Sahra Muse consuela a su hijo, Ibrahim Alí, ambos afectados por la hambruna, en un campamento en el área de Garasbaley, en las afueras de Mogadiscio, Somalia.Foto Ap

En vísperas del impactante periplo de Joe Biden (con 58 por ciento de rechazo ciudadano) a Europa –donde se reunirá con la OTAN, el Consejo Europeo y el G-7, además de visitar Polonia–, su asesor de Seguridad Nacional, el israelí-estadunidense y connotado rusófobo congénito Jake Sullivan (JS), quien fabricó el fake Russiagate (https://bit.ly/3D2L786), proclamó que Biden "dialogará con sus aliados de la OTAN antes de usar armas nucleares" (Daily Mail, 22/3/22). ¡Megasic!

Se trata de una bravata coreográfica de JS, pésimo estratega que no pudo seducir a China, más firme que nunca en su alianza con Rusia, ni tampoco persuadir a India para condenar a Moscú, ya no se diga haber perdido la Liga Árabe de 22 países (con excepción del Líbano), y al no contar con el apoyo del mundo islámico de mil 800 millones de feligreses ni de la mayoría de África y países relevantes de Latinoamérica, JS cargó con la humillante necesidad de coquetear hoy con los "malos" de ayer, Irán y Venezuela, lo que refleja la gestación del "nuevo orden petrolero mundial" (https://bit.ly/3tw5K9K).

Rusia se encuentra ya en "estado de alerta nuclear", al unísono de su "operación especial" de "desmilitarización y desnazificación de Ucrania" (https://reut.rs/3D0NIzw).

El mundo se fracturó en Ucrania, con su "Nuevo Muro de Kiev" (https://bit.ly/3D0Y1Ue), en dos bloques: el eje EU-OTAN-Unión Europea y sus satélites periféricos –que en realidad no es un bloque, ya que la voluntad unipolar de EU prevalece ante todo y todos– y el eje euroasiático de Rusia y China con sus aliados, unos reales, otros de circunstancia.

A un nivel más terrenal de supervivencia humana, se agudizan la crisis alimentaria y la proliferación de hambrunas, que golpean particularmente a Medio Oriente –con excepción de las pudientes seis petromonarquías del Golfo Pérsico– y al continente africano (Financial Times, 21/3/22). Tampoco escapan de la crisis alimentaria países europeos de elevados ingresos como Francia, España e Italia, que han empezado a romper su de por si frágil tejido social.

A pocos días de la crucial elección presidencial en Francia, única potencia europea continental dotada de 300 bombas atómicas de su force de frappe, llamó poderosamente la atención que su presidente Emmanuel Macron –anterior funcionario de la Banca Rothschild y empedernido globalista neoliberal–, en una reconversión inverosímil, haya proferido términos anatemizados contra el nacionalismo soberanista, como "soberanía alimentaria", "seguridad alimentaria" e "independencia alimentaria" (https://bit.ly/36GDN6g).

Macron vaticina una severa crisis alimentaria en Medio Oriente-África en los próximos 12 a 18 meses como consecuencia del conflicto en Ucrania que, con Rusia, representa 30 por ciento del cultivo del trigo a escala mundial, sin contar los fertilizantes de Bielorrusia y Moscú.

Antes del conflicto en Ucrania, el covid-19, la crisis de la cadena de suministro y su transporte terrestre-marítimo, además del intermitente binomio sequías-inundaciones, habían propulsado la grave crisis alimentaria en el planeta, donde China se ha colocado "a su máxima alerta por las amenazas a su seguridad alimentaria", según SCMP, con sede en Hong Kong (https://bit.ly/3D1ol0q).

Antes SCMP había elaborado los "cinco rubros preocupantes para la seguridad alimentaria" de China, que "urge a sus ciudadanos a almacenar sus necesidades diarias" (https://bit.ly/3DbBPqI)”.

1) China "importa más de 80 por ciento de la soya que consume"; 2) "no compite ante la cadena de abasto global" del cuarteto oligopólico israelí-anglosajón ABCD: ADM-Bunge-Cargill-Dreyfus (Louis); 3) búsqueda de semillas-microchips agrícolas, que incluyan organismos genéticamente modificados; 4) pérdida de tierra fértil, y 5) pérdida de "reservas estratégicas" y corrupción.

Pregunta tonta: ¿Por qué los globalistas neoliberales Bill Gates (https://bit.ly/3ul9cTH) y el israelí-anglosajón George Soros (https://bit.ly/3iuLKOw) andan comprando en forma frenética tierras para el cultivo? ¿"Alguien" estará buscando una impronunciable "guerra alimentaria" (https://bit.ly/3D5YMeB)?

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Vista de un edificio dañado tras los ataques con misiles iraníes en Erbil. — Azad Lashkari / REUTERS

Un nuevo incidente este fin de semana incrementa la tensión entre Irán e Israel. El Gobierno de Tel Aviv no ha reaccionado a este ataque en un momento de incertidumbre internacional y que Teherán vincula con las intervenciones israelíes contra militares iraníes desplegados en Siria.

 

 La noche del sábado al domingo Irán disparó una docena de misiles balísticos contra la ciudad de Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí, aparentemente contra objetivos de Estados Unidos e Israel, causando solo dos heridos leves.

El insólito ataque llegó en el contexto de las tensiones que experimentan las relaciones internacionales a causa de la intervención rusa en Ucrania y de las negociaciones que Teherán mantiene con EEUU para reanudar el acuerdo nuclear de 2015, dos circunstancias que podrían estar relacionadas con el ataque.

El lunes por la noche la televisión iraní reveló que ha detenido a una célula completa de agentes enviados por el Mosad para sabotear una central nuclear, una acción que no sería la primera de este tipo. Aunque la televisión iraní no facilitó en un primer momento muchos datos al respecto, la detención de la célula muestra que Israel sigue dificultando un acercamiento de Teherán a Occidente por todos los medios a su alcance.

Un portavoz del ministerio de Exteriores recordó en la mañana del lunes que Teherán ha advertido repetidamente a Irak de que su territorio no deberían usarlo terceras partes para atacar a Irán. De hecho, la Guardia Revolucionaria asumió el mismo domingo la responsabilidad del ataque como respuesta a un reciente ataque israelí en Siria que causó la muerte dos militares iraníes.

"El gobierno central iraquí tiene la responsabilidad de garantizar que terceras partes no usan su territorio como base para atacar Irán", manifestó el portavoz iraní. "El territorio iraquí se ha usado repetidamente contra Irán por terceros, incluidos terroristas kurdos, los Estados Unidos y la entidad sionista", explicó el portavoz aludiendo a Israel.

El gobierno regional kurdo señaló que el ataque causó daños en zonas residenciales pero no a propiedades extranjeras, en alusión a EEUU e Israel, e instó a la comunidad internacional a iniciar una investigación. Por su parte, el gobierno central de Bagdad condenó el ataque y pidió explicaciones a Teherán.

Dentro de Irak los partidos antiiraníes se mostraron escandalizados, mientras que algunas formaciones proiraníes pidieron al gobierno que explique la acusación iraní de que en el Kurdistán iraquí están operando agentes extranjeros, particularmente de Israel.

Desde hace años los medios hebreos vienen hablando esporádicamente de las buenas relaciones que Israel mantiene con los kurdos iraquíes y sirios. En más de una ocasión estos medios han recogido la presencia en el Kurdistán iraquí y sirio de ciudadanos israelíes que habitualmente se presentan como participantes en "proyectos humanitarios".

Es muy posible que la presencia israelí no se circunscriba a "proyectos humanitarios", especialmente en el Kurdistán iraquí que tiene frontera con el Kurdistán iraní. De hecho, ocasionalmente han aparecido y aparecen informaciones, que no se han confirmado de manera oficial, en las que se habla de un asesoramiento militar israelí a los kurdos, algo bastante creíble.

Sin embargo, el ataque del fin de semana contra Erbil representa un paso más en las tensiones permanentes entre Irán e Israel. Los ataques israelíes contra los iraníes desplegados en Siria se producen continuamente y el hecho de que Teherán vincule a Israel el último ataque da la impresión de que ha ascendido la tensión entre las dos partes.

La presencia iraní en Irak es importante y las acusaciones de que Israel está operando en Irak no son nuevas. Naturalmente, Teherán debe contar con unos servicios de inteligencia muy activos en Irak, incluido el Kurdistán, de manera que no son ajenos a la presencia israelí en la región, como tampoco son ajenos a la presencia israelí en otros países del centro de Asia cercanos a Irán.

Aparte de esas tensiones con el estado judío, que sin duda no ignoran los Estados Unidos, Teherán mantiene un intenso pulso con Washington en la mesa de negociaciones del acuerdo nuclear, unas negociaciones que se están prolongando en Viena durante demasiado tiempo y que según informaciones recientes estarían bastante avanzadas.

Medios occidentales han publicado que las negociaciones han entrado en una nueva fase con la guerra de Ucrania puesto que Rusia las está vinculando con las negociaciones para obtener una Ucrania no nuclear. Esta circunstancia podría actuar como un sutil hilo de conexión entre la guerra de Ucrania y el ataque iraní contra Erbil.

La Guardia Revolucionaria recalcó que el objetivo del ataque fue un "centro estratégico de la conspiración sionista y el mal". Distintos y destacados políticos y militares hebreos no paran de decir que se reservan el "derecho" a bombardear Irán con independencia del resultado de las negociaciones de Viena. Por su puesto, la proximidad a Irán del Kurdistán iraquí es un elemento destacado de esas amenazas y justificaría por sí solo la presencia israelí en la región.

La importancia estratégica del Kurdistán iraquí es un caramelo para Israel, que seguramente opera en la zona de la mano de Estados Unidos, lo que explicaría el ataque contra el Consulado norteamericano en Erbil, que según el gobierno autónomo kurdo está "en construcción" pero situado muy cerca del antiguo Consulado de EEUU que aún funciona.

Por otra parte, la prensa regional atribuyó a funcionarios iraquíes que el ataque estaba dirigido contra la sede del Mosad en el Kurdistán, entre cuyas labores figura la de conseguir agentes kurdos que trabajen para los servicios de inteligencia israelíes en contra de Irán.

El permanente combate entre Irán e Israel podría resolverse por completo, o paliarse en gran medida, si las potencias occidentales obligaran al estado judío a abandonar los territorios palestinos y sirios ocupados militarmente en la guerra de 1967. Sin embargo, ni Estados Unidos ni Europa están dispuestos a impulsar el cumplimiento del derecho internacional cuando no les interesa.

14/03/2022 21:24

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El presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el presidente de China, Xi Jinping, durante una reunión en Pekín el pasado 4 de febrero. — Aleksey Druzhinin / REUTERS

La crisis de Ucrania tiene a Vladimir Putin en el punto de mira occidental. Aunque Rusia es el evidente objetivo inmediato, la guerra se sigue con la máxima atención en Pekín. Con un enorme y creciente peso en la economía mundial, China es el verdadero rival que interfiere con la aspiración de Washington a convertir el mundo en un teatro exclusivamente unipolar.

Las especiales relaciones que han adquirido China y Rusia, dos superpotencias que tienen interés en la supervivencia de un mundo multipolar, explican la actitud de Pekín en un conflicto que está desgastando sensiblemente, y muy probablemente va a seguir desgastando, a Vladimir Putin.

The New York Times ha revelado que Washington transfirió a Pekín información secreta para justificar su comportamiento, así como el aislamiento al que está sometiendo al presidente ruso, con la esperanza de que los chinos condenaran la invasión. Sin embargo, Pekín pasó esa información a Moscú y, a diferencia de Europa, se abstuvo de criticar a su aliado.

Al revés, los chinos han condenado las duras sanciones económicas y políticas que Occidente ha impuesto a Rusia en un sorprendente ejercicio de unidad sin fisuras que naturalmente preocupa a Pekín puesto que supone un precedente peligroso para sus intereses.

Algunos analistas occidentales consideran que China es la gran beneficiaria de la guerra de Ucrania, puesto que se ha creado un antecedente que podría usar Pekín para intervenir en el vecindario asiático en caso de necesidad a pesar de la oposición masiva de los países representados en la ONU que se ha observado en el caso de Ucrania.

El argumento según el cual Moscú está defendiendo su seguridad explica la intervención preventiva en una Ucrania que aspira a integrarse en la Unión Europea y la OTAN, y a convertirse en una plataforma contra Rusia, incluso con armamento nuclear. China, que esta semana ha acusado a EEUU de querer establecer una OTAN asiática, podría encontrarse pronto en una situación similar.

Para Pekín, el caso de la península de Crimea, que históricamente ha tenido una fuerte presencia rusa, y que fue anexionada a Ucrania en los años cincuenta en circunstancias históricas particulares, podría servir de modelo para la anexión de Taiwán, que comparte algunas características con Crimea. Solo unos pocos países sin gran peso específico reconocen a Taiwán como un Estado independiente.

A China no le gusta nada el desgaste que está sufriendo Rusia, ya que puede convertirse en el siguiente objetivo de la OTAN si se diera el caso de que Putin cayera y Rusia se transformara en un país aliado de Occidente. Si fuera así, China se convertiría en la frontera más inmediata de la OTAN.

Analistas chinos han calificado abiertamente a Japón y Corea del Sur como miembros indirectos de la OTAN, auténticas plataformas para la presencia de bases americanas dada la estrecha colaboración militar que mantienen con EEUU. La designación de la India como "socio defensivo preferente" desde 2016 por parte de Washington abunda en la misma dirección y contribuye a que China se sienta tan rodeada como Rusia.

En los últimos veinte años, las relaciones estratégicas entre Pekín y Moscú han experimentado un acercamiento muy significativo, lejos de la desconfianza que prevaleció durante el periodo soviético. Esta aproximación cristalizó tras la anexión de Crimea en 2014, cuando China se opuso a las sanciones impuestas por el bloque occidental. Otro dato revelador es que durante las últimas dos décadas los presidentes de las dos potencias se han reunido en 37 ocasiones, una cifra inusual en las relaciones internacionales.

Pekín y Moscú también suelen compartir sus planteamientos en la escena mundial, especialmente en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde tienen derecho de veto. En este sentido, el sólido comportamiento del eje chino-ruso hace de contrapeso al no menos sólido el eje occidental liderado por EEUU.

Sus relaciones económicas no pueden ser más prometedoras. En 2021, los intercambios comerciales se incrementaron en un 35% hasta los 140.000 millones de dólares y se espera que en 2024 lleguen a los 200.000 millones de dólares. China aspira a recibir todo el petróleo y el gas que Rusia exporta a Europa y EEUU, y a recibir las materias primas que abundan en Rusia. Está previsto que China se convierta pronto en el primer socio comercial de Rusia por delante de la Unión Europea.

A diferencia de lo que ocurre con Occidente, Pekín no ve a Rusia como una amenaza estratégica para sus intereses sino más bien lo contrario, es decir, como un socio fiable al lado del cual puede caminar y apoyarse. La cooperación militar es firme, incluidas las maniobras conjuntas que periódicamente realizan en varios escenarios, hasta en el Golfo Pérsico, y China se ha convertido en un importante cliente de armas rusas.

Desde la entrada de Joe Biden en la Casa Blanca hace poco más de un año, los EEUU se han distanciado de Rusia, lo que ha servido para acercar a Rusia y China. A esto ha contribuido la belicosidad introducida por Biden y su renovado interés por impulsar a la OTAN tras el paréntesis de Donald Trump. Como reacción, los lazos militares, políticos y económicos entre Moscú y Pekín se han reforzado.

China es consciente de que su verdadero enemigo es EEUU y no Rusia. Los chinos prefieren concentrar sus energías en la expansión económica por todo el mundo, lo que a medio plazo les proporcionará una influencia política, y compiten con los americanos en esa expansión para disgusto de Washington.

Esta semana, el ministerio de Exteriores chino ha denunciado que EEUU busca "copiar a la OTAN" en Asia y ha criticado la voluntad "hegemónica" de Washington alrededor de China, lo que interfiere con las políticas de Pekín. Según los chinos, la injerencia de EEUU en nombre de la democracia causará daño a los países asiáticos y "está condenada al fracaso".

12/03/2022 17:37

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EU busca reprimir a China y Rusia simultáneamente: Pekín

Pekín. El gobierno del presidente chino Xi Jinping rechazó ayer el embargo al petróleo ruso decretado por su homólogo estadunidense Joe Biden, y acusó que Estados Unidos critica su posición sobre Ucrania con el fin de "buscar espacio para el complot de reprimir simultáneamente a China y a Rusia".

"Condenamos con firmeza las sanciones unilaterales que no tienen ningún sustento legal internacional", expresó el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Zhao Lijian, en una comparecencia ante la prensa.

La política de imposición de restricciones con cualquier pretexto, subrayó, no aportarán a la paz ni a la seguridad.

Zhao rechazó de nuevo reportes del New York Times acerca del supuesto conocimiento previo de China sobre la invasión rusa a Ucrania. "Estados Unidos ha estado difundiendo desinformación acerca de China sobre la cuestión de Ucrania, con el intento de desviar la culpa, avivar la confrontación y sacar provecho del asunto. La práctica es despreciable y maliciosa" indicó.

China, que no condenó la invasión rusa, envió ayer ayuda humanitaria por valor 790 mil dólares al país por medio de la Cruz Roja china, informaron fuentes diplomáticas de Pekín.

Ayer, la secretaria estadunidense de Comercio, Gina Raimondo, advirtió que las empresas chinas que desafíen las sanciones a Rusia y Bielorrusia pueden ser objeto de acciones "devastadoras".

Por su parte, la subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, expresó al gigante asiático que ser neutral "no es una opción".

Jueves 10 de marzo de 2022

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El presidente estadunidense, Joe Biden, anunció la prohibición de las importaciones de petróleo ruso, en represalia por la invasión a Ucrania. Foto Ap

Como en las guerras de todos los tiempos y lugares, hoy cunde frenéticamente la infodemia rusófoba en “Occidente (whatever that means)” que da "unánimemente" (https://bit.ly/3ITZa2c) por derrotado a Putin –soliloquio infodémico que no es compartido en la mayor parte de Oriente y África (https://bit.ly/3MBAXQv), y parcialmente en Latinoamérica, menos por Michael Hudson, prestigiado economista de EU: "La veloz autodestruccion del imperio estadunidense" (https://bit.ly/3tETKBI).

Para que Biden se haya tenido que humillar con el exorcizado régimen chavista de Maduro en Venezuela –ayer "malos", hoy "buenos"– significa que las selectivas "sanciones catastróficas" no están funcionando como esquematizaron los estrategas del Partido Demócrata –congénitamente rusófobo (https://bit.ly/3sRrix3)– que aplican ciegamente los vetustos axiomas geopolíticos del británico McKinder y del polaco Brzezinski.

A ocho meses de las cruciales elecciones intermedias –en medio de las incoercibles hiperinflación, crisis migratoria y criminalización urbana–, Biden asestó sus "sanciones catastróficas", que ya incluyen el petróleo y el gas rusos como "crimen y castigo" (https://bit.ly/3vM34GF) y que no son seguidos selectiva y cómodamente en ese rubro energético por la Unión Europea (UE): menos por Alemania (https://bit.ly/3sRD6zp), lo cual hubiese significado su suicidio infantil.

Ni así mejora la popularidad de Biden: cuando en ese mismo instante su desaprobación alcanzó 58 por ciento (https://bit.ly/37j3pXf), mientras la impopularidad de su principal aliado, el premier británico Boris ­Johnson, ostenta un patético rechazo de 70 por ciento (https://bit.ly/3HYZqLL).

Se trata de una "guerra geoestratégica" que rebasa los vulgares maniqueísmos caver­nícolas y el ámbito terrenal ucranio: está en juego la configuración del Nuevo Orden Mundial multipolar que empieza a esbozarse (https://bit.ly/3tEh8iE).

China, dotada con 350 bombas nucleares, mantiene "más sólida que una roca" su alianza geoestratégica con Rusia”, según su canciller Wang Yi (https://bit.ly/3tICaN0). China –con óptimas relaciones con Kiev– "urgió a EU a dar una explicación de sus laboratorios biológicos en Ucrania" (https://bit.ly/3I78D57).

El primer ministro Imran Kan (IK) –graduado en Oxford y campeón de su equipo en el Mundial de Críquet–, de Pakistán (gran aliado de China), dotado con 165 bombas nucleares y una población de 238 millones (en su mayoría islámicos sunnitas), arremetió contra "Occidente por tratar a los paquistaníes como esclavos (sic)", debido a que no condenó a Rusia (https://bit.ly/34p2L9i).

La trascendental visita del premier IK al Kremlin se escenificó en medio del conflicto Rusia/Ucrania, con el fin de conseguir abastecimiento del gas ruso mediante la construcción de un gasoducto (https://bit.ly/34qw77p).

La teocracia chiíta de Irán –a punto de concretar un acuerdo con Biden de su contencioso nuclear (https://bit.ly/3sT58L1): ¡paradójicamente, con bendición (sic) rusa!– "condenó las provocaciones de la OTAN (sic)" en Ucrania contra Rusia (https://bit.ly/3HTx2uA).

Gilbert Doctorow (GD), máximo experto sobre Rusia –de Harvard y con doctorado en la Universidad de Columbia–, aduce que la visita de Putin a India el pasado 6 de diciembre (https://bit.ly/35Y9qYv) fue de "similar importancia" a su visita a Beijing el 4 de febrero (https://bit.ly/3pNGz0c): el "mercado (sic)" indio puede jugar un papel decisivo en el epílogo de la reconfiguración de la política global a que dio pie la guerra Rusia/Ucrania (https://bit.ly/3IWNyeC)”.

GD aduce que "del cambiante equilibrio de poder emergerá el fin formal de la hegemonía global de EU y su momento unipolar" cuando el “mundo será bipolar: (…) por un lado, EU y la UE, y del otro lado, Rusia/China”. Aquí, “India puede jugar un papel determinante: (…) dirigiendo el nuevo orden mundial al ­multipolarismo”.

India, previo miembro conspicuo de los países "No-Alineados", posee 156 bombas nucleares, cuando la esencia teológica del hinduismo (80 por ciento de su población de mil 339 millones) es politeísta y plural.

El mundo será multipolar o no lo será.

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La guerra financiera contra Rusia: ¿es el fin de la globalización neoliberal yanqui?

Guerra en Ucrania

De entre las opciones posibles en el conflicto ucraniano, retrotraerse a un régimen autárquico al estilo soviético o plegarse al tutelaje económico de Occidente, Rusia se ha decantado por la primera. No pueden estimarse las consecuencias financieras, pero provocará una alineación total con la estrategia geoeconómica del hegemón chino.

 

Las sanciones iniciadas por Occidente tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia no tienen precedentes históricos. En tan sólo un par de días, las potencias europeas se han movido radicalmente: desde oponerse a, literalmente, aislar a los bancos más importantes del país del sistema de pagos internacionales hasta imponer sanciones al Banco Central de Rusia a fin de congelar sus activos y evitar que las reservas internacionales (el país tiene 630.000 millones en el exterior, las estimaciones dicen que cerca del 30 % están en Alemania y Francia) se utilicen para eludir las sanciones. Sberbank, la entidad bancaria más importante de Moscú, ha sido excluido de la red de corresponsalía bancaria de Estados Unidos y no puede realizar o recibir pagos internacionales en dólares. Por así decirlo, los medios financieros rusos para continuar con la guerra se han congelado. Desde Washington incluso se ha especulado con imponer controles a las actividades en el mercado de las criptomonedas, en caso de que pudieran evitar parcialmente las sanciones.

Si bien ninguna de estas medidas afecta directamente al suministro de gas (la mitad de los ingresos del Estado ruso depende del sector energético), Vladimir Putin podría encerrarse a la interna en un sistema autárquico y utilizarlo como elemento de negociación con sus enemigos. Ello dañaría considerablemente las economías de dos actores clave en la Eurozona (Italia y Alemania), ampliamente dependientes de sus reservas, lo cual explica el anuncio alemán de que construirá dos nuevas terminales de gas licuado para reducir su dependencia. Sin embargo, fuera de la intensa propaganda occidental, está por ver si las acciones de Estados Unidos y la Unión Europea tendrán éxito o si, por el contrario, promoverán la búsqueda de una mayor autonomía rusa, un contacto aún más estrecho con sus aliados euroasiáticos y la alineación geoeconómica con China, quien está extrayendo valiosas lecciones de este conflicto sobre cómo desafiar la hegemonía estadounidense.

La economía política del capitalismo financiero global

La caída del telón de acero significó el auge exorbitante de los flujos de capital transnacionales, quienes se vieron libres del control ejercido por las economías planificadas de los países soviéticos para fluir hacia todos los países del mundo. Ello dio lugar a la liberalización (democratización, en la jerga neocon del Consenso de Washington) de los sectores financieros de dichos enclaves geográficos y su dependencia sobre la moneda del hegemón yanqui (el dólar) que emergió como ganador de la Guerra Fría. Ninguna televisión explicó en prime time a aquellos territorios vírgenes del Este que comenzaban a privatizar sectores estratégicos que la muerte del comunismo como alternativa sistémica al capitalismo también implicaría el nacimiento de una infraestructura de pagos internacional y la centralización del poder financiero en Estados Unidos, cuyos gigantescos bancos se convirtieron en los principales intermediarios para llevar a cabo las transacciones bancarias transfronterizas o registrar intercambios de una manera eficiente.

Esta ha sido una de las caras menos visibles –pero igualmente importantes– en el proceso de financiarización, es decir, la vía occidental por defecto hacia la integración en la globalización neoliberal. Si bien la potencia encabezada por Vladimir Putin ha tratado de fomentar un capitalismo interconectado estructuralmente con Estados Unidos y la Unión Europea, aunque con unas finanzas independientes de ambos en términos funcionales y un sector energético poderoso, tanto la apertura a los mercados internacionales de capitales como las sucesivas privatizaciones han colocado a Rusia en tierra de nadie ante la posible activación del botón nuclear financiero de sus antiguos aliados.

Como señalaba Daniela Gabor, está de moda criticar a Putin ahora, pero la situación actual es una consecuencia histórica de la ideología neoliberal procedente de los muchachos de Harvard, con Jeffrey Sachs a cargo, y fue la doctrina del shock de Estados Unidos lo que destrozó la economía rusa en la década de 1990, cuando se contrajo a la mitad en solo tres años. En el primer año de la reforma de mercado, la producción industrial se derrumbó en un 26 por ciento. El resto de los datos también resultan demoledores y dan cuenta de que la fallida integración del país en el capitalismo global bebe de Estados Unidos. Entre 1992 y 1995, el PIB de Rusia cayó un 42 por ciento y la producción industrial cayó un 46 por ciento, mucho peor que la contracción de la economía estadounidense durante la Gran Depresión. Los ingresos reales se desplomaron en un 40 por ciento desde 1991; el 80 por ciento de los rusos dejó de tener ahorros. El desempleo se disparó, particularmente entre las mujeres. A mediados y finales de los noventa, más de cuarenta y cuatro millones de los 148 millones de habitantes de Rusia vivían en la pobreza (definida como vivir con menos de treinta y dos dólares al mes), mientras que las tres cuartas partes de la población viven con menos de cien dólares al mes. Los suicidios se duplicaron y las muertes por abuso de alcohol se triplicaron a mediados de los noventa.

En contraste, el capitalismo chino no ha seguido estas pautas en su integración hacia los procesos de financiarización global, como demostró ampliamente Giovanni Arrighi en Adam Smith en Beijing (Akal, 2007). El Estado que controla Xi Jinping, desde las instituciones monetarias hasta el Banco Central, ostenta un rol central en la gestión de las finanzas, la regulación del capital privado (un ejemplo reciente son las empresas de tecnología financiera, como WeChat y Alibaba), la basculación del poder de su moneda y la planificación de la economía. Ello le ha permitido orientar la acumulación de capital hacia objetivos geoestratégicos más elevados que la obtención de beneficios a corto plazo, algo que los Estados capitalistas occidentales no pueden lograr debido a la privatización y liberalización de los sectores públicos. Como muestran los estudios más recientes sobre la economía política del capitalismo global, tras la crisis del coronavirus, China ha asumido el papel de creador de mercados externos en el mundo, reforzando la creciente diferencia entre el carácter estatista y liberal en el espectro internacional, así como atrayendo a sus aliados hacia la primera órbita. Un dato: el comercio bilateral entre ambos se ha más que duplicado desde 2015, cuando Occidente impuso sanciones por primera vez tras la anexión de Crimea.

“Para que el régimen resista incluso a una versión más suave de un bloqueo al estilo iraní, tendría que moverse en una dirección autárquica, más cerca de una economía dirigida de sello soviético”, escribió Perry Anderson en la New Left Review hace siete años. “Regresión o humillación: tales, en términos del sistema construido por Putin, parecen ser las alternativas.” 

Un software para el colonialismo y la vigilancia digital

Una de las infraestructuras más importantes que sostienen a las finanzas en su expansión global y dan forma a las armas económicas de Occidente es la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (Swift, por sus siglas en inglés). Fundada en 1973, Swift es una sociedad cooperativa supervisada por los bancos centrales del G10, así como por el Banco Central Europeo y el Banco Nacional de Bélgica, país en donde está radicada la organización que representa aproximadamente a 3.500 empresas de todo el mundo. En términos prácticos, el Swift sería una suerte de software para facilitar la comunicación entre las instituciones financieras de todo el planeta y la realización de transferencias o pagos transfronterizos minoristas, conocidos como remesas, que generalmente eluden el sistema bancario. En 2020, por ejemplo, se realizaron alrededor de 38 millones de transacciones cada día a través de esta plataforma, lo que facilitó movimientos financieros por valor de varios billones de dólares. 

Aunque tiene su sede en Bélgica, Swift es propiedad de empresas privadas y su participación mayoritaria está controlada por bancos estadounidenses. Esto es, los protocolos de mensajes son abiertos y están disponibles como estándares ISO 20022, pero el software para utilizarlo está privatizado por el monopolio global bancario, que cobra una tarifa por cada correo electrónico enviado. Resulta curioso observar al respecto que se trata de una infraestructura privada que ofrece un bien público, pero que se ha nacionalizado para servir a los fines geopolíticos de Occidente. Digamos que el objetivo de este software es canalizar buena parte de las transacciones transfronterizas del mundo e imponer un peaje que obliga a la intermediación de los grandes bancos mundiales estadounidenses, como JPMorgan o el Wolfsberg Group, un grupo de trece megabancos que realiza transacciones internacionales a través del Consejo de Estabilidad Financiera, órgano internacional que promueve la estabilidad del sistema financiero internacional ergo la dependencia a las potencias occidentales.

En palabras de Andrés Arauz, economista y ex ministro ecuatoriano, el sistema Swift es una expresión del colonialismo digital contemporáneo y representa las lógicas contemporáneas de vigilancia del imperio yanqui, ya que no solo está dirigido por empresas estadounidenses sino que también proporciona datos a las agencias gubernamentales de inteligencia de este país, un hecho ampliamente documentado en la literatura académica. Han existido varios incidentes con el Swift que ponen de manifiesto la naturaleza geopolítica de este sistema, su encaje en la jerarquía del sistema financiero global y la manera en que se ha expresado la soberanía digital o monetaria a través de este.

El primer incidente con el Swift ocurrió entre 2006 y 2010, cuando la Unión Europea se vió obligada a compartir los datos de los ciudadanos comunitarios con un programa estadounidense que monitorizó la financiación de actividades terroristas (Terrorism Financing Tracking Programme). Si bien en 1990 se produjeron los primeros intentos por parte de los reguladores financieros estadounidenses para acceder a los datos presentes en el Swift, ello no se consiguió hasta después de los atentados del 11 de septiembre. Entonces, Estados Unidos invocó el discurso de la seguridad para violar las leyes de protección de datos europeas. Ello fue posible porque Swift operaba en un centro de datos situado en el país norteamericano, donde todos los mensajes quedan registrados durante 124 días. No obstante, desde aquel incidente se ha trabajado en un acuerdo para regular el acceso de Estados Unidos a Swift en el marco de las operaciones de contraterrorismo.

El segundo incidente del Swift habla de cómo Estados Unidos lo ha utilizado como arma geopolítica para reforzar su hegemonía militar y como moneda de cambio durante las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán. El think tank consevador Atlantic Council estimó que las sanciones financieras de 2012-2015 impuestas a este país, junto a la prohibición de acceder al Swift como punta de lanza de las medidas anteriores contra los bancos iraníes, provocaron una pérdida de 241.000 millones, equivalente al 64,8 % del PIB iraní en 2012. Otros trabajos señalan que el costo de la implementación total de las sanciones (2012-15) para el PIB iraní fue, en promedio, de aproximadamente 60.400 millones por año, o alrededor del 16,2 % de lo que realmente fue el PIB durante ese tiempo y el 13,9 % de lo que habría sido si no se hubieran impuesto las sanciones. 

Sea como fuere, cuando el Swift volvió a suspender el acceso de los bancos iraníes a su sistema de mensajes en noviembre de 2018, aquello que la literatura científica venía demostrando se mostró de manera clara: es una forma de hacer converger las sanciones y la agenda en seguridad internacional de Estados Unidos con las tecnologías de pago globales, privando a los ciudadanos y a las empresas de todo el mundo de la infraestructura básica para enviar dinero a Irán. Esto es, un asunto de soberanía digital y monetaria de primer orden. Por eso, el Banco Central de Irán entró en acción a principios de este año, formalizando un sistema para permitir que las empresas realicen pagos en criptomonedas. Aunque posiblemente exista más ficción mediática que realidad geopolítica en esta visión, Estados Unidos y la mayoría de los gobiernos aliados han acusado durante mucho tiempo a este país de usar bitcoin para eludir las sanciones impuestas para castigarlo por su programa nuclear. Al respecto, la consultora Elliptic estimó en su día que el 4,5% de toda la minería de Bitcoin tiene lugar allí, lo que le permitiría al país eludir algunos embargos comerciales y ganar cientos de millones de dólares en criptoactivos que pueden usarse después para comprar importaciones y eludir las sanciones.

De todos modos, medios de pago como Swift son aún una herramienta importante en la política exterior. Un estudio publicado este mes por Andreas Nölke, profesor de la Universidad Goethe en Frankfurt, analizaba la genealogía de este sistema para afirmar que el Swift es un elemento central en los llamados procesos de financiarización de las economías occidentales, pues entrega a los megabancos estadounidenses la centralidad en la globalización neoliberal. Indicaba además algunas consecuencias de que los países sino-eurasiáticos hayan otorgado al Estado y a los bancos de su propiedad un peso más importante en la gestión de estas infraestructuras geoeconómicas. “No deja de ser irónico que el proceso de financiarización neoliberal [estadounidense] pueda comenzar y terminar con consecuencias no deseadas” para este país, avisa Nölke. Tras fallidas intervenciones militares en medio mundo, la hegemonía de la potencia yanqui se encuentra en plena crisis. Si bien una política exterior férrea con Rusia puede ahogar a este país, difícilmente pueda hacer frente a China, su enemigo directo y una de las fuentes de poder que explican sus enfrentamientos con Vladimir Putin.

Armamento nuclear financiero contra Rusia

Las sanciones no dejan de ser poderosas herramientas de los Estados Unidos y los países europeos para influir en el comportamiento de las naciones que no consideran aliados. Estados Unidos, en particular, trata de usar el Swift como una herramienta diplomática porque el dólar es la moneda de reserva mundial y se usa en pagos en todo el mundo. Esto es lo que se llama el “armamento de las finanzas”, en palabras del FT Alphaville, “donde Washington usa el dominio del dólar para promover los objetivos de la política exterior de los EE. UU.” Los datos de un estudio pormenorizado sobre esta herramienta resultan cristalinos: el dólar representa el 62 % de las reservas de divisas asignadas, el mismo porcentaje de los pasivos locales en moneda extranjera de los bancos están denominados en dólares, representa el 40 % de los pagos internacionales y las estimaciones colocan la participación del comercio global facturado en dólares en alrededor del 50 %.

La administración de Joe Biden dio alas el martes a la hipótesis de aplicarlo tras promulgar nuevas sanciones con el objetivo de impedir su acceso al capital extranjero, aunque rechazó aplicarlo hasta considerar la magnitud de la intervención rusa. Rusia invadió Ucrania y nadie le tembló el pulso. El sábado por la noche, Francia, Italia, Grecia, Chipre, España y Hungría expresaron su apoyo a esta medida financiera, adoptada por el Reino Unido. “Swift es el arma nuclear financiera y lo que permitiría a las instituciones financieras rusas aislarse de otras instituciones financieras en todo el mundo”, dijo Bruno Le Maire, ministro de Finanzas. Por su lado, el ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba también se sumó a los gobiernos occidentales al pujar para que la comunidad internacional saque a Rusia del sistema Swift. Y así ocurrió.

Estados Unidos y sus aliados tomaron la decisión el sábado de bloquear el acceso de ciertos bancos rusos al sistema de pago internacional Swift. Las medidas incluyen restricciones a las reservas internacionales del Banco Central ruso, paralizando sus activos y “congelando sus transacciones”, en palabras de Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Esto es un ataque histórico al rublo ruso. Así se desprende de un comunicado conjunto que contempla más acciones por venir. A su vez, Washington ha impuesto sanciones de corresponsalía y cuentas de pago a Sberbank y 25 de sus subsidiarias, limitando severamente la capacidad del banco para realizar transacciones en dólares estadounidenses. Además, las instituciones financieras de este país deben rechazar formalmente (negarse a procesar) transacciones futuras que involucren a Sberbank o sus subsidiarias de instituciones financieras extranjeras. Este banco se suma a VTB Group, Sovcombank, Novikombank, Promsvyazbank y Otkritie, cuyos clientes no podrán usar sus tarjetas en el extranjero, ni realizar pagos en línea, prohibiendo así los servicios de Apple Pay y Google Pay.

La viabilidad de estas sanciones, sin embargo, ha sido criticada desde las páginas de la revista Foreign Affairs por ser demasiado poco efectivas. En su lugar se ha propuesto escalar las restricciones a las empresas financieras, energéticas y de defensa rusas, hasta el punto de incluirlas en una lista negra y el compromiso de la OTAN de acelerar la modernización de los ejércitos en el flanco oriental de la OTAN (como los que defienden Bulgaria, Polonia, Rumania y los estados bálticos), pues continúan dependiendo del material militar adquirido de entidades rusas. 

¿La Primera Guerra Mundial en la era de las criptomonedas?

Si a la dimensión geopolítica del Swift se agregan las cuestiones relacionadas con el mundo digital, entonces vemos cómo el Gobierno de los EE. UU. y los reguladores belgas no sólo tienen un poder absoluto para determinar que las transacciones transfronterizas se efectúen en el marco del dólar, sino también acerca de las posibilidades que ofrecen las criptomonedas. Una vez que se crea una alternativa al Swift, como puede ser el Bitcoin u otras monedas digitales de un banco central que permiten pagos internacionales transfronterizos sin estar registrados en la base de datos de este software, explicaba Andrés Arauz, los apostatas del neoliberalismo financiero y la liberalización comienzan a ponerse nervioso. Por eso, en el pasado decidieron fomentar alternativas al Swift, a saber, la stablecoin de Facebook (Diem) hace dos años y en la actualidad la de PayPal o JPMorgan, así como o iniciativas filantrópicas al estilo Better Than Cash Alliance, que incluyen a Visa y MasterCard, cuyo objetivo es reducir el uso de efectivo pero atar toda moneda digital al dólar.

Hasta qué punto podrá verse este hecho que la administración Biden se encuentra en las primeras etapas de exploración sobre cómo ampliar las sanciones hacia las criptoactividades de Rusia. Por ejemplo, otorgando a los gobiernos occidentales influencia, por ejemplo, para solicitar a las plataformas de intercambios y grandes corredores de criptomonedas que bloqueen transacciones en ciertos países o con ciertas monedas emitidas por los gobiernos, como el rublo.

La cuestión no es baladí. Según estimaciones rusas citadas por The Washington Post, habría más de 12 millones de billeteras de criptomonedas, donde se almacenan los activos digitales, abiertas por ciudadanos rusos y el monto de los fondos que gestionan es de aproximadamente 2 billones de rublos, equivalente a alrededor de 23,900 millones de dólares. Además, Rusia es el tercer país más grande para la minería de bitcoins.

Si bien el banco central del país propuso prohibir las operaciones con criptomonedas el mes pasado, pidiendo la prohibición de la emisión y bloqueando el intercambio de criptomonedas por monedas respaldadas por el gobierno, así como la prohibición de la minería de criptomonedas, algunos sectores en Rusia han visto en las criptomonedas una herramienta potencial para eludir otras sanciones que se enfocan en el sistema bancario y de pagos tradicional. En octubre de 2020, representantes del banco central de Rusia dijeron a un periódico de Moscú que el nuevo “rublo digital” haría que el país fuera menos dependiente de Estados Unidos y pudiera resistir mejor las sanciones, pues permitiría a las entidades rusas realizar transacciones fuera del sistema bancario internacional con cualquier país dispuesto a comerciar con moneda digital. De momento, las criptomonedas sirven eminentemente para que los multimillonarios eviten las sanciones, ya que se pueden mover miles de millones de dólares fácilmente a través de las fronteras.

Sea como fuere, esta es una realidad que está ganando peso de manera apresurada en el escenario geopolítico. Recientemente, el Tesoro estadounidense revisó el último programa de sanciones y exigió una modernización de estos para mantener su eficacia tras afirmar que las monedas digitales podrían debilitar las sanciones de EE. UU. “El desafío para la economía rusa es que la inmadurez de las criptomonedas como parte de su sistema financiero no les permite eludir a gran escala las sanciones multinacionales que se imponen”, matizó Juan Zarate, ex secretario adjunto del Tesoro y asesor adjunto de seguridad nacional en la administración de George W. Bush.

Nada de ello ha evitado que el banco central de Ucrania tomara medidas sobre las transferencias de dinero digital, convirtiéndose en el primer Estado nación de la historia en aceptar bitcoin (BTC) ether (ETH) y la stablecoin o moneda estable Tether (USDT, en su versión de la red Ethereum) vinculada al precio del dólar estadounidense, para financiar la guerra contra Rusia. Las entidades de blockchain de todos los tamaños también han comenzado a participar y a donar a la causa ucraniana. Además, las plataformas DAO más grandes como Aave ya han presentado propuestas a sus comunidades para donar cantidades significativas al pueblo ucraniano. Tampoco olvidemos que Ucrania es el principal actor europeo de criptomonedas y el cuarto más grande del mundo. En septiembre, el país legalizó las criptomonedas, y su nuevo Ministerio de Transformación Digital emprendió una enorme campaña de atracción de inversiones procedentes de empresas tecnológicas en este sector.

La contrahegemonía del eje asiático

Aunque no son tan importantes como otros acuerdos, los estudios en materia eurasiática indican que las iniciativas soberanas para impulsar sistemas de pagos conjuntos pueden ayudar a evitar o dificultar la captura de mercados rentables por parte de competidores occidentales y bloquear los intentos de ejercer influencia política a través de las finanzas. Desde hace varios años se viene reconociendo desde diversas instituciones que la cooperación económica de Rusia y China estaría sujeta a las percepciones de que existen amenazas para la acción antagónica conjunta mediante el uso de monedas digitales distintas a las de Estados Unidos.

No extraña, por este motivo, que ambos países hayan impulsado sistemas nacionales de pago. Por un lado, a medida que crece el comercio y la inversión con el resto del mundo, China ha reforzado su sistema de pagos para permitir transacciones transfronterizas en yuanes y no ha cesado en su esfuerzo para globalizar la moneda local. También el renminbi transfronterizo chino se ha finalizado con éxito y, aunque la moneda en términos de valor está muy por debajo (menos del 3 por ciento) de las participaciones de las principales monedas de reserva occidentales en el mundo, los avances en soberanía monetaria de este país han atraído la atención mundial. Más aún desde que ha sido pionero en impulsar el yuan digital, una criptomonedas conectada al Estado chino. A mediados de septiembre del año pasado, además, el Banco Popular de China envió instrucciones detalladas a 19 bancos para implementar cuanto antes el Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo, administrado por el llamado CIPS Co. Ltd., lanzado por el banco central en 2015 para liquidar reclamos internacionales en yuanes, lo cual aumentará el número de bancos que utilizan el sistema a casi 80.

Por su parte, Rusia también ha estado trabajando en la implementación de su propio sistema desde que la tramitación del pago a través de Visa, Mastercard y otras tarjetas estadounidenses fueron incluidas en el régimen de sanciones de la potencia occidental contra Rusia en 2014. De hecho, un año más tarde impulsó su tarjeta de pago electrónico “Mir”, obligando a ambas tarjetas a participar del sistema de pagos ruso. En este contexto también se entiende que desarrollara el sistema denominado como SPFS (Sistema para la Transferencia de Mensajes Financieros) para uso transfronterizo, el cual debería comenzar a utilizar tras quedar aislada del Swift. Si bien se limita principalmente a la utilización dentro del territorio ruso, el gobierno lo ha promovido intensamente su adopción en cumbres internacionales, como las de la Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS, donde negoció con Irán y Venezuela.

Además de desarrollar el SPFS, Rusia también dispone de otras herramientas para protegerse contra posibles sanciones financieras, por ejemplo, acumulando enormes cantidades de reservas extranjeras y difundiendo de manera integral el sistema de tarjetas de crédito ruso (“Mir”) que limitaría las repercusiones de las medidas de Occidente. Al igual que China, Rusia ha desarrollado un rublo digital independiente de Swift que fue aprobado por el banco central en octubre de 2020 y testado como prototipo en la región de Crimea un año después. Si bien las sanciones occidentales provocarán distintos inconvenientes para las transacciones con Rusia (por ejemplo, volver al arcaico sistema télex para la mensajería financiera internacional, y una enorme volatilidad), hasta los observadores de Washington reconocen que la moneda digital del banco central, los sistemas de pagos transfronterizos que este país ha impulsado o la cooperación con China y el resto de la región euroasiática puede devolver el control de la economía al Estado, reducir la dependencia del dólar estadounidense, impulsar el rublo a nivel mundial y minimizar el riesgo de sanciones.

De hecho, algunos trabajos académicos afirman que “si los estados logran materializar este potencial emitiendo sus propias criptomonedas y convirtiéndolas en dinero de curso legal, estas herramientas podrían funcionar como medios de pago internacionales y medios de acumulación quizás de manera más eficiente que el dinero de crédito”. Aunque, de momento, Rusia recibe más euros que dólares por sus exportaciones a China, el nuevo dinero digital del país de Putin podría competir con el dólar estadounidense como moneda de reserva internacional.

Ahora bien, de fondo se encuentra la preocupación que comparten Estados Unidos y la Unión Europea: esta estrategia puede reafirmar la tendencia que muestran los estudios en economía política, es decir, que el sistema financiero de Rusia se haga más dependiente de China. Existen dos factores fundamentales que refuerzan esta hipótesis. Primero, porque la integración del país de Vladimir Putin a los mercados financieros globales (es decir, a la globalización neoliberal) se encuentra cada vez más subordinada a la potencia de Xi Jinping, lo cual aumentará la vulnerabilidad de las finanzas nacionales rusas, y más aún en medio de una escalada de las sanciones por parte de Occidente. Segundo, como bien ha descrito el periodista Rafael Poch, los desastres del neoliberalismo en este país, la privatización en nombre de la “libertad de mercado” aceptada como dogma de progreso, así como la posterior restauración violenta de su sistema autocrático, tienen una relación directa con la dependencia sobre China, en lugar de hacia Estados Unidos. En otras palabras, la elección de una política macroeconómica abierta a la financiarización del sector bancario ruso, principalmente de propiedad estatal, dificulta la transformación de las entradas de liquidez en créditos para las empresas del Estado.

Qué tremenda paradoja, la implementación de la agenda deseada por el Consenso de Washington ha provocado que la mayoría de los sectores productivos de la economía rusa no sean capaces de competir en buenas condiciones. La farsa del dogma de la globalización neoliberal, junto a la extensión de las bases militares hacia su territorio, ha colocado a Rusia cada vez más cerca del modelo de capitalismo chino y el mundo post-dollar que tiene en mente. La carrera entre las dos grandes superpotencias de nuestra era será larga, pero Putin tendrá pocas salidas distintas a la de atar sus finanzas, monedas y flujos de capital a la Ruta de la Seda china. La Unión Europea también ha confirmado quién será su aliado en este viaje, y probablemente solo Alemania gane con esa elección.

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Martes, 01 Marzo 2022 06:30

Alemania: viraje histórico

Alemania: viraje histórico

El sábado, el gobierno alemán anunció el envío de mil cañones antitanque y 500 misiles antiaéreos Stinger, además de 400 cañones antitanque de fabricación nacional desde Países Bajos, y nueve obuses D-30 y municiones desde Estonia para apoyar a las fuerzas armadas de Ucrania en la guerra con el ejército ruso y los grupos separatistas. La medida marca una ruptura con la prohibición alemana de exportar equipos letales a las zo-nas en conflicto, vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, y reforzada hace 20 años, cuando el país era gobernado por una coalición entre los socialdemócratas y los verdes (mismos partidos que, junto con los liberales del FDP, integran el gobierno actual).

Además del histórico giro en esa política autoimpuesta por los alemanes como parte de los esfuerzos para desmarcarse de su pasado belicista, y en particular de los horrores del régimen nazi, el respaldo militar a Kiev supone el fin de una dilatada tradición de independencia y equidistancia diplomática entre Washington y Moscú.

En efecto, desde los tiempos de la guerra fría la entonces República Federal Alemana buscó un trato constructivo y basado en el diálogo con su contraparte soviética, y esa política fundada en el pragmatismo se mantuvo tras la reunificación alemana y la caída del blo-que comunista, sin importar las evidentes e importantes diferencias entre sus respectivos liderazgos. Ahora, el canciller Olaf Scholz reaccionó a las operaciones bélicas rusas, anunciando la creación de un fondo especial de 100 mil millones de euros para sus fuerzas armadas, y que en lo sucesivo mantendrá su gasto militar por arriba de 2 por ciento del PIB, con lo que parece anticipar una confrontación prolongada y establecer un tono de fuerza ante el Kremlin.

Para entender el carácter especial de las relaciones entre Rusia y Alemania es necesario remontarse en el tiempo. Desde el siglo XVIII, el expansionismo ruso y el de la extinta Prusia hicieron que estas entidades chocaran por el control de los territorios ubicados entre ellos y que integran la actual Europa del Este, pero estos espacios de lucha lo fueron también de encuentro: no puede olvidarse que los déspotas ilustrados del Imperio ruso modernizaron las estructuras feudales de sus inmensos do-minios siguiendo estrechamente el ejemplo alemán, ni que las casas reales de Rusia y de los Estados alemanes tienen una intrincada historia de enlaces, cuyo máximo símbolo es Sofía de Anhalt-Zerbst, princesa alemana que gobernó Rusia bajo el nombre de Catalina.

El siglo XIX vio cómo el oriental reino de Prusia se convertía en una poderosa potencia industrial, capaz de vencer de manera humillante al ejército francés en 1871 y de guiar bajo su férula la unificación de una miríada de pequeños Estados en el Imperio alemán. Este fortalecimiento prusiano le llevó a exigir un lugar entre las potencias imperialistas de la época y desembocó en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), conflicto que dejó una destrucción material y humana desconocida hasta entonces.

En el curso de la contienda, el descontento del pueblo y los soldados rusos ante las derrotas y la carestía generalizada –entre otros factores– detonaron la Revolución de 1917, y el temor de Occidente a la extensión del socialismo precipitó el armisticio de 1918, el cual permitió a Alemania salir de la guerra que había iniciado con sus ciudades relativamente intactas. La crisis económica y el ánimo de revancha fueron el fermento del que surgió la ideología nacionalsocialista y que auparon al poder a Hitler, cuyo régimen contó con las simpatías de gobiernos y empresas occidentales para los que el enemigo a vencer no era el nazismo, sino el comunismo.

La obsesión hitleriana con la aniquilación del modelo de inspiración marxista llevó a Alemania a lanzar la Operación Barbarroja, la mayor campaña militar de la historia, en la que tres millones de soldados invadieron la Unión Soviética y asesinaron o causaron en forma indirecta la muerte de 27 millones de personas antes de ser derrotadas por el Ejército Rojo. Por más que la propaganda de occidente se empeñe en presentar la caída del nazismo como una hazaña estadunidense y europea, no puede olvidarse que 80 por ciento de todas las bajas alemanas se dieron en el frente oriental, y el bloque soviético fue el que sufrió la mayor devastación bajo las tropas del Tercer Reich.

No fue la casualidad, sino el recuerdo de esa traumática historia, lo que guió la autolimitación alemana en el despliegue de su industria armamentística –pese a lo cual es el cuarto mayor exportador de armas del mundo– y de sus capacidades militares durante décadas. Cabe esperar que las decisiones del canciller Scholz signifiquen un paréntesis y no un viraje definitivo en esa contención, pues a nadie conviene un crecimiento del armamentismo y de la propensión a usar la violencia para dirimir diferencias.


Militarismo.

Con la excusa de Ucrania, Alemania inicia un fuerte rearme histórico, junto a otras potencias imperialistas

Con la excusa de ’ayudar a Ucrania’, el Canciller alemán Olaf Scholz anunció este domingo que se pondrá a disposición de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas) un fondo especial de 100 mil millones de euros, que se suma al presupuesto actual. Además, establece que el país gastará más del 2% del PBI anual de aquí en adelante, lo que es un giro histórico en el militarismo alemán.

Tabea Krug / Simon Zinnstein

Lunes 28 de febrero

100 mil millones de euros para la Bundeswehr: ¡No al rearme!

El canciller Olaf Scholz anunció un aumento masivo del gasto militar y una “modernización” de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas). En la sesión especial del Bundestag (Parlamento) sobre la guerra en Ucrania, anunció que la Bundeswehr debería recibir 100.000 millones de euros extra del presupuesto federal para 2022.

Se trata de un giro histórico en el militarismo alemán, con un presupuesto paras sus Fuerzas Armadas extraordinario que duplica incluso el presupuesto actual que ronda los 50.000 millones de dólares.

Además, para dejar en claro que el cambio implica una verdadera militarización a nivel histórico, como no se vio desde la segunda guerra mundial, se anunció que el país gastará más del 2% del PBI anual en sus Fuerzas Armadas de aquí en adelante.

De esta forma, se atendería el objetivo del 2% acordado en 2002 y 2014 por la OTAN y las exigencias del jefe de la Bundeswehr Association. El gobierno alemán también ha anunciado entregas de armas a Ucrania y más sanciones contra Rusia.

Este anuncio significa un giro histórico en la política de rearme alemán. La inversión de 100 mil millones corresponde nada menos que al 20% del presupuesto federal anual. A modo de comparación, se invirtieron alrededor de 498.620 millones de euros en todo el presupuesto federal en 2021. El gasto militar sería a partir de ahora similar al gasto total en asuntos laborales y sociales en 2021.

Está claro que pagaremos por este rearme. Porque la deuda que asume el estado alemán por esto se utilizará como argumento de que el estado del bienestar no se puede financiar. Cuando se produjo la huelga de hospitales en Berlín, el argumento del gobierno era que no había suficiente dinero, algo que ahora se demuestra que era una mentira descarada. Con los 100.000 millones de euros que se destinan a presupuesto militar se podrían contratar 200.000 enfermeras con un salario de 4.000 euros durante más de diez años y se podría paliar notablemente la crisis sanitaria.

¡Luchar por la paz es luchar contra el imperialismo y el militarismo! ¡Rusia fuera de Ucrania! ¡La OTAN también! ¡Ni un céntimo para los militares!

En Alemania, los medios de comunicación y los partidos del régimen están creando una gran campaña a favor del militarismo. Sugieren que el rearme y el fortalecimiento de la OTAN sería la única forma de detener la agresión rusa. Sin embargo, esta no es una solución, porque la OTAN ya ha demostrado en innumerables guerras que comete genocidios y bombardea a los pueblos solo para defender sus intereses económicos. Así lo vimos en Afganistán, donde se excusaron en la idea de llevar la “democracia” y provocaron una masacre de la población civil.

Un movimiento antimilitarista en interés del pueblo ucraniano significa luchar por: ¡No a la invasión rusa! ¡Abajo la OTAN! El armamento, las sanciones y las invasiones no podrán detener el belicismo. En lugar de arrojar aún más dinero a la garganta de la industria armamentística, se debe invertir más presupuesto en asuntos sociales. La industria armamentística debe reconvertirse para la construcción de ferrocarriles y rieles, algo que podrían contribuir a combatir el cambio climático y la catástrofe que se avecina.

La población rusa pagará las sanciones que ya están generando una caída histórica del rublo, mientras que los trabajadores y el pueblo en Alemania pagarán los costos del rearme en este país imperialista. También lo pagarán todos los pueblos del mundo. Un movimiento contra la guerra debería defender nuestros intereses como trabajadores y oprimidos. En este sentido, llamamos también al pueblo ruso a oponerse a Putin y su invasión reaccionaria, así como a fraternizar con el pueblo ucraniano y los opositores a la guerra en todo el mundo

 

publicado en La Izquierda Diario

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Lunes, 28 Febrero 2022 06:55

Gritos desde un manicomio

 Refugiados ucranios que huyen de la guerra que estalló el pasado jueves llegan a la estación de tren de Zahonyi, ciudad fronteriza con Hungría.Foto Afp

En tiempos modernos "toda guerra es una guerra contra civiles, y por lo tanto son inherentemente inmorales" afirmaba el gran historiador Howard Zinn, veterano de la Segunda Guerra Mundial, quien fue a visitar las ciudades alemanas que bombardeó poco después del fin de esa guerra y ahí llegó a esa conclusión.

Los "expertos" están por ahora en el paraíso al hablar sobre los aciertos y fracasos de los políticos y sus estrategas militares en el conflicto Rusia-Ucrania/OTAN/Estados Unidos mientras empieza el conteo de muertos y heridos. Algunos políticos estadunidenses ya están usando el conflicto para pedir más fondos para el presupuesto militar más gigantesco del mundo, y Trump, elogiando la estrategia de Putin de desplegar una "fuerza de mantenimiento de paz" en la frontera con Ucrania, opinó que "nosotros podríamos usar eso en nuestra frontera sureña" con México para frenar el ingreso de millones de migrantes.

Pero este conflicto tiene un detalle diferente a otros: en cualquier momento puede volverse en una guerra nuclear. Desde inicios del conflicto, el Apocalipsis (no el divino, el humano) está en la sala de espera. Desde el primer día, los rusos, europeos y estadunidenses ya estaban haciendo referencias al uso de armas nucleares. El fin de semana Putin fue más explícito al ordenar una máxima alerta para sus fuerzas nucleares. Biden, por su lado, justificó las sanciones contra Rusia, argumentando que las únicas dos opciones son ese "castigo" económico o "una tercera guerra mundial".

Una orden para un ataque nuclear se puede emitir por un presidente casi instantáneamente y los misiles se pueden lanzar dentro de 5 a 20 minutos. Un 93 por ciento de todas las armas nucleares del mundo están en Estados Unidos (poco más de 6 mil) o Rusia (casi 7 mil), las demás están repartidas entre otros 7 países. Un ataque nuclear puede ser resultado de errores y accidentes y, de hecho, hay tantos precedentes de eso que es por puro milagro que aún estemos vivos. No se puede descartar más, sobre todo en coyunturas bélicas entre poderes nucleares. Vale recordar que de todos los estados, sólo Estados Unidos ha usado estas armas de destrucción masiva.

Ante ello se tiene que preguntar: ¿quién y cómo se ha permitido tal escenario? Hemos vivido con esta amenaza desde hace más de 70 años sin que nadie nos pidiera permiso (en este rubro no hay democracia). Resulta un poco absurdo que el Consejo de Seguridad de la ONU, instancia creada para frenar las guerras y evitar incluso la destrucción mundial por armas nucleares, esté controlado nada menos que por cinco de los principales poderes nucleares. Los locos están a cargo del manicomio.

Es la locura más obscena imaginable. Que la evolución humana culmine con unos cuantos políticos, sus generales y otros en las cúpulas teniendo en sus manos el poder de destruir la vida en este planeta, sea por el cambio climático o un holocausto nuclear, es la locura más obscena imaginable.

Son tan inteligentes los encargados que nos tienen constantemente al borde del fin del mundo (y hasta crearon una doctrina compartida entre los poderes nucleares que se llama "destrucción mutua asegurada" o MAD). ¿Vamos a seguir pretendiendo que el lugar donde estamos, si verdaderamente es evaluado de manera objetiva, científica y racional, no es otra cosa que un manicomio?

Ante esta locura, a mediados de los años 60 el satirista (y matemático de Harvard) Tom Lehrer escribió una canción "prenostálgica" para la Tercera Guerra Mundial, con una parte de su letra así:

Hasta pronto, mamá

Me voy para ir arrojar la Bomba

Entonces no me esperes.

Pero mientras sudas en tu refugio

Me puedes ver

En la tv…..

No hay necesidad de que te pierdas un minuto

Del agonizante holocausto

¡Yea!

El pequeño Johnny Jones

Era un piloto estadunidense

…. estaba muy orgulloso

Cuando se declaró la Tercera Guerra Mundial

No tenía miedo

No señor….

Y esto es lo que dijo

En camino al Armageddon

Recuerda mami

Voy por un commie (comunista)

Entonces envíame un salami

Y trata de sonreír de alguna manera

Te buscaré cuando acabe la guerra

En una hora y media de ahora.

Tom Lehrer. So long mom (Canción para la Tercera Guerra Mundial). https://youtu.be/YDFqoReof6A

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EE UU, preocupado ante el avance de China en Latinoamérica

Washington presiona a la nueva presidenta de Honduras, Xiomara Castro, para que mantenga las relaciones con Taiwán, tras la ruptura del régimen de Daniel Ortega con la Isla y el acercamiento de otros países latinoamericanos a Pekín

La embajadora nominada por el Gobierno de Joe Biden para representar a su país en Honduras, Laura Dogu, llegará a Tegucigalpa con una misión que Washington considera estratégica: convencer a la presidente Xiomara Castro de que mantenga sus relaciones con Taiwán, la isla que China considera rebelde y cuya diplomacia ha estado centrada en repartir millones de dólares a los países centroamericanos a cambio de que reconozcan su soberanía. A pesar de ese apoyo, Centroamérica cada vez más vuelve a ver a China y Taiwán pierde poco a poco sus aliados en la región. El último en romper relaciones con la isla ha sido el régimen de Daniel Ortega, que incluso embargó la sede diplomática taiwanesa en Managua. Ortega, desesperado por hallar apoyos tras el aislamiento impuesto por la comunidad internacional, incluso ha enviado a sus hijos a China como emisarios, con la esperanza de obtener un nuevo salvavidas que le permita mantener su régimen autoritario.

La abrupta ruptura de Ortega tomó por sorpresa al Gobierno taiwanés, que se había convertido en el principal aliado del régimen, en una relación muy criticada en Nicaragua: mientras la comunidad internacional aislaba a Ortega, Taiwán mantuvo su financiamiento en Managua a pesar de la brutal represión contra multitudinarias manifestaciones que exigían un cambio de timón, el asesinato de centenares de manifestantes, el encarcelamiento de opositores, el cierre de medios de comunicación y las denuncias sucesivas de violaciones a los derechos humanos.

La sede diplomática taiwanesa, interesada en mantener el reconocimiento de Managua, mantuvo un elocuente silencio frente a estas atrocidades. Taiwán financiaba 27 proyectos en áreas de producción de alimentos, cultivos de frutales y cría de cerdos de calidad superior, por valor de entre 30 millones y 50 millones de dólares, según datos del Gobierno nicaragüense. “Lamentamos que el Gobierno del presidente Ortega haya hecho caso omiso de los muchos años de amistad entre los pueblos de Taiwán y de Nicaragua”, expresó el ministerio de Exteriores taiwanés. “Como miembro de la comunidad internacional, Taiwán tiene el derecho a intercambios y al desarrollo de relaciones diplomáticas con otros países”, agregó. Washington fue el primer país en criticar la decisión de Ortega y aseguró que Taiwán da “beneficios económicos y de seguridad significativos a los ciudadanos de aquellos países” con los que mantiene lazos diplomáticos.

La ruptura fue violenta y humillante, a tal punto que Ortega ordenó la confiscación de la sede diplomática de Taiwán en Managua, que la Isla había vendido de forma simbólica a la Iglesia católica nicaragüense. “Taiwán emprenderá los procedimientos legales internacionales apropiados para proteger su propiedad diplomática y garantizar que Nicaragua rinda cuentas por su acto, ilícito desde el punto de vista del derecho internacional”, informó el Ministerio de Relaciones Exteriores en un comunicado. Para Taipei, la confiscación de su embajada “forma parte de la intención explícita y agresiva de China de anexionarse Taiwán, lo que contraviene gravemente las normas internacionales y daña la paz y la estabilidad regionales.

Aunque las relaciones con una potencia como China pueden traer beneficios económicos a Nicaragua (se trata de un mercado inmenso de 1.400 millones de personas y con una industria que exporta productos a un menor costo), Tiziano Breda, analista para Centroamérica del International Crisis Group, estima que también puede tener ventajas políticas para un régimen autoritario como el de Ortega. “China ofrece una oportunidad de respaldo en foros multilaterales como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, o la misma ONU. También puede hacer contrapeso a la crítica internacional sobre ciertas cuestiones internas de parte de Estados Unidos o Europa”, explica Breda, en referencia a las exigencias de Washington y Bruselas de liberar a los presos políticos, denunciar los abusos a los derechos humanos y exigir elecciones libres y transparentes en Nicaragua. “Cuando se intentó llevar a Nicaragua ante el Consejo de Seguridad de la ONU, China y Rusia se opusieron, vetaron un proyecto de resolución”, recuerda Breda. “Creo que al final de cuentas lo que busca Daniel Ortega es insertar a Nicaragua en esta contienda geopolítica entre estas tres potencias [EE UU, China y Rusia] e incomodar a Estados Unidos”, advierte el analista.

A Taiwán le ayuda cada vez menos su diplomacia del dólar y el derroche de millones entre sus aliados, principalmente latinoamericanos. Nicaragua es el octavo país que abandona a Taiwán por China en cinco años, después de Burkina Faso, República Dominicana, Sao Tomé y Príncipe, Panamá, El Salvador, las islas Salomón y Kiribati. Ello deja al Gobierno de Taipei con solo catorce países con los que mantiene relaciones diplomáticas formales, concentrados principalmente en América Latina y el Caribe, informa Macarena Vidal Liy. A inicios de febrero, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, inició una gira de cinco días por Rusia y China para atraer inversiones. China aspira a invertir miles de millones de dólares en el país sudamericano, en proyectos que incluyen desde represas en la Patagonia a una central nuclear en la provincia de Buenos Aires.

México - 27 feb 2022 - 23:45 COT

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Alemania refuerza su Ejército ante la "amenaza" rusa: 100.000 millones de euros y un 2% más del PIB defensa

El canciller Olaf Scholz anuncia en la Cámara Baja que su Gobierno invertirá más del 2% anual de su Producto Interior Bruto en Defensa. "Se hará lo que haga falta para garantizar la paz en Europa", subrayó.

 

El Gobierno alemán ha anunciado este domingo que destinará 100.000 millones de euros adicionales a sus Fuerzas Armas e invertirá más del 2% anual de su producto interior bruto en defensa para enfrentar el "desafío" que representa una Rusia liderada por Vladímir Putin.

"Tenemos que hacernos la pregunta de qué capacidades tiene la Rusia de Putin y qué capacidades necesitamos nosotros para enfrentar esta amenaza, hoy y en un futuro", dijo el canciller alemán, Olaf Scholz, este domingo en una declaración de Gobierno ante el Bundestag (Cámara baja).

El objetivo, subrayó, es contar con una Bundeswehr (Fuerzas Armadas) "eficiente, de última generación y avanzada", lo que implica "mejor equipación, equipos modernos, más personal". "Eso cuesta mucho dinero", concedió, pero debería ser posible para un país del tamaño e importancia en Europa como Alemania, añadió.

Ante este "cambio de era" que supone la invasión rusa de Ucrania, "se hará lo que haga falta para garantizar la paz en Europa", y Alemania será solidaria en su contribución, para lo cual, no obstante, la Bundeswehr necesita "nuevas y grandes capacidades", reconoció.

En este sentido, Scholz se dirigió a todos los grupos parlamentarios para pedirblindar en la Ley Fundamental esta partida adicional destinada a modernizar las fuerzas armadas. "A partir de ahora, cada año, invertiremos más del 2 % de nuestro PIB en nuestra defensa", no sólo por un el compromiso adquirido con la Alianza Atlántica, sino "por nuestra propia seguridad", anunció, además.

Scholz advirtió al jefe del Kremlin en contra de subestimar la determinación de Alemania de defender junto a sus aliados "cada metro cuadrado del territorio de la Alianza".

Entre los grandes desafíos está el de "evitar que la guerra de Putin se traslade a otros países de Europa", señaló y agregó que con la invasión de Ucrania, el presidente ruso "no quiere sólo borrar un país independiente del mapa", sino que "destruye el orden de seguridad europeo" cimentado desde hace casi medio siglo en el Acta Final de Helsinki.

Según informó Efe, el primer ministro señaló que "se hará lo que haga falta para garantizar la paz en Europa", incluyendo en su ejército armamento "eficiente, de última generación y avanzado". De la misma forma aclaró que Alemania sí intervendrá en su seguridad para proteger la libertad y la democracia.

27/02/2022 15:13 Actualizado: 27/02/2022 18:42

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