Devastadora escena de cetáceos muertos. Foto Afp

Podrían haber ido a buscar comida cerca de la costa y quedaron atrapadas en una marea baja, posible causa

 

Sídney. Unas 230 ballenas pilotos fueron encontradas varadas ayer en la costa occidental de Tasmania, en Australia, y sólo la mitad parecían estar vivas, indicaron las autoridades. Esto ocurre dos días después de que aparecieron 14 cachalotes muertos en una isla cerca de la costa noroeste de ese estado.

El Ministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente precisó que los cetáceos están cerca del puerto de Macquarie. “Parece que la mitad de los animales están vivos”.

Las ballenas quedaron varadas justo dos años después del mayor incidente de este tipo en la historia de Australia, descubierto en la misma zona.

Unas 470 ballenas piloto de aleta larga, o calderones comunes, aparecieron atascadas en bancos de arena al oeste de la costa de Tasmania. Tras una semana de esfuerzos, 111 fueron rescatadas, pero las demás murieron.

La entrada a ese puerto es un canal peligroso y poco profundo, conocido como Hell’s Gate.

Linton Kringle, piscicultor de salmón en la zona, ayudó en las labores de rescate de 2020. Señaló que la nueva operación podría resultar más difícil.

“La última vez estaban en el puerto y es bastante tranquilo, y en cierto modo podíamos lidiar con ellas y llevar los barcos hasta donde están”, explicó a la Australian Broadcasting Corp.

“Pero en la playa, no se puede meter un barco; es poco profundo. Creo que habría que intentar subirlas a un vehículo si no podemos sacarlas nadando”, añadió Kringle.

Las imágenes aéreas mostraron una escena devastadora de decenas de cetáceos negros tendidos a lo largo de una playa donde el agua helada del sur se encuentra con la arena.

Grupos de lugareños cubrieron a las supervivientes con mantas y las rociaron con cubos de agua para mantenerlas con vida, mientras otras intentaban liberarse en vano. Más allá, muchas yacían muertas.

Las autoridades anunciaron que expertos en conservación marina y personal con equipo de rescate de ballenas se dirigen al sitio.

Tratarán de devolver al agua a las que estén lo suficientemente fuertes para sobrevivir, y probablemente remolquen los cadáveres mar adentro para evitar atraer tiburones a la zona.

Las causas de los varamientos masivos no son plenamente conocidas. Científicos han sugerido que podrían ser provocados por manadas que se desvían después de alimentarse demasiado cerca de la costa.

Las ballenas pilotos son altamente sociables y suelen seguir a sus compañeros de manada que se aventuran a situaciones de peligro.

A veces ocurre cuando ballenas viejas, enfermas o heridas nadan hasta la orilla y otros miembros de la manada las siguen, intentando responder a las señales de socorro de la ballena que se ha quedado varada.

Otras se confunden y creen que están en aguas abiertas al oír los sonar de alta frecuencia, cuando en realidad se encuentran en playas con pendiente pronunciada, como ocurrió con las ballenas varadas en Tasmania.

Esta semana también se habían encontrado 14 cachalotes machos jóvenes muertos, varados en una playa remota en King Island.

La muerte de los cetáceos podría ser un caso de “desventura”, apuntó el biólogo Kris Carlyon, de la agencia ambiental del gobierno estatal, al diario local Mercury.

“Podrían haber ido a buscar comida cerca de la costa y posiblemente quedaron atrapados en una marea baja”, agregó Carlyon. “Esa es la teoría por el momento”.

En la cercana Nueva Zelanda también suelen producirse varamientos.

Allí, cerca de 300 animales quedan varados al año, según cifras oficiales. No es extraño ver grupos de 20 a 50 ballenas piloto encalladas en una playa.

Lunes, 19 Septiembre 2022 05:27

Pureza

‘El sacrificio de Ifigenia’. Domenichino, 1609

Necesitamos un poco de religión no ascética que nos re-ligue al mundo y a los otros, aunque nos manchemos. Entre la pureza viciosa y la impureza complacida y ventajosa, está la limpieza, que es sobria pero no casta, alegre pero no cínica

 

Una leyenda apócrifa cuenta que Polirgasio, como Atanasio y Pafnucio, como Jerónimo y Antonio, se adentró en el desierto huyendo de las tentaciones de la ciudad. Pero las tentaciones, ya lo sabemos, lo siguieron hasta allí. Se construyó una choza de paja y todas las mañanas, cuando salía a rezar, una mujer escandalosamente viva se levantaba la falda y le mostraba el sexo hormigueante de luz. Polirgasio cerraba los ojos, se concentraba en el dolor de sus rótulas y musitaba jaculatorias; al cabo de unos días la mujer desapareció. Había vencido la tentación de la carne o, si se quiere, de los cuerpos. La lucha, sin embargo, continuó. Por las tardes, mientras vaciaba su cabeza de todas las imágenes residuales de su existencia anterior, un enanito sirio, hechura del diablo, le mostraba cofres abiertos rebosantes de joyas y monedas de oro. Con facilidad Polirgasio venció la tentación de la riqueza. Pero las cosas no acabaron ahí. A su lado se instaló a vivir otro eremita que repetía con maníaca fidelidad cada uno de sus gestos: sus ayunos, sus disciplinas, sus recogimientos en oración. Un día, al cruzarse en el sendero, Polirgasio, que se sentía frágil, le dijo: “Tú eres el demonio”. El eremita reaccionó sorprendido: “¿Cómo me has reconocido? ¡Si hago exactamente lo mismo que tú!”. Polirgasio le respondió: “Porque te enorgulleces de ello”. Polirgasio venció también la tentación del orgullo. Como quiera, en todo caso, que su alma no encontraba la calma, Polirgasio decidió subirse a una columna para acercarse a Dios y alejarse de la tierra, donde a veces sentía la tentación de tumbarse. Allí algunas mujeres de la aldea vecina le subían cántaros de agua y dátiles con una cuerda. Polirgasio bebió un trago y comió un dátil, pero enseguida sintió esa necesidad como una derrota y, asqueado de sí mismo, se impuso un ayuno total: venció también así las tentaciones de la sed y del hambre. Encima de la columna se quedó finalmente solo, cada vez más escurrido y exacto: venció también la tentación del recuerdo, la tentación del pensamiento e incluso la tentación de abrir los ojos y mirar el cielo.

Pero –ay– cuando alcanzó ese estado de perfección se sintió todo lo contrario de salvado. Enjuto por fuera, vacío por dentro, le alcanzó de pronto un estremecimiento de terror. Porque se dio cuenta de que había vencido todas las tentaciones sólo para sucumbir a la más grande y peligrosa: había cedido, sí, a la tentación de la pureza. Y esa no tenía ni curación ni redención.

Uno puede “desintoxicarse”, en efecto, de la adicción a la droga, al sexo, al alcohol, a la buena comida, al juego. Del vicio de la pureza no. En 1864 el poeta simbolista francés Stéphane Mallarmé comenzó un largo poema que le mantuvo mentalmente ocupado hasta su muerte en 1898, pero del que finalmente sólo quedó una Escena, con la que el autor aspiraba a quintaesenciar “una pureza que el hombre jamás ha alcanzado y jamás alcanzará”. Curiosamente, el poema, titulado Herodías, a veces rebuscado y de una viscosidad lingüística irresistible, ofrece una visión enfermiza de la pureza, identificada aquí –y ya veremos por qué– con la virginidad. Su protagonista, homónima del ambiguo personaje bíblico, mujer de Herodes y madre de Salomé, adúltera y asesina, es exactamente su contrario. Esta Herodías, pese a los réspices de su nodriza, ha decidido no exponer su belleza en público, sustraer su cuerpo a las miradas y las manos de los hombres, consagrar su vida a la contemplación orgullosa, nauseabunda, de su esterilidad. En unos versos extraordinariamente tangibles, confiesa: “Me gusta el horror de ser virgen y quiero/ vivir en el espanto que me da mi pelo”. Herodías ha escogido con placer –sucesión de sinestesias anfibias– el asco de sí misma; su pelo maravilloso, que solo ella puede ver y tocar, le produce por eso “espanto”, como si fuese un extraño animal que parasitase su cuerpo. Para que no quepa duda, en efecto, ni de su monstruosidad ni del deleite que la acompaña añade enseguida: “Para de noche, retirada en mi lecho, reptil/ inviolado sentir en la carne inútil / el frío titilar de tu claridad pálida”. Y acaba la estrofa con este orgasmo negro: “Tú que mueres, tú que ardes de castidad / noche en blanco de témpanos y nieve cruel”. La pureza ha convertido el cuerpo de Herodías en un reptil, una sabandija, un galápago seco al que ella alimenta y cuyo frío ardiente mete con ella en su cama hasta el amanecer. La pureza, porque nos encierra en nosotros mismos, nos convierte en otros; todo ser purificado descubre una araña peluda en su interior.

“Pureza” es un valor absoluto que no admite sinónimos, porque el sinónimo es ya una copia o, lo que es lo mismo, una pareja. Cualquier sinónimo degradaría su integridad original sin mezcla. ¿Quiénes son puros? Creo que este concepto puede asociarse históricamente a las antiguas prácticas sacrificiales. De hecho, ahora descartada esta etimología, durante siglos se aceptó que la palabra “puro” procedía del griego “pyros”, fuego, la hoguera en la que purificaban los pueblos sus pecados a través de la quema de un chivo expiatorio (de “pyros”, por cierto, viene también “piropo”: frase o mirada que enciende las mejillas). En el Levítico los judíos están obsesionados con la pureza de las víctimas ofrecidas a Yahvé: tienen que estar completas, no pueden faltarles un miembro, un órgano, un cabello. Abel, lo sabemos, cumplía los preceptos; Caín no; y es la impureza de Caín –expresada en sus sacrificios– la que abre, de algún modo, tras su crimen, la trágica historia del mundo actual. Los griegos, por su parte, no estaban menos obsesionados con la entereza o integridad de las piezas que ofrecían a los dioses en hecatombe o en holocausto. Cuando practicaban aún los sacrificios humanos, se inclinaban con frecuencia a escoger mujeres jóvenes para la pira sacrificial. ¿Por qué mujeres? ¿Por qué jóvenes? ¿En qué sentido están más “completas” que los hombres? Lo están, claro, antes de perder la virginidad; una vez perdida, se vuelven casi huecas y, en cualquier caso, muy imperfectas respecto de los hombres. Los mitos griegos abonan una y otra vez esta identificación entre virginidad y pureza sacrificial que el poema de Mallarmé explora con poético repelús. Doncellas son las mujeres que manda Atenas para alimentar en Creta al Minotauro; doncellas son las que llevan en procesión las ofrendas al Partenón, el templo de las vírgenes, según su estricto significado (reparemos en el término científico “partenogénesis” o reproducción asexuada). O pensemos en la pobre Ifigenia sacrificada por su propio padre. ¿Por qué, de entre todos los pasajeros del barco detenido en su regreso a Micenas, había que escoger justamente a la hija de Agamenón? Su madre, Clitemnestra, de haber estado presente, no habría servido en ese trance y no porque en esos momentos estuviese compartiendo el lecho matrimonial con su amante Egisto, sino porque había sido madre. Ifigenia, en cambio, era una mujer completa; es decir, pura. Es decir, virgen. 

Así que la idea antigua del sacrificio ha cosido en el imaginario occidental la idea moral de pureza y la física de virginidad. Virgen María Purísima, en este sentido, es un pleonasmo y el culto mariano se mueve entre la defensa primitiva de la virtud femenina, ruinosa para la Iglesia en el siglo XXI, y el oxímoron de su maternidad: la idea absurda, escandalosa y al mismo tiempo bella de unir en un solo cuerpo a Ifigenia y Clitemnestra, a la doncella intocada y a la madre táctil. No hay vírgenes madres ni madres puras. Pero por esta vía irracional y contralingüística Herodías sale de su alcoba y María, como dice el teólogo suizo von Balthasar, se vuelve “doble”, pues ella es dos en un solo cuerpo: el suyo y el de su hijo, al que, una vez nacido, toca, lava y da de comer de sus propios pechos. De esta manera, por primera vez, también la “pureza” se vuelve compatible con los cuerpos tocados, trabajados, envejecidos, paridos y parturientos. La prueba de que hemos conseguido alejarnos un poco de ese mundo sacrificial primitivo, donde la pureza conserva el himen femenino para el fuego o el cuchillo (y en el que sigue atrapado el cristianismo), nos la ofrece el uso de expresiones banales como “pura lana virgen”, “aceite virgen de oliva” o “tierras y selvas vírgenes”, en las que en todo caso, como veremos, permanece el sentido concomitante e inquietante del término: el de una sustancia sin mezcla.

La “pureza” no tiene sinónimos, pero sí ideas o prácticas subsidiarias. Una es la “castidad” y la otra, de la que la castidad forma parte, el “ascetismo”. Es muy difícil pensar en la castidad –que es virginidad sin género– sin sentir y caer en la tentación de evocar la “casta”, palabra cuyo origen etimológico, sin dilucidar, nos mantiene, en todo caso, en el mismo recinto. Para unos procede del germanismo “kast”, que quiere decir “linaje”; para otros del latín “castus”, que quiere decir precisamente “puro”. Como sabemos, este término hispanoportugués pasó a la India, donde sirvió para categorizar el sistema de regulación social del mismo nombre, jerárquico y excluyente. Pero en España había servido antes para nombrar las tres religiones (cristiana, musulmana y judía) que “convivían” en suelo hispano; y “casticismo”, antes de Unamuno, se empleaba para reivindicar la “pureza de sangre” del cristiano viejo frente a moriscos, marranos y herejes en general. La “pureza de sangre” –explorada hasta tres generaciones– fue la maldición de la historia de España y la maldición de la historia de Europa antes y durante la II Guerra Mundial, en la forma conocida e infamada del nazismo pero también en la veste de eugenesismos varios, algunos pretendidamente científicos. Hoy regresa, en excipiente cultural, en nombre del supremacismo “blanco”, responsable –como la pureza yihadista– de muertes y persecución en todo el mundo.

La castidad forma parte, en todo caso, de las prácticas asociadas al “ascetismo”, un término griego que podría traducirse literalmente como “atletismo” si su actividad gimnástica no se situase, de algún modo, fuera del mundo. Nietzsche, del que no soy muy devoto pero que a veces dice cosas interesantes, odiaba el ascetismo, que asociaba con el nihilismo y la “mala conciencia”. Con poco rigor antropológico, venía a decir que el hombre “primitivo” exteriorizaba sus impulsos elementales a través de la sana violencia y la saludable crueldad proyectada sobre sus semejantes. Es –diríamos– el momento de los sacrificios humanos. Luego, en una primera contracción humanista, la víctima humana fue sustituida por la víctima animal, como ilustraría el conocido pasaje del sacrificio de Isaac. Por fin, del sacrificio humano y el sacrificio animal se habría pasado al “autosacrificio”, que es lo propio –diría Nietzsche– del cristianismo: la represión e interiorización de los instintos de la que habrían nacido el “alma” y la “conciencia”. Nietzsche no vería en este proceso ningún progreso sino una “pérdida de mundo”. En términos descriptivos tiene razón. Frente al sacrificio humano y animal, que reclama víctimas puras o completas, el ascetismo que –es también budista, hinduista y musulmán– aspira a la completud a través del despojamiento y la privación: siempre se está quitando algo, como Polirgasio: sexo, comida, bebida, abrigo, compañía. Por eso su lugar geográfico ha sido tradicionalmente el desierto, del que han desaparecido ya todas las cosas –pues son las cosas la tentación misma. Para estar completo, en definitiva, hay que reducir las mediaciones, eliminar adherencias, quedarse solo. Así la pureza, que no admite mezclas, nos lleva a la soledad de Herodías en su lecho sin nupcias; y a la de Polirgasio en su columna pelada bajo el sol. La virginidad, forma extrema de ruptura carnal con el otro, de negativa a la mezcla de fluidos (“con lenguas, brazos, pies y encadenados”), expresa este contemptus mundi mediante el cual la pureza se acaba identificando con la soledad. O requiere, en todo caso, la soledad del cuerpo y del alma: la soledad radical: la ruptura de todos los vínculos con el mundo.

 (Diremos, entre paréntesis, que “pureza” es una palabra bonita, pero que más bonita es “cereza”, plenamente consonante, aunque para nada “pura”: porque las cerezas enrojecen y maduran de dos en dos).

(En un segundo paréntesis añadiremos que este “quitarse cosas”, muy propio de los gnosticismos, fue frenado por la ortodoxia católica, que promovió y limitó el ascetismo. El gran escritor Orígenes, muerto a mediados del siglo III, sería hoy santo si, en su ambición de pureza, no hubiese llegado al extremo de castrarse. Los cátaros (los “puros” en griego), que se dejaban morir de inanición para liberar así el dios que llevaban dentro, fueron exterminados por la Iglesia en el siglo XIII. Pero la ortodoxia también combatió, del otro lado, a los carpocracianos, una secta gnóstica del siglo II que practicaba el oxímoron teológico en una dirección muy alejada de la Trinidad y del culto mariano: consideraban, en efecto, que la purificación, y el máximo conocimiento, solo podían alcanzarse a través del pecado, lo que les llevó, según Ireneo de Lyon y Clemente de Alejandría, a predicar la libertad sexual y declarar la comunidad de mujeres y de bienes).

(Y en un tercer y último paréntesis aduciremos que hoy, tras el sacrificio humano, el sacrificio animal y el autosacrificio, hemos alcanzado una cuarta fase en la que la soledad asociada al capitalismo consumista induce en los humanos dos formas de reacción psicológica, no necesariamente incompatibles entre sí: la culpabilización y el victimismo: uno mismo es culpable de su propio fracaso económico y social y uno mismo es siempre víctima irresponsable de la violencia del otro, que nos purifica de toda tacha o error en el ámbito personal: me too).

Sea como fuere, no hemos conseguido aún separar la pureza de esta constelación primitiva en la que ascetismo, castidad, completud y sacrificio se dan la mano. Toda aspiración a la pureza adopta enseguida una forma religiosa. Religiosa es la religión, desde luego, pero también es religiosa la supremacía racial. Como religiosa es en general la pureza ideológica, y eso incluye tanto a ciertas interpretaciones del marxismo como a ciertas variantes del feminismo, hasta tal punto obsesionadas con guardar el templo (lo que etimológicamente significa “fanatismo”) que acaban deslizándose, apenas tienen ocasión, hacia el puritanismo y la represión. Stalin –contra la primera constitución de Lenin– prohibió el aborto e impuso una feroz heteronormatividad sexual. Un sector del feminismo más “izquierdista” intenta, por su parte, dictar e imponer, como la propia Iglesia, una “forma correcta de desear” y “una forma correcta de amar”; y un sector del feminismo más “misándrico” exalta la “independencia sexual” respecto del hombre –en favor de la masturbación, forma superior del placer sexual– como si la sexualidad, como la ternura, no fuera necesariamente dependencia entre cuerpos e incluso una forma feliz y dolorosa de “tiranía del otro”. A Polirgasio y Herodías, en tiempos de transición o derrumbe civilizacional, se puede llegar por distintas vías.

Ahora bien, mucho cuidado. La pureza puede ser un vicio, pero eso no quiere decir que la impureza sea una virtud: es sencillamente un hecho, el hecho –precisamente– que iluminan y contra el que se rebelan las prácticas ascéticas. Por eso mismo se puede aspirar a la pureza pero no se puede aspirar a la impureza. Uno puede luchar contra la realidad (lo que a veces es necesario) y uno puede complacerse en ella: se llama realismo y a menudo obstaculiza las transformaciones o las conservaciones humanas. “El que desea y no obra engendra pestilencia”, decía el poeta, pintor y místico inglés William Blake, en una sintética formulación nietzscheana que tenía mucho sentido en el siglo XIX, en pleno fervor revolucionario contra el ancien régime moralesco, mortalmente opresivo para tantas Herodías maniatadas frente al espejo, pero que hoy, en el vórtice consumista y neoliberal, hay que evitar tomarse al pie de la letra. No hay que poner en obra, no, todos nuestros deseos: no, desde luego, los que tienen que ver con la violencia y la crueldad “primitivas” proyectadas contra el otro. Tampoco los que erosionan nuestra frágil residencia en la Tierra. En tiempos de crisis estructural o civilizacional (ocurrió ya entre los siglos I y IV), la humanidad suele dividirse entre los aspirantes ascéticos a la pureza total y los ventajistas sin escrúpulos arrellanados en la impureza; entre los Polirgasios y las Herodías, por un lado, y los Nerones y los Heliogábalos por el otro. ¿Habrá un equilibrio entre los dos?

Está la “pereza”, por ejemplo, consonante con la “pureza”, que a veces nos impide obrar mal por falta de fuerzas, pero está sobre todo la “limpieza”, también consonante y que alguien podría reprocharme haber olvidado como sinónimo de “pureza”. Pero es que “limpieza” no es sinónimo ni aledaño ni afín: es todo lo contrario. Es su antónimo. Mientras que el puro tiene que separarse del mundo y de los demás para permanecer incólume, sin tacha ni mezcla, solo e idéntico a sí mismo, el limpio se deja limpiar por el otro mientras barre el umbral de su casa. Todos lo sabemos: frente al horror contaminante de la violación y al “espanto que me da mi pelo”, hay caricias que limpian. Aún más: solo las caricias –y no el jabón o el agua– limpian de verdad. Ítem más: si hay alguna posibilidad –si la hay– de estar limpio es siempre a través de las manos o los ojos de otro. El gran poeta alemán Heinrich Heine, gran amigo de Marx, escribió en un poema: “Las mujeres recobraban la virginidad entre mis brazos”. Alguien podría escandalizarse pensando en una machista defensa de la virginidad, al modo del paraíso musulmán, pero Heine está proclamando más bien los efectos reparadores, purificadores, detersivos, del amor. El otro limpia; lo otro limpia. Le decía Kafka al joven Gustav Janoush al final de su vida: “El mundo es muy grande y estamos obligados a mirarlo por una mirilla muy pequeña. Por eso hay que mantenerla siempre limpia”. No es el cuerpo ni el alma ni el deseo ni el pensamiento lo que hay que mantener limpios; es la mirilla. De ello depende el buen amor y el buen juicio y hasta el buen periodismo.

Necesitamos, pues, un poco de religión no ascética que nos re-ligue al mundo y a los otros, aunque nos manchemos y tengamos que lavarnos luego las manos en las manos de un amigo o de un amante. O aunque nos cueste la vida. Entre la pureza viciosa y la impureza complacida y ventajosa, está la limpieza, que es sobria pero no casta, alegre pero no cínica, combativa y dependiente, pero ni sacrificial ni represiva. Billy Bud, el marinero de Melville ahorcado por matar a un oficial, era un hombre “limpio”. También lo era el príncipe Mishkin, el personaje de Dostoievski, aunque su novia Aglaia pudiera reprocharle con razón: “Usted solo busca la verdad y así es injusto”. Y lo era, desde luego, la pequeña Mick Kelly, la niña de McCullers que amaba la música y estuvo a punto de matar a su hermano. Polirgasio no es limpio; tampoco Herodías, porque es la soledad ascética (y la neoliberal) la que engendra pestilencia. Hay que imaginarse, pues, a la reina judía mojando su pelo por fin en los ojos y los dedos de otro; y a Polirgasio (que me he inventado yo) bajando de su columna para ir a lavarse la cara en el Jordán primero y el pecho después en el dolor y la alegría de sus semejantes. Ni pureza ni impureza: limpieza: ese ejercicio no ascético del ama de casa que barre sin parar el umbral del mundo. O lo que es lo mismo: nuestra mirada. 

Impurísima tú, casi perfecta.

De ese “casi”, moreno y tangible, pende mi vida. 

17/09/2022

Por Santiago Alba Rico. filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. Sus últimos dos libros son "Ser o no ser (un cuerpo)" y "España".

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La ley como vida -Una mirada a Carta a los Romanos.

Hace 5.000 años en El libro de los muertos de Egipto, Osiris juzgaba a los muertos preguntándoles ¿qué has hecho de bueno?, uno de los muertos interrogados sorteando el obstáculo del juicio declaró, “He dado de comer al hambriento, de beber al sediento, he dado un vestido al desnudo y una barca en el Nilo al peregrino”.

 

En este sentido, el muerto fue declarado libre de pecado, porque ha actuado justamente, siendo calificado de justo.

 

Visto desde las Epístolas de Romano 2:13 “No basta conocer la ley para ser justo (diakaioi)ante Dios, hay que obrar la ley para estar justificados (diaiothesontai).

 

En la antigüedad, desde los tiempos egipcios-griegos, en la ley romana y la torah judía, el sentido de la ley fue el criterio tenido por todos como vigente para la justificación del agente y su praxis que gobierna como imperativo fundamental para vivos o muertos que en palabras de Enrique Dussel en términos prácticos tiene la función“, de dar conciencia del pecado (Epigniosis) o en otras palabras la ley determina un limite o marco a la voluntad, juzgando lo que es justo de lo que es perverso”.

 

Pero para Enrique Dussel en su interpretación hermenéutica de “Carta a los Romanos” de Pablo de Tarso, puede haber un momento en que la ley puede fetichizarse y volverse en el juguete preferido en manos de fundamentalistas o corruptos, entonces se corrompe y entra (la ley) en contradicción consigo misma y pierde legitimidad en medio de la legalidad. Pierde legitimidad cuando se vuelve el fundamento único y ultimo de la justificación y se coloca por encima de las vicisitudes de la vida misma.

 

En este sentido, Dussel apoyándose en la obra “El grito del sujeto“ de Hinkelamert, quien se refiere al Evangelio de San Juan, muestra que Joshua ben Josef (Jesús), sanó a un ciego en sábado (día en que según la ley judía no podía realizarse ninguna obra) por lo que fue reprendido por los observadores de la ley. Aquí la situación es clara en relación a la ley y la vida: Jesús transgredió la ley para sanar a un enfermo y los que se opusieron a ese acto lo hicieron a nombre del cumplimiento de la ley, ante lo cual Jesús se opone reprochando el pecado –de no ayudar al prójimo– a aquellos que están exigiendo el cumplimiento de la ley.

 

En su interpretación, Dussel muestra que para el fundador del cristianismo la nueva categoría a tenerse en cuenta en adelante por parte de la ley, es la vida como fundamento último.

 

Esto que significa su inversión es lo que critican tanto Jesús como Pablo de Tarso. Este último muestra su ambigüedad al decir “Yo no sabia qué era el deseo, hasta que la ley me dijo: no desearás. Entonces el pecado tomado como fundamento el mandamiento provoco en mi toda clase de deseos“ (Romano 7:7-8).

 

La ambigüedad de la ley lleva a que esta se vuelva represiva. Freud, a principios del siglo XX, también se dio cuenta de eso al observar como en las escuelas de Viena a niños y niñas no se les permitía tener ciertos tipos de juegos, que no se abrazaran y cogieran mucho de las manos, que no entraran juntos al baño… etc., mientras tanto la ley decía que la sexualidad infantil no existía, entonces escribió “Tres ensayos sobre la sexualidad“, en uno de sus apartes dijo “La ley prohíbe, lo que previamente declara que no existe”.

 

En este entendido, dicho coloquialmente, la ley está llena de “micos”, de “leguleyadas” o de jugaditas. Sócrates murió bajo la ley injustamente, pero se le atribuyó a los jueces la mala interpretación de la misma, igualmente Jesús murió bajo la ley, pero en cambio se le atribuyó a la ley en sí la causa de su muerte.

 

La justificación de un acto justo, de un acto bueno, no lo establece la ley necesariamente en su estatuto de legalidad. El caso del salario mínimo legal, por citar un ejemplo, no es justo cuando se constata que no alcanza para vivir bien como corresponde, a lo sumo alcanza para mal vivir. Pero eso es lo legal, aunque sea ilegitimo, es decir perverso.

 

Si le preguntáramos a un político o empresario, ¿cómo harían para vivir en estas condiciones siquiera un mes?, nos dirían al unisono ¡que es imposible, que no se puede!

Es hora que estos señores, en lugar de alabar a Jesús o a Pablo de Tarso, pasen a imitarlos.

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El propósito final es contar con sistemas que generen una cantidad suficiente de ese gas para mantener a los humanos en el planeta rojo y traerlos de vuelta. Foto Europa Press

El instrumento alcanzó su objetivo: seis gramos por hora, más o menos lo que genera un árbol en la Tierra

 

El experimento Moxie, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, consiguió producir oxígeno en la atmósfera de Marte, en lo que constituye la primera demostración de uso de recursos in situ en el planeta rojo y un paso clave en el objetivo de enviar humanos a una misión marciana, anunciaron los investigadores en la revista Science Advances.

El Experimento de Utilización de recursos in situ de Oxígeno de Marte (Moxie) fabricó con éxito oxígeno a partir de la atmósfera marciana rica en dióxido de carbono desde febrero de 2021, cuando arribó a la como parte de la misión del Perseverance de la NASA.

Los investigadores informan que, a finales del año pasado, Moxie fue capaz de producir oxígeno en siete carreras experimentales, en una variedad de condiciones atmosféricas, incluyendo durante el día y la noche, y a través de diferentes estaciones marcianas. En cada una de las pruebas, el instrumento alcanzó su objetivo de producir seis gramos de ese elemento por hora, más o menos el ritmo de un árbol modesto en la Tierra.

Los investigadores prevén que una versión ampliada de Moxie podría enviarse a Marte antes de una misión humana, para producir de forma continua oxígeno al ritmo de varios cientos de árboles. Con esa capacidad, el sistema generaría lo suficiente para mantener a los humanos una vez que lleguen y alimentar un cohete que devuelva a los astronautas al planeta azul.

De momento, la producción constante de Moxie es un primer paso prometedor hacia ese objetivo. "Hemos aprendido mucho que servirá de base para sistemas a mayor escala", señaló Michael Hecht, investigador principal de la misión en el Observatorio Haystack del MIT.

La producción de oxígeno en Marte también representa la primera demostración de la “utilización de recursos in situ”.

"Se trata de la primera demostración de utilizar realmente recursos en la superficie de otro cuerpo planetario y transformarlos químicamente en algo que sería útil para una misión humana. Es histórico en ese sentido", resaltó Jeffrey Hoffman, investigador principal adjunto de Moxie y profesor de esta práctica en el Departamento de Aeronáutica y Astronáutica del MIT.

Entre los coautores en ese instituto se encuentran los miembros del equipo de Moxie Jason SooHoo, Andrew Liu, Eric Hinterman, Maya Nasr, Shravan Hariharan y Kyle Horn, junto con colaboradores de múltiples instituciones, incluido el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, que gestionó el desarrollo, el software de vuelo, el embalaje y las pruebas de Moxie antes del lanzamiento.

La versión actual del instrumento es pequeña por diseño, para que quepa a bordo del robot, y está construida para funcionar durante periodos cortos, arrancando y apagando con cada carrera, dependiendo del programa de exploración y de las responsabilidades de la misión, pero una fábrica de oxígeno a gran escala incluiría unidades más grandes que, idealmente, funcionarían de forma continua.

A pesar de los compromisos necesarios en el diseño actual del artefacto, éste ha demostrado que puede convertir la atmósfera de Marte en oxígeno puro de forma fiable y eficiente. Para ello, primero aspira el aire marciano a través de un filtro que lo limpia de contaminantes, se presuriza y se envía a través del electrolizador de óxido sólido, instrumento desarrollado y construido por OxEon Energy, que divide electroquímicamente el aire rico en dióxido de carbono en iones de oxígeno y monóxido de carbono.

A continuación, los iones de oxígeno se aíslan y se recombinan para formar oxígeno molecular respirable, u O2, cuya cantidad y pureza se mide en el Moxie antes de devolverlo al aire de forma inocua, junto con el monóxido de carbono y otros gases atmosféricos.

Desde la llegada del robot, en febrero de 2021, los ingenieros han puesto en marcha el instrumento siete veces al año marciano, cada vez tarda unas horas en calentarse y luego otra hora en fabricar oxígeno antes de volver a apagarse. Cada ejecución se programó para una hora diferente del día o de la noche, y en diferentes estaciones, para ver si podía adaptarse a los cambios en las condiciones atmosféricas.

“La atmósfera de Marte es mucho más variable que la de la Tierra –destacó Hoffman–. La densidad del aire puede variar en un factor de dos a lo largo del año, y la temperatura en 100 grados. Queremos demostrar que podemos funcionar en todas las estaciones.”

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Concentración de gases de efecto invernadero es la más alta en un millón de años

Evidencia científica convincente de que el cambio climático tiene impactos globales y no da señales de desaceleración, dice informe

Washington. La concentración atmosférica de gases de efecto invernadero y los niveles del mar alcanzaron nuevos récords en 2021, señala un informe del gobierno de Estados Unidos, elcual muestra que el cambio climático avanza a pesar de los esfuerzos para frenar las emisiones.

"Los datos presentados en este informe son claros: seguimos viendo más evidencia científica convincente de que el cambio climático tiene impactos globales y no muestra señales de desaceleración", afirmó Rick Spinrad, quien dirige la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).

El aumento en los niveles de gases de efecto invernadero se produce a pesar de una disminución de las emisiones de combustibles fósiles el año anterior, cuando gran parte de la economía mundial se desaceleró drásticamente debido a la pandemia de covid-19.

La agencia estadunidense indicó que la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera se situó en 414.7 partes por millón (ppm) en 2021, 2.3 ppm más que en 2020.

El nivel es "el más alto en al menos el pasado millón de años según los registros paleoclimáticos", indicó el informe anual sobre el estado del clima dirigido por científicos de la NOAA.

El nivel del mar del planeta aumentó por décimo año consecutivo, llegando a un nuevo récord de 97 milímetros por encima del promedio en 1993, cuando comenzaron las mediciones satelitales.

El año pasado estuvo entre los seis más cálidos registrados desde mediados del siglo XIX, y los anteriores siete fueron los más calurosos registrados, precisó.

La cantidad de tormentas tropicales también estuvo muy por encima del promedio el año pasado, incluido el tifón Rai, que mató a casi 400 personas en Filipinas en diciembre, e Ida, que arrasó el Caribe antes de convertirse en el segundo huracán más fuerte en azotar el estado estadunidense de Luisiana después de Katrina.

Entre los eventos extraordinarios que cita el informe, destaca que los célebres cerezos de Kioto, en Japón, florecieron en 2021 más temprano que nunca desde 1409.

Los incendios forestales, que también se prevé que aumenten debido al cambio climático, fueron comparativamente bajos respecto de los años asados, aunque hubo incendios devastadores tanto en el oeste de Estados Unidos como en Siberia.

El informe se divulgó poco después de que un estudio afirmó que la capa de hielo de Groenlandia está a punto de derretirse a niveles peligrosos. Eso podría provocar serios perjuicios a zonas del mundo donde habitan cientos de millones de personas.

El planeta sigue muy lejos de la meta fijada por el Acuerdo de París en 2015 de limitar el calentamiento global a 1.5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales y de esa forma evitar los peores efectos del cambio climático.

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De izquierda a derecha están los fémures de Sahelanthropus tchadensis, un humano moderno, un chimpancé y un gorila. Foto Ap

 El Sahelanthropus tchadensis es el representante más antiguo de la humanidad, revelan paleontólogos

 

París. Tumai, el más antiguo representante conocido de la humanidad, caminaba con dos pies hace 7 millones de años, pero aún sabía trepar a los árboles, según un estudio publicado ayer en Nature, basado en tres huesos de un ejemplar de su especie, Sahelanthropus tchadensis.

La historia comenzó en Toros-Menalla, en el norte de Chad, cuando en 2001 un equipo de la misión paleoantropológica franco-chadiense descubrió un cráneo.

Sahelanthropus tchadensis, Tumai, desaloja entonces a Orrorin tugenensis, de 6 millones de años y descubierto en Kenia, como el más antiguo representante de la humanidad.

La posición del orificio occipital en el cráneo de Tumai, con una columna vertebral situada bajo el cráneo y no detrás como en los cuadrúpedos, lo coloca como primate bípedo. Algunos epecialistas cuestionaron esta conclusión, con el argumento sobre el estado incompleto del fósil.

La investigación resalta que la forma del cráneo sugiere una estación bípeda y su descripción de tres huesos de las extremidades del Sahelanthropus confirma el bipedismo habitual, pero no exclusivo.

La adquisición del bipedismo se considera un paso decisivo en la evolución humana. El equipo, en el que participan investigadores del Centro Nacional para la Investigación Científica y la Universidad de Poitiers, en Francia, junto a paleontólogos de la Universidad de Yamena y el Centro Nacional de Investigación para el Desarrollo, en Chad, examinó tres huesos de las extremidades del Sahelanthropus tchadensis.

Refuerza la idea de que el bipedismo se adquirió muy pronto en nuestra historia, en una época todavía asociada a la capacidad de desplazarse sobre cuatro extremidades en los árboles.

“El cráneo nos dice que Sahelanthropus pertenece al linaje humano”, explicó el martes Franck Guy, paleoantropólogo y uno de los autores del estudio. Se demuestra que "el bipedismo era su modo de locomoción preferido", agregó en conferencia de prensa.

Este bipedismo "habitual aunque no exclusivo, se acompañaba de un poco de arboricolismo", o sea, la capacidad de desplazarse en los árboles. Una herencia del hipotético ancestro común al linaje humano y a los chimpancés.

El equipo hace la demostración con el estudio detallado de un fémur y de dos huesos del antebrazo, unos cúbitos, los que nunca se sabrá si eran los correspondientes a Tumai, pero que fueron hallados en el mismo sitio y pertenecen a los de un homínido, del linaje humano.

Los científicos de la misión franco-chadiana estudiaron de forma exhaustiva los huesos durante años, con pruebas y medidas. Identificaron 23 trazos morfológicos y funcionales, antes de compararlos con los de otros homínidos y grandes monos actuales y fósiles.

Su conclusión es que "el conjunto de esos rasgos de carácter es mucho más cercano a lo que se observa en un homínido que en cualquier otro primate", agregó Guillaume Daver, paleoantropólogo del equipo.

Por ejemplo, cuando en función cuadrúpeda un gorila o un chimpancé –el más cercano primo del hombre– camina apoyándose en la parte exterior de las falanges, eso no se observa en el Sahelanthropus.

El individuo, cuyos huesos fueron estudiados, pesaba entre 43 y 50 kilos. El paisaje desértico y desnudo que acoge en la actualidad sus restos mezclaba en su época bosques de palmeras y sabanas húmedas, marco favorable para la marcha y la cuadropedia de "precaución" entre el follaje.

El estudio aporta “una imagen más completa de Tumai y de los primeros humanos”, subrayó a Afp Antoine Balzeau, del Museo Nacional de Historia Natural, al elogiar un trabajo "muy consistente".

Esto da argumentos suplementarios a quienes abogan por una evolución muy "arborescente" del linaje humano, con múltiples ramas, lo que se enfrentaría a una "imagen simplista de humanos que se suceden, con capacidades que mejoran a lo largo del tiempo", destacó Balzeau.

Lo que hacía del Sahelanthropus un humano era su capacidad para adaptarse al medio ambiente, según los investigadores de Palevoprim.

(Con información de Europa Press)

Solidaridad interespecies para una transición justa

En 2019 Will Kymlicka reflexionaba en un texto publicado por New statsment (1) sobre por qué consideraba a los defensores de los animales los “huérfanos de la izquierda”. En ese texto, Kymlicka definía de modo amplio el objetivo de los diferentes proyectos de izquierdas como la protección de los vulnerables frente a la explotación de los poderosos. Es por ello que agradezco enormemente a Viento Sur por ofrecer este espacio y a Juanjo Alvárez por tratar el tema en su libro De animales y clases, porque gracias a ellos somos un poco menos huérfanos.

Con todo lo que sabemos hoy sobre la sensibilidad, capacidad cognitiva, complejidad de sus relaciones y de la capacidad comunicativa de los animales (asunto sobre el que reflexionaba Nuria del Viso en esta misma casa (2), resulta difícil argumentar por qué los animales no deberían estar incluidos dentro de ese proyecto amplio de las izquierdas. A día de hoy además, para poder pensar en la protección de los vulnerables es imprescindible hacerlo en el marco de la crisis ecosocial que atravesamos, dado que pone en riesgo la existencia de todos los habitantes del planeta, y esto no se puede hacer sin una mirada anticapitalista, puesto que ha sido esta forma de actividad productiva y organizativa humana la que ha provocado la crisis ecológica en la que nos encontramos. El capitalismo, que nos trata a todos, animales humanos y animales no humanos, como recursos de usar y tirar con el único objetivo de la acumulación de beneficio y crecimiento infinito, es el que está devastando los ecosistemas en los que viven los animales salvajes y que sustentan toda forma de vida en el planeta, también la nuestra. Esta crisis ecosocial (que incluye el cambio climático pero también otras facetas relacionadas, como por  ejemplo la sexta extinción de especies) es el mayor reto al que nos hemos enfrentado históricamente, y afecta también a los animales.

Compartimos planeta con el resto de especies animales y, como decía Greta Thunberg, nuestra casa, que es la suya también, está en llamas, por lo que el ecologismo y el anticapitalismo necesitan de una mirada animalista para ser verdaderamente justos, ya que los humanos (aunque no todos por igual) hemos sido el motor de esta devastación y sobre todo, somos los únicos capaces de organizar medudas para frenarla.

Es indispensable que el animalismo, en la situación actual, incluya una perspectiva ecologista y sobre la protección de ecosistemas porque dentro de las condiciones mínimas para garantizar una vida digna para los animales es requisito innegociable (como para los humanos) que el planeta sea habitable.

El capitalismo es poderoso y hace falta una articulación social amplia en torno a objetivos en común, se necesitan coaliciones y alianzas frente al sistema que pone en riesgo la supervivencia de todos. Con todo lo que sabemos hoy, la punta de lanza de esas luchas en común y de los objetivos que pueden compartir tanto el movimiento animalista como el ecologista debería ser la industria ganadera. El devastador impacto medioambiental de la ganadería es ampliamente conocido desde que en 2006 la FAO lanzó el informe “La larga sombra del ganado” (3), y desde entonces no ha parado de acumularse información sobre ello. En terreno patrio, el Ministerio de Consumo emitió este mismo año un informe (4) sobre el impacto de los consumos de los españoles, siendo la alimentación el área que mayor impacto produce, y siendo lo que dispara ese impacto en gran medida el consumo de carne.

Pero no se puede olvidar que las víctimas directas de esta industria que indirectamente nos está perjudicando a todos (humanos, ecosistemas, animales salvajes) son los animales considerados de consumo. Si como anticapitalistas ponemos la mirada sobre la propiedad privada y la mercantilización de la vida es difícil no cuestionar la mercantilización, una de las más brutales, que sufren estos animales, cuya vida es arrebatada para despiezar y convertir sus propios cuerpos en productos consumibles.

Y los animales no son los únicos explotados por esta industria ya que se necesitan trabajadores para mantenerla funcionando, fundamentalmente en los mataderos (5). Es sorprendente que estos sean tan frecuentemente olvidados a la hora de pensar en una transición justa para trabajadores de industrias de gran impacto ecológico que es necesario replantear para abordar la crisis ecosocial. Más aún siendo además esta una industria donde trabajan en condiciones mucho más precarias que otras como la automovilística, no solo en cuanto a condiciones económicas, horarias, etc., sino incluso en cuanto a su propia seguridad vital, trabajando a velocidades vertiginosas con cuchillos e instrumentos cortantes para poder mantener el ritmo exigido de producción. Estas condiciones podrían ser mejorables, incluso dignas, en otro sistema que no priorizase el beneficio por encima de todo, pero hay una característica indisoluble del trabajo realizado en los mataderos, y es que, como su propio nombre indica, consiste en matar. Se mata a animales que quieren vivir, están asustados y se resisten, y eso tiene un impacto psicológico y emocional sobre quien se ve abocado a realizar esa tarea que no se puede disociar de ese trabajo por mucho que mejorasen las condiciones en las que se realizan. Se trata, por todo lo anteriormente mencionado, de un sector de trabajadores especialmente vulnerable, siendo en muchos casos migrantes, en ocasiones irregulares, y en general trabajadores que tienen difícil acceder a otros empleos y es por eso que tienen que aceptar las penosas condiciones del trabajo en mataderos. Cualquier plan de transición ecosocial verdaderamente justa, con la mirada en los ecosistemas, los animales y los trabajadores, debería poder plantear salidas para esta industria.

Con todo lo anterior, y aunque los argumentos morales y éticos para oponerse a la explotación animal son legítimos, dada la urgencia con la que tenemos que acometer cambios a gran escala para enfrentar la emergencia ecosocial, es necesario pensar en medidas políticas y colectivas en la lucha contra la industria ganadera. Hay algunas vías ya señaladas en ese sentido, como el cuestionamiento de las millonarias subvenciones públicas por parte de la UE a la ganadería industrial (6) o la promoción (hasta hora no solo inexistente sino incluso penalizada como elección) de las dietas vegetales en instituciones públicas. Pero esto no es incompatible con los cambios individuales, ya que sí queremos conseguir transformaciones en el modelo alimentario general, estas van a repercutir necesariamente en nuestros hábitos. Aunque las medidas individuales nunca deberían sustituir a las políticas y colectivas, el cambio de hábitos puede favorecer la normalización de dietas vegetales a nivel sociocultural, puede mitigar la impotencia y el desvalimiento frente a la emergencia ecológica otorgando un papel activo frente a una de las áreas en las que el impacto individual es mayor (7), mientras se favorece el cuestionamiento y la conversación social al respecto de la explotación animal.

Por terminar, el valor fundamental en el que apuntalar una transición ecosocial verdaderamente justa es la solidaridad, y no sería lícito negársela al resto de habitantes de otras especies de este planeta en riesgo, que, como decía Kymlicka, también merecen la consideración de las izquierdas frente a la explotación de los poderosos.

24 agosto 2022

Sara Hernández es activista social

(1) https://www.newstatesman.com/politics/2019/04/human-supremacism-why-are-animal-

rights-activists-still-the-orphans-of-the-left-2

(2) https://vientosur.info/sirve-mantener-la-idea-de-excepcionalidad-humana-en-el-

antropoceno/

(3) https://www.fao.org/3/a0701s/a0701s.pdf

(4) https://www.consumo.gob.es/es/system/tdf/prensa/Informe_de_Sostenibilidad_del_consu

mo_en_Espan%CC%83a_EU_MinCon.pdf?file=1&type=node&id=1126&force

(5) https://vientosur.info/acabar-con-las-macrogranjas-como-palanca-ecosocialista/

(6) https://es.greenpeace.org/es/wp-

content/uploads/sites/3/2019/02/20190209_AlimentandoElProblema_PAC.pdf

(7) https://www.theguardian.com/environment/2018/may/31/avoiding-meat-and-dairy-is-

single-biggest-way-to-reduce-your-impact-on-earth

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El crimen de las grandes farmacéuticas: los beneficios de la adicción

El fiscal general de New Hampshire, John Formella, ha lanzado una demanda contra Walmart, Walgreens, CVS, RiteAid y otras farmacias por no hacer un seguimiento de las prescripciones de opioides y por no tomar medidas contra la prescripción de opioides posiblemente innecesaria, fraudulenta o excesiva. Las direcciones de las farmacias han ocultado la falta de seguimiento de las recetas, agravando estos crímenes contra la clase trabajadora.

Muchos miles de personas se han vuelto adictas a los analgésicos opiáceos. Muchas más han muerto por sobredosis debido al consumo de opioides como el fentanilo y sus análogos – furanilfentanilo, ohmefentanilo, acetilfentanilo, carfentanilo – cuando ya no podían conseguir los analgésicos prescritos legalmente.

En la era del COVID-19, la adicción a los opioides ha aumentado, y también las muertes por opioides. En 2020, se perdieron 92.000 vidas por culpa de los opioides, y muchas más han quedado destrozadas por su causa. (Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas)

Los productores de analgésicos como Purdue Pharma -el fabricante de OxyContin (oxicodona)- son una de las principales fuentes de la epidemia de opioides y sobredosis. Estas empresas mintieron consciente y deliberadamente sobre la naturaleza adictiva de sus analgésicos. Los médicos que recetaron los fármacos de estas empresas recibieron sobornos y recompensas por su capacidad para vender la mayor cantidad de analgésicos. (“Purdue Pharma culpable en las muertes por opioides”, Mundo Obrero, 26 de octubre de 2020)

Las cadenas de farmacias deberían haber rastreado las prescripciones excesivas y haber informado a las autoridades de las prescripciones sospechosas o excesivas para que las investigaran. Esto no ocurrió. En cambio, como dijo el fiscal general Formella, las farmacias actuaron como “el último eslabón” de la cadena de suministro de opioides.

Demandas contra farmacias y empresas ‘traficantes’

New Hampshire no es el único estado que ha presentado demandas contra las farmacias. Dos condados del estado de Ohio han iniciado anteriormente demandas contra Walgreens, Walmart y CVS. Esas demandas tuvieron éxito, aunque otro proceso judicial determinará qué daños y perjuicios habrá que pagar.

CVS, Walgreens y Walmart rechazaron la decisión, alegando que no era “su culpa”. Dados los resultados de otras demandas por opioides, existe la posibilidad de que los tres gigantes farmacéuticos y sus propietarios se libren de sus crímenes contra el proletariado.

Por ejemplo, la familia Sackler -dueños de Purdue Pharma y fundadores de Mundipharma- recibió inmunidad en su juicio por bancarrota en Nueva York, a pesar de que la sobreprescripción de OxyContin les beneficiaba económicamente.

Los activistas -entre ellos antiguos adictos a los opioides- protestaron por la concesión de inmunidad a los Sackler y sus agentes. El Departamento de Justicia y varios fiscales generales de otros estados protestaron por la decisión, diciendo que las personas perjudicadas por la prescripción excesiva de OxyContin y otros analgésicos opiáceos tenían derecho a demandar a los responsables de su sufrimiento.

Ya sea que los fabricantes de opioides -Purdue Pharma, Teva Pharmaceuticals, Johnson & Johnson y otros- o los distribuidores de opioides -Walmart, Walgreens, CVS, Rite Aid y otros- la cadena del flujo de opioides puede rastrearse a través de todos ellos.

¿Quién es el chivo expiatorio del consumo de drogas?

Los negros y morenos pobres, junto con los blancos pobres, son etiquetados como la causa principal de la crisis de los opioides, porque algunos de ellos han tenido que recurrir al tráfico de drogas de bajo nivel para sobrevivir. Pero no son ellos los que han creado la crisis, ni mucho menos. La burguesía de los fabricantes y distribuidores de medicamentos y la pequeña burguesía de los médicos y farmacéuticos son los creadores de la crisis de los opioides.

Las personas que se volvieron adictas no recibieron miles de millones en beneficios por la venta de opioides, ni recibieron comisiones y recompensas por recetar medicamentos. Pero los trabajadores pobres de todas las nacionalidades fueron burlados y encarcelados como gente de baja estofa que era adicta a las pastillas.

La “Guerra contra las Drogas” es una mentira. Si la Guerra contra las Drogas fuera realmente una guerra contra las drogas, los Sacklers de Purdue Pharma, los gerentes corporativos de Teva Pharmaceuticals, los Waltons dueños de Walmart, los dueños y gerentes ejecutivos de CVS y muchos otros estarían esposados y en la cárcel. Se les obligaría a entregar al pueblo sus ganancias de dinero sangriento. Recibirían su justo castigo por haber matado y drogado a tantas personas.

En cambio, la “Guerra contra las Drogas” sigue atacando a los negros, marrones y blancos pobres como si fueran los responsables. Siguen siendo arrestados y retenidos en los sistemas penitenciarios, castigados por “delitos” de bajo nivel de los que se libran los más ricos, y trabajan por centavos o por nada sin posibilidad de una formación laboral significativa.

La guerra contra las drogas continúa. Nuestro trabajo consiste en exigir a los jueces y a los fiscales que castiguen a los verdaderos culpables de la epidemia de opioides y sobredosis: las empresas fabricantes de medicamentos y las farmacias distribuidoras.

 25/08/2022

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Domingo, 21 Agosto 2022 05:48

Marx y Engels, lectores de Darwin

Marx escribió que «El origen de las especies» de Darwin «contiene la base de la historia natural para nuestro punto de vista». (English Heritage / Heritage Images / Getty Images)

La obra de Charles Darwin revolucionó nuestra comprensión de la naturaleza y tuvo un gran impacto en otros pensadores de su época, como Friedrich Engels y Karl Marx.

Solo se imprimieron 1250 ejemplares de la primera edición de El origen de las especies, y todos se vendieron en un día. Uno de los que obtuvo un ejemplar fue Friedrich Engels, que entonces vivía en Manchester. Tres semanas más tarde, escribió a Karl Marx:

Darwin, por cierto, a quien estoy leyendo ahora, es absolutamente espléndido. Había un aspecto de la teleología que todavía tenía que ser demolido, y eso ya se ha hecho. Nunca antes se había hecho un intento tan grandioso de demostrar la evolución histórica en la Naturaleza, y ciertamente nunca con tan buenos resultados.

Cuando Marx leyó El origen, un año más tarde, quedó igual de entusiasmado. En 1862, Marx se empeñó en asistir a las conferencias públicas sobre la evolución impartidas por Thomas Huxley, partidario de Darwin, y animó a sus socios políticos a unirse a él. Wilhelm Liebknecht, un amigo y camarada que visitaba a menudo a la familia Marx en Londres, recordó más tarde: «cuando Darwin sacó las conclusiones de su trabajo de investigación y las puso en conocimiento del público, durante meses no hablamos de otra cosa que de Darwin y de la enorme importancia de sus descubrimientos científicos».

Aunque Marx y Engels criticaron varios aspectos de su «torpe estilo inglés de argumentación», conservaron la más alta estima por la obra científica de Darwin durante el resto de sus vidas. En su propia obra maestra, Marx describió El origen de las especies como una «obra que hace época».

Algunos argumentan hoy que no hay una conexión real entre el darwinismo y el marxismo, pero cualquiera que estudie seriamente las obras de Marx, Engels y Darwin comprenderá —aunque no esté de acuerdo— que Marx fue honesto y excepcionalmente perspicaz cuando escribió que El origen de las especies «contiene la base de la historia natural para nuestro punto de vista».

Para comprender lo que quería decir Marx tenemos que conocer lo que escribió Darwin y las razones por las que sus puntos de vista marcaron una ruptura radical con las ideas dominantes de su época.

Un revolucionario improbable

Charles Robert Darwin fue un revolucionario improbable. Su padre era un destacado médico y un rico inversor, y su abuelo, Josiah Wedgwood, fundador de una de las mayores empresas manufactureras de Europa. Podría haber llevado una vida de ocio, pero en lugar de ello dedicó su tiempo a la ciencia.

En 1825 su padre le envió a la Universidad de Edimburgo para que estudiara medicina, pero a Charles le interesaba mucho más estudiar la naturaleza. Al cabo de dos años abandonó los estudios y se matriculó en Cambridge para convertirse en sacerdote anglicano, una profesión respetable que le permitiría tener tiempo libre para coleccionar escarabajos, disecar pájaros o buscar fósiles.

Tras su graduación en 1831, un profesor le llevó a una expedición de geología de tres semanas en el norte de Gales, y luego su profesor de botánica le recomendó al capitán Robert Fitzroy de la Marina Real que buscaba un caballero naturalista para que viajara con él en un viaje de reconocimiento a Sudamérica y al Pacífico Sur.

Y así comenzó. El 27 de diciembre de 1831, Charles Darwin, de veintidós años, se embarcó en el HMS Beagle para realizar un viaje en el que llevó a cabo extensos y detallados estudios geológicos, escribió miles de páginas de observaciones científicas y recogió más de 1500 especímenes de vida viva y fósil.

Herejía

Cuando salió de Inglaterra, Darwin parece haber sido un cristiano convencional que estaba de acuerdo con «la gran mayoría de los naturalistas [que] creían que las especies eran producciones inmutables y que habían sido creadas por separado». Los fundamentalistas bíblicos y los deístas estaban de acuerdo en que las especies estaban fijadas por la ley divina: los perros pueden variar de aspecto, pero no se convierten en cerdos ni dan a luz a gatos.

Pero tras cinco años de investigación científica en el Beagle y dos más de estudio en casa, Darwin llegó a una conclusión herética: las especies no eran inmutables. Todos los animales descendían de ancestros comunes; las diferentes especies eran el resultado de cambios graduales a lo largo de millones de años, y Dios no tenía nada que ver.

Hoy es difícil apreciar lo chocante que sería esta idea en aquella época. Quienes cuestionaban la palabra de Dios eran percibidos como un peligro para el frágil orden social.

Sin embargo, en la década de 1830, la gente culta, incluido Darwin, sabía que la historia de la creación del Génesis no era literalmente cierta. La expansión del capitalismo en la década de 1700 había provocado el auge de la minería y la construcción de canales, lo que dejó al descubierto capas geológicas y fósiles que demostraban que la Tierra tenía millones de años de antigüedad, y no los seis mil años permitidos por la cronología bíblica. 

El registro fósil también demostró que animales desconocidos en la actualidad fueron comunes en el pasado, mientras que los animales modernos habían aparecido hacía relativamente poco tiempo, lo que contradecía la afirmación de que Dios creó todas las especies a la vez. La exploración mundial y el descubrimiento de más variedades de vida vegetal y animal de las que ningún europeo había imaginado jamás, muchas más de las que podrían haber vivido en el Edén o encontrado espacio en el arca de Noé.

Los científicos coincidieron en que solo había dos explicaciones posibles para las pruebas que se acumulaban. El influyente profesor de Cambridge William Whewell resumió las opciones:

O bien debemos aceptar la doctrina de la transmutación de las especies, y suponer que las especies organizadas de una época geológica se transmutaron en las de otra por alguna agencia prolongada de causas naturales; o bien, debemos creer en muchos actos sucesivos de creación y extinción de especies, fuera del curso común de la naturaleza; actos que, por lo tanto, podemos llamar propiamente milagrosos.

Whewell, como cualquier otro científico respetable de la época, no tenía ninguna duda sobre la respuesta: los animales y las plantas pueden variar en respuesta a las circunstancias externas, pero «el límite extremo de la variación puede alcanzarse normalmente en un breve período de tiempo: en resumen, las especies tienen una existencia real en la naturaleza, y no existe una transición de una a otra».

Si las especies no pudieran cambiar con el tiempo, solo los milagros podrían explicar el registro fósil. Pero, ¿cómo lo hizo Dios? ¿Cómo fue el proceso de la creación divina en la Tierra? El astrónomo John Herschell escribió que «la sustitución de las especies extinguidas por otras» era el «misterio de los misterios».

La evolución antes de Darwin

El hecho de que la clase dirigente científica creyera necesario negar la «transmutación de las especies» demuestra que no todo el mundo estaba de acuerdo en que las especies no podían cambiar. Pero antes de Darwin, solo dos autores propusieron teorías elaboradas sobre el cambio de las especies en el tiempo: Jean-Baptiste Lamarck y Robert Chambers.

A diferencia de Darwin, Lamarck no propuso la descendencia común, sino un modelo complejo en el que cada tipo de organismo pasaba por un proceso evolutivo independiente. La naturaleza crea constante y espontáneamente nuevas líneas evolutivas, empezando por animales unicelulares, que tienen un impulso innato para volverse más complejos, o perfectos, con el tiempo. Al final, si el ascenso no se interrumpe, alcanzan la cima de la perfección como seres humanos.

Pero la escalada se interrumpe a menudo por cambios ambientales a los que el animal debe responder. Las jirafas desarrollan cuellos largos al estirarse para alcanzar las hojas altas, mientras que los peces que viven en cuevas se vuelven ciegos porque no usan sus ojos, y esos cambios son heredados por su descendencia.

Más influyente en la opinión pública inglesa fue Vestigios de la historia natural de la creación, publicado anónimamente en 1844 por Robert Chambers. Atribuía toda la historia del universo a una «ley de desarrollo» ordenada por Dios que produjo estrellas, planetas y, finalmente, la vida. Después de que la primera vida surgiera espontáneamente en la Tierra, los animales y las plantas ascendieron por la escalera de la existencia. «La Providencia quiso que una especie diera a luz a otra, hasta que la segunda más alta dio a luz al hombre, que es la más alta».

Chambers quiso decir «dio a luz» literalmente. Basándose en la teoría de que los embriones pasan por etapas similares a las de los adultos de los animales más primitivos, llegó a la conclusión de que cuando llegaba el momento de una nueva especie, las hembras alargaban sus períodos de gestación para que su descendencia surgiera como la siguiente especie en la escala. Condenado universalmente por el establishment científico de la época, y casi olvidado hoy en día, Vestigios fue, sin embargo, un bestseller sensacional.

Esencialismo y teleología

La mayoría de los científicos profesionales, así como muchos aficionados y personas ajenas a la ciencia, ofrecieron sus opiniones sobre cómo se podía explicar o desterrar la aparente extinción y creación de especies. Aunque las explicaciones variaban, todas se basaban en una ideología común, los conceptos gemelos de esencialismo y teleología.

El esencialismo se basa en la primera ley de la lógica formal: que una cosa siempre es igual a sí misma, que A siempre es igual a A. Es una suposición útil, incluso necesaria para muchos propósitos, pero ignora la realidad del cambio: que con el tiempo todas las cosas decaen, o se transforman, o se combinan, de modo que A se convierte en algo que ya no es A. En la ciencia natural del siglo XIX, los pensadores esencialistas suponían que una especie era un tipo constante e inmutable, y que las variaciones observadas en la naturaleza eran accidentales y transitorias.

La teleología es la creencia de que todas las cosas están diseñadas o dirigidas inherentemente hacia un resultado final. Los pájaros recibieron alas para poder volar, las jirafas tuvieron cuellos largos para poder alcanzar las hojas altas, y la Tierra fue creada como un lugar para que la gente viviera. Los principales filósofos y científicos creían que la tierra y todo lo que hay en ella fue diseñado por Dios para lograr sus fines divinos.

La selección natural

En El origen, Darwin argumentó que tres factores se combinan para crear nuevas especies. 1) Presión de la población: todos los organismos tienden a tener más descendencia de la que puede sobrevivir en el entorno local. Muchos individuos no sobreviven o no son capaces de reproducirse. 2) Variaciones y heredabilidad: hay muchas variaciones entre los miembros de una población determinada: no hay dos individuos exactamente iguales. La mayoría de estas variaciones son heredables, es decir, se transmiten a la descendencia de los individuos en cuestión. Aunque la mayoría de estas variaciones son insignificantes (el color de los ojos, por ejemplo), algunas aumentan o disminuyen las posibilidades del individuo de sobrevivir y reproducirse. 3) La selección natural: los individuos con variaciones favorables tienden a tener más descendencia que la media; los que tienen variaciones desfavorables tienden a tener menos. En consecuencia, durante largos periodos de tiempo, las variaciones desfavorables tenderán a disminuir su frecuencia, mientras que las favorables se harán más comunes.

Darwin no solo especulaba. Su «teoría de la descendencia con modificación a través de la selección natural» fue desarrollada y luego puesta a punto en años de cuidadoso estudio y experimentación. En su casa de Kent diseccionó todo tipo de animales, crio palomas para aprender sobre la variación y la herencia, y experimentó con la germinación de las plantas y la dispersión de las semillas. Sobre todo, buscó y aprendió de personas con conocimientos prácticos: guardianes de caza, entusiastas de las palomas, criadores de ovejas y ganado, jardineros y directores de zoológicos. Estos métodos materialistas le llevaron a una teoría totalmente materialista en una época en la que el materialismo se consideraba subversivo y políticamente peligroso.

Entre 1838 y 1848, Inglaterra se vio arrastrada por una ola sin precedentes de acciones de masas, protestas políticas y huelgas. Las ideas radicales estaban infectando a la clase trabajadora, lo que llevó a muchos a esperar (o temer) un cambio revolucionario.

En lugar de arriesgarse a ser identificado con los radicales y tal vez condenado al ostracismo por sus colegas científicos, Darwin escribió en 1844 un relato de 270 páginas sobre su teoría, adjuntando una carta en la que pedía a su esposa que lo publicara si él moría, y no se lo dijo a nadie más. Solo a mediados de la década de 1850, cuando su reputación científica estaba asegurada y las turbulencias sociales de la década de 1840 habían pasado claramente, volvió al tema por el que ahora es más famoso. En noviembre de 1859 se publicó El origen de las especies por medio de la selección natural, o conservación de las razas en su lucha por la existencia.

La vuelta a la ciencia en el sentido correcto

Marx escribió que en los escritos de Hegel, la dialéctica «está de cabeza», por lo que había que darle la vuelta para descubrir «el núcleo racional dentro de la cáscara mística». Eso es lo que hicieron Marx y Engels en el proceso de elaboración de la base fundamental de sus puntos de vista, el materialismo histórico. Y eso es lo que hizo Darwin en El origen de las especies. 

Derribó el esencialismo. «Considero el término “especie” como dado arbitrariamente, por conveniencia, a un conjunto de individuos muy parecidos entre sí». Una especie no es una cosa, y el cambio no implica la transformación o sustitución de esa cosa: una especie es una población de individuos reales y concretos. Las variaciones no son excepciones ni desviaciones de la esencia de la especie: la variación es la realidad concreta de la naturaleza.

Y anuló la teleología. «Lejos de imaginar que los gatos existen para cazar bien a los ratones», escribió Thomas Huxley, estrecho colaborador de Darwin, «el darwinismo supone que los gatos existen porque cazan bien a los ratones; la caza no es el objetivo, sino la condición de su existencia». Cuando Darwin murió, en 1882, la evolución era aceptada por la gran mayoría de los científicos.

Evolución y marxismo

En 1844, mientras Darwin escribía en secreto su primer informe completo sobre la selección natural, Karl Marx estaba en París desarrollando su crítica al pensamiento político y filosófico contemporáneo. En sus cuadernos escribió: «La propia historia es una parte real de la historia natural y del desarrollo de la naturaleza en el hombre. La ciencia natural, con el tiempo, incorporará en sí misma la ciencia del hombre, así como la ciencia del hombre incorporará en sí misma la ciencia natural: habrá una sola ciencia».

Un año después, Marx y Engels escribieron La ideología alemana, la primera declaración madura de lo que se conoció como materialismo histórico. Inicialmente incluyeron este pasaje (posteriormente suprimido), que es similar a la declaración de 1844, pero más completo:

Solo conocemos una única ciencia, la ciencia de la historia. Se puede considerar la historia desde dos lados y dividirla en historia de la naturaleza e historia de los hombres. Sin embargo, ambos lados son inseparables; la historia de la naturaleza y la historia de los hombres dependen la una de la otra mientras existan los hombres.

Estos pasajes muestran por qué Marx y Engels estaban tan entusiasmados con la obra de Darwin. Quince años antes de El origen, confiaban en que la naturaleza podía explicarse utilizando los mismos principios históricos y materialistas que subyacían en su análisis de las sociedades humanas. Al proporcionar una confirmación exhaustiva y poderosamente argumentada de ese supuesto, el libro de Darwin completó el materialismo histórico.

Naturaleza y sociedad

Sin embargo, Engels también fue mordaz en su rechazo a los intentos de aplicar las leyes biológicas a la sociedad humana. En una carta al socialista ruso Pyotr Lavrov en 1875, señaló que los «darwinianos burgueses» —refiriéndose a una corriente política en Alemania que pretendía aplicar los puntos de vista de Darwin— primero afirmaban que el concepto político de «supervivencia del más apto» se aplicaba a la naturaleza, y luego invertían el proceso:

La teoría darwiniana de la lucha por la existencia se reduce a una extrapolación de la sociedad a la naturaleza animada de la teoría de Hobbes del bellum omnium contra omnes [guerra de todos contra todos] y de la teoría económico-burguesa de la competencia junto con la teoría maltusiana de la población. Una vez realizada esta hazaña (…) estas personas proceden a reextrapolar las mismas teorías de la naturaleza orgánica a la historia, y luego pretenden haber demostrado su validez como leyes eternas de la sociedad humana. La puerilidad de este procedimiento es evidente, y no hay necesidad de gastar palabras en ello.

Estos darwinianos políticos, concluyó Engels, pueden ser descritos «en primer lugar como malos economistas y en segundo lugar como malos naturalistas y filósofos». En 1845, en La ideología alemana, Marx y Engels habían argumentado que la capacidad de producir las necesidades vitales distingue a los humanos de otros animales, un argumento que Engels repitió y amplió en su libro inacabado «Dialéctica de la Naturaleza»:

Aceptemos por un momento la frase «lucha por la existencia», por el bien del argumento. Lo máximo que puede conseguir el animal es recolectar; el hombre produce, prepara los medios de subsistencia, en el sentido más amplio de las palabras, que sin él la naturaleza no habría producido. Esto hace imposible cualquier transferencia sin reservas de las leyes de la vida en las sociedades animales a la sociedad humana.

Engels estaba reafirmando un elemento fundamental de la visión marxista de la naturaleza: que las diferentes formas y complejidades de la materia implican diferentes leyes científicas. Las leyes que rigen los movimientos de los átomos y las moléculas no son las mismas que las leyes que rigen los movimientos de las bolas de billar; los seres humanos somos objetos físicos y biológicos, sujetos a las mismas leyes físicas y biológicas que los demás animales, pero también somos seres sociales que producimos nuestros medios de existencia, por lo que nuestras vidas y nuestra historia no pueden explicarse plenamente por la física y la biología.

Como escribió Engels, «la concepción de la historia como una serie de luchas de clases es ya mucho más rica en contenido y más profunda que la mera reducción a fases débilmente diferenciadas de la lucha por la existencia».

El logro de Darwin

Aparte de su oposición de toda la vida a la esclavitud y de su participación en los asuntos de la pequeña ciudad en la que vivía, Darwin parece haber tenido poco interés en la actividad o la teoría política. Sin embargo, como escribió el biólogo evolucionista Ernst Mayr, «en sus trabajos científicos demolió sistemáticamente uno tras otro los conceptos filosóficos básicos de su época y los sustituyó por conceptos nuevos y revolucionarios».

Al hacerlo, Darwin contribuyó involuntariamente a las teorías sociales más revolucionarias jamás desarrolladas, las ideas que hoy conocemos como marxismo, y las fortaleció. Es posible, como señala Paul Heyer, ser darwinista en biología y rechazar el marxismo, pero no es posible ser un marxista consecuente y rechazar a Darwin.

La razón es básica. En el centro de la visión de Marx está la suposición de que la naturaleza y la historia encajan para formar una totalidad. Dado que el hombre surgió de la naturaleza y sigue dependiendo de ella y transformándola, la historia como ciencia seguirá siendo incompleta hasta que se comprenda plenamente este fundamento. Y nadie ha contribuido más a esta comprensión que Darwin.

La idea de que la naturaleza tiene una historia, de que las especies surgen, cambian y desaparecen a través de procesos naturales, es tan revolucionaria, y tan importante para el pensamiento socialista como la idea de que el capitalismo no es eterno, sino que surgió en un momento determinado y un día desaparecerá de la Tierra.

El texto anterior es traducción de una versión abreviada de «A Redder Shade of Green: Intersections of Science and Socialism» de Ian Angus (Monthly Review Press, 2017), publicada en Tribune.

Casi la mitad de las muertes por cáncer en el mundo se deben a factores evitables

El tabaco, el alcohol y el sobrepeso estuvieron detrás de muchas de las 4,45 millones de muertes por cáncer que se produjeron en 2019, según un estudio que publica esta semana la revista 'The Lancet'.

 

Casi la mitad de las muertes provocadas por el cáncer en el mundo se deben a factores de riesgo relacionados con el consumo de tabaco y alcohol y con los malos hábitos alimenticios, según concluye un estudio liderada por la Universidad de Washington, que se publica en la revista The Lancet.

El equipo revisó los datos del estudio de carga global de enfermedades, lesiones y factores de riesgo (GBD, por sus siglas en inglés) y analizó el impacto que tienen 34 factores de riesgo sobre la salud y la mortalidad provocada por 23 tipos de cáncer, los cuales fueron responsables de 4,45 millones de muertes en todo el mundo en 2019, el 44,4% de la cifra total.

Un alto índice de masa corporal, el tabaquismo y el consumo de alcohol figuran entre los principales factores de riesgo para ambos sexos, aunque afectan más a los hombres debido a factores ambientales, ocupacionales y de comportamiento, destaca este trabajo.

Un importante desafío para la salud pública

El 50,6% de todas las muertes por cáncer en hombres en 2019 se debieron a los factores de riesgo estudiados, frente al 36,3% de las mujeres. Asimismo, el número global de muertes por cánceres relacionados con factores de riesgo aumentó el 20,4% entre 2010 y 2019, y difirió considerablemente según el nivel del desarrollo de cada país.

"Este estudio muestra que el cáncer sigue siendo un importante desafío para la salud pública y que está creciendo en magnitud en todo el mundo. Fumar sigue siendo el factor de riesgo principal para el cáncer la nivel global", subraya el coautor de la investigación, Christopher Murray, director del Instituto de Métricas y Evaluación de Salud de la Universidad de Washington.

El experto asegura que sus conclusiones "pueden ayudar a los legisladores e investigadores a identificar factores de riesgo clave sobre los que dirigir sus esfuerzos para reducir la mortalidad y mejorar la salud de pacientes a escala global, nacional y regional".

Los números detrás del cáncer

Recuerda que el 36,9% de todas las muertes atribuibles a factores de riesgo a nivel global, tanto en hombres como en mujeres, estuvo causado por el cáncer de pulmón, de tráquea y de bronquios, relacionados todos ellos con el tabaquismo.

Les siguen para los varones el cáncer de colon (13,3%), de esófago (9,7%) y de estómago (6,6%), mientras que en mujeres sobresalen el cáncer de cuello uterino (17, 9%), de colon y recto (15,8%) y el de mama (11%).

El estudio también detectó que, en 2019, el 25,4% de todas las muertes por cáncer y el 26,5% de todas las muertes por cáncer atribuible a factores de riesgo se dieron "de manera desproporcionada" en países de alto índice sociodemográfico, a pesar de que éstos solo representan el 13,1% de la población global.

En este sentido, las cinco regiones con las tasas de mortalidad por factores de riesgo más altas fueron Europa central, con 82 muertes por cada 100.000 habitantes, Asia oriental (69,8/100.000), Norteamérica (66/100.000), sur de Latinoamérica (64,2/100.000) y Europa occidental (63,8/100.000).

Según señala Rafael Marcos Gragera, médico epidemiólogo del Instituto Catalán de Oncología-Plan Director de Oncología, al SMC España, "los resultados de este estudio coinciden con otros realizados en diferentes áreas geográficas (Francia, Reino Unido, Australia y EE UU) en los que la proporción de las muertes por cáncer debido a factores de riesgo modificables sería aproximadamente del 40%".

Este investigador, que no ha participado en el trabajo, añade que "como resultado importante destaca la desigualdad geográfica en la reducción del impacto de los factores de riesgo en los años de vida perdidos por discapacidad".

Marcos Gragera destaca que el estudio indica que "el envejecimiento de la población tiene un peso importante en la carga de la enfermedad debida a los factores de riesgo modificables. Por otro lado, el aumento de la carga de cáncer atribuible al riesgo metabólico, especialmente en países de rentas bajas, podría ser el resultado de que estos países están experimentando una transición epidemiológica en la que las mejoras en el estado de desarrollo del país están relacionadas con el aumento de los niveles de obesidad".

"Uno de los resultados más importantes de este estudio es que, para poder evaluar el impacto de las medidas de control de cáncer, ya sea prevención primaria o secundaria, así como para poder evaluar los progresos en la atención oncológica —nuevos tratamientos—, necesitamos datos de calidad tanto de la incidencia como de la mortalidad, sobre todo, en aquellos países en donde no se disponen de sistemas de información consolidados", subraya.

madrid

19/08/2022 12:33 

Publicado enSociedad
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