Rusia y China, mayores amenazas para la seguridad de EU: jefe de inteligencia

Rusia y China representan la mayor amenaza para la seguridad interna de Estados Unidos, seguidos por Irán y Cuba, en menor escala, afirmó el jefe de inteligencia estadunidense, James Clapper, al presentar este martes un informe ante el Comité de Servicios Armados del Senado.


Expuso que la inteligencia cubana continúa viendo a Estados Unidos como una amenaza primaria, aun cuando ambos gobiernos restablecieron el año pasado relaciones diplomáticas tras medio siglo de ruptura. En lo inmediato, no hubo comentarios de Cuba.


Clapper afirmó que Rusia ha caído en una paranoia respecto de los cambios en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y que su interés por competir con Estados Unidos podría llevar a una nueva espiral de guerra fría.
Mencionó que hay bastantes acciones agresivas de Rusia, que trata de defender su estatus de gran potencia mundial; que Moscú teme el despliegue de una red de misiles de defensa en Europa y se niega a aceptar la amenaza que para otros países representa su propio arsenal nuclear.


Dijo que el Estado Islámico (EI) se ha convertido en la principal amenaza terrorista mundial, pese a los avances militares en su contra, y el mayor peligro para Estados Unidos estriba en ataques de yihadistas radicados en su territorio.


Agregó que los yihadistas radicados en Estados Unidos representan la amenaza terrorista sunita más significativa para el país, y tras los hechos en Europa pueden verse inspirados por ataques como los ocurridos en 2015 en Chattanooga, Tenesi y San Bernardino, California.


El responsable de inteligencia, que habló de numerosos temas ante preguntas de los legisladores, resaltó que Corea del Norte recuperó su capacidad de producir plutonio, del que podría disponer en semanas o meses para alimentar armas nucleares. Además, dijo, Pyongyang decidió desarrollar un misil nuclear de largo alcance que podría constituir una amenaza directa a Estados Unidos.


En el sitio de Internet de la inteligencia estadunidense, Clapper aseguró que Rusia y China desarrollan medios militares para hacer frente a los sistemas espaciales estadunidenses.


Las amenazas para nuestros sistemas espaciales militares, civiles y comerciales crecerán durante los próximos años a medida que Rusia y China avancen en el desarrollo de armas para contrarrestar, debilitar u obstruir dichos sistemas.


En tanto, el presidente Barack Obama reveló un nuevo plan de acción nacional sobre ciberseguridad, que consiste en una revisión profunda de las viejas redes de gobierno y la creación de una comisión de alto nivel para crear conciencia en materia de seguridad.

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México y la policía brasileña en la mira

HRW arremetió contra la impunidad de los agentes de las policías de Brasil y aseguró que el gobierno mexicano no luchó con firmeza contra ejecuciones extrajudiciales y torturas.

 

La ONG Human Rights Watch (HRW) denunció los abusos cometidos por la policía brasileña y criticó al Ejecutivo mexicano por la falta de avances para procesar a responsables de violaciones de derechos humanos. En su informe mundial, que se presentó ayer en forma simultánea en San Pablo y Estambul, la organización con sede en Nueva York arremetió con especial fuerza, una vez más, contra la impunidad de los agentes de las policías de Brasil y aseguró que el gobierno mexicano, encabezado por el mandatario Enrique Peña Nieto, no luchó con firmeza contra crímenes como ejecuciones extrajudiciales y torturas.


Según la directora de HRW en Brasil, Maria Laura Canineu, Brasil registró en 2015 más de 3000 asesinatos llevados a cabo por las fuerzas de seguridad, lo que representa un incremento del 40 por ciento respecto del año anterior, mientras que la cifra de agentes muertos cayó casi un dos por ciento, con 400 casos. "Ha sido un año frustrante, en el que hemos asistido al fracaso generalizado en todas las esferas del gobierno en materia de seguridad pública", señaló. "La policía de Brasil mata una media de ocho personas al día", puntualizó Canineu. "Hay violaciones crónicas de derechos humanos en el país. Se necesita garantizar que los responsables de las ejecuciones extrajudiciales sean de hecho responsabilizados."


Sin embargo, parece que no hubo demasiados cambios en la forma de actuar de la policía brasileña desde 2014. Hace seis días, la Policía Militar hirió a 28 manifestantes del grupo Movimiento Pase Libre que se movilizaban de forma pacífica en San Pablo contra el alza de las tarifas del transporte público en la ciudad, gobernada por el conservador Geraldo Alckim, que aspira a ser candidato presidencial en 2018 por el opositor Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB).


El capítulo brasileño del informe también señala que los detenidos en las cárceles son torturados y maltratados, además de enfrentar graves problemas de hacinamiento y violencia.


El informe alertó sobre el avance en el Congreso Nacional de la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC 171/93) que prevé la reducción de la edad penal en Brasil de los 18 a los 16 años para los delitos más graves, una medida aprobada en agosto del año pasado en la Cámara de los Diputados y que actualmente se encuentra bajo análisis en el Senado.

Además, HRW criticó fuertemente la ley antiterrorista desarrollada por el poder Legislativo en 2015 y que dada su "excesiva ambigüedad" podría llegar a ser empleada en la criminalización de las manifestaciones ciudadanas y los movimientos sociales llegando, incluso, a ser tachados de "terroristas" por la nueva legislación. La entidad defensora de los derechos humanos no obstante tuvo palabras de elogios para la política brasileña en relación con los refugiados, sobre la que Canineu afirmó que todavía hay mucho por hacer.


El informe de HRW también evalúa la situación en Venezuela. "Las autoridades se aprovecharon de la falta de independencia del poder judicial en el país para detener y procesar criminalmente a opositores políticos", señala el anuario, en referencia al dirigente Leopoldo López. En cuanto a Cuba, la organización indicó que no hubo "mejoras" desde que el presidente Raúl Castro y su par estadounidense, Barack Obama, anunciaron la normalización de las relaciones bilaterales. "La política de Estados Unidos hacia Cuba ha sido un fracaso total y ha hecho nada para ayudar a los cubanos. Sólo ha servido para aislar a la isla, dar al gobierno unas excusas para todos sus problemas."


Otro de los países que fueron cuestionados fue México. El informe señala que las fuerzas de seguridad se envolvieron en graves violaciones de derechos humanos en operaciones contra el crimen organizado, durante el mandato de Peña Nieto, quien asumió el cargo en 2012. El director adjunto de HRW para América Latina, Daniel Wilkinson, señaló que a pesar de la presión internacional, todavía existe un ambiente de impunidad casi total en el país. "Uno de los desafíos más urgentes en México, y en Centroamérica como región, es fortalecer el sistema judicial para evitar que las fuerzas policiales se involucren en actividades criminales y generen más violencia", aseguró.


El informe señala que algunos jueces continúan desconsiderando denuncias de tortura y aceptando confesiones supuestamente obtenidas bajo coerción. "El sistema de justicia criminal rutinariamente fracasa en garantizar justicia a las víctimas de crímenes violentos y violaciones de derechos humanos".


El anuario denuncia frecuentes casos de desapariciones forzadas llevadas a cabo por parte de las fuerzas de seguridad, como el secuestro de 43 estudiantes de Ayotzinapa que, según la versión oficial, fueron retenidos por policías y entregados a miembros del cártel Guerreros Unidos, que los asesinaron. El documento también enfatiza que el número de desaparecidos en México llega ya a 25.000 personas y el Ejecutivo lideró iniciativas potencialmente prometedoras pero poco efectivas al respecto.


La sección mexicana del informe dedica también un apartado a los ataques contra periodistas, que, según HRW, la justicia mexicana no indaga desde una perspectiva adecuada. "No investigan adecuadamente, al no tener en cuenta desde el principio su profesión como posible motivación". Además, la ONG reprueba que las leyes del país no protejan adecuadamente a las mujeres y niñas contra la violencia doméstica y sexual, y añade que algunas disposiciones incluso contradicen padrones internacionales.

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¿Atacará el terrorismo islámico en los países del Mercosur?

Algo es algo: la asunción del argentino Jorge Taiana como presidente temporal del Parlamento del Mercado Común del Sur (Mercosur) fue la única buena noticia de un año que empezó con los estragos de la "corriente del Niño", junto con densos nubarrones que anuncian fuertes tormentas sociales en los países de la cuenca del Plata.

Militante político de cuna (su padre fue ministro y médico privado de Perón), y ubicado en las antípodas éticas y morales del presidente Mauricio Macri (enemigo confeso del Mercosur y de la integración latinoamericana), Taiana purgó siete años de prisión durante la dictadura cívico-militar de Jorge Rafael Videla (1976-83), y de 2005 a 2010 condujo la cancillería de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner.

La gestión de Taiana y el Mercosur pinta harto difícil: salvaguardar la paz frente a Washington y Tel Aviv, que redoblaron sus advertencias sobre eventuales acciones del terrorismo islámico en la subregión. Hipótesis pueril, pero que vuelve a cobrar empuje tras las derrotas electorales del kirchnerismo en Argentina y el chavismo en Venezuela, la difícil situación de Dilma Rousseff en Brasil y el referendo para la relección de Evo Morales en Bolivia.

Con excepción de los macroatentados de 1992 y 1994 contra la embajada de Israel y la cooperativa Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), respectivamente, en Buenos Aires (hechos jamás esclarecidos), el llamado terrorismo islámico ha estado ausente en América Latina. Sin embargo, tras la caída de las torres gemelas en 2001 (tampoco esclarecida), dicho flagelo fue convertido en pretexto para atizar un nuevo tipo de guerra... ¿preventiva?

Guerra donde lo espectacular y verosímil doblega lo verídico y verdadero. Y para crear el clima, los medios hegemónicos concentrados, o la anarquía mediática en la web, se retroalimentan como anillo al dedo. En México, por ejemplo, el bulo del extremismo islámico en la frontera norte fue ventilado en agosto de 2014 por Judicial Watch, grupo sionista vinculado al Partido Republicano. Pero ya en 2001, el ex embajador de Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow, alertó sobre la posibilidad de que terroristas islámicos pudieran usar nuestro país como punto de acceso a territorio estadunidense ( La Jornada, 21/4/15).

Asimismo, en mayo pasado, la CNN contribuyó al clima referido entrevistando a un supuesto experto militar de Colombia, quien insinuó la presencia de 500 militantes del Isis en América Latina (programa Café, 6/5/15). Pocos días después, el diario Clarín de Buenos Aires se refirió a correos electrónicos intimidatorios del llamado Estado Islámico (Isis o Daesh) contra las presidentas Michelle Bachelet y Cristina Fernández.

En septiembre, durante su visita al Vaticano, Cristina Fernández denunció las amenazas del Isis contra su vida, ligándolas a maniobras originadas en su temeraria decisión de disolver la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side), entidad que durante 20 años estuvo dirigida en las sombras por el todopoderoso agente Horacio Jaime Stiuso.

Probado confidente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) y el Mossad, Stiuso tiene mucho que aclarar en el suicidio o asesinato del ex fiscal Alberto Nissman (enero de 2015). Siempre y cuando Estados Unidos (donde se halla refugiado) consienta en acatar la orden de captura solicitada por la justicia argentina a Interpol.

Desafortunadamente, el triunfo de Macri acabó con cualquier posibilidad de soberanía del Estado sobre sus servicios de inteligencia. Así, el partido judicial del presidente ya interpuso una demanda penal de traición a la patria contra el ex canciller Héctor Timerman, por el famoso memorando de entendimiento con Irán. Mientras, de su lado, el Centro Simón Wiesenthal (CSW, asociación sionista con sede en Buenos Aires) pidió a la Organización de Estados Americanos (OEA) que convoque a una reunión extraordinaria para tratar "la amenaza del terrorismo de Oriente Medio en América Latina, a la luz de la 'oleada' de ciudadanos sirios que llegan a la región con 'pasaportes robados'" (agencia Efe, 9/12/15).

Ariel Gelblung y Shimon Samuels, altos directivos del CSW, señalaron que las fronteras del Mercosur serían un colador fáciles de franquear. Término (colador) que Macri usó durante su campaña, aunque para referirse a los bolivianos y paraguayos que quitan trabajo a los argentinos y que en adelante serán sirios o... iraníes vengativos.

En suma, y gracias a Macri, quedará probado (de antemano, y en exclusiva) que el Mercosur alberga células durmientes del terrorismo islámico. Por lo que, de producirse un atentado, uno a 10 que en las inmediaciones se encontrará un libro del Corán, o un calzoncillo de innegable origen musulmán. Y más, luego que Rousseff se negó a reconocer como embajador de Tel Aviv a Dani Dayan, empresario argentino que reside en territorios invadidos de Palestina.

¿Aguas van? No os preocupéis, que Hollywood ha tomado cartas en el asunto. La guapa sesentona Kathryn Bigelow, primera mujer en ganar un Óscar a la mejor dirección ( The hurt locker o En tierra hostil, 2010) y propagandista de la tortura contra el terror, ya visitó varias veces Ciudad del Este o triple frontera (Argentina, Paraguay, Brasil). Sin duda, inmejorable lugar para filmar otra gran película.

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Ejecuciones dignas del Estado Islámico

La orgía de decapitaciones de Arabia Saudita –47 en total, entre ellas la del erudito clérigo chiíta jeque Nimr Baqir al-Nimr (foto), seguida por una justificación coránica de las ejecuciones– fue digna del Estado Islámico. Tal vez era la idea.

Porque este extraordinario baño de sangre en la tierra de la monarquía musulmana sunnita Al Saud, que llevaba la clara intención de enfurecer a los iraníes y a todo el mundo chiíta, una vez más sectarizó un conflicto religioso que el EI ha hecho tanto por promover.

Todo lo que faltó fue el video de las decapitaciones, aunque las 158 ejecutadas el año pasado en el reino estaban perfectamente a tono con las enseñanzas wahabitas de ese grupo. La frase de Macbeth, "la sangre tendrá sangre", se aplica sin duda a los sauditas, cuya guerra contra el terror, al parecer, ahora justifica cualquier cantidad de sangre, sea sunnita o chiíta.

Pero, ¿con qué frecuencia los ángeles de Dios misericordioso se aparecen al ministro saudita del Interior, el príncipe heredero Muhammad bin Nayef? Porque el jeque Nimr no sólo era un viejo sagrado. Pasó años como erudito en Teherán y Siria, era un reverenciado líder chiíta de las oraciones del viernes en la provincia saudita de Oriente y un hombre que se mantenía al margen de los partidos políticos, pero exigía elecciones libres y era detenido y torturado con frecuencia –según su relato– por oponerse al gobierno sunnita wahabita de Arabia Saudita.

El jeque Nimr decía que las palabras eran más poderosas que la violencia. La enigmática insinuación de las autoridades de que no había nada sectario en el baño de sangre del sábado pasado –sobre la base de que decapitaron a sunnitas y chiítas por igual– fue clásica retórica del EI.

Después de todo, el Estado Islámico corta la cabeza a apóstatas sunnitas sirios y soldados iraquíes con la misma dedicación con que masacra chiítas. El jeque Nimr habría recibido de los esbirros del Estado Islámico exactamente el mismo trato que tuvo de los sauditas, si bien sin la farsa de un juicio seudolegal que suscitó la queja de Amnistía Internacional.

Pero la matanza de este sábado representa mucho más que el odio saudita hacia un clérigo que se regocijó de la muerte del ex ministro del Interior Nayef Abdul-Aziz Al-Saud, padre de Muhammad bin Nayef.

La ejecución del jeque Nimr revigorizará la rebelión hutí en Yemen, país que los sauditas invadieron y bombardearon el año pasado en un intento por destruir el poder chiíta allí. Enfureció a la mayoría chiíta en Bahrein, gobernado por los sunnitas. Y los propios clérigos iraníes afirmaron que la decapitación causará el derrocamiento de la familia real saudita.

También presentará a Occidente el más vergonzoso de los problemas de Medio Oriente: la persistente necesidad de humillarse con servilismo ante los ricos autócratas del Golfo a la vez que expresa inquietud por la grotesca carnicería. La pregunta que se puede hacer tanto en Washington como en la capitales europeas es la siguiente: ¿se proponen los sauditas destruir el acuerdo nuclear iraní obligando a sus aliados occidentales a apoyar incluso este escándalo reciente? En el mundo obtuso en el que viven –en el que el joven ministro de Defensa que invadió Yemen detesta al ministro del Interior–, los sauditas aún glorifican a la coalición antiterrorista de 34 naciones, en su mayoría sunnitas, que supuestamente forman una legión de musulmanes opuestos al terror.

Sin duda las ejecuciones son una forma sin precedente de dar la bienvenida al Año Nuevo. Sin embargo, fuera de las implicaciones políticas, existe una pregunta obvia que hacer a la casa de Saud, que busca perpetuarse: ¿acaso los gobernantes del reino han perdido el juicio?

 

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Martes, 05 Enero 2016 08:01

La amenaza a los británicos

La amenaza a los británicos

Un nuevo video de los jihadistas muestra a cinco hombres arrodillados y detrás a su verdugo diciendo que el premier británico es "un mandatario de una isla insignificante" y que los jihadistas van a invadir el Reino Unido.


Desde Londres


Al frente de un pelotón de fusilamiento, con cinco hombres arrodillados y temblando, con claro acento de clase trabajadora inglesa, el enmascarado reivindica a Estado Islámico, se burla del primer ministro David Cameron, "mandatario de una isla insignificante", amenaza con invadir el Reino Unido e imponer la ley religiosa islámica, la Sharia, y advierte a los británicos que "cualquiera que quiera venir a combatirnos terminarán como ellos", momento en que la cámara enfoca a los condenados a muerte.

Con la arenga finalizada el enmascarado alza la pistola junto a los otros cinco combatientes, alaba a Alá y apunta a la cabeza de los condenados, presuntos agentes británicos. La ejecución misma no aparece en pantalla. En su lugar, un niño de unos cinco o seis años, cara angelical, y un uniforme militar similar a los de los ejecutores, dice "We will kill the Kuffar (no creyentes") over here", en acento inevitablemente infantil, pero aparentemente tan inglés como el del adulto.

El primer ministro David Cameron condenó el nuevo video del Estado Islámico y señaló que era una muestra "desesperada" del impacto que está teniendo la campaña militar en Siria e Irak. "Es un acto desesperado de una organización que comete las atrocidades más aborrecibles. Esta es una organización que está perdiendo terreno y la simpatía de la gente. Nos odian no por lo que hacemos sino por lo que somos, una nación democrática, tolerante, multiétnica sociedad. Sé que no nos van a intimidar. Puede que tome mucho tiempo, pero los venceremos", dijo Cameron.

El video renovó el debate sobre la decisión británica de participar en la campaña aérea liderada por Estados Unidos en Siria, aprobada por una amplia mayoría parlamentaria hace poco más de un mes. En este período ha habido 11 ataques aéreos a cargo de la fuerza Aérea británica en Siria. El grueso de las incursiones aéreas ha sido contra las fuerzas de Estado Islámico en Irak donde los británicos están operando desde 2014.

La información oficial más reciente, compuesta de datos del Pentágono dados a conocer en diciembre, señala que ha habido más de 57300 incursiones desde el lanzamiento de la campaña aérea Inherent Resolve en agosto de 2014. Unas 8300 terminaron con bombardeos, la mayoría ejecutados en Irak. Según confirmó ayer el ministerio de defensa británico este patrón prosiguió en diciembre: la RAF (Fuerza Aérea Real británica) realizó unas 20 operaciones en Irak y seis en Siria.

La pregunta que formuló el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, en el debate parlamentario de diciembre sobre la necesidad de extender la participación británica de Siria a Irak sigue sin contestar a la luz de estos números. La disparidad entre el número de salidas aéreas de aviones de combate y el de bombardeos (53.700 contra 8300) revela que la mayoría de las veces los aviones tienen que volver a la base sin hacer más que un reconocimiento porque no encuentran un objetivo militar concreto, algo que el mismo Barack Obama reconoció al decir que en esta guerra había "pocos blancos".

En cuanto a la eficacia de este apoyo a las fuerzas iraquíes y sirias que luchan contra Estado Islámico los partes oficiales son optimistas. El domingo las fuerzas federales iraquíes recapturaron Radami que Estado Islámico había conquistado en marzo del año pasado. El 26 de diciembre una alianza de fuerzas árabes y kurdas hicieron lo mismo con la estratégica represa de Tishreen en Siria y a fin de año conquistaron dos pueblos en manos de Estado Islámico en Aleppo.

Estos avances le han permitido a la cancillería británica dar a conocer un gráfico en el que asegura que "se recuperó un 40 por ciento del territorio que Daesh (...Estado Islámico en árabe...) controlaba en Irak", "miles de kilómetros en Siria" y "se destruyeron miles de posiciones de Daesh, incluyendo bunkers, fábricas de armamentos, campos de entrenamiento y resultaron muertos líderes y comandantes de la organización". El mensaje del video de Estado Islámico/Daesh es que todo tiene un precio.

El enmascarado del video procura imitar a Mohammed Emwazi, conocido como el jihadista John, que apareció en videos que mostraban la decapitación de rehenes estadounidenses y británicos en 2014 y 2015. El jihadista murió en Siria en noviembre durante un ataque de un avión sin tripulación (drone) estadounidense. El nuevo enmascarado vendría a ser su reemplazante. Con un acento tan genuino como el jihadista John certifica la sospecha de que el enemigo está entre los mismos británicos. En la prensa británica circularon versiones que lo identifican al igual que al niño de seis años, pero más allá de su veracidad, el cálculo es que hay unos 750 británicos combatiendo en las filas de Daesh, la mayoría deseosos de ser los próximos "jihadistas John".

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Para los franceses fue un año de terror

Luego del ataque de enero de 2015, el mandatario francés adoptó un sólido paquete de medidas en el campo de la seguridad. Entre ellas figura una ley que les otorga a las fuerzas policiales un derecho monárquico y sin control judicial.


Desde París

 

La doble conmoción de la barbarie de los actos terroristas perpetrados en Francia en enero y noviembre de 2015 contaminaron la agenda del año que se terminó y marcarán el rumbo del entrante 2016. Hundido en las profundidades marítimas de los sondeos de opinión con apenas un 28 por ciento de opiniones favorables, el presidente francés, François Hollande, ascendió a la cumbre con un 50 por ciento de opiniones positivas gracias a la forma en que gestionó la dos atentados. Pero este dato puede ser una ilusión pasajera. La economía está estancada, el desempleo crece y esa resurrección repentina de la popularidad tuvo un pesado tributo: la fractura profunda en el seno de la izquierda. Luego del atentado de enero 2105 el mandatario francés adoptó un sólido paquete de medidas en el campo de la seguridad. Entre ellas figura una ley extremadamente permisiva con las libertades públicas que le otorga a las fuerzas de seguridad un derecho monárquico y sin control judicial alguno para espiar a la sociedad. El impacto de los asesinatos contra el semanario Charlie Hebdo y el supermercado judío del Este de París hizo pasar esas medidas como una necesidad irrenunciable. Hubo un fuerte debate, pero no fractura. El 13 de noviembre de 2015, el ataque coordinado de tres comandos del Estado Islámico contra el Estadio de Francia, los bares de la capital y el teatro Le Bataclan –130 muertos y 400 heridos– cambió la configuración. El jefe del Estado instauró el Estado de emergencia y luego propuso una reforma de la Carta Magna para integrar esa medida al tiempo que introdujo en la reforma una de las propuestas de la extrema derecha francesa: el retiro de la nacionalidad a los franceses con doble nacionalidad, nacidos en Francia y condenados por actos terroristas o implicados en acciones que ponen en tela de juicio la seguridad del país.

El consenso inestable en el seno de la izquierda se vino abajo con una violencia crítica poco común. A modo de ejemplo, el economista Thomas Piketty, autor de El Capital en el Siglo XXI, escribió en el vespertino Le Monde que "a la incompetencia económica, el gobierno le agrega la infamia". Los sondeos apoyan la iniciativa de François Hollande, pero la interna se ha enturbiado tanto más cuanto que el presidente y su jefe de gobierno, Manuel Valls, parecen decididos a llevar a cabo hasta el final la reconfiguración de la social democracia francesa con un todavía más evidente giro hacia el centro y la derecha. La debilidad de la derecha francesa, su imposibilidad a frenar la cabalgata exitosa de la ultraderecha del Frente Nacional, las profundas divergencias de orientación que sacuden sus estructuras y el fracaso del famoso retorno a la política del ex presidente conservador Nicolas Sarkozy convencieron a Valls y Hollande de que había un pasillo sin obstáculos para reformular la oferta política dentro de una gran coalición donde haya de todo, menos rojos. Sin embargo, la espada de Damocles del Frente Nacional es una variable que puede cambiar todas las previsiones y los cálculos. De hecho, el partido de Marine Le Pen no sólo condiciona la dirección del magma político sino que, además, pone a Francia en la cuerda floja ante sus socios de la Unión Europea. Con una extrema derecha que, en las elecciones regionales del mes de diciembre, obtuvo 30 por ciento de los votos, y cuya líder, Marine Le Pen, tiene, al menos en las encuestas de hoy, un lugar asegurado en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017, París aparece como el punto más vulnerable de la Unión Europea. En un artículo de opinón firmado por el ex ministro alemán de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, el responsable político escribe: "Ante la amenaza que supone el neonacionalismo para el proceso de integración europea, lo que ocurra en Francia es clave. Sin Francia, Europa es inconcebible e inviable, y está claro que Le Pen de presidenta significaría el inicio del fin de la UE. Europa se retiraría de la política internacional Esto llevaría inexorablemente al fin de Occidente en términos geopolíticos". El planteo de Fischer no es de ciencia ficción sino una sombra que crece en cada elección. El imaginario político de la extrema derecha ha calado muy hondo en la sociedad. Su idea central de un "hombre blanco" amenazado por una horda de invasores de otras religiones –el Islam– ante la cual la única protección son los muros y las fronteras reforzadas no es más una anécdota discursiva sino una noción en la que creen millones de personas. Tanto como la derecha, el socialismo liberal de François Hollande ha fracasado rotundamente en dotar a la sociedad de un proyecto político, de una meta, de un sueño de país más apetitoso que las invectivas de la ultraderecha. 2016 no parece ser en este sentido muy distinto a 2015. Habrá una clase política "oficial", un "sistema oficial" como dice la extrema derecha, totalmente consagrado a los arreglitos de partido, a las alianzas electorales y a los pleitos de caciques pero totalmente alejada del país que pretende gobernar. El voto masivo a favor de la ultraderecha no solo valida la pertinencia de la estrategia adoptada por Marine Le Pen sino, también, el fiasco global de un socialismo que ha pasado más tiempo en negarse a si mismo, en agredir su propia memoria, que a construir alternativas políticas movilizadoras. No hay ilusiones en el horizonte. La democracia más histórica y fuerte de la Unión es ahora la más desencantada, la más cerrada sobre si misma, la más anquilosada en los eternos jueguitos electoralistas. Queda poco más de un año de una presidencia de perfil bajo que incumplió las promesas más importantes que presentó en la campaña electoral. El veredicto es, por ahora, inapelable: el socialismo en ocaso ni siquiera tiene garantizada la presencia de un candidato en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

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Catorce años después del 11-S, la guerra contra el terror realiza todo lo que bin Laden quería que pasara

Han pasado 14 años que parecen increíbles. ¿Realmente los hemos vivido? ¿Estamos viviéndolos todavía? ¿Cuán inverosímil es todo esto?

Catorce años de guerras, intervenciones militares, asesinatos, tortura, secuestros, localizaciones clandestinas, de crecimiento del estado nacional de la seguridad de Estados Unidos hasta unas proporciones monumentales y de la expansión del extremismo islámico en la mayor parte del Gran Oriente Medio y África. Catorce años de dispendios astronómicos, infinidad de campañas de bombardeo y una política militar en el exterior de primera magnitud en la que se repiten las derrotas, los chascos y los desastres. Catorce años de una cultura del miedo en Estados Unidos, de interminables alarmas y advertencias, pero también de funestos presagios de ataques terroristas. Catorce años del entierro de la democracia estadounidense (o, mejor dicho, de su conversión en escenario multimillonario y fuente de espectáculo y entretenimiento, que no de gobierno). Catorce años de propagación del secretismo, de clasificación de cada documento producido, de feroz persecución de los denunciantes de conciencia y del impulso cuasi religioso de mantener "seguros" a los estadounidenses dejándoles en la oscuridad acerca de lo que está haciendo su gobierno. Catorce años de desmovilización de la ciudadanía. Catorce años del surgimiento de la corporación guerrera, de la transformación del conjunto de actividades militares y de espionaje en unas actividades lucrativas y de la proliferación de innumerables contratistas privados que trabajan para el Pentágono, la NSA, la CIA y muchos otros segmentos del estado nacional de la seguridad para asegurar su funcionamiento. Catorce años de nuestras guerras regresando a casa en la forma de trastornos de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés), de militarización de la policía y de expansión en la "patria" de tecnologías propias de zonas de combate como los drones y los vehículos UMV. Catorce años de despliegue de todo tipo de vigilancia y de desarrollo de un sistema planetario de vigilancia cuyo alcance –desde líderes extranjeros hasta grupos tribales en las zonas más remotas de la Tierra– dejaría estupefactos a quienes gobernaban los estados totalitarios del siglo XX. Catorce años de misérrima inversión en la infraestructura de Estados Unidos y ni siquiera un kilómetro de tren de alta velocidad construido en algún lugar de este país. Catorce años en los que se iniciaron las guerras de Afganistán 2.0, de Iraq 2.0 y 3.0 y la de Siria 1.0. Catorce años, eso es, en los que lo improbable se hizo probable.

Catorce años después, muchísimas gracias, Osama bin Laden. Con un reducido número de seguidores, entre 400.000 y 500.000 dólares y 19 secuestradores suicidas, la mayor parte de ellos saudíes, Ud. ha hecho un pase de magia geopolítica de primer orden. Lo equiparo a un acto mágico del teatro de la oscuridad. Mientras tanto, ha hecho el "cambio total" o, al menos, lo suficiente de todo lo que importa. O más bien, nos ha empujado a hacer lo que usted no podía hacer por falta de recursos o capacidad. Por lo tanto, pongamos el crédito donde es debido. Hablando en términos de psicología, los ataques del 11-S representaron una precisión en la elección de los blancos del tipo que los líderes de Estados Unidos apenas soñarían en los años siguientes. No tengo idea de cómo, pero está claro que usted nos entendió mucho mejor de lo que nosotros le entendimos a usted o, para el caso, a nosotros mismos. Usted supo exactamente cuáles eran los botones nuestros que se debían apretar para que, en esencia, nosotros continuásemos ejecutando su plan para su beneficio. Mientras usted se sentaba y esperaba en Abbottabad [Pakistán], nosotros seguíamos los planos de sus sueños y deseos como si usted lo hubiese planificado y, en el proceso, hacíamos del mundo un lugar notablemente diferente (y notablemente nefasto).

Catorce años después, ni siquiera hemos caído en la cuenta de lo que hemos hecho.

Catorce años después, la inverosimilitud de todo esto todavía paraliza la imaginación, empezando por las enormes montañas de cascotes de la Torres Gemelas en el centro de Manhattan, un mundo real equivalente al de la estatua de la Libertad surgiendo de la arena en la película El planeta de los simios. La parte sur de Manhattan todavía ardiendo y el olor acre de la destrucción en el aire eran la imagen de una cultura que había vivido su propio momento apocalíptico para convertirse en algo irreconociblemente transformado. Para dar crédito a la cobertura mediática en aquellos tiempos, los estadounidenses vivieron una combinación de Pearl Harbor e Hiroshima. Éramos el no va más de las víctimas en el planeta Tierra, y el centro de Nueva York pasó a ser la "Zona Cero", una expresión que hasta entonces estaba reservada para los sitios donde había habido una explosión atómica. En un instante nos convertimos en las más grandes víctimas y los mayores supervivientes, y se dio por sentado que el mayor deseo de venganza del mundo sería nuestro. El 11-S llegó para ser visto como un ataque a todo lo inocente, lo bueno, lo triunfante que había en nosotros; el momento supremo del "odian-nuestras-libertades" y –Osama– funcionó. Usted asustó tanto a este país que ha conseguido sumirlo en un periodo de miedo que ya lleva 14 años, un período en el que le hemos dado vía libre a toda idea o acción estúpida u horrorosa, ley o intromisión en nuestra vida y recorte de nuestros derechos. Usted no solo soltó a sus mastines de la guerra, también soltó a los nuestros, que era exactamente lo que usted necesitaba para sumir en el caos al mundo musulmán.

Catorce años después, permítame que le recuerde la absoluta improbabilidad del 11-S y lo terriblemente despistados que todos estábamos ese día. George W. Bush (y sus cohortes) ni siquiera fueron capaces de asimilarlo cuando, el 6 de agosto de 2001, el presidente recibió el informe diario de inteligencia titulado "Bin Laden resuelto a golpear a Estados Unidos". La NSA, y la CIA, y el FBI, que tenían en sus manos muchas de las piezas del puzzle bin Laden, seguían sin poder imaginarlo. Créame, incluso cuando estaba sucediendo, me era difícil darme cuenta de aquello. Yo estaba haciendo ejercicios en mi dormitorio con la televisión encendida cuando oí la primera noticia de un avión que se había estrellado contra una de las Torres Gemelas y vi las primeras imágenes del humo en la torre. Y recuerdo mi primer pensamiento: "igual que el [bombardero] B-25 que casi chocó con el Empire State en 1945". ¿Unos terroristas que tratan de echar abajo las torres? Por favor. ¿Al-Qaeda? Esto es una broma. Más tarde, con dos aviones estrellados en Nueva York y un tercero que había hecho polvo una parte del Pentágono, y cuando ya era obvio que no se trataba de un accidente, tuve un pensamiento todavía más absurdo. Se me ocurrió que la sorpresiva vulnerabilidad de los estadounidenses –que vivían en una tierra protegida del caos en el que vive buena parte del mundo– debería conducirnos a una nueva forma de empatía hacia los demás. Ni en sueños. Todo lo que hicimos fue causarle dolor a los demás.

Catorce años después, ¿no le parece todavía sorprendente que George W. Bush y compañía utilizaran estas acciones asesinas y la muerte de cerca de 3.000 seres humanos como excusa para tratar de apropiarse del mundo? Les faltó tiempo para decidirse a lanzar la "Guerra global contra el terror" en hasta 60 países. Les faltó tiempo para empezar a soñar con el establecimiento de una Pax Americana en Oriente Medio, seguida de una suerte de poder supremo mundial que hasta ese momento solo había sido evocado en tono de broma por los 'tipos malos' de las películas de James Bond. Mirando hacia atrás, ¿no le parece extraña la rapidez con que el 11-S le puso el cerebro en llamas a esa gente? ¿No encuentra curioso que los principales funcionarios de la administración Bush estuviesen totalmente encaprichados con el poder militar de Estados Unidos? ¿No le sorprende como algo raro el hecho de que tuvieran una fe tan ciega en los supuestos poderes de las fuerzas armadas para hacer prácticamente nada y ser "la mejor fuerza para la liberación de la humanidad que el mundo ha conocido"? ¿No encuentra inquietante que, en medio de los escombros del Pentágono, las primeras órdenes de nuestro secretario de Defensa fuese preparar los aviones para atacar a Iraq, a pesar de que estaba convencido de que el autor de los ataques del 11-S había sido al-Qaeda ("'Ir con toda la fuerza', anotó un ayudante del secretario en su block de notas. 'No dejar nada en pie. Esté relacionado [con los ataques] o no'.")? ¿No piensa acaso que este "o no" resume los tiempos que estaban por venir? ¿No le parece curioso que, en medio de las ruinas de las torres, los planes no solo previeran pasarle la factura a bin Laden sino también convertir a Afganistán, Iraq y posiblemente Irán –"Todos quieren ir a Bagdad, pero los hombres de verdad quieren ir a Teherán"– en protectorados de Estados Unidos?

Catorce años después, ¿qué posibilidad había de que el país, al que en todas partes se consideraba la "única superpotencia" del planeta, desafiado abiertamente por un reducido número de extremistas yihadistas, con un poder militar mejor financiado que las 10 a 13 fuerzas armadas combinadas que le seguían (muchas de los cuales eran aliadas, de todas maneras) y cuyas aptitudes tecnológicas eran las mejores –eso dicen– no ganara una guerra, no derrotara a ningún enemigo y no completara con éxito una sola ocupación? ¿Cuáles eran las probabilidades de ganar? Si el 12 de septiembre de 2001, alguien le hubiese apostado doble contra sencillo por la imposibilidad de que las fuerzas armadas de Estados Unidos ganaran en su ataque en el Gran Oriente Medio, no me diga que usted no habría puesto algún dinero sobre la mesa.

Catorce años después, ¿no le parece inaudito que el poder militar de Estados Unidos haya sido incapaz de retirarse de Iraq y Afganistán, donde libra las dos guerras más importantes de este siglo, a pesar de que oficialmente ha dejado uno de esos dos países en 2011 (solo para regresar en el verano de 2014) y de haber anunciado repetidamente la terminación de las operaciones de combate en el otro (solo para reanudarlas una vez más)?

Catorce años después, ¿no encuentra extravagante que las políticas de Washington posteriores al 11-S en Oriente Medio hayan propiciado el establecimiento de un "califato" del Estado Islámico en partes de los fracturados territorios de Iraq y Siria y la aparición de sucesivas y exitosas "franquicias" terroristas de ese mismo EI en un abanico de países que va desde Libia y Nigeria hasta Afganistán? Si el 12 de septiembre de 2001, usted hubiese presagiado semejante posibilidad, ¿no le habrían tomado por loco?

Catorce años después, ¿no piensa que es inverosímil que Estados Unidos se haya embarcado en el negocio de alto nivel de los asesinatos robóticos; que (a pesar de las prohibiciones legales de los tiempos del Watergate relacionadas con acciones de esa índole) ahora seamos los Terminator del planeta Tierra , no sus John Connors; que el presidente haya asumido abierta y orgullosamente el papel de asesino-en-jefe con su propia "lista de muertes"; que tengamos sin cesar en la mira remotas zonas rurales del planeta con nuestros drones (Grim [denodado]) Reaper y Predator (¡gracias Hollywood!) armados con cohetes Hellfire (fuego infernal); y que Washington, mientras buscaba a jefes de grupos terroristas y sus seguidores, haya matado regularmente a mujeres y niños? ¿Y no le parece extraño que todo esto se haya hecho en nombre del exterminio de los terroristas y sus movimientos, pese al hecho de que cada vez que nuestros drones golpean, esos movimientos parecen aumentar su fuerza y poderío?

Catorce años después, ¿no considera insólito que nuestra "guerra contra el terror" haya evolucionado con tanta regularidad hasta llegar a ser un guerra de terror y para el terror; que nuestros métodos, entre ellos el asesinato selectivo de numerosos jefes y "tenientes" (segundos jefes) de grupos combatientes haya promovido manifiestamente la propagación del extremismo islámico en lugar de detenerlo; y que, pese a esto, Washington no ha hecho el menor esfuerzo para reevaluar significativamente sus acciones?

Catorce años después, ¿no es acaso posible imaginar el 11-S como una gran fosa común en la que, como sabemos ahora, se han enterrado importantes aspectos de la vida de Estados Unidos? Por supuesto, los cambios sobrevenidos, sobre todo aquellos que reforzaron los aspectos más agobiantes del poder del Estado, no cayeron del cielo como los aviones secuestrados. Después de todo, ¿quién podría despreciar la dimensión y el poder del estado de la seguridad nacional y del complejo militar-industrial antes de que 19 hombres con un cutter en la mano llegaran a la escena? ¿Quién podría negar que escondida en el texto de la ley Patriótica de Estados Unidos (aprobada casi sin haber sido leída por el Congreso en octubre de 2001) había una lista de deseos –anteriores al 11-S– con los caballitos de batalla de los departamentos de seguridad y la derecha estadounidense? ¿Quién podría negar que los principales funcionarios de la administración Bush y sus seguidores neocon llevaban mucho tiempo pensando en la forma de financiar la "supremacía militar de Estados Unidos" en el contexto de una Pax Americana en el estilo del nuevo orden mundial o que soñaban con "un nuevo Pearl Harbor" que pudiese acelerar el proceso? Sin embargo, fue gracias a Osama bin Laden, que ellos –y nosotros– fuimos transportados al más improbable de todos los siglos, el XXI.

Catorce años después, los ataques del 11-S y los miles de personas inocentes muertas representan una criminalidad y una inmoralidad de dimensiones internacionales que no tienen parangón. Está claro que los estadounidenses somos los principales responsables de esta situación, aunque –lo más improbable de todo– nadie en Washington se haya hecho cargo de la mínima parte de responsabilidad por haber creado un cráter que comprende a todo Oriente Medio, provocado el caos en importantes regiones del planeta o ayudado a desatar las fuerzas que darían lugar al primer estado terrorista de la historia moderna; asimismo, ningún funcionario se ha hecho responsable por la creación de las condiciones que condujeron a la muerte de cientos de miles –posiblemente un millón o más– de personas que han sido convertidas en refugiados –nacionales o internacionales–, a la destrucción de países y a que incontables seres humanos se vean condenados a los sufrimientos más increíbles. En estos años, ninguna acción –ni la tortura, ni el asesinato, ni el encarcelamiento ilegal de personas inocentes fuera de nuestras fronteras, ni la muerte deliberada desde tierra o desde el aire, ni las fiestas de boda masacradas, ni el asesinato de niños– ha hecho mella en esa convicción tan estadounidense de que vivimos en un país "excepcional" e "indispensable", de asombrosa bondad e inocencia.

Catorce años después, ¿cuán inverosímil es todo esto?

 

*The Nation. Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

Fuente del original en inglés: http://www.thenation.com/article/14-years-after-911-the-war-on-terror-is-accomplishing-everything-bin-laden-hoped-it-would/ 

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y a Rebelión como fuente de la traducción.

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Sábado, 02 Enero 2016 09:08

Tiran a mansalva en un bar de Tel Aviv

Tiran a mansalva en un bar de Tel Aviv

Al menos un atacante armado –aunque, según testigos, pudo ser más de uno– disparó a los clientes una ráfaga con un fusil automático, mientras el establecimiento estaba repleto de gente. La policía lanzó una intensa búsqueda del presunto culpable.

Dos personas murieron y otras siete resultaron heridas ayer en Tel Aviv cuando un hombre abrió fuego en un bar del centro de la ciudad, lo que provocó escenas de pánico. La policía lanzó una intensa búsqueda del presunto culpable. Según varios medios israelíes, se trata de un árabe israelí de 29 años del norte del país, reconocido por su padre en videos de vigilancia y que advirtió a las autoridades. Sin embargo, la policía no confirmó esas informaciones, en un contexto de violencia diaria entre palestinos e israelíes y de amenazas jihadistas.

El suceso ocurrió en la popular calle Dizengoff, en pleno centro, cuando al menos un atacante armado –aunque según testigos, pudo ser más de uno– disparó a los clientes una ráfaga con un fusil automático, mientras el establecimiento estaba repleto de gente. Testigos relataron a medios locales que el atacante tenía una gran contextura física, vestía un guardapolvo gris e iba enmascarado con lo que parecía un pasamontañas.

El hombre empezó abriendo fuego contra clientes sentados frente al bar. Fue allí donde dos personas sucumbieron a sus heridas. Un revoltijo de sillas volcadas y vidrios rotos reflejaba el pánico que se apoderó de los clientes. Un turista francés que estaba en el lugar del ataque, Alexandre Lambez, dijo que lo ocurrido le hizo recordar los ataques de noviembre en París. "Enseguida pensé en París y en el Bataclan", dijo. "Escuché disparos, me di vuelta y vi que la gente corría dentro del café. La gente gritaba y vimos al tipo que disparaba. Tenía el cabello castaño, vestía un suéter gris y luego huyó."

La dueña de una peluquería cercana al bar, Osnat David, se negaba a salir porque no quería ver las consecuencias del ataque. David se ocupaba de sus clientes cuando escucharon los disparos. "Mis clientes y yo nos escondimos sin hacer ruido. No tuvimos tiempo de cerrar el negocio. Nos tiramos al suelo para que el terrorista no nos viera. Todo duró unos veinte minutos", explicó. "Dos minutos antes estaba fumando un cigarrillo. Es un milagro. Si me hubiera quedado afuera, ahora estaría muerta".

Poco antes de las tres de la tarde, las cámaras de una tienda vecina al bar filmaron a un hombre vestido de negro que compraba frutos secos. Luego se lo ve sacar un arma de su mochila, salir del comercio y disparar hacia el bar. Uno de los testigos, citado por el diario Times of Israel, declaró que el atacante realizó una decena de disparos, uno a uno, con un arma que podría ser un fusil tipo Kalashnikov. Sin embargo, las imágenes de una cámara del propio local muestran con claridad que no se trata de esa arma sino de otra automática más corta, posiblemente una mini-Uzi o Karl Gustav. Fogonazos capturados por la cámara indican también que hubo tiros desde otra dirección, pero se desconoce si de algún cliente armado que respondió al atentado o de un segundo atacante que pudiera haber entrado al local.

La dirección del individuo se encuentra bajo secreto de sumario, pero los medios locales difundieron imágenes de la cámara de un pequeño comercio en las que se le distingue con bastante claridad. Por esas imágenes, su padre lo reconoció y alertó a la policía de quien se trataba. El atacante sería un joven de 29 años oriundo de la zona de Wadi Ara, en Galilea. Según el canal 10 de la televisión israelí, el arma con el que perpetró el ataque pertenecía a su padre, quien trabajaba de vigilante, y al que se la robó de la caja fuerte de su casa.

Los medios sugieren que el árabe israelí, nombre por el que en Israel son conocidos los palestinos con nacionalidad, a diferencia de los de la ocupada Cisjordania o Franja de Gaza, pasó un proceso de radicalización que lo llevó a cometer el ataque, valoración que deducen los investigadores por haber encontrado un ejemplar del Corán en el bolso que dejó en el comercio y del expediente delictivo nacionalista que tenía acumulado. Los comentaristas se sorprendieron de su destreza en el uso de un arma automática como para disparar una treintena de balas y cambiar cargador, así como la sangre fría que demostró a lo largo de todo el ataque.

La policía identificó ayer a las dos víctimas como Shimon Ravim, un joven de la ciudad sureña de Ofakim, y Alón Bakal, un estudiante de 26 años de abogacía que dirigía el pub atacado. Según el portavoz del servicio de emergencia, Zaki Heller, además de los fallecidos, dos de los siete heridos se encuentran en estado crítico en hospitales de la ciudad.

Miles de agentes de policía, incluidos de la unidad de lucha antiterrorista, apoyados por helicópteros y agentes de los servicios secretos, continuaban ayer por la noche la búsqueda en Tel Aviv para dar con su paradero. La ciudad quedó completamente paralizada por el ataque, con los principales centros de ocio vacíos y hasta cerrados y sin tráfico.

Tel Aviv fue blanco de atentados palestinos durante la Segunda Intifada (2000-2005). Pero la ciudad se mantuvo en una calma relativa desde el inicio de la actual ola de atentados, en su mayoría actos aislados llevados a cabo sobre todo con cuchillos.

Israel se libró también hasta ahora de ataques del Estado Islámico (EI), pero el grupo ha proferido amenazas explícitas contra Israel en las últimas semanas e incluso publicó mensajes en hebreo. El EI "no se ha olvidado ni un momento de Palestina", se escuchaba en una grabación publicada en Internet a finales de diciembre, supuestamente de Abu Bakr al Bagdadi, el líder del grupo jihadista.

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Viernes, 25 Diciembre 2015 06:41

El activismo francés en estado de emergencia

El activismo francés en estado de emergencia

Un mes y medio después de los atentados de París del 13 de noviembre, la sociedad civil francesa muestra sus primeros signos de disconformidad frente al establecimiento del estado de emergencia. Las medidas de seguridad excepcionales han permitido, según fuentes gubernamentales, el registro administrativo de 2.700 recintos, el arresto domiciliario de 360 personas y la detención provisional de 287 individuos, aunque ninguno de ellos ha sido procesado por terrorismo. Un balance modesto en comparación con la restricción de las libertades civiles que han comportado.

La facultad de los prefectos franceses –las autoridades administrativas responsables de la seguridad interna– de prohibir una manifestación ha alterado la actividad política de sindicatos y asociaciones. Estas entidades parecen condenadas al silencio si el Gobierno francés decide alargar el estado de emergencia del 26 de febrero previsto inicialmente hasta julio de 2016, cuando concluirá en Francia la Eurocopa de fútbol.

El 23 de diciembre el primer ministro Manuel Valls presentará en el Consejo de Ministros la propuesta de reforma de la Constitución que el presidente François Hollan­de anun­ció el pasado 16 de noviembre para inscribir en ella el estado de emergencia.

Este proyecto, que será debatido en la Asamblea Nacional en enero, no sólo lo extenderá de tres a seis meses, sino que también pretende incorporar en la Consti­tu­ción algunas de las medidas fetiche del Frente Nacional de Marine Le Pen, como la retirada de la nacionalidad francesa a los acusados de terrorismo yihadista que dis­pongan de una doble nacio­na­li­dad. Con­tem­pla, además, un refuerzo significativo del poder policial. Una vez haya concluido el estado de emer­gencia, este cuerpo podría seguir realizando inspecciones administrativas y requisando documentos y armas sin ningún tipo de control judicial. 

 

Vigilancia generalizada 


"Estoy en contra de esta sociedad de vigilancia generalizada", declaró en el medio digital de información local Rue89 Bordeaux el diputado ecologista Noël Mamère, uno de los seis miembros de la Asam­blea Na­cional que se opusieron en noviembre a la adopción del estado de emergencia. "El Go­bierno prevé que los arrestos domiciliarios y las inspecciones administrativas afecten a cualquier persona cuyo comportamiento sea una amenaza para el orden público. ¿Esto significa que vamos a detener a los militantes antinucleares, a los defensores de los ZAD (zonas a defender)?", añadió.

El partido Europe Écologie Les Verts (EELV) es la formación de la izquierda francesa que ha expresado un mayor rechazo frente a la restricción de los derechos civiles. Tras ser suspendida por las autoridades, la gran marcha previa a la Conferencia del Clima de París terminó convirtiéndose en una manifestación ilegal, lastrada por los incidentes con la policía y el arresto de 200 manifestantes. Lejos del foco mediático, 24 militantes ecologistas fueron arrestados domiciliariamente durante el trascurso de la COP21, y al menos se produjeron dos inspecciones en locales de asociaciones defensoras del medio ambiente, informó la Agen­cia France-Presse.

 

Eventos vs. manifestaciones


"La voluntad de manifestarse que prevaleció después de los atentados de enero ha dejado de ser un derecho", denuncia la Liga de los De­rechos Humanos en el texto Sortir de l'état d'urgence, publicado el 17 de diciembre. Según subraya este manifiesto, los prefectos ejercen con una geometría variable su función de garantizar la seguridad pública. Mientras que grandes acontecimientos deportivos o sociales, como el mercado de Na­vidad de Estras­burgo, que recibirá en torno a unos dos millones de visitantes, se celebran gracias a un costoso despliegue policial y militar, un número elevado de concentraciones civiles no reciben la autorización de la prefectura.

Resulta inquietante el caso, revelado por el diario digital Médiapart, de la prohibición de una manifestación antifascista en la localidad bretona de Pontivy, donde un grupúsculo de extrema derecha organizó un acto antimusulmán y en contra de la acogida de refugiados sólo unas pocas horas después de los atentados del 13 de noviembre.

"Una vez ha pasado la emoción, ha llegado el momento de decir basta", ha declarado la presidenta de la Liga de los Derechos Hu­ma­nos, Françoise Dumont, en el diario L'Humanité. El líder del Front de Gauche, Jean-Luc Mélen­chon, que al principio apoyó las medidas excepcionales adoptadas por el presidente Hollande, considera que "el estado de emergencia es una herramienta para combatir los movimientos sociales", declaró en el semanario Ma­rianne. Incluso el ala izquierda del Partido Socialista (PS) se muestra cada vez más crítica con el Go­bierno, y en particular con su voluntad de retirar la nacionalidad francesa a los acusados de terrorismo que tengan una doble nacionalidad.

 

Medida de extrema derecha


La retirada de la nacionalidad "es una medida inútil, que no tendrá ningún efecto disuasivo frente a los terroristas kamikazes", ha declarado en una entrevista en Médiapart el profesor de Derecho de la Uni­versidad de Rouen, próximo a la órbita socialista, Jean-Philippe De­rosier. Critica el hecho de que se trate de "una medida defendida por la derecha y la extrema derecha. Al contemplarla, la izquierda está traicionando a su electorado". El PS, y en particular la ministra de Justicia, Christiane Taubira, se opuso después de los atentados de enero a adoptar tal decisión, que cuestiona asimismo los valores republicanos, al contemplar la retirada de la nacionalidad a ciudadanos binacionales que hayan nacido en Francia.

Tras los atentados del 13N, el presidente François Hollande ha abrazado de forma significativa el programa de la extrema derecha en aras de apaciguar el miedo de un país golpeado por el terrorismo yihadista en tres ocasiones en sólo un año. Con este giro político pretende disputarle el electorado centrista al expresidente Nicolas Sar­kozy, que utiliza desde hace meses un discurso con tintes xenófobos parecido al del Frente Nacional. Según un sondeo de Ifop del 18 de diciembre, Hollande, por primera vez en los últimos tres años, supe­raría a Sar­kozy en la primera vuelta de las presidenciales de 2017, quedando sólo por detrás de Ma­rine Le Pen. Los objetivos electoralistas del presidente socialista parecen imponer el letargo del activismo francés.

Fuente original: http://www.diagonalperiodico.net/global/28807-activismo-frances-estado-emergencia.html 

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Domingo, 20 Diciembre 2015 06:36

“Actuar más y hablar menos”

“Actuar más y hablar menos”

Según el geopolitólogo francés, hablar de terrorismo es hacerles un favor a los terroristas. Dice que la solución a la amenaza que plantea el Estado Islámico es fundamentalmente política y requiere de amplios acuerdos internacionales.

 

Bajo una apariencia engañosa de administración mundial, el sistema internacional está en pedazos. La guerra en Siria y en Irak, el hundimiento libio, el acrecentamiento del poder del Estado Islámico, el arraigo dramático del conflicto israelo-palestino o la confrontación entre las potencias occidentales y Rusia son apenas puntas de una madeja muy enredada. Los últimos años han mostrado un sistema internacional que funciona como un eslabón libre, fuera de todo consenso multilateral. ¿Cómo volver a componer un esbozo de coherencia para gestionar las crisis en vez de ampliarlas, tal y como ocurrió en Siria? Para el geopolitólogo Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París (IRIS), las potencias occidentales han perdido varias oportunidades de reformar un sistema que se fue quebrantando con la caída del Muro de Berlín y las sucesivas guerras del Golfo, la del 91 y la de 2003. El desastre está ante nosotros. En estos tiempos de profundas crisis internacionales, el especialista francés ve una ocasión importante de recomposición de ese sistema internacional a partir de las negociaciones sobre el clima. Sin embargo, tampoco obvia los problemas por granel que sacuden al mundo, empezando por el Estado Islámico y la, hasta ahora, imposibilidad de las potencias para adoptar un perfil común y combatirlo a través de una solución política. En esta entrevista con Página/12 realizada en París, Boniface analiza los grandes desafíos modernos, desde el Estado Islámico, el conflicto con Rusia, el acuerdo con Irán o la posición de la política exterior Argentina después de las elecciones.


Este especialista de las relaciones internacionales, autor de numerosos libros, tiene también una pasión popular: el fútbol. Si alguien le da una lista de jugadores y le pregunta cuál es el más grande, responde sin dudar: "Messi". Ha escrito más de un libro y varios artículos imperdibles sobre la geopolítica del fútbol o el fútbol y la globalización.

–¿Usted considera que en un mundo donde el sistema internacional está dañado, las negociaciones sobre el clima que tuvieron lugar en París dentro de la conferencia COP21 son una forma de recomponer ese sistema multilateral?


–A la comunidad internacional se le reprocha el hecho de que sea incapaz de poner término a la guerra civil en Siria, de resolver la crisis israelo palestina o de vencer al terrorismo. Al mismo tiempo, esa misma comunidad internacional fue incapaz de luchar contra el calentamiento del planeta, y ello cuando ya existe un acuerdo general político, científico, con las ONG y hasta con los industriales para admitir que el calentamiento del planeta es uno de los desafíos más graves que pesa sobre la humanidad y que la responsable de ese calentamiento es la actividad humana. Sin embargo, el sistema internacional no supo detener o ponerle límite a ese problema. Ahora bien, con la conferencia de París sobre el clima se puede empezar a hablar de nuevo de comunidad internacional. De hecho, lo que cambió fundamentalmente entre la precedente cumbre sobre el clima que tuvo lugar en Copenhague en 2009, y que fracasó, y la de París, es que dos países importantes para la lucha del calentamiento del planeta, Estados Unidos y China, cambiaron de posición. Cuando se firmó el protocolo de Kioto, este fue firmado únicamente por los Estados que representaban apenas el 15 por ciento de las emisiones de gases contaminantes. Un verdadero acuerdo requiere que todo el mundo participe. Los egoísmos nacionales no tienen más cabida frente a la urgencia de la situación.


–Sin embargo, frente a esa misma comunidad internacional, la opinión pública manifiesta una angustia creciente. Clima, guerras, terrorismo islamista radical, flujo de refugiados. Las respuestas de esa comunidad son desencontradas. El mejor ejemplo es lo que está pasando con el Estado Islámico en Siria e Irak.


–Con el Estado Islámico ocurre lo mismo que con el clima: únicamente juntos lograremos vencerlo. El Estado islámico no será vencido por un puñado de países. Por ahora, incluso si todo el mundo afirma que es una necesidad, todos no tienen ni las mismas prioridades, ni el mismo calendario en el combate contra el Estado Islámico. Es preciso trabajar en pos de un consenso para que, en vez de decir que el Estado Islámico es un enemigo, se diga cómo será neutralizado ese enemigo. En suma, existe un acuerdo entre todos para diagnosticar la enfermedad, pero no para definir la forma de curarla.


–¿De qué convergencia de errores críticos, de herencias coloniales y de estrategias disparatadas surge el Estado Islámico?

–No se debe negar la historia colonial. La herencia colonial existe, desde luego, y occidente debe tomarla en cuenta, pero no explica todo. No se puede resumir la situación a ese único dato. Si miramos lo que ocurre hoy se puede decir que el Estado Islámico tiene, de hecho, dos filiales, dos padres: el primero es la Guerra de Irak (2003), que se lanzó contra el terrorismo y a la cual Francia y Argentina se opusieron. Quienes estaban en contra de esa Guerra de Irak no lo hicieron porque respaldaban a Saddam Hussein, sino porque decían que esa guerra iba a aportar más desgracias que cosas positivas. Vemos bien que sin la Guerra de Irak y sin las decisiones estúpidas del administrador norteamericano nombrado en Irak, Paul Bremer, nada de esto hubiese ocurrido. Bremer decidió desmantelar todo el aparato del Estado iraquí pensando que todos los sunnitas eran ardientes partidarios de Saddam Hussein. Los sunnitas se sintieron rechazados. Eso dio lugar al surgimiento del Estado Islámico. Luego, del otro lado, está lo que pasó en Siria y la brutal represión del presidente Bashar al Assad. Al principio, en Siria, asistimos a una revolución pacífica. Pero Bashar al Assad va a convertir esa revolución en un asunto confesional y la va a militarizar con el argumento según el cual si la revuelta ganaba los alauitas y los cristianos serían eliminados. Seguidamente, Bashar al Assad procederá a internacionalizar ese conflicto cuando pidió ayuda a Rusia y a Irán. Hoy vemos cómo el Estado Islámico recluta combatientes a partir de la terrible represión de Bashar al Assad. Esa represión lleva a que muchos opositores que antes eran pacíficos se unan al EI diciéndose que, frente a la violencia del régimen, vamos a emplear métodos igualmente violentos. Desde luego, hay más razones que estas, pero se puede decir que los dos elementos claves que produjeron al Estado Islámico son estos: la Guerra de Irak en 2003 y la represión del régimen sirio después de 2011.


–La solución parece empantanada en la disputa ente las potencias y sus abismales divergencias.


–La solución es doble. Todos son hoy conscientes de que se requiere una solución política. Mientras el gobierno iraquí no sea más inclusivo, mientras los chiítas no cedan un poco de espacio a los sunitas, el estado Islámico seguirá reclutando en Irak. Y mientras Bashar al Assad siga en el poder ocurrirá lo mismo en Siria. Hay evidentemente una elemento militar para derrotar al Estado Islámico, pero vemos muy bien que la solución pasa antes que nada por lo político.


–Sin embargo, las monarquías del Golfo Pérsico también intervinieron en la guerra siria cuando, al principio, empezaron a armar a la oposición. Arabia Saudita y Qatar aparecen regularmente citados.

–Sí, es cierto, la militarización también los incumbe. Armaron a la oposición, pero no al Estado Islámico. Pero, por ejemplo, el papel de Arabia Saudita es más antiguo. Arabia Saudita financió a los predicadores, la construcción de escuelas coránicas, de mezquitas y a gente que propagaba una doctrina salafista. Pero desde 2001, Arabia Saudita cambió de política y hoy está incluso amenazada. Por eso hay que distinguir a Qatar y a Arabia Saudita. Incluso si ambos son wahabitas no tienen ni la misma gestión de sus asuntos internos, ni la misma política internacional. Se le pueden hacer muchos reproches a Arabia Saudita, pero no es lícito decir que financia al Estado Islámico. En la lucha contra el Estado Islámico, Arabia Saudita está de nuestro lado.


–¿Qué lugar ocupa el antagonismo entre chiítas y sunnitas en la aparición del Estado Islámico y en este conflicto?

–Existe una conexión, desde luego. En primer lugar porque el Estado Islámico prosperó con el rechazo a los sunitas en Bagdad y Damasco. El conflicto tiene, por consiguiente, una base confesional. Sin embargo, no comparto esa idea defendida por ciertas personas según la cual el mundo entero está separado entre sunitas y chiítas y que esta es la principal brecha. No. Por ejemplo, Irán ayudó a Hamás, que no es chiíta. Bashar al Assad es un alauita y un aliado estratégico contra el Irak de Saddam Hussein. En suma, la brecha existe pero no lo explica todo, excepto que cuando más pasa el tiempo esa brecha entre sunitas y chiítas se torna más importante.


–Ese terrorismo del Estado Islámico tiene otro perfil. ¿Cuál es la diferencia o la evolución entre el Estado Islámico y Al Qaida?

–La diferencia radica en que Al Qaida era una base presente en Afganistán pero no contaba con un territorio. El Estado Islámico cuenta con un territorio de 200 mil kilómetros cuadrados. Se trata de un terrorismo que es al mismo tiempo es territorializado y extraterritorial. El Estado Islámico ganó el combate contra Al Qaida. Las filiales que antes se aliaban a Al Qaida ahora se alían al Estado Islámico. Pero lo que cambia fundamentalmente es ese arraigo territorial a partir del cual el EI puede conseguir recursos que, por ejemplo, Al Qaida casi no tenía. El Estado Islámico obtuvo importante recursos exportando petróleo, o haciéndole pagar impuestos a las personas que viven en sus territorios. Ese dinero sirve para reclutar. El EI cuenta con un ejército de varias decenas de miles de hombres. Al Qaida nunca lo tuvo. En este sentido, el Estado Islámico es mucho más peligroso.


–Ese terrorismo de origen sunnita terminó por expandirse en Europa. Los atentados de París, en enero y noviembre de 2015, prueban que existe realmente un enorme problema, con varias cabezas.


–Sí, desde luego. Hemos sido alcanzados por el terrorismo, España en 2004, Gran Bretaña en 2005, Francia y Bélgica este año. La verdad consiste en admitir que un atentado puede tener lugar mañana mismo, en cualquier parte de Europa. Se pueden proteger 1000 lugares, pero los terroristas van a atacar el 1001. Es preciso integrar el hecho de que la amenaza persiste, sin plegarse a la paranoia ni cambiar de forma de vivir. Habrá que vivir con la amenaza terrorista como se vive con la amenaza de una enfermedad o de un accidente. Raymond Aron ya decía en 1962 que los terroristas tienen un impacto psicológico y mediático superior a su impacto estratégico. Nos golpearon, pero el país no fue invadido, no estamos de rodillas. Creo, sin embargo, que hablar tanto del terrorismo y los terroristas equivale a caer en la trampa que nos tienden. De lo contrario estamos dando la impresión de que los terroristas nos ganaron porque sólo hablamos de ellos. Habría que actuar más, y hablar menos para no suscitar nuevas vocaciones en personas que van a creer que son héroes. Cuando se muestran en primera plana las fotos de los terroristas eso les gusta. Siento que hace falta una reflexión colectiva acerca de un poco más de discreción mediática y política y mucha más acción, acción subterránea. De lo contrario, los terroristas se dirán: pusimos a Francia de rodillas, hay que continuar. Los atentados terroristas provocan muchas muertes, pero no borrar del mapa a Francia o la Argentina.


–A este pesado y sangriento antagonismo se le ha adherido otro: el que Occidente tiene con Rusia, que también juega su propio juego en el mapa de Medio Oriente. ¿No cree usted que, en Ucrania y otras repúblicas rusas a las cuales la Unión Europea les ofreció acuerdos estratégicos, Occidente provocó a Rusia sin medir demasiado las consecuencias? El presidente ruso siempre dice que, tras la caída del Muro de Berlín, Occidente no cumplió con sus promesas frente a Moscú.

–Está claro que hay responsabilidades occidentales, incluso si esto no exonera a Vladimir Putin de las suyas. Yo diría que nos perdimos el momento decisivo para construir un nuevo orden mundial. El momento exacto de ese corte remonta la cumbre del grupo de los 7, el G7, que tuvo lugar en julio de 1991. El dirigente soviético de entonces, Mijaíl Gorbachov, había aceptado sancionar a su aliado iraquí votando a favor de la intervención militar en Irak tras la invasión de Kuwait. Gorbachov antepuso el nuevo orden mundial a la protección de su aliado iraquí. En esa cumbre del G7 Gorbachov vino a pedir una ayuda de urgencia.

Francia y Alemania estaban de acuerdo, Estados Unidos y Japón no. Ambos apostaron por el otro dirigente ruso, Boris Yeltsin. En ese momento, Gorbachov les dijo: "Ustedes no me dan la ayuda, es la última vez que me ven a la cabeza de la Unión Soviética". Creo que la enorme responsabilidad que recae en Estados Unidos es haber preferido ser el ganador de la Guerra Fría en vez de ser el constructor de un nuevo orden mundial. Por eso a Washington le convino mucho Boris Yeltsin, que era un dirigente débil, que no estaba a la altura de un país como Rusia. Washington pensó que era más útil desmantelar el comunismo y terminó reemplazando un de- safío nacional ruso por un de- safío ideológico. En este sentido, Vladimir Putin, si bien es muy impopular en Occidente, en Rusia tiene dos categorías que lo apoyan: el consumidor y los patriotas rusos, quienes ya no tienen ese sentimiento de humillación.


–Otro de los grandes temas de la actualidad es el acuerdo entre Irán y las potencias tendiente a superar el diferendo a propósito del programa nuclear iraní. Es un hecho de grandes proporciones que parecía imposible.


–Se puede pensar que el acuerdo firmado con Irán el pasado 14 de julio es bueno porque evita la perspectiva de ataques contra Irán y también un Irán nuclear. A partir de ahora, todo consiste en saber si Irán se va a servir de ese acuerdo para seguir desestabilizando a sus vecinos o calmarse. En cuanto al tema de Irán y la Argentina, ese tema sobrepasa el marco bilateral. Todas las revelaciones sobre lo que ocurrió deben ser divulgadas. Es difícil escapar a los debates nacionales sobre las cuestiones internacionales. Lo que si se debe evitar es que se comprometa una acción internacional para sacar ventajas políticas partidistas.

–Concluyo con un tema de geopolítica latinoamericana. Hay nuevas autoridades en la Argentina, país que usted conoce, y se dio todo un debate sobre las alianzas regionales más idóneas: por un lado el Mercosur, por el otro un lazo más fuerte con Estados Unidos, sus políticas de libre cambio, o con la a Alianza del Pacífico. Digamos una política con la brújula puesta en la región y otra en Washington.

–La Argentina no puede cortarse de su medio ambiente regional. Sería un error dramático y no conforme a sus intereses. Se trataría de un error ideológico y la Argentina sería la primera víctima. En cuanto a si hay que estar en medio de los dos, pienso que la Argentina debe tener, claro está, relaciones con los Estados Unidos, pero como es un país más latinoamericano no creo que los argentinos acepten aparecer como demasiado dependientes de Estados Unidos.


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