De izquierda a derecha: Jorge Alberto Parra y Carlos Trujillo, ver entrevista completa: “Ex-trabajadores General Motors, Colmotores: Memorias de una década en lucha”

Ver cotidianamente una carpa en la acera de un barrio de clase media de Bogotá, al frente de la Embajada de los Estados Unidos, puede ser algo inusitado para las personas, pero podrían asombrarse aún más de saber que hace 10 años fue instalada ahí y que allí se han concentrado los sueños, luchas, propuestas, frustraciones, rabias, alegrías, rebeldías y dignidades de un grupo de trabajadores que a lo largo de esos años han exigido sus derechos laborales, a salud y seguridad social, ligados a que se reconozca que las enfermedades que adquirieron fueron producto de su trabajo.

 

El martes 2 de agosto de 2011, un grupo de trabajadores de la empresa automotriz General Motors Colmotores, decidió emprender una acción colectiva arriesgada: colocar una carpa al frente de la entrada a la Embajada de Estados Unidos para denunciar su situación laboral y de salud.

La realidad no daba para menos: todos estaban afectados por un conjunto de patologías adquiridas producto de su labor en la empresa automotriz General Motors Colmotores, pero no reconocidas así por la patronal. Patologías traducidas en incapacidades permanentes, que a la postre llevaron a la cancelación de su contrato laboral, quedando sin las indispensables protecciones laborales, económicas y de salud y por ello en unas condiciones de alta vulnerabilidad al no contar con salud, ni trabajo, imposible de conseguir de nuevo por sus incapacidades y por esta vía, perder sus viviendas y terminar desestructurándose sus familias.

Estaban ante una problemática que requería salidas efectivas y colectivas, e inicialmente la respuesta la dieron 63 trabajadores, que se dieron una identidad a través de Asotrecol (Asociación de trabajadores enfermos de Colmotores), organización desde la cual han impulsado múltiples acciones durante estos años de resistencia.

Jorge Parra, uno de los dirigentes de Asotrecol, expresa muy bien lo que les sucedió en su salud: “Nosotros trabajamos en las áreas de soldadura, mecánica, ensamble, y pintura con jornadas laborales de más 10 horas diarias. Trabajando durante 6 días la semana, con equipo y tecnología que no garantizaba una seguridad ocupacional mínima y con constante exigencia patronal para garantizar y superar las metas de producción. Estos factores sumados prácticamente garantizaban una epidemia laboral de enfermedades incapacitantes en pocos años: hernias discales, túnel de carpo, bursitis y manguito rotador en hombros se hicieron comunes”.

Por su lado una abogada que en un momento dado estuvo apoyando a trabajadores enfermos de Colmotores a establecer demandas jurídicas, expresa: “La empresa tiende a expulsar a los trabajadores enfermos a manera tanto de retaliación como forma de eximirse de la responsabilidad de sus enfermedades […] los despidos masivos y sin justa causa son una de las estrategias que usa la empresa para atacar y desmoralizar a los trabajadores”.

Entre el conjunto de acciones colectivas que emprendieron los trabajadores de Asotrecol en los primeros meses en la carpa, incluyeron enterramientos, huelgas de hambre cociéndose los labios y crucifixiones. Tal tipo de acciones reflejó el nivel de desespero en que se encontraban, buscando ser escuchados y atendidos en sus demandas. Al comienzo los medios masivos de comunicación los visibilizaron, producto del manejo amarillista de los conflictos, después los olvidaron; igual que el conjunto de actores involucrados y responsables en este conflicto que han mantenido un margen conveniente a lo largo de esta década.

Internacionalización de la problemática

El acto de colocar la carpa al frente de la embajada sin duda fue osado, pero completamente estratégico. Partió de entender que el conflicto debía ganar un escenario internacional al ser General Motors Colmotores una empresa norteamericana y que, por lo tanto, era competencia del gobierno de los Estados Unidos involucrarse en la resolución de esta problemática, mucho más tras haberle inyectado una suma grande de dineros públicos para su salvamento.

De otro lado, por que estos trabajadores enmarcaron su conflicto en el Tratado de libre comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia, y el plan de acción laboral que integró y por el cual los dos gobiernos se obligaban a respetar los derechos laborales en sus países. Con esto se presionó para que Estados Unidos interviniera en este conflicto y contribuyera a su solución.

Esta internacionalización trajo a la postre un hecho fundamental que ha sido el soporte y la razón de que la carpa y la acción de Asotrecol se haya sostenido estos diez años. Se configuró una red de solidaridad internacional, principalmente en Estados Unidos, pero que luego apareció en países de Europa y África. Cada vez que se ha intentado expulsarlos de la carpa, esta red ha presionado al gobierno de los Estados Unidos y al de Colombia, evitando que la acción se consuma.

Indolencia de los actores responsables para resolver el conflicto


En la concreción de su labor Asotrecol ha denunciado su caso ante instancias nacionales e internacionales. A nivel nacional han denunciado ante el Ministerio de Trabajo, la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo. Igualmente, Asotrecol presentó su caso ante la Comisión Especial de Tratamiento de Conflictos –Cetcoit 1–, la cual no tuvo mayores efectos.

En el escenario internacional han logrado audiencias en el Congreso de los Estados Unidos, además de realizar un proceso para que su caso fuera presentado a la OIT en Ginebra, Suiza, en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo, la cual no prosperó.

En esas condiciones, luego de diez años de lucha y de su estadía en una carpa, no alcanzan ningún tipo de resolución a la situación y demandas de los extrabajadores de Colmotores, lo cual expresa la indolencia, negligencia e indiferencia de los actores involucrados en este conflicto.

La empresa, por su parte, ha buscado todo el tiempo quitarse la responsabilidad que le concierne y en los momentos que ha propuesto soluciones han encontrado el rechazo de los trabajadores de Asotrecol por considerarlas exiguas.

A su vez, las Administradoras de Riesgos Laborales –ARL– involucradas en el conflicto, no han reconocido el origen laboral de las patologías sufridas por los trabajadores, por lo cual sus derechos de salud y seguridad social no han sido garantizados. Tratados los casos en las juntas de calificación de invalidez regional y nacional, tampoco se ha logrado el reconocimiento del origen laboral de las patologías.

Como si fuera extraño, el Ministerio de Trabajo ha mostrado su constante falta de autoridad estatal laboral, por lo cual en estos diez años ha permanecido al margen del conflicto incumpliendo su deber para dirimir este ya largo conflicto laboral. Como hijas de igual familia, las instituciones del Ministerio Público han mostrado su baja capacidad de incidir en conflictos de este tipo.

En paralelo, el gobierno de los Estados Unidos, que en un momento dado atendió la situación de los trabajadores
–convocando a la empresa para hablar del tema–, con el paso del tiempo se desentendió de la situación.

Por su parte el movimiento sindical, en particular las centrales de trabajadores, que aunque no son actores responsables de esta situación y en algunos momentos han expresado su solidaridad con el caso, realmente han actuado muy poco o nada para presionar una negociación que permita se resuelva este conflicto.

Extensa problemática de salud en el trabajo


Simbólicamente esta carpa representa la lucha y resistencia de miles de trabajadores y trabajadoras en el país que padecen igual situación: enfermarse producto de su trabajo, desconocidos en sus derechos y sin trabajo, quedando en una situación enorme de vulnerabilidad de salud y social.

Una realidad que allí donde sucede y logra cohesión, se traduce en organización y resitencia. La configuración de estas asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo se registra en el país desde el 2006. Hasta 2019 son 19 asociaciones las conformadas (ver tabla), las cuales cubren principalmente a trabajadores y extrabajadores vinculados con los sectores económicos minero-energético, agro-alimentario, automotriz, construcción, tabacalero, manufacturero, mantenimiento, hotelero, seguridad y de la salud; su presencia se registra en un número importantes de regiones del país.

Trabajo e incapacidad laboral, dolencias crónicas, invalidez y afines, una problemática que se explica en gran medida porque en el país existe una debilidad importante en las políticas y sistemas de gestión de la seguridad y la salud en el trabajo, lo que lleva a que se sigan produciendo altas cifras de accidentalidad, enfermedad y muerte de origen laboral. También porque se dan procesos de subregistro de los casos al no documentarse y subdiagnósticos al no pensarse clínicamente que muchas de las patologías que sufren las personas son a causa del trabajo, ejemplo contundente de ello son los cánceres que en el país no se registran en su origen laboral. Y a esto se suma el encubrimiento de los casos por parte de las empresas, la pretensión de las ARL de no reconocer el origen laboral de estos hechos, la falta de eficacia en la labor de las juntas de calificación de invalidez y el muy débil papel de inspección, vigilancia y control que ejerce el Ministerio de Trabajo, entidad que es la autoridad estatal en materia laboral y de riesgos profesionales.

 

 

Logros y enseñanzas de una década de lucha


Jorge y Carlos, quienes son los que más han estado al frente de la dinámica de la carpa a lo largo de los diez años transcurridos, hablan con tranquilidad, con fuerza argumentativa y con la sabiduría apartada por esta experiencia que ha curtido sus vidas.

Jorge dice, “lo más importante que debe considerar un trabajador es ser consciente de que tiene que defender sus derechos, es tal vez lo más importante que nosotros podemos decir después de diez años de lucha”.

Entre los alcances que destacan de lo liderado por Asotrecol está que la empresa, producto de sus acciones colectivas, se vio forzada a darle un tratamiento distinto a los trabajadores que se han enfermado, teniendo que gestionar procesos de rehabilitación y de reubicación, sin poder despedirlos. De manra adicional, interpretan que con su lucha también presionaron para que Colmotores hiciera inversiones tecnológicas con un enfoque ergonómico para prevenir las enfermedades entre sus trabajadores.

Otro alcance que reconocen fruto de su acción es la constitución de Asotrecol en referente para que otros trabajadores enfermos producto de su trabajo cotidiano tomasen como ejemplo su proceso de lucha y resistencia, razón por lo cual han sido buscados para pedirles orientaciones para sus casos, tanto por trabajadores de Colmotores, como de otras empresas de diversas regiones del país.

Tal como lo menciona Carlos Trujillo: “dentro de la empresa se ha generado la conciencia que tienen que defender sus derechos y muchos de ellos han llegado aquí, a pedir una asesoría y un acompañamiento en el proceso de ellos y eso es lo que de una u otra forma trata de hacer Asotrecol”.

Sin duda, una lucha de tantos años genera un proceso de decrecimiento y agotamiento, dado lo prolongado de la acción, pero no por eso la demerita, ni le quita sus propósitos, que para el caso de Asotrecol continúan siendo férreos y dignamente sostenidos por sus miembros.

Como gran enseñanza de su lucha, Jorge dice de forma recia en la conversación sostenido en la carpa: “realmente lo que vemos con nuestro caso particular es que si nosotros no hubiésemos tenido la convicción completa de defender nuestros derechos como la hemos tenido durante todo este tiempo, no hubiese servido de nada esto, porque esto es difícil”.

Y remata diciendo: “Nadie más va a venir a luchar por nosotros. El problema es nuestro, nosotros tenemos que tomarlo y enfrentarlo”.

Acá esta la gran enseñanza, sentada en las bases de la dignidad y resistencia del movimiento obrero, que recoge las experiencias internacionales y que recuerda la acción de los obreros italianos que a finales de los 60 y comienzos de los 70 del siglo XX defendieron y extendieron la idea que el actor protagónico en la defensa de la salud en el trabajo son los propios trabajadores y trabajadoras. Sin duda esta idea ha recorrido el mundo y se ha hecho presente con enorme dignidad y valentía en el escenario de esta carpa de la resistencia.

 

* Este artículo se apoya en la investigación doctoral en salud pública realizada por el autor, denominada “Luchas obreras por la salud en Colombia. El caso de las Asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo”, Universidad Nacional de Colombia. https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/77727
** Profesor Universidad Nacional de Colombia
1 Organismo del Ministerio del Trabajo encargado de atender los conflictos relacionados con la liberta sindical regulados por los convenios ratificados por Colombia de la OIT.

 

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https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enEdición Nº283
De izquierda a derecha: Jorge Alberto Parra y Carlos Trujillo, ver entrevista completa: “Ex-trabajadores General Motors, Colmotores: Memorias de una década en lucha”

Ver cotidianamente una carpa en la acera de un barrio de clase media de Bogotá, al frente de la Embajada de los Estados Unidos, puede ser algo inusitado para las personas, pero podrían asombrarse aún más de saber que hace 10 años fue instalada ahí y que allí se han concentrado los sueños, luchas, propuestas, frustraciones, rabias, alegrías, rebeldías y dignidades de un grupo de trabajadores que a lo largo de esos años han exigido sus derechos laborales, a salud y seguridad social, ligados a que se reconozca que las enfermedades que adquirieron fueron producto de su trabajo.

 

El martes 2 de agosto de 2011, un grupo de trabajadores de la empresa automotriz General Motors Colmotores, decidió emprender una acción colectiva arriesgada: colocar una carpa al frente de la entrada a la Embajada de Estados Unidos para denunciar su situación laboral y de salud.

La realidad no daba para menos: todos estaban afectados por un conjunto de patologías adquiridas producto de su labor en la empresa automotriz General Motors Colmotores, pero no reconocidas así por la patronal. Patologías traducidas en incapacidades permanentes, que a la postre llevaron a la cancelación de su contrato laboral, quedando sin las indispensables protecciones laborales, económicas y de salud y por ello en unas condiciones de alta vulnerabilidad al no contar con salud, ni trabajo, imposible de conseguir de nuevo por sus incapacidades y por esta vía, perder sus viviendas y terminar desestructurándose sus familias.

Estaban ante una problemática que requería salidas efectivas y colectivas, e inicialmente la respuesta la dieron 63 trabajadores, que se dieron una identidad a través de Asotrecol (Asociación de trabajadores enfermos de Colmotores), organización desde la cual han impulsado múltiples acciones durante estos años de resistencia.

Jorge Parra, uno de los dirigentes de Asotrecol, expresa muy bien lo que les sucedió en su salud: “Nosotros trabajamos en las áreas de soldadura, mecánica, ensamble, y pintura con jornadas laborales de más 10 horas diarias. Trabajando durante 6 días la semana, con equipo y tecnología que no garantizaba una seguridad ocupacional mínima y con constante exigencia patronal para garantizar y superar las metas de producción. Estos factores sumados prácticamente garantizaban una epidemia laboral de enfermedades incapacitantes en pocos años: hernias discales, túnel de carpo, bursitis y manguito rotador en hombros se hicieron comunes”.

Por su lado una abogada que en un momento dado estuvo apoyando a trabajadores enfermos de Colmotores a establecer demandas jurídicas, expresa: “La empresa tiende a expulsar a los trabajadores enfermos a manera tanto de retaliación como forma de eximirse de la responsabilidad de sus enfermedades […] los despidos masivos y sin justa causa son una de las estrategias que usa la empresa para atacar y desmoralizar a los trabajadores”.

Entre el conjunto de acciones colectivas que emprendieron los trabajadores de Asotrecol en los primeros meses en la carpa, incluyeron enterramientos, huelgas de hambre cociéndose los labios y crucifixiones. Tal tipo de acciones reflejó el nivel de desespero en que se encontraban, buscando ser escuchados y atendidos en sus demandas. Al comienzo los medios masivos de comunicación los visibilizaron, producto del manejo amarillista de los conflictos, después los olvidaron; igual que el conjunto de actores involucrados y responsables en este conflicto que han mantenido un margen conveniente a lo largo de esta década.

Internacionalización de la problemática

El acto de colocar la carpa al frente de la embajada sin duda fue osado, pero completamente estratégico. Partió de entender que el conflicto debía ganar un escenario internacional al ser General Motors Colmotores una empresa norteamericana y que, por lo tanto, era competencia del gobierno de los Estados Unidos involucrarse en la resolución de esta problemática, mucho más tras haberle inyectado una suma grande de dineros públicos para su salvamento.

De otro lado, por que estos trabajadores enmarcaron su conflicto en el Tratado de libre comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia, y el plan de acción laboral que integró y por el cual los dos gobiernos se obligaban a respetar los derechos laborales en sus países. Con esto se presionó para que Estados Unidos interviniera en este conflicto y contribuyera a su solución.

Esta internacionalización trajo a la postre un hecho fundamental que ha sido el soporte y la razón de que la carpa y la acción de Asotrecol se haya sostenido estos diez años. Se configuró una red de solidaridad internacional, principalmente en Estados Unidos, pero que luego apareció en países de Europa y África. Cada vez que se ha intentado expulsarlos de la carpa, esta red ha presionado al gobierno de los Estados Unidos y al de Colombia, evitando que la acción se consuma.

Indolencia de los actores responsables para resolver el conflicto


En la concreción de su labor Asotrecol ha denunciado su caso ante instancias nacionales e internacionales. A nivel nacional han denunciado ante el Ministerio de Trabajo, la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo. Igualmente, Asotrecol presentó su caso ante la Comisión Especial de Tratamiento de Conflictos –Cetcoit 1–, la cual no tuvo mayores efectos.

En el escenario internacional han logrado audiencias en el Congreso de los Estados Unidos, además de realizar un proceso para que su caso fuera presentado a la OIT en Ginebra, Suiza, en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo, la cual no prosperó.

En esas condiciones, luego de diez años de lucha y de su estadía en una carpa, no alcanzan ningún tipo de resolución a la situación y demandas de los extrabajadores de Colmotores, lo cual expresa la indolencia, negligencia e indiferencia de los actores involucrados en este conflicto.

La empresa, por su parte, ha buscado todo el tiempo quitarse la responsabilidad que le concierne y en los momentos que ha propuesto soluciones han encontrado el rechazo de los trabajadores de Asotrecol por considerarlas exiguas.

A su vez, las Administradoras de Riesgos Laborales –ARL– involucradas en el conflicto, no han reconocido el origen laboral de las patologías sufridas por los trabajadores, por lo cual sus derechos de salud y seguridad social no han sido garantizados. Tratados los casos en las juntas de calificación de invalidez regional y nacional, tampoco se ha logrado el reconocimiento del origen laboral de las patologías.

Como si fuera extraño, el Ministerio de Trabajo ha mostrado su constante falta de autoridad estatal laboral, por lo cual en estos diez años ha permanecido al margen del conflicto incumpliendo su deber para dirimir este ya largo conflicto laboral. Como hijas de igual familia, las instituciones del Ministerio Público han mostrado su baja capacidad de incidir en conflictos de este tipo.

En paralelo, el gobierno de los Estados Unidos, que en un momento dado atendió la situación de los trabajadores
–convocando a la empresa para hablar del tema–, con el paso del tiempo se desentendió de la situación.

Por su parte el movimiento sindical, en particular las centrales de trabajadores, que aunque no son actores responsables de esta situación y en algunos momentos han expresado su solidaridad con el caso, realmente han actuado muy poco o nada para presionar una negociación que permita se resuelva este conflicto.

Extensa problemática de salud en el trabajo


Simbólicamente esta carpa representa la lucha y resistencia de miles de trabajadores y trabajadoras en el país que padecen igual situación: enfermarse producto de su trabajo, desconocidos en sus derechos y sin trabajo, quedando en una situación enorme de vulnerabilidad de salud y social.

Una realidad que allí donde sucede y logra cohesión, se traduce en organización y resitencia. La configuración de estas asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo se registra en el país desde el 2006. Hasta 2019 son 19 asociaciones las conformadas (ver tabla), las cuales cubren principalmente a trabajadores y extrabajadores vinculados con los sectores económicos minero-energético, agro-alimentario, automotriz, construcción, tabacalero, manufacturero, mantenimiento, hotelero, seguridad y de la salud; su presencia se registra en un número importantes de regiones del país.

Trabajo e incapacidad laboral, dolencias crónicas, invalidez y afines, una problemática que se explica en gran medida porque en el país existe una debilidad importante en las políticas y sistemas de gestión de la seguridad y la salud en el trabajo, lo que lleva a que se sigan produciendo altas cifras de accidentalidad, enfermedad y muerte de origen laboral. También porque se dan procesos de subregistro de los casos al no documentarse y subdiagnósticos al no pensarse clínicamente que muchas de las patologías que sufren las personas son a causa del trabajo, ejemplo contundente de ello son los cánceres que en el país no se registran en su origen laboral. Y a esto se suma el encubrimiento de los casos por parte de las empresas, la pretensión de las ARL de no reconocer el origen laboral de estos hechos, la falta de eficacia en la labor de las juntas de calificación de invalidez y el muy débil papel de inspección, vigilancia y control que ejerce el Ministerio de Trabajo, entidad que es la autoridad estatal en materia laboral y de riesgos profesionales.

 

 

Logros y enseñanzas de una década de lucha


Jorge y Carlos, quienes son los que más han estado al frente de la dinámica de la carpa a lo largo de los diez años transcurridos, hablan con tranquilidad, con fuerza argumentativa y con la sabiduría apartada por esta experiencia que ha curtido sus vidas.

Jorge dice, “lo más importante que debe considerar un trabajador es ser consciente de que tiene que defender sus derechos, es tal vez lo más importante que nosotros podemos decir después de diez años de lucha”.

Entre los alcances que destacan de lo liderado por Asotrecol está que la empresa, producto de sus acciones colectivas, se vio forzada a darle un tratamiento distinto a los trabajadores que se han enfermado, teniendo que gestionar procesos de rehabilitación y de reubicación, sin poder despedirlos. De manra adicional, interpretan que con su lucha también presionaron para que Colmotores hiciera inversiones tecnológicas con un enfoque ergonómico para prevenir las enfermedades entre sus trabajadores.

Otro alcance que reconocen fruto de su acción es la constitución de Asotrecol en referente para que otros trabajadores enfermos producto de su trabajo cotidiano tomasen como ejemplo su proceso de lucha y resistencia, razón por lo cual han sido buscados para pedirles orientaciones para sus casos, tanto por trabajadores de Colmotores, como de otras empresas de diversas regiones del país.

Tal como lo menciona Carlos Trujillo: “dentro de la empresa se ha generado la conciencia que tienen que defender sus derechos y muchos de ellos han llegado aquí, a pedir una asesoría y un acompañamiento en el proceso de ellos y eso es lo que de una u otra forma trata de hacer Asotrecol”.

Sin duda, una lucha de tantos años genera un proceso de decrecimiento y agotamiento, dado lo prolongado de la acción, pero no por eso la demerita, ni le quita sus propósitos, que para el caso de Asotrecol continúan siendo férreos y dignamente sostenidos por sus miembros.

Como gran enseñanza de su lucha, Jorge dice de forma recia en la conversación sostenido en la carpa: “realmente lo que vemos con nuestro caso particular es que si nosotros no hubiésemos tenido la convicción completa de defender nuestros derechos como la hemos tenido durante todo este tiempo, no hubiese servido de nada esto, porque esto es difícil”.

Y remata diciendo: “Nadie más va a venir a luchar por nosotros. El problema es nuestro, nosotros tenemos que tomarlo y enfrentarlo”.

Acá esta la gran enseñanza, sentada en las bases de la dignidad y resistencia del movimiento obrero, que recoge las experiencias internacionales y que recuerda la acción de los obreros italianos que a finales de los 60 y comienzos de los 70 del siglo XX defendieron y extendieron la idea que el actor protagónico en la defensa de la salud en el trabajo son los propios trabajadores y trabajadoras. Sin duda esta idea ha recorrido el mundo y se ha hecho presente con enorme dignidad y valentía en el escenario de esta carpa de la resistencia.

 

* Este artículo se apoya en la investigación doctoral en salud pública realizada por el autor, denominada “Luchas obreras por la salud en Colombia. El caso de las Asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo”, Universidad Nacional de Colombia. https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/77727
** Profesor Universidad Nacional de Colombia
1 Organismo del Ministerio del Trabajo encargado de atender los conflictos relacionados con la liberta sindical regulados por los convenios ratificados por Colombia de la OIT.

 

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Jornada de paro nacional en Guatemala pide la renuncia del presidente Giammatei

Organizaciones sociales, indígenas, campesinas y estudiantiles de Guatemala se movilizaron y pidieron la renuncia del presidente Giammatei, entre otras cosas, por la destitución de Juan Francisco Sandoval como jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad, informó la directora de Aministía Internacional para las Américas, Erika Guevara-Rosas.

"Varias protestas pacíficas en el Paro Nacional 29J en Guatemala. El pueblo guatemalteco levanta su voz demandando rendición de cuentas, fin de la corrupción y la impunidad, y ejercicio de DDHH. Exigimos a Alejandro Giammattei respetar el derecho de protesta y atender las demandas", tuiteó Guevara-Rosas.

Los guatemaltecos también reclaman que el Estado disponga de políticas públicas para enfrentar a la pandemia de COVID-19, que hasta el momento ha provocado el contagio de 358.798 personas y la muerte de otras 10.224.

Parte de la columna de manifestantes se dirigió al Ministerio Público, donde exigieron la dimisión de la titular, la fiscal general Consuelo Porras.

La ciudad de Guatemala fue el epicentro de las protestas enmarcadas en la jornada de paro nacional, pero también se registraron caminatas, mítines y otras actividades en los 22 departamentos del país.

Publicado enInternacional
Miércoles, 28 Julio 2021 10:49

Usmekistán: Guardianes de chaleco

Usmekistán: Guardianes de chaleco


«Usmekistán» le dicen por estos tiempos. La localidad de Usme –que casi cierra Bogotá por el suroriente– tiene un récord de 22 horas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas. Pero el lugar no sólo es casa de enemigos declarados: es casa, también, de un puñado de brigadistas que vinieron a poner el pellejo en un profundo acto de humanidad que salva vidas y mitiga los crueles dolores de los heridos.

 

«Usmekistán» porque de Oriente Medio ha venido llegando durante el Paro Nacional a la localidad de Usme el estrépito de guerras sin fin en países lejanos: un grito callado que resuena por entre las calles y hoy se vuelve campo de batalla en la tarde-noche del 20 de Julio de 2021. Este año la conmemoración de la independencia pasa de agache, pues desde hace tres meses en Colombia los ojos están puestos en guerras de ciudad que se ponen fecha y hora para enfrentar a quienes por ser hijos de una misma patria son hermanos.

En esta ocasión debo meter la cucharada hasta el fondo y hacer parte del relato porque, por ser la primera vez que asisto a un tropel, puedo, a través de mi absoluta perplejidad respecto de lo que vi y viví en Usme, a través del desmedido miedo que sentí al estar a escasos metros de lo que es un verdadero campo de batalla sin Dios ni ley en el que el Esmad y los chicos de Primera Línea pelean, venir a recordarnos que no debería ser normal una tanqueta en un barrio y que un gas lacrimógeno no es nada menos que un arma química.

Vine a por la historia de seres humanos que –me consta, mucho me consta–, deciden adentrarse en un bosque cementoso de enormes e inauditos peligros por una razón que sólo puede explicarse como un acto de profunda e insondable humanidad: son los brigadistas que salen a atender a los heridos de las jornadas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas, bandos enemigos plenamente establecidos durante el Paro Nacional. Aquí no le pagan a nadie. Los brigadistas son entera generosidad y todo corazón.

Hoy la confrontación es sobre la Caracas y se desplaza de sur a norte: inicia en la intersección de Yomasa (5.5 kilómetros al norte de donde empieza la Vía Bogotá-Villavicencio), pasará por los bordes de los barrios Gran Yomasa, La Andrea y Almirante Padilla (que nacen en el costado oriente de la Caracas y se despliegan montaña arriba) hasta llegar, al menos hasta que anocheció, al borde sur del barrio Santa Librada, donde está el Puente de la Dignidad: ese espacio ganado, ese símbolo de la Primera Línea de Usme que no sólo es confrontación: el puente, en el marco de la movilización social en la localidad, ha sido encuentro, conciertos, sancochos nocturnos en ollas comunitarias.

Los brigadistas del día son dos grupos de seres humanos que, sin duda, tienen el medidor de pánico calibrado distinto al de uno. Los de chaleco azul –16– pertenecen a la Misión Médica de REDPAS: la Red Popular de Primeros Auxilios sección Bogotá. Los de chaleco amarillo –22– son visita: muchachos que son parte del Bloque Popular de Salud de Medellín (BPS). Hoy hacen equipo en la tarea humanitaria y casi incomprensible de auxiliar a los heridos del tropel. Son grupos populares porque nacieron en el seno de los barrios y agrupan a ciudadanos del común con vocación de servicio y sentido de pertenencia por la comunidad que integran. También hacen presencia Derechos Humanos y los Gestores de Convivencia del Distrito, a quienes se distingue por sus chaquetas rojas.

Brigadista puede ser cualquier persona con la voluntad de salir a ayudar. No se necesita ser profesional de la salud para brindar primeros auxilios a los heridos de una jornada de confrontación: sólo se necesita tener compasión por el otro. Y volquetadas de valentía.

 

 

Antes que nada, entender el Nivel Jennifer


Las gafas de protección que había comprado en primera instancia en Homecenter para ir a hacer mi reportería no eran las adecuadas. Me lo dejó súper claro Jennifer Cardona –enfermera, cofundadora de REDPAS y Comandante de Incidente de las brigadas de Bogotá–, cuando le mandé foto de las gafas para cerciorarme que sí había comprado las indicadas:

“No, mujer, consigue unas de alto impacto. Esas gafas son de laboratorio, para trabajar sustancias químicas, y, si bien te ayudan a proteger del gas, si te llega a caer un proyectil en el ojo, te va a estallar la gafa y te va a lastimar más el ojo. Mientras que unas de alto impacto trancan el golpe”. Jennifer habla de potenciales heridas graves como si me estuviera explicando qué bus coger o cómo hacerme una trenza: domina el arte de mantener la calma.

La vi serena atendiendo a un chico que tenía impactos múltiples en la espalda y el pecho y que no se podía mover. Serena comunicándonos sin aspavientos que la razón por la cual, a pesar de que vemos dos tanquetas, Fuerza Disponible y Esmad parqueados en la intersección de Yomasa de cara a la Primera Línea y a pesar de que la Policía ya tiene orden de intervención, las cosas no arrancan aún porque falta por llegar un comandante y un escuadrón completo. Lo sabe porque integra el Puesto de Mando Unificado que fue instalado por la alcaldesa para la jornada.

Jennifer coordina los esquemas de la organización a lo largo de la ciudad en cada confrontación anunciada. Sutura y consigue donaciones para REDPAS. Puede llegar a desayunar a las 5 de la tarde porque se la pasó todo el día en reuniones interlocutando con el distrito. Jennifer atiende por igual a muchachos de Primera Línea y a policías.

Para Jennifer el esquema se acaba cuando todos y cada uno de los brigadistas reportan que llegaron a sus casas. Y es ella quien comunica a sus brigadistas tajantemente que las brigadas se recogen inmediatamente se comprueba que ha habido accionar de arma de fuego en el territorio.

Ya son las 3:30. Seguimos a la espera. Los bandos enfrentados parecen dos equipos de fútbol esperando a que el árbitro lance la pelota al aire para poder empezar el partido. Pasa un señor vendiendo cigarrillos. Hace calor. Llega la Minga.

 

No es un mal sueño: esto es real*

Claras y soleadas son las cuatro y treinta de la tarde que reciben a un tropel que se ha venido incubando todo el día. Julián –médico de la Universidad de Antioquia– se cerciora de que mis famosas gafas en efecto vayan a cumplir con su tarea: les echa Aceite Johnson’s en los lentes para que no se empañen, y pone Micropore™ sobre los malvados agujeros que trae el marco, listos a dejar penetrarse por vahos indeseables.

Es verdad que tengo un casco blanco que dice «prensa» y un chaleco azul que me “hace” brigadista con el propósito de que nadie arremeta contra mí. Es verdad que traigo puestas unas gafas de alto impacto y una máscara para gases lacrimógenos, ambas cosas una rareza entre los chicos de la Primera Línea: la gran mayoría tiene los ojos descubiertos y un insuficiente pedazo de tela negra cubriendo su nariz, boca y cuello. Mierda, es verdad que estoy aquí.

Esto es una batalla campal. Una nube pavorosa de disparos humeantes; una lluvia de piedras. Es por eso que Camilo y yo estamos medio escapados de la casa: porque en un tropel los milímetros son la diferencia entre perder un ojo o no; porque en un tropel la vida es dos veces frágil y la muerte puede asomar su nariz en un descuido.

El tropel es sobre la vía (sobre la Caracas misma). Los brigadistas (yo incluida) y los chismosos nos movemos sobre los andenes, procurando andar lo más pegados que podemos a las paredes de las casas y las tiendas. Cuando el Esmad arremete, la Primera Línea corre calle arriba en dirección al oriente huyendo así de la vía principal. Por momentos, caravanas de motos nos sorprenden llegando desde callejones por debajo de la Caracas, y los matrimonios zumban de aquí para allá sembrando temor.

Estoy recomendada a Cindy, que hoy es Comandante de Incidente de la Brigada Usme. Cindy es bióloga. Tiene la muy difícil tarea de velar por la integridad de los brigadistas y de tomar decisiones in situ bajo presión y bajo riesgo. Procuro caminar a su lado, pero el desplazamiento es frenético y accidentado y no siempre se hace fácil seguirle los pasos. Cuando la pierdo de vista me invade el miedo. ¿Es esto una balacera? Las aturdidoras suenan como tiros y no es obvio para mí que hacen parte de las consabidas “armas no letales” del Esmad.

 

 

¡Estamos a tan escasos metros del tropel! Y eso que hay grupos de brigadistas en aún más extremas condiciones de riesgo que hacen la labor de extracción de heridos desde el centro de la confrontación: las Avanzadas.

Los muchachos de Primera Línea no arremeten en lo absoluto contra las brigadas, pero recibir una pedrada por accidente no se descarta. Ahora bien: cada vez que los agentes del Esmad se acercan, mi corazón late pidiendo a gritos que no me salen que se respete mi vida. Por ridículo que parezca, la única manera que tenemos de proteger nuestra vida cuando todo es caos y se sobreviene la arremetida en dirección a nuestro andén, es alzar las manos en señal de desarme.

Por eso cuando siento que el peligro me husmea de cerca, cuando me siento cerca a desplomarme de la angustia, me cuelgo con abandono y desespero, o del brazo de Juan Pablo (su joven y hermosa mirada aun debajo de las gafas de protección me tranquiliza), o del brazo de El Profe de Química (sus canas me dan la sensación de papá que mi existencia necesita). Seguramente con el pasar de los días revisitaré mis recuerdos de Juan Pablo y de El Profe de Química, y suspiraré.

[*Nota: todos los personajes nombrados en este apartado son brigadistas de REDPAS Bogotá y del Bloque Popular de Salud de Medellín.]

 

De botiquines, menjurjes y gaseadas


Hay muchas personas bonitas entre el grupo de brigadistas: El Profe Alex, que dicta artes escénicas y teatro; Lina, estudiante de pedagogía infantil que en un momento del día apoyó el traslado que entre siete debieron hacer de un muchacho que cayó inconsciente y debió ser llevado al Punto Fijo de Salud; Juan, designado para coordinar las comunicaciones que le aseguran a las brigadas un desplazamiento seguro, y que hoy guía a la delegación de Medellín; Carol Natalia, una chica de 20 años que se encarga de la muy importante tarea de tomar fotos y datos de cada herido (sexo, edad y afectación) para llevar el registro del día; Laura, la estudiante de veterinaria que en la jornada alcanzó a rehabilitar a dos perros callejeros.

Los brigadistas cargan un botiquín básico para auxiliar a los heridos que contiene solución salina para el lavado de heridas y quemaduras, muchas gasas, vendas, guantes, esparadrapo o Micropore™, analgésicos para el dolor, agua, tijeras, cremas para quemaduras. Cargan, también, el líquido blanco insignia de quienes auxilian a víctimas de gases lacrimógenos: el neutralizador.

Brigadista que se respete tiene su propio envase de plástico con spray para administrar el líquido neutralizador en cara, ojos y boca a todo afectado por gases lacrimógenos. Tiene múltiples preparaciones (que hasta incluyen fécula de maíz), aunque el compuesto base e indispensable es el clásico hidróxido de aluminio que venden en el mercado como antiácido. Precisamente porque los gases lacrimógenos son altamente ácidos generan irritación en ojos, boca y vías aéreas. Los neutralizadores alcalinizan la zona afectada, mitigando así el daño y el ardor.

Más temprano, recién aterricé en el tropel, tuve una noción de lo que es un gas lacrimógeno: no me pareció fuerte y rápidamente se fue. Ahora atardece y Pedro Pablo -brigadista paisa, médico en formación- y yo estamos acurrucados alrededor de un chico que tiene una herida sangrando en la frente. Pedro Pablo lo auxilia. Yo me dispongo a tomar notas. Lo que pasa, o más bien lo que percibo después, es que no puedo respirar. Es una sensación silenciosa, desamparada: un tiquete a la película muda que alguien está viendo en algún lugar recóndito de la galaxia. A mí el gas lacrimógeno me huele a anestesia inhalada mezclada con pánico. Una sola frase aterriza en mi cabeza: “mi mamá me dijo que no viniera”.

 

 

Por cliché que les parezca, nos acaba de caer un gas lacrimógeno a un metro de distancia. Acabo de ser gaseada exactamente en la Avenida Caracas con Calle 78A Sur; sangre llamó gas y en un segundo hubo clorobenzilideno malononitrilo para nuestras ávidas narices. Si bajo la escandalosa máscara para gases lacrimógenos que parece de ingeniero de planta nuclear yo sentí morir, no quiero ni imaginar lo que siente un chico de Primera Línea que tiene sobre nariz, boca y cuello un pedazo de tela como única protección. Para muchos chicos de Primera Línea la único que mitiga los efectos del gas es el humo que despiden los fuegos construidos en mitad de calle. El humo absorbe el gas lacrimógeno y lo disipa.

Disipado el gas, me quito la máscara. Mocos por todas partes. Es un buen momento para recordar que, en cumplimiento de los estándares internacionales para el uso de armas no letales, el Esmad siempre debería tirar los gases para arriba en movimiento parabólico; nunca directamente a los manifestantes. Por las inscripciones en los casquetes de los gases que quedan como basura en la calle (fecha y lote) se sabe que algunos de los gases de hoy estaban vencidos. Los gases vencidos son más dañinos.

Lo único que quiero es toser y es lo que los brigadistas a mi alrededor me dicen que procure evitar. Es casi imposible no toser, aunque sería ideal no hacerlo cuando el gas no se ha terminado de disipar: toser es expulsar todo el aire de los pulmones, pero implica una inspiración posterior profunda por la boca que es un pasaje directo del gas hacia los pulmones. Y entonces Pedro Pablo me auxilia a mí. Me rocía neutralizador en los ojos y en la boca. La indicación es hacer gárgaras y escupirlo: así se barre el gas y se le ayuda al cuerpo a expulsar el ácido. Mamá: me gasearon.

 

 

Por la noche


Son las 7pm. Es verdaderamente heroico seguir siendo brigadista a estas horas, seguir prestando enteramente por voluntad un servicio a los heridos en medio de la confrontación, y claramente yo no tengo el valor para hacerlo. Decido moverme a Punto Fijo: el lugar a donde son llevados los enfermos de gravedad y que sirve de base de operaciones de REDPAS y del BPS.

Nos cae la noche encima y yo, la verdad, lo único que quiero es irme a mi casa. No es precisamente una pataleta: de noche los gatos son pardos, y las reporteras estrenando tropel dando vueltas por ahí son un despropósito. Hasta podrían ser una piñata para la Sijín, nunca se sabe. A esta hora la confrontación se congrega montaña arriba en el Barrio La Andrea. Hay fogata prendida junto a la Parroquia San Atanasio y la agitación en las calles no da noticias de que la jornada vaya a acabar pronto.

Lo común es que en jornadas de confrontación el Punto Fijo sea un área acordonada en la calle. Pero el Punto Fijo de la Brigada de Usme es el salón comunal Almirante Padilla ubicado en el barrio de nombre homónimo: un espacio en el que se hace un verdadero y bello ejercicio comunitario en el que varios actores de la comunidad se ponen al servicio de la Primera Línea y de los brigadistas. Parece que estuviera el barrio entero ayudando: el ambiente es de servicio, alegría y solidaridad. Este lugar es un auténtico hospital comunitario en territorio de confrontación.

Aquí Doña Marcela, la presidenta de la Junta de Acción Comunal, tiene mudas de ropa a disposición de los muchachos a los que las tanquetas les dieron un desagradable y helado “chapuzón”. Esta noche Don Polo se entrega a la importantísima tarea de custodiar la puerta en momentos en que se debe preservar el lugar de aglomeraciones, visitas indeseadas y hasta infiltraciones. En el día cocinó 100 almuerzos para los brigadistas y la comunidad: un sancocho vegetariano con tremendo recado -papa, yuca, plátano, arracacha que alcanzó hasta para nosotros los periodistas. Aquí Doña Rubi recibe a los pacientes más graves y se encarga de los trámites para trasladarlos a los centros de salud: es la cuidadora, la mamá de todos. Aquí la Cruz Roja interviene, diligente.

Los insumos de primeros auxilios en Punto Fijo con los que se atiende a los heridos son en su totalidad donaciones: hilo y agujas para suturar, Sulfaplata® (crema para quemaduras), solución salina, Isodine®, guantes, algodón, jeringas, gasas, vendas elásticas, Micropore™, mantas, pinzas, férulas, bolsas de plástico estéril (sirven para preservar dientes o miembros amputados), agua estéril, Xylocaína® (anestésico local).

 

Los heridos


A lo largo de la tarde vi, en la confrontación en calle, sobre todo quemaduras y fuertes irritaciones por impactos de gases lacrimógenos.

Estos son algunos de los chicos que esta noche están recuperándose en Punto Fijo:

Diego, un chico de 17 años a quien le explotó una granada en el pie izquierdo, causándole una quemadura de primer grado y que su zapato quedara inservible. “Le tocó estrenar tennis”, le dice en tono amable el voluntario de La Cruz Roja que lo atiende.
Christian, que no dilata pupilas y está completamente pasmado. No se sabe con certeza qué le pasó pero parece que está gaseado. “¿Qué día es hoy? ¿Dónde estás? ¿Cuántos dedos hay acá?”, le preguntan los brigadistas. No reacciona por un tiempo largo, pero le ponen oxígeno y poco a poco se va recuperando hasta salir del Punto Fijo por sus propios medios.


Juan David, uno de los heridos más graves de la noche: tuvo un impacto de gas lacrimógeno en la cabeza y necesita sutura. Lo atiende Patricia, voluntaria de la Cruz Roja.


Un vecino que recibió una pedrada de puro de malas: estaba lejos de la confrontación y simplemente pasaba por una de las calles del barrio. Tanto él como su esposa reaccionan al incidente con humor: el señor es vendado en la cabeza y dice que cuando llegue a la casa, sus hijos van a pensar que su papá se disfrazó de momia hoy.

Llega a Punto Fijo un hombre de 52 años que sufrió una caída, se pegó en el hombro y ahora tiene una luxación en el húmero, el hueso que se extiende brazo abajo desde los hombros hasta el codo. Quiere decir que el hueso se separó de la articulación que lo amarra al hueso contiguo y permite el movimiento. El señor es atendido por Michael, un brigadista del bloque de Medellín, fisioterapeuta de profesión, quien determina que para volver a encajarle la articulación al señor se debe ejecutar una maniobra de precisa quiropráctica: empujar el brazo hacia arriba y ligeramente hacia atrás para dejar bien sentado al hueso en la articulación y que el brazo no quede colgando.

“¡Juan Fernando!”. Michael se asoma al corredor y llama a su compañero, que resulta ser un fornido estudiante de enfermería de 1.93 metros de altura. No puedo pensar en nadie más en la existencia que pueda ejecutar la maniobra con más pericia que él. “Si este man no le acomoda el brazo, no se lo acomoda nadie”, le dice Michael al paciente. Juan Fernando hace dos intentos pero es una hazaña que no puede ser cumplida: pasó mucho tiempo desde el momento en que el señor sufrió el accidente hasta que los brigadistas tuvieron la oportunidad de auxiliarlo, y ahora que la inflamación ha crecido, no sólo resulta cada vez más doloroso ejecutar la maniobra, sino que los tendones circundantes ya han empezado a cerrar el espacio articular, lo cual hace difícil acomodar el hueso.

Lo doloroso es que el señor no tiene EPS sino Sisbén, razón por la cual Michael y Juan Fernando tratan a toda costa de remediar la luxación: saben que muy probablemente el Sisbén no le va a cubrir la radiografía que va a necesitar y que es muy posible que la tenga que pagar de manera particular con dinero que no sabemos qué tan fácil le vaya a quedar conseguir.

Lejos de estigmatizar y tildar de pobre a una persona que no conozco, decido poner las cosas de esta manera porque estuve desempleada por largos períodos de tiempo y sé perfectamente qué es no poder pagar la salud. Juan Fernando y Michael saben de sobra que no todas las historias clínicas tienen finales felices. Aún así amanecerá el día de la próxima movilización y saldrán de casa portando el chaleco amarillo. Gente con grandeza en esta vida.

 

[*Nota1: por confidencialidad médica me reservo los verdaderos nombres de los pacientes presentados a continuación. He escogido para ellos seudónimos con el propósito específico de proteger su identidad.]

[*Nota2: La delegación de brigadistas REDPAS Usme me autorizó relatar los casos médicos presentados a continuación bajo promesa de proteger la identidad de los protagonistas]

 

 

 

Epílogo

Son las 10:10 de la noche y de afuera llega el rumor de que “están echando bala”, y por eso la orden es que la Brigada de Usme, hoy conformada por 16 chalecos azules y 22 amarillos, se repliega. El comentario general es que hoy la cosa estuvo “suave”, y el registro de heridos lo comprueba: hoy, comparado con otros días de confrontación, no hubo tantos heridos de gravedad. Y yo que sentí pánico no una, sino varias veces.

El rango de edad de los muchachos atendidos por la Brigada de Usme está ente los 15 y los 24 años. El Profe de Química ha graduado a centenas de estudiantes que no logran llegar a la educación superior. A veces se los encuentra en la Primera Línea. Le duele verlos trabajando en cualquier cosa –o en nada– y sabe que los primeros auxilios que las brigadas les prestan es casi siempre el único servicio de salud al que pueden acceder.

A los agentes del Esmad los vi en la ceremonia bélica de siempre. Pero Michael, que hoy hizo extracción de un herido que quedó tendido en la mitad de la protesta entre la Primera Línea y el Esmad –un muchacho de 19 o 20 años que fue golpeado en el fémur por una granada de fragmentación-, me recuerda que las víctimas en este país son un río revuelto en el que todos los días se ahogan las oportunidades. “El problema es del pueblo y el pueblo son el empleado del estado y el que está en contra del estado”, puntualiza Michael.

Después de haber pasado el día con los brigadistas tengo la certeza de que quedarse cruzado de brazos siempre será una opción, y que, precisamente por eso, poner el pecho de la manera en que vi a estos seres humanos hacerlo por personas desconocidas, es un acto de una magnanimidad inconmensurable que incluso muchos criticarán.

Si antes creía tener mi criterio claro, atento y consciente de cara a este cruel conflicto entre hijos de una misma nación, hoy de camino a casa no puedo pensar en bandos: sólo deseo que nadie haya perdido la vista hoy.

Para lo normal, lo esperable, lo predecible, las manos sobran. “Lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan” – Pepe Mujica.

Publicado enFotorreportajes
Miércoles, 28 Julio 2021 08:43

Usmekistán: Guardianes de chaleco

Usmekistán: Guardianes de chaleco


«Usmekistán» le dicen por estos tiempos. La localidad de Usme –que casi cierra Bogotá por el suroriente– tiene un récord de 22 horas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas. Pero el lugar no sólo es casa de enemigos declarados: es casa, también, de un puñado de brigadistas que vinieron a poner el pellejo en un profundo acto de humanidad que salva vidas y mitiga los crueles dolores de los heridos.

 

«Usmekistán» porque de Oriente Medio ha venido llegando durante el Paro Nacional a la localidad de Usme el estrépito de guerras sin fin en países lejanos: un grito callado que resuena por entre las calles y hoy se vuelve campo de batalla en la tarde-noche del 20 de Julio de 2021. Este año la conmemoración de la independencia pasa de agache, pues desde hace tres meses en Colombia los ojos están puestos en guerras de ciudad que se ponen fecha y hora para enfrentar a quienes por ser hijos de una misma patria son hermanos.

En esta ocasión debo meter la cucharada hasta el fondo y hacer parte del relato porque, por ser la primera vez que asisto a un tropel, puedo, a través de mi absoluta perplejidad respecto de lo que vi y viví en Usme, a través del desmedido miedo que sentí al estar a escasos metros de lo que es un verdadero campo de batalla sin Dios ni ley en el que el Esmad y los chicos de Primera Línea pelean, venir a recordarnos que no debería ser normal una tanqueta en un barrio y que un gas lacrimógeno no es nada menos que un arma química.

Vine a por la historia de seres humanos que –me consta, mucho me consta–, deciden adentrarse en un bosque cementoso de enormes e inauditos peligros por una razón que sólo puede explicarse como un acto de profunda e insondable humanidad: son los brigadistas que salen a atender a los heridos de las jornadas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas, bandos enemigos plenamente establecidos durante el Paro Nacional. Aquí no le pagan a nadie. Los brigadistas son entera generosidad y todo corazón.

Hoy la confrontación es sobre la Caracas y se desplaza de sur a norte: inicia en la intersección de Yomasa (5.5 kilómetros al norte de donde empieza la Vía Bogotá-Villavicencio), pasará por los bordes de los barrios Gran Yomasa, La Andrea y Almirante Padilla (que nacen en el costado oriente de la Caracas y se despliegan montaña arriba) hasta llegar, al menos hasta que anocheció, al borde sur del barrio Santa Librada, donde está el Puente de la Dignidad: ese espacio ganado, ese símbolo de la Primera Línea de Usme que no sólo es confrontación: el puente, en el marco de la movilización social en la localidad, ha sido encuentro, conciertos, sancochos nocturnos en ollas comunitarias.

Los brigadistas del día son dos grupos de seres humanos que, sin duda, tienen el medidor de pánico calibrado distinto al de uno. Los de chaleco azul –16– pertenecen a la Misión Médica de REDPAS: la Red Popular de Primeros Auxilios sección Bogotá. Los de chaleco amarillo –22– son visita: muchachos que son parte del Bloque Popular de Salud de Medellín (BPS). Hoy hacen equipo en la tarea humanitaria y casi incomprensible de auxiliar a los heridos del tropel. Son grupos populares porque nacieron en el seno de los barrios y agrupan a ciudadanos del común con vocación de servicio y sentido de pertenencia por la comunidad que integran. También hacen presencia Derechos Humanos y los Gestores de Convivencia del Distrito, a quienes se distingue por sus chaquetas rojas.

Brigadista puede ser cualquier persona con la voluntad de salir a ayudar. No se necesita ser profesional de la salud para brindar primeros auxilios a los heridos de una jornada de confrontación: sólo se necesita tener compasión por el otro. Y volquetadas de valentía.

 

 

Antes que nada, entender el Nivel Jennifer


Las gafas de protección que había comprado en primera instancia en Homecenter para ir a hacer mi reportería no eran las adecuadas. Me lo dejó súper claro Jennifer Cardona –enfermera, cofundadora de REDPAS y Comandante de Incidente de las brigadas de Bogotá–, cuando le mandé foto de las gafas para cerciorarme que sí había comprado las indicadas:

“No, mujer, consigue unas de alto impacto. Esas gafas son de laboratorio, para trabajar sustancias químicas, y, si bien te ayudan a proteger del gas, si te llega a caer un proyectil en el ojo, te va a estallar la gafa y te va a lastimar más el ojo. Mientras que unas de alto impacto trancan el golpe”. Jennifer habla de potenciales heridas graves como si me estuviera explicando qué bus coger o cómo hacerme una trenza: domina el arte de mantener la calma.

La vi serena atendiendo a un chico que tenía impactos múltiples en la espalda y el pecho y que no se podía mover. Serena comunicándonos sin aspavientos que la razón por la cual, a pesar de que vemos dos tanquetas, Fuerza Disponible y Esmad parqueados en la intersección de Yomasa de cara a la Primera Línea y a pesar de que la Policía ya tiene orden de intervención, las cosas no arrancan aún porque falta por llegar un comandante y un escuadrón completo. Lo sabe porque integra el Puesto de Mando Unificado que fue instalado por la alcaldesa para la jornada.

Jennifer coordina los esquemas de la organización a lo largo de la ciudad en cada confrontación anunciada. Sutura y consigue donaciones para REDPAS. Puede llegar a desayunar a las 5 de la tarde porque se la pasó todo el día en reuniones interlocutando con el distrito. Jennifer atiende por igual a muchachos de Primera Línea y a policías.

Para Jennifer el esquema se acaba cuando todos y cada uno de los brigadistas reportan que llegaron a sus casas. Y es ella quien comunica a sus brigadistas tajantemente que las brigadas se recogen inmediatamente se comprueba que ha habido accionar de arma de fuego en el territorio.

Ya son las 3:30. Seguimos a la espera. Los bandos enfrentados parecen dos equipos de fútbol esperando a que el árbitro lance la pelota al aire para poder empezar el partido. Pasa un señor vendiendo cigarrillos. Hace calor. Llega la Minga.

 

No es un mal sueño: esto es real*

Claras y soleadas son las cuatro y treinta de la tarde que reciben a un tropel que se ha venido incubando todo el día. Julián –médico de la Universidad de Antioquia– se cerciora de que mis famosas gafas en efecto vayan a cumplir con su tarea: les echa Aceite Johnson’s en los lentes para que no se empañen, y pone Micropore™ sobre los malvados agujeros que trae el marco, listos a dejar penetrarse por vahos indeseables.

Es verdad que tengo un casco blanco que dice «prensa» y un chaleco azul que me “hace” brigadista con el propósito de que nadie arremeta contra mí. Es verdad que traigo puestas unas gafas de alto impacto y una máscara para gases lacrimógenos, ambas cosas una rareza entre los chicos de la Primera Línea: la gran mayoría tiene los ojos descubiertos y un insuficiente pedazo de tela negra cubriendo su nariz, boca y cuello. Mierda, es verdad que estoy aquí.

Esto es una batalla campal. Una nube pavorosa de disparos humeantes; una lluvia de piedras. Es por eso que Camilo y yo estamos medio escapados de la casa: porque en un tropel los milímetros son la diferencia entre perder un ojo o no; porque en un tropel la vida es dos veces frágil y la muerte puede asomar su nariz en un descuido.

El tropel es sobre la vía (sobre la Caracas misma). Los brigadistas (yo incluida) y los chismosos nos movemos sobre los andenes, procurando andar lo más pegados que podemos a las paredes de las casas y las tiendas. Cuando el Esmad arremete, la Primera Línea corre calle arriba en dirección al oriente huyendo así de la vía principal. Por momentos, caravanas de motos nos sorprenden llegando desde callejones por debajo de la Caracas, y los matrimonios zumban de aquí para allá sembrando temor.

Estoy recomendada a Cindy, que hoy es Comandante de Incidente de la Brigada Usme. Cindy es bióloga. Tiene la muy difícil tarea de velar por la integridad de los brigadistas y de tomar decisiones in situ bajo presión y bajo riesgo. Procuro caminar a su lado, pero el desplazamiento es frenético y accidentado y no siempre se hace fácil seguirle los pasos. Cuando la pierdo de vista me invade el miedo. ¿Es esto una balacera? Las aturdidoras suenan como tiros y no es obvio para mí que hacen parte de las consabidas “armas no letales” del Esmad.

 

 

¡Estamos a tan escasos metros del tropel! Y eso que hay grupos de brigadistas en aún más extremas condiciones de riesgo que hacen la labor de extracción de heridos desde el centro de la confrontación: las Avanzadas.

Los muchachos de Primera Línea no arremeten en lo absoluto contra las brigadas, pero recibir una pedrada por accidente no se descarta. Ahora bien: cada vez que los agentes del Esmad se acercan, mi corazón late pidiendo a gritos que no me salen que se respete mi vida. Por ridículo que parezca, la única manera que tenemos de proteger nuestra vida cuando todo es caos y se sobreviene la arremetida en dirección a nuestro andén, es alzar las manos en señal de desarme.

Por eso cuando siento que el peligro me husmea de cerca, cuando me siento cerca a desplomarme de la angustia, me cuelgo con abandono y desespero, o del brazo de Juan Pablo (su joven y hermosa mirada aun debajo de las gafas de protección me tranquiliza), o del brazo de El Profe de Química (sus canas me dan la sensación de papá que mi existencia necesita). Seguramente con el pasar de los días revisitaré mis recuerdos de Juan Pablo y de El Profe de Química, y suspiraré.

[*Nota: todos los personajes nombrados en este apartado son brigadistas de REDPAS Bogotá y del Bloque Popular de Salud de Medellín.]

 

De botiquines, menjurjes y gaseadas


Hay muchas personas bonitas entre el grupo de brigadistas: El Profe Alex, que dicta artes escénicas y teatro; Lina, estudiante de pedagogía infantil que en un momento del día apoyó el traslado que entre siete debieron hacer de un muchacho que cayó inconsciente y debió ser llevado al Punto Fijo de Salud; Juan, designado para coordinar las comunicaciones que le aseguran a las brigadas un desplazamiento seguro, y que hoy guía a la delegación de Medellín; Carol Natalia, una chica de 20 años que se encarga de la muy importante tarea de tomar fotos y datos de cada herido (sexo, edad y afectación) para llevar el registro del día; Laura, la estudiante de veterinaria que en la jornada alcanzó a rehabilitar a dos perros callejeros.

Los brigadistas cargan un botiquín básico para auxiliar a los heridos que contiene solución salina para el lavado de heridas y quemaduras, muchas gasas, vendas, guantes, esparadrapo o Micropore™, analgésicos para el dolor, agua, tijeras, cremas para quemaduras. Cargan, también, el líquido blanco insignia de quienes auxilian a víctimas de gases lacrimógenos: el neutralizador.

Brigadista que se respete tiene su propio envase de plástico con spray para administrar el líquido neutralizador en cara, ojos y boca a todo afectado por gases lacrimógenos. Tiene múltiples preparaciones (que hasta incluyen fécula de maíz), aunque el compuesto base e indispensable es el clásico hidróxido de aluminio que venden en el mercado como antiácido. Precisamente porque los gases lacrimógenos son altamente ácidos generan irritación en ojos, boca y vías aéreas. Los neutralizadores alcalinizan la zona afectada, mitigando así el daño y el ardor.

Más temprano, recién aterricé en el tropel, tuve una noción de lo que es un gas lacrimógeno: no me pareció fuerte y rápidamente se fue. Ahora atardece y Pedro Pablo -brigadista paisa, médico en formación- y yo estamos acurrucados alrededor de un chico que tiene una herida sangrando en la frente. Pedro Pablo lo auxilia. Yo me dispongo a tomar notas. Lo que pasa, o más bien lo que percibo después, es que no puedo respirar. Es una sensación silenciosa, desamparada: un tiquete a la película muda que alguien está viendo en algún lugar recóndito de la galaxia. A mí el gas lacrimógeno me huele a anestesia inhalada mezclada con pánico. Una sola frase aterriza en mi cabeza: “mi mamá me dijo que no viniera”.

 

 

Por cliché que les parezca, nos acaba de caer un gas lacrimógeno a un metro de distancia. Acabo de ser gaseada exactamente en la Avenida Caracas con Calle 78A Sur; sangre llamó gas y en un segundo hubo clorobenzilideno malononitrilo para nuestras ávidas narices. Si bajo la escandalosa máscara para gases lacrimógenos que parece de ingeniero de planta nuclear yo sentí morir, no quiero ni imaginar lo que siente un chico de Primera Línea que tiene sobre nariz, boca y cuello un pedazo de tela como única protección. Para muchos chicos de Primera Línea la único que mitiga los efectos del gas es el humo que despiden los fuegos construidos en mitad de calle. El humo absorbe el gas lacrimógeno y lo disipa.

Disipado el gas, me quito la máscara. Mocos por todas partes. Es un buen momento para recordar que, en cumplimiento de los estándares internacionales para el uso de armas no letales, el Esmad siempre debería tirar los gases para arriba en movimiento parabólico; nunca directamente a los manifestantes. Por las inscripciones en los casquetes de los gases que quedan como basura en la calle (fecha y lote) se sabe que algunos de los gases de hoy estaban vencidos. Los gases vencidos son más dañinos.

Lo único que quiero es toser y es lo que los brigadistas a mi alrededor me dicen que procure evitar. Es casi imposible no toser, aunque sería ideal no hacerlo cuando el gas no se ha terminado de disipar: toser es expulsar todo el aire de los pulmones, pero implica una inspiración posterior profunda por la boca que es un pasaje directo del gas hacia los pulmones. Y entonces Pedro Pablo me auxilia a mí. Me rocía neutralizador en los ojos y en la boca. La indicación es hacer gárgaras y escupirlo: así se barre el gas y se le ayuda al cuerpo a expulsar el ácido. Mamá: me gasearon.

 

 

Por la noche


Son las 7pm. Es verdaderamente heroico seguir siendo brigadista a estas horas, seguir prestando enteramente por voluntad un servicio a los heridos en medio de la confrontación, y claramente yo no tengo el valor para hacerlo. Decido moverme a Punto Fijo: el lugar a donde son llevados los enfermos de gravedad y que sirve de base de operaciones de REDPAS y del BPS.

Nos cae la noche encima y yo, la verdad, lo único que quiero es irme a mi casa. No es precisamente una pataleta: de noche los gatos son pardos, y las reporteras estrenando tropel dando vueltas por ahí son un despropósito. Hasta podrían ser una piñata para la Sijín, nunca se sabe. A esta hora la confrontación se congrega montaña arriba en el Barrio La Andrea. Hay fogata prendida junto a la Parroquia San Atanasio y la agitación en las calles no da noticias de que la jornada vaya a acabar pronto.

Lo común es que en jornadas de confrontación el Punto Fijo sea un área acordonada en la calle. Pero el Punto Fijo de la Brigada de Usme es un salón comunal de la zona: un espacio en el que se hace un verdadero y bello ejercicio comunitario en el que varios actores de la comunidad se ponen al servicio de la Primera Línea y de los brigadistas. Parece que estuviera el barrio entero ayudando: el ambiente es de servicio, alegría y solidaridad. Este lugar es un auténtico hospital comunitario en territorio de confrontación.

Esta noche Don Polo se entrega a la importantísima tarea de custodiar la puerta en momentos en que se debe preservar el lugar de aglomeraciones, visitas indeseadas y hasta infiltraciones. En el día cocinó 100 almuerzos para los brigadistas y la comunidad: un sancocho vegetariano con tremendo recado -papa, yuca, plátano, arracacha- que alcanzó hasta para nosotros los periodistas. Aquí Doña Rubi, brigadista de Redpas, recibe a los pacientes más graves y se encarga de los trámites para trasladarlos a los centros de salud: es la cuidadora, la mamá de todos. Aquí la Cruz Roja interviene, diligente.

Los insumos de primeros auxilios en Punto Fijo con los que se atiende a los heridos son en su totalidad donaciones: hilo y agujas para suturar, Sulfaplata® (crema para quemaduras), solución salina, Isodine®, guantes, algodón, jeringas, gasas, vendas elásticas, Micropore™, mantas, pinzas, férulas, bolsas de plástico estéril (sirven para preservar dientes o miembros amputados), agua estéril, Xylocaína® (anestésico local).

 

Los heridos


A lo largo de la tarde vi, en la confrontación en calle, sobre todo quemaduras y fuertes irritaciones por impactos de gases lacrimógenos.

Estos son algunos de los chicos que esta noche están recuperándose en Punto Fijo:

Diego, un chico de 17 años a quien le explotó una granada en el pie izquierdo, causándole una quemadura de primer grado y que su zapato quedara inservible. “Le tocó estrenar tennis”, le dice en tono amable el voluntario de La Cruz Roja que lo atiende.
Christian, que no dilata pupilas y está completamente pasmado. No se sabe con certeza qué le pasó pero parece que está gaseado. “¿Qué día es hoy? ¿Dónde estás? ¿Cuántos dedos hay acá?”, le preguntan los brigadistas. No reacciona por un tiempo largo, pero le ponen oxígeno y poco a poco se va recuperando hasta salir del Punto Fijo por sus propios medios.


Juan David, uno de los heridos más graves de la noche: tuvo un impacto de gas lacrimógeno en la cabeza y necesita sutura. Lo atiende Patricia, voluntaria de la Cruz Roja.


Un vecino que recibió una pedrada de puro de malas: estaba lejos de la confrontación y simplemente pasaba por una de las calles del barrio. Tanto él como su esposa reaccionan al incidente con humor: el señor es vendado en la cabeza y dice que cuando llegue a la casa, sus hijos van a pensar que su papá se disfrazó de momia hoy.

Llega a Punto Fijo un hombre de 52 años que sufrió una caída, se pegó en el hombro y ahora tiene una luxación en el húmero, el hueso que se extiende brazo abajo desde los hombros hasta el codo. Quiere decir que el hueso se separó de la articulación que lo amarra al hueso contiguo y permite el movimiento. El señor es atendido por Michael, un brigadista del bloque de Medellín, fisioterapeuta de profesión, quien determina que para volver a encajarle la articulación al señor se debe ejecutar una maniobra de precisa quiropráctica: empujar el brazo hacia arriba y ligeramente hacia atrás para dejar bien sentado al hueso en la articulación y que el brazo no quede colgando.

“¡Juan Fernando!”. Michael se asoma al corredor y llama a su compañero, que resulta ser un fornido estudiante de enfermería de 1.93 metros de altura. No puedo pensar en nadie más en la existencia que pueda ejecutar la maniobra con más pericia que él. “Si este man no le acomoda el brazo, no se lo acomoda nadie”, le dice Michael al paciente. Juan Fernando hace dos intentos pero es una hazaña que no puede ser cumplida: pasó mucho tiempo desde el momento en que el señor sufrió el accidente hasta que los brigadistas tuvieron la oportunidad de auxiliarlo, y ahora que la inflamación ha crecido, no sólo resulta cada vez más doloroso ejecutar la maniobra, sino que los tendones circundantes ya han empezado a cerrar el espacio articular, lo cual hace difícil acomodar el hueso.

Lo doloroso es que el señor no tiene EPS sino Sisbén, razón por la cual Michael y Juan Fernando tratan a toda costa de remediar la luxación: saben que muy probablemente el Sisbén no le va a cubrir la radiografía que va a necesitar y que es muy posible que la tenga que pagar de manera particular con dinero que no sabemos qué tan fácil le vaya a quedar conseguir.

Lejos de estigmatizar y tildar de pobre a una persona que no conozco, decido poner las cosas de esta manera porque estuve desempleada por largos períodos de tiempo y sé perfectamente qué es no poder pagar la salud. Juan Fernando y Michael saben de sobra que no todas las historias clínicas tienen finales felices. Aún así amanecerá el día de la próxima movilización y saldrán de casa portando el chaleco amarillo. Gente con grandeza en esta vida.

 

[*Nota1: por confidencialidad médica me reservo los verdaderos nombres de los pacientes presentados a continuación. He escogido para ellos seudónimos con el propósito específico de proteger su identidad.]

[*Nota2: La delegación de brigadistas REDPAS Usme me autorizó relatar los casos médicos presentados a continuación bajo promesa de proteger la identidad de los protagonistas]

 

 

 

Epílogo

Son las 10:10 de la noche y de afuera llega el rumor de que “están echando bala”, y por eso la orden es que la Brigada de Usme, hoy conformada por 16 chalecos azules y 22 amarillos, se repliega. El comentario general es que hoy la cosa estuvo “suave”, y el registro de heridos lo comprueba: hoy, comparado con otros días de confrontación, no hubo tantos heridos de gravedad. Y yo que sentí pánico no una, sino varias veces.

El rango de edad de los muchachos atendidos por la Brigada de Usme está ente los 15 y los 24 años. El Profe de Química ha graduado a centenas de estudiantes que no logran llegar a la educación superior. A veces se los encuentra en la Primera Línea. Le duele verlos trabajando en cualquier cosa –o en nada– y sabe que los primeros auxilios que las brigadas les prestan es casi siempre el único servicio de salud al que pueden acceder.

A los agentes del Esmad los vi en la ceremonia bélica de siempre. Pero Michael, que hoy hizo extracción de un herido que quedó tendido en la mitad de la protesta entre la Primera Línea y el Esmad –un muchacho de 19 o 20 años que fue golpeado en el fémur por una granada de fragmentación-, me recuerda que las víctimas en este país son un río revuelto en el que todos los días se ahogan las oportunidades. “El problema es del pueblo y el pueblo son el empleado del estado y el que está en contra del estado”, puntualiza Michael.

Después de haber pasado el día con los brigadistas tengo la certeza de que quedarse cruzado de brazos siempre será una opción, y que, precisamente por eso, poner el pecho de la manera en que vi a estos seres humanos hacerlo por personas desconocidas, es un acto de una magnanimidad inconmensurable que incluso muchos criticarán.

Hoy de camino a casa no puedo pensar en bandos: sólo deseo que nadie haya perdido la vista hoy.

Para lo normal, lo esperable, lo predecible, las manos sobran. “Lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan” – Pepe Mujica.

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20 de julio. En las calles, en demanda de vida digna

Tal como estaba anunciado desde semanas atrás, el 20 de julio inocultables grupos de personas salieron por todo el país a expresar su inconformidad con el actual gobierno, al tiempo que a reclamar mejor vida.

El notable descontento con el gobierno y su modelo económico/social que ebulle por todo el país alcanzó expresiones por medio de decenas de congregaciones, manifestaciones, actos culturales, marchas, de manera tan variada como lo es nuestra sociedad. Según el reporte gubernamental entregado por Daniel Palacios Martínez, ministro del Interior, en esta jornada, convocada por el Comité Nacional de Paro (CNP) tomando como fecha simbólica el 211 aniversario de la primera independencia, el país nacional alzó su voz por medio de "195 actividades de manifestación pública, 119 concentraciones, 58 marchas y 18 movilizaciones. Estas actividades se han presentado en 95 municipios de 26 departamentos…".

La jornada de protesta nacional del 20 de julio, que retoma el espíritu del paro nacional que alcanzó forma en Colombia el pasado 28 de abril y se extendió a lo largo de dos meses, fue confrontada desde el Ministerio de Defensa y todas las oficinas gubernamentales con una intensa campaña de guerra política que anunciaba que el Eln desplegaría una ofensiva en distintas ciudades del país. Según el ente oficial, los alzados en armas financiarían todo tipo de operaciones y provocaría desórdenes en medio de las marchas por realizarse. La campaña alcanzó tal intensidad que incluso desde algunos hogares se denunció que recibieron llamadas de conocidos del ejército que las invitaban a no salir el 20 de julio pues “van a suceder cosas tremendas”.

El miedo, como mecanismo de disuasión y como expresión de una soterrada guerra política que busca a todo trance que la protesta en Colombia no retome el protagomismo alcanzado en días pasados, vuelve a ganar el epicentro nacional. Antes, también pretendieron imponer igual objetivo por medio de una ofensiva “de desconocidos” que terminó con la quema de varios buses en Cali, la destrucción de parte importante de su sistema de transporte y numerosos saqueos.

En consonancia con este mecanismo de control social, en la apertura de las sesiones del Congreso de la República el presidente enfatizó en un propósito tras el cual andan hace varias semanas, al que le han buscado apoyo social y legitimidad política; un propósito para el cual estigmatizaron la protesta social como “vandalismo” y a los manifestantes como “vándalos”. Es así como Duque afirmó que nuestra sociedad debe tener claro que las manifestaciones deben ser siempre pacíficas. Según él, en clara respuesta a la CIDH en su reciente informe sobre la violación de derechos humanos en el maco de las protestas que dieron pie a su reciente visita al país, "Los bloqueos no son cortes de ruta; son cortes de vida, no hacen valer ningún derecho, solo hacen valer la ambición de los agitadores que se quieren beneficiar del caos".


Según su manera de ver el país y defender los privilegios de unos pocos, "Sabemos y entendemos que hay deudas históricas que saldar, que son muchas las frustraciones que como sociedad sentimos, pero la solución la encontramos trabajando en equipo", lo que no explicó es cómo se conformaría ese equipo ni como funcionaría, pues el que ellos siempre defienden, que es el equipo de la imposición, del autoritarismo, terminó por arrinconar al país bajo el peso de una descomunal crisis que ahora refleja mayores indicadores de empobrecidos y marginados, sin que se vislumbre una iniciativa económica y social de choque para solucionarla, una iniciativa que vaya más allá de programar medidas en beneficio del gran y mediano empresariado. Es claro que trabajar en equipo implicaría un gobierno de coalición nacional, lo cual está lejos de ser el propósito de una presidencia de ricos y en beneficio de los ricos.


Los proyectos de Ley


Como estaba proyectado, el 20 de julio el CNP dio a conocer en su totalidad los proyectos de ley elaborados a la luz de algunas de las principales demandas emanadas en los anteriores dos meses de protesta, y que de alguna manera también retoman exigencias ya incluidas en el pliego de exigencias entregadas al Ejecutivo en el 2019. La lista da cuenta de aspiraciones del país nacional, pero también de sectores sociales específicos, veamos:


1. Renta básica de emergencia de un salario mínimo mensual por un año para 7,5 millones de hogares.
2. Gratuidad universal de la educación superior pública.
3. Fortalecimiento de la red pública de salud.
4. Apoyo a la reactivación económica de la pequeña y mediana industria y la generación de empleo.
5. Apoyo para la reactivación del sector agropecuario.
6. Derogatoria del decreto 1174, de 2020, sobre el piso de protección social.
7. Acciones de promoción, prevención y capacitación para luchar contra las violencias basadas en el género.
8. Garantías para el ejercicio del derecho a la protesta pacífica.
9. Reforma al estatuto de juventud, para hacer más eficaz su participación política.
10. Reforma de la Policía.


Esta iniciativa, en todo caso, deja en el aire dos aspectos que le corresponde dilucidar al activismo en general, como en particular al CNP: 1. ¿Por qué acudir al Congreso a tramitar unas demandas que desde ya se sabe no serán avaladas, y si encuentran algún eco serán reivindicadas como de la cosecha oficial. Con una inquietud más, ¿Por qué acudir a una de las instituciones más desprestigiadas del país, con la cual la sociedad no tiene empatía y sí desconfianza, para buscarle apoyo a este decálogo? ¿Al así proceder no se aportaría a su legitimidad? O será que alguién cree que “[…] ustedes –los congresistas– están convocados por la historia para ser los voceros de un país en plena transformación”, como lo afirmó Duque en la instalación de la nueva legislatura, agregando que este gobierno sordo sí escucha las “voces de la calle”.


Pero, la mismo tiempo, inquieta que otras reivindicaciones de especial afecto para las mayorías nacionales no estén allí recogidas, reivindicaciones que una y otra vez estuvieron presenten en la protesta social: el servicio público de transporte, su propiedad, tarifas y calidad; la privatización de las autopistas nacionales, uso que tiene que pagar quienes las transitan vía peajes; funcionamiento del sistema financiero, por retomar algunos temas fundamentales para las mayorías.

Las voces

Los reportes llegados desde distintos puntos del país indican que las principales manifestaciones de protesta alcanzaron realce en Bucaramanga, Cali, Medellín, Bogotá, Popayán, Barranquilla, Pereira, Manizales, Cartagena, Montería, Valledupar. En varias de ellas la represión del Esmad propició el desorden y el ardor social, prolongado en defensa propia y en defensa del derecho a la protesta.


Represión y provocación policiva que alcanzó en Cali su mayor expresión, ciudad en la cual, en particular en el punto conocido como la Loma de la Cruz y según reporte del Canal 2, la comunidad estaba congregada de manera pacífica, con expresiones culturales, esperando la llegada de marchas procedentes desde diferentes lugares de la ciudad, cuando civiles entremezclados con la policía activaron sus armas con pretensión de asesinar. Luego el Esmad arremetió de manera demencial contra los allí reunidos, y sin reparo alguno volvieron a operar su disparador múltiple conocido como Venom, con disparos dirigidos incluso contra la humanidad de los allí congregados, evidencia de ello, como la denuncia José Alberto Tejada, director del Canal 2, un joven –de unos treinta y tantos años– al cual impactaron en su rostro, destruyendo su dentadura, pero también otro cúmulo de personas entre las cuales están sus tres “guardaespaldas”. Otros reportes confirman 19 heridos.


La pretensión, según este reportero, es la de crear condiciones política, sociales y militares para justificar la prolongación del actual gobierno más allá de su periodo constitucional. Irrespeto del derecho a la vida de los connacionales que lleva a José Alberto a pedir la cabeza de Iván Duque, “[…] que se anticipen elecciones, que la comunidad internacional presione a sus gobiernos para que no sigan vendiendo armas al colombiano…”.


Por otras fuentes también se conoce la denuncia de un joven que finalmente perdió la vida en esta desigual refriega, con una agravante: su cuerpo, secuestrado por el personal que lo atacó, aún no aparece.

Es una evidencia de represión y violencia que en otras ciudades también produjo heridos de diferente gravedad, y que según reportes oficiales también arrojó 22 personas capturas “por daño en bien ajeno, obstrucción en vía pública, daño en bien público…”.

Es un nivel de violencia y represión que permite coligar que a lo largo del final de los próximos días las protestas volverán a cubrir distintos barrios, tanto de Cali, como Popayán, Bucaramanga, Medellín, Bogotá y otras ciudades.

El ambiente de rebeldía popular y juvenil está vivo. Tal vez la concreción de la exigencia del director del Canal 2 de Cali sea el paliativo para dar respuesta a la misma.

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Domingo, 16 Mayo 2021 14:24

Sin ética ciudadana

Manifestante durante las marchas de enero de 2020 en Bogotá (foto: Iñaki Chaves)

La realidad sigue superando a la ficción en los sucesos que se viven estos días en Colombia

 

A la falta de ética de los poderes públicos y de las fuerzas del orden se suma la ausencia de la misma entre una parte de la población, mínima pero poderosa, que con sus acciones fomenta el odio y los enfrentamientos.

Mientras la población más vulnerable y vulnerada del país se manifiesta firmemente, desde hace ya viente días, por sus derechos ignorados desde la colonia, existe esa otra parte de gente que aplaude las actuaciones asesinas del esmad y que quisiera acabar no solo con los paros y las manifestaciones, sino con las personas que los realizan y apoyan.

Dos casos de extrema gravedad se han dado en el país en este fin de semana.

En Barranquilla, capital del departamento del Atlántico, un grupo de personajes en el anonimato ha hecho circular un panfleto en el que piden incendiar sedes de organizaciones sociales, a líderes y lideresas civiles y a docentes que se hayan manifestado a favor de la Minga indígena y del paro nacional en marcha. Entre las instituciones señaladas y en peligro está el Foro Costa Atlántica.

En Cali, departamento del Valle del Cauca, una doctora ha tuiteado su deseo de que las autodefensas, grupos paramilitares al margen de la ley pero que históricamente han actuado con la connivencia del Estado, maten a unos mil indios, unos poquitos según esta docta señora, para acabar con las marchas indígenas.

Después de que Noticias Unolo denunciara, la galena ha pedido que se respete su intimidad y no se difunda su nombre. Pero no se ha retractado. Olé su código deontológico (por cierto, se ha sabido que su apellido es Rojas, para que no pidan cita con ella).

Mientras tanto, la Policía, el Ejército y los escuadrones antidisturbios siguen actuando impunemente y con excesos de todo tipo frente a la población desarmada y pacífica. Y el Gobierno continúa haciendo mutis por el foro e ignorando su responsabilidad en todos estos actos desproporcionados e incívicos más propios de cualquier dictadura de esas a las que les gusta señalar y que no quieren que contamine su “limpia y pura” democracia.

Internacionalmente algo se está moviendo, con marchas ciudadanas y acciones, hasta ahora con poca repercusión, de personajes públicos que piden parar estas masacres. Estados Unidos, el único ente al que los gobernantes colombianos rinden pleitesía y que podría parar todo esto, y Gran Bretaña han pedido suspender parte de la ayuda que destinan a Colombia. Pero no es suficiente, hay que seguir denunciando estas situaciones (también la que se vive en Palestina), presionando a los países y organizaciones internacionales y promoviendo una ética mundial y una paz verdadera, que es mucho más que la ausencia de guerra.

 

Una vez más la ciudadanía da una lección de madurez, de inteligencia colectiva y de compromiso con la vida, las libertades y los derechos. A ver si los gobiernos aprenden.

A parar para avanzar, ¡viva el paro nacional! Aunque en Colombia protestar sea de alto riesgo.

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Martes, 13 Abril 2021 05:37

Un día de furia en Estados Unidos 

La policía reprimiendo las protestas antirracistas en Minnnesota.  ________________________________________ Imagen: AFP

Toque de queda en Minneapolis, tiroteo en Tennessee, disturbios en California

El asesinato de otro afroamericano a manos de la policía generó nuevas y masivas movilizaciones. Por la tarde un adolescente murió y un oficial de policía fue herido en un tiroteo en una escuela de Tennessee. Y los nazis marcharon en California

 

Estados Unidos volvió a vivir horas de furia en las calles. Las autoridades de Minnesota declararon el estado de emergencia y un toque de queda a partir de las 19 horas en la ciudad de Minneapolis tras la muerte de otro afroamericano a manos de la policía, justo cuando se acerca el fin del juicio por el asesinato de George Floyd. Según el departamento policial de Brooklyn Center, el domingo una agente quiso usar su pistola taser para inmovilizar a Daunte Wright, demorado por una infracción de tránsito, pero se confundió y disparó con su arma de fuego, lo que acabó con la vida del joven de 20 años. El presidente Joe Biden se pronunció sobre el incidente y dijo que las manifestaciones pacíficas son comprensibles, pero que "no hay absolutamente ninguna justificación" para los disturbios.

El mismo lunes al menos un adolescente murió y un oficial de policía fue herido en un tiroteo en una escuela secundaria de la ciudad de Knoxville, en el estado de Tennessee. La violencia también estalló durante el fin de semana en una playa del sur de California cuando una manifestación de supremacistas blancos chocó con unos 200 movilizados del movimiento Black Lives Matter. En las protestas, disueltas por la policía, se vieron a manifestantes portando símbolos nazis, del Ku Klux Klan y del expresidente Donald Trump.

El caso Daunte Wright

El último crimen racial que enluta a Estados Unidos se produjo el fin de semana en Brooklyn Center, un barrio de las afueras de Minneapolis, y la víctima fue identificada como Daunte Wright. La versión del Departamento de Policía local es que el joven manejaba su auto y tras ser demorado en un control policial se determinó que tenía una orden judicial pendiente por una infracción. Daunte volvió a ingresar a su vehículo, pero al ignorar la voz de alto una agente policial disparó y el impactó acabó con su vida.

A contramano de la versión policial Katie Wright, madre de Daunte, dijo que a su hijo le dispararon antes de volver a entrar al vehículo y que había sido demorado por llevar colgado un ambientador del espejo retrovisor de su auto, algo considerado "delito" en el estado de Minnesota. 

Este lunes el comandante de la policía de la localidad de Brooklyn Center, Tim Gannon, señaló que la agente involucrada en el crimen no quería disparar pero confundió su arma de fuego con su pistola taser. "Fue una descarga accidental que resultó en una trágica muerte", señaló.

En clara protesta por el crimen de Wright, el domingo cientos de personas se concentraron frente a la sede del departamento policial de Brooklyn Center. La muchedumbre encendió velas y escribió un claro mensaje con tiza en la calle: "Justicia para Daunte Wright". La policía pidió a los manifestantes que se dispersaran, estos no lo hicieron y allí comenzó la represión. Dispararon gas lacrimógeno y granadas ensordecedoras. Luego, hacia la medianoche, se movilizó la Guardia Nacional.

En una rueda de prensa conjunta el gobernador del estado de Minnesota, Tim Walz, y los alcaldes de Minneapolis y Saint Paul (las dos mayores ciudades del estado) anunciaron este lunes el estado de emergencia y toque de queda. Las medidas están destinadas a evitar posibles incidentes en la noche en las que se prevén protestas como las que se vivieron el domingo. 

Las movilizaciones por el asesinato de Daunte Wright tienen lugar mientras se lleva a cabo en Minneapolis el juicio contra Derek Chauvin, el policía acusado de asesinar al afroamericano George Floyd en mayo pasado en esa misma ciudad. Floyd murió cuando cuatro agentes intentaron detenerlo por haber utilizado un billete falso para pagar en un comercio. Durante su arresto, Chauvin lo inmovilizó en el suelo presionando la rodilla contra su cuello hasta que le produjo lesiones por las que más tarde murió asfixiado.

Tiroteo fatal en Tennessee

La violencia continuó el lunes por la tarde en la ciudad de Knoxville, en donde al menos un adolescente murió y un oficial de policía fue herido en un tiroteo en una escuela secundaria. El agresor intercambió disparos con la fuerza policial y un sospechoso fue detenido. 

Bob Thomas, superintendente de los centros educativos del condado de Knox, aclaró en su cuenta de Twitter que el edificio que alberga el instituto fue rápidamente asegurado y que los estudiantes que no se vieron envueltos en el incidente fueron enviados a casa con sus familias.

Los tiroteos en centros de enseñanza son un flagelo recurrente en Estados Unidos desde la trágica masacre de Columbine, Colorado, en abril de 1999. Denunciando una "epidemia" de violencia armada, el presidente demócrata Joe Biden dio a conocer la semana pasada una serie de medidas para limitar el uso y portación de armas de fuego en el país, aunque reconoció que no podrá hacer demasiado por su cuenta si el Congreso no deja de bloquear cualquier intento de aumentar el control de pistolas y rifles. 

Supremacistas en las calles

El domingo, una multitud de manifestantes agrupados bajo la consigna White Lives Matter llenaron las calles cerca del muelle de Huntington Beach en California, donde se cruzaron con protestantes contra el racismo y la violencia policial. Los supremacistas se dispersaron rápidamente después de que la policía declarara una "asamblea ilegal" en medio de enfrentamientos cada vez más hostiles.

La movilización atrajo a una muestra representativa de personas con creencias de ultraderecha como los Proud Boys, partidarios del uso de armas para legítima defensa y antiabortistas. De un lado de la calle se podía ver a manifestantes contra el racismo gritando: "¡Nazis, váyanse a casa!", mientras del otro un grupo nutrido agitaba sus banderas a favor de Trump. 

Las autoridades no saben quien organizó el evento del White Lives Matter, pero fue convocado través de redes sociales como Telegram. Incluso algunos vecinos de la ciudad de Huntington aseguran haber recibido flyers del Ku Klux Klan, situación que encendió las alarmas del movimiento contra el racismo. Además de las que se vieron en Huntington, se multiplicaron reducidas protestas en Seattle, Columbia y Nueva York.

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Domingo, 28 Febrero 2021 05:15

Lenin aplasta a los marineros de Kronstadt

Marineros de Kronstadt

La de esta legendaria base naval fue la primera y la última rebelión en el seno de la URSS. Sus marineros se alzaron contra los bolcheviques en busca de una república más democrática

 

La pequeña isla de Kotlin, a unos treinta kilómetros de la desembocadura del río Neva, era el escudo marítimo que protegía San Petersburgo desde los tiempos de Pedro el Grande. En Kronstadt, la capital de la isla, se levantó una fortaleza colosal que se iría ampliando hasta configurar una formidable línea defensiva.

En el siglo XIX, Kronstadt pasó a servir de base a la flota rusa del Báltico. Soldados de la guarnición, tripulaciones y obreros con sus familias sumaban cerca de 80.000 almas en vísperas de la Revolución de 1917. Tras la caída del zar, la ciudad hizo suya, como en ningún otro lugar de Rusia, la consigna de Lenin de dar todo el poder a los sóviets.

En Kronstadt, marineros, soldados y trabajadores practicaron una democracia directa a través de pequeñas asambleas (sóviets), sobre las que se construyó la democracia representativa del sóviet de la ciudad.

Todo ello hizo arraigar en el imaginario de sus habitantes la creencia de que la nueva sociedad que surgiera de la revolución adoptaría un modelo similar de autogobierno, plural y radicalmente democrático. Pero no fue exactamente así. Con los bolcheviques en el poder, su régimen se fue alejando del ideal de Kronstadt.

Comunismo de guerra

Después de tres años de contienda mundial y una revolución, Rusia está exangüe y devastada. Lenin y los bolcheviques habían prometido pan, paz y libertad, pero un cruento conflicto civil entre ‘rojos’ y ‘blancos’ han sumido al país en el caos y la misera. El hambre de las ciudades obliga a requisas forzosas en el campo. Y en la poca industria que sobrevive, la disciplina recuerda la brutalidad de otros tiempos. El malestar se traduce en huelgas y revueltas.

A mediados de 1920, cercana la victoria en la guerra civil, se espera que los bolcheviques mejoren las condiciones de vida. La realidad es otra y la agitación se redobla. A inicios de 1921, en Petrogrado, la antigua San Petersburgo y cuna de la revolución, la situación es explosiva.

El detonante es un anuncio funesto. En un país falto de grano por la sequía, la parálisis del transporte, a causa de la escasez de petróleo y las nevadas extremas, obliga al gobierno a reducir la ración de pan. En Petrogrado, en pleno invierno y sin combustible, la perspectiva del hambre echa la población a las calles. El temor a que todo se desborde conduce a las autoridades de Petrogrado a tímidas concesiones, pero para entonces los ecos de lo sucedido han llegado a la vecina Kronstadt.

Kronstadt la Roja

Los marineros de Kronstadt han sido desde el principio el baluarte más firme y leal a la revolución. Pero, acabada la guerra civil, a las deplorables condiciones de vida en la base se añade un hondo malestar político. La marinería rechaza el monopolio del poder de los bolcheviques, la obediencia sumisa a la que han reducido a los sóviets y sus formas autoritarias de gestión.

Las noticias sobre las huelgas de Petrogrado inflaman todavía más los ánimos en la base naval, y el falso rumor de un baño de sangre durante la represión de las protestas empuja a los marineros a reclamar al gobierno reformas de calado. El 28 de febrero, en una asamblea febril, redactan una resolución con quince exigencias. Incluyen elecciones libres a los sóviets, la restitución de libertades civiles, libertad de comercio y la liberación de los presos socialistas y anarquistas.

La sublevación

Moscú no va a atender ninguna de las exigencias. El 1 de marzo, más de 15.000 marineros, soldados y trabajadores abarrotan la plaza del Ancla en Kronstadt. Aguardan expectantes la intervención de Mijaíl Kalinin. Como presidente del Comité Ejecutivo Central Panruso, es el jefe del Estado.

La multitud espera palabras conciliadoras que inviten a negociar con el gobierno. Pero Kalinin la enfurece con acusaciones de chantaje y traición y amenazas que suenan a ultimátum. Un griterío ahoga su arenga hasta que se da por vencido y abandona la tribuna. La asamblea, en cólera, ratifica por abrumadora mayoría las quince exigencias formuladas el día anterior.

Al día siguiente, otro falso rumor, el de un inminente ataque sobre Kronstadt, precipita la creación de un comité revolucionario, que ordena tomar los puntos estratégicos de la ciudad. A medianoche, la base naval está en poder de los marineros. Todos los buques, fuertes y baterías también reconocen su autoridad. Kronstadt se acaba de sublevar.

Los insurrectos envían emisarios al continente para propagar la noticia. Confían en levantar a la población. Contra el parecer de los asesores militares, partidarios de tomar la iniciativa y alentar la sublevación en Petrogrado con una ofensiva sobre la ciudad, los marineros deciden aguardar parapetados en la fortaleza. Desoyen también el consejo de romper el hielo que circunda la isla y la conecta al continente para crear un foso acuático que la proteja de asaltos. Dos errores estratégicos que van a decidir el desenlace.

Que la principal base de la armada soviética esté en manos rebeldes es una baza que cualquier enemigo querría aprovechar. Y si algo le sobran a la Rusia comunista son enemigos. La Polonia del mariscal Pilsudszki, con quien Moscú aún no ha firmado la paz, o la Guardia Blanca, con fuerzas dispersas todavía por el país, podrían reanudar su lucha. Lenin teme un escenario peor: que ambas amenazas confluyan en una intervención extranjera que haga de Kronstadt su ariete y arrastre el país a otra guerra.

La tragedia

Moscú ha decidido liquidar la rebelión por la fuerza, pero antes debe aislar a los sublevados. La propaganda elabora el relato que justifique un ataque contra los hombres que hasta entonces eran el máximo símbolo de la revolución. Aunque no exista relación alguna entre ellos y el exilio antibolchevique que celebra su alzamiento, la campaña los acusa de servir a la Guardia Blanca.

En esos días, todos los ojos están puestos en la inmensa alfombra de hielo que se extiende desde las riberas de Petrogrado hasta Kotlin. A finales de marzo comenzará el deshielo en el golfo de Finlandia. Cuando se produzca, los sublevados dejarán de estar aislados. Podrán recibir por mar todo tipo de refuerzos y emplear los navíos de la flota. Es escaso el margen de tiempo para atacar la fortaleza antes de que sea inexpugnable. Trotski, comisario de Guerra, encarga el plan de ataque a Mijaíl Tujachevski, un joven y prominente general del Ejército Rojo.

Al atardecer del 7 de marzo el plan se pone en marcha. Un intenso bombardeo sobre las defensas de la fortaleza precede al ataque de la infantería, que avanza a campo abierto y sin protección alguna en medio de una tormenta de nieve. Es una empresa suicida. En Kronstadt, 15.000 hombres en armas aguardan el embate tras los gigantescos muros de la ciudad, artillados por más de un centenar de cañones y defendidos por fuertes y baterías. Cuentan, además, con la potencia de fuego de dos modernos acorazados y otros buques de guerra.

Los asaltantes, a pesar de sus uniformes de camuflaje, son un blanco fácil. Al despuntar el día, la artillería de Kronstadt los recibe con un fuego devastador, que siembra con cientos de cadáveres el mar congelado. Otros muchos mueren engullidos por los cráteres que las explosiones abren en el hielo.

La escasez de alimentos y munición comienza a dejarse sentir en el ánimo de los marineros

Precipitación, falta de efectivos y baja moral de combate. El asalto es un completo fracaso, y el estupor por la noticia corre entre el millar de delegados que asisten en el Kremlin a la inauguración del X Congreso del Partido Comunista. La crisis de Kronstadt va a marcar el cambio de rumbo en el país que apruebe el congreso.

A pesar del fracaso, en los días siguientes, la aviación y las baterías de costa castigan la ciudadela. Allí, el bloqueo de la isla está surtiendo efecto. La escasez de alimentos y munición comienza a dejarse sentir en el ánimo de los marineros. Sin embargo, el hielo se funde y el tiempo se agota. Tujachevski tiene nuevo plan. Ha reunido una fuerza de asalto que dobla el contingente anterior. Son tropas de élite y de probada fidelidad revolucionaria.

En la tarde del 16 de marzo comienza un intenso cañoneo sobre Kronstadt que se prolonga hasta entrada la noche. Al amparo de la oscuridad y la niebla, más de 50.000 hombres inician su avance desde diversos flancos. Les guía la luz de los reflectores de Kronstadt que barren el hielo rastreando señales de su ataque.

Cuando lo detectan, la artillería se emplea sin descanso. Diezma las columnas de infantería, pero esta vez no logra detenerlas. Los invasores abren brechas y, después de vencer una resistencia feroz, toman los primeros fuertes. En el interior de la ciudadela la lucha es despiadada. Se combate calle por calle, casa por casa, hasta la mañana del 18 de marzo, cuando se da por sofocada la rebelión.

La sublevación ha acabado en un baño de sangre, con más de 10.000 muertos, en su mayoría soldados del Ejército Rojo. Cerca de la mitad de los rebeldes ha conseguido huir a Finlandia. De los 2.000 prisioneros, trece han sido elegidos como cabecillas y ejecutados. Mientras se combatía en Kronstadt, el X Congreso del Partido Comunista ha inaugurado una nueva etapa en la vida del país. Ha decidido reactivar la economía sustituyendo el comunismo de guerra por medidas en favor de la iniciativa privada y el libre comercio. Comienza la NEP, la Nueva Política Económica.

Memoria selectiva

En marzo de 1936 se estrenaba en Moscú Los marinos de Kronstadt. Fue un éxito rotundo, con más de 23 millones de espectadores solo aquel año. La película narra cómo los marineros de la base naval libraron a Petrogrado de la amenaza de la Guardia Blanca en los peores momentos de la guerra civil. Quince años después de la tragedia de Kronstadt, en pleno estalinismo, el régimen soviético había borrado de su memoria aquel episodio fratricida, pero reivindicaba a los héroes que en su día se ganaron ser “gloria y orgullo de la Revolución”.

Por Alfonso González Quesadaprofesor del Área de Documentación de la UAB.

28/02/2021 07:00

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