Con 88 mil investigaciones se confirma que humanos han causado el cambio climático

Fundamental, admitir el papel de las emisiones de gases de efecto invernadero para aportar nuevas soluciones, alertan

 

Más de 99.9 por ciento de los artículos científicos revisados por pares coinciden en que el cambio climático es causado principalmente por los humanos, según 88 mil 125 estudios relacionados con el tema.

La investigación de la Universidad de Cornell actualiza un documento similar de 2013 que revela que 97 por ciento de los estudios publicados entre 1991 y 2012 apoyaron la idea de que las actividades humanas están alterando el clima. La actual examina la literatura publicada desde 2012 hasta noviembre de 2020 para explorar si el consenso ha cambiado.

"Estamos virtualmente seguros de que el consenso está muy por encima de 99 por ciento ahora y que está prácticamente cerrado el caso de cualquier conversación pública significativa sobre la realidad del cambio climático causado por los humanos", destacó Mark Lynas, miembro visitante de la Alianza para la Ciencia en Cornell University y el principal autor del artículo.

"Es fundamental reconocer el papel principal de las emisiones de gases de efecto invernadero para que podamos movilizar rápidamente nuevas soluciones, dado que ya somos testigos en tiempo real de los devastadores impactos de los desastres relacionados con el clima en las empresas, las personas y la economía", señaló Benjamin Houlton, decano de la Facultad de Agricultura y Ciencias de la Vida en Cornell y coautor del estudio, publicado en Environmental Research Letters.

A pesar de estos resultados, las encuestas de opinión pública, así como los juicios de políticos y representantes públicos, apuntan a creencias falsas y afirman que todavía existe un debate significativo entre los científicos sobre la verdadera causa del cambio climático.

En 2016, el Centro de Investigaciones Pew descubrió que sólo 27 por ciento de los adultos estadunidenses creen que "casi todos" los científicos estaban de acuerdo en que el cambio climático se debe a la actividad humana, según el documento. Una encuesta de Gallup de 2021 señaló una división partidista cada vez más profunda en la política de Estados Unidos sobre si el aumento de las temperaturas desde la revolución industrial fue causado principalmente por los hombres.

"Para comprender dónde existe un consenso, es necesario cuantificarlo. Eso significa examinar la literatura de una manera coherente y no arbitraria para evitar intercambiar papeles seleccionados, que es a menudo la forma en que estos argumentos se llevan a cabo en la esfera pública."

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Sábado, 16 Octubre 2021 06:06

Erotismo y enfermedad

Erotismo y enfermedad

A comienzos de 1983, creo, una noticia estremeció al mundo: una nueva enfermedad había comenzado a instalarse y se difundía con la presteza de una peste, como otras que habían afligido a la humanidad y de las que numerosos libros se escribieron y películas que se filmaron y cuadros que se pintaron a propósito y que ilustran sus espantosos alcances. Se llamó SIDA y lo que se empezó a ver como sus efectos era escabroso, un cáncer de nombre terrorífico, sarcoma de Kaposi, tuberculosis y otros flagelos que omito mencionar, no veo para qué lo haría, está fresco el recuerdo de lo que iba produciendo y sigue produciendo, parece que África es su lugar preferido, no tanto porque los africanos lo hayan elegido sino porque los medicamentos que abundan afortunadamente en Europa y otros continentes no llegan hasta esas remotas regiones.

Conocí a algunos afectados; todavía están en mi memoria sus tristes gestos de despedida, la vida se les iba yendo y las esperanzas en la medicina salvadora adelgazaban cada día, aunque poco a poco no sólo empezaron a encontrarse drogas al principio paliativas sino también hasta curativas, no sé si total o parcialmente curativas de modo que, como todo se termina por olvidar, al cabo de algunos años pareciera que dejó de ser tema, ya casi no se habla de eso que tanto conmovió en su momento: hoy, para qué decirlo, se habla de Covid que, da la impresión, es más mortífera, desde su punto de vista más eficiente, si es que se trata de castigar al género humano, objetivo que ambas pestes alcanzaron y la última sigue alcanzando.

Cuando la peste del SIDA iba manifestándose se dijo que había sido introducida por un sobrecargo de un avión que venía de Europa y tenía como destino los Estados Unidos. Se trataba de un homosexual de modo que fue fácil atribuir el origen de la enfermedad a la homosexualidad, equivalente en esos primeros meses a una devastadora y mortífera potencia. Todo se dirigía a los homosexuales que, se puede inferir, debían empezar no sólo a tomar más precauciones que las que habían tomado previamente, desaprensivos o incautos o poseídos por una pasión que no reconocía riesgos, sino a sentirse culpables, hasta el punto de abandonar la decisión de vida que habían tomado. Pero, no deja de ser sorprendente, eso no ocurrió; diría que, al contrario, la homosexualidad masculina adquirió mucho más volumen que antes, se situó en la escena social, salió de la oscuridad y empezó a exigir y logró muchas cosas, el matrimonio igualitario por empezar.

Eso fue un triunfo si se trata de derechos y, por añadidura, se logró quitar ese detestable cartelito de la homosexualidad como enfermedad del cuerpo y del alma, de la moral y la civilización, tal vez no del todo pero en una gran medida y, además, algo tanto o más importante, ampliar el horizonte de la sexualidad que estaba recluido en el psicoanálisis pero no en la superficie de las relaciones sociales. Y a eso me quiero referir.

Algo, entonces, se destapó o se despertó, la temática sexualizante --ya había ocurrido en otros momentos, siglo XVIII, fines del XIX-- cobró tal fuerza que generó dispositivos de todo tipo, desde la vestimenta hasta la publicidad pasando por la literatura, el cine y el periodismo, hasta llegar a la Universidad, campo de contiendas teóricas e institucionales en el cual se ha dado una proliferación de investigaciones, seminarios, secciones, departamentos, maestrías, cursos, tesis de doctorado sobre toda clase de modalidades de la sexualidad; por supuesto en el lenguaje, ejemplo de lo cual es la aparición de la respetable palabra “gay” y, desde luego, en expresiones quizás no novedosas pero ahora públicas, el travestismo, la transexualidad y hasta la generalización del concepto de género. Pero, para lo que me interesa ahora, el majestuoso reinado del erotismo que, por cierto, tenía ya notables antecedentes a partir de las categorías básicas freudianas.

Sólo que el interés que ha despertado es también desconcertante porque si la dimensión erótica, que Freud puso en el tapete, junto con su antagónica, la tanática, no sólo era central sino la garantía de la existencia misma, en un momento como el actual, desde fines del 2019 hasta ahora y vaya uno a saber cuánto tiempo más, con tanto muerto efectivo y tanto en ciernes, parecería en retirada, el Tánatos, triunfante, sonríe en su trono mientras que el Eros se encoge pero no se rinde, justamente el combate contra la peste descansa sobre un impulso erótico que sigue buscando las maneras de hacer retroceder la muerte, me refiero a la ciencia, al cuidado, a la conciencia y, sobre todo, al amor.

Pero todo eso es de orden general, es la lucha misma por la vida; en lo particular se trata del concepto y de sus alcances y características, además de la historia de las interpretaciones y aproximaciones que se han venido haciendo y se siguen haciendo pese a todo, en el heroico combate que la inteligencia realiza entre quienes no renuncian a pensar y rechazan el temor.

¿Vale la pena, cuando estamos tan preocupados por la fuerza del covid, reflexionar sobre el concepto, afilarlo, invocarlo con precisión y neutralizar los equívocos que son como una red que lo aprisiona? Quizás no y sea inútil pero como tampoco es útil repetirse incesantemente que la situación es realmente horrible, al menos podemos hacer que la cabeza no entre en el marasmo de una repetición viciosa, más angustiosa que esclarecedora. Por eso, me congratulo de mi suerte: formé parte de un proyecto de investigación sobre el erotismo en la literatura latinoamericana que, bajo la dirección de mi querido amigo Gustavo Lespada, se llevó a cabo y terminó recientemente; no sólo eso: en la reunión anual del Instituto de Literatura Hispánica hubo varios trabajos que giraban sobre ese deseo de precisión, inteligencia y belleza.

Me costaría enumerar las ideas que se presentaron, tal fue su sutileza, que surgieron como ilustraciones de lo que es el erotismo más allá de la vulgar identificación con lo exclusivamente sexual y las distinciones con la pornografía. Reside en el toque físico, por cierto, en el deseo, categoría central para el psicoanálisis sin duda, pero también en el básico gesto de la escritura ..la escritura per se, no necesariamente de un decir lo erótico.-, en las rupturas y en las transgresiones, se encuentra en el derroche y en el desperdicio, en la holgazanería, en el movimiento de transformación de la materia y del sueño, en la fuerza de la representación, en fin en todo lo que encarna lo que puso Freud cuando lo ubicó en el inconsciente como el ariete que detiene, por no se sabe cuánto tiempo, los arrebatos del Tánatos.

Suficiente como para enriquecerse y comprender que si bien nos acecha y asedia una peste furiosa, a la que como escapatoria del miedo y la angustia se ve preponderantemente desde una mirada política --basta con considerar lo que intenta lograr la llamada “oposición” con sus delirios acusatorios-- no nos queda otra que tratar de comprender mediante el rescate del erotismo lo que está en riesgo creyendo que en esa comprensión, o su intento, reside la única posibilidad de al menos acercarse a lo que la peste produce, más allá de la muerte que produce y que está ahí nomás acechante en los recovecos de lo cotidiano.

Comprender lo erótico, salvarlo, distinguirlo en el lenguaje pero también en lo político mismo, comprender el erotismo al revés de los que aprovechan, los ricos cada vez más ricos, los politicastros que suponen que fabricando el fracaso de unos encontrarán su menguado y triste éxito, pero también comprender lo que se hace y cómo se hace, en la eterna lucha contra el mal.

 Comprendí, además, que más allá de su existencia previa, la del niño que busca el pecho de su madre, el erotismo se construye, nace de la presencia del otro, lo necesita del mismo modo y recíprocamente lo necesita el otro, en una interacción silenciosaambos construyen esa vibración, ambos “quieren”, y en ese querer está todo, no estar solos en el desamparo.

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Llamamiento a la acción urgente para limitar el aumento de la temperatura global, restaurar la biodiversidad y proteger la salud

Este comentario se publica simultáneamente en varias revistas (apéndice). Esta lista completa de revistas, así como una lista adicional de revistas de apoyo, también se puede encontrar en el sitio web del BMJ.

 

La Asamblea General de las Naciones Unidas de septiembre de 2021 reunió a los países en un momento crítico para organizar una acción colectiva para hacer frente a la crisis medioambiental mundial. Se reunirán de nuevo en la cumbre sobre la biodiversidad en Kunming (China) y en la Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow (Reino Unido). En vísperas de estas reuniones fundamentales, nosotros -los editores de las revistas de salud de todo el mundo- hacemos un llamamiento para que se tomen medidas urgentes a fin de mantener el aumento medio de la temperatura mundial por debajo de 1,5°C, detener la destrucción de la naturaleza y proteger la salud.

La salud ya se está viendo perjudicada por el aumento de la temperatura global y la destrucción del mundo natural, una situación sobre la que los profesionales de la salud llevan llamando la atención desde hace décadas /1.

La ciencia es inequívoca: un aumento global de 1,5°C por encima de la media preindustrial y la pérdida continuada de biodiversidad suponen un riesgo de daño catastrófico para la salud que será imposible de revertir /2, 3

A pesar de la necesaria preocupación del mundo por el COVID-19, no podemos esperar a que pase la pandemia para reducir rápidamente las emisiones.

Como reflejo de la gravedad del momento, este Comentario aparece en las revistas de salud de todo el mundo. Estamos unidos en el reconocimiento de que sólo cambios fundamentales y equitativos en las sociedades revertirán nuestra trayectoria actual.

Los riesgos para la salud de los aumentos superiores a 1,5°C están ya bien establecidos /2. De hecho, ningún aumento de temperatura es "seguro". En los últimos 20 años, la mortalidad relacionada con el calor entre las personas mayores de 65 años ha aumentado en más de un 50% /4. El aumento de las temperaturas ha traído consigo un incremento de la deshidratación y de la pérdida de la función renal, de las neoplasias dermatológicas, de las infecciones tropicales, de los resultados adversos para la salud mental, de las complicaciones en el embarazo, de las alergias y de la morbilidad y mortalidad cardiovascular y pulmonar /5, 6. Los daños afectan de forma desproporcionada a los más vulnerables, como los niños, las poblaciones de edad avanzada, las minorías étnicas, las comunidades más pobres y las personas con problemas de salud subyacentes /2, 4

El calentamiento global también está contribuyendo a la disminución del potencial de rendimiento mundial de los principales cultivos, que se ha reducido en un 1,8-5,6% desde 1981; esto, junto con los efectos del clima extremo y el agotamiento del suelo, está obstaculizando los esfuerzos para reducir la desnutrición /4. Los ecosistemas prósperos son esenciales para la salud humana, y la destrucción generalizada de la naturaleza, incluidos los hábitats y las especies, está erosionando la seguridad hídrica y alimentaria, y aumentando la posibilidad de pandemias /3, 7, 8

Las consecuencias de la crisis medioambiental recaen de forma desproporcionada en los países y comunidades que menos han contribuido al problema y que menos pueden mitigar los daños. Sin embargo, ningún país, por muy rico que sea, puede protegerse de estos impactos. Permitir que las consecuencias recaigan desproporcionadamente sobre los más vulnerables generará más conflictos, inseguridad alimentaria, desplazamientos forzados y enfermedades zoonóticas, con graves consecuencias para todos los países y comunidades. Como en el caso de la pandemia de la COVID-19, en el mundo somos tan fuertes como nuestro miembro más débil.

Las subidas por encima de 1,5°C aumentan la posibilidad de alcanzar puntos de inflexión en los sistemas naturales que podrían encerrar al mundo en un estado de inestabilidad aguda. Ello perjudicaría gravemente nuestra capacidad para mitigar los daños y evitar un cambio ambiental catastrófico y desbocado /9, 10.

Resulta alentador que muchos gobiernos, instituciones financieras y empresas estén fijando objetivos para alcanzar las emisiones netas cero, incluyendo objetivos para el 2030. El coste de las energías renovables está bajando rápidamente. Muchos países se proponen proteger al menos el 30% de la tierra y los océanos del mundo para 2030 /11.

Estas promesas no son suficientes. Los objetivos son fáciles de fijar y difíciles de alcanzar. Todavía tienen que ir acompañados de planes creíbles a corto y largo plazo para acelerar las tecnologías más limpias y transformar las sociedades. Los planes de reducción de emisiones no incorporan adecuadamente las consideraciones sanitarias /12. Cada vez es más preocupante que el aumento de la temperatura por encima de 1,5°C empiece a considerarse inevitable, o incluso aceptable, para los miembros más poderosos de la comunidad mundial /13. En relación con esto, las estrategias actuales para reducir las emisiones a cero neto a mediados del siglo XXI asumen de forma inverosímil que el mundo adquirirá grandes capacidades para eliminar los gases de efecto invernadero de la atmósfera /14, 15

Esta acción insuficiente significa que es probable que el aumento de la temperatura supere ampliamente los 2°C /16, un resultado catastrófico para la salud y la estabilidad medioambiental. Lo más importante es que la destrucción de la naturaleza no tiene la misma importancia que el elemento climático de la crisis, y no se ha alcanzado ninguno de los objetivos mundiales para restaurar la pérdida de biodiversidad en el 2020 /17. Se trata de una crisis medioambiental global /18.

Los profesionales de la salud se unen a los científicos medioambientales, a las empresas y a muchos otros para rechazar que este resultado sea inevitable. Se puede y se debe hacer más ahora -en Glasgow y en Kunming- y en los años inmediatos que les siguen. Nos unimos a los profesionales de la salud de todo el mundo que ya han apoyado los llamamientos a una acción rápida /1, 19.

La equidad debe estar en el centro de la respuesta mundial. Contribuir de forma justa al esfuerzo mundial significa que los compromisos de reducción deben tener en cuenta la contribución histórica acumulada de cada país a las emisiones, así como sus emisiones actuales y su capacidad de respuesta. Los países más ricos tendrán que recortar las emisiones más rápidamente, realizando reducciones para 2030 más allá de las actualmente propuestas /20, 21 y alcanzando emisiones netas cero antes de 2050. Se necesitan objetivos similares y medidas urgentes para la pérdida de biodiversidad y la destrucción global del mundo natural.

Para alcanzar estos objetivos, los gobiernos deben introducir cambios fundamentales en la organización de nuestras sociedades y economías y en nuestra forma de vida. La estrategia actual de animar a los mercados a cambiar las tecnologías sucias por las más limpias no es suficiente. Los gobiernos deben intervenir para apoyar el rediseño de los sistemas de transporte, las ciudades, la producción y distribución de alimentos, los mercados de inversiones financieras, los sistemas de salud y mucho más. Se necesita una coordinación mundial para garantizar que la carrera por las tecnologías más limpias no se produzca a costa de una mayor destrucción del medio ambiente y de la explotación humana.

Muchos gobiernos afrontaron la amenaza de la pandemia del COVID-19 con una financiación sin precedentes. La crisis medioambiental exige una respuesta de emergencia similar. Se necesitarán enormes inversiones, más allá de lo que se está considerando o entregando en cualquier parte del mundo. Pero tales inversiones producirán enormes resultados positivos para la salud y la economía. Entre ellos, puestos de trabajo de alta calidad, reducción de la contaminación atmosférica, aumento de la actividad física y mejora de la vivienda y la dieta. La mejora de la calidad del aire por sí sola supondría unos beneficios para la salud que compensarían fácilmente los costes globales de las reducciones de emisiones /22.

Estas medidas también mejorarán los determinantes sociales y económicos de la salud, cuyo mal estado puede haber hecho a las poblaciones más vulnerables a la pandemia de COVID-19 /23. Pero los cambios no pueden lograrse mediante la vuelta a las perjudiciales políticas de austeridad o la continuación de las grandes desigualdades de riqueza y poder dentro de los países y entre ellos.

En particular, los países que han creado la crisis medioambiental de forma desproporcionada deben hacer más para apoyar a los países de ingresos bajos y medios para que construyan sociedades más limpias, más sanas y más resistentes. Los países de renta alta deben cumplir y superar su compromiso pendiente de aportar 100.000 millones de dólares al año, compensando cualquier déficit en 2020 y aumentando las contribuciones hasta 2025 y más allá. La financiación debe repartirse a partes iguales entre la mitigación y la adaptación, incluyendo la mejora de la resiliencia de los sistemas sanitarios.

La financiación debe ser a través de subvenciones en lugar de préstamos, creando capacidades locales y empoderando realmente a las comunidades, y debe venir acompañada de la condonación de grandes deudas, que limitan la agencia de tantos países de bajos ingresos. Hay que movilizar fondos adicionales para compensar las pérdidas y los daños inevitables causados por las consecuencias de la crisis medioambiental.

Como profesionales de la salud, debemos hacer todo lo posible para contribuir a la transición hacia un mundo sostenible, más justo, resistente y saludable. Además de actuar para reducir los daños de la crisis medioambiental, debemos contribuir de forma proactiva a la prevención global de nuevos daños y a la actuación sobre las causas profundas de la crisis. Debemos pedir cuentas a los líderes mundiales y seguir educando a los demás sobre los riesgos sanitarios de la crisis. Debemos unirnos al esfuerzo de lograr sistemas de salud ambientalmente sostenibles antes de 2040, reconociendo que esto significará cambiar la práctica clínica. Las instituciones sanitarias ya han desinvertido más de 42.000 millones de dólares en activos de combustibles fósiles; otras deberían unirse a ellas /4.

La mayor amenaza para la salud pública mundial es el fracaso continuado de los líderes mundiales para mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5°C y restaurar la naturaleza. Deben realizarse cambios urgentes en toda la sociedad, que conducirán a un mundo más justo y saludable. Nosotros, como editores de revistas de salud, hacemos un llamamiento a los gobiernos y a otros líderes para que actúen, marcando 2021 como el año en que el mundo cambie finalmente de rumbo.

14 octubre 2021

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Miles de personas marcharon en Bruselas para presionar a líderes mundiales a poner en marcha acciones concretas que reduzcan las emisiones de carbono y frenen el calentamiento del planeta. Alrededor de 80 organizaciones participaron en la protesta, a tres semanas de la cumbre climática de la Organización de Naciones Unidas que se realizará en Glasgow, Escocia. Foto Afp. Agencias

Preocupación de que en la cumbre de Glasgowno se tomen las medidas pertinentes

Bruselas. Miles de personas marcharon ayer en Bruselas para presionar a los líderes mundiales a tomar medidas más audaces en la lucha contra el cambio climático en la cumbre de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Glasgow que dará inicio este mes.

Unas 80 organizaciones participaron en la protesta, la cual buscaba ser el mayor acto de este tipo en la capital de la Unión Europea desde el inicio de la pandemia por el Covid-19, que detuvo en seco las marchas semanales del movimiento climático.

Unas 25 mil personas, 50 mil de acuerdo con los convocantes, se sumaron a la Marcha por el Clima, que partió de la Estación del Norte para llegar al Parque del Cincuentenario, donde se han realizado conciertos y actos masivos. Ciclistas, familias y personas de la tercera edad marcharon por las calles de la ciudad exigiendo justicia climática con pancartas en inglés, francés y holandés. Una llevaba un oso polar de peluche en la cabeza.

"Estamos a la espera de medidas ambiciosas, unidas y coherentes", explicó el presidente de la Coalición por el Clima, Nicolas van Nuffel.

En dicha coalición participan 80 ONG, sindicatos, organizaciones juveniles y movimientos ciudadanos.

A los ambientalistas les preocupa que la 26 Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático, conocida como COP26, a celebrarse en Glasgow a partir del 31 de octubre, produzca políticas que no hagan lo suficiente para reducir las emisiones de carbono y frenar el calentamiento del planeta.

La multitud incluía una mezcla de personas con y sin cubrebocas. Con una de las tasas de vacunación más altas del mundo, Bélgica está comenzando a aliviar las restricciones por el Covid-19 y permite tales reuniones nuevamente.

El calentamiento global, causado por las actividades humanas, ya está provocando un agravamiento de los incendios, sequías, tormentas e inundaciones en todo el mundo, por lo que los activistas exigen limitar el calentamiento a 1.5 grados Celsius y lograr la neutralidad de CO2 para 2050.

Los compromisos actuales provocarían un aumento "catastrófico" de 2.7 grados Celsius, según estimaciones de la ONU, lejos del objetivo del Acuerdo de París de mantener el aumento de temperatura por debajo de 2 grados , y si es posible 1.55.

En la ciudad china de Kunming, David Cooper, subsecretario ejecutivo de la Convención de Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica aseveró que la comunidad internacional debe invertir mucho más y aumentar la escala y la velocidad de sus promesas de proteger la naturaleza y prevenir la pérdida de especies.

La 15 reunión de la Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, conocida como COP15 comenzará hoy en Kunming, con el objetivo de impulsar un ambicioso acuerdo para revertir décadas de destrucción del hábitat causada por la invasión humana y el cambio climático.

Cooper comentó en una sesión informativa que los ministros que asistían a las reuniones virtuales esta semana deben mostrar más ambición y dar una "dirección política clara" a los negociadores, que buscarán llegar a un acuerdo final en Kunming en mayo de 2022.

Los grupos ambientalistas dicen que no hay tiempo que perder en la protección de hábitats y la disminución de las tasas de extinción, en especial después de que los gobiernos no lograron completar ninguno de los objetivos de biodiversidad para 2020 acordados en Japón hace una década.

"Actualmente, la mayoría de los países gastan más fondos en subsidiar actividades que destruyen la biodiversidad de lo que gastan en conservarla, esto tendrá que cambiar", señaló Cooper.

La ONU quiere que los países se comprometan a proteger 30 por ciento de sus tierras para 2030, algo ya acordado por Estados Unidos y otras naciones. China aún no se ha comprometido, a pesar de implementar un sistema de "protección ecológica" que pone 25 por ciento de su territorio fuera del alcance de los desarrolladores.

La agencia oficial Xinhua describió la COP15 como un evento histórico organizado por China que tiene como fin negociar un consenso único de una década sobre la protección de la biodiversidad mundial, y que los países encuentren un terreno común para "construir un futuro compartido para toda la vida en la Tierra".

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Daños a la vida silvestre de California por el derrame de cerca de 500 mil litros de petróleo que afecta el litoral desde el fin de semana.Foto Ap

En 20 años el almacenamiento del líquido en las tierras disminuyó a ritmo de un centímetro anual

 

Ginebra. Más de 5 mil millones de personas podrían tener dificultades para acceder al agua en 2050, advirtió ayer la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

En 2018 ya había 3 mil 600 millones de personas sin acceso suficiente al agua durante al menos un mes, explica un nuevo informe de la organización de la ONU.

La OMM informa también que en los últimos 20 años el almacenamiento de agua en las tierras disminuyó un centímetro anual, tomando en cuenta la superficie, el subsuelo, la humedad, la nieve y el hielo.

Las mayores pérdidas se registran en la Antártida y Groenlandia, "pero muchas zonas densamente pobladas sufren bajas significativas en lugares donde suelen abastecerse de agua", indica la OMM.

Estas pérdidas tienen consecuencias importantes para la seguridad hídrica, subraya el reporte, sobre todo porque el agua dulce utilizable y disponible sólo representa 0.5 por ciento del líquido en la Tierra.

Al mismo tiempo, los riesgos relacionados con el agua aumentaron en las dos últimas décadas. Desde 2000, la cantidad de catástrofes relacionadas con inundaciones aumentó 134 por ciento, en comparación con las dos décadas anteriores, pero el número y la duración de las sequías también aumentó 29 por ciento en el mismo periodo.

La mayoría de muertes y daños económicos causados por inundaciones ocurren en Asia, pero la sequía causa más decesos en África.

Para la OMM es esencial invertir tanto en sistemas que permitan una mejor gestión de los recursos como en los que ayuden a una alerta temprana.

"Los servicios, sistemas e inversiones actuales no son suficientes", advierte la organización. Alrededor de 60 por ciento de los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales –los mismos encargados de ofrecer información y alertas a las autoridades y al público en general– no disponen de la capacidad necesaria para prestar servicios climatológicos al sector hídrico.

A todo esto, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y socios de investigación aseveraron que el rápido aumento de la temperatura de la superficie del mar vinculado al calentamiento global provoca la pérdida de los arrecifes de coral del mundo en medio de una amenaza para los modos de vida de las comunidades costeras.

El informe, titulado Estado de los arrecifes de coral del mundo: 2020, revela que alrededor de 14 por ciento de este hábitat vital se ha perdido a nivel mundial desde 2009 a causa del estrés climático, la pesca excesiva y el desarrollo costero insostenible.

Se mantiene derrame petrolero en California

La Guardia Costera de Estados Unidos investiga si el golpe de un ancla contra un oleoducto submarino causó el derrame de miles de litros de petróleo en el litoral de California, de acuerdo con medios locales.

Unos 495 mil litros de combustible se han vertido desde el fin de semana en aguas donde habitan focas, delfines y ballenas.

Un tramo de 24 kilómetros de costa permanece cerrado al público; en tanto, se interrumpió la pesca mientras equipos trabajan para limpiar el vertido, uno de los mayores ocurridos en California.

El diario Los Angeles Times reportó que la Guardia Costera investiga si el ancla de un enorme barco comercial fue lanzada en el lugar equivocado y rompió el oleoducto.

Martyn Willsher, director ejecutivo de Amplify Energy, dijo que "las evaluaciones en el mar arrojaron que mil 200 metros del oleoducto están donde no deberían".

Se negó a especular qué podría haber causado el desplazamiento y si un ancla sería causante del impacto, pero comentó: "es un oleoducto de acero de 40 centímetros, de 1.5 cm de grosor, cubierto por una capa de concreto de tres centímetros. Que se mueva 32 metros no es común".

Los Ángeles y Long Beach figuran entre los puertos más activos del mundo. Los atascos provocados por la pandemia obligan a decenas de enormes buques portacontenedores a estacionarse en altamar mientras esperan atracar.

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¿Modernización ecológica o «ecologización transmoderna»?

La sustentabilidad ha devenido, indudablemente, en un imperativo ético-político y un principio de responsabilidad en el presente y a nivel intergeneracional. Sin embargo, no siempre es claro qué se entiende al respecto. Por ejemplo, la necesidad de proteger y/o conservar la naturaleza es una posición común, pero la misma idea o concepto de naturaleza no lo es. Una muestra de ello es la discusión sobre sus derechos. Dicho debate varía mucho según el enfoque que se asuma. Hay perspectivas antropocéntricas, ecocéntricas y biocéntricas que reflejan, en parte, las tres grandes corrientes de la sustentabilidad (débil, fuerte y superfuerte) y los tres grandes tipos de ecologías políticas descritos por Eduardo Gudynas. Todo ello ocurre, a su vez, auspiciando o tensionando la propuesta de una modernización ecológica. En este escrito, quiero referirme puntualmente a los límites de dicha proposición y señalar, por consiguiente, qué implicaría un giro hacia lo que llamaré una «ecologización transmoderna».

En términos generales, la modernización ecológica se basa en la religión secular del optimismo tecnológico. Esto supone que los cambios sociotécnicos por sí solos son suficientes para optimizar los procesos productivos, disminuyendo su impacto ambiental y sin necesidad de imponer límites al desarrollo y crecimiento económico. La modernización ecológica se enmarca en la corriente de la sustentabilidad débil al considerar viable el establecimiento de políticas de conservación en simultáneo a la ejecución de planes de industrialización sostenible o el fomento de un ecologismo pronuclear. Bajo esta mirada, los derechos de la naturaleza en sí mismos no existen. Por el contrario, se reconoce y promueve el derecho a un medio ambiente sano, lo que permite apreciar el carácter especista y utilitarista de esta propuesta. La naturaleza, esa idea no-tan-común que todos dicen enarbolar, solo tiene sentido y valor en tanto es útil a las y los seres humanos.

Por tanto, más que una modernización reflexiva, la modernización ecológica se autoafirma en la falsa complacencia que produce la tecnofilia. Iniciativas como la agricultura climáticamente inteligente o la biotecnología asociada al manejo de plantaciones forestales dan forma a un régimen de tecno-naturaleza que promueve y celebra un mundo “más verde”, pero que guarda silencio ante la alta conflictividad socioambiental a lo largo y ancho del planeta. En suma, los límites de la modernización ecológica son, precisa y paradójicamente, sus pilares: un modo de ser autocentrado, uno modo de hacer mecanicista, un modo de sentir egocéntrico, un modo de pensar dualista y un modo de vivir hiperconsumista.

¿Cómo trascender, entonces, la programática ecomodernizadora? En principio, explicitando los lugares de enunciación en el análisis de la crisis ecológica global y la recomendación de propuestas de transformación y/o emancipación socioecológica. Esto es importante porque, en el fondo, la ontología política de la modernización ecológica produce y reproduce continuamente una única idea de naturaleza. Esta estrecha visión cercena las posibilidades de una ecología de mundos donde diversos conocimientos, técnicas, espiritualidades, sensibilidades y naturalezas conformen en su heterogeneidad un núcleo ético-mítico pluriversal.

Aquí es donde quisiera sugerir un juego de palabras que va más allá de la mera inversión de uno u otro vocablo, buscando proponer vías para abrazar otras ideas de naturaleza y sus respectivas formas de organización comunitaria. Lo que llamo una ecologización transmoderna remite a dos puntos centrales profundamente entrelazados. Por un lado el reconocimiento de que la naturaleza solo existe en pluralidad. Y por otro lado el establecimiento de un diálogo crítico intercultural en contextos asimétricos de poder. Para que tal diálogo no quede en una teorización abstracta y para que la pluralidad de visiones sobre la naturaleza no sea reducida al multiculturalismo liberal, es necesario identificar, tematizar y analizar los contenidos últimos de cada cosmovisión y su sistema de conocimientos y técnicas.

Esto nos lleva a la hermosa pregunta formulada por el profesor Eduardo Rueda sobre qué significa pensar míticamente el mundo. A mi juicio, una posible respuesta puede hallarse en una reflexión del maestro Enrique Dussel a propósito de su idea de transmodernidad, es decir, pensar míticamente el mundo implica ahondar en los supuestos ontológicos y en las estructuras ético-políticas de cada narrativa. De esta manera podríamos conocer concretamente los temas de tan necesaria conversación y los términos sobre los cuales activar políticamente el pluriverso.

La ecologización transmoderna busca una ambientalización de las existencias y los entramados comunitarios al tiempo que va recuperando creativa y críticamente todas las experiencias y expectativas de vida negadas por la modernidad, así como aquellas que le anteceden y las que continúan reexistiendo en contra/desde/y más allá de ella. En consecuencia, en lugar de continuar insistiendo en las promesas prometeicas de una razón tecnocientífica indolente, que está en la raíz de la crisis ecológica global, es importante abrirnos al estudio y comprensión de otras racionalidades para poder diseñar en conjunto un futuro con muchos futuros.

En síntesis se trata de un giro biocéntrico o de un enfoque de sustentabilidad superfuerte, donde la identificación de los lugares de enunciación en el debate sobre el reconocimiento de los derechos de la naturaleza es un primer paso para tejer, como ya había mencionado, una ecología de mundos donde otras temporalidades, otras escalas y otras estéticas, por nombrar unos pocos tópicos, formen parte de la conversación junto a temáticas acuciantes como otras formas de política, otros marcos jurídicos y otras economías.

Ante la elección que plantea la interrogante que abre este texto, la ecologización transmoderna es el camino más largo, la opción más utópica, pero la más honesta y consecuente con la diversidad biocultural del planeta.

Esta breve reflexión fue escrita en el marco del Diploma Superior en Ambiente y Sociedad que ofrece el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), bajo la coordinación académica del profesor Augusto Castro (Pontificia Universidad Católica del Perú), y como una asignación para el módulo sobre bioética, derechos y emancipación socioambiental en América Latina dictado por el profesor Eduardo Rueda Barrera (Pontificia Universidad Javeriana, Colombia).

04/10/2021

Por Marx José Gómez Liendo. Laboratorio de Ecología Política
Centro de Estudios de la CienciaInstituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC)

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Defensores del ambiente, muchos de ellos estudiantes que no acudieron a clases, se manifestaron en varias ciudades del mundo como parte del movimiento Viernes por el Futuro, convocados por la sueca Greta Thunberg, quien encabezó la protesta en la ciudad alemana de Berlín, para advertir a los dirigentes que el planeta afrontará peligrosos incrementos de temperatura que pondrán en riesgo a la especie humana, a menos de que se reduzca drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero. La imagen, en Montreal, Canadá. Foto Afp. / Ap, Afp y The Independen

El movimiento Fridays for Future resurge tras la pandemia

 

Berlín. Activistas medioambientales, muchos de ellos estudiantes que no acudieron a clase, se manifestaron ayer en todo el mundo convocados por el movimiento defensor del clima Fridays for Future, para exigir a los líderes que tomen medidas más contundentes para frenar el cambio climático.

La protesta en Berlín frente al Reichstag, sede del Parlamento alemán, fue parte de una serie de manifestaciones en todo el mundo en medio de graves advertencias de que el planeta seguirá enfrentando peligrosos aumentos de temperatura a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan drásticamente en los próximos años.

La idea de una "huelga climática" mundial se inspiró en la protesta en solitario de la activista sueca Greta Thunberg en Estocolmo hace tres años, que se convirtió en un movimiento de masas hasta que la pandemia de coronavirus puso fin a las grandes reuniones. Los activistas han comenzado recientemente a organizar reuniones más pequeñas.

"Los partidos políticos no hacen lo suficiente" para luchar contra el cambio climático, lanzó Thunberg en un discurso ante miles de personas reunidas ante el Reichstag.

"Sí, debemos votar y ustedes también. Pero no olviden que el voto solo no bastará. Debemos continuar saliendo a la calle y exigiendo a nuestros dirigentes que tomen medidas concretas a favor del clima", agregó la joven, aclamada por la multitud.

Los activistas alemanes se han referido a las elecciones del 26 de septiembre como la "votación del siglo", al argumentar que la decisión que tome el próximo gobierno influirá en los esfuerzos del país para abordar el cambio climático en las próximas décadas. El asunto ha sido tema importante durante la campaña electoral.

El mitin fue un acto multigeneracional que atrajo tanto a participantes en edad escolar como a adultos. Rene Bohrenfeldt, experto en tecnologías de la información que participó en la manifestación en Berlín, dijo esperar que los alemanes mayores consideren el tema cuando sufraguen el domingo.

"La mayoría de los votantes tienen más de 50 años y determinan el resultado de las elecciones", indicó Bohrenfeldt, de 36 años. "Pido a todas las abuelas que tomen la decisión correcta para el clima y para sus nietos", agregó.

Además de Berlín, las mayores protestas de Fridays for Future en Alemania tuvieron lugar en Hamburgo, Colonia, Múnich y Friburgo.

Con más de 5 mil participantes sólo en Roma, jóvenes de 70 ciudades italianas salieron a las calles en el regreso de las manifestaciones de Fridays For Future. En Inglaterra, más de 200 manifestantes se reunieron en Parliament Square en Londres para exigir una acción del gobierno sobre la crisis climática.

Cientos de jóvenes marcharon en la ciudad estadunidense de Nueva York para pedir justicia climática y poner fin a la quema de combustibles fósiles. En Sao Paulo, Brasil; Estambul, Turquía y otras ciudades de América, Europa y Asia hubo protestas similares.

En Sudáfrica se llevaron a cabo manifestaciones en 12 ciudades como parte de una huelga de tres días para exigir que el gobierno supervise una transición justa de los combustibles fósiles. En Bangladesh, los activistas exigieron el desmantelamiento de las nuevas centrales eléctricas de carbón y gas, informó el diario inglés The Guardian.

El secretario general de Naciones Unidas (ONU), António Guterres, instó a los líderes mundiales y a las empresas a invertir masivamente en energías limpias. "Tenemos un doble imperativo: poner fin a la pobreza energética y limitar el cambio climático", declaró Guterres con motivo del diálogo de alto nivel sobre energía organizado al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas, el primero consagrado a ese sector en 40 años.

Siete países firmaron un compromiso iniciado por la ONU para dejar de construir nuevas centrales de carbón, con el objetivo de reunir más firmas de cara a la cumbre climática mundial COP26 en Glasgow el próximo mes, informó el sitio de noticias Bloomberg.

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Frente al elitismo ecofriendly construyamos el ecologismo popular

El informe del IPCC para la ONU ha sido contundente: el cambio climático ya es irreversible y de nosotras depende que sus efectos no sean tan devastadores como pueden llegar a serlo.

El cambio climático es una realidad innegable, a la que hemos llegado en una situación débil a nivel discursivo, político y económico. La hegemonía neoliberal impregna casi todas las esferas de la vida y la del ecologismo no iba a ser menos. Es el momento de plantarse ante todos los discursos que apelan a la responsabilidad individual y a la culpabilización de la gente en relación con el cambio climático. El cambio climático ya es irreversible y, por lo tanto, hay que gestionar las consecuencias sociales del mismo.

Existe un elitismo ecofriendly que construye un discurso del ecologismo sobre un moralismo que expulsa toda alternativa política viable. Es un discurso que nos hace conscientes de ser más a la hora de asumir las culpas, pero que niega la dimensión de ser más a la hora de afirmar nuestro poder frente a las minorías. Es un discurso que pretende hacernos a todas responsables de una cosa que tiene unos responsables determinados. Si todas somos igual de culpables del cambio climático, todas deberemos asumir sacrificios importantes. Y en esa asunción de sacrificios importantes (que siguen la lógica del libre mercado) quienes se va a librar son los ricos y poderosos.

Porque hay que ser muy claras aquí: mientras existan personas con varias mansiones y sus campos de golf, sus jets privados, sus yates y sus coches de gran cilindrada y su consumo abusivo de todo tipo de productos no podemos permitir que nadie nos aleccione sobre nuestros comportamientos individuales. Un multimillonario contamina como todas las personas de un bloque entero de pisos. El truco que pretenden hacer los elitistas ecofriendlys es hacernos pagar al resto esos excesos.

Lo hacen con la siguiente trampa ideológica: "Los ricos son pocos y el resto son muchos, hay que poner el foco en los muchos porque a esa escala se contamina más". Pero esto no es verdad: un coche de gran cilindrada contamina 3 veces más que un vehículo pequeño. Un crucero atracando en el puerto de València contamina como todos los vehículos privados que circulan por la ciudad. Una mansión con piscina y jardín contamina como un decena de apartamentos.

Lo que intentan las grandes fortunas (y las grandes multinacionales) es diluir la enorme responsabilidad que tienen en el cambio climático haciéndola pasar por responsabilidad de cada uno de nosotros.

No hay proyecto político construido en base a la culpabilización individual. Eso solo comporta actuar de forma reactiva, a la defensiva, y que el ecologismo no sea algo deseable sino únicamente un límite moral a nuestra forma de estar en el mundo. A imagen y semejanza de "si no te esfuerzas y trabajas mucho no serás rico" nos inundan con "sino te mentalizas y reciclas, no acabaras con el cambio climático". Y así hemos convertido nuestras cocinas en plantas de selección de reciclaje y eso no ha solucionado el problema. Jamás se había reciclado tanto a nivel individual como se recicla ahora, pero la Tierra nunca había estado tan mal como ahora.

El foco en la responsabilidad individual produce el efecto contrario al deseado. Muchas personas mantienen una actitud positiva de sostenibilidad individual en su día a día, pero que les lleva a creer que no es necesario tener un compromiso colectivo. Muchas de ellas piensan: "Yo ya he cumplido mi parte del trato, ahora le toca al resto".  Y eso es precisamente lo que impide la asunción de ese compromiso colectivo real y sostenido en el tiempo. Ahí muere la posibilidad de la dimensión política.

Siguiendo sus premisas, el ecologismo ecofriendly aplica además las lógicas del mercado para solucionar problemas que son comunes. Por ejemplo, para reducir el número de vuelos intentará encarecer los precios. Pero encareciendo los precios de las cosas únicamente hacemos que los que puedan pagar sigan disfrutando de los excesos que han provocado el problema, excluyendo a cada vez más gente que no pueda pagar. Puede ser una medida para reducir la contaminación, a costa de que los humildes no puedan acceder a ciertos servicios. La solución pasa por aplicar una lógica socialista: en el caso de los aviones, una limitación de KM de vuelo por ciudadano. Así sí se actúa igualando realmente a las personas y generando un sentimiento colectivo de pertenencia, eliminando las trampas ideológicas de este elitismo.

Y esta es la lógica que hay que implementar en el resto de esferas de la lucha contra el cambio climático. Actualmente, las soluciones que se van imponiendo únicamente establecen una confrontación entre ricos y no ricos, excluyendo y culpabilizando a los segundos para que los primeros sigan disfrutando de los privilegios de su posición social.

Hace poco, Berna León -citando el informe del Carbon Disclosure Project- señalaba en la SER que el 70% de las emisiones de carbono procedían de solo 100 empresas. Ahí reside uno de los problemas y es donde debemos poner el foco. Señalar esas multinacionales y exigir a los gobiernos nuevas normativas medioambientales para que esas empresas dejen de hipotecar el futuro de la Tierra.  El cambio climático nos afecta a todas por igual, pero no todas tenemos la misma responsabilidad ni debemos asumir los mismos costes. Las grandes fortunas tienen más responsabilidad y deben asumirlo y verse obligadas a actuar en consecuencia.

Se da la paradoja de que podríamos estar ante el final de nuestro mundo, y la condición social que ha provocado ese final del mundo siga siendo innombrable: el capitalismo. Decía Frédéric Jameson que imaginamos antes el fin del mundo que el fin del capitalismo. Nuestra tarea política es que eso deje de operar así. El ser humano lleva más de 2 millones de años en la tierra, 300.000 como Homo Sapiens y sólo ha sido en los dos últimos siglos de capitalismo cuando ha provocado un desequilibrio catastrófico del clima. El problema no es el humano, sino la condición social efectiva que ha adoptado estos 200 últimos años.

Es ahora cuando se hace más necesario que nunca fundar un nuevo ecologismo, popular y en positivo. Una nueva idea que persiga superar las lógicas de este sistema, para cuidar nuestro planeta, para imaginar y crear nuevas formas de organizarnos colectivamente. Un proyecto que no se haga a la contra de la gente, sino fortaleciendo sus deseos y aspiraciones. Porque las que creemos firmemente en la lucha contra el cambio climático, sabemos quiénes son los principales responsables y cual es el sistema que lo ha provocado. Y no tenemos ningún miedo a que deban pagar y asumir su parte de responsabilidad para salvar nuestro hogar que es el planeta Tierra.

Algunos sueñan con la falsa ilusión de que podremos huir del planeta y vivir igual en otro. Tesla ha puesto la primera piedra de esa ilusión con los viajes espaciales para los ricos. No hay escapatoria a la Tierra, y si la hubiera pasaría lo mismo en otro planeta. Es la idea de Jameson elevada al cuadrado: no me puedo imaginar el fin del capitalismo así que me imagino viajando a otro planeta cuando haya destrozado éste.

Esto no va de huir a otro planeta ni de añorar un pasado de armonía con los ciclos naturales que ya no existe. Va de fundar un nuevo sistema que logre acoplarse a los ciclos de la Tierra, que erradique los excesos de los privilegiados y la arrogancia de las multinacionales, que ponga la vida de todas en el centro y volvamos a ser comunidad y pueblo para afrontar colectivamente los desafíos que tenemos en el futuro.

Por Naiara Davó

Diputada en les Corts Valencianes por Unides Podem

02/09/2021

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Miércoles, 25 Agosto 2021 06:08

El capitalismo verde es el nuevo negacionismo

El capitalismo verde es el nuevo negacionismo

Los intereses empresariales quieren desviar el movimiento climático hacia soluciones individuales, pero no vamos a salvar el ambiente eliminando bolsas plásticas. Necesitamos un movimiento que acabe con el sistema que está destruyendo el planeta.

No hace tanto tiempo que uno de los mayores obstáculos contra el activismo medioambiental era el negacionismo del cambio climático. En una táctica financiada en secreto por la industria de los combustibles fósiles, la ciencia fue ferozmente desacreditada. La desinformación se disparó constantemente para ocultar una realidad mortal.

Hoy en día, con algunas notables excepciones, son pocos los que niegan las pruebas del cambio climático. Ese debate finalmente está caduco. Incluso el gigante petrolero Shell se ve obligado a admitir la emergencia climática, habiendo implorado recientemente en un tuit que nos planteemos “¿Qué estás dispuesto a hacer para ayudar a frenar las emisiones?”

Pero la resistencia a entender correctamente el cambio climático aún no se ha eliminado del todo. Más bien, nos enfrentamos a una forma diferente y más sutil de negacionismo climático.

Esta perspectiva no niega la ciencia de la emergencia climática: niega su política. Pretende que con un ajuste aquí, o una modificación allá, se puede evitar el desastre. Actúa como si el sistema, tal y como lo conocemos, fuera viable, centrándose en fomentar el uso de bolsas reutilizables. Sugiere que la crisis climática es una cuestión de consumo personal, como si un cambio en las preferencias de consumo pudiera ser suficiente para evitar un desastre climático.

Esta fantasía liberal tiene como compañera otra noción engañosa: el llamado “Antropoceno”. Un concepto cada vez más popular entre académicos y activistas por igual, sugiere que los humanos en general somos responsables del aumento del dióxido de carbono en la atmósfera, pasando de 280 partes por millón en 1750 a 417 en mayo del año pasado.

Este enfoque de la crisis climática es similar al tipo de pensamiento del establishment que culpan de los graves males sociales –como la pobreza y el analfabetismo– a la sociedad en su conjunto, en lugar de al sistema económico que los causa y a la riqueza de unos pocos que tienen poder para mitigarlos.

La tesis del Antropoceno tiene también un lado aún más preocupante. Si se puede culpar a la humanidad colectivamente de los males del planeta, entonces, según la lógica, una reducción de la población mundial podría ser una solución. Fue Thomas Malthus quien en el siglo XVIII llegó a esta conclusión, pero no han faltado neomaltusianos desde entonces.

La tesis maltusiana de la superpoblación fue criticada por Marx y Engels, que la calificaron de “difamación del género humano”. Para los socialistas, Malthus había culpado erróneamente a la humanidad de un sinfín de problemas que en realidad se derivaban de un sistema social. Si las cosas se produjeran y distribuyeran en función de las necesidades humanas y no del crecimiento capitalista, y si la tecnología se dirigiera a los mismos fines, no habría razón para que la humanidad no viviera en armonía con el planeta.

Las pruebas respaldan esta tesis. Un informe redactado por el Carbon Disclosure Project en 2017 mostró que 100 empresas son responsables del 71% de las emisiones mundiales de carbono desde 1988. En 2019, un estudio similar del Climate Accountability Institute descubrió que sólo 20 empresas son responsables del 35% de todas las emisiones de dióxido de carbono y gas metano relacionadas con la energía a escala mundial desde 1965.

En otras palabras, nuestro problema no es el Antropoceno. Nuestro problema es el capitalismo. El colapso ecológico al que nos enfrentamos hoy en día puede atribuirse en su totalidad a la gran acumulación de recursos planetarios por parte de una élite minoritaria, que nos está conduciendo hacia el cambio climático a través de su codicia. El capitalismo es un sistema de alta concentración de poder. Y ya sea como consumidores individuales –con sus jets privados y su consumo excesivo y exuberante– o como capitalistas en la economía internacional –forzando una mayor extracción de petróleo y gas o llevando la producción a lugares más baratos y contaminantes–, la clase dominante tiene un impacto enormemente desproporcionado en nuestro clima.

En una sociedad de clases, los deseos de una ínfima minoría tienen prioridad sobre la supervivencia de todos, ya que el capitalismo nos condena a una acumulación infinita. Tanto los capitalistas como los trabajadores están bajo la égida del mercado: vender o perecer. El capital, como decía Marx, es “valor autovalorizante”: la riqueza se ve obligada a generar más riqueza.

Mientras destruimos el suelo que pisamos y anunciamos el aumento de las cifras del PIB en nuestro planeta finito, el orden social actual se asemeja a un culto a la muerte. La peculiaridad del capitalismo es que es un sistema tanto de poder de clase como de dominación universal , y ambos impulsos lo hacen doblemente tóxico para el medio ambiente.

Cada vez es más popular la tesis de que el capitalismo como sistema, y no la humanidad como especie, es el responsable de la crisis medioambiental. El libro Fossil Capital, del sueco Andreas Malm, explora el papel que desempeñó en esta dinámica el uso de la máquina de vapor durante la Revolución Industrial inglesa, argumentando que la lógica del capital –y especialmente su deseo de subordinar a la fuerza de trabajo– fue crucial para el surgimiento de tecnologías que contribuirían al cambio climático.

Jason Moore, historiador y sociólogo medioambiental de la Universidad de Binghamton, va más allá. Afirma que no estamos atravesando el Antropoceno sino el Capitaloceno, señalando que la mayor parte de las emisiones globales provienen de la producción, algo sobre lo que la mayoría de la población tiene poco o ningún control. En nuestras economías, los medios de producción siguen estando realmente en manos de la empresa privada, en manos de los capitalistas.

Una vez que el problema se atribuye al capitalismo, las soluciones son mucho más evidentes. Si el capitalismo significa poder de clase y búsqueda incesante de beneficios, el socialismo debe significar poder democrático y producción según las necesidades. Estas dos cosas deberían ser nuestro norte en la lucha contra el cambio climático.

Apuntar al consumo absurdo e innecesario de la clase capitalista sería un primer paso. El objetivo principal, sugiere Moore, debería ser conseguir el control colectivo de los medios de producción, una forma de garantizar que lo que se produzca hoy no sólo sea lo más rentable, sino lo mejor para la sociedad y el planeta en su conjunto.

Piensa en los beneficios que esto podría aportar. En lugar de pasarnos la vida encadenados a nuestro trabajo, podríamos tener un control democrático y planificar nuestros recursos y nuestro trabajo. Podríamos establecer objetivos climáticos y alcanzarlos al mismo tiempo que garantizamos el aumento del nivel de vida de la mayoría de la población, mediante la redistribución de la riqueza, la organización eficaz de la producción y también, simplemente, más tiempo libre.

Y las políticas de bienestar climático podrían tener beneficios aún más amplios. Hay muchos hogares que necesitan el uso de aislamiento térmico, paneles solares y turbinas eólicas. Podríamos formar a toda una generación de trabajadores para empleos verdes, para que ayuden a arreglar el clima en lugar de contaminarlo más. Los Estados pueden hacerlo, pero sólo si toman la riqueza de los capitalistas y la utilizan para fines comunes y útiles, en lugar de para fines privados y lucrativos.

Esa es la necesidad de un Green New Deal o Nuevo Pacto Ecosocial, cuyo radicalismo no hace más que crecer a medida que se avecina el desastre climático. Sus alternativas no nos ofrecen un futuro: el capitalismo verde, favorecido por el centro liberal, no aborda las tendencias ecológicamente destructivas en el corazón de nuestro sistema. O, peor aún, el ecofascismo: una ideología creciente que pretende aislar a una pequeña minoría occidental de las consecuencias del desastre climático, mientras obliga a la empobrecida población mundial a pagar el precio.

Este programa medioambiental de la extrema derecha arroja luz sobre otro aspecto de nuestra lucha. El capitalismo es un sistema global. Por lo tanto, cualquier resistencia a este sistema debe cruzar las fronteras. Si no, sólo alimentaremos una política medioambiental cada vez más exclusivista, más preocupada por la basura que se tira en las calles de nuestras ciudades que por las inundaciones que podrían desplazar a una de cada siete personas en Bangladesh en 2050.

Las decisiones tomadas en las oficinas empresariales de Londres o Nueva York pueden contaminar los ríos de Bangladesh o destruir los bosques tropicales de Brasil. Un Nuevo Pacto Ecosocial que alimenta los coches eléctricos con baterías de litio extraídas en condiciones insalubres en el Sur global no es suficiente.

Las coaliciones que necesitamos para derrotar al capitalismo fósil ganarán poder uniendo a las víctimas de las inundaciones, desde Alemania hasta Brasil, y a muchas otras en un movimiento ecosocialista que hable en nombre del 99% del mundo a costa de los capitalistas que se benefician de la contaminación, dondequiera que quieran asolar la tierra.

Estos son los primeros principios de un socialismo verde. Queda mucho por hacer para completar los detalles, pero el movimiento de defensa del clima debe empezar por abandonar ciertas ilusiones. Parafraseando una vieja cita, los que no quieren hablar del capitalismo deben callar ante la devastación ecológica.

Lejos de ser un problema, el Antropoceno puede ser una solución: la idea de que la humanidad conduzca su destino colectivamente, haciendo historia deliberadamente a través de las fronteras, en un proyecto común para mejorar las condiciones de vida. Hoy, la exigencia de una planificación democrática que contrarreste la anarquía del mercado y el poder concentrado de los capitalistas es una exigencia nada menos que para nuestra supervivencia.

Por Zarah Sultana | 25/08/2021

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El IPCC advierte de que el capitalismo es insostenible

Segunda filtración exclusiva de CTXT del Sexto Informe del panel de expertos de la ONU, en la que se señala que la única forma de evitar el colapso climático es apartarse de cualquier modelo basado en el crecimiento perpetuo

 

El segundo borrador del Grupo III del IPCC, el encargado de las propuestas de mitigación, afirma que hay que apartarse del capitalismo actual para no traspasar los límites planetarios. Confirma además lo que ya  se adelantó en el artículo publicado en CTXT el pasado 7 de agosto: “Las emisiones de gases de efecto invernadero (GHG) deben tocar techo en como mucho cuatro años”. El documento reconoce también que hay muy pocas posibilidades de seguir creciendo. 

Los científicos y periodistas firmantes hemos analizado una nueva parte del Sexto Informe, filtrada por la misma fuente: el colectivo de científicos Scientist Rebellion y Extinction Rebellion España. En este apartado se pueden ver claramente las divergencias existentes en la comunidad científica con respecto a las medidas necesarias para realizar una transición efectiva y justa. Entre las habituales posiciones más tímidas, por fortuna, empiezan a asomar demandas que hace no mucho habría sido impensable que aparecieran.

Antes de entrar en el análisis, es preciso un poco de contexto: en 1990, el Primer Informe del IPCC todavía recogía que “el aumento observado [en la temperatura] podría deberse en gran medida a la variabilidad natural”. Ese debate fue cerrándose en los siguientes informes. Pero si pervivía alguna duda, el análisis del Grupo I del Sexto Informe –ya oficial– ha despejado cualquier incertidumbre. Elimina así cualquier posibilidad de réplica por parte de un negacionismo climático, ampliamente regado de dinero por los que más tenían que perder: los lobbies de los combustibles fósiles. La primera pregunta para resolver un misterio suele ser el clásico Cui Bono (¿Quién se beneficia?).

El interrogante que subyace ahora guarda relación: ¿cómo hacemos para que la inevitable transición sea percibida como un beneficio y no como una renuncia? No hay otra posibilidad que renunciar al crecimiento indefinido, y el informe filtrado lo menciona. La transición ha de tener en cuenta las diferencias culturales e históricas de emisiones entre países, las diferencias entre el mundo rural y el urbano para no beneficiar a uno sobre otro, y sobre todo las tremendas y crecientes desigualdades económicas entre los cada vez más pobres y los cada vez más obscenamente ricos. O se atajan estas tres dicotomías, o la transición tendrá más enemigos que apoyos y se saboteará a sí misma. Textualmente el borrador dice: “Lecciones de la economía experimental muestran que la gente puede no aceptar medidas que se consideran injustas incluso si el coste de no aceptarlas es mayor”.

Aun siquiera logrando cambiar de rumbo, los científicos advierten: “Las transiciones no suelen ser suaves y graduales. Pueden ser repentinas y perturbadoras”. También señalan que “el ritmo de la transición puede verse obstaculizado por el bloqueo ejercido por el capital, las instituciones y las normas sociales existentes”, enfatizando la importancia de las inercias. Y sobre ellas añaden: “La centralidad de la energía fósil en el desarrollo económico de los últimos doscientos años plantea cuestiones obvias sobre la posibilidad de la descarbonización”.

Las políticas favorables a las empresas de combustibles fósiles han extraído la riqueza común –nuestro aire, bosques, tierra…– y la han puesto en manos de una pequeña minoría. Por tanto, las políticas verdes tienen que ser obligatoriamente redistributivas en una época en la que la desigualdad se está disparando. Una de las medidas propuestas para reducir la regresividad de los precios del carbono es la redistribución de los ingresos fiscales para favorecer a las rentas bajas y medias. Pero, como recuerda el antropólogo Jason Hickel: todo lo que no sea un tope a la extracción de combustibles fósiles, con objetivos anuales decrecientes que reduzcan la industria a cero, será solo lavarse las manos.

Y llegamos a uno de los párrafos definitorios del informe: “Algunos científicos subrayan que el cambio climático está causado por el desarrollo industrial, y más concretamente, por el carácter del desarrollo social y económico producido por la naturaleza de la sociedad capitalista, que, por tanto, consideran insostenible en última instancia”. Aunque muchos lo han dicho antes, no creemos haber leído jamás nada tan clarificador en el informe climático más importante del mundo, que añade: “Las emisiones actuales son incompatibles con el Acuerdo de París por lo que es absolutamente obligatorio reducirlas de una forma inmediata y contundente”. 

Diferentes escenarios de reducción de emisiones.

Estas metas, que implican un decrecimiento drástico de las emisiones  y, por tanto, a corto plazo también de la producción de energía y del uso de materiales, son imposibles de lograr con el modelo actual. Además, el Grupo III vincula la reducción de las emisiones con el cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, acordados en 2015 por los países miembros de Naciones Unidas para su cumplimiento en 2030. A pesar de las contradicciones existentes entre los 17 ODS, entre ellos encontramos objetivos incuestionables como la reducción de la desigualdad y la protección de la biodiversidad, entremezclados con uno más polémico, dentro del propio informe: promover el crecimiento económico sostenible.

En el IPCC es costumbre no esconder el debate científico, y si en 1990 este giraba aún sobre las causas del cambio climático, tras 30 infructuosos años, podemos observar que la discusión oscila ahora entre aquellas posiciones que aún creen que se puede seguir creciendo y reducir las emisiones al ritmo necesario, y quienes vemos esto como otro tipo de negacionismo, más sutil, pero que en el fondo beneficia y es defendido por los mismos que antaño cuestionaban el origen del calentamiento global.

El informe del IPCC asume que “los objetivos de mitigación y desarrollo no pueden alcanzarse mediante cambios incrementales”. Obcecarse en el crecimiento exige desarrollar enormemente tecnologías que puedan reducir las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, pero esas tecnologías de CCS (Captura y Secuestro de Carbono) no se están materializando como se preveía. 

Con los sumideros de carbono de los ecosistemas en claro declive y las retroalimentaciones climáticas que se están desencadenando –lo que lleva a la Tierra a sobrepasar varios puntos de no retorno, como reconoce ya una amplia mayoría, y de ahí a un estado más caliente e inestable–, la única forma conocida de evitar el colapso climático es apartarse del modelo de crecimiento perpetuo.

El informe destaca que en cooperación internacional se ha identificado una “hipocresía organizada” en la que los acuerdos y afirmaciones no concuerdan con las acciones, lo que supone una de las barreras más importantes para la mitigación.

El IPCC también apela a no olvidar las lecciones no puestas en práctica de la covid-19. Lecciones que deberían servir para no cometer los mismos errores con el cambio climático, ya que las analogías son claras y directas. Los costes de prevención y acciones preparativas son mínimos comparados con los costes de los impactos causados. Retrasar las medidas tendrá costes crecientes muy difíciles de asumir. 

De no actuar pronto los retos aumentarán de forma no lineal y con consecuencias imprevistas.

Vistas las cada vez más evidentes contradicciones del concepto de desarrollo sostenible, hablar de cualquier forma de desarrollo solo será posible si se deja de lado al PIB como medidor de riqueza, y se cambia a un modelo económico no tan basado en la competición. El único desarrollo sostenible es horizontal, no vertical. Es decir, reducir la desigualdad.

Es evidente que, o existe la percepción de que una gran mayoría nos ‘beneficiamos’, o no habrá solución. Por ello se ha de explicar bien la enorme magnitud del problema para que las medidas puedan ser comprendidas y ciertas renuncias puedan ser entendidas como beneficios, si tenemos en cuenta que la alternativa es cambiar la estabilidad climática para siempre y agravar los conflictos por los recursos. 

La competición ayudó a desarrollar la evolución de las especies, pero, tal y como demostró la genial microbióloga Lynn Margulis, es la cooperación la clave que explica los grandes saltos evolutivos. Ahora nos encontramos ante un precipicio dibujado por la intersección de las crisis ecológica y energética. Podemos tener vidas buenas con menos energía disponible (y a la vez tendremos menos carga laboral), pero el capitalismo no podrá sostenerse con menos energía sin finalizar su mutación a una especie de tecnofeudalismo. Solo si cooperamos, si entendemos que compartimos tantas cosas –entre ellas una atmósfera que no sabe qué es eso de las fronteras– podremos reaccionar y saltar lo suficiente como para evitar la caída. 

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22/08/2021

Pör,


Juan Bordera es periodista, guionista y activista en Extinction Rebellion España y en València en Transició.

Fernando Valladares es doctor en Ciencias Biológicas, profesor de investigación en el CSIC y Premio Jaume I de Protección del Medio Ambiente.

Antonio Turiel es doctor en Física Teórica, licenciado en Matemáticas, investigador científico en el CSIC y experto en energía. Es autor del reciente ensayo Petrocalipsis.

Ferran Puig Vilar es ingeniero superior de Telecomunicaciones, ha trabajado 30 años como periodista y está especializado en la crisis climática.

Fernando Prieto es doctor en Ecología y director del Observatorio de la Sostenibilidad.

Tim Hewlett es doctor en Astrofísica y miembro del colectivo Scientist Rebellion.

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