Lunes, 29 Noviembre 2021 06:08

Rendición de cuentas

 En imagen de hace unos días, migrantes esperan en La Joya, Texas, luego de haber cruzado el Río Bravo, que llegue el autobús de la patrulla fronteriza que los regresará a México. En este contexto, un informe de Doctores por Derechos Humanos confirmó que niños y padres separados en la frontera –algunos de menos de un año de edad– durante la política de "cero tolerancia" del ex presidente Donald Trump, están mostrando señales de trauma sicológico severo y trastornos mentales.Foto Afp

Un informe emitido la semana pasada por Doctores por Derechos Humanos confirma que niños y padres separados a la fuerza en la frontera México-Estados Unidos –más de 5 mil menores, algunos menos de un año de edad mientras mil 727 de ellos aún no han sido reunificados con sus familias– bajo la política de "cero tolerancia" de Trump están mostrando señas de trauma sicológico severo y trastornos mentales (https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0259576). ¿Alguien, el ex presidente, el arquitecto de su brutal programa Stephen Miller, y los cómplices en el gabinete, tendrán que rendir cuentas ante esta violacion fundamental de derechos humanos?

Washington ha desplegado sus fuerzas armadas en el extranjero cientos de veces desde 1798 al presente (https://sgp.fas.org/crs/natsec/R42738.pdf); y esto no incluye las innumerables ocasiones en que se han realizado intervenciones y acciones clandestinas. Aunque casi todas estas acciones fueron proclamadas en nombre de "la democracia", muchas violaron los principios democráticos e incluso aniquilaron expresiones democráticas. ¿Pero algún comandante en jefe, gabinete o jefes militares que fueron obligados a rendir cuentas para estas acciones y los crímenes de guerra que se cometieron incluyendo tortura, asesinato de civiles, destrucción de hospitales y escuelas y más?

Sin rendir cuentas por los actos ilegales y hasta terroristas de Estados Unidos contra Cuba a lo largo de más de medio siglo, el canciller y el equipo de política exterior de Washington siguen pretendiendo en público que su obsesión con el cambio de régimen en esa isla tiene que ver con "principios democráticos", o afirmando que les importa el proceso electoral democrático en Honduras sin mencionar su apoyo del golpe de Estado ahí durante le gobierno de Barack Obama. No se le ocurre que su autoridad moral es nula sobre el asunto de la democracia justo por no rendir cuentas sobre su historia de intervenciones, apoyo a golpes de Estado y asesinatos políticos de líderes democráticos.

Tal vez el fraude financiero más grande de la historia hizo estallar la economía en Estados Unidos en 2007-2008, con la peor recesión desde la Gran Depresión y todas sus consecuencias sociales. Nadie ha rendido cuentas; ningún banquero fue enviado a la cárcel.

Expertos calculan que casi medio millón de personas en Estados Unidos (entre ellos muchos inmigrantes) perecieron "innecesariamente" durante el primer año de la pandemia por la irresponsabilidad de los políticos en la respuesta a la pandemia. ¿Quién rendirá cuentas?

Una amplia y creciente gama de políticos, intelectuales, militares y hasta empresarios han estado sonando la alarma de que la democracia estadunidense está en jaque. Un relator especial de la oficina de derechos humanos de la ONU concluyó que en Estados Unidos se está "minando la democracia" con medidas en varios estados buscando suprimir el voto de las minorías. Otro informe, del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral concluyó que la democracia estadunidense está "en retroceso" al señalar "un deterioro visible de los ideales democráticos" con la disputa de resultados electorales legítimos, esfuerzos para suprimir participación electoral y actos de represión oficial contra protestas, entre otros factores. ¿Quiénes rendirán cuentas por sofocar la propia democracia en casa?

Sin rendición de cuentas no hay democracia, afirma Estados Unidos cada vez que enjuicia la política de otros países. ¿Pero aplica lo mismo para sí mismo?

“…. toda la gente equivocada está en la cárcel y toda la gente equivocada está fuera de la cárcel, toda la gente equivocada está en el poder y toda la gente equivocada está fuera del poder”, escribió el historiador Howard Zinn, afirmando que eso persiste porque "nuestro problema es la obediencia civil" frente a tanta injusticia. Ante ello, argumentó, a veces se requiere la desobediencia civil justo para obligar que el poder rinda cuentas y con ello defender esa esencia de la democracia.

Joe Strummer, Johnny Cash. Redemption Song.

https://open.spotify.com/track/6ArficY3dtVMWYkyTYkAJP?si=71cdfa0d86854d49

Publicado enInternacional
Sábado, 23 Octubre 2021 07:15

Viejos fantasmas

Viejos fantasmas

Los términos izquierda y derecha nunca han sido tan confusos como hoy en América Latina, pero sobre todo tropezamos con valladares de entendimiento cuando nos referimos a la izquierda, que padece de un síndrome de identidad.

Hay una izquierda conservadora metida en el túnel del tiempo que no puede orientarse hacia la salida del siglo XXI porque tiene enfrente de los ojos la enorme piedra filosofal de la añoranza soviética. El partido, duro y monolítico, que guía a las masas hacia un futuro sin mácula, y está la otra, de los viejos guerrilleros ideológicos que ven en la lucha armada un ideal que saben desgastado, pero para el que no encuentran sustituto.

Los acuerdos de paz conseguidos en Colombia bajo el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, significaron la renuncia a las armas de las FARC, el más viejo de los movimientos guerrilleros de América Latina, ya cuando la lucha armada como método de toma del poder había perdido todo prestigio.

Antes, los acuerdos de paz de Esquipulas, conseguidos bajo el plan impulsado por el presidente Arias de Costa Rica, terminaron con las guerras de la década de los 80 del siglo pasado en Centroamérica: la que se libraba en Nicaragua entre el régimen de guerrilleros sandinistas en el poder respaldados por la Unión Soviética, y los contras financiados por Estados Unidos, y las guerrillas del FMLN en El Salvador, y la URNG en Guatemala, cuyos dirigentes pasaron a la vida política civil.

Pero lo que se dio entonces fue una situación de orfandad. Estos procesos de paz de antes del fin del siglo coincidían con la caída del Muro de Berlín. La década de los 90 fue de agonía para la izquierda ortodoxa, que nunca estuvo dispuesta a hacer concesiones, porque sus ideas fundamentales quedaron desmanteladas: el partido único o hegemónico en control del Estado; éste como empresario único; y la democracia proletaria, contraria a la democracia burguesa.

Para quienes se negaron a aceptar que aquel mundo, en parte irreal y en parte real –se habló mucho entonces del socialismo real a la hora del derrumbe– había dejado de existir, todo se quedó en una nostalgia viciosa. No vieron, y muchos aún no lo ven desde esa estricta ortodoxia, que la única salida para la izquierda es hacerse parte del sistema democrático sin apellidos, que empiezan por competir por el poder en elecciones, y aceptar que a través de los procesos electorales se gana o se pierde.

Pero entonces, antes de empezar el nuevo siglo, el desgaste del sistema democrático en Venezuela, que perdió credibilidad por falta de renovación, le abrió las puertas al fenómeno populista de Chávez, algo que no era nuevo en América Latina –basta recordar a Perón y a Getulio Vargas–, pero que venía insuflado de un nuevo espíritu mesiánico y redentor, y volvió a poner de moda el lenguaje anquilosado de la izquierda tradicional.

Es cuando se crean las mayores confusiones acerca de la izquierda, porque detrás del populismo de Chávez, con sus petrodólares benefactores, un viejo ortodoxo como Ortega aparece también como populista en Nicaragua, porque puede disponer de los cerca de 5 mil millones de dólares que le llegan desde Venezuela a lo largo de varios años, y populista es también Evo Morales en Bolivia. Todos, junto con la Cuba de Fidel Castro, que sin la munificencia de Chávez no hubiera sido capaz de sobrevivir.

El populismo de izquierda que desangra a Venezuela. Pero entrado el siglo XXI, el populismo pasa a ser también de derecha, un populismo cerrado ideológicamente, el que Trump alienta en Bolsonaro, sectario, intransigente, demagógico. Pero también Maduro, el heredero de Chávez, es un demagogo que erige su discurso altisonante sobre las ruinas de una nación empobrecida al extremo por la corrupción y el dispendio.

Y un dirigente político de la vieja guardia de izquierda, como Cerrón en Perú, hasta hace poco seguro en su papel de poder detrás del trono del profesor Castillo, exhibe un discurso homofóbico y misógino, un conservador de izquierda, que se toca con el de Bolsonaro. Y en el mismo saco, las leyes de Ortega que castigan a quienes él juzga que atentan contra la soberanía nacional, son leyes como las de Putin, pero también como las de Mussolini.

Los grandes polos políticos en América Latina continuarán siendo los partidos de izquierda y de derecha dispuestos a aceptar la alternancia como la regla fundamental del juego. Una izquierda o una derecha tramposas, que al llegar al poder por la vía electoral asuman el designio de quedarse para siempre, concentrando todo el poder a cualquier costo, son la negación misma de la democracia, y lo único que hacen es crear nuevos ciclos de violencia.

El caudillo, sea de izquierda o sea de derecha, es un viejo fantasma que hace sonar sus cadenas de fanatismo, sectarismo, y represión de las ideas y de la libre expresión del pensamiento.

Una obsolescencia de nuestra historia, que conspira contra toda posibilidad de modernidad.

www.sergioramirez.com

Facebook: escritorsergioramirez

Twitter: sergioramirezm

Instagram: sergioramirezmercado

Publicado enPolítica
Chile, entre la rebelión popular, las elecciones y una Constituyente descafeinada

La rebelión popular de octubre de 2019 marca el punto de inflexión en la política chilena. Su mayor éxito, lograr la convocatoria de un proceso constituyente que hoy se dirime entre el desencanto y la frustración. No olvidemos que el llamamiento fue hecho a regañadientes por los partidos del orden y su nuevo aliado el Frente Amplio, cuya cara es Gabriel Boric. El 15 de noviembre de 2019 firmaron el pacto por la "paz y una nueva Constitución" definiendo los límites sobre los cuales podría transitar la nueva Carta Magna. Una redacción capaz de mantener en pie el edificio neoliberal. Para lograrlo, se exigiría una mayoría de dos tercios de los convencionales para dar el visto a cada artículo propuesto. Así, bastaría un tercio de los delegados para rechazar una propuesta rupturista de los principios neoliberales. Las votaciones para la convención arrojaron unos resultados sorprendentes. La derecha obtuvo menos de un tercio de representantes, viéndose la posibilidad de formar consensos progresistas para romper el pacto de la traición. Pero la ilusión se ha ido al traste. Las alianzas en la convención recompusieron el cuadro. Lo impensable se hizo realidad. Los pactos se reditaron cuando los convencionales votaron su reglamento interno y mantener el quórum de los dos tercios. Así, la derecha, la ex concertación, el Frente Amplio, independientes no neutrales, logran el control real y cierran el paso a una redacción con efectos reales para la ciudadanía. Se podrán reconocer derechos, pero la economía de mercado pondrá límites al gasto público y de paso no permitirá la inversión en sanidad, vivienda, educación. Por otro lado, ni pensar que los convencionales determinen que las riquezas del país no puedan ser vendidas a extranjeros. Las trasnacionales tendrán carta blanca para explotar los yacimientos de cobre, litio y de paso repatriar sus beneficios vía tratados de libre comercio. La Constituyente camina desoyendo las voces que dieron lugar a la rebelión popular.

La rebelión plantea preguntas que a dos años siguen sin respuesta. La movilización no ha cuajado en un proyecto. La crítica a la corrupción, a los partidos políticos, a la represión del pueblo mapuche, al patriarcado, contra la violencia de género, el cambio climático, la privatización de la educación, la sanidad, la desigualdad social no ha sido suficiente para construir una alternativa; seguramente no era su objetivo. Pero la protesta, debió ser un punto de partida. Tal vez, las esperanzas se centraron en esa candidatura de independientes a la convención constituyente La Lista del Pueblo. Tuvo 24 constituyentes, hoy no existe. Se disolvió víctima de los males que combatía. El personalismo, la corrupción, la mentira, las malas artes políticas.

Las protestas en estos dos años, han tenido una constante, el grado de violencia con el cual se han empleado las fuerzas armadas y de carabineros contra los manifestantes. La gravedad de sus actuaciones se acrecienta. El uso indiscriminado del material antidisturbios ha significado decenas de muertos, lesiones oculares, violaciones y miles de detenidos. El Estado chileno no ha tenido límites para ejercer la represión. El mantenimiento del Estado de excepción, la militarización del Wallmapu, la aparición de paramilitares contratados por las empresas madereras para acosar e intimidar al pueblo mapuche, son los síntomas de la degradación y la perdida de legitimidad del gobierno. A pesar de ello, las protestas se han mantenido en medio de la pandemia. No es sólo Santiago, se desarrollan huelgas, paros de sanitarios, profesores, estudiantes, estibadores, pescadores, movimiento feminista y pueblos originarios. Es en toda su geografía.

La celebración de la rebelión popular busca mantener el sentido que llevó a millones de chilenos a tomar las calles clamando el fin de la Constitución pinochetista y una sociedad más justa. Hoy se suma a lo dicho, la demanda de libertad para los presos políticos detenidos durante la rebelión popular de 2019. Mientras, el partido del orden y sus nuevos aliados debaten sobre las elecciones presidenciales del 21 de noviembre, cuyos índices de abstención superan 50 por ciento. A pesar de ello, todo parece indicar que Gabriel Boric, candidato de Apruebo Dignidad y miembro del Frente Amplio, ocupará una plaza. Lo que se cuestiona es quién lo acompañará en segunda vuelta. La derecha se divide entre Sichel y el nazifascista José Antonio Kast. Por otro lado, está la democristiana Yasna Provoste, quien cuenta con apoyos entre las clases medias y sectores empresariales. En esta disyuntiva, es posible que una parte de la derecha apoye a Provoste para una segunda vuelta. En conclusión, a dos años de la rebelión popular, gane quien gane en las presidenciales, Chile seguirá bajo las leyes del mercado, gracias a una nueva Constitución que avalará su argumentario.

Publicado enInternacional
Adriana Gómez, En balde, de la serie “Porvenir que se queda” (Cortesía de la autora)

El pasado mes de abril, justo un año y unos días después de la declaración oficial que cerraba el país por la llegada del covid-19, el Departamento Nacional de Estadística (Dane) informó que la crisis social potenciada por la pandemia aún vigente llevó a que solo el 70 por ciento de las familias cuente con las tres comidas diarias. Antes de la pandemia, el 90 por ciento de los hogares podía consumir desayuno, almuerzo y comida, así en muchos casos fueran precarios (1).

Según lo informado por el Dane, los hogares que accedían a tres comidas al día en 2020 eran 7,11 millones, mientras que en febrero de 2021 fueron solo 5,4 millones. Esto implica que 1,7 millones de familias no pudieron continuar con esa cantidad de raciones diarias, todo como resultado de la crisis económica ahondada por la pandemia.

El informe de la entidad precisa que el deterioro del 20 por ciento en el número de hogares que ahora no pueden paladear los tres ‘golpes’ cotidianos concuerda con los jefes de hogar que durante mucho tiempo reportaron que no tenían ingresos en medio de la pandemia. Esta es una fiel radiografía de la insuficiente e ineficaz política económica y social que el actual gobierno ha puesto en marcha bajo normas excepcionales.

Empobrecimiento

Es un fenómeno que engloba a la humanidad. Así se puede concluir del informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2021”, publicado el 12 de julio por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el que se afirma que, a lo largo del pasado año de pandemia, el hambre se disparó en términos absolutos y proporcionales, superando el crecimiento de la población (2).

Subraya además este estudio que el 9,9 por ciento de todas las personas sufrió desnutrición el año pasado, frente al 8,4 por ciento en 2019. De este modo, en 2020 se incrementó en 161 millones la cifra de quienes sufrieron hambre respecto al año anterior. Mirando en el mismo espejo, en este reporte se indica que el 30 por ciento de la población mundial, aproximadamente 2.300 millones de humanos, no accedió a una alimentación adecuada durante 2020, lo que suma a esta realidad un crecimiento de casi 320 millones de personas en solo un año. La escasez se concentra en Asia, África y América Latina.

Simultáneamente con lo informado por el organismo de Naciones Unidas, el Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre (Oxfam), organización no gubernamental, entregó un reporte sobre la misma problemática. Bajo el título “El virus del hambre se multiplica” (3), confirma que, luego de un año y medio de pandemia, once personas mueren por minuto en todo el mundo por causa de hambre extrema, una cifra muy superior a las siete muertes que genera la pandemia en el mismo lapso. En su estudio, identifica tres factores que potenciaron esta multiplicación: las guerras, las crisis que azotan al mundo –entre ellas y con particular impacto la económica potenciada por la pandemia– y los problemas climáticos.

Por efecto de esta realidad, el empobrecimiento golpea a nuevos conglomerados sociales y la inseguridad alimentaria llega a nuevas zonas, además de sentirse con más contundencia en aquellas que ya la padecían. Es una realidad que mantendrá su constante, ya que, lo confirma la FAO, el precio de los alimentos continúa al alza a lo largo de 2021 (4).

En paralelo, un informe del World Food Programme, de las Naciones Unidas (WFP), afirmó que “desde el inicio de la pandemia, el número de personas que viven en condiciones cercanas a la hambruna se han multiplicado por seis” (5). La coincidencia de los reportes es esta: la crisis de salud en el nivel global, despuntada por el covid-19, se ha transformado rápidamente en un agudo problema de hambre, asociado al empobrecimiento extremo al cual serán arrojadas al finalizar el 2021 otros 100 millones de personas fruto de las políticas económicas en boga; es decir, al finalizar el actual calendario malvivirán en tal situación 745 millones de seres humanos.

Es aquella una realidad a la cual también se llega como producto de que 2.700 millones de humanos no recibieron ayuda pública para enfrentar las consecuencias económicas derivadas del covid-19. Entre los grupos más directamente afectados se encuentran las mujeres, las poblaciones desplazadas y las personas que trabajan en el sector informal.

Como evidencia de la lucha de clases, connatural a la sociedad imperante, en medio del mar de pobreza y hambre descrito, la riqueza se concentra de manera tal que “[…] las diez personas más ricas del mundo (nueve de ellas hombres) incrementaron su riqueza en 413.000 millones de dólares el pasado año”, dice el informe de Oxfam, agregando que “esta cantidad bastaría para financiar hasta más de once veces la totalidad de las emergencias humanitarias de las Naciones Unidas para 2021”.

Por esto, enfatiza Oxfam en su documento, “a menos que los gobiernos actúen de forma urgente para abordar la inseguridad alimentaria y sus causas, lo peor está aún por llegar. Deben centrar sus recursos en financiar sus sistemas de protección social, así como programas que aborden las necesidades de las personas vulnerables y permitan salvar vidas de manera inmediata, en lugar de destinarlos a comprar armas, que perpetúan los conflictos y la violencia”. Agrega que, para poner fin a la crisis del hambre, los gobiernos “deben reconstruir la economía global de manera más justa y sostenible en el marco de la recuperación tras la pandemia”, así como “acabar con las desigualdades de fondo que amplían la brecha entre ricos y pobres”. Son palabras llenas de buena voluntad, pero el capitalismo no funciona así, como lo muestran sus siglos de existencia.

El citado documento concluye en la urgente necesidad, por parte de los gobiernos, de actuar inmediatamente para hacerle frente a la inseguridad alimentaria y sus causas, dado que la situación puede empeorar. Este es el estado de problemas en general en el mundo. Pero Colombia no queda aislada de este panorama sino todo lo contrario.

Parados sobre una mina

En verdad, acatar estas recomendaciones le permitiría a un país como Colombia reconocer el potencial que encierra su territorio, a partir de lo cual pudiera reordenar sus prioridades de todo orden, como dotarse de un proyecto de vida para los próximos cien años, que se podría denominar “Vida plena y democracia vital”, y que en primera instancia garantizaría la seguridad y la soberanía alimentaria para toda su población, a la par que permitiría avanzar hacia una cotidianidad menos azarosa para un gran segmento poblacional que hoy sobrevive al día. Igualmente, habría que pensar en un proyecto de salud preventiva, estimulado por una transformación cultural en hábitos y consumos, que redundaría en un bienestar generalizado.

Se trata de un potencial viraje esencial para construir un país para la totalidad de la población, pero con mirada de mundo, buscando en todo momento contribuir a una sociedad global sin padecimientos por hambre y temas asociados, así como para liderar proyectos de integración y cooperación regional y más allá, que rompan fronteras y barreras de diverso tipo, hoy interpuestas por burguesías que lo único que pretenden es proteger sus mercados naturales y sus ganancias.

Sería este un proceder con profundo sentido de humanidad, como especie que debe superar todo lo que la separa, por asuntos de credo, raza, economía y otros factores, para lo cual es fundamental contar con un referente de largo plazo, que para nuestro caso sería un proyecto sostenido en los cuatro elementos esenciales de la naturaleza: tierra, agua, fuego (energía) y aire, con los cuales precisamente está dotado a plenitud el país.

Como es reconocido universalmente, por estar situada en la franja ecuatorial, Colombia goza de sol durante los 365 días del año, lo que de por sí es ya una ventaja natural que le permitiría adelantar inmensos proyectos para producir energía lo más limpia posible, para surtir a su población en diversos planos, ventaja que la exime de tener que acometer con prioridad estratégica la producción de energía, por ejemplo, a partir de uranio y minerales similares.

Reconocido por su biodiversidad, el país también goza de variados pisos térmicos, siendo adicionalmente una potencia mundial en aguas dulces, gracias a los numerosos ríos, cuencas y páramos que recorren y vitalizan sus cordilleras y otras formaciones de su orografía. El país tiene una naturaleza diversa y un potencial hasta ahora despreciado por quienes han monopolizado para su beneficio el Estado y la administración de lo público. A lo largo de sus millones de hectáreas aptas para la agricultura, aquí se podría sembrar infinidad de especies vegetales: cereales, legumbres frutas, además de adecuar pastizales para la alimentación de todo tipo de animales de cría. Nuestra realidad hace que Colombia haga parte del grupo B-17: los 17 países megadiversos del mundo.

En el país, las siembras no dependen para su cosecha, como les ocurre a otros países, de temporadas o estaciones, de modo que siempre puede sembrar en sus variadas regiones geográficas, lo que constituye una ventaja sin par para garantizar el alimento de su población como también, de ser necesario, ofrecer y compartir con el mundo los frutos de nuestro paraíso, también posibles en forma de procesados, con valores agregados, lo que daría pie a una industria de mediano calado y en muchos planos. Como vemos, nuestra oferta interna es suficiente para que nadie padezca de hambre en su propio territorio y de grandes dimensiones en caso de demanda externa, lo que podría ampliarse a los llamados frutos exóticos para otras latitudes: todo un atractivo adicional.

Es esta orientación estratégica, potencial, un proyecto de país que podría acometer, en el campo de ciencia, agricultura, medicina e industria, la construcción de un gran proyecto en farmacia y salud a partir de la investigación de las bondades de infinidad de productos del campo, bien verduras, bien frutas, bien otras especies vegetales, como forma alternativa a la medicación química que hoy domina por doquier; un proyecto que traería bienestar al conjunto de la humanidad.

En este panorama están presentes algunos elementos como energía y tierra, ventajas reforzadas por su inmensa red fluvial, que permite la construcción de canales de riego donde sea necesario, permitiendo así que los sembrados no mueran por sequía ni por inundaciones, pero también facilitando el transporte de lo producido, así como garantizando la dotación de acueductos, uno de los esenciales servicios públicos para toda su población.

Esta es nuestra riqueza. Este es el oro, la plata, el níquel, el carbón o cualquier otro mineral que, con pretensiones de mercadeo, implique explotación y desajuste ambiental en gran escala. El factor fundamental por resolver y así hacerlo realidad es la tierra, el nudo gordiano que nadie ha podido desenredar a lo largo de la historia nacional y por el cual la violencia se hace omnipresente hasta hoy, como centro y sostén del poder económico y político en el país.

Deshacer este nudo demanda la implementación de la reforma agraria, redistribuyendo la tierra, algo que jamás se ha llevado a cabo en la historia nacional. Con la tierra en manos de cientos de miles de familias y no de unas pocas, estimulando su asociatividad, la cooperación y las redes solidarias, la potencialidad productiva del país crece por cientos, así como la diversidad de lo ofrecido y su cantidad. Todo sin necesidad de recurrir a monocultivos ni semillas transgénicas (y sí recuperando cientos de semillas nativas con las cuales constituir ‘bancos’ para protegerlas y multiplicarlas), concretando producción limpia, ajena a los agrotóxicos que han terminado por envenenar el territorio y agotarlo, y potenciando tantos padecimientos en quienes consumen los frutos brindados por las plantas sometidas a esas prácticas.

Una producción limpia debe estar relacionada con un proyecto cultural de gran calado, relacionado con la vida saludable y por cuya concreción se aporte a la reducción de muchas enfermedades asociadas a los químicos y hábitos alimentarios poco sanos. Son entonces la salud, la agricultura, los alimentos, la cultura, la memoria histórica, la economía, factores interrelacionados como un horizonte de equilibrio ambiental en el cual debe andar y estar atento cualquier conglomerado social.

Estamos ante un reto por concretar y para el cual hay que acudir a las mayorías, dejando a un lado las confrontaciones directas o indirectas entre segmentos de clase, para poder –desde una movilización de colores y acentos– hacer realidad que los medios de producción estén en manos de quienes los operan.

Un actuar así no puede estar alejado del proceso de estudio, investigación, asesoría y acompañamiento al trabajo de la tierra, sino ligado al conocimiento profundo de la naturaleza y sus ciclos en todos los niveles, en relación con la energía, el agua, el aire. Para ello es la indispensable la fundación de centros de conocimiento agrícola, así como de instituciones técnicas y universitarias con sede principal en cada una de nuestras regiones geográficas.

Un conocimiento profundo de la naturaleza como el que planteamos habría de llevar al país a un liderazgo global en la lucha contra el cambio climático, toda vez que cada uno de estos proyectos debe estar centrado y guiado por una ética de la vida, en profundo contacto con la naturaleza como parte del todo y no como objeto de la especie humana. Un proceder en el cual el país debe entrar, bajo el principio de una constante reforestación con especies nativas en todas sius regiones, buscando recuperar todo aquello que el desafuero del capital destruyó, como los bosques secos, por ejemplo, a la par de limpiar y minimizar al máximo posible la contaminación del aire, la tierra y de las fuentes de agua.

Así, deberán tomar vida unas instituciones (o reorientar algunas de las ya existentes) que cuenten con capacidad de investigar, producir y formar, por ejemplo, en la Amazonia y la región del Pacífico, con prioridad en farmacia. En la otra punta del país, La Guajira, con prioridad sobre energía solar y eólica; en el Cauca, concentrada en el agua y todas las especies que viven directamente en ella y de ella, y en la región andina, concentrada en todo lo que corresponda con la tierra como medio e insumo de trabajo y producción de diverso tipo.
Será la que prevemos una labor múltiple y capaz de vincular miles de científicos, con vocación no solo de explorar, conocer, interpretar, procesar, sino también de compartir cátedra, pero de la cual no podrán estar excluidos ni en segundo plano miles de personas no formadas en centros universitarios pero sí empoderadas en un acervo histórico que les permite saber y comprender los ciclos de la naturaleza e interpretar sus secretos. Son aquellos ciudadanos y ciudadanas que son reconocidos en sus comunidades y más allá como sabedores/as, médicos/as, curanderos/as, componedores/as, consejeros/as, rezanderos/as, ‘magos/as’, ‘sabios/as’…, allí incluidos indígenas, afrodescendientes aún arraigados en la tierra y campesinos de variada procedencia regional.

La pandemia ha producido inmenso dolor en amplios segmentos sociales, así como afectado la economía en todos los planos; pero también ha abierto grandes enseñanzas y retos, planteando un gran interrogante sobre el sistema social y productivo que la ha propiciado, fruto de su voraz modelo productivo, ajeno a la naturaleza. Esto indica que estamos también en tiempo de reorientación de prioridades, formas de producir, mercadear y consumir, tiempo de reencuentro con lo mejor de cada sociedad y cada territorio, tiempo de aprendizaje. Actuemos consecuentemente con ello.

 

1. https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/04-27-2021-solo-el-70-de-los-hogares-puede-acceder-las-tres-comidas-diarias-0
2. https://www.ifad.org/es/web/knowledge/-/the-state-of-food-security-and-nutrition-in-the-world-2021
3. https://www.oxfam.org/es/informes/el-virus-del-hambre-se-multiplica-los-conflictos-la-covid-19-y-el-cambio-climatico-agravan
4. El precio de los alimentos registró en mayo la mayor subida de la última década, según la FAO. De acuerdo con el índice de precios de materias primas para agricultura que elabora mensualmente la entidad, el salto con respecto al mismo mes del año anterior fue del 39,7%, el mayor aumento interanual en más de diez años. Ese es el resultado de doce meses consecutivos de alza en el índice promedio, que en este mes de mayo tuvo, además, el mayor encarecimiento mensual de todo el período de diez años: 4,8% con respecto al mes de abril. “Alimento en el mundo: 40% más caros en un año”, www.pagina12.com.ar.
5. https://es.wfp.org/

 

 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=180&search=suscrip

Adriana Gómez, En balde, de la serie “Porvenir que se queda” (Cortesía de la autora)

El pasado mes de abril, justo un año y unos días después de la declaración oficial que cerraba el país por la llegada del covid-19, el Departamento Nacional de Estadística (Dane) informó que la crisis social potenciada por la pandemia aún vigente llevó a que solo el 70 por ciento de las familias cuente con las tres comidas diarias. Antes de la pandemia, el 90 por ciento de los hogares podía consumir desayuno, almuerzo y comida, así en muchos casos fueran precarios (1).

Según lo informado por el Dane, los hogares que accedían a tres comidas al día en 2020 eran 7,11 millones, mientras que en febrero de 2021 fueron solo 5,4 millones. Esto implica que 1,7 millones de familias no pudieron continuar con esa cantidad de raciones diarias, todo como resultado de la crisis económica ahondada por la pandemia.

El informe de la entidad precisa que el deterioro del 20 por ciento en el número de hogares que ahora no pueden paladear los tres ‘golpes’ cotidianos concuerda con los jefes de hogar que durante mucho tiempo reportaron que no tenían ingresos en medio de la pandemia. Esta es una fiel radiografía de la insuficiente e ineficaz política económica y social que el actual gobierno ha puesto en marcha bajo normas excepcionales.

Empobrecimiento

Es un fenómeno que engloba a la humanidad. Así se puede concluir del informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2021”, publicado el 12 de julio por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el que se afirma que, a lo largo del pasado año de pandemia, el hambre se disparó en términos absolutos y proporcionales, superando el crecimiento de la población (2).

Subraya además este estudio que el 9,9 por ciento de todas las personas sufrió desnutrición el año pasado, frente al 8,4 por ciento en 2019. De este modo, en 2020 se incrementó en 161 millones la cifra de quienes sufrieron hambre respecto al año anterior. Mirando en el mismo espejo, en este reporte se indica que el 30 por ciento de la población mundial, aproximadamente 2.300 millones de humanos, no accedió a una alimentación adecuada durante 2020, lo que suma a esta realidad un crecimiento de casi 320 millones de personas en solo un año. La escasez se concentra en Asia, África y América Latina.

Simultáneamente con lo informado por el organismo de Naciones Unidas, el Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre (Oxfam), organización no gubernamental, entregó un reporte sobre la misma problemática. Bajo el título “El virus del hambre se multiplica” (3), confirma que, luego de un año y medio de pandemia, once personas mueren por minuto en todo el mundo por causa de hambre extrema, una cifra muy superior a las siete muertes que genera la pandemia en el mismo lapso. En su estudio, identifica tres factores que potenciaron esta multiplicación: las guerras, las crisis que azotan al mundo –entre ellas y con particular impacto la económica potenciada por la pandemia– y los problemas climáticos.

Por efecto de esta realidad, el empobrecimiento golpea a nuevos conglomerados sociales y la inseguridad alimentaria llega a nuevas zonas, además de sentirse con más contundencia en aquellas que ya la padecían. Es una realidad que mantendrá su constante, ya que, lo confirma la FAO, el precio de los alimentos continúa al alza a lo largo de 2021 (4).

En paralelo, un informe del World Food Programme, de las Naciones Unidas (WFP), afirmó que “desde el inicio de la pandemia, el número de personas que viven en condiciones cercanas a la hambruna se han multiplicado por seis” (5). La coincidencia de los reportes es esta: la crisis de salud en el nivel global, despuntada por el covid-19, se ha transformado rápidamente en un agudo problema de hambre, asociado al empobrecimiento extremo al cual serán arrojadas al finalizar el 2021 otros 100 millones de personas fruto de las políticas económicas en boga; es decir, al finalizar el actual calendario malvivirán en tal situación 745 millones de seres humanos.

Es aquella una realidad a la cual también se llega como producto de que 2.700 millones de humanos no recibieron ayuda pública para enfrentar las consecuencias económicas derivadas del covid-19. Entre los grupos más directamente afectados se encuentran las mujeres, las poblaciones desplazadas y las personas que trabajan en el sector informal.

Como evidencia de la lucha de clases, connatural a la sociedad imperante, en medio del mar de pobreza y hambre descrito, la riqueza se concentra de manera tal que “[…] las diez personas más ricas del mundo (nueve de ellas hombres) incrementaron su riqueza en 413.000 millones de dólares el pasado año”, dice el informe de Oxfam, agregando que “esta cantidad bastaría para financiar hasta más de once veces la totalidad de las emergencias humanitarias de las Naciones Unidas para 2021”.

Por esto, enfatiza Oxfam en su documento, “a menos que los gobiernos actúen de forma urgente para abordar la inseguridad alimentaria y sus causas, lo peor está aún por llegar. Deben centrar sus recursos en financiar sus sistemas de protección social, así como programas que aborden las necesidades de las personas vulnerables y permitan salvar vidas de manera inmediata, en lugar de destinarlos a comprar armas, que perpetúan los conflictos y la violencia”. Agrega que, para poner fin a la crisis del hambre, los gobiernos “deben reconstruir la economía global de manera más justa y sostenible en el marco de la recuperación tras la pandemia”, así como “acabar con las desigualdades de fondo que amplían la brecha entre ricos y pobres”. Son palabras llenas de buena voluntad, pero el capitalismo no funciona así, como lo muestran sus siglos de existencia.

El citado documento concluye en la urgente necesidad, por parte de los gobiernos, de actuar inmediatamente para hacerle frente a la inseguridad alimentaria y sus causas, dado que la situación puede empeorar. Este es el estado de problemas en general en el mundo. Pero Colombia no queda aislada de este panorama sino todo lo contrario.

Parados sobre una mina

En verdad, acatar estas recomendaciones le permitiría a un país como Colombia reconocer el potencial que encierra su territorio, a partir de lo cual pudiera reordenar sus prioridades de todo orden, como dotarse de un proyecto de vida para los próximos cien años, que se podría denominar “Vida plena y democracia vital”, y que en primera instancia garantizaría la seguridad y la soberanía alimentaria para toda su población, a la par que permitiría avanzar hacia una cotidianidad menos azarosa para un gran segmento poblacional que hoy sobrevive al día. Igualmente, habría que pensar en un proyecto de salud preventiva, estimulado por una transformación cultural en hábitos y consumos, que redundaría en un bienestar generalizado.

Se trata de un potencial viraje esencial para construir un país para la totalidad de la población, pero con mirada de mundo, buscando en todo momento contribuir a una sociedad global sin padecimientos por hambre y temas asociados, así como para liderar proyectos de integración y cooperación regional y más allá, que rompan fronteras y barreras de diverso tipo, hoy interpuestas por burguesías que lo único que pretenden es proteger sus mercados naturales y sus ganancias.

Sería este un proceder con profundo sentido de humanidad, como especie que debe superar todo lo que la separa, por asuntos de credo, raza, economía y otros factores, para lo cual es fundamental contar con un referente de largo plazo, que para nuestro caso sería un proyecto sostenido en los cuatro elementos esenciales de la naturaleza: tierra, agua, fuego (energía) y aire, con los cuales precisamente está dotado a plenitud el país.

Como es reconocido universalmente, por estar situada en la franja ecuatorial, Colombia goza de sol durante los 365 días del año, lo que de por sí es ya una ventaja natural que le permitiría adelantar inmensos proyectos para producir energía lo más limpia posible, para surtir a su población en diversos planos, ventaja que la exime de tener que acometer con prioridad estratégica la producción de energía, por ejemplo, a partir de uranio y minerales similares.

Reconocido por su biodiversidad, el país también goza de variados pisos térmicos, siendo adicionalmente una potencia mundial en aguas dulces, gracias a los numerosos ríos, cuencas y páramos que recorren y vitalizan sus cordilleras y otras formaciones de su orografía. El país tiene una naturaleza diversa y un potencial hasta ahora despreciado por quienes han monopolizado para su beneficio el Estado y la administración de lo público. A lo largo de sus millones de hectáreas aptas para la agricultura, aquí se podría sembrar infinidad de especies vegetales: cereales, legumbres frutas, además de adecuar pastizales para la alimentación de todo tipo de animales de cría. Nuestra realidad hace que Colombia haga parte del grupo B-17: los 17 países megadiversos del mundo.

En el país, las siembras no dependen para su cosecha, como les ocurre a otros países, de temporadas o estaciones, de modo que siempre puede sembrar en sus variadas regiones geográficas, lo que constituye una ventaja sin par para garantizar el alimento de su población como también, de ser necesario, ofrecer y compartir con el mundo los frutos de nuestro paraíso, también posibles en forma de procesados, con valores agregados, lo que daría pie a una industria de mediano calado y en muchos planos. Como vemos, nuestra oferta interna es suficiente para que nadie padezca de hambre en su propio territorio y de grandes dimensiones en caso de demanda externa, lo que podría ampliarse a los llamados frutos exóticos para otras latitudes: todo un atractivo adicional.

Es esta orientación estratégica, potencial, un proyecto de país que podría acometer, en el campo de ciencia, agricultura, medicina e industria, la construcción de un gran proyecto en farmacia y salud a partir de la investigación de las bondades de infinidad de productos del campo, bien verduras, bien frutas, bien otras especies vegetales, como forma alternativa a la medicación química que hoy domina por doquier; un proyecto que traería bienestar al conjunto de la humanidad.

En este panorama están presentes algunos elementos como energía y tierra, ventajas reforzadas por su inmensa red fluvial, que permite la construcción de canales de riego donde sea necesario, permitiendo así que los sembrados no mueran por sequía ni por inundaciones, pero también facilitando el transporte de lo producido, así como garantizando la dotación de acueductos, uno de los esenciales servicios públicos para toda su población.

Esta es nuestra riqueza. Este es el oro, la plata, el níquel, el carbón o cualquier otro mineral que, con pretensiones de mercadeo, implique explotación y desajuste ambiental en gran escala. El factor fundamental por resolver y así hacerlo realidad es la tierra, el nudo gordiano que nadie ha podido desenredar a lo largo de la historia nacional y por el cual la violencia se hace omnipresente hasta hoy, como centro y sostén del poder económico y político en el país.

Deshacer este nudo demanda la implementación de la reforma agraria, redistribuyendo la tierra, algo que jamás se ha llevado a cabo en la historia nacional. Con la tierra en manos de cientos de miles de familias y no de unas pocas, estimulando su asociatividad, la cooperación y las redes solidarias, la potencialidad productiva del país crece por cientos, así como la diversidad de lo ofrecido y su cantidad. Todo sin necesidad de recurrir a monocultivos ni semillas transgénicas (y sí recuperando cientos de semillas nativas con las cuales constituir ‘bancos’ para protegerlas y multiplicarlas), concretando producción limpia, ajena a los agrotóxicos que han terminado por envenenar el territorio y agotarlo, y potenciando tantos padecimientos en quienes consumen los frutos brindados por las plantas sometidas a esas prácticas.

Una producción limpia debe estar relacionada con un proyecto cultural de gran calado, relacionado con la vida saludable y por cuya concreción se aporte a la reducción de muchas enfermedades asociadas a los químicos y hábitos alimentarios poco sanos. Son entonces la salud, la agricultura, los alimentos, la cultura, la memoria histórica, la economía, factores interrelacionados como un horizonte de equilibrio ambiental en el cual debe andar y estar atento cualquier conglomerado social.

Estamos ante un reto por concretar y para el cual hay que acudir a las mayorías, dejando a un lado las confrontaciones directas o indirectas entre segmentos de clase, para poder –desde una movilización de colores y acentos– hacer realidad que los medios de producción estén en manos de quienes los operan.

Un actuar así no puede estar alejado del proceso de estudio, investigación, asesoría y acompañamiento al trabajo de la tierra, sino ligado al conocimiento profundo de la naturaleza y sus ciclos en todos los niveles, en relación con la energía, el agua, el aire. Para ello es la indispensable la fundación de centros de conocimiento agrícola, así como de instituciones técnicas y universitarias con sede principal en cada una de nuestras regiones geográficas.

Un conocimiento profundo de la naturaleza como el que planteamos habría de llevar al país a un liderazgo global en la lucha contra el cambio climático, toda vez que cada uno de estos proyectos debe estar centrado y guiado por una ética de la vida, en profundo contacto con la naturaleza como parte del todo y no como objeto de la especie humana. Un proceder en el cual el país debe entrar, bajo el principio de una constante reforestación con especies nativas en todas sius regiones, buscando recuperar todo aquello que el desafuero del capital destruyó, como los bosques secos, por ejemplo, a la par de limpiar y minimizar al máximo posible la contaminación del aire, la tierra y de las fuentes de agua.

Así, deberán tomar vida unas instituciones (o reorientar algunas de las ya existentes) que cuenten con capacidad de investigar, producir y formar, por ejemplo, en la Amazonia y la región del Pacífico, con prioridad en farmacia. En la otra punta del país, La Guajira, con prioridad sobre energía solar y eólica; en el Cauca, concentrada en el agua y todas las especies que viven directamente en ella y de ella, y en la región andina, concentrada en todo lo que corresponda con la tierra como medio e insumo de trabajo y producción de diverso tipo.
Será la que prevemos una labor múltiple y capaz de vincular miles de científicos, con vocación no solo de explorar, conocer, interpretar, procesar, sino también de compartir cátedra, pero de la cual no podrán estar excluidos ni en segundo plano miles de personas no formadas en centros universitarios pero sí empoderadas en un acervo histórico que les permite saber y comprender los ciclos de la naturaleza e interpretar sus secretos. Son aquellos ciudadanos y ciudadanas que son reconocidos en sus comunidades y más allá como sabedores/as, médicos/as, curanderos/as, componedores/as, consejeros/as, rezanderos/as, ‘magos/as’, ‘sabios/as’…, allí incluidos indígenas, afrodescendientes aún arraigados en la tierra y campesinos de variada procedencia regional.

La pandemia ha producido inmenso dolor en amplios segmentos sociales, así como afectado la economía en todos los planos; pero también ha abierto grandes enseñanzas y retos, planteando un gran interrogante sobre el sistema social y productivo que la ha propiciado, fruto de su voraz modelo productivo, ajeno a la naturaleza. Esto indica que estamos también en tiempo de reorientación de prioridades, formas de producir, mercadear y consumir, tiempo de reencuentro con lo mejor de cada sociedad y cada territorio, tiempo de aprendizaje. Actuemos consecuentemente con ello.

 

1. https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/04-27-2021-solo-el-70-de-los-hogares-puede-acceder-las-tres-comidas-diarias-0
2. https://www.ifad.org/es/web/knowledge/-/the-state-of-food-security-and-nutrition-in-the-world-2021
3. https://www.oxfam.org/es/informes/el-virus-del-hambre-se-multiplica-los-conflictos-la-covid-19-y-el-cambio-climatico-agravan
4. El precio de los alimentos registró en mayo la mayor subida de la última década, según la FAO. De acuerdo con el índice de precios de materias primas para agricultura que elabora mensualmente la entidad, el salto con respecto al mismo mes del año anterior fue del 39,7%, el mayor aumento interanual en más de diez años. Ese es el resultado de doce meses consecutivos de alza en el índice promedio, que en este mes de mayo tuvo, además, el mayor encarecimiento mensual de todo el período de diez años: 4,8% con respecto al mes de abril. “Alimento en el mundo: 40% más caros en un año”, www.pagina12.com.ar.
5. https://es.wfp.org/

Publicado enColombia
Venezuela: las primarias del PSUV y la descomposición de un partido de Gobierno

¿Qué reflejaron las recientes elecciones primarias del PSUV? Marcaron la tónica la baja participación, denuncias de irregularidades y hasta golpizas, pero sobre todo el uso de toda una maquinaria de Estado y los controles partidarios para llevar a cabo una interna a imagen y semejanza de la descomposición y el autoritarismo gubernamental.

 

El PSUV celebró el pasado fin de semana sus primarias abiertas para las elecciones municipales y regionales del próximo noviembre con una muy baja participación. Oficialmente se declara que participaron un 17,5%, pero se trata de datos que son cuestionados.

Pero la armonía de las que hablaron los jerarcas del partido de gobierno estuvo lejos de ser: golpes, pedradas, denuncias públicas de compra de votos, disputas y divisiones, además de denuncias de irregularidades, y no faltó hasta el apoyo de pranes desde la cárcel a ciertos candidatos de alto escalón.

Se da por descontado el uso de la maquinaria del Estado, eso no es novedad en estas como en otras elecciones internas del partido gubernamental. Delcy Rodríguez, se refiere al PSUV como el partido más grande de América Latina y Maduro contabiliza en ocho millones los “militantes” de la formación política. A pesar de todo el aparato estatal apenas votaron 3,5 millones de personas, según las cifras del partido, pese a que las urnas estuvieron abiertas hasta la noche para todos los inscritos en el registro electoral.

En la madrugada del lunes comenzaron a darse algunos resultados. En 15 de las 23 gobernaciones el chavismo ya tiene candidatos. En los otros ocho estados tendrán que evaluar, porque ninguno de los aspirantes logró el requisito de superar el 40% de los votos y tener 10 puntos de diferencia con el segundo. Cabello explicó que donde las diferencias son muy cerradas, el partido tomará la decisión de quién es candidato. Hasta el momento, los ocho estados que están en “revisión” son Aragua, Bolívar, Nueva Esparta, Sucre, Trujillo, Cojedes Monagas y Apure.

En tres estados salieron como candidatos los llamados “protectores”, nombre con el que se conoce a las autoridades que designaba a dedo Maduro en los estados y municipios donde el gobierno perdía las elecciones, como figuras paralelas a los gobernadores y alcaldes opositores, y dotadas por el Ejecutivo nacional de autoridad, infraestructura y recursos propios.

Para el municipio Libertador (sede del gobierno central) resultó electa la almiranta Carmen Meléndez, que ha ocupado cargos en el Ministerio del Despacho de la Presidencia, en Defensa, como Tesorera de la Nación y ahora como ministra de Interior. En el Estado Barinas, donde dos familiares de Chávez, se disputaban el puesto, finalmente resultó electo el hermano del fallecido Hugo Chávez, Argenis Chávez.

En un partido que se tilda de “democrático”, el que es electo no es sinónimo que va a la contienda electoral: “En el reglamento está que haber sido electo no significa ser el candidato. Aquí lo estratégico es la revolución y su permanencia en el tiempo”, declaró Diosdado Cabello. Y como no hay segunda vuelta, la decisión es a dedo. Con un baremo de un piso del 40% de votos y una diferencia del 10% del segundo más votado, tal candidato es imposible de garantizarse sino es con toda la maquinaria central del partido (y del Estado), es decir, una medida casi anticipada de quién será el ganador.

Son las “astucias” de un partido de gobierno para organizar elecciones internas donde ya se predefinen los ganadores. Ya mucho antes incluso de las primarias, el propio PSUV ya había bajado de la contienda a muchos precandidatos, siendo el caso más sonado el de Elías Jaua que, a pesar de haber contado con las postulaciones suficientes por los militantes de base del partido, desde arriba le dijeron “no te presentas”, y así muchos otros.

Las denuncias de irregularidades inundaron las redes, pero muchas se quedaban cortas frente a las de compra de votos por 20 dólares o a situaciones de golpizas, como la que sucedió en Barquisimeto, el propio domingo de las primarias, donde un grupo de choque, motorizados controlados por el movimiento Gayones de Barquisimeto arremetieron contra voceros y dirigentes populares de la comuna El Maizal.

Pero la expresión mayor de una situación poco vista se observó cuando pranes, presos de “La Pica” y miembros del "Tren de Oriente" respaldaron la candidatura de Yelitze Santaella en Monagas, vía la red social Twitter. Al momento de escribir este artículo no se sabe si Santaella rechazó tal apoyo. De no ser así, solo puede poner al desnudo los niveles de descomposición existente.

Si las últimas elecciones nacionales han sido cuestionadas con un diseño hecho a la medida del Gobierno con anulación de legalidad de partidos de oposición u otorgando reconocimiento a fracciones de partidos a conveniencias vía el Tribunal Supremo de Justicia, no se puede esperar menos cosas de una interna abierta del PSUV, donde es la maquinaria central del propio partido que tiene el control pleno. En toda esta situación no se dejaron de expresar el descontento de bases del chavismo que acudieron a las urnas.

Muchos otros no acudieron a las primarias aun reivindicándose chavistas, pero no partidarios de Maduro, ya sea que la apatía prime frente a una situación imperante de una crisis que se arrastra por años o porque algunos otros deciden, ya sea postularse o apoyar otras tarjetas electorales como la de la Alianza Popular Revolucionaria, donde el grueso de los grupos que lo componen continúan reivindicando la figura de Hugo Chávez.

Milton D'LeónCaracas @MiltonDLeon

Miércoles 11 de agosto

Publicado enPolítica
De Cuba y Estados Unidos, tiranías y dictaduras

En 1997 un amigo cubano me dijo “Fidel es un dictador, mas no un tirano”. Estábamos en una provincia de Mozambique donde él trabajaba como médico y yo como arquitecto. Esa tarde, en un patio de tierra roja africana, no comprendí su idea. Parecía contradictoria. Por alguna razón, nunca la olvidé hasta que, unos años después, revisando documentos desclasificados, pensé que Washington no era una dictadura, pero sí una tiranía.

La trampa de las palabras no estaba en la aparente contradicción de la frase de Javier sino en el habitual engaño que llevan los ideoléxicos, por ejemplo, cuando palabras como “democracia” o “dictadura” se usan como si fuesen la Luna y el Sol: dos cuerpos claramente diferenciados, pero no la única luna ni el único sol del Universo. De esa forma, una potencia hegemónica que dicta su voluntad fuera de fronteras y carece de igual representación para todos sus ciudadanos (sobre todo para quienes no son millonarios) como Estados Unidos, un régimen paramilitar como el colombiano, un neoliberalismo impuesto con sangre como el chileno, o un sistema como el noruego o el islandés se llaman por igual “democracias”. Por razones estratégicas, no se llama “capitalismo” a Haití o a Honduras, aunque sean más capitalistas que Estados Unidos. No quisiera volver a insistir en que no es el capitalismo, sino la hegemonía la que define el poder y la riqueza (material) de un país.

Theodore Roosevelt, entre muchos otros, lo puso de forma clara: “La democracia de este siglo no necesita más justificación que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo”. Esa democracia se fue adaptando una y mil veces para servir a una minoría, ya no tan blanca pero sí económica y financieramente dominante. En las democracias formales, las clases dominantes no censuran como en una dictadura tradicional; se reduce a los críticos al silencio de los grandes medios o, cuando estos trascienden de alguna forma, se los demoniza como en tiempos de la Inquisición.

En las democracias formales, al uno por ciento le basta con convencer a la mitad más uno de los votantes para mantenerse en el poder político. Tarea nada difícil cuando, por ejemplo, se mete a Dios en el paquete de sus “valores y principios”. Pero la micro elite de arriba no depende de la mitad de abajo para mantenerse en el poder económico. Sólo cuando ese poder está en cuestionamiento, la democracia formal es reemplazada por dictaduras fascistas, como las apoyadas por Washington y las transnacionales a lo largo de una larga historia. Hasta mediados del siglo XIX, los esclavistas habían logrado convencer a una mayoría (incluyendo esclavos) que la esclavitud era el mejor régimen para expandir la libertad y la civilización. Cuando la democracia se hizo inevitable, la secuestraron con ideas similares: la riqueza de los ricos es la mejor forma de expandir el bienestar y la libertad de los trabajadores.

Aun así, esa idea vaga y contradictoria que llamamos “democracia” sigue siendo la mejor utopía y el mejor recurso de los de abajo. Pero que quede claro: ninguna, por chueca que sea, existe gracias a los poderosos de turno, sino a pesar de ellos. Lo mismo los derechos y las libertades individuales y colectivas; todas son producto de interminables (y demonizadas) luchas de los de abajo.

En Estados Unidos, los principios racistas y clasistas, banderas de la derrotada Confederación, se consolidaron fronteras adentro y se extendieron a América latina, donde impusieron decenas de dictaduras, siempre en complicidad con la eterna oligarquía criolla, generaciones antes de que apareciera la maravillosa excusa del comunismo.

Desde entonces, Washington y las megacorporaciones han sido los principales promotores del comunismo y de otras alternativas de izquierda en el continente. Uno de los primeros casos se remonta a los años 30 con las masacres de indios y campesinos en El Salvador, pero el pie en el acelerador ocurre luego de la Segunda Guerra, cuando el más importante aliado de Estados Unidos, la Unión Soviética, se convierte en el único opositor con poder y en posible inspiración para el Tercer Mundo contra la vieja tiranía anglosajona. Es, en este momento, cuando nace la CIA (1947) y, poco después crean, entre muchos otros y sin advertirlo, al Che Guevara.

Cuando la CIA y la UFCo lograron destruir “el régimen comunista de Jacobo Árbenz” en 1954, uno de los únicos indicios de democracia en la región, el joven médico Ernesto Guevara debió huir a México, donde se encontró con otros exiliados, los hermanos Raúl y Fidel Castro. Cuando la Revolución cubana triunfó en 1959, Guevara advirtió: “Cuba no será otra Guatemala”. Es decir, su independencia del imperio estadounidense no sería boicoteada con bombardeos mediáticos primero, movilizaciones inducidas y ataques militares después, como en Irán, como en Guatemala. Cuando cuatro meses después Fidel Castro visitó la Casa Blanca para confirmar las relaciones comerciales y diplomáticas con Washington, Nixon, Eisenhower y la CIA ya tenían otra invasión en mente. La costumbre de derrocar alternativas independentistas era tan larga y la arrogancia por una abrumadora fuerza militar y mediática tan ciega, que no pudieron prever ni una derrota vergonzosa y ni un trauma insuperable en Bahía Cochinos. El agente de la CIA encargado de las operaciones de Guatemala y Cuba, David Atlee Phillips escribió que el problema del fracaso fue que El Che y Castro habían aprendido de la historia y Washington no.

Pero el Che Guevara es descrito como un asesino por haber ordenado la ejecución sumaria de 200 criminales del régimen de Batista (la CIA informó que ni por lejos se aproximó al número de ejecutados por el régimen anterior) mientras que los terroristas cubanos como Posada Carriles, Orlando Bosch y tantos otros que se dedicaron a poner bombas en aviones, barcos, hoteles, en autos diplomáticos, como el de Orlando Letelier, y colaboraron con mafias genocidas como la Operación Cóndor, fueron protegidos por Washington. Las masacres de cientos de miles de víctimas en unas pocas décadas sólo en América Central por la gracia de Washington y la CIA fueron para llevar la paz, la democracia y la libertad a esas tierras. (Luego de Stalin, los asesinados por razones políticas en América Latina superaron con creces las víctimas de los países comunistas bajo la influencia de la Unión Soviética.)

La misma práctica, los mismos intereses, el mismo discurso de los esclavistas del siglo anterior con nuevos ideoléxicos. Desde la lógica de la historia, Fidel Castro y las decenas de Augusto Pinochet no son la misma cosa, aunque en el lenguaje simplificado se puedan etiquetar a los dos como dictadores. También Cuba y el Che son consecuencia directa del imperialismo de Washington, pero por razones opuestas.

Por esa razón, aunque según todos los estándares occidentales se puede decir que Cuba es una dictadura, es necesario recordar que Estados Unidos es la tiranía que la creó, una tiranía brutal que lleva por lo menos doscientos años. Cuba fue la primera gran derrota de esa arrogancia y, por alguna razón, ha sabido resistir 60 años.

¿Es necesaria una dictadura inversa para lograr vencer a la tiranía de dos siglos? La respuesta de la historia no nos gusta a nadie. Pero es clara. Aunque (o porque) somos demócratas radicales, no vamos a salir a tirar piedras sobre la isla estrangulada en nombre de la libertad. Jamás podríamos estar del lado de los mercenarios.

 Para más detalles, ver el último libro de Jorge Majfud, "La frontera Salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina".

19 de julio de 2021

Publicado enInternacional
Pío Uribe Palacio, sin título (Cortesía del autor)

La que en un momento parecía una protesta en demanda de justicia tributaria y económica, por circunstancias históricas y coyunturales quedó transformada en un potente grito juvenil y social que le hizo estallar al gobierno en su rostro la bomba de relojería con que experimentaba.


El eco del estallido arrojó a la distancia no solo el cuerpo de la pretendida reforma tributaria por medio de la cual aspiraban a recaudar una billonaria suma de pesos, sino que además su onda expansiva le dio en todo su ser al autor de la misma, quien, afectado por el descredito público, debió renunciar a su responsabilidad ministerial.


Pero la onda, reforzada en su velocidad y potencia por la continuada y multiplicada presencia sobre todo de jóvenes en las calles, fue mucho más allá y rebotó en varios espacios de la Casa de Nariño, motivando agrias inculpaciones por lo que estaba sucediendo, entre sus habitantes, los que convinieron en conceder otras de las demandas como mampara para evitar un golpe frontal con la misma.


Es así como el gobierno optó por reconocer –aunque aún sin llegar hasta su universalidad, con total gratuidad y sin estar mediadas por la demanda– el derecho a la educación superior y universitaria, así como deponer la reforma a la salud, sin que ello abriera en el país la necesidad de deponer la Ley 100 de 1993. Otras reformas necesarias quedaron sobre la mesa, entre ellas la del cuerpo policial y su misión, la estructura, armamento y funcionamiento del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), el mundo del trabajo y con él la implementación de un plan urgente de empleo que asegure trabajo estable y salarios dignos a no menos de dos millones de jóvenes que hoy lo demandan, así como la necesaria transformación de la política de seguridad y control social en vigor en el país, soporte del autoritarismo en el que apoyan su estabilidad quienes controlan el Estado desde tiempos inmemoriales. La Copa América, espectáculo y negocio del que esperaban servirse para reponer por unos días la maltrecha economía, también se fue a pique.


El estallido dejó por el piso, cuestionada, pero sin por ello quedar liquidada ni mucho menos, la política económica y social que ha caracterizado al régimen colombiano desde hace por lo menos cuatro décadas, un cuestionamiento que amerita la apertura de un certero, amplio e incluyente diálogo nacional (1) sobre estos y otros tópicos que involucre al conjunto de quienes habitan el país, y que concluya en un referendo sobre los principios que deben guiar la política económica y social por implementar.


La protesta transformada en estallido terminó por lijar la maltrecha pintura que mal tapa la deformada y formal democracia vigente en Colombia, elevando a la palestra la necesaria y reclamada desde tiempo atrás democracia directa, participativa y radical.


Todo ello impone un giro en el carácter de la democracia, obligado por la activa movilización y las exigencias de una multitud juvenil/popular que tanto en palabras como en acciones ha dejado en claro lo que no comparte del régimen económico, político y social, y lo que espera ver transformado para que la sociedad funcione con menos injusticias, menos desigualdad social y más inclusión.


En hechos, los manifestantes han hablado sobre la democracia a la que aspiran. Sin aspavientos, han instalado y dado forma a un diálogo directo entre las múltiples visiones y experiencias que concurren a los espacios que ocupan, de manera constante o por intervalos, en diversidad de ciudades. De ese diálogo emanan acciones, agendas y responsabilidades.


En algunos de esos espacios, como en Cali, en el territorio hoy conocido como Puerto Resistencia, jóvenes casi niños aseguran con orgullo que allí nadie manda, es decir, nadie se abroga la representación de todos, y que cuando hablan con otros ellos no actúan a nombre propio sino que representan. Además, cada decisión –por ejemplo, definir si conceden una entrevista o no– pasa por la opinión y la definición colectiva.


El fenómeno colectivo se da con un ribete sorprendente: aprenden a convivir. Lo que antes era imposible y para algunos suene intranscendente, que hinchas de equipos rivales de fútbol como el Deportivo Cali y el América, que se perseguían para agredirse incluso con lesiones graves que podían llegar hasta la muerte, producto de la utilización de armas blancas, decidan congelar su antagonismo para unir fuerzas y dirigirlas contra un enemigo común que cada día les dispara e intenta romper su control barrial. Ojalá aquella sea una decisión que, fruto de la convivencia y los afectos que la misma va generando, trascienda al día en que levanten la toma y el control de un territorio.


Allí se ha gestado un liderazgo social y comunitario a cargo de centenares de jóvenes que descubren sin proponérselo el significado profundo de ser miembro de una sociedad, los mismos que asisten en el salón callejero de sus barrios a un curso intensivo de política y organización social colectiva que los lleva a comunicarse entre pares, al punto de establecer, para el caso de Cali, una coordinación que agrupa 21 puntos de toma y bloqueo, que funciona para acordar cómo relacionarse y discutir demandas con la Alcaldía de la ciudad, así como la proyección nacional para otra posible negociación. De hecho, en pequeño son gobierno y son poder, algo que nunca habían imaginado, pues descreen de la política, repudian a quienes viven de ella y, por circunstancias sociales que padecen, no se sentían convocados a lo social, ya que en su mayoría no han podido cursar o finalizar el bachillerato, y mucho menos la universidad; padecen desempleo y perciben ingresos diarios por rebusque callejero, además de sufrir la exclusión por racismo quienes tienen piel negra.


Estamos, por tanto, ante una democracia realmente participativa donde todos tienen voz y donde casi siempre se decide por consenso; una democracia que no depende ni se reduce al evento electoral, espectáculo que no les pasa por la cabeza; democracia que puede calificarse con una característica relevante: es comunitaria. Pero también hablan a través de acciones directas. Es el caso de grupos de jóvenes que ahora –como también lo realizaron en las jornadas de protesta ocurridas en los años 2019 y 2020–, con sus ataques en medio de las movilizaciones denuncian y rechazan la privatización, las altas tarifas y el inadecuado servicio del mal llamado transporte público, expresión de rechazo a las privatizaciones de lo público que también concretan con la embestida contra los peajes, negociado del que saben que les toca pagarlo con lo poco que llega a sus bolsillos.


La inconformidad va mucho más allá y alcanza a expresarse en el rechazo al actuar cotidiano que marca el real carácter de la policía, de la cual están saturados. No es para menos, pues son recurrentes las denuncias por malos tratos y la persecución por estar reunidos en parques tomando un guaro o fumando marihuana, o simplemente por ser mal vistos por la forma como se visten. Síntesis de todo ello es el actuar de poder reforzado por la intimidación que produce quien porta un arma o por el significante de su uniforme. Igualmente, se presentan acciones contra los CAI, denunciando además que allí se ejercen malos tratos, cuando no inocultables violaciones a los derechos humanos.


Pero su opinión sobre el gobierno y sobre la empresa privada y los abusos que cometen también queda reflejada en el ataque a otros edificios que son objeto de su inconformidad y su furia: las oficinas públicas, con especial énfasis contra las edificaciones de las alcaldías municipales u oficinas dependientes de ellas; los bancos, en los cuales identifican a quienes más abusan de la sociedad explotando con altas tarifas su necesidad de vivienda, estudio o simplemente para solventar el consumo diario, así como las edificaciones que alojan a los medios de comunicación en los que ven a los incondicionales acólitos del poder.


En cada acción de estas resalta la impronta de su opinión sobre el país que no quieren, de lo cual se desprenden necesarias reformas por concretar. Los estudiosos podrían decir que es una pobre opinión, sin argumentación; pero una lectura atenta, más allá de la superficialidad de la pintada de paredes o carrocerías, de la ruptura de vidrios, de la pinchada de llantas, la quemada de buses, casetas de peajes, etcétera, permite escuchar las voces argumentadas que acusan al poder de gobernar pensando solo en los suyos, excluyendo a las mayorías, sin interés alguno por la vida de millones. Y eso es suficiente para identificar la real ruptura entre los de arriba y los de abajo, lectura suficiente para comprender que es urgente implementar políticas de todo orden que ayuden a recomponer tal realidad.


Estamos, por tanto, ante una ruptura con enseñanzas múltiples, también establecidas y desprendidas del muy reciente ataque contra bustos y monumentos que hacen memoria elogiosa de invasores y colonizadores, bajo cuyas armas perdieron la vida decenas de miles y otros muchos más vivieron en esclavitud y/o servidumbre, esculturas arrasadas de sitios sagrados para pueblos indígenas como los Misak pero también de otros territorios de vida. La acción se extiende a otros referentes del viejo orden –como expresidentes–, el mismo que aspiran a superar en beneficio de la totalidad social.


De modo que en este terreno asistimos asimismo a un cuestionamiento de la simbología urbana, por no dar cuenta del presente y de un necesario y renovado futuro, lo que indica que están llamando a superar siglos de negaciones para dar paso a un tiempo de inclusiones, lo que no se puede lograr sino materializando variedad de reformas, todas a la orden del día, y todas base y soporte de una democracia directa, participativa, radical, que solo se podrá hacer realidad abriendo las compuertas de la participación decisiva de las mayorías, así como redistribuyendo la riqueza nacional, proceder indispensable para reducir la grosera desigualdad social que escalona al país como el segundo en ese rango en nuestro continente.


Toda esta demanda de una democracia otra, para que sea efectiva y no formal, llega mediante las acciones y las voces de los descendientes de quienes con su esfuerzo diario dieron forma al país de regiones que aún hoy somos, a pesar de todo lo ejecutado por la oligarquía y desde el centro del país para uniformalizarlo: indígenas, síntesis de la diversidad que somos; negros libertos, voz y eco de libertad; campesinos y artesanos antiseñoriales, expresión de rebeldía, de desobediencia permanente, y los colonos, manifestación concreta de autonomía y deseo constante de mejor vida (2).


Cada uno de ellos legó al país partes fundantes de una democracia viva, integral, que nos llegan a través de sus descendientes, hoy alzados porque, como sus antecesores, también son excluidos, oprimidos, negados, perseguidos, criminalizados, desechados. Con sus obras, no con escritos, dejaron como herencia inmemorial que no podemos perder, que debemos retomar para superar este régimen político, económico y social que no permite que alcancemos la paz, soportes del nuevo por parir: la solidaridad o el siempre ofrecer, la reciprocidad o el siempre devolver, el no acumular o el siempre devolver, prácticas de los indígenas; la ayuda mutua, el trabajar y producir en comunidad, en libertad, característica de los negros libertos; la rebeldía, la dignidad, voz inconforme para increpar al poder, semblanza de campesinos y artesanos; la autonomía, la capacidad de autogobernarse con participación abierta y construir economía propia, constante de vida de los colonos.


Son estas unas prácticas presentes en el alzamiento juvenil/popular, pero también en todos los procesos por medio de los cuales desplazados y migrantes construyeron las ciudades que hoy tenemos, en su mayoría habitadas a través de infinidad de barrios levantados con el trabajo de muchos y en contra de la ‘planeación’ de los gobiernos locales, trazada a favor del capital inmobiliario.


Estamos ante las enseñanzas y los retos de los “no letreados”, que con su capacidad de resistir y de obrar han impedido que el país llegue al pozo, empuje para que millones tengan algo mínimo para sobrevivir. Sin sus enseñanzas y sin incluirlos como actores básicos del cuerpo social, no será posible abrir una nueva ventana para que el aire fresco de la democracia directa, participativa, radical –con asiento comunitario–, refresque el hedor que impregna al país, desprendido del cuerpo del viejo poder y su democracia formal, de apariencias y violentas exclusiones, viejo poder siempre moribundo pero sin encontrar todavía los sepultureros que cumplan con su misión histórica.

1. Mauricio, Torres, “Hacia un real, amplio y democrático diálogo nacional”, periódico Desde Abajo, edición mayo-junio, pp. 2-3. http://ow.ly/ALFL50EXHbS.
2. Fals Borda. Orlando, Socialismo raizal, Ediciones Desde Abajo, Colombia, 2007, pp. 22-28.

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=180&search=suscrip

 

Pío Uribe Palacio, sin título (Cortesía del autor)

La que en un momento parecía una protesta en demanda de justicia tributaria y económica, por circunstancias históricas y coyunturales quedó transformada en un potente grito juvenil y social que le hizo estallar al gobierno en su rostro la bomba de relojería con que experimentaba.


El eco del estallido arrojó a la distancia no solo el cuerpo de la pretendida reforma tributaria por medio de la cual aspiraban a recaudar una billonaria suma de pesos, sino que además su onda expansiva le dio en todo su ser al autor de la misma, quien, afectado por el descredito público, debió renunciar a su responsabilidad ministerial.


Pero la onda, reforzada en su velocidad y potencia por la continuada y multiplicada presencia sobre todo de jóvenes en las calles, fue mucho más allá y rebotó en varios espacios de la Casa de Nariño, motivando agrias inculpaciones por lo que estaba sucediendo, entre sus habitantes, los que convinieron en conceder otras de las demandas como mampara para evitar un golpe frontal con la misma.


Es así como el gobierno optó por reconocer –aunque aún sin llegar hasta su universalidad, con total gratuidad y sin estar mediadas por la demanda– el derecho a la educación superior y universitaria, así como deponer la reforma a la salud, sin que ello abriera en el país la necesidad de deponer la Ley 100 de 1993. Otras reformas necesarias quedaron sobre la mesa, entre ellas la del cuerpo policial y su misión, la estructura, armamento y funcionamiento del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), el mundo del trabajo y con él la implementación de un plan urgente de empleo que asegure trabajo estable y salarios dignos a no menos de dos millones de jóvenes que hoy lo demandan, así como la necesaria transformación de la política de seguridad y control social en vigor en el país, soporte del autoritarismo en el que apoyan su estabilidad quienes controlan el Estado desde tiempos inmemoriales. La Copa América, espectáculo y negocio del que esperaban servirse para reponer por unos días la maltrecha economía, también se fue a pique.


El estallido dejó por el piso, cuestionada, pero sin por ello quedar liquidada ni mucho menos, la política económica y social que ha caracterizado al régimen colombiano desde hace por lo menos cuatro décadas, un cuestionamiento que amerita la apertura de un certero, amplio e incluyente diálogo nacional (1) sobre estos y otros tópicos que involucre al conjunto de quienes habitan el país, y que concluya en un referendo sobre los principios que deben guiar la política económica y social por implementar.


La protesta transformada en estallido terminó por lijar la maltrecha pintura que mal tapa la deformada y formal democracia vigente en Colombia, elevando a la palestra la necesaria y reclamada desde tiempo atrás democracia directa, participativa y radical.


Todo ello impone un giro en el carácter de la democracia, obligado por la activa movilización y las exigencias de una multitud juvenil/popular que tanto en palabras como en acciones ha dejado en claro lo que no comparte del régimen económico, político y social, y lo que espera ver transformado para que la sociedad funcione con menos injusticias, menos desigualdad social y más inclusión.


En hechos, los manifestantes han hablado sobre la democracia a la que aspiran. Sin aspavientos, han instalado y dado forma a un diálogo directo entre las múltiples visiones y experiencias que concurren a los espacios que ocupan, de manera constante o por intervalos, en diversidad de ciudades. De ese diálogo emanan acciones, agendas y responsabilidades.


En algunos de esos espacios, como en Cali, en el territorio hoy conocido como Puerto Resistencia, jóvenes casi niños aseguran con orgullo que allí nadie manda, es decir, nadie se abroga la representación de todos, y que cuando hablan con otros ellos no actúan a nombre propio sino que representan. Además, cada decisión –por ejemplo, definir si conceden una entrevista o no– pasa por la opinión y la definición colectiva.


El fenómeno colectivo se da con un ribete sorprendente: aprenden a convivir. Lo que antes era imposible y para algunos suene intranscendente, que hinchas de equipos rivales de fútbol como el Deportivo Cali y el América, que se perseguían para agredirse incluso con lesiones graves que podían llegar hasta la muerte, producto de la utilización de armas blancas, decidan congelar su antagonismo para unir fuerzas y dirigirlas contra un enemigo común que cada día les dispara e intenta romper su control barrial. Ojalá aquella sea una decisión que, fruto de la convivencia y los afectos que la misma va generando, trascienda al día en que levanten la toma y el control de un territorio.


Allí se ha gestado un liderazgo social y comunitario a cargo de centenares de jóvenes que descubren sin proponérselo el significado profundo de ser miembro de una sociedad, los mismos que asisten en el salón callejero de sus barrios a un curso intensivo de política y organización social colectiva que los lleva a comunicarse entre pares, al punto de establecer, para el caso de Cali, una coordinación que agrupa 21 puntos de toma y bloqueo, que funciona para acordar cómo relacionarse y discutir demandas con la Alcaldía de la ciudad, así como la proyección nacional para otra posible negociación. De hecho, en pequeño son gobierno y son poder, algo que nunca habían imaginado, pues descreen de la política, repudian a quienes viven de ella y, por circunstancias sociales que padecen, no se sentían convocados a lo social, ya que en su mayoría no han podido cursar o finalizar el bachillerato, y mucho menos la universidad; padecen desempleo y perciben ingresos diarios por rebusque callejero, además de sufrir la exclusión por racismo quienes tienen piel negra.


Estamos, por tanto, ante una democracia realmente participativa donde todos tienen voz y donde casi siempre se decide por consenso; una democracia que no depende ni se reduce al evento electoral, espectáculo que no les pasa por la cabeza; democracia que puede calificarse con una característica relevante: es comunitaria. Pero también hablan a través de acciones directas. Es el caso de grupos de jóvenes que ahora –como también lo realizaron en las jornadas de protesta ocurridas en los años 2019 y 2020–, con sus ataques en medio de las movilizaciones denuncian y rechazan la privatización, las altas tarifas y el inadecuado servicio del mal llamado transporte público, expresión de rechazo a las privatizaciones de lo público que también concretan con la embestida contra los peajes, negociado del que saben que les toca pagarlo con lo poco que llega a sus bolsillos.


La inconformidad va mucho más allá y alcanza a expresarse en el rechazo al actuar cotidiano que marca el real carácter de la policía, de la cual están saturados. No es para menos, pues son recurrentes las denuncias por malos tratos y la persecución por estar reunidos en parques tomando un guaro o fumando marihuana, o simplemente por ser mal vistos por la forma como se visten. Síntesis de todo ello es el actuar de poder reforzado por la intimidación que produce quien porta un arma o por el significante de su uniforme. Igualmente, se presentan acciones contra los CAI, denunciando además que allí se ejercen malos tratos, cuando no inocultables violaciones a los derechos humanos.


Pero su opinión sobre el gobierno y sobre la empresa privada y los abusos que cometen también queda reflejada en el ataque a otros edificios que son objeto de su inconformidad y su furia: las oficinas públicas, con especial énfasis contra las edificaciones de las alcaldías municipales u oficinas dependientes de ellas; los bancos, en los cuales identifican a quienes más abusan de la sociedad explotando con altas tarifas su necesidad de vivienda, estudio o simplemente para solventar el consumo diario, así como las edificaciones que alojan a los medios de comunicación en los que ven a los incondicionales acólitos del poder.


En cada acción de estas resalta la impronta de su opinión sobre el país que no quieren, de lo cual se desprenden necesarias reformas por concretar. Los estudiosos podrían decir que es una pobre opinión, sin argumentación; pero una lectura atenta, más allá de la superficialidad de la pintada de paredes o carrocerías, de la ruptura de vidrios, de la pinchada de llantas, la quemada de buses, casetas de peajes, etcétera, permite escuchar las voces argumentadas que acusan al poder de gobernar pensando solo en los suyos, excluyendo a las mayorías, sin interés alguno por la vida de millones. Y eso es suficiente para identificar la real ruptura entre los de arriba y los de abajo, lectura suficiente para comprender que es urgente implementar políticas de todo orden que ayuden a recomponer tal realidad.


Estamos, por tanto, ante una ruptura con enseñanzas múltiples, también establecidas y desprendidas del muy reciente ataque contra bustos y monumentos que hacen memoria elogiosa de invasores y colonizadores, bajo cuyas armas perdieron la vida decenas de miles y otros muchos más vivieron en esclavitud y/o servidumbre, esculturas arrasadas de sitios sagrados para pueblos indígenas como los Misak pero también de otros territorios de vida. La acción se extiende a otros referentes del viejo orden –como expresidentes–, el mismo que aspiran a superar en beneficio de la totalidad social.


De modo que en este terreno asistimos asimismo a un cuestionamiento de la simbología urbana, por no dar cuenta del presente y de un necesario y renovado futuro, lo que indica que están llamando a superar siglos de negaciones para dar paso a un tiempo de inclusiones, lo que no se puede lograr sino materializando variedad de reformas, todas a la orden del día, y todas base y soporte de una democracia directa, participativa, radical, que solo se podrá hacer realidad abriendo las compuertas de la participación decisiva de las mayorías, así como redistribuyendo la riqueza nacional, proceder indispensable para reducir la grosera desigualdad social que escalona al país como el segundo en ese rango en nuestro continente.


Toda esta demanda de una democracia otra, para que sea efectiva y no formal, llega mediante las acciones y las voces de los descendientes de quienes con su esfuerzo diario dieron forma al país de regiones que aún hoy somos, a pesar de todo lo ejecutado por la oligarquía y desde el centro del país para uniformalizarlo: indígenas, síntesis de la diversidad que somos; negros libertos, voz y eco de libertad; campesinos y artesanos antiseñoriales, expresión de rebeldía, de desobediencia permanente, y los colonos, manifestación concreta de autonomía y deseo constante de mejor vida (2).


Cada uno de ellos legó al país partes fundantes de una democracia viva, integral, que nos llegan a través de sus descendientes, hoy alzados porque, como sus antecesores, también son excluidos, oprimidos, negados, perseguidos, criminalizados, desechados. Con sus obras, no con escritos, dejaron como herencia inmemorial que no podemos perder, que debemos retomar para superar este régimen político, económico y social que no permite que alcancemos la paz, soportes del nuevo por parir: la solidaridad o el siempre ofrecer, la reciprocidad o el siempre devolver, el no acumular o el siempre devolver, prácticas de los indígenas; la ayuda mutua, el trabajar y producir en comunidad, en libertad, característica de los negros libertos; la rebeldía, la dignidad, voz inconforme para increpar al poder, semblanza de campesinos y artesanos; la autonomía, la capacidad de autogobernarse con participación abierta y construir economía propia, constante de vida de los colonos.


Son estas unas prácticas presentes en el alzamiento juvenil/popular, pero también en todos los procesos por medio de los cuales desplazados y migrantes construyeron las ciudades que hoy tenemos, en su mayoría habitadas a través de infinidad de barrios levantados con el trabajo de muchos y en contra de la ‘planeación’ de los gobiernos locales, trazada a favor del capital inmobiliario.


Estamos ante las enseñanzas y los retos de los “no letreados”, que con su capacidad de resistir y de obrar han impedido que el país llegue al pozo, empuje para que millones tengan algo mínimo para sobrevivir. Sin sus enseñanzas y sin incluirlos como actores básicos del cuerpo social, no será posible abrir una nueva ventana para que el aire fresco de la democracia directa, participativa, radical –con asiento comunitario–, refresque el hedor que impregna al país, desprendido del cuerpo del viejo poder y su democracia formal, de apariencias y violentas exclusiones, viejo poder siempre moribundo pero sin encontrar todavía los sepultureros que cumplan con su misión histórica.

1. Mauricio, Torres, “Hacia un real, amplio y democrático diálogo nacional”, periódico Desde Abajo, edición mayo-junio, pp. 2-3. http://ow.ly/ALFL50EXHbS.
2. Fals Borda. Orlando, Socialismo raizal, Ediciones Desde Abajo, Colombia, 2007, pp. 22-28.

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=180&search=suscrip

 

Publicado enColombia
Alerta mundial por la detención de Cristiana Chamorro en Nicaragua

Organizaciones de DD.HH., la ONU, EE.UU. y la Unión Europea ven con preocupación la decisión de la fiscalía nicargüense

Chamorro había anunciado su candidatura hace unos días y según la encuestadora Cid Gallup era la opositora con mayor probabilidad de ganar en los comicios del próximo siete de enero.

 

Cristiana Chamorro Barrios amanceció este jueves con arresto domiciliario, incomunicada y con custodia policial, informaron allegados y familiares. Acusada por presunto lavado de dinero, Chamorro también quedó inhabilitada de participar en las elecciones de noviembre. Su detención fue recibida con preocupación por organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). También se manifestaron en contra de la detención las Naciones Unidas, la Unión Europea y Estados Unidos 

El director de Human Rights Watch para América Latina, José Miguel Vivanco, rechazó la medida del gobierno orteguista. “Es un golpe para cualquier esperanza de elecciones justas en Nicaragua, y una prueba crítica para determinar si la administración Biden puede ayudar a proteger los derechos humanos y la democracia en la región”, escribió Vivanco en su cuenta de Twitter.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también criticó la detención de la candidata opositora. “CIDH expresa preocupación por medidas de inhabilitación política solicitadas por la Fiscalía para (Cristiana Chamorro) precandidata a presidenta”, escribieron en un tuit publicado por la comisión.

A su turno la dirección general de la Organización deNaciones Unidas (ONU) “Estamos muy al tanto de las recientes acciones legales tomadas contra Cristiana Chamorro. Estos acontecimientos crean el riesgo de empeorar la confianza en las próximas elecciones", señaló Stéphane Dujarric, portavoz de Antonio Guterres, secretario general de la organización.

Mientras tanto Peter Stano, portavoz dela cancillería de la Unión Europea, exigió la inmediata liberación de Chamorro. "Las acciones judiciales @chamorrocris son incompatibles con un proceso electoral creíble, transparente & abierto a la oposición y sus candidato," tuiteó. 

EE.UU. y la política centroamericana

En tanto, el canciller estadounidense, Antony Blinken, afirmó que Nicaragua va en la “dirección opuesta” a lo que consideran elecciones justas y libres. El secretario de Estado se encontraba en Costa Rica en el marco de negociaciones para abordar la migración centroamericana hacia EE.UU., rechazó la medida de la fiscalía de Nicaragua y aseguró que la situación del país centroamericano no sólo preocupa a Estados Unidos, sino que también al hemisferio en general.

“En la Organización de Estados Americanos (OEA) se llamó a Nicaragua a tomar los pasos necesarios para tener elecciones libres y justas, y en vez de hacer eso, en vez de cumplir con sus responsabilidades, incluidas las responsabilidades con las que se comprometieron al firmar la Carta Interamericana hace 20 años, se está moviendo en la dirección contraria", declaró el jefe de la diplomacia norteamericana.

Cristiana Chamorro quedó bajo arresto domiciliario este miércoles, pocos días después de que venciera el plazo establecido para mayo de 2021 por la Asamblea de la OEA, y que tenía como objetivo que el gobierno nicaragüense implemente reformas electorales que garanticen elecciones libres, justas y transparentes y que reestablezcan las garantías democráticas en el país.

Un tribunal de la capital Managua emitió una orden de allanamiento y detención en su contra por “gestión abusiva, falsedad ideológica en concurso real con el delito de lavado de dinero, bienes y activos, en perjuicio del Estado de Nicaragua y la sociedad nicaragüense". Desde el ministerio de Gobernación afirmaron que la Fundación Violeta Barrios de Chamorro -dedicada a la promoción de la libertad de prensa y de expresión- incumplió obligaciones con el Ente Regulador. “Del análisis de los Estados Financieros, período 2015-2019, se obtuvieron claros indicios de lavado de dinero”, detalló el ministerio. A principios de año, Chamorro Barrios anunció el cierre de la Fundación luego de que la Asamblea Legislativa aprobara la ley que ordenaba a las organizaciones que recibían dinero de la cooperación internacional a inscribirse como “agentes extranjeros”. "Estaríamos renunciando a nuestra ciudadanía nicaragüense", alegó Chamorro.

La opositora rechazó las acusaciones de la fiscalía y afirmó que se trataba de una farsa para evitar su participación en los comicios que se realizarán el siete de noviembre. Hace unos días, Chamorro había solicitado su inclusión a la Alianza Ciudadanos por la Libertad (CxL), desde donde se presentaría como precandidata presidencial. Según la encuestadora Cid Gallup, Cristiana Chamorro actualmente es la figura de la oposición con mayor probabilidad de ganar las elecciones de noviembre. Aunque Ortega todavía no confirmó su participación en los comicios de noviembre, sus adversarios creen que buscará un cuarto mandato consecutivo.

La familia Chamorro

Chamorro de 67 años, nació en el seno de una familia propietaria de medios de comunicación y con una amplia trayectoria política. Hija del reconocido periodista y exdirector del diario La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, meses antes del triunfo del Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN). La madre de Cristiana, Violeta Barrios de Chamorro, venció a Daniel Ortega en las elecciones de 1990 y fue presidenta de Nicaragua hasta 1997. Durante el gobierno de Violeta Barrios, su hija, Cristiana Chamorro se encargó de las tareas de comunicación y relaciones públicas del Ejecutivo y también estuvo al frente del diario La Prensa.

04 de junio de 2021

Publicado enInternacional
Página 1 de 84