Foto : Pixabay

En lo que respecta a descubrimientos sobre dinosaurios, el 2021 no decepcionó. Como cada año, los investigadores han descrito nuevas especies, precisado sus apariencias y especificado sus hábitats. No obstante, de todo un sinfín de hallazgos, hay algunos que destacan.

  1. El primer ano de dinosaurio encontrado y descrito en perfectas condiciones

Durante el último siglo, los paleontólogos han encontrado todo tipo de fósiles de dinosaurios —desde huesos y dientes hasta impresiones de su piel y plumaje— pero nunca un ano… hasta el 2021. Aparentemente era utilizada por el Psittacosaurus para defecar, orinar, reproducirse y poner huevos, lo que la diferencia de los órganos similares de otros animales.

Más que eso, "la preservación de los patrones de color y el sombreado permitió una reconstrucción detallada de la apariencia física de este individuo", detalla el resumen del estudio publicado en enero del 2021 en Current Biology.

  1. Algunos dinosaurios eran extremadamente rápidos, pero no el T. rex

Los carnívoros terópodos corrían a velocidades de casi 45 km/h, según el análisis de dos huellas de dinosaurios encontradas en el norte de España, reveló un estudio publicado en diciembre en la revista Scientific Reports.

Las marcas fueron dejadas por dos individuos diferentes que corrían sobre el lecho de un lago blando durante el Cretácico temprano. El descubrimiento revela que estas bestias eran tan veloces como el humano más rápido, Usain Bolt, que alcanzó brevemente los 44,3 km/h en una carrera en 2009.

No obstante, este no era el caso del Tyrannosaurus rex, el carnívoro quizá más famoso de todos. Según otro estudio, publicado en abril en la revista Royal Society Open Science, el dinosaurio rey caminaba a la par con el ser humano, a 5 km/h.

  1. El Supersaurus era más largo de lo que se creía

El dinosaurio más largo conocido es el llamado Supersaurus, que excedió los 39 metros y posiblemente incluso alcanzó los 42 metros de longitud, según una investigación inédita presentada este año en la conferencia anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados.

Siempre se supo que el saurópodo, descubierto en 1972, era largo, con estimaciones anteriores de hasta 34 metros. Pero ahora, huesos recién excavados y analizados revelan cuán verdaderamente largo era este dinosaurio.

  1. Los tiranosaurios se peleaban pero no se mataban

Como era de esperar, los temibles tiranosaurios se peleaban entre ellos, mordiéndose la cara por comida, territorio o apareamiento. Sin embargo, un minucioso análisis publicado en septiembre en la revista Paleobiology revela que no buscaban matarse.

Esta comprensión del comportamiento de los dinosaurios fue posible gracias al estudio de 202 cráneos y mandíbulas de T. rex. Según se encontró, la profundidad y la localización de las huellas dejadas indican que no buscaban infringirse heridas mortales. Solo la mitad de los tiranosaurios tenían estas cicatrices, por lo que probablemente se trate de peleas entre machos por las hembras.

  1. Un extraño anquilosaurio tenía una cola en forma de garrote de guerra azteca

Hasta ahora los anquilosaurios se conocían por vivir en el hemisferio norte con sus impresionantes colas armadas con picos y garrotes. Pero ahora, el recién descrito Stegouros elengassen, encontrado en Chile, muestra que estos reptiles evolucionaron de manera muy diferente en el hemisferio sur: desarrollaron su propio tipo de cola armada que parece un macuahuitl, la reconocible espada azteca.

El anquilosaurio recién descubierto murió hace más de 70 millones de años junto a un río, posiblemente en arenas movedizas, lo que explicaría por qué el espécimen estaba tan bien conservado.

 

25 diciembre 2021

(Tomado de Sputnik)

Sábado, 25 Diciembre 2021 07:09

MÁS LEÍDO 2021: Abuelo

MÁS LEÍDO 2021: Abuelo

De barbas pronunciadas
cuerpo arbóreo
naturaleza viva
con rémoras bebiendo de tu saber
simbiosis florida y trepada a lo largo de tus encajes
arbusto, solidario y paciente
con brazos en procura de energía,
y más vida.
Luz y sombra
Cuerpo majestuoso que no niega vida
soportado por raíces profundas,
como solo el paso de los años y una base profunda lo permiten.
Planta, enraizamiento/cerebro,
biomasa que es saber, savia y alimento.
Naturaleza en flor,
conjunción de tierra, aire, agua, minerales, oxígeno; materia.
Vida y sabiduría, creciendo, y erguida desde abajo
como todo lo que pretendamos
que alcance prolongación en el tiempo.

¿Por qué los humanos no podemos emularte?

 

 

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Publicado enColombia
Domingo, 19 Diciembre 2021 06:11

Una ventana a la gran escasez

Una ventana a la gran escasez

La escasez de materias primas y de energía que ha experimentado la economía global en los últimos meses es una pequeña muestra de lo que puede ocurrir en los próximos años si no se cambian los patrones de consumo.

 

Primero fue el gel hidroalcohólico, las mascarillas, los respiradores e incluso, en algún supermercado, el papel higiénico. Durante unos pocos meses, la población de los países más desarrollados del mundo observó pasmada —con la misma incredulidad con la que miraba en directo cómo se extendía una pandemia global— que en las sociedades de la abundancia podían faltar cosas. 

A medida que la vida comenzaba a normalizarse, cada vez resultaba más evidente que algo había fallado en el reseteo de la economía después del parón de la economía. La era de la escasez no estaba finalizando. Más bien al contrario, acababa de comenzar.

Un año después del fin del confinamiento más duro y del reinicio de la actividad, la escasez y los problemas de suministro ya afectaban en diferentes grados a casi todas las materias primas y a todos los sectores. En septiembre de 2021, la escalada en los precios de la energía iniciada antes de verano adoptaba la forma de apagones en toda China y el cierre de fábricas en EE UU y Europa. El aumento del precio de la electricidad, del gas, de la gasolina, del diésel y del carbón no tardó en trasladarse a toda la economía y ha generado unas tasas de inflación inéditas en los países ricos desde la última gran crisis energética, en los años 70.

La explicación oficial a este caos generalizado es el desajuste entre la oferta y la demanda, unos “cuellos de botella” de una recuperación rápida, agravados por las tensiones geoestratégicas con China, Rusia o Argelia. Según estos análisis, se trata de una crisis coyuntural que se irá resolviendo en cuestión de meses. Sin embargo, cada vez son más las voces desde la comunidad científica que advierten de los aspectos estructurales que hay detrás de estos desbarajustes, unos cortocircuitos que solo pueden ir a más a medida que el crecimiento exponencial del consumo choca con los límites físicos del planeta. 

Pasen y vean, la gran escasez

A mediados de octubre, algunos indicadores empezaban a señalar que lo peor había pasado, con descensos en el precio del transporte marítimo o en la cotización de la madera. Sin embargo, al cierre de esta edición la crisis energética continúa agravándose y la falta de materiales básicos para el funcionamiento de la economía sigue siendo un problema de primer orden. La industria tecnológica prevé problemas en el suministro de chips hasta 2023 y el cierre de las fábricas de fertilizantes compromete las cosechas de 2022. A la vez, la falta de materias primas vitales para la industria mundial, como el magnesio, el papel o el acero, entre una larga lista, sigue sin tener una solución a la vista.

Las escenas de desabastecimiento seguirán en 2022 y serán cada vez más habituales, sostiene Antonio Turiel, científico del CSIC en una conversación con El Salto. Cuando ya ha pasado más de un año desde el inicio de la recuperación económica, la excusa de los “cuellos de botella” ya no cuela, sostiene este investigador. Los cortocircuitos en la economía global se deben, continúa, sobre todo a motivos estructurales, en especial, a una crisis energética que viene de lejos y va para largo. 

Para Turiel, el “efecto más directo” de la pandemia ha sido que las petroleras han acelerado un proceso de desinversión que no es nuevo y “ha precipitado hacia el vacío” el sistema económico mundial, basado en los combustibles fósiles. Las previsiones de escasez de energía y de materiales ya estaban contempladas en diversos estudios científicos, pero estos se han visto superados por la realidad: “No tendríamos que caer tan deprisa”, resume.

Estamos a las puertas de lo que Turiel llama “la gran escasez”, un proceso que amplios sectores de la comunidad científica llevan décadas documentando. “Hemos tocado el punto máximo y, a partir de ahora, lo que nos espera es un proceso de declive que en algunos momentos irá más rápido, en otros momentos irá más lento, pero en cualquier caso es una bajada que durará mucho tiempo. No es que los recursos se acaben de hoy para mañana, pero cada vez habrá menos, cada vez tendremos que aprender a hacer las cosas con menos”, sostiene el autor de Petrocalípsis (Alfabeto, 2020).

Un punto de inflexión

Alicia Valero es investigadora de la Universidad de Zaragoza y directora del grupo de Ecología Industrial en el instituto Circe. Ha escrito más de cien publicaciones sobre el agotamiento de los recursos del planeta y trabaja también como consultora de diversas empresas, Seat entre ellas, a las que asesora sobre la disponibilidad de materias primas.  

Durante años, cuenta a El Salto, hablar sobre escasez de recursos era un tabú, pero esto ha cambiado en el último año después de que la gente y muchos sectores económicos “vivieran en primera persona el desabastecimiento”. Para la coautora del Thanatia, los límites minerales del planeta (Icaria, 2021), esta crisis de materiales y suministros es una “ventana” hacia un mundo en el que “los problemas de escasez serán el pan nuestro de cada día”. 

Muchos de los problemas coyunturales irán desapareciendo, sostiene, en especial aquellos provocados por una demanda disparada y unas fábricas y cadenas logísticas limitadas. Pero quedará la crisis de fondo: “Al igual que las fábricas tienen un límite, si extrapolamos el problema a la gran fábrica que es la naturaleza, tarde o temprano toparemos con esos límites”. Y esos límites “están muy cerca”, si se continúa con este “consumo exponencial”, dice. 

Entre los múltiples ejemplos a mano, Valero habla del cobre: en los últimos 20 años se ha extraído tanto de este material como en toda la historia de la humanidad. Y ocurre lo mismo con todos y cada uno de los elementos clave de la economía mundial: en las próximas décadas habrá problemas de suministro de cromo, germanio, estaño, cobalto, níquel, litio, cadmio, galio, indio, plata, platino, selenio, teluro, titanio, vandanio, zinc o de los 17 elementos de las tierras raras. Dicho de otro modo, las baterías de los móviles y los coches eléctricos, las pantallas táctiles y los paneles fotovoltaicos, las lámparas led y los semiconductores, es decir, prácticamente todo lo que se necesita para la revolución digital y verde depende de unos material finitos que, al ritmo actual de consumo, no se puede garantizar su suministro en la segunda mitad de siglo. Mucho menos si se cumplen las previsiones y en 25 años el mundo consume el doble que ahora. 

El gran problema, cuenta Valero, es que no hay reservas explotables suficientes y abrir un nuevo yacimiento tarda unos 16 años de media, detalla. A esto se suma una gran dependencia de los países suministradores de componentes y materias primas. Taiwán produce el 90% de los chips más avanzados. Las reservas de litio —vital para las baterías de todo tipo— están concentradas en Australia y en el triángulo del litio en Sudamérica, aunque es China quien monopoliza su refinado. También es China quien controla el 86% de la producción de tierras raras —imprescindibles para los electrodomésticos, los ordenadores, móviles o vehículos— y controla una proporción similar del magnesio, imprescindible en toda la industria que utiliza aluminio. La decisión de China de dejar de exportar algunos de estos materiales para garantizar el suministro de sus propias fábricas es clave para entender la actual crisis de desabastecimiento. 

 “Estamos cerca de alcanzar los límites geológicos del planeta. Y no digo que agotemos todos los recursos, sino que agotemos los recursos accesibles. Prácticamente, ya hemos extraído lo que es más accesible y ahora se habla de ir hacia los océanos, hacía la Amazonía, hacia la Antártida… Pero, ¿a qué coste?”, se pregunta. 

La crisis de escasez de recursos corre paralela a las otras dos grandes crisis que atraviesan el planeta: el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. “Tenemos un problema de cambio climático por una sobreexplotación de recursos fósiles y si hoy hay escasez de petróleo es porque lo hemos consumido de forma exagerada y esto ha provocado a su vez los problemas que tenemos de cambio climático”, señala Valero. El consumo exponencial de recursos naturales también ha llevado a la pérdida de biodiversidad con consecuencias tan graves como las crisis de los polinizadores o la misma pandemia del coronavirus, provocada en última instancia por el avance de la actividad humana sobre los ecosistemas naturales.

La madre de todas las crisis

A pesar de que el debate sobre la escasez de recursos ha entrado en la agenda pública, Turiel reconoce que sigue habiendo “cierto malditismo” que condena a quienes señalan razones estructurales detrás de la crisis de suministro. “En la comunidad científica, entre los investigadores que trabajan con recursos esto es un tema bien conocido, bien discutido... Pero en el debate público es diferente. Cuando empiezas a hablar de que no se puede seguir incrementando el consumo de materiales y energía entras en contradicción con la idea de mantener un sistema económico basado en el crecimiento continuo”, dice Turiel. “Si aceptas que hay un problema de escasez, aceptas que el capitalismo se está acabando y hay gente que podría perder mucho dinero porque no va a haber inversores para sus negocios”, añade.

De hecho, esto es exactamente lo que lleva ocurriendo con el petróleo desde antes de la pandemia, en concreto desde 2014, cuando la industria renunció a buscar nuevos pozos petroleros. 

Ya en 1998, los geólogos Colin Campbell y Jean Laherrere, en un artículo publicado en la revista Scientific American, justificaban con datos de la industria que el petróleo convencional, aquel que es más fácil de extraer, con mayores rendimientos energéticos, se estaba agotando a toda velocidad. Al mismo tiempo, el crudo que quedaba por explotar, el petróleo no convencional, el que está bajo el mar, mezclado en arenas bituminosas o que se debe extraer mediante la contaminante inyección hidráulica o fracking, sería tan caro de extraer que tarde o temprano habría problemas de suministro. 

Y así ocurrió, explica Turiel. En 2005, se alcanzó el pico del petróleo convencional o, dicho de otra manera, en 2006 la humanidad comenzó a consumir la segunda mitad de las reservas mundiales del mejor petróleo. Entre 1998 y 2014, las petroleras multiplicaron por tres sus inversiones para buscar nuevos yacimientos, pero obtuvieron un “magro resultado”: la producción solo creció un 26% en el mismo periodo. Lo que vino después era esperable: redujeron su inversión en nuevas prospecciones en un 60%. Algunas empresas petroleras, como Repsol, han abandonado por completo la búsqueda de nuevos yacimientos. “Lo que pasa es que se cansaron de perder dinero”, dice. Los efectos de esta desinversión provocó que en 2018 se alcanzara el pico en la extracción de todos los tipos de petróleo. Al cierre de esta edición, el precio de la gasolina y del diésel estaba cerca de superar su máximo histórico, alcanzado en la crisis de 2008.

Historias y futuros parecidos se repiten con los otros combustibles fósiles. “Hemos llegado a los máximos de extracción de petróleo, de carbón, de uranio y pronto llegaremos al del gas. Teniendo en cuenta que estas cuatro materias primas no renovables aportan casi el 90% de toda la energía primaria que se consume en el mundo, esto nos deja en una situación complicada. Y no tiene remedio”, argumenta Turiel.

Para este doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid, todavía no hay sobre la mesa ninguna tecnología que pueda sustituir a los combustibles fósiles. La revolución de las renovables, al menos tal como se concibe actualmente, choca con los límites materiales del planeta y solo podría reemplazar una parte de la energía fósil que se utiliza actualmente. La prometida energía de fusión —la que alimenta las estrellas— es un “experimento a 35 años que llega tarde”. Y los intentos de resucitar la energía nuclear vuelven a chocar con la realidad: las centrales son peligrosas, caras, tardan años en construirse, cuentan con una enorme oposición ciudadana y necesitan de un combustible fósil, el uranio, cuya producción ha caído un 20% desde 2016.

Valero también identifica límites en la transición ecológica anunciada: “Lo que no podemos hacer es seguir creciendo en consumo energético y sustituir los fósiles por energías renovables. No hay suficiente cobalto, no hay suficiente litio, no hay suficiente teluro, y así sucesivamente. Pintar de verde la economía actual va a ser imposible”.

Pero no todo son malas noticias. La gran escasez es “inevitable”, pero, al menos según defienden Antonio Turiel y Alicia Valero, no está escrito cómo termina la historia. La forma en la que los Gobiernos y la ciudadanía se enfrenten a este nuevo desafío determinará si este declive lleva a un colapso del sistema o a un reajuste de los estándares de consumo que nos permita vivir dentro de los límites físicos del planeta.

¡Decaigamos!

Las guerras por los recursos, la pérdida de población o de interconexión, las hambrunas y el ascenso de soluciones autoritarias, entre un largo abanico de posibilidades que podría traer un colapso, son evitables. Lo que no es evitable, afirma Turiel, es el decrecimiento.

Todos los caminos llevan a decrecer, sostienen tanto Turiel como Valero. La diferencia “es si pilotas el proceso o no”, señala el primero. “O lo hacemos a las buenas o al final los límites físicos nos impondrán recular a las malas”, indica la segunda. 

 “Con el conocimiento científico-técnico que tenemos hoy en día podemos garantizar un nivel de vida igual al actual, e incluso superior, consumiendo muchísima menos energía y muchísimos menos materiales”, defiende este científico del CSIC. Aunque no todos los países ni todos los sectores sociales deberían decrecer al mismo ritmo, añade. Según Oxfam, el 1% de la población mundial es responsable del 16% de las emisiones globales.

Sin embargo, para Turiel, el camino está lejos de estar despejado y el problema es social y cultural: “No se concibe nada fuera del capitalismo. La gente se cree que el final del capitalismo es el final del mundo, pero no es verdad. El capitalismo solo tiene dos siglos de existencia y lo que hay que hacer es superar esta etapa”.

El autor de Petrocalipsis compara el capitalismo con la adolescencia de la humanidad. “Nosotros estamos teniendo una adolescencia difícil, un periodo en el que se crece rápidamente. Pero lo que hay que hacer es madurar y llegar a una situación de equilibrio con la naturaleza. Podemos seguir viviendo en este planeta si lo hacemos a partir de lo que se puede regenerar cada año, de una forma realmente sostenible”. Los tres grandes desafíos de la humanidad y del planeta pasan por el mismo cuello de botella, el decrecimiento. “El decrecimiento es inevitable, pero estamos a tiempo, podemos reaccionar, tenemos conocimientos para adaptarnos a él”. Tal como recuerda Turiel, el colapso de las civilizaciones “siempre es un daño autoinfligido”. ¿Seremos capaces de superar la adolescencia de la humanidad?

Por Martín Cúneo

@MartinCuneo78

19 dic 2021

Publicado enEconomía
Grupo de científicos descubre a un milpiés “auténtico”

Un grupo de científicos descubrió a un milpiés “auténtico”, según un estudio publicado el jueves que describe a una criatura larga, delgada y dotada de mil 306 patas, más de las que tiene cualquier otro animal viviente.

Los miriápodos, un grupo de criaturas parecidas a los gusanos, son vulgarmente conocidos como milpiés, pero hasta ahora ninguno de los especímenes conocidos superaba las 750 extremidades.

Esta especie que tiene un récord de mil 306 patas, fue descrita en la revista especializada Scientific Report, y fue descubierta a 60 metros bajo tierra, en un pozo de exploración minera en el oeste de Australia.

El animal fue bautizado como Eumillipes Perséphone, en referencia a la diosa griega casada con Hades, rey del inframundo, dijo el autor de estudio, Paul Marek, académico de la Universidad Virginia Tech, en Estados Unidos.

El animal parece un hilo de sólo un milímetro de ancho, pero tiene 10 centímetros de largo, con una “cabeza en forma de cono, con enormes antenas y un pico para alimentarse”, señaló el estudio.

La criatura, que carece de ojos, tampoco tiene color, una característica de los seres que viven debajo de la tierra.

“¡Es un bicho extraordinario!”, destacó el entomólogo André Nel, del Instituto de Sistemas, Evolución y Biodiversidad, no relacionado con el estudio.

Estos animales tienen un rol vital en los ecosistemas en los que habitan, ya que se alimenta de desechos y reciclan nutrientes. Al eclosionar tiene solamente cuatro patas, pero va desarrollando nuevos segmentos, con sus respectivas extremidades hasta alcanzar la adultez

Jueves, 16 Diciembre 2021 06:18

El turbocapitalismo, Amazon, y la muerte

Un coche pasa junto a restos de una nave destruida por el tornado en Edwardsville (Illinois, Estados Unidos). ABC 7 NEWS

Una tragedia en tres actos

Primer acto

Se abre el telón. Vemos un descampado lleno de escombros. Un paisaje desolado y desolador. Nos encontramos en el estado de Illinois. En la ciudad de Edwardsville, donde no recuerdan un tornado así. Menos aún en diciembre. Un mes habitualmente más tranquilo. Vemos los restos de lo que hasta hace unas horas era un almacén de Amazon. Seis cuerpos yacen entre los restos. Eran trabajadores del almacén. Uno de ellos es el de Larry Virden. 46 años. Cuatro hijos. En su teléfono, uno de los últimos mensajes que pudo enviar es a su pareja, Cherie Jones, que es quien lo ha hecho público: “Amazon no nos deja irnos”.

Los peores tornados en la historia de Kentucky nos dejan otra espantosa postal turbocapitalista. A los empleados de una fábrica de velas en Mayfield también les pilló el tornado trabajando para la campaña de ese ritual –primero pagano, luego católico, ahora consumista– que llamamos navidad. Son ocho las personas fallecidas allí. 74 de momento en todo el estado. Hay varias personas sin localizar.

Mientras caía el telón, me dio por pensar en la Gran Dimisión, y en que ojalá hubiera mecanismos de redistribución de la riqueza para que fuese aún más grande. Pero, claro, más que desearlo habría que exigirlo. Imponerlo.

Segundo acto

Al abrirse nuevamente el telón, aparece, visiblemente afectado, el gobernador del estado de Kentucky, el demócrata Andy Beshear, que declara: “Me gustaría entender por qué nos ha afectado tanto la pandemia, la histórica tormenta de hielo, las inundaciones y ahora el peor tornado de nuestra historia todo en un lapso de 19 meses”.

Quizá el gobernador, abrumado, no puede o no quiere recordar que en esos mismos 19 meses se han batido los récords de temperatura del Ártico (38°), Europa (48,8°), Canadá (casi 50°) y tantos otros lugares. Que los últimos siete años son los más calientes de la historia conocida. Que por primera vez desde que hay registros, llovió, en lugar de nevar, en la cima del manto de hielo de Groenlandia, y que eso es a todas luces una señal clara de muy malos augurios, un punto de no retorno para la isla más grande del mundo. Que recientemente han saltado todas las alarmas en la Antártida también. Que el Amazonas, antiguo santuario de la vida, emite ya más carbono del que puede absorber. Que crecen los incendios, inundaciones, olas de frío y calor, tornados hasta en lugares tan poco habituales como el Mediterráneo, en definitiva, que los hijos del caos climático cuyo padre es el turbocapitalismo, cada vez vienen más a visitarnos. Y que cada vez su potencia es y será mayor. Y aunque él, quizá debido a la tensión del momento no quiera recordarlo, no quiera entender, nosotros haríamos bien en hacerlo. Y en decirlo. Gritarlo a los cuatro endiablados vientos: la estabilidad climática se está acabando. Cuanto más tiempo dejemos pasar sin actuar con determinación, peor será el final de esta historia.

Tercer acto

Al alzarse por última vez el telón vemos a un hombre inquieto. Masculla algo ininteligible, cabizbajo. Se encuentra en su mansión, o en uno de sus yates, o en el interior de uno de sus cohetes. Qué más da. Desde allí, tras un largo silencio por el que ha sido muy criticado, lanza una orden para que su gabinete de comunicación publique un tuit, que será doble. En él reza: “Las noticias de Edwardsville son trágicas. Tenemos el corazón roto por la pérdida de nuestros compañeros de equipo allí, y nuestros pensamientos y oraciones están con sus familias y seres queridos.”

“Todos los habitantes de Edwardsville deben saber que el equipo de Amazon se ha comprometido a apoyarles y estará a su lado durante esta crisis. Extendemos nuestra más profunda gratitud a todos los increíbles miembros del equipo de primeros auxilios que han trabajado incansablemente en el lugar”.

Tira el móvil. Está visiblemente cabreado. Unas horas antes le dio por publicar en su cuenta de Instagram una foto con personal de otra de sus empresas, la dedicada a los vuelos espaciales, al turismo para ricos. Y por eso está siendo juzgado en el tribunal en que se convierte en ocasiones la red. Ese ignorar a los muertos, a aquellos que ya son tierra y cenizas, mientras juega a escapar de la Tierra con sus sueños megalómanos, no podía sentar bien.

Casi todos somos víctimas de un cierto tipo de negacionismo blando. Aquel que nos permite seguir sin inmutarnos mientras el sistema se dirige hacia el precipicio

Y sí, es megalomanía, no simplemente negocio. Estamos hablando del hombre que tiene construido un reloj de 42 millones de dólares para que funcione 10.000 años sin que nadie intervenga. “El reloj durará más que nuestra civilización”, declaró una vez. Estamos hablando del hombre que con un solo vuelo de su empresa, de once minutos, emite tanto como una de las mil millones de personas más pobres durante toda su vida.

No lo queremos reconocer, pero casi todos somos víctimas de un cierto tipo de negacionismo blando. Aquel que nos permite seguir prácticamente sin inmutarnos mientras el sistema se dirige cada vez a mayor velocidad hacia el precipicio. Seguimos con la inercia de nuestras vidas sin percibir que esa misma inercia, aparentemente salvadora para nuestra vida individual, es la que nos va a condenar como colectivo. Por eso necesitamos un punto de ruptura. Un lugar, tal vez un suceso, desde el que poder decir: hasta aquí. Al menos un discurso disruptivo y valiente parece estar ganando fuerza y espacio. Aunque falta recorrido hasta que sea tan evidente que por fin se traduzca en avances concretos. El problema es que quizá falte, pero no hay tiempo.

O paramos pronto el ritmo de ese Moloch que es el sistema actual o vamos a exponernos a sufrimientos incalculables. Y para parar bien, también habría que redistribuir mejor. Detener el turbocapitalismo de gigantes como Bezos, o el flamante hombre del año para la revista Time, Musk –una civilización enferma solo puede encumbrar a sujetos perversos–, para evitar tener cada vez más sucesos y malas noticias, para evitar vivir historias con finales tan tristes e injustos como el de Larry Virden. 

Por Juan Bordera 15/12/2021

Publicado enMedio Ambiente
Alicia Valero, responsable del grupo de ecología industrial del Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos, alerta sobre la dependencia de minerales raros. Pablo Ibáñez

Directora del grupo de Ecología Industrial del Instituto CIRCE y autora de más de cien publicaciones académicas, Alicia Valero profundiza en lo que hay detrás de la actual crisis de suministro de materias primas y componentes: la escasez de minerales.

 

El trabajo de Antonio Valero y Alicia Valero, padre e hija, ingenieros termodinámicos de la Universidad de Zaragoza, es fundamental para comprender los límites físicos y geológicos del planeta Tierra. En 2014 publicaron en inglés un monumental ensayo sobre el agotamiento de los recursos minerales ante un sistema económico basado en el crecimiento exponencial. Recientemente y con formato de entrevista publicaron Thanatia, los límites minerales del planeta (2020, Icaria), donde explican de forma didáctica y sin tecnicismos qué ocurre cuando choca el consumismo ilimitado del capitalismo con un planeta con recursos limitados. 

La crisis de las materias primas y de los componentes básicos para la industria tecnológica que experimenta la economía global desde finales del pasado año puso de actualidad este libro y el trabajo de los Valero, que ya hace años venían advirtiendo de la previsible escasez de todo lo que se necesita para la industria tecnológica y la llamada revolución verde. Como asesora de grandes empresas, como Seat, y directora del grupo de Ecología Industrial en el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (Circe), Alicia Valero es una voz imprescindible para acercarse a un problema —la escasez de recursos— que hace poco era meramente teórico. Para esta profesora, la falta de materias primas ya no es una teoría o una posibilidad futura, es una realidad tangible que solo puede ir a más si no se cambian de raíz los hábitos de consumo.

Parece que antes hablar de escasez de materiales parecía tabú. ¿Esto ha cambiado?
Yo creo que sí, ahora la gente lo está viviendo en primera persona. Hasta los sectores más conservadores ya están admitiendo que aquí puede haber un problema grave por desabastecimiento.

¿Cuánto tiene de coyuntural y cuánto de estructural esta crisis de desabastecimiento?
Es una crisis estructural, aunque obviamente agravada por la pandemia, que sí ha sido coyuntural. Esperamos que los efectos del coronavirus vayan remitiendo y los parones debidos a la pandemia cada vez sean menos o incluso ninguno, y eso favorecerá que las fábricas vuelvan más o menos a la normalidad. Dicho esto, todo esto tiene un factor común, que es que la demanda se ha disparado de forma exponencial. Las fábricas no dan abasto para abastecer tantísima demanda, sobre todo de aparatos eléctricos y electrónicos, que requieren de una especialización de fábricas y de personas, que están basados en unos elementos que son escasos y que, además, están controlados por pocos países. 

Nos estamos topando con los límites de las fábricas. Pero si tú extrapolas esto a la gran fábrica que es la naturaleza, tarde o temprano también toparemos con sus límites. Y si seguimos con este consumo exponencial esos límites están muy cerca. Fíjate, en estos 20 años de siglo XXI hemos extraído tanto cobre como en toda la historia de la humanidad. Estamos cerca de alcanzar los límites geológicos del planeta. Y no digo que agotemos todos los recursos, sino que agotemos los recursos accesibles, que son dos cosas distintas.

¿Ya estamos en ese proceso que algunos llaman colapso o gran escasez o esto es solo una ventana hacia lo que puede pasar en un futuro próximo?
Creo que es el principio. Es una ventana, pero es que ya vemos el precipicio, ya estamos viendo esas señales inequívocas de que pronto los problemas de escasez serán el pan nuestro de cada día. 

Hace poco el discurso sobre la crisis climática era sobre todo teórico y recién ahora se empieza a ver cómo alguna de esas advertencias se convierten en realidad. ¿Está pasando lo mismo con la escasez de materias primas? 
Sí, está pasando lo mismo. Se habla del cambio climático, se habla de la escasez de materias primas, se habla de la pérdida de biodiversidad... es que está todo relacionado. Precisamente, tenemos un problema de cambio climático por una sobreexplotación de recursos fósiles y si hoy hay escasez de petróleo es porque lo hemos consumido de forma exagerada y esto ha provocado, a su vez, los problemas que tenemos hoy de cambio climático. La red natural es tan compleja que tú no puedes actuar sobre una vertiente y olvidarte de las demás. Tenemos una complejidad natural enorme, que hace que haya que actuar en múltiples frentes y cada vez que damos un pasito hay que cuestionarse cuáles son las consecuencias sobre la naturaleza, sobre la sociedad, sobre la economía, y no vale mirar solo la economía.

¿Las materias primas que tienen problemas de abastecimiento son las que tienen las reservas más escasas?
En parte sí. De hecho, hicimos estudios en 2018 y analizamos qué materiales podían presentar cuellos de botella y resulta que coinciden con aquellas materias primas que son necesarias para la electrónica, para las baterías, sobre todo de coches eléctricos —hablamos del litio, del cobalto, del manganeso, del níquel—, y para muchas renovables, como por ejemplo la fotovoltaica. 

¿El problema con estos minerales es que no hay reservas, que la extracción no es rentable o que está muy concentrada la producción?
Hay varios problemas. El primero es que como la demanda está creciendo tan rápidamente no hay reservas suficientes en los yacimientos que hoy en día son explotables. Por supuesto que se van a encontrar nuevos yacimientos en el futuro, pero en abrir un nuevo yacimiento tardas en torno a 15 o 16 años de media. Aquí va a haber un desacople muy importante entre la oferta y la demanda. Además, hasta ahora hemos extraído los low hanging fruits [frutos al alcance de la mano], lo que es fácilmente extraíble y ahora se habla de ir hacia los océanos, la Amazonía, la Antártida, pero ¿a qué coste? ¿Estamos dispuestos a sacrificar nuestras reservas naturales? 

Por otro lado, las reservas de litio, por ejemplo, están concentradas en Australia y en zonas de Latinoamérica, en el triángulo del litio. Y luego ese litio —y todas esas materias primas y las tierras raras— las controla China para refinarlas... El cobalto se concentra en el Congo, con todos los problemas sociales, políticos, de inestabilidad, de trabajo infantil en condiciones deplorables... Todo eso implica que los gobiernos como los de la UE dicen que hay que extraer en el propio territorio para evitar esa dependencia. Pero casi nadie está dispuesto a tener una mina o una fábrica cerca por todos los impactos que tiene y hasta ahora producir en el exterior había sido más barato y, además, la contaminación se la llevaban otros países. Tenemos distintos frenos y distintas barreras que son físicas, pero también sociales y ambientales, que hacen que vayamos a tener escasez de varios tipos.

Hay algunas señales que indican que esta crisis ha llegado a su pico. ¿Cuánto crees que puede durar todavía esta crisis de materias primas?
Poco a poco se irá normalizando, pero no vamos a volver a lo de antes. El modelo de just in time, de que yo lo solicito y mañana lo tengo, creo se va a terminar. Vamos a tener que replantearnos el modelo de economía que estamos llevando, porque al ritmo de consumo y desecho de productos que utilizamos está claro que esto es insostenible y estallará por alguna parte. O lo hacemos a las buenas o al final los límites físicos nos impondrán recular a las malas. 

Ante el agotamiento de los combustibles fósiles, la gran esperanza está puesta en las renovables. ¿Qué problemas encuentra la revolución verde?
Es importantísimo que se lleve a cabo esta revolución verde, no podemos seguir quemando combustibles fósiles. Ahora bien, lo que no podemos hacer es seguir creciendo en consumo energético y sustituir los fósiles por energías renovables. Primero porque no hay suficientes materias primas para hacer esto. Si seguimos por esta senda, en seguida veremos que no hay suficiente cobalto, que no hay suficiente litio, que no hay suficiente teluro, y así sucesivamente. Así que pintar de verde la economía actual va a ser imposible. Y además las renovables tienen problemas de desestabilización de la red y hay que construir en paralelo sistemas de estabilización de red. Las renovables necesitan un aporte del gas natural para evitar picos de tensión y apagones como se está diciendo en el centro de Europa… Otro problema es quién va a poner el terreno para las hectáreas y hectáreas de fotovoltaicas y eólicas que se necesitan. Porque la superficie que necesita una energía renovable en comparación con un sistema equivalente en potencia de una central de ciclo combinado o una nuclear es muy superior. Aquí nos toparemos con bloqueos como los que hemos visto con pueblos enteros que se niegan a tener huertos solares o eólicos. No se puede pintar la economía de verde, hay que decrecer. Los materiales que se emplean tienen que diseñarse para que se puedan reutilizar.

Has trabajado en contacto con la industria. ¿Cuáles son los principales problemas que está teniendo la industria española en relación a esta falta de materiales y esta crisis energética?
Los problemas son gravísimos, estamos viendo cómo están cerrando las fábricas y están no solo haciendo ERTE sino cerrando completamente, como está ocurriendo con la industria de los fertilizantes. Esto es muy grave: podemos vivir sin coches, pero no sin alimentos. Que la industria de fertilizantes tenga que cerrar y no pueda producir esos fertilizantes que son necesarios para el campo es algo inédito y gravísimo, y aquí se ve la enorme dependencia que tenemos de los combustibles fósiles. Hay que sustituirlos lo antes posible.

Hay una crítica extendida de que este tipo de discursos sobre la escasez está creando alarmismo y esto puede favorecer la desmovilización o a la extrema derecha.
Es cierto que a veces tienes que moderar un poco el lenguaje para no crear el efecto contrario, es decir, el sálvese quien pueda, y yo soy consciente de que algunos de nuestros análisis incitan a eso. “Buah, si estamos tan mal que se salve quien pueda, vamos a consumir lo máximo posible” y algunos se van a aprovechar de este asunto. Pero si no se conoce la realidad, si seguimos con los ojos vendados sobre lo que está ocurriendo, que es gravísimo, difícilmente vamos a poder actuar. Es importante que la gente conozca dónde estamos y que las políticas que se están llevando hasta ahora son equivocadas. Al menos, que las decisiones sean lo más informadas posibles para tratar de encarrilar el planeta hacia la sostenibilidad.

Por Martín Cúneo

@MartinCuneo78

12 dic 2021 06:06

 

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Quiénes son responsables de las crisis climáticas

Global Carbon Project acaba de publicar un informe sobre la contribución que cada país ha hecho a la producción de emisiones de CO2 en el mundo desde hace 170 años, una de las mayores causas de la crisis climática que padece hoy el mundo. El trabajo, que se dio a conocer en el New York Times el 13 de noviembre último, muestra claramente que una minoría muy reducida de la población mundial -un 12% que vive en 23 países, la mayoría de los cuales están a los dos lados del Atlántico Norte- ha producido la mitad de todas las emisiones de CO2 en el mundo. Estados Unidos ha producido un 24% del total, seguido por Alemania (5,5%), Gran Bretaña (4,4%), Francia (2,3%), Italia (1,5%), España (casi el 1%)… Y Japón ha producido un 3,9% y Australia un 1,1%.

La otra mitad de CO2 emitida desde hace 170 años la han producido países (150) hoy de renta media o baja (terminología que  utiliza el informe), en los que vive la gran mayoría de la población mundial. Entre ellos destaca China, que ha producido durante tal período el 13,9% de todas las emisiones seguida de Rusia (6,8%), India (3,2%), Sudáfrica (1,3%), México (1,2%), Irán (1,1%), Corea del Sur (1,1%), Brasil (1%), y así una larga lista de países.

Una minoría ha sido la mayor causante de producción de CO2

De tales datos se deriva que un número reducido de países (Estados Unidos y Europa, predominantemente la Europa Occidental), donde vive una minoría de la población mundial, ha estado emitiendo gran cantidad de CO2 en la atmósfera causante de la crisis climática de hoy, que se ha ido generando a lo largo de todo este largo periodo, siendo Estados Unidos el mayor emisor global.

El segundo dato de gran interés de este trabajo es la evolución de tales emisiones durante aquel periodo. Un análisis de tal evolución muestra que ha sido primordialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial cuando aumentó la emisión de CO2 de una manera rápida y sustancial por parte de países, no solo ricos, sino también de los países considerados hoy de renta media y pobre. Entre estos últimos, destaca China, que es hoy el país mayor emisor de CO2, seguido de la India (aunque Estados Unidos continúa siendo uno de los países con mayor producción). Tal crecimiento en los países de renta baja, siguiendo el modelo de desarrollo industrial que caracterizó a los países ricos de hoy, contribuyó de una manera muy marcada al aumento de producción de CO2 a nivel mundial. La enorme crisis climática de hoy, que amenaza lo que se considera "la supervivencia humana", se basa en esa realidad. De continuar esta vía, los años de sobrevivencia están contados. De ahí que se haya extendido en amplios sectores conservadores y liberales la percepción de que la causa de la crisis climática es el deseo de los países pobres de alcanzar el nivel de desarrollo de los países ricos, siguiendo su ejemplo. El eslogan "a mayor riqueza, mayor producción de CO2" parece ser la explicación de las raíces del problema climático.

¿Hay otra manera de salir de la pobreza?

De ahí deriva el pánico que comienza a extenderse entre sectores de opinión importantes en países ricos, el deseo de romper con la pobreza de la mayoría de la población mundial puede significar el fin de la humanidad, incluyendo de los países ricos. Raramente esta percepción se presenta con tal crudeza, pero con mayor sutileza este mensaje se ha promovido por algunos voceros de los estamentos conservadores en los países ricos en la reunión de Glasgow. El error de tal postura es que asume que hay solo una manera para dejar de ser pobre, cuando hay evidencias de que no es así. Y este es uno de los temas más importantes que existen hoy en día y del cual apenas se habla en los mayores medios de comunicación. Constantemente se debate acerca de las distintas fuentes de energía existentes que son nocivas a la supervivencia de la humanidad. Pero como siempre ocurre, se intenta centrar el debate en formas de energía (como si fuera un problema técnico) sin tocar el tema clave: es el contexto político lo que determina que un tipo de energía u otro sea el que acabe empleándose. La despolitización de lo que es fundamentalmente político es característico del discurso internacional sobre la causa y solución de la crisis climática.

El modelo liberal de desarrollo (y los que lo apoyan y llevan a cabo) es responsable de la aceleración de la crisis climática

Existe amplia evidencia que el modelo liberal, que ha dominado la actividad económica en gran parte del mundo, y que ha causado el enorme crecimiento de las desigualdades entre países y dentro de cada país, con gran concentración de la riqueza y de la propiedad de los medios de producción y distribución ha sido una de las mayores causas de las consecuencias negativas del crecimiento económico y del rápido deterioro de la situación climática del mundo.

Y es precisamente en el país donde este modelo ha tenido mayor desarrollo, Estados Unidos, dónde hoy hay mayor cuestionamiento de su permanencia. Esta realidad muestra el gran error de aquellos autores, promotores de tal modelo liberal como Fukuyama , que consideraron que la victoria de Estados Unidos en La Guerra Fría (Cold War) determinaba ya la continuidad de tal modelo para siempre, habiendo supuestamente probado su superioridad sobre cualquier otro modelo poniendo así fin a la historia (el título de su libro) pues el objetivo se había ya conseguido. Era el único posible. Pero la realidad ha mostrado que hay muchos otros modelos y que el liberal hoy está siendo cuestionado incluso donde estaba mas fuerte, EEUU. El presidente de tal país está intentando recuperar de nuevo el New Deal del Presidente Roosvelt, con una gran inversión pública en las áreas ambientales y climáticas (el Green New Deal) y en las áreas sociales (el Social New Deal), favoreciendo el empoderamiento de las clases populares y muy en particular de la clase trabajadora, reforzando a los sindicatos. Predeciblemente, grandes sectores de la patronal de las empresas energéticas no renovables (petróleo, gas y carbón) así como de empresas en áreas sociales, como la industria farmacéutica (que se opone a la regulación publica del precio de los fármacos y acceso a las vacunas y medicamentos necesarios para controlar la pandemia, y muy en particular, en países de renta baja eliminando sus patentes) además empresas financieras gestoras de compañías de seguros sanitarios afectados por las reformas propuestas por la administración Biden, entre muchos otros poderes fácticos a los cuales hay que añadir la oposición de las personas que ingresan más de US$ 400,000 al año al aumento de sus impuestos así como el incremento de impuestos de sociedades de las grandes empresas transnacionales están hoy movilizándose con gran hostilidad hacia las autoridades federales para parar tales cambios. Tal oposición que aparece también dentro del sectores importantes del Partido Demócrata, sobre todo del Senado, muy influenciado por tales grupos de poder que se resisten a debilitar al modelo liberal.

La urgencia y la importancia de cambiar el modelo económico dando mayor importancia al sector público y al bien común

Hoy a nivel mundial el problema climático, al cual hay que añadir la gran crisis social acentuada por la pandemia, requiere un cambio radical del quehacer económico, con la activa participación de las autoridades públicas que deben ponerse al servicio de las necesidades de la mayoría de las poblaciones a fin de anteponer el bien común sobre los intereses de acumulación de rentas y propiedad que ha alcanzado un nivel obsceno además de ser injusto y sumamente ineficaz e ineficiente. Como bien indicaba Mariana Mazzucato, a raíz de la reunión de Glasgow "The right institutions for the climate transition" Social Policy (noviembre 22, 2021) es imposible que el deterioro de la situación climática del mundo se pueda alcanzar sin un cambio muy profundo del rol de las autoridades públicas en priorizar el bien común aplicando políticas públicas claramente intervencionistas para revertir el deterioro que está ocurriendo en el bienestar de las clases populares relacionando el tema social con el tema climático y viceversa. Esta relación es esencial para conseguir la movilización de la ciudadanía para presionar por las políticas de cambio, lo cual está ya ocurriendo en varios países.

Decía recientemente Thomas Piketty, que hay en muchas partes del mundo situaciones semejantes a la que existía en Francia antes de que ocurriera la Revolución Francesa, cuando aparecieron unos movimientos de protesta inesperados frente al excesivo poder de la nobleza. Hoy la nobleza son las grandes empresas energéticas contaminantes, las empresas agrícolas que destruyen instrumentos de protección, las empresas financieras que especulan absorbiendo recursos que deberían tener objetivos sociales,  las empresas farmacéuticas que impiden el acceso a las vacunas y muchas otras que están afectando el acceso a los recursos y que ejercen una enorme influencia sobre los Estados y sobre los organismos internacionales. Y es ahí donde las movilizaciones en contra de los que se oponen al cambio están creando una dinámica que también cuestiona la distribución de poder dentro de los Estados,  pero para que ello ocurra es muy importante que el Green New Deal esté diseñado no solo para lo que se define como "salvar la humanidad", sino también para mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población y no solo para volver a la llamada normalidad, que significa la continuación de un modelo económico liberal  que perpetúe las enormes injusticias y desigualdades que tal modelo ha causado. La evidencia de ello es clara y contundente.

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La imagen fue captada en la playa del atolón Midway en las islas del noroeste de Hawái. Foto Ap

El reciclaje es insuficiente para resolver el problema, señala la Academia Nacional de Ciencias de ese país

 

Estados Unidos necesita repensar y reducir la forma en que genera plásticos porque gran parte del material está ensuciando los océanos y otras aguas, aseguró la Academia Nacional de Ciencias en un nuevo informe.

Ese país, principal productor mundial de desechos plásticos, genera más de 46 millones de toneladas al año, y alrededor de un millón de toneladas termina en los océanos, según el documento.

Si el ritmo del aumento actual de la contaminación por plásticos continúa, para 2030 colocará 58.4 millones de toneladas en los océanos cada año, o alrededor de la mitad del peso del pescado capturado en los mares, agrega.

El reciclaje y la eliminación adecuada por sí solos no son suficientes y no pueden manejar el problema, por lo que "Estados Unidos debería reducir sustancialmente la generación de desechos sólidos (absoluta y por persona) para disminuir los plásticos en el medio ambiente", señala el texto del organismo independiente, creado por el presidente Abraham Lincoln para asesorar al gobierno federal sobre grandes temas de investigación.

El problema de los plásticos no se puede resolver a menos que el país los fabrique menos, los diseñe de manera diferente, los controle mejor y limpie más desechos, y "por eso nuestra recomendación número uno es reducir la generación de desechos sólidos", explicó la líder del informe, Margaret Spring, directora científica y de conservación del Acuario de la Bahía de Monterey.

"Sugerimos que una forma de reducir esos desechos sería hacer menos plástico", agregó la oceanógrafa Kara Lavender Law, coautora del informe que ha realizado numerosos estudios sobre esos desechos. "El reciclaje no puede gestionar la gran mayoría de los residuos plásticos que generamos".

El panel proporcionó un menú de posibles formas de solucionar el problema, comenzando con "objetivos y estrategias nacionales para limitar o reducir la producción de plástico virgen", que parte de materia prima que no se ha utilizado, es decir, material no reciclado.

El problema, según el informe, es que "los precios de los plásticos vírgenes son artificialmente bajos debido a los subsidios a los combustibles fósiles, por lo que su producción es más rentable", y su fabricación en Estados Unidos sigue aumentando.

"Más de 90 por ciento de los plásticos están hechos de materias primas fósiles vírgenes, que utilizan alrededor de 6 por ciento del consumo mundial de petróleo", señala el informe. Esto hace que el plástico virgen sea un problema climático, así como uno de contaminación, sostuvo Jenna Jambeck, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Georgia, que se enfoca en los problemas de desechos .

Si bien el reciclaje "es técnicamente posible para algunos plásticos, se reciclan pocos de ellos en los Estados Unidos", destaca el informe. Añade que los materiales para cambiar la dureza o el color los hacen demasiado complejos para reutilizarlos a bajo costo, en comparación con la fabricación de nuevos plásticos vírgenes.

"Una de las principales barreras para el reciclaje es la economía del plástico virgen y el subsidio de la industria de los combustibles fósiles", precisó Spring.

El Consejo Estadunidense de Química, que representa a los fabricantes de plásticos, elogió la mayor parte del informe de la academia, pero criticó la idea de limitar la producción.

El tema es importante porque los plásticos causan "impactos devastadores en la salud de los océanos y la vida silvestre marina", resaltó el informe.

Los peces, los mamíferos y las aves marinas se enredan en los plásticos o se los comen, se enferman y mueren con frecuencia. Al analizar cientos de estudios, el estudio halló que de 914 especies marinas examinadas, 701 tenían problemas para ingerir el material y 354 de ellas se enredaron.

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La transición energética y la guerra por los recursos del Sur Global

La transición energética en el Norte se hace, hasta ahora, a expensas de los indígenas y la naturaleza en el Sur global. La población local no se beneficia de las ganancias materiales generadas por la explotación de materias primas y está mayormente desprotegida ante sus negativas consecuencias sociales, económicas y ecológicas.

Mediante el uso de energías renovables y la electromovilidad, Alemania quiere hacer una contribución sustancial para lograr la neutralidad climática. La mayoría de los demás países de la Unión Europea, así como Estados Unidos y Canadá, también están siguiendo estrategias similares. En medio de toda la urgencia y el entusiasmo, rápidamente pasa a un segundo plano el hecho de que la transición energética requiere de grandes cantidades de metales y minerales como el litio, el cobre o las tierras raras.

Según cálculos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para 2021, el consumo de minerales y menas se multiplicará si se pretende alcanzar los objetivos fijados en el Acuerdo de París: un automóvil eléctrico promedio necesita seis veces más minerales que un automóvil con motor de combustión; una planta de energía eólica necesita, en comparación con una planta de energía a gas de rendimiento similar, nueve veces más minerales. Debido a la electromovilidad se calcula que la demanda de litio aumentará 40 veces para el año 2040; el uso de cobre, especialmente para cables eléctricos, se duplicará. Y la generación de energías renovables a partir de las energías eólica y solar hará que el uso de minerales se triplique. Los recursos actualmente explotados o las minas actualmente planificadas cubren solo 50% del litio y 80% del cobre requeridos. La transición energética a la que se aspira no será posible sin explotar nuevos recursos minerales.

La mayoría de los minerales y metales utilizados en Alemania y el resto de Europa provienen de América Latina. La región atrae en la actualidad las mayores inversiones en minería a escala mundial, ya que posee grandes yacimientos metalíferos, que son de especial importancia para la transición energética y la electromovilidad. En la actualidad se están explotando particularmente los yacimientos en el llamado «triángulo del litio», que comprende parte de Bolivia, Chile y Argentina y donde se estima que se encuentra 55% de las reservas mundiales de este metal. El litio se encuentra allí en lagos salados a una altitud de más de 5.000 metros, en ecosistemas únicos. Los tres países esperan superar la crisis económica agravada por la pandemia de coronavirus con el aumento de los ingresos provenientes de la extracción de este mineral. Sin embargo, la creciente explotación de los yacimientos de materias primas también conlleva el riesgo de conflictos sociales y daños ambientales considerables.

La extracción en el triángulo del litio supone, según los estudios actuales, impactos ambientales muy negativos. Además de la disminución del nivel de las aguas subterráneas debida a la alta demanda de agua, un particular problema es el arremolinamiento del viento sobre los residuos secos de productos químicos utilizados. Ambos fenómenos ponen en peligro tanto el medio ambiente como el sustento de las poblaciones a menudo indígenas que habitan el triángulo y viven principalmente de la agricultura. Si bien hay legislación ambiental en todos los países, su cumplimiento a menudo fracasa debido a la debilidad de las instituciones estatales y al gran interés de los gobiernos en la explotación de materias primas. Hacen grandes concesiones a las empresas mineras, en su mayoría extranjeras. Además, los mecanismos de participación para las consultas con los grupos indígenas suelen aplicarse de manera deficiente, si bien la mayoría de los países han ratificado acuerdos internacionales relevantes como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. En muchos países de América Latina, la falta de participación de los pobladores locales afectados es el punto de partida de enérgicas protestas e incluso violentos desmanes.

En general, la población local no se beneficia de las ganancias materiales generadas por la explotación de materias primas y está mayormente desprotegida ante sus negativas consecuencias sociales, económicas y ecológicas. Durante la fase de construcción de las minas se contrata a trabajadores locales, pero la explotación posterior queda en manos de trabajadores altamente calificados provenientes de otras regiones. La explotación en regiones por lo general remotas pone en peligro la forma de vida tradicional de los habitantes locales debido a la afluencia de proveedores de servicios de otras partes del país y el aumento de precios que tal afluencia conlleva.

Por lo tanto, existe el riesgo de que la necesaria reforma del sector energético en el Norte global contribuya a la ampliación de las desigualdades neocoloniales en el Sur global y amenace allí la sostenibilidad ecológica y social. Son precisamente los grupos poblacionales que menos contribuyen a la crisis climática los que más podrían sufrir las consecuencias del cambio económico. Por lo tanto, todos los involucrados deben colaborar para limitar todo lo que se pueda los efectos negativos y lograr beneficios para la sociedad en su conjunto.

Para ello, en los países donde se extraen recursos debe cumplirse con las normativas medioambientales vigentes. Con el fin de garantizar una amplia participación de la población local, por ejemplo, los estudios de impacto ambiental que preceden a cada nuevo proyecto minero deben ser elaborados objetivamente y puestos antes a disposición de la población, si fuera necesario, en los idiomas locales. Las decisiones, por ejemplo, sobre la aprobación de proyectos o las condiciones de producción no deben ser tomadas solo por la administración local o los inversores, sino que también deben ser discutidas con los afectados. El cumplimiento de las regulaciones ambientales, las eventuales indemnizaciones para la población local o los pagos compensatorios deben ser tenidos en cuenta en los costos totales de tales proyectos desde el principio.

En el comercio internacional de materias primas, los certificados que garantizan una extracción de materias primas respetuosa del medio ambiente y socialmente equilibrada tienen que desempeñar un papel más importante. Deben tenerse en cuenta las normas laborales internacionales, como las referidas a la salud y la seguridad en el trabajo, y la prohibición del trabajo infantil. Otros acuerdos y convenciones internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas, que, por ejemplo, establecen el derecho a un medio ambiente limpio, o el Acuerdo de Escazú sobre acceso a la información, participación política y acceso a la justicia en materia ambiental en América Latina y el Caribe, deberían ser parte de los acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales. Además, la Ley de Cadenas de Suministro que ya se ha aprobado en Alemania –y que todavía se está debatiendo en la Unión Europea– puede dar un nuevo impulso.

Los consumidores también juegan un papel importante: a través de sus decisiones de compra, por ejemplo, de automóviles nuevos y dispositivos tecnológicos, o mediante el consumo individual de energía. Sin embargo, son los países donde se refinan las materias primas los que deben estar en la primera línea de obligaciones a cumplir. El reciclaje y los ciclos cerrados de materias primas deberán cobrar importancia en las próximas décadas ante la escasez de ellas y los impactos climáticos asociados a su extracción. Solo de esta forma podrá evitarse que la protección del clima en los países industrializados occidentales se lleve a cabo a costa de grupos y ecosistemas desfavorecidos en América Latina y otras partes del mundo.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente: IPG

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Abejas que son expuestas a químicos sufren efectos en varias generaciones

Clara Stuligross y Neal M. Williams, investigadores de la Universidad de California, hallaron que las abejas expuestas a una sola dosis de pesticida pueden requerir generaciones para recuperarse.

Según reveló su investigación, los productos químicos pueden producir efectos de arrastre que influyen en la reproducción y la dinámica de la población a lo largo del tiempo.

Los expertos afirmaron: “La disminución global de insectos es profundamente preocupante, en especial para grupos como las abejas, que brindan servicios importantes a la humanidad.

"La exposición a pesticidas, tanto en forma directa a las abejas forrajeras como a través de los efectos de arrastre de una pasada, redujo drásticamente su reproducción en 20 por ciento, exacerbando el impacto negativo en las tasas de crecimiento de la población."

Esto indica que pueden requerir múltiples generaciones para recuperarse de una sola exposición a pesticidas, publicó The Independent.

"Al igual que los humanos, las abejas no enfrentan un solo estrés o amenaza", señaló la autora principal, Clara Stuligross, candidata a doctora en ecología.

"Comprender cómo interactúan múltiples factores estresantes es importante, en especial para las poblaciones de abejas en los sistemas agrícolas, donde las silvestres están expuestas a pesticidas y los alimentos pueden ser escasos", sostuvo.

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