Sábado, 24 Abril 2021 06:38

Covax: la trampa

Covax: la trampa

Hay muchas paradojas en esta pandemia, la mayoría sobre cómo los más ricos y poderosos se benefician del desastre y lo empeoran. El mecanismo Covax es una de ellas. Se presenta como forma de acceso más equitativo a las vacunas para Covid-19, pero en realidad es una forma de facilitar los negocios de las grandes farmacéuticas y proteger sus patentes, lo cual impide que los países del sur global puedan disponer de suficientes vacunas. No es un efecto secundario o accidental: la escasez es un elemento importante para las empresas, ya que garantiza la demanda y aumenta los precios.

Un reciente reporte sobre Covax del experto Harris Gleckman –antes funcionario de la ONU– publicado por Amigos de la Tierra Internacional, analiza con rigurosidad el mecanismo, revelando una perversa iniciativa comercial contra la salud pública, diseñado y promovido por la Fundación Bill y Melinda Gates (https://tinyurl.com/2swf356f).

Covax funciona como un banco comercial para hacer compras conjuntas a gran escala a las trasnacionales, lo que a éstas les otorga aún mayor seguridad a sus inversiones aunque ya han recibido cuantiosa financiación pública para desarrollarlas (https://tinyurl.com/ykabcmw9). No cuestiona sus precios ni condiciones leoninas. Al contrario, facilita a las empresas la entrada a nuevos mercados en países pobres, sin costo ni riesgo para ellas. Las miserables entregas "gratuitas" que realiza a esos países ya han sido pagadas por otros o por instituciones públicas multilaterales. Al entrar con vacunas patentadas, favorece los mecanismos de mercado en la atención de salud pública.

Que se produzcan y distribuyan equitativamente vacunas seguras en una pandemia global, es una responsabilidad de la OMS (Organización Mundial de la Salud de Naciones Unidas), no de una institución privada como Covax. Se ha apropiado de tal función para prevenir que se tomen medidas imprescindibles y necesarias, como la cancelación de patentes y el apoyo internacional al fortalecimiento de capacidades nacionales para prevenir próximas pandemias. Como asociación público-privada, Covax es una institución de "partes interesadas" ( stakeholders), sin transparencia ni rendición de cuentas, donde los grandes actores privados como la gran industria farmacéutica, que actúa por interés de lucro, decide tanto o más que gobiernos e instancias públicas de la comunidad internacional.

Fue fundada por la Alianza Mundial para las Vacunas e Inmunización y la Coalición para las Innovaciones en la Preparación para Epidemias (GAVI y CEPI, por sus siglas en inglés), esta última fundada en el Foro Económico Mundial de Davos, ambas diseñadas y financiadas por la Fundación Bill y Melinda Gates. Aunque la OMS figura también como fundador y participante, su papel es marginal y parece más bien una fachada. GAVI es la que administra el mecanismo y su máxima instancia de decisión está presidida por los presidentes de directorio de GAVI y CEPI. Se han enlistado en Covax 180 gobiernos, pero deciden poco o nada sobre sus formas de acción, contratos, etcétera.

Según la OMS, el porcentaje de vacunación para obtener inmunidad colectiva debería ser mayor a 60 por ciento en todos los países simultáneamente. Numerosos reportes de Naciones Unidas y prensa dan cuenta diariamente de cómo los países industrializados acaparan la mayoría de las vacunas, incluso algunos países como Canadá, más de tres veces las dosis necesarias para toda su población. Covax no ha hecho nada, salvo pedir amablemente a esos países que donen las vacunas que no van a usar (ya pagadas a las empresas, obviamente).

Para lograr ese nivel de vacunación global, la única vía sería que todos los países con capacidad de producir vacunas a nivel nacional lo hicieran y apoyaran directamente a los que no lo tienen. Un primer paso para ello es cancelar todas las patentes y otras restricciones de propiedad intelectual para acceso y transferencia de vacunas y tratamientos relacionados a Covid-19. Esto ya fue planteado por India y Sudáfrica, apoyado por más de 100 países, en la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero Estados Unidos, Europa y otros países sede de trasnacionales farmacéuticas se han opuesto ferozmente (https://tinyurl.com/2mh79293).

Varios países del sur global, entre ellos India, Sudáfrica y Brasil tienen capacidad de producción y distribución de vacunas. En muchos más esa capacidad ha sido debilitada por las políticas neoliberales de las últimas décadas, pero podrían ser apoyados para reactivar la producción nacional. Esto es lo que Covax quiere impedir, siguiendo el modelo de acción que lleva también GAVI.

Covax funciona también como una forma de privilegiar las vacunas transgénicas, patentadas y altamente experimentales, llenas de incertidumbres y riesgos, como las basadas en ADN (entre ellas AstraZeneca, Johnson & Johnson) y las de ARN (como Pfizer y Moderna). El reporte de Gleckman señala que también ha funcionado para marginar las opciones más accesibles y públicas producidas en China y Rusia.

Lamentablemente, no sólo Covax, también la OMS y gobiernos promueven esas vacunas más caras y riesgosas, obviando que las empresas seguirán provocando escasez y que existen opciones con métodos convencionales probados, como virus atenuados, inactivados o de subunidades proteicas, que además son las que mejor se podrían producir a nivel nacional.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

En las garras de un “progreso” antihumano

De nuevo nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se ve en la necesidad de dejar constancia ante el país y el mundo sobre los últimos hechos de los cuales hemos sido víctimas por parte del paramilitarismo que sigue actuando a sus anchas en nuestra región sin ser molestado por ninguna autoridad competente, pues cuenta con su apoyo económico y político, lo que los hace fuertes para someter al campesinado a sus proyectos.

En las últimas semanas se viene implementando una arremetida de construcción ilegal de carreteras por las veredas de San José de Apartadó. Sabemos que los mayores impulsores de estas carreteras son los paramilitares, pues ya han venido reuniendo a los pobladores de las diversas veredas del corregimiento, imponiéndoles altas sumas de dinero, que son impuestos ilegales y extorsivos, para comprar supuestamente el combustible para las máquinas de la Brigada XVII del Ejército que son las que van a ser utilizadas en las obras.

Todo comenzó por Nuevo Antioquia hace un tiempo, con una carretera hasta La vereda La Esperanza y luego otro ramal desde Nuevo Antioquia hasta La vereda Rodoxali. En ese momento se  hicieron indagaciones y se comprobó que esos proyectos de vías no tenían ningún sustento legal; alcaldes e instituciones nacionales y regionales afirmaron no estar enteradas en absoluto de esos proyectos puestos en marcha por los paramilitares.

 Ahora de nuevo se impulsan todas estas carreteras ilegales por las demás veredas. Ya han comenzado con la apertura ilegal desde el casco urbano de San José hacia la vereda La Linda; días antes ya los paramilitares habrían reunido a la población civil de las veredas Cristalina, Miramar, La Miranda, La Pancha, Salsipuedes, entre otras, para exigirle a cada poblador un aporte de 800. 000,oo (ochocientos mil pesos) para comprar el combustible para las maquinas que entrarían a trabajar, y según informaciones, estas máquinas pertenecen a la Brigada XVII del Ejército.

Se sabe que se está implementando el arreglo o mejoramiento de la carretera que desde un punto conocido como Campamento conduce a la localidad de Belencito, del  corregimiento de Piedras Blancas, del municipio de Carepa. ¿Quien la está mejorando? Es de público conocimiento que todo poblador del área tiene que aportar dinero  obligatoriamente  para abrir o mejorar las carreteras.

Como comunidad nos preocupa la doble estrategia que se está poniendo en juego para explotar los recursos naturales de nuestra región. Lo más preocupante es que la población de nuestro entorno se está prestando para que sea despojen de su propia tierra.

Es evidente que todo este plan, que se presenta con apariencia de “progreso” o “desarrollo” de la región, se está implementando de manera ilegal, como ha sido la costumbre en la región. En primer lugar, esas vías no hacen parte de ningún Plan de Ordenamiento Territorial ni cuentan con licencias ambientales y menos con consultas previas a las comunidades; se apoyan en recaudación ilegal de impuestos extorsivos, rodeados de amenazas; su implementación está coordinada por una estructura criminal que ha inundado de sangre la región y ha sido premiada por un Estado criminal garantizándole absoluta impunidad por sus crímenes; la maquinaria pertenece a una estructura armada del Estado: la Brigada XVII, implicada también en centenares de crímenes impunes y que ha querido “lavarse las manos” de tanta sangre asumiendo tareas que no pueden ser asumidas legítimamente por una estructura armada, pues son tareas civiles, ya que su relación con las armas constituye una violación más extensiva y profunda de los derechos de la población civil. Pero quizás lo más perverso es que los objetivos de ese falso “progreso” o “desarrollo” está disimuladamente orientado al sevicio de empresas transnacionales de extracción de recursos mineros y energéticos que destruyen el ambiente y la salud humana y de una transformación económica de la agricultura a la ganadería, no menos destructiva, no solo del ambiente sino también de la producción alimentaria tradicional, esencial para la vida.

Algún funcionario del gobierno ha salido a defender tal monstruosidad, alegando que esas carreteras hacen parte de los PDETs (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial), que están previstos  en el Acuerdo de Paz entre el gobierno y las FARC-EP en 2016 (Numeral 1,2). Pero tal funcionario - Consejero Presidencial- no cae en cuenta que está actuando en contravía de lo que el Acuerdo de Paz establece sobre los PDETs. En efecto, allí se definen como objetivos primordiales de los PDETs: “el bienestar y el buen vivir de la población de las zonas rurales –niños y niñas, hombres y mujeres- haciendo efectivos sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales y revirtiendo los efectos de la miseria y el conflicto (…) y El desarrollo de la economía campesina y familiar (cooperativa, mutual, comunal, micro empresarial y asociativa solidaria) y de formas propias de producción de las comunidades …” (No. 1.2.1)

¿Cree el gobierno que cumple con el Acuerdo  de Paz sin consultar lo más mínimo a las comunidades, a no ser en asambleas convocadas por paramilitares y juntas comunales cooptadas por éstos, engañando a los campesinos al destruir su economía campesina y familiar para cambiárselas por estrategias que arruinan los suelos y desplazan a sus pobladores, entregando la planeación, diseños e implementación a los victimarios que con más saña han destruido vidas en la zona: militares y paramilitares, y sometiendo a la población a impuestos extorsivos ilegales y empobrecedores? Esto es demasiado perverso.

 Ya son muchos los años que llevamos dejando constancias públicas de este tipo de barbarie que se esta implementando en la zona. De sobra conoce el gobierno que se están creando carreteras ilegales en esta región y todo con intereses corruptos de los poderosos de facto.

Es claro que los que están coordinando y controlando estos planes de “progreso” y “desarrollo” son los paramilitares y los que ponen el trabajo son las brigadas militares. Así lo han manifiestan personajes como Cesar Jaramillo, quien hace parte a la Federación Nacional de Cacaoteros – FEDECACAO-; según lo manifesta dicho personaje: ahora sí se van abrir carreteras por las veredas, lo cual ya es un hecho y ya existe la plata para ello. ¿Cuál será esa plata? ¿Será la que le quitan los paramilitares a los campesinos como impuestos extorsivos? 

Apoyados en nuestras convicciones insobornables, continuamos dejando CONSTANCIAS de hechos ocurridos recientemente:

  • El domingo 28 de marzo de 2021, en horas del día, en el corregimiento de Frasquillo, de Tierralta, Córdoba, fue visto un reconocido político de los paramilitares que controlan aquella región. Allí el control paramilitar es evidente y a la vez hay un puesto militar antinarcóticos recientemente colocado, que supuestamente controla, pero lo que se deja ver es que los que controlan son los paramilitares que permanentemente se movilizan por allí en embarcaciones tipo Johnson, de su propiedad, sin ser molestados por nadie.
  • El miércoles 31 de marzo de 2021, cuando una comisión humanitaria de nuestra comunidad pasaba por la vereda Baltazar, del municipio de Tierralta, Córdoba, se pudo notar que allí había una fuerte presencia paramilitar, pues en el camino se dejaban ver los puntos o informantes con radios de comunicación, los cuales pasaban con mucha prisa, seguramente para informar la presencia de nuestra comunidad.
  • El domingo 11 de abril de 2021, en horas del día, nuestra Comunidad de Paz conoció informes según los cuales el señor CÉSAR JARAMILLO comentó de un plan que se estaría realizando desde la Brigada XVII del Ejército para continuar abriendo las carreteras ilegales por las veredas de San José de Apartadó.
  • El lunes 12 de abril de 2021, nos llegaron informes de que los paramilitares estaban reuniendo a las juntas de acción comunal de diferentes veredas de San José de Apartadó para imponer a sus pobladores cuotas de $ 800.000 (ochocientos mil pesos) para empezar a abrir las carreteras que se estarían impulsando con maquinarias de la Brigada XVII del Ejército.
  •  El martes 13 de abril de 2021, en horas del día, se notó una fuerte presencia paramilitar en la vereda La Unión, de San José de Apartadó. Según informaciones recibidas, estaban muy cerca de nuestro asentamiento Aldea de Paz Rigoberto Guzmán, en la vereda La Unión, y al parecer están haciendo recorridos desde la vereda El Porvenir, donde llevan varias semanas acantonados.
  • Este mismo martes 13 de abril de 2021, un grupo de paramilitares prohibió a unas familias de la vereda Las Nieves, de San José de Apartadó, trabajar sus tierras, al tiempo que les ordenaron abandonar los potreros, cultivos y viviendas en la propiedad, o de lo contrario tendrían que abandonar la región.
  • El jueves 15 de abril de 2021, en horas del día, nos comunicaron que la junta de acción comunal de la vereda La Esperanza, de San José de Apartadó, se había reunido con otras juntas comunales para organizar una posible invasión a nuestra propiedad privada allí, según ellos, porque nuestra Comunidad de Paz no les ha permitido pasar por allí una carretera, carretera que está siendo construida por los paramilitares. Nuestra comunidad ha rechazado dicha carretera, pues los impulsores de la misma son los paramilitares. Es de conocimiento público que los paramilitares empezaron con maquinaria pesada a abrir esta carretera desde el corregimiento de Nuevo Antioquia de Turbo hasta la vereda La Esperanza y un ramal hacia la vereda Rodoxalí,  y cuando se investigó la legalidad de estas vías, ninguna institución de las que por ley debe intervenir en las licencias sabía nada de ese proyecto. La misma junta local manifiesta que se va a empezar a abrir con maquinaria de la Brigada XVII del Ejército, pero en días anteriores los mismos paramilitares habrían reunido a la población de la zona e impuesto unas cuotas entre $ 500.000 (quinientos mil pesos) y $ 800.000 (ochocientos mil pesos) para comprar el combustible para las máquinas de la Brigada.
  • El sábado 17 de abril de 2021, en horas del día, en la vereda El Porvenir, de San José de Apartadó, fueron vistos dos grupos de paramilitares que se movilizaban camuflados y portando armas largas, cada uno de esos grupos contaba con unos 15 hombres, y se dividieron para patrullar y controlar la zona. Se sabe que uno de los encargados de mando es ALIAS SAMUEL, reconocido paramilitar de la vereda La Unión. Estos paramilitares llevan ya varias semanas allí, portando vestidos militares y armas largas y actúan a todas sus anchas y nadie los molesta. Aún se encuentran acantonados en esa vereda.
  • El miércoles 21 de abril de 2021, en la vereda Arenas Altas del corregimiento de San José de Apartadó, muy cerca a la propiedad de nuestra Comunidad de Paz, hizo presencia un grupo de paramilitares fuertemente armados.
  • El jueves 22 de abril de 2021, hacia las 13 horas, y por más de 3 horas en la vereda la Cristalina del corregimiento de San José de Apartadó, un grupo de paramilitares reunió a los pobladores de varias veredas, Miramar, San José, La Linda entre otras, para imponer la suma de dinero que deben pagar, para contribuir con la construcción de la carretera que ya llega a la vereda la Linda proveniente del casco urbano de San José. La advertencia de los paramilitares en dicha reunión es que todo el mundo debe pagar la tarifa impuesta por ellos, quien no lo haga asume las consecuencias.  
  • En los últimos días, por las redes sociales han circulado fotos de reuniones y acuerdos entre pobladores del corregimiento de San José, con efectivos de la brigada XVII para la construcción de carreteras en San José de Apartado. Mismos proyectos que hoy impulsa e impone los paramilitares en veredas del corregimiento de San José con maquinaria y operadores de la Brigada XVII. Según las informaciones allegadas, en dicha reunión entre pobladores de San José y efectivos del Batallón Vélez ultimaban detalles para la apertura de carreteras en San José, después de terminado el encuentro un coronel afirmo a uno de los asistentes que la relación entre militares y paramilitares es conjunto. Que mas evidencia que por un lado los militares con sus máquinas y operadores de la Brigada XVII abren nuevas carreteras mientras los paramilitares van adelante imponiendo y obligando a los campesinos a contribuir con dicho proyecto.

El control paramilitar sigue siendo el sostén de los intereses económicos. Se ha llegado  al punto de que se prohíbe incluso trabajar la tierra, como estrategia para expropiar al campesino de su tierra o para que termine aburriéndose y vendiéndosela al mismo empresariado que contrata a los paramilitares para realizar el trabajo sucio.

Ahora no hay caminos aptos para transitar, pues el barro y el agua se apoderaron de lo que era un camino construido a pico y pala por muchos años.

Persiste el afán por exterminar nuestra Comunidad Paz y para ello el Estado y los paramilitares incentivan a la población a actuar en contra de nuestra Comunidad, todo con la promesa de construir carreteras ilegales a las cuales después no les van a hacer mantenimiento, porque no le interesa el campesino sino su destrucción y lastimosamente los campesinos se están prestando para su propia destrucción.

Nuevamente agradecemos a las personas y comunidades que en diversos sitios del país y del mundo, desde sus convicciones más íntimas nos han acompañado en estos más de 24 años de Comunidad de Paz y que a pesar del aislamiento por la pandemia siguen presionando cada día al gobierno colombiano para que no siga destruyendo  nuestras vidas ni nuestro patrimonio y legado. Nuestra sincera gratitud por seguir este proceso de defensa de la vida y que además nos anima moralmente a seguir defendiendo nuestros principios.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Abril 23 de 2021

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Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Publicado enColombia
La crisis climática es una lucha de clases

Entrevista a Matthew Huber

¿Salvar el clima con menos crecimiento? El geógrafo Matt T. Huber cree que esta forma de combatir la crisis ambiental está equivocada. Los debates en torno al consumo consciente no llevan a ningún lado: solo la democratización de la economía puede salvarnos del colapso ecológico.

Nuevas crisis, nuevos problemas, nuevos actores, nuevas relaciones de poder: la cuestión climática muta constantemente, y lo cambia todo. Necesitamos, entonces, innovar en los conceptos que se toman para entenderla. Al menos ese es el consenso. Pero Matt T. Huber argumenta que eso no es cierto. Para realmente hacer frente a la crisis climática, debemos poner la mira en la reactivación de una vieja reivindicación marxista: la democratización radical de la producción.

Matthew Huber es geógrafo e investiga en la Universidad de Syracuse (Nueva York) sobre las conexiones entre el clima, la energía y el capitalismo. Actualmente está escribiendo un libro que entiende la crisis climática como un conflicto de clases (cuyo título provisional es Climate Change as Class War: Building Socialism on a Warming Planet) que será editado por Verso Books.

Alexander Brentler y Astrid Zimmermann, de Jacobin Alemania, hablaron con él sobre las razones por las que la lucha de clases y la lucha climática deben ir juntas, por qué los llamamientos al decrecimiento son engañosos y cómo podríamos pensar una alternativa socialista.

AZ / AB

Existe una narrativa muy persistente en el discurso sobre el medioambiente, según la cual la crisis climática es una responsabilidad compartida. La posición que tú planteas es que se trata, de hecho, de un conflicto de clases y que, por tanto, debemos tratarlo como tal. De ahí, afirmas que tenemos que situar la política medioambiental en el punto de la producción. Tal vez podría explicar un poco más lo que quieres decir exactamente con esto y hablar de las implicaciones para la estrategia política.

MH

Actualmente estoy terminando la redacción de un libro sobre la clase y la política climática. En un principio, solo quería volver a los fundamentos de una política de clase marxista y, a medida que he ido profundizando, me he dado cuenta de que este enfoque en las relaciones de producción es, en cierto modo, intrínsecamente ecológico. Es así porque la forma en que producimos nuestra existencia como sociedad es una cuestión ecológica. Cuando empiezas a pensar en el problema ambiental de esa manera, lo primero que te das cuenta es que la clase capitalista es la clase que posee y controla los medios de producción. Por lo tanto, también empiezas a pensar en su responsabilidad en la crisis climática. Está muy arraigado en el discurso ambiental dominante la idea de contabilizar las emisiones y el carbono en términos de consumo. Se trata de que, por ejemplo, si tomas un vuelo, esas emisiones son tuyas y eres responsable de ellas.

Pero en ese análisis están ausentes las personas que controlan esas industrias y se benefician de ellas. Así que incluso los análisis más progresistas, como aquel de Oxfam, llaman a este fenómeno «desigualdad de carbono». Aun si nos centráramos en los más ricos y en su huella de carbono, y demostráramos que el 10% más rico del planeta es responsable de más del 50% de las emisiones, seguiríamos examinando apenas los hábitos de consumo de los ricos y su estilo de vida (que, por supuesto, suelen ser atroces y repugnantes).

Lo que no nos preguntamos es: a) ¿Quién mantiene el consumo de los ricos? Si los ricos vuelan, hay una industria aérea que se beneficia de ello. Pero también, b) ¿Qué hacen esos ricos para generar el dinero que les permite consumir como lo hacen? Quizá trabajen en un banco. ¿Qué hace ese banco? ¿Cuál es el impacto del banco en el clima? ¿No es más importante que cualquier estilo de vida o elección de consumo en la que participe una persona rica? Tal vez la persona rica trabaje para una multinacional química. ¿No debe esa actividad estar en el centro de nuestra preocupación, de responsabilidad política? ¿Y no deberíamos centrarnos más en lo que ocurre en el lado de la producción de todo esto? Porque las emisiones, a fin de cuentas, son una red relacional de actores que hicieron posible esa emisión. Así que cuando conduces tu coche, no eres solo tú; son las compañías de automóviles, las compañías petroleras, las compañías de neumáticos las que se han beneficiado del suministro de esa mercancía.

Para mí, no es muy útil la forma en que moralizamos sobre el consumo. La gente, en su mayoría, solo satisface sus necesidades. Claro, mucha gente puede tener un sentido de las necesidades realmente desordenado en el que, en mi país, sienten la necesidad de conducir algo como una 4×4. Pero eso no es nada comparado con la forma de actuar de los capitalistas, donde su necesidad es ganar dinero y seguir haciéndolo. Esa es, para mí, la patología que está en el centro de la crisis climática: la gente que gana dinero, la gente que se beneficia del sistema, y particularmente las formas de producción más intensivas en carbono. Esto incluye no solo la producción de combustibles fósiles, sino también muchas otras formas de producción intensivas en carbono, como el cemento, el acero, los productos químicos y, sobre todo, la electricidad.

Pero centrarse en la producción también nos lleva a pensar de otra manera sobre el papel de la clase trabajadora en todo esto. También en este caso hay que volver a los fundamentos. ¿Qué es la clase obrera en el marco marxista? Es una clase de personas que están separadas de los medios de producción. De nuevo, en un sentido ecológico, eso solo significa que es una clase de personas que son incapaces de sobrevivir a partir de cualquier relación directa con la producción –sobre todo, la propia tierra–, por lo que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo en el mercado por un salario. Así que, para la clase trabajadora, la cuestión ecológica es una cuestión de supervivencia: ¿Cómo nos ganamos la vida en esta cosa llamada mercado? ¿Y cómo obtenemos una cantidad de dinero suficiente para sobrevivir en esta increíblemente insegura economía capitalista neoliberal?

En un nivel fundamental, la definición de Marx del proletario es una persona que está separada de la tierra, separada de las condiciones ecológicas de la vida misma. Si empezamos a pensar la cuestión ambiental a partir de una política de la clase trabajadora, en última instancia, debería tratarse de dos cosas. En primer lugar, obviamente dar a la clase trabajadora más seguridad material sobre las necesidades básicas de la vida: alimentos, energía, atención sanitaria y más. En segundo lugar, también deberíamos pensar en dar a esta clase trabajadora que ha sido separada de los sistemas ecológicos un poder democrático popular sobre nuestra relación social con el medio ambiente. Porque ese es el problema fundamental: no tenemos ningún poder sobre lo que está ocurriendo con nuestras relaciones metabólicas con la naturaleza. Somos impotentes. Por eso nos sentimos tan mal respecto al cambio climático. Simplemente sigue ocurriendo y no hay nada que podamos hacer al respecto. El objetivo fundamental, por tanto, debería ser ganar poder democrático sobre la producción para que podamos empezar a dar forma a nuestra relación con la naturaleza y detener esta crisis, que se está saliendo de control.

AZ / AB

También ha señalado que si bien hay un renacimiento del marxismo medioambiental en las últimas décadas, esa corriente tiende a situar la crisis ecológica fuera de la producción y que es esta concepción la que nos aleja de entender la política climática como política de clase. Irónicamente, esta variedad de marxismo se hizo popular en un momento en el que el neoliberalismo triunfaba a nivel mundial, en que nuestra sociedad se reestructuraba bajo parámetros decididamente de clase. ¿De dónde viene esta disonancia?

MH

Me gusta citar a Warren Buffett, una de las personas más ricas de Estados Unidos, que dijo en 2006: «Sí, por supuesto que tenemos una guerra de clases y es mi clase la que la está ganando». Eso básicamente resume tres décadas de inmensa consolidación del poder de la clase capitalista sobre la clase trabajadora, un proceso que se ha producido desde los años 70. Así que lo dijo muy bien: había mucho entusiasmo y energía en torno a los llamados nuevos movimientos sociales, y por una buena razón. Realmente estaban planteando poderosas críticas a la sociedad en líneas medioambientales, feministas y antirracistas.

En el ámbito medioambiental, Ted Benton, por ejemplo, decía: «Estas luchas no son como las que se dan en el punto de producción. Eso es lo que les importaba a los viejos obreros de las fábricas. Pero ahora somos ecologistas y nos preocupa esta reproducción más amplia de la vida fuera de la fábrica». Hasta cierto punto, eso es cierto, porque a un nivel fundamental, los sistemas ecológicos son en los que se basa la producción capitalista. Marx lo demostró cuando los llamó «regalos gratuitos de la naturaleza» para la producción capitalista. Si quieres cortar un árbol, tienes que depender de todos estos sistemas hidrológicos y microbios del suelo y todo lo demás fuera de la forma de la mercancía que son parte integral de esas mercancías que se producen. Así que esos «regalos gratuitos de la naturaleza», esos sistemas ecológicos, son cruciales para la producción, y están siendo destruidos sistemáticamente por el capitalismo.

Pero al teorizar constantemente la ecología como algo externo a la producción se pierde de vista algo importante. Si queremos saber quién es el responsable de la destrucción de estos sistemas externos, bueno, una vez más, tienes que mirar a la gente que controla el punto de producción, la gente que se está beneficiando de la producción. Si empiezas a pensar de esa manera, empiezas a recordar que también hay un montón de trabajadores en ese punto de producción que tienen poder estructural e influencia en virtud de su trabajo, porque pueden negarse a trabajar o ir a huelga, presionando así a las élites.

AZ / AB

Respecto a ese punto sobre el poder estructural, hubo un artículo ayer en el Washington Post de un grupo de investigadores que realizaron un análisis empírico de los movimientos de protesta del siglo XX y XXI. La única variable crucial para el éxito fue la participación de la clase trabajadora industrial. ¿Supongo que eso no le sorprende?

MH

Sí, lo he visto. No me sorprende. Eso también es un problema, porque gran parte de la clase trabajadora industrial está vacía, al menos, en los países que son más responsables históricamente del cambio climático. Así que es necesario volver a tener una solidaridad internacional entre los trabajadores, porque si miras lo que Marx llamó «la morada oculta» de la producción, gran parte de ella ya no está en el norte global. Gran parte está en China, obviamente, pero también en muchos otros países del sudeste asiático y en América Latina.

La crisis climática es consecuencia de nuestros métodos de producción. Últimamente me ha interesado mucho entender que el núcleo de la crisis climática puede resolverse a través del sistema eléctrico. La gente lo llama la estrategia de electrificar todo, limpiar la electricidad, pero luego electrificar partes de la economía que no son eléctricas. He estado pensando mucho en cómo los trabajadores del sector de la energía eléctrica y del sector de los servicios públicos tienen una inmensa influencia y presencia allí mismo, en el punto de producción del propio sistema que, si podemos transformar, catalizará –con suerte– una transformación más amplia de todo el sistema energético. Y, lo que es aún más significativo, en Estados Unidos (y me imagino que en la mayoría de los países) la empresa de electricidad ya es una de las más sindicalizadas de la economía. Así que existe una base de poder estructural e institucional con la que el movimiento climático debe comprometerse más.

AZ / AB

Cuando imaginamos esta transición a la energía limpia o a la energía verde, también queda claro que hay ciertos sectores en los que la pérdida de empleos va a ser un problema. En este momento, desafortunadamente, es principalmente la derecha la que está formulando la política climática como una cuestión de clase, siempre que hacen campaña para asegurar puestos de trabajo en industrias dañinas para el medio ambiente. La perspectiva más prometedora de la izquierda para cortar esta aparente contradicción entre la política climática y la seguridad laboral, es un Green New Deal con garantía de empleo. ¿Cómo comunicamos esto de forma convincente a una clase trabajadora industrial que ha tenido la experiencia de quedar al margen de los grandes cambios estructurales? A veces hay un escepticismo comprensible hacia esta oferta, porque casi parece que es demasiado buena para ser verdad: todo el mundo consigue un trabajo en el sector de la energía verde, bien remunerado, sindicalizado y será un trabajo gratificante.

MH

Me parece que al hablar de una «transición», la gente piensa que lo tenemos todo resuelto. Como si fuera una mera transición. Pero tienes razón, es un reto difícil en general. El problema es que en Estados Unidos, al menos, la expansión de las energías renovables, que es significativa, incluso se dispara. Todo el mundo habla de lo baratas que son ahora y todo el mundo está muy entusiasmado, pero, por desgracia, está siendo impulsada por el pequeño capital. Pequeño capital renovable que está descentralizado y a pequeña escala. Ya sabes, todo el mundo sueña con esta economía de energía renovable descentralizada mientras que en realidad está sucediendo, pero está siendo impulsada por esta clase pequeño burguesa de pequeños capitalistas renovables. Estas industrias no están sindicalizadas. Son casi totalmente antisindicales y los trabajos en este sector no están especialmente bien pagados.

Creo que si queremos ganarnos a los sindicatos tendremos que intentar atraer más inversiones dirigidas por el sector público, un programa público de construcción de energía verde con una garantía de empleo, pero también con una garantía de que estos proyectos públicos van a contratar a trabajadores sindicalizados y emplear a trabajadores sindicalizados para la construcción de este sistema de energía limpia. Porque si nos limitamos a dejar que el mercado lo haga, en primer lugar, no nos decarbonizaremos a la velocidad o la escala que necesitamos, pero en segundo lugar, seguirá sin ser algo bueno para los sindicatos. De hecho, la gente de las centrales eléctricas argumenta que estos desarrollos de energía renovable están destruyendo sus puestos de trabajo.

Desgraciadamente, creo que demasiados ecologistas tienen esta especie de sentimiento sobre los paneles solares y los parques eólicos, como si fueran intrínsecamente naturales y buenos. La gente no está pensando lo suficiente en las relaciones sociales de producción de quién va a controlar estos recursos de energía renovable, cómo se va a determinar la inversión. ¿Podemos tomar el control público de esa inversión de forma que podamos atraer a los sindicatos y ampliarlos? Si lo hacemos, entonces se empieza a construir una base más amplia para ese tipo de programa energético. Pero por el momento se está haciendo de esta manera salvaje, con altos niveles de volatilidad en el mercado, dependiendo de los subsidios públicos y de los créditos fiscales para el desarrollo de las energías renovables. Así que no hay mucho entusiasmo en la base social en torno a este tipo de desarrollo descentralizado y desordenado. De hecho, hay mucha resistencia a ella en las zonas rurales.

AZ / AB

Otra cosa que me preguntaba, cuando mencionaba los sistemas de energía limpia y la producción de estos sistemas de energía limpia, es cómo se relaciona esto con la cuestión de la extracción de recursos. Es obvio que dependerá de la extracción de ciertos recursos naturales y que la mayoría de ellos se encuentran en el Sur Global. Los países que son muy ricos en estos recursos rara vez se benefician de ellos y, en su mayoría, solo se convierten en objeto de relaciones comerciales muy explotadoras con el norte. E intentar recuperar sus recursos, como ocurrió (o al menos se intentó) en Bolivia, ha resultado sumamente difícil. Entonces, ¿cómo afectaría esta transición el orden mundial?

MH

Absolutamente. Estoy seguro de que has oído hablar de mi compañera de los Socialistas Democráticos de América, Thea Riofrancos, que ha trabajado mucho en la extracción de litio en Chile. Ella tiene algunas ideas realmente interesantes sobre la solidaridad internacional a lo largo de las cadenas de suministro. De nuevo, probablemente sea molesto para algunas personas, pero cada vez que empiezo a pensar en la crisis climática, empiezo a pensar en formas muy básicas, casi aburridas y obvias, de la vieja escuela del pensamiento socialista marxista. Y eso te lleva a algunas conclusiones. Obviamente, el programa socialista de la vieja escuela consistía en que los trabajadores del mundo se unieran. Se trataba de la solidaridad internacional. Creo que la solidaridad de los trabajadores es crucial, porque hay trabajadores a lo largo de estas cadenas de suministro que son, digamos, explotados de forma desigual.

Es muy fácil que algunos trabajadores del norte tengan mejores condiciones a costa de la extracción de materias primas superexplotadas en el Sur Global. Por otra parte, la clase capitalista tiene mucha solidaridad internacional. Y por eso es capaz de encontrar estas áreas donde hay recursos minerales y simplemente extraerlos con enormes rentas y beneficios, dejando los residuos y la destrucción para las comunidades. Es un problema del poder capitalista, que tiene demasiado y lo utiliza para superexplotar a estas comunidades rurales marginadas del Sur Global.

Estas comunidades están siendo desplazadas, pero también hay trabajadores en esas minas, trabajadores en el punto de producción. A veces ni siquiera son locales, sino que son traídos de otras partes del mundo. Pero esos trabajadores tienen poder, y tenemos que empezar a pensar en cómo organizamos no solo a los trabajadores de la fábrica de paneles solares, sino también a los trabajadores de la mina que está extrayendo el litio u otros materiales. Mientras la clase obrera sea derrotada globalmente, no va a tener ese tipo de contrapoder que necesitamos para hacer frente al poder incontrolado del capital en todo el mundo. Así que, por desgracia, todo esto nos lleva al difícil imperativo de organizar el poder de la clase trabajadora.

AZ / AB

Tienes un artículo en el que se presenta una alternativa a las llamadas perspectivas de decrecimiento. Esta cuestión del extractivismo aparece constantemente cuando hablamos de crecimiento o decrecimiento. Si nos quedamos en el contexto de América Latina, en Ecuador parece que el tema del extractivismo realmente es lo que está fracturando a la izquierda. Por un lado, bajo el gobierno de Correa, grandes franjas de la población han salido de la pobreza. Se fomentó un gran crecimiento porque se industrializó el país y se ampliaron las infraestructuras. Pero, por otro lado, todo esto hizo necesario el aumento de la extracción de recursos con todas las consecuencias negativas que esto tiene para las comunidades del lugar. ¿Dirías que éste es tal vez un ejemplo en el que la preocupación por el medio ambiente, por un lado, y el crecimiento económico, por otro, están enfrentados?

MH

De nuevo, creo que Thea podría responder la pregunta mucho mejor que yo. Otra cosa desafortunada de la situación allá es que están exportando mucho de sus materias primas a China, que es lo que les está dando dinero que luego puede fluir hacia la infraestructura. Estoy más alineado con la perspectiva de que la izquierda necesita comprender cómo construir poder. Necesitamos ejercer el poder si vamos a ser capaces de construir una economía política alternativa. Así que simpatizo bastante con los proyectos de la Marea Rosa, estos proyectos hicieron poder y lo han mantenido.

Lamentablemente, en muchos casos, ese poder estaba sustentado en la extracción de petróleo, gas, minerales, etc. Y cuando hay extracción, a menudo hay comunidades que son desplazadas o envenenadas. Para mí, la cuestión es si la izquierda puede empezar a construir instituciones capaces de integrar mejor a las comunidades locales en sistemas democráticos que puedan realmente dar forma a cómo se produce la extracción, que incluso tengan la capacidad de decir: «En realidad, no, no vamos a tener la extracción aquí porque esto es demasiado importante para nosotros como comunidad».

En el capitalismo, obviamente, estas comunidades no tienen voz. El capitalismo no es una democracia. Las empresas hacen todo este lavado de cara verde donde tratan de decir que la comunidad está participando en los proyectos. Pero eso no es una verdadera configuración democrática de la producción, que es lo que quieren los socialistas. Me gustaría pensar que si la izquierda en América Latina hubiera sido capaz de aprovechar el poder que había construido y ampliarlo de esa manera, tal vez podrían haber creado estructuras de extracción que no fueran tan destructivas y antidemocráticas, estructuras que sí tuvieran en cuenta las preocupaciones de las comunidades locales. En última instancia, cualquier socialista va a querer que la producción sea siempre democrática para integrar al mayor número posible de personas en las decisiones sobre cómo se desarrolla. Tal vez incluso se podrían ponderar más las voces democráticas cuando se encuentran en las comunidades afectadas por la extracción, probablemente deberían tener más voz sobre estos procesos que las personas que se encuentran en las ciudades. Deberíamos encontrar formas de crear instituciones democráticas que puedan dar forma a la producción de manera que tenga más sentido para la comunidad, que es realmente donde se produce.

AZ / AB

¿Se podría decir que no es lo mismo la defensa del decrecimiento que estar en contra del desarrollo per se? Me parece que a veces, en estos debates, cuando la gente intenta defender su posición, básicamente dicen que no se trata en absoluto de recortar el PIB y hacer que todo el mundo viva mal, sino que afirman que solo quieren reducir las industrias que son perjudiciales y limitar el uso de la energía en el Norte. Hasta dirían que en realidad quieren fomentar el crecimiento en el Sur Global. ¿Es sólo una confusión semántica, o son proyectos políticos muy diferentes el decrecimiento y el tipo de modernismo socialista que usted propone?

MH

Lo primero que puedo decir es que una cosa que me frustra del decrecimiento es que a menudo dicen cosas como: «Bueno, en realidad lo que queremos es reducir el consumo del Norte Global y aumentarlo para el Sur Global». Pero para mí, el conflicto de clases no es territorial en ese sentido. No es como si en el Norte Global a todo el mundo le fuese muy bien y los únicos explotados estuviesen en el Sur Global. Hay una increíble desigualdad dentro del Norte Global. Así que, de nuevo, si empiezas a pensar en la situación global como un conflicto entre el capital y la clase trabajadora, o incluso lo que Mike Davis llamó el proletariado informal, que es mucho más numeroso que la clase trabajadora proletaria tradicional (por no hablar de las clases campesinas y los pueblos indígenas y todos estos grupos subalternos), hay mucha gente a la que no le va bien.

En mi país, algo así como el 70% de los estadounidenses casi no tienen dinero en el banco, la gente está muriendo por falta de insulina, por falta de atención sanitaria básica, y millones de personas están pasando hambre a raíz de esta pandemia. En la estela del neoliberalismo, las masas tienen tantas dificultades económicas que no tiene sentido decir, «sí, simplemente vamos a reducir el consumo en el Norte Global». Bueno, ¿y qué pasa con toda esa gente que no puede comer en el Norte Global? Ese es uno de mis grandes problemas con el decrecimiento.

Como has dicho, a veces es solo semántica. Yo veo la cuestión así: ¿Vas a ganar apoyo predicando vivir con menos? Si tu bandera es decrecimiento, en medio de una época de austeridad ya devastadora, ¿cómo vas a construir el tipo de entusiasmo popular masivo para tu programa?

Cuando les planteas estas cuestiones, siempre dicen:  «No, pero queremos todas estas cosas buenas, como una semana laboral más corta. Queremos tener más tiempo». Hay cosas que sí quieren aumentar, en realidad, con las que estoy de acuerdo. Jason Hickel habla de desmercantilizar los servicios básicos y de la expansión del sector público de los bienes básicos, y estoy de acuerdo con eso. Pero todo eso es una expansión de la actividad económica. Es ofrecer más a la clase trabajadora, pero lo que invoca toda la idea del decrecimiento es que inicialmente vas a pensar menos.

También creo que cae en la trampa del propio PIB, que mide las sociedades en su conjunto. Cuando el PIB aumenta, eso debe significar que toda la sociedad va bien. Pero el agregado no capta la increíble desigualdad dentro de una nación o una sociedad. Y aunque a algunas personas les va fantásticamente bien en nuestra sociedad, a la gran mayoría no. No es más o menos, es menos para unos pocos y más para muchos. Tenemos que volver a ese tipo de análisis de clase que dice, no, es la pequeñísima minoría de capitalistas la que necesita decrecer. Necesitan menos, necesitan mucho menos. Tenemos que gravarlos más, tenemos que erosionar su poder sobre la riqueza y tenemos que crear más para las masas que están sufriendo.

AZ / AB

¿Crees que la situación de clase del movimiento ambientalista también tiene que ver con no prestar atención a la producción y a los detalles tecnológicos específicos? ¿Estamos perdiendo el conocimiento práctico de la clase trabajadora en la transición energética por no poner el foco en una política de clase trabajadora?

MH

Sí, es un punto muy importante. Puede que no funcione, pero me ha entusiasmado la idea de intentar poner el foco en los sindicatos en el sector eléctrico, ya que van a ser muy importantes en esta transición de descarbonización.

Muchos de esos trabajadores se clasificarían más como clase profesional porque tienen títulos, son ingenieros. Tienen un enorme conocimiento del punto de producción. Algunos de los sindicatos también representan a los trabajadores más manuales, los trabajadores de mantenimiento que hacen el trabajo más duro en esos sistemas de servicios públicos, como los trabajadores de línea, que es realmente un trabajo muy peligroso. Pero hay un conocimiento increíble allí. Y eso, de nuevo, se remonta a un viejo tropo socialista marxista de que, ya sabes, son los trabajadores los que mejor conocen el sistema. Ellos son los que lo mantienen en funcionamiento. Son los que lo mantienen, y si algún día pudieran realmente dirigirlo, sería mejor.

Pero para la clase profesional, que tradicionalmente se define como la gente que hace trabajo mental o de conocimiento en la llamada «economía del conocimiento», la producción es más bien un objeto de conocimiento y estudio. Y sus conclusiones suelen ser: «Bueno, mira toda la destrucción que conlleva esto, mira lo malo que es», en lugar de estar presente y querer transformar ese sistema. No pretenden entender cómo todas nuestras vidas dependen realmente del funcionamiento de esos sistemas, y que en realidad tenemos que pensar en transformarlos en lugar de descartarlos.

AZ / AB

Cuando hablamos del clima, muchas veces se discute como si fuera una cuestión de conocimiento. O aceptas este conocimiento o lo niegas; tienes este conocimiento y entiendes lo que es el cambio climático y esto ya por sí te va a politizar. Pero hemos visto que eso no es cierto. ¿Cómo salimos de esta situación? ¿Cómo nos movilizamos por una política climática de izquierdas?

MH

Obviamente, creo que la ciencia es importante. Cuando se defiende un tipo de modernismo socialista como el que yo defiendo, se debería tomar un momento y decir: «¿No es asombroso que nuestra especie entienda estos sistemas como el clima; que sepamos que estamos en esta crisis hasta el punto en que lo estamos? ¿Que conozcamos las formas en que estos gases interactúan con la atmósfera de manera que están provocando estos efectos?». Así que la ciencia en sí misma es realmente sorprendente.

Pero, como dicen, cuando se hace política sobre si se cree o no en la ciencia, se aleja a mucha gente que podría no entender la ciencia o no querer entender los complejos procesos bio y geoquímicos. Y también conduce a un gran problema entre los creyentes liberales de la ciencia, que es que miran por encima del hombro y son bastante soberbios con las masas. Eso es simplemente contraproducente.

También existe esta teoría liberal del cambio que asume que si las masas entendieran la ciencia, entonces la acción seguiría naturalmente. Este modo de análisis parece sugerir que lo peor que hace la industria de los combustibles fósiles es difundir la negación del clima, cuando lo que hacen es controlar materialmente nuestro sistema energético.

Creo, y muchos otros lo han dicho, que el movimiento climático gira en torno al Green New Deal, encontrando una mejor articulación de estas políticas. Si hacemos que la política climática se centre en mejorar las cuestiones materiales de tu vida, no tenemos que explicarte el efecto invernadero, no tenemos que convencerte de la urgencia científica. Solo tenemos que decir que esto es algo que te va a dar trabajo, que va a desmercantilizar tu electricidad y que va a ir en contra de esa empresa de servicios públicos que odias y que te está estafando y subiendo los precios. Si construimos el movimiento en torno a mejoras materiales directas, visibles y fáciles de entender, crearemos una base de apoyo popular porque eso es lo que sabemos que funciona políticamente. Sabemos que cuando se implementan programas que son universales y beneficiosos para las masas, se vuelven inmensamente populares.

Pero tenemos que reconocer que no podemos limitarnos a darle cosas a la clase trabajadora y así comprar su apoyo para ganar una transición de descarbonización. Creo que también tenemos que pensar en cómo ganar a la clase trabajadora para una visión más amplia de la crisis climática como algo real que tenemos que tomar en serio; algo que debe unirnos como especie, pero también como países y partidos políticos, para resolver. Y si vamos a hacerlo, creo que debemos revivir la idea de la producción y la inversión democrática: que la forma en que producimos las cosas que necesitamos debe ser algo en lo que la sociedad tenga voz y control. Tenemos que establecer ese vínculo y mostrar cómo esa democracia es ecológica. La gente debería sentir que forma parte de un proyecto democrático más amplio para resolver realmente esa crisis mediante la democratización de nuestros recursos productivos. Eso también debería formar parte de estas políticas. Que no se trate solo de darte cosas, sino de convertirte en un agente de transformación de todo el sistema. Y como la clase trabajadora es la gran mayoría de cualquier sociedad capitalista, tiene que ser el núcleo de cualquier visión democrática de la política climática.

Por Astrid Zimmermann, Alexander Brentler | 24/04/2021

Astrid Zimmermann es editora de Jacobin Alemania.

Alexander Brentler es colaborador de Jacobin Alemania.

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 24 Abril 2021 05:47

Crisis mundial y un Norte mezquino

Crisis mundial y un Norte mezquino

No caben soluciones para un solo Estado o región

El Secretario general de la ONU propone un “cambio de paradigma”

La pandemia no solo sigue golpeando, sino que hiere más profundo. La tercera ola europea y la segunda latinoamericana del COVID-19 inundan aún más una realidad social empapada por la crisis planetaria.  Complejo escenario en este mes de abril del 2021 con rostros cansados, cooperación internacional mermada y estadísticas en caída libre.

América Latina y el Caribe perdieron ya 26 millones de empleos como consecuencia de la pandemia. Y desde comienzos de 2021 siguen confrontándose a un panorama laboral agravado por la segunda ola continental y por los lentos procesos de vacunación que hacen más inciertas las perspectivas de recuperación de muchas actividades laborales.

S.O.S: “naufragamos”

Todas malas señales del informe “Transitando la crisis laboral por la pandemia: hacia una recuperación del empleo centrada en las personas”, (https://www.ilo.org/americas/publicaciones/WCMS_779114/lang–es/index.htm), elaborado por la Oficina Regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado la segunda semana de abril. El mismo subraya que el impacto sobre el trabajo fue devastador en el segundo trimestre de 2020, cuando los indicadores de ocupación y participación se desplomaron.

La introducción del documento de dieciocho páginas hace un rápido recorrido de las previsiones de diferentes organizaciones internacionales sobre la caída productiva latinoamericana y caribeña. Las últimas del Fondo Monetario Internacional (FMI), de abril de 2021, señalan una contracción en 2020 del Producto Interno Bruto (PIB) regional del -7%. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) coincide con esta proyección al estimar un descenso del -7,7%. Y considera que se trata de la contracción económica más elevada desde que se tienen registros, es decir, desde 1900. Caída mucho más empinada que la media mundial, ya que el FMI anticipa una baja del PIB global de -3,3%, en tanto que la CEPAL proyecta un -4,4%.

Además de los empleos borrados, según la OIT la región experimentó en 2020 la mayor pérdida mundial de horas trabajadas: 16,2% en comparación con 2019. Es decir, el doble del promedio mundial, el cual oscila en alrededor del 8,8%. Con la caída correspondiente de los ingresos laborales.

El colapso macroeconómico ha afectado de manera desproporcionada a algunos segmentos de la población, amplificando así las brechas laborales y sociales –especialmente las de género—que, de hecho, ya caracterizan a la región. En promedio, señala la OIT, hace más de quince años que no se registraba una tasa tan baja de participación económica de la mujer en Latinoamérica y el Caribe.

En cuanto a las perspectivas de recuperación para 2021, son modestas e incluso muy inciertas, por lo que las expectativas de una posible reversión de la situación crítica del mercado de trabajo deberían ser muy cautelosas, sostiene el estudio.

La OIT propone desarrollar estrategias de recuperación basadas sobre cuatro pilares principales: estimular la economía y el empleo; apoyar a las empresas, los empleos y los ingresos; proteger al mundo laboral y recurrir al diálogo social para encontrar soluciones.

La construcción de nuevos consensos, pactos o acuerdos, es más relevante que nunca. Tan importante como las políticas de promoción del empleo digno y productivo, la extensión de la protección social y el respeto a los derechos laborales, enfatiza la organización internacional. La misma plantea que en la búsqueda de la recuperación resultará ineludible abordar las problemáticas preexistentes en la región. Es decir, la alta informalidad laboral, los reducidos espacios fiscales, la persistente desigualdad, la baja productividad y la escasa cobertura de la protección social. La mano de obra infantil y el trabajo forzoso, siguen siendo, también, asignaturas pendientes.

Cambio de paradigma

El escenario mundial no es mejor que la situación latinoamericana. António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, recordó el panorama “sombrío” producto de la crisis sanitaria mundial. Tres millones de muertes; ciento veinte millones de personas que cayeron en la pobreza extrema; una pérdida de empleos a tiempo completo equivalente a 255 millones de puestos de trabajo y la peor recesión de los últimos noventa años, son parte de este balance preocupante.

Paradójicamente, en este contexto desastroso para una gran parte de la humanidad, según la misma ONU, los más ricos del planeta lograron aumentar sus fortunas en 5.000 millones de dólares durante la pandemia. Lo que provoca la advertencia directa de Guterres: es necesario un cambio de paradigma que permita alinear al sector privadocon las metas globales para hacer frente a los retos futuros de la humanidad, incluidos los provocados por el COVID-19. Su reflexión del lunes 12 de abril ante el Foro del Consejo Económico y Social sobre la Financiación para el Desarrollo (https://news.un.org/es/story/2021/04/1490732 ) implica un reto para la sociedad mundial.

Guterres advirtió que, debido a la evolución tan rápida y agresiva de la pandemia, la resolución de la crisis se entrevé en un futuro lejano. Y afirma que es necesario analizar la realidad presente para invertir estas peligrosas tendencias, prevenir sucesivas oleadas de infecciones, evitar una larga recesión mundial y retomar el camino para cumplir la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

En esta coyuntura es fundamental asegurar la distribución equitativa de las vacunas, hasta ahora sumamente desigual: solo diez países representan alrededor del 75% de la vacunación mundial, mientras que muchos otros todavía no han empezado siquiera a inmunizar a sus trabajadores sanitarios y a las personas más vulnerables. «Para acabar de una vez por todas con la pandemia necesitamos un acceso equitativo a las vacunas para todos, en todas partes», subrayó.

Mirando hacia el futuro, el Secretario General puso sobre la mesa del debate dos temas relevantes: la aplicación de un impuesto de solidaridad –o sobre la riqueza– a quienes se hayan beneficiado excesivamente durante la pandemia, con el objetivo de reducir las desigualdades extremas. En cuanto a la deuda, alienta su suspensión y aligeramiento, así como la concesión de liquidez a los países que la necesiten.

Pero hay que ir más allá de su aligeramiento, subrayó. Es necesario reforzar «la arquitectura de la deuda internacional para acabar con los letales ciclos de oleadas de deuda, de crisis de deuda global y de décadas perdidas».

Adicionalmente, y ante la amenaza real que la crisis actual impone al multilateralismo, propone un nuevo andamiaje internacional y un nuevo contrato social basados en la solidaridad y las inversiones en la educación, los empleos decentes y ecológicos, la protección social y los sistemas de salud, todo lo cual formaría, conjuntamente, la base de un desarrollo sostenible e inclusivo.

Un norte mezquino

A la par de la retórica onusiana, basada en datos, cifras y estadísticas que dibujan el dramatismo de la situación planetaria, el día a día de la geopolítica internacional parece ser otro. En muchas regiones del globo, los Estados priorizan su propia gente y refuerzan sus fronteras. Además, estructuran políticas de salvación nacional que poco tienen que ver con la responsabilidad global.

“Poca solidaridad internacional de Suiza en la crisis del coronavirus” es el título de un comunicado que Alliance Sud publicó la segunda semana de abril. El mismo critica la política oficial de cooperación de la Confederación Helvética. La plataforma que reúne a las seis ONG suizas más importantes del sector se posiciona frente a las cifras publicadas el martes 13 de abril por el Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Dichas cifras muestran que Suiza, una de las naciones más enriquecidas del planeta, no hizo ningún aporte sustantivo para apoyar a los países más pobres durante la crisis del coronavirus. Y recuerdan que su contribución sigue estando lejos del objetivo acordado internacionalmente, es decir, el 0,7% de su renta nacional bruta (RNB) a la ayuda oficial para el desarrollo. En 2020, el porcentaje que Suiza destinó a ese rubro fue de apenas 0,48%, cantidad que incluye los gastos administrativos en concepto de ayuda para asilo. De esta manera, Suiza se sitúa en el noveno lugar del ranking de la OCDE, por detrás de Suecia, Noruega, Luxemburgo, Dinamarca, Alemania, Inglaterra, los Países Bajos y Francia (países que no añaden sus gastos administrativos en concepto de asilo cuando calculan su aporte al desarrollo, o lo hacen en una medida mucho menor).

Alliance Sud argumenta que, en pocos meses, la crisis del coronavirus ha echado por tierra gran parte de los avances logrados en la lucha contra la pobreza. Y anticipa que, a finales de 2021, si se tiene como referencia un ingreso inferior a 1,5 dólares diario, casi 10% de la población mundial padecerá pobreza extrema. Si se considerara un parámetro más realista, es decir, un mínimo de 5,5 dólares diarios por persona para poder sobrevivir, a fin de este año casi la mitad de la población mundial podría encontrarse en esa situación.

Si la comunidad internacional quiere evitar crisis económicas masivas, el aumento brutal de conflictos, nuevos dramas migratorios y futuras pandemias, los países ricos deberían proporcionar los recursos adecuados para la lucha contra la pobreza y la desigualdad, afirma Alliance Sud

¿Cuál es el punto de intersección entre la retórica de la ONU, las propuestas de reactivación del empleo de la OIT y la realidad cotidiana universal? Prácticamente inexistente.

Lo que prevalece es la carrera a codazo limpio de los más fuertes para apropiarse de las vacunas. El sálvese quien pueda como filosofía global. La mezquindad creciente de los más poderosos en su cooperación internacional. O la creencia de que un solo país –o región– podrá salvarse en su propia Arca de Noé en medio de un diluvio de dimensión universal.

Por Sergio Ferrari | 24/04/2021

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Las multinacionales occidentales perdieron su guerra de las vacunas

Así como a comienzos de febrero la revista científica británica The Lancet validó la vacuna rusa Sputnik V, destacando que tiene una eficacia de un 91,6%, ahora el Ministerio de Salud de Chile emitió un informe que destaca los elevados resultados de la china CoronaVac.

Este informe coincide con la visita a Sudamerica de Juan González, principal asesor del presidente Joe Biden para la región. En Argentina y Uruguay no perdió tiempo para criticar las elecciones de ambos países de las vacunas Sputnik V y CoronaVac.

"El mercantilismo de las vacunas de Rusia y China es para ellos una iniciativa para avanzar con su influencia. Pero es muy poco porque no están organizando una respuesta global en la lucha contra la pandemia", dijo González en rueda de prensa en Buenos Aires.

En efecto, los países del norte han optado primero por el silencio ante las vacunas que no proceden de las multinacionales ligadas a sus naciones; luego comenzaron a denostarlas por su supuesta baja eficiencia y ahora acusan a Rusia y a China de querer utilizarlas para su beneficio geopolítico.

El Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), un think tank situado en Francia, sostiene en su último boletín que existe una "cortina de humo, creada por un sistema de información centrado en EEUU, que nos separa a los occidentales, no solo de China, sino del resto el mundo".

Este sistema informativo ha hecho "creer que el bando occidental ganará (…) la guerra comercial, ideológica, tecnológica o incluso militar que Estados Unidos plantea a China". Sin embargo estima que esa posibilidad es más que dudosa.

La situación planteada por las vacunas contra el COVID-19 forma parte de esa política de desinformación, que ha llevado a la Unión Europea a dudar de la adopción de Sputnik V y CoronaVac, pese a que algunos países ya la están utilizando. En ese sentido, la difusión por el Ministerio de Salud de China de un amplio estudio sobre los resultados de la vacuna china, echa por tierra la campaña estadounidense.

El 16 de abril, el Ministerio de Salud de Chile entregó los resultados del primer estudioEfectividad de la vacuna CoronaVac con virus inactivo contra SARS-CoV-2 en Chile. El análisis abarcó 10,5 millones de personas, de los cuales, cuatro millones fueron inoculados entre el 2 de febrero y el 1 de abril de 2021 con la vacuna del laboratorio Sinovac. Su importancia es que no se trata de análisis clínicos, sino de los efectos reales de la vacunación de más de la mitad de la población del país.

Las primeras dosis de vacunas de CoronaVac llegaron a Chile en diciembre de 2020, iniciando un proceso de inoculación masiva que ya lleva más de dos meses. "Todo esto nos permite entregar hoy los resultados de este inédito estudio", dijo el ministerio.

Las autoridades agregaron que el estudio se irá actualizando mensualmente, en un escenario que contempla ya más de 12 millones de dosis administradas, de las cuales siete millones corresponden a inoculados con una dosis y cinco millones con dos dosis, lo que representa el 33,7% de la población que se pretende vacunar estimada en 15 millones.

El 90,1% de la población ha sido inoculada con CoronaVac y el 9,9%, con Pfizer-BioNTech.

Los resultados son claros. CoronaVac tiene un 67% de efectividad para prevenir COVID-19 sintomático; 85% de efectividad para prevenir hospitalización; 89% de efectividad para prevenir ingreso a unidades de tratamiento intensivo y 80% de efectividad para prevenir muerte, concluye el estudio realizado entre febrero y abril de este año.

Las cifras no son muy distintas a las que había difundido días antes el Instituto Butantan de Brasil, que asegura que CoronaVac (fabricada en Brasil con licencia e insumos chinos) tiene una eficacia del 62% en general, del 83,7% en los casos moderados y para casos graves fue del 100%. Además asegura que también es efectiva en las variantes brasileñas P1 y P2, que se presume son más infecciosas.

Para el director del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos, "China está proporcionando vacunas a 80 países y tres organizaciones internacionales", entre los que se incluyen 26 países asiáticos, 34 países africanos, cuatro de Europa, 10 de América y seis de Oceanía, "una lista que crece día a día".

Además, China está suministrando ayuda a la Unión Africana, la Liga Árabe y las fuerzas del mantenimiento de paz de la ONU. "Las vacunas de Sinovac y Sinopharm podrían incluirse en la lista de uso urgente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a fines de abril", estima Ríos.

Por otro lado, China viene cooperando con más de 10 naciones en su investigación, desarrollo y producción de vacunas. En opinión de Ríos, "que China esté en disposición de ejercer esta solidaridad, supone una novedad en la dinámica contemporánea de las relaciones internacionales. Lo normal sería alegrarse por ello. Y sin embargo, lo que abundan son los reproches".

La actitud de China, sigue Ríos, "fastidia por exhibir un nuevo estatus, equiparable o superior al de las grandes potencias mundiales. De la diplomacia de las mascarillas hemos pasado en un santiamén a la diplomacia de las vacunas. Y siempre en tono acusatorio. Tanto que ha derivado en una espiral incontrolada de incremento de las agresiones contra ciudadanos chinos en algunos países donde la obsesión por demonizar acabó destilando la xenofobia más repugnante".

Dos conclusiones se imponen. La primera es que EEUU está a la defensiva. En lugar de reconocer los desarrollos biológicos de potencias que considera enemigas, como Rusia y China, emprende campañas de difamación, lo que no hace más que revelar la precariedad de la situación de Washington que, poco a poco, van reconociendo todos los países del mundo. En América Latina, en concreto, sin las vacunas chinas y rusas no se podría estar avanzando hacia la inmunización de la población.

La segunda atañe a Europa. Como sentencia el LEAP, "la tutela estratégica estadounidense sobre Europa es el resultado de nuestros errores del siglo XX". Propone un camino diferente al alineamiento automático con EEUU, que podría ser la salvación europea.

"Europa se encuentra en una relativa posición de fuerza y en condiciones de negociar su autonomía estratégica jugando hábilmente con la dualidad del actual poder mundial". Sería penoso que, por el contrario, nos viéramos obligados a elegir un bando, lo que nos llevaría a nuevos errores y a terminar en una situación de debilidad estratégica, esta vez en beneficio de China".

Es evidente que las grandes multinacionales de un puñado de naciones ricas, que pretendían monopolizar la inmunización durante la pandemia, han perdido la posibilidad de dictar el comportamiento de la mayoría de los países del mundo.

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Covid y vacunas: Monopolios farmacéuticos contra la salud pública

Las leyes de patentamiento, otra fuente de desigualdad

La lucha de los laboratorios para proteger sus beneficios choca con las necesidades del mundo menos desarrollado por proteger la vida. Reglas  cuestionadas y el rol de los organismos internacionales.

 

Cuando en 1998 África superó ampliamente la cantidad de infectados de HIV con respecto al resto del mundo, varios países del continente pidieron retirar las patentes de los medicamentos para evitar las muertes. Los países ricos en los que se encuentran la mayoría de las farmacéuticas se negaron y los costosos medicamentos que estaban disponibles desde 1996, tardaron diez años en llegar a los países de bajos ingresos a un precio accesible.

Cuando India y Sudáfrica propusieron suspender el cumplimiento de obligaciones de propiedad intelectual mientras la carrera de las vacunas contra la Covid-19 entraba en fase 2, el mundo acumulaba alrededor de un millón de muertos. Hoy en día, la lógica de mercado volvió a imponerse: el debate sigue abierto y los muertos también. El mundo ya acumula casi tres millones

En la industria farmacéutica, cuando un laboratorio desarrolla un medicamento, alguna empresa patenta su descubrimiento para proteger la propiedad intelectual del producto y evitar que otras puedan copiarse. Patentar un medicamento significa adquirir exclusividad para producir y comercializarlo durante veinte años.

El modelo de producción en la industria farmacéutica funciona basado en un esquema en que la inversión más riesgosa (por su capacidad de fracaso), el de Investigación y Desarrollo (I+D) es financiada pública o privadamente; y luego es patentada permitiendo al titular actuar como un monopolista y fijar altos precios con su consecuente rentabilidad extraordinaria. La consecuencia: se generan ganancias extraordinarias.

A modo de ejemplo, las acciones del laboratorio Moderna con base en Boston, Estados Unidos, que produce una de las vacunas contra la covid-19 aumentaron un 160 por ciento entre octubre del 2020 y abril del 2021. Algunas estimaciones de mercado aseguran que puede generar más de 5.000 millones de dólares al año.

Desigualdad y mutaciones

La Organización Mundial de la Salud, que releva la administración de las vacunas a nivel mundial, aseguró que el 75 por ciento de las vacunas contra la covid-19 se dieron en 10 países ricos. Como contracara unos 130 países, donde viven más de 2.500 millones de personas, no se ha recibido ni una sola vacuna y se calcula que muchos de ellos deberán esperar hasta el 2024.

Uno de los impactos más directos y a la vez contraproducente incluso para los países que apoyan este modelo son las mutaciones que van surgiendo por la propia reproducción del virus. Se seguirán desarrollando variantes y algunas vacunas no serán efectivas, lo cual generará nuevas formas de esta pandemia. 

“La intención de los patentamientos era promover la innovación, pero en el caso de las tecnologías médicas, el tiempo ha demostrado lo contrario”, explicó a Página 12  Lorena Di Giano, directora ejecutiva del Grupo Efecto Positivo (GEP) y abogada especialista en derechos de propiedad intelectual, al tiempo que cuestionó a las farmacéuticas: “Se convirtieron en empresas que especulan en mercados bursátiles.  La combinación de acciones más patentes nos traen precios que no podemos pagar ni los usuarios ni los Estados. Tienen la obligación de garantizar la salud pública”.

Salud o comercio

El hashtag #liberenlasvacunas llegó a los medios estos últimos días, pero desde la etapa de fase 2 algunos países y organismos especializados reclaman por la liberalización de patentes, derechos de autor, diseños industriales y protección de la información para el tratamiento, prevención y contención de la covid-19. De esto se trata la propuesta de India y Sudáfrica ante el Consejo de los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Adpic) en la Organización Mundial de Comercio.

Adpic es un acuerdo que se firmó entre 1986 y 1994 y obligó a todos los países miembros de la OMC a conceder patentes sobre medicamentos. Argentina fue uno de ellos: adhirió en 1995 y comenzó a aplicarse en el 2000. 

"Numerosos países que excluían –por razones de salud pública– el patentamiento de productos farmacéuticos, debieron adaptar su legislación a esa nueva normativa internacional. No hacerlo suponía exponerse a represalias comerciales legitimadas mediante el mecanismo de solución de controversias de la OMC", explica la investigación "Acceso a medicamentos" llevada adelante por Carlos Correa y Germán Velásquez de la organización Centro del Sur. 

Aunque cuenta con el apoyo de un centenar de países de ingresos bajos y medios y más de 400 organizaciones de la sociedad civil, la propuesta de India y Sudáfrica  (que ya fue tratada en tres ocasiones desde que comenzó la pandemia en la OMC) no prospera. 

Aún no se pudo obtener el consenso necesario (el apoyo de tres cuartas partes de los países que integran el organismo) para que se trate en la instancia siguiente, que es el Consejo General de la OMC. De los 123 apoyos necesarios, ya cuentan con más de 100.

Para resumir el mapa geopolítico, algunos de los países a favor de la liberalización son Argentina, Bangladesh, Chad (en representación de los miembros de los países con menores ingresos), Egipto, Honduras, Indonesia, Mozambique, Pakistán, Sri Lanka, Túnez y Venezuela. Por el contrario, los países más ricos donde se encuentran las sedes de las principales farmacéuticas se oponen: Australia, Estados Unidos, Inglaterra, Brasil, Japón, Noruega, Suiza y la Unión Europea. En tanto que Chile, China, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Filipinas, Jamaica, Nigeria, Senegal, Tailandia y Turquía analizarán la propuesta.

Qué dicen los laboratorios

Las grandes farmacéuticas levantan por lo menos dos argumentos por los cuales justifican su rechazo al pedido de acceso equitativo a las vacunas: que el problema no es la propiedad intelectual sino la capacidad de producción; y que sin derechos de propiedad intelectual no van a tener los incentivos necesarios para seguir investigando por ejemplo para las nuevas cepas que se van presentando.

"Los derechos de Propiedad Intelectual no son el problema" declaró Thomas Cueni, director de la Federación Internacional de Productores y Asociaciones Farmacéuticas (Ifpma) que representa a los principales productores de vacunas durante una conferencia organizada por la OMS, "los cuellos de botella son la capacidad, la escasez de materias primas, la escasez de ingredientes. Y tiene que ver con el conocimiento".

Este enunciado fue desmentido por distintos países: "En América Latina, Brasil y Argentina tienen la infraestructura necesaria para empezar a producir ya. Algunos países no tienen la tecnología para encarar nuevas investigaciones pero sí tienen la capacidad de fabricar las vacunas que ya están aprobadas", asegura Di Giano y agrega que de cualquier manera generaría una ampliación de la oferta, contribuyendo a bajar su precio y abrir la negociación por parte de los países de menores recursos.

El documento del Centro del Sur mencionado anteriormente asegura que "según la industria farmacéutica para el desarrollo de una nueva molécula de uso medicinal se requería una inversión de 2.500 millones de dólares.  En contraste, un estudio realizado por investigadores independientes, publicado por la London School of Economics estimó un costo medio para el desarrollo de un nuevo medicamento en sólo 43.4 millones de dólares ", explica y concluye: "mientras no exista transparencia sobre cuáles son los costos reales de la I+D, el problema del precio y, por lo tanto, del acceso a los medicamentos, seguirá sin resolverse". 

Asimismo, un informe publicado en febrero en la revista médica The Lancet muestra que los productores de vacunas recibieron unos 10.000 millones de dólares fondos públicos y de organizaciones sin fines de lucro para financiar sus vacunas, aun entendiendo que puede ser un número subestimado. 

Un estudio detallado sobre el desarrollo de la vacuna de AstraZeneca coincide en lo esencial de este dato: la industria farmacéutica soportó menos del 3 por ciento de los costos de investigación: la mayor parte de los 120 millones de euros fueron invertidos por el Reino Unido (45 millones) y la Comisión Europea (30 millones) y otras entidades de fondos públicos. 

Mientras el debate sigue abierto, los países centrales no pierden el tiempo, las multinacionales farmacéuticas que están trabajando en su desarrollo ya cuentan con solicitudes de patentes en distintas partes del mundo. “Encontramos 188 patentes asociadas a las vacunas con una respuesta inmune demostrada”, reveló Di Giano.

Frente a la cantidad de adhesiones, la OMC propuso una “tercera posición" que habilita el otorgamiento de licencias voluntarias. Esto significará mantener los derechos de propiedad intelectual fomentando acuerdos privados entre laboratorios y gobiernos para permitir transferencias de tecnología. “Las licencias voluntarias no funcionan, apelan a la voluntad de cada laboratorio. Lo que hace es correr el verdadero foco del debate que es la suspensión de patentes”, reflexiona Di Giano.

Otra de las propuestas en este sentido diseñada por la OMS en junio del 2020, es el Acceso Mancomunado a la Tecnología contra la covid-19,  que también apela a la voluntariedad de compartir datos y propiedad intelectual de tecnologías. Sin embargo, el programa ha tenido pocas adhesiones. 

El tercer intento y fracaso es la Covax, cuyo impacto es muy menor: hasta fines de febrero, tenía acceso solo al 2 por ciento de todo lo que Pfizer producirá y para repartir entre 145 países.

Pareciera ser que las soluciones intermedias no son viables. "Los medicamentos no son mercancías", explicó el activista colombiano Luis Guillermo Restrepo: "algún día recordaremos a las patentes como hoy recordamos a la esclavitud”. 

Por Natalí Risso

Dinamarca suspende total y definitivamente el uso de la vacuna AstraZeneca

14.04.21 - Las autoridades sanitarias de Dinamarca suspenderán de forma definitiva la vacuna de AstraZeneca contra el covid-19 tras haber interrumpido su uso durante cinco semanas tras los los casos inusuales de trombosis en varios países europeos.

De esta manera, Dinamarca se convierte en el primer país europeo en abandonar de manera definitiva el preparado de AstraZeneca.

El mes pasado, varios países europeos, incluidos Francia, Italia, Suecia y Alemania, interrumpieron o limitaron el uso del fármaco tras una serie de informes de que algunas personas vacunadas con el antídoto creado por AstraZeneca y la Universidad de Oxford desarrollaron coágulos sanguíneos.

Estos incidentes incluyeron casos aislados de sangrado, coágulos de sangre y un nivel bajo de plaquetas después de las inoculaciones con este fármaco.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) declaró el pasado 7 de abril que la posible formación de coágulos de sangre debería figurar como un efecto secundario "muy raro" de la vacuna de AstraZeneca, pero señaló que los beneficios del fármaco superaban sus potenciales riesgos.

"Con base en los hallazgos científicos, nuestra evaluación general es que existe un riesgo real de efectos secundarios graves asociados con el uso de la vacuna de AstraZeneca. Por lo tanto, hemos decidido eliminar la vacuna de nuestro programa de vacunación", comentó el director general de la Autoridad Sanitaria de Dinamarca, Soren Brostrom, subrayando que la decisión se basó también en el hecho de que hay "otras vacunas a disposición" y que la pandemia "está bajo control".

Dinamarca había sido el primer en suspender el pasado 11 de marzo la vacunación con AstraZeneca, decisión que siguieron luego la mayoría de países europeos, aunque reanudaron el proceso cuando la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aseguró que no había evidencias de relación directa con los casos de trombosis detectados.

Por: Aporrea | Miércoles, 14/04/2021 10:18 AM 



Con información de RT

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Reconoce China que sus biológicos tienen baja efectividad y considera combinarlos

Pekín. La efectividad de las vacunas chinas contra el coronavirus es baja y el gobierno considera combinarlas, dijo ayer la máxima autoridad de la agencia china de control de enfermedades, Gao Fu, en una inusual admisión oficial de la debilidad de las vacunas del gigante asiático.

Las vacunas chinas "no tienen tasas de protección muy altas", opinó el director de los Centros para el Control de Enfermedades de China, Gao Fu, en una conferencia en la ciudad de Chengdu.

Pekín ha distribuido cientos de millones de dosis en otros países y también ha tratado de promover las dudas sobre la efectividad de las vacunas occidentales. "Ahora se está considerando formalmente si debemos usar diferentes vacunas de diferentes líneas técnicas para el proceso de inmunización", dijo Gao.

Según investigadores brasileños, la tasa de efectividad de la vacuna CoronaVac, del desarrollador chino Sinovac, es de 50.4 por ciento. En comparación con 97 por ciento de efectividad de la de Pfizer.

Pekín aún no ha aprobado ninguna vacuna extranjera para su uso en China, donde surgió el coronavirus a fines de 2019. Gao no dio detalles de posibles cambios en la estrategia, pero mencionó el ARN mensajero, una técnica previamente experimental utilizada por los desarrolladores de vacunas occidentales, mientras que los fabricantes de medicamentos de China usaban tecnología tradicional.

"Todos deberían considerar los beneficios que las vacunas de ARN mensajero pueden brindar", dijo. "Debemos seguirlo cuidadosamente y no ignorarlo sólo porque ya tenemos varios tipos de vacunas".

Gao planteó previamente dudas sobre la seguridad de las vacunas de ARN mensajero. En diciembre, fue citado por la agencia de noticias oficial Xinhua diciendo que no podía descartar efectos secundarios negativos porque se estaban utilizando por primera vez en personas sanas.

Los medios de comunicación estatales chinos y los blogs de salud y ciencia también han cuestionado la seguridad y eficacia de la vacuna de Pfizer, que usa ARN mensajero.

Hasta el 2 de abril, unos 34 millones de personas habían recibido las dos dosis requeridas por las vacunas chinas y alrededor de 65 millones habían recibido una, según Gao.

Los expertos afirman que la mezcla de vacunas, o la inmunización secuencial, podría aumentar la tasa de efectividad. Los ensayos en todo el mundo buscan mezclar vacunas o administrar una inyección de refuerzo después de un periodo más largo. Investigadores en Gran Bretaña estudian una posible combinación de vacunas Pfizer y AstraZeneca.

En Francia, los mayores de 55 años empezarán a ser vacunados a partir de hoy, gracias a las dosis de AstraZeneca que "podrán recibir todos los franceses sin condiciones", anunció el ministro de Salud, Olivier Véran.

Según el ministro, esto será posible gracias a las vacunas de AstraZeneca que "a partir de mañana (lunes) podrán recibir todos los franceses sin condiciones" y la de Johnson & Johnson, que empezará a llegar al país hoy.

India prohibió la exportación del medicamento antiviral Remdesivir y sus ingredientes farmacéuticos activos, ya que la demanda se disparó ante el aumento de contagios –más de 150 mil en las últimas 24 horas– y el colapso hospitalario. El país registra un incremento de contagios desde hace 32 días sin parar. Totaliza 13.3 millones de casos de Covid-19 y 169 mil 275 muertos desde el comienzo de la pandemia.

En Alemania contemplan nuevo confinamiento

La canciller federal alemana, Angela Merkel, contempla la posibilidad de declarar un nuevo confinamiento nacional de corta duración para atajar de raíz el aumento de casos y facilitar la campaña de vacunación, según fuentes de su partido, la Unión Demócrata Cristiana.

El presidente Jair Bolsonaro dijo que el país vive una "dictadura" por las restricciones que algunas regiones implementan para evitar los contagios y las comparó con las "libertades negadas" por el "régimen" de Nicolás Maduro en Venezuela.

La cifra de pacientes menores de 40 años en cuidados intensivos superó al de grupos de mayor edad en Brasil el mes pasado al subir a más de 11 mil, 52 por ciento del total, según el Proyecto UCI.

Estados Unidos informó de un nuevo hito en la vacunación con un récord de 4.6 millones de dosis administradas en las últimas 24 horas.

El presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel lamentó el fallecimiento de una niña de cuatro años, diagnosticada con Covid-19 y afectada por un tumor abdominal, siendo este el primer caso de un menor de edad que pierde la vida en la isla desde que se declaró la pandemia.

El saldo de la pandemia en el mundo es de 135 millones 756 mil 507 contagios, 2 millones 932 mil 192 muertes y 77 millones 204 mil 630 recuperados.

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Crisis medioambiental: provoca casi una de cada cuatro muertes en el mundo

Según un reporte de la OMS, son 12,6 millones de fallecimientos que responden a condiciones insalubres del medio ambiente.

 

El mismo informe de la Organización Mundial de la Salud aclara que representa el 23% de las muertes en el mundo, debido a causas como la insalubridad del medio ambiente, de las cuales el 65% (8,19 millones) son debido a un centenar de enfermedades no transmisibles o traumatismos consecuentes de diversos factores de riesgo ambientales, como la contaminación del aire, el agua y el suelo, la exposición a los productos químicos, el cambio climático y la radiación ultravioleta.

Todos estos "riesgos ambientales" son provocados por la depredación sobre todo de las grandes empresas imperialistas. Algo que la OMS no se ocupa de aclarar.

Ya en 2017 se producían 1,7 millones de muertes infantiles por las mismas causas. Una aberración producida por este sistema capitalista.

Por ejemplo, las olas de calor y frío extremos también son producidas por el cambio climático.

Frente a esto se alzaron muchas voces de científicos y miles y miles de activistas movilizados en todo el mundo que advierten sobre la emergencia climática por ejemplo, factor que está poniendo en peligro todo tipo de vida en nuestro planeta.

La misma pandemia que estamos atravesando es producto, como advirtieron muchos expertos, del corrimiento de las fronteras agrícolas que provocó la cercanía de animales con personas (que hasta ese momento no tenían contacto con humanos u otros animales cercanos a ellos)

Miércoles 7 de abril | 21:46
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El bolsonarismo cruje Entrevista a Sergio Lirio

Las renuncia de los comandantes de las tres fuerzas, las dimisiones ministros y la crisis sanitaria configuran una nueva crisis múltiple en el gobierno de Bolsonaro, enfrentado al fantasma del impeachment. Todo esto tiene como contexto la vuelta al ruedo político de Luiz Inácio Lula Da Silva. 

 

Los recientes cambios de gabinete en Brasil y la renuncia simultánea de los comandantes de las tres fuerzas armadas informan de una crisis profunda en el sistema de poder construido por Jair Bolsonaro desde 2018, en medio de una profunda crisis sanitaria. El negacionismo de Bolsonaro respecto de la pandemia de covid-19 se suma a una incompetencia más amplia para gestionar el aparato del Estado. Es esta última la que esta provocando el alejamiento de sectores de la elite. «Muchos querrían un bolsonarismo sin bolsonaro», dice Sergio Lirio, jefe de redacción del semanario Carta Capital en esta entrevista con Nueva Sociedad. Y esto ha provocado que el mandatario dependa cada vez más del denominado centrão, partidos alineados con el mejor postor que controlan el Congreso. Pero los crujidos actuales en el bolsonarismo se vinculan también a la vuelta de Luiz Inácio Lula da Silva al ruedo político, tras la anulación de sus causas por la Corte Suprema brasileña.

¿Qué explica la crisis militar y cuál es, en su opinión, su profundidad? Algunos medios titularon que es la peor crisis con los militares desde 1977.

En 1977, efectivamente, el presidente Ernesto Geisel exoneró al general Sílvio Frota, que se oponía a su proceso de apertura lento y gradual. Pero incluso dentro de la dictadura no hubo algo tan explícito como ahora. Durante el gobierno de José Sarney hubo dimisiones por cambios ministeriales y en el segundo gobierno de Lula hubo amenazas de dejar los cargos por parte de los comandantes de las tres fuerzas, durante las investigaciones de la Comisión de la Verdad de los crímenes de la dictadura. 

Pero, ¿qué pasó ahora? No hay que olvidar que los militares son uno de los pilares del gobierno de Bolsonaro junto con los sectores financieros y el agronegocio. Es la coalición social que le dio el golpe a Dilma Rousseff. La expectativa era que Bolsonaro llevara adelante una agenda ultraliberal y recuperara la imagen de los militares, erosionada desde la dictadura. Ni durante la dictadura los militares brasileños ocuparon tantos cargos como con Bolsonaro. Son unos 6.000 militares en puestos en la administración en diferentes niveles. Hasta la Casa Civil (equivalente al jefe de gabinete de ministros) es dirigida por un militar. Presiden Petrobras, presiden Furnas, la mayor generadora de energía de América Latina. Incluso hijos e hijas o esposas de militares ocupan cargos en diferentes escalafones del Estado. Los militares tuvieron su propia reforma previsional, mucho más favorable que para la mayoría de los brasileños. Entonces, la pregunta sería ¿para qué un golpe militar si el de Bolsonaro ya es un gobierno militarizado? Sería, además, una aventura con altísimos costos.

El problema para los militares, pero también para los otros grupos de poder que apostaron por Bolsonaro, es que su gobierno es un desastre absoluto. La economía, bajo el ministerio del ultraliberal Paulo Guedes, es una calamidad. Para peor, cuando llegó la pandemia Bolsonaro se mostró contrario, de manera hiperbólica, a todas las medidas de distanciamiento social. Los resultados en términos sanitarios fueron tan terribles que hoy Brasil es uno de los países con mayor cantidad de muertes. Además, la diplomacia brasileña fue un fracaso absoluto, nunca fue tan ideológica, tan terraplanista, que con Ernesto Araújo como canciller. Terminó perjudicando incluso la posibilidad de hacer negocios. 

Mientras estuvo Donald Trump en la Casa Blanca, si bien no era un aliado completo de Brasil, protegía a Bolsonaro, que se iba volviendo un paria en el concierto internacional. Pero eso cambió con la llegada de Joe Biden. Ahora Brasil ya no es solo paria sino una amenaza internacional. Más de cien países impiden la entrada de brasileños. Ya pasamos las 300.000 muertes y podríamos llegar a 500.000. Pero no solo hay un rechazo internacional a su política sanitaria, también a su política ambiental, por ejemplo respecto de la Amazonia. Desde el punto de vista interno, el ingreso de emergencia de 600 reales aprobado por el Congreso, impidió en el primer año de la pandemia que la economía cayera más aún (4,1% en 2020) y que las personas cayeran en una tragedia mayor. Pero ahora el monto de esas transferencias será menos de la mitad. Por todo eso Bolsonaro está perdiendo apoyo tanto entre las elites como entre la población. 

En este contexto, intentó llevar a las fuerzas armadas a una escalada autoritaria. Se repitió tanto estos días que no había posibilidad de golpe que todo el mundo sospechó lo contrario. Básicamente, el presidente quería que el general Edson Pujol se manifestara contra la decisión de la Corte Suprema de devolverle los derechos políticos a Lula. El último domingo de marzo, Bolsonaro dijo, por ejemplo, que las Fuerzas Armadas son nacionalistas y están del lado del pueblo, lo que significaba que estarían del lado de él. En medio de un caos sanitario y administrativo -Brasil ya tiene el cuatro ministro de salud en cuatro años- quería que los militares lo apoyen para poner en pie una especie de estado de emergencia que le diera más poderes. Las fuerzas armadas dijeron no, al menos no ahora, y se mantuvieron leales a la Constitución.

El problema es que a diferencia de otros países, como Argentina, donde los crímenes de la dictadura fueron juzgados y el pasado fue analizado y discutido, en Brasil la ley de amnistía generó una especie de equilibrio entre el poder militar y el poder civil. Por eso, las Fuerzas Armadas terminan por estar encima de la Constitución, encima de las leyes. Ese es el problema más grave de la democracia brasileña. 

Hace poco hubo una carta de sectores de la elite económica que criticaba al gobierno de Bolsonaro. ¿Hasta dónde llega este distanciamiento?

Esa carta es muy significativa porque está firmada por varios banqueros, entre ellos los dos principales accionistas del banco Itaú, y por varios economistas neoliberales. Hay un sector del empresariado, anticuado e histriónico, que se beneficia de la mano de obra barata, que sigue siendo bolsonarista. Pero los sectores industriales más dinámicos cada vez quieren menos a Bolsonaro. Ellos querrían un bolsonarismo sin Bolsonaro. El gobierno es tan incompetente que ni siquiera puede garantizar las reformas que ellos querrían. Por ejemplo, la reforma provisional, una de las pocas que se aprobó, salió porque el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, del partido Demócratas, la hizo pasar. Pero otras, como la profundización de la reforma laboral aprobada durante el gobierno de Michel Temer, o directamente la destrucción del modelo social instaurado por la Constitución de 1988, que de todos modos nunca se aplicó demasiado, siguen pendientes.

A eso se suma el desastre en la gestión. Bolsonaro acabó asociando el proyecto económico liberal a su locura, a su incompetencia, a su autoritarismo. Por eso, el de Bolsonaro es un gobierno disfuncional que terminó por transformar a Brasil en un país odiado. No solo por los Estados Unidos de Biden o por China; también nos alejamos de Rusia y de la India. Y los exportadores sufren esto. Por eso muchos en la elite buscan un candidato centrista, lo que no parece fácil. Ellos se dan cuenta de que Bolsonaro puede terminar por abrir paso a una posible vuelta de la izquierda en 2022, y eso es a lo que más temen. Lo que pasó estos días tiene que ver con esta presión. 

La aprobación de Bolsonaro ronda el 30%. Bolsonaro ya no piensa más en gobernar. Solo busca no sufrir un impeachment y llegar entero a 2022, al menos con posibilidades de pasar a la segunda vuelta.

Relacionados esto, ¿Bolsonaro quedó como una suerte de rehén del centrão, que controla el Congreso y tiene la llave del juicio político?

El centrão está aumentando su influencia en el gobierno; el centrão es más competente que Bolsonaro. Fue el Congreso el que echó a Araújo y podría tumbar a Ricardo Salles, el ministro de medio ambiente. Quizás no ahora, pero sí en un futuro próximo. Salles es otro de los peores ministros del gobierno, de los más terraplanistas. En el centrão son los viejos zorros de la política brasileña: negocian cien y entregan cincuenta. El centrão fue también muy importante en el sostenimiento del gobierno de Lula y del primer mandato de Dilma. El estilo de Bolsonaro, que es consciente de sus limitaciones intelectuales, e incluso es un sociópata, es dar golpes en la mesa. Con el centrão eso no funciona.

Bolsonaro necesita potenciar todo el tiempo los conflictos (con la izquierda, con la prensa, con los movimientos sociales…). El centrão, por el contrario, opera entre bastidores. Y no va a atar su suerte a la de Bolsonaro. Así funciona la política brasileña.

¿Cómo ve la candidatura deLula da Silva? ¿Podrá mantener su fuerza después del «efecto Lula» que generó la anulación de sus condenas?

Mucho de lo que está pasando se vincula con la recuperación de los derechos políticos de Lula y de su vuelta al ruedo político. El hecho de que el juez Sérgio Moro fuera declarado «parcial» al condenar a Lula, genera en mucha gente la sensación de que Lula sufrió una injusticia. Incluso Bolsonaro modificó algunas de sus actitudes respecto a la mascarilla o la vacuna después del regreso de Lula, que busca presentarse como un anti-Bolsonaro. Hasta cambió el ministro de salud, el general Eduardo Pazuello. 

La vuelta de Lula fue triunfal, pero su nombre sigue generando rechazo en gran parte de la población, no solo en la elite. Muchos en el Partido los Trabajadores (PT) minimizan el antipetismo. Pero en mi opinión, Lula, además de unir a la izquierda, deberá hablar con sectores más amplios de la sociedad. Una «solución argentina» -buscar a otro candidato y no ir el a la cabeza- no parece probable. El ex-presidente ya dejó claro que será candidato. Pero el camino será largo. Falta mucha reflexión en el PT, mucha explicación, mucha conversación. La imagen que se construyó del PT como un partido corrupto no es borrada automáticamente por la incompetencia de Bolsonaro, aunque haya generado una degradación tan grande, tan amplia y simultánea en tantas esferas –política, social, intelectual– como hemos visto en esta década.

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