Martes, 31 Agosto 2021 17:53

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enEdición Nº283
Miércoles, 01 Septiembre 2021 05:47

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enColombia
Lunes, 30 Agosto 2021 15:42

El covid: muchos interrogantes

El covid: muchos interrogantes

Tras un año y medio de crisis pandémica propiciada por el covid-19 son muchas las sombras, ocultamientos y contradicciones desprendidas por la misma. Por ejemplo, el éxito de la crisis sanitaria causada por el covid, no se hubiera alcanzado sin 3 columnas que sostienen el discurso único sobre la pandemia: 1. Los gobernantes que recortan las libertades individuales y siguen la receta del FMI; 2. Los medios de comunicación que mediante un bombardeo propagandístico feroz aterrorizan a la población, hoy con la cepa Delta, mañana con la Lambda y así sucesivamente , 3. La OMS, que a modo de Ministerio de Salud Mundial, aporta el sustento “científico” que justifica un discurso único, que elimina todo debate, todo testimonio de autoridades sanitarias o científicos de reconocimiento mundial que cuestionan, o contradigan la versión oficial.

Estamos ante el imperio del discurso único. Se acallan todas las voces disidentes. Todos los médicos que aparecen en la televisión, acompañan la versión del “Ministerio de la Verdad”, muchos de los cuales no declaran el conflicto de intereses con la industria farmacéutica. La narrativa oficial no se cuestiona. Las instituciones no abren ningún debate: no hay contraste, no se visibiliza la diversidad de opiniones que surgen en la comunidad médico-científica. La “policía del pensamiento” está presta a actuar, los chequeadores de la verdad castigan sin piedad a quien se atreva a cuestionar la versión oficial.

Para llegar a este punto, el recorrido ha sido largo: empezando por la creación y control, por parte de las industrias farmacéuticas de las más importantes revistas médicas del mundo, convertidas en fuente académico-científica para las facultades de medicina del orbe. Y continuando con el logro invaluable para los intereses farmacéuticos hegemónicos, con el control de la educación médica en Estados Unidos por parte de David Rockefeller y Carneagie a partir de 1917 cuando su empleado Abraham Flexner produce un informe mediante el cual recomienda cerrar facultades de medicina enfocadas en la terapéutica con plantas medicinales o medicinas homeopáticas. Todo ello, aunado a la financiación de instituciones educativas le permite a la naciente industria farmacéutica monopolizar la producción científica médica.

Después de la Segunda Guerra Mundial se crea la OMS, financiada hoy en día por la todopoderosa Industria Farmacéutica (léase: Blackrock, Vanguard, State Street, Fidelity), y por extensión su control, con lo cual consiguen cambiar la definición de pandemia y logran la pauta para su manejo, la que termina aceptada y obedecida por todos los países del mundo con excepción de Suecia y algunos pocos estados africanos. Recuérdese que desde 2009 para la la OMS se “ llama pandemia a la propagación mundial de una nueva enfermedad”, pero que para antes de esa fecha además de la propagación –mundial– tenía en cuenta que la mortalidad fuera grave.

Como expresión de su poder, en enero de 2020, a una velocidad increíble, publican en una revista de investigación científica el trabajo sobre RT-PCR de Drosten en Berlín, sin ser revisado por pares, y acogido en pocos días por la OMS para ser utilizado en todo el mundo como prueba de la existencia de la enfermedad covid-19. Todo ello pese a que Mullis, creador del RT-PCR, merecedor del premio Nobel por su descubrimiento, fue enfático al declarar que no es útil para diagnosticar infecciones, ya que es un dispositivo de investigación; vale decir que sin esta prueba tampoco hubiera sido posible generar la crisis sanitaria. (ver recuadro, “La manipulación con las PCR”).

Con tratamientos opuestos poco afortunados. Es así como desde el punto de vista terapéutico el mandato de la OMS recomienda negar el tratamiento médico en los primeros días de la enfermedad, con ello, con el paso de los días, consiguen que los mayores de 60 años, los obesos, los hipertensos y los diabéticos, agraven su condición clínica, momento en el cual deben ser hospitalizados, con resultados desgraciadamente poco exitosos.

Un proceder médico decidido sin las correspondientes pruebas empíricas. Increíblemente en las primeras semanas de la pandemia en ningún país se hacían autopsias, confiados en las pocas que hicieron los médicos en Wuhan. Tocó esperar hasta que los patólogos italianos efectuaron estudios postmortem, descubriendo la fisiopatología de la enfermedad: se trata de una patología sistémica caracterizada por la inflamación y la coagulación de la sangre en los vasos sanguíneos.

Con esta verificación a la mano distintos grupos clínicos fueron conformando protocolos de tratamiento precoz, para hacer en casa, evitando las complicaciones de la enfermedad y, en consecuencia, evitando la hospitalización del paciente. Tal es el caso del Dr. Peter McCullough cuyo trabajo de investigación fue publicado en Reviews in cardiovascular medicine el 1 de enero de 2021, revista de gran reconocimiento científico pero, que si hablaba de su trabajo por medio de un video ‘colgado’ en Youtube, por ejemplo, sería censurado. Su protocolo se basa en medicamentos posibles de conseguir en cualquier farmacia.

Todo un avance para atender de manera efectiva la crisis de salud pública suscitada, reducir los padecimientos de los pacientes y obtener mejores resultados. Esto para no hablar de alternativas como el Dióxido de cloro (CDS), cuyo uso fue aprobado exclusivamente en Bolivia gracias a la presión de organizaciones populares y sindicales. En el resto del mundo el Dióxido fue satanizado gracias a la labor de los fact check financiados por el Instituto Poynter de la Florida que cuenta con el apoyo de Google, la Open Society de Goerge Soros, la Fundación Bill y Melinda Gates, entre otros “filántropos”.

Transcurridos estos meses, y observada la forma como las más poderosas instituciones han conducido esta crisis, es posible aseverar que toda la estrategia conduce a un relato oficial en el que no hay tratamiento para la enfermedad y la única salida posible es mediante la vacunación compulsiva de la mayor parte de la humanidad.

Las mal llamadas vacunas (mal llamadas porque no cumplen la definición de producir inmunidad), fueron fabricadas en un tiempo récord, se saltaron la experimentación en animales, el periodo de observación de sus efectos fue de unos pocos meses, así que nadie sabe, con toda seguridad, los efectos secundarios a largo plazo. Es necesario recordar que estas se encuentran aún en la fase 3 de experimentación, la cual finaliza en octubre de 2022 para la de Pfyzer y para otras en marzo de 2023, por lo cual ninguna vacuna ha sido aprobada por ente alguno de control; solamente se autorizó el uso de emergencia.

Al ser así, lo evidente es que el establecimiento está ocultando a la población los efectos secundarios inmediatos que pueden producir las ahora llamadas vacunas, tales como, infartos, trombosis, enfermedades del sistema nervioso, entre otros. Para las instituciones sanitarias estos eventos son mera coincidencia temporal, descartando toda relación causa-efecto en este tipo de biológicos.

Un efecto que no es de menor cuantía. Se calcula, por ejemplo, que el número de muertes en Estados Unidos por causa de las vacunas, y hasta julio del 2021, está entre 11.000 y 45.000. Muertes minimizadas: cuatro décadas atrás, en 1976, ante las 27 muertes causadas por la vacuna contra la gripe porcina (H1N1) se detuvo la vacunación y el presidente Gerald Ford tuvo que aceptar la renuncia de algunos de sus colaboradores; claro que en esa época habían periodistas de la talla de Mike Wallace, quien en su programa “60 minutes” denunció el fraude de la vacuna.

Estamos, por tanto, ante un proceder médico que reluce por sus maniobras poco claras, pero también por sus vaivenes, palos de ciego y contradicciones. Tómese en cuenta, como evidencia de ello, que las anunciadas dos dosis de algunas de las difundidas vacunas ahora, ante las nuevas formas que va asumiendo el virus, han pasado a ser tres. Como el virus en tanto agente patógeno no cejará en su evolución, y en tanto las vacunas no lo sean a plenitud, es necesario preguntar: ¿cuántas nuevas dosis aplicarán?, ¿cada seis meses habrá una nueva pócima? ¿o será cada año? ¿Por cuántos años?

Una realidad también extendida a lo conocido como inmunidad de rebaño, propósito ante el cual los expertos también fallaron: al comienzo decían que se lograría inoculando al 70 por ciento de la población, porcentaje ahora incrementado al 90. Lo cierto es que mientras las vacunas permitan la infección o no interrumpan la transmisión del virus, es evidente que este propósito nunca será logrado.

Una pandemia, por tanto, con fundamento real pero propiciada, potenciada y manejada de tal manera que ha terminado por ser instrumento para favorecer ciertos intereses y someter a la población global. Un proceder y un logro imposible de alcanzar sin la docilidad de infinidad de gobiernos, sin la complacencia de las grandes cadenas de comunicación y sin la pasividad en que cayeron la mayoría de aquellas posiciones políticas autocalificadas como de izquierda y/o alternativas.


 La manipulación con las PCR

 

¿Dónde está el engaño de las PCR? De manera breve y simple:

El procedimiento

- Te cogen una muestra de moco de la nariz con un hisopo.
- En esa muestra hay ADN tuyo y, si estuviste en contacto con el virus, también habrá ADN del virus.
- Introducen todo en una máquina.
- La máquina le aplica a la muestra ciclos de frío-calor.
- Con esos ciclos van duplicando la cantidad de ADN vírico.
- Con 1 ciclo hacen dos copias. Con 2 ciclos hacen 4 copias. Con 3 ciclos hacen 8 copias. Y así sucesivamente.
- Cuando lleguen a los 35 ciclos tendrán (textualmente) 35.000 millones de copias de ADN del virus.
- Lo que están haciendo es buscar el virus aumentando la cantidad de ADN.
- En alguno de los ciclos lo van a encontrar.

El fraude

Hay 3 cosas que es importante entender, ya que ahí está la clave de todo el tinglado:
1. Si encuentran el virus con pocos ciclos (menos de 20) se supone que eres positivo y que tienes una buena cantidad de virus en el cuerpo (puedes enfermar y contagiar).
2. Si para encontrar el virus necesitan muchos ciclos (más de 30) se supone que eres positivo pero que no tienes capacidad infectiva (ni te vas a enterar que tienes el virus, ni vas a contagiar a nadie). Así lo recoge el propio Gobierno en sus documentos oficiales.
3. La PCR es una prueba que puede encontrar una aguja en un pajar. Estas ampliaciones se pueden seguir haciendo indefinidamente y a 60 ciclos (aproximadamente) todos seríamos positivos porque todos en algún momento estuvimos en contacto con el virus.

Resumiendo

- No es lo mismo ser positivo con 20 ciclos que serlo con 40.
- Ahí es donde está la trampa: los laboratorios están haciendo las PCR a 40 ciclos o más, es decir, eres positivo pero ni enfermas ni contagias.
- Si quieren crear una nueva ola suben los ciclos y todos positivos.
- ¿Que quieren crear una ola entre los jóvenes?, hacen un cribado masivo en esas edades y las PCR a 40 ciclos. Resultado: la inmensa mayoría positivos.
- Si nos quieren vender que las vacunas funcionan, bajan los ciclos de las PCR y disminuyen los positivos. Así de fácil.

Conclusión

- La PCR es una prueba que no está diseñada para lo que la están usando.
- Visto que está plagada de falsos positivos (algunos científicos hablan del 97 por ciento de falsos positivos) me parece importante negarse a realizarlas.
- Y, si no te queda más remedio que pasar por el aro, exigir que te digan a cuántos ciclos la están haciendo.

 

Nota 1: En este post se trata de desmontar la trampa de las PCR desde la “oficialidad”, solo razonando, por eso ya no voy a entrar en si se consiguió aislar el SarsCov2 ni en otros temas como la teoría del contagio.
Nota 2: Solo he tratado de dar unas pautas para que cada uno realice su propia investigación, así que científicos, médicos, biólogos y demás entendidos sabrán disculpar las incorrecciones.
https://t.me/PLANDEMIA_MUNDIAL_COVID

 

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Publicado enEdición Nº283
Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?

La regulación legal, base para la vacunación en Colombia, es la ley 2064 del 9 de diciembre de 2020, en la cual se declara de interés general la estrategia para la inmunización de la población colombiana contra el covid-19, la lucha contra cualquier pandemia y se dictan otras disposiciones. Es importante resaltar que en ningún momento se regula en esta Ley sobre la obligatoriedad de participación en el proceso de vacunación; lo que especialmente aclará la misma es el principio de gratuidad, particularidad que se menciona expresamente en el artículo nueve; otro principio fundamental que deja en claro es la Universalidad.

La Ley 2064, es una previsión del proceso de vacunación que en efecto se desarrolla desde la tercera semana de febrero de 2021, y la que no previó un desafío posterior, presentado justo en el momento que se desarrolla la vacunación por etapas, y sí contemplado en múltiples decretos que desarrollan la norma: la apatía, o el temor o el rechazo directo que puede tener un sector de la población y que los lleva a la decisión de no aceptar el biológico.

Un desafió que no es menor. Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) 44,2 por ciento de los colombianos dijo no estar interesado en aplicarse la vacuna, situación que genera tensión frente a los espacios de la convivencia común e incluso en el ámbito laboral. Algo que para algunos eran impensable sucediera en esa magnitud. El quid del asunto es que poco a poco se llega a una obligatoriedad encubierta que ni siquiera la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado, salvo insistir en la necesidad de lograr inmunidades de rebaño a partir de coberturas masivas en la población.


¿Vacunación obligatoria o no? Derechos involucrados

Para establecer una hipotética obligatoriedad de la vacunación, es necesario establecer de manera somera los derechos que se encuentran involucrados en tensión, para decidir si se obliga o no, y nos vamos a referir a derechos fundamentales desde la Constitución en un Estado Social y Democrático de Derecho.

El derecho a la vida (art. 11), libre desarrollo de la personalidad (art. 16), libertad de conciencia (art. 18), el derecho al trabajo (art. 25), esto en relación con algunos derechos fundamentales involucrados conforme el capítulo I, del título II de nuestra Constitución, y también entra en tensión uno muy importante del capítulo II, de los Derechos Sociales, económicos y culturales: Derecho a la Salud (art. 49).


La valoración de los citados derechos involucrados, nos puede llevar al mismo tiempo a decisiones contradictorias, porque sobre la base de estos mismos derechos podría negarse o imponerse la obligatoriedad. De antemano obsérvese que la balanza la puede inclinar básicamente el derecho a la salud, frente a los fundamentales de la vida, la libertad de conciencia, libre desarrollo de la personalidad, etcétera.

En este proceso hay que tener en cuenta que la vacunación requiere la introducción de una sustancia ajena al cuerpo, por lo que en principio necesita la voluntad de la persona que acepta o da su consentimiento para recibir el biológico. Desde este primer punto de vista, la vacunación nunca podría ser obligatoria ya que requiere una expresión voluntaria y libre de la personalidad del sujeto. En sentido contrario, al entenderse la vacunación como parte de un tratamiento que incluso puede considerarse preventivo, en libre expresión de su personalidad el sujeto también puede negarse a ser innoculado, blandiendo objeción de conciencia frente. Pero acá aparece otro importante derecho como obstáculo a este tipo de determinación: la salud pública, que como derecho colectivo podría imponerse sobre todo cuando es un sector amplio de la población el que se vería en riesgo frente a la actitud o el derecho de un solo individuo o en todo caso de un grupo minoritario. Consideramos entonces que esta podría ser la única excepción fuerte a la no obligatoriedad.

 

 

Que la OMS y todos los Estados hayan declarado que estamos en medio de una pandemia denominada covid-19 y que todos los Estados estén tomando medidas para contenerla, entre ellos la vacunación, y que ello obedezca a un riesgo ostensible para la salud de la mayoría deja en evidente ventaja el derecho a la salud frente a los derechos individuales en cuestión, ante una hipotética obligatoriedad de la vacuna que ya están aplicando o proyectando entre las medidas que toman los diferentes Estados.

En los derechos involucrados mencionamos expresamente el derecho al trabajo, porque este vive una tensión particular frente a los efectos de la pandemia, porque es en la población trabajadora que la tensión entre la obligatoriedad de la vacuna ha tomado un tono más fuerte, pues la consigna parece ser que la necesidad de trabajar cede frente a la voluntad de querer o no aceptar la vacunación; de hecho, es común que la empresa pública o privada envíe permanentemente links en plataformas digitales para que los empleados reporten en que momento se encuentra su proceso de vacunación.

Expertos en el área de derecho laboral se oponen abiertamente a que pueda amenazarse o derivarse algún tipo de sanción para los trabajadores que no accedan a la vacunación de forma “voluntaria” ya que atentarían contra la estabilidad laboral, y ni siquiera aceptan la imposición de otras modalidades como pasarlos a teletrabajo o a áreas que impliquen menor exposición a contagios, lo cual podría ser considerado un “castigo”. Sin embargo, en la práctica triunfa otra premisa y es que si el Gobierno o la empresa determinan que la vacunación es obligatoria, el empleado prácticamente no puede abstraerse de la obligación pues el Estado o la empresa privada resaltarán que deben garantizar un servicio no para el privilegio de uno sino de toda una comunidad. Por lo mencionado hasta este punto, todo indica que la tensión está a favor de los derechos colectivos y no de los individuales, y en tal punto podría prevalecer la obligatoriedad.


Vacunación y medias sanitarias: otro paso a la obligatoriedad


A medida que avanza la pandemia, y sobre todo la estrategia de vacunación mundial, con consecuentes desafíos y diferencias abismales entre Estados y poblaciones del primer y el tercer mundo, no hay duda que los países que imprimen la marcha en el orden mundial también van imponiendo poco a poco sus políticas públicas de obligatoriedad “velada” de la vacunación, como es el caso de la Unión Europea que a partir del 1 de julio de 2021 oficializó el Certificado covid digital de la UE, con la aplicación del reglamento acordado por los principales organismos de la UE (Comisión, Parlamento y Consejo Europeo), lo que han dado en llamar implementación de los pasaportes sanitarios, que incluso ofrecen un reparo desde la cantidad de información personal que recaban de los ciudadanos pero que ellos aseguran “no realizaran tráficos indebidos con los datos personales” ya que solo es con fines de autenticación de la información sobre el estado de vacunación o cantidad de dosis aplicadas.

Sin embargo, con asombro puede observarse como en la aplicación de políticas dominantes, también desde el punto de vista sanitario, este bloque de países se da el gusto de aceptar o rechazar, para efectos de permitir la circulación en el territorio Schengen, entre las vacunas homologadas; según lo cual las autorizadas por la Agencia Europea del Medicamento (EMA), son: BionTech/Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Johnson&Johnson.


Tras establecer el pasaporte que en principio no es obligatorio, pero que es un requisito a cumplir esté o no vacunado el ciudadano, muchos de los países europeos lo están considerando prácticamente obligatorio para poder realizar muchas actividades de ocio y turismo, en teoría con una finalidad absolutamente preventiva ante posibles contagios masivos en las actividades descritas.

Un protocolo que están retomando los demás países del orbe, incluso en nuestra realidad, ya es común exigir el certificado de vacunación covid 19 para poder asistir a espectáculos masivos como el fútbol, conciertos, entre otras actividades. Incluso se exige un esquema de vacunación ya completo, dejando cada vez más en entredicho la no obligatoriedad de la vacuna.

Estrategia que apunta a fomentar la vacunación masiva, con el objetivo de lograr la denominada “inmunidad de rebaño”, todo ello sin tener en cuenta la afrenta que implica frente a la violación de otros derechos fundamentales, como los ya listados supra, poniendo de presente la tensión entre la reactivación económica y la posibilidad que los “desjuiciados”, sobre todo población joven, hagan valer sus derechos y se sometan a los designios de las mayorías.

Estas medidas de política pública, de restricción de ciertos derechos y resumidas en los pasaportes sanitarios, o como se les quiera denominar, ante el privilegio alcanzado por la necesaria reactivación económica, lo que pretenden es evitar los confinamientos, lastre de la producción y el mercadeo. En este punto el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ya ha dictaminado que las vacunas obligatorias no violan las leyes de derechos humanos e incluso podrían considerarse necesarias en una sociedad democrática donde la salud pública, como derecho colectivo, está por encima de unos de carácter meramente individual.


Vacunación y Bioética: qué dice la ciencia


Otro punto de vista que necesariamente debe tenerse en cuenta en este debate, es la posición de la ciencia desde la bioética, que aborda asuntos de fondo que muy posiblemente no tienen una respuesta segura en este momento, como: ¿Sí son eficaces las vacunas para prevenir la transmisión? ¿Hay en realidad acceso igualitario a la vacunación en el mundo?

Para ambientar brevemente esta discusión, nos parece oportuno referenciar al experto en Bioética Julian Savulescu, profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, quien en su artículo: “Good reasons to vaccinate: mandatory or payment for risk?”* considera que sólo cabe proceder a la vacunación obligatoria cuando se dan cuatro condiciones fundamentales:

a. Hay una amenaza grave para la salud pública.
b. La vacuna es segura y efectiva.
c. Las políticas de vacunación obligatoria muestran una ratio de coste/beneficio superior a otras alternativas.
d. El nivel de coerción impuesto es proporcionado.

Responder a cada uno de estos puntos que correctamente plantea el experto, podría llevarnos a otra columna sobre la materia, pero a groso modo podemos decir que prácticamente la única premisa que se cumple es la grave amenaza para la salud pública, porque sobre la seguridad y efectividad de las vacunas por ahora no hay estudios científicos unívocos; menos sobre el coste-beneficio de la obligatoriedad, y en cuanto a la coerción de derechos de manera proporcionada, en realidad está por verse.

Recordemos, incluso que, frente a la efectividad, recientemente nos enfrentamos a la “proposición” de una tercera dosis por parte de las farmacéuticas, como es el caso de la estadounidense Pfizer, con la justificación de proteger contra la nueva variante delta del coronavirus y según datos preliminares de un estudio, que como siempre son preliminares y en desarrollo.

Sobre lo anterior obliga decir que existen numerosas variantes del virus: Cepa alfa (Reino Unido), Beta (África), Gamma (Japón) Delta (India) y Delta Plus (varios países), por lo cual otras farmacéuticas propietarias de la vacuna Moderna, AstraZeneca, Sinovac, también están “sugiriendo” tercera dosis. En Colombia, y según datos del ministerio de Salud, con la variante Delta el país completó 61 linajes covid.

El problema de las variantes, advierte la OMS, es que las mismas están asociadas a un aumento de la transmisibilidad o cambio en la epidemiología del covid-19, aumento de la virulencia o cambio en la presentación clínica de la enfermedad, o disminución de la efectividad de las medidas sociales y de salud pública o de los diagnósticos disponibles.

Lo anterior indica que ni el virus está resuelto, ni está completamente diagnosticado, pero que alguien está tomando ventaja en el comercio “obligado” de las vacunas, y que lo que podrían ser solo dos dosis para obtener un “pasaporte sanitario” podría convertirse en dosis periódicas y necesarias siempre frente a las nuevas fuentes de riesgo biológico y, por lo tanto, los derechos siempre estarán en permanente tensión frente a la obligatoriedad.

A todo lo expresado, el tema nos obliga volver al origen y preguntarnos sobre todo en estos países del trópico de una fuerte tradición ancestral indígena: ¿Por qué no volvemos a las hierbas y a las raíces de los árboles? ¿Por qué, aunque sin el supuesto sustento científico (como tampoco lo tienen ciertamente las vacunas hasta ahora homologadas) no ayudamos a enfrentar la pandemia con las recetas tradicionales y sus propiedades que también han salvado vidas, y sin obligar a nadie?

Es una opción viable, junto con otro tipo de medicinas, que ha evidenciado efectividad en barrios populares, penales, comunidades indígenas y campesinas en general, incluso aplicada de distinta manera por galenos de amplia trayectoria que actúan en silencio ante el temor de perder su licencia profesional. Todo lo cual evidencia que la solución no puede ser solo la obligatoriedad a la que nos conducen los intereses de las multinacionales farmacéuticas, del empresariado y de los gobernantes para obtener pasaportes sanitarios, que por lo visto y por el nivel de dificultad que ofrece el virus en cuanto a desarrollo y variantes, nunca serán suficientes.

* Good reasons to vaccinate: mandatory or payment for risk? Disponible en: https://jme.bmj.com/content/47/2/78 BMJ Journal of Medical Ethics. Consultado 8(08/2021.

 

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Publicado enEdición Nº283
Domingo, 29 Agosto 2021 14:37

Covid-19: más que el pinchazo

Province of British Columbia, https://www.flickr.com/photos/bcgovphotos/50724940457/

Finales de 2019. Desde la fecha en que el “covid-19” “sorprendió” al mundo, el debate frente a las libertades individuales y personales, limitadas con fundamento en que es necesario combatirlo, controlarlo o al menos contener su avance, está al orden del día; un debate mucho más intenso a partir del mes de marzo del año 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el inicio de una pandemia.

Las prohibiciones impuestas desde el primer momento fueron extremas, por ejemplo, para movilizarse entre países y al interior del propio territorio; pero también se impusieron un conjunto de obligaciones de todo tipo, empezando por la exigencia de reportar información sensible e inscribirse en diferentes plataformas si se pretendía obtener autorización para salir de la residencia, una especie de bases de datos que encontró pronto rechazo social toda vez que no se sabía el paradero final de la misma, en fin, un conjunto de restricciones vividas y padecidas por todos.

Ahora surge otra, la obligación de vacunarse, y la posibilidad de limitar importantes derechos a quienes no la acepten. El debate en nuestro país y en el mundo entero está abierto, y parece que otra vez la libertad individual debe ceder. Diferentes naciones en el mundo ya impusieron el “pasaporte covid” o un “pase verde”, una especie de tarjeta sanitaria que se exige para entrar a un café, un restaurante, un cine, un gimnasio, un museo, para utilizar el transporte público, para subirse al tren o a un avión.

Está claro que la imposición de una obligación tal vulnera de forma evidente los principios que soportan a un Estado constitucional y democrático, que está fundado en la dignidad, la autonomía y el pluralismo. El Estado no puede, aún bajo el presupuesto de proteger a otros, obligar a una persona a vacunarse. 

Los mandatos constitucionales y convencionales en materia de derechos humanos, los tratados internacionales como la Convención Americana de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Declaración Universal de Derechos Humanos, son suficientes para sostener esta posición.

Incluso, si faltaran argumentos, la jurisprudencia los brinda, basta acudir a las sentencias de la Corte Constitucional para encontrarlos, porque en ella se ha reconocido que en una sociedad fundada en la inviolabilidad, dignidad y autonomía de las personas. toda intervención en el cuerpo de un individuo debe en principio contar con la autorización del propio afectado (principio de autonomía).
 
Es así como, en el caso nuestro, el Estado no puede obligar a la población colombiana a vacunarse, porque la facultad de tomar decisiones relativas a su salud es un derecho de carácter fundamental, como concreción del principio constitucional de pluralismo (artículos 1 y 7 de la Carta Política) y de los derechos fundamentales a la dignidad humana (artículo 1), al libre desarrollo de la personalidad (artículo 16), a la integridad personal (artículo 12) y a la salud (artículo 49). (Sentencia T–365 de 2017)

Del principio general de libertad emana el derecho específico de la autonomía de la persona que le permite tomar decisiones relativas a su salud. Los individuos son libres y agentes morales autónomos, es a ellos a quienes corresponde definir cómo entienden el cuidado de su salud.

Así las cosas, en materia de las vacunas, toda persona es autónoma y libre para elegir y decidir cuál opción seguir. La Constitución reconoce la existencia de diferentes concepciones de bien y de mundo, igualmente válidas, desde las cuales toda persona puede construir legítimamente un proyecto de vida.
 
Además, en materia médica el principio de pluralismo, reconocido en los artículos 1º y 7º de la Constitución, existen, dentro de ciertos límites, diversas formas igualmente válidas de entender y valorar en qué consiste la bondad de un determinado tratamiento médico.

Incluso, impedir a una persona decidir si se somete o se rehúsa a la administración de una vacuna atenta contra otro de los contenidos protegidos por el derecho a la dignidad humana, el cual se relaciona de forma innegable con el derecho a la integridad personal. En este sentido, si las personas son inviolables, sus cuerpos también lo son, por lo cual no pueden ser intervenidos sin su permiso. El individuo es titular de un derecho exclusivo sobre el propio cuerpo.

El propio derecho a la salud permite sostener que las personas no pueden ser sometidas a tratamientos y experimentos médicos no consensuales. Toda actuación destinada a instrumentalizar a la persona, impidiéndole que pueda tomar las decisiones que estime convenientes sobre su propio cuerpo, se muestra incluso abiertamente desproporcionada y contraria a los principios que informan la Constitución, razón de más para señalar que la vacuna no puede ser considerada obligatoria para sus destinatarios.

Acerca de la libre elección de vacunarse

No todas las personas se niegan a vacunarse, tanto es así que la vacunación empezó en nuestro país el 17 de febrero de 2021 y al inicio del mes de agosto alcanza cerca de 30 millones de dosis aplicadas, divididas de la siguiente manera: 16 millones primera dosis y 13 millones con el esquema completo.

Una libertad concretada, por ejemplo, en el actuar de aquellos ciudadanos más pudientes económicamente, quienes salieron con su núcleo familiar para los Estados Unidos en procura del biológico que consideraron, “libremente”, que era el mejor. Con una oferta variada, eligieron el que en su momento parecía el mejor. Hoy no se sabe. Pero ya están vacunados.

Los demás, aquellas personas que no pudieron salir buscando el sueño americano, materializado ahora en una vacuna, les tocó acá en la tierrita, según el turno y la existencia del biológico, aunque muchos ingeniosos, que se creen más avispados, maniobraron para que les aplicara el que consideraron el mejor. Entonces, ya se vacunaron, lo hicieron libremente, lo eligieron, no hay que obligarlos.

Otros ciudadanos no se niegan, solo exigen que los vacunen con el mismo biológico que utilizaron el presidente, los ministros, sus esposas, hijos y familiares más cercanos, algo así como que esta es la mejor prueba de que el biológico no producirá efectos negativos. Reclaman igualdad, y de esta manera aceptarían vacunarse sin objeción alguna.

Existe un grupo de personas que aún no se han vacunado porque reclaman, como condición previa, información confiable y suficiente, es decir una adecuada ilustración para decidir si se inoculan o no. Pero esta información no existe, falta tiempo para que los estudios arrojen algún resultado digno de crédito.

Un reclamo, un derecho, de manera alguna ilógico. Un reclamo que el Ministerio de Salud y Protección Social debe atender con información precisa sobre los efectos de la vacuna, positivos y negativos. El consentimiento informado, que materializa los principios constitucionales como la dignidad humana, el libre desarrollo de la personalidad, la libertad individual, el pluralismo, constituye un elemento determinante para la protección de los derechos a la salud y a la integridad de la persona humana.
 
Se trata de un derecho que consiste en ser informado de manera clara, objetiva, idónea y oportuna sobre aquellos procedimientos médicos que afecten en mayor o menor medida la vida y la integridad personal

Sin embargo, la información no ha sido clara, no se conocen los efectos secundarios de las vacunas, tanto a corto como a largo plazo. Esta información no ha sido suficiente, ni concluyente, ejemplo de lo cual es que las vacunas que en principio aseguraban que con dos dosis lograban su propósito, hoy afirman que para ello necesitarán una tercera, una variación que agrega elementos para que la población en general siga dudando de la veracidad de la información.

Ahora bien, para obligar a la vacunación el Ministerio de Salud sustenta que es necesario alcanzar la conocida inmunidad de rebaño, la cual aseguraban se obtendría con el 70 por ciento y ahora aseguran debe alcanzar al 90 por ciento, algo que parece casi imposible toda vez que la movilidad global, el comercio y el mercado no cejan en su frenesí. Algo aún más difícil de obtener de hacerse realidad lo afirmado por algunos expertos: que los vacunados serán los más afectados con las nuevas cepas.

Pero además porque los contagios proseguirán, como lo advierte Anthony Fauci –científico estrella de la Casa Blanca–, al confirmar que “infectarse tras vacunarse es inevitable”. Si así es, entonces ¿cómo se podrá alcanzar la inmunidad de rebaño si los vacunados tienen alto riesgo de contagiarse y contagiar a otros? Según se dice estamos frente a la ‘breakthrough infection’.

Pero hay más leña agregada al fuego, o al aceptable escepticismo de una franja social. Los estudios indican que las vacunas tienen una eficacia mayor al 50 evitando así que las personas infectadas sean hospitalizadas, ingresen a una UCI y en general disminuir la mortalidad por covid-19. Pero también indican que no son efectivas para no infectarse, y no ha sido descartado que una persona vacunada, una vez infectada, no lo trasmita a otros de sus congéneres.

Una realidad que impregna escepticismo al ya reinante entre jóvenes y adultos sobre la eficacia del biológico, mucho más cuando circulan reportes que certifican que el contagio con nuevas cepas del covid entre los vacunados viene en aumento. Incluso algunos expertos aseveran que la verdadera crisis sanitaria se está creando ahora con los vacunados. Algo que solo será verificado con el paso de los meses pero que, por lo pronto, se suma como agravante para lo relatado.

Eficacia limitada de las vacunas y efecto parcial y limitado además en el tiempo (sus productores indican que unas protegen con cierta seguridad por espacio de 9 meses, otros un poco menos) que motiva a galenos a recomendar no vacunar a niños, jóvenes y personas con buena salud, porque si han resistido al virus sin el biológico al interior de su humanidad es evidencia de poseer excelente capacidad de defensa.

Advertencias y evidencias que comienzan algunas de ellas a ser corroboradas. Por ejemplo, el tiempo efectivo de las vacunas: ante la perdida de eficacia con el paso de los meses y el surgimiento de nuevas cepas del covid-19 ahora los países imponen un refuerzo o tercera dosis, además de insistir en mantener la distancia, el uso de mascarilla y limitación de la interacción social para frenar las nuevas variantes, por ejemplo, la Delta, que es tan transmisible como la varicela.

Así las cosas y en tanto la información brindada por gobiernos y farmacéuticas no es confiable, es comprensible que un grupo de personas no quiera vacunarse.

Pero además de este segmento social, existen quienes nunca se vacunarían, ni contra el covid ni contra nada. Y su decisión tiene respaldo suficiente desde la legalidad. Y en todo momento reclaman que no se les limiten derechos de ninguna índole por elegir libremente qué hacer con su salud.

Como puede quedar claro con lo hasta acá escrito, y en tanto quienes ya están vacunados también pueden infectarse e infectar, las personas que decidan no vacunarse, no por ello son los que ponen en riesgo a los demás, por lo cual este riesgo no puede ser la sustentación para imponer como obligatoria la vacunación.

Estamos, por tanto, ante un complejo dilema, el cual puede concluir de ser tensado como profundización de las tendencias de disciplinamiento y control social cada vez más vertical que ahora se ventilan por doquier, tras las cuales parece respirar el mercado, almádana que con su peso inclina a los poderes reales a privilegiar la economía por sobre la libertad y otros derechos ya relacionados.

Un martillar que refuerza la voluntad de quienes aspiran a comprar, divertirse, gastar y consumir sin limitante alguna, y para lo cual están dispuestos a que se imponga y exija el pasaporte de vacunación. Una decisión, que también puede estar asociada a no estar inquietos por los factores reales que dieron origen al virus, ni al interrogante ¿cómo evitar que otra crisis de estas tome cuerpo?

Por el momento, en medio de la intensa pugna social que parece ir tomando cuerpo en países que ya han impuesto la obligación del pasaporte en cuestión, el celular como puerta trasera para un efectivo control social, entra a jugar su rol de manera abierta, al permitir el registro y verificación del disciplinamiento ahora desplegado contra toda razón por los factores reales de poder.

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Publicado enEdición Nº283
Lunes, 30 Agosto 2021 06:15

Covid-19: más que el pinchazo

Province of British Columbia, https://www.flickr.com/photos/bcgovphotos/50724940457/

Finales de 2019. Desde la fecha en que el “covid-19” “sorprendió” al mundo, el debate frente a las libertades individuales y personales, limitadas con fundamento en que es necesario combatirlo, controlarlo o al menos contener su avance, está al orden del día; un debate mucho más intenso a partir del mes de marzo del año 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el inicio de una pandemia.

Las prohibiciones impuestas desde el primer momento fueron extremas, por ejemplo, para movilizarse entre países y al interior del propio territorio; pero también se impusieron un conjunto de obligaciones de todo tipo, empezando por la exigencia de reportar información sensible e inscribirse en diferentes plataformas si se pretendía obtener autorización para salir de la residencia, una especie de bases de datos que encontró pronto rechazo social toda vez que no se sabía el paradero final de la misma, en fin, un conjunto de restricciones vividas y padecidas por todos.

Ahora surge otra, la obligación de vacunarse, y la posibilidad de limitar importantes derechos a quienes no la acepten. El debate en nuestro país y en el mundo entero está abierto, y parece que otra vez la libertad individual debe ceder. Diferentes naciones en el mundo ya impusieron el “pasaporte covid” o un “pase verde”, una especie de tarjeta sanitaria que se exige para entrar a un café, un restaurante, un cine, un gimnasio, un museo, para utilizar el transporte público, para subirse al tren o a un avión.

Está claro que la imposición de una obligación tal vulnera de forma evidente los principios que soportan a un Estado constitucional y democrático, que está fundado en la dignidad, la autonomía y el pluralismo. El Estado no puede, aún bajo el presupuesto de proteger a otros, obligar a una persona a vacunarse. 

Los mandatos constitucionales y convencionales en materia de derechos humanos, los tratados internacionales como la Convención Americana de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Declaración Universal de Derechos Humanos, son suficientes para sostener esta posición.

Incluso, si faltaran argumentos, la jurisprudencia los brinda, basta acudir a las sentencias de la Corte Constitucional para encontrarlos, porque en ella se ha reconocido que en una sociedad fundada en la inviolabilidad, dignidad y autonomía de las personas. toda intervención en el cuerpo de un individuo debe en principio contar con la autorización del propio afectado (principio de autonomía).
 
Es así como, en el caso nuestro, el Estado no puede obligar a la población colombiana a vacunarse, porque la facultad de tomar decisiones relativas a su salud es un derecho de carácter fundamental, como concreción del principio constitucional de pluralismo (artículos 1 y 7 de la Carta Política) y de los derechos fundamentales a la dignidad humana (artículo 1), al libre desarrollo de la personalidad (artículo 16), a la integridad personal (artículo 12) y a la salud (artículo 49). (Sentencia T–365 de 2017)

Del principio general de libertad emana el derecho específico de la autonomía de la persona que le permite tomar decisiones relativas a su salud. Los individuos son libres y agentes morales autónomos, es a ellos a quienes corresponde definir cómo entienden el cuidado de su salud.

Así las cosas, en materia de las vacunas, toda persona es autónoma y libre para elegir y decidir cuál opción seguir. La Constitución reconoce la existencia de diferentes concepciones de bien y de mundo, igualmente válidas, desde las cuales toda persona puede construir legítimamente un proyecto de vida.
 
Además, en materia médica el principio de pluralismo, reconocido en los artículos 1º y 7º de la Constitución, existen, dentro de ciertos límites, diversas formas igualmente válidas de entender y valorar en qué consiste la bondad de un determinado tratamiento médico.

Incluso, impedir a una persona decidir si se somete o se rehúsa a la administración de una vacuna atenta contra otro de los contenidos protegidos por el derecho a la dignidad humana, el cual se relaciona de forma innegable con el derecho a la integridad personal. En este sentido, si las personas son inviolables, sus cuerpos también lo son, por lo cual no pueden ser intervenidos sin su permiso. El individuo es titular de un derecho exclusivo sobre el propio cuerpo.

El propio derecho a la salud permite sostener que las personas no pueden ser sometidas a tratamientos y experimentos médicos no consensuales. Toda actuación destinada a instrumentalizar a la persona, impidiéndole que pueda tomar las decisiones que estime convenientes sobre su propio cuerpo, se muestra incluso abiertamente desproporcionada y contraria a los principios que informan la Constitución, razón de más para señalar que la vacuna no puede ser considerada obligatoria para sus destinatarios.

Acerca de la libre elección de vacunarse

No todas las personas se niegan a vacunarse, tanto es así que la vacunación empezó en nuestro país el 17 de febrero de 2021 y al inicio del mes de agosto alcanza cerca de 30 millones de dosis aplicadas, divididas de la siguiente manera: 16 millones primera dosis y 13 millones con el esquema completo.

Una libertad concretada, por ejemplo, en el actuar de aquellos ciudadanos más pudientes económicamente, quienes salieron con su núcleo familiar para los Estados Unidos en procura del biológico que consideraron, “libremente”, que era el mejor. Con una oferta variada, eligieron el que en su momento parecía el mejor. Hoy no se sabe. Pero ya están vacunados.

Los demás, aquellas personas que no pudieron salir buscando el sueño americano, materializado ahora en una vacuna, les tocó acá en la tierrita, según el turno y la existencia del biológico, aunque muchos ingeniosos, que se creen más avispados, maniobraron para que les aplicara el que consideraron el mejor. Entonces, ya se vacunaron, lo hicieron libremente, lo eligieron, no hay que obligarlos.

Otros ciudadanos no se niegan, solo exigen que los vacunen con el mismo biológico que utilizaron el presidente, los ministros, sus esposas, hijos y familiares más cercanos, algo así como que esta es la mejor prueba de que el biológico no producirá efectos negativos. Reclaman igualdad, y de esta manera aceptarían vacunarse sin objeción alguna.

Existe un grupo de personas que aún no se han vacunado porque reclaman, como condición previa, información confiable y suficiente, es decir una adecuada ilustración para decidir si se inoculan o no. Pero esta información no existe, falta tiempo para que los estudios arrojen algún resultado digno de crédito.

Un reclamo, un derecho, de manera alguna ilógico. Un reclamo que el Ministerio de Salud y Protección Social debe atender con información precisa sobre los efectos de la vacuna, positivos y negativos. El consentimiento informado, que materializa los principios constitucionales como la dignidad humana, el libre desarrollo de la personalidad, la libertad individual, el pluralismo, constituye un elemento determinante para la protección de los derechos a la salud y a la integridad de la persona humana.
 
Se trata de un derecho que consiste en ser informado de manera clara, objetiva, idónea y oportuna sobre aquellos procedimientos médicos que afecten en mayor o menor medida la vida y la integridad personal

Sin embargo, la información no ha sido clara, no se conocen los efectos secundarios de las vacunas, tanto a corto como a largo plazo. Esta información no ha sido suficiente, ni concluyente, ejemplo de lo cual es que las vacunas que en principio aseguraban que con dos dosis lograban su propósito, hoy afirman que para ello necesitarán una tercera, una variación que agrega elementos para que la población en general siga dudando de la veracidad de la información.

Ahora bien, para obligar a la vacunación el Ministerio de Salud sustenta que es necesario alcanzar la conocida inmunidad de rebaño, la cual aseguraban se obtendría con el 70 por ciento y ahora aseguran debe alcanzar al 90 por ciento, algo que parece casi imposible toda vez que la movilidad global, el comercio y el mercado no cejan en su frenesí. Algo aún más difícil de obtener de hacerse realidad lo afirmado por algunos expertos: que los vacunados serán los más afectados con las nuevas cepas.

Pero además porque los contagios proseguirán, como lo advierte Anthony Fauci –científico estrella de la Casa Blanca–, al confirmar que “infectarse tras vacunarse es inevitable”. Si así es, entonces ¿cómo se podrá alcanzar la inmunidad de rebaño si los vacunados tienen alto riesgo de contagiarse y contagiar a otros? Según se dice estamos frente a la ‘breakthrough infection’.

Pero hay más leña agregada al fuego, o al aceptable escepticismo de una franja social. Los estudios indican que las vacunas tienen una eficacia mayor al 50 evitando así que las personas infectadas sean hospitalizadas, ingresen a una UCI y en general disminuir la mortalidad por covid-19. Pero también indican que no son efectivas para no infectarse, y no ha sido descartado que una persona vacunada, una vez infectada, no lo trasmita a otros de sus congéneres.

Una realidad que impregna escepticismo al ya reinante entre jóvenes y adultos sobre la eficacia del biológico, mucho más cuando circulan reportes que certifican que el contagio con nuevas cepas del covid entre los vacunados viene en aumento. Incluso algunos expertos aseveran que la verdadera crisis sanitaria se está creando ahora con los vacunados. Algo que solo será verificado con el paso de los meses pero que, por lo pronto, se suma como agravante para lo relatado.

Eficacia limitada de las vacunas y efecto parcial y limitado además en el tiempo (sus productores indican que unas protegen con cierta seguridad por espacio de 9 meses, otros un poco menos) que motiva a galenos a recomendar no vacunar a niños, jóvenes y personas con buena salud, porque si han resistido al virus sin el biológico al interior de su humanidad es evidencia de poseer excelente capacidad de defensa.

Advertencias y evidencias que comienzan algunas de ellas a ser corroboradas. Por ejemplo, el tiempo efectivo de las vacunas: ante la perdida de eficacia con el paso de los meses y el surgimiento de nuevas cepas del covid-19 ahora los países imponen un refuerzo o tercera dosis, además de insistir en mantener la distancia, el uso de mascarilla y limitación de la interacción social para frenar las nuevas variantes, por ejemplo, la Delta, que es tan transmisible como la varicela.

Así las cosas y en tanto la información brindada por gobiernos y farmacéuticas no es confiable, es comprensible que un grupo de personas no quiera vacunarse.

Pero además de este segmento social, existen quienes nunca se vacunarían, ni contra el covid ni contra nada. Y su decisión tiene respaldo suficiente desde la legalidad. Y en todo momento reclaman que no se les limiten derechos de ninguna índole por elegir libremente qué hacer con su salud.

Como puede quedar claro con lo hasta acá escrito, y en tanto quienes ya están vacunados también pueden infectarse e infectar, las personas que decidan no vacunarse, no por ello son los que ponen en riesgo a los demás, por lo cual este riesgo no puede ser la sustentación para imponer como obligatoria la vacunación.

Estamos, por tanto, ante un complejo dilema, el cual puede concluir de ser tensado como profundización de las tendencias de disciplinamiento y control social cada vez más vertical que ahora se ventilan por doquier, tras las cuales parece respirar el mercado, almádana que con su peso inclina a los poderes reales a privilegiar la economía por sobre la libertad y otros derechos ya relacionados.

Un martillar que refuerza la voluntad de quienes aspiran a comprar, divertirse, gastar y consumir sin limitante alguna, y para lo cual están dispuestos a que se imponga y exija el pasaporte de vacunación. Una decisión, que también puede estar asociada a no estar inquietos por los factores reales que dieron origen al virus, ni al interrogante ¿cómo evitar que otra crisis de estas tome cuerpo?

Por el momento, en medio de la intensa pugna social que parece ir tomando cuerpo en países que ya han impuesto la obligación del pasaporte en cuestión, el celular como puerta trasera para un efectivo control social, entra a jugar su rol de manera abierta, al permitir el registro y verificación del disciplinamiento ahora desplegado contra toda razón por los factores reales de poder.

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Publicado enColombia
Davide Costanzo, , https://www.flickr.com/photos/badswan/50653753261/

La vivencia de la actual pandemia ha sido una experiencia excepcional. Y su enfrentamiento evidenció muchas dinámicas sociales que, por cotidianas, habían dejado de ser visibles o, por lo menos, quedaban ocultas bajo el manto de la aparente normalidad. Por ejemplo, la desgarradora desigualdad social existente en nuestras sociedades, los voraces intereses comerciales presentes en el ámbito de la salud, los estremecedores desequilibrios regionales en un planeta ambientalmente amenazado, las profundas tensiones geopolíticas en un contexto de cambio de la hegemonía mundial, la impactante diversidad de la acción comunitaria, la enorme capacidad de colaboración científica entre grupos de investigación, y el despliegue de complejas redes de solidaridad en los espacios locales, por sólo mencionar algunas.

Entre estas dinámicas, sobresalen aquellas asociadas al impresionante desarrollo científico-técnico que, por demás, nos ha permitido conocer, en muy poco tiempo, las intimidades de un inédito agente viral; describir el comportamiento clínico y epidemiológico de una nueva enfermedad y hacer uso de un recurso terapéutico eficaz, como las vacunas, ante la acción devastadora de la pandemia.

Por supuesto, aún es mucho lo que se desconoce, pero cabe recordar que hacia finales del año 2019, cuando aparecieron los primeros brotes de esa desconocida neumonía que afectó a la población china, en la ciudad de Wuhan, no se tenía la menor idea de lo que eso representaba ni de la envergadura que adquiriría. En pocas semanas se logró aislar el virus y secuenciar el código genético; en algunos meses se logró darle un nombre a la enfermedad y describir, con moderada precisión, su cuadro clínico y su comportamiento epidemiológico; y en un poco más de un año ya estaba en curso un proceso masivo de vacunación que, paulatinamente, adquirió el rango de campaña mundial, aunque la inequidad ha sido una de sus características.

Actualmente los procesos de vacunación son un hecho y si bien, como era esperable, han suscitado gran discusión y alguna que otra polémica, en general se considera que son un gran avance para afrontar la pandemia. Como ha sido ampliamente difundido por los medios de comunicación, y las redes sociales, son varias las vacunas desarrolladas y, hoy en día, al menos seis de ellas se están usando ampliamente en las campañas masivas.

Si bien el desarrollo de las vacunas se ha llevado a cabo a una velocidad sorprendente, simplificando o sobreponiendo fases en la investigación, los estudios emprendidos han contado con un muy importante acumulado de saber, y con potentes plataformas tecnológicas que, en la mayoría de los casos, ya habían sido usadas previamente. Pero, claro, también existen algunas vacunas cuya tecnología es nueva (1).


Por eso la inquietud frente a la seguridad y eficacia de las vacunas contra covid-19 ha estado muy presente y ha sido un asunto ampliamente debatido. En general, los estudios efectuados han mostrado unos porcentajes de eficacia altos y una muy buena seguridad, pero el asunto está bajo el escrutinio de la farmacovigilancia actual, dado que la aplicación de dosis de vacunas a millones de personas conlleva un terreno de observación diferente al que se pudo tener en los análisis previos.

Los datos frente a la aplicación de dosis de vacunas son impactantes, así como preocupantes son los datos comparativos entre regiones y países. Según los registros de Our World in Data, publicación en línea de la Universidad de Oxford, para finales de julio del presente año se habían aplicado 4.18 mil millones de dosis de vacunas lo cual ha permitido que el 28 por ciento de la población mundial haya recibido al menos una dosis, y el 14 por ciento haya recibido el esquema completo de vacunación (que, para la mayoría de las vacunas, incluye dos dosis) (2).

Sin embargo, la misma fuente permite observar que sólo el 1 por ciento de las personas en países de bajos ingresos han recibido al menos una dosis y que si bien en Canadá la proporción de personas completamente vacunadas es de 59 por ciento y en el Reino Unido es de 56, en otros países como Mozambique, Nigeria y Sudan este porcentaje no llega al 1 por ciento. En Colombia se estima que esta proporción está en el 23 por ciento.

Ante ello, los llamados para agilizar los procesos de vacunación y superar las barreras existentes han sido constantes. Y uno de los temas más candentes reposa en la propuesta para el retiro o postergación de los derechos de patente de las vacunas, aunque no ha sido posible doblegar los férreos intereses mercantiles de las empresas biotecnológicas (3). De ahí que la lentitud en el proceso de vacunación y su inequidad se hayan tornado preocupaciones permanentes (4).

Pero si bien existen estas inquietudes, y algunas otras referidas al tiempo de protección de las vacunas y la capacidad de enfrentar las rápidas mutaciones del virus, el acuerdo mayoritario entre expertos es que la vacunación es fundamental, debe ser continuada y acelerada. Y si bien se espera que ella minimice la propagación del contagio, lo cual ayudará a que se detenga la pandemia, por ahora puede afirmarse que la vacunación disminuye las consecuencias más graves de la enfermedad y, por tanto, disminuye la mortalidad debida a el covid-19. Así lo plantea la Organización Mundial de la Salud (OMS) (5).

Al mismo tiempo, las recomendaciones para prevenir la enfermedad insisten en que hay que mantener algunas otras medidas de bioseguridad como el distanciamiento físico, el uso de mascarillas, el lavado de manos y la ventilación de espacios cerrados, e intensificar los procesos de seguimiento de casos y aislamiento selectivo. Sobre todo de cara a la presencia de nuevas variantes del virus Sars-Cov-2, algunas de ellas más contagiosas que las versiones previas del virus (6). Por ello se empieza a comprender que la vacunación es esencial pero no es suficiente (sobre todo si no tiene un despliegue realmente universal) y se requiere cambiar la estrategia de mitigación que tienen muchos países, incluida Colombia, por otra estrategia más contundente (7).

Esto es muy importante y realza la importancia de no limitar la acción en salud pública a la aplicación masiva de las vacunas. Pero existe, adicionalmente, otro argumento potente que refuerza esta idea de la insuficiencia de la vacunación, y tiene que ver con el reconocimiento del entramado de causas que participan en la génesis de la pandemia.


La acción sobre las causas socioambientales de la pandemia


Si bien el Sars-Cov-2 actúa como agente causal de la enfermedad covid-19, en una mirada más amplia frente a la génesis de la pandemia este sólo es un aspecto que hace referencia a las causas próximas de la enfermedad. Existe otro conjunto de causas, de índole más remota, que actúan en el origen de la pandemia y configuran las llamadas «causas socioambientales» de la misma (8). Cabe recordar que la actual pandemia se da en un contexto caracterizado por la emergencia de epidemias previas, algunas de ellas también pandemias, que han inquietado a las autoridades sanitarias alrededor del mundo.

Desde los años 80 del siglo XX, la humanidad ha experimentado el temor producido por, al menos, otras dos pandemias y algunas epidemias más, algunas de ellas también debidas a la acción de coronavirus. Aquí cabe tener presente las pandemias de VIH-Sida e influenza A(H1N1), así como las epidemias de Ébola, influenza aviar A(H5N1), Sars y Mers. Estas dos últimas causadas por virus de la familia Coronaviridae y de la subfamilia Orthocoronavirinae (9).

El análisis agrupado de estas epidemias, a la que se suma el covid-19, muestra un panorama de agitación epidemiológica que lleva a pensar en que las condiciones de vida actuales favorecen el desarrollo de las epidemias y el incremento de la virulencia de los agentes patógenos. Y dado que las aquí mencionadas son enfermedades zoonóticas, esto es, enfermedades que se transmiten de animales a humanos, el panorama también hace pensar en que las condiciones en que los humanos nos relacionamos con los animales permiten explicar más ampliamente las causas de estas epidemias.

 

 

Y esto es aplicable, por lo pronto, al covid-19, aunque el asunto del origen de la propagación del virus Sars-Cov-2 sigue estando en debate. Si bien desde un comienzo se planteó que lo más probable era que el origen estuviera relacionado con la transmisión natural del virus desde animales (murciélagos, pangolines o alguna otra especie) a humanos, más recientemente se ha fortalecido la hipótesis del accidente de laboratorio (10). La discusión entre los defensores de las dos hipótesis está lejos de dirimirse aunque la opinión mayoritaria de los expertos, y de la propia OMS, es que es poco probable que haya ocurrido ese accidente (11).

Sea como sea, el vínculo estrecho entre animales y humanos y las formas en que nos relacionamos con ellos sigue siendo crucial para entender el comportamiento de las recientes epidemias, incluida la actual. Por ello, podemos afirmar que las epidemias no son un simple fenómeno natural que relaciona un agente patógeno (en este caso, un virus) con una especie biológica susceptible. Claro que dicha relación está presente, pero el asunto va más allá, toda vez que las epidemias mencionadas se vinculan, de manera íntima, con amplios procesos sociales.

Por eso se ha señalado con cierta insistencia, por parte de voces críticas (12), que las formas de producción actual aceleran la evolución de la virulencia de los patógenos y su posterior transmisión, dado que aglomeran en espacios reducidos varias especies biológicas, estimulan el uso de monocultivos genéticos, colocan en situación de gran estrés inmunológico a los animales, facilitan la infección recurrente, proporcionan un suministro continuo de animales susceptibles y posibilitan que los virus salten la barrera entre especies. Adicionalmente, entran en juego factores importantes como la hipermovilidad de los agentes comerciales, la rapidez de los sistemas de transporte, la masificación de las urbes y la enorme desigualdad social existente.

Si esto es así, y en la actual pandemia operan estas causas socioambientales, el manejo de la pandemia debe involucrar muchas más acciones que la aplicación de la vacuna. Por más importancia que tengan los procesos de vacunación, y es indudable que la tienen, estos resultan insuficientes para afectar las causas más estructurales de la pandemia. Y su acción también es limitada para afrontar las interacciones que se establecen entre epidemias presentes de manera simultánea, aspecto que ha sido resaltado bajo la noción de sindemia (13).

Así que un manejo integral de la pandemia debe pensar en la acción combinada de diversas actividades y dinámicas. De tal manera que los procesos de vacunación deben complementarse con el mantenimiento de otras medidas de bioseguridad, el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia epidemiológica (y farmacovigilancia), la reorganización de los sistemas asistenciales, el fortalecimiento de las redes de solidaridad comunitaria, la garantía del soporte social necesario para mantener las medidas de bioseguridad, el compromiso para enfrentar los mecanismos que producen inequidad sanitaria y el cambio en los procesos agroalimentarios y en las formas como nos relacionamos con los animales en los diferentes ecosistemas. Todo un reto que apunta a superar la crisis civilizatoria que nos aqueja.

 

1 https://www.bbc.com/mundo/noticias-55027519;https://es.statista.com/estadisticas/1207705/covid-19-vacunas-en-uso-en-el-mundo-por-numero-de-paises/
2 https://ourworldindata.org/covid-vaccinations
3 https://www.bbc.com/mundo/noticias-56433141;https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2021/06/14/para-resolver-la-pandemia-hay-que-ir-mas-alla-que-la-eliminacion-de-las-patentes/
4 http://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/inequidad-y-demora-grandes-motivos-de-preocupacion-en-la-vacunacion-contra-covid-19/;http://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/la-permanente-preocupacion-frente-a-la-vacunacion-contra-el-covid-19/
5 https://www.who.int/es/news/item/11-06-2021-statement-for-healthcare-professionals-how-covid-19-vaccines-are-regulated-for-safety-and-effectiveness
6 https://www.bbc.com/mundo/noticias-57527964
https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S0140-6736%2821%2900978-8
7 https://revistas.udea.edu.co/index.php/fnsp/article/view/342049
8 https://www.bbc.com/mundo/noticias-51843449;
9 https://www.bbc.com/mundo/noticias-51962135
10 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-57277406;https://thebulletin.org/2021/05/the-origin-of-covid-did-people-or-nature-open-pandoras-box-at-wuhan/
11 https://www.nytimes.com/es/2021/03/30/espanol/china-origen-coronavirus-OMS.html;https://www.bbc.com/mundo/noticias-56580748
12 https://www.laizquierdadiario.com/El-COVID-19-y-los-circuitos-del-capital#nh29
13 http://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/una-sindemia-es-mejor-o-peor-que-una-pandemia/


* Profesor asociado. Departamento de Salud Pública. Facultad de Medicina. Universidad Nacional de Colombia|

 

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Publicado enEdición Nº283
Davide Costanzo, , https://www.flickr.com/photos/badswan/50653753261/

La vivencia de la actual pandemia ha sido una experiencia excepcional. Y su enfrentamiento evidenció muchas dinámicas sociales que, por cotidianas, habían dejado de ser visibles o, por lo menos, quedaban ocultas bajo el manto de la aparente normalidad. Por ejemplo, la desgarradora desigualdad social existente en nuestras sociedades, los voraces intereses comerciales presentes en el ámbito de la salud, los estremecedores desequilibrios regionales en un planeta ambientalmente amenazado, las profundas tensiones geopolíticas en un contexto de cambio de la hegemonía mundial, la impactante diversidad de la acción comunitaria, la enorme capacidad de colaboración científica entre grupos de investigación, y el despliegue de complejas redes de solidaridad en los espacios locales, por sólo mencionar algunas.

Entre estas dinámicas, sobresalen aquellas asociadas al impresionante desarrollo científico-técnico que, por demás, nos ha permitido conocer, en muy poco tiempo, las intimidades de un inédito agente viral; describir el comportamiento clínico y epidemiológico de una nueva enfermedad y hacer uso de un recurso terapéutico eficaz, como las vacunas, ante la acción devastadora de la pandemia.

Por supuesto, aún es mucho lo que se desconoce, pero cabe recordar que hacia finales del año 2019, cuando aparecieron los primeros brotes de esa desconocida neumonía que afectó a la población china, en la ciudad de Wuhan, no se tenía la menor idea de lo que eso representaba ni de la envergadura que adquiriría. En pocas semanas se logró aislar el virus y secuenciar el código genético; en algunos meses se logró darle un nombre a la enfermedad y describir, con moderada precisión, su cuadro clínico y su comportamiento epidemiológico; y en un poco más de un año ya estaba en curso un proceso masivo de vacunación que, paulatinamente, adquirió el rango de campaña mundial, aunque la inequidad ha sido una de sus características.

Actualmente los procesos de vacunación son un hecho y si bien, como era esperable, han suscitado gran discusión y alguna que otra polémica, en general se considera que son un gran avance para afrontar la pandemia. Como ha sido ampliamente difundido por los medios de comunicación, y las redes sociales, son varias las vacunas desarrolladas y, hoy en día, al menos seis de ellas se están usando ampliamente en las campañas masivas.

Si bien el desarrollo de las vacunas se ha llevado a cabo a una velocidad sorprendente, simplificando o sobreponiendo fases en la investigación, los estudios emprendidos han contado con un muy importante acumulado de saber, y con potentes plataformas tecnológicas que, en la mayoría de los casos, ya habían sido usadas previamente. Pero, claro, también existen algunas vacunas cuya tecnología es nueva (1).


Por eso la inquietud frente a la seguridad y eficacia de las vacunas contra covid-19 ha estado muy presente y ha sido un asunto ampliamente debatido. En general, los estudios efectuados han mostrado unos porcentajes de eficacia altos y una muy buena seguridad, pero el asunto está bajo el escrutinio de la farmacovigilancia actual, dado que la aplicación de dosis de vacunas a millones de personas conlleva un terreno de observación diferente al que se pudo tener en los análisis previos.

Los datos frente a la aplicación de dosis de vacunas son impactantes, así como preocupantes son los datos comparativos entre regiones y países. Según los registros de Our World in Data, publicación en línea de la Universidad de Oxford, para finales de julio del presente año se habían aplicado 4.18 mil millones de dosis de vacunas lo cual ha permitido que el 28 por ciento de la población mundial haya recibido al menos una dosis, y el 14 por ciento haya recibido el esquema completo de vacunación (que, para la mayoría de las vacunas, incluye dos dosis) (2).

Sin embargo, la misma fuente permite observar que sólo el 1 por ciento de las personas en países de bajos ingresos han recibido al menos una dosis y que si bien en Canadá la proporción de personas completamente vacunadas es de 59 por ciento y en el Reino Unido es de 56, en otros países como Mozambique, Nigeria y Sudan este porcentaje no llega al 1 por ciento. En Colombia se estima que esta proporción está en el 23 por ciento.

Ante ello, los llamados para agilizar los procesos de vacunación y superar las barreras existentes han sido constantes. Y uno de los temas más candentes reposa en la propuesta para el retiro o postergación de los derechos de patente de las vacunas, aunque no ha sido posible doblegar los férreos intereses mercantiles de las empresas biotecnológicas (3). De ahí que la lentitud en el proceso de vacunación y su inequidad se hayan tornado preocupaciones permanentes (4).

Pero si bien existen estas inquietudes, y algunas otras referidas al tiempo de protección de las vacunas y la capacidad de enfrentar las rápidas mutaciones del virus, el acuerdo mayoritario entre expertos es que la vacunación es fundamental, debe ser continuada y acelerada. Y si bien se espera que ella minimice la propagación del contagio, lo cual ayudará a que se detenga la pandemia, por ahora puede afirmarse que la vacunación disminuye las consecuencias más graves de la enfermedad y, por tanto, disminuye la mortalidad debida a el covid-19. Así lo plantea la Organización Mundial de la Salud (OMS) (5).

Al mismo tiempo, las recomendaciones para prevenir la enfermedad insisten en que hay que mantener algunas otras medidas de bioseguridad como el distanciamiento físico, el uso de mascarillas, el lavado de manos y la ventilación de espacios cerrados, e intensificar los procesos de seguimiento de casos y aislamiento selectivo. Sobre todo de cara a la presencia de nuevas variantes del virus Sars-Cov-2, algunas de ellas más contagiosas que las versiones previas del virus (6). Por ello se empieza a comprender que la vacunación es esencial pero no es suficiente (sobre todo si no tiene un despliegue realmente universal) y se requiere cambiar la estrategia de mitigación que tienen muchos países, incluida Colombia, por otra estrategia más contundente (7).

Esto es muy importante y realza la importancia de no limitar la acción en salud pública a la aplicación masiva de las vacunas. Pero existe, adicionalmente, otro argumento potente que refuerza esta idea de la insuficiencia de la vacunación, y tiene que ver con el reconocimiento del entramado de causas que participan en la génesis de la pandemia.


La acción sobre las causas socioambientales de la pandemia


Si bien el Sars-Cov-2 actúa como agente causal de la enfermedad covid-19, en una mirada más amplia frente a la génesis de la pandemia este sólo es un aspecto que hace referencia a las causas próximas de la enfermedad. Existe otro conjunto de causas, de índole más remota, que actúan en el origen de la pandemia y configuran las llamadas «causas socioambientales» de la misma (8). Cabe recordar que la actual pandemia se da en un contexto caracterizado por la emergencia de epidemias previas, algunas de ellas también pandemias, que han inquietado a las autoridades sanitarias alrededor del mundo.

Desde los años 80 del siglo XX, la humanidad ha experimentado el temor producido por, al menos, otras dos pandemias y algunas epidemias más, algunas de ellas también debidas a la acción de coronavirus. Aquí cabe tener presente las pandemias de VIH-Sida e influenza A(H1N1), así como las epidemias de Ébola, influenza aviar A(H5N1), Sars y Mers. Estas dos últimas causadas por virus de la familia Coronaviridae y de la subfamilia Orthocoronavirinae (9).

El análisis agrupado de estas epidemias, a la que se suma el covid-19, muestra un panorama de agitación epidemiológica que lleva a pensar en que las condiciones de vida actuales favorecen el desarrollo de las epidemias y el incremento de la virulencia de los agentes patógenos. Y dado que las aquí mencionadas son enfermedades zoonóticas, esto es, enfermedades que se transmiten de animales a humanos, el panorama también hace pensar en que las condiciones en que los humanos nos relacionamos con los animales permiten explicar más ampliamente las causas de estas epidemias.

 

 

Y esto es aplicable, por lo pronto, al covid-19, aunque el asunto del origen de la propagación del virus Sars-Cov-2 sigue estando en debate. Si bien desde un comienzo se planteó que lo más probable era que el origen estuviera relacionado con la transmisión natural del virus desde animales (murciélagos, pangolines o alguna otra especie) a humanos, más recientemente se ha fortalecido la hipótesis del accidente de laboratorio (10). La discusión entre los defensores de las dos hipótesis está lejos de dirimirse aunque la opinión mayoritaria de los expertos, y de la propia OMS, es que es poco probable que haya ocurrido ese accidente (11).

Sea como sea, el vínculo estrecho entre animales y humanos y las formas en que nos relacionamos con ellos sigue siendo crucial para entender el comportamiento de las recientes epidemias, incluida la actual. Por ello, podemos afirmar que las epidemias no son un simple fenómeno natural que relaciona un agente patógeno (en este caso, un virus) con una especie biológica susceptible. Claro que dicha relación está presente, pero el asunto va más allá, toda vez que las epidemias mencionadas se vinculan, de manera íntima, con amplios procesos sociales.

Por eso se ha señalado con cierta insistencia, por parte de voces críticas (12), que las formas de producción actual aceleran la evolución de la virulencia de los patógenos y su posterior transmisión, dado que aglomeran en espacios reducidos varias especies biológicas, estimulan el uso de monocultivos genéticos, colocan en situación de gran estrés inmunológico a los animales, facilitan la infección recurrente, proporcionan un suministro continuo de animales susceptibles y posibilitan que los virus salten la barrera entre especies. Adicionalmente, entran en juego factores importantes como la hipermovilidad de los agentes comerciales, la rapidez de los sistemas de transporte, la masificación de las urbes y la enorme desigualdad social existente.

Si esto es así, y en la actual pandemia operan estas causas socioambientales, el manejo de la pandemia debe involucrar muchas más acciones que la aplicación de la vacuna. Por más importancia que tengan los procesos de vacunación, y es indudable que la tienen, estos resultan insuficientes para afectar las causas más estructurales de la pandemia. Y su acción también es limitada para afrontar las interacciones que se establecen entre epidemias presentes de manera simultánea, aspecto que ha sido resaltado bajo la noción de sindemia (13).

Así que un manejo integral de la pandemia debe pensar en la acción combinada de diversas actividades y dinámicas. De tal manera que los procesos de vacunación deben complementarse con el mantenimiento de otras medidas de bioseguridad, el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia epidemiológica (y farmacovigilancia), la reorganización de los sistemas asistenciales, el fortalecimiento de las redes de solidaridad comunitaria, la garantía del soporte social necesario para mantener las medidas de bioseguridad, el compromiso para enfrentar los mecanismos que producen inequidad sanitaria y el cambio en los procesos agroalimentarios y en las formas como nos relacionamos con los animales en los diferentes ecosistemas. Todo un reto que apunta a superar la crisis civilizatoria que nos aqueja.

 

1 https://www.bbc.com/mundo/noticias-55027519;https://es.statista.com/estadisticas/1207705/covid-19-vacunas-en-uso-en-el-mundo-por-numero-de-paises/
2 https://ourworldindata.org/covid-vaccinations
3 https://www.bbc.com/mundo/noticias-56433141;https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2021/06/14/para-resolver-la-pandemia-hay-que-ir-mas-alla-que-la-eliminacion-de-las-patentes/
4 http://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/inequidad-y-demora-grandes-motivos-de-preocupacion-en-la-vacunacion-contra-covid-19/;http://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/la-permanente-preocupacion-frente-a-la-vacunacion-contra-el-covid-19/
5 https://www.who.int/es/news/item/11-06-2021-statement-for-healthcare-professionals-how-covid-19-vaccines-are-regulated-for-safety-and-effectiveness
6 https://www.bbc.com/mundo/noticias-57527964
https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S0140-6736%2821%2900978-8
7 https://revistas.udea.edu.co/index.php/fnsp/article/view/342049
8 https://www.bbc.com/mundo/noticias-51843449;
9 https://www.bbc.com/mundo/noticias-51962135
10 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-57277406;https://thebulletin.org/2021/05/the-origin-of-covid-did-people-or-nature-open-pandoras-box-at-wuhan/
11 https://www.nytimes.com/es/2021/03/30/espanol/china-origen-coronavirus-OMS.html;https://www.bbc.com/mundo/noticias-56580748
12 https://www.laizquierdadiario.com/El-COVID-19-y-los-circuitos-del-capital#nh29
13 http://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/una-sindemia-es-mejor-o-peor-que-una-pandemia/


* Profesor asociado. Departamento de Salud Pública. Facultad de Medicina. Universidad Nacional de Colombia|

 

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Publicado enColombia
De izquierda a derecha: Jorge Alberto Parra y Carlos Trujillo, ver entrevista completa: “Ex-trabajadores General Motors, Colmotores: Memorias de una década en lucha”

Ver cotidianamente una carpa en la acera de un barrio de clase media de Bogotá, al frente de la Embajada de los Estados Unidos, puede ser algo inusitado para las personas, pero podrían asombrarse aún más de saber que hace 10 años fue instalada ahí y que allí se han concentrado los sueños, luchas, propuestas, frustraciones, rabias, alegrías, rebeldías y dignidades de un grupo de trabajadores que a lo largo de esos años han exigido sus derechos laborales, a salud y seguridad social, ligados a que se reconozca que las enfermedades que adquirieron fueron producto de su trabajo.

 

El martes 2 de agosto de 2011, un grupo de trabajadores de la empresa automotriz General Motors Colmotores, decidió emprender una acción colectiva arriesgada: colocar una carpa al frente de la entrada a la Embajada de Estados Unidos para denunciar su situación laboral y de salud.

La realidad no daba para menos: todos estaban afectados por un conjunto de patologías adquiridas producto de su labor en la empresa automotriz General Motors Colmotores, pero no reconocidas así por la patronal. Patologías traducidas en incapacidades permanentes, que a la postre llevaron a la cancelación de su contrato laboral, quedando sin las indispensables protecciones laborales, económicas y de salud y por ello en unas condiciones de alta vulnerabilidad al no contar con salud, ni trabajo, imposible de conseguir de nuevo por sus incapacidades y por esta vía, perder sus viviendas y terminar desestructurándose sus familias.

Estaban ante una problemática que requería salidas efectivas y colectivas, e inicialmente la respuesta la dieron 63 trabajadores, que se dieron una identidad a través de Asotrecol (Asociación de trabajadores enfermos de Colmotores), organización desde la cual han impulsado múltiples acciones durante estos años de resistencia.

Jorge Parra, uno de los dirigentes de Asotrecol, expresa muy bien lo que les sucedió en su salud: “Nosotros trabajamos en las áreas de soldadura, mecánica, ensamble, y pintura con jornadas laborales de más 10 horas diarias. Trabajando durante 6 días la semana, con equipo y tecnología que no garantizaba una seguridad ocupacional mínima y con constante exigencia patronal para garantizar y superar las metas de producción. Estos factores sumados prácticamente garantizaban una epidemia laboral de enfermedades incapacitantes en pocos años: hernias discales, túnel de carpo, bursitis y manguito rotador en hombros se hicieron comunes”.

Por su lado una abogada que en un momento dado estuvo apoyando a trabajadores enfermos de Colmotores a establecer demandas jurídicas, expresa: “La empresa tiende a expulsar a los trabajadores enfermos a manera tanto de retaliación como forma de eximirse de la responsabilidad de sus enfermedades […] los despidos masivos y sin justa causa son una de las estrategias que usa la empresa para atacar y desmoralizar a los trabajadores”.

Entre el conjunto de acciones colectivas que emprendieron los trabajadores de Asotrecol en los primeros meses en la carpa, incluyeron enterramientos, huelgas de hambre cociéndose los labios y crucifixiones. Tal tipo de acciones reflejó el nivel de desespero en que se encontraban, buscando ser escuchados y atendidos en sus demandas. Al comienzo los medios masivos de comunicación los visibilizaron, producto del manejo amarillista de los conflictos, después los olvidaron; igual que el conjunto de actores involucrados y responsables en este conflicto que han mantenido un margen conveniente a lo largo de esta década.

Internacionalización de la problemática

El acto de colocar la carpa al frente de la embajada sin duda fue osado, pero completamente estratégico. Partió de entender que el conflicto debía ganar un escenario internacional al ser General Motors Colmotores una empresa norteamericana y que, por lo tanto, era competencia del gobierno de los Estados Unidos involucrarse en la resolución de esta problemática, mucho más tras haberle inyectado una suma grande de dineros públicos para su salvamento.

De otro lado, por que estos trabajadores enmarcaron su conflicto en el Tratado de libre comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia, y el plan de acción laboral que integró y por el cual los dos gobiernos se obligaban a respetar los derechos laborales en sus países. Con esto se presionó para que Estados Unidos interviniera en este conflicto y contribuyera a su solución.

Esta internacionalización trajo a la postre un hecho fundamental que ha sido el soporte y la razón de que la carpa y la acción de Asotrecol se haya sostenido estos diez años. Se configuró una red de solidaridad internacional, principalmente en Estados Unidos, pero que luego apareció en países de Europa y África. Cada vez que se ha intentado expulsarlos de la carpa, esta red ha presionado al gobierno de los Estados Unidos y al de Colombia, evitando que la acción se consuma.

Indolencia de los actores responsables para resolver el conflicto


En la concreción de su labor Asotrecol ha denunciado su caso ante instancias nacionales e internacionales. A nivel nacional han denunciado ante el Ministerio de Trabajo, la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo. Igualmente, Asotrecol presentó su caso ante la Comisión Especial de Tratamiento de Conflictos –Cetcoit 1–, la cual no tuvo mayores efectos.

En el escenario internacional han logrado audiencias en el Congreso de los Estados Unidos, además de realizar un proceso para que su caso fuera presentado a la OIT en Ginebra, Suiza, en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo, la cual no prosperó.

En esas condiciones, luego de diez años de lucha y de su estadía en una carpa, no alcanzan ningún tipo de resolución a la situación y demandas de los extrabajadores de Colmotores, lo cual expresa la indolencia, negligencia e indiferencia de los actores involucrados en este conflicto.

La empresa, por su parte, ha buscado todo el tiempo quitarse la responsabilidad que le concierne y en los momentos que ha propuesto soluciones han encontrado el rechazo de los trabajadores de Asotrecol por considerarlas exiguas.

A su vez, las Administradoras de Riesgos Laborales –ARL– involucradas en el conflicto, no han reconocido el origen laboral de las patologías sufridas por los trabajadores, por lo cual sus derechos de salud y seguridad social no han sido garantizados. Tratados los casos en las juntas de calificación de invalidez regional y nacional, tampoco se ha logrado el reconocimiento del origen laboral de las patologías.

Como si fuera extraño, el Ministerio de Trabajo ha mostrado su constante falta de autoridad estatal laboral, por lo cual en estos diez años ha permanecido al margen del conflicto incumpliendo su deber para dirimir este ya largo conflicto laboral. Como hijas de igual familia, las instituciones del Ministerio Público han mostrado su baja capacidad de incidir en conflictos de este tipo.

En paralelo, el gobierno de los Estados Unidos, que en un momento dado atendió la situación de los trabajadores
–convocando a la empresa para hablar del tema–, con el paso del tiempo se desentendió de la situación.

Por su parte el movimiento sindical, en particular las centrales de trabajadores, que aunque no son actores responsables de esta situación y en algunos momentos han expresado su solidaridad con el caso, realmente han actuado muy poco o nada para presionar una negociación que permita se resuelva este conflicto.

Extensa problemática de salud en el trabajo


Simbólicamente esta carpa representa la lucha y resistencia de miles de trabajadores y trabajadoras en el país que padecen igual situación: enfermarse producto de su trabajo, desconocidos en sus derechos y sin trabajo, quedando en una situación enorme de vulnerabilidad de salud y social.

Una realidad que allí donde sucede y logra cohesión, se traduce en organización y resitencia. La configuración de estas asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo se registra en el país desde el 2006. Hasta 2019 son 19 asociaciones las conformadas (ver tabla), las cuales cubren principalmente a trabajadores y extrabajadores vinculados con los sectores económicos minero-energético, agro-alimentario, automotriz, construcción, tabacalero, manufacturero, mantenimiento, hotelero, seguridad y de la salud; su presencia se registra en un número importantes de regiones del país.

Trabajo e incapacidad laboral, dolencias crónicas, invalidez y afines, una problemática que se explica en gran medida porque en el país existe una debilidad importante en las políticas y sistemas de gestión de la seguridad y la salud en el trabajo, lo que lleva a que se sigan produciendo altas cifras de accidentalidad, enfermedad y muerte de origen laboral. También porque se dan procesos de subregistro de los casos al no documentarse y subdiagnósticos al no pensarse clínicamente que muchas de las patologías que sufren las personas son a causa del trabajo, ejemplo contundente de ello son los cánceres que en el país no se registran en su origen laboral. Y a esto se suma el encubrimiento de los casos por parte de las empresas, la pretensión de las ARL de no reconocer el origen laboral de estos hechos, la falta de eficacia en la labor de las juntas de calificación de invalidez y el muy débil papel de inspección, vigilancia y control que ejerce el Ministerio de Trabajo, entidad que es la autoridad estatal en materia laboral y de riesgos profesionales.

 

 

Logros y enseñanzas de una década de lucha


Jorge y Carlos, quienes son los que más han estado al frente de la dinámica de la carpa a lo largo de los diez años transcurridos, hablan con tranquilidad, con fuerza argumentativa y con la sabiduría apartada por esta experiencia que ha curtido sus vidas.

Jorge dice, “lo más importante que debe considerar un trabajador es ser consciente de que tiene que defender sus derechos, es tal vez lo más importante que nosotros podemos decir después de diez años de lucha”.

Entre los alcances que destacan de lo liderado por Asotrecol está que la empresa, producto de sus acciones colectivas, se vio forzada a darle un tratamiento distinto a los trabajadores que se han enfermado, teniendo que gestionar procesos de rehabilitación y de reubicación, sin poder despedirlos. De manra adicional, interpretan que con su lucha también presionaron para que Colmotores hiciera inversiones tecnológicas con un enfoque ergonómico para prevenir las enfermedades entre sus trabajadores.

Otro alcance que reconocen fruto de su acción es la constitución de Asotrecol en referente para que otros trabajadores enfermos producto de su trabajo cotidiano tomasen como ejemplo su proceso de lucha y resistencia, razón por lo cual han sido buscados para pedirles orientaciones para sus casos, tanto por trabajadores de Colmotores, como de otras empresas de diversas regiones del país.

Tal como lo menciona Carlos Trujillo: “dentro de la empresa se ha generado la conciencia que tienen que defender sus derechos y muchos de ellos han llegado aquí, a pedir una asesoría y un acompañamiento en el proceso de ellos y eso es lo que de una u otra forma trata de hacer Asotrecol”.

Sin duda, una lucha de tantos años genera un proceso de decrecimiento y agotamiento, dado lo prolongado de la acción, pero no por eso la demerita, ni le quita sus propósitos, que para el caso de Asotrecol continúan siendo férreos y dignamente sostenidos por sus miembros.

Como gran enseñanza de su lucha, Jorge dice de forma recia en la conversación sostenido en la carpa: “realmente lo que vemos con nuestro caso particular es que si nosotros no hubiésemos tenido la convicción completa de defender nuestros derechos como la hemos tenido durante todo este tiempo, no hubiese servido de nada esto, porque esto es difícil”.

Y remata diciendo: “Nadie más va a venir a luchar por nosotros. El problema es nuestro, nosotros tenemos que tomarlo y enfrentarlo”.

Acá esta la gran enseñanza, sentada en las bases de la dignidad y resistencia del movimiento obrero, que recoge las experiencias internacionales y que recuerda la acción de los obreros italianos que a finales de los 60 y comienzos de los 70 del siglo XX defendieron y extendieron la idea que el actor protagónico en la defensa de la salud en el trabajo son los propios trabajadores y trabajadoras. Sin duda esta idea ha recorrido el mundo y se ha hecho presente con enorme dignidad y valentía en el escenario de esta carpa de la resistencia.

 

* Este artículo se apoya en la investigación doctoral en salud pública realizada por el autor, denominada “Luchas obreras por la salud en Colombia. El caso de las Asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo”, Universidad Nacional de Colombia. https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/77727
** Profesor Universidad Nacional de Colombia
1 Organismo del Ministerio del Trabajo encargado de atender los conflictos relacionados con la liberta sindical regulados por los convenios ratificados por Colombia de la OIT.

 

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Publicado enEdición Nº283
De izquierda a derecha: Jorge Alberto Parra y Carlos Trujillo, ver entrevista completa: “Ex-trabajadores General Motors, Colmotores: Memorias de una década en lucha”

Ver cotidianamente una carpa en la acera de un barrio de clase media de Bogotá, al frente de la Embajada de los Estados Unidos, puede ser algo inusitado para las personas, pero podrían asombrarse aún más de saber que hace 10 años fue instalada ahí y que allí se han concentrado los sueños, luchas, propuestas, frustraciones, rabias, alegrías, rebeldías y dignidades de un grupo de trabajadores que a lo largo de esos años han exigido sus derechos laborales, a salud y seguridad social, ligados a que se reconozca que las enfermedades que adquirieron fueron producto de su trabajo.

 

El martes 2 de agosto de 2011, un grupo de trabajadores de la empresa automotriz General Motors Colmotores, decidió emprender una acción colectiva arriesgada: colocar una carpa al frente de la entrada a la Embajada de Estados Unidos para denunciar su situación laboral y de salud.

La realidad no daba para menos: todos estaban afectados por un conjunto de patologías adquiridas producto de su labor en la empresa automotriz General Motors Colmotores, pero no reconocidas así por la patronal. Patologías traducidas en incapacidades permanentes, que a la postre llevaron a la cancelación de su contrato laboral, quedando sin las indispensables protecciones laborales, económicas y de salud y por ello en unas condiciones de alta vulnerabilidad al no contar con salud, ni trabajo, imposible de conseguir de nuevo por sus incapacidades y por esta vía, perder sus viviendas y terminar desestructurándose sus familias.

Estaban ante una problemática que requería salidas efectivas y colectivas, e inicialmente la respuesta la dieron 63 trabajadores, que se dieron una identidad a través de Asotrecol (Asociación de trabajadores enfermos de Colmotores), organización desde la cual han impulsado múltiples acciones durante estos años de resistencia.

Jorge Parra, uno de los dirigentes de Asotrecol, expresa muy bien lo que les sucedió en su salud: “Nosotros trabajamos en las áreas de soldadura, mecánica, ensamble, y pintura con jornadas laborales de más 10 horas diarias. Trabajando durante 6 días la semana, con equipo y tecnología que no garantizaba una seguridad ocupacional mínima y con constante exigencia patronal para garantizar y superar las metas de producción. Estos factores sumados prácticamente garantizaban una epidemia laboral de enfermedades incapacitantes en pocos años: hernias discales, túnel de carpo, bursitis y manguito rotador en hombros se hicieron comunes”.

Por su lado una abogada que en un momento dado estuvo apoyando a trabajadores enfermos de Colmotores a establecer demandas jurídicas, expresa: “La empresa tiende a expulsar a los trabajadores enfermos a manera tanto de retaliación como forma de eximirse de la responsabilidad de sus enfermedades […] los despidos masivos y sin justa causa son una de las estrategias que usa la empresa para atacar y desmoralizar a los trabajadores”.

Entre el conjunto de acciones colectivas que emprendieron los trabajadores de Asotrecol en los primeros meses en la carpa, incluyeron enterramientos, huelgas de hambre cociéndose los labios y crucifixiones. Tal tipo de acciones reflejó el nivel de desespero en que se encontraban, buscando ser escuchados y atendidos en sus demandas. Al comienzo los medios masivos de comunicación los visibilizaron, producto del manejo amarillista de los conflictos, después los olvidaron; igual que el conjunto de actores involucrados y responsables en este conflicto que han mantenido un margen conveniente a lo largo de esta década.

Internacionalización de la problemática

El acto de colocar la carpa al frente de la embajada sin duda fue osado, pero completamente estratégico. Partió de entender que el conflicto debía ganar un escenario internacional al ser General Motors Colmotores una empresa norteamericana y que, por lo tanto, era competencia del gobierno de los Estados Unidos involucrarse en la resolución de esta problemática, mucho más tras haberle inyectado una suma grande de dineros públicos para su salvamento.

De otro lado, por que estos trabajadores enmarcaron su conflicto en el Tratado de libre comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia, y el plan de acción laboral que integró y por el cual los dos gobiernos se obligaban a respetar los derechos laborales en sus países. Con esto se presionó para que Estados Unidos interviniera en este conflicto y contribuyera a su solución.

Esta internacionalización trajo a la postre un hecho fundamental que ha sido el soporte y la razón de que la carpa y la acción de Asotrecol se haya sostenido estos diez años. Se configuró una red de solidaridad internacional, principalmente en Estados Unidos, pero que luego apareció en países de Europa y África. Cada vez que se ha intentado expulsarlos de la carpa, esta red ha presionado al gobierno de los Estados Unidos y al de Colombia, evitando que la acción se consuma.

Indolencia de los actores responsables para resolver el conflicto


En la concreción de su labor Asotrecol ha denunciado su caso ante instancias nacionales e internacionales. A nivel nacional han denunciado ante el Ministerio de Trabajo, la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo. Igualmente, Asotrecol presentó su caso ante la Comisión Especial de Tratamiento de Conflictos –Cetcoit 1–, la cual no tuvo mayores efectos.

En el escenario internacional han logrado audiencias en el Congreso de los Estados Unidos, además de realizar un proceso para que su caso fuera presentado a la OIT en Ginebra, Suiza, en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo, la cual no prosperó.

En esas condiciones, luego de diez años de lucha y de su estadía en una carpa, no alcanzan ningún tipo de resolución a la situación y demandas de los extrabajadores de Colmotores, lo cual expresa la indolencia, negligencia e indiferencia de los actores involucrados en este conflicto.

La empresa, por su parte, ha buscado todo el tiempo quitarse la responsabilidad que le concierne y en los momentos que ha propuesto soluciones han encontrado el rechazo de los trabajadores de Asotrecol por considerarlas exiguas.

A su vez, las Administradoras de Riesgos Laborales –ARL– involucradas en el conflicto, no han reconocido el origen laboral de las patologías sufridas por los trabajadores, por lo cual sus derechos de salud y seguridad social no han sido garantizados. Tratados los casos en las juntas de calificación de invalidez regional y nacional, tampoco se ha logrado el reconocimiento del origen laboral de las patologías.

Como si fuera extraño, el Ministerio de Trabajo ha mostrado su constante falta de autoridad estatal laboral, por lo cual en estos diez años ha permanecido al margen del conflicto incumpliendo su deber para dirimir este ya largo conflicto laboral. Como hijas de igual familia, las instituciones del Ministerio Público han mostrado su baja capacidad de incidir en conflictos de este tipo.

En paralelo, el gobierno de los Estados Unidos, que en un momento dado atendió la situación de los trabajadores
–convocando a la empresa para hablar del tema–, con el paso del tiempo se desentendió de la situación.

Por su parte el movimiento sindical, en particular las centrales de trabajadores, que aunque no son actores responsables de esta situación y en algunos momentos han expresado su solidaridad con el caso, realmente han actuado muy poco o nada para presionar una negociación que permita se resuelva este conflicto.

Extensa problemática de salud en el trabajo


Simbólicamente esta carpa representa la lucha y resistencia de miles de trabajadores y trabajadoras en el país que padecen igual situación: enfermarse producto de su trabajo, desconocidos en sus derechos y sin trabajo, quedando en una situación enorme de vulnerabilidad de salud y social.

Una realidad que allí donde sucede y logra cohesión, se traduce en organización y resitencia. La configuración de estas asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo se registra en el país desde el 2006. Hasta 2019 son 19 asociaciones las conformadas (ver tabla), las cuales cubren principalmente a trabajadores y extrabajadores vinculados con los sectores económicos minero-energético, agro-alimentario, automotriz, construcción, tabacalero, manufacturero, mantenimiento, hotelero, seguridad y de la salud; su presencia se registra en un número importantes de regiones del país.

Trabajo e incapacidad laboral, dolencias crónicas, invalidez y afines, una problemática que se explica en gran medida porque en el país existe una debilidad importante en las políticas y sistemas de gestión de la seguridad y la salud en el trabajo, lo que lleva a que se sigan produciendo altas cifras de accidentalidad, enfermedad y muerte de origen laboral. También porque se dan procesos de subregistro de los casos al no documentarse y subdiagnósticos al no pensarse clínicamente que muchas de las patologías que sufren las personas son a causa del trabajo, ejemplo contundente de ello son los cánceres que en el país no se registran en su origen laboral. Y a esto se suma el encubrimiento de los casos por parte de las empresas, la pretensión de las ARL de no reconocer el origen laboral de estos hechos, la falta de eficacia en la labor de las juntas de calificación de invalidez y el muy débil papel de inspección, vigilancia y control que ejerce el Ministerio de Trabajo, entidad que es la autoridad estatal en materia laboral y de riesgos profesionales.

 

 

Logros y enseñanzas de una década de lucha


Jorge y Carlos, quienes son los que más han estado al frente de la dinámica de la carpa a lo largo de los diez años transcurridos, hablan con tranquilidad, con fuerza argumentativa y con la sabiduría apartada por esta experiencia que ha curtido sus vidas.

Jorge dice, “lo más importante que debe considerar un trabajador es ser consciente de que tiene que defender sus derechos, es tal vez lo más importante que nosotros podemos decir después de diez años de lucha”.

Entre los alcances que destacan de lo liderado por Asotrecol está que la empresa, producto de sus acciones colectivas, se vio forzada a darle un tratamiento distinto a los trabajadores que se han enfermado, teniendo que gestionar procesos de rehabilitación y de reubicación, sin poder despedirlos. De manra adicional, interpretan que con su lucha también presionaron para que Colmotores hiciera inversiones tecnológicas con un enfoque ergonómico para prevenir las enfermedades entre sus trabajadores.

Otro alcance que reconocen fruto de su acción es la constitución de Asotrecol en referente para que otros trabajadores enfermos producto de su trabajo cotidiano tomasen como ejemplo su proceso de lucha y resistencia, razón por lo cual han sido buscados para pedirles orientaciones para sus casos, tanto por trabajadores de Colmotores, como de otras empresas de diversas regiones del país.

Tal como lo menciona Carlos Trujillo: “dentro de la empresa se ha generado la conciencia que tienen que defender sus derechos y muchos de ellos han llegado aquí, a pedir una asesoría y un acompañamiento en el proceso de ellos y eso es lo que de una u otra forma trata de hacer Asotrecol”.

Sin duda, una lucha de tantos años genera un proceso de decrecimiento y agotamiento, dado lo prolongado de la acción, pero no por eso la demerita, ni le quita sus propósitos, que para el caso de Asotrecol continúan siendo férreos y dignamente sostenidos por sus miembros.

Como gran enseñanza de su lucha, Jorge dice de forma recia en la conversación sostenido en la carpa: “realmente lo que vemos con nuestro caso particular es que si nosotros no hubiésemos tenido la convicción completa de defender nuestros derechos como la hemos tenido durante todo este tiempo, no hubiese servido de nada esto, porque esto es difícil”.

Y remata diciendo: “Nadie más va a venir a luchar por nosotros. El problema es nuestro, nosotros tenemos que tomarlo y enfrentarlo”.

Acá esta la gran enseñanza, sentada en las bases de la dignidad y resistencia del movimiento obrero, que recoge las experiencias internacionales y que recuerda la acción de los obreros italianos que a finales de los 60 y comienzos de los 70 del siglo XX defendieron y extendieron la idea que el actor protagónico en la defensa de la salud en el trabajo son los propios trabajadores y trabajadoras. Sin duda esta idea ha recorrido el mundo y se ha hecho presente con enorme dignidad y valentía en el escenario de esta carpa de la resistencia.

 

* Este artículo se apoya en la investigación doctoral en salud pública realizada por el autor, denominada “Luchas obreras por la salud en Colombia. El caso de las Asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo”, Universidad Nacional de Colombia. https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/77727
** Profesor Universidad Nacional de Colombia
1 Organismo del Ministerio del Trabajo encargado de atender los conflictos relacionados con la liberta sindical regulados por los convenios ratificados por Colombia de la OIT.

 

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