Los poderosos medios de comunicación en Colombia: testigos y cómplices de todas las masacres

Canal Caracol, RCN, El Tiempo, la Revista Semana, entre otros, son algunas de las tribunas de desinformación local e internacional, que históricamente han buscado imponer en los colombianos una ideología reaccionaria. El descaro de sus mentiras, responde exclusivamente a los intereses de una élite de multimillonarios, que concentran a los medios más poderosos de Colombia. El país se ubica en el lugar 134, en la clasificación mundial de la libertad de prensa, realizada por la ONG Reporteros sin Fronteras y que incluye a 180 nacionalidades.

Daniela GuzMar@daniguzmar

Martes 1ro de junio

Durante el mes que lleva el Paro Nacional en Colombia, han sido múltiples las fotografías, videos y transmisiones en vivo que han evidenciado la permanente violencia de la Policía contra los manifestantes y diferentes hechos de corrupción por parte del Estado en el desarrollo del mismo. Estas primicias, sólo se han logrado gracias a las publicaciones de usuarios a través de las redes sociales y de algunos medios alternativos de comunicación, que con las uñas e inclusive arriesgando su vida ante las permanentes amenazas en su contra, han tratado de publicar una realidad que tiñe de sangre y abusos las manifestaciones y que la mayoría de señales de radio y televisión el país, se afanan por esconder con una impunidad que no es nueva en sus libros de estilo.

La totalidad de sus contenidos, no sólo están pensados para entretener y distraer a la audiencia, sino que a través de sus supuestos programas informativos, se han ocupado vehementemente de deslegitimar la protesta y el derecho a la misma, con su ya natural uso de términos con los que pretenden afirmar, que las movilizaciones son influenciadas por disidencias de grupos guerrilleros, individuos pertenecientes a lo que llaman "el régimen venezolano", o a un simple grupo de jóvenes desadaptados que no merecen ningún otro derecho ni reivindicación, más que ser estigmatizados como “vándalos”. Su defensa ha sido permanente hacia las instituciones armadas, mencionando sólo como dato de color o inclusive omitiendo, la responsabilidad de la Policía y todo el Estado en los más de 60 asesinatos de jóvenes y centenares de desaparecidos que hasta el momento se registran.

Son estos Imperios comunicativos, los que imponen presidentes y congresistas y que manipulan intereses económicos mientras minimizan y desdibujan la realidad del país. De igual forma, hacen invisible la imagen de referentes que buscan justicia social y que son líderes que defienden derechos humanos, ambientales, a los jóvenes o el campesinado. Cómplices de encubrir grandes escándalos de corrupción como por ejemplo, Odebrecht, las “chuzadas” o interceptaciones telefónicas y seguimientos ilegales, por parte de miembros del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), en conjunto con organizaciones paramilitares, como forma de intimidación política y social a miembros de la oposición, sindicalistas, activistas, universitarios y otros. Asimismo, en su rutina desinforman y mienten con respecto al propio conflicto armado interno de Colombia y han llegado a encubrir masacres directas como los ya conocidos Falsos Positivos.

Con métodos cada vez más superficiales, casi la totalidad de sus producciones tanto escritas, radiales o televisivas, deslizan ideología subordinada y racista bajo apariencia de hechos neutrales. La omisión de veracidad ocupa el primer lugar, junto a la inexistente reflexión y crítica hacia el régimen político, convirtiéndose en simple maquinaria de consumo y modelos a seguir. Son sus periodistas, los que reproducen las líneas informativas y editoriales señaladas por sus directores, ante la ausencia de democracia informativa que por el contrario, significa un verdadero monopolio.

La relación entre los medios de comunicación y poder económico, religioso y legislativo, siempre se extiende hasta la política, logrando consolidar como presidentes de la nación a nefastas figuras, impuestas por los más ricos del país. Estos no sólo tienen el control absoluto de los productos de todo tipo que consumen los colombianos, sino que han formado en ellos su visión del mundo y lo que suponen un “correcto estilo de vida”, haciendo que las audiencias crean como propios, los pensamientos de esa élite inmunda que lo único que quiere es empobrecerlos cada día más. Pero, ¿Quiénes son los dueños de estos medios de comunicación en Colombia?

Son un puñado de conglomerados, casi todos con sede en la capital Bogotana, los que concentran a las mayorías como su audiencia y se han convertido en una influencia dominante en la opinión pública. Los medios alternativos e independientes, representan una minoría que si bien está en desarrollo y crecimiento, no logra competir con los hombres más ricos de Colombia.

Caracol Televisión

Este canal privado, es uno de los primeros en audiencia y de los dos más influyentes a nivel nacional junto con RCN. Su dueño es el conglomerado Valorem (antigua Bavaria) fundado en 1997, por Julio Mario Santo Domingo, que para el 2001 ya contaba con 129 compañías a nivel nacional y más de 100 alrededor del mundo, entre ellas Caracol. El medio que nació como programadora a finales de los 70, recién en 1998 comenzó sus transmisiones en televisión incluyendo entre otros contenidos, un noticiero con tres emisiones diarias y una señal internacional que llega a 23 países.

El Grupo de la familia Santo Domingo, también es propietario del Diario El Espectador, la Blu Radio y la revista Cromos, entre otros medios de gran influencia nacional. Julio, el patriarca de la familia Santo Domingo, consolidó para el resto de sus generaciones uno de los Imperios económicos más importantes del país, el grupo tiene compañías que participan en los sectores: Inmobiliario, turismo, logística y transporte, industria, medios y entretenimiento.

En la actualidad, su hijo Alejandro está a cargo de los negocios familiares como director ejecutivo de Valorem. La exclusividad de la familia, no sólo ha tenido que ver con los negocios y sus dobles nacionalidades con países del primer mundo, sino también con sus lazos con las clases altas y aristócratas del mismo, ya que por ejemplo la madre de ésta perteneció a la “socialite” criolla, y una de sus nietas, Tatiana Santo Domingo, está casada con Andrea Casiraghi, hijo mayor de la princesa Carolina de Mónaco.

Como es evidente, los dueños de dicho medio de comunicación no representan para nada a las mayoría de la sociedad en Colombia, un país caracterizado por la pobreza extrema, violencia y desigualdad social. Por el contrario, son el claro ejemplo de la concentración de poder y de una fortuna que han amasado a costa de la precarización de los colombianos, ya sea en ámbitos laborales a través de sus diferentes empresas o en los productos que imponen y comercializan.

Canal RCN

RCN (Radio Cadena Nacional), se fundó en 1967 e inició transmisiones en el 98, es el segundo canal con mayor audiencia del país, que con al menos 50 medios y alrededor de 160 emisoras, llega a casi todos los rincones de Colombia. El canal pertenece a la Organización Ardila Lülle, que a su vez es dueña de más d 30 empresas de diferentes rubros como por ejemplo: Postobón (bebidas azucaradas), Incauca (ingenio azucarero), Los Coches (autodenominado el concesionario de autos más grande de Colombia). Carlos Ardila Lülle, está considerado como uno de los hombres más rico del país y su fortuna lo ha ubicado en el lugar número 200, en el listado de la Revista Forbes, como uno de los empresarios más adinerados del mundo. En el 2017 ocupó el puesto 120.

El Tiempo

El Tiempo, es el periódico de mayor circulación en Colombia. Si bien desde sus inicios en 1911, estuvo ligado a la familia del ex presidente Juan Manuel Santos, desde el 2012 la Casa Editorial El Tiempo, es propiedad del magnate Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien se ha hecho como banquero y empresario. El grupo también es dueño de las revistas Portafolio, City TV y canal el tiempo, entre otros. Desde el 2001 y por siete años, este periódico se dio el lujo de ser el único de circulación diaria nacional, ya que El Espectador su mayor competencia, sólo se imprimía los fines de semana debido a la crisis económica que vivía por esos años.

Sarmiento Angulo, agrupa empresas e inversiones en negocios de la agroindustria, minería, hotelería e inmobiliaria, también es el presidente de uno de los grupos financieros más grandes de Centroamérica y Colombia, el Grupo Aval Acciones y Valores, que dirige varios de los bancos más importantes del país como: Banco Popular, Banco de Bogotá, AV Villas y Banco de Occidente. De igual manera es propietario de Porvernir, principal compañía de seguros, fondos de pensiones y cesantías, en uno de los países más difíciles para pensionarse o jubilarse.

El Espectador

El Periódico El Espectador, tuvo origen en 1887 y es propiedad del Grupo Empresarial Santo Domingo–Valorem, que también controla el Canal Caracol. Si bien este es el periódico más antiguo de Colombia, es el segundo en circulación. Sus publicaciones en contra del narcotráfico hicieron que en 1986, Pablo Escobar ordenara el asesinato de su entonces director Guillermo Cano Isaza. Tres años después, un camión con más de 100 kilos de dinamita, explotó frente a la sede periódico.

Revista Semana

La Revista Semana, surgió en el 2000 queriendo ser una copia de la estadounidense Time, es la principal revista de análisis político y opinión de Colombia que ha realizado algunos reportajes y denuncias acerca de los casos de corrupción como el de Odebrecht y la parapolítica (participación de paramilitares en con congreso). Sin embargo, su dueño es Felipe López Caballero, quien nació en una privilegiada e influyente familia de la élite política, ya que es hijo y nieto de los ex presidentes Alfonso López Michelsen y Alfonso López Pumarejo. Con estudios en Suiza y Londres, vivió durante 10 años en este último país, en donde también trabajó para la Federación Nacional de Cafeteros.

En 2019 la revista fue comprada por el conglomerado Gilinski Group, propiedad de Jaime Gilinski, banquero y empresario considerado en Forbes, el segundo más rico de Colombia después de Luis Carlos Sarmiento Angulo. Desde el 2020 Vicky Dávila, se desempeña como editora del medio, a lo largo de su carrera, la periodista se ha caracterizado por sus polémicas y discriminatorias columnas y la vehemente defensa del expresidente Álvaro Uribe, de quien pareciera sentirse amiga y admiradora.

Si bien los anteriores son algunos de los medios más populares e influyentes de Colombia, existen pocas excepciones que se auto perciben como independientes, es el caso de Noticias Uno, medio bajo la dirección de la periodista y escritora Cecilia Orozco Tascón. A pesar de que es de los pocos que puede llegar a ofrecer una visión menos aleccionada y más crítica, es un canal exclusivo de televisión paga y que sin embargo, se posiciona con neutralidad en otros temas de control social como por ejemplo la religión. Cabe resaltar que Colombia es un país de predominancia católica y que en algunos casos, han sido los mismos jóvenes combativos de las primeras líneas, los que han realizado oraciones en grupo, previo a las jornadas de lucha.

Canal 2

Sin lugar a dudas, una de las revelaciones que a nivel informativo hasta el momento ha dejado el Paro Nacional, es el Canal 2, medio de televisión de Cali, ciudad que ha sido epicentro de las protestas y de los abusos a los Derechos Humanos del gobierno asesino de Iván Duque en contra de los jóvenes. Si bien este medio ya era conocido en la ciudad, su popularidad ha aumentado a través de las redes sociales y en especial, la de uno de sus periodistas, José Alberto Tejada. Muchos de los usuarios y manifestantes, consideran que “es de los pocos medios que ha visibilizado la feroz represión, los asesinatos y abusos de policías y civiles armados y escoltados por los mismos”.

Ha sido tal la aprobación a su trabajo por las mayorías movilizadas, que la propia comunidad reunió dinero para donarles chalecos antibalas, elemento que cada vez se hacen más necesario en las calles. El principal accionista de este medio, es La corporación Cívica Daniel Gillard, nombre tomado de un sacerdote belga que en la década de los 70, realizó trabajo comunitario en los suburbios caleños.

Por otro lado y pesar de que algunos de los dueños de los grandes medios son multimillonarios, en marzo de este año, el Ministerio de las Tecnologías y la Información, manifestó su intención de subsidiarlos con alrededor de 80 mil millones de pesos, para “ayudarlos como parte de la reactivación económica tras la pandemia e impulsar su modernización”. Dicho proyecto recibió críticas de algunos medios alternativos y digitales, debido a que consideraron que los requisitos para participar fueron excluyentes y burocráticos. Lo anterior hace evidente la prioridad para el “distinguido” lobby mediático del Palacio de Nariño, residencia oficial del presidente. Son estos buitres y sus patrones, los que vigilan cada proyecto de Ley del gobierno de turno.

Es así como estos mandos y potencias comunicativas, elaboran con seducción los marcos propicios para disfrazar como favorable algo que no lo es para los televidentes, las intenciones de amedrentamiento y desinformación del político de la época, se moldean con las visiones de sus amigos y falsos expertos en determinados “temas de interés general”, que son impuestos por sus jefes y la respectiva línea editorial a la que responden. Su prioridad, es servir a los intereses del empresariado nacional, alineados con otras instituciones de control como la Iglesia y las Fuerzas Armadas.

Con respecto a sus programas, la mayoría de producciones son formatos del exterior en los que prevalece la indigencia de contenidos relacionados con por ejemplo, la literatura, el arte, la cultura, la ciencia o la filosofía. Plagados de Reality Shows y novelas basadas en la vida de narcotraficantes, aclamadas dentro y fuera del país, sus piezas de comunicación son meras ficciones, carentes de una correcta y verdadera narración de la historia nacional. Lejos de hacer una crítica o elaborar un mensaje a favor de los oprimidos, estos despliegan una permanente superficialidad y construyen un mensaje imborrable en apología a la cultura narco paramilitar que se vive en la cotidianidad.

Según Reporteros sin Fronteras, “en Colombia siguen siendo frecuentes las agresiones, las amenazas de muerte y los asesinatos de periodistas, por lo que aún es uno de los países más peligrosos del continente para la prensa, debido al crimen organizado, los grupos paramilitares y los narcotraficantes en su contra”. Algo que estos medios basura nunca denuncian y que por el contrario han escondido, sometiendo a los colombianos durante décadas, pero que sin embargo, están perdiendo cada vez más credibilidad y respeto por muchos que durante años fueron sus televidentes exclusivos. Es por esto que se hace urgente y necesaria la construcción y difusión de otros medios que consigan hacer contrapeso a esta barbarie comunicativa y que puedan aportar la veracidad que corresponde al estallido social más grave que ha sufrido Colombia en su historia reciente.

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Miércoles, 02 Junio 2021 06:06

Dos fantasmas recorren Perú

Dos fantasmas recorren Perú

La distancia entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori parece haberse reducido. El miedo de las elites ante un posible gobierno del «Profe Castillo», como lo llaman sus partidarios, se expresa en las diatribas contra el «comunismo» y en unos medios de comunicación que han decidido romper las tenues fronteras que los separaban de la propaganda política. Pero el fantasma del comunismo convive con el fantasma, más real, del fujimorismo.

 

El domingo 30 de mayo se hicieron públicas las tres últimas encuestas de opinión que podrán ser publicadas en Perú antes de las elecciones del 6 de junio. Todas ellas, puntos más, puntos menos, coinciden en que el candidato de Perú Libre, Pedro Castillo, sigue adelante y en que la distancia frente a Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, se ha reducido en esta última semana. Quizás la única discrepancia entre las mediciones sea respecto del momento en que se habría producido el empate estadístico. Por ejemplo, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) daba la semana pasada diez puntos de diferencia entre ambas candidaturas; hoy ese margen se ha reducido a dos puntos. El resto de las encuestadoras ya situaban en situación de empate técnico a ambas candidaturas hace varias semanas.

Sin embargo, los porcentajes no dan cuenta de la magnitud de lo sucedido en Perú en las últimas ocho semanas. Los resultados de la primera vuelta han colocado en la segunda a dos candidatos que despiertan los dos «antis» más importantes del país: hay que recordar que Castillo y Fujimori pasaron a la segunda vuelta el 11 de abril pasado con 18,92% y 13,4% respectivamente. Hoy, el antifujimorismo y el antiizquierdismo tiñen la contienda electoral a lo largo y ancho del país. Con estas identidades políticas en pugna, la campaña no ha hecho más que aumentar sus niveles de polarización en un contexto social empobrecido.

El miedo de las elites ante la supuesta amenaza que encarnaría Castillo, un maestro rural que se hizo conocido en el país por el movimiento huelguístico de 2017 y que desviaría al país del camino democrático y del respeto a la propiedad privada, las hizo meterse de manera directa en la espiral de polarización política que vive el país. Así, los principales medios de comunicación y líderes empresariales se han plegado con poco decoro a la campaña de Fujimori en contra de la amenaza comunista.

En este marco, las iniciativas se han multiplicado, desde una serie de pasacalles a favor de la «democracia» y contra el «comunismo» hasta una masiva caravanas de autos de sectores poco afectos a movilizarse que acabó en la zona central de Lima y logró congregar a unas 5.000 personas. Iniciativas más descentralizadas fueron piquetes barriales y pegatinas de afiches en autos y bicicletas. Y, ya rayando en el delito, hay presiones patronales sobre los trabajadores para que voten por Fujimori. Estas presiones van desde explicar en qué consiste el modelo chavista/comunista hasta directamente afirmar que la victoria de Castillo obligará al despido y eventualmente el cierre de operaciones, en una profecía autocumplida.

Los medios han decidido romper las tenues fronteras que los separaban de la propaganda política. En una reciente encuesta del IEP, 59% de los encuestados señaló que los medios ofrecían una cobertura electoral parcializada. De ese grupo, 79% pensaba que la cobertura estaba sesgada a favor de la candidatura de Keiko Fujimori. Un ejemplo es la cobertura del Grupo El Comercio, que ha puesto sus diferentes medios gráficos y audiovisuales al servicio de la campaña negativa contra Castillo.

Desde la vereda de enfrente, el antifujimorismo se ha vuelto a activar durante estas elecciones. No obstante, este movimiento clave para inclinar la balanza en los últimos dos procesos electorales (en los que también se postuló Keiko Fujimori) no demuestra hoy el mismo músculo.

La primera razón hay que buscarla en los efectos que causó el naufragio del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, y especialmente en el irregular indulto «humanitario» que el mandatario le otorgó durante su gobierno a Alberto Fujimori, condenado por violaciones de derechos humanos (la medida fue posteriormente anulada). La «traición» de Kuczynski al antifujimorismo no solo quebró el vínculo entre ambos, sino que puso sobre la mesa la debilidad del clivaje fujimorismo/antifujimorismo como frontera política. En un contexto de desaceleración, el acuerdo respecto al proyecto económico terminó uniendo a una parte del fujimorismo con el gobierno de Kuczynski. En segundo lugar, la distancia ideológica y social entre Castillo y el antifujimorismo en su conjunto es mayor que la que existió antes respecto a otras opciones por las que se inclinó en el pasado este bloque sociopolítico. En esta elección, este «bloque» ha sufrido defecciones: un sector ha visto en Castillo una amenaza autoritaria y ha decidido plegarse a la alternativa fujimorista o ha migrado al voto nulo. Por último, el propio Castillo no se identifica claramente con esa frontera política. Su eslogan «No más pobres en un país rico» y sus discursos públicos enfatizan una ubicación distinta, situada en un eje distributivo e identitario (andinos/provincianos versus criollos/capitalinos).

Dicho esto, el principal escollo que enfrenta la candidatura de Keiko Fujimori es la propia candidata. Han sido permanentes sus intentos de acercarse al electorado a través de repetidos mea culpa respecto a su comportamiento político pasado, en especial, durante el periodo parlamentario 2016-2019, por ejemplo, la arbitraria censura que sufrió el entonces ministro de Educación Jaime Saavedra a inicios del gobierno de Kuczynski. Sin embargo, estos pedidos de disculpa han caído hasta ahora en saco roto.

Frente a la reconciliación con su hermano Kenji escenificada en un acto público, a su episodio de iluminación religiosa durante su paso por la prisión debido a supuestos vínculos con el caso Odebrecht, o a su pedido de disculpas por las injustas censuras a antiguos ministros del gobierno de Kuczynski desde el bloque de Fuerza Popular en el Congreso, la respuesta ha sido la misma: la mayor parte de los encuestados no cree en ninguno de esos actos de contrición pública.

En contrapartida, esos mismos  sondeos indican que los encuestados consideran, por escaso margen, que el plan de Keiko Fujimori es mejor en varios puntos que el de Castillo. De esto se puede deducir que el problema fundamental de Fujimori es de credibilidad. Consciente de ese problema, la candidata ha buscado durante la campaña resolver esta debilidad acercándose a figuras como Mario Vargas Llosa -quien siempre fue un referente del antifujimorismo desde el liberalismo- y firmando una serie de compromisos públicos en favor de la democracia.

Del lado del «Profe Castillo», como lo llaman sus partidarios, el principal problema es el desorden de la campaña. Es obvio que tanto para el candidato como para el partido Perú Libre la segunda vuelta ha sido una enorme sorpresa. Ni el candidato ni su equipo de campaña estaban preparados para enfrentar un balotaje. Pese a su carisma, Castillo carece de un equipo que dé solidez a su candidatura: si bien mejoró en algunos aspectos desde la sorpresa del 10 de abril, lo que se aprecia es una campaña llena de marchas y contramarchas.

Por otro lado, y como es muy común en la política partidaria peruana, Castillo no es militante orgánico del partido por el que se postula. De hecho, según algunas versiones, la de Perú Libre no fue la primera puerta que tocó entre las diversas fuerzas de la izquierda. Este partido, encabezado por el ex-gobernador regional de Junín Vladimir Cerrón, tiene dificultades de coordinación con el candidato presidencial, las cuales han desembocado en sucesivas tensiones entre las estructuras partidarias, los equipos que se han organizado en torno del candidato y las fuerzas políticas que se han sumado a la candidatura de Castillo, como Juntos por el Perú, liderado por Verónika Mendoza. Estas tensiones y descoordinaciones, sumadas a los errores de un candidato sin experiencia en una contienda presidencial, han producido una serie de errores que han mellado su capacidad de convencer a una parte del electorado. Uno de los ataques más frecuentes contra la candidatura de Castillo ha consistido en contraponer sus dichos al plan del gobierno presentado ante la autoridad electoral. Este último documento, en realidad el ideario de Perú Libre preparado por Cerrón, reine al partido con la etiqueta «marxista-leninista».

Si bien es imposible decir hoy quién resultará victorioso el próximo domingo 6 de junio, una certeza que se abre en el escenario peruano es que la crisis que vive el país continuará, pero ciertamente bajo ropajes distintos. En el caso de que sea Castillo el vencedor, probablemente consiga una primera mayoría parlamentaria capaz de bloquear cualquier pedido de vacancia presidencial que busque sacarlo del poder. Sin embargo, desde el día uno tendrá la activa oposición, no solo del fujimorismo y sus aliados políticos, sino también de los medios de comunicación y los gremios empresariales.

Castillo debería hacer frente también a una compleja situación sanitaria y a un país donde la pobreza ha retrocedido a niveles de hace una década, todo esto en el marco de una fuerte corrida cambiaria y una intensa salida de capitales. A la necesaria reactivación económica se le sumará la crisis política que producirá la potencial convocatoria de una Asamblea Constituyente que dote a Perú de una nueva Carta Magna, lo que ha sido uno de los principales ejes de su campaña.

La ruta para tal convocatoria es todo menos clara. Es posible que Castillo busque convocar un referéndum directamente, lo que podría ser bloqueado por el Tribunal Constitucional. Pero también podría intentar una ruta más larga, y reformar primero la actual Constitución para incluir el mecanismo de Asamblea Constituyente. Pero esto último requiere de una votación calificada en el Congreso, seguida de un referéndum popular.

La tentativa de convocar una Asamblea Constituyente podría terminar por elevar el voltaje político, y ahí el desenlace del posible gobierno de Castillo es abierto. Si no logra convocarla porque no consigue los 66 votos del Congreso, podría forzar alguna figura más difusa,lo que lo expone a intentos de vacancia e incluso de salidas extraconstitucionales. La otra gran posibilidad es que Castillo decida seguir la ruta de Ollanta Humala y pactar un gobierno con el establishment para que continúe el «modelo peruano» en piloto automático. Pero si esa ruta mostraba ya serias limitaciones hace unos años, hoy directamente atentaría contra la estabilidad de su gobierno y probablemente produciría una fractura en su bloque parlamentario, lo que dejaría a Castillo a merced de la mayoría opositora en el Parlamento.

En el caso de Keiko Fujimori, su potencial victoria también entraña una serie de escollos, y el principal de ellos es un agotamiento del modelo de relación entre Estado, mercado y sociedad. Ello se ha verificado ya en las protestas callejeras de 2020 y en las sucesivas crisis políticas. La potencial relación con la «calle» de Keiko Fujimori puede ser especialmente conflictiva en un momento de agudización de la pobreza, con una izquierda fortalecida y una sociedad civil que no le es particularmente favorable (con menos de 15% de los votos en la primera vuelta, la mayoría de los votos de la candidata serían «prestados», como un supuesto mal menor frente al «peligro comunista»).

Se debe recordar además que Fujimori y una parte de la plana mayor del fujimorismo enfrentan una serie de investigaciones judiciales que precisamente en estos meses debería entrar a una etapa de juicio oral. La fiscalía ha solicitado para la candidata una pena de 30 años de cárcel por delitos vinculados al supuesto lavado de activos.

Recordemos que, como afirma Aníbal Pérez-Liñán, cuando se juntan bajos niveles de aprobación, casos de corrupción que explotan en la opinión pública y una difusión significativa por parte de los medios de comunicación, se abre la puerta del juicio político. En este escenario, la ausencia de una mayoría propia en el Parlamento podría pavimentar el camino a una vacancia presidencial que abra un nuevo capítulo en la crisis que vive el país.

Los pobres resultados del conjunto de candidaturas, incluidas las dos que han pasado al balotaje, no han permitido construir una mayoría política. El punto de partida de cualquiera de las dos presidencias será de debilidad. Sin la fuerza política necesaria para cerrar la crisis tras las elecciones, el fin de esta deberá intentarse desde el poder.

El fujimorismo podría buscar reconstruir su hegemonía política desde el gobierno, estabilizando su relación con los sectores populares mediante una batería de programas sociales, y con los sectores altos mediante la desregulación de los mercados y la apertura de espacios de generación de rentas extraordinarias, rehabilitando la coalición que le permitió gobernar al primer fujimorismo: un pacto con los de arriba y los de abajo.

Más allá del festival de programas sociales ofrecido por Fujimori, la impresión que queda es que no apostará por un Estado que gane mayores niveles de autonomía y capacidad. Curiosamente, la coyuntura crítica podría cerrarse manteniendo el statu quo que hoy dicta el funcionamiento del país. Con el fujimorismo reordenando el tablero partidario y un Estado igual al actual, solo que con mayores programas sociales. En mi opinión, esa ruta no es sostenible en el largo plazo, pero como dijo el buen Keynes, en el largo plazo ya estamos todos muertos.

Desde la vereda opuesta, la victoria de Castillo ofrece un resultado incierto. Por delante tiene el reto de reordenar el sistema político en torno de un amplio bloque de izquierda. Además, debe forjar una coalición sociopolítica que le permita gobernar y que eventualmente pueda ser movilizada en caso de amenaza. Este agrupamiento contará ciertamente con los sectores campesinos y las capas medias provinciales (especialmente de las zonas andinas), pero deberá atraer a los sectores pobres urbanos y a una porción de las clase medias bajas de la ciudad capital. Todo esto, en un marco de mucha agresividad desde arriba.

Si logra la rearticulación del orden político en torno de sí y de un bloque de izquierda, queda por ver qué hará con la otra parte de la ecuación. Si la redefinición de la relación entre el Estado, el mercado y la sociedad se queda únicamente en un nuevo «pacto constitucional», la nueva trayectoria se topará rápidamente con sus propios límites.

Si Castillo entiende el Estado únicamente como una herramienta que ahora se pone al servicio del pueblo, cuando antes estuvo al servicio de los poderosos, probablemente fracasará. Si no aprovecha el tiempo en el poder para darle al Estado mayores niveles de autonomía y capacidad burocrática, quizás repitamos la historia de la región: Estados que deben hacer muchas tareas para las cuales no poseen las herramientas necesarias.

Históricamente, Perú ha sido un país donde las elites sociales han sido muy resistentes al cambio. De hecho, desde principios del siglo XX, la estrategia dominante de estos sectores fue la dominación a través del Estado, algunas veces mediante liderazgos personalistas civiles, otras mediante dictaduras militares. El cambio fue solo posible con el uso de la fuerza, durante el gobierno del general Juan Velasco Alvarado.

En el último ciclo democrático, si bien estas elites no lograron impedir la victoria de Humala en 2011, sí consiguieron evitar que llevara adelante cambios significativos. Pese a compartir varias de las condiciones que gatillaron el giro a la izquierda en otros países, en ese periodo Perú se mantuvo al margen. En 2011, Humala había logrado construir una coalición social significativa y colocar detrás de sí un frente político capaz no solo de enfrentar una campaña profundamente desigual, sino de ocupar los principales puestos del Estado una vez que triunfó. Era la oportunidad del cambio ordenado. Pero no se supo o quiso aprovechar.

Si el 6 de junio Castillo triunfa, habrá una diferencia fundamental respecto de la oportunidad anterior: el cambio será a trompicones, caótico y azaroso. Pese al desorden, se abriría la posibilidad de un hecho trascendental ad portas del Bicentenario: que sea un grupo social postergado el que tome las riendas del país. Los hijos del largo proceso de modernización social, y específicamente el remezón social que supuso la reforma agraria, habrán llegado al poder. Queda por ver si podrán, al igual que en Bolivia, producir una transformación duradera y significativa de este país.

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¡El ex presidente estadunidense Jimmy Carter impugnó el apartheid de Israel hace 15 años!

Un cuarto de siglo después de haber sido eyectado de la presidencia, Jimmy Carter escribió “Palestina: paz, no apartheid” (https://amzn.to/3fZU6Mr), que hoy, 15 años más tarde, cobra mayor relevancia y que, en su momento, provocó la furia de los encriptados supremacistas judíos (https://nyti.ms/3uJmjwt), que han mostrado su verdadero rostro irrendentista de imponer su solución de “un (sic) solo Estado”, que tiene sitiados a 6 millones de palestinos semitas autóctonos desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo –cuatro Palestinas (https://bit.ly/3v3h1fW) y cuatro subtipos de palestinos (https://bit.ly/3uaAbze)– sin contar los otros 6 millones de refugiados: arrumbados en los países aledaños a Israel como consecuencia de su masiva expulsión (https://bit.ly/3vCoeEe).

La magia de la cronogeopolítica: el libro de Carter sobre el inocultable apartheid del supremacismo fundamentalista judío toma su verdadera dimensión 15 años después con los reportes que lo avalan: tanto de la ONG israelí B’Tselem como de HRW (https://bit.ly/3vcH58x), no se diga la explosiva declaración del canciller francés Le Drian (https://bit.ly/3fO6wXs), en medio del despertar conjugado de Black Lives Matter y Palestinian Lives Matter en Estados Unidos, primordialmente con la base progresista de influyentes congresistas del Partido Demócrata.

La tesis nodal de Carter hace 15 años –prácticamente la era supremacista fundamentalista judía del saliente premier Netanyahu– fue que los ilegales asentamientos de colonos israelíes y el control militar de Israel de los territorios ocupados constituyen los principales obstáculos a un acuerdo de paz integral cada vez más elusivo en el Medio Oriente.

A diferencia de su compañero de partido Obama –que obtuvo un Premio Nobel de la Paz pirata sin ninguna concreción pacifista–, Carter fue el mediador para conseguir el Tratado de Paz entre Egipto e Israel. A juicio de Carter, el propósito último de su libro es “presentar hechos (sic) sobre el Medio Oriente que son ampliamente desconocidos (sic) en Estados Unidos”. ¡Increíble!

Tanto el control de los multimedia globales como el eje Hollywood/Las Vegas/Silicon Valley/Wall Street, lubricados por su legendaria Hasbará (distorsión publicitaria del gobierno israelí), consiguieron desinformar, cuando no ocultar, la supervivencia de 6 millones de palestinos semitas autóctonos desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, no se diga de los otros 6 millones de refugiados expoliados.

Para Carter, hace 15 años –lo cual evidentemente ha involucionado debido al obsceno irredentismo neocolonial y neomalthusiano del supremacismo fundamentalista judío, que busca expulsar a todos los palestinos semitas autóctonos del río Jordán al mar Mediterráneo – existían “dos obstáculos interrelacionados (sic) para una paz permanente en el Medio Oriente”: 1) “algunos (sic) israelíes creen que tienen el derecho de confiscar (sic) y colonizar la tierra palestina y tratan de justificar la subyugación (sic) sostenida y la persecución de los palestinos cada vez más agraviados y sin esperanza”; y 2) “algunos (sic) palestinos reaccionan al honrar a sus suicidas como mártires para ser recompensados en el cielo y consideran la muerte de israelíes como victorias”.

No detecto ninguna correlación entre un asunto meramente catastral, que infringe las resoluciones de la ONU y el derecho internacional, con el último recurso de resistencia de los sitiados palestinos.

Después de 15 años, la dinámica doméstica intraisraelí e intrapalestina, no se diga el ecosistema regional, han variado sustancialmente en detrimento de la autodeterminación de los palestinos desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo. Vale la pena reconocer la temeridad de Carter hace 15 años antes de la parusía de Black Lives Matter y de Palestinian Lives Matter .Quizá lo más valioso de su libro haya sido su temerario título sobre el apartheid –cuando nadie se atrevía a pronunciar lo evidente como muy pocos osamos hacerlo– que ejerce el supremacismo fundamentalista judío en la Palestina histórica.

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Chamanes realizan en Lima un ritual en apoyo a Pedro Castillo. — Paolo Aguilar (EFE)

Los peruanos elegirán el 6 de junio en una segunda vuelta electoral a quien ocupará la Presidencia durante los próximos cinco años. Los candidatos son el izquierdista Pedro Castillo y Keiko Fujimori, de la derecha neoliberal. Las últimas encuestas colocan al profesor ligeramente por delante de la hija del dictador encarcelado.

 

A una semana de la segunda vuelta, Lima está tensa. Este sábado, una marcha de apoyo "a la democracia" (en realidad, de apoyo a Keiko Fujimori) se convirtió en una ruidosa caravana de automóviles que provocó burlas pero también dejó sentir su presencia. En los distritos residenciales de la capital, circulaban camionetas y vehículos todoterreno con banderas peruanas y carteles: "No al comunismo". Es un contraste llamativo con las manifestaciones callejeras, a pie, con las que Pedro Castillo llena plazas cada día.

Castillo, el candidato de izquierda que dio la sorpresa en la primera vuelta, es la gran amenaza o la única esperanza, según como se mire. Para una parte de los peruanos —esa que salió en vehículos de alta gama— es la encarnación del comunismo, una nueva Venezuela. Para otra parte, es la opción que puede dejar sin la Presidencia a Keiko Fujimori, quien no solo ha prometido el indulto para su padre, el exdictador Alberto Fujimori, sino que también tiene historial propio.

En 2016, Fuerza Popular —el partido fujimorista— obtuvo una mayoría congresal arrolladora; el resultado fue el boicot constante al Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, que llevó a la interrupción de quince años consecutivos de alternancia democrática (la bancada, con cercanías a bandas criminales y a una red de jueces corruptos —como se supo luego—, forzó la renuncia del presidente).

Keiko misma está procesada por corrupción —la fiscalía pidió treinta años de prisión para ella—, estuvo presa, pero fue puesta en libertad por riesgo de covid. Además, tiene en su equipo al médico Alejandro Aguinaga, uno de los responsables de las esterilizaciones forzadas de Fujimori padre (una política que afectó a decenas de mujeres campesinas). Si Castillo gana, Keiko perderá la elección por tercera vez y probablemente la opción de la Presidencia se le cerrará para siempre. Eso, para muchos, suena tentador.

Pero no es una opción tan fácil.

Castillo no es el comunista que dicen sus críticos. No parece creíble que vaya a instaurar el socialismo o una autocracia chavista en el Perú. Pero tampoco es un hombre que inspire confianza. Es un outsider; no de los fabricados por la derecha —que hasta quiso poner a un exportero del Alianza Lima para dárselas de popular—, sino uno auténtico, inesperado. Lo que salta a la vista de Castillo parece noble: un maestro de escuela al poder, un hombre simple con sombrero de agricultor. ¿Por qué no? Pero no es tan simple. Su condición de profesor habla de la loable vocación por la enseñanza en el campo, pero también de una historia de ascenso sindical que lo muestra como cualquier cosa menos un político ingenuo.

Algo que se pierde de vista —tal vez él mismo, con su hablar populachero, su llanto fácil, lo procura— es que es un animal político y conoce el arte de escalar estructuras de poder. En las plazas, Castillo arenga contra las trasnacionales y ciertas instituciones decadentes. En las entrevistas, se desdice, da rodeos y vacila. Aunque cálido y carismático, no parece brillar con las palabras o los argumentos. La mayor habilidad se ve en sus gestas, y no siempre de la mejor manera.

Fue en el movimiento sindical de maestros de Perú donde Castillo mostró la ambición y sentido de la oportunidad que culminó en una carrera vertiginosa. Para escalar en la organización, se alió con los enemigos de la cúpula del sindicato oficial (Sutep). El asunto es que esos enemigos pertenecían a una facción del magisterio con vínculos con Movadef, grupo que busca la amnistía de los cabecillas presos de Sendero Luminoso (incluido Abimael Guzmán).

Movadef no es un movimiento terrorista, pero sí nace con un pecado de origen: quiere la libertad para los senderistas encarcelados, y eso en Perú es, de por sí, inadmisible, algo que deja excluido del juego político a quien lo defienda. La brutalidad sangrienta de Sendero provocó que, una vez derrotado, no hubiera espacio para ninguna concesión. A diferencia de lo que ocurre en otros países, en Perú no se ha planteado una participación de los grupos subversivos desarmados en la política.

¿Este antecedente demuestra que Castillo es capaz de hacer un pacto con el diablo? ¿Que haría alianzas sin escrúpulos? ¿O que es alguien con una visión posconflicto de apertura democrática? No se sabe. El caso es que con esa alianza Castillo pudo organizar en 2017 una impresionante rebelión contra la cúpula sindical, que había llegado a un pacto con el Gobierno derechista de Pedro Pablo Kuczynski (un pacto que el profesor no aceptaba). Castillo lideró la gran marcha que llegó hasta la capital: los maestros acamparon en las plazas del centro de Lima. Antes, Castillo se había postulado a un par de cargos públicos, sin éxito, pero esta huelga de 75 días fue su verdadero nacimiento político.

Ya entonces se vio una máxima de Castillo: los enemigos de mis enemigos son mis amigos. La prensa fujimorista, que hoy destruye al candidato pero que, entonces, quería desestabilizar al régimen de Kuczynski, le prestó oídos a su historia de lucha.

Como todo aquel que anda con juntas poco recomendables, Castillo tiene la coartada de estar usándolos como instrumentos a su favor. La gran pregunta sigue siendo si, al contrario, el instrumento es él. Este interrogante también es válido cuando se alude a su filiación con otro personaje polémico: Vladimir Cerrón, el líder del partido Perú Libre, por el que Castillo se postula.

Cerrón provoca rechazo en Lima; de hecho, fue el motivo de la ruptura de la izquierda años atrás. Neurocirujano formado en Cuba, jamás se ha deslindado de los procesos progresistas latinoamericanos (Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales). A su imagen de radical se le suma cierto conservadurismo misógino y homófobo. Cerrón era el candidato natural de Perú Libre, pero estuvo preso por corrupción —opiniones autorizadas han dicho que ese juicio tuvo varias irregularidades, y que se usó para neutralizar a un líder con proyección—. A pesar de que salió libre, el Jurado Nacional de Elecciones le negó la participación en los comicios. Castillo, que entró como invitado para vicepresidente, pasó a ser el candidato. Nadie en Lima lo tomó en serio.

Pedro Castillo no parece un hombre comprometido ideológicamente. De su lealtad, aun no sabemos. Pero si bien es estratégico y pragmático, no cede. A diferencia del expresidente Ollanta Humala, que firmó un compromiso ante figuras prominentes como Mario Vargas Llosa, Castillo no ha dado muestras de querer someterse a condicionamientos. Sigue firme en sus propuestas. Quiere cambiar la Constitución (redactada y aprobada tras el golpe de Fujimori), para liberar los candados que impiden una mayor participación del Estado. Quiere reformar el sistema de pensiones. Después de la primera vuelta, la élite progresista dijo que esta intransigencia era un error que no le permitirá avanzar. Pero allí es donde Lima —y la burbuja socialdemócrata— parece no entender en qué país vive.

El Perú hace buen tiempo que vota masivamente contra el modelo económico (aunque no constituya una mayoría). Existe un descontento en todo el país, en provincias ajenas a Lima donde el Estado sigue sin llegar, donde el abandono produce pobreza y deja a las poblaciones a merced de la corrupción, la minería ilegal y el narcotráfico. Es un electorado rabioso que está dispuesto a arruinar el continuismo falsamente próspero de la capital. No comparte los remilgos de la capital. No entra en histeria ante las acusaciones de terrorismo. De hecho, en Ayacucho, que fue la región más golpeada por Sendero Luminoso, Castillo ganó con más del 45% en primera vuelta. Y sigue ganando.

La pandemia ha sido un golpe de desengaño que afectó la imagen del modelo económico. Perú ha sido el país más golpeado por la covid-19 de la región, junto con Brasil, y eso ha revelado la precariedad de un sistema de salud abandonado por el neoliberalismo, que promueve el negocio de clínica privada y admite los cobros exorbitantes de medicinas.

En el descrédito del sistema, están los puntos a favor de Castillo, las razones de la empatía y el beneficio de la duda en contraste con su contrincante (hija de un autócrata y también del instaurador del modelo neoliberal). El profesor nació en 1969 en Chota, Cajamarca, en un caserío rural. Vivió en la pobreza. Fue rondero, que es como se conoce a los miembros de las autodefensas campesinas que fueron vitales en la derrota de Sendero Luminoso.

En tiempos de redes sociales y campañas con algoritmos, Castillo ganó la primera vuelta contando 3.000 seguidores en Twitter (hoy tiene 72.000, nada si se compara con el millón de Keiko Fujimori). Se dice que es desconfiado en extremo, y tal vez eso explica su conducta errática: como los agentes de inteligencia, compartimenta la información. Cada colaborador suyo sabe solo una parte, la que él quiere. Hace cambios de planes todo el tiempo para que la información no se filtre, y por eso sus manifestaciones son inesperadas. En primera vuelta, fue a votar montado en un caballo. Es posible que esta vez ya no lo haga, pero medio Perú duerme temiendo ese galope.

lima

30/05/2021 22:12

 

Por Juan Manuel Robles@palidofuego


Castillo y Fujimori, en empate técnico a una semana de las presidenciales de Perú

Castillo está ligeramente por encima de Fujimori, que en las últimas semanas ha recortado la considerable desventaja que le separaba de su rival.

EFE

Los candidatos a la Presidencia de Perú Pedro Castillo (izquierda) y Keiko Fujimori (derecha) se encuentran en un empate técnico a una semana de la celebración de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, según dos sondeos publicados este domingo.

En ambas encuestas, Castillo está ligeramente por encima de Fujimori, que en las últimas semanas ha recortado la considerable desventaja que le separaba de su rival, al captar a la mayor parte de los indecisos.

Sin embargo, en las dos encuestas la diferencia entre ambos está dentro del margen de error estadístico, por lo que el debate que tienen previsto mantener este domingo los dos candidatos se prevé clave para el resultado final.

En votos válidos, la encuestadora Ipsos da un 51,1% para Castillo, que baja 1,5 puntos respecto al domingo pasado, y un 48,9% para Fujimori, que sube 1,5 puntos.

Por su parte, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), en su encuesta publicada este domingo en el diario La República, también da una diferencia de dos puntos en intención de voto entre Castillo y Fujimori.

En este caso el candidato del partido Perú Libre se lleva el 40,3% y la candidata del partido Fuerza Popular el 38,3%, mientras que el 21,3% son votos blancos, nulos e indecisos.

Ambas encuestas confirman el empate técnico ya anunciado el viernes por la encuestadora Datum, que daba 50,5% a Castillo y 49,5% a Fujimori en votos válidos, sobre una base de 1.201 entrevistados.

Esto anticipa una elección igual de reñida que hace cinco años, cuando en 2016 Pedro Pablo Kuczynski le arrebató a Fujimori la Presidencia por apenas 40.000 votos.

Es la tercera vez consecutiva que Keiko Fujimori, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), llega a una segunda vuelta presidencial, después de haber pedido las dos anteriores ante Ollanta Humala (2011) y Kuczynski (2016).

A las urnas están convocados para votar el próximo domingo, 6 de junio, más de 25 millones de peruanos para elegir a la próxima persona que los gobernará por los próximos cinco años

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Domingo, 30 Mayo 2021 05:16

El cielo por asalto

El cielo por asalto

El 18 de marzo se cumplieron 150 años de un hecho memorable: la Comuna de París de 1871. Fue la primera revolución hegemonizada por la clase obrera. En 1789, el pueblo bajo acompañó a la burguesía en ese acto insurreccional y fundante que fue la Revolución Francesa. Pero no fue el protagonista de esa gesta que habría de culminar en el Terror de Robespierre y Saint-Just, y en la dictadura imperial de Napoleón Bonaparte. La Comuna de París tuvo un arco de posibilidades que la hicieron posible. Francia estaba en guerra con la Prusia de Bismarck y Guillermo II. Y no sólo estaba en guerra sino que la estaba perdiendo sin apelación alguna. El “canciller de hierro” (Bismarck) era un gran estratega y sabía mover sus tropas mejor que Napoleón el pequeño (Napoleón III), cuya gloria se agotaba en llevar el nombre de Napoleón Bonaparte, aunque sólo eso, ya que no había heredado su genio militar ni sus aptitudes políticas. Napoleón III es hecho prisionero de los generales prusianos que inclinan, así, la guerra en su favor. Queda al frente de la República francesa el mínimo, aunque colérico y sanguinario, Thiers. La Guardia Nacional se niega a hacer fuego contra los comuneros insurrectos y más aún: se pone de su lado. Ahora la Comuna tiene en su poder la gran ciudad del país. Tiene el fervor, tiene las armas y un vibrante plan de Gobierno. Que es el siguiente:

- El Ejército y la Policía fueron reemplazados por la Guardia Nacional, integrada por ciudadanos comunes, como artesanos, jornaleros y otras profesiones.

- Se estableció la separación entre la Iglesia y el Estado.

- Los cargos públicos eran sometidos a elección popular y se regirían por el principio de revocatoria de mandato.

- Dejaron de impartir clases de religión en los colegios, por tratarse de un tema de decisión personal.

- Las fábricas abandonadas fueron ocupadas por los trabajadores.

- París se dividió en quartiers, localidades con cierta autonomía que cooperaban con la organización central. Los funcionarios recibían un sueldo similar al de los obreros.

- El precio de los alquileres fue controlado por la Comuna.

- Las viudas y huérfanos de la Guardia Nacional fueron reivindicados con pensiones.

¡Qué plan magnífico! En ningún país de los tiempos pandémicos que corren podría aplicarse. Las mujeres tienen un papel preponderante y hasta prepotente en la lucha. La Comuna, como dice Karl Marx en célebre frase, quería tomar “el cielo por asalto”. Pero no lo tomó. De un modo acaso inexplicable no irrumpieron en el Banco Nacional de Francia, donde se acumulaban las riquezas del país. Esas riquezas se las llevaba Thiers para rearmar su ejército. Thiers había huído a Versalles, refugiándose en el en el que supo ser el corazón de la aristocracia monárquica, gozosa y despilfarradora. Hasta que se le acabó la fiesta con las multitudinarias masas rebeldes de 1789. Y con la guillotina de Robespierre, que no tuvo piedad con nadie y menos con Luis XVI

Ahora, en Versalles, estaba Thiers. Y entonces sucede un acontecimiento insólito. Francia y Prusia suspenden la guerra entre naciones porque la “hidra internacionalista” (como llamó Nietzsche a la Comuna) se había apoderado de una de ellas. ¡Ah no, eso no, de ninguna manera! Marx se deleita con este hecho. La lucha interburguesa se deja de lado cuando el proletariado se insurrecta. Bismarck le devuelve a Thiers sus prisioneros. Ahí los tiene, disponga de ellos, primero hay que aniquilar a la hidra internacionalista después seguimos nuestra guerra.

Francia y Prusia guerreaban por sus conquistas imperialistas. Alemania había llegado tarde al reparto del mundo entre las grandes naciones europeas. Necesitaba su “espacio vital”. Necesitaba, en suma, replantearlo todo. Con la guerra de 1870 no sólo logra su tardía unidad nacional, sino también entrar a discutir los anhelados territorios de Africa y Asia, especialmente.

Pero, ante el proletariado en armas, la tarea de discutir el “espacio vital” queda de lado. Ahora deben ayudar a Francia a derrotar a la chusma roja, la chusma anarquista y comunista, esa peste. Nada distinto ocurre hoy con los países “civilizados” de Occidente. Forman un bloque ante el avance de la”barbarie” terrorista y populista. Así, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Israel (fundamental para frenar la “barbarie terrorista” en el Oriente Medio, siguiendo, siempre, los intereses del Imperio “americano) y, en menor medida Italia y España están artillados hasta los dientes para preservar la “democracia” en el mundo.

Volviendo a la Comuna. Con la ayuda prusiana, Thiers formó un ejército poderoso. Derrotó a los comuneros y el “orden burgués” se estableció otra vez en el país. La Comuna duró apenas dos meses. Durante su transcurso se soñaron nuevos horizontes, nuevas hermandades. Pero los sueños revolucionarios suelen pagarse caros. La fuerzas armadas de Francia y Prusia mataron treinta mil comuneros. Querían un castigo ejemplar. ¿Cómo se habían atrevido a hacer lo que hicieron? Nunca más debía ocurrir algo así. Fueron despiadados. Se hartaron de fusilar obreros y profesionales. Esa cifra de muertos (treinta mil) nos remite al terrorismo de Estado en la Argentina. ¿Así terminan los sueños? Así, sobre todo, se mantiene el capitalismo en dominio de las estructuras de un sistema que ya lleva varias centurias y ha ganado todas sus batallas. No sé si el precio de los sueños es siempre cruento, pero creo (o aún me atrevo a creer) que los sueños abren un horizonte que aún no se ha cerrado.

 Un hombre camina junto a motocicletas incineradas en Popayán luego de una nueva jornada de protestas.. Imagen: EFE

30 de mayo de 2021

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Cargas policiales durante el Paro Nacional en Bogotá. Foto: Colombia Informa

La pandemia esta siendo un parteaguas en las sociedades latinoamericanas. Las opresiones y corrupciones quedan en evidencia mientras la calidad de vida y de los servicios se deterioran de forma ostensible. Los pueblos se rebelan y las derechas y la represión se radicalizan.

 

El fin del ciclo progresista no fue seguido por la instalación de gobiernos de la derecha, algo que realmente sucedió pero de forma diferente a la habitual, ya que se abrió un período de crisis de la gobernabilidad. 

Lo que nos enseñan las gestiones de Jair Bolsonaro en Brasil, de Lenín Moreno en Ecuador y en su momento de Jeannine Añez en Bolivia, al que podría sumarse el de Sebastián Piñera en Chile, es la enorme dificultad para estabilizar sus gobiernos. Esta nueva realidad no se desprende mecánicamente de la situación económica, porque encontraron sociedades poco dispuestas a aceptar el autoritarismo y la profundización del neoliberalismo extractivista.

Incluso antes de la pandemia, hubo levantamientos populares que cuestionaron los planes de las derechas, en particular en Ecuador y en Chile, mientras en Bolivia una fenomenal sucesión de bloqueos en agosto de 2020, impidieron que el gobierno golpista siguiera dilatando la convocatoria electoral. En Brasil, a diferencia de los países señalados, la manifiesta incapacidad del Gobierno cívico-militar está en la base de su progresivo deterioro.

Sin embargo, en los países gobernados por el progresismo, con especial destaque de Argentina, la gobernabilidad tampoco goza de buena salud. Aunque el modelo de gestión de la pandemia es completamente diferente al de Bolsonaro, con largos períodos de restricciones similares a los de Europa, los contagios se han disparado incluso por encima de lo que sucede en Brasil, si podemos confiar en las cifras que aportan las autoridades.

La baja performance de Alberto Fernández en el manejo de la pandemia, con una nueva ola de contagios y una lentísima evolución de la vacunación, enseña una población reacia a las restricciones y, más aún, dispuesta a saltarse las prohibiciones: entre las clases medias, con sonoras manifestaciones en vehículos privados, mientras entre los sectores populares se verifica la imposibilidad de atenerse a las recomendaciones de distancia y permanencia en los hogares.

Sociedades en movimiento

Luego de un año de pandemia, América Latina está movilizada. Desde los pueblos originarios de México y Centroamérica hasta las clases populares de toda la región, que parecen turnarse en el rechazo no solo a los gobiernos, sino de un modelo depredador de la vida que deja a millones de jóvenes a la intemperie, sin el menor futuro que no sea deambular entre las más variadas formas de precariedad: desde la laboral hasta la de salud, pasando por la vivienda y la propia vida, acechada más que por virus, por la violencia institucional y paramilitar.

En espacios muy alejados de la atención mediática, sucede algo similar. Un desborde incontenible desde abajo. Para muestra, Wall Mapu [territorio habitado por el pueblo mapuche en Chile y Argentina]. El Ministerio del Interior informó que en el primer trimestre de 2021, las recuperaciones de tierras —que califica de “usurpaciones”— aumentaron un 688% respecto al año anterior. En los primeros tres meses del año se registraron 134 tomas de terrenos, frente a las 17 ocurridas en el mismo periodo de 2020.

Mi impresión es que la revuelta comienza en los márgenes y gradualmente va llegando hasta las grandes ciudades. Así sucedió en Colombia. En octubre de 2020 una impresionante Minga Indígena, Negra y Popular nació en el Cauca, recorrió más de 500 kilómetros y llegó a Bogotá donde fue recibida de forma multitudinaria.

La revuelta colombiana fue precedida por protestas en 2017 en ciudades medianas del Pacífico, que configuran el levantamiento en curso: “Se organizaron con comités de médicos, de alimentación, realizando un aprendizaje sobre los modos  de presionar al Estado pero también aprendieron a negociar. Se articularon medios alternativos locales y consiguieron que las autoridades fueran a su territorio a negociar, ellos no se movieron de sus ciudades y comunidades y siguieron los mismos pasos que los indígenas del Cauca”, reflexiona el investigador Alfonso Insausty desde Medellín. 

El paro de un mes es un punto de inflexión en un país donde la protesta se había ceñido a las áreas rurales en las últimas siete décadas, quedando las ciudades como espacios dominados por las grandes empresas y los cuerpos policiales. Sin embargo, desde la firma de los acuerdos de paz con las FARC en 2016, las grandes ciudades se fueron convirtiendo en el nuevo epicentro de una movilización protagonizada por jóvenes que no tienen futuro en la economía neoliberal y que por vez primera están conociendo la peor arista del sistema.

Derechas radicalizadas

En toda la región las derechas se abroquelan, se muestran cada vez más intransigentes con los pueblos, enseñan su cara genocida. Este cierre autoritario tiene varias facetas: desde la puramente represiva, como la de Colombia y Chile, hasta una creciente militarización de la sociedad, de las instituciones estatales y hasta del sistema educativo y de salud.

Lo que debemos comprender, y el caso mapuche es elocuente, es que estamos ante una reacción defensiva ante el avance de los pueblos, como lo atestigua el caso mapuche. Cuando el Gobierno de Piñera decide militarizar Wall Mapu es porque no encuentra otro modo de frenar el ascenso de las recuperaciones de tierras. No solo envía militares a controlar las comunidades, sino que alienta a los civiles a armarse para enfrentarlas.

El 1 de agosto de 2020 sucedió algo que puede considerarse un viraje profundo en la Araucanía. “Centenares de civiles, armados de piedras, palos, garrotes, bates e incluso armas de fuego, llegaron hasta las municipalidades de Curacautín y Victoria para desalojar a comuneros mapuches, que habían ocupado las dependencias municipales, en apoyo a la huelga de hambre de una veintena de comuneros, entre ellos el machi Celestino Córdova”.

Exactamente la misma reacción que se ha visto en Cali por parte de las elites de la ciudad, que reaccionaron con violencia contra la Guardia Indígena y las juventudes negras y populares. Un informe de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz sobre la existencia de fosas comunes y “casas de pique” —donde se descuartizan personas para hacerlas desaparecer— en las periferias de Cali.

Estamos ante un nuevo escenario, bien distinto al que caracterizó las dictaduras de la década de 1970. Ahora el Estado no tiene ni la capacidad ni la voluntad de controlar las sociedades, ha cedido el monopolio de la violencia para que otras agencias —narcotraficantes, paramilitares y personas armadas ocasionalmente— hagan uso de las armas ante la complicidad de las fuerzas represivas legales.

En Brasil hay 6.157 militares en activo o en la reserva ocupando cargos civiles en el Gobierno de Bolsonaro, lo que representa un aumento del 108% respecto a 2016, el año en que fue destituida la presidenta Dilma Rousseff. La militarización del Estado alcanza niveles insospechados en áreas como la educación, como lo revela el informe del Sindicato Nacional de Docentes de Enseñanza Superior (Andes) de Brasil, titulado “Militarización del gobierno Bolsonaro e intervención en las instituciones federales de enseñanza”. 

Los militares ocupan los principales escalones del sistema de salud y avanzan sobre la educación con la creación de “escuelas cívico-militares” y con la intervención en  universidades para vetar y controlar la elección de rectores. El informe destaca que se están creando 216 escuelas primarias cívico-militares que utilizan “el modelo basado en las prácticas pedagógicas y en los patrones de enseñanza de los colegios militares del Comando del Ejército, policías militares y cuerpos de bomberos militares”.

Más allá del caos y la represión

Es posible que la pandemia esté siendo un parteaguas en las sociedades latinoamericanas. Las opresiones y corrupciones quedaron en evidencia mientras la calidad de vida y de los servicios se vienen deteriorando de forma ostensible. Pese a las medidas excepcionales y la serias restricciones a la movilidad y los encuentros, los movimientos no sólo no se debilitaron sino que están lanzando desafíos impensables años atrás.

La radicalización de las derechas y la creciente movilización de los pueblos permite aventurar algunas hipótesis. La salida represiva está sobre la mesa, con una intensidad que nos retrotrae a los años 60, con escuadrones de la muerte y cementerios clandestinos. Sin embargo, no parece la salida más probable, además de ser profundamente indeseable.

Existe la posibilidad de nuevos gobiernos progresistas, como el de Gustavo Petro en Colombia y Pedro Castillo en Perú. Pero no tendrían la menor chance de apaciguar a las clases dominantes, ni conseguirían desmovilizar a los pueblos. Algo similar puede decirse en el resto de los países. Quien gobierne, tendrá el terreno acotado arriba y abajo, por lo cual los cambios serán mínimos, por lo menos a corto plazo.

Es una buena chance para que los pueblos tomen iniciativas en otras direcciones. Los proyectos autonómicos son una posibilidad real. Que los jóvenes urbanos de Cali hayan llamado a la Guardia Indígena para su defensa, que la bandera mapuche sea la más ondeada en la revuelta chilena muestran que los territorios autónomos en resistencia se han convertido en alternativa real y concreta para amplios sectores de las sociedades.

Por Raúl Zibechi

27 may 2021 06:00

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Chomsky pone el foco en algunos aspectos alarmantes vinculados con el medioambiente. NOTA RELACIONADA

Se publicó su libro más reciente, "Cooperación o extinción"

Para el lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, la clave reside en la movilización popular y constante. “El activismo puede llegar a ser muy influyente", sostiene. 

 

La inminencia de la extinción es uno de los ejes centrales que aglutina al activismo del siglo XXI. Los niveles de carbono en la atmósfera, más elevados que en cualquier punto anterior de la historia humana, aumentaron con celeridad hasta más de cuatrocientas partes por millón, muy por encima de las trescientas cincuenta partes por millón hasta las que se considera que el nivel es seguro. La destrucción de la vida en la Tierra no es un relato apocalíptico, producto de la desmesurada imaginación medioambientalista o de un grupúsculo perturbado de la comunidad científica. “Cada año, cerca de treinta millones y medio de personas se ven obligadas a desplazarse por causas de desastres naturales como inundaciones y tormentas; se trata de una de las consecuencias vaticinadas del calentamiento global y significa casi una persona por segundo, es decir muchísimas más de las que huyen por causa de la guerra y el terrorismo. A medida que los glaciares se derritan y el nivel del mar aumente, algo que hará peligrar los suministros de agua de un vasto número de personas, estas cifras seguirán aumentando”, advierte Noam Chomsky, lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, uno de los activistas más influyentes del mundo, en Cooperación o extinción (Ediciones B).

El libro --que se puede leer junto a En llamas de Naomi Klein—despliega una recopilación de textos que surgieron a partir del “Encuentro con Chomsky”, celebrado en Boston a mediados de octubre de 2016, en el exterior de la histórica iglesia de Old South, donde se congregó una multitud de jóvenes que se extendió a lo largo de dos manzanas. La charla de aquella tarde tenía el título de “Internacionalismo o extinción”. El cuerpo principal del libro lo constituye el discurso original del autor de Hegemonía o supervivencia, Estados fallidos y ¿Quién domina al mundo? Entre los materiales se incluye la transcripción de una conversación en el mismo encuentro con Wallace Shawn, un activista comprometido, más conocido como dramaturgo y actor; y las preguntas que formularon los que asistieron al encuentro con las respuestas de Chomsky. Además de la emergencia climática, los otros dos temas fundamentales fueron la amenaza nuclear y el peligro que entraña el debilitamiento del sistema democrático en todo el mundo.

Chomsky, que nació en Filadelfia el 7 de diciembre de 1928, adquirió su primera conciencia política estimulado por las lecturas en las librerías de los anarquistas españoles exiliados en Nueva York. Tenía once años cuando publicó su primer artículo sobre la caída de Barcelona y la expansión del fascismo en Europa. Su activismo político arrancó con la movilización contra la guerra de Vietnam. Si entonces llamó la atención, fue porque como profesor de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), él pertenecía a una universidad que investigó bombas inteligentes y técnicas de contrainsurgencia para la guerra de Vietnam.

Para Chomsky extinción e internacionalismo están asociados en “un funesto abrazo” desde una fecha precisa: 6 de agosto de 1945, cuando el presidente de Estados Unidos ordenó los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. A partir de aquel fatídico día la humanidad entró en una nueva era: la era atómica. “Lo que no se percibió entonces es que surgía una nueva época geológica que hoy conocemos con el nombre de Antropoceno, la cual viene definida por un nivel extremo de impacto humano sobre el entorno”, explica el lingüista estadounidense y agrega que la era atómica y el Antropoceno constituyen una amenaza dual para la perpetuación de la vida humana organizada. “Está ampliamente reconocido que nos encontramos en un sexto período de extinciones masivas; el quinto, hace sesenta y seis millones de años, se atribuye por lo general al impacto de un gigantesco asteroide contra la superficie de la Tierra, lo que supuso el final del 75 por ciento de las especies del planeta. Este acontecimiento puso fin a la era de los dinosaurios y allanó el camino al apogeo de los pequeños mamíferos y, en última instancia, de los humanos, hace unos doscientos mil años”.

Hace tiempo que la capacidad de los seres humanos para destruirse unos a otros a escala masiva está fuera de duda. El Anthropocene Working Group confirma que las emisiones a la atmósfera de CO2 (dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero de origen humano) están aumentando a la tasa más elevada existente en sesenta y seis millones de años. Aunque Chomsky no se detiene a analizar cada uno de los datos disponibles, pone el foco en algunos aspectos alarmantes. “El deshielo de los glaciares del Himalaya podría acabar con las reservas de agua de toda Asia Meridional, es decir, de varios millones de personas. Solo en Bangladesh se espera que en las próximas décadas emigren decenas de millones por la única razón del aumento del nivel del mar, debido a que se trata de una planicie litoral costera. Será una crisis de refugiados que hará insignificantes las cotas actuales, y se trata nada más que del comienzo”, aclara el lingüista estadounidense y recuerda que los Acuerdos de París, alcanzados en la COP 21, en 2015, supusieron un desarrollo a los esfuerzos internacionales por evitar la catástrofe. Debería haber entrado en vigencia en octubre de 2016, pero la mayoría republicana en el congreso, conocida por su sistemático negacionismo, no estuvo dispuesta a aceptar ningún compromiso vinculante.

Entonces acabó saliendo un acuerdo voluntario que Chomsky califica como “mucho más flojo” por el cual se llegó a una resolución para reducir de forma gradual el uso de hidrofluorocarburos (HFC), gases de efecto invernadero supercontaminantes. El Partido Republicano es la organización “más peligrosa en toda la historia de la humanidad” para el lingüista estadounidense. La envergadura de la ceguera es tan preocupante que Chomsky elige un fragmento para estimular el debate y a la vez sorprender: “No puedo imaginar límites a la osada depravación de los tiempos que corren, en tanto los agentes del mercado se erigen en guardia pretoriana del Gobierno, en su herramienta y en su tirano a la misma vez, sobornándolo con liberalidad e intimándolo con sus estrategias de opciones y exigencias”. Esta cita la pronunció James Madison en 1791, varios años antes de convertirse en el cuarto presidente de Estados Unidos (1809-1817).

No se puede esperar que las soluciones lleguen de los sistemas de poder organizados, estatales o privados. Para Chomsky la clave reside en la movilización popular y un activismo constante. “El activismo popular puede llegar a ser muy influyente, lo hemos visto una y otra vez; el compromiso de los activistas desde hace cuarenta años ha puesto los problemas medioambientales en la agenda política, quizá no lo suficiente pero, con todo, de forma crucial y significativa”, reconoce Chomsky en una parte de Cooperación o extinción. Claro que del dicho al hecho hay un largo trecho. El propio autor revela cómo a pesar del cambio drástico en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial una gran parte de la población se mantuvo como antes: tradicional en lo cultural y premoderna en muchos sentidos. “Para el 40 por ciento de los ciudadanos estadounidenses, el trascendental problema de la supervivencia de la especie no es demasiado relevante, ya que Cristo va a regresar entre nosotros en un par de décadas, de manera que todo quedará resuelto. Insisto; hablamos de un 40 por ciento”, resalta Chomsky para no perder de vista la importancia que tiene la religión en una porción significativa de la ciudadanía estadounidense.

Chomsky comenta un libro de Arlie Hobschild (Strangers in Their Own Land), una socióloga que se fue a vivir a un área pauperizada de Luisiana durante seis años para estudiar a los habitantes desde dentro. Se trata de la zona profunda pro-Trump del país. “Los productos químicos y otros elementos contaminantes derivados de la industria petroquímica están causándoles graves daños, pero se oponen por completo a la Agencia de Protección Medioambiental (…) Ven a la Agencia como un grupo de gente de ciudad con un doctorado, que va hasta allí y les dice cosas como que no pueden pescar, pero que a la industria petroquímica ni le chistan. Así que, ¿qué utilidad tiene? No les gusta que les quiten el trabajo y les digan con su acento culto lo que pueden y no pueden hacer, mientras que ellos se ven asediados por toda la situación”, plantea Chomsky como ejemplo para que los activistas conozcan las profundas razones y reticencias que tendrán que vencer. En el reto sin precedentes por la supervivencia de la civilización no hay tiempo que perder.

 

Por Silvina Friera

23 de mayo de 2021

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Los constituyentes independientes, motores de la nueva Carta Magna de Chile

Los votantes se vieron reflejados en una serie de candidatos entre los que se pueden encontrar activistas sociales, ecologistas, docentes, escritores, period

 

Los candidatos independientes de los partidos políticos tradicionales dominarán la Convención encargada de redactar una nueva Constitución en Chile, luego de quedarse con 48 de 155 escaños en los comicios del pasado fin de semana. Si se suman los 40 constituyentes electos que no militan políticamente pero llegaron a competir atados al cupo de un partido, la cifra de independientes llega a un 64 por ciento del órgano, según el Observatorio Nueva Constitución. El bloque de la derecha oficialista, Vamos por Chile, no alcanzó siquiera a lograr un tercio de la representación en la Convención, porcentaje que le hubiera otorgado cierto poder de negociación para frenar el alcance de los cambios más progresistas que se anticipan.

Los votantes chilenos se vieron reflejados en una serie de candidatos que levantaron las demandas que emanaron de las calles durante el estallido de 2019, entre los que se pueden encontrar activistas sociales, ecologistas, docentes, escritores, periodistas, abogados y personajes mediáticos. Página/12 dialogó con algunos de ellos para conocer sus principales preocupaciones y expectativas de cara a un momento histórico para el país.

Los constituyentes independientes llegaron a la Convención por distintas vías. Varias listas correspondieron a candidatos que no militan pero fueron asociados o con el sello de un partido político tradicional. Tal es el caso de Daniel Stingo, el más votado el pasado fin de semana, que se presentó como independiente pero bajo el amparo de la lista de izquierda de Revolución Democrática. "Me imaginaba un resultado positivo porque en la calle el apoyo, cariño y adhesión de la gente era inmenso. Ahora bien, recibir tanta cantidad de votos (más de 111 mil) era imposible de predecir", le explica Stingo a este diario.

El abogado de 55 años dice que no le sorprendió el mal desempeño de los sectores aliados al presidente Sebastián Piñera por el mal resultado del plebiscito del 25 de octubre del año pasado y "porque notábamos la desafección de la ciudadanía con las posturas de la derecha y la total falta de sintonía de este mismo grupo con la realidad social y política". A pesar de ser el candidato más votado, Stingo no piensa en presidir la Convención y buscará, en cambio, contribuir en el desarrollo de un "catálogo de derechos sociales" entre los que menciona "un plan de salud universal, de calidad y oportuno, una educación gratuita, de calidad e inclusiva, un sistema de seguridad social con pensiones dignas y el derecho a la vivienda digna".

El único candidato independiente que se presentó sólo en una lista fue Rodrigo Logan, electo por el Distrito 9. Los más de 34 mil votos obtenidos le permitieron superar listas completas a quien es conocido como el "abogado ciudadano" por su presencia en programas de televisión. "El proceso constituyente tenía como promesa de valor que era abierto a la gente común y corriente y eso no fue así. Debía existir un mensaje que rompiera esa 'igualdad falaz' de la que habla el Sistema D'hont", explica sobre los motivos de cortarse solo. Frente a los resultados de los comicios, Logan se manifiesta "muy ansioso y muy alegre" ya que "desde 1810 a la fecha jamás habíamos tenido la oportunidad de tener una constitución de, para y por la ciudadanía".

Más allá del caso atípico de Logan se encuentran las listas completas que se presentaron por fuera de los partidos. Entre las más exitosas se encuentra la de "Independientes No Neutrales (INN)", que consiguió cupos para 11 de sus postulantes. Uno de los constituyentes electos por ese espacio es el ambientalista Juan José Martin.

Martin es presidente y cofundador de Cverde, organización juvenil de Chile por la Sustentabilidad. "Nos sentimos super orgullosos y tranquilos con haber salido electos, porque nosotros desde el primer momento hicimos una apuesta: nos vamos a dedicar a llevar la voz y la prioridad de aquellos que no votan, la naturaleza y los animales", destaca Martin en diálogo con este diario. Por eso, apuesta por lo que llama una Constitución "ecocéntrica".

Martin era consciente de que esa plataforma electoralmente podía alejarlos de la prioridad de la mayoría de los chilenos que viven al día, pero "sentíamos que era consecuente con nuestra visión". A sus 25 años, planea llevar a la Convención a "los movimientos sociales y ambientales que están muy separados de la política tradicional". El joven ecologista propone una Carta Magna "de la realidad y de los datos, ya no de las ideologías prefabricadas por otros grupos".

Aunque entre las listas independientes, sin dudas la mayor sorpresa del pasado fin de semana la dio la llamada "Lista del Pueblo", que alcanzó 27 de las 155 bancas en juego, casi igualando al Partido Comunista y al Frente Amplio que juntos sumaron 28 escaños. La Lista del Pueblo representa a una articulación de candidaturas progresistas sin afiliación política, aunque muy comprometidas con la realidad. Sostenidos en un relato nacido en las entrañas de las históricas movilizaciones de la Plaza Dignidad, no estaban en las proyecciones de los analistas ni de los medios de comunicación chilenos. A base de eficaces campañas en las redes sociales y en las calles del país, sumaron alrededor de 884 mil votos.

Entre los 24 convencionales elegidos en la Lista del Pueblo destaca la figura de Giovanna Grandón, una maestra jardinera y chofer de transporte escolar que saltó a la fama al asistir a las marchas disfrazada de Pikachu, el personaje de dibujos animados japonés. Y si bien no logró sumar una banca a la Convención, la periodista Paulina Acevedo celebra que gracias a su candidatura el espacio sumó el 15 por ciento de los votos a nivel nacional, "un golpe a la cátedra de la política clásica, ya que el pueblo dijo que cualquier persona tiene derecho a escribir la Constitución".

"Cuando Carabineros me detuvo haciendo labores profesionales, eso sacó a la luz públicamente mi candidatura y me obligó a hacer campaña de manera más activa", recuerda Acevedo. En la madrugada del 12 de marzo, fue aprehendida mientras cubría los trabajos de remoción de la estatua del General Baquedano en la icónica Plaza Dignidad. "Fue una situación totalmente arbitraria e ilegal. Por lo mismo estuve 14 horas detenida y más de cuatro horas arriba de un carro policial esposada para finalmente ser absuelta de todos los cargos", remarca.

En ese sentido la periodista del Observatorio Ciudadano plantea que es necesaria una reforma profunda de Carabineros, "una institución que tiene más de 100 años y está absolutamente desacreditada por las violaciones a los derechos humanos pero también por situaciones de corrupción y malversación de fondos públicos".

Pero no se podría comprender esta renovación institucional en Chile sin considerar la importancia de los feminismos. "Desde la Coordinadora 8-M estamos muy contentas porque ingresó la compañera Alondra Carrillo y junto a ella entró el feminismo de los pueblos a través de cinco integrantes de la plataforma constituyente, feminista y constitucional", asegura al respecto Javiera Manzi, militante y vocera de la coordinadora.

"Hoy vemos que los partidos del orden han fracasado y son precisamente sectores movilizados por fuera de los partidos quienes avanzan", agrega Manzi. Para una nueva Constitución con perspectiva feminista, la jóven socióloga plantea que es necesario "el reconocimiento del trabajo no remunerado, los derechos sexuales y reproductivos y la garantía de derechos sociales que hoy se encuentran privatizados". La aplicación efectiva de esas reivindicaciones permitirá, por fin, implementar el "programa feminista contra la precarizacion de la vida".

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Sábado, 22 Mayo 2021 05:40

La machi Linconao

La machi Linconao

Hasta 2008, la vida de la machi Francisca Linconao transcurrió tranquila en su pequeña comunidad, arraigada ancestralmente en la ladera del cerro Rahue, rodeada del frondoso bosque nativo y varios manantiales. Un día, la familia Taladriz, dueños de la Sociedad Palermo Limitada, compró las tierras linderas. Poco después, la comunidad mapuche que integraba la machi Linconao vio con estupor que varias cuadrillas plantaban filas de pinos jóvenes, como si todo lo que había y era mucho no alcanzara.

La machi vio además que los pinos invadían un menoko --un humedal sagrado, en el que hacía siglos las sucesivas machis realizaban sus contactos con los espíritus de su cosmovisión--. Para hacer entrar pinos, talaban allí lo que se interponía, y cada árbol que se les interponía era sagrado y medicinal.

La machi Linconao recurrió a la Justicia. Un año más tarde, y para sorpresa de todos, la Corte de Apelaciones de Temuco le dio la razón: por primera vez y sentando precedente, la Corte Suprema de Chile ratificó el fallo, que fue el primero en aplicar disposiciones del Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas. Se prohibió talar a menos de 400 metros de los lugares sagrados señalados en la demanda.

Parecía una reconquista de territorio arrebatado, pero no lo era. Cuatro años más tarde, en 2013, hubo un incendio en las cercanías de la comunidad, en cuyo transcurso murió un matrimonio: Werner Luchsinger y Vivianne Mackay fallecieron entre las llamas. Inmediatamente la machi Linconao fue acusada de doble asesinato, se le aplicó la ley antiterrorista y se le dio curso al testimonio de un policía que dijo haber encontrado una escopeta en la casa de la machi. Pero ese policía, del que ni siquiera figuraba el nombre, nunca apareció en el estrado. Sin esa única prueba, el juicio fue dejado sin efecto. La machi fue absuelta y hasta se dispuso el pago de una indemnización. Parecía que ganaba la verdad, pero no lo hacía.

Ya con la ley antiterrorista y otros planes para esos territorios, tres años más tarde, en 2016, la machi fue nuevamente encarcelada porque se reabrió el caso. Sin más pruebas que el anterior, pero se reabrió igual. La machi fue encarcelada y después de nueve meses de prisión preventiva, inició una huelga de hambre. Recién la abandonó dos semanas después, cuando la Corte de Apelaciones de Temuco, la misma que antes la había absuelto en la misma causa, cambió la prisión efectiva por “arresto”, lo que le permitió a la machi Linconao seguir el juicio pero en prisión domiciliaria.

En agosto del año siguiente, 2017, los principales organismos de Derechos Humanos de Chile (la OMCT y la FIDH) se pronunciaron por abusos en la aplicación de la ley antiterrorista contra los diez comuneros mapuche y la machi Linconao. Otro tribunal, en un juicio oral, volvió a anular el juicio por falta de pruebas y la machi fue absuelta nuevamente.

En el curso de todos esos años, la machi se volvió conocida y una referente en la lucha mapuche frente al Estado chileno. El domingo pasado ella fue una de las grandes sorpresas que depararon las elecciones. De todos los postulantes de pueblos originarios --la constituyente les había reservado 17 lugares--, la que más votos sacó, más de 15.000, fue la machi Francisca Linconao.

En medio de la sorpresa incluso de los que esperaban que el oficialismo no obtuviera poco más del tercio que necesitaba para tener poder de veto en la redacción de la nueva Constitución, comenzaron a sumarse voces postulando a la machi Linconao para que sea ella la que presida la nueva Asamblea Constituyente.

Esa demanda se corresponde con las imágenes que vimos cuando todo era humo, disparos en los ojos, pelea callejera constante, y en la Plaza Dignidad se veía ondear la bandera mapuche: era un símbolo de lo que el Chile derrotado mucho antes de l973 recogía de persecuciones e injusticias más antiguas. Hoy la machi no sólo representa a su pueblo, sino a muchos sectores que fueron los que sacaron la cabeza del barro después de que un grupo de estudiantes secundarios saltara los molinetes del metro porque les pedían 30 centavos más que el día anterior. No son 30 centavos, son 30 años, fue lo que elaboraron todos juntos. En el caso de Linconao, son muchísimo más que 30 años. Son más de cinco siglos de arrebato y violencia. 

Por Sandra Russo

22 de mayo de 2021

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panorámica viaducto Pereira

En torno a la protesta social reciente en Colombia y del asesinato de un manifestante, es importante interrogarse por la razones para que un escenario de circulación de seres humanos y mercancías como es un viaducto, se transforme en lugar de memoria.

 

El viaducto que conecta las ciudades de Pereira y de Dosquebradas se ha convertido por momentos coyunturales, en escenario de la indignación popular y la reivindicación de reclamos, supuestamente negados o poco valorados por lógicas verticales de poder. En ausencia de monumentos en la ciudad, alusivos a figuras que contengan una carga histórica de hechos como el racismo, el clasismo, el colonialismo etc, el viaducto “Cesar Gaviria Trujillo” es el referente simbólico usado por los jóvenes para expresar sus sentimientos de indignación social.

Inaugurado el 19 de noviembre de 1997, con el propósito de resolver el famoso “trancón” de largas horas por la vía de “La popa” hacia el municipio industrial de Dosquebradas, forma parte de un gran proceso de renovación urbana que influyó en la “modernización” de la ciudad, que a su vez implicó la adquisición de predios urbanos por parte del estado, que se interponían en el camino de la estructura de hormigón y tirantes. Los costos de vidas en esta obra se dividen en dos: quienes fallecieron en su proceso de construcción, y aquellos que se han arrojado al vacío, motivados por concluir los tormentos de sus mentes, fenómeno que obligó  a su reestructuración, incorporando una malla protectora para sus transeúntes que impide a su vez la contemplación del paisaje urbano.

Durante los últimos 23 años, este lugar ha contribuido en la transformación del imaginario de la ciudad para propios y extraños, generando análisis académicos de carácter cultural, urbano y comunicativo por donde circula el movimiento mercantil y humano de la llamada región “centro-occidente” de Colombia. El panorama de las puestas del sol, así como las desigualdades e injusticias del país, se visualizan desde su estructura. En sus primeros 10 años fue testigo del deambular de innumerables grupos de campesinos en la búsqueda de un refugio tras huir de un conflicto armado que los asechaba en sus territorios y llevando en sus manos carteles de auxilio, reemplazados en la actualidad por familias venezolanas quienes huyen de la realidad de su nación.

El origen del nombre de la obra, proviene del gobernante del periodo 1990-1994, oriundo de esta ciudad. En su mandato se gestó la constitución de 1991 como logro de las luchas previa de diversos actores de la sociedad; en este mismo periodo se produjo la llamada “Apertura económica”. Si la primera posibilitó unas demandas de inclusión, reconocimientos, maduración de la sociedad civil, ecos de su legado talvez ahora se escuchen con más fuerza en el Paro Nacional originado el 28 de abril del 2021; la segunda, fue el eufemismo con el cual se bautizó un modelo económico liderado durante los años ochenta por el presidente Ronald Reagan de Estados Unidos y la primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher, que en Colombia coadyuvó en la globalización, acelerando el declive de la industria nacional y la extinción de pequeñas y medianas empresas que no pudieron competir en medio de la llamada “apertura”.

Este viaducto forma parte de los sitios emblemáticos de un “Eje cafetero” publicitado como “remanso de paz”, donde el conflicto armado resulta ser algo casi invisible y las narrativas de una “confianza inversionista” presume estar a salvo de los 70 años de violencia en Colombia. En esta región se ha buscado estimular la construcción de pequeñas centrales hidroeléctricas que pretenden comercializar los recursos hídricos de las comunidades; desde los gobiernos se han otorgado licencias que han permitido la presencia de empresas mineras nacionales e internacionales en los territorios, así mismo, florecen agroindustrias de grandes monocultivos, zonas francas para almacenar y circular numerosos volúmenes de mercancías, carreteras al mar pacífico que termina afectando a humildes habitantes, proyectos de puertos multimodales que buscan la conexión de esta territorio con el mundo. Todo esto coexiste bajo un manto de relaciones porosas de economía, entre la legalidad y la ilegalidad debido a que por esta región circula el gran negocio de las drogas .

¿Se pone en juego la estabilidad de todo este cumulo económico y social en el momento en que los jóvenes manifestantes realizan la toma de este viaducto? ¿Las tensiones entre diversos actores de la protesta, tiene que ver con unas representaciones de ciudad que se escenifican en el viaducto? Por ejemplo, las ideas acerca de una sociedad productiva, cívica, respetuosa de la norma, frente a una narrativa que privilegia la idea de jóvenes “anárquicos” e “irrespetuosos” del poder.

Algunos pensadores contemporáneos como Antonio Negri, coinciden en el término “multitud” para definir esta diversidad que desfila, danza, hace yoga, juega futbol, es animalista e incluso vegana; una multitud que no es ni desmemoriada, negacionista o insensible, la mal llamada “generación de cristal”. Estos millares de [email protected] son todo lo contrario de la pasividad o la indiferencia por el futuro. Muchos de sus padres pudieron haberse considerados conformistas, otros tantos fueron afectados por el conflicto social, el desplazamiento y la migración, llegaron a ciudades como Pereira buscando oportunidades, unos lo consiguieron otros no, aquí o en el exterior, ya que el eje cafetero ha sido receptor de remesas de muchos lugares del mundo, producto de tantos colombianos que han huido de la falta de oportunidades. En este aspecto es menester contextualizar y rescatar desde todos los lenguajes posibles a seres humanos como Lucas Villa y muchos otros en todo el país, hijos de una Colombia que no quiere continuar viviendo bajo el peso de dogmatismos extremos, abusos de poder, perpetuación de desigualdades estructurales, en fin, todo lo que compone una “una horrible noche”.

*Profesor Universidad Tecnológica de Pereira

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