Viernes, 19 Mayo 2017 08:14

No al silencio

No al silencio


Doce disparos, a las 12 horas, acabaron en Culiacán con la vida del periodista de Río Doce. México cuenta con seis periodistas asesinados en lo que va del año; 105 desde el año 2000. Ninguno de ellos ha obtenido justicia.

 

Salió de la redacción de Río Doce pasado el mediodía, después de enviar su colaboración al diario La Jornada. Llevaba su sombrero característico, su amabilidad de siempre, su pinta bonachona de hombre panzón y agradable cuando le dispararon 12 veces con dos armas distintas. Horas después de que Javier Valdez Cárdenas fuera asesinado, Sonia Córdova, subdirectora del diario El Costeño, de Guadalajara, Jalisco, fue acribillada junto a su hijo, quien murió.

Dos días antes, siete periodistas fueron retenidos en Guerrero por un comando armado cuando acababan de cubrir un operativo policial; les robaron sus pertenencias y les dijeron que no eran bienvenidos, y que si no se marchaban los iban a quemar junto con las camionetas en que viajaban. Esa misma semana un integrante de la guardia presidencial de Enrique Peña Nieto amenazó a un fotógrafo que cubría la inauguración del Hospital Materno Infantil en Colima, diciéndole a otro integrante de la guardia: “Oye, pero no lo vayas a desaparecer... no todavía, hasta el rato, fíjate bien quién es y grábatelo”.

Con Valdez son seis los periodistas asesinados en lo que va del año; 36 en el sexenio de Peña Nieto; 105 desde el año 2000. Ninguno de ellos ha obtenido justicia. Ninguno.

Lo primero que se aprende al llegar a México a trabajar en la prensa es que, saliendo de la ciudad, una debe cumplir protocolos de seguridad. Hay que buscarse un monitor que siga el trayecto que se hace, que reciba el número de la matrícula del ómnibus en que se viaja, que tenga los contactos para activar una búsqueda si te llevan, porque en realidad uno no tiene cómo evitar los riesgos que implica reportear en este México herido. A lo único que se puede aspirar es a achicar el tiempo de respuesta de quienes están pendientes de lo que le pueda pasar a una.

Se aprende también que los medios para los que trabajás te dejan en banda, que la primicia ha muerto porque, tanto para seguir una puntita de información como para cubrir un levantamiento armado, lo primero que hacemos es llamar a los otros compas, para ver cómo vamos a llegar juntos al punto caliente.

Todas y cada una de esas muertes duelen, pero la de Valdez pesa un poquito más, porque se llevaron a un maestro. Valdez fue un periodista generoso y abierto, una referencia obligada para quien quisiera entender el mundo narco, y también para saber cómo hacer para obtener información fidedigna en un ambiente en el que todo es oscuridad. Enseñó a extremar el método, nos explicó que la autocensura es una forma de sobrevivir y que es también una frontera que se mueve. En este contexto, para un periodista la osadía debe ser secundaria, como nos dijo una vez: “Aquí ser valiente es ser pendejo”.

Valdez, como Walsh –cuál maestro sino él–, entendió que el valor del periodismo es dar testimonio en momentos difíciles, que callar es perder, y sobre todo que uno tiene que aprender a leer la realidad como el aire que respira. Y que la tragedia en todo esto es que el buen periodismo no tiene respaldo, porque la sociedad no lo abraza, y por eso nos pueden seguir matando.

“Es un golpe demoledor para nosotros, para su familia, pero también para el periodismo, el sinaloense, el mexicano, sobre todo ese que investiga, escribe y publica en libertad”, escribieron sus compañeros de Río Doce, el periódico cooperativo que fundó Valdez hace 14 años, en un editorial que publicaron la noche de su asesinato.

Cuando otra colega, Miroslava Breach, fue asesinada semanas atrás en Ciudad Juárez, Valdez escribió estas palabras, que ahora resuenan el triple: “A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena por reportear este infierno. No al silencio.”

No al silencio, repetimos los huérfanos de su guía que seguiremos trabajando aquí.

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Clamor de periodistas mexicanos desamparados

Expuestos a los impunes ataques del poder político y del crimen organizado, fueron abandonados a su suerte por gobiernos omisos y cómplices y en la mayor parte de los casos hasta por sus propios medios, que les dan la espalda.

 


“Nos están matando”, claman cientos de periodistas plantados la noche de ayer a las puertas de la Secretaría de Gobernación, en protesta por el asesinato del reportero Javier Valdez, el lunes pasado en Culiacán, Sinaloa. No es sólo una consigna, es ya una desesperada expresión del desamparo y vulnerabilidad de reporteros, fotógrafos y editores mexicanos frente a los impunes ataques del poder político y del crimen organizado, abandonados a su suerte por gobiernos omisos y cómplices, y en la mayor parte de los casos hasta por sus propios medios, que les dan la espalda.


En México se matan periodistas porque el Estado se ha encargado de garantizar la impunidad de sus perpetradores, ya sean narcos, políticos o narcopolíticos. En tanto, la sociedad es apenas un espectador más de lo que pareciera otra manifestación de la violencia y la descomposición que carcomen al país. Fuera de las pocas organizaciones no gubernamentales dedicadas a la protección de periodistas y defensores de derechos humanos, aquí nadie parece interesarse por la suerte de uno de los pilares fundamentales de lo que en otros países conocen como democracia.


En México no existe la libertad de expresión, silenciadas como están amplias zonas del país bajo control del crimen organizado, que impone la censura directa, y por la práctica de la autocensura casi como única mecanismo de protección.


Las últimas horas se cuentan entre las peores. La tarde del sábado pasado, siete periodistas fueron retenidos, asaltados y amenazados de muerte por un centenar de hombres armados que controlaban una de las principales rutas de acceso a la región de Tierra Caliente del estado de Guerrero. Les robaron sus equipos y uno de los dos vehículos con los trataban de llegar al municipio de San Miguel Totolapan, donde el viernes se enfrentaron militares y policías con pobladores y autodefensas.


Cuando apenas se reaccionaba a este ataque, vino la conmoción por el homicidio de Javier Valdez en Culiacán, Sinaloa. En medio de una amplia cobertura local, nacional e internacional, dado el alto perfil del reportero asesinado, fundador del semanario Ríodoce y corresponsal del diario La Jornada, poca atención recibió el ataque a tiros contra Sonia Córdova, subdirectora comercial del pequeño semanario El Costeño, en el municipio de Autlán, estado de Jalisco. La también esposa del director de ese medio resultó gravemente herida; su hijo, Jonathan Rodríguez, murió en el atentado.
En ambos casos, la Comisión Nacional de Derechos Humanos exigió a la administración de Enrique Peña Nieto sendas investigaciones profesionales y efectivas, en las que se privilegie el trabajo periodístico de las víctimas como línea principal de investigación. Uno de los últimos reportajes de Javier Valdez expuso la disputa por el control del Cártel de Sinaloa entre los hijos de El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada, por un lado, y por el otro el ex policía José Dámaso, alias El Licenciado, quien fue detenido el 2 de mayo. En tanto, el semanario El Costeño cubría la costa sur jalisciense, que fue plaza principal del Cártel Jalisco Nueva Generación.


La oleada de ataques provocó la reacción de organizaciones nacionales e internacionales, incluyendo a la Unesco, la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos (OEA). Incluso el presidente de Bolivia, Evo Morales, expresó su condena por este crimen y reclamó a la OEA por no haberse expresado en este caso, al menos hasta la mañana de ayer. Junto con ellos protestaron el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), Reporteros Sin Fronteras, Artículo 19, Amnistía Internacional y la Sociedad Interamericana de Prensa, entre otras. Cientos de periodistas mexicanos marcharon en la Ciudad de México y en las principales ciudades de una docena de estados del país.


Ante la presión internacional, el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, convocó a los gobernadores de todo el país a una reunión para “garantizar en todo el territorio nacional que los periodistas puedan ejercer su labor”. La iniciativa ocurre después de tres años y medio de gestión en la que la administración del presidente Enrique Peña Nieto acumula ya 32 periodistas asesinados.


La vulnerabilidad de la prensa mexicana acentúa la debilidad de una democracia de suyo incipiente. Por ello Ana Cristina Euelas, la directora de la oficina en México de la ONG defensora de la libertad de expresión y el acceso a la información Artículo 19, exigió resultados a las autoridades del país, “no más simulación de garantías”. Este crimen “extiende la sombra de silencio por todo el país”, alertó Joel Simon, director ejecutivo del CPJ.


Para los periodistas mexicanos, lo más dramático es el abandono social. La prensa es cazada sin que nadie levante un dedo por ella. En cinco años de marchas y paros por el asesinato de periodistas, desde el homicidio de Regina Martínez, corresponsal de Proceso en Veracruz, en mayo de 2012, la sociedad mexicana ha decidido dejarlos solos.


Hace siete años, cuando fueron secuestrados cuatro periodistas mientras cubrían un motín en el penal de Gómez Palacio, estado de Durango, a unos 980 kilómetros al norte de la Ciudad de México, el gremio exigió su liberación con una consigna en formato de hashtag en las todavía incipientes redes sociales: #LosQueremosVivos. Hoy, luego de al menos 12 colegas desaparecidos y entre 105 y 119 asesinados (según quien cuente), se pasó del reclamo al grito de auxilio: #Nos EstánMatando, se clama en Twitter, en Facebook en blogs, en la calle. Y sólo el silencio responde.

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México es un cementerio lleno de periodistas

El año pasado se registraron 426 agresiones contra la prensa en México, incluidos 11 asesinatos de periodistas, parte de los 104 homicidios de reporteros, fotógrafos y editores desde el 2000, casi todos impunes. En 2017 mataron a cuatro y 23 siguen desaparecidos.


México está convertido en un cementerio de periodistas, dice Pedro Canché, un reportero maya, para resumir en una imagen la vulnerabilidad de la prensa en un país donde matar periodistas es gratis. Con una impunidad de 90,75% de los casos de ataques contra la prensa, que generan censura y autocensura, México se está quedando ciego, sordo y mudo ante la descomposición política y social en que se hunde.


En el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa, organismos nacionales e internacionales exigieron ayer al presidente Enrique Peña Nieto acciones eficaces para proteger a los periodistas y para resolver la abultada lista de crímenes en su contra, y hasta la Embajada de Estados Unidos en México alertó sobre las graves consecuencias de la ineficacia gubernamental para salvaguardar uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia.


Solamente el año pasado, la organización Artículo 19 registró 426 agresiones contra la prensa en México, incluidos 11 asesinatos de periodistas, parte de los 104 homicidios (119, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos) cometidos contra reporteros, fotógrafos y editores en el país desde 2000, casi todos impunes. En lo que va de este 2017, ya han matado a cuatro periodistas. A ello se debe sumar 23 periodistas que permanecen desaparecidos.


“La impunidad endémica permite a los grupos criminales, los funcionarios corruptos y los carteles de la droga silenciar a sus críticos, denunció el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), una organización no gubernamental con sede en Nueva York, al presentar ayer un informe especial sobre “uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo”.


El CPJ responsabilizó al gobierno de Peña Nieto y a sus instituciones de seguridad por el clima de impunidad e hizo una serie de recomendaciones para investigar exhaustivamente los asesinatos de periodistas, “enjuiciar a los autores y hacer que recaiga sobre ellos todo el peso de la ley”.


Simbólicamente, el CPJ presentó su informe en Veracruz, “donde los ataques contra la prensa permanecieron impunes durante el mandato del exgobernador Javier Duarte de Ochoa”, hoy preso en Guatemala. En ese estado, como en el resto del país”, la justicia sigue ausente y la impunidad es la norma”.


En la misma sintonía, la embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, publicó este miércoles un atípico artículo en el diario izquierdista La Jornada en el que puso el foco en las consecuencias de vivir con una prensa bajo ataque en México: “Es bien sabido que existen zonas de silencio. Zonas de la República en las que los medios no pueden ejercer un periodismo real. Tierra de nadie donde todo puede pasar”.


No es común que un diplomático estadounidense estacionado en México se refiera abiertamente a temas de seguridad interior del país, pero la crisis de libertad de expresión en México (parte, a su vez, de una desbordada crisis de derechos humanos) se ha convertido en un riesgo demasiado alto para una democracia tan endeble como la mexicana.


Ante la evidente incapacidad e indolencia del Estado mexicano para contener (ya no se diga controlar y mucho menos erradicar) al narcotráfico, Estados Unidos prende la alarma ante una de sus manifestaciones más claras: el amordazamiento de la prensa.


“Percibo también un silencio atemorizado; un silencio que crece”, dijo Jacobson, a fuerza de amenazas, secuestros, desapariciones y asesinatos que quedan impunes. De la mano va la autocensura, que se ha expandido por todo el país. Lo peor es que, como recordó Jacobson, “la impunidad empodera al crimen”.


A eso mismo se refirió Pedro Canché la semana pasada, durante un acto de desagravio en Chetumal, la capital de Quintana Roo, estado del caribe mexicano donde el periodista maya pasó nueve meses encarcelado entre 2014 y 2015 con cargos falsos. Al responder a la disculpa pública que le ofrecieron el gobierno del estado y la alcaldía de Felipe Carrillo Puerto, Canché cuestionó: “¿Quién le pedirá disculpas públicas y reconocimiento como víctimas que lo son a los 104 periodistas asesinados en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto? Ellos no pueden defenderse ya. El Estado mexicano le debe mucho a sus familias. El Estado Mexicano no tiene a nadie en prisión por estas bajas en la libertad de expresión. La Presidencia de la República tiene una deuda de sangre con los periodistas en México, no solo por permitir a sus virreyes los gobernadores abusar del poder, sino por alentar la impunidad desde los pinos al no parar este cementerio de periodistas en que se ha convertido México. Un cementerio que lastima nuestro gremio. Y este fantasma mortal no para contra los periodistas. No hay voluntad de los pinos para parar la impunidad contra los delitos de la libertad de expresión”.


En estas condiciones, “aún falta ver cómo los periodistas se convierten en actores para la democracia”, dijo Ana Ruelas, directora de Artículo 19 para México y Centroamérica, quien recordó que sin plena libertad de prensa, transparencia y verdadero acceso a la información “no habrá democracia y en ningún momento los ciudadanos podremos participar”.


El desagravio a Canché “es un primer paso”, reconoció Ruelas, pero recordó que aún falta enjuiciar a los responsables de la violación de los derechos humanos del periodista y la reparación económica del daño, para que la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en este caso no sea burlada por tercera vez y siga engrosando el expediente de impunidad en México y provocando más ataques a la prensa.


Según la embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, la situación es incluso más grave. En su artículo publicado ayer en La Jornada, la diplomática llega a una conclusión que es, al mismo tiempo, una grave advertencia: “Envalentonados con este grado de impunidad, los criminales y los agresores sienten que pueden continuar silenciando a periodistas”.


Como reflejo de la preocupación de la clase política estadounidense, Jacobson lanzó la alarma: en México “hay que alzar la voz, decir ‘ya basta’, De lo contrario el silencio será ensordecedor”.

 

Por Gerardo Albarrán de Alba
Páginai12 En México
Desde Ciudad de México

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Asesinan periodistas para disciplinar medios

No son, no pueden ser, efectos colaterales e indeseados de la guerra contra el narcotráfico. Los periodistas críticos son uno de los objetivos. No el único, porque el blanco principal siguen siendo los de abajo organizados. El asesinato es el modo que tienen los de arriba, esa compleja alianza narco-empresarial-estatal, para desorganizar movimientos y para neutralizar a los periodistas críticos y a los medios (pocos) que los publican. Me resisto a verlo de otro modo, por la propia historia de los medios.

Hasta hace algunas décadas, hasta los años 70 u 80 (fechas algo arbitrarias), quienes ponían orden en las redacciones eran los jefes de sección: política, sociedad, cultura, y así. El consejo de redacción era una suerte de comité central en los diarios y revistas semanales, que eran los medios más difundidos, seguidos y apreciados por quienes deseaban informarse con un mínimo de calidad en cuanto a los análisis y el estilo.

El jefe de cada sección acostumbraba reunirse con el grupo de periodistas que le tocaba dirigir, les proponía temas y escuchaba alguna observación, menor porque el poder funcionaba de arriba abajo. Un viejo periodista tupamaro, que oficiaba luego de la dictadura uruguaya como editor del quincenario Mate Amargo, solía decir –medio en broma medio en serio– que el "buen periodista" se limitaba a preguntar "cuántas líneas" debía escribir (hasta entonces no se mentaban caracteres) y, sobre todo, si la nota debía ser "a favor o en contra".

Con los años, la crisis de las jerarquías y, sobre todo, del patriarcado, las relaciones en los medios (por lo menos en la prensa que es lo que conozco), sufrieron un fuerte cimbronazo. A propósito, el consejo de redacción de Brecha está hoy integrado sólo por mujeres, la directora y las cuatro jefas de cada sección, son mujeres. Y jóvenes.

Más que cambio, un verdadero tsunami que habría dejado perplejos a los periodistas con los que nos formamos, muchos de ellos provenientes de la mítica Marcha, donde escribieron entre otros Carlos María Gutiérrez (autor de la primera entrevista a Fidel en Sierra Maestra y fundador de Prensa Latina junto a Rodolfo Walsh) y Gregorio Selser, quien también colaboró en La Jornada.

Hoy las redacciones son bien distintas. Los y las periodistas suelen tomar la iniciativa, proponen temas y definen las formas de abordarlos, encaran investigaciones sin esperar el visto bueno de sus jefes. Se comportan cada vez con mayor autonomía y, aunque pueden ser una minoría, saben lo que quieren y el modo de conseguirlo. Aunque no la conocí personalmente, Miroslava Breach debe haber pertenecido a esta estirpe y abrevado en el mismo pozo.

Lo que pretendo decir es esto: se asesina periodistas en vez de atentar contra medios, como se hacía antes; y ahí están las decenas de periódicos cerrados por las dictaduras o el atentado contra El Espectador en Bogotá por el grupo de Pablo Escobar, en 1989, con más de 70 heridos. Los periodistas críticos –reporteros, fotógrafos, etcétera– son un objetivo en sí mismos, como lo son los dirigentes de movimientos antisistémicos.

En los 20 años que duró la guerra de Vietnam (1955-1975) fueron muertos 79 periodistas (goo.gl/FO3meD), habiendo sido el conflicto armado con mayor cobertura de prensa en la historia y uno de los más letales, con una cifra de muertos que, según las fuentes, superó los 4 millones. La cifra contrasta vivamente con los más de 120 periodistas asesinados en México desde 2000, en una situación completamente diferente a la del sudeste asiático.

El aumento de los crímenes contra periodistas forma parte del control a cielo abierto que realiza el sistema, para lo cual se vale tanto de los aparatos armados del Estado como del narco. El modo de operar ha cambiado de forma radical en el pasado medio siglo.

A partir de Vietnam, donde el periodismo jugó un papel relevante a la hora de informar a la población, comenzaron a cerrarse puertas. Imágenes como la de la niña desnuda huyendo de un bombardeo con napalm o la cinta de un oficial ejecutando de un tiro en la cabeza a un guerrillero desarmado, contribuyeron de modo decisivo para volcar a la opinión pública –en particular a la estadunidense– contra la guerra.

En muchos sentidos el fracaso de Vietnam fue un parteaguas. Ahí nacieron las "políticas sociales" de la mano de Robert McNamara, quien se había desempeñado como secretario de Defensa durante Vietnam y luego como presidente del Banco Mundial, quien comprendió que las guerras no se ganan con armas. Esas política, devastadoras de la autonomía y autoestima de los de abajo, hasta el día de hoy, son hijas de la derrota militar yanqui.

Esos mismos años sucedieron dos hechos adicionales que vale recordar. Uno, el capitalismo contra-ataca al movimiento obrero con una completa restructuración laboral, de la cual nace la automatización en los países centrales y la maquila en los periféricos.

Dos, la guerra contra las drogas hizo sus primeros ensayos contra el partido Panteras Negras, en Estados Unidos a finales de la década de 1970, asesinando dirigentes y desarrollando el llamado "Programa de Contrainteligencia", para aniquilar una organización que había conseguido hondos vínculos comunitarios. De la mano de la FBI se inundaron los barrios negros de drogas, como parte de la lucha contra la "insurgencia".

A propósito, es necesario recordar que el periodista californiano Gary Webb fue "suicidado" en 2004, presuntamente por los servicios de inteligencia estadunidenses, por sus investigaciones que pusieron en evidencia las conexiones de la CIA con la venta masiva de crack en barrios negros para financiar las guerras ilegales del Pentágono.

Es evidente que la alianza narcos-estado-burguesía goza de buena salud, siendo uno de los más sólidos pilares de los regímenes llamados "democracias". Pese al horror, no debemos perder el norte: los asesinatos forman parte de una guerra contra los pueblos. No matan por ser periodistas sino por su compromiso con los de abajo

La crisis de la democracia en el neoliberalismo
Emir Sader
Un elemento que se ha globalizado rápidamente ha sido el de la crisis de la democracia. En Europa, que se enorgullecía de sus sistemas políticos, las políticas de austeridad han promovido la generalizada deslegitimación de esos sistemas, centrados en dos grandes partidos. Cuando ambos asumieron esas políticas económicas antisociales, han entrado en crisis acelerada, perdiendo votos, intensificando el desinterés político por las elecciones, dado que esos dos partidos promueven políticas similares. Han empezado a surgir alternativas –en la extrema derecha y en la misma izquierda–, que ponen en crisis esos sistemas, por la derecha de forma autoritaria, por la izquierda buscando el ensanchamiento y la renovación de las democracias.

Hasta que la crisis de las democracias dio un salto con el Brexit y con la elección de Donald Trump en Estados Unidos. En Gran Bretaña, los dos partidos tradicionales fueron derrotados en una decisión crucial para el futuro del país y de la misma Europa, con la decisión mayoritaria de salida de la Unión Europea. Lo cual refleja cómo esos dos partidos no han sabido entender el malestar de gran parte de la población –incluso de amplios sectores de la misma clase trabajadora– respecto de los efectos negativos de la globalización neoliberal. Los trabajadores, electores tradicionales del Partido Laborista, concentraron su voto por el Brexit, en contra de la decisión de ese partido, y terminaron decidiendo la votación.

En Estados Unidos no es sólo la victoria de un candidato outsider, que enfrentó al Partido Demócrata, sino también a los grandes medios, a la dirección de su propio partido, a los formadores de opinión, para ser electo. El triunfo de Trump representó una derrota para los dos partidos como expresiones de la voluntad organizada de los estadunidenses.

Por todas partes la democracia tradicional hace agua. Los partidos tradicionales pierden aceleradamente apoyos, las personas se interesan cada vez menos por la política, votan cada vez menos, los sistemas políticos entran en crisis, ya no representan a la sociedad. Es la democracia liberal, que siempre se autodefinió como "la democracia", la que entra en crisis, bajo el impacto de la pérdida de legitimidad de gobiernos que han asumido los proyectos antisociales del neoliberalismo y de la misma política, corrompida por el poder del dinero, que en el neoliberalismo invade a toda la sociedad, incluso a la misma política.

En América Latina, dos países que habían fortalecido sus sistemas políticos, mediante gobiernos y liderazgos con legitimidad popular, como Argentina y Brasil, han retrocedido hacia gobiernos que pierden –o nunca han tenido– apoyo popular. El mismo sistema político sufre con gobiernos que han hecho promesas o han sido elegidos con programas distintos a los que ponen en práctica. El programa neoliberal de ajustes fiscales profundiza la crisis de legitimidad de los gobiernos y de los mismos sistemas políticos.

La concepción que preside al neoliberalismo, que busca trasformar todo en mercancía, llegó con plena fuerza a la política, con sus financiamientos privados, con campañas adecuadas a servicios de marketing, con millonarias actividades que hacen de las campañas un despliegue de piezas publicitarias casi al estilo de cualquier otra mercancía. Por otra parte, gobiernos copados de ejecutivos privados los hacen cada vez más parecidos a empresas, por el personal y por la concepción que preside a gobiernos con mentalidad de mercado.

La era neoliberal es, así, la era del agotamiento del sistema de las democracias liberales. Los agentes que le daban legitimidad –parlamentos con representación popular, partidos con definiciones ideológicas, sindicatos y centrales sindicales fuertes, dirigentes políticos representantes de distintos proyectos políticos, medios de comunicación como espacio relativamente diversificado de debates– se han vaciado, dejando al sistema político y a los gobiernos suspendidos en el aire. El desprestigio de la política es la consecuencia inmediata del Estado mínimo y de la centralidad del mercado.

La crisis de las democracias se ha vuelto uno de los temas que se extiende de Estados Unidos a América Latina, pasando por Europa y por Asia. Ya no se trata de reivindicar un sistema que se ha agotado, sino de construir formas alternativas de Estado, de sistemas políticos y de representación política de todas las fuerzas sociales.

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No te preocupes más por las noticias falsas; lo que viene es mucho peor

En un futuro no muy lejano, los gigantes tecnológicos decidirán qué fuentes de información podremos consultar, y las voces alternativas serán silenciadas

En mi investigación sobre “noticias falsas”, descubrí algunas cosas inquietantes. Y no son las cadenas de noticias de derechas las que me preocupan. Hace poco di un vistazo al ecosistema de medios de izquierdas e intenté relacionar los hipervínculos entre estos sitios web. Así que no estoy intentando establecer una causalidad o culpar al tipo de contenido que circula en estos sitios web. Ya hay muchas personas que quieren hacer esto. Lo que yo quiero es pensar hacia adelante.
Estoy interesado en la gran red que hizo posible que el tema de las noticias falsas se vuelva tan importante. Lo que más me preocupa hasta ahora de las noticias falsas no son los datos falsos, la desinformación o la propaganda que implican. Ni siquiera es la política. Y no, lo que más me preocupa no es Trump.


Lo que más me asusta de las noticias falsas es cómo se están convirtiendo en una frase amalgama que la gente utiliza contra cualquier cosa con la que no está de acuerdo. En este sentido, las noticias falsas son como hermanastras de los “post-hechos” y la “post-verdad”: aunque no están relacionados directamente, forman parte de la misma familia disfuncional.


Se ha acusado a plataformas como Facebook y Twitter de ser responsables del resultado de las elecciones generales en Estados Unidos, el desenlace del referéndum por el Brexit y eventos como el Pizzagate, que llevó esta semana a Hillary Clinton a referirse a las noticias falsas como “un peligro que se debe atender”. Lo peor de este debate ha sido ocultado por los representantes de la vieja política, los tecnodistópicos al estilo Fahrenheit 451 y, en cierta medida, más desinformación.
¿Podríamos decir que la secuencia de eventos que llevaron al incidente del 4 de diciembre en la ciudad de Washington conocido como #Pizzagate marcó el punto en el cual las noticias falsas se volvieron reales? Yo creo que no. Las noticias falsas han sido reales desde que tenemos la capacidad de comunicarnos con el lenguaje y contar historias. La triste realidad es que el trabajo periodístico a menudo está en las antípodas de los intereses de la política, las ganancias económicas y la opinión pública.


Lo que ha cambiado todo es internet, que ha alterado la escala del problema de la información falsa y lo ha llevado a otro nivel. Si bien en el pasado, las noticias falsas eran menos visibles, siempre han estado con nosotros. Donde hoy encontramos bots de Twitter, mañana habrá asistentes virtuales e interfaces con lenguaje natural e inteligencia artificial (como Alexa, Siri y Google Home).


Las noticias falsas serán nuestro amigo virtual.


De alguna forma, ya hemos llegado a este punto. ¿Podemos considerar que cuando Google Maps no puede ofrecernos la ruta más rápida para llegar a nuestro destino se produce una noticia falsa? ¿Debemos exclamar “noticia falsa” cuando una crítica engañosa en Amazon nos lleva a comprar un mal producto? ¿Y qué pasa cuando regresamos de una mala experiencia y descubrimos críticas tendenciosas en Yelp?


Las noticias falsas determinan lo que podemos confirmar como real, más que lo que podemos identificar como falso. Las noticias son el tejido que forma nuestra realidad, y Google, Facebook, Twitter –a través de las siempre encendidas pantallas de los móviles, los rastreadores de actividad, los GPS y los espías de Bluetooth– representan nuestra interconexión con este “mundo feliz”.


Mientras las corporaciones tecnológicas piensan soluciones para protegernos –a nosotros y a sus ingresos por publicidad– del flagelo de las noticias falsas, deben asegurarse de que los sitios periodísticos alternativos, más pequeños y menos visibles, no desaparezcan con la limpieza operativa.


De alguna forma, ya hemos llegado a este punto. ¿Podemos considerar que cuando Google Maps no puede ofrecernos la ruta más rápida para llegar a nuestro destino se produce una noticia falsa? ¿Debemos exclamar “noticia falsa” cuando una crítica engañosa en Amazon nos lleva a comprar un mal producto? ¿Y qué pasa cuando regresamos de una mala experiencia y descubrimos críticas tendenciosas en Yelp? Las noticias falsas determinan lo que podemos confirmar como real, más que lo que podemos identificar como falso.


Los medios de comunicación independientes que buscan distribuir sus propios contenidos periodísticos ya están amenazados por los sistemas de entrega de contenido exclusivo como el Instant de Facebook, los vídeos 360, y AMP de Google. Los filtros industriales para depurar las noticias falsas podrían marcar el fin de los pequeños medios de noticias legítimas que hacen un gran esfuerzo para llamar la atención sobre temas que sienten que están invisibilizados o directamente ocultos intencionalmente por los medios de comunicación convencionales.


Los nuevos pornógrafos


Las noticias falsas se parecen mucho a la pornografía, especialmente respecto de cómo sus guardianes clasifican ciertos contenidos (y fuentes conocidas de contenido) que consideran inapropiado para el público. Tomemos como ejemplo la foto de la guerra de Vietnam ganadora del premio Pulitzer que fue eliminada de Facebook. Si un sistema de detección medio humano y medio automático no puede diferenciar entre pornografía infantil e imágenes de la guerra de Vietnam, espera a que comencemos a prefiltrar (o sea, a censurar preferencialmente) noticias basándonos en marcos temáticos y autoevaluaciones de la comunidad.


Es verdad que las noticias falsas han llamado la atención últimamente, incluso de los legisladores nacionales. Marsha Blackburn, congresista estadounidense, ha llegado al punto de sugerir que se debería responsabilizar a las empresas proveedoras de internet por no cerrar los sitios de noticias falsas. “Si alguien está subiendo información falsa a internet, las empresas proveedoras del servicio tienen la obligación en cierta forma de eliminar estos sitios de la red".


“En cierta forma” son las palabras clave, pero para ser justos, Blackburn también sugirió que es hora de que las plataformas como Facebook tengan editores humanos, y sabemos qué ha pasado con eso en el pasado reciente.
Sin embargo, contratar a un equipo de edición para moderar contenido va en dirección opuesta a los modelos de metanegocios algorítmicos deshumanizados que sostienen la mayoría de las empresas virtuales. ¿Por qué? Porque lo que venden es la atención de la gente. Facebook ya ha remarcado que no es, ni piensa convertirse, en un medio de comunicación.


¿Existe una solución práctica a las noticias falsas? No lo sé. Pero sí veo hacia dónde estamos yendo: hacia la eliminación de las voces alternativas y hacia la censura de contenido sobre ciertos temas.


En las guerras informáticas de 2016, si no tenemos cuidado, el resultado de la información falsa será otro filtro más. Y esta vez los filtros no estarán puestos para segmentar al público con objetivos publicitarios ni para identificar potenciales votantes. No estarán puestos para mostrar artículos periodísticos, “me gusta” y respuestas a comentarios que los algoritmos piensen que son lo que queremos ver primero.


En el futuro, los filtros no estarán programados para suprimir contenido pornográfico ni para protegernos del acoso y el abuso. En la próxima era de la infoguerra aparecerá el filtro más penetrante que hayamos conocido: se normalizará la eliminación de puntos de vista que se opongan a los intereses convencionales.


Y éste no es un problema que se limite a derecha, el centro o la izquierda. Esta es una nueva realidad. Así, mientras todos nos sumergimos más y más en los silos de información algorítmica, los servicios de información encriptada, las redes sociales a las que sólo se ingresa con invitación, vale la pena ponernos a pensar un poco. En la próxima década, filtros con inteligencia artificial desarrollados por corporaciones tecnológicas valorarán la legitimidad de la información antes de que el público pueda siquiera evaluarla por sí mismo.


Traducción de Lucía Balducci
12/12/2016 - 20:18h

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La dictadura mediática en la era de la post.verdad

La muerte de Fidel Castro ha dado lugar –en algunos grandes medios occidentales– a la difusión de cantidad de infamias contra el comandante cubano. Eso me ha dolido. Sabido es que lo conocí bien. Y he decidido, por tanto, aportar mi testimonio personal. Un intelectual coherente debe denunciar las injusticias. Empezando por las de su propio país.

Cuando la uniformidad mediática aplasta toda diversidad, censura cualquier expresión divergente y sanciona a los autores disidentes, es natural, efectivamente, que hablemos de ‘‘represión’. ¿Cómo calificar de otro modo un sistema que amordaza la libertad de expresión y reprime las voces diferentes? Un sistema que no acepta la contradicción, por muy argumentada que sea. Un sistema que establece una ‘‘verdad oficial’’ y no tolera la transgresión. Semejante sistema tiene un nombre, se llama: ‘‘tiranía’’ o ‘‘dictadura’’. No hay discusión.


Como muchos otros, yo viví en carne propia los azotes de ese sistema... en España y en Francia. Es lo que quiero contar.


La represión contra mi persona empezó en 2006, cuando publiqué en España mi libro Fidel Castro: biografía a dos voces, o Cien horas con Fidel (Editorial Debate, Barcelona), fruto de cinco años de documentación y de trabajo, y de centenares de horas de conversaciones con el líder de la revolución cubana. Inmediatamente fui atacado. Y comenzó la represión. Por ejemplo, el diario El País (Madrid), en el que hasta entonces yo escribía regularmente en sus páginas de opinión, me sancionó. Cesó de publicarme. Sin ofrecerme explicación alguna. Y no sólo eso, sino que –en la mejor tradición estalinista– mi nombre desapareció de sus páginas. Borrado. No se volvió a reseñar un libro mío ni se hizo nunca más mención alguna de actividad intelectual mía. Nada. Suprimido. Censurado. Un historiador del futuro que buscase mi nombre en las columnas del diario El Paísdeduciría que fallecí hace una década...


Lo mismo en La Voz de Galicia, diario en el que yo escribía también, desde hacía años, una columna semanal titulada Res Pública. A raíz de la edición de mi libro sobre Fidel Castro, y sin tampoco la mínima excusa, me reprimieron. Dejaron de publicar mis crónicas. De la noche a la mañana: censura total. Al igual que enEl País, ninguneo absoluto. Tratamiento de apestado. Jamás, a partir de entonces, la mínima alusión a cualquier actividad mía.
Como en toda dictadura ideológica, la mejor manera de ejecutar a un intelectual consiste en hacerle ‘‘desaparecer’’ del espacio mediático para ‘‘matarlo’’ simbólicamente. Hitler lo hizo. Stalin lo hizo. Franco lo hizo. Los diarios El País y La Voz de Galicia lo hicieron conmigo.


En Francia me ocurrió otro tanto. En cuanto las editoriales Fayard y Galilée editaron mi libro Fidel Castro: Biographie à deux voix en 2007, la represión se abatió de inmediato contra mí.


En la radio pública France Culture yo animaba un programa semanal, los sábados por la mañana, consagrado a la política internacional. Al publicarse mi libro sobre Fidel Castro y al comenzar los medios dominantes a atacarme violentamente, la directora de la emisora me convocó en su despacho y, sin demasiados rodeos, me dijo: ‘‘Es imposible que usted, amigo de un tirano, siga expresándose en nuestras ondas’’. Traté de argumentar. No hubo manera. Las puertas de los estudios se cerraron por siempre para mí. Ahí también se me amordazó. Se silenció una voz que desentonaba en el coro del unanimismo anticubano.


En la Universidad París-VII yo llevaba 35 años enseñando la teoría de la comunicación audiovisual. Cuando empezó a difundirse mi libro y la campaña mediática contra mí, un colega me advirtió: ‘‘¡Ojo! Algunos responsables andan diciendo que no se puede tolerar que ‘el amigo de un dictador’ dé clases en nuestra facultad...’’ Pronto empezaron a circular por los pasillos octavillas anónimas contra Fidel Castro y reclamando mi expulsión de la universidad. Al poco tiempo se me informó oficialmente que mi contrato no sería renovado... En nombre de la libertad de expresión se me negó el derecho de expresión.


Yo dirigía en aquel momento, en París, el mensual Le Monde diplomatique, perteneciente al mismo grupo editorial del conocido diario Le Monde. Y, por razones históricas, yo pertenecía a la Sociedad de Redactores de ese diario, aunque ya no escribía en sus columnas. Esta sociedad era entonces muy importante en el organigrama de la empresa por su condición de accionista principal, porque en su seno se elegía al director del diario y porque velaba por el respeto de la deontología profesional.


En virtud de esta responsabilidad precisamente, unos días después de la difusión de mi biografía de Fidel Castro en librerías, y después de que varios medios importantes (entre ellos el diario Libération) empezaron a atacarme, el presidente de la Sociedad de Redactores me llamó para transmitirme la ‘‘extrema emoción’’ que, según él, reinaba en el seno de la Sociedad de Redactores por la publicación del libro. ‘‘¿Lo has leído?’’, le pregunté. ‘‘No, pero no importa –me contestó–; es una cuestión de ética, de deontología. Un periodista del grupo Le Monde no puede entrevistar a un dictador.’’ Le cité de memoria una lista de una docena de auténticos autócratas de África y de otros continentes a los que el diario había concedido complaciente la palabra durante décadas.


“No es lo mismo –me dijo–, Precisamente te llamo por eso: los miembros de la Sociedad de Redactores quieren que vengas y nos des una explicación.” “¿Me queréis hacer un juicio? ¿Un ‘proceso de Moscú’? Una purga por desviacionismo ideológico? Pues vais a tener que asumir vuestra función de inquisidores y de policías políticos, y llevarme a la fuerza ante vuestro tribunal”. No se atrevieron.


No me puedo quejar; no fui encarcelado, ni torturado, ni fusilado como les ocurrió a tantos periodistas e intelectuales en el nazismo, el estalinismo o el franquismo. Pero sufrí represiones simbólicas. Igual que enEl País o en La Voz, medesaparecieron de las columnas del diario Le Monde. O sólo me citaban para lincharme.


Mi caso no es único. Conozco en Francia, en España, en otros países europeos, a muchos intelectuales y periodistas condenados al silencio, a lainvisibilidad y a la marginalidad por no pensar como el coro feroz de los medios dominantes, por rechazar eldogmatismo anticastrista obligatorio. Durante decenios, el propio Noam Chomsky, en Estados Unidos, país de la caza de brujas, fue condenado al ostracismo por los grandes medios, que le prohibieron el acceso a las columnas de los diarios más influyentes y a las antenas de las principales emisoras de radio y televisión.


Esto no ocurrió hace 50 años en una lejana dictadura polvorienta. Está pasando ahora, en nuestrasdemocracias mediáticas. Yo lo sigo padeciendo en este momento. Por haber hecho simplemente mi trabajo de periodista, y haberle dado la palabra a Fidel Castro. ¿No se le da acaso, en un juicio, la palabra al acusado? ¿Por qué no se acepta la versión del dirigente cubano, a quien los grandes medios dominantes juzgan y acusan en permanencia?
¿Acaso la tolerancia no es la base misma de la democracia? Voltaire definía la tolerancia de la siguiente manera: No estoy en absoluto de acuerdo con lo que usted afirma, pero lucharía hasta la muerte para que tenga usted el derecho de expresarse. La dictadura mediática, en la era de la post-verdad, ignora este elemental principio.

Léase:

1) http://www.alainet.org/es/articulo/182207

2) https://www.rebelion.org/noticia.php?id=220151

3)
http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/12/07/fidel-castro-y-la-represion-contra-los-intelectuales/#.WEl68ZJJ93k

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Dakota del Norte contra Amy Goodman: El periodismo no es un delito

El jueves pasado se emitió una orden de arresto bajo la cáratula “Dakota del Norte contra Amy Goodman”. La acusación remite al delito de violación de propiedad. ¿El delito que en realidad se cometió? Ejercer el periodismo. Fuimos a la Reserva Sioux de Standing Rock para dar cobertura a la creciente oposición que enfrenta el oleoducto Dakota Access.

Este movimiento de resistencia atrajo atención a nivel mundial después del fin de semana del Día del Trabajo, cuando guardias de seguridad del oleoducto soltaron perros de ataque y lanzaron gas pimienta contra manifestantes pertenecientes a pueblos originarios. Ese sábado, al menos seis palas excavadoras realizaron movimientos de tierra en la ruta por la que se proyecta pasará el oleoducto, en sitios arqueológicos sagrados descubiertos por la tribu. La compañía responsable del oleoducto Dakota Access había tomado conocimiento de la ubicación de dichos sitios el día anterior gracias a un escrito presentado ante la justicia por la tribu. Muchos consideran que la compañía arrasó la zona y destruyó los sitios antes de que se pudiera emitir una medida cautelar que lo impidiera a fin de estudiarlos.

Gran cantidad de personas, en su mayoría nativos americanos, se apresuraron hacia el lugar y reclamaron que la empresa retirara a las excavadoras de los sitios sagrados. Guardias de seguridad lanzaron gas pimienta, golpearon y empujaron a estos defensores de la tierra. También soltaron perros de ataque que mordieron a por lo menos seis personas y un caballo.

El equipo de Democracy Now! estaba ahí y pudimos filmar la violencia de los guardias. Cuando hicimos pública nuestra filmación del incidente, esta se difundió rápidamente y fue vista más de trece millones de veces solamente en Facebook. CNN, CBS, MSNBC y muchos otros medios de comunicación de todo el mundo emitieron nuestras imágenes, en las que se podía observar a uno de los perros con el hocico cubierto de sangre.

Cinco días después del ataque, Dakota del Norte emitió la orden de arresto. La agente especial de la Oficina de Investigación Penal de Dakota del Norte, Lindsey Wohl, se refirió al video de “Democracy Now!” en una declaración jurada. En el escrito afirmó: “En el video se puede observar a Amy Goodman identificándose a sí misma y preguntando a los manifestantes acerca de su participación en la manifestación”. Sí. Precisamente de eso se trata desarrollar la labor periodística amparada por la Constitución.

Delphine Halgand, la directora para Estados Unidos de la organización internacional de defensa de la libertad de prensa Reporteros Sin Fronteras, redactó: “Presentar cargos por violación de propiedad contra una periodista que está dando cobertura a un importante tema ambiental de significativo interés para la población constituye una amenaza directa a la libertad de prensa y resulta totalmente inaceptable en el país de la Primera Enmienda”. Por su parte, Carlos Lauria, del Comité para la Protección de los Periodistas, agregó: “Esta orden de arresto es un claro intento de intimidar a los periodistas para que no informen acerca de manifestaciones de protesta de interés significativo para la población. Las autoridades de Dakota del Norte deberían salir de esta embarazosa situación, retirar los cargos contra Amy Goodman y garantizar que todos los periodistas tengan la libertad de desarrollar su labor".

Steve Andrist, director ejecutivo de la Asociación de Periódicos de Dakota del Norte, dijo al The Bismarck Tribune: “Resulta lamentable que las autoridades presenten cargos contra una periodista que solamente estaba haciendo su trabajo”. Y agregó: “Esto genera la impresión de que las autoridades intentan silenciar a una periodista para impedirle dar cuenta de una noticia importante”.

Se trata de un tema crucial para el destino del planeta. Se trata del cambio climático y de los derechos de los pueblos originarios frente al poder de las grandes empresas y los gobiernos.

La orden de arresto fue emitida el mismo día en que el gobernador de Dakota del Norte, Jack Dalrymple, convocó a la Guardia Nacional, anticipándose a un fallo judicial que se emitiría el día siguiente. El viernes, el juez se expidió contra la tribu y permitió que prosiguiera la construcción del oleoducto. Quince minutos después, en una medida sin precedentes, el Departamento de Justicia, el del Interior y el Ejército emitieron conjuntamente una carta en la que anunciaron que se negaría la autorización para la construcción del oleoducto en tierras controladas por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército hasta que se realicen “consultas formales de gobierno a gobierno" con las tribus afectadas en relación con "la protección de tierras tribales, recursos y derechos establecidos en tratados". La construcción y los bloqueos pacíficos continúan en tierras que no pertenecen al Gobierno federal a pesar de la solicitud del Gobierno de que Dakota Access detenga las obras de construcción de manera voluntaria.

Hay quienes dicen que el periodismo es el primer boceto de la historia. En los últimos veinte años, el sello distintivo de “Democracy Now!” ha sido la cobertura que realiza de los movimientos sociales, porque esos movimientos hacen historia. La resistencia en Standing Rock es una histórica confluencia de miles de personas pertenecientes a más de 200 tribus de Estados Unidos, Canadá y América Latina que se describen a sí mismas como "defensores, no manifestantes”. Representa la mayor congregación de tribus que ha tenido lugar en décadas.

Hasta el momento, no se han presentado cargos contra ninguno de los guardias de seguridad involucrados, a pesar de que en el video se puede observar claramente que agreden a los manifestantes con perros y gas pimienta. Actualmente, la Junta de Investigación y Seguridad Privadas de Dakota del Norte investiga el uso de la fuerza y de perros de ataque por parte de los guardias de seguridad del oleoducto.

Mientras tanto, vamos a hacerle frente a esta acusación penal. La libertad de prensa resulta esencial para el funcionamiento de una sociedad democrática. Autoridades de Dakota del Norte: amordacen a los perros, no a los periodistas.

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Lo que los medios de información no dicen sobre las elecciones en EEUU

Sin lugar a dudas, EEUU está viviendo una situación política de enorme importancia, que puede llegar a afectar no solo a aquel país, sino también a todo el mundo, como consecuencia de la centralidad que el gobierno del Estado federal de EEUU tiene en el orden (mejor dicho, desorden) internacional. La novedad en esta situación es la existencia de un candidato a la presidencia del gobierno federal (el candidato republicano, el Sr. Donald Trump) que ha sorprendido a la estructura de poder político de EEUU y de sus aliados, por representar una sensibilidad política que tal establishment percibe como amenazante.

 

Es interesante señalar que hay elementos comunes y semejanzas históricas entre lo que pasó en Europa en los años treinta, con el surgimiento del nazismo y del fascismo en este continente, y lo que pasa ahora en EEUU. Ni que decir tiene que la historia nunca se repite miméticamente. Nunca lo ocurrido en el pasado se reproduce ahora en el presente de una forma idéntica. Pero tal observación no niega la posibilidad de que existan elementos parecidos y situaciones en común entre los años 30 en Europa y ahora en EEUU. Veamos los datos.

 

Qué pasa hoy en EEUU

 

En la manera como los medios de información presentan la situación política en aquel país, los candidatos aparecen en el centro de la atención mediática, tanto en las primarias de cada partido (el Demócrata y el Republicano), como ahora en la carrera hacia la presidencia de EEUU entre el candidato republicano Donald Trump y la candidata demócrata Hillary Clinton. De esta manera, la gran atención mediática se ha dirigido hacia las características personales de Donald Trump y de Hillary Clinton. Y el que, con mucho, ha atraído mayor atención mediática ha sido el primero, Donald Trump, al que se presenta como un político atípico que rompe con todos los moldes del comportamiento convencional, que le convierte en una personalidad sumamente mediática y teatral, que confronta y ridiculiza la cultura de lo “políticamente correcto”, mostrando su desprecio hacia las minorías y hacia las mujeres, a los que presenta como los máximos beneficiarios de la política social federal destinada a corregir la discriminación de raza y de género existente en aquel país. Sus conferencias de prensa se convierten en shows teatrales en los que el candidato Trump, en un tono provocador y muy desafiante, se presenta como el defensor de la clase trabajadora blanca en contra del establishment político y mediático del país. La enorme atención mediática hacia este candidato refleja el interés hacia una figura fuera de lo común que clara y abiertamente se presenta como antiestablishment. Como bien dijo un dirigente de la mayor cadena televisiva de EEUU, CBS, “Trump puede que sea un desastre para EEUU, pero ha sido excelente para la industria televisiva”. En realidad, por paradójico que parezca, Trump ha sido claramente promovido por las mayores compañías de televisión de EEUU. ¿Por qué? Usted, lector, no podrá entender esta paradoja leyendo la prensa, oyendo los medios radiofónicos o viendo la televisión del país, que se centran en las personalidades.

 

¿Por qué la aparición de Donald Trump y su éxito?

 

Los medios no dan respuesta a esta pregunta clave. Para responderla se necesita analizar la situación social y económica de EEUU y el gran deterioro del bienestar y calidad de vida de la clase trabajadora de este país, causado predominantemente por las políticas públicas llevadas a cabo por el gobierno federal de EEUU, tanto su rama ejecutiva (incluyendo todos los gobiernos desde los años ochenta) como su rama legislativa (la Cámara de Representantes y el Senado, ambos controlados antes por el Partido Demócrata y más tarde por el Partido Republicano). Un punto en común en todas estas políticas ha sido el inspirarse en la doctrina neoliberal, iniciada por el Sr. Ronald Reagan (y por la Sra. Margaret Thatcher en el Reino Unido) y seguida por todos los otros presidentes desde entonces: Bush padre, Clinton, Bush hijo y Obama.

 

El punto esencial de tal doctrina neoliberal ha sido el de liberalizar la economía, lo que quiere decir favorecer la movilidad de capitales e inversiones a nivel mundial, eliminando cualquier tipo de freno o regulación que pueda entenderse como proteccionista, es decir, que obstaculice dicha movilidad. Como ya he indicado en varias ocasiones, tal movilidad favorece al mundo de las grandes empresas a costa de las pequeñas y medianas empresas y también a costa de la gran mayoría de la clase trabajadora, la cual, al desplazarse sus puestos de trabajo a otros países con salarios más bajos, se queda sin trabajo. La evidencia de que el impacto de los llamados tratados de libre comercio ha sido sumamente negativo para el bienestar de la clase trabajadora es enorme. Desde que el presidente Clinton firmó el tratado de libre comercio en 1994 entre EEUU, Canadá y México (NAFTA por sus siglas en inglés), quince fábricas por día han dejado EEUU en busca de países con salarios más bajos y con menor protección social. Como consecuencia, seis millones de puestos de trabajo en el sector manufacturero han desaparecido. Un ejemplo entre miles es United Technologies Corporation (UTC), en Indiana, que pagaba a sus trabajadores 20 dólares por hora. En México, pagaba solo 3 dólares. UTC despidió en Indiana a más de mil trabajadores y se desplazó a México. Y así miles de fábricas, primordialmente del sector manufacturero, que era el centro de la clase trabajadora bien pagada. Hay que aclarar que UTC, cuando decidió desplazarse a México, no tenía pérdidas. Todo lo contrario, tenía unos beneficios considerables. Pero la dirección de la empresa consideró que los beneficios serían incluso más elevados en caso de situarse en México. En realidad, tal desplazamiento de puestos de trabajo ha sido la mayor causa de destrucción de empleo en los Estados industriales de EEUU (mucho mayor que la creada por la revolución digital o robótica). En Estados como Ohio, Michigan, Pensilvania y otros, el porcentaje de la población trabajadora en los sectores manufactureros ha descendido desde la aprobación del NAFTA de una manera muy notable (en Ohio, 300.000 puestos de trabajo en la manufactura, pasando de representar tales puestos un 24% a solo un 15%; un tanto semejante en Michigan, donde pasaron del 24% a un 16%; y así en otros Estados industriales).

 

El gran coste de los tratados de libre comercio para la clase trabajadora

 

Esta movilidad de empresas facilitada por los tratados de libre comercio ha sido devastadora para los trabajadores de la manufactura (que estaban entre los mejor pagados en EEUU). Zonas enteras de este país han pasado de estar en una buena situación económica a una situación desastrosa. Y la calidad de vida de grandes sectores de la clase trabajadora manufacturera ha sido afectada muy negativamente. En realidad, la esperanza de vida de la clase trabajadora blanca (años de vida que una persona vivirá como promedio) se ha reducido durante estos años de neoliberalismo.

 

Y de ahí el enorme enfado de esta clase trabajadora de EEUU con el establishment político, y muy en especial contra el establishment federal, al cual se le percibe correctamente como el instrumento de la clase corporativa (los directivos, propietarios y gestores de las grandes corporaciones o empresas que se desplazan a otros países), que se ha beneficiado enormemente de la globalización de sus empresas a costa del bienestar de sus trabajadores en EEUU.

 

Por cierto, estas inversiones en países con salarios bajos tampoco benefician a los trabajadores de los países “pobres” receptores de tales industrias, pues aun cuando es cierto que tales inversiones crean puestos de trabajo, también hay que darse cuenta de que destruyen muchos más puestos de trabajo en las empresas medianas y pequeñas locales, que no pueden competir con las grandes empresas procedentes de los países “ricos”, pues las leyes de libre comercio siempre favorecen a estas últimas sobre las locales, a las cuales se fuerza a abandonar cualquier tipo de proteccionismo, sin el cual tales industrias locales no pueden surgir. Hay que recordar, por cierto, que todos los países hoy desarrollados fueron proteccionistas a fin de permitir su desarrollo económico. Y que incluso hoy tales países “ricos” son altamente proteccionistas. La incorporación de los países subdesarrollados en tales tratados de libre comercio, imponiéndoles la eliminación de medidas proteccionistas, los condena al subdesarrollo.

 

Era predecible que Trump ganara las primarias del Partido Republicano (y podría ganar las elecciones a la presidencia de EEUU)
Es en este contexto que se entiende el éxito electoral del candidato Trump. Durante las primarias del Partido Republicano, tal candidato fue el único que exigió la eliminación de los tratados de libre comercio (desde el NAFTA hasta el nuevo tratado de EEUU con los países del Pacífico), utilizando una narrativa antiestablishment (acusando al gobierno federal de facilitar tales tratados) que lo ha hecho sumamente atractivo para la clase trabajadora estadounidense. Su postura antiestablishment incluye también una crítica a otra dimensión del gobierno federal, al cual acusa de favorecer en sus políticas públicas sociales a las minorías (negros y latinos) y a las mujeres a través de sus políticas antidiscriminatorias, que se financian -según él- con los impuestos aportados por la clase trabajadora blanca. Para entender la capacidad movilizadora entre la clase trabajadora blanca de esta crítica, hay que ser consciente de que el sistema fiscal estadounidense tiene muy escasa capacidad redistributiva vertical (de las rentas superiores a las rentas inferiores). De ahí que sea percibido por las clases populares como redistributivo de tipo horizontal (por ejemplo, de la clase trabajadora blanca a la negra). Los beneficios sociales públicos en EEUU no son universales (es decir, que todo ciudadano o residente tiene derecho a ellos), sino que dependen del nivel de renta, convirtiéndose en programas de tipo asistencial para los pobres, humildes y necesitados (entre los cuales, la población negra y latina está sobrerrepresentada). De ahí que el Estado sea percibido como un Estado asistencial para con los negros (a los que se presume pobres), con programas financiados por los blancos.

 

Y en esta percepción el Partido Demócrata es considerado como favorecedor de esta política social de tipo asistencial, no universal, orientada a facilitar la integración de las minorías y de las mujeres dentro del orden establecido, sin cuestionarlo. Y es ahí donde el lenguaje y la narrativa de Donald Trump, claramente anti políticamente correcto, empleados en un tono provocativo, se convierten en un elemento movilizador por sus características antiestablishment. Ni que decir tiene que este argumento se basa en muchos errores de percepción, tales como asumir que la mayoría de pobres en EEUU sean negros o mujeres, lo cual no es cierto. En realidad, la mayoría de pobres son blancos y hombres.

 

Los paralelismos entre el EEUU de hoy y la Europa de los años treinta

 

Para los que vivimos -como fue mi caso- nuestra juventud en dictaduras fascistas, como la liderada por el general Franco en España, nos es fácil detectar a un fascista cuando lo vemos. Pues bien, Donald Trump tiene características muy semejantes a las del fascismo europeo: un nacionalismo extremo de carácter racista y machista, que asigna al país una superioridad moral, profundamente autoritario, caudillista y antidemocrático, que alega representar al trabajador sin voz, explotado por el establishment político del país. Y su aparición como fenómeno político responde a una situación de gran cuestionamiento de la legitimidad de dicho establishment. Y es este, precisamente, el punto en común con lo que ocurrió en los años treinta en Europa.

 

El surgimiento del nazismo y del fascismo fue una consecuencia de la Gran Depresión. El enorme rechazo hacia el sistema capitalista por parte del mundo obrero hizo surgir movimientos contestatarios, bien de sensibilidad socialista, bien de sensibilidad comunista, que amenazaron las estructuras del poder económico y financiero de Europa. Fue en este contexto que apareció el movimiento nazi y fascista, con la intención de destruir y substituir a tales movimientos contestatarios. Y para ello utilizó lenguajes, discursos y símbolos próximos a aquellos partidos. Hay que recordar que el nazismo se autodefinió como nacionalsocialismo, utilizando argumentos que estaban enraizados en el ideario del movimiento obrero. En España, por ejemplo, los colores del partido fascista eran los colores del movimiento anarcosindicalista.

 

Hoy, la enorme crisis social, causada por la imposición de políticas públicas neoliberales que han afectado muy negativamente al estándar de vida de la clase trabajadora, ha generado un sector profundamente antiestablishment que han canalizado Trump y el candidato demócrata Bernie Sanders, los únicos candidatos que hablan de y a la clase trabajadora. La gran diferencia entre los dos es que mientras los grandes medios han dado gran visibilidad a Trump (que nunca ha cuestionado a la clase capitalista, proponiendo políticas tributarias claramente favorables a estas rentas superiores derivadas del capital), han silenciado a Bernie Sanders, pues su mensaje socialista entraba en claro conflicto con dicha clase capitalista. En realidad, canalizar el enfado a través de Trump era un objetivo de los medios de información, en lugar de que se hiciera a través de Sanders.

 

Ni que decir tiene que la clase capitalista (conocida en EEUU como la clase corporativa -the Corporate Class-) prefiere a una persona del mismo establishment, como la Sra. Clinton, que al candidato Trump, en parte debido a la imprevisibilidad de este último. Pero en este escenario el mayor “enemigo” es Sanders, al cual había que parar por todos los medios.

 

¿Podrá el Partido Demócrata ganar las elecciones presidenciales?

 

La otra gran sorpresa del año político (mayor que la del surgimiento de Trump) fue la candidatura de Bernie Sanders, un personaje independiente que decidió presentarse a las primarias del Partido Demócrata, consiguiendo ganar las primarias de aquel partido en 22 Estados (de un total de 50), recibiendo casi la mitad de todos los delegados elegidos durante las primarias del Partido Demócrata. La novedad de Sanders era que ha sido siempre un socialista, presentándose como tal desde el principio, sin ningún rubor o actitud defensiva. Y en el Senado ha sido la voz más potente en defensa de la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares. Sus propuestas económicas y sociales eran claramente socialistas, siendo elementos esenciales de su programa el incrementar el salario mínimo a 15 dólares por hora, así como la derogación de todos los tratados de libre comercio, aumentando el grado de cobertura en el aseguramiento sanitario, y enfatizando la universalidad de los derechos sociales y laborales, rompiendo así con la filosofía institucional dominante en las políticas sociales del Estado federal, que son de carácter asistencial-benéfico en lugar de universal. Ha sido también altamente crítico con la política exterior de EEUU, que fue dirigida por la Sra. Clinton como Secretaria de Estado (rango homologable al de Ministra de Asuntos Exteriores). En realidad, la candidatura de Sanders ha sido la más progresista de todas las habidas en campaña electoral desde la de Jesse Jackson Senior en 1988.

 

Su éxito fue la gran noticia ocultada por los grandes medios, que claramente favorecían a Hillary Clinton sobre Sanders, el cual tenía en contra no solo a la dirección y el aparato del Partido Demócrata, sino a todos los grandes medios. A pesar de ello, Sanders consiguió el apoyo del electorado por debajo de los 45 años, personas que lo apoyaron masivamente.

 

Las limitaciones de las políticas identitarias: el resurgimiento de la clase trabajadora frustrada
 

El candidato Sanders cambió la estrategia de las fuerzas progresistas de EEUU, que desde los años ochenta desenfatizaron la estrategia de movilización de las clases populares, basada en la realización de que en EEUU había una estructuras de clases, las cuales estaban ahora claramente en conflicto entre ellas. La victoria del mundo empresarial era a costa de la clase trabajadora. En lugar de estas políticas de clase, la fuerzas progresistas habían enfatizado las políticas identitarias (a favor de las minorías y de las mujeres) con el objetivo de favorecer su integración dentro del sistema político-económico dominante en EEUU. Las instituciones del gobierno federal, en respuesta a esta estrategia, consiguieron, a través de las medidas antidiscriminatorias, integrar a tales minorías y a las mujeres dentro de las instituciones de dicho sistema. La elección de un ciudadano negro para la presidencia de EEUU muestra el éxito de estas políticas antidiscriminatorias. Y un tanto semejante ocurriría en el caso de que la candidata Clinton fuera elegida presidenta. Pero esta integración en el sistema establecido no ha cambiado el nivel de vida de la mayoría de negros y mujeres en EEUU, que pertenecen a la clase trabajadora, y ello como consecuencia de que no han cambiado las relaciones de clase social en aquel país. La realización de la importancia de este hecho explica el éxito del candidato Bernie Sanders, que enfatizó el lenguaje de clases sociales, así como medidas que beneficiaran a la clase trabajadora. De ahí su apoyo entre la clase trabajadora no solo blanca, sino también de las minorías (sobre todo jóvenes y trabajadores). Su éxito muestra las enormes limitaciones de las políticas identitarias en ausencia de políticas de clase. A pesar de este éxito, el candidato Sanders no pudo sobrepasar al aparato del Partido Demócrata, que facilitó la victoria de la candidata que dio prioridad a los temas identitarios sobre los temas de clase. Ello ha permitido que ahora sea el candidato Trump el que monopolice el tema de clase, presentando a la candidata Clinton como la representante del establishment político federal del país, lo cual, considerando la biografía personal de la Sra. Clinton, es difícil de rebatir. Por otra parte, el candidato Trump, hoy apoyado por los sectores más reaccionarios de la Corporate Class, es también vulnerable por sus orígenes y prácticas (siendo sus propuestas fiscales enormemente favorables a los intereses de tal clase corporativa). Ahora bien, será difícil para la Sra. Clinton, que es percibida ampliamente como representante del establishment, poder capitalizar esta vulnerabilidad del Sr. Trump. Sin lugar a dudas, el candidato Sanders hubiera podido mostrar las falsedades del Sr. Trump más fácilmente que la Sra. Clinton. Las encuestas mostraban que Sanders ganaba a Trump por unos porcentajes mayores que la Sra. Clinton.

 

¿Qué pasará?

 

Una vez eliminado el peligro de Sanders, el establishment político se siente más seguro con Clinton que con Trump, al cual se opone una gran amalgama de fuerzas, incluyendo progresistas, que temen la reducción de la ya escasa democracia existente en aquel país, que quedaría incluso más reducida con la victoria de Trump. Por otra parte, la victoria de la candidata Clinton fue acompañada de un giro hacia la izquierda para conseguir el apoyo de los votantes de Sanders. En realidad, si el 30% de votantes de Bernie Sanders trasladaran su apoyo a Trump en lugar de Clinton, el primero ganaría las elecciones. De ahí el movimiento hacia la izquierda de Clinton, incluyendo el aumento del salario mínimo (aunque no ha hecho suya la cifra de 15 euros por hora que pedía Sanders), la denuncia de los tratados de libre comercio (aunque no ha prometido anularlos), su distanciamiento de intervenciones que ella había promovido y que resultaron ser un desastre (como Irak y Libia), y su promesa de reducir el intervencionismo militar. Y aunque es probable que la mayoría de votantes de Sanders pase a votar a Clinton, el hecho es que no es seguro que este apoyo vaya a ser unánime o claramente mayoritario. El comportamiento de la Sra. Clinton (orientado a conseguir el apoyo de los republicanos moderados) está desalentando al electorado sanderista, cuya abstención podría dar la victoria a Trump. Por otra parte, los medios de comunicación que habían sido relativamente favorables a Trump ahora se oponen con toda intensidad a este candidato, mostrando sus grandes incoherencias y puntos débiles, lo cual está deteriorando su aceptabilidad por parte de amplios sectores de la población estadounidense. Se abren toda una serie de interrogantes que añaden una gran inestabilidad a la situación política del país.

 

Es una lástima que los medios no informen mejor para entender qué está pasando en EEUU.

 

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

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Jueves, 26 Mayo 2016 10:27

La guerra sí tiene rostro de mujer

La guerra sí tiene rostro de mujer

"El manuscrito lleva mucho tiempo sobre la mesa...

Llevo dos años recibiendo cartas de rechazo de las editoriales.
Las revistas guardan silencio. El veredicto siempre es el mismo: es una guerra demasiado espantosa.
El horror sobra. Sobra naturalismo. No se percibe el papel dominante y dirigente del Partido Comunista.
En resumen, no es una guerra correcta [...]”.

Svetlana Alexiévich.

 

Ni la Unión Soviética fue el “socialismo real” que nos quisieron ‘vender’ los ideólogos del Partido Comunista de dicha gran nación, que para 1991 –año de su implosión– sumaba 22 millones de kilómetros cuadrados y casi 250 millones de habitantes; ni tampoco fue el “mal” que sus contradictores hoy propagan, al estilo de sal para la tierra arrasada.

A la sociedad soviética le faltó crítica, pero sobre todo autocrítica. Nunca fue leninista. Fue stalinista. En un principio, un sistema basado en el terror y persecución contra su propio pueblo, en medio de un jefe paranoico, al cual hasta sus propios consejeros le temieron. Con el pasar de los años, especialmente en la década del 70 del siglo pasado, la situación se suavizó, podríamos decir, no fue la democracia obrera perfecta, pero tampoco el régimen de terror que hoy difunden por algunos medios de comunicación. Los años 80, los de nuestra época estudiantil en Bielorrusia, fueron frescos y delirantes, en medio de la influencia occidental que alcanzó a percibir la juventud soviética, la cual ya empezaba a olvidar la guerra de sus abuelos y padres, actuando deseosa de cambios. Por cierto, quien lo creyera, el “camarada” Putin ha rescatado el honor y patriotismo de la nación rusa.

Siete años de estadía en la entonces Unión Soviética así nos lo demostraron. Pero crítica al diario vivir, sí que faltó. Sin embargo, cuando las exigencias lo requerían, los rusos eran capaces de sobreponerse a cualquier adversidad. Eran eso, “rústicos” ante el problema que tenían que enfrentar, y lo hacían con patriotismo, algo tan ausente en el mundo occidental actual. Precisamente por esto el pueblo ruso fue el héroe olvidado de la Segunda Guerra Mundial, lo que en parte es rescatado a través del género femenino que es fielmente representado en el Premio Nobel de Literatura otorgado a la bielorrusa Svetlana Alexiévich.

Para quienes tuvimos esa gran oportunidad de conocer y departir con el “alma rusa”, en mi caso, durante siete años, concretamente en la facultad de periodismo de la Universidad Estatal de Bielorrusia, Minsk, capital de dicha república de la entonces Unión Soviética, y centro de educación superior de donde egresó Svetlana Alexiévich, sí que fue una experiencia para entender los silencios emotivos propagados a voces en el socialismo, fuera a veces real o irreal. Sin embargo, pese al conocimiento logrado del valor de la mujer soviética, lo no aclarado fue el por qué tuvo que guardar silencio durante mucho tiempo para que luego fuera rescatado el papel de su heroíco protagonismo en contra de la ocupación nazi y su fe en el Estado socialista, así como su lucha por la paz y contra la guerra. Analicemos situaciones, y después rescatemos.

 

Un oscuro período

 

“Oksana, el camarada Stalin lucha. Aniquila a los malvados. Pero ellos son muchos”. “No –me respondió–, eres tonta. Mi padre enseñaba Historia en la escuela y me decía: “Un día el camarada Stalin pagará por sus crímenes [...]”.

Fue Stalin y su famoso stalinismo, quien impuso un régimen de terror, sobre el cual se ha hablado mucho y corrido tinta a kilómetros en libros y revistas de todo el mundo, pero aún no se ha explicado con claridad por qué un individuo paranoico y enfermizo, aterrorizó a toda una sociedad que estaba llamada a salvar el mundo de la explotación capitalista y crear el llamado “hombre nuevo”.

Se dice que fue por los Kulaks, que más que terratenientes, era medianos campesinos con capacidad de alimentar a Rusia. Los enterraron vivos, y nunca más la Madre Rusia pudo solucionar su problema de abastecimiento alimenticio. De ahí en adelante, cualquiera se convirtió en enemigo del pueblo. Incluso, dirigentes probos de la revolución rusa, por ciento, próxima a cumplir en el 2017 los cien años, no sólo fueron arrestados, sino asesinados sin justa causa, incluido un gran sector del alto mando militar, acción por la que Rusia estuvo a punto de caer en el invierno de 1941 ante la maquinaria alemana.

Rusia se recuperó en plena guerra, y fue más por el tesón de su pueblo que por el culto a la personalidad de Stalin. Este inmenso país estuvo a punto de perecer en 1941, y con ella el mundo.

“Somos una tribu en vías de extinción. ¡Unos mamuts! Somos de una generación que creía que en la vida hay cosas que están por encima de la vida humana. La patria y la Gran Idea. Bueno, y también Stalin. ¿Por qué negarlo? Las cosas como son”. (Nina Yákovlevna Vishnévskaia, técnica sanitaria, batallón carros de combate).

“Mi padre era un héroe de la guerra civil, comandante del tren acorazado que había luchado contra la rebelión de las legiones checoslovacas (invasores de Rusia en 1917). En 1931 fue condecorado con la Orden de la Bandera Roja [...] En 1937 interpusieron una denuncia contra él, trataron de difamarle. De convertirlo en un enemigo del pueblo. Eran aquellas horribles purgas de Stalin [...] pero mi padre logró ser atendido por Kalinin1) y recuperó su buen nombre. Todos conocían a mi padre. Valentina Pávlovna Chudaeva, sargento, comandante de una unidad de artillería”.

 

La guerra y el valor soviético / El horror del fascismo alemán

 

“Me acuerdo de [...] Entramos en un pueblo, los cadáveres de los partisanos yacían desde donde comenzaba el bosque. No soy capaz de relatar cómo les habían torturado, mi corazón reventaría. Les habían cortado a trozos [...] les habían sacado las entrañas, como a los cerdos [...] Estaban allí tirados [...] Muy cerca pastaban los caballos. Se veían que eran de los partisanos, algunos estaban ensillados. A lo mejor se habían escapado de los alemanes y después habían regresado, o tal vez no se los habían llevado por las prisas, a saber. El caso es que estaban allí cerca. Había mucha hierba. Y también pensé: “¿Cómo la gente se atreve a cometer esas cosas delante de los caballos? Delante de los animales”. Los caballos tal vez lo estarían viendo [...]”.

Lo increíble del libro de la Nobel Svetlana Alexiévich La guerra no tiene rostro de mujer es, ante todo, el rescate del valor y heroísmo de los soviéticos en la cruel Segunda Guerra Mundial. No en vano murieron durante ella más de 20 millones de rusos, bielorrusos, ucranianos y demás. Pueblos enteros fueron barridos, niños, jóvenes, mujeres, ancianos, la retaguardia en general fue violentada. La economía recién reconstruida de la guerra civil fue bombardeada. A los soviéticos siempre les escuché decir en mi paso por ese gran país, que los americanos, los gringos, amén de su propia guerra civil, no han padecido el sufrimiento de una guerra de invasión. Antes, por el contrario, han invadido.

Una cosa es leer y otra escuchar de viva voz, de los pocos que quedan, sobre lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial y lo duro que le costó la invasión fascista a la Unión Soviética, reflejado en pérdidas humanas y materiales. Se dice que fueron 20 millones de soviéticos muertos en la guerra de aquella época. Es, entonces, cuando uno se pregunta, ¿para qué la guerra, si al final, en vez de contar muertos nos corresponde iniciar el resurgimiento nuevamente? En Colombia llevamos más de un siglo matándonos, reconstruyendo, destruyendo y robando (las élites). Ha sido una guerra de baja y alta densidad. De seudo “clase dominante” contra el pueblo, pero también de pueblo contra pueblo.

A los soviéticos, aparte de todo, les crearon un Estado, y les enseñaron que éste lo era todo. Y, en efecto, así fue. Se trató de un Estado capaz de desarrollar una economía. De feudal, hacerla industrial. Educó a su pueblo, lo igualó y le dio bienestar social. Pagó por un expansionismo imperial que nunca tuvo, y creó una clase dirigente parasitaria, que al primer intento que tuvo, se convirtió en capitalista de corte mafiosa, y borró de un plumazo todo el orden social y político por el cual murieron millares de idealista en el Tercer Mundo. He ahí las paradojas de la vida, donde hoy los nietos o bisnietos, unos pocos, por supuesto, descendientes de luchadores contra la invasión del fascismo alemán en tierras eslavas, se enorgullecen de lo capitalista que son: hasta equipos de fútbol de Inglaterra compran. ¿Qué dirán los “camaradas” colombianos?

De esta manera, quien lea el libro de Svetlana Alexiévich se encontrará con los horrores de la guerra, pero ante todo, con el sufrimiento de un pueblo que contra y en medio de la mayor adversidad, lo dio todo, hasta sobreponerse. En sus páginas nos presenta, especialmente, el odio fascista hacia los eslavos, en concreto hacia los rusos. La forma como eran exterminados pueblos enteros, y como los sobrevivientes, hasta comiendo barro y hojas, se enfrentaron a una fuerza superior pese a lo cual, contra viento y marea, guiados por la denominada dirección del partido y por el Estado soviético, triunfaron. Por eso entiendo al “patriota” Putin, cuando protesta ante quien osa destruir un monumento de quienes dieron la vida por derrotar a Hitler y se dieron el lujo de llegar primeros a Berlín un 8 de Mayo de 1945 e izar la añorada bandera del Ejército Rojo sobre el Reichstag.

“Tomamos una aldea [...] Buscábamos agua. Entramos en un patio donde habíamos divisado un pozo con cigoñal. Un pozo artesanal, tallado a mano [...] En el patio yacía el dueño de la casa, fusilado [...] A su lado estaba su perro. Nos vio y comenzó a gañir. Tardamos en comprender que nos estaba llamando. El perro nos llevó a la casa [...] En la puerta hallamos a la mujer y a tres niños [...].

“El perro se sentó y lloró de verdad. Como lloraban los humanos [...]”.

 

Las mujeres rusas, valentía femenina ante el olvido

 

“Quiero hablar [...] ¡Hablar! ¡Desahogarme! Por fin alguien nos quiere oír. Llevamos tantos años calladas, incluso en casa teníamos que tener las bocas cerradas. Décadas. El primer año, al volver de la guerra, hablé sin parar. Nadie me escuchaba. Al final me callé [...] Me alegro de que hayas venido. Me he pasado todo el tiempo esperando a alguien, sabía que alguien vendría. Tenía que venir. Entonces era joven. Muy joven. Qué pena. ¿Sabes por qué? No fui capaz de memorizarlo [...]” (Natalia Ivánvna Serguéeva, soldado, auxiliar de enfermería).

Pero como en el poema de Brecht, era necesario conocer a ese Estado. Y en éste, para quienes lo conocimos, las mujeres eran y fueron superior a sus dirigentes. Recordemos que las soviéticas se destacaron de inmediato al comienzo de la revolución rusa por igualarse laboralmente a los hombres. Pero en la guerra fueron superiores, ya que combatieron, ayudaban a sus similares masculinos, les aconsejaban y se sobrepusieron espiritualmente a éstos. Fueron la esencia del gran triunfo soviético en la Gran Guerra Patria de 1941-1945.

Pero, ¿por qué les violentaron la palabra? He ahí lo que muchos nos preguntamos, y sobre lo cual habla la premio Nobel de Literatura 2015, a través de las verdaderas protagonistas de quienes dieron su vida por la defensa de la patria soviética: la valiente mujer rusa.

Niñas ya adolescentes que sintieron en sus corazones el llamado a la defensa de su patria, que nunca se consideraron inferiores a sus congéneres masculinos, que quisieron estar al lado de sus padres y hermanos, y que en tal sentido, vieron los sufrimientos de la guerra con rostro de mujer, quizás peor, o tan igual, que como lo han hecho las mujeres de los Montes de María, de Bojayá, de Apartadó, al igual que las viudas de los asesinados líderes sindicales, sociales y de la Unión Patriótica. Mujeres todas, pero al fin y al cabo, seres humanos que desde sus rostros femeninos hoy le dicen no a la guerra, sí a la paz, pero en democracia y con justicia social. Por eso, La guerra sí tiene rostro de mujer, y sea esta una invitación para leer el libro acá comentado, y de esta manera entender de primera mano lo duro de la guerra y el por qué debemos luchar por construir democracia “desde abajo” y en paz.

“Mi historia es corta [...] El cabo preguntó: niña, ¿cuántos años tienes? Dieciséis, ¿por qué? Porque –dijo– no aceptamos a menores. Haré lo que sea. Hornearé el pan –me dejaron quedarme”. (Natalia Mujamedínova, soldado, panadera).

“Cuando empezó la guerra [...] Yo tenía 19 años [...] Vivía en la ciudad de Múrom, en la región de Vladímirskaia. En el mes de octubre de 1941, a nosotros, los miembros del Komsomol, nos enviaron a construir la carretera Múrom-Gorki-Kulebaki. Regresamos y nos llamaron a filas”. (María Alexiévna Rémneva, subteniente, empleada de correos”).

 

* Comentarios al libro, La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015.
** Periodista y magister en periodismo, Universidad Estatal de Bielorrusia
1 Kalinin: Uno de los pocos grandes dirigentes amigos de Lenin que sobrevivió al stalinismo.

Publicado enEdición Nº224
Marchan miles en Argentina en demanda de que renuncie el presidente Mauricio Macri

Buenos Aires.

 

Mientras la noche del jueves y hasta las primeras horas de la madrugada de este viernes miles de personas marcharon en esta capital a la plaza de Mayo y también en Mar del Plata y Rosario exigiendo la renuncia del presidente Mauricio Macri, en rechazo a los despidos y otras medidas, entró en vigor el aumento de 100 por ciento al transporte público, lo que causó protestas en estaciones ferroviarias.

 

Las tarifas del transporte en la ciudad de Buenos Aires se duplicaron, incluso para los jubilados, y se anunció que se suprimirá una lista de medicamentos que se entregaban gratuitamente a éstos. Según la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, ese listado incluye antibióticos y broncodilatadores, por lo que se prepara una acción penal.

 

La Asociación de Trabajadores del Estado anunció un paro general para el próximo 19 de abril y la instalación de una carpa de jubilados en protesta por las medidas “antipueblo del gobierno de Macri”. El dirigente del poderoso gremio de camioneros, Pablo Moyano, advirtió que irán a un paro general para “frenar el ajuste brutal que aplica el gobierno”. Diputados opositores presentarán un amparo contra el aumento del gas, que será de entre 300 y 500 por ciento.

 

La situación social se deteriora y esto llevó a la unidad de las cinco centrales sinidicales, las cuales marcharán juntas el próximo 29 de abril.

 

El panorama también se agrava para los periodistas, cientos de los cuales han sido despedidos y algunos han sido objeto de amenazas. El jueves, la reportera Gabriela Carchak, del canal C5N, fue amenazada de muerte y atacada cuando cubría una nota sobre un escrache realizado por un grupo de jóvenes ante la casa del juez Claudio Bonadio. Quienes la amagaron incluso difundieron por redes sociales su información privada y fotos de su hija. Ahora la comunicadora tiene vigilancia policial en su casa.

 

El periodista especializado en economía Roberto Navarro, cuyo programa fue sacado del aire por censura cuando iba a denunciar el millonario enriquecimiento de Nicolás Caputo, amigo y asesor de Macri, fue amenazado dos veces en su casa. En uno de esos amagos le dijeron que, “como los zurditos”, iba a aparecer en un río, en referencia a los detenidos-desaparecidos de la dictadura, quienes eran arrojados al mar.

 

Esto ha creado un clima de exasperación, que cada día es más evidente. La respuesta de Macri a la denuncia de Navarro fue nombrar a Caputo como nuevo vicepresidente del Mercado de Valores argentino, según fuentes relacionadas con la institución.

 

Posible orden de detención contra Cristina Fernández

 

El periodista e investigador Raúl Kollman, del diario Página 12, reveló que el juez Bonadio, quien estuvo a punto de ser sometido a juicio político por graves denuncias en su contra, ante fallos y resoluciones sospechosas de corrupción, “utilizó la figura de asociación ilícita para preparar la detención de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a quien citó a declarar el próximo 13 de abril en el caso de la venta de dólar futuro, que decidió el banco central durante su gobierno.

 

Diversos juristas señalan que esta es una citación absolutamente forzada. Bonadio le tomará declaración indagatoria el miércoles próximo y ese día no va a quedar detenida”, subrayó Kollman.

 

El juez intenta detenerla en los días siguientes a la indagatoria y “ya tiene redactado el procesamiento con prisión preventiva”, anticipó Kollman.

 

Lo mismo decidiría en el caso del ex presidente del banco central, Alejandro Vanoli, y el ex ministro de Economía Axel Kicillof, aunque este último es diputado y posee fuero. “No es una intuición ni una hipótesis, sino información de quienes están muy cerca de la causa”, agregó.

 

Se refiere a que varios periodistas han denunciado las detenciones arbitrarias, como la del ministro de Transporte del anterior gobierno, Ricardo Jaime, quien fue detenido el pasado domingo en Córdoba, cuando estaba por viajar para declarar ante un juez aquí. Se le obligó a usar un chaleco antibalas y salió rodeado, como si fuera un capo del narcotráfico.

 

Hace dos días el empresario Lázaro Baez, quien llegó en un avión privado con su abogado para presentarse a la indagatoria por otra causa, fue esperado por policías y la televisora amiga del gobierno. Fue trasladado, detenido y esposado. En ambos casos se dijo que se temía que los detenidos “se fugaran”.

 

Los aprehendidos han sido amenazados con la detención de sus hijos para así obligarlos a declarar contra la ex mandataria. Se habla de que “la espectacularidad” utilizada tiene como finalidad mediática encubrir la denuncia contra Macri.

 

En este contexto, frente a la posibilidad de una detención absolutamente arbitraria, las agrupaciones kirchneristas y peronistas convocan a una gran movilización popular para el 13 de abril, a las 8 de la mañana, en la puerta de los tribunales, para acompañar a la ex presidenta y dar una muestra de fuerza frente a la embestida del Poder Judicial.

 

 

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