Sábado, 19 Marzo 2011 10:47

Libia y la izquierda mundial

Hay tanta hipocresía y tantos confusos análisis acerca de lo que está ocurriendo en Libia que apenas sabe uno por donde comenzar. El aspecto más pasado por alto en la situación es la profunda división de la izquierda mundial. Varios estados latinoamericanos de izquierda, siendo el más notable Venezuela, mantienen un apoyo pleno al coronel Kadafi. Pero los voceros de la izquierda mundial en Medio Oriente, Asia, África, Europa, y Norteamérica, decididamente no están de acuerdo.

El análisis de Hugo Chávez parece enfocarse primordialmente, en realidad en exclusiva, en el hecho de que Estados Unidos y Europa occidental hayan estado profiriendo amenazas y condenas al régimen de Kadafi. El coronel, Chávez y algunos otros insisten en que el mundo occidental pretende invadir Libia y "robarse" su petróleo. Todo ese análisis para nada ubica lo que ha estado ocurriendo y deja mal el juicio de Chávez –y de hecho su reputación con el resto de la izquierda mundial.

Primero que nada, durante los últimos 10 años y hasta hace algunas semanas, Kadafi no obtuvo sino buena prensa en el mundo occidental. Intentó probar por todos los medios posibles que no era un gobernante que respaldara al "terrorismo" y que su único deseo era integrarse plenamente a la corriente principal geopolítica y económica en el mundo. Libia y el mundo occidental han estado logrando un arreglo tras otro, todos con ganancias. Es difícil para mí ver a Kadafi como un héroe del movimiento mundial antimperialista, por lo menos en los últimos 10 años.

El segundo punto en que falla el análisis de Hugo Chávez es que en Libia no va a haber ningún involucramiento militar significativo del mundo occidental. Los pronunciamientos públicos han sido mera alharaca, diseñada para impresionar a la opinión local. No va a haber ninguna resolución del Consejo de Seguridad porque Rusia y China no van a aceptarla. No va a haber ninguna resolución de la OTAN porque Alemania y otros no aceptarán. Aun la postura militante de Sarkozy contra Kadafi se topa con resistencia dentro de Francia.

Y sobre todo, en Estados Unidos la oposición a una acción militar proviene del público, pero lo más importante es que proviene de los militares. El secretario de defensa, Robert Gates, y el presidente del Estado Mayor Conjunto, el almirante Mullen, han expresado de modo muy público su oposición a instituir una zona de vuelo restringido. De hecho, el secretario Gates fue más allá. El 25 de febrero se dirigió a los cadetes de West Point: "En mi opinión, deberían examinarle la cabeza a cualquier futuro secretario de Defensa que vuelva a aconsejarle al presidente el envío de un gran ejército terrestre estadunidense a Asia, Medio Oriente o África".

Para subrayar este punto de vista de los militares, el general retirado Wesley Clark, anterior comandante de las fuerzas de la OTAN, escribió un editorial para el Washington Post el 11 de marzo, con el título "Libia no califica para una acción militar estadunidense". Así que, pese al llamado de los halcones a que haya un involucramiento de Estados Unidos, el presidente Obama resistirá.

El punto entonces no es si va a ocurrir o no la intervención militar occidental. El punto son las consecuencias que tiene el intento de Kadafi de suprimir del modo más brutal posible toda la oposición de la segunda revuelta árabe. Libia está en un momento de confusión debido a los triunfantes levantamientos en Túnez y Egipto. Y si hay alguna conspiración, es esa entre Kadafi y Occidente para bajarle el ritmo, o aun suprimir, a la revuelta árabe. En la medida en que Kadafi logre hacerlo, estará enviando un mensaje a todos los otros déspotas amenazados de la región: el camino a seguir es la represión dura y no el otorgamiento de concesiones.

Esto es lo que ve la izquierda en el resto del mundo, aunque algunos gobiernos de izquierda en América Latina no lo vean. Como apunta Samir Amin en su análisis sobre el levantamiento egipcio, hay cuatro distintos componentes entre quienes protestan –los jóvenes, la izquierda radical, los demócratas de clase media y los islamitas. La izquierda radical está compuesta por los partidos de izquierda suprimidos y por los movimientos sindicalistas revitalizados. No hay duda de que hay una izquierda radical mucho más pequeña en Libia, y un ejército mucho más débil (a causa de la política deliberada de Kadafi). El resultado, por tanto, es muy incierto.

Reunidos los dirigentes de la Liga Árabe pueden condenar públicamente a Kadafi, pero muchos, tal vez la mayoría, pueden aplaudirlo en privado –y copiarlo.

Podría ser útil finalizar con dos piezas de testimonio procedentes de la izquierda mundial. Helena Sheeham, una activista marxista irlandesa, bien conocida en África por su trabajo de solidaridad con los movimientos más radicales, fue invitada por el régimen de Kadafi a dar un conferencia en la universidad y llegó cuando estallaba la revuelta. Las conferencias en la universidad se cancelaron y a fin de cuentas sus anfitriones simplemente la abandonaron, por lo que tuvo que buscar salir por sus propios medios. Escribió una bitácora diaria en la cual, el último día, el 8 de marzo, escribió: "Cualquier ambivalencia acerca de ese régimen se fue, se fue, se fue. Es brutal, corrupto, engañoso, demencial".

Podemos ver también la declaración de Cosatu (Congress of South African Trade-Unions), la principal federación de sindicatos en Sudáfrica y vocera de la izquierda. Tras analizar los logros sociales del régimen libio, dijo: "Sin embargo, Cosatu no acepta que estos logros sean de modo alguno una excusa para masacrar a aquellos que protestan contra la opresora dictadura del coronel Kadafi y reafirma su respaldo por la democracia y los derechos humanos en Libia y en todo el continente".

Mantengamos un ojo en el balón. La lucha clave en el mundo justo ahora es la segunda revuelta árabe. Será difícil obtener un resultado realmente radical en esta lucha. Kadafi es el principal obstáculo para la izquierda árabe, y para la izquierda mundial. Tal vez deberíamos recordar la máxima de Simone de Beauvoir: "Querer ser libre implica querer que otros sean libres".

Traducción: Ramón Vera Herrera

Immanuel Wallerstein
© Immanuel Wallerstein
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–¿Cómo es la experiencia italiana de las radios comunitarias?

–Muy diferente al resto del mundo. Empieza en el ’75, cuando se acaba el monopolio del Estado en la radio y la televisión. En Italia, como en toda Europa, al contrario que aquí y que en Estados Unidos, existía solo la radio pública. El caso italiano fue el desarrollo de la vanguardia de la radio privada. Pero pasó muy a la italiana, en el sentido en que no se armó un cambio. Se esperó a que se acabe este monopolio y, cuando pasó, en ese momento no se hizo nada. Entonces cualquier persona podía hacer su radio, eso era perfectamente legal.

–¿Pero no estaban limitadas las ondas? ¿Cómo se distribuían?

–Ah, podías ocupar lo que quisieras. Lo importante era que no ocuparas lo que habían ocupado otros, o los espacios de la radio pública. Esto es el background de lo que pasó después con la televisión privada, el desarrollo de la televisión de Berlusconi en el sentido de que en este espacio dentro de la ley el sector de la radio y de la televisión fueron de-sarrollándose con la única ley de la jungla. Era totalmente legal.

–¿Y cómo respondió la sociedad al abrirse de un día para el otro la posibilidad?

–Nacieron algo así como cinco mil radios en un año. Verdaderamente había gente que se había hecho la radio en su casa, al lado de la cama, sobre el balcón, fue una apropiación, esto es interesante porque la cara de este fenómeno es la ley de la jungla, un desarrollo desordenado del sector. Después, a muchas radios se las comieron las emisoras comerciales, muchas se transformaron rápidamente en experiencias comerciales. Pero la otra cara es que en Italia pasó lo que no pasó en ninguna otra parte de Europa: la apropiación masiva de la radio, la pasión de hacer radio, fueron miles y miles de personas que hicieron radio en cada pequeño pueblo, en las ciudades, en todas partes.

–¿Cómo es la distribución actual?

–La radio pública con su RAI, alguna network, algunas radios privadas pero nacionales, mucha radio local comercial.

–Pequeños...

–No necesariamente. Local podemos ser nosotros, como Radio Popolare. Transmite sobre la Lombardía, con 10 millones de habitantes, el sentido de local es que no es nacional. Tiene algún límite, se puede transmitir en un cierto número de regiones y sobre una cierta cantidad de habitantes. Existen algunos límites a la dimensión de radio local, pero nuestra dimensión de radio local es un poco mayor que la región Lombardía, la región de Milán, la región más importante de nivel económico y la más importante de circulación.

–¿Y Radio Popolare surge en el ’76 en ese impulso masivo?

–Claro, cuando se abre para todo el mundo, algunas fuerzas de la izquierda y la extrema izquierda de Milán pensaron en un proyecto de radio. Estas fuerzas son de la izquierda política y sindical. No es que como fuerzas estuvieran de acuerdo políticamente, porque unas estaban a la izquierda del Partido Socialista, había agrupaciones de la extrema izquierda, y los metalúrgicos del sindicato de inspiración católica, la FIM (Federación Italiana de Metalúrgicos), que es la parte del sindicato de Milano más a la izquierda de todo el movimiento sindical italiano. Pero acordaron en el proyecto de Radio Popolare, en el sentido político de una radio de izquierda, pero al mismo tiempo que fuera una radio que pueda gustarle a la gente, que además de lo político tuviera música, algo divertido, noticias, un proyecto de comunicación, no de propaganda. Esto es lo interesante, porque está muy adelantada a su tiempo. En esa época cada agrupación hacía su radio, su diario, su televisión, su proyecto cultural.

–¿Cómo hacían para mantener una línea en temas políticos?

–Había muchos patrones y no estaban de acuerdo entre ellos, eso favoreció la autonomía de la radio. No se tenía un interlocutor, eran muchos interlocutores. No se podía preguntar a diez interlocutores qué digo sobre esto. Esto favoreció la independencia de la radio.

–¿Quién creó el proyecto?

–Un periodista que trabajaba en la RAI y que tenía mucha experiencia, era muy conocido en Milán, Piero Scaramucci. Su idea fue la de una radio muy autónoma, muy independiente. No de bajar una línea sino de dar elementos de reflexión, una actitud política muy clara, una actitud de izquierda, de clase, pero que pudiera hablar de los hechos, de las contradicciones reales, no de resolver las contradicciones con la ideología. Expresar las contradicciones del mundo real en todos los niveles. No era decir el mundo como yo lo deseo. Era el cuento del mundo como es realmente, y que pudiera quizás estar en contradicción con lo que yo tengo como fuerza política.

–Dígame lo que considere importante en aquel momento, que distinga a la Popolare

–Dos cosas, una, que hizo época, el micrófono abierto, la llamada directa de los oyentes. Ya se hacía en la RAI, pero de manera muy controlada sobre temas muy tranquilos. Mucho filtro, se tomaba la llamada, se le preguntaba “usted quién es, qué quiere decir”. Después se ponía al aire. El micrófono abierto de Radio Popolare es totalmente diferente. Se pone un tema, los oyentes llaman, no se hace filtro, no se controla nada. Los oyentes dicen lo que quieren. Los temas son políticamente importantes, polémicos, que molestan. Ahora todo el mundo hace micrófono abierto. Pero todavía no se hace sobre temas como el gobierno de Berlusconi o la política americana en Afganistán. Nosotros decidimos hacerlo sin filtro y sin control. La otra cuestión a la que le dimos importancia desde el principio fue la crónica abierta a conceptos diferentes. En el ’76, cuando en la Popolare teníamos dos meses de existir, los jóvenes de las agrupaciones en crisis de la extrema izquierda, proletariado juvenil, estudiantes, trabajadores, precarizados, organizaron una protesta contra la apertura anual de la Scala de Milán, que se realiza el 7 de diciembre, una gran protesta contra el lujo. Hubo enfrentamientos con la policía, mucha gente fue presa. La radio hizo una crónica en directo de lo que pasaba. Se llamaba desde una cabina telefónica. “La policía está haciendo esto, está haciendo aquello”, y salía en directo. Pero al mismo tiempo, del interior de la Scala, llamaba a Radio Popolare Camilla Cederna, una periodista muy conocida en Italia, que se ocupó mucho de la historia de la explosión en el banco Nazionale de Agricultura de la Piazza Fontana, en 1969: se produjo la caída de los anarquistas de la ventana de la policía y la Cederna se ocupó mucho de esto. Pero ella era una periodista de la moda y entonces desde el interior de la Scala hizo la crónica mundana de lo que estaba pasando, con una actitud polémica pero muy elegante. Eso puede ser un poco la idea de la Popolare, no solo lo político, o político pero divertido, no solo la crónica de lo que estaba pasando fuera, sino lo que había dentro también.

–¿Al inicio cómo era el proyecto, pensaban en el futuro o en la inmediatez del presente?

–En esa época prevalecía la idea de que la sociedad cambiaba, más o menos una idea de la revolución, y Radio Popolare empezó con esa actitud, ingenua. Pero la idea era hacer algo de servicio, no algo por muchos años, sino algo que exista casi como una función de servicio para la gente. Una de las cosas que caracterizan a Radio Popolare es que muchas de las experiencias radiofónicas los domingos cierran, en Navidad cierran. Radio Popolare, desde que empezó, hace radio directa todos los días. Militancia radiofónica.

–¿Y cómo avanzó? ¿Cuál fue la principal dificultad?

–Que los recursos no eran muchos, pero Milán es una ciudad rica, se recibió la ayuda de los oyentes.

–¿Ayuda de los oyentes?

–Después de la primera inversión, se desarrolló muy pronto la actitud de preguntar a los oyentes para ayudar a la radio. La Radio Popolare era una cooperativa masiva, donde cada persona que tomó la tarjeta (tessera, como una membresía) de la radio se hizo socio de la cooperativa. Al principio el financiamiento era algo de parte de las fuerzas que formaron el proyecto, dieron un dinero, y algo de dinero que dieron los oyentes, y un pequeño concierto. Después, se reestructuró como una cooperativa más normal, con trabajadores colaboradores de la radio, representantes de las fuerzas políticas y sindicales, y se volvió en parte una sociedad de responsabilidad limitada. Las fuerzas políticas formaban parte de esta sociedad. Y al final de los años ’80, se produce por parte de alguna de estas fuerzas una tentativa de controlar la radio políticamente, y una parte minoritaria se opuso. La minoría viró a mayoría y tomó el control con el proyecto de hacer algo más importante y buscar dinero sin dependencia de las fuerzas políticas. Se fundó entonces una sociedad por acciones y se vendieron las acciones.

–¿Había un límite para la compra?

–Había un límite, se necesitaba la aprobación del consejo de administración. Pero no se encontraron casos de compras de acciones en masa. Se encontró en cambio una respuesta muy amplia, de oyentes que compraron una o dos acciones. Ahora son 15 mil accionistas. En esa época se hizo la venta con una campaña que alcanzó unos miles, después otros miles. La venta de acciones empezó en el ’89 o ’90.

–¿Cómo quedaron las fuerzas políticas que habían estado interesadas en el golpe de timón?

–La cantidad de acciones que tienen no les permite nada.

–La presencia de los 15 mil oyentes accionistas debe producir algún efecto en la actividad de la radio...

–Casi nada. Se empezó haciendo cada año, como marca la ley, una asamblea de accionistas, iban cien, pero cada año fue disminuyendo, ahora van diez. Confían en nosotros. Pero en lo que sí influyó es que permitió dar un salto a una estructura más importante, con más periodistas. Al final de los 80 eran 10, 15 personas, tenían salario bajo, no todos cobraban de manera regular. En ese momento se regularizó y fueron tomados más periodistas. No tenemos trabajadores en negro. La Popolare es muy importante e hizo trabajo de formación muy importante, entonces todo el mundo nos conoce, es un fenómeno bastante extraño.

–¿Cómo es el desarrollo de las comunitarias en Italia?

–Totalmente diferente al resto del mundo. En todo el mundo lo que se hizo fue reclamarse la posibilidad de hacer radio independiente, de hacer radio de inspiración no comercial. En algunos países se luchó mucho por esto. En Italia, uno se levantó un buen día y se encontró con la posibilidad de hacer la radio. Bueno, quiero hacer una radio de izquierda porque soy de izquierda. A Radio Popolare se la considera en todo el mundo como radio comunitaria, pero no nació como radio comunitaria, nació como radio de izquierda, política. Algunas en Italia son verdaderamente comunitarias, como algunas radios religiosas católicas y protestantes, en el Piamonte. La ley italiana reconoce hoy a las radios comunitarias, pero por la ley hoy, la Radio Popolare no es una radio comunitaria porque como nació con la idea de hacer un trabajo de información giornalístico, siendo radio comunitaria no se podía pedir más que un nivel bajo de publicidad. La decisión pragmática de Radio Popolare fue hacer mucho menos publicidad que la radio comercial pero más que la radio comunitaria por la ley italiana.

–¿Qué publicidad tienen? ¿Banca, comercios?

–Todo tipo de publicidad. Al principio era todo el pequeño mundo de la empresa pequeña, de izquierda, la librería, la editora, el restaurante, todo eso. Después empezamos a tener publicidad más normal. Ahora la comercial es más que antes. Autos, por ejemplo.

¿No les genera dependencia en la información?

–Después de empezar el movimiento de accionarado popular, empezó también, una nueva manera de hacer el financiamiento normal de la radio. La idea del accionarado popular fue la idea de juntar recursos en un momento dado. Fue para dar el salto. Y después, una manera nueva de tomar el dinero, como cuando se paga el teléfono con débito automático. Les preguntamos a los oyentes si querían pagar un abbonamento a través del banco. ¿Qué se le daba al oyente por lo que pagaba?: una respuesta es el sentido de pertenencia. Entonces otros 15 mil oyentes cada año nos dan cien mil euros. Algunos de los 15 mil son los mismos que tienen las acciones, no necesariamente. Casualmente son la misma cantidad. Con la publicidad se toma la mitad de nuestro Budget y con el abbonamento de los oyentes, más o menos lo mismo. Nuestro balance se hace mitad con una cosa, mitad con la otra. Esto es una manera equilibrada de hacer publicidad y también saber qué piensan los oyentes. Pese a la crisis económica, en los últimos dos años la cantidad de los oyentes no bajó, la publicidad sí. Es importante no sólo económicamente, sino que significa que la radio está en la línea que interesa.

–¿Sufren algún tipo de censura por la publicidad comercial o la aplican ustedes mismos?

–No. Me recuerdo que una vez se habló muy mal de una discográfica que hacía publicidad. No recuerdo si se terminó con la publicidad. Un colaborador de la radio había hablado de una manera muy negativa.

–¿No surge la censura, se reúnen para decidir, cómo es el mecanismo, si es que existe?

–No puedo decir que no haya mecanismos de autocensura, no es sólo el tema de la relación con la casa discográfica, tú eres un músico, te digo de venir a la radio, no te puedo golpear si no me gustas.

–Esto sucede en lo cotidiano, me refiero a si se tiene publicidad de una banca, por ejemplo, y no se puede criticar a esa banca.

–No ocurre en Popolare, el tema no es hablar mal del auto sino hacer reflexiones sobre el modelo de desarrollo en el que se apoya la empresa que fabrica el auto.

–¿Qué le interesó más del encuentro de Amarc?

–El desarrollo de la radio en cualquier parte del mundo. Ya conocía el desarrollo en Africa, que me parece increíble. En Mali, unos de los países más pobres del mundo, se desarrolló una radio comunitaria muy grande y un sistema de comunicación muy avanzado. En Asia hasta los ’90 no existía nada. Ahora es increíble. Hay en todos lados.

–¿Por qué cree que ocurre así?

–Porque las radios son útiles. Son más adherentes a la necesidad.

–¿Cuál es el tema más importante que trae al encuentro a la Popolare?

–No tenemos un tema en particular. Es el hecho de ser parte del movimiento, que tiene un sentido. Al principio de la última sesión de la asamblea, se pasó lista a los presentes. Se leía Bolivia, Uruguay, Bangladesh, me emocionó mucho. Es lo que da la idea de que el mundo está cambiando, y que algunos cambios pueden tocarnos.

Por Horacio Cecchi
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Jueves, 17 Febrero 2011 09:24

Operación izquierda lacaniana

Para el autor, “el proletariado no es a priori un sujeto revolucionario”: puede, sí, transformarse en sujeto de un antagonismo emancipatorio, pero esto “exige la presencia de la construcción política”. La fórmula “izquierda lacaniana” podría sostener una acción cuya ética incorpore las críticas al marxismo procedentes de la teoría de Lacan.

La perspectiva de una izquierda lacaniana –planteada en mi libro Para una izquierda lacaniana... (ed. Grama, 2009)– fue cuestionada de tres maneras, tal como puede leerse en blogs y lugares de Internet. La primera procedió de los propios lacanianos, que me dicen: ¿cómo va a haber izquierda lacaniana cuando es evidente la vocación escéptica de Lacan hacia todo tipo de proyecto de emancipación política? A lo largo de su enseñanza, Lacan formuló una serie de advertencias: la revolución es el retorno de lo mismo; la crítica a la propiedad, la familia y el trabajo refuerzan la propiedad, la familia y el trabajo; no hay ninguna civilización que logre curarse de una pulsión de muerte irreductible; quienes sueñan con las mañanas que cantan están preparando las condiciones para que venga lo peor; etcétera, etcétera. Y a esto se puede agregar la vocación solitaria del propio Lacan, esa vocación de hombre de excepción, su disgusto por la multitud, por el número, y su distancia irónica con respecto a las construcciones sociales de la izquierda. Así que estoy metido en un lío por haber realizado esta especie de oxímoron, esta especie de chiste que es la fórmula “izquierda lacaniana”.

Pero también he visto en los últimos años que muchos de estos argumentos lacanianos, de estas reticencias de Lacan hacia las construcciones de la izquierda, se deslizaban ideológicamente hacia un nuevo tipo de argumentación del individualismo liberal: una argumentación más laica, más sabia, más escéptica, más cínica. Y me parece lamentable entregar la enseñanza de Lacan a las coartadas del individualismo liberal. En esto, por supuesto, ha tenido mucho peso la herencia de la que provengo: herencia de izquierda a la que me considero fiel, lo cual no implica reproducirla, sino tratar de reinventarla. Así que mi primera cuestión es hacer valer, para la izquierda, aquellas observaciones de Lacan, con el propósito de que estas puntuaciones puedan generar en la izquierda una disponibilidad distinta. Por lo demás, les he aclarado a mis colegas lacanianos que en ningún momento he tratado de formar un grupo referido a la izquierda lacaniana, ni escuela ninguna bajo ese nombre, y que yo mismo no pertenezco a la izquierda lacaniana. Todo lo que se mueve en relación a la izquierda lacaniana no se abre a ningún punto de identificación. Si hay algo que me apasiona de la operación izquierda lacaniana es que es refractaria a toda identificación.

El otro ataque que he visto en Internet viene del campo marxista, en cuanto este planteo objetaría la lucha de clases, la función histórica del proletariado, su constitución como sujeto histórico. En esto, sí, conviene tomar en serio muchas observaciones de Jacques Lacan. Efectivamente, Lacan tiene lecturas de Marx donde muestra que el solo hecho de que la fuerza de trabajo se compre y se venda como mercancía no genera al proletariado –ni de inmediato ni de manera inmanente– como un sujeto susceptible de transformarse en un protagonista de un proceso emancipatorio. Una de las lecturas que Lacan hace de la famosa dialéctica hegeliana lleva a mostrar que el esclavo también goza.

Pero lo que es más importante, para Lacan, es que no hay un fundamento que sirva como base y determinación en una última instancia, no hay fundamento saturado conceptualmente: siempre hay una brecha, y esto es muy importante para la izquierda lacaniana; siempre hay una brecha ontológica, una falla ontológica insalvable, incurable, entre lo real y la realidad. Ya saben que, en la enseñanza de Lacan, el término real y el término realidad no se recubren. La realidad es una construcción simbólico-imaginaria que vela lo real, y cuando éste emerge, lo hace siempre como dislocación, como ruptura, como pesadilla, como angustia, como lo siniestro. Por lo tanto, para Lacan no hay nunca una estructura que pueda ser saturada y totalizada conceptualmente. Toda estructura está socavada desde adentro, intervenida, podríamos decir, por un resto que le es heterogéneo: por eso Lacan nunca aceptó la idea marxista de una estructura que pudiera determinar en última instancia la economía política y por lo tanto la realidad del capitalismo.

Entonces, un primer punto que la izquierda lacaniana debería tener en cuenta es esa brecha: no es posible concebir la realidad de una manera homogénea. Cuando Lacan habla de lo preontológico del psicoanálisis, no quiere decir que el psicoanálisis sea deficitario desde el punto de vista ontológico, sino que no hay fundamento último que garantice la totalidad de la realidad; que se trata de una ontología agujereada, tachada. Esta brecha entre lo real y la realidad es absolutamente insalvable, incluso para la economía política. Siempre hay un resto heterogéneo que la totalidad no puede conceptualizar.

Algunos marxistas me acusaron de que mi proyecto de izquierda lacaniana pretendería cancelar la actividad política del proletariado como sujeto histórico: en mis textos muestro que, precisamente por esa brecha entre lo real y la realidad, lo que sí puede surgir –y siempre de manera contingente, nunca garantizada a priori– es un antagonismo, que no es en absoluto equivalente a la lucha de clases. La dislocación entre lo real y la realidad puede dar lugar a un antagonismo, pero sólo si éste se construye, si se inventa; nunca viene de manera inmanente, garantizado. Tampoco está garantizado que ese antagonismo, en el caso de que emerja, tenga per se una orientación emancipatoria. Todo eso exige la presencia de lo que llamamos lo político, la presencia de la construcción política.

En el marxismo clásico, la lucha de clases constituía un a priori objetivo del proletariado como sujeto revolucionario. Hay que decir que las revoluciones históricas nunca tuvieron a ese sujeto ya constituido: siempre hubo que inventarlo, a veces con resultados no muy deseables. En todo caso, en la formulación que yo he planteado bajo la rúbrica “izquierda lacaniana”, la respuesta al marxismo es que sí, nos interesa el antagonismo. Y, me parece, se desprende de la enseñanza de Lacan que la “diferencia absoluta” de la que él habla no puede nunca estar encubierta por las diferencias que introducen las jerarquías del mercado. Quiero decir: la explotación de la fuerza de trabajo es un insulto a la diferencia absoluta.

En la sociedad lacaniana postcapitalista, si la hubiera, que no tiene nombre y ni siquiera se la puede nombrar como socialismo, habría siempre diferencia absoluta y por lo tanto habría neurosis, psicosis, trastornos, enfermos, angustiados, suicidas; pero esa diferencia encontraría por fin un ámbito de despliegue que no quedaría colonizado por las diferencias jerárquicas del orden burgués de explotación capitalista. Marcar la distinción entre la diferencia absoluta y el orden jerárquico del sistema capitalista no es lo mismo que suponer un proletariado que tuviese en sí mismo, como clase, la capacidad para desconectar la maquinaria capitalista.
Ley del corazón

Nada había en Lacan que favoreciera la idea de una izquierda. Fue asumiendo un legado personal como he tratado de forzar y violentar las cosas para reunir estos dos términos, “izquierda lacaniana...”, con puntos suspensivos que señalan el carácter conjetural de esta formulación. Lacan citó en muchas ocasiones a Hegel sobre la ley del corazón y el delirio de presunción. Tras la referencia al hombre del placer, para el que la ausencia de un concepto de lo universal arruina su relación con los placeres y los vuelve mortíferos –en esto Hegel parece un gran teórico de la vida contemporánea–, viene la “ley del corazón”, donde se pone en juego la dimensión de lo universal: el corazón saca de sí mismo la ley, que sale de su propia subjetividad para encarnarse como universal. Podría ser éste el caso del hombre de izquierda: alguien que no acepte ya la teleología marxista, que no acepte ya las leyes de la historia; alguien que haya comprendido la fundamentación metafísica de la base marxista y la haya deconstruido y que, ya como izquierdista desfundamentado, intente desde su propia singularidad transformar la historia y con su singularidad, con su ley del corazón, hacer la ley.

Tanto Hegel como Lacan explican que, una vez que la ley está fuera de uno mismo, se vuelve extraña, hostil. Lo primero que hace esa ley es matar a sus propios fundadores, contragolpear a aquellos que la han constituido. En mi propio análisis de esta izquierda lacaniana, no pude dejar de atravesar la interrogación acerca de si yo mismo no estaba cautivado por esa ley del corazón; si, en tanto ya no acepto que haya leyes objetivas como las que postulaba Marx, mi izquierda lacaniana no está capturada por la ley del corazón. Y Lacan se refirió a la ley del corazón como “la fórmula general de la locura”: la cuestión, entonces, es cómo fundar un acto político sin paranoia, cómo fundar una relación con un orden que no sea paranoico, con una ley que no esté capturada por el que Hegel llamó delirio de presunción, por el cual, cuando la ley que uno mismo ha fundado se vuelve hostil, es declarada enemiga. No tengo todavía una respuesta a esto, salvo que para correr el riesgo de la fórmula de la locura, de la ley del corazón, hay que apostar por una experiencia política.

La emancipación ya no puede venir acompañada de la idea de que hay un poder exterior que nos somete. La emancipación tiene que ver siempre con el propio sujeto y con su propia relación con el superyó. Como explica muy bien Freud, lo que hace que civilizaciones absolutamente injustas perduren muchísimos años hay que investigarlo más en el fantasma “Pegan a un niño”, en el fantasma masoquista, que en los aparatos ideológicos del Estado o en los mecanismos de las sociedades disciplinarias o de control. Hay que investigarlo en las que clásicamente se llamaron servidumbres voluntarias, en el papel que cumple el goce en la fijación a determinadas estructuras. Por ejemplo, el capitalismo es un movimiento que todo el tiempo cambia, pero que está fijado libidinalmente al relanzamiento de la falta y el exceso. Entonces no veo posible no transitar por el riesgo de la ley del corazón, y la única manera que, pienso, puede advertirnos del contragolpe inevitable de la hostilidad de la ley que nosotros mismos hemos fundado es aceptar, tal y como Lacan propuso en su lectura de Antígona de Sófocles, que una experiencia ética requiere siempre, por lo menos en su matriz, responder a una instancia que nos demanda algo excesivo; algo que nos supera.


 Por Jorge Alemán *
* Extractado de una intervención en el congreso “Inconsciente y filosofía. Una nueva manera de pensar lo político”, Colegio de España en París, mayo de 2010.
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Susana Villarán, 61 años, juramentó ayer como la primera mujer elegida por el voto popular que asume la alcaldía de Lima, una ciudad de más de ocho millones de habitantes y con más del 15 por ciento de su población en situación de pobreza. El presidente Alan García, un viejo rival político de Villarán y que durante la campaña electoral no ocultó sus preferencias por la derrotada candidata de la derecha Lourdes Flores, estuvo presente en la juramentación de la nueva alcaldesa de Lima. En su discurso de toma de mando, Villarán dijo que esperaba tener una “relación muy provechosa” con García, que culmina su gestión en julio de este año.

Con la toma de posesión de Villarán se inició el segundo gobierno de izquierda en la historia de la capital peruana. El primero fue el de Alfonso Barrantes, el fallecido líder de la desaparecida Izquierda Unida, que gobernó Lima entre enero de 1983 y diciembre de 1985.

Sin embargo, la nueva alcaldesa de Lima asume el cargo distanciada de los diversos sectores de la izquierda, que la acusan de haber adoptado una postura que se aleja de ellos para acercarse a una posición de centro que propone mayor inversión social, pero manteniendo las líneas centrales del modelo económico neoliberal. Ese resquebrajamiento de la relación de Villarán con la izquierda ha llegado incluso al interior de la alianza que la llevó al triunfo electoral. Fuerza Social (FS), el partido de Susana Villarán, ratificó, para las elecciones presidenciales y parlamentarias de abril su alianza con el Movimiento Nueva Izquierda (MNI) y Tierra y Libertad. Pero Villarán cuestionó públicamente ese acuerdo y exigió su cancelación, lo que finalmente ocurrió, dejando al MNI y a Tierra y Libertad fuera de la contienda electoral de abril y a la alianza que la llevó al triunfo electoral rota.

En su intento de presentarse como una “izquierda moderna”, Villarán y otros dirigentes de FS han moderado su discurso y marcado distancias de sus aliados, acusados por la prensa y la derecha de extremistas. Luego de la ruptura con FS, propiciada por la propia Susana Villarán, dirigentes del MNI y de Tierra y Libertad han dicho que sus representantes en el Concejo de la ciudad asumirán una postura vigilante de la gestión de Villarán para que cumpla sus promesas electorales. De esta forma, Villarán juramentó como alcaldesa de Lima en medio de la división de la alianza que la llevó al gobierno de la capital y distanciada del resto de la izquierda que no participó en esa alianza, y de las críticas de la derecha, las que han bajado de tono luego de que rompiera la convergencia con sus aliados de izquierda.

El distanciamiento entre Villarán y la izquierda se ha agudizado en las últimas semanas, después de que la alcaldesa de Lima se negara a apoyar una candidatura única de la izquierda para las elecciones presidenciales y parlamentarias de abril, y apostara por una candidatura propia, la del embajador Manuel Rodríguez Cuadros, canciller durante el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006). Los dirigentes de FS han centrado sus críticas contra la candidatura de Ollanta Humala, apoyada por la mayor parte de la izquierda. Una razón más para el distanciamiento de Villarán con la izquierda. Las encuestas no le dan ninguna opción a Rodríguez Cuadros, que aparece con menos del dos por ciento. La decisión de romper con sus socios y de bloquear un acuerdo para una candidatura única de la izquierda le puede costar caro a FS y a la flamante alcaldesa, que se enfrentan al riesgo de una debacle en las elecciones de abril, lo que debilitaría su gestión al frente del gobierno de Lima, que culminará en diciembre de 2014.

En su primer discurso como alcaldesa de Lima, Susana Villarán aseguró que su gestión estará marcada por cinco elementos centrales: concertación, eficacia y eficiencia, autoridad, inclusión y transparencia. “Este gobierno municipal no es mío, es de ustedes, del pueblo, de los vecinos y vecinas”, dijo y ofreció rendir cuentas diariamente de su gestión y realizar cabildos abiertos todos los sábados. Aseguró que tiene como objetivo que “Lima vuelva a ser la gran ciudad del Pacífico”. Habló de recuperar los espacios públicos, de construir una ciudad “sin exclusiones de ningún tipo”, de priorizar la educación y ratificó sus ofertas electorales de ordenar el caótico transporte público y de enfrentar la creciente inseguridad ciudadana. “Este año nuevo es hermoso, me siento profundamente feliz”, señaló la nueva alcaldesa de Lima ante los aplausos de sus seguidores.

Por Carlos Noriega
Desde Lima
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El filósofo Enrique Dussel, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, considera que para el momento de maduración en el que se encuentran los procesos latinoamericanos, con una mayoría de gobiernos electos de centro-izquierda, es esencial la construcción de una teoría para la realidad actual. Teoría de liberación, innovadora, crítica, creativa, que elabore no sobre la destrucción del Estado, como lo pensaron los marxistas clásicos, sino que dote de contenidos de democracia participativa a los poderes políticos que hoy gobiernan.

Sostiene, a contracorriente de otros influyentes pensadores, como el irlandés John Holloway, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (Cambiar el mundo sin tomar el poder) o el italiano Antonio Negri, de la teoría de la resistencia, que el asunto, actualmente, no es criticar al Estado, sino hacer un Estado que sea útil a la gente.

Dussel se define como filósofo de la liberación “que es –explica– una tradición filosófica latinoamericana, no es escuela de ninguna otra”, un cuerpo de ideas y obras que un grupo de filósofos vienen pensando desde los años 70. Aunque hay intelectuales que encuentran esto pretencioso. Con los decenios se irá viendo si tuvimos razón o no.

Dussel (Mendoza, Argentina, 1934) recibió recientemente en Caracas el Premio Libertador al Pensamiento Crítico, que otorga el gobierno de Venezuela a las obras de creación de teoría para la realidad latinoamericana actual. Es el galardón más importante de América Latina, tanto por las obras y los pensadores reconocidos como por su monto económico. Se premió un trabajo publicado ya en dos tomos, Política de la liberación. Un tercer capítulo viene en camino.

Poder obedencial

Apenas inicia la entrevista, el maestro aborda, entusiasta, el tema que ha ocupado en semanas recientes, por derecho propio, las primeras planas de los diarios: las filtraciones de Wikileaks. “Es un fenómeno histórico mundial. Las trasnacionales que controlan el movimiento del dinero –Visa y Mastercard– clausuran las cuentas a la organización Wikileaks en represalia. Y al día siguiente más de 40 mil ciudadanos de buena voluntad también las bloquean a ellas. ¡En menos de 24 horas organizaron una acción que puede paralizarlas completamente! Esta es una expresión de participación política en los medios de la revolución tecnológica. Son cosas muy nuevas que todavía no se han procesado en filosofía política. Lo veo como una muestra de lo que Evo Morales llamó la democracia obedencial”.

Es, insiste, todo un salto: La revolución de los medios electrónicos equivale al momento en que apareció la máquina de vapor y detonó la revolución industrial. Esta es una revolución política, porque este medio va a cambiar el proceso de la producción de decisiones políticas. Ahora la gente puede ponerse en contacto y participar en la toma de decisiones de una manera increíble e instantánea. Eso nunca había pasado.

En el primer tomo de su Política de liberación, historia mundial y crítica, Dussel parte del origen de la filosofía que no es eurocéntrica ni helenocéntrica, sino que nace en Mesopotamia, India, China, Egipto y concluye con unas reflexiones sobre “el sentido que le ha dado Evo Morales al poder, poder obedencial”.

–¿Porqué obedencial?

–Mirando hacia lo que significan los gobiernos de Evo Morales, Hugo Chávez, Rafael Correa o Luiz Inacio Lula da Silva, es absurdo plantearles la disolución del Estado. Hay que tener una visión completamente distinta de la política, aun revolucionaria.

Tiempo de gobernar desde la izquierda

–¿Hacia dónde debe dirigirse la crítica, entonces?

–Tradicionalmente la izquierda hizo crítica al poder político como dominación. Yo digo: el poder político no es de dominación, reside en el pueblo, consiste en el consenso del pueblo. Las instituciones no son el lugar del ejercicio del poder, se les ha delegado. Cuando las instituciones creen que son la sede, ese es el fetichismo. Cuando un presidente dice, como dijo Felipe Calderón, tengo el monopolio del poder, se equivoca, se ve que no tiene mucha instrucción. El Estado tiene el uso de la violencia legítima, pero el único que tiene el monopolio del poder es el pueblo. Toda institución del Estado tiene el ejercicio delegado y eso Evo Morales, siguiendo en la línea de los zapatistas de Chiapas, le llamó el poder obedencial.

–Esta referencia cruza algunas contradicciones: recuerda la brecha que hay hoy en Ecuador entre el presidente Rafael Correa y el movimiento indígena. O el caso del movimiento zapatista, que cuando llegó a la presidencia el primer gobernante indígena en Bolivia, ellos no se vieron reflejados en él.

–Yo lo que he diferenciado es el poder, que reside en el pueblo y las instituciones. Por eso el Movimiento de los Sin Tierra, en Brasil, que es crítico, dice: miren, Lula no fue lo ideal, pero lo apoyamos. Y cuando traicione lo vamos a criticar, pero es el mal menor. Otros dicen: es el mal, y se oponen frontalmente. Pero hay cierta oposición de la extrema izquierda que se toca con la extrema derecha.

Lo que yo digo es que en la actual coyuntura latinoamericana, la izquierda tiene la responsabilidad de ejercer el poder en favor de un pueblo. Las instituciones pueden intentar servir al pueblo o pueden ser represivas. No es un hecho a priori que las instituciones son dominación siempre.

La democracia representativa y el poder obedencial deben ser fiscalizados. La representación es necesaria, porque no puede hacerse todo por democracia directa; los 112 millones de mexicanos no podemos estar en asamblea permanente. Hay que tener representación. Pero la representación finalmente se corrompe si no es fiscalizada.

Ahora, gracias a los medios electrónicos, tenemos por primera vez en la historia humana un instrumento de redes que permite la organización de esa participación fiscalizadora. Hay movimientos sociales, como el zapatismo, que tienen gran sensibilidad sobre la participación. Porque ahí es donde se expresa la voz del pueblo. Pero hay que repensar la representación en un momento creativo. No hay que confundir los tiempos, hay un tiempo para criticar y un tiempo para gobernar. Y estamos en el tiempo del gobierno en América Latina.

Urgen nuevas teorías para el siglo XXI

–El problema es cuando la corrupción llega demasiado pronto.

–Pero esa es la condición humana. Eso no va a desaparecer nunca. El que ejerce el poder tiene muchas tentaciones de aprovecharse. Para eso hay que crear organismos de participación para fiscalizar.

–¿Qué teorías le dan cuerpo a lo que Chávez llama el socialismo del siglo XXI.

–Este es un momento esencial para la construcción de la teoría en toda América Latina. Hay categorías que ya no nos alcanzan para una realidad compleja, hay que renovar todo. Se necesita una nueva teoría, pero que no sea pura imitación de lo que se dijo ya hace siglo y medio.

Dussel cita algunas fuentes importantes para la construcción del pensamiento latinoamericano actual: Theotonio dos Santos, Immanuel Wallerstein, Franz Hinkelammert, Boaventura de Souza, Hugo Zemelman, el húngaro István Mészáros. Y añade el pensamiento aymara y el zapatismo, que no forman parte de las teorías clásicas.

“Tenemos mucho que recuperar de esos pueblos, que antes la izquierda no supo considerar. En 1994 el zapatismo fue una conmoción para muchos intelectuales. El asunto es tener una visión de pueblo que no sea populista, que suponga articular la clase y las etnias indígenas dentro del pueblo. Y eso es una explosión teórica, porque ¿qué hacer con el imaginario de los pueblos, que son relatos religiosos míticos? La izquierda era tradicionalmente atea y veía como retrógrado ese imaginario. O decir, dentro del imaginario, como señala Ernst Bloch, que en el Principio esperanza toma los mitos, que llama como el sueño despierto de la humanidad, y dice: hay unos que son de dominación y otros que son de liberación.

Por Blanche Petrich
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La transformación de un grupo de trece disidentes pacíficos, con su líder Jesús de Nazaret, en un monstruo de represión con más de mil millones de personas, la Iglesia Católica actual, se realizó por dos vías: el terrorismo de Estado y la piratería del software de las culturas precristianas.

Los dos terroristas de Estado, los dos estalinistas más destacados de la expansión cristiana, fueron el emperador romano Constantino I y el germánico Carlo Magno. Constantino convirtió el cristianismo en el Siglo IV en credo obligatorio del Imperio Romano y acabó con su democracia interna, prohibiendo las “herejías”. Carlomagno lo impuso en el Siglo VIII a sangre y fuego en toda Europa, arrasando con su pluralidad multi-religiosa. A título de ejemplo: a quince kilómetros de mi pueblo natal en la Baja Sajonia alemana, en la villa de Verden, en una ocasión Carlo Magno hizo ejecutar alrededor de treinta mil sajones, entre hombres, mujeres y niños, porque no quisieron convertirse al monoteísmo judío-católico. Muchos de los métodos de esos dos terroristas de Estado fueron posteriormente usados en la conquista de América.

El despiadado uso de la espada para conquistar a los pueblos no-cristianos, fue el instrumento clave de la expansión. Pero, la Biblia enseña correctamente que la espada sin el verbo no es duradera mientras que la tentación de la herejía (pecado) es perenne. Construir y mantener el Reino de Dios en la tierra ---como cualquier otro Reino---requiere no solo de la inquisición, sino del control del software. Y en ese campo la Iglesia utilizaba pragmáticamente dos técnicas delmercado de hoy: el hostile takeover (adquisición hostil) de la competencia y la piratería de su software. En ambos casos era el abrazo del oso que acaba con la pluralidad religiosa e instalaba la tiranía del monoteísmo, que los judíos habían copiado del emperador egipcio Akenatón, 14 siglos antes de Jesús. Los católicos e islámicos repitieron el clonaje posteriormente, incluido el totalitarismo de dominación que le es inherente.

Navidad es parte de esta milenaria lucha global---en parte heterodoxa (de ruptura), en parte sincretista (de asimilación subordinada)---por el software dominante. Dos de las más existenciales referencias cosmogónicas de identidad en todos los pueblos precristianos, son los solsticios de invierno (diciembre) y verano (junio), festejados entre los celtas, los germánicos (Yule), los romanos (Saturnalia), los mexica, los inca, los persas, etcétera, como puntos de encuentro y veneración de la Madre Tierra y el Dios Sol.

El arraigo de este ritual en los pueblos era tan fuerte que los nuevos amos del software del reino virtual, los Bill Gates y Steven Jobs en sotana, no lograron “extirparlo”. Optaron entonces por su asimilación subordinada, convirtiendo, a cuatrocientos años del nacimiento de Jesús, la fecha del solsticio de invierno en la del nacimiento del carpintero-fundador de su metafísica; transubstanciando la Madre Tierra en la Virgen Maria; manteniendo la veneración germánica por los árboles sagrados y reactivando posteriormente los placeres carnales de los Saturnalia en deleites carnavalescos.

El sincretismo del catolicismo ha sido uno de los instrumentos claves de convertir el movimiento de un pequeño grupo de contestatarios pacíficos en el primer Estado Global de la historia. La izquierda, en cambio, pocas veces ha logrado desarrollar ese instrumento de poder, pese a disponer de la base teórica en las grandes obras de Marx, Lenin y Gramsci. Los partidos Stalinístas involucionaron hasta ser fieles clonajes del Vaticano, con el Primer Secretario como Papa, infalible cuando hablaba ex cátedra, enfeudado por una nomenclatura y con prohibición de la “herejía”. Mataron la dialéctica entre principismo y sincretismo por el lado de la pureza doctrinal, mientras el reformismo lo hacía por el lado de la contaminación capitalista.

Los festejos precristianos de los solsticios fueron manifestaciones de una cosmogonía naturalista. La navidad cristiana, en cambio, es un modelo de dominación. Lo que nos enseñan es la lucha entre una metafísica materialista y un software de aplicación y costoimperial. Es decir: la eterna batalla entre los Wikileaks y la Inquisición.
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Rio de Janeiro, 8 de octubre. A Emir Sader no le gusta la hipótesis de una probable derrota de Dilma Rousseff en la segunda vuelta electoral, pero acepta responder qué se juega Brasil este 31 de octubre: "está en juego si Lula es un paréntesis o un puente para salir de una buena vez del modelo heredado. Un retorno de la derecha sería bajar absolutamente el rol del Estado como un inductor de desarrollo económico, garantía de las políticas sociales y de la política de alianzas con América Latina y con el sur del mundo".

Y ya. Porque su corazón y los hechos que desmenuza como científico social le dicen que es "poco probable" que la candidata del Partido de los Trabajadores sea derrotada. "Tiene apoyos muy fuertes; casi en todos los estados están con ella gobernadores triunfantes".

Tiene además el comportamiento electoral de los brasileños: cuando un candidato queda arriba en la primera vuelta siempre se impone en la segunda.

No le convence a Sader –secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales– la idea de que Rousseff está condenada a no ser ya la "presidenta fuerte" que auguraba un triunfo en primera vuelta el pasado 3 de octubre.

"También puede significar que gane con gran diferencia la segunda ronda. Hace cuatro años Lula se disparó en votos y Geraldo Alckmin (del Partido de la Socialdemocracia Brasileña) disminuyó".

En todo caso, continúa Sader, Rousseff va a tener un apoyo que Lula nunca tuvo: holgadas mayorías, con los aliados, en las cámaras de Senadores y Diputados, sin contar varios gobiernos estatales clave.

El politólogo no se cansa de insistir: "es el mejor resultado que la izquierda ha obtenido nunca en Brasil. La diferencia entre ella y el segundo es más grande que la obtenida por Lula".

Apunta Sader otros logros petistas del pasado domingo: “la relección de casi todos los gobernadores de la izquierda, la conquista de Rio Grande do Sul –que nunca se había definido en una primera vuelta– y el probable triunfo en Brasilia en una segunda vuelta”.

En el Senado, sigue, "se quebró absolutamente el eje derechista. El Senado era el núcleo duro de la derecha, y los resultados electorales descabezan fuertes liderazgos de la oposición".

En la Cámara de Diputados, una significativa ganancia para el "frente amplio" de partidos de izquierda, que crea "una relación de fuerza mucho más favorable respecto del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño, también aliado, pero no de izquierda), que disminuyó su votación".

La suma de todos estos datos lleva a Sader a la conclusión de que "se ha creado ya una mayoría progresista en Brasil, en lo social, ahora expresada en lo político".

–Entonces, ¿por qué ese triunfo con sabor a derrota?

–Porque se creó una expectativa de triunfo, a partir de las encuestas, en la primera vuelta.

–¿Por qué no se dio?

–Primero el desgaste de Dilma, debido al asedio de las campañas evangélicas, religiosas en general, con el tema del aborto. Sin embargo, los datos indican que eso sólo originó un desplazamiento de menos de 2 por ciento de los votos.

–¿Qué pesó entonces?

–Probablemente lo que más influyó fue la abstención que, sumada a los votos nulos y blancos, llega a 26 por ciento, lo cual es inédito. Hay que analizar qué significa, pero en 2006 hubo 8 por ciento de abstención y ahora hubo 16.5. Y considerar que siempre es mayor la participación en la segunda vuelta, entre otras cosas porque la elección es más decisiva y es más fácil votar.

En México, algunos brincarían de gusto con una abstención de 16 por ciento, pero aquí, donde el voto es obligatorio, es motivo de preocupación. Sader dice que fue la abstención más alta en el norte del país, "donde la votación por Dilma, que fue de por sí apabullante". Los cálculos mínimos "dicen que hubo una pérdida de 10 por ciento, que es mucho más que el eventual desplazamiento de votos hacia Marina Silva".

Sobre el voto de la candidata verde, la sorpresa electoral de casi 20 por ciento, Sader dice tener confianza de que Silva estará "dispuesta a acercarse a Dilma". De hecho, algunos personajes que influyen en la candidata verde, como el teólogo Leonardo Boff, ya realizan labores de acercamiento con Silva.

El rechazo a Serra y los ejes de la aspirante petista

Con todo, Rousseff alcanzó 47 por ciento de la votación, cifra con la que enfrenta a una oposición, reconoce Sader, con "un ánimo mayor".

El entusiasmo de los derechistas, sin embargo, no les va a alcanzar, debido a que "tienen muchos obstáculos".

El primero, dice el politólogo, es "que el rechazo a José Serra es muy alto, mucho mayor que la votación de Marina". Otro, que en general tendrá "pocos aliados, pocos estados para hacer campaña", aunque Sader reconoce que se trata de "estados muy ricos".

"Su ventaja está en que en Sao Paulo y Minas Gerais puede tener aliados muy fuertes".

–Los mayores, electoralmente hablando.

–En Sao Paulo él ganó, pero en Minas Gerais tuvo una derrota muy grande. No le basta ganar votos, tiene que quitarle votos a Dilma. Creo por eso que va a seguir una campaña sucia, sórdida, torpe, sobre el tema del aborto. Ese tema lo instrumentalizaron como pudieron haber hecho con otro. No es que el tema del aborto sea tan central en la sociedad brasileña, sino que aprovecharon que la candidata del PT había aparecido en una declaración planteando la despenalización.

El tema de central de la campaña, desde el lado de Rousseff es, desde ya, la comparación de los gobiernos de Cardoso y Lula. "Parece una vuelta al pasado, pero es proyectar hacia el futuro en el sentido de que si vuelven no pueden ser tan distintos", sostiene Sader, cercano al presidente Lula y a la candidata presidencial del Partido de los Trabajadores.

Serra, por su lado, ya tomó el riesgo de reivindicar la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, como le exigían varias figuras de su partido político.

Eso parece gustar a los partidarios de Roussef que, como Sader, creen que los "tucanos" llevan las de perder: “Con Cardoso tuvimos tres crisis económicas. De la última nunca logró salir, fue Lula quien salió. Al final de su gobierno, el presidente tiene 80 por ciento de aprobación y sólo 4 por ciento de rechazo; al final de su gobierno, Cardoso tenía 50.9 por ciento de rechazo.

"El programa de Lula muestra a los electores lo que se ha hecho y lo que se va a hacer, no sólo lo que se hubiera hecho o lo que presuntamente se haría", concluye.

Arturo Cano
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Siempre ha sido tabú, pero después de tres meses sin Gobierno, los dirigentes políticos francófonos se plantean por primera vez un futuro sin Bélgica. El choque de trenes entre la izquierda predominante en Valonia, la parte sur y francófona del país, y el nacionalismo separatista de la próspera región de Flandes, al norte, ha dejado al país al borde de la quiebra. Sin embargo, es una quiebra política que los ciudadanos belgas no acaban de creerse, acostumbrados a vivir en un país con más crisis de Gobierno que de periodos de estabilidad institucional.

La resignación de la población belga, que mantiene de momento sus diversas banderas plegadas, contrasta con el plan B de los socialistas francófonos, liderados por el popular Elio di Rupo, todavía favorito para convertirse en primer ministro con el apoyo del separatista Bart de Wever, de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA).

"Debemos empezar a prepararnos para el fin de Bélgica", aseguró la semana pasada Laurette Onkelinx, viceprimera ministra en funciones y una de las figuras más destacadas del partido. "Si no, seremos los que paguemos el pato, No podemos ignorar que, para una gran parte de la población flamenca, la independencia es un anhelo", añadió.

"Quizás estemos entrando en [el proceso de] la organización progresiva de la separación", reconoció, Philippe Moureaux, otro dirigente de los socialistas valones en Bruselas. "¿Qué responsable francófono aceptaría una reforma que pudiera provocar un empobrecimiento de los valones o los bruselenses?", se preguntó Di Rupo hace diez días, cuando tiró la toalla tras siete semanas de negociaciones con las principales formaciones políticas para reformar el país sin desmantelar el Estado. "No es nuestra misión encontrar un acuerdo a cualquier precio", amenazó, en clara referencia a los flamencos de la N-VA, el partido mayoritario, y el CD&V, los democristianos nacionalistas flamencos del primer ministro en funciones, Yves Leterme.

Fuera del entorno socialista valón nadie duda de que este paso adelante es sólo una estrategia que sale del hartazgo. En otras palabras: un farol para que la atención recaiga sobre Flandes y las ambiciones de poder de sus dirigentes. Pero escindir Bélgica es incluso más difícil que mantenerla unida, y sólo convence en estos momentos a un 14% de los belgas, según los sondeos.

Incluso De Wever, que dirige la gran formación separatista en Flandes, apeló al "sentido de la responsabilidad", insistiendo en que él no busca una escisión inmediata, sino una "evaporación gradual" del Estado de forma natural. Según la mayoría de los economistas, la escisión sería sobre todo perjudicial para Valonia, una región con menos poderío industrial y más desempleados que Flandes. Por otra parte, Flandes no está dispuesta a prescindir de la francófona Bruselas, capital europea y motor económico imprescindible para ambas regiones.

Tres meses después de las elecciones del 13 de junio, los asuntos que agrietan Bélgica permanecen invariables: una mayor descentralización que dote de más poderes a las regiones, el control fiscal, el papel de la región de Bruselas, a caballo entre las dos grandes regiones, o el estatus de los suburbios de la capital, en territorio flamenco pero con privilegios lingüísticos para los 100.000 francófonos que los habitan.

El rey Alberto II, que marca los tiempos de la formación de Gobierno y encarga labores de mediación, echó mano la semana pasada de los presidentes del Congreso y Senado para que traten de desbloquear una situación seguida con celo desde el exterior. Bélgica preside este semestre la Unión Europea, y su ingobernabilidad resta credibilidad a unas instituciones comunitarias que luchan a su manera por delimitar sus cuotas de poder ante los estados nacionales. Por otra parte, Francia ha celebrado ya discretas reuniones, presididas por el secretario de Estado para Asuntos Europeos, Pierre Lellouche, que han analizado las consecuencias de un agravamiento de las tensiones territoriales en el país vecino.

Nuevos mediadores

El empeño de Elio di Rupo por formar Gobierno, valorado en todo el país, deja a los dos nuevos mediadores nombrados por Alberto II escaso margen para lograr un acuerdo a corto plazo, por lo que Bélgica comienza a recordar las elecciones de junio de 2007, tras las cuales Yves Leterme tardó nueve meses en formar Gobierno.

Mientras tanto, las encuestas favorecen a los dos hombres sobre los que recae el grueso de la responsabilidad. Elio di Rupo ha elevado en dos puntos desde las elecciones hasta el 39,5% la intención de voto a los socialistas francófonos. Bart de Wever, el separatista flamenco, lo ha hecho en cuatro hasta el 32%, según un sondeo del diario La Libre Belgique.

Casi dos siglos de convivencia difícil

1. Independencia de Holanda

El Reino de Bélgica nació en 1830 tras la rebelión del sur de los Países Bajos, cuya población, a diferencia del norte protestante, era católica y en su mayoría francófona. Durante mucho tiempo Valonia era la parte dominante gracias a las minas y la industrialización. Con el declive de la industria pesada y el auge de las actividades comerciales de Flandes cambió el balance de poder económico y demográfico en el estado federal. Hoy el 60% de los 10,8 millones de belgas son flamencos. También hay una minoría de unos 80.000 ciudadanos de habla alemana.

2. Dos sistemas políticos

Bélgica tiene tres regiones, Flandes, Valonia y Bruselas, que es oficialmente bilingüe aunque la gran mayoría habla francés. La división del país marca el panorama político. En Flandes y en Valonia se votan listas separadas. Cada región tiene sus propios partidos: socialistas, liberales, conservadores etc. El Gobierno federal se compone por partes iguales de ministros valones y flamencos. 

3. Elecciones de junio

Los dos ganadores de las elecciones del pasado 13 de junio, los separatistas flamencos de Bart de Wever, y los socialistas valones de Elio di Rupo, llevan ahora tres meses intentado formar una coalición. 

Por DANIEL BASTEIRO CORRESPONSAL EN BRUSELAS 13/09/2010 07:00
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”Me parece muy familiar el lugar, hay muchas cosas similares a Grecia: la forma de vida, de moverse la gente, cómo disfruta la ciudad. Es similar al sur de Europa. Y esto se traslada a los sociólogos y la manera en la que piensan teóricamente.” Yannis Stavrakakis está cómodo en Buenos Aires, donde llegó luego de participar del cierre del Congreso extraordinario de Ciencia Política en San Juan para presentar su último libro, La izquierda lacaniana, junto a Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Habla en inglés pero con soltura, y se siente a gusto tanto en una conferencia exponiendo sobre teoría política como frente a un café y en diálogo con Página/12. “Nicos Mouzelis desarrolló la teoría de la semiperiferia: las grandes ciudades de los países del sur de Europa y del Tercer Mundo tienen culturas y políticas similares; por ejemplo, fuertes improntas populistas, como en Argentina y en Grecia”, compara, aunque se ataja antes de seguir hablando de la ciudad: “Lo que pueda decir de Buenos Aires por ahora es superficial. Tal vez en el futuro pueda quedarme un poco más”.

En su último libro, el autor griego analiza diversas imbricaciones que a lo largo del tiempo se fueron dando entre las formas de pensar lo político y el psicoanálisis: “Desde Freud hubo intentos de utilizar sus conceptos para pensar la política. Antes de la izquierda lacaniana, estuvo la izquierda freudiana. Hubo varios intentos de acercar estos universos. Creo que la razón por la cual la izquierda se interesó por el psicoanálisis fue la teorización del concepto del sujeto, porque en la literatura especializada de izquierda el sujeto era considerado como dado. Después de la Primera Guerra Mundial ése fue un problema muy importante, porque la teoría identificaba a los sujetos proletarios con su clase y no con su nación. Y de repente, algo salió mal: tuvieron que explicar por qué la gente no se comportaba de la manera en la que esperaban que lo hiciera. Por esto creo que es tan importante traer el psicoanálisis al campo de la política”, reflexiona.

–¿Qué diferencias hay entre la izquierda tradicional y la izquierda lacaniana?

–Se puede dar una definición formal: la izquierda lacaniana sería una corriente de la izquierda que usa a Lacan. No es una respuesta absoluta. Ahora, si hablamos de la izquierda lacaniana en la forma en la que yo estoy tratando de desarrollar el concepto, hay dos ángulos para pensarlo: tiene una perspectiva crítica para analizar los fenómenos políticos y sociales, pero también es un horizonte teórico y político para saber hacia dónde nos tenemos que dirigir y cuál es el objetivo, aunque no pienso que estas teorías, especialmente el psicoanálisis, tengan como rol llevar a la gente de la mano hacia algún objetivo. Este no es un manifiesto político. Sin embargo, hay ciertos elementos de la situación actual con los que la teoría puede crear el terreno para seguir una causa, pero sin garantías ni prescripciones. No hay seguridades que garanticen que vendrá lo nuevo. Dentro de este panorama, la izquierda lacaniana es un ángulo analítico que toma muy en cuenta el aspecto simbólico de la identificación, pero también el muy importante papel del goce para entender la constitución de una identidad duradera: la falla constitutiva, la identidad europea, la posdemocracia; todos los temas que se abordan en el libro.

–¿Cómo ayuda a la democracia pensar esto? ¿Se la puede pensar en estos términos?

–Aquí me tengo que referir a la diferencia entre democracia y posdemocracia, porque en Europa y Estados Unidos se están moviendo en una dirección posdemocrática. Y por posdemocracia entiendo una actualidad en la cual las instituciones democráticas y las elecciones todavía funcionan, pero la participación popular está reducida en el proceso político y el juego político tiene como espacio central a los medios. El segundo paso en esta tendencia posdemocrática es la marginalización de los derechos tras el 11 de septiembre y la “guerra contra el terrorismo”, que introdujo un nuevo equilibrio entre la seguridad y las libertades individuales. Entonces, en los últimos 30 o 40 años tuvimos un ataque a la idea de la igualdad, del bien común, del servicio público, a la soberanía popular; y en un segundo momento, un atentado a las libertades individuales y su marginalización. En cierto sentido, ambos pilares de la democracia liberal están en crisis.

–¿Y qué papel juegan en esta reflexión los conceptos lacanianos?

–Con respecto al horizonte sociopolítico implícito en el libro, es importante considerar dos elementos: la modestia, que tiene que ver con el registro de la limitación, la falta, la finitud, que siempre está presente en la vida humana, pero si sólo nos quedamos con esto terminaremos con una idea muy pasiva o nihilista; tenemos que agregar a esto un elemento de afecto, que tiene que ver con la activación de las pasiones, con el goce. Pero hay que tener mucho cuidado porque tiene que ser distinguido del afecto que es manipulado por la derecha y otros discursos que anclan en el consumismo. Tiene que haber un tipo diferente de afecto, una relación subjetiva y colectiva con el goce. Encuentro mis ideas para esto en las referencias de Lacan de un goce parcial, del no-todo, que está más allá de la fantasía de completitud que está subyacente en el goce fálico, dominante en los órdenes hegemónicos como el capitalismo.

–¿Puede ser el deporte un ejemplo?

–Creo que la identidad nacional es una construcción que surge en circunstancias históricas particulares, pero esto no explica por qué es tan duradera. Esto sólo se puede explicar en relación con el goce, y necesitamos presentar una tipología de formas de goce implicadas aquí: un goce de la fantasía, una promesa de que seremos una gran nación porque lo merecemos, pero que nunca se concreta. Siempre tenemos experiencias momentáneas de goce: por ejemplo, ganar el Mundial es uno de esos momentos. Por supuesto, esto sólo puede durar un día, una semana, un mes, porque Lacan dice que el goce que uno obtiene nunca es idéntico al goce prometido. La fantasía nunca se materializa. Y esto nos lleva a la tercera forma de goce, que nos dice por qué nunca se obtiene todo lo que está prometido, y Zizek lo formuló como el “robo del goce”: uno no puede obtener todo porque alguien lo robó. Así, parece que no se puede no porque no existe, sino porque alguien más lo tomó. La estructura es la misma, pero la fuerza particular y social que ocupa este “enemigo” de la nación puede variar. Y es diferente para los diferentes grupos dentro de la comunidad nacional, aunque el papel que desempeña siempre sea el mismo: el que imposibilita la totalidad.

Stavrakakis analiza también la imposibilidad que tiene la Unión Europea de constituir una identidad continental nacional, anclada en instituciones y mercados comunes. “Obviamente hay similitudes entre los pueblos europeos. El proyecto europeo fue básicamente una serie de discursos bastante tecnocráticos que se centraban en la economía y el mercado común. Pero los medios con los cuales intentaron hacer esto no tomaron en cuenta el elemento del goce. Fue un intento de que los pueblos se identificaran con las instituciones y los mercados. Y nadie puede enamorarse de un mercado... Y otro problema importante es que, con el proceso de incorporación de países a la Unión Europea, lo que se logró fue disminuir la conexión y su profundidad entre los países miembro. Es la primera vez, en muchísimos años, que la gente empieza a contemplar el final de la Unión Europea. Es la primera vez que esta idea se ve en los diarios”, analiza.

–En América latina, que en estos últimos años tiene gobiernos considerados como populistas, ¿cree que se puede generar una identificación más allá de lo simbólico? A diferencia de Europa, tenemos la ventaja de que hablamos mayormente una lengua común. ¿Puede esto ayudar a constituir una identidad continental duradera?

–Es obvio que el tipo de políticas que se está llevando a cabo en Europa es muy distinto al que se está desarrollando en Argentina, en Brasil, en Bolivia, en Venezuela, en Ecuador... En muchos países de América latina. Pero ahora que estamos experimentando la crisis en Europa, tenemos que estudiar muy bien qué está sucediendo en este continente, y creo que hay un interés creciente acerca de lo que está sucediendo acá. Por ejemplo, en Grecia, que es muy similar la crisis que está viviendo hoy a lo que pasó en Argentina en 2001. Esto generó mucho interés en lo que sucedió aquí, por saber cómo lo enfrentaron. Se necesita un know how, un saber cómo enfrentar esto, porque fue una sorpresa muy grande para los griegos que esto sucediera. Es como cuando ves los dibujitos y el gato está corriendo en el aire, y recién se cae cuando se da cuenta de que no tiene el piso abajo.

–¿Pero se puede planificar por adelantado el elemento de identificación “más allá de lo simbólico” para Latinoamérica?

–Es difícil de decir. No debemos ver lo simbólico y el goce como dos dimensiones separadas. Conceptualmente es útil distinguirlas para poder trabajar analíticamente. Pero en la realidad, en nuestras vidas, los dos niveles van de la mano. Por ejemplo, cuando la gente está enamorada crea una especie de lenguaje que sólo tiene significado para esa pareja, y no para las demás personas. Es cuando se intenta excluir la dimensión del goce y sólo se apunta a la cuestión simbólica que la cosa no funciona. Se convierte en una tecnocracia. Hay que trabajar con las dos dimensiones juntas.

–Entonces reformulo la pregunta: ¿cree que América latina va en esta dirección, de identificación continental más allá de un mercado común?

–Creo que desde el punto de vista analítico, aunque no estoy demasiado familiarizado con la situación, en vez de juzgar si esto está sucediendo o no, hay que pensar, a través del atractivo, de la popularidad que estas orientaciones tienen, si la gente está feliz y continúa apoyando estas políticas, a estos gobiernos. Si eso pasa, significa que está funcionando.

Por Sebastián Ackerman
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 Con la grabadora encendida responde moderado... Aunque la expresión de su rostro, que en 40 minutos no deja la rigidez, permite ver un gesto de sorpresa ante la pregunta que cierra esta entrevista... Así, dice que no tiene por qué molestarle que militantes de A. País quizá tomen sus críticas como las de un “pequeño burgués”.
 
Esto en alusión a sus familiares banqueros. Su abuelo gerenció por más de 40 años el Banco Pichincha y su primo hoy es el Presidente adjunto. “Cada quien es libre de ver mi posición como quiera. A cuenta de ser parte de un proceso revolucionario no voy a aceptar jamás la ética del poder por el poder...”.
 
Pero, al final de la entrevista, con la grabadora apagada, señala que no puede borrar sus orígenes. Y jovial puntualiza: “Además no soy un pequeño burgués”. Y rompe la formalidad al ponerse de pie para probar lo contrario con su 1,86 metros de estatura.
 
Hace más de cuatro años usted era uno de los mentalizadores de la candidatura presidencial de Rafael Correa. ¿Se arrepiente de eso?
No es momento de arrepentimientos, sino de analizar qué se propuso, qué se ha hecho y cuáles son las expectativas. No se quiso llegar a la Presidencia para controlar al menos una parte del poder político, sino para ser un Gobierno que transforme radicalmente las estructuras. No tiene mucho mérito ser mejor que el de Gutiérrez, Noboa, Mahuad...
 
¿Este Gobierno se ha vuelto de derecha?
Luego de la presentación del informe a la nación de Rafael Correa hay más elementos que permiten preguntarse si el Gobierno mantiene la línea de izquierda o se está derechizando.
 
¿Cuáles elementos?
El Presidente dedicó gran parte de su mensaje a atacar a los aliados estratégicos que permitieron que se ponga en marcha este proyecto. Habló contra indígenas, sindicalistas, ecologistas; arremetió contra el MPD y Pachakutik. Sin ese respaldo habría sido impensable aprobar la Constitución, el 28 septiembre del 2008.
 
¿Por qué Correa se aleja de sus antiguos aliados?
Porque no quiere tener interlocutores para hablar de una manera igualitaria y equitativa sobre cómo organizar la sociedad. Ya sabe lo que hay que hacer, ya tiene todas las respuestas y conoce lo que la gente quiere, no abre el espacio para construir expectativas compartidas. No se trata de compartir cargos burocráticos.
 
¿Habla como a oposición?
Desde hace un tiempo sostengo que cada vez el Gobierno tiene más rasgos de autoritarismo, de individualismo e intolerancia. Agrede a la izquierda, ya se olvidó de la partidocracia, los pelucones, la oligarquía. Y pide olvidar los crímenes de Alberto Dahik.
 
Usted estuvo cerca, compartió con él, ¿qué le pasa?
No sabría explicarlo, no he vuelto a encontrarme personalmente, vis a vis con él, desde el 28 de septiembre del 2008. A lo mejor Correa no tenía sólidos fundamentos de izquierda, transformadores y revolucionarios. Era quizá un buen economista keynesiano, que en el auge neoliberal aparecía como renovador.
 
¿Qué le ha ocurrido?
Se produjo talvez una liposucción ideológica del grupo que le rodea y que mina sus sólidas bases revolucionarias de izquierda.
 
¿Por qué no lo ha buscado?
Estoy abierto a una conversación el rato que sea posible y necesario. No lo he buscado. No tengo ese afán, pero no tendría inconveniente alguno de hablar con él.
 
Fue el asambleísta más votado, ¿no le crea eso un compromiso para hacer algo?
El compromiso está presente siempre, con o sin esa votación. Lo tengo y no solo se debe manifestar a través de una función pública. Estoy en la trinchera del análisis y discusión académica, que no deja de ser también política.
 
¿Es suficiente con enviar e-mails con sus reflexiones sobre las coyunturas?
Quizá no. Pero debato, asisto a reuniones, reflexiono... Me gustaría que desde los movimientos sociales se configure un gran frente popular, no solo para oponerse al gobierno de Correa sino para rescatar las banderas de lucha. Alianza País en su plan de Gobierno del 2006 y en la Constitución recogió el sentir de cambio.
 
¿Usted lo lideraría?
Parecería que quiero hacer algo en beneficio personal...
 
Alguien debe liderarlo...
Desde hace meses propongo a los movimientos sociales que defiendan la Constitución. El proceso de revolución empieza a quedar trunco. En el mejor de los casos hay un Gobierno reformista.
 
¿Alberto Acosta colgó los botines de la política?
Uno nunca se aleja de la política, ya Aristóteles lo decía' Benjamín Carrión decía que mientras más político, menos animal. Cuando reflexiono, escribo, mi trabajo aparentemente es solo académico, pero sin vinculación con la sociedad no fructifica'
 
(Durante la entrevista repite que dejó de ser parte de A. País. Sobre la convención, en la que se decidirá si se mantiene como movimiento o se convierte en partido, dice que no es un tema de fondo. Recuerda el proverbio chino: “No interesa que el gato sea negro o blanco sino que cace ratones”. Relata que charla con asambleístas de País, gente del buró y del Gabinete, preocupados por no tener un espacio de debate. Antes de la entrevista, de su oficina en la Flacso, sale Fander Falconí, el ex canciller y miembro del buró política de Alianza País. No niega que tocan temas de Gobierno). 
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