El presidente no ratificó el pedido de renuncia al cuestionado ministro de Trabajo

El silencio presidencial mantiene en su puesto a Iber Maraví y es una implícita desautorización al jefe del gabinete, Guido Bellido. Una razón de Castillo sería no ceder a los reclamos de la derecha; otra, su cercanía con Maraví. 

Se prolonga la novela, y la crisis, en torno al ministro de Trabajo, que se ha negado a renunciar luego que se lo pidió el jefe de gabinete. Una historia de marchas y contramarchas, que se inició con los ataques de la derecha parlamentaria y mediática contra el ministro, al que acusa de haber integrado en los años ochenta el grupo armado maoísta Sendero Luminoso, y que ha puesto sobre la mesa las tensiones y divisiones internas en el gobierno y sus problemas al momento de tomar decisiones.

El presidente Pedro Castillo no ha ratificado el pedido de renuncia del jefe de gabinete a su ministro, pero tampoco ha salido a respaldar al titular de Trabajo. En los hechos, el silencio presidencial mantiene en su puesto al ministro Iber Maraví y es una implícita desautorización al jefe del gabinete, Guido Bellido. Una razón del presidente para mantener al titular de Trabajo sería no dar la imagen de ceder ante las presiones de la derecha que exige su salida. Otra razón tendría que ver con disputas internas en el gobierno y con el hecho que Maraví, profesor y sindicalista como Castillo, es muy cercano al presidente.

Cuestionamientos de la derecha

La novela hasta ahora sin fin comenzó el pasado lunes cuando Bellido anunció públicamente que le había pedido la renuncia a Maraví y que éste dejaría el cargo. Fue su respuesta a los cuestionamientos de la derecha contra el ministro, a quien sindican como “terrorista” en base a un informe policial de hace cuarenta años en el que se dice que en ese entonces era miembro de Sendero. Maraví, que nunca fue sentenciado por esos cargos, rechaza la acusación. Bellido, que también es cuestionado por la derecha y los medios, le pidió la renuncia a Maraví tres días después que el Congreso opositor le diera el voto de confianza, indispensable para mantenerse en el cargo. Entregando la cabeza del ministro de Trabajo, el jefe del gabinete esperaba satisfacer al sector de la derecha que le dio el voto de confianza y que pide la salida del ministro, y bajar el tono de los ataques en su contra de la derecha que votó por negarle la confianza y de los medios. 

La derecha no solo quiere sacar a Maraví, su estrategia es tumbarse a los ministros “uno por uno”, como han anunciado sus voceros más radicales, parte de un plan desestabilizador que apunta al final de la fila contra el presidente. Solo tres semanas después de haber asumido la presidencia, por presiones de la derecha Castillo sacó a su canciller, el exguerrillero y sociólogo Héctor Béjar, una reconocida figura de la izquierda. Béjar no forma parte de Perú Libre, pero su salida como una concesión a la derecha molestó al partido oficialista. Luego de ese episodio, visto como una muestra de debilidad del gobierno, en el Ejecutivo no quieren que en el caso del ministro de Trabajo se repita esa imagen de ceder rápido a las presiones de la derecha política y mediática.

Pugnas al interior del gobierno

Pero detrás de esta historia no solo están las presiones de la derecha, sino también las pugnas al interior del gobierno, en el que conviven en tensión el sector más cercano a Castillo, formado principalmente por dirigentes del sindicato de profesores como él; el sector del partido oficialista, Perú Libre, encabezado por su controvertido secretario general, Vladimir Cerrón, un ex gobernador sentenciado a prisión suspendida por malos manejos económicos e investigado por otros cargos de corrupción; y por los aliados del gobierno que vienen de otras agrupaciones de izquierda. Cerrón presiona por ganar espacios de poder. Esta crisis ministerial se da en el contexto de esa pulseada entre Castillo y Cerrón. Mientras el ministro de Trabajo forma parte del círculo de profesores cercano al presidente, el jefe de gabinete, que le pidió su renuncia, es parte de la dirigencia de Perú Libre que responde a Cerrón.

El secretario general del partido de gobierno celebró públicamente el anuncio de la salida de Maraví, lo que dijo consolidaba el poder de Bellido, su ficha más importante en el gobierno. Pero Castillo, sin hablar públicamente, impuso su poder para mantener a su ministro. El intento de Bellido de sacar a Maraví se dio días después que, según versiones periodísticas que citan fuentes del gobierno, Castillo pensó en sacarlo de la jefatura del gabinete, pero desistió luego de una tensa conversación con Cerrón. Con la movida de pedir públicamente la renuncia de Maraví, que puso en marcha sin la luz verde del presidente, Bellido, además de contentar a la derecha que lo cuestiona, buscaba fortalecer su posición al interior del gobierno y debilitar al círculo de profesores cercano al presidente. Fue un intento de consolidarse en el cargo, tanto frente a la oposición como al interior del Ejecutivo. Pero la apuesta le salió mal. La renuncia que anunció no se concretó y se quedó sin piso. Quiso fortalecerse y terminó debilitado.

“Esta crisis ministerial, que ha sido una comedia de errores, es una manifestación de que hay dos cabezas en el gobierno, las de Castillo y Cerrón. Al mantener al ministro de Trabajo, Castillo busca detener el avance de Cerrón en esa guerra de posiciones que hay entre ambos. No creo que esta situación se pueda mantener por mucho tiempo. Para Castillo el escenario es muy complicado, todas las salidas implican pérdida y la derecha dura está viendo cualquier oportunidad para provocar su destitución. Si rompe con Cerrón y Perú Libre, perdería el apoyo de la bancada oficialista en el Congreso. Pero creo que no le va a quedar otra opción que romper, es imposible gobernar manteniendo esa dualidad, con Cerrón diciéndole lo que debe hacer. Al romper con Cerrón, su única salida sería moverse al centro para buscar nuevos aliados. A Castillo lo favorece que la derecha está dividida y tiene sus propios problemas internos”, le señaló a PáginaI12 el historiador y analista político Nelson Manrique, comentando el escenario que se abre en el gobierno con esta crisis.

Manrique considera que el silencio de Castillo en esta crisis y otros momentos importantes “le está dando armas a la derecha, contribuye a desestabilizar su gobierno, está enajenando el apoyo de quienes votaron por él, que sienten que no hay un gobierno que tome resoluciones, lo que es imperdonable en un momento que tenemos la pandemia, crisis económica, desempleo”. “Castillo evita a la prensa, no da declaraciones, porque no tiene un rumbo claro, no tiene algo claro que decir”, señala.

Aunque Castillo detuvo su anunciada salida, a Maraví no parece quedarle mucho tiempo en el gobierno. El Congreso se prepara para interpelarlo por las acusaciones de su supuesta pasada militancia en Sendero, con la intención de censurarlo, lo que lo obligaría a dejar el cargo. Todo indica que la oposición tiene los votos para lograr la censura.

En este escenario de crisis ministerial, ataques opositores contra los ministros y tensiones internas en el gobierno, no se descarta que junto a la probable salida del ministro de Trabajo, que si no cae antes sería obligado a renunciar por el Congreso, se sumen otros cambios en el gabinete. Cambios que podrían implicar una recomposición de las fuerzas al interior del oficialismo. 

Por Carlos Noriega

05/09/2021

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 Una marine de Estados Unidos revisa a una mujer afgana en el centro de control de evacuación del aeropuerto internacional Hamid Karzai en Kabul, Afganistán.Foto Ap

En Afganistán, antes y después de la toma de Kabul, se muere más por los atentados que por la pandemia del Covid-19 –en forma insólita, es de los países menos golpeados, con sólo 7 mil 101 muertes (¡mega sic!) y 153 mil casos, en un país de 38 millones de habitantes, cuya mitad de la población es menor de 14 años: quizá ése haya sido uno de sus factores protectores (https://bit.ly/3zr4MMB).

El abominable atentado a la entrada del aeropuerto de Kabul, controlado por el ejército de Estados Unidos, cobró 175 decesos afganos y 13 muertos estadunidenses que han puesto contra la pared a Biden, y que fue adjudicado por ISIS-Khorasan, grupúsculo que proviene de una genealogía yihadista de hace 40 años y de la metamorfosis caleidoscópica de los muyahidines y su engendro de Al-Qaeda.

El brasileño Pepe Escobar (PE) diseca estupendamente la anatomía de ISIS-Khorasan, que "tiene como objetivo demostrar a los afganos y al mundo foráneo que los talibanes no pueden garantizar la seguridad a la capital" (https://bit.ly/3yofMcb).

Más allá del caleidoscopio transgeneracional del "Islam político" y sus pletóricos titiriteros geopolíticos, el líder del Hezbolá chiíta libanés Hassan Nasrala, de estrechos vínculos con la teocracia persa, dos días antes de la conmemoración del Ashura –que rememora el martirologio del Imam Hussein, nieto del profeta Mahoma– comentó que "Afganistán es la peor debacle en la historia de Estados Unidos" cuando "Biden anhela una guerra civil" (https://bit.ly/3BiWJ4Y). Nasrala fulmina que Estados Unidos entregó Afganistán en una "charola de plata" a los talibanes.

Según PE, Amaq Media –agencia oficial de ISIS (https://bit.ly/2WsjioG)– fustigó a los talibanes de estar "asociados" (sic) con el ejército de Estados Unidos para la evacuación de sus "espías".

Según un reporte de Naciones Unidas, apuntado por PE, ISIS-K tendría un máximo de 2 mil 200 combatientes "yihadistas" atomizados en pequeñas células y cuya mayoría absoluta no está constituida por afganos, sino que provienen del "yihadismo global" –a mi juicio, manejado tras bambalinas por fuerzas oscuras del globalismo neoliberal imperialista– y a lo que hace alusión en su portada The Economist (https://econ.st/3zmgiJ0), lo cual presagia mayor terrorismo multiforme, policéntrico, desestabilizador y sembrador de caos en Asia Central y, en especial, en los 91 km de frontera de Afganistán con China y en sus 921 km con Irán, no se diga en sus tres fronteras norteñas con Tayikistán (mil 357 km), Uzbekistán (144 km) y Turkmenistán (804 km).

Por cierto, The Economist desplegó a su ejército de plañideras profesionales: desde Kissinger, pasando por Fukuyama, hasta Niall Ferguson para lamentarse del desastre anglosajón en Afganistán.

PE informa que "Moscú y Teherán han imputado sin tapujos al eje Estados Unidos-Gran Bretaña de ser los principales facilitadores (¡mega sic!) del traslado de los yihadistas globalistas desde Idlib (Nota: norte de Siria, frontera con Turquía) hasta la región oriental de Afganistán".

El analista francés Thierry Meyssan, de Réseau Voltaire (https://bit.ly/3mIrCeT), juzga que "el caos continuará durante bastante tiempo en Afganistán", donde "Estados Unidos se comportará como chantajista" (sic).

Alastair Crooke, anterior diplomático británico y asesor del español Javier Solana en la cancillería de la Unión Europea, comenta que el "Apocalipsis (sic) estratégico" en Afganistán constituye un "giro sísmico (sic) que tomará años en desarrollarse", cuando "China se encuentra más que determinada a configurar la región", y que "fue conseguido sin ninguna batalla y en unos cuantos días", lo cual es "casi sin precedente" (https://bit.ly/3ypoXsZ).

El temerario atentado terrorista de ISIS-K ocurrió un día después de la llamada telefónica del zar Vlady Putin y el mandarín Xi Jinping con el fin de movilizar las capacidades del "grupo de Shanghái" (SCO, por sus siglas en inglés) que celebrará su cumbre el 16 y 17 de septiembre en Dushanbe (Turkmenistán) y a la que fue integrada Irán cuatro días antes de la caída de Kabul (https://bit.ly/3jnzS1R).

Se va la OTAN de Afganistán y el Grupo de Shanghái ocupa(rá) su lugar.

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El gabinete de Pedro Castillo se juega su futuro en el Congreso. Imagen: AFP

Pulseada a un mes de la investidura como presidente del maestro rural de izquierda 

Maratónico debate parlamentario. Se llega al voto de confianza al gabinete en medio de una fuerte campaña de la derecha y la prensa hegemónica exigiendo cambios de ministros. 

El primer gabinete ministerial del presidente de izquierda Pedro Castillo, que asumió hace un mes, se juega su futuro en el Congreso. En la noche de este jueves, después de un maratónico debate para otorgarle o negarle el voto de confianza al gabinete, se suspendió la sesión en el Parlamento para continuar este viernes. Si el Congreso unicameral de 130 miembros le niega la confianza, Castillo sufriría una dura derrota y tendría que nombrar otro gabinete. El oficialismo tiene solo 42 votos, necesita el apoyo de al menos un sector de la oposición de derecha. Los discursos de los representantes del fujimorismo y de otros dos partidos de extrema derecha, que suman 43 votos, estuvieron en línea con su conducta desestabilizadora y anunciaban un voto en contra del gabinete. Cuatro bancadas que van del centro a la derecha tendrán los votos que inclinen la balanza a uno u otro lado. En sus discursos, muchos legisladores de estos grupos criticaron al gabinete, pero no fueron claros sobre cuál será su voto, otros anunciaron que le darían la confianza y otros que la negarían. Si se le niega el voto de confianza al gabinete, sería la primera vez que eso ocurre en el inicio de un gobierno.    

Se llegó al voto de confianza al gabinete en medio de una fuerte campaña de la de derecha y la prensa hegemónica exigiendo cambios de ministros, presionando por la salida del presidente del Consejo de Ministros, el congresista oficialista Guido Bellido, considerado como parte del ala más izquierdista del gobierno. Hace unos días, cediendo a las presiones de la derecha, el gobierno cambió al canciller, el exguerrillero y sociólogo Héctor Béjar, pero la oposición exige más cambios de ministros. Desde la derecha que perdió las elecciones se pretende imponerle los ministros al gobierno. Hay una extrema derecha, con el fujimorismo a la cabeza, que va más allá y conspira para destituir al presidente.

Un comienzo en quechua

Mientras se desarrollaba la sesión parlamentaria, en los alrededores del Congreso hubo movilizaciones a favor y en contra del gobierno. Antes de ir al Congreso, los ministros se reunieron en Palacio de Gobierno con el presidente Castillo. De origen andino, Bellido comenzó hablando ante la representación parlamentaria en quechua. Desde las curules de la oposición se escucharon gritos de protesta. Con ese gesto, Bellido comenzó hablándole en su lengua originaria a las bases electorales andinas del presidente Castillo, y puso en evidencia la desconexión de la clase política, que protestaba porque el jefe del gabinete hablaba en quechua, con esas poblaciones originarias. Después de varios minutos de desconcierto entre la mayoría de los congresistas, la presidenta del Legislativo, María del Carmen Alva, del partido de centro derecha Acción Popular, le pidió a Bellido que hable en español porque los legisladores no lo entendían. El jefe del gabinete lo hizo y habló de la marginación de los millones de peruanos de los Andes que hablan quechua y de todos los pueblos indígenas.

Bellido expuso durante casi tres horas. Anunció una serie de proyectos y metas por cada sector. Conciliador, dijo que el gobierno quería tender puentes con el Congreso controlado por la oposición y pidió el voto de confianza como “un voto por la reconciliación”. “Hoy no solo he venido al hemiciclo para solicitar el voto de confianza, sino que me encuentro ante ustedes para invitarlos a que depongamos nuestras diferencias y juntos contribuyamos a solucionar una de las más graves crisis políticas, sociales, ambientales y sanitarias de las últimas décadas”, señaló, ante una representación parlamentaria mayoritariamente opositora y en buena parte hostil al gobierno. Su mensaje estuvo enfocado en la necesidad de cambios y de políticas públicas a favor de los sectores más excluidos.

Educación y salud en el centro

Como ya lo ha hecho Castillo, el jefe del gabinete puso énfasis en ofrecer priorizar temas como educación y salud, y anunció el aumento del presupuesto para esos dos sectores, desfinanciados y abandonados durante distintos gobiernos. Recordó que 30 por ciento de peruanos, es decir más de nueve millones de personas, sobreviven en la pobreza, y un 74 por ciento de la población económicamente activa trabaja de manera informal con ingresos bajos y sin derechos laborales. Resaltó la voluntad del gobierno de cerrar las grandes brechas económicas y sociales, que calificó como “una tragedia causada por la clase política por defender sus intereses”. Ofreció recoger las demandas de los sectores laborales y ratificó que se incrementarán los impuestos a las empresas extractivas, que ahora tienen importantes sobreganancias por el aumento de los precios internacionales de los minerales.

Acusado por la derecha de tener simpatías con herederos del grupo armado maoísta Sendero Luminoso, derrotado hace más de dos décadas, Bellido aseguró que el gobierno iniciará “una lucha frontal contra el terrorismo y el narcotráfico”. De Sendero solamente queda una columna armada en una agreste zona montañosa, la que hace años rompió con el derrotado senderismo original y ahora actúa en alianza con el narcotráfico que opera en esa región, pero la derecha sigue usando ese fantasma para meter miedo, promover políticas autoritarias y buscar desacreditar a la izquierda en su conjunto vinculándola con el senderismo. Eso es lo que viene haciendo para intentar debilitar al gobierno de Castillo. Varios legisladores repitieron las acusaciones de la campaña contra Bellido y otros ministros de tener supuesta cercanía con esos rezagos senderistas.

Silencio sobre la Asamblea Constituyente

Bellido no mencionó el tema de la convocatoria a una Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución neoliberal que viene de la dictadura fujimorista, principal bandera de campaña del presidente Castillo. Fue la gran ausencia de su mensaje, lo que ha sido interpretado como un intento de bajar las tensiones con una mayoría opositora que se opone al cambio de la Constitución

En el sistema político peruano, en crisis desde hace años, el Congreso tiene el derecho de censurar ministros y todo gabinete ministerial al ser nombrado está obligado a pedirle al Legislativo el voto de confianza para ser ratificado. Como contrapeso, el presidente queda habilitado para disolver el Congreso y llamar a nuevas elecciones legislativas si se niega la confianza a dos gabinetes, posibilidad que motivaría a varios críticos del gobierno a darle el voto de confianza al gabinete para no quedar tan pronto al borde de su disolución. En ese complicado balance de poderes, el Legislativo puede destituir al jefe de Estado, incluso apelando a una ambigua causal de “incapacidad moral” que se puede aplicar en proceso sumario con dos tercios de los votos. Las bancadas de extrema derecha buscan la destitución del presidente Castillo por esa vía y conspiran para sumar apoyo y conseguir los votos que necesitan. El rechazo del voto de confianza al gabinete reforzaría a esos sectores golpistas. 

26/08/2021

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Presionado, Castillo hará cambios en su gabinete, trasciende en Perú

Lima. El presidente peruano, Pedro Castillo, alista un cambio parcial en su gabinete, a menos de un mes de asumir el cargo, informó ayer una fuente a la agencia de noticias Reuters, en medio de presiones políticas y críticas contra funcionarios cercanos al ala más radical del partido oficialista.

La información sobre la remoción del gabinete se conoció en momentos en que el premier Guido Bellido, del partido Perú Libre, debe presentarse mañana ante el Congreso, dominado por la oposición, en busca de la aprobación a su grupo de ministros.

La fuente, que habló bajo condición de anonimato, sostuvo la noche del lunes que el presidente Castillo pidió la renuncia al premier, pero refirió que ayer Bellido y Castillo llegaron a un acuerdo.

Bellido indicó a Reuters, en un mensaje de WhatsApp el lunes, que no renunciaría al cargo.

Castillo, quien comenzó su gestión con una aprobación de apenas 38 por ciento, según la encuestadora IEP, ya cesó a un miembro del gabinete ante la presión, el canciller Héctor Béjar, remplazándolo por Óscar Maúrta, diplomático de carrera más moderado.

La decisión de Castillo de despedir a Béjar fue cuestionada por el líder y fundador del partido Perú Libre, Vladimir Cerrón, declarado admirador de los gobiernos de Cuba, Venezuela y Bolivia, en una señal de las diferencias entre el gobierno y el grupo político oficialista.

Keiko Fujimori, quien perdió la presidencia contra Castillo en unas ajustadas elecciones, tuiteó que el Congreso no debería confirmar al gabinete. Su partido es la segunda fuerza del Legislativo con 24 de 130 escaños.

Fujimori citó acusaciones contra el ministro de Trabajo, Iber Maravi, de que participó en actos violentos como parte del grupo rebelde Sendero Luminoso, aunque éste niega las acusaciones.

Sendero Luminoso mató a decenas de miles de peruanos en las décadas de 1980 y 1990.

Bellido también ha sido acusado de tener simpatía con Sendero Luminoso. En una publicación de Facebook de hace algunos años, éste aparece defendiendo a una ex rebelde.

En respuesta, la fiscalía abrió una investigación contra el premier por presunta "apología del terrorismo", aunque no se han presentado cargos. Bellido niega la acusación.

Un probable rechazo al gabinete en el Congreso ahondaría la agitación política en el país, que el año pasado tuvo tres presidentes en una semana, en medio de protestas y choques entre el gobierno y un Congreso opositor.

En tanto, la fiscalía renunció a un pedido para encarcelar de forma preventiva a Keiko Fujimori por comunicarse con testigos durante un juicio que se le sigue por presunto lavado de dinero ligado a la constructora brasileña Odebrecht. El proceso judicial sigue vigente.

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Lunes, 23 Agosto 2021 06:02

Afganistán: el gran juego continúa

Afganistán: el gran juego continúa

Las mentiras mediáticas de la propaganda occidental sobre la caída de Kabul y la "retirada" de Estados Unidos de Afganistán, lejos de reflejar el desmoronamiento definitivo del imperio del caos podría significar un reposicionamiento −con nuevos elementos de privatización militar vía sofisticadas tecnologías, drones, bombarderos de largo alcance, mercenarios y redes de espionaje− que obedece a una reconfiguración geopolítica, donde la misión principal del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ya no será la "guerra contra el terrorismo", sino tratar de aislar a Rusia, potencia energética regional, y acosar a China por todos los medios en la expansión de las nuevas rutas de la seda.

La "guerra contra el terrorismo" de la administración Bush hijo fue una falacia. Se ha documentado ampliamente que el pretexto para librarla fue una fabricación. La invasión a Afganistán, en 2001, no fue una respuesta al 11 de septiembre: ya estaba planificada desde julio anterior. Y Osama Bin Laden y la red Al-Qaeda no eran una amenaza a los anglosajones, sino su instrumento. Tampoco fue una "intervención humanitaria" para restaurar la democracia, como lo acaba de reconfirmar el presidente de EU, Joe Biden.

Ahora, como entonces, los medios hegemónicos occidentales pretenden ignorar el apoyo de la CIA y el Pentágono a las organizaciones terroristas internacionales. Cuando en julio de 1979 triunfó la insurrección sandinista en Nicaragua y en diciembre siguiente la Unión Soviética intervino en la República Democrática de Afganistán invitada por el gobierno socialista de Nur Muhammad Taraki, el presidente de EU, Ronald Reagan, y el director de la CIA, George Bush padre, crearon, armaron, entrenaron, abastecieron y cofinanciaron (junto con Arabia Saudita) a los contras nicaragüenses y a los muyahidines afganos (poco después talibanes) y los llamaron freedom fighters ("luchadores por la libertad"). El propio Bin Laden reconoció al New York Times, que el complejo de Tora Bora, donde se escondían los miembros de Al-Qaeda, había sido creado con ayuda de la CIA y funcionaba como una base para los afganos y los voluntarios que venían de los países árabes y musulmanes para luchar contra los soviéticos y el gobierno de la época, donde eran entrenados por oficiales estadunidenses y paquistaníes.

Otra fuente de financiamiento de las acciones terroristas de la contra nicaragüense y los talibanes afganos era el tráfico de drogas. Durante la ocupación estadunidense, la superficie dedicada al cultivo de amapola (adormidera) en Afganistán se cuadruplicó y el opio se convirtió en la principal actividad económica del país. Y no es secreto que la heroína afgana sirvió para financiar las actividades encubiertas de la CIA.

La invasión militar a Afganistán por EU y sus socios de la OTAN respondió a los intereses de los gigantes petroleros angloestadunidenses (Unocal, Chevron, British Petroleum), aliados con los cinco grandes fabricantes de armas: Lockheed Martin, Raytheon, Northrop Grumman, Boeing y General Dynamics. Afganistán resulta estratégico, no sólo porque bordea el corredor de la "ruta de la seda" que une al Cáucaso con la frontera occidental de China, sino porque se ubica en el centro de cinco potencias nucleares: Rusia, China, Pakistán, India y Kazajistán. El corredor euroasiático cuenta con reservas de petróleo y gas natural similares a las del golfo Pérsico, lo que convierte a Afganistán en un territorio clave para el cruce de las rutas de transporte y oleoductos, y en puente terrestre lógico para los oleoductos que van hacia el sur, desde la antigua república soviética de Turkmenistán hasta el mar Arábigo, a través de Pakistán.

Como dijo en 1997 Graham Fuller, "experto en política" de la CIA, "quien controla ciertos tipos de ductos e inversiones" en la región euroasiática, "tiene cierta fuerza geopolítica" aun cuando no tenga el control físico del petróleo. De allí que la invasión fue para establecer un punto de apoyo esencial a través de una red de bases militares en la intersección estratégica de Asia Central y del Sur, complementado después con la ocupación de Irak. De entonces datan, también, los nexos de las administraciones Clinton y Bush hijo con las organizaciones islámicas fundamentalistas, que continuaron bajo las de Obama, Trump y Biden.

Tras la salida de EU de Kabul, negociada en Doha por la administración Tump y el Talibán en febrero de 2020, el gran juego geopolítico, que incorpora como actores regionales a China y Rusia, se reanuda. Moscú podría ayudar a Afganistán a reconstruir la hidroeléctrica de Naghlu y cooperar en el tendido de gasoductos y la construcción de instalaciones petroleras. A su vez, Pekín quiere extender el corredor económico China-Pakistán, uno de los proyectos insignia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a Afganistán. Y ofrece a los talibanes proyectos de infraestructura, energía y minería, con énfasis en la explotación de litio y de los minerales en "tierras raras", esenciales para las nuevas tecnologías militares, computacionales y espaciales. Según Thierry Meyssan, EU no perdió Afganistán, quiere que esa zona siga siendo inestable. El objetivo de ­Washington es que las empresas de cualquier país, China incluida, tengan que aceptar la protección de EU para poder explotar las riquezas afganas.

El imperio del caos −como llamó hace 20 años Alain Joxe a EU− puede seguir creando conflictos "en la sombra" y utilizar sus fuerzas especiales clandestinas, contratistas privados (mercenarios) que reciben órdenes del Pentágono y de la CIA y grupos terroristas de fundamentalistas islámicos, para destruir toda forma de organización política en esa región. Incluso, podrá supervisar una variedad de bombardeos a Afganistán desde su base Centcom en Qatar y otras bases militares instaladas por Biden en países vecinos.

Como señaló el analista Pepe Escobar, la "pérdida" de Afganistán puede interpretarse como un reposicionamiento de EU. Se ajusta a la nueva reconfiguración geopolítica donde las nuevas misiones de la CIA y el Pentágono serán aislar a Rusia y acosar a China. Para ello necesita un nuevo chivo expiatorio; un nuevo eje del mal. El eje es Talibán-Pakistán-China.

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El expresidente afgano Hamid Karzai en una imagen de archivo. — Omar Sobhani / REUTERS

Una serie de contactos entre dirigentes talibanes y de la oposición en las últimas horas indica que los nuevos amos del país no desean romper el diálogo con quienes han perdido la guerra. De estos contactos no puede esperarse mucho, pero es mejor que tengan lugar, algo que vuelve a señalar un cambio de actitud de los talibanes con respecto al pasado.

 

La rápida e incruenta ocupación talibán de Kabul ha sembrado desconcierto y pesimismo no solamente entre la comunidad internacional sino también dentro de la comunidad política afgana, donde igualmente reina la incertidumbre a la espera de lo que hagan los talibanes.

La oposición antitalibán está integrada básicamente por elementos que han colaborado con los EEUU en las dos últimas décadas, y que ahora se están moviendo con el fin de defender sus intereses, algo que difícilmente conseguirán. La firmeza de los talibanes descansa sobre su fuerza militar y en una fe radical y sin resquicios.

Uno de los personajes más notorios de la oposición es el expresidente Hamid Karzai (2001-2014), que el mismo domingo por la noche proclamó que bajo ninguna circunstancia abandonará Kabul y comunicó la creación de un Consejo de Transición que se encargará de supervisar y facilitar la transferencia pacífica de poder a los talibanes, aunque estos no precisen de consejos.

En los últimos meses, desde que Washington confirmó su inminente retirada, Karzai ha endurecido sus acusaciones contra Estados Unidos, el mismo país que hace 20 años lo encumbró y que durante casi tres lustros lo mantuvo en el poder. Ahora considera que no solo la actual administración de Joe Biden, sino también las anteriores, han estado jugando un doble juego que se ha rubricado con la caída de Kabul.

Mientras estuvo en el poder, Karzai fueacusado de nepotismo y corrupción en numerosas ocasiones, acusaciones de las que se defendió con mucho ahínco y poca credibilidad. En realidad, Afganistán ha sido un paraíso para la corrupción a gran escala, habida cuenta de las astronómicas cantidades de dinero que se han movido.

Al tender la mano a los talibanes, Karzai busca un entendimiento con los nuevos amos. Considera que el diálogo será más provechoso que un enfrentamiento directo, algo que es razonable y que cobra visos de posible, al menos hasta cierto punto, dado el discurso relativamente "moderado" de los talibanes desde que entraron en Kabul, aunque eso no garantiza que se vayan a lograr muchas cosas.

Por mucha moderación que introduzcan en su discurso, los talibanes defienden una aplicación de la ley islámica que necesariamente privará a sus enemigos de derechos fundamentales recogidos en la Carta de las Naciones Unidas. Los opositores deberán contentarse con mendigar medidas que a lo sumo solo suavizarán levemente la naturaleza intransigente del nuevo régimen.

El papel de la comunidad internacional será limitado. Ni EEUU ni Europa se encuentran en una posición que les permita influir de manera significativa en el credo talibán. La comunidad internacional debe mantener alguna forma de presión, pero a sabiendas de que obtendrá pocas contrapartidas. Con todo, es mejor que haya diálogo a que no lo haya.

Otros dos destacados políticos opositores que forman parte del Consejo de Transición de Karzai son Abdullah Abdullah, presidente del Alto Consejo para la Reconciliación Nacional, y Gulbuddin Hekmatyar, líder del Partido Islámico. Este último anunció el inminente desplazamiento de los tres a Doha, la capital de Qatar, para negociar con los talibanes.

"Negociaciones constructivas"

Un portavoz del departamento de Estado confirmó que los americanos están celebrando negociaciones "constructivas" con los talibanes en Kabul y Doha, y es relevante resaltar que en las palabras que Biden ha pronunciado hasta ahora no ha cargado especialmente contra los talibanes. Por su parte, los talibanes están en conversación con distintos jefes tribales y algunos de sus rivales con el fin de garantizar la estabilidady el futuro del nuevo Afganistán.

Las negociaciones solamente pueden traer acuerdos puntuales y no conviene hacerse ilusiones mucho más allá, dado que los talibanes son los dueños de todo el país. Han dado algunas muestras de "moderación" con respecto a los años noventa, pero nadie duda de que van a aplicar su doctrina con determinación, aunque no sea de una manera tan radical como entonces.

Rostro del fracaso

Para los talibanes, los políticos como Karzai representan todo lo malo que trajo la intervención de EEUU en 2001. Con el poder en sus manos, decidirán ellos solos hasta dónde y cuántas concesiones van a hacer, y sus interlocutores apenas disponen de un pequeño margen de maniobra, que será el margen que los talibanes estén dispuestos a darles en cada momento.

Karzai es una de las imágenes más conocidas del fracaso que ha significado imponer la democracia en el país mediante la fuerza, según señala Libération. La democracia, que parece entrar en crisis por todas partes, incluido Occidente, pudo imponerse temporalmente en Afganistán y facilitar la vida de sus ciudadanos, pero veinte años después su fracaso ha sido estrepitoso.

Este miércoles se anunció que el astuto Hamid Karzai presidió una reunión con una delegación talibán liderada por Anas Haqqani, aparentemente con el objetivo de cambiar impresiones sobre la formación de un nuevo gobierno, dado que el anterior presidente Ashraf Ghanihuyó del país el 15 de agosto. Es un gesto importante de los talibanes, impensable en 1996, cuando se hicieron con el poder por primera vez, pero será preciso esperar para ver qué dirección toma.

También es significativo que Qatar haya confirmado que su ministro de Exteriores, Abdul Rahman al Thani, mantuvo en Doha un diálogo con Abdul Ghani Baradar, hombre fuerte de los talibanes, antes de que este marchara a Afganistán hace dos días, sobre el futuro del país.

Igualmente, Aljazeera ha informado de que dirigentes talibanes están celebrando reuniones "informales" con elementos del anterior gobierno. Todos estos movimientos deben considerarse positivos aunque su trascendencia será limitada.

18/08/2021 22:01

Por Eugenio García Gascón

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América Latina después de la “liberación” de Kabul

Cuando el 29 de abril de 1975 las tropas del Frente de Liberación Nacional de Vietnam ingresaron en Saigón y se desmoronaba el régimen pro-estadounidense, el mensaje que esos hechos trasmitieron al mundo es que los pueblos eran capaces de derrotar a la mayor potencia militar de la historia. El enorme sacrificio de un pueblo pobre, con un saldo de más de 1,7 millones de muertos, frente a menos de 60 mil de los Estados Unidos, fue la condición para la liberación de la nación oprimida.

La entrada del Talibán en Kabul, luego de ocupar casi todo Afganistán en semanas, no puede ser considerada la liberación de la nación. Apenas se retiraron las tropas estadounidenses, el avance talibán fue impresionante, lo que demuestra que no sólo no estaba derrotado –algo que Estados Unidos nunca buscó- sino que se venía fortaleciendo desde antes incluso que Washington tomara la decisión de abandonar el país que invadió hace 20 años.

Según Pepe Escobar, uno de los más interesantes analistas geopolíticos que conoce la realidad de forma directa, la derrota del Ejército Nacional Afgano fue consecuencia del “estilo militar americano”, consistente en “tecnología masiva, poder aéreo masivo, casi cero inteligencia terrestre local”.

Sostiene que luego de Vietnam, “es el segundo protagonista del Sur Global que muestra al mundo entero cómo un imperio puede ser derrotado por un ejército guerrillero campesino” (https://bit.ly/37NSn9a). Asegura que no son los mismos talibán de la década de 1990 y que han ganado en flexibilidad y diplomacia. Ahora negocian con Estados Unidos, Rusia y China, y con quien haga falta.

La pregunta central es qué sucederá ahora que uno de los grupos con peor imagen para el imperio retorna al poder. Lo que nos debe llevar a valorar: ¿por qué el Pentágono decidió abandonar Afganistán?

Es evidente que la preocupación por la libertad de los afganos, y en particular por las mujeres y las niñas que no tenían permitido ir a la escuela, está muy lejos de ser el problema central. Aunque los grandes medios occidentales se compadecen de las afganas, sabemos que les importan tan poco como las decenas de miles de mexicanas asesinados, desaparecidas y secuestradas por el narco-Estado.

El segundo entuerto a deshacer es que Estados Unidos no invadió Afganistán para ocuparse de las personas que cometieron los atentados del 11 de Setiembre de 2001, como se dijo en su momento. Si así fuera, hubieran invadido Arabia Saudí, nacionalidad a la que pertenecían los partidarios de Osama Bin Laden.

Alcanza con mirar el mapa para resolver el acertijo. Afganistán tiene fronteras con Irán y China, y una larga y porosa línea que lo separa de Pakistán. Ocupa un lugar central en el mapa de Eurasia, la región decisiva para mantener la dominación del imperio en el planeta, según el ex consejero de seguridad Zbigniew Brzezinski. En «El gran tablero de ajedrez», sostuvo que la región era el centro del poder global y que no debería surgir ninguna potencia capaz de poner en cuestión el dominio de EEUU en el área. Si algo así sucediera, el poder global de la superpotencia sería irremediablemente erosionado (https://bit.ly/2XlUajN).

El analista de Asia Times, David Goldman sostiene que está surgiendo una Pax Sínica en el Medio Oriente y Asia Central sin que los planificadores estadounidenses puedan contrarrestarla (https://bit.ly/2UkGBA0). De hecho, esa hegemonía china se está tejiendo en base a “una alianza emergente entre Pakistán y Turquía”, países que tienen dependencia comercial y financiera de China.

Según este análisis, lo que estaría tejiendo China es una triple alianza entre Turquía, Irán y Pakistán, lo que dejaría aislada a India, que está siendo ahora el principal aliado de EEUU en la región. China juega al Go, ese juego de piezas negras y blancas que consiste en cercar al contrario.

Entonces la jugada de la Casa Blanca es reposicionar sus tropas y bases en Afganistán y, sobre todo, hacer jugar al talibán en contra de China, ya que en la zona fronteriza está la Región Autónoma Uigur de Sinkiang, un enorme espacio de 1,6 millones de kilómetros cuadrados poblada por la etnia uigur, una parte de cuya población mantiene diferencias con Pekín que el Pentágono busca explotar para contener a quien considera su principal amenaza.

Por eso Escobar sostiene que el reposicionamiento de EEUU “se ajusta a la nueva configuración geopolítica, donde la misión principal del Pentágono ya no es la guerra contra el terror´, sino tratar simultáneamente de aislar a Rusia y acosar a China por todos los medios en la expansión de las Nuevas Rutas de la Seda”.

En efecto, uno de los trazados más importantes de la Ruta de Seda (principal proyecto estratégico de China para enlazarse comercialmente con Europa) atraviesa Eurasia, en particular Pakistán, donde se está construyendo una red de carreteras y un puerto estratégico (Gwadar) en la puerta del Golfo Pérsico, e Irán, con la que tiene un acuerdo de largo plazo de gran proyección.

En síntesis, se avecina una situación mucho más compleja y violenta para Eurasia. China decidió blindar sus fronteras, al igual que Rusia al armar a sus ex repúblicas asiáticas, y busca un acuerdo de inversiones con el nuevo gobierno talibán para modernizar la infraestructura de Afganistán. Por su parte, el Pentágono busca atraer a Pakistán y sobre todo utilizar a los varios grupos terroristas (desde Al-Qaeda y el Estado Islámico de Afganistán hasta el uigur Movimiento Islámico del Turkestán Oriental-ETIM) para desestabilizar China y descarrilar la Ruta de la Seda.

América Latina en el ojo de nuevas tormentas

La ex ministra española de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, aseguró semanas atrás, en un foro económico internacional, que “Latinoamérica es territorio de frontera entre China y Estados Unidos” (https://bit.ly/37OGboQ). Nos está diciendo que la disputa por la hegemonía global abarca cada rincón del planeta.

A diferencia de las dos guerras mundiales del siglo pasado, donde se jugaba la dominación británica y el fallido ascenso alemán, ahora está juego nada menos que el “patio trasero” del imperio. Es la región del mundo donde nació el imperialismo, en particular México, Centroamérica y el Caribe, una región que en modo alguno puede estar en disputa.

Al perímetro de “dominio indiscutido” de Estados Unidos deben sumarse Venezuela y Colombia, o sea toda la amplia zona bañada por el Caribe. Si el Pentágono pierde el control de una parte sustancial, la existencia misma de lo que conocimos como EEUU estaría en cuestión. Sin embargo, China ha venido avanzando en buena parte de los países que Washington considera decisivos, y ahí es donde apretará en los próximos años.

En estos momentos de gran tensión internacional, que pueden derivar en guerras abiertas entre potencias atómicas, el imperio no puede permitir que surjan opciones (estatales o desde las sociedades) que pongan en cuestión su dominación.

Por lo tanto, las ofensivas contra Cuba y Venezuela serán cada vez más fuertes. La posibilidad de que escale una guerra en la frontera colombo-venezolana es muy factible, porque sería un modo de desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro y descarrilar el proceso chavista.

En Centroamérica y en México el paramilitarismo se va a intensificar, gobierne quien gobierne, porque es un elemento estructural de la dominación y garantía de estabilidad para la explotación de los bienes comunes. Algo similar puede decirse de Colombia, aunque la revuelta en curso parece haber aplazado algunas decisiones y acelerado otras.

En mayo hay elecciones en Colombia. Estimo que la anomalía de un gobierno como el de Pedro Castillo en Perú, debería “resolverse” antes de esas elecciones. Lo más seguro es que el parlamento lo derribe, como sucedió con varios de sus antecesores. También estimo que es muy difícil que el progresista colombiano Gustavo Petro consiga hacerse con la presidencia, aunque es el favorito de la población, o precisamente por eso.

La otra ofensiva es contra el gobierno de Brasil, en este caso administrado por Jair Bolsonaro. Con pocas semanas de diferencia, el gobierno de Joe Biden envió a Brasilia a William Burns, jefe de la CIA, y al asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan. Uno de los temas centrales a debate es que Brasil no debería aceptar las redes 5-G de Huawei. Biden ofrece a cambio el ingreso en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Por eso Celson Amorim, ex ministro de Defensa y ex canciller, dijo: “Estados Unidos está proponiendo dos cosas que al país no le interesan a cambio de algo muy serio, como tiene que ver con nuestro desarrollo tecnológico. Brasil debe tener libertad para elegir lo que sea más compatible con él. Y (la mejor opción) podría ser la china ” (https://bit.ly/3m86Sx1).

Así están las cosas. Para los movimientos anti-sistémicos, es el momento de mirar con claridad el horizonte, observar detenidamente cómo se despliega una tormenta sistémica sobre los pueblos y hacer como estamos haciendo durante la pandemia: sólo el pueblo salva al pueblo. Ningún gobierno se va a ocupar con nuestros problemas, ninguno ofrecerá alimentos, salud y educación con dignidad. Es el momento de cuidarnos y defendernos entre las y los de abajo.

16 agosto 2021

 

Para leer más:

-Pepe Escobar “Iran-China pact turbocharges the New Silk Roads”, en https://asiatimes.com/2020/07/iran-china-pact-turbocharges-the-new-silk-roads/

-Pepe Escobar “The Islamic Emirate of Afghanistan back with a bang”, en https://asiatimes.com/2021/08/the-islamic-emirate-of-afghanistan-back-with-a-bang/

-David Goldman (Spengler), “A Pax Sinica takes shape in the Middle East”, en https://asiatimes.com/2021/02/a-pax-sinica-takes-shape-in-the-middle-east/

-Raúl Zibechi “Acuerdo China-Irán: el Dragón burla el cerco Indo-Pacífico de EEUU”, en https://mundo.sputniknews.com/20200713/acuerdo-china-iran-el-dragon-burla-el-cerco-indo-pacifico-de-eeuu-1092065782.html

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Guido Bellido, jefe de gabinete, blanco de la campaña de difamación.. Imagen: AFP

Campaña de difamación contra el jefe de gabinete y el canciller

Los acusan de terroristas por supuestos vínculos con Sendero Luminoso, el grupo armado maoísta derrotado hace más de veinte años.

14/08/2021

Desde Lima 

 Ante de cumplir un mes en el cargo, el presidente Pedro Castillo, cuyo triunfo electoral es considerado histórico, enfrenta conspiraciones golpistas para sacarlo del poder. La ofensiva en su contra apunta al sector ubicado más a la izquierda del gobierno. Es el flanco contra el que se dispara para debilitar al recién estrenado régimen progresista del maestro rural que ha llegado a la presidencia recogiendo las demandas de cambio y reivindicación de los sectores excluidos. Se busca dividir al gobierno entre supuestos radicales y moderados, acorralarlo. Con estos ataques, algunos buscarían empujar a Castillo hacia el centro, pero el objetivo de la derecha que encabeza esta ofensiva es destituirlo. 

Las élites no aceptan como presidente a este profesor de origen andino que quiere cambiar el modelo neoliberal y las profundas inequidades. Lo que más teme la derecha es que el gobierno de Castillo tenga éxito, porque eso significaría que se consoliden los cambios que quieren evitar. El Congreso, controlado por la derecha y que con dos tercios de los votos puede destituir al jefe de Estado apelando a la figura de la “incapacidad moral” sin necesidad de probar nada irregular, es un espacio clave en la conspiración desestabilizadora. Los medios funcionan como entusiastas cómplices del obstruccionismo y golpismo parlamentario.

Cerrón y Bellido

La derecha dispara sin tregua contra ministros, congresistas y dirigentes del oficialismo. Los blancos favoritos de esos ataques son el secretario general del partido oficialista Perú Libre, Vladimir Cerrón, y el congresista y jefe del gabinete ministerial, Guido Bellido, considerados, respectivamente, la cabeza y una figura protagónica del llamado “sector radical” del régimen. Apuntan contra ellos, pero el objetivo final es tumbarse a Castillo. A los ataques políticos y mediáticos, se suma una ofensiva judicial en su contra.

Esta semana, la fiscalía le abrió a Bellido y Cerrón una investigación por terrorismo en base al testimonio de una persona que dice haberlos visto hace un tiempo en la montañosa zona del Vraem para supuestamente reunirse con los jefes de la última columna remanente de lo que fue Sendero Luminoso, el grupo armado maoísta derrotado hace más de veinte años. Columna que hace años se alejó del senderismo original y se ha convertido en un grupo armado aliado del narcotráfico que controla esa apartada región cocalera. Dos congresistas del partido de gobierno -uno de ellos el hermano de Cerrón, Waldemar, vocero de la bancada oficialista- también están incluidos en esta investigación. Ese solitario testimonio es todo lo que tiene la fiscalía, que busca otras evidencias, pero la derecha ya los ha condenado como terroristas. Bellido también es investigado en otra fiscalía por apología al terrorismo por no haber calificado en una entrevista, dada hace meses, a Sendero como terrorista y haber elogiado a una senderista muerta en combate hace casi 40 años. Una acusación que es una persecución por una opinión. Acusar de terrorismo a todo aquel que esté en la izquierda es una nefasta práctica común de la derecha peruana.

Hay otra investigación fiscal, que también incluye a Bellido y Cerrón, por el cobro de sobornos en el gobierno regional de Junín, región andina de la que Cerrón fue gobernador, y el supuesto uso de ese dinero para financiar al partido Perú Libre, una hipótesis de la fiscalía en investigación, pero que la oposición y los medios asumen como una sentencia. Cerrón tiene, por otro caso, una condena por corrupción a tres años de prisión suspendida. Ese cuestionado antecedente del dirigente más importante del partido oficialista ofrece a los opositores al gobierno armas para atacar al régimen.

Béjar

La ofensiva contra el sector más de izquierda del gobierno incluye al canciller Héctor Béjar, guerrillero en los años sesenta y hoy un respetado intelectual de 85 años. El fujimorismo ha presentado un pedido en el Congreso para interpelarlo, con la intención de censurarlo y así obligarlo a renunciar. La histeria macartista no soporta que un exguerrillero con una larga militancia de izquierda sea ministro. Lo acusan de terrorista por haber sido guerrillero. Lo satanizan por haber marcado distancia del Grupo de Lima y por la posibilidad que el Perú deje ese cadáver insepulto que ha sido un gran fracaso, algo que fue difundido por versiones no oficiales pero que no ha sido confirmado. Revelando su aversión a la integración regional, también le cuestionan que apoye el reflotamiento de Unasur.

En diálogo con Página/12, la congresista Sigrid Bazán, de Juntos por el Perú, coalición progresista aliada del gobierno, considerada parte del sector moderado, señala que los ataques de la derecha contra el llamado sector radical del régimen “están en la lógica de debilitar y desestabilizar al presidente”. “Se están buscando todos los flancos y ahí han encontrado uno. Con el poder y espacios mediáticos que tiene, la derecha insiste en las diferencias que puede haber, como las hay en todos los partidos, para buscar desarticular y dividir al bloque del gobierno. El ánimo de todos los que estamos desde distintos sectores de la izquierda tratando de construir por la gobernabilidad es que estos ataques no nos afecten, que resolvamos nuestras diferencias de manera interna, sin que se perturben procesos de articulación. Tenemos diferencias, pero yo no hablaría de diferencias entre moderados y radicales, sino de perspectivas distintas sobre puntos en común. Apostaría a que estos ataques nos van a fortalecer y unir más en nuestras coincidencias”, señala la legisladora, una de las jóvenes nuevas figuras de la izquierda.

Fujimoristas

La oposición de derecha, con el fujimorismo al frente, ya ha puesto en marcha en el Congreso su estrategia desestabilizadora. Los ministros recién se están acomodando en sus cargos y ya anuncian citarlos para que expliquen su gestión, que solo tiene días, y exigen renuncias. Se ha formado una comisión parlamentaria para investigar estos primeros días del gobierno de Castillo, algo nunca antes visto, y otra comisión investigadora sobre las elecciones, insistiendo en el falso relato de un fraude electoral que nunca existió y que la derecha inventó para tratar de impedir el triunfo de Castillo. No lo lograron, pero ahora pretenden cuestionar el proceso electoral desde el Congreso para deslegitimar al gobierno de Castillo.

“No me queda ninguna duda que hay sectores que no van a abandonar la intención de sacar a un presidente democráticamente elegido para poner a quién ellos quieran. Sin duda hay una acción en el Congreso para intentar destituir al presidente, pero podemos frenar ese intento, para lo que tenemos una buena fuente de apoyo en la ciudadanía. La presión ciudadana, y algunos medios de comunicación que todavía pueden tener un espacio de más objetividad, son claves para detener los intentos de una destitución del presidente”, señala Sigrid Bazán.  

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Diálogo sobre las relaciones entre EE UU y China

[No es un secreto que hay confusión en la izquierda estadounidense sobre la manera de responder al ascenso de China. Hay una amplia oposición, plenamente justificada, a la continuación por parte del presidente Joe Biden de los esfuerzos de contención emprendidos por su antecesor en el cargo, Donald Trump, que consiste en agitar el espectro de China para justificar los presupuestos astronómicos del Pentágono. Pero la oposición al imperio estadounidense no implica tomar partido por China. El Partido Comunista Chino (PCC) ha asumido el capitalismo y ejerce una represión brutal contra las y los activistas obreros y feministas, las minorías musulmanas e intelectuales críticos, entre otros.

Un grupo de la asociación académica Critical China Scholars y miembros de la redacción de la revista Spectre se han reunido para hablar de la complejidad de la respuesta a la creciente rivalidad entre EE UU y China, con vistas a formular una política anticapitalista y de liberación a ambos lados del Pacífico. La conversación se ha editado mínimamente y dividido en dos partes. Esta segunda parte trata del marxismo y las teorías del imperialismo. En la primera parte se habló de la visión que tiene la izquierda estadounidense de China.]

Eli Friedman

Voy a plantear la cuestión del marxismo. ¿Cómo afecta a la izquierda internacional que China sea un Estado que se dice socialista? Tenemos un Partido Comunista que en los últimos años ha redoblado concretamente sus esfuerzos en la enseñanza de la teoría de Marx. ¿Qué pensamos de esto? He visto la manera en que enseñan marxismo en las aulas chinas. Soy muy escéptico al respecto, pero tal vez otras personas piensan que hay alguna oportunidad de reapropiarse del discurso oficial y centrarlo en el capital y el Estado.

Charlie Post

Cuando enseñan marxismo, ¿qué enseñan? ¿Qué lee la gente y qué cuentan en la escuela pública? Porque en esta clase de regímenes, históricamente, el marxismo ha sido readaptado para que encaje con las necesidades particulares de las clases dominantes del Estado. El Estado cubano redescubrió a Trotsky, pero no al Trotsky que propugna la democracia, sino uno que defiende la planificación centralizada de la economía frente a quienes abogan por el mercado. Así que ¿podéis darnos alguna idea de cómo es ese marxismo que enseñan? Sé lo que fue el maoísmo y la teoría de los años sesenta, pero no estoy seguro de cuál es la versión Xi Jinping del marxismo en estos momentos.

Yige Dong

Puedo ofreceros mi punto de vista como alguien que se crió en China en los años ochenta y noventa. Vaya por delante la buena noticia: todo el mundo mantiene una actitud muy escéptica con respecto al marxismo oficial. Sabemos que es una especie de marxismo de boquilla y nadie se lo toma en serio. Enseñan la versión estalinista del marxismo: hay cinco etapas en el desarrollo de la sociedad. Se trata de demostrar que el PCC es la vanguardia de esta visión evolucionista de las etapas históricas y que China va por delante del resto del mundo, con los países socialistas a la cabeza de esta clasificación.

También canonizan a los revolucionarios chinos. Por ejemplo, la versión china del marxismo se presenta como una síntesis de confucianismo y socialismo, donde tratan a Confucio como a una especie de santo y dicen que hay que tratar a Marx como a un clásico entre otras aportaciones culturalmente chinas. Así que no hay rupturas, no hay contradicciones en los supuestos cinco milenios de historia… todo muy teleológico. El punto de llegada es Xi Jinping: él será quien rejuvenezca la grandeza de la nación china.

David McNally

Cuando estuve en la conferencia sobre teoría marxista en Nanjing allí por 2012, resultó muy revelador conocer el contexto del llamado retorno a Marx, porque hubo ponencias explícitamente favorables a EE UU presentadas por intelectuales chinos. En otras palabras, había intelectuales que hablaban allí y decían básicamente que la implantación del mercado había sido todo un acierto, pero que solo se había realizado a medias. Había que seguir hasta el final los pasos de EE UU, que van por el camino que conduce al desarrollo y la democracia. Por tanto, el PCC opera en distintos niveles, poniéndose nervioso y tratando de restablecer esta versión de la que ha hablado Yige, el marxismo estalinizado como ideología del Estado para poner coto a lo que parece ser una creciente fascinación por el liberalismo de tipo estadounidense.

Dicho esto, quiero añadir brevemente otras dos cuestiones. Una es que las y los estudiantes de posgrado estaban completamente absortos en materias que ahora huelen a muy antiguas y rancias en la universidad estadounidense. Así, estudiaban a Foucault y Lacan, por ejemplo, porque esto parecía ofrecer alguna manera de criticar la sociedad que no era marxista. Pero la otra cara de la moneda es que al final estuve en una clase de estudiantes de grado en la que no había ningún tutor, ningún representante del partido, nadie que me vigilara. Di una conferencia sobre Occupy, y la audiencia estuvo preguntándome durante una hora: ¿Podría producirse un Occupy aquí?

Así que existe este intento doctrinario de volver a consolidar cierta clase de ideología necesaria para el PCC. Sin embargo, la realidad es que hay mucha fermentación por todas partes: hacia el neoliberalismo, hacia ideas de democracia mucho más popular, etcétera. Esto fue lo que yo vi, en todo caso.

Kevin Lin

Creo que siempre hay ese temor por parte del Estado chino a que la gente joven se tome realmente en serio el marxismo. Como ha señalado Yige, pienso que en realidad la mayoría de estudiantes de secundaria y después universitarias en China lo ven como una asignatura obligatoria. Nadie quiere estudiarla, y no se enseña de un modo serio. Todo el mundo la asume como un ritual. De alguna manera, es una prueba de lealtad. Si la gente asume el ritual, demuestra su lealtad al sistema.

Pero cuando la política económica de China se desvía tanto de cualquier versión del socialismo que presente el Estado, y la distancia va en aumento, me pregunto cuándo se alcanzará un punto de ruptura en que la gente, especialmente la gente joven, piense que está tan lejos de la realidad que pondrá en tela de juicio la versión aséptica oficial del marxismo como ideología del Estado.

Veo a un número muy reducido de personas que de hecho se sienten inspiradas y por lo menos utilizan el lenguaje del marxismo –hablando de explotación, por ejemplo– en sus luchas contra los empresarios. Me pregunto si deja alguna huella en la mente de algunas personas y genera un lenguaje que algunas personas utilizan, aunque no necesariamente crean en el contenido tal como se les enseña.

Ashley Smith

La idea de que el llamado marxismo del Estado chino cumple una promesa política es una propuesta realmente problemática. El marxismo es una estrategia y una teoría de autoemancipación de la clase obrera y la gente oprimida. Asociarlo a un Estado que es tan claramente explotador y opresor suscitará toda clase de problemas. Puede que haya un subproducto contradictorio del hecho de que este Estado enseñe al marxismo a las y los estudiantes: pueden tomarse en serio a Marx y el marxismo y ver que el Estado chino es un Estado capitalista que es preciso derribar mediante una revolución obrera. Esto podría fomentar la oposición al Estado. Pero el hecho de que el Estado enseñe marxismo también sirve para conducir a la juventud estudiantil a los brazos de una ideología nacionalista, como señala Yige, que poco tiene que ver con el marxismo propiamente dicho.

Lo que más me preocupa es lo que significa geopolíticamente que el Estado chino se asocie al marxismo, por ejemplo en Hong Kong, donde este Estado es el principal agente de la represión social y del recorte de las libertades y los derechos democráticos. Cuando se identifica el marxismo con semejantes prácticas, el marxismo deja de aparecer como una alternativa para la gente que lucha. Lo mismo se puede decir de Xinjiang, Tíbet o, ya fuera de la esfera de influencia inmediata de China, en el caso de la revuelta democrática en Tailandia, donde vemos cómo está forjándose una alianza entre el Estado tailandés y el Estado chino. Esto dificultará el desarrollo de una corriente marxista en el seno del movimiento tailandés. La asociación del marxismo con el Estado chino también desacreditará al primero en Myanmar, donde el Estado chino ha respaldado el golpe militar y la represión de la lucha de la clase trabajadora y de los sectores oprimidos por su liberación.

Esta asociación también hará que resulte más difícil construir una corriente marxista en EE UU. La naturaleza opresora y explotadora del Estado chino apartará a la gente trabajadora y oprimida de EE UU del marxismo como alternativa al capitalismo estadounidense. De este modo, el marxismo oficial será un obstáculo al desarrollo de una teoría y una estrategia popular de liberación a escala internacional.

Eli Friedman

Durante una serie de años tuve ese sueño de estar funcionando dentro de la hegemonía del marxismo, de modo que esto al menos nos proporcionaba un lenguaje de clase. Y toda una serie de experiencias que he tenido en los últimos años me han hecho mucho más pesimista. Por ejemplo, estaba yo en un grupo de lectura del Capital que fue disuelto por las autoridades porque consideraban que era demasiado delicado políticamente, y este hecho causó una profunda impresión.

Tal vez la gente esté familiarizada con la lucha de Jasic que hubo en 2018. Fue una movilización en que estudiantes de universidades de elite se tomaban muy en serio el marxismo e incluso se autocalificaban de maoístas. Fueron y se organizaron con trabajadores y la consecuencia fue que el Estado golpeó con mucha más dureza, justamente porque estaban utilizando este lenguaje, puesto que el Estado tiene que monopolizarlo. Y esto fue para mí una señal muy clara de que utilizar el lenguaje marxista no te proporciona más espacio político.

En realidad, tratan a la gente marxista con más dureza que lo que harían con neoliberales. Si apareciera un grupo de estudiantes que se manifestara reclamando que se liberalicen los mercados financieros, no tendrían ningún problema en una universidad china. Pero tomarse demasiado en serio a Mao, tomarse demasiado en serio a Marx, eso ya es un problema político. El marxismo oficial ha eliminado del análisis la lucha de clases, la autoorganización de la clase trabajadora y la emancipación social, con lo que queda una teoría completamente inútil.

Sigrid Schmalzer

He estado pensando mucho en cómo queremos intervenir en la izquierda fuera de China. Una parte de lo que sucede es que la gente construye un otro político, imaginario, que utilizamos para impulsar determinados programas que tenemos en nuestro país. He analizado esta dinámica en la época de Mao. Había estadounidenses que iban a China, incluidas personas radicales, así como científicos liberales, que volvían incitando a sus colegas porque estaban impresionados con lo que estaba haciendo China y pensaban que había que aprender de ello. Expertos en control de insectos iban a China y decían: “Veis, cuando no son empresas privadas las que hacen ciencia, podéis tener enfoques racionales del control de plagas que no enriquecen simplemente a la industria química en detrimento de la ecología.” Esto es lo que la gente también quiere saber. Aspira a una civilización ecológica, o decir que China es de verdad marxista, que China respeta estos valores políticos que queremos impulsar aquí.

Podemos ver por qué a menudo nos interesa presentar a China como modelo, o por lo menos no permitir que la derecha desacredite estos proyectos. Sin embargo, ¿hace esto justicia a las experiencia de la gente en China? No, no lo hace. Y en la misma medida en que pretendemos acudir a esas otras experiencias políticas para impulsar esos objetivos muy loables, resulta que son una profunda injusticia para la gente que sufre opresión de manos del Estado. ¿Podemos animar a la gente a tener una imaginación política que resulte suficientemente potente y creativa para que no tengamos que simplificar la situación real en otros países de manera que podamos utilizarlos como modelos?

Pienso que tal vez nuestra intervención tenga que consistir en animar a la gente a ser más imaginativa y al mismo tiempo reconocer que están participando de una injusticia si utilizan a otro país como ejemplo que encarne su propia imaginación política.

Sasha Day

Sobre la cuestión del marxismo en China: desde finales de los noventa, la visión del marxismo de la Nueva Izquierda y del neomaoísmo también era problemática, ofreciendo una especie de alternativa con una lectura muy simplista de la teoría de los sistemas mundiales en la que situarían a China como el proletariado y a EE UU como los capitalistas. Y pienso que esta lectura sigue prevaleciendo bastante en China también. Y una de las cosas que surgen entonces es asimismo la falta de un análisis de lo que es el imperialismo hoy en día. Así que además de pensar sobre lo que es el Estado hoy, hemos de pensar sobre lo que es el imperialismo y la relación de China con el imperialismo estadounidense, y China no es ajena a esto. El imperialismo aquí es más bien un sistema más amplio, aunque evidentemente EE UU se halla en el centro del mismo. Así que creo que también hace falta absolutamente un análisis del imperialismo y de la posición de China en el mismo.

Daniel Fuchs

Puede que las cosas sean contradictorias: los grupos marxistas/maoístas en las universidades de elite chinas eran espacios increíblemente vibrantes. Se trataba de estudiantes que no se interesaban para nada por las asignaturas obligatorias sobre los clásicos del socialismo, que hay que seguir en la universidad, sino que se reunían regularmente y entablaban debates abiertos sobre artículos y libros que escogían ellas y ellos mismos. Además, no solo organizaban grupos de lectura, sino que también iban a los tajos a mostrar películas y proporcionar libros a los trabajadores migrantes, además de investigar por su propia cuenta. Era un espacio realmente muy vibrante, y la represión que sufrió esta gente en el contexto de la lucha de Jasic dice mucho del tipo de marxismo que se promueve en China.

Otra cuestión: hace poco estuve hablando con una colega estadounidense, una economista. Me dijo que si miras las solicitudes de plazas de jóvenes economistas heterodoxos, recientemente doctorados en universidades de EE UU, muchos y muchas de ellas aspiran a obtener una plaza en destacadas universidades chinas. No soy economista, pero a la vista de ello parece que en los departamentos de económicas de esas universidades en China hay espacio para estas economistas heterodoxas, tal vez mucho más que en las universidades estadounidenses y europeas. Si esto es así, me pregunto cómo debemos valorarlo.

Kevin Lin

Siempre me sorprende lo poco que sabe de China la izquierda en muchos lugares. Cuesta encontrar más de unas pocas personas en grupos de izquierda que hayan dedicado tiempo a comprender a China. Creo que hay muchas razones subyacentes, pero quiero ir un poco más allá y decir que también es tarea nuestra explicar o describir lo importante que es comprender a China y la relación del propio país con China. Y esto es algo que no siempre hacemos bien. Una cosa es informar de todas las luchas sociales y obreras y las contradicciones de clase en China. Pero otra distinta es explicar por qué es relevante para la izquierda estadounidense, por ejemplo, saber qué significa que nos importen qué luchas obreras en China. Más allá de una noción abstracta de solidaridad, todavía no sabemos cómo conseguir que sea relevante para la izquierda de muchos lugares.

Hay dos cosas que podemos hacer. Una consiste en describir en términos muy claros las diversas relaciones. Existe una interpenetración, si queréis, entre capital chino y capital estadounidense. Está claro que China no es un lugar lejano que no nos afecta para nada. Esta es la primera cosa en el plano analítico. Pero también hay otra manera muy concreta, que consiste en relacionarnos con los numerosos estudiantes internacionales chinos y las comunidades sinoamericanas en EE UU y sus luchas. Estas son dos maneras que podemos emplear para explicar qué está en juego para la izquierda internacional y por qué les debe importar lo que sucede en China.

Daniel Fuchs

Pienso que tenemos dos problemas. Uno es que en lo tocante a la transformación de las relaciones de clase, a las luchas de clases y a las luchas feministas, por ejemplo, disponemos de un montón de análisis excelentes, tanto de analistas de China como de otros países. Sin embargo, la cosa cambia un poco en lo que respecta al Estado chino, y en mi opinión todavía hace falta desarrollar un análisis de clase más fundamentado teóricamente del Partido-Estado en China.

Y el segundo problema que quiero plantear es que cada vez resulta más difícil conectar con luchas reales en China. Si queremos exponer de forma convincente que defendemos una perspectiva socialista o comunista de la lucha social, hemos de centrarnos todavía más en esas conexiones, en el diálogo con analistas progresistas y la sociedad civil en China, pero esto se ha vuelto mucho más difícil en los últimos cinco a diez años.

Eli Friedman

Para retomar la cuestión que ha planteado Kevin hace un momento, lo cierto es que existe una gran interconexión e interpenetración de las elites de China y de EE UU. Un ejemplo clave es que la multinacional de más valor en el mundo, Apple, solo puede existir gracias a la cooperación de los capitalistas y los Estados de EE UU, Taiwán y China. Partir de un único país como base de análisis resulta insuficiente para explicar por qué existe una empresa cuyo valor supera los dos billones de dólares.

Y además se olvida a menudo que el mayor receptor de inversiones chinas en el extranjero es de lejos EE UU. Se habla mucho de África, pero no tiene ni punto de comparación. Así que esto requiere una explicación y nos ofrece, como internacionalistas y socialistas que somos, un asidero al que agarrarnos. Podemos preguntar: ¿qué hace el capital chino aquí? ¿Qué hace el capital estadounidense en China? Y ¿del lado de qué intereses te sitúas?

Sasha ya ha mencionado la cuestión crítica del imperialismo, así que veamos esto con un poco más de detalle. Estaremos todas y todos de acuerdo en que EE UU es una potencia imperialista, pero ¿lo es China? Y la que de todos modos es para mí la cuestión más interesante: ¿importa o qué está en juego en la práctica para nosotras y nosotros en EE UU que se califique a China de imperialista o no? ¿Altera esto nuestra manera de hacer política, para que no se quede en una mera cuestión teórica?

Sasha Day

Me pregunto si esta es la cuestión que hay que plantear. Veamos la relación de China con África, y creo que hay aspectos importantes en ello, pero lo que ocurre al final es que se busca simplemente una comparación con el imperialismo estadounidense, en vez de examinar la relación real con el imperialismo estadounidense. Creo que esta sea tal vez la cuestión primordial y más importante.

Charlie Post

Creo que es importante que digamos en voz alta, para que se nos oiga, que China es una amenaza seria para la dominación económica, política y militar de EE UU. Esto la diferencia de Irak y otras muchas sociedades del Sur global. China juega en el tablero mundial. Hay cuestiones teóricas sobre la manera que tenemos de entender esto sin caer en lo que pienso que es una formulación sumamente chapucera de la dinámica dual de las relaciones entre la competencia económica y la competición político-militar, cuestión a la que en mi opinión ningún marxista ha respondido suficientemente por el momento.

Aún más importante es saber cómo es la competencia económica entre dos economías que están muy, pero que muy interpenetradas y en que el capital estadounidense tiene una presencia significativa en la sociedad china y en el mercado nacional chino. Y el capital chino tiene una presencia muy significativa en EE UU. ¿Cómo afecta esto a la mitigación de lo que vimos en la parte temprana del siglo pasado, de unos bloques comerciales autocontenidos? ¿Qué significa esto para la rivalidad económica y cómo determina o limita la rivalidad político-militar? Pienso que todo lo que tenemos que decir es que el Estado chino y la clase dominante china compiten con EE UU. La clase dominante y el Estado de EE UU lo reconocen, y el Estado y la clase dominante de China lo reconocen. Así que lo que tenemos que hacer es discernir cuál es la forma concreta de esta competencia, a lo que no tengo ninguna respuesta.

Ashley Smith

Pienso que Charlie está describiendo lo que es una rivalidad interimperial. Soy más de la tradición de Lenin-Bujarin que Charlie. Al menos desde el punto de vista heurístico, esta visión te permite describir la evolución de una dinámica dentro del sistema sin transponer simplemente lo que decía la teoría clásica en su tiempo de una manera algo simplista.

Evidentemente, hay nuevos fenómenos que hemos de entender, sobre todo la internacionalización del sistema que vincula los capitales por encima de las fronteras estatales. Esta es una novedad importante del periodo neoliberal de los últimos 40 años. Y especialmente la interconexión entre el capital chino, tanto público como privado, y el capital estadounidense, además del capital europeo y del japonés. Así que no se trata de una mera rivalidad entre Estados que están económicamente segregados. Están profundamente interpenetrados en el plano económico, pero la diferencia radica en que el Estado chino todavía conserva el control sobre enormes partes del capital, su capital de propiedad pública, lo que lo distingue de muchos otros Estados y multinacionales con las que compiten el Estado y el capital de EE UU.

Y el otro aspecto es que China está subiendo en la cadena de valor. Ya no es una mera plataforma de exportación para las empresas multinacionales. Esto significa que no solo se convierte en un rival geopolítico, sino también en un potencial competidor económico, sobre todo en alta tecnología. Esto es lo que preocupa enormemente a EE UU, porque este desarrollo de la alta tecnología está vinculado al Estado chino y su ejército. Si leéis el documento más reciente del consejo nacional de inteligencia, veréis que el estamento militar está preocupado por el desafío que puede suponer China al predominio militar estadounidense.

Así que pienso que estamos asistiendo al surgimiento de una rivalidad interimperial asimétrica. EE UU es muchísimo más poderoso, pero el Estado y el capital chinos avanzan. Esta rivalidad no conduce a una simple repetición de la primera o la segunda guerra mundial o de la guerra fría. Tiene su propia dinámica particular, que hemos de analizar teóricamente e investigar empíricamente más en detalle. Encuentro numerosos escritos en el plano teórico y empírico sobre cuestiones del imperialismo que me parecen muy poco convincentes en este momento. Pienso que el Imperio de Hardt y Negri no sirven para comprenderlo. Creo que el análisis de Panitch y Gindin del imperialismo no es convincente porque descarta la posibilidad de una rivalidad. Y pienso también que la distorsión simplista, diría que tercermundista, de la teoría del imperialismo de Lenin resta importancia a la rivalidad interimperial y reduce el sistema mundial a la dominación del Norte global sobre el Sur global.

Estas posiciones teóricas simplemente no encajan con el hecho real de la rivalidad, así como con el modo de pensar de los gestores del Estado en China y EE UU, que han elaborado sus estrategias sobre la base de la rivalidad. La izquierda debería ser capaz de abordar esto tanto teórica como empíricamente. Y lo que es más importante que esto, necesitamos desarrollar una estrategia para construir la resistencia internacional desde abajo frente a ambos Estados.

Yige Dong

Me ha parecido útil analizar a fondo la diferencia entre imperio y hegemón. China es definitivamente imperialista de diversas maneras, pero creo que no ha alcanzado todavía la capacidad de convertirse en hegemón. El Estado se propone sin duda cambiar la dominación global unilateral de EE UU, está claramente en ello. Y los procesos en los que China desafía al hegemón podrían acarrear un montón de problemas.

David McNally

Solo dos cuestiones más. La primera es que creo que no tenemos una teoría del imperialismo suficiente para la época en que vivimos. Así que estoy de acuerdo con muchas cosas que ha descrito Ashley, pero no sé si encaja también con la teoría de la primera guerra mundial, como tal vez nos gustaría, y este es un reto que sigue abierto. Vimos esas intervenciones de comienzos de los años 2000. Ashley ha mencionado a Panitch y Gindin. Además de ellos, Ellen Wood ha escrito Empire of Capital, Harvey ha escrito The New Imperialism, pero por todo tipo de razones ese debate se ha estancado, lo cual no deja de ser interesante.

Pienso que hace falta retomar algunas cosas de estas y analizar a fondo cuáles fueron los puntos fuertes y débiles de aquellas intervenciones, si queremos que la teoría se abra camino. La cuestión que de todos modos quiero retomar de lo que ha dicho Sasha es que hace falta que podamos hablar del imperialismo como sistema mundial, por oposición a un conjunto de políticas nacionales, porque lo que ha ocurrido en gran parte del debate, es que el imperialismo se convierte en acción de un único Estado, y para retomar el comentario de Yige, se convierte en el hegemón, y entonces ningún otro Estado nacional puede ser imperialista. Así que necesitamos una teoría global mucho más rica, pero pienso que de todas maneras no la tenemos, de modo que creo que esta es una cuestión que realmente necesitamos plantearnos para seguir adelante.

Critical China Scholars

9 agosto 2021

 

https://spectrejournal.com/marxism-and-imperialism/

Traducción: viento sur

Critical China Scholars es un grupo de académicas y académicos que trabajan temas relacionados con China. Se puede leer más sobre sus actividades políticas en https://criticalchinascholars.org.

Publicado enInternacional
Miércoles, 04 Agosto 2021 05:39

La maldita correlación de fuerzas

La maldita correlación de fuerzas

El sentido preciso del populismo

 

Es cierto que no existe ninguna instancia desde donde se pueda medir como es el estado de la "correlación de fuerzas".

La autonomía de lo político no permite ese lugar exterior desde donde se podrían evaluar con objetividad las fuerzas que hacen a la contienda. Esto se torna más verdadero que nunca cuando se percibe la proximidad de un Acontecimiento en ciernes. 

¿Qué pasa si no ganamos ? ¿Y qué pasa si ganamos? discutieron Lenin y Troski en la antesala última de la Revolución. En eso la apuesta es total y no se puede postergar la decisión esperando que lleguen las famosas condiciones objetivas. Lo propio de un Acontecimiento es que no exista regla externa que pueda medir su verdadero alcance. Se lo acompaña por la verdad de su interpelación. 

Sin embargo lo político no se hace solo con el momento instituyente del Acontecer. También juega el suceder de los días corrientes donde las fuerzas que constituyen al antagonismo siguen vivas su curso cotidiano. 

Y en ese caso la llamada correlación de fuerzas aunque siempre estará atravesada por el cálculo imposible, el arte de lo político no puede dejarla ausente.

Toni Negri relata en su biografía que cuando Aldo Moro fue muerto las luchas obreras no iban a poder sostener semejante acto. Fue su lectura de una correlación. Es más, cuando le pregunté en Buenos Aires por el declive de la izquierda italiana, no dudó en responderme que fue a partir de que él fue inculpado por ese crimen y detenido.

En otro sentido, veamos los casos donde se prescinde de la misma: cuando la izquierda vernácula proclama que no se debe pagar la Deuda con el FMI y se debe repartir ese dinero para paliar las heridas del pueblo

¿Quién podría estar en desacuerdo ? Si se mira todo desde las imposiciones del Capitalismo cualquiera de esas medidas se presentan como racionales y justas. Pero si se introduce la lógica de la maldita correlación de fuerzas de inmediato sabemos: 

1) Que si se pudiera tomar una medida semejante no solo no sería necesario ni siquiera pronunciarla, más bien directamente se debería proceder con el acto de justicia.

2) Debería haber un contexto internacional que apoye la decisión para que luego no sea el pueblo el que termine pagando las consecuencias reales de las declaraciones osadas.

Estos sencillos ejemplos son para afirmar una vez más que no tiene sentido estar a favor o en contra de la correlación de fuerzas. Esta es una relación indecidible.

En ciertas ocasiones, la apelación a la misma testimonia de una cobardía política donde las cuentas nunca terminan de salir.

En otras es un ejercicio imprudente que olvida que desde Maquiavelo a Gramsci, el arte de lo político pasa por la construcción efectiva de una mayoría política, una voluntad colectiva que se apropie de la decisión histórica. Y esto no es "posibilismo". Es Populismo en el sentido preciso del término, la radicalidad de una decisión no se mide por sus enunciados sino por sus efectos transformadores. Siempre habrá un momento para no tener en cuenta la correlación de fuerzas y otro para situarse inevitablemente con respecto a la misma.

Jorge Alemán

Publicado enPolítica