Viernes, 31 Diciembre 2021 08:31

Tres escenarios de guerra para un 2022 inquietante

Escrito por Pablo Elorduy
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Un hombre se santigua delante del edificio en el que más de 40 fueron quemadas vivas el 2 de mayo de 2014 tras los enfrentamientos en Odesa, Ucrania. PABLO MIRANZOUn hombre se santigua delante del edificio en el que más de 40 fueron quemadas vivas el 2 de mayo de 2014 tras los enfrentamientos en Odesa, Ucrania. PABLO MIRANZO

La caída de Afganistán en verano ha sido el detonante de una nueva fase tras la fallida “guerra contra el terror” emprendida por Estados Unidos. Pero esta nueva fase se aleja del objetivo de una paz duradera y resucita viejos fantasmas del pasado a mayor gloria de un presupuesto de Defensa desmesurado.

 

La vuelta a la normalidad tras el paso de Donald Trump por la Casa Blanca ha supuesto, en la esfera internacional, el estreno de una era de recrudecimiento de la tensión con China —uno de los debates del año en la esfera del Pentágono es si ya se puede calificar a la situación actual de “guerra fría”— y la espera de un 2022 de conflictos. Gideon Rachman, el comentarista principal de asuntos exteriores de Financial Times, publicaba recientemente una pieza en la que valoraba la posibilidad de que Estados Unidos se embarque en el año que comienza en hasta tres conflictos. “No existe un plan único que vincule las ambiciones de Pekín, Moscú y Teherán”, reconocía Rachman, pero sí hay un desafío al equilibrio de poder global que, desde la II Guerra Mundial ha dominado Estados Unidos.

Global Times —la mejor ventana para Occidente de la imagen que la China oficialista quiere proyectar a la esfera internacional— abría el pasado martes con una piñata de artículos sobre los tres movimientos que, según el Gobierno chino, confirman la escalada ofensiva de Estados Unidos.

El control del Mar del Sur de China y de la isla de Taiwán, uno de esos conflictos arrastrados del siglo XX, es el escenario de conflicto más improbable. En octubre, el presidente Xi Jinping prometió cumplir “el destino” que lleva a la reunificación con Taiwán. La proclama estuvo acompañada de un desfile de aviones que sobrevolaron la isla.

El gobierno taiwanés protestó y habló de la peor situación militar de los últimos 40 años. Estados Unidos, a través de su secretario de Defensa, ha deslizado que las maniobras parecen los ensayos para una invasión a gran escala de la isla. El Ejército Popular de Liberación china (EPL), dicen las fuentes prooccidentales, ha ganado la capacidad militar de bloquear y controlar el Estrecho de Taiwán.

Joseph Biden manifestó en el mismo mes de octubre, después de que trascendieran unos informes que señalaron que China probó un misil hipersónico con capacidad nuclear a principios de este año, que su Gobierno defenderá a la isla —oficialmente República de China— si se produce un ataque por parte de la República Popular. China negó esos informes e indicó que se trataba de una maniobra rutinaria.

La escalada, al menos en términos retóricos, ha seguido durante el otoño. Estados Unidos fue calculadamente ambiguo durante décadas sobre la posibilidad de la reunificación. Recientemente, el Pentágono ha sido algo más explícito para presentar esa opción como peligrosa para los intereses de sus aliados en Oriente: Japón y Filipinas.

China, por su parte, ha denunciado que aviones espías estadounidenses “llevaron a cabo alrededor de 1.200 salidas aéreas de reconocimiento y algunas de ellas se acercaron a 20 millas náuticas de la línea de base territorial de China continental”. El “imperio del centro” acusa a Estados Unidos de crear “simulacros y construcción de campos de batalla” en lo que consideran su espacio natural.

Global Times hila fino y ha publicado recientemente los resultados de una encuesta que indican que más de la mitad de la población de Taiwán cree que su Gobierno —presidido por Tsai Ing-wen— no está en condiciones de sostener una guerra con China. Un porcentaje similar reconoce que no quiere que sus familiares participen en un posible conflicto.

Informe Irán

Segundo frente abierto. Tras la espantada de Estados Unidos y el final patético de la “Guerra contra el terror” que supuso el regreso de los talibanes al Gobierno de Afganistán, la siguiente parada en Oriente Medio es la recuperación del Acuerdo Nuclear con Irán (JCPOA, por sus siglas en inglés), que Trump rompió en mayo de 2018. No parece tarea fácil retomar el camino saboteado por el expresidente, que había llevado a Irán a cumplir sus objetivos de atraer inversiones extranjeras, convertirse en un exportador de petróleo pujante y reducir su inflación.

Estados Unidos acusa a Irán de haber aprovechado la ruptura del acuerdo —que conllevó una nueva ronda de sanciones por parte de Washington— para acelerar el enriquecimiento de uranio. Según su prensa afín, el régimen de Ebrahim Raisi, que fue elegido en agosto de 2021, a tenor de la velocidad a la que ha desarrollado el enriquecimiento de uranio, tiene la capacidad de crear el arma nuclear “en pocas semanas”.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA), a través de su presidente ha declarado que no hay ninguna información de que Irán tenga un programa de armas nucleares ni que tenga tenga alguna actividad que conduzca a un programa de armas nucleares. Estados Unidos advierte de que tiene sospechas de que la capacidad nuclear iraní ha avanzado extraordinariamente después de que el acuerdo JCPOA quedase en papel mojado.

Las conversaciones que, a lo largo del mes de diciembre, han tenido lugar en Viena (Austria) han querido resucitar el acuerdo como forma de que Teherán no desarrolle la bomba nuclear, un temor de Estados Unidos no del todo fundamentado —Irán sigue siendo un firmante del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares— pero que marca la actitud del complejo militar-industrial ante un país considerado el centro del “eje del mal”.

Los intentos de llegar a un acuerdo provisional —que Irán congele su programa nuclear a cambio de levantamiento de sanciones— no satisfacen completamente a ninguna de las partes pero parecen los únicos objetivos al alcance de la Conferencia de Viena.

El periódico progubernamental Kayhan, a través de Hossein Shariatmadari, un representante de la considerada línea dura del régimen, reclamó el pasado 16 de diciembre que terminen “todas” las sanciones que “se mantienen bajo pretextos engañosos y hostiles como derechos humanos, terrorismo, industrias de misiles, presencia regional, etc“.

Halcones del aparato industrial militar estadounidense como Michèle Flournoy, Leon Panetta, el general David Petraeus o Dennis Ross publicaron el 17 de diciembre una “Declaración sobre la mejora del potencial de una resolución diplomática al desafío nuclear de Irán” en la que sugieren que Estados Unidos puede “orquestar ejercicios militares de alto perfil (...) potencialmente en concierto con aliados y socios, que simulen lo que estaría involucrado en una operación tan significativa, incluido el ensayo de ataques aire-tierra sobre objetivos y la supresión de baterías de misiles iraníes”.

La experiencia de Afganistán podría impulsar una escalada bélica por parte de Irán, que tiene poco que perder en un escenario de ruptura con los países occidentales con el estado actual de cosas y tras el shock del asesinato de Qasem Soleimani, alto mando militar iraní, en las proximidades del aeropuerto de Bagdad (Iraq) en 2020. Estados Unidos dice confiar en la vía diplomática pero “estar preparada para todo” y acusa al régimen de Ebrahim Raisi de haber intervenido en Iraq y llevar a cabo maniobras secretas en Arabia Saudí. Los analistas no descartan ataques aéreos contra instalaciones nucleares, una opción menos arriesgada que la apertura de un conflicto con Rusia o China. Israel, principal aliado de Estados Unidos en la zona, también refiere estar preparándose para un hipotético conflicto con Irán.

El articulista de The Intercept, Jeremy Scahill, resumía así la situación: “La administración Biden ha mantenido y, en algunos casos, ampliado las sanciones económicas de Estados Unidos contra Irán, lo que ha provocado acusaciones de Teherán de que Estados Unidos ya está librando una guerra no militar contra civiles iraníes. Irán exige el cese de las sanciones como condición previa para volver a las negociaciones”.

El conflicto con Rusia

Apenas un mes y medio después de su investidura, Biden llamó asesino a Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa. El año termina, sin embargo, con los dos mandatarios dialogando por teléfono “para discutir una variedad de temas” en dos llamadas telefónicas que pretenden atenuar la creciente tensión en la frontera ucraniana, donde Rusia ha destacado a un número no inferior a cien mil soldados en las últimas semanas.

Desde hace semanas, el Pentágono valora la posibilidad de que “tan pronto como a principios de 2022” Rusia decida cruzar la frontera para “proteger” a los ciudadanos rusos que, según el Gobierno de Putin, están siendo hostigados en el Donbás en las provincias de Donetsk y Lugansk, en disputa desde el cambio de gobierno en Kiev en 2014.

El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas estadounidenses no ha sido tan rotundo al asegurar que habrá una respuesta militar contra Rusia como lo ha sido con un hipotético conflicto en torno a Taiwán. Estados Unidos, hasta el momento, ha amenazado con una tormenta de sanciones y un incremento de las ayudas militares tanto a Kiev como a los aliados de la OTAN en el entorno oriental y central de Europa.

Rusia pretende que Estados Unidos frene su expansión, a través de la Alianza Atlántica, entre las naciones de su esfera de influencia y así lo expresó en dos borradores de acuerdo enviados en diciembre a los países occidentales. Los casos de Ucrania y Georgia y su adhesión a la OTAN preocupan a Putin y su sistema de Defensa. La interpretación de los acuerdos alcanzados en la última década del siglo XX tras la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es hoy un tema de conflicto en sí mismo. Jens Stoltenberg, máximo responsable de la OTAN, defiende que esta organización “nunca prometió no expandirse” en torno a la Federación Rusa. Putin ha recordado estos días que Mijail Gorbachov recibió garantías de que esa expansión no se iba a producir y reclama ahora que esas garantías queden por escrito.

Las opciones permanecen abiertas: van desde el lanzamiento de misiles de precisión, hasta una incursión limitada y otra no tan limitada con el apoyo de sistemas cibernéticos. Aunque una encuesta sitúa a los ucranianos como dispuestos a entrar en guerra contra su vecino, sobra decir que Ucrania no tiene capacidad de sostener una guerra con Rusia y que a un hipotético ataque sucedería la capitulación de Kiev y la apertura de vías diplomáticas para reencauzar la relación con Rusia de la Unión Europea —atrapada entre su seguidismo de Estados Unidos y su dependencia de las fuentes energéticas rusas— y con la estrategia de Washington.

Cuando se va a cumplir un año de la asunción por parte de Biden de la presidencia de Estados Unidos, el presupuesto militar sigue creciendo a razón de un 5% anual. La Ley de Autorización de Defensa Nacional promulgada este otoño autoriza 778.000 millones de dólares en gasto militar. Se trata de una partida que duplica el plan estrella de Reconstrucción, en términos de gasto social y clima, con que los demócratas esperan ganar las elecciones midterm que tendrán lugar en otoño de 2022.

Pese a la salida de Afganistán, el incremento del presupuesto y de la capacidad militar de Estados Unidos han llevado a veteranos escritores del antimilitarismo a alertar sobre la posibilidad de una nueva Guerra Mundial, que comenzaría en el que hoy parece el escenario más improbable de guerra abierta: el mar meridional de China. Quizá la vuelta a la normalidad tras el periodo de Trump sea simplemente el regreso de una posibilidad para la que el poderoso aparato militar estadounidense se ha mostrado entusiásticamente preparada durante mucho tiempo.

Información adicional

  • Autor:Pablo Elorduy
  • Fuente:El Salto diario
Visto 262 vecesModificado por última vez en Viernes, 31 Diciembre 2021 08:42

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