La izquierda regresa al poder en Honduras para redimir las heridas del golpe de Estado de 2009

Xiomara Castro obtuvo una contundente victoria en las  elecciones 

Con más del 50 por ciento de los votos escrutados, la candidata por el partido Libertad y Refundación (Libre) le sacaba veinte puntos al oficialista Nasry Asfura, actual alcalde de Tegucigalpa que buscaba la presidencia por el Partido Nacional.

 

Honduras tendrá por primera vez en su historia una presidenta mujer. Xiomara Castro obtuvo una contundente victoria en las elecciones -ganó en diecisiete de dieciocho departamentos- y comienza a repararse la trágica herida abierta el 28 de junio de 2009, cuando militares entraban a su casa para exiliar en Costa Rica a su esposo, el entonces presidente José Manuel Zelaya Rosales, inaugurando la serie de golpes de Estado blandos que azotaría a Latinoamérica en este siglo XXI.

Con una participación histórica del 68 por ciento del padrón electoral, las y los hondureños se volcaron de forma masiva y desde muy temprano a los centros de votación, lo que terminó dándole la victoria a Xiomara por un 53,6 por ciento contra el 33,8 obtenido por Nasry Asfura, candidato del Partido Nacional. Tercero quedó con 9 por ciento Yani Rosenthal -detenido hasta hace pocos meses en Estados Unidos por lavado de activos- del tradicional Partido Liberal.

Los nacionalistas que se instalaron en el gobierno posterior al Golpe y que se sostuvieron en el poder con elecciones poco transparentes terminaron convirtiendo a Honduras en un narco Estado. Tony Hernández, hermano del actual presidente Juan Orlando Hernández, condenado a cadena perpetua en Estados Unidos por narcotráfico a gran escala. Tan intocable se creía, que hasta le imprimía sus siglas TH a los paquetes de cocaína que producía. También está tras las rejas norteamericanas el hijo del ex presidente Porfirio Lobo Sosa, quien gobernó entre el 2009 y 2013.

Precisamente después del Golpe de Estado es cuando la figura de Xiomara, a pesar de su labor social como primera dama, comenzó a ganar protagonismo en las inmensas movilizaciones que se dieron por meses, donde todos los sectores -campesinos, estudiantes, feministas, profesores- se aglutinaron en el Frente Nacional de Resistencia Popular, germen del partido político Libre que Mel Zelaya fundaría al volver al país.

En el discurso donde se proclamó presidenta, Xiomara hizo hincapié en la necesidad de acabar con el narcotráfico, la corrupción, la miseria y el odio en Honduras, respondiendo a la campaña que en los días previos a las elecciones la buscó desprestigiar por supuesta comunista y por mujer. Además, prometió el uso de consultas populares para gobernar y revertir la prohibición a la pastilla anticonceptiva de emergencia, establecida después del golpe.

Por el lado del Partido Nacional, el único que habló fue David Chávez, actual diputado y candidato a la alcaldía de Tegucigalpa, quien -a pesar del resultado adelantado por el Consejo Nacional Electoral (CNE)- sostuvo que él ya era el ganador y que su compañero de partido Nasry Asfura -conocido como “Papi a la orden” (sic)- se estaría “convirtiendo en el presidente de todos los hondureños”.

Una de las mayores sorpresas de la jornada ha sido la probable victoria de Jorge Aldana, candidato a alcalde de Libre en la capital, un distrito donde los nacionalistas gobernaban desde hace treinta años. A pesar de que las encuestas previas marcaban como ganadora a Xiomara, se daba por sentado que Chávez retendría Tegucigalpa, pero él solito se tiró tierra encima cuando en el cierre de campaña subió al escenario en un estado de embriaguez -como mínimo- que se convirtió en meme, sobretodo después de justificarse diciendo que lo habían boicoteado poniéndole a su micrófono un delay como efecto de sonido.

En San Pedro Sula, la otra gran ciudad y polo económico de Honduras, Libre triplicó los votos del Partido Nacional, lo que le garantiza la alcaldía al hermano de un empresario dueño de una cadena de comidas que sobresalió por su rol social en medio de los huracanes que azotaron a la región a fines del año pasado. Además, es muy probable que Libre, en alianza con los diputados del partido Salvador de Honduras, obtenga mayoría un Congreso Nacional que renovaba el total de sus bancas.

Los desafíos: pobreza y crisis

El trabajo por delante que tendrá que afrontar Xiomara y su gabinete -asumen sus cargos a finales de enero- es enorme. Honduras es el segundo país más pobre del continente, con un 74 por ciento de pobreza. La crisis provocada por la pandemia de la Covid-19 y la nula reacción pública, sumado a los ciclones, significó el tiro de gracia para una población que desde 2018 huye en caravanas migrantes para buscar trabajo, seguridad y condiciones de vida más dignas.

Honduras ya no es el país bananero de antaño, hoy exporta mano de obra precarizada. Las remesas que envían quienes viven en el exterior superan en valor al 20 por ciento del Producto Bruto Interno, convirtiéndose en el mayor ingreso económico que tiene el Estado y en el único ingreso que tienen muchas familias.

Honduras es también el segundo país con mayor tasa de embarazos adolescentes y donde solo se resuelven el 5 por ciento de las denuncias que llegan al Ministerio Público, cifra que se achica aún más -aunque suene imposible- cuando son casos de femicidios o asesinatos a miembres de la comunidad lgtbiq, periodistas, abogados o defensores de derechos humanos. Vale recordar que fue acá donde asesinaron en 2016 a Berta Cáceres, defensora de los recursos naturales. Sus hijas aún buscan justicia y que los autores intelectuales reciban su castigo. Quienes también reclaman el esclarecimiento de las muertes, son los familiares de los más de veinte asesinados en las protestas posteriores a las elecciones de 2017 por fuerzas del Estado, según declaró en su momento la Alta Comisionada por los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet.

Las tragedias por reparar son infinitas, pero aunque todavía no haya finalizado el escrutinio definitivo, lo que sí ya cambió es el humor de la población hondureña, que después de tantas noticias negativas, se volcó a votar primero, a auditar el recuento y a celebrar después por todos los barrios y poblados del país, hasta altas horas de la madrugada. “Voto masivo mata fraude” fue el slogan utilizado para incentivar a la gente a que emitiera su sufragio, más allá de los reparos que existían con un sistema electoral donde, por ejemplo, no hay segunda vuelta.

Por ley, el CNE tiene hasta un mes para dar un ganador definitivo, considerando las impugnaciones que se puedan interponer. Desde el lunes a las siete de la mañana que no se actualiza el conteo y, considerando la historia reciente, la gente comienza a impacientarse. Pero esta vez la victoria de Xiomara Castro y del partido Libre fue tan abrumadora, que no hay fraude posible que impida que una mujer de izquierda vaya a tomar las riendas del golpeado país centroamericano.

30 de noviembre de 2021

 

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La lucha por la legalización del aborto en Colombia

El aborto en Colombia ha sido despenalizado solamente en tres causales y por ello se encuentra dentro del código penal y no como un derecho fundamental. Por esto se sigue judicializando a mujeres pobres y en su mayoría jóvenes. Ayer estuvo de nuevo en discusión en la Corte Constitucional el libre derecho a la decisión de las mujeres sobre sus cuerpos.

 

En Colombia solo hasta el año 2006 se da un primer paso para la despenalización del aborto. La sentencia C-355 de 2006 permite el aborto bajo tres causales: cuando hay riesgo para la salud o la vida de la mujer embarazada, cuando el diagnóstico fetal es grave, y en casos de violación, incesto o inseminación no consentida. Sin embargo, estas tres circunstancias específicas dejaron a las mujeres expuestas a la estigmatización y el maltrato, incluso a la presión de los católicos en los hospitales públicos.

Además de ser la sentencia C-355 de 2006 una ley injusta se presentan dificultades en su implementación, deja al lucro capitalista del sector privado y de manera clandestina la práctica del aborto, y pone en peligro la vida de las mujeres. Asimismo, esta sentencia puso en el limbo la ley, pues esta entre el derecho fundamental y la penalización. La penalización del aborto requiere ser retirada del código penal colombiano y ratificado el derecho al aborto como un derecho fundamental que permita el libre acceso a la salud, la libertad y la igualdad.

Hoy las mujeres en Colombia trabajadoras, estudiantes, campesinas de bajos recursos deben acudir a procedimientos riesgosos y precarios para abortar, lo que hace desigual el acceso a este procedimiento poniendo en peligro la vida de las mujeres pobres. En declaraciones al diario El País Ana Cristina González miembro del movimiento Causa Justa que hoy interpone acciones jurídicas para la legalización del aborto ante la Corte Constitucional afirma que “El sistema colombiano opera tendenciosamente para condenar a las mujeres que deciden abortar y, en cambio, exonera a los hombres que ejercen violencia contra las mujeres”.

En un informe de la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres en Colombia se evidencia que el rango de edad de las mujeres que más acuden al aborto esta entre los 14 y 17 años, y que son más penalizadas las mujeres de las zonas rurales que urbanas, también se observa en este informe que el 42% de las mujeres que abortan son sometidas a violencia de género. Las mujeres que son judicializadas por abortar pagan penas de hasta cuatro años y medio.

La discusión para la total despenalización comenzó ayer en la Corte Constitucional, esto debido a las dos demandas interpuestas, una de ellas por la organización Causa Justa que congrega 45 organizaciones feministas y defensoras de los derechos de la mujer. La Corte se encuentra compuesta por 9 magistrados de los cuales se sabe que 4 están de acuerdo con la despenalización y los otros 5 no se han pronunciado sobre esta decisión, cuatro de ellas mujeres. Se conoce que las ponencias a discutir en la corte fueron presentadas por los Magistrados Antonio José Lizarazo y Alberto Rojas Ríos.

Inadmisible resulta que 9 personas decidan sobre los derechos fundamentales de la mitad de la población colombiana que son mujeres; es evidente la injerencia de la ultraderecha, la derecha y la iglesia católica sobre nuestros cuerpos, llegando a la congelación de la discusión en la Corte Constitucional el día de ayer, aun conociendo las cifras de aborto en Colombia que anualmente es de alrededor 400.000 casos. La Corte Constitucional aplaza el fallo argumentado el impedimento del magistrado Alejandro Linares, lo que para ser aclarado requiere de la elección de un conjuez entre 27 candidatos, eso deja la decisión en manos de ocho magistrados que en caso de presentarse empate deberá de nuevo elegirse un conjuez para aclarar el fallo.

Toda una triquiñuela política que aplaza de manera indefinida la legalización del aborto. Además de las organizaciones feministas, no hay pronunciamiento de sectores políticos de ninguna tendencia pues es una decisión que en Colombia entra en el juego moral de las iglesias sobre todo católica con la que simpatiza la ultraderecha, la derecha y el progresismo.

Es urgente la toma de las calles por parte de las mujeres en Colombia, siguiendo el ejemplo de nuestras compañeras de Argentina que consiguieron arrancar con la movilización la legalización del aborto, y para que la Corte Constitucional de un fallo pronto a favor de la despenalización como parte de la lucha por la legalización del aborto en nuestro país, pero también que sirva para combatir el capitalismo y la ultraderecha, y hacer contrapeso a los grupos católicos próvidas quienes con las pro aborto se manifestaron ayer frente a la Corte.

Compañeras, que la marea verde se extienda y nos contagie en pro de ganar derechos no solo en cuanto a la salud sexual y reproductiva, sino en defensa de nuestros derechos en general.

EDUCACIÓN SEXUAL PARA DECIDIR, ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR, ABORTO LEGAL PARA NO MORIR.

Por Begonia D.Corresponsal en Bogotá

Viernes 19 de noviembre

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Sábado, 20 Noviembre 2021 06:24

Los (supuestos) límites del capitalismo

Los (supuestos) límites del capitalismo

Durante mucho tiempo una parte de los marxistas aseguraron que el capitalismo tiene límites estructurales y económicos, fincados en leyes que harían inevitable su (auto) destrucción.

Esas leyes son inmanentes al sistema y se relacionan con aspectos centrales del funcionamiento de la economía, como la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, analizada por Marx en El capital.

Esta tesis dio pie a que algunos intelectuales hablaran del derrumbe del sistema, siempre como consecuencia de sus propias contradicciones.

Más recientemente, no pocos pensadores sostienen que el capitalismo tiene límites ambientales que lo llevarían a destruirse o por lo menos a cambiar sus aspectos más depredadores, cuando en realidad lo que tiene límites es la propia vida en el planeta y, muy en particular, la de la mitad pobre y humillada de su población.

Hoy sabemos que el capitalismo no tiene límites. Ni siquiera las revoluciones han podido erradicar este sistema ya que, una y otra vez, en el seno de las sociedades posrevolucionarias se expanden relaciones sociales capitalistas y desde dentro del Estado resurge la clase burguesa encargada de hacerlas prosperar.

La expropiación de los medios de producción y de cambio fue, y seguirá siendo, un paso central para destruir el sistema, pero, a más de un siglo de la revolución rusa, sabemos que es insuficiente, si no existe un control comunitario de esos medios y del poder político encargado de gestionarlos.

También sabemos que la acción colectiva organizada (lucha de clases, de géneros y de colores de piel, contra las opresiones y los opresores) es decisiva para destruir el sistema, pero esta formulación también resulta parcial e insuficiente, aunque verdadera.

La actualización del pensamiento sobre el fin del capitalismo, no puede sino ir de la mano de las resistencias y construcciones de los pueblos, de modo muy particular de zapatistas y kurdos de Rojava, de los pueblos originarios de diversos territorios de nuestra América, pero también de los pueblos negros y campesinos, y en algunos casos de lo que hacemos en las periferias urbanas.

Algunos puntos parecen centrales para superar este desafío.

El primero es que el capitalismo es un sistema global, que abarca todo el planeta y debe expandirse permanentemente para no colapsar. Como nos enseña Fernand Braudel, la escala fue importante en la implantación del capitalismo, de ahí la importancia de la conquista de América, ya que le permitió, a un sistema embrionario, desplegar sus alas.

Las luchas y resistencias locales son importantes, pueden incluso doblegar al capitalismo a esa escala, pero para acabar con el sistema es imprescindible la alianza/coordinación con movimientos en todos los continentes. De ahí la tremenda importancia de la Gira por la Vida que estos días realiza el EZLN en Europa.

El segundo es que no se destruye el sistema de una vez para siempre, como debatimos durante el seminario El pensamiento crítico frente a la Hidra capitalista, en mayo de 2015. Pero aquí hay un aspecto que nos desafía profundamente: sólo la lucha constante y permanente, puede asfixiar el capitalismo. No se lo corta de un tajo, como las cabezas de la Hidra, sino de otro modo.

En rigor, debemos decir que no sabemos exactamente cómo terminar con el capitalismo, porque nunca se ha logrado. Pero vamos intuyendo que las condiciones para su continuidad y/o resurgimiento deben acotarse, someterse a control estricto, no por un partido o un Estado, sino por las comunidades y pueblos organizados.

El tercer punto es que no se puede derrotar el capitalismo si a la vez no se construye otro mundo, otras relaciones sociales. Ese mundo otro o nuevo, no es un lugar de llegada, sino un modo de vivir que en su cotidianidad impide la continuidad del capitalismo. Las formas de vida, las relaciones sociales, los espacios que seamos capaces de crear, deben existir de tal modo que estén en lucha permanente contra el capitalismo.

El cuarto es que, mientras exista Estado, habrá chance de que el capitalismo vuelva a expandirse. En contra de lo que pregona cierto pensamiento, digamos progresista o de izquierda, el Estado no es una herramienta neutra. Los poderes de abajo, que son poderes no estatales y autónomos, nacen y existen para evitar que se expandan las relaciones capitalistas. Son, por tanto, poderes por y para la lucha anticapitalista.

Finalmente, el mundo nuevo posterior al capitalismo no es un lugar de llegada, no es un paraíso donde se practica el buen vivir, sino un espacio de lucha en el que, probablemente, los pueblos, las mujeres, las disidencias y las personas de abajo en general, estaremos en mejores condiciones para seguir construyendo mundos diversos y heterogéneos.

Creo que si dejamos de luchar y de construir lo nuevo, el capitalismo renace, incluso en el mundo otro. El relato del Viejo Antonio que dice que la lucha es como un círculo, que empieza un día pero nunca termina, tiene enorme actualidad.

20/11/2021

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Gabriel Boric, el candidato que mejor mide entre los jóvenes chilenos.. Imagen: AFP

En medio de un hastío generalizado es el que más adhesiones despierta ente los nuevos votantes

A horas de las elecciones presidenciales en el país trasandino el 50 por ciento de los 15 millones de electores está indeciso sobre si acudirá a las urnas.

 

"Yo voy a votar pero bastante desilusionado", declara uno de los jóvenes que participó de la revuelta social de octubre de 2019 y que hoy siente que ninguno de los siete candidatos a las elecciones de este domingo recoge las demandas de la calle.Danilo Panes, un sociólogo de 26 años, recuerda que participó de las protestas que estallaron el 18 de octubre de 2019. Después de varios días de manifestaciones secundarias por el alza del precio del pasaje de metro, se fueron sumando más personas hasta generarse una potente revuelta social que dio un giro a la política del país.

En 2011, cuando empezaron las protestas sociales con más fuerza en Chile, Panes también participó de las masivas manifestaciones estudiantiles que se levantaron durante el primer gobierno del conservador Sebastián Piñera (2010-2014) en reclamo de una educación "pública, gratuita y de calidad" para uno de los países donde la gratuidad universitaria no existía.

Cinco años antes, los estudiantes secundarios y su "Revolución pingüina" habían dado un primer aviso de que los jóvenes iban a ser los protagonistas de los cambios sociales en una nación considerada por años un ejemplo de estabilidad económica y social. Pero ahora, a las puertas de una elección presidencial, los candidatos "no logran expresar una alternativa a la medida de lo que el pueblo exigió en octubre", agrega este sociólogo.

Se estima que en Chile el 50 por ciento de los 15 millones de electores está indeciso sobre si acudirá a votar. Con siete candidatos en disputa y propuestas que van desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, ninguno logra convencer de que será capaz de impulsar un cambio para lograr una mayor equidad social, mejor acceso a la salud y la educación, pensiones e igualdad de género.

"Los jóvenes deberíamos ir a votar principalmente porque ya ha sido mucho tiempo de ausencia en lo político al respecto de la juventud, y se entiende porque como juventud estamos decepcionados y decepcionadas de lo que ha sido hasta ahora el modelo", declara Débora Pinto, una psicóloga de 27 años.

Boric, la alternativa 

En medio de un hastío hacia la mayoría de los candidatos, Gabriel Boric, el diputado de izquierda de 35 años, es quien despierta una mayor adhesión entre los jóvenes. Exlíder estudiantil, este 'milenial' cambió su imagen de político rockero por una más seria y hoy es uno de los favoritos para ganar la elección.

"Es un candidato que tiene además propuestas nuevas que a los jóvenes les interesan, como por ejemplo, el feminismo y los cambios medioambientales", señala la actriz Francesca Santoro, en la plaza Italia, rebautizada como "Plaza Dignidad" por los manifestantes que aún se reúnen ahí todos los viernes.  "Boric tiene una fuerza inusitada en los sectores ABC1 (los más acomodados) y particularmente los jóvenes", coincide Mauricio Morales, analista político de la Universidad de Talca.

 El ultraconservador José Antonio Kast -contrario al aborto y al matrimonio igualitario- podría disputar con Boric una segunda vuelta, de acuerdo a sondeos previos. Completan la lista de candidatos la senadora Yasna Provoste, del Nuevo Pacto Social heredero de la Concertación de Michelle Bachelet, Gabriel Sichel, el candidato oficialista de Chile Podemos, Macro Enríquez-Ominami del Partido Progresita (PRO), Eduardo Artés (Unión Patriótica, izquierda) y el libertario Franco Parisi (Partido de la Gente).

El gran despertar 

Redactar una nueva Constitución que reemplace a la heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) fue una de las grandes demandas de las manifestaciones de 2019, canalizadas en un acuerdo político que convocó a un plebiscito para decidir el cambio de la Carta Magna.

"Las movilizaciones del 2019 significaron el gran despertar de nuestro pueblo", sostuvo Rodrigo Hidalgo, un profesor de 28 años, quien junto a Danilo y Débora participan del Movimiento Minga, una organización juvenil que realiza actividades culturales y busca soluciones de vivienda para personas del barrio de San Miguel, en Santiago.

La posibilidad de cambiar el actual modelo neoliberal chileno por medio de una nueva Constitución impulsó a los jóvenes a votar masivamente en el plebiscito que se llevó a cabo el 25 de octubre de 2020, cuando la opción "apruebo" el cambio se impuso con 79 por ciento. Siete meses después, el pasado 15 de mayo, fueron electos los 155 miembros de la Convención Constitucional que el pasado 4 de julio comenzó a redactar la nueva Carta.

"Pero votar por presidente o parlamentarios es menos sexy para los jóvenes. Tenemos puntos suspensivos, porque no sabemos si esos jóvenes que entraron a votar por primera vez (para el plebiscito), que son 1,2 millones, van a volver a votar" el próximo domingo, señaló Axel Callis, analista y director del sitio TuInfluyes.com.

Por su parte Rodrigo Hidalgo, un profesor de historia de 28 años, opinó: "si las propuestas no apuntan a generar un cambio y una transformación en el sistema económico y político también no van a convocar" a muchos jóvenes, dice.

Por Miguel Sánchez*

20 de noviembre de 2021

*AFP

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Manifestación por la justicia climática en Glasgow el 3 de noviembre, con motivo de la COP26. Francis Mckee (CC BY 2.0)

Solo dos jefes de Estado son menores de 35 años. Nuestra presencia en las instituciones es insignificante y, sin embargo, nuestra generación (y las venideras) son las que más sufrirán los efectos de la crisis climática

La Cumbre del Clima que está teniendo lugar estos días en Glasgow, la COP26, es un momento decisivo para el futuro de la humanidad. Esta conferencia se está desarrollando en el contexto de la denominada “nueva normalidad”, tras los peores momentos de la covid-19. Esta pandemia ha puesto de manifiesto las desiguales (e injustas) consecuencias que tiene una crisis global en diferentes partes del mundo y en las sociedades de cada país. No podemos permitir que suceda lo mismo con la crisis climática. Necesitamos acciones contundentes de manera inmediata. La ciencia lo tiene claro. Y la juventud también.

Del 28 al 31 de octubre tuvo lugar la 16ª Conferencia de la Juventud sobre el Cambio Climático (COY16). Esta conferencia está organizada anualmente por YOUNGO, la red juvenil oficial de Naciones Unidas, junto con multitud de voluntarios y voluntarias, y reúne a jóvenes de todo el mundo en los días previos a la COP. Sus objetivos son crear un espacio de intercambio global, establecer las demandas de la juventud y empoderar y capacitar a los jóvenes para defender estas demandas en las negociaciones.

La Declaración Mundial de la Juventud sobre el cambio climático

El resultado principal de la COY16 es el Global Youth Statement (La Declaración Mundial de la Juventud), un documento que representa las demandas de la juventud global a los líderes políticos de la COP26. Este documento, que ya ha sido firmado por más de 40.000 jóvenes, es el resultado de consultas realizadas a nivel nacional, de una conferencia virtual (vCOY) celebrada en agosto de este año, y de una encuesta online respondida por más de 2.000 instituciones educativas, organizaciones medioambientales y jóvenes individuos provenientes de más de 130 países. Todos estos datos han sido procesados y sintetizados durante el último mes por un equipo de más de 100 jóvenes que hemos dedicado horas y horas, pero sobre todo mucha pasión, energía y entusiasmo. Nuestro objetivo era crear un documento lo más representativo e inclusivo posible, siendo conscientes de que este año muchas personas no han podido asistir personalmente a este evento. Necesitamos más que nunca escuchar todas las voces.

Las más de 70 páginas están estructuradas en torno a quince temáticas diferentes entre las que se incluyen energía, finanzas, agricultura, movilidad o justicia climática. Nuestra principal reivindicación es la necesidad de incorporar la participación de la juventud en los procesos de gobernanza medioambiental y climática, ya que son estos procesos los que determinarán el futuro que vamos a heredar.

Más concretamente, los jóvenes exigimos una actualización de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs), de manera que los objetivos establecidos compartan los mismos plazos y aspiren a limitar el aumento de la temperatura media global a 1,5ºC. Esto requiere una eliminación drástica de los combustibles fósiles dentro del mix energético mundial, especialmente el carbón y el petróleo. A su vez, debe haber una transferencia de tecnología y conocimientos a los países del Sur Global, de manera que se asegure un acceso justo a energía limpia.

Con respecto a la financiación, instamos a que los países del Norte Global cumplan su compromiso de garantizar un flujo de financiación climática de 100.000 millones de dólares hacia acciones de mitigación y adaptación adecuadas a las necesidades locales de los países en desarrollo, así como un mayor foco en la subsanación de pérdidas y daños. Como Mia Mottley, primera ministra de Barbados, afirmó el pasado 1 de noviembre “el hecho de no proporcionar la financiación necesaria se mide en vidas y medios de subsistencia en nuestras comunidades. Esto es inmoral e injusto”. La justicia climática es precisamente otra de nuestras principales demandas. Si no queremos dejar a nadie atrás, es imprescindible proteger y promover los derechos humanos e incorporar los principios de justicia, equidad, diversidad e inclusión (JEDI) en la toma de decisiones.

Para alcanzar estos objetivos –y el resto de los que forman parte de la declaración–, es necesario un reconocimiento de la crisis climática como una crisis sociopolítica innegablemente interconectada con otras problemáticas sociales como la desigualdad de género o el racismo estructural. Solucionar la crisis climática requiere una transformación social sin precedentes basada en la cooperación y centrada en el bienestar humano y su prosperidad, y no el crecimiento económico o el poder.

Todas estas demandas fueron presentadas el pasado viernes 5 de noviembre en la COP26 dentro del día del empoderamiento juvenil y ciudadano a varios líderes políticos, entre ellos a Alok Sharma, el presidente de la COP26; Patricia Espinosa, secretaria general de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC); y Nicola Sturgeon, la primera ministra de Escocia. En este evento pudimos situar la importancia de la participación juvenil en el centro del diálogo climático internacional y conseguimos recibir el compromiso de líderes políticos para incorporar nuestras demandas en las negociaciones. De momento solo hemos recibido declaraciones de intenciones, pero ninguna acción concreta.

Estos días hemos visto algunos avances importantes como los compromisos de acabar con la deforestación, o reducir las emisiones de metano al menos un 30% en 2030, o el acuerdo suscrito por 40 países para poner fin a la energía proveniente del carbón. Apreciamos estas promesas, pero no son suficientes.

Las más de 100.000 personas que asistimos a la manifestación del pasado sábado por la justicia climática en Glasgow demostramos que la ciudadanía y la juventud no solo estamos listas para el cambio, sino que lo exigimos. Ahora, en los últimos días de la COP26, es el momento de que los líderes políticos cumplan con nuestras expectativas. Los jóvenes seguiremos presionando, en la COP26 y posteriormente.  

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Por Ester Galende Sánchez / Irene Pérez Beltrán 11/11/2021

Ester Galende e Irene Pérez forman parte del equipo coordinador de la Declaración de la Juventud Mundial.

Nota: El documento completo está disponible en inglés aquí. Las principales demandas políticas han sido traducidas a los otros cinco idiomas oficiales de Naciones Unidas y la versión en español puede encontrarse aquí.

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La inflación ha muerto, larga vida a la inflación

La devaluación del dinero ha sido presentada como la peor enfermedad de la economía de mercado. Pero, en esta década, el miedo a la inflación parece un residuo de los años de dominio neoliberal.

 

Las fuertes sacudidas de los precios a nivel global desde que comenzó la reactivación económica escalonada en la inmensa mayoría de los países de Europa, Asia y América, no dejan lugar a dudas: vuelve nada menos que la inflación. La inflación fue la bête noîre del neoliberalismo ascendente de los años ochenta y, a la vez, a lomos del caballo de la inflación fue como ese mismo neoliberalismo noqueó definitivamente a los gobiernos keynesianos que fueron objetivo primordial de su ofensiva. Cosa que no quita que le llevase muchísimos más años noquear a los estados keynesianos que esos mismos gobiernos construyeron durante los años de la posguerra mundial. 

En la ortodoxia liberal la inflación es la peor enfermedad que puede aquejar a la economía de mercado: la devaluación del dinero. Y con ella, algo mucho más importante: la devaluación de las posiciones de poder de los propietarios de dinero. La inflación plantea una contradicción siempre a las aspiraciones de construcción del homo economicus individualista, autosuficiente y racional del liberalismo porque implica aclarar de una vez por todas la confusión entre la buena y la mala moneda, posibilidad de confusión que aterraba al liberalismo del siglo XIX. Para esta tarea es indispensable la existencia de un Banco Central con poderes de Estado que determina cuánta moneda es buena y cuánta mala. El patrón oro fue la herramienta institucional que el liberalismo británico antiguo utilizó durante tres siglos para naturalizar esta vinculación entre la escala de las riquezas y el poder de las clases propietarias de dinero. 

El neoliberalismo norteamericano ascendente de los años setenta y ochenta, mucho más pragmático, conquistó las instituciones transnacionales procedentes del orden de Bretton Woods y desde ahí, fue conquistando, uno tras otro, los bancos centrales de los Estados nación, siempre en nombre de la lucha contra la inflación. No desenterraron el patrón oro mitificado por el liberalismo del siglo XIX sino que pusieron al dólar, y al petróleo, en su lugar. El poder político norteamericano sobre el mundo, y muy especialmente, su control sobre el combustible fósil, eran la garantía última de estabilidad financiera y monetaria en el mundo capitalista posterior a 1973. Hoy, el mega significante económico por excelencia, la inflación, vuelve a un capitalismo en el que ya no mandan unilateralmente ni Estados Unidos, ni el petróleo. 

La inflación reina pero no gobierna

Por acumulación histórica, la reaparición de la inflación como frame económico global debería dar una ventaja casi absoluta a la ortodoxia política neoliberal para recuperar su posición dominante tras dos años de extensión de algo así como un nuevo sentido común económico-político al que podríamos llamar provisionalmente neokeynesianismo pandémico. Todas y cada una de las instituciones económicas creadas durante el periodo neoliberal llevan la lucha contra la inflación inscrita en su ADN. El Banco Central Europeo y el euro fueron los experimentos mayores del régimen neoliberal de control de la inflación. Se puede decir, sin mucho exagerar, que el euro está construido sobre el control de la inflación de la eurozona a unos niveles de crecimiento anual nunca superiores al 2% del PIB continental.

Sin embargo, en este momento, es casi imposible pensar en una intervención como el tour de force de Jean Claude Trichet en 2008. En plena crisis financiera global, el entonces presidente del BCE, subió repentinamente un punto los tipos provocando una cadena de efectos aumentados de la crisis financiera. La subida de tipos europea puso punto y final repentino a la inmensa burbuja inmobiliaria española, abrió una profundísima crisis del sistema financiero español y, en el medio plazo ha supuesto, el asentamiento casi permanente desde entonces de la crisis en la Eurozona y, por extensión, en toda la Unión Europea. Una crisis europea que primero fue productiva, luego financiera, después monetaria, siempre social y ecológica y ahora ya, directamente existencial. 

El Banco Central Europeo se enfrentaba entonces a una inflación del 4% fundamentalmente provocada por un pico espectacular de los precios del petróleo y las materias primas generada en los mercados de futuros, uno de los refugios de emergencia más lucrativos de unos capitales en estampida tras la evaporación repentina del mercado de las hipotecas subprime. En octubre de 2021, la inflación en la Eurozona ha llegado al 4,1% provocada por un pico espectacular en los precios del gas y las materias primas generado en los mercados de futuros de nuevo desorbitados ante la llegada masas crecientes de capitales financieros en estampida en busca de nichos de rentabilidad. A partir de esta semejanza, no pequeña, todo son diferencias entre una situación y la otra, y muy posiblemente, muy diferentes van a ser los acontecimientos que sigan a la instalación de la inflación como ítem económico-cultural en la esfera política europea.

Una de esas palabras

Si no existe tal cosa como un debate económico “puro” en general, menos aún en el caso del que posiblemente es, aún hoy, el término técnico de la ciencia económica con mayor carga histórica y política: la inflación. Hay que recordar que el expediente utilizado para borrar del mapa la lucha de clases en Europa a lo largo de toda la década de los setenta fue el control de precios, especificado claramente en un mandato férreo de control salarial que, en un momento de pleno empleo, tan sólo podían imponer los sindicatos a sus propios afiliados. Algo que uno tras otro, los sindicatos europeos terminaron por hacer, no sin que se librara una guerra social total en varios frentes internos y externos antes que se venían arrastrando desde el 68.


La baza decisiva del capital en aquella derrota por capítulos que sufrió la clase obrera industrial a lo largo de dos décadas fue utilizar el espacio transnacional para desvincular tanto los capitales productivos como los capitales financieros de los estados nación. El capital fue migrando hacia Asia, muy especialmente hacia China, en busca de menores costes laborales, ambientales y fiscales, blindado por todo un entramado jurídico-institucional que fomentaba la huida bajo una retórica de libre mercado, defensa de los derechos de propiedad y lucha contra la inflación.

En esas nuevas condiciones de movilidad incrementada del capital, los Estados nación europeos tomaron literalmente los restos de las luchas de clases europeas a su cargo en forma una nueva forma de concertación social en que se pactaron las condiciones de posibilidad del trabajo asalariado dentro de los límites intraspasables de las políticas antinflacionistas. Lo cual significaba de hecho renunciar no ya a un horizonte socialista sino a un horizonte simplemente de pleno empleo, el abc del keynesianismo.

La situación de jibarización y ultracongelación del proceso productivo en Europa ha tenido como consecuencia de la utilización generalizada de los ERTE. Con distintos nombres —kurzarbeit, furlough—, el ERTE ha sido la máxima aportación del modelo de negociación colectiva no inflacionista de inspiración alemana que se ha extendido en Europa. Pensados para absorber shocks temporales manteniendo los empleos en las estructuras empresariales existentes, los ERTE se han utilizado de forma generalizada durante un año y medio en las cuatro mayores economías de la Eurozona: Alemania, Francia, Italia y España. Además de en el Reino Unido, donde han alcanzado su máxima extensión. 

China reestructura Europa

Esta suspensión masiva de la producción ha sido aprovechada sin ningún tipo de miramiento por parte del gobierno de Xi Jinping, que no ha tenido más que seguir avanzando por las líneas de enfrentamiento endurecido con Estados Unidos marcadas en las guerras comerciales del periodo anterior a la pandemia. El ascenso de China en la jerarquía tecnológica y de diseño de la producción, incluyendo su sonora apuesta por el capitalismo verde, ha barrido con las escasas ventajas productivas rentables que quedaban en Europa, y ha dejado a Estados Unidos “únicamente” el dominio del dinero, del dólar. El otro gran pilar del poder de EEUU, el petróleo, sin embargo, ha quedado tocado de muerte en su rol hegemónico. Aunque todavía sea un mercado de importancia central, es evidente como, por el momento, está completamente subordinado a los mercados de gas natural. Mercados que sustentan una estructura de poder diferente, aunque emparentada, con la del petróleo.

Ese sonido estruendoso que generan los precios creciendo a velocidades supersónicas, el sonido de los cuellos de botella en la distribución, es el sonido que produce el Partido Comunista de China al dictar las nuevas condiciones de rentabilidad, y, esto es novedoso, también de cualificación, que van a marcar cuáles serán las empresas manufactureras y energéticas grandes, pequeñas y medianas, que queden en Europa. Los mismos mecanismos que utilizó el capital europeo para dejar herida de muerte a la clase obrera industrial de los años setenta, fundamentalmente la deslocalización, se han desarrollado tanto que también han herido de muerte a uno de sus padres: el capital industrial europeo. 

Como era de esperar estas nuevas condiciones de rentabilidad en los sectores industriales y energéticos con toda su afectación a los sectores logísticos y de distribución, las absorben los Estados europeos mediante su traslado inmediato a la fuerza de trabajo en forma de aniquilación definitiva del régimen salarial privado y el avance a doble velocidad hacia un mercado laboral pulverizado y basado en las percepciones intermitentes de rentas salariales, más cercano a la informalidad generalizada de las megapólis del sur global que del New Deal de Roosevelt. 

Milton Friedman tiene los ojos tristes

Jean Claude Trichet actuaba en nombre de un Banco Central que representaba  a una Europa que aún apostaba con confianza en el casino financiero global, confianza sostenida en parte por el poder político de la Francia poscolonial pero, sobre todo, por el poder económico indiscutido de la manufactura de exportación alemana. Hoy, la eurozona ha absorbido la contradicción central de la economía alemana, el mantenimiento de un gigantesco aparato industrial de exportación basado en el combustible fósil, modelo que hunde sus raíces en el inveterado antinflacionismo alemán, es directamente antagónico con los objetivos de la transición energética y el Green New Deal con los que Europa pretende recuperar sus posiciones de ventaja competitiva en el mundo. Vaciada progresivamente de sus funciones de mando sobre el proceso productivo capitalista global, Europa empieza a parecer un parque temático del welfare state que se arriesga a tener que declarar la quiebra si no le favorecen las decisiones estratégicas que tomen otros actores mejor situados en el nuevo orden financiero y productivo. 

El vaciado de funciones productivas capitalistas al que China ha sometido a Europa, y en menor medida a Estados Unidos, ha dejado un panorama de niveles de endeudamiento público completamente inédito, y en general, una vida económica en nuestras sociedades en la que las distintas formas de monetización de los títulos de propiedad, como los intereses financieros sobre la deuda o las rentas del suelo, le han quitado definitivamente la centralidad al salario como instrumento de la economía monetaria popular. 

Si el liberalismo se pudo reinventar como neoliberalismo fue en buena parte a que Milton Friedman y la escuela monetarista dio carpetazo a la nostalgia por el patrón oro perdido y diseño el programa más simple posible para gobernar un banco central: subir los tipos de interés cuando sube la inflación y bajarlos cuando baja. La economía para la que dio esta sencilla receta Friedman, el agitador político neoliberal por excelencia era aún una en la que la deuda era una figura restringida al comercio entre estados nación y a las relaciones entre las grandes empresas y los grandes bancos. Subir los tipos de interés era una maniobra rutinaria de aserción de la jerarquía y el poder del dinero sobre el proceso productivo capitalista. Y, obviamente, de los países exportadores de capital sobre los países importadores de capital. 

El mundo post globalización neoliberal está definido por la deuda de una manera muchísimo más capilar y determinante que por los salarios, una subida brusca de tipos de interés en Estados Unidos o la Eurozona, ajustaría aún las ya de por sí recargadas tuercas de la acumulación por desposesión tanto en su versión social como ecológica a través de los mecanismos políticos del Estado. Esta vez las evidencias apuntan a que Milton Friedman no va a ganar la batalla monetaria, la separación fundamental entre quienes perciben rentas de la propiedad de algún tipo —la inmobiliaria es la más habitual— y quienes no las perciben y dependen plenamente de un trabajo asalariado que simplemente ya no existe, se ha vuelto demasiado evidente como para envolver el dominio del rentista en unos cuantos tecnicismos folklóricos heredados del siglo XX sobre el daño mortal que supone, siempre y en todo lugar, la inflación.

Por Isidro López

Es miembro de la Fundación de los Comunes. 

11 nov 2021 05:57

Publicado enEconomía
Martes, 09 Noviembre 2021 05:25

Gracias

Pequeños partidarios de la joven ambientalista sueca Greta Thunberg gritan mientras ésta subía al podio para hablar durante una manifestación en Glasgow, Escocia, ciudad sede de la cumbre del clima COP26.Foto Ap

“La generosidad real hacia el futuro reside en dar todo al presente”, escribió Albert Camus.

Por ello, habría que dar las gracias al magnífico coro de jóvenes de todas las esquinas del mundo que se juntaron para expresar su amor a esta tierra y con ello para todos nosotros, al marchar por las calles de Glasgow y varias otras ciudades para denunciar el "bla bla bla" de casi toda la cúpula política y económica mundial y por su invitación a rescatar nuestro futuro colectivo.

Las palabras, gritos, coros, baile y canto de jóvenes de África, Asia, América Latina, América del Norte, Australia, Medio Oriente, en alianza con representantes indígenas, en la llamada COP26 en Glasgow son lo único que ofrece esperanza después de una semana de discursos de mandatarios y de las delegaciones oficiales de la mayoría de los países del mundo (todo reportado con excelencia en estas páginas por nuestro corresponsal Armando G. Tejeda).

Pero tal vez lo más notable es que el mensaje de los jóvenes activistas de los países del sur no sólo ha sido escuchado por sus contrapartes del norte, sino que ya fue integrado a la narrativa común de que esta crisis existencial del cambio climático es resultado del modelo económico neocolonialista que fomenta la desigualdad, la explotación, el colonialismo y "la muerte de la naturaleza". O sea, ofrecen un análisis sistemico y hasta antimperialista; algo más sofisticado que lo que se atreven a declarar las cúpulas mundiales.

Nadie puede pretender que no están enterados de las consecuencias mortales del continuo uso de los hidrocarburos. Tampoco pueden negar que Estados Unidos es el líder acumulativo en emisiones de los contaminantes que nutren el calentamiento global, y que junto con los otros países industrializados debe asumir el costo para cualquier transición ecológica necesaria en las naciones del sur. Pero muchos políticos demuestran su gran talento al reconocer todo eso y, a la vez, rehusar aceptar responsabilidad mientras emiten sus grandes proclamaciones aparentemente pensando que están convenciendo a su público.

Ante ello, sólo se puede concluir que los niños y jóvenes en la calles de Glasgow y otras ciudades que rechazan todo ese "bla bla bla" son los verdaderos adultos en este debate, y los que están demostrando, como afirmó Greta Thunberg, "cómo se ve el liderazgo real" ante esta crisis.

Con razón políticos de todo tipo buscan descalificar a estos jóvenes –"no saben de lo que están hablando"– y hasta se burlan de ellos. Generan sospechas de que son unos inocentes manipulados por adultos malévolos afirmando que "no se mueven solos". Nada tan lamentable y en esencia reaccionario ver y escuchar a progresistas en varios países sumarse a estos argumentos.

"¿Por qué debo estar en la escuela si ustedes me han robado el futuro?", preguntan jóvenes en sus pancartas, y en respuesta a aquellos "adultos" que les dicen que deberían de estar en la escuela y no en las calles y dejar estos problema para los expertos y los políticos.

El consenso científico claro y contundente es que proceder con la explotación y uso de los hidrocarburos, continuar con las mismas industrias extractivas, con los modelos agroindustriales llevan al suicidio colectivo de la humanidad y otros seres vivientes. Punto.

Casi todo ciudadano medio consciente en el mundo ya lo sabe, y cada día los medios y los periodistas (entre los cuales soy cómplice) reportan cada vez más historias de desastres naturales, y nuevos informes e investigaciones que no sólo comprueban que las cosas están muy mal, sino que pronostican que las cosas serán cada vez peor. ¿Qué hacer ante el diluvio de tanta noticia literalmente fatal?

Pues, mínimo, dar las gracias a los jóvenes, y, aún mejor, aceptar su generosa invitación para cambiar el curso de esta historia. Dar las gracias por lo mejor y lo más noble que puede hacer la juventud: rechazar el curso actual de esta historia al invitarnos a un futuro diferente.

Leonard Cohen (a cinco años de su fallecimiento). Everybody Knows. https://www.youtube.com/watch?v=xu8u9ZbCJgQ

Leonard Cohen. Ain’t no cure for love. https://www.youtube.com/watch?v=F24VqlFBvrU

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Martes, 09 Noviembre 2021 05:21

La vuelta de los Chalecos Amarillos

Asamblea de Asambleas de los “chalecos amarillos” a principios de abril de 2019 en Saint Nazaire (Francia). Foto de Yves Monteil de la web Reporterre

¿Qué queda del movimiento que encendió las calles de París y puso contra las cuerdas al gobierno de Macron entre finales de 2018 y principios de 2019?

Ante el aumento histórico del precio de la gasolina, el gas y la electricidad en Francia, muchas son las voces que pronostican el posible regreso masivo de los chalecos amarillos a las calles. Sin embargo, ¿es esto posible? ¿Y qué queda de este movimiento que encendió las calles de París y puso contra las cuerdas al gobierno de Macron entre finales de 2018 y principios de 2019?

En primer lugar, hay razones para no sobredimensionar esta pretendida vuelta del movimiento, empezando por la durísima represión vivida en carne propia. Recordemos que en los dos primeros meses de chalecos amarillos hubo más personas mutiladas por la actuación policial que en los diez años anteriores. El balance humano, sólo hasta abril 2019, es de un muerto, tres personas en coma, cinco perdieron una mano y 23 perdieron un ojo.

Pero es que a la represión policial se une la represión judicial (juicios exprés), la represión de los servicios de inteligencia (dosieres, escuchas, captación de datos, etc.) y la represión administrativa encarnada principalmente por la polémica “ley antidisturbios”, que facilita detenciones en las manifestaciones y permite castigar con hasta 15.000 euros o con una pena de prisión a quien se tape la cara. No es muy difícil de imaginar lo que todo esto supone para los que tienen menos recursos.

También hay otras razones más endógenas al movimiento que nos hacen ser precavidos: desgaste de una militancia muy intensa con efectos laborales y lo que el sociólogo Peter Berger llama una limpieza afectiva, es decir, las separaciones sentimentales, amicales o familiares que se han producido a causa de un movimiento muy exigente y polémico en el seno de las estructuras familiares y de sociabilidad cotidiana. Además en varias rotondas ocupadas, con el paso del tiempo y los cambios en la opinión pública, reaparecieron las divisiones sociales o políticas que se habían puesto en suspenso garantizando la unidad y su éxito inicial. La manifestación de las diferencias políticas entre participantes, pero también de clase (entre las fracciones más estables y las más frágiles de las clases populares) hicieron mella en un movimiento que fue perdiendo apoyo social al ser, sobre todo, asociado a la violencia.

Dicho esto, también hay razones para pensar que una re-movilización es posible. Hay todavía rotondas activas, chalecos amarillos que manifiestan en otros conflictos sociales, los grupos de Facebook siguen ahí y existen acciones que se preparan desde los anuncios de las subidas de precio o eventos que se organizan para el tercer aniversario del movimiento. Por lo general los militantes siguen en contacto, debaten y esperan el momento adecuado para salir a la calle. Entre los chalecos amarillos encontramos una parte considerable de primo-manifestantes y entre estos hay muchos para los que el movimiento ha supuesto más bien una socialización agonística y están dispuestos a todo para enfrentase al ejecutivo. Muchas de estas personas que no estaban “interesadas por la política” ahora también miran con lupa las decisiones del ejecutivo y pueden re-movilizarse.

A partir de sus estudios sobre el movimiento feminista, la socióloga Verta Taylor nos invita a pensar la continuidad de los movimientos sociales según sus ciclos de movilización, postulando que se parecen más a una montaña rusa y son bastante dependientes de los ciclos de atención mediática. Y observa como algunos movimientos sociales devienen “estructuras durmientes” que se re-activan con contextos políticos favorables. ¿Y qué mejor contexto que el de una subida histórica de los precios de la electricidad, el gas y la gasolina? Unas reformas como estas, mal medidas, pueden ser la chispa que reavive la protesta y la legitimidad pública de los chalecos amarillos.

Como ha dicho el historiador económico Adam Tooze, “la lección de la crisis de los chalecos amarillos no es que la tarificación del carbono sea imposible, sino que hay que hacerlo siendo conscientes de los efectos distributivos". En esto reside la clave de la cuestión, en saber si Macron ha aprendido la lección. ¿Actuará como en 2018 con etnocentrismo de clase, es decir menospreciando u obviando los efectos en desigualdad de estas subidas, o tratará de corregir este impacto desproporcional para evitar un nueva crisis política justo antes de las elecciones?

Con los chalecos amarillos como protagonistas o no, lo que está claro es que una movilización social semejante sería condición de posibilidad para volver a situar la cuestión social en el centro del debate y despejar el marco dominante seguridad/migración, que favorece a la dupla Macron y Zemmour, de cara a las elecciones de 2022

Por Aldo Rubert

Es investigador en la Universidad de Lausanne y en el INRAE.

9 nov 2021

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Publicado enPolítica
Martes, 09 Noviembre 2021 05:03

El colapso y la estupidez humana

El colapso y la estupidez humana

“Dos cosas son infinitas:

la estupidez humana y el universo;

y no estoy seguro de lo segundo”. Albert Einstein

 

“El turismo volcánico desborda La Palma: autobuses llenos y atasco en la carretera”, titulaba El País en su edición del 1 de noviembre. Agrega que las autoridades de la isla pusieron transporte gratuito para que los turistas llegaran al mirador más concurrido y que las colas para subir al autobús duran más de una hora.

Viajeros de todo el Estado Español y de Europa llegan en masa para contemplar la destrucción y el colapso en las vidas de miles de personas que han visto sus viviendas y cultivos sucumbir bajo el río de lava que todo lo devora, desde que comenzó la erupción el 19 de setiembre.

Hoteles, taxistas y líneas aéreas hacen su negocio, embolsan recursos que los turistas despilfarran para no perderse la imagen de un volcán en plena erupción, desastre que sigue siendo estetizado por los grandes medios sin reparar en la destrucción que deja a su paso.

Las voces disidentes casi no se escuchan, aunque vienen creciendo de forma paulatina. Una entrevista a Paula, pobladora de La Palma, por Radio Pimienta, una de las escasas voces críticas, pone las cosas en su lugar. Enfatiza en la incertidumbre y el estrés de la mayoría de la población que está comenzando a autoorganizarse. “De las seis mil personas evacuadas, menos de cien están en el albergue que dispuso el gobierno, y el resto en casas de vecinos y familiares solidarios” (https://bit.ly/3o7MdZb).

En varios espacios manos solidarias organizan la entrega de ropa, porque los que huyeron de sus casas lo dejaron todo. Desde arriba, las cosas se ven siempre de otro modo. Las personas que estaban pagando su vivienda al banco deben seguir pagando aunque la vivienda se la haya tragado la lava ardiente. Aún en el colapso, el capital financiero sigue haciendo sus negocios, sin inmutarse.

El Estado se limita a entregarles una pequeña indemnización que no les alcanza para construir otra vivienda.

“El énfasis en el turismo quiere remachar nuestra dependencia”, dice Paula, “ya que no se cansan de decir que la isla es segura, ninguneando el dolor y nuestra vulnerabilidad”. Según el gobierno, la masa de lava ocupa apenas el 10 por ciento de la isla, pero no toman en cuenta que afecta a toda la población, unas 85 mil personas, la mitad de las cuales se dedica a la agricultura platanera, seriamente afectada por la enorme cantidad de ceniza que se deposita en todos los rincones.

Los vecinos se están organizando por barrios con base en el apoyo mutuo, explican desde Radio Pimienta, creando plataformas para asistir a las familias que perdieron todo, intentando superar el clima de “desconfianza, miedo e incertidumbre”.

Pero también se esfuerzan por superar la “tutela extrema” del Estado, que según Paula se empeña en controlar los movimientos de la población, regulando el acceso a ciertos espacios: cuando los desplazados quieren limpiar las casas de ceniza, deben hacerlo “acompañados” por efectivos de la Guardia Civil que no sólo los vigilan sino que controlan el tiempo que demoran en la limpieza.

Son tiempos de aprendizajes. ¿Qué hacer ante el colapso? ¿En quiénes podemos confiar cuando todo lo que tenemos alrededor se hunde? ¿Cómo zafar del control del Estado, de la policía y del capital que buscan aprovechar el colapso para apuntalar el capitalismo?

Hay varias acciones que parecen urgentes. Nada podemos hacer si no estamos organizados, si no hemos construido antes del colapso relaciones fuertes entre personas afines, comunitarias y cooperativas. Debemos crear medios de comunicación propios, más para inter-comunicarnos que para denunciar, sobre todo durante el colapso.

Debemos construir autonomía, pero antes de eso tenemos que acordar qué entendemos por autonomía. En tiempos de colapso, no se valen autonomías sólo declarativas; deben ser integrales, abarcar la salud, la economía, el agua, la educación y todo aquello que hace a la vida. Porque la vida está en peligro y nadie más que nosotros y nosotras vamos a poder defenderla y reproducirla.

8 noviembre 2021

Publicado enSociedad
Imagen parcial de la planta piloto para producir combustible a partir del aire y del sol. — ETH

Una planta piloto en un tejado de Zúrich demuestra el ciclo completo de síntesis de hidrocarburos con huella cero de carbono.

 Quién no ha dicho alguna vez, ante una situación de escasez: "¿Qué quieres, que lo saque del aire?". Pues es lo que se plantean ahora los ingenieros y científicos para conseguir que los combustibles de los barcos y los aviones dejen de ser una gran fuente de contaminación en la crisis climática.

Que la energía no se crea ni se destruye, sino que solo se transforma, es una de las leyes más populares del mundo que habitamos. Sin embargo, en muchos casos resulta muy difícil conseguir esa transformación, como se está viendo en los intentos por obtener energía de fusión nuclear a partir de elementos abundantes como el agua, o simplemente en los de optimizar la que se obtiene directamente del Sol. Lo que ahora se plantea es extraer del aire, con la ayuda del Sol, combustible que serviría, por ejemplo, para los aviones y los barcos. Un queroseno o un fueloil pesado con una inimaginable, hasta ahora, huella cero de carbono.

Como es habitual en ingeniería, el sistema piloto para demostrar que la técnica es viable se ha construido a pequeña escala, en este caso en una terraza de la prestigiosa Escuela Politécnica Federal (ETH) en Zúrich. Para su aplicación real habría que optimizar el proceso y realizarlo a escala industrial, algo que nunca resulta fácil, pero este primer paso puede abrir una vía crucial para la producción de combustibles de hidrocarburos neutros en emisiones de carbono. Se llaman así porque cuando se queman emiten la misma cantidad de carbono que la que previamente se extrajo del aire para su producción.

El sistema consta de tres elementos esenciales, el primero de ellos una unidad de captura de aire que extrae dióxido de carbono e hidrógeno del ambiente y que ya se comercializa. El segundo consta de dos reactores de reducción oxidación (redox) que utilizan la energía solar captada por un reflector parabólico que concentra la luz para convertir estos elementos en una mezcla de monóxido de carbono e hidrógeno, un gas de síntesis (syngas en inglés). Finalmente se convierte el syngas en hidrocarburos líquidos o metanol.

El transporte aéreo y marítimo contribuye actualmente en un 8% al total de emisiones de gases de efecto invernadero

Como recuerdan los autores de este trabajo en la revista Nature, donde publican sus resultados, el transporte aéreo y marítimo contribuye actualmente en un 8% al total de emisiones de gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana y se espera que esta aportación aumente en el futuro cercano. Los motores eléctricos con baterías recargables son una opción, pero impracticable en el caso de los vuelos y rutas marítimas de largo recorrido. Una solución serían los combustibles sintéticos producidos con procesos solares y a eso se dedican grandes esfuerzos con enfoques diferentes.

En este caso la vía es la termoquímica y, explican los investigadores: "Aunque se han conseguido pasos parciales de tal proceso, ahora demostramos la operatividad de una cadena entera solar termoquímica de producción de combustible, desde el agua y el CO2 capturados directamente del aire a la síntesis de combustibles para el transporte, como metanol y queroseno, en una planta piloto de cinco kilovatios térmicos". El sistema ha funcionado de forma estable con una irradiación solar intermitente y en un día típico de 7 horas de funcionamiento produce 32 mililitros de metanol.

Para hacer industrial el proceso se necesitarían muchas centrales termosolares, como las de concentración con torre central. Un ejemplo en España es Solucar PS10, cerca de Sevilla, que fue la primera del mundo que se explotó comercialmente. Para producir los 414.000 millones de litros que quemaron los aviones en 2019, se calcula que se necesitarían 45.000 kilómetros cuadrados de centrales solares equipadas con los elementos de producción de combustible, una superficie equivalente al 0,5% del área que ocupa el desierto del Sahara.

Puede parecer un sueño imposible, pero los autores del estudio, liderados por Aldo Steinfeld, creen que el estado de desarrollo de los combustibles solares de aviación se puede comparar en algunos aspectos con el de la energía solar hace unos 30 años. Dado que resultarían más caros que los tradicionales, necesitarán una política de estímulos reguladores para obtener inversiones, alcanzar el ámbito comercial y conseguir una gran reducción de costes, como está pasando en el caso de la energía solar.

08/11/2021 23:15

Publicado enMedio Ambiente
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