Injerencia estadunidense en los comicios ecuatorianos

El 7 de febrero se celebran comicios presidenciales y legislativos (137 asambleístas) en Ecuador. El candidato mejor colocado para ganar la elección es Andrés Arauz, candidato de la coalición Unión por la Esperanza (UNES). Arauz es el representante de la identidad política llamada correísmo, heredero de una revolución ciudadana a la que el actual gobierno intentó aniquilar y proscribir electoralmente.

Andrés Arauz tiene 37 por ciento de intención de voto en las encuestas más recientes, frente a 24 por ciento del banquero Guillermo Lasso, su principal competidor, quien busca "desterrar de una vez por todas el modelo fracasado de socialismo del siglo XXI". El problema es que es necesario alcanzar 40 por ciento de los votos y 10 puntos de diferencia al segundo para ganar en primera vuelta. En caso de no hacerlo, habrá segundo round el 11 de abril.

Lenin Moreno es el tercer actor en disputa. El actual presidente acaba de visitar Washington, donde se reunió con uno de los responsables intelectuales del golpe de Estado en Bolivia, Luis Almagro, con el ex director del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca y actual presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el cubanoestadunidense Claver Carone y con el Fondo Monetario Internacional, con quien Ecuador contrajo una deuda por varios miles de millones de dólares durante la presidencia de Moreno.

Moreno está desesperado y al mismo tiempo temeroso de un eventual regreso del correísmo al gobierno, pues podría ser sujeto de numerosos procesos judiciales por su accionar, y ya ha gestionado su salida del país, con Suiza como destino, nación donde tiene cuentas bancarias resultado de la corrupción y entrega de los recursos del país al capital extranjero y a los organismos financieros internacionales.

Una de sus principales colaboradoras, la ex ministra María Paula Romo, negoció también con la embajada de Estados Unidos su refugio en Washington, siguiendo los pasos de Richard Martínez, ex ministro de Economía, quien fue recompensado en noviembre pasado con la Vicepresidencia del BID.

En paralelo, y al igual que sucedió en Bolivia, comienza a aflorar en la derecha ecuatoriana el discurso de un supuesto fraude electoral. Para ello han creado un "Observatorio para el control electoral" a cargo de Mario Pazmiño, ex jefe de la Policía Nacional, vinculado a los servicios de inteligencia estadunidenses. A este operativo se han sumado el Instituto Nacional Demócrata (NDI) y el Internacional Republicano (IRI) de Estados Unidos.

El NDI está reclutando ciudadanos ecuatorianos participantes de los programas de transparencia electoral, liderados por Julian Charles Quibell, funcionario estadunidense que trabaja en el NDI desde hace 18 años y es considerado el gurú de las elecciones en América Latina.

Quibell comenzó sus andanzas en el NDI en 2002, asesorando la red de partidos políticos de derecha en Bolivia durante dos años, para a continuación llegar a la oficina del NDI en México entre 2004 y 2012, desde donde dio el salto a la oficina regional del instituto en Managua, con la misión de organizar acciones contra el gobierno sandinista, entre ellos el diplomado en liderazgo y gerencia pública, financiado por Usaid, espacio pensado para formar y financiar a líderes opositores "emergentes".

El funcionario estadunidense ligado a los servicios de inteligencia tuvo que salir abruptamente de Nicaragua hacia México en enero de 2019, cuando estaba a punto de ser detenido por las autoridades locales a partir de una serie de denuncias en su contra.

En julio de 2020 fue reubicado en la oficina de Ecuador, donde también le fue encomendada la atención a los programas de Bolivia, casualmente dos naciones envueltas en procesos electorales y con posibilidades de victoria de fuerzas de izquierda.

En estos momentos el NDI ejecuta un proyecto en Ecuador financiado con 2 millones de dólares de USAID, con el objetivo de crear condiciones para "garantizar la transparencia y la seguridad" del proceso electoral, con cierto control sobre el proceso y las plataformas digitales destinadas a fiscalizarlo. Entre sus actividades principales, apoya a sectores de la derecha ecuatoriana y a personal vinculado al escrutinio, en un proyecto en cuya ejecución se implica directamente el gobierno de Lenin Moreno, a través de la cancillería y el Consejo Nacional Electoral (CNE).

Por si no fuera poco, una de las subordinadas de Quibell es la ciudadana ecuatoriano-brasileña Juliana Ferreira Sevilla, quién anteriormente trabajó en la cancillería y tiene vínculos con el CNE, habiendo sugerido incluso realizar las elecciones de manera virtual.

Pero la idea en la que convergen hoy tanto Lenin, como su ministro de Defensa, responsable de la represión en octubre de 2019 y alfil de Estados Unidos, por un lado, y Almagro y el NDI, por otro, es suspender los comicios ante la posible victoria en primera vuelta de Arauz, al igual que sucedió con la de Lucho Arce en Bolivia.

Se hace necesaria la presión internacional para que esto no suceda, y la presión nacional para cuidar cada voto y cada casilla, rechazando tanto la injerencia externa de Estados Unidos, como la interna de sus lacayos locales.

El rol de los cursos de liderazgo del NDI en Nicaragua y la sui géneris Revolución de las chimbombas http://nicaleaks.com/2018/10/04/ el-rol-de-los-cursos-de-liderazgo-del-ndi -en-nicaragua-y-la-sui-generis-revolucion -de-las-chimbombas

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El presidente Joe Biden firmó ayer varias órdenes ejecutivas en la Casa Blanca para atender las crisis que marcan prioridad en su agenda. Lo observa la vicepresidenta Kamala Harris.Foto Afp

El gobierno de Joe Biden emitió una serie de órdenes ejecutivas y medidas para abordar el tema de la desigualdad racial en el sistema de justicia y vivienda, reafirmar la soberanía de las naciones indígenas y la anulación formal de la llamada política de tolerancia cero que fue empleada para separar de sus padres y secuestrar a más de 5 mil niños migrantes, mientras el nuevo presidente sostuvo su primer diálogo con su par ruso, Vladimir Putin, en lo que se pronostica será un giro menos amistoso en la política bilateral con Moscú.

Biden firmó cuatro órdenes ejecutivas en torno a su promesa de abordar la injusticia racial, informó la Casa Blanca. Al firmar las órdenes, Biden recordó el caso de George Floyd, el afroestadunidense que murió cuando un policía se hincó sobre su cuello, caso que detonó manifestaciones masivas a nivel nacional. “Esos ocho minutos y 46 segundos que le quitaron la vida a George Floyd abrieron los ojos de millones de estadunidenses y millones en todo el mundo. Fue una rodilla sobre el cuello de la justicia y no será olvidado… marcó un parteaguas en la perspectiva de este país sobre la justicia racial”, comentó.

También recordó que entre quienes asaltaron el Capitolio el 6 de enero estaban supremacistas blancos y que ahora es el momento de actuar sobre la crisis de la injusticia racial, una de las cuatro que sufre el país junto con la pandemia, la crisis económica y el cambio climático, que ha identificado como las prioridades de su gobierno.

Sus órdenes ayer, según su asesora de política doméstica Susan Rice (quien se identificó como descendiente de migrantes jamaiquinos y esclavos estadunidenses), son parte de las iniciativas que ponen la equidad racial al centro de la agenda del nuevo gobierno.

En conferencia de prensa, Rice indicó que “para demasiadas familias el racismo sistémico y la desigualdad en nuestra economía, leyes e instituciones aún ponen muy fuera de alcance el sueño americano”. Añadió que la familia afroestadunidense promedio tiene una décima parte de la riqueza de su contraparte blanca, que las personas de color son más afectadas por el Covid-19 que los blancos y que uno de cada 10 trabajadores afroestadunidenses y uno de cada 11 latinos están ahora desempleados, mientras las comunidades indígenas sufren condiciones aún peores.

Una de las órdenes firmadas ayer –la no renovación de contratos del Departamento de Justicia con prisiones privadas– es parte de la respuesta a demandas para reformar el sistema de justicia criminal. Sin embargo, organizaciones de defensa de derechos de migrantes y de derechos civiles criticaron que esa orden no incluye los centros de detención para inmigrantes. Según una investigación de la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles, 81por ciento de migrantes (en promedio, unos 50 mil cada día) bajo custodia de la agencia federal ICE están en instalaciones operadas por empresas privadas.

Otras órdenes incluyen reforzar el compromiso del gobierno federal de respetar la soberanía de gobiernos tribales y promover su inclusión en la formulación de políticas federales que tienen implicaciones para los pueblos indígenas, medidas para revertir la discriminación en políticas de vivienda y dar pasos para combatir la xenofobia y los actos de violencia contra asiáticos estadunidenses (esto después de que Trump llamaba al Covid-19, el virus chino).

Por separado, el Departamento de Justicia anuló el memorando del gobierno de Trump que proclama una política de tolerancia cero, según la cual todo adulto capturado cruzando la frontera de manera ilegal sería enjuiciado, reportó la agencia Ap. Pero los menores de edad que viajan con adultos no podían permanecer encarcelados con ellos, de acuerdo con la ley, y como resultado agentes federales separaron a más de 5 mil 500 niños de sus padres en un periodo de meses antes de que la crítica feroz de la práctica la frenara en 2018. Sin embargo, luego de que un tribunal federal ordenó al gobierno pasado reunificar a todas estas familias, hoy día aún no se ha logrado ubicar a los padres de unos 600 de estos menores.

Relaciones exteriores

Mientras el enfoque político del gobierno de Biden ayer fue sobre asuntos de política interna, también se marcaron cambios en la externa. Biden se comunicó la tarde de ayer con el presidente ruso, Vladimir Putin, con el fin de abordar varios temas, como extender el tratado de armas nucleares New START por otros cinco años (caduca el 5 de febrero) y también para expresar críticas y advertencias.

Según la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, Biden expresó sus preocupaciones sobre la interferencia en la elección de 2020, el envenenamiento de Alexei Navalny y el trato a manifestantes pacíficos por las fuerzas de seguridad rusas. Agregó que también se habló de la agresión contra Ucrania y de las versiones de que Rusia había colocado recompensas sobre las vidas de soldados estadunidenses en Afganistán.

Biden había prometido en su campaña asumir una postura más firme con Putin y criticó a Trump por ser demasiado cercano al mandatario ruso. De acuerdo con Psaki, la intención de Biden ayer fue dejar claro que Estados Unidos actuará firmemente en defensa de nuestros intereses nacionales en respuesta a acciones malignas de Rusia.

A la vez, el encargado de la política exterior de Biden, Antony Blinken, fue ratificado por el Senado como secretario de Estado. Blinken tiene una larga relación con Biden desde que el ahora presidente era jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, después fue su asesor de política exterior cuando era vicepresidente, y finalmente subsecretario de Estado en ese mismo gobierno de Barack Obama.

No todo cambia

Al mismo tiempo, el senador Robert Menéndez será el nuevo presidente del Comité de Relaciones Exteriores, como parte de los cambios del traslado del control de la cámara alta a los demócratas, noticia que preocupó a quienes tienen esperanzas de un giro más progresista en la política exterior. Menéndez tiene un largo historial como halcón y fue opositor a la normalización de la relación diplomática con Cuba (él es cubanoestadunidense) impulsada por el gobierno de Obama (con Biden como vicepresidente).

Menéndez también promueve una línea dura contra el gobierno de Nicolás Maduro y ayer la Casa Blanca no indicó que estuviera preparada para algún cambio, aunque tampoco lo descartó. La vocera de la Casa Blanca, Psaki, sólo reiteró que el objetivo de Estados Unidos es apoyar una transición pacífica y democrática en Venezuela por medio de elecciones libres e imparciales y subrayó que Biden se enfocará en abordar la situación humanitaria y buscará proceder por conducto de la diplomacia multilateral.

¿Impunidad otra vez?

Hablando de democracia, elecciones imparciales y transiciones pacíficas, hubo noticias relativamente positivas para Trump en Washington: aunque una mayoría del Senado estuvo a favor de proceder con el juicio político del ex mandatario, sólo cinco de los 50 republicanos se sumaron a todos los demócratas (50), lo que indica que no habrá suficientes votos –por ahora– para condenar a Trump (se requieren dos tercios de la cámara alta para declararlo culpable). Pero eso puede cambiar antes y durante el juicio político programado para comenzar el 9 de febrero.

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Martes, 26 Enero 2021 09:27

Perdida en la vida

Perdida en la vida

La inspiración de esta escritura surge en medio de las revueltas del 21N de 2019, intentado hacerles espacio a los feminismos en medio de una coyuntura tan especial. Nos encontramos con Erika en un lugar llamado “Trementina”, el cual pensé que hacía referencia a una mujer de “trementina” reputación, pero luego de paseos canábicos, frecuentando los alrededores, me enteré que trata más bien de asuntos artísticos. Ahora creo que las dos definiciones son buenas. Ambas se refieren a energías emancipantes para mí: las mujeres y el arte. Así que de una conversación en trementina resulta esta estrepitosa escritura.

Perderse es una palabra proveniente del latín perdere, que significa “dejar algo” o “no obtenerlo”. De perdere, la etimología on-line dice que, además, vienen palabras como “desperdiciar” y “desperdicio”. Entonces perderse significa quizá dejar algo por ahí…. O no llegar a obtenerlo. Quise indagar un poco más en “El origen de las palabras”, un diccionario etimológico ilustrado que compré un par de años atrás, cuando empecé a fascinarme con la historia de las palabras, sus usos y sobre todo, rastrear el paso del tiempo sobre sus significados y el deterioro de sus referencias habituales. Sin embargo, no obtuve mayores hallazgos, porque la palabra “perderse” no se encuentra en este diccionario etimológico ilustrado. Pero saben qué, me encontré con una palabra con la que al parecer se comparte una raíz: peripecia.


Una peripecia es, tanto en las obras dramáticas como en la realidad cotidiana, una “mudanza repentina de situación debida a un accidente imprevisto que cambia el estado de las cosas”. Si no hay una relación en la raíz latina o griega entre peripecia y perderse, existe entonces una relación en la experiencia de vida de muchas mujeres y feministas, perdidas, que han tenido que armarse de peripecias para volver a encontrar o al menos pilotear aquello que varias llamamos “estar perdida en la vida”.

Primera perdida: La sospecha feminista

El primer momento en el que sentí que mi vida empezó a dispersarse, la primera vez que llegó un sin-sentido particular nunca antes vivido, fue cuando decidí rupturar una de las-relaciones-entre-mujeres más importantes de mi vida reciente. En medio de la fase inicial de la transición de la guerra a la paz, el cese bilateral de fuegos no solo era una preocupación a nivel nacional, me preocupaba la guerra entre conocidas, la guerra entre mujeres, la guerra que se libra a veces en un campo laboral por un puesto, por el reconocimiento, por la productividad. Había que caminar rápido, había que caminar eficiente, había que caminar con conocimientos no aprendidos aún en la selva urbana laboral. Luego ya no había que caminar, si no que tenía que correr. Me bajé. Me bajé, me descargué y me perdí. No sabía cómo caminar y ahora me tocaba correr, claramente me perdí. Me perdí y me dolió. Estar adolorida y perdida, me generó una sensación de sospecha feminista constante a las relaciones entre mujeres en escenarios de jerarquización laboral, en jerarquías de afectos, en jerarquías de conocimientos. Me empezó a dar sospecha feminista de las jerarquías.

Segunda perdida: La separación feminista

El segundo momento en el que llegó el segundo-sin-sentido de mi vida, fue cuando decidí habitarme de nuevo en soledad. Llevaba compartiendo un par de años con un amor-amigo-compañero, cuando tuve que cambiar las chapas de la casa y por ahí derecho, cambiar de amigas, cambiar de rutas, cambiar de ropa, cambiar las cortinas de la casa y las sábanas de la cama, cambiar de cara, cambiar de vida. La sensación de una separación creo que podría ser comparada con un momento de perdición absoluta (varias sabemos que no dura para siempre aunque en ese momento pienses que sí).

Días previos a las fatídicas elecciones presidenciales del 2018, perdí mi cédula de identidad sin tener una sola pista de dónde o cómo fuera esto posible. Perder la cédula significó para mí la pérdida de mi identidad. Yo me encontraba (sobre)viviendo con mi amor-compañero, pero en un momento (in)determinado sentía que no estaba allí, que dejaba de ser yo; suena She lost control de Joy División.

Perdida la cédula, perdida la identidad, perdida las elecciones con Petro, perdido el amor-compañero, perdida la vida una vez más.

Tercera perdida: La renuncia feminista

El tercer y último momento en el cual el sin-sentido cobró su mayor fuerza, fue cuando decidí renunciar a la comunidad política que me había alimentado la esperanza, la fuerza, la humildad y la sabiduría por casi media vida. En dicha comunidad política crecí, me criaron. Fue mi nicho, fueron las amigas de la vida, fueron las complicidades en los momentos más oscuros e inciertos, fue el primer amor-compañero y hasta el segundo. Del nicho hubo amor campesino y estudiantil. Amor afrodescendiente e indígena. El amor del color del pueblo, el amor entre-mujeres y el reconocimiento de la autoridad femenina de las mayoras campesinas; eterna sabiduría. El amor callejero, montañero y de ríos. Amor marítimo a veces, amor selvático otras, amor de carretera y largas horas en movilizaciones de victorias aseguradas en una invención poderosa, nuestra, del nosotros. Allí se me quedó medio corazón. Perdí más bien, medio corazón, medio amor, media esperanza, media alegría, medio lugar. Medio territorio, medio cuerpo. Me perdí y me quedé a medias, a medio camino.
La encontrada

Lectoras, compartirán conmigo que el mejor momento de estas historias tritónicas seguramente será perderse, y en medio del perderse, las peripecias necesarias, todas, para volver a encontrarse. Yo me perdí tres veces y voy en mi primera encontrada. Esta primera encontrada me ha llevado a reconocer dentro de mí la herencia poderosa de la sospecha feminista y sus calmaciones, de las separaciones feministas y la transformación del amor, de las renuncias feministas y los aprendizajes del caminar a mi ritmo.

Termino con lo siguiente: sospecha, separación, renuncia, formas lingüísticas de experimentar la sensación de “estar perdida en la vida”. Perderse, peripecia, irse, dudar, renunciar que rima con abortar, todo aquello que impide perdernos y que más bien nos hace sentir como eternas perdidas.

 

* Decirle a una mujer que es una perdida es decirle que ha incumplido con todo lo que se esperaba de ella, así que nosotras queremos reivindicar ese perderse de las mujeres, porque han fracturado el molde patriarcal que las acecha. En Relatos de Mujeres Perdidas presentaremos tres narraciones acerca de la sensación de sin-sentido y pérdida de toda esperanza que nos hace revolcarnos mujer adentro para encontrarnos, en nuestros propios cantos y con nuestras garras.
Estas narrativas están hiladas como un tritono disonante y subversivo. Esa figura musical se ha considerado siniestra desde el Medioevo, y las mujeres que aquí tejen sus historias, se han hecho cada vez más feministas y más siniestras. En sus historias perdidas encontraron algo de conexión con su identidad y potencia, así que aquí está la primera entrega de nuestro cuarto tritono.

 

 

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Publicado enEdición Nº275
Lunes, 25 Enero 2021 06:00

Nosotros

Nosotros

Es correcto, como han argumentado varios en la izquierda en México y otros países latinoamericanos, que Joe Biden no es un político progresista, y también que su llegada a la Casa Blanca no modificará los objetivos básicos de la política imperial de Estados Unidos. Todo progresista crítico (o sea, no liberal) en Estados Unidos está de acuerdo. Pero ese no es el punto.

Es desafortunado que algunas partes importantes (con excepciones notables) de las fuerzas de izquierda o progresistas en México y otros países latinoamericanos simplemente no han reconocido y felicitado la lucha de sus contrapartes en Estados Unidos. Aún peor, en algunos casos, han declarado que a fin de cuentas lo ocurrido políticamente en el norte "da igual" visto desde el sur. (Advertencia: aquí se repiten puntos de la columna de la semana pasada para argumentar algo muy sencillo: la lucha de los pueblos por la justicia, la dignidad y la autodeterminación en la coyuntura binacional e hemisférica requiere de la solidaridad en su sentido más amplio).

Lo que acaba de ocurrir política y socialmente en Estados Unidos no se puede entender sin poner al centro la lucha contra el proyecto neoliberal durante cuatro décadas (igual que en México y todo el hemisferio) y en particular el proyecto neofascista encabezado por Trump y sus cómplices durante los últimos cuatro años. El triunfo que se logró no se llama Biden sino la derrota de un proyecto neofascista, y con ello se abre otra etapa más de la lucha contra el neoliberalismo. Para las fuerzas progresistas estadunidenses el triunfo electoral es sólo un paso necesario con el fin de continuar la lucha para la democratización fundamental de esta superpotencia que viene de muy atrás y que aún tiene largo camino por delante.

Este triunfo se debe, en gran medida, a un mosaico de movimientos sociales progresistas en su esencia antifascistas y anti-neoliberales, incluyendo el de "vidas negras" –el movimiento de protesta social más grande de la historia del país–, diversas organizaciones latinas y de migrantes, ambientalistas, sindicalistas progresistas y toda una gama de otras expresiones, sobre todo las de nuevas generaciones. La derrota de Trump en Georgia, Arizona, Nevada y otros estados claves es fruto de estas alianzas, y son la vanguardia en la batalla contra el proyecto neoliberal. Por lo tanto, son los aliados objetivos de toda lucha contra la derecha neoliberal en cualquier parte del mundo. O sea, son más bien nosotros.

Más aún, una parte dinámica de ese movimiento está encabezado por mexicanos, centroamericanos, puertorriqueños y otros caribeños y sudamericanos, entre otros inmigrantes (como siempre a lo largo de la historia de este país). O sea, de esta manera, literalmente son nosotros.

Los que han insistido en que "da igual", ¿le han preguntado a un inmigrante mexicano o latinoamericano si "da igual" –entre el que los estaba cazando y el otro que está proponiendo legalizar a casi todos– o a los que han sido enfrentados por neonazis y otros supremacistas con bendición del gobierno anterior, o los trabajadores que fueron aplastados por la ofensiva en su contra? Obvio que Biden no es la respuesta o solución, pero no "es igual". Hitler, Franco, Pinochet y toda la lista de fascistas no eran iguales a otros políticos que colaboran en sistemas capitalistas.

Biden representa algo diferente a Trump en múltiples dimensiones, pero en torno al tema de migración, medio ambiente, justicia racial y derechos de los trabajadores es diferente no porque es buena onda, sino porque los movimientos lo están obligado a proponer y promover esos cambios en política como parte de la lucha desde abajo por la democratización a fondo del país.

La historia de Estados Unidos, incluyendo la de su relación con México y América Latina, no se escribe sólo en las cúpulas, sino por los que luchan en diferentes realidades por los mismos principios de justicia, libertad y dignidad. Eso lo entendía Ricardo Flores Magón junto con incontables más; existe una larga historia de esa solidaridad, del "nosotros" aquí y allá. ¿Cómo se nos olvidó?

Playing for Change. The Times They Are a C h anging : https://www.youtube.com/watch?v=F2NuOVgQWt8 &feature=emb_logo

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«El progresismo latinoamericano no es un proyecto acabado»

Entrevista a Álvaro García Linera

 

Álvaro García Linera es un reconocido intelectual y exvicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia (2006-2019) acompañando a Evo Morales. Siguiendo la línea de anteriores entrevistas en este espacio, se conversa en esta charla (previa a la rotunda victoria del MAS en las recientes elecciones presidenciales bolivianas) por la exitosa experiencia de desarrollo nacional y social del “Proceso de Cambio”, logros y obstáculos de las nacionalizaciones de recursos estratégicos y la apuesta por la industrialización de los mismos. También, acerca de los alcances del poder estatal y las perspectivas pospandemia

APU: Para empezar, haciendo un balance de los 14 años del «Proceso de Cambio Boliviano» se ha destacado el éxito económico del modelo con respecto al resto de los gobiernos progresistas o nacional-populares. ¿Cuál diría que fue la clave o la fórmula para el gran desempeño económico articulado con una importante presencia estatal de carácter plebeyo?

Álvaro García Linera: Yo diría que hubo al menos unas 3 medidas concéntricas para ello. La primera: la nacionalización de las actividades económicas de alta rentabilidad, que le permitieron al Estado disponer casi instantáneamente de un excedente económico: hidrocarburos, telecomunicaciones y electricidad. No son áreas deficitarias, sino que generaban excedentes que se iban afuera. Cuando logras con esta medida retener el excedente económico, lo que haces es inyectarlo en el país para que eso dinamice la economía, vía distribución de recursos, inversiones públicas, mejora de la educación, etc. Esta retención del excedente fue clave.

Un segundo elemento fue dinamizar el mercado interno, porque éste está vinculado a pequeños productores que son la mayoría en mi país: agrícolas, urbanos, artesanales, pequeños comerciantes. ¿Y esta dinamización del mercado interno cómo la logras? Distribuyendo la riqueza: bonos, ayuda a la gente más necesitada, elevando el salario; y entonces en los sectores populares la gente gasta casi el 50% de su salario en comida, y luego también en servicios básicos, transporte, telecomunicaciones, educación.

Tuvimos un incremento sostenido del salario mínimo: pasamos de 52 a 306 dólares en una década, fue fundamentalmente dinero que regresaba otra vez a la economía. Alguna parte se ahorraba, pero para alquilarse un mejor cuarto, comprar o mejorar la casita, etc. Alguna gente evidentemente se compraba el smartphone o el televisor plano, y por supuesto ha habido una parte de dinero que se ha ido hacia el extranjero, pero cuando uno ve la estructura de gastos ello nunca rebasaba el 15% de los ingresos y exageradamente en sectores más acomodados hasta el 20%. El resto quedaba en dinámica de consumo interno. Y esto no significa aislarnos del mundo, claro está. Aprovechamos además las oportunidades de exportación, de hecho, se multiplicaron las exportaciones en esa década, casi por 4 veces en las áreas donde nos iba bien.

Hemos sacado así al 30% de la población de la pobreza extrema en una década. Es un récord continental en tan poco tiempo. Todos los países han avanzado en eso, pero Bolivia, no en número sino en porcentaje, ha sido el más acelerado en ello. Eso representó gente que consumía más, dinamizando el mercado interno, lo cual te permitía una expansión de la economía al margen o no tan dependiente de los precios internacionales. Se dice que crecimos porque era el boom de los commodities, sin embargo, desde el 2014 cuando caen los precios del petróleo, gas, soya, el crecimiento boliviano se sigue manteniendo en el 5%, por esta fuerza del mercado interno (con esos commodities elevados llegamos a tasas de crecimiento del 7%).

APU: ¿La tercer medida cuál fue?

Álvaro García Linera: Lo tercero que hicimos fue controlar el sector financiero. En dos sentidos: ponerle unos impuestos muy elevados, de hasta el 50% de sus ganancias, y luego obligarlos por ley a que un 60% de los flujos financieros y créditos vayan a producción y vivienda, a una tasa regulada del 5%. El restante 40% podían prestarlo para el comercio, para especulación financiera, no nos hacíamos problemas. Si querías préstamos para comprarte un automóvil podías hacerlo, pero las tasas iban al 12/14%. Eso dinamizó el consumo de insumos locales en la vivienda, contratación de fuerza laboral o para la producción agrícola o para la producción artesanal. Esto es muy importante, porque encima se dio un incremento en el ahorro interno boliviano en este periodo: llegamos en 2005 con un ahorro interno en los bancos de 2.700 millones, y al año pasado era de 27.000 millones de dólares. O sea, se multiplicó por 10. 

Si bien hay más elementos, yo creo que la combinación de esos tres factores fue lo que nos permitió que la economía creciera muy rápidamente, y tuvieron una sostenibilidad en el tiempo, aún a pesar de las variaciones de los precios internacionales. Una otra cuarta, que no deberíamos olvidar, es la bolivianización de los ahorros, porque eso también te permite políticas monetarias. En Bolivia, el dólar era casi como la moneda de uso corriente. Tú podías comprar electrodomésticos, una cantidad elevada de harina o de arroz, eso es muy grave, porque tu Banco Central no puede controlar el flujo de los dólares. En cambio, mediante incentivos logramos que la gente fuera ahorrando en bolivianos, que el Banco Central aparezca como el que regula los flujos monetarios del país. Pasamos de un 30% de ahorro en bolivianos y 70% en dólares en 2005, a un 95% de ahorro en bolivianos y un 5% de ahorro en dólares, porque premiabas al ahorro en bolivianos y lo castigabas en dólares. No fue fácil, pero se fue avanzando para que después de una década el peso boliviano fuera sólido, fuerte, y eso le permite al Estado intervenir, ya tienes una nueva herramienta de regulación de la economía.

APU: Y en relación con la nacionalización de los recursos estratégicos -o bienes comunes- en Bolivia y la apuesta por la industrialización, en una economía por demás primarizada, ¿qué alcances y limitaciones, dificultades, complejidades, se encontraron en esta apuesta por la industrialización, la diversificación y la complejización productiva?

Álvaro García Linera: Fue gradual. Cuando llegamos al gobierno teníamos que el 40% del PBI estaba en empresas extranjeras. Brasil tenía el 25%, era casi el dueño de la cuarta parte de Bolivia con Petrobras. Aparte de que eso significa que tus excedentes económicos se externalizan, se van afuera, los saberes productivos, los conocimientos técnicos, están en otras manos. Las propias universidades públicas no se encargaban de dar formación en hidrocarburos, ni minería ni agricultura, porque eran sectores devaluados. Debías tener tu maestría o doctorado en el extranjero, o ser contratado por una empresa extranjera o ser del extranjero. Entonces, la mayoría de las actividades productivas, no de la construcción sino de la gestión, de la administración, de la planificación, estaba en manos extranjeras.

Hubo un período de hueco cognitivo en la sociedad boliviana. Recuperarse de eso no fue rápido. Una primera labor que tuvimos, cuando se nacionalizaba una actividad, y luego de remover a los gerentes y accionistas, fue sostener al área administrativa y científica privada, con los mismos salarios durante un tiempo, ofreciéndoles que se quedaran en el Estado y formando rápidamente un grupo de personas en distintas áreas que fueran sustituyendo estos conocimientos.

En telecomunicaciones no nacionalizamos todo, porque es un sector muy dinámico, muy competitivo, y corres el riesgo de simplemente apoltronarte en el monopolio de las telecomunicaciones. Entonces, de ahí la idea de que haya habido empresas privadas con las cuales la empresa estatal competía. De hecho, nacionalizamos cuando ENTEL tenía el 45% de los clientes y al día de hoy tiene 45/47% de clientes. Eso significa que ha permitido mantener la fidelidad de sus clientes a pesar de que los privados, supuestamente más dinámicos, podrían ofrecerle mejores cosas (o no…). También el Estado fue dinámico y pudo volverse mucho más competitivo en áreas de rápida renovación tecnológica.

APU: ¿En qué medida se logró desarrollar capacidades nacionales, productivas, científico tecnológicas, estatales e institucionales para la transformación de la matriz productiva?

Álvaro García Linera: Al principio, los primeros años no hubo reacción del sector académico, y recién para la segunda gestión, al cuarto año, comenzaron nuevamente a reabrirse las carreras de ingeniería, en minerales, etc. No había una sola carrera de hidrocarburos en Bolivia y somos un país hidrocarburífero desde 1920… Se han abierto por todos lados carreras de hidrocarburos, petroquímica, etc.

Y luego, para los procesos de industrialización, por ejemplo, en hidrocarburos, hemos tenido que construir una planta de separación de líquidos, una planta de reconversión del gas en GNL para llevar el gas congelado a las comunidades más alejadas, la planta de urea, la planta de plásticos. Se ha tenido que contratar tecnología extranjera, con recursos del Estado. Se ha hecho una licitación pública para contratar empresas que tuvieran la tecnología, en medio de la observancia de los conocimientos del personal boliviano.

A la vez, en paralelo abrimos un concurso de becas en las áreas en las que creíamos que íbamos a trabajar mucho -minería, telecomunicaciones, hidrocarburos, litio-, de tal manera que el Estado pagaba maestrías y licenciaturas en áreas científicas a cualquier estudiante boliviano que quisiera estudiar en cualquier universidad del mundo. En ciertos casos, en negociaciones con empresas extranjeras -por ejemplo, con Samsung-, pactábamos que nos construían la planta de urea, pero como parte del contrato había 200 estudiantes bolivianos que se iban a Seúl por 3, 4 años a estudiar en la gestión de ese tipo de planta. Cuando los estudiantes daban los exámenes y lograban entrar en una universidad extranjera en estas áreas, nosotros corríamos con todos los gastos de ese joven: transporte, alimentación, estadía. La beca la daba el Estado para sacar la titulación, y el compromiso era trabajar luego para el Estado al menos por 5 años.

APU: El desarrollo en el litio fue muy importante, no?

Álvaro García Linera: Tuvimos que comenzar casi de 0, porque allí tomamos una decisión en 2008 de que íbamos a tener el control de toda la cadena. Tuvimos que comenzar con baldes en galpones en Uyuni, al estilo de como uno se imagina los inventores del siglo XIX, y de ahí comenzó el proceso de la extracción una vez que se encontró el método boliviano (porque cada salmuera tiene distintos componentes de otros minerales en cada salar del mundo). Una vez que hicimos eso en el laboratorio con ingenieros bolivianos, que algo sabían del área evaporítica, luego hicimos la planta artesanal, luego piloto, luego industrial, y luego de ahí ya comenzamos otro tipo de derivaciones: carbonato de litio al 99% y de ahí a las baterías.

De manera que después de 10 años ya tuvimos todo el proceso de nuestro lado, y ahí ya a los procesos de industrialización, es decir, la conversión de litio a batería para los carros, nos lanzamos a hacerlo con empresas extranjeras: fundamentalmente por el mercado, porque tenías que lograr que las empresas de automóviles nos compraran, por ejemplo, 100.000 baterías. Entonces nos asociamos con los alemanes, pero ya en la parte final y sobre los derivados del litio. Porque también, por Constitución ninguna empresa extranjera puede entrar al salar. Una vez que se ha extraído la materia prima, por fuera del salar puedes tú procesarla. Tomamos esa decisión porque justamente con esto es lo que nos encontrábamos cuando queríamos industrializar el litio, las veces que fuimos a Corea, Alemania, Japón, EEUU, para buscar los apoyos, comprar tecnología, hacer acuerdos para la extracción del litio. Nos decían “nosotros hacemos todo, dividimos 50% ustedes, 50% nosotros, pero la planta es nuestra”. En Uyuni, aparte del litio hay otras cosas más, gran parte de las cuales no conocemos aún. Entonces dijimos: sacamos la salmuera, extraemos y se vuelve a reinyectar al salar, a la espera de tener tecnología para otras cosas. Lo que ellos querían es controlar ese proceso en el salar, nosotros dijimos no. En el salar nosotros, y para afuera asociados, con quien sea, especialmente en el ámbito de la producción y comercialización de las baterías.

Eso ha permitido de la nada ir creando toda una empresa nacional de evaporíticos que está a cargo ahora ya de 4 laboratorios, 2 industrias grandes -de cloruro de potasio y de carbonato de litio- y se estaba planificando un total de 42 industrias pymes alrededor del salar, de usos y procesamientos de derivados de litio. Ya hay 5 y tenían que irse construyendo gradualmente el resto, con personal propio, científicos propios. Tienes una estructura fuerte con muchos recursos (tenías… ahora está todo paralizado). Y alrededor de ello han comenzado a surgir las carreras universitarias. Pero como no había experiencia en evaporíticos, muchas de esas carreras universitarias están asociadas a otras partes del mundo: Holanda, China, etc. Se tiene que ir armando gradualmente, porque gente que pueda enseñar sobre eso hay los que han trabajado con nosotros, no hay una estructura académica paralela independiente que se hayan formado, porque es muy reciente, apenas de una década. Pero eso es un buen comienzo, ya hay 2 carreras de estos recursos evaporíticos en Bolivia vinculadas a otras universidades, para dar otros tipos de cursos. O sea, aquí tienes toda una gran veta. No ha sido algo fácil, es complejo y dependiendo cada área se ha tenido que actuar en función de las circunstancias.

APU: En torno a los márgenes de acción que tuvieron desde el Estado, ¿cuánto de lo planeado pudieron llevar a cabo y qué grado de limitaciones, obstáculos y resistencias se encontraron?

Álvaro García Linera: Es claro que desde el Estado no tienes todo el poder. Pero lo que sí tienes es capacidades de influir, selectivamente, en los demás núcleos de poderes (territoriales, políticos, económicos, etc.). El poder estatal tiene eso: es el monopolio de los monopolios. Ahora, según cómo utilizas ese monopolio va a depender cómo va a ir tu proceso. Te pongo el ejemplo de la nacionalización: quieres nacionalizar hidrocarburos, eso va a tener un efecto inmediato: va a hacer que todos los personajes se vayan, se paralice la actividad. Tienes que pensar cómo haces para funcionar luego. Luego, la más complicada: te hacen inmediatamente un juicio. Tú tienes tu derecho soberano para nacionalizar, pero ellos tienen su derecho a ampararse y a proteger sus inversiones demandándote. Puedes tardar un año, dos, pueden embargarte tus reservas internacionales guardadas en el extranjero.

¿Qué hicimos nosotros? Dijimos, revisemos antes los papeles. Toda empresa cometió algún error, siempre, por definición. Te agarras de ese error, lo judicializas, por los efectos del incumplimiento más sus multas son, ponte, 200 millones de dólares, frente a los 350 que pretenden ellos. Y sé que voy a encontrar más problemas que generarán más juicios. Y entonces negocias la indemnización. Eso hicimos con hidrocarburos, con ENTEL, con todo.

APU: Por otro lado, ¿hubo una desmovilización o reflujo social popular en el proceso boliviano en los últimos años previos al golpe de Estado? ¿Se fue erosionando o disolviendo el enraizamiento del Estado en los movimientos sociales durante el último tiempo de gobierno del MAS?

Álvaro García Linera: Para empezar, hay que decir que los momentos de ascenso social de los sectores populares y plebeyos no es perpetuo ni permanente, sino por oleadas, y eso es normal en la historia de las sociedades. Después de las grandes luchas y movilizaciones, los grandes hechos que cambian las sociedades, la gente regresa a su mundo cotidiano, y esos reflujos son normales. Y es clave allí cómo en la cresta del proceso de movilización social logras cristalizar como derecho, institución, experiencia colectiva, sentido común del mundo, esas luchas.

Hubo en Bolivia una convocatoria a sectores que protagonizaron las luchas para hacerse cargo de niveles importantes de conducción del Estado, y eso significó no solamente una modificación de un nivel de conducción fundada en diferencias políticas, sino también fundada en diferencias étnicas y racistas. Fue la plebe entrando al Estado: sectores que habían sido excluidos durante décadas, hasta siglos. Ha sido muy evidente, en espacios que eran reservados totalmente para sectores de clase media, profesionales con cierto apellido, con cierta notoriedad social y con larga tradición de vinculación al Estado como proveedores, consultores, etc. Fue un hecho de democracia. Eso ha ido en contra de la lógica falsamente meritocrática, en un medio en que estaba segmentado clasista y étnicamente.

Ahora bien, en este escenario, ¿que comenzó a darse? Tanto en el período de reflujo social de la gente a lo local como de renovación clasista y étnica de la composición de la administración del Estado. Sindicatos y organizaciones sociales que ya no habían atravesado este periodo de lucha, de forja en la adversidad, frente a los gobiernos, a la empresa, y en la medida en que la mayor parte de las demandas sociales de la gente de base no necesitaban la fuerza de la confrontación frente al gobierno para ejecutarse -incremento salarial, vivienda social, mejora de la infraestructura, etc.

Se comenzó a tener recursos para ir cumpliendo esas demandas y ello llevó a un relajamiento también al interior de la sociedad civil entre los niveles de dirección y las bases, un proceso de distanciamiento. No diría burocratización, en el sentido de que son los mismos. Al contrario, tiene una excesiva rotación, en esa lógica de que no se permite que se establezca una capa burocrática que tape los poros de una base movilizada. Es muy democrático, pero tiene sus efectos en el ámbito de la cohesión de la estructura organizativa y es lo que ha pasado recientemente. Los niveles de dirección, de un nivel bajo-medio para arriba han entrado en una dinámica ya no tanto de la organización, la lucha, la formación, porque no había necesidad de la confrontación frente al gobierno. Se entró en una disputa por la ocupación de los cargos públicos. La organización social ha devenido en un mecanismo de apuesta a la ocupación de cargos públicos y por lo tanto de movilidad social de personas del pueblo, como un ascensor de movilidad social.

APU: Entonces, empezaron las movilizaciones opositoras…

Álvaro García Linera: Si no tienes grandes problemas eso funciona, en una sociedad que se ha estabilizado, que se mantiene con crecimiento, no hay necesidad de grandes confrontaciones, que tiene un gobierno que está muy atento, en consulta. Evo se reunía con el ejecutivo nacional y luego con el departamental, provincial, de barrio. Tenía por día 10 reuniones, todos los días. Cuando se contabilizó, había tenido cerca de 15.000 reuniones frente a 80 aprox. de los presidentes anteriores. Una locura, imposible de comparar. Entonces, las grandes demandas sociales podían ser canalizadas directamente frente a la presidencia. Pero las organizaciones sociales, de ser actores de lucha social y de conversión de la fuerza numérica en voto (en los años 2000-2010), devinieron menos en organización y lucha, y más de conversión de la fuerza numérica en voto y mecanismo de movilidad social.

Cuando en 2019 hubo que defenderse, para movilizar en función ya no del voto sino de la resistencia, se expresaron estos problemas. Había que mostrar la fuerza de masas frente a esta movilización de sectores de clase media tradicional, que no eran masivas, pero sí persistentes. Una fuerza de masas que demuestre tu convocatoria y legitimidad, no para enfrentarse sino simplemente para defender. Pero no la tenías, no había vínculo orgánico. Cuando entran los militares es lo que cambia. Si no se hubiera dado un momento donde una de tus instituciones -el monopolio de la coerción- se da vuelta podías mantenerte así 5 años más, pero la debilidad de esto es que no funciona en momentos de tensionamiento.

Entonces, ¿qué lecciones sacamos más en lo conceptual? Un gobierno progresista tiene dos ámbitos de gobernabilidad: la legitimidad electoral y el parlamento, y el ámbito de la calle. No puede dejar de tener su brazo de gobernabilidad en la calle, por muy tranquilo que se esté. Las derechas han salido a disputar la calle, por más que no tengan tu fuerza.

Por otro lado, parte de esas clases medias que se enfrentaron con nosotros y nos interpelaron con el tema de la democracia, tienen que ver con un vacío que dejó el Proceso de Cambio en el mundo de formación de la cultura (en las cátedras, los medios de comunicación, etc.), un problema de relevos. Más aún en Bolivia, donde lo que se discute en las universidades influye mucho en el ámbito familiar. Hay una sobrevaloración de la educación como mecanismo de ascenso social: tiene una función cuasi sagrada lo educativo, la autoridad del profesor, en el mundo popular, imaginado como medio de ascenso social -aunque luego ello no se dé tanto en la realidad.

APU: La última: en tiempos de crisis civilizatoria que la pandemia manifestó crudamente, ¿qué mito movilizador, horizonte utópico, te imaginas que puede funcionar para las fuerzas populares o progresistas y el pensamiento crítico?

Álvaro García Linera: La clave de la época no es tanto la existencia del mito movilizador sino la ausencia de mitos. El neoliberalismo, la globalización, también en su tiempo el socialismo, representaron mitos. Y la clave de este tiempo es la evanescencia, resquebrajamiento de los mitos. Eso puede ser bueno porque veníamos de un mito dominante muy poderoso: el globalismo como ideología. Una cosa es el hecho material, que está ahí y seguirá funcionando, pero como ideología, esperanza en torno al cual uno dirigía todas sus expectativas, esfuerzos, apuestas de vida, eso comienza a desvanecerse. Y lo que tienes ahora es incertidumbre. La cualidad de la época es la incertidumbre.

Reivindico este momento de incertidumbre estratégica porque es un momento de creatividad a nivel mundial, como lo fue en los años 2000 en América Latina. Solamente que surge y se elabora en ese laboratorio donde habrán de surgir, pelear los futuros mundos, unificadores de expectativas, de identidad. Desde el lado conservador, salvacionista religioso, tienes ahí la Biblia entrando al palacio en Bolivia, o Camacho diciendo que quería que Dios gobernara en Bolivia.

Aparecen también salidas más progresistas, que todavía no tienen forma. El progresismo latinoamericano en cierta manera fue un adelanto, un preámbulo de lo que ha sucedido, y adelantó cosas que ahora se discuten: mercado interno, distribución, mayor participación. Con sus problemas, sus dificultades, por supuesto. Pero no es un proyecto agotado: no ha fallado por agotamiento, sino que lo interrumpieron y bloquearon. Por supuesto que puede persistir y renovarse.

Hay una diversidad de propuestas -progresistas, centristas, más radicales- para enfrentar esta crisis, pero ninguna tiene todavía la cualidad unificadora de mito, a excepción del progresismo latinoamericano, que se implementó y ha dejado huellas, lo cual posibilitó recuperar ciertos gobiernos. En otras partes las propuestas progresistas todavía están a nivel de laboratorio de academia, son de grupos de amigos, conocidos que se leen sus libros. Pero todavía no hay un mito unificador, universal, planetario.

Creo que se ha abierto en esta década un debate en torno a esta incertidumbre de cuál es nuestro destino imaginado. Somos seres de creencias, necesitamos una creencia movilizadora a la cual aferrarnos, luchar, hacerse perseguir, sacrificar esfuerzo. Para las fuerzas de izquierda es un gran momento, hay que bregar para que la idea fuerza que alumbre el orden sea la progresista y no la conservadora. Que supere las dificultades de la experiencia previa, que vaya más allá de lo que se hizo en la última etapa y también de lo que se pensó en el siglo XIX. No está nada dicho, no hay saberes legítimos ni hay modelos a imitar, ni autoridad a la cual seguir y obedecer en este debate. Entonces es un momento de mucha creatividad, pero esta incertidumbre de época tiene que cerrarse. La gente no puede estar mucho tiempo en incertidumbre, es desesperante.

Son tiempos que no duran mucho, son cortos en la perspectiva de la historia social en que tiene que dirimirse de una u otra manera un tipo de esperanza, creencia movilizadora. Como idea inicialmente, pero engarzada en la gente, los jóvenes, estudiante, la calle. Es un momento que nos demanda creatividad y vinculación para que las ideas se vuelvan hecho material.

Por Julian Bilmes | 23/01/2021

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Sábado, 23 Enero 2021 06:26

Arranca el Foro Social Mundial

Arranca el Foro Social Mundial

Se cumplen 20 años del primer encuentro en Porto Alegre

 

El Foro Social Mundial (FSM) cumple 20 años y tendrá una semana de actividades virtuales abiertas. El FSM arranca este sábado 23 con una marcha virtual que se realizará con una transmisión de 24 horas en la que se destacarán las experiencias, visiones y los testimonios de destacados líderes y referentes sociales del mundo: Lula da Silva, Miriam Miranda, Leila Khaled, Ashish Kothari, Aminata Dramane Traoré y Yanis Varoufakis.

“Uno de los retos principales que hemos debatido entre los consejos organizadores es cómo trascender a la acción y lograr la articulación de los movimientos. Cómo hacemos que las luchas se conecten para lograr algo interseccional” explicó Rosy Zúñiga, secretaria general del Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe (CEAAL), en la conferencia de prensa del Foro Social Mundial 2021.

La historia del FSM empieza en enero de 2001 cuando se realizó el primero foro en Porto Alegre, Brasil. Desde su creación el espacio ha dado lugar a la convergencia de organizaciones sociales de todo el mundo. La actual edición cuenta con cerca de cinco mil personas y 700 organizaciones que participarán de las actividades, aunque se espera que se sumen más participantes a lo largo de la semana.

El domingo empieza con el panel “Paz y Guerra”: Desarme universal para la transformación social y ecológica. Estará centrado en “explorar estrategias de los movimientos sociales y ambientales para la desmilitarización de las estructuras políticas en las secuelas de la pandemia”. La democratización de la economía se abordará el panel Justicia Económica, “vamos a abordar desde diferentes voces cómo podría ser otro mundo posible en términos económicos, cómo hacemos la gestión desde los pueblos”, explicó Zúñiga.

“El FSM es una voz muy fuerte contra el sistema económico que se construye desde Davos”, agregó Zúñiga en la conferencia de prensa de la que también participó el ambientalista de India, Ashish Kothari que habló sobre la importancia de reconocer la deuda ecológica de los países contaminantes. “Existe una demanda creciente del sur global, todos los pueblos y personas que han sido colonizados en los últimos 500 años y cuyos recursos naturales y territorios fueron saqueados para el desarrollo de Europa y de Norteamérica”, dijo Kothari a Página/12.

“Debemos ir más allá y exigir que se reconozca la deuda ecológica de estos países con los países del sur. Tiene que convertirse en un movimiento global para para cancelar la deuda económica y financiera y de hecho hacer reparaciones por todo el daño de los últimos 500 años, incluyendo los últimos 70-80 años de llamado ‘desarrollo’”, puntualizó. Kothari también se refirió al movimiento por reconocer el ecocidio como un crimen, “por ejemplo, los celulares, las compañías que producen los celulares están creando un enorme daño ecológico y conflicto social en lugares como África Central. Eso es ecocidio, una forma de asesinato en masa y debemos reconocerlo para que estas corporaciones se detengan”. Este será uno de los temas a debatir en las jornadas dedicadas a la economía y a la democracia.

Otras de las temáticas principales del FSM 2021 son Educación, Comunicación y Cultura, en este panel se debatirá la situación de la educación en el mundo, “cómo disputar un espacio que esté al alcance de todos, ahí vemos cómo ha habido una injusticia en esta pandemia”. También habrá un panel sobre Feminismos, sociedad y diversidad, pueblos originarios ancestrales: demandas, denuncias y alternativas. Además, el jueves se realizará el panel referido a la Democracia y a la construcción de poder popular desde los espacios públicos. 

Consultada sobre los desafíos actuales de la participación política en América Latina, Rosy Zúñiga respondió a Página/12: “defender tu territorio con tu cuerpo y palabra se vuelve peligroso, por eso necesitamos unir fuerzas, es una bandera que todos tenemos que levantar y buscar formas de participación política desde nuestro territorio”. 

Las charlas sobre democracia y participación apuntan a crear una mayor conciencia del papel de los movimientos, “nosotros somos la mayoría, somos el 99 por ciento, lo que necesitamos es tener conciencia de eso, eso también es uno de los papeles del Foro Social Mundial, estar juntos y saber que sí podemos hacer que cambien las cosas” enfatizó Francine Mestrum del consejo internacional del FSM.

El 29 se realizará un debate sobre Clima, ecología y medioambiente, quienes participen podrán asistir a charlas sobre recursos naturales, acceso al agua, extractivismo, la resiliencia de las comunidades frente a la covid-19, emergencia ambiental y urgencia de educación ambiental, entre otros temas. Por último se realizará un actividad llamada El Ágora, una especie de plaza pública virtual para compartir las acciones/iniciativas que se llevarán adelante este año, así como la organización del próximo foro presencial en México.

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El discurso de Joe Biden: sin anuncios y con un llamado vacío a la unidad

Joe Biden prestó juramento como el 46º Presidente de los Estados Unidos. En su discurso, habló muy poco sobre política o la situación que enfrentan millones de personas. En cambio, habló en términos vagos sobre la necesidad de "democracia" y "unidad" al comenzar su intento de restaurar la fe en las instituciones de Estados Unidos.

 

Poco después de que Estados Unidos llegara a 400.000 muertes por coronavirus y fuera sacudido por la toma del Capitolio por la extrema derecha, Joe Biden asumió como Presidente. En una escena distópica, políticos del Partido Demócrata, un sacerdote y celebridades se subieron a un escenario frente a un campo sin público, lleno de banderas en un Washington D.C. altamente militarizado, que ha llegado a ser conocido como "la fortaleza DC". Todos llevaban máscaras.

La toma de posesión de Biden se produce en un contexto en el que millones de personas esperan un cambio y quieren acabar con los problemas que aquejan a la clase obrera y a los oprimidos en los Estados Unidos. Desde erradicar la violencia racista de la policía hasta conseguir derechos básicos como sindicatos, un salario digno, vivienda asequible y el llamado Medicare for All, millones han puesto sus esperanzas de reformas progresivas en Biden. El discurso de unidad trató de ocultar el hecho de que estas expectativas chocan con los intereses del gran capital y con el Trumpismo que, a pesar de que se fue de Washington, todavía goza de un importante apoyo público.

Por primera vez en 150 años, el presidente saliente se negó a asistir a la inauguración. Esta mañana temprano, Donald y Melania Trump fueron llevados a Florida en el avión presidencial Air Force One. El ex vicepresidente Mike Pence, sin embargo, asistió a la inauguración como el último paso en la rehabilitación de su imagen y su re aceptación en el establishment político.

La ceremonia intentó claramente destacar la diversidad racial y complacer, aunque superficialmente, a los mayores movimientos de los últimos cuatro años, Black Lives Matter y la Women’s March (Marcha de las Mujeres). Kamala Harris, la primera mujer y afroamericana en ocupar la vicepresidencia, prestó juramento ante Sonya Sotomayor, la primera latina en la Corte Suprema.

A pesar de los intentos de mantener la continuidad con las ceremonias pasadas, nada en la escena era normal. Todo el espectáculo consistía en apuntalar la imagen de la democracia norteamericana y sus instituciones, que se vieron sacudidas por las protestas de la derecha hace sólo unas semanas.

Desde entonces, Donald Trump y la extrema derecha han sido disciplinados y censurados tanto por las grandes empresas como por la clase política. Ayer, Trump hizo un discurso concediendo la elección y deseándole buena suerte a Biden--- pero también prometiendo que "volverá de alguna manera". Se rumorea que Trump está tratando de organizar su propio partido político. Mientras que la extrema derecha fue disciplinada en el corto plazo, no van a desaparecer y todo indica que Biden lo sabe.

Biden tiene que caminar por una fina línea entre una extrema derecha radicalizada por un lado, y una base cada vez más progresista en el Partido Demócrata por el otro. En los días anteriores a la asunción, sus declaraciones incluyeron algunas políticas y promesas progresistas. Se dispone a emitir órdenes ejecutivas para detener la construcción del muro fronterizo y poner fin a la prohibición de viaje que pesa sobre algunos países musulmanes, y prometió una amplia respuesta de COVID, incluyendo la duplicación del salario mínimo federal, un amplio programa de vacunación, y cheques de 1.400 dólares para todos los que califiquen. Las primeras dos promesas son de corte simbólico y fácilmente realizables, las últimas tres seguramente serán resistidas por el establishment.

Pero estas políticas estuvieron ausentes en el discurso de asunción. En realidad se podría decir que la política estuvo ausente. Fue un discurso vacío... completamente desprovisto de una hoja de ruta de lo que será su presidencia. Fue un discurso construido alrededor de la glorificación de la democracia estadounidense y vacíos llamados a la unidad. Su discurso tenía el único propósito de apagar los fuegos que se desataban sobre la política del país. Pero dado el alcance de la pandemia y la crisis económica, esto es una bofetada en la cara de la gente que está luchando.

Democracia y unidad vacías

La palabra que más sonó en la ceremonia fue "democracia", que según ellos ha sido probada y sacudida por Donald Trump. De hecho, Joe Biden abrió su discurso diciendo: "Hemos aprendido de nuevo que la democracia es preciosa. La democracia es frágil. Y en este momento, amigos míos, la democracia ha prevalecido". Cada orador habló de la "fuerza" de la democracia norteamericana --- así como la necesidad de fortalecerla, apreciarla y revigorizarla en la presidencia de Biden. La idea central fue la supuesta vuelta a la normalidad.

En su discurso, Biden pidió el fin de la "guerra incivil". Continuó diciendo, "la política no tiene por qué ser un fuego ardiente", llamando a los estadounidenses a unirse a pesar de los desacuerdos. Prometió ser un presidente para todos y escuchar a todos, incluyendo a los votantes de Trump. Esta unidad, para Biden, se basa en la historia y en una identidad como estadounidenses. Demás está decir que en un país profundamente dividido y polarizado, la unidad no es más que una quimera.

Irónicamente, Biden dijo que "Para superar estos desafíos, para restaurar el alma y asegurar el futuro de EE. UU., se requiere mucho más que palabras". Requiere la más evasiva de todas las cosas en una democracia: la unidad." Pero de hecho, palabras fue lo único que tuvo para ofrecer. Muchos presidentes usan su discurso de inauguración para señalar las políticas que buscan aprobar, Biden no. Mencionó la pandemia sólo cuatro veces en su discurso. La unidad y la democracia, sin embargo, fueron mencionadas 14 y 15 veces, respectivamente.

"Entiendo que muchos de mis compatriotas vean el futuro con miedo y temor. Entiendo que se preocupan por sus trabajos. Pero la respuesta no es volverse hacia adentro, retirarse a las facciones competidoras.... Podemos hacerlo si abrimos nuestras almas en vez de endurecer nuestros corazones." Abrir nuestras almas no paga la renta ni pone comida en la mesa.

La falta de contenido del discurso fue un cálculo intencional: Biden y su equipo saben que tendrá que enfrentarse a su base para satisfacer a Wall Street. Al cambiar el foco de atención de la política a nociones abstractas, Biden se apoya sobre el bipartidismo como una cubierta para sus próximas traiciones a sus (ya lúgubres) promesas de campaña.

Otro objetivo claro de esta "unidad" y "democracia" es restaurar la hegemonía estadounidense en el extranjero; proyectar la imagen de un Estados Unidos fuerte y capaz dispuesto a liderar el mundo una vez más. En este ámbito, Biden y Trump están de acuerdo: las prioridades son disciplinar a China y alinear a los aliados de EE.UU. para sostener la hegemonía imperialista americana. Biden ya ha anunciado que reconocerá a Juan Guaido como el líder de Venezuela, y está tomando el mando justo en el momento en que los EE.UU. se preparan para reprimir la caravana de inmigrantes de Honduras.

La antidemocrática democracia de EE. UU.

Esta glorificación de la "democracia" estadounidense es a la vez risible y una ilusión peligrosa para la clase obrera y los oprimidos. Como hemos visto en los últimos meses, sus instituciones desde el Colegio Electoral, a la Corte Suprema, al Senado, son completamente antidemocráticas por diseño. Biden no está interesado en crear un sistema más democrático, sino más bien en relegitimar las instituciones que han sido empañadas por los años de Trump. Enmarcando los últimos meses como un triunfo de la democracia sobre la extrema derecha, pinta a Trump como una anomalía y se propone reforzar el poder represivo del Estado en sus ataques contra la extrema derecha.

El concepto de unidad también se está desplegando de forma intencionada y cínica. Biden ciertamente llamará a la unidad contra las políticas "divisivas" como la demanda de nuestros derechos básicos: el derecho a la asistencia sanitaria o a un medio ambiente limpio en el que vivir. Es una palabra clave para Biden que busca "bipartidismo"--- a un Partido Demócrata que a pesar de tener los votos le dará la espalda a las demandas progresistas. Busca un consenso bipartidista, lo que seguramente significa que cualquier concesión que Biden ofrezca será por la gran presión ejercida por su base social que ya, en el último año, ha mostrado su disposición a movilizarse en las calles.

Una débil unidad

El hiper enfoque en la democracia y la unidad también revela lo débil que es la presidencia de Biden. A un país en crisis económica, política y sanitaria, Joe Biden le ofreció palabras vacías. ¿Por qué? Porque está tratando desesperadamente de mantener la coalición anti-Trump que lo llevó a la presidencia y se expandió a medida que Trump se volvió más errático y se inclinó hacia la supremacía blanca conspirativa de la extrema derecha.

Biden fue elegido por una amplia coalición que incluía a todos, desde el ex presidente repubicano George W. Bush hasta Bernie Sanders y la dirección del Democratic Socialists of America (DSA). Era el favorito de Wall Street, a pesar de cierta inquietud capitalista por el exceso de gastos. Fue capaz de tejer esta coalición con la única promesa que se exhibe hoy en día: que volvería a legitimar las instituciones, calmaría el tumultuoso terreno político, y traería la estabilidad para que el capitalismo y el imperialismo puedan seguir funcionando como de costumbre. Su promesa central: nada cambiará fundamentalmente.

El problema es que millones de personas quieren un cambio, de hecho, millones de personas necesitan un cambio debido a la crisis económica y la pandemia. Casi medio millón ya han perdido sus vidas. Y estas masas pueden chocar con la administración Biden.

Biden está tratando de usar la zanahoria de la unidad y el garrote de los ataques de la extrema derecha a la democracia para mantener su coalición. Pero las grietas ya están empezando a mostrarse. Biden prometió $2000 a todos los estadounidenses, pero sólo proporcionará $1,400. Esto enfureció a muchos de sus votantes progresistas, y provocó críticas del ala progresista del Partido Demócrata. Por otro lado, The Wall Street Journal criticó la medida, diciendo que estaba gastando demasiado. Esto es indicativo de las presiones sobre Biden como presidente.

Claro, en las próximas semanas y meses puede dar algunas concesiones, pero como demostró hoy, no es un reformista. Si queremos un cambio, tendremos que luchar por él. Biden y los demócratas quieren que nos sentemos y confiemos en que, porque han tomado el poder todo estará bien. Pero tanto la historia como el momento actual muestran que esto es una mentira. No podemos confiar en este partido del capital para proteger a la clase obrera más de lo que podemos confiar en el otro partido del capital. Debemos organizarnos y luchar tanto por nuestras demandas como contra los próximos ataques de Biden.

La frágil unidad burguesa que se creó con el asalto al Capitolio presenta en realidad una oportunidad para la clase obrera y los oprimidos. Millones de personas están hambrientas de cambios, y eso puede alentar a la clase obrera y al movimiento antirracista a no sentarse a esperar que los políticos progresistas negocien con el establishment y Wall Street por sus derechos o a luchar eficazmente contra la extrema derecha y decidir ganarlos en las calles. La Izquierda debe ser un factor en la reorganización de la clase obrera y el resurgimiento del movimiento Black Lives Matter; es hora de promover un gran movimiento nacional que tome el camino de la movilización y unifique todas las luchas, que todos los agravios y dificultades impuestas a la clase obrera, los negros, la gente de color, los inmigrantes, las mujeres, la comunidad LGBTQ+ se conviertan en un solo grito para conquistar todas nuestras demandas. Este es un primer paso para crear las condiciones para una lucha que puede llegar lejos, una lucha dirigida a desafiar al imperialismo bipartidista y arrancar el sistema podrido de raíz.

Por Tatiana Cozzarelli /  Ezra Brain

Miércoles 20 de enero | 19:13

Publicado enInternacional
Martes, 19 Enero 2021 06:20

Arce y la economía boliviana

Arce y la economía boliviana

Si algo tienen en común los gobiernos neoliberales en la región es que la eficiencia ha demostrado ser un ingrediente más de su propaganda y uno menos de su gestión.

Bolivia no ha sido la excepción. Apenas 11 meses de gestión económica de Áñez bastaron para dañar la estabilidad de la economía con mejor desempeño del continente de la última década y para empobrecer las familias. La caída del PIB de Bolivia en 2020 superará 8 por ciento, un registro que si bien no destaca en contraste con sus vecinos, sobresale porque es el único país que en plena pandemia, en lugar de estimular la economía, ¡tomó medidas de ajuste! Un estudio realizado por el CEPR ( Economic Policy Responses to a Pandemic: Developing the Covid-19 Economic Stimulus Index) muestra que Bolivia está entre los países de América Latina que menos impulso fiscal dedicaron para enfrentar la crisis generada por la pandemia: menos de 0.5 por ciento del PIB (frente a 2 por ciento promedio ­global). En este breve y destructivo ciclo de neoliberalismo, Bolivia generó más de un millón de nuevos pobres durante la ­(indi)gestión de Áñez.

La victoria electoral del MAS en octubre sentó las bases para que, a partir de noviembre, con el nuevo gobierno, comenzara a suministrarse el antídoto. En sólo dos meses, Luis Arce se puso manos a la obra y llevó a cabo un amplio despliegue de políticas económicas, que se podrían agrupar en tres ejes: 1) humanitarias (para los más necesitados); 2) ordenar la casa, y 3) volver a crecer.

Humanitarias. Lanzamiento del Bono contra el hambre, equivalente a 140 dólares entregados mensualmente entre diciembre y marzo, que constituye un suplemento directo a los más necesitados para enfrentar la urgencia social.

Nuevo régimen de reintegro del IVA, que devuelve 5 por ciento del precio neto a quienes tengan salarios inferiores a mil 250 dólares, medida que mejora el ingreso de las clases medias y bajas.

Aumento de 3.4 por ciento en los ingresos de los jubilados para 2020.

Disminución del precio de los alimentos gracias al restablecimiento del certificado de abasto interno para la soja, de tal forma que la industria deberá destinar un mínimo de 15 por ciento de harina solvente a precio justo al mercado interno.

Ordenadoras. Final de la fiesta de 11 meses de contrabando: intensificación de la supervisión aduanera, crecimiento notable del número de decomisos y detenciones de funcionarios amañados.

Abrogación de decretos de Áñez perjudiciales para los intereses del público, como: a) decreto que autorizaba el uso de semillas transgénicas; b) decreto que difería el impuesto a las utilidades de las empresas (IUE), la rebaja de la base imponible del impuesto a las transacciones; c) decreto que permitía la libre exportación agropecuaria, de pollo y carne, y eliminaba el requisito del certificado de abasto interno; d) decreto que extendía la explotación del registro mercantil sin respetar debidos procesos; e) decreto que habilitaba la importación de vehículos usados, que daña el ambiente, la balanza comercial, envejece el parque automotor y deteriora los ingresos fiscales.

Desactivó juicios de arbitraje internacional por incumplimiento de pagos con la firma Dopprlmayr, la firma austriaca proveedora de Mi Teleférico por deudas no canceladas en el gobierno de facto.

Emisión de un bono navideño para incentivar a pequeños ahorristas.

Extensión del alícuota adicional de 25 por ciento de la alícuota al impuesto a las utilidades (AA-IUE) si su rentabilidad supera 6 por ciento, que hasta ahora sólo afectaba a los bancos y otras empresas financieras.

Sanción del impuesto a las grandes fortunas, que logrará que unas 150 familias contribuyan al esfuerzo común de sacar el país adelante.

Volver a crecer. Se ordenó la capitalización de 100 por ciento de los beneficios de 2020 de la banca y otras entidades financieras, con el objetivo de fortalecer el sistema financiero, aumentar la solidez de los bancos y expandir el crédito (ya que no podrá ser distribuido como ­dividendos).

Reprogramación y refinanciamiento automático de créditos cuyas cuotas vencieron durante la pandemia, que serán diferidas sin penalidades ni recargas.

Creación y reglamentación de dos fideicomisos para la reactivar la industria nacional y el combate al contrabando que atenta contra la producción nacional, especialmente de textiles, que resurgió durante el gobierno de Áñez.

Créditos de fomento agrario a 3 por ciento anual de interés.

Reactivación de la construcción del tren metropolitano cochabambino (más de 17 millones de dólares de inversión).

Reactivación de la planta procesadora de banano de Unabeni.

Más de 5 millones de dólares invertidos en BOA, empresa que estaba en proceso de desguace para venderla a precio de saldo (abandono de rutas rentables, retraso pagos tributarios y del mantenimiento de las aeronaves).

Un total de 130 millones de dólares destinados a créditos para reactivar la industria nacional, a 5 por ciento de interés y hasta 10 años de plazo, con el principal propósito de sustituir importaciones de bienes finales e intermedios.

Reactivación de plantas y proyectos productivos paralizados, en particular la industria del litio y la planta de urea paralizados por problemas técnicos, sospechosos de haber sido plantados para facilitar la apropiación privada a precio de saldo.

El Arce-presidente no ha dejado de ser Arce-economista. El conjunto de acciones tomadas en este corto periodo tiene un objetivo claro: que Bolivia retome la senda de una economía eficiente y con rostro humano, y que se logre a la mayor brevedad posible. Por ahora, va en el camino correcto.

Por Guillermo Oglietti y Alfredo Serrano Mancilla*

*Celag

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Miembros del Partido Alternativa Feminista marchan frente el Servicio Electoral de Chile, en enero de 2020.EDGARD GARRIDO / Reuters

Las listas de candidatos que disputarán una banca en abril evidencia el descrédito de los partidos políticos tradicionales

Chile ha cerrado las inscripciones para postular a la convención que redactará la nueva Constitución chilena, la primera en su historia escrita en democracia. El órgano de 155 miembros será electo el 11 de abril y tendrá características únicas: será paritario entre hombres y mujeres, como nunca antes había sucedido en el mundo, y tendrá 17 escaños reservados para los pueblos indígenas, la mayor cantidad que haya tenido un proceso constituyente. Como nunca antes en Chile, además, una gran cantidad de independientes buscan integrar la convención, al margen de los partidos políticos que sufren una crisis de representación profunda y estructural, que no han logrado revertir en la última década. De acuerdo con la información preliminar del Servicio Electoral (Servel), 2.213 personas se han postulado por fuera de las listas de las colectividades, las que fueron patrocinadas por medio millón de ciudadanos (480.977).

Es la primera vez en Chile que se permite a los independientes conformar sus propias listas. Sumando las de los partidos y bloques tradicionales, por lo tanto, llegan a 79 las listas que se han presentado en todo el país, de acuerdo al medio Tres quintos, lo que augura un alto nivel de diversidad y fragmentación.

Los independientes, sin embargo, no son un grupo homogéneo, aunque pertenecen sobre todo al centro y la izquierda, donde la sociedad se organizó por fuera de las colectividades del sector. La derecha oficialista del presidente Sebastián Piñera, pese a los problemas del Gobierno y de la coalición Chile Vamos, logró juntarse en una sola lista con miras a la conformación de la convención constitucional, que debería empezar a funcionar entre mediados de mayo y comienzos de junio.

Entre los independientes se encuentra la lista FyF Vota Feliz –de Felices y forrados, una firma de asesorías previsionales–, cuya fórmula para la obtención de respaldos está siendo estudiada por el Servel, por posibles vulneraciones de la ley.

Pero una parte de los independientes son expresión de determinadas organizaciones sociales, como el movimiento No+AFP (críticos al actual sistema de pensiones) y la Coordinadora feminista 8M. Existen, además, listas de candidatos formados por asambleas territoriales que se originaron luego de las revueltas del 18 de octubre de 2019, como la Lista del pueblo. También la sociedad civil se ha organizado para tener representación en la convención, como lo hizo Independientes no neutrales, que llegó en poco tiempo a conformar una orgánica nacional. El movimiento ha presentado 105 candidatos en 23 de los 28 distritos que existen en todo el territorio, con el patrocinio de unas 78.000 personas.

“Evidentemente, no da lo mismo un independiente de otro”, comenta la periodista Patricia Politzer, integrante de Independientes no neutrales y candidata a la convención. Remarca la importancia de que medio millón de personas hayan respaldado candidaturas de independientes en solo tres semanas, en medio de una pandemia y de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

“Hay una parte importante de la ciudadanía, fuera de los partidos, que está interesada en participar de la política, pero no de la forma en que se ha estado ejerciendo en el último tiempo, por lo que está fuertemente desprestigiada”, señala la autora de libros como Altamirano, una de las independientes que obtuvo una mayor cantidad de patrocinantes. Lo ejemplifica: “En 2017, cuando los partidos fueron obligados legalmente a refichar a sus militantes, el conjunto de las colectividades no alcanzó las 400.000 personas en el plazo de un año”. Para Politzer, sin embargo, no se trata de dejar caer a los partidos: “Sin partidos la alternativa es el fascismo”, asegura Politzer. “Pero para la redacción de una nueva Constitución debe configurarse una convención diversa y muy pluralista que contenga la mayor cantidad de miradas posibles”.

Los partidos políticos y el Congreso sufren una crisis estructural de representación. De acuerdo al informe Diez años de auditoría a la democracia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con datos de 2008 a 2018, tanto las colectividades como el Parlamento son las dos instituciones en las que menos confianza tienen los chilenos. En el proceso de elección de candidatos a la convención constituyente, partidos de todos los sectores ocuparon las clásicas técnicas de negociación que alejan a la ciudadanía. No ayuda que el mismo día en que se elegirán a los convencionales, el 11 de abril, se celebren las elecciones de alcaldes, concejales y las primeras democráticas de gobernadores (elegidos hasta ahora por el gobierno nacional). En total, 2.768 cargos que se llenarán en tres meses.

“Un sector importante de la sociedad politizada y activada tiene una desconfianza muy grande en los partidos y, por lo tanto, no se ven representados. Esto explica tanto interés por inscribir listas y se ha instalado tan fuertemente un discurso de la importancia de la independencia y de apoyar a candidatos independientes”, asegura Marcela Ríos, representante asistente en Chile del PNUD. “Quizá en algunos distritos los partidos van a lograr mantener el predominio y la correlación de fuerzas habitual, pero en muchos otros lugares se podrían dar mezclas distintas. Una de las principales interrogantes de la convención está en si los partidos quedarán o no desplazados. El desafío de los independientes es transformar los respaldos en votación”, analiza la socióloga.

Pueblos indígenas

Para los 17 escaños reservados para pueblos indígenas se han presentado 199 candidatos, de acuerdo a los datos preliminares del Servel. Los elegidos conformarán un solo distrito a nivel nacional. Se aseguró un cupo para cada una de las 10 etnias, pero la mapuche tendrá siete escaños, mientras que la aymara obtendrá dos. “Ocuparemos un porcentaje relevante dentro de la convención, que se aproxima al 12,8% que representa la población indígena del país”, asegura Salvador Millaleo, abogado constitucionalista mapuche, académico de Derecho de la Universidad de Chile, cuyo partido –el socialista– dejó fuera de las candidaturas a la convención. Millaleo explica que nunca antes a nivel mundial un órgano constituyente tuvo este número de escaños reservados para sus etnias originarias, lo que resulta especialmente llamativo en un país como Chile, “con una historia hostil a los derechos de los pueblos indígenas”.

Millaleo describe el engorroso proceso de negociación que con mucha dificultad terminó con el acuerdo de los 17 escaños reservados. La ley recién se promulgó el 23 de diciembre pasado y, pese a las dificultades, como la ruralidad y la pandemia, en solo algunas semanas todas las etnias originarias lograron levantar a sus candidatos a la convención. “Considerando las postulaciones de los partidos y las independientes, los candidatos de los pueblos indígenas son dirigentes y representan a sus bases y territorios”, asegura el académico.

Los independientes, sin embargo, tienen un camino cuesta arriba para superar a los partidos, que tienen oficio, estructura y financiamiento para ganar elecciones. En la franja electoral, por ejemplo, todos los independientes tendrán el mismo tiempo disponible que el partido que obtuvo menor votación en las últimas elecciones. Marta Lagos, fundadora del sondeo Latinobarómetro, es escéptica: “Existe una sensación de que el llamado a la convención constitucional había cambiado esta condición estructural de la democracia chilena –una democracia representativa que se organiza a través de los partidos– y que se podría modificar esta condición a través del concurso de los independientes. Pero la convención constitucional estará mayoritariamente ocupada por miembros elegidos a través del sistema de partidos, lo que va a producir una tremenda reacción negativa en contra de la convención”, analiza Lagos. “Va a haber renovación y tiraje de la chimenea, sin duda, pero va a ser minoritario”, concluye Lagos, que dirige hace 25 años la mayor encuestadora de América Latina.

Po Rocío Montes

Santiago de Chile - 15 ene 2021 - 15:44 UTC

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Robotización y el fin de trabajo: mito o realidad

La digitalización y la robotización son una realidad que ha venido para quedarse.

La eclosión de la tecnología y el advenimiento de la cuarta revolución industrial con la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial a la cabeza, suponen un nuevo paradigma en el mundo del trabajo.  Unos cambios que se producen a una velocidad de vértigo que, junto con los efectos de la globalización económica de las últimas décadas, ha venido a desintegrar muchas de las certezas sobre las que se han construido las narrativas de la vida laboral del último medio siglo. El cambio forma parte de la historia del progreso de nuestras sociedades y, como en otros cambios de época, generan problemas que nos interpela a construir nuevas coherencias. La característica principal y la novedad de los cambios a los que nos enfrentamos es su velocidad. Todo va rápido, muy rápido, y no tenemos engrasados los mecanismos de gobernanza necesarios para diseñar políticas públicas que sean capaces de responder a las necesidades del nuevo mundo que emerge.

No podemos responder a las nuevas realidades con las formas y parámetros del pasado

Son muchos y diversos los frentes que hay que atender, pero quizás el factor crítico fundamental es, que no podemos responder a las nuevas realidades con las formas y parámetros del pasado. Necesitamos una mirada nueva. En las sociedades posmodernas emergen nuevas formas de vivir y trabajar que hay que estudiar y regular. Repensar cómo garantizar deberes y derechos laborales en un mundo en el que la tecnología viene a jugar un papel central y que está transformando la naturaleza y las formas de vida y del trabajo. La digitalización y la robotización son una realidad que ha venido para quedarse. Las máquinas, con los algoritmos y la inteligencia artificial, nos harán mucho más productivos, rápidos y eficientes sobre todo en aquellos trabajos rutinarios, repetitivos o predecibles. Su implantación en muchos sectores genera la sensación de que las personas nos quedaremos sin trabajo. Una profecía que no tiene por qué ser autocumplida si somos capaces de responder con inteligencia y construir un nuevo contrato social para la era digital.

Sería pretencioso tener respuestas para todos los problemas o preguntas. Es evidente que la tecnología cambia la fisonomía de la sociedad y transforma estructuralmente nuestras formas de vida. La revolución tecnológica es imparable y no puede ser un proceso acrítico. Tenemos que gobernarla para minimizar los impactos negativos como las nuevas brechas digitales y aprovechar con inteligencia las nuevas oportunidades que ofrece. El riesgo de que una parte de la sociedad pueda quedar relegada es evidente, generando nuevos problemas sociales.

Para ganar la batalla del futuro habrá que diseñar nuevas coherencias que concilien las capacidades de la digitalización y la robotización con las habilidades humanas. El nuevo mundo del trabajo requerirá de una colaboración eficiente entre humanos y máquinas abriendo nuevas oportunidades y nichos laborales. Como bien dice el economista José Martín Moisés Carretero, director de Red2Red, “el peligro no está en la digitalización, sino en la no digitalización”. Estamos en medio de una gran batalla en el que hay que encajar la nueva realidad con una legislación y un mercado laboral pensada para el viejo mundo.

Estamos en un momento complicado en el que el viejo mundo no acaba de morir y el nuevo mundo no acaba de imponerse generando confusión

Estamos en un momento complicado en el que el viejo mundo no acaba de morir y el nuevo mundo no acaba de imponerse generando confusión. Albert Cañigueral ha publicado un interesante libro “El trabajo ya no es lo que era” en el que desgrana de forma brillante y detallada los problemas, retos y oportunidades del mundo del trabajo. El texto describe bien que el reto del empleo y de la competitividad de nuestra sociedad dependerá de nuestra capacidad de sumar inteligencias, la humana y de la inteligencia artificial, para generar progreso y nuevos puestos de trabajo. Algo que requiere un reajuste urgente de las capacidades y habilidades de los trabajadores y los profesionales. Como ha pasado a lo largo de la historia, las formas del trabajo han ido evolucionando, y de la misma forma deben hacerlo la formación, la regulación y la protección de los derechos. La tecnoaceleración está transformando nuestra manera de vivir y trabajar generando nuevas oportunidades pero también algunas externalidades preocupantes que hay que gestionar.

Una de las características de la era digital y su impacto en el mundo del trabajo es la emergencia de los trabajadores no estándares, esto es, aquellos trabajadores que tienen relaciones laborales no tradicionales como es el caso del freelance u otras modalidades como el trabajador de plataforma. Una realidad que se ha visibilizado por la polémica de los derechos de los riders y las sentencias condenatorias a algunas plataformas como Deliveroo Glovo por la contratación de sus servicios como falsos autónomos. Hasta ahora no había estado en el centro de la agenda política, pero es una realidad creciente que afecta a millones de personas en el que los riders apenas representan una son el 7% de la población activa. Hay otros colectivos como los trabajos de oficina, encuestadores, o trabajadores en remoto que según estudios de La Fundación de Estudios Progresistas Europeos (FEPS) puede llegar al 11% de los trabajadores activos en Europa.

Entre el conjunto de los trabajadores de esta economía de demanda, se estima que el 40% lo hacen a través de pantallas de ordenador, no suele ser su ocupación principal o bien lo combina con otros trabajos e ingresos. La digitalización y sus nuevas formas de generación de valor y empleo, está fragmentando el mercado laboral y la naturaleza de las relaciones laborales con la precarización de importantes colectivos profesionales con la emergencia de la llamada economía de plataforma. Una nueva realidad que cambia las narrativas y el lenguaje del trabajo confundiendo economía colaborativa con economía de plataforma. La profesora Luz Rodríguez, defiende que debemos proteger los derechos de las personas que trabajan independientemente de su modalidad de contratación. La plataforma ejerce de intermediaria obteniendo beneficios mientras que el trabajador pierde derechos. Una situación insostenible en la que hay que repensar la arquitectura de la protección social.

El problema no es la tecnología, sino los modelos de negocio que se han desarrollado ante la falta de regulación y políticas públicas, que van muy por detrás de la realidad del mercado y de  sociedad

Es evidente que no se puede volver atrás en el proceso de digitalización, pero es urgente regularlo mejor. Asistimos a un proceso de concentración en el que las BigTech capturan mucho valor y generan grandes beneficios sin contribuir a los sistemas de protección social. El problema no es la tecnología, sino los modelos de negocio que se han desarrollado ante la falta de regulación y políticas públicas, que van muy por detrás de la realidad del mercado y de  sociedad.

Trabajar es resolver problemas de otras personas” como nos recuerda el sociólogo finlandés Esko Kilpi. La digitalización y la robotización no va a hacer desaparecer el trabajo, pero sí lo va a transformar, por lo que necesitamos pensar y actuar rápido. Las necesidades de nuestras sociedades son crecientes y cada revolución industrial ha visto emerger nuevas formas de trabajo y nuevos empleos. En la nueva sociedad digital, el trabajo no va a desaparecer, pero se va a transformar. En una economía de demanda en el que la flexibilidad y la adaptabilidad es clave para competitividad, la tecnología y la sociedad algorítmica permiten gestionar de manera mucho más eficiente los picos de productividad o demanda, y las empresas adoptan modelos de búsqueda de talento adaptado a esa nueva realidad. El modelo de trabajo tradicional tal y como lo habíamos conocido quedará obsoleto para una buena parte de la población activa en los próximos años. En la medida que no seamos capaces de regularlo estaremos abocados a la inestabilidad permanente. La flexibilidad es positiva, pero no puede convertirse en precariedad.

La digitalización, los algoritmos y los robots van a formar parte de nuestra vida. Tenemos que diseñar nuevas respuestas para los retos de los nuevos tiempos. Por lado, apostando de forma decidida por el reskilling de millones de trabajadores para adecuar sus habilidades a la nueva sociedad digital. Por otro, regulando de forma decidida las nuevas formas de trabajo no convencional para permitir desarrollar nuevas formas de vivir y trabajar garantizando los deberes y derechos de los trabajadores. El futuro no está predeterminado, hay que construirlo, de nuestra capacidad de responder a los nuevos retos dependerá que evitemos la distopía de una sociedad sin trabajadores.

Por Pau Solanilla | 16/01/2021

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