Mezquita en la zona de Sayed-Abad en Kunduz. — STRINGER / reuters

La explosión tuvo lugar en una mezquita en la zona de Sayed-Abad en Kunduz, en la cual cientos de personas se encontraban reunidas por los rezos del viernes.

 

Un atentado suicida contra una mezquita chií provocó este viernes la muerte de al menos ochenta personas y dejó unos cien heridos en el norte de Afganistán, un ataque que no ha sido reivindicado pero que es similar a otros del grupo yihadista Estado Islámico (EI), contra el que los talibanes han lanzado una operación masiva en el país, al considerarlos su principal amenaza.

Se trata de uno de los atentados más sangrientos desde que los talibanes tomaron el control de Kabul el pasado 15 de agosto, después del ataque suicida reivindicado por el EI que el 26 de ese mes golpeó el aeropuerto de la capital, dejando unos 170 muertos.

80 muertos y unos 100 heridos

El atentado suicida de este viernes tuvo lugar en una concurrida mezquita durante la hora del rezo colectivo situada en la zona de Sayed-Abad en Kunduz, capital de la provincia homónima. "Una fuerte explosión tuvo lugar en la mezquita Sayed-Abad, en la que ochenta personas de la comunidad chií que acudieron a los rezos han muerto y unas cien más han resultado heridas", dijo Ghulam Rabani Rabani, un antiguo miembro del consejo provincial de Kunduz.

Nazir Naeemi, un ciudadano que se encontraba en el lugar del atentado, afirmó a Efe que "parece que unas cien personas han muerto y cerca de doscientas han resultado heridas", aunque el número todavía es confuso a falta de una cifra oficial de las autoridades.

Un residente de Kunduz, Sayedullah Kamran, relató que se encontraba cerca cuando escuchó la explosión y vio "gente corriendo fuera de la mezquita, algunos heridos y cubiertos en sangre. Después de unos minutos, nos apresuramos al interior para ayudar. El suelo estaba cubierto de cadáveres y heridos", recordó. El joven de 25 años contó unos 50 cuerpos, pero "dejé de contar por las prisas, creo que hay unos noventa o cien heridos".

Vídeos de la mezquita tras la explosión muestran decenas de cuerpos cubiertos de sangre con miembros amputados y tendidos en el suelo, entre escombros y los gritos de angustia de las personas que se afanaban por prestar ayuda.

Un vecino del lugar, Sayed Naeem Musavi, perdió a decenas de sus familiares en la explosión cometida por un "atacante suicida". "La explosión fue muy fuerte. Solo de nuestra localidad perdimos a entre 80 y 90 personas, algunos familiares cercanos y amigos, como tíos, primos y sobrinas, pero el número real es mayor que este y va en aumento", explicó.

Musavi criticó que cuando llegaron los talibanes al poder les desarmaron y no colocaron a nadie para que protegiera la mezquita, y además tras el atentado de este viernes tardaron unos 30 minutos en llegar. "Los bomberos (...) todavía están limpiando la sangre de la mezquita. La gente ha recogido tres bolsas con partes de cuerpos", relató.

Falta de confirmación oficial

Los talibanes han confirmado la explosión pero por el momento no han aportado datos oficiales de víctimas. "Ha habido una fuerte explosión en la provincia de Kunduz que causó muchas bajas, no conocemos la cifra exacta de víctimas en este momento", dijo un miembro de la Comisión de Cultura de los fundamentalistas, Jawad Sargar.

Otro líder talibán, que pidió el anonimato, afirmó que la formación sospecha que el Estado Islámico podría encontrarse detrás de este ataque. "De momento el área ha sido acordonada por nuestras fuerzas y una investigación está en marcha", dijo. Hasta ahora, ningún grupo u organización armada ha reivindicado el ataque.

Sin embargo, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) remarcó que el grupo yihadista Estado Islámico ha reivindicado recientemente varios atentados similares, el último el pasado domingo cerca de la entrada de una mezquita en Kabul durante la ceremonia fúnebre por la muerte de la madre del principal portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid.

El Estado Islámico de Khorasán, la rama afgana del EI, se ha ensañado además en el pasado con la minoría chií, especialmente contra la población hazara, a los que considera apóstatas.

Operación contra el EI

Las recientes acciones del EI, desde la retirada final de las tropas de Estados Unidos de Afganistán poco antes de la medianoche del pasado 31 de agosto, han provocado que los talibanes lancen una serie de operaciones masivas contra el grupo yihadista, para acabar con la que consideran la principal amenaza contra su Gobierno.

"Continúan las operaciones de nuestras fuerzas especiales y de los servicios de inteligencia contra el Daesh (acrónimo del EI en árabe). Esperamos poder erradicarlos pronto y eliminar esta sedición del país", dijo el portavoz talibán Bilal Karimi.

Las operaciones tienen lugar en al menos cuatro de las 34 provincias afganas: en Kabul, en las orientales Kunar y Nangarhar, y en la norteña Parwan, donde los yihadistas tienen una mayor presencia y han reivindicado varios ataques contra los talibanes.

kabul

08/10/2021 16:45 Actualizado: 08/10/2021 18:01

EFE

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Momento en el que el segundo avión impacta contra la segunda de las Torres Gemelas de Nueva York el 11-S. — SETH MCALLISTER / AFP

 La "guerra global contra el terror" desatada por EEUU cambió el orden mundial y abrió un escenario de consecuencias impredecibles tanto en el ámbito nacional como internacional.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001, en parte por la sensación de irrealidad que provocaron en una nación acostumbrada a participar en guerras ajenas pero no a ser objeto directo de ataque, desencadenaron una guerra global contra el terrorismo que desfiguraría para siempre tanto a Estados Unidos como a numerosos países en su órbita.

"Para entender lo que vino después hay que recordar que el 11-S supuso el mayor golpe en la historia de los EEUU desde el ataque a Pearl Harbor en la Segunda Guerra Mundial", matiza a Público el Premio Pulitzer, escritor y académico norteamericano Steve Coll.

"Hablamos de un golpe atestado en pleno corazón de Manhattan y de Washington, que conmocionó a un país perplejo, enfadado, a un país en duelo. La respuesta [gubernamental] adoptada entonces fue también fruto de esa reacción visceral", agrega Coll.

quella mañana el mundo presenció atónito cómo las Torres Gemelas de Nueva York se convertían en ruinas, rostros cubiertos de ceniza y seres humanos precipitándose al vacío. Poco después, una colisión aérea contra el Pentágono terminaba con la vida de al menos 189 personas, 64 de ellas personal y pasajeros de un vuelo comercial, y, finalmente, un cuarto avión secuestrado se estrellaba en Pensilvania matando a 44 personas a bordo.

Días después, el presidente George W. Bush le declaraba la guerra a la red yihadista Al Qaeda, y, por extensión, a cualquier amenaza terrorista en todo el mundo que pudiera socavar los valores democráticos y de libertad profesados por EEUU. Comenzaba así una "lucha monumental del bien contra el mal" —en palabras del propio Bush— que terminaría por mermar los propios cimientos de la nación norteamericana.

Discriminación racial

Ahsanullah Khan, conocido como Bobby, confundió las primeras imágenes del 11-S con una película. Cree recordar que estaba viendo la cadena CNN y que sólo entendió la gravedad de lo que ocurría cuando desde su casa, a lo lejos, distinguió una humareda que engullía los rascacielos de la zona sur de Manhattan.

Días después de la barbarie, todavía bajo un clima tenso y casi ficticio, personas como él —hombres árabes o musulmanes, muchos sin papeles— comenzaron a ser detenidos de forma arbitraria e interrogados en relación a los atentados. Según cifras judiciales, casi 1.200 personas fueron arrestadas antes del 5 de noviembre de 2001.

"El 11-S supuso un cambio masivo en las políticas de seguridad nacional y legitimó la práctica discriminatoria de cuestionar a una persona según su raza o religión", explica Hugh Handeyside, abogado de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU). 

"Todos los migrantes nos convertimos en testigos materiales del 11-S, ¡testigos materiales!, así se nos catalogaba en una de las campañas del Departamento de Seguridad Nacional", recuerda Khan sentado en un modesto restaurante en el Pequeño Pakistán, área de Brooklyn poblada principalmente por originarios de ese país asiático.

Los continuos arrestos masivos, junto a la muerte bajo custodia policial de su compatriota Muhammad Rafiq Butt, detenido ochos días después de los atentados y encarcelado durante 33 días, le impulsaron a fundar la ONG Coney Island Avenue Project (CIAP).

"Había una necesidad enorme de hacer algo. Gente inocente, que ni siquiera entendía inglés, estaba siendo reprimida, engañada, detenida. Nosotros les ofrecimos servicios legales gratuitos, iniciamos visitas a centros penitenciarios y promovimos manifestaciones por nuestros derechos", desgrana Khan.

Butt nunca dispuso de un abogado ni pudo realizar llamada alguna desde la prisión, según declaraciones al diario The New York Times de su sobrina, que se enteró del paradero de su tío gracias a un aviso telefónico de otro preso paquistaní.

Más de 22.000 civiles muertos

Si bien los atentados del 11-S dieron luz verde a todo tipo de prácticas en nombre de la seguridad nacional, desde perfiles raciales hasta torturas en Guantánamo, pasando por un programa de espionaje masivo destapado en 2013 por el extécnico de la CIA Edward Snowden, fuera de sus fronteras alcanzó su culmen con la invasión de Irak.

"Muchos funcionarios consideran que haber ido a la guerra en Irak fue la peor decisión en la historia de los Estados Unidos", explica Karen J. Greenberg, experta en seguridad nacional y terrorismo y directora del Centro de Seguridad Nacional (CNS). "Pero más allá de la guerra de Irak creo que todavía falta una verdadera reflexión sobre el precio pagado por otros países a raíz del 11 de septiembre", añade.

Se refiere a países como Afganistán, Somalia o Yemen, donde se aplicó la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF), aprobada días después de los atentados y que permitió a Estados Unidos atacar a cualquier "nación, organización o individuo" supuestamente relacionado con el 11-S o con eventuales actos futuros de terrorismo.

"Este documento impreciso, que no nombraba a un enemigo concreto ni tenía un marco temporal ni geográfico determinado, se convirtió en una oportunidad única para emplear tropas y fuerzas en todo el mundo en nombre del terrorismo", continúa Greenberg. Un documento hoy cuestionado pero todavía en activo, pese al cerco y debilitamiento de Al Qaeda o la muerte de Bin Laden.

Según un reciente análisis publicado por la ONG Airwars, encargada de monitorizar daños civiles en zonas de conflicto, los ataques aéreos y con aviones no tripulados estadounidenses han matado a al menos 22.679 civiles, una cifra que podría alcanzar los 48.308, desde que emprendió hace ahora 20 años la llamada "guerra contra el terror".

Estas estimaciones se basan en datos del propio Ejército, que reconoce haber realizado al menos 91.340 ataques aéreos desde el 11-S sobre Irak y Afganistán, contra el Estado Islámico en Siria y otros grupos yihadistas en Yemen, Somalia, Pakistán y Libia, según recoge Airwars.

"El hecho de que el Congreso aprobara la AUMF no significa en sí mismo que las acciones presuntamente amparadas por ella sean legales según el derecho internacional", advierte Handeyside, crítico con "los abusos terribles" derivados de un uso de la fuerza letal lejos de cualquier campo de batalla reconocido.

Para Greenberg, todas estas "transformaciones post 11-S" no solo han alterado EEUU desde sus entrañas, sino que el daño causado ha contribuido también a una pérdida de su hegemonía y liderazgo. "Cuando mantienes Guantánamo durante 20 años y encarcelas en ese lugar a personas sin cargos es difícil ser un faro de los derechos humanos para el resto del mundo", concluye.

 

10/09/2021 21:55

Patricia Martínez Sastre@martinezsastre

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Viernes, 10 Septiembre 2021 05:54

El optimismo abollado

La silueta de un bombero contrasta con la montaña de escombros del World Trade Center, 13 de setiembre de 2001 AFP, JIM WATSON

Estados Unidos, 20 años después

Los avionazos de Al Qaeda acentuaron en su momento la pérdida de fe de los estadounidenses en su mito nacional y sus instituciones. El país del «sí se puede» recorre ahora la senda de la tribalización, la inseguridad y el revisionismo.

 

Menos de un mes después de los ataques de Al Qaeda, Estados Unidos inició la invasión de Afganistán y, tres semanas más tarde, la Cámara de Representantes aprobó con 357 votos a favor y 66 en contra, y el Senado ratificó con 98 votos a favor y uno en contra, la llamada Ley Patriota. La norma unificó en el recién creado Departamento de Seguridad Nacional 16 agencias policiales y servicios de inteligencia.

El montaje rápido y la aplicación severa de la nueva legislación llevaron a una ampliación inaudita del Estado policíaco, detenciones y allanamientos sin orden judicial, captura prolongada de sospechosos –en su mayoría por la razón principal de ser musulmanes– y la expansión de las intervenciones de llamadas telefónicas y comunicaciones digitales. El país se pobló de cámaras de vigilancia y se multiplicaron las redes de identificación facial, y a todo ello la mayoría de los estadounidenses se resignó en aras de impedir otros ataques terroristas.

Una investigación independiente de los antecedentes de los ataques de Al Qaeda mostró la falta de coordinación entre los servicios de inteligencia y las fallas auténticas o fingidas de quienes pudieron haber impedido la conspiración. Para la ciudadanía, el gobierno, que debió haber protegido a la nación, resultó incompetente, y en la duda germinaron teorías varias que incluyeron la sospecha de que los poderes detrás del trono manipularon los ataques.

La abdicación de las otrora tan elogiadas libertades civiles no impidió protestas multitudinarias cuando el gobierno de George W. Bush puso al país en marcha hacia la guerra en Irak. Una acción militar que no respondió a ningún ataque y que el Congreso autorizó con la oposición de una sola legisladora. La guerra en Irak, que sacó del centro de la atención mediática el conflicto afgano, trajo a la luz realidades sombrías: la mentira de las armas de destrucción masiva; el gran negocio que hizo la firma Halliburton, de la que el vicepresidente Dick Cheney había sido presidente, con un contrato sin licitación para la provisión de servicios a las Fuerzas Armadas en zonas de guerra; las fotografías de iraquíes torturados en Abu Ghraib, y los informes sobre prisiones clandestinas donde la CIA usó «métodos de interrogación realzados», que enchastraron la autopercepción de un Estados Unidos justiciero.

En 2005, la devastación en Luisiana causada por el huracán Katrina acentuó la decepción ciudadana cuando miles de habitantes de Nueva Orleans –qué raro: la mayoría de ellos de barrios pobres– quedaron en los techos de sus casas rogando auxilio o hacinados entre montañas de basura en el Centro de Convenciones, en medio de la inacción del gobierno federal. En 2008, el país se sumió en la mayor crisis financiera y recesión económica causada por las especulaciones financieras de instituciones a las que pronto el Congreso y el gobierno socorrieron con billones de dólares. Los millones de estadounidenses que perdieron su vivienda y sus ahorros poca atención recibieron en el salvamento del capitalismo.

En 2020, la pandemia de la covid-19 y la torpeza del presidente Donald Trump se combinaron para intensificar la sensación general de que el país ha perdido la brújula y apenas manotea el timón. Una encuesta de Gallup del mes pasado indica que apenas el 23 por ciento de los estadounidenses cree que la nación tiene la proa en buen rumbo.

EL PATRIOTISMO Y SUS MITOS

El patriotismo es la religión laica que reemplazó los credos más tradicionales, sobre la base de que nacer en cierto territorio, delimitado artificialmente, haría que uno tuviera en común con sus pares mucho más que con los humanos al otro lado de la frontera. Todos los países tienen el suyo. En Estados Unidos, un país joven, uno de los artículos de fe fundamentales para el patriotismo local es el concepto de crisol de razas.

A excepción de los 6,79 millones de nativos norteamericanos, que hoy representan el 2,09 por ciento de la población, el resto de los habitantes tiene ancestros venidos o traídos a la fuerza de otras tierras desde el siglo XV en adelante. Hoy, de los 332 millones de estadounidenses, más de 48 millones son inmigrantes. Para hacer una nación de esta humanidad multiétnica, con lenguajes, religiones, antecedentes y ambiciones diversas, se precisan mitos fundacionales: George Washington, héroe de una generación de genios que redactó una Constitución singular en su grandeza, para un país de tolerancia religiosa y libertades individuales; luchadores sociales que enfrentaron las injusticias y ampliaron la participación ciudadana, desde los derechos civiles de los negros hasta el voto de las mujeres; un sistema político que, con su división de poderes, equilibrio dinámico entre el gobierno federal y los estados, elecciones regulares y sucesión ordenada de partidos y presidentes en el poder, hace de esta —se insiste— una nación excepcional, sin par en el mundo ni en la historia. (Otro componente del mito ha sido que Estados Unidos nunca ha entrado en guerra alguna como agresor y solo lo ha hecho en respuesta a ataques desde el exterior.)

Este patriotismo por nacimiento o adquisición ha permitido la asimilación de oleadas de inmigrantes, quienes bregan tras el «sueño americano» en la búsqueda de lo que el preámbulo constitucional describe como «una unión más perfecta». Y esas oleadas de migrantes por siglo y medio han demostrado que el experimento único pero imitable que es Estados Unidos inspira a millones a cruzar océanos y atravesar desiertos en éxodos cuya meta está aquí, y no en otras partes.

LAS TRIBUS

En las últimas décadas, el mito fundacional perdió lustre. Los ataques de 2001 y la obsesión por la seguridad nacional actuaron como catalizadores de un proceso más largo de fragmentación de la identidad nacional. Azuzados día y noche por «comentaristas» de televisión y radio –unos dizque conservadores, los otros autocalificados como progresistas– los estadounidenses han ido separándose en identidades parciales. Más y más, en lugar de considerarse primero y por sobre todo estadounidenses, se ven a sí mismos como parte de grupos con diferencias irreconciliables. Blancos, negros, latinos, asiáticos, generación X, Y o Z, proaborto y contra el aborto, con educación universitaria o sin ella, y más identidades o preferencias sexuales que las franjas del arcoíris.

Desde 2001 ha habido decenas de matanzas a balazos, desde las que dejan decenas de muertos y heridos hasta las que ocurren por todas partes, pero solo dejan menos de cuatro víctimas fatales por incidente. Y, a pesar de ello, como sociedad, el país no encuentra un consenso que encare el problema. Durante las últimas dos décadas han ido en aumento los desastres naturales, como los huracanes, las inundaciones y los incendios forestales, pero en Estados Unidos se soslayó la mera discusión del cambio climático, considerado como un cuco creado por los enemigos del capitalismo.

El sistema político bipartidista, que funcionó por siglo y medio, tiene cada vez menos capacidad para manejar los procesos centrífugos de la nación. La elección en 2008 de Barack Obama, primer mulato después de 43 presidentes blancos, dio la impresión de que Estados Unidos superaba de a poco el racismo y se encaminaba hacia una sociedad diversa con la mira en el futuro. La realidad estuvo muy lejos de eso y mostró, además, que los dos partidos, el Demócrata y el Republicano, son más bien dos alianzas de múltiples grupos en un proceso electoral que fuerza a los ciudadanos a elegir entre apenas dos opciones. Todo intento de un tercer partido ha fracasado por más de un siglo, y millones de ciudadanos votan a disgusto por un candidato solo porque el otro les parece peor.

El surgimiento del Tea Party como reacción a la elección de Obama evidenció el desencanto de un sector importante del electorado con ese sistema, que con una exhibición de atuendos del siglo XVIII y banderas anticuadas contribuyó a otro fenómeno peculiar de este período: la nación que por décadas fuera señera en invenciones, creatividad, descubrimientos y tecnologías, orientada al futuro y optimista en la sucesión de generaciones, se ha volcado al pasado. Los progresistas, a pesar de su etiqueta, han hecho algo parecido. Se ha multiplicado la producción de documentales, estudios universitarios, programas de televisión y libros que miran al pasado y sacan a luz todos los males del exterminio de los indios, la esclavitud, la segregación racial, los linchamientos, la opresión de las minorías.

En el imaginario nacional, el impacto inmediato de los avionazos del 11 de setiembre de 2001 fue espectacular y penoso pero, a la vez, pasajero. En pocas semanas el país retornó a su funcionamiento económico y en pocos años un rascacielos asombroso se erigió al costado del hueco dejado por las torres del World Trade Center. Los efectos de más largo plazo en la sociedad estadounidense han sido la desunión, la xenofobia, la intolerancia y la pérdida de vista del mito fundacional.

Por Jorge A. Bañalesdesde Washington 
10 septiembre, 2021

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Matan en Kabul a 13 militares de EU y al menos 60 civiles afganos

Bombazos y fuego de artillería provocan pánico en las cercanías del aeropuerto // Canadá y países europeos dan por terminada la evacuación

Kabul.The Independent. Bombazos y fuego de artillería cerca de la base aérea británica en las cercanías del aeropuerto de Kabul mataron ayer al menos a 13 uniformados estadunidenses y 60 afganos, incluidas mujeres y niños que buscaban huir del régimen Talibán.

Los atentados suicidas, que fueron reivindicados por Isis, ocurrieron al tiempo que las fuerzas británicas se preparaban para abandonar el hotel Baron, ubicado en el camino al aeropuerto, donde se reunieron afganos desesperados que intentaban escapar en los últimos vuelos de la evacuación.

Imágenes de video mostraban una zanja húmeda a un lado de la barda que rodea el perímetro del aeroupuerto, que quedó llena de cadáveres ensangrentados; y a personas que buscaban entre los muertos a sus seres queridos.

Entre los desaparecidos está Lufthar Hussein Wardak, quien llegó al retén estadunidense con la esperanza de abordar un vuelo para huir.

"Me llamó para decirme que había logrado pasar el retén talibán y que se dirigía al estadunidense", contó su hermana, Meena. "Estaba muy emocionado. No volvimos a escuchar de él. Creímos que la batería de su teléfono se había agotado durante la larga espera. Después un amigo de él nos dijo que hubo una explosión, y ahora tratamos de contactar a los hospitales", relató.

La carnicería siguió a repetidas advertencias de los gobiernos estadunidense y británico, de que la rama local del Isis, conocida como Isis-Khorasan, planeaba un ataque en el aeropuerto a medida que se acerca el plazo límite del presidente estadunidense, Joe Biden, para completar la evacuación de 6 mil soldados internacionales y que vence el martes próximo.

Isis reivindicó el ataque anoche a través de su canal en Telegram y celebró el hecho de que hubiera talibanes entre las víctimas.

Boris Johnson, premier británico, prometió continuar los esfuerzos de evacuación a pesar del "bárbaro" atentado, y agregó que la "inmensa mayoría" de quienes eran elegibles para ser rescatados ya fueron sacados de Afganistán por la Real Fuerza Aérea.

Las explosiones ocurrieron en la entrada del aeropuerto conocida como Puerta Abbey, custodiada por fuerzas estadunidenses, sobre un camino paralelo al canal de aguas negras cerca de la entrada del hotel Baron, que está a unos 274 metros de distancia, y donde la gente hacía fila para que les procesaran sus solicitudes para salir del país.

También hubo repetidas ráfagas de disparos. Estos ataques coordinados hicieron que la multitud y las tropas se hacinaran en un estrecho corredor sobre el camino que no tenía salida.

Entre los 13 muertos estadunidenses hay 12 marines y un médico naval; además, 18 efectivos estadunidenses resultaron heridos, pero no se reportaron víctimas británicas.

Varios testigos dijeron que tras el primer bombazo, los talibanes comenzaron a disparar al aire en un intento de dispersar a la multitud. Esto provocó confusión y más pánico. Algunas personas, incluso quienes estaban heridas, saltaron al canal de aguas negras.

Lo ocurrido hace que de inmediato se cuestione la relación entre el Talibán y otros grupos islamitas con presencia en Afganistán como Isis y Al Qaeda.

Bajo el acuerdo de Doha, que pavimentó el camino hacia el retiro militar occidental, el Talibán supuestamente debe evitar los atentados "terroristas".

Ha habido contactos regulares entre las fuerzas estadunidenses y británicas con los talibanes: tanto con altos funcionarios como con líderes locales. William Burns, director de la CIA, sostuvo pláticas confidenciales con el líder talibán, mulá Abdul Ghani Baradar, a principios de esta semana, sobre temas relacionados con las evacuaciones y la seguridad.

Ha habido numerosas alertas en días pasados, incluida una que presenció The Independent, cuando se reportó que un hombre que llevaba un artefacto explosivo en una bolsa pasó a través de las filas británicas, y se dirigió a un retén estadunidense. A pesar de que había una descripción detallada del sospechoso y se emprendió una intensa búsqueda, el individuo nunca fue encontrado.

Tropas británicas de la Brigada de Asalto 16 y de las fuerzas especiales custodiaban parte del área donde ocurrieron las explosiones. Ellos, y soldados de otros países occidentales estaban siendo remplazados por estadunidenses durante los últimos días, ante la reciente reducción de su presencia militar.

Washington y sus aliados apremiaron ayer a los civiles a que se mantuvieran alejados del aeropuerto, debido a la amenaza de un ataque del Isis.

En los pasados 12 días, los países occidentales han evacuado a cerca de 100 mil personas, en su mayoría afganos que colaboraron con ellos, pero reconocen que miles fueron dejados atrás después de la orden de Biden de retirar a todas las tropas antes del 31 de agosto.

Los últimos días de las evacuaciones aéreas muy probablemente serán usados, sobre todo, para llevarse a las tropas que quedan. Canadá y algunas naciones europeas ya anunciaron que sus vuelos fuera de Afganistán han concluido, al tiempo de que lamentaron públicamente la abrupta retirada ordenada por Biden.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

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Los atentados de Kabul refuerzan a los talibanes y a Israel mientras debilitan más a Biden

El golpe terrorista en la capital afgana deja ganadores y perdedores en el escenario internacional. Los atentados llegan en el peor momento para el presidente estadounidense y su menguante prestigio corre el riesgo de desmoronarse completamente. Los ganadores aparentes son Israel y los talibanes, que ven reforzada su posición en la región.

Los atentados del jueves por la tarde contra el aeropuerto de Kabul confirman que la situación en Afganistán no es de vino y rosas sino de una complejidad que va bastante más allá de la reciente victoria talibán, y anuncian que el nuevo teatro tardará en reconducirse si es que llega a reconducirse de una manera satisfactoria y estable en el futuro. 

Los servicios de inteligencia americanos lo habían advertido repetidamente en los últimos días en dos fases, primero diciendo que algo así podía ocurrir y después anunciando abiertamente que un atentado era "muy inminente". Las explosiones por lo tanto no sorprenden y su incidencia sobre el terreno es por el momento incierta, yendo más allá de un serio aviso a los occidentales y a los talibanes. 

La inteligencia americana había señalado como los grupos más peligrosos al Estado Islámico de Jorasán (ISIS-K) y también a Al Qaeda, sobre todo al primero. El miércoles The New York Times estimaba que el Estado Islámico de Jorasán cuenta con hasta 2.000 efectivos en Afganistán, y que a su lado la ideología de los talibanes palidece como demasiado moderada

Estos grupos son de naturaleza muy enigmática y es bastante probable que estén infiltrados en mayor o menor grado, más bien en mayor grado, por servicios de inteligencia foráneos. Recordemos que tanto uno como otro operaron en Siria durante los años más violentos de la guerra civil y que sus operaciones los colocaron durante mucho tiempo junto a la frontera israelí del Golán sirio ocupado. 

No solo no atacaron a Israel, sino que observadores de las Naciones Unidas certificaron que hubo decenas de contactos amistosos entre las fuerzas israelíes y los yihadistas del otro lado de la frontera, llegándose a atender a yihadistas heridos en hospitales israelíes, y trasladándose material, probablemente armas, del lado israelí al sirio. Por aquel tiempo, la televisión siria difundió imágenes de alijos de armamento israelí nuevo en posesión del Estado Islámico.

Eso sin tener en cuenta que tanto el Estado Islámico como Al Qaeda, en su versión del Frente al Nusra, contaron con apoyo logístico, económico y militar directo e indirecto de potencias occidentales y regionales, incluido Israel, durante sus operaciones en Siria.

Se da la circunstancia que las explosiones de Kabul se produjeron solo unas horas antes de la primera reunión entre el Biden y el primer ministro israelí Naftalí Bennett, un encuentro en el que Bennett quería hablar de Irán y eludir la ocupación palestina. A las 18.31 horas, un comunicado de la oficina de prensa del gobierno hebreo comunicó que "debido a los acontecimientos de Afganistán", el encuentro se había aplazado.

The New York Times señaló el miércoles que el Estado Islámico de Jorasán se creó hace seis años por un grupo de talibanes paquistaníes desafectos, y que entre sus tácticas figuran los atentados suicidas, con la amenaza concreta de infiltrarse entre la multitud que desde hace diez días espera la evacuación fuera del aeropuerto de Kabul, tal y como ocurrió el jueves, solo un día después.

La primera consecuencia de los atentados es que debilitan la posición del presidente Biden tanto dentro de EEUU como fuera. Biden, como el partido demócrata, es hoy más débil que ayer y todo indica que esta caída de prestigio podría crecer en los próximos días en beneficio de los republicanos. El veterano analista del Canal 12 hebreo Amnon Abramovich comentó horas después que el tema iraní seguramente seguirá estando en lo más alto de la agenda del encuentro con Bennett, cuando este se produzca. 

Pero Abramovich añadió que es probable que la cuestión palestina caiga de la agenda, lo que sin duda beneficia a Israel, como beneficia a Israel el golpe que han recibido Biden y los demócratas. De hecho, Bennett está haciendo lo posible para no hablar de los palestinos ni con los americanos ni con nadie, ya que su plan, que no esconde, es continuar construyendo en las colonias judías de los territorios ocupados, donde viven encerrados millones de palestinos. En este sentido, Israel es quizás quien más se beneficia con los atentados.

Viendo que Biden pierde y que Israel gana, ¿qué ocurre con los talibanes? La respuesta es que pierden y ganan. Por un lado, el nuevo régimen pierde puesto que muestra que no es capaz de controlar su territorio y que existen organizaciones como el Estado Islámico de Jorasán que son capaces de burlar la seguridad talibán, lo que crea incertidumbre en el país.

Pero por otro lado, los talibanes ganan en la medida en que se han comportado de una manera que puede calificarse de exquisita en relación con la precipitada evacuación de EEUU y sus aliados occidentales, dejando hacer y deshacer a su antojo a los americanos con la evacuación desde el aeropuerto, una actitud que los presenta como responsables.

Además, con los atentados, los talibanes parecen "moderados" al lado del Estado Islámico de Jorasán y por lo tanto los americanos tendrán más necesidad de negociar y pactar con ellos, aunque solo sea para contener a los yihadistas extremos que sin duda querrán exportar la yihad fuera de Afganistán, como ocurrió con los atentados del 11 de septiembre de 2001, algo por lo que no están los talibanes, o eso parece.

 26/08/2021 21:42 Actualizado: 26/08/2021 21:59


La filial afgana del Estado Islámico

¿Qué es ISIS-K, el grupo que se adjudicó el doble atentado en Afganistán?

Los talibanes son rivales del grupo yihadista que Estados Unidos ve como un peligro para la seguridad de los miles de civiles desesperados por huir de Kabul. 

Por Guido Vassallo

Página12

26/08/2021

Los talibanes, que retomaron el poder en Afganistán, mantiene una antigua confrontación con el yihadista Estado Islámico (ISIS), un grupo que en el Pentágono consideran una amenaza para los miles de afganos desesperados por huir de KabulEste jueves dos explosiones causaron al menos 15 muertos y decenas de heridos ante las puertas del aeropuerto de la capital afgana. Apenas se produjo el doble atentado, las sospechas de los sectores de inteligencia estadounidenses apuntaron a la rama regional del ISIS, el grupo Estado Islámico-Khorasan (Isis-K). El propio presidente, Joe Biden, había anticipado días atrás un "riesgo agudo y creciente" de ataque en la zona. 

¿Qué es el Estado Islámico-Khorasan? 

Meses después de que ISIS declarara un califato en Irak y Siria en 2014, un grupo de antiguos talibanes paquistaníes le juraron lealtad y se unieron a otros militantes en Afganistán para formar un capítulo regional. La dirigencia central de ISIS reconoció formalmente al grupo un año después de que se instalara en el nordeste de Afganistán, en las provincias de Kunar, Nangarhar y Nuristán. El grupo también estableció células en otras partes de Pakistán y Afganistán, incluyendo Kabul, según el monitoreo que llevó adelante la ONU. 

En su momento álgido, en 2016, se estima que llegó a tener entre 2.500 y 8.500 combatientes, pero las continuas operaciones antiterroristas por parte del Ejército afgano con apoyo aéreo y de las fuerzas especiales estadounidenses mermó esta cifra a finales de 2019 hasta entre 2.000 y 4.000. Las últimas estimaciones de su fuerza varían de miles de combatientes activos hasta 500, según un informe del Consejo de Seguridad de la ONU divulgado en julio.

"Khorasan" es un nombre histórico de la región que incluye partes de lo que actualmente es Pakistán, Irán, Afganistán y Asia Central, lo que le da a la facción el nombre de ISIS-K. Creen, en resumidas cuentas, que los talibanes no son lo suficientemente devotos del islam y por ese motivo mantuvieron las hostilidades, aún antes del regreso talibán al poder.

¿Qué tipo de ataques realizan? 

El ISIS-K reivindicó algunos de los ataques más salvajes de los últimos años en Afganistán y Pakistán. Masacró civiles en ambos países en mezquitas, santuarios, plazas y hospitales. 

El grupo sunita extremista ha atacado sobre todo a musulmanes que considera herejes, en particular a los chiitas. En agosto de 2019 reivindicó un atentado contra los chiitas en una boda en Kabul, en la que murieron 91 personas. 

Además se sospecha que perpetró en mayo de 2020 en Kabul un atentado que estremeció al mundo. Hombres armados abrieron fuego en la maternidad de un barrio mayoritariamente chiita, donde mataron a 25 personas, entre ellas 16 madres y recién nacidos.

¿Cuál es la relación del Isis-K con los talibanes?

Aunque ambos grupos son militantes islámicos sunitas de línea dura, también son rivales y difieren en campos como religión y estrategia. Cada uno dice ser el verdadero estandarte de la yihad. En una muestra de su enemistad, los comunicados del Isis se refieren a los talibanes como apóstatas.

El ISIS-K se enfrentó a la represión de los talibanes contra sus disidentes y no pudo extender su territorio, tal y como consiguió hacerlo en Irak y Siria. En 2019 el ejército gubernamental afgano, después de operaciones conjuntas con Estados Unidos, anunció que lo derrotó en la provincia de Nangarhar.

Según evaluaciones de la inteligencia de Estados Unidos y de la ONU, el ISIS-K operó desde entonces en gran medida mediante células dormidas en las ciudades para perpetrar ataques de segura repercusión mediática.

¿Cómo recibió el ISIS la victoria talibán?

El Estado Islámico fue muy crítico con el acuerdo del año pasado entre Washington y los talibanes que condujo a un pacto para la retirada de las tropas extranjeras, acusándolos de abandonar la causa yihadista. Luego de la rápida toma de Afganistán por los talibanes, varios grupos yihadistas en el mundo saludaron su regreso, pero no el Isis.

Un documento del Estado Islámico publicado tras la caída de Kabul acusó a los talibanes de traicionar a los yihadistas con el acuerdo con Washington y prometió continuar su lucha, según el SITE Intelligence Group, que monitorea las comunicaciones de grupos militantes.

¿Cuál es la amenaza en el aeropuerto de Kabul?

Funcionarios del gobierno de Estados Unidos y otros países occidentales venían alertando que el aeropuerto de Kabul, con miles de soldados norteamericanos rodeados por multitudes enormes de afganos desesperados por emigrar, estaba amenazado por la fuerza insurgente. 

En los últimos días, aviones de transporte militar salieron de la capital afgana lanzando señuelos, incluidos los diseñados para desviar misiles. La zona también se expone eventualmente a fuego de mortero y a ataques suicidas, según los expertos.

Varios analistas, entre ellos ExTrac, un grupo privado especializado en tratar datos de grupos yihadistas, apunta que el Isis-K detuvo de golpe su actividad hace 12 días. Las filiales del Estado Islámico suelen desaparecer del mapa cuando activan el "modo supervivencia" o cuando preparan un ataque de envergadura, explicó ExTrac.

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Magnicidio, encubrimiento y marines “humanitarios”

Estados Unidos y Colombia

Parece una mala novela policial, donde un comando de mercenarios comete un magnicidio y donde los gobiernos que envían y financian a los asesinos luego se aseguran de que sean funcionarios propios quienes investiguen el hecho, amparados por un comando “humanitario” de marines estadounidenses.

Todo esto hace cada vez más difícil que alguna vez se sepa realmente la verdad sobre el asesinato del presidente de Haití, Jovenal Moïse, el 7 de julio pasado.

Una serie de revelaciones, versiones encontradas y filtraciones a la prensa, salpican directamente a los países que están colaborando con las investigaciones sobre el crimen: Colombia y Estados Unidos. Pero sobre llovido, mojado. El 14 de agosto, un terremoto, de más potencia pero con menos víctimas fatales que el de 2010 que dejara más de 300 mil muertos, se abatió contra Haití, con sus secuelas de muertes, destrucción y hambruna. 

La respuesta humanitaria de Washington, fue enviar un contingente de “marines”, que si bien no necesitan dar rodeos para invadir países, en este caso han utilizado el recurso de ser «bondadosos» y «solidarios» con la tragedia haitiana, y han hecho pie nuevamente en un país que invadieron en varias ocasiones y en donde casi siempre controlaron a sus gobernantes.

Unos 420 marineros y alrededor de 200 infantes de marina, trabajarán en la limpieza de escombros y reapertura de carreteras, búsqueda, rescate y evacuación de heridos. Las tropas podrían permanecer en Haití hasta cuatro meses o más según sea necesario. El transporte anfibio USS Arlington se desplegará con dos helicópteros MH-60 Seahawk, un equipo quirúrgico y una lancha de desembarco. 

Además, Estados Unidos está enviando el USNS Burlington Spearhead Class Expeditionary Fast Transport (T-EPF-10) –un transporte rápido expedicionario- que también servirá como plataforma para lanzar drones para vigilancia aérea, así como dos aviones de patrulla marítima P-8A Poseidon. ¿Ayuda humanitaria?

 La población haitiana que viene sufriendo una desgracia tras otra, entre los malos gobernantes, el asesinato de su presidente Jovenal Moïse por mercenarios colombianos y estadounidenses, y la reacción de la Naturaleza en forma de terremoto frente a tanta agresión, ahora tendrán que lidiar con la prepotencia y el afán represivo de una tropa como la de los marines estadounidenses, acostumbrada a matar, a violar y a torturar. 

Los haitianos aún recuerdan el terremoto de 2010 que mató a cerca de 300 mil personas, en particular en la capital Puerto Príncipe y sus alrededores, y ahora vuelven a preguntarse sobre la frontera entre la ayuda de buena fe ante una emergencia humanitaria y la alimentación carroñera del “capitalismo del desastre”, ya que éste lucra con los cadáveres y el dolor ajeno. El terremoto pasa, las invasiones no.

Las familias haitianas que trataban, durante más de una década, de superar el duelo, de un momento a otro se vieron literalmente obligadas a enfrentar sus viejos fantasmas: el miedo, la incertidumbre, la zozobra, los turbulentos estados emocionales y psíquicos e incluso los complejos cuadros psicopatológicos que provocaron el terremoto y sus múltiples réplicas de sur a norte del país. 

Mercenarios y algo más

Los largos años de conflicto armado en Colombia han proporcionado un prolífico campo de entrenamiento para los militares, generalmente por parte de expertos estadounidenses e israelíes. Empresas de seguridad privadas en el mundo contratan a soldados entrenados en Estados Unidos por su experiencia contra guerrillas, campesinos, obreros e incluso cárteles de la droga (a veces contra y otras a favor).  Para el NYT, una veintena de comandos retirados colombianos viajaron a Haití este año, después de que un colega les prometió trabajos de seguridad con un salario de 2.700 dólares mensuales, cifra casi siete veces mayor que sus pensiones, que ascienden a 400 dólares y sirve apenas para subsistir.

El gobierno colombiano incumple el tratado de paz con la guerrilla y no tiene más argumentos que una creciente represión para detener el estallido social en el país, mientras el ejército entrena y despliega a una nueva generación de soldados que, de no mejorar las oportunidades en Colombia, seguramente será captada por una industria global de mercenarios cada vez más voraz que tiene el potencial de desencadenar más operativos de desestabilización en todo el mundo.

Colombia fue ganando reputación como tierra fértil para mercenarios. Hasta ahora, alrededor de seis mil soldados colombianos retirados han trabajado como guardias de seguridad, pilotos o técnicos de mantenimiento de aeronaves y vehículos en los Emiratos Árabes Unidos, Yemen, Afganistán y Dubai. Las ofertas llegan por whatsapp y por empresas colombianas administradas por oficiales retirados, muchos de ellos cobertura de altos cuadros en actividad.  Pero no solo seducen a personal retirado, sino a militares en actividad: a mediados de la deácada del 2000, renunciaron en masa pilotos de helicópteros Black Hawk, capacitados por instructores estadounidenses e israelíes, para trabajar con empresas privadas. Y algunos terminaron bombardeando aldeas en Afganistán o Irak.

¿Una trasnacional del crimen?

El embajador de Venezuela ante la ONU, Samuel Moncada introdujo la semana pasada un documento ante el Consejo de Seguridad para que se investiguen las operaciones mercenarias que vinculan a EEUU y Colombia y denunció que los mercenarios colombianos formarían parte de una red de crimen transnacional narcoparamilitar, que presuntamente cuenta con el apoyo del Estado colombiano y «su aparato de propaganda» para lavar sus actos criminales.

Pero vayamos a los hechos. La detención de 18 veteranos colombianos en Puerto Príncipe por su participación en el magnicidio del presidente Moïse, desató un debate sobre el trato que el gobierno de Colombia da a sus soldados retirados y sobre los contratistas de éstos para perpetrar asesinatos y otros actos delictivos para desestabilizar gobiernos y favorecer los negocios de sus financistas.  También Estados Unidos está involucrado en el magnicidio, no solo porque le ofreció atención sanitaria a la exprimera dama, Martine Moïse, sino porque al menos siete de los mercenarios fueron entrenados por el Pentágono, o sea el Departamento de Defensa.

La canciller Marta Lucía Ramírez y el gobierno de Iván Duque han asegurado que los mercenarios «fueron engañados». O sea, no se niega que sean mercenarios ni que el gobierno supiera de sus actividades, sino que además ha encabezado las gestiones para que los familiares de los exmilitares tengan permitido viajar a Puerto Príncipe y sea posible lograr la repatriación de los cuerpos de tres asaltantes abatidos en enfrentamientos con la policía haitiana.

Colombia salió muy rápidamente a pretender organizar el proceso de investigación de los hechos en Haití e intentó producir un mantoque le permitiera desviar la atención y encubrir lo que está ocurriendo.  Por su parte, Washington envió a altos funcionarios del FBI y del Departamento de Seguridad para «apoyar» la solicitud del Ministro de Interior de Haití, Claude Joseph, quien –siguiendo el libreto- pidió «investigadores» a Interpol y a las agencias de seguridad de Estados Unidos y Colombia.

La policía colombiana confirmó que los asesinos de Moïse salieron en dos vuelos desde suelo colombiano, planearon el crimen entre Haití, EEUU y República Dominicana, y que al menos cuatro empresas habrían sido responsables de reclutar a los comandos.  Pero a mediados de julio, el discurso oficial dio un giro, y la vicepresidente Ramírez -quien fuera ministra de Defensa del genocida presidente Álvaro Uribe Vélez en 2002 y 2003-  anunció el envió de una misión consular para asistir a los mercenarios colombianos detenidos y gestionar la repatriación de los asesinos muertos en el magnicidio.  Y lanzó la especie –que tomaron varios medios trasnacionales- de que varios de los conspiradores, lamentablemente habían sido engañados: algunos de los colombianos que fueron a Haití sabían de qué se trataba, la mayoría fue a otra misión, que supuestamente consistía en apoyar las fuerzas de seguridad de ese país. Y en arenga patriotera dirigida quizá al mercado interno, aseguró que «jamás un militar colombiano» sería capaz de pensar «en la hipótesis de participar en un magnicidio».

Obviamente, el Gobierno de Colombia y los medios de comunicación en ese país buscan imponer la narrativa de que los mercenarios son héroes y caballeros militares (no sería de extrañar que apareciera alguna película sobre el hecho), pero se trata de otra operación de desinformación en desarrollo contra Haití.

Paralelamente, el Departamento de Estado estadounidense anunció que Dabniel Foote sería el enaviado especial a Haití para colaborar «con los socios haitianos e internacionales«, «facilitar una paz y una estabilidad duradera», y apoyar «los esfuerzos para celebrar elecciones presidenciales y legislativas libres y justas». Amén.

El magnicidio de Moïsepuso en evidencia la compleja situación a lo interno del Ejército colombiano, convertido en el mayor exportador de mercenarios para las empresas militares de seguridad privada,  asociadas con actores políticos actuales, que relacionados estrechamente con actores económicos estadounidenses, israelíes y del Reino Unido, países a los que se les hace rentable contratar mano de obras asesina colombiana, ya utilizada en los conflictos de Irak, Siria, Afganistán y Yemen.   «Marta Lucía Ramírez y otros funcionarios están ligados y comprometidos con el segundo producto de mayor exportación que tiene Colombia, el paramilitarismo, que se ha convertido en mercenarismo internacional», denuncia el activista de Derechos Humanos y de migrantes Juan Carlos Tanus.

Unos 15 mil soldados, con alta preparación castrense, salen del Ejército colombiano tentados por contratos apetitosos de contratistas como la británica G4S o la estadounidense CTU Security LLC (investigada por el magnicidio a Moïse). Los dineros los reciben a través de empresas legalizadas en Colombia que guardan vínculos con el paramilitarismo y las redes del narcotráfico.

Por Aram Aharonian | 24/08/2021

Fuentes: Rebelión - CLAE

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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EEUU y la OTAN mataron a más de 10.000 civiles durante la intervención en Afganistán

En medio de bombardeos y ataques en suelo afgano, la administración estadounidense pagó "compensaciones" a familiares de sus víctimas mortales que oscilaron entre los 1.000 y los 5.000 dólares, según distintos informes.

 

El capítulo afgano de la denominada "guerra global contra el terror" lanzada por EEUU con el apoyo de la OTAN ha dejado un reguero de muertos y heridos entre civiles. La intervención militar lanzada hace 20 años se ha cerrado con la victoria de los talibanes y un largo listado de víctimas que cayeron bajo disparos y bombardeos lanzados en el marco de una operación que, paradójicamente, nació con el nombre de "libertad duradera".  

De acuerdo a distintos datos recogidos por Público a través de documentos de la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (UNAMA, por sus siglas en inglés) y de un estudio realizado por Marc W. Herold, profesor Profesor de Desarrollo Económico en la Universidad de New Hampshire, el número de víctimas provocadas por las tropas de EEUU y la OTAN entre octubre de 2001 y junio de este año –última fecha sobre la que existen cifras disponibles– asciende al menos a 10.111. 

Si se añaden los crímenes atribuidos al Ejército Nacional Afgano –creado y entrenado por las fuerzas estadounidenses y de la Alianza Atlántica– el número de víctimas llega a 15.424.

Ese mismo recuento establece que las "fuerzas antigubernamentales", entre las cuales ocupaban un lugar preponderante los talibanes, están detrás de 24.779 asesinatos de civiles. Se estima que solo en 2020, los combatientes del movimiento talibán perpetraron más de 1.300 crímenes.

El número total de civiles afganos muertos durante estos 20 años a raíz de las actuaciones de los distintos actores llega, según datos de la ONU, a más de 38.000. Amnistía Internacional habla en total de 150.000 muertos entre civiles y militares, de los cuales 60.000 pertenecían a las fuerzas de seguridad de Afganistán.

"Los niveles extraordinarios de daños infligidos a los civiles en el conflicto afgano continúa sin cesar", advertía la UNAMA en su último reporte, publicado en abril pasado. En los tres primeros meses del año se contabilizaban ya 573 muertos y 1.210 heridos, lo que representaba un 29% más de víctimas en comparación con el mismo periodo de 2020.

La misión de Naciones Unidas calificaba como "especialmente preocupante el aumento del 37% en el número de mujeres muertas y heridas", así como un crecimiento del 23% entre las víctimas infantiles en comparación con el primer trimestre de 2020.

"El número de civiles afganos muertos y mutilados, especialmente mujeres y niños, es profundamente preocupante. Imploro a las partes que encuentren urgentemente una forma de detener esta violencia", decía en ese informe la diplomática canadiense Deborah Lyons, representante especial de la ONU en ese país asiático.

"En Afganistán han sido frecuentes los daños colaterales, eufemismo utilizado para señalar a aquellas muertes indeseables, por lo general civiles, causadas por las fuerzas militares occidentales (las provocadas por la insurgencia son calificadas como meros asesinatos). Sin embargo, aun no deseadas, no se trata, en muchos casos, de 'errores'. Es decir, si se bombardea una localidad habitada, ya se conoce que, con toda probabilidad, morirán civiles", apunta por su parte Alejandro Pozo, investigador del Centro Delàs de Estudios por la Paz especializado en el conflicto afgano. 

En tal sentido, Pozo destaca que "la Guerra contra el Terror ha afectado a los principios de proporcionalidad, necesidad y discriminación", de forma que "el mero hecho de habitar en las regiones que controlan los grupos armados designados como terroristas y no salir malparado es indicio de no haberse opuesto lo que se considera como suficiente".

2.400 dólares por la vida de un niño

Los "daños colaterales" registrados a lo largo de dos décadas de intervención militar en Afganistán dieron lugar a "compensaciones" pagadas por la administración estadounidense a los familiares de sus víctimas. De acuerdo a los registros publicados en los últimos años por la publicación digital estadounidense The Intercept y por la agencia Reuters, EEUU ha pagado 1.000 dólares a un hombre por el asesinato de su hijo en una operación cerca de la frontera con Irán o 2.414 dólares por un niño muerto por un carro de combate. 

"Los pagos de condolencia están destinados a ser gestos simbólicos y, hoy en día, en Afganistán, por lo general, tienen un límite de 5.000 dólares, aunque se pueden aprobar cantidades mayores", relataba la periodista Cora Currier en una investigación publicada en febrero de 2015 en The Intercept

Un informe desclasificado del Ejército estadounidense señalaba que entre 2005 y 2014 el ejército se habían registrado 1.630 pagos de "compensaciones", cuya media era de 2.985 dólares por indemnización. En ese contexto,  un portavoz del Pentágono aseguró en 2017 que los pagos de "compensaciones" quedaban a criterio de los comandantes de EEUU sobre el terreno, ya que estaban "en mejor posición" para "juzgar los incidentes". 

Crímenes de guerra

El 5 de marzo de 2020, la Cámara de Apelaciones de la Corte Penal Internacional (CPI) autorizó a la fiscal jefe de dicho organismo, Fatou Bensouda, para abrir una investigación sobre los presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en Afganistán. La investigación pone el foco en las actuaciones ilegales por parte de las tropas estadounidenses y miembros de la CIA como por integrantes de las fuerzas afganas o combatientes talibanes.

El Gobierno de Donald Trumpreaccionó entonces con anuncios de sanciones contra la fiscal Bensouda y Phakiso Morchochoko, responsable de la división de jurisdicción, complementariedad y cooperación de la CPI, mientras proclamaba que ese tribunal era una institución "corrupta" e "ilegítima".   

20/08/2021 22:30 Actualizado: 20/08/2021 22:50

Por Danilo Albin@Danialri

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Las prácticas militares y paramilitares contra los jóvenes en Colombia en el Paro Nacional

Sicariato, desaparición forzada, tortura, entre otras prácticas militares y paramilitares para acallar la lucha de los y las jóvenes colombianos y la complicidad de la Fiscalía para ocultar la magnitud de la represión y el terrorismo de Estado del gobierno de Iván Duque.

 

La juventud colombiana ha dado muestras de rebeldía y aguante frente a la represión de la que ha sido víctima al ser declarado objetivo militar. Pero el terrorismo de Estado no tiene límite y la Policía, el Escuadrón Móvil Antidisturbios ESMAD y el Ejercito en alianza con los paramilitares han implementado prácticas como la tortura, la desaparición, el desmembramiento, la decapitación, el abuso sexual propias del conflicto armado colombiano y que se retoman y extienden en contra de los jóvenes, pero también que evidencian la alianza entre el paramilitarismo, el narcotráfico que lo financia y la Policía junto al Ejercito.

El sicariato durante los tiempos de Pablo Escobar entreno a personas cuyo encargo era asesinar opositores en el negocio de las drogas o en la política. La elite caleña y el narcotráfico siguen haciendo uso de este modo de operar, por lo que el día 14 de junio sicarios asesinaron a líder social y músico Junior Jein oriundo de Buenaventura, a quien le dispararon en repetidas ocasiones con un fusil y una pistola.

Otro conocido caso fue el del asesinato de Lucas Villa, en el que dos sicarios dispararon contra él y otros dos manifestantes que también resultaron heridos en el viaducto de Pereira el 5 de mayo. Se supo días después del hecho que fue una operación ilegal conjunta entre la banda de microtráfico Cordillera y algunos agentes de la Policía Nacional, más precisamente de la Seccional de Investigación Criminal – SIJIN.

Asimismo, son muchos los casos en los que los paramilitares han llegado a las zonas rurales con el objetivo de desplazar a la población campesina e indígena de sus tierras, para forzarlos hacen uso de aberrantes prácticas que se retoman en el marco del Paro Nacional como decapitar, torturar y desmembrar los cuerpos de sus víctimas. Estos asesinatos atroces tienen el objetivo claro de amedrentar a los manifestantes.

El día 19 de junio fue encontrada en el corregimiento de Aguaclara, Tuluá, Valle del Cauca, la cabeza del joven Santiago Ochoa que integraba la primera línea de manifestantes en Tuluá. Se sabe que fue retenido de manera arbitraria por el ESMAD la mañana del 19 de junio cuando iba en bicicleta y luego encontrado su cuerpo por partes.

La desaparición forzada durante el conflicto armado se convirtió en una cifra cotidiana y en constante aumento. Se calcula que hay en el país alrededor de 80.000 personas desaparecidas, más los mal llamados falsos positivos que son 6.402 jóvenes que fueron engañados por el Ejército con aparentes promesas de empleo y asesinados, luego fueron disfrazados como guerrilleros y mostrados como bajas del ejército en combate.

En este cuadro tenemos ahora los desaparecidos del Paro Nacional, las cifras siguen siendo distantes entre la Fiscalía y las ONGs que están recaudando los datos desde el principio del PN. El informe entregado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por Temblores ONG, El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz - Indepaz y el Programa de Acción por la Igualdad y la Inclusión Social - PAIIS reportaron 346 personas como desaparecidas entre el 28 de abril y el 31 de mayo.
Entre tanto la Fiscalía que nombra a las personas desaparecidas como “No ubicadas” afirma que hasta el pasado 10 de junio eran 572 registros de los cuales se encontraron 328 personas, 153 fueron inadmitidos por inconsistencias como nombres repetidos. De acuerdo con este conteo según la Fiscalía quedaron 91, de los que faltaban por localizar 84.

Pero no solo está la desaparición forzada sino el daño hecho a los manifestantes, las tortura y las amenazas a las que son sometidos, estas también son lesión considerable que se da en la retención arbitraria.

La organización Liga Contra el Silencio afirma que de acuerdo con la fiscalía en “documento constan 7.020 traslados por protección, la figura más utilizada para retener a los manifestantes, según las organizaciones de derechos humanos”, sin embargo, este procedimiento que debe ser informado se está ocultando a los abogados y familiares de los retenidos de manera arbitraria dando lugar a la desaparición forzada que no necesariamente es desaparición definitiva pero que entre medio puede exponer la integridad física y mental ante la brutalidad policial que actúa de manera impune y cuyo fin es amedrentar a los jóvenes para que abandones las calles y dejen de reclamar sus derechos.

Uno de los relatos de la organización Liga Contra el Silencio demuestra la brutalidad con la que son tratados los jóvenes cuando son retenidos y la complicidad entre el actuar de la Policía y los paramilitares: “El sábado nos tuvieron toda la noche andando. El camión iba súper rápido y de repente frenaba. ¡Pam! Eran unos frenones terribles. La idea era no dejarnos dormir. Antes nos habían echado gas pimienta y después nos golpearon con una cadena como de bicicleta o de moto. A pesar de que estábamos en manos de policías uniformados, ellos siempre nos dijeron que eran paramilitares”.

Los policías que reprimen y retienen a los manifestantes van uniformados algunas veces acompañados de paramilitares de civil o con un uniforme como lo afirma el relato anterior, pero sin número de identificación, con armas de fuego y armas blancas reprimiendo a los manifestantes con total impunidad; otro ejemplo es el del pasado 28 de mayo en el que civiles en compañía de la policía dispararon en contra de la Minga indígena en el barrio ciudad jardín de Cali. Esto en concordancia con la Fiscalía y la Defensoría que muestra cifras disminuidas de asesinatos, detenciones, desapariciones y que permite la impunidad de los agentes de Policía, ESMAD y Ejercito, pero también de paramilitares que actúan en su presencia.o que el pueblo colombiano grita en las calles es que “esto no es un gobierno son los paracos en el poder”, tal cual lo dice la consigna, cuando se escribe en las calles Colombia antiuribista, quiere decir Colombia antiparamilitar.

El terrorismo de Estado está encarnado en el actuar entre los paramilitares y los militares, que cuenta a la Policía y el ESMAD, que son los encargados de proteger y mantener a este gobierno narco paramilitar. Por eso no basta la negociación, ni los comités de paro, se debe buscar la salida del gobierno de Duque, que además de declarar objetivo militar a los manifestantes y mantener el terrorismo de Estado de la mano con los paramilitares, propondrá el próximo 20 de julio en la sesión ordinaria del Congreso la supuesta reforma a la Policía que dará continuidad a la impunidad y otra reforma tributaria consensuada con los partidos de derecha que son mayoría y con los empresarios.

Solo una huelga general y la organización de los y las trabajadoras, junto con los y las docentes, indígenas, campesinos, y la fuerza de la juventud moverán del poder a Duque y permitirá hacer justicia por los asesinatos, torturas, desapariciones y abusos y demás actos del terrorismo de Estado.

Por Begonia D.Corresponsal en Bogotá

Miércoles 23 de junio

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Los jóvenes populares de Cali viven el más crudo terrorismo de Estado ante la mirada del “país político”

En la ciudad de Cali, el pasado 9 de junio, nuevamente la juventud popular que se manifiesta en distintos puntos de resistencia vivió un abierto tratamiento de guerra ante su levantamiento, el mismo que puede denunciarse como terrorismo de Estado. Y así puede calificase pues los métodos utilizados por parte de sus órganos policiales y militares pasan por encima de todos los derechos humanos, colocando en riesgo constante la vida de los jóvenes y las comunidades que habitan los barrios.


Aquel día, en el oriente de Cali fue donde se vivió la situación más compleja. En aquella coordenada están localizados los barrios Andrés Sanín–7 de Agosto, lugar estratégico para los jóvenes ya que conecta a un nuevo punto de resistencia bautizado como “La virgen de la resistencia”, con el “Puente de las mil luchas”. Según testimonios de sus pobladores, en esta zona la “fuerza pública” utiliza la estación del sistema de transporte MIO de Andrés Sanín, ubicada en la Avenida Cali, como centro de detención de jóvenes, también como base para concentrar tropas y guardar armamento, motos, tanquetas y patrullas.

La vida no vale nada

“Estoy golpeada pero bien. El hostigamiento empezó desde el mediodía, llegaron de una disparando, ahí la gente empezó a resguardarse y después comenzó el enfrentamiento de balas contra piedras. Empezaron a querer dispersarnos del punto con gases lacrimógenos y también empezaron a disparar con los perdigones y balas, no respetaron a nadie. Da pesar ver todo lo que la Policía hace, esos ya pasan por encima de los defensores de derechos humanos, medios de comunicación y habitantes del barrio”.


Así relata lo vivido una fuente cercana a desdeabajo, quien nos dice que la situación en términos de derechos humanos cada vez es peor: “Los heridos que tuvimos a la altura de Andrés Sanín–7 de agosto, fueron alrededor de 35, también hubo 2 asesinados y 6 capturados”.


Elkin Fernández Vélez fue una de las víctimas del terrorismo de Estado y según el relato de la primera línea que prefiere mantenerse en el anonimato por temas de seguridad: “El señor recibió un impacto de bala en el rostro, la bala le entró entre el ojo y el tabique. En el momento de socorrerlo el Esmad empezó a lanzar gases a la zona donde estaba el cuerpo, de ahí se saca y se logra estabilizar por la brigada médica, pero al momento de llevarlo a un centro médico tiene un paro respiratorio y fallece”.


Una realidad espeluznante. Una defensora de derechos humanos en una entrevista difundida por internet* cuenta que al llegar al hospital con el cuerpo de Elkin, la mamá del joven, quien sería una señora adulta mayor, les dice: “me mataron a mi hijo ¿quién me lo va a devolver?, ¿ahora qué voy a hacer?, no tengo ni siquiera para enterrarlo”.


La otra víctima fatal, al parecer, es un joven que posterior a su asesinato es incinerado por los “agentes del orden” y después arrojado a un caño.


Si esto sucede en medio de acuerdos pactados entre la alcaldía de CalI y los jóvenes de la Unión de Resistencias Cali –primera línea somos todos–, como también en medio de la visita de la Cidh a Colombia, y bajo las cámaras y ojos de diferentes medios de comunicación locales e internacionales, imaginemos el terror que deben padecer a diario estos jóvenes por parte del Estado. Diabólico, sin duda.


“Nos sentimos muy indignados porque cada vez hay más violencia y menos respeto por la vida. No tienen ni ley ni orden. No respetan los acuerdos que se hacen, en los que se establece que respetarían los puntos, parando los hostigamientos por parte de la Policía y el Esmad. En este momento estamos discutiendo cómo vamos a proceder como Unión de Resistencias Cali –URC– frente al incumplimiento; necesitamos tener un dialogo verdadero para ver cómo se van a respetar los acuerdos”, nos dice con contundencia nuestra entrevistada.

 

 

 

 


Tratamiento de guerra contra la población civil


El punto de resistencia del Paso del comercio, rebautizado como “Paso del aguante” también ha vivido el terrorismo de Estado con su rostro de brutalidad policial, militar y paramilitar permanente. Ejemplo de esta situación queda recogido en la denuncia formulada por la Red de Derechos Humanos Francisco Javier Ocampo Cepeda, a propósito de los hechos acaecidos el pasado 4 de junio, cuando se realizó un “operativo combinado entre la POLICIA NACIONAL, ESMAD, GOES y EJERCITO en contra de los manifestantes y la comunidad del sector, que dejó el lamentable resultado de cuatro (4) jóvenes asesinados por arma de fuego, más de 20 heridos, uno de gravedad, más de quince (15) jóvenes aprehendidos arbitrariamente, detenciones ampliamente ilegales por el uso desmedido de la fuerza, tratos crueles y degradantes a los que fueron sometidos, tres allanamientos arbitrarios, prensa agredida y amenazada, misiones médicas atacadas, desapariciones forzosas y hostigamiento permanente a la comunidad”.


Desde el testimonio de otra fuente cercana a desdeabajo, integrante de una de las barras de uno de los equipos de fútbol de la ciudad de Cali, quien también prefiere el anonimato a correr el riesgo de ser señalado, reseñado y puesto entre ojos por quienes dicen que están instituidos para la protección de toda la sociedad, pero que en los hechos hacen todo lo contrario, recrea un contexto de lo que sucede desde su mirada en la ciudad:


“Aquí les habla un servidor que ha estado en esta lucha de manera frontal. Uno ya no sabe por dónde empezar, un prólogo que podría hacer entender la dimensión de la situación es que aquí estamos viviendo la intención de criminales que por medio del narcotráfico quisieron manejar este país, situación denunciada por personas como Luis Carlos Galán quien sería asesinado por estos mismos actores del conflicto que hoy en día ya se posicionaron. Cali hoy sufre una arremetida paramilitar ejecutada por líderes regionales que hacen carrera para cumplir con los lineamientos de Álvaro Uribe.


Otro contexto podría ser que prácticamente esas masacres de hace tantos años, como la de las Bananeras, o más recientes como las de Córdoba o los Montes de María, que creíamos que eran de otro país, llegaron a nuestros ojos y a nuestra ciudad, la cual podemos decir es prácticamente la más rebelde contra el uribismo. Aquí nosotros desde el 28A sí salimos a cerrar los pasos para presionar, pero para que empezara rápido una negociación y unas mesas, para que las mismas empresas presionaran al gobierno para que se sentara, pero esto no sucedió así, al contrario, esto se miró con morbosidad, medio se vislumbraba que esto iba a ser de un arremeter fuerte, pero muchas personas no se imaginaban que esto podía ser una masacre; pero así fue.


Desde el 2 y 3 de mayo empezó la decisión de disparar y matar a la gente. Esto se da porque aquí el Esmad perdió la pelea en la calle. Por más lacrimógenos y sistemas Venom que tuvieran la gente les aguantó, entonces decidieron de manera sucia cambiar el formato a una cosa más infame y más bárbara, empezaron a disparar con Goes, Policía y gente de civil que se les dice hoy “gente de bien”, así empezaron las cosas y así empezaron las muertes. Aquí hay una pelea absolutamente desigual, no hay garantías de noche, fuerzas oscuras llegan en camionetas disparando, mandan sicarios en moto, allanan y sacan personas de sus casas en las noches y así.


Aquí muchos la hemos sacado barata, yo solamente tengo un impacto de capsula que me quedó en una pierna, pero hay gente que la ha sacado muy grave, hay muchachos que tienen el rostro desfigurado, estamos hablando de más de un centenar de heridos de consideración, hay gente que la bala de fusil le ha entrado y salido en alguna parte del cuerpo, así mismo están las personas que habitan zonas residenciales donde viven las gaseadas permanentes que han generado hasta la muerte de algunas personas, como fue el caso de la unidad residencial Balde Peñas, en el norte de la ciudad.


Aquí nuestra primera defensa fue el internet, fue sacar tu celular para grabar y mostrarle al país y al mundo lo que estaba pasando. Allí evidenciamos que no se necesitan para nada los medios acomodados y pagos al servicio del establecimiento”.


El país político y el país nacional


Mientras acontece esta situación en la ciudad de Cali, así como en otras ciudades y regiones del país, dirigentes políticos alternativos manifiestan no estar de acuerdo con los bloqueos en las protestas. Su calciulado razonamiento es que esta coyuntura deberá fortalecer las elecciones presidenciales del 2022. Otros van cediendo y empiezan a desbloquear vías.


Un ejemplo claro, ejemplificante, de aquella diferencia entre país político y el país nacional realzada por Jorge Eliecer Gaitán. Es un real divorcio entre las dinámicas y aspiraciones de las gentes pobladoras de las barriadas populares y quienes actúan con la mente puesta en el control del gobierno.
Una realidad escandalosa, ante la cual una de nuestras fuentes primera línea responde de manera contundente:


“Como te dije hace varios días, a nosotros el Comité de Paro no nos está representando y hemos hecho varios anuncios sobre ello. Las decisiones que ellos tomen son totalmente arbitrarias, ellos las están tomando por beneficio propio. Nunca el Comité vino a alguno de los puntos a preguntar ¿qué necesidades tienen los pelados?, ¿por qué están aquí?, ¿qué necesidades tiene el pueblo o la mamá de los jóvenes que están ahí parados?


Ellos simplemente están hablando como queriendo buscar ese convenio ilegal, porque para mí es algo como ilegal porque están haciendo acuerdos que no están relacionados con todo el pueblo. Tienen la soberbia de creer que aquí es llegar a decir: “bueno, como yo soy el Comité del Paro, entonces yo los dirijo a todos” ¡No señor! Aquí nosotros seguimos en pie de lucha, aquí lo único importante es lo que nosotros como Unión de Resistencias Cali –URC–, saquemos como comunicados públicos, eso es lo que estamos conversando. Aquí literalmente estamos los voceros de cada uno de los puntos de concentración que existen en la ciudad. El CNP sigue haciendo acuerdos sin tener presente un sector del pueblo ni de los jóvenes, mucho menos tienen en cuenta a todos los muertos, heridos, desaparecidos y demás que hemos tenido.


Aquí ya los muchachos están peleando es por el hecho de hacer respetar tanto a sus muertos, como por seguir luchando por sus derechos, aquí en cada confrontación siempre hay heridos y muertos, entonces el acuerdo al que llegue el CNP es totalmente para beneficio de ellos, porque a nosotros no nos beneficia en nada. El hecho que están diciendo que van a desbloquear da risa, no sé si es que se van a venir ellos a desbloquearnos o es que ¿algún día se han parado en la primera línea? De aquí no se mueve ni la más mínima piedra hasta que por lo menos el gobierno respete la vida de los jóvenes, dejen tanto acoso en los puntos de concentración y por fin muevan a los militares de la ciudad; hasta entonces el paro sigue, los bloqueos siguen, y si nos van a seguir afectando más, pues nos vamos a agrandar más en bloqueos, es así de simple”.


El escenario está abierto y no hay más ciego que el que no quiere ver. La situación demanda hoy un actuar diferente para encontrarse con estos jóvenes ¿Perderán el apoyo de estos sectores populares quienes se autodenominan el cambio verdadero en el país? ¿De qué lado del poder caminarán?


*Ver: https://www.facebook.com/jahfrann/videos/532857871064560

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Irán acusa a Israel del ataque a la planta nuclear de Natanz y promete "venganza"

Rusia y la UE esperan que las negociaciones en Viena no se vean afectadas por el percance

 

Teherán. Irán acusó ayer a Israel de estar detrás del ataque a su planta de enriquecimiento de uranio de Natanz y prometió "venganza" en medio de esfuerzos diplomáticos para conseguir que el acuerdo internacional de 2015 sobre el programa nuclear iraní vuelva a su cauce.

Más de 24 horas después del incidente, las circunstancias, el modus operandi y el alcance de los daños siguen siendo confusos.

La Unión Europea (UE) y Rusia, que participan en las negociaciones diplomáticas con la república islámica para reimpulsar el acuerdo sobre su programa nuclear, afirmaron que esperaban que lo ocurrido en Natanz no socave las discusiones.

Desde Washington, la Casa Blanca desmintió todo vínculo con el incidente "Estados Unidos no estuvo involucrado de ninguna manera", dijo a la prensa la secretaria de prensa Jen Psaki, quien agregó que las negociaciones en Viena no deberían verse afectadas.

El portavoz de la Organización de la Energía Atómica de Irán, Behrouz Kamalvandi, pareció minimizar el incidente al declarar que "el centro de distribución de electricidad" de la planta de Natanz, en el centro del país, se vio afectado por una "pequeña explosión" hacia las 5 de la mañana del domingo.

Agregó que los daños se podrán reparar "rápidamente", observación que contrasta con las declaraciones del jefe de la agencia nuclear de Irán, Alí Akbar Salehi, quien poco antes había declarado a la agencia de noticias Fars que fue necesario activar el sistema eléctrico de emergencia.

En tanto, el portavoz de la diplomacia iraní, Said Khatibzadeh, señaló que aún era "demasiado pronto" para evaluar los daños de lo que calificó de acto "terrorista" perpetrado por Israel, que habría dañado varias centrifugadoras utilizadas para enriquecer uranio.

El diario New York Times citó a jefes de los servicios de inteligencia israelíes y estadunidenses, que señalaron que "Israel desempeñó un papel" en lo acontecido en Natanz donde, según esas fuentes, "una fuerte explosión" habría "destruido el sistema eléctrico interno que alimenta las centrifugadoras".

Fue en esta misma planta del complejo nuclear de Natanz, uno de los centros neurálgicos del programa atómico de la república islámica, donde Irán comenzó a probar el sábado nuevos conjuntos interconectados de centrifugadoras.

Khatibzadeh acusó indirectamente a Israel de hacer naufragar las conversaciones en curso en Viena para intentar que Estados Unidos vuelva al acuerdo internacional de 2015 y levante las sanciones contra Teherán.

Khatibzadeh prometió que "la respuesta de Irán será la venganza contra el régimen sionista en el momento y lugar adecuados".

La agencia de prensa Irna indicó que varios diputados comentaron que el canciller Mohammad Javad Zarif había subrayado “la necesidad de no caer en la trampa tendida por los sionistas.

"No permitiremos (que Israel haga descarrilar las conversaciones de Viena) y nos vengaremos de los sionistas por estas acciones", habría dicho, según las mismas fuentes, durante una reunión a puerta cerrada en el Parlamento sobre el ataque a la planta de Natanz.

Estados Unidos, durante la presidencia de Donald Trump, rechazó de manera unilateral en 2018 el acuerdo nuclear alcanzado con Irán en Viena tres años antes, y restableció las sanciones estadunidenses que se habían levantado como parte del pacto.

Como represalia, desde 2019 Irán se ha alejado de la mayoría de los compromisos claves para limitar sus actividades nucleares que asumió en Viena.

El presidente estadunidense, Joe Biden, quien sucedió a Trump en enero, anunció su intención de reincorporarse al acuerdo de Viena.

En tanto Heiko Maas, jefe de la diplomacia alemana, uno de los países firmantes del acuerdo de 2015, afirmó que los acontecimientos recientes "no son positivos" para las negociaciones en curso, y la cancillería rusa afirmó que espera que “lo ocurrido (en Natanz) no se convierta en un ‘regalo’ para los varios opositores al acuerdo y que no socave las negociaciones”.

Irán siempre ha negado que su programa nuclear tenga como finalidad fabricar una bomba atómica, como acusa el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien reiteró ayer que su país impedirá que Irán se dote del arma nuclear pero evitó mencionar el incidente en Natanz.

Por otra parte, los servicios secretos israelíes acusaron a Irán de crear falsas cuentas de mujeres en Instagram para engatusar y secuestrar a ciudadanos de Israel, después de que Teherán prometió responder al ataque en Natanz.

La Unión Europea añadió a ocho funcionarios iraníes a su lista de sancionados, entre ellos al comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución, Hosein Salami, por su participación en la represión a las protestas de 2019, a lo que la república islámica respondió con la suspensión del diálogo y la cooperación con Bruselas en materia de terrorismo, drogas, refugiados y derechos humanos.

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