Byron Maher Sancho R. Somalo

Los pequeños seres que mantienen la biosfera desaparecen a un ritmo tan poco conocido como frenético. Son la base de multitud de procesos ecosistémicos sin los que la vida desaparecería. El ser humano está detrás de su declive, especialmente con la proliferación de la agricultura industrial intensiva y los productos que esta necesita: los biocidas.

 

Una colmena de Bombus terrestris, el abejorro común, cuesta unos 30 euros en internet. Los humanos los utilizamos para la polinización de cultivos hortofrutícolas en entornos artificiales. Un invernadero de El Ejido, por ejemplo, los necesita. A ellos o a algún tipo de abeja. Se usan sistemáticamente para el cultivo de la mayoría de las hortalizas. Concepción Ornosa, entomóloga de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y especialista en polinizadores, cuenta que ha llegado a encontrarse subespecies italianas en pleno Maresme catalán, “y eso es porque los habían utilizado para polinizar cultivos”. El negocio no debe de ir mal. Se venden cada vez más, según asegura Theo Oberhuber, coordinador de proyectos de Ecologistas en Acción. Como explica, “en el cultivo bajo plástico no cuentan con polinizadores silvestres. O esa función se realiza a mano, con un pincel, o se tienen que comprar”.

Mientras la caja de abejorros llega vía mensajero a El Ejido, un agricultor castellano esparce insecticida con su tractor en campos de Valladolid. La llegada de la llamada revolución verde, en la segunda mitad del siglo XX, trajo consigo un mayor rendimiento agrícola, pero implicó el uso de técnicas y productos para que el vegetal produjese más, y más rápido, sin amenazas ni plagas. A los fertilizantes se les suman los biocidas: herbicidas, fungicidas e insecticidas. Y estos afectan al resto de otros habitantes del campo.

Los más mayores pueden atestiguar que en las siete horas en coche que existen entre el campo vallisoletano y el invernadero almeriense hay algo que ya no ocurre. Antes, faros y parabrisas quedaban impregnados de los cuerpos de gran cantidad de insectos que fallecían por el impacto contra los coches. Hoy, la cantidad es tan pequeña que a menudo no hay que usar ni el agua del limpiaparabrisas.

Apocalipsis micro

Se comparta este último hecho o no, las matemáticas siempre mandan. Un 41% de los insectos está amenazado y podría extinguirse en cuestión de décadas debido a las “dramáticas tasas de disminución de poblaciones”, con un tercio del total en “grave peligro de extinción”. No es que lo diga un estudio en concreto, lo dice el trabajo, publicado en la revista Biological Conservation en 2019, que revisa otros 73 informes sobre la reducción de biomasa de insectos.

Francisco Sánchez-Bayo, ecólogo asentado en la Universidad de Sídney (Australia), es uno de los dos responsables del mencionado informe, un documento que apuntaló las últimas dudas sobre la extinción masiva de insectos actual. “Nuestro estudio es una revisión de todo lo que se ha publicado en los últimos 20 años sobre su declive”. Habla de que aún hay una importante falta de datos en muchos grupos, pero otros se conocen muy bien, especialmente los más visibles, como las mariposas o los escarabajos. Son los que han estudiado, comparando las poblaciones actuales con las de hace medio siglo. Y los resultados son duros: se han dado disminuciones de poblaciones “del 50% o más” en varias especies de mariposas o polillas. En términos humanos, sería el apocalipsis.

La crisis de los insectos se enmarca en la llamada sexta extinción, que engloba a todo el reino animal y vegetal y tiene en la pérdida de ecosistemas, la contaminación, las especies invasoras y el cambio climático sus principales causas. Todas, claro, se concentran en una: la actividad humana.

La crisis es global y las cifras, aterradoras. Entre 1970 y 2016, las poblaciones de especies de vertebrados han disminuido una media del 68%, según señala el informePlaneta Vivo 2020, de WWF. Pero en el reino de los insectos, lo es aún más: “Los insectos tienen una tasa de extinción ocho veces mayor que mamíferos, aves y reptiles”, señala Oberhuber.  Los ejemplos están por doquier. En Alemania, un estudio publicado en la revista científica PLOS alertaba de disminuciones del 75% de la biomasa total de insectos voladores de las áreas protegidas del país. Se había producido en tan solo 27 años, entre 1989 y 2016.

Otra investigación, en este caso firmada por la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas, habla de importantes reducciones de las poblaciones de abejas y mariposas en el continente europeo. Del 37% y el 31%, respectivamente. Como expone la entomóloga de la UCM, “un 46% de las especies de abejorros en Europa están amenazadas”.

Si se quieren ejemplos más cercanos, en el caso español no se puede decir que no se hubiese lanzado la alarma hace tiempo. En 2013, una investigación alertaba de la pérdida para siempre de siete de las 73 especies de la reserva natural de El Regajal-Mar de Antígola, con otras 27 en grave declive. Y en los Pirineos, nueve de las 37 especies de abejorros ya han desaparecido, según investigaciones en las que ha participado la propia Ornosa. En relación a los polinizadores ibéricos, “se estima que el 40% está en peligro de extinción”, señala Oberhuber.

Excrementos perennes

La humanidad no es consciente de lo que es un mundo sin insectos. La entomóloga califica de “inimaginable”un planeta sin ellos. De la desaparición de miles de especies de plantas por la falta de polinizadores a un mundo cubierto de mierda —en el sentido literal de la palabra—, la pérdida de fertilidad del suelo o la extinción de los predadores de los insectos. “Sin ellos, el mundo estaría cubierto de excrementos, porquería, animales muertos y muchas más cosas”, explica el entomólogo de la Universidad de Sídney.

El reciclado de los ecosistemas y la degradación del material orgánico son labores fundamentales de los insectos. Los animales muertos son devorados por ellos tras los carroñeros. Moscas y escarabajos se alimentan de heces y animales en descomposición. Si el ecosistema está sano, no se produce un reciclado como el de Ecoembes: este es total. Su papel como descomponedores fertiliza además los suelos, consumiendo y digiriendo hongos, así como materia vegetal y animal, para descomponerla en sustancias que enriquecen el suelo y proveen de alimento a las plantas.

Otro de sus papeles fundamentales es la polinización. “La mayor parte de las plantas con flores son polinizadas por insectos”, explica Ornosa. Y en su gran mayoría, esta función la realizan las abejas. No hablamos solo de la abeja de la miel. “Se calcula que hay 17.000 especies de abejas —cuatro veces más que mamíferos—, y la melífera es solo una”, continúa la especialista.

Si bien en este grupo de insectos se cuelan algunas mariposas, escarabajos y algunos animales más, incluidos algunos murciélagos, son las abejas las responsables de entre el 90 y el 95% de la polinización. “Tienen unas características morfológicas distintas al resto de animales que les sirven para recolectar néctar y llevarlo a sus nido”, explica la entomóloga, lo que incluye “unos cestitos especiales que las hacen absolutamente únicas”.

Por supuesto, los agricultores se benefician de ellas, ya que la mayoría de los cultivos dependen de los polinizadores. Como explica el especialista de Ecologistas en Acción, “sin ellos no vas a poder comer manzanas o se van a encarecer muchísimo porque dependerán de una polinización artificial o a mano, con su coste”.

La base de la cadena

“No nos damos cuenta de que son fundamentales para los ecosistemas”, cuenta Sánchez-Bayo. Desde las antípodas enumera las cadenas tróficas que se romperían: el 60% de los pájaros depende de los insectos porque son su alimento. A ello hay que sumarle, entre otros grupos, sapos, lagartos y la mitad de los peces del planeta, con larvas de insectos como alimento. “Incluso mamíferos: erizos, osos hormigueros, murciélagos… Eliminarlos supone que todos estos animales desaparezcan”.

Es algo que ya está pasando. Un estudio publicado en Nature asociaba directamente el uso de pesticidas neonicotinoides con el declive de las aves en Holanda. Es una cadena que ni siquiera alcanzamos a imaginar dónde acaba, y es global. Como señala Ornosa, “no hay red ecológica donde los insectos no estén representados en todos los niveles”.

Las causas de este desastre son conocidas. Solo el 2% de los insectos tienen efectos ‘negativos’ para el ser humano, pero la búsqueda de su eliminación abarca mucho más. Yolanda Picó, química e investigadora de la Universitat de València y especialista en toxicidad de los biocidas, explica que, en general, estas sustancias son compuestos diseñados para eliminar seres vivos. Sin embargo, “digamos que no son tan selectivos y, si eliminan a un insecto, probablemente eliminen también toda una serie de insectos beneficiosos”.

Desde Sídney, Francisco Sánchez-Bayo pone el foco en que un nueve de cada diez biocidas no son un problema, pero el restante 10% “se utiliza de continuo y en todas partes: las compañías los promueven y dan incentivos a los agricultores para quelos sigan usando”. De hecho, cada año es peor. “Los insectos crean resistencias y hay que añadir cada vez más sustancias”, explica Picó, quien no comparte el dictamen del entomólogo sobre ese 10%: “El problema está en todos, se han diseñado para eso”.

La especialista asegura, sin embargo, que se ha mejorado mucho en la Unión Europea. “Hace unos años se hizo un cribado de todos los pesticidas que se utilizaban para eliminar los más tóxicos y se prohibieron muchos”. Es el caso de la atrazina o muchos neonicotinoides, sustancias que afectan al sistema nervioso central, causando parálisis en el animal.

Tóxicos y lobbies

La concienciación sobre la desaparición de las abejas llevó a que en 2013 la UE comenzara a limitar neonicotinoides como la clotianidina, el imidacloprid y el tiametoxams, insecticidas utilizados en 140 tipos de cosechas por todo el mundo, ampliando su prohibición en 2018 a todo cultivo al aire libre. Sin embargo, en junio el Parlamento Europeo aprobó una resolución que pedía una nueva evaluación científica y consideraba que la evaluación del riesgo del imidacloprid había sido “deficiente”.

“En principio, la legislación es estricta y se sigue, pero cuando más dinero tienes más capacidad tienes para realizar estudios y para presentarlos de una manera adecuada, y ahí existe una cierta capacidad de lobby [de la industria]”, apunta la química.

El Europarlamento también recordaba que varios estudios habían catalogado el imidacloprid “como una sustancia tóxica para la reproducción y un alterador endocrino que puede afectar negativamente al corazón, el riñón, la tiroides y el cerebro y puede provocar síntomas neurológicos, como insuficiencia respiratoria y la muerte”. Precisamente, ese mismo mes tenía lugar un debate sobre la propuesta de utilizarlo para acabar con los parásitos de los salmones en las piscifactorías de Gran Bretaña. “Habrán hecho estudios y las compañías dijeron que no era peligroso para los peces porque tenía solo cierto nivel de toxicidad. Pero claro, en el agua no solo están los salmones”, añade Sánchez-Bayo.

Las dos grandes amenazas, para Theo Oberhuber, están ligadas a la actividad agraria. Además de los biocidas, señala los cambios de uso del suelo y la continua pérdida de hábitats por la expansión agrícola, que deja sin su espacio a insectos que han evolucionado para adaptarse a medios concretos. “La agricultura, con las famosas concentraciones parcelarias, se ha ido intensificando y ha supuesto la destrucción de hábitats de muchas especies”. Por su parte, Sánchez-Bayo añade que “la agricultura intensiva supone la deforestación de bosques originales y zonas arbustivas”, remarcando que la tala masiva para macroexplotaciones intensivas en países como Brasil, Indonesia o varias naciones tropicales africanas supone la causa fundamental en el ecocidio de los insectos en dichos lugares.

Además, junto a las especies invasoras transportadas por el ser humano, que desequilibran los ecosistemas, el cambio climático se suma al cóctel, favoreciendo la proliferación de algunas “especies plaga”. “En los bosques, en concreto, se ha demostrado que les afecta mucho la falta de humedad. Con el calentamiento se evapora del suelo y muchas de las larvas que viven allí mueren”, explica a El Salto el entomólogo.

Modelo agrario

Hecho el diagnóstico, faltan soluciones. Theo Oberhuber incide en la necesidad de cambiar el modelo agrario y favorecer una transición a una agricultura más ecológica, que limite al máximo el uso de fitosanitarios: “Hay que explicar a los agricultores que, en el fondo, son prisioneros de esos productos porque cada vez tienen que echar más”, dice, algo que también ocurre con los fertilizantes.

Picó, por su parte, insiste en aplicar mejor los productos, un mayor control de las sustancias permitidas y el uso de sustancias más dirigidas a una plaga en concreto y que sean menos tóxicas para el resto. “Hay productos muy prometedores, pero están en una fase experimental o no se han generalizado entre los agricultores”, apunta. El cumplimiento y la ampliación de normativas que mejoren la situación, tales como no fumigar en periodos de floración, también son claves para la investigadora.

Incidiendo en que lo principal es controlar el uso de biocidas y promover una agricultura más sostenible, Ornosa habla de restaurar la flora autóctona. “No hay que quitar las malas hierbas de las ciudades, que en realidad no lo son, sino que son la flora autóctona; hay cantidad de seres que las utilizan”.

Sánchez-Bayo, por su parte, apuesta por el control integrado de plagas, como se conoce al uso de métodos naturales para prevenirlas. “Hay que utilizar las especies naturales depredadoras de estos insectos, así como los parásitos, para controlar las plagas”, afirma. “Son cosas que se conocen bastante bien en muchos casos, pero hay que implementarlas”.

Existen además soluciones más simples. Como plantea Oberhuber, “hay cosas superfáciles; por ejemplo, en los años 60 las cunetas y los terrenos cercanos a las carreteras eran silvestres y una zona con una altísima densidad de plantas silvestres. Al final son muchas hectáreas, y todo eso ha desaparecido”. Es una solución que se está implantando en Alemania.  

También en el entorno urbano hay opciones, como la iniciativa holandesa de plantar especies silvestres sobre las marquesinas de autobús. Favorecer especies autóctonas en la jardinería de las ciudades en vez de plantas ajenas al medio en concreto, “algo que además cuenta con un presupuesto importante”, recuerda Oberhuber, ayudaría asimismo a incrementar la biomasa de insectos de pueblos y ciudades. Y volviendo al campo, la implantación de zonas arbustivas o silvestres en los lindes de los cultivos sería un paso de gigante, explica.

Por último, Francisco Sánchez Bayo lanza un mensaje: “Somos consumidores y como tal tenemos que exigir que los productos que compramos utilizan el mínimo de pesticidas”. Ahora, a trabajar.

Por Pablo Rivas

@PabloRCebo

21 ago 2021 06:00

Publicado enMedio Ambiente
Cerrejón, mina a cielo abierto

Los proyectos mineros dirigidos principalmente por grupos ilegales en Colombia son los que más afectan a las poblaciones indígenas, afrodescendientes y comunidades locales de este país.

 

De las 52 comunidades afectadas por proyectos, 20 son impactadas por actividades mineras mediante 9 proyectos que representan el 47% de los proyectos registrados, entre 2017 y 2019, de acuerdo a un estudio de la plataforma Derechos Colectivos Vulnerados.

Seis de estos nueve proyectos mineros son dirigidos por grupos ilegales, que también lideran otros 3 proyectos de agroindustria.

De ahí que Colombia sea también el país que registre la más alta tasa de asesinatos a miembros de las comunidades a nivel de Latinoamérica con 17 personas asesinadas.

Así lo informa la plataforma Derechos Colectivos Vulnerados, una herramienta digital de libre acceso impulsada por Rights and Resources Initiative (RRI) con el apoyo de Amazon Conservation Team (ACT).

Proyectos identificados

Según la plataforma, Colombia registra 19 proyectos en total. De ellos, 9 corresponden al sector minero, 4 al de infraestructura y 3, tanto al de hidrocarburos (gas o petróleo) como al de agroindustria.

Esto guarda relación con el número de comunidades afectadas: 52 en total. De estas, 20 son afectadas por proyectos mineros; 18 por infraestructura; 11 por hidrocarburos y 3 por agroindustria.

Como se aprecia, existe una predominancia de proyectos mineros. Seis de los nueve casos identificados en este sector son actividades ilegales que generan deforestación y contaminación, por el uso del mercurio.

En los tres casos formales de minería, todas son de extracción de carbón mineral, siendo una de ellas la mina El Cerrejón, ubicada dentro del territorio del pueblo indígena Wayúu, en el departamento de La Guajira.

Esta comunidad ha denunciado que, desde que comenzó la explotación de carbón en los años 70, ha perdido miles de hectáreas de sus tierras, lo que afecta su supervivencia.

Otro aspecto que se destaca es el impacto de las obras de infraestructura como Hidrotuango, un proyecto hidroeléctrico que afecta a comunidades campesinas en los municipios de Ituango y Briceño.

Las comunidades que se resisten al proyecto tienen documentados 152 casos entre los que registran asesinatos, amenazas, acoso por parte de grupos armados paramilitares, entre otros.

Con 17 comuneros asesinados, Colombia registra la más alta tasa de asesinatos a miembros de las comunidades en Latinoamérica. Ilustración: Servindi

Derechos violados

La plataforma revela que los derechos a un medio ambiente saludable (63.2%) y a participar en la vida pública (59.9%), fueron las violaciones de derechos más frecuentes denunciadas en los conflictos registrados en Colombia.

El derecho a la vida, a la integridad física y moral y el derecho a la defensa de la tierra ancestral fueron otros derechos vulnerados en más del 30% de casos.

En tanto, los ataques más frecuentes fueron los asesinatos, las amenazas, la limitación de la libertad de expresión y la invasión al territorio colectivo.

De las 52 comunidades afectadas, 33 personas sufrieron ataques individuales; de ellas, 17 fueron asesinadas, lo que convierte a Colombia en el país con la más alta tasa de asesinatos a miembros de las comunidades a nivel de Latinoamérica.

Por otro lado, el impacto ambiental mayor fue la contaminación del agua, registrándose en el 68% de los casos; mientras que el impacto social más frecuente fue la alteración de medios de vidas tradicionales en 24 comunidades

22 enero 2021

Publicado enColombia
'El guardian de turno', ganador del concurso Comedy Wildlife Photography y de la categoría perros. (Elke Vogelsang).
Hace semanas conocíamos las fotografías del Comedy Wildlife Photography Awards, un concurso que premia las fotografías más divertidas del mundo animal y con el que se quiere concienciar sobre la importancia de preservar la vida salvaje y con el objetivo de lograr que la sociedad se comprometa.

Ahora llegan las fotografías más divertidas de los animales que viven dentro de casa: las mascotas. En el Comedy Pet Photograpy Awards destacan fotos de mascotas haciendo muecas, poses muy humanas y travesuras. Paul Joynson-Hicks y Tom Sullam, los creadores de este concurso, también son los impulsores de los premios Comedy Wildlife Photography Awards.

Este año en que la pandemia y el confinamiento nos ha obligado a pasar más tiempo con nuestras mascotas este concurso ha visto como el nivel de participantes crecía de forma sorprendente. Esta segunda edición del concurso, organizado en asociación con el fabricante mundial de alimentos para mascotas Mars Petcare, ha contado con más de 2.000 participantes de 81 países.

“La importancia de las mascotas en nuestras vidas, la relación positiva que afirma la amistad que traen sin siquiera darse cuenta, a menudo se subestima y se da por sentada”, dijo Sullam en un comunicado. “Pero este año realmente les ha dado a estas mascotas la oportunidad de brillar, y creo que sin las mascotas muchas, muchas personas habrían tenido más dificultades para lidiar con el aislamiento. ¡Gracias a las mascotas, a todas, por hacernos sonreír a través de este concurso y por mantener a muchos de nosotros en equilibrio!”, añadió.

Estos son los 16 ganadores del concurso, imágenes que es imposible verlas sin una sonrisa en la boca y sintiendo mucha ternura.


¿Por qué estás boca abajo mamá?', ganador de la categoría gatos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Malgorzata (Gosia) Russell).

 
'Chicas chismosas', ganadora de la categoría caballos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Magdalena Strakova).
 
 

'Reina del drama', ganadora de la categoría demás criaturas del Comedy Pet Photograpy Awards. (Anne Lindner)

 

'¡Buenos días, Fox Mulder!', ganadora de la categoría junior del Comedy Pet Photograpy Awards. (Ayden Brooks)

 

'Humor mañanero', ganadora de la categoría mascotas que se parecen a sus dueños del Comedy Pet Photograpy Awards . (Hannah Seeger)

 
'¡Agárrate fuerte! Llegamos tarde', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Karen Hoglund)
 

'El gato bailarín', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

 

'Ese momento en que te das cuenta de que te has comido medio plato', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Candice Sedighan)


'Los amigos no dejan que los amigos hagan tonterías solos', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Kerstin Ordelt)

 
'Mira mamá, puedo caminar sobre el agua', finalista del Comedy Wildlife Photography. (John Carelli)
 
 

'Ardilaaaa!!!', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Elke Vogelsang)

 
'Gato súper dramático', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)
 

'El gatito bailando, finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

'Ohhhhhhhhh', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Dimpy Bhalotia)


'Trofeo viviente', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Antonio Peregrino)

 

(Tomado de La Vanguardia)

Publicado enFotorreportajes
Una mosca de la familia de las Syrphidae. David F. Sabadell

El 40 % de los polinizadores están en peligro de extinción por las actividades humanas. Ecologistas en Acción y la Asociación Española de Entomología presentan la campaña Sin insectos no hay vida.

 

Campañas y programas, muy necesarios, para salvar al lince, al lobo, al oso, al buitre. Durante décadas se ha prestado mucha más atención a la fauna vertebrada. Iniciativas para salvar a aves, mamíferos, peces, anfibios y reptiles han recibido más financiación y mayor reconocimiento en estudios e investigaciones. Sin embargo, los insectos tienen una tasa de extinción ocho veces más rápida que la de mamíferos, aves y reptiles.

En 2017, un estudio firmado por una docena de investigadores de varias universidades constataba que, en 25 años, las biomasa de insectos voladores de 63 reservas naturales de Alemania había disminuido un 75%. y publicaciones posteriores han analizado situaciones semejantes a nivel mundial, europeo e ibérico. “Mariposas, abejas, libélulas y escarabajos, entre otros, son los grupos con las especies más amenazadas”, señalan desde Ecologistas en Acción, una organización que junto a la Asociación Española de Entomología, ha presentado este miércoles la campaña Sin insectos no hay vida.

El objetivo de la iniciativa es sensibilizar a la población sobre la importancia de los insectos y reclamar a las administraciones medidas concretas para su conservación, “ante el alarmante descenso de las poblaciones de insectos a nivel mundial y en el Estado español, la gran importancia ecológica de los insectos y el escaso interés que han demostrado las administraciones e incluso algunas entidades científicas en estas especies”.

“Sin insectos no hay vida pretende sensibilizar a la sociedad y a las administraciones de la importancia ecológica de los insectos, de las graves consecuencias ecológicas, sociales y económicas que tiene su progresiva desaparición y de la necesidad de adoptar medidas urgentes para favorecer su conservación”, señalan ambas organizaciones.

Pesticidas y cultivos

El declive de los insectos es consecuencia de la pérdida de hábitat, especialmente de prados y pastizales, debido a los usos agrícolas, la utilización de plaguicidas (insecticidas, herbicidas y fungicidas), la incidencia de patógenos y la crisis climática. Se estima que el 40% de las especies de insectos polinizadores se hallan en peligro de extinción como consecuencia de las actividades humanas.

“A la indudable e incalculable importancia ecosistémica de los insectos se une la importancia económica, social y cultural que tienen estas especies”, reclaman. La polinización es uno de los procesos ecosistémicos más importantes, y depende en gran parte de los insectos. Según las estimaciones realizadas por la Unión Europea, el 84% de las especies vegetales y un 76% de la producción alimentaria en Europa dependen de la polinización realizada por las diferentes especies de abejas.

La FAO estima además que la producción agrícola mundial que depende directamente de los polinizadores está entre 235.000 y 577.000 millones de dólares al año, y el volumen de la producción agrícola que depende de estos ha aumentado en un 300% en medio siglo. “Especialmente grave es el caso de las diferentes especies de abejas silvestres, ya que sus poblaciones están sufriendo una gran regresión por la acción antrópica, principalmente por la utilización de plaguicidas: herbicidas, fungicidas, insecticidas y, entre ellos, los neonicotinoides”, denuncian ambas organizaciones.

Actuar ya

Ante esta grave situación, la Asociación Española de Entomología y Ecologistas en Acción consideran esencial que las administraciones adopten medidas para frenar las principales amenazas que sufren los insectos. Especialmente piden evitar la destrucción de su hábitat, motivada a menudo por la actividad agraria; reducir sustancialmente la utilización de plaguicidas, impulsando programas de buenas prácticas agrícolas y de asesoramiento en cuanto al manejo integral de plagas y de la polinización; así como recuperar los ecosistemas degradados más utilizados por los insectos, restaurando los espacios silvestres y urbanos y aumentando la abundancia, la diversidad y la continuidad de sus recursos florales o de otra índole. También exigen incluir en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y en el Catálogo Español de Especies Amenazadas a un importante número de insectos.

Asimismo, ambas organizaciones piden que “se fomente la investigación sobre los insectos en España, creando proyectos actualizados de seguimiento y evaluación para poder conocer su estado de conservación real, facilitando su adecuada protección y frenar su extinción”. También programas de educación y sensibilización de la sociedad sobre “la importancia y el respeto a la biodiversidad y sobre los beneficios que los insectos proporcionan al ser humano y al medio ambiente”.

21 oct 2020 13:50

Publicado enMedio Ambiente
Jueves, 06 Agosto 2020 06:10

Las zoonosis, entre humanos y animales

Las zoonosis, entre humanos y animales

El covid-19 puso nuevamente en primer plano las zoonosis, las enfermedades que pasan de animales a humanos. Son numerosas y algunas antiguas. Los mecanismos de transmisión son complejos. Pero todas estas enfermedades interpelan nuestra relación con un ecosistema cuya biodiversidad no dejamos de alterar. ¿Debe considerarse a la especie humana solo como una víctima, o es en cambio un actor importante de los ciclos epidemiológicos que la afectan?

 

Curiosamente, la palabra «zoonosis» no figura en el séptimo y último volumen del Nuevo Larousse ilustrado. Diccionario enciclopédico universal, publicado bajo la dirección de Claude Augé a comienzos del siglo xx (1904). Sin embargo, sería un gran error pensar que este tipo de enfermedades no existía en aquella época. La medicina y la microbiología comenzaban a consolidar sus bases y a enriquecer sus conceptos, pero la epidemiología era por entonces aún incipiente.

Al mismo tiempo, se construían las ciencias de la vida, como la ecología y el evolucionismo, al margen del enfoque médico, y viceversa. Sin embargo, en la actualidad el estudio y la comprensión de las enfermedades no pueden sino incitarnos a ampliar y enriquecer nuestra mirada acercando estas disciplinas.

Las zoonosis representan un grupo particular de enfermedades infecciosas y transmisibles, así como de enfermedades parasitarias. La Organización Mundial de la Salud (oms) ofrece al respecto la siguiente definición: «Se denomina zoonosis toda enfermedad o infección que se transmite naturalmente de los animales vertebrados a la especie humana y viceversa». El término «naturalmente» se opone a «experimentalmente» y a «excepcionalmente». Desde un punto de vista biológico, un microorganismo es específico de un huésped determinado o no lo es. Que uno de sus huéspedes predilectos sea la especie humana representa un detalle en el mundo de los seres vivos, aun cuando las consecuencias en términos de salud humana y de salud pública puedan ser graves. El mundo de los seres vivos no es antropocéntrico.

 

La vida en red

 

Recientemente, la mirada de los biólogos sobre el origen de la vida y sus desarrollos, aun en el campo de la salud, evolucionó de manera considerable. La unidad fundamental de los seres vivos está representada por la célula. Existen seres vivos unicelulares, pero las plantas y los animales que vemos son pluricelulares. Las primeras células debían ser procariotas, como las bacterias de hoy. Su cromosoma flota en su citoplasma. La célula eucariota, dotada de un núcleo que alberga sus cromosomas, podría haber nacido de la fusión de dos células procariotas, una bacteria y una arquea, por ejemplo, y una se convirtió en el núcleo del conjunto. Cabe imaginar entonces la importancia de los intercambios entre todas las numerosas formas de seres vivos a lo largo de las eras geológicas. Como solo las plantas dotadas de cloroplastos (antiguas bacterias devenidas simbiontes, indispensables en las plantas, a su vez incapaces de vivir sin ellas, en una asociación de beneficio mutuo) son autótrofas, es decir, capaces de generar su propia materia orgánica, el resto de los seres vivos, heterótrofos, deben consumir otro ser vivo, vegetal o animal, y tratar a su vez de no convertirse en presas. La depredación y la alimentación no representan la única vía de transmisión de gérmenes entre especies, pero ilustran una de las más frecuentes, ya que exigen el acercamiento de individuos de especies diferentes. Cabe señalar que el sistema inmunitario adaptativo aparece con los vertebrados con mandíbulas (gnatóstomos). El resto del reino animal solo dispone del sistema inmunitario innato. Resulta tentador relacionar esto con el riesgo de contagio por vía oral...

Lo cierto es que la vida funciona en redes, en interrelaciones, se trate de simbiosis, parasitismo, relaciones de tipo presa-depredador, etc. Cada individuo es en sí mismo una simbiosis. Un humano no puede vivir sin las bacterias y los virus de su microbiota, las mitocondrias (bacterias simbióticas) de sus células o las secuencias virales integradas a su genoma. Existe pues un vínculo entre biodiversidad, en su sentido más amplio, y salud, de los individuos, las poblaciones, las especies, los ecosistemas. Esta asociación permite la evolución y la adaptación de cada nivel de organización de los seres vivos frente a los cambios de cualquier tipo: geológicos, climáticos, poluciones, destrucciones o encuentros con nuevos microorganismos, especies, ecosistemas.

La especie humana es una entre muchas otras (518 especies de primates, 6.495 especies de mamíferos, según el último censo de 2018, decenas de miles de vertebrados, millones de especies animales). Ella misma proviene del mundo animal y deriva de los mismos fenómenos. Así, su microbiota y sus parásitos deben comprenderse y observarse pensando en sus presas, en sus depredadores, pero también en el resto de los seres vivos con los que se cruzan en los diferentes ecosistemas habitados a lo largo de su historia. Es necesario entonces distinguir los gérmenes responsables de las zoonosis propiamente dichas, en el sentido citado de la oms, y las enfermedades humanas debidas a microorganismos provenientes del mundo animal no humano, adaptados secundariamente a nuestra especie, «humanizados». En todos los casos, estas enfermedades son consecuencia de cierto espacio compartido y situado en el tiempo. Antiguamente, el espacio propicio para los encuentros se limitaba a los cotos de caza recorridos a pie; ahora es todo el planeta, con los criaderos, los mercados, las megalópolis, los animales de compañía, todos unidos por los intercambios comerciales cuyos volúmenes y cuya rapidez escapan a numerosos controles sanitarios. Todo ello puede conducir a exposiciones y contagios.

La evolución de la demografía humana debe colocarse en paralelo, sabiendo que el Homo sapiens tendría aproximadamente 300.000 años. El primer millardo de humanos se habría alcanzado alrededor del año 1800, y los ocho millardos se esperan para 2024. El periodo de dos siglos que llevó de 1.000 a 8.000 millones de seres humanos es casi insignificante, comparado con la duración de la existencia del Homo sapiens. Actualmente, tenemos la sensación de que las enfermedades emergentes son cada vez más numerosas. Pero ¿es realmente así, o se debe simplemente a que la población mundial se incrementó de manera espectacular? Paralelamente, la biodiversidad se desmorona. La biomasa de todos los mamíferos silvestres terrestres representa menos de 5% del total de la biomasa de los mamíferos domésticos y humanos en su conjunto.

Dado que la diversidad genética está localizada esencialmente en el nivel de los microorganismos presentes en todas partes del planeta y que en su gran mayoría son aún desconocidos, las sorpresas sanitarias deberían continuar.

 

Las vías de transmisión

 

Los pocos ejemplos de riesgos zoonóticos y enfermedades de origen animal aquí expuestos están agrupados por vías de contagio o causas que lo favorecen, según tres grandes esquemas: a) por contacto y cercanía, b) por vía oral y alimentación, y c) por vectores hematófagos. Esta categorización es en parte artificial, ya que la vida es creativa y no se deja catalogar muy fácilmente. Los microbios ponen en tela de juicio la mirada tradicional sobre los seres vivos que tiende a aislar a cada especie en un compartimento estanco con respecto a las demás, particularmente cuando se trata del Homo sapiens. Ahora bien, algunas actividades humanas, no siempre adaptadas ni responsables, son susceptibles de incrementar los riesgos de exposición. Por último, no existe evidentemente ninguna pretensión de exhaustividad en los ejemplos aquí propuestos. Aun cuando se perfilan algunas grandes tendencias, cada situación tiene características propias que la singularizan, según el microorganismo, el lugar, las especies en cuestión y el momento.

Para cada ejemplo, tratar de descubrir el comienzo de esta relación, cuándo tuvo lugar el paso del germen de una especie a otra, contribuye a esclarecer nuestras historias comunes. Puede ser un verdadero brote (la aparición de un nuevo microbio por evolución, mutación o recombinación de uno anterior) o solo corresponder al descubrimiento de un fenómeno mucho más antiguo, pero ignorado, confundido con otro o incomprendido. Antes de Louis Pasteur y Robert Koch, ¿cómo entender la rabia o la tuberculosis sin las nociones de virus, bacterias, exposición, contaminación, infección, contagio, transmisión, incubación, inmunidad, términos que en 2020 siguen siendo a veces muy mal utilizados? En 2020, ¿podemos pretender que ya no se ignore ningún concepto?

 

Contacto y cercanía

 

Hoy se reconoce que el virus responsable del sarampión (Morbillivirus de la familia Paramyxoviridae) es la adaptación a la especie humana del virus de la peste bovina. Este virus de los bovinos tal vez provenga del uro (Bos primigenius), extinguido en el siglo xvii, ancestro de todas las «vacas». El uro fue domesticado hace aproximadamente ocho milenios, y dio origen entonces a los bovinos domésticos (Bos taurus), las razas sin joroba en Oriente Medio y las razas con joroba o cebúes en el valle del Indo. El virus bovino se adaptó a los humanos al convertirse en el agente responsable de una nueva enfermedad, el sarampión, y perdió su carácter zoonótico. La experiencia de los últimos dos siglos de lucha contra la peste bovina, fuente de grandes pérdidas en la ganadería, permite afirmarlo. Sin duda, las condiciones del antiguo paso interespecífico no se han renovado, pero confirman que la especie humana intercambia microorganismos desde hace mucho tiempo con su entorno animal no humano. La domesticación tuvo numerosas ventajas para las antiguas civilizaciones que la practicaron, pero también fuertes secuelas sanitarias. La peste bovina fue oficialmente erradicada del planeta en 2011. No se trata sino de la segunda erradicación producto de la intervención humana, tras la erradicación de la viruela a fines de los años 1970. Inversamente, el sarampión humano parece estar regresando. En algunos países, parece más fácil vacunar a los bovinos que a los niños. El sarampión sigue causando muertes, incluso en Europa a comienzos del siglo xxi.

La historia de la tuberculosis, vieja enfermedad aún existente, también es muy rica, pero bastante compleja en sus relaciones con numerosas especies de mamíferos, entre ellas la especie humana. De hecho, más bien debe hablarse del complejo bacteriano Mycobacterium tuberculosis, que agrupa a varias «especies» que parecen remontarse a otra bacteria, Mycobacterium africanum, probablemente asociada al linaje humano incluso antes de su salida de África. Una rama se habría diversificado allí, adaptándose a otras especies de mamíferos, y otra habría salido de África con los humanos. En la actualidad, la tuberculosis bovina (Mycobacterium bovis) es entendida como una adaptación de la bacteria humana a los bovinos durante su domesticación, en un movimiento inverso al que explica el origen del sarampión. La lección que deriva de ello sugiere que los pasos entre especies están más ligados a la convivencia, como la domesticación, que a la proximidad filogenética.

Para terminar con las micobacterias, aún debe mencionarse la lepra, causada por dos especies del mismo género (Mycobacterium leprae y Mycobacterium lepromatosis), enfermedad muy presente en Europa hasta la Edad Media y lamentablemente aún activa en otras regiones del mundo. Hace pocos años, el descubrimiento de ardillas rojas (Sciurus vulgaris) británicas infectadas por una y otra fue una sorpresa. Los animales pueden ser portadores de lesiones o parecer sanos.

La rabia es el típico ejemplo de una zoonosis en el sentido estricto del término, con transmisión por contacto, por mordedura. No existen casos humanos sin una exposición a un animal portador de un virus del género Lyssavirus (familia Rhabdoviridae). Las pocas transmisiones entre humanos por trasplantes de órganos son muy particulares. En prácticamente todos los casos, el animal es un perro doméstico. Sin cuidado, sin tratamiento de los individuos contagiados, la evolución de la enfermedad es la misma, cualquiera sea la especie de mamífero, y conduce a la muerte del paciente. Textos muy antiguos aún accesibles describen una enfermedad ligada a los perros que se parece mucho a la rabia.

El perro (Canis familiaris), forma doméstica del lobo (Canis lupus), presente entre los humanos desde hace al menos 15.000 años, es responsable de tal vez 50.000 muertes por rabia anuales, cifra poco conocida y meramente estimativa. Numerosas especies de carnívoros salvajes pueden albergar este virus, pero sus contactos con los humanos siguen siendo excepcionales. Durante todos estos milenios, nunca hubo una adaptación de un Lyssavirus al Homo sapiens, mientras que cepas del virus de la rabia se adaptaron a los perros, a los zorros rojos (Vulpes vulpes), a los mapaches (Procyon lotor) o a diversas especies de mangostas, a veces de manera bastante reciente, según parece. Los murciélagos deben considerarse aparte, ya que albergan la mayor diversidad conocida de Lyssavirus con ciclos epidemiológicos únicos, pero prácticamente sin impacto en la salud pública. Los murciélagos parecen capaces de resistir la infección rábica.

Si bien los perros y los bovinos representan dos modelos antiguos de animales domésticos, algunas otras especies entraron de manera más reciente en nuestros hogares. Los roedores de compañía proponen esquemas epidemiológicos interesantes, en particular cuando los virus en cuestión se asemejan al de la viruela humana.

A comienzos de 2010, se observaron varios casos de lesiones cutáneas por cowpox, infección causada por un virus del género Orthopoxvirus (familia Poxviridae), en dueños de ratas de compañía (Rattus norvegicus) provenientes del mismo criadero situado en Europa central y distribuidas en diversas tiendas de mascotas de Europa occidental. Las lesiones estaban localizadas en las mejillas o en el cuello de los pacientes, ya que las personas cargaban a sus animales en los hombros, en contacto con la piel.

Unos años antes, en 2003, tuvo lugar un episodio bastante serio en Estados Unidos como consecuencia de la importación en Texas de 800 roedores silvestres africanos, de varias especies, todos provenientes de Ghana y destinados al comercio de mascotas. El virus identificado era el monkeypox, otro Orthopoxvirus (Poxviridae), probablemente más peligroso que el cowpox. Estos animales habían ingresado a eeuu legalmente, pero sin control sanitario.

La vía de transmisión del virus de los roedores africanos a los humanos es original. El virus pasó por los perritos de las praderas (ardillas terrestres, Cynomys spp.) norteamericanos, bastante populares como animales de compañía, en venta en las mismas tiendas de mascotas. Se contagiaron al entrar en contacto con roedores africanos de una jaula a otra. El virus circuló en los puntos de venta que ofrecían al público ambos grupos de roedores. Los perritos de las praderas desarrollaron la enfermedad y murieron, lo que permitió identificar el virus, mientras que nunca se lo pudo aislar a partir de los roedores africanos examinados a posteriori. Las lesiones observadas en las personas afectadas eran cutáneas y estaban ligadas a la manipulación de sus animales. El virus no se adaptó a los humanos, aun cuando haya habido al menos una transmisión entre humanos. Desde la desaparición de la viruela humana, el virus responsable del monkeypox es vigilado por la oms en África, ya que estos dos virus son bastante cercanos. Actualmente, las generaciones humanas más jóvenes, no vacunadas contra la viruela, podrían volverse receptivas y sensibles a otros Poxviridae de roedores o primates no humanos. Hasta el momento, afortunadamente los casos siguen siendo esporádicos. Las tiendas de mascotas exóticas permiten el contacto entre especies de diferentes continentes y ofrecen a sus microorganismos y parásitos posibilidades de intercambio y recombinaciones impensables en condiciones naturales.

¿Cómo anticipar todas las consecuencias posibles de intercambios comerciales cuestionables? En el caso de los poxvirus, ¿debe temerse la llegada de un sucedáneo de la viruela a partir de un reservorio animal o del comercio internacional y no controlado de mascotas exóticas? Todos estos virus son antiguos. Son nuestros comportamientos actuales los que los acercan a los humanos. El virus del ébola (familia Filoviridae) viene dando mucho que hablar desde comienzos del siglo xxi en África ecuatorial, única región del mundo donde existe. El esquema epidemiológico propuesto asocia reiterados brotes con epidemias que se autoalimentan en el seno de las poblaciones humanas antes de desaparecer, hasta el siguiente brote. El virus recién fue conocido a partir de la década de 1970, pero seguramente existía desde antes. El reservorio serían algunas especies de murciélagos frugívoros africanos (pteropódidos), pero hubo al parecer pocas transmisiones directas entre quirópteros y humanos. Otras especies de caza (grandes monos, antílopes forestales) parecen desempeñar el papel de vectores.

El virus se transmite por contacto directo con un animal virulento cazado o hallado muerto. Todos los fluidos de un enfermo son virulentos hasta 48 horas después de su muerte. El riesgo debe ser menor durante el consumo de carne de fauna silvestre, la «carne de caza», cuando esta sufrió diferentes tratamientos como el ahumado o la cocción. El virus no es tan resistente. Si bien siempre es difícil determinar el primer caso de cada epidemia, su evolución se explica luego por numerosos contactos entre humanos, entre familiares, con personal de salud. El regreso hacia el reservorio salvaje no parece realmente necesario para que una epidemia se mantenga. La importancia del episodio de 2014-2015 en África occidental (Guinea, Liberia, Sierra Leona) se explica mucho más por problemas de logística, de organización y de estructuras locales deficientes que por dificultades vinculadas al virus o a su epidemiología. En el caso del ébola en la actualidad, ¿debe temerse el reservorio salvaje, cualquiera sea, el comercio y el consumo de carne de caza, o las guerras civiles que destruyen el tejido social y las administraciones, la corrupción, la pérdida de confianza entre humanos de regiones enteras? La epidemia en curso en el este de la República Democrática del Congo ilustra todas estas cuestiones.

La historia del surgimiento de los lentivirus responsables del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) en los humanos comienza a conocerse mejor. Diversos virus se describen poco a poco, los vis (virus de inmunodeficiencia en simios), y asociados a algunas especies de primates no humanos africanos. Los virus humanos vih-1 y vih-2 resultan claramente provenientes de esos lentivirus de simios, en general bien soportados por las especies de monos infectadas, algo que no sucede con los vih en los humanos. Así, los virus vih-1 de los grupos m (responsable de la pandemia actual de sida) y n (algunos pocos casos conocidos) provendrían de vis de chimpancés, los de los grupos o (epidémico) y p (rarísimo) de vis de gorilas (a su vez provenientes de vis de chimpancés), y vih-2 de virus vis de mangabey. El contexto de estos pasos entre especies, con adaptación a la especie humana, sigue siendo objeto de numerosos estudios. Se piensa evidentemente en actividades de caza y en una contaminación sanguínea entre monos y cazadores, que se habría producido a comienzos del siglo xx. Pero ¿por qué una propagación de la enfermedad en el momento en que ocurrió? Estas preguntas quedan sin responder. Hoy el sida es una enfermedad humana que se mantiene sin pasar por el reservorio animal.

 

Vía oral y alimentación

 

La diversidad y la complejidad de los ciclos parasitarios comienzan a conocerse bastante bien. Nematodos (gusanos parásitos) como las triquinas (Trichinella spp.) han llevado su especialización bastante lejos con su ciclo solo entre mamíferos y sin fase libre en el medio ambiente.

Actualmente, el riesgo está controlado en la ganadería, pero subsiste en la fauna silvestre, se trate del jabalí (Sus scrofa) o de carnívoros salvajes. Para la salud humana, el control asociado corresponde a prácticas culinarias adaptadas posteriormente cuando se consume la carne de jabalí, fresca o después de ser congelada. En Europa, lo más sencillo sería no comer carne de carnívoros salvajes. Aunque no sea frecuente, el zorro a veces se consume. Los últimos casos publicados de contagio humano en Francia vinculados a la carne de carnívoros corresponden a una importación ilegal y al consumo de carne de oso negro americano (Ursus americanus) cazado legalmente en Canadá. Entre los humanos, los alimentos se cocinan no solo para bajar el riesgo de contaminación, sino por otras razones. Omnívora, la especie humana está expuesta desde hace mucho tiempo a parásitos de depredadores y herbívoros. El estudio minucioso de ciertos ciclos parasitarios lleva a considerar al Homo sapiens como la fuente de contagio de algunas especies animales tras haberlas domesticado, y no lo contrario. Este sería el caso de los cestodos humanos del género Taenia encontrados en forma larvaria en los bovinos y porcinos.

La encefalopatía espongiforme bovina (eeb), más conocida con el nombre de enfermedad de la vaca loca, presenta una forma epidemiológica particular. En todos los casos, los animales se contagiaron por vía alimentaria a partir de un alimento común, las harinas de carne y huesos (hch), hasta su prohibición definitiva en 2000. En este caso concreto, se habla de una anazootia, es decir, la contaminación de los bovinos a partir de una misma fuente alimentaria sin transmisión horizontal de vaca enferma a vaca sana. El esquema es pues diferente del de una epidemia. Los casos humanos fueron consecuencia del consumo de diversos órganos extraídos de bovinos contaminados e infecciosos. En este caso, puede hablarse entonces de anademia. La anazootia y la anademia correspondientes, oriundas del Reino Unido, duraron una veintena de años y provocaron una profunda crisis de confianza entre los consumidores, los productores de carne y los poderes públicos. Las consecuencias en términos biológicos son también importantes. El agente infeccioso incriminado, llamado prion, «proteína infecciosa», plantea algunas cuestiones fundamentales que actualmente siguen discutiéndose. Como no se ha encontrado ácido nucleico en él, el prion podría transmitir información mediante otros mecanismos. Se piensa que el prion bovino preexistía en un nivel muy bajo, sin haber sido nunca identificado. El reciclaje de los cadáveres bovinos en las hch, en ocasión de una modificación de las condiciones técnicas de fabricación en la década de 1980, habría permitido el comienzo de la anazootia, hoy finalizada.

Otro caso bastante demostrativo surgió con el episodio del síndrome respiratorio agudo grave (sars), debido al coronavirus sars-cov-1 a fines de 2002 y comienzos de 2003 en el sur de China. Tanto la vía de contagio como los factores que lo favorecen siguen siendo difíciles de determinar. Se piensa que los primeros contagios humanos tuvieron lugar a partir de civetas de las palmeras enmascaradas (Paguma larvata), pequeños mamíferos carnívoros de la familia Viverridae consumidos en el sur de China. Las primeras personas contagiadas no fueron ganaderos, cazadores, comerciantes, ni siquiera consumidores, sino cocineros de los restaurantes que los ofrecían en sus menús. Pero ¿cuál era la forma de contagio: vía oral, inhalación, contacto? El contagio entre personas tomó el relevo con un número importante de transmisiones nosocomiales del personal de salud en los diversos hospitales locales. El número de pacientes directamente contagiados e infectados por civetas, entre los 8.000 casos registrados en el mundo, no parece ser muy elevado. Rápidamente, se pasó de la situación «zoonosis» a una situación de «enfermedad humana de origen animal». Todos los virus identificados en los animales eran «sars-like», diferentes del virus patógeno para los humanos.

Los estudios ulteriores demostraron que el probable ancestro del virus del sars estaba presente en algunas especies de murciélagos locales, en las cuales nunca antes se había investigado el coronavirus, ni en Asia ni en otros lugares. El análisis de la epidemia permite excluir un contagio directo a partir del reservorio de quirópteros e indica que las civetas probablemente desempeñaron el papel de vector hacia la especie humana. Aún hoy, es imposible saber cuándo tuvo lugar el paso murciélago-civeta, ni dónde se produjo el paso de una forma no patógena o débilmente patógena del virus a una forma altamente patógena para los humanos. La noción de reservorio se complica, ya que el «verdadero» virus del sars solo se encontró en enfermos humanos. Los quirópteros albergan potenciales ancestros de formas patógenas, y las civetas una forma más cercana al virus patógeno humano, aunque diferente. ¿Había que temer a los virus alojados por los quirópteros o a la cría y el consumo de civetas? Releer la historia del sars-cov-1 en momentos en que el sars-cov-2 genera el confinamiento de la mitad de la humanidad es bastante perturbador. Es demasiado pronto para comprender el surgimiento del nuevo virus, dónde se produjo, a través de qué mecanismos comerciales, epidemiológicos, virales y moleculares. Es necesario sobre todo protegerse de la información falsa esperando conocer un día la realidad.

 

Contagio por vector hematófago

 

El ejemplo de la fiebre amarilla ilustra tanto el caso general como una excepción. Presente por supuesto en África ecuatorial, el agente de esta enfermedad, virus del género Flavivirus (familia Flaviviridae), se aloja en diferentes especies de primates no humanos, seguramente desde hace mucho tiempo. Algunas especies de mosquitos establecen la conexión con la especie humana. Los monos africanos, receptivos pero no sensibles, representan el reservorio.

Lamentablemente, el virus se introdujo en América durante la colonización del Nuevo Mundo por los europeos, a través del siniestro comercio triangular (Europa-África-América). La fiebre amarilla es en consecuencia endémica en África y surgió en América como producto de la actividad humana. Los monos sudamericanos, que evolucionaron independientemente de los monos africanos desde al menos mediados de la era terciaria, se volvieron receptivos y sensibles al virus. Mueren de la enfermedad. La mortalidad comprobada en ellos representa una señal de alerta para las poblaciones humanas cercanas. Las zonas forestales afectadas ya no deben visitarse, o solo deben hacerlo personas debidamente vacunadas. En el caso americano, se considera que los mosquitos forman parte del reservorio.

El ejemplo del paludismo puede ilustrar la diversidad de situaciones encontradas, así como la evolución posible en el largo plazo. Tradicionalmente, cuatro especies de parásitos del género Plasmodium se asocian a la especie humana: P. falciparumP. malariaeP. ovale y P. vivax. Sin embargo, la realidad podría ser más compleja, ya que en algunas regiones del Sudeste asiático los diagnósticos efectuados en frotis no permitían distinguir algunas especies de parásitos provenientes de primates no humanos de los de humanos. Así, el Plasmodium knowlesi suele ser confundido con el P. malariae, y el paludismo zoonótico asociado es probablemente muy subestimado. El desarrollo de las herramientas de la biología molecular en los laboratorios de análisis debería reducir los errores de diagnóstico. Por el momento, no existe al parecer transmisión de humano a humano del P. knowlesi a través de los anófeles, parásito que sigue siendo estrictamente zoonótico, con un reservorio conformado por varias especies de primates asiáticos. Lo mismo sucede con el P. cynomolgi de los monos asiáticos, que pudo confundirse en el microscopio con el P. vivax en el ser humano. Por otra parte, las dos especies de plasmodium que existen en los monos americanos, P. simium y P. brasilianum, serían descendientes del P. vivax, instalado en el Nuevo Mundo tras la llegada de los europeos y los esclavos africanos a América tropical. En ese caso, fueron los humanos los que originaron el contagio de los monos a través de los mosquitos locales. Finalmente, estudios recientes de filogenia parasitaria concluyeron que el P. falciparum sería el descendiente de un plasmodium de gorila que se habría «humanizado». En ese caso, el parásito de gorila hoy ya no es un agente de zoonosis, sino que da origen a la especie estrictamente humana en la que se convirtió el P. falciparum.

 

Conclusión

 

Los interrogantes planteados por las zoonosis y las enfermedades de origen animal son de dos órdenes. a) ¿Qué probabilidad hay de que un «microbio» pase exitosamente del reservorio animal a la especie humana? Esa probabilidad nunca es nula, pero parece baja teniendo en cuenta los acontecimientos pasados. b) ¿Cuáles son las consecuencias de ese paso a la especie humana? A priori, son poco previsibles, pero la influencia de factores antrópicos puede modificar los parámetros epidemiológicos. Los impactos sanitarios, económicos y sociales dependen de ello. Ahora bien, los comportamientos humanos son aún más difíciles de anticipar y modelizar que los parámetros epidemiológicos clásicos. ¿Debe insistirse en la probabilidad, nunca nula, de que una cepa microbiana se escape del reservorio vertebrado, o se debe tratar de controlar mejor las consecuencias sanitarias evidentes de la demografía humana, los avances tecnológicos, las desigualdades, la pobreza, la inestabilidad política y la mundialización? ¿Debe considerarse la especie humana solo como una víctima, o debe considerársela como un actor importante de los ciclos epidemiológicos que la afectan?

¿Y si el verdadero desafío fuera finalmente aprender a convivir? En la epidemiología de las zoonosis, los vertebrados permiten el mantenimiento de una vasta población microbiana y parasitaria, capaz de evolucionar a su vez y hacer que evolucionen sus huéspedes en reacción, frente a las diversas alteraciones encontradas en los ecosistemas habitados. Solo algunos gérmenes pueden generar problemas. Los vertebrados no mantienen esos microorganismos y esos parásitos para transmitirlos a la especie humana. Biodiversidad y salud: ¿deben considerarse amigas o enemigas?

La diversidad de los «microbios» solo puede comprenderse en el seno de una biodiversidad también vasta de huéspedes vertebrados, pero también invertebrados, hongos, vegetales, especies e individuos. Una noción interesante y debatida es la del posible «papel» de esa doble biodiversidad, parásitos y huéspedes, en la «dilución» de las cepas patógenas, lo que se traduciría en un efecto positivo de esa biodiversidad en la salud a escala planetaria. Un ecosistema poco modificado es rico en una gran diversidad de especies, contrariamente a una agricultura o una ganadería donde se cría una sola especie y cuyos individuos son lo más homogéneos posible. La llegada de un virus, una bacteria o un parásito patógeno a un individuo del cultivo o el criadero se traducirá probablemente en la invasión de todos los demás, y ello generará una epidemia. En una pradera natural, una sabana arbolada, una selva tropical, un pantano, un manglar, cada planta y cada animal están rodeados de numerosos individuos de otras numerosas especies. En ese contexto, el agente patógeno propio de una especie tiene mayor dificultad para pasar de huésped a huésped y se «perdería» en la biodiversidad local. Esta noción es debatida, ya que, según los estudios, los datos confirman o desmienten. Sin embargo, el ritmo actual de erosión de la biodiversidad es tal que, si alguna vez la hipótesis tuviera cierto fundamento, solo podría demostrarse a contrario, lo que representaría un pequeño consuelo. Por otro lado, imaginar que la especie humana sería ajena a los ecosistemas que habita, al punto de no actuar en los ciclos epidemiológicos con los que se cruza, sería irresponsable.

Es imposible responder a estos interrogantes por sí o por no. Una razón más para buscar criterios matizados, responsables, duraderos y comunes entre las diversas medicinas humanas y animales, entre todas las comunidades.

Nota: la versión original de este artículo en francés fue publicada con el título «Les zoonoses, entre humains et animaux» en La Vie des Idées, 1/5/2020, <https://laviedesidees.fr/Les-zoonoses-entre-humains-et-animaux.html>. Traducción: Gustavo Recalde.

Publicado enMedio Ambiente
¿Sueñan las ovejas con COVID-19? Ganadería intensiva y las nuevas pandemias

La biodiversidad nos protege de la emergencia de nuevas enfermedades. Sin embargo, nuestro modelo de producción ataca esta biodiversidad y, en concreto, nuestra industria cárnica podría exponernos con mayor probabilidad a nuevas epidemias.

Las catástrofes pueden llegar a dejar al descubierto las debilidades de un sistema. La pandemia por SARS-CoV-2 ha mostrado lo débiles que pueden llegar a ser nuestras tecnificadas sociedades y ha dado serias lecciones de todo lo que está mal dentro del sistema capitalista. Y es que hace tan solo un año hubiera parecido imposible que un virus pusiera en jaque no solo a cientos de miles de vidas, sino a la economía global. Y esta incredulidad con la que como sociedad estamos viviendo la pandemia tiene que ver con la confianza ciega en una tecnología que continuamente promete salvarnos de la muerte. Por eso, se sigue haciendo hincapié en las soluciones tecnológicas mientras se ignoran aspectos más eficaces como la atención primaria.

¿Cuales son las causas que están en el origen de esta pandemia? El concepto de Una salud (One Health) plantea que es poco adecuado, desde el punto de vista sanitario, estudiar de forma separada al ser humano del resto de la biodiversidad del planeta, especialmente cuando se trata de enfermedades infecciosas. 

Virus y bacterias son muy diferentes en su biología infecciosa, pero tienen en común que son bastante promiscuos y con una gran capacidad de adaptación. Los virus son entidades compuestas generalmente de un pedacito de material genético envuelto en una cápsida o  envoltorio. Apenas se consideran seres vivos y podemos asimilar su comportamiento al de una partícula. Otra característica que nos interesa aquí es que en el proceso de copia de su material genético se producen muchos errores, que generalmente llevan a la inviabilidad del mismo. Sin embargo, unas pocas de estas variaciones, que también se llaman “mutaciones”, producen pequeñísimos (o grandes) cambios en las estructuras proteicas de la envoltura que permiten esa promiscuidad entre especies. 

En este contexto, ¿es seguro nuestro sistema de producción de alimentos?, ¿qué relación existe entre la pérdida de biodiversidad, las llamadas enfermedades emergentes y la industria alimentaria?, ¿puede la industria alimentaria favorecer la emergencia de nuevas pandemias?

 

LA PÉRDIDA DE BIODIVERSIDAD Y ENFERMEDADES EMERGENTES

 

En al año 2008, Kate E. Jones y sus colegas de la sociedad zoológica de Londres detectaron que, entre 1960 y 2004, el 60 % de los brotes de enfermedades emergentes tenían su origen en animales (otros trabajos más antiguos lo situaban alrededor del 75 %), que estos brotes no paraban de aumentar y que un posible mecanismo causal era el uso cada vez más extensivo que hacemos de los ecosistemas. La mayor parte estas enfermedades emergentes eran bacterias y virus, aunque otras como la leishmaniasis o la malaria también se ven influidas por el cambio climático o la deforestación. Incluso hay modelos predictivos que, de seguir nuestra tendencia destructiva actual con el planeta, auguran más y más brotes en el futuro.

En la jerga biológica se llama “efecto dilución” al efecto que tienen los ecosistemas saludables/bien conservados de actuar “diluyendo” a los patógenos. Este efecto vincula de manera causal la bajada de la biodiversidad con el aumento de zoonosis (enfermedades que se transmiten de animales a humanos) a través de dos procesos que tienen que ver con la relación entre dinámica poblacional y biodiversidad. El primer proceso dilutivo ocurre al incrementarse el número de especies presentes en un determinado hábitat a la vez que ocurre una disminución del número de individuos de cada especie (debido, básicamente, a que los recursos son limitados). Como hemos conocido de primera mano durante estos meses, la dinámica de transmisión de enfermedades depende del número de individuos de la misma especie que pueden interactuar con proximidad. Si el número de individuos de cada especie y la densidad poblacional fuesen bajas, entonces la probabilidad de transmisión de una determinada enfermedad sería también baja. Por tanto, este es un proceso que depende de la densidad poblacional. 

El segundo proceso, en cambio, depende de la frecuencia. En este caso, en ecosistemas ricos, con abundancia de recursos, aumenta la diversidad de las especies y, también, el número absoluto de miembros de todas las especies. Hay más especies y más individuos de cada una. A igual número de individuos infectados, en esta situación donde las especies son más populosas, la proporción de infectados es menor. Y esto es muy importante. Lo que determina la dinámica de transmisión de una enfermedad no es el número absoluto de infectados, sino su frecuencia dentro de la población.

Estas hipótesis han sido comprobadas para la enfermedad de Lyme, para la rabia y para el virus del Nilo occidental y, ciertamente, Europa está viviendo un incremento constante de la incidencia de de la primera de estas enfermedades debido, como ha demostrado Tim R. Hofmeester y un nutrido grupo de colegas, a la presión que la caza ejerce sobre las poblaciones de depredadores principales, en este caso zorros. Lo mismo ocurre con la rabia, que tiene en su principal aliado, paradójicamente, una saludable población de zorros, en contraposición al pensamiento generalizado de gestores y cazadores.

Es esta la razón por la que la pérdida de biodiversidad está causando un aumento de la incidencia de las enfermedades emergentes. ¿Y qué es lo que está causando la pérdida de biodiversidad

Según una revisión reciente, realizada por más de 20 especialistas de 12 países, la causa es el modo de producción de nuestras sociedades; un modo de producción basado en el crecimiento perpetuo. En suma, nuestro modelo económico está creando las condiciones ideales para el surgimiento de nuevas pandemias.

 

INDUSTRIA ALIMENTARIA Y BACTERIAS RESISTENTES A ANTIBIÓTICOS 

 

No solo los virus son capaces de producir pandemias. En los casos de las recientes epidemias como el ébola y pandemias como el VIH o el reciente SARS-Cov-2, teníamos un virus como causante. Sin embargo, las diversas epidemias de peste fueron producidas por una bacteria transmitida por un vector (las pulgas de las ratas negras), otras como la malaria y la enfermedad de Chagas producidas por protozoos 

Los antibióticos han sido capaces de salvar de la muerte por sepsis a millones de personas desde su producción y aplicación masiva en medicina al final de la Segunda Guerra Mundial, pero su uso masivo está generando resistencias al acelerar un proceso natural de intercambio genético propio de las bacterias. Cuando las bacterias intercambian fragmentos de material genético bajo condiciones de estrés, por ejemplo en presencia de antibióticos, es mucho más probable que se acaben seleccionando aquellos pocos fragmentos que contienen alguna molécula que ayuda a las bacterias a sobrevivir a ese antibiótico. Este proceso es natural. Lo que no es natural es la presencia casi ubicua de antibióticos en múltiples y variados ecosistemas. Y cuando se habla de ecosistemas, para una bacteria, bien podemos referirnos al estómago de un rumiante.

Las bacterias resistentes a antibióticos comenzaron a ser un problema en los años 50 del siglo XX. Una cepa de la bacteria Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA) producía desde infecciones cutáneas a neumonías, primero en neonatos en los cuales se hizo el descubrimiento, para después detectarla en adultos de diversos países. De hecho, hay muy pocas diferencias entre esta primera cepa y las pocas que hay hoy en día afectando a pacientes de muchos hospitales. Se podría considerar como una pandemia en toda regla.

Siempre se han asociado estas bacterias resistentes a infecciones nosocomiales, producidas durante intervenciones médicas en los hospitales, y cuya emergencia se debía en su mayor parte al uso indiscriminado que hacen las personas en sus casas de los antibióticos, automedicandose y usándolos de forma irresponsable. ¿Es el MRSA de origen hospitalario? ¿Qué papel tienen los antibióticos de uso veterinario en la industria alimentaria en este asunto?

En el año 2013 Ewan M. Harrison, del departamento de medicina veterinaria de la Universidad de Cambridge, lideró un trabajo donde demostraron que, al menos dos casos de infección por la bacteria Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA), habían ocurrido por transmisión directa desde animales de granja hasta humanos. El MRSA es una importante causa de infecciones adquiridas en el hospital, así como una causa creciente de infecciones en personas no hospitalizadas. De hecho, un estudio posterior del 2014 determinó que, pese a que todavía la transmisión zoonótica de MRSA de animales de granja a humanos era limitada y representaba todavía un porcentaje menor del total de incidencias de MRSA en el total de la población, su transmisión estaba aumentando en zonas con una elevada concentración de la explotación ganadera.

El microbiólogo Martin J. Blaser en el año 2007 escribió un libro titulado “Missing microbes: how the overuse of antibiotics is fueling our modern plagues” donde deja bien claro que no es únicamente una responsabilidad individual a través de la automedicación o el abuso, como algunos divulgadores científicos nos quieren hacer creer, sino que detrás del aumento de bacterias resistentes a antibióticos, está también la industria alimentaria a través de sus métodos basados en el engorde con antibióticos (EE.UU) o de tratamiento rutinario de infecciones (UE). 

De hecho, si se miran retrospectivamente las fechas de la legislación que permitía el uso de un determinado antibiótico para tratar, o engordar, animales y la aparición de bacterias resistentes a ese antibiótico infectando a humanos, la tesis de Blaster adquiere la fuerza de hecho probado. Algunos ejemplos. En 1995 se aprueba en EE.UU. el uso de las fluoroquinolonas en la producción de carne de aves de corral. En 1997 el CDC empieza la vigilancia en busca de bacterias del género Campylobacter resistentes a este antibiótico. El 30 % de las muestras ya contenía bacterias resistentes y comenzaba a causar infecciones en humanos. El caso de las cefalosporinas en Canadá es aún más claro, con una fuerte correlación entre uso de las mismas para el engorde de aves y la emergencia de infecciones bacterianas resistentes en humanos. 

Un equipo multidisciplinar, cuyo informe publicado en Science firma en primer lugar Thomas P. Van Boeckel, afirma que “en términos relativos, los humanos y los animales consumen cantidades comparables de antimicrobianos (…), pero dado que la biomasa de los animales destinados a comida supera con creces la biomasa de los humanos, las emergencia de nuevas mutaciones que confieran resistencia [a las bacterias] son más probables [en estos últimos]”. Las nuevas pandemias también se están gestando en macrogranjas y mataderos

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SISTEMA PRODUCTIVO Y CORONAVIRUS

 

Recientemente hemos visto cómo el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, que es capaz de replicarse con éxito desigual en varias especies animales, lograba aparentemente propagarse entre los visones en las granjas peleteras de Holanda y saltar, a su vez, de nuevo al ser humano, constituyendo la primera zoonosis documentada hasta el momento del virus causante de la actual pandemia. Este hecho es muy interesante porque apoyaría la hipótesis de que la concentración de animales de granja, genéticamente muy homogéneos, serviría de reservorio y de centro de ensayo de mutaciones que facilitarían las zoonosis. 

También hemos visto cómo los brotes dentro de la industria cárnica se multiplicaban en AlemaniaEspaña y en otros países. Estos brotes han destapado las miserias de una industria con una gran precariedad laboral que nos expone de forma irresponsable a la peor pandemia que ha padecido el planeta en un siglo. Esto demuestra en cierta manera que la industria alimentaria no solo sería el causante del origen sino también el de la expansión del virus.

En este artículo, firmado por varios autores, entre los que está Rob Wallace, el autor del libro “Grandes granjas producen grandes gripes” se muestran varias razones por las que la agroindustria sería causante de la mayor aparición de enfermedades zoonóticas: gran densidad de animales genéticamente idénticos, sacrificio de animales cada vez más jóvenes, separación espacial de la reproducción del engorde, exportación de animales vivos, aparición de nuevos núcleos urbanos en torno a las macrogranjas (desakotas periurbanas) y un largo etc. 

 

CONCLUSIÓN

 

A pesar del insistente planteamiento con tintes racistas sobre el origen del virus como una consecuencia de costumbres orientales de consumo de carne proveniente de animales exóticos, la realidad es otra.

Es el sistema de producción de carne global, la masificación y su carácter intensivo, lo que permite que de manera legal se vendan todo tipo de animales (de granja y salvajes) conjuntamente en un mismo espacio.

Además de permitir la aparición y transmisión de nuevos virus y bacterias. El considerable aumento en el consumo de carne, su “industrialización”, la facilidad y el negocio que supone el consumo alimentario de animales salvajes ha llevado a que no exista una separación entre la cría y la caza de animales como los puercoespines. La globalización de estas prácticas son las autopistas para virus emergentes como el SARS.

Por La paradoja de Jevons | 17/06/2020

Fuente:  https://www.elsaltodiario.com/paradoja-jevons-ciencia-poder/suenan-las-ovejas-con-covid-19-ganaderia-intensiva-y-las-nuevas-pandemias

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Las poblaciones de estos insectos han disminuido de forma drástica en varios puntos del mundo. La imagen, en el Santuario Santa Clara en Nanacamilpa, Tlaxcala.Foto Cristina Rodríguez

Además de interrumpir los biorritmos naturales, la contaminación lumínica arruina sus rituales de apareamiento

 

La pérdida de hábitat, el uso de pesticidas y, sorprendentemente, la luz artificial son las tres amenazas más graves que ponen en peligro a las luciérnagas en todo el mundo.

Estos factores han elevado el espectro de extinción para ciertas especies y los impactos relacionados con la biodiversidad y el ecoturismo, según un equipo de biólogos liderado por la Universidad de Tufts.

Las luciérnagas pertenecen a un grupo de insectos extendido y económicamente importante, con más de 2 mil especies diferentes repartidas por el mundo.

Para comprender mejor qué amenazas enfrentan las luciérnagas, el equipo dirigido por Sara Lewis, profesora de biología en la Universidad de Tufts, asociada con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, encuestó a expertos de todo el mundo con el fin de evaluar los peligros más importantes para la supervivencia de sus especies locales. Su artículo de perspectiva, publicado este lunes en la revista Bioscience, advierte sobre el futuro de estos insectos, destacando amenazas específicas y la vulnerabilidad de diferentes especies en las regiones geográficas.

Según los encuestados, la pérdida de hábitat es la amenaza más crítica para la supervivencia de la luciérnaga en la mayoría de las regiones geográficas, seguida de la contaminación lumínica y el uso de pesticidas.

“Algunas luciérnagas son amenazadas especialmente cuando desaparece su hábitat porque necesitan condiciones especiales para completar su ciclo de vida. Por ejemplo, una de Malasia (Pteroptyx tener), famosa por sus pantallas de flash sincronizadas, es especialista en manglares”, explicó Lewis.

Un trabajo anterior reveló disminuciones drásticas en esta especie después de la conversión de su hábitat de manglar a plantaciones de aceite de palma y granjas acuícolas. Un resultado sorprendente que surgió de la encuesta fue que, a escala mundial, la contaminación lumínica se consideraba la segunda amenaza más grave para esos insectos.

La luz artificial de la noche creció exponencialmente el siglo pasado. Además de interrumpir los biorritmos naturales, incluido el humano, la contaminación lumínica realmente arruina los rituales de apareamiento de las luciérnagas, sostuvo Avalon Owens, candidato al doctorado en biología en Tufts y coautor del estudio.

Muchas luciérnagas dependen de la bioluminiscencia para encontrar y atraer a sus parejas, y el trabajo anterior ha demostrado que demasiada luz artificial puede interferir con estos intercambios de cortejo, precisó Owens.

Los expertos en luciérnagas vieron el uso agrícola generalizado de pesticidas como otra amenaza clave para la supervivencia de la luciérnaga.

La mayor parte de la exposición a insecticidas ocurre durante las etapas larvarias, porque las luciérnagas juveniles pasan hasta dos años viviendo bajo tierra o bajo el agua.

Los insecticidas como los organofosforados y los neonicotinoides están diseñados para matar las plagas, pero también tienen efectos fuera del objetivo en los insectos beneficiosos. Si bien se necesita más investigación, la evidencia muestra que muchos insecticidas de uso común son perjudiciales para las luciérnagas.

Algunos estudios han cuantificado la disminución de la población de estos insectos, como las observadas en las luciérnagas sincrónicas de Malasia que atraen a los turistas, y Lampyris noctiluca, en Inglaterra.

Y numerosos informes anecdóticos sugieren que muchas otras especies de luciérnagas en una amplia gama de hábitats también han sufrido disminuciones recientes.

Describen el árbol evolutivo de las plantas verdes más completo

Con datos genéticos de mil 147 especies, un equipo internacional de investigadores describe en Nature el árbol evolutivo para las plantas verdes más completo hasta la fecha.

En la actualidad, hay más de 500 mil especies de plantas en el mundo y todas evolucionaron de un antepasado común. Cómo sucedió este salto en la biodiversidad aún no está claro.

La historia y la evolución de las plantas se remontan a unos mil millones de años. Las algas fueron los primeros organismos en aprovechar la energía solar con la ayuda de cloroplastos. En otras palabras, fueron los primeros organismos vegetales en realizar la fotosíntesis.

El objetivo del nuevo estudio fue desentrañar los fundamentos genéticos para este desarrollo. "Algunas especies comenzaron a emerger y evolucionar hace varios cientos de millones de años. Sin embargo, en la actualidad tenemos las herramientas para mirar hacia atrás y ver qué sucedió en ese momento", explica el profesor de fisiólogos de plantas Marcel Quint, del Instituto de Ciencias Agrícolas y Nutricionales en Martin-Luther-Universität Halle-wittenberg (MLU).

Quint lidera un subproyecto con el bioinformático Ivo Grosse, también de MLU, como parte de la Iniciativa de los mil transcriptomos de la planta, una red global de unos 200 investigadores. El equipo recogió muestras de mil 147 especies de plantas terrestres y algas para analizar los patrones de expresión génica (transcriptoma) de todo el genoma de cada organismo.

Con esa información, los investigadores reconstruyeron el desarrollo evolutivo de las plantas y la aparición de especies individuales. Se centraron en especies de plantas que, hasta el momento, no se han estudiado a este nivel, incluidas numerosas algas, musgos y también de las que tienen flores.

Los ecosistemas marinos son los más afectados por la pérdida de especies. / María Dornelas

La pérdida de especies se está produciendo en todo el mundo, pero a escala local las tendencias varían. Un equipo de científicos ha revisado más de 200 investigaciones y concluye que la crisis de la biodiversidad no es solo un declive. Los océanos tropicales son los que sufren la mayor pérdida de especies.

 

Los humanos están remodelando los patrones de la biodiversidad. Las altas tasas de extinción de especies están cambiando el panorama en diferentes regiones del planeta, sobre todo por el uso intensivo del suelo y el cambio climático.

Pero aunque a escala global las evidencias son claras, a escala local -la escala a la que sentimos realmente las contribuciones de la biodiversidad-las tendencias son muy variables.

Un nuevo estudio, publicado este viernes en la revista Science, indica que las proyecciones globales de biodiversidad no siempre encajan con las tendencias altamente variables observadas a nivel local.

El equipo de científicos, liderado por el German Centre for Integrative Biodiversity Research (iDiv) en Alemania y el Centro para la Diversidad Biológica en la Universidad de St. Andrews (Reino Unido), ha examinado la variación espacial y geográfica en la riqueza de especies y la alteración en la composición de la biodiversidad mapeando las tendencias en el mar, la tierra y el agua dulce de todo el mundo.

El análisis ha sido posible gracias a la utilización de datos de 239 estudios científicos con más de 50.000 series temporales procedentes de la base de datos BioTIME, la mayor colección de series temporales de biodiversidad local hasta la fecha.

"Encontramos una clara variación geográfica en el cambio de la biodiversidad", aclaran los autores en su trabajo. Según los científicos, estos hallazgos son importantes ya que históricamente ha sido "sorprendentemente difícil y controvertido" identificar tendencias globales en la biodiversidad de los ecosistemas locales.

En su análisis, Shane Blowes del centro alemán y sus colegas encontraron que la composición de los conjuntos de especies locales se está reorganizando rápidamente.

Mayores cambios en los océanos

El estudio muestra que la pérdida de biodiversidad no es homogénea. Las mayores alteraciones se están produciendo en los océanos, con cambios ascendentes o descendentes de hasta el 20% al año, sobre todo en los biomas marinos tropicales, que son puntos críticos de pérdida de riqueza de especies.

Estos resultados, que ha supuesto un desafío para sus autores, pueden ayudar a informar sobre cómo priorizar en temas de conservación. Los científicos proponen que nuestra comprensión de la pérdida de biodiversidad esté condicionada por el contexto y la localización de cada ecosistema, y no tienen duda de que los impactos del cambio climático y otras actividades humanas están causando alteraciones sin precedentes a la biodiversidad en todo el mundo.

madrid

18/10/2019 10:50 Actualizado: 18/10/2019 10:50

sinc

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El comportamiento animal, eje de estudio para pronosticar desastres

Sigue la movilidad de 13 mil ejemplares distintos mediante sensores remotos; se analiza la trasmisión de enfermedades, seguridad alimentaria e importancia de la biodiversidad

 
Bryson Voirin, integrante del Instituto de Ornitología del Instituto Max Planck, presentó el proyecto Cooperación Internacional para la Investigación Animal usando Sistemas de Información Geográfica (Icarus, por sus siglas en inglés) en el simposio Fronteras de la Ciencia, organizado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y la Sociedad Max Planck.


Es una iniciativa de biólogos, ingenieros e innovadores que sigue el movimiento de 13 mil animales distintos en el planeta, por medio de sensores remotos, que registran las migraciones de aves, insectos y mamíferos.


Además de la movilidad típica de esta fauna, con los sensores remotos se busca otra información: “El principal propósito es enfocarnos en ciertas áreas, como el pronóstico de desastres.


“México es una zona volcánica y sísmica, una de las ideas con las que trabajamos es que a lo largo de la historia de la humanidad, siempre se ha creído que los animales actúan de forma extraña antes de que ocurra un sismo o una erupción volcánica. Tratamos de usarlos de guardianes para que nos alerten cuando algo vaya a ocurrir”, expuso Voirin.


Aunque todavía se trata de algo hipotético, al vigilar el comportamiento animal se ha buscado la posible relación entre las erupciones del Monte Etna –volcán activo en Italia– y el de cabras que habitan la zona. De acuerdo con el expositor, los resultados han hecho que el gobierno italiano apoye con mayor interés el proyecto Icarus.


“Normalmente estas cabras están en la montaña y sólo pastan sin hacer demasiado, pero cuando el Etna estalla actúan de manera extraña. Por lo regular están tranquilas, pero de repente una noche se alteran y enloquecen...; después de seis horas, el volcán hace erupción”, señaló Voirin.


Las investigaciones que conduce Icarus presentan una nueva visión en la movilidad del reino animal, estudiando temas como la trasmisión de enfermedades, seguridad alimentaria, el reconocimiento público acerca de la importancia de la biodiversidad, el clima y el tiempo.


El ingeniero Raúl Jiménez Rosenberg expuso el trabajo de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) a lo largo de 25 años en lo que respecta a la recolección, análisis y registro de la biodiversidad mediante los Sistemas de Información Geográfica.


“Contamos con poco más de 13.2 millones de registros en nuestra base de datos de fauna y flora. De hecho, la Conabio dio fondos para la investigación de alrededor de 800 proyectos”.


El acervo de biodiversidad consiste en la distribución de peces, plantas, aves, mamíferos, anfibios, entre otras especies, las cuales usa Conabio para resolver los problemas que enfrenta México. “Una de las más grandes tareas es la de la valoración de los ecosistemas realizada por investigadores externos que analizan la información generada por la comisión”, explicó Jiménez.


Mostró las aplicaciones de los mapas de distribución de biodiversidad en México y explicó la importancia económica y social de este acervo para usos comerciales y de conservación.

 

El diario.es

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