrollo urbano sostenible y que, por diversos motivos, no tienen un espacio para su presentación dentro de esta clase de eventos de visibilidad global. Así como un espacio para discutir las limitaciones de este tipo de agendas promovidas por UN-Hábitat, consideradas como universales, frente a la totalidad de los problemas y retos urbanos actuales.

De este modo, la coyuntura que propicia el 7º Foro Urbano Mundial y los procesos y actividades alternas que convergirán en la ciudad de Medellín, son un espacio fundamental de encuentro y trabajo en torno a lo urbano y la configuración de alternativas a las problemáticas presentes y futuras.

Publicado enColombia
Martes, 01 Abril 2014 15:42

Foros urbanos, Medellín, 2014

Medellín, 2014

VII Foro Urbano Mundial/5-11/abril

Foro Social Urbano, Alternativo y popular/6-9/abril

 

Carta Medellín 

 

Sobre el porvenir humano

 

de las urbes del mundo

 

Declaración final 

 

 Programación   Llamamiento

Programación

Cronograma Alianza Internacional de Habitantes, 4-5 de abril

VII Encuentro de víctimas inmobiliarias

  

 

Panel Foro Social Urbano, Alternativo y popular

 

 

Videos: Foro Social Urbano, Alternativo y Popular

 

 

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CIUDADES:

INTERdisciplina – Revista del Centro de Investigaciones Interdsciplinarias en Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México. Vol. 2, número 2, enero-abril de 2014

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