Sábado, 19 Septiembre 2015 05:16

Cuba se viste de blanco y amarillo por el Papa

Cuba se viste de blanco y amarillo por el Papa

En Cuba todo el mundo habla del "Papa argentino" y su colaboración en el deshielo con Washington, mientras aguardan sus palabras sobre el bloqueo. Avenidas y algunos organismos públicos están decorados con los colores del Vaticano.


Milagro cubano sin ayuda de dios: el haber vivido bajo el yugo del bloqueo durante más de medio siglo y mantener en pie la revolución. Faltando horas para el arribo de Francisco, aquí todo el mundo habla del "Papa argentino", su colaboración en el deshielo con Washington y aguardan sus palabras sobre el bloqueo.


Avenidas y algunos organismos públicos están decorados con listones amarillos y blancos, los colores del Vaticano, que se repiten en las lonas que cubren el tablado erigido en la Plaza de la Revolución donde Francisco celebrará misa el domingo, bajo la bendición de la imagen del Che Guevara.


El canciller, Bruno Rodríguez, declaró que aguarda el discurso papal por sus implicancias en la relación con Estados Unidos. "Lo escucharemos en todo lo que tenga que decir... lo escucharemos con profundo respeto sabiendo que el Santo Padre tiene una extraordinaria autoridad no sólo religiosa sino también ética a escala mundial". Por lo pronto, y pese a los progresos alcanzados en lo diplomático, gracias a la voluntad política de Barack Obama que Cuba reconoce como valiosa, el hostigamiento no cesó, afirmó Rodríguez, ante corresponsales extranjeros.


"En los últimos años, incluso en el período de diálogo y conversaciones confidenciales con el gobierno de EE.UU., ocurridas en los años 2014 y 2015, el bloqueo continuó fortaleciéndose con marcado y creciente carácter extraterritorial, en particular en el ámbito financiero". El jefe de la diplomacia cubana adelantó que el tema será planteado una vez más ante la ONU, donde se recordará que Obama cuenta com atribuciones constitucionales para mitigar la guerra comercial y financiera.
David Hernández es un taxista joven, menos de 40 años, que tiene su parada frente al Hotel Nacional, junto al mítico Malecón habanero. Comenzó a llover, Hernández desplegó el techo corredizo de lona blanca, antes de iniciar el viaje hacia el barrio La Habana Vieja en su Ford Victoria 1953 "V 8, de ocho cilindros", que está pintado de un furioso color rosado. "La pintura es nueva, se la hicimos hace dos años; el carro está viejo pero sigue aguantando. El problema de estos carros es que consumen mucho combustible, son carros americanos, ellos hacen carros para consumir combustible porque tienen de sobra, a nosotros nos falta."


Hernández, como todo cubano, hace gala de su sentido del humor: "Espero que este papa nos dé una ayuda para que se termine el bloqueo; mi carro ya tiene más años que el bloqueo, pero no sé cuánto tiempo más va a seguir andando, ya está viejo y las calles están llenas de pozos".


El mundo posó su mirada en Cuba: mil periodistas extranjeros solicitaron su acreditación ante el Ministerio de Relaciones Exteriores para acompañar la visita del Papa, informó el jefe de prensa de ese organismo, Alejandro González. "A nosotros nos gusta hablar con la prensa para que afuera de Cuba se sepa que acá estamos luchando cada día, estamos esperando que las cosas mejoren, que haya más prosperidad, y tenemos fe en que este papa traiga un buen mensaje. Fíjate, he dicho que tengo fe, pero no soy creyente, soy uu ateo que tiene su propio dios", cuenta David, que me deja en la esquina de la angosta y bonita Calle Campanilla, una arteria colonial, donde se despide con un cordial "cuando quieras cuenta con nuestra ayuda".


El canciller Rodríguez anunció el viaje del presidente Raúl Castro en Naciones Unidas, en lo que será su primera visita a Estados Unidos desde 1959, cuando integró la comitiva encabezada por Fidel Castro pocos meses después del triunfo de la revolución. Raúl hablará posiblemente ante la Asamblea de la ONU, donde también pronunciarán discursos Francisco y Obama. Que la "troika" RaúlFranciscoObama coincida en el mismo recinto de la ONU ha dado lugar a todo tipo de especulaciones entre los periodistas que ya están trabajando en la sala de prensa del Hotel Nacional, decorado com imágenes del Che y Fidel durante sus años de combatientes en Sierra Maestra. Algunos colegas comentaron, entre otras tantas especulaciones, que hasta podría haber un encuentro entre ellos, lo cual sería, seguramente, la "foto del año". Por lo pronto lo único cierto es que el jefe de Estado cubano viajará a Estados Unidos con un clima de aproximación que anteayer fue celebrado por el canciller al hablar ante corresponsales extranjeros.


Por cierto, lo que ocurra este mes en Nueva York será el reflejo de los cabildeos diplomáticos discretos que ocurren en estos días en Cuba, el Vaticano y Estados Unidos. Contactos que seguramente se intensificarán a partir de hoy cuando el Papa desembarque en el aeropuerto internacional José Martí, tras lo cual podría tener un encuentro con Fidel. Es sabido que este Pontífice es un "animal político" habituado a la negociación cara a cara, un estilo muy personal que desplegó el año pasado durante sus encuentros privados, y por separado, que mantuvo con Raúl y Obama en la Santa Sede.


Más allá de que Raúl y Obama vuelvan a encontrarse, como ocurrió este año en la Cumbre de las Américas en Panamá, la visita del mandatario cubano a Nueva York trae a la memoria otros viajes legendarios. Como aquel de Fidel Castro hace más de medio siglo cuando se alojó en un modesto hotel del Harlem, luego de abandonar otro en el que su propietario temía que su imagen se contaminara de reputación "comunista". Ante ello Fidel fue acogido grandiosamente por la comunidad de ese barrio negro, y fueron los propios vecinos quienes establecieron un cordón de seguridad en torno del hotel, donde el líder de la revolución fue visitado por el presidente soviético Nikita Kruschev, el mandatario egipcio Nasser y Malcolm X, líder de la Nación del Islam estadounidense. Fidel literalmente revolucionó a los neoyorquinos fascinados con el guerrillero que había derrocado a la dictadura de Fulgencio Batista, y sobre quien había mil preguntas. Una de ellas era si Fidel era o no era comunista. Quien respondió esa pregunta fue el propio Kruschev, al decir: "No le pregunté a Fidel si era comunista, lo que yo sé es que soy fidelista".

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Prorroga EU un año la Ley de Comercio con el Enemigo

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, prolongó este viernes por un año más la llamada Ley de Comercio con el Enemigo, fundamento del embargo comercial a Cuba, por considerar que responde a los intereses nacionales del país.
Se trató de una mera formalidad, aunque este año había expectativa con lo que pudiera hacer el presidente después de que Washington y La Habana reanudaron en julio relaciones bilaterales tras más de medio siglo de ruptura y enfrentamiento ideológico.


El presidente Obama ha determinado que es en interés nacional de Estados Unidos renovar la Ley de Comercio con el Enemigo por un año, algo que viene haciéndose regularmente desde 1978, explicó Katherine Vargas, portavoz de la Casa Blanca.


Obama no puede levantar el embargo por su cuenta. Sólo el Congreso, dominado por los republicanos, puede hacerlo.
La prolongación de esta legislación, que en un principio expiraba el 14 de septiembre, le permite continuar usando su autoridad ejecutiva para normalizar las relaciones con la isla y realizar pequeños cambios para flexibilizar el embargo.


Hasta que el Congreso levante la medida, la administración continúa tomando pasos prudentes y responsables para permitir el comercio y los viajes, de acuerdo con su autoridad y dentro de las continuas limitaciones del embargo, añadió Vargas.

 

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Jueves, 13 Agosto 2015 06:46

La realidad y los sueños

La realidad y los sueños

Escribir es una forma de ser útil si consideras que nuestra sufrida humanidad debe ser más y mejor educada ante la increíble ignorancia que nos envuelve a todos, con excepción de los investigadores que buscan en las ciencias una respuesta satisfactoria. Es una palabra que implica en pocas letras su infinito contenido.


Todos en nuestra juventud oímos hablar alguna vez de Einstein y, en especial, tras el estallido de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, que puso fin a la cruel guerra desatada entre Japón y Estados Unidos. Cuando aquellas bombas fueron lanzadas, después de la guerra desatada por el ataque a la base de Estados Unidos en Pearl Harbor, ya el imperio japonés estaba vencido. Estados Unidos, el país cuyo territorio e industrias permanecieron ajenos a la guerra, pasó a ser el de mayor riqueza y mejor armado de la tierra, frente a un mundo destrozado, repleto de muertos, heridos y hambrientos.

 

Juntos, la URSS y China habían perdido más de 50 millones de vidas, sumadas a una enorme destrucción material. Casi todo el oro del mundo fue a parar a las arcas de Estados Unidos. Hoy se calcula que la totalidad del oro como reserva monetaria de esa nación alcanza 8 mil 133,5 toneladas de dicho metal. A pesar de ello, haciendo trizas los compromisos suscritos en Bretton Woods, Estados Unidos, declaró unilateralmente que no harían honor al deber de respaldar la onza Troy con el valor en oro de su papel moneda.


Tal medida decretada por Nixon violaba los compromisos contraídos por el presidente Franklin Delano Roosevelt. Según un elevado número de expertos en esa materia, crearon así las bases de una crisis que entre otros desastres amenaza golpear con fuerza la economía de ese modelo de país. Mientras tanto, se adeuda a Cuba las indemnizaciones equivalentes a daños, que ascienden a cuantiosos millones de dólares como denunció nuestro país con argumentos y datos irrebatibles a lo largo de sus intervenciones en las Naciones Unidas.


Como fue expresado con toda claridad por el Partido y el Gobierno de Cuba, en prenda de buena voluntad y de paz entre todos los países de este hemisferio y del conjunto de pueblos que integran la familia humana, y así contribuir a garantizar la supervivencia de nuestra especie en el modesto espacio que nos corresponde en el universo, no dejaremos nunca de luchar por la paz y el bienestar de todos los seres humanos, con independencia del color de la piel y el país de origen de cada habitante del planeta, así como por el derecho pleno de todos a poseer o no una creencia religiosa.


La igualdad de todos los ciudadanos a la salud, la educación, el trabajo, la alimentación, la seguridad, la cultura, la ciencia, y al bienestar, es decir, los mismos derechos que proclamamos cuando iniciamos nuestra lucha más los que emanen de nuestros sueños de justicia e igualdad para los habitantes de nuestro mundo, es lo que deseo a todos; los que por comulgar en todo o en parte con las mismas ideas, o muy superiores pero en la misma dirección, les doy las gracias, queridos compatriotas.

 

Fidel Castro Ruz
Agosto 13 de 2015
1 y 23 a.m.

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Obama podría haber hecho algo más en la relación con Cuba

Pasaron poco más de seis meses desde el histórico anuncio realizado conjuntamente por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, el 17 de diciembre pasado. Dado que no es Cuba quien acosa a Estados Unidos sino Washington quien bloquea a la isla caribeña, parece oportuno indagar sobre lo ocurrido con esa política, que viene siendo repudiada por la comunidad internacional con cada vez mayor fuerza. Al hacerlo, no deja de sorprender que en lo tocante al bloqueo la situación permanece sin mayores cambios. Ha habido varias rondas de conversaciones tendientes a normalizar las relaciones cubano-norteamericanas, pero, hasta ahora, los gestos y las decisiones concretas que tiene que tomar la Casa Blanca han sido escasos y de poca monta. Peor aún, el día previo al del anuncio el Departamento del Tesoro sancionó al Commerzbank de Alemania con una multa cercana a los mil millones de dólares por realizar operaciones financieras con Cuba. La decisión de eliminar a ese país de la lista de países patrocinadores del terrorismo –lugar en el que había sido absurdamente incluido desde los años de Ronald Reagan, en 1982– puede facilitar el relanzamiento de las relaciones económicas pero, hasta ahora, es muy poco lo que se ha hecho.

Del lado norteamericano se dice que el Congreso no acompaña las políticas de la Casa Blanca y que obstaculiza el avance del proceso de normalización. Sin embargo, un equipo de abogados estadounidenses ha demostrado que existe un amplio campo de atribuciones en manos del Ejecutivo y que si Obama quisiera podría impulsar algunas decisiones que reducirían significativamente los perniciosos efectos del bloqueo. A título meramente ilustrativo, argumentan que podría autorizar el establecimiento de conexiones aéreas regulares servidas por transportadores de Estados Unidos y Cuba o que los visitantes norteamericanos a la isla pudieran traer de regreso, para uso personal o como regalos, toda clase de bienes producidos sin limitaciones discriminatorias (en relación con lo permitido para otros países) según el tipo de artículos (ron, tabaco, etcétera) o el valor de los mismos; posibilitar el establecimiento de relaciones de corresponsalía entre instituciones bancarias de ambos países; eliminar o atenuar, para ciertos productos estadounidenses, la necesidad de que Cuba pague sus compras "en efectivo y por anticipado"; autorizar el uso de dólares norteamericanos en las transacciones comerciales que realicen las empresas cubanas y facilitar las operaciones de "clearing" a través del sistema bancario estadounidense; suprimir la política de "veto a Cuba" en las instituciones financieras internacionales a la hora de aprobar créditos o donaciones a la isla; abolir la prohibición que impide a barcos que hayan transportado cargas desde o hacia Cuba amarrar en puertos de los Estados Unidos antes de 180 días después de abandonar un puerto cubano, así como autorizar a navíos que transporten bienes o pasajeros hacia o desde Cuba ingresar a puertos de los Estados Unidos; otorgar una licencia general que permita el flujo sin límites y frecuencias de remesas destinadas a individuos u organizaciones no gubernamentales radicadas en Cuba, incluyendo pequeñas granjas; facilitar la exportación de equipos informáticos y software de origen estadounidense a Cuba, así como materiales dedicados al desarrollo de la infraestructura de telecomunicaciones; autorizar a ciudadanos de Estados Unidos a recibir tratamientos médicos en Cuba, la exportación de medicinas, insumos y equipos para la atención de pacientes cubanos o para facilitar la producción biotecnológica de la isla y permitir el ingreso a Estados Unidos de medicamentos cubanos para su venta en ese país. Este listado, que podría extenderse con muchas otras medidas, es suficientemente ilustrativo de que es posible aminorar el criminal impacto del bloqueo si hubiera la voluntad política de sentar sobre nuevas bases las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. La gran pregunta es: ¿por qué no lo hace?


Podría conjeturarse que la pasividad de Obama es una estrategia para debilitar a Cuba y negociar desde una posición de fuerza la normalización de las relaciones diplomáticas o para apaciguar a sus críticos de derecha, tanto dentro de su propio partido como entre los republicanos; o que la maquinaria burocrática del Estado impone ritmos y erige limitaciones a lo que el ocupante de la Casa Blanca quiera hacer, como lo demuestra su incapacidad para cerrar la cárcel de Guantánamo a pesar de sus promesas de campaña; o una combinación de todo lo anterior. Pero lo cierto es que, cualesquiera que fueren las razones por las que Obama no hace uso de sus atribuciones, el bloqueo sigue su curso ocasionando graves daños a la economía cubana y provocando crueles sufrimientos a su población. Tal vez en el fondo de esta política se encuentre la ilusión de que la permanencia del bloqueo y la irritación que éste produce precipitarán un estallido de protesta popular que ponga fin a la Revolución Cubana. Hace más de medio siglo que Washington adhirió a esa estúpida creencia, refutada por la historia, pero sabemos que una de las cosas que distinguen al imperio es su enfermiza obcecación por apoderarse de Cuba, una ambición hecha pública en los albores de la república norteamericana por John Adams, el segundo presidente de ese país, cuando en junio de 1783 declaró la necesidad de anexar la isla caribeña a los Estados Unidos. Dado que Obama aclaró que la normalización de relaciones bilaterales no significa que su país abandone la idea de producir un "cambio de régimen" en Cuba para, según él, facilitar el advenimiento de la democracia y la libertad en la isla –preguntemos: ¿como en Libia, Irak, Siria, Honduras?–, no sería de extrañar que su actitud fuera expresión de aquella prepotente necesidad sentida por Adams hace ya más de dos siglos y que el actual ocupante de la Casa Blanca no se atreve a desechar pese a su inmoralidad y a su insalvable anacronismo. A seis meses del anuncio del 17 de diciembre pasado, Obama podría haber hecho algo más. Aunque nomás sea por respeto a sus propias palabras

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Martes, 12 Mayo 2015 06:15

Histórica visita a Cuba

Histórica visita a Cuba

El presidente de Francia, François Hollande, fue recibido por Fidel Castro en su visita oficial a Cuba. Hollande afirmó que vivió un "momento histórico" en el encuentro de 50 minutos con el líder revolucionario de 88 años. Antes, en la Universidad de La Habana, el mandatario galo destacó el aporte de la isla al proceso de paz en Colombia y abogó por el fin del bloqueo económico que Estados Unidos impone sobre la isla desde más de cinco décadas. "Todo lo que pueda hacer Francia para permitir que se tomen nuevas decisiones, que se confirme esa apertura (de Washington y La Habana), que esas medidas que tanto perjudicaron a Cuba puedan por fin anularse, suprimirse, para que cada país sea respetado con su propia identidad, esto es lo que tenemos que hacer", dijo Hollande. "Con Francia van a disponer de un aliado fiel", señaló el mandatario, según reprodujo el diario oficial Granma.


Es la primera visita de un jefe de Estado de la Unión Europea en esta fase que se inicia, tras el histórico acercamiento diplomático entre Washington y La Habana anunciado en diciembre último. Hollande sostuvo: "Ustedes saben muy bien cuál ha sido siempre la posición de Francia con respecto al embargo que obstaculiza del desarrollo de Cuba". En ese sentido, recordó que cada año, desde principios de la década de los '90 del siglo pasado, su país se pronunció en Naciones Unidas a favor de la resolución que demanda el fin de esa política. "Lo que le voy a decir a Raúl Castro (presidente de Cuba, con quien tenía previsto reunirse anoche) es que quiero que podamos superar juntos nuevas etapas, que podamos hablar de nuestros países pero también de Europa y de América latina", manifestó el mandatario francés, porque la relación entre ambos países también se inscribe, dijo, en un marco mundial.


Para Hollande, París y La Habana tienen influencia en sus respectivos continentes, lo que debe aprovecharse para estar a la vanguardia de los retos y desafíos actuales, entre los que destacó los riesgos del cambio climático. En ese sentido, recordó la conferencia que se celebrará este año en la capital francesa sobre cambio climático y se mostró convencido de que el apoyo y el aporte de Cuba en ese de-safío serán valiosísimos. El jefe de Estado galo se mostró asimismo optimista de que su visita contribuya a acelerar el acercamiento entre la Unión Europea (UE) y la isla. Bruselas y La Habana abrieron en abril del año pasado negociaciones sobre un convenio de diálogo político y cooperación. En junio celebrarán una nueva ronda de diálogo que incluye aspectos de la cooperación bilateral y de derechos humanos, éste último, uno de los temas más espinosos en las relaciones de los países de la UE con la isla."Creo que mi ejemplo va a ser imitado por otros, que van a recibir ustedes muchas otras visitas de dirigentes europeos", vaticinó Hollande. "Me parece muy importante que Europa esté presente en este momento que vive Cuba", dijo también el líder francés con respecto al proceso de apertura económica de los últimos años en la isla y al deshielo diplomático con Estados Unidos.


No son ajenos a este viaje los negocios en turismo, telecomunicaciones, construcción, energía, alimentación y distribución. Los grandes grupos franceses, entre los que destacan Accord, Total o Alcatel, están presentes en varios sectores de la economía cubana. Décimo socio económico de la isla, Francia quiere ampliar su presencia en el mercado cubano y no dejar pasar el tren de la apertura económica. Por eso, numerosos empresarios franceses acompañaron a Hollande en una delegación que incluyó a siete ministros y viceministros. Varios acuerdos fueron firmados en esta ocasión, pero "no es tanto la cantidad lo que va a contar, sino el acceso a los mercados latinoamericanos", confesó Hollande. El presidente sostuvo que "existe la voluntad de Francia de multiplicar los intercambios culturales y los económicos con América latina".


Su visita oficial empezó en la mañana con una reunión con el cardenal Jaime Ortega, máximo representante de la Iglesia Católica en Cuba, condecorado por Hollande con la orden de Comandante de la Legión de Honor francesa, la más alta distinción de Francia. Tras la visita a la Universidad de La Habana, el presidente francés inauguró una nueva sede de la institución cultural Alianza Francesa en el céntrico distrito de La Habana Vieja.

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Miércoles, 18 Marzo 2015 06:11

Cuba y EE.UU. negociaron en silencio

Cuba y EE.UU. negociaron en silencio

La tercera entrevista entre La Habana y Washington transcurrió en un clima profesional y los países acordaron mantener la comunicación en el futuro, informó la Cancillería cubana. La reunión fue "positiva" y "constructiva", coincidió EE.UU.

 

Cuba y Estados Unidos cerraron su tercera ronda de negociaciones en el encuentro más hermético a la opinión pública desde que ambos países anunciaran su histórico acercamiento, en diciembre. A contramano de las reuniones de enero y febrero, ninguna de las partes dialogó con los medios en La Habana. En cambio, se limitaron a confirmar en dos breves comunicados la celebración de la cita entre las delegaciones lideradas por Josefina Vidal, directora de Asuntos de Estados Unidos en la Cancillería cubana, y Roberta Jacobson, secretaria adjunta para América latina del Departamento de Estado norteamericano. La tercera entrevista entre La Habana y Washington transcurrió en un clima profesional y los países acordaron mantener la comunicación en el futuro, informó la Cancillería cubana. La reunión había sido anunciada el viernes, dos semanas después de las últimas conversaciones.


Los anteriores encuentros se desarrollaron en La Habana en enero y en Washington en febrero. "El 16 de marzo tuvo lugar en La Habana un encuentro entre delegaciones de Cuba y los Estados Unidos, para intercambiar sobre temas específicos relacionados con el proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países", señaló la Cancillería en un escueto comunicado, publicado en su página web. "La discusión de ayer (por el lunes) fue positiva y constructiva y se mantuvo en un ambiente de respeto mutuo", señaló el vocero del Departamento de Estado norteamericano, en una breve declaración difundida a los medios. "Se centró en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la reapertura de embajadas", agregó el documento. Ninguna de las dos partes dio mayores detalles sobre los temas abordados.


Fuentes diplomáticas estadounidenses señalaron de antemano que esta tercera ronda era una reunión de menor rango que las dos anteriores y que Jacobson, máxima representante del Departamento de Estado norteamericano para América latina, viajaba esta vez a La Habana con una delegación más reducida.


A pesar de la reserva que rodea a esta nueva etapa de negociaciones, se supo que Cuba y Estados Unidos retomaron desde ayer la conexión aérea directa entre La Habana y Nueva York con un vuelo charter, que tendrá una frecuencia semanal y será operado por la agencia de viajes estadounidense Cuban Travel Services (CTS), en el marco del deshielo diplomático en el que intentan avanzar los dos países. La línea entre las dos ciudades quedó abierta en la mañana del martes con un avión que salió de la capital cubana hacia la Gran Manzana, en el que viajaron diez personas a bordo de una nave que había llegado a la isla desde Miami, informaron fuentes del aeropuerto internacional José Martí.


El viaje de retorno, procedente del aeropuerto internacional JFK, de Nueva York, arribó a La Habana a las 18.30 hora local (17.30 hora argentina), apuntaron esas fuentes. En febrero, CTS informó que el vuelo entre Nueva York y La Habana se realizaría en un Boeing 737-800, alquilado a la aerolínea estadounidense Sun Country. La compañía turística precisó en aquel entonces que se ofrecerían dos tarifas únicas: 849 dólares ida y vuelta y 1334 dólares si se trataba de clase ejecutiva. Esta conexión se suma a otros nuevos servicios charter anunciados recientemente entre Estados Unidos y la isla, como la travesía Nueva Orleáns-La Habana, retomada el sábado pasado, después de 57 años.


En este contexto de acercamiento, Estados Unidos espera reabrir una embajada en La Habana antes de la Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Panamá, donde el 10 y el 11 de abril se espera a representantes del más alto nivel de todos los países del continente. El inesperado deshielo diplomático entre Washington y La Habana, anunciado el 17 de diciembre, generó grandes expectativas de cara a la cita, donde los presidentes Barack Obama y Raúl Castro se verán previsiblemente las caras por primera vez en un foro de este tipo.
La crisis venezolana y las tensiones entre ambas naciones podrían empañar sin embargo el encuentro. Además de Cuba, otros países del ALBA como Bolivia y Ecuador, aliados de Caracas, criticaron ya con dureza a Estados Unidos. Pero también la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), donde países como Colombia, Chile o Perú mantienen relaciones más cordiales con Washington, pidió a Obama que revoque la orden ejecutiva que impone sanciones a Venezuela.


Las nuevas conversaciones tienen lugar en medio del malestar que generaron en la región las nuevas sanciones del gobierno del presidente Barack Obama contra Venezuela. Asimismo, el mandatario estadounidense calificó recientemente al contexto que atraviesa el país caribeño como una amenaza para la seguridad nacional de su país. Pese al acercamiento con Estados Unidos, Cuba criticó en los últimos días con dureza lo que considera una agresión de Washington contra Caracas. "No se puede manejar a Cuba con una zanahoria y a Venezuela con un garrote", protestó el ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez.

Los países que integran el bloque de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), cercano al chavismo, celebraron ayer mismo en Caracas una cumbre extraordinaria para fijar una posición común frente a las amenazas norteamericanas, como las calificó la prensa oficial cubana. Ayer, el ex presidente cubano Fidel Castro publicó una carta dirigida al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en el diario cubano Granma, en la que elogiaba, entre otras cosas, la disciplina y el espíritu de las fuerzas militares venezolanas. Se trata de la segunda misiva de apoyo que Castro le envía a Maduro después de las sanciones norteamericanas.

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ONU advierte de una nueva guerra si sigue bloqueo a Gaza

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en el Oriente Próximo (UNRWA) ha advertido de que la continuación del bloqueo israelí contra la Franja de Gaza dará lugar a una "nueva guerra" en la región.


"El conflicto es siempre una cuestión inevitable, pero no atajar sus raíces convertirá la violencia en algo también inevitable", ha reiterado el director de la UNRWA en Gaza, Robert Turner.


Turner ha manifestado su preocupación por el retraso en la reconstrucción de Gaza, al lamentar que debido a la falta de fondos, la Agencia solo será capaz de construir 200 de las 7000 viviendas previstas para los palestinos en el enclave costero
"El levantamiento del bloqueo, la creación de un desarrollo económico mejor y auténtico, ciertamente creará esperanza para la población de la Franja de Gaza para que tenga un futuro mejor y alcance el progreso requerido", ha afirmado.


El funcionario de la ONU también ha insistido en que la situación actual en Gaza es mucho peor que antes de las recientes ofensivas militares de régimen de Tel Aviv.


Más de siete semanas de agresiones israelíes a Gaza en julio y agosto de 2014 dejaron al menos 2310 muertos y 10.626 heridos, en su mayoría civiles, además de que unos 100 mil palestinos perdieron sus hogares.


La UNRWA advirtió el 4 de marzo de que, por el bloqueo israelí contra el enclave costero, al menos 860.000 personas de la zona requieren de ayuda alimentaria para sobrevivir.


Desde 2007, el régimen israelí mantiene un bloqueo contra Gaza, impidiendo a los ciudadanos de esta región ejercer sus principales derechos, entre ellos, el derecho al trabajo, la salud, la educación y la libertad de circulación.


(Con información de HispanTV)

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Cuba advierte a EEUU de que no permitirá que use el deshielo como método de injerencia

Washington asegura que la nueva política hacia la isla es un cambio de táctica para lograr los mismos objetivos de siempre. La Habana responde que la soberanía nacional y el orden político interno no son negociables.


LA HABANA.- El Comandante Ernesto Che Guevara fue el primero en acercarse a los EEUU para proponer un mejoramiento de las relaciones bilaterales, lo hizo en 1961 en Uruguay. Washington entendió mal la propuesta del guerrillero cubano-argentino, pensaron que se trataba de una divergencia dentro del gobierno revolucionario y, en vez de responder, se dedicaron a buscar la grieta que les permitiría meter una cuña entre los jefes barbudos. Se equivocaron entonces y podrían también equivocarse hoy.

Las negociaciones emprendidas por Raúl Castro y Barack Obama pueden fracasar si el gobierno de EEUU insiste en influir en la política cubana. La jefa de la delegación estadounidense, Roberta Jacobson, lo expresó de forma diáfana cuando dijo, en conferencia de prensa en La Habana, que se trata de un cambio de táctica para lograr los mismos objetivos. Tal vez el mensaje fuera dirigido a aplacar a los halcones del Congreso pero también fue escuchado en Cuba.

La primera reacción fue de Fidel Castro, quien apoyó el diálogo pero advirtió que él no confía en las buenas intenciones de Washington. Pocos días después, el presidente Raúl Castro subía las apuestas pidiendo, en la Cumbre de la CELAC, la devolución de la base militar de Guantánamo. Y finalmente la negociadora Cubana, Josefina Vidal, expresaba que "la soberanía y el ordenamiento interno de Cuba no son negociables", dejando establecido que no están dispuestos a cambiar el sistema para mantener relaciones normales con EEUU.


Otro de los temas que está produciendo escozor es la movilidad de los diplomáticos de los dos países. Fue EEUU quien primero restringió la libertad de movimientos de los diplomáticos cubanos y La Habana respondió con una medida similar. Ahora Washington reclama que sus funcionarios puedan moverse por toda la isla pero Josefina Vidal expresó que eso solo podría ocurrir si los diplomáticos estadounidenses se comprometen a dejar de "estimular, organizar, entrenar, aprovisionar y financiar elementos dentro de nuestro país que actúan contra los intereses del Gobierno del pueblo cubano".

Sin embargo, la negociadora estadounidense y Subsecretaria de Estado, Roberta Jacobson, aseguró en el Senado que si abren una embajada "no restringiríamos las actividades que hacemos ahora", agregando que "no puedo imaginarme que vayamos a la etapa siguiente de la negociación aceptando no ver a los activistas". Washington entrega cada año 20 millones de dólares para financiar las actividades de los disidentes y la Oficina de Intereses de los EEUU en Cuba mantiene una estrecha relación con los opositores, les imparten cursos, prestan sus locales para las actividades, organizan videoconferencias y les dan acceso a Internet.

Las palabras de Jacobson pueden responder a la presión de los senadores cubanoamericanos, en particular del Republicano Marco Rubio y del Demócrata Bob Menéndez, quienes intentan influir en Washington. Ambos pretenden perpetuar el bloqueo económico contra la isla y son enemigos de la normalización de las relaciones con Cuba. Cuentan con el respaldo de algunos disidentes, como la hija de Oswaldo Payá, la que fue llevada al Senado para testificar.

Sin embargo, las últimas encuestas aseguran que la mayoría de los estadounidenses y de los emigrados apoyan el acercamiento.

Tal vez el principal contratiempo al que se enfrentan los senadores promotores del embargo económico radica en que importantes empresarios cubanoamericanos, algunos de los cuales financiaban antes parte de las actividades del anticastrismo, se muestran ahora interesados en hacer negocios con Cuba. En ese sector hay personalidades tan relevantes como los Bacardí, productores de bebidas alcohólicas, o los Fanjul, considerados en EEUU como los reyes del azúcar.

El mundo está a la espera de que Vidal y Jacobson se sienten otra vez a la mesa, pero todo parece indicar que la negociación no se ha detenido. Cada parte está exponiendo públicamente sus aspiraciones para dejarlas plasmadas antes de iniciar la segunda ronda en Washington y también para tratar de conseguir el mayor apoyo político interno. En manos de estas dos mujeres está el futuro de las relaciones bilaterales, de su habilidad para sortear escollos y emboscadas depende en gran medida que la nave llegue a buen puerto.

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Lunes, 26 Enero 2015 06:32

La acción histórica de Obama

La acción histórica de Obama

El establecimiento de vínculos diplomáticos entre Estados Unidos y Cuba ha sido ensalzado en el mundo como un suceso de importancia histórica. El corresponsal John Lee Anderson, quien ha escrito con perspicacia acerca de la región, sintetiza una reacción general entre los intelectuales liberales cuando escribe, en The New Yorker, que:
Barack Obama ha mostrado que puede actuar como estadista de altura histórica. Y también, en este momento, Raúl Castro. Para los cubanos, este momento será emocionalmente catártico e históricamente transformacional. Durante 50 años su relación con su rico y poderoso vecino norteamericano se ha mantenido congelada en la década de 1960.

Hasta un grado surrealista, sus destinos también se congelaron. Para los estadunidenses el suceso es importante también. La paz con Cuba nos devuelve momentáneamente a aquella era dorada en la que Estados Unidos era una nación amada en todo el mundo, cuando un joven y apuesto presidente JFK estaba en el cargo... Antes de Vietnam, de Allende, de Irak y de todas las miserias, y nos permite sentirnos orgullosos de nosotros mismos por hacer lo correcto.


El pasado no es tan idílico como lo retrata la persistente imagen de Camelot. JFK no fue antes de Vietnam o ni siquiera de Allende o Irak, pero dejemos eso a un lado. En Vietnam, cuando JFK asumió el cargo, la brutalidad del régimen de Diem impuesto por Washington había finalmente provocado una resistencia nacional que no pudo enfrentar. Kennedy se vio confrontado por lo que llamó un asalto desde adentro, agresión interna, según la interesante frase favorecida por su embajador ante la ONU, Adlai Stevenson.


En consecuencia, Kennedy aumentó de inmediato la intervención estadunidense a la escala de una agresión, ordenando a la Fuerza Aérea bombardear Vietnam del Sur (según límites sudvietnamitas, que no engañaban a nadie), autorizando la guerra química y con napalm para destruir cultivos y ganado, y lanzando programas para llevar a los campesinos a virtuales campos de concentración para protegerlos de los guerrilleros, a quienes Washington sabía que la mayoría de ellos apoyaban.


Hacia 1963, los informes desde el terreno parecían indicar que la guerra de Kennedy triunfaba, pero surgió un grave problema. En agosto, la Casa Blanca se enteró de que el gobierno de Diem buscaba negociaciones con el Norte para poner fin al conflicto.


Si JFK tenía la menor intención de retirarse, eso le habría dado una oportunidad perfecta para hacerlo graciosamente, sin costo político, e incluso afirmando, en el estilo acostumbrado, que fue la fortaleza estadunidense y la defensa de la libertad lo que obligó a los norvietnamitas a rendirse. En cambio, Washington respaldó un golpe militar para instalar halcones militares, más apegados a los compromisos reales de JFK; el presidente Diem y su hermano fueron asesinados en el proceso. Con la victoria en apariencia a la vista, Kennedy aceptó a regañadientes una propuesta del secretario de Defensa Robert McNamara de comenzar el retiro de tropas (NSAM 263), pero con una condición crucial: después de la victoria. Kennedy mantuvo con insistencia esa demanda hasta su asesinato, unas semanas después. Muchas ilusiones se han tejido en torno a esos sucesos, pero se derrumban con rapidez ante el peso del rico registro documental.


La historia en otras partes no fue tan idílica como las leyendas de Camelot. Una de las decisiones de Kennedy que tuvieron mayores consecuencias se dio en 1962, cuando cambió en los hechos la misión de los militares latinoamericanos de la defensa hemisférica –remanente de la Segunda Guerra Mundial– a la seguridad interna, eufemismo para nombrar la guerra contra el enemigo interno, la población. Los resultados fueron descritos por Charles Maechling, quien dirigió la contrainsurgencia estadunidense y la planeación de la defensa interior de 1961 a 1966.


La decisión de Kennedy, escribió, llevó la política estadunidense de la tolerancia a la rapacidad y crueldad de los militares latinoamericanos a la complicidad directa en sus crímenes, al apoyo de los métodos de los escuadrones de exterminio de Heinrich Himmler. Quienes no prefieren lo que el especialista en relaciones internacionales Michael Glennon llamó ignorancia intencional pueden con facilidad aportar los detalles.


En Cuba, Kennedy heredó la política de Eisenhower de bloqueo y planes formales de derrocar al régimen, y con rapidez los intensificó con la invasión de Bahía de Cochinos. El fracaso de la incursión causó algo cercano a la histeria en Washington. En la primera reunión de gabinete después de la fallida invasión, la atmósfera era casi salvaje, observó en privado el subsecretario de Estado Chester Bowles: Hubo una reacción casi frenética a un programa de acción. Kennedy expresó la histeria en sus declaraciones públicas: "Las sociedades complacientes y blandas están a punto de ser eliminadas junto con los desechos de la historia. Sólo los fuertes... tienen la posibilidad de sobrevivir", dijo a la nación, aunque estaba consciente, según admitió en privado, de que los aliados creen que estamos un poco dementes por el tema de Cuba. No sin razón.


Las acciones de Kennedy eran acordes con sus palabras. Lanzó una campaña terrorista asesina, diseñada para llevar los terrores de la Tierra a Cuba, según la frase de su consejero, el historiador Arthur Schlesinger, en referencia al proyecto asignado por el presidente a su hermano Robert como su más alta prioridad. Aparte de dar muerte a miles de personas junto con una destrucción en gran escala, los terrores de la Tierra fueron un factor principal en poner al mundo al borde de una guerra mundial terminal, como revela un estudio reciente. El gobierno reanudó los ataques terroristas tan pronto como la crisis de los misiles se desactivó.


Una forma común de evadir los temas desagradables es limitarse a las conjuras de la CIA para asesinar a Castro, ridiculizar su absurdo. Existieron, sí, pero fueron apenas un pie de página a la guerra terrorista lanzada por los hermanos Kennedy luego del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, guerra a la que es difícil encontrar parangón en los anales del terrorismo internacional.


Hoy día existe mucho debate sobre si Cuba debe ser retirada de la lista de países que apoyan el terrorismo. Sólo puedo traer a la mente las palabras de Tácito de que el crimen una vez expuesto sólo tiene refugio en la audacia. Excepto que no está expuesto, gracias a la traición de los intelectuales.


Al asumir la presidencia luego del asesinato, Lyndon B. Johnson relajó el terrorismo, que sin embargo continuó durante la década de 1990. Pero no permitió que Cuba viviera en paz. Explicó al senador Fulbright que si bien no iba a entrar en ninguna operación de Bahía de Cochinos, quería asesoría sobre cómo debemos pincharles las bolas más de lo que lo estamos haciendo. En su comentario, el historiador sobre América Latina Lars Schoultz observa que pinchar las bolas ha sido la política estadunidense desde entonces.


Algunos, sin duda, han sentido que tales métodos delicados no bastan, por ejemplo Alexander Haig, miembro del gabinete de Richard Nixon, quien pidió a ese presidente: Usted ordene y convierto esa pinche isla en estacionamiento.
Su elocuencia captura con vividez la prolongada frustración de los líderes estadunidenses con esa infernal pequeña república cubana, frase de Theodore Roosevelt al desahogar su furia por la resistencia de Cuba a aceptar graciosamente la invasión de 1898 para bloquear su liberación ante España y convertirla en una colonia virtual. Sin duda su valerosa incursión en la colina de San Juan había sido una noble causa (por lo regular se pasa por alto que esos batallones africano-estadunidenses fueron en gran medida responsables de conquistar la colina).


El historiador cubano Louis Pérez escribe que la intervención estadunidense, ensalzada en Estados Unidos como una intervención humanitaria para liberar a Cuba, logró sus objetivos verdaderos: Una guerra cubana de liberación se transformó en una guerra estadunidense de conquista, la guerra entre Estados Unidos y España en la nomenclatura imperial, diseñada para oscurecer la victoria cubana, que fue absorbida rápidamente por la invasión. El desenlace alivió las ansiedades estadunidenses acerca de lo que era anatema para todos los responsables de las políticas estadunidenses desde Thomas Jefferson: la independencia de Cuba.


Cómo han cambiado las cosas en dos siglos.


Ha habido esfuerzos tentativos por mejorar las relaciones en los pasados 50 años, revisados en detalle por William LeoGrande y Peter Kornbluh en su reciente estudio integral, Back Channel to Cuba. Es debatible que debamos sentirnos orgullosos de nosotros por los pasos que Obama ha dado, pero sí son lo correcto, aunque el aplastante bloqueo siga en vigor en desafío a todo el mundo (excepto Israel) y el turismo aún esté prohibido. En su mensaje a la nación en el que anunciaba la nueva política, el presidente dejó en claro que también en otros aspectos el castigo a Cuba por no plegarse a la voluntad y a la violencia de Washington continuará, repitiendo pretextos que son demasiado ridículos para comentarlos.


Sin embargo, son dignas de atención las palabras del presidente, tales como las siguientes: "Orgullosamente, Estados Unidos ha apoyado la democracia y los derechos humanos en Cuba a lo largo de cinco décadas. Lo hemos hecho sobre todo mediante políticas que apuntan a aislar la isla, evitando los viajes y el comercio más básicos que los estadunidenses pueden disfrutar en cualquier otro lugar. Y aunque esta política ha estado fincada en la mejor de las intenciones, ninguna otra nación nos secunda en imponer estas sanciones y ha tenido poco efecto más allá de dar al gobierno cubano una justificación para imponer restricciones a su pueblo... Hoy, les soy sincero: nunca podemos borrar la historia entre nosotros".


Uno tiene que admirar la asombrosa audacia de esta declaración, que nuevamente hace evocar las palabras de Tácito. Obama sin duda está consciente de la historia verdadera, que no sólo abarca la asesina guerra terrorista y el escandaloso bloqueo económico, sino también la ocupación militar del sureste de Cuba durante más de un siglo, incluyendo su puerto más grande, pese a solicitudes de su gobierno desde la independencia de devolver el territorio robado a punta de pistola, política justificada sólo por la adhesión fanática a bloquear el desarrollo económico de la isla. En comparación, la ilegal anexión de Crimea por Putin parece hasta benigna. La dedicación a la venganza contra los cubanos impúdicos que resisten el dominio estadunidense ha sido tan extrema que incluso se ha contrapuesto a los deseos de normalización de la comunidad de negocios –empresas farmacéuticas, agronegocios, energéticas–, algo inusitado en la política exterior estadunidense. La cruel y vengativa política de Washington ha aislado prácticamente a Estados Unidos en el hemisferio y atraído el desprecio y el ridículo en todo el mundo. A Washington y sus acólitos les gusta fingir que han aislado a Cuba, como Obama expresó, pero la historia muestra con claridad que es Estados Unidos el que está siendo aislado, lo que es probablemente la principal razón de este cambio parcial de curso.


Sin duda, la opinión interna es otro factor en la histórica acción de Obama, aunque el público ha estado durante mucho tiempo en favor de la normalización sin que tenga relevancia. Una encuesta de CNN de 2014 mostró que sólo uno de cada cuatro estadunidenses considera hoy día a Cuba una amenaza seria a Estados Unidos, en comparación con más de dos tercios hace 30 años, cuando Ronald Reagan advertía sobre la grave amenaza a nuestras vidas planteada por la capital de la nuez moscada en el mundo (Granada) y por el ejército nicaragüense, a sólo dos días de marcha de Texas. Ahora que los miedos se han abatido un poco, tal vez podamos relajar ligeramente nuestra vigilancia.


En los extensos comentarios a la decisión de Obama, un tema dominante ha sido que los esfuerzos benignos de Washington por llevar la democracia y los derechos humanos a los sufridos cubanos, manchados sólo por infantiloides rufianes de la CIA, han sido un fracaso. Nuestros nobles objetivos no se alcanzaron, así que se impone un cambio de orden, aun sin desearlo.


¿Fueron un fracaso las políticas? Depende de cuál fuera el objetivo. La respuesta es clara en el registro documental. La amenaza cubana era la ya conocida que aparece en toda la historia de la guerra fría, con muchos precedentes. Fue explicitada con claridad por el gobierno de Kennedy. La preocupación primordial era que Cuba pudiera ser un virus que esparciera el contagio, para tomar prestados los términos de Kissinger sobre el tema de costumbre, en relación con Chile en la era de Allende. Eso se reconoció de inmediato.


Con la intención de enfocar la atención en América Latina, antes de asumir el cargo Kennedy estableció una misión latinoamericana, encabezada por Arthur Schlesinger, quien informó las conclusiones al presidente entrante. La misión advertía sobre la susceptibilidad de los latinoamericanos a la idea de Castro de tomar las cosas en sus propias manos, serio peligro, explicó Schlesinger más adelante, cuando "la distribución de la tierra y otras formas de riqueza nacional favorecen grandemente a las clases propietarias... (y) Los pobres y menos privilegiados, estimulados por el ejemplo de la revolución cubana, demandan ahora oportunidades de una vida decente".


Schlesinger reiteraba los lamentos del secretario de Estado John Foster Dulles, quien se quejaba al presidente Eisenhower de los peligros representados por los comunistas dentro del mismo Estados Unidos, que eran capaces de ganar control de los movimientos de masas, ventaja injusta que no tenemos capacidad de duplicar.
La razón es que los pobres son a los que convocan, y ellos siempre han querido despojar a los ricos. Es difícil convencer a gente atrasada e ignorante de seguir nuestro principio de que los ricos deben despojar a los pobres.
Otros elaboraron sobre las advertencias de Schlesinger. En julio de 1961, la CIA informó que "la extensa influencia del castrismo no es función del poderío cubano... La sombra de Castro se engrandece porque las condiciones sociales y económicas a lo largo de América Latina invitan a oponerse a la autoridad gobernante y alientan la agitación por el cambio radical", del cual la Cuba de Castro es un modelo. El Consejo de Planeación de Políticas del Departamento de Estado explicó que "el peligro primordial que enfrentamos con Castro reside... en el impacto que la mera existencia de su régimen ha dejado en muchos países latinoamericanos... El hecho simple es que Castro representa un desafío triunfal a Estados Unidos, una negación de toda nuestra política hemisférica de casi siglo y medio", desde que la Doctrina Monroe declaró que la intención estadunidense de dominar el hemisferio. Para expresarlo en términos simples, observa el historiador Thomas Paterson, Cuba, como símbolo y realidad, desafió la hegemonía de Estados Unidos en América Latina.


La forma de tratar con un virus que podría extender el contagio es acabar con él e inocular a las víctimas potenciales. Esa razonable política es precisamente la que aplicó Washington, y en términos de sus objetivos primordiales, ha sido muy exitosa. Cuba ha sobrevivido, pero sin la capacidad de alcanzar su temido potencial. Y la región fue inoculada con perversas dictaduras militares para prevenir el contagio, empezando por el golpe militar inspirado por Kennedy que estableció un régimen de Seguridad Nacional de terror y tortura en Brasil poco después del asesinato del presidente estadunidense, régimen al que Washington dio entusiasta bienvenida. Los generales habían llevado a cabo una rebelión democrática, telegrafió el embajador estadunidense Lincoln Gordon. La revolución fue una gran victoria para el mundo libre, que evitó una pérdida total para Occidente de todas las repúblicas sudamericanas, y debía crear un clima grandemente mejorado para las inversiones privadas. Esta revolución democrática fue la victoria más decisiva para la libertad de mediados del siglo XX, sostuvo Gordon, uno de los mayores puntos de quiebre de la historia mundial en ese periodo, que eliminó lo que Washington veía como un clon de Castro.


La plaga se extendió luego por el continente, y culminó en la guerra terrorista de Reagan en Centroamérica y finalmente en el asesinato de seis destacados intelectuales latinoamericanos, sacerdotes jesuitas, por un batallón salvadoreño de élite, recién desempacado del entrenamiento en la Escuela de Guerra Especializada JFK en Fort Bragg, siguiendo órdenes del alto mando de asesinarlos junto con cualquier testigo, su ama de llaves y la hija de ella. El 25 aniversario del asesinato acaba de pasar, y fue conmemorado con el silencio que se considera apropiado para nuestros crímenes.


Mucho de esto se aplica asimismo a la guerra de Vietnam, también considerada un fracaso y una derrota. Vietnam en sí no era causa de ninguna inquietud, pero, como revela el registro documental, Washington se preocupaba de que un desarrollo independiente exitoso extendiera el contagio en toda la región y llegara a Indonesia, rica en recursos, y quizá hasta Japón: el superdominó, como lo describió el historiador asiático John Dower, que se pudiera adaptar a un este de Asia independiente y se convirtiera en su centro industrial y tecnológico, al margen del control estadunidense, que construyera un nuevo orden en Asia. Estados Unidos no estaba preparado para perder la fase del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial a principios de la década de 1950, así que se dispuso con rapidez a apoyar la guerra de Francia para reconquistar su antigua colonia, y luego los horrores que siguieron, los cuales se intensificaron cuando Kennedy asumió el cargo, y más tarde sus sucesores.


Vietnam quedó prácticamente destruido: ya no sería modelo para nadie. Y la región fue protegida con la instalación de dictaduras asesinas, muy al modo de América Latina en los mismos años: no es innatural que la política imperial siga líneas similares en diferentes partes del mundo. El caso más importante fue Indonesia, protegida del contagio por el golpe de Suharto de 1965, un pavoroso asesinato en masa, como lo describió con exactitud el New York Times, aunque se unió a la euforia general por un rayo de luz en Asia (el columnista liberal James Reston). En retrospectiva, el consejero de seguridad nacional de Kennedy y Johnson McGeorge Bundy reconoció que nuestro esfuerzo en Vietnam fue excesivo después de 1965, ya con Indonesia fácilmente inoculada.


La guerra de Vietnam es descrita como un fracaso, una derrota estadunidense. En realidad fue una victoria parcial. Estados Unidos no logró su máximo objetivo de convertir a Vietnam en Filipinas, pero las principales preocupaciones fueron superadas, al igual que en Cuba. Tales desenlaces, por tanto, cuentan como derrota, fracaso, decisiones terribles.


La mentalidad imperial es asombrosa de contemplar. Apenas si pasa un día sin nuevas ilustraciones. Podemos añadir el estilo del nuevo movimiento histórico en Cuba, y su recepción, a esa distinguida lista.

Traducción: Jorge Anaya

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La evaporación del bloqueo y del socialismo

Estados Unidos no cambia de objetivos pero modifica los procedimientos. Los gobiernos de América Latina y del Caribe le han impuesto a Washington la presencia de Cuba en la Cumbre de las Amé¬ricas que se realizará en abril en Panamá. Y el presidente Obama pretende "renovar nuestro liderazgo en el continente americano". Llegará al país del Canal pidiendo perdón por la invasión de 1989 y diluyendo los dos conflictos que más rechazo provocan entre los latinoamericanos: el bloqueo impuesto a Cuba y la intervención en la guerra civil de Colombia.


El poder económico, político y militar que en Estados Unidos conduce las políticas presidenciales ha decidido que resulta imprescindible un nuevo manejo de la proyección imperial contra América Latina. Wa¬shing¬ton no tiene desde hace 15 años, cuando impuso el Plan Colom¬bia, una política estratégica y global para la región. Su única iniciativa posterior, el Acuerdo de Libre Co¬mer¬cio para las Américas (ALCA), previsto para 2005, fue un tremendo fracaso por la oposición de Brasil en alianza con los mejores gobiernos de América del Sur. Lo que ahora preparan es una adaptación de su nueva estrategia de dominación militar, light footprint (mínima huella o marcaje suave), para su regreso diplomático, económico y cultural contra la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR) y la Comunidad de Es¬tados Latinoamericanos y Cari¬beños (CELAC). Lo que para el Pentágono son las fuerzas especiales, los drones y la ciberguerra, en el Departamento de Estado se convierte en gobiernos cómplices contra la integración regional, bombardeos comerciales y agresiva desinformación.


El bloqueo impuesto durante más de 50 años impidió el desarrollo democrático del proyecto cubano de socialismo, y el poder profundo estadounidense considera que lo más eficaz es la contaminación económica y cultural para acabar con lo poco que queda de la Revolución. No es una casualidad que la reanudación de las relaciones diplomáticas se anuncie al mismo tiempo que el alto el fuego unilateral e indefinido de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Obama quiere llegar a la Cumbre de las Américas con los dos conflictos simultáneamente desactivados. Necesita un nuevo escenario, más manejable, para ahogar al Gobierno de Venezuela, recuperar Argentina y aislar a Bo¬livia y Ecuador mientras negocia con la potencia emergente de Brasil. Sus aliados en el marcaje suave, para impedir la soberanía nacional, la justicia social y la integración latinoamericana, son los gobiernos de México y de Colombia.


Defenderse de otra manera

Estados Unidos no renuncia a recuperar Cuba. Sólo cambia de procedimiento. Las remesas, el turismo y el comercio pueden provocar en la isla más desmovilización y peor desigualdad. La consecuencia sería que se evaporen al mismo tiempo el bloqueo y el proyecto de socialismo.

Hay por lo menos tres posibilidades. La restauración estadounidense que reclaman una oposición insignificante y la extrema derecha del Partido Republicano. La recuperación y democratización del proyecto cubano de socialismo en la integración regional. Y la copia china. La primera queda fuera del marcaje suave. La segunda es la que propone la auténtica izquierda del Partido Comunista de Cuba, un sector muy valioso pero minoritario y bloqueado por la burocracia. La tercera sería la combinación de un gobierno autoritario, sostenido por las Fuer¬zas Ar¬ma¬das, con la decoración comunista y el mercado selectivo para empresarios de Rusia, China, Bra¬sil, la Unión Europea, el exilio cubano y Estados Unidos.


Raúl Castro aseguró que no será presidente en 2018, cuando se realicen las elecciones para renovar la Asam¬blea Nacional del Poder Popular y el Consejo de Estado. Tiene tres años para preparar a sus sucesores. ¿Con reformas económicas sin apertura política? Ahora que Washington cambia de ataque, La Habana no puede mantener la misma defensa. Sin democratización (la que necesita Cuba y no la que quiere Estados Unidos) vendrá la descomposición. La asignatura pendiente de la Re¬volución Cubana sigue siendo hacer compatibles la defensa de la soberanía nacional y el derecho a la autodeterminación personal. Por¬que puede haber democracia sin socialismo, pero no socialismo sin democracia.

¿Las FARC a cambio de Cuba?

En la edición de Diagonal del 20 de diciembre de 2012 escribí sobre la posibilidad de "la desmovilización de las FARC a cambio del final del bloqueo a Cuba". Un mes antes habían comenzado en La Habana las negociaciones del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla y ahora se sabe que entonces Barack Obama ya había decidido iniciar conversaciones con Cuba después de su reelección presidencial.


El 17 de diciembre de 2014, Ba¬rack Obama y Raúl Castro anunciaban la reanudación de las relaciones diplomáticas. El mismo día las FARC establecían por primera vez un alto el fuego unilateral e indefinido, confirmando así que las negociaciones con el Gobierno de Colombia entraban en su fase definitiva.

El 23 de febrero de 2012 estaban en La Habana (cada cual a lo suyo) el enviado de Obama y los representantes de Santos y de las FARC. En la reunión de Raúl Castro con el senador demócrata Patrick Leahyse se iniciaba el camino para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y al mismo tiempo comenzaban seis meses de conversaciones secretas entre los colombianos para definir la agenda de las negociaciones.

Nada se sabía sobre los dos procesos cuando Juan Manuel Santos viajó a La Habana el 6 de marzo para agradecerle a Raúl Castro que fuera el anfitrión del diálogo con las FARC y negociar la ausencia de Cuba en la Cumbre de las Américas que iba a realizarse en Colombia el 15 de abril. A cambio, América Latina le imponía a Estados Unidos la presencia de Cuba en la siguiente cita continental de este año en Panamá. En agosto se destaparon las negociaciones con la guerrilla colombiana.


En junio de 2013 estadounidenses y cubanos iniciaron en Canadá la elaboración de su acuerdo. En 2014 se añadió la colaboración del Vati¬cano, y la información confidencial que recibió la UE provocó su cambio de actitud, decidiendo preparar un acuerdo de cooperación con Cuba. La reelección de Santos en junio se interpretó como un referéndum a favor de la negociación con las FARC. Y durante el segundo semestre se pulieron los detalles para anunciar al mismo tiempo el cambio en la política de Estados Unidos contra Cuba y el encauzamiento aparentemente definitivo de las negociaciones para la desmovilización de las FARC.


¿Ganan todos? Estados Unidos recupera la iniciativa en América Latina. Cuba impone la defensa de su soberanía nacional y puede mejorar su situación económica. Santos consigue acabar con las FARC, el objetivo histórico de la oligarquía colombiana y de sus socios estadounidenses. ¿Y las FARC? Están rodeadas por el tremendo rodillo militar del imperio y las presiones de los gobiernos de Cuba, Venezuela, Brasil y Ecuador para que se desmovilicen. En la CELAC se consideran anacronismos tanto el bloqueo contra Cuba como la resistencia de la guerrilla en Colombia. Las FARC pueden conseguir un acuerdo razonable, pero el poder político, económico y militar de Colombia no lo cumplirá.

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