Foto: Andrea Zampatti

 

Foto: Andrea Zampatti

Más de una vez los animales nos sorprenden con sus gestos, más similares a los de los humanos que a los de una fauna salvaje. El fotógrafo Andrea Zampatti se encarga de capturar esos momentos con su lente.

La imagen más sonada de este profesional imprime de manera casi instantánea una simpatía contagiosa: un lirón que parece reír pleno de felicidad sobre una flor. La foto, titulada The Laughing Dormouse (El lirón sonriente) fue escogida como ganadora en la categoría On Land de los Comedy Widlife Photo Awards 2017.

El diminuto roedor, agarrado a la flor con sus cuatro patas, da la impresión de que celebra la llegada de la primavera con toda su ilusión. Como si por fin hubiera alcanzado lo que había estado esperando y, de repente, la risa se le escapara en una gran carcajada.

Zampatti ha logrado capturar un instante poco común y, sobre todo, muy contagioso, ya que resulta imposible no mirar al pequeño lirón y que se nos dibuje una pequeña sonrisa. Da igual si está riendo, bostezando o a punto de estornudar, lo importante es la felicidad que transmite una fotografía tan especial.

Pero el lirón sonriente no es el único animal al que ha sorprendido la cámara de Zampatti. Este fotógrafo, que se autodenomina un “enamorado de la vida salvaje”, captura todo tipo de fauna del hemisferio norte y, como prueba, algunas de sus fotografías.

Foto: Andrea Zampatti

Foto: Andrea Zampatti

Foto: Andrea Zampatti

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Foto: Andrea Zampatti

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Las fotos más espectaculares del MontPhoto 2021

Ghost. Fotografía ganadora absoluta de la competición
Foto: Will Burrard-Lucas/ MontPhoto 2021

 

Fundado en 1997, el concurso fotográfico Montphoto acaba de cumplir 25 años. Un cuarto de siglo en el que la competición se ha caracterizado por una clara vocación de valorar y difundir el arte de la fotografía de naturaleza, y a su vez, promover los valores de la defensa medioambiental y la conservación de los ecosistemas de nuestro planeta. 

Yendo un paso más allá y con motivo de una fecha tan especial, la organización ha decidido dar un giro a la trayectoria del proyecto, encaminandose a convertirse en una comunidad dedicada a la difusión continuada de contenido y a la realización de actividades relacionadas con la conservación medioambiental, la lucha contra el cambio climático y el maltrato animal.

A Beakful. Fotografía ganadora en la categoría: Aves. Foto: Bret Charman / MontPhoto 2021

 

The Astonishing. Fotografía ganadora en la categoría: Paisaje Foto: Mauro Tronto/ MontPhoto 2021

 

Yin and Yang. Fotografía ganadora en la categoría: Arte en la Naturaleza. Foto: Gheorghe Popa / MontPhoto 2021

 

Bajo la luna. Fotografía ganadora en la categoría: Mundo Subacuático. Foto: Xavier Salvador Costa / MontPhoto 2021

 

A Eclosión. Fotografía galardonada con el el segundo premio absoluto de la competición.
Foto: Javier Urbón / MontPhoto 2021

 

The Fiest. Fotografía galardonada con el segundo premio en la categoría: Aves. Foto: Mateusz Piesiak / MontPhoto 2021

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Foto: "Duoyishu Terraces" de Ryan Tian

Ver el mundo desde arriba es una experiencia metamórfica. Un árbol sin hojas se convierte en una telaraña, un circo se transforma en una caja de dulces, mientras que un campo de cosecha se simplifica en cortes de lino y oro.

Rara vez tenemos la oportunidad de cambiar nuestra perspectiva, pero en el nuevo libro Above the World, destacados fotógrafos aéreos nos invitan a hacer precisamente eso. Las imágenes espectaculares, todas tomadas con cámaras de drones DJI, son una deliciosa fiesta de color, textura y una belleza natural excepcional.

Capturar tanto lo abstracto como lo fáctico es otro atractivo para los fanáticos de los drones. “Lo que encuentro realmente divertido es comparar tomas aéreas de objetos hechos por el hombre con objetos naturales”, dice el fotógrafo y camarógrafo Michael Shainblum, un especialista en time-lapse.

Te dejamos las mejores fotografías capturadas en dron y elegidas por Above the World 2021.

Vea además

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'El guardian de turno', ganador del concurso Comedy Wildlife Photography y de la categoría perros. (Elke Vogelsang).
Hace semanas conocíamos las fotografías del Comedy Wildlife Photography Awards, un concurso que premia las fotografías más divertidas del mundo animal y con el que se quiere concienciar sobre la importancia de preservar la vida salvaje y con el objetivo de lograr que la sociedad se comprometa.

Ahora llegan las fotografías más divertidas de los animales que viven dentro de casa: las mascotas. En el Comedy Pet Photograpy Awards destacan fotos de mascotas haciendo muecas, poses muy humanas y travesuras. Paul Joynson-Hicks y Tom Sullam, los creadores de este concurso, también son los impulsores de los premios Comedy Wildlife Photography Awards.

Este año en que la pandemia y el confinamiento nos ha obligado a pasar más tiempo con nuestras mascotas este concurso ha visto como el nivel de participantes crecía de forma sorprendente. Esta segunda edición del concurso, organizado en asociación con el fabricante mundial de alimentos para mascotas Mars Petcare, ha contado con más de 2.000 participantes de 81 países.

“La importancia de las mascotas en nuestras vidas, la relación positiva que afirma la amistad que traen sin siquiera darse cuenta, a menudo se subestima y se da por sentada”, dijo Sullam en un comunicado. “Pero este año realmente les ha dado a estas mascotas la oportunidad de brillar, y creo que sin las mascotas muchas, muchas personas habrían tenido más dificultades para lidiar con el aislamiento. ¡Gracias a las mascotas, a todas, por hacernos sonreír a través de este concurso y por mantener a muchos de nosotros en equilibrio!”, añadió.

Estos son los 16 ganadores del concurso, imágenes que es imposible verlas sin una sonrisa en la boca y sintiendo mucha ternura.


¿Por qué estás boca abajo mamá?', ganador de la categoría gatos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Malgorzata (Gosia) Russell).

 
'Chicas chismosas', ganadora de la categoría caballos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Magdalena Strakova).
 
 

'Reina del drama', ganadora de la categoría demás criaturas del Comedy Pet Photograpy Awards. (Anne Lindner)

 

'¡Buenos días, Fox Mulder!', ganadora de la categoría junior del Comedy Pet Photograpy Awards. (Ayden Brooks)

 

'Humor mañanero', ganadora de la categoría mascotas que se parecen a sus dueños del Comedy Pet Photograpy Awards . (Hannah Seeger)

 
'¡Agárrate fuerte! Llegamos tarde', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Karen Hoglund)
 

'El gato bailarín', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

 

'Ese momento en que te das cuenta de que te has comido medio plato', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Candice Sedighan)


'Los amigos no dejan que los amigos hagan tonterías solos', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Kerstin Ordelt)

 
'Mira mamá, puedo caminar sobre el agua', finalista del Comedy Wildlife Photography. (John Carelli)
 
 

'Ardilaaaa!!!', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Elke Vogelsang)

 
'Gato súper dramático', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)
 

'El gatito bailando, finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

'Ohhhhhhhhh', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Dimpy Bhalotia)


'Trofeo viviente', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Antonio Peregrino)

 

(Tomado de La Vanguardia)

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La pesadilla del coronavirus: Bogotá, entre el miedo y la esperanza

Aun cuando la pandemia todavía avanza sin clemencia en América Latina, las grandes urbes de esta región del globo se volvieron a poblar. Atrás, quedaron los largos días de encierro involuntario y un montón de promesas. Ahora, de regreso a la ‘normalidad’, este relato nos recuerda el discurrir de las primeras semanas de confinamiento en la capital de Colombia y su posterior ruptura.

 

Bogotá, hoy, parece otra ciudad. Incluso, peor –¿o mejor, realmente?–, Bogotá, hoy, parece una ciudad de otro planeta. La gente ha desaparecido repentinamente de las calles. Tampoco hay autos en las vías. Y la tóxica mancha gris, presente de manera habitual desde hace algún tiempo en el cielo de esta inmensa metrópoli andina, se ha esfumado también.

¿Qué pasó –entonces– con la Bogotá abarrotada de vehículos y buses atestados de pasajeros corriendo desenfrenadamente para sus trabajos desde la madrugada y luego a casa al morir el día? ¿Dónde están los miles de vendedores de toda clase de cachivaches que suelen ocupar los andenes de aquí y allá en modo rebusque? ¿Qué se hicieron los estudiantes y sus mochilas y sus risas y sus sueños? ¿Adónde han ido todos?

En su lugar, un magistral coro de pájaros de diversas especies –de regreso a sus viejos nidos: cedros, nogales, eucaliptos, cauchos sabaneros y guayacanes, desparramados por barrios y avenidas– no cesa de trinar, como antaño, regalándonos los más increíbles conciertos al amanecer. Y en las noches, cada noche, una nueva estrella se asoma en el cielo, ahora límpido. Y otra. Y una más.

Podría tratarse de una película de ficción –e incluso de un poema: la luna en lo alto sobre la ciudad vacía–. Pero, no. Es el día número 11 de un confinamiento obligatorio inimaginado para escondernos en nuestros hogares del ataque de un invisible y microscópico asesino que nos tiene a todos contra la pared, a unos rezando y a otros renegando.

La ciudad y las familias sufren una súbita metamorfosis. Cada quien trata de arreglárselas de la mejor manera. Pero, lo peor se avecina. El planeta está paralizado y la economía mundial tambalea. Bogotá y Colombia no escapan a ello.

Afuera, únicamente permanecen los prestadores de servicios esenciales: abarrotes, aseo, farmacias y funerarias, transportadores, domiciliarios, vigilantes y autoridades. Y, desde luego, un ejército que también ha sufrido pérdidas en sus propias filas por salvar las vidas de los más golpeados por el virus: el de los galenos, enfermeras, camilleros y auxiliares médicos, que adicionalmente y en no pocas ocasiones se han convertido en víctimas de la paranoia e ignorancia de unos cuantos ciudadanos que los insultan y agreden cuando los ven ingresar o salir de los edificiosdonde residen o de los supermercados donde se abastecen, por temor a ser contagiados.

 

El hambre no da tregua

 

Transcurren los días y en Bogotá, al igual que en el resto de Colombia y del globo entero, las ‘cifras’ comienzan a aumentar dramáticamente y pese a que en nuestra ciudad –según las autoridades– estas se encuentran por debajo de los estimativos iniciales, cada muerto nos duele y causa alarma. En tal parte, van ‘tantos’, dicen los noticiarios. Tantos contagiados. Tantos hospitalizados. Tantos en unidades de cuidados intensivos. Tantos fallecidos.

A estas alturas y sin dinero en el bolsillo para lo indispensable, aparecen en las calles los primeros que se resisten al encierro. Son los del rebusque. Los de las ventas de cachivaches en andenes y calles. Los de los malabares en los semáforos. Los que no pueden seguir esperando las ayudas gubernamentales ni las donaciones, porque sí llegan pero no alcanzan: las necesidades son superiores y «si no nos mata el coronavirus nos mata el hambre», repiten en cada esquina.

Poco a poco, y conforme lo autoriza el gobierno, a estos primeros hombres y mujeres, procedentes principalmente de las zonas marginales, se van sumando los obreros de las construcciones que quedaron paralizadas y luego los de las fábricas que dejaron de producir inesperadamente. Más tarde, se incorporarán otros trabajadores y posteriormente los demás grupos de población, han anunciado el presidente de la nación –un tantourgido de hacerlo– y la alcaldesa de la capital–no tan convencida de que sea el momento–.

De manera que, ahí van, bajo el miedo y la zozobra, bajo las carencias y las esperanzas, recorriendo las lluviosas calles de la ciudad, en una y otra dirección, luciendo el nuevo atuendo, la nueva prenda de vestir que se impone en el mundo de la moda 2020, igual en Europa que en América o en Asia que en África o en Oceanía: el tapabocas, esa mascarilla de la que no podremos desprendernos en mucho tiempo, pero que algunos tampoco usan, porque lo que está ocurriendo les parece una farsa o porque está agotada o porque su costo aumentó ridículamente –¡corruptamente! – y no tienen para comprarla.

Sí, podría tratarse de una película de ficción –e incluso de un poema: cualquier poema–. Pero, no. Es el día 17… 21… 29… 35… 43… 52… 60… de un confinamiento obligatorio inimaginado, que se prolonga cada tanto y que ha quebrado innumerables empresas y que ahora tiene a millares y millares sin empleo y sin para comer y sin para pagar el arriendo y sin para pagar los recibos de servicios públicos que no paran de llegar y que por el contrario vienen más caros, exagerada e injustificadamente más caros…

De forma «progresiva e inteligente», explica el gobierno, la ciudad y el país –como todas las ciudades y todos los países del mundo– van regresando a la ‘normalidad’ o intentando hacerlo. Hay que detener la otra pandemia, la de la fuerte crisis económica derivada del coronavirus. Por consiguiente, cada día hay más gente en la calle. Y también más riesgo de que el microscópico asesino alcance a quienes se descuiden.

Y ahí va el miedo, disfrazado de tapabocas. Y los muertos –sin funeral– rumbo al crematorio… ¿Aparecerá otra vez la tóxica mancha gris en el cielo? ¿Huirán los pájaros de nuevo? Sí, Bogotá, hoy, parece otra ciudad. Incluso, peor –¿o mejor, realmente?–, Bogotá, hoy, parece una ciudad de otro planeta… y el planeta parece otro planeta.

—Desde mi refugio, día 70 de confinamiento.

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Mario Henao Quevedo es periodista y guionista de nacionalidad colombiana; autor de diversos libros; ha escrito en desde abajo en varias ocasiones.

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Jueves, 04 Octubre 2018 09:42

Animales asombrosos

El primer plano de un camaleón revela los vivos colores de su piel escamosa. Habitualmente, se asume que los camaleones cambian de color para confundirse con su entorno, pero esa no es toda la historia: la espectacular piel de los reptiles también transmite información a enemigos o parejas potenciales. Foto: Raúl MCM/ National Geographic.

La revista National Geographic publica cada jornada su “Foto del Día” en la que suele mostrar asombroso paisajes, imágenes surrealistas de la naturaleza y animales captados desde un punto de vista peculiar.

 

Lamentablemente, muchas de las especies que aparecen, pese a su belleza, se encuentran en peligro de extinción debido a la acción del ser humano.

 

Las instantáneas recuerdan al popular programa para niños emitido entre 1996 y 2002, Animales Asombrosos, en el que el “Lagarto Henry” mostraba características increíbles de la fauna.

 

A continuación le ofrecemos un compendio de fotografías realmente impactantes.

 

Un pigargo europeo​ roza la superficie de un estanque en la República Checa. El pigargo europeo​ es una de las aves rapaces más grandes, con una envergadura que alcanza los 245 cm. Foto: Milan Zygmunt/ National Geographic.
 
 
Una pareja de carraos se enfrentan, ya que ambos parecían "interesados en encontrar almejas en el mismo lugar", cuenta el fotógrafo deYour Shot Peter Brannon. Estas aves singulares se parecen a las grullas, pero son una especie diferente y son conocidas por sus penetrantes vocalizaciones. Foto: Peter Barnnon/ National Geographic.
 
Dos caballos de la Carmaga pelean por su territorio. Esta raza es originaria del sur de Francia. Sólo quedan 200 ejemplares registrados oficialmente a día de hoy. Foto: Xavier Ortega/ National Geographic.
 
 
En la costa de Flinders, Australia, nada un dragón marino macho. Como su pariente el caballito de mar, el dragón marino macho cuida de los huevos que la hembra pone en su cola. Foto: Richard Wylie/ National Geographic.
 
La fotógrafa de Your Shot, Shane Kalyn, ha estado siguiendo a la madre de esta familia de zorros durante años. "Esa confianza que hemos construido a lo largo de los años ha permitido que la distancia entre nosotros se reduzca", dice ella. "Y ahora es habitual que ella y sus cachorros se acerquen, lo que me permite capturar estas bellas interacciones". Foto: Shane Kalyn/ National Geographic.
 

Los flamencos descansan y comen en las aguas poco profundas de un pequeño estanque en Tanzania. Los flamencos grandes son más altos y de color más claro, mientras que los flamencos menores tienen patas más cortas pero una coloración más oscura. . Foto: Eiji Itoyama/ National Geographic.

Un guacamayo azulamarillo se acicala las plumas en el Wildlife Learning Center de Sylmar, California. Las aves, si se cuidan de forma adecuada, pueden vivir durante más de 60 años. Foto: Melissa Cormican/ National Geographic.
 

Un impala bebe un trago de agua cerca de Francistown, Botswana, creando una escena maravillosamente geométrica. "La simetría en este marco es perfecta, con el impala en el centro, pero luego se combina con un conjunto aleatorio de patas en el fondo. La luz que se desliza sobre sus cuernos resalta las diferentes texturas del animal", comentó Kristen McNicholas, editor de fotos de Your Shot. Foto: Andrea Papalia/ National Geographic.

 

En el desierto de Kalahari, Botswana, dos leones machos pelean por el territorio o el derecho de aparearse con una hembra cercana. Estas peleas a veces pueden terminar en la muerte. Foto: Didier Couvert/ National Geographic.

 
Los pingüinos caen en picado al agua frente a la costa de la Antártida. Los rastros de burbujas que dejan tras ellos ayudan a reducir la densidad del agua, haciéndoles mucho más rápidos bajo el agua que en tierra. Foto: Jonas Beyer/ National Geographic.
 
El autor se encontró con estas morenas en la costa de Birmania. "La curiosidad y el comportamiento de las morenas no deja de sorprenderme", dice. "En esta foto, dos curiosas morenas parecen estar estudiándome y hablando del curioso buzo frente a ellas". Foto: Gregory Piper/ National Geographic.
 
 
Un oso pardo pierde a su presa en Brooks Falls, Alaska. Cuando la caza va bien, un oso puede atrapar y comer 30 peces por día. Foto: Taylor Thomas Albrigth/ National Geographic.
 
 
Un pavo real extiende las plumas de la cola, famosas por su iridiscencia y colores vivos. La exhibición forma parte del elaborado ritual de apareamiento de la especie, en el que se cree que las hembras escogen a los machos basándose en el tamaño, color y calidad de las plumas. En inglés, el término "peacock" ("pavo real") solo se aplica a los machos de esta especie, ya que las hembras se denominan "peahens". Foto: Victor Rotaru/ National Geographic.
 
 
Una sepia se desliza a través de las aguas frente a la costa de Nueva Gales del Sur, Australia. "Me encanta cómo se mueven"; dice Skye Migan, fotógrafo de Your Shot, "como pequeños ovnis submarinos". Las sepias, a pesar de su nombre, son moluscos y están relacionadas con los calamares. Foto: Sky Migan/ National Geographic.
 
 
Cada año, millones de diminutas tortugas oliváceas bebés eclosionan en la playa de Rushikulya en India. Es un viaje traicionero: los expertos estiman que solo una de cada 1.000 tortugas marinas bebés logran llegar al agua antes de que las mate un depredador. Foto: Saurabah Chakraborty/ National Geographic.
 
Una inusual Trimeresurus insularis de color azul adopta una pose astuta. "Esta serpiente de vivos colores me llamó la atención y me encanta cómo contrasta con el fondo exuberante. ¡Qué criatura tan maravillosa!", comentó la editora fotográfica de Your Shot Kristen McNicholas. Foto: Fabian Mülhberger/ National Geographic.
 
 
Un tucán intenta pegarle un mordisco a la lente de la cámara. La dieta de un tucán se compone principalmente de frutas, y su largo pico le permite alcanzar más fruta desde una misma posición. Foto: Shan W/ National Geographic.
 
Una cría de macaco de Sri Lanka se aferra a su madre mientras atraviesan el Santuario de Katagamuwa. La UICN clasifica a este mono del viejo mundo, endémico de Sri Lanka, como especie en peligro de extinción. Su hábitat queda sometido a cada vez más presión debido a la invasión de las plantaciones, a medida que más áreas forestales de Sri Lanka se convierten para usos agrícolas. Foto: Senthi Aathavan Senthilverl/ National Geographic.
 
En el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico de Alaska, una gaviota se encuentra con un oso polar en su aterrizaje. El patrón de las plumas de la gaviota indica que es joven; es probable que se vuelva blanca con alas grises a medida que envejece. Foto: Takayoshi Noda/ National Geographic.
 
 
Una pareja de serpientes ratoneras parecen bailar mientras llevan a cabo un ritual de apareamiento en Lonāvale, India. Como su nombre indica, se alimentan principalmente de roedores y no suponen un peligro para los humanos. Foto: David Higgins/ National Geographic.
 
 
Un varano de Bengala saca la lengua mientras cruza una carretara en el santuario de Anawilundawa, Sri Lanka. El reptil de tamaño considerable emplea su lengua bífida para "olisquear" su entorno. Mueve la lengua reiteradamente para rastrear presas y detectar otros varanos. Foto: Senthi Aathavan Senthilverl/ National Geographic.
 
 
Dos zorros rojos árabes se recortan contra el telón de fondo de las luces de la ciudad. Los animales son más activos por la noche, cuando van en busca de comida como pequeños roedores o aves. Foto: Mohammad Murad/ National Geographic.
 
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Sábado, 23 Junio 2018 05:55

Los derechos de la naturaleza

Los derechos de la naturaleza

¿Puede un río o una montaña tener derechos? La respuesta proviene de organizaciones sociales, pueblos indígenas y académicos críticos: si tienen derechos las empresas (creación humana que tiene como principal fin el lucro), ¿cómo no va a tener derechos la naturaleza? La Constitución Nacional de Ecuador y la ley nacional de Bolivia contemplan los derechos de la naturaleza. Fallos judiciales de Colombia y normativas de Nueva Zelanda legislaron en el mismo sentido. Y la Universidad Nacional del Litoral inauguró un curso inédito y que interpela el conservadurismo del poder judicial: “Derechos de la naturaleza. Un abordaje teórico, práctico e interdisciplinar”.


En marzo de 2017, el Parlamento de Nueva Zelanda otorgó estatus de personería jurídica al río Whanganui, solicitado por el pueblo indígena maorí. El curso de agua, el tercero más largo del país, tendrá derechos y deberes jurídicos y podrá ser representado en un tribunal por un delegado del Estado y otro del pueblo originario.


“Sé que la reacción inicial de algunos será pensar que es bastante extraño dar personalidad legal a un recurso natural, pero no es más extraño que una fundación familiar, una compañía u otro tipo de sociedad”, señaló Chris Finlayson, ministro para la Negociación de Tratados de Nueva Zelanda.


“Yo soy el río y el río es yo”, explican desde la cultura maorí, difícil de entender para quienes sólo visualizan a la naturaleza como un recurso económico. Para los pueblos indígenas, la naturaleza tiene derechos desde siempre, pero ahora comienzan a entenderlo desde el poder político.


En mayo de 2017, fue el turno de Colombia. La Corte Constitucional declaró, por primera vez en el país, que un río “es sujeto de derechos” y ordenó su protección y conservación. Se trata del río Atrato, uno de los más extensos del país, que es afectado por la extracción ilegal de oro. La Corte ratificó que el curso de agua es vital para la vida de las comunidades locales e instó al Estado a protegerlo.


Ximena González, vocera del Centro de Estudios para la Justicia Social Tierra Digna, señaló que la sentencia crea una comisión de “guardianes del río Atrato”, integrada por personas de las comunidades locales y del gobierno nacional. Y establece la creación de una comisión de expertos que asesoren a los guardianes del río que, además de la protección, incluyan un plan de intervención integral para recuperarlo de la contaminación.


El Centro de Estudios para la Justicia Social Tierra Digna actuó en representación del Consejo Comunitario Mayor de la Organización Popular Campesina del Alto Atrato (Cocomopoca), el Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (Cocomacia), la Asociación de Consejos Comunitarios del Bajo Atrato (Asocoba) y el Foro Inter-Étnico Solidaridad Chocó (Fisch).


“Es un fallo muy importante, histórico para Colombia, porque por primera vez se le da un lugar a los derechos de la naturaleza, en particular a un río”, destacó la vocera del Centro de Estudios. También existen fallos judiciales en Ecuador e India.


La Constitución de Ecuador reconoce los derechos de la naturaleza en el artículo 71: “La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá exigir a la autoridad pública el cumplimiento de los derechos de la naturaleza”.


En Bolivia fue sancionado por ley en diciembre de 2010. El artículo 1 señala: “La presente ley tiene por objeto reconocer los derechos de la Madre Tierra, así como las obligaciones y deberes del Estado Plurinacional y de la sociedad para garantizar el respeto de estos derechos”. Cuenta con diez artículos. Establece que la Madre Tierra tiene derecho a la vida, al agua, al aire limpio, al equilibrio, a la restauración, a vivir libre de contaminación,


En Argentina, el senador Pino Solanas presentó un proyecto de ley en el mismo sentido. “El ejercicio de los Derechos de la Naturaleza requiere del reconocimiento, recuperación, respeto, protección, y diálogo de la diversidad de sentires, valores, saberes, conocimientos, prácticas, habilidades, trascendencias, transformaciones, ciencias, tecnologías y normas, de todas las culturas que buscan convivir en armonía con la Naturaleza”. Crea la “defensoría de la naturaleza”, cuya misión es velar por la “vigencia, promoción, difusión y cumplimiento de los Derechos de la Naturaleza”. Fue presentado en 2015 y no tuvo tratamiento en el Congreso Nacional. Fue presentado nuevamente en 2017 y aún no tuvo giro en la Comisión de Asuntos Constitucionales.


La Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral (con sede en Santa Fe) sacudió el conservadurismo de la formación judicial con el curso “Derechos de la naturaleza. Un abordaje teórico, práctico e interdisciplinar”. El objetivo general es “contribuir desde una perspectiva teórica, práctica e interdisciplinar al debate y reflexión sobre una de las respuestas que, desde América Latina, se viene construyendo en relación al problema ambiental en los últimos años: el reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derecho, dentro del marco de modelos que se presentan como alternativos al capitalismo bajo la idea de ‘buen vivir’, ‘vivir bien’”.


Con una carga horaria de 240 horas (un promedio de 30 horas mensuales), a cargo de la docente e investigadora del Conicet Valeria Berros, se explica que se trata de un proceso iniciado en Ecuador y Bolivia, con avances en Brasil, Argentina y México, y con debates en el mismo sentido en Naciones Unidas.


Entre los objetivos específicos sobresale la necesidad de “extender la subjetividad jurídica más allá de los seres humanos”.


“El curso es importante porque permite ver que el derecho a un ambiente sano o la regulación sobre los recursos naturales no son la única manera que existe para pensar en el problema ecológico. Si bien ambas perspectivas han asumido un rol preponderante en las últimas décadas, lo cierto es que los problemas se agravan y, por ello, reviste aún más relevancia indagar en otras traducciones jurídicas presentes en la diversidad de sociedades y cosmovisiones, sobre todo aquellas que discuten el antropocentrismo”, explicó Berros. Una mirada que interpela la idea hegemónica del ser humano como el centro, y fin absoluto, de todo.


Por otro lado, la docente e investigadora destacó que el nuevo enfoque implica muchas disciplinas: “Cada vez es más visible que el derecho no puede seguir sólo mirándose a sí mismo, por el contrario, necesita comenzar a dialogar con otros saberes, no sólo aquellos institucionalizados como parte de las ciencias naturales, las humanidades y las ciencias sociales, sino los provenientes de movimientos de lucha, pueblos indígenas, profesionales de la salud desplegados en el territorio”.

Por Darío Aranda (Argentina, 1977), periodista. Especializado en extractivismo (petróleo, minería, agronegocios y forestales) escribe sobre el acontecer de los pueblos indígenas, organizaciones campesinas y asambleas socioambientales. Blog personal: www.darioaranda.com.ar

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