Rosennell Baud

Las votaciones celebradas el pasado 13 de marzo en Colombia, así como encuestas posteriores, arrojan luces sobre la posibilidad de cambio hacia una democracia plural e incluyente, fundamentada en la dignidad humana, o la continuidad de las maquinarias oligárquicas tradicionales controlando el régimen político colombiano, sobre lo cual su sociedad se pronunciará el 29 de mayo, en primera vuelta presidencial y, posiblemente, el 19 de junio, en segunda vuelta al no haber ganador con más del 50 por ciento en la inicial.

 

El régimen político colombiano funciona en sus formalidades de acuerdo con su estructuración institucional, proyectada en sus líneas maestras en dos de nuestros textos fundacionales: la Carta de Jamaica (1815) y lo redactado en 1821 en el Congreso de Angostura, y cuyos parámetros actuales están reglados en todos los detalles en su Carta Constitucional de 1991. El marco de la misma es la democracia, en su sentido liberal.


De acuerdo con ella, el voto es un derecho y un deber ciudadano (artículo 258, CP). El potencial electoral de Colombia en el año 2022 es de 38.819.901 personas (75% de la población total del país); las mujeres suman 20.031.855 (51,6%) y los hombres 18.788.046 (48,4%). Cinco circunscripciones territoriales (15% de las 33 que integran el espacio político-administrativo nacional), las más densas poblacionalmente, concentran cerca de la mitad de la ciudadanía apta para votar: Antioquia (13,1%), Atlántico (5,2%), Bogotá D.C. (15,4%), Cundinamarca (5,3%) y Valle (9,5%).


El Congreso de la República es la legislatura bicameral de la República de Colombia conformado por el Senado y por la Cámara de Representantes. Corresponde al Congreso de la República reformar la Constitución, hacer las leyes y ejercer control político sobre el gobierno y la administración (artículo 150, CP). Los miembros del Senado (108 en total) son elegidos en circunscripción nacional y los de la Cámara de Representantes (187 en total) en circunscripciones territoriales y especiales (artículos 171 y 176, CP).


En la elección del Congreso, el pasado 13 de marzo, el promedio de votación departamental fue de 45,5 por ciento por las listas del Senado y el 47,2 por las listas de la Cámara de Representante. El rango de votación más amplio es para el Senado con 27,6 puntos porcentuales (p.p.), con un mínimo de 35,0 por ciento (Putumayo) y un máximo de 62,6 (Sucre); para el caso de la Cámara de Representantes el rango es de 24,2 p.p., el mínimo de 37,7 por ciento (Cauca) y el máximo 62,0 (Sucre). El coeficiente de variación (desviación estándar/media, en porcentaje) es ligeramente más alto en la votación del Senado respecto a la Cámara (12,5 Vs 12,2).


En Colombia, por tradición, la votación más alta se registra en la elección del Presidente de la República (gráfico 1); en la elección de 2018 (2ª vuelta) el promedio de participación fue de 50,2 por ciento; no obstante, el rango es más amplio: 33,2 por ciento, con un mínimo de 31,5 (San Andrés y Providencia) y un máximo de 64,7 (Casanare); por tanto, el coeficiente de variación es mayor: 17,4 por ciento. Esta tendencia no se cumple en las regiones Caribe y Amazonía, por la práctica consuetudinaria y masiva de compra de votos por parte de los caudillos, gamonales o caciques locales, particularmente durante las elecciones del Congreso. Sin embargo, es en la votación para el Congreso donde las maquinarias políticas operan con todos sus instrumentos y estrategias: compra de conciencias en dinero o especie, negocios, concertaciones, intimidación y cargos burocráticos, desde el micro espacio del barrio o vereda, hasta la región y nación. La localización del voto es factor determinante de las fuerzas de los partidos.

 

 


En la elección del Congreso 2022-2026 la participación efectiva y decisiva del potencial electoral fue de 15,5 millones de personas, esto es, sólo cuatro de cada diez personas son las electoras reales. La abstención (renuncia a emitir el voto en una elección) fue de 55 por ciento tanto en Senado como en Cámara. En blanco votó el 6,5 por ciento de los sufragantes. En promedio, el 4,6 por ciento de los votos fueron nulos y el 2,5 no marcados (mapa 1).

 


Fuerzas políticas en el Congreso 2022-2026


En Colombia persiste la tradición y la distribución geográfica del voto: liberal, conservador, izquierda. Las afiliaciones locales por partidos, movimientos e ideologías políticas perfilan las regiones electorales. Si bien, a partir de 1974 históricamente (con el acuerdo entre los dos partidos tradicionales –Frente Nacional– que operó entre 1958 y 1974 les permitía a éstos repartirse el poder, el presupuesto y la burocracia, sin permitir participación alguna de terceras fuerzas) el sistema político retorna al multipartidismo (competencia abierta entre partidos) y al suprapartidismo (coalición de partidos y movimientos sociales) abriéndose la posibilidad de terceras fuerzas. El carácter regional o geográfico de la distribución de los fortines partidistas queda claro en la elección del Congreso 2022. Las fuerzas de izquierda, derecha y centro se expresan territorialmente (mapa 2). Son pocas las situaciones de apertura y cambio en los comportamientos políticos, como en el caso de Bogotá D.C., relacionadas con los procesos de modernización y transformación económica y sociocultural.


En Colombia, a pesar del avance histórico y los procesos de modernización, transformación e inserción en el proceso de globalización que domina tanto la economía como la cultura mundial, el comportamiento político es un fenómeno relativamente independiente, y para muchos territorios es posible explicar su comportamiento electoral por fenómenos simplemente políticos. No obstante, en las elecciones para el Congreso del 13 de marzo de 2022 se registró un avance de los partidos, movimientos sociales y coaliciones neodesarrollistas o progresistas, comúnmente llamadas de izquierda; en contraste, los partidos de derecha presentaron una pérdida de electorado. Los partidos de centro, en el marco de la oposición, cosmovisiones y del antagonismo político, mantiene la franja tradicional de favorecimiento de los votantes. Las maquinarias de los partidos del establecimiento conservan su efectividad, de ahí que la mitad de las curules del Congreso les sigan perteneciendo. La izquierda, la más votada en los comicios del 13 de marzo, controla una cuarta parte del Legislativo; la otra cuarta parte de las curules corresponde a los partidos o coaliciones de centro (gráficos 2 y 3).

 

 


Contexto y política


La historia política de Colombia se orienta por un decálogo de factores condicionantes y persistentes: i) La violencia clasista, ideológica y sectarista acompaña los fuertes enfrentamientos partidistas y las guerras civiles desde mediados del siglo XIX, época de gestación de los partidos políticos; las guerras civiles han sido consecuencia de las pugnas entre bandos partidistas y no viceversa; ii) los bandos partidistas se configuran alrededor de caudillos antes que por programas políticos; el caudillismo se refiere a la preferencia por la persona que debe gobernar; iii) las fuerzas electorales de los partidos colombianos son tradicionales y locales, reproducidas por la eficiencia de las maquinarias políticas; iv) los caciques o gamonales locales interpretan y median la agregación de intereses, sentimientos, creencias y necesidades de la población y construyen una plataforma política local, controlan los votos y dominan la estructura municipal de poder; el Estado central y los partidos políticos dependen de la construcción piramidal del sistema político por parte de las élites regionales y locales v) los partidos tienen geográficamente repartidas sus fuerzas; el partidismo se mide por la fuerza electoral; vi) la pérdida de legitimidad de los partidos o las pocas diferencias entre las fuerzas conduce al “presidencialismo de coalición”, esto es, las alianzas estratégicas que implica la negociación del poder y el reparto presupuestal y burocrático del Estado; vii) la expresión del voto según circunstancias políticas, cambio de contextos o crecimiento del voto “no cautivo” puede generar el fenómeno temporal del arrastre electoral de un nuevo “líder político”; viii) El Estado y el líder carismático se funden en el imaginario popular como una referencia fundamental para aplicar políticas tanto de integración social como de desarrollo; ix) cuando las bases institucionales de la sociedad son relativamente débiles, la integración nacional y social insuficiente, la demanda de líderes carismáticos es mayor; x) periódicamente el escenario político registra el enfrentamiento entre las fuerzas sociales populares que emprenden la aventura de transformar radical y democráticamente a la sociedad y sus instituciones, de una parte, y las fuerzas reaccionarias, autoritarias y conservadoras, de otra; en el trasfondo de esta dialéctica revolución-contrarrevolución, se han alineado dos sujetos históricos desigualmente armados en medios y recursos: las clases privilegiadas y el pueblo. En Colombia el crónico estado del conflicto armado que afecta a una parte ampliada de su sociedad y territorio, y la consolidación de un Estado lumpen, criminal y corrupto, de alianza entre partidos políticos, narcoparamilitares, terratenientes, grupos cristianos y empresarios han bloqueado los cambios políticos emanados de la Constitución de 1991 y los acuerdos de paz de 2016.


Los gráficos 4 a 10 ilustran los diagramas de dispersión y las regresiones lineales* que permiten profundizar en el estudio de la relación entre los resultados de la elección del Congreso, el 13 de marzo, y los contextos demográfico, político, económico y social según departamentos.

 


El comportamiento de la elección del Senado está asociado positivamente con la participación en los comicios presidenciales. La relación con el sufragio por la Cámara de Representantes tiende a ser negativa: a mayor participación en la elección de representantes del orden territorial menor es el caudal de votos por Presidente.


La participación en las elecciones de orden nacional como el Senado es independiente de la densidad poblacional regional. El voto por los representantes de las circunscripciones territoriales tiende a ser más alta en las regiones menos densas poblacionalmente.


La elección de las dos cámaras del Congreso presenta un comportamiento urbano-rural contrario: el voto por el Senado es más alto en las ciudades y el de Cámara de Representantes aumenta con el grado de ruralidad. Este fenómeno se repite con el grado de pobreza multidimensional: en las zonas donde ésta es mayor aumenta significativamente la ciudadana en la elección de Cámara de Representantes; para el Senado el menor grado de pobreza incrementa la participación.


La democracia electiva está correlacionada negativamente con la violencia: a mayor número de víctimas del conflicto armado, la abstención crece sostenidamente, tanto en la elección del Senado como en la Cámara Representantes.


La composición etaria es predictor del comportamiento electoral, principalmente en la elección del Senado: cuando el peso relativo de los jóvenes es más alto, mayor es la participación de votantes; en la elección de la Cámara de representantes esta correlación tiende a ser negativa.
El ingreso per cápita departamental influye positivamente en el comportamiento electoral para el Senado y negativamente en la elección de Cámara de Representantes.

 


Contienda por la presidencia


En la historia política de Colombia, el promedio de abstención en el período 1914-2022 es de 52 por ciento; población que no ejerce su derecho por anomia, ignorancia, desencanto o desesperanza y crítica de la democracia real. A esta cifra se suma el 8 por ciento del potencial electoral que vota en blanco, no marca los tarjetones o los tramita mal; de ahí que la decisión efectiva esté en manos del 40 por ciento de ciudadanos y ciudadanas.


Es un proceso político, de estímulo y desestímulo de la participación ciudadana en el cual la violencia favorece a la extrema derecha; en los períodos de alto conflicto el voto por la izquierda es bajo. En los extremos de la línea de tiempo, principios del siglo XX y lo corrido de la centuria actual, los partidos y movimientos sociales de izquierda han tenido un protagonismo sobresaliente y ascendente en las contiendas electorales; sin embargo, la izquierda enfrenta un “techo de cristal” (se trata de un límite difícil de traspasar, construido sobre la base de rasgos que son difíciles de detectar; por eso no se ve y se llama de cristal) que no logra sobrepasar al 36 por ciento del electorado. Los altos grados de pobreza favorecen a los partidos afines al establecimiento por su capacidad de manipulación ideológica, compra de votos, cooptación y prácticas asistencialistas; una sociedad con mayor bienestar, educación, conciencia crítica y dignidad favorece el voto de izquierda (gráfico 11).

 

 


La elección para la presidencia necesariamente será producto de coaliciones. Los partidos de derecha se alinean en un bloque que tiende a no abandonar el poder mediante la estrategia de “todo vale”. Las fuerzas de izquierda, partidos y movimientos sociales, y que hoy conforman el “Pacto Histórico”, para ganar deben dar un salto y conformar un frente político y social abierto, inclusivo, pluriclasista y democrático; un frente difícil de concretar si se avanza hacia el mismo con posiciones éticas no negociables. La balanza la inclina, en parte, el comportamiento del Centro, algunos de los cuales irán a la derecha, otros hacia la izquierda y el resto se mostraran como neutros y promoverán el voto en blanco o la abstención.


Posterior a la elección del Congreso, el pasado 13 de marzo, las encuestas dan luces sobre cómo están viendo los colombianos la carrera presidencial antes de las elecciones de mayo y junio (si hay segunda vuelta) de 2022. Los triunfadores en la elección del Congreso fueron el Pacto Histórico y las maquinarias políticas tradicionales. Por ahora hay ocho aspirantes a la presidencia, pero solo cuatro tienen opciones reales de lograrlo: uno de izquierda (Gustavo Petro), otro de derecha (Federico Gutiérrez) y dos más de centro (Sergio Fajardo y Rodolfo Hernández). La encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC), cuyos resultados se publicitaron el 19 de marzo (la encuesta tiene un margen de error de 2,1 por ciento y un nivel de confianza de 95), muestra a Gustavo Petro en el primer lugar, con un 32 por ciento de intención de voto (esta es más o menos la cifra que ha mantenido el exalcalde Bogotá en diferentes mediciones); en el segundo lugar aparece Federico Gutiérrez con un 23 por ciento de la intención de voto; Sergio Fajardo, el candidato de la Coalición Centro Esperanza, al igual que el exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, andan con el 10 por ciento de las preferencias. En el estudio se destaca que hay un 13 por ciento de personas indecisas (no sabe/ no responde) y otro 5 que afirmó que su voto será en blanco. Con estos datos parece evidente que la carrera, por ahora, se centra entre el exalcalde de Bogotá y el exalcalde de Medellín, o mirado de otra forma: en el enfrentamiento entre fuerzas políticas antagónicas, izquierda y derecha (cuadro 1).

 


En la historia política reciente esta es la segunda ocasión en que un candidato que abraza reivindicaciones de izquierda tiene, a la luz de las encuestas, tanta posibilidad de convertirse en el primer mandatario de Colombia (en 2018 , en la segunda vuelta, Petro alcanzó el 42% de los votos). En círculos del Pacto Histórico se asegura que la apuesta es ganar la presidencia en la primera vuelta (lo que requiere obtener el 50,1% de los votos válidos): si dejan para la segunda vuelta, estiman que un sector del centro y la derecha podrían unirse y vencer.


El estudio muestra que Gustavo Petro y Francia Márquez, fórmula presidencial y vicepresidencial del Pacto Histórico, se imponen en tres de las seis regiones en las que se dividieron las personas encuestadas: Bogotá (40%), Caribe (39%) y Pacífico (46%). Al Pacto Histórico los favorecen el voto masculino (37%) y femenino (27%); el voto joven con edades entre los 18-25 años (48%) y 26-40 (37%); y los estratos medio (34%) y bajo (32%).


El candidato de las fuerzas políticas de derecha se impone en la región de Antioquia-Eje Cafetero con una intención de voto de 36 por ciento. El ex alcalde de Medellín lidera en el estrato alto (36% frente al 29% de Petro). La intención de voto por Gutiérrez es más alta en la población de 41 y más años de edad.
En resumen, el decálogo de factores condicionantes continúa mostrando validez al momento de comprender la historia política de Colombia y las elecciones de 2022.

* Los diagramas de dispersión ilustran sobre el tipo de relación existente entre dos variables. Pero además, un diagrama de dispersión también puede utilizarse como una forma de cuantificar el grado de relación lineal existente entre dos variables: basta con observar el grado en el que la nube de puntos se ajusta a una línea recta. El coeficiente de determinación, también llamado R cuadrado, refleja la bondad del ajuste de un modelo a la variable que pretender explicar. El resultado del coeficiente de determinación oscila entre 0 y 1. Cuanto más cerca de 1 se sitúe su valor, mayor será el ajuste del modelo a la variable que estamos intentando explicar. De forma inversa, cuanto más cerca de cero, menos ajustado estará el modelo y, por tanto, menos fiable será.

 

** Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.

 

Pandilleros esperan fuera de sus celdas durante un registro en la cárcel de Ciudad Barrios, en El Salvador. — Secretaria de Prensa de la Presidencia / REUTERS

 

El estado de excepción decretado por el gobernante tras la ofensiva criminal de las pandillas traspasa todos los límites democráticos al cercenar los derechos fundamentales de los salvadoreños.

 

El Salvador vive desde el domingo en estado de excepción. La medida fue decretada por el Congreso a petición del presidente, Nayib Bukele, tras la terrible ola de asesinatos del fin de semana. Los salvadoreños pagan así los errores del mandatario en su intento de someter a unas pandillas criminales con las que había llegado a una suerte de tregua no declarada oficialmente. El asesinato indiscriminado de decenas de ciudadanos en los últimos días sugiere algún tipo de incumplimiento en ese pacto secreto entre Bukele y los jefes de las pandillas.

El estado de excepción planteado por Bukele fue aprobado por un Congreso dominado por el oficialismo. Desde la madrugada del domingo han quedado suspendidas garantías constitucionales como la libertad de asociación y reunión, la libertad de expresión o la confidencialidad de las telecomunicaciones y la correspondencia. El plazo de detención sin acusaciones se amplía de tres a 15 días y se restringen los derechos de defensa de los arrestados. El estado de excepción se prolongará durante 30 días y contempla también restricciones a la entrada y salida del país. Las pandillas hicieron estragos durante el fin de semana. El viernes mataron a 14 personas y el sábado, a 62, el récord de homicidios en un solo día. Más de mil presuntos pandilleros han sido detenidos desde el fin de semana, según el gobierno.

Bukele, un amante de las redes sociales como herramienta política, ha amenazado a los pandilleros por Twitter: "Tenemos 16.000 homeboys (pandilleros) en nuestro poder. Aparte de los 1.000 arrestados en estos días. Les decomisamos todo, hasta las colchonetas para dormir, les racionamos la comida y ahora ya no verán el sol. Paren de matar ya o ellos la van a pagar también". El ejército pandillero, sin embargo, abarca un contingente mucho mayor de los 17.000 miembros encerrados en las cárceles. Se calcula que las tres principales organizaciones criminales del país (MS-13, Barrio 18 Sureños y Barrio 18 Revolucionarios) cuentan con unos 70.000 efectivos, una tropa en la que se alistan jóvenes arrastrados por la miseria y la falta de oportunidades en uno de los países más pobres de América Latina.

La ofensiva criminal constata una gran laguna en la política de seguridad de Bukele, bajo cuyo mandato había descendido drásticamente la tasa de homicidios. Hace un año y medio, el periódico El Faro sacaba a la luz los entresijos de un supuesto pacto entre el gobierno y las principales pandillas. Bukele negó que hubiera una tregua y que se hubieran otorgado concesiones a los delincuentes. La tasa de homicidios se desplomaba así, según el relato gubernamental, por arte de birlibirloque.

El Salvador llegó a contabilizar en 2015 la tasa de homicidios más alta del hemisferio occidental (103 muertes violentas por cada 100.000 habitantes) tras el fin de la tregua firmada entre las pandillas y el gobierno de Mauricio Funes (2009-2014). Los asesinatos, que habían caído de 14 a cinco al día, volvieron a repuntar en 2015 hasta la veintena diaria. Bukele ha logrado reducir esa cifra a unos cuatro homicidios al día y una tasa de 17 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2021, la más baja de los últimos 25 años. Esa paz en las calles le ha supuesto una gran popularidad entre una población exhausta ante las acciones violentas de las pandillas. El gobierno asegura que la reducción de la criminalidad se debe a la aprobación hace tres años del Plan Control Territorial (PCT), un programa de seguridad que, en teoría, reforzaba los medios policiales y militares para el control de los barrios más conflictivos del país.

La negociación fallida

Para El Faro, sin embargo, el PCT no ha sido más que la coartada de Bukele para ocultar un pacto secreto con las pandillas. En un editorial publicado el lunes, el periódico independiente da por finiquitado ese plan: "El engaño del llamado Plan Control Territorial ha terminado con un baño de sangre inédito en lo que va del siglo XXI y el grupo que gobierna detrás de Bukele ha recurrido a los trucos de siempre para hacer frente a la crisis: el histrionismo mediático y la mentira para ocultar la negligencia y la improvisación. Los salvadoreños amanecimos este lunes con nuestras garantías cercenadas y con un gobierno autoritario que ya no necesita órdenes judiciales para abrir nuestra correspondencia o escuchar nuestras conversaciones o detenernos hasta por quince días sin acusación. ¿Por qué? Porque a Bukele le falló su negociación secreta con las pandillas".

Según el diario salvadoreño -una de las escasas voces independientes que quedan en El Salvador-, la ola salvaje de homicidios del fin de semana responde a la manera en que las pandillas expresan su fuerza en una negociación que parece haberse roto con el gobierno. Una válvula que los criminales abren cada vez que ven incumplidas determinadas promesas inconfesables.

Desde que ganó las elecciones hace tres años con el 53% de los votos, la popularidad de Bukele no paró de crecer hasta finales del año pasado, cuando cayó levemente. Su forma de gobernar a golpe de tuit y su discurso populista calaron en un amplio sector de la población muy decepcionado con las prácticas corruptas de los partidos tradicionales. Bukele apuntaló su poder hace un año tras arrasar en las elecciones legislativas, en las que su partido, Nuevas Ideas, cosechó el 66% de los votos. La vieja política quedaba marginada. El derechista ARENA (Alianza Republicana Nacionalista) obtuvo el 12% y el progresista FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), apenas el 7%. Tras el control del Parlamento, el autócrata centroamericano estrechó el cerco a la justicia al destituir a cinco magistrados de la Sala Constitucional de la Corte Suprema y al fiscal general del Estado.

Como ocurriera cuando El Faro publicó el pacto secreto con las pandillas, Bukele, poco amigo de las críticas, carga contra sus detractores. Si entonces amenazó al periódico con una investigación por un supuesto caso de blanqueo de capitales, ahora acusa sin pruebas a la oposición de ser responsable de la oleada criminal de las pandillas, y arremete contra la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), verificadores del acuerdo de Funes con la Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18 en 2012. "Ustedes en la OEA y la CIDH fueron los que patrocinaron la 'Tregua' que solo fortaleció a las pandillas y les permitió acumular recursos, dinero, armamento, y les permitió entrenarse en los polígonos de tiro del ejército para matar salvadoreños. Llévense su peste de nuestro país", ha escrito Bukele en su cuenta de Twitter. Previamente, Paulo Abrao, exsecretario ejecutivo de la CIDH, había tildado de "populismo penal" las medidas aprobadas por el presidente salvadoreño".

El paso dado por Bukele es de una extrema gravedad al cercenar derechos constitucionales de los seis millones y medio de salvadoreños. Su autoritarismo ya había quedado acreditado desde el inicio de su mandato, pero el estado de excepción decretado ahora traspasa todos los límites democráticos. Es hora de que los organismos regionales e internacionales pongan freno al autócrata centroamericano.

madrid

29/03/2022 21:46

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Gianni Bonvicini

"Sería muy complicado, costoso y cruento, seguir con el conflicto", advierte el analista Bonvicini 

"El partido que está jugando Putin es un partido global, un partido sobre todo antinorteamericano", señala el politólogo italiano Gianni Bonvicini. Las sanciones contra Moscú tendrán efecto a mediano plazo. 

 

Desde Roma

La recién comenzada guerra de Rusia contra Ucrania ha provocado una gran incertidumbre en Europa y en el mundo. Y pese a que el presidente ruso ha dado varias justificaciones, muchos se preguntan todavía qué motivó realmente a Vladimir Putin para tomar esa decisión y cuáles serán las consecuencias.

El profesor Gianni Bonvicini, politólogo originario de Trento (norte de Italia), que estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Florencia, siempre se ha ocupado de cuestiones internacionales habiendo sido por 21 años director del prestigioso Istituto Affari Internazionali (Instituto de Asuntos Internacionales) de Roma y otros 9 años vicepresidente ejecutivo. Ha enseñado a la Universidad Roma Tre y en la Johns Hopkins School of Advanced International Studies de Bolonia por 20 años.

-Profesor Bonvicini, según usted, ¿por qué Putin decidió invadir Ucrania? ¿Porque se hablaba de que el país podía entrar a la OTAN (Organización del Atlántico Norte integrada por 30 países, varios ex Union Soviética)? ¿Qué ganaría Putin con todo esto?

- Putin ha decidido invadir no por motivos de seguridad militar. No fue por la entrada eventual de Ucrania a la OTAN, eso es sólo una excusa. Rusia limita con países miembros de la OTAN como Noruega, Letonia y Estonia desde hace años. Putin teme que Ucrania entre a formar parte de la Unión Europea (UE), lo que de hecho reforzaría su democracia. Y Putin teme el contagio de la democracia a Rusia. Es es la razón principal.

- Rusia ha firmado un acuerdo bilateral recientemente con China. ¿Esto podría haber estimulado las agresiones rusas sabiendo que al menos desde el punto de vista económico tendrían una cierta seguridad?

-No creo que ese acuerdo haya sido un elemento decisivo. El partido que está jugando Putin es un partido global, un partido sobre todo antinorteamericano. El acercamiento entre Rusia y China sirve para enviarle un mensaje a Estados Unidos de que China y Rusia se están poniendo a la cabeza de las potencias mundiales. Es una estrategia geopolítica.

-Si esta guerra avanza, ¿qué podemos esperar?

-Si la guerra avanza habrá consecuencias para Rusia porque deberá enfrentarse con las reacciones en Ucrania, tal vez hasta una guerrilla, y sobre todo con la posibilidad de reacción en las provincias occidentales del país. Sería muy complicado, costoso y cruento, seguir con el conflicto. Tendría además consecuencias económicas porque las eventuales sanciones que impondrán distintos países a Rusia, aunque no serán muy eficaces inmediatamente, tendrán consecuencias a mediano plazo. Respecto a Europa, cambiará la geopolítica de la región porque deberá demostrar una mayor unidad y capacidad de confrontarse con Rusia.

-Si la UE y otros países toman agresivas sanciones contra la Rusia, ¿cuáles podrían ser las consecuencias?

'En lo que se refiere al sector energético, no creo que se toque demasiado. Europa necesita el gas ruso y Rusia financia sus operaciones militares con el dinero que obtiene de la exportación de hidrocarburos. Digamos que desde este punto de vista no debería haber grandes consecuencias. Sí las podría haber en cambio para otros sectores como, por ejemplo las manufacturas que se exportaban a Rusia y ahora no se harán. Así como Europa ha afrontado la “guerra” de la pandemia lanzando los programas del Next Generation (o fondos para la recuperación por valor de 750.000 millones de euros, ndr) para ayudar a los sectores en crisis, las consecuencias de la guerra en Ucrania podrían ser una oportunidad para la Unión Europea y otros países de pensar en un gran programa de financiamientos para ayudar a los países que no podrán más exportar a Rusia.

- ¿Existe la posibilidad de que la OTAN responda militarmente a las agresiones rusas?

-La respuesta militar de la OTAN sólo podría producirse si son tocados los países que forman parte de esa organización. No creo que la OTAN pueda reaccionar por ahora.

- ¿Podría extenderse el conflicto a otros países limítrofes de Ucrania?

. No creo, es muy difícil que se extienda el conflicto. El único riesgo que corremos es que de nuevo se cree una especie de cortina de hierro entre la Unión Europea y Rusia.

-¿Hay espacio todavía, según usted, para negociar un acuerdo de paz?

-Hasta ahora Rusia nos ha engañado a todos. Ha dicho repetidamente que no invadiría Ucrania, que estaba dispuesta a negociar con ciertas condiciones. No creo que en este momento haya mucho espacio para negociar, porque Rusia quiere obtener el total control de Ucrania, expulsar del poder al presidente Volodymir Zelenski y volver a tener un gobierno favorable a él.

-¿Por qué la ONU no ha tomado ninguna medida contra la invasión rusa? La reciente resolución contra la guerra en Ucrania del Consejo de Seguridad, fue bloqueada por Rusia que tiene derecho a veto en el Consejo, como los otros cuatro países fijos en ese organismo (Estados Unidos, Francia, China, Reino Unido). ¿La ONU no puede reaccionar de otra manera?

-La ONU no puede reaccionar. La ONU no es un socio para resolver o negociar en estos casos. Esto habla de una debilidad del sistema multilateral, una debilidad que está andando adelante desde hace varios años. Hemos vuelto a un equilibrio de poderes de las grandes naciones y en consecuencia el multilateralismo ha perdido sustancia y sobre todo eficacia. Lamentablemente todo está en manos de los grandes actores.

28 de febrero de 2022

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Replantear las políticas de bienestar Dilemas y tensiones entre igualdad y diversidad

La transición tecnológica, la financiarización del sistema, la emergencia climática y nuevas y más complejas formas de desigualdad y exclusión social, ciclos vitales más largos y menos previsibles, concentración urbana y paralela despoblación en otros espacios territoriales obligan a repensar las políticas de bienestar, que fueron concebidas a partir de premisas estatalistas y homogeneizantes. Al mismo tiempo, plantean serios desafíos a la democracia y a las formas de participación política y social.

 

En su obra clave, La gran transformación, Karl Polanyi advertía, en un lejano 1944, que el profundo movimiento de mercantilización de la vida que se había ido generando a lo largo del siglo xix e inicios del xx tuvo como respuesta un contramovimiento, que demandaba protección frente a la pérdida de referentes y capacidades sociales capaces de compensar las dinámicas empobrecedoras y competitivas que el capitalismo generaba1. La renovada difusión del pensamiento y las reflexiones de Polanyi se vincula con la continuidad, con otros formatos y concreciones, de esos dos movimientos en la actualidad. Lo podemos constatar en la dificultad de los Estados para responder adecuadamente a las demandas de protección frente a las incertidumbres, penalidades, miedos y situaciones de empobrecimiento y exclusión que la Gran Recesión de 2008 provocó al agravar los efectos que el neoliberalismo y la globalización desregulada habían ido generando.

Recordemos que la sociedad industrial se caracterizó por una ruptura clara entre trabajo y subsistencia; por fuertes dosis de innovación tecnológica llegada «desde fuera» de las experiencias laborales cotidianas; por dolorosas transiciones de campo a ciudad; por reducción de formatos familiares; y por fuertes segmentaciones en la división sexual del trabajo. Se establecieron con mayor nitidez fases o etapas vitales que separan formación, trabajo y retiro o abandono de la labor asalariada. Fue entonces, a finales del siglo xix e inicios del siglo xx, cuando los poderes públicos asumieron progresivamente labores de protección y de sustentabilidad vital, como una forma de generar transiciones menos conflictivas y socialmente soportables. Las políticas públicas fueron conformándose como la respuesta institucional (bismarckiana primero, del Estado de Bienestar después) a la dimisión forzada de la familia/comunidad con relación a esas tareas de sostén y protección vital. De esta manera, con distintas concreciones y ritmos según los países y las diversas correlaciones de fuerzas, las responsabilidades sobre las (nuevas) «problemáticas» sociales se fueron trasladando de la esfera colectiva-social (familias, comunidad, barrio, lugar de trabajo) a la esfera institucional-individual (ayudas y subvenciones de los poderes públicos, compra/mercantilización de servicios) y se mantuvo al mismo tiempo la responsabilidad del individuo, la familia y la mujer sobre los aspectos de cuidado y atención, con la colaboración económico-sanitaria de los poderes públicos.

En los últimos años se reconfiguran muchos escenarios superpuestos, que generan un auténtico cambio de época, en el que se modifican tanto las trayectorias personales como las de carácter colectivo: transición tecnológica, financiarización del sistema, nuevas y más complejas formas de desigualdad y exclusión social, menores continuidades en ciclos vitales más largos y menos previsibles, estallidos de emergencia climática cada vez más frecuentes, concentración urbana y despoblación en otros espacios territoriales, y como consecuencia de todo ello, nuevos ejes de conflicto político y social.

En ese contexto, se pone más de relieve el desajuste entre esas nuevas complejidades y los sistemas de protección construidos por los Estados-nación con un fuerte contenido homogeneizador. Estos sistemas casan hoy mal con la exigencia de emancipación y autonomía por un lado, y de reconocimiento de la diversidad por otro2. Y es precisamente en ese escenario donde la necesidad de nuevos pactos sociales, que incorporen vínculos entre autonomía, igualdad y reconocimiento de la diversidad, se vuelve patente. Pero, al mismo tiempo, alcanzar estos pactos exige la colaboración institucional con entidades sociales y de acción comunitaria, así como renovar el protagonismo de las ciudades aprovechando el valor de la proximidad. De esta manera, por un lado, se revivifica el papel de las instituciones para reforzar la capacidad de defensa de las condiciones de vida y de subsistencia de la mayoría de la ciudadanía, y, al mismo tiempo, ello no impide poner en pie procesos y dinámicas mutualistas y comunitarias de protección y de cuidado desde abajo.

Políticas sociales y desigualdad persistente

Como sabemos, se tiende a relacionar el nivel de bienestar general de una sociedad con el nivel de desigualdad existente en ella. En este sentido, podríamos afirmar que las políticas de bienestar o políticas sociales son la expresión del poder organizado para responder de forma explícita (tanto política como administrativamente) a los efectos derivados de la economía de mercado. Se busca garantizar así a individuos y familias un mínimo de protección considerado como indispensable, reducir la inseguridad que generan ciertas contingencias recurrentes (enfermedad, falta de trabajo, vejez) y asegurar el acceso universal a ciertos servicios sociales considerados en cada momento y en cada sociedad concreta como indispensables. De esta forma, la existencia de políticas sociales implica el desplazamiento de ciertas áreas del conflicto social a la esfera de la acción pública en su sentido más amplio.

Sin embargo, conviene entender que el bienestar y la cohesión social no dependen solo de políticas sociales que interactúan entre Estado y mercado, o que su impacto no se limita a la mera corrección de desigualdades materiales. En primer lugar, debemos aceptar que el mercado no es el único espacio generador de desigualdades ni es la única esfera social más allá de los poderes públicos. El nivel de bienestar de una sociedad, así como la propia dinámica de actuación de las políticas sociales, se juegan de hecho en el complejo espacio formado por las esferas pública, mercantil, familiar y asociativa. Las políticas sociales, en este escenario, pueden favorecer o no ciertos procesos de mercantilización y pueden contribuir o no a desplazar al ámbito del Estado actividades previamente asumidas por las familias o el tejido asociativo o comunitario. Y puede también ocurrir que las actuaciones que se lleven a cabo terminen operando como factor de mercantilización o de privatización familiarista o comunitaria de funciones o acciones de bienestar anteriormente asumidas por la esfera pública.

Podríamos por tanto afirmar que las políticas sociales son, de hecho, espacios de gestión colectiva de los numerosos ejes de desigualdad (de clase, de ciudadanía, de género, etc.) que atraviesan las diferentes esferas (pública, mercantil, asociativa, familiar) que presentan las sociedades contemporáneas. En la bibliografía más divulgada sobre políticas sociales y Estados de Bienestar, no ha sido habitual tratar sobre las especificidades tipológicas de los modelos de países de Europa del Sur (España, Grecia, Portugal y en parte Italia) y América Latina. A partir de las transiciones democráticas en esos países y de la consolidación de sistemas políticos democráticos, se ha ido produciendo la lenta incorporación, con evidentes diferencias entre ellos, en el universo tipológico de las políticas de bienestar. Para algunos, el modelo de estos países se define sobre todo por los bajos niveles de gasto social, con regímenes de protección social y empleo que tienen incrustaciones social-caritativas.

Lo que constatamos, por un lado, es que los parámetros globales relacionados con pobreza, enfermedad, acceso a la educación y servicios de salud han ido mejorando en los últimos años gracias a la implementación (desigual y parcial, si atendemos a los diversos territorios del mundo) de las lógicas redistributivas y compensatorias ya mencionadas. Pero, por otro lado, los estudios de Anthony B. Atkinson, Thomas Piketty y otros especialistas han puesto claramente de relieve que la desigualdad interna de los países y la desigualdad global entre ricos y pobres han aumentado, con graves problemas en términos de desocupación y de reducción de las posibilidades de ascenso social3. La globalización, la facilidad de movimiento de capitales y la falta de capacidad para hacer pagar impuestos a las grandes fortunas han roto o debilitado significativamente el pacto redistributivo que estaba en la base de las políticas de bienestar.

¿Tenemos las políticas sociales adecuadas para los tiempos en que vivimos?

Más allá de la pregunta retórica que encabeza este apartado, lo cierto es que, en ese nuevo escenario, marcado por la incertidumbre y la volatilidad, se va produciendo un proceso de reestructuración de las políticas sociales que tiene notables dosis de complejidad y presenta una dimensión múltiple, con ritmos distintos en diferentes áreas geográficas. Como hemos apuntado de forma esquemática al inicio de este artículo, desde diferentes ópticas se ha coincidido en caracterizar este ciclo de reestructuración como una fase de cambio del paradigma social de alcance similar al que representó la transición del Antiguo Régimen al Estado liberal-industrial, o de este al Estado de Bienestar en pleno fordismo.

Desde el punto de vista productivo, el impacto de los grandes cambios tecnológicos ha modificado en su totalidad las coordenadas del industrialismo. La mundialización económica, combinada con la facilidad de comunicación y compra a distancia, ha permitido el aprovechamiento de los costos diferenciales a escala planetaria, desarticulando empresas y plantas de producción. Palabras como «flexibilización», «adaptabilidad» o «movilidad» han reemplazado a «especialización», «estabilidad» o «continuidad». La sociedad del conocimiento y la comunicación busca el valor diferencial, la fuente del beneficio y de la productividad en el capital intelectual y en la conectividad, frente a las lógicas anteriores centradas en el capital físico y humano, pero al mismo tiempo genera precarización y reducción salarial de forma generalizada. Incluso lo que parece estar en juego es la propia concepción del trabajo como elemento estructurante de la vida, de la inserción y del conjunto de las relaciones sociales. En este sentido, las consecuencias más inmediatas de esta reconsideración del trabajo afectan en primer lugar lo que podríamos denominar la propia calidad del trabajo disponible y, en consecuencia, la capacidad del trabajo de seguir siendo el factor clave para la supervivencia y el bienestar. El capital se nos ha hecho global y permanentemente movilizable y movilizado, mientras que el trabajo solo es local, y cada vez es menos permanente, más condicionado por la volatilidad del espacio productivo. El proceso de terciarización ha sido también evidente, reforzado por el paso de tareas antes internalizadas en las industrias y ahora subcontratadas externamente. Por consiguiente, el valor final de un determinado producto incorpora el valor producido por una multiplicidad de figuras laborales que no forman parte de una misma organización: desde las que extraen las materias primas hasta las que las transforman inicialmente, las que diseñan o ensamblan, las que produjeron el software que alimenta la robotización o la logística de distribución, etc. La financiarización de todo el proceso obliga asimismo a integrar en el esquema de análisis los distintos intereses financieros que se asignan a cada fase productiva, y todo ello cruzado además por fronteras nacionales en las que se sitúan esas distintas fases de extracción-diseño-producción-distribución-financiarización. Lo que antes estaba integrado en el universo «fábrica-empresa» queda ahora tremendamente fragmentado y segmentado, a partir de la combinación de distintos regímenes laborales, tipos de contrato y salarios y, por tanto, hay una muy difícil articulación de los trabajadores frente a los intereses corporativos o patronales, a su vez, fragmentados y diversificados, pero todos ellos financieramente dependientes. El resultado final es una sensación generalizada de desprotección frente a los cambios que se van produciendo4. El desajuste entre esta situación y políticas sociales pensadas e implementadas desde otros parámetros y en otro contexto resulta palmario.

Un efecto evidente de todo ello es la proliferación de situaciones en las que determinados colectivos permanecen en situación de pobreza a pesar de estar trabajando. Es el caso de la pobreza laboral, encarnada por los denominados working poor [trabajadores y trabajadoras pobres] o in-work poverty [pobreza activa]. La concepción tradicional del empleo lo situaba como garante del bienestar de manera multidimensional y, en cambio, concebía la pobreza como básicamente ligada al desempleo y a la inactividad laboral5. De esta forma, los sistemas de protección diferenciaban a los colectivos construidos sobre la base de su relación con el empleo, descartando, de alguna manera, que podían acabar mezclándose. Las ayudas se planteaban para quienes no tenían trabajo y, habiendo cotizado, tenían derecho a esa ayuda. Las ayudas no contributivas o asistenciales estaban pensadas para aquellos no trabajadores que presentaban situaciones de necesidad.

Frente a la concepción tradicional de la pobreza entendida como la carencia de ingresos económicos suficientes, los estudios sobre la exclusión social aportaron una mirada multidimensional a las situaciones de dificultad. La exclusión social puede ayudar a describir con mayor precisión el carácter heterogéneo, multidimensional, procesual y estructural de determinadas situaciones de dificultad experimentadas en las sociedades contemporáneas6. Pero, en cambio, genera la necesidad de superar la lógica tradicional de las administraciones públicas de basarse en la jerarquía entre esferas de gobierno y en una división competencial, cuando, de hecho, acomodar la acción pública a la lógica de exclusión exige trabajar de manera más integral (entre esferas de gobierno) y transversal (entre espacios competenciales distintos). Y, además, todo ello funciona mejor si se actúa desde cerca de los problemas, mientras que en general se acostumbra tomar las decisiones significativas en políticas sociales en la esfera del gobierno estatal-nacional, lo que implica decidir desde lejos y, forzosamente, con lógicas homogéneas. Lo cierto es que la gran mayoría de los parámetros socioeconómicos y culturales que fundamentaron durante muchos años la sociedad industrial están quedando atrás, y ello es visible en todas partes. Asistimos a una época de transformaciones de fondo y a gran velocidad. Los vectores de cambio, en cualquier tamaño de la realidad, predominan sobre los factores de estabilidad. Los instrumentos de análisis y reflexión que hemos ido desgranando, y que dieron lugar a lo que se conoce como modelo fordista y keynesiano de bienestar, resultan cada vez más obsoletos. Tenemos problemas sociales específicos del siglo xxi, a los que tratamos de dar respuesta con conceptos y estrategias más propias del siglo xx, y en no pocas ocasiones utilizando instrumentos de administración y control más propios del siglo xix y la concepción weberiana del Estado.

Igualdad, diversidad, autonomía

Las políticas de bienestar se construyeron desde lógicas de respuesta a demandas que se presumían homogéneas y diferenciadas, y se gestionaron, como decíamos, de forma rígida y burocrática. Hoy, en cambio, tenemos un escenario en el que las demandas, por las razones apuntadas más arriba, son cada vez más heterogéneas, caracterizadas por una multiplicidad que parece requerir formas de gestión flexibles y desburocratizadas. Vivimos en un mundo en el que la cuestión de la diversidad como valor va a ser clave, y no podemos olvidar que muchas veces hay una cierta confusión entre igualdad y homogeneidad. Lo contrario de la igualdad es la desigualdad, y lo contrario de la homogeneidad es la diversidad. Se puede tratar de mejorar los aspectos relacionados con la igualdad entre las personas sin por ello tratar a todo el mundo de la misma forma. Es esta una problemática que afecta a todas las edades y situaciones. Crece la exigencia de que se reconozcan las distintas maneras de ser persona. En cuestiones culturales, religiosas, lingüísticas, pero también de identidad y opción sexual, así como de consumo alimentario, o en decisiones que afecten a la salud y a sus tratamientos, aparece la cuestión de la diversidad.

Las aportaciones desde la perspectiva de la interseccionalidad han tratado de generar un marco en el cual situar las desigualdades sociales y de poder como un tema multifacético y cambiante. Las experiencias de desigualdad y de poder no son unívocas, sino que las identidades de género o las posiciones de clase o racializadas se cruzan y combinan con las distintas situaciones de poder existentes en cada momento o circunstancia. La aportación analítica esencial es que raza, género o clase no pueden ser entendidos como variables singulares, ni tan solo como elementos incrementales de desigualdad, sino como modalidades interconectadas de poder a través de las cuales reconstruir identidades, experiencias y prácticas7. De esta manera, se trató de evitar los problemas de invisibilidad que afectaban al colectivo feminista afroestadounidense en los años 808. Esta orientación exige atender la complejidad de las situaciones de desigualdad en momentos en que hay una exigencia de reconocimiento de las distintas opciones vitales que personas y colectivos ejercen cada vez con más convicción y fuerza, tratando asimismo de entender los escenarios de cambio y de fluidez de situaciones que contrastan con visiones más fijas y esencialistas. Ha crecido la influencia de esta orientación en el debate de las políticas sociales, aunque también se cuestiona que genera una gran fragmentación de situaciones y posiciones que debilita el eje central de conflicto, centrado en el sistema capitalista y su intrínseca consecuencia inequitativa9. La reconstrucción de derechos es prioritaria, pero conviene hacerla desde parámetros distintos a los que impulsaron los paradigmas de la segunda posguerra. Sigue teniendo plena vigencia y perentoriedad la construcción de escenarios de equidad que permitan compensar la desigualdad de condiciones (y, por tanto, la insuficiencia de la lógica de igualdad de oportunidades). Pero ello ha de hacerse compatible con las dinámicas de reconocimiento de la diversidad, ya que parece irreversible la exigencia de que cada quien tenga derecho a ser como quiera ser, siendo al mismo tiempo igual que los demás en su condición de ciudadano. Y todo ello desde el fundamento de la autonomía personal, una autonomía no desvinculada, articulada comunitariamente, para evitar lógicas de individualización sin compromisos ni responsabilidades. La conjunción de grandes cambios sociales genera, como hemos venido insistiendo, nuevas complejidades, y aumentan las incertidumbres. Los padecimientos del día a día de la gente no encuentran acomodo en sistemas de protección pensados e implementados en un escenario distinto, como el que caracterizó la segunda mitad del siglo xx. En muchos países del sur de Europa y de otras partes del mundo, la familia (y la mujer en especial) ha jugado un papel clave no solo de vínculo, sino también de cuidado, seguridad y protección, y se planteó de esta manera en la propia política social10. En la práctica, ello significó que el sistema público de protección no se ocupara de los cuidados, sino que los trasladara de manera informal a las mujeres11. La mayor calificación de las mujeres, la diversificación de los esquemas familiares y el aumento en la necesidad de cuidados como resultado de la mayor longevidad han ido generando una clara crisis en la posible continuidad de ese modelo familiarista. 

Estamos pues ante una crisis profunda de la organización patriarcal de los cuidados, que no es ajena al cambio demográfico. Por otro lado, la cada vez más plural composición cultural e identitaria de las sociedades contemporáneas es una nueva palanca de exigencia de reconocimiento de la diversidad. E incluso la crisis ambiental genera problemas de desigualdad e injusticia, al afectar más a poblaciones que se ven obligadas a vivir cerca de enclaves más vulnerables o que presentan más riesgos para la salud12.

Las crisis de la familia, el trabajo y la naturaleza, además del debilitamiento de la homogeneidad nacional en virtud del fenómeno global de la inmigración, tiene puntos en común y tiene, además, dinámicas que interactúan unas con otras. La conjunción de tales dinámicas va poniendo en aprietos a las respuestas estrictamente basadas en el mantenimiento de las lógicas tradicionales de las políticas sociales o las recetas neoliberales cada vez con menor recorrido. Se necesitan respuestas que reconozcan la interdependencia entre políticas sociales, políticas de necesidades básicas y políticas de sostenibilidad, en un marco general de reconocimiento de la diversidad. La aproximación interseccional puede ayudar a identificar mejor situaciones de exclusión y desigualdad y, al mismo tiempo, facilitar alianzas entre distintos sectores que, de no tener ese marco común, tendrían más dificultades en reconocerse y actuar de manera conjunta13.

¿Crisis de la democracia?

En definitiva, los interrogantes planteados son muchos y no solo afectan a los fundamentos y el despliegue de las políticas sociales, sino que además, por la propia concepción de la democracia como una forma de gobierno en la que el funcionamiento del sistema reposa sobre un «nosotros» común y equitativo, afectan a la misma democracia. La fuerte erosión de los valores democráticos de igualdad y, por ende, de representación, ante la dificultad de mantener la capacidad redistributiva y protectora de manera generalizada, por un lado, y la indudable capacidad de las elites financieras para influir en todo tipo de decisiones en cualquier parte del mundo, por el otro, han colocado al sistema democrático en una difícil situación. Si se sigue de cerca la bibliografía académica sobre el estado de la democracia en el mundo, se observa que ese tipo de afirmaciones no son en absoluto nuevas. La democracia es una sucesión de experiencias históricas que nunca ha tenido una vida fácil, y que siempre ha tenido que vérselas con multitud de adversarios. De hecho, como afirma Nadia Urbinati, la democracia nació al mismo tiempo que sus adversarios14. Pero si bien todo ello es cierto, también lo es el hecho de que últimamente han proliferado los ensayos que apuntan a que la crisis actual de la democracia es más bien aguda o incluso terminal15.

Las sombras que ese conjunto de reflexiones proyecta sobre el devenir democrático son muy importantes. La gente se siente más vulnerable, tiene más temor en relación con el futuro, no acaba de ver cómo colocarse en un contexto crecientemente segmentado, fruto de una explosión de diversidad, y no percibe que el mensaje que le llega desde el poder constituido muestre claridad y proyecte una perspectiva creíble y sólida. La situación es preocupante, en el sentido de que esa fatiga democrática puede verse reforzada y alimentada por quienes no tienen capacidades para hacer frente a la situación por sí mismos y simplemente confían en que las instituciones públicas sigan manteniendo su dinámica de protección. Pero precisamente esa lógica de protección es demasiado genérica y no logra dar respuesta específica a la diversidad de preocupaciones que emergen. La política sigue siendo necesaria en ese escenario aparentemente bloqueado. Una política que solo puede ser democrática si queremos evitar los autoritarismos de signo distinto, autoritario populista o jerárquico tecnocrático, pero autoritarismos al fin. La política democrática ha de recuperar capacidad de protección y ha de hacerlo de manera no jerárquica ni patriarcal. Deberíamos ser capaces de lograr salidas colectivas a las emociones individuales sin posibilidad de conexión. Vivir en igualdad no significa ser homogéneamente iguales, ni excavar sin cesar en lo que nos diferencia. Implica aceptar ese vivir entre semejantes, querer vivir en igualdad reivindicando mi ser distinto y aceptando el de los demás. Se trata de una democracia reforzada desde la aceptación de su complejidad y de una incertidumbre que nos ha acompañado siempre como género humano16.

En esa encrucijada, hay quienes apuestan por la necesaria complementariedad entre un capitalismo avanzado tecnológicamente y un sistema democrático que siga garantizando protección, un sólido sistema de derechos y libertades, y la promesa de un cierto ascenso social en términos de bienestar para las generaciones futuras17. Mientras que la tendencia a salidas autoritarias y de rechazo a una globalización y cambio tecnológico que se perciben invasivos y contrarios a las propias raíces se extiende como una reacción airada, que se expresa muchas veces en otros campos, como el emocional o en la propia identidad de género18.Las coordenadas estructurales que exigen la economía del conocimiento y la innovación digital no solo no deberían poner en cuestión el sistema democrático, sino que más bien nos harían ver la necesidad de sus valores y de la capacidad de equilibrio social que incorpora para poder desplegar todo el potencial de esos nuevos parámetros de desarrollo. La dinámica competitiva inherente al capitalismo, y más en momentos de «destrucción creativa» como los actuales, no es capaz de hacer frente a los problemas de decisión colectiva que se plantean en sociedades socialmente avanzadas. Y, al mismo tiempo, los grandes decisores de la esfera económica no pueden simplemente amenazar con marcharse a espacios más propicios y con menos exigencias democráticas y redistributivas, ya que la base de innovación y creatividad no es tan fácilmente reemplazable como lo fue en su momento la base laboral del fordismo. En la medida en que el avance hacia la sociedad digital necesitará de una gama nada desdeñable de políticas de regulación y acompañamiento, tanto «nacional» como global, esa interrelación entre democracia (con la componente de políticas de protección) y una economía plural, de mercado y social, no parece nada irrelevante19.

Frente a las emociones e infortunios, no son suficientes las buenas razones. Se necesita una dosis significativa de pasión, que plantee empatía y buen hacer frente a odio y acusaciones sin fundamento. Desde una lógica estrictamente racional, se apela a los intereses a la hora de defender propuestas e iniciativas, pero eso ya no es suficiente. Como dice Pierre Rosanvallon en su último libro20, vivimos una época en la que la realidad nos plantea una gran cantidad de retos y padecimientos vinculados a la supervivencia, que se expresan en situaciones de desprecio, de injusticia, de discriminación y de incertidumbre por las que pasan cada vez más personas. Frente a ello, el reforzamiento de la democracia exige apartarse de lógicas que refuercen y agudicen esos malestares y, al mismo tiempo, ir más allá de respuestas estrictamente tecnocráticas incapaces de conectar con tales experiencias negativas. Será necesario fundamentar una representación política más cercana, más fraternal y menos sistémica y delegativa. Representar a la sociedad, compartiendo esas penas e infortunios, haciendo presentes sus emociones y razones.

  • 1.
  1. Polanyi: La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo [1944], FCE, Ciudad de México, 2004.
  • 2.

Nancy Fraser: «A Triple Movement? Parsing the Politics of Crisis after Polanyi» en New Left Review No 81, 5-6/2013.

  • 3.

A.B. Atkinson: Inequality: What Can Be Done, Harvard UP, 2015; T. Piketty: Una breve historia de la igualdad, Deusto, Barcelona, 2021; Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo: Buena economía para tiempos difíciles, Taurus, Barcelona, 2020.

  • 4.

Luca Ricolfi: Sinistra e popolo: il conflitto politico nell’era dei populismi, Longanesi, Milán, 2017.

  • 5.

Imanol Zubero: «Espectadores del dolor ajeno: una imagen no vale más que mil palabras» en Revista de Estudios Sociales No 57, 2016.

  • 6.
  1. Subirats (dir.): Pobreza y exclusión social. Un análisis de la realidad española y europea, Fundación La Caixa, Barcelona, 2004; Miguel Laparra y Begoña Pérez: Procesos de exclusión e itinerarios de inserción, Fundación FOESSA, Madrid, 2008.
  • 7.

Fiona Williams: Social Policy: A Critical and Intersectional Analysis, Polity, Cambridge, 2021.

  • 8.

Kimberle Crenshaw: «Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine, Feminist Theory and Antiracist Politics» en University of Chicago Legal Forum vol. 1989 No 1, 1989.

  • 9.

Ibíd., p. 29.

  • 10.

María José Añón y Pablo Miravet: «Paradojas del familiarismo en el Estado del Bienestar» en Cuadernos de Relaciones Laborales vol. 23 No 2, 2005.

  • 11.

María Freixanet: «Género, relaciones, cuidados y cambios en la cotidianidad» en R. Gomà y Gemma Ubasart (coords.): Vidas en transición. (Re)construir la ciudadanía social, Tecnos, Madrid, 2021.

  • 12.

Ian Gough: Heat, Greed and Human Needs, Edward Elgar, Cheltenham, 2017.

  • 13.
  1. Williams: ob. cit.
  • 14.
  1. Urbinati: «Introducción» en N. Urbinati (ed.): Thinking Democracy Now: Annali Fondazione Feltrinelli, Feltrinelli, Milán, 2019.
  • 15.

Daniel Ziblatt y Steven Levitsky: Cómo mueren las democracias, Booket, Barcelona, 2021; Yascha Mounk: El pueblo contra la democracia, Paidós, Barcelona, 2018; David Runciman: Así termina la democracia, Paidós, Barcelona, 2019.

  • 16.
  1. Gomà y G. Ubasart (coords.): ob. cit.
  • 17.

Torben Iversen y David Soskice: Democracy and Prosperity: Reiventing Capitalism Through a Turbulent Century, Princeton UP, 2019, p. 257 y ss.

  • 18.

Birgit Sauer: «Authoritarian Right-Wing Populism as Masculinist Identity Politics: The Role of Affects» en Gabriele Dietze y Julia Roth (eds.): Right-Wing Populism and Gender: European Perspectives and Beyond, Transcript, Bielefeld, 2020.

  • 19.
  1. Subirats: «Dilemas y conflictos del cambio de época. Politizar el cambio tecnológico» en R. Gomà y G. Ubasart (coords.): ob. cit.
  • 20.
  1. Rosanvallon: Les épreuves de la vie. Comprendre autrement les Français, Seuil, París, 2021.
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Durante un mitin en Conroe, Texas, el pasado fin de semana, Donald Trump reiteró que él ganó la elección presidencial y denunció haber sido víctima de fraude.Foto Afp

Llama a movilizarse contra fiscales viles y racistas que lo investigan // La fiscal de Fulton solicita seguridad a la FBI // Aspirante a senador convoca a votantes: lleguen armados

 

Nueva York., Donald Trump y sus aliados políticos no ocultan que están dispuestos a promover un golpe de Estado para tomar el poder, con el ex presidente prometiendo que si vuelve a gobernar en 2024 perdonará a los cientos de arrestados que intentaron tomar por asalto el Capitolio hace poco más de un año, y confesó que su objetivo era "invalidar" la elección, mientras políticos republicanos exhortan a sus bases a "desconectar" la maquinaria electoral y llegar armados y listos a disparar en los próximos comicios, y por otro lado fiscales que investigan intentos para subvertir la elección anterior por parte de Trump han solicitado protección de la FBI después de que el ex presidente invitó a sus fanáticos a atacarlos.

Las investigaciones de Trump, sus familiares y aliados más cercanos proceden ante el Comité Selecto sobre el 6 de enero en la Cámara de Representantes, con nuevos testigos revelando nuevos detalles sobre las dimensiones y coordinación del asalto al Capitolio, y algunos legisladores y analistas concluyen que esa acción fue la culminación de parte de un esfuerzo de semanas para anular la elección y prolongar el gobierno de Trump con medidas de emergencia; o sea, un golpe de Estado.

El sábado, cerca de Houston, Trump repitió lo que sus críticos han bautizado como "la gran mentira" de que él ganó la elección presidencial y que su contrincante Joe Biden se la "robó" por medio de un fraude. Ahí fue donde el ex presidente por primera vez declaró que si es relecto en 2024 indultará a los cientos de arrestados (van más de 725) por el asalto al Capitolio. En ese mismo mitin, denunció las investigaciones en su contra en el Congreso y otras por fiscales.

En obvia referencia a estas últimas, instó a sus seguidores a realizar grandes manifestaciones contra estos esfuerzos encabezados por “fiscales radicales… viles…y racistas… gente horrible… están mentalmente enfermos”, mencionando tres sitios: Georgia, Washington y Nueva York. Son justo en esas entidades donde fiscales proceden con investigaciones contra el ex presidente.

La fiscal del condado de Fulton, en Georgia, Fani Willis solicitó a la FBI realizar una evaluación de riesgo del tribunal en Atlanta, donde tiene sus oficinas, y pidió recursos de protección, que incluyan inteligencia y agentes federales, a raíz de declaraciones "alarmantes" de Trump en un mitin político el sábado, donde denunció varias investigaciones en su contra, incluida la de ella, al acusar que todos cometían una mala conducta”, reportaron Ap y Axios.

Algunos se preguntaron por qué usó la palabra "racista". Un observador, Will Bunch, del Philadelphia Inquirer, señaló que era una palabra dirigida a supremacistas blancos, ya que tres de los fiscales que investigan a Trump, Willis en Atlanta, Alvin Bragg en Manhattan y Letitia James, fiscal general del estado de Nueva York, así como el presidente del Comité Selecto Benny Thompson, son todos afroestadunidenses.

En una declaración enviada el domingo, Trump denunció esfuerzos para fortalecer el proceso electoral, y en ese contexto recuerda que su vicepresidente, Mike Pence, tenía el derecho de cambiar el resultado final de la elección y que "desafortunadamente no ejerció ese poder. ¡Podía haber invalidado la eleccion!"

Muchos analistas y políticos comentaron que una vez más Trump estaba confesando que deseaba una especie de golpe interrumpiendo el proceso electoral y anulando sus resultados. "Dijo en voz alta la parte silenciosa. Trump aquí admite y hasta elogió lo que deseaba que hiciera Mike Pence", señaló el comentarista conservador Bill Kristol.

La diputada federal Liz Cheney, una de los dos integrantes republicanos del Comité Selecto que investiga el asalto al Capitolio, al comentar sobre la declaración de Trump, acusó que el ex presidente "usa lenguaje que sabe que causó la violencia del 6 de enero, sugiere que indultará a los detenidos, algunos de los cuales han sido acusados de conspiración sediciosa, amenaza a fiscales y admite que estaba intentando invalidar la elección. Lo haría todo de nuevo si se le presenta la oportunidad".

Mientras, políticos aliados de Trump siguen amenazando con interrumpir procesos electorales. El candidato republicano a gobernador de Michigan, Ryan D. Kelley, pidió a sus colaboradores que vigilarán casillas que "desconecten" máquinas de tabulación de votos si sospechan fraude en la elección de 2022; "si ven algo que no les guste". Un aspirante al Senado estatal, Mike Detmer, amigo de Kelley, se atrevió a decir: "necesitamos estar preparados" para "cargar y disparar"… "lleguen armados".

Todo esto está buscando tensiones en el clima político, con un ex presidente que promete indultar a sus seguidores que tomaron por asalto el Capitolio, amenazar una vez más a su ex vicepresidente, su llamado a protestas masivas si él es formalmente acusado por fiscales, el hecho de que, efectivamente, admitió que buscaba revertir la elección de 2020, la continua invitación a interrumpir procesos electorales y la amenaza de violencia armada por sus aliados políticos.

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Maduro impone condiciones inalcanzables para un referéndum revocatorio

 

 

El Gobierno Nacional, a través del Consejo Nacional Electoral, anunció sorpresivamente condiciones incumplibles para impulsar una consulta popular sobre la continuidad o no del mandato de Maduro.

 

El día 26 será una mala pantomima para aparentar respeto al derecho constitucional de realizar un referéndum revocatorio del presidente de la nación. Faltando poco para las 9 de la noche del viernes 21, el Consejo Nacional Electoral (CNE) informó que menos de una semana después, el miércoles 26, sería la fecha única para la recolección de firmas necesarias para activar el mecanismo constitucional del referendo revocatorio.

Serán solo 12 horas (de 6 am a 6 pm), un día de semana, en pleno auge de contagios por la variante Ómicron de la Covid-19, para recoger un mínimo de 20% del registro electoral en cada una de los estados del país, debiendo sumar poco más de 4 millones 253 mil firmas, tomando como base el registro validado para las pasadas elecciones regionales, que asciende a casi 21 millones de electores y electoras (20.929.987).

Esto no solo implica una convocatoria con apenas cuatro días de antelación, sino que en promedio tendrían que procesarse 5 firmas de apoyo por cada minuto en cada uno de los centros definidos para la recolección (1.200, en contraste con los 14.400 centros habilitados para las elecciones de noviembre). Algo que objetivamente no tiene viabilidad ni posibilidad de hacerse realidad.

Como corolario, el cronograma es bastante compulsivo e inconsistente: el 21 en la noche se anunciaron las condiciones, en la tarde del día siguiente se anunció que la presentación de testigos estaba habilitada desde el propio 21 –aunque nadie lo sabía entonces, porque recién lo informan el 22– hasta el 24, la acreditación de estos está pautada para el mismo 22 –aunque el CNE lo informó pasadas las 2 de la tarde de ese día y recién después de las 3 de la tarde es que estuvo disponible en la página web del CNE la planilla de presentación de los testigos– hasta el 25. Para ayer 23 de enero sería “el despliegue lineal de los equipos tecnológicos para la jornada e igualmente inicia el proceso de capacitación de los agentes que prestarán servicio en la Jornada de recepción de manifestación de voluntad”. Para este martes 25 sería la instalación de los equipos tecnológicos.

No solo se está ante un tiempo irrisorio para organizarse quienes quisieran llevar adelante la recolección, incluso para la labor elemental del ente electoral y de los involucrados de informar a la población sobre el mecanismo, aclarar duras, etc., sino que la posibilidad real de promover y organizar testigos, auditar máquinas y el sistema de procesamiento de los votos, etc., es prácticamente inexistente. De hecho, el cronograma no contempla ninguna fase de verificación del software a usarse. Amén de la cifra imposible de 5 firmas por cada minuto de las 12 horas de recolección en cada uno de los centros definidos. Por si fuera poco, en un día laboral.

Es a todas luces un madrugonazo del gobierno para anular, por la vía de los hechos, la posibilidad de activación de ese derecho democrático establecido en la propia constitución que el chavismo hizo votar iniciando su ascenso al poder. El 17 de enero el CNE dio respuesta pública a las solicitudes introducidas el día 10 por algunas organizaciones del pequeño sector de la oposición que está decidido a impulsar ese mecanismo, ese día anunció que “procedían” las solicitudes y que el próximo paso sería elaborar un cronograma. Cuatro días después, las condiciones estaban listas y aprobadas por la mayoría de 3 rectores chavistas que responden al Gobierno, con el voto salvado de los 2 rectores que responden al arco opositor.

Cabe recordar además que, al tratarse del cargo de Presidente de la República, aunque el distrito electoral que corresponde es el país como un todo, el Gobierno de Maduro se valió del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para emitir una sentencia en 2016 (17/10/2016), en la cual la Sala Electoral modificó la normativa para la recolección de firmas, estableciendo que no sería ya el 20% del electorado nacional, sino el 20% de cada una de las entidades del país. Lo que implica esto es que si en un solo estado del país no se consiguiese alcanzar el 20% de las firmas, aun cuando sí se hubiesen conseguido en todos los demás y el total nacional sumara el 20% del electorado, no procedería la activación del referendo.

Una verdadera trácala electoral que violenta el principio lógico más elemental de que si el distrito electoral para elegir al Presidente es el nacional, tomándose el país como distrito único, así también debe ser la recolección de firmas. Para ser elegido Presidente de la República a Maduro no se le exigió tener un mínimo de votos en cada unas de las entidades del país, ¿cierto? Se toma todo el país como un único distrito electoral y se gana el cargo independientemente de la proporción de votos obtenidos en cada uno de los estados… pero en 2016 se inventaron que para activar un referendo revocatorio ya no valía el país como distrito único.

Obviamente son obstáculos adicionales que fue colocando un gobierno cada vez más vaciado de base social, como parte de su giro antidemocrático. Violenta completamente la posible voluntad mayoritaria, pues en un país con una distribución territorial de la población bastante desigual, donde la mayor parte se concentra en determinados estados que son el centro económico, social y político del país, aun cuando de ese total de la población haya claramente el porcentaje necesario manifestando la voluntad de ir a un revocatorio, estaría bloqueada esa posibilidad si no se logra la misma proporción en cada estado, así represente un porcentaje muy minoritario de la población.

La ponente de esa sentencia fue la presidenta de la Sala Electoral, Indira Alfonzo, quien años después fue, ella misma, nombrada por el TSJ como Presidenta del Consejo Nacional Electoral.

Volviendo al tramposo cronograma, el CNE anunció que luego del 26, “La auditoría de huellas de las solicitudes de manifestación de voluntad se desarrollará entre el 7 y 10 de febrero y la declaratoria de procedencia o improcedencia quedó fijada para el 13 de febrero”. Tanto el CNE como el propio gobierno se han encargado de recordar que, de acuerdo a la ley, solo se puede activar una solicitud de referendo revocatorio a lo largo del mandato, por lo cual, si en esta ocasión no se consiguen los requisitos, no hay segundas oportunidades.

Nunca faltan el chantaje y la intimidación: pedirán el listado de los firmantes

Por si hicieran falta elementos en contra para el ejercicio de esta consulta popular, como al autoritarismo del gobierno no le faltan los elementos de coacción a la hora de forzar algún resultado electoral, esta vez se hacen presentes también. Es así que el día de ayer, lunes 24, Diosdado Cabello dio una rueda de prensa a nombre del PSUV señalando, entre otras cosas, que luego de la recolección de firmas, ellos, es decir, el Gobierno, solicitarán al CNE el listado de las personas que hayan manifestado voluntad favorable a la realización del referendo.

Que Maduro tiene derecho a saber quiénes son las personas quieren revocarlo, fue la cínica argumentación del segundo vicepresidente del partido de gobierno. No está de más recordar que luego de la realización del referendo revocatorio a Chávez en 2004, el listado de quienes firmaron a favor de esa consulta se convirtió en una “lista negra” que servía para negar puestos de trabajo en instituciones públicas o directamente despedir. Esta lista y otras siguen usándose en la actualidad, cuando la profunda descomposición autoritaria ha llegado al punto de chantajear, en los sectores populares, con negar el acceso a la bolsa de alimentos (CLAP) o el suministro de las bombonas de gas doméstico, a quienes no manifiesten lealtad electoral al Gobierno-PSUV.

Para más acoso, también anunció Diosdado que el PSUV desplegará sus “testigos” el día de la recolección de firmas, porque tienen derecho a verificar que el proceso se cumpla acorde a las reglas, dijo.

“Fast-track” para quitarse un embrollo de encima y bloquear un derecho democrático

Claramente estamos ante una jugada más del autoritarismo del gobierno para dar por pasada ya la página del revocatorio, la implementación a su medida de una vía rápida para tramitar y dar por cerrado este importante problema político. Una jugada acorde con la serie de mecanismos tramposos y proscriptivos con que ha encarado los diferentes procesos electorales de los últimos años.

Quienes militamos en la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS), siendo parte del arco de los que nos oponemos por izquierda al régimen de Maduro y las FFAA –y por tanto también nos oponemos a la oposición de derecha y al imperialismo estadounidense–, repudiamos claramente estas descaradas acciones antidemocráticas.

La Constitución del ’99 consagró en su artículo 72 la opción de convocar referendos revocatorios para todos los cargos de elección popular, una vez cumplida la mitad del mandato. Un nuevo derecho democrático que, como todos los otros aspectos democráticos novedosos de la nueva constitución, no solo convivía con el hecho fundamental de mantener una sociedad de clases basada en la explotación –lo que ya de por sí impone un régimen social antidemocrático–, sino además con la pervivencia y aumento de la concentración de poderes en la figura presidencial.

Tras la debacle del régimen puntofijista, en medio de una crisis terminal de sus instituciones, y con el ingrediente central de la entrada en escena del movimiento de masas a partir de la rebelión del ’89, que a pesar de la sangrienta derrota marcó el inicio de un importante ascenso de luchas y movilizaciones en toda la década de los 90’s, el nuevo régimen político que ascendía apoyado en ese descontento y aspiraciones populares no podía asentarse sin hacer concesiones a esas expectativas. Apoyado en el movimiento de masas, Chávez y el chavismo introdujeron algunos mecanismos relativamente democráticos, que resultaban novedosos para la limitada democracia burguesa venezolana (e incluso en algunos casos para la democracia burguesa en general).

Uno de esos mecanismos fue la figura de los revocatorios. No es el objetivo aquí desarrollar el conjunto de mecanismos y el por qué de lo relativos y bastante limitados desde el punto de vista de un régimen político en el que, según los publicitas de la democracia burguesa, “la soberanía resida en el pueblo”. Nos basta por ahora con señalar el hecho fundamental de que tales “poderes” o “decisiones” quedaban siempre subordinados a los poderes económicos y políticos reales de la sociedad burguesa: la clase de los capitalistas, su Estado, sus Fuerzas Armadas. Y en ese marco es pertinente señalar que al mismo tiempo se profundizaba el histórico “presidencialismo” de los regímenes anteriores, brindando mayores condiciones formales para el desarrollo de un régimen personalista y bonapartista.

Es en ese entramado que existe el derecho al revocatorio, un derecho bastante limitado desde el punto de vista de lo que se le vende al pueblo como “ejercer la voluntad popular”, pero que no deja de ser una posibilidad para que, en determinados momentos, el pueblo pueda expresar su parecer, aun en los estrechos márgenes que brinda. Desde ese punto de vista, rechazamos de plano y denunciamos esa nueva afrenta del gobierno de Maduro y las FF.AA., tal como lo hemos hecho siempre ante cada maniobra autoritaria y antidemocrática gubernamental.

La organización y movilización de las trabajadoras y los trabajadores, lxs jóvenes y las mujeres por nuestras demandas económicas, sociales y políticas, sigue siendo una necesidad para recuperar la capacidad de lucha. Para pararle la mano a este gobierno y a los empresarios y patronos de conjunto, que pretenden avanzar hacia una “recuperación” económica y una nueva etapa de convivencia política sobre las ruinas de nuestros derechos y nuestras condiciones de vida.

Por Ángel AriasSociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts

Martes 25 de enero

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Foto: Claudia Morales/Reuters

A días del 22 de enero, un nuevo aniversario del Estado Plurinacional y a un año y dos meses del Gobierno de Arce, las disputas y tensiones dentro del MAS están al rojo vivo. Organizaciones sociales y campesinas, así como la propia bancada del MAS, exigen que se hagan cambios en el gabinete ministerial. En general se identifican 3 alas: Arcistas, Choquehuanquistas y Evistas, pero decir esto no significa que sean homogéneas. Hay disputas y fracciones diversas en cada una de ellas.

Juana RunaMilitante de la LOR-CI y de Pan y Rosas

Miércoles 19 de enero

Este 22 de enero se cumple un nuevo aniversario del Estado Plurinacional de Bolivia, en esta ocasión, debido a la cuarta ola de la pandemia, no se llevarán adelante actos de festejo en los que se suelen esperar, además del discurso presidencial, las palabras de representantes de las organizaciones sociales. Si bien el Gobierno tomó esta decisión por el incremento de los contagios lo cierto es que otro factor que puede haber influido tiene que ver con las luchas y disputas intestinas que se vienen desarrollando al interior del partido de Gobierno.

Todo esto motivó a que durante los últimos días se haya posicionado, en el centro del debate político, los pedidos de cambios en el gabinete ministerial. Cambios que se esperaba que fueran anunciados este 22 de enero. Sin embargo, el 18 de enero, el presidente Arce, viajó al Chapare en Cochabamba (uno de los bastiones del MAS) y según informaron medios de prensa, luego de una reunión que habría sido "muy dura", Arce indicó que no realizará ningún cambio a su gabinete, intentando de esta manera poner un límite a las múltiples exigencias y presiones que su gobierno viene recibiendo. Pero hay que decir que dicho anuncio no descarta, o no significa, que más temprano que tarde estos “cambios de ministros” finalmente sucedan.

Recordemos que fue el propio Evo Morales quien hizo críticas a algunos miembros del actual gabinete de ministros señalando que “son técnicos y no políticos”, en alusión principalmente al ministro de Justicia, Iván Lima. Sin embargo, al aumentar las presiones de las distintas fracciones sobre Arce, particularmente desde el bloque Choquehuanca, Morales tuvo que salir a respaldar a Arce afirmando que la composición del gabinete es decisión exclusiva del presidente y que cuando él estuvo en el poder, su vice (Álvaro García Linera), nunca lo había chantajeado: un mensaje directo al actual vicepresidente, Choquehuanca.

Como es conocido, Choquehuanca expresa el ala más dialoguista y renovadora del MAS, con peso al interior de bases indígenas y sectores populares que le dan una relevancia decisiva a la etnicidad y a los intentos de Choquehuanca de desarrollar una ideología de la colaboración, apoyándose en su propia interpretación de lo que considera son los valores y principios de la cosmovisión de los pueblos originarios. Sin embargo, pese a importantes puntos de apoyo en sectores populares, su participación en el gabinete de Arce y su peso en el Estado se ha visto drásticamente reducido el último año. Entre las razones están que ante los intentos de establecer canales de diálogo con la derecha oriental, la radicalidad de Calvo, Camacho y otros, solo recibió desplantes que debilitaron su política dialoguista, y, por otro lado, apenas empezada su gestión gubernamental, los ministros afines a su bloque fueron rápidamente removidos debido a resonantes casos de corrupción que han dejado al “bloque renovador” en una precaria situación en la lucha interna.

Por su parte, el bloque encabezado por Evo Morales, intentó imponerse al prohibir las fracciones y los bloques en el MAS con el argumento de fortalecer la unidad del partido. El intento bonapartista de Evo, lejos de proyectar la tan mentada unidad, fue un disparador y un agravante de la lucha interna. Tal es así que empezaron a proliferar los reclamos y críticas no solo a miembros del actual gabinete sino también a la propia figura de Evo Morales. Ejemplificador de esto último fue el congreso del MAS en la ciudad de Montero del Departamento de Santa Cruz, donde la directiva electa le pidió a Evo que “deje de dirigir por teléfono, que baje a las bases y que deje gobernar al presidente Arce”.

Al mismo tiempo, el sector gremial, los cívicos de El Alto, los campesinos de las 20 provincias del Departamento de La Paz, maestros rurales, el Pacto de Unidad, así como la propia bancada del MAS en el Parlamento, empezaron cada uno a dar los nombres de los ministros y ministras observados para que fueran destituidos.

Los nombres más observados son el ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, y, el ministro de Salud, Jeyson Auza. El primero llegó a ser acusado de “traidor e infiltrado” y el segundo es duramente criticado debido a los decretos que obligan a tener el carnet de vacunación contra el COVID o en su defecto la prueba PCR.

También son observados la ministra de la Presidencia, Marianela Prada; la ministra de Planificación del Desarrollo, Felima Mendoza; y el ministro de Justicia, Iván Lima. Justamente estos ministros, además del ministro de Economía y Finanzas Públicas, Marcelo Montenegro, son los miembros de más confianza y más allegados a Arce.

La Confederación de Fabriles, así como miembros de la bancada parlamentaria del MAS, también se han referido al ministro de Obras Públicas, Edgar Montaño; de Minería, Ramiro Villavicencio; de Trabajo, Patricia Navía y de Hidrocarburos, Franklin Molina.

Sin dudas detrás de estas críticas y exigencias están los intereses y disputas por cargos. Cada sector quiere poner a su representante en alguna de estas importantes carteras de Estado. Pero también otro de los factores que explican estas críticas tiene que ver con que para muchos estos ministros están totalmente divorciados de lo que las organizaciones sociales y sectores populares esperan. El diputado del MAS, Daniel Rojas, en una declaración para el Diario Página Siete, señaló: “Le hemos hecho conocer (al presidente, NdR) la pésima coordinación que tienen los ministros con las organizaciones sociales y la pésima coordinación también que tienen con los legisladores, los propios diputados y senadores electos. La voz ha sido unánime cuando se observó la descoordinación de los ministros con los legisladores y se le ha sugerido al Presidente que evalúe”.

Lo cierto es que lo que expresan estas tensiones dentro del MAS, más allá de lo que finalmente anuncie Arce en su discurso presidencial, es que cada vez le resulta más difícil a este partido mostrar una imagen de unidad.

¿Infiltrados o conciliación de clases?

Hace un par de días, el Pacto de Unidad, encabezado por la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), emitió un severo comunicado calificando al ministro de Gobierno, y militante de Columna Sur (uno de los grupos juveniles del MAS), Eduardo Del Castillo, como un “pitita infiltrado” [1] y “traidor”. Al mismo tiempo, convocaron al presidente, Luis Arce Catacora, y al vicepresidente, David Choquehuanca, a una reunión este miércoles 15 de enero en la sede de la CSUTCB, para evaluar el gabinete ministerial. En esta reunión, que duró aproximadamente 6 horas, solo participaron los mandatarios por pedido expreso del Pacto de Unidad. Concluido el encuentro, parece que no se puede descartar que este 22 Arce anuncie algún cambio en su gabinete. Sin embargo, más allá de eso, Odaliz Huayllas, representante de la Confederación de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, informó que acordaron una nueva reunión para el 11 de febrero, en la que continuará la evaluación al desempeño de las y los ministros de Arce.

Para entender esta situación recordemos que, hace un par de semanas, el ahora ex viceministro de Régimen Interior, Nelson Cox, fue destituido vía whatsapp por Del Castillo. Esta destitución según declaración del ministro de Gobierno se debía a que Cox tenía como miembro de su equipo de trabajo a un abogado de la hermana del ex ministro del Gobierno golpista, hoy prófugo, Arturo Murillo. Esto motivó a que algunas agrupaciones y sectores del MAS, vinculados al evismo y otros a sectores de autoconvocados como en K´ara K´ara, salieran en defensa de Cox ya que durante el golpe de Estado, en su cargo de Defensor del Pueblo en Cochabamba, estuvo presente en la defensa de detenidos y heridos.

Frente a esto, Cox contradijo a Del Castillo y denunció que abogados que trabajaron para Murillo en la persecución judicial contra las y los detenidos y heridos en las localidades de Huayllani, Kara Kara y otros, durante el golpe, hoy no solo continuarían como funcionarios sino que además serían apoderados del “guevarista” ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo. Esta escandalosa convivencia entre golpistas y sectores provenientes de la clase media, profesional blanco-mestiza, del MAS es lo que motivó a que la CSUTCB con su comité directivo en pleno califique a Del Castillo como “pitita, infiltrado y traidor” y que exija su destitución inmediata.

Lo cierto es que lo que califican como “infiltrados” en los hechos no es otra cosa que la expresión de la política de conciliación sistemática del MAS pero además de una convivencia social y una comunidad de intereses entre amistades y círculos familiares muy propios de estos sectores de clase media y media alta, blanco-mestiza. En realidad no debe sorprender y no sorprende, solo que ahora se expresa de manera cada vez más abierta.

Si bien la crisis interna del MAS es de larga data, la autoridad de Evo Morales facilitaba que estas diferencias se resolvieran rápidamente con la expulsión de los “libre pensantes” como se los calificaba. Sin embargo, a partir del golpe de Estado, la crisis interna se expresó de manera desafiante entre “renovadores” y “evistas” dando lugar a una multiplicidad de tendencias internas cada vez más duras en sus enfrentamientos públicos. En este escenario, el bloque de Arce, constituido esencialmente por sectores de esta clase media, blanco mestiza, y tecnócratas, actúa como un amortiguador en el choque fraccional entre evistas, choquehuanquistas y las exigencias propias de cada organización social del MAS.

La profunda crisis y enfrentamientos entre las diversas corrientes, sin embargo, lejos de expresar proyectos políticos alternativos o discusiones sobre cómo profundizar el “proceso de cambio”, es una disputa por espacios de poder dentro de la administración estatal y carrerismo personal de diversas figuras públicas del partido. Pero también expresan las diversas visiones que hay dentro del MAS de cómo negociar con la derecha golpista.

Aunque en los discursos estas fracciones hablan de “terminar con la derecha” y con la polarización política, en los hechos se establecen tantos mutuos y múltiples “infiltrados” que se confunden. Así tenemos que mientras el ala Choquehuanca se inclina por una abierta colaboración, el ala evista pretende hacerlo sobre la base del respeto a la institucionalidad vigente pero disputando espacios políticamente. Ejemplo de lo que decimos, son las declaraciones del ex ministro de Gobierno de Evo Morales, hombre fuerte del ala “radical” del MAS, Juan Ramón de la Quintana, que planteó que para resolver el tema agrario en el Oriente del país se tendría que llamar a un referéndum nacional y así rediscutir los límites de tierras. Estas declaraciones pusieron los pelos de punta a los cívicos y agroindustriales quiénes sin duda, ante cualquier cambio en el gabinete de Arce que acentúe los tintes “evistas”, lo tomarán como una amenaza a la propiedad de la tierra en el oriente. De todas formas lo cierto es que, como ya lo ha demostrado Evo en sus 14 años de Gobierno, lejos está de afectar los intereses de los agroindustriales. Sin embargo estos tonos discursivos están al servicio de contener a los sectores más radicalizados de los movimientos sociales que sí están dispuestos a avanzar sobre la gran propiedad agroindustrial.

Lo que está claro es que la crisis política que atraviesa el MAS es de tal magnitud que pareciera ser que la destitución de algunos ministros del actual gabinete es inminente. Es decir, más allá y a pesar de Arce, una voz desde la bancada de su partido señaló que en caso de que el presidente no cambie a los ministros observados éstos serán interpelados en el Parlamento y destituidos.

[1] se conoce como pititas a los participantes del movimiento golpista que derrocó a Morales en noviembre de 2019

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Catástrofe climática, colapso, democracia y socialismo: Debate Noam Chomsky, Miguel Fuentes, Guy McPherson*

(Parte I)

 

Resumen


Se presenta a continuación la primera parte de la entrevista-debate “Catástrofe climática, Colapso, Democracia y Socialismo” entre el lingüista y cientista social Noam Chomsky, uno de los intelectuales más importantes del último siglo a nivel mundial, el investigador social chileno y referente de la corriente marxista-colapsista Miguel Fuentes y el científico estadounidense Guy McPherson, especialista en temáticas de crisis ecológica y cambio climático. Uno de los elementos más destacables de este debate es la exposición de tres perspectivas que, aunque complementarias en muchos aspectos y enmarcadas en el campo de las posiciones progresistas y de izquierda, ofrecen tres aproximaciones teóricas y político-programáticas diferenciadas ante un mismo problema: la inminencia de un horizonte de cambio climático súper catastrófico y la posibilidad de un colapso civilizatorio cercano. Otro elemento destacable de este debate son la serie de desafíos y retos interpretativos a los cuales se ven expuestas las posiciones de Chomsky, adquiriendo desde aquí esta discusión el carácter de una verdadera “contienda ideológica” entre determinadas perspectivas de mundo que, aunque como decimos comunes en muchos aspectos, se presentarían como finalmente contrapuestas. En cierto sentido, este debate pareciera retrotraernos, en el terreno de la reflexión en torno a la catástrofe ecológica y el avance del actual proceso de extinción masiva planetaria, a los viejos debates de la izquierda del siglo XX alrededor de la disyuntiva entre reforma o revolución, algo sin duda necesario en el ámbito de las discusiones contemporáneas de ecología política.

 


1. En una discusión reciente entre posiciones ecosocialistas y enfoques colapsistas entre Michael Lowy (Francia), Miguel Fuentes (Chile) y Antonio Turiel (España), Lowy negó constantemente la posibilidad de un colapso capitalista autoinducido y criticó la idea de la imposibilidad de detener el cambio climático antes de que aquel alcance el nivel catastrófico de los 1.5 grados centígrados de calentamiento global. ¿Crees que el proceso histórico se encamina a un derrumbe global comparable, por ejemplo, a algunos procesos previos de colapso civilizatorio en la historia o quizás a algo aún peor? ¿Puede ser hoy una dinámica catastrófica de cambio climático inevitable? ¿Es concebible un fenómeno de extinción humana cercana como resultado de la imbricación de las actuales crisis climática, energética, económica, social y política propia de la actual sociedad industrial y el camino suicida de la destrucción capitalista?1 (Marxismo y Colapso)

 

-Noam Chomsky:
La situación es alarmante, pero creo que Michael Lowy tiene razón. Existen medios viables para alcanzar los objetivos del IPCC y evitar una catástrofe planetaria, y también para avanzar hacia un mundo mejor. Hay estudios meticulosos que muestran de manera convincente que estos objetivos se pueden alcanzar a un costo del 2-3% del PIB mundial, una suma sustancial, pero al alcance, solamente una pequeña fracción de lo que se gastó durante la Segunda Guerra Mundial. Reconozcamos aquí además que, a pesar de lo serio de lo que estaba en juego en esa lucha global, lo que enfrentamos hoy sería incluso más significativo por su propia magnitud: está en juego nada menos que la cuestión de si el experimento humano sobrevivirá en alguna forma reconocible.

El trabajo más extenso y detallado que conozco sobre cómo alcanzar estos objetivos es el del economista Robert Pollin. Aquel presenta una reseña general sobre este tema en nuestro libro conjunto “Climate Crisis and the Global Green New Deal”. Actualmente, sus ideas se están implementando en varios lugares, incluidos algunos de los más difíciles, donde la economía se basa todavía en gran medida en el carbón. Otros eco-economistas, utilizando modelos algo diferentes, han llegado a conclusiones similares. Recientemente, IRENA, la Agencia Internacional de Energías Renovables dependiente de la ONU, arribó a la misma estimación sobre las inversiones necesarias en energías limpias para alcanzar las metas del IPCC con el objetivo de evitar un cambio climático catastrófico.

No existe mucho tiempo para implementar estas propuestas. La verdadera cuestión no es tanto sobre la viabilidad de las mismas como de la voluntad para llevarlas a cabo. Hay pocas dudas de que será una lucha importante. Poderosos intereses atrincherados trabajarán sin descanso para preservar sus ganancias a corto plazo al costo de un desastre incalculable. El trabajo científico actual conjetura que si no se alcanza el objetivo de cero emisiones netas de carbono para el 2050, se pondrán en marcha procesos irreversibles que probablemente conducirán a un fenómeno de “Tierra de invernadero”, alcanzándose entonces temperaturas globales impensables de 4 a 5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, poniendo con ello fin a cualquier forma de sociedad humana organizada.

 

 

-Miguel Fuentes:
Noam Chomsky destaca en su respuesta anterior la posibilidad de un escenario durante este siglo en el cual se alcance un calentamiento global de entre 4 a 5 grados centígrados sobre los niveles pre-industriales, lo cual según aquel podría significar, literalmente, el fin de toda forma de sociedad humana organizada. Chomsky se suma aquí a lo que están diciendo muchos otros investigadores y científicos alrededor del mundo. Un reporte del Breakthrough National Centre for Climate Restoration en años recientes señala incluso la fecha del 2050 como la más probable para el comienzo de un colapso civilizatorio generalizado, esto como efecto de un agudo empeoramiento de la actual situación climática planetaria2. La idea central sería que, debido a la posible transformación hacia mediados de este siglo de una gran parte de nuestro planeta en inhabitable, se llegaría entonces a un punto de no retorno en el cual la fractura y el derrumbe de los Estados nacionales y el orden mundial serían inevitables. Ahora bien, reglón seguido, Chomsky no tiene problemas en afirmar que los objetivos a cumplir para evitar esta catástrofe y sentar las bases para una transición a las “energías limpias” y una sociedad más justa serían todavía perfectamente alcanzables. Específicamente, Chomsky dice que lo anterior solamente requeriría de una inversión de alrededor un 2-3% del PIB mundial, esto último en el marco de un plan de “reformas ambientales” contenidas en el llamado “Green New Deal” del cual aquel es uno de sus principales defensores.

Detengámonos un momento en lo anterior. Por un lado, Chomsky acepta la posibilidad de un colapso civilizatorio planetario en el transcurso de este siglo. Por otro lado, aquel reduce la solución de esta amenaza a nada más que la aplicación de un “impuesto verde”. Literalmente, el mayor desafío histórico, económico, social, cultural e incluso geológico al cual se ha enfrentado la especie humana y la civilización desde sus orígenes reducido, a grandes rasgos, a un problema de “recaudación financiera internacional” consistente en destinar aproximadamente un 3% del PIB mundial al impulso de las “energías limpias”. Pensemos en esto otra vez. Un peligro que, tal como Chomsky plantea, sería incluso superior al que representó la Segunda Guerra Mundial y que podría llegar a transformar a la Tierra en una especie de roca inhabitable, debería resolverse gracias o bien a una mera “recaudación internacional” de impuestos, o bien a un limitado plan de eco-reformas (denominado como “Green New Deal”) del modelo económico capitalista, esto en el contexto de una situación sociopolítica e histórica desprovista en gran medida de los grados de movilización internacional de recursos materiales y humanos, disciplina productiva y penurias sociales que se asociaron a dicho conflicto bélico.

¿Pero cómo es posible que Chomsky, uno de los principales intelectuales del siglo XX, sea capaz de dar este salto entre aceptar la posibilidad del “fin de toda sociedad humana organizada” durante este siglo y reducir la solución de dicha amenaza a lo que a todas luces no parecería ser más que una somera reestructuración (bastante tímida) de las finanzas capitalistas internacionales? ¡Quién sabe! Lo cierto, con todo, es que la respuesta de Chomsky ante la amenaza climática se encuentra muy por detrás no sólo de aquellas propugnadas por el campo del ecosocialismo e incluso del marxismo tradicional para lidiar con esta última, basadas en plantear la ligazón entre el problema de las causas que originaron la crisis ecológica y la necesidad de una política que se plantee la destrucción de la sociedad burguesa y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción como un paso necesario en el enfrentamiento de la misma. Además, el tratamiento de Chomsky a la cuestión ecológica parece ser inferior al que caracteriza a todas aquellas tendencias teóricas que, tales como la teoría del decrecimiento o una serie de corrientes colapsistas, abogarían hoy por la imposición de drásticos planes de decrecimiento económico y de una disminución sustantiva de la actividad industrial y los niveles de consumo globales. Esto último en el marco de un proceso de “transición ecosocial” que no se reduciría a un mero cambio en la matriz energética y el impulso de las energías renovables, sino que implicaría, por el contrario, el tránsito entre un tipo de civilización (moderno-industrial) a otra de nuevo tipo, más capacitada para adaptarse a los nuevos escenarios planetarios que la crisis ecológica, el derrumbe energético y la escasez de recursos global traerán consigo.

Pero reducir el peligro de la catástrofe climática a la necesidad de un mero “impuesto verde” a la voraz economía de mercado capitalista no sería el único de los errores presentes en la respuesta de Chomsky. En realidad, son los propios “pilares argumentativos” que aquel utiliza para defender la posibilidad de una “transición energética” exitosa desde los combustibles fósiles a las llamadas “energías limpias” los cuales se encontraría erigidos, a mi juicio, sobre barro. Primero, porque es falso decir que las llamadas “energías limpias” sean, efectivamente, “limpias”, esto si tenemos en cuenta que la implementación de los sistemas energéticos basados en aquellas; por ejemplo, en los casos de la energía solar o eólica, dependen para su construcción de cantidades ingentes no sólo de materias primas asociadas a procesos extractivos altamente contaminantes (pensemos en las grandes cantidades de acero requeridas para la construcción de turbinas eólicas), sino que, además, del uso de extensos volúmenes de carbón, gas natural o incluso petróleo (recordemos aquí, entre otras cosas, las cuantiosas cantidades de carbón necesarias para la construcción de un solo panel solar). Un ejemplo contundente de lo anterior puede verse en la dependencia de un importante porcentaje de las plantas de hidrógeno (piénsese en las de tipo “gris” o “azul”) de vastas cantidades de gas natural para su funcionamiento. Todo esto sin quedar nunca claro que la reducción en el uso de combustibles fósiles que debería dar como resultado la implementación de estas tecnologías “limpias” sea capaz de compensar, efectivamente, un posible aumento exponencial de la “huella ecológica” de estas últimas en el marco de una supuesta transición energética exitosa3.

Segundo, porque es también falso asumir que una matriz energética basada en energías renovables podría llegar a satisfacer en el corto o mediano plazo el aporte energético que realizan hoy los combustibles fósiles a la economía mundial, esto por lo menos si lo que se busca es una replicación de los actuales patrones (ecológicamente inviables) de crecimiento económico. Algunos ejemplos de lo anterior serían tanto la virtual incapacidad que tendrían las plantas energéticas del llamado “hidrogeno verde” para convertirse en sistemas rentables en el mediano y largo plazo, así como también los enormes desafíos que tendrían algunas fuentes energéticas tales como la solar o eólica (altamente inestables) para satisfacer niveles de demanda energética sostenidos en el tiempo. Todo esto sin siquiera considerarse, de hecho, los importantes costos de mantención de estos sistemas, asociados igualmente al uso de materias primas altamente contaminantes y a una serie de insumos cuya fabricación dependería también del uso de energías fósiles4.

Pero los problemas argumentativos en la respuesta Chomsky no se reducen tampoco a los anteriores. En realidad, el principal de todos se refiere a que el peligro de la crisis climática y la posibilidad de un consecuente colapso planetario no podría circunscribirse ya a un problema ni meramente financiero (solucionable por una hipotética asignación de un 3% del PIB mundial) ni estrictamente técnico-ingenieril (solucionable por el avance de una transición energética exitosa). Esto último porque la magnitud de este problema habría rebasado ya hace mucho tiempo, de hecho, la “esfera de competencia” de los sistemas económicos y tecnológicos para desplazarse al ámbito de las relaciones geológicas y biofísicas del planeta en su conjunto, poniendo desde aquí en entredicho las propias capacidades tecnocientíficas (y económico-financieras) de la civilización contemporánea. En otras palabras, el problema que representarían los actuales niveles de dióxido de carbono en la atmósfera (cercanos ya a los 420 ppm), no vistos en millones de años en la Tierra, o bien los relacionados a los avances sin precedentes de la acidificación marina, del deshielo del Ártico o de las tasas de derretimiento del permafrost, constituirían hoy desafíos cuya solución escaparía en gran medida a cualquiera de nuestros desarrollos técnico-científicos y capacidades tecnológicas. En otras oportunidades he definido esta situación como la del desarrollo de una “insuficiencia tecnológica terminal” creciente de nuestra civilización para enfrentar los desafíos de la presente crisis planetaria5.

En el caso de las actuales concentraciones de CO2 atmosférico, por ejemplo, no existen ni existirán dentro de mucho tiempo (posiblemente muchas décadas o siglos), al menos no antes de que dichas concentraciones sigan disparándose hacia niveles que podrían prontamente garantizar que una gran parte de nuestro planeta se vuelva completamente inhabitable en el corto y mediano plazo, ningún tipo de tecnología capaz de lograr una disminución sustantiva de las mismas. En el caso de las llamadas “plantas de absorción” de CO2, por ejemplo, aquellas no han sido capaces todavía de remover ni siquiera una pequeña fracción (insignificante) de las más de 40 mil millones de toneladas de dióxido de carbono emitidas cada año por la sociedad industrial6. Algo similar ocurriría en el caso de otros problemas ecológicos tales como el ya referido aumento de los niveles de la acidificación marina, el incremento de los niveles oceánicos o incluso la proliferación cada vez inmanejable de chatarra espacial y el consecuente peligro que aquella representa para la mantención (inmediata) de los sistemas de telecomunicación contemporáneos; es decir, otra vez, problemas cada vez más amenazantes antes los cuales la humanidad no cuenta con ninguna tecnología realmente efectiva para hacerles frente, al menos no en el transcurso de las pocas décadas que nos quedarían antes de que dichos problemas alcancen proporciones que pongan en duda, prontamente, nuestra propia sobrevivencia como especie.

 

 

¡Problemas insolucionables, tan insolucionables como aquellos a los que se enfrentaría cualquiera que buscase “restaurar” a su estado original una olla de arcilla o una botella de vidrio luego de que esta haya sido rota en mil pedazos al estrellarse, con toda la fuerza que podamos propinarle, en contra de un muro de concreto! ¿Restaurar una copa del más fino cristal luego de ser molida en pedazos? ¡Ni siquiera con la inversión de diez, cien, mil PIB mundiales sería posible! ¡Esto es justamente lo que hemos hecho con el mundo, el más bello de los cristales planetarios de nuestro sistema solar, volado en mil pedazos por el industrialismo ecocida! ¿Restaurar? ¿Solucionar? ¡Las pelotas! ¡Ya lo hemos destruido todo! ¡Ya lo hemos acabado todo! Y ninguna “inversión financiera” o “solución tecnológica” podrá evitar lo que se aproxima: ¡la muerte! ¡A morir entonces! ¡A morir… y a lucha por preservar lo que pueda ser preservado! ¡A morir y a esperar lo peor, para conquistar el socialismo como sea posible, en el planeta que tengamos y arrebatándole el futuro de las manos al mismo demonio si así fuese necesario! ¡Esa es la tarea de la revolución socialista durante el siglo XXI! ¡Esa es la tarea de los revolucionarios marxistas durante la nueva época de tinieblas que se aproxima! ¡Esa es la tarea del Marxismo Colapsista!

 

-Guy McPherson:
No hay escapatoria del evento de extinción masiva en curso. Solamente la arrogancia humana podría sugerir algo distinto. Nuestra situación es definitivamente terminal. No puedo imaginar que habrá un hábitat para el Homo sapiens más allá de unos años en el futuro. Poco después de que perdamos nuestro hábitat, todos los individuos de nuestra especie morirán. El calentamiento global ya pasó los dos grados centígrados por encima de la línea de base de 1750, esto tal como ha señalado el renombrado profesor Andrew Glikson en su libro de octubre del año 2020 “The Event Horizon”. Aquel escribió en la página 31 de dicho libro: “Durante el Antropoceno, el forzamiento de gases de efecto invernadero aumentó en más de 2.0 W/m2, equivalente a más de > 2 ° C por encima de las temperaturas preindustriales, lo cual constituye un evento (de cambio climático) abrupto llevado a cabo durante un periodo no mucho mayor que el de una generación”.

Entonces sí. Definitivamente hemos pasado el punto de no retorno en la crisis climática. Incluso el increíblemente conservador Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) admitió ya la irreversibilidad del cambio climático en su Informe especial del 24 de septiembre del 2019 sobre el océano y la criósfera en un clima cambiante. Una mirada rápida alrededor del planeta revelará asimismo eventos sin precedentes tales como incendios forestales, inundaciones y megasequías. La pandemia en curso es solamente uno de los muchos eventos que están comenzando a abrumar a los sistemas humanos y nuestra capacidad para responder de manera positiva.

Todas las especies se extinguen, incluidas más de media docena de especies del género Homo que ya han desaparecido. Según el artículo científico de Quintero y Wiens publicado en “Ecology Letters” el 26 de junio de 2013, la tasa proyectada de cambio ambiental es 10.000 veces más rápida a lo que los vertebrados pueden adaptarse. Los mamíferos tampoco pueden mantenerse con estos niveles de cambio, esto tal como señala el artículo de Davis y sus colegas publicado en “Proceedings of the National Academy of Sciences” el 30 de octubre del 2018. El hecho de que nuestra especie sea un mamífero vertebrado sugiere que nos uniremos a más del 99% de las especies que han existido en la Tierra y que ya se han extinguido. La única cuestión en duda es cuando. De hecho, la extinción humana podría haberse desencadenado hace varios años cuando la temperatura media global de la Tierra excedió los 1.5 grados centígrados por encima de la línea de base de 1750. Según una descripción general completa de esta situación publicada por el Sistema Europeo de Análisis de Estrategias y Políticas en abril del 2019, un “aumento de 1.5 grados es el máximo que el planeta puede tolerar; (...) en el peor de los casos, [tal aumento de la temperatura por encima de la línea de base de 1750 provocará] la extinción de la humanidad por completo”.

Todas las especies necesitan un hábitat para sobrevivir. Como informaron Hall y sus colegas en la edición de primavera del año 1997 del Boletín de la Sociedad de la Vida Silvestre: “Por lo tanto, definimos hábitat “como los recursos y las condiciones presentes en un área que producen la ocupación, incluida la supervivencia y la reproducción, de un organismo determinado. El hábitat es específico de cada organismo; se relaciona la presencia de una especie, población o individuo (...) con las características físicas y biológicas de un área. El hábitat implica más que vegetación o la estructura de dicha vegetación; es la suma de los recursos específicos que necesitan los organismos. Cada vez que un organismo es provisto de recursos que le permiten sobrevivir, ese es su hábitat”.

Incluso los tardígrados no son inmunes a la extinción. Más bien, son sensibles a las altas temperaturas, esto tal como se informa en la edición del 9 de enero del año 2020 de “Scientific Reports”. Strona y Bradshaw señalan allí que toda la vida en la Tierra está amenazada de extinción con un aumento de 5-6 grados centígrados en la temperatura promedio global. Estos biólogos plantean la cuestión de las co-extinciones como un factor determinante de la pérdida de toda la vida en la Tierra: “En una visión simplificada, la idea de la co-extinción se reduce a la conclusión obvia de que un consumidor no puede sobrevivir sin sus recursos”.

Desde la increíblemente conservadora entrada de Wikipedia titulada “Cambio climático” proviene esta información de apoyo: “El cambio climático incluye tanto el calentamiento global inducido por el hombre como sus impactos a gran escala en los patrones climáticos. Ha habido períodos anteriores de cambio climático, pero los cambios actuales son más rápidos que los de cualquier evento conocido en la historia de la Tierra”. La entrada de Wikipedia cita además el informe del 8 de agosto del 2019 “Cambio climático y Suelos”, publicado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). El IPCC se encuentra entre los organismos científicos más conservadores en la historia. Aún así, aquel concluyó en 2019 que la Tierra estaba en medio del cambio ambiental más rápido de los vistos en la historia planetaria, esto último citando literatura científica en donde se llega a la siguiente conclusión: “Estas tasas de cambios a nivel global impulsadas por la acción humana superan con creces las tasas de cambio impulsadas por las fuerzas geofísicas o de la biósfera que han alterado la trayectoria del Sistema Tierra en el pasado (Summerhayes 2015; Foster et al. 2017); he incluso eventos geofísicos abruptos tampoco se acercan a las tasas actuales de cambio impulsado por el ser humano”.

La entrada de Wikipedia también señala las consecuencias del tipo de cambio climático abrupto actualmente en curso, incluída la expansión del desierto, las olas de calor y los incendios forestales que se vuelven cada vez más comunes, el derretimiento del permafrost, el retroceso de los glaciares, la pérdida de hielo marino, el aumento de la intensidad de las tormentas y otros eventos ambientales extremos, esto junto con la extinción generalizada de especies. Otra cuestión relevante por mencionar es el hecho de que la Organización Mundial de la Salud ha definido ya al cambio climático como la mayor amenaza para la salud mundial en el siglo XXI. La entrada de Wikipedia continúa: “Bajo el Acuerdo de París de 2015, las naciones acordaron colectivamente mantener el calentamiento 'muy por debajo de los 2.0 grados C (3.6 grados F) a través de esfuerzos de mitigación’”. Pero el profesor Andrew Glikson ya señaló como dijimos en su mencionado libro “The Event Horizon” que la marca de los 2 grados centígrados está ya detrás de nosotros. Además, el IPCC también admitió como ya indicamos la irreversibilidad del cambio climático en su Informe especial sobre el océano y la criósfera. Por lo tanto, el 2019 fue un año excepcional para el IPCC, ya que concluyó que el cambio climático es abrupto e irreversible.

¿Qué tan conservador es el IPCC? Incluso la conservadora y reconocida revista BioScience incluye un artículo en su edición de marzo del 2019 titulado “El lenguaje estadístico respalda el conservadurismo en las evaluaciones del cambio climático”. El documento de Herrando-Pérez y colegas incluye esta información: “Descubrimos que el tono del lenguaje probabilístico del IPCC es notablemente conservador (...) emanando este tono de las propias recomendaciones del IPCC, la complejidad de la investigación climática y de la exposición a debates motivados políticamente. Aprovechar la comunicación de la incertidumbre con un consenso científico abrumador sobre el cambio climático antropogénico debería ser uno de los elementos de una reforma más amplia, mediante la cual la creación de un grupo de trabajo de divulgación del IPCC podría mejorar la transmisión de la ciencia climática a las audiencias del panel”. Contrariamente a la conclusión de Herrando-Pérez y sus colegas, no puedo imaginar que el IPCC esté realmente interesado en transmitir ciencia climática precisa a sus audiencias. Después de todo, como señaló el profesor Michael Oppenheimer en el año 2007, el gobierno de Estados Unidos durante la administración Reagan “vio la creación del IPCC como una forma de evitar que el activismo estimulado por mis colegas y por mí controle la agenda política”.


2. ¿Se ha convertido la especie humana en una plaga para el planeta? Si es así, ¿cómo podemos conciliar aún la supervivencia de la vida en la Tierra con la promoción de los valores modernos tradicionales asociados a la defensa de los derechos humanos y sociales (que requieren el uso de grandes cantidades de recursos globales) en el contexto de un potencial aumento de la población mundial durante este siglo que pueda llegar hasta los doce mil millones de habitantes? Esto último en un escenario en el cual (según varios estudios) el número máximo de humanos que la Tierra podría haber soportado sin una alteración catastrófica de los ecosistemas no debió haber superado nunca los mil millones. ¿Puede el concepto moderno de democracia liberal (o incluso socialista) y sus principios supuestamente asociados de libertad individual, de género y cultural sobrevivir a nuestra aparente situación geológica terminal, o será necesario encontrar nuevos modelos de organización social, por ejemplo, en los presentes en varias sociedades indígenas o nativas? ¿Pueden los derechos de sobrevivencia de las especies vivas, los derechos humanos y el concepto de libertad individual moderna conciliarse armoniosamente en el contexto de un inminente desastre ecosocial global? (Marxismo y Colapso)

-Noam Chomsky:
Comencemos con el crecimiento de la población. Existe un método factible y humano para restringir eso: la educación de las mujeres. Esto tiene un efecto importante sobre la fertilidad tanto en las regiones ricas como en las pobres, y debería facilitase de todas maneras. Los efectos son bastante sustanciales, lo cuales han llevado actualmente a una fuerte disminución de la población en algunas partes del mundo desarrollado. El ejemplo podría ser generalizado.

Las medidas para defenderse del “desastre ecosocial global” pueden y deben avanzar en paralelo con un cambio social e institucional para promover valores de justicia, libertad, ayuda mutua, responsabilidad colectiva, control democrático de las instituciones, preocupación por otras especies y de armonía con la naturaleza, valores que son comúnmente defendidos por las sociedades indígenas y que tienen además profundas raíces en las luchas populares de las llamadas “sociedades desarrolladas” en las cuales, desafortunadamente, el desarrollo material y moral han estado con demasiada frecuencia poco correlacionados.

-Miguel Fuentes:
Las alusiones de Chomsky a la promoción de la educación de las mujeres y los valores sociales de la justicia, la libertad, la ayuda mutua y la armonía con la naturaleza, en tanto “valores morales” desconectados de una crítica más amplia al sistema industrial, el capitalismo y la sociedad de clases en el seno de donde se han generado y agravado amenazas tales como el calentamiento global, se transforman en meras frases de buenas intenciones. Por el contrario, estos principios deben ser pensados, para llegar a ser efectivos de cara a los desafíos que enfrenta la humanidad actualmente y del tipo de crisis civilizatoria que está comenzando a desarrollarse como producto de la crisis ecosocial múltiple (ecológica, energética y de recursos) que avanza a nivel global, cuando mínimo, en el contexto de una transformación social de gran escala que pueda plantear la supresión del sistema económico industrial ecocida y su reemplazo por uno en el cual la producción, el intercambio y la distribución puedan ser planificados de acuerdo con las necesidades sociales.

Ahora bien, incluso una aproximación a estos problemas de tipo socialista tradicional como la anterior, se queda también corta para dar cuenta del tipo de amenazas planetarias que tenemos al frente. Digámoslo así, la discusión en torno a la crisis ecológica y el resto de los peligros existenciales que hoy penden sobre el destino de nuestra civilización en realidad sólo comienza, no termina, al conferirle a la misma una adecuada contextualización marxista. Una de las razones de fondo de esto es que el propio proyecto socialista tradicional en todas sus variantes (incluidas sus versiones más recientes de tipo ecosocialistas), sería ya también completamente insuficiente para responder a la magnitud epocal de los peligros que estamos comenzando a enfrentar como especie. Es decir, un tipo de problemas y amenazas que ninguno de los teóricos de la revolución social durante los últimos siglos, desde Marx y Engels hasta algunos de los actuales referentes del ecosocialismo tales como Bellamy Foster o Michael Lowy, jamás imaginaron posibles7.

Uno de estos problemas de nuevo tipo a los que se enfrentarían las teorías revolucionarias hoy sería el de los actuales ritmos de crecimiento demográfico descontrolado de la humanidad, los cuales nos conferirían ya la condición de, si tenemos en cuenta el papel absolutamente destructivo que nuestra especie viene ejerciendo sobre el conjunto de la biosfera, una de las peores plagas biológicas (en este caso, “biosocial”) existentes hasta nuestros días, una que sería incluso comparable en su poder destructivo a aquella que representaron las cianobacterias que gatillaron el primer evento de extinción masiva de la Tierra hace unos 2400 millones de años, aunque en nuestro caso a un ritmo incluso más acelerado y “eficiente” que el de estas últimas. ¿Demasiado brutal esta afirmación? Puede ser, desde un punto de vista humanista-ilustrado ajeno al tipo de problemas a los que nos enfrentamos hoy, aunque no desde uno eminentemente científico. ¿O acaso puede quedar alguna duda para cualquier ecólogo que estudie los patrones de comportamiento, uso de recursos y destrucción de hábitats asociados a nuestra especie nuestra condición de plaga planetaria? ¿Demasiado brutal esta afirmación? ¡Díselo a las más de 10.000 especies naturales que se extinguen cada año como resultado del rol de una sola especie en el planeta: la nuestra! ¡Díselo a los miles de millones de animales muertos en los grandes incendios de Australia o el Amazonas hace algunos años! ¡Díselo a los osos polares, los koalas, las liebres pika, los tigres, leones, elefantes, que sucumben cada año como producto de lo que le hemos hecho a la Tierra! Muy bien, somos entonces una “plaga”, aunque este término sólo serviría para clasificarnos en tanto “especie biológica”, siendo por lo tanto una definición demasiado “limitada” y carente de cualquier perspectiva social e histórica. ¿Cierto?8

No precisamente. El hecho de que poseamos sistemas sociales y culturales que nos diferencien del resto de mamíferos complejos no significa que nuestra condición de “plaga terrestre” hoy deba remitirse solamente al ámbito biológico, sino que esta condición debería presentar también un cierto correlato en el terreno social y cultural. Esto último, a pesar de que esta condición de “plaga del mundo” haya sido adquirida por nuestra especie en el marco de un tipo particular de sociedad, modo de producción y marco de relaciones históricas específicas, características de la modernidad industrial. De hecho, más allá de la posición y el rol diferenciado de los diversos sectores sociales que componen la estructura productiva y los sistemas socioeconómicos del sistema industrial (por ejemplo, los sectores explotadores y explotados), sería en realidad la humanidad en su conjunto: ricos y pobres, empresarios y obreros, hombres y mujeres, quienes compartirían (compartiríamos) una misma responsabilidad en tanto especie (aunque es cierto, de forma diferenciada) en el actual desastre planetario. Un ejemplo de lo anterior. Todo lo que producen hoy las grandes multinacionales, hasta el último grano de arroz o el último fragmento de plástico, es consumido por alguien, aquello ya sea en París o Londres, o bien en Chisinau, Calcuta o La Paz. Recordemos, asimismo, que incluso las plagas biológicas (tales como las de las langostas) pueden presentar patrones de consumo diferenciados al nivel de sus poblaciones, existiendo por lo tanto ciertos sectores de las mismas que estarán capacitados para consumir más y otros que deberán consumir menos. Con todo, no porque un sector de una determinada plaga biológica consuma menos (o mucho menos), este sector debería ser necesariamente considerado como no perteneciente a dicha plaga en cuestión.

 

 

Otro ejemplo de lo mismo. A menudo se afirma en círculos marxistas (a veces los números varían de acuerdo con cada estudio) que el 20% de la humanidad consume el 80% de los recursos planetarios. Esto quiere decir, llevando lo anterior a cifras redondas, que aproximadamente 1.600.000.000 de personas (asumiendo una población total de 8 mil millones) serían los consumidores de ese 80% de recursos planetarios; ósea, un número que equivaldría aproximadamente a tres veces la población europea actual. En otras palabras, lo que esta frase nos dice realmente es que un segmento de la población mundial muchísimo más vasto que el de las elites capitalistas (o sus servidores políticos) tendría también una responsabilidad directa, grotesca incluso, en los patrones de consumo insostenibles que han venido agravando la actual crisis planetaria. O bien, dicho en términos más “marxistas”, que un gran porcentaje (o incluso la totalidad) de las clases obreras y los sectores populares de Europa, Estados Unidos y una parte significativa de las existentes en América Latina u otras de las regiones de los llamados “países en desarrollo”, serían también “cómplices directos”, al menos en lo referente a la reproducción del actual estilo de vida urbano moderno ecocida, en la destrucción de nuestro planeta.


Pero ampliemos la discusión al 80% de la humanidad restante; ósea, a los aproximadamente 6.400.000.000 de personas que consumen el 20% de los recursos planetarios utilizados en un año. De partida, digamos que un 20% de los recursos globales tampoco es un porcentaje despreciable, representando de hecho un quinto de los mismos y encontrándose asociada su producción también a niveles sustanciales y sostenidos de destrucción ambiental. Esto último en el contexto de una población mundial en constante crecimiento que, posiblemente, no debió jamas haber superado los mil millones de habitantes, esto para que hubiéramos podido hoy estar en condiciones de detener o frenar el desastroso impacto que estamos teniendo sobre los ecosistemas. No olvidemos igualmente que el número de personas incluidas en este 80% de la población mundial constituiría una cifra más de cuatro veces superior a la población humana hacia comienzos de siglo XX, constituyendo por lo tanto la cantidad de recursos básicos necesarios para la sobrevivencia de dicho sector una presión inevitable sobre el conjunto de los sistemas naturales, esto incluso en el caso de que los niveles de consumo de aquel se mantengan en rangos mínimos.

En definitiva, no existe por lo tanto duda alguna de que la humanidad (en tanto humanidad) sí ha devenido en una de las peores plagas planetarias de la historia de la vida terrestre, constituyendo esto un problema en sí mismo (fundamental) para el pensamiento revolucionario contemporáneo y, más en general, para el conjunto de las ciencias humanas y sociales. Es decir, un problema que hoy por hoy no sería solucionable por un mero cambio en el modo de producción, la estructura de clases o el sistema sociopolítico, sino que estaría asociado a la propia “genética” del desarrollo de la sociedad industrial, basada en una determina forma particularmente destructiva (voraz) de relación humanidad-naturaleza, la cual se encontraría a la vez en la base de todos los modelos posibles y concebibles (capitalistas, socialistas o de cualquier otro tipo) de la misma. Esto último, así sea en el marco de una economía neoliberal de mercado o bien una de tipo socialista y/o colectivista planificada. Es la sociedad industrial y la sociedad de masas en todas sus variantes, sean capitalistas o socialistas, sus megaciudades, sus niveles productivos, sus patrones de consumo y estilos de vida, su “espíritu antropocéntrico”, asociados con unos determinados patrones demográficos en el cual la Tierra es concebida como un mero espacio destinado al consumo y la reproducción humana, el principal problema.

¿Es posible conciliar los actuales niveles de sobrepoblación con los requerimientos de la sobrevivencia de nuestra especie? No. Hemos devenido en una plaga planetaria y seguiremos siendo una plaga planetaria hasta el momento en que, por las buenas o por las malas (casi seguro por las malas) nuestro número se reduzca sustancialmente y se quede allí, en los niveles mínimos posibles, por lo menos durante algunos siglos o milenios. ¿Es posible solucionar el problema de la sobrepoblación y a la vez defender la legitimidad de los valores modernos tradicionales asociados a la promoción de los derechos humanos y sociales, al menos tal como estos valores han sido comprendidos en los últimos siglos? No. La modernidad ha fracasado. La modernidad está muerta. Vamos a tener que replantear cada uno de nuestros valores, incluidos los más básicos, todos. Vamos a tener que pensar de nuevo qué somos, donde vamos y de donde venimos. La sola existencia de casi 8 mil millones de personas hoy sobre nuestro planeta y, más aún, el probable aumento de esta cifra a una que llegue a los 10 o incluso 12 mil millones es no sólo incompatible con la realización de los propios ideales y valores democráticos modernos en todas sus variantes (capitalistas o socialistas), aquello simplemente porque no existirán ni de lejos los recursos necesarios para asegurarlos en un contexto demográfico semejante (simplemente, el agua y la comida no alcanzarán), sino que, además, con la propia sobrevivencia del conjunto de nuestra especie y, posiblemente, de toda la vida compleja existente en la Tierra. Nuestra situación es terminal. La modernidad está muerta. La democracia está muerta. El socialismo está muerto. Y si queremos que estos conceptos: democracia o socialismo, tengan realmente algún valor de cara al cataclismo que se aproxima, deberemos entonces repensarlos siendo un poco más humildes de lo que hemos sido hasta ahora.

La civilización moderna ha dado algunos de los mejores frutos del desarrollo social de la humanidad, pero también los peores. Somos de alguna manera como el hermano menor de una gran familia cuyos éxitos a temprana edad lo volvieron engreído, estúpido y que pensándose “dueño del mundo”, comenzó a perderlo todo. Nosotros somos ese joven. Deberíamos por lo tanto callarnos, guardarnos nuestras ideologías (capitalistas y socialistas) en el bolsillo, y comenzar a aprender un poco más de nuestros más modestos, pausados y equilibrados “hermanos mayores”; por ejemplo, cada una de las sociedades tradicionales o indígenas que, mientras que la sociedad industrial no habría siquiera cumplido tres siglos antes de poner en riesgo su propia existencia y la de todas las demás culturas del planeta, han podido asegurar su subsistencia por centurias y en algunos casos incluso milenios. Esto último, con frecuencia, en el marco del desarrollo de sistemas sociales mucho más respetuosos de los equilibrios ecológicos y ecosistémicos que son, a fin de cuentas, ante la mirada del largo trayecto de la evolución de las especies, los que realmente importan para el desarrollo de cualquier sociedad… esto porque sin especies (sean animales o vegetales) cualquier cultura humana es imposible. ¿Progreso científico y tecnológico? ¡Excelente idea! ¿Pero quizás podríamos tomar la ruta larga, pensar un poco más las cosas, y lograr lo mismo que hemos logrado hoy en dos siglos, pero quizás demorándonos un poco más, por ejemplo, diez, veinte o incluso cien siglos? Mal que mal, ¿quién nos apura? Aprendamos de la tortuga que, quizás por lenta, ha sobrevivido más de 220 millones de años en la Tierra, esto hasta que llegamos nosotros (que en tanto Homo sapiens no tenemos más de 250.000 años) y la pusimos en peligro.

-Guy McPherson:
Como los ecologistas han venido señalando durante décadas, los impactos ambientales son el resultado del tamaño de la población humana y los niveles de consumo de dichos humanos. La Tierra puede albergar a muchos más cazadores-recolectores que capitalistas que buscan más posesiones materiales. Lamentablemente, estamos atrapados con lo último en lugar de lo primero. Los ecologistas han propuesto cambios en el comportamiento humano desde al menos los inicios del siglo XX. Estas recomendaciones han caído en oídos sordos. Ahora bien, aún cuando sea posible lograr sustanciales cambios en dicho comportamiento y de que aquellos den por resultado una efectiva ralentización o detención de la actividad industrial, es discutible que lo anterior constituya un medio útil para asegurar nuestra supervivencia continua. Una de las razones de lo anterior radica en el conocimiento de lo que podría implicar para la crisis climática el efecto del “enmascaramiento de los aerosoles”.

El efecto de “enmascaramiento climático” de los aerosoles se ha discutido en la literatura científica desde al menos 1929, el cual consiste en lo siguiente: al mismo tiempo que la actividad industrial produce gases de efecto invernadero que atrapan parte del calor resultante de la luz solar que llega a la Tierra, aquella también produce pequeñas partículas que impiden que dicha luz solar toque siquiera la superficie del planeta. Estas partículas, llamadas “aerosoles”, actúan así como una especie de paraguas que evita que una parte de la luz del sol llegue a la superficie terrestre (de aquí que este fenómeno haya sido también denominado bajo el nombre de “ensombrecimiento global”)9. En otras palabras, estas partículas (aerosoles) evitan que una parte de los rayos del sol penetren en la atmósfera y, por lo tanto, impiden un calentamiento adicional del planeta. Esto quiere decir, entonces, que los niveles actuales de calentamiento global serían, de hecho, mucho menores a los que deberían asociarse a los volúmenes de gases de efecto invernadero presentes hoy en la atmósfera (de allí la designación de este fenómeno como de “enmascaramiento climático”). Ósea, la situación del calentamiento global hoy sería en realidad muchísimo más grave de lo que nos indican no sólo las ya altísimas temperaturas globales, sino que, además, las propias proyecciones (ya catastróficas) del aumento de las mismas durante las próximas décadas. Esto último sobre todo si consideramos la posibilidad (optimista) de una futura reducción de la cantidad de aerosoles presentes en la atmósfera como efecto de una potencial baja de las emisiones de gases de invernadero durante los próximos años, lo cual debería producir, paradójicamente, un aumento drástico de las temperaturas globales.

 

 

En otras palabras, las temperaturas globales hoy deberían ser no solamente mucho más altas de lo que son actualmente, sino que, además, el aumento esperado de las mismas deberá ser necesariamente mucho mayor a lo que nos sugieren la mayoría de los modelos climáticos. Según el padre de la ciencia climática, James Hansen, los aerosoles se demoran aproximadamente cinco días en caer desde la atmósfera a la superficie. Se han publicado más de dos docenas de artículos revisados ​​por pares sobre este tema y el último de ellos indica, por ejemplo, que la Tierra se calentaría en un 55% adicional en caso de perderse el efecto de “enmascaramiento” de los aerosoles, lo cual debería suceder, como dijimos, como resultado de que una disminución o modificación notable de la actividad industrial genere una reducción considerable de la emisión de gases de invernadero, produciéndose así con ello un potencial aumento adicional (súbito) de la temperatura de la superficie de la Tierra en alrededor de un 133% a nivel continental. Este artículo fue publicado en la prestigiosa revista “Nature Communications” el 15 de junio del año 2021. En conclusión, la pérdida o disminución sustantiva de los aerosoles en la atmósfera podría llevarnos, por lo tanto, a un potencial aumento en más de 3 grados centígrados de calentamiento global por encima de la línea de base de 1750 de manera muy rápida. Me resulta muy difícil imaginar a muchas especies naturales (incluyendo la nuestra) siendo capaces de resistir este veloz ritmo de cambio ambiental.

En realidad, un evento de extinción masiva ha estado ya en marcha desde al menos 1992. Esto fue reportado por el profesor de Harvard Edward O. Wilson, el llamado “padre de la biodiversidad”, en sus libros de los años 1992 y 2002 “La diversidad de la vida” y “El futuro de la vida”, respectivamente. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente informó además en agosto del 2010 que cada día conducíamos a la extinción de unas 150 a 200 especies. Este sería así al menos el octavo evento de extinción masiva en la Tierra. La literatura científica finalmente reconoció el evento de extinción masiva en curso el 2 de marzo del 2011 en “Nature”. Una investigación posterior en esta línea fue publicada el 19 de junio del 2015 en “Science Advances” a cargo del biólogo conservacionista Gerardo Ceballos y sus colegas titulado “Pérdidas aceleradas de especies modernas inducidas por el hombre: entrando en la sexta extinción masiva”. Coincidiendo con la publicación de este artículo, el autor principal Ceballos afirmó que “la vida tardaría muchos millones de años en recuperarse y que nuestra especie probablemente desaparecería pronto”. Esta conclusión se encuentra respaldada por trabajos posteriores que indican que la vida terrestre no se recuperó de los eventos de extinción masiva previos durante millones de años. Es cierto con todo que las perspectivas indígenas pueden ayudarnos a comprender los eventos en curso. Sin embargo, estoy convencido de que el racionalismo es clave para dar una respuesta positiva a estos eventos.

 

Notas:

*Respectivamente.

Lingüista, filósofo, científico cognitivo, historiador, crítico social y activista político estadounidense. Adhiere a las ideas del socialismo libertario y el anarcosindicalismo. Defiende la política de un New Green Deal como una de las vías para el enfrentamiento de la crisis ecológica.

Investigador social chileno en el área de la historia, la arqueología y las ciencias sociales. Coordinador internacional de la plataforma “Marxismo y Colapso” y exponente de la nueva ideología del colapsismo marxista. Plantea la necesidad de una actualización estratégico-programática del marxismo revolucionario de cara a los nuevos desafíos de la transición antropocénica y el avance de la VI extinción masiva.

Científico estadounidense, profesor emérito de recursos naturales, ecología y biología evolutiva. Adhiere al anarquismo. Plantea la inevitabilidad de un fenómeno de extinción humana y la necesidad de enfrentarla desde una perspectiva que haga hincapié en la aceptación, la búsqueda del amor y el valor de la excelencia.

 

1 El aludido debate entre Michael Lowy, Miguel Fuentes y Antonio Turiel (el cual contó además con los comentarios críticos del ecólogo marxista español Jaime Vindel, el dirigente de izquierda argentina Jorge Altamira y el periodista chileno Paul Walder) puede ser revisado íntegro en la sección de debates de la página de “Marxismo y Colapso” en el siguiente enlace: www.marxismoycolapso.com/debates.

2 Véase este y otros informes relacionados a esta temática en el sitio web del Breakthrough National Centre for Climate Restoration en el siguiente enlace: https://www.breakthroughonline.org.au/about-1.

3 Una explicación de esta paradoja puede encontrarse en la presentación de Jorge Riechmann “¿Dónde estamos? Crisis ecosocial y emergencia climática”, disponible en YouTube en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=KXwzJkDYtdE.

4 Para una ampliación de este problema en formato audiovisual véase el documental de Jeff Gibbs y Michael Moore El Planeta de los Humanos.

5 Revísense aquí, entre otros, los materiales disponibles en la sección de estrategia del sitio de “Marxismo y Colapso” en el siguiente link: www.marxismoycolapso.com/estrategia.

6 Véase aquí, por ejemplo, la entrevista a los investigadores Peter Wadhams, Martin Rees y Hugh Hunt titulada “Climate Change and Carbon Dioxide Removal”, disponible en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=o-PITZo7qOY.

7 Para una discusión respecto a los problemas inéditos a los que se enfrenta el horizonte socialista hoy pueden revisarse los artículos “¡La revolución socialista ante el abismo!” (2015-2019) y “Crisis ecológica, colapso civilizatorio y crisis terminal del marxismo clásico” (2019), disponibles en la sección de estrategia del sitio de “Marxismo y Colapso” en el siguiente link: www.marxismoycolapso.com/estrategia.

8 Una muestra gráfica bastante sugerente del impacto que vienen teniendo los actuales ritmos de reproducción humana sobre el planeta puede verse en la siguiente presentación audiovisual titulada “World Population History (1 C.E. - 2050 C.E.)”, disponible en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=8X2n4uRvZ-M.

9 Para una explicación informada y didáctica de este fenómeno, véase el documental “Oscurecimiento Global” en el siguiente enlace: https://www.dailymotion.com/embed/video/xp3p67?autoplay=1&logo=0&hideInfos=1&start=0&syndication=208464&foreground=&highlight=&background=.

Publicado enPolítica
Lunes, 10 Enero 2022 07:09

¿Puede pasar aquí?

El 6 de enero de 2021, partidarios de Donald Trump chocaron con la policía y las fuerzas de seguridad mientras tomaban por asalto el Capitolio en Washington, DC. Un año después, los estadunidenses aún esperan que el sistema judicial aclare si se trató de una simple manifestación exacerbada o de un intento de golpe de Estado.Foto Afp

 

 

David Brooks

No es extraordinario que periodistas tengan que reportar sobre riesgos de golpes de Estado, guerra civil, amenazas de muerte contra políticos y líderes sociales, de complots de secuestros políticos, sobre atentados terroristas contra ciudadanos e instalaciones gubernamentales. Sí es extraordinario que estemos reportando todo esto no en torno a un país tercermundista o sobre un Estado fallido, sino desde el autoproclamado guardián planetario de la democracia.

Durante la semana pasada, alertas urgentes sobre amenazas potencialmente letales a la democracia estadunidense incluyendo guerras civiles, golpes de Estado, terrorismo político y hasta neofascismo provinieron del propio presidente Biden –quien al marcar el aniversario del asalto al Capitolio se vio obligado a preguntar a sus paisanos: ¿Vamos a ser una nación que acepta la violencia política como lo normal?–, como también de los líderes de ambas cámaras del Congreso, de dos ex presidentes (Carter y Obama), de expertos en sistemas democráticos y sus crisis (incluyendo veteranos de servicios de inteligencia que evaluaban estas condiciones en otros países), de ex generales y de intelectuales reconocidos. Estas voces se sumaron al coro de alarma generado durante los recientes cinco años y que se intensificó durante las pasadas elecciones presidenciales que culminaron con, por primera vez en la historia del país, un presidente rehusando aceptar los resultados e intentando descarrilar el proceso constitucional incluso con un asalto violento del Capitolio de parte de sus seguidores hace un año.

¿Están exagerando?, Eso está a debate, y aunque hay expertos que rechazan que el país está ante la posibilidad de algo remotamente parecido a la catastrófica guerra civil del siglo XIX ni tampoco un golpe de Estado exitoso, sí hay amplio consenso de que la violencia política puede intensificarse aún más con, por ejemplo, nuevos atentados terroristas de ultraderechistas estadunidenses (el peor atentado terrorista antes del 11-S fue realizado por estadunidenses en Oklahoma City en 1995, con 168 muertos ). Pero también, recuerdan otros, en varios países que de repente sufrieron un golpe o en donde estalló una guerra civil, muchos aseguraban, estaban convencidos, justo antes que eso no puede ocurrir aquí.

Noam Chomsky afirma que el asalto al Capitolio de hace un año nos muestra que la democracia política limitada que aún existe (en Estados Unidos) pende de un hilo delicado y advirtió que los esfuerzos republicanos de subversión electoral en el país forman parte del golpe suave que está procediendo ahora.

Chomsky explica: mientras las acusaciones de propagandistas derechistas son en gran medida fantasías delirantes, tienen suficiente base en la realidad para incendiar a aquellos que ven su mundo de dominio desaparecer, al referirse a la cada vez más reducida mayoría blanca en Estados Unidos. En entrevista la semana pasada en Truthout, Chomsky continúa: con el orden social desmoronándose bajo el asalto neoliberal, estos temores son fácilmente manipulados por demagogos y oportunistas, mientras que sus patrones en sus oficinas ejecutivas y mansiones gozan la oportunidad de continuar con el robo que han llevado a cabo por 40 años, y donde los desafíos pueden ser reprimidos, por violencia estatal y privada si es necesario. Eso es un mundo que podría no estar lejos. Alertó: cuando Estados Unidos desciende hacia el fascismo, la supervivencia a largo plazo de la sociedad humana se vuelve una perspectiva dudosa.

Estados Unidos siempre ha sido uno de los países más violentos en el mundo. Pero eso sí, siempre se suponía que los golpes de Estado, atentados de terrorismo político, violencia tipo paramilitar y más que ocurren en otros países –muchas veces con el apoyo o participación de Washington– nunca ocurrirían aquí dentro, hasta ahora.

El futuro, y no sólo el de Estados Unidos, ahora depende de las fuerzas democratizadoras progresistas que han transformado y rescatado a este país en el pasado, y hoy, más que nunca, necesitan de la solidaridad de todas sus contrapartes alrededor del mundo.

Playing for Change. Everyday People. https://www.youtube.com/watch?v=-g4UWvcZn5U

Black Pumas/Playing for Change. Colors. https://www.youtube.com/watch?v=-rM3xn2JXGU

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La persecución de Biden a Julian Assange

¡Dejen de criminalizar a la prensa!

Con la persecución que está llevando a cabo en contra del fundador de Wikileaks, Julian Assange, el Gobierno de Biden está liderando el ataque contra el periodismo y fortaleciendo a los aspirantes a autócratas de todo el mundo

Al cumplirse un año de la insurrección que tuvo lugar el 6 de enero de 2021 en Estados Unidos, cuando el expresidente Donald Trump incitó a miles de sus simpatizantes a irrumpir violentamente en el Capitolio con la intención de revocar los resultados de las elecciones presidenciales de 2020, las amenazas a la democracia continúan en el centro de la escena. Mientras el Partido Republicano se sume en el culto de Trump, activistas progresistas de todo el país luchan para ampliar los derechos electorales y garantizar el desarrollo de elecciones libres y justas. Uno de los principales baluartes de la democracia es la libertad de prensa. Lamentablemente, con la persecución que está llevando a cabo en contra del fundador de Wikileaks, Julian Assange, el Gobierno de Biden está liderando el ataque contra el periodismo y fortaleciendo a los aspirantes a autócratas de todo el mundo.

Julian Assange es el fundador y editor de Wikileaks, un sitio web pionero al servicio de la transparencia. Wikileaks expuso los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Irak y Afganistán, así como también sus prácticas de tortura en Guantánamo y otros abusos de poder, al publicar miles de documentos militares y gubernamentales secretos estadounidenses que los principales medios de noticias de diversas partes del mundo —incluidos los periódicos The New York Times, The Washington Post y The Guardian— utilizaron como base para publicar reportajes que luego fueron ampliamente galardonados. Mientras lucha contra el intento del Gobierno de Estados Unidos de extraditarlo por cargos de espionaje y hackeo de información, Assange se encuentra encerrado en la prisión de alta seguridad de Belmarsh, en Londres, que ha sido descrita como la “versión británica de la prisión de la bahía de Guantánamo”. Si es extraditado, el fundador de Wikileaks podría enfrentar una condena de hasta 175 años de prisión.

Este miércoles se cumplieron 1.000 días de reclusión de Julian Assange en Belmarsh y un grupo de activistas se congregó frente a la prisión para conmemorar la fecha y exigir su liberación. Antes de ser recluido en Belmarsh, Assange pasó casi siete años en la Embajada de Ecuador en Londres, en calidad de asilado político.

Entre los manifestantes se encontraba Stella Moris, pareja de Assange y madre de sus dos hijos menores. Como parte de su campaña por la liberación de Assange, Moris concurrió a la cumbre contra el cambio climático que se desarrolló en noviembre en Glasgow. En esa ocasión dijo a Democracy Now!: “Realmente todo esto ha comenzado a afectarlo. Cada día es una lucha para él. No se vislumbra un final. Esta [situación] puede continuar así durante años”.

Stella Moris anunció la vigilia de protesta por los 1.000 días de encarcelamiento de Assange en un tuit que incluye una grabación de audio supuestamente realizada dentro de la celda de la prisión de Belmarsh donde está recluido Assange. En dicha grabación, los gritos de los reclusos, los ladridos de los perros guardianes y el sonido incesante de puertas de metal que se abren y cierran pintan una imagen cruda de las duras condiciones que se viven dentro de Belmarsh.

En su conversación con Democracy Now!, Stella Moris agregó: “El relator especial de Naciones Unidas sobre la Tortura ha dicho que Julian está siendo torturado psicológicamente. Su salud física se ha deteriorado muchísimo. Lo están matando. Si muere, es porque lo mataron. Lo están torturando hasta la muerte”.

Stella Moris reveló recientemente que Julian Assange sufrió un pequeño accidente cerebrovascular en prisión el 27 de octubre, el primer día de su audiencia de apelación ante el Tribunal Superior de Londres. Ese tribunal finalmente falló a favor del Gobierno estadounidense para que Assange pueda ser extraditado. Assange está actualmente solicitando permiso a ese mismo tribunal para apelar el fallo ante la Corte Suprema del Reino Unido.

Las amenazas a periodistas y trabajadores de los medios en todo el mundo han ido en aumento. El Comité para la Protección de los Periodistas declaró que, al 8 de diciembre, 24 periodistas habían sido asesinados en el cumplimiento de su deber en 2021 y se cree que otras ocho muertes estuvieron relacionadas con el trabajo periodístico. Asimismo, 293 periodistas fueron encarcelados durante 2021, lo que constituye una cifra récord.

El 9 de diciembre pasado, el presidente Joe Biden inauguró la “Cumbre por la Democracia”, organizada por la Casa Blanca, con las siguientes palabras: “Medios de comunicación libres e independientes. Esa es la base de la democracia. Así es como la población se mantiene informada y como los Gobiernos rinden cuenta de sus actos. En todo el mundo, la libertad de prensa está amenazada”.

Las palabras del presidente Biden son ciertas, pero suenan huecas, ya que su Departamento de Justicia busca encerrar en prisión a Julian Assange de por vida, por el simple hecho de desempeñar justamente las funciones de la prensa libre que Biden elogia.

Refiriéndose a los periodistas María Ressa, de Filipinas, y Dmitry Muratov, de Rusia, quienes fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz 2021 por los valientes informes que llevaron a cabo mientras estaban bajo la amenaza de sus Gobiernos, el director ejecutivo adjunto del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), Robert Mahoney, dijo el 10 de diciembre: “El mismo día que se honra a los periodistas con el Premio Nobel de la Paz, un tribunal del Reino Unido dictamina que Estados Unidos puede extraditar a Julian Assange, un fallo que daña gravemente al periodismo. […] La obstinada persecución del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el fundador de WikiLeaks ha sentado un precedente legal dañino para la prensa […]. Esta semana, en su Cumbre por la Democracia, el Gobierno de Biden se comprometió a apoyar al periodismo. Para ello, podría comenzar por eliminar la amenaza que ahora enfrentan los periodistas de investigación de todas partes del mundo de ser juzgados según la Ley de Espionaje”.

Una coalición de 24 organizaciones internacionales —incluidas Human Rights Watch, la Unión Estadounidense para las Libertades Civiles, Freedom of the Press Foundation, PEN America y Reporteros sin Fronteras— instaron al Gobierno de Biden a detener el juicio contra Assange, afirmando que este “amenaza la libertad de prensa porque gran parte de la conducta descrita en la acusación es la conducta de muchos periodistas en su día a día, y la que deben adoptar para poder hacer el trabajo que la ciudadanía necesita que hagan”.

La democracia está bajo ataque. El presidente Biden debe cumplir con su promesa de apoyar la libertad de prensa, que actualmente se necesita más que nunca, y abandonar la persecución contra Julian Assange.

Por Amy Goodman - Denis Moynihan | 10/01/2022

Traducción al español de la columna original en inglés. Edición: Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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