Sábado, 04 Septiembre 2021 05:03

Retomaron en México el diálogo por Venezuela

Jorge Rodríguez, jefe de la delegación del gobierno, llega a México para retomar el diálogo.. Imagen: Twitter

Arrancó la segunda ronda de negociaciones entre el gobierno y la oposición

La liberación de presos políticos y el anuncio de la participación opositora en las elecciones regionales de noviembre generaron expectativas en las delegaciones. 

 

Gobierno y oposición venezolanos buscaban avanzar el viernes a la noche en México en un acuerdo que permita levantar las sanciones al país de parte de Estados Unidos y la Unión Europea y garantizar elecciones libres y transparentes, según las pretensiones de una y otra parte, en la continuidad del diálogo iniciado a mediados de agosto y que ya permitió la firma de un entendimiento primario. Las conversaciones se extenderán hasta el lunes, y, al igual que en los encuentros anteriores, serán a puertas cerradas y sin prensa.

La novedad de estas conversaciones es que se dan apenas días después de que casi todo el arco opositor anunciara su participación en las elecciones de gobernadores y alcaldes de noviembre próximo, bajo el reflotado sello de Mesa de la Unidad Democrática (MUD), después de dos comicios boicoteados por considerar que no existían condiciones aceptables. Con la mediación de Noruega y el país anfitrión como facilitador, las dos delegaciones tienen objetivos muy puntuales.

El Gobierno quiere que se levanten las sanciones internacionales, que le cortaron al Poder Ejecutivo las chances de financiamiento y que hacen que, por ejemplo, el país tenga oro retenido en Londres."Venimos con profundas expectativas. Hemos recibido la instrucción del presidente Nicolás Maduro de que hagamos un énfasis en devolver las garantías económicas que le han sido robadas al pueblo venezolano", dijo el jefe de la Asamblea Nacional (AN, Parlamento) y de la delegación chavista, Jorge Rodríguez, en declaraciones a la televisora estatal VTV. "Es muy auspicioso que, en estos momentos, hayan decidido participar en elecciones de alcaldes y gobernadores del 21 de noviembre y ojalá se mantenga esa posición. Es tranquilizador para los venezolanos que quienes promovieron la violencia, invasiones y acciones contra la tranquilidad de las personas, ahora regresen a lo que la Constitución establece como derechos para todos", comentó.

La oposición busca un cronograma electoral claro y garantías de limpieza en el proceso. El líder opositor a quien Estados Unidos y parte de la región reconocen como presidente interino, Juan Guaidó, explicó que la meta deldiálogo es lograr  “un acuerdo que solucione el conflicto a través de una elección presidencial y parlamentaria libre y justa, con garantías", según expresó en un video difundido en sus redes sociales. "Hoy no hay condiciones para un proceso electoral libre y justo en Venezuela” y por eso la presencia de sus representantes en México, “luchando para lograr esas condiciones," señaló.

 Washington, Ottawa y Bruselas se mostraron abiertos a revisar su política de sanciones si Maduro facilita "avances significativos" en el diálogo. A través de su vocero Ned Price, el Departamento de Estado estadouniense saludó en un mensaje en Twitter el inicio de las negociaciones y manifestó su deseo de que se "restaure la democracia" de manera pacífica en Venezuela. "Esperamos que este proceso siente las bases para la salida democrática que merecen los venezolanos", subrayó Price. Ese concepto debe traducirse como derechos políticos, garantías electorales, libertad de movimientos para la oposición y un cronograma para elecciones observables.

Según el diario colombiano El Tiempo, A diferencia del primer encuentro, donde las tensiones se dieron por el reconocimiento de las partes y la aceptación de algunos actores como Carlos Vecchio, representante de Guaidó en EE. UU., en esta oportunidad la confrontación podría ser más compleja por la petición de presidenciales a cambio del levantamiento de sanciones. “Sanciones levantadas o nada”, dijo Maduro el 17 de agosto.

El opositor Freddy Guevara habría sido excarcelado por el régimen de Maduro con la condición de participar en este diálogo y sustituir a Vecchio. Guevara no lo ha confirmado, pero ha mostrado disposición para participar e incluso pidió dejar a un lado la “soberbia” entre ambas partes para llegar a un “acuerdo” que permita la convivencia en el país. Con la disputa sobre la presencia de Vecchio, nexo entre Estados Unidos y Guaidó, queda en evidencia la negativa de la delegación de Maduro a que cualquier actor que participe en el Gobierno interino esté en el diálogo. Por esa razón se dio la renuncia de Tomás Guanipa, secretario general del partido Primero Justicia, como representante del interinato en Colombia.

El proceso de diálogo sigue a las fallidas conversaciones de Barbados, en 2019, y República Dominicana, en 2018. Esta segunda fase ocurre tras las primeras conversaciones del 13 al 15 de agosto en México, donde ambos sectores firmaron un memorando de entendimiento para definir una agenda en común.

04/09/2021

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Jueves, 02 Septiembre 2021 06:01

La guerra de China contra los videojuegos

La guerra de China contra los videojuegos

Conocemos el doble rasero de Occidente en su relación con las naciones que no están bajo su esfera de influencia. Y sabemos bien cómo se utilizan causas nobles, para volcarlas en contera de sus adversarios o enemigos, como sucede con las mujeres afganas oprimidas por el movimiento talibán —proscrito en Rusia por terrorismo—

Ahora surgen quienes se rasgan por la decisión del Gobierno de China de limitar a los menores el uso de videojuegos en línea, decisión que acaba de tomar el Gobierno de Xi Jinping. Sin embargo, en Estados Unidos esta práctica ha sido común entre la elite del 1% más rico.

"Los hijos de Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Microsoft) o Sergey Brin (Google) no han sido niños con barra libre de tecnología en sus casas pese a sus padres y las empresas que han llegado a dirigir. Lo mismo ocurre con muchos otros hijos o sobrinos de grandes CEOs de empresas tecnológicas que incluso apuestan para la educación por colegios donde la tecnología no tiene cabida ni en su mínima expresión", explica Xataca, portal especializado en informaciónsobre tecnologías digitales e informática.

Steve Jobs, por ejemplo, defendía que sus hijos practicaran la lectura, en particular de la historia, o bien actividades que no implican el uso directo de tecnología. Bill Gates no dejó a sus hijos usar el teléfono móvil hasta los 14 años, aunque en la casa se usaban habitualmente por los adultos.

Para los CEO de empresas tecnológicas, evidentemente los más conocedores de los problemas vinculados al uso abusivo de ellas, el principal motivo para limitar el acceso de sus hijos, los seres más queridos por cualquierpersona, consiste en que "la tecnología usada de forma compulsiva acaba con la creatividad y limita las relaciones sociales".

Ahora es el Gobierno chino el que decidió poner límites a lo que considera "el opio de la mente", limitando a tres horas por semana el uso de videojuegos online a menores de 18 años —viernes, sábados y domingos, de 20.00 a 21.00 horas—. Xi argumentó además que la tendencia al consumo abusivo de videojuegos es "peligrosa para la economía del país"

En China existían ya restricciones que limitan las partidas entre varios jugadores por internet a una hora y media al día para menores, además de que los juegos de las tres grandes compañías occidentales —Sony, Nintendo y Microsoft— están regulados. Las nuevas restricciones afectan a grandes empresas chinas como Tencent.

Según un informe de El Economista, en EEUU se está detectando "un aumento en el número de jóvenes que abandonan el mercado laboral u optan por empleos a tiempo parcial para tener más horas para jugar", riesgo aún mayor en China donde "dominan los juegos multijugador online, mucho más complejos, atractivos y absorbentes que un juego para un solo jugador de consola".

Desde tiempo atrás China está en una campaña para regular sus monopolios, entre ellos los digitales, para "prevenir la expansión irracional de capitales" y "abordar el crecimiento salvaje" del sector tecnológico.

El Partido Comunista debe "guiar y supervisar a las empresas" y poner en marcha "regulaciones efectivas y normas precisas" con el objetivo de "servir a los intereses generales del desarrollo económico", según las declaraciones oficiales.

En los hechos, se colocaron multas al gigante del comercio electrónico Alibaba por casi 3.000 millones de dólares, la mayor multa antimonopolio en la historia del país; se puso la lupa en compañías como Meituan y Didi, similares a Uber, arguyendo riesgos para la seguridad de los datos de los usuarios, y llegaron a bloquear los planes de Tencent para fusionar las plataformas de retransmisión de videojuegos Huya y Douyu para "evitar una situación de monopolio".

El director del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos, acepta que la política de Xi se propone controlar la seguridad de los datos al comportamiento monopolístico, asegurar la estabilidad financiera del país, "pero también el control político o ideológico" que en su opinión "no puede faltar".

Estima que buena parte de estas medidas son adecuadas para controlar "los abusos de poder y corruptelas de los multimillonarios y sus empresas privadas o semiprivadas que acaparan el mercado y se adueñan de los datos de los usuarios de sus productos".

Pero Ríos asegura que quienes desde Occidente critican a China, fracasaron en sus objetivos de "meter en cintura a estas empresas que abusan de su posición dominante en el mercado", como es el caso de Google, Amazon, Facebook o Amazon a las que ni EEUU ni la Unión Europea consiguieron que cumplan sus obligaciones fiscales. "Una vez más, Beijing exhibe la eficiencia de su gobernanza en este aspecto", concluye Ríos, con cierta ironía.

En noviembre de 2020, cuando el brazo financiero de Alibaba, el grupo Ant de Jack Ma, planeó la mayor salida a bolsa de la historia, el Gobierno de Xi intervino para impedirlo, porque busca construir una economía y un sector empresarial preparado para la contienda geopolítica en curso, "aunque ello exija articular una menor dependencia del capital internacional y la acumulación de capacidades internas tanto en el orden energético como industrial".

En mi opinión, los dirigentes chinos han comprendido que en las próximas décadas la competencia geopolítica con EEUU no hará sino agudizarse, con amenazas de guerras y de agresiones de todo tipo, desde las armadas hasta las económicas y financieras. El punto fuerte de Washington era la superioridad militar, ahora seriamente acotada por el crecimiento cuantitativo y cualitativo de las fuerzas armadas chinas.

Pero existe otro punto fuerte en Occidente, que Ríos describe como "los riesgos sistémicos" en el sistema bancario y financiero de China y que tanto EEUU como la UE pueden aprovechar para debilitar al Dragón. En suma se trata de un respuesta a los crecientes riesgos geopolíticos que enfrenta.

Es cierto que las regulaciones estatales fuertes pueden afectar las opciones y libertades de sus ciudadanos, como también advierte Ríos. Sin embargo, las regulaciones existen incluso en Occidente que siempre discursea sobre las libertades. Actitudes como las de Jobs y Gates no son cuestionadas, pero cuando un país no occidental busca algún tipo de regulación, comienzan los sermones "democráticos".

La historia del siglo XX, por no ir más lejos, nos enseña que en los períodos de agudas disputas geopolíticas, las libertades personales suelen ser acotadas, cuando no eliminadas, en todos los países que participan en la contienda.

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Iber Maraví, ministro de Trabajo, se negó a dimitir.

La oposición acusa al ministro de Trabajo de vínculos con la guerrilla

El jefe de gabinete había anunciado el relevo de Iber Maraví, blanco de una campaña de la derecha, pero el ministro, muy cercano al presidente, se negó a renunciar y el mandatario dejó la medida en suspenso.

 

 A menos de una semana que el primer gabinete ministerial del presidente Pedro Castillo obtuviera el voto de confianza en el Congreso, controlado por la oposición de derecha, el gobierno enfrenta una crisis ministerial. El jefe del gabinete, Guido Bellido, anunció el lunes la salida del titular de Trabajo, Iber Maraví, a quien dijo le había pedido su renuncia, pero el ministro se negó a dimitir y el cambio ha quedado congelado por el presidente Castillo, que hasta el momento del envío de esta nota no había definido la situación de su ministro. Esa falta de definición agrava la incertidumbre y la crisis. Maraví, profesor y sindicalista como Castillo, es blanco de una campaña de ataques que lo vinculan con el derrotado grupo armado maoísta Sendero Luminoso, relación que éste niega.

Inmediatamente después de otorgado el voto de confianza al gabinete el viernes pasado, la extrema derecha, que había promovido sin éxito la caída del Consejo de Ministros, reaccionó amenazando tumbarse a los ministros “uno por uno”, promoviendo su interpelación y censura, una atribución del Parlamento. Maraví encabeza esa lista negra de la derecha. Con esa amenaza de la oposición sobre la mesa y una campaña mediática contra Maraví acusándolo de “terrorista”, el jefe del gabinete le pidió su renuncia. Minutos después lo hizo público y declaró que el cambio del ministro de Trabajo era necesario para “la estabilidad del gobierno” y “para mantener la armonía con las diferentes bancadas (del Congreso)”. Pero el ministro Maraví desconoció la autoridad del jefe del gabinete, no renunció y fue a buscar al presidente Castillo para pedirle que él defina su situación. Puso su cargo a disposición del presidente en una carta en la que califica como “falaces” las acusaciones en su contra y dice que el objetivo es “desestabilizar al gobierno”.

Demora

La demora de Castillo en definir el asunto alimenta las especulaciones de que el presidente le daría su respaldo al ministro de Trabajo. Una decisión que dejaría mal parado al jefe del gabinete, que ahora, descolocado, dice que su pedido de renuncia al ministro había sido “una sugerencia”. Sin mencionar a Maraví, Castillo señaló en un evento público que la oposición pretende “tumbarse ministros para colocar a sus aliados”. Maraví es considerado como uno de los ministros más cercanos al presidente, parte del núcleo de profesores que rodean a Castillo. Su caída sería un duro golpe para el mandatario. Con el ministro de Trabajo todavía en el cargo, la oposición parlamentaria presentó este miércoles un pedido para interpelarlo, con el objetivo de censurarlo, medida que lo obligaría a renunciar.

Maraví, de 60 años, es acusado por la oposición de haber participado en atentados cometidos por Sendero Luminoso en los años ochenta. Los medios han desempolvado un viejo parte policial de 1981 en el que se le acusa por ataques con explosivos contra locales públicos en la ciudad andina de Ayacucho, donde en 1980 surgió Sendero. Se dice que dos detenidos lo sindican. Pero Maraví nunca fue procesado por esos hechos, lo que el ministro esgrime como argumento de defensa y de inocencia. “Rechazo todo acto de terrorismo, venga de donde venga. Si hubiesen encontrado responsabilidad, hubiese sido condenado”, se defiende Maraví. Aunque nunca hubo un proceso judicial, la oposición difunde el contenido de ese antiguo parte policial como si fuera una condena contra el ministro. En los años de la guerra interna, miles de inocentes fueron acusados de terrorismo, muchos de ellos condenados, y otros miles fueron desaparecidos y asesinados.

Disturbios

 Maraví también se le cuestiona por una condena a cuatro años de prisión suspendida dada en 2009 por “disturbios”, por su participación como dirigente sindical en una protesta del magisterio el año 2004 en Ayacucho. El ministro asegura que esa condena quedó sin efecto. La acusación se relaciona con una política de criminalización de las protestas sociales. Maraví es dirigente del sindicato de profesores que hasta su elección encabezaba el presidente Castillo. Informes policiales lo acusan de tener vínculos con el Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (Movadef), considerado como heredero político de Sendero que fue derrotado hace más de dos décadas. Acusación que también se ha hecho contra Castillo. El presidente y el ministro de Trabajo niegan tener cercanía con el Movadef.

A esta crisis por la incierta situación del ministro de Trabajo, se suma la acusación de una congresista de la oposición contra el jefe del gabinete ministerial por supuestamente haberla agredido verbalmente hace semanas -le habría dicho “solo falta que te violen”-, aunque recién lo hace público ahora, días después de que el gabinete obtuviera el voto de confianza. Bellido ha negado la acusación y ha dicho que es parte de una conspiración para desestabilizar al gobierno. Distintos sectores, incluidos aliados del gobierno, exigen una investigación a esta grave denuncia. Pero, sin investigación, la oposición y los medios dan como verdad lo dicho por la congresista y exigen la renuncia del jefe del gabinete.  

01/09/2021

 

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Las relaciones estratégicas de los talibanes para no perder Afganistán

El movimiento talibán ha conseguido volver a entrar en el palacio presidencial de Kabul, generando un escenario muy volátil que en los últimos días ha escapado incluso a su control. Por otra parte, las potencias regionales e internacionales deben decidir ahora si apoyarán o no al grupo islamista, aunque sea en vistas a derrotar a un enemigo que talibanes y occidentales mantienen en común: la rama del Estado Islámico en Afganistán.

Afganistán ha sido escenario de lo que muchos han denominado como “la mayor evacuación de la historia”. Las principales potencias occidentales han retirado ya a sus tropas y, mientras los últimos aviones extranjeros levantaban el vuelo, los líderes de distintos países prometían que “seguirán trabajando sobre el terreno para ayudar a los colaboradores afganos que no han podido evacuar”. Queda también suspendida en el aire la contradicción de Estados Unidos, que tras 20 años combatiendo contra las milicias del grupo talibán, mantiene a su servicio de inteligencia trabajando con los talibanes para hacer frente a la rama local del Estado Islámico en Afganistán: la filial EI-Khorasan (EI-K).

Por otra parte, a esta situación tan compleja se añaden las distintas posturas de los países interesados en la región. Durante los cinco años que mantuvieron su emirato, entre 1996 y 2001, los talibanes fueron reconocidos por tres países de gran peso en la región: Pakistán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Dos décadas después, solo el primero de estos actores clave mantiene a su personal diplomático en territorio afgano. Además, al tablero de juego actual se suman también países como China, Rusia, Irán o Turquía, que tienen pendiente reconocer a los talibanes como gobierno oficial.

El complicado vínculo entre talibanes y Estados Unidos, el líder occidental

Los talibanes no han tomado Afganistán en un día, ni es el primer atentado de los reductos del Estado Islámico en suelo afgano. Lo que sí ha ocurrido es que la mirada occidental ha pasado por alto ambos acontecimientos hasta que estos han tenido una repercusión directa para los suyos. Desde que, en 2001, las fuerzas de la OTAN, con Estados Unidos a la cabeza, acabaran con el emirato talibán que comenzó en 1996, el país afgano salió del foco mediático.

Primero fue Iraq, la guerra orquestada por George W. Bush en uno de los países con reservas petroleras más grandes del mundo; después, la primavera árabe, que solo produjo un verdadero cambio de modelo político en Túnez; la muerte de Osama bin Laden, que supuso a EE UU la excusa perfecta para justificar su implicación en la región; y por último, la creación del autodenominado Estado Islámico en 2014, la que fuera la facción de al-Qaeda en Iraq y el fruto del desembarco estadounidense en Bagdad en 2003. Estos acontecimientos fueron copando las portadas de los medios internacionales, mientras Afganistán quedaba olvidado, y con él la reorganización del movimiento talibán en el país.

Ahora, el mundo entero vuelve a mirar a Kabul para presenciar una desbandada occidental, que se podría haber organizado cuidadosa y pausadamente durante los últimos 20 años. La desordenada huida de EE UU y países europeos deja tras de sí un país sumido en el caos, dos atentados perpetrados por la filial del Estado Islámico en Afganistán y más de 170 muertos, según las últimas cifras oficiales.

Si una promesa queda suspendida en el aire es la que constituyen las contradictorias declaraciones de Estados Unidos. Llama la atención que, tras 20 años enfrentándose en terreno afgano, ahora la inteligencia estadounidense colabore con los talibanes, por una parte, para hacer frente al EI-K, y por otra, para evacuar a los colaboradores afganos que se han quedado en el terreno y que huyen de los propios talibanes.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que, gracias a las piezas del puzle que se entrelazan en la cuestión afgana, el odio al occidentalismo en el país está servido. Cabe recordar, en primer lugar, que la victoria talibán se produce después de que más de 2.100 civiles, entre ellos 800 niños, hayan perdido la vida desde 2016 a 2020 en Afganistán, debido a los bombardeos que se achacan a la coalición internacional, según los datos de la ONU. Las víctimas de esta ofensiva destinada supuestamente a reducir a los talibanes, se triplicaron desde la entrada en vigor de la expansión de los bombardeos anunciada por la Administración Trump en 2017. Además, algunos de los talibanes que ahora están al frente de Afganistán han pasado por Guantánamo, prisión estadounidense famosa por sus torturas, abusos y arbitrariedad. Otro dato que no se debe dejar en el tintero es la estrecha relación que el grupo talibán mantiene con al-Qaeda, desde que el grupo liderado por bin Laden ayudase a la milicia talibán a tomar el poder en 1996 y a cambio los talibanes permitiesen después a al-Qaeda realizar entrenamientos terroristas en Afganistán.

Tras todos estos hechos, el escenario actual es, como mínimo, comparable a la “semilla del odio” que Estados Unidos sembró en Iraq con su invasión y que tuvo como consecuencias una sociedad iraquí fragmentada y la creación en 2014 del autodenominado Estado Islámico. Este conocido grupo terrorista también llevaba años fuera de los focos occidentales, hasta que, la filial de Khorasan, se ha llevado por delante la vida de 13 marines estadounidenses, entre las más de 170 víctimas de los atentados en el aeropuerto de Kabul. Sin embargo, no es el primer gran atentado del EI-K. Al grupo terrorista se le atribuye un atentado del pasado mes de mayo, perpetrado contra una escuela de secundaria de Kabul, en el que murieron más de 80 niñas afganas.

Los lazos que posee el grupo talibán fuera de Afganistán

Pakistán fue un actor clave hace 20 años y vuelve a serlo ahora. A pesar de lo complicado que es lograr un reconocimiento directo a las fuerzas del grupo talibán por parte de Pakistán, hay varios factores que lo sugieren implícitamente. En primer lugar, la cuestión étnica. En Afganistán predominan cuatro grupos étnicos, y el mayoritario es el de los pastunes, ya que suponen en torno al 40% de la población. Los pastunes son, al mismo tiempo, la segunda etnia predominante en Pakistán, integrada por casi un 15% de los pakistaníes. De hecho, fue en las madrazas de Pakistán donde estudiaron muchos de los muyahidines fundamentalistas que crearon el movimiento talibán en 1994 y que expulsaron a los soviéticos de la región en 1989.

Otro aspecto que determina el interés de Islamabad en Kabul, es el de la relación con India, el enemigo histórico de Pakistán. La inclinación de Pakistán a mantener un control efectivo sobre Afganistán obedece también al trauma sufrido por la pérdida de Pakistán Oriental, el actual Bangladés, en la que se implicó el ejército de la India. Mientras que Pakistán comparte lazos con los talibanes, la India poseía línea directa con el gobierno afgano, por lo que la toma de Kabul por las milicias el pasado 15 de septiembre es una pésima noticia para Nueva Delhi. No obstante, un excesivo poder por parte de los talibanes es un riesgo serio para Islamabad, ya que se le puede volver en contra y pagarlo con violencia dentro de sus propias fronteras.

Por su parte, China se ha convertido en el inversor estratégico de la cuestión afgana. Pekín ve al país como uno de sus grandes activos, pues en territorio afgano hay aproximadamente 1,4 millones de toneladas de elementos como neodimio o litio. En este sentido, no hay que olvidar que China es líder de las cadenas de suministro mundiales de tierras raras, hecho crucial en su estrategia geopolítica. Sin ir más lejos, en 2019, EEUU obtenía el 80% de sus minerales a través de China, al tiempo que los países europeos importaron el 98% de estos materiales de Pekín.

Teniendo todo esto en cuenta, China ha evitado reconocer explícitamente a los talibanes, pero sí muestra su disposición a mantener relaciones cordiales con el grupo fundamentalista y “desea una transición tranquila”, declaró la portavoz del ministerio de Exteriores, Hua Chunying, el día siguiente a la toma de Kabul. También aclaró que la embajada China continuaba trabajando con normalidad en territorio afgano. Esta postura de cordialidad, recuerda mucho al trato que ya mantuvo el gigante asiático con el grupo talibán entre 1996 y 2001.

“El enemigo de mi enemigo es mi amigo” es la mejor definición de la actitud que están adoptando países como Rusia o Irán. Vladimir Putin, es uno de los líderes que ha decidido mantener su embajada en Kabul. Moscú calificó en 2003 a los talibanes de grupo terrorista, pero una retirada de tropas estadounidenses siempre significa una buena noticia para el Kremlin. Máxime, si hace tres décadas era Washington el que apoyaba a los fundamentalistas que echaron de Afganistán a los soviéticos. El responsable del Gobierno ruso para Afganistán, Zamir Kabulov, ya ha declarado que el reconocimiento oficial de los talibanes por parte de Rusia dependerá de las acciones que el grupo lleve a cabo. El grupo talibán, que se encuentra en una suerte de cortejo a las grandes potencias, ha respondido asegurando “la protección del perímetro exterior de la embajada rusa”.

Asimismo, Irán, más que apoyar a los talibanes, apoya al que ha echado a EE UU de la región. Las disputas que la República Islámica de Irán ha mantenido con Washington han llegado a provocar que, un país de mayoría chiita, como el iraní, no eche las manos al cielo por el ascenso de poder de un grupo integrista sunita, como es el talibán.

Por otra parte, Irán está mostrando una posición muy similar a la de Turquía: ambos temen una entrada masiva de refugiados en sus fronteras. Por esta razón, los líderes de los dos países celebran cada vez que los talibanes prometen en público un gobierno estable y pacífico. No obstante, ya el pasado mes de julio, ante el inminente avance talibán, Turquía anunciaba que construiría un muro a lo largo de su frontera con Irán para impedir la llegada de refugiados afganos. Por el momento, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ya ha admitido que Turquía mantiene contactos oficiales con el grupo talibán. Asimismo, los talibanes han propuesto a Turquía que gestione el aeropuerto de Kabul tras los atentados ejecutados por el EI-K el pasado 26 de agosto, los cuales tenían el objetivo de atacar a las fuerzas estadounidenses, pero también de demostrar la inestabilidad y la volatilidad que caracterizaría a un nuevo emirato talibán.

Por tanto, si en este escenario de incertidumbre hay algo claro es que el enemigo más peligroso de los talibanes ahora mismo es el EI-K. Igual que le pasó con al-Qaeda en Iraq, el EI-K no ve a los talibanes lo suficientemente extremistas y se dedica a atraer a yihadistas descontentos. La rivalidad entre ambos grupos se basa en la falta de reconocimiento de la filial del Khorasan por parte del grupo talibán y en que los talibanes sí estén dispuestos a negociar con potencias occidentales.

Dadas las circunstancias, los talibanes se encuentran ante dos posibilidades opuestas para no perder el control de Afganistán; con tal de sumar efectivos y fuerzas contra el EI-K, pueden continuar acercándose a al-Qaeda como en el pasado, mostrando más abiertamente su componente islamista; o mantener su propaganda de moderación para conseguir el reconocimiento oficial y apoyo de grandes potencias mundiales.

30 ago 2021 06:00

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Marianela Anzola lee el comunicado anunciando que la oposición participará en las elecciones.. Imagen: Twitter

La llamada Plataforma Unitaria rompe tres años de boicot y llamados a la abstención

Las agrupaciones políticas señalaron sin embargo que las elecciones no serán "justas ni convencionales" ya que hay "obstáculos graves que ponen en riesgo la expresión de cambio del pueblo".

 

La oposición de Venezuela anunció su participación en unidad en las elecciones de alcaldes y gobernadores previstas para el 21 de noviembre, rompiendo tres años de boicot y llamados a la abstención por falta de condiciones. Así lo informaron desde la llamada Plataforma Unitaria en una conferencia de prensa este martes, aunque advirtieron que los comicios "no serán elecciones justas ni convencionales". 

El anuncio se produce en momentos en los que el gobierno de Maduro y la oposición participan en México de un proceso de negociación que incluye, entre otros puntos, la elaboración de un cronograma electoral y el levantamiento de las sanciones internacionales. La oposición viene de abstenerse de participar en las elecciones de 2018, cuando se reeligió al presidente Nicolás Maduro, y en los comicios legislativos de 2020, cuando perdieron el Parlamento, único poder que controlaban. En ambos casos tacharon las votaciones de fraudulentas.

"Un extenso y difícil proceso de deliberación"

"Anunciamos a la comunidad nacional e internacional nuestra participación en el proceso de regionales y municipales del 21 de noviembre de 2021 con la tarjeta de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD)", señala el comunicado de la Plataforma Unitaria leído por Marianela Anzola, militante del partido Un Nuevo Tiempo (UNT). Anzola estuvo acompañada por varias figuras opositoras como Henry Ramos Allup, líder del partido socialdemócrata Acción Democrática (AD), o Tomás Guanipa, de Primero Justicia (PJ), organización de la que forma parte el dos veces candidato presidencial Henrique Capriles.

La plataforma opositora tomó la decisión de presentarse a los comicios de noviembre "después de un extenso y difícil proceso de deliberación interna que contó con la participación de líderes locales, regionales y nacionales". "Nos mueve la difícil situación que atraviesa nuestro país, el sentido de urgencia para encontrar soluciones permanentes a nuestros padecimientos y el propósito de fortalecer la unidad", aseguraron.

Las agrupaciones políticas explicaron que las elecciones no serán "justas ni convencionales" ya que hay "obstáculos graves que ponen en riesgo la expresión de cambio del pueblo" venezolano. "Sin embargo, entendemos que serán un terreno de lucha útil para fortalecer a la ciudadanía e impulsar la verdadera solución a la grave crisis de nuestro país: unas elecciones presidenciales y legislativas libres", destacaron.

Por ese motivo consideran que es una oportunidad para organizarse "al servicio de la reinstitucionalización democrática de Venezuela". La decisión de acudir a las urnas "complementa los esfuerzos que se adelantan en México", donde el gobierno y la oposición empezaron a dialogar "y apuntan a una solución pacífica y negociada", destacó la alianza opositora.

El regreso de la Mesa de la Unidad Democrática

El Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela habilitó el pasado 29 de junio a la MUD, la mayor coalición conformada por la oposición que estaba inhabilitada desde el año 2018. La MUD nació en 2008 como un alianza que aglutinaba una treintena de organizaciones. 

En 2012 la coalición se inscribió como partido para presentarse a las legislativas de 2015, en las que el chavismo perdió el Congreso por primera vez en 15 años. Reúne a los partidos tradicionales como AD o PJ, así como a Voluntad Popular (VP) del opositor Leopoldo López y en el que militó durante casi toda su carrera Juan Guaidó.

Varios partidos de la oposición habían expresado ya su deseo de participar en las elecciones regionales, que serán organizadas por un CNE con representantes de la oposición y el gobierno designados en una negociación interna. Capriles mostró su respaldo a acudir a las urnas el próximo 21 de noviembre pero Guaidó, que insiste en que no hay condiciones para unas elecciones, no ha dicho todavía si va a participar.

El secretario general de AD, Henry Ramos Allup, indicó este martes que la lista de candidatos está "bastante adelantada". Allup se encargó de remarcar que el anuncio era de la plataforma política y no del "gobierno interino" liderado por Guaidó, quien se autoproclamó presidente encargado de Venezuela precisamente tras desconocer la reelección de Maduro en 2018.

El diálogo en México

Allup señaló además que la decisión de acudir a las urnas tiene el "visto bueno" de Estados Unidos y la Unión Europea en medio del interés por llegar a una solución de la crisis política en Venezuela. Esta novedad de la oposición ocurre en medio del diálogo instalado en México entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición liderada por Guaidó.

En el memorándum que firmaron el pasado 13 de agosto, ambas delegaciones mostraron su disposición a "acordar las condiciones necesarias para que se lleven a cabo los procesos electorales consagrados en la Constitución con todas las garantías y entendiendo la necesidad de que sean levantadas las sanciones internacionales", en referencia a las medidas punitivas de Estados Unidos que incluyen un embargo petrolero, a las que se han sumado Canadá y la Unión Europea.

Las partes también rechazaron "cualquier forma de violencia política" contra el país" y la "estabilización de la economía", que se ha reducido un 80 por ciento desde 2014, forzando la migración de unas cinco millones de personas. El diálogo en México, tutelado por Noruega, se produce tras un último fracaso en las negociaciones que se llevaron a cabo en Barbados en 2019.

31/08/2021

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El grupo fundamentalista realizó un recorrido triunfal en el aeropuerto y calles de Kabul tras la salida del transporte militar C-17 con las últimas tropas estadunidenses. La derrota de Washington es una gran lección para otros invasores, sostuvo un vocero de los yihadistas. El presidente Joe Biden, en breve mensaje en la Casa Blanca, proclamó que la guerra en Afganistán ya se acabó, al tiempo que defendió la retirada al afirmar que la opción era entre irnos o escalar el conflicto. Foto Afp. David Brooks y Agencias

Kabul. Al celebrar la retirada de las últimas tropas estadunidenses después de 20 años de ocupación militar, el Talibán aseveró ayer que la "derrota de Estados Unidos es una gran lección para otros invasores" y la victoria "pertenece a todos".

El grupo fundamentalista hizo un recorrido triunfal por el aeropuerto internacional de Kabul horas después de la retirada de las tropas occidentales. De pie en la pista, sus líderes prometieron asegurar el país, reabrir la terminal aérea y amnistía a sus rivales, pero gran parte de la población teme a que estas condiciones no se cumplan.

"Estamos orgullosos de estos momentos, de haber liberado a nuestro país de una gran potencia", declaró Zabihullah Mujahid, vocero de los islamitas, después de que un avión de transporte militar C-17 se llevó a las últimas tropas justo antes de la medianoche en Kabul.

La retirada estadunidense es calificada de éxito "histórico" por los talibanes, que lograron el control de Kabul el 15 de agosto y depusieron al gobierno afgano tras una veloz ofensiva en todo el país.

Los estadunidenses intervinieron en Afganistán en 2001 con el apoyo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con el objetivo de derrocar al grupo fundamentalista, que se negaban a entregar al líder de la red Al Qaeda, Osama Bin Laden, tras los atentados del 11 de septiembre. La invasión expulsó del poder a los talibanes e impidió que la nación centroasiática fuera usada como base por Al Qaeda para atacar a Estados Unidos.

Durante su gobierno, el Talibán implantó una estricta interpretación de la ley islámica desde 1996, y ejerció gran opresión sobre las mujeres. Tras su retorno al poder se han esforzado en dar una imagen conciliadora, con la promesa de un gobierno más moderado e indultos para quienes trabajaron con el gobierno anterior.

"Queremos buenas relaciones con Estados Unidos y el mundo", destacó Mujahid, al tiempo que rechazó que hubiera un gobierno provisional. Sobre el aeropuerto, dijo: "si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos apoyo. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos asistencia a Qatar o Turquía".

Hekmatula Wasiq, líder talibán, aseguró: "el lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar la formación de gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro". Instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa de conceder amnistía.

Los miembros del grupo dispararon desde las primeras horas del día ronda tras ronda de municiones en señal de triunfo, mientras los nuevos guardias del aeropuerto alejaban a los curiosos y a los que aún aspiraban a tomar un vuelo para irse.

En Kabul la gente hacía largas filas en los bancos cerrados desde la caída de la capital con la intención de obtener algo de dinero. En las calles de la ciudad oriental de Khost se hizo un falso funeral con ataúdes envueltos con banderas de Estados Unidos y la OTAN.

En la sureña ciudad de Kandahar, cuna de los talibanes, hubo manifestaciones de alegría en las calles. Aunque la mayoría de la población estaba feliz por el fin de la guerra, muchos temían por el futuro inmediato, con la economía como el asunto más urgente.

La OTAN consideró "esencial" mantener abierto el aeropuerto de Kabul y prometió no olvidar a quienes quieren huir del régimen, al tiempo que Francia y Reino Unido admitieron que "dejaron gente atrás".

La Organización de Naciones Unidas advirtió de "una catástrofe humanitaria" en Afganistán, mientras la UE debatió cómo prevenir una oleada migratoria de afganos y se pronunció por ayudar a los países vecinos del país centroasiático.

China afirmó que la retirada de las tropas estadunidenses significó para este país "abrir una nueva página".

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100 días de Lasso en Ecuador: una reforma neoliberal en suspenso

 Guillermo Lasso completó sus primeros 100 días como presidente de Ecuador y, a pesar de mejorar la vacunación contra el COVID-19, aún no logró atender la crisis económica. El analista Decio Machado dijo a Sputnik que Lasso debe "manejar los ritmos" ante una eventual tensión social y una mayoría opositora en el parlamento.

El Gobierno de Guillermo Lasso en Ecuador consumió sus primeros cien días centrado en contrarrestar el retraso de la administración de Lenín Moreno en materia de vacunación contra el COVID-19, sin poder iniciar las reformas de corte neoliberal que prometió en campaña electoral, dijo a Sputnik el sociólogo y analista político Decio Machado.

Para el experto, uno de los primeros elementos a reconocer de los primeros meses de Lasso en el Palacio de Carondelet, tras su asunción el 24 de mayo de 2021, es que marcó "un cambio sustancial con el Gobierno anterior" de Lenín Moreno, que según Machado "fue la expresión del antigobierno, no hubo capacidad de gestión y no se cumplía ningún compromiso".

Machado aclaró que, "independientemente de que uno sintonice o no con la ideología" propuesta por Lasso —al que definió como "neoliberal, en términos clásicos"—, la gestión del exbanquero demostró en sus primeros meses "una mayor capacidad de gestión" que su antecesor, vinculada específicamente a masificar el proceso de vacunación contra el COVID-19.

Sin embargo, el analista consideró que el desafío para Lasso llegará una vez el proceso de vacunación esté cumplido, cuando el Gobierno deba afrontar los problemas de fondo que afectan a los ecuatorianos. "La siguiente lógica es la crisis que está ahí, una crisis grande que se desarrolla desde la caída del precio de los commodities, desde la caída en 2015 del precio del crudo, principal fuente de ingreso de Ecuador".

Tras un período durante el cual Moreno no logró dinamizar la economía ecuatoriana, Lasso heredó el Gobierno con la necesidad de reactivar el país como su problema fundamental. Según Machado, la emergencia sanitaria motivada por la pandemia logró aplacar esta urgencia, al colocar a la salud como primera demanda de la población en estos primeros meses.

"La sociedad ecuatoriana le dio un respiro al Gobierno de Lasso en este primer momento, donde la salud es la primera demanda", reflexionó el analista. Sin embargo, a medida que la cobertura de vacunas es mayor, comenzarán a aflorar otras demandas de tipo social, como "el empleo, el trabajo digno, la capacidad adquisitiva". Cuestiones que, tras estos cien días de Lasso, aún "están por resolverse".

"Creo que ha habido un período, no de enamoramiento pero sí de permisividad con el Gobierno, que avanzó con las vacunas. Esto permitió que los sectores no afines establecieran una especie de paz, de consenso político durante ese período. Pero esto se acabó", advirtió el analista.

En efecto, Machado hizo énfasis en que Lasso debe comenzar a ocuparse del mercado laboral ecuatoriano, que se encuentra "destrozado" incluso desde antes de la pandemia. "Se han generado muchísimos despidos, hubo una reducción del Estado con funcionarios públicos despedidos, al igual que en el sector privado", comentó.

Bajo este panorama, el analista consideró que crece entre los ecuatorianos un clima de "tensión" que puede enfrentar a Lasso a las demandas populares.

"En poco tiempo asistiremos a una lógica de conflictos en torno a reclamos de base de la sociedad, de sindicatos, organizaciones estudiantiles, trabajadores, mujeres, etc", pronosticó.

Las reformas neoliberales de Lasso, en suspenso

Caracterizar al Gobierno de Lasso no es una tarea difícil para Machado ya que "sus objetivos son claros y los ha anunciado" en la campaña electoral. "Ahí no hay trampa, a diferencia de Lenín Moreno, que aplicó un programa que no se correspondía con el programa electoral", diferenció.

En ese sentido, remarcó que Lasso propone para Ecuador "una hoja de ruta neoliberal" compuesta por medidas arquetípicas de este tipo de modelos. En ese sentido, Machado enumeró las siguientes prioridades de Lasso:

Flexibilización del mercado laboral.

Desmantelamiento del sistema de protección de la economía nacional respecto a economías internacionales.

Firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) con otros países.

Privatización del patrimonio público nacional.

Ampliación de la frontera extractivista, tanto minera como petrolera.

Machado remarcó que estas prioridades fueron efectivamente anunciadas por Lasso, aunque el presidente "no ha podido ponerlas en marcha" durante los cien primeros días de Gobierno.

La prioridad que tuvo la vacunación anti COVID no es la única razón para ello, señaló el analista, quien recordó que Lasso ganó las elecciones tras obtener sólo un 19% de votos en la primera vuelta y 700.000 votos menos que en 2017, cuando también había pugnado por la Presidencia.

Para el analista, la coyuntura política que le dio el triunfo a Lasso está marcada por la resistencia al correísmo —movimiento político de izquierda cuyo líder es el expresidente Rafael Correa (2007-2017)—, lo que hace que, en realidad, "no haya una identificación con el Gobierno de Lasso por parte de muchos de quienes votaron a Lasso".

La falta de respaldo masivo se expresa en que el presidente tampoco tiene una bancada mayoritaria en la Asamblea Nacional, el órgano legislativo unicameral de Ecuador. Por tanto, el Ejecutivo "necesita consensos y no la tiene nada fácil para sacar las leyes que pretende".

"El Gobierno no ha renunciado a sus objetivos en materia económica, que son las privatizaciones y la reducción del Estado, pero está manejando los ritmos porque es consciente de que tiene dificultades para implementar ese programa de Gobierno", sintetizó el analista.

¿Elecciones anticipadas en Ecuador?

Para Machado, el Gobierno de Lasso no debe descuidar lo que sucede en la Asamblea Nacional durante este período, caracterizado por un alto fraccionamiento de partidos que "complejiza las políticas de alianzas, tanto de oposición como de Gobierno" para dar curso a los proyectos de Lasso o resistirlos desde el legislativo.

En efecto, mientras el oficialista movimiento CREO (Creando Oportunidades) de Lasso cuenta con 12 escaños, sectores opositores como la Unión por la Esperanza (UNES) —que contiene al correísmo—acumula 49 bancas. El Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP), que representa a los pueblos originarios, suma 25 legisladores y la Izquierda Democrática, 12.

El analista advirtió que esta coyuntura podría dar lugar a que estas fuerzas políticas que no integran el Gobierno, confluyan "en un interés común desde diferentes sensibilidades o posiciones ideológicas, de que este Gobierno termine su gestión antes de tiempo".

Machado respaldó esta proyección en el hecho de que liderazgos construidos tras los comicios de 2021 —Andrés Arauz en UNES, Yaku Pérez en Pachakutik o Xavier Hervas en la ID— no son parte de la Asamblea Nacional por lo que perdieron terreno en el escenario político. Según el analista, solamente unas elecciones anticipadas podría volverlos a poner en el ruedo, lo que podría abonar la tentación de promover el final anticipado del Gobierno.

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El último avión de Estados Unidos abandona Kabul después de 20 años de guerra

El jefe del Comando Central estadounidense reconoció que cientos de ciudadanos de ese país permanecen en el territorio controlado por los talibanes.

 

Luego de 20 años de intervención el ejército estadounidense abandonó oficialmente Afganistán.

Este lunes Estados Unidos dio por terminada su misión militar en ese país de Asía central, después de la salida de los últimos aviones con sus tropas. Así lo anunció el jefe del Comando Central de EE.UU. (CENTCOM), general Frank McKenzie, en una rueda de prensa a distancia brindada en el Pentágono.

McKenzie señaló que el último avión militar estadounidense, un C-17, despegó del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai de Kabul este lunes. En ese último vuelo, viajaba el embajador de EE.UU. en funciones, Ross Wilson.

"Estoy aquí para anunciar la culminación de nuestra retirada de Afganistán y el fin de la misión para evacuar a ciudadanos estadounidenses", comenzó el general.

Luego McKenzie reconoció que "no sacamos a todos los que queríamos ". El final del plan de evacuación dejó hasta 300 ciudadanos estadounidenses en el país. Desde el gobierno estadounidense insisten en que cualquiera que quiera irse podrá hacerlo de manera segura con el consentimiento de los talibanes, aunque los sucesos de los últimos días siembran dudas sobre esa afirmación.

"La retirada de esta noche significa el fin del componente militar de la evacuación, pero también el final de la misión que comenzó hace casi 20 años en Afganistán", apuntó el general Frank McKenzie.

Según el gobierno de Estados Unidos fueron evacuados más de 100.000 ciudadanos estadounidenses y extranjeros y afganos que habían cooperado con las fuerzas occidentales.

Poco después de la confirmación del retiro de las tropas, Anas Haqqani, responsable del movimiento islamista, afirmaba en Twitter. "Hemos hecho historia. Los veinte años de ocupación de Afganistán por Estados Unidos y la OTAN se acabaron esta noche".

Pese a completar la retirada, McKenzie aseguró que Estados Unidos "siempre" se "reservará" el derecho a atacar blancos de Al Qaeda o del grupo Estado Islámico (EI) si es necesario, confirmando que los ataques con drones de los últimos días podrían continuar.

Tras los ataques del jueves pasado en las inmediaciones del aeropuerto de Kabul, que habían dejado golpeado a un Estados Unidos, el presidente Biden advirtió de una "alta probabilidad de nuevos ataques" antes de la fecha límite de la retirada de sus tropas, estipulada para este 31 de agosto. Esa advertencia encendió la alarmas provocando todo tipo de ataques supuestamente "defensivos" de parte estadounidense que incluyó, según fuentes de inteligencia, un ataque aéreo contra un coche cargado de explosivos en Kabul, el derribamiento de dos misiles, y también el asesinato de esta familia, casi por completo.

Según el diario New York Times "Horas después de un ataque con aviones no tripulados estadounidenses en Kabul el domingo, funcionarios del Departamento de Defensa dijeron que había hecho estallar un vehículo cargado de explosivos, eliminando una amenaza al aeropuerto de Kabul del grupo Estado Islámico Khorasan (ISIS-K). Pero este lunes, sobrevivientes y vecinos de una casa familiar en Kabul dijeron que el ataque había matado a 10 personas, incluidos siete niños, un trabajador humanitario de una organización benéfica estadounidense y un contratista del ejército estadounidense".

Estados Unidos puso pone punto final a su repliegue de Afganistán dentro del plazo fijado por el presidente, Joe Biden, finalizando una intervención que costó más 2 billones de dólares, más de 2.000 bajas estadounidenses y la peor parte se la llevaron los afganos, con unos 60.000 muertos entre fuerzas armadas y de seguridad y unos 47.245 civiles según estimaciones conservadoras, que son los “daños colaterales” de los bombardeos imperialistas.

La Izquierda Diario@izquierdadiario

Lunes 30 de agosto

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Una reivindicación de nuestras raíces

En el Perú estamos atravesando una suerte de "nudo histórico" en el que se encuentran el inicio de un gobierno de cambio, una crisis múltiple (política, social, económica y climática), y la conmemoración del bicentenario de una República que aún no nos incluye a todos. Por eso, no es casualidad que en este último proceso electoral hayan hablado de manera tan explícita sectores que durante siglos fueron silenciados y han clamado por un cambio que no implica solo mayor redistribución o mejores servicios, sino sobre todo reconocimiento y participación.

Se abre entonces un periodo de cambios no solo institucionales sino también culturales. Y la élite que estaba acostumbrada a turnarse en el poder se resiste a dejar atrás la lógica colonial, clasista y racista según la cual decidían por sus súbditos, esos que ahora los miran a los ojos de frente, los desafían y hablan en lenguas que no entienden. Y les incomoda, como les incomoda que haya campesinos, Maitas y Quispes en los ministerios o un profesor rural en el Palacio de Gobierno.

Hablar en quechua o aimara o en alguna lengua amazónica en los espacios de poder es reivindicar nuestras raíces, nuestra historia, reivindicar a nuestros padres o abuelos que fueron duramente discriminados y violentados por vestir como vestían, por hablar en sus lenguas, es reconciliarnos con nuestro pasado, con nosotros mismos, con una parte de nosotros que muchas veces hemos tenido que negar, esconder o de la que nos hemos avergonzado en silencio. Es abrirnos al encuentro y el diálogo con la diversidad de nuestro país, ya no desde jerarquías absurdas sino desde un piso parejo, mirándonos los unos a los otros a los ojos, sin agachar más la cabeza. Es empezar a construir un Perú que nos reconozca y abrace a todas y a todos.

Por Verónika Mendoza

Excandidata presidencial de Perú y política quechuahablante

29/08/2021  

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Desde la resistencia en la frontera paquistaní los talibanes tomaron control de todo Afganistán.. Imagen: EFE

"Estados Unidos está escribiendo con sus bombas nuestra gran victoria futura"

Rodeada de grupos tribales musulmanes dotados de un código moral, social y de honor muy férreo y con un espíritu y una voluntad de combatir poco común, Peshawar fueel reductoideal de los talibanes.

 

Todavía recuerdo la expresión irónica y sobradora de los comandantes talibanes que cruzaban la frontera entre Afganistán y Pakistán a través de las zonas tribales para llegar a la ciudad pakistaní de Peshawar. Algunos venían con la barba afeitaba para disimular así su pertenencia a los cuadros que combatían del otro lado de la frontera. El comandante Ahmid decía en todo burlón: “esta guerra de los gringos contra nuestra tierra es un episodio temporal, negativo en este momento, pero augura nuestra victoria final del mañana. Estados Unidos está escribiendo con sus bombas nuestra gran victoria futura”. Peshawar era para ellos el reducto ideal. Allí se compraban armas y se llevaban a cabo todas las transacciones políticas detrás del telón. Peshawar fue, también, la ciudad donde Osama Bin Laden instituyó Al Qaeda y a partir de la cual pactó su asociación inicial con Estados Unidos. Fundada en el Siglo II D. C por el rey Kaniska perteneciente a la dinastía Kushán, Peshawar es una de las ciudades más antiguas y legendarias de Asia del Sur. Está pegada a la frontera afgana y linda con las zonas tribales de Pakistán habitadas por los pastunes, una de los grupos tribales musulmanes más importantes del mundo, dotado de un código moral, social y de honor muy férreo y con un espíritu y una voluntad de combatir poco común. A ellos se enfrentó Occidente cuando, en 2001, luego de los atentados del 11 de septiembre, la administración de George W. Bush lideró la ofensiva contra las bases de Bin Laden y el régimen de los talibanes al que Washington había respaldado con los honores de un aliado útil en su confrontación con la Unión Soviética.

Afiches

La historia retendrá que los talibanes fueron descubiertos como fuerza local de gran influencia no por el imperio sino por el argentino Carlos Bulgheroni (Bridas) cuando, en la década de los 90, se le ocurrió extraer gas de Turkmenistán pasando por Pakistán. El proyecto requería que el gasoducto atravesara Afganistán y con ese objetivo entabló una negociación con los talibanes. El movimiento talibán se había estructurado como tal durante la lucha contra la invasión soviética de Afganistán y en 1996, al cabo de una guerra contra otras facciones afganas, asumieron el gobierno. A nadie le importaba entonces la instauración de un “Talibanistán”, ni los abusos o las violaciones a los derechos humanos. Los talibanes eran una garantía de estabilidad y una ventana hacia los grandes negocios después de años y años de guerra. Hoy se puede mirar con horror y hacia atrás esa historia: los grupos y movimientos afganos descendientes de la lucha contra la URSS (1979) respaldados con armas y dinero por las sucesivas administraciones norteamericanas son los mismos que originaron luego el islamismo radical que se expandió por el mundo. Pasé varios meses en Pakistán y una buena parte de ese tiempo en Peshawar. Los afiches que el ejército norteamericano largaba en paracaídas con los nombres y las fotos de las personas buscadas no eran desconocidos: eran los mismos a los que Washington había financiado antes (armas, entrenamiento, escuelas coránicas, etc). El imperio convirtió a Afganistán en la tierra original de la guerra santa (yihad).

Paradojas

No faltan las paradojas en este episodio que se tragó decenas de miles de vidas ("The Costs of War", de la Universidad de Brown, evaluó en 241.000 el número de muertos) y 145.000 millones de dólares gastados por Estados Unidos en la “reconstrucción” de Afganistán: el 27 de 1996, los talibanes tomaron el control de Kabul luego de que una de las figuras más míticas de la resistencia afgana, el comandante Masud, abandonara la capital afgana bajo la presión militar de los talibanes. Ahmad Shah Masud fue una de las piezas claves de la derrota de los soviéticos en Afganistán (1979-1989), pero nunca se asoció con los talibán. Fueron sus “adversarios del interior”. Masud era un enemigo mordaz de la interpretación fundamentalista del Islam y por ello encarnó la oposición armada. Fue un guerrero sin igual al mando del Frente Islámico Unido (también conocido como Alianza del Norte). Occidente encontró en Masud un aliado “interior” y lo amparó en la nueva lucha contra la teocracia de los talibán. El 9 de septiembre de 2001, es decir, dos días antes de los atentados contra las torres gemelas, Masud fue asesinado en el curso de un atentado suicida perpetrado por Al Qaeda con el fin de sacar del medio a un líder político y militar de mucho relevancia.

Espejo

En la novela "Kim", el escritor británico Rudyard Kipling empleó la formula « el gran juego » para sintetizar el enfrentamiento entre el imperio británico y la Rusia de los Zares durante el siglo XIX y parte del XX en las regiones de Asia Central. En Peshawar los comandantes talibán decían que “el Gran Juego continuaba” y prometían que Afganistán volvería a ser "la tumba de los imperios". 20 años después del derrocamiento de los talibán por la coalición internacional, los insurrectos islamistas regresan al poder tal y como lo prometían en 2001. Corrupción, ignorancia, errores operativos, estrategias militares improvisadas, ambiciones irrealistas, apoyo a burguesías locales corruptas y occidentalizadas, doble juego de Pakistán (sostén invisible a los talibán y alianza con Estados Unidos) condujeron a la estrepitosa derrota de Estados Unidos y de quienes, desde 2001, se unieron a la cruzada en esa región del mundo. El "Estado afgano" atornillado por Occidente en los últimos 20 años fue incapaz de aportar estabilidad, paz o prosperidad. Por tercera vez en el Siglo XXI, la incongruencia occidental deja a un un país postrado: en 2001 se empezó a gestar el Afganistán de hoy: en 2003, Estados Unidos invadió Irak y derrocó a su gran socio comercial y militar (confrontación con Irán), Saddam Hussein, en 2011, de la mano del ex presidente francés Nicolas Sarkozy y con mandato de la ONU, una coalición internacional derrocó a otro ex gran amigo, el presidente libio Muamar Khadafi. Las tres catástrofes importadas dejaron un tendal de muertos, huérfanos, mutilados y desplazados. Irak, Libia o Afganistán son un espejo que refleja hacia el fin de los tiempos la barbarie que se esconde bajo el manto de la civilización occidental.

28/08/2021

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