Un detenido por el ataque a Maduro involucra a México, Chile y Colombia

Venezuela pidió este domingo a México, Chile y Colombia aclarar si funcionarios de sus embajadas apoyaron la fallida fuga de uno de los presuntos responsables del estallido de drones en agosto pasado, durante un acto encabezado por el presidente Nicolás Maduro.

"No hay inmunidad diplomática en el caso de encubrimiento de terroristas", advirtió el ministro de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez, sin identificar a los diplomáticos.

En rueda de prensa, el ministro señaló que el presidente ordenará al canciller, Jorge Arreaza, que pida directamente a esos funcionarios aclarar si tuvieron participación.

Según Rodríguez, la madrugada del sábado fueron capturados Henryberth Rivas Vivas, alias Morfeo, y otras dos personas por la explosión de dos drones el 4 de agosto en las proximidades de la tarima desde la cual el mandatario socialista presidía un desfile militar.

En confesiones en video difundidas por el ministro, Rivas relató que personal diplomático estaría relacionado con sus frustrados planes de huir de Venezuela.

El hombre dijo haber recibido instrucciones para contactar con un funcionario de la embajada chilena, quien lo ayudaría a trasladarse a Colombia con la mediación de personal de las sedes diplomáticas de México y Colombia.

El gobierno de Chile "tiene que explicar por qué un asesino, un terrorista, recibe la instrucción (...) de que se dirija a su embajada", expresó Rodríguez.

En esa sede diplomática está refugiado el parlamentario opositor Freddy Guevara, después de ser acusado de incitar a la violencia durante la protestas contra Maduro que provocaron unos 125 muertos en 2017.

Junto con Rivas fueron arrestados Ángela Expósito, de doble nacionalidad española-venezolana, señalada por esconderlo en su residencia, y el coronel en retiro Ramón Velasco.

Hasta el momento 28 personas están detenidas, precisó Rodríguez, quien pidió a Estados Unidos y Colombia aprobar la extradición de quienes el gobierno venezolano señala como autores intelectuales.

Entre ellos está el ex presidente del Parlamento Julio Borges, exiliado en Bogotá, quien califica el atentado de "farsa".

Rodríguez, sin embargo, calificó de "sandeces" los cuestionamientos que se han hecho a la veracidad del fallido magnicidio.

Reiteró de igual manera acusaciones contra el ex presidente colombiano Juan Manuel Santos, quien está detrás de lo sucedido, según Maduro.

"El presidente de Colombia, Iván Duque, tiene que deslindarse de los hechos planificados en el gobierno de Juan Manuel Santos. ¿O no? ¿O está de acuerdo con el intento de asesinato?", preguntó.

Un funcionario de migración en Colombia, que el gobierno venezolano identifica como Mauricio Jiménez, es acusado de haber permitido el paso por la frontera de responsables del ataque para recibir entrenamiento en la localidad colombiana de Chinácota.

Colombia ha negado cualquier relación con los hechos, al igual que dirigentes opositores señalados en el caso y que aseguran que el suceso fue usado para reprimir a críticos del gobierno.

Por otro lado, la cancillería venezolana pidió este domingo a Colombia mayores esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico ante un "aumento alarmante" de cultivos ilícitos, en especial en la zona fronteriza común.

"Venezuela apremia a las autoridades colombianas realizar esfuerzos sinceros y efectivos y asumir las responsabilidades internacionales por los daños que ha causado la industria del narcotráfico a países vecinos y al mundo", señaló la cancillería en un comunicado.

Al citar un informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la cancillería de Venezuela destacó que Colombia concentra 68.5 por ciento de los cultivos de coca en el mundo. "Al cierre de 2017 Colombia contaba con 171 mil hectáreas de coca sembradas, 25 mil más respecto de la medición de 2016", subraya el comunicado.

Las tensiones diplomáticas entre Venezuela y Colombia han sido habituales desde la llegada al poder del fallecido ex presidente socialista Hugo Chávez (1999-2013), y se mantuvieron con Maduro, con constantes incidentes en la frontera de 2 mil 200 kilómetros.

Maduro incluso acusó al ex mandatario colombiano Juan Manuel Santos, quien en agosto estaba aún en el poder, de estar detrás del estallido de los drones.

Bogotá salió al paso de las acusaciones y en un comunicado expresó: "En la coyuntura que vive Venezuela, la embajada de Colombia y los 15 consulados acreditados en el hermano país no tienen interés distinto al de trabajar coordinadamente por la asistencia y protección de nuestros connacionales, razón por la cual carecen de todo fundamento las afirmaciones del ministro Rodríguez".

A su vez, Chile citó al embajador venezolano este lunes en la cancillería y llamó al gobierno de Maduro a "a retirar sus calumniosas insinuaciones contra nuestro país".

 

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EU procesará a jueces de la CPI si actúan contra sus soldados en Afganistán

Estados Unidos amenazó este lunes con arrestar y procesar a jueces y a otros funcionarios de la Corte Penal Internacional (CPI) si el tribunal emprende acciones por crímenes de guerra contra estadunidenses que lucharon en Afganistán, afirmó que esa instancia “está muerta para nosotros” y la calificó de ilegítima.

“Vamos a impedir a esos jueces y fiscales la entrada a Estados Unidos. Vamos a aplicar sanciones contra sus bienes en el sistema financiero estadunidense y vamos a entablar querellas contra ellos en nuestro sistema judicial”, advirtió John Bolton, consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos.


“Haremos lo mismo con cualquier compañía o Estado que ayude a una investigación de la CPI en contra de los estadunidenses”, dijo ante la organización conservadora Federalist Society, en Washington.
Bolton acusó a la corte internacional encargada de juzgar principalmente crímenes de guerra y de lesa humanidad de ser “ineficaz, irresponsable y francamente peligrosa para Estados Unidos, Israel y otros aliados”.


Para Estados Unidos cualquier iniciativa sobre las acciones de efectivos de seguridad suyos sería “una investigación completamente infundada e injustificable”.


A principios de noviembre de 2017, la fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, anunció que pediría a los jueces la autorización para investigar crímenes de guerra cometidos presuntamente en el conflicto armado afgano, principalmente por el ejército estadunidense.


En Afganistán, Estados Unidos sigue a la cabeza de una coalición militar que depuso al régimen talibán en 2001.


“En cualquier momento la CPI podría anunciar la apertura de una investigación formal contra esos patriotas estadunidenses”, explicó el consejero de Donald Trump.


Y le dirigió un mensaje sin ambigüedad a la corte: “Estados Unidos utilizará todos los medios necesarios para proteger a nuestros conciudadanos y los de nuestros aliados, de enjuiciamientos injustos por parte de esta corte ilegítima”.


La Corte Penal Internacional se rige por el Estatuto de Roma, un tratado ratificado por 123 países. Su fiscal puede abrir sus propias investigaciones sin permiso de los jueces, siempre y cuando impliquen a un país miembro, en este caso, Afganistán.


Bolton, quien fue embajador de Washington en la ONU durante el gobierno de George W. Bush, dijo que la principal objeción de la administración Trump es la idea de que la CPI podría tener mayor autoridad que la Constitución de Estados Unidos y su soberanía.

 

 

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Colombia. Recordar el silencio, resistir al olvido. 20 años después de la masacre paramilitar en Monteloro

Silencio. Abandono. Soledad. Todas las palabras que fluyen y no fluyen están atravesadas por el dolor y la rabia. En la vereda de Monteloro, Barbosa (Antioquia), la tarde noche del 27 de junio de 1998 un grupo de paramilitares con confianza abusiva asesinó a seis personas. Destructiva crueldad. Dos décadas después no hay justicia en una vereda llena de ausencias. De dolores que carcomen. De nunca decir. Y de nunca ser escuchados.

Se habla de “paz” en Colombia por no decir guerra y apenas hay voces que salgan a decir lo contrario porque están silenciadas y las que no, son asesinadas. Muchos lugares están sometidos al silencio. Cada vez son más los lugares de los que no sabemos nada, de los que no sabemos qué ha pasado, qué está pasando. ¿Por qué será?

 

Escribir palabras, captar imágenes es quedarse largo rato adentro de ellas, buscando oír la voz de la experiencia vivida de la violencia. Una humilde resistencia al olvido. Un relato sobre un relato de lo real que resulta aterrador al mostrar la historia de las familias que sobreviven a la muerte con tal naturalidad.

La vereda de Monteloro a casi una hora de Barbosa, por caminos de tierra no transitables para la mayoría de coches, es un territorio donde se vive en una sensación generalizada de silencio. Silenciar es una estrategia militar de guerra, pero también el silencio es una forma de sobrevivir.

Silencio. Aquí no les gusta que uno hable. Que uno recuerde. La masacre de Monteloro sucedió hace 20 años. Nadie sabe. No quedó nada. Muchos se fueron. Apenas queda la coexistencia silenciosa de familiares y vecinos. Pues siempre habrá cosas que no se hablen, conversaciones que no se acaben y oídos sensibles al silencio.

 

"Esta herida: un hecho. Esta manera de quebrase y de caer: un lugar (Cristina Rivera)"

Abandono. El lugar. La casa donde ocurrió la masacre está desolada. Era una tienda de mercado, ahora cerrada. Abandonada. Tapiada. Una pared de ladrillos, apenas una cruz. Lejana. Encerrada en los acontecimientos de aquella noche.

Los hechos sucedieron allí, en esa casa, con seguridad pasmosa en lo que hacían y con la confianza abusiva infundada por la impunidad, llegó un grupo de paramilitares y asesinaron a Antonio Vanegas, Emilio Agudelo y sus hijos, Ricardo y Héctor. “Pongan guaro y prendan la música, que se prendió esto” les ordenaron antes de asesinarlos. Un guión frenético que invadió la casa, la intimidad. Su historia.

Previamente habían asesinado en su finca a Álvaro Sánchez y después a apenas 1 km por el camino mataron a Rodrigo Monsalve. Esa noche sabemos que seis vidas fueron arrebatadas por el paramilitarismo. El total de gente asesinada por estos grupos armados supera los cientos de miles y no deja de aumentar. Los vínculos y las conexiones entre el gobierno, el ejército y el paramilitarismo permiten esta impunidad y el no saber a cuánta gente han asesinado.

 

"Los vínculos y las conexiones entre el gobierno, el ejército y el paramilitarismo permiten esta impunidad y el no saber a cuánta gente han asesinado".

 

“Allí mataron a otro señor, aquí a mi papá, un tiro, mi hermano en esas piedritas de allí y otro hermano mío justo aquí.” “Aquí fueron cuatro, allá abajo para los lados de arriba otro y el otro allá lo colgaron y lo dejaron zarandeándose de la cabeza".

“Una se lastima recordando, pues todo lo que viene de la familia es dolor.” Al suceder esto, se gesta un silencio perpetuo. Una mirada evasiva. Una soledad asustada. Miedo. Que se complementa con los recuerdos. La gente no olvida. Recuerdan. Es horrible el irrastreable dolor de la muerte. Recuerdan al preguntarles y rememoran sin necesidad de preguntar.

¡Macabro! ¡Dolor!

 

 

Ariel Arango

 

La memoria de lo que sucedió se presenta como la entrada a ese pasado que llevó a Monteloro a ser lo que es. Los ecos de ese pasado construyen la complejidad del silencio y la impunidad de las masacres.

"Mi suergro, Emilio, les gritaba no vayan a dejar huérfanos a estos niños. Mi marido y yo en el suelo. Llorana. Mi hijo mayor tenía entonces dos años. Lloraba. Se llevaron a mis hijos dentro de la casa, los encerreron. A mi me pusieron en el balcón para que viera cómo los maltrataban... Perdí la conciencia".

 

"Murieron en el exceso de las miradas. Murieron frente a las familias. Después de asesinarlos, decapitaron a dos de ellos. A continuación, les obligaron a mirar mientras ellos jugaban al fútbol con sus cabezas".

 

Una forma extrema de crueldad ejercida sobre los cuerpos. Entre risas y patadas, la crueldad de los perpetradores agregó una intención de hacer sufrir todavía más. Cuerpos descuartizados. Profanados.

 


Ariel Arango
 

No volver nunca a la muerte. Quedarse en la muerte. Soledad impuesta por la muerte. Ellos ya no están.

“Mi papa era lo más querido que hay en esta vida.” La muerte ronda con fuerza. Y los imaginarios se insertan en la cartografía del terror, confundiéndose los relatos que parecen pesadillas en vida. La línea difusa entre lo real y lo que creemos que es fantasía desaparece, los sueños son parte del mundo real. “Una hermana mía estaba en embarazo y soñó cómo asesinaban a nuestro papá y perdió al muchacho… nunca se me olvidará eso, se despertó gritando.”

La gente tiene terror a soñar. Pero es en el único momento en el que pueden volver a verles. Un psicólogo llegó tras la masacre y les dijo que las fotografías, los retratos, todo eso siempre escondido. Cómo si por no verles desapareciera el dolor. Cómo si por no verles ya no hubiera sucedido.

Algo así como la impunidad. Tan sólo una mujer, ya mayor, se negó a esconder la fotografía de su hijo. Está colgada en la pared de su cocina, donde todo está envuelto en bolsas de plástico. Apenas pasa tiempo en Monteloro puesto que se desplazaron a la ciudad. Una hija de ella le repite que quite esa fotografía. Y ella siempre responde, no. Resistencias al olvido.

 

Ariel Arango

 

La Fiscalía no indaga. Las caras de los asesinos - de los paramilitares - estuvieron visibles todo el tiempo. Podrían ser descritos. Localizados. Quién sabe. Nunca ocultaron sus rostros. Podría hacerse un retrato de cada uno de ellos. Pero la Fiscalía no indaga. No pregunta. No quieren saber quiénes fueron. Y pareciera que ya no importarse más porqué los mataron. Pero así matan aquí: por nada.

En la tienda de abajo había un teléfono, el único por aquel entonces en toda la vereda. Empresas Públicas de Medellín lo trajo. La Junta de Acción Comunal se encargaba de su manejo. Antonio era el presidente. Ese fue el motivo. La excusa. La razón. El tema. El fundamento. El pretexto. Aludieron a que ellos lo habían prestado a la guerrilla.

 

"En la tienda de abajo había un teléfono, el único por aquel entonces en toda la vereda. Empresas Públicas de Medellín lo trajo. La Junta de Acción Comunal se encargaba de su manejo. Antonio era el presidente. Ese fue el motivo. La excusa. La razón. El tema. El fundamento. El pretexto. Aludieron a que ellos lo habían prestado a la guerrilla".

 

Si no hay cadáver no hay muerto. Si no hay muerto no hay víctima. Si no hay víctima no hay victimario. Si no hay victimario no hay delito. Así dice la teoría penal.

Aquí sí hay cadáveres, hay muertos. Sí hay muertos y hay víctimas. Sí hay víctimas y hay victimarios. Sí hay victimarios pero parece ser que en ambos caso no hay delito que se busque juzgar.

“Que si fue Mancuso, que si algún otro.” “Que mataron a seis pero que iban a matar a quince.” No sabemos nada. No quedó nada. Muchos se fueron. Pasaron 20 años. No hay nadie imputado. No hay sospechosos. No hay acusados. No hay nombres. Sólo una palabra: Impunidad. Y Mancuso extraditado a EEUU para que siga el olvido.

Ese día no terminó con la masacre. Con la muerte. Las familias y vecinos tuvieron que velar los cuerpos en el mismo lugar donde fueron asesinados. Descuartizados. Pasaron las horas. Amaneció. Pasaron las horas. Y nadie acudió. Ninguna fuerza pública encargada de protegerles. Hasta las cuatro de la tarde del día siguiente no aparecieron. Por fin subieron a levantar los cadáveres. Los cuerpos. A tomar testimonios. A recoger pruebas. A hacer lo que se supone que debieran de hacer pero que tampoco hicieron.

“Todo ocurrió en la noche y al día siguiente recuerdo dos soldados cagados de miedo. Les dijimos: ¿por qué les da a ustedes tanto miedo? ustedes pueden creer que si la guerrilla está allí arriba va a venir a sacarnos a nosotros para tirarles a ustedes. A nosotros nos da igual, no hay miedo en nosotros. No contestaban. Mudos. Casi que no vienen a recogerlos del miedo.”

Un acto como este cambia el curso de la vida. Por eso muchas casas están abandonadas. Las puertas tienen candados pero adentro aún hay dolor. Tuvieron que irse algunos. Desvanecerse.

 

Ariel Arango

 

La masacre de Monteloro no es conocida. No es una masacre mediática como otras. No salió en los titulares de prensa, apenas un par de noticias sin apenas información de lo que pasó, de quienes perpetraron la masacre. Estos hechos no acapararon la atención de ninguna audiencia. Se trata “sólo” de seis hombres que fueron asesinados. Que no se volvieron a ver. ¿Por qué? ¿Quién decide qué masacre será silenciada y cuál pertenecerá al relato de la Verdad en Colombia? ¿Por qué?

 

Ariel Arango

 

Alimentado por el silencio, el terror que domina los espacios de muerte, como la tienda cerrada en la vereda de Monteloro, nos paraliza. Este horror es otra cosa. ¿Quién puede sobrevivir a tanto dolor? ¿Y cual es su razón de ser?

Las estructuras paramilitares responden a una política de saqueo del territorio. Allí donde se implantó el terror y la violencia, las familias se desplazaron. Huyeron. Sus tierras, sus fincas, sus casas tuvieron que ser vendidas a muy bajo precio. ¿Quiénes son ahora los dueños de estos paisajes? ¿Qué han hecho con estos territorios?

Caminar las veredas es llenarse de preguntas, de conocer las historias. De subvertir el estado de silencio generalizado. De resistir al olvido. De reclamar justicia.

 


Laura Langa
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Lunes, 28 Mayo 2018 09:29

Se las traen

Se las traen

En el reconocido ensayo, “Apocalípticos e Integrados”, Umberto Eco nos advierte que Superman se las trae. Dice: “de un ser dotado con tal capacidad y dedicado al bien de la humanidad […] se podría esperar la más asombrosa alteración en el orden político, económico y tecnológico del mundo. Desde la solución del problema del hambre, hasta la roturación de todas las zonas actualmente inhabitables del planeta o la eliminación de procedimientos inhumanos […]. En vez de eso, Superman desarrolla su actividad en la pequeña comunidad en la que vive y el mal, el único mal a combatir, se configura en la especie de individuos pertenecientes al underworld: los que desvalijan bancos y coches-correo. En otras palabras, la única forma visible que asume el mal es el atentado a la propiedad privada”, y el bien: a la caridad.

 

Desde este punto de vista, las historias de superhéroes son instrumentos ideológicos que están en función de los intereses de la clase dominante. Digámoslo en la vieja terminología marxista: dichas historias son instrumentos de dominación de clase. Hay razones para creerlo: en efecto, como dice Eco, más que protectores de la humanidad, los superhéroes son los principales protectores de la propiedad privada, de los valores y de las condiciones ideológicas que la justifican. Pero estas historias heróicas son más que un instrumento de dominación y no se reducen sólo a la clase. Son principalmente herramientas de deshumanización y abarcan el género y las razas. Es bien sabido que durante años la figura del superhéroe ha sido la del hombre blanco y la del villano la mujer o el hombre no blanco.

 

Sin embargo, razón de su gran capacidad de atracción, esta deshumanizaciòn no es evidente, no es visible a simple vista. Estas historias ocultan sus mensajes sexistas, racistas, elitistas y contrainsurgentes, con un ropaje de crítica social, una crítica que, sin embargo, es tolerable, comestible, que no perturba a los grupos de poder o, por mucho, son una diminuta piedra en el zapato. Por eso nada pasa cuando en Iron man 3 se parodia la imagen del terrorista que surgió tras los atentados del 9/11 en las Torres Gemelas: la del barbudo con rasgos del Medio Oriente (remedo de Bin Ladem), que al final resulta ser un mediocre actor estadounidense. Esto mismo sucede con la aclamada serie The punisher.



Alianza macabra

 

Entre los mensajes críticos en The punisher: la corrupción de la CIA, los efectos negativos en los soldados retirados, el terrorista interno y el control sobre las armas, hay uno oculto –o inconsciente– que merece especial atención: la necesaria y justificable alianza entre la justicia como institución (encarnada principalmente en la agente Madani) y la ilegalidad (representada en Frank Castle y Micro), para que aquella funcione y sea realmente efectiva. Un mensaje peligroso e incontrolable. Pero vamos por partes; para entender cómo se expresa esto primero hay que definir quién es Frank Castle.

 

Frank Castle es un tipo de antihéroe cuyas virtudes, dice Eco, “se humanizan, y sus poderes, más que sobrenaturales, constituyen la más alta realización de un poder natural, como lo es la astucia, la rapidez y la habilidad bélica”. En ese sentido, Frank es un exmarine que ha desarrollado al máximo sus dotes como combatiente. El soldado perfecto. Adicto a la sangre. Entre más lo golpean más fuerte se hace y, mientras un soldado cualquiera cae fulminado ante una explosión, Castle agudiza sus sentidos, deja de respirar y en cuestión de segundos aniquila a toda una escuadra, sin balas, sin armas, sólo con sus manos. Pero ¿por qué Castle es un antihéroe y no un superhéroe? Por eso mismo, precisamente. Los antihéroes son personajes que están en la frontera entre el reino de los villanos y el reino de los héroes. Ser antihéroe significa que el fin justifica los medios. A diferencia de Superman, de Batman y de Black Panther, Frank aniquila a sus enemigos insertándoles balas en la cabeza o triturándolos a mazazos. Esto nunca lo haría un héroe. Sin embargo, tampoco cruza la línea de la maldad porque nunca asesina a nadie “inocente”, todos los que están en su mira hicieron algo malo que justifica su muerte; como matar a un familiar, amenazar a un amigo. De Frank podría decirse que mata en defensa propia o con justa razón. Si un soldado se topa enfrente suyo con la orden de detenerlo, Frank le advierte que no le quiere hacer daño y suplica a Dios que lo deje seguir. Eso causa que el público empatice con sus objetivos, como la justicia, pero rechace sus métodos, la violencia.

 

Otra característica que reafirma la postura de antihéroe de Castle es que sus motivos son absolutamente personales. Miremos: Frank sólo ataca a los criminales que hicieron o quieren hacer daño a su familia o amigos. Contrario, los verdaderos héroes luchan por la humanidad. Si bien Bruce Wayne se convierte en Batman por un motivo personal, pronto, tras cumplir su objetivo, se dedica a luchar contra el crimen en Ciudad Gótica. Frank no. A penas cumple con su cometido se pierde, se convierte en un obrero de construcción asocial, aislado del mundo, como se muestra en los primeros capítulos en The punisher. Lo preocupante de este tipo de personaje, del antihéroe, es que son los que más fuerza de atracción, más admiración e imitación ejercen sobre el público, ejemplo de ello es Deadpool. Si ya son peligrosos los modelos de héroes convencionales que luchan contra el crimen del bajo mundo por el supuesto “bien común”, peor aún aquellos que se reducen hacia lo simplemente personal, como la venganza. Así, si de Superman no esperamos una revolución, de estos antihéroes ni pensemos siquiera que salgan a votar.

 

Definido Frank Castle, pasemos página. En The punisher los enemigos de Frank son Billy Russo y William Rawlins, conocido como Orange. Russo también es un exmarine retirado (el mejor amigo de Castle en Afganistán) y dueño de Anvi, una compañía de seguridad privada cuyo personal lo componen veteranos de guerra, aquellos que no encuentran darle otro sentido a su vida más que seguir bañándose en sangre. Russo se esconde tras una fachada de empresario filántropo que dona parte de sus ganancias a la fundación de Curtis Hoyle, dedicada al apoyo psicológico de soldados retirados que sufren estrés postraumático. Sin saberlo Frank, Russo trabaja para Orange desde que estaban en Afganistán y fue a él a quien la policía buscaba en Central Park cuando ocurrió la fatalidad que le destruyó la vida y lo convirtió en zombi. Si Billy Russo es el estereotipo del empresario que se enriquece con la guerra, William Rawlins es el típico agente de la CIA corrupto que, gracias a su posición, se enriquece en suelo extranjero trasportando droga en los cuerpos de soldados fallecidos y asesinando a supuestos terroristas que resultan ser agentes de gobiernos locales que investigan sus acciones, como el que Frank, por orden de Orange, asesina. Es ahí cuando entra en la historia otro personaje típico, la agente Madani, quien desde entonces carga con la mayor parte del argumento de la historia porque es quien investiga a los implicados del asesinato de su compañero a manos de soldados norteamericanos. Investigación que va a tener obstáculos impuestos tanto por Orange como por la justicia misma. Aquí es donde está el meollo del asunto porque, para saltar los obstáculos, Madani debe incurrir en acciones poco legítimas, como engañar a sus subordinados llevándolos a una operación suicida. Pero Madani sabe que sólo así obtendrán resultados.

 

Esa misma idea la tiene otro personaje fundamental, David Lieberman, conocido en el mundo oculto de los hackers como Micro, un genio no tan típico de la navegación. Él, al igual que Castle, desconfían de la justicia y por ello se mantienen al margen. Más que desconfiar, han sufrido en carne propia la corrupción. Cuando Liberman trabajaba para la Agencia Nacional de Seguridad como analista informático recibió el video en el que se ve a un soldado encapuchado asesinar al colega de Madani. Dubitativo, se lo hizo llegar a esta, pero por razones desconocidas la mujer lo pierde. Agentes de la CIA, que trabajan para Orange, descubren que Lieberman filtró el video e intentan asesinarlo. Así, Lieberman, quien debe aparentar estar muerto, pasa a ser Micro. Micro busca a Castle para que le ayude a vengarse y, luego de varias peripecias, Castle accede. Sabe que necesita las herramientas tecnológicas que Micro le ofrece.

 

La crítica evidente –visible– que se hace a la CIA no es de menor calibre. Como dice Marion James, subdirectora y jefe inmediata de Orange, quien desconocía las andanzas de su subalterno, las acciones de éste, de ser conocidas, destruirían años de política exterior de los Estados Unidos, lo que sucede en realidad. Es verdad que la crítica se suaviza dado que la problemática se reduce a unos cuantos corruptos, las “manzanas podridas” que hay en cualquier institución y que por tanto no demuestran que el comportamiento de la agencia sea estructural, como en realidad lo es.

 

Sin embargo, el mensaje menos evidente y por tanto más peligroso que ayuda a justificar acciones ilegales de la justicia queda oculto. La serie expresa, con Castle, Micro y con la misma Madani, ese sentimiento de desconfianza que el ciudadano común siente hacia la justicia. El problema surge cuando el espectador ve que sólo cuando la justicia recurre a la ilegalidad es cuando encuentra pruebas, descubre información relevante y capturan a los resposables, o por lo menos los descubren, lo cual se logra cuando el trio (Madani, Castle y Micro) en el desenlace de la historia se unen para atrapar a Orange y Will. Hechos que en la justicia ordinaria resultan inalcanzables.

 

Pensemos en los efectos de este mensaje en un espectador cercano: el colombiano común. ¿Qué pasa cuando nuestro espectador recibe este mensaje? ¿a quién representa Castle en este contexto? Sin duda, el espectador asimila a The Punisher con un paramilitar. No puede ser un guerrillero porque, como se ve, Castle nunca busca una revolución ni tomarse el poder político. Él es un exmilitar con sed de venganza. ¿Suena familiar? ¿de cuántos paramilitares no hemos escuchado que buscaban vengar la muerte de sus familiares ya que la justicia no pudo con las Farc? Podría decirse que tal conclusión parece sacada del sombrero del mago, pero, aclaremos: no es que consideremos que los productores de la serie hayan decidido de manera deliberada hacer una historia para justificar el paramilitarismo en Colombia, claro que no, lo que sucede es que los mensajes son contextualizados y consumidos acríticamente por el espectador, el mismo que no advierte que The Punisher se las trae.

Publicado enEdición Nº246
Lista de países bombardeados por Estados Unidos (desde el final de la II Guerra Mundial hasta el momento actual)

Si bien la “destrucción arbitraria de ciudades, pueblos y aldeas” se considera un crimen de guerra que no prescribe en el Derecho Internacional, resulta escandaloso que el bombardeo aéreo de ciudades sea un acto que no solo queda impune, sino que prácticamente tampoco se puede acusar a sus responsables. El bombardeo aéreo es terrorismo de Estado, es el terrorismo de los ricos. Se han asesinado con bombas más inocentes en las últimas seis décadas que todos los asesinatos juntos cometidos por el terrorismo en todos los tiempos. Algo ha bloqueado nuestra conciencia sobre esta realidad. En Estados Unidos ni siquiera valoraríamos la posibilidad de que pudiera ser elegido Presidente un hombre que hubiese arrojado una bomba en un restaurante lleno de gente; pero estamos felices de elegir a un hombre que una vez ordenó lanzar bombas desde aviones que destruyeron no solamente los restaurantes, sino también los edificios adyacentes y los barrios que los rodeaban. Fui a Irak después de la guerra del Golfo y vi por mí mismo lo que las bombas habían hecho: “destrucción sin sentido” es sólo un término para calificarlo. (C. Douglas Lummis) (1)

Lo anterior fue escrito en 1994, antes de la destrucción arbitraria generada por el bombardeo de Yugoslavia, otro en una larga lista de países que Estados Unidos ha bombardeado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, lista que se presenta a continuación.


Parece que hay algo en el lanzamiento de bombas o misiles sobre ciudades y personas, efectuados desde larga distancia, que gusta especialmente a los líderes militares y políticos estadounidenses. En parte tiene que ver con un deseo consciente de no arriesgar vidas estadounidenses en combate terrestre. Y, en parte, tal vez no del todo consciente, tiene que ver con que no deseen contemplar los restos sangrientos de las víctimas, lo que permite que los telespectadores estadounidenses se aferren desde sus casas a sus cálidos y confusos sentimientos sobre sí mismos, su gobierno y sus maravillosos “valores familiares”. Los funcionarios de Washington tienen el cuidado de distinguir entre los explosivos que EE.UU. deja caer desde el cielo y las “armas de destrucción masiva” (WMD) que sólo los enemigos declarados oficialmente (ODE) son suficientemente depravados para usarlas [Nota traducción del blog: WMD: “weapons of mass destruction”; ODE: “officially-designated enemies”]. El gobierno de Estados Unidos habla con severidad de armas de destrucción masiva, definiéndolas como armas de naturaleza nuclear, química y biológica, e “indiscriminadas” (es decir, su uso no se limita a objetivos militares), en oposición a los favorables misiles de crucero estadounidenses de “precisión”. Esto malamente se sostiene en una semántica cuestionable, dado el conocido y extremadamente extenso daño provocado a objetivos no militares, incluyendo un cuantioso número de viviendas, escuelas y hospitales, provocado incluso por las bombas “inteligentes” estadounidenses, en la casi totalidad de los bombardeos que se enumeran a continuación.


Por otra parte, Washington no aplica el término “armas de destrucción masiva” a otras armas que Estados Unidos ha usado regularmente, como el uranio empobrecido y las bombas de racimo, que pueden ser, y a menudo son, altamente indiscriminadas.


Las armas de destrucción masiva se definen a veces como aquellas cuyos efectos causan un daño posterior en la gente. Sin duda, esto habría que aplicarlo a las bombas de racimo y a las armas de uranio empobrecido, peligrosamente radiactivas después de su explosión. Se aplicaría menos a las bombas “convencionales”, pero incluso sobre éstas quedan bombas sin explotar y además está el peligro de que posteriormente los edificios dañados se derrumben. Pero lo que es más importante, parece muy parcial y manipulador, por no decir extraordinariamente difícil de aceptar, tratar de pintar un rostro humano en un misil de crucero Tomahawk, cuya carga útil de media tonelada de TNT se estrella en el centro de una ciudad densamente poblada, a menudo con uranio empobrecido en su ojiva.


Un terrorista es alguien que tiene una bomba, pero no tiene una fuerza aérea.


Listado de países bombardeados


Corea y China 1950-1953 (Guerra de Corea)
Guatemala 1954
Indonesia 1958
Cuba 1959-1961
Guatemala 1960
Congo 1964
Laos 1964-1973
Vietnam 1961-1973
Camboya 1969-1970
Guatemala 1967-1969
Granada 1983
Líbano 1983, 1984 (ambos objetivos libaneses y sirios)
Libia 1986
El Salvador, 1980
Nicaragua, 1980
Irán 1987
Panamá 1989
Irak 1991 (Guerra del Golfo Pérsico)
Kuwait 1991
Somalia, 1993
Bosnia 1994, 1995
Sudán 1998
Afganistán 1998
Yugoslavia 1999
Yemen 2002
Irak 1991-2003 (EE.UU/RU de manera regular)
Irak 2003-2015
Afganistán 2001-2015
Pakistán 2007-2015
Somalia 2007-8 2011
Yemen, 2009, 2011
Libia de 2011, 2015
Siria 2014-2016


Más


Irán, abril de 2003. Caen en su territorio misiles estadounidenses durante el bombardeo de Irak, matando al menos a una persona. (2)
Pakistán, 2002-03. Bombardeado por aviones estadounidenses en varias ocasiones, como parte del combate contra los talibanes y otros opositores a la ocupación estadounidense de Afganistán. (3)


China, 1999. Su embajada en Belgrado fue fuertemente bombardeada. La embajada es legalmente territorio chino, y parece bastante seguro que el bombardeo no fue un accidente (véase el capítulo 25 de Rogue Estado).


Francia, 1986. Después de que el gobierno francés rechazase el uso de su espacio aéreo por parte de los aviones de guerra estadounidenses que se dirigían a bombardear Libia, los aviones se vieron obligados a tomar otra ruta más larga. Cuando llegaron a Libia bombardearon tan cerca de la embajada de Francia que el edificio fue dañado y todos los enlaces de comunicación inutilizados. (4)


Filadelfia, Pensilvania, 13 de Mayo, 1985. Una bomba lanzada por un helicóptero de la policía incendió y destruyó toda una manzana: unas 60 viviendas destruidas y 11 muertos, entre ellos varios niños pequeños. La policía, la oficina del alcalde y el FBI estuvieron involucrados en esta operación para desalojar a la organización afroamericana MOVE de la casa en la que vivían [Nota traducción del blog: MOVE, “MOVIMIENTO”, fue un grupo de liberación afroamericana fundado por John África; ver NE 3]


Esos otros muchachos son realmente impactantes


“Debemos esperar conflictos en los que los adversarios, a causa de afinidades culturales diferentes a las nuestras, recurrirán a formas y niveles de violencia impactantes para nuestra sensibilidad.” – Departamento de Defensa de 1999 (5)


Los Objetivos


Se ha convertido en un lugar común en las acusaciones contra Estados Unidos, decir que se elige como objetivos de bombardeo sólo a las personas de color, a los del Tercer Mundo, o a los musulmanes. Pero no hay que olvidar que una de las campañas de bombardeo estadounidenses más intensamente sostenidas y feroces se llevó a cabo contra el pueblo de la antigua Yugoslavia, blanco, europeo, cristiano. Estados Unidos bombardea en igualdad de oportunidades. Los únicos requisitos para que un país se convierta en objetivo son:


Plantear un obstáculo suficiente para los deseos del imperio americano.


Estár prácticamente indefenso contra los ataques aéreos.


Los supervivientes


Según el estudio de la Asociación Médica de Estados Unidos, “Los trastornos psiquiátricos entre los supervivientes de los bombardeos de 1995 en Oklahoma City”:
“Casi la mitad de los supervivientes de los bombardeos estudiados tenían un trastorno psiquiátrico activo después del desastre, y un tercio de los supervivientes cumplía los criterios completos del trastorno de estrés postraumático. Los síntomas de PTSD fueron casi universales, especialmente los síntomas de reexperiencia intrusiva e hiperansiedad.” (6)


Martin Kelly, editor de un sitio web de la no violencia:


“Nunca vemos el humo y el fuego, nunca olemos la sangre, nunca vemos el terror en los ojos de los niños, cuyas pesadillas ahora tomarán la forma de misiles chirriantes de terroristas invisibles, conocidos como los estadounidenses.”


(Traducción blog del viejo topo)


Notas del autor


(1) Politólogo. En The Nation, 26 de septiembre 1994, p. 304.
(2) RFE / RL Newsline, 9 de abril de 2003 (Radio Europa Libre / Radio Liberty es un servicio “privado” comunicaciones internacionales en Europa y Asia, financiado por el gobierno de Estados Unidos.)
(3) Washington Post, 1 de enero de 2003; Australian Broadcasting Company, 1 de enero de 2003; Agencia France Presse, 19 de Septiembre de 2003.
(4) Associated Press , “France Confirms It Denied U.S. Jets Air Space, Says Embassy Damaged”, 15 de abril de 1986.
(5) Comisión Estadounidense de Seguridad Nacional / Siglo XXI, “New World Coming” (Fase I Informe), 15 de septiembre de 1999, p.3
(6) Journal of the American Medical Association, 25 de agosto de 1999, p. 761

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A un año de la firma del Acuerdo final con las Farc y su implementación

Presentamos en este artículo algunas consideraciones sobre los límites, posibilidades y desafíos del proceso de paz a partir de su implementación en los 12 meses posteriores al Acuerdo Final de Paz firmado en el Teatro Colón de Bogotá el 24 de noviembre del 2016, que sufrió modificaciones tras los resultados del plebiscito en el que salió victorioso el No. Este resultado acarreó consecuencias que están incidiendo de manera determinante en este campo de disputa.

 

Sin duda, uno de los temas más destacados de los últimos años es el proceso de paz con las insurgencias, particularmente con las Farc-Ep. Un asunto que ha estado de manera conflictiva en la agenda política nacional, puesto que las visiones sobre la paz se presentan contradictorias.

 

No es para menos, ya que en el escenario nacional están presentes visiones y proyectos contradictorios sobre este particular: 1) sectores del establecimiento que aún quieren llegar a la terminación del conflicto armado mediante la profundización de la guerra, pretendiendo alcanzar una derrota militar tras la cual las insurgencias queden sometidas a la justicia como organizaciones terroristas sin estatus político.

 

2) Contrario a éste sector, también existen en el establecimiento quienes quieren la paz “democrática”, concediendo un mínimo de legitimidad a la contraparte que permita una salida negociada pero sin conceder mayores prerrogativas, simplemente superando la confrontación armada sin tocar los aspectos de fondo que llevaron a que ésta se generara, se sostuviera y profundizara; al tiempo que así proceden, alcanzan dividendos en aspectos como minimizar las denuncias sobre el terrorismo de Estado, obteniendo beneficios para sus mandos militares y, sobre todo, alistan diversas áreas del territorio nacional para el aterrizaje de inversiones multinacionales, en temas de extractivismo agrario y minería, así como turismo.

 

Tanto unos como otros parten para su diseño estratégico de considerar que derrotaron a su contrario, de ahí que no le concedieran posibilidades de negociar asuntos estructurales del modelo económico y político vigente.

 

Hoy, luego de un año de firmado el acuerdo con las Farc-Ep, persisten las visiones contradictorias y la realidad de lo alcanzado en este proceso deja muchas inquietudes y cuestionamientos respecto del futuro de la paz completa, sostenible y duradera.

 

Las visiones optimistas

 

Hay quienes siguen observando con optimismo lo alcanzado en el proceso de paz, en primer lugar se desacata el hecho de que hace 10 años era imposible hablar de una solución política al conflicto armado, pues el discurso contrainsurgente y antiterrorista había calado muy hondo en la política nacional, acompañado de propaganda y acciones militares que debilitó la legitimidad de las insurgencias y su accionar político militar; aunque también hay que decirlo, el mismo accionar de las insurgencias llevó a ser inviable el proyecto revolucionario. Que hoy pueda hablarse de paz, de solución política al conflicto, de apertura “democrática”, de “política sin armas”, es definido como un primer gran logro de este proceso. Esta visión la comparten tanto sectores del establecimiento en el gobierno, como las mismas Farc-Ep.

 

A pesar de ello, subyacen algunos elementos que cuestionan este logro, puesto que persisten y con mucha fuerza, discursos que niegan la salida política negociada y sostienen la idea del sometimiento sin consideraciones políticas de las insurgencias. La victoria del No en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 y la presencia en el Congreso de la República de contradictores del proceso de paz, deja por lo menos serías dudas sobre la generalidad y profundidad del discurso de la solución política negociada y la paz.

 

Sin embargo, el optimismo tiene asideros distintos, pues para el gobierno y sectores del establecimiento la solución política al conflicto armado tiene consecuencias distintas a las que puedan destacar parte de la insurgencia. Una primera consecuencia, según el optimismo gubernamental, es el hecho de que este proceso de paz trae consigo una mayor gobernabilidad con costos menores para su proyecto “modernizador” que busca atraer mayor inversión extranjera directa y seguridad jurídica para propietarios y empresarios que ven en la paz una oportunidad para ampliar y profundizar sus negocios. Así lo afirmó la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Christine Lagarde: “la paz será decisiva para el crecimiento del país porque traerá más desarrollo con la confianza internacional”*. Esta afirmación ha sido respaldada en innumerables discursos del presidente Juan Manuel Santos y sus ministros.

 

Otra de las razones que sostiene el discurso optimista es lo que tiene que ver con las cifras de la guerra. Según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), el proceso de paz redujo las cifras de muerte con ocasión del conflicto. El acuerdo de paz evitó la muerte de 2.796 militares, policías y guerrilleros en diez meses (entre el 29 de agosto del 2016 y el 27 de junio del 2017). Sin duda, estas cifras dan razones para mantener el optimismo, pues para nada son despreciables las vidas salvadas como consecuencia del cese al fuego.

 

Avanzar en modificaciones institucionales que abran escenarios de participación política para la insurgencia y las víctimas del conflicto es otro de los aspectos que destacan los optimistas, pues pasar de una confrontación política con armas a una sin ellas, es sin duda un paso importante en el proceso de democratización de la política nacional, en la que se ha perpetuado un régimen excluyente, clientelista y criminal.

 

Visiones pesimistas

 

El cambio en el discurso de la lucha contrainsurgente y antiterrorista al de la solución política al conflicto y la paz, es matizado por los pesimistas que observan en este viraje una trampa respecto de los contenidos de ésta, pues la paz gubernamental no es otra cosa que el fin de la lucha insurgente y, en consecuencia, de sus aspiraciones de cambios revolucionarios del régimen político y económico, puesto que la paz no es más que el silenciamiento de los fusiles y la muerte y la represión por otros medios. No es una paz fruto de cambios profundos en la realidad nacional, y no se acerca siquiera a la aspiración de una paz con justicia social que supere las causas que originaron el conflicto.

 

De otra parte, se pone en duda que este discurso de la solución política y la paz sea lo suficientemente general y profundo como para modificar la orientación de la política nacional, pues como ya lo hemos dicho, persisten con mucha fuerza, discursos que sostienen que este proceso es la entrega del país a las Farc-Ep, tal y como lo afirma el expresidente Uribe, su partido y un amplio espectro de la derecha, y persisten en la idea del sometimiento sin consideraciones políticas de las insurgencias. Su victoria del No en el plebiscito y su presencia en el Congreso de la República ha logrado poner en aprietos la legitimidad de los acuerdos y la implementación normativa, incluso ha logrado que se modifique lo acordado y que se excedan las modificaciones legales limitando e incluso contradiciendo su contenido.

 

Las razones de los pesimistas se sustentan entre otros, en el hecho de que tras la victoria del No se permitió que el Gobierno y el Congreso de la República introdujeran modificaciones a las normas que implementan los acuerdos como, por ejemplo, las relacionadas con el punto 1 de Reforma Rural Integral, con lo cual dan vía libre para permitir “formalizar la propiedad de grandes extensiones de tierra que han sido apropiadas ilegalmente, por medio del despojo y el desplazamiento forzado, por vía de adjudicación de predios baldíos a personas naturales o jurídicas, que puedan solventar los costos del proceso de regulación de los derechos de propiedad” (Cacep, 2017), lo que perpetúa la desigualdad en el acceso a la propiedad rural por parte de campesinos (comunidades rurales) que no tienen tierra o han logrado un mínimo de ésta.

 

Lo que de por si era un acuerdo tímido respecto de los conflictos por la tierra, en el que se pretende crear un Fondo de Tierras de 3 millones de hectáreas y la formalización masiva de la Propiedad Rural de 7 millones de hectáreas, durante los próximos 12 años. Con la expedición del decreto 902/2017 se permite que “estas tierras cuya destinación ha sido pensada para sujetos sin tierras o con tierra insuficiente, a través de la función social de la propiedad, ahora hagan parte de la oferta de tierras disponibles para personas que no cumplen con los requisitos de vulnerabilidad y pobreza que caracteriza a los sujetos de reforma agraria, puedan tener acceso y eventual propiedad sobre tales bienes a través de figuras jurídicas como la de “derechos de uso” y la adjudicación para el desarrollo de proyectos denominados de utilidad pública e interés social (como las empresas mineras o petroleras) (Cacep, 2017).

 

Por su parte, lo que respecta a la inversión extrajera directa y el “desarrollo”del país genera muchas dudas e interrogantes a los pesimistas, pues esta fórmula de desarrollo es más de lo mismo, es la perpetuación de las locomotoras minera, infraestructura, agroindustria que hoy, luego de varios años de estar en marcha, no ha dejado más que pasivos ambientales y sociales que acarrean costos de mediano y largo plazo para el país, especialmente, para aquellas regiones afectadas por proyectos extractivos que no han garantizado el tal anhelado progreso sino, y por el contrario, han modificado negativamente la vida de sus pobladores. Así lo ha demostrado la investigación de la Contraloría General de la Nación sobre minería en Colombia, en la que se observa como los ingresos de regalías o ingresos a la nación por las concesiones, son inferiores a las exenciones de impuestos y a los pasivos sociales y ambientales que traen consigo estos proyectos (CGR, 2013).

 

Un ejemplo de la sujeción a la matriz desarrollista en el proceso de implementación del Acuerdo Final de Paz, es la expedición del Decreto Ley 883 de 2017 que permite que empresas mineras, portuarias y de hidrocarburos puedan ser exoneradas de impuestos a través de la financiación de obras de infraestructura. Esta norma somete a los intereses de estos sectores empresariales a las comunidades y los territorios, incluidos aquellos en los que se implementarán los “Programas con Enfoque de Desarrollo Territorial Pdet”, porque de ellos depende que lleguen recursos para mejorar la infraestructura precaria, que deberían estar a cargo de Estado.

 

De otra parte, la disminución de muertes con ocasión del conflicto armado, que se presenta como razón para el optimismo, se ve empañada por el asesinato de líderes y lideresas sociales que en el último año (2017) asciende a 170 (Indepaz). Según cifras de la defensoría del pueblo, son 207 los líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados entre 2016 y 2017. Las muertes de combatientes (de todas las fuerzas) disminuyeron, las de civiles no parece descender. El conflicto social con consecuencias mortales ha tomado el lugar de la confrontación armada.

 

En lo que respecta al argumento de “apertura democrática”, es claro se ha visto empañada por la acción del Congreso que ha puesto el palo en la rueda a la posibilidad de que las víctimas de territorios afectados por el conflicto armado accedan a la representación en el legislativo, pues el acuerdo de crear las Circunscripciones Especiales Transitorias de Paz, se está ahogando en un conflicto jurídico de claro tinte político, sobre la definición de mayorías en el congreso.

 

Paz y vida cotidiana

 

Lo que observamos hasta el momento, sin pretensiones exhaustivas, deja por lo menos dudas sobre el rumbo de la paz; dudas exacerbadas por otros elementos del contexto que son determinantes para su sostenibilidad y duración.

 

Hoy atravesamos por un periodo electoral en el que las diferentes visiones sobre la paz se van a enfrentar, en el que la maquinaria política sigue bien aceitada, y en el que seguramente ganará la inercia del régimen político que no logró transformarse en un corto periodo de negociación e implementación.
Tampoco podemos perder de vista que aún se encuentra en proceso de diálogo la agenda con el Ejército de Liberación Nacional (Eln) que puede ser determinante en el pretendido cierre de un ciclo de guerra insurgente; como tampoco podemos perder de vista la persistencia del paramilitarismo y el narcotráfico que continúan disputando territorios, negocios y poblaciones.

 

De otra parte, hay que decirlo, no se ve con claridad cómo este proceso de paz va a impactar de manera positiva y en el corto plazo las vidas de millones de personas para quienes la paz no es el centro de sus angustias cotidianas; millones de habitantes de sectores populares urbanos para quienes la guerra se libra día a día a través de su lucha por lograr un mendrugo de pan, un techo donde dormir, un trabajo con el cual sobrevivir.

 

Algunos dicen que no es posible transformar la realidad de un conflicto profundo de más de medio siglo en escasos 12 meses, pero hay un dicho popular que nos pone a pensar, “Desde el desayuno se sabe lo que va a ser la comida’’. Obviamente, la realidad no es estática y la historia no puede leerse de manera determinista, pero el desayuno que nos hemos tenido que comer en estos meses de concreción de los Acuerdos de Paz seguramente nos traerá una que otra indigestión.

 

* http://www.elcolombiano.com/negocios/economia/inversion-extranjera-subira-en-colombia-tras-firma-de-la-paz-EE5060446

Publicado enEdición Nº242
Martes, 16 Enero 2018 06:08

Espionaje masivo, también con Trump

Trump está a favor de mantener la norma aprobada en 2008 por Bush hijo.

 

El Congreso de EE.UU. prolongará la ley de vigilancia FISA por otros seis años

Los detractores de la ley argumentan que permite recolectar información sin una orden judicial y que avanza sobre el derecho a la privacidad de los ciudadanos. Se da por hecho que el Senado aprobará la extensión de su vigencia.

 

El Senado de Estados Unidos tratará hoy la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera, conocida como FISA por sus siglas en inglés. Si aprueba la extensión de su vigencia –que ya obtuvo el voto favorable de la Cámara de Representantes la semana pasada– se prolongará el espionaje masivo por otros seis años, como se descuenta. La norma permite la recolección de información sobre extranjeros afuera de EEUU, por medio de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) o el FBI con el declamado propósito de combatir al terrorismo. Una de las críticas más fuertes que recibió es que también avanza sobre el derecho a la privacidad de los ciudadanos norteamericanos. Sus correos electrónicos o mensajes en las redes sociales pueden ser interceptados en forma indiscriminada si están en comunicación con personas que viven en otros países.

El Senado está obligado a votar la ley antes del próximo viernes 19, porque ese día expira su validez. Ahí el Partido Republicano tiene una mayoría estrecha, al contrario de la Cámara Baja donde impuso su mayoría por 256 a 164 con el respaldo de medio centenar de demócratas. En rigor, lo que se tratará es el artículo 702 (o sección, como lo denominan en EEUU) de la FISA. Esta parte de la norma fue aprobada en 2008 durante el gobierno de George W. Bush.

La Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera tiene una historia curiosa. Fue una iniciativa del senador demócrata Ted Kennedy que la presentó el 18 de mayo de 1977 y quedó vigente durante la presidencia de James Carter en 1978. Desde hace cuarenta años ha sufrido varias modificaciones que transformaron su objetivo original.

Había surgido como una iniciativa del Senado contra el uso del espionaje interno durante la presidencia de Richard Nixon. El caso Watergate fue el más difundido, pero no el único que hubo contra opositores y activistas. Estados Unidos tiene una larga tradición de espiar a grupos y líderes de la sociedad civil en su propio territorio y también en el exterior. El Programa de Contrainteligencia Cointelpro (1956-1971) le permitió al FBI seguir los pasos de Martin Luther King –ayer fue feriado en EEUU porque se cumplió el 89º aniversario de su nacimiento– o el preso político más antiguo del país, Leonard Peltier, un referente de los pueblos originarios condenado en 1977 por dos crímenes que niega haber cometido hasta hoy.

La FISA se extenderá seis años más por lo que Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, definió como “poder enviar información a las autoridades para prevenir ataques terroristas”. El dirigente republicano la justificó por un caso que ubicó en marzo de 2016: “Nos dio la inteligencia que necesitábamos para perseguir y matar al ministro de finanzas del Estado Islámico (EI). Gracias a la información recabada bajo este programa, un terrorista extranjero en suelo extranjero, el número dos del EI, que estaba en línea para convertirse en el próximo líder...”.

Uno de los críticos de la ley, el senador republicano por Kentucky, Rand Paul, dijo que “ningún estadounidense debería perder su derecho a la privacidad”. Con palabras similares viene pidiendo cambios en la norma el ex precandidato a presidente demócrata y también senador, Bernie Sanders: “Está claro que debemos reformar significativamente la FISA para evitar el espionaje al por mayor en el pueblo estadounidense”. Para Paul “recolectamos una gran cantidad de información sobre extranjeros. Pero ellos hablan con los estadounidenses. Entonces, después de reunir millones y miles de millones de bits de información, resulta que hay muchos estadounidenses en la base de datos”.

Los detractores de la ley argumentan también que permite recolectar información sin una orden judicial. El sitio libertario It’s Going Down que tiene más de 32 mil seguidores en su cuenta de twitter, remarcó que la norma fue aprobada en la Cámara de Representantes con el voto de unos cincuenta demócratas: “Aunque la FISA está redactada para implicar a ciudadanos no estadounidenses, la NSA barre de forma rutinaria las comunicaciones de millones de estadounidenses y permite a los agentes del FBI buscar a través de sus datos”.

El sistema de búsqueda de información privada quedó expuesto en 2013 por una denuncia de Edward Snowden. Filtró a los medios de comunicación que una orden basada en la FISA requería a la compañía Verizon entregar datos telefónicos diariamente –incluyendo los domésticos– a la NSA. En el pasado, él había trabajado como contratista para esa agencia. Hoy se encuentra asilado en Rusia. Sus declaraciones dejaron a la intemperie cómo un programa secreto le permitió a aquel organismo de espionaje ingresar directamente a los servidores de Google, Facebook, Skype, Microsoft y Apple.

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Publicado enInternacional
Jueves, 11 Enero 2018 05:51

El mapa de un mundo infernal

El mapa de un mundo infernal

 

Por primera vez vemos nuestras guerras

 

Setenta y seis países implicados en la Guerra contra el Terror de Washington

 

Abandonó el avión Fuerza Aérea Two y, de repente, “envuelto en secretismo”, voló en un avión de transporte C-17 camuflado a la base aérea de Bagram, la mayor guarnición estadounidense en Afganistán. Todas las noticias de su visita fueron retenidas hasta una hora antes de dejar el país.

Más de 16 años después de que una invasión de Estados Unidos “liberase” Afganistán, estuvo otra vez allí para dar algunas buenas noticias a un contingente de soldados que participaba en una ofensiva. Ante una bandera de EEUU de más de 12 metros de largo, el vicepresidente Mike Pence se dirigió a 500 militares estadounidenses elogiándolos por formar parte de “la mayor fuerza mundial para el bien”, se vanaglorió de los ataques aéreos de EEUU –“aumentados espectacularmente” hacía poco tiempo–, juró que su país “estaba aquí para quedarse” e insistió en que “la victoria está más cercana que nunca”. Sin embargo, tal como lo hizo notar un observador, la respuestas de la audiencia fue “apagada” (varios soldados permanecieron con los brazos cruzados o con las manos tomadas en la espalda; aunque escucharon, no aplaudieron”).

Pensemos en esto como apenas el último cuento de hadas (no precisamente uno de los hermanos Grimm) geopolítico al revés, una historia para nuestra época que podría estar comenzando: Hace mucho tiempo –en octubre de 2001, exactamente–, Washington lanzó su guerra contra el terror. Entonces, solo un país estaba en la mira, el mismo en el que más de 10 años antes, Estados Unidos había librado una larga guerra por delegación contra la Unión Soviética, durante la cual había financiado, equipado y respaldado a un importante conjunto de grupos fundamentalistas islámicos, entre ellos el de un adinerado joven saudí llamado Osama bin Laden.

En 2001, tras esa guerra –que ayudó a que la Unión Soviética empezara a transitar el camino hacia su derrumbe–, Afganistán estaba en buena parte (aunque no completamente) gobernado por el Taliban. Osama bin Laden también estaba allí encabezando un relativamente modesto grupo de seguidores. A principios de 2002, bin Laden huyó a Pakistán; atrás quedaban los cadáveres de muchos de sus compañeros y su organización –al Qaeda– casi desmantelada. Los supervivientes del derrotado Taliban pidieron que se les permitiera deponer las armas y regresar a sus aldeas; un malogrado proceso descrito vívidamente por Anand Gopal en su libro No Good Men Among the Living (Ningún hombre bueno entre los vivos).

Daba la impresión de que –aparte de los vítores y, por supuesto, los planes para nuevas proezas– todo había acabado. Los funcionarios más importantes de la administración del presidente George W. Bush y el vivepresidente Dick Cheney eran unos soñadores geopolíticos de primer orden que no podían haber tenido ideas más expansivas acerca de cómo ampliar ese éxito a –como señaló el secretario de Defensa Donald Runsfeld apenas cinco días después de los ataques del 11-S– grupos terroristas e insurgentes en más de 60 países. Fue un argumento que el presidente Bush volvió a recalcar nueve meses más tarde en un triunfalista discurso de graduación en West Point. En ese momento, la lucha que ellos se habían apresurado –sin modestia alguna– a llamar Guerra Global contra el Terror todavía era un asunto de un solo país. Sin embargo, ya estaban trabajando intensamente en los preparativos para extenderla del modo más sustancial y devastador que podrían haber imaginado nunca con la invasión y ocupación del Iraq de Saddam Hussein y la dominación del centro petrolero del planeta que con toda seguridad le seguiría (en un comentario que captó el momento con toda exactitud, Newsweek citó a un funcionario británico “cercano al equipo de Bush” que decía, “Cualquiera quiere ir a Bagdad; los hombres de verdad quieren ir a Teherán”.

Con tantos años que han pasado quizá no sorprenda –como probablemente no sorprendió a los cientos de miles de manifestantes que se volcaron a las calles de las ciudades estadounidenses a principios de 2003 para oponerse a la invasión de Iraq– que esta era una de esas historias a las que les cabe el dicho “ten cuidado con lo que deseas”.

 

Ver las guerras

 

Se trata de un relato que todavía no ha acabado. Ni por asomo . Pera empezar, en la era Trump, la guerra más prolongada de la historia de Estados Unidos –la de Afganistán– no hace más que prolongarse. Están esos números de soldados estadounidenses en aumento; esos ataques aéreos que son cada vez más; el Taliban controlando importantes partes del país; los grupos terroristas con franquicia Daesh que se despliegan con creciente éxito en la región oriental; y, según el último informe del Pentágono, más de 20 grupos terroristas o insurgentes en Afganistán y Pakistán”.

Pensemos en esto: 20 grupos. En otras palabras, después de tantos años, la guerra contra el terror debería ser vista como un ejercicio permanente en el uso de la tabla de multiplicar –y no solo en Afganistán–. Después de más de una década y media que un presidente de EEUU hablara de más de 60 países como potenciales blancos, gracias al inestimable trabajo de un acreditado grupo, el Proyecto Costo de la Guerra (CWP, por sus siglas en inglés) del instituto Watson para los Asuntos Internacionales y Públicos de la universidad Brown, al fin tenemos una presentación gráfica de la verdadera dimensión de la guerra contra el terror. El hecho de que tuviésemos que esperar tanto tiempo nos dice algo de la naturaleza de esta época de guerra permanente.

 

 

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La guerra de EEUU contra el terror en el planeta. Fuente: Proyecto Costo de la Guerra (CWP) *

 

El Proyecto Costo de la Guerra no solo ha elaborado un mapa de la guerra contra el terror en 2015-2017 (dado a conocer por TomDispatch en esta nota), sino el primer mapa de su tipo en la historia. Brinda una excepcional imagen de las guerras contra el terror llevadas adelante por Washington en todo el planeta: su amplitud, el despliegue de fuerzas de EEUU, las cada vez más numerosas misiones de adiestramiento de fuerzas de otros países, las bases estadounidenses que las hacen posible, los ataque aéreos –tanto con drones como con aviones convencionales– que forman parte de ellas y las unidades de combate de EEUU que ayudan en esa lucha (por supuesto, los grupos terroristas se han transformado y expandido notablemente como parte inherente del mismo proceso).

Una mirada al mapa nos dice que la guerra contra el terror, un conjunto cada vez más complejo de conflictos interrelacionados, es hoy un fenómeno eminentemente global. Se extiende desde Filipinas (con su propia organización con franquicia Daesh que realizó una devastadora campaña de casi cinco meses en Marawi, una ciudad de 300.000 habitantes), atraviesa el sur de Asia, Oriente Medio, el norte de África y penetra profundamente en África occidental, donde hace poco tiempo murieron cuatro Boinas Verdes en una emboscada en Niger.

No menos sorprendente es la cantidad de países afectados por la guerra contra el terror de Washington. Alguna vez, por supuesto, era solo uno (o dos, si el lector quiere incluir a Estados Unidos). En estos momentos, el Proyecto Costo de la Guerra reconoce no menos de 76 países (el 39 por ciento de los existentes en el mundo) implicados en ese enfrentamiento de ámbito mundial. Eso comprende lugares como Afganistán, Siria, Iraq, Yemen, Somalia y Libia, donde los ataques aéreos con drones o aviones pilotados son la norma y la infantería de EEUU (frecuentemente unidades de las Fuerzas de Operaciones Especiales) ha entrado en combate directa o indirectamente. También comprende a países en los que hay asesores militares estadounidenses adiestrando a fuerzas armadas locales o incluso a grupos de irregulares en tácticas antiterroristas u otros en los que existen bases militares determinantes en este creciente conjunto de conflictos. Como el mapa lo deja en claro, es frecuente que estas categorías se superpongan.

¿Quién podría sorprenderse que esa “guerra” haya estado devorando los dólares del contribuyente estadounidense a una velocidad que debería dejar pasmada la imaginación de un país cuya infraestructura está cayéndose a pedazos? Otro estudio del Proyecto Costo de la Guerra publicado en noviembre pasado estimó el costo de la guerra contra el terror (incluyendo algunos gastos futuros) ya había alcanzado la astronómica suma de 5,6 billones de dólares. Sin embargo, recientemente, sin ir más lejos, el presidente Trump –que en estos momentos se encuentra intensificando esos conflictos– tuiteó un guarismo aun más sorprendente: “Después haber gastado tontamente siete billones en Oriente Medio, ¡ya es tiempo de empezar a reconstruir nuestro país!” (en cierto modo, también esta cifra parece cuadrar con la estimación del Proyecto Costo de la Guerra, que decía que “el futuro pago de intereses de los préstamos para gastos de guerra probablemente agregará más de 7,9 billones de dólares a la deuda nacional” en la mitad del siglo).

No podría haber sido un comentario más insólito de un político estadounidense, cuando en estos años las declaraciones tanto acerca del costo económico como humano de la guerra habían sido dejadas mayormente a pequeños grupos de estudiosos o de activistas. De hecho, en este país, sobre la cuestión de la guerra contra el terror (extendida del modo que muestra el mapa) prácticamente no existe un debate serio respecto de su costo y sus resultados. Si el documento dado a conocer por el Proyecto Costo de la Guerra es de hecho, un mapa infernal, creo que también es el primer mapa importante de esta guerra jamás publicado

Pensemos un momento en eso. Durante los últimos 16 años, nosotros, los estadounidenses, que financiamos este enmarañado conjunto de conflictos bélicos con billones de dólares, carecíamos de un mapa de las guerras que Washington ha estado librando. Ni siquiera uno. Aun así, algunos fragmentos de ese conjunto de conflictos en continua transformación y expansión han estado regularmente en los medios de prensa, aunque raras veces en la primera plana (salvo cuando había algún ataque terrorista perpetrado por un “lobo solitario”, en Estados Unidos o en la Europa occidental). Sin embargo, en todos estos años, no ha habido un solo estadounidense que pudiese ver una imagen de este extraño y prolongadísimo conflicto bélico cuyo final no está a la vista.

Esto en parte puede explicarse por la naturaleza de esa “guerra”. En ella no hay frentes ni ejércitos avanzando hacia Berlín ni flotas machacando con su artillería la patria de los japoneses. Tampoco ha habido, como en Corea en los primeros años cincuenta, un paralelo que debía cruzarse o tras el cual se pudiera buscar refugio. En esta guerra no ha habido retiradas vosobles ni tampoco –salvo la entrada triunfal en Bagdad, en 2003–avances notables.

Incluso ha sido difícil situar geográficamente los distintos bandos en pugna y, cuando eso ha sido posible –como lo hizo el New York Times en agosto pasado, que dibujó un mapa de las regiones afganas controladas por el Taliban– la imagen era farragosa y su impacto limitado. Por lo general, sin embargo, en estos años, nosotros –el pueblo– nos hemos desmovilizado completamente, incluso cuando solo se trataba de hacer el seguimiento del interminable conjunto de guerras y conflictos armados que componen lo que llamamos la guerra contra el terror.

 

Elaborar el mapa de 2018 y más allá

 

Permitidme que repita este mantra: Una vez, hace casi 17 años, era un país; ahora son 76, y la cuenta sigue creciendo. Mientras tanto, hay grandes ciudades convertidas en escombros, decenas de millones de seres humanos han tenido que abandonar su casa, millones de refugiados han cruzado fronteras, se han desestabilizado cada vez más territorios, algunos grupos terroristas se han convertido en marcas en importantes partes del planeta y nuestro mundo estadounidense continúa militarizado.

Esta situación debería ser considerada como una modalidad completamente nueva de guerra mundial eterna. Entonces, miremos una vez más ese mapa. Y hagámoslo en el modo ‘pantalla completa’. Es importante tratar de imaginar visualmente lo que ha estado ocurriendo, ya que estamos ante un nuevo tipo de desastre, una militarización mundial como nunca la habíamos visto. En la guerra de Washington no importan los “éxitos”, desde aquella invasión de Afganistán en 2001 y la toma de Bagdad en 2003 hasta la reciente destrucción del “califato” del Daesh en Siria e Iraq (o, al menos, la mayor parte de él; en este momento, los aviones de EEUU siguen bombardeando y lanzando misiles en zonas de Siria): los conflictos no hacen más que transformarse y dar vueltas.

Estamos en una era en la que las fuerzas armadas de Estados Unidos son el elemento principal –con demasiada frecuencia, el único– de lo que acostumbraba llamarse la “política exterior” de este país y en la que el departamento de Estado está viendo drásticamente reducido su tamaño. Solo en 2017, las fuerzas de Operaciones Especiales estadounidenses se han desplegado en 149 países, y EEUU tiene tantas tropas en tantas bases en cualquier lugar de la Tierra que al Pentágono le resulta imposible informar sobre el paradero de 44.000 de sus militares. De hecho, es posible que no haya manera de trazar un verdadero mapa de todo esto, pese a que el del Proyecto Costo de la Guerra es un triunfo informativo.

Mirando hacia el futuro, roguemos una cosa: que la gente de ese proyecto tenga mucho aguante ya que es sabido que en los tiempos de Trump (y posiblemente durante bastantes años más), los costos de la guerra no harán más que aumentar. La primera asignación presupuestaria de la administración Trump, aprobada unánimemente por los dos partidos principales en el Congreso y refrendada por el presidente es pasmosa: 700.000 millones de dólares. Mientras tanto, los principales jefes militares y el presidente, intensificando los enfrentamientos armados en países como Niger y Yemen, como Somalia y Afganistán, dan la impresión de estar en la búsqueda permanente de más guerras.

Por ejemplo, señalando a Rusia, China, Irán y Corea del Norte, el comandante del cuerpo de infantería de marina, general Robert Neller les ha dicha hace poco tiempo a las tropas desplegadas en Noruega que se espera una “fuerte lucha” en el futuro, y agregó: “Ojalá esté equivocado, pero veo guerra en el horizonte”. En diciembre, el asesor en seguridad nacional, teniente general H.R. McMaster sugirió también que la posibilidad de una guerra (es de imaginar que sea nuclear) con la Corea de Kim Jung-un estaba “aumentando cada día que pasa”. Mientras tanto, en una administración en la que abundan los iranófobos, el presidente Trump parece estar preparándose para romper el acuerdo nuclear con Irán, posiblemente en este mismo mes.

Dicho de otro modo, en 2018 y más allá, es posible que sean necesarios unos creativos mapas de varios tipos solo para empezar a ocuparnos de las guerras de Estados Unidos. Pensemos por ejemplo en una información reciente del New York Times de que unos 2.000 empleados del departamento de Seguridad Interior ya han sido “enviados a más de 70 países del mundo” cobre todo para prevenir ataques terroristas. Así están las cosas en el siglo XXI.

Demos la bienvenida entonces a 2018, otro año de guerra eterna, y ya que estamos en tema, una pequeña advertencia a nuestros líderes: dados los últimos 16 años, sed cuidadosos con vuestros deseos.

 

* Este mapa es el que el autor incluyó en su nota original en inglés. Si el lector desea verlo más claro y detallado puede hacerlo picando en: http://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/Current%20US%20Counterterror%20War%20Locations_Costs%20of%20War%20Project%20Map.pdf (N. del T)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fría, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro más reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente:http://www.tomdispatch.com/post/176369/tomgram%3A_engelhardt%2C_seeing_our_wars_for_the_first_time/#more

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

 

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la misma.

 

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Setenta años y trece en Guantánamo sin acusación

Al prisionero más viejo de la cárcel le prohibieron leer un libro de víctimas del atentado del 11/9.



La prohibición del libro se produce cuando las autoridades luchan por hacer frente a una huelga de hambre de al menos media docena de reclusos que protestan por su situación. Paracha se considera víctima de un “castigo colectivo”.

Al prisionero de más edad de la Bahía de Guantánamo se le ha negado el permiso para leer un libro sobre pacifismo y no violencia escrito por familiares de víctimas de los ataques del 11 de septiembre.


Una abogada trató de proporcionarle una copia de September 11th Families for Peaceful Tomorrows:Turning Tragedy into Hope for a Better World. (Familiares del 11 de septiembre por un Mañana más Pacífico: Convirtiendo la Tragedia en Esperanza de un Mundo Mejor) al detenido Saifullah Paracha, de 70 años de edad, quien sufrió dos ataques al corazón durante sus 13 años de encarcelamiento y nunca fue acusado.

El libro, publicado originalmente en enero de 2003, justo 16 meses después de la serie de ataques coordinados que mataron a casi 3.000 personas, se centra en cómo los parientes que perdieron a seres queridos finalmente respondieron a la atrocidad buscando promover la paz y la no violencia. También discute las enseñanzas de Martin Luther King y fue nominado para el Premio Nobel de la Paz.


Shelby Bennis, una abogada que representa a Paracha, dijo que trató de presentarle el libro en una reciente visita al campo de prisioneros, ubicado en una base militar estadounidense en el extremo de Cuba. Dijo que las autoridades le negaron su permiso sin explicar por qué. “Es vergonzoso que las autoridades de Guantánamo estén prohibiendo los libros, una política asociada con los regímenes más opresivos de la historia”, dijo Bennis, que trabaja con Reprieve, la organización benéfica con sede en el Reino Unido que representa a varios prisioneros en la base militar estadounidense ubicada en la isla de Cuba. “Nos gustaría saber qué es tan peligroso sobre los escritos de estas familias de víctimas desconsoladas, que defienden las enseñanzas no violentas de Martin Luther King. Sus voces merecen ser escuchadas, no censuradas. Lo absurdo de este gesto muestra a Guantánamo como lo que es: una afrenta a los valores de Estados Unidos que debe clausurarse”.


La prohibición del libro se produce cuando las autoridades luchan por hacer frente a una huelga de hambre de al menos media docena de reclusos que protestan por su situación. Mientras que Paracha, originalmente un hombre de negocios de Karachi, nunca fue uno de los que hiciera huelga de hambre, le dijo a sus abogados que cree que los funcionarios están respondiendo involucrándose en un “castigo colectivo” contra todos los presos. Recientemente, dijo, lo sacaron de su celda esposado y lo recluyeron en solitario durante tres días, sin explicación.


Paracha vivió en Estados Unidos durante una década y estudió sistemas informáticos en el Instituto Tecnológico de Nueva York y se convirtió en residente permanente. Regresó a Pakistán a mediados de la década de 1980, donde estableció una productora de televisión a través de la cual intentó organizar una entrevista con Osama bin Laden. Los funcionarios de Guantánamo se negaron a explicar por qué el libro que Bennis le estaba tratando de dar a Paracha fue considerado inapropiado.


La comandante naval Anne Leanos, vocera del campo de prisioneros, dijo en un comunicado: “La Fuerza de Tarea Conjunta tiene un procedimiento operativo estándar para revisar los artículos donados a la biblioteca de detenidos. No proporcionamos detalles de nuestros procedimientos operativos estándar”.


Desde que se estableció después de los ataques del 11 de septiembre como parte de la “guerra contra el terror” de George W. Bush, casi 800 personas han sido detenidas en la base, que opera bajo la ley militar. Entre los que aún están detenidos hay un puñado descritos como prisioneros de alto valor, que incluyen a personas como Khalid Sheikh Mohammed, el supuesto conspirador de los ataques del 11 de septiembre.


Hoy, tras la transferencia de cientos de presos a sus propios países o a terceros países, la prisión alberga a solo 41 hombres, cada uno a un costo de $ 11 millones de dólares al año. En noviembre, el centro de deternción ubicado en una base estadounidense en Cuba se encontró en el centro de la controversia cuando surgió que los funcionarios estaban deteniendo la transferencia de la prisión de obras de arte producidas por los reclusos.


El libro prohibido fue editado por David Potorti, quien perdió a su hermano Jim en la Torre Norte después de que militantes de al Qaeda volaran dos aviones secuestrados hacia adentro de las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York. Después de eso, buscó dar sentido a la tragedia y pensar en el impacto no solo en las familias de Estados Unidos, sino en las familias de civiles afganos que fueron asesinados en la posterior invasión militar de Afganistán dirigida por Estados Unidos y el Reino Unido. También ayudó a fundar el grupo Familias del Once de septiembre para Mañanas Pacíficas.


Hablando desde Carolina del Norte, Potorti le dijo a The Independent que el libro que editó era una colección de ensayos escritos por personas que habían perdido parientes y que le contaron cómo habían respondido al tratar de trabajar por la paz, en lugar de con más violencia. “La respuesta de muchos fue que la violencia no era la respuesta”, dijo.


Dijo que no se le ocurría ninguna razón para que un prisionero en el campo u otra persona no pudiera leer el libro a menos que “los poderes no quieran que reduzcamos la tensión y es mejor para ellos que permanezcamos temerosos”.


Él agregó: “Todo apesta. Creo que Gitmo (Guantánamo) no debiera existir. Es obvio que el sistema de justicia militar no es capaz de lidiar con estos casos. Sería mucho mejor si fueran tratados por nuestro sistema judicial regular. Sería mucho más rápido “.


* De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Donald Trump, durante su conferencia sobre la nueva estrategia en Afganistán.

 

Dieciséis años después de los atentados del 11 de septiembre que justificaron el negocio de la guerra infinita contra el terrorismo yihadista, la amenaza terrorista se va extendiendo cada vez con más fuerza. Sólo en Afganistán, país ubicado en el corazón de Asia Central que, por tener frontera común con China, Irán, y los ‘espacios soviéticos’ e India, se ha convertido en el territorio más estratégico del mundo para EEUU, ya que Washington ha utilizado a esta turba polpotiana en cuatro ocasiones concretas:

Entre 1978 y 1991, cuando patrocinó la extrema derecha islámica y cristiana en las fronteras de la Unión Soviética, como una herramienta más en su lucha contra las fuerzas de izquierda a nivel mundial. En nombre del Islam, la pandilla de delincuentes yihadistas fue enviada desde Pakistán para llevar el terror: atentaron contra unos 2.000 colegios (mataron a la totalidad de las estudiantes del liceo de Kabul) y destruyen las infraestructuras del país socialista (centrales eléctricas, fábricas, clínicas, unas mil cooperativas campesinas, etc). La CIA creó a terroristas profesionales en sus centros de entrenamiento en Pakistán, gracias al dinero de Arabia Saudi. Ronald Reagan y Margaret Thatcher les apodaban “luchadores por la libertad”.

 

Entre 1991 y 1996, una vez lograda la desintegración de la URSS, el objetivo de EEUU será el dominio económico y militar del espacio que los soviéticos dejan libre. En 1992, la CIA y los yihadistas derrocan al gobierno socialista del doctor Najibulá, y le asesinan junto a su familia. Son años en los que EEUU busca:

Impedir la reconstrucción del espacio pos-soviético bajo el paraguas de Moscú.

La creación de bases militares en la vecindad de China, Rusia, Irán e India.

Hacerse con el control de la ruta energética de Asia Central y el Océano Índico.

Apoderarse de las riquezas de las repúblicas exsoviéticas: el uranio de Kazajstán, la tercera reserva mundial; el oro de Kirguizistán; la gran industria algodonera de Uzbekistán; las inmensas reservas acuáticas de Asia Central-Caspio; y sobre todo, del gas de Turkmenistán, la cuarta reserva mundial. Ocupar Afganistán sería la única manera de acceder a este recurso. Se puso en marcha el proyecto del gasoducto transafgano ‘TAPI’ (Turkmenistán, Afganistán, Pakistán, India), que lo llevaría desde el Caspio hasta el mar Arábigo. Así, no sólo arrebataba a Rusia el control económico-político sobre aquellas repúblicas, sino que le permitiría a EEUU incrementar su poder sobre la India, gran consumidor de energía.

Apoderarse del gas y petróleo afgano valorado en mil millones de dólares por el Pentágono. Exxon Mobil, la mayor petrolera privada del mundo (cuyo presidente es el actual secretario de Estado Rex Tillerson), y la canadiense Terraseis, anuncian haber encontrado petróleo en la provincia de Faryab. Desde la ocupación en 2001, los países de la OTAN han perforado sólo en la cuenca del Amo Darya 322 pozos, donde se estima que hay entre 500 y 2.000 millones de barriles de crudo. En 2011, la compañía financiera JPMorgan Chase firmó con Kabul un acuerdo por el valor de 40 millones de dólares para hacerse con una de las minas de oro afgano. A Horst Köhler, el presidente de Alemania le costó el puesto en 2010 al sugerir que las tropas de su país están en Afganistán para proteger la economía alemana.

Sin embargo, los muyahidines, divididos en una docena de grupos con sus señores de guerra en continuas peleas, fueron incapaces de establecer la seguridad necesaria para que EEUU pudiese empezar a llevar a cabo sus proyectos.

 

1996- 2001, la CIA reconduce la situación en Afganistán, creando otro grupo yihadista llamado Talibán-Al Qaeda, con los siguientes objetivos:

.Poner fin al caos en el país e instalar un régimen al estilo de la monarquía saudí: disciplinado y aliado, capaz de establecer la paz de cementerio, mantener la unidad del país y acabar con los indomables e indisciplinados señores de guerra. Así podría construir el TAPI.

.Neutralizar la influencia tradicional irano-rusa-india. La faceta wahabita del régimen talibán contendrá a los chiitas iraníes, a la Rusia ortodoxa y a la China comunista.

Es así como el saudí Bin Laden recluta a cientos de los antiguos militantes del la ‘internacional yihadista’. A ellos se suman los talibanes – los ‘seminaristas’ de las escuelas religiosas-, los chavales de los orfanatos de Pakistán, delincuentes, indigentes y miles de mercenarios a sueldo, con el fin de crear un régimen parecido al de Arabia Saudí en Afganistán.

Con el gran soporte logístico de sus padrinos y unos diez mil millones de dólares, los talibanes toman Kabul en 1996: desmantelan el gobierno, inician una masiva limpieza étnica contra los no pastunes, torturan, apedrean, violan y matan a miles de afganos, mientras que saquean museos, destruyen televisores, radios, salas de cines, queman bibliotecas, prohíben todo tipo de ocio, los deportes, los colores, y otras políticas que después serán aplicadas en Irak y Siria. Crímenes entonces silenciados por los medios occidentales.

El 4 de diciembre de 1997, una delegación de los Taliban viaja a Sugarland (Texas) para negociar con Unocal sobre el gaseoducto de TAPI. La empresa que rechaza su petición de aumentar los 100 millones de dólares por año como paje de la tubería les recuerda que no habían cumplido con su parte: la zona norte del país, por donde pasaría el TAPI, estaba bajo el control del comandante Ahmad Massoud Shah, ‘El León de Panjshir’, un veterano antisoviético, próximo a Irán y a Francia. Además, EEUU ya se había dado cuenta de su error: aquellos hombres pertenecían al sector más lumpen del proletariado, que no podían actuar como los príncipes saudíes de hoy. Éstos pasaron su periodo talibaniano hace dos siglos, y llevan guante blanco en sus acciones, guardando las formas.

Para colmo, los Taliban habían prohibido el cultivo de la adormidera (opio) con cuya renta EEUU financia la guerra. En 2006, Afganistán producía 6.100 toneladas de opio, 33 veces de lo que produjo en 2000.

Así llega el fin de Taliban. A partir del 1998, EEUU lanza una tremenda campaña mediática anti-taliban-Al Qaeda, presentando a sus “viejos amigos” como los “enemigos de la civilización humana”.

En agosto de 1998, Bill Clinton ordena bombardear Sudán y Afganistán, acusando a Al Qaeda y los talibanes de atentar contra las embajadas de EEUU en África, mientras corría una cortina de humo sobre el escándalo Lewinsky.

En 2001, Washington tiene que darse prisa: China y Rusia habían creado en el mes de agosto la Organización de Cooperación de Shangái (OCS) con una clara intención de impedir la entrada de los occidentales en su zona de influencia.

El 9 de septiembre, el comandante Masud, el único hombre que podía organizar una resistencia nacional contra los futuros ocupantes occidentales, es asesinado.

 

2001 hasta hoy: El 7 de octubre del 2001, casi un mes después del 11-S, EEUU y Gran Bretaña lanzan un ataque sobre Afganistán para obligar –dicen- a los talibanes a entregar a Bin Laden, el supuesto autor del atentado (entonces, Hillary Clinton no había confesado que fue EEUU quien creó el Yihadismo). En los primeros días, la coalición de 34 países liderada por EEUU y equipada con las armas más mortíferas de la humanidad, lanza 21.000 ataques aéreos sobre los desarrapados afganos como un criminal e ilegal castigo colectivo: sus 20.000 bombas sepultan a decenas de miles de civiles bajo los escombros de sus casas de adobe y provocan la huida de dos millones en aquel duro invierno. Bombardearon depósitos de agua, las pocas centrales eléctricas que había, los cultivos y el ganado. UNICEF llegó a denunciar que el frío invierno, el hambre, la desnutrición y las enfermedades causadas por la agresión militar podrían provocar la muerte de hasta 100.000 niños. Así, EEUU se dio el derecho exclusivo de secuestrar y torturar a cualquier persona en cualquier país del mundo, anulando a la ONU.

Acto seguido, y mientras Bush oculta la información sobre la implicación de su aliado, el gobierno de Arabia Saudí, en los atentados que mataron a cerca de 3.000 compatriotas, envía a Afganistán a 300.000 soldados de la OTAN, equipados con la tecnología punta, para encontrar a Bin Laden (a pesar de tantas experiencias en los “asesinatos selectivos”), al que curiosamente le “encuentran” 10 años después, mientras que a Gadafi le localizaron y le mataron sólo un día después de la visita de Hillary Clinton a Libia. A Laden no le encontraron en una cueva de Afganistán, sino en una mansión en Pakistán -país cuyo servicio de inteligencia es una sucursal de la CIA-. Más tarde, en vez de detenerle, matan a su fantasma, y como era invisible para los mortales, ocultan su cuerpo en el fondo marino. Era otra mentira, como las “armas de destrucción masiva” de Saddam Husein, que ocultaba los verdaderos motivos del ataque a Irak. Un mes después de que Benazir Bhutto revelara la farsa sobre Laden es asesinada.

Sin embargo, una cosa es desmantelar un régimen y otra es ocupar un país. Las tropas de EEUU, al ver que sus aliados regionales son incapaces de servir a sus intereses estratégicos, son instaladas en Afganistán para un largo periodo de tiempo con estos objetivos:

.Construir el gaseoducto transafgano.

.Impedir la reunificación de las repúblicas exsoviéticas bajo el paraguas de Moscú.

.Sabotear la construcción de la OCS.

.Instalar bases militares en las fronteras de China, Irán, India y el espacio soviético.

.Convertir la República Democrática de Afganistán en una República islámica, para acabar con el laicismo (lo mismo que ha hecho en Irak) y conseguir la involución política, económica y social de los países de la zona. Luego hará de bombero pirómano para ‘salvar la humanidad del islamismo’.

.Acceder a los recursos energéticos de Asia Central y del Mar Caspio le daba la posibilidad a Washington de disminuir su dependencia con respecto a los hidrocarburos de la región de Medio Oriente, romper el monopolio ruso sobre los yacimientos de petróleo y gas, y frenar el desarrollo de la economía China.

.Convertir el mundo en “una granja vigilada por millones de cámaras”, arrebatando las libertades conquistados por los ciudadanos.

.Rescatar la economía de su país de la recesión con una guerra: el enemigo islámico sustituye al enemigo rojo para justificar la permanencia de la OTAN tras el fin del Pacto de Varsovia, y salvar a la compleja industria armamentística. El fabricante de armas Lockheed Martin multiplica por 15 el precio de sus acciones en la Bolsa, recibe el mayor contrato militar de la historia: 200.000 millones de dólares y el presupuesto de defensa de EEUU alcanza los 450 mil millones de dólares. Las guerras, además sirven para deshacerse de las armas viejas de la Guerra Fría y probar las nuevas sobre el terreno real.

A pesar de perder a unos 3000 soldados y gastar 6.000 millones de dólares al mes desde entonces, la OTAN, salvo sembrar 11 bases militares en este patio trasero de Rusia y China, no ha conseguido en Afganistán ninguno de los objetivos. China se lleva el gas turcomano desde el gaseoducto más largo del mundo, de 7.000 kilómetros que inauguró en 2009. También explota el petróleo afgano en Amo Darya y está construyendo la primera refinería del país.

El anuncio de Donald Trump en enviar 40.000 más soldados a Afganistán tiene como objetivo vigilar el regreso de Rusia a Afganistán, y cercar aún más a Irán.

Desde 2015, EEUU y los yihadistas están extendiendo el ‘Arco de Crisis’ al espacio exsoviético de Asia Central.

 

 

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