Cómo Bolsonaro usa la pandemia a su favor

La mortandad por covid-19 como estrategia de gobierno

 

El contagio deliberado de la población es una estrategia política. Más de 480 mil personas han muerto por covid-19 en Brasil. Son el 13 por ciento de las muertes a nivel mundial, en un país que representa el 3 por ciento de la población del mundo. Menos del 10 por ciento de su población está vacunada, a pesar de que a Brasil se le ofreció una vacuna de forma temprana. El sistema de salud se ha derrumbado, hay escasez de oxígeno y de camas de CTI, y pacientes que mueren en los pasillos. Por falta de anestesia, algunos pacientes deben ser atados para poder intubarlos (Reuters, 15-IV-21).

Esto no ocurre porque Bolsonaro priorice la salud de la economía capitalista sobre la salud de la población. Es cierto que el presidente brasileño defiende una cierta necropolítica de pose recia y a lo macho. Cierto es también que justifica sus medidas en un supuesto «capitalismo de los pobres», bajo cuya óptica el distanciamiento social y el tapabocas obligatorio son una tiranía que aplasta la capacidad de los menos privilegiados de generar ingresos. Sin embargo, es evidente que si bien una mortandad masiva podría beneficiar a algunas industrias puntuales, no es muy conveniente para el crecimiento capitalista en general. Si Brasil ha evitado una contracción económica peor aun que la que finalmente sufrió en 2020 (4,1 por ciento del PBI), se debe más que nada a las medidas de auxilio económico impulsadas en primera instancia por la izquierda parlamentaria y presentadas luego por Bolsonaro como regalo presidencial al pueblo.

En Brasil, lo que hay es una apuesta política y cultural al virus. Un estudio reciente de la Universidad de San Pablo y el think tank Conectas halló que el gobierno tiene «una estrategia institucional para la propagación del coronavirus». Tras analizar ordenanzas, leyes, disposiciones y decretos, los investigadores encontraron que el Estado se aboca a diseminar el virus justificándose con la idea de alcanzar una «inmunidad de rebaño» que permitiría una rápida reanudación del crecimiento económico.

Pero ese valor que se da al crecimiento económico es una racionalización, no es el objetivo. El contagio masivo –y el disfrute perverso que el gobierno parece encontrar en él– está siendo usado como herramienta de movilización. Mientras más gente muere –y mientras el gobierno o bien le resta importancia a la muerte o bien la celebra–, más se polariza el país en torno a un eje de guerra cultural, una guerra que, piensa Bolsonaro, lo beneficia. Las exhortaciones del presidente a los brasileños para que «dejen de lloriquear» y «dejen de ser un país de maricas» (Reuters, 10-XI-20) no son arrebatos de locura o excentricidades irrelevantes para la política de Estado, sino parte de una máquina de guerra cultural perpetua, y es en consonancia con ella que se toman las medidas gubernamentales.

Si no fuera así, sería difícil explicar algunas de las decisiones del gobierno sobre las que viene echando luz la Comisión de Investigación del Congreso (CPI da Covid, en portugués), dirigida por el senador Renan Calheiros. Uno podría atribuir la decisión de ser la sede de la Copa América a un cierto nihilismo capitalista. De igual manera podrían entenderse los ataques de Bolsonaro a los gobernadores estatales que implementaron medidas de distanciamiento social. Pero ninguna estrategia de crecimiento en el mundo requería que el gobierno federal rechazara prácticamente todas las ofertas de vacunas que tenía por delante, ya fuera de la Organización Mundial de la Salud, de Pfizer o de Sinovac (Folha de São Paulo, 7-VI-21) –recientemente rechazó también la Sputnik V–, y que hiciera la plancha hasta que el gobierno regional de San Pablo empezó a producir vacunas localmente.

Tampoco representaba una ventaja a nivel de crecimiento económico dejar que millones de test rápidos expiraran antes de ser usados (O Estado de São Paulo, 22-XI-20). Ni se ganaba nada en términos macroeconómicos insistiendo con que la ivermectina o la hidroxicloroquina podían curar el covid-19 y, menos aún, importando millones de tabletas de hidroxicloroquina –cortesía de Donald Trump– mientras se descuidaba la vacuna. Ningún cálculo de crecimiento del PBI necesitaba que Bolsonaro dijera que las vacunas podían causar mutaciones peligrosas, como cuando dijo: «Si te convertís en yacaré, es problema tuyo» (Folha de São Paulo, 18-XII-20). Lo cierto es que la desinformación deliberada en materia de salud –como la denunciada hasta el cansancio por científicos y médicos brasileños (Nature, 27-IV-21)– no es una estrategia posible para lograr el crecimiento económico.

CONTROLAR LA NARRATIVA, ACOSAR Y HUMILLAR

Algunos de estos desastres sanitarios se pueden atribuir a una mezcla de incompetencia (en esto el exministro de salud Eduardo Pazuello parece particularmente culpable), fijaciones geopolíticas (la negativa a recibir una vacuna de China) y la absoluta ignorancia de los gobernantes. Sin embargo, en Brasil, como en otros lugares, desde que comenzó la pandemia los guerreros de la polarización han estado ensayando líneas de antagonismo y distinciones del tipo amigo/enemigo. En esto han seguido el ejemplo de Trump, la derecha estadounidense y la red de think tanks y lobbies «libertarios» de derecha, financiados principalmente por los hermanos Koch y que impulsaron la Declaración de Great Barrington y las protestas armadas contra los lockdowns.

Los soldados brasileños de la guerra cultural miran hacia el norte no solo en lo que respecta a promover curas falsas, mitos anticuarentena, sinofobia y anticomunismo alucinatorio: ténganse en cuenta los métodos de intimidación pública que la derecha anticuarentenas ya venía usando contra los funcionarios de la salud y los políticos locales en Estados Unidos, tácticas que se han filtrado directamente a Brasil. Los científicos que se oponen a promover la hidroxicloroquina como cura para el covid-19 han sido amenazados de muerte. También lo fue el alcalde de Araraquara en San Pablo tras imponer una cuarentena general de diez días a principios de este año. Lo mismo le sucedió al alcalde de Palmas en Tocantins. Una posible candidata al Ministerio de Salud fue atacada y acosada cuando se supo que estaba a favor de las medidas de distanciamiento social para contener el covid. La intimidación no es un subproducto incidental de la retórica del gobierno, sino que es el fruto de un odio social cultivado de manera estratégica. Sigue el mismo patrón de persecución y acoso gubernamental contra los departamentos universitarios, la industria de la cultura y los científicos que estudian el clima.

Este tipo de campañas funcionan. Bolsonaro ganó las elecciones canalizando el odio social en una guerra cultural en las redes sociales. Y el objetivo de esa guerra cultural no fue simplemente difundir desinformación (y provocar, al mismo tiempo, críticas y oposición progresistas y de izquierda siempre en torno a temas decididos por la derecha). Más bien, como ha explicado con picardía Olavo de Carvalho, el gurú intelectual de los Bolsonaro, el objetivo también fue humillar, silenciar y privar a las personas de sus medios de subsistencia. Si controlás la narrativa y los temas de discusión y mantenés movilizada a la extrema derecha y aterrorizada a la oposición, estás haciendo bien tu trabajo. Es que quienes ganaron gracias a una guerra cultural seguirán llevando adelante esa guerra cultural, porque eso es lo que saben hacer. Estarán permanentemente en modo campaña, experimentando con nuevas tácticas, nuevas variaciones del mismo repertorio, para así mantener su base (generalmente minoritaria) excitada y movilizada.

Este ha sido, hasta ahora, el modus operandi de Bolsonaro. Aunque haya decepcionado un poco a sus partidarios neoliberales por no haber logrado aún todas las reformas económicas que se propone, el presidente se ha mantenido fiel a un conjunto de significantes emocionalmente poderosos, que movilizan fuertes apegos y odios. Ha proclamado hasta el cansancio su fascinación por las armas largas, su veneración por la crueldad policial, el odio a lo que sus seguidores llaman marxismo cultural, psicosis ambientales, ideología de género, infiltración izquierdista de la cultura, la aversión a los indígenas, las universidades, las ciencias y, últimamente, también al Supremo Tribunal Federal. Varios de sus aliados políticos en el Congreso son avezados matones de las guerras culturales, por ejemplo, Daniel Silveira, un expolicía militar convertido en congresista y estrella de Youtube, cuyas prácticas de acoso e incitación a la violencia lo llevaron a la cárcel a comienzos de este año. Bolsonaro se ha encargado de llenar su gabinete de militares fanfarrones y evangélicos fanáticos al tiempo que la emprende contra las ciencias y la academia en general.

ANTE LA CRISIS, INSISTIR

Quienes alcanzaron la victoria gracias a una guerra cultural serán persistentes en su dedicación a esas prácticas. Desafiarán incluso los bajos índices de aprobación, las iniciativas parlamentarias en su contra, la antipatía de los medios y la oposición popular. Después de todo, fue con la guerra cultural como ganaron. Han entendido la necesidad de polarizar a la población en torno a cuestiones que son transversales a las clases sociales y que permiten formar coaliciones mediante la misma lógica de agregación que prevalece en las redes sociales. Han entendido que, especialmente frente a la descomposición de los sistemas parlamentarios, les basta con el apoyo de una minoría para tener éxito. El aventurerismo descarado es parte del arte de gobernar en la lógica de la guerra cultural.

Bolsonaro, aunque enfrenta ahora protestas masivas (véase «En la calle para sobrevivir», Brecha, 4-VI-21) y está herido en uno de sus flancos por la investigación en el Congreso, ya ha superado dificultades similares. Intenta hacer lo mismo ahora, cuando enfrenta un fuerte desafío de Lula da Silva de cara a las elecciones del año que viene. Véase cómo él y los suyos manejan la investigación del Congreso: le quitan importancia siempre que se pueda e intentan ahogarla vaciándola de participación, cuando no envían al hijo de Bolsonaro a gritar e insultar a los congresistas, causando la máxima disrupción posible y provocando que se suspendan sesiones (O Globo, 12-V-21). Véase cómo en sus frecuentes actos de masas, carentes de precauciones sanitarias, el propio presidente, sus seguidores y sus aliados ignoran o violan la ley de manera performativa y repetida. Esperan superar esta crisis, dejar que una minoría enojada y movilizada los mantenga en el poder y, con fuerza renovada, profundizar la guerra cultural contra la izquierda y lo que quede de las instituciones democráticas.

En Brasil, la oposición acusa a Bolsonaro de genocidio. Los carteles en las protestas suelen llevar la expresión «Bolsonaro genocida». La acusación tiene algo de justicia porque, incluso si las muertes son una especie de daño colateral de la guerra cultural, la evidencia es que son intencionales. Se espera que los propios cadáveres brinden un beneficio político, como sucedió en partes de Estados Unidos: recuérdese que el voto a Trump aumentó fuertemente de una elección a otra en aquellos condados donde se registró el mayor número de muertes por covid-19. Elegí a Brasil como un ejemplo extremo de lo que estamos viviendo, pero esta estrategia de guerra cultural se está desarrollando en todo el mundo.

Por Richard Seymour
11 junio, 2021

Publicado enInternacional
Producen Escherichia coli superresistente a infección viral

Madrid. Investigadores del Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica de Cambridge, en Reino Unido, han desarrollado una bacteria Escherichia coli sintética reprogramada que presenta resistencia viral, publicaron en Science.

Mediante la ingeniería del código genético de una cepa sintética de la bacteria para incluir varios aminoácidos, los investigadores hicieron que fuera prácticamente invencible a la infección viral. Su trabajo es uno de los primeros en diseñar proteínas con no uno, sino varios aminoácidos no canónicos.

"La capacidad de generar proteínas de diseño utilizando múltiples bloques de construcción no naturales desbloqueará innumerables aplicaciones, desde el desarrollo de nuevas clases de bioterapias hasta biomateriales con propiedades innovadoras", escriben en una Perspectiva relacionada Delila Jewel y Abhishek Chatterjee, del Boston College en Chestnut Hill, Estados Unidos.

En la naturaleza, los sistemas biológicos utilizan 64 codones –triplete único de nucleótidos– para codificar y guiar la síntesis templada de proteínas a partir de una colección de 20 aminoácidos canónicos.

Se cree que eliminar ciertos codones y los ARN de transferencia que los leen del genoma y sustituirlos por aminoácidos no canónicos (ncAA) puede permitir la creación de células sintéticas con propiedades que no se encuentran en la biología natural, como potentes resistencias virales y una mayor biosíntesis de nuevas proteínas.

Sin embargo, aunque se han codificado genéticamente cientos de ncAA diferentes en diversos ámbitos de la vida, el enfoque se ha limitado en gran medida a la incorporación de uno único en una cadena polipeptídica.

Wesley Robertson y sus colegas demostraron la incorporación específica de múltiples ncAAs distintos en proteínas utilizando una cepa sintética de E. coli. Eliminaron los ARN de transferencia y el factor de liberación y crearon células de la bacteria que no leen varios codones.

Como los virus dependen de la capacidad de la célula huésped para leer los codones del genoma viral para reproducirse, las células de E. coli modificadas se volvieron resistentes a gran variedad de ellos.

 

Financial Times: Nestlé admite que la mayoría de sus productos no son saludables

La multinacional asegura que está trabajando para mejorar la calidad de sus productos, pero algunos expertos dudan sobre esas promesas.

 

La multinacional suiza de alimentos y bebidas Nestlé admitió que la mayoría de sus productos no son saludables, y que algunos de ellos nunca podrán considerarse saludables sin importar cuánto renueven, informa el diario Financial Times citando documentos internos de la compañía a los que ha tenido acceso el medio.

Según el periódico, el documento se preparó a principios de este año y se distribuyó entre los altos ejecutivos de la empresa. En él se indica que solo el 37% de los alimentos y bebidas producidos por Nestlé lograron una calificación superior a 3,5 puntos en un sistema de calificación australiano con un puntaje máximo de 5 estrellas, que es utilizado por expertos del sector en todo el mundo. De esos productos se excluyen alimentos para bebés, para personas con ciertas condiciones médicas, para mascotas y el café puro.

Dentro de la cartera general de alimentos y bebidas de la multinacional suiza, alrededor del 70% no logró las 3,5 estrellas necesarias para alcanzar una "definición reconocida de salud". De ellos, el 96% de las bebidas y el 99% de los productos del segmento de confitería y helados no alcanzaron los 3,5 puntos. Sin embargo, el 82% de las aguas minerales y el 60% de los lácteos obtuvieron un puntaje superior a dicha cifra.

"Generar dinero lo más rápido y en la mayor cantidad posible"

"Hemos realizado mejoras significativas en nuestros productos, [pero] nuestra cartera aún tiene un desempeño inferior al de las definiciones externas de salud en un panorama donde la presión regulatoria y las demandas de los consumidores se están disparando", destacó el documento de Nestlé. La empresa asegura estar trabajando para que sus productos ayuden a satisfacer las necesidades nutricionales de los consumidores y fomenten una dieta equilibrada.

Por su parte, una experta en nutrición citada por Financial Times considera que los esfuerzos de esa y otras compañías del sector difícilmente podrán concretarse. "El trabajo de las empresas de alimentos es generar dinero para los accionistas y generarlo lo más rápido y en la mayor cantidad posible. Van a vender productos [comida chatarra] que lleguen a una audiencia masiva y sean comprados por tantas personas como sea posible", dijo Marion Nestle, profesora de la Universidad de Cornell, en EE.UU.

Publicado: 31 may 2021 13:22 GMT

Publicado enSociedad
Los estigmas que rodean a la menstruación frustran las vidas de millones de niñas en pleno siglo XXI

 

En muchos países del mundo, los mitos y las falsas creencias en torno a la regla siguen provocando serias violaciones de los derechos humanos de las niñas y adolescentes.

 

En pleno siglo XXI la menstruación sigue siendo un tabú y está rodeada de estigmas que llegan a truncar la vida de millones de niñas a lo largo y ancho del planeta. En un día cualquiera, alrededor de 300 millones de mujeres y niñas de todo el mundo tienen la regla y, sin embargo, es importante recordar que este proceso natural es otro factor de desigualdad de género para muchas de ellas. Así lo recuerda este viernes, coincidiendo con el Día Internacional de la Higiene Menstrual, la organización Plan International. En muchos países el mundo la menstruación sigue siendo un tema tabú que genera vergüenza, discrimina a las niñas y las expulsa de sus ambientes. 

En no pocos países los mitos y las falsas creencias en torno a la regla siguen provocando serias violaciones de los derechos humanos de las niñas y adolescentes. Un mapa creado por la organización de defensa de la infancia hace un recorrido del horror por algunas de ellas.

En algunas comunidades de Malawi, por ejemplo, a las niñas que tienen la regla por primera vez se les dice que tienen que tener relaciones con un hombre como rito de iniciación y si quedan embarazadas están obligadas a casarse. En algunos lugares de Togo sigue vigente la tradición de que una niña no puede tener el período dos veces en la casa de los padres, lo que significa que deberá casarse tras su primera menstruación. En muchos casos esta llega tan pronto como a los 9 años

El lugares de Vietnam las niñas no pueden recolectar frutos del árbol mientras están con la regla porque dejará de florecer al año siguiente. En zonas de Indonesia las jóvenes no pueden utilizar tampones ni copas menstruales si no están casadas puesto que se asocian con la pérdida de la virginidad. En Camerún, por ejemplo, ellas son responsables de la infertilidad de la tierra si caminan cerca de los cultivos mientras están con el período

"Casi la mitad de las adolescentes de Uganda e Indonesia no van a la escuela cuando están menstruando, perdiendo hasta 24 días de clase al año, según una de nuestras investigaciones. Si queremos romper tabúes, debemos conseguir que en todas las sociedades se hable abiertamente de la menstruación y derribar sus mitos", señala Elspeth Chapman, directora de Programas Internacionales de Plan International.

Uno de los mitos más frecuentes y extendidos en casi todo el mundo es el de  considerar la menstruación como una enfermedad, lo que obliga a las niñas a quedarse en casa y, muchas veces, a dejar sus estudios. La idea de que las niñas y mujeres son sucias y que no deben tocar nada porque lo contaminan es otro bulo ampliamente compartido por diversas culturas. Se trata de un proceso natural que es preciso ocultar y que debe provocar vergüenza. En muchas zonas del planeta, la falta de instalaciones diferenciadas y dispositivos higiénicos convierten la regla en un motivo de discriminación. 

Una prioridad sanitaria

Esta cultura del silencio en torno a la regla tiene además consecuencias en la salud, puesto que los productos sanitarios como las compresas no están disponibles, no son asequibles o no se priorizan en el gasto doméstico. Esto tiene como consecuencia que en muchas ocasiones las niñas y mujeres se vean obligadas a utilizar productos antihigiénicos como periódicos, trapos, tierra, arena, ceniza, hierba u hojas, que no solamente son incómodos, sino que además pueden provocar serias irritaciones o graves infecciones.

El acceso a los productos higiénicos es también un problema para miles de mujeres y niñas que se encuentran confinadas en campos de refugiados. En muchos de ellos las mujeres tienen que pagar por ellos, lo que las obliga a buscar trabajos extra, como la recogida de leña en los alrededores del campo, lo que las sitúa en una posición vulnerable de sufrir abusos sexuales. 

En muchos países los productos de higiene menstrual están considerados aún como productos de lujo. En El Salvador, por ejemplo, comprar 10 compresas cuesta lo mismo que adquirir kilo y medio de arroz o un kilo de judías negras. 

Las organizaciones que trabajan por los derechos de la infancia y de las mujeres recuerdan que las fechas señaladas como esta suponen un momento importante para sensibilizar y conseguir acabar con la discriminación. Ante la falta de productos sanitarios o su carestía, Plan International ha comenzado a impartir  talleres para que ellas mismas fabriquen compresas lavables y reutilizables con materiales locales y puedan vender estos productos para generar sus propios ingresos. De esta forma, afirman, no solo se mejora la gestión de la higiene menstrual de las adolescentes, sino su calidad de vida, la de sus familias y comunidades. Recuerdan la importancia de romper estigmas y mitos al tiempo que se dota a los colegios y a las comunidades de los productos higiénicos que permitan a niñas y mujeres llevar una vida digna.

Tampoco en muchos países con mayores ingresos los productos higiénicos se consideran una necesidad básica que facilita la vida de mujeres y niñas. En España compresas y tampones siguen gravados con un 10% de IVA, lo mismo que se paga al tomarse un café en un bar o al comprar una entrada de cine. El Ministerio de Igualdad se ha comprometido a reconocer productos como de primera necesidad y a rebajar el impuesto al 4%, una exigencia que tiene ya un largo recorrido pero que aún no se materializado.

madrid

28/05/2021 07:13 Actualizado: 28/05/2021 09:08

Marisa Kohan@kohanm

Publicado enSociedad
Jueves, 27 Mayo 2021 06:02

Pandemia: primer balance global

Pandemia: primer balance global

El Panel Independiente de Preparación y Respuesta ante las Pandemias, establecido por la resolución 73.1 (may 20) de la Asamblea Mundial de la Salud, presentó este mes el informe Covid-19: hagamos que sea la última pandemia. Se trata, me parece, del documento más autorizado y completo de los muy numerosos dedicados a evaluar lo ocurrido y a proponer políticas y acciones en el ámbito de la salud y otras políticas públicas, que permitan aproximar la realidad a la promesa desmedida que encapsula su título. Es un documento de extensión manejable, no alcanza 100 páginas, con un ilustrativo resumen de apenas siete fojas. Ambos documentos pueden leerse en https://theindependentpanel.org/ (hacia finales de mayo, en español sólo aparecía el resumen). El panel ha sido copresidido por Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda, y Ellen Johnson Sirleaf, ex presidente de Liberia, y compuesto por otros 11 integrantes que aportan "una combinación de conocimientos y calificaciones en enfermedades infecciosas, brotes y emergencias; políticas nacionales y globales de salud y financieras, economía, causas de los jóvenes y bienestar de niñas y mujeres".

Como una cadena de omisiones e insuficiencias se califica a las reacciones de gobiernos e instituciones a las primeras manifestaciones de una pandemia de alcance global y evidente gravedad. “La prevención careció de consistencia y de la financiación necesaria. El sistema de alerta fue demasiado lento –y endeble–. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no tuvo suficiente poder. La respuesta ha acentuado las desigualdades. Faltó liderazgo político a escala mundial.” Esta desoladora lista de falencias no se había reunido y reconocido con tan meridiana claridad.

A principios de 2020, "demasiados países optaron por esperar y ver qué pasaba en lugar de establecer una estrategia de contención agresiva". El resultado fue la imposibilidad de evitar que la pandemia se propagase por el mundo. "Ni los sistemas nacionales ni los internacionales consiguieron satisfacer las demandas iniciales y urgentes de suministros." Al "menosprecio de la ciencia en la toma de decisiones" –subrayado enfáticamente por el panel– se sumó un respeto constante e invariable a la lógica y operación de los mercados. Los dictados de éstos y de las ganancias privadas se impusieron a la preeminencia debida del interés público y de los imperativos sociales. Esta última conclusión sólo aparece entre líneas en el documento del panel, sin llegar a formularse de manera explícita.

"La falta de planificación y las deficiencias en materia de protección social han hecho que la pandemia amplíe las desigualdades, con una repercusión socioeconómica desproporcionada sobre las mujeres y las poblaciones vulnerables y marginadas, incluyendo a los migrantes y los trabajadores del sector informal. Los efectos sobre las personas con problemas de salud subyacentes se han visto agravados. Asciende a millones la cantidad de niños más desfavorecidos que han tenido que abandonar sus estudios de forma anticipada por la pandemia." Tras su primer año, la pandemia y la forma en que se le hizo frente han arrojado un mundo más desigual; han acentuado las desventajas de los grupos vulnerables, por género, etnia o posición laboral; han detenido y disminuido los avances conseguidos en el combate de otras enfermedades y han afectado el futuro, al impactar negativamente la educación en todos sus grados.

La urgencia inmediata, reconocida por el panel, es "acabar con la pandemia". Para ello se requiere que los países de ingresos altos se comprometan a suministrar vacunas, a través de canales multilaterales como Covax, “a los 92 países de ingresos bajos y medianos […] al menos mil millones de dosis al 1º de septiembre de 2021 a más tardar y más de 2 mil millones de dosis para mediados de 2022”. Se requiere, además:

"[Un] acuerdo sobre la concesión voluntaria de licencias y la transferencia de tecnología [sobre] las vacunas", en cuya ausencia y tras un plazo de tres meses, "debe entrar en vigor de forma inmediata una renuncia a los derechos de propiedad intelectual" en términos del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio de la OMC.

Los 19 mil millones de dólares que se estima necesarios para "vacunas, medios de diagnóstico, tratamientos y fortalecimientos de los sistemas de salud" deberán ser movilizados, en 60 por ciento, por el G7 y el resto "por otros miembros del G20 y otros países de ingresos altos", junto con la aprobación de "una fórmula basada en la capacidad de pago para financiar dichos bienes públicos universales de manera continuada".

Las siete recomendaciones puntuales del panel "para garantizar que un futuro brote no se convierta en pandemia" se expondrán y analizarán en la siguiente nota, en dos semanas.

Mauricio de Maria y Campos (1943-2021)

In memoriam

Publicado enInternacional
Las múltiples concepciones psi del trauma

Un recorrido conceptual y temporal sobre un tema clave en psicoanálisis

El doctor en Psicología y psicoanalista Luis Sanfelippo encara un estudio histórico sobre ese concepto.

 

La noción de “trauma” forma parte de la cultura occidental que trascendió la esfera psicoanalítica para integrar la jerga social. El concepto de “trauma” surgió de lo somático y luego devino en una conceptualización psíquica que Freud le dio estatuto. Sin embargo, no existe una sola concepción de “trauma” en la obra del padre del psicoanálisis. Fue cambiando no sólo por cuestiones inherentes a su pensamiento sino también por el contexto histórico en el que Freud vivió. Un recorrido conceptual y temporal es el que establece el doctor en Psicología y psicoanalista Luis Sanfelippo en su libro Trauma. Un estudio histórico en torno a Sigmund Freud (Miño y Dávila Editores). Un cruce entre psicoanálisis e historia es el eje de la investigación de Sanfelippo para abordar las múltiples concepciones psi del trauma.

“Intenté abordar el tema del trauma en relación a Freud y en relación al psicoanálisis pero no sólo centrándome en el psicoanálisis sino más en un campo crítico más amplio en torno de la noción de ‘trauma’”, comenta Sanfelippo en diálogo con Página/12. “Pero también traté de justificar, de acuerdo a lo que investigué a lo largo de las transformaciones históricas de la noción de ‘trauma’, que no hay una sola noción psicoanalítica de trauma. Para Freud el trauma no es una sola cosa sino que en distintos momentos y frente a distintos problemas surgieron distintas nociones de trauma. No es lo mismo la noción de trauma que establece cuando está construyendo su teoría de la seducción que cuando conceptualiza las neurosis de guerra”, ejemplifica este docente e investigador.

--¿La idea fue tomar sólo la obra de Freud para abordar esa multiplicidad?

--En realidad, el trauma puede ser un problema infinito e inabordable porque hay muchísimas concepciones del trauma, hay muchas teorías y distintos saberes construidos en torno a la noción de trauma, también muchas prácticas. Centrarme en Freud era estratégico en relación a acotar en torno a los trabajos de un autor, pero poniendo los trabajos de un autor en discusión con otros autores con ciertos problemas históricos en el contexto en el que Freud vivió. Entonces, centrarme en Freud y su contexto permitió que el trabajo sea abordable, pero por otro lado yo confiaba en que centrándome en Freud, su contexto y los interlocutores, pudiera ubicar problemas centrales respecto de la noción de trauma. Por ejemplo, si la noción de trauma depende únicamente de un acontecimiento del pasado o si también depende de la respuesta que damos en el presente.

--¿Se trata sólo de diferencias conceptuales o también de procedimientos clínicos y terapéuticos los que se modifican?

--Al modificarse las nociones conceptuales se transforman las prácticas clínicas. Pero a veces también cuando en la práctica clínica aparece una innovación técnica o un problema nuevo, los autores se ven forzados a cambiar su teoría. Por ejemplo, una cosa es suponer que frente a un trauma hay que olvidar y, entonces, que la terapia apunte sólo a olvidar el trauma; otra es suponer que frente a un trauma hay que recordar y entonces, la terapia empuje a que la persona hable de los traumas. Y otra es lo que, de distintas formas, plantea Freud: es una especie de combinación entre olvido y recuerdo. Es necesario que ciertos elementos que son demasiado traumáticos se pierdan y es necesario que se inscriban otros y que se armen nuevas tramas, después de haber vivido un trauma.

--¿Qué le permitió el tomar el concepto de trauma como un objeto de indagación histórico?

--Por un lado, permitió un recorrido exhaustivo pero al mismo tiempo mostrar que en torno al trauma hay una noción que se usa en el campo clínico pero también en la historia, lo que se considera “un acontecimiento traumático”. Esto permite ubicar muchos problemas que son importantes para la clínica psicoanalítica, pero al mismo tiempo problemas que son importantes para el pensamiento de la cultura occidental. Una de las preguntas que existe después del siglo XX es: ¿qué hacemos con ciertos acontecimientos colectivos como la Shoa y la dictadura que parecen funcionar como un trauma? Parecen ser demasiado presente y no poder convertirse en pasado.

--¿Cómo influyó la Primera Guerra Mundial en la conceptualización de Freud sobre el trauma?

--La Primera Guerra Mundial le permitió ubicar que un trauma no es sólo una escena del pasado que la persona olvidó pero que puede convertirse en un relato sino que le demostró que hay experiencias que no se llevan bien con el relato: introducen elementos que hacen muy difícil poder convertirlos en un relato. Le hizo repensar no sólo su conceptualización del trauma sino su concepción del aparato psíquico. Freud murió justo en 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba empezando. Pero es interesante porque aun cuando murió antes, escribió Moisés y la religión monoteísta, que es un texto en el cual él intenta pensar cómo ciertas experiencias colectivas son posibles de ser transmitidas de generación en generación, aun cuando esa transmisión no sea consciente ni voluntaria.

--¿A partir de esa conceptualización se puede hablar de trauma colectivo?

--Sí. En textos como Tótem y tabú y Moisés y la religión monoteísta, Freud concibe que hay traumas que son colectivos y que se transmiten de generación en generación. Y me parece que es un problema central de las sociedades occidentales contemporáneas porque vivimos la Shoa, el apartheid, las dictaduras latinoamericanas. Y seguimos pensando cómo algo de esas experiencias traumáticas sigue teniendo influencia en el presente y se siguen transmitiendo de generación en generación sin volverse del todo pasadas.

--O sea que las transformaciones de la noción de trauma en Freud no dependieron exclusivamente de motivos inherentes a su pensamiento sino también a cuestiones externas, ¿no?

--No se pueden leer las transformaciones de las concepciones y las prácticas de Freud sobre el trauma sólo como debidas a problemas internos de la teoría o la práctica psicoanalítica. La guerra es el ejemplo crucial. Así como antes los accidentes de ferrocarril les obligaron a otros autores a cambiar ciertas concepciones, para Freud y sus contemporáneos la Primera Guerra Mundial introdujo problemas nuevos, síntomas nuevos, formas de presentación del malestar nuevas que obligaron a repensar su teoría y obligaron también a cambiar un poco la práctica. Por eso, está bueno leer a Freud en su contexto cultural, político y de interlocutores.

--¿En qué aspectos con el devenir del tiempo se produjo una psicologización del trauma?

--Hacia fines del siglo XIX la noción de trauma todavía era una noción anatómica, como la especialidad médica “traumatología”. Un trauma era un impacto sobre el organismo que producía lesiones, pero los accidentes de ferrocarril y luego las guerras, los abusos y otra serie de problemas que atraviesan muchas personas empujaron a pensar que existía la posibilidad de que un trauma no sea solamente un impacto mecánico sobre un organismo sino que se pueda llamar trauma a la conmoción subjetiva, a la conmoción psíquica que genera una experiencia, aun cuando no produzca lesiones en el organismo. Metafóricamente sería como “una herida en el alma que permanece abierta” y por lo tanto sigue siendo presente aun cuando haya ocurrido en el pasado.

Por Oscar Ranzani

27 de mayo de 2021

Publicado enCultura
En la imagen, la persona con la que se experimentó el nuevo método. Foto tomada Nature Medicine

La terapia permitió al paciente, que padece retinopatía pigmentaria, localizar y tocar objetos, explican autores de la investigación

 

París. Un hombre de 58 años ciego a causa de una enfermedad genética degenerativa recuperó parcialmente la vista gracias a una técnica innovadora optogenética y a la estimulación lumínica.

Es la primera vez que esa técnica permite obtener una recuperación parcial de la función visual, afirman los investigadores que desarrollaron este ensayo clínico, que asocia equipos franceses, suizos y estadunidenses.

El paciente que participó en el estudio está afectado por retinopatía pigmentaria, enfermedad genética degenerativa que provoca la destrucción de las células fotorreceptoras de la retina, causando la pérdida progresiva de la visión que evoluciona generalmente hacia la ceguera.

Cuando antes sólo podía percibir la presencia de la luz, la terapia le facilitó localizar y tocar objetos, según el estudio, publicado el lunes por la revista Nature Medicine.

En la visión normal, los fotorreceptores de la retina utilizan proteínas que pueden reaccionar a la energía lumínica, las opsinas, que suministran informaciones visuales al cerebro a través del nervio óptico.

Sensibilidad a la luz

A fin de restaurar la sensibilidad a la luz, al paciente se le inyectó el gen codificador para una de esas proteínas, llamada ChrimsonR, que detecta la luz ambarina, describe el estudio.

Cerca de cinco meses después de haber recibido la inyección, con la finalidad de dar tiempo a su organismo para producir esta proteína en cantidad suficiente, efectuó diferentes ejercicios, equipado de gafas específicas dotadas con una cámara.

Concebidas por los investigadores, esas gafas facilitan proyectar imágenes de color ámbar sobre la retina del paciente.

"Siete meses después, el paciente comenzó a registrar signos de mejoría visual", señalan en un comunicado el Instituto de la Visión (Universidad de la Sorbona, Instituto Nacional de Investigación en Salud y Medicina, así como el Centro Nacional para la Investigación Científica) y el hospital parisino Quinze-Vingts, especializado en oftalmología.

"Con la ayuda de las gafas, puede ahora localizar, contar y tocar objetos", agrega.

La retinopatía pigmentaria afecta a una de cada 3 mil 500 personas, según la base de datos Orphanet, y puede comenzar a cualquier edad, con una frecuencia de aparición mayor entre los 10 y 30 años.

Ernesto Sinatra

El psicoanalista analiza los consumos compulsivos en la era posmoderna

El especialista en adicciones cuestiona que se haga foco en la sustancia por sobre el sujeto. Y plantea su punto de vista con una nueva palabra: "adixión". Qué pasa con las series y las redes sociales.

Uno de los más prestigiosos psicoanalistas argentinos de los especializados en adicciones, Ernesto Sinatra, afirma algo que no siempre se dice: los individuos son el objeto real del consumo. ¿Por qué generalmente suele hacerse foco en la sustancia por sobre el sujeto? ¿Son, a la vez, sujetos y objetos de consumo? Esta es una de las tantas preguntas que se desprenden su libro Adixiones (Grama Ediciones). ¿Por qué con “x”? Básicamente, el postulado de este miembro de las Asociación Mundial de Psicoanálisis es que la palabra que inventó, “Adixiones” está vinculada a estos tiempos que corren: cualquiera puede volverse adicto de cualquier cosa, ya sea una sustancia o una serie televisiva, como ejemplifica en su publicación.

Ernesto Sinatra es psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Es codirector del Grupo de Investigación en Toxicomanía y Alcoholismo del Instituto del Campo Freudiano (TYA), docente del Instituto Clínico de Buenos Aires (ICdeBA), y de la Maestría en Clínica Psicoanalítica de la Unsam.

Algunos de sus libros son: [email protected] [email protected] [email protected] La implosión en la feminización del mundo; ¿Todo sobre las drogas?; Más allá de las drogas (con Mauricio Tarrab y Daniel Silliti); La racionalidad del psicoanálisis y Consecuencias del psicoanálisis, entre otras publicaciones.  

--Usted reflexiona acerca de hasta qué punto el empuje de la satisfacción ilimitada tomó la primacía en este siglo, comandada por el mercado de consumo. ¿Es una pregunta o una afirmación?

--Los tiempos que corren muestran que es una aseveración. Estamos en los tiempos del vértigo del mercado más allá de lo posible, confrontando a cada uno con sus propios límites, imposibilidades (lo que nosotros llamamos desde el psicoanálisis inhibiciones, síntomas y angustias). Claramente hay algunas firmas que sitúan con su logo a partir de una proposición minimalista una frase que dice: “Impossible es nothing”. Eso es un empuje para realizar lo imposible. Ahora, confrontado cada uno con esas inhibiciones, síntomas y angustias en las que refería, aparecen el "No puedo", "No llego", "No me alcanza", "No tengo con qué ir hacia eso", pero el empuje está. Ese empuje que aparece desde el exterior con el mercado, aparece desde cada uno jugado en su propia subjetividad. En ese desdoblamiento realizado entre lo que uno quiere hacer voluntariamente, busca el objetivo que se propone de algo que se lo impide constantemente. El nombre que alguna vez puso un paciente me parece muy preciso: "Tengo un picasesos instalado que no me deja hacer lo que quiero y que me confunde respecto de lo que yo quiero hacer y que los demás quieren de mí”.

--Los nuevos adictos no sólo se designan a partir de la sustancias sino de objetos de consumo ¿Ya no hay una única forma de intoxicarse?

--Bueno, tanto es así que no hay una sola forma de intoxicarse sino que se han llevado las categorías de adicciones a una categoría universal: escuchamos que todos son adictos, que todo es adictivo. Ha comenzado desde hace ya muchos años una tendencia a intentar generalizar la relación con las drogas, donde acciones --ya no sustancias-- son identificadas como procesos adictivos. Ahora, la pregunta es: ¿por qué es eso así? ¿En qué se autoriza el mercado para instalar la cuestión, por ejemplo, de las personas tóxicas, de hablar de personas tóxicas? Ese es el principio que nosotros ubicamos y que he querido destacar cuando forjé el término "adixiones": toda acción humana es pasible de transportar una satisfacción. Y eso lleva a la reiteración de esa satisfacción aunque al inicio vaya en contra de la persona misma. Y ese es el fundamento del concepto más polémico que hay en el psicoanálisis: el de pulsión de muerte; es decir, ¿cómo puede ser que alguien como su máximo bien quiera ir hacia el final atentando contra sí mismo? Esa paradoja fundamental Freud la instauró con el concepto de pulsión de muerte y Lacan la subrayó con el concepto de goce, para situar hasta qué punto el hombre no quiere necesariamente su bienestar. Si toda acción humana puede transportar una satisfacción, entonces, ello es ¿por qué? Digo esto para ir en contra de la banalización que hay con el término de las adicciones (el término corriente) donde todo es adictivo. La sustancia que existe en esas adixiones --para llamarla por el nombre que he intentado utilizar-- es el goce mismo. Es decir, una satisfacción que puede ser en ocasiones contraria al bienestar de cada cual. No hay que olvidarlo porque, ¿qué cosa más paradójica que hablar de una persona tóxica? Vamos a suponer que el partenaire de uno es una persona tóxica. Le dan ese diagnóstico. "No podés seguir con tal porque es una persona tóxica". Lo primero que uno hace es cuestionar a esta otra persona; es decir, si esa persona es tóxica, primero tengo que apartarme de ella, si creo en ese diagnóstico. Y ahí lo interesante es que este diagnóstico presuntivo, utilizando el concepto de persona tóxica, hace que uno no sólo retroceda frente a esa persona sino que la causa del mal de uno aparece en el exterior colocado en el partenaire elegido hasta ese momento. "El es tóxico, yo no tengo toxicidad alguna. Entonces, lo que debo hacer es considerar al otro como la toxicidad misma y separarme de esa persona”. Es decir, se ha producido un desplazamiento de la responsabilidad, de la satisfacción, adjudicándoselo al otro.

--Ahora las propias mercancías tienen un valor adictivo como, por ejemplo, las series y los celulares, ¿no?

--Claro. Es tan fuerte eso... Es el principio de Karl Marx de tanto tiempo atrás del "fetichismo de la mercancía". Es notable hasta qué punto la mercancía en sí, por ejemplo, con la producción seriada pone en funcionamiento una satisfacción en el consumidor. Por ejemplo, cuando un objeto entra en el mercado con un valor no sólo de uso sino de goce importante. La marca sólo hace que uno se babosee cuando sabe que va a salir esa marca que ha ingresado como en el top del mercado. Y viene el último modelo más reconocido que todos anhelan, el más caro, y uno quiere tenerlo. Pero cuando lo tiene la obsolescencia de los objetos programada ya se desencadenó; es decir, ya uno está esperando el próximo. Y cuando uno consiguió el número 6 o el 7 o la letra que se coloque, el mercado se encarga de hacer saber cuándo ya salió y todos ya se lanzaron para querer comprar en el momento cero. Cuando el tiempo corre, a las 12 se abren las tiendas para poder acceder a él, o ahora por los distintos medios de compra. Lo que acontece es que después de haber pasado esas 24 horas con un tiempo lógico de algunos días, se hace saber que no era ese sino que el próximo móvil, por ejemplo, va a tener una diferencia absoluta con todos los anteriores. La promesa del mercado sabe explotar esa grieta que hay en el goce humano mismo, donde la insatisfacción marca el lugar al que van los objetos. Por lo tanto, ese objeto ahora ya es obsoleto en el mismo momento en que se lo compró.

--Un dato interesante que señala es que en Japón entre el 60 y el 70 por ciento de las de las parejas de más de 40 años no mantiene relaciones sexuales y que la mayor parte de la actividad sexual se desarrolla en “hipermercados del porno”. ¿Este es el tiempo de la porno-manía?

--Sí, claramente lo es. Es el recurso del autoerotismo por las vías masturbatorias. Incluso en Japón aparece algo en las salidas totalmente regladas y aceptadas en el after office: incluyen para aquellos que lo requieran el poder ir a unos box, sex box, donde hay un lugar de manera higiénica para poder acceder a todo tipo elementos cibernéticos con las pantallas correspondientes. Pero está también la posibilidad de obtener cremas para masturbaciones que localizan la posibilidad de obtener realmente una satisfacción a medida de cada cual. Es una manera de retornar al goce masturbatorio. Hay quien confiesa directamente que no requiere relaciones sexuales. La relación sexual es la relación con el otro porque hay que darse cuenta con estas prácticas hasta qué punto la relación con el otro adquiere una complejidad y una dificultad que se ve tan claramente en la clínica, donde cuestiones que uno puede pensar como naturales de la sexualidad permiten ver claramente hasta qué punto no hay nada natural en la sexualidad humana. Un hombre decía en un documental extraordinario, también en Japón: "En verdad yo no tengo pareja ni quiero tenerla (era un hombre joven) porque es mucho más simple utilizar las muñecas de la tecnología que ofrecen un pasar por los sex box, donde una muñeca no te pide nada". Y curiosamente, esta es una de las maneras en que los inventores de estos productos lanzados al mercado dicen riéndose de una forma canallesca y cínica: "Además de que las muñecas son tan parecidas a lo humano, ofrecen la posibilidad de reemplazar a las mujeres y también a los hombres, en tanto que una muñeca no te va a pedir nada". Es increíble. No hay que horrorizarse sino que hay que leer los signos al revés de la dificultad, de la complejidad que hay en el lazo con el otro. No sólo el lazo sexual con el otro sino en el lazo cotidiano con el otro.

--¿Qué lugar ocupa en la soledad globalizada, que usted define, el consumidor de dispositivos electrónicos que puede estar conectado 24 horas a redes sociales?

--Con el concepto de soledad globalizada que hemos forjado ya hace muchos años, intentamos situar otra paradoja: ¿Cómo puede haber una soledad globalizada? Pues bien: la globalización promueve estas conductas que tienen una fuerte tendencia autoerótica en el retiro del otro, del otro sexual, del compañero, porque ese retiro hace que cada uno pueda encontrar en las pantallas un refugio. Y es hoy una de las cuestiones más complejas para poder tratar la “adixión” a las pantallas. Y digo con "x" porque hay que tomar siempre en cuenta que no hay adicciones light, como quiere vender el mercado, en una cierta banalización de los términos. La "x" de adixiones marca que hay una satisfacción en juego siempre que toma la forma individual de cada sujeto y que hay que tomar siempre en cuenta cuando se interviene analítica o terapéuticamente respecto de cada cual. Y eso debe ser respetado. Además, hay que tener en cuenta respecto de las inhibiciones, síntomas y angustias que pueden provocar. Por ejemplo, esas pantallas, ¿qué valor tienen para cada cuál? ¿Cómo hacer para que alguien se desprenda de algo que no sabemos qué significa para cada uno? Porque es muy fácil generalizar lo que acontece en el empuje del mercado del "todo para ver". No se trata de tomarlo como una premisa tonta de denuncia de la tecnología, sino de entender dónde entró la tecnología. Hay algo de la estructura de la subjetividad misma que está fallado, que no funciona bien. Y una satisfacción a medida es lo que cada uno busca. Por eso, cuando el mercado promete una satisfacción que valdría para todos es fácil lanzarse donde la mirada hace gozar de tal manera con todos los dispositivos tecnológicos que saturan el mercado. Hay que estar muy advertido de qué hace cada uno con lo que consume. Por más que sea una cuestión general las pantallas para todos, 24 horas de consumo, hay que tomar en cuenta para no intentar sacar eso de golpe, por ejemplo, a un joven. Es ver qué es lo que necesitó sustituir con esa fijación a esa pantalla, cuál es la satisfacción que le proporciona singularmente a esa persona. Ese es el trabajo que nos proponemos hacer, que es mucho más farragoso pero mucho más orientador respecto de lo real de la constitución subjetiva humana. La adherencia a una satisfacción puede ir contra sí mismo. Por más light que parezca una satisfacción, siempre hay un lado mortífero en juego, al cual hay que prestar atención.

--Con las adicciones de la era posmoderna, que no son sólo a las sustancias sino también a las mercancías, como las que usted menciona: las series, por ejemplo, ¿no se corre el riesgo de banalizar el término "adicción" en relación a que pierde la carga de dramatismo que de por sí conlleva esa situación?

--Sí, por eso cuando empleo el término "adixiones" lo que intento hacer es una operación conceptual, epistemológica, psicoanalítica sobre un término que lanza el mercado banalizado porque “todo es adictivo”. Ahora es fácil decir: "Soy adicto a las pantallas". O no es sólo "Soy adicto a la cocaína o a la marihuana sino que soy adicto a una persona que es tóxica". Entonces, es cómo deconstruir eso para apuntar a encontrar la singularidad de la satisfacción que cada cual obtiene allí. Efectivamente, no se trata de sacarle el objeto de goce sino de intentar que el goce de ese objeto no atente contra la subjetividad de cada uno 24 horas en una pantalla. No se trata de la maniobra en sí sino del lugar que ocupa para cada cual, para intentar apuntar a que cada cual pueda llegar a desinvestirse con esa elección de objeto de una cuestión de toxicidad de la satisfacción misma que atenta contra él o ella.

Por Oscar Ranzani

24 de mayo de 2021

Publicado enSociedad
Sin Copa América: ‘Golazo’ del Paro Nacional al gobierno Duque

Las manifestaciones no paran de cosechar resultados. A medida que las movilizaciones no cesan en todo el territorio nacional, fruto de una ardua resistencia social, este gobierno ha tenido que retirar la Reforma Tributaria –la cual abrió la Caja de Pandora del descontento–, luego llegó el reconocimiento parcial al derecho a la educación superior y universitaria gratuita (reivindicación aún por conquistar en toda su extensión e iomplicaciones), en pasado día 19 la reforma a la salud mordió el polvo que inunda las potronas congregacionales (lo ue no implica la derrota de la Ley 100/93, base del actual sistema de salud, precario, intermediado por privados, objeto de lucro y discriminación) y, el día 20 fue público que la Copa América 2021, evento deportivo y comercial aplazado el año pasado debido al estallido pandemico no se reaizará en Colombia.

Copa América, un bálsamo idóneo para este gobierno el cuál en cabeza del jefe de Estado Iván Duque ha demostrado su gran fascinación por el espectáculo y los grandes eventos, tanto así que, en un desesperado intento por conservar la sede, el gobierno colombiano le solicitó a la Conmebol el aplazamiento del certamen hasta fin de año para no perder sus candidatura como sede, una petición algo descabellada teniendo en cuenta que el calendario ya se ha visto trastocado por los estragos de la pandemia, y los millonarios contratos de patrocinio no dan espera.

El punto de quiebre para que el país fuera librado de este espacio de negocios, lo dio el comunicado oficial por parte del Departamento de Estado norteamericano en el cual invita a los ciudadanos estadounidenses a evitar viajar al territorio colombiano, llamando la atención sobre los altos niveles de covid-19 que se presentan en el país, además de acusar altos niveles de delincuencia, secuestro y amenaza de ataques terroristas por parte de grupos al margen de la ley.

Un comunicado que no sorprende pues suscribe todas las narrativas catastrofistas que maneja el mandamás de la región a la hora de referirse a los países bajo su órbita, pues para ellos todo es o terrorismo o conspiración. Este llamado de atención por parte del gobierno grindo a sus subditos terminó por decantar el veredicto final de la Conmebol, la que optó por Argentina como úncia sede –originalmente se desarrollaría en ambas sedes.

Sin espectáculo se quedó este gobierno, el mismo que aún no abre canales de dialogo expeditos para facilitar la negociación del paro que está en vísperas de cumplir un mes de su primer jornada nacional. Pérdida que le resta escenarios para lavar su cara ante la comunidad nacional e internacional.

Espectáculo también enfriado en la copa local, por ahora suspendida y sin fecha exacta para los partidos finales. Una realidad que disipa escenarios para la manipulación, al tiempo que reduce escenarios para negocios ahora reclamados por los empresarios de todo nivel.

El levantamiento social le deja algo muy en claro al establecimiento y es que no hay ‘circo’ que valga para acallar el clamor popular. Decisión de la Conmebol en horabuena para la resistencia social pues le da a las elites donde más les duele, al desarticular una de las herramientas que por excelencia han utilizado para distraery engañar: la sed de justicia social y de un país diferente pudo más que la sed de goles.

Publicado enColombia
Un especialista en agricultura inspecciona el trigo modificado genéticamente en una plantación de Bioceres, Pergamino, Argentina, 15 de octubre de 2020

Es el primer y único país del mundo que aprobó el uso de semillas IND-ØØ412-7, resistentes a la sequía y también a un poderoso agrotóxico. La comunidad científica advierte sobre los riesgos en la salud y el medio ambiente.

Si hay un dulce tradicional e identitario de los argentinos, ese es el alfajor. En el país que se autoproclama inventor de esta golosina, al menos en su variante redonda e industrializada, se consumen más de 1.000 millones al año y hay más de 100 marcas en el mercado. La receta es simple y exitosa: dos galletas dulces unidas por un relleno –el de dulce de leche o manjar es uno de los favoritos–, y sobre esto un baño de chocolate o azúcar glas, aunque hay infinidad de variantes. 

Uno de los fabricantes más populares en Argentina es Havanna, una empresa creada en 1947 en la ciudad balnearia de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires. Con presencia en todo el país y el exterior, la compañía tiene actualmente 200 sucursales, elabora 100 millones de alfajores al año y exporta otros 10 millones, a Europa, EE.UU. y otros países de América Latina. En los años 80, los Havanna se hicieron tan populares que parecía inaceptable regresar de unas vacaciones en las playas marplatenses sin unas cajas para regalar a amigos y familiares, a modo de souvenir: "Se va hoy, se va mañana, no olvide llevar alfajores Havanna", decía el slogan.  

Dos semanas atrás, la compañía selló un acuerdo con Bioceres, una firma argentina de biotecnología agropecuaria, para producir sus productos con trigo HB4, es decir, trigo modificado genéticamente o transgénico. Esta variedad, cuyo uso fue aprobado primera y únicamente en Argentina, en octubre del año pasado, es más tolerante a las sequías y resistente al glufosinato de amonio, un poderoso herbicida con características similares al glifosato.  

La noticia suscitó una fuerte campaña de  grupos ambientalistas y agroecologistas, que tuvo gran alcance y repercusión en las redes sociales. Bajo el hashtag #ChauHavanna, organizaciones y activistas independientes denunciaron los riesgos que implica la introducción de la semilla IND-ØØ412-7 y sus productos y derivados, no solo en la dieta de los argentinos, sino también en el medio ambiente. 

Los impulsores de la campaña llamaron a los consumidores a dejar de comprar los famosos alfajores "hasta que cambien de idea", y advirtieron que no quieren trigo transgénico ni en ese ni en ningún otro alimento de la mesa de los argentinos

Fuente de divisas

Si bien el trigo transgénico ya fue aprobado por el Ministerio de Agricultura Pesca y Ganadería mediante la resolución 41/2020, con aval del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), su cultivo masivo ha quedado supeditado a que Brasil lo autorice también. La razón es simple: más del 35 % de las exportaciones del trigo producido en Argentina, líder mundial en este rubro, son destinadas al gigante sudamericano. 

Las negociaciones entre ambos Gobiernos están avanzadas, aunque la definición se dará en una reunión clave a realizarse en junio próximo, en el Comité Técnico Nacional de Bioseguridad de Brasil (CNT-Bio). No obstante, la Asociación Brasileña de la Industria del Trigo (Abitrigo) ya expresó su oposición al ingreso de este polémico cereal atravesado por la biotecnología. Entre los argumentos, manifestaron que su introducción implicará "importantes costos de control al proceso de importación, lo que tendrá consecuencias en los precios al consumidor", y señalaron que además no hay demanda en el mercado local.

En Argentina se produce la soja y el maíz transgénicos desde mediados de los años 90, con exportaciones récord en los últimos años. Estos commodities, que son fuentes principales de divisas para el país y cotizan en el mercado de granos internacional, son destinados casi exclusivamente para consumo animal. En el caso del trigo, de ponerse en práctica iría directamente a los alimentos para consumo humano cotidiano, como pastas, galletas y panificados.

Se calcula que cada argentino está consumiendo en promedio 90 kilos de trigo, en todas sus formas, anualmente. Es uno de los países que más trigo ingiere en América Latina y el Caribe, y buena parte de la identidad rural de las Pampas está representada por este cereal, tanto como el ganado bovino. 

Las semillas HB4 de trigo –y también de soja– resistentes a la sequía, fueron desarrolladas por un equipo de investigadores encabezados por la bióloga argentina Raquel Chan, en una alianza público privada entre el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y la firma Bioceres. La doctora Chan fue contactada por este medio, pero no respondió. En una entrevista con el sitio de noticias de Agrofy, una empresa que vende maquinaria agrícola y seguros para productores, sostuvo sobre su trabajo: "A nivel científico es una maravilla, es sólido y los resultados fueron espectaculares en el campo". 

Según reza el comunicado de Bioceres, "el nuevo acuerdo dará a los clientes de Havanna en Brasil y Argentina la opción de elegir productos alimenticios con una huella de carbono significativamente reducida y otras externalidades ambientales positivas que ayuden a combatir el cambio climático y preservar los ecosistemas nativos". 

¿Alfajores envenenados?

Alicia Massarini es colega de Chan y también se desempeña en el Conicet, pero su opinión sobre los transgénicos es diametralmente opuesta. Señala que el glufosinato de amonio es 15 veces más tóxico que el glifosato. Y asume este convenio como "tramposo", con el objetivo de endulzar la imagen de un producto que considera muy peligroso para la salud y el medio ambiente. 

"El acuerdo, que por supuesto no es público ni transparente, tiene el propósito de generar un impacto en la opinión pública acerca de las bondades de este trigo que se pretende instalar como ambientalmente amigable. Justamente el producto en cuestión tiene muchas connotaciones emocionales, históricas para muchas personas de este país", apunta la investigadora, quien en octubre último firmó una carta junto a otros 1.400 científicos en contra de la resolución de Agricultura.

Sin embargo, al menos en las redes sociales, la estrategia de marketing parece haber conseguido un efecto contrario, y esto tiene que ver, a criterio de Massarini, con "una concientización creciente en la población" sobre el hecho de que "estamos consumiendo alimentos que están contaminados con diversos venenos", y que esto no solo es inaceptable sino que requiere de un cambio urgente y radical del modelo productivo.

"El saber que el producto va a estar atravesado por este tipo de tecnologías, que mucha gente comprende que son riesgosas, es algo que despierta una reacción que celebramos y aplaudimos. Es un termómetro que indica que la gente no quiere que en sus alimentos haya más veneno aún del que ya hay", sostiene Massarini.

Para la especialista, los argumentos en los que se apoyan los desarrolladores del trigo HB4 son engañosos: "Ellos publicitan estas tecnologías como ambientalmente amigables porque requieren menos combustible, menos mano de obra y menos riego, en la medida que es un tipo de trigo resistente a la sequía. Entonces, todo este gasto energético 'reducido', lo que haría es disminuir la cantidad de dióxido de carbono que se libera al ambiente, lo cual está relacionado con el cambio climático", explica la especialista. 

Y advierte: "Es una argumento falaz. Cuando estamos hablando de salud y de ambiente no podemos dejar de pensar en muchos otros factores, como el envenenamiento del agua, del aire, del suelo, la destrucción de la biodiversidad, que es lo que nos lleva a esta crisis ambiental tan grave, y la reducción también de los alimentos que podemos consumir". 

Según Massarini no hace falta especular hacia el futuro sobre lo que podría ocurrir con el avance de estas semillas. Alcanza con evaluar lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en los territorios latinoamericanos: "Hay abundante evidencia científica y testimonios de pueblos fumigados que dan cuenta de todos los daños que han sufrido en los 25 años de este modelo, pero no se les ha prestado atención", sostiene.

"Con el extractivismo no hay grieta"

Como casi todo en Argentina, la campaña 'Chau Havanna' se vio atravesada por la grieta política que separa a kirchneristas de antikirchneristas, siendo algunos de estos últimos quienes adjudicaron la cruzada en las redes a sus rivales ideológicos. Lo cierto es que fue el actual gobierno el que habilitó la semilla de trigo transgénico, y el exsecretario de Agricultura Felipe Solá, actual canciller, quien autorizó durante el Gobierno de Carlos Menem, en 1996, la producción y comercialización de la soja modificada mediante técnicas de ingeniería genética.   

"En relación a los extractivismos, entendemos que no hay diferencias político partidarias", dice Rafael Colombo, miembro de la Asociación Argentina de Abogados y Abogadas Ambientalistas (AAdeAA), una de las organizaciones que impulsó la campaña #ChauHavanna.

Colombo remarca la importancia de difundir información producida por una ciencia "que no esté atravesada por conflictos de intereses, para comenzar a debatir a qué modelo agroalimentario estamos apostando".

"Debemos promover un modelo más amigable con el ambiente, que sea respetuoso con la salud de las personas, basado en los principios de la soberanía alimentaria entendida como el derecho a decidir qué queremos comer, cómo queremos producir, y al mismo tiempo abrir el debate sobre una justa distribución de la tierra", apuntó. 

Publicado: 20 may 2021

Publicado enMedio Ambiente