Lunes, 20 Septiembre 2021 05:34

Violencias

anderas blancas en el National Mall, cerca del Monumento a Washington. El proyecto de la artista Suzanne Brennan Firstenberg requirió más de 600 mil banderas blancas en miniatura para simbolizar las vidas perdidas por el Covid- 19 en Estados Unidos, donde las vacunas están disponibles para todos de manera gratuita.Foto Afp

Hay más de 670 mil banderitas blancas plantadas alrededor del Monumento de Washington marcando el número de muertes por Covid en Estados Unidos, un total que se incrementa por un promedio de otros mil 900 diarios. El total es ya el equivalente a todos los estadunidenses que murieron en las guerras mayores entre 1900 hasta hoy día.

Una de cada 500 personas en Estados Unidos ya han fallecido por la pandemia, la gran mayoría de manera innecesaria. Se reporta ahora que hospitales en varias regiones del país –en particular donde gobiernan políticos de derecha con poblaciones que favorecen a Trump– ya no tienen cupo con sus unidades de terapia intensiva al cien por ciento por la ola de nuevos contagios severos por gente que ha rehusado ser vacunada. Con ello están rechazando a otros casos severos, desde cáncer a operaciones urgentes y más, causando aún más muertes. Todo esto en un país donde está disponible, gratis y para quien la quiera, la vacuna. O sea, la emergencia de salud pública es por decisión política y desinformación activa, y no por el virus.

Asombra que la derecha –desde senadores y diputados federales a gobernadores y legisladores estatales– ha determinado que la muerte de aquellos que representan es un precio aceptable para ganar sus batallas de poder político. Han promovido la idea de que rechazar las vacunas y otras medidas para mitigar la pandemia incluyendo el uso obligado de cubrebocas y la distancia sana en lugares públicos, son intentos de los demócratas para imponer "controles" sobre la población y declaran que esta disputa es nada menos que la gran y gloriosa defensa de "la libertad". No falta los que afirman que estas medidas sanitarias, junto con intentos de ofrecer apoyos para los afectados por las consecuencias económicas de la pandemia, son parte de un complot "socialista".

Esta violencia política derechista que tiene un saldo de 2 mil vidas cada 24 horas ha sido nutrida e intensificada estos últimos años por Trump y sus cómplices republicanos dentro y ahora fuera de la Casa Blanca a nivel federal, como en diversos estados, con el propósito explícito de intentar frenar y hacer fracasar las principales iniciativas de demócratas y fuerzas progresistas es, en torno al Covid, una misión suicida (o por lo menos homicida).

Esa violencia se manifiesta de manera explícita con políticos armados y declarando guerra contra otros estadunidenses. La diputada federal ultraderechista Marge Green dice en un video publicitario que se dedicara hacer estallar la "agenda socialista" demócrata y se graba apuntado un rifle calibre .50 para disparar contra un coche que tiene pintado la palabra "socialismo", el cual explota (https://twitter.com/i/status/1439225130811539457). El gobernador de Georgia, Brian Kemp, en un video para su relección, se muestra armado, hace estallar un explosivo representando la agenda demócrata detrás de él, y amenaza que él personalmente acorralará con su camioneta y armas a “ ilegales criminales”.

Este tipo de políticos han intercalado los temas del rechazo de regulaciones gubernamentales en base de ciencia, el antiaborto, el derecho incondicional a las armas, la supresión del voto de las minorías y criminalizar a los inmigrantes y no pocos han agregado el veneno del supremacismo blanco, en una amenaza real a la democracia estadunidense; sus aliados más extremistas ya son calificados como la principal "amenaza terrorista" al país.

Y están logrando su objetivo. Una encuesta reciente de CNN revela que casi 80 por ciento de las filas republicanas siguen creyendo en la absoluta mentira de Trump de que perdió la eleccion sólo por fraude. Según ellos, los "enemigos" están invadiendo –tanto estadunidenses como inmigrantes– al país y ante ello llaman a montar una "defensa", incluso armada, de su patria.

La cada vez más extrema derecha en Estados Unidos como en tantos otros países está dispuesta a destruir no sólo el país (para rescatarlo) sino el planeta entero, y por lo tanto, la lucha en su contra ya no es un asunto local o nacional, sino trasnacional.

Childish Gambino. This is America. https://www.youtube.com/watch?v=VYOjWnS4cMY

Rage Against the Machine. Take the Power Back.https://www.youtube.com/watch?v=rMjjsjNBS_4

Publicado enInternacional
Nieves Rico y Laura Pautassi en la marcha por el aborto de junio 2018 en Buenos Aires.

Laura Pautassi y Nieves Rico hablan sobre la agenda de los cuidados en América Latina

Las especialistas remarcan la necesidad de valorizar el trabajo invisible y no pago de las mujeres, que con la pandemia se hizo más visible. Y explican el

 

"No hay nada hay nada peor que referir a un orden dado como 'normal'", dice Laura Pautassi en el libro Feminismos, cuidados e institucionalidad. Homenaje a Nieves Rico. Una frase feminista en un libro feminista que homenajea en vida a Rico por haber sido la gran promotora de la agenda de los cuidados en América Latina. Tanto Pautassi como Rico se preguntan a qué normalidad pospandemia nos quieren hacer volver si está claro que para las mujeres la previa no era un lugar apacible sino uno plagado de violencias, desigualdades y discriminación. Para pensar la pandemia y una salida que incluya a todes, las expertas hablan de un concepto novedoso, “sindemia”, que permite dar cuenta de la complejidad de la crisis que disparó la covid-19, no solo a nivel sanitario sino económico y social.

El libro Feminismos, cuidados e institucionalidad. Homenaje a Nieves Rico se acaba de publicar por Fundación Medife Edita. Habla de la agenda de los cuidados (el trabajo invisible que en general hacen las mujeres en las casas, limpiando, cocinando, cuidando niños y ancianos, etc; y también el trabajo rentado dedicado a cuidar a otros), una agenda que el feminismo traía hace años pero con la pandemia se puso en evidencia. Rico es antropóloga y doctora en Sociología y fue una promotora central de la agenda de los cuidados, tanto desde su lugar en la División de Asuntos de Género como de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), aportando a la promoción de los sistemas nacionales de cuidados en Uruguay y en Costa Rica y promoviendo los procesos en otros países de la región. Pautassi también es una referente en el impulso de los cuidados como un derecho humano. Es doctora en Sociología y Derecho Social e investigadora principal del Conicet e Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales A. Gioja. Fue consultora de organismos de Naciones Unidas donde trabajó cerca de Rico.

--Se ha dicho mucho sobre cómo la pandemia puso este tema en agenda. En esta vuelta a cierta normalidad, ¿se han logrado algún tipo de cambio o repetimos los mismos errores?

LP: --La pandemia mostró en una primera mirada que no se sabía lo que pasaba en el hogar con el enfoque de género. E inclusive visibilizándose, porque nadie puede decir a esta altura que no sabe lo que pasa adentro del hogar, no se avanzó en ninguna distribución sino al contrario. Entonces, la verdad que estamos peor, porque la concentración en un mismo espacio físico de trabajo productivo y reproductivo, o el trabajo remunerado y no remunerado, tensionó todavía más a los hogares, de hecho ocurrió un crecimiento de la violencia y sus múltiples manifestaciones. Sobre todo hay que destacar también que la pandemia generó muchísima violencia contra les niñes y adolescentes, ahí se ve un factor muy fuerte, sumado a las afectaciones que también hubo de la salud mental. Pero creo que lejos estamos de haberlo distribuido, ni hablo de la redistribución, y esto que es algo que venimos diciendo hace siglos, el problema es la desigualdad estructural. ¿Entonces de qué normalidad venimos hablando?

Ahora, si hay un aspecto interesante es que se habló de cuidados o sea, la estrategia comunicativa de cuidados fue muy interesante, probablemente no fuimos las feministas las que diseñamos las campañas pero hubo un tema muy interesante ahí de instalar el “cuidate”. Okey, ¿cómo se va a cuidar esa persona, qué herramientas hay para eso? Eso fue quizás lo que faltó.

--Ustedes hablan de sindemia, ¿qué implica este concepto?

NR: --Es muy importante entender que la pandemia se instala en América Latina en un escenario de desigualdades estructurales, entonces cuando empieza la pandemia, la expansión de este virus, pero sobre todo cuando empiezan las medidas que adoptan los distintos gobiernos, el distanciamiento, la cuarentena, los cierres de frontera, el lavarse las manos o comprar alcohol gel, mascarilla, junto con el “cuidate” y el “quedarse en casa” como consigna para superar esta situación, empezamos a ver que no le podíamos echar toda la culpa al virus de lo que estaba pasando con las mujeres, al interior de los hogares, con las trabajadoras domésticas que estaban perdiendo sus empleos y que no tenían apoyo estatal. Ahí tomamos un concepto que viene de la antropología médica y de la epidemiología crítica, que es un concepto muy nuevo, sindemia. Es un concepto que nos permite analizar la confluencia o la sinergia de riesgos y de amenazas, que producen que las personas y los individuos, en particular las mujeres, se vean afectados con una mayor vulnerabilidad, una mayor posibilidad de enfermarse, o una mayor posibilidad de que las restricciones asociadas a las medidas afecten su autonomía y sus derechos. Entonces traemos este concepto a las ciencias sociales, en particular para poder entender de mejor manera las consecuencias que las medidas políticas, sumadas a la crisis sanitaria, están teniendo sobre la población. Entonces nos permite comprender mejor qué les pasa a las mujeres que están en hogares en situación de pobreza. Por ejemplo, sabemos que América Latina es la región del mundo donde hay mayor mortalidad producto de la pandemia, asociada no al virus mismo sino a la sumatoria de otros riesgos y amenazas. Pero hay algo que también nos lleva a decir que no queremos una nueva normalidad, en la medida en que la normalidad era parte del problema; el pensar que vamos a volver a como estábamos antes, en particular para la problemática de cómo está organizado y distribuido el cuidado, para las mujeres no es una buena noticia. Porque como estábamos era parte de nuestro problema. Entonces también conceptualizar desde la sindemia nos permite entender mucho mejor los fenómenos, ver todas las variables que están actuando, darle una mirada interseccional o de cruce de clase, de pertenencia étnica, y al mismo tiempo ojalá nos permita hacer propuestas feministas y transformadoras para la pospandemia.

--¿Pueden adelantar algunas de esas propuestas?

LP: --Hay algunas propuestas bien interesantes que están elaborando los países, con algún apoyo en mayor o menor medida en otros casos, y también tenemos riesgos muy fuertes en el escenario pospandemia. Creo que el mayor riesgo lo tiene Uruguay en estos momentos, precisamente porque el cambio de gestión puso en tensión al sistema nacional de cuidados. O países como Brasil, con todo lo que está sucediendo, en donde ese avance se mezcla con los fundamentalismos religiosos que disputan políticas públicas, o el caso de México en donde se habla de rematernalizar los cuidados en las mujeres. Entonces tenemos esa situación, en el campo de los derechos humanos hablamos de la regresión, y esa regresividad en las políticas está prohibida.

Después tenemos otros escenarios que son mejores. En el caso de Argentina el cuidado entró directamente en la agenda, había algunas medidas antes y sobre todo la conformación con esta gestión del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad que puso el tema en agenda. También el Ministerio de Economía, por ejemplo, avanzó en que tenemos cálculos del aporte del trabajo no remunerado en el PBI, y esos cálculos en el aporte también muestran el escenario pandémico, cosa que es muy importante, porque nosotras veníamos diciendo que esa es la economía no monetaria, que en medio de la crisis traccionó la economía monetaria que estaba paralizada. Entonces por eso cuestionábamos tanto esos discursos de economía versus salud. Los derechos son interdependientes, no podemos poner esos dos derechos confrontados. Entonces de esa mano también se desplegó un proceso interesante en la Argentina, que es además de ponerlo en una agenda, empezar a debatirlo con parlamentos de cuidados, con producción de información que antes no teníamos, el compromiso de hacer una encuesta del uso del tiempo, el compromiso de que en el censo de población que se va a hacer en el próximo año esto exista, la instalación también de una Dirección nacional de cuidados, que eso es muy importante dentro de la institucionalidad, y también se convocó a una comisión de expertes para la creación de un proyecto de ley para un sistema nacional de cuidados que está en proceso, un proceso quizás de largo plazo. Hay también una mesa interinstitucional de cuidados previa a la pandemia, que no es una mesa de crisis y eso es algo que quiero destacar, me parece que una experiencia virtuosa es no ponerlo como crisis, sino como un momento en las crisis, y por eso el concepto de sindemia: es donde más se necesitan fortalecer proyectos y apuestas políticas.

Bogotá tiene un sistema distrital de cuidados que fortaleció fuertemente, en Chile está ahora en el debate constituyente y el derecho al cuidado es altamente factible que sea reconocido como un derecho. Entonces creo que ha habido, como siempre, luces y sombras, pero creo que estamos más en un camino de luces, por lo menos de instalar muy fuertemente a nivel social el tema.

--Más al nivel de las normas, ¿no?

LP: --No solo de las normas, el punto es ese, empezar con que las mujeres rompan con esa idea de la naturalización del cuidado, ahí me parece que hay un núcleo que tenemos que desandar fuertemente, que los varones empiecen a ejercer su responsabilidades y sus obligaciones en torno al cuidado. Una preocupación que compartimos con Nieves en este escenario sindémico de la crisis de los cuidados es que en la pospandemia ya cayó el empleo y los niveles de pobreza crecieron, y esto siempre afectó más a las mujeres y a los niñes, entonces en ese escenario pospandemia tenemos que fortalecer mucho más, pero también buscando un cambio cultural muy fuerte, cosa que las organizaciones sociales comunitarias en un deber virtuoso de solidaridad y sororidad lo han ejercido, y no hablo de virtuoso como de virtud sino que es un proceso que hay que apuntalar con políticas públicas.

--En su artículo usa una palabra interesante: la “elasticidad infinita” del trabajo de las mujeres...

LP: --Hace muchos años que venimos insistiendo con eso, hay una burocracia asistencial y un conjunto de políticas asentadas sobre ese concepto, en el cual las mujeres siempre van a bancar todo. Este es un punto muy fuerte para trabajar y en el cual la pandemia nos demostró que hay que terminar con las condicionalidades. Las familias sin tener conectividad hicieron lo imposible en los sectores vulnerables para garantizar que los chicos no salieran del sistema educativo. Lamentablemente se han salido del sistema educativo porque no se pudo garantizar, pero los hogares lo intentaron, ¿entonces qué me vienen a hablar de la condicionalidad? Como si para los sectores en condiciones de vulnerabilidad la educación no fuera un bien tan alto como para los sectores medios educados. Entonces ahí me parece que este es un momento para instalar también que esto tiene que salir de la agenda de las burocracias de las políticas sociales.

NR: --En este período ha quedado más claro que nunca la importancia de la economía no monetaria y es más, si la economía monetaria a partir de la pérdida del empleo, de la baja de la productividad y demás, ha decaído, evidentemente la economía no monetaria ha subido, y en el caso de Argentina el estudio que hizo el Ministerio de Economía lo muestra claramente: el aporte en relación al PIB del trabajo doméstico no remunerado y de cuidado ha aumentado en este período. Entonces creo que si una mayor conciencia de la importancia de la economía no monetaria también llevaría a pensar en presupuestos públicos y priorización de políticas públicas dirigidos a reconocer y valorizar esa economía no monetaria; eso es un ámbito en el que hay que trabajar.

--Ejemplo de eso podría ser la medida de sumar un año por cada hijo a las mujeres que se jubilan y no llegan a cumplir los años de aportes ¿no?

NR: --Claro, ahora esa es una experiencia que existe en Chile hace unos siete años, existe en Costa Rica y en varios países de la región, en donde hay un reconocimiento para la jubilación de las mujeres de hijos vivos. También lo hay en algunos países en el caso de disolución del matrimonio, si la mujer no tuvo ingresos a partir del mercado laboral también hay un reconocimiento dentro de la distribución de los bienes. Pienso en que hay medidas que se tomaron en este tiempo que podrían prolongarse, que no sean solamente medidas de contención, y que nos hacen mirar las cosas de otra manera. Un ejemplo es la ley de teletrabajo en el caso de Argentina, donde estipula el derecho a la desconexión que es algo sumamente importante y el derecho al cuidado de aquellas personas que estuvieran haciendo teletrabajo. Son cosas que antes, aunque hubiese trabajo a distancia, no estaban contempladas, ni en Argentina ni en otros países había normativas o derechos laborales al respecto. Que se haya por ejemplo adoptado ahora en este momento es interesante no solamente para este momento sino la concepción transformadora de que el trabajador y la trabajadora tienen hijos y no son huérfanos.

--Con las licencias pasa algo parecido. Están pensadas para el momento del nacimiento de hijos e hijas, y después es como si esas personas no existieran más...

NR: --Sí, aparte el tipo demográfico aumentó la esperanza de vida y demás, es muy normal hoy que un trabajador o trabajadora de 40 o 50 años tenga sus progenitores vivos a los cuales tenga que cuidar, podríamos decir. También creo que la pandemia cuando se instala en otras desigualdades estructurales dejó en claro lo difícil de nuestros sistemas de salud, y no solamente en los aspectos de gestión sino también en lo que implica el empleo en el sector de salud, que es un empleo feminizado en donde los ingresos y salarios que tienen las trabajadoras en enfermería y limpieza son bajos cuando uno los compara con otros sectores instalados. Creo que la gran propuesta, y que no es nueva, nos lleva a pensar en políticas universales claramente, superar un poco la demanda focalizada y apuntar hacia políticas universales que puedan garantizar desde el Estado el ejercicio del derecho al cuidado, en este caso.

--¿Alguna otra propuesta?

NR: --La Confederación de sindicatos de trabajadoras domésticas asalariadas de América Latina puso ahora el lema “cuida a quienes te cuidan”, creo que también tenemos una deuda enorme con la formalización y los derechos y mejores remuneraciones, con las trabajadoras domésticas asalariadas, que están aumentando además en la región. Durante mucho tiempo había descendido y ahora es el gran nicho donde se insertan las mujeres, sobre todo las mujeres de menores recursos, con menores niveles de instrucción, etcétera. Ahí tenemos una deuda, como tenemos una deuda con las mujeres de los sistemas de salud, y una deuda al interior de los hogares, que creo que el tema es que no hay que pensar que las soluciones son arreglos particulares, no es que Pepito arregla con Juanita y Juanita negocia, sino que esto es como sociedad, buscar nuevos pactos, alianzas, y un nuevo pacto sexual en donde la vieja división sexual del trabajo esté puesta en entredicho.

novedoso concepto de la "sindemia".

20 de septiembre de 2021

Publicado enSociedad
La ciudad del sol de Campanella.

Hoy sentimos el tiempo como un presente perpetuo y amenazante que lo devora todo. Luchar contra la crisis ecológica supone volver a poner el tiempo en marcha, reconciliar la esperanza del futuro con la rabia del pasado. Lanzarnos hacia delante pero escuchar a los muertos.

 

No sé cómo lo hicimos. En estos cien años me he hecho esta pregunta miles de veces pero no tengo respuesta. Nunca la he tenido. Durante un tiempo me dediqué a repasar los hechos en orden cronológico, una y otra vez. Creía que podría dar con el momento exacto en el que todo saltó por lo aires, que si lo pensaba detenidamente podría dar con la palabra, el gesto, la decisión que nos llevó a la victoria. Pero con el tiempo ese recuento obsesivo de los hechos me ha ido pareciendo cada vez más estúpido. Los hechos concretos no importan demasiado. No, espera, borra eso. Los hechos importan, pero no contienen ninguna verdad. Mejor así. Lo que quiero decir es que si no hubiésemos hecho lo que hicimos no lo habríamos conseguido, pero eso no explica nada. Podríamos volver a hacerlo todo paso a paso y fracasar.

Imagino que esto no es lo que quieres oír. Me llamas desde el otro lado del tiempo, consigues encontrarme entre miles de voces, de lamentos y de maldiciones perdidas en los pliegues de los relojes y lo único que te puedo decir es que no tengo respuestas. Menuda desgracia, ¿eh? Buscabas al héroe de la revolución de octubre y encuentras a un viejo con el cerebro deshecho diciendo estupideces. Mira, si quieres escuchar, te diré algo. Hay cientos de miles de análisis sobre lo que pasó. Algunos son brillantes, otros estúpidos, muchos ridículos. Pero hay tantos que ahora incluso sus detractores piensan que lo que ocurrió fue inevitable. Eso sucede con las revoluciones: al principio parecen imposibles y al final inevitables. No voy a hacer otro recuento, pero si estás dispuesta a escuchar te diré un par de cosas que llevo pensando todos estos años.

Una es que la fe es tan importante como los hechos. Una revolución es un salto de fe. Esto suena poco marxista, pero solo si eres idiota y crees que el marxismo es un caballo con las patas trabadas o un alfiler oxidado. Marx ya habló de sentimientos y de creencias, qué son si no la alienación o la falsa conciencia. Lo que quiero decir es que si quieres cambiar las cosas, tienes que creer que es posible cambiarlas y tienes que hacer que la gente lo crea. El poder parece intocable solo hasta que te acercas lo suficiente para verle las grietas. La corona francesa parecía eterna hasta que la cabeza de Luis XVI rodó por el patíbulo. Pero para que esa cabeza ruede no solo necesitas afilar la guillotina: necesitas creer que es posible ir en ese mismo momento a Versalles, sacar al rey a bofetadas del sueño y a rastras de la cama, de la habitación, del palacio; arrastrarle hasta París y colocarle el cuello en el lugar exacto, en el sitio preciso donde va a caer la cuchilla, ni un centímetro más allá o más acá.

Ellos intentan que creas que ningún pordiosero puede tocarles, que ningún desgraciado va a entrar en su palacio a estrellar su vajilla contra el suelo taza a taza. Su poder se basa en esa creencia, pero siempre hay grietas. Esto es lo más importante de todo: siempre hay grietas. Las grietas no bastan por sí solas, claro, pero tienes que creer que están ahí, porque siempre están. Y cuando lleguéis allí, frente a las grietas, se os van a venir a la cabeza cientos de argumentos para no aprovecharlas, para no meter en ella la cuchara, la pala, y hacer de ellas un pozo, un agujero que se lo trague todo. Y tendréis razón, habrá cientos de razones para no cambiar las cosas y miles para pensar que ese cambio va a fracasar. Pero es que una revolución no es un cálculo racional. Si intentas calcular racionalmente el momento exacto, el lugar preciso, nunca te van a salir las cuentas. Una revolución no es el cuaderno de un contable. Ya te lo he dicho: una revolución es un acto de fe. Pero no la fe podrida de los clérigos, sino la fe luminosa de los niños o la fe ardiente de los amantes. Me he vuelto un viejo cursi, pero escucha: creed contra todo pronóstico, contra todo cálculo, contra todo argumento. Lanzaos a esa fe como el que se tira a un mar que no conoce en un día de niebla. Eso no garantiza nada, no hará que vuestra revolución triunfe, pero lo que es seguro es que sin ella fracasará.

Nosotros lo sabemos bien porque lo tuvimos todo en contra. Una guerra dentro y otra fuera, un país hecho pedazos y asediado, un pueblo que solo había conocido las patadas del amo, enfermo, ciego, febril por la falta de alimentos. No había nada que salvar, nada que sirviese, hubo que destrozar a hachazos hasta los pianos. Nos equivocamos en muchas cosas, acertamos en muchas otras. Fuimos implacables y crueles con quien lo mereció, compasivos y sensibles con los demás. Hicimos cosas que nunca pensábamos que íbamos a hacer, dijimos cosas que nunca pensábamos que íbamos a decir. Todo eso lo tendréis que hacer también vosotros. Habrá pocas cosas que salvar, mucho que reconstruir. Tendréis que arrancar al capitalismo de dentro de la misma tierra porque ahí es donde tiene sus garras, en los fósiles de animales muertos hace millones de años. Tendréis que sacarlo de dentro de vosotros mismos porque ahí también tiene sus garras. Tendréis que hacerlo todo de nuevo: el trabajo, el ocio, la vivienda, el transporte, la comida, el amor, los afectos, los deseos. Tendréis que partir el tiempo en dos y poner a los muertos de vuestro lado.

Eso es lo otro que quería decirte. Las revoluciones no las hacen solo los vivos: los muertos también toman parte. Al fin y al cabo, qué es el comunismo sino un espectro. Qué es el socialismo sino una mano helada bajo la cama del burgués, esperando para agarrarle los tobillos mientras está desprevenido en el sueño. Qué es una revolución sino una sombra que duerme bajo el suelo esperando a que algo la despierte, cualquier cosa, una piedra rompiendo un cristal, un gesto de rabia, un deseo de venganza heredado de alguien a quien no conoces.

No se puede ganar sin tener a los muertos de tu lado, eso he descubierto en estos cien años. La revolución debe permitir que te apropies del futuro que han intentado robarte, pero también del pasado. Vivís en una época que ha querido estar más allá del tiempo y ha acabado siendo un eterno presente, un sumidero que devora el pasado y el futuro. ¿No lo ves? Está todo lleno de muertos y ninguno tiene descanso porque hay un mismo daño que no deja de producirse. Qué es un fantasma sino un trauma que regresa una y otra vez, una herida que no deja de sangrar.

Hacer una revolución es también darle descanso a los fantasmas, reconciliar al fin la vida y la muerte, tender un hilo entre el pasado y el futuro. Cuál es vuestra tarea sino la restitución del daño, la sutura de la herida. Esa es vuestra labor: sanar la fractura, apagar las llamas, quitarle la traba de las patas al caballo. No sé cómo lo haréis, pero lo que sí sé es que es posible. Tendréis miedo, desesperación, tristeza, desconfianza, rabia, pero es posible. Y cuando os deis cuenta de ello también habrá esperanza, alegría, euforia. Y entonces solo quedará saltar

19 sep 2021 04:47

Publicado enMedio Ambiente
Saltar las barreras corporativas para transformar los sistemas alimentarios

La pandemia expuso las debilidades del actual sistema alimentario, que la Cumbre convocada por la ONU promete profundizar junto con las empresas. Especialistas y activistas de la agroecología y la soberanía alimentaria desarman la situación actual y muestran las estrategias que ya están en marcha desde abajo para modificar el modelo en la postpandemia.

En su último informe sobre la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, Naciones Unidas (ONU) reconoció que durante la pandemia 811 millones de personas no accedieron a alimentos suficientes y dio por hecho que el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2030 sobre “Hambre Cero” quedará incumplido. A pesar de este reconocimiento, el 23 de septiembre, el organismo internacional promoverá una Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios con la que promete avanzar en aquellos objetivos profundizando el actual sistema alimentario, atado a las políticas corporativas de la “Revolución Verde” promocionada desde los años 60. El libro Barreras de choque para los sistemas alimentarios y agrícolas en el post Covid-19, ofrece una mirada global sobre las presiones de esa política corporativa alrededor del mundo y las estrategias surgidas desde el campesinado y los movimientos de la sociedad civil para enfrentar la pandemia del hambre. Una voz que no será escuchada en la Cumbre. 

“Necesitamos que se apoye el movimiento sin tierra para que se puedan producir alimentos y comidas saludables. Necesitamos este cambio, cambiar la matriz de producción”, sostuvo Matheus Gringo de Assunção —economista, militante del Movimiento Sin Tierra (MST) e investigador del Instituto Tricontinental de Investigaciones Sociales— durante la presentación del libro en el ciclo de charlas  “Nuestra comida, nuestra historia: recuperando las narrativas de los sistemas alimentarios”, organizadas por la Fundación Rosa Luxemburgo para respaldar a las organizaciones campesina, indígenas y movimientos sociales que ya se pronunciaron (contra la Cumbre de la ONU) bajo el lema “Sistema Alimentarios para los Pueblos”.  

“Si lo que se plantea en la Cumbre va en contra de los derechos de las personas: no será justo. No va a parar el hambre y no va a respaldarnos como sociedad”, sentenció Qiana Mickie, fundadora y activista en organizaciones de economía solidaria en Nueva York, Estados Unidos, e integrante del Mecanismo de la Sociedad Civil y Pueblos Indígenas (MSC) ante el Comité de Naciones Unidas sobre la Seguridad Alimentaria Mundial (CSA), una de las principales plataformas desde donde se denuncia lo que ocurrirá en la Cumbre de fin de mes. “No se trata tanto de lo que hablen en la Cumbre si no lo que realmente hace falta. Si los recursos de los Estados siguen yendo a las transnacionales y los privados solo veremos efectos devastadores para el ambiente, la salud y la marginalización de nuestra sociedad”, completó. 

El libro Barreras de choque para los sistemas alimentarios y agrícolas en el post Covid-19, editado por la Fundación Rosa Luxemburgo, utiliza la pandemia como catalizador de la crisis de los sistemas alimentarios al señalar cómo puso “al desnudo la fragilidad y las profundas contradicciones del modelo dominante de agricultura y alimentación” —las violaciones del derecho a la alimentación, los niveles de concentración en los sistemas alimentarios, la fijación de precios injustos de los alimentos, las políticas alimentarias incoherentes—. Temas que no aparecerán con la voces de los territorios en la Cumbre convocada por la ONU en alianza con el Foro Económico Mundial y las empresas tecnológicas

Pero la publicación no se queda en la denuncia sino que reconoce cómo la pandemia potenció las respuestas en defensa de la soberanía alimentaria: “También ha creado el ímpetu para solidaridad entre diferentes clases de personas en todo el Sur y el Norte global”, se destaca en el libro sobre las experiencias de los movimientos sociales y las organizaciones campesinas que sirven como guía hacia otros sistemas alimentarios. 

Asegurar el derecho a la alimentación, cuenta pendiente del actual sistema alimentario 

El libro está dividido en tres grandes ejes —“El empuje hacia una opresión. Futuro sombrío y respuestas desde abajo”; “Las políticas deben estar al servicio de las personas: la lucha por los derechos a la tierra y la alimentación” y “Respuestas desde abajo: reimaginando redes entre lo urbano y lo rural”— que permiten hacer un repaso de lo global a lo local sobre las luchas campesinas, indígenas y de la sociedad civil por otro sistema alimentario frente a una política global corporizada, que la Cumbre de los Sistemas Alimentarios propone profundizar.

Las miradas críticas y propositivas de los artículos del libro provienen de los trabajadores de la tierra, de especialistas en agroecología, de movimientos de la sociedad civil de Asia (India, Filipinas y Camboya) y de América (Argentina, Brasil y Estados Unidos).  “Muchos de los actuales sistemas alimentarios y agrícolas del mundo necesitan ser transformados en favor de las personas, el medio ambiente y el clima”, afirmó Patricia Lizarraga, coordinadora de proyectos de Rosa Luxemburgo en Buenos Aires, en la apertura del webinario virtual. 

“El Covid-19 puso de manifiesto, además, que la distribución y comercialización de alimentos está muy concentrada y es poco equitativa”, sentenció Lizarraga, quien también es autora de uno de los capítulo del libro “Solidaridad de clase en la lucha contra el hambre”, junto a Matheus Gringo de Assunção. 

En ese capítulo repasan lo que en las conclusiones señalan como “los increíbles ejemplos de solidaridad en la brecha urbana y rural que aseguraron el acceso a los alimentos nutritivos para millones de personas” durante la pandemia de coronavirus. Las experiencias relatadas en ese capítulo son las de “Periferia Viva” —una red solidaria creada entre movimientos sociales de Brasil para garantizar el acceso a alimentos durante la crisis generada por el Covid-19— y la Red de Comedores para una Alimentación Soberana, impulsada por la  Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y que unió a 200 organizaciones populares para abastecer de alimentos agroecológicos a los comedores populares. 

“La pandemia fue un problema extra a la crisis económica, social y medioambiental que se incrementó en los últimos años. Las medidas de cuidado que se pusieron en práctica eran necesarias para proteger la salud, pero profundizó la crisis en América Latina. En Argentina y Brasil los números son similares, el 40 por ciento vive en pobreza o extrema pobreza”, analizó Gringo de Assunção sobre la urgente crisis alimentaria. 

El militante del MST indicó que en Brasil las redes solidarias fueron imprescindibles frente al desmantelamiento de los programas de alimentación por parte del presidente Jair Bolsonaro, a diferencia de la Argentina donde se relanzaron políticas de asistencia alimentaria, pero marcó otro problema que afecta a ambos países: “La industria agroalimentaria está en manos de las multinacionales y eso convierte a los alimentos en objeto de los inversores y tiene un efecto en los precios”. 

La otra experiencia relatada en el libro muestra cómo la pandemia de Covid-19 amenazó la seguridad alimentaria también en Nueva York, en el corazón financiero de la potencia económica y agrícola. En los barrios pobres del Bronx, Qiana Mickie —fundadora de QJM Multiprise e integrante de organizaciones de economía solidaria como Farmers Market Coalition, South Bronx Farmers Market— fue parte de las redes tejidas entre los pequeños agricultores y las comunidades relegadas, que formaron largas filas día tras día para recibir una ración de comida en medio de las políticas de encierro, el incremento de los precios de los alimentos y la pérdida de puestos de trabajo. Un espejo de lo ocurrido a nivel mundial. 

“En Harlem vemos cómo las personas mayores y niños en edad escolar están en una situación de inseguridad alimentaria. Entre los niños, alcanza a uno de cada cuatro. El impacto es mayor en ellos, en las personas mayores y en los pueblos indígenas”, describe Mickie y advierte que no es solo un fenómeno urbano ver a filas de personas haciendo colas bajo la lluvia para llevarse un bolsón de alimentos sino que “en las áreas rurales también sucede”. 

“Lo que tenemos que buscar son soluciones de largo plazo, modificar el sistema alimentario, potenciar los sistemas de pequeños agricultores y cooperativas. No es posible superar el hambre con obras de caridad”, sentenció la activista e integrante del comité de coordinación del Mecanismo de la Sociedad Civil y Pueblos Indígenas (MSC) ante el Comité de Naciones Unidas sobre la Seguridad Alimentaria (CSA).     

Políticas públicas a favor de las corporaciones o sistemas alimentarios más justos

Las redes solidarias de pequeños productores con la sociedad civil organizada en las ciudades son la respuesta a un problema de base y de escala global, pero para poder asegurar alimentos sanos para la población los pequeños productores campesinos e indígenas deben tener asegurado el acceso a la tierra o la posesión de sus tierras ancestrales. El libro expone esta problemática global a partir del capítulo  “El papel del Estado en Garantía del Derecho a la Alimentación”, escrito por el especialista indio PS Vijayshankar, experto en agricultura sostenible y cofundador y director de investigación de Samaj Pragati Sahayog (SPS).

Vijayshankar escribe sobre la producción de alimentos en la India en un momento crítico. Las políticas neoliberales del gobierno de Narendra Modi le abren las puertas a las empresas multinacionales para el control de la producción, comercialización y fijación de precios de los alimentos, alejando el rol histórico que mantuvo el Estado indio en la regulación de las compras, almacenamiento y distribución de los alimentos producidos por los pequeños productores. Lo que generó movilizaciones históricas para frenar las políticas a favor de las corporaciones de la industria alimenticias y respaldadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC) para eliminar las subvenciones estatales.   

Durante la pandemia el Estado se ha retirado de muchas actividades y la protección legal de los pequeños productores es cada vez peor. Muchas multinacionales están interviniendo directamente en la producción con el arrendamiento de tierras”, resaltó Vijayshankar sobre el avance corporativa en la India y agregó que también alcanza a la regulación de precios y el sistema de financiamiento: “Las grandes corporaciones están fijando los precios, con objetivos de explotación para los pequeños productores, que poseen pequeñas parcelas y, en muchos casos, deben tomar préstamos de las propias corporaciones para seguir produciendo”. 

El especialista y docente sostiene que el rol del Estado para proteger a los pequeños productores y la producción de alimentos para la sociedad se hizo evidente y confió en que la lucha social continuará: “La seguridad alimentaria se ha conseguido mediante la presión popular y no queremos se dé marcha atrás”.

Vijayshankar resaltó además la importancia de que los pequeños productores avancen hacia formas de cooperativismo para “tener una posición más fuerte de los pequeños agricultores frente al mercado”. “Desde los años 60 se busca imponer una agricultura a gran escala e intensiva —la llamada “Revolución verde”—. Eso es lo que hay que poner en discusión y reformar”, sostuvo el especialista indio y docente universitario.  

El modelo para hacer frente al actual modelo hegemónico impuesto por las corporaciones, la OMC y los Estados es con acceso a la tierra y fomento a la agroecología, plantea Vijayshankar. “La reforma agraria, la tenencia de la tierra es fundamental para cualquier cambio, poder tener los títulos de los agricultores que las tienen de forma ancestral”, asegura y agrega que un modelo que frene la sobreexplotación de los suelos y el agotamiento de las aguas debe estar asociado a la agroecología y a los modelos locales ancestrales. 

Las estrategias, la resistencia, otro modelo alimentario 

El libro Barreras de choque para los sistemas alimentarios y agrícolas en el post Covid-19, permite abrir ventanas al mundo, observar cómo las peleas por otro modelo de producción enfrentan las mismas políticas corporativas, y regresar a la realidad regional. “Las personas que producen los alimentos que terminan en los platos de la población brasileña se ven atacados, perseguidos por los empresarios del agronegocio y por el gobierno de Bolsonaro, que suspendió cualquier proceso que lleve a la reforma agraria. Y legalizó el acaparamiento de tierras”, denunció Gringo de Assunção. 

Brasil sintetiza la crudeza del actual sistema alimentario. El nivel de deforestación del Amazonas avanzó hasta un 40 por ciento de su superficie total para ampliar la frontera de los cultivos de soja que van a alimentar la producción ganadera y la exportación de commodities. Los que sufren el avance de esa frontera agropecuaria de forma inmediata y violenta son las comunidades indígenas y campesinas, pero el impacto de la deforestación del Amazonas genera consecuencias globales, entre ellas, las sequías y bajantes de los ríos, como ocurre en el Río Paraná

En paralelo, Bolsonaro eliminó los programas de alimentación denominados “Hambre cero” —uno de los objetivos propuestos por la ONU y que admitió que incumplirá— que no solo ofrecían asistencia alimentaria si no que eran una política destinada a los pequeños productores a partir de la compra pública para abastecer organismos estatales y hospitales públicas con alimentos agroecológicos. “Desde 2016 esos programas quedaron desfinanciados. Habíamos llegado a cubrir el 30 por ciento de las escuelas del país con alimentos sanos provenientes de la agricultura familiar”, destacó el integrante del MST.   

“Bolsonaro frenó cualquier tipo de reforma agraria y nos llevó a una situación en la que no hay acceso a la tierra, pero tenemos un movimiento de resistencia activo, somos el primer frente contra las políticas neoliberales que propone”, reivindicó Gringo de Assunção y convocó a que los movimientos sociales mantengan una actitud de “solidaridad no pasiva”, o sea, promover acciones que combatan el hambre al mismo tiempo que se le reclama y recuerda al Estado que “no está cumpliendo con su deber de garantizar derechos”. Y aseguró que esas acciones deben comprometer a las comunidades para que “sean los protagonistas en las políticas públicas”. 

Desde Nueva York, allí donde los representantes de los estados miembro de la ONU se reunirán para proponer un supuesto cambio en la Cumbre de los Sistemas Alimentarios, la integrante del MSC y activista por la soberanía alimentaria comparte la necesidad de renovar la forma en las que se definen las políticas públicas: “Necesitamos un enfoque para edificar un sistema resiliente de cara al futuro, que penetre en el sistema alimentario y en el sistema político, ampliando los actores y tomadores de decisiones”. 

En ese sentido, Mickie insistió con que “la financiación del gobierno para el sistema de bienestar no debe ser sólo para la asistencia sino para generar soluciones”. ¿Cómo generamos un control democrático sobre la explotación de los recursos? ¿Cómo generamos alternativas para incluir a las comunidades locales? ¿Cómo mejoramos la logística para conectar a los productores regionales con las ciudades? ¿Cómo redistribuimos la tierra de forma equilibrada? ¿Cómo creamos en lo urbano espacios con prácticas agroecológicas? La activista neoyorkina dejó desafíos flotando. “Tenemos que hablar de modelos que hay que transformar no solo trabajar en la supervivencia sino trabajar en un modelo que genere resiliencia y perdure en el tiempo”, sentenció.  

—¿Se puede esperar alguna línea de acción que surja de la Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU que modifique los problemas de producción, comercialización y acceso a la alimentación sana que describen?— preguntó Tierra Viva a Qiana Mickie   

—En la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios se va a hacer un greenwashing de los conceptos que no funcionan. Lo que necesitamos es movilizarnos, hacer escuchar las voces de las poblaciones, necesitamos menos cooptación de las corporaciones, necesitamos fomentar lo que sabemos que sí funciona y necesitamos el respaldo de las organizaciones y de la sociedad civil. Si lo que se plantea en la Cumbre va en contra de los derechos de las personas no es justo, no va a parar el hambre y no va respaldarnos como sociedad. Tenemos que crear presión sobre la cumbre para que escuchen la voz del pueblo y los retos presentes, necesitamos desarmar el poder. No se trata tanto de lo que hablen en la cumbre si no lo que realmente hace falta y necesitamos, en la práctica, los fondos para que se lleven a la práctica los modelos que sabemos que funcionan. 

—¿Qué soluciones se podría proponer en materia de comercialización y distribución de alimentos a partir de las respuestas que dio la economía solidaria en el marco de la pandemia?

—Se trata de desmantelar el capitalismo dentro del sistema alimentario. Pasar de una política agroglobal a una de nivel local. Apoyar modelos y soluciones que se basen en la solidaridad y de soporte directo a los pequeños productores. Construir políticas públicas para asegurar la seguridad alimentaria, que está relacionado a las comunidades locales y a través de la agricultura regenerativa. Necesitamos un cambio en la relación de poder, porque si los recursos del Estado siguen yendo a  las transnacionales y los privados, solo vemos efectos devastadores para el ambiente, la salud y la marginalización de nuestra sociedad. Hay que apoyar a estos modelos que son viables, aumentar las investigaciones, apoyar a los pequeños productores y hacerlo de manera conjunta. Tenemos los líderes, tenemos las estrategias, necesitamos más solidaridad para quitar poder a los grupos concentrados. Ya sabemos lo que hay que hacer, solo tenemos que insistir y encontrar los recursos.

18 septiembre 2021

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Sábado, 18 Septiembre 2021 05:42

Batallas feministas en Corea del Sur

An San

Un poderoso movimiento feminista conmueve a Corea del Sur, donde las estructuras patriarcales conviven con la modernización. Discutiendo desde las condiciones socioeconómicas hasta los ideales de belleza, las mujeres surcoreanas están promoviendo una transformación. La resistencia de los tradicionalistas no tardó en llegar.

 

Cuando la arquera surcoreana An San ganó en solo dos días dos medallas doradas en las Olimpíadas de Tokio, la respuesta que recibió la joven de 20 años en su patria fue dispar. Algunos hombres se mostraron molestos y dijeron que se le deberían retirar las medallas. ¿Por qué? Porque su cabello corto era una señal de que era una feminista que «odia a los hombres».

Por más extraño y surrealista que pueda sonar, el ataque contra An es un triste recordatorio del hondo arraigo de los estereotipos de género en Corea del Sur, un país con una economía de avanzada, aunque todavía profundamente sexista, y de la enorme presión que se ejerce sobre las mujeres y las niñas para que se vean y actúen de manera «femenina». Es también un episodio más en una guerra cultural que escala entre el número creciente de personas abiertamente feministas y sectores antifeministas que buscan silenciar sus voces.

En lo más bajo de los rankings

Corea del Sur es la décima economía más grande del mundo, un gigante tecnológico que es sede de Samsung, el mayor fabricante mundial de teléfonos inteligentes, y una usina cultural cuyas estrellas del K-pop, como BTS, tienen seguidores en todo el mundo. Sin embargo, pese a todos los avances tecnológicos y económicos, el arraigo del patriarcado y la discriminación de género se han mantenido casi sin cambios.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, Corea del Sur ocupa el puesto 102 en términos de paridad de género. La brecha salarial de género es la más amplia entre las economías avanzadas de los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Se ubica sistemáticamente como el peor país para las mujeres que trabajan en el índice del techo de cristal de la revista The Economist. Las mujeres ocupan 19% de las bancas parlamentarias, casi la misma proporción que en Corea del Norte.

Las mujeres están sometidas a una enorme presión para verse perfectas en todo momento y a toda costa, como lo demuestra la reputación del país como capital mundial de la cirugía plástica. En las concurridas calles de Seúl no es difícil encontrar publicidades de cirugías plásticas que claman: «¡Ser bonita lo es todo!», mientras esqueléticas estrellas en ascenso del K-pop son presentadas como modelos a seguir para las adolescentes y las jóvenes. Las dietas extremas que siguen las estrellas tienen amplia difusión en las redes sociales y son seguidas con avidez por muchas personas.

Los ideales de belleza tradicionales para las mujeres incluyen en Corea del Sur una piel pálida pero luminosa, rostro aniñado, cabello largo y brillante, ojos grandes, una nariz fina y un cuerpo extremadamente delgado (casi 17% de las surcoreanas veinteañeras están por debajo de su peso, en comparación con menos de 5% de sus pares masculinos, de acuerdo con un estudio de 2019). La presión comienza temprano: más de 40% de las estudiantes de nivel primario usan maquillaje en la escuela, y el número trepa a más de 70% entre las de secundaria.  

Liberarse del corsé

Pero las mujeres comenzaron a contraatacar. En los últimos años, un poderoso movimiento feminista conquistó el país, lo que les permitió a muchas mujeres expresarse como nunca antes en contra de la discriminación sexual, el abuso y la cosificación. Desde 2018, las mujeres se han organizado para hacer caer a muchos predadores sexuales, entre ellos un popular candidato a la Presidencia, en uno de los casos más exitosos del #MeToo en Asia. Decenas de miles tomaron las calles durante meses en 2018 para exigir medidas más severas contra lo que se conoce como «pornografía con cámaras espía»: la filmación de las mujeres con cámaras ocultas en sitios diversos, desde baños públicos hasta lugares de trabajo, y la difusión de las imágenes en internet. Llevaron adelante una campaña exitosa para acabar con la prohibición del aborto. El movimiento «Escapemos del corsé» fue parte de ese despertar, nacido para desafiar la presión de seguir rígidos ideales de belleza. Las mujeres y las niñas que se unieron a esa campaña se cortaron el cabello, destruyeron su maquillaje, se rehusaron a vestir ropa ajustada, incómoda o que deja mucha piel al descubierto, y en cambio optan por algo más cómodo o práctico. Desde entonces, el cabello corto se ha convertido en una especie de declaración política entre muchas jóvenes feministas.

No obstante, la ola de concientización también despertó una fuerte oposición entre los hombres que pensaban –como muchos en el mundo– que las mujeres habían llegado demasiado lejos; muchos incluso acusaron a las feministas de «odiar a los hombres» y exigieron castigarlas.

La reacción llegó a un punto culminante en mayo, cuando integrantes de muchos foros online populares entre los varones comenzaron a escribir «misandria» sobre publicidades con la imagen de los dedos pulgar e índice juntos, un gesto que universalmente indica que algo es pequeño.

Cruzada online

En una campaña que muchos comparan con una caza de brujas macartista, proclamaron que esa imagen debía haber sido creada por feministas con la intención de ridiculizar el tamaño de sus genitales. A pesar de que cualquier complot era una ridiculez, muchas de las empresas e instituciones gubernamentales acusadas –entre ellas, la institución policial nacional y el Ministerio de Defensa – se doblegaron rápidamente, se disculparon por herir los sentimientos de los hombres y retiraron las imágenes de sus carteles. Estas mafias virtuales disfrutaron incluso de algún grado de apoyo político; Lee Jun-Seok, un joven integrante del Partido del Poder del Pueblo, una agrupación de derecha, ganó protagonismo difundiendo la teoría conspirativa del gesto misándrico del dedo y finalmente se convirtió en líder del partido en julio.

Sintiéndose apoyadas por un político poderoso y envalentonados por las disculpas rastreras de las empresas y el gobierno, las mafias virtuales avanzaron hasta su próximo objetivo: la estrella olímpica cuya apariencia no encajaba con su ideal de femineidad tradicional.

«¿Por qué te cortaste el cabello?», le preguntaron a An en sus redes sociales, a lo ella que respondió: «Porque es práctico». La respuesta no fue suficiente. Comenzó una campaña para obligar a An a pedir disculpas por ser feminista, mientras algunos incluso le reclamaban a la Asociación de Arquería que le quitara las medallas doradas a «la que odia a los hombres».

Pero las mujeres siguieron la pelea. Legisladoras, activistas, artistas y miles de mujeres comunes se encolumnaron detrás de An, muchas compartiendo fotos de su cabello corto en las redes sociales como muestra de apoyo. Y mientras el ciberacoso a An proseguía, muchas mujeres en todo el país la vieron obtener una tercera medalla y convertirse así en la primera arquera en la historia de las Olimpíadas en ganar tres medallas doradas en un mismo juego.

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Sábado, 18 Septiembre 2021 06:15

Ayuda en ruinas

Ayuda en ruinas

Cuando hace 11 años el terremoto pulverizó a Haití, junto con miles de casas –y más de 200 mil víctimas– cayó, como un castillo de naipes, todo el Estado haitiano. Literalmente. Todas las sedes de los ministerios –junto con el emblemático Palacio Presidencial– quedaron en ruinas, salvo una. Más allá de lo anecdótico, la verdad es que el mundo nunca estuvo interesado en que en Haití existiera un organismo estatal fuerte. Sólo un servil “centro colonial”.

Por eso desde hace décadas –ya cuando finalmente se aceptó la sola existencia de este país– se privilegiaba “la ayuda internacional” canalizada por fuera del Estado mediante el incontable número de organismos internacionales y oenegés. Así, éstas, al ir suplantando las funciones que correspondían al Estado, lo minaban aún más. Y cuando se le daba el dinero a los gobiernos “útiles” –para el “desarrollo”, para la “infraestructura”, etcétera– como el de Jean-Claude Baby Doc Duvalier (1971-1986) o los de los “neo-duvalieristas”, como Michel Sweet Micky Martelly (2011-2016) y el recientemente asesinado Jovenel The Banana Man Moïse (bit.ly/3CgTgEo), el mundo cerraba los ojos cuando éstos se forraban los bolsillos (bit.ly/3zdK7uj).

Cuando hablé hace unos años de esto con Alex Dupuy, el sociólogo haitiano, autor de un estudio denominado Haiti and the world economy, the fault of the Haitian underdevelopment, éste apuntaba a razones estructurales del subdesarrollo: “no es que ‘el mundo le haya dado la espalda al país’; todo lo contrario: la pobreza haitiana es consecuencia directa de los intereses de los imperios –Francia, Estados Unidos– y de los perversos vínculos con los mercados internacionales: desde la colonia hasta la desregulación neoliberal”. Durante esta última, iniciada por Baby Doc, se alentó p.ej. migración masiva del campo a las ciudades para proporcionarles a las maquiladoras mano de obra barata, la misma “solución” que fue ofrecida después del terremoto de 2010 (bit.ly/2XkaIsw).

Se forzó la privatización de casi todas las áreas de economía y esfera social, junto con la abolición de aranceles, algo que ató a Haití completamente a la importación de granos desde Estados Unidos. Cuando hacía falta –cuando al poder llegaba una fuerza que en ojos de los haitianos representaba el cambio, como Jean-Bertrande Aristide con su Fanmi Lavalas (1991 y 2004)–, el mundo literalmente sacudía al Estado haitiano. Venían los coups d’etat.

De hecho, la “oenegenización” de Haití fue diseñada antes como estrategia de asfixia y bullying, “para no darle chance a Aristide” (bit.ly/3nxOiiD). “Si sólo en décima parte el mundo estuviera tan eficiente en (re)construcción del Estado en Haití, como lo ha sido en su destrucción...”, decía Dupuy.

La prometida, tras 2010, por la “comunidad internacional” reconstrucción –ideada por Paul Collier, el “especialista en combate a la pobreza” e implementada por... Bill Clinton– que privilegió el modelo de la exportación por encima p.ej. de la reactivación del campo para garantizar la seguridad alimenticia, era en sí misma, una catástrofe.

Los esquemas de “ayuda” diseñadas desde una lógica neolocolonial marginalizaron a los haitianos. De cada 100 dólares que donó el gobierno estadunidense, 98.40 regresaron a Estados Unidos en forma de contratos o sueldos. “Tras el terremoto, Haití se convirtió en una ‘Republica de las oenegés’, dónde el inexistente Estado no tenía ninguna capacidad para responder a las necesidades de sus ciudadanos”, decía Dupuy. El argumento de la “corrupción” –para no financiar al gobierno–, tras el caso de Duvalier (cuando p.ej. el Fondo Monetario Internacional sabía que sus fondos acababan directamente en bolsillos de los tonton macoutes), –y luego Martelly o Moïse–, sonaba aún más hueco ante el escándalo que involucró a los empleados de Oxfam en una red de prostitución (bit.ly/2XkI62a).

Así que cuando el mes pasado, cuando todavía no bajó el polvo después del asesinato del presidente, otro terremoto golpeó al país –esta vez con “apenas”algo más de 2 mil víctimas (bit.ly/3kcZLlF)– nuevamente han sido expuestos todos los puntos ciegos del modelo dominante de “ayuda” (bit.ly/3960Ntn).

“Haití necesita ayuda, pero no de los oenegeros que no bajan de sus camionetas blancas” era una de las críticas más suaves (bit.ly/3CjdcGX).

A pesar de que ahora –como las veces pasadas– los haitianos han sido siempre los primeros en organizar y brindarla (bit.ly/3k9PkPM), el mundo, por más increíble que parezca, seguía ignorando la necesidad de articularse con organizaciones locales –viendo al país como un “desierto social”, cuando en realidad cuenta con riquísima experiencia de autorganización desde abajo– y mostrándose incapaz de abandonar el modelo de asistencia que prioriza las ganancias de los que la ofrecen.

La única vía –como bien apuntaban en este contexto unos activistas– es: i) parar “la pornografía del desastre”; ii) invertir en la capacidad de los haitianos; iii) apoyar las prioridades identificadas localmente; iv) enfocar los proyectos en los contrapartes locales y la relación con ellos; v) coordinar o notificar sus pasos a los oficiales locales y al ministerio correspondiente (bit.ly/3hvMz9J). El hecho de que su sede –como el propio Palacio Presidencial, el mejor ejemplo del fracaso de las promesas de hace 11 años– pueda continuar aún en ruinas, no es ninguna excusa para no hacerlo.

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Decenas de miles toman las calles en El Salvador en protesta contra el Gobierno de Nayib Bukele

Este #15Sept Nayi Bukele enfrentó una de las mayores movilizaciones desde que se encuentra en el gobierno. Su deriva autoritaria y el conjunto de medidas que viene aplicando han sido el motor principal para que, en el día de la celebración del bicentenario de la independencia de Centroamérica, se transformara en el día de la resistencia como le han llamado los convocantes.

 

Desde las primeras horas de la mañana y en distintos puntos de la capital salvadoreña sindicatos, organizaciones y movimientos populares y sociales se concentraron desde la mañana, para luego marchar y confluir en la plaza Francisco Morazán, en el Centro Histórico de San Salvador. Allí se aglutinaron trabajadores, estudiantes, organizaciones sindicales y campesinas, movimientos feministas que tuvieron una amplia participación, activistas de derechos humanos, médicos, profesionales y hasta jueces salieron a las calles.

La cantidad de personas movilizadas no se veía hace muchísimos años incluso durante gobiernos anteriores. Es de señalar también salió todo un arco de opositores de partidos políticos que rechazan también las decisiones de la Asamblea Legislativa (el parlamento unicameral salvadoreño) de mayoría oficialista, así como decisiones de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) totalmente controlada por Bukele.

Se protestó también contra la decisión del presidente salvadoreño de duplicar el número de efectivos militares con el pretexto de combate a la violencia y delincuencia, pero el fondo es congraciarse con las Fuerzas Armadas. También contra una reforma constitucional que para muchos analistas solo busca afianzar la concentración de poderes del presidente. Además, se confrontaba la aprobación de la Ley Bitcoin que ha sido altamente rechazada, la violación a los derechos constitucionales e incumplimiento de la Ley de Acceso a la Información Pública.

Una de sus últimas medidas, vía la Asamblea Legislativa, ha sido cesar vía una reforma judicial a los jueces y fiscales sexagenarios, además de un fallo de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema que abre la vía para que Bukele pueda buscar la reelección en 2024 y no en 2034, como establecía una sentencia de 2014.

Con la reforma judicial lo que pretende Bukele no es sacar a toda una casta de jueces corruptos, que no es patrimonio de solo los mayores de 60 años dentro de un sistema judicial corrompido y que antes se repartían vía las cuotas de poder, sino toda una reforma más bien a fin de sus objetivos políticos. Por ello la reforma judicial es la materialización de la política que consiste en promover jueces alineados al oficialismo y dar de baja a quienes eventualmente puedan ser piedra de tropiezo.

En el movimiento de la reforma Bukele ha terminado desplazando al juez que tiene a su cargo el genocidio de El Mozote en los años 80, considerado el más grande en todo el continente americano en todo el siglo XX y lo que va del XXI llevado a cabo por un ejército militar. Una decisión ampliamente cuestionado por todos los organismos de derechos humanos de El Salvador y a nivel internacional.

Los sectores que protestaron han cuestionado también al presidente Bukele de atacar la transparencia en el manejo de recursos estatales y atacar a la prensa, entre otras denuncias. "¡No a la reelección presidencial, no al bitcóin, no a la militarización, no a la dictadura!" y "sin independencia judicial no hay garantías para la defensa de los derechos humanos", eran los mensajes de algunas de las pancartas portadas por los manifestantes.

Para todas estas políticas Bukele cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas, perfilándose una mayor bonapartización del régimen político que cada vez más va diseñando a su imagen y semejanza. Por ello, el grueso de los manifestantes sostuvo que ante un régimen autoritario como el salvadoreño la única opción es que la población salga a protestar para defender sus derechos y las libertades conquistadas.

Esta nueva jornada de movilización pone de manifiesto el carácter autoritario y las medidas antidemocráticas que representa Bukele, pero también la serie de condiciones que azotan a la gran mayoría de la población como los bajos salarios, el déficit en un sistema integral de salud para continuar enfrentando la pandemia, así como el alza de feminicidios, desapariciones de jóvenes y las medidas represivas en colusión con grupos de pandillas.

La jornada vivida este 15 de septiembre ha implicado una medición de fuerzas entre el Gobierno de Bukele y el movimiento de masas que decidió salir a hacerle frente. En la oposición existen partidos que han venido siendo parte de regímenes políticos que se han beneficiado del poder lejos de los intereses del pueblo, y que no se puede destacar componendas con ellos. Por eso es fundamental que las luchas que emprenden los trabajadores, campesinos y las grandes mayorías populares contra Bukele tienen que seguir un curso independiente del conjunto de los partidos patronales.

Milton D'LeónCaracas @MiltonDLeon

Miércoles 15 de septiembre

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Aire contaminado cruzando unos rascacielos en China. — Xu Jingbo / Europa Press

Un informe de las Naciones Unidas concluye que la covid-19 causó solo una reducción temporal de las emisiones de carbono y que estamos aún lejos de cumplir los Acuerdos de París.

 

La pandemia no retrasó el avance implacable del cambio climático. No hay indicios de un crecimiento más ecológico: las emisiones de dióxido de carbono están aumentando de nuevo rápidamente después de una disminución pasajera debida a la desaceleración de la economía, que no se acerca en absoluto a las metas de reducción.

dice un informe de las Naciones Unidas en el que se advierte que las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera se mantienen en niveles sin precedentes y condenan al planeta "a un peligroso calentamiento futuro".

El aumento de las temperaturas a nivel mundial provoca fenómenos meteorológicos extremos devastadores en todo el planeta, cuyos efectos en las economías y las sociedades están siendo cada vez más graves. Se han perdido miles de millones de horas de trabajo solo a causa del calor. La temperatura media mundial durante los últimos cinco años fue una de las más altas jamás registrada.

De acuerdo con el informe, es cada vez más probable que las temperaturas superen temporalmente el umbral de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales en los próximos cinco años.

Según se indica en el informe, aun con la adopción de medidas ambiciosas encaminadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el nivel del mar seguirá aumentando y constituirá una amenaza para las islas de baja altitud y las poblaciones costeras de todo el mundo.

Lejos de cumplir las metas del Acuerdo de París

"Este año es decisivo en lo que respecta a la acción climática. En el informe, elaborado por las Naciones Unidas y organizaciones científicas internacionales asociadas, se brinda una evaluación integral de los últimos conocimientos adquiridos en el ámbito de la climatología. El resultado es una constatación alarmante de lo alejados que estamos del rumbo previsto", afirmó Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.

"Aún estamos muy retrasados con respecto a la consecución de los objetivos
establecidos en el Acuerdo de París. Durante este año, hemos presenciado un nuevo crecimiento de las emisiones de combustibles fósiles, el aumento constante de las concentraciones de gases de efecto invernadero y los fenómenos meteorológicos violentos intensificados por las actividades humanas que han afectado a la salud, las vidas y los medios de subsistencia en todos los continentes", ha continuado Guterres.

A menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan de manera inmediata, rápida y a gran escala, limitar el calentamiento a 1,5 °C será imposible, lo que traerá aparejadas consecuencias catastróficas para las personas y el planeta del cual dependemos", explicó en el prólogo.

"Durante la pandemia hemos escuchado que debemos reconstruir para mejorar, a fin de trazar un camino más sostenible para la humanidad y evitar los peores efectos del cambio climático en la sociedad y las economías. En este informe se señala que, hasta el momento en 2021, no estamos avanzando en la dirección correcta", advirtió el profesor Petteri Taalas, Secretario General de la OMM.

El informe Unidos en la Ciencia 2021, el tercero de esta serie, está coordinado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y cuenta con aportes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el Proyecto Carbono Global, el Programa Mundial de Investigaciones Climáticas (PMIC) y la Oficina Meteorológica del Reino Unido.

En él se presentan los últimos datos y resultados científicos sobre el cambio climático que fundamentan la adopción de medidas y políticas  a escala mundial.

16/09/2021 09:32 Actualizado: 16/09/2021 10:02

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Los cien años de una obra fundamental de Freud

El padre del psicoanálisis explicó en ese trabajo que toda psicología individual es también social porque el yo siempre tiene presente en sus pensamientos y acciones al otro. Osvaldo Delgado, Nora Merlin y Luis Sanfelippo debaten sobre su actualidad.

Sigmund Freud fue el hombre que puso en jaque el reinado de la razón como ordenadora del mundo que había impuesto la Modernidad, para plantear la idea de que los seres humanos no dominan todos sus actos de manera consciente. A esta premisa se la conoce como la tercera herida narcisista. Las dos primeras las constituyeron los descubrimientos de Copérnico y Charles Darwin. Uno por señalar que el hombre no era el centro del Universo. Y el otro por considerar que el ser humano es un animal más en la cadena del mundo natural. Si bien, a veces, se le cuestionó al padre del psicoanálisis que su teoría era individual, fue el propio Freud el que dejó claro en Psicología de las masas y análisis del yo que toda psicología individual es también social porque el yo siempre tiene presente en sus pensamientos y acciones al otro. Justamente en 2021, se cumplen 100 años de la publicación de este texto fundamental de la obra del gran psicoanalista austríaco, que significó una bisagra en varios aspectos. Entre ellos, el cruce entre psicoanálisis y política, justo cuando en Alemania comenzaba a ser protagonista Adolf Hitler con el surgimiento del Partido Nazi y cuando faltaban doce años para que el mayor asesino de la historia llegara al poder en tierra germana. Ahora bien: ¿Qué es una masa? ¿Cómo adquiere una influencia decisiva sobre el psiquismo individual del sujeto? Y a un siglo de que Freud estampara su pluma en el papel: ¿Cuál es la vigencia que tiene hoy en día un texto como Psicología de las masas y análisis del yo?

El legado

"Tiene una vigencia absoluta”, admite Osvaldo Delgado, referente ineludible del psicoanálisis en la Argentina y profesor titular de Psicoanálisis Freud de la Facultad de Psicología de la UBA, entre otros pergaminos. En Psicología de las masas, Freud dice que para conformar una masa no es imprescindible un líder. Que una idea negativa puede tener el mismo carácter aglutinante. “Por ejemplo, el odio”, expresa Delgado. “El odio puede tener un carácter unificador y constructor de toda una masa. Lo dice Freud, pero esto es hoy. La actualidad. El odio en esta época se ve en el resurgimiento de los partidos neonazis en nuestra Argentina, como los llamados 'libertarios', Milei, porque el odio tiene un carácter absolutamente punitivo”, subraya el doctor en Psicología. El odio, en términos de Aristóteles, a diferencia de otros sentimientos agresivos, es que el otro no exista. Esto lo dice Aristóteles en La Retórica. “Esto es de una importancia crucial en nuestra época”, explica Delgado. “En el capítulo XII Freud dice que el lazo amoroso tiene la misma estructura que el síntoma. Esto es muy importante porque el neoliberalismo triunfante odia la singularidad del sujeto. Por eso, la propensión totalitaria: el nazismo, el fascismo es el odio a lo singular. Lo singular no es el individualismo del neoliberalismo. Nada que ver lo singular con lo individual. Lo singular implica el respeto total y absoluto por lo propio de cada sujeto en su diferencia. Y el respeto y el amor por esa diferencia”, subraya el autor de Leyendo a Freud desde un diván lacaniano.

Otra prestigiosa psicoanalista, Nora Merlin, coincide con Delgado: "Tiene plena vigencia porque la masa es un modo totalitario de construir la vida o de construir lo común. Y la masa es el modo social paradigmático de esta expresión del discurso capitalista que es el neoliberalismo. La masa no es discursiva pero es un modo social caracterizado por la fascinación libidinal y por la producción de odio porque el odio va junto con la masa”. Merlin entiende que el odio es un modo que tiene la masa de tramitar las diferencias y que estamos en la época en que las corporaciones han tomado las formas de vida. “Pienso el neoliberalismo no sólo como un modelo económico sino como un dispositivo tanático, característico de la pulsión de muerte que va erosionando la vida en su conjunto. Entonces, las corporaciones mediáticas junto con las corporaciones de internet, de las tecnologías cibernéticas, las redes fueron ocupando el lugar del Ideal y desde ese lugar construyen la cultura de masas. Estimulan, alientan la cultura de masas. Entonces se obtiene un conjunto de individuos que están hipnotizados, que consumen, son odiadores seriales y se autoperciben libres y ciudadanos, cuando esta construcción de la masa nada tiene que ver con los principios democráticos. Es decir, no tiene que ver con la libertad, ni con la igualdad, ni con la fraternidad. Van en contra de la libertad porque no hay ninguna libertad en la masa. Hay obediencia inconsciente”, sostiene Merlin.

¿Lo primero es la familia?

Se pueden inferir tres tipos de masas: la efímera, las masas artificiales o altamente organizadas (Iglesia, Ejército) y una masa más estable o duradera, como la familia o incluso los partidos políticos. ¿Cuál de esas tres masas está hoy en crisis? "Podría tener múltiples respuestas porque, por un lado, uno podría decir, a la manera en que están descriptas en el texto, que todas podrían estar en crisis”, entiende el destacado historiador y psicoanalista Luis Sanfelippo. Se entiende: la Iglesia Católica y los Ejércitos nacionales no tienen la misma cantidad de fieles ni el mismo poder de convocatoria que tenían al principio del siglo XX. “Sin embargo, al mismo tiempo vivimos en una época donde hay multiplicación de Iglesias --sostiene el analista--. Entonces, hay muchas Iglesias. Por ejemplo, la multiplicación de iglesias evangélicas. Pero no solamente: también podría pensarse para el mundo árabe o para problemas en relación al judaísmo. No hay una Iglesia, pero sigue habiendo muchas Iglesias que agrupan, convocan, inciden en la política, intentan regular la moral y las costumbres”.

Para Sanfelippo lo mismo se puede decir de los Ejércitos. “Vivimos en una sociedad que sigue siendo fuertemente belicista. Hay ejércitos o intentos de solucionar por medios bélicos los conflictos sociales. Y si no, pensemos en lo que está pasando en Brasil, o lo que podría ser el discurso de Donald Trump cuando fue presidente. Uno puede pensar que, en algún modo, la Iglesia, el Ejército, las naciones o las familias están en crisis, pero al mismo tiempo no terminan de desaparecer. Más bien parecen organizadas de otra manera, con mayor diversidad, pero no desaparecen del todo”.

Sanfelippo piensa que es interesante el caso de “la familia”: “No es que la familia está en peligro. En todo caso, está siendo cuestionada como modelo único la familia moderna (papá, mamá e hijos), pero sin embargo, muchos colectivos siguen reivindicando la familia como un derecho y como algo buscado. Los movimientos gay de los ‘60 y ‘70 no reivindicaban la familia. Pero ahora eso sigue siendo considerado como un derecho. Está bien que el Estado lo reconozca como un derecho a tener una familia, pero no deja de mostrar, en ese punto, que esas masas de la estructura familiar, por ejemplo, en un sentido están en crisis y, en otro sentido, siguen estando fuertes. Fuertes habiendo transformado bastante su forma pero no habiendo renunciado a ocupar un lugar central como modo de sociabilidad de la mayoría de los seres humanos", dice Sanfelippo.

Merlin no cree que esté en crisis la masa sino “todo lo contrario”. “Pienso que tiene plena vigencia”, dice sin dudar. “Freud aporta un dispositivo para pensar un modo de construir lo común. Es decir, él ve que hay instituciones organizadas como masa o que hay culturas organizadas como masa”. La autora de Mentir y colonizar. Obediencia inconsciente y subjetividad neoliberal apunta que, por un lado, hay una caída de la autoridad paterna. Entonces, es posible que esté en decadencia la familia tradicional, “pero Freud está hablando de otro tipo de padre porque el padre de la familia, la función paterna, no es el padre de la horda, que es el líder de la masa”, subraya. “Yo creo que la categoría masa es un gran aporte de Freud para la teoría política porque algunos confunden masa y pueblo. Y no es lo mismo porque la masa es un dispositivo libidinal, es un dispositivo que es igual al de la hipnosis. En cambio, el pueblo está basado en la construcción de la voluntad popular, es democrático o amplía la categoría de la democracia. La masa no”, afirma Merlin.

Las masas del siglo XXI

Si se tiene en cuenta que la primera masa, la efímera, es irascible, espontánea, breve, sigue a un líder carismático y se disuelve sin éste, ¿es posible observar algo de esto en los movimientos anticuarentena y antivacunas a nivel mundial y local? "Puede ser”, dice Sanfelippo. “Igual, respecto de estos movimientos da la sensación de que, a veces, no son tan espontáneos ni efímeros sino que, al mismo tiempo, son organizados, a veces, por medios de comunicación o por nuevas tecnologías como las redes sociales que terminan siendo un soporte de la posibilidad del lazo y de la organización social pero, a veces, no es sólo que funciona como soporte sino como guía que conduce el descontento social en determinadas dimensiones. Entonces, en un punto me parece que no eran tan desorganizados ni tan espontáneos”, subraya el analista.

Para Merlin “es muy aplicable el concepto”. “Primero, en la parte social es la industria cultural, pero además están estos movimientos que se llaman ‘libertarios’ y coinciden en que son antivacuna, antisistema y finalmente van en contra de la democracia. Yo pienso esto de las masas cualquiera sea la expresión. Siempre es el mismo dispositivo: es el líder y la fascinación vía la identificación a la idealización. Entonces, el dispositivo se mantiene, cambia el fenómeno, pero Freud despeja la estructura a diferencia de los que lo preexistieron, que analizaban e interpretaban conductas”. Es que Freud excedía lo conductual y decía: "No, a mí me interesa el dispositivo". Y eso se mantiene en cualquier modalidad o expresión de la masa. “Yo creo que la masa es una patología democrática porque hay una causa que tiene que quedar abierta en el sujeto y en lo social que el líder de masa ya sea el padre de la horda, las empresas o las corporaciones te marcan el camino. Son estructuras morales, ni siquiera políticas”, completa Merlin. Y aclara que “morales” en el sentido de que dicen "Esto está bien, esto está mal". “Nos dicen lo que tenemos que comprar, a dónde tenemos que ir, son como GPS: te van orientando el camino de la vida de cómo se debe ser feliz”, cuestiona Merlin.

El gobierno mediático de las almas

En los últimos tiempos --sobre todo-- la Argentina fue testigo de comportamientos grupales en pandemia que no se verían en los comportamientos individuales de cada uno de sus integrantes. “Los medios de comunicación (no todos sino la mayoría) tratan de colectivizar de un modo alienante produciendo un efecto de hipnosis y colocando la pasión oscura, el odio en el núcleo mismo de lo que se hace”, explica Delgado. “En nuestro país sucedió algo no hace mucho tiempo que fueron las manifestaciones por la llamada ‘libertad’. En verdad lo que encubrían era pura pulsión de muerte porque eran en plena pandemia sin barbijo. Y ahora uno escuchó en plena campaña criticar al gobierno por las decisiones sanitarias como si hubieran sido decisiones no sanitarias, como si no hubiera existido el virus, la pandemia, como si hubieran sido decisiones stalinistas para tener a la gente metida en la casa sin salir y para controlar”, analiza Delgado. “Hay una acusación hacia los gobiernos que aplicaron medidas de cuarentena como si se hubiera tratado de una operación stalinista, cuando eran prácticas sanitarias para que la gente no se muera. Lo que uno escucha hoy cotidianamente de los medios de comunicación de masas es esto todo el tiempo: la crítica a ‘los que nos hicieron perder la libertad durante todo el tiempo de pandemia’. El horror del virus que mata es velado y pasa ser el horror el encierro de la cuarentena", analiza Delgado.

En líneas similares, Merlin destaca que los medios de comunicación corporativos en todo el mundo --no sólo en la Argentina-- están arengando una conducta de odio o de antisistema pero en el peor de los sentidos: antivacuna, anticuarentena, antigobierno. “Finalmente, antidemocracia”, dice la psicoanalista, sin dudar. “Y veo un ascenso de una nueva forma del fascismo, pero la estructura es la misma. También termina siendo otra cultura de masas, pero esto está muy estimulado por las grandes corporaciones que no les gustan los límites, no les gustan los Estados, no les gustan los cuidados. Están las dos cosas. También hay que marcar que el coronavirus no sólo fue estimulando este ascenso de estas formas del fascismo. También el coronavirus fue una experiencia pedagógica para los pueblos o para las sociedades en donde empieza a aparecer el cuidado como una categoría central. El cuidado de la propia vida, de la vida del otro, del planeta, de las democracias. Hay una actitud que vino para quedarse respecto del cuidado que no es sólo del Estado hacia lo social sino que hay un cuidado horizontal que va surgiendo. En ese sentido, los feminismos tuvieron mucha importancia en esto. El cuidado era una demanda que venían trayendo los feminismos diciendo que por qué tienen que ser solamente las mujeres las cuidadoras”. Y Merlin reconoce que hay algunos Estados, como el argentino actual, que se hicieron cargo de ese cuidado y escucharon la demanda, ocuparon ese lugar, “cosa que a estos ‘libertarios’ que están surgiendo no les gusta nada”. Entonces, junto con este ascenso violento que está surgiendo de los grupos antivacuna, también están surgiendo movimientos que son democráticos, que son horizontales, se podría decir de amor a lo común.

Sanfelippo recuerda que, al principio de la pandemia, aparecían, por un lado, ciertas escenas que podían dar alguna ilusión de comunidad. Y de acompañamiento: la gente salía a aplaudir a los médicos y trataba de cumplir con las medidas. “Apareció una idea que me parece importante como horizonte ideal, aunque sea muy difícil de sostener, que es la del cuidado”, dice, en sintonía con Merlin. En simultáneo, también aparecían actitudes microfascistas porque donde se veía a alguien de un asentamiento sin sus necesidades básicas satisfechas y que tenía que salir a trabajar tratando de buscar basura para poder generar un ingreso, aparecían denuncias y señalamientos. O al médico que salía a trabajar lo escrachaban y querían que se le impidiera el ingreso al edificio. “O sea, cómo de repente, el terror no sólo disuelve las masas, a veces hace masa. El miedo al contagio, el miedo a que uno pueda terminar enfermo terminaba aglutinando a personas para hacer una masa con el fin de excluir, discriminar, denunciar, perseguir a aquel que podría ser un peligro potencial para el resto del colectivo. Y eso me parece un fenómeno de masa donde la masa toma la forma no del colectivo que cuida sino del movimiento fascista que persigue al distinto y lo considera un peligro", concluye Sanfelippo.   

Por Oscar Ranzani

16 de septiembre de 2021

       

Publicado enCultura
Miércoles, 15 Septiembre 2021 05:57

Crónica de una derrota no anunciada

Crónica de una derrota no anunciada

El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner sufrió una dura derrota electoral en las elecciones primarias, que funcionaron en la práctica como un simulacro de las elecciones de mitad de término que se llevarán adelante el próximo 14 de noviembre, a manos de la centroderecha aglutinada en Juntos por el Cambio.

 

Las elecciones argentinas del 12 de septiembre fueron Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), en las que toda la ciudadanía es convocada a elegir la conformación de las listas de las fuerzas políticas que aspiren a presentar candidaturas para competir en las elecciones generales, en este caso las elecciones legislativas intermedias del 14 de noviembre. Estas, como ya ha mostrado suficientemente la ciencia política local, contribuyen a ordenar y concentrar la oferta electoral habilitando la competencia interna en aquellos espacios que la tengan, así como obligar a todas las fuerzas aspirantes a presentar candidaturas en las elecciones generales a superar el 1,5% del padrón electoral para poder hacerlo. Pero para quienes votan, y para quienes se postulan, es una especie de primera vuelta, por lo que los resultados se leen como los de una elección común y silvestre. Y, en este caso, lo que se puede leer es una tan imprevista como contundente derrota del peronismo en el poder a manos de la centroderecha que tiene al ex-presidente Mauricio Macri como referente y al actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, como presidenciable para 2023.

Si estas hubieran sido las elecciones generales, el bloque opositor de Juntos por el Cambio alcanzaría la primera minoría en la Cámara de Diputados, y el oficialista Frente de Todos (peronismo) perdería la mayoría propia en la Cámara de Senadores. De cara a la próxima presentación del Presupuesto 2022, que el Poder Ejecutivo nacional tiene que hacer frente al Congreso en los próximos días, y a las negociaciones en curso con el Fondo Monetario Internacional (FMI), estos resultados si serían una catástrofe.

Pero son las PASO, y de acá a noviembre -cuando se desarrollará la elección en la que efectivamente quedará conformado el Congreso Nacional que acompañará a la gestión presidencial de los próximos dos años- el gobierno nacional tiene la oportunidad de, si no revertir el resultado, lo cual parece muy difícil, mejorar su performance de modo de aminorar el fuerte golpe recibido. Por lo pronto, los resultados del domingo fueron un baño de agua fría que el oficialismo no esperaba. La oposición de centro derecha ganó la estratégica Provincia de Buenos Aires, territorio de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, pese a que todo el peronismo fue unido, y en la mayoría de las provincias, incluso las de hegemonía peronista. 

El voto económico

La situación económica en la Argentina no mejora. No obstante, el oficialismo se esforzó en mostrar datos que mostraban una recuperación de la economía, que a sus graves problemas de arrastre sumó los efectos de la pandemia.

Con un gobierno nacional que puso su mayor esfuerzo en el avance de la campaña de vacunación en los últimos meses, llegando a vacunar al 40% de la población con las dos dosis, el gobierno fue flexibilizando las medidas de restricción que caracterizaron los primeros 15 meses de pandemia y así la actividad económica en junio demostró un repunte de 2,5% mensual. Sin embargo, hace tiempo que, desde varios sectores, propios y ajenos, se le advertía al oficialismo nacional la necesidad de tomar nota (y actuar en consecuencia) de la no recuperación o incluso empeoramiento de variables económicas que hacen al día a día de la vida de las personas, de la no traducción de esta recuperación de las variables macro en la vida cotidiana de, especialmente, los sectores más bajos de la población. Todo lo cual puede verse en la caída del salario real.

Las tasas de pobreza e indigencia, aun con las políticas de transferencias monetarias de 2020, se mantienen actualmente en torno de 42% y 10,5% respectivamente. Estos índices son especialmente dramáticos si se hace un recorte de la población de 0 a 17 años. Para esta porción de la población, de acuerdo con el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), la pobreza asciende a 62,5% y la indigencia a 15,8%. En este contexto, el trabajo registrado no logra recuperarse al ritmo de la recuperación de los niveles de actividad, y la presión sobre el salario que ejerce la inflación es cada vez más alta. A su vez, el acceso a la vivienda dejó de ser una posibilidad alcanzable no ya para los sectores bajos de la población, sino para la clase media trabajadora. Justo ese, el voto que inclina balanzas para cualquier lado de la «grieta» que divide a la sociedad argentina. Con un mercado inmobiliario valuado en dólares en la Argentina, la falta de acceso al crédito y políticas publicas oficiales insuficientes para satisfacer la demanda habitacional esto se manifiesta hoy con toda crudeza.

Por supuesto, estos no son problemas nuevos; la pandemia puso de relieve problemas estructurales que las recetas coyunturales de ninguno de los últimos gobiernos, ni progresistas ni conservadores, han podido resolver. La demanda por trabajo registrado, salarios suficientes, acceso a la vivienda, y las propuestas claras del cómo, cuánto y para quién, con recursos extraídos de dónde fueron temas que sobrevolaron la campaña con señalamientos desde la oposición y sin que el oficialismo diera respuestas concretas más allá de propuestas de futuro que no satisficieron, a decir de las urnas, las demandas del presente. El avance en las agendas del siglo XXI, vinculadas al acceso a derechos y diseños de políticas para la promoción de industrias que atraen divisas, pero no generan trabajo en el corto plazo ni para grandes porciones de la población, se topó con una Argentina heterogénea que aun arrastra problemas del siglo XX.

Mientras la política de vacunación avanza, la oposición capturó más rápidamente que le oficialismo el agotamiento de la pandemia como recurso retórico, aprovechando además electoralmente los errores autoinfligidos del oficialismo nacional, como el denominado «vacunatorio vip», el cumpleaños de la primera dama en medio del confinamiento y otros traspiés cometidos durante el último año por el gobierno de Alberto Fernández.

Participación, coaliciones y terceras fuerzas

Según datos de la Cámara Nacional Electoral la participación electoral rondaría el 68%, y si bien es cierto que es la participación más baja desde la implementación de las PASO, no es un porcentaje menor en un escenario de pandemia y descontento social. Acá no hay crisis de representación.

A este dato que puede ser leído como positivo, se suma que alrededor del 70% del voto a nivel nacional se concentró en las dos grandes coaliciones que hoy dominan el escenario político nacional: Juntos por el Cambio (que incluye, entre otras fuerzas, al macrismo y a la Unión Cívica Radical) y el Frente de Todos (una coalición panperonista). El bicoalicionismo es ya una realidad presente en la Argentina para el votante promedio, las PASO incentivan su supervivencia y esto implica mayores incentivos para los actores políticos para no romper con sus aliados.

Sin embargo, esta lectura seria miope si no se da cuenta de dos fenómenos que, si bien territorializados, llaman la atención en el escenario local. El experimento de la alt-right criolla, personificado en la candidatura de Javier Milei por la fuerza La Libertad Avanza recogió 14% de los votos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con un discurso libertario de derecha, este excéntrico economista atrajo el voto joven y capturó el descontento de porciones de la población metropolitana vinculado a la presión del Estado sobre la actividad privada, e incluso canalizó las frustraciones de posiciones de los sectores más bajos de la población que interpretan que la ayuda del Estado no compensa la realidad que viven, y logró construir un ethos local que se tradujo en votos. Fue, no obstante, un fenómeno limitado a la Ciudad de Buenos Aires.

Por su parte el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT, trotskista), prácticamente la única izquierda fuera del Frente de Todos, mejoró sus guarismos electorales. En los dos grandes distritos, Ciudad y provincia de Buenos Aires obtuvo el 6,23% y 5,1% de los votos respectivamente, así como alcanzó a convertirse en la tercera fuerza en la provincia de Jujuy (en el norte argentino fronterizo con Bolivia) con 23% de los votos.

Para evitar una merma de votos por derecha como en 2019, Juntos por el Cambio abrazó a gran parte de la derecha metropolitana en la candidatura de López Murphy, y otros candidatos con discursos más radicales, que hoy juegan por dentro de la coalición.

Finalmente, el gran ganador del que pocos hablan es el centenario partido al que se ha dado por muerto varias veces, pero sigue ahí resucitando. Los resultados en el nivel local de la Unión Cívica Radical -parte de Juntos por el Cambio- dan cuenta de que el partido que lideró la transición democrática con Raúl Alfonsín y en estos años giró a lacentroderecha fue, es y seguirá siendo un socio necesario para cualquier coalición que busque disputar poder al pan peronismo nacional. La candidatura del neurólogo Facundo Manes en la provincia de Buenos Aires obtuvo resultados, especialmente en el interior provincial, que muestran a las claras que, aunque el partido no logre hace ya décadas impulsar un liderazgo nacional aglutinante, si tienen estructuras locales vitales que se muestran útiles a la hora de las elecciones.

Lo que se viene

Restan exactamente dos meses de cara a las elecciones parlamentarias de noviembre. El oficialismo nacional no tiene demasiado tiempo ni márgenes para recuperarse de esta derrota. En un contexto de negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) donde la estabilización de las variables macro se vuelven un imperativo, la posibilidad de mejora de las variables micro vía trasferencias monetarias tiene límites muy estrechos.

Los desafíos son muchos para el gobierno, y con la derrota vuelven a emerger las pujas internas entre «albertistas» y «cristinistas», que se tradujeron en frases públicas de la vicepresidenta sobre los «funcionarios que no funcionan», pujas dentro del espacio oficialista sobre las políticas de seguridad, y sectores del kirchnerismo desanimados con un gobierno al que consideran demasiado «centrista».

Hoy cambiar a las autoridades económicas -que son parte del «albertismo»- se complica ya que se encuentra en proceso la negociación con organismos internacionales de crédito que son claves para la recuperación económica.

Qué puede pasar en los próximos días es tarea de adivinadores, y no de politólogos ni politólogas, que, a las postres, tampoco avizoramos semejante derrota del oficialismo.

Para Juntos por el Cambio, por su parte, el desafío está en retener los votos obtenidos, evitar el crecimiento de una derecha externa que no avizora intenciones de dialogar futuro, y lograr capturar el mayor porcentaje de ese alrededor del 30% del padrón que no se presentó a votar en estas PASO.

Finalmente, para la Argentina, y más allá de los resultados del último domingo y de los del 14 de noviembre, resta poner sobre la mesa una discusión que es esquiva pero necesaria: la estabilización de las variables macro y micro de la economía sin costos sociales mayores a los que actualmente existen llevan mucho más tiempo que los dos años que las reglas actuales imponen entre elección y elección, sometiendo al sistema político nacional a un estrés que se presenta como impedimento para los acuerdos sectoriales de largo plazo necesarios para dar respuesta a los problemas estructurales que la pandemia desnudo con toda su crudeza.

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