Tres perfiles diferentes al imperialismo dominante

El fracaso del proyecto norteamericano del “Gran Oriente Medio” tiene enormes consecuencias para la relación de la primera potencia con los tres principales jugadores globales del siglo XXI.

El imperialismo estadounidense buscaba renovar la subordinación de Europa, frustrar la recomposición de Rusia y neutralizar la expansión de China. Estos tres objetivos quedaron seriamente afectados por la sucesión de adversidades y derrotas que acumula Washington en las últimas dos décadas.

La conducta imperialista de Estados Unidos es un dato corroborado por la escalada de agresiones que perpetró en el “mundo islámico”. ¿Pero cómo debería caracterizarse el rol de Europa, Rusia y China? ¿Qué tipo de indicios surgen de las acciones de cada potencia en la región más turbulenta del planeta? ¿Operan también como fuerzas imperialistas?

REEMPLAZO Y SOMETIMIENTO

Toda la vasta zona atropellada por Estados Unidos en los últimos años fue un botín de la era clásica del imperialismo. Al concluir la Primera Guerra Mundial, Inglaterra y Francia concertaron especialmente su dominio de Medio Oriente y negociaron el reparto de los territorios árabes del desmembrado Imperio Otomano. Se distribuyeron esa región estableciendo las nuevas fronteras de Siria, Irak, Líbano, Jordania y Palestina.

El resultado de la Segunda Guerra condujo a otra remodelación. Estados Unidos impuso su control de las reservas petroleras y su manejo de muchos gobiernos formalmente independizados. Washington sustituyó a los alicaídos antecesores anglo-franceses y convirtió a toda la región en un escenario de la guerra fría contra la Unión Soviética.

Los viejos colonialistas europeos igualmente permanecieron en varios lugares claves. Continuaron lucrando con inversiones petroleras y acreencias financieras y conservaron cierta presencia militar para proteger sus negocios. Pero su desplazamiento por el poder norteamericano se afianzó con paso del tiempo y condujo a un dramático desenlace, luego de la fracasada invasión anglo-francesa del Canal de Suez con asistencia de Israel (1956).

Esa intervención -consumada para contrarrestar la nacionalización dispuesta por el gobierno de Nasser- naufragó en forma escandalosa. Allí quedó sepultada la vieja acción imperial de Europa en el “mundo islámico”. Estados Unidos ocupó definitivamente ese vacío, con una nueva red de alianzas e impuso normas de la subordinación a sus socios transatlánticos. Este curso fue reforzado por la derrota de Francia en Argelia (1962).

Las principales potencias del Viejo Continente renovaron sus actividades económicas en el grueso de los países, pero los operativos militares quedaron bajo el mando del Pentágono. Inglaterra preservó su influencia en la península arábiga y Francia conservó su gravitación en el Líbano. Pero el Departamento de Estado tomó la última palabra en materia de invasiones y golpes de estado contra los personeros en desgracia. Actualmente Francia intermedia cuando un monarca saudita chantajea a un presidente libanés, pero ya no define la invasión de Irak, la ocupación de Afganistán o las treguas de Siria.

Este rol subordinado -pero igualmente activo y complementario de Estados Unidos- se ha verificado en todos los grandes acontecimientos recientes. En las guerras de envergadura (Golfo en 1991, Afganistán en 2001, Irak en 2003) Europa actuó bajo la dirección operativa de Washington que aportó el grueso de las fuerzas militares. Todos los operativos internacionales de terrorismo de estado, espionaje ilegal y cárceles clandestinas fueron manejados por la CIA, con el simple auxilio de los servicios secretos europeos. Los marines utilizaron, por ejemplo, con descarada discrecionalidad sus bases en el Viejo Continente para realizar incursiones en “Gran Oriente Medio”.

SUBORDINACIÓN Y CRISIS

El sometimiento europeo a Estados Unidos ha prevalecido incluso en acciones contra países como Libia, que pesan más en la economía del Viejo Continente que en el universo americano. Todas las compañías petroleras de Europa tienen filiales en el Norte de África y Bruselas gestiona directamente el freno de los inmigrantes que intentan cruzar el Mediterráneo.

Esa relevancia de Libia no impidió que el derrocamiento de Gadafi fuera teledirigido por el mando norteamericano de la OTAN. Tal como ocurrió con Bush frente a Sadam, la encargada de celebrar el asesinato del ex presidente libio fue Hillary Clinton.

Actualmente la Unión Europea interviene en los caóticos escenarios de Trípoli y Bengasi, pero Italia y Francia apuestan a bandos opuestos y requieren el auxilio del mediador alemán (Armanian, 2020). No logran contener, además, la creciente presencia de Rusia y Turquía y dependen del visto bueno norteamericano para las decisiones estratégicas.

La misma secuencia se corrobora con Irán. Alemania y Francia apoyaron en forma entusiasta la negociación que abrió Obama con Teherán. Apostaban al afianzamiento de sus grandes negocios con los Ayatolás. Pero cuando Trump decidió congelar esas tratativas optaron por la subordinación. En los últimos meses han intentado convencer a Biden de las ventajas de un rumbo consensuado, pero mantendrán su sometimiento a Washington si la negociación continúa bloqueada.

Estados Unidos y Europa no participan en las mismas alianzas de empresas para extraer el gas del Mediterráneo. Esa división también se extiende al gasoducto que proveerá combustible ruso a Alemania. Trump ensayó un bloqueo de ese suministro -que rivaliza con las exportaciones del shale norteamericano- pero Biden modificó la agenda. Algunos analistas destacan que tiende a convalidar esa operación, a cambio del sostén europeo a una próxima andanada de hostilidades contra China (Chingo, 2021). Propicia generalizar el mismo compromiso a todos los temas conflictivos de Medio Oriente. La subordinación a las decisiones geopolíticas de Washington es el principal presupuesto de esas tratativas.

La crisis sahaurí aporta otro ejemplo de la misma primacía norteamericana. En los años 70 la monarquía ibérica le entregó el Sahara español a Marruecos, como prenda de pago a Washington por el reconocimiento del improvisado rey Juan Carlos. Ese contubernio precipitó la prolongada lucha de un sacrificado pueblo por su autodeterminación (Urbán, 2020).

Estados Unidos ha transformado actualmente a Marruecos en una pieza clave de la nueva connivencia diplomática de los déspotas árabes con Israel. Por esa razón los padecimientos de los sahauríes ya empalman a pleno con los sufrimientos de sus pares de Palestina. Con su habitual sometimiento a las decisiones norteamericanas, Europa convalida esa tropelía.

ALTERIMPERIALISMO

La conducta de Europa ilustra un comportamiento alterimperial. Las tradicionales potencias colonialistas continúan desenvolviendo acciones propias, pero bajo las normas que fija la jefatura estadounidense. Custodian sus propios intereses en ciertas áreas, aceptando la subordinación al rumbo general que define la primera potencia.

Mediante esa combinación, el Viejo Continente preserva un gran poder de fuego propio e irrumpe con incursiones de sus gendarmes en algunas colonias de antaño. Inglaterra atacó las Malvinas y Francia envía periódicamente legionarios a Mali y la República Centroafricana. Conserva bases militares en 10 países del continente negro (Prashad, 2021) y desde 1992 cuenta con el pacto de seguridad europeo para utilizar fuerzas de reacción rápida.

Pero todas las grandes acciones continúan sujetas al mando del Pentágono. El propio sistema de defensa europeo está inscripto en la lógica de la OTAN y esa integración presupone un conflictivo pero perdurable sostenimiento del gasto bélico. La propia producción de armamentos en el Viejo Continente está sujeta a normas de compatibilidad con las Fuerzas Armadas estadounidenses (Serfati, 2001).

Los autores que introdujeron el concepto de alterimperialismo han contribuido a precisar las peculiaridades contemporáneas de Europa (Serfati, 2005). Esa región ya no aglutina a viejas potencias imperialistas corroídas por rivalidades internas, ni tampoco agrupa a un enjambre común que disputa hegemonía militar con el coloso americano. Los grandes jugadores de Europa (Inglaterra, Francia, Alemania) continúan desenvolviendo acciones imperiales propias o entrelazadas, pero invariablemente sometidas al veto de Washington.

Las disputas norteamericanas con los subordinados socios europeos son importantes y recurrentes, pero no remueven las reglas de la sintonía occidental. Hay frecuentes choques por el financiamiento de la OTAN y operativos inconsultos del Pentágono. Más intensos son los desacuerdos comerciales entre firmas que ambicionan el mismo botín de Irak, Libia o Sudán. Bajo el mandato de Trump esas divergencias alcanzaron un inédito nivel de tensión que ahora Biden intenta disipar.

El nuevo mandatario está embarcado en recomponer las relaciones con sus socios transatlánticos. Por eso comenzó su gestión con un promocionado reencuentro con los líderes europeos, para reclutar aliados en las tensiones que se avizoran con China.

Biden se ha mostrado dispuesto a bajar el tono de los choques económicos con el Viejo Continente (Boeing- Airbus, gasoducto Nord Stream 2, tecnologías 5 G). Su prioridad es concertar un frente común contra el adversario asiático. De esa forma el imperialismo dominante busca reordenar sus relaciones con el socio alterimperial.

Pero el desenlace reciente de Afganistán introduce mucho ruido en esas tratativas. El padrinazgo yanqui que pretendía restablecer Biden con los socios de Europa ha quedado amenazado por la pérdida de autoridad norteamericana, que genera el abrupto retiro de Kabul. Macron, por ejemplo, toma distancia de la Casa Blanca recordando el costo de 13 años de permanencia de Francia en el conflictivo país de Asia Central. Nuevos interrogantes se perfilan en el entramado de Washington con Londres, Berlín y Paris.

LA REAPARICIÓN DE MOSCÚ

Rusia desenvuelve un rol completamente diferente al desempeñado por Europa. Mantiene una relación de intenso conflicto con Estados Unidos, que contrasta con la sociedad imperante entre las potencias transatlánticas.

La drástica reacción de Moscú frente al proyecto imperialista del “Gran Oriente Medio” ha cambiado los escenarios de varios continentes. Esa respuesta fue particularmente contundente a partir de la guerra de Siria. Putin decidió intervenir con fuerzas militares propias para detener el avance de los yihadistas. Adoptó esa decisión, al observar cómo las ramificaciones chechenas de esas milicias intervenían en el radio de influencia directo de Moscú.

Rusia afianzó sus dos bases militares en la zona e impidió la caída de Assad para frenar las incursiones estadounidenses. Con esa acción Putin le arrebató a Washington las decisiones finales sobre Siria y frustró la pretensión norteamericana de actuar como juez definitorio de la partida.

La participación de tropas rusas -en un terreno tan alejando de su órbita defensiva- provocó el desconcierto inicial de Estados Unidos. El Pentágono vaciló entre varias respuestas y no definió ninguna. Putin aprovechó esos titubeos para colocar a su país en un terreno de gran paridad a la hora de negociar el futuro de Siria (Armanian, 2021),

El gran giro se produjo en el 2015 con el apoyo aéreo provisto por Rusia a las expediciones del ejército sirio sobre las brigadas yihadistas. Esa acción revirtió el acoso que sufrían los gendarmes de Assad e incentivó una contraofensiva que desembocó en la caída de Aleppo.

Esa batalla volcó la balanza del conflicto de Siria. Condujo a la derrota de los fundamentalistas, al fulminante fracaso de Qatar y Arabia Saudita, al improvisado reacomodo de Turquía y al debilitamiento de Estados Unidos.

La destrucción de esa ciudad -con cuantiosas bajas de todos los bandos- tuvo un gran impacto en la región. Demostró la eficacia de los asesores rusos frente a la ineficiente coalición contra el Estado Islámico, que Estados Unidos montó con el concurso de 40 países. Ese armado quedó totalmente ensombrecido frente al renovado protagonismo moscovita.

La permanencia de Assad ha sido el principal resultado de la guerra en Siria. El desplazamiento de ese mandatario era una prenda de negociación que se ha invertido. Ahora la diplomacia rusa fija los términos de las tratativas frente al fragilizado Departamento de Estado.

EL REGRESO A ORIENTE

El resurgimiento de Rusia tiene correlatos directos en Afganistán. Ya antes de la caída de Kabul, Moscú había comenzado a intervenir intensamente en el conflicto. Auspició una conferencia sobre el futuro de ese país con los talibanes, China y Pakistán y excluyó por completo a Occidente

Putin retomó las relaciones con los talibanes estableciendo una tajante diferenciación con el yihaddismo transnacional de ISIS (Daesh o EI). Sitúa solo a ese sector en el campo de los enemigos de Moscú. Pretende alejar a esas milicias de las fronteras rusas y aspira a imponer su abandono de Uzbekistán y Kirguistán con el propio concurso de los talibanes.

Con su habitual pragmatismo, Putin observa ahora a los talibanes como una fuerza más amistosa que los fundamentalistas del ISIS o Al Qaeda. Registra las posibilidades de mayores negociaciones directas con el primer sector, luego del drástico cambio que introdujo la derrota estadounidense.

Esta reaparición de Rusia corona un drástico giro en el escenario local. En 1980 el Ejército Rojo ingresó en Afganistán para proteger al gobierno progresista de Najibulá, pero no pudo evitar que en 1996 su presidente fuera linchado por los talibanes. Ahora los diplomáticos de un gobierno ruso -pos-soviético y capitalista- vuelven a Kabul, para negociar con las milicias que arrojaron al país al Medioevo. El imperialismo estadounidense -que primero promovió esa atroz regresión y luego confrontó con los talibanes- ha sido doblegado.

Rusia actúa en Afganistán con los mismos parámetros de ambigüedad diplomática que despliegan en otras regiones. En Siria sostuvo al acorralado mandatario, pero negocia su eventual canje en un acuerdo con otros actores de la disputa.

Frente a Irán mantiene una actitud similar. Putin convalidó durante años las sanciones de Estados Unidos contra Teherán por razones meramente económicas. Rusia compite en el mercado mundial de gas con Irán, que alberga monumentales reservas del mismo combustible. Por eso busca frustrar la concreción de dos gasoductos que rivalizarían con sus propias ventas al exterior (Armanian, 2019).

Las convergencias y divergencias de Rusia con Turquía son de mayor porte y en el conflicto de Siria incluyeron todos los extremos imaginables. Por un lado se registraron virulentos asesinatos de diplomáticos y derribos de aviones y por otra parte se consumaron cálidos reencuentros para abrochar ventas de armas. Putin negoció con Erdogan una y otra vez el destino de Aleppo y Rojava. Buscó alcanzar algún status quo, para alejar a los yihadistas de las fronteras rusas a cambio del sacrificio de los kurdos.

Con la misma geopolítica de gran potencia, Putin ha preservado excelentes relaciones con Israel. Mantiene incluso en reserva la carta de forzar la salida de las fuerzas iraníes y libanesas de Siria, si Tel Aviv accede a moderar sus ambiciones de expansión territorial. La prioridad moscovita es una estabilidad de Medio Oriente asentada en la decreciente relevancia de Estados Unidos.

IMPERIO EN FORMACIÓN

La intervención rusa en Siria contribuyó a contener la brutalidad yihadista, pero no incluyó gran consideración por la tragedia de los civiles. Moscú evitó el brutal belicismo de los sauditas o los israelíes, pero no intervino con ataduras a los patrones humanitarios.

Conviene recordar que Rusia participa activamente en el mercado mundial de armamento como segundo proveedor de instrumentos mortíferos. Sólo prioriza el alejamiento de Estados Unidos de sus fronteras y actuó en Siria para enviar un mensaje a las fuerzas de la OTAN afincadas en Europa del Este.

Rusia respondió a la continuada presión del imperialismo norteamericano sobre el viejo entramado de la URSS. Desde hace décadas el Pentágono intenta desmembrar ese territorio en un ramillete de mini-estados sometidos a Washington. La incursión moscovita en Medio Oriente apuntó a contrarrestar la captura occidental de Ucrania. También buscó balancear el cerco de misiles que Estados Unidos ha desplegado en el cordón aportado por varios ex integrantes del Pacto de Varsovia (Alexander, 2018).

Rusia apuntala en Siria sus propios intereses y dirime tensiones con Occidente. Actúa en Medio Oriente como un jugador mundial que anticipa movimientos. Putin despachó tropas a Damasco frente a las presiones estadounidenses en Asia Central y advirtió que adoptará represalias frente a cada arremetida del Pentágono.

De esta pulseada ha emergido el inestable equilibrio que impera en Siria. El país sigue fragmentado con áreas en disputa e incontables refugiados fuera de sus hogares. El sufrimiento popular persiste mientras se dirime el futuro del territorio.

La conducta rusa en Medio Oriente corrobora el perfil de un imperio en formación. Moscú no araña el status alcanzado por el dominador estadounidense o sus socios europeos. Está muy lejos de actuar en la misma escala y no persigue los mismos objetivos de recuperación hegemónica. Golpea con fuerza, pero preserva una tónica general defensiva y propicia un escenario geopolítico multipolar, contrapuesto a la primacía que ambiciona Washington.

Esta conducta de Rusia es coherente con el status capitalista del país. Ese sistema fue restaurado en forma fulminante luego de la implosión de la URSS, mediante el vertiginoso remate de la propiedad pública. De ese cambio emergió una oligarquía de millonarios provenientes de la alta burocracia del régimen anterior. El mismo personal cambió de vestimenta y mantuvo la conducción del estado para otros fines.

Pero el caos que generó el bandidaje de la era de Yeltsin obligó al viraje que ha implementado Putin para contener la desarticulación del país. De ese liderazgo surgió el modelo político actual, que acotó el poder de los acaudalados sin modificar el status capitalista de Rusia.

Putin ha reforzado su conducción de ese esquema incrementado la presencia internacional del país. Logró esa recomposición en tensas negociaciones con sus pares estadounidenses. Las convergencias y rupturas se sucedieron en forma vertiginosa con Trump y es muy incierto lo que ocurrirá con Biden.

El nuevo mandatario norteamericano comenzó con mensajes agresivos y bajó posteriormente el tono, para reabrir las interrumpidas negociaciones sobre la distensión nuclear. El imperialismo dominante continúa lidiando con un imprevisible imperio en formación.

LA AMENAZA ECONÓMICA DE CHINA

En el “mundo islámico” se verifica la nítida diferencia entre las dos potencias que confrontan con Estados Unidos a escala global. Mientras que Rusia interviene activamente en el plano geopolítico e incursiona abiertamente en el terreno militar, China actúa con más cautela en el primer terreno y mantiene una gran prescindencia en el segundo.

A diferencia de Rusia el nuevo gigante asiático es importador neto de petróleo y busca asegurar su abastecimiento, mediante acuerdos con los exportadores de todos los bandos. Adquiere el ansiado insumo de los sauditas y también de Irán, sin establecer distinciones de ningún tipo.

La presencia de China está centrada en los negocios y su impactante gravitación económica representa un serio desafío para el competidor estadounidense. No hay tropas chinas en los campos de batalla del mundo árabe, pero abundan los convenios comerciales con todos participantes de esos conflictos.

Para contrarrestar esa arrolladora intervención, Estados Unidos presiona a los gobiernos afines para que reduzcan la incidencia comercial e inversora de su gran rival. Explora especialmente caminos para cortar el abastecimiento petrolero de Beijing. Sin el combustible importado de Arabia Saudita, Irán o Irak, el crecimiento de la nueva potencia asiática quedaría estructuralmente bloqueado.

En ese terreno se libra una intensa pulseada entre las empresas chinas -que continúan multiplicando convenios- y los emisarios de Washington, que exigen el cierre de la canilla del crudo hacia el Extremo Oriente.

Esta política norteamericana también incluye un guiño a los grupos yihadistas que hostilizan a China. Algunas vertientes de esas formaciones ambicionan incorporar varias regiones del territorio asiático, a su imaginario mega-califato regido por la sharia.

Enarbolan el derecho de los uigures a contar con un gobierno religioso. Por eso demandan la autonomía político-administrativa de las regiones habitadas por esas minorías. Las corrientes más extremas aspiran a lograr una independencia semejante a la conseguida por los distintos “stanes”, que emergieron en Asia Central luego de la desintegración de la URSS.

Estados Unidos apuntala esos proyectos con la misma malevolencia que promociona las exigencias de los monjes tibetanos. Para socavar la integridad territorial china, acompaña las distintas campañas que propician la autonomía de la “comunidad musulmana” del Turquestán oriental (Xinjiang).

China ha respondido con mano dura a ese separatismo. Pero también ha optado por ampliar los derechos de las mujeres musulmanas, que en esas regiones cuentan con sus propias mezquitas. Hasta ahora Beijing ha logrado neutralizar la acción yihadista que amparan Washington y Riad.

Biden evalúa muchas opciones de acción en su estratégica confrontación con China. Mantiene la misma prioridad de choque con el gigante asiático que explicitó Trump. Ha incorporado a ese libreto la tradicional demagogia de los Demócratas en torno a los derechos humanos para justificar las intromisiones imperiales. En su obsesión contra el rival oriental, ni siquiera archivó las absurdas campañas de su antecesor para culpabilizar a Beijing por la pandemia (Hardy, 2020).

EL GIRO DE PAKISTÁN

La creciente presencia china en el “Gran Oriente Medio” puede desembocar en resultados tan sorprendentes como el giro consumado por Pakistán. Ese país emergió en 1947 como un bastión del extremismo islámico, del anticomunismo furioso y de la enemistad hacia los hindúes. El país debutó con un patrón de fractura colonial para debilitar al naciente estado de la India. Quedó bajo el mando directo de Estados Unidos, que desplegó desde allí una intensa guerra fría contra la relación autónoma y conciliatoria de Nueva Delhi con la URSS.

El belicismo pakistaní monitoreado por el Pentágono se puso a prueba en dos guerras contra la India (1965 y 1971) y en el posterior emplazamiento de un cuartel general del extremismo religioso, para atentar contra las fuerzas democráticas y laicas de toda la región. El padrinazgo de terroristas comenzó con el entrenamiento de los talibanes afganos. Algunas organizaciones de ese entramado finalmente construyeron un estado dentro del estado pakistaní, a partir de una inmanejable simbiosis con el ejército y los servicios de inteligencia.

Cuando Estados Unidos comenzó a perder las guerras de Oriente y a multiplicar las conspiraciones para renovar sus títeres, la propia crisis de la primera potencia se extendió a sus servidores. Esa erosión alcanzó inéditas proporciones en Pakistán desde el asesinato de la figura más afín al establishment estadounidense (Benazir Bhutto en el 2007).

El trato humillante que el Pentágono propinó a los militares pakistaníes alimentó, a su vez, las impactantes reacciones antiamericanas entre sus viejos cipayos. El efecto acumulativo de esos malestares derivó finalmente el sorpresivo giro de la política exterior pakistaní hacia una alianza con China.

Ese giro se consolidó como respuesta a la reconciliación con la India que inició Obama y afianzó Trump. En lugar de acomodarse como socio subordinado a ese nuevo tejido geopolítico, los gobernantes pakistaníes patearon el tablero y concertaron acuerdos con China. Han tomado radical distancia del bloque que Washington construye para pulsear con Beijing.

Esta indisciplina de un viejo peón -que alberga armas atómicas provistas por el Pentágono- introduce un dolor de cabeza mayúsculo en el Departamento de Estado. Pakistán ya obstruye el tránsito por sus carreteras de las caravanas de la OTAN, avanza con gasoductos hacia China e incluso adquiere armamento del gran enemigo de Estados Unidos.

Washington ha comenzado a diseñar distintas conspiraciones para retomar el control sobre un país clave para su estrategia de acoso de Beijing. Esos complots incluyen planes de fractura del propio Pakistán (Armanian, 2013)

Pero lo más problemático para Washington ha sido la extensión del giro de Islamabad hacia Kabul. China ha penetrado intensamente el universo afgano, desde que los estrechos socios pakistaníes de los talibanes se aproximaron a Beijing.

Los convenios económicos suscriptos entre ambos países incorporan a Afganistán a la ruta de la seda, a través de redes ferroviarias y un nuevo circuito de inversiones (Merino, 2021). Bajo el impulso pakistaní, los talibanes giran ahora hacia la órbita económica de China, creando un escenario doblemente adverso para Estados Unidos. La reciente caída de Kabul puede afianzar drásticamente ese curso.

Lo ocurrido con Pakistán y Afganistán ilustra la gigantesca amenaza que entraña China para la dominación norteamericana. Washington no se resigna a perder esa supremacía y afina todas sus baterías contra el desafiante asiático. Pero hasta ahora sólo acumula fracasos. El infierno bélico que desató en el mundo islámico para intentar esa obstrucción condujo a una sucesión de desastres militares. El dique que intentó edificar contra Beijing desembocó en calamitosos resultados.

UN STATUS NO IMPERIAL

Las respuestas cautelosas que mantiene China en Medio Oriente frente a su adversario norteamericano confirman el status no imperialista de la nueva potencia. Esa fisonomía perdura al compás de una estrategia defensiva de expansión económica, sin correlatos equivalentes en la esfera geopolítico-militar. En este último campo se define el status imperialista de las distintas potencias.

El perfil que hasta ahora mantiene de China concuerda con el régimen social intermedio del país y el proceso aún inacabado de restauración del capitalismo. La nueva clase dominante no ejerce en China el poder político, que el Partido Comunista preserva bajo su directo control (Katz, 2021).

El carácter no imperial de China también concuerda con la pauta general defensiva de su acción internacional. Esa postura contrasta con la norma ofensiva que ordena la política exterior de Estados Unidos y sus socios europeos. El papel de Beijing en el “mundo islámico” no se equipara, por lo tanto, con el desplegado por Washington.

La tipificación de una potencia con el calificativo imperial debe tomar en cuenta su papel en los distintos escenarios. El imperialismo contemporáneo es un dispositivo de dominación que garantiza los lucros de los capitalistas, mediante acciones político-militares de agresión. A la hora de evaluar un acto imperial corresponde tomar en cuenta los datos que corroboran ese atropello.

Pero estas caracterizaciones son insuficientes si quedan restringidas a los actores globales del conflicto. El análisis de la región exige considerar también el papel de las potencias regionales que desenvuelven un inédito protagonismo. Evaluaremos ese rol en nuestro próximo texto.

RESUMEN

El alterimperialismo europeo difiere del imperialismo norteamericano. Combina las divergencias económicas con la subordinación geopolítica a la primera potencia. Sus acotadas incursiones propias están enlazadas con el liderazgo del Pentágono en los grandes operativos.

Rusia despliega acciones de gran potencia a partir de sus victorias militares en Siria y sus éxitos diplomáticos en Oriente. Esa audaz conducta retrata el perfil de un imperio en formación amoldado al cimiento capitalista del país.

China aumenta su protagonismo económico, pero sin correlatos geopolíticos y militares. Actúa como una potencia no imperial y disputa negocios contra el militarizado competidor norteamericano.

Por Claudio Katz | 18/09/2021

 

REFERENCIAS

-Alexander, Anne (2018). The contemporary dynamics of imperialism in the Middle East: a preliminary analysis Issue: 159 Posted on 26th June 2018, https://isj.org.uk/contemporary-dynamics-of-imperialism/

-Armanian, Nazanín (2013). Pakistán: tirado por EEUU, recogido por China, 12-5,

https://blogs.publico.es/puntoyseguido/705/pakistan-tirado-por-eeuu-recogido-por-china/

-Armanian, Nazanín (2019). El objetivo de EEUU es Irán, no la República Islámica, 8-4, http://www.nazanin.es/?p=15306

-Armanian, Nazanín (2020). La farsa de «Paz» en Libia (I) y la «Patria Azul» de Turquía

https://blogs.publico.es/puntoyseguido/6225/la-farsa-de-paz-en-libia-i-y-la-patria-azul-de-turquia/

-Armanian, Nazanín (2021), Los ganadores de diez años de guerra contra Siria: Israel, EEUU y Rusia, 28-3, https://blogs.publico.es/puntoyseguido/7071/los-ganadores-de-diez-anos-de-guerra-contra-siria-israel-eeuu-y-rusia/

-Chingo, Juan (2021). Luego del G7 y la cumbre de la OTAN.Avances y límites del frente antichino de Joe Biden, 19-6, https://www.laizquierdadiario.com/Avances-y-limites-del-frente-antichino-de-Biden

-Hardy Toro, Alfredo (2020). Estados Unidos y China: ¿Guerra, acuerdo, claudicación o quiebre?, 25/11, https://politica-china.org/areas/politica-exterior/estados-unidos-y-china-guerra-acuerdo-claudicacion-o-quiebre

-Katz, Claudio (2021). Descifrar a China. Antagónica, n 3 enero-julio 2021, Quilmes.

-Merino, Gabriel (2021). Biden, América Latina y las mutaciones geopolíticas La puja por Afganistán y el declive relativo de Estados Unidos Boletín #5 Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América, junio 2021 https://www.clacso.org/boletin-5-estados-unidos-miradas-criticas-desde-nuestra-america/

-Prashad, Vijay (2021).Una absurda catedral de la desgracia. 17/07, https://www.alainet.org/es/articulo/213109

-Serfati, Claude (2005). “La economía de la globalización y el ascenso del militarismo”. Coloquio Internacional Imperio y Resistencias. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México, 6-10.

-Serfati, Claude (2001) La mondialisation armée, Paris. Textuel.

-Urbán, Miguel (2020). Cuarenta y cinco años de traición al pueblo saharaui

https://blogs.publico.es/tomar-partido/2020/11/14/cuarenta-y-cinco-anos-de-traicion-al-pueblo-saharaui/

Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaiatz

Publicado enInternacional
Sábado, 18 Septiembre 2021 05:46

Más munición en una Asia que se rearma

Lanzamiento de un misil desde un submarino surcoreano este miércoles 15 de septiembreHANDOUT / Reuters

El acuerdo estratégico impulsado por Biden para frenar a China añade tensión a una zona con un gasto militar al alza

 

La nueva alianza estratégica de defensa entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia (Aukus), un movimiento que puede cambiar el transcurso de la intensa partida de ajedrez geoestratégico entre Washington y Pekín en Asia, ha desatado la furia de China. Apenas se habían apagado las voces de los líderes del nuevo Aukus tras anunciar el pacto cuando el Gobierno de Xi Jinping ya ponía el grito en el cielo. El acuerdo, advertía, puede precipitar “una carrera de armamento”. Pero la vasta región que aglomera al Índico y el Pacífico se rearma desde hace tiempo.

Solo esta semana, en los días inmediatamente previos al anuncio trilateral, en las aguas asiáticas Corea del Norte ha disparado dos misiles balísticos y uno de crucero, de larga distancia. Corea del Sur ha probado con éxito el lanzamiento de un misil desde uno de sus submarinos de fabricación propia, en lo que supone un hito de su capacidad militar. El Gobierno en Taiwán ha propuesto una partida presupuestaria extra por valor de miles de millones de euros para el desarrollo y la adquisición de nuevo armamento, incluidos misiles de crucero y buques de guerra. Algunos de los misiles más punteros del mundo se están desarrollando en esta región.

El año pasado Asia y Oceanía invirtieron 528.000 millones de dólares (unos 450.187 millones de euros) en la dotación para sus ejércitos, según los datos recopilados por el Stockholm International Place Research Institute (Sipri). Una suma que representaba un aumento del 2,5% con respecto al año anterior, y por debajo de los 801.000 millones de dólares gastados en América del Norte, pero cerca de un 40% más del total de las partidas del continente europeo.

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En gran medida, este crecimiento, en línea con un aumento constante a lo largo de las últimas dos décadas, viene arrastrado por la vasta inversión china en la modernización de sus Fuerzas Armadas. El gasto militar de Pekín en 2020, según el Sipri, rondó los 258.000 millones de dólares. Un aumento relativamente modesto con respecto al año previo, del 1,9%. Pero que representa un incremento del 76% en una década.

“El gasto de China ha crecido durante 26 años consecutivos, la cadena más larga sin interrupciones (de incremento del gasto militar) de cualquier país en nuestra base de datos”, indica el instituto sueco en su informe anual. En comparación, aunque la inversión de Estados Unidos, el país con mayor presupuesto para sus Fuerzas Armadas, alcanzó los 778.000 millones de dólares, un alza del 4,4%, esa partida se ha recortado en un 10% desde 2011.

El Ejército Popular de Liberación (EPL) chino cuenta con el mayor número de tropas, unos dos millones de soldados, y la mayor flota del mundo, con cerca de 360 buques, y aspira a convertirse en una fuerza de combate totalmente modernizada para 2027, el centenario de su fundación. Fabrica dos nuevos portaaviones, que doblarán el número de estas naves de las que dispone, desarrolla cohetes de largo alcance y compite con Estados Unidos en el terreno de las armas del futuro, desde la tecnología cuántica a misiles hipersónicos.

Junto a una mayor disponibilidad de efectivo gracias al crecimiento económico de Asia a lo largo de este siglo, y razones ideológicas en ciertos casos -el conservador primer ministro nipón Shinzo Abe hizo del fortalecimiento de las fuerzas japonesas una de sus prioridades hasta su renuncia por motivos de salud hace un año- el creciente poderío militar de Pekín ha espoleado a otros países en la región a reforzar sus equipos militares.

Al presentar su propuesta de presupuesto extraordinario de 240.000 millones de dólares taiwaneses, o unos 9.000 millones de dólares para los próximos cinco años -que se sumarán a los 474.000 millones ya previstos en el presupuesto para 2022-, el Ministerio de Defensa en Taipéi advirtió este jueves de la “grave amenaza” que encara desde China. Pekín considera a la isla parte inalienable de su territorio y nunca ha renunciado a la fuerza como vía para la unificación.

China “ha seguido invirtiendo profusamente en su presupuesto de defensa nacional, su fuerza militar ha crecido con rapidez y con frecuencia envía aviones y buques para invadir y hostigar nuestras aguas y espacio aéreo”, apuntaba el ministerio en un comunicado. “A la vista de las graves amenazas del enemigo, las Fuerzas Armadas de la nación participan activamente en labores de preparación y cimentación de nuestro ejército, y es urgente que consiga una producción de armamento rápida y de calidad en un corto plazo de tiempo”, agregaba. Taipéi denuncia que desde hace aproximadamente un año China ha lanzado constantes incursiones de sus aviones militares en su zona de identificación aérea.

Este mismo viernes, y tras la presentación presupuestaria, la fuerza aérea taiwanesa interceptaba a una decena de aviones chinos en su espacio aéreo.

En otros países de la región, el gasto militar también parece alentado por el recelo ante el poderío chino. Además de sus nuevos misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) Corea del Sur planea la construcción de un portaaviones y el desarrollo de su misil Hyunmoo-4, con un alcance de 800 kilómetros, una inversión más orientada a crear un elemento disuasorio contra Pekín que a hacer frente a Corea del Norte.

Y, aunque no se la mencionó por su nombre en la presentación del Aukus, Pekín y su auge son el objetivo de la nueva alianza estratégica. “Es imposible interpretar esto como algo que no sea una respuesta a la pujanza de China”, opina Sam Roggeveen, del Lowy Institute australiano, en el blog The Interpreter de su laboratorio de ideas.

El pacto también representa una “escalada significativa del compromiso estadounidense contra ese desafío”, en opinión de ese experto. El pacto dotará a Australia -que se verá reforzada así como actor militar en la región- de tecnología para la construcción de submarinos nucleares. Pero incluye también la colaboración de Washington, Londres y Canberra en el desarrollo de sistemas de armamento de tecnología punta, desde la inteligencia artificial a armas cuánticas.

Ataque por el flanco comercial

“Llegando solo dos semanas después de que Biden declarara la guerra en Afganistán terminada, y solo ocho días antes de la primera cumbre del QUAD -la alianza de seguridad formada por India, Japón, Australia y Estados Unidos-, la presentación de Aukus afirma la determinación de la Administración de Biden para hacer jugar a los aliados y socios estadounidenses en la competición con China”, apunta Ali Wyne, de la consultora Eurasia Group, en una nota.

De momento, y tras la primera reacción de furia verbal, China ha optado por dirigir su respuesta a otro terreno más allá del militar. Horas después de la constitución de Aukus, Pekín presentaba su solicitud formal de ingreso en el Acuerdo Exhaustivo y Progresivo para la Alianza Transpacífica (CPTPP, por sus siglas en inglés), el pacto para crear una zona de libre comercio a ambas orillas del Pacífico que originalmente lideró la Administración de Barack Obama, pero del que Donald Trump retiró a Estados Unidos en 2017.

La iniciativa de Pekín, en opinión de Wyne, apunta A que China “percibe la falta de una estrategia comercial en Estados Unidos como quizá el talón de Aquiles en los esfuerzos de Washington por competir con China en el Indo-Pacífico y más allá”.

 

Pekín - 17 sept 2021 - 22:40 COT

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Frente a aguas borrascosas el faro son nuestros principios

De nuevo nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se ve en la necesidad de dejar constancia ante el país y el mundo sobre los últimos hechos de los cuales hemos sido víctimas por parte del paramilitarismo que sigue actuando a sus anchas en nuestra región sin ser molestado por ninguna autoridad competente, pues cuenta con su apoyo económico y político, lo que los hace fuertes para someter al campesinado a sus proyectos.

Nuestra región parece cada vez más codiciada por todo tipo de poderes, tanto económicos como políticos, militares y paramilitares. La característica de todos ellos es abusar de la población, exprimirnos para sacarnos todo lo que pueden en beneficio de sus intereses. Están las empresas mineras que han buscado cómo  explotar los minerales que se encuentran en esta Serranía del Abibe y para lograrlo se valen de la ayuda de los paramilitares para conseguir por la fuerza las tierras para esas empresas. Por otro lado están todos los falsos proyectos de desarrollo del Estado, diseñados para  engañar al campesino. En el otro extremo se encuentra la politiquería o falsa política, mediante la cual enredan a la población con falsos proyectos de mejoramiento de caminos y aperturas de carreteras, como método para conseguir curules. Finalmente está el poder de las armas de militares y paramilitares que se encargan de someter bajo el miedo y la amenaza a la población civil.

En los últimos meses el señor César Jaramillo, quien hace parte de la junta de FEDECACAO, la SAMA y la Alcaldía de Apartadó, ha estado liderando, con algunos presidentes de Juntas de Acción Comunal, la ejecución de un plan que han llamado: “No Más Comunidad de Paz”. El primer paso fue convocar a los pobladores de la zona  a la vereda La Esperanza para firmar calumnias con el fin de llevar acusaciones ante la Fiscalía contra nuestra Comunidad de Paz. Luego empezó a llamar por teléfono a los que no fueron y no firmaron, para obligarlos a hacerlo. Algunas organizaciones y personas que no están de acuerdo con el trabajo que está liderando este personaje, ya lo han denunciado por injuria y calumnia contra sus organizaciones. Sabemos que el interés que ha perseguido es poder conseguir una buena cantidad de personas que le sirvan para exterminar a quien estorba sus intereses. Todo redunda en interés de la misma Brigada XVII del ejército, que es la que en todos estos años ha buscado por todos los medios  cómo acabar con nuestro proceso de vida; primero se coordinó con los bloques paramilitares más poderosos de Urabá y perpetraron numerosas masacres, entre ellas la del 21 de febrero del 2005; después se buscó cómo desprestigiar a nuestra Comunidad acusándonos falsamente de manejos comerciales ilegales. Comandantes como el mismo Coronel Germán Rojas Díaz lanzaron diversas calumnias contra miembros de nuestra comunidad, tratándolos de guerrilleros orgánicos de los diferentes frentes de las FARC que había en la zona, y por último se han valido de acciones de tutelas pésimamente fundamentadas y con la intención perversa de que no denunciemos sus atrocidades, buscando callarnos para que ya no se les destape en su complicidad con los grupos paramilitares que han existido desde que se creó esa brigada.

Se respira, pues, en nuestra región, un ambiente viciado por estrategias perversas contra nuestra Comunidad de Paz. Ahora el Señor César Jaramillo mediante audios maneja un supuesto plan de conciliación con las juntas comunales, organizaciones y personas que no han querido participar de sus ideas, según él, para limar asperezas y poder unirse para solucionar los problemas internos que tienen en sus veredas. Como Comunidad de Paz sabemos que se busca cómo tener a toda la población a su favor para dos cosas: la primera, cumplir el trabajo encomendado de exterminio de nuestra Comunidad, y el segundo, tener buenas firmas y votos para manipular los escaños políticos y la representación de las víctimas en el Congreso.

A las Juntas de Acción Comunal de todas las veredas de San José de Apartadó, desde nuestros corazones, como Comunidad de Paz, les decimos: ustedes, señores miembros de sus comunidades, son capaces de salir adelante autónomamente en su proceso organizativo en las veredas, sin tener que someterse a la guía de personas que sólo buscan cómo utilizar a la población para sus propósitos inconfesables. Entendamos que el paramilitarismo y los intereses políticos son los que han acabado con nuestra región.  Rechazarlos debe ser deber todos como comunidades campesinas. Anhelamos ver una zona donde el campesino se organice y busque desarrollar sus proyectos comunitarios, lejos de personas que buscan sus propios intereses por encima de quien sea.  

Las carreteras siguen siendo un importante método para que la maldad penetre  en nuestros espacios comunitarios. Se ha escuchado que se realizará una reunión en la vereda Playa Larga, donde se anuncia que participarán la Gobernación y funcionarios de la administración de Apartadó, según se dice, para legalizar carreteras que llevan más de 10 años siendo impulsadas ilegalmente por la Brigada 17 del ejército y los paramilitares.

Los hechos de los cuales dejamos hoy constancia son los siguientes:

·        El viernes 20 de agosto de 2021, en horas de la mañana nos llegaron informaciones según las cuales los paramilitares habrían tenido una serie de reuniones internas entre ellos para coordinar cómo sería su participación en  las juntas de acción comunal de la zona. Según se afirma, cada paramilitar que viva dentro de una vereda debe estar inscrito dentro de la Junta de Acción Comunal y apoyarla en todo. Estas informaciones son muy preocupantes porque el paramilitarismo ha ido penetrando las diferentes organizaciones civiles que hay en nuestra región y así lo hemos dejado en evidencia en anteriores constancias públicas donde con nombres propios se ha denunciado la presencia de paramilitares dentro de las comunidades civiles.

  • El miércoles 25 de agosto de 2021, nuestra Comunidad de Paz fue informada de una serie de audios donde el Señor Cesar Jaramillo y varios presidentes y miembros de las juntas de acción comunal de San José de Apartadó convocan a todas las demás juntas, incluyendo a personas que no están de acuerdo con los planes del señor Cesar Jaramillo en esta zona, para que  se acerquen a conciliar y seguramente a someterse a esa lógica que este personaje trae a la zona. Se escucha claramente en los audios cómo se invita a la población civil a desmovilizarse, como si fuera un grupo armado; esto ya es una clara calumnia de algunos dirigentes veredales contra el campesino.
  • El domingo 29 de agosto de 2021, en horas del día se recibieron informaciones según las cuales en la fiesta que se realizó el pasado 17 y 18 de julio, en la vereda La Unión, coordinada por la Brigada XVII del ejército, Cesar Jaramillo y la misma Junta Comunal de la vereda La Unión, se tuvo un muy alto consumo de licor, para lo cual el Señor César Jaramillo, miembro de la Junta Nacional de FEDECACAO, aportó parte del dinero  y según el resto fue aportado por el paramilitar Wilmar de Jesús Úsuga, alias “el Mexicano”, asesinado por el ejército en el departamento del Cauca el pasado 25 de julio de 2021.
  • El miércoles 01 de septiembre de 2021, en horas del día, pobladores amigos nos informaron sobre detalles de la estrategia que se está planeando, desde algunos presidentes de juntas de acción comunal en alianzas con el señor Cesar Jaramillo, para calumniar a nuestra Comunidad de Paz ante la Fiscalía: según eso, allí están llevando informaciones construidas por ellos sobre nexos de nuestra comunidad de paz con las extintas FARC-EP. Eso lo han intentado durante 25 años valiéndose de los más perversos métodos de chantajes, sobornos, torturas, utilización criminal de personas ilegal e injustamente detenidas para hacerlas víctimas de montajes, todo bajo el impulso del expresidente Uribe y sus secuaces. Uno de los autores más productivos en calumnias, montajes y chantajes contra nuestra Comunidad de Paz fue el coronel Néstor Iván Duque López, cuyos desempeños criminales están muy bien denunciados ante varios tribunales internacionales. Numerosos de esos expedientes, con todas sus trampas y podredumbres jurídicas y éticas han sido ya puestos a la luz, sus autores dejados en pública vergüenza y muchos de los que se prestaron para los montajes confesaron bajo la presión de la ley 975 o de la JEP y están profundamente arrepentidos. Con todo, al Señor César Jaramillo mucha gente le ha escuchado expresar deseos desesperados de que los líderes de nuestra Comunidad de Paz “se pudran en la cárcel”, pues él añora que los montajes del pasado se vuelvan a repetir. Su cercanía con la Brigada XVII, recinto donde se urdieron tantos crímenes del pasado que buscaban el mismo objetivo: destruir nuestra Comunidad de Paz, quizás le da confianza de que es posible repetirlos.
  • El viernes 3 de septiembre de 2021, fue visto un grupo de 12 paramilitares portando armas largas y prendas militares entre las veredas Arenas Altas y Arenas Bajas de San José de Apartadó. Aún se encuentran allí sin ser molestados por nadie.
  • Este mismo viernes 3 de septiembre de 2021, fueron vistos varios paramilitares en la vereda La Resbalosa de San José de Apartadó. Uno de ellos portaba 4 radios de comunicación.
  • El sábado 4 de septiembre de 2021, en horas del día se nos informó que los paramilitares están comprando tierras mediante terceros, o los llamados testaferros, en esta zona. Según quienes nos informaron, ya han comprado varias fincas en las veredas Mulatos, Arenas, Playa Larga, y La Cristalina. La misma Alcaldía de Apartadó desde hace varios años ha comprado varias fincas en las veredas: La Unión, Buenos Aires, La Linda, el centro poblado de San José y La Cristalina, entre otras, ¿Para qué se comprarán todas esas fincas?  Allí se le prohíbe totalmente a la gente trabajar.
  • El miércoles 8 de septiembre de 2021, en horas de la mañana, el señor Cesar Jaramillo, en el medio radial Antena Stereo, de Apartadó, manifestó que nuestra comunidad y otras organizaciones civiles de la zona lo están poniendo en alto riesgo al publicar constancias en contra de él. Manifestó que si algo le pasa será responsabilidad de nuestra Comunidad de Paz. Manifiesta que tiene dos enemigos muy grandes en la Zona, uno es nuestra Comunidad de Paz y el otro es la Asociación Campesina de San José de Apartadó ACASA. Supuestamente la Fiscalía le encomendó que se esté reportando a diario. En dicha entrevista radial manifestó que se encuentra muy vulnerable frente a los delincuentes, como queriendo decir que nuestra Comunidad y otras organizaciones que han denunciado sus actos lesivos en la zona, somos “delincuentes”. Nuestra Comunidad nunca ha querido hacerle daño a él ni a nadie y si algo hemos expresado públicamente sobre él ha sido en defensa de nuestra integridad y nuestros derechos, porque este personaje ha buscado por todos los medios destruir nuestra Comunidad, pues así lo hizo público en meses pasados a través de sus redes sociales.

·        El martes 14 de septiembre de 2021, en horas del día fuimos informados sobre una carta que tendría la ASOCOMUNAL de San José de Apartadó, supuestamente para invitarnos a reuniones en algunas veredas, entre ellas Playa Larga. los motivos son conciliar en temas de carreteras, entre otros. Nuestra comunidad ha dejado constancia muchas veces sobre este tipo de proyectos ilegales que se han impulsado por la misma Brigada 17 del ejército y funcionarios públicos de Apartadó.

Según se está notando en el ambiente, en la zona algo se está planeando muy fuerte en contra de nuestra Comunidad de Paz, lo cual nos llena de preocupación, pues percibimos muchos malestares e informaciones de muchos pobladores que comentan cómo se está convocando a toda la población de nuestro entorno para que ayude a este ente exterminador a destruir nuestro proceso de vida; muchos otros se oponen a esa estrategia de exterminio que consideran perversa.  

Para las fuerzas militares, funcionarios públicos y el paramilitarismo de Urabá que es invasivo, somos su enemigo número uno y así lo ha venido mencionando desde hace varios años. Sabemos que mientras no paremos de dejar constancias públicas sobre la barbarie que se comete contra la población civil de nuestra zona siempre seremos un estorbo para quienes buscan dividir a los pobladores e imponer la lógica de muerte a   favor de los poderosos. Dejamos claro que no es nuestra responsabilidad como Comunidad de Paz, si algo le llegara a pasar a cualquier funcionario público y mucho menos a los humildes pobladores de nuestra región. Nuestra Comunidad es COMUNIDAD DE PAZ y si hemos sufrido tanta persecución ha sido justamente por negarnos a participar en el conflicto armado y negarnos a convivir con cualquier actor que utilice armas o apoye su lógica de muerte. SOMOS VÍCTIMAS. JAMÁS VICTIMARIOS. Para ello nos hemos formado en estos 25 años, asimilando la espiritualidad de la Paz y de la Vida y agrandando distancias frente a toda estrategia de muerte y de violencia. El mismo gobierno -local y nacional- ha sido el máximo responsable de toda acción violenta y de muerte que ha ocurrido en nuestro entorno y además se ha hecho sordo y ciego a nuestros clamores para que detenga toda violencia. Lo único que hemos hecho como población civil es, mediante comunicados públicos, exigir que se proteja la vida y se le respete la tierra al campesinado en la zona. Por eso no pararemos de comunicar al mundo todo lo que sigue pasando y lo poco que le preocupa al gobierno colombiano esta situación.

No queda más que agradecer a todas esas voces de ánimo que recibimos a diario desde el país y el mundo como gestos de solidaridad y fuerza moral con la que hemos contado en todo este tiempo.

                                      Comunidad de Paz de San José de Apartadó

                                                          Septiembre 17 de 2021

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Submarinos australianos: un golpe de Biden a Francia

Por primera vez, EEUU acepta exportar submarinos nucleares, infligiendo un golpe a Francia que pierde un enorme contrato firmado en 2016.

 

El gobierno australiano anunció ayer la firma de un acuerdo con Estados Unidos y el Reino Unido para la producción de submarinos de propulsión nuclear, anulando el anterior acuerdo firmado con Francia, que preveía vehículos diésel y eléctricos. Éste último atribuido al constructor naval francés Naval Group (ex-DCNS) para Australia en 2016 era presentada como el « contrato del siglo ».París reaccionó con firmeza, calificando la medida de Canberra, la capital australiana, como "deplorable". Pekín por su parte condenó el "clima de guerra fría".

Cerco marítimo contra la China

Más allá de cualquier desavenencia entre Francia y Australia sobre los lugares de producción, el cambio de decisión muestra la preferencia de Washington de dotar a Canberra de submarinos no convencionales -que Francia no podía garantizar-, capaces de convertir a la nación oceánica en un pilar de la contención marítima de la República Popular. Para el especialista en defensa, Jean-Dominique Merchet: "Por primera vez, Estados Unidos ha aceptado vender una tecnología de este tipo, que supone un cambio de juego (« game changer ») en materia naval. Estos submarinos tienen la capacidad de permanecer sumergidos durante mucho tiempo, evitando ser detectados. No estarán armados con cabezas nucleares, pero pueden disparar misiles de crucero de largo alcance como el Tomahawk, además de su armamento marítimo (torpedos y misiles marinos). Sólo el Reino Unido, en 1958, se benefició de esta transferencia de tecnología estadounidense.

Este avance militar está programado para producirse en 2040, a pesar de que Australia no dispone de las instalaciones necesarias para producir el combustible nuclear, vulnerando a su vez en cierta medida el tratado de no proliferación nuclear. Éste paso aumenta considerablemente la presión sobre la China en un escenario de conflicto a lo largo de los principales puntos de estrangulamiento marítimo en el sur y el sudeste de Asia, que ya es intensa (por ejemplo, en el estrecho de Malaca, el estrecho de Taiwan o los mares de China Meridional y Oriental).

A su vez, el momento de este anuncio -dos semanas después de la retirada de la catastrófica retirada militar de Afganistán- permite a Washington confirmar su prioridad geopolítica: la gran rivalidad con Pekín dándole garantías a sus aliados en esta importante región. Como parte de esto, el diario Le Monde anuncia que "…el 24 de septiembre, el presidente estadounidense recibirá por primera vez físicamente, en la Casa Blanca, a los tres colíderes de la Quad [nombre de la alianza para frenar a China en el Indo-Pacífico]: el primer ministro australiano y los de India y Japón, Narendra Modi y Yoshihide Suga”.

Un fuerte golpe a la imagen y las ambiciones imperiales desmedidas de Francia

Para la diplomacia francesa el golpe es fuerte. No tanto por el daño económico (aunque no es menor), sino fundamentalmente por la pérdida de credibilidad: desde hace años Francia se presenta como una potencia permanente del Indo-Pacífico, ligado a las posesiones coloniales de sus territorios de ultramar, buscando aparecer como una tercera vía entre EEUU y China en los mares de la región, negándose a ser encorsetado en la contención naval antichina de los estadounidenses.

Una vez más, irritado por el fin de un lucrativo contrato, el gobierno francés ha sacado a relucir su antinorteamericanismo como máscara. Algunos analistas se remontan a la guerra en Irak (2003), lanzada por la administración Bush, para encontrar un precedente de similar magnitud. Para otros más aduladores del poder, esto prueba la justeza estratégica de Macron y su invocación de la (imposible) autonomía estratégica de Europa. Pero la realidad es que más allá de sus pretensiones imperiales desmedidas en relación a su verdadera fuerza, Francia necesita del Pentágono (ya sea a nivel de inteligencia, presencia militar en los mismos teatros de conflicto, armamento) - como en las guerras que lleva adelante, tanto en el Sahel o el norte de África. Ni hablar de las otras potencias europeas que son enanos militares en comparación con París.

La realidad es que detrás de las palabras benévolas de la administración Biden hacia los aliados europeos hay decisiones unilaterales a la mejor manera de Trump. En este asunto, Estados Unidos confirma, una vez más, que su prioridad es la rivalidad con China, en todos los niveles -económica, tecnológica y militar -. Washington no tiene problema en privilegiar a sus aliados más esenciales en esta confrontación que a los tradicionales aliados europeos, que están en una línea más moderada respecto a Pekín, buscando puntos de “entendimiento mutuo”. Un primer antecedente de este trato de la nueva administración norteamericana se dio hace poco, cuando Suiza decidió adquirir los aviones estadounidenses F-35, en competencia con los Rafale franceses, justo después de la visita de Joe Biden a la Confederación Helvética a finales de junio.

Digamos también, que ni el gobierno francés ni el responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) fueron informados del nuevo acuerdo antes de su anuncio. Y de manera aún más vergonzosa, el acuerdo se produjo un día antes del lanzamiento por parte de la UE de su propia nueva estrategia Indo-Pacífica… para confortar a los Estados Unidos. Una muestra de que a pesar de la retórica, las complicaciones estructurales para que la UE adquiera una verdadera autonomía estratégica están lejos de ser saldadas y mismo se revelan imposibles por el rol tutelar que aun juegan los Estados Unidos.

Jueves 16 de septiembre


China condena como "extremadamente irresponsable" el plan trilateral que armará a Australia con submarinos nucleares

Publicado: 16 sep 2021

Rusia today

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El nuevo plan internacional que, entre otros acuerdos, armará a Australia con submarinos nucleares está "socavando a la estabilidad regional e intensificando la carrera armamentista", según han reaccionado desde el Ministerio de Exteriores chino.

El nuevo pacto entre Estados Unidos, el Reino Unido y Australia, bautizado AUKUS, es "extremadamente irresponsable", afirmó este jueves en rueda de prensa Zhao Lijian, portavoz de la Cancillería del gigante asiático.

La Embajada china en Washington, a su vez, insistió en que los países "no deben formar bloques excluyentes que apuntan o perjudican los intereses de terceros" y aconsejó que Washington, Londres y Canberra "se quiten la mentalidad y prejuicio ideológico de Guerra Fría".

"El imperativo de garantizar la paz y la estabilidad"

El miércoles, el presidente de EE.UU., Joe Biden, el primer ministro británico Boris Johnson y el primer ministro de Australia, Scott Morrison, anunciaron la formación de una nueva alianza de seguridad y cooperación en materia de defensa para el Indo-Pacífico, denominada AUKUS. Parte del acuerdo prevé que EE.UU. proporcione a Australia tecnologías necesarias para dotarse de submarinos de propulsión nuclear, argumentando la "estabilidad" en la región donde China va aumentando su influencia y capacidades militares.

"Todos reconocemos el imperativo de garantizar la paz y la estabilidad en el Indo-Pacífico a largo plazo", declaró Biden desde la Casa Blanca en una reunión virtual con sus homólogos.

Por su parte, Morrison aseguró que Australia seguirá cumpliendo con todas sus obligaciones de no proliferación nuclear y no va a poseer armas nucleares. Los submarinos en cuestión se construirán en la ciudad australiana Adelaida, en estrecha colaboración con EE.UU. y el Reino Unido.

"Invitación abierta"

El Gobierno de Australia ha anunciado este jueves que el país espera recibir al menos ocho submarinos con propulsión nuclear en el marco de la nueva alianza.

El primer ministro mencionó tras la reunión que Pekín no debe tratar AUKUS como un acto provocador. "No hay nada descomunal en que algunos países tomen decisiones en sus propios intereses estratégicos y desarrollen sus capacidades de defensa", señaló, para agregar que "China toma decisiones semejantes, igual que otros países de la región".

Morrison se mostró dispuesto a ajustar diferencias entre Canberra y Pekín en una mesa de negociaciones: "Hay una invitación abierta para discutir este y otros asuntos y siempre ha habido".

Otro país afectado por AUKUS es Francia, dado que Canberra ha decidido anular su contrato con la empresa francesa Naval Group que preveía la construcción de una flota de 12 sumergibles convencionales por un valor de 66.000 millones de dólares.

París ha calificado la decisión de "lamentable" y contraria "a la letra y espíritu" de la cooperación bilateral.

Al respecto, Morrison espera que Francia "entienda a fin de cuentas" su decisión ya que "Francia haría lo mismo" en sus intereses nacionales.

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El primer ministro de Australia, Scott Morrison, el presidente de EE.UU., Joe Biden, y el primer ministro británico Boris Johnson, durante una reunión virtual, 15 de septiembre de 2021.Foto: Andrew Harnik / AP

El anuncio se realiza en medio del aumento de la influencia de China en la zona.

El presidente de EE.UU., Joe Biden, el primer ministro británico Boris Johnson y el primer ministro de Australia, Scott Morrison, han anunciado este miércoles la formación de una nueva alianza de seguridad y cooperación en materia de defensa para el Indo-Pacífico.

La cooperación trilateral, que llevará el nombre de AUKUS, prevé que EE.UU. ayude a Australia con tecnologías necesarias para dotarse de submarinos de propulsión nuclear, argumentando la "estabilidad" en la región donde China va aumentando su influencia y capacidades militares.

"Todos reconocemos el imperativo de garantizar la paz y la estabilidad en el Indo-Pacífico a largo plazo", declaró Biden desde la Casa Blanca en una reunión virtual con sus homólogos.

Por su parte, Morrison aseguró que Australia seguirá cumpliendo con todas sus obligaciones de no proliferación nuclear y no va a poseer armas nucleares. Los submarinos en cuestión se construirán en Adelaida en una estrecha colaboración con EE.UU. y Reino Unido, agregó.

Johnson calificó el proyecto de los submarinos de propulsión nuclear para Australia como "uno de los más complejos y técnicamente exigentes del planeta", al sostener que su construcción hará del mundo un lugar más seguro.

La propulsión nuclear permitiría a los submarinos australianos moverse y operar sigilosamente y durante períodos más prolongados. Además de la cooperación naval, la nueva alianza también implicará colaboración en la inteligencia artificial, la tecnología cuántica y la cibernética.

Pese a que ninguno de los tres líderes mencionó si su iniciativa va dirigida contra algún país en particular, durante su presidencia, Biden ha buscado reorientar la política exterior de EE.UU. hacia el Pacífico, mientras que su Administración ha acusado a Pekín de ignorar las normas del mar de la China Meridional, lamentando que el Gobierno chino "no se ha enfrentado a ninguna consecuencia" por ello.

En ese sentido, desde China recuerdan que Washington no ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, y, sin embargo, se considera a sí mismo como "un juez de la Convención, que señala con el dedo a otros países e interfiere arbitrariamente". Además, insisten en que Pekín siempre ha defendido el concepto de seguridad marítima común con el fin de lograr una cooperación mutuamente beneficiosa para todos.

Publicado: 15 sep 2021

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Jueves, 16 Septiembre 2021 05:43

China, la gran esperanza de los talibanes

China y Estados Unidos están enfrentados en varias áreas. Ya sea en la economía, la política, la carrera bélica e incluso sobre el origen de la pandemia. Son tantas las cosechas que puede referirse a una  disputa global, todavía en paz

La fuerte cadena de penetraciones chinas en Asia Central tiene un nuevo eslabón en un Afganistán hasta ahora relativamente controlado por los americanos. Pequín está en contacto con los talibanes desde antes de la caída de Kabul en agosto, y está abierto a realizar importantes inversiones que contribuirán a su expansión por Asia a expensas de EEUU, siempre y cuando los talibanes consigan mantener la estabilidad en el país.

 

La enconada pugna entre EEUU y China por el dominio del planeta encuentra un nuevo episodio en Afganistán, donde se dirime un combate por el control general de Asia Central, una región de gran relevancia estratégica al estar situada entre China, India, Rusia y el océano Índico, ambicionada por todas las potencias que quieren convertirla en zona de influencia.

Desde antes de la caída de Kabul el 15 de agosto Pekín había intensificado el proceso de penetración en la zona, especialmente desde un punto de vista comercial. Ahora Afganistán se ha convertido en un luminoso foco de atención para los chinos, que ya han reconocido que están en contacto permanente con los talibanes con el fin de establecer negocios de todo tipo.

China ha penetrado en los últimos años en otros frentes de la región, como por ejemplo Irán, un país duramente castigado por EEUU y Occidente, donde los chinos se han comprometido a realizar inversiones multimillonarias a cambio de reservar para su industria grandes cantidades de petróleo durante muchos años. Los acuerdos que se están negociando en esa dirección inquietan en Estados Unidos.

Uno de los pilares manifiestos de la política de EEUU consiste precisamente en bloquear la expansión china en la medida de lo posible en todas partes donde tiene lugar, en Asia, África, América Latina y Europa principalmente. Incluso el más estrecho aliado de Washington, Israel, ha sido advertido en más de una ocasión de que es necesario limitar los negocios con China, especialmente los relacionados con la seguridad.

En una reciente entrevista con el periódico La Repubblica, el portavoz talibán Zabiullah Mujahid, admitió sin complejos que su movimiento está preparado para entablar una relación económica estable con China para gestionar Afganistán tras la retirada americana que se completó a finales de agosto.

"China es nuestro socio principal y el más importante. Representa una oportunidad fundamental y excepcional para nosotros dado que China ya está lista para invertir en nuestro país y para reconstruirlo", dijo Mujahid al diario italiano. Y añadió que para los talibanes es importante el proyecto llamado Ruta de la Seda, una idea de Pekín para unir el extremo Oriente con Europa que paralelamente lleva consigo inversiones gigantescas en otros ámbitos.

Afganistán posee una gran cantidad de minerales que ambicionan los chinos porque constituyen una prioridad para el desarrollo de su economía. Los talibanes están interesados en que China les ayude por ejemplo a relanzar y modernizar sus minas de cobre, pero su territorio es rico en otros minerales y en tierras raras necesarias para el desarrollo de las nuevas tecnologías. Algunos expertos estiman que el valor de minerales afganos es de entre 2 y 3 billones de dólares.

Los talibanes son plenamente conscientes de que van a sufrir un aislamiento por parte de Occidente cuyo grado todavía es pronto para determinar. En consecuencia, las relaciones con China son una oportunidad que no pueden dejar pasar. Además, una cosa ha sido la resistencia contra los americanos en los últimos veinte años, y otra cosa distinta es gestionar y gobernar un país de 38 millones de habitantes. Toda la ayuda que puedan recabar será bienvenida.

A diferencia de lo que ocurrió durante el periodo 1996-2001, los talibanes de hoy son más realistas y han manifestado que su intención es mantener buenas relaciones con la comunidad internacional. Para ello será preciso que entablen relaciones equilibradas con sus vecinos, y en este asunto Pekín puede jugar un papel de mediador relevante.

Desde antes de la caída de Kabul, la política exterior china ha consistido en criticar la invasión americana y en defender un diálogo entre los mismos afganos, indicando que su intención era reconocer a los talibanes cuando llegara el momento oportuno, algo que ya ha ocurrido.

Pekín condiciona el avance de las relaciones bilaterales a que los talibanes se aparten completamente del terrorismo. Es un asunto delicado puesto que los chinos han acusado a los talibanes de colaborar con el "terrorismo" islámico dentro de China y de entrenar a los islamistas chinos. Es un asunto de capital importancia para Pekín y los talibanes han comprendido que tampoco pueden criticar el tratamiento que China da a sus musulmanes.

En gran medida, China se presenta como la gran vencedora de la larga crisis de Afganistán, lo que únicamente se concretará si el país logra estabilidad y se crean las condiciones adecuadas para que los chinos inviertan a lo grande en la reconstrucción, sin por ello descartar que Occidente, por sus propios intereses, pueda cooperar económicamente con los talibanes justamente para obtener estabilidad.

Pero Pekín deberá andarse con cuidado si los talibanes no consiguen estabilizar el país, es decir si Afganistán se convierte en un estado fallido y en guerra permanente ahora que los americanos ya no están. Si esto es así, las inversiones chinas serían demasiado arriesgadas y perdedoras.

15/09/2021 21:41

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Cuatro ejes de acción para abordar la situación del Caribe ante el cambio climático

La situación del Caribe en el contexto del cambio climático ilustra con claridad la asimetría estructural constitutiva del sistema-mundo capitalista. Por ejemplo, el área del Caribe insular emite alrededor del 1% del total global de emisiones de gases de efecto invernadero que se encuentran en la atmósfera, pero sus habitantes y ecosistemas son ya una de las principales víctimas del cambio climático.

La poca efectividad de las políticas implementadas hasta el momento para hacer frente a esta situación se debe a: 1) Altos niveles de fragmentación regional interna como consecuencia de los reacomodos geopolíticos poscoloniales. 2) La urgencia por dar respuesta a otros problemas inmediatos como el peso de la deuda pública y 3)  La alta dependencia de capitales foráneos (Bishop and Payne, 2012).

Superar este escenario crítico supone, a su vez, coordinar acciones en tres grandes ejes. En primer lugar, políticas públicas pensadas ya no solo desde las divisiones político-administrativas existentes, sino fundamentalmente desde regiones climáticas dado el carácter transfronterizo de la crisis ambiental. En segundo lugar, la articulación de movimientos y organizaciones de base comunitaria dentro de la región con los movimientos globales de justicia ambiental y viceversa. Finalmente, la creación de redes y plataformas que posicionen la situación del Caribe en los foros internacionales para lograr una respuesta efectiva de la comunidad internacional (Laguardia Martínez y Gómez Palacios, 2020).

Aunado a estos tres ejes, en este breve escrito me atrevería a sugerir un cuarto eje o, tal vez, un punto transversal a los tres anteriores. Me refiero al diseño y puesta en marcha de repositorios digitales en acceso abierto que posibiliten una compilación del conocimiento ecológico-político existente sobre el área. Esto ayudaría a dilucidar el desconocimiento que en otras regiones existe sobre los problemas del Caribe y sobre la propia heterogeneidad e historia de la región.

En América Latina y el Caribe (ALC), según datos del Atlas de Justicia Ambiental (EJAtlas), se han registrado 937 conflictos socioambientales hasta septiembre de 2020, lo que representa un 29% del total mundial de 3.244 casos (Olmedo Neri y Gómez Liendo, 2020). No obstante, esta totalización no permite apreciar la especificidad caribeña. Cuando hacemos un énfasis en dicha área encontramos que del total de casos para ALC, los territorios caribeños que conforman los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS, por sus siglas en inglés) representan un 3% (26 casos) del total de conflictos a nivel regional.

Como acertadamente han argumentado Scheidel et al. (2020), no debemos asumir la información presente en el EJAtlas como estadísticamente representativa de la globalidad del problema. De hecho, existen algunos países con un abordaje limitado. Por tanto, si unos países o áreas aparecen con más casos que otros, no es porque necesariamente tengan “más” conflictos y sus contrapartes sean “más” sustentables, sino por la poca o mucha disponibilidad de datos e información claves para su efectivo registro en el mapa.

Esta observación va en sintonía con el planteamiento de Bishop y Payne (2012) sobre la necesidad de una agenda de investigación enfocada en el cambio climático que coloque al ambiente en el corazón de los trabajos que sirven de insumo para el diseño de la política pública, la gobernanza y los planes de desarrollo en el Caribe. También con lo que señalan Laguardia Martínez y Gómez Palacios (2020) sobre la urgencia de “ambientalizar” los currículos universitarios. Ambas sugerencias deben, conforme a la tradición de la ecología política latinoamericana, asumir los conflictos socioambientales como una categoría central de análisis. Después de todo, si las economías de los territorios SIDS en el área del Caribe dependen de la actividad turística, entonces habrá que empezar por explorar las tensiones alrededor de este sector económico sin descuidar otros casos, por supuesto.

Establecer relaciones de colaboración con los coordinadores del EJAtlas puede ser un buen punto de partida para consolidar un nodo de información ecológico-política sobre el área, pero es vital que las propias universidades y centros de investigación del Caribe aúnen esfuerzos parar crear plataformas de investigación colaborativa propias, en las cuales puedan monitorear conflictos en sus territorios, analizar las causas e identificar actores y agendas involucradas. Igualmente, crear repositorios que faciliten la socialización de todos los datos levantados y de todo el conocimiento generado. En ese particular, tanto el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), como la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental (SOLCHA),constituyen otros dos grandes aliados para posicionar la necesidad ineludible de atender los problemas socioambientales del Caribe y del conjunto de los SIDS en los foros internacionales.

A riesgo de sonar superlativo, los futuros de la política para la sustentabilidad, así como las políticas para los futuros sustentables, van a depender en gran medida de si se asume o no un compromiso ético-político explícito de toda la comunidad internacional para atender la emergencia ecosocial de zonas altamente vulnerables como el Caribe. 

Por Marx José Gómez Liendo | 14/09/2021

Referencias utilizadas

Bishop, M.L. y Payne, A. (2012). “Climate Change and theFuture of Caribbean Development”. The Journal of Development Studies, 48:10, 1536-1553. DOI: http://dx.doi.org/10.1080/00220388.2012.693166.

Laguardia Martínez, J. y Gómez Palacios, A. (2020). “Cambio Climático y sus impactos en el Gran Caribe. Hacia un diálogo interdisciplinario”. En: Laguardia Martínez, J. (coordinadora), Cambio Climático y sus impactos en el Gran Caribe (pp. 9-18). Buenos Aires: CLACSO.

Olmedo Neri, R.A. y Gómez Liendo, M.J. (2020). “Conflictividad socioambiental en América Latina y el Caribe: un análisis del panorama regional desde la ecología política”. Iberoamérica social: revista-red de estudios sociales, 8(XV), 30-54.

Scheidel, A. et al (2020). “Environmental conflicts and defenders: A global overview”. Global Environmental Change, Volume 63, https://doi.org/10.1016/j.gloenvcha.2020.102104.

Marx José Gómez Liendo es sociólogo (Universidad Central de Venezuela), con maestría en estudios sociales de la ciencia (InstitutoVenezolano de Investigaciones Científicas, IVIC). Miembro del Laboratorio de Ecología Política del Centro deEstudios de la Ciencia del IVIC, del equipo editorial de la revista Iberoamérica Social y del Comité de Investigaciónde la Asociación Iberoamericana de Sociología (AIS). Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 05 Septiembre 2021 06:06

Afganistán: la tumba de los imperios

Afganistán: la tumba de los imperios

Estados Unidos no estuvo solo cuando invadió

El “eterno rebelde” (Afganistán) volvió a repetir la historia y a validar una de las definiciones que han acompañado su trayectoria y su relación con las potencias, occidentales o no: La Tumba de los imperios. El plural “imperios” cabe perfectamente para este momento de la actualidad donde Estados Unidos aparece como el único malo de la película cuando, en realidad, detrás del derrocamiento del régimen de los talibanes consecutivo a los ataques del 11 de septiembre, no fue una sola potencia colonial sino varias las que integraron la coalición internacional que participó en una excursión militar que acabó en una farsa trágica. El ejército francés permaneció 13 años en Afganistán (2001-2014) como parte de la Fuerza Internacional de asistencia y seguridad (ISAF) al mando de la OTAN, la Alianza Atlántica. La OTAN, precisamente, fue incapaz de gestionar razonablemente el retiro de las fuerzas ocupantes y de respetar su propio credo (« in together, out together ») así como evaluar los disparates del aparato de seguridad afgano que la OTAN quiso capacitar a partir de 2015 mediante el programa Resolute Support con un costo de miles de millones de dólares. Los generales de la Alianza Atlántica siguieron creyendo que la idea que presidió las intervenciones militares estadounidenses en Medio Oriente era la carta perfecta. Después del 11 de Septiembre de 2001, la administración de George W. Bush concibió el proyecto de rediseñar los Estados agrupados bajo el concepto de Gran Medio Oriente (Greater Middle East Initiative (GMEI), Mundo Árabe, Afganistán, Irán, Israel, Pakistán y Turquía principalmente) con una estrategia neoconservadora rescatada de los años 60: el Nation-building (Construcción de una nación).

Para Washington, se trataba de restaurar la estructura de Estados fallidos, importar la democracia y transformar la sociedad civil, incluso si era necesario recurrir a la fuerza como ocurrió en Afganistán (2001), Irak (2003) y Libia (2011). Con una alfombra de bombas, en Afganistán, Siria o Irak Estados Unidos y sus aliados buscaron instaurar ese “Nation-building” como si un país fuese una pasta blanda moldeable según los objetivos definidos en las capitales occidentales. En 2021, Afganistán se convirtió en el cementerio del Nation-building y en la tumba del imperio militar constituido por la OTAN y sus integrantes. La tragedia se revalida en este Siglo XXI con los mismos naufragios que azotó en el Siglo XX a la Unión Soviética. Después de 10 años de ocupación, el Ejército Rojo se retiró de Afganistán en 1989, el mismo año en que cayó el Muro de Berlín y se derrumbó el bloque de los países del Este (Pacto de Varsovia firmado en 1955 y liderado por la URSS). Moscú dejó como herencia un millón de muertos y un país enfrentado entre los mismos grupos que habían combatido la presencia soviética. A su vez, la injerencia de Washington en esa guerra de ocupación alimentó el nacimiento del islamismo radical y el surgimiento y asentamiento posterior de los talibanes como fuerza interior contra el ocupante soviético.

Ya había, en el Siglo XIX, un precedente tan funesto como el de la invasión soviética. Las rivalidades en torno a la influencia regional entre Gran Bretaña y la Rusia de los zares animaron a los ingleses a intervenir en Afganistán tres veces: en la primera guerra anglo-afgana (1839-1841), en la segunda (1878-1880), y en la tercera (3 de mayo al tres de agosto de 1919). En la primera, Gran Bretaña pretendió sacar del poder al rey Dost Mohammed, sospechoso de colusión con Persia y con la Corona de San Petesburgo. En su lugar pusieron a una marioneta corrupta, el ex rey Shah Shuja Durrani. El monarca resultó tan impopular e ineficaz como los sucesivos gobiernos que los occidentales respaldaron en Kabul a partir de 2001 (Hamid Karzaï, 2001-2014, Ashraf Ghani, 2014-agosto de 2021). Apenas duró dos años. Los británicos emprendieron la retirada de Kabul en 1841 y allí sufrieron una de las peores derrotas militares de su historia: 4.500 soldados (tropas de la India al mano de oficiales ingleses) murieron durante los combates con las tribus patchunes. Las otras dos ocupaciones fueron motivadas por la misma estrategia: la ocupación territorial y la imposición por la fuerza de un modelo y de un lacayo del imperio. Recién, al cabo de la tercera guerra anglo-afgana, entendieron que la ocupación militar era sinónimo de fracaso. En 1919 firmaron con el rey Amanullah el tratado de Rawalpindi mediante el cual se reconoció la independencia de Afganistán y se puso fin al protectorado. Gran Bretaña dejó en el Afganistán de entonces las mismas calamidades que los soviéticos en el Siglo XX y la OTAN en el Siglo XXI.

Ni los británicos, ni los soviéticos, ni Estados Unidos y la OTAN entendieron jamás la esencia, la particularidad y la singularidad geopolítica de un país cuya complejidad y temeridad combativa le han valido el apodo de “la tumba de los imperios”. Sus vecinos le pusieron otro apodo: “el reino de la insolencia”. Occidente se permitió la insolencia de una nueva invasión con el libreto del Nation-building en cada fusil. Ni siquiera la experiencia de los aliados británicos les sirvió de guía. Importaron modelos exóticos que chocaron con las costumbres tribales, hicieron caso omiso de la historia y a golpe de millones de dólares pusieron en el trono de Kabul a falsos demócratas que se guardaron la plata en bancos de Occidente. El único modelo que prosperó con la invasión de 2001 es el de las burguesías corruptas. Ya lo escribió Marx retomando una idea de Hegel: “la historia se repite dos veces: la primera como una tragedia, la segunda como una farsa”.

04/09/2021

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Publicado enInternacional
Viernes, 03 Septiembre 2021 08:30

Acorralados por el glifosato

El presidente Iván Duque sobrevuela una plantación de coca en Catatumbo, Colombia AFP. PRESIDENCIA DE COLOMBIA

COLOMBIA: LOS AGROTÓXICOS Y LA GUERRA CONTRA LAS DROGAS

El presidente Iván Duque reactivó las aspersiones aéreas de pequeños cultivos ilícitos. Los campesinos temen el desplazamiento, la miseria y las enfermedades que llegan con la erradicación forzada.

 

Puerto Guzmán es un municipio ubicado al sur del país, a tan solo 50 quilómetros de Mocoa, la capital del departamento del Putumayo, en la Amazonía colombiana. Cada tres o cuatro meses, Juan ve a varios hombres que bajan allí en un helicóptero con unas diez bombas y fumigan los cultivos de coca de sus vecinos. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Puerto Guzmán alcanzó en 2018 al nivel de «amenaza alta», por la tendencia al aumento de los cultivos de coca y de su nivel de permanencia en la zona. Según el Ministerio de Justicia y del Derecho de Colombia, en todo el departamento se contabilizaron, a finales de 2020, por lo menos 24.972 hectáreas sembradas con hoja de coca para uso ilícito, que corresponden al 16 por ciento de las identificadas en todo el país.

Juan lleva varias décadas viviendo en Puerto Guzmán y asegura que antes allí había una economía basada en cultivos de subsistencia: maíz, plátano, cebolla y yuca. La necesidad y el abandono del Estado, dice, hicieron que «los habitantes se sometieran al manejo de la coca y a la explotación ganadera». Según Pedro Arenas, politólogo miembro de la ONG Corporación Viso Mutop, «debido a la quiebra de las producciones agrícolas tradicionales –que se incrementó con los tratados de libre comercio y todas las décadas de neoliberalismo a partir de la apertura económica–, decenas de miles de familias en Colombia se dedican a cultivos de uso ilícito, que compiten con otros declarados legales, como el café o la caña de azúcar para panela».

Crisis campesina y compromisos del Estado

La crisis agrícola generalizada, derivada de la caída de la demanda de alimentos tras la crisis pandémica y del encarecimiento de insumos para el cultivo, ha dejado a muchas familias campesinas entre la pobreza y la miseria. «El que siempre está sufriendo es el cultivador y su familia», reclama Juan, quien, tras dos décadas como cultivador de coca, finalmente abandonó esa actividad. Pese a que la coca genera mucho ruido a nivel internacional y mueve millones en lo más alto de la escala del tráfico, los retornos son miserables para el cultivador.

El Acuerdo Final de Paz de 2016 entre el gobierno nacional y las FARC-EP reconoce que solo es posible una paz estable y duradera si se da solución a las causas históricas del conflicto armado en el país, entre las que identifica la propiedad de la tierra, la exclusión del campesinado y el atraso de las comunidades rurales. Sin embargo, desde las organizaciones campesinas se acusa al gobierno de Duque de haber incumplido el abordaje de estos temas, en particular en relación con lo pactado en el punto cuatro del acuerdo, titulado «Solución al problema de las drogas ilícitas». Allí, el Estado se comprometió a que los cultivos ilícitos sean sometidos a un proceso de erradicación manual concertada. Además, las autoridades están obligadas a impulsar la creación de programas de sustitución por productos agrícolas legales, y a impulsar la conformación de pequeñas empresas que les den sostenibilidad económica.

El Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos es el encargado de llevar esos compromisos a la práctica, con el objetivo de que las comunidades que hoy viven de cultivos ilícitos transiten hacia un modelo de desarrollo sostenible que garantice una vida digna en el campo. Bajo este programa, para 2019 la Alta Consejería para el Posconflicto había firmado 101 acuerdos colectivos en 89 municipios de 14 departamentos, y se habían inscrito al programa 97.967 familias. Como resultado de este proceso, se habían reportado hasta ese momento 30.265 hectáreas erradicadas, con un porcentaje de cumplimiento por los campesinos del 90 por ciento. Se estima que actualmente otras 130.000 familias aguardan para entrar al programa de sustitución voluntaria.

Pese a este éxito indiscutible de la sustitución voluntaria, las organizaciones sociales denuncian que el gobierno no ha mostrado interés ni proporcionado suficiente financiación para subvencionar la sustitución de las plantaciones de coca. El enfoque de Duque ha sido la sustitución obligatoria forzada, por lo que ha priorizado la erradicación con fumigaciones de glifosato. Una práctica que, en los últimos 20 años, solo ha dejado a inocentes encarcelados y a más familias empobrecidas en el campo colombiano.

Hoy es la política campesina, indígena y afro la que mantiene la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos a flote. La fuerza de voluntad de agricultores como José es el mejor rostro de la paz. Pese a no tener apoyos, este vecino de Puerto Guzmán se ha dedicado a regenerar los suelos de la zona. «Lo primero que tiene que hacer uno es tomar conciencia de lo que está haciendo. Yo, por ejemplo, comencé a sembrar árboles, tengo cerca de 10 mil árboles y me gustaría dejarlos ahí para la conservación», asegura.

Amenaza para la salud y el territorio

El glifosato es el principio activo de numerosos herbicidas comerciales. En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo clasificó como «probable carcinógeno» humano y consideró que la exposición a esa sustancia podía estar relacionada con la aparición en humanos de linfomas (un tipo de cáncer del tejido linfático) no hodgkinianos. Señaló que además, en experimentos en animales, el glifosato aumentó la probabilidad de padecer múltiples enfermedades de origen cancerígeno, como carcinoma tubular renal, hemangiosarcoma (un cáncer que comienza en el revestimiento de los vasos sanguíneos), tumores de piel y adenoma pancreático (tumores en el páncreas).

Juan aún recuerda cuando comenzaron las aspersiones aéreas de glifosato, en 2002. Ni él ni su comunidad tuvieron la posibilidad de expresar su voluntad de si querían exponerse o no a los riesgos que conllevan esas intervenciones. «Cuando estaba trabajando en el área me tocaba orillarme, porque caía una nube y pasaba por donde estábamos», cuenta. Rememora, además, el sufrimiento por perder su único medio de vida: «Es terrible vivirlo en esos momentos, es terrible perder la esperanza, porque la única forma que tenía para vivir en ese momento era el cultivo de coca. Y mirar caer todo, perder todo el tiempo y todo el trabajo invertidos es lamentable».

Durante esa época, él no sabía de la toxicidad de los agroquímicos para los humanos y de sus consecuencias a largo plazo. Cada ocho días, como parte de su rutina, él mismo se montaba una bomba de espalda y fumigaba en torno a sus cultivos para desmalezarlos. «Ahora conozco la realidad, el glifosato es totalmente perjudicial para la salud y para los suelos porque termina con todos los microorganismos. Antes sembraba yuca, plátano, maíz y eso se producía tranquilamente, pero después del glifosato volví a sembrar y salían solo unos racimitos que pesarían por mucho unos cinco o seis quilos, el resto se los comía la tierra», cuenta.

 Después de las aspersiones aéreas y el daño causado por los agroquímicos que él mismo utilizaba, Juan decidió volver a los cultivos de subsistencia y a la silvicultura, el cultivo de árboles para la explotación maderera. Sin embargo, no ha sido fácil. En sus palabras, después de los agroquímicos «una planta no responde igual, tocaba fertilizarla para que produjera».

Él y su familia no se han hecho chequeos médicos, pero han visto de cerca los efectos del herbicida en sus animales. «Teníamos un potrero pegado a un vecino que asperjaba con glifosato. El ganado comió esas hierbas, algunos animales perdieron peso y hubo una malformación de un feto de una vaca: el ternero nació sin un brazo», explica impávido. Así mismo, Juan asegura que los habitantes humanos de la zona sufren hoy «problemas como taquicardia, glucemia y cáncer» y cree que, con el correr de los años, esta situación va a empeorar. Además expone que «de las montañas vírgenes» que conoció «ya no quedan sino potreros: desaparecieron la flora y la fauna de la selva». 


MALAS PRÁCTICAS Y CAMBIO CLIMÁTICO

El narcotráfico y la ganadería extensiva son algunas de las actividades económicas que destruyen con mayor rapidez el patrimonio biológico y cultural de la Amazonía colombiana. «El problema climático lo estamos provocando nosotros mismos», sostiene José. Según él, el municipio de Puerto Guzmán es uno de los que están tumbando más bosques para la ganadería extensiva. «Hay personas que tumban 200 o 300 hectáreas de montaña para potreros», afirma.

En Colombia el 62 por ciento de la deforestación se centra en la Amazonía. En los últimos años, los habitantes de esta zona del país han vivido en carne propia las avalanchas, el desborde de los ríos e inundaciones sin precedentes a causa del deterioro de sus suelos, consecuencia de malas prácticas ganaderas, del desvío de los ríos y de la erosión causada por el glifosato. Por si fuera poco, este año quedará marcado en la historia como la temporada de lluvias más fuerte registrada en las últimas décadas alrededor del mundo.

Dada la realidad, un grupo de 25 jóvenes de distintos lugares del país involucrados en la Red Colombiana de Jóvenes por la Biodiversidad (GYBN, por sus siglas en inglés, la comisión de jóvenes que forma parte de las negociaciones bajo el Convenio de Diversidad Biológica de la ONU) llevó a cabo una consulta nacional por la biodiversidad. La iniciativa se desarrolla en el contexto de la negociación de un nuevo marco global de metas a aprobarse en la Conferencia de las Partes (COP15) del Convenio sobre la Diversidad Biológica, que se celebrará en octubre de este año en la ciudad china de Kunming.

Como parte de la consulta, los jóvenes han manifestado a entes nacionales e internacionales la urgencia de prohibir las fumigaciones con glifosato en Colombia, así como la necesidad de cumplir con el punto cuatro del acuerdo de paz. Proponen una erradicación «con un enfoque en derechos humanos y salud pública, diferenciado y de género», que permita consolidar un proyecto de país basado en el desarrollo sostenible y la soberanía alimentaria.


LA HISTORIA DEL GLIFOSATO EN COLOMBIA

La erradicación de cultivos mediante aspersión aérea comenzó en Colombia durante la «bonanza marimbera». En 1961, John F. Kennedy vendió a varios países de América Latina la idea de contener el comunismo y ayudar al desarrollo agrícola a través de los llamados Cuerpos de Paz. Alrededor de 64 voluntarios estadounidenses llegaron a las comunidades rurales colombianas con el objetivo oficial de asistir en proyectos de construcción, educación y salud. No pasó mucho tiempo antes de que descubrieran las cualidades de la marihuana o marimba de la Sierra Nevada de Santa Marta y se convirtieran en sus traficantes, un proceso que posteriormente abrió las puertas al tráfico internacional de cocaína y heroína producidas en Colombia.

En 1978 el Consejo Nacional de Estupefacientes empezó a utilizar en la Sierra Nevada el herbicida paraquat. Tras la «bonanza marimbera» vino un ensañamiento contra la coca, los territorios y sus poblaciones. Por entonces, los campesinos del Guaviare, Caquetá, Putumayo, Meta, Norte de Santander, Cauca, Magdalena Medio, Arauca, Guainía y Nariño se movilizaban por los daños nefastos contra su salud y la del entorno, debidos a las constantes aspersiones. A cambio, las fuerzas represivas les bloquearon los puentes con alambres electrificados y los atacaron durante sus protestas. Finalmente, el programa de aspersiones fue suspendido por la oposición de la entonces autoridad ambiental, el Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Medio Ambiente, y la prohibición al gobierno de Estados Unidos por parte de su Congreso.

Sin embargo, en 1981 el presidente Julio Cesar Turbay, a impulsos de Ronald Reagan, se acogió al programa de «lucha mundial contra el tráfico de drogas» lanzado por Washington. En ese tiempo florecieron los cárteles y las primeras organizaciones paramilitares y narcoparamilitares. Esa estrategia antinarcóticos coordinada desde Estados Unidos mutaría a fines de los noventa en el Plan Colombia, un acuerdo bilateral de ambos gobiernos para implantar en el país a las fuerzas armadas estadounidenses y aplicar prácticas represivas letales, entre ellas las fumigaciones con glifosato.

En 2015 las aspersiones fueron nuevamente suspendidas, esta vez por el Consejo Nacional de Estupefacientes, tras una solicitud del Ministerio de Salud basada en el informe de la OMS y en cumplimiento de un fallo de la Corte Constitucional para que se aplicara el principio de precaución frente al uso del agroquímico. El 12 de abril de 2021, sin embargo, el decreto 380 del presidente Duque habilitó la vuelta de las fumigaciones aéreas de cultivos ilícitos con glifosato.

Daniela Arias Baquero

desde Bogotá 
3 septiembre, 2021

 

Publicado enColombia
Jóvenes palestinos se dispersan el pasado 21 de agosto tras el lanzamiento de gases lacrimógenos por las fuerzas israelíes en la ciudad de Beitia, al norte de la Ciskordania ocupada.

En apariencia, la situación ha sido relativamente tranquila en los últimos días en los territorios ocupados por Israel. Ninguna víctima israelí, casi ningún ataque en Cisjordania y absolutamente ninguno en el propio Israel. Gaza ha estado relativamente tranquila desde el final de la última ofensiva de Israel allí, la Operación Guardián del Muro.

En Cisjordania, la desesperada rutina diaria continúa durante este llamado período de calma, una ironía suprema cuando se presta atención a estas terribles cifras: desde mayo, más de cuarenta palestinos han sido asesinados en Cisjordania.

En el solo un fin de semana de finales de julio, el ejército israelí mató a cuatro palestinos, incluido un niño de 12 años. De estos cuarenta, dos procedían de la misma aldea, Beita, que recientemente perdió a seis de sus habitantes: cinco manifestantes desarmados y un fontanero que, según se informa, fue llamado para reparar un grifo en algún lugar. Ninguno de los cuatro muertos a finales de julio representaba ninguna amenaza para la vida de las y los soldados o colonos israelíes.

El uso de munición real contra estas personas estaba prohibido, por no hablar de apuntar a matar, como hicieron las y los soldados israelíes que les dispararon. Cuatro seres humanos o, si lo prefiere, cuarenta seres humanos, cuyas familias han visto su mundo hundirse, personas con planes, sueños y deseos; todos repentinamente reprimidos por algún joven soldado israelí de forma tan despreocupada y brutal.

Por si todo esto no fuera suficiente, tened en cuenta esto: los medios israelíes apenas cubrieron estas muertes. Ninguno de los dos principales títulos israelíes mencionó la muerte de un adolescente de 12 años en Beit Omar, entre Belén y Hebrón; ni los dos canales de televisión privados más grandes se molestaron tampoco en hablar de ello.

En otras palabras, la muerte de un niño de 12 años - Mohammed al-Alami, que fue de compras con su padre y su hermana cuando soldados israelíes acribillaron su coche a balazos, matando a este niño que, como su padre, no había hecho nada malo - fue considerada sin importancia y poco interesante por algunos medios israelíes.

Indiferencia ante el asesinato

Esta es la única explicación posible para esta falta de atención generalizada frente al asesinato. Hay que recordar que todos estos asesinatos llevados a cabo desde mayo apenas se han señalado, y mucho menos investigado, y se puede vislumbrar el retrato de la represión israelí y la negación de la ocupación a través de la versión de la "Cúpula de Hierro" presentada por los medios de comunicación, con la amable autorización de la prensa libre, en toda su abyección.

Esta sombría imagen del ejército y su brutal modus operandi ha sido ahorrada a las y los israelíes, protegidos por una prensa muda. Protegidos por este silencio, negación y represión, incluso los políticos y generales israelíes no tienen que explicar o siquiera interesarse por el hecho de que no pasa una semana sin víctimas palestinas en los territorios ocupados, tampoco durante este período de relativa calma.

Así, hasta hace unos días, ningún oficial militar había hecho la más mínima crítica al comportamiento de estos soldados, por no mencionar la evocación de intervenciones judiciales o la apertura de una investigación seria. Solo después de una serie de artículos y editoriales en Haaretz que el Jefe del Estado Mayor del Ejército, el General Aviv Kochavi -considerado una personalidad con valores morales- ha "pedido bajar la temperatura". Ni una orden, ni un requerimiento. Ninguna intervención judicial ni investigación, solo una vaga declaración de buenas intenciones para el futuro.

Detrás de todo esto se esconde el desprecio por la vida de las y los palestinos. En Israel nada es menos valioso que la vida de una persona palestina. Esto va desde los trabajadores de la construcción que caen como moscas en obras de construcción en Israel sin que nadie se preocupe por ello hasta manifestantes desarmados en los territorios ocupados muertos a tiros por las y los soldados sin que nadie rechiste.

Hay un denominador común: la convicción en Israel de que la vida de las y los palestinos no vale mucho. Si las y los soldados dispararan a animales callejeros con tanta indiferencia como sobre las y los palestinos, habría una inundación de indignación y estos soldados serían procesados y severamente castigados. Pero solo están matando palestinos, así que ¿cuál es el problema?

Cuando una o un soldado israelí dispara a un niño palestino en la cabeza o a un adolescente palestino o a un manifestante o fontanero una bala al corazón, la sociedad israelí permanece en silencio y apática. Se contenta con las explicaciones sin concreción y a veces con las mentiras desvergonzadas del portavoz del ejército, omitiendo la expresión de cualquier escrúpulo moral sobre la necesidad de matar.

Hay tantas víctimas que he investigado y sobre las que he escrito en los periódicos que no han despertado ningún interés particular...

Muerte de un fontanero

Shadi Omar Lofti Salim (41 años), un próspero fontanero que vivía en Beita, en el centro de Cisjordania, salió de su casa en la noche del 24 de julio en dirección a la carretera principal en la que se encuentra la válvula de la red de suministro de agua de la aldea, después de que se descubriera un problema.

Estacionó su coche junto a la carretera y se dirigió a esta válvula, con una llave inglesa roja en la mano. Eran las 10:30 p.m. Cuando se acercó a la válvula, los soldados cercanos abrieron fuego de repente y lo abatieron. Más tarde afirmaron que corría hacia ellos sosteniendo una barra de metal. La única barra de metal era la llave roja inglesa que quedó en el suelo junto a su paquete de cigarrillos y una mancha de sangre ya seca cuando llegamos allí unos días después de su muerte.

Una semana más tarde, en la misma aldea, las y los soldados mataron a Imad Ali Dweikat (37), un trabajador de la construcción, padre de cuatro niñas y un niño de dos meses. Fue durante la manifestación semanal del viernes. Las y los habitantes de Beita se han estado manifestando cada semana durante unos dos meses contra el establecimiento de un puesto avanzado ilegal en tierras de la aldea. Esta colonia, Givat Eviatar, fue construida extraoficialmente y luego vaciada de sus habitantes por Israel, pero las cuarenta estructuras erigidas rápidamente allí no fueron destruidas. Esta tierra no ha sido devuelta a sus propietarios, a quienes no se les permite acercarse a ella.

Desde que se lanzó Givat Eviatar hace más de diez semanas, cinco manifestantes palestinos han sido asesinados por las o los soldados. Ninguno de los cinco estaba lo suficientemente cerca como para poner en peligro la vida de los soldados de ninguna manera, a pesar de que la gente que se manifestaba arrojó piedras y quemó neumáticos para protestar contra el acaparamiento de sus tierras.

Las y los habitantes están decididos a seguir resistiendo hasta que se les devuelva su tierra, y mientras tanto, la sangre fluye, semana tras semana.

Disparo aleatorio

Dweikat estaba bebiendo un vaso de agua cuando un francotirador israelí le eligió, aparentemente al azar, y le disparó en el corazón a varios cientos de metros de distancia. La bala explotó en su cuerpo, dañando sus órganos internos y Dweikat murió en el acto, con la sangre fluyendo de su boca. Ali, su hijo recién nacido, ya es huérfano.

Todas estas muertes son ejecuciones. No hay otro término para describirlas.

Unas semanas antes, las y los soldados habían disparado y matado a un adolescente, Muhammad Munir al-Tamimi, en otra aldea que protestaba, Nabi Saleh. Tamimi tenía 17 años y es la quinta víctima en este pequeño pueblo en los últimos años. Toda la gente allí pertenece a la familia Tamimi y, desde hace años, se ha resistido al robo de sus tierras por las colonias circundantes.

Todas estas muertes son ejecuciones. No hay otro término para describirlas. Disparar a manifestantes desarmados, adolescentes, niños, un fontanero, un trabajador de la construcción, personas que se manifiestan públicamente para recuperar sus propiedades y la libertad es un crimen. Hay muy pocos regímenes en este mundo donde las y los manifestantes desarmados sean abatidos, excepto Israel, "la única democracia en Oriente Medio", donde esto no afecta la tranquilidad espiritual de la gente.

Incluso las recriminaciones que escuchamos aquí y allá frente a estos asesinatos sistemáticos se derivan del hecho de que esto podría conducir a un deterioro de la situación en general. Sobre la cuestión de la legalidad y en particular la moralidad del asesinato de personas inocentes, nadie dice ni pío.

Israel es considerado una democracia, un querido hijo del mundo occidental con valores similares. Cuarenta personas civiles desarmadas muertas en los últimos dos meses y medio, cuatro muertes solo en la última semana de julio, son un testimonio doloroso, aunque silencioso, del hecho de que, aunque todavía se considera una democracia, Israel no es juzgado de la misma manera que otros países.

26/08/2021

https://www.middleeasteye.net/fr/opinion-fr/israel-meurtre-palestiniens-innocents-impunite-indifference-occupation

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Gideon Levy es columnista de Haaretz y miembro del consejo editorial del periódico. Levy se unió a Haaretz en 1982, y pasó cuatro años como editor adjunto del periódico. Fue galardonado con el Premio Euro-Med de Periodismo para 2008, el Premio a la Libertad de Leipzig en 2001, el Premio de la Unión de Periodistas Israelíes en 1997 y el Premio de la Asociación de Derechos Humanos en Israel para 1996. Su nuevo libro, The Punishment of Gaza (El castigo de Gaza), acaba de ser publicado por Verso.

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