El Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, participa de la Cumbre del Clima.

  Alemania, Francia y España deberán aunar esfuerzos para persuadir a China, Rusia, India, Brasil y Estados Unidos de intensificar la lucha contra la contaminación del medio ambiente. 

 

La Cumbre del Clima COP 25 que se celebra en Madrid a partir de este lunes y hasta el 13 de diciembre será el nuevo ring en el que se midan los países que impulsan una agenda decidida para enfrentar la emergencia climática, y los escépticos o negacionistas del cambio climático, liderados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La capital española acoge esta Conferencia entre las Partes (COP), luego de que el estallido social en Chile dejara al presidente Sebastián Piñera acorralado, y sin el paisaje de país estable y desarrollado que pretende mostrar esta clase de reuniones de carácter internacional.

Delegaciones de alto nivel de más de 150 países, el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, la flamante presidenta de la Unión Europea, Ursula von der Leyen, representantes de diversas Organizaciones No Gubernamentales, científicos y expertos en la lucha contra el cambio climático entre unas 25 mil personas, buscarán alcanzar un acuerdo para concretar y profundizar las medidas adoptadas cuatro años atrás en el Acuerdo del Clima de París.

El presidente en funciones del Gobierno español, Pedro Sánchez, será uno de los principales anfitriones, y encargado de llevar a buen puerto la COP 25, cuyo eslogan reza “es tiempo de actuar”. El líder socialista, que se encuentra en negociaciones para formar su Ejecutivo, ha presentado una agenda ambiciosa para que España realice una transición ecológica de su economía, y ayude a reducir sensiblemente la producción de gases de efecto invernadero.

Un objetivo que comparten e impulsan para el conjunto de la Unión Europea el presidente francés, Emmanuel Macron, y la líder del Gobierno alemán, Ángela Merkel. En efecto, el jueves pasado, el Parlamento Europeo declaró la emergencia climática, y se propuso como objetivos de la nueva legislatura (2019-2023) la creación de un “New Green Deal” en los próximos 100 días, y trabajar para descarbonizar la economía del bloque en el 2050.

Sin el apoyo del Reino Unido, que está perdido en el intríngulis del Brexit, y el frágil Gobierno de Italia, Alemania, Francia y España deberán aunar esfuerzos para persuadir a China, Rusia, India, Brasil y Estados Unidos de intensificar la lucha contra el cambio climático.

La tarea no será sencilla. El presidente Trump ya ha anunciado que retirará a su país del Acuerdo de París, mientras que gigantes como China, Rusia, e India, que están entre los principales emisores de gases de efecto invernadero, no han presentado planes ambiciosos para contrarrestar el cambio climático. Brasil, por su parte, tampoco ha dado señales. Al contrario, el presidente de ese país, Jair Bolsonaro, ha estado en el centro de una tormenta política y climática luego de que se denunciara un crecimiento notable en la cantidad de incendios que se produjeron este año en la Amazonia.

La Unión Europea buscará implicar a los escépticos y negacionistas aprovechando el contexto de protestas y concientización mundial por el cambio climático, además de la catarata de informes que se publican casi cada mes advirtiendo sobre los estragos de la crisis climática. El último, un informe de la Organización Meteorológica Mundial, que situó en un nuevo récord la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Un fenómeno que promete acelerarse con consecuencias cada vez más graves para las futuras generaciones.

Entre los activistas que acudirán a la Cumbre se encuentra Greta Thunberg, uno de los rostros más visibles en las manifestaciones contra los gobiernos europeos para actuar contra el cambio climático. La joven sueca se encuentra de camino al país ibérico en un catamarán que embarcó en Sudamérica después de que se cancelara la Cumbre en Chile. Thunberg, creadora del movimiento “Fridays for Future”, ha decidido trasladarse en un medio de transporte no contaminante, y su acción será puesta como un ejemplo más de las medidas que pueden adoptarse para mitigar la emisión de gases de efecto invernadero.

En España y en la Unión Europea, la Cumbre COP 25 está en el centro de la agenda mediática y política. Los más optimistas esperan que se alcancen suficientes acuerdos para convertir esta fecha en un punto de inflexión para reducir el calentamiento global. Sin embargo, nadie puede asegurarlo por estos días. Además de Trump y su club de aliados negacionistas, en Europa existe un buen número de partidos políticos que prometen batallar la “histeria climática”. Entre ellos, el líder italiano Matteo Salvini, el partido ultranacionalista Una Alternativa para Alemania, o el radical Vox, que en las últimas elecciones españolas logró convertirse en la tercera fuerza política más importante del país.

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Barbara Liskov

A nadie se escapa que la mujer también ha sido históricamente invisibilizada en la Ciencia. Lo veíamos recientemente, con el fallecimiento de la gran Margarita Salas. Precisamente por eso, hoy queremos rescatar a otra de las grandes olvidadas: Barbara Liskov. En plena dictadura del big data y el monopolio del algoritmo, son pocas las personas que recuerdan el papel que ha jugado Liskov en esta nueva era, a pesar de haber ganado el Premio Turing en 2008.

Esta doctora en Ciencias de la Computación por la Universidad de Stanford (1968) –la primera mujer en EEUU que lo consiguió-, se convirtió en una pionera, partiendo prácticamente de cero. Su formación en Matemáticas por la Universidad de California en Berkeley supuso un cambio en el modo de abordar la problemática de la programación: en lugar de concebirlo como un problema técnico, lo vio como un problema matemático. De esa manera buscaba darle un sentido mayor y, al mismo tiempo, controlarlo mucho mejor.

Antes de dar este giro, el código informático estaba plagado de instrucciones ‘goto’ (ir a) que redirigían a otra parte del programa cuando se cumple una determinada condición. Liskov cambió esto. Siendo una joven profesora en el MIT, desarrolló junto a su equipo CLU. Se trataba de primer leguaje de programación que no utilizaba instrucciones ‘goto’. A día de hoy, se considera el origen de otros lenguajes modernos como C, C+ o Java (ejecutado por 3.000 millones de teléfonos móviles en todo el mundo y el 97% de los ordenadores).

Ahora, la revista Quanta Magazine recupera el papel protagonista de esta incansable investigadora, pionera también en el desarrollo de la Inteligencia Artificial, de la que indica que no es una disciplina, sino una aplicación. La carrera de Liskov, como la de cualquier mujer que se ha abierto paso en la Ciencia –que es el espacio que nos ocupa- estuvo repleta de obstáculos desde el pistoletazo de salida.

De hecho, cuando estudiaba en Berkeley, era la única mujer en una clase de 100 alumnos y cuando se graduó recuerda cómo nadie le ofreció un trabajo, mientras sus colegas hombres accedían sin problema a cargos académicos. Sería Fernando Corbató, hijo de la californiana Charlotte Jensen y del español Hermenegildo Corbató (Villareal), quien le daría su primera oportunidad en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts, por sus siglas en inglés) en 1971.

Según explica, si en los 10 años anteriores a que ella fuera jefa de Computación en el MIT, el departamento únicamente contrató a una mujer, mientras ella estuvo al frente entre 2001 y 2004 contrató a siete mujeres, a las que califica de excepcionales. En ese sentido, la experta lamenta que “las cosas realmente no son mucho mejores ahora de lo que eran entonces”.

Regular internet

Durante la entrevista mantenida con este medio, Liskov se muestra pesimista con el escenario actual que se ha propiciado en internet, hasta el punto de asegurar que “si tuviera una varita mágica, haría que todo desapareciera”. Recuerda la década de los 80, cuando apenas 15 universidades y un par de laboratorios del gobierno de EEUU estaban conectados a internet. Nadie reprimía su desarrollo y el mantra que imperaba era que cada individuo debía ser responsable de su propio contenido, y no los sitios.

En su opinión, esa actitud antirreprevisa y de autorregulación es la que ha derivado en la actual situación, donde las paparruchas (fake news) ponen y quitan gobiernos y hacen subir a la extrema-derecha. Aunque es verdad que Liskov reclama una legislación más precisa –que no tiene por qué ser tan intrusiva como el recientemente aprobado en España Decretazo Digital-, no es menos cierta que la experta también hace descansar en la tecnología parte de la solución. Según indica, “Facebook tiene un algoritmo sobre la manera en difunde la información. Podría difundir esas informaciones más lentamente o reconocer cuáles no debería moverse” por ser falsas, meros bulos interesados. No parece existir gran interés en hacerlo. Eso tampoco ha cambiado.

 

29 NOVIEMBRE, 2019

Los nueve puntos de inflexión climática activos que deben acelerar la acción política sobre las emisiones

La situación actual del hielo marino ártico o del permafrost en Groenlandia ponen en alerta sobre los cambios irreversibles que se producirán si no se toman medidas urgentes.

Nueve puntos del planeta están en riesgo por daños graves, alteraciones o riesgo inminente de desaparición. El hielo marino ártico, la capa de hielo de Groenlandia, los bosques boreales, el permafrost —la capa de suelo permanentemente congelada en regiones frías—, el sistema de corrientes del Atlántico, la selva amazónica, los corales de aguas cálidas, la capa de hielo antártico occidental y partes de la Antártida Oriental. Estos puntos de inflexión climática están ya activos y podrían desencadenar cambios irreversibles a largo plazo a nivel global , tal y como señalan las conclusiones de un estudio publicado este miércoles en la revista Nature y liderado por Timothy M. Lenton, director del Global Systems Institute de la Universidad de Exeter (Reino Unido).

Lenton, junto a otros expertos, ya advirtió sobre los puntos de inflexión climáticos en 2008 —bajo esta denominación, la comunidad científica se refiere a un umbral crítico en el cual una pequeña perturbación puede alterar el estado o el desarrollo de un sistema— y estableció instrumentos de alerta temprana para detectar su proximidad. Pero esta no era la primera vez que se hablaba de este fenómeno. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ya introdujo los datos sobre puntos de inflexión hace dos décadas , cuando se consideraba que los puntos de inflexión solo se activarían si la temperatura global aumentaba 5 ºC respecto a los niveles preindustriales. En sus informes más recientes, publicados en el último año, alertaban de que una subida de entre 1 y 2 ºC ya sería suficientemente grave, en línea con lo establecido por el Acuerdo de París.  

En los últimos años, las evidencias de que este tipo de eventos son cada vez más probables —más de lo que se pensaba— han aumentado y ayudan a definir «que estamos en una emergencia climática» y a fortalecer las peticiones para una acción climática urgente , según los expertos que firman el citado informe.

El deshielo y el aumento del nivel del mar

«Es posible que ya hayamos comprometido a las generaciones futuras a vivir con aumentos del nivel del mar de 10 metros durante miles de años. Pero esa escala de tiempo aún está bajo nuestro control», explican los científicos que han elaborado este estudio sobre los puntos de inflexión activos, pues muchos de estos se encuentran en la criosfera. La capa de hielo de Groenlandia , por ejemplo, se está derritiendo a un ritmo acelerado y solo este deshielo añadiría 7 metros al nivel del mar durante miles de años desde una fecha tan temprana como 2030, según los expertos.

El informe plantea medidas de adaptación como el reasentamiento eventual de la población que vive en zonas de baja altitud. Pero, sobre todo, limitar el aumento de la temperatura global no más allá de los 1,5 ºC, ya que «otros puntos de inflexión podrían activarse a niveles bajos de calentamiento global» . Es el caso del hielo marino, que ya se está reduciendo en el Ártico , «lo que indica que, con 2 ºC de calentamiento, la región tiene una probabilidad de entre el 10 y el 35 % de quedar prácticamente libre de hielo en verano», argumentan los autores del estudio.

Daños para la biosfera

Un ejemplo de cómo un daño puede desencadenar otros desastres es la pérdida de la mitad de los corales de aguas poco profundas en la Gran Barrera de Coral de Australia como consecuencias de las olas de calor en el océano.

«Además de socavar nuestro sistema de soporte vital, los puntos de inflexión de la biosfera pueden provocar la liberación brusca de carbono a la atmósfera», apuntan los científicos, lo que agravaría el cambio climático.

Asimismo, el calentamiento global ya ha provocado perturbaciones en los insectos a gran escala y el aumento de los incendios, que han provocado, por ejemplo, la desaparición de los bosques boreales de América del Norte , lo que, según los expertos, podría convertir algunas regiones de sumideros de carbono en fuentes de carbono.

«Para abordar estos problemas, necesitamos modelos que capturen un conjunto más rico de acoplamientos y retroalimentaciones en el sistema de la Tierra, y necesitamos más datos, presentes y pasados, y mejores formas de usarlos. Mejorar la capacidad de los modelos para investigar los cambios climáticos abruptos pasados ​​conocidos y los estados climáticos ‘invernadero’ debería aumentar la confianza en la capacidad para pronosticarlos», concluye el informe. Y añaden: «En nuestra opinión, la evidencia de los puntos de inflexión por sí solos sugiere que estamos en un estado de emergencia planetaria: tanto el riesgo como la urgencia de la situación son agudos «.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/los-nueve-puntos-de-inflexion-climatica-activos-que-deben-acelerar-la-accion-politica-sobre-las-emisiones/

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La ONU certifica el fracaso del acuerdo del clima de París y reclama recortar las emisiones de CO2 un 8% cada año hasta 2030

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) presenta hoy en Ginebra su Informe de Emisiones de 2019, en el que asegura que incluso aunque todos los compromisos adoptados por los países en el Acuerdo de París sean completamente implementados, el objetivo de limitar el incremento de la temperatura mundial a 1,5 grados estará fuera de alcance antes de 2030.

No han pasado ni cuatro años desde que fuera aprobado y la ONU da por muerto el Acuerdo del Clima de París. Para tratar de limitar el incremento de las temperaturas mundiales a 1,5 grados -lo acordado en la capital francesa por 195 países- será imprescindible tomar medidas mucho más contundentes y de manera inmediata. Entre ellas, recortar las emisiones de CO2 un 7,6% cada año entre 2020 y 2030, la decarbonización del sector de la energía y la construcción y cambios en los estilos de vida.

El Acuerdo de París ya no sirve de nada: el informe asegura que, aunque se implementaran todos los compromisos alcanzados por los países en diciembre de 2015 en la capital francesa, las temperaturas se incrementarían este siglo al menos 3,2 grados, más del doble del objetivo de 1,5 grados fijado por el acuerdo.

Llevar el planeta a ese aumento de las temperaturas causará “impactos climáticos más extensos y destructivos”, asegura el documento, que ha sido elaborado por un panel internacional de científicos climáticos.

Para tratar de que el mundo no se salga de la horma del 1,5 de incremento durante este siglo, el Informe de Emisiones de 2019 del PNUMA estima imprescindible actuar de forma urgente y contundente: recortar las emisiones de CO2 un 7,6% anual entre 2020 y 2030.

El documento critica que las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado esta década un 1,5% cada año. “No haber comenzado a reducir las emisiones en 2010”, lamentan los científicos, “provoca ahora que haya que acometer mayores reducciones anuales de emisiones para poder cumplir los objetivos”.

“Estos datos demuestran que los países no pueden sentarse a esperar para redoblar sus acciones hasta finales de 2020, cuando estaba previsto tomar nuevos compromisos climáticos”, asegura la directora ejecutiva mundial del PNUMA, Inger Andersen.

“Cada país, cada ciudad, cada región, cada negocio, cada individuo tiene que empezar a actuar ya. Tenemos que ponernos al día con los años en los que pospusimos tomar medidas. Si no hacemos esto, antes de 2030 se habrá agotado la posibilidad de lograr el objetivo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 grados este siglo”, recuerda Andersen.

El informe del PNUMA presentado hoy ve necesario realizar transformaciones sociales y económicas de envergadura en la próxima década para compensar la inacción del pasado, incluidos, afirma expresamente, la rápida decarbonización de la energía y de los sectores de la construcción y el transporte, así como cambios en los estilos de vida y en el sector agroalimentario.

Los países del G20, en el punto de mira

El Informe de Emisiones 2019 de Naciones Unidas pone en la mirilla especialmente a las principales economías mundiales, causantes de la gran mayoría de la contaminación mundial.

“Las naciones del G20 colectivamente suman el 78% del total de las emisiones, sin embargo”, critica el documento, “siete de ellas ni siquiera han desarrollado todavía políticas para cumplir a tiempo con los compromisos adoptados en París para 2030”.

Y advierte: “Los países desarrollados no pueden pretender reducir sus emisiones nacionales simplemente exportando su producción de carbón a economías emergentes. La huella ecológica mundial tiene que reducirse”.

Las emisiones per cápita en el mundo siguen estando lideradas por Estados Unidos -20 toneladas por persona-, país al que siguen Rusia, Japón, China y la Unión Europea -con ocho toneladas-.

El documento reclama también compromisos económicos contundentes y da las cifras: la transición hacia una economía y una sociedad decarbonizadas requerirá de inversiones anuales mundiales por valor de entre 1,6 a 3,8 billones de dólares anuales entre 2020 y 2050, en función de cómo de rápido se avance en eficiencia energética.

De manera indirecta, el informe marca una senda clara e inevitable: que los países se comprometan a un plan que los lleve al escenario de cero emisiones. Sobre esto, el documento de UNEP asegura que sólo “cinco miembros del G20 -la UE y cuatro países más- han realizado ese compromiso de cero emisiones a largo plazo [la UE lo ha anunciado para 2050], dos de ellos incluso ya con la legislación al respecto aprobada. Sin embargo”, lamenta, “aún hay 15 miembros que no han realizado ningún compromiso para alcanzar el objetivo de cero emisiones”.

Este informe es la puntilla que le faltaba por recibir al ya muy tocado Acuerdo del Clima de París después de que a primeros de noviembre Estados Unidos notificara oficialmente su salida del acuerdo, que se hará efectiva en noviembre de 2020, justo un mes antes de la Cumbre Mundial del Clima de Glasgow, la cita destinada a cerrar los acuerdos de reducción de emisiones para hasta 2030.

La próxima cumbre mundial del clima, la llamada cumbre Chile-Madrid, se celebrará en la capital española del 2 al 13 de diciembre después de que Chile tuviera que renunciar a acogerla por los disturbios sociales que se llevan produciendo en el país desde hace varias semanas.

En principio, los temas estrella de la cumbre se preveía que fueran los océanos -se quieren introducir de manera legal en los acuerdos climáticos internacionales-y las finanzas -será la primera vez que decenas de ministros de economía acudan a la cita-.

Sin embargo, tras la publicación del Informe de Emisiones 2019 del PNUMA, el inicio de la negociación de medidas concretas, contundentes, efectivas e inmediatas para la reducción de emisiones se antoja como un objetivo ineludible de la cita madrileña.

Para poder implementar los recortes reclamados por el documento de UNEP del 7,6% anuales entre 2020 y 2030, estas medidas de recorte de CO2 deberían cerrarse, como máximo, entre la cumbre Chile-Madrid y la próxima cumbre mundial del clima, que se celebrará en Glasgow (Escocia) en diciembre de 2020. El documento presentado hoy en Ginebra por UNEP es la décima edición de los informes sobre emisiones mundiales que realiza esta agencia de Naciones Unidas.

WASHINGTON

26/11/2019 09:01 Actualizado: 26/11/2019 09:01

MANUEL RUIZ RICO

 @ManuelRuizRico

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11.000 científicos advierten a los líderes políticos del "sufrimiento indecible" que vaticina la crisis climática

En un artículo de la revista Bioscience explican que el cambio climático ha llegado antes, más acelerado y con consecuencias más graves

El texto conmemora la primera cumbre climática en Ginebra de 1979 donde ya se alertó sobre "signos alarmantes". Las emisiones de CO2 batieron su récord en 2018

Los investigadores repasan la evolución del cambio climático durante 40 años: "Es necesario un incremento inmenso de esfuerzos a gran escala", concluyen

 

Suben las apuestas. Ante la paradoja que implica que, mientras se acumulan los datos que confirman el calentamiento de la Tierra –responsable del cambio climático–, las emisiones de gases de efecto invernadero llegaran a su máximo histórico en 2018, un grupo de 11.000 científicos han firmado un artículo en el que advierten del "sufrimiento indecible" que vaticina la crisis del clima.

El texto, publicado este martes en la revista Bioscience, ha sido preparado por docenas de especialistas y apoyado por esos 11.000 investigadores de 153 países (incluida España). A modo de celebración del aniversario de la cumbre climática de Ginebra en 1979, el artículo recuerda que "la crisis ha llegado antes y está acelerándose más de lo que los científicos esperaban. Y es más grave de lo anticipado amenazando los ecosistemas y el futuro de la humanidad".

Arranca el documento diciendo que "los científicos tienen la obligación moral de alertar ante cualquier amenaza". Y declaran que "clara e inequívocamente el planeta Tierra afronta una emergencia climática". En sus párrafos y mediante gráficos aportan a los "responsables políticos" además de al público en general toda una batería de datos que ilustran el cambio climático durante los últimos 40 años."La crisis climática está estrechamente vinculada al consumo excesivo del estilo de vida rico", concluyen. 

El artículo explica que en la primera Conferencia Mundial del Clima celebrada en Ginebra (Suiza) hace 40 años, en 1979, ya se acordó que se detectaban "signos alarmantes del cambio climático que hacían urgente actuar". Alertas similares se repitieron en citas históricas como en Río de Janeiro (1992), el Protocolo de Kioto (1997) y el Acuerdo de París (2015). "Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero están todavía creciendo rápidamente", subraya el texto. "Es necesario un incremento inmenso de esfuerzos a gran escala para conservar la biosfera de manera que se evite un sufrimiento indecible debido a la crisis climática", sentencian.  

A pesar de estas cuatro décadas de negociaciones climáticas, "y salvo alguna excepción, hemos visto que las cosas seguían como estaban". De hecho, este lunes, EEUU notificó oficialmente que inicia el proceso para abandonar el Acuerdo de París.

Por Raúl Rejón

05/11/2019 - 18:18h

El comercio latinoamericano cae un 10% en medio del frenazo económico global

El descenso proyectado por la Cepal sitúa a los intercambios regionales en el nivel más bajo en una década

América Latina no se quiere a sí misma como socio comercial y el frenazo global no ayuda. Los intercambios dentro de la región se contraerán un 10% en 2019 tras dos años de recuperación, según las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) publicadas este martes en su informe anual Perspectivas del comercio internacional. La reducción coloca a los intercambios regionales en el nivel más bajo en una década y pone de manifiesto las conexiones deficientes entre los países del bloque.

Paradójicamente, los lazos con el vecino de enfrente son más tenues que con el que vive dos calles más allá. Las proyecciones de la Cepal muestran que el comercio dentro de Latinoamérica cae más que los intercambios entre el subcontinente y el resto del mundo, que están previstos que se reduzcan en apenas un 0,1%. Es decir, la región deja de comerciar consigo misma antes que con los demás países.

Con este descenso, apenas el 15,5% del comercio del subcontinente será con países de la región, una tasa muy baja comparada a la de otras partes del mundo − Europa tiene un 60% de intercambios regionales−. La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, apunta a la necesidad de superar ese rezago. “Llegamos a estar en 21% cuando se creó Mercosur [1991]; al menos deberíamos llegar a ese porcentaje y aún así estaríamos por debajo de Europa y Asia”, asegura.

Más allá de sus fronteras, los países latinoamericanos también están comerciando menos con el resto del mundo. La Cepal proyecta que para 2019 el valor de las exportaciones disminuya un 2% y el de las importaciones, un 3%. Cuanta mayor es la dependencia en productos básicos, mayor es la caída. El precio de 26 de las 30 principales exportaciones de la región ha bajado, entre ellos el del azúcar de palma − un 33% −, el carbón −un 22% − y el petróleo − un 10%−. Venezuela, antigua potencia petrolera que vive inmersa en una profunda crisis económica, vuelve a tocar fondo. En 2019, el país importará un 60% y venderá un 50% menos al resto del mundo que en 2018, según las predicciones de la Cepal.

En el otro lado de la cuerda, México es uno de los países que mejor aguanta el tirón. Sus exportaciones crecerán casi el 3% en 2019. La guerra comercial entre las dos grandes potencias le ha beneficiado, gracias a la sustitución en EE UU de las importaciones chinas por las mexicanas. “México no necesita al resto de la región porque está incorporado a las cadenas de producción global”, resume Ignacio Martínez, economista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Pero el caso mexicano es una de las pocas excepciones. El estancamiento de la demanda global e interna explica parte del declive del comercio regional. Las ventas a la Unión Europea se han desplomado casi un 8% y el crecimiento de los envíos a China se ha ralentizado. Paralelamente, el apetito de la región por sus propios productos también se hunde por un crecimiento económico letárgico que la Cepal proyecta en un 0,2% para 2019.

Ante este panorama, la receta pasa por mejores carreteras y puertos y por una mayor integración, según el organismo. Alicia Bárcena sostiene que la región debe “repensar su reinserción en el comercio internacional” más allá de los productos básicos. Menos petróleo y más smartphones, ese es el objetivo. “Latinoamérica tiene una historia de extraer materia prima y sacarla al exterior. Un patrón que no hemos podido resolver”, afirma.

Además, el organismo estima que se necesita invertir un 6% del PIB anual en infraestructura y en servicios, frente al 1,8% actual, para enfrentar el problema. En la actualidad, solo un 23% de las carreteras en América Latina están pavimentadas. “No hay un corredor logístico de Sudamérica al centro y norte del continente y los itinerarios aeroportuarios son principalmente de Asia”, coincide Ignacio Martínez, de la UNAM. Como ejemplo, la red ferroviaria es un parche de vías con siete anchos distintos. Un rompecabezas de hierro que da idea del desafío al que se enfrentan los intercambios comerciales de la región en pleno frenazo global.

Por Jon Martín Cullell

México 29 OCT 2019 - 20:38 COT

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Lunes, 28 Octubre 2019 07:08

Capitalismo atorado

Capitalismo atorado

Se equivoca quien piense que la crisis financiera de 2008 es cosa superada. Las secuelas de ésta siguen presentes y son más patentes.

A pesar de que algunos indicadores económicos de coyuntura se mantengan en rangos favorables, lo que utilizan los políticos en su favor, otros indicadores apuntan hacia menores niveles de actividad productiva, la posibilidad de una recesión y una nueva crisis.

Así se advierte en Estados Unidos y se ha debatido recientemente en la prensa. El estado general de esa economía es bueno: el total del empleo y el producto no se contraen; los precios están estables; no hay excesiva presión sobre el dólar y las tasas de interés. La tasa de crecimiento del producto es de 2 por ciento anual.

Por otro lado, el producto y el empleo en las manufacturas se ha reducido este año y la actividad agrícola se debilita; las tasas de interés de largo plazo tienen menores rendimientos que las de corto, lo que indicaría una posible recesión.

Estos elementos conforman el estado de las expectativas hacia la baja. Se enmarcan en el hecho de que hay un comportamiento cíclico en la actividad económica que, a pesar de las elucubraciones de algunos economistas, no desaparece.

En este entorno se ha introducido en el debate económico en aquel país la noción de que el capitalismo se encuentra en un "estancamiento secular"; los recursos que existen no se destinan a acrecentar la producción y generar más empleo e ingresos.

Se trata, entonces, de una carencia de demanda suficiente y que el ahorro generado se destina preferentemente a la especulación. La situación se expresa en que los grandes ahorradores, es decir, quienes tienen un exceso de recursos, admiten ahora colocar su dinero incluso a una tasa negativa de interés, como pasa en algunos grandes mercados europeos. Esto es, claramente, signo de una fuerte anomalía.

En este ambiente, en el que el horizonte de la inversión y el gasto se acortan, se agranda la presión sobre las políticas monetarias y fiscales y se tensa la cuestión social, se celebró la reunión anual del Fondo Monetario Internacional en Washington.

En medio de muchos tópicos que caracterizan los repetitivos discursos oficiales en el terreno financiero apareció el ex gobernador del Banco de Inglaterra (2003 a 2013) con un mensaje poco convencional.

Dijo Mervyn King que luego de la grave crisis de 2008 no ha habido un cuestionamiento fundamental de las ideas que la acarrearon, y sentenció que "otra crisis económica y financiera sería devastadora para la legitimidad del sistema democrático de mercado". Esto, por cierto, parece estar ya ocurriendo anticipadamente en las calles de Chile.

La puya de King se hincó en el pecho de la ortodoxia que sigue rigiendo el pensamiento económico y las políticas públicas, sobre todo en materia monetaria y fiscal. Apuntó que reafirmándose esa ortodoxia y pretendiendo que las reformas y regulaciones aplicadas después de 2009 han hecho realmente más seguro el sistema bancario global, lo que se hace, en efecto, es caminar como sonámbulos hacia la próxima crisis.

King, quien gestionó la crisis de hace una década desde el Banco de Inglaterra, ha destacado entre los profesionales de los bancos centrales. Publicó en 2013 un libro titulado El fin de la alquimia, que en el nombre lleva ya claramente el mensaje. El dinero se ha ido reforzando en las últimas tres décadas como materia de alquimistas.

Las principales operaciones financieras se siguen realizando con instrumentos denominados derivados, precisamente porque constituyen un complejo entramado de deudas montadas sobre una deuda original, como fue el caso de las hipotecas chatarra, que en gran medida provocaron la crisis. Ese tipo de transacciones "desnudas" son eminentemente especulativas y refuerzan de manera creciente el carácter rentista de buena parte del sistema económico.

Las rentas son ingresos de naturaleza muy distinta de las utilidades generadas por inversiones productivas. Las primeras no generan riqueza para la sociedad y agravan el problema de la desigualdad del ingreso y el acceso a los recursos. Estos factores son el sustrato del estancamiento de carácter secular, según el análisis que valida el propio King.

La postura del ex gobernador destaca de la que proponen, en un reciente libro sobre las lecciones de la crisis, los tres funcionarios que la gestionaron en Estados Unidos. Bernanke, en la Fed; Paulson, en el Tesoro, y Geithner, en el influyente Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Se asumen como bomberos que apagaron un gran incendio financiero.

Entre las metáforas de la alquimia y del infierno hay muchas diferencias. El caso es que se socavó el impulso productivo, se agravó sensiblemente la precariedad social en todas partes y no se hizo sino alejar la crisis en el tiempo.

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El FMI alerta de que la economía global crecerá este año a su ritmo más lento desde la Gran Recesión

El Fondo pronostica para 2019 una subida del PIB mundial de solo el 3% por el bajón del comercio y la industria

 

Hace casi dos años ya que Donald Trump dijo ante la élite financiera y empresarial del mundo que iba a colocar a América primero. “EE UU nunca volverá a hacer la vista gorda ante las prácticas económicas injustas”, aseguró en el Foro de Davos en enero de 2018. Han sido dos años regados de retórica nacionalista y de medidas y contramedidas proteccionistas. Desde entonces, la economía del mundo se ha ido frenando de forma paulatina. El FMI anunció el martes que la ralentización continuará este año con un crecimiento global del 3%, el más bajo desde la crisis de la década pasada, conocida como la Gran Recesión.

No ha tenido buena suerte Kristalina Georgieva en su puesta de largo al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI). La búlgara que antes ocupó altos cargos en la Comisión Europea y el Banco Mundial se estrena como directora gerente del Fondo con un jarro de agua fría sobre la economía mundial. La actividad crecerá poco este año. El próximo lo hará algo más, un 3,4%. Pero —tal y como repitió la economista jefa del Fondo, Gita Gopinath, en una comparecencia en Washington— esta recuperación futura es “precaria” y sometida a muchas amenazas.

“El crecimiento apagado es consecuencia de las crecientes barreras al comercio, de la elevada incertidumbre que rodea al comercio y a la geopolítica; de tensiones en economías emergentes y de factores estructurales como el bajo crecimiento de la productividad y el rápido envejecimiento en países desarrollados”, asegura el informe presentado el martes.

Esta enumeración sonará conocida a los que sigan los informes de organismos multilaterales y gabinetes de estudios. Hace meses que se repiten de forma casi idéntica. Pese a que parezca repetido, es cada vez más preocupante, porque la mera continuación de estos riesgos los convierte en más y más reales. Y golpean a todo el mundo. Así, los pronósticos que emite ahora el FMI son más pesimistas que los del pasado julio en prácticamente todos los países y áreas analizadas.

Gopinath dio algunas cifras que dan que pensar. La economista mostró su alegría por el acuerdo comercial preliminar entre China y EE UU. Pero dejó claro que los riesgos siguen vigentes; y que en la lista de prioridades mundiales destaca la pronta retirada de las barreras comerciales impuestas últimamente. “Esto podría impulsar la confianza, revitalizar la inversión e impulsar el crecimiento”, añadió. En sus previsiones, el FMI no incluye la posibilidad de un Brexit sin acuerdo. Si este se produjera, el Reino Unido perdería entre el 3% y el 5% de su PIB, dijo Gopinath. La situación sería peor sin la actuación de los bancos centrales. Gracias a su política monetaria expansiva, el crecimiento es cinco décimas mayor.

Preocupa Europa

Preocupan especialmente por su anémico crecimiento la eurozona (con países como Alemania e Italia creciendo muy poco o estancados) y Japón (cuyo aumento del PIB se quedará este año y el próximo por debajo del 1%). A España le rebaja también la previsión (2,2% este año y 1,8% el siguiente), pero sigue muy por encima de la media europea.

El EE UU trumpiano tampoco se salva de la quema. El FMI rebaja dos décimas su previsión de crecimiento para 2019 respecto a lo que decía tan solo tres meses atrás, dejándolo en el 2,4% este año y 2,1% el próximo, unas tasas aún respetables pero también a la baja. “Con las incertidumbres que rodean a muchos países y el enfriamiento previsto en China y EE UU y los importantes riesgos a la baja, es muy posible que se materialice un ritmo de crecimiento global aún más apagado”, añade el documento.

Lo peor de las previsiones que acaba de publicar el FMI no son las cifras en sí, que son malas pero no catastróficas. Sino la idea de que si no se hace nada para evitarlo, podrán ir a peor. “Para prevenir un resultado así, habría que enfocar las políticas decididamente a evitar tensiones comerciales y a reforzar la cooperación multilateral”, añade el documento.

Estas previsiones podrían empeorar aún más si la escalada proteccionista de EE UU con China y Europa continúa, o si el Brexit acababa resolviéndose sin acuerdo. Por eso, los analistas del FMI ven con buenos ojos los avances en ambos aspectos del pasado fin de semana. Pero nadie aquí quiere echar las campanas al vuelo, conscientes de que lo que un día son avances al día siguiente pueden convertirse en retrocesos.

Una de las preocupaciones del FMI es el retroceso del sector industrial. Este bajón se explica por tres factores que se refuerzan los unos a los otros: una importante caída en la producción y venta de vehículos, una baja confianza empresarial por culpa de las tensiones comerciales y tecnológicas entre EE UU y China; y un retroceso en la demanda china debida a los esfuerzos de las autoridades por reducir la deuda e impulsada por la escalada arancelaria.

Cuando habló en Davos en 2018, Trump justificaba que su política de poner a su país primero era algo que el resto de líderes del mundo deberían copiar. “América primero no significa América solo. Cuando la economía de América crece, crece todo el mundo”, decía entonces. La perspectiva que da el tiempo demuestra que esto no es así. Porque las trabas comerciales son la primera causa del enfriamiento de la economía global. Y, después de mucho anunciarla, esta es ya una realidad.

ENVIADO ESPECIAL, Washington 15 OCT 2019 - 11:03 COT

Publicado enEconomía
Los Estados y las empresas no pueden resolver el cambio climático

Es muy positivo que millones de jóvenes salgan a las calles contra el cambio climático, en todo el mundo. Para muchas es la primera experiencia de lucha y movilización, y es destacable que lo hagan sin que medien aparatos políticos que convoquen y/o manipulen. Este es el aspecto fundamental que debemos valorar, especialmente cuando la acción directa no abunda en ninguna parte del mundo.

No comparto las críticas de quienes reclaman mayor politización, achacan ingenuidad de las y los jóvenes que se manifiestan, o quienes los acusan de no ser declaradamente anticapitalistas y no ser hijos de la pobreza. A menudo son críticas hechas desde una generación, la mía, que sigue creyéndose en posesión de la verdad, pese a los evidentes fracasos que hemos cosechado en el último medio siglo.

Creo que estas grietas (y desencuentros profundos) entre dos períodos de las luchas sociales, merecen alguna explicación.

En primer lugar, es evidente que existe una brecha generacional que ha impedido transmitir saberes y valores entre generaciones. Brecha que incluye las culturas políticas y los modos de vida, y ha llevado a que existan pocas posibilidades de convivencia entre generaciones. No tengo duda que el sistema (capitalismo neoliberal) es en gran medida responsable.

Sin embargo, en los movimientos hay pocas chances de diálogo entre las diversas experiencias históricas, ni siquiera puntos físicos de encuentro y, por lo tanto, casi nula capacidad de trasmisión generacional y de aprendizaje de los errores cometidos. Mi generación, la de los años 1960-1970, es en gran medida la responsable, ya que es reacia a la autocrítica y mira por encima del hombro a las generaciones más jóvenes.

En segundo lugar, parece poco probable que las grandes movilizaciones consigan sensibilizar al 1%, para que tomen medidas que modifiquen las pautas civilizatorias, que son las responsables en última instancia del cambio climático. En este punto, los jóvenes no hacen más que poner en práctica la cultura política hegemónica, consistente en presionar para conseguir algo a cambio.

Alguien debe explicar, aunque resulte antipático, que no existe la menor posibilidad de reducir las causas del cambio climático si la humanidad no abandona la cultura del consumo, a la que se están sumando frenéticamente las nuevas clases medias y sectores populares de los dos países más poblados del mundo: India y China. En cierto sentido, todos somos responsables por el cambio climático, aunque en con niveles de responsabilidad diferentes.

En tercer lugar, alguien debería también explicar, en particular a las generaciones más jóvenes, que el caos climático al que estamos ingresando es una tendencia profunda provocada por el comportamiento de la humanidad, incluyendo a quienes nos manifestamos en contra del cambio climático. Los gobiernos no pueden ni quieren detenerlo y, en el mejor de los casos, se limitan a declaraciones cínicas y mentirosas.

Las clases dominantes de Occidente se están preparando hace mucho tiempo para enfrentar situaciones caóticas, en base a sus recursos materiales que, creen, les permitirán sobrevivir al “hundimiento del Titanic”. El problema es que los sectores populares y los movimientos anti-sistémicos estamos muy lejos de asumir que un colapso de la humanidad es inevitable.

Por lo tanto, decir que “nos queda poco tiempo” para detenerlo, desvía la atención de las tendencias que nos llevan a la catástrofe, creando ilusiones de que podemos detenerlas si presionamos suficientemente a los de arriba. Sólo derrotando al 1% tendremos alguna chance de detener la catástrofe, pero con eso tampoco alcanza aunque sería un paso importante.

Si asumiéramos esta realidad, estaríamos construyendo las arcas comunes capaces de afrontar las tormentas que se avecinan. Es a esta construcción a la que debemos dedicar los mayores esfuerzos, las energías colectivas vitales para afrontar el futuro.

Aquí aparece un cuarto y decisivo factor. Es posible que podamos tomar decisiones capaces de salvar a una parte de la humanidad. Pero es seguro que no lo conseguiremos si no nos comprometemos a fondo con la realidad que nos rodea, en base a dos herramientas que nunca debimos desaprender: la crítica y la autocrítica.

14 octubre 2019 

Publicado enMedio Ambiente
Convocados por el movimiento Extinction Rebellion, cientos de activistas se manifestaron ayer en más de 60 ciudades del mundo para exigir a los gobiernos emprender acciones con el fin de frenar el cambio climático. En la imagen, la protesta en Berlín.Foto Afp

Londres. Cientos de activistas fueron detenidos ayer en ciudades de todo el mundo al comienzo de una campaña de resistencia pasiva convocada por el movimiento Extinction Rebellion, en protesta por la falta de respuesta de los gobiernos ante el cambio climático, y que se extendió a más de 60 ciudades, entre ellas Londres, Madrid, Amsterdam, Berlín, Nueva York, Buenos Aires, Sidney y Nueva Delhi.

Respaldados por la adolescente sueca Greta Thunberg, los jóvenes exigen que se declare la "emergencia climática" y los gobiernos fijen para 2025 neutralidad en las emisiones de gases con efecto invernadero. Su principal forma de protesta consiste en bloquear vialidades y edificios, encadenándose o pegándose al pavimento.

Miles de manifestantes bloquearon las carreteras alrededor de Westminster, en Londres, y levantaron campamentos con carpas y pancartas para marcar el comienzo de dos semanas de protestas y exigir medidas gubernamentales urgentes sobre la crisis climática y ambiental. Al menos 276 personas fueron arrestadas.

París se sumó a la protesta global con el bloqueo a un puente y una plataforma sobre el río Sena, mientras en Madrid 200 jóvenes disfrazados y maquillados que representaban catástrofes naturales, como inundaciones o incendios, se congregaron frente al Ministerio para la Transición Ecológica.

La policía de Alemania informó que unas 4 mil personas se congregaron en la Columna de la Victoria de Berlín, y en el parque entre el Parlamento y la cancillería federal se instaló un campamento. En Amsterdam, más de un centenar de activistas fueron arrestados por bloquear la calle adyacente al Museo Nacional de la capital holandesa.

En Nueva York, unos 200 activistas se congregaron en Battery Park y realizaron una "marcha fúnebre" hacia Wall Street, posteriormente arrojaron pintura roja sobre la icónica estatua del Toro; alrededor de 30 fueron arrestados.

También hubo detenidos en Wellington, Nueva Zelanda.

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