María Ressa, Justo después de ganar el premio Nobel de la Paz 2021. Mark R. Cristino. EPA/EFE

La célebre periodista filipina, azote del régimen de Rodrigo Duterte —el llamado 'Trump asiático'—, brinda una lección de humildad en una larga entrevista en la que sostiene que ser periodista hoy requiere mucho valor y mucha empatía.

La co-ganadora del Premio Nobel de la Paz de 2021—la única mujer en esta edición— tiene una voz clara y amable. Maria Ressa (Manila, 1963), abrumada por la repercusión de su premio, busca un hueco en su imposible agenda para hablar sobre la importancia de un periodismo libre y valiente. Para ella, "el trabajo de ser periodista, de decir la verdad al poder, de exigir responsabilidades, se ha vuelto no sólo más difícil, sino mucho más peligroso".

El Nobel es el último de una interminable lista de galardones internacionales para esta periodista, de aspecto frágil y sonrisa generosa, que estudió biología molecular en la Universidad de Princeton en los años 80. Su incansable labor de denuncia de las violaciones de derechos humanos, tanto en Filipinas como en gran parte de Asia, la ha convertido en el azote del Gobierno de Rodrigo Duterte (el llamado 'Trump filipino'), un régimen cuasi dictatorial en el que cualquiera puede ser acusado de terrorismo si protesta contra el Gobierno bajo el paraguas de la sangrienta 'guerra contra las drogas'.

La periodista tiene abiertos seis procesos judiciales contra ella simplemente por hacer su trabajo — "mi libertad está en juego", afirma tranquila, "podría ir a la cárcel el resto de mi vida"— y, de momento, no puede salir de su país, cuyo Gobierno ha sido acusado por crímenes de lesa humanidad ante la corte penal internacional de La Haya; la ONU tiene comprobados al menos 248 asesinatos de defensores de derechos humanos, juristas, sindicalistas y periodistas.

En una larga conversación con Público a través de videollamada, Ressa habla en primer lugar de las redes sociales como un instrumento de dominación y represión por la cantidad de datos a los que los gobiernos pueden acceder, y por su poder para distribuir información sesgada basada en sus propios algoritmos. También por el ciberacoso —que ella misma sufre— que termina degenerando en violencia física.

Además, son un campo abonado para la desinformación; para una periodista como Ressa, para quien los hechos son sagrados, no hay otra formula contra la desinformación que seguir haciendo periodismo. En uno de sus libros más conocidos, 'From Bin Laden to Facebook' (2012), hace una década Ressa ya relacionaba el auge del terrorismo internacional con la difusión (intoxicación) de los mensajes a través de las redes sociales.

También cuenta por qué tuvo que fundar su propio medio, Rappler, un bastión de independencia informativa frente a los grandes poderes económicos y políticos. El propio Duterte ha llegado a calificar a ese influyente medio de "sucursal de noticias falsas". Convertida en un símbolo de libertad de expresión y defensa de los débiles frente a las atrocidades de los gobiernos y las multinacionales, ella se ve a sí misma, por encima de todo, como una periodista más.

¿Qué significa para usted haber ganado el Nobel de la Paz?

Creo que es un reconocimiento apropiado para el tiempo en que vivimos. La última vez que un periodista ganó esto fue hace 85, 86 años, y languideció en un campo de concentración nazi. Creo que hay una señal. Hay algo que está mal. Hoy en día, el trabajo de ser periodista, de decir la verdad al poder, de exigir responsabilidades, se ha vuelto no sólo más difícil, sino mucho más peligroso. Yo misma podría ir a la cárcel por el resto de mi vida. Cuando era una joven periodista, jamás pensé que llegaría a esto.

Llevo haciendo periodismo 35 años, y es impactante mirar hacia atrás y recordar lo que por lo que hemos tenido que pasar en los últimos cinco años. Pero es que la cita de Nietzsche siempre es verdad: lo que no te mata te hace más fuerte. Creo que eso es lo que exigen estos tiempos. Y por eso creo que el Nobel es una inyección tremenda de energía y adrenalina para los periodistas filipinos.

También para los periodistas en todo el mundo, ¿no?

Sí, claro. Para mí, el mayor cambio que hemos experimentado en nuestra labor como periodistas ha sido cómo la tecnología quitó a las organizaciones de noticias el poder de distribución, cómo arrebató el poder de los medios de proteger la esfera pública y abdicó de toda responsabilidad. Todo lo que podemos hacer como periodistas es seguir haciendo nuestro trabajo, pero estamos compitiendo en un campo de juego desigual, donde los algoritmos de distribución están en realidad sesgados contra los hechos.

Además, existe ese tipo de manipulación insidiosa de las emociones de las personas que reciben las noticias, lo que hace que sea significativamente más difícil tener un discurso público. De hecho, se hace imposible.

En 35 años de periodismo siempre frente a los poderosos, ¿qué precio ha tenido que pagar por ello?

[Se rie] ¡Ya tengo canas! En realidad no me hago ese tipo de preguntas porque es difícil de responder, porque la única alternativa es perder las ganas de hacer tu trabajo. Sin embargo, mientras la administración de Duterte me ataca, yo sé por qué hago lo que hago. De hecho, yo he escrito las normas y manuales de ética de algunas organizaciones de noticias. Sabía dónde me metía y conocía la misión. Creamos Rappler precisamente para ser independientes de cualquier tipo de presión comercial o política.

Los cuatro cofundadores habíamos trabajado antes en grandes grupos de noticias y nos dimos cuenta de que si no tienes independencia económica, no tienes poder. Cada organización de noticias debe encontrar un modelo de negocio sostenible. Y esto me lleva a otro argumento: creo que las organizaciones de noticias deberían estar dirigidas por periodistas, buenos periodistas que sepan de negocios o que sepan cómo construir modelos de negocio alternativos. Porque entonces ya sabes las líneas que no puedes cruzar.

Otra cosa que hace de Rappler diferente es que fue creado por gente mayor, veterana; yo dirigía la mayor organización de noticias de Filipinas. Y aunque yo sabía que la tecnología estaba poniendo todo patas arriba, es complicado darle la vuelta a un Titanic, a un medio tradicional. Sin ánimo de ofender a mis antiguos empleadores [se ríe], tienen un problema bien gordo.

Como usted sabrá quizá mejor que nadie, estamos rodeados de noticias falsas y desinformación. ¿Existe la posibilidad de que ganemos esa guerra informativa?

Por supuesto que sí. Por eso, de las 24 horas que tiene un día, intento cómo hacer para poder invertir un 20% de mi tiempo en algo que me reporte el 80% de los resultados. En Rappler tenemos tres pilares fundamentales: tecnología, periodismo y comunidad.

Me preocupa que las plataformas tecnológicas en las que estamos todos nos estén entrenando a todos también. Me refiero a la muerte de la democracia por miles de pequeños ataques. Los algoritmos de las plataformas están sacando nuestro peor yo, y lo está haciendo por dinero, para obtener beneficios. En este sentido, cuando vi a la última denunciante de Facebook, Francis Hogan, cómo explicaba [las manipulaciones de esta red social] en el Senado de EEUU la semana pasada, me reafirmé en que merece la pena sobrepasar este virus de mentiras que se ha desatado en nuestro ecosistema de información.

La distribución algorítmica actual nos está cambiando como personas a peor. Nos está dividiendo. Y esas grietas están siendo explotadas por el juego de poder geopolítico. Así que estamos siendo insidiosamente manipulados.

Por eso considero la tecnología como algo vital: en 2022 tendremos elecciones presidenciales, y hay que tener en cuenta que en Filipinas, Facebook es sinónimo de internet [hay 47 millones de cuentas activas, casi la mitad de la población del país]. Y esta es la razón por la que he estado trabajando la mayor parte de los últimos dos años con grupos internacionales como Real Facebook Oversight Board y Forum on Information and Democracy. He copresidido un grupo de trabajo para proponer doce soluciones sistémicas lo que llamamos la infodemia y 250 tácticas. Ya no estamos en el momento de hablar del tema, sino de actuar: tiene que haber una regulación.

También es importante para mí trabajar con las plataformas para mostrarles el impacto de las decisiones algorítmicas que están haciendo: apelo a su propio interés cuando les muestro que el dinero que ganan no puede ser a costa de destruir una democracia o de enviarme a mí a la cárcel. Porque este es otro punto muy importante: las plataformas sociales han creado un entorno que permite a las autoridades silenciar a los periodistas de una forma más eficaz.

Los medios sociales son como un fertilizante para campos de exterminio. Y por eso estamos construyendo nuestra propia tecnología. Al fin y al cabo, la democracia no es nada si no existen razonamientos basado en hechos y pruebas: las discusiones, los debates políticos, tienen que tener eso. Y esos insultos de jardín de infancia que fomentan las plataformas de medios sociales nos lleva al sinsentido. Me pone mala.

De modo que es necesario cambiar los algoritmos, porque a través de ellos ganan dinero a costa de nuestra democracia y de nuestra gente. Puedes hacerlo tú mismo. Y las plataformas pueden hacerlo. Después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos sabemos que pueden fomentar y dar más visibilidad a las noticias basadas en hechos. Pueden hacerlo. Ganan menos dinero, pero protegen al público.

¿Qué más se puede hacer?

Tenemos que ayudar a las organizaciones de noticias independientes a sobrevivir a este periodo. El modelo de negocio del periodismo está muerto: la publicidad se ha marchado hacia las mismas plataformas que están matando los hechos. Por esta razón dije sí a copresidir el Fondo Internacional para los Medios de Interés Público (IFPIM) junto con el ex director general de The New York Times Mark Thompson.

¡Yo ya estaba haciendo esto antes de que mi mundo se pusiera patas arriba con el Premio Nobel! Ojalá logremos recaudar 1.000 millones de dólares al año para organizaciones de noticias en las que los periodistas corren enormes riesgos por decir la verdad sobre el poder.

Y, por último, es imprescindible para los medios generar comunidad. Nosotros exponemos información independiente y denunciamos la insidiosa manipulación que se hace a nuestro pueblo. En 2011, cuando aún no había salido Rappler, ya estábamos construyendo comunidad.

Antes, tras pasar tantos años con la CNN, ya me había dado cuenta de que era una mera observadora; entraba y salía rápidamente de muchos de los países que cubría. Pero es que yo quería construir algo. Creo que una democracia se compone esencialmente de la sociedad civil, de las ONG, de los ciudadanos que se preocupan, que conocen los hechos y presionan para actuar. Así que esa fue la razón por la que lanzamos Rappler, también creo que esto funciona en una dinámica global.

La labor fundamental es presionar en EEUU, porque las plataformas de redes sociales más extendidas son de allí. Nosotros tenemos elecciones en Filipinas en 2022. ¡Por favor, hagan algo desde ya!

Usted ha investigado el poder de las redes sociales y su libro 'From Bin Laden To Facebook' lo dice casi todo con el título. ¿Qué es más peligroso, enfrentarse a los poderosos cara a cara o enfrentarse a las multinacionales que se están lucrando con estos mensajes de odio?

Creo que ambas cosas son difíciles de diferentes maneras. Una lo sabe cuando dices la verdad al poder, cuando exiges respuestas. A partir de ahí te encuentras con un problema de seguridad: en Rappler hemos tenido que aumentarla ya seis veces desde 2016. La violencia online se convierte en violencia en el mundo real. Fue parte de lo que que vimos, por ejemplo, en la 'convocatoria' para llevar a cabo el atentado de Christchurch (Nueva Zelanda). Hemos podido verlo desde el 11-S. Así que tenido que aumentar la seguridad; mi libertad está en riesgo. Encima, ahora mismo no puedo viajar fuera de Filipinas. Es una locura.

Hay días en los que me digo ¿qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy haciendo esto? Y luego me siento y me tomo una copa con los amigos y simplemente dices: "Bueno, es lo que hay". Yo soy quien soy. Creo que llegamos maduros a un momento difícil para el periodismo, pero es un buen momento porque determinaremos en qué se convertirá.

Parece que es un precio extra que ha pagado…

Siempre digo que parece que estamos corriendo una carrera de relevos, cada generación pasa el testigo a la siguiente. Y resulta que me he convertido en una nueva líder en mi país, en un momento en el que me han pasado el testigo. Y siento que en lugar de correr por una pista lisa ésta está llena de clavos. Pero tienes que seguir para poder pasar el testigo a la siguiente persona.

Y después de todo lo que le están haciendo por defender la libertad de expresión y la verdad, los hechos, frente a la propaganda y las presiones, con todo un régimen en contra… ¿cómo lo hace para seguir?

Me lo han preguntado varias veces antes y he estado pensando en que creo que lo primero está en tu mente, en cómo defines lo que tienes que hacer. Y estuve meditando sobre el tema especialmente cuando me preguntaron en Filipinas por qué el gobierno tardó tanto en felicitarme [Maria Ressa es la primera mujer filipina en recibir un Nobel; el Gobierno de su país tardó cuatro días en felicitarla], algo tan simple que para mí es duro.

Estoy pensando que lo difícil es no definirme como periodista; una no se define en oposición a una persona o a un gobierno. Cuentas las historias, cuentas los hechos, y cuando violan tus derechos pues también lo cuentas. Pero, en general, ha habido violaciones sistemáticas de la Constitución [filipina], puedo probarlo y lo cuento. Al final no siento que lo que me está pasando sea algo personal, sino que resulta que soy el símbolo al que querían golpear. Sí, es cierto. Así que es extraño, recibo tanto lo mejor como lo peor.

La razón por la que el Comité del Nobel premia ahora a los periodistas es por los cambios en el mundo y lo peligroso que es para el oficio. Y la razón por la que nos eligieron a Dmitri [Muratov, director de Novaja Gazeta y defensor de las libertades en Rusia] y a mí es porque somos un símbolo de todos los periodistas que, como nosotros, simplemente hacemos nuestro trabajo. Por eso yo no me defino como una oposición frente a nada, yo defino la misión y ésta se ha vuelto más difícil. Tengo mis valores que me hacen mantener la línea de acción porque sé que si no lo hiciera, no sería yo. Así es como he construido mi identidad: soy periodista.

¿Cómo se construye un personaje como Rodrigo Duterte? O como como Teddy Lux Jr. [el controvertido ministro filipino de Exteriores] y ese tipo de gente similar a Donald Trump ¿Cuáles son los hechos que has visto para que un hombre así se convierta en presidente?

Pienso en Trump y Duterte y me sale la imagen un hombre machista, como mínimo sexista o, peor, misógino. Tienen un ego tal que toman el poder de forma muy paternalista. No se preocupan por cumplir con las leyes sino que se preocupan porque tú cumplas sus leyes. En este caso es muy sencillo verlo: Duterte siempre ha estado en el poder. Su familia y él mismo han gobernado la ciudad de Davao [la tercera ciudad más poblada de Filipinas] desde 1988.

Es casi como un clan político, muy feudal. Es un sistema feudalista impulsado por la propaganda. Y esa es parte de la razón por la que se comporta de esta manera. Gobernó la ciudad de Davao a través de la televisión y la radio; cada semana tenía un programa de radio y televisión, en donde abordaba los problemas más o menos la forma en que está tratando de hacerlo ahora, pero en todo el país. Lo que pasa es que se ha dado cuenta de que una nación de 110 millones de personas es mucho más compleja que una ciudad de un millón de habitantes.

Así, por ejemplo, una de las prácticas que se ha llevado de Davao a Manila es el concepto de 'sustitución'. La semana pasada tuvo lugar la presentación de las candidaturas para las presidenciales de 2022. Antes de Duterte, era cuando se formaban las agrupaciones y comenzaba la campaña informal. Ahora, se aprovecha de una laguna legal para poder cambiar candidatos hasta el 15 de noviembre.

Se basan en un tecnicismos legales y explotan las grietas del sistema, como cuando Duterte fulminó a la presidenta del Tribunal Supremo porque no le gustaba: la amenazó y se deshizo de ella, de la misma manera que yo me estoy enfrentando con él. ¡A mí me han condenado por cibercalumnia por una historia que se publicó antes de que existiera la ley que supuestamente violé!

Las plataformas sociales permitieron su ascenso, el mensaje de que él y su partido político nos salvarían. Los medios de comunicación social fueron fundamentales para su victoria. Y los medios de comunicación social —Facebook, especialmente— facilitaban datos de 'engadgement' a Duterte, la compañía incluso mandó a Filipinas a Katie Harbath, la entonces responsable mundial de políticas públicas de la red socal. Y líderes como él, que proclaman "ellos contra nosotros", utilizan las redes sociales para propagar la violencia y el miedo.

A ello hay que sumar una desilusión general con la clase política, con las élites. Lo estamos viendo en todo el mundo. Durante la pandemia, la tendencia global es que los ricos son más ricos y los pobres, más pobres. Y esto, en lugar de desencadenar una crisis hacia un cambio, parece un goteo de malas noticias que llegan demasiado lentamente. Todo lo anterior unido creo que forma la tormenta perfecta para el surgimiento de estos líderes, hombres fuertes, al igual que en 1938, 1939... Es decir, son elegidos democráticamente y luego, una vez que están en el poder, lo aumentan y lo acaparan desde dentro. Yo o veo así.

Y todo esto pasa delante de nuestras narices

Y tú vives en un país que también está yendo hacia allá, ¿verdad? [se ríe]

Hace un rato, gracias a un tuit de una compañera de profesión, me enteré que en esta edición de los Nobel sólo hay una mujer premiada —usted—, los demás son hombres; de hecho, hay más hombres llamados David (cuatro) que mujeres. Quizá sin entrar en tópicos, y siendo una mujer poderosa a influyente, ¿cree adecuado hacer un llamamiento mundial para evitar este tipo de desigualdades?

Lo único que puedo señalar es que las mujeres reciben, al menos, diez veces más ataques que los hombres en Filipinas, porque éste es un ecosistema que podemos mapear. Y hemos hecho algunos estudios de género que muestran eso. Y aunque estos datos tienen ya unos años, hace poco más del 70% de los empleadores, si tienen que elegir entre un hombre y una mujer con la misma calificación, elegirá al hombre. Creo que ha de darse un cambio cultural. Supongo que como el cambio climático, como la diversidad de género, como la lucha de la comunidad LGTBI.

Creo que gracias a la tecnología hemos dado dos pasos adelante, pero como las plataformas de los medios sociales también permiten todo tipo de misoginia y sexismo, es como si todo el mundo sacase de sí mismo también su peor yo. Inevitablemente pienso en las minorías, las personas que no tienen una voz más fuerte, se vuelven aún más vulnerables. O asiáticos. Me alegra tanto que saques este tema, porque tú eres un hombre blanco europeo.

Para finalizar, quisiera pedirle un consejo a los lectores, especialmente a jóvenes que quieren contar una historia y que quieren hacer periodismo. ¿Cuál es la regla número uno para usted?

Creo que voy a dar dos. Una es lo que busco en un periodista para contratarle. El otro viene de cuando soy yo quien hace el reportaje.

La primera es cada vez más importante, quizá, sobre todo a medida que me hago mayor. El rasgo necesario para un buen periodista es el valor. Eso es increíblemente importante. Pero no para ir a dar puñetazos: de hecho, yo no ejerzo ese tipo de periodismo. de hecho, no creo que el periodismo tenga que ver con el “te pillé” tanto como con tratar de ponerse en los zapatos de la otra persona, y en el proceso obtendrás mucho más.

Y aquí está el segundo consejo. Cuando eres tú el que hace la información, se trata de llegar al núcleo de la persona con la que estás hablando. Cuando era más joven, solía pensar que cada persona es un tesoro, y todo lo que tienes que hacer es mirar bien. Afortunadamente, sigo pensando así.

Porque a una le puede gustar o disgustar una persona, pero debe descubrir su núcleo: eso es lo que busco. Me atrae la gente que es abierta, pero al mismo tiempo una persona no es abierta puede contener en su núcleo un diamante o una perla, lo que sea que estés buscando. Eso se llama empatía.

Madrid

15/10/2021 21:29

Pablo Romero//twitter.com/@pabloromero">@@pabloromero

Publicado enSociedad
Ressa es cofundadora del sitio Rappler, mientras Muratov es uno de los fundadores del periódico independiente Novaja Gazeta.. Imagen: EFE

Por sus esfuerzos para "salvaguardar la libertad de expresión"

Los periodistas Maria Ressa, de Filipinas, y Dimitri Muratov, de Rusia, ganaron este viernes el premio Nobel de la Paz por su lucha por la libertad de expresión, anunció el comité noruego, reconociendo así por primera vez el papel de la prensa independiente. Ressa y Muratov fueron galardonados "por sus esfuerzos para salvaguardar la libertad de expresión, que es una condición previa para la democracia y la paz duradera", dijo la presidenta del comité Nobel, Berit Reiss-Andersen, en Oslo.

Ressa

Maria Ressa, de 58 años, experiodista de CNN y cofundadora de la página de información online Rappler, ha sido objeto en los últimos años de varias investigaciones, procesos judiciales y ha sufrido un intenso ciberacoso. Rappler ha publicado artículos críticos contra el jefe de Estado, Rodrigo Duterte, incluyendo su sangrienta y polémica lucha contra el narcotráfico.

"Nada es posible sin hechos", dijo Ressa, tras recibir la noticia del Nobel, e insistió en que "es el mejor momento" para ser periodista. "Los momentos más peligrosos son también los momentos en los que es más importante" el trabajo de periodista, explicó en una entrevista online retransmitida por Rappler. Ressa, que también tiene nacionalidad estadounidense, ya fue galardonada en abril con el Premio Mundial de la Libertad de Prensa Unesco/Guillermo Cano 2021, creado en memoria del periodista colombiano Guillermo Cano asesinado en 1986.

"El periodismo te pondrá a prueba mentalmente, intelectualmente, físicamente, moralmente", señaló la reportera, quien reconoció que Rappler no hubiera sobrevivido sin el apoyo recibido en los últimos cinco años de acoso por parte de las autoridades filipinas. Ressa fue elegida personalidad del año junto con otros periodistas por la revista Time en 2018 por su lucha contra la desinformación de, según ella, la "sofisticada maquinaria" de cuentas falsas vinculadas al entorno de Duterte para intimidar y silenciar a los críticos.

La periodista, que se enfrenta a siete casos criminales por presunta evasión de impuestos y vulneración de las leyes de propiedad de los medios, fue condenada en junio 2020 por ciberdifamación por un tribunal filipino. Tras ser condenada, alertó de que la "democracia está muriendo poco a poco" debido al ascenso de líderes autoritarias y populistas como Duterte y alertó de la manipulación en las redes sociales, sobre todo en plataformas como Facebook.

Muratov

Dimitri Muratov, de 59 años, es uno de los fundadores y jefe de redacción del periódico independiente ruso Novaya Gazeta, y "ha defendido desde hace décadas la libertad de expresión en Rusia en condiciones cada vez más difíciles", subrayó el jurado del Nobel. Novaya Gazeta ha sacado a la luz "la corrupción, la violencia policial, los arrestos ilegales, el fraude electoral y las 'granjas de trolls'", señaló el comité, unos temas por los que ha pagado un alto precio: seis de sus periodistas fueron asesinados, entre ellos Anna Politkovskaya, muerta hace 15 años.

Muratov les dedicó el premio: "No puedo atribuirme el mérito. Es de Novaya Gazeta. Es de los que murieron defendiendo el derecho de la gente a la libertad de expresión", dijo. "Habría votado por la persona por la que apostaban las casas de apuestas, y esa persona tiene todo el futuro por delante. Me refiero a Alexei Navalni", aseguró Muratov, sobre uno de los principales opositores rusos.

Tras el anuncio, el Kremlin elogió al reportero. "Felicitamos a Dimitri Muratov, trabaja en base a sus ideales y está comprometido con ellos", dijo Dimitri Peskov, portavoz de la Presidencia rusa,. Peskov dijo que Muratov "tiene talento" y es "valiente", pero no aclaró si también el presidente, Vladimir Putin, se sumará a las felicitaciones. "Acabamos de enterarnos, dadnos algo de tiempo", respondió al ser consultado al respecto.

Novaya Gazeta fue creado en 1993 con la ayuda de Mijaíl Gorbachov, que precisamente destinó una parte del dinero que obtuvo al ganar el Nobel de la Paz tres años antes. "Felicito a un hombre maravilloso, valiente y honesto, a un periodista, a mi amigo Dimitri Muratov", aseguró el expresidente soviético tras el anuncio del premio.

"Llamado a la acción"

El premio no es solo un mensaje a Rusia y Filipinas, según el comité noruego. "Por supuesto que condenamos la situación en estos dos países especialmente, pero quiero subrayar que condenamos también la situación en todos los países donde la actividad de los periodistas está limitada y donde la libertad de expresión está bajo presión", declaró Reiss-Andersen.

En 120 años de historia, el Nobel de la Paz nunca había reconocido la labor de una prensa independiente que fuerza a las autoridades a rendir cuentas y contribuye a luchar contra la desinformación. "El periodismo libre, independiente y de hechos sirve para proteger contra los abusos del poder, las mentiras y la propaganda de guerra", insistió la presidenta del comité del Nobel noruego.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, instó a emprender un esfuerzo mundial por la libertad de prensa tras felicitar a los periodistas rusos Maria Ressa y Dmitry Muratov por haber obtenido el Nobel de la Paz "Mientras felicitamos a los galardonados, reafirmemos el esfuerzo por el derecho a la libertad de prensa, reconozcamos el papel fundamental de los periodistas y reforcemos a todo nivel el apoyo a los medios libres y diversos", dijo Guterres en una declaración. "Ninguna sociedad puede ser libre y justa sin periodistas que puedan investigar delitos, aportar información a los ciudadanos, responsabilizar a los líderes y decir la verdad al poder", señaló.

Según la última clasificación anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF) --una de las organizaciones que más sonaba entre los posibles ganadores del Nobel--, la situación de la libertad de prensa es problemática, difícil e incluso muy grave en el 73% de los 180 países analizados. La organización señala que, en lo que va de año, 24 reporteros profesionales han muerto y otros 350 siguen encarcelados. Este premio es "un llamado a la acción", reaccionó el secretario general de RSF, Christophe Deloire.

El premio, que consiste en un diploma, una medalla de oro y un cheque de 10 millones de coronas (980.000 euros), se entrega habitualmente el 10 de diciembre, fecha del aniversario de la muerte de Alfred Nobel (1833-1896). Novaya Gazeta informó que una parte de la suma recibida será destinada a un fondo de caridad que ayuda a niños con enfermedades raras. Esta organización, Krug Dobra (El círculo de la bondad) fue fundada en enero por iniciativa de Putin.

Ressa es la primera mujer galardonada en la edición de este año de los Nobel. Después del premio de la Paz, el único anunciado en la capital noruega, los Nobel vuelven a Estocolmo para cerrar el lunes la temporada de anuncios con el galardón de Economía

8 de octubre de 2021

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Julian Assange, más cerca de la extradición a Estados Unidos

El Tribunal Superior de Justicia de Londres pone en duda el deterioro de la salud mental y el riesgo de suicidio del fundador de Wikileaks si es entregado a Washington, motivos por los que una jueza había denegado la extradición. 

 

Duro revés para el periodista australiano Julian Assange y para sus posibilidades de no ser extraditado a Estados Unidos, cuyo Gobierno persiste en su petición de extradición para que sea juzgado por 17 cargos relacionados con la Ley de Espionaje y la piratería informática; acusaciones que podrían suponerle al fundador de 'WikiLeaks' 175 años de condena. En la vista del pasado 11 de agosto, el juez Timothy Holroyde, del Tribunal Superior de Justicia de Londres, cuestionó la decisión de su homóloga Vanessa Baraitser de negarse a la extradición para salvaguardar la salud mental de Assange y ante el riesgo de suicidio si es condenado finalmente en Estados Unidos, donde, según la jueza, su ingreso en una prisión sería un duro "confinamiento". 

En estos momentos, la única baza de la defensa de Julian Assange, encarcelado en Reino Unido desde abril de 2019, cuando fue detenido en un asalto a la embajada de Ecuador en Londres, donde llevaba refugiado siete años, es su deteriorada salud mental y el riesgo de suicidio que supondría su entrega a Estados Unidos. Un informe forense del psiquiatra Michael Kopelman así lo acredita. La jueza Braitser se basó en ese informe pericial para denegar la petición de extradición el pasado 4 de enero. 

Lo más preocupante de la situación procesal de Assange es que la jueza británica no avaló la tesis principal de su defensa, coordinada por el abogado y exjuez español Baltasar Garzón. Baraitser rehusó la motivación política que denuncia el fundador de 'Wikileaks' respecto a su persecución como periodista por el Gobierno de EE.UU. En 2010, el portal de Julian Assange publicó cientos de cables del Departamento de Estado estadounidense en los que se demostraba la vulneración de los derechos humanos en Guantánamo y durante las invasiones norteamericanas de Irak y Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre. En los documentos secretos desvelados por 'Wikileaks' quedaba en evidencia el abuso del ejército estadounidense en cuanto a las muertes de civiles.

Tras la sentencia de la jueza Braitser, otro juez denegó a Washington la posibilidad de usar en su recurso argumentos contrarios al informe psiquiátrico que advierte del peligro de suicidio. Según la Administración de EE.UU, el profesor de Psiquiatría Kopelman trató de engañar al tribunal al apuntar como "alta y certera" la posibilidad de que Assange se quitara la vida si llegaba a ser extraditado a Estados Unidos.

En la vista del pasado 11 de agosto, un tercer juez ha permitido a Estados Unidos cuestionar ese dictamen psiquiátrico en su impugnación contra la no extradición. Así mismo, el juez Timothy Holroyde reprocha a la jueza Braitser haber sobredimensionado el riesgo de suicidio; también pone en duda la fragilidad de la salud mental del periodista. En la vista definitiva para decidir la extradición, que se celebrará en Londres el próximo mes de octubre, el informe del doctor Kopelman será el eje central. 

La credibilidad del informe ha sido duramente cuestionada por los fiscales estadounidenses, tras desvelar que el psiquiatra omitió intencionadamente que Assange tenía dos hijoscon su abogada, Stella Morris, mientras estuvo refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres

Julian Assange, que se encuentra en prisión provisional en la cárcel de Belmarsh, en Londres, lleva una década soportando un auténtico calvario, sin haber sido condenado todavía por los delitos que se le imputaron desde que difundió los documentos militares secretos de EE.UU. Fue acusado de abusos sexuales en Suecia, pero la Fiscalía del país nórdico archivó finalmente la causa por la dificultad probatoria. En Reino Unido fue condenado a cincuenta semanas de prisión por violar las condiciones de libertad condicional en 2012,  cuando se refugió en la embajada de Ecuador en Londres. Allí permaneció casi siete años, protegido como asilado político.

Sin embargo, el sucesor de Rafael Correa en la presidencia de Ecuador, Lenin Moreno, retiró a Assange la protección diplomática y permitió en abril de 2019 el asalto de la Policía Metropolitana de Londres a la embajada ecuatoriana, que concluyó con la detención del periodista. No sólo está en juego la salud y la vida de Julian Assange, también la libertad de prensa.

16/08/2021 21:55

Ana María Pascual@Anmariapascual

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Domingo, 27 Junio 2021 06:23

Un ejercicio periodístico impecable

Un ejercicio periodístico impecable

En medio del dolor que nos invade una vez conocida la noticia del atentado sufrido y posterior muerte de nuestra compañera comunicadora Beatriz Cano, integrante del tejido de comunicación de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca –Acin–, locutora de notable vitalidad en la emisora Radio Payumat, como proyecto desdeabajo no podemos dejar pasar por alto el ejercicio de un medio que también está dando todo por la defensa de la vida, al igual que lo hizo Beatriz, nos referimos al equipo de trabajo del Canal 2.

Desde el 28A este equipo informativo, en cabeza del periodista José Alberto Tejada, sobresale por sobre cualquier medio de comunicación a nivel nacional, e imparte una magistral clase de periodismo al conjunto de facultades de comunicación y sus docentes, como también al conjunto de medios alternativos y comunitarios de Colombia. El Canal 2 y su director, se ganaron el cariño del pueblo caleño por su labor informativa seria, veraz, constante y sencilla a la hora de comunicar.

Arriesgando la vida cada día y cada noche, este equipo de trabajo está haciendo un registro histórico de la coyuntura nacional. Entendieron el momento coyuntural y se la jugaron de frente, sin timidez, por informar desde el lado de los jóvenes populares. Su decisión es tan nítida, que, en la editorial del 3 de junio, su director, José Alberto, se atrevió a decir:

“Es en la juventud donde descansa la posibilidad del futuro […] esto que estamos viendo hoy no es solamente una explosión y un estallido social porque queremos que nos den un poquito más o porque queremos que no nos quiten tanto, no, aquí hay una crisis civilizatoria planteada como eje de la discusión, aquí hay un debate al contrato social como eje del debate en discusión, ya no sirve el contrato social que tenemos, hay que replantearlo. Este sistema representativo de la clase política que viene ejerciendo por lo menos desde la Constitución del 91, está haciendo aguas, habrá que encontrar otros mecanismos y los jóvenes están diciendo: “estamos pidiendo que nos abran la puerta”. Y la crisis civilizatoria tiene que ver con algo mucho más profundo y es ¿cuál es la cosmovisión, el proyecto de sociedad, el propósito de la existencia humana en el planeta Tierra? Esta pregunta, que parece una pregunta metafísica, está en el centro de toda esta explosión, de este estallido”.

Un canal del pueblo

En sus transmisiones diarias, las personas denuncian todo el tiempo lo que sucede, pues el medio abre sus micrófonos para escuchar a todo aquel o aquella que quieren decir algo. La situación se va polarizando, hoy la sociedad empieza a entender quiénes son los medios del pueblo y los medios que están en su contra. Así como a RCN quienes se movilizan le arrojan piedras e intentan romper sus instalaciones, en la sede del Canal 2 las personas se reúnen a cantarles arengas, a gritarles que muchas gracias por su labor. De igual manera, mientras que a los medios tradicionales les dibujan pintas con ofensas, en Cali dibujan grafitis homenajeando al medio del pueblo.

Lo que han logrado quienes integran el equipo del Canal 2 es una comunicación informal, cotidiana, en la que no faltan las risas en medio de la tensión de las balaceras. Es asombroso ver cómo en medio de las movilizaciones, mientras se registra el actuar paramilitar y de guerra contra la sociedad civil y la protesta social, se escuchan mensajes de admiración y cariño al medio, todo el tiempo les dicen a estos comunicadores que se cuiden, que los necesitan vivos. “El viejo”, como le dicen con amor a su director, hoy es un referente de quienes luchan y se juegan la vida en las barricadas que bloquean la entrada a muchos barrios; ese “viejo” es hoy el parlante de la voz del pueblo.

Actuar de igual manera, es la tarea y reto que hoy nos colocan los amigos del Canal 2. Un actuar indispensable para develar el estado actual de la supuesta democracia colombiana, un proceder crucial para politizar a la sociedad. Por esto es urgente que la sociedad escuche el llamado de “El viejo” y consulten a los medios alternativos, así como a la prensa nacional e internacional no adscrita al establecimiento.

El ejemplo de este equipo periodístico traza un reto inmenso: los académicos, activistas sociales, líderes políticos, empresarios, defensores de derechos humanos, dirigentes religiosos y ciudadanía en general, deben visitar los territorios, deben caminar el suelo que pisan los jóvenes populares, oler el aire que huelen, ver con los ojos que miran estos jóvenes en resistencia.

Hoy es imprescindible que los medios alternativos del país rodeemos el ejercicio del periodista José Alberto y su equipo de trabajo. Es más urgente que nunca impulsar y crear un escenario de articulación comunicativo, tal y como desde hace años venimos proponiendo relacionando y dando forma a un Sistema Nacional de Comunicación Alternativa. Uniendo los medios, experiencia, disposición y fuerza humana de los pequeños proyectos comunicativos que existimos podremos romper el cerco mediático, disputar la opinión pública y ayudar a construir otra sociedad posible.

Así mismo, es urgente que los movimientos sociales y dirigentes políticos dejen de pensar en los medios de comunicación alternativos como simples instrumentos, cajas de resonancia, medios para la propaganda, y los valoren y potencien, en autonomía, como baluarte fundamental e indispensables en un proyecto cultural renovador de la nación en todos sus tejidos.

Hoy todos y todas deben tomar posición y decidir si continuarán informándose y apoyando con sus lecturas, compras y en no pocas ocasiones escritos a los medios oficiosos, o si optan por apoyar, colaborar, comprar, difundir, multiplicar, a los medios alternativos. Esa toma de posición, los potenciará o aportará para que el establecimiento no mantenga y prolongue una visión e imagen de país ajena a la realidad que viven quienes hoy reclaman en las calles la necesidad de otro país, otro presente, otro futuro.

Un inmenso reto que evidencia que otra democracia sí es posible, y tal factibilidad también transita por el despliegue de un grande, abierto, articulado y dinámico proceso comunicativo, con pies en la tierra y con mente en las vivencias de los menos, de los excluídos, perseguidos, asesinados, negados, desplazados, sin techo ni trabajo.

 

 

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Publicado enColombia
Julian Assange y el colapso del Estado de derecho

 Este artículo reproduce la intervención de Chris Hedges en un acto celebrado el pasado jueves en Nueva York en apoyo de Julian Assange. Dicho acto forma parte de una gira por Estados Unidos que durará un mes y en la que intervienen entre otros el padre y el hermano de Julian y Roger Waters (Pink Floyd).

Una sociedad que prohíbe la posibilidad de decir la verdad anula la posibilidad de vivir en la justicia.

Esa es la razón por la que esta noche estamos aquí. Todos los que conocemos y admiramos a Julian condenamos su prolongado sufrimiento y el de su familia. Exigimos que se ponga fin a los muchos errores e injusticias que se han cometido con su persona. Le respetamos por su valor y su integridad. Pero la batalla por la libertad de Julian nunca ha sido solo por la persecución a la que se sometía a un editor. Es la batalla por la libertad de prensa más importante de nuestra era. Y si perdemos esa batalla las consecuencias serán devastadoras, no solo para Julian y su familia sino para todos nosotros.

Las tiranías invierten el Estado de derecho. Convierten la ley en un instrumento de injusticia. Esconden sus crímenes mediante una falsa legalidad. Utilizan la dignidad de tribunales y juicios para ocultar su criminalidad. Aquellos que, como Julian, exponen ante el público esa criminalidad son personas peligrosas, porque sin el pretexto de la legitimidad la tiranía pierde credibilidad y lo único que le queda es el miedo, la coacción y la violencia.

La prolongada campaña contra Julian y Wikileaks es una ventana hacia la demolición del Estado de derecho, un paso más hacia lo que el filósofo político Sheldon Wolin llama nuestro sistema de totalitarismo invertido, una forma de totalitarismo que mantiene la ficción de la antigua democracia capitalista, incluyendo sus instituciones, iconografía, símbolos patrióticos y retórica, pero que internamente ha entregado todo el control a los dictados de las corporaciones globales.

Yo estaba en la sala del tribunal cuando Julian Assange fue juzgado por la juez Vanessa Baraitser, una versión moderna de la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas, que exigía la sentencia antes de declarar el veredicto. Fue una farsa judicial. No existía base legal alguna para mantenerle en prisión. No había base legal alguna para juzgarle, siendo un ciudadano australiano, según la Ley de Espionaje de EE.UU. La CIA le estuvo espiando en la embajada ecuatoriana a través de una compañía española, UC Global, contratada para proporcionar la seguridad a la embajada. Este espionaje incluyó las conversaciones confidenciales entre Assange y sus abogados cuando discutían los términos de su defensa. Este mero hecho debería haber invalidado el juicio. Julian está prisionero en una cárcel de alta seguridad para que el Estado pueda continuar los abusos degradantes y la tortura que espera provoquen su desintegración psicológica o incluso física, tal y como ha testificado el relator Especial de la ONU para la Tortura, Nils Melzer.

El gobierno de Estados Unidos ha dado instrucciones al fiscal londinense James Lewis, tal y como ha documentado con elocuencia [el exdiplomático, periodista y defensor de derechos humanos británico] Craig Murray. Lewis presentó dichas directrices a la juez Baraitser, que las adoptó como su decisión legal. Todo el show fue una pantomima judicial. Lewis y la juez insistieron en que no estaban intentando criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa, al mismo tiempo que se afanaban en establecer un marco legal para criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa. Y esa es la razón por la que el tribunal se esforzó tanto por ocultar el proceso judicial a la opinión pública, limitando el acceso a la sala del tribunal a un puñado de observadores y poniendo todas las dificultades posibles para imposibilitar su visionado en línea. Fue un oscuro juicio amañado, más típico de la Lubianka que de la jurisprudencia británica.

Yo sé que muchos de los que estamos hoy aquí nos consideramos radicales, puede que hasta revolucionarios. Pero lo que estamos exigiendo tiene de hecho un tinte conservador, dentro del espectro político. Exigimos la restauración del Estado de derecho. Algo tan sencillo y básico que no debería resultar incendiario en una democracia en funcionamiento. Pero vivir en la verdad en un sistema despótico es un acto supremo de desafío. Esa verdad aterroriza a quienes detentan el poder.

Los arquitectos del imperialismo, los señores de la guerra, las ramas legislativa, judicial y ejecutiva del gobierno, controladas por las grandes empresas, y sus serviles cortesanos de los medios de comunicación son ilegítimos. Si pronuncias esta sencilla verdad quedas desterrado, como hemos estado muchos de nosotros, a los márgenes del panorama mediático. Si demuestras esa verdad, como han hecho Julian Assange, Chelsea Manning, Jeremy Hammond y Edward Snowden al permitirnos fisgar en las interioridades del poder, serás perseguido y procesado.

Poco después de que Wikileaks publicara los archivos de la Guerra de Irak en octubre de 2010, que documentaban numerosos crímenes de guerra de Estados Unidos –incluyendo imágenes del ametrallamiento de dos periodistas de Reuters y otros 10 civiles desarmados en el video Asesinato Colateral, la tortura sistemática de prisioneros iraquíes, el ocultamiento de miles de muertes de civiles y el asesinato de cerca de 700 civiles que se habían acercado demasiado a los puestos de control estadounidenses–, los destacados abogados de derechos civiles Len Weinglass y mi buen amigo Michael Ratner (a quien acompañaría posteriormente para reunirse con Julian en la embajada ecuatoriana) se reunieron con Julian en un apartamento de Londres Central. Las tarjetas bancarias personales de Assange habían sido bloqueadas. Tres ordenadores encriptados habían desaparecido de su equipaje durante su viaje a Londres. La policía sueca estaba fabricando un caso en su contra con la intención, le advirtió Ratner, de extraditarle a Estados Unidos.

“Wikileaks y tú personalmente os enfrentáis a una batalla que es tanto legal como política”, le dijo Weinglass a Assange. “Como aprendimos en el caso de los Papeles del Pentágono, al gobierno de Estados Unidos no le gusta que se haga pública la verdad. Y no le gusta que le humillen. No importa que sea Nixon, Bush u Obama, un Republicano o un Demócrata, quien ocupe la Casa Blanca. El gobierno de EE.UU. intentará evitar que publiques sus repugnantes secretos. Y si tienen que destruirte a ti, y destruir al mismo tiempo la Primera Enmienda y los derechos de los editores, están dispuestos a hacerlo. Creemos que van a perseguir a Wikileaks y a ti, Julian, por publicarlos”.

“Que van a perseguirme, ¿por qué razón?”, preguntó Julian.

“Por espionaje”, continuó Weinglass. “Van a acusar a Bradley Manning por traición, acogiéndose a la Ley de Espionaje de 1917. No creemos que se le pueda aplicar porque es un denunciante de conciencia, no un espía. Pero van a intentar obligar a Manning a que te implique a ti como colaborador”.

“Que van a perseguirme, ¿por qué razón?”

Esa es la cuestión.

Han perseguido a Julian por sus virtudes, no por sus defectos.

Han perseguido a Julian porque sacó a la luz más de 15.000 muertes no denunciadas de civiles iraquíes; porque hizo públicas la tortura y los malos tratos a unos 800 hombres y muchachos de entre 14 y 89 años en Guantánamo; porque publicó que Hillary Clinton ordenó en 2009 a los diplomáticos estadounidenses que espiaran al Secretario General de la ONU Ban Ki Moon y a otros representantes de China, Francia, Rusia y Reino Unido, un espionaje que incluía obtener su ADN, el escaneo de su iris, sus huellas dactilares y sus contraseñas personales, continuando métodos habituales de vigilancia ilegal como las escuchas ilegales al Secretario General de la ONU Kofi Annan las semanas previas a la invasión de Irak de 2003 dirigida por Estados Unidos; le han perseguido porque divulgó que Barack Obama, Hillary Clinton y la CIA orquestaron el golpe militar de 2009 en Honduras que derrocó al presidente elegido democráticamente, Manuel Zelaya, y lo reemplazó con un régimen militar corrupto y asesino; porque reveló que George Bush hijo, Barack Obama y el general Davis Petrous llevaron a cabo una guerra en Iraq que, según las leyes posteriores al proceso de Núremberg, se considera una guerra criminal de agresión, un crimen de guerra y porque autorizaron cientos de asesinatos selectivos, incluyendo los de ciudadanos estadounidenses en Yemen, donde también lanzaron secretamente misiles, bombas y ataques con drones que acabaron con la vida de decenas de civiles; porque reveló que Goldman Sachs pagó a Hillary Clinton 657.000 dólares por dar conferencias, una suma tan enorme que solo puede considerarse un soborno, y que Clinton aseguró en privado a los líderes empresariales que cumpliría sus ordenes, mientras prometía a la opinión pública una regulación y una reforma financiera; porque sacó a la luz la campaña interna para desacreditar y destruir a Jeremy Corbyn por parte de miembros de su propio Partido Laborista; porque mostró cómo la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad utilizan herramientas de hackeo que permiten al gobierno la vigilancia al por mayor a través de nuestros televisores, ordenadores, smartphones y programas antivirus, lo que permite al gobierno registrar y almacenar nuestras conversaciones, imágenes y mensajes de texto privados, incluso si están encriptados.

Julian sacó a la luz la verdad. La desveló una y otra y otra vez, hasta que no quedó la menor duda de la ilegalidad, corrupción y mendacidad endémicas que definen a la élite gobernante global. Y por descubrir esas verdades es por lo que han perseguido a Assange, como han perseguido a todos aquellos que se atrevieron a rasgar el velo que cubre al poder. “La Rosa Roja ahora también ha desaparecido…”, escribió Bertolt Bretch cuando la socialista alemana Rosa Luxemburgo fue asesinada. “Porque ella a los pobres la verdad ha dicho, los ricos del mundo la han extinguido”.

Hemos experimentado un golpe de Estado empresarial, mediante el cual los pobres y los hombres y mujeres trabajadores se ven reducidos al desempleo y el hambre; la guerra, la especulación financiera y la vigilancia interna son las únicas ocupaciones del Estado; por el cual ya ni siquiera existe el habeas corpus; por el que los ciudadanos no somos más que mercancías que se usan, se despluman y se descartan para los sistemas corporativos del poder. Negarse a contraatacar, a tender lazos y ayudar al débil, al oprimido y al que sufre, a salvar el planeta del ecocidio, a denunciar los crímenes internos e internacionales de la clase dominante, ea xigir justicia, a vivir en la verdad es llevar la marca de Caín. Quienes detentan el poder deben sentir nuestra ira, y eso significa realizar actos constantes de desobediencia civil, significa acciones constantes de protesta social y política, porque este poder organizado desde abajo es el único que nos salvará y el único poder que liberará a Julian. La política es un juego de temor. Es nuestro deber moral y cívico hacer sentir miedo a los que están en el poder, mucho miedo.

La clase dominante criminal nos tiene a todos sujetos por el miedo. No puede reformarse. Ha abolido el Estado de derecho. Oscurece y falsea la verdad. Busca la consolidación de su obsceno poder y su obscena riqueza. Por tanto, citando a la Reina de Corazones, metafóricamente, claro, yo digo: “¡Que les corten la cabeza!”.

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Por Chris Hedges | 16/06/2021

Chris Hedges es un periodista ganador del Premio Pulitzer. Fue durante 15 años corresponsal en el extranjero para The New York Times, ejerciendo como jefe para la oficina de Oriente Próximo y la  de los Balcanes. Anteriormente trabajó para los diarios The Dallas Morning News, The Christian Science Monitor y NPR. Presenta el programa “On Contact”, nominado para un Premio Emmy, de la cadena internacional de televisión rusa RT.

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Lunes, 14 Junio 2021 06:14

Delatores democráticos

Estatuas que representan a Edward Snowden, Julian Assange y Chelsea Manning, durante el lanzamiento de una campaña internacional, hace unos días, que apremia a la liberación inmediata del fundador de Wikileaks. Las figuras representan a personajes que se han atrevido a informar a sus conciudadanos sobre engaños, corrupción, injusticias o abusos gubernamentales.Foto Afp

Se cumplen 50 años este domingo desde que comenzó la publicación de los Papeles del Pentágono entregados al New York Times y después al Washington Post por Daniel Ellsberg, y el 11 de junio fueron ocho años desde que Edward Snowden decidió revelar que él fue quien filtró documentos secretos sobre el espionaje masivo a ciudadanos en Estados Unidos y otras partes del mundo, mientras Julian Assange lleva más de una década perseguido por Washington y otros gobiernos por atreverse a publicar y filtrar documentos sobre crímenes de guerra, engaños de gobernantes y políticos a sus ciudadanos, corrupción y más.

La semana pasada se reveló que el gobierno de Trump secretamente obtuvo información de las llamadas telefónicas de periodistas del New York Times, CNN y el Washington Post que sospechaba estaban recibiendo información filtrada. Y el jueves pasado, mientras Biden declaraba parte de su cruzada internacional contra la corrupción, un juez dio una sentencia de prisión a una funcionaria del Departamento del Tesoro que probablemente hizo más que nadie en tiempos recientes en la lucha contra la corrupción al filtrar documentos que llevaron a la investigación periodística multinacional sobre el dinero sucio en el sistema financiero internacional (https://www.icij.org/investigations/fincen-files/)

Se les llama whistleblowers, sopladores de silbato, los que dan pitazos, filtradores, denunciantes, y son aquellos que se atreven a informar a sus conciudadanos sobre engaños, corrupción, injusticias o abusos gubernamentales que podrían dañar a la sociedad.

Los periodistas que colaboran en estos esfuerzos por la transparencia también son perseguidos por las autoridades. Nixon ordenó a su Departamento de Justicia prohibir la publicación de los Papeles del Pentágono –que revelaban años de mentiras gigantescas sobre la guerra en Vietnam– un caso que llegó hasta la Suprema Corte, la cual, con un fallo de seis a tres, defendió la libertad de expresión y la prensa libre en una gran derrota para el presidente. Ante ello, Nixon ordenó a un grupo de operadores secretos conocidos como "los plomeros", ingresar a las oficinas del siquiatra personal de Ellsberg para buscar material con qué destruir al filtrador públicamente, y ahí empezó lo que después se conoció como Watergate y el fin de Nixon.

A sus 90 años, Ellsberg continúa no sólo defendiendo los actos de filtradores, sino solicitando que se multipliquen, y ahora se dedica a alertar sobre la amenaza creciente de una guerra nuclear, así como del cambio climático. "El acto de delatar es un acto de patriotismo, de defensa de la Constitución", afirmó la semana pasada. "Necesitamos vigilancia pública de todos los que están en el poder".

El padre y hermano de Assange están ahora en una gira por Estados Unidos, apoyados por un elenco de figuras reconocidas como Roger Waters y Chris Hedges, para exigir que el gobierno de Biden que ya abandone la persecución de Julian, quien permanece encarcelado en Inglaterra tratando de evitar ser extraditados a Estados Unidos, donde enfrenta una posible condena de 175 años de cárcel por revelar crímenes de guerra de Estados Unidos. "La batalla por la libertad de Assange es la batalla por la libertad de prensa de nuestros tiempos", afirmó Hedges en un foro de esta gira. (https://assangedefense.org/tour/).

Ellsberg señala que Snowden, Assange, Manning y varios filtradores y periodistas más son perseguidos y amenazados por revelar que las autoridades estaban violando las leyes internacionales y la propia Constitución. "Aquellos que revelan estas violaciones, y no los que cometieron esos crímenes son los que están bajo juicio".

"Un gobierno que exilia a Snowden por revelar espionaje doméstico ilegal y con cárcel a Assange por revelar crímenes de guerra y corrupción de líderes políticos estadunidenses y sus aliados, tienen cero credibilidad para denunciar a otros por abusar a disidentes y derechos humanos", escribe el periodista Glenn Greenwald.

Ms. Lauryn Hill. I’ve got life. https://open.spotify.com/track/4myeNyb8ArMQFvYqeivzp3? si=Ixwa0LkpTJGcXDJYpJJwIA&dl_branch=1

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"Lo que están haciendo con Assange es para avalar la persecución a periodistas"

Entrevista a Joseph Farrell, Embajador de Wikileaks

El creador del sitio de megafiltraciones lleva 3.632 días privado de su libertad. En diálogo con Página|12 su amigo y colega en Wikileaks repasó la importancia de su trabajo y el método de investigación con que revolucionaron el periodismo.

 

En tres semanas se cumplirán diez años desde que Julian Assange entró a la embajada de Ecuador pidiendo asilo político. Son 3.634 días en los que el creador de Wikileaks estuvo privado de su libertad. Hoy permanece detenido en la prisión de Belmarsh, conocida como la Guantánamo del Reino Unido. Página|12 conversó con Joseph Farrell, amigo y colega de Assange. Juntos trabajaron durante más de diez años en Wikileaks. Actualmente Farrell cumple el rol de Embajador del sitio de megafiltraciones. “Lo que están haciendo con Julian es sentar un precedente para los gobiernos de todo el mundo, de que está bien perseguir a periodistas y editores”, señaló el investigador británico.

Esperando Justicia

Desde hace años Farrell recorre el mundo militando por la libertad del periodista australiano. Al verlo en videos hablando sobre Assange queda en claro el cariño y la admiración que siente por él. Farrell tiene una voz cálida y amable que emociona cada vez que levanta el tono para exclamar “¡free Assange!”. “La única forma de que este caso termine, es que EEUU retire todos los cargos”, dijo el Embajador de Wikileaks. En concreto el gobierno norteamericano lo acusa de haber “conspirado” con su fuente, Chelsea Manning, para obtener y publicar millones de documentos secretos. Entre ellos destacan archivos sobre las guerras de Irak y Afganistán, de la cárcel de Guantánamo, y las comunicaciones diplomáticas entre embajadas estadounidenses y Washington.

La administración Trump hizo de su extradición una cuestión de Estado. Sin embargo, a principios de este año, tras un largo juicio, la jueza británica Vanessa Baraitser rechazó el pedido. La magistrada argumentó que el periodista australiano podría suicidarse ante las duras condiciones de detención que enfrentaría en la cárcel estadounidense. Sin embargo, descartó los argumentos presentados por la defensa, respecto a que se trata de una persecución política y que se está violando la libertad de prensa. También le negó la posibilidad de salir en libertad bajo fianza, algo que Farrell considera como desproporcionado e indignante. “El gobierno de los EEUU apeló el fallo y estamos esperando saber si se da lugar o no a la misma. Si la aceptan, tendremos por delante más batallas en los tribunales”, indicó el editor británico. Si se avala su extradición, el creador de Wikileaks podría ser condenado a 175 años de cárcel.

Durante el juicio, la defensa presentó evidencias médicas que demostraron el débil estado de salud física y mental de Assange. Farrell contó que su colega está aislado en una prisión plagada de covid-19. En los dos años que lleva allí, son contadas la veces que lo dejaron ver a su familia y abogados. “¿Por qué quieren extraditarlo? Porque expuso el verdadero costo de la guerra en Irak y Afganistán. Porque expuso lo que realmente sucede en la Bahía de Guantánamo. Porque expuso todos los tratos nefastos que ocurrían a puertas cerradas. Porque evidenció crímenes de guerra y violaciones a los Derechos Humanos”, sostuvo el periodista.

Los Principios de Wikileaks

Farrell conoció a Assange en el 2010, cuando Wikileaks acababa de publicar el famoso video “Collateral Murder”. En él se ve como el Ejército estadounidense asesina a 18 personas en Irak, incluidos dos periodistas de Reuters. “Estaba en Londres. Acaba de ver una entrevista a Julian hablando sobre los cuidados que los periodistas debíamos tomar para proteger a nuestras fuentes, cuando mi jefe en el Centro de Periodismo de Investigación (CIJ) me dijo: ‘Joseph, viene alguien a la ciudad que necesita ayuda con unas entrevistas y otros trabajos. Creo que deberías pasar los próximos tres días con él, ayudándolo. Se va a comunicar con vos en breve’. Le dije que ayudaría, pero en ese momento mi jefe no me dijo quién era la persona, solo que recibiría su llamada”, narró el periodista.

Un par de horas más tarde, recibió un mensaje de texto. "Por favor, llámeme". “En base a lo que acababa de ver en la entrevista, pensé que debería emplear todas esas técnicas de vigilancia y protección de fuentes para responder. Dejé mi celular en la oficina y caminé unas cuadras hasta un teléfono público para hacer la llamada. La persona al otro lado me dijo: "Por favor, ¿puede reunirse conmigo en el Frontline Club ahora?". Fui hasta ahí y al entrar vi a Julian sentado en un rincón frente a su computadora. Se suponía que trabajaríamos tres días, pero 11 años después, todavía estoy ahí”, contó el editor.

La anécdota da una pista sobre la metodología de trabajo en Wikileaks. El sitio cambió la forma de hacer investigación en periodismo al brindar a sus fuentes una base de datos virtual, anónima y totalmente segura donde colocar información. Farrell los llama “buzones anónimos” y subraya “dar seguridad a las fuentes”. La segunda innovación que hicieron fue asociarse a otros medios para trabajar con el inmenso caudal de información que recibían. Página|12 fue uno de los más de cien medios del mundo con los que Wikileaks aunó fuerzas cuando se publicaron los cables diplomáticos secretos de EEUU. Fue el llamado “Cablegate” que en la Argentina mostró, entre otras cosas, cómo el fiscal Alberto Nisman había ido durante años a la Embajada de EEUU a preguntar cómo seguir en la causa AMIA, tal como reveló Santiago O’Donnell en el libro “Politileaks”.

El tercer método con el que innovó el sitio creado por Assange, fue poner a disposición de los lectores el material original con el que trabajan. “Proporcionamos el material fuente para que si alguien no está de acuerdo con lo que dijimos, pueda ir y revisar en qué se basaron nuestras conclusiones. Es lo que llamamos ‘periodismo científico’. Al igual que un artículo de ciencia, la comunidad puede revisar en el material de origen todo lo que el científico declaró”, sostuvo el Embajador del sitio. Además Farrell señaló que esta dinámica viene con bonus: “las personas pueden buscar en la materia prima cosas que pudieron no ser incluidas en los medios internacionales, pero que son relevantes para su entorno”.

Salir de la oscuridad

Uno puede sentir la adrenalina que seguramente vivió Assange ante la posibilidad de golpear de lleno al Estado más poderoso del mundo. Sin embargo Farrell lleva la conversación al costado humano. “Estas publicaciones no fueron para contraatacar a lo más alto del poder. Se trató de hacer justicia y darles un cierre a las familias de tantas personas que fueron torturadas, maltratadas, asesinadas y perdieron la vida, ¿para qué? Para nada”. sostuvo el periodista de investigación. Wikileaks aportó el dato duro para confirmar lo que se sospechaba. “Nuestro trabajo permitió que las personas pudieran buscar en las bases de datos la información para llevarla a tribunales. Esos documentos, once años después, siguen utilizándose”, dijo el editor británico.

Assange sostuvo en más de una ocasión que no podemos decir que vivamos en democracia si nos ocultan información sobre lo que hacen nuestros gobiernos. Para Farrell la avanzada feroz contra el creador de Wikileaks es un paso más en este sentido. Pero no el único. “Ya vimos a Bolsonaro ir tras Glenn Greenwald. En Rusia, los legisladores están redactando leyes que convertirán en ilegales las iinvestigaciones basadas en filtraciones”, enumeró el editor. Por eso, para él es más necesario que nunca seguir haciendo periodismo de investigación. “¿Cómo se supone que participaremos nosotros como individuos si no tenemos información? ¿Cómo podemos detener el flujo de corrupción si no somos capaces de ver a dónde va el dinero? Falta de información significa falta de conocimiento. Y eso es lo que permite prosperar a los regímenes fascistas y autoritarios”, indicó Farrell.

Por Juan Manuel Boccacci

01 de junio de 2021

Publicado enInternacional
Miércoles, 12 Mayo 2021 06:05

Fiesta de la libertad

Fiesta de la libertad

Henchido de alegría, el presidente del Interamerican Institute for Democracy (IID) Tomás Regalado, abrió el foro por la Defensa de la democracia en las Américas que tuvo lugar la semana pasada, en el hotel Biltmore de Miami:

Dijo: “Este es el evento más serio [sic] a nivel hemisférico que se ha realizado […]. Hoy vamos a escuchar a las voces de la verdad [sic], a presidentes y líderes excepcionales [sic] que nos dirán que la democracia es la única opción para alcanzar la libertad. ¡Bienvenidos a esta fiesta de la libertad!”

Como es imposible nombrar a todos los ponentes del foro, aquí van algunos: Alejandro Aguirre, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP); María Paula Romo (ministra de Gobierno del presidente saliente de Ecuador, Lenín Moreno); Carlos Alberto Montaner, legendario alcahuete cubano de la CIA y terrorista todoterreno; Carlos Sánchez Berzain, mano derecha del ex presidente de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada, y ambos prófugos de la justicia; Álvaro Uribe Vélez, ex presidente de Colombia, narcoterrorista y padrino político del actual, Iván Duque; Mauricio Macri, ex presidente de Argentina, con docenas de causas abiertas por espionaje, entreguismo y corrupción, y, faltaba más, el secretario general de la OEA, Luis Almagro.

En el panel uno, la ecuatoriana Romo lamentó que en octubre de 2019 (12 días de protestas), "más de 400 policías y militares fueron secuestrados por los manifestantes". Y a su lado, el político peruano Luis González Posada advirtió que el candidato de izquierda Pedro Castillo sería “más transparente y honesto de lo que fueron Fidel Castro y Hugo Chávez porque él ha adelantado que en caso de ganar disolverá el Congreso…”. Mientras Montaner, moderador del panel, iba a lo suyo: “…a Cuba hay que darle un ultimátum. O deja de apoyar al narcorrégimen de Maduro en Venezuela o debe atenerse a las consecuencias”. Cosa que puso a temblar al gobierno de la isla.

El panel dos fue igual de luminoso. El cubano Eduardo Gamarra, de la Universidad Internacional de Florida, aseguró que la detención de la ex presidenta golpista Jeannine Áñez, mostraba que "en Bolivia la política se ha judicializado". Y el orador principal del panel tres, Sánchez Berzain (refugiado en Miami tras ser acusado del asesinato de 67 manifestantes en la ciudad de El Alto en octubre de 2003), aseguró que los gobiernos de Argentina y México son "paradictatoriales que le hacen de soporte a las dictaduras" (sic).

Sin embargo, cuando Macri subió al ­estrado del panel cuatro junto con Almagro y los ex presidentes de Colombia Andrés Pastrana, y de Costa Rica Luis Guillermo Solís, el recinto quedó semivacío. Aunque no por disentir con los ponentes. Horas antes de viajar a Miami, corrió la voz de que el argentino había estado en contacto estrecho con un legislador de su partido que había dado positivo de Covid y en esos momentos luchaba por su vida, intubado.

Impasible, Macri se limitó a recordar que "el coronavirus es menos peligroso que el populismo, pero que ahora existe una combinación más peligrosa: el populismo conduciendo una crisis sanitaria" (sic). “Las democracias –aña­dió– no mueren por golpes de Estado. Ahora, el proceso es gente que gana las elecciones (sic), y desde adentro empieza a socavar las instituciones”. Agregando algo que comparten libertarios de izquierda y derecha: "No hay ninguna crisis sanitaria que justifique que nos arrebaten nuestras libertades".

El foro de Miami fue ampliamente cubierto por Infobae, el tóxico portal mediático que dirige el oscuro empresario Daniel Hadad (otro de los invitados), quien hizo fortuna apoyando al gobierno de Carlos Menem (1989-99). Según algunos entendidos, Infobae contaría con el respaldo financiero de Mario Montoto, titular de la Cámara de Comercio argentino-israelí, y conocido traficante de equipos de seguridad, armas y pertrechos bélicos, durante el gobierno de Macri.

Finalmente, no hay fiesta sin cereza sobre el pastel. Por ende, Lenín Moreno comunicó al foro que "los servicios de inteligencia de Ecuador" (sic), habrían detectado ("y ya se lo he comunicado al presidente Iván Duque"), la "grosera intromisión del dictador Maduro en Colombia" (sic). Revelación que entre los asistentes al foro desencadenó un quejumbroso y sentido "¡ohhhhh!"

Autor de varios libros de humor, Moreno deleitó a los participantes del encuentro contando que en Quito un joven se le acercó para criticar su gestión: “‘Ojalá tuviéramos un mejor presidente’, dijo el muchacho. Y yo respondí: ‘Ojalá tuviera yo un mejor pueblo, también’”.

Publicado enPolítica
La manipulación mediática sobre la pandemia: uno de los capítulos más vergonzosos de la historia del periodismo

Publican datos falsos. Manipulan información. Distorsionan estrategias en aras de sus filias y fobias políticas. Comparan países incomparables. Especulan. Mienten. Hacen campaña contra los gobiernos o los políticos con los que no concuerdan. Publican balances amañados. Las lecturas políticas, basadas en intereses partidarios, desplazan a las científicas. Estimulan la indignacionitis a partir de un doble estándar. Militan contra las cuarentenas, los controles y las restricciones. Y, ahora, contra las vacunas.

El año en el que vivimos en peligro por una emergencia de salud ameritaba que los medios de comunicación asumiéramos la responsabilidad del servicio social que debemos brindar a una sociedad. Prudencia, serenidad, profesionalismo y seriedad tenían que haber sido las premisas de diarios, portales, cadenas de radio y televisión durante estos meses en los que el Covid ha representado la pérdida de millones de vidas en todo el mundo.

Pero la prensa tradicional, mayoritaria y más influyente de Argentina, no cumplió.

El compromiso inicial de: "al virus lo frenamos entre todos" se evaporó. La polarización volvió rápidamente a Argentina luego de unos primeros meses en los que, de manera inédita, el presidente Alberto Fernández logró instalar mensajes (e imágenes) de unidad nacional con el apoyo de la oposición.


Lo más importante para un grupo de medios y periodistas es desacreditar al gobierno, así sea a costa de incrementar los riesgos de una pandemia. Generan climas de escepticismo, de rebeldía, de alarmismo, de obsesión con su villana favorita, con discursos que, muchas veces, abrazan el ridículo.


Bastó que las encuestas demostraran que los altos niveles de popularidad que el presidente tuvo en un breve lapso después de la llegada del coronavirus comenzaban a descender para que gran parte de la prensa retomara su papel opositor con una línea editorial que no se basa en la investigación, la información, los datos, ni la ciencia, sino en antiperonismo puro y duro.

Lo más importante para un grupo de medios y periodistas –por suerte, nunca son todos, hay múltiples excepciones– es desacreditar al gobierno, así sea a costa de incrementar los riesgos de una pandemia. Generan climas de escepticismo (¿la cuarentena sirve o es un fracaso? ¿no es mejor abrir todo para que la economía se recupere?), de rebeldía (instigando las movilizaciones anticuarentena/antigobierno), de alarmismo (todo es un desastre, es el peor país del mundo, hay que huir de aquí), de obsesión con su villana favorita (la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner es la culpable de todos los males), con discursos que, muchas veces, abrazan el ridículo.

 

Campañas


La irresponsabilidad está a pleno ahora con su campaña para hacer dudar a la población sobre la efectividad de las vacunas, en especial la Sputnik V, a la que han rodeado de un aura demoníaca.

Si no fuera tan grave, sería gracioso que hablen de la vacuna "soviética", de la URSS, del comunismo, de todo aquello que dejó de existir hace tres décadas en ese país. Por increíble que parezca, muchos periodistas se quedaron anclados en la Guerra Fría y abonan a la esquemática narrativa occidental en la que los rusos siempre son los malos.

Sostienen ese relato por más que la realidad los desmienta, ya sea con el reciente diálogo entre Angela Merkel y Vladímir Putin para analizar la posibilidad de que Alemania y Rusia produzcan juntos la vacuna, o el acuerdo entre los fabricantes de Oxford y Sputnik V para hacer ensayos con la combinación de ambas vacunas. Con pleno desconocimiento de los valiosos aportes que la ciencia rusa ofreció al mundo a lo largo de su historia.

Desde que el gobierno de Alberto Fernández anunció la compra de la Sputnik V arreció la desconfianza y la descalificación a priori, basadas, por supuesto, en datos falsos: que si no había informes de los estudios, de las pruebas, de los resultados en los voluntarios, que ningún otro país quiere esta vacuna, que es solo un negocio entre "los comunistas" presidentes de Rusia y Argentina que están manipulados por Fernández de Kirchner, que la vacuna no iba a llegar en diciembre y, cuando llegó, que no servía porque era apenas un "ensayo" o que, de plano, era peligrosa.

La semana pasada, con el arribo de las primeras dosis de la vacuna, la campaña se intensificó. Los titulares se regodearon con supuestos efectos negativos que, oh sorpresa, estaban desacreditados en las propias notas. Que el encabezado no coincida con el desarrollo de la información ya es un clásico, pero ¿también en temas de salud pública? De terror.

Gracias a esa estrategia, la pregunta de moda es: "¿te pondrías la vacuna rusa?" La frase cargada de estigmatización y prejuicio y repetida a diario en muchos de los medios masivos más importantes se disemina en las calles, en los hogares, en los lugares de trabajo. El recelo se expande a costa de poner en riesgo a la población.

Maniobras


Los temas de cobertura de la prensa opositora ya pasaron por comparar el "éxito" de Finlandia, Suiza o Uruguay en el manejo de la pandemia, con el "fracaso" de Argentina; rechazar la llegada de médicos cubanos porque son "espías"; denunciar la falsa liberación en masa de asesinos y violadores con el pretexto del coronavirus; alertar sobre la amenaza estatizadora-comunista del oficialismo y magnificar cualquier crítica negativa (jamás las positivas) de la prensa extranjera al gobierno o al país.

También insisten en que hay un gobierno nazi o dictatorial; se quejan de "la cuarentena más larga del mundo" que no es tal; y advierten que "vamos a ser Venezuela", la amenaza estigmatizante y sin sustento que la derecha ha impuesto a escala internacional.

Ojalá respetáramos a la sociedad y a nuestro oficio. Ojalá volviéramos a cuestiones básicas como criticar, preguntar, contrastar, checar datos, consultar a especialistas, investigar, exigir transparencia en la información oficial y ejercer la autocrítica para desterrar el hábito de hablar sin saber.


En medio de todo ello, las y los periodistas científicos han debido nadar contra la corriente, muchas veces casi en soledad, con impotencia ante las desinformaciones diarias que se instalan a través de las redes y que son retomadas por la prensa que se autoconsidera "seria".

No se trata, por supuesto, de defender a ningún gobierno, no es esa nuestra tarea, ni la de justificar el caos en el velorio masivo del futbolista Diego Armando Maradona, las contradicciones del presidente y funcionarios que no usan barbijos ni respetan el distanciamiento social, la falta de respuesta ante los múltiples casos de violencia institucional registrados durante la pandemia o la sobreactuación épica por la llegada de las vacunas, por mencionar sólo algunos cuestionables episodios.

Pero nuestra labor tampoco es la de atacar sin fundamento y mucho menos la de promover la ira social, la polarización y la negatividad permanente, absoluta, que establece que todo lo que hacen las autoridades está mal.

Ojalá respetáramos a la sociedad y a nuestro oficio. Ojalá volviéramos a cuestiones básicas como contrastar, checar datos, consultar a especialistas, investigar, exigir transparencia en la información oficial y ejercer la autocrítica para desterrar el hábito de opinar sin saber. Como dicen los colegas del portal Faro Digital: Preguntar es tarea del periodismo; sembrar dudas, no.

O sea, lo que siempre debemos hacer. Quizás hoy sea demasiado pedirles a los medios y a los periodistas que, tristemente, priorizan sus intereses económicos y partidarios por encima de la información de calidad que merecen las sociedades.

Publicado enSociedad
Lunes, 09 Noviembre 2020 05:40

Los periodistas deben combatir la mentira

Detalle de un mural que conmemora el 'Domingo sangriento', Derry, Estados Unidos

Luego de la muerte de Robert Fisk el pasado viernes 30 de octubre, el 1 de noviembre de 2020 'The Independent' reprodujo algunos de sus mejores envíos en treinta años de labor informativa.

Publicado originalmente el 17 de enero de 2000, en este artículo Robert Fisk cuestiona por qué tantos corresponsales terminan a menudo como voceros de la propaganda militar cuando cubren guerras.

 

¿Quién podría sentirse sorprendido por los informes de que a Mark Laity, el corresponsal de defensa de la bbc, se le ha ofrecido el puesto de segundo al mando del vocero de la otan, James Shea? “No sentí que Jamie Shea me mintiera en absoluto”, anunció Laity. Esto lo dice después de una guerra en la que la otan contó mentirijillas acerca de sus ataques a convoyes de refugiados, del bombardeo en el centro de Prístina, de atacar un hospital de Surdulica, sobre el número de tanques serbios destruidos, y de que –asombrosamente– rehusó contestar las preguntas de una comisión de la onu sobre el uso de municiones de uranio deprimido en el bombardeo a Kosovo.

Pero, ¿qué pasa con los corresponsales de defensa que tan a menudo terminan en voceros de la más cruda propaganda militar? Sin duda no es nada nuevo. En la primera guerra mundial, los corresponsales informaban obedientemente sobre niños crucificados por los alemanes en las puertas de las iglesias y de cómo los alegres soldados británicos tomaron la sangrienta batalla del Somme como si fuera cosa de todos los días.

De hecho, Jamie Shea escribió su tesis de doctorado acerca de la propaganda británica en la primera guerra mundial. Se deja ver. La otan realizó su campaña de propaganda desde Bruselas como una tirada populista en la que Shea citó a Shakespeare –“incómoda descansa la cabeza que lleva una corona”– para ilustrar los problemas del líder serbio Slobodan Milosevic, a quien luego llamó Al Capone. Mientras se montaba este teatro encantador, los corresponsales de defensa que se reunían para las conferencias cotidianas eran arcilla en sus manos. Los serbios cometían crímenes de guerra, atrocidades –y de hecho lo eran–, así que, ¿quién osaría criticar a la otan?

En realidad, Laity es un tipo simpático, y sus constantes y confiadas apariciones en Bruselas eran un bálsamo para los espectadores de la bbc que, al leer periódicos más críticos, se preguntaban si podría haber algo indebido en una campaña de bombardeos de la otan que comenzó contra cuarteles militares y luego se extendió con promiscuidad hacia puentes, un tren, vías férreas, fábricas, convoyes de refugiados, hospitales y a veces hasta un tanque serbio. Así pues, cuando la otan masacró a docenas de refugiados albaneses en el primero de sus “errores” masivos, Laity sabía de qué lado estaba su juicio.

Shea apremió a los periodistas a parar el fuego, a no acusar a la otan de asesinar a los refugiados hasta que no presentara una explicación. No tuvo problemas con Laity. “Entendí desde el principio que aquí había una guerra de propaganda”, reconoció Laity más tarde. “Y mi juicio era que los serbios eran muy capaces de crear confusión deliberadamente; sabíamos –y con el tiempo los sucesos lo demostraron sin lugar a dudas– que los serbios mataban un montón de albaneses. Deliberadamente. Así que, si mataban albaneses deliberadamente y podían culpar a la otan a la vez, pues era una especie de doble golpe. Así pues, yo lo que quería era que la gente tomara las cosas con calma.”

Sólo después de que algunos periodistas fueron llevados a Kosovo por los serbios, y la evidencia que encontraron –The Independent recogió de la escena las claves de computadora de pedazos de bombas– demostró que la otan era responsable, fue cuando Shea presentó al comandante de los jets estadunidenses que bombardearon el convoy. En su mayoría, nuestros colegas en Bruselas recibieron la línea de la otan y la repitieron al aire como loros. “La otan tiene plena confianza en que atacó un convoy militar”, informó Laity en un principio. Nótese la redacción. No informó que la otan “dijo” tener confianza. Su confianza fue tomada como un hecho, exactamente como Shea quería.

Podemos entender los problemas de los corresponsales de defensa, en especial si trabajan para la bbc. No quieren perder sus contactos. “Yo hablaba con buenas personas, no con propagandistas”, diría Laity más tarde acerca de sus fuentes. Si los periodistas se volvían indebidamente escépticos, podrían ser considerados fuera de lugar, cínicos, incluso antipatrióticos. Nada nuevo en eso. Todavía recuerdo cómo un montón de corresponsales intentaron justificar la matanza del Domingo Sangriento en Derry en 1972 repitiendo las mentiras del ejército británico. Lo mismo ocurrió en la Guerra del Golfo de 1992.

El Servicio Mundial de la bbc eliminó poco a poco cualquier comentario crítico de su cobertura en el Golfo. Recuerdo haber encontrado un convoy médico del ejército británico, enviado a la frontera de Kuwait sin mapas, a punto de cruzar hacia territorio iraquí ocupado. Un montón de fuerzas especiales estadunidenses, un fotógrafo francés y yo los encontramos cuando intentaban negociar para que los dejaran cruzar la estación fronteriza saudita en Khafji, mientras su comandante –proveniente de Armagh, en Irlanda del Norte– me rogaba usar mi mapa porque no traía uno.

Cuando di cuenta de esto, la bbc optó por no entrevistarme. En cambio, dos reporteros fueron al aire para desacreditar mi reporte. “Anecdótico”, dijeron. Uno de ellos era Mark Laity.

Tal vez ese es el trabajo de un corresponsal de defensa: presentar el punto de vista del ejército. Por eso –con crueldad, pero, me temo, con veracidad– me referí en este diario al desempeño de Laity como el de “una oveja con piel de oveja”.
No he cambiado de opinión. Los corresponsales
de defensa fallaron en confrontar a Shea sobre el uso de cartuchos de uranio deprimido, sobre los civiles muertos en el hospital de Surdulica donde se escondían soldados serbios, sobre los informes de testigos de que el piloto de la otan que lanzó cohetes al tren yugoslavo en Gurdulice regresó para un segundo ataque, y sobre la crítica demanda de la otan de que los serbios permitieran que las tropas aliadas cruzaran por Yugoslavia, nación que fue simplemente abandonada al final de la guerra de Kosovo. Ningún reportero en Bruselas preguntó qué protección planeaba dar la otan a la minoría serbia en Kosovo después de la guerra. En su momento, la mayoría fueron “limpiados” por los albaneses a plena vista de la otan.

Los reporteros de la cadena británica itv tuvieron muchas más agallas. Quien haya observado la soberbia transmisión de Jonathan Dimbleby en la televisora lwt de esa cadena –desde dentro de Kosovo– puede ver de qué debe tratarse la información televisiva. Su cobertura de las expulsiones de serbios, de la intimidación del Ejército de Liberación de Kosovo a sus propios ciudadanos, y de la incapacidad de la otan de imponer orden, fue todo un modelo.

Dimbleby, junto con Keith Graves, de Sky, y otros, tal vez sean lobos en piel de lobo, pero hacen su trabajo, a diferencia de otros entre nuestros colegas durante la guerra. Veamos, por ejemplo, ese tren al que se ve acercarse a velocidad a la vista del bombardero en Gurdulice, demasiado tarde para poder evitar el ataque. ¿Parece que va demasiado rápido para ser un tren eléctrico que corre por un viaducto sobre el desfiladero de un río? En el video que Shea mostró a los chicos de la defensa, parecía moverse a la velocidad del Eurostar. Ahora resulta que la otan aumentó tres veces la velocidad del filme. Los reporteros en Bruselas no se dieron cuenta. Confiaron en la otan. Creían que la otan nunca mentía.

El 30 de agosto del año pasado, escasos dos meses después del fin de la guerra de Kosovo, los periodistas de la televisión se reunieron en Edimburgo para debatir su cobertura. Hubo algunos mea culpa y un montón de palmadas en la espalda –los chicos de la tele no se distinguen por su modestia– y, cuando sugerí que la cobertura de la otan había estado en el nivel de una revista militar para hombres, muchos menearon la cabeza. Laity calificó de “diatriba” mis críticas –yo había repetido la descripción de la “oveja”– y trató de justificar la guerra de la otan comparando el número de “errores” con el de ataques “exitosos”, proporción que, según recuerdo, supuestamente ascendía a uno por mil. En algún momento Laity reveló que, en las últimas etapas de la guerra, la otan tomó la decisión táctica de dejar de disculparse por la muerte de civiles en Yugoslavia. Era la primera vez que yo sabía de eso. ¿Por qué no nos lo dijeron en su momento?

Pero yo no estoy en contra de Laity. Estoy en contra de la cultura de la profesión de los corresponsales de guerra, como si su razón de ser fuera ofrecer el lado militar del argumento en vez de desafiar a los poderosos generales sobre un tema en el que se supone que los corresponsales son expertos. Los corresponsales de defensa trabajan duro. Recuerdo que Laity dijo que había hecho más de ochocientas transmisiones desde el cuartel de la otan durante el bombardeo; probablemente hizo muchas más en Bruselas, y a bajo costo, desde luego, para sus patrones. Pero luego, con una gran sonrisa, añadió en broma: “Yo era fácil, salía barato.”

Informes sobre la propuesta de empleo de la otan a Laity indican que todavía negocia una cifra más alta que las 100 mil libras que se piensa que le han ofrecido. Fácil, tal vez. Pero, sin duda, nada barato l

-08 Nov 2020 07:04


The Independent
Traducción de Jorge Anaya

Publicado enSociedad
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