Lunes, 25 Marzo 2013 05:59

La estrategia económica actual apunta al vacío

Escrito por La Jornada
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La estrategia económica actual apunta al vacío

El camino emprendido para sortear una crisis económica que se ha extendido por varios años y llevado a la calle a millones de trabajadores alrededor del mundo, apunta al vacío. “Por todos lados se habla de buscar mayor crecimiento. Más y más crecimiento”, expone Robert Costanza, profesor en la Universidad Nacional de Australia, y uno de los autores más citados en la discusión sobre economía y medio ambiente.

 

“La pregunta que debemos hacernos es qué tipo de crecimiento se quiere. A través de la visión convencional, lo que se busca es un mayor crecimiento del producto interno bruto. Pero plantear sólo eso tiene efectos negativos colaterales”, dice el especialista, de visita en México, en una entrevista con La Jornada.

 

Costanza ha impulsado en el debate económico la introducción de términos como “capital natural” y “capital social”, que buscan contribuir a nuevas formas de medición de la economía, no sólo en términos de crecimiento, sino también de desarrollo y bienestar de las personas. “No se trata de oponer el medio ambiente al crecimiento y la creación de empleos, sino de entender la forma en que están interconectados”, dice.

 

Las investigaciones transdiciplinarias emprendidas por Constanza integran el estudio de los seres humanos y el resto de la naturaleza para tratar temas no sólo académicos, sino también en aspectos concretos de políticas públicas y gestión de recursos, desde pequeñas cuencas de agua a sistemas globales.

 

El experto, quien estuvo en México para participar en el cuarto Congreso Mexicano de Ecología, realizado la semana pasada en Villahermosa, Tabasco, es cofundador y ex presidente de la International Society for Ecological Economics y, entre otras ocupaciones académicas y de investigación, dirige Solutions, una publicación poco usual en la que se tratan temas académicos con un lenguaje accesible.

 

La discusión que impulsa Costanza –al igual que otros estudiosos en varias partes del mundo– ha encontrado expresiones prácticas. El gobierno francés del ex presidente Nicolás Sarkozy auspició una iniciativa en la que varios expertos trabajaron en encontrar una forma de medir el bienestar, y no sólo el crecimiento del producto interno bruto, para determinar el desempeño de la actividad productiva, relata.

 

Hace tiempo ya que en Bután se acuñó el término “felicidad bruta interna”, en contraposición al de producto interno bruto, en un país en que la medición convencional arrojaba una economía empobrecida, pero que no tomaba en consideración la relación entre desarrollo material y espiritual, el desarrollo sostenible, la conservación y los valores culturales, cuenta.

 

El producto interno bruto expresa la forma en que aumenta el valor de la producción de bienes y servicios en una economía, pero no refleja el bienestar de la población, plantea, al exponer el punto al que desea llevar la discusión sobre la interrelación entre la economía y el límite que existe al aprovechamiento de los recursos naturales.

 

–La crisis económica se extiende ya por varios años y la prioridad de los gobiernos se centra en estabilizar al sistema financiero, luego restablecer el crecimiento y la generación de empleos. ¿Cuál es la importancia de incorporar a la discusión la relación entre economía y medio ambiente?

 

–Es un tema clave. La pregunta es, exactamente, que tipo de crecimiento se quiere. A través de una visión convencional, se busca que el producto interno bruto (el valor de los bienes y servicios producidos por una economía) crezca. Pero eso tiene efectos negativos colaterales. El PIB es un indicador, pero hay otros que nos muestran más sobre el progreso de una sociedad, como la distribución del ingreso. Si el PIB crece no significa automáticamente que hay una mejor distribución de la riqueza, que es muy importante y contribuye al bienestar. Eso es mejor que sólo mirar el PIB

 


Si el mundo está en crisis económica, la crisis es mayor si a la situación se añaden las cuestiones relacionadas con la sostenibilidad del crecimiento, asegura.

 

En los planteamientos de Costanza se identifican varios tipos de capital. Al menos cuatro:

 

El capital construido: edificios, maquinaria, infraestructura de transporte y el conjunto de artefactos y servicios necesarios para satisfacer necesidades relacionadas con la vivienda, la movilidad y comunicaciones.

 

Pero está también el capital natural, representado por el medio ambiente y su biodiversidad que, en combinación con los otros tres tipos de capital proveen bienes y servicios del ecosistema. Los beneficios para el ser humano provienen de los ecosistemas. Este tipo de servicios son indispensables para la regulación del clima, suministro de agua y alimentos, combustibles o materias primas.

 

Se añaden el capital social y cultural, que es la red de relaciones personales, herencia cultural, arreglos institucionales, reglas, normas y valores que facilitan la interacción humana y la cooperación entre las personas.

 

El complemento a las tres categorías anteriores es el capital humano, no en la forma en que lo conciben los economistas de derecha (empleados que deben incrementar constantemente su productividad), sino en el sentido de valorar los seres humanos y sus atributos, incluida su salud física y mental, conocimientos y otras capacidades que permiten a las personas ser miembros productivos de una sociedad.

 

–¿De qué manera se involucran estos conceptos en la vida cotidiana?

 

–Se trata de reconocer que el mundo natural contribuye al bienestar en diferentes maneras. Es la relación entre la gente. No se trata de oponer la creación de empleos a la protección del ambiente, por ejemplo, sino de entender en qué manera están interconectados los sistemas naturales, los diferentes tipos de capital.

 

Costanza es coautor de un reporte a las Naciones Unidas para la conferencia Río+20, realizada el año pasado en la ciudad brasileña de Río de Janeiro. En la entrevista, el especialista cita ese informe, en el que se destaca la relevancia de incorporar a la discusión sobre el diseño de la política económica las diferentes concepciones que propone sobre el capital.

 

Los activos sociales, humanos y materiales dependen “enteramente” del mundo natural y el capital natural es por tanto no sustituible, plantea el experto en ese informe. La sostenibilidad depende de vivir de los rendimientos generados por ese capital sin devastarlo.

 

Como plantea, los tradicionales conceptos y modelos económicos fueron desarrollados para un mundo relativamente poco poblado, diferente al actual en el que la actividad humana está alterando sustancialmente el sistema ecológico.

 

“Si vamos a crear una prosperidad sostenible, si buscamos mejorar el bienestar humano y la equidad social, al tiempo que se reducen los riesgos ambientales, se requiere una nueva visión de la economía y de su relación con el entorno, que esté mejor adaptada a las condiciones que se enfrentan actualmente”, se establece en el reporte.

 

Lo explica Costanza en la entrevista. La idea detrás de estos planteamientos es “construir puentes” entre la actividad productiva, la gente, los mercados, el medio ambiente. En encontrar la forma de que el crecimiento sea sostenible, genere bienestar y equidad. “Es el futuro deseable”, resume.

 

Información adicional

  • Antetítulo:Buscar sólo “crecer” tiene efectos negativos colaterales
  • Autor:Roberto González Amador
  • Fuente:La Jornada
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