Imagen de Sergio Ramírez. — PÚBLICO

Acusado por Daniel Ortega de un rimero de supuestos delitos en Nicaragua, Ramírez no se plantea regresar a su país mientras el actual mandatario siga en el poder. España será su destino hasta que decida su destino definitivo.

 

La vida de Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) se asemeja a una de esas tramas de la literatura latinoamericana del siglo XX trufadas de personajes desmesurados y escenas hiperbólicas. Se exilió en Costa Rica durante la dictadura de Somoza a finales de los años 70 y hoy, casi medio siglo después, se ve de nuevo abocado al destierro por la persecución política que sufre en Nicaragua por parte de quien fuera su compañero de viaje en la última revolución romántica de América Latina. Acusado por Daniel Ortega de un rimero de supuestos delitos, Ramírez no se plantea regresar a su país mientras el actual mandatario siga en el poder. Compartió el gobierno con Ortega en la década de los 80, cuando los sandinistas tuvieron que hacer frente a las sanciones de Washington y a la guerrilla de la Contra financiada por la CIA. Durante ese tiempo vertiginoso, aprovechaba el silencio de las madrugadas para escribir una novela (Castigo divino).

Tras la derrota sandinista en 1990, Ramírez fue alejándose de Ortega, y también de la política, para dedicarse a escribir. Su última novela,Tongolele no sabía bailar (Alfaguara), acaba de publicarse en España mientras se prohíbe en Nicaragua, donde solo puede leerse de manera clandestina. La obra refleja los abusos de poder del régimen de Ortega, el antiguo revolucionario devenido autócrata esotérico. Ramírez, Premio Cervantes 2017, recibe a Público en un céntrico hotel de Madrid. Es consciente de que tendrá que vivir una buena temporada, tal vez el resto de su vida, fuera de su país. España será su refugio en los próximos meses, hasta que tome una decisión sobre su destino definitivo. Sobre su segundo exilio.

El régimen de Daniel Ortega lo ha acusado de varios delitos, entre ellos la conspiración y la incitación al odio. Una persecución que lo obliga a un nuevo exilio. El filósofo Adolfo Sánchez Vázquez, exiliado español en México, decía que el exilio es una herida que no cicatriza. Usted ya acumula dos de esas heridas.

En la vida se presentan circunstancias que uno no busca, pero que hay que asumirlas cuando llegan. Uno no puede cambiar cosas que le imponen. Una dictadura te impone un exilio y entonces la única manera que yo tendría de no ser un exiliado sería ser un preso político, y no estoy dispuesto a ser un preso político. A la edad que yo tengo [79 años], la dureza del aislamiento en una cárcel, en una celda de castigo, como le han impuesto a gente de mi edad que está presa allí... Ni siquiera les dejan tomar sus medicamentos, no tienen asistencia médica, están deteriorando su salud, están sometidos a interrogatorios... No pienso darle ese gusto a la dictadura.

El lanzamiento de su nueva novela, 'Tongolele no sabía bailar', ha coincidido con las imputaciones en su contra por parte del régimen y la prohibición de su libro en Nicaragua, aunque circula ya de forma clandestina.

El hecho de que la gente haya copiado la novela de manera libre es algo que yo no puedo respaldar desde el punto de vista de un escritor que respeta las leyes de derechos de autor. Como un hecho político, me parece un acto de resistencia, que los jóvenes, sobre todo, hayan reproducido esta novela para leerla dentro de Nicaragua, donde está prohibida. Yo creo que los libros prohibidos son los que más llaman la atención, y el hecho de que se supiera que en la aduana de Nicaragua este libro no podía entrar, no podía ser leído, movió a muchos jóvenes a buscar cómo hacerlo. Unos compraron la edición digital y otros han acudido a la circulación de la novela por medio de PDF.

Galeano siempre recordaba cómo 'Las venas abiertas de América Latina' pasaba de mano en mano clandestinamente en las dictaduras del Cono Sur.

No hay que olvidar que la tradición de los libros de contrabando en América Latina viene desde la colonia. El Quijote estaba prohibido porque contaba mentiras, y para los poderes de entonces, la Corona, la Iglesia, no era conveniente que la gente leyera mentiras. Entonces El Quijote entraba en barriles de tocino, en barriles de vino, camuflados con tapas falsas, y así ha pasado con otros muchos libros que la gente busca cómo agenciarse y cómo leerlos.

Usted fue vicepresidente del gobierno de Ortega entre 1985 y 1990. Años después, alertó sobre la deriva autoritaria del líder sandinista, de sus pactos con personajes corruptos, como el derechista Arnoldo Alemán, y de la persecución de sus adversarios políticos. ¿Hacia dónde camina Nicaragua tras las próximas elecciones de noviembre?

Claramente hacia el partido único, pero no como en Cuba, donde solo existe el Partido Comunista, si no quizás como la RDA, que además del partido oficial comunista permitía la existencia de una serie de partidos que adornaban el paisaje político, pero no tenían ninguna incidencia. El régimen quería pretender con eso tener un carácter pluralista. Ahora, en Nicaragua, los que van a competir con Ortega en estas elecciones son partidos fabricados por él mismo de la antigua oleada, o de gente que se presta y a los que les prometen que, a cambio de este ardid, les van a dar uno o dos asientos en la Asamblea Nacional.

Ortega seguramente se va alzar con el 80 o el 90 por ciento de los asientos de la Asamblea, y el resto los va a repartir entre sus aliados. Esto es una canonjía personal: el salario de un diputado, más determinada cantidad de combustible, un vehículo libre de impuestos... Los diputados reciben también una cantidad de dinero para repartir a sus partidarios… Entonces, para muchos es un bonito negocio ser diputado. En Nicaragua, la gente llama a estas personas "zancudos", los mosquitos que chupan la sangre del presupuesto.

¿Cree usted entonces que se va a perpetuar el régimen después de las elecciones presidenciales de noviembre?

Creo que la ambición es quedarse solos en el poder, pero lo malo de estas ambiciones es que siempre demandan más acumulación de poder, porque el que actualmente tienen no les presta las seguridades que ellos buscan. El poder absoluto siempre es inseguro y eso lo lleva a su propio desastre.

Usted ha recibido el apoyo de muchos intelectuales. ¿Piensa que ese respaldo puede servirle como un escudo protector?

Bueno, no veo ninguna posibilidad de que Ortega vaya a ser doblegado pese al respaldo internacional, por muy abrumador que sea. Lo que siento es que, a través de la exposición de mi caso por parte de tanta gente, se pueda abrir la puerta de saber con mayor profundidad lo que está pasando en Nicaragua y la naturaleza que tiene la represión. Porque al fin y al cabo, el caso de Nicaragua no termina en Sergio Ramírez.

Es apenas un hueco para asomarse a las iniquidades que se cometen a diario con 140 presos políticos, centenares de miles de exiliados en Costa Rica, en los Estados Unidos o en México; gente que tiene que abandonar todo por miedo a ser prisionera. Estamos frente a una tiranía que no tiene límites, que no se pone límites, de manera que el hecho de que mi caso sirva para que la gente tome conciencia de lo que está pasando, eso me parece muy valioso.

Su nueva novela indaga en los abusos de poder en Nicaragua y en los acontecimientos de protestas y represión acaecidos en 2018. ¿Es un reflejo de la realidad del país?

Sí, yo creo que de alguna manera la literatura hispanoamericana está reflejando la realidad contemporánea y la realidad también del pasado, en la medida en que los ojos del novelista parecen ser capaces de entrar en el flujo de acontecimientos. Este es el sentido que para mí tiene abril de 2018. La novela tiene una dinámica también contemporánea, y la misma saga del inspector [Dolores] Morales lo va acercando al tiempo presente. Y al regresar a Nicaragua del exilio, en la frontera con Honduras, donde había quedado al final de Ya nadie llora por mí, pues es inevitable que se encontrara en el año 2018 con lo que estaba pasando en las calles.

¿El inspector Dolores Morales, que ya aparece en dos novelas anteriores, 'El cielo llora por mí' y 'Ya nadie llora por mí', es de alguna manera un 'alter ego' de Sergio Ramírez?

Pues de muchas maneras. Los dos entramos en el año 79 en acontecimientos que buscaban cambiar el país, solo que él era más joven, era un adolescente que había empuñado el fusil, había perdido una pierna, ahora usa una prótesis, pero él se ha venido haciendo mayor con el tiempo, a través de sus distintas experiencias de vida. Desde que termina el régimen sandinista en el 90, él tiene que enfrentarse desde su posición de investigador a todos los cambios políticos, primero desde la policía frente al narcotráfico, después al regreso de Ortega en 2006, a hechos de corrupción, ya marcados por la presencia de nuevos ricos creados por la misma revolución. Y esto de que la revolución cree nuevos ricos parece ser un destino inalienable de las revoluciones mismas.

¿Cree que la ficción es una herramienta más idónea que el ensayo para reflejar la realidad de América Latina?

Siempre ha sido la ficción un arma más poderosa. Primero, porque la gente lee más novelas que ensayos. En la trama de una novela, los hechos que tienen que ver con la historia resultan mucho más atractivos. Yo creo que, si buscamos un libro de historia que refleje el caudillismo del siglo XIX, por ejemplo, no sería fácil encontrarlo, pero sí en una novela como la de Sarmiento (Facundo). Ahí está esa figura del caudillo, pero es una novela. O si queremos saber lo que pasa con un revolucionario en México que se vuelve un banquero corrompido, poderoso, pues La Muerte de Artemio Cruz [de Carlos Fuentes] es lo mejor. Si buscamos encontrar la guerra de Canudos en Brasil, está La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa. Yo creo que la historia siempre está contada de forma muy atractiva por las novelas.

El régimen de Ortega muestra desde hace años, por influencia de Rosario Murillo, esposa del mandatario y vicepresidenta, una dimensión esotérica que parece salida de una ficción.

Yo creo que el ejemplo de un régimen como el de Ortega lo encontramos mucho en las novelas, de estas figuras que asumen el poder absoluto y se vuelven extravagantes. En El Salvador, en los años 30, el presidente Maximiliano Hernández Martínez practicaba él mismo la brujería, él se creía dueño de poderes extraordinarios, desde descubrir agua con un palo hasta controlar las pestes por medio de papeles de colores que mandaba pegar en el alumbrado público. Y tenía en la radio un programa diario sobre asuntos esotéricos, sobre la comunicación en el más allá con los espíritus. Y era el presidente de la República.

Algunos sectores de la izquierda todavía ven con cierto romanticismo la figura de Ortega por lo que significó en la revolución sandinista, y alegan que aún conserva una mirada social.

Esto me parece una especie de cinismo envejecido. En Nicaragua no hay programas sociales que Ortega esté desarrollando. Y aunque los hubiera, ningún programa social justifica el atropello a los derechos humanos. Me parece realmente una atrocidad que alguien pueda llamarse de izquierda y justifique violaciones a los derechos humanos, asesinatos de jóvenes por la espalda, cárcel, exilio, en nombre de una idea.

Eso ni siquiera es ya romanticismo. Yo lo veo como un oportunismo cínico muy trasnochado. Son gente que se quedó mirando al pasado, o sabe lo que [Ortega] está haciendo y tiene el cinismo suficiente para respaldar regímenes dictatoriales que no se diferencian en nada de los regímenes de derecha. No veo yo cuál es la diferencia entre la dictadura de Franco y la dictadura de Ortega. Cuando alguien usa los mecanismos de poder y se apodera de todas las instituciones, y tiene un control absoluto del Estado, y quiere tenerlo también de la sociedad, yo creo que no hay discusión ninguna. ¿Cuál es la diferencia entonces entre derecha e izquierda?

¿Cree que son comparables?

Hay brutalidades que no se pueden comparar, pero se pueden medir en intensidad. El hecho de que en tres o cuatro meses en Nicaragua hayan matado en la calle a 420 muchachos, me parece que es una atrocidad suficiente para que alguien que está pensando que en Nicaragua existe una revolución romántica, pudiera darse cuenta, si tiene ojos para ver.

¿Cómo se plantea su futuro en el exilio? ¿Dónde va a vivir y a escribir?

Estos meses me voy a quedar en España, después voy a regresar a Costa Rica y tengo que ir a México. No me he sentado a meditar sobre este tema aún. Estoy en el proceso de asimilar todo lo que ha pasado. Para un escritor, el exilio no es más que una manera de cómo cambiar de lugar su ordenador. Comprarse una mesa firme sobre la cual asentar un ordenador. El acto de escribir es un acto solitario, y uno puede escribir en el lugar donde se asiente. El exilio tiene que ver con otra cosa. El exilio tiene que ver con la imposibilidad del retorno al país donde uno nació, donde uno tiene sus afectos, pero si uno es escritor, cargará con su escritura allá donde vaya.

madrid

17/09/2021 21:51 Actualizado: 17/09/2021 22:04

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Nicaragua: Ortega encabeza lista de candidatos presidenciales mientras sus opositores están en la cárcel

Managua. El Consejo Supremo Electoral (CSE) de Nicaragua presentó ayer la lista definitiva de candidatos a las elecciones presidenciales previstas para el 7 de noviembre, marcadas hasta ahora por la detención de varios de los principales líderes de la oposición, y en las que el presidente, Daniel Ortega, intentará sumar un nuevo periodo, junto a su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta.

La lista está formada por seis fórmulas presidenciales, entre las que no está la que se perfilaba como principal fuerza para desbancar a Ortega del poder, Ciudadanos por la Libertad, después de que la formación fue suspendida hace un mes a petición del también opositor Partido Liberal Constitucionalista (PLC) "por violar constantemente la ley electoral".

Las candidaturas deben estar formadas por un hombre y una mujer, como marca la ley. Por el lado oficialista, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) vuelve a contar con Ortega, que aspira a su cuarto mandato, y con Murillo, que sería su segundo en caso de que obtuvieran el triunfo.

El resto de los aspirantes son Walter Espinoza y Mayra Argüello por el PLC, Guillermo Osorno y Violeta Martínez por el Partido Camino Cristiano Nicaragüense (CCN), Marcelo Montiel y Jennyfer Espinoza por la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), Gerson Gutiérrez y Claudia Romero por la Alianza por la República (APRE) y Mauricio Orúe y Zobeyda Rodríguez por el Partido Liberal Independiente (PLI).

La otra formación que se presenta es el regionalista Yapti Tasba Masraka Nanih Asla Takanka (Yatama), que debido a su carácter local sólo presentará candidatos a diputados por las regiones autónomas de la Costa Caribe Norte y Sur, informa La Gaceta, diario oficial del Estado nicaragüense.

Estados Unidos y la Unión Europea han cuestionado la legitimidad de estas elecciones presidenciales y han denunciado la deriva autoritaria del gobierno de Ortega por su persecución a líderes opositores, periodistas y colectivos de la sociedad civil críticos de sus políticas.

Hace unos días, la justicia de Nicaragua envió a juicio a 11 opositores por presuntos delitos de conspiración y decidió mantenerles en prisión. Entre ellos estaban algunos que se presentarían a las elecciones, como Félix Madariaga, Juan Sebastián Chamorro, el ex viceministro de Exteriores José Bernard Pallais y los antiguos guerrilleros sandinistas Hugo Torres y Dora María Téllez.

Unos 4.7 millones de nicaragüenses están convocados a votar el 7 de noviembre, cuando además de la fórmula presidencial están en juego los 92 escaños de la Asamblea Nacional y otros 20 del Parlamento Centroamericano.

Por otra parte, el gobierno de Estados Unidos informó que sus ciudadanos han sido objeto de "acoso y agresión" por "personas enmascaradas" en Nicaragua y recomendó a los estadunidenses no viajar a la nación centroamericana.

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Bukele saluda el 6 de junio después de una conferencia de prensa en San Salvador.JOSE CABEZAS / Reuters

A través de un fallo judicial de un órgano nombrado por él, el presidente de El Salvador apunta a reelegirse en 2024 y reaviva los temores de sus críticos

 

Unos meses después que el presidente Nayib Bukele comprometió la independencia de la justicia en El Salvador a golpe de giros autoritarios, la Sala de lo Constitucional que él instaló autorizó la noche de este viernes su reelección presidencial inmediata, cruzando una línea que los críticos del proyecto de Nuevas Ideas —el partido del mandatario— habían advertido con preocupación. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) salvadoreño anunció este sábado que acatará la orden de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de que se permita la inscripción para competir por una reelección presidencial con la única condición de que el presidente en funciones renuncie seis meses antes del mandato.

Así, Bukele apunta a reelegirse en 2024 usando un fallo judicial para consolidar su proyecto político, como hizo Daniel Ortega en Nicaragua en 2011. La diferencia es que el mandatario sandinista alegó que la prohibición constitucional de la reelección “violaba sus derechos humanos” y la justicia de Bukele invocó al pueblo para “que decidan sin presiones o coacciones indebidas”.

Hasta ahora, y según la Constitución del país, los presidentes de El Salvador, que tienen un mandato de cinco años, no podían renovarlo para un periodo inmediato. Sin embargo, la Sala de lo Constitucional instalada en mayo pasado por Bukele arrolló el artículo 152 de la Carta Magna que señala que no puede ser candidato a presidente “el que haya desempeñado la Presidencia de la República por más de seis meses, consecutivos o no, durante el periodo inmediato anterior, o dentro de los últimos seis meses anteriores del periodo presidencial”.

Aunque la reelección presidencial era algo que se barajaba en El Salvador, tomando en cuenta los zarpazos de Bukele a la justicia destituyendo a través de la Asamblea Nacional a magistrados y recientemente a un tercio de los jueces y fiscales, lo sorpresivo es la celeridad con que el mandatario afianza su proyecto político tildado como autoritario por sus detractores.

“La Sala de lo Constitucional de El Salvador —que Bukele cooptó en mayo de este año—acaba de permitir que Bukele se presente a una reelección. El mismo libreto que usaron Daniel Ortega y Juan Orlando Hernández, el presidente de Honduras. La democracia en El Salvador está al borde del abismo”, expresó José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch.

04 sept 2021 - 19:36 CEST

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París fue el centro de las protestas contra el pasaporte sanitario.. Imagen: EFE

Más de 230 mil personas salieron a las calles

Desde el lunes en adelante será necesario presentar un certificado de vacunación, un test PCR negativo o un certificado de recuperación de la enfermedad para poder acceder a los cafés y restaurantes, salas de espectáculo y ferias profesionales.

 

Más de 230 mil personas salieron a las calles en diferentes ciudades de Francia para protestar en contra de las medidas sanitarias para controlar la propagación de covid-19, como la vacunación obligatoria para el personal sanitario y el pase sanitario (certificado de vacunación o test negativo de coronavirus) para ingresar a cafés, restaurantes, y viajes de larga de distancia en bus, tren o avión.

Las marchas fueron convocadas en más de 150 ciudades de Francia y en total participaron cerca de 237 mil personas. La cifra total supera a las 204 mil personas que salieron a las calles la semana pasada.  En París se movilizaron unos 17 mil manifestantes, según informó el ministerio de Interior. En el departamento de Provenza-Alpes-Costa Azul, en la costa Mediterránea, al menos 37.000 personas se manifestaron en ciudades como Toulon, Niza o Marsella. La mayoría de marchas fueron pacíficas pero en Lyon hubo siete detenidos por lanzar proyectiles. El ministerio de Interior informó de 35 detenidos y siete agentes con heridas leves.

"Macron, no quiero tu pase (sanitario)" y "Macron, no queremos ni verte" fueron algunas de las consignas en el centro de París, en una protesta que contó con "chalecos amarillos" entre los participantes. "El problema con el pase sanitario es que nos lo están imponiendo", lamentaba Alexandre Fourez, un empleado de marketing de 34 años.

Las marchas  vuelven dos días después de la entrada en vigor de gran parte de las medidas. Este jueves el Tribunal Constitucional respaldó la extensión del pase sanitario a más espacios públicos y la obligación de que se vacune el personal sanitario.

A partir del próximo lunes, será necesario presentar un certificado de vacunación, un test PCR negativo o un certificado de recuperación de la enfermedad para poder acceder a los cafés y restaurantes, salas de espectáculo y ferias profesionales. Los empleados de escuelas y universidades, así como los estudiantes universitarios, también deberán tener este certificado que, a partir del 1 de septiembre, será necesario para vuelos domésticos y trenes de larga distancia.

Las medidas impulsadas por Macron buscan apurar la campaña de vacunación que hasta el momento alcanzó a 44 millones de franceses con al menos una dosis (cerca del 66 por ciento de la población) y como una forma de presionar a las personas renuentes a inmunizarse contra la covid-19. Según las autoridades sanitarias el país ya registra más de 120 mil muertes desde el inicio de la pandemia. En las últimas 24 horas hubo 32 muertes y más de 25 mil contagios. Según el sitio web Covid Tracker, actualmente Francia registra una media de 146 ingresos diarios a las Unidades de Cuidades Intensivos.

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Nicaragua: detuvieron a Berenice Quezada, candidata a vicepresidenta de la oposición

Fue inhabilitada para competir en los comicios del próximo siete de noviembre

El Ministerio Público presentó cargos contra la exMiss Nicaragua "por realizar actos que fomentan e incitan al odio y la violencia". La CIDH repudió la retención de Quezada y urgió "al Estado a liberar de inmediato a las personas detenidas arbitrariamente".

 

La opositora Alianza Ciudadanos por la Libertad (CxL) denunció que su candidata a la vicepresidencia de Nicaragua, Berenice Quezada, fue retenida ilegalmente en su domicilio por la policía. El Ministerio Público informó este miércoles que la exMiss Nicaragua de 27 años fue inhabilitada para competir en los comicios del próximo siete de noviembre acusada de "incitar al odio y la violencia" en medio de una ola de arrestos de opositores por parte del gobierno de Daniel Ortega, quien aspira a la reelección.

En la noche del martes Quezada "fue notificada por las autoridades judiciales y el Ministerio Público que quedaba a partir de ese momento en retención domiciliaria sin acceso a comunicación telefónica y con restricción migratoria", protestó la derechista CxL en su cuenta de Twitter. La agrupación dijo que su candidata también fue informada que estaba "inhibida de postularse a cargos públicos de elección popular" y que debería permanecer en su casa, en la capital Managua, con custodia policial.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) repudió la retención de Quezada y exigió "al Estado de Nicaragua liberar de inmediato a las personas detenidas arbitrariamente y reestablecer las garantías para el pleno goce de los derechos civiles y políticos de las y los nicaragüenses".

En cambio, el Ministerio Público de Nicaragua dijo en un comunicado: "Se presentó acusación en contra de Berenice Xuyamy Quezada Herrera por realizar actos que fomentan e incitan al odio y la violencia, acciones que encuadran en el tipo penal de provocación, proposición y conspiración para cometer actos terroristas". 

El lunes Quezada había exigido la liberación de los "presos políticos" llamando al pueblo a votar "como lo ha hecho en las calles" en las protestas antigubernamentales de 2018, cuya represión dejó al menos 328 muertos y dos mil heridos según organizaciones de derechos humanos. "Tenemos que demostrar en las elecciones del siete de noviembre que Nicaragua no los quiere en el país", dijo la joven modelo en alusión al gobierno que preside Ortega desde 2007.

Quezada fue inscripta ese mismo día ante el tribunal electoral como compañera de fórmula del candidato a la presidencia Oscar Sobalvarro, un exguerrillero de la extinta contrarrevolución que Estados Unidos financió en los años 80 contra la revolución sandinista del actual presidente Ortega. Otros 31 opositores, incluyendo siete aspirantes presidenciales, están presos desde junio bajo cargos de "traición a la patria".

04/08/2021

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Fuentes: Rebelión [Foto: Darío Augusto Cardona / El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno ha dedicado su vida a acompañar y a dignificar a las víctimas de la violencia estatal y paraestatal en Colombia, como la Comunidad de Paz de San José de Apartadó]

Entrevista a Javier Giraldo, Vicepresidente del Tribunal Permanente de los Pueblos

 “Los movimientos contestatarios, de rebeldía, son calificados ordinariamente por el Estado como otro negativo, un otro demoníaco, que hay que exterminar. Ahí está la motivación para responder con una violencia que busca el exterminio de esa otredad”

El Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) ha condenado al Estado colombiano por su acción u omisión en el genocidio continuado y los crímenes de guerra y de lesa humanidad contra población civil por razones políticas. Mundo Obrero entrevista a su Vicepresidente, Javier Giraldo, quien nos hace un hueco en medio de las reuniones con la Misión de Observación Internacional por las Garantías de la Protesta Social y Contra la Impunidad en Colombia, que ha verificado sobre el terreno este mes de julio las violaciones de derechos humanos contra quienes ejercen su derecho a la protesta.

El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno es un referente de la defensa de los derechos humanos en Colombia. Su hablar sereno se combina con una precisión y una firmeza en la denuncia que le ha valido poderosos enemigos en su trayectoria de defensa de las víctimas de crímenes de lesa humanidad. En él han tenido un acérrimo defensor las comunidades campesinas y líderes sociales de las regiones más castigadas por el terror estatal y paraestatal. Autor de varios libros en los que documenta la impunidad en el exterminio de estas comunidades victimizadas en las zonas rurales de Colombia, Javier Giraldo trabaja desde 1972 con el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP/PPP), y es fundador de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Ha recibido el Premio Internacional, Asociación de Derechos Humanos de España, el Premio John Humphrey a la Libertad y el Premio Juan María Bandrés a la Defensa del Derecho de Asilo otorgado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Fue miembro de la Comisión Histórica sobre el origen del Conflicto y sus Víctimas (CHCV), en la Mesa de Conversaciones de Paz de La Habana entre el gobierno colombiano y las FARC-EP. 

GUADALUPE BARAHONA: Es la tercera sesión en la que el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) se ocupa de Colombia: en 1991 juzgó la impunidad en los crímenes de lesa humanidad, y en 2008 juzgó el accionar de las empresas transnacionales en relación con la violación de derechos humanos. ¿Qué aporta el TPP, teniendo en cuenta que es un tribunal simbólico?

JAVIER GIRALDO: En primer lugar, el TPP es un tribunal de opinión. Se apoya en la sentencia del tribunal Russell que surgió con la guerra de Vietnam. El senador italiano Lello Basso fue relator del segundo Tribunal Russell sobre las dictaduras de América Latina y fue a la vez el fundador del Tribunal Permanente de los Pueblos en 1979, para continuar esa misma experiencia. Él enfatizó la convicción de que un tribunal no es necesariamente la emanación de un poder estatal o interestatal, sino que precisamente las razones de Estado son una limitación a una sentencia judicial que tenga una profunda dimensión ética y, por lo tanto, mayor independencia. El tribunal ya lleva 48 sentencias, y en todas ellas hay una sabiduría muy profunda y un análisis de lo que han padecido los pueblos que han sido más oprimidos en la historia de la humanidad. El esfuerzo que hace el tribunal es precisamente confrontar los hechos con los ideales jurídicos que la humanidad ha expresado en el Derecho Internacional, y que muchas veces se quedan en el papel. Se les entrega a las víctimas colectivas un arma ética y política de mucha trascendencia en estas sentencias.

GB: ¿Qué es lo más trascendente de este fallo histórico del TPP sobre Colombia?

JG: La sentencia que se acaba de emitir sobre el genocidio en Colombia es ejemplar. Abarca la dimensión de un libro, y profundiza en dos siglos de la existencia y del sufrimiento del pueblo colombiano. Esto se ha motivado precisamente en que después de varias sesiones del TPP, los gobiernos nunca aceptaban poner en práctica las recomendaciones del tribunal, y los mismos movimientos sociales de Colombia empezaron a hacer una evaluación de fondo y vieron que las grandes masacres y las manifestaciones de opresión respondían a un mismo libreto, que tenía elementos que fueron constantes en todas las formas de represión estatal durante este último siglo y mucho más atrás. De ahí surgió la idea de pedirle al Tribunal Permanente de los Pueblos que hiciera una lectura de las estructuras genocidas del Estado colombiano, casi desde su fundación. Esa lectura la pudo hacer de manera muy ilustrada esta sesión del tribunal porque la causa fue promovida por los movimientos sociales y políticos, a través de sobrevivientes o de historiadores que los han estudiado. Se hizo un trabajo histórico magistral, de mostrar cómo durante este último siglo la mayoría de los movimientos sociales y políticos fueron exterminados. Esto quedó palpablemente demostrado en las audiencias que organizó el tribunal en el mes de marzo, resumidas en la sentencia. Allí se muestra esa larga trayectoria de exterminio violento y cruel de los movimientos que no comparten la ideología de la élite gobernante. En la sentencia se hizo un recuento histórico de las formas de represión y brutalidad del Estado, y se profundizó en el sentido y la tipificación del genocidio en el derecho internacional. Esos fueron tres elementos muy fundamentales en la sentencia.

GB: El fallo del tribunal habla de genocidio continuado. ¿Es novedoso que se hable de genocidio dentro del mismo país y del mismo grupo?

JG: Es la primera vez que se habla de genocidio continuado. Pero la misma caracterización o tipificación del genocidio en el derecho internacional está aludiendo a la destrucción total o parcial de un grupo humano con una identidad común. El hecho mismo de que se haya profundizado en la trayectoria histórica del genocidio en Colombia hace que el término de genocidio continuado sea justificado.

GB: ¿Cuáles son las causas profundas de estas prácticas sostenidas de exterminio, de desplazamiento, de desaparición forzada, que van más allá de gobiernos, de distinto signo político?

JG: El genocidio es estructural, el término también aparece en la sentencia. La conclusión a la cual se llega después de todos estos análisis es precisamente que esto no corresponde a gobiernos particulares, limitados, sino que en la misma estructura del Estado colombiano se ha ido arraigando una práctica que es estructural.

GB: Desde el 28 de abril de este año asistimos a un estallido social y una brutal represión. ¿Qué elementos de continuidad hay con respecto a las prácticas que identifica el tribunal?

JG: Las audiencias tuvieron lugar en el mes de marzo, y el tribunal pidió un plazo de dos meses para elaborar la sentencia, porque la denuncia abarcaba un período muy extenso. Mientras se elaboraba la sentencia se empezó a dar la movilización del Paro Nacional y la respuesta brutal del Estado. La sentencia alcanza a mencionar eso, porque esa respuesta del Estado se acopla perfectamente a la denuncia de lo que es el genocidio. Es tratar de exterminar, de eliminar a los que tienen una identidad alternativa, lo que llamamos una otredad negativa. Los movimientos contestatarios, de rebeldía, son calificados ordinariamente por el Estado como otro negativo, un otro demoníaco, que hay que exterminar. Ahí está la motivación para responder con una violencia que busca el exterminio de esa otredad. Esa es la característica central del genocidio y se aplica perfectamente en la respuesta a esta movilización de los últimos meses.

GB: ¿Qué peso ha tenido el incumplimiento de los acuerdos de paz de 2016, por ejemplo en lo sucedido en Cali, que casi se ha convertido en la capital de la resistencia durante gran parte del Paro Nacional?

JG: El incumplimiento de los acuerdos de paz es un elemento motivacional de la protesta a nivel nacional, cubre todo el país. Pero la situación de Cali, que es el epicentro de esta protesta, tiene características particulares también. Cali es una de las ciudades donde el neoliberalismo se ha desarrollado más intensamente, donde las multinacionales han tenido un desarrollo muy intenso, con una presencia étnica, sobre todo afrocolombiana, de un alto porcentaje de la población; donde también la población indígena está muy cerca. Y donde ese desprecio por lo étnico en los sectores medios y altos de la sociedad, así como la diferencia de clases se siente más fuertemente. La miseria, las sinsalidas de los sectores más empobrecidos se sienten más fuerte, sobre todo para los jóvenes, que han sido protagonistas de esta movilización. Ellos se definen a sí mismos como “los jóvenes sin futuro”: no han podido tener una educación, un trabajo, un acceso a servicios fundamentales, a alimentación. Ellos mismos dicen que si no estuvieran en las barricadas, no tendrían qué comer. Están gozando de la solidaridad de otros sectores de la sociedad que han alimentado las ollas comunitarias. Esas son características no son ajenas a otras regiones, pero en Cali se concentran.

GB: Hemos visto a al pueblo indígena misak derribando estatuas de colonizadores, a los jóvenes portando en sus pancartas la reivindicación de los falsos positivos… ¿Cuál es la importancia de la memoria y de lo simbólico en todo esto que está sucediendo?

Por una parte, los indígenas y los afrodescendientes, que desde que se conmemoró los 500 años del “encuentro” con los europeos, han venido desarrollando una conciencia progresiva, han ido recuperando en cierta medida su autonomía, y, por lo tanto, una posición crítica frente a la historia. Eso ha desembocado en esa destrucción de estatuas de conquistadores, de opresores de todos estos siglos. Pero también todas estas movilizaciones han ido acompañadas de expresiones culturales, musicales, poéticas, simbólicas, de grafitis y de expresiones muy originales, donde se expresa el rechazo a las instituciones, que es un denominador común en todo este movimiento, que afirma: “ya no creemos en las instituciones porque están completamente corrompidas, hay que cambiarlas”. Eso se ha expresado en las canciones, en las consignas, en las poesías y en los símbolos gráficos que acompañan estas movilizaciones. El aspecto cultural ha sido muy importante. Y esta toma de conciencia histórica viene de atrás, pero se ha intensificado mucho.

¿Considera usted que estamos asistiendo al final del uribismo, de veinte años de embrujo autoritario bajo la sombra de lo que supone Álvaro Uribe Vélez en Colombia?

Lo político tiene a veces desarrollos imprevisibles, pero es un hecho que las encuestas que se han hecho desde hace unos meses muestran un descenso enorme de la popularidad, tanto de Uribe como de Duque. La popularidad del gobierno está por el suelo, en un 20%. Yo creo que eso se va a expresar en las próximas elecciones de mayo de 2022.

¿Una salida electoral es suficiente o abre el camino de solucionar las causas profundas de la violencia estructural del Estado colombiano?

Precisamente ese es un punto central. En este mes va a haber después del 20 de julio una asamblea popular en Cali, con participación de todas las regiones del país. Y uno de los puntos de discusión es precisamente si el camino electoral es viable para los cambios que se están exigiendo. Yo he sostenido que las dos vías que la legalidad actual nos da para un cambio de estructuras que necesita Colombia, que son el aparato electoral y el parlamento, son vías que están completamente putrefactas. No las deberíamos utilizar en este momento, porque allí se concentra la corrupción: tanto en el sistema electoral como en el sistema parlamentario. En las asambleas que se están multiplicando se está debatiendo eso, y vamos a ver qué logra construir la imaginación para una abrir una vía alternativa.

Por Guadalupe Barahona | 02/08/2021

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Trabajadores presos: ¿La otra cara de las políticas económicas en Venezuela?

30-07-21.-Más de 100 trabajadores venezolanos están presos o judicializados. Estos son los casos que, hace una semana y en el Palacio de Justicia de Caracas, denunciaron militantes de izquierda, dirigentes gremiales y familiares de los encarcelados. Son 152, puntualizó Eduardo Sánchez, presidente del Sindicato de Trabajadores de la UCV; 36 de ellos ya están en cárceles y uno solo tiene sentencia: Rodney Álvarez.


Más de 20 son del sector petrolero, explicó el dirigente sindical José Bodas, secretario general de la federación unitaria de trabajadores petroleros de Venezuela. Todos, sentenció, “son presos políticos, presos de este gobierno porque este gobierno quiere aterrorizar a la clase trabajadora para seguir aplicando este paquetazo de hambre”.

El ejecutivo de Nicolás Maduro ha planteado un programa económico sobre el cual pocos detalles se conocen, y una ley antibloqueo que garantiza el secreto de las transacciones, lo que podría dar pie a privatizaciones “a la rusa”, como lo han denunciado organizaciones gremiales.

Las detenciones de trabajadores ocurren “cuando, en el uso pleno de su ejercicio sindical, van a exigir la defensa de los derechos contractuales” y este hecho se convierte en una forma de amedrentar a otros, apuntó Sánchez.

“¿Por qué se criminaliza a la clase trabajadora? Porque el gobierno tiene un paquetazo antiobrero y antipopular que es el plan económico que ellos llaman de recuperación, crecimiento y prosperidad económica”, que “no es más que un paquetazo antiobrero y antipopular”, acusó Bodas.

“Estos presos no entran en la agenda ni del gobierno, que es su verdugo; y tampoco entran en la agenda de la oposición de derecha que se sienta con el gobierno”, aseguraron los manifestantes ese jueves 22 de julio. “Solo podemos confiar en nuestra propia fuerza”, resaltaron, e insistieron en “la unidad para la lucha con una perspectiva independiente, tanto del gobierno, que es nuestro verdugo, como de la oposición de derecha aliada al imperialismo”.

Los familiares de los presos se fueron agrupando, convencidos de que eran excepciones. “Nuestra mayor sorpresa fue cuando nos dimos cuenta de que hay más de una centena de trabajadores presos por un presidente que dice llamarse obrero”, aseveraron.

Pero no son solo los presos. Han ocurrido, también, despidos y jubilaciones: “Más de 50 trabajadores y activistas están luchando” solo en el sector petrolero, señaló Bodas.

No dudaron en calificar al gobierno de “antiobrero, fascista y, de paso, neoliberal”, y aseguraron que los dirigentes oficialistas “soltaron el morral de Chávez y agarraron el maletín de Fedecámaras”.

Luis Zapata, de la Alternativa Popular Revolucionaria, afirmó que “sigue la criminalización y la judicialización de la clase obrera venezolana” y llamó a los trabajadores a organizarse. “Va a seguir la represión. El gobierno lleva un camino con un proyecto neoliberal que va a ser reprimir, precarizar todas las condiciones de vida para la clase trabajadora”.

Este jueves 29 de julio se difundieron las nuevas tablas salariales del sector universitario, acordadas entre la administración de Maduro y la federación de trabajadores universitarios. Organizaciones como la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela (Fapuv) consideran que los firmantes de este convenio son organizaciones “de maletín”, supuestamente vinculadas con el oficialismo y no representativas de la voluntad mayoritaria del sector.

Los dirigentes sindicales aseguran que el gobierno de Maduro no quiere discutir contratos colectivos de verdad y prefiere mantener “a los trabajadores venezolanos con un salario de hambre de tres dólares”, mientras encarcela a quienes protesten “porque quieren que los trabajadores tengamos miedo”, como lo expuso Bodas.

“Con la movilización y la lucha los vamos a sacar de la cárcel”, prometió Bodas, trabajador de la industria petrolera por más de 30 años. La persecución “no va a parar a la clase trabajadora”, reitera Sánchez.

Por Vanessa Davies-Contrapunto | Viernes, 30/07/2021

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Hacia un mundo feliz con el capitalismo digital

En una de las más famosas distopías de las muchas que la ciencia ficción ha imaginado, en "Un mundo feliz", Aldous Huxley describe una sociedad en la que los seres humanos están determinados desde que nacen a ser Alfas, Betas, Gamma…. Una jerarquía que da a cada grupo de personas una función laboral y un lugar en la escala social. Nada nuevo, lo radical de la novela es que en ese futuro que imagina (el 632 después de Ford) cada casta humana está feliz con su condición, se les determina a estar felices con la categoría humana que se le asigna al nacer. De esta forma el sistema funciona de manera armónica y, sobre todo, no se quejan.

Hoy que tanto se habla de capitalismo digital me pregunto si esa función de condicionante y somnífero social no lo están haciendo los algoritmos, el big data y Amazon. ¿Exagero? Pues si yo exagero qué no harán los organizadores del Foro Económico de Davos (el think tank del capitalismo por excelencia) al diseñar este eslogan para su encuentro de este año: "En 2030 no tendrás nada, pero serás feliz". Si pretendían ser optimistas, conmigo fallaron. Me eché a temblar.

Sabemos que toda revolución tecnológica produce cambios en el modelo productivo y, por tanto, en el trabajo y en la estructura social, pero lo que estamos viviendo sobrepasa los que conocemos por su dimensión y por su rapidez. El COVID ha catapultado esa revolución digital y, como en revoluciones tecnológicas anteriores, el coste cae sobre los hombros de los de siempre. No me crean a mí, sino a los datos de la OCDE, esa organización que no sirve para nada más que para dar buenas estadísticas:

En los próximos años las tecnologías como el 5G, la robótica avanzada y la inteligencia artificial van a transformar el mercado de trabajo en occidente. En la próxima década desaparecerá el 14% de los empleos tal como los conocemos ahora y cambiará el contenido del 35% de los empleos restantes. Es decir, casi el 50% de los empleos que conocemos actualmente serán totalmente distintos a causa de la tecnología. La mala noticia es que incluso los apologetas de la digitalización reconocen que esta transición puede ser larga y dolorosa.

Tendemos clasistamente a pensar que afectará solo a los trabajos menos cualificados, pero no es verdad. Volvamos a los datos de la OCDE: "La revolución digital está afectando especialmente a los trabajadores de cuello blanco: contables, abogados, administrativos…" Y anuncia que la clase media, vinculada a estos trabajos, a empezado a contraerse en occidente, es decir, hay menos movilidad social, o como lo explican ellos: "un milenial tiene un 20% menos de posibilidades de pertenecer a la clase media que los nacidos tras las II Guerra Mundial".

Trabajos más precarios y no solo para los sectores menos cualificados, eso significa el capitalismo digital. Menos derechos, una "vida low cost". Copio el término del estudio editado por CCOO en el que el profesor Jaime Aja, uno de los mejores sociólogos del trabajo de nuestro país, describe así la precariedad en la que vive la mayoría de juventud española: "una situación de inestabilidad e inseguridad laboral que provoca una dificultad creciente para desarrollar un proyecto de vida autónomo".

Que el capital quiera imponer esta transformación no significa que lo consiga, al menos no como quisieran. La rebeldía está ahí, los conflictos laborales y sociales también o las oportunidades para exigir menos horas de trabajo o la semana laboral de 4 días. Lo que me asusta no es eso, sino que nos vendan esa vida low cost como un mundo deseable.

Trabajas por un bajo salario en uno o varios empleos temporales y vives en un piso pequeño o una habitación compartida que se lleva la mitad de tu sueldo, pero vas a casa en patinete eléctrico, puedes ver una serie de Netflix, comprar muebles baratos muy estilosos en Ikea y camisetas a 7 euros en el Primark, descargarte videojuegos entretenidísimos mientras subes fotos de una vida irreal a Instagram o debates muy sesudamente en Twitter sobre la realidad del mundo. ¿Por qué no ibas a ser feliz, aunque no tengas nada?

El epitome de este absurdo lo encuentro en el vuelo privado de Jeff Bezos a la estratosfera. El hombre al que la pandemia ha convertido en el más rico de la historia moderna satisfacía así su delirio narcisista y de paso, avanzó en la privatización de los vuelos espaciales, es decir, de la conquista de otros mundos. Insisto en que el que ellos lo pretendan no significa que pase, pero la forma acrítica con la que los medios trataron semejante dislate ególatra en medio de una pandemia mortal, me pilló por sorpresa.

Entiendo y comparto la seducción de la tecnología, a mi también me encantan los avances tecnológicos, pero esta atracción por la novedad no debe cegarnos. El capitalismo digital no va de tecnología, va de nuevas formas de explotación. Sirva este artículo como alerta, entre los muchos y muchas que ya los están haciendo, para que su distopía no avance ni se convierta en realidad.

¿Cómo evitarlo? No tengo la respuesta, aunque sí sé que vendrá de los y las que luchan. Encuentro una pista, quizá, en "Un mundo feliz" y en la deliciosa ironía con la que Aldous Huxley dio nombre a sus personajes. ¿Saben qué nombre le puso al protagonista que rompe ese "mundo feliz", que lo desvela, lo desafía y abre la puerta a la esperanza? Lo llamó Bernard Marx.

Por Marga Ferré

Co-presidenta de Transform Europe

30/07/2021

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El pase sanitario en Francia genera resistencia en medio de la cuarta ola

La variante Delta avanza al mismo tiempo que la oposición a las medidas se torna más dura

Existe una heterogeneidad de manifestantes: los chalecos amarillos, hostiles a todo lo que provenga del Estado, los antimáscaras, los antivacunas, los antipase sanitario y los anticuarentena. El gobierno apuesta a la dinámica ascendente de la vacunación.  

 

Un narrador perverso parece estar escribiendo sobre la piel de la realidad la novela del virus covid-19. Estimuladas por la pandemia, las situaciones son un brasero de contradicciones. Al cabo de cuatro días y cuatro noches de debates a menudo encarnizados, el Parlamento adoptó esta madrugada la extensión del pase sanitario (vacunación completa -las dos dosis-, prueba PCR negativa, o certificado de restablecimiento) necesario para ingresar en los lugares públicos con capacidad para más de 50 personas y que impone, además, la vacunación obligatoria para el personal de los hospitales y el aislamiento de las personas positivas. 

Tensiones por el pase sanitario

El pase debería entrar en vigor a principios de agosto, pero el trabajoso camino que tuvo que atravesar para ser aprobado traduce perfectamente las tensiones que genera tanto en la sociedad como en la clase política. El fin de semana pasado decenas de miles de personas volvieron a manifestar en toda Francia contra el pase sanitario y lo que muchos consideran como la “dictadura perfecta” porque, como lo expresa Anne, una mujer de 40 años empleada de banco, ”con eso del pase y la excusa de que nos van a curar o proteger, lo que va a ocurrir es que terminaremos todos en un fichero, vigilados, retratados, radiografiados y controlados”. Sin embargo, pese a la oposición y a la repetida destrucción de los centros de vacunación, Francia sobrepasó este martes el umbral del 50% de la población con un “esquema de vacuna completo”, es decir, las dos dosis de las vacunas disponibles (Moderna, AstraZeneca o Pfizer) o una de Janssen. Según la Dirección General de la Salud, 40.719.515 personas recibieron una dosis (60,4 % de la población) y 34.026.476 las dos (50,5 % de la población).

Los Jóvenes no vacunados

Aun se está lejos del porcentaje requerido para llegar a la inmunidad colectiva (90%) y el gobierno apuesta a que se mantenga la dinámica ascendente para completar el esquema lo más pronto posible en un momento crucial: con cada semana que transcurre la variante Delta del virus multiplica por dos los contagios. Aunque tiene perfiles distintos a las precedentes, hoy se admite que la “cuarta ola” ya se está desplegando en el país. En las ultimas 24 horas se registraron casi 23.000 nuevos casos contra poco más de 10 mil hace una semana. Esas infecciones recientes afectan, sobre todo, a los jóvenes que no se han vacunado. Todo parece ir en ascenso, de forma contradictoria: en la semana del 19 de julio se vacunaron 4,7 millones de personas en lo que fue, según el Ministerio de Salud, ”la mejor semana desde el principio de la campaña de vacunación en diciembre de 2020”. Sin embargo, la ola del virus crece al mismo tiempo que la oposición a las medidas se torna más dura. 

Movilizados 

La contestación federa a decenas de miles de personas movidas por razones distintas: los chalecos amarillos, hostiles a todo lo que provenga del Estado, los antimáscaras, los antivacunas, los antipase sanitario y los anticonfinamiento, cuyas reivindicaciones suelen ser un extraño cóctel de ideas proteiformes (complotistas, sospechas sobre la existencia de “un ente superior que controla a los gobierno”, certezas extraídas de los libros que difunden la idea de un colapso generalizado (el mundo se acaba). A sus 47 años y con un pasar confortable como agente inmobiliario, Etienne está muy convencido de que “las personas que se han vacunado morirán dentro de dos años. Es la lógica imparable de la humanidad. Los recursos se acaban, no alcanzan para todos. Hay que renovar la humanidad, una guerra a escala global no es posible y el virus y la vacuna han sido la coartada perfecta. Primero mataron a los viejos y ahora a los jóvenes rebeldes que no aceptan la vacunación”. 

Las expresiones que más se escuchan en las manifestaciones son “Libertad”, ”abajo la tiranía”. Dominique, un panadero de París, denuncia ante PáginaI12 “la transferencia de las lógicas de dominación: se recurrió a la lógica sanitaria para frenar el virus y, desde hace un par de semanas, con el anuncio de los rigores del pase sanitario, pasamos a la lógica de la seguridad”. 

Hay grupúsculos dentro de los anti vacunas que pusieron el pie más allá de la retórica y pasaron a la acción violenta: golpean y persiguen a los periodistas o destruyen o incendian los centros de vacunación (más de 15). Al frente de los anti se coló un oportunista oriundo del partido de extrema derecha dirigido por Marine Le Pen. Se trata de Florian Philippot, ex número dos de la ultraderecha y fundador del movimiento Patriotas. Philippot se autodefine como el “impulsor”, el “creador” del movimiento de los antivacunas. Es el quien grita en los megáfonos o los micrófonos “abajo la dictadura sanitaria, viva la libertad”, ”abajo el apartheid" (entre vacunados y no vacunados). Y en esa masa de ideas dispares y causas comunes están los resistentes, los tiernos, los que aceptan “el destino que se les impone, el destino de ser parias de la vacuna, excluidos de la sociedad”. 

Monique recopila con una inaudita paciencia creativa todo lo que va a hacer para que no la obliguen a vacunarse. La mujer de 57 años, con una carrera sólida en un centro comercial y dos hijos, dice: "a mi no me pondrán de rodillas. Ya pedí la jubilación. ¡ No pasarán !. Por las dudas, también compré un aparato para hacer el pan en mi casa, al cine no me hace falta ir porque para eso está Netflix, la comida se la pido a Uber Eats o la encargo por internet al supermercado y nadie me va a prohibir pasear por la calle. Jamás seré una cobaya de esta gente. Elijo con plena lucidez vivir de otra manera para que mi sistema inmunitario permanezca intacto”.

Los anti se han organizado con astucia. Ya existe un anuario de Francia con la lista de comercios, restaurantes, empresas y servicios que no exigen el pase sanitario y todo un dispositivo de ayuda mutua destinado a las personas que no “seguirán al rebaño de los vacunados”. Hay dos luchas instaladas: la del gobierno ante la urgencia de evitar que la extensión del virus vuelva a contaminar a los más frágiles, y la de los antivax, empeñados en que sus cuerpos “sociales y genéticos” (Monique) no sean contaminados por la vacuna.

27/07/2021

Desde París

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Lunes, 26 Julio 2021 05:42

Claroscuros 2

El multimillonario Jeff Bezos fue noticia la semana pasada por su vuelo turístico al espacio, aunque decenas de miles de personas firmaron una petición para que no se le permitiera regresar a la Tierra. En la imagen, con sus acompañantes. Foto Ap

Borrando historia: En Texas la derecha en el poder no sólo está re-escribiendo la historia, la está borrando. Después de promulgar leyes que obligan a los maestros a evitar enseñanza crítica de la esclavitud y el racismo y sólo calificarlos de desviaciones del proyecto noble de esta nación, los legisladores del estado ahora están intentando eliminar menciones de varias figuras históricas y documentos relacionados con las luchas de derechos civiles, incluyendo aspectos de la historia indígena, el trabajo de Cesar Chavez, movimiento chicano, la figura más importante de la lucha por el voto de las mujeres y textos de Martin Luther King, Jr, y Frederick Douglass. A principios de mes, una presentación de un libro en un museo estatal sobre el papel de la esclavitud en la historia de El Alamo fue cancelada súbitamente por líderes republicanos, incluido el subgobernador, en Texas

Diferentes órbitas: el vuelo del segundo astronauta multimillonario, Jeff Bezos, se colocó entre las noticias principales del país la semana pasada. No todos estaban fascinados. Algunos señalaron que los casi 6 mil millones de dólares que ha costado montar el proyecto espacial personal podría haber pagado por 2 mil millones de dosis de vacuna anti-Covid que se necesitan por todo el mundo. Decenas de miles firmaron una petición para que no se le permitiera regresar a la Tierra, y los organizadores que están intentando sindicalizar la empresa de Bezos, Amazon, para mejorar condiciones deplorables no felicitaron a su patrón. Que tal si aplaudimos a los migrantes por arriesgar sus vidas y sacrificar su bienestar para contribuir a nuestro país de la misma manera que aplaudimos a multimillonarios por lanzarse al espacio, opinó el analista y ex secretario de Trabajo Robert Reich.

Revelando la verdad sin saberlo: en el gran debate sobre si las protestas en Cuba fueron de alguna manera promovidas por Washington, el diputado republicano de más alto rango en el Comité de Asuntos Exteriores, Michael McCaul, sin querer tal vez lo comprobó. Celebró que los “cubanos valientes se han despertado… y están protestando la dictadura ondeando el símbolo más grande de la libertad conocido al hombre: la bandera estadunidense”.

Triunfo indígena: después de décadas de lucha contra nombres y símbolos racistas, el equipo de beisbol de las grandes ligas los Indios de Cleveland anunció que cambiará su nombre, que ha llevado desde 1915, y que a partir de 2022 serán los Guardianes, decisión celebrada por diversos líderes indígenas. El año pasado, el equipo de futbol americano profesional los Pieles Rojas hizo lo mismo (aún no anuncian su nuevo nombre, son conocidos por ahora como Equipo de Futbol de Washington). Trump calificó la decisión de desgracia y aseguró que los que están más enojados con esto son los muchos indios de nuestro país, y que todo esto es culpa de “un pequeño grupo de gente… que están forzando estos cambios para destruir nuestra cultura y legado”.

La historia presente: El gobierno de Biden anunció que prohibirá el ingreso a Estados Unidos del ex presidente Porfirio Lobo de Honduras por corrupción y colusión con el narco. Lobo fue electo después del golpe de Estado contra Manuel Zelaya en 2009 apoyado por la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton en el gobierno de Barack Obama. Poco antes de una reunión con Lobo en 2011 en la Casa Blanca, Obama declaró que “por el fuerte compromiso a la democracia y liderazgo por el presidente Lobo, estamos viendo una restauración de prácticas democráticas y un compromiso a la reconciliación…”. ¿Aún están buscando atender los problemas de fondo de la migración desde Centroamérica a Estados Unidos?

Historias de oposición: el pasado 23 de julio fue aniversario de cuando el autor y filósofo Henry David Thoreau fue encarcelado en 1846 por rehusar pagar un impuesto en protesta por la guerra de Estados Unidos contra México. Se dice (aunque no está corroborado) que cuando su amigo, el escritor Ralph Waldo Emerson, fue a visitarlo y le preguntó ¿Henry, qué haces aquí en la carcel?, Thoreau le respondió ¿y tú por qué no estás aquí dentro conmigo?

Queen y David Bowie. Under Pressure. https://www.youtube.com/watch?v=YoDh_gHDvkk

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