Teoría Heartland, cómo un geógrafo del siglo XIX desarrolló la idea que rige la geopolítica actual

Vivíamos en un mundo dominado por Estados Unidos pero que de cierto modo estaba organizado por tratados internacionales. Sin embargo, eso se está viniendo abajo.

Los países más poderosos están haciendo valer su potencial y cada vez más crean sus propias reglas.

El presidente de Estados Unidos Donald Trump, por ejemplo, ha declarado en alguna ocasión que "rechaza la idea de la globalización".

Controlar territorios es un concepto importante para los Estados más poderosos. Eso les brinda poder económico y apoyo militar.

Se trata de un juego geopolítico que ya vaticinó un geógrafo británico nacido en el siglo XIX llamado Halford John Mackinder.

Mackinder diseñó una teoría en 1904 que marcó profundamente la geopolítica durante décadas el siglo pasado y que ahora parece estar nuevamente de vuelta.

En aquella época, los océanos eran dominados por la marina británica, lo cual era crucial para que una isla como Gran Bretaña sostuviera su gran imperio.

Sin embargo, Mackinder pensó que esta situación se encontraba amenazada y fue ahí donde comenzó a profundizar sobre lo que él llamaba el "Heartland" (Corazón de la Tierra) de Eurasia.

Esta zona abarcaba las áreas agrícolas de la parte europea de Rusia, se extendía por vastos territorios hasta Asia central y llegaba hasta los bosques y las llanuras de Siberia, un territorio rico en recursos sin explotar como el carbón, la madera y otros minerales.

Mackinder pensó que un área tan extensa y rica, que a la vez podía ser recorrida con un sistema ferroviario, era una zona clave para los países con ansias de poder.

Advertencia

Quince años después, tras la Primera Guerra Mundial, los líderes se reunieron en una conferencia de paz en Versalles para rediseñar las fronteras del mundo, expandir la democracia y acabar la guerra para siempre.

Pero Mackinder pensó que para poder llevar eso a cabo había que afrontar la realidad geográfica y tomar ciertas precauciones. De lo contrario, temía, le dejarían la puerta abierta a Rusia o Alemania para dominar el Heartland y convertirlo en una base militar gigante.

Desde allí, el poder de Heartland podía construir una flota indestructible, derrotar a la poderosa narina británica y finalmente dominar Eurasia y África y convertirse en la "Isla del Mundo".

Eso significaba que Europa y Rusia debían mantenerse divididas. Mackinder escribió esta teoría en un libro que llamó "Ideales democráticos y realidad".

"Quien domina el este de Europa, domina Heartland, quien domina Heartland, reina en la 'Isla del Mundo', quien domina la 'Isla del Mundo', gobierna el mundo entero", según la teoría de Mackinder.

Inspiración nazi

En Múnich, otro geógrafo y veterano de guerra llamado Karl Haushofer estaba estudiando los trabajos de Mackinder.

Haushofer temía y odiaba el victorioso Imperio británico, al que veía como un estrangulador mundial. Así que convirtió la Teoría Heartland de Mackinder en una estrategia.

Pensó que su país, humillado tras la gran guerra, podía formar una gran alianza con Rusia y Japón y así cortar los tentáculos del poder naval británico.

Esta teoría intrigó a uno de los estudiantes de Haushofer, Rudolf Hess, quien era miembro del nuevo partido nacional-socialista.

En 1923, intentaron tomar el poder, pero Hess terminó en la cárcel. Allí lo visitó Haushofer para ofrecerle tutorías tanto a él como a su compañero de prisión, el líder nazi Adolf Hitler.

En 1933, los nazis consiguieron llegar al poder. Y en 1939, el ministro de Exteriores nazi y su homólogo soviético sorprendieron al mundo firmando un pacto de no agresión.

Haushofer estaba feliz. Pensaba que se trataba del nacimiento del gran poder territorial entre Rusia y Alemania que había soñado.

Inmediatamente después de las noticias del pacto, la revista británica New Statesman publicó un artículo para demostrar cómo los nazis habían realizado sus planes geopolíticos a través de las ideas de Haushofer, a su vez inspiradas por Mackinder.

Fuera cierto o no, la idea de que Mackinder había inspirado el pacto se extendió por Estados Unidos. La revista Life desarrolló un gran reportaje mapeando las ideas de Mackinder y explicandos cómo sus conceptos estaba siendo usados por los nazis y cómo los estadounidenses debían estudiarlo.

Hollywood también se interesó por esta teoría, representando en un filme las reuniones entre Haushofer y Hess. En la cinta, presentaba a Haushofer como un genio malvado a cargo un gran Instituto de Geopolítica que supuestamente estaba detrás de los "planes de destrucción" nazis.

En Estados Unidos, "geopolítica" se convirtió en otra palabra para calificar el fanatismo germánico.

La propaganda de la industria cinematográfica estadounidense contó a su audiencia que la teoría de Mackinder era la base de la estrategia de Hitler.

La idea de que su teoría inspiró a los nazis perturbó a Mackinder. En 1943, la revista estadounidense Foreign Affairs se puso en contacto con él para preguntarle por su opinión geopolítica sobre el curso de la Segunda Guerra Mundial.

Durante la entrevista, Mackinder advirtió que "si la Unión Soviética salía de la contienda como conquistadora de Alemania, se convertiría en la gran potencia terrestre del mundo".

En 1945, Alemania se hundió. El régimen nazi se rindió de forma incondicional y el país fue divido en dos zonas por los aliados.

El modelo de Mackinder pasó a presagiar el enfrentamiento Este-Oeste de la Guerra Fría. Occidente y la Unión Soviética se convirtieron en enemigos otra vez.

Después de que fuerzas prosoviéticas absorbieran Polonia, Hungría, Rumanía y otros países, el poder que dominaba el este de Europa y Heartland no era Alemania, sino la Unión Soviética.

En las universidades de la Liga Ivy de EE.UU., los académicos ya habían impulsado el estudio de los trabajos de Mackinder para confrontar el riesgo de que un país dominara la "Isla del Mundo".

hora que los soviéticos se estaban expandiendo, las ideas de Mackinder llegaron al diplomático estadounidense George Kennan.

Kennan propuso que para prevenir que la URSS dominara la gran masa de tierra euroasiática, había que contenerla de algún modo.

"Amenaza soviética"

El 6 de marzo de 1947 murió Mackinder, pero sus ideas siguieron muy vivas.

Seis días después, el presidente Harry Truman dijo al Congreso de EE.UU. que debían contener a la URSS y ayudar a los países amenazados por la expansión comunista.

De esa forma, el occidente capitalista y el este soviético se enzarzaron en una Guerra Fría durante décadas.

Estados Unidos estableció una serie de bases alrededor de los bloques dominados por los soviéticos, desde Alemania hasta Italia, Turquía, Corea del Sur y Japón.

Los críticos veían la contención norteamericana como parte de una agresiva e imperialista política exterior. Otros argumentaban que protegía la democracia.

En 1991, los pasos hacia la caída de la URSS habían desencadenado demandas independentistas en varias repúblicas soviéticas. Nada pudo detener la desintegración del bloque socialista del este.

Nuevo enfoque

Terminada la Guerra Fría, la teoría de Mackinder tomó otro matiz.

ras el abandono del comunismo, la economía rusa estaba atrapada entre viejos y rotos sistemas soviéticos, y la repentina introducción del capitalismo occidental.

El contraste fue agresivo. Y para muchos rusos supuso un caos y una humillación. Entonces, nuevos pensadores políticos comenzaron a emerger.

Uno es un exdisidente de derechas llamado Aleksandr Dugin, quien se involucró profundamente en las ideas de Mackinder para presentar a Rusia como un país encerrado en medio de las ansias de poder de occidente.

En 1997, Dugin expresó sus ideas en un libro llamado The Foundations of Geopolitics, el cual se convirtió en un bestseller.

"En geopolítica, hay dos polos absolutos de poder. Está el poder naval, que pertenece a Occidente, y el poder terrestre, que es Rusia. Hay una pelea por controlar Heartland. Como decía Mackinder, quien controla el este de Europa, controla Heartland. Y quien controla Heartland, domina el mundo", dijo en una conferencia en Shanghái.

A raíz de su liberación del dominio soviético, varios países del este de Europa hicieron fila para unirse a la OTAN y a la Unión Europea, temerosos de una futura agresión rusa.

Pero si el este de Europa se preocupó de Rusia, Rusia se preocupó de la OTAN.

Dugin utilizó la teoría de Mackinder para concluir que Rusia debía moverse hacia la dominación, una vez más, de las antiguas repúblicas soviéticas o "Eurasia".

Algunos académicos han argumentado que las ideas de Dugin demostraron ser útiles para los líderes rusos que quieren mantenerse fuertes ante lo que consideran un dominio excesivo de occidente.

En 2011, el presidente Vladimir Putin propuso la formación de la Unión Económica Euroasiática. Y en 2014, en la ceremonia celebrada en Astaná, la capital de Kazajistán, se firmó un acuerdo entre este país, Bielorrusia y Rusia.

Pronto se unieron otras ex repúblicas soviéticas, pero la situación se agravaría en 2013.

Ese año, Ucrania estaba en conversaciones para integrarse en la Unión Europea, pero el presidente ucraniano de entonces, Víktor Yanukovich, se retiró del pacto bajo presión rusa.

Manifestantes proeuropeos ocuparon el centro de Kiev, y Yanukovich envió la policía armada y la situación degeneró un conflicto sangriento.

En el este de Ucrania se llevaron a cabo protestas prorrusas que al final se transformaron en una insurgencia apoyada por ese país.

Y en el sur de Ucrania, Rusia aprovechó la oportunidad para anexarse Crimea, la cual, como el este del país, tiene una alta población étnica rusa.

Un nuevo pretendiente

Aunque Rusia controle gran parte de Heartland, no significa que controle la "Isla del Mundo" en su totalidad.

El territorio euroasiático ha sido testigo del crecimiento de un nuevo poder, un nuevo pretendiente al control de la región.

Si Mackinder viviera hoy, quizás estaría preocupado de las extensas redes ferroviarias que China está construyendo a lo largo de todo el continente.

Las relaciones entre China y Rusia son buenas, pero dadas las experiencias del pasado, nada asegura que se mantendrán así en el futuro.

Más de un siglo después de Mackinder, surge la pregunta de si sus teorías forman parte del pasado o siguen vigentes en el presente.

Por Phil Tinline

BBC Ideas

El poder mundial le teme a la nueva era geopolítica: el desacoplamiento de las potencias

El Foro de Davos es uno de los mecanismos clave para 'aceitar las tuercas' de la maquinaria capitalista, donde se coordinan, se discuten y se hacen públicas las tareas del año para hacer que el sistema siga funcionando. El enfrentamiento entre potencias les hace temer una atomización del mundo.

La turbulencia geopolítica relacionada con las tensiones comerciales y las rivalidades tecnológicas está creando un gran riesgo para la comunidad global: el peligro de dislocación y desacoplamiento de EEUU y China de las actuales reglas de juego globales. Así caracteriza el riesgo actual para el sistema dominante el Foro económico mundial 2020.

Quien haya creído que Davos le daría respuestas sobre las preocupaciones de miles de millones sobre cómo superar la pobreza, el cambio climático y el desarrollo sostenible peca de candidez.

A los líderes empresariales y políticos les preocupa que se estén fortaleciendo polos donde hay mayor confrontación, pierden clientes e incrementan los costos. Esta atomización emergente, advierten, induce a los países a optar por uno u otro polo, lo cual pone en peligro el actual modelo económico dominante desde la caída del muro de Berlín.

El Foro de Davos busca sumar las voces de sus aliados en el mundo, tanto gobiernos como empresas transnacionales y líderes de opinión, para encarrilar a los divergentes y volverlos a montar en la ya obsoleta maquinaria creada en Breton Woods en 1944, que dio como resultado la creación de la ONU, la OMC, el FMI y el Banco Mundial.

Davos señala que el peso de China y Estados Unidos es inmenso pues representan más del 40% del PIB mundial, son los principales innovadores del mundo y, además, los dos principales emisores de gases de efecto invernadero.

Les preocupa que el resultado de la formación de compartimentos o atomización a la que llevan las potencias conciba un panorama geopolítico inestable. Bajo el lema Para un mundo cohesionado y sostenible, los dueños del Foro de Davos buscan casi desesperadamente formas de coordinar y sostener las riendas del poder mundial.

El presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, fundador, impulsor y catalizador del foro, hizo hincapié en la necesidad de buscar un capitalismo sostenible, mientras que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advierte de la existencia de los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Posiblemente los temores de la atomización de los sistemas en un mundo digitalizado sean genuinos, pero queda claro que lo que buscan es estandarizar el mundo bajo las reglas de una sola visión, un solo liderazgo, un mundo unipolar, un solo gobierno mundial.

Los líderes de Davos temen el regreso de la Guerra Fría en el ambiente económico que cambiaría fundamentalmente la forma en que los negocios y la seguridad global han funcionado en las últimas décadas ya que los países tendrían que decidir a cuál sistema económico formar parte, y las empresas tendrían que desarrollar protocolos separados.

Próxima era geopolítica: la fragmentación

China y EEUU están compitiendo en dominios comunes y cada uno busca diseñar sus propios sistemas: sus propios estándares, sus propias cadenas de suministro, advierten en Davos. Esos contornos de la nueva era geopolítica ya están presentes en nuestra vida diaria, con nuevos estándares económicos, tecnológicos, ambientales.

El FMI señaló que los volúmenes comerciales se han reducido en gran medida como resultado de lo que la OMC ha llamado "niveles históricamente altos de restricciones comerciales". Eso conllevará a la desaceleración del crecimiento global en 0,8% en 2020.

Tanto el FMI como la OMC no reconocen abiertamente su arcaico diseño ni sus incapacidades, pues por ejemplo llama "restricciones comerciales" a los castigos comerciales o sanciones a las que somete EEUU de manera unilateral a muchos países cuando no les gusta su política.

Las potencias, las grandes compañías y los líderes empresariales hicieron saber en Davos que les preocupa que la deuda pública de las economías del G20 alcance el 90% del PIB en 2019, el nivel más alto registrado, y que se prevé que llegue al 95% en 2024, según datos del FMI.

¿Y qué hay de los pobres? Queda claro que este no es su foro. Pues al ser el último escalón de la sociedad, deberán someterse a las reglas que acuerden los de arriba, en tanto sigan creyendo que algún día les llegará la prosperidad por goteo.

Consecuencias de la parcelación digital

Los organizadores del Foro nos recordaron que más del 50% de la población mundial está ahora interconectada y que aproximadamente un millón de personas se conectan en línea por primera vez cada día y dos tercios de la población mundial poseen un dispositivo móvil.

A Davos y a su añorado mundo unipolar les preocupa la ausencia de una gobernanza tecnológica global. Los empresarios han advertido que "un ciberespacio fragmentado y estándares tecnológicos diferentes podrían obstaculizar el crecimiento económico, exacerbar las rivalidades geopolíticas y dividir aún más a las sociedades".

Ya vivimos una época de dominio tecnológico que está reformando a diario nuestras vidas, las economías y las sociedades. La inteligencia artificial, IA, ha sido denominada como "la invención más impactante", pero también como la "mayor amenaza" y la proliferación de estándares dificulta que los países y las empresas confluyan en un solo sistema.

Peor aún vivimos una dominación en manos de compañías tecnológicas globales que están desafiando y asumiendo competencias centrales que solo les debieran competir a los gobiernos.

Está claro que la ausencia de un marco global de gobernanza tecnológica aumenta la injerencia foránea empresarial en los Estados, asumiendo funciones que no le corresponden y consiguiendo poseer y dominar infraestructura crítica para la seguridad de los países.

Como Yuval Noah Harari advirtió el peligro del robo de datos de los seres humanos, los conocimientos biológicos y el control de la tecnología están llegando al punto en el que ya no se necesitarán soldados para dominar algún territorio, pues se podría hacer mediante el control de datos.

El medio ambiente reducido a plantaciones

El Foro Económico fue muy magro en resultados ambientales. Su mayor logro fue el lanzamiento de la iniciativa Un billón de árboles, a sembrar para 2030, como si las plantaciones pudieran devolver la biodiversidad perdida y a ser degradada. Queda claro que no podemos pedirle peras al olmo.

Para la élite dominante mundial el crecimiento es clave, eso implica un mayor consumismo que va en dirección opuesta a la conservación y preservación de los ecosistemas. El FMI responde a esas necesidades al exigir un mayor crecimiento y advertir sobre el bajo aumento de la economía mundial, que prevé que sea del 3,3% en 2020 y del 3,4% en 2021.

Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, dedicó la mayor parte de su intervención a abogarpor las soluciones tecnológicas al cambio climático. Queda claro que no debemos esperar solidaridad de quienes solo velan por sus intereses.

Europa pretende liderar el tema climático con el presidente francés Macron a la cabeza, pero no pueden convencer ni a ellos mismos. Solo buscan soluciones mercantilistas como la compraventa de bonos verdes y no promueven cambios de hábitos consumistas. Mientras tanto, EEUU patea el tablero, sigue negándolo, y China mira para otro lado.

Premio Nobel de Economía desaprueba la economía de Trump

Previo a su viaje a Davos, el premio Nobel de Economía de 2001, Joseph Stiglitz, dijo que el presidente Donald Trump se merece un "desaprobado" en economía, además de fallar en asignaturas esenciales como defender la democracia y proteger el planeta.

"Tal vez Trump sea un buen presidente para el 1% más rico (y sobre todo, para el 0,1% más rico), pero no lo ha sido para más nadie" dijo Stiglitz. Denunció que millones se han quedado sin cobertura en salud y que en solo dos años la proporción de estadounidenses sin seguro médico creció del 10,9% al 13,7%.

Las pérdidas relacionadas con el cambio climático en Estados Unidos aumentaron drásticamente, llegando en 2017 hasta un 1,5% del PIB en daños materiales, superando a cualquier otro país en este aspecto, dijo el experto.

¿Cuál fue el relato que trató de implantar Trump en Davos? Hizo un recuento de los logros de su gestión en beneficio de su país, mostrando que su liderazgo ha mejorado a EEUU. Se jactó también de que son los mayores productores de gas y petróleo y de que lograron la independencia energética.

Como gran dádiva al mundo, Trump anunció que su país se unió al proyecto de sembrar dos billones de árboles. Rechazó el pesimismo y a los apocalípticos, pues su país está resurgiendo, dijo. Informó que se crearon siete millones de nuevos puestos de trabajos, tres veces más de lo proyectado. Todo esto con el afán de refutar lo dicho por Stiglitz.

El multilateralismo vetusto y la multipolaridad en riesgo

La competencia sin precedentes que se ha desatado entre potencias económicas, financieras, demográficas y tecnológicas está perfilando un nuevo orden (desorden) mundial y aún no sabemos a dónde nos conducirá.

No se escuchó en Davos la palabra multipolaridad, y dudo que les simpatice a los asistentes y promotores; a toda vista la consideran una mala palabra.

La certeza que deja Davos 2020 es que las actuales guerras cibernéticas, las guerras comerciales y el cambio climático nos pasarán factura a los miles de millones sin voz ni parte en ese foro.  

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Las autoridades chinas implicadas en la negociación con EE UU, en rueda de prensa en Pekín. En vídeo, declaraciones del portavoz del Ministerio de Comercio de China, Gao Feng. JASON LEE (REUTERS) | REUTERS

El acuerdo paraliza la subida de aranceles prevista para este domingo pero está pendiente de la firma oficial del texto

 

China y Estados Unidos han cerrado la primera fase de un acuerdo para resolver la guerra comercial que arrastran desde hace más de año y medio. Casi 24 horas después de que en Washington se diera a conocer que el presidente de EE UU, Donald Trump, había dado el visto bueno al acuerdo, el Ministerio de Comercio de China ha confirmado finalmente este viernes la fumata blanca en una rueda de prensa convocada de urgencia, a última hora de la noche en Pekín.

Según lo trascendido hasta el momento, Pekín aumentará sus importaciones de energía, productos agrícolas y farmacéuticos y dará entrada a más servicios financieros de Estados Unidos. El documento, según ha indicado el viceministro de Comercio Exterior Wang Shouwen en la rueda de prensa, tiene nueve capítulos, que incluyen también un mecanismo de resolución de disputas y medidas sobre la propiedad intelectual, entre otros asuntos.

Con este anuncio queda paralizado el aumento de aranceles mutuo que los dos países tenían previsto a partir del domingo. Estados Unidos iba a elevar un 15% las tasas sobre cerca de 165.000 millones de dólares en productos chinos, mientras que Pekín tenía previsto hacer lo propio sobre cerca de 75.000 millones de dólares en productos estadounidenses. Los nuevos aranceles de EE UU iban a aplicarse sobre productos electrónicos de consumo procedentes de China como televisores y teléfonos móviles, entre otros. Todo en plena campaña navideña de compras y en puertas de un año electoral.

Con el nuevo pacto, los dos países retirarán gradualmente algunos de los aranceles que han ido aplicando en los últimos 18 meses, indicó el viceministro Wang. Ese punto, subrayó, es una parte “fundamental” de las exigencias chinas. No obstante, no precisó un calendario ni cifras de esa eliminación por fases. El alto funcionario subrayó que el pacto es “mutuamente beneficioso”, una condición sine qua non en la que China había insistido una y otra vez en sus declaraciones públicas durante las negociaciones.

Antes de proceder a la firma oficial, no obstante, será necesaria una revisión del documento por parte de los respectivos equipos legales y una comprobación minuciosa de las traducciones. También la negociación del protocolo específico para la firma del pacto, incluido dónde y cuándo firmarlo. Washington espera que se pueda hacer durante la primera semana de enero.

Entre los compromisos adquiridos, China aumentará de modo significativo su compra de productos agrícolas, confirmó el viceministro de Agricultura, Han Jun, aunque no aportó cifras al respecto. Sí precisó que la compra incluirá trigo, y aseguró que esas adquisiciones no perjudicarán a los agricultores nacionales. Para el presidente estadounidense, Donald Trump, esa era una de sus principales exigencias.

Desde Washington, el representante de Comercio Internacional de Estados Unidos, Robert Lighthizer, ha calificado el acuerdo con China de “histórico”. El negociador estadounidense ha señalado que como parte del pacto, Pekín deberá acometer reformas estructurales en su modelo económico y cambios en el régimen comercial en áreas como la propiedad intelectual, las transferencias de tecnología, la agricultura, los servicios financieros y en divisas.

También se establece un mecanismo de solución de disputas y China se compromete a realizar “compras sustanciales adicionales” de productos y servicios de EE UU por valor de 200.000 millones durante los próximos dos años. En el caso de los productos agrícolas, Lighthizer explicó se acordó que adquirirá 16.000 millones adicionales anuales sobre los 24.000 millones de referencia en 2017. 

Esa cifra podría incluso acercarse a los 50.000 millones en un plazo de dos año si Pekín accediera a elevar más las compras, como busca Trump. Lo que no se detalla es el desglose por producto y la parte china evitó comprometerse en público con una cifra. El acuerdo, insiste Lighthizer, permitirá reequilibrar la relación comercial entre los dos países. El pacto se ha cerrado la misma semana que el texto definitivo del tratado comercial del país norteamericano con México y Canadá.

El presidente de EE UU aclaró, a través de Twitter, que el arancel que entró en vigor el pasado mes de septiembre sobre importaciones valoradas en 120.000 millones de dólares se rebaja del 15% al 7,5%. Para el resto de productos, por unos 250.000 millones, se mantiene en el 25%. Trump dice que utilizará los aranceles del 25% como palanca en la segunda fase de la negociación. La intención que es la discusión arranque en cuando se firme el pacto.

Fue el propio Trump el que este jueves disparó el optimismo de los inversores al asegurar que un “gran acuerdo” con China estaba “muy cerca”. El presidente se reunió horas después en el Despacho Oval con sus asesores en comercio y representantes de las empresas y dio el visto bueno al principio de acuerdo. Pero no hubo un anuncio oficial ni por parte de la Casa Blanca ni de la Oficina de Comercio Exterior, a la espera de la rueda de prensa en Pekín.

Por MACARENA VIDAL LIY / SANDRO POZZI

Pekín / Nueva York 13 DIC 2019 - 14:08 COT

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El ex presidente de Francia Nicolas Sarkozy, en imagen de 2007.Foto Ap

Después de la extrema unción de Emmanuel Macron –ex empleado de la esclavista Banca Rothschild– sobre el “fin de la hegemonía de Occidente (bit.ly/2L6xVpb)” y “la muerte cerebral de la OTAN (bit.ly/2OWK4y3)”, toca el turno al alicaído neogaullista Nicolas Sarkozy, quien decretó que “Occidente y Europa no son más los ejes del mundo (bit.ly/2R0OruF)”.

La consubstancial corrupción de Sarkozy no le obnubiló su lucidez. Occidente ( what ever that means) y Europa han sido rebasados por la resurrección de Rusia y la parusía de dos civilizaciones milenarias: China e India.

Sarkozy se equivoca al sentenciar que la crisis de los partidos Conservadores (sic) Liberales refleja la crisis de Occidente. No hay tal: da igual la pertenencia de cualquier partido en el amplio espectro permitido en los sistemas electorales de Occidente cuando los laboristas y/o socialistas, tipo travesti como Tony Blair, perdieron también su alma en el trayecto neoliberal global que fue el que periclitó cuando hoy los partidos, sean de cualquier bandera, cesaron de representar las aspiraciones y las voluntades de los ciudadanos, en particular, de los millennials que se han rebelado y revelado en los cuatro rincones del planeta (bit.ly/2qOFPg8) y que hoy carecen de futuro (bit.ly/34yZ9MF).

En Latinoamérica, la revuelta de los millennials va primordialmente contra el "Índice Gini" de la insoportable desigualdad del neoliberalismo global en su esencia antidemocrático por servir exclusivamente los intereses rapaces de la plutocracia.

Sarkozy no aporta nada nuevo cuando reconoce que Occidente y Europa –hoy diametralmente opuestos en la fase del trumpismo y del Brexit, como muy bien diagnosticó con ma-yor profundidad Macron– "no representan más el eje del mundo", por lo que "existen razones demográficas (sic) para ello": el "eje del mundo pasó de Occidente y hoy giró al Este.De 7 mil millones que habitan el planeta, 4 mil millones viven en Asia".

Hasta cierto punto, ya que Rusia con una demografía declinante –a cuya extinción poblacional apostó Estados Unidos, sin una guerra de por medio– mediante su mística y espíritu –palabras abolidas por el ultramaterialismo neoliberal–, que subsume "La Cuarta Teoría Política ( amzn.to/34AaufJ) " de Alexander Dugin (ideólogo del zar Vlady Putin), resucitaron a Moscú del cementerio geoestratégico donde la arrumbaron Gorbachov y Yeltsin.

Sarkozy aduce correctamente que es difícil que exista "una sola Europa con 27 países" cuando hay "cuatro Europas: la de Schengen, la del Euro, la de la Defensa y la de la Unión", lo cual es cierto a nivel jerárquico/estratégico cuando también existe una distinta visión regionalizada de otras cuatro Europas, a mi juicio: “norte, sur, central y oriental, con diferentes velocidades y dispersas en su múltiples instituciones y en la zona Euro de países de primera y segunda clase (bit.ly/33BgmUy)”.

Sarkozy comenta en forma polémica que "bajo la presión de las redes sociales (sic) lo que está de moda es la horizontalidad. Pero yo sólo creo en la verticalidad: un líder, un equipo, una visión, una ambición. En nuestras sociedades de hoy el liderazgo se ha vuelto ilegítimo (sic), el mundo se mueve a gran velocidad y los líderes, para actuar, tienen que esperar a tener la opinión de hasta la última asociación. La democracia no es eso". La democracia de Sarkozy es anacrónica y no tiene nada que ver con la topografía de la "nueva democracia del siglo XXI", que conjuga horizontalidad con verticalidad, en un esquema holístico envolvente donde participan las redes sociales como nuevas correas de transmisión de la comunicación hightech e incorporan a los millennials y a las poblaciones rurales despreciadas por los rascacielos urbanos/suburbanos.

Los errores epistemológicos y filosóficos de su caquistocracia y la ausencia de sabios y pensadores –sustituidos por analistas bursátiles/econometristas e ignorantes comunicadores de pacotilla a sueldo de sus mendaces multimedia– aniquilaron la pluralidad cerebral de un Occidente que se suicidó.

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Jueves, 21 Noviembre 2019 06:45

En el alumbramiento del mundo multipolar

En el alumbramiento del mundo multipolar

Damos por supuesto que el mundo que nos espera, y que se está gestando ante nuestros ojos, será multipolar, es decir con diversos centros de poder con mayor o menor nivel de tensión, equilibrio y consenso entre ellos. Pero lo que se vislumbra como inexorable en general, presenta un montón de matices y problemas cuando se observa en concreto.

I -Desde el fin de la guerra fría y de su mundo bipolar, la relación entre el Occidente hegemónico y ese conglomerado de potencias emergentes que denominamos BRIC´s es la principal tensión geopolítica del mundo actual.

Esa tensión se deriva de una situación en la que Occidente quiere mantener su dominio en solitario, o con el mínimo de concesiones posible a los nuevos actores, sometiéndolos si fuera posible a su vasallaje, mientras que los emergentes reclaman su lugar y la reforma de las instituciones de gobierno global para afirmar un control plural.

Así, se da por supuesto que el mundo que nos espera, y que se está gestando ante nuestros ojos, será multipolar, es decir con diversos centros de poder con mayor o menor nivel de tensión, equilibrio y consenso entre ellos. Pero lo que se vislumbra como inexorable en general, presenta un montón de matices y problemas cuando se observa en concreto. Eso concierne tanto al “declive” de Estados Unidos como al “ascenso” de los aspirantes a ser factor de un nuevo orden/desorden mundial. Por eso me gusta definir el momento presente de nuestro mundo como el de “los dolores del parto del mundo multipolar”.

Empecemos por caracterizar el “declive americano” como algo objetivo y al mismo tiempo relativo. Objetivo porque, por ejemplo, el peso de la economía de Estados Unidos en el PIB mundial que era del 45% al término de la Segunda Guerra Mundial y de alrededor del 25% en los años setenta, es hoy del 17%. Al mismo tiempo, China, el principal emergente, que antes de la revolución maoísta tenía una población con niveles de subsistencia inferiores a los de la India colonial o el África subsahariana, con una esperanza media de vida de 36 a 40 años y un 80% de analfabetismo, tiene hoy un PIB que es el 18% del mundial (aunque el PIB per cápita de los chinos sea siete veces más pequeño que el de los estadounidenses). O sea, que hay una tendencia clarísima de ascenso y descenso.

Pero a la vez relativo porque esa evolución no ha impedido que Estados Unidos haya fortalecido su liderazgo en las finanzas, la innovación tecnológica (la revolución digital es “made in USA”) y en influencia cultural.

Como dice Regis Debray, antes había una civilización europea y una cultura americana en Estados Unidos que formaba parte de ella. Hoy hay una civilización americana y diversas culturas europeas que forman parte de ella. Incluso en Francia la nación europea más celosa de su identidad, el avance de la americanización social está siendo arrollador. En los últimos veinte o cuarenta años, Europa y el mundo se han “americanizado” de una forma tan dinámica como considerable.

Conforme el peso del PIB de Estados Unidos en la economía mundial disminuía, ha ido aumentando la presencia del inglés (y un idioma contiene determinada estructura de pensamiento), de la manera de hacer mercantil y de negocio americana, con su mentalidad y su lógica, por no hablar de la industria del entretenimiento o de la religiosidad de las iglesias cristianas norteamericanas.

Mientras vemos como, pese a su enormidad, la preponderancia política y militar de Estados Unidos (que dedica cerca del 40% del gasto militar mundial, más que la suma de los ocho siguientes, cinco de los cuales son sus aliados, y mantiene 800 bases militares en más de 40 países) no alcanza para ser incontestada y dibuja un mundo más bien multipolar, en lo cultural, ideológico y económico lo que se dibuja se parece a un cuadro más bien monopolar: las reglas del juego y las instituciones internacionales que regulan la economía global, así como los modelos culturales son “americanos”, son propiedad de los hegemónicos. En términos de usar la economía como instrumento de coerción y poder político en las relaciones internacionales, su control es firme.

Además, si examinamos esa economía mundial desde el punto de vista social, vemos que hay un vínculo de interés bastante estrecho, de clase podríamos decir, entre los más ricos de Estados Unidos y los de Rusia, China, India, Brasil, etc. Ese internacionalismo de los super ricos está estructuralmente dominado por Estados Unidos.

Veamos ahora los emergentes, también para relativizarlos.

II – ¿Quiénes son esos candidatos llamados a ocupar los espacios del relativo declive de Estados Unidos? Se trata de países y conglomerados como: América Latina (con Brasil en primer lugar), India, África del Sur, Rusia, la Unión Europea y naturalmente China.

Hace unos años, América Latina emitía fuertes impulsos autonomistas, con Brasil como uno de los más respetados y activos miembros de los BRIC´s. Pero Lula y sus epígonos fueron sustituidos por Bolsonaro, un típico gobernante alineado con Washington, en un episodio con conexiones en Estados Unidos que se parece más a un golpe de estado que a un proceso electoral en el que el candidato más popular y mejor situado para vencer fue encarcelado con acusaciones y métodos manifiestamente abusivos. Argentina, Ecuador, por no hablar de Venezuela, han conocido procesos parecidos. El caso de Bolivia sugiere todo un replanteamiento del clásico golpe de estado. Tras el pequeño deshielo de Obama, Cuba vuelve a estar asediada. ¿Qué queda del bolivarismo y su vector de emancipación continental?

India y África del Sur apenas tienen papel autónomo en el mundo. India está enfrascada en su peligroso conflicto con Pakistán (peligroso porque Pakistán se parece mucho a un estado fallido y ambos contendientes son potencia nuclear). En la esfera mundial la cuestión es si India que compra armas a Rusia y tiene disputas y recelos con China, se dejará implicar en una alianza regional liderada por Estados Unidos contra China.

Rusia se ha recuperado solo en parte de la degradación de la época de Yeltsin, pues si por un lado ha restablecido un orden interno fundamental que ha detenido la degradación de la vida social, ha colocado en su lugar a los magnates que querían privatizar su Estado y sintonizan con esa “internacional de los super ricos”, y se ha hecho respetar militarmente en su entorno inmediato rodeado por la OTAN, pagando un doloroso precio de sanciones, por el otro ha hecho todo eso manteniendo y perfeccionando el sistema político fundado por Yeltsin. Y eso es una construcción arcaica de tipo autocrático, disfuncional con respecto a la modernidad y que contiene muchas fragilidades y contradicciones en su sistema político y económico, con elecciones sin apenas alternativa que generan protestas internas y sanciones económicas de Occidente que perjudican a su élite social. La estabilidad futura del régimen ruso es un gran tema. Y en ese contexto su enérgico comportamiento exterior está plagado de riesgos. Todo eso sin contar con que la estructura económica rusa sigue girando alrededor de la exportación de materias primas y que el papel de gasolinero de China casa mal con la viva ambición de soberanía y autonomía mundial del estado ruso.

La Unión Europea es, más que nunca, una orquesta desafinada en dinámica desintegradora. En mi opinión como resultado del liderazgo nacionalista-exportador alemán. Hasta ahora se ha demostrado incapaz de cualquier posición exterior autónoma y ha sido comparsa del hegemonismo de Estados Unidos actuando como el ayudante del Sheriff. En ese contexto hablar de un papel europeo autónomo en el mundo parece ciencia-ficción. Sin embargo la ambición está en el discurso. Sobre el papel, la nueva Presidenta de la Comisión, la alemana Úrsula von der Leyen, quiere posicionar a la UE como, “poder mundial autónomo entre Estados Unidos y China”. Macron dice que, “podemos ser o aliados intrascendentes de uno u otro, o decidirnos a desempeñar nuestro propio papel”. Pero estos llamamientos gallitos contrastan con la demostrada práctica de impotencia y seguidismo exterior, en Siria, ante el frustrado acuerdo con Irán -pisoteado por Trump, con su humillante amenaza de sanciones que ha hecho retirarse a las empresas europeas- ante las revelaciones de espionaje generalizado por parte de la NSA, o ante la retirada americana del acuerdo (INF) sobre limitación de armas nucleares tácticas en Europa que tanto perjudica al continente. Y, además, si en Francia y en Alemania hay gestos y proyectos hacia la autonomía internacional, en el flanco oriental de la UE toda una serie de estados que logran influencia explotando el fantasma del peligro ruso, se sienten muy confortables como vasallos de Washington y se resistirán a todo cambio…

Así que, con este cuadro general, ¿Quiénes son los aspirantes a ser polos de la multipolaridad que damos como cosa segura?

Desde luego, queda China. Ese país es el único candidato que presenta condiciones para consolidar su potencia, pero con ese cuadro general de averiados aspirantes lo que se vislumbra más que una multipolaridad, ¿no parece anunciar más bien una nueva bipolaridad de China con Estados Unidos, o de Euroatlántida y Eurasia?

Una vez problematizado este asunto, volvamos a los conceptos monopolar / multipolar: ¿Qué significan exactamente?

III – La alternativa monopolar/multipolar es a la gobernanza del mundo algo parecido a lo que régimen de partido único o sistema de pluralismo político representa para un Estado. El primero supone la primacía del dictado de uno, el poder de la fuerza y la imposición, lo que comúnmente denominamos dictadura. Lo segundo supone instituciones internacionales de consenso y parlamento, refrendo, equilibrios, controles, diplomacia y multilateralismo que redundan en un sistema que calificamos como democrático.

La paradoja es que los partidarios del régimen de partido único, del diktat, en la gobernanza del mundo, del unilateralismo y de la utilización de la fuerza militar, son los estados que se proclaman democráticos y plurales de puertas adentro, mientras que entre los BRICs hay algunos que son definidos como “dictaduras”, bien por ser literalmente sistemas de partido único (China), bien porque sus tradiciones autocráticas no han sido capaces de ir más allá de una “democracia de imitación” (Rusia). Y pese a eso son mucho más prudentes, previsibles y pacíficos en su proyección internacional.

Más aún: los partidarios del hegemonismo y del intento monopolar, con Estados Unidos en cabeza, fueron en su día, tras la Segunda Guerra Mundial, los promotores/fundadores de ese rudimento de Parlamento de la Humanidad que es el sistema ONU que hoy tienden a marginar y eludir.

Los motivos de esta aparente contradicción tienen que ver con la tradición colonial e imperialista de las grandes naciones democráticas, en las que el pluralismo, el voto y el parlamentarismo de puertas adentro siempre fue compatible con el racismo y la más cruda coerción antihumanista y explotadora de puertas afuera en las colonias. Cada gran nación colonial occidental tiene aquí su particular historia, pero en todas ellas esa violencia dominadora (se le denominaba “civilizadora”) dejó su impronta y contribuye a compatibilizar democracia interna con dictadura exterior.

Para acabar hablemos del problema EE.UU.

IV– En la tensión geopolítica entre hegemónicos y emergentes que hemos comenzado caracterizando como la principal del mundo actual, la industria mediática occidental suele presentar a China como el gran factor de incertidumbres, pero si analizamos el asunto en serio veremos que los problemas vienen más bien por Estados Unidos.

Por su peso y protagonismo en el mundo de hoy el caso de Estados Unidos es particularmente relevante en esa serie que tiende a la dictadura exterior.

La “nación democrática” y “faro del mundo moderno” por excelencia, habría sido muy diferente sin la mala escuela de más de un siglo de imperialismo, que tomó el relevo a la conquista del propio país con la eliminación de su población autóctona y a la expansión territorial hacia el sur a expensas de México.

La liberalidad en masacrar poblaciones -en el siglo XIX usando fusiles contra lanzas, hoy con drones, misiles y bombas guiadas por satélite- refleja algo más que la clásica insensibilidad hacia las vidas de los otros típica del colonialismo y el imperialismo. En el caso de Estados Unidos e Inglaterra, actúa también la mentalidad de países que nunca fueron derrotados y ocupados por una potencia extranjera. O sea, no es solo el desacomodo y disgusto de quien es dominante y se siente venir a menos, sino también algo biográfico.

En Estados Unidos, el recuerdo de los 500.000 muertos de la guerra civil de mediados del XIX queda lejano y ha sido borrado de la memoria. A ello hay que sumarle otro aspecto crucial de esa “biografía nacional”: el desequilibrio de fuerzas en el propio continente americano.

A diferencia de Europa donde las grandes potencias rivales estaban igualadas, lo que impedía guerras sin riesgos, en el Nuevo Mundo la preponderancia de Estados Unidos siempre ha sido aplastante. En la biografía de Estados Unidos la guerra es siempre una guerra sin riesgo ni sufrimiento contra adversarios débiles y lejanos.

Esa experiencia hay que cotejarla con la gran potencia sin tradición expansiva que China ha sido históricamente, con su Gran Muralla, símbolo de toda una actitud, y con la vivencia de su vía crucis sufrido desde principios del XIX hasta mediados del XX a manos de las potencias imperialistas. Hay que cotejarla con la experiencia de esa gran civilización colonizada que ha sido India o con la memoria biográfica, viva y reciente, de los 27 millones de muertos al ser agredida de Rusia. En cualquier caso, esa especificidad biográfica de Estados Unidos unida al desagradable desasosiego de su relativo declive, complica sobremanera el actual tránsito desde la catastrófica hegemonía en solitario hacia el mundo multipolar con varios centros de poder en equilibrio y coloca en el centro del problema la cuestión de la reformabilidad de la actitud exterior de Estados Unidos:

Ese país que no ha conocido derrota ni invasión parece muy mal dotado para cambiar de conducta internacional y reformar su militarizada economía, sus instituciones y su gigantesco aparato de propaganda y entretenimiento patológicamente obsesionado con la violencia. Muy mal dotado para contribuir a un sistema que garantice el desarrollo pacífico de la humanidad cuando los intereses de sus principales potencias no coincidan. Mal dotado, en suma, para contribuir a un sistema internacional menos injusto y más inclusivo.

¿Sabrá adecuarse al nuevo cuadro mundial que se dibuja con la potente emergencia de países como China y otros, sin provocar una nueva gran guerra? ¿Será capaz de regresar a la diplomacia y a la práctica de los acuerdos este país que los está rompiendo todos y que está acostumbrado a imponer su voluntad por medios militares, sin pagar precio alguno en riesgos y sufrimientos?

No lo sabemos. Pero de eso depende que el mundo avance hacia una nueva multipolaridad que no se base en el puro equilibrio de fuerzas, como era el caso en el siglo XIX y parte del XX, sino que tenga un carácter integrador y unificador. Un sistema que avance hacia esa relativa democratización en sus relaciones internacionales y hacia el relativo igualitarismo que necesitamos para afrontar los retos del siglo. Me refiero, claro, a las tres grandes cuestiones: cambio global, proliferación de los recursos de destrucción masiva e incremento de la desigualdad social y territorial.

Por Rafael Poch de Feliu

Blog personal

(Publicado en Ctxt)

(*) Este texto sigue las notas de la conferencia impartida el 5 de noviembre en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid.

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La nueva era de la computación cuántica: la carrera tecnológica de EU y China

Google anunció su "supremacía cuántica" con un invento revolucionario: una computadora cuántica que puede realizar cálculos en 200 segundos, que a una “supercomputadora ( sic)” clásica, como la Summit del Laboratorio Nacional Oak Ridge, tomaría 10 mil años (https://bit.ly/2WE7nQA)”.

La computación cuántica se basa en la mecánica cuántica, que explica el extraño (sic) comportamiento de las extremadamente pequeñas partículas de la materia (https://nyti.ms/2JNzebM).

John Preskill propuso hace siete años el concepto de "supremacía cuántica": el punto en el que las computadoras cuánticas pueden realizar cosas que las computadoras clásicas no podrían.

Bloomberg apeló a un "optimismo precavido": se trata de un "inmenso logro bajo cualquier medición" cuando una “rudimentaria máquina cuántica mejoró la más veloz supercomputadora por un factor de 1,080 (https://bloom.bg/2WEB9Vn)”.

Las computadoras cuánticas (https://bit.ly/2Ndg94V) "desafían la intuición humana", según Bloomberg, que alerta sobre "algunos riesgos": 1. "La carrera global para dominar la computación cuántica se está calentando con consecuencias impredecibles"; y 2. "Las avanzadas computadoras cuánticas un día podrán amenazar la llave pública de la criptografía que protege la información en el mundo digital. Tales sistemas están basados en problemas matemáticos duros que las computadoras cuánticas podrían teóricamente ser capaces de agrietar con facilidad", por lo que los investigadores en seguridad trabajan para crear “sistemas y parámetros post-quantum (https://bit.ly/34v1hoC)”.

La revista científica Nature sintetiza en su "abstracto" que “la promesa de las computadoras cuánticas radica en que ciertas (sic) tareas computacionales podrían ser ejecutadas exponencial y más velozmente en un procesador cuántico que en un procesador clásico (https://go.nature.com/2r9Gngg)”.

Se refiere al procesador Sycamore de Google y su "dramático (sic) incremento en velocidad en comparación a todos (sic) los conoci-dos algoritmos clásicos" como "una realización experimental de la supremacía cuántica" que "anuncia un paradigma computacional".

Para un público más general, David Yaffe-Bellany (DY-B) explica en The New York Times la hazaña científica de Google en su laboratorio de investigación en Santa Bárbara (California) que desde la década de los 80 buscaba el Santo Grial de la velocidad del cálculo computacional: la “supremacía cuántica (https://nyti.ms/2JIFykL)”.

De inmediato, los celosos investigadores de IBM anunciaron que la “simulación ideal de la misma tarea puede ser realizada en un sistema clásico en 2.5 días con una fidelidad mucho mayor (https://ibm.co/2ptK3Jo)”.

Las implicaciones para la "seguridad nacional (sic) y la criptografía" son inconmensurables.

China –con su adopción también revolucionaria de la tecnología blockchain (https://bit.ly/2NcO4e7) entró de lleno a la competencia tecnológica con EU en varios rubros: desde la 5G pasando por la tecnología cuántica hasta la Inteligencia Artificial (IA).

A juicio de DY-B, "como todos los saltos en tecnología, las máquinas cuánticas son de doble filo: algún día podrán fortalecer los avances en IA; pero también pueden apabullar (sic) la encriptación que protege a las computadoras y que es vital a la Seguridad Nacional o aún a los sitios de comercio digital".

De allí que, aduce DY-B, "los gobiernos de EU y China consideran la computación cuántica como una prioridad nacional" cuando "China invierte 400 millones de dólares en un laboratorio cuántico nacional".

Hoy China encabeza el liderazgo de la “carrera para proteger los datos de la encriptación cuántica (https://nyti.ms/2JNNrFL)”.

China posee el doble de patentes de "tecnología cuántica" que EU, pero tres veces menos de “computadoras cuánticas (https://wapo.st/2NCMgtR)”.

Hoy lo que China y EU definen como "Seguridad Nacional" –desde los hidrocarburos, pasando por los alimentos, hasta la sofisticada tecnología– ha cesado de serlo para el aldeanismo de los países avasallados e intoxicados por la propaganda, hoy caduca, del globalismo neoliberal.

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Trump, con el viceprimer ministro chino en la Casa Blanca este viernes. REUTERS/Yuri Gripas

En virtud del acuerdo, Estados Unidos decidió suspender su plan de subir del 25 al 30% los aranceles a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, mientras que China se comprometió a adquirir entre 40.000 y 50.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses.

 

Estados Unidos y China alcanzaron hoy un acuerdo parcial "significativo" para dar una tregua a la guerra comercial que libran desde el año pasado, y podrían firmarlo durante la cumbre del APEC que se celebrará en noviembre en Chile, anunció el presidente estadounidense, Donald Trump.

En virtud del acuerdo, Estados Unidos decidió suspender su plan de subir del 25 al 30% los aranceles a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, mientras que China se comprometió a adquirir entre 40.000 y 50.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses, según la Casa Blanca. "Hemos alcanzado un acuerdo significativo de primera fase (...) pero todavía no está redactado", dijo Trump a los periodistas durante una reunión en el Despacho Oval con el viceprimer ministro chino, Liu He.

El pacto se pondrá sobre papel a lo largo de las próximas cuatro semanas y el objetivo es que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, lo firmen durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) que se celebrará en Santiago de Chile el 16 y 17 de noviembre. "Estaremos en Chile y tendré una [ceremonia de] firma formal con el presidente Xi", afirmó Trump, que hasta ahora no había confirmado si iría a la cumbre del APEC.

Trump aseguró que en los últimos meses ha habido mucha "fricción" entre Estados Unidos y China, pero ahora hay un "festival del amor" entre ambas potencias. "Este es un acuerdo tan grande que lo estamos haciendo por secciones", explicó Trump, quien precisó que se empezará a negociar una "segunda fase" en cuanto se firme la primera y no descartó que haya una tercera etapa.

El mandatario precisó que el pacto recién alcanzado incluye algunas medidas relativas a la devaluación de la divisa china y temas de propiedad intelectual, aunque no lidia con la transferencia forzada de tecnología en China, un tema que se tratará "en la segunda fase", según Trump.

El acuerdo tampoco resuelve el tema de los vetos a la exportación que afectan al gigante chino de la telefonía Huawei, un tema que se está negociando mediante un proceso paralelo, explicó a los periodistas el representante de Comercio Exterior estadounidense, Robert Lighthizer.

"No implementaremos el aumento de los aranceles" que iba a entrar en vigor el próximo martes, confirmó el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin. Trump también aseguró que había hablado con Liu sobre las manifestaciones en Hong Kong, pero que cree que ese tema acabará resolviéndose solo.

11/10/2019 22:22 Actualizado: 11/10/2019 23:01

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El inversionista George Soros intenta boicotear un acuerdo de Trump con China.Foto Afp

George Soros, a sus 89 años de edad, intenta torpedear el inminente acuerdo de Trump con China, que ha sido facilitado por la defenestración del ex asesor de Seguridad (sic) Nacional, John Bolton, quien deseaba librar siete guerras en el mundo contra Rusia (sic), China, Norcorea, Irán, Siria, Afganistán y Venezuela (https://bit.ly/2kb1QCh).

Con el fin de apanicar a los inversionistas de Wall Street, Soros pregunta en forma móbida si Trump venderá a EU (¡mega sic!) por Huawei (https://on.wsj.com/2lOgNum).

Empieza alabando a Trump, antes de golpearlo sin misericordia: “El mayor –y quizá el único (sic)– logro de política exterior de Trump ha sido desarrollar una política coherente (sic) y genuinamente bipartidista frente a la China de Xi Jinping” por declarar a Pekín como rival estratégico y colocar a Huawei como amenaza a la seguridad nacional, lo cual previene a las empresas de EU de hacer negocios con Huawei.

Soros, vulgar agente de la CIA y espantapájaros de los esclavistas banqueros Rothschild –como varios investigadores del más alto nivel han evidenciado–, maneja el muy aburrido ¡Ahí viene el lobo! contra China y que usó durante una generación contra la URSS/Rusia:

China es un rival peligroso (sic) en Inteligencia Artificial y en las máquinas de aprendizaje, pero todavía depende de casi 30 empresas de EU que abastecen a Huawei con los principales componentes que necesita para competir en el mercado del 5G.

Mientras Huawei permanezca en la lista negra de EU, carecerá de la tecnología crucial y será seriamente debilitada. Pero el misántropo mega especulador con máscara de travesti filántropo, teme que Trump pueda pronto socavar su propia política frente a China y ceder su ventaja a Pekín.

Basa su prejuicio en que Trump removerá las restricciones a Huawei: desea arreglar una reunión con el presidente Xi Jinping conforme se acerca la elección de 2020 y realizar un trato comercial con él y desea que el estatuto de Huawei se encuentre en la mesa de negociaciones como una de sus piezas de regateo.

Soros fustiga que no es la primera vez que Trump opera una mal concebida concesión a China cuando levantó las restricciones a ZTE, otra empresa china de telecomunicaciones de menor calibre que Huawei: Trump “parece desesperado (sic) para un arreglo con el presidente Xi con el fin de impulsar el mercado de valores y la economía y así mejorar su oportunidad de relegirse –colocando sus intereses electorales antes que los intereses de EU”.

Más bien parece que lo que no desea el grupo globalista de Soros es que Trump se relija.

¿De cuando acá les ha interesado a los globalistas los intereses de EU, donde 99 por ciento de la población ha sido excluida de su modelo plutocrático?

Soros apela, otra vez con el petate del muerto, al Congreso para prevenir las tentativas de Trump y alucina que Trump sacará de apuros al gigante de las telecomunicaciones manejado por el Partido Comunista chino (Huawei).

Soros concluye con una frase apta para oligofrénicos: mi interés (sic) en derrotar a la China de Xi Jinping va más allá de los intereses nacionales de EU. ¿Por fin?

¿Y a poco un no-arreglo de Trump y Xi no afectan al mundo?

Soros se equivoca de apuesta bursátil y expone el verdadero motivo visible de su eterna aversión a China: el sistema crediticio social (¡mega sic!) que está construyendo Pekín, si se permite (sic) su expansión, sonará la señal de muerte para las sociedades abiertas (sic) en China y el mundo (sic) ya que los “déspotas estarán ansiosos en comprar el know-how de las empresas chinas, siendo política y financieramente (sic) dependientes de China y así expandir los sistemas de control político (sic) de China en el mundo”.

El portal Sputnik juzga que Soros promueve la guerra comercial entre EU y China (https://bit.ly/2miI9t3= y, en su versión en inglés, comenta que Soros ha gastado una fortuna para apoyar a los opositores de Trump, además de haber financiado el mendaz documento Steele para descarrilar la relación de EU con Rusia (https://bit.ly/2kiCrXv).

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Miércoles, 11 Septiembre 2019 06:08

Huawei es apenas refriega de lo que se viene

Huawei es apenas refriega de lo que se viene

La guerra del gobierno Trump contra China (que empezó contra la multinacional Huawei) ha ocupado las portadas de los medios de comunicación en todo el mundo, hecho explicable por implicar a las dos mayores potencias comerciales del mundo y por afectar (como daño colateral) al mayor tótem del siglo XXI, como es la telefonía móvil, sin la cual se multiplicaría el número de desamparados, que encuentran en su teléfono la comprensión y el amor que ya no saben hallar fuera de emoticones y pantallas. Que el conflicto chino-yanqui haga timbrar al mundo no debe hacer olvidar un hecho más importante, que, en estos pagos, recibe nula atención: la feroz carrera armamentista que mantienen EEUU, China y Rusia, respecto de la cual lo comercial y Huawei -por más que inflen su importancia- no es sino un primer ‘round’ de una pelea a muchos rounds.

El común de los mortales vive de espaldas a la historia y a golpe de amarillismo, de manera que rara vez dispone de herramientas básicas para analizar casos como el presente. Uno de ellos se refiere a un hecho que ha ocurrido (y seguirá ocurriendo) en todos los tiempos y civilizaciones: cuando surge una nueva potencia -o resurge una que lo fue- la potencia reclama un sitio en el mundo proporcional a su poder y quiere -también- a sus adversarios fuera de sus áreas estratégicas. Tan viejo como el mundo, como narró Tucídides, hace 2400 años, en su Historia de la guerra del Peloponeso.

Un episodio ilustra esta realidad. Italia y Alemania se constituyeron como Estados unitarios en 1860 y 1871, respectivamente, es decir, tres siglos después del inicio de la era del imperialismo europeo. Llegaron tarde al reparto colonial, pero, como nuevos grandes Estados, reclamaron una parte del botín. En 1885, por iniciativa alemana, se celebró la Conferencia de Berlín para el reparto de África, de la que Alemania obtuvo un relevante número de colonias e Italia su porción, aunque nada comparables con las británicas y francesas. Al final, como es sabido, las contradicciones imperialistas terminaron estallando en la I Gran Guerra Europea moderna (Europa ha vivido en guerra desde los neandertales), mal llamada I Guerra Mundial. Esta guerra recordó otra antigua realidad: ningún imperio cede voluntariamente su poder. Se le arranca por la fuerza. Alejandro lo hizo con Darío. Roma con Cartago. EEUU con España.

Situémonos ahora en 2019. Un antiguo imperio, China, hasta hace ochenta años dominado, expoliado y explotado por potencias extranjeras, ha resurgido como ave fénix y reclama su lugar en el mundo. Otro viejo imperio, Rusia, renacido después del suicidio y desmembramiento de la superpotencia soviética, reclama también un solio macizo en la sociedad internacional. Frente a ellos EEUU, un imperio mundial joven (su poder inicial surgió de la IGM y su poder mundial de la IIGM), pretende que las renacidas nuevas potencias acepten el orden que instituyó sin disparar, prácticamente, un tiro y sin tener que hacer mayores sacrificios. Al contrario, EEUU pudo hacerse imperio merced a que las potencias europeas se mataron entre ellas, dejándole el campo abierto y, además, enriqueciéndolo hasta lo obsceno gracias a las dos guerras (John Kenneth Galbraith afirmó que la IGM había sido una bendición para EEUU).

El panorama actual, para Washington, es un tablero de ajedrez. A diferencia del mundo bipolar, donde cada superpotencia tenía definidas sus áreas de dominación estratégicas, el mundo hoy es multipolar y complejo y, por vez primera en la historia, auténticamente global. No hay colonias obedientes (salvo la UE, paradojas de la historia) y EEUU enfrenta, no sólo a dos potencias equivalentes, sino -esto es lo peor- aliadas, y de una magnitud abrumadora en territorio, población y recursos. La suma de China y Rusia-Rusia y China hace un poder que supera con creces al estadounidense, por más que se afane Washington en hacer creer lo contrario. El territorio de la alianza euro-asiática se extiende del mar de Barents al Mar de la China Meridional; del Báltico al Golfo Pérsico; del mar Mediterráneo y el Negro al Índico. Es decir, abarca la casi totalidad de Eurasia, con diferencia el continente más importante del mundo. Son, además, aliados contiguos, de forma que su interacción es fácil, intensa y… barata. Como recordó hace poco el periodista Michael Hudson, “Los Neocons nombrados por Trump están logrando lo que parecía impensable no hace mucho tiempo: juntar a China y Rusia -la gran pesadilla de Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski” (corrección: la alianza antecede Trump, aunque Donald ha hecho méritos notables para robustecerla).

EEUU, por el contrario, es un país aislado. Un Estado-isla en un continente-isla, separado del resto del mundo por los dos mayores océanos. Sus aliados están lejos y, más grave aún, están dispersos y solos. Japón es otro Estado-isla, separado del continente y sin aliados próximos (excluyo a Corea del Sur, primer candidato a abandonar el barco estadounidense, Taiwán duraría un suspiro). Europa es una península sin acceso directo a la mole euroasiática y sin recursos energéticos suficientes. Arabia Saudita es una península medieval rodeada de pocos amigos y con un ejército archi-armado pero incompetente (en Yemen acumulan sólo crímenes atroces). Mantener unidos todos esos fragmentos obliga, a EEUU, a gastos astronómicos, lo que deja, como daño colateral, un déficit público galáctico y ruinoso.

Esta realidad ha provocado, en EEUU, una proliferación de estudios y análisis sobre cómo enfrentar la alianza sino-rusa, como no se veía desde los años duros de la guerra fría. El último documento apareció en diciembre de 2018 (National Security / Long-Range Emerging Threats Facing the United States As Identified by Federal Agencies, Seguridad Nacional / Amenazas emergentes de largo alcance que enfrenta Estados Unidos según lo identificado por las agencias federales). Este informe expresa: “Estados Unidos enfrenta una compleja serie de amenazas a nuestra seguridad nacional, incluidos nuestro sistema político, económico, militar y social. Estas amenazas continuarán evolucionando a medida que se desarrollen los adversarios políticos y militares, a medida que avanzan los sistemas de armas y la tecnología, y con los cambios demográficos y ambientales”. Esta afirmación se ha convertido en estribillo en esa clase de informes, que repiten que EEUU afronta la mayor amenaza a su hegemonía, algo cierto, pues nunca EEUU había encontrado rivales de tal magnitud. La retirada de EEUU de los acuerdos de control de armas no es una ‘trumpada’, sino respuesta al miedo creciente a China, país no firmante de esos tratados, y su alianza con Rusia. Por ese mismo motivo, EEUU aumentará sus presiones sobre Europa y Latinoamérica, buscando crear un frente euro-americano frente a las potencias euro-asiáticas (otra cosa será que lo consiga o a qué nivel pueda conseguirlo).

El mundo de la guerra fría era un mundo de fronteras definidas, con conflictos en áreas periféricas -Vietnam, Angola, etc.- que no afectaban el equilibrio estratégico esencial entre las superpotencias. En el mundo actual hay pocas fronteras claras y demasiadas en disputa. Disputas geopolíticas, económicas, comerciales, científico-técnicas. Con cada vez más abundantes zonas grises y algunas absolutamente calientes. América del Sur está siendo convertida en una inmensa zona gris, con Rusia y China erosionando cuanto pueden la antigua hegemonía de EEUU, con Venezuela en el epicentro. Ucrania es -tómenlo en serio los europeos- un limes al que Rusia no renunciará (pregunten si EEUU aceptarían misiles rusos y chinos en México o Canadá). Irán, país milenario, quiere su propio espacio y es aliado esencial para China y Rusia (de ahí la obsesión de EEUU por derrocar a la república islámica). Siria, país referencia del de retorno de Rusia a Oriente Próximo, es territorio cardinal para la proyección del poder ruso en el Mediterráneo. India quiere ser potencia regional y, en alianza con Rusia, mantener el equilibrio en el Índico, establecer un status quo con China y, con China, desenredar el laberinto paquistaní. EEUU lleva una década queriendo enredar a India contra China e India le responde que los cipayos son historia y que ellos tienen sus propias aspiraciones. Por si alguna tenía dudas, a inicios de septiembre de este 2019, India firmó contratos por 14.500 millones de dólares para adquirir armamentos rusos, entre ellos sistemas S-400.

Recordemos, ahora, el primer juego de tronos, llamado en el siglo XIX “el gran juego”. Fue la disputa a cara de perro entre los imperios ruso y británico por el dominio de Asia Central. Gran Bretaña, la mayor potencia marítima de entonces, quería forjar un muro en torno a la India -su “joya de la corona”- y Rusia, la mayor potencia terrestre, expandir sus dominios sobre la vastedad centroasiática. “El gran juego” inspiraría a Halford Mackinder, el más importante geopolítico británico, a elaborar su teoría sobre la rivalidad entre la potencia marítima (Gran Bretaña) y la potencia terrestre (Rusia), que, desde hace casi un siglo, inspira a EEUU, potencia marítima heredera de la británica.

Porque EEUU es eso: una potencia marítima, separada del resto de continentes por el Atlántico y el Pacífico. Ser un Estado-isla de un continente-isla permitió a EEUU ser superpotencia y dominar casi todos los mares y océanos, teniendo como modelo a su antecesora británica. No obstante, el poder naval británico pudo ser lo que fue porque no había armas que contrarrestaran el poder de su flota. Sus naos podían aparecer de repente en cualquier sitio, sin dar tiempo a organizar la defensa, de forma que, en días o semanas, la flota británica podía tomar Shanghái, Mallorca o Bengala. Hoy, eso, es, simplemente, imposible. Satélites espías monitorean minuto a minuto cada buque de guerra, cada portaaviones, haciendo un disparate pensar en bloqueos y, menos aún, en ataques sorpresa desde el mar (o desde tierra). El acelerado e imparable desarrollo de misiles -como los hipersónicos rusos, que alcanzan velocidades superiores hasta doce veces la del sonido- convierten a los buques en armatostes fáciles de hundir

Un think tank británico fue el primero en advertir esta realidad, luego confirmada en un informe estadounidense, que reconoce que EEUU carece de medios contra los misiles hipersónicos rusos. China desarrolló, hace años, un sistema para hundir portaaviones por saturación, es decir, si una flota con portaaviones tiene, digamos, 800 misiles, el sistema chino dispararía mil o 1.500 misiles. Se perderían 800, pero el resto haría blanco. Las guerras comerciales, o el Huawei 5G no es el punto G de la economía mundial. Estamos, apenas, ante refriegas de lo que se viene. Y lo que se viene es grueso, muy grueso. Algo así como un nuevo tiempo, una nueva era, dominada por potencias asiáticas. Pudo ser de otra manera, si la UE/OTAN, en vez de pretender destruir Rusia, la hubiera hecho aliada, Ahora es demasiado tarde. La alianza ruso-china -como antes Alejandro, Napoleón o los británicos- marcará las pautas y se hará más fuerte. India está estableciendo su área e Irán la suya. ¿Y la UE? Bien, gracias, alineadita con EEUU, esperando las ostias del cielo, que no serán de pan ácimo ni harina de trigo.

Por Augusto Zamora R.

Autor de ‘Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos’ (2016, 3ª edición 2018) y de’ Réquiem polifónico por Occidente’ (2018), Akal.

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Macron proclama el "fin de la hegemonía de Occidente" y la reconciliación con Rusia

Según Le Monde, “después del éxito ( sic) del G-7 Macron sacudió a los diplomáticos (http://bit.ly/2MPxxOs)”.

No existió tal "éxito" cuando Macron se lució tres días antes de la cumbre del G-7 en Biarritz, al recibir en Brégançon a su homólogo ruso Vlady Putin, con quien acordó, más allá de la fachada de Ucrania, reconciliarse y lubricar la reincorporación de Rusia al formato del G-8, a petición expresa de Trump (http://bit.ly/2NM1AWL). Otro lucimiento de Macron fue su coup de théâtre persa: la recepción del canciller Javad Zarif en Biarritz, al margen del G-7.

En el seno del disfuncional G-7 no se resolvió nada. Ni siquiera la apremiante contribución al megaincendio del Amazonas. Quizá ayudó a lubricar la voltereta de Trump, para no perder la compostura, sobre la reanudación de las negociaciones de su guerra comercial contra China.

Macron lució enormidades un día después del G-7 –con su discurso que (en)marca el canto de cisne de Occidente– ante 200 diplomáticos (http://bit.ly/2NJC8kG): ¡un genial diagnóstico del zeitgeist geoestratégico! En un clásico estilo neo-gaullista, Macron definió el papel de Francia como una "potencia de equilibrio".

Le Monde recupera la "opción estratégica" de Macron: "evitar el desvanecimiento de Europa frente a la prominencia de China y EU", que pasa necesariamente por la reconciliación de la Unión Europea "con su vecino ruso" cuando hoy "Europa es el teatro de una lucha estratégica entre EU y Rusia" que tendrá "consecuencias de la guerra fría" en el suelo de Europa que corre el riesgo de desaparecer.

Macron abogó por una "estrategia de la audacia" con el fin de “colocar al hombre ( sic) en el centro de la civilización europea desde el Renacimiento” –tesis añeja de Bajo la Lupa.Diagnostica "el fin de la hegemonía occidental" y apela a “una transformación ( sic) y a una recomposición geopolítica y estratégica”.

Las "cosas cambiaron": feneció "el orden internacional de la hegemonía occidental desde el siglo XVIII": que fue primero francés con el siglo de la Ilustración; luego británico en el siglo XIX con la Revolución Industrial; y estadunidense en el siglo XX "gracias a dos grandes conflictos y a su dominación económica y política".

Hoy el mundo vive la multipolaridad con "la emergencia de nuevas potencias" cuyo "impacto ha sido subestimado". Coloca a China en primer lugar, luego a la "estrategia rusa" que ha sido muy "exitosa", además del resurgimiento de India.

Las tres superpotencias emergentes "se piensan como verdaderos Estados civilizatorios" que son muy atractivos por la inspiración que emanan: "India, Rusia y China poseen una inspiración política mucho más poderosa que la europea". Y eso que Macron no abordó la portentosa Ruta de la Seda de China que asocia a Rusia en su trayecto y a Europa como su terminal geoeconómica.

Reconoce que la “economía de mercado se financiarizó profundamente”, lo cual desembocó en un "capitalismo de acumulación" sin una clase media que constituía "el pedestal de la democracia" y alteró el orden político. Fustiga con justa razón a EU que “se encuentra en el campo occidental, pero que no comporta el mismo humanismo ( sic)”, a diferencia de la “sensibilidad ( sic)” de los europeos.

Luego de alardear que Francia representa hoy el "primer ejército europeo", amén de constituir una "superpotencia diplomática", advierte que "empujar a Rusia lejos de Europa es un profundo error estratégico", ya que el aislamiento de Moscú "incrementa las tensiones" y lo empuja a "aliarse con otras superpotencias cono China", lo cual no es del interés de Europa.

Lanza su seducción a Rusia, a quien invita a formar parte de su entorno civilizatorio europeo, en lugar de "ser el aliado minoritario de China". ¿Rusia como primum inter pares en Europa?

El supremo geoestratega que resultó ser el zar Vlady Putin es hoy motivo de la seducción simultánea de China, Trump y ahora de Francia/Europa. Sobra recalcar que quien lleva la mano de la definición geoestratégica euroasiática y global es Rusia, en la fase de su parusía con el zar Vlady Putin.

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